martes, 18 de agosto de 2026

Huaco Retrato... Portrait Huaco... Huaco Portrait...

Este libro es de los -tantos- que encuentro en mis recorridos por listas de libros en Internet; o de alguna referencia encontrada en algún artículo -u otro libro incluso-; pero de este en específico me recuerdo por el comentario compartido con -dos de- mis hijos, y algunos conocidos:

Entre padres e hijos la perplejidad parece ser la única posibilidad de comprensión.

La frase -del epígrafe de Retrato Huaco- es extraída literalmente de un libro de un premio nobel -alemán?-: Henrich Böll; y es algo críptica; de hecho, se la envié también a mi psicóloga, y me respondió con que no la comprendía del todo.

Yo la había metido a un LLM para que me diera una explicación de la misma; porque es -al parecer- una paradoja (¿?) o alguna de esas otras figuras literarias con las que se llenaban los libros en la -no tan- antigüedad; ahora -generalmente- son mas lineales.

Como también busqué la página de Wikipedia de la autora -peruana- me enteré de una nueva palabra: trieja;  que es definida -según otra página de Wikipedia- como "(también llamada tríada) es una relación afectiva, romántica y sexual estable entre tres personas. Forma parte de las opciones del poliamor y se diferencia de un trío en que implica un compromiso a largo plazo y convivencia, no solo un encuentro sexual ocasional".

Se la comenté a mi hija mayor -que no sé claramente si se identifica (como mi ahijada) como lesbiana o pansexual (la verdad, no sé si son mutuamente excluyentes)- y nomás me dijo que, si en el futuro debe describir algo de este tipo para sí misma, el comentario que más usaría sería: con ganado... las nuevas generaciones.

El libro -llevo la tercera parte: es bastante corto- es una mezcla de reminiscencia de un antepasado lejano, de la muerte de su padre; de la trieja que forma con una pareja que reside en España; del racismo que experimenta en todas partes por tener un apellido alemán y un apariencia amerindia; y me imagino que de muchas más cosas, pero me cuesta leer entre líneas.

Y a ver cómo va eso...

El miércoles me desperté un poco antes de las seis; o me desperté antes; la verdad es que estaba teniendo un sueño bien raro: literalmente estaba viendo a alguien cantar un tema fantástico -música y voz- sobre una persona -creo- y que le parecía mágica, como el Mago de Oz, o el País de Oz, o algo parecido.

Apagué la alarma del celular y me levanté a meditar; lo cual me costó -muchos días me cuesta-; además, llevaba unos veinte minutos en esto cuando Rb abrió la puerta; intentó retirarse al encontrarme meditando, pero no dejé que cerrara la puerta (no soy dogmático).

Y lo que quería era comentarme que la papaya que había lavado la noche anterior -para que yo la partiera- estaba en el refrigerador: un extremo -y una pequeña área en un costado- de la misma habían perdido la pierl; y ella había visto algunas hormiguitas, por lo que consideró prudente no dejarla a la intemperie.

Entonces se disculpó y empezó con su rutina diaria; yo medité el resto del tiempo -me faltaban como seis minutos aún-; cuando terminé salí de la habitación, saqué la computadora del trabajo de la habitación de la comida de los perros y me pase a la cama, pero luego decidí mejor empezar a trabajar en la mesa del comedor.

Aunque no empecé a esa hora: los miércoles no hay reunión a las siete y media, por lo que me puse, primero a completar las lecciones matutinas de Duolingo; luego sí entré a la reunión -aunque seguí con partidas de ajedrez-.

Después de la reunión me puse a revisar la lección del día de Fabric; pero me enfoqué más en completar un laboratorio -más o menos- similar al que había realizado el día anterior en esta plataforma: crear espacios de trabajo, subir archivos, entre otros.

A las nueve entré a la segunda reunión del día; pero no hubo -al menos para mi equipo- mucha novedad; un poco más tarde me dí cuenta que mi supervisor me había escrito: quería empezar a utilizar la computadora que usaba el analista que renunció.

Respondí al mensaje pero me dí cuenta, un poco más tarde, que la computadora no estaba actualizada; y en eso empezó la reunión del equipo; en la misma comenté el estado de la computadora e indiqué que me pondría a trabajar en su reajuste.

La reunión tardó un poco más de lo que esperaba pero, un poco después de las diez me puse copiar algunos archivos de mi estación de trabajo a la que ahora utilizaría el supervisor; luego me metí a la cocina a partir la papaya que Rb había dejado preparada.

Después me preparé el desayuno; entre estas actividades empecé a leer un libro -en español- de una escritora peruana; también jugué una partida de Scrabble en una plataforma dedicada exclusivamente a esto.

Un poco antes de las once empecé a preparar un par de ensaladas; también puse agua para preparar los fideos que utilizaríamos en el almuerzo del día; además, coloqué -sin fuego- sobre la estufa la salsa de tomate y el pollo con el que acompañamos la pasta.

Terminé de preparar los fideos un poco antes de que Rb saliera de su habitación -en donde había estado traduciendo durante toda la mañana-; entonces completamos la rutina de ejercicios de la mitad de la semana; luego sacamos a caminar a los perros.

Después de la caminata entré a calentar el pollo y la salsa de tomate -aunque ya habían hervido mientras completábamos la rutina de ejercicios-; luego almorzamos; a continuación me preparé una taza de café -con galletitas y pastelillo-.

Como Rb tenía clase de teología fuimos a los supermercados en dirección sur bastante temprano -como a las cuatro y media-; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos en el supermercado más alejado; allí compramos varios condimentos para los panes que planeábamos regalar al servicio de extracción la siguiente semana.

También aproveché para comprar algunas bolsas de snacks para las reuniones en el próximo futuro con mis hijos: usualmente llevo snacks para los desayunos con mi hija segunda; pero, por las restricciones alimenticias del menor y la mayor, he evitado llevar snacks con ellos.

En el supermercado encontré un par de bolsas de plátanos fritos con -supuestamente- exclusivamente sal; por la noche -tuvimos, sorprendentemente, una conversación bastante extensa- le comenté a mi hija mayor sobre los snacks y le parecieron adecuados.

El jueves por la mañana, antes de meditar, vi que mi hija mayor me había enviado un mensaje bastante tarde la noche anterior: quería recordarme sobre una presentación que tenía que hacer en uno de sus cursos, y para lo cual requería mi presencia.

Entonces decidí que la ayudaría con eso: aunque me quedé con muchos pensamientos intrusivos: esa semana había programado un café con mi ahijado -creía que era el jueves veintisiete, pero, en realidad, habíamos acordado el veintiséis (no me había dado cuenta del día)-.

Además, justo ese jueves -ya había pedido el día de vacaciones- había previsto ir al hospital público a donar sangre -como uno de los dos donadores que la salud pública solicita para realizar una operación-; por lo que mi periodo de meditación estuvo bastante difícil.

Con lo que se me complicaba la situación: o sea, en vez de salir muy temprano al hospital, retornar a casa de Rb y volver a salir al final de la tarde, tendría que agregar otra reunión -la presentación de mi hija es entre una y tres- un poco después del mediodía; pero después me dije que lo mejor es que lo tome con calma -y paciencia-.

Además, me sucedió algo raro -o quizá no tan raro-: la noche anterior me había tomado tres grandes vasos de agua -litro y medio, creo-, pero los últimos me los tomé muy tarde; por lo que en la madrugada me despertaron las ganas de ir al baño; pero, al final, una playera y un short de ejercicios quedaron empapados, en la habitación. 

El jueves era, también, mi primer día de vacaciones del mes, por lo que me desperté media hora antes de lo acostumbrado; medité y luego me metí a la ducha: había acordado reunirme con mi amigo de la facultad a las ocho menos veinte, en la cafetería donde programo usualmente los desayunos.

Mi plan era salir de casa a las siete menos cuarto; caminar hasta el inicio del boulevard y tomar el bus intermunicipal, estimaba llegar un poco antes de la hora programada al lugar de reunión; y todo iba sobre ruedas, pero a las siete y veinticuatro recibí un mensaje de mi amigo: ya estaba en el lugar.

Le respondí que llegaría en diez minutos -el bus apenas iba saliendo del cañón que separa el municipio de la ciudad-; me apeé del bus en el lugar más cercano al comercial donde se estacionan los busitos -a dos o tres calles de distancia-; al final llegué casi a la hora a la que habíamos acordado.

Mi amigo se había instalado en una mesa de la sección infantil -pero, por lo temprano, no había muchos niños en el lugar-; le sugerí que ordenáramos y nos dirigimos a la caja a pedir un par de desayunos típicos -los cuales siguen subiendo de precio: pagué un poco más de catorce dólares por ambos-.

Luego retornamos a la mesa; un poco después llegó nuestra orden y nos pasamos el siguiente par de horas entre desayuno y conversación: su hija mayor sigue dando clases y estudiando ciencias de la comunicación, su hija menor está estudiando -en línea- diseño gráfico; y su hijo mediano sigue triunfando en el tercer año en la facultad.

Yo le había llevado la cámbara web que me había prestado en nuestra última reunión -también llevaba la prescripción de mis anteojos actuales, porque esperaba que él pudiera conseguirme unos similares, pero eso creo que no era posible- pues había planeado devolversela -Rb me había comentado que quería comprar una-.

Yo tenía la esperanza que él me vendiera -o regalara- la cámara web; pero nomás la recibió; un poco más tarde ví que Rb me había enviado un link para comprar una cámara similar, en la tienda de tecnología en la que usualmente compramos estos artículos.

Casi al final de la reunión le pedí a mi amigo que me pasara dejando a un comercial -que le quedaba en el camino- y donde la sucursal de la tienda listaba un par de las cámaras; cuando mi amigo se percató de la compra que quería hacer, insistió en que me quedara con su cámara -la verdad no me sentí muy bien: o sea, no quise manipularlo, pero debí de haber sido más discreto en mis planes de compra  -o eso creo-.

Un poco antes de las diez acompañé a mi amigo al parqueo posterior del restaurante; allí había dejado su moto; nos despedimos y caminé al otro lado de la calzada principal, a tomar el bus intermunicipal -en el camino vi un mensaje de Rb, avisándome que salía hacia zumba-.

La entrada al municipio no tuvo ninguna dificultad y luego caminé desde el boulevard principal hasta la casa de Rb; ella retornó un poco después de las once de su clase de zumba; aún contestó un par de llamadas antes de que sacáramos a caminar a los perros.

Antes de ponerle los arneses a los perros yo había preparados las dos ensaladas del almuerzo; además había puesto -con fuego muy bajito- la mezcla de hígados y mollejas de pollo en la estufa; así que después de entrar el almuerzo estaba casi listo.

Almorzamos  y después me preparé un café; un poco antes me había dado cuenta que el analista en el Imperio del Norte me había escrito para que revisara un documento; y, aunque era mi día de vacaciones, me puse a trabajar en el mismo.

Los cambios no estuvieron tan sencillos como en los anteriores: los documentos tienen un formato bastante antiguo -de cuando las extensiones aún eran solo de tres letras- y es un poco complicado cambiar algunos formatos; por lo que me pasé el resto de la tarde bastante ocupado.

Un poco después de las tres de la tarde me escribió la analista en el Imperio del Norte; también quería algunos cambios en uno de sus documentos -yo aún estaba bastante entretenido con el otro-; entonces le indiqué que trabajaría temprano en el mismo.

A las cinco nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; aunque no íbamos a los supermercados: Rb había decidido que quería cambiar sus audífonos pues los que estaba utilizando le presionaban mucho las orejas.

Caminamos hasta la tienda de electrónica y Rb adquirió un par -pagué en efectivo como treinta dólares-; luego, aprovechando que del otro lado del boulevard se encuentra la tienda de ropa usada, pasamos a ver si podía comprar un recipiente de pyrex.

Encontré uno pequeño y cuadrado por un poco menos de dos dólares; pero nos estuvimos más tiempo en el lugar pues Rb quería ver zapatos y alguna ropa de deportes; aunque al final no compró nada; pagamos e iniciamos el retorno a casa.

Por la noche trabajé un par de horas en el documento de la analista; admás, completé el cuestionario -del día siete- que el LLM me había generado por la mañana; encontré dos -o tres- conceptos que aún no tenía muy claros -aunque, utilizando la lógica, completé correctamente las cuarenta preguntas-; también ví la parte final del capítulo de anime que había estado viendo durante la última semana.

Como planeaba utilizar el molde de pyrex el domingo lo desempaqué y lo lavé; pero, al almacenar el papel con el que venía envuelto -pensaba reservarlo para algún uso posterior- provoqué que se cayeran un par de moldes con los que Rb prepara panes, y uno que tenía un asa de fibra de carbono se quebró.

Rb salió de su habitación al escuchar el estrépito y me encontró recogiendo los pedazos de su molde; primero me disculpé por la torpeza; luego le pedí que cotizara otro -aparentemente lo había adquirido en línea- y que yo se lo pagaría.

El viernes me levanté a las seis y media, como sabía que no había reunión a las siete y media me dije que debía tomar el día con calma; bajé al piso a meditar y luego salí de la habitación: quería sacar las mojarras del freezer para separar una.

Después de dejar la bolsa de mojarras -congeladas- en el lavamanos encendí mi computadora del trabajo y me puse a hacer lecciones de Duolingo en el celular; un poco más tarde el analista en el Imperio me escribió para que realizara un par de ajustes en el documento con el cual estaba apoyándolo.

Los cambios que me pedía eran -como casi siempre- bastante básicos -o al menos para mí, pues combino la hoja de cálculo con el editor de documentos para ahorrarme tiempo-; la analista también me escribió pero nomás para confirmar que el documento estaba completo.

La primera -y única- reunión del día la tuvimos a las nueve: la reunión semanal con todo el equipo de trabajo; en la misma el supervisor fue nombrando a cada analista para ver el avance semanal -su jefe estaba presente-; cuando me tocó nomás indiqué que estaba trabajando con los dos analistas en el Imperio, ayudándolos con los documentos.

Luego el jefe de mi supervisor nos actualizó sobre las últimas noticias de la nueva empresa; supuestamente ya hay un equipo trabajando en paralelo en las oficinas y para la primera quincena del próximo mes se espera una reunión general para aclarar detalles de los cambios.

Yo expresé mi preocupación de que ya no utilizaríamos la suite de ofimática que hemos usado hasta ahora -porque nos mencionaron en la última reunión local que utilizaríamos Claude en vez de Copilot-; pero el jefe de mi supervisor comentó que sí, se trabaja con lo mismo -igual, no creo que alguien lo tenga ya muy claro-.

Y luego mi supervisor indicó una preocupación que yo había externado en una reunión pasada: que el equipo local funcionaría como contractor, mientras que los del Imperio estarían como empleados; pero, según el jefe de mi supervisor, todos actuaremos primero como contractor y, luego, todos seremos empleados.

Pero me imagino que es lo mismo: nadie tiene nada claro hasta el momento; la reunión se extendió casi hasta las diez de la mañana; cuando concluyó empecé a preparar mi desayuno; pero antes de avanzar mucho piqué un poco de cilantro -para el pescado del almuerzo- y corté la papaya que Rb había dejado preparada en el lavatrastos.

Con toda la preparación empecé a desayunar hasta después de las diez y media; en el ínterin pagué la mensualidad del servicio de internet -efectivamente, la cuota bajó como diez por ciento, luego de nuestro cambio a fibra óptica- y actualicé la cuenta de Rb: trasladó como mil dólares, producto de su trabajo de mes y medio, traduciendo llamadas.

Rb salió un poco antes del mediodía de su habitación, para que completáramos la rutina de ejercicios de los viernes; luego sacamos a caminar a los perros; y después preparamos el almuerzo: en esta ocasión corté un poco más de la cola del pescado; además freí una salchicha y media con dos onzas de pollo que me sobró de los almuerzos de unas semanas atrás.

Con lo que el almuerzo fue bastante voluminoso; aunque, por la rutina de ejercicios, sacar a caminar a los perros y la preparación del pescado/salchichas con pollo, terminamos de comer ya cerca de las dos de la tarde -o sea, incluyendo el café con galletitas-.

Y la tarde estuvo diferente: a Rb le tocaba predicar en el grupo de señoras de su iglesia; lo que correspondía a la última actividad del penúltimo módulo del programa de teología que -luego de una pausa de más de treinta años- está por concluir en el seminario de su congregación.

Durante la semana me había tocado escuchar el mensaje -algo sobre Job y la injusticia histórica hacia su esposa, con todas las pérdidas que tuvo que afrontar en esa extraña historia en la que Jehová y su antítesis se involucran en un juego de voluntades con este personaje como protagonista-. 

Rb le dió de comer a sus perros, se alistó y salió hacia su iglesia -planeaba tomar el busito en el boulevard y luego cambiarse a otro similar en el principal-; pero volvió unos minutos más tarde, y bastante alterada: ya iba en el busito y se dió cuenta que se había confundido de celular -tenía que grabar su prédica-.

Desde que entró le indiqué: te voy a dejar; pero entró tan alterada que ni siquiera respondió a mi oferta; pero luego sí aceptó que la encaminara; me vestí y salí a arrancar la van; y me ofrecí a llevarla hasta el comercial más cercano a su iglesia; pero nomás aceptó que la llevara hasta el boulevard principal -el tránsito en este estaba bastante pesado-.

Entonces la pasé dejando al lugar desde donde los busitos inician su viaje y retorné a casa; afortunadamente no encontré ningún embotellamiento en mi retorno; por lo que un poco más tarde estaba estacionando la van frente a la casa de Rb; continué con las dos computadoras en la mesa del comedor hasta las cinco.

Habíamos acordado en reunirnos a las seis menos cuarto en el supermercado del comercial más cercano a la iglesia de Rb; y, como ahora me están regalando -ya van dos meses seguidos- tiempo de internet por pagar la factura el primer día de aviso, a esa hora le compartí mi ubicación por whatsapp y empecé a caminar hacia el supermercado.

Llegué con un buen tiempo de anticipación y pasé a los servicios publicos del lugar; luego entré al supermercado; estaba empezando a ver las verduras cuando vi que Rb ingresaba al lugar; entonces compramos algunos ingredientes que nos faltaban para la preparación del asado que habíamos planeado para el domingo.

También compramos un poco de bananos y yo compré un pepino para la ensalada que esperaba preparar al día siguiente para el almuerzo con mi hija mayor; además, aprovechamos para comprar una bolsa con varios paquetes de snacks, para la refacción del servicio de extracción de basura.

Por último agregué un paquete de longanizas; algo que había declinado incluir la última vez en la que preparamos un asado -en esta ocasión compré una docena de las mismas, de una de las marcas más famosas localmente-; la carga estaba bastante pesada -eran varias libras de pollo- por lo que el retorno a casa estuvo bastante trabajoso.

Por la noche completé varias lecciones de Duolingo y avancé un poco en el libro del abogado español -gallego-; además, trabajé en la lección, preparada por el LLM, del día ocho -del programa de cuarenta y cinco días que acepté seguir para la certificación-.

El sábado me levanté a las seis y media; medité y luego retorné a la cama, a completar varias lecciones de Duolingo; cuando escuché que Rb se levantó -un poco después de las siete- salí a desinfectar los ingredientes de la ensalada para el almuerzo con mi hija mayor.

Cuando los ingredientes estuvieron preparados confeccioné dos ensaladas bastante grandes: con tomate, tres tipos de lechuga, zanahoria, manzana verde, pepino y aguacate; luego preparé dos porciones de aderezo para las mismas; a continuación preparé los dos rollitos de pollo que había dejado la noche anterior en la refrigeradora.

Como parte final de la preparación de los rollitos de pollo -los cociné a fuego lento por veinticinco minutos de cada lado- utilicé el huevo sobrante para mezclarlo con dos yemas y preparé una torta -con harina de coco y psyllium- para mi desayuno.

El cual estuvo muy muy grande: la tarde anterior me había regalado un par de panes que le habían entregado -como refacción- en el grupo de señoras al cuál había dirigido su homilía sobre la esposa de job -los panes eran rellenos de ensalada de pollo, y también venía un pan dulce-; entonces fueron tres panes salobres y un pan dulce.

Terminé de desayunar después de las diez de la mañana y acordamos sacar a los perros a las once y media; después de completar la caminata con los caninos me metí a la ducha; y tomé un baño bastante concienzudo; luego me vestí, preparé la mochila con aislante térmico y tomé la van para dirigirme al departamento de mis hijos.

Me sorprendió encontrar el boulevard tan vacío -no hubo cola en ningún punto del boulevard- y la entrada a la ciudad en el mismo estado; entonces me recordé que en la fecha se celebraba la fiesta patronal de la ciudad; por lo que -para las personas que trabajan los sábados- tocaba feriado.

En total me llevé un poco más de veinte minutos -menos de la mitad del tiempo habitual- llegar al edificio; y encontré dos bicicletas -una eléctrica y otra normal- en el espacio del parqueo; afortunadamente mis hijas son conscientes y las dejan bastante pegadas a la pared.

Subí al departamento pero no le avisé a mi hija mayor que había llegado: cuando entré escuché que estaba traduciendo llamadas -lo que Rb había estado haciendo por la mañana-; esperé a que faltaran cinco minutos para la una para avisarle.

Mi hija llegó un poco más tarde y le propuse ir al parque temático; algo que me llamó la atención -o sea, las cicatrices de sus autoagresiones no me sorprenden- fue verle algunos moratones en la pierna que se quebró unos años atrás.

Pero bueno, nos dirigimos caminando al parque temático; en donde nos dirigimos directamente al área techada con mesas -el parque, seguramente por la fieseta patronal, estaba bastante lleno-; afortunadamente encontramos una mesa libre y pudimos consumir nuestro almuerzo sin ningún contratiempo -por primera vez en mucho tiempo llevaba una bolsa con snacks-.

Después del almuerzo le propuse a mi hija compartir un helado; pero cuando llegamos a la tienda de pollo encontramos una fila excesiva; por lo que realizamos una caminata un poco extensa hasta encontrar un kiosco donde venden el mismo tipo de helado -y a un precio menor-.

Encontramos algunas mesas en un área bajo los árboles y le propuse a mi hija una partida de Scrabble; la cual completamos en un tiempo bastante extenso; o sea, en el ínterin completamos el consumo de los helados, y aprovechamos para conversar sobre mi trabajo, su facultad y la posible visita que le haga -como parte de una tarea- en un par de semanas.

Aunque le había propuesto -y ella había aceptado- subirnos a la rueda de Chicago, al final sentí que se hizo muy tarde y le propuse retornar a su departamento; lo que hicimos un poco antes de las cinco de la tarde; cuando llegamos nos acomodamos en la sala y mi hija sacó su tablero de ajedrez -en donde completamos un ejercicio-.

A las cinco y media -había puesto una alarma- guardé mis cosas y le indiqué que me retiraba; cuando pasamos por la cocina encontré a mi hija segunda preparando unos alimentos en una vaporera; le pregunté por los mismos -de trigo, rellenos de carne molida- y me ofreció uno; pero, amablemente, decliné su oferta.

Mi hija mayor me acompañó al sótano y allí nos despedimos; abordé la van y le avisé a Rb que empezaba el camino de regreso a casa -ella estaba en su iglesia, impartiendo clases de alfabetización a una anciana y una niña-; el camino estuvo, otra vez, bastante libre: ni siquiera tuve que esperar en el semáforo de entrada al municipio.

Llegué a casa antes de las seis, saqué a los perros, me cambié de pantalón y salí nuevamente, encaminándome al encuentro de Rb -le compartí mi ubicación en whatsapp-; cuando llegué al inicio del boulevard consulté Whatsapp y ví que también me había compartido su ubicación; y esetábamos casi por encontrarnos.

Y antes de llegar al boulevard principal la vi caminando al lado de su alumna anciana; se despidieron, tomé una bolsa que Rb traía e iniciamos el retorno a casa; en la panadería de la vuelta pasé a comprar un cubilete -con azúcar glass- que había visto más temprano.

Cuando vine me sentí bastante agotado; pero no preví lo que sucedió a continuación: le indiqué a Rb que estaría en mi habitación completando algunas lecciones de Duolingo; pero, luego de acomodarme en la cama -como es mi costumbre- me quedé bajo un sopor bien raro; en el cual estuve por casi dos horas.

O sea, ni Duolingo, ni escribir, ni leer, ni nada; estuve escuchando algunos ruidos de Rb en sus actividades, pero fue hasta que escuché que le estaba dando de comer a sus perros -casi a las nueve- que reaccioné e intenté hacer algo; pero no fue hasta que Rb abrió la puerta para ver como estaba, que le comenté lo que me había sucedido.

Entonces me desperté por completo y me llevé la computadora -y el celular y la tablet- al sillón de la habitación de Rb; allí hice algunas lecciones de Duolingo, completé la lección diaria de Fabric y leí un poco del libro de Kanban -había decidido leer sesenta páginas intercalándolas con tres capítulos del libro del abogado gallego-.

Un poco después de las diez, cuando Rb empezó a hacer sus actividades del fin de la noche, me lavé los dientes, me despedí por la noche y me metí a mi habitación; medité y luego, a pesar de mi temor de que no iba a poder conciliar el sueño- me acosté y me dormí.

El domingo me levanté a las siete y diez: la noche anterior me había sentido tan cansado que había decidido no levantarme a la hora habitual -seis y media-; medité veintisiete minutos y luego retorné a la cama a completar algunas lecciones de Duolingo -estoy otra vez con un ELO de más de mil quinientos-.

Después de completar las lecciones saqué mi computadora personal a la mesa; algo que había pasado por alto -y que tal vez influyó en el cansancio del día anterior- fue lo que sucedió con la edición del video que Rb tenía que entregar como parte de su tarea de teología.

El viernes por la noche me pidió que la ayudara a recortar el video: en una parte del mismo -de cuatro gigabytes de peso y un poco más de treinta minutos de duración-, cerca del final, la congregación de señoras había participado; y Rb creía que era más prudente no incluir esto en su tarea -por cuestiones de privacidad-.

Entonces me pidió ayuda para eliminar esa parte; me entregó el archivo y el tiempo de inicio y final del corte que quería seccionar; me puse a trabajar en el acto, utilizando -con un LLM- una librería open source para manejo de archivos de video; pero se me complicó realizarlo en su computadora.

Entonces pasé el archivo a mi computadora; pero la operación resultó no ser tan sencilla; y mucho del problema era el tamaño del archivo y las limitaciones de recursos de mi computadora: la memoria ram no aguantaba el procesamiento de un archivo tan grande.

Entonces pasé el archivo a mi disco duro externo; pero resultó que tampoco tenía mucho espacio -es de un Tera!- disponible; al final logré realizar la edición con una app de windows 11 en la partición que tengo en mi computadora personal con este sistema.

Pero trasladar la información no fue tan sencillo: tanto mi disco duro externo como el de Rb -también de un tera- no estaban siendo reconocidos por mi Ubuntu -aunque sí por Windows-; todo esto sucedió entre el viernes por la noche y el sábado por la mañana.

Pero sentí que ni siquiera la meditación del viernes por la noche o la del sábado por la mañana pude abstraerme del problema -seguía pensando en opciones para completar la tarea-; por fin lo logré el sábado por la mañana, le entregué el archivo -creo que usé uno de sus celulares- a Rb.

Luego me quedé pensando como reparar el disco externo para que Ubuntu lo reconociera; entonces -de acuerdo a Google- le apliqué una herramienta de Windows -Chkdsk-; pero la ejecución de la tarea le llevó más de seis horas -lo dejé trabajando mientras iba a visitar a mi hija mayor-.

Cuando retorné de la visita a mi hija mayor encontré un mensaje en Windows, indicando que la reparación de la unidad externa estaba completa; entonces, nomás para estar seguro, le apliqué nuevamente  la misma herramienta -pero nomás revisión, no reparación-; y la dejé trabajando antes de ir al encuentro de Rb.

Y cuando retorné -el sábado por la noche- encontré que la revisión se había llevado un poco más de media hora; al pasarle los resultados a un LLM me indicó que todo estaba correcto; pero que el disco estaba excesivamente lleno, y por eso se había tardado tanto.

El domingo, antes de desayunar, Rb se estuvo ocupando un poco en la preparación del pollo que habíamos previsto asar al mediodía; después de esto le dió de comer a sus perros y después tomo su propio desayuno.

Después de completar su desayuno -de acuerdo a lo que habíamos acordado la noche anterior- salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur: aún nos faltaba comprar el carbón para la preparación del pollo asado; antes de salir -se me había olvidado la noche anterior- yo había hervido las ocho papas que asaría para los cuatro almuerzos de la siguiente semana.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos el mismo para entrar al supermercado; pero en ese lugar no encontramos lo que buscábamos: nomás había una bolsa de carbón -y estaba rota-; entonces caminamos hasta el otro.

En el siguiente supermercado compramos un par de bolsas de carbón -y un poco de bananos-; íbamos a pasar a caja pero le pedí a Rb que me acompañara al pasillo donde estaban las gelatinas: había visto que casi llegábamos al monto para participar en la rifa de una motocicleta -ocho dólares- y aproveché para comprar seis cajas de gelatina light -antes de salir de casa había preparado la de la semana-.

Después de pagar, y completar el boleto de la rifa para depositarlo en el buzón, continuamos el camino de vuelta a casa; retornamos casi a las once de la mañana y me puse a preparar mi último experimento culinario: pan de nube; las últimas dos -o tres- veces no me había salido bien, pero ahora quería probar agregándole levadura nutricional.

Y, la verdad, quedó muy bien: creo que me pasé -aunque eran las cantidades indicadas- en el monto de psyllium y levadura nutricional: pero me quedó -utilicé el pyrex- un pan bastante parecido al de trigo; en textura y color; y con cierto regusto a queso -por el queso crema y la levadura tradicional-.

Al final fueron cinco minutos -en dos períodos- en el microondas; pero el resultado estuvo bastante bueno -al menos mejor que las últimas veces-; cuando tuve el pan preparado lo partí por la mitad y utilicé un par de onzas de frijoles para completar mi desayuno -el que acompañé con café y pan dulce-.

En el ínterin Rb había estado preparando el pollo que íbamos a asar; cuando terminé de desayunar salí a preparar el fogón para el asado: durante los últimos meses -o años- he ido manteniendo la costumbre de reservar los tickets de compra, anudarlos y almacenarlos en una bolsa plástica.

Y es la segunda ocasión en la que utilizo estos como combustible para preparar el carbón; con un resultado realmente bueno: el fuego se distribuye de forma bastante uniforme y, en esta ocasión, incluso no hubo necesidad de atizar el fuego después de haber logrado que se extendiera por todo el carbón.

Nos pasamos las dos horas siguientes asando pollo; y antes de que termináramos -fueron tres o cuatro cargas- sacamos a caminar a los perros y Rb terminó de preparar las alitas dominicales -yo ya había preparado el par de ensaladas-; además de estos dos elementos recalentamos un caldo de mollejas de pollo que Rb había preparado el día anterior.

Después del almuerzo Rb sacó la última de las cargas de pollo y puso sobre el carbón los tomates y chile pimiento que utilizaría para preparar el chirmol; después me tocó asar las papas que había hervido más temprano -Rb había preparado un chimichurri con aceite de oliva y cilantro-.

Después -ya fue lo último- de sacar las papas puse la docena de longanizas que había comprado el viernes en el supermercado; para esto el carbón ya estaba casi en las últimas; pero aún cociné estos embutidos por casi media hora -entre los dos lados-.

Después de que Rb le dió de comer a sus perros nos ocupamos en el almacenamiento de todo lo que habíamos preparado -que es realmente el almuerzo para dos semanas-; pero antes de eso Rb había salido a reparar el portón de su casa: por la mañana los perros de la presidenta del comité habían roto un trozo de metal -oxidado- de la parte inferior del mismo.

El portón fue sustituido por el hermano mayor -vivo- de Rb unos siete u ocho años atrás; y la razón del último cambio fue el mismo: diversos perros pasan orinando en la barra horizontal inferior -marcando su territorio, creo- y provocan su corrosión.

Y en esta ocasión Rb decidió colocar unas pequeñas barreras de metal que había comprado varios años atrás, para proteger el mango -que ya no prosperó- que estaba sustituyendo al limón que nos dió muchos frutos durante varios años.

Un poco después de salir Rb me pidió que la ayudara y salí a asistirla con el ajuste de estas pequeñas barreras en la parte inferior del portón; pero al final la dejé sola pues aún tenía la docena de longanizas sobre las brasas y había llegado el tiempo de retirarlas.

Después de almacenar las longanizas saqué un recipiente con agua para apagar por completo las -pocas- brasas sobrantes; después nos tocó que separar los almuerzos de la siguiente semana: dos días de asado en dos diferentes herméticos; la mitad del asado para el siguiente mes -y dos tercios de las longanizas- en el freezer-.

Después me retiré a mi habitación para actualizar mis notas -incluyendo esta-, jugar alguna partida de ajedrez en Duolingo; y completar la lección del día diez de mi programa de estudio de Fabric y -de ser posible- leer un poco; eso sí cuidándome de que no me sucediera lo mismo que el día anterior.

Logré no dormirme -me llevó un buen tiempo redactar el texto que tenía entre manos (este)- y salí de mi habitación un poco después de las siete para estar un rato en la habitación de Rb; me puse a afinar una receta que había encontrado un poco más temprano: salsa de barbacoa preparada con productos caseros.

Además, completé el día diez del programa de Fabric con el que me estoy preparando para el examen de certificación; luego me puse a ver la página principal de los dos sitios de películas y series que generalmente consulto; y encontré algo que Rb me había recordado unos días antes: la tercera temporada de Lioness.

Es una serie como las que me gustan: un montón de acción y violencia; entonces me puse a ver el primer capítulo -dura casi una hora- pero lo pause a la mitad del mismo; luego estuve leyendo un poco del libro de Kanban.

A las nueve y media me lavé los dientes, me despedí de Rb y me metí a mi habitación; medité y luego estuve leyendo un rato -quizá hasta las once de la noche- el mismo libro de Kanban; al final ya me faltan menos de cien páginas -de casi cuatrocientas-, pero ha sido bastante cuesta arriba.

El lunes me levanté a las seis y media; pero me había despertado mucho antes: a altas horas de la madrugada -no quise ver la hora- un par de gatos estaban teniendo una batalla de maullidos en un techo muy cercano -o en el de la casa de Rb, no sé-.

Ya debía ser cerca del amanecer porque también empecé a escuchar bastante ruido de motores en el boulevard; tuve -ligeramente- la intención de salir a espantar -con algún líquido- a los gatos, pero luego me dije que igual ya no podría volver a dormirme.

Pero, al parecer, en algún momento los gatos terminaron su conflicto y logré -creo- nuevamente conciliar el sueño; hasta que sonó la alarma; entonces me levanté a meditar; después, a las siete, saqué la computadora de trabajo de la habitación y me pasé a la mesa del comedor.

Rb se asomó para despedirse pues estaba por empezar a traducir llamadas en su habitación; como sabía que la primera reunión del día sería hasta las nueve tomé la jornada con calma:  hice bastantes lecciones -mayormente partida de ajedrez- en Duolingo y jugué una partida de Scrabble.

A las nueve entré a la reunión diaria con el equipo extendido -aunque ni mi supervisor ni algún otro analista ingreso a esta-; un poco más tarde el supervisor envió una actualización para la reunión de equipo, moviéndola para las doce y media del martes.

A las diez menos cuarto el analista en el Imperio del Norte con quien estuve trabajando la semana anterior abrió la reunión de equipo; yo entré y, unos minutos después, los otros dos analistas locales también ingresaron; pero nadie más.

Entonces el primer analista le escribió al supervisor para ver si se iba a unir a la reunión; pero la respuesta fue que la había movido para el mediodía; y, aunque el analista le indicó que el cambio había sido realizado para el día siguiente ya no hubo respuesta; entonces me despedí y salí de la reunión -un rato después la analista en el Imperio del Norte también abrió la reunión-.

Rb estuvo saliendo en un par de ocasiones de su habitación -para entrar al baño o tomar agua pura-; cuando salió a las once le comenté sobre el cambio de horario de la reunión de equipo y le pedí que completáramos la rutina de ejercicios a las doce menos cuarto.

Ella estuvo de acuerdo y volvió a responder llamadas; yo estuve intentando ver uno de los documentos que están en proceso, hasta las doce menos cuarto; también saqué la porción de pollo y papas asadas y las dejé listas para iniciar el recalentado.

Rb salió de su habitación a las doce menos diez y completamos la rutina de ejercicios de los lunes -la cual ha estado un poco más agotadora últimamente-; después me preparé para entrar a la reunión; a las doce y media inicié la llamada, uno de los analistas locales -el que menos bien me cae- entró un par de minutos después; pero se salió al ver que nadie más entraba.

Esperé cinco minutos y entonces le propuse a Rb que sacáramos a caminar a los perros; antes de salir puse un fuego bastante bajo en la hornilla donde había colocado el asado -y en otra hornilla en donde había colocado una longaniza troceada-; luego de retornar de la caminata machaqué un aguacate -nuestra versión de guacamole- y le pedí a Rb que separara las porciones del almuerzo.

El cual estuvo muy bueno: pollo -y longaniza, en mi caso- asado, una papa asada, con guacamole, chirmol y -otra vez, en mi caso- la salsa de barbacoa que había preparado más temprano; después del almuerzo me preparé un café -para consumir unas galletitas-.

Después del almuerzo me retiré a mi habitación para actualizar mis notas -incluyendo esta- y a leer un poco: por la mañana había terminado la porción del libro del abogado español y me tocaba leer algo más -esperaba terminar ese (y el de Kanban) en el siguiente ciclo).

Un poco antes de las tres salí de mi habitación y le preparé un té de manzanilla a Rb; también lavé los -pocos- trastes que se habían acumulado durante el día en el lavatrastos de la cocina; después intenté trabajar un poco -pero sin mucho éxito-: al menos puse a ejecutarse los cincuenta y siente casos automáticos.

Lo que sí hice fue hacer un poco del último par de actividades que había agregado a mi lista semanal: pintar -tomé algunos ejemplos de un video de Youtube sobre ejercicios para principiantes de acuarela- y leí la mitad del primer folleto del curso -por correspondencia- de electrónica, que me había regalado mi amigo más creativo. 

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos directamente al supermercado que queda a la mitad del camino; allí compramos la pechuga para el almuerzo del sábado con mi hijo menor.

También adquirimos un par de lechugas: Rb consume ahora en todos sus desayunos, y necesitábamos un poco para los panes que planeábamos regalar a los trabajadores del servicio de extracción de basura; además, agregamos un poco de bananos para el mismo propósito.

Como un pequeño tarro de queso crema estaba de oferta -un poco más de dos dólares, como la última vez que lo había comprado- aproveché para proveerme para los próximos meses; por último agregué el pepino necesario para la ensalada del siguiente sábado.

Después de pagar pasamos al buzón a depositar el tercer ticket que hemos obtenido para la rifa de una motocicleta; luego retornamos a casa; por la noche estuve completando el ejercicio de Fabric, viendo la segunda parte del primer capítulo de la tercera temporada de Lioness, y leyendo un poco de Little Brother.

El martes me levanté a las cinco y media de la mañana; creo que otra vez los gatos -o el ruido del boulevard- me despertó en la madrugada; pero no tuve muchos problemas para levantarme; medité y entré a la reunión que tenía programada para las seis: un training para aprender a utilizar agentes de IA en nuestro trabajo -una pérdida de tiempo, si se me preguntara-.

La clase tardaba hora y media y no estoy seguro si el instructor es una inteligencia artificial -no sé si mi comentario es irónico- pero, aparte de un par de dificultades que tuvo para mostrar un par de ejemplos, su cadencia es soporífera.

Antes de que terminara la clase -cuando llevaba, quizá una hora- conecté los audífonos bluethoot y salí a la cocina: quería poner a desinfectar las seis hojas de lechuga que esperaba utilizar en los panes para la refacción del servicio de extracción de basura.

De todos modos no había estado poniendo mucha atención: había estado revisando mis correos del trabajo, y haciendo algunas lecciones de Duolingo; la clase terminó a las siete y media y me pasé -casi inmediatamente- a la primera llamada del día; la cual estuvo bastante corta: la compañera de mi supervisor sigue de vacaciones y él no aporta mucho a la reunión.

Cuando terminó esta llamada me vestí y me dirigí a la panadería de la vuelta: debía comprar tres filas de pan francés para preparar seis sandwiches de jamón, lechuga y queso -los condimentos iban en botellas-; pero antes de salir anoté mi número de celular en una hoja y tomé dos galletas de chocolate de mi reserva.

Planeaba encontrar a los guardias en su cambio de turno, regalarle una galleta a cada uno y dejarle mi número de teléfono al entrante; para que me llamara en cuanto el camión del servicio sanitario entrara a la calle; pero cuando llegué ví que el guardia saliente estaba aún lavando la oficina de la guardianía.

Le regalé una galleta y le pregunté por su compañero; me comentó que el cambio lo hacían a las ocho y media; entonces continué hacia la panadería, compré el pan necesario y retorné a casa; a esperar la siguiente llamada, a las nueve de la mañana.

Esta reunión también estuvo corta: los dos desarrolladores locales no estuvieron presentes -quizá tomando alguna capacitación- y el resto del equipo presentó -de forma bastante breve- sus avances; entonces me dí cuenta -me recordé realmente- que no tenía reunión a las diez menos cuarto, sino hasta mediodía.

Rb había estado traduciendo llamadas desde las siete; pero había salido a las ocho para desayunar: los martes y jueves desayuna a esa hora, para acudir a las diez de la mañana a su clase de zumba; yo había drenado las hojas de lechuga y estaba cortando los panes mientras ella desayunaba; pero esperé a que terminara para proceder.

Corté seis grandes cuadros de papel de aluminio; luego esperé a que terminara de desayunar; entonces armamos los seis panes: media fila de pan francés con dos rodajas de queso, dos rodajas de jamón y una hoja de lechuga.

Envolvimos los seis panes y los agrupamos en una bolsa plástica, la que reservamos en la refrigeradora; luego saqué la caja de cartón en donde había colocado lo que le regalaríamos al personal de limpieza -tuve que usar una mayor a la del año anterior-.

Y es que ahora, además de la docena de tetrabricks de jugos, agregamos doce bolsas de snacks, cuatro botellas de condimentos (ketchup, mayonesa, mostaza y chile), media docena de bananos, seis galletas de chocolate y los seis panes.

Después de dejar a punto la caja me preparé el desayuno y lo consumí, un poco después de las diez de la mañana; Rb salió un poco antes hacia su clase de zumba y le entregué la hoja con mi número de celular y la galleta para el guardia de turno.

Rb retornó de su clase un poco después de las once de la mañana y se metió a su habitación a seguir traduciendo llamadas; yo le había pedido que saliéramos un poco más tarde a la caminata de sus perros más pesados: mi supervisor había programado la reunión de equipo para las doce y media.

Pero un poco antes del mediodía empecé a preparar el almuerzo: machaqué un aguacate -nuestra versión simplificada de guacamol- y alisté el pollo, las tortillas de Rb y mi longaniza para su posterior recalentamiento; y a las doce y media entré a la reunión.

La cual estuvo bastante escueta: mis compañeros fueron cuestionados sobre las pruebas que están llevando a cabo; yo indiqué que continuaba trabajando con la documentación -algo que no había estado tomado mas de una hora durante los últimos días-; y la reunión se acabó bastante rápido.

Entonces empecé a alistar a los perros para su caminata -me vestí y empecé a ponerle los arneses-; al parecer Rb había estado esperando la señal porque salió de su habitación y me ayudó con la preparación de los perros; y salimos a realizar la caminata -antes de salir le puse fuego super bajo a lo que había dejado preparado antes-.

Cuando entramos de la caminata le subí un poco la llama a las hornillas de la estufa, y luego me serví el almuerzo; indicándole a Rb que verificara si la temperatura de su comida era la adecuada; y almorzamos; después me preparé un café -he estado tratando de agregarle más agua, para aumentar a dos litros mi consumo diario-.

Después del almuerzo -y el café- estuve viendo si podía avanzar en algo del trabajo, pero no ví ningún documento nuevo; entonces me puse a completar algunos laboratorios de Fabric, hice otros ejercicios de acuarela, y terminé la segunda mitad del primer folleto de Electrónica -en la época de su impresión aún creían en el eter, y nomás habían sido nombrados noventa y cuatro elementos químicos-.

Además avancé en la porción que tenía en curso de Little Brother; Rb salió un poco después de las cuatro de la tarde de su habitación; me comentó que se sentía bastante agotada y que no continuaría traduciendo -por el día-; a las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte.

Yo había decidido que compraríamos en la tienda verde de descue  ntos la batería de nueve voltios que el multímetro necesitaba para funcionar -de acuerdo a lo dicho en la tienda de electrónica-: había visto que costaba más del doble en el supermercado.

Caminamos hasta la tienda verde de descuentos y, primero, compramos varias cajas de bolsas ziplock para almacenar alimentos en la refrigeradora; luego pasamos a caja y compramos la batería -tres dólares-; no llevábamos ninguna bolsa así que tuvimos que realizar el camino de regreso con las tres cajas -y la batería- en las manos.

Cuando entramos, de vuelta de los supermercados, el guardia nos comentó que el camión de la basura había ya ingresado y les había entregado la caja con las refacciones: antes de salir, previendo que podía suceder esto, había sellado la caja, y se la habíamos pasado dejando, con el encargo de entregársela al personal de limpieza.

Sobre la caja pegué una hoja con el siguiente mensaje: "Hola, Este es un obsequio de Dios. Y Él quiere que su bendición la repartan entre ustedes. Gracis por su trabajo de todas las semanas"; o sea, no soy creyente, pero me molestaría que algunos se aprovecharan; y confío -bastante- en la fé de la gente.

Yo había escrito únicamente las primeras dos frases; pero Rb me sugirió que agregara la relativa a su trabajo; además, cuando entramos, se aseguró -les preguntó cuando pasamos a la altura del camión- de que habían recibido una caja -ellos agradecieron efusivamente el obsequio-; yo no necesitaba siquiera la confirmación; me bastaba con haber hecho algo agradable.

Cuando retornamos a casa abrí el multímetro para instalársela, y resulta que venía una en su interior; entonces metí en una bolsa la batería nueva, la rotulé y la almacené en la gaveta del mueble de la sala en el que guardamos este tipo de objetos; luego rearmé el multímetro y lo probé en un tomacorriente; funcionó bien y lo probé en uno de los -muchos- cargadores de computadora que hemos ido acumulando con los años.

También funcionó bien -o eso creo-: la medida del voltaje no se mantiene estable; pero, según Google, se debe más a una inestabilidad del contacto al tomar la medida que a un fallo en el cargador, o en el multímetro; ahora nomás necesito un par de pinzas para construir un cargador doméstico de baterías de auto.

Al principio de la noche me metí en mi habitación a completar varias lecciones de Duolingo -portugués y ajedrez-; luego me quedé leyendo la última parte de la porción de Little Brother; después me pasé a la habitación de Rb, allí completé el cuestionario del día once de Fabric.

También estuve actualizando mis notas -incluyendo esta- y comparando los precios de las galletas en la tienda verde de descuento contra los precios en el almacén en donde compramos artículos a granel: en general hay una diferencia del veinticinco por ciento, siendo más conveniente la segunda opción.

Y a ver cómo sigue eso.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Nada… Nothing… Rien…

La semana pasada desayuné con mi psicóloga -al igual que mi doctora, ambas son profesionales universitarias en su rama, aunque ninguna me ha tratado formalmente-: mi doctora es joven -creo que está por llegar a los cuarenta- y -creo- tiene dificultades de apego y sobrepeso; mi psicóloga también está por llegar a los cuarenta y lleva una vida bastante diferente a la de un adulto común -al menos ella tiene una vida plácida pues su familia es bastante acomodada).

Dos o tres días después del desayuno -estuvo interesante la semana pues el jueves desayuné con mi psicóloga y el sábado con mi doctora- la primera me envió un video -de Tiktok, creo- sobre una serie argentina -con el título de este texto-; según ella porque le recordó algo que le había comentado unas semanas antes.

Lo que le había contado era -no recuerdo sobre qué estábamos conversando en Whatsapp- una historia sobre Gödel y la forma en la que había muerto: de inanición, por negarse a consumir comida que no hubiera sido preparada por su esposa -y ella había sido hospitalizada-; y, que según mi ahijada -feminista-, realmente había muerto por machista.

La serie en cuestión le recordó esta historia porque presentaba a un anciano que dependía -según el comentario- completamente de su ama de llaves; pero lo que me llamó la atención del video fue que estaba generado por un LLM: los movimientos de la boca no coincidían con el sonido; y eso fue lo que le comenté; lo que provocó algunos intercambios sobre el espectro del síndrome de Asperger y cuestiones similares.

Pero, un poco después ví el trailer de la serie; y luego le propuse a Rb que la viéramos -no me ha gustado especialmente compartir este tipo de material con ella, pues generalmente se pone a hacer dos o tres cosas (redes sociales y mensajes) adicionales mientras vemos algo- por la noche: eran nomás cinco capítulos, de media hora cada uno, y Robert de Niro era parte del elenco.

El primero o segundo de los capítulos sucedió igual que antes: mientras yo veía la media hora de contenido, Rb también navegaba por alguna red social, y hacía lecciones de italiano en Duolingo; pero luego cambió: hizo sus lecciones durante el día y evitó las redes sociales; y es que la serie es interesante.

Además, Rb fue hace unos años a la capital argentina -específicamente para visitar los lugares relacionados con Mafalda- y estuvo recordando varios lugares que reconocía en alguna de las tomas de la serie; creo que esto también contribuyó a que quisiera verla sin interrupciones.

Entonces, la serie es sobre un anciano argentino, que debe adaptarse a la ausencia de la persona que se había encargado de administrar su vida durante mucho tiempo; también sobre otro anciano -Robert de Niro- quien es el narrador -y nomás actúa directamente en la trama en el último capítulo-; y una chica paraguaya, quien debe adaptarse -y cambiar también- al protagonista.

La serie está buena; pero también la vida del protagonista fue así de interesante: toda su vida actor -aunque también político (sindical)-, y murió justamente a principios de este año, un día después de cumplir ochenta y seis años -la serie salió hace tres-; y claro, su pareja, en ese momento, era treinta años menor que él.

La gente.…

El jueves me desperté, otra vez, antes de que sonara la alarma del celular; aunque no fue mucho antes, quizá cinco o diez minutos, la cuestión es que aún estaba decidiendo si continuaba en la cama o me levantaba, cuando sonó la alarma.

Me bajé al piso a meditar y luego salí de la habitación; tomé la computadora -ahora siempre pernoctando en la habitación de la comida de los perros- y la llevé a la mesa del comedor; y allí me quedé trabajando -mientras Rb empezaba a traducir llamadas en su habitación-.

Pero no empecé a trabajar precisamente en cuestiones laborales: la primera reunión -los martes y jueves- ahora inicia media hora más tarde -a las siete y media-; por lo que aproveché esa primera media hora para hacer algunas lecciones de Duolingo.

Después sí, entré a la reunión, aunque no puse mucha antención: mi supervisor había avisado, el día anterior, que estaría ausente; y su compañera nomás estuvo discutiendo algunos hallazgos -del compañero que vive en la ciudad colonial- y la conveniencia o no de modificar las funciones de la app.

Cuando la reunión terminó me recordé de algo que tenía pendiente: canjear el voucher para solicitar un examen de un certificado de Microsoft; lo había obtenido por participar en un evento educativo de esta empresa -el valor (supuestamente) es de cien dólares- y el día anterior había estado cuestionando a un par de LLMs sobre la mejor forma de aprovecharlo, viendo que el primero de octubre seré movido a otra empresa.

Y una de las LLMs -creo que la francesa- me sugirió certificarme en algo de IoT; y, aunque la misma indicó el certificado de Amazon, aproveché que tenía pendiente el de Microsoft y empecé a buscar opciones; y resulta que no hay un certificado tal cual -había uno pero lo cancelaron el mes anterior-.

Pero, siguiendo con la misma línea de investigación, encontré otro certificado que podría serme de utilidad; entonces, este día, después de la reunión, empecé a realizar el trámite para cambiar el voucher; finalmente logré programar el examen para el último domingo de septiembre -unos días antes de que nos transfieran a la nueva empresa-.

Y luego estuve trabajando en probar que la aplicación del examen corriera en la computadora que uso; o sea, bajó un ejecutable pero, lógicamente, en Ubuntu no funciona; entonces entré -luego de muchos meses- a la partición de Windows 11; y en eso se me fue la mañana; pero al final sí, logré completar la verificación.

En el ínterin estuve trabajando con la analista en el Imperio del Norte: me escribió para que le ayudara con la eliminación de una sección de uno de los documentos en los que hemos estado trabajando; además quería que comprobara la estandarización de un párrafo que va en -casi- todas las secciones.

Entonces estuve trabajando en paralelo tanto la verificación de mi Windows 11 para poder examinarme, como el documento para mi compañera; también entré a la reunión de las nueve, aunque en la misma no hubo casi ninguna novedad.

Después de esa reunión me preparé el desayuno; después esperé la reunión de las diez menos cuarto, pero esta no ocurrió: seguramente porque el supervisor andaba en una visita a uno de los clientes; y luego teníamos una reunión a las die y media.

Lo raro es que el programa no me avisó de esta última: curiosamente el analista que menos bien me cae la inició con quince minutos de retraso -y escribió en los mensajes que no se había podido unir a tiempo-; pero nadie se había unido, ni siquiera el PM, quien la había programado el día anterior.

Entonces entramos a la reunión los tres analistas y el PM; y el tema era bastante banal: este último andaba viendo la forma de migrar miles de casos de prueba entre las dos plataformas en las que hemos estado trabajando últimamente; casualmente yo había explorado lo mismo la semana anterior -aunque no pude completar lo último, por falta de permisos-.

Entonces, de la reunión quedó, como pendiente, que yo debía enviarle cierta información que le servirá para realizar la primera parte de la tarea; y no había terminado esta reunión -un poco después de las once- cuando me escribió mi supervisor: quería que lo llamara cuando estuviera libre.

Cuando la reunión con el equipo local terminó llamé al supervisor -ya habían pasado las once de la mañana-; y este individuo quería que actualizara un cuadro en Excel en el que he estado trabajando durante los últimos meses: básicamente es un resumen del trabajo que realizamos por acá.

Pero cuando le comenté que aún había información faltante me pidió que llamara a otro analista en el Imperio del Norte, para recabar dichos datos; la persona esta a la que llamé -al parecer, también proveniente de ese subcontinente asiático- fue desganado al proporcionar la información; por lo que también confirmé con mis dos compañeros locales.

Al final completé la tarea, actualicé las fechas y le envié la información al supervisor; luego completé la tarea que tenía pendiente con la analista en el imperio y le envié los resultados; un poco más tarde Rb salió de su habitación -ya había pasado el mediodía- y sacamos a caminar a sus perros.

Cuando entramos a los perros preparé un par de ensaladas medianas y puse a calentar el caldo de mollejas de pollo -era la cuarta porción de los almuerzos semanales-; después me preparé un café -inaugurando el nuevo frasco de café-.

Cuando terminé el café me puse a jugar una partida de Scrabble en el sitio en el que he estado jugando un par de partidas diariamente; luego me metí a la cocina, a lavar los trastos del día; además, puse en el fuego un poco de agua para el té de manzanilla de Rb -ella se lo sirvió pues se me alargó un poco el lavado de trastos-.

Después de servirse el té Rb se encerró en su habitación para continuar traduciendo llamadas médicas; yo aproveché para tachar otra de las tareas que había agregado a mi lista de pendientes: lavar recipientes plásticos con gel refrigerante, que utilizamos en la mochila con aislante térmico; luego los metí al freezer. 

Luego llamé al seguro social local: aunque me faltan siete años para llegar al punto en el que puedo jubilarme, he estado tratando de iniciar el largo proceso; en semanas -o meses- anteriores había llamado para conseguir cierta información que es necesaria para presentar un formulario.

Este formulario es útil nomás para solicitar que la información de los períodos laborados en algunas empresas sean corroborados; pero en las ocasiones anteriores no había logrado comunicarme con nadie -típico de nuestra burocracia-.

Pero este día tuve suerte: luego de pedirle el celular a Rb -ella paga por tiempo mensual- llamé nuevamente al mismo número y (¡sorpresa!) logré comunicarme con una señora; quien amablemente me brindó la información necesaria -eran datos de seis de mis empleadores del pasado-.

Después de agradecerle efusivamente por la ayuda fui a devolverle el celular a Rb y empecé a confeccionar el formulario que presentaré el mes próximo: debo presentar mi DPI para realizar el trámite; y lo olvidé hace un par de meses en la casa de mis padres.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: no teníamos nada en la lista de compra -excepto el pan de mis desayunos-, así que nomás caminamos hasta el inicio del boulevard; pero luego a Rb se le ocurrió entrar en el supermercado del lugar, para ver si ya había del cloro que utilizamos para desinfectar las verduras.

Pero no, al parecer este artículo ya está descontinuado; así que no compramos nada en el supermercado; iniciamos el retorno a casa, deteniéndonos nomás en la panadería donde compro el pan más económico; allí me proveí del pan para mis desayunos.

Retornamos bastante temprano de la caminata y me metí a la habitación a hacer algunas lecciones de Duolingo; luego, a las siete, entré a la clase de Storytelling; la cual me pareció deficiente: la persona a cargo estuvo centrándose bastante en su historia personal -y experiencia- para hablar de temas tan delicados como la ética en la comunicación.

El viernes me desperté bastante temprano: los vehículos en el boulevard me despertaron antes de las seis de la mañana; estuve un rato tratando de conciliar nuevamente el sueño, pero no hubo caso; entonces me levanté a meditar; después retorné a la cama, pero no me dormí.

Me puse a completar el penúltimo ciclo del libro de George Carlin; y estuve en lo mismo hasta después de las siete de la mañana; Rb entró un poco después de la hora en punto pues íba a empezar a traducir llamadas; yo seguí leyendo hasta después de las siete y media.

Nomás estuve al pendiente de que no convocaran a alguna reunión en el trabajo, o me escribieran en alguna de las conversaciones grupales; a las siete y media salí saqué mi computadora del trabajo a la mesa del comedor; también saqué la personal y me puse a trabajar en el primer día de estudio -guiado por un LLM- para el certificado.

Como a media mañana me escribió el amigo a quien visité el domingo anterior: habíamos estado en comunicación esporádica durante la semana para afinar los detalles de una visita a la casa de Rb; y es que, durante el desayuno del domingo, le había propuesto que nos ayudara con la reconstrucción del techo del pequeño corredor trasero.

Esta estructura -de madera y lámina de zinc- se ha ido deteriorando con el tiempo y está a punto de caerse: la mayor parte de la madera fue víctima de la polilla; el único paral ya no sostiene las láminas; las cuales se mantienen en su lugar nomás apoyadas en la pared trasera.

En el último viaje a visitar a mis padres exploré la posibilidad de que fuera mi papá quien la reconstruyera; pero luego me puse a pensar en todas las dificultades de traer el equipo -y a él y/o a mi madre- desde el puerto, para completar el trabajo.

Mi amigo se había ofrecido a venir cuando uno de sus viajes de Uber lo trajera a un sector cercano al área en la que vivimos; pero al parecer no hubo ningún viaje parecido durante la semana; entonces pidió una salida voluntaria ese día y me escribió para ver si podía venir.

Cuando venía en camino me envió su ubicación por whatsapp; pero a mí se me olvidó -nomás me vestí- por alguna tarea del trabajo: estaba trabajando en los ajustes del texto de un documento en el que la numeración estaba bastante precaria.

Un poco más temprano había visto un correo de mi supervisor pidiendome que ajustara los formatos de este documento -hasta más tarde me dí cuenta que la autora era la consultora con la que me había reunido unos días antes, de madrugada-.

Mi amigo vino casi a las diez y preparé un par de tazas de té de menta; y, como Rb estaba en medio de una llamada, esperamos un rato antes de salir al patio trasero; pero luego, con bastante precaución para no hacer ruido, salimos a evaluar el estado de la habitación que usamos como lavandería.

Y pasó lo que debía haber previsto: mi amigo se extendió sobre la mejor forma de realizar una reparación completa, tanto de la estructura que está por caerse, como del techo de la habitación -es de tejas de asbesto-; incluso sugirió colocar recipientes para recolectar -y almacenar- agua de lluvia -lo que, la verdad, me parece un sinsentido-.

Rb se nos unió cuando terminó su llamada y también estuvo de acuerdo en la mayoría de las sugerencias de mi amigo; a mí nomás me preocupó el monto de la inversión para realizar todos los cambios propuestos: o sea, para mí, personalmente, es una pérdida, pues no creo que mi estancia aquí sea muy prolongada.

Mientras conversábamos Rb se dedicó a agrupar un montón de plantitas de café -tanto del patio delantero como del trasero- para regalarle a mi amigo: él me había comentado que había sembrado varias matas de esta planta en su casa y que le interesaba continuar -al final le regaló varias docenas-.

Entonces, mi amigo se puso muy sofisticado con sus propuestas -aunque traté de que le bajara a las expectativas- pero, finalmente, quedamos en que nos enviaría un bosquejo -o algo parecido- de lo que tenía en mente; y, como andaba desvelado, se despidió bastante rápido.

Yo continué trabajando en los documentos que había dejado a medias y Rb volvió a entrar a su habitación, a seguir traduciendo llamadas; mi supervisor me escribió un poco antes de mediodía para ver cómo iba el documento y le comenté que ya había terminado y que le había informado a la analista -no tengo claro, aún, si son pareja o no-.

Rb salió de su habitación un poco antes del mediodía y nos pusimos a hacer la rutina de ejercicios de los viernes; luego sacamos a caminar a los perros; Rb había dejado cocinando el pescado de los viernes (yo había cortado un pequeño trozo -como tres dedos- pues ella había aducido que era muy pequeño).

Cuando entré corté una salchicha y media que había dejado descongelando desde la noche anterior, luego freí los trozos por algunos minutos; y eso fue mi almuerzo: una gran ensalada -la usual- mezclada con trozos de salchicha fritos; y un pequeño trozo de pescado.

Pero en el plano laboral la situación se complicó un poco: antes de la rutina de ejercicios había estado en la reunión semanal de equipo; en la que el supervisor usualmente pasa repaso de las últimas tareas; a mis compañeros les preguntó sobre los avances en las pruebas, y a mí sobre los documentos; yo informé que todo iba viento en popa -y allí me asignó un nuevo documento-.

Y cuando entré después de la caminata con los perros ví que tenía un par de mensajes: uno era de uno de los analistas en el Imperio, pidiéndo mi ayuda para formatear una hoja de Excel -algo realmente básico-; el otro mensaje era de mi supervisor, requiriendo avances -pero ya estaba todo hecho-.

Entonces, mientras almorzaba, me puse a realizar los cambios que me habían pedido en el libro de Excel, y todo estuvo bien; el resto de la tarde estuvo más tranquilo en materia laboral; y pude empezar con el Día uno -de cuarenta y cinco- en el programa de preparación para tomar el examen del certificado que espero obtener el próximo mes.

Un poco antes de las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llevaba la mochila con aislante térmico pues planeábamos traer pollo; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego lo cruzamos, para entrar al supermercado.

Allí Rb compró varias libras de pechuga de pollo, y un poco de mollejas de la misma ave; luego, en el otro supermercado, compró tres bandejas de hígados de pollo y un poco de bananos; luego retornamos a casa con todas las compras.

Por la noche intentamos ver una película mejicana bastante reciente: Un portero muy improbable -o algo así es el título-; pero, la verdad, ninguno de los dos soporto ver una representación tan pobre de un adolescente con autismo; entonces nomás leí un poco del libro de la reciente premio nobel de literatura -de Corea del Sur-.

El sábado me desperté un poco antes de las cinco de la mañana; había dejado la alarma para esa hora pero algo -ruidos del boulevard o de la nueva familia que vive desde hace poco en el multifamiliar de al lado- hizo que abriera los ojos más temprano.

Pero esperé hasta que sonara la alarma para levantarme y completar mi período matutino de meditación; después del mismo me quedé en la cama, leyendo un poco -el libro de la coreana- y, cuando ya eran las seis- haciendo algo de Duolingo.

Un poco después de las seis me salí de la cama -sonó una alarma para recordarme que debía sacar la basura (dentro de uno de los sacos [vacíos] de comida para perros que fuimos almacenando con el tiempo); después me metí a la ducha y tomé un buen baño.

Al final salí de casa un poco después de las seis; el tránsito estaba -afortunadamente- bastante ligero por lo que no me costó salir del boulevard interior; fue nomás la entrada al boulevard principal la que me costó un poco -pero no mucho-; y cuando entré a la ciudad me metí a la gasolinera que está justo en la entrada.

Allí llené el tanque de gasolina de la van -ya llevaba varias semanas por debajo de la mitad, por lo que la cuenta fue de más de cincuenta dólares-; y, como se me había olvidado la tarjeta de Rb, tuve que pagar en efectivo -el día anterior había sacado del cajero setenta dólares-.

Después de llenar el tanque -me pidieron una identifiación para dejar el surtidor libre!- y pagar continué mi camino hacia el restaurante en donde habíamos acordado reunirnos con mi amigo tenor -de la misma cadena en donde usualmente programo estos eventos-.

Llegué al lugar diez minutos antes de las siete, me estacioné y me quedé esperando a mi amigo en un área del resturante bastante conveniente para este menester: está junto a la entrada principal y es bastante cómoda.

No le envié ninguna notificación a mi amigo sino me puse a completar algunas lecciones adicionales de Duolingo; y mi amigo llegó bastante temprano -apenas unos minutos después de las siete-; nos dimos un efusivo abrazo y entramos al lugar.

En caja ordenamos un par de desayunos -mi amigo se hizo cargo de la cuenta- y buscamos una mesa en un área tranquila; y allí nos pasamos las siguientes dos horas y media, entre desayuno y conversación: yo le conté mis últimas cuitas laborales y las penas de salud de Rb.

Él me contó que la relación con su ex-pareja -a quién aún mantiene y alberga en su casa; aunque este tipo ha estado involucrándose con otras personas- y la preocupación constante sobre su salud mental.

Incluso hablamos -muy someramente- sobre colaborar profesionalmente en algún proyecto en conjunto: él había mencionado un ERP -que es Open Source, y escrito en Python- con el cual trabajé -muy poco- hace unos años.

La reunión estuvo, en su mayoría, bastante agradable; incluso recibió una llamada de su hermana menor -a quien no he visto en casi una década, pero con la que trabajamos unos meses (hace ya casi veinte años)-; a las nueve y media le indiqué a mi amigo que me retiraba.

Salimos al parqueo del lugar y nos despedimos; subí a la van y manejé hacia la casa de Rb; el camino estuvo bastante libre y no tardé en parquear el auto frente a la casa; cuando entré vi nomás a los perros en la sala -Rb estaba traduciendo llamadas-.

Entonces me puse a preparar los ingredientes del almuerzo -la noche anterior había dejado un par de huevos cocidos en el refrigerador-: pesé una libra de zanahorias y la rayé; luego preparé la mayonesa con los huevos, un aguacate y un poco de aceite de oliva.

También preparé la tortilla de zanahoria y huevo con la que confecciono el clásico burrito; la cual dejé en el fuego -una vez haberla volteado- mientras sacábamos a caminar a los perros grandes; cuando entramos la retiré del fuego y terminé de preparar los componentes: piqué un poco de lechuga y le agregué agua a un poco de pechuga de pollo -que Rb había dejado en un sartén-.

Cuando el pollo estuvo listo -Rb siempre le agrega un poco de miel, para mejorar el sabor- preparé el burrito -enorme- y procedimos al almuerzo; Rb me compartió un poco de su frasco de snacks -salados- de plátano; también consumí lo último de una botellita de coca.

Después del almuerzo me preparé un té de menta y lo consumí con una porción de magdalena de chocolate, dos mitades de galletas y un poco de pan tostado; después me metí a la cocina a lavar los trastos que se habían acumulado -mientras lo hacía estuve escuchando la lección del Día dos de la preparación para el examen-.

Rb me había pedido que le imprimera un par de páginas -el sermón que debía presentar en su iglesia la siguiente semana- y había pensado realizarlo cuando ella se hubiera marchado a la iglesia; pero, como tenía tiempo -incluso había preparado mis gelatinas de la semana-, conecté la impresora a mi computadora con Ubuntu y realicé la impresión.

Después, mientras Rb -después de darle de comer a sus perros- se preparaba para dirigirse a impartir su clase semanal de alfabetización,  estuve leyendo la lección que había escuchado un poco antes; y actualizando mis notas -incluyendo esta-.

Mientras Rb andaba por su iglesia yo me dediqué a leer un poco, ver un poco Youtube y, además, hacer la limpieza de pisos; un poco después de las cinco me vestí, le escribí un mensaje avisándole que salía de casa y le compartí mi ubicación.

Antes de salir de la calle vi una ambulancia en el boulevard, creí que estaba por ingresar; pero cuando le pregunté al guardia me comentó que el joven que cortaba el cabello en la barbería de la vueta había fallecido -tenía menos de un año de haber empezado a trabajar en el lugar-.

Salí de la calle y empecé a caminar por el boulevard; unos metros más adelante tomé na foto de la escena -aunque salió borrosa- y se la envié a Rb, comentándole que ya no había barbero -no le caía muy bien, debido a ciertos comportamientos algo extraños-.

Caminé a paso tranquilo hasta el comercial que queda cerca de la iglesia de Rb; cómo tenía aún un poco de tiempo, pasé a los servicios sanitarios del lugar; luego continué hacia la iglesia; estaba llegando cuando ví a las alumnas de Rb saliendo de las instalaciones.

Rb me entregó una bolsa de supermercado -con aguacates y manzanas verdes- e iniciamos el camino de vuelta; le comenté lo que había pasado y se mostró bastante sorprendida -o compungida?- de hecho hicimos la mayor parte del camino en silencio.

Y más o menos así continuó la noche: casi llegando a la casa pasamos a la panadería -quería comprar un poco de pan tostado, pero no había- y luego al lado de la barbería; en donde aún estaba un vehículo del ministerio público -como que aún no habían levantado el cuerpo-.

Por la noche estuve haciendo unas lecciones de Duolingo; y resolviendo las preguntas del segundo día de aprendizaje de Fabric -cien por ciento (el día anterior fue noventa)-; también intenté aplicar un poco de masajes -digitopuntura- a Rb, pero eso no salió tan bien -ni mal, fue nomás intrascendente-.

Temí que no iba a poder dormirme cuando me retiré a mi habitación; y, de hecho, me costó un poco conciliar el sueño -y estuve despertándome de madrugada-: entre los ruidos de la lámina que está cayendose en el patio trasero y la familia bulliciosa de la casa vecina, mi sueño ha estado algo ligero.

El domingo me desperté varias veces en la madrugada; pero esperé a que la alarma del celular sonara para levantarme a meditar; luego retorné a la cama e hice muchas lecciones de Duolingo; casi hasta las ocho; a esa hora sonó una alarma -para ir a la panadería-, pero no quise salir de la habitación.

Aproveché para leer algunas páginas del libro en francés; luego, cuando oí que Rb se había levantado, me vestí y salí de la habitación; fui a la panadería pero no encontré pan tostado; pero retornando pasé a la tienda de la vuelta y allí sí compré un poco de esto.

Cuando vine me puse a recortar algunos videos de digitopuntura que había encontrado en Youtube; además, esperé a que Rb terminara de darle de comer a sus perros -y que tomara su desayuno- para prepararme para salir al patio delantero: Rb me había pedido el día anterior que dedicáramos una hora a desbrozar el monte acumulado.}

Estuvimos trabajando por esto durante un buen tiempo -yo me ampolllé el pulgar derecho chapeándo una gran parte de la maleza-; mientras, estuve escuchando un video de Youtube de un neurocientífico presentando el tema Por qué pensamos como pensamos.

Al terminar de limpiar el patio -la parte interior nomás: fueron cinco baños llenos de maleza- llevé los bártulos a la galera -que se está cayendo- en el patio trasero; luego entré a prepararme el desayuno de los domingos.

Mientras desayunaba repasé -por segunda vez- las lecciones del día tres de aprendizaje de Fabric; también estuve escuchando un par de videos de Youtube -y actualizando mis notas-, además de jugar una partida de Scrabble en ISC (la que casi ganaba).

El resto de la mañana me la pasé viendo videos de Youtube y leyendo un poco del libro de la premio nobel coreana; al mediodía sacamos a caminar a los perros grandes, Rb había dejado cocinando las alitas y, después de meter a los perros a casa, les dí la vuelta.

Almorzamos las habituales alitas con ensalada y después me preparé un café; después de almorzar estuve un rato en la cama, jugando algunas partidas de ajedrez; también avancé un poco en la lectura -estaba combinando lectura en francés con lectura en inglés-.

A las dos y media salí de la habitación y lavé los trastes que se habían acumulado, además, le preparé un té a Rb; y, antes de salir de casa, piqué un par de chiles pimientos y una libra de champiñones -para los almuerzos de la semana-.

Salí de casa casi a las tres menos cuarto; afortunadamente el tránsito estaba bastante ligero, por lo que llegué bastante temprano -a las tres menos cuatro minutos estaba llamándolo para que bajar a abir- a la casa del voluntario que vive en la colonia en la que crecieron mis chicos.

Pero ocurrió algo que me dejó muy pensativo; cuando llevaba conduciendo por el boulevard tres o cuatro calles, me intenté cambiar de carril: había visto vacío el boulevard, pero, en realidad, estuve a punto de tirar a una motocicleta que intentó rebasarme.

El momento estuvo bien tenso: el motociclista esquivó la van pero tuvo dificultades en mantener el equilibrio -después condujo a mi lado un tiempo-; y me quedé pensando que debo ser más cuidadoso -de hecho estuve mentalizándome en el camino- para evitar este tipo de situaciones.

Mi amigo respondió la llamada y bajó a abrir el portón; luego de un abrazo muy efusivo subimos al segundo nivel de su casa; en donde preparó agua para un café colombiano -yo llevaba un par de porciones de magdalena para cada uno y un par de panitos tostados-.

Pasamos el siguiente par de horas entre café, conversación y una partida de ajedrez -aunque tuve que acelerarla casi al final, por la hora-; a las cinco y media le indiqué a mi amigo que me retiraba e inicié el camino de retorno a casa.

Cuando vine a casa me iba a poner a leer un rato -se me había olvidado que le había ofrecido a Rb que iría (en solitario) a comprar bananos- pero Rb me comentó que me acompañaría al supermercado; entonces caminamos hasta el supermercado más cercano en dirección sur; allí compramos un poco de bananos.

Por la noche continué con la lección diaria de Fabric: el resultado del día fue excelente; también hice las lecciones de Duolingo (portugés, inglés y ajedrez) y estuve leyendo un poco de los libros de la coreana y del infantil en francés.

El lunes me levanté a las seis y media; medité y después me pasé a la mesa del comedor, con mis dos computadoras; como sabía que no había reunión a las siete y media -aunque había una reunión corporativa desde las siete- pude completar varias lecciones de Duolingo con total tranquilidad.

Estuve leyendo hasta las nueve de la mañana; hora de la segunda reunión del día; y en la que -para continuar con la tendencia- no hubo mucha participación de mi área; la que sí estuvo animada fue la de las diez menos cuarto.

En la reunión de equipo el supervisor empezó a cuestionar el trabajo de todos; mis compañeritos fueron interrogados sobre el avance de las últimas pruebas en la aplicación a nuestro cargo; y a la analista y a mí nos cuestionó sobre el avance en los documentos.

Lo que, para mí, es un misterio: o sea, ella ha estado actualizando el contenido y me ha estado pidiendo -de tiempo en tiempo- que la ayude con cuestiones de formato de texto y del documento en general; la conclusión final fue que cada uno debía continuar en lo mismo.

Rb estuvo toda la mañana en su habitación, traduciendo llamadas; yo estuve pendiente del almuerzo: un poco después de las once empecé a preparar las ensaladas; luego, al ver que se estaba alargando una de sus llamadas, saqué todo el almuerzo del refrigerador.
Y a las doce y media estaba terminando de ponerle los arneses a los perros cuando salió de la habitación; le pedí que continuáramos con la caminata -y puse el pollo y la salsa a calentar sobre una llama muy baja-; lo cual hicimos.

Cuando entramos de la caminata nos pusimos a completar la rutina de ejercicios de los lunes; pero, como había que preparar el almuerzo, estuve al pendiente del agua de los fideos, los cuales cociné mientras terminábamos la media hora de ejercicios.

El almuerzo estuvo muy bien: una versión light de espaguetis a la bolognesa, con una enorme ensalada -yo lo acompañé con un poco de coca cola-; después del almuerzo me preparé un café -con galletitas y un tercio de un pastelito-.

La tarde estuvo más tranquila: estuve leyendo un poco del libro sobre ajedrez amateur; también estuve viendo un poco de información sobre la lección de Fabric del quinto día; aunque no pude realizar el laboratorio propuesto: no logré activar la prueba de sesenta días, lo que me hubiera permitido crear componentes de esta plataforma.

Por la tarde también tuve dificultades para entrar a la configuración del nuevo router; quería ver si en el mismo podía encontrar el número de teléfono asociado a la cuenta de internet; tenía la idea de que ya podía pagar la factura, aunque luego me dí cuenta que no.

Total que llegó la hora en que debíamos salir a realizar la caminata y yo todavía estaba tratando de ingresar al router; por lo que la primera etapa de la caminata aún iba pensando en opciones para realizar esto; pero luego sí me concentré en estar presente.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos al supermercado al lado; allí Rb compró pechuga para su perra más anciana; yo compré un poco de pechuga para el almuerzo con mi hija mayor -aunque luego le cedí esto a Rb, pues no era adecuada para el propósito (y además, había interrumpido su compra, por lo que le faltaba)-.

Pasamos al otro supermercado a comprar un poco de banano -muy poco porque la mayor parte estaba verde-; después de la última compra volvimos a  casa; en donde, finalmente, logré entrar a la configuración del router, aunque no me sirvió de mucho.

También tuve una corta conversación con mi hija segunda: encontré en mi cuenta bancaria que había recibido una transferencia bastante alta de dólares; le escribí para confirmar que era de su parte y me comentó los detalles de la misma. 

Por la noche estuve respondiendo la lección del día cuatro de Fabric, en la que obtuve una muy buena nota -aunque aún no he logrado realizar ejercicios prácticos-, iba a ver el capítulo que tenía a medias del anime japonés, pero ya no me dio tiempo pues pasé más de una hora en Duolingo.

El martes me levanté a meditar a las seis y media; luego saqué la computadora del trabajo a la mesa del comedor y revisé que no hubiera algún correo -o mensaje- pendiente; al no encontrar nada me puse a hacer lecciones de Duolingo.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; aunque no hubo mucha participación: la compañera de mi supervisora anda de vacaciones, por lo que los requerimientos de cambios han bajado drásticamente en su ausencia.

Después de la reunión comprobé si podía -a diferencia del día anterior- utilizar la cuenta de Fabric para crear nuevos espacios de trabajo -el día pasado, aunque había activado el período de prueba, no me dejaba crear estos elementos-; y, sí, felizmente sí tenía activada la funcionalidad.

Entonces trabajé en completar uno de los laboratorios de la página de Microsoft; terminé el laboratorio y me quedé esperando la siguiente reunión; aunque, ese día específico, no era la segunda reunión diaria: me había anotado para una capacitación sobre el uso de un agente de IA en Excel.

La clase fue bastante tediosa -medio la ví-: la persona a cargo se puso a utilizar la herramienta para crear fórmulas, ordenar datos y resaltar valores -o sea, lo que he hecho desde hace mucho tiempo-; la verdad no le encuentro sentido, pero, me imagino que para muchas personas es como magia.

Como la clase era de una hora -justo desde el inicio de la segunda reunión del día hasta la hora de finalización de la reunión de equipo- escribí en los mensajes del grupo que no asistiría a la segunda por estar en una capacitación obligatoria.

Luego, a las diez y media, hubo una reunión con todo el equipo local -o al menos, los seis que quedamos, luego de la renuncia del analista más brillante-: la reunión la convocó la supervisora local e incluí al PM -bajo el cual estamos ahora en el organigrama-.

Se suponía que la reunión era para compartir información sobre el movimiento a la nueva empresa; pero no, realmente nomás repitieron lo de siempre: que el primero de octubre nos vamos, que no habrá muchos cambios, etcétera; totalmente irrelevante.

Como era el segundo día de la semana Rb acudió a su clase de zumba a las diez de la mañana, y retornó un poco después de que terminara la reunión de información; entonces se metió a su habitación a trabajar otra hora.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros más grandes -y pesados-; después almorzamos la primera porción de hígados y mollejas de pollo -acompañado de una gran ensalada-; luego me preparé un café.

Por la tarde me dió por trabajar un poco: los últimos días habían estado bastante tranquilos; entonces me metí a formatear uno de los dos documentos que la analista en el Imperio había colocado en la carpeta de trabajo; fue poco lo que cambié -formatos- pero, a las tres de la tarde le escribí para informarle de lo realizado.

Además pregunté si podía proceder con el otro archivo; pero ella me comentó un poco más tarde que el otro archivo aún no estaba listo y que era el otro analista el que estaba trabajando en el mismo; y quedamos en que me avisaría cuando pudiera trabajar en este.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: yo había recordado ese día que Agosto es el mes en el que -durante los últimos años- les he ofrecido una refacción a las personas que se encargan de los desechos domésticos.

Creo que llevo un par de años en la iniciativa; me parece que el primer año lo hice -casi- en solitario y el año pasado Rb se involucró -y entregó, creo, personalmente la caja con las refacciones-; así que fuimos a la tienda verde de descuentos para comprar algunos jugos -también unas galletas de chocolate-.

Después de pagar por el jugo y las galletas nos dirigimos al supermercado que queda al inicio del boulevard; allí compramos un poco de bananos; luego retornamos a casa -la bolsa de compras estaba pesada porque Rb había comprado un kilo de avena (respondiendo a una solicitud de donación de alimentos, de su instructor de zumba).

Por la noche estuve, además de haciendo varias lecciones de Duolingo, respondiendo el laboratorio de Fabric; también le envié doscientos dólares a mi hija mayor -estoy ayudándole a que no pague tanto por las transferencias de su trabajo- y, finalmente, ví el restante del capítulo de animé que -creía- había dejado a medias -en realidad lo había visto ya-.

Y a ver cómo sigue eso... 

miércoles, 5 de agosto de 2026

Las aplicaciones -en la época de la (mal llamada) Inteligencia Artificial-... The apps—in the era of (so-called) Artificial Intelligence—... Les apps — à l’ère de la (mal nommée) Intelligence Artificielle —...

Empecé a escribir webapps - utilizando las engañosamente llamadas Inteligencias Artificiales (son nomás Modelos Amplios de Lenguaje que extruyen [estadísticamente calculado] texto)- cuando mi celular actual no aceptó la instalación de la app que había estado usando por varios años para darle seguimiento a mis gastos diarios.

Y es que no descargaba la app de la Tienda de Aplicaciones oficial sino que buscaba el archivo APK en algún repositorio antiguo y lo iba actualizando en cada nuevo teléfono; hasta que ya no fue compatible con el sistema Android del último -habían, al parecer, descontinuado la aplicación móvil, pasándose a una versión de suscripción en línea-.

Entonces escribí una webapp -usando React- bastante sencilla, para registrar cada gasto que realizo; y no recuerdo si fue antes o después que también escribí un par -utilizando la misma plataforma- para ayudarme en el aprendizaje de algunos temas.

También había escrito -una muy básica- para tener una lista de tareas pendientes -usualmente la tarea es algo como ver un serie/película o aprender algo nuevo-; y la última webapp la escribí para monitorear diariamente mi ayuno intermitente -ya llevo más de tres meses de registros-.

Y luego me cambié a MovilApps: el mes pasado se me ocurrió que podría realizar un seguimiento de mi estado de ánimo -algo recomendado (creo) por la Psicología Positiva, y me recordé de un estudio que había conocido muchos años atrás: una app avisaba a usuarios -aleatoriamente- varias veces al día, que debían registrar sus actividades y ánimos.

Entonces decidí que quería hacer algo usando Flutter —que ya sabía que se usaba para el desarrollo de aplicaciones multiplataforma—; lo que no sabía era que Flutter utiliza el lenguaje Dart, y que, para este caso, también se incluía Kotlin -el cual es popular en el desarrollo nativo en Android-.

Y he estado probando -o afinando?- la misma durante varias semanas -ya se la enseñé a alguno de mis conocidos-: creo que la mayoría no entendió la finalida; o no le pareció la gran cosa lo que realiza -aunque ha habido comentarios positivos-.

El plan es mejorar su funcionamiento -creo que le agregaré la activación/desactivación de sonido/vibración- y luego la subiré a la app store -pagué la suscripción como desarrollador hace más de cinco años-.

Y a ver cómo va eso...

El sábado me levanté a las seis y media: había previso un desayuno con mi doctora -quien nunca me ha tratado médicamente- a las ocho de la mañana, y había decidido utilizar la van, por lo que no tenía que apurar mucho mis actividades matutinas.

Medité y después hice algunas lecciones de Duolingo; y, como era el primer día del mes de agosto, realicé algunas de las actividades que hago en ese punto: bajar mis gastos mensuales, crear un nuevo espacio para los datos de agosto, pagar la cuota mensual de servicios del departamento de mis hijos, entre otros.

Después me metí a la ducha, tomé un baño bastante concienzudo, me vestí y, u poco despues de las siete y media, me despedí de Rb; tomé la van y salí al boulevard, el cual estaba bastante vacío; excepto en el punto donde se une al principal.

Allí si tuve que avanzar a una velocidad bastante baja durante el último par de calles; y la entrada a la ciudad también estaba un poco complicada; pero la entrada al periférico no presentó muchas dificultades; total que llegué al lugar con cinco minutos de anticipación.

Estacioné el vehículo en el parqueo trasero y entré al restaurante; comprobé que la doctora no estaba aún presente y le envié -cuatro minutos antes de las ocho- un mensaje, comentándole que ya estaba en el lugar.

Después esperé un momento en una mesa alta frente a las cajas; pero cuando ví que una mesa -de las cómodas- había quedado disponible, me acomodé en la misma -olvidé, momentáneamente, la caja de Scrabble-.

Lo que no había visto -hasta maś tarde- fue que -casi al mismo tiempo- había recibido un mensaje, avisándome que se retrasaría siete minutos; entonces me dediqué a esperar -ojeando un menú que la tortillera del lugar me había acercado-; un poco más tarde llegó mi invitada.

Pasamos a caja a ordenar -un par de desayuno, catorce dólares- y retornamos a la mesa; en donde estuvimos hasta un poco más de las diez y media, entre desayuno, conversación, Scrabble y -otros cinco dólares- un par de porciones de pastel; también le entrgué el regalo que llevaba: una caja con material para tejer un dinosaurio.

En general fue una buena reunión: mi doctora me contó que ahora su padre -creo que nunca se casaron sus progenitores-, de más de ochenta años, está viviendo muy cerca de su casa; también que sigue -aunque no muy asiduamente- buscando otro empleo -para, supuestamente, practicar medicina-.

A las diez y media nos despedimos, la acompañé a su auto -estaba estacionado a dos o tres lugares de la van- nos tomamos un par de fotos -que luego me envió por whatsapp- y, luego, inicié el camino de vuelta a casa; iba a pasar a llenar el tanque -ya está por debajo de la mitad- pero vi una cola en la gasolinera, por lo que conduje directo a casa.

Rb aún estaba tomando llamadas, aunque salió bastante rápido de su habitación; quejándose del comportamiento de algunas de las personas para las que había tenido que traducir; luego se puso a completar una rutina de ejercicios.

Antes del mediodía empecé a preparar el almuerzo: la noche anterior había endurecido un par de huevos y los había reservado en la refrigeradora; los saqué, los rodajeé y los combiné con los cubos de un aguacate entero; lo que licué -con un poco de aceite de oliva- para hacer una muy buena mayonesa.

Además, rallé casi una libra de zanahoria; separé la clara de un huevo y la batí a punto de nieve; luego batí la yema del mismo con la zanahoria; agregándo a esta mezcla la clara batida; cociné esta tortilla durante un poco más de medi ahora.

Luego nos tocó sacar a caminar a los perros; lo que ha estado siendo -casi- cada día más trabajoso porque -especialmente- la perra está muy pesada y pone -cada vez- más resistencia; cuando entramos de la caminata continué con la preparación del almuerzo.

Rb había cocinado el pollo de una pierna -enorme- de pollo, lo que combiné con un poco de lechuga picada -y la mayonesa- para formar un enorme burrito; ese fue -básicamente- el almuerzo; lo que acompañé con la mitad de una de las latitas de coca cola zero.

Después del almuerzo Rb nomás esperó a darle de comer a sus perros para empezar a prepararse para su salida semanal: la clase de alfabetización que ha estado impartiendo en su iglesia; yo aproveché para leer un poco del libro del abogado español.

Rb salió -para dirigirse a su iglesia- un poco después de las tres; yo me quedé en la computadora con Ubuntu, viendo algunos videos de Youtube y leyendo algunos artículos; un poco después de las cuatro me pasé al sillón de Rb, donde continué leyendo el libro Ama.

A las cinco y cuarto me vestí y salí hacia la iglesia de Rb; habíamos quedado en reunirnos en ese lugar a las seis de la tarde; caminé a buen paso y llegué al comercial cercano unos diez minutos antes de la hora; entonces decidí entrar al supermercado del lugar.

Se me había ocurrido -y había consultado un par de LLMs- utilizar los tres franceses que me sobraron del pan semanal -ya que solo el viernes preparé desayuno en casa- para preparar una especie de pizza y necesitaba queso mozarella.

Encontré una bolsa en oferta -un poco más de dos dólares-, la compré y luego retomé mi camino hacia la iglesia de Rb; pero ella me llamó justo cuando estaba saliendo del comercial; y nos encontramos unos metros más adelante.

Antes de dirigirme a la iglesia había tenido la intención de pasar a los servicios del lugar -había estado, últimamente, consumiendo más agua de lo habitual-; le pedí a Rb que me esperara un momento en el pasillo del comercial y subí -y bajé- a utilizar los servicios.

Luego empezamos el camino de retorno a casa; pero no nos dirigimos directamente a la misma: yo le había pedido a Rb que pasáramos a la tienda de ropa usada; la semana anterior había roto -accidentalmente- la ensaladera que había estado usando los últimos años, y quería reponerla.

Además Rb se había percatado que la mochilita que lleva a sus clases de los sábados había empezado a romperse, por lo que quería ver opciones; entramos al lugar y encontramos un par de recipientes Rubbermaid bastante aptos para funcionar como ensaladera.

Rb también encontró una mochila bastante conveniente -y yo encontré una bolsa de Totoro, que, se me ocurrió, podría regalarle a mi ahijada (este mes cumple años y había previsto verla la primera semana del próximo)-; también compramos una bolsa de mojarras ya que se nos había acabado el suministro enviado por mi madre.

Después de pagar por las compras continuamos el camino de vuelta a casa; por la noche, después de hacer muchas lecciones de ajedrez, vimos el segundo capítulo de la serie argentina con el crítico de restaurantes misógino -está narrada por Robert de Niro-.

Traté dormirme un poco temprano: cuando Rb empezó su rutina nocturna -lavar trastos, devocional, etc- me lavé la dentadura, me despedí de ella y me metí a mi habitación; después de meditar traté de dormirme pero tuve muchas dificultades en conseguirlo: me sentía incómodo estomacalmente.

O sea, no me dolía el estómago; aunque sí sentí cierta indisposición respiratoria mientras estaba meditando; y no encontraba una posición conveniente para dormir -además de que, sorprendentemente, maté un zancudo -relleno de sangre fresca- en la oscuridad-; total que llegué a altas horas desvelado -en algún momento (después de medianoche, estimo) logré conciliar el sueño.

El domingo me desperté muy temprano; creo que un vehículo -o motocicleta- pasó haciendo bastante ruido en el boulevard; eso combinado con la intranquilidad al dormir me despertó antes de las cinco de la mañana -había dejado la alarma para las cinco y cuarto-.

Esperé un rato en la cama y luego ví la claridad en la ventana; me levanté, medité y luego me metí al baño, a tomar una muy buena ducha; después me vestí y entré a la habitación de Rb, a despedirme; a las seis de la mañana salí de casa.

De acuerdo a lo previsto caminé hasta el boulevard principal -me tomó menos de veinte minutos-; allí encontré a un bus intermunicipal ya a punto de salir; lo abordé y me apeé cuando llegó al punto más cercano al comercial en donde se estacionan los busitos.

Entré al mismo para llegar -a através del sótano- a la estación del transmetro; allí abordé la siguiente unidad en pasar; me fui en el camino armando -alguna variación- el cubo de Rubik de cinco por cinco; y me apeé en la estación más cercana a la ruta que va a las zonas más prósperas de la ciudad.

Caminé hacia la siguiente estación y abordé la próxima unidad en llegar; y me apeé en la estación más cercana al Obelisco; aún no eran las siete de la mañana; el tránsito estaba bastante ligero por una de las actividades cívicas de la municipalidad.

En el Obelisco abordé un bus extraurbano, el cual debía dejarme en un punto cercano al pueblo en donde vive uno de mis amigos voluntarios con los que aún mantengo -cierta- cercanía; llegué al lugar antes de las ocho de la mañana.

En las tres -o cuatro- ocasiones anteriores que he realizado el mismo recorrido he ordenado un Uber moto en el lugar y completado el viaje de esa forma; en esta ocasión -tenía datos en el celular- ví que caminando me llevaría menos de cuarenta y cinco minutos.

Entonces empecé la marcha; la cual fue bastante interesante: el tiempo estaba fresco pero la ruta es bastante accidentada; pasa por un par de valles en donde el ascenso es bastante pronunciado; de unos sesenta grados en alguno de los casos -estimo-; sin embargo, llegué al callejón donde vive mi amigo con veinte minutos de anticipación.

Aproveché la hora temprana -y los datos en el celular- para sentarme en una acer a la entrada del callejón y completar un par de lecciones de Duolingo; luego empecé la última parte del camino: son cinco o seis calles, pero la última mitad tiene una inclinación de más de sesenta grados.

Aún así llegué al frente del portón de la casa de mi amigo con casi diez minutos de anticipación; me parece que el dueño de la casa -el terreno es grande y hay varias construcciones- y su hijo estaban saliendo y aún me ofrecieron ayuda; nomás les comenté que iba a visitar a mi amigo.

Y es que quería esperar hasta que fueran las nueve para avisarle a mi amigo que ya había llegado; cinco minutos antes de la hora le envié un mensaje, notificándole mi presencia y salió a abrir el portón -un perro que tiene andaba retozando en el patio-.

Mi amigo se disculpó efusivamente por el atraso: había dejado de trabajar después de medianoche y se había levantado tarde; por lo que aún estaba limpiando la cocina, previo a la preparación del desayuno; no le dí importancia al asunto e incluso le ayudé a preparar un plátano frito.

Lo que sí ya tenía preparado era un gran trozo de puyazo en su barbacoa -casi- industrial; luego estuvimos conversando mientras se afanaba con la preparación: café, frijoles refritos, huevos con queso -yo llevaba la media docena de pastelitos que había comprado la semana anterior-.

Justo a las diez de la mañana le avisó a la esposa que el desayuno estaba listo y ella salió a acompañarnos al balcón -tienen una vista magnífica al bosque vecino-; y la comida estuvo magnífica: mi amigo troceó porciones de la carne y las sirvió con huevo, frijoles y plátanos fritos.

La conversación estuvo, también, interesante: la esposa de mi amigo es una intelectual -tiene varias licenciaturas (en letras y pedagogía, me parece)- y se dedica -luego de más de década y media de ejercer la docencia- a trabajar como editora en un medio de divulgación digital de la universidad jesuita local.

Además, y eso ya lo había olvidado, su padre -con quien (casi nunca) tuvo una buena relación- había muerto unos pocos meses atrás; y estaba lidiando -aún- con la pérdida, además de la mala relación con su madre -a quien le atribuye signos de Alzheimer-.

También ha publicado varios libros de poesía -por lo que la juzgo como tendiente a la melancolía- y mi amigo me ha comentado en varias ocasiones que ha tenido problemas en la columna vertebral -para terminar, según ella, ya fue diagnosticada como depresiva-.

Entonces, la plática fue interesante, conversando sobre literatura, feminismo, condición humana, religión, y varios temas similares -mi amigo apenas participó del coloquio-; en el ínterin consumimos el desayuno -y los pastelitos que había llevado-.

Yo le había comentado a mi amigo, casi al inicio, que me retiraría a las once; pero él se ofreció a bajarme del cerro, con lo que estimamos una media hora extra de convivencia; y a las once y media mi amigo empezó a prepararse -salió a encender la motocicleta-.

La última motocicleta que adquirió -tiene dos o tres- es imponente: no es Harley Davidson, pero se le parece bastante; y él la maneja excesivamente -trabaja bastante en la aplicación de Uber-; originalmente me había ofrecido bajarme hasta el lugar en donde abordé el bus más temprano.

Pero la bajada fue muy rápida; en menos de media hora ya estábamos en la ciudad; y mi amigo me llevó hasta la estación del transmetro más grande de la ruta principal; allí nos despedimos -yo, la verdad, sentía que había pasado un riesgo excesivo: mi amigo se mueve en el tránsito como pez en el agua; pero el tráfico en la ciudad es caótico (y violento)-.

Mi amigo empezó el retorno a su casa y yo entré a la estación del transmetro; en donde abordé el vehículo que estaba justo estacionándose en la misma; una vez en el transporte le escribí a Rb para comentarle que mi amigo me había bajado hasta el Transmetro -le había compartido mi ubicación Live en Whatsapp, justo antes de iniciar el retorno-.

Llegué unos minutos más tarde a la estación que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos y, cinco minutos después del mediodía, le comenté que ya estaba en camino; con lo que retorné antes de las doce y media a casa.

Sacamos a caminar a los perros y luego me preparé el almuerzo -en la mañana le había pedido un par de dientes de ajo a mi amigo-: seis mitades de pan francés, aderezadas con ajo y aceite de oliva; cubiertas de un huevo estrellado y una mezcla de pollo y embutidos, todo cubierto de queso mozarella.

El almuerzo estuvo muy bueno y luego me preparé un té de menta; más tarde me metí a la cocina a lavar los trastes y a prepararle un té de manzanilla a Rb; y luego confirmé con ella que no saldríamos a caminar -yo había caminado cinco kilómetros en la mañana-.

El resto de la tarde me la pasé viendo videos de Youtube -y dormitando-; aunque, un poco después de las cuatro salí de la habitación para ayudar a Rb con la preparación de los almuerzos de la semana: caldo de pollo, pechuga asada y ensalada.

Por la noche vimos la tercera parte de Nada;  pero hice muy poco además de esto: estuve tratando de avanzar en el último capítulo del libro de SQL por la tarde, pero me estaba quedando dormido -el tema está muy árido-.

El lunes me desperté antes de que sonara la alarma del celular: Rb había abierto, el día anterior, las paletas de vidrio de la persiana de la habitación en la que duermo; eso permite que el ruido del boulevard entre más directamente, lo que me despertó antes de tiempo.

Pero no fue mucho antes de la hora que esperaba: ya habían pasado las seis de la mañana; entonces me levanté y completé mi período de meditación; después salí a tomar la máquina del trabajo y me quedé en la mesa del comedor.

Rb se encerró en su habitación para empezar a atender llamadas y yo estuve revisando los correos de mi trabajo -no hubo reunión de las siete-; mientras estaba en mi computadora escuché que Rb estaba en una llamada bastante extensa -creo que duró más de dos horas-, por lo que, a las ocho y cuarenta y cinco le dí la comida a sus perros.

Ella salió un poco más tarde -al terminar la llamada- y se preparó su desayuno; yo entré, a las nueve a la llamada de los desarrolladores, la cual estuvo bastante corta; después me preparé el desayuno; el que estaba apenas terminando cuando mi supervisor empezó la reunión diaria del área.

Y es que la empezó a la nueve menos veinte -cinco minutos antes de lo programado-; y, continuando con las instrucciones que había estado escribiendo en la conversación grupal, estuvo asignando diferentes tareas a mis dos compañeros locales y a mí me indicó que trabajara exclusivamente con la analista en el imperio.

Por lo que no hice -prácticamente- nada en el resto del día -además de poner a correr varias veces los scripts con las pruebas automatizadas; y es que se suponía que debía completar unas pruebas restantes de la semana anterior -algo que hice, someramente, al inicio del día- pero los equipos no estaban funcionando de forma debida.

Y, al comentarle -por escrito-, la información al supervisor, me dijo que las tareas en conjunto con la analista eran prioritarias y que transfiriera mis últimas tareas al analista que menos bien me cae; éste me escribió en privado y nomás le indiqué el estado de avance en ese momento.

Rb estuvo contestando llamadas hasta el mediodía; a esa hora salió de la habitación para completar la rutina de ejercicios de los lunes; yo me sentía bastante cansado -me imagino que caminar los tres kilómetros (con cuestas bastante pronunciadas) el día anterior había sido demasidado-.

Después de completar la rutina sacamos a caminar a los perros grandes; antes de salir coloqué sobre fuego muy bajo, la porción de caldo de pollo del día; cuando entramos a los perros me lavé las manos y preparé un par de ensaladas; con lo que el almuerzo estuvo muy bueno.

Al terminar de almorzar -terminé bastante rápido pues mi porción de pollo era pechuga- me preparé un café; y continué viendo unos videos de divulgación científica que estaba viendo en Youtube; más tarde partí la papaya que Rb había dejado lavada, vacié el lavatrastos de su contenido y preparé un té de manzanilla.

Rb volvió a entrar a su habitación -después de darle de comer a sus perros- a continuar traduciendo llamadas; yo estuve un rato en la mesa, pero luego me moví a mi cama, en donde estuve dormitando un rato -a veces me preocupa el bajo nivel de energía que mantengo-.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; alcanzamos el extremo del boulevard y luego caminamos hasta el mercado a mitad del camino; nos faltaban unos metros cuando empezó a lloviznar.

En este supermercado compramos -aunque Rb se quedó un rato viendo a un perro que tenía la dueña de una óptica- un cartón de huevos y un poco de bananos; también compré una magdalena de chocolate, confirmando que la fecha de caducidad estaba un par de días más tarde del próximo domingo (día en que programé mi visita al volutario que vive en la colonia donde crecieron mis hijos).

Después de las compras retornamos a casa; por la noche vimos el capítulo cinco (penúltimo) de Nada; también estuve leyendo un poco -terminé el libro de SQL y estuve viendo con cual continuar, creo que será más Kanban-; además estuve tratando de organizarme un poco.

O sea, siento que pierdo mucho tiempo entre ver videos -y no solo de divulgación científica y filosófica- y a veces -aún- me quedo un tiempo innecesario en alguna red social; por lo que hice una lista con tareas pendientes.

El martes me desperté -otra vez- bastante temprano; la noche anterior había cerrado un poco las paletas de vidrio de las persianas; pero no completamente; entonces me desperté antes de las seis; pero esperé hasta las seis y media para levantarme a meditar.

Después de la meditación saqué la computadora del trabajo de la habitación de la comida de los perros; y me quedé trabajando en la mesa del comedor; Rb entró a su habitación a traducir llamadas y yo me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo -aprovechando que no había reunión hasta las siete y media-.

A las siete y media entré a la reunión que ahora está programada los martes y jueves; después de la misma verifiqué la hora en la que debía entrar a un training sobre una 'Inteligencia Artificial' que están promocionando en el trabajo para 'mejorar' nuestra eficiencia.

La reunión estaba programada para una hora, empezando a las nueve; por lo que no pude entrar a la reunión diaria de esa hora; y luego, un poco antes de las nueve y cuarenta y cinco, avisé en los mensajes de la reunión de equipo que no podría asistir -el analista que menos bien me cae puso un mensaje similar-.

No le puse mucha atención al training -no soy creyente en la tecnología; y, además, he estado usando LLMs desde hace un buen tiempo- sino que me puse a avanzar en las tareas pendientes: el día anterior habían enviado un correo quejándose de la calidad de los documentos que habíamos envaido el viernes último.

Yo ví el correo temprano y no me sorprendió que mi supervisor me hablara después de la primera reunión del día; para 'animarme' a poner más cuidado en la elaboración de los mismos; entonces estuve trabajando en la estandarización de la presentación de la información.

Un poco después de las once me escribió una consultora con la que nos habíamos reunido unas semanas antes -mi supervisor me metió a una llamada con la analista y esta persona-; no ví el mensaje hasta casi una hora después.

Y lo que quería era apoyo para correr algunas pruebas en el servidor en el que he estado trabajando últimamente; la verdad no le ví mucha lógica a que me contactara a mí; pero creo que singió más confianza que con las otras dos personas (mi supervisor y la analista).

Estuvimos conversando un buen tiempo y quedamos en que nos reuniríamos el miércoles a las cinco y media de la mañana; para correr uns pruebas por un par de horas; incluso estuvo haciendo algunos intentos de conexión a un par de servidores y, supuestamente, dejó ya todo preparado.

Yo estuve tratando de comunicarme con mi PM para comentarle lo que estaba sucediendo: me costó la comunicación porque él había salido a una cita médica; pero al final, por la tarde, logramos conversar durante un buen rato.

Rb salió de la habitación un poco antes del mediodía y realizó una rutina de zumba -el día de anterior, cuando pasamos por la municipalidad, nos enteramos que el martes no habrían actividades, por alguna celebración-; luego sacamos a caminar a los perros.

Cuando entramos de la caminata puse a calentar el caldo del día; también metí al microondas cinco onzas de pechuga de pollo -ya cocidas- y preparé un par de ensaladas de tamaño mediano; y un poco antes de empezar a almorzar recibí una llamada del Imperio.

Pero era del amigo con el que crecimos en el puerto y ahora vive en Tennesee -o alguna ciudad similar del Imperio-: el mes anterior lo había llamado pero había interrumpido su trabajo -ya llevaba casi medio año sin trabajar-; por lo que había decidido llamarlo un sábado o domingo.

Y este día me llamó -aprovechando, creo que retornaba de su almuerzo-; para comentarme cómo estaba su trabajo; y también me enteré que trabaja incluso los sábados; estuvimos conversando unos quince minutos y quedamos en que lo llamaría una noche entre semana.

Después del almuerzo me preparé un té; el cual acompañé con un pequeño trozo del zepelin que compré el jueves pasado, una doceava parte de la magdalena de chocolate, y dos mitades de galletas; también un par de pequeños trozos de pan dulce, remanentes del fin de semana. 

En un par de ocasiones, por la mañana -una antes de la conversación con la consultora-, me tomé pequeños períodos para dormitar en mi habitación; por la mañana leí un capítulo de Little Brother; por la tarde, nomás continué trabajando en los documentos.

A las dos cuarenta y cinco le preparé un té de manzanilla a Rb; y lavé los -pocos- trastos que se habían acumulado durante el día; un poco antes de las cuatro le escribí a la analista en el Imperio del Norte, para comentarle que los documentos ya estaban actualizados, y pidiéndole nuevas prioridades; lo que quedó pendiente para el día siguiente.

Al final de la tarde realizamos la caminata hacia los supermercados en dirección norte: Rb quería comprar unos nuevos audífonos pues dice que los que utiliza actualmente son muy voluminosos; pasamos a la tienda en donde hemos comprado las últimas computadoras pero no vimos nada bueno.

Luego entramos a la ferretería industrial en donde nos proveemos usualmente de herramientas -allí había comprado los anteriores-; pero tampoco encontramos nada bueno, además, Rb intentó comprar en una pantalla -como las de Mc Donald's- que hay en el lugar, pero la conexión estaba fallando.

Entonces nomás pasamos a la tienda verde de descuentos: justo cuando estábamos en el lugar anterior me recordé que habíamos quedado en comprar alcohol para mantener en un aspersor con el que -a veces- nos desinfectamos las manos.

Después de las compras retornamos a casa; por la noche vimos el último capítulo de la serie argentina que me había recomendado mi amiga psicóloga con la que desayuné el jueves anterior; también leí un poco del libro de meditación que llevo a medias.

El miércoles me levanté a las cinco y media: la noche anterior me había costado conciliar el sueño por el ruido de la familia que acaba de alquilar, en una casa con muchas habitaciones, justo al otro lado del patio; al parecer la señora lava a mano, y estaba manteniendo una conversación con varias personas mientras lavaba.

La alarma sonó un par de minutos antes de las cinco y me levanté a meditar; luego jalé la computadora del trabajo, volví a la cama y entré a la reunión; la consultora ya estaba allí y nos pasamos las siguientes dos horas trabajando con un par de servidores.

Las pruebas eran sencillas, pero nuestro dominio del equipo dejaba mucho que desear: además de encontrar dificultades para cambiar usuarios, no pudimos configurar varias funcionalidades que debíamos probar.

Pero, en general, fue una buena reunión -ella grabó la mayor parte-; a las siete y media cerró la reunión y nos despedimos; y, aunque me estuvo escribiendo algunos mensajes más tarde, no avanzamos más de lo que habíamos alcanzado por la mañana.

Y el resto del día estuvo bastante vacío; o sea, a las nueve entré a la reunión de la mitad de la mañana, aunque allí sigue nuestra falta de participación; luego recordé que tenía reunión con mi supervisora a las nueve y media; así que nomás estuve leyendo un poco de HackerNews en lo que iniciaba la misma.

La reunión estuvo tranquila -casi nada que actualizar-; y me quedé con la impresión -incluso se lo pregunté- si no trasladaría esa responsabilidad al PM -quien es el que está, adminsitrativamente, haciéndose cargo de nuestro equipo-; lo único que quedó pendiente fue que avisara, a recursos humanos, sobre los días de mis vacaciones este mes.

Como la reunión diaria del equipo se realizaría a las diez menos cuarto -aunque el día anterior no había ocurrido-, escribí en el hilo de mensajes que estaba en reunión con mi supervisora, y que no atendería la misma; y, de todos modos, no hubo reunión.

Después de despedirme de mi supervisora -un poco después de las diez- me preparé el desayuno de los primeros cuatro días de la semana; después continué leyendo artículos en internet; hasta mediodía, cuando Rb salió de su habitación.

A esa hora completamos la media hora -o treinta y cinco minutos- del a rutina de ejercicios de la mitad de la semana; después sacamos a caminar a los perros -Rb había dejado desinfectando legumbres para la ensalada y yo, calentando el caldo del día-; cuando entramos preparé un par de ensaladas.

Además, me preparé un poco de fideos de arroz -ya nomás me sobraron como setenta gramos del mismo-; después del almuerzo me preparé un café; el que nomás consumí con una porción de magdalena y el último trozo del zepelin del último jueves-.

Después del almuerzo me recosté un rato, leyendo apenas unas páginas del libro de George Carlin; luego me recordé que debía avisar sobre mis vacaciones y le envié el documento con la información a mi PM.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb, lavé los trastos -no eran muchos- del día y, para terminar, rearmé la regadera: por la mañana le había quitado la parte inferior pues, de acuerdo a Rb, tenía varios agujeros tapados por los minerales del agua.

Y es que por la mañana había consultado la lista de pendientes que empecé a llevar desde el lunes; y uno de las últimas actividades agregadas era limpiar la regadera -una de las primeras era la carga de ropa de principios del mes, pero eso lo había hecho más temprano-; entonces busqué instrucciones en Google.

De acuerdo a los pasos encontrados herví media taza de agua, la agregué a media taza de vinagre blanco -en un recipiente de porcelana-; y dejé reposar la parte inferior de la regadera durante más de dos horas; Rb la limpió después del almuerzo y yo la cepillé un poco antes de volver a armarla.

Como Rb tenía clase de teología a las seis y media salimos a caminar un poco temprano: a las cuatro y media nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; no entramos al supermercado más alejado, pero caminamos hasta el extremo del boulevard.

Luego pasamos al supermercado que queda a medio camino y compramos un poco de bananos -ya nos habíamos quedado sin existencia de esta fruta-; Rb también compró un poco de alitas de pollo -es su comida favorita para los almuerzos en los que me ausento-.

Retornamos de la caminata alrededor de las cinco y media; Rb se puso a preparar su cena y yo me metí a la habitación; estuve dormitando un poco hasta que dieron las seis, a esa hora me puse a hacer muchas lecciones de Duolingo -casi una hora-.

Después salí a bajar de los lazos la ropa de cama que había tendido por la tarde -es lo que más rápido se seca-; después me ocupé de empacar un par de regalos para mis próximos desayunos: un libro de cuentos para mi amigo tenor y la bolsa de Totoro que compré para mi ahijada; ambos quedaron listos.

Un poco antes de las ocho me pasé a la habitación de Rb, para ver un capítulo del animé que empecé a ver unos días antes, y a actualizar mis notas -incluyendo esta-.

Y a ver cómo sigue eso...