domingo, 1 de marzo de 2026

Animales Difíciles -y ahora sí CAPM-... Difficult Animals -and now, CAPM-... Animaux difficiles -et maintenant, CAPM-...

Hace quince o dieciséis años saqué de una biblioteca del CCE -en su antigua sede- un libro cuyo título llamó mi atención: La hija del canibal; y, curiosamente, el título se justificaba en el texto: era la narración en primera persona de una señora cuyo padre había tenido que alimentarse del cadáver de su amigo, en un suceso ambientado en la guerra civil española.

Recuerdo que el libro me gustó: la historia era algo así como que el esposo la había abandonado -algo de lavado de dinero, recuerdo- y ella tenía que andar investigando, ayudada por un joven -con la que terminan siendo amantes, creo- y un viejo ex combatiente del bando republicano.

Y luego no leí nada de la misma autora, por mucho tiempo; hasta hace dos o tres años que llegó a mis manos -digitales- La ridícula idea de no volver a verte; y es de estos libros -creo- que se han vuelto comunes en el antiguo imperio.

O es la impresión que me han dado varios libros: muy muy apegados a la historia personal del autor; varios de ellos muy ligados a sucesos autobiográficos muy evidentes; en este caso la autora habla sobre la pérdida de su esposo -y los ajustes en su vida-.

Y lo hace tomando de fondo la historia de Marie Curie; sus dificultades creciendo en lo que fue -y volvería a ser- Polonia; las relaciones con su familia y su primer fracaso romántico; su hermana, su esposo, su carrera, sus hijas, etc.

El libro me gustó bastante; pero no planeaba continuar con la lectura de la autora -trato de no sobrepasar los cinco libros por autor-; hasta que encontré el libro con el que inicia el título de este texto.

Que sería el cuarto libro de una saga -originalmente una trilogía- de ciencia ficción que -creo- se desarrolla en el universo de Blade Runner; o al menos, los primeros libros tienen títulos alegóricos a la película, empezando con Lágrimas en la lluvia.

Empecé a leerlo la semana pasada y ha estado bien: la línea de toda la saga es una replicante -o rep- y en el cuarto libro -creo que el personaje había muerto en el tercer libro, aunque ahora está en un 'nuevo' cuerpo- intenta resolver un crimen.

Y lo otro: desde el año pasado -desde hace mucho?- he tenido la intención de obtener un certificado en Administración de Proyectos; hace más de una década fui a la primera clase de un curso que estaba promocionando la segunda universidad más cara del país.

Lastimosamente el curso lo cancelaron -supuestamente por falta de aforo- y luego no realicé ningún intento serio en continuar trabajando para el objetivo; hasta que hace dos años obtuve un certificado como Product Owner -aunque esta es una función específica de SCRUM-.

Hace unas semanas retomé el objetivo: bajé un libro con trescientas sesenta preguntas sobre el examen para obtener el certificado CAPM; procesé el texto del libro y lo adecué para su utilización en mi app para aprendizaje espaciado.

Pero pasaron un par de semanas sin que practicara; hasta este fin de semana, tomé el examen -apenas logré avanzar más de cuarenta preguntas de las trescientas cincuenta y una- pero, además, empecé a tomar un curso que ofrece la plataforma de aprendizaje de la empresa en la que trabajo.

Así que eso: son como treinta grandes lecciones -cada una como con una hora entre varios videos y evaluaciones-; y el plan es continuar con ese auto estudio mientras continúo practicando con mi app. 

Y a ver cómo sigue eso.

El lunes me levanté a meditar a las siete y media; desde el día anterior había dejado el timer del celular con el nuevo tiempo de meditación: veinticuatro minutos; me levanté algo animado por algo que estaba soñando un poco antes; creo qu el sueño seguía la impresión dejada por la película de acción que había visto la noche anterior.

Después de meditar retorné a la cama; había tenido la máquina del trabajo apagada durante todo el fin de semana; el sábado, al regresar de mi reunión con el voluntariado, había derramado un poco de caldo en un costado de la misma y había decidido dejarla secando hasta el lunes.

La computadora, afortunadamente, encendió sin ningún problema; entré a la reunión, la que, nuevamente, tuvo una duración de casi cuatro veces el tiempo programado; después de la reunión me quedé un rato en la cama; no quería hacer Duolingo (prefiero empezar por la noche, para no entrar en una liga muy competitiva-.

Pero tampoco me puse a leer o algo similar; nomás me estuve dormitando un rato; hasta que escuché que Rb estaba teniendo dificultades para realizarle curaciones a su perra más anciana -debe aplicarle una crema en la vagina y la perra aulla como si la estuvieran estrangulando-.

Me levanté a ver si podía ayudar -aunque cuando salí ya había terminado- jalé la computadora a la mesa del comedor y me quedé revisando el correo del trabajo; un poco antes había visto que mi hija mayor me había escrito de madrugada, pidiendo un préstamo de veinticinco dólares.

Le escribí de vuelta para ver si no necesitaba más y me contestó preguntando por treinta; al final le envié cuarenta y le escribí que si necestaba más nomás debía avisarme -la verdad me gusta ayudar a mis hijos-.

En el ínterin me preparé el desayuno: he estado ahora dejando media taza de avena en hojuelas remojándose desde la noche anterior; a eso le añado un banano, una porción de gelatina, y -en esta ocasión- una porción del pastel de zanahoria y avena. 

Estaba pendiente de revisar una tarea que había dejado pendiente en el ambiente en el que había trabajado la semana anterior: a las diez y media había una reunión -aunque se suponía que ya no estábamos asignados allí-; la reunió fue cancelada un poco antes de la hora.

A las doce puse manos a la obra y encendí dos hornillas en la estufa; puse en una la plancha en la que Rb prepara sus galletas y en la otra una sartén bastante antigua; Rb había preparado el cilantro picado con aceite y puse las dieciséis mitades de papas en esa mezcla.

Luego las fui distribuyendo en las dos superficies calientes; el resultado se veía bastante bueno; cuando la alarma sonó para sacar a los perros -a las doce y media- aún faltaban unos minutos para terminar el asado de las papas; esperamos un poco y luego le pusimos los arneses a los perros grandes.

Después de la caminata entré a vaciar la sartén más antigua; y la utilicé para recalentar las tres piezas de pollo asado que habíamos descongelado un poco antes -dos piezas para Rb y una para mí-.   

Le había pedido a Rb que no almorzáramos muy tarde pues tenía una reunión en la que revisaríamos los aspectos positivos y por mejorar en el proceso que hemos seguido durante el último par de años.

Un poco después de la una servimos el pollo, un par de mitades de papas, guacamol y un poco de chirmol; acompañado de refresco de rosa de jamaica; como terminé rápido de almorzar aproveché para lavar la montaña de trastes que teníamos en la cocina antes de entrar a la reunión.

La reunión no tuvo un gran resultado: por la mañana el PM había solicitado los aportes individuales sobre los aspectos positivos y de mejora; y básicamente los estuvo exponiendo, mientras el encargado de los desarrolladores tomaba nota de los mismos.

Al final la reunión tomó un poco más de una hora -el tiempo original programado- y, en realidad, no le ví un gran atractivo; un poco antes de que terminara le avisé a Rb que debía alimentar a sus perros -se había quedado dormida- y le preparé un té de manzanilla -un poco antes me había preparado una taza de café-.

El martes no tuvo grandes novedades; meditación, desayuno, trabajo; lo raro del día fue que Rb se olvidó de darles el almuerzo a sus perros; no se durmió, no salió; simplemente no les dió de comer; y se percató cuando ya empezaba a oscurecer.

Entonces se puso muy dramática con que qué mal dueña de perros era, etc; yo nomás me recordé de lo mal que se puso -y la explosión de gritos que realizó- cuando a mí me sucedió lo mismo hace un par de años; pero no dije nada, creo que esa sabiduría nomás la puede dar la edad.

Un poco antes del mediodía vino el mecánico a ver la van: lo había contactado los últimos días de la semana anterior para que viniera a hacer el servicio del motor -y que revisara la razón de que a veces oliera a gasolina-; había ofrecido venir a las nueve y ya hasta me había olvidado cuando, un poco después de las once, tocaron el timbre.

Rb salió a ver -creo que yo no me había vestido- y me comentó que era el mecánico; busqué las llaves del auto y salí a comentarle de qué se trataba el trabajo; estuvieron en eso hasta después del almuerzo -casi siempre viene con su hijo (ahora) adolescente).

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando en dirección a los supermercados en dirección Norte: quería comprar algunos objetos de bebé para regalarle a mi supervisora local -como lo hice cuando nació su primer bebé, hace casi dos años-.

Lo interesante es que el mismo día alguien había organizado una colecta para comprarle algún regalo por el mismo motivo -alguien siempre lo organiza cuando hay un evento similar-; para el grupo deposité doce dólares en la cuenta bancaria de una de las organizadoras.

Para el regalo personal gasté un poco más -entre veinte y veinticinco dólares-; y es que me he notado con una actitud más negativa con respecto a socializar -o seguir alguno de los ritos comunitarios que ayudan tanto a mantener los grupos lubricados-.

El miércoles tampoco tuvo muchas novedades; por la mañana Rb salió a comprar algunas provisiones a la tienda de las verduras -entre ellos un cartón de huevos-; durante el día realicé algunos ajustes a la receta del pan (pastel? panqueque?) que estoy preparando a la mitad de la semana.

Un poco antes de que terminara el horario laboral (quince minutos antes) caminamos en dirección a los supermercados en dirección sur; aunque no entramos a ninguno; nomás caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos a casa.

Y el motivo de salir antes de las cinco era porque Rb tenía que entrar a su clase de teología a las seis y media; durante este tiempo estuve leyendo un poco de los libros en inglés y español que llevo a medias.

Había estado con el pendiente de llamar a mis padres para comentarles que llegaría el siguiente domingo; y se me olvidó por completo, hasta después de las nueve de la noche; entonces llamé al teléfono de mi padre pero no contestó; intenté por whatsapp y allí si obtuve la comunicación.

Hable con mi padre un poco más que de costumbre -la última vez que llegue al puerto él se había ido a visitar a una de sus hermanas que aún vive en la finca en la que crecieron-; luego hablé un rato con mi madre -pidiéndole que me consiguiera un poco de pescado-.

Algo que me llamó la atención de este día -noche- fue que durante la meditación nocturna automáticamente traté de alejar a un zancudo que andaba revoloteando alrededor de mi cabeza; o sea, se supone que se debe mantener la inmovilidad, pero mi reacción fue automática; igual nomás continué con el período de meditación en curso. 

El jueves me levanté a las siete y media, medité y luego entré a la reunión de la mañana; desde un par de días -o así- empezaron a dividir esta reunión en dos: la primera a la misma hora (ocho de la mañana) y la segunda a las diez de la mañana; igual, mi participación en ambas es mínima.

Como era el día en que Rb realiza la visita semanal al mercado del centro histórico salí rápido de la habitación; pero no me preparé el desayuno: esperé hasta las diez de la mañana -después de la segunda reunión-. 

Antes de eso Rb me había estado escribiendo para comentarme que el boulevard estaba completamente lleno; al final salir del mismo le llevo al busito más de media hora -caminando usualmente me tardo veinte minutos-.

Durante la mañana, además de las dos reuniones tuve una tercera: la que organiza cada quince días el jefe de mi supervisor en el Imperio del Norte; y, la verdad, es preocupante el nivel de ignorancia que maneja: cree que la automatización de tareas funciona como magia.

Además, el día anterior, este supervisor -acaba de regresar de unas tres semanas de vacaciones- convocó al equipo local para ver en qué habíamos estado ocupados; y dejó caer así  como si nada que está trabajando seriamente en que retornemos a la oficina.

Lo que me causa un grado de frustración bastante alto: el tiempo de transporte es de casi dos horas en cada sentido, con lo que se estaría triplicando mi 'tiempo de trabajo'; uno de los consuelos que me dí fue que el miércoles por la mañana participé en una actividad de networking.

Hay un grupo en la empresa en la que trabajo en la que nos anotamos para mejorar en este aspecto; el evento fue bastante corto: quince minutos, los primeros cinco de presentación y el resto para interactuar en pequeños grupos en salas separadas.

Lo chistoso(?) fue que en el grupo en el que entré estaba mi ex directora -que vive en el gran vecino del norte- y la patrocinadora de este grupo -es la directora de país en una isla del caribe-; la cuarta era una chica de acá, pero se salió porque -al decir de mi ex directora- no domina el inglés.

El evento estuvo bastante interesante, muy corto; pero me dejó ver que tengo una gran área de oportunidad en el tema: de la veintena -o así- de trabajos que he tenido, el noventa y cinco por ciento ha sido sin esta ayuda tan valiosa.

Rb me estuvo poniendo al día del progreso de su trayectoria; comentándome cuando ya estaba por tomar el busito de regreso a casa; pero llegaron las doce y media sin que regresara; con lo que le puse el arnés a ambos perros grandes e inicié la caminata -estimaba que la encontraríamos en el camino-.

Y, efectivamente, en la primera vuelta la divisé en el busito -a través de la malla que está una calle antes de la parada del mismo-; cuando estaba por llegar a la mitad de la primera vuelta la encontramos y me ayudó a completar la caminata.

Luego de entrar a los perros grandes Rb se puso a recoger los excrementos de los mismos del patio frontal; yo saqué a la más anciana -se pasa casi todo el día dormida-, me lavé las manos y me puse a cocinar la última porción semanal de almuerzo: una pieza de pollo y dos mitades de papas, asados; aderezados con chirmol; además, una galleta soda con guacamole.

Después del almuerzo me quedé trabajando en la mesa del comedor; Rb me había indicado que tomaría una siesta, pero al final se distrajo viendo alguna serie en su computadora; yo continué viendo los videos del curso de CAPM que estoy siguiendo (ya al treinta por ciento). 

Al final de la tarde -después del horario laboral- caminamos hacia los supermercados en dirección sur; al igual que las últimas veces, caminamos hasta el extremo del boulevard -dos o tres cuadras adicionales- y, en una panadería de la penúltima calle, compré el pan para mis desayunos.

Luego, en el supermercado más alejado compré un paquete de pan sandwich integral, un paquete de jamón y un paquete de queso; los ingredientes para el desayuno que planeaba compartir con mis padres el siguiente domingo.

En el otro supermercado compramos un poco de bananos -también compré un par adicional de bolsas de snacks, para los desayunos con mi hija mediana-; luego retornamos a casa; por la noche avancé en la lectura de los libros en inglés y español.

El viernes el día estuvo lleno de reuniones: después de la meditación entré a la reunión de las ocho; aunque esta nomás tardó un par de minutos: no había ninguna actualización del equipo de desarrollo; con lo que pude completar varias lecciones de Duolingo sin ningun contratiempo.

Salí de la habitación un poco más tarde -antes de las nueve- y entré a una reunión del grupo de PRIDE de la empresa; una persona estaba explicando cómo empezar un proyecto de tejido; no le puse mucha atención.

A las diez entré a la siguiente reunión; esta sí estuvo más animada -no por nuestra parte-; y, aprovechando que no participaba, cambié el headset por los audífonos con bluetoott y me preparé el desayuno mientras escuchaba a varios desarrolladores informar sobre sus avances.

Como Rb había ido a la tienda de las verduras -y se tardó como una hora- aproveché, después de la reunión, para hacer la limpieza semanal de pisos; estaba más o menos a la mitad cuando retornó Rb -había sacado a los tres perros al patio delantero-.

Al mediodía preparamos un caldo de pollo con varias piezas que habíamos sacado del freezer la noche anterior -hicimos una reordenación del contenido, para preparar el espacio para el pescado que esperaba traer el domingo-; y yo preparé una taza de arroz; almorzamos eso, con aguacate.

Después lavé una buena cantidad de trastes y me preparé un café; he bajado mi consumo de galletas a la tercera parte de lo que había estado consumiendo por meses -o años-; también le preparé un té de manzanilla a Rb -aunque lo olvidé en la estufa y se consumió bastante del líquido-.

Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección norte; aún no había adquirido las magdalenas -o pasteles- que acostumbro llevar en mi visita trimestral a la casa de mis padres; pero no encontré una buena opción en el supermercado.

Por lo que salimos del lugar sin comprar nada y retornamos a casa; por la noche estuve viendo algunos capítulos de Robots Love and Death: por la mañana me había enterado que habían lanzado una nueva temporadad -ví algunos capítulos de la segunda y la tercera, comprobando que sí, ya había visto esas dos temporadas antes-.

Como el servidor del sitio en el que usualmente veo las series estaba bastante lento preferí bajar la temporada completa; también completé un ciclo del libro en inglés; y una parte del ciclo del libro en español.

El sábado me levanté a las siete y veinte; la noche anterior le había comentado a Rb que quería ir caminando hasta la sucursal local de mi panadería favorita -de donde vienen la mayor parte de mis pasteles de cumpleaños-; entonces, después de meditar tomé una bolsa de mercado de Rb y caminé los tres kilómetros y doscientos metros hasta el lugar.

Como a medio camino recibí una llamada en el celular; primero creí que era Rb, pero no, era mi amigo el voluntario al que le ayude a conseguir su último empleo -como diseñador gráfico?-; estuvimos conversando durante el resto del camino; de hecho tuve que quedarme un buen rato frente a la pastelería, hasta que se acabó la conversación.

Entonces entré al negocio y compré un par de magdalenas; una de naranja y una de vainilla; después caminé de regreso a casa; como aún no eran las diez me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; a las diez preparé -y consumí- mi desayuno de los sábados (olvidé utilizar el queso que la hermana de Rb me obsequió).

El resto de la mañana -que no era mucho- pasó algo rápido: primero le pedí a Rb que me acompañara  a la gasolinera para llenar el tanque de gasolina (medio tanque=treinta y cuatro dólares); luego pasamos al super mercado más cercano en dirección sur (la gasolinera a la que acudimos está en el extremo del boulevard en esa dirección).

En el supermercado compramos un par de pollos para los almuerzos de la siguiente semana, y un poco de bananos; luego retornamos a casa; pero Rb se percató que no habíamos comprado lechugas y ya no teníamos para el almuerzo del día siguiente.

Por lo que retornamos caminando al mismo supermercado; a las doce y media sacamos a caminar a los perros grandes y luego, mientras Rb limpiaba el patio delantero, puse a calentar el caldo del almuerzo.

Almorzamos bastante temprano pues yo quería salir de casa a las dos de la tarde; después del almuerzo aún le preparé el té de manzanilla a Rb, lavé los trastes y luego me metí a la ducha; la cual es -afortunadamente- más sencilla ahora que tengo el cabello super corto.

A las dos de la tarde tomé mi mochila, me despedí de Rb y salí al boulevard; originalmente había planeado caminar hasta el boulevard principal -menos de dos kilómetros- pero, la verdad, ya había caminado bastante durante la mañana.

Entonces me quedé en el boulevard esperando el busito; el cual pasó en menos de quince minutos; llegué con buen tiempo a la estación del transmetro, abordé una unidad y me apeé hasta la última estación -la siguiente pues la última está en reparación-.

Al final me tardé casi una hora en llegar hasta el extremo opuesto de la zona en la que vive mi segunda ahijada profesional (el centro histórico); debía caminar veinte o veintidos calles y tenía media hora para completarlo, por lo que me fui bastante tranquilo.

Pero cuando faltaba una o dos calles para llegar a mi destino ví que ya casi era la hora; entonces llamé a mi ahijada -a sus dos teléfonos-; pero no me contestó; caminé hasta el extremo de la calle e intenté realizar una video llamada; al final me percaté que me estaba haciendo señas desde la otra esquina de la calle.

Nos saludamos efusivamente y caminamos algunas calles hasta una de las nuevas cafeterías -hipsters- del centro histórico; en el lugar ordenamos un par de donas fancies y dos bebidas frías -yo de café, ella de chocolate-.

Intercambiamos regalos: ella me regaló una canasta de frutas -sandía, manzanas, peras y kiwis- en donde incluyó un portaretrato con una fotografía que nos tomamos un par de años atrás; yo le regalé el filtro de café y la taza que mi amigo tenor me regaló en diciembre.

Y nos quedamos en el lugar casi dos horas, poniéndonos al día de la vida de cada uno: ella había cancelado nuestra reunión unas semanas antes pues una amiga había fallecido -de cáncer-; yo le conté lo que había pasado con el sobrino nieto de Rb-.

Cuando estábamos casi a la mitad de la reunión entraron dos jóvenes con los que habíamos hecho trabajo voluntario casi una década atrás; yo los había visto por última vez tres o cuatro años antes; los cuatro nos dimos varios abrazos muy efusivos.

Un poco más tarde también llegó el líder del grupo de voluntarios de estos dos jóvenes -y quien vino a desayunar a casa de Rb un par de años atrás-; repetimos los abrazos efusivos; y me enteré de un par de datos extras de mi ahijada.

El primero es que durante su adolescencia padeció de bulimia -es un poco más baja que yo y pesa alrededor de cien libras-; lo otro es que se identifica como pansexual; esto fue una pregunta directa pues recordaba que se identificaba -hace más de diez años- como bisexual.

Un poco después de las cinco y media le propuse que finalizáramos la reunión y me hice cargo de la cuenta -quince dólares-; entonces la acompañé a la avenida más animada del centro histórico -ella gusta de caminar por el lugar-, nos despedimos y me dirigí a la estación del transmetro; justo estaba una unidad siendo abordada por lo que corrí, pues recordé que el tiempo de espera es bastante amplio.

Le envié un mensaje a Rb comentándole que ya estaba en el camino de vuelta; y aproveché el tiempo para practicar con los cubos de Rubik de cinco por cinco y seis por seis; me apeé en la estación más próxima al centro comercial donde se estacionan los busitos.

Y luego caminé el kilómetro o algo así que separan ambos puntos; afortunadamente aún encontré un par de busitos y el primero estaba ya casi lleno; no esperé mucho y el conductor empezó el viaje, vine a casa un poco después de las siete.

Cuando entré a casa, casi lo primero que Rb hizo fue pedirme que partiera la papaya; lo que me alteró un poco pues es una tarea de la que se ha desentendido completamente y, a veces, me frustra el hecho; pero traté de no darle mucha importancia y procedí con el encargo.

Por la noche estuve leyendo un poco del libro en español y repasando las preguntas del exámen de Administración de Proyectos que espero presentar en el corto plazo; aunque de las trescientas cincuenta aún no he podido cubrir más de setenta y cinco en una sola iteración.

Y a ver cómo sigue eso...

lunes, 23 de febrero de 2026

Por si las voces vuelven (Y Mejor Desempeño -de nuevo-)... In case the voices return (and Top Performer -again-)... Au cas où les voix reviendraient (Et Meilleur Performeur -encore-)...

No recuerdo -me pasa muy frecuentemente- en dónde encontré el título de este libro en español; me imagino que estaba leyendo algún artículo y me apareció como una sugerencia -o algo similar-; pero lo bajé a la tablet y lo puse entre mis pendientes.

Y como aún no me decido a la forma en la que leeré este año -y ya pasamos de la mitad del segundo mes!- empecé a leerlo al mismo tiempo que Fight Club; o sea, el tema me llamó la atención: un escritor que pasó un par de semanas en un psiquiátrico por un brote psicótico -aunque en los artículos decía 'locura'-.

Y fue eso: un brote psicótico; pero como cuando hay una embarazo sorpresa; o sea, si una pareja estaba teniendo relaciones sin protección, ¿qué esperaban? ¿una refrigeradora?; el tipo este -alrededor de los cuarenta, me parece- pasó mucho tiempo consumiendo asiduamente alcohol y marihuana -y de vez en cuando la mitad de un éxtasis-.

El libro me pareció -lo terminé esta semana- en general algo flojo; es como, salí a pasear y ví muchas cosas; pero creo que tiene algunos aspectos a conservar: como el cuestionamiento de la normalidad; y de la mejoría en -casi- cualquier situación.

También soy un Top Performer.

El miércoles me levanté a las siete y media; no me quería levantar porque dormí, con trabajo unas cinco horas; pero realicé mi meditación matutina; aunque la sentí más corta que en otras ocasiones.

Como estaba solo en casa salí a atender la primera llamada del día en la mesa del comedor; la cual se extendió mucho más de la cuenta; lo que aproveché para realizar algunas lecciones de Duolingo -están por bajarme de Liga- y completar las de Rb.

Después esperé la de las nueve y media; aunque noté que justo a la misma hora tenía la reunión que mi supervisora local realiza cada dos semanas con cada uno de sus liderados; entonces le escribí a la analista de la primera reunión, disculpándome por no poder entrar.

La reunión con mi supervisora estuvo bastante normalita; con la salvedad de que me comunicó que estoy en el grupo de los Top Performers -o sea, clasificó a un grupo de cinco en esta categoría, de un total de quince-; lo interesante es que, me comentó que, está gestionando un aumento de sueldo.

Y es algo que la mayor parte de empleados busca, creo; yo no lo hago, y usualmente me cuesta comprender a las personas que, ante cualquier eventualidad -de este tipo o similar- van buscando el crecimiento económico.

Entonces, se supone que conversó con su jefa -la directora de la sección- y ella le dió ciertas indicaciones para que el trámite tenga un buen resultado; o sea, tampoco soy tan estóico (?) -o cínico (?)- como para que no me emocione la posibilidad de recibir un poco más de dinero.

Después de la reunión con mi supervisora entré -seguía en curso- a la otra -en la que he estado trabajando durante un par de semanas-; pero no escuché muchas novedades; después me preparé el desayuno.

Durante la mañana se me ocurrió que podía contactar a la compañerita que me ayudó el año antepasado a realizar el evento de ciberseguridad -y que se había ido con una beca a la madre patria casi seis meses atrás-; y al principio no me contestó.

A las doce y media saqué a caminar a los perros de Rb; la perra más pesada -por alguna razón- está resintiendo esta actividad últimamente: la he estado jalando tanto que las costuras del arnés han empezado a romperse.

Cuando entré de la caminata ví que la compañerita me había respondido -durante la caminata había pensado que, de no recibir respuesta por la app de mensajes, le escribiría un correo más tarde, o intentaría contactarla de alguna otra forma-.

Y la sorpresa es que no está en la península Ibérica: no le pareció el contenido del programa al cual se había ido becada y decidió regresarse al país; casualmente le acababan de informar que la plaza a la que estaba aplicando -acá hay un período de seis meses antes de volver a aplicar- posiblemente sería cerrada.

Conversamos un poco y quedamos de mantenernos en contacto; también aproveché para enviarle un mensaje -contacto por LinkedIn, realmente- a otra compañera con la que trabajé varios años atrás y que luego se fue becada al -y se estableció en- segundo país más grande del mundo -pero no tan poblado, pues la mayoría es hielo-.

Después recalenté la tercera porción de pollo con crema de almendras, arroz, el resto de frijoles volteados; y una ensalada bastante buena -aunque tuve que usar las dos mini zanahorias restantes de mi compra del día anterior-.

La tarde transcurrió sin mayores novedades -aún terminando el libro en español- y, a las cinco de la tarde, me dirigí a los supermercados en dirección sur; aunque primero pasé por la tienda de las verduras pues necesitaba una zanahoria.

En el lugar -en la acera- tenían un saco lleno de zanahorias, pero se veía que tenían puntos oscuros; de todos modos compré una -a unos doce centavos de dólar-; entonces caminé en dirección a los supermercados; pero no entré a ninguno, caminé una distancia más extensa que la usual -quizá la mitad más-.

Retorné a casa luego de un poco más de una hora; y me puse a preparar el 'pastel' de hojuelas de avena y zanahoria rallada que había estado tratando de mejorar desde la semana anterior.

Rb me estuvo escribiendo, comentándome que retornaba desde la casa de su hermana utilizando el Transmetro -se tardó casi dos horas y media-; y al final vino aún a tiempo para realizar la presentación en su clase de teología.

La meditación de la mañana del día jueves fue interrumpida por Rb: había estado escuchando música cristiana desde que me desperté pero no creí que alteraría mi rutina; pero sí, cinco minutos o así luego de empezar Rb abrió la puerta.

Se disculpó y le indiqué que no tenía importancia; y el ingreso era para comentarme que había decidido que se iría a la casa de su hermana el sábado por la tarde, para participar en un servicio religioso que realizarían el domingo por la mañana.

Le indiqué que no veía ningún impedimento para su plan -o sea, preveía una reunión de siete y media a una y media el sábado (con un grupo de voluntarios); y una reunión el domingo de diez a una, con mi hija mediana-; luego reinicié el timer del celular y completé el ciclo. 

Por la mañana Rb acudió a la tienda de las verduras para proveerse de los ingredientes para los almuerzos de la siguiente semana -la parte del asado que había estado en el freezer por un par de meses-.

Después del desayuno nos dirigimos al mercado del centro histórico (era mi segundo jueves de vacaciones obligatorio); el tránsito estaba un poco pesado y tomó un buen tiempo salir del boulevard; y el mercado estaba bastante vacío pues habían programado una fumigación municipal.

De todos modos Rb pudo comprar un poco de frutas en el mismo; luego de lo cual caminamos hasta una tienda que vende ingredientes alimenticios a granel; Rb compró algunas harinas -yo iba a comprar un químico similar a la stevia, pero venden nomás por libra-.

Después de esta tienda retornamos caminando a la estación del transmetro, en donde tomamos una unidad para retornar a la estación de los busitos; pero esa unidad tuvo un incidente con un pickup -creo que pasaron rozándose- y nos tocó transbordar a otra -que iba más llena-. 

En esta ocasión no teníamos que comprar nada en el supermercado del comercial donde tomamos el busito, por lo que nomás caminamos a abordar la unidad que estaba llenando; despues de regresar a casa sacamos a caminar a los perros; luego consumimos la última porción del pollo con crema de almendras.

Un poco después de las cuatro nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección Norte; esperábamos comprar bananos en el más alejado pues habíamos consumido el último ese día; pero los que encontramos estaban verdes.

Yo aproveché para comprar otras seis cajitas de gelatinas sin calorías; y luego caminamos hasta el supermercado más cercano en dirección sur -en el camino pasé comprando un poco de pan para mis desayunos-.

En el segundo supermercado compramos un par de pencas de bananos ya maduros; además compré un poco de salami y jamón -aún tenía en el freezer una buena cantidad de peperoni- para los desayunos de los días viernes y sábado.

Cuando retornamos a casa me puse a separar los tres tipos de embutidos en veinticuatro porciones -aproximadamente diecisiete o dieciocho gramos por grupo-; después Rb me había pedido que partiera la papaya del día, pero le indiqué que procedería a realizar la limpieza semanal.

Completé la tarea en un poco más de media hora; en el ínterin Rb se hizo cargo de la papaya; después estuve leyendo un poco de un libro de ciencia ficción de la misma autora del libro -que leí el año pasado- sobre la vida de Marie Curie -y su esposo-.

El viernes me levanté a las siete y media, jalé la computadora a la cama y entré a la reunión de las ocho; en la que se examinaron algunas tareas que afectaban a nuestro equipo local; después me quedé en cama haciendo Duolingo.

Y es que, casi toda la semana, mi posición en la liga semanal había estado por debajo del límite de nivel (a punto de bajar a la liga Diamante); entonces me puse a hacer varias lecciones en el modo en que más puntos se obtienen.

Estaba esperando la reunión de las nueve y media pero, un poco antes de la hora, la analista que lidera la misma envió una notificación para cancelarla; de todos modos me esperé un poco en la cama antes de salir de la habitación.

Lo que hice a las diez de la mañana; salí, me preparé el desayuno y lo acompañé con una porción del pastel que preparé el miércoles -he dividido el mismo en ocho porciones-; después ví que las modificaciones en el ambiente actual habían sido realizadas, pero ví ocupada la máquina que ocupo usualmente. 

Un poco antes del mediodía Rb se dirigió a la tienda de la esquina a comprar una zanahoria, para la ensalada del almuerzo; también salimos a recibir el sol durante veinte minutos, un poco después de las once de la mañana.

Al mediodía consumimos el último de los pescados que teníamos en el freezer; acompañado de una buena ensalada; un poco después del almuerzo me metí a la cocina a lavar todos los trastes, y a preparar un té de menta para mí y uno de manzanilla para Rb.

Al finalizar el horario laboral nos dirigimos, caminando, a los supermercados en dirección sur; caminamos un par de cuadras adicionales a la caminata habitual; luego pasamos al supermercado más cercano a casa.

Allí compré un litro y medio de jugo de naranja -el plan era comprar de mango pues la semana anterior había visto que una buena marca de jugos tenía cuatro opciones: horchata, naranja, mandarina y mango; y mi hija mediana había elegido el último cuando la consulté-.

Lastimosamente el de mango se había agotado -creo que es el mejor sabor y, además, estaba en oferta-; también compramos un poco más de bananos y un poco de escarola morada, para las ensaladas de los días por venir.

Cuando retornamos a casa, al principio de la noche, ví que mi hermana menor me había escrito por Whatsapp; casi no nos comunicamos -igual las últimas ocasiones en que me había hablado había sido para pedirme dinero y/o que ayudara a su hijo a atravesar la ciudad-.

Me parece que teníamos más de un año de no hablar; pero me escribió para contarme que -por fin- había obtenido una plaza en el estado: luego de más de veinte años de dar clases de inglés en colegios privados, había completado los trámites para que le asignaran una posición presupuestada en el estado.

Le pregunté si podía llamara y tuvimos una videollamada de casi cuarenta minutos; me comentó que su hijo -único, y lo crió como madre soltera- acababa de independizarse -fue a alquilar una habitación, cuando encontró trabajo- y que aún no se acostumbraba a su ausencia.

Pero la cosa no es tan sencilla: habían estado teniendo conflictos porque el joven -luego de graduarse del nivel medio- no quiso seguir estudiando en la universidad, y tampoco trabajaba; su vida consistía en dedicarse a practicar basquetbol.  

El sábado me levanté a la seis de la mañana; como debía participar en una reunión con el grupo voluntario con el que me involucré este año, y quería salir de casa antes de las siete y media, había decidido empezar mi rutina media hora antes de lo habitual.

Medité veintitrés minutos, me dí una ducha y luego me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; muchas, estuve en eso más de media hora; después me alisté, entré a la habitación de Rb a despedirme y tomé la van.

El camino estaba bastante despejado por lo que llegué a mi destino en alrededor de media hora -originalmente había estimado una hora de camino-; no sabía cómo iba a estar la cuestión del parqueo -el lugar es una 'universidad' dentro de una mega iglesia-.

Pero el acceso era -por alguna razón- libre; me estacioné y entré al recinto -había pedido indicaciones -al guardia- para encontrar el auditorio en el que sería el evento-; caminé por varios pasillos y subí al segundo nivel.

Por supuesto que el lugar estaba vacío -llegué con más de una hora de anticipación- pero -afortunadamente- había llevado varios cubos de Rubik, por lo que me puse a resolver el de seis por seis -en la siguiente media hora llegaron tres o cuatro personas más-.

Se suponía que la convocatoria era para setenta y seis personas -como a la mitad de la espera alguien entró a tomar una fotografía del lugar (yo salgo en el centro, con el cubo), la que reenvié a Rb- pero creo que apenas pasamos de cincuenta.

El evento estuvo bastante desorganizado: había una agenda pero no ví que se cumplieran todos los puntos, ni que llevaran algún orden lógico; en mi mesa la organizadora instaló a los estudiantes universitarios que estaré supervisando durante el evento del próximo mes.

En total son seis o siete estudiantes de una de las mejores -y más caras- universidades del país; uno de ellos es -de hecho- descendiente de una de las diez o doce familias que controlan la mayor parte de los medios de producción locales -fincas, fábricas, constructoras y así-.

La mayor parte son bien jóvenes -entre veinte y veintidós años- aunque había una persona bastante mayor -no se acercaba ni de chiste a mi edad, pero sí era mayor que los otros integrantes- y resulta que participó varios años como concursante y ha actuado varios años como voluntario.

A él estuvimos preguntándole cuestiones básicas; porque a pesar de que era la tercera reunión de equipo -la primera fue virtual- aún no tenía -ni tengo- completamente claro qué es lo que tengo que hacer en el evento principal en donde muchos equipos presentarán soluciones que han estado trabajando durante varios meses.

El evento tuvo una duración de cinco horas -de ocho y media a una y media-; como a media mañana tuvimos un coffee break -aunque el heredero y yo habíamos acudido antes a la mesa para proveernos de café- y, en general, estuvo aceptable: ayudados por el voluntario con experiencia procedimos a simular el área que será utilizada en la sección en la que trabajaremos en el futuro.

Y eso fue, creo, lo más remarcable del evento: la visualización de las dimensiones en las cuales localizaremos a los equipos participantes, y las áreas de audiencia y calificadores; un poco antes de la una llevaron el almuerzo: pirujos con ensalada de pollo, snacks, coca cola y un cocktel de frutas.

Yo traté de expandir mi apreciación del evento preguntando sobre más pormenores al voluntario que nos había estado explicando generalidades; y un poco antes de la una y media me despedí de la organizadora -y su esposo- e inicié el camino de vuelta a casa.

El tránsito estaba -ahora sí- bastante pesado; nomás para salir de la zona de la ciudad en la que estaba me tardé más que todo el trayecto por la mañana; al final vine un poco después de las dos y media; Rb estaba justo cerrando la puerta de la casa -iba hacia la casa de su hermana-.

Yo había supuesto que ya no la iba a ver -se suponía que iba a salir un poco después de la una- y venía super acalorado; me pidió que la acompañara a la parada de buses y al inicio me negué -venía ofuscado, por el tránsito y el calor-; pero luego acepté y salimos a esperar el bus al boulevard.

No tardó mucho en pasar la siguiente unidad, nos despedimos, Rb la abordó y yo retorné a casa; saqué a caminar a la perra más pesada -se le había hecho muy trabajoso realizarlo a Rb- y después alimenté a los tres.

Ya no comí nada en el resto del día -aún estoy tratando de mantener un ayuno intermitente 19/5 o 20/4-, nomás me preparé un té de menta a mitad de la tarde -se supone que no rompe el ayuno-.

A las cuatro de la tarde me dirigí caminando a los supermercados en dirección Norte; quería ver si en el más aleado tenían jugo de mango -era el sabor que mi hija mediana había elegido para el desayuno del día siguiente y no había encontrado en donde lo había visto originalmente-.

También quería comprar un tomate para preparar los panes que planeaba llevar; pero, principalmente, mi caminata era para encontrar una peluquería en donde deshacerme del cabello que había dejado crecer por más de seis meses.

La verdad es que no me gusta usar el cabello largo: por mi complexión y color las personas se forman una impresión negativa de mi persona cuando uso el cabello largo -y especialmente despeinado-; había intentado cortarme el cabello el mes anterior pero encontré que había muchas personas esperando en la peluquería frente a la casa del voluntario que visito una vez al mes.

Pasé viendo la peluquería de la vuelta -en donde me quité el cabello hace tres años (luego de no cortármelo por más de dos)- pero había varias personas; pasé viendo otras en el camino -incluso una en donde el precio estaba bastante cómodo tenía dos personas esperando).

Finalmente encontré una peluquería vacía casi llegando al final de mi caminata; pregunté sobre el precio y era el mismo del de la vuelta -unos cinco dólares-; le pedí al peluquero que me lo cortara parejo con la guía número dos -lo he pedido así desde hace casi veinte años-.

Después del corte de cabello continué caminando hasta el supermercado; lastimosamente no encontré jugo de mango; por lo que nomás compré un tomate de buen tamaño, pasé a la caja a cancelarlo y luego retorné, sin ningún imprevisto, a casa. 

Por la noche ví la mitad de una película que filmaron el año anterior en un pueblo vecino de la ciudad del Imperio del Norte en la que viví durante un par de años; un poco antes de las nueve les dí de comer a los perros; estuve leyendo un poco del libro en español que acababa de empezar y, a las once saqué al patio, por última vez en el día, a los perros.

Debía levantarme a las tres de la mañana a proporcionarle pollo cocido a la perra más anciana de Rb -es mi parte menos favorita de quedarme cuidando a los perros- y me costó conciliar el sueño; además, la perra se puso a ladrar un poco después de medianoche.

Pero logré conciliar el sueño hasta que la alarma sonó a las tres; me levanté a darle el plato con pollo -y la pastilla que le toca a esa hora-, la saqué al patio trasero y, cuando rascó la puerta, luego de que entrara, volví a la cama.

Me levanté luego a las siete y media; medité veintitrés minutos -olvidé que me tocaba aumentar en uno el número de minutos que medito- y luego me metí a la ducha;  después hice algunas lecciones de Duolingo -afortunadamente me alejé del fondo de la liga por tres posiciones-.

A las ocho y media empecé a preparar el desayuno que llevaría para la reunión con mi hija mediana; después le dí de comer a los perros y luego empaqué: los panes preparados, el jugo de naranja, snacks, y un par de bananos; todo en la mochila con aislante térmico.

Un poco después de las nueve saqué las dos mochilas -llevaba el Scrabble en la mochila negra-, encendí la van e inicié la conducción hasta el lugar donde habitan mis hijos; no había casi nada de tránsito por lo que llegué con veinte minutos de anticipación.

Me instalé en la habitación de la sala, le envié un mensaje a mi hija mediana, y me dispuse a esperar las diez de la mañana; justo un minuto antes de esa hora mi hija entró a la habitación, nos saludamos y le propuse caminar al parque temático.

Hicimos la mayor parte del recorrido en silencio -me cuesta bastante comunicarme con mi hija-- y, en el parque temático, nos dirigimos directamente al área social techada; afortunadamente estaba bastante vacía y nos instalamos en el lugar para desayunar.

Después estuvimos avanzando -muy lentamente- en la resolución del cubo de seis por seis; aunque al final me pidió que nos movieramos del lugar pues los pavorreales que se mantienen entre las mesas emiten un canto bastante desagradable.

Caminamos hasta otra área bajo árboles y allí revisamos otra parte de la solución del cubo; luego le propuse que nos subiéramos a la rueda de Chicago; había un poco de cola pero no nos tocó esperar mucho; aunque tuvimos que compartir la unidad con una pareja de ancianos.

Después del juego mecánico retornamos caminando a casa; llegamos un poco después de las doce y media y, como habíamos acordado despedirnos a la una de la tarde, le propuse que revisáramos el algoritmo para resolver los doce extremos del cubo.

Estuvimos practicando -muy lentamente- hasta la una; a esa hora mi hija me indicó que debía de empezar a prepararse para su jornada laboral; nos despedimos y bajé al sótano a abordar la van; y empezar el retorno a casa.

El cual, al igual que el día anterior, estuvo algo tardado; la primera parte del viaje no tuvo muchas dificultades; pero el ingreso al municipio estaba bastante lento; al final ví pasar una ambulancia ya que, al parecer, había habido un percance justo en el paso a desnivel al final de la cuesta que da ingreso al municipio.

De todos modos llegué a casa antes de las dos; entré a cambiarme de tenis y saqué a caminar a los dos perros más grandes; después saqué a la más anciana al patio frontal; luego de recoger los desechos de los perros entré a cambiarme de ropa -desvestirme realmente-, lavarme las manos, y procedí a prepararme el almuerzo.

Antes de salir por la mañana había bajado del freezer un pequeño trozo de hashbrown de papa y pollo que habíamos tenido almacenado varios meses; lo corté en trozos y lo puse en un sartén pequeño en la estufa; luego troceé un par de rodajas del queso que me había regalado la hermana de Rb y lo cociné varios minutos.

Por aparte piqué un poco de lechuga que había ya desinfectado, saqué las dos tortillas de maíz y dos tortillas de harina que aún tenía en el freezer -las de harina habían empezado a desprenderse-.

Y eso fue mi almuerzo: cuatro tortillas con la mezcla de hashbrown y queso, lechuga y un cuarto de huevo duro -había endurado un huevo en lo que recalentaba el hashbrown-; a mitad del almuerzo me recordé que Rb había dejado un poco de caldo de hígados de pollo.

Lo recalenté y complementé mi almuerzo -Rb me había dejado, también, un poco de fresco de rosa de jamaica; lo que consumí con un poco de Coca Cola que me había sobrado del almuerzo del día anterior-.

Después de terminar el almuerzo le preparé el almuerzo a los perros; luego de servirselos me preparé una taza de café; la que consumí con un par de pan tostado, la mitad de una galleta que había reservado un par de días antes, y un par de porciones de pastel de avena y zanahoria.

Rb me escribió un poco después de las dos comentándome el avance en su retorno a casa; tomó el transmetro a pocas cuadras de la casa de su hermana; transbordó en el centro, pero luego tuvo que esperar un tiempo pues se encontraron con un accidente en la ruta.

Finalmente vino a casa un poco después de las cuatro de la tarde; justo cuando estaba por entrar me dí cuenta que la perra más anciana estaba vomitando -ya está bastante grande y es bastante común que la comida la incomode-; entonces saqué a los perros al patio.

Al final de la tarde Rb se puso a preparar el chirmol de tomate para el asado que habíamos planeado recalentar en los cuatro almuerzos del inicio de la semana; y yo puse a hervir ocho papas -se me olvidó partirlas por la mitad, por lo que tuve que apagar el fuego, sacarlas, seccionarlas y volverlas a meter al agua hirviendo-.

Por la noche ví la segunda mitad de la película que había iniciado a ver el día anterior; además, completé algunas lecciones más de Duolingo (finalmente terminé en la séptima posición, luego de gastar muchos XPs) y preparé una gelatina de cereza -ahora estoy consumiendo light-. 

Y a ver cómo sigue eso...

miércoles, 18 de febrero de 2026

El club de la pelea -y las complicaciones de morir baleado-... Fight club -and the complications of being shot to death-... Le club de combat -Et les complications de mourir criblé de balles-...

Hace muchos años ví Fight Club, mucho tiempo después me enteré que era un libro; algún tiempo después me enteré que el autor de la obra -que es homosexual- es originario de -y vive en- la ciudad del Imperio del Norte en la que viví un par de años.

La película es muy buena -el director es muy bueno-, aunque creo que -no estoy seguro- fue un fracaso comercial, luego se convirtió en una película 'de culto' sea lo que sea que eso signifique.

Creo que he visto la película un par de veces -no estoy seguro si alguna vez la ví de corrido- y había tenido la intención de leer el libro; aunque no lo había agregado a mi libro de pendientes.

Hasta el último almuerzo con mi hija mayor: me contó que -a pesar de que tiene su tiempo bien limitado por haber empezado a estudiar medicina en la Universidad- había terminado el libro y le había llamado la atención algunas diferencias con la película.

Esa misma noche bajé el libro y lo pasé a la tablet; y empecé a leerlo después del libro anterior en inglés; y debo decir que se me hace muy difícil separar a la película del mismo; o sea, no dejo de ver a Edward Norton y Brad Pitt.

Y hasta ahora no he visto taaantas diferencias; o sea, como que al inicio se extiende más sobre el final de la historia; pero, en general, la mayor parte de las escenas son extraídas directamente del texto.

Según mi hija mayor la chica -Marla- tiene un papel más preponderante en el libro que en la película; pero hasta ahora no me ha parecido tanto; también me comentó que en el final hay un twist que no se muestra en la película; por el momento acabo de pasar de la mitad.

Y lo otro: el sábado por la noche estábamos -como casi todas las noches- en la habitación de Rb; mientras ella veía alguna de las innumberables series, que ocupan la mayor parte de su tiempo libre, yo intentaba avanzar un poco en el libro en inglés -o español , no recuerdo-.

Entonces Rb recibió una llamada por whatsapp, era su hermana, que vive -desde hace décadas- en una ciudad de nuestro gran vecino del norte: el tono era desesperado, al parecer habían baleado -y había muerto- un sobrino nieto de ambas.

Yo conocí al joven cuando empezaba a salir con Rb -hace ya más de trece años-: su madre se quedaba algunas noches en la casa de Rb porque su prometido venía algunas semanas del Imperio del Norte -el joven (adolescente, realmente) se quedaba en casa con su abuela-.

Por esa época ocurrió algo -creo- memorable: resulta que el padre del chico estaba cumpliendo condena en una prisión de la ciudad -no recuerdo el delito pero era algo sobre violencia, me parece-; y por esa época había sido asesinado en la prisión.

Total que la hermana de Rb apenas pudo contarle lo que acababa de pasar y Rb se puso en acción enseguida, llamando a la abuela -precisamente la señora que llegó a acompañar a Rb en su estancia en el hospital el último noviembre-.

La señora le contó lo ocurrido -un suceso bien confuso en el que, al parecer, unos policías habían disparado contra el joven al ver que tenía un arma (sin confrontación ni nada)- y Rb se ofreció a acompañarla -yo ya estaba en mi habitación vistiéndome, pues creí que era lo que tocaba-.

Entonces salimos hacia la morgue del hospital más grande de la ciudad; era alrededor de las diez de la noche y encontramos a varias patrullas de policía en el camino -aún estamos en estado de sitio-; pero llegamos al centro sin ninguna dificultad.

Se suponía que la señora estaba en el lugar para reconocer el cadáver del joven en la morgue; pero resulta que no era tan sencillo el trámite: había que esperar a que fuera trasladado al lugar en donde realizan las autopsias y allí sí proceder.

Yo nomás había pasado dejando a Rb a las puertas de la morgue -o sea, donde ví un pequeño grupo de gente frente a un portón- y me estacioné unos metros más adelante -ya que era un área restringida para vehículos de emergencia-.

Un rato después Rb llegó a tomar su sueter y comentarme que se iba a quedar acompañando a su hermana,que retornara a la casa y estuviera pendiente del desarrollo de los acontecimientos.

Volví a casa -ví otras patrullas de policía en el camino- sin ningún incidente -ya era cerca de la medianoche- a esperar alguna novedad; aún intercambiamos unos mensajes con Rb -al final le tocó que pernoctar en la casa de su hermana pues les dijeron que hasta la mañana podía darse el reconocimiento- y me dormí, casi a medianoche. 

Y a ver cómo va eso 

El viernes bajó un poco el ritmo de las tareas en las que estuve trabajando el resto de la semana: entré -después de meditar- a la reunión del equipo -a las ocho- y a la reunión del proyecto -a las nueve y media-; en la primera no compartí nada y en la segunda nomás confirmé que el día anterior había completado la asignación y no tenía nuevos reportes.

El resto del día nomás estuve a la expectativa de nuevas asignaciones; y leyendo un poco de Fight Club y del libro en español que estoy leyendo a la par; al mediodía Rb frió el pescado semanal y yo recalenté la última porción de acelga -ya era el quinto día y estaba un poco amarga-.

Al finalizar el horario laboral nos dirigimos, caminando, a los supermercados en dirección sur; en el más alejado compré doce cajitas de gelatinas -espero que me alcancen para mes y medio-.

También compramos en el lugar dos porciones diferentes de pechuga de pollo: una pequeña para el almuerzo del día siguiente con mi hijo menor; y una grande para los almuerzos de la siguiente semana. 

En el otro supermercado compré unas onzas de jamón -el plan era preparar Cordon Bleu- y aprovechamos para comprar un poco de bananos -consumimos en el desayuno y la cena- y dos tipos diferentes de lechuga -para ensaladas en el almuerzo-.

Por la noche, previendo que el día siguiente por la mañana estaría bastante ajustado, preparé un par de rollos con la mitad del pollo que adquirí, la mitad del jamón, y una porción y media de queso amarillo para sandwiches; y los reservé en la refrigeradora. 

El sábado me levanté a las siete y media, medité y completé un par de lecciones de Duolingo; después salí de la habitación pues me había propuesto realizar la limpieza semanal -no la había hecho entre semana-.

Como le había comentado la noche anterior a Rb sobre mi intención, ella también salió de su habitación y levantó algunas cosas del piso; había olvidado sacar el trapeador del agua por lo que no olía muy bien; pero tenía el otro reservado desde la semana anterior.

Completé la limpieza en un poco más de media hora y luego lavé -ahora, utilizando detergente de la lavadora- ambos trapeadores, para que no volviera a pasarme lo de la semana anterior.

Después de la limpieza preparé mi desayuno de los sábados; después preparé un par de ensaladas, para el almuerzo con mi hijo menor; además de las ensaladas reservé en la refrigeradora un par de bolsitas con treinta gramos de aderezo César.

Yo había esperado que no saliéramos por la mañana: preparar el pollo es un poco tardado; pero no quise negarme cuando Rb propuso que caminaramos hasta los supermercados en dirección Norte -ya pasaban de las diez de la mañana-.

Pero la caminata estuvo muy buena: de hecho retornamos antes de las once; entonces me metí a la cocina, batí un huevo, le eché un poco de harina de arroz a ambos rollos de pollo, los pasé por el huevo batido, y los cubrí con avena en hojuelas; después los pasé al sartén con aceite caliente.

En total los cociné -por cuatro diferentes lados- entre siete y ocho minutos; con lo que a las once y media estuvimos a punto para sacar a caminar a los perros; antes pasé los dos rollitos de pollo a un par de piezas de papel absorbente.

Cuando retornamos de la caminata con los perros me metí a la ducha; después metí en la mochila que tiene aislante térmico: las dos ensaladas -con el aderezo-, un trasto con los dos rollitos, dos coquitas, dos platos y un poco de hielo.

Me despedí de Rb, cargué en la van las dos mochilas -además de la anterior (vacía), que pensaba regalarle a mi hija mayor-; sorprendentemente -era el día del cariño- el camino estaba bastante vacío.

No tuve ningún contratiempo en el boulevard, ni entrando a la ciudad, ni en el periférico; fue nomás hasta que llegué a la altura de la Universidad cuando me tocó que esperar un par de ciclos de cambio de luces en un semáforo cercano a la misma.

Pero llegué al departamento de mis hijos con media hora de anticipación; subí al séptimo nivel, entré al lugar y me instalé en la habitación que ha sido designada como sala; le escribí a mi hijo y me dispuse a esperar, mientras jugaba algunas partidas de ajedrez.

En eso escuché algunos ruidos en la cocina y salí a ver de quién se trataba: era mi hija mediana preparándose su desayuno; nos dimos un abrazo de saludo y conversamos un momento -una parte en español y otra en inglés- sobre las lecturas  del último tiempo.

Luego dejé que mi hija completara su desayuno y retorné a la sala; un poco después de la una se me unió mi hijo menor; me preguntó si llevaba comida y al confirmarle que sí, me comentó que ahora las cosas estarán un poco más complicadas: le han diagnosticado diabetes (tiene veintitrés años!) y deberá cuidar los alimentos que ingiere.

Que haya sido diagnosticado con esa enfermedad me sorprendió y no me sorprendió; o sea, desde la pandemia ha tenido un estilo de vida completamente sedentario -dejó la universidad porque todo era virtual- y, creo, se ha alimentado con mucha comida chatarra -y en tamaños excesivos-.

Pero -al igual que con mi hija mayor y mi hija menor- no me he metido en su vida a intentar dirigir sus acciones; aún cuando ya habíamos tenido dificultad incluso para caminar diez o doce cuadras -un par de kilómetros-; ahora ha sido diagnosticado.

Le propuse que nos dirigiéramos al parque temático e incluso le ofrecí -como las últimas veces- que podíamos pararnos a descansar en varias partes del camino -la penúltima vez nos quedamos a medias y la última alcanzamos el destino con una parada en el camino-.

En esta ocasión no hubo dificultades para llegar al lugar -según mi hijo ha estado haciendo ejercicios los últimos días-; y en cuanto entramos al parque nos dirigimos al área techada en donde acostumbramos almorzar.

El almuerzo estuvo bien -yo sentí que le faltó un poco de condimiento a los rollos, pero mi hijo los encontró buenos- e incluso mi hijo declinó la bolsita de aderezo que llevaba para su ensalada; después estuvimos armando los cubos de rubik de seis por seis y de cinco por cinco.

Cuando completamos los cubos le propuse a mi hijo que jugaramos un poco de dominó y completamos tres o cuatro partidas -usualmente trato de alargarlas tomando más fichas aún cuando tenga opciones-; luego nos acercamos al teatro para ver si ya habían cambiado de obra; pero, de hecho, estaba cerrado.

Para terminar la visita pasamos a la rueda de Chicago; por suerte en esta ocasió el viento había amainado, por lo que pudimos subirnos -a diferencia de la última vez que intentamos con mi hija mayor-.

Luego retornamos a casa; como yo estoy tratando de hacer ayuno intermitente y mi hijo tiene bastantes restricciones alimenticias, no compré nada en el camino; nomás caminamos hasta el departamento.

Como aún teníamos cuarenta o cuarenta y cinco minutos antes de la hora en la que habíamos acordado despedirnos -a las cinco- completamos el origami modular que habíamos empezado en diciembre -y armamos también un par de pequeñas grullas-.

En cierto momento estuché ruidos en la cocina y salí a ver, comprobando que era mi hija mayor, quien andaba preparándose el desayuno; conversamos un par de minutos -me regaló un trozo de galleta de avena (con lo que rompí el ayuno!) y otra entera (esa la guardé en mi mochila)-.

A las cinco me despedí de mi hijo menor; como mi hija mayor me había pedido que le avisara, para acompañarme al automóvil, le hablé -aproveché para entregarle la mochila- y bajamos al parqueo.

Mi hija me pidió que la llevara al centro comercial que se encuentra a dos o tres cuadras -quería comprar un antihistamínico- y pasé a dejarla al lugar; luego conduje -sin encontrar ningún embotellamiento- hasta casa; y la noche se interrumpió por lo relatado en la segunda parte del inicio de este texto.

El domingo me tocó que despertarme a las tres de la madrugada, para alimentar a la perra más anciana de Rb; le agregué la pastilla que debe tomar todos los días al pollo y, luego de que terminara, la saqué al patio trasero.

Pero al parecer no hizo nada porque cuando me desperté -Rb me llamó a las siete- por la mañana encontré que había excretado -sólido- en una esquina de la sala; levanté los excrementos con una servilleta de papel y, dentro de una bolsa, los coloqué en la bolsa de no reciclables.

Aún intenté dormirme un poco después de que Rb me despertara, pero no pude conciliar el sueño; realicé la meditación matutina -aunque me faltaron cincuenta segundos porque la alarma de las ocho y media sonó en el celular-.

Como no quería desayunar muy temprano me puse a hacer algunos ejercicios de Duolingo -también en el celular de Rb- y, a las diez de la mañana, me preparé el huevo con tortilla de harina habitual de los domingos.

Durante la mañana intercambié algunos mensajes con Rb -había alimentado a sus perros a las nueve menos cuarto- y me comentó que se había ofrecido a identificar el cuerpo de su sobrino nieto en la morgue de la ciudad.

Aproveché para leer algunos capítulos del par de libros que he estado leyendo en paralelo -me quedaban nomás un par de ciclos en cada uno-; a las doce y media saqué a caminar a los dos perros más grandes -los saqué al mismo tiempo-.

Después me preparé un almuerzo: tenía aún un poco de soya texturizada y busqué una parte de un cuadril asado que había visto en los últimos días en el freezer; pero no lo encontré, por lo que me preparé un huevo duro.

Calenté en el microondas cuatro tortillas de maiz y me preparé cuatro tacos con: huevo duro, lechuga picada, zanahoria rallada, aguacate, y aderezo César -utilicé lo último que quedaba en la penúltima botella del mismo-; más tarde se me olvidó que había hidratado la soya y nomás la boté al patio trasero.

En la mañana le había escrito a mi amiga psicóloga, con la que nos habíamos citado para el final de la tarde, para comentarle que no iba a poder acudir -incluí el reporte del suceso de un periódico digital-; aún tenía esperanzas de acudir a mi visita semanal al voluntario que vive en la colonia en la que crecieron mis hijos.

Pero, un poco antes del mediodía, me resigné y le escribí también a él; comentándole lo sucedido y disculpándome por lo tarde del aviso; a las tres de la tarde Rb me escribió para que pasara por ella a la morgue.

Me envió la dirección y consulté en Google Maps la mejor vía para llegar; me vestí, tomé mi mochila y me dirigí al lugar; el cual se encuentra justo entre el cementerio general y un mercado municipal.

No me tardé mucho en llegar al lugar -aunque le periférico estaba un poco lleno- e intenté parquearme en un puesto del mercado; pero luego recordé que nomás cargaba billetes de la más alta denominación -el costo era una quinta parte- y salí a parquearme a la avenida principal -igual, había varios autos estacionados en el lugar-.

Dejé el auto un poco salido pero me bajé a saludar a la hermana de Rb -había visto que estaba en un pequeño grupo en la entrada de la morgue-; le dí un abrazo y le externé mis condolencias; saludé a las otras personas.

Luego retorné al auto porque había olvidado el celular -y aproveché para colocar el auto en una mejor posición-; retorné al grupo y esperé durante algunos minutos a Rb; ella salió luego de quince o veinte; e iba bastante alterada.

Corrió a abrazarme e incluso tuvo un connato de desvanecimiento -nomás la sostuve y la ayudé a que se sentara en la acera-; estuve dándole soporte durante unos minutos; luego habló con su hermana, nos despedimos todos e inicié el retorno a casita.

El lunes Rb me despertó temprano: antes de las siete de la mañana se pasó un rato a mi cama; estuvo un corto tiempo yaciendo a mi lado y luego retornó a su habitación; cuando sonó la alarma -a las siete y media- me levanté a meditar.

Entré a las dos reuniones de la mañana desde mi cama: en la de las ocho no hubo muchas novedades; después de la misma me puse a hacer algunos ejercicios de Duolingo; a las nueve y media entré a la otra, en la que tampoco hubo grandes noticias; nomás confirmé que ya había concluido y que trabajaría en el otro ambiente.

A las diez salí de la habitación, a prepararme el desayuno; estuve viendo algunos datos de nutrición -calorías, carbohidratos y similares- con ayuda de una LLM; también estuve ayudando a Rb con la preparación del almuerzo: pollo en crema de almendras y champiñones.

Al mediodía -después de sacar a caminar a los perros- almorzamos una porción del pollo que acabábamos de preparar, acompañado de una pequeña ensalada; por la tarde estuve leyendo un poco del libro en inglés y del libro en español que llevo a medias.

También me dí cuenta que el analista que menos bien me cae estaba teniendo algunas dificultades con una tarea que ya debía de conocer; de todos modos me ofrecí a ayudarle, aunque me respondió mucho más tarde; al final le ayudé -y le expliqué- a preparar un archivo que era necesario para que avanzara en su tarea.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte; Rb quería comprar algunos consumibles pues planeaba pasar todo el día -y quizá la noche- siguiente fuera de casa -el funeral de su sobrin nieto iniciaba el martes por la mañana-.

Yo quería comprar el inflador que no había podido comprar la semana anterior; después entramos a la ferretería industrial en la que usualmente nos proveemos; compré una boquilla y un metro de manguera: planeaba hacer una extensión para que el agua del lavatrastos continuara salpicando el piso.

Después pasamos al supermercado, Rb quería comprar una crema dental pequeña, pero no encontró algo que le satisfaciera; nomás compramos un poco de bananos; luego, en el camino de vuelta, compró un pequeño tubo de pasta dental en una tienda.

El martes me desperté a las siete y media; había estado teniendo un sueño bastante vívido -incluso le comenté el tema a Rb cuando salí de la habitación, más tarde- y no quería levantarme; pero bajé de la cama a realizar la meditación matutina.

Luego jalé la computadora a la cama y entré a la reunión de las ocho; mientras realizaban al gunas discusiones estuve revisando mi whatsapp: el día anterior un primo, que vive en el mismo pueblo donde viven mis padres, se había quebrado la mano y lo habían trasladado -por la noche- a la ciudad.

Ví que tenía un mensaje del individuo, comentándome que lo habían operado por la noche y que ya estaba viajando de vuelta al poblado donde vive; cuando terminó la reunión de las ocho salí de la habitación: Rb se estaba preparando para salir.

Desde el día anterior me había comentado que quería irse en transporte público hasta la funeraria; el servicio empezaría a media mañana y planeaba quedarse en el lugar todo el día -originalmente también quería quedarse toda la noche, pero luego estaba considerando opciones-.

La ayudé a preparar un par de ensaladas para las comidas del día y luego hice un par de lecciones de Duolingo en uno de sus celulares, para evitar que perdira su racha; luego de todos los preparativos -llevaba comida en la mochila con aislante térmico- salió de casa un poco después de las nueve.

Yo entré a mi segunda reunión a las nueve y media; aunque tampoco hubo muchas novedades porque, supuestamente, mis tareas en el ambiente específico ya estaban completadas; nomás esperé hasta las diez de la mañana para hacer mi desayuno.

Después de desayunar me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo en mi celular; además, Rb me había pedido que revisara la manguera que le había agregado al chorro del lavatrastos: tenía una curva muy pronunciada y aún salpicaba agua fuera.

Busqué formas de enderezar la manguera -en un LLM- y puse a hervir agua; luego sumergí allí la manguera por un par de minutos, la atravesé con una varilla de madera -para mantenerla recta- y la saqué al sol durante un par de horas.

También comprobé el funcionamiento del inflador de bicicleta: no me había percatado que las válvulas de las llantas son diferentes; una es la clásica de las llantas de este tipo de vehículo; la otra tiene del tipo más común en autos y motocicletas.

Afortunadamente el inflador tiene exactamente dos boquillas y cada una de las mismas corresponde a uno de los tipos de válvulas del inflador; procedí a inflar ambos neumáticos y luego retorné la bicicleta a la bodega -aún no decido si se las donaré a mis hijos-.

Al mediodía -a las doce y media- saqué a caminar a los perros de Rb; últimamente, cuando me toca realizarlo en soledad, saco a ambos al mismo tiempo -a diferencia del pasado, que me demandaba el doble de tiempo-.

Después de la caminata calenté la segunda porción del pollo con salsa de almendras y cilantro, lo que acompañé con un poco de arroz cocido y frijoles volteados; después lavé los pocos trastes que había utilizado durante el día.

El resto de la tarde estuvo tranquilo en el tema laboral; incluso terminé de leer Fight Club; y no me gustó el final; o sea, la película quizá es menos realista: se destruyen muchas cosas; el libro -me parece- presenta algo más estilo la primera película del Joker.

A las cinco de la tarde me dirigí caminando hacia los supermercados en dirección sur; el último sábado mi hija mayor me había comentado que las 7Up light eran una buena opción para nuestros almuerzos -también me había quedado sin Cocas Zero-.

Enn el supermercado más lejano compré media docena de las últimas -cuatro para almuerzos con mi hijo menor y dos por si no hay fresco de Rosa de Jamaica alguno de estos días-; también compré una botellita de esencia de vainilla -artificial-.

Además compré una bolsa de mayonesa; la que tengo en uso tiene menos del veinte por ciento y a principios de marzo prepararé unos diez o doce sandwiches -para la visita a mis padres-; en el otro supermercado compré cuatro latas de 7Up light; almacené la mayor parte de las compras en la habitación que usamos como bodega.

Un poco después me escribió Rb, comentándome que había decidido que se quedaría toda la noche en la funeraria, pidiéndome que le llevara los alimentos que había dejado en la refrigeradora, y que le preparara un poco de ensalada.

Como casi no tenía zanahoria me dirigí a la tienda de la esquina; en donde me vendieron tres mini zanahorias a un precio elevado; rallé una de estas mini zanahorias con el resto que me había quedado del almuerzo, piqué un poco de lechuga y lo reservé en un recipiente hermético.

Después de preparar la comida de Rb me dí una ducha y luego me puse a ver una película que había anotado en mi aplicación de pendientes del celular: Ready or Not; la cual es una comedia de terror y acción que estrenaron hace siete años -y que este año tendrá una secuela-; ví la primera mitad.

Un poco después de las ocho medité -había considerado que no retornaría con ánimos luego de llevarle la comida a Rb-, lo cual estuvo a punto de olvidárseme; después de meditar le serví la comida a los perros de Rb. 

Cuando los perros terminaron de cenar los saqué un rato al patio, a continuación metí los herméticos a mi mochila, y tomé el sueter que Rb me había pedido que le llevara; cuando pasé por la garita le regalé al guardia la mayor parte de unos dulces que había comprado para el convivio de fin de año de mi trabajo.

Como ahora sé que no se necesita estar conectado a Internet para que Google proporcione los servicios de localización dejé que me guiara en todo el camino hasta la funeraria en la que estaban velando al sobrino-nieto de Rb.

Me estacioné en el parqueo  lateral y subí al segundo nivel; encontré a un par de hermanas de Rb y luego la localicé para entregarle el sueter; un poco antes de salir me había comentado que en el evento estaba un antiguo amigo de mi voluntariado -que es novio de un influencer político local-.

Y lo primero que hizo Rb fue llevarme a donde estaba la pareja; nos dimos un abrazo muy efusivo con el susodicho -teníamos más de diez años de no vernos- y me presentó a su pareja; luego estuvimos en una conversación bastante extensa.

La verdad es que este tipo de situaciones me cansan muy rápido; o sea, es cómo se conocieron -en ambos lados-, experiencias en el voluntariado, relaciones con la persona fallecida, y anécdotas de viajes, y así.

A la mitad de la conversación yo ya tenía ganas de retirarme -fue fácilmente cerca de una hora-; pero traté de no poner muy mala cara; por fin disminuyó el ritmo de la conversación, nos despedimos por el momento y pasamos a la habitación reservada para la famila, en donde Rb podía almacenar la comida.

Después estuve conversando un momento con dos hermanas de Rb: la que vive en el gran país vecino del norte, y la que vive en el departamento en donde Rb nació; a la primera le dí el último de los dulces que había sacado de la bolsa -antes de regalárselos al guardia-.

Los otros dos que llevaba se los había regalado a mi conocido del voluntariado y a su novio; la hermana de Rb que vive en el país vecino me regaló un dulce de guayaba y me comentó que me había traído un frasco de mazapán.

No sé, realmente, la razón de que siempre me trae de regalo estos dulces; ha venido al país tres o cuatro veces en la última década y siempre me trae varios paquetes -las primeras veces regalé la mayoría de estos en el pasillo en el que trabajaba-.

Pero en esta ocasión nomás me regaló un par de unidades, y un bote del mismo dulce pero en formato untable; además nos pidió que bajáramos al parqueo porque quería regalarnos una parte de un queso artesanal.

Bajamos al sótano Rb, su hermana, y su único hermano vivo -el queso estaba en el auto del mismo-; luego, retornando al nivel en donde estaba el evento, le presté mi navaja para que cortara el queso -lo que almacené en uno de los herméticos que Rb había utilizado-.

Luego Rb quería terminar de cenar -tenía aún algunas frutas- y yo me serví un café -rompí totalmente el ayuno intermitente- y tomé dos o tres sandwiches -únicamente de queso!-; en el ínterin estuve conversando un poco con las hermanas de Rb y con la sobrina -la mamá del occiso-.

Pasaba un poco de la medianoche cuando le indiqué a Rb que retornaría a casa -o sea, debía levantarme a las tres de la mañana para alimentar a su perra más anciana y estaba temiendo que me afectara todo el desvelo-.

Rb me acompañó al auto, el cual saqué del parqueo sin ningun costo gracias a un gafete que me había proporcionado un poco antes; por la hora el tránsito era casi inexistente por lo que muy poco tiempo después estaba estacionando la van frente a la casa.

Saqué a los perros al patio -la última actividad del documento con las instrucciones para hacerse cargo de estos- y luego intenté conciliar el sueño -tenía nomás como hora y media antes de que sonara la alarma-; pero no logré dormirme en el acto; no sé si uno de los perros de Rb, o uno de los gatos de la calle andaba haciendo ruidos extraños.

Por fin pude dormir un rato pero sentí que acababa de cerrar los ojos cuando sonó la alarma de las tres; me levanté a darle el pollo -y la pastilla- a la perra más anciana, la saqué un rato al patio trasero y, después de dejarla entrar, volví a la cama.

Y a ver cómo sigue eso.