lunes, 23 de febrero de 2026

Por si las voces vuelven (Y Mejor Desempeño -de nuevo-)... In case the voices return (and Top Performer -again-)... Au cas où les voix reviendraient (Et Meilleur Performeur -encore-)...

No recuerdo -me pasa muy frecuentemente- en dónde encontré el título de este libro en español; me imagino que estaba leyendo algún artículo y me apareció como una sugerencia -o algo similar-; pero lo bajé a la tablet y lo puse entre mis pendientes.

Y como aún no me decido a la forma en la que leeré este año -y ya pasamos de la mitad del segundo mes!- empecé a leerlo al mismo tiempo que Fight Club; o sea, el tema me llamó la atención: un escritor que pasó un par de semanas en un psiquiátrico por un brote psicótico -aunque en los artículos decía 'locura'-.

Y fue eso: un brote psicótico; pero como cuando hay una embarazo sorpresa; o sea, si una pareja estaba teniendo relaciones sin protección, ¿qué esperaban? ¿una refrigeradora?; el tipo este -alrededor de los cuarenta, me parece- pasó mucho tiempo consumiendo asiduamente alcohol y marihuana -y de vez en cuando la mitad de un éxtasis-.

El libro me pareció -lo terminé esta semana- en general algo flojo; es como, salí a pasear y ví muchas cosas; pero creo que tiene algunos aspectos a conservar: como el cuestionamiento de la normalidad; y de la mejoría en -casi- cualquier situación.

También soy un Top Performer.

El miércoles me levanté a las siete y media; no me quería levantar porque dormí, con trabajo unas cinco horas; pero realicé mi meditación matutina; aunque la sentí más corta que en otras ocasiones.

Como estaba solo en casa salí a atender la primera llamada del día en la mesa del comedor; la cual se extendió mucho más de la cuenta; lo que aproveché para realizar algunas lecciones de Duolingo -están por bajarme de Liga- y completar las de Rb.

Después esperé la de las nueve y media; aunque noté que justo a la misma hora tenía la reunión que mi supervisora local realiza cada dos semanas con cada uno de sus liderados; entonces le escribí a la analista de la primera reunión, disculpándome por no poder entrar.

La reunión con mi supervisora estuvo bastante normalita; con la salvedad de que me comunicó que estoy en el grupo de los Top Performers -o sea, clasificó a un grupo de cinco en esta categoría, de un total de quince-; lo interesante es que, me comentó que, está gestionando un aumento de sueldo.

Y es algo que la mayor parte de empleados busca, creo; yo no lo hago, y usualmente me cuesta comprender a las personas que, ante cualquier eventualidad -de este tipo o similar- van buscando el crecimiento económico.

Entonces, se supone que conversó con su jefa -la directora de la sección- y ella le dió ciertas indicaciones para que el trámite tenga un buen resultado; o sea, tampoco soy tan estóico (?) -o cínico (?)- como para que no me emocione la posibilidad de recibir un poco más de dinero.

Después de la reunión con mi supervisora entré -seguía en curso- a la otra -en la que he estado trabajando durante un par de semanas-; pero no escuché muchas novedades; después me preparé el desayuno.

Durante la mañana se me ocurrió que podía contactar a la compañerita que me ayudó el año antepasado a realizar el evento de ciberseguridad -y que se había ido con una beca a la madre patria casi seis meses atrás-; y al principio no me contestó.

A las doce y media saqué a caminar a los perros de Rb; la perra más pesada -por alguna razón- está resintiendo esta actividad últimamente: la he estado jalando tanto que las costuras del arnés han empezado a romperse.

Cuando entré de la caminata ví que la compañerita me había respondido -durante la caminata había pensado que, de no recibir respuesta por la app de mensajes, le escribiría un correo más tarde, o intentaría contactarla de alguna otra forma-.

Y la sorpresa es que no está en la península Ibérica: no le pareció el contenido del programa al cual se había ido becada y decidió regresarse al país; casualmente le acababan de informar que la plaza a la que estaba aplicando -acá hay un período de seis meses antes de volver a aplicar- posiblemente sería cerrada.

Conversamos un poco y quedamos de mantenernos en contacto; también aproveché para enviarle un mensaje -contacto por LinkedIn, realmente- a otra compañera con la que trabajé varios años atrás y que luego se fue becada al -y se estableció en- segundo país más grande del mundo -pero no tan poblado, pues la mayoría es hielo-.

Después recalenté la tercera porción de pollo con crema de almendras, arroz, el resto de frijoles volteados; y una ensalada bastante buena -aunque tuve que usar las dos mini zanahorias restantes de mi compra del día anterior-.

La tarde transcurrió sin mayores novedades -aún terminando el libro en español- y, a las cinco de la tarde, me dirigí a los supermercados en dirección sur; aunque primero pasé por la tienda de las verduras pues necesitaba una zanahoria.

En el lugar -en la acera- tenían un saco lleno de zanahorias, pero se veía que tenían puntos oscuros; de todos modos compré una -a unos doce centavos de dólar-; entonces caminé en dirección a los supermercados; pero no entré a ninguno, caminé una distancia más extensa que la usual -quizá la mitad más-.

Retorné a casa luego de un poco más de una hora; y me puse a preparar el 'pastel' de hojuelas de avena y zanahoria rallada que había estado tratando de mejorar desde la semana anterior.

Rb me estuvo escribiendo, comentándome que retornaba desde la casa de su hermana utilizando el Transmetro -se tardó casi dos horas y media-; y al final vino aún a tiempo para realizar la presentación en su clase de teología.

La meditación de la mañana del día jueves fue interrumpida por Rb: había estado escuchando música cristiana desde que me desperté pero no creí que alteraría mi rutina; pero sí, cinco minutos o así luego de empezar Rb abrió la puerta.

Se disculpó y le indiqué que no tenía importancia; y el ingreso era para comentarme que había decidido que se iría a la casa de su hermana el sábado por la tarde, para participar en un servicio religioso que realizarían el domingo por la mañana.

Le indiqué que no veía ningún impedimento para su plan -o sea, preveía una reunión de siete y media a una y media el sábado (con un grupo de voluntarios); y una reunión el domingo de diez a una, con mi hija mediana-; luego reinicié el timer del celular y completé el ciclo. 

Por la mañana Rb acudió a la tienda de las verduras para proveerse de los ingredientes para los almuerzos de la siguiente semana -la parte del asado que había estado en el freezer por un par de meses-.

Después del desayuno nos dirigimos al mercado del centro histórico (era mi segundo jueves de vacaciones obligatorio); el tránsito estaba un poco pesado y tomó un buen tiempo salir del boulevard; y el mercado estaba bastante vacío pues habían programado una fumigación municipal.

De todos modos Rb pudo comprar un poco de frutas en el mismo; luego de lo cual caminamos hasta una tienda que vende ingredientes alimenticios a granel; Rb compró algunas harinas -yo iba a comprar un químico similar a la stevia, pero venden nomás por libra-.

Después de esta tienda retornamos caminando a la estación del transmetro, en donde tomamos una unidad para retornar a la estación de los busitos; pero esa unidad tuvo un incidente con un pickup -creo que pasaron rozándose- y nos tocó transbordar a otra -que iba más llena-. 

En esta ocasión no teníamos que comprar nada en el supermercado del comercial donde tomamos el busito, por lo que nomás caminamos a abordar la unidad que estaba llenando; despues de regresar a casa sacamos a caminar a los perros; luego consumimos la última porción del pollo con crema de almendras.

Un poco después de las cuatro nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección Norte; esperábamos comprar bananos en el más alejado pues habíamos consumido el último ese día; pero los que encontramos estaban verdes.

Yo aproveché para comprar otras seis cajitas de gelatinas sin calorías; y luego caminamos hasta el supermercado más cercano en dirección sur -en el camino pasé comprando un poco de pan para mis desayunos-.

En el segundo supermercado compramos un par de pencas de bananos ya maduros; además compré un poco de salami y jamón -aún tenía en el freezer una buena cantidad de peperoni- para los desayunos de los días viernes y sábado.

Cuando retornamos a casa me puse a separar los tres tipos de embutidos en veinticuatro porciones -aproximadamente diecisiete o dieciocho gramos por grupo-; después Rb me había pedido que partiera la papaya del día, pero le indiqué que procedería a realizar la limpieza semanal.

Completé la tarea en un poco más de media hora; en el ínterin Rb se hizo cargo de la papaya; después estuve leyendo un poco de un libro de ciencia ficción de la misma autora del libro -que leí el año pasado- sobre la vida de Marie Curie -y su esposo-.

El viernes me levanté a las siete y media, jalé la computadora a la cama y entré a la reunión de las ocho; en la que se examinaron algunas tareas que afectaban a nuestro equipo local; después me quedé en cama haciendo Duolingo.

Y es que, casi toda la semana, mi posición en la liga semanal había estado por debajo del límite de nivel (a punto de bajar a la liga Diamante); entonces me puse a hacer varias lecciones en el modo en que más puntos se obtienen.

Estaba esperando la reunión de las nueve y media pero, un poco antes de la hora, la analista que lidera la misma envió una notificación para cancelarla; de todos modos me esperé un poco en la cama antes de salir de la habitación.

Lo que hice a las diez de la mañana; salí, me preparé el desayuno y lo acompañé con una porción del pastel que preparé el miércoles -he dividido el mismo en ocho porciones-; después ví que las modificaciones en el ambiente actual habían sido realizadas, pero ví ocupada la máquina que ocupo usualmente. 

Un poco antes del mediodía Rb se dirigió a la tienda de la esquina a comprar una zanahoria, para la ensalada del almuerzo; también salimos a recibir el sol durante veinte minutos, un poco después de las once de la mañana.

Al mediodía consumimos el último de los pescados que teníamos en el freezer; acompañado de una buena ensalada; un poco después del almuerzo me metí a la cocina a lavar todos los trastes, y a preparar un té de menta para mí y uno de manzanilla para Rb.

Al finalizar el horario laboral nos dirigimos, caminando, a los supermercados en dirección sur; caminamos un par de cuadras adicionales a la caminata habitual; luego pasamos al supermercado más cercano a casa.

Allí compré un litro y medio de jugo de naranja -el plan era comprar de mango pues la semana anterior había visto que una buena marca de jugos tenía cuatro opciones: horchata, naranja, mandarina y mango; y mi hija mediana había elegido el último cuando la consulté-.

Lastimosamente el de mango se había agotado -creo que es el mejor sabor y, además, estaba en oferta-; también compramos un poco más de bananos y un poco de escarola morada, para las ensaladas de los días por venir.

Cuando retornamos a casa, al principio de la noche, ví que mi hermana menor me había escrito por Whatsapp; casi no nos comunicamos -igual las últimas ocasiones en que me había hablado había sido para pedirme dinero y/o que ayudara a su hijo a atravesar la ciudad-.

Me parece que teníamos más de un año de no hablar; pero me escribió para contarme que -por fin- había obtenido una plaza en el estado: luego de más de veinte años de dar clases de inglés en colegios privados, había completado los trámites para que le asignaran una posición presupuestada en el estado.

Le pregunté si podía llamara y tuvimos una videollamada de casi cuarenta minutos; me comentó que su hijo -único, y lo crió como madre soltera- acababa de independizarse -fue a alquilar una habitación, cuando encontró trabajo- y que aún no se acostumbraba a su ausencia.

Pero la cosa no es tan sencilla: habían estado teniendo conflictos porque el joven -luego de graduarse del nivel medio- no quiso seguir estudiando en la universidad, y tampoco trabajaba; su vida consistía en dedicarse a practicar basquetbol.  

El sábado me levanté a la seis de la mañana; como debía participar en una reunión con el grupo voluntario con el que me involucré este año, y quería salir de casa antes de las siete y media, había decidido empezar mi rutina media hora antes de lo habitual.

Medité veintitrés minutos, me dí una ducha y luego me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; muchas, estuve en eso más de media hora; después me alisté, entré a la habitación de Rb a despedirme y tomé la van.

El camino estaba bastante despejado por lo que llegué a mi destino en alrededor de media hora -originalmente había estimado una hora de camino-; no sabía cómo iba a estar la cuestión del parqueo -el lugar es una 'universidad' dentro de una mega iglesia-.

Pero el acceso era -por alguna razón- libre; me estacioné y entré al recinto -había pedido indicaciones -al guardia- para encontrar el auditorio en el que sería el evento-; caminé por varios pasillos y subí al segundo nivel.

Por supuesto que el lugar estaba vacío -llegué con más de una hora de anticipación- pero -afortunadamente- había llevado varios cubos de Rubik, por lo que me puse a resolver el de seis por seis -en la siguiente media hora llegaron tres o cuatro personas más-.

Se suponía que la convocatoria era para setenta y seis personas -como a la mitad de la espera alguien entró a tomar una fotografía del lugar (yo salgo en el centro, con el cubo), la que reenvié a Rb- pero creo que apenas pasamos de cincuenta.

El evento estuvo bastante desorganizado: había una agenda pero no ví que se cumplieran todos los puntos, ni que llevaran algún orden lógico; en mi mesa la organizadora instaló a los estudiantes universitarios que estaré supervisando durante el evento del próximo mes.

En total son seis o siete estudiantes de una de las mejores -y más caras- universidades del país; uno de ellos es -de hecho- descendiente de una de las diez o doce familias que controlan la mayor parte de los medios de producción locales -fincas, fábricas, constructoras y así-.

La mayor parte son bien jóvenes -entre veinte y veintidós años- aunque había una persona bastante mayor -no se acercaba ni de chiste a mi edad, pero sí era mayor que los otros integrantes- y resulta que participó varios años como concursante y ha actuado varios años como voluntario.

A él estuvimos preguntándole cuestiones básicas; porque a pesar de que era la tercera reunión de equipo -la primera fue virtual- aún no tenía -ni tengo- completamente claro qué es lo que tengo que hacer en el evento principal en donde muchos equipos presentarán soluciones que han estado trabajando durante varios meses.

El evento tuvo una duración de cinco horas -de ocho y media a una y media-; como a media mañana tuvimos un coffee break -aunque el heredero y yo habíamos acudido antes a la mesa para proveernos de café- y, en general, estuvo aceptable: ayudados por el voluntario con experiencia procedimos a simular el área que será utilizada en la sección en la que trabajaremos en el futuro.

Y eso fue, creo, lo más remarcable del evento: la visualización de las dimensiones en las cuales localizaremos a los equipos participantes, y las áreas de audiencia y calificadores; un poco antes de la una llevaron el almuerzo: pirujos con ensalada de pollo, snacks, coca cola y un cocktel de frutas.

Yo traté de expandir mi apreciación del evento preguntando sobre más pormenores al voluntario que nos había estado explicando generalidades; y un poco antes de la una y media me despedí de la organizadora -y su esposo- e inicié el camino de vuelta a casa.

El tránsito estaba -ahora sí- bastante pesado; nomás para salir de la zona de la ciudad en la que estaba me tardé más que todo el trayecto por la mañana; al final vine un poco después de las dos y media; Rb estaba justo cerrando la puerta de la casa -iba hacia la casa de su hermana-.

Yo había supuesto que ya no la iba a ver -se suponía que iba a salir un poco después de la una- y venía super acalorado; me pidió que la acompañara a la parada de buses y al inicio me negué -venía ofuscado, por el tránsito y el calor-; pero luego acepté y salimos a esperar el bus al boulevard.

No tardó mucho en pasar la siguiente unidad, nos despedimos, Rb la abordó y yo retorné a casa; saqué a caminar a la perra más pesada -se le había hecho muy trabajoso realizarlo a Rb- y después alimenté a los tres.

Ya no comí nada en el resto del día -aún estoy tratando de mantener un ayuno intermitente 19/5 o 20/4-, nomás me preparé un té de menta a mitad de la tarde -se supone que no rompe el ayuno-.

A las cuatro de la tarde me dirigí caminando a los supermercados en dirección Norte; quería ver si en el más aleado tenían jugo de mango -era el sabor que mi hija mediana había elegido para el desayuno del día siguiente y no había encontrado en donde lo había visto originalmente-.

También quería comprar un tomate para preparar los panes que planeaba llevar; pero, principalmente, mi caminata era para encontrar una peluquería en donde deshacerme del cabello que había dejado crecer por más de seis meses.

La verdad es que no me gusta usar el cabello largo: por mi complexión y color las personas se forman una impresión negativa de mi persona cuando uso el cabello largo -y especialmente despeinado-; había intentado cortarme el cabello el mes anterior pero encontré que había muchas personas esperando en la peluquería frente a la casa del voluntario que visito una vez al mes.

Pasé viendo la peluquería de la vuelta -en donde me quité el cabello hace tres años (luego de no cortármelo por más de dos)- pero había varias personas; pasé viendo otras en el camino -incluso una en donde el precio estaba bastante cómodo tenía dos personas esperando).

Finalmente encontré una peluquería vacía casi llegando al final de mi caminata; pregunté sobre el precio y era el mismo del de la vuelta -unos cinco dólares-; le pedí al peluquero que me lo cortara parejo con la guía número dos -lo he pedido así desde hace casi veinte años-.

Después del corte de cabello continué caminando hasta el supermercado; lastimosamente no encontré jugo de mango; por lo que nomás compré un tomate de buen tamaño, pasé a la caja a cancelarlo y luego retorné, sin ningún imprevisto, a casa. 

Por la noche ví la mitad de una película que filmaron el año anterior en un pueblo vecino de la ciudad del Imperio del Norte en la que viví durante un par de años; un poco antes de las nueve les dí de comer a los perros; estuve leyendo un poco del libro en español que acababa de empezar y, a las once saqué al patio, por última vez en el día, a los perros.

Debía levantarme a las tres de la mañana a proporcionarle pollo cocido a la perra más anciana de Rb -es mi parte menos favorita de quedarme cuidando a los perros- y me costó conciliar el sueño; además, la perra se puso a ladrar un poco después de medianoche.

Pero logré conciliar el sueño hasta que la alarma sonó a las tres; me levanté a darle el plato con pollo -y la pastilla que le toca a esa hora-, la saqué al patio trasero y, cuando rascó la puerta, luego de que entrara, volví a la cama.

Me levanté luego a las siete y media; medité veintitrés minutos -olvidé que me tocaba aumentar en uno el número de minutos que medito- y luego me metí a la ducha;  después hice algunas lecciones de Duolingo -afortunadamente me alejé del fondo de la liga por tres posiciones-.

A las ocho y media empecé a preparar el desayuno que llevaría para la reunión con mi hija mediana; después le dí de comer a los perros y luego empaqué: los panes preparados, el jugo de naranja, snacks, y un par de bananos; todo en la mochila con aislante térmico.

Un poco después de las nueve saqué las dos mochilas -llevaba el Scrabble en la mochila negra-, encendí la van e inicié la conducción hasta el lugar donde habitan mis hijos; no había casi nada de tránsito por lo que llegué con veinte minutos de anticipación.

Me instalé en la habitación de la sala, le envié un mensaje a mi hija mediana, y me dispuse a esperar las diez de la mañana; justo un minuto antes de esa hora mi hija entró a la habitación, nos saludamos y le propuse caminar al parque temático.

Hicimos la mayor parte del recorrido en silencio -me cuesta bastante comunicarme con mi hija-- y, en el parque temático, nos dirigimos directamente al área social techada; afortunadamente estaba bastante vacía y nos instalamos en el lugar para desayunar.

Después estuvimos avanzando -muy lentamente- en la resolución del cubo de seis por seis; aunque al final me pidió que nos movieramos del lugar pues los pavorreales que se mantienen entre las mesas emiten un canto bastante desagradable.

Caminamos hasta otra área bajo árboles y allí revisamos otra parte de la solución del cubo; luego le propuse que nos subiéramos a la rueda de Chicago; había un poco de cola pero no nos tocó esperar mucho; aunque tuvimos que compartir la unidad con una pareja de ancianos.

Después del juego mecánico retornamos caminando a casa; llegamos un poco después de las doce y media y, como habíamos acordado despedirnos a la una de la tarde, le propuse que revisáramos el algoritmo para resolver los doce extremos del cubo.

Estuvimos practicando -muy lentamente- hasta la una; a esa hora mi hija me indicó que debía de empezar a prepararse para su jornada laboral; nos despedimos y bajé al sótano a abordar la van; y empezar el retorno a casa.

El cual, al igual que el día anterior, estuvo algo tardado; la primera parte del viaje no tuvo muchas dificultades; pero el ingreso al municipio estaba bastante lento; al final ví pasar una ambulancia ya que, al parecer, había habido un percance justo en el paso a desnivel al final de la cuesta que da ingreso al municipio.

De todos modos llegué a casa antes de las dos; entré a cambiarme de tenis y saqué a caminar a los dos perros más grandes; después saqué a la más anciana al patio frontal; luego de recoger los desechos de los perros entré a cambiarme de ropa -desvestirme realmente-, lavarme las manos, y procedí a prepararme el almuerzo.

Antes de salir por la mañana había bajado del freezer un pequeño trozo de hashbrown de papa y pollo que habíamos tenido almacenado varios meses; lo corté en trozos y lo puse en un sartén pequeño en la estufa; luego troceé un par de rodajas del queso que me había regalado la hermana de Rb y lo cociné varios minutos.

Por aparte piqué un poco de lechuga que había ya desinfectado, saqué las dos tortillas de maíz y dos tortillas de harina que aún tenía en el freezer -las de harina habían empezado a desprenderse-.

Y eso fue mi almuerzo: cuatro tortillas con la mezcla de hashbrown y queso, lechuga y un cuarto de huevo duro -había endurado un huevo en lo que recalentaba el hashbrown-; a mitad del almuerzo me recordé que Rb había dejado un poco de caldo de hígados de pollo.

Lo recalenté y complementé mi almuerzo -Rb me había dejado, también, un poco de fresco de rosa de jamaica; lo que consumí con un poco de Coca Cola que me había sobrado del almuerzo del día anterior-.

Después de terminar el almuerzo le preparé el almuerzo a los perros; luego de servirselos me preparé una taza de café; la que consumí con un par de pan tostado, la mitad de una galleta que había reservado un par de días antes, y un par de porciones de pastel de avena y zanahoria.

Rb me escribió un poco después de las dos comentándome el avance en su retorno a casa; tomó el transmetro a pocas cuadras de la casa de su hermana; transbordó en el centro, pero luego tuvo que esperar un tiempo pues se encontraron con un accidente en la ruta.

Finalmente vino a casa un poco después de las cuatro de la tarde; justo cuando estaba por entrar me dí cuenta que la perra más anciana estaba vomitando -ya está bastante grande y es bastante común que la comida la incomode-; entonces saqué a los perros al patio.

Al final de la tarde Rb se puso a preparar el chirmol de tomate para el asado que habíamos planeado recalentar en los cuatro almuerzos del inicio de la semana; y yo puse a hervir ocho papas -se me olvidó partirlas por la mitad, por lo que tuve que apagar el fuego, sacarlas, seccionarlas y volverlas a meter al agua hirviendo-.

Por la noche ví la segunda mitad de la película que había iniciado a ver el día anterior; además, completé algunas lecciones más de Duolingo (finalmente terminé en la séptima posición, luego de gastar muchos XPs) y preparé una gelatina de cereza -ahora estoy consumiendo light-. 

Y a ver cómo sigue eso...

miércoles, 18 de febrero de 2026

El club de la pelea -y las complicaciones de morir baleado-... Fight club -and the complications of being shot to death-... Le club de combat -Et les complications de mourir criblé de balles-...

Hace muchos años ví Fight Club, mucho tiempo después me enteré que era un libro; algún tiempo después me enteré que el autor de la obra -que es homosexual- es originario de -y vive en- la ciudad del Imperio del Norte en la que viví un par de años.

La película es muy buena -el director es muy bueno-, aunque creo que -no estoy seguro- fue un fracaso comercial, luego se convirtió en una película 'de culto' sea lo que sea que eso signifique.

Creo que he visto la película un par de veces -no estoy seguro si alguna vez la ví de corrido- y había tenido la intención de leer el libro; aunque no lo había agregado a mi libro de pendientes.

Hasta el último almuerzo con mi hija mayor: me contó que -a pesar de que tiene su tiempo bien limitado por haber empezado a estudiar medicina en la Universidad- había terminado el libro y le había llamado la atención algunas diferencias con la película.

Esa misma noche bajé el libro y lo pasé a la tablet; y empecé a leerlo después del libro anterior en inglés; y debo decir que se me hace muy difícil separar a la película del mismo; o sea, no dejo de ver a Edward Norton y Brad Pitt.

Y hasta ahora no he visto taaantas diferencias; o sea, como que al inicio se extiende más sobre el final de la historia; pero, en general, la mayor parte de las escenas son extraídas directamente del texto.

Según mi hija mayor la chica -Marla- tiene un papel más preponderante en el libro que en la película; pero hasta ahora no me ha parecido tanto; también me comentó que en el final hay un twist que no se muestra en la película; por el momento acabo de pasar de la mitad.

Y lo otro: el sábado por la noche estábamos -como casi todas las noches- en la habitación de Rb; mientras ella veía alguna de las innumberables series, que ocupan la mayor parte de su tiempo libre, yo intentaba avanzar un poco en el libro en inglés -o español , no recuerdo-.

Entonces Rb recibió una llamada por whatsapp, era su hermana, que vive -desde hace décadas- en una ciudad de nuestro gran vecino del norte: el tono era desesperado, al parecer habían baleado -y había muerto- un sobrino nieto de ambas.

Yo conocí al joven cuando empezaba a salir con Rb -hace ya más de trece años-: su madre se quedaba algunas noches en la casa de Rb porque su prometido venía algunas semanas del Imperio del Norte -el joven (adolescente, realmente) se quedaba en casa con su abuela-.

Por esa época ocurrió algo -creo- memorable: resulta que el padre del chico estaba cumpliendo condena en una prisión de la ciudad -no recuerdo el delito pero era algo sobre violencia, me parece-; y por esa época había sido asesinado en la prisión.

Total que la hermana de Rb apenas pudo contarle lo que acababa de pasar y Rb se puso en acción enseguida, llamando a la abuela -precisamente la señora que llegó a acompañar a Rb en su estancia en el hospital el último noviembre-.

La señora le contó lo ocurrido -un suceso bien confuso en el que, al parecer, unos policías habían disparado contra el joven al ver que tenía un arma (sin confrontación ni nada)- y Rb se ofreció a acompañarla -yo ya estaba en mi habitación vistiéndome, pues creí que era lo que tocaba-.

Entonces salimos hacia la morgue del hospital más grande de la ciudad; era alrededor de las diez de la noche y encontramos a varias patrullas de policía en el camino -aún estamos en estado de sitio-; pero llegamos al centro sin ninguna dificultad.

Se suponía que la señora estaba en el lugar para reconocer el cadáver del joven en la morgue; pero resulta que no era tan sencillo el trámite: había que esperar a que fuera trasladado al lugar en donde realizan las autopsias y allí sí proceder.

Yo nomás había pasado dejando a Rb a las puertas de la morgue -o sea, donde ví un pequeño grupo de gente frente a un portón- y me estacioné unos metros más adelante -ya que era un área restringida para vehículos de emergencia-.

Un rato después Rb llegó a tomar su sueter y comentarme que se iba a quedar acompañando a su hermana,que retornara a la casa y estuviera pendiente del desarrollo de los acontecimientos.

Volví a casa -ví otras patrullas de policía en el camino- sin ningún incidente -ya era cerca de la medianoche- a esperar alguna novedad; aún intercambiamos unos mensajes con Rb -al final le tocó que pernoctar en la casa de su hermana pues les dijeron que hasta la mañana podía darse el reconocimiento- y me dormí, casi a medianoche. 

Y a ver cómo va eso 

El viernes bajó un poco el ritmo de las tareas en las que estuve trabajando el resto de la semana: entré -después de meditar- a la reunión del equipo -a las ocho- y a la reunión del proyecto -a las nueve y media-; en la primera no compartí nada y en la segunda nomás confirmé que el día anterior había completado la asignación y no tenía nuevos reportes.

El resto del día nomás estuve a la expectativa de nuevas asignaciones; y leyendo un poco de Fight Club y del libro en español que estoy leyendo a la par; al mediodía Rb frió el pescado semanal y yo recalenté la última porción de acelga -ya era el quinto día y estaba un poco amarga-.

Al finalizar el horario laboral nos dirigimos, caminando, a los supermercados en dirección sur; en el más alejado compré doce cajitas de gelatinas -espero que me alcancen para mes y medio-.

También compramos en el lugar dos porciones diferentes de pechuga de pollo: una pequeña para el almuerzo del día siguiente con mi hijo menor; y una grande para los almuerzos de la siguiente semana. 

En el otro supermercado compré unas onzas de jamón -el plan era preparar Cordon Bleu- y aprovechamos para comprar un poco de bananos -consumimos en el desayuno y la cena- y dos tipos diferentes de lechuga -para ensaladas en el almuerzo-.

Por la noche, previendo que el día siguiente por la mañana estaría bastante ajustado, preparé un par de rollos con la mitad del pollo que adquirí, la mitad del jamón, y una porción y media de queso amarillo para sandwiches; y los reservé en la refrigeradora. 

El sábado me levanté a las siete y media, medité y completé un par de lecciones de Duolingo; después salí de la habitación pues me había propuesto realizar la limpieza semanal -no la había hecho entre semana-.

Como le había comentado la noche anterior a Rb sobre mi intención, ella también salió de su habitación y levantó algunas cosas del piso; había olvidado sacar el trapeador del agua por lo que no olía muy bien; pero tenía el otro reservado desde la semana anterior.

Completé la limpieza en un poco más de media hora y luego lavé -ahora, utilizando detergente de la lavadora- ambos trapeadores, para que no volviera a pasarme lo de la semana anterior.

Después de la limpieza preparé mi desayuno de los sábados; después preparé un par de ensaladas, para el almuerzo con mi hijo menor; además de las ensaladas reservé en la refrigeradora un par de bolsitas con treinta gramos de aderezo César.

Yo había esperado que no saliéramos por la mañana: preparar el pollo es un poco tardado; pero no quise negarme cuando Rb propuso que caminaramos hasta los supermercados en dirección Norte -ya pasaban de las diez de la mañana-.

Pero la caminata estuvo muy buena: de hecho retornamos antes de las once; entonces me metí a la cocina, batí un huevo, le eché un poco de harina de arroz a ambos rollos de pollo, los pasé por el huevo batido, y los cubrí con avena en hojuelas; después los pasé al sartén con aceite caliente.

En total los cociné -por cuatro diferentes lados- entre siete y ocho minutos; con lo que a las once y media estuvimos a punto para sacar a caminar a los perros; antes pasé los dos rollitos de pollo a un par de piezas de papel absorbente.

Cuando retornamos de la caminata con los perros me metí a la ducha; después metí en la mochila que tiene aislante térmico: las dos ensaladas -con el aderezo-, un trasto con los dos rollitos, dos coquitas, dos platos y un poco de hielo.

Me despedí de Rb, cargué en la van las dos mochilas -además de la anterior (vacía), que pensaba regalarle a mi hija mayor-; sorprendentemente -era el día del cariño- el camino estaba bastante vacío.

No tuve ningún contratiempo en el boulevard, ni entrando a la ciudad, ni en el periférico; fue nomás hasta que llegué a la altura de la Universidad cuando me tocó que esperar un par de ciclos de cambio de luces en un semáforo cercano a la misma.

Pero llegué al departamento de mis hijos con media hora de anticipación; subí al séptimo nivel, entré al lugar y me instalé en la habitación que ha sido designada como sala; le escribí a mi hijo y me dispuse a esperar, mientras jugaba algunas partidas de ajedrez.

En eso escuché algunos ruidos en la cocina y salí a ver de quién se trataba: era mi hija mediana preparándose su desayuno; nos dimos un abrazo de saludo y conversamos un momento -una parte en español y otra en inglés- sobre las lecturas  del último tiempo.

Luego dejé que mi hija completara su desayuno y retorné a la sala; un poco después de la una se me unió mi hijo menor; me preguntó si llevaba comida y al confirmarle que sí, me comentó que ahora las cosas estarán un poco más complicadas: le han diagnosticado diabetes (tiene veintitrés años!) y deberá cuidar los alimentos que ingiere.

Que haya sido diagnosticado con esa enfermedad me sorprendió y no me sorprendió; o sea, desde la pandemia ha tenido un estilo de vida completamente sedentario -dejó la universidad porque todo era virtual- y, creo, se ha alimentado con mucha comida chatarra -y en tamaños excesivos-.

Pero -al igual que con mi hija mayor y mi hija menor- no me he metido en su vida a intentar dirigir sus acciones; aún cuando ya habíamos tenido dificultad incluso para caminar diez o doce cuadras -un par de kilómetros-; ahora ha sido diagnosticado.

Le propuse que nos dirigiéramos al parque temático e incluso le ofrecí -como las últimas veces- que podíamos pararnos a descansar en varias partes del camino -la penúltima vez nos quedamos a medias y la última alcanzamos el destino con una parada en el camino-.

En esta ocasión no hubo dificultades para llegar al lugar -según mi hijo ha estado haciendo ejercicios los últimos días-; y en cuanto entramos al parque nos dirigimos al área techada en donde acostumbramos almorzar.

El almuerzo estuvo bien -yo sentí que le faltó un poco de condimiento a los rollos, pero mi hijo los encontró buenos- e incluso mi hijo declinó la bolsita de aderezo que llevaba para su ensalada; después estuvimos armando los cubos de rubik de seis por seis y de cinco por cinco.

Cuando completamos los cubos le propuse a mi hijo que jugaramos un poco de dominó y completamos tres o cuatro partidas -usualmente trato de alargarlas tomando más fichas aún cuando tenga opciones-; luego nos acercamos al teatro para ver si ya habían cambiado de obra; pero, de hecho, estaba cerrado.

Para terminar la visita pasamos a la rueda de Chicago; por suerte en esta ocasió el viento había amainado, por lo que pudimos subirnos -a diferencia de la última vez que intentamos con mi hija mayor-.

Luego retornamos a casa; como yo estoy tratando de hacer ayuno intermitente y mi hijo tiene bastantes restricciones alimenticias, no compré nada en el camino; nomás caminamos hasta el departamento.

Como aún teníamos cuarenta o cuarenta y cinco minutos antes de la hora en la que habíamos acordado despedirnos -a las cinco- completamos el origami modular que habíamos empezado en diciembre -y armamos también un par de pequeñas grullas-.

En cierto momento estuché ruidos en la cocina y salí a ver, comprobando que era mi hija mayor, quien andaba preparándose el desayuno; conversamos un par de minutos -me regaló un trozo de galleta de avena (con lo que rompí el ayuno!) y otra entera (esa la guardé en mi mochila)-.

A las cinco me despedí de mi hijo menor; como mi hija mayor me había pedido que le avisara, para acompañarme al automóvil, le hablé -aproveché para entregarle la mochila- y bajamos al parqueo.

Mi hija me pidió que la llevara al centro comercial que se encuentra a dos o tres cuadras -quería comprar un antihistamínico- y pasé a dejarla al lugar; luego conduje -sin encontrar ningún embotellamiento- hasta casa; y la noche se interrumpió por lo relatado en la segunda parte del inicio de este texto.

El domingo me tocó que despertarme a las tres de la madrugada, para alimentar a la perra más anciana de Rb; le agregué la pastilla que debe tomar todos los días al pollo y, luego de que terminara, la saqué al patio trasero.

Pero al parecer no hizo nada porque cuando me desperté -Rb me llamó a las siete- por la mañana encontré que había excretado -sólido- en una esquina de la sala; levanté los excrementos con una servilleta de papel y, dentro de una bolsa, los coloqué en la bolsa de no reciclables.

Aún intenté dormirme un poco después de que Rb me despertara, pero no pude conciliar el sueño; realicé la meditación matutina -aunque me faltaron cincuenta segundos porque la alarma de las ocho y media sonó en el celular-.

Como no quería desayunar muy temprano me puse a hacer algunos ejercicios de Duolingo -también en el celular de Rb- y, a las diez de la mañana, me preparé el huevo con tortilla de harina habitual de los domingos.

Durante la mañana intercambié algunos mensajes con Rb -había alimentado a sus perros a las nueve menos cuarto- y me comentó que se había ofrecido a identificar el cuerpo de su sobrino nieto en la morgue de la ciudad.

Aproveché para leer algunos capítulos del par de libros que he estado leyendo en paralelo -me quedaban nomás un par de ciclos en cada uno-; a las doce y media saqué a caminar a los dos perros más grandes -los saqué al mismo tiempo-.

Después me preparé un almuerzo: tenía aún un poco de soya texturizada y busqué una parte de un cuadril asado que había visto en los últimos días en el freezer; pero no lo encontré, por lo que me preparé un huevo duro.

Calenté en el microondas cuatro tortillas de maiz y me preparé cuatro tacos con: huevo duro, lechuga picada, zanahoria rallada, aguacate, y aderezo César -utilicé lo último que quedaba en la penúltima botella del mismo-; más tarde se me olvidó que había hidratado la soya y nomás la boté al patio trasero.

En la mañana le había escrito a mi amiga psicóloga, con la que nos habíamos citado para el final de la tarde, para comentarle que no iba a poder acudir -incluí el reporte del suceso de un periódico digital-; aún tenía esperanzas de acudir a mi visita semanal al voluntario que vive en la colonia en la que crecieron mis hijos.

Pero, un poco antes del mediodía, me resigné y le escribí también a él; comentándole lo sucedido y disculpándome por lo tarde del aviso; a las tres de la tarde Rb me escribió para que pasara por ella a la morgue.

Me envió la dirección y consulté en Google Maps la mejor vía para llegar; me vestí, tomé mi mochila y me dirigí al lugar; el cual se encuentra justo entre el cementerio general y un mercado municipal.

No me tardé mucho en llegar al lugar -aunque le periférico estaba un poco lleno- e intenté parquearme en un puesto del mercado; pero luego recordé que nomás cargaba billetes de la más alta denominación -el costo era una quinta parte- y salí a parquearme a la avenida principal -igual, había varios autos estacionados en el lugar-.

Dejé el auto un poco salido pero me bajé a saludar a la hermana de Rb -había visto que estaba en un pequeño grupo en la entrada de la morgue-; le dí un abrazo y le externé mis condolencias; saludé a las otras personas.

Luego retorné al auto porque había olvidado el celular -y aproveché para colocar el auto en una mejor posición-; retorné al grupo y esperé durante algunos minutos a Rb; ella salió luego de quince o veinte; e iba bastante alterada.

Corrió a abrazarme e incluso tuvo un connato de desvanecimiento -nomás la sostuve y la ayudé a que se sentara en la acera-; estuve dándole soporte durante unos minutos; luego habló con su hermana, nos despedimos todos e inicié el retorno a casita.

El lunes Rb me despertó temprano: antes de las siete de la mañana se pasó un rato a mi cama; estuvo un corto tiempo yaciendo a mi lado y luego retornó a su habitación; cuando sonó la alarma -a las siete y media- me levanté a meditar.

Entré a las dos reuniones de la mañana desde mi cama: en la de las ocho no hubo muchas novedades; después de la misma me puse a hacer algunos ejercicios de Duolingo; a las nueve y media entré a la otra, en la que tampoco hubo grandes noticias; nomás confirmé que ya había concluido y que trabajaría en el otro ambiente.

A las diez salí de la habitación, a prepararme el desayuno; estuve viendo algunos datos de nutrición -calorías, carbohidratos y similares- con ayuda de una LLM; también estuve ayudando a Rb con la preparación del almuerzo: pollo en crema de almendras y champiñones.

Al mediodía -después de sacar a caminar a los perros- almorzamos una porción del pollo que acabábamos de preparar, acompañado de una pequeña ensalada; por la tarde estuve leyendo un poco del libro en inglés y del libro en español que llevo a medias.

También me dí cuenta que el analista que menos bien me cae estaba teniendo algunas dificultades con una tarea que ya debía de conocer; de todos modos me ofrecí a ayudarle, aunque me respondió mucho más tarde; al final le ayudé -y le expliqué- a preparar un archivo que era necesario para que avanzara en su tarea.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte; Rb quería comprar algunos consumibles pues planeaba pasar todo el día -y quizá la noche- siguiente fuera de casa -el funeral de su sobrin nieto iniciaba el martes por la mañana-.

Yo quería comprar el inflador que no había podido comprar la semana anterior; después entramos a la ferretería industrial en la que usualmente nos proveemos; compré una boquilla y un metro de manguera: planeaba hacer una extensión para que el agua del lavatrastos continuara salpicando el piso.

Después pasamos al supermercado, Rb quería comprar una crema dental pequeña, pero no encontró algo que le satisfaciera; nomás compramos un poco de bananos; luego, en el camino de vuelta, compró un pequeño tubo de pasta dental en una tienda.

El martes me desperté a las siete y media; había estado teniendo un sueño bastante vívido -incluso le comenté el tema a Rb cuando salí de la habitación, más tarde- y no quería levantarme; pero bajé de la cama a realizar la meditación matutina.

Luego jalé la computadora a la cama y entré a la reunión de las ocho; mientras realizaban al gunas discusiones estuve revisando mi whatsapp: el día anterior un primo, que vive en el mismo pueblo donde viven mis padres, se había quebrado la mano y lo habían trasladado -por la noche- a la ciudad.

Ví que tenía un mensaje del individuo, comentándome que lo habían operado por la noche y que ya estaba viajando de vuelta al poblado donde vive; cuando terminó la reunión de las ocho salí de la habitación: Rb se estaba preparando para salir.

Desde el día anterior me había comentado que quería irse en transporte público hasta la funeraria; el servicio empezaría a media mañana y planeaba quedarse en el lugar todo el día -originalmente también quería quedarse toda la noche, pero luego estaba considerando opciones-.

La ayudé a preparar un par de ensaladas para las comidas del día y luego hice un par de lecciones de Duolingo en uno de sus celulares, para evitar que perdira su racha; luego de todos los preparativos -llevaba comida en la mochila con aislante térmico- salió de casa un poco después de las nueve.

Yo entré a mi segunda reunión a las nueve y media; aunque tampoco hubo muchas novedades porque, supuestamente, mis tareas en el ambiente específico ya estaban completadas; nomás esperé hasta las diez de la mañana para hacer mi desayuno.

Después de desayunar me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo en mi celular; además, Rb me había pedido que revisara la manguera que le había agregado al chorro del lavatrastos: tenía una curva muy pronunciada y aún salpicaba agua fuera.

Busqué formas de enderezar la manguera -en un LLM- y puse a hervir agua; luego sumergí allí la manguera por un par de minutos, la atravesé con una varilla de madera -para mantenerla recta- y la saqué al sol durante un par de horas.

También comprobé el funcionamiento del inflador de bicicleta: no me había percatado que las válvulas de las llantas son diferentes; una es la clásica de las llantas de este tipo de vehículo; la otra tiene del tipo más común en autos y motocicletas.

Afortunadamente el inflador tiene exactamente dos boquillas y cada una de las mismas corresponde a uno de los tipos de válvulas del inflador; procedí a inflar ambos neumáticos y luego retorné la bicicleta a la bodega -aún no decido si se las donaré a mis hijos-.

Al mediodía -a las doce y media- saqué a caminar a los perros de Rb; últimamente, cuando me toca realizarlo en soledad, saco a ambos al mismo tiempo -a diferencia del pasado, que me demandaba el doble de tiempo-.

Después de la caminata calenté la segunda porción del pollo con salsa de almendras y cilantro, lo que acompañé con un poco de arroz cocido y frijoles volteados; después lavé los pocos trastes que había utilizado durante el día.

El resto de la tarde estuvo tranquilo en el tema laboral; incluso terminé de leer Fight Club; y no me gustó el final; o sea, la película quizá es menos realista: se destruyen muchas cosas; el libro -me parece- presenta algo más estilo la primera película del Joker.

A las cinco de la tarde me dirigí caminando hacia los supermercados en dirección sur; el último sábado mi hija mayor me había comentado que las 7Up light eran una buena opción para nuestros almuerzos -también me había quedado sin Cocas Zero-.

Enn el supermercado más lejano compré media docena de las últimas -cuatro para almuerzos con mi hijo menor y dos por si no hay fresco de Rosa de Jamaica alguno de estos días-; también compré una botellita de esencia de vainilla -artificial-.

Además compré una bolsa de mayonesa; la que tengo en uso tiene menos del veinte por ciento y a principios de marzo prepararé unos diez o doce sandwiches -para la visita a mis padres-; en el otro supermercado compré cuatro latas de 7Up light; almacené la mayor parte de las compras en la habitación que usamos como bodega.

Un poco después me escribió Rb, comentándome que había decidido que se quedaría toda la noche en la funeraria, pidiéndome que le llevara los alimentos que había dejado en la refrigeradora, y que le preparara un poco de ensalada.

Como casi no tenía zanahoria me dirigí a la tienda de la esquina; en donde me vendieron tres mini zanahorias a un precio elevado; rallé una de estas mini zanahorias con el resto que me había quedado del almuerzo, piqué un poco de lechuga y lo reservé en un recipiente hermético.

Después de preparar la comida de Rb me dí una ducha y luego me puse a ver una película que había anotado en mi aplicación de pendientes del celular: Ready or Not; la cual es una comedia de terror y acción que estrenaron hace siete años -y que este año tendrá una secuela-; ví la primera mitad.

Un poco después de las ocho medité -había considerado que no retornaría con ánimos luego de llevarle la comida a Rb-, lo cual estuvo a punto de olvidárseme; después de meditar le serví la comida a los perros de Rb. 

Cuando los perros terminaron de cenar los saqué un rato al patio, a continuación metí los herméticos a mi mochila, y tomé el sueter que Rb me había pedido que le llevara; cuando pasé por la garita le regalé al guardia la mayor parte de unos dulces que había comprado para el convivio de fin de año de mi trabajo.

Como ahora sé que no se necesita estar conectado a Internet para que Google proporcione los servicios de localización dejé que me guiara en todo el camino hasta la funeraria en la que estaban velando al sobrino-nieto de Rb.

Me estacioné en el parqueo  lateral y subí al segundo nivel; encontré a un par de hermanas de Rb y luego la localicé para entregarle el sueter; un poco antes de salir me había comentado que en el evento estaba un antiguo amigo de mi voluntariado -que es novio de un influencer político local-.

Y lo primero que hizo Rb fue llevarme a donde estaba la pareja; nos dimos un abrazo muy efusivo con el susodicho -teníamos más de diez años de no vernos- y me presentó a su pareja; luego estuvimos en una conversación bastante extensa.

La verdad es que este tipo de situaciones me cansan muy rápido; o sea, es cómo se conocieron -en ambos lados-, experiencias en el voluntariado, relaciones con la persona fallecida, y anécdotas de viajes, y así.

A la mitad de la conversación yo ya tenía ganas de retirarme -fue fácilmente cerca de una hora-; pero traté de no poner muy mala cara; por fin disminuyó el ritmo de la conversación, nos despedimos por el momento y pasamos a la habitación reservada para la famila, en donde Rb podía almacenar la comida.

Después estuve conversando un momento con dos hermanas de Rb: la que vive en el gran país vecino del norte, y la que vive en el departamento en donde Rb nació; a la primera le dí el último de los dulces que había sacado de la bolsa -antes de regalárselos al guardia-.

Los otros dos que llevaba se los había regalado a mi conocido del voluntariado y a su novio; la hermana de Rb que vive en el país vecino me regaló un dulce de guayaba y me comentó que me había traído un frasco de mazapán.

No sé, realmente, la razón de que siempre me trae de regalo estos dulces; ha venido al país tres o cuatro veces en la última década y siempre me trae varios paquetes -las primeras veces regalé la mayoría de estos en el pasillo en el que trabajaba-.

Pero en esta ocasión nomás me regaló un par de unidades, y un bote del mismo dulce pero en formato untable; además nos pidió que bajáramos al parqueo porque quería regalarnos una parte de un queso artesanal.

Bajamos al sótano Rb, su hermana, y su único hermano vivo -el queso estaba en el auto del mismo-; luego, retornando al nivel en donde estaba el evento, le presté mi navaja para que cortara el queso -lo que almacené en uno de los herméticos que Rb había utilizado-.

Luego Rb quería terminar de cenar -tenía aún algunas frutas- y yo me serví un café -rompí totalmente el ayuno intermitente- y tomé dos o tres sandwiches -únicamente de queso!-; en el ínterin estuve conversando un poco con las hermanas de Rb y con la sobrina -la mamá del occiso-.

Pasaba un poco de la medianoche cuando le indiqué a Rb que retornaría a casa -o sea, debía levantarme a las tres de la mañana para alimentar a su perra más anciana y estaba temiendo que me afectara todo el desvelo-.

Rb me acompañó al auto, el cual saqué del parqueo sin ningun costo gracias a un gafete que me había proporcionado un poco antes; por la hora el tránsito era casi inexistente por lo que muy poco tiempo después estaba estacionando la van frente a la casa.

Saqué a los perros al patio -la última actividad del documento con las instrucciones para hacerse cargo de estos- y luego intenté conciliar el sueño -tenía nomás como hora y media antes de que sonara la alarma-; pero no logré dormirme en el acto; no sé si uno de los perros de Rb, o uno de los gatos de la calle andaba haciendo ruidos extraños.

Por fin pude dormir un rato pero sentí que acababa de cerrar los ojos cuando sonó la alarma de las tres; me levanté a darle el pollo -y la pastilla- a la perra más anciana, la saqué un rato al patio trasero y, después de dejarla entrar, volví a la cama.

Y a ver cómo sigue eso. 

jueves, 12 de febrero de 2026

Ahora y en la hora... Now and in the hour... Maintenant et à l'heure...

Este es el segundo libro que leo del escritor colombiano que me recomendó mi amigo poeta; el primero fue sobre su vida, su familia, el amor especial que le proporcionaba su padre y, finalmente, el asesinato del mismo.

Fue leyendo algo del autor que me enteré sobre Ahora y en la hora; cuenta, con un estilo bastante periodístico, cómo sobrevivió a la explosión de un misil ruso mientras visitaba un lugar cercano a la línea de batalla, en Ucrania.

El incidente es bastante raro: en la mesa con la que departía con otras cuatro personas, él cambió de lugar con una escritora ucraniana; cuatro personas resultaron con heridas leves, pero esta mujer sufrió heridas que le causaron la muerte.

El libro es bastante sesgado -creo que es esperable- hacia la satanización de Rusia, su presidente, y esa parte del mundo, en general; personalmente creo que la guerra es terrible; pero no creo -desde hace mucho tiempo- en las explicaciones sencillas: Occidentales buenos/Rusos malos.

De todos modos es un buen relalto: describe de forma bastante detallada algunos aspectos del país, de la gente, creo que menciona bastante el tema judío -él menciona, como de paso, en el primer libro que leí que su familia tiene parte judía-.

Y estoy leyendo este libro en paralelo con Intermezzo; que me ha afectado de forma más profunda de lo que esperaba: ya han habido dos o tres veces en que le cuento a Rb el desarrollo del mismo, y la identificación que proyecto hacia el hermano con dificultades sociales.

Y a ver cómo va eso.

El viernes me desperté bastante temprano; la noche anterior, por alguna razón, me había costado conciliar el sueño; y creo que parte de la razón fue un diálogo que había tenido por la noche con mi hija mayor.

...

De todos modos me desperté muy temprano; pero ni siquiera ví el reloj del celular, nomás continué dormitando, esperando a que sonara la alarma; cuando sonó me levanté a meditar; luego entré a la reunión diaria.

Cuando la reunión terminó nos comentaron que habría otra a media mañana; entonces me quedé un rato en la cama, haciendo lecciones de Duolingo; luego, un poco después de las nueve salí a prepararme el desayuno.

La siguiente reunión fue, efectivamente, a las diez de la mañana; pero, la verdad es que no me interesaba el tema, por lo que nomás le bajé un poco el volumen y llamé, por el celular, a mi amigo que vivía en la misma ciudad del Imperio en el que pasé un par de años.

Estuvimos hablando como una hora, con una pausa de varios minutos pues nos falló la conexión; mi amigo está considerando trasladarse a un estado vecino pues ya lleva varios meses sin trabajar por la situación actual en ese país.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros de Rb; después preparamos el almuerzo: burritos de pollo, zanahoria, lechuga y guacamol; después del almuerzo lavé los trastes que se habían acumulado.

Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección sur; no entramos a ninguno pues nuestras provisiones tenían un buen nivel; nomás caminamos hasta la altura del más lejano y luego retornamos a casa.

El sábado me levanté a las siete y media; habíamos acordado -con Rb- ir a los supermercados a media mañana: el plan de los almuerzos de la siguiente semana incluía piernas de pollo doradas y queríamos adquirir el pollo en el supermercado más lejano.

Además, yo le había pedido a Rb que almorzáramos a la una de la tarde, porque quería salir de casa a las dos -habíamos quedado con mi ahijada profesional de pasar por su casa a las tres y media-; después de la meditación matutina del sábado consulté los mensajes de Whatsapp; y ví que tenía uno de mi ahijada enviado a las once de la noche.

El mensaje era para cancelar la reunión: una amiga -mamá de una ex compañera de facultad, me parece- acababa de morir, a causa del cáncer que había padecido por muchos años; entonces, el sábado era el entierro y no podríamos vernos.

Le envié un par de frases de consuelo; luego volví a la cama y me puse a completar algunas lecciones de Duolingo; después le escribí a Rb, comentándole lo sucedido a mi ahijada y cambiando nuestra hora de salida para la tarde.

Después de hacer algunas lecciones de Duolingo me quedé en la cama, avanzando en Ahora y en la hora, también en Intermezzo; un poco después de las diez salí de la habitacion y me preparé el desayuno de los fines de semana.

Casi todo el día me la pasé en mi habitación leyendo los libros en Inglés y Español; o jugando ajedrez -volví a sobrepasar el nivel de mil quinientos de ELO-; después del desayuno enduré un par de huevos y los reservé en la refrigeradora.

También rallé -y reservé- tres zanahorias pequeñas; un poco antes del mediodía me metí a la cocina a preparar mi burrito de huevos y zanahoria -relleno de pollo, mayonesa de aguacate y lechuga-; después del almuerzo lavé un poco de trastes -la mayor parte la había lavado antes de que almorzáramos-.

Por la tarde, hasta la hora en que salimos hacia los supermercados -casi a las cinco- continué con la lectura -me parece que dejé pendiente nomás un ciclo de cada libro-; también desarmé varios cubos de Rubik, para no quedarme solo con la lectura.

Al final de la tarde caminamos hacia los supermercados en dirección sur; como planeábamos traer seis piernas de pollo, llevaba la mochila que tiene aislante térmico; entramos al supermercado más lejano y saqué un poco de efectivo en el cajero automático -cuarenta dólares-; luego adquirimos el pollo.

Cuando salimos del supermercado le sugerí a Rb que camináramos las cuatro o cinco cuadras que nos quedaban hasta el final del boulevard; lo cual hicimos sin ningun tropiezo; en el otro supermercado compramos un poco de bananos.

Al regresar a casa almacené el pollo en el refrigerador y luego me puse a bajar la última película de Chris Pratt: Mercy; las últimas noches habíamos estado viendo episodios de Seinfeld y Rb sugirió continuar; pero le indiqué que prefería que nomás lo hiciéramos entre semana -ella había estado todo el día cosiendo ropa para sus perros, y viendo una serie precuela de The Shinning-.

Por la noche ví la película que acababa de bajar; la cual no me pareció muy remarcable: tal como había leído, una mezcla entre Minority Report y El Fugitivo; también armé el cubo de seis por seis -durante la semana coticé uno de siete por siete-.

El domingo me levanté a las seis y veinte; había quedado en reunirme con mi doctora a las siete y media y no quería llegar muy temprano -pero tampoco tarde-; medité y luego me metí a la ducha.

Consulté el estado del tránsito en Waze y me indicaba un tiempo de viaje de catorce minutos hasta el restaurante de costumbre; pero salí de casa a las siete y cinco; tomé la van y conduje -sin casi nada de tráfico- hasta el restaurante.

Llegué al lugar con cinco minutos de anticipación, entré al restaurante y me acomodé en una de las mesas más cómodas; como había llevado la tablet me puse a leer un poco de Intermezzo; a las ocho menos cuarto consulté whatsapp y ví que unos minutos antes mi amiga me había enviado un mensaje indicando que ya estaba en camino.

Llegó un poco después de las ocho -disculpándose porque ahora se parquea en un lugar más alejado de su casa-; ordenamos un par de desayunos -me hice cargo de la cuenta: catorce dólares y medio- y nos pasamos la siguiente hora entre comida y conversación.

Mi amiga tiene ya cuarenta y ocho años y le está pesando la soledad: se siente insegura con su cuerpo y siente que en la etapa de la vida en la que se encuentra ya debería tener una relacion estable -y quizá haberse reproducido-.

Como había quedado con Rb que la iba a conducir a su iglesia, quería estar de regreso a las nueve cuarenta y cinco; entonces había puesto una alarma en el celular para las nueve y veinte; cuando sonó dejé que continuara, hasta que mi amiga me preguntó si la alarma era para irme.

Le indiqué que efectivamente debía retirarme y la acompañé hasta donde había dejado estacionado su auto -ámbos tuvimos que pasar a la caja para el sello correspondiente del tiquet del parqueo-; nos despedimos y conduje -sin ningún embotellamiento- a casa.

Llegué a casa un poco después de las nueve y media; Rb aún estaba haciéndose cargo de algunas tareas de sus perros; un poco antes de las diez y media abordamos la van y la conduje a su iglesia -encontramos un pequeño embotellamiento en el boulevard pues una iglesia estaba cubriendo la mitad de la vía, ofreciendo oración a los automovilistas-.

Después de retornar de la iglesia estuve leyendo un poco de los dos libros que llevaba a medias; también hice algunas lecciones de Duolingo; un poco después de las doce Rb me llamó para que fuera por ella.

Cuando venimos sacamos a caminar a los perros; después preparamos las alitas dominicales; en lugar de las ensaladas de constumbre calentamos un poco de caldo de pollo que nos había sobrado de la semana; el resto de la tarde esperaba pasarlo leyendo en mi habitación.

Pero, se me ocurrió que podía obtener el certificado CAPM, que es un nivel bastante básico de Administración de Proyectos; incluso contacté a la persona que me refirió para el trabajo extra del año pasado -y a quién ayudé a obtener el certificado como Product Owner-.

Le pregunté si el CAPM era lo que estaba buscando actualmente -desde el año pasado, realmente-, y me comentó que no, que el certificado que le interesaba era el más avanzado: PMP; me parece que deben acreditarse varios cientos de horas en el tema.

De todos modos bajé un libro con preguntas similares al exámen y estuve trabajando casi toda la tarde en formatear las más de trescientas preguntas para poderlas utilizar en la aplicación de aprendizaje espaciado que publiqué hace un par de años.

Al final de la tarde le ayudé a Rb con la preparación de las piernas de pollo doradas que planeábamos almorzar durante la semana; después preparé las gelatinas para mis desayunos; un poco más tarde coloqué el pollo dorado en recipientes herméticos y, estos, dentro de la refrigeradora.

El lunes me levanté a meditar a las siete y media; después entré a la reunión del equipo; en general la semana laboral empezó rara: desde la semana anterior nos habían asignado tareas en un ambiente completamente diferente -y bastante precario, la verdad- en donde se había instalado una versión de la app que hemos probado desde el último año.

Pero yo casi no hice nada -justo ese día el analista más brillante envió un correo detallando las asignaciones de los cuatro miembros del equipo-; en lugar de avanzar estuve terminando de ajustar el archivo para estudiar para el certificado CAPM; finalmente lo pude adaptar.

La semana anterior había contactado a la compañera del gran país vecino del sur para preguntar sobre certificados en los que estuviera trabajando -es un tema en el que he meditado varias veces durante los últimos meses/años-; y no, no estaba obteniendo nada, nomás me pidió que le enviar el resto de videos que utilicé cuando obtuve el de PO.

Y el lunes por la tarde bajé el material -es un curso bastante antiguo de Udemy-; bastante pesado, eso sí: cuatro gigabytes y medio; de hecho me tocó que borrar algunos archivos grandes de mi máquina personal.

Al final del horario laboral nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección Norte; pero -como otras veces durante las últimas semanas- no teníamos nada que comprar; nomás caminamos hasta la altura del más alejado y luego retornamos a casa.

El marte empezamos a tener una reunión extra durante la mañana: ahora, después de la reunión diaria con el equipo -en la que, realmente casi no participamos- debemos entrar a otra con la persona que lidera las pruebas en el ambiente al que nos asignaron.

La persona encargada es -me parece- de ascendencia del subcontinente asiático; pero también asignaron a otra persona -del Imperio del Norte-; y este último estuvo un poco más incisivo en la revisión de los avances.

Con lo que, a partir del martes por la mañana, estuve trabajando más tiempo del acostumbrado en las asignaciones laborales; después de la reunión le pedí al analista que vive en la ciudad donde vive mi familia paterna que me explicara algunos detalles de un área de trabajo en la que él tenía más experiencia.

Y estuve tan ocupado que no avancé -casi nada- en la lectura de los nuevos libros en inglés y español; ni en la revisión del material para el certificado CAPM; igual, salí de mi habitación casi a las once de la mañana -desayuné bastante tarde-.

Almorzamos la segunda porción de pollo -acompañado de un cocido de acelga, tomate y huevo que Rb preparó el día anterior-; después del horario laboral nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur.

Yo quería comprar medio litro de leche pues había estado viendo algunos videos, en Facebook, que mostraban como preparar -en sartén- un pan -o pastel- con huevos, avena, leche y zanahoria.

Caminamos hasta el supermercado más lejano y allí compré medio litro de algo que se promociona como leche pero, en letra más pequeña, dice: leche entera reconstituida y ultrapasteurizada; cuando estudiaba en la facultad era parte esencial de mi alimentación.

En el otro supermercado compramos un poco de bananos y luego caminamos de vuelta a casa; por la noche estuve viendo la parte final de una película de acción que había empezado la noche anterior: Shelter.

El miércoles seguí trabajando más que de costumbre -que los últimos tiempos, al menos-; la reunión de equipo no estuvo muy tardada y luego entré a la de las nuevas asignaciones; el compañero que menos bien me cae no había entrado a las dos anteriores pero en esta presentó un poco de avance; yo comenté lo que había hecho el día anterior.

Después de la reunión volví a llamar al mismo analista que el día anterior y le pedí apoyo para completar otra tarea: tenía que interactuar con un equipo que se encuentra en un laboratorio en el Imperio y cuya estabilidad deja mucho que desear.

Volví a salir de mi habitación después de las once y a esa hora me preparé el desayuno; después continué trabajando en mis asignaciones; al mediodía, después de sacar a caminar a los perros, consumimos la tercera porción de pollo y un poco de acelga.

Por la tarde bajé un poco el ritmo de trabajo -aunque, de las ocho asignaciones nomás una me quedó pendiente-; como Rb tenía que entrar a su clase de teología a las seis y media iniciamos nuestra caminata hacia los supermercados a las cinco menos cuarto.

Caminamos hasta el supermercado más alejado; yo esperaba que compráramos un cartón de huevos en el lugar -los precios son más convenientes- pero Rb nomás compró cinco bolsas de alimentos para gato -la donación que se ha propuesto realizar mensualmente a los vecinos que adoptaron el gato (feral) que estuvo alimentando ella durante un tiempo-.

En el otro supermercado compramos un cartón de huevos y un poco de banano; después de pagar por las compras retornamos a casa; en donde preparé el pan/pastel que había estado previendo desde el fin de semana.

Utilicé una de las batidoras de Rb: batí la clara del huevo a punto de nieve; luego le agregué la yema, con media taza de leche -almacené las otras tres medias tazas en el freezer, para futuras preparaciones-, media cucharada de canela en polvo y una cucharada de miel.

Batí todo eso y, luego, le agregué una taza de avena; para finalizar agregué doscientos quince gramos de zanahoria rallada -la había preparado con la parte más fina del rallador y la había dejado reservada antes de iniciar-, media cucharadita de bicarbonato de sodio y media cucharada de vinagre de vinagre de manzana.

Esto lo batí un poco y luego lo cociné -diez minutos de un lado y cinco del otro- en una sarté que había cubierto con aceite; después del tiempo de cocimiento saqué la torta a un plato de cerámica para que se enfriara.

A las seis y media Rb entró a su clase de teología y yo me puse en mi computadora personal la segunda parte del último episodio de la segunda temporada de FallOut -el día anterior había visto la primera parte-.

Después estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo -en Ajedrez me había mantenido un par de días con un ELO superior a mil seiscientos, pero volví a bajar a mil quinientos cincuenta-, además avancé un poco en el libro en inglés que empecé a sugerencia de mi hija mayor.

La clase de Rb terminó casi a las ocho y media; un poco antes de esa hora había tomado una ducha -cubriéndome el cabello para evitar la humedad al dormir-, después dividí el pastel en ocho porciones, los puse en un hermético y lo guardé en la refrigeradora. 

El jueves me desperté bastante temprano; al parecer estuve teniendo sueños bastante lúcidos -y concernientes al trabajo-: algo de que estaba en entrevistas de trabajo -no estoy seguro si como entrevistador o entrevistado-.

Me levanté a meditar y entré a la reunión de las ocho de la mañana; mientras ocurría la reunión hice un par de lecciones de Duolingo -de hecho discutieron uno de los reportes que había enviado el día anterior, pero no me percaté-.

Después de la reunión me quedé en la cama, esperando la siguiente: a las nueve y media entré a la reunión con los otros tres analistas locales, y tres en el Imperio del Norte; el líder; al ser cuestionado sobre avances compartí mi pantalla y mostré lo que había reportado el día anterior.

Estaba a mitad de la reunión -y presentación- cuando Rb entró a la habitación a despedirse: salí en su visita semanal al supermercado en el centro histórico; me levanté un poco después y terminé la reunión en la mesa del comedor.

Después -ya eran las diez, me parece- me preparé el desayuno; me había quedado la duda del pan hecho el día anterior por lo que me serví una mitad de una porción -después consumí la otra mitad-; y no quedó tan mal: un poco gomoso (no sé si por haber batido la clara de huevo en solitario) y no tan dulce como esperaba.

Decidí que para la siguiente semana trataría de batir todos los líquidos a la vez, un poco más de canela y el doble de miel -quizá también un poco más de bicarbonato+vinabre-; de todos modos me agradó el experimento.

Estuve el resto de la mañana trabajando en la mesa del comedor, probando la última de las asignaciones de la tarea que debía terminarse antes -o en- del viernes; también entré a la reunión bimensual que el jefe de mi supervisor convoca; lo cual fue un relajo porque nadie entró durante los primeros diez minutos.

Después de ese tiempo nos despedimos; pero unos minutos más tarde el jefe de mi supervisor inició la reunión y pidió que nos uniéramos; en la misma nos confirmó que después de la asignación actual esperaba que avanzáramos en un proyecto de automatización.

Rb retornó después del mediodía; casi a la hora en la que teníamos que sacar a caminar a sus perros; cuando entramos puse a calentar la última porción de pollo dorado y la penúltima -para mí- porción de acelgas; lo acomopañamos con fresco de rosa de Jamaica.

Por la tarde ya no avancé más en cuestiones laborales; estuve leyendo un poco del libro en inglés -aún no he decidido cómo hacer para terminar ambos al mismo tiempo-; después del horario laboral caminamos en dirección a los supermercados en dirección norte.

Después de la conversación con mi hija unas noches antes había decidido comprar un inflador de llantas de bicicleta en la tienda verde de descuentos; caminamos hasta el lugar y, al intentar pagar, encontramos una larga fila -quizá treinta personas-; nos dijimos que seguro muchos andan comprando regalos del día de San Valentín, por lo que dejamos la compra para otro día.

Pasamos luego al otro supermercado porque Rb también quería comprar una botella de cloro, pero que tuviera aspersor; no encontramos en ninguno de los dos lugares; después empezamos el camino de vuelta; pasamos a la panadería del camino, pero cuando ya había ordenado me dí cuenta que solo llevaba billetes de la más alta denominación.

Por lo que, para no afectar, el dinero suelto de la dependienta, nos disculpamos y nomás continuamos con la caminata; cuando entramos a casa me metí directamente a mi habitación, tomé unas monedas y salí a comprar el pan a la panadería de la vuelta.

Por la noche estuve en la habitación de Rb: ella había estado trabajando en una presentación para su clase de teología y yo avancé un poco en el libro en inglés -después de haber hecho las lecciones de Duolingo: volví a bajar a mil quinientos de ELO-; también le revisé la presentación cuando la concluyó.

Y a ver cómo sigue eso.