jueves, 12 de marzo de 2026

La Fábrica de las Ilusiones... The Factory of Illusions... L'usine des illusions...

Cuando hacía ejercicios con Rb -pasamos más de tres años ejercitándonos en la sala, tres veces por semana, durante -al final- sesiones de casi una hora- trataba de escuchar algún material en audio; lo que más me gustaba eran los videos de Aprendemos Juntos de la fundación BBVA.

Aunque también -a veces- escuchaba videos en francés y/o portugués -los de la fundación eran en español-; pero ya no había visto estos videos en mucho tiempo; hasta esta semana que, por alguna razón, una recomendación de Youtube me envió a un video sobre neurociencia de un científico español.

Me llamó la atención su discurso; especialmente la parte en la que se refería a la naturaleza gris y apagada de nuestro entorno, la cual percibimos como colorida por la luz que no es absorbida por los objetos, y que nuestro cerebro interpreta como colores (algo que desarrollé en mi tesis hace más de veinticinco años).

Total que estuve leyendo un poco más de este expositor y encontré varios libros en la red; me decidí por La Fábrica de las Ilusiones porque creo que en este trabajo escrito basó mucho de la entrevista que ví en Youtube.

El libro está bien, muchos 'facts', y mucha información 'anecdótica' sobre la importancia -y los mitos- del cerebro y la mente; lo he estado leyendo en paralelo con un libro -en inglés- sobre el rol del Product Owner.

Y a ver cómo va eso...

El domingo me levanté a las seis de la mañana; mi amigo me había confirmado que vendría a las ocho de la mañana y quería empezar a preparar el desayuno a las siete (usualmente me toma alrededor de una hora la preparación).

Medité y luego me quedé en cama un rato, haciendo algunos ejercicios de Duolingo; un poco antes de las siete me metí a la ducha; después a la cocina, a preparar el desayuno: omelette relleno con jamón, peperoni y salami; frijoles volteados, plátanos fritos, y café.

Completé la preparación quince minutos antes de las ocho y -como el día anterior había olvidado comprar pan- me dirigí a la panadería de la vuelta, para comprar un poco de pan francés y dulce; a las ocho mi amigo me escribió comentándome que estaba afuera.

Salí a recibirlo y nos saludamos efusivamente -traía una magdalena de una de las panaderías más grandes de la ciudad-; luego entramos a la casa e iniciamos el desayuno -antes tuve que sacar, uno por uno, a los perros más grandes, del dormitorio de Rb-.

Estuvimos entre desayuno y conversación -teníamos como seis meses de no reunirnos- un par de horas, en el transcurso Rb salió de la habitación, le entregué a mi amigo un molino de café que Rb había comprado para preparar sus harinas pero no le funcionó (sesenta dólares) y nos pusimos bastante al día de cada vida.

Un poco después de las diez mi amigo me comentó que se retiraba -yo le había comentado a Rb que esperaba que nos liberáramos a las diez y media-; lo acompañamos a su motocicleta y nos despedimos; esperé a que se retirara y luego salí a regalarle la mitad de la magdalena a la vecina.

Como habíamos acordado con Rb de acudir al supermercado donde compramos productos a granel, sacamos al patio a los perros y luego nos dirigimos al lugar; el tránsito estaba bastante ligero con lo que no nos tomó mucho tiempo arribar a nuestro destino.

Llevábamos una lista bastante escueta de compras: necesitábamos papel higiénico y aceite de oliva; más algunas nueces que Rb consume diariamente, y yo quería abastecerme de avena en hojuelas.

En total gastamos menos de cien dólares y no nos tomó mucho tiempo completar las compras, de hecho incluso estuvimos viendo la sección de eletrodomésticos -aunque no planeábamos adquiriri ninguno de los equipos que estaban en exhibición-.

Pagamos las compras y tomamos la carreta hasta el vehículo, luego retorné la carreta a la bahía correspondiente e iniciamos el retorno a casa; la idea era sacar a caminar a los perros a las once y media pues mi prima favorita me había invitado al cumpleaños de su hijo menor, en una pizzería sobre el periférico.

Retornamos a casa antes de las once y media y esperamos un poco antes de sacar a caminar a los perros más grandes; después esperé hasta las doce y cuarto para meter en mi mochila el regalo que había preparado para el joven (una boina de lana que mi hija mayor me regaló hacía varios años), tomar la van y dirigirme a la pizzería.

El tránsito estaba super fluido; tanto que me llevó menos de quince minutos el viaje hasta el lugar; en donde encontré a los papás de mi prima, sus hermanos y algunos de sus hijos, e incluso la prima más grande de la generación (siete años mayor que yo) -la cual es incluso más grande que los dos últimos hermanos de mi padre-.

Estuve en el lugar un par de horas, la mayor parte del tiempo conversando con la hermana de mi prima favorita, y un poco con el hermano menor de ambas; también un poco con mi prima más anciana.

Lo raro fue que el mesero perdió la orden de mi segunda prima favorita y mía; ella volvió a ordenar pero yo cancelé mi orden (había pedido originalmente un plato de pasta con broccoli); y la verdad es que no tenía apetito: el desayuno había estado bastante sustancioso.

Nomás me quedé con el vaso de Pepsi (supuestamente) black y departiendo con mis primos; incluso el hijo mayor de mi prima me ofreció parte de su pizza -y mi prima más anciana uno de los panes con queso que le habían llevado-.

Cuando casi alcanzaba las dos horas de socialización -la verdad me sentía agotado- le pedí a mi primo que agregara la gaseosa a su cuenta y que yo le transferiría el dinero, pues no quería pasar por todo el proceso de pago; y empecé a despedirme de todos.

Antes de retirarme -traté de comunicarle a mi tía que pasaría a visitarla muy pronto-, nos reunimos los cuatro primos presentes -y reunidos después de treinta y cinco años- para una foto grupal; la que espero que publiquen en el grupo de whatsapp de toda la familia.

Terminé de despedirme de todos y abordé la van; aún encontré al segundo hijo de mi prima favorita en la entrada, y aproveché para despedirme; luego retorné, sin ningún contratiempo a casa; estacioné el auto y entré a continuar mi domingo.

Por la tarde, muy tarde, le propuse a Rb caminar hacia los supermercados en dirección Norte; no teníamos nada pendiente de comprar, nomás para realizar algo de ejercicio; además le propuse que extendieramos el recorrido.

En total caminamos como medio kilómetro extra; y ya estaba oscureciendo cuando empezamos el camino de retorno; por la noche estuve leyendo un poco del libro en español y viendo un capítulo -están super cortos, y en general, no muy buenos- de Love Death and Robots.

El lunes me levanté a las seis de la mañana pues quería revisar un poco del -poco- código que había escrito durante el fin de semana; la verdad es que no había avanzado casi nada en la comprensión del código que me compartió el analista más brillante del equipo.

Entonces, me levanté a las seis de la mañana, medité y luego -durante media hora- traté de avanzar un poco en Playwright -Typescript-; a las siete entré a la reunión diaria y un poco después le escribí a mi compañero para ver si podíamos reunirnos.

Aprovechando que Rb había salido a comprar frutas y verduras (y huevos) llamé al amigo al que he estado llamando mensualmente desde hace un buen tiempo; estuvimos en una videoconferencia por un poco más de media hora -hasta que el analista me escribió para que nos reuniéramos-.

Entonces me despedí de mi amigo y configuré una reunión; en la cual revisamos el enfoque con el que mi compañero había iniciado el proyecto de automatización, pues quería empezar bien: siguiendo el mismo -o muy parecido- formato.

Cuando Rb retornó de la tienda me trajo un enorme mango -aún tenía un poco del anterior en la refrigeradora-; el resto del día me lo pasé escribiendo código; de hecho me enfrasqué tanto que se me olvidó que tenía que salir a las cuatro de la tarde (por el cambio de horario).

A las cinco Rb me propuso caminar hacia los supermercados en dirección sur; en el camino, especialmente durante las primeras calles sentí el efecto de aprender código sin parar: apenas podía ver debido a la fatiga visual; afortunadamente a la mitad del camino empecé a recuperar una visión más o menos normal.

Realmente no teníamos que comprar nada, la salida había sido únicamente para ejercitar un poco las piernas -y salir un poco de casa-; llegamos hasta la gasolinera que está en el extremo del boulevard y de allí retornamos directamente a casa.

El martes me levanté a las seis y media; a diferencia del día anterior no quise empezar media hora antes; medité y entré a la reunión de la mañana; después le escribí a mi compañero para plantearle algunas dudas que habían surgido el día anterior.

Mer reuní con mi compañero alrededor de la mitad de la mañana; me explicó algunos conceptos que me ayudarían a avanzar en los casos en los que había estado trabajando desde la semana anterior.

También llamé, por la mañana, a mi primo para pagarle la gaseosa que le había pedido agregar a su cuenta durante el almuerzo del domingo; pero mi primo no quiso saber nada de dinero; entonces nomás le pedí que preguntara a mi tía si podía llegar a verla el domingo.

En el almuerzo, al igual que el día anterior, calentamos una porción de tortilla española, aderezada con una salsa de tomate que Rb preparó el primer día de la semana laboral; y una gran ensalada -además del vaso de refresco de rosa de Jamaica-.

A las cuatro de la tarde cerré la computadora y salimos con Rb a caminar; al igual que el día anterior nos dirigimos a los supermercados en dirección Sur; aunque ese día sí necesitábamos víveres del supermercado más cercano.

Caminamos, igual que la tarde anterior, hasta el extremo del boulevard y desde allí retornamos al supermercado que nos queda a medio camino; allí compramos algo de bananos y tres tipos diferentes de lechuga -la vista no terminó tan fatigada como el día anterior-.

En la noche completé una evaluación online de CAPM en la que obtuve el sesenta y cinco por ciento de aciertos, aunque ya había pasado con más del noventa por ciento la de mi app -y en la noche me sentía cansaso-.

El miércoles me volví a levantar a las seis y, otra vez, estuve todo el día escribiendo código; aunque ese día, aparentemente completé tres de las seis tareas asignadas; por lo que pude enviar el código al final de la jornada.

Y, realmente, era la primera vez que completaba este ciclo: traer el código total del proyecto, crear una rama personal, escribir código y enviarlo al servidor remoto; lo que consideré un paso bastante importante en mi desarrollo laboral.

Durante la mañana la perra más anciana de Rb se puso muy mal: estuvo quejándose y luego estuvo moviéndose intranquilamente por toda la sala; al final se calmó después de que Rb la bañara -creo que la última vez que la bañaron fue cuando le cortaron el pelo-.

Almorzamos la tercera porción de tortilla española, con salsa de tomate, ensalada -enorme- y fresco de rosa de Jamaica; por la tarde continué con la tercera de las tareas asignadas y, antes de las cuatro de la tarde, realicé el envío.

Pero luego de hacer el envío me dí cuenta que el nombre que le había puesto a la rama no era el adecuado -originalmente iba a trabajar en la otra mitad de las asignaciones- por lo que le cambié el nombre -aunque ví un riesgo de que se perdiera el envío-.

A las cuatro salimos a caminar; otra vez hasta el supermercado más lejano en dirección sur; aunque, antes de pasar por la garita nos quedamos conversando un buen rato con el guardia de turno -el señor que ha trabajado más de diez años en esa posición-.

Como Rb tenía que entrar a su clase de teología a las seis y media decidimos que no caminaríamos hasta el extremo del boulevard; sino hasta la altura del supermercado más lejano -la diferencia son cinco o seis calles-.

Desde allí retornamos al supermercado que queda a medio camino y compramos un poco de bananos -teníamos algunas unidades aún pero su estado de maduración aún no era el adecuado para su consumo-; luego caminamos de vuelta a casa.

Rb entró a su clase de teología -de seis y media hasta un poco después de las ocho y media- y yo preparé mi pastel semanal -aunque se me olvidó agregarle la mezcla de polvos: bicarbonato, canela, fruto del monje y esplenda-; pero no quedó tan mal.

Por la noche ví un capítulo de Love Death + Robots y un capítulo de Mindfully Murder -una serie alemana que mi amigo me recomendó el domingo-; esta última es bastante interesante, mezclando tres conceptos que me resonaron: mindullness, comedia negra y violencia.

Después de meditar -a las diez- ví un mensae del analista más brillante: había recibid el código pero no podía verlo; le comenté del cambio de nombre y le indiqué que encendería la máquina del trabajo y volvería a realizar el envío.

Lo que hice, aunque la operación no estuvo tan breve como hubiera querido -más de treinta minutos-; casi a las once de la noche le envié un mensaje comentándole que había finalizado y, luego, le dí las buenas noches a Rb.

El jueves me levanté, de nuevo, a las seis de la mañana; quería empezar temprano en el desarrollo de la segunda mitad de la asignación; medité, trabajé un poco y luego entré a la reunón diaria; en la que seguimos sin participar.

Después de la reunión -durante la que hice algunas lecciones de Duolingo- salí de la habitación porque, debido a la visita semanal de Rb al mercado en el centro histórico, prefiero quedarme en la sala, con sus perros.

Antes de empezar a trabajar en la segunda parte de la asignación me percaté de que no todo el código enviado la noche anterior estaba bien: había algunos cambios en el formato, en incluso la tabulación estaba diferente.

Además no había preparado los tres casos de prueba que necesitaba para guiarme en la escritura del código; hice lo primero durante una buena parte de la mañana, y lo segundo me tomó menos tiempo; entonces sí empecé a revisar lo que tenía que completar.

No me reuní con mi compañero -en realidad tenía la esperanza de que me diera retroalimentación del código, pero eso tampoco ocurrió-, nomás le escribí en la herramienta de mensajes que el día siguiente estaría de vacaciones, pero que esperaba enviarle el resto de la asignación antes del lunes.

Entré a la segunda reunión de la mañana, la de más temprano había estado bastante extensa pero esta fue un poco más corta -también ví que mi compañero estaba entre los asistentes-; aunque seguimos sin participar en la misma.

A media mañana entré a la reunión quincenal que el jefe de mi supervisor convoca para todo el equipo; en esta reunión se dedica a ponerse al día de las ocupaciones de cada analista; en nuestro caso mi compañero indicó que aún estábamos en las primeras etapas del proyecto -y el supervisor comentó que nos estábamos dedicando solo a eso-.

Al mediodía -después de sacar a caminar a los perros- consumimos la última porción de la tortilla española -con salsa de tomate y ensalada-; el día anterior Rb había preparado una nueva olla de fresco de rosa de Jamaica.

Por la tarde continué con el desarrollo del código -aunque ya empezaba a sentir la vista fatigada-; a las cuatro de la tarde cerré mi computadora del trabajo -después de configurar la función de autoresponder del correo, avisando que no estaría disponible al día siguiente-. 

A diferencia del resto de la semana, en esta ocasión caminamos hacia los supermercados en dirección Norte: Rb quería comprobar si habían pasteles de arroz en la tienda verde de descuentos -su hermana le había regalado unos y no le habían producido alergia-.

Pero los que encontró en este lugar listaban algunos ingredientes a los que ha presentado alergia en el pasado; aprovechando que estábamos en la tienda -y no queriendo pagar con un billete de alta denominación en la panadería- compré una bolsa de los frijoles que preparo cuando invito a algún amigo a desayunar.

Después de pagar los frijoles (un dólar y medio) empezamos el trayecto de vuelta; a la mitad del camino compré un poco de pan -medio dolar- en la panadería más económica de los alrededores -en las otras pago quizá la mitad más de ese monto-.

Cuando regresamos -estaba sintiendo algo irritados los ojos- me encerré en mi habitación y me puse a resolver el cubo de Rubik de seis por seis; eso me tomó un poco más de media hora, dormitando un poco en el proceso.

Por la noche estuve viendo un capítulo de la cuarta temprada de Love Death + Robots; y un capítulo de Mindfully Murder; también le escribí a mi primo para inquirir sobre mi visita del domingo; pero me comentó que su madre debía realizarse algunos estudios médicos al día siguiente; así que quedamos pendientes.

Y a ver cómo sigue eso...

domingo, 8 de marzo de 2026

La Tierra Herida... Broken Country... La terre blessée...

El sábado que me tomé un café -frío, acompañado de una dona: o sea, una inmennsa bomba de azúcar- con mi ahijada ahijada profesional, le comentaba -ligeramente- sobre este libro: es un romance con una línea bastante clásica; y me autocuestionaba la razón de leer este tipo de libros.

Y me respondí a mi mismo: lo hago para mejorar mi vocabulario en inglés;  porque el libro es raro; es una historia romántica, entre una campesina -pero con aspiraciones de ir a Oxford- y el heredero de la familia rica del pueblo.

Pasan un verano idílico -aprobado por los padres de ambos, pero envenenado por la madre del joven- y luego se pelean y ella abandona la universidad -no se inscribe, realmente-; se casa con otro joven que la había estado pretendiendo durante mucho tiempo.

Tienen un hijo, este muere, luego conoce al hijo del chico pudiente -casi de la misma edad que su hijo ausente-; quienes llegan a Inglaterra después del divorcio -culpa de infidelidad de la mujer, por supuesto-.

Y -luego de varios incidentes- retornan la relación -con los 'ojos bien abiertos', según la protagonista-; o sea, un clásico; ya estoy -creo- en el último ciclo de lectura -creo que me faltan cuatro o cinco capítulos-.

Y a ver cómo va eso.

El sábado me retiré a mi habitación una hora antes de lo habitual: como tenía que madrugar, para iniciar temprano el viaje hacia la casa de mis padres, quería dormirme -al menos- una hora antes de lo acostumbrado.

Entonces, a las diez, me despedí de Rb, me metí a mi habitación, medité durante veinticuatro minutos y, luego, me metí a la cama -era el último día del segundo mes del año-; y en general dormí bastante bien.

Creo que me desperté de madrugada -la noche anterior, o un par de noches antes, la perra más anciana de Rb nos había despertado antes de las tres: ladrando para pedir su pollo cocido-; la alarma sonó a las cuatro y veinte y me levanté a meditar.

La noche anterior había cargado en la van el saco de comida para perros que le llevo a mis padres cada tres meses; también había colocado en los sillones traseros una caja con bolsas de agua pura, la cafetera, e incluso las dos magdalenas que había comprado temprano.

La noche anterior también había preparado un paquete completo de pan sandwich integral con jamón, lechuga y queso; después de meditar me metí a la ducha y luego, viendo que aún estaba bastante oscuro -apenas eran las cinco de la mañana- me quedé un rato en la mesa del comedor, leyendo el libro en inglés.

Leí un par de capítulos -la extensión de los mismos es bastante corta-; Rb salió de su habitación como a las cinco y cuarto y me comentó que creía que ya me había ido; pero no, le había ofrecido que me despediría de ella antes de salir de casa.

De todos modos conversamos un momento, nos despedimos y retornó a su cama; yo completé el capítulo que tenía a medias, tomé los sandwiches y la mochila que tiene aislante térmico -en la que llevaba la sandía que me había regalado mi ahijada y algunos bananos-.

Inicié la conducción hacia el puerto -cien kilómetros- a las cinco y media; el señor de la garita estaba ya en sus funciones y salió a abrir el portón de la calle; aún estaba oscuro pero ya empezaba a adivinarse cierta claridad en el cielo.

El viaje estuvo -en general- bastante tranquilo: a diferencia de la última vez, la sección más dañada del camino se redujo de unos diez kilómetros a menos de uno; y la van -era la primera vez que la llevaba- respondió bastante bien.

Un poco antes de las siete de la mañana estaba entrando en la colonia -cercada- en la que viven mis padres; encontré a mi madre regando la calle frente a su casa y escuché que le avisaba a mi padre que ya había llegado; salieron ambos a recibirme y bajé los paquetes que llevaba.

Luego preparé una jarrilla de café y abrí la magdalena de naranja que llevaba; desayunamos eso con los sandwiches que había preparado la noche anterior; mientras comíamos nos pusimos al día de los últimos tres meses.

Después les pedí que me enseñaran cómo han ido avanzando en la construcción del último proyecto en el que han estado trabajando durante varios años: es una pequeña estructura en la que planean tener una 'casa de oración' en el primer nivel, mientras utilizan el segundo como lugar de habitación.

También entré a ver la construcción que hice la década pasada en el lote que me cedieron; la cual dejé completamente a medias: la verdad no me dió confianza la situación de las escrituras de los terrenos.

Pero le indiqué a mi madre que podían continuar con la construcción y alquilar el lugar; a las nueve le envié un mensaje al primo que se quebró la mano la semana anterior -y con quien he estado con una comunicación más estrecha-.

Se ofreció a llegar -y lo hizo- para saludar; teníamos más de diez años sin vernos y ha cambiado bastante: cuando lo conocí estaba en el primer grado del nivel básico; ahora tiene casi treinta años; ha aumentado de peso y ha sufrido varias fracturas conduciendo motocicletas.

Le serví a mi primo lo último que había quedado del café y mi madre lo convidó a la magdalena y algunos sandwiches; luego me pidió que preparar un poco más de café; con lo que le puse otro litro de agua pura a la percoladora y le serví -un poco después- una taza de café bastante aguado -no le agregué más café molido-.

A las diez nos dirigimos con mi madre a la casa de la señora con la que más se han relacionado durante las dos décadas que tienen viviendo en el lugar -a ella le compraron varios lotes y también es quien gestiona la compra de los pescados-; pero no estaba.

Entonces regresamos a casa y le encargué a mi madre que le entregara -cuando la viera- la magdalena de vainilla y le comentara que habíamos ido a saludarla pero no la encontramos; a las diez y media -había puesto alarma- les indiqué a mis padres que me retiraría.

Mi madre me entregó varias libras (diez? quince?) de pescado que tenía en el congelador de una refrigeradora y los coloqué en la mochila con aislante térmico -había llevado cuatro botellas de gel congelado-; me despedí de mis padres -y mi primo- y empecé el viae de vuelta.

El cual no estuvo tan mal: a las diez y treinta y cinco le envié un mensaje a Rb, comentándole que empezaba el camino de vuelta; y a las doce y cuarto Rb me llamó para preguntarme por donde estaba -la ubicación que le envié me ubicaba en una calle dentro de la ciudad-.

Cuando recibí la llamada estaba entrando a la gasolinera en la que había llenado el tanque el día anterior -lo volví a rellenar y pagué la mitad de lo que habíamos pagado el día anterior-: al igual que el viaje anterior, la salida del puerto estuvo difícil -pero no tanto esta vez- pero la mitad final fue mucho más fluida.

Un poco más tarde estaba parqueando el auto frente a la casa de Rb; bajé las dos mochilas y la cafetera y procedimos a almacenar el pescado que nos envió mi madre -la noche anterior habíamos vaciado la mitad de la bandeja superior del congelador, previendo el envío-.

Después sacamos a caminar a los perros grandes de Rb; cuando retornamos ella se puso a cocinar las alitas dominicales y yo me esperé hasta que las volteó para preparar un par de ensaladas; consumimos también un poco de arroz que había sobrado el día anterior -revuelto con huevo- y la penúltima porción de fresco de rosa de Jamaica.

Al terminar el almuerzo lavé los trastos que aún estaban en el lavatrastos, me preparé un té de jazmín y le preparé un té de manzanilla a Rb -el té lo consumí con un tercio de una galleta, un pan tostado y una porción del pastel que estoy ahciendo los miércoles-.

A las tres de la tarde salí a lavar la van: estaba super empolvada -no la había lavado desde que la adquirimos (ya casi tres meses) y nomás había recibido el agua de las esporádicas lluvias de principios de año. 

Luego me puse a realizar los pagos del primer día del mes: los treinta dólares que le deposito a Rb como aporte para los servicios -la otra mitad a medio mes- y los ciento cuarenta dólares de los servicios del apartamento de mis hijos. 

Un poco más tarde estuve conversando con la compañerita que me ayudó un par de años atrás con el evento de ciberseguridad que organicé en la oficina: se había retirado de la empresa seis meses antes por una beca en la madre patria -no le gustó la beca y se retornó al país; y acaba de reingresar a la empresa-.

Y es que quería que me ayudara con una duda: ¿vale la pena obtener el certificado de Project Managemente para el que estoy estudiando?; y técnicamente sí: mi compañerita ha ganado, desde el inicio, veinticinco por ciento más de lo que yo percibo después de once años de estabilidad. 

Al final de la tarde le ayudé a Rb a preparar los almuerzos del fin de semana: pelé y troceé dos libras de papas -estaban enormes- mientras ella ponía a cocer, en el wok, pollo y medio -parte de lo que adquirimos el día anterior-.

El lunes me levanté a la misma hora -siete y media-; pensando en que a partir de la siguiente semana tendré que adelantar una hora las alarmas pues empieza el cambio de horario en el Imperio del Norte y las reuniones se adelantan una hora.

Como sabía que sería un día bien diferente -por la tarde tenía el almuerzo trimestral con la supervisora local- traté de no dormirme luego de la reunión; me quedé en la cama revisando el documento que tiene -muy poca- información de la última tarea que me asignaron.

A las diez me levanté, salí de la habitación y me preparé el desayuno; tuve una pequeña reunión con el analista más brillante del equipo: quería pedir su ayuda en el análisis del documento; aunque no pude avanzar mucho -también me comentó que no iría a la reunión del día por una asignación-.

Un poco antes de las once me metí a la ducha -había planeado salir un poco después de las once de casa, pues quería llevarme el auto-; pero, a último minuto, decidí que mejor usaría Uber: me iba a reunir con mi primo del lado paterno con quien mejor me llevo.

Además había visto que la cuestión del parqueo era algo complicada: podía buscar un espacio con parquímetro y pagar dos o tres dólares -en monedas-, parquearme al lado del restaurante -no sabía cuánto cobraría el parqueo- o parquearme en otro parqueo cercano -hasta siete u ocho dólares-.

Entonces pedí un uber moto -menos de tres dólares por el viaje-; estuve siguiendo el recorrido del vehículo pues lo había pedido para la entrada de la colonia; un poco antes del tiempo estimado salí al boulevard; y el señor con la moto se presentó un poco después.

El tránsito no estaba muy pesado a esa hora -creo que hubiera llegado a buena hora al restaurante, en auto-; nomás en una parte del boulevard había un pequeño embotellamiento pues un camión con materiales de construcción se estaba estacionando.

Pero llegué al lugar con casi veinte minutos de anticipación; de hecho le pedí al señor que me dejara un poco lejos del destino final; el monto del viaje -un poco menos de cuatro dólares- fue cargado a mi tarjeta de crédito automáticamente; caminé media cuadra hasta el lugar y encontré a mi supervisora y a la compañerita que acaba de ser recontratada.

Aprovechando que no habían llegado más personas le entregué el regalo que llevaba para el bebé de mi supervisora -nace el otro mes-; y luego estuve conversando con la compañerita -me senté a su lado-.

Poco a poco fueron llegando más asistentes -no llegó el desarrollador que me apoyó en el curso de ciberseguridad (y a quien, últimamente, he tenido menos paciencia), por estar, supuesetamente, con quebrantos de salud-.

El restaurante en donde se realizó el evento era de comida griega -mi supervisora es una foodie declarada-; y la comida consistió en una pequeña entrada de humus y pan pita, una bebida natural -o podías pedir coca cola- y el plato principal era un pequeño churrasco griego -carne, camarones, longanizas, y algo más-; a pesar del tamaño estuvo bien.

En mi caso traté de tener cuidado en la alimentación pues, por alguna razón, me había levantado indispuesto del estómago -creo que tuve que ir al baño antes de realizar la meditación matutina-; acompañando al almuerzo sirvieron una ensalada comunal.

La supervisora realizó una presentación con las medidas que había previsto para la ausencia de tres meses que iniciría al final de la semana -debido a su período de pre y post parto-; al final del almuerzo -la reunión abarcaba de las doce a las tres de la tarde- uno de los desarrolladores le entregó una tarjeta comunal -y una tarjeta de regalo,creo, con doscientos dólares-.

Todos se despidieron a las tres de la tarde, yo pasé al baño y luego retorné para despedirme de la supervisora; después empecé a caminar a la oficina en donde trabaja mi primo (según google maps el tiempo de caminata era de un poco más de media hora).

Traté de no apurar tanto el paso pues no quería esperar mucho fuera de la oficina; al final llegué con menos de diez minutos de anticipación y me senté en uno de los arrietes que rodean el edificio; mi primo salió un poco después de las cuatro y diez.

Le comenté que no había llevado auto por cuestiones de tráfico -y sincronización- y le propuse que tomáramos el transmetro para ir al mismo lugar de donas en donde nos hemos reunido las últimas veces.

Estuvo de acuerdo -también me señaló a una chica que estaba cruzando la esquina opuesta y me comentó que habían estado saliendo por un tiempo-; la estación del transmetro estaba llena y nos tocó que esperar un poco para abordar la -segunda- unidad que llegó a iniciar el recorrido.

Nos apeámos en la estación más cercana a la cual debíamos dirigirnos para transbordar y allí estuvo un poco más simple la operación -aunque ya llevábamos más de una hora de viaje-; al final llegamos a la estación que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos.

Nos apeamos y caminamos al comercial que se encuentra en la calle aledaña; dentro del local de donas adquirimos un par de cafés y una 'oferta' de cuatro donas y diez micro donas (centros de donas les llaman) -pagué diez dólares- y continuamos con la conversación que traíamos desde el transmetro.

En general con mi primo hablamos de literatura -un poco de política, un poco de cine-, filosofía y temas parecidos; y -como sus padres han notado- tenemos bastante afinidad en los temas en los que nos interesamos.

Rb me llamó en un par de ocasiones -casi llegando al lugar de las donas y luego un poco más tarde- para ver cómo iba la jornada -y por la preparación del fresco de rosa de Jamaica-; un poco antes de las siete le comenté a mi primo que casi era la hora del último bus a mi colonia y nos despedimos.

Caminé hasta el estacionamiento de los busitos -había aún dos unidades- y abordé la que estaba por salir -aún tenía un par de asientos libres-; el tránsito estuvo un poco cargado -era casi el final de la hora pico- pero no hubo ningún inconveniente en el retorno a casa.

Por la noche inicié a leer el siguiente libro en español: acababa de terminar Animales difíciles y ya nomás me faltaba el último ciclo -diez capítulos- de Broken Country; también hice un poco de Duolingo -no había hecho por la mañana pero terminé el reto semanal-.

El martes me levanté mejor del estómago; por alguna razón me desperté temprano, ví la hora en el celular y aún faltaba media hora para que sonara la alarma; me quedé dormitando hasta las siete y media y, luego, me levanté a meditar.

Después de la reunión -tardó casi una hora, que aproveché para hacer algunas lecciones de Duolingo- me quedé en la cama pues se había programado otra reunión para media hora antes de la de las diez.

En esta reunión el analista más brillante presentaría los avances -ínfimos- que hemos tenido en el proyecto de automatización de tareas; en la reunón estábamos tres analistas -trató de involucrar al analista que vive en el pueblo de mi familia paterna-, mi supervisor, su jefe y mi supervisora local.

La reunión estuvo rara -retiraron (sutilmente) al otro analista de este proyecto-, el supervisor estuvo insistiendo en una forma de abordaje mientras su jefe se decantaba por otra; el analista más brillante -pero no en inglés- tuvo varios tropiezos en la explicación y en preguntas subsiguientes.

Al final la reunión se alargó tanto que no pudimos ingresar a la de las diez; un poco después el supervisor nos llamó a los cuatro analistas para comunicarnos nuevas asignaciones: al compañero más brillante y a mí nos indicó que debíamos invertir más tiempo en la automatización.

A los otros dos analistas les asignó todas las pruebas de regresión que nos hemos repartido en el pasado -o sea, ellos deben tomar los grupos de tareas que mi compañero más brillante y yo completábamos en ciclos anteriores-.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; la perra más pesada se niega tanto a caminar en varias ocasiones que tuve que invertir el arnés para utilizar la argolla del lado opuesto: estaba empezando a deshilarse la costura de la que usamos mucho tiempo.

Después de la caminata entré a calentar -en la estufa- la primera de las tres porciones de pollo guisado que preparamos el domingo; el almuerzo estuvo muy bueno: pollo guisado, arroz y aguacate -acompañado de refresco de rosa de Jamaica-.

Al terminar de almorzar lavé los pocos trastes que aún estaban en el lavatrastos; luego me preparé un café -que consumí con medio panito de avena y zanahoria, un tercio de una galleta chicky y un pan tostado que me sobró de la semana anterior-.

También puse en remojo algunas ramas de manzanilla para el té de Rb; últimamente me he estado tomando el café (o té) de la tarde (acompañado de alguna bollería) antes de las dos de la tarde, para continuar con mi práctica de ayuno intermitente.

Después del horario laboral caminamos hasta los supermercados en dirección Sur; en el más alejado compré un bote de café instantáneo -el que estaba usando estaba por agotarse (luego de tres meses)- también compré algunas gelatinas light (mi hijo había elegido este postre para nuestro próximo almuerzo y no tenía de sabor chicle).

Además compré una latita de champiñones -chinos- para el desayuno que esperaba preparar el domingo siguiente -se suponía que mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad (y que hace Uber) vendría a las ocho); en el otro supermercado compramos un poco de bananos.

Por la noche estuve viendo uno de los capítulos de la cuarta temporada de Robots Love + Death; también, aprovechando que Rb le pediría un arnés (para la perra más pesada) a su amiga que vive en el Imperio del Norte (viene a mediados de abril para la celebración del segundo año de su hijo), pagué veinticuatro dólares por un par de tenis LA Gear negros.

El miércoles estuvo un poco diferente la jornada; empezó con meditación, seguido por la reunión diaria -en la que nomás entramos mi supervisor y yo de nuestra área-; luego, antes de la reunión de las diez tuve una llamada con el analista más brillante.

Básicamente quería repartir algunas tareas del nuevo proyecto de automatización; también entró el otro analista a la llamada, pero como el supervisor había indicado que nomás dos trabajáramos en esta tarea, su participación quedó en pausa.

El resto del día me la pasé tratando de entender el código: es playwright (javascript y typescript) y el nivel de complejidad es bastante alto; primero ni siquiera podía correrlo; luego, después de un par de preguntas al analista logré que funcionara.

Pero no pude iniciar con el trabajo real: debo escribir ocho casos de prueba y lograr que se ejecuten de forma automática; paralelamente estuve viendo algunos videos del certificado de CAPM que quiero obtener este año (creo que ya van más de veinte videos, de un total de veintinueve).

Al mediodía almorzamos la segunda (de tres) porción del pollo guisado que preparamos para la semana; por la tarde traté de avanzar en el trabajo pero no pude; casi al final del horario laboral le indiqué al analista que estaría de vacaciones al día siguiente, pero que lo llamaría por la mañana del viernes por ayuda con el código.

Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección norte; yo quería ver si había café molido en la tienda verde de descuentos; pero no encontré allí; compré, eso sí, una bolsa de frijoles volteados, para el desayuno del domingo.

En el otro supermercado compré una bolsa de café molido, además  

Por la noche terminé de leer Broken Country; y la verdad no me gustó el final; pero bueno, la razón es mejorar mi nivel de inglés; también ví el segundo capítulo de la cuarta temporada de Robots Love + Death.

El jueves era mi primera día de vacaciones del mes; originalmente -un par de semanas atrás- Rb me había pedido que la acompañara a una tostaduría de café: quería procesar los granos que ha tenido almacenados por varios años -no sé si funcionará-.

Pero un par de días antes me había comentado que no quería ir a la tostaduría; entonces le propuse que fuéramos al parque de atracciones más grande de la ciudad; el año anterior habíamos ido en una fecha muy inconveniente: había decenas de instituciones educativas en el lugar.

De hecho había tanta gente que las colas eran demasiado extensas; por lo que ni siquiera nos quedamos a almorzar en el lugar; retornamos bastante rápido a casa; esperábamos que la fecha fuera más propicia.

Me levanté a las siete y media, medité y me puse a hacer algunos ejercicios de Duolingo -nomás tres lecciones porque el segundo reto diario (el que da quince minutos de puntos dobles) era completar cuatro lecciones-; después salí de la habitación.

Rb ya había empacado todo; incluyendo las ensaladas que había dejado a medias la noche anterior (no había querido partir la manzana verde y el aguacate por la oxidación); entonces sacó los herméticos y completé las dos ensaladas.

Metí mi Scrabble y el Rumikub de Rb en mi mochila, y me aseguré de llevar varios cubos de Rubik; Rb había planeado desayunar en el auto, en el viaje al parque de atracciones; entonces decidí que yo desayunaría en el lugar; puse la avena por tres minutos en el microondas y empaqué mi gelatina, un banano y un poco de papaya.

Cargamos las dos mochilas (la que tiene aislante térmico y la mía) en la van e iniciamos el trayecto hasta el parque; el tránsito no estuvo tan mal: en el boulevar encontramos el embotellamiento de costumbre en la parte final (como el veinte por ciento del recorrido).

En la ciudad encontramos un poco de tráfico: había un camión detenido justo en el entronque de una de las rutas principales -y otro automóvil detenido en la entrada del periférico); pero llegamos al parque antes de las diez.

Nos llamó la atención que no había muchos automóviles en la calle en donde se encuentra el parqueo; y de hecho Rb notó que el segundo parqueo -en donde usualmente nos estacionamos- estaba cerrado; el primero nunca lo habíamos visto abierto.

Entramos al lugar -después de pagar tres dólares de parqueo-, estacioné la van y pasamos para el control de entrada al parque; el parqueo estaba tan vacío que me quedé casi en la entrada al mismo.

Y adentro también había muy poca gente -contrariamente a la última vez-; de hecho Rb tuvo que esperar un poco para subirse a la primera atracción -una mini montaña rusa-; pero pudo subirse tres veces de forma consecutiva.

Luego hizo lo mismo en la atracción más intensa -el rascacielos-; y de hecho, en este juego mecánico ni siquiera tuvo que esperar: al parecer no hay un mínimo de ocupantes para que funcione; me parece que las dos primeras veces fue la única en el mismo.

Después le propuse que jugáramos una partida de Rumikub -la cual gané- y, después, una de Scrabble -llevamos punteo pero no contabilizamos el resultado final-; ya pasaba del mediodía cuando nos dirigimos a la Rueda de Chicago en la que me subo con mis chicos.

Para terminar nos subimos a un pequeño tren que recorre una amplia área del parque; después nos dirigimos al área de mesas y almorzamos: ensalada y pollo con miel; además de una bolsa de snack -acompañado todo con fresco de rosa de Jamaica-.

Luego del almuerzo decidimos retornar a casa -ya era casi la una y media de la tarde-, por lo que nos dirigimos a la salida del parque y luego al automóvil -incluso pude recorrer en diagonal casi todo el lugar, por lo vacío-.

El tránsito estuvo un poco pesado a la altura de la Universidad, pero el resto del amino no nos dió muchos contratiempos; al final llegamos a la casa a las dos y veinte; le pusimos arneses a los perros grandes y los sacamos a caminar.

Después de la caminata Rb le dió de comer a sus perros y yo me metí a la cocina a lavar los trastos que habíamos utilizado en el almuerzo -y el desayuno-; el resto de la tarde me la pasé leyendo algunos artículos de Wikipedia.

Aunque me sentía cansado; de hecho en algún momento me parece que cerré los ojos y dormite un poco; pero fui interrumpido por Rb: quería mi ayuda para completar un par de pruebas de un sitio en el que espera trabajar algunas horas este mes.

A las cinco le propuse a Rb que saliéramos a caminar; originalmente había pensado nomás ir a la panadería de la vuelta; pero le propuse que camináramos hasta la panadería que se encuentra en el extremo sur del boulevard.

La tarde estaba bastante fresca y el paseo fue agradable; compré algo de pan -aunque decidí no repetir pues el pan francés estaba otra vez aún caliente (lo que dificulta su manipulación)-; luego retornamos a casa.

Por la noche estuve trabajando un poco: quería prepararme para la reunión del día siguiente con mi compañero más brillante; espero realmente poder avanzar en el proyecto al cual me agregó; esto me daría un poco más de tranquilidad en el trabajo -y en lo que venga después-.

El viernes me reuní con mi compañero -el genio del coding-; me levanté a las siete y media -pensando que el lunes debo adelantar una hora el inicio de actividades-, medité y entré a la reunión de las ocho; a medias de la reunión recibí un mensaje de mi compañero para que hicieramos la reunión a las nueve.

Agregué la reunión al horario del día; después de la reunión de las ocho me quedé en la cama, haciendo algunas lecciones de Duolingo -estaba ya en la recta final de terminar (nuevamente) el árbol de ajedrez-.

A las nueve me reuní con mi compañero; fue básicamente una serie de excusas de por qué no había podido avanzar: aún no tenía clara la forma de abordar la escritura del código -aunque le mostré los tres casos de prueba que había escrito la noche anterior-.

El compañero fue bastante comprensivo -aunque su nivel de conocimiento es demasiado alto- y me explicó -de forma algo somera- la forma en la que había estructurado el proyecto y la forma en la que -según él- debía proceder.

Entendí un poco más y me comprometí a entregar algo más sólido el siguiente lunes; luego no trabajé en la tarea: o sea sí, me estuve casi todo el día investigando algunas formas de abordar la escritura del código -apoyado por dos o tres LLMs-, aunque no quise compartir ningún código por esa vía.

Como el día anterior habíamos ido con Rb al parque temático más grande de la ciudad este día Rb acudió al supermercado en el centro histórico; cuando regresó me comentó que había comprado una botella de cloro con aplicador para la losa del sanitario.

Al mediodía almorzamos la última porción -de tres- del pollo que habíamos preparado el domingo -Rb había la había hervido el día anterior, pues ya tenía varios días en la refrigeradora-.

Después del horario laboral -a las cinco de la tarde- caminamos hacia los supermercados en dirección Sur; en el más alejado compré una pechuga de pollo -casi una libra- y dos paquetitos de crema; en el otro supermercado compramos un poco de bananos y, además, medio litro de leche, para seguir probando la receta del pastel.

Antes de entrar a la calle donde vivimos pasamos a la tienda de las verduras: tenía que comprar varios ingredientes para el desayuno del domingo -había invitado (después de más de seis meses) a mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad-.

Por la noche preparé los dos rollos de pollo para el Cordon Bleu que planeaba llevar al día siguiente para el almuerzo con mi hija mayor; también quería llevar una gelatina, pero olvidé prepararla, hasta casi las diez de la noche; la metí en agua fría antes de colocarla en la refrigeradora. 

El sábado me levanté a las seis y media; decidí empezar a levantarme una hora antes ya que el lunes siguiente empezaba el cambio de horario en el Imperio del Norte y todas las reuniones se realizan una hora antes.

Después de meditar me quedé en la cama -casi cuarenta y cinco minutos- haciendo lecciones de Duolingo; después leí un poco del libro de Product Management que empecé a leer la semana anterior.

Salí de mi habitación un poco antes de las nueve y preparé mi desayuno de los fines de semana; Rb me había pedido que camináramos pues yo saldría toda la tarde; entonces nos dirigimos a los supermercados en dirección sur.

No íbamos a comprar nada pero se me ocurrió que podía proveerme de un poco de aceite vegetal; lo que adquirí en el supermercado más lejano; y no entramos al otro supermercado, nomás caminamos de vuelta a casa.

Antes de salir había dejado preparadas las dos ensaladas que planeaba llevar al almuerzo con mi hija mayor; cuando regresamos del supermercado -casi a las once- me puse a preparar el cordon bleu: saqué los rollos de la refrigeradora, los rocié con un poco de harina de arroz, luego los pasé por un huevo batido y, finalmente, los cubrí con un poco de avena en hojuelas.

Los doré por dos lados y luego los cociné a fuego lento por quince minutos de cada lado (dos); después de apagar el fuego -y poner los dos rollitos en papel absorbente- sacamos a caminar a los perros más grandes.

Cuando regresamos me metí a la ducha; luego me vestí, empaqué el Scrabble en la mochila negra, y la comida -incluyendo un par de latas de Seven Up light- en la mochila con aislante térmico; me despedí de Rb y salí a arrancar la van.

Salí de casa un poco antes del mediodía; pero el boulevard estaba atestado: apenas a media cuadra empezaba la cola -de más de quince calles-; me tardé casi media hora en llegar al boulevard principal y allí la cosa no estaba mucho mejor.

Pero en el ingreso a la ciudad se liberó bastante el tránsito; de hecho llegué a la casa de mis hijos veinte minutos antes de la hora acordada -la una de la tarde-; le escribí a mi hija mayor mientras iba subiendo las gradas pero la encontré cuando entré al departamento.

Mi hija ha estado tomando cursos en la facultad de medicina -y, al parecer el stress ha hecho que vuelva a autoagredirse (ví señales de quemadura de cigarros en sus antebrazos)- y me había pedido ayuda con un par de problemas de física -el curso más difícil del primer año-.

Le invité a caminar hasta el parque temático, almorzar, y luego ver la parte académica; estuvo de acuerdo y caminamos las ocho cuadras que separan ambos lugares; luego de entrar nos dirigimos al área techada en donde usualmente almorzamos.

Dimos buena cuenta del almuerzo y luego estuvimos armando (mi) cubo de seis por seis; después jugamos una buena partida de Scrabble; para terminar la jornada en el lugar la invité a subirnos a la rueda de Chicago de costumbre.

Después de la rueda de Chicago decidimos retirarnos del lugar e iniciarmos a caminar de vuelta al departamento; retornamos un poco después de las cuatro y media y estuvimos resolviendo un par de problemas de física -de fluídos, de lo que ya no me recordaba (pero usamos ChatGPT par comprender el problema <y su solución>)-.

Habíamos acordado terminar la reunión a las cinco y media pero mi hija me había pedido que la pasara a dejar a un comercio cerca de la Universidad -en donde había visto algunos pantalones en oferta-, por lo que abordamos el automóvil y pasé a dejarla al lugar.

El resto del viaje transcurrió sin incidentes -excepto la cola que se forma para entrar al municipio- y u poco después de las seis de la tarde estaba estacionándome frente a la casa de Rb; pero, como uno de los vecinos estaba haciendo una fiesta, alguien había ocupado el lugar por lo que me tuve que parquear en el lado opuesto de la calle.

Pero un poco más tarde Rb me comentó que ya habían liberado el lugar y salió a mover la van al lugar de costumbre; lastimosamente la noche no había terminado y un par de automóviles - de la fiesta - se estacionaron muy cerca de la casa con música a alto volúmen.

Creímos que la bulla se extendería hasta la madrugada pero, afortunadamente, un poco después de las once -luego de que la fiesta terminara- varios de los adultos retornaron a los automóviles y se retiraron de la calle.

La gente...

domingo, 1 de marzo de 2026

Animales Difíciles -y ahora sí CAPM-... Difficult Animals -and now, CAPM-... Animaux difficiles -et maintenant, CAPM-...

Hace quince o dieciséis años saqué de una biblioteca del CCE -en su antigua sede- un libro cuyo título llamó mi atención: La hija del canibal; y, curiosamente, el título se justificaba en el texto: era la narración en primera persona de una señora cuyo padre había tenido que alimentarse del cadáver de su amigo, en un suceso ambientado en la guerra civil española.

Recuerdo que el libro me gustó: la historia era algo así como que el esposo la había abandonado -algo de lavado de dinero, recuerdo- y ella tenía que andar investigando, ayudada por un joven -con la que terminan siendo amantes, creo- y un viejo ex combatiente del bando republicano.

Y luego no leí nada de la misma autora, por mucho tiempo; hasta hace dos o tres años que llegó a mis manos -digitales- La ridícula idea de no volver a verte; y es de estos libros -creo- que se han vuelto comunes en el antiguo imperio.

O es la impresión que me han dado varios libros: muy muy apegados a la historia personal del autor; varios de ellos muy ligados a sucesos autobiográficos muy evidentes; en este caso la autora habla sobre la pérdida de su esposo -y los ajustes en su vida-.

Y lo hace tomando de fondo la historia de Marie Curie; sus dificultades creciendo en lo que fue -y volvería a ser- Polonia; las relaciones con su familia y su primer fracaso romántico; su hermana, su esposo, su carrera, sus hijas, etc.

El libro me gustó bastante; pero no planeaba continuar con la lectura de la autora -trato de no sobrepasar los cinco libros por autor-; hasta que encontré el libro con el que inicia el título de este texto.

Que sería el cuarto libro de una saga -originalmente una trilogía- de ciencia ficción que -creo- se desarrolla en el universo de Blade Runner; o al menos, los primeros libros tienen títulos alegóricos a la película, empezando con Lágrimas en la lluvia.

Empecé a leerlo la semana pasada y ha estado bien: la línea de toda la saga es una replicante -o rep- y en el cuarto libro -creo que el personaje había muerto en el tercer libro, aunque ahora está en un 'nuevo' cuerpo- intenta resolver un crimen.

Y lo otro: desde el año pasado -desde hace mucho?- he tenido la intención de obtener un certificado en Administración de Proyectos; hace más de una década fui a la primera clase de un curso que estaba promocionando la segunda universidad más cara del país.

Lastimosamente el curso lo cancelaron -supuestamente por falta de aforo- y luego no realicé ningún intento serio en continuar trabajando para el objetivo; hasta que hace dos años obtuve un certificado como Product Owner -aunque esta es una función específica de SCRUM-.

Hace unas semanas retomé el objetivo: bajé un libro con trescientas sesenta preguntas sobre el examen para obtener el certificado CAPM; procesé el texto del libro y lo adecué para su utilización en mi app para aprendizaje espaciado.

Pero pasaron un par de semanas sin que practicara; hasta este fin de semana, tomé el examen -apenas logré avanzar más de cuarenta preguntas de las trescientas cincuenta y una- pero, además, empecé a tomar un curso que ofrece la plataforma de aprendizaje de la empresa en la que trabajo.

Así que eso: son como treinta grandes lecciones -cada una como con una hora entre varios videos y evaluaciones-; y el plan es continuar con ese auto estudio mientras continúo practicando con mi app. 

Y a ver cómo sigue eso.

El lunes me levanté a meditar a las siete y media; desde el día anterior había dejado el timer del celular con el nuevo tiempo de meditación: veinticuatro minutos; me levanté algo animado por algo que estaba soñando un poco antes; creo qu el sueño seguía la impresión dejada por la película de acción que había visto la noche anterior.

Después de meditar retorné a la cama; había tenido la máquina del trabajo apagada durante todo el fin de semana; el sábado, al regresar de mi reunión con el voluntariado, había derramado un poco de caldo en un costado de la misma y había decidido dejarla secando hasta el lunes.

La computadora, afortunadamente, encendió sin ningún problema; entré a la reunión, la que, nuevamente, tuvo una duración de casi cuatro veces el tiempo programado; después de la reunión me quedé un rato en la cama; no quería hacer Duolingo (prefiero empezar por la noche, para no entrar en una liga muy competitiva-.

Pero tampoco me puse a leer o algo similar; nomás me estuve dormitando un rato; hasta que escuché que Rb estaba teniendo dificultades para realizarle curaciones a su perra más anciana -debe aplicarle una crema en la vagina y la perra aulla como si la estuvieran estrangulando-.

Me levanté a ver si podía ayudar -aunque cuando salí ya había terminado- jalé la computadora a la mesa del comedor y me quedé revisando el correo del trabajo; un poco antes había visto que mi hija mayor me había escrito de madrugada, pidiendo un préstamo de veinticinco dólares.

Le escribí de vuelta para ver si no necesitaba más y me contestó preguntando por treinta; al final le envié cuarenta y le escribí que si necestaba más nomás debía avisarme -la verdad me gusta ayudar a mis hijos-.

En el ínterin me preparé el desayuno: he estado ahora dejando media taza de avena en hojuelas remojándose desde la noche anterior; a eso le añado un banano, una porción de gelatina, y -en esta ocasión- una porción del pastel de zanahoria y avena. 

Estaba pendiente de revisar una tarea que había dejado pendiente en el ambiente en el que había trabajado la semana anterior: a las diez y media había una reunión -aunque se suponía que ya no estábamos asignados allí-; la reunió fue cancelada un poco antes de la hora.

A las doce puse manos a la obra y encendí dos hornillas en la estufa; puse en una la plancha en la que Rb prepara sus galletas y en la otra una sartén bastante antigua; Rb había preparado el cilantro picado con aceite y puse las dieciséis mitades de papas en esa mezcla.

Luego las fui distribuyendo en las dos superficies calientes; el resultado se veía bastante bueno; cuando la alarma sonó para sacar a los perros -a las doce y media- aún faltaban unos minutos para terminar el asado de las papas; esperamos un poco y luego le pusimos los arneses a los perros grandes.

Después de la caminata entré a vaciar la sartén más antigua; y la utilicé para recalentar las tres piezas de pollo asado que habíamos descongelado un poco antes -dos piezas para Rb y una para mí-.   

Le había pedido a Rb que no almorzáramos muy tarde pues tenía una reunión en la que revisaríamos los aspectos positivos y por mejorar en el proceso que hemos seguido durante el último par de años.

Un poco después de la una servimos el pollo, un par de mitades de papas, guacamol y un poco de chirmol; acompañado de refresco de rosa de jamaica; como terminé rápido de almorzar aproveché para lavar la montaña de trastes que teníamos en la cocina antes de entrar a la reunión.

La reunión no tuvo un gran resultado: por la mañana el PM había solicitado los aportes individuales sobre los aspectos positivos y de mejora; y básicamente los estuvo exponiendo, mientras el encargado de los desarrolladores tomaba nota de los mismos.

Al final la reunión tomó un poco más de una hora -el tiempo original programado- y, en realidad, no le ví un gran atractivo; un poco antes de que terminara le avisé a Rb que debía alimentar a sus perros -se había quedado dormida- y le preparé un té de manzanilla -un poco antes me había preparado una taza de café-.

El martes no tuvo grandes novedades; meditación, desayuno, trabajo; lo raro del día fue que Rb se olvidó de darles el almuerzo a sus perros; no se durmió, no salió; simplemente no les dió de comer; y se percató cuando ya empezaba a oscurecer.

Entonces se puso muy dramática con que qué mal dueña de perros era, etc; yo nomás me recordé de lo mal que se puso -y la explosión de gritos que realizó- cuando a mí me sucedió lo mismo hace un par de años; pero no dije nada, creo que esa sabiduría nomás la puede dar la edad.

Un poco antes del mediodía vino el mecánico a ver la van: lo había contactado los últimos días de la semana anterior para que viniera a hacer el servicio del motor -y que revisara la razón de que a veces oliera a gasolina-; había ofrecido venir a las nueve y ya hasta me había olvidado cuando, un poco después de las once, tocaron el timbre.

Rb salió a ver -creo que yo no me había vestido- y me comentó que era el mecánico; busqué las llaves del auto y salí a comentarle de qué se trataba el trabajo; estuvieron en eso hasta después del almuerzo -casi siempre viene con su hijo (ahora) adolescente).

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando en dirección a los supermercados en dirección Norte: quería comprar algunos objetos de bebé para regalarle a mi supervisora local -como lo hice cuando nació su primer bebé, hace casi dos años-.

Lo interesante es que el mismo día alguien había organizado una colecta para comprarle algún regalo por el mismo motivo -alguien siempre lo organiza cuando hay un evento similar-; para el grupo deposité doce dólares en la cuenta bancaria de una de las organizadoras.

Para el regalo personal gasté un poco más -entre veinte y veinticinco dólares-; y es que me he notado con una actitud más negativa con respecto a socializar -o seguir alguno de los ritos comunitarios que ayudan tanto a mantener los grupos lubricados-.

El miércoles tampoco tuvo muchas novedades; por la mañana Rb salió a comprar algunas provisiones a la tienda de las verduras -entre ellos un cartón de huevos-; durante el día realicé algunos ajustes a la receta del pan (pastel? panqueque?) que estoy preparando a la mitad de la semana.

Un poco antes de que terminara el horario laboral (quince minutos antes) caminamos en dirección a los supermercados en dirección sur; aunque no entramos a ninguno; nomás caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos a casa.

Y el motivo de salir antes de las cinco era porque Rb tenía que entrar a su clase de teología a las seis y media; durante este tiempo estuve leyendo un poco de los libros en inglés y español que llevo a medias.

Había estado con el pendiente de llamar a mis padres para comentarles que llegaría el siguiente domingo; y se me olvidó por completo, hasta después de las nueve de la noche; entonces llamé al teléfono de mi padre pero no contestó; intenté por whatsapp y allí si obtuve la comunicación.

Hable con mi padre un poco más que de costumbre -la última vez que llegue al puerto él se había ido a visitar a una de sus hermanas que aún vive en la finca en la que crecieron-; luego hablé un rato con mi madre -pidiéndole que me consiguiera un poco de pescado-.

Algo que me llamó la atención de este día -noche- fue que durante la meditación nocturna automáticamente traté de alejar a un zancudo que andaba revoloteando alrededor de mi cabeza; o sea, se supone que se debe mantener la inmovilidad, pero mi reacción fue automática; igual nomás continué con el período de meditación en curso. 

El jueves me levanté a las siete y media, medité y luego entré a la reunión de la mañana; desde un par de días -o así- empezaron a dividir esta reunión en dos: la primera a la misma hora (ocho de la mañana) y la segunda a las diez de la mañana; igual, mi participación en ambas es mínima.

Como era el día en que Rb realiza la visita semanal al mercado del centro histórico salí rápido de la habitación; pero no me preparé el desayuno: esperé hasta las diez de la mañana -después de la segunda reunión-. 

Antes de eso Rb me había estado escribiendo para comentarme que el boulevard estaba completamente lleno; al final salir del mismo le llevo al busito más de media hora -caminando usualmente me tardo veinte minutos-.

Durante la mañana, además de las dos reuniones tuve una tercera: la que organiza cada quince días el jefe de mi supervisor en el Imperio del Norte; y, la verdad, es preocupante el nivel de ignorancia que maneja: cree que la automatización de tareas funciona como magia.

Además, el día anterior, este supervisor -acaba de regresar de unas tres semanas de vacaciones- convocó al equipo local para ver en qué habíamos estado ocupados; y dejó caer así  como si nada que está trabajando seriamente en que retornemos a la oficina.

Lo que me causa un grado de frustración bastante alto: el tiempo de transporte es de casi dos horas en cada sentido, con lo que se estaría triplicando mi 'tiempo de trabajo'; uno de los consuelos que me dí fue que el miércoles por la mañana participé en una actividad de networking.

Hay un grupo en la empresa en la que trabajo en la que nos anotamos para mejorar en este aspecto; el evento fue bastante corto: quince minutos, los primeros cinco de presentación y el resto para interactuar en pequeños grupos en salas separadas.

Lo chistoso(?) fue que en el grupo en el que entré estaba mi ex directora -que vive en el gran vecino del norte- y la patrocinadora de este grupo -es la directora de país en una isla del caribe-; la cuarta era una chica de acá, pero se salió porque -al decir de mi ex directora- no domina el inglés.

El evento estuvo bastante interesante, muy corto; pero me dejó ver que tengo una gran área de oportunidad en el tema: de la veintena -o así- de trabajos que he tenido, el noventa y cinco por ciento ha sido sin esta ayuda tan valiosa.

Rb me estuvo poniendo al día del progreso de su trayectoria; comentándome cuando ya estaba por tomar el busito de regreso a casa; pero llegaron las doce y media sin que regresara; con lo que le puse el arnés a ambos perros grandes e inicié la caminata -estimaba que la encontraríamos en el camino-.

Y, efectivamente, en la primera vuelta la divisé en el busito -a través de la malla que está una calle antes de la parada del mismo-; cuando estaba por llegar a la mitad de la primera vuelta la encontramos y me ayudó a completar la caminata.

Luego de entrar a los perros grandes Rb se puso a recoger los excrementos de los mismos del patio frontal; yo saqué a la más anciana -se pasa casi todo el día dormida-, me lavé las manos y me puse a cocinar la última porción semanal de almuerzo: una pieza de pollo y dos mitades de papas, asados; aderezados con chirmol; además, una galleta soda con guacamole.

Después del almuerzo me quedé trabajando en la mesa del comedor; Rb me había indicado que tomaría una siesta, pero al final se distrajo viendo alguna serie en su computadora; yo continué viendo los videos del curso de CAPM que estoy siguiendo (ya al treinta por ciento). 

Al final de la tarde -después del horario laboral- caminamos hacia los supermercados en dirección sur; al igual que las últimas veces, caminamos hasta el extremo del boulevard -dos o tres cuadras adicionales- y, en una panadería de la penúltima calle, compré el pan para mis desayunos.

Luego, en el supermercado más alejado compré un paquete de pan sandwich integral, un paquete de jamón y un paquete de queso; los ingredientes para el desayuno que planeaba compartir con mis padres el siguiente domingo.

En el otro supermercado compramos un poco de bananos -también compré un par adicional de bolsas de snacks, para los desayunos con mi hija mediana-; luego retornamos a casa; por la noche avancé en la lectura de los libros en inglés y español.

El viernes el día estuvo lleno de reuniones: después de la meditación entré a la reunión de las ocho; aunque esta nomás tardó un par de minutos: no había ninguna actualización del equipo de desarrollo; con lo que pude completar varias lecciones de Duolingo sin ningun contratiempo.

Salí de la habitación un poco más tarde -antes de las nueve- y entré a una reunión del grupo de PRIDE de la empresa; una persona estaba explicando cómo empezar un proyecto de tejido; no le puse mucha atención.

A las diez entré a la siguiente reunión; esta sí estuvo más animada -no por nuestra parte-; y, aprovechando que no participaba, cambié el headset por los audífonos con bluetoott y me preparé el desayuno mientras escuchaba a varios desarrolladores informar sobre sus avances.

Como Rb había ido a la tienda de las verduras -y se tardó como una hora- aproveché, después de la reunión, para hacer la limpieza semanal de pisos; estaba más o menos a la mitad cuando retornó Rb -había sacado a los tres perros al patio delantero-.

Al mediodía preparamos un caldo de pollo con varias piezas que habíamos sacado del freezer la noche anterior -hicimos una reordenación del contenido, para preparar el espacio para el pescado que esperaba traer el domingo-; y yo preparé una taza de arroz; almorzamos eso, con aguacate.

Después lavé una buena cantidad de trastes y me preparé un café; he bajado mi consumo de galletas a la tercera parte de lo que había estado consumiendo por meses -o años-; también le preparé un té de manzanilla a Rb -aunque lo olvidé en la estufa y se consumió bastante del líquido-.

Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección norte; aún no había adquirido las magdalenas -o pasteles- que acostumbro llevar en mi visita trimestral a la casa de mis padres; pero no encontré una buena opción en el supermercado.

Por lo que salimos del lugar sin comprar nada y retornamos a casa; por la noche estuve viendo algunos capítulos de Robots Love and Death: por la mañana me había enterado que habían lanzado una nueva temporadad -ví algunos capítulos de la segunda y la tercera, comprobando que sí, ya había visto esas dos temporadas antes-.

Como el servidor del sitio en el que usualmente veo las series estaba bastante lento preferí bajar la temporada completa; también completé un ciclo del libro en inglés; y una parte del ciclo del libro en español.

El sábado me levanté a las siete y veinte; la noche anterior le había comentado a Rb que quería ir caminando hasta la sucursal local de mi panadería favorita -de donde vienen la mayor parte de mis pasteles de cumpleaños-; entonces, después de meditar tomé una bolsa de mercado de Rb y caminé los tres kilómetros y doscientos metros hasta el lugar.

Como a medio camino recibí una llamada en el celular; primero creí que era Rb, pero no, era mi amigo el voluntario al que le ayude a conseguir su último empleo -como diseñador gráfico?-; estuvimos conversando durante el resto del camino; de hecho tuve que quedarme un buen rato frente a la pastelería, hasta que se acabó la conversación.

Entonces entré al negocio y compré un par de magdalenas; una de naranja y una de vainilla; después caminé de regreso a casa; como aún no eran las diez me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; a las diez preparé -y consumí- mi desayuno de los sábados (olvidé utilizar el queso que la hermana de Rb me obsequió).

El resto de la mañana -que no era mucho- pasó algo rápido: primero le pedí a Rb que me acompañara  a la gasolinera para llenar el tanque de gasolina (medio tanque=treinta y cuatro dólares); luego pasamos al super mercado más cercano en dirección sur (la gasolinera a la que acudimos está en el extremo del boulevard en esa dirección).

En el supermercado compramos un par de pollos para los almuerzos de la siguiente semana, y un poco de bananos; luego retornamos a casa; pero Rb se percató que no habíamos comprado lechugas y ya no teníamos para el almuerzo del día siguiente.

Por lo que retornamos caminando al mismo supermercado; a las doce y media sacamos a caminar a los perros grandes y luego, mientras Rb limpiaba el patio delantero, puse a calentar el caldo del almuerzo.

Almorzamos bastante temprano pues yo quería salir de casa a las dos de la tarde; después del almuerzo aún le preparé el té de manzanilla a Rb, lavé los trastes y luego me metí a la ducha; la cual es -afortunadamente- más sencilla ahora que tengo el cabello super corto.

A las dos de la tarde tomé mi mochila, me despedí de Rb y salí al boulevard; originalmente había planeado caminar hasta el boulevard principal -menos de dos kilómetros- pero, la verdad, ya había caminado bastante durante la mañana.

Entonces me quedé en el boulevard esperando el busito; el cual pasó en menos de quince minutos; llegué con buen tiempo a la estación del transmetro, abordé una unidad y me apeé hasta la última estación -la siguiente pues la última está en reparación-.

Al final me tardé casi una hora en llegar hasta el extremo opuesto de la zona en la que vive mi segunda ahijada profesional (el centro histórico); debía caminar veinte o veintidos calles y tenía media hora para completarlo, por lo que me fui bastante tranquilo.

Pero cuando faltaba una o dos calles para llegar a mi destino ví que ya casi era la hora; entonces llamé a mi ahijada -a sus dos teléfonos-; pero no me contestó; caminé hasta el extremo de la calle e intenté realizar una video llamada; al final me percaté que me estaba haciendo señas desde la otra esquina de la calle.

Nos saludamos efusivamente y caminamos algunas calles hasta una de las nuevas cafeterías -hipsters- del centro histórico; en el lugar ordenamos un par de donas fancies y dos bebidas frías -yo de café, ella de chocolate-.

Intercambiamos regalos: ella me regaló una canasta de frutas -sandía, manzanas, peras y kiwis- en donde incluyó un portaretrato con una fotografía que nos tomamos un par de años atrás; yo le regalé el filtro de café y la taza que mi amigo tenor me regaló en diciembre.

Y nos quedamos en el lugar casi dos horas, poniéndonos al día de la vida de cada uno: ella había cancelado nuestra reunión unas semanas antes pues una amiga había fallecido -de cáncer-; yo le conté lo que había pasado con el sobrino nieto de Rb-.

Cuando estábamos casi a la mitad de la reunión entraron dos jóvenes con los que habíamos hecho trabajo voluntario casi una década atrás; yo los había visto por última vez tres o cuatro años antes; los cuatro nos dimos varios abrazos muy efusivos.

Un poco más tarde también llegó el líder del grupo de voluntarios de estos dos jóvenes -y quien vino a desayunar a casa de Rb un par de años atrás-; repetimos los abrazos efusivos; y me enteré de un par de datos extras de mi ahijada.

El primero es que durante su adolescencia padeció de bulimia -es un poco más baja que yo y pesa alrededor de cien libras-; lo otro es que se identifica como pansexual; esto fue una pregunta directa pues recordaba que se identificaba -hace más de diez años- como bisexual.

Un poco después de las cinco y media le propuse que finalizáramos la reunión y me hice cargo de la cuenta -quince dólares-; entonces la acompañé a la avenida más animada del centro histórico -ella gusta de caminar por el lugar-, nos despedimos y me dirigí a la estación del transmetro; justo estaba una unidad siendo abordada por lo que corrí, pues recordé que el tiempo de espera es bastante amplio.

Le envié un mensaje a Rb comentándole que ya estaba en el camino de vuelta; y aproveché el tiempo para practicar con los cubos de Rubik de cinco por cinco y seis por seis; me apeé en la estación más próxima al centro comercial donde se estacionan los busitos.

Y luego caminé el kilómetro o algo así que separan ambos puntos; afortunadamente aún encontré un par de busitos y el primero estaba ya casi lleno; no esperé mucho y el conductor empezó el viaje, vine a casa un poco después de las siete.

Cuando entré a casa, casi lo primero que Rb hizo fue pedirme que partiera la papaya; lo que me alteró un poco pues es una tarea de la que se ha desentendido completamente y, a veces, me frustra el hecho; pero traté de no darle mucha importancia y procedí con el encargo.

Por la noche estuve leyendo un poco del libro en español y repasando las preguntas del exámen de Administración de Proyectos que espero presentar en el corto plazo; aunque de las trescientas cincuenta aún no he podido cubrir más de setenta y cinco en una sola iteración.

Y a ver cómo sigue eso...