No recuerdo -me pasa muy frecuentemente- en dónde encontré el título de este libro en español; me imagino que estaba leyendo algún artículo y me apareció como una sugerencia -o algo similar-; pero lo bajé a la tablet y lo puse entre mis pendientes.
Y como aún no me decido a la forma en la que leeré este año -y ya pasamos de la mitad del segundo mes!- empecé a leerlo al mismo tiempo que Fight Club; o sea, el tema me llamó la atención: un escritor que pasó un par de semanas en un psiquiátrico por un brote psicótico -aunque en los artículos decía 'locura'-.
Y fue eso: un brote psicótico; pero como cuando hay una embarazo sorpresa; o sea, si una pareja estaba teniendo relaciones sin protección, ¿qué esperaban? ¿una refrigeradora?; el tipo este -alrededor de los cuarenta, me parece- pasó mucho tiempo consumiendo asiduamente alcohol y marihuana -y de vez en cuando la mitad de un éxtasis-.
El libro me pareció -lo terminé esta semana- en general algo flojo; es como, salí a pasear y ví muchas cosas; pero creo que tiene algunos aspectos a conservar: como el cuestionamiento de la normalidad; y de la mejoría en -casi- cualquier situación.
También soy un Top Performer.
El miércoles me levanté a las siete y media; no me quería levantar porque dormí, con trabajo unas cinco horas; pero realicé mi meditación matutina; aunque la sentí más corta que en otras ocasiones.
Como estaba solo en casa salí a atender la primera llamada del día en la mesa del comedor; la cual se extendió mucho más de la cuenta; lo que aproveché para realizar algunas lecciones de Duolingo -están por bajarme de Liga- y completar las de Rb.
Después esperé la de las nueve y media; aunque noté que justo a la misma hora tenía la reunión que mi supervisora local realiza cada dos semanas con cada uno de sus liderados; entonces le escribí a la analista de la primera reunión, disculpándome por no poder entrar.
La reunión con mi supervisora estuvo bastante normalita; con la salvedad de que me comunicó que estoy en el grupo de los Top Performers -o sea, clasificó a un grupo de cinco en esta categoría, de un total de quince-; lo interesante es que, me comentó que, está gestionando un aumento de sueldo.
Y es algo que la mayor parte de empleados busca, creo; yo no lo hago, y usualmente me cuesta comprender a las personas que, ante cualquier eventualidad -de este tipo o similar- van buscando el crecimiento económico.
Entonces, se supone que conversó con su jefa -la directora de la sección- y ella le dió ciertas indicaciones para que el trámite tenga un buen resultado; o sea, tampoco soy tan estóico (?) -o cínico (?)- como para que no me emocione la posibilidad de recibir un poco más de dinero.
Después de la reunión con mi supervisora entré -seguía en curso- a la otra -en la que he estado trabajando durante un par de semanas-; pero no escuché muchas novedades; después me preparé el desayuno.
Durante la mañana se me ocurrió que podía contactar a la compañerita que me ayudó el año antepasado a realizar el evento de ciberseguridad -y que se había ido con una beca a la madre patria casi seis meses atrás-; y al principio no me contestó.
A las doce y media saqué a caminar a los perros de Rb; la perra más pesada -por alguna razón- está resintiendo esta actividad últimamente: la he estado jalando tanto que las costuras del arnés han empezado a romperse.
Cuando entré de la caminata ví que la compañerita me había respondido -durante la caminata había pensado que, de no recibir respuesta por la app de mensajes, le escribiría un correo más tarde, o intentaría contactarla de alguna otra forma-.
Y la sorpresa es que no está en la península Ibérica: no le pareció el contenido del programa al cual se había ido becada y decidió regresarse al país; casualmente le acababan de informar que la plaza a la que estaba aplicando -acá hay un período de seis meses antes de volver a aplicar- posiblemente sería cerrada.
Conversamos un poco y quedamos de mantenernos en contacto; también aproveché para enviarle un mensaje -contacto por LinkedIn, realmente- a otra compañera con la que trabajé varios años atrás y que luego se fue becada al -y se estableció en- segundo país más grande del mundo -pero no tan poblado, pues la mayoría es hielo-.
Después recalenté la tercera porción de pollo con crema de almendras, arroz, el resto de frijoles volteados; y una ensalada bastante buena -aunque tuve que usar las dos mini zanahorias restantes de mi compra del día anterior-.
La tarde transcurrió sin mayores novedades -aún terminando el libro en español- y, a las cinco de la tarde, me dirigí a los supermercados en dirección sur; aunque primero pasé por la tienda de las verduras pues necesitaba una zanahoria.
En el lugar -en la acera- tenían un saco lleno de zanahorias, pero se veía que tenían puntos oscuros; de todos modos compré una -a unos doce centavos de dólar-; entonces caminé en dirección a los supermercados; pero no entré a ninguno, caminé una distancia más extensa que la usual -quizá la mitad más-.
Retorné a casa luego de un poco más de una hora; y me puse a preparar el 'pastel' de hojuelas de avena y zanahoria rallada que había estado tratando de mejorar desde la semana anterior.
Rb me estuvo escribiendo, comentándome que retornaba desde la casa de su hermana utilizando el Transmetro -se tardó casi dos horas y media-; y al final vino aún a tiempo para realizar la presentación en su clase de teología.
La meditación de la mañana del día jueves fue interrumpida por Rb: había estado escuchando música cristiana desde que me desperté pero no creí que alteraría mi rutina; pero sí, cinco minutos o así luego de empezar Rb abrió la puerta.
Se disculpó y le indiqué que no tenía importancia; y el ingreso era para comentarme que había decidido que se iría a la casa de su hermana el sábado por la tarde, para participar en un servicio religioso que realizarían el domingo por la mañana.
Le indiqué que no veía ningún impedimento para su plan -o sea, preveía una reunión de siete y media a una y media el sábado (con un grupo de voluntarios); y una reunión el domingo de diez a una, con mi hija mediana-; luego reinicié el timer del celular y completé el ciclo.
Por la mañana Rb acudió a la tienda de las verduras para proveerse de los ingredientes para los almuerzos de la siguiente semana -la parte del asado que había estado en el freezer por un par de meses-.
Después del desayuno nos dirigimos al mercado del centro histórico (era mi segundo jueves de vacaciones obligatorio); el tránsito estaba un poco pesado y tomó un buen tiempo salir del boulevard; y el mercado estaba bastante vacío pues habían programado una fumigación municipal.
De todos modos Rb pudo comprar un poco de frutas en el mismo; luego de lo cual caminamos hasta una tienda que vende ingredientes alimenticios a granel; Rb compró algunas harinas -yo iba a comprar un químico similar a la stevia, pero venden nomás por libra-.
Después de esta tienda retornamos caminando a la estación del transmetro, en donde tomamos una unidad para retornar a la estación de los busitos; pero esa unidad tuvo un incidente con un pickup -creo que pasaron rozándose- y nos tocó transbordar a otra -que iba más llena-.
En esta ocasión no teníamos que comprar nada en el supermercado del comercial donde tomamos el busito, por lo que nomás caminamos a abordar la unidad que estaba llenando; despues de regresar a casa sacamos a caminar a los perros; luego consumimos la última porción del pollo con crema de almendras.
Un poco después de las cuatro nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección Norte; esperábamos comprar bananos en el más alejado pues habíamos consumido el último ese día; pero los que encontramos estaban verdes.
Yo aproveché para comprar otras seis cajitas de gelatinas sin calorías; y luego caminamos hasta el supermercado más cercano en dirección sur -en el camino pasé comprando un poco de pan para mis desayunos-.
En el segundo supermercado compramos un par de pencas de bananos ya maduros; además compré un poco de salami y jamón -aún tenía en el freezer una buena cantidad de peperoni- para los desayunos de los días viernes y sábado.
Cuando retornamos a casa me puse a separar los tres tipos de embutidos en veinticuatro porciones -aproximadamente diecisiete o dieciocho gramos por grupo-; después Rb me había pedido que partiera la papaya del día, pero le indiqué que procedería a realizar la limpieza semanal.
Completé la tarea en un poco más de media hora; en el ínterin Rb se hizo cargo de la papaya; después estuve leyendo un poco de un libro de ciencia ficción de la misma autora del libro -que leí el año pasado- sobre la vida de Marie Curie -y su esposo-.
El viernes me levanté a las siete y media, jalé la computadora a la cama y entré a la reunión de las ocho; en la que se examinaron algunas tareas que afectaban a nuestro equipo local; después me quedé en cama haciendo Duolingo.
Y es que, casi toda la semana, mi posición en la liga semanal había estado por debajo del límite de nivel (a punto de bajar a la liga Diamante); entonces me puse a hacer varias lecciones en el modo en que más puntos se obtienen.
Estaba esperando la reunión de las nueve y media pero, un poco antes de la hora, la analista que lidera la misma envió una notificación para cancelarla; de todos modos me esperé un poco en la cama antes de salir de la habitación.
Lo que hice a las diez de la mañana; salí, me preparé el desayuno y lo acompañé con una porción del pastel que preparé el miércoles -he dividido el mismo en ocho porciones-; después ví que las modificaciones en el ambiente actual habían sido realizadas, pero ví ocupada la máquina que ocupo usualmente.
Un poco antes del mediodía Rb se dirigió a la tienda de la esquina a comprar una zanahoria, para la ensalada del almuerzo; también salimos a recibir el sol durante veinte minutos, un poco después de las once de la mañana.
Al mediodía consumimos el último de los pescados que teníamos en el freezer; acompañado de una buena ensalada; un poco después del almuerzo me metí a la cocina a lavar todos los trastes, y a preparar un té de menta para mí y uno de manzanilla para Rb.
Al finalizar el horario laboral nos dirigimos, caminando, a los supermercados en dirección sur; caminamos un par de cuadras adicionales a la caminata habitual; luego pasamos al supermercado más cercano a casa.
Allí compré un litro y medio de jugo de naranja -el plan era comprar de mango pues la semana anterior había visto que una buena marca de jugos tenía cuatro opciones: horchata, naranja, mandarina y mango; y mi hija mediana había elegido el último cuando la consulté-.
Lastimosamente el de mango se había agotado -creo que es el mejor sabor y, además, estaba en oferta-; también compramos un poco más de bananos y un poco de escarola morada, para las ensaladas de los días por venir.
Cuando retornamos a casa, al principio de la noche, ví que mi hermana menor me había escrito por Whatsapp; casi no nos comunicamos -igual las últimas ocasiones en que me había hablado había sido para pedirme dinero y/o que ayudara a su hijo a atravesar la ciudad-.
Me parece que teníamos más de un año de no hablar; pero me escribió para contarme que -por fin- había obtenido una plaza en el estado: luego de más de veinte años de dar clases de inglés en colegios privados, había completado los trámites para que le asignaran una posición presupuestada en el estado.
Le pregunté si podía llamara y tuvimos una videollamada de casi cuarenta minutos; me comentó que su hijo -único, y lo crió como madre soltera- acababa de independizarse -fue a alquilar una habitación, cuando encontró trabajo- y que aún no se acostumbraba a su ausencia.
Pero la cosa no es tan sencilla: habían estado teniendo conflictos porque el joven -luego de graduarse del nivel medio- no quiso seguir estudiando en la universidad, y tampoco trabajaba; su vida consistía en dedicarse a practicar basquetbol.
El sábado me levanté a la seis de la mañana; como debía participar en una reunión con el grupo voluntario con el que me involucré este año, y quería salir de casa antes de las siete y media, había decidido empezar mi rutina media hora antes de lo habitual.
Medité veintitrés minutos, me dí una ducha y luego me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; muchas, estuve en eso más de media hora; después me alisté, entré a la habitación de Rb a despedirme y tomé la van.
El camino estaba bastante despejado por lo que llegué a mi destino en alrededor de media hora -originalmente había estimado una hora de camino-; no sabía cómo iba a estar la cuestión del parqueo -el lugar es una 'universidad' dentro de una mega iglesia-.
Pero el acceso era -por alguna razón- libre; me estacioné y entré al recinto -había pedido indicaciones -al guardia- para encontrar el auditorio en el que sería el evento-; caminé por varios pasillos y subí al segundo nivel.
Por supuesto que el lugar estaba vacío -llegué con más de una hora de anticipación- pero -afortunadamente- había llevado varios cubos de Rubik, por lo que me puse a resolver el de seis por seis -en la siguiente media hora llegaron tres o cuatro personas más-.
Se suponía que la convocatoria era para setenta y seis personas -como a la mitad de la espera alguien entró a tomar una fotografía del lugar (yo salgo en el centro, con el cubo), la que reenvié a Rb- pero creo que apenas pasamos de cincuenta.
El evento estuvo bastante desorganizado: había una agenda pero no ví que se cumplieran todos los puntos, ni que llevaran algún orden lógico; en mi mesa la organizadora instaló a los estudiantes universitarios que estaré supervisando durante el evento del próximo mes.
En total son seis o siete estudiantes de una de las mejores -y más caras- universidades del país; uno de ellos es -de hecho- descendiente de una de las diez o doce familias que controlan la mayor parte de los medios de producción locales -fincas, fábricas, constructoras y así-.
La mayor parte son bien jóvenes -entre veinte y veintidós años- aunque había una persona bastante mayor -no se acercaba ni de chiste a mi edad, pero sí era mayor que los otros integrantes- y resulta que participó varios años como concursante y ha actuado varios años como voluntario.
A él estuvimos preguntándole cuestiones básicas; porque a pesar de que era la tercera reunión de equipo -la primera fue virtual- aún no tenía -ni tengo- completamente claro qué es lo que tengo que hacer en el evento principal en donde muchos equipos presentarán soluciones que han estado trabajando durante varios meses.
El evento tuvo una duración de cinco horas -de ocho y media a una y media-; como a media mañana tuvimos un coffee break -aunque el heredero y yo habíamos acudido antes a la mesa para proveernos de café- y, en general, estuvo aceptable: ayudados por el voluntario con experiencia procedimos a simular el área que será utilizada en la sección en la que trabajaremos en el futuro.
Y eso fue, creo, lo más remarcable del evento: la visualización de las dimensiones en las cuales localizaremos a los equipos participantes, y las áreas de audiencia y calificadores; un poco antes de la una llevaron el almuerzo: pirujos con ensalada de pollo, snacks, coca cola y un cocktel de frutas.
Yo traté de expandir mi apreciación del evento preguntando sobre más pormenores al voluntario que nos había estado explicando generalidades; y un poco antes de la una y media me despedí de la organizadora -y su esposo- e inicié el camino de vuelta a casa.
El tránsito estaba -ahora sí- bastante pesado; nomás para salir de la zona de la ciudad en la que estaba me tardé más que todo el trayecto por la mañana; al final vine un poco después de las dos y media; Rb estaba justo cerrando la puerta de la casa -iba hacia la casa de su hermana-.
Yo había supuesto que ya no la iba a ver -se suponía que iba a salir un poco después de la una- y venía super acalorado; me pidió que la acompañara a la parada de buses y al inicio me negué -venía ofuscado, por el tránsito y el calor-; pero luego acepté y salimos a esperar el bus al boulevard.
No tardó mucho en pasar la siguiente unidad, nos despedimos, Rb la abordó y yo retorné a casa; saqué a caminar a la perra más pesada -se le había hecho muy trabajoso realizarlo a Rb- y después alimenté a los tres.
Ya no comí nada en el resto del día -aún estoy tratando de mantener un ayuno intermitente 19/5 o 20/4-, nomás me preparé un té de menta a mitad de la tarde -se supone que no rompe el ayuno-.
A las cuatro de la tarde me dirigí caminando a los supermercados en dirección Norte; quería ver si en el más aleado tenían jugo de mango -era el sabor que mi hija mediana había elegido para el desayuno del día siguiente y no había encontrado en donde lo había visto originalmente-.
También quería comprar un tomate para preparar los panes que planeaba llevar; pero, principalmente, mi caminata era para encontrar una peluquería en donde deshacerme del cabello que había dejado crecer por más de seis meses.
La verdad es que no me gusta usar el cabello largo: por mi complexión y color las personas se forman una impresión negativa de mi persona cuando uso el cabello largo -y especialmente despeinado-; había intentado cortarme el cabello el mes anterior pero encontré que había muchas personas esperando en la peluquería frente a la casa del voluntario que visito una vez al mes.
Pasé viendo la peluquería de la vuelta -en donde me quité el cabello hace tres años (luego de no cortármelo por más de dos)- pero había varias personas; pasé viendo otras en el camino -incluso una en donde el precio estaba bastante cómodo tenía dos personas esperando).
Finalmente encontré una peluquería vacía casi llegando al final de mi caminata; pregunté sobre el precio y era el mismo del de la vuelta -unos cinco dólares-; le pedí al peluquero que me lo cortara parejo con la guía número dos -lo he pedido así desde hace casi veinte años-.
Después del corte de cabello continué caminando hasta el supermercado; lastimosamente no encontré jugo de mango; por lo que nomás compré un tomate de buen tamaño, pasé a la caja a cancelarlo y luego retorné, sin ningún imprevisto, a casa.
Por la noche ví la mitad de una película que filmaron el año anterior en un pueblo vecino de la ciudad del Imperio del Norte en la que viví durante un par de años; un poco antes de las nueve les dí de comer a los perros; estuve leyendo un poco del libro en español que acababa de empezar y, a las once saqué al patio, por última vez en el día, a los perros.
Debía levantarme a las tres de la mañana a proporcionarle pollo cocido a la perra más anciana de Rb -es mi parte menos favorita de quedarme cuidando a los perros- y me costó conciliar el sueño; además, la perra se puso a ladrar un poco después de medianoche.
Pero logré conciliar el sueño hasta que la alarma sonó a las tres; me levanté a darle el plato con pollo -y la pastilla que le toca a esa hora-, la saqué al patio trasero y, cuando rascó la puerta, luego de que entrara, volví a la cama.
Me levanté luego a las siete y media; medité veintitrés minutos -olvidé que me tocaba aumentar en uno el número de minutos que medito- y luego me metí a la ducha; después hice algunas lecciones de Duolingo -afortunadamente me alejé del fondo de la liga por tres posiciones-.
A las ocho y media empecé a preparar el desayuno que llevaría para la reunión con mi hija mediana; después le dí de comer a los perros y luego empaqué: los panes preparados, el jugo de naranja, snacks, y un par de bananos; todo en la mochila con aislante térmico.
Un poco después de las nueve saqué las dos mochilas -llevaba el Scrabble en la mochila negra-, encendí la van e inicié la conducción hasta el lugar donde habitan mis hijos; no había casi nada de tránsito por lo que llegué con veinte minutos de anticipación.
Me instalé en la habitación de la sala, le envié un mensaje a mi hija mediana, y me dispuse a esperar las diez de la mañana; justo un minuto antes de esa hora mi hija entró a la habitación, nos saludamos y le propuse caminar al parque temático.
Hicimos la mayor parte del recorrido en silencio -me cuesta bastante comunicarme con mi hija-- y, en el parque temático, nos dirigimos directamente al área social techada; afortunadamente estaba bastante vacía y nos instalamos en el lugar para desayunar.
Después estuvimos avanzando -muy lentamente- en la resolución del cubo de seis por seis; aunque al final me pidió que nos movieramos del lugar pues los pavorreales que se mantienen entre las mesas emiten un canto bastante desagradable.
Caminamos hasta otra área bajo árboles y allí revisamos otra parte de la solución del cubo; luego le propuse que nos subiéramos a la rueda de Chicago; había un poco de cola pero no nos tocó esperar mucho; aunque tuvimos que compartir la unidad con una pareja de ancianos.
Después del juego mecánico retornamos caminando a casa; llegamos un poco después de las doce y media y, como habíamos acordado despedirnos a la una de la tarde, le propuse que revisáramos el algoritmo para resolver los doce extremos del cubo.
Estuvimos practicando -muy lentamente- hasta la una; a esa hora mi hija me indicó que debía de empezar a prepararse para su jornada laboral; nos despedimos y bajé al sótano a abordar la van; y empezar el retorno a casa.
El cual, al igual que el día anterior, estuvo algo tardado; la primera parte del viaje no tuvo muchas dificultades; pero el ingreso al municipio estaba bastante lento; al final ví pasar una ambulancia ya que, al parecer, había habido un percance justo en el paso a desnivel al final de la cuesta que da ingreso al municipio.
De todos modos llegué a casa antes de las dos; entré a cambiarme de tenis y saqué a caminar a los dos perros más grandes; después saqué a la más anciana al patio frontal; luego de recoger los desechos de los perros entré a cambiarme de ropa -desvestirme realmente-, lavarme las manos, y procedí a prepararme el almuerzo.
Antes de salir por la mañana había bajado del freezer un pequeño trozo de hashbrown de papa y pollo que habíamos tenido almacenado varios meses; lo corté en trozos y lo puse en un sartén pequeño en la estufa; luego troceé un par de rodajas del queso que me había regalado la hermana de Rb y lo cociné varios minutos.
Por aparte piqué un poco de lechuga que había ya desinfectado, saqué las dos tortillas de maíz y dos tortillas de harina que aún tenía en el freezer -las de harina habían empezado a desprenderse-.
Y eso fue mi almuerzo: cuatro tortillas con la mezcla de hashbrown y queso, lechuga y un cuarto de huevo duro -había endurado un huevo en lo que recalentaba el hashbrown-; a mitad del almuerzo me recordé que Rb había dejado un poco de caldo de hígados de pollo.
Lo recalenté y complementé mi almuerzo -Rb me había dejado, también, un poco de fresco de rosa de jamaica; lo que consumí con un poco de Coca Cola que me había sobrado del almuerzo del día anterior-.
Después de terminar el almuerzo le preparé el almuerzo a los perros; luego de servirselos me preparé una taza de café; la que consumí con un par de pan tostado, la mitad de una galleta que había reservado un par de días antes, y un par de porciones de pastel de avena y zanahoria.
Rb me escribió un poco después de las dos comentándome el avance en su retorno a casa; tomó el transmetro a pocas cuadras de la casa de su hermana; transbordó en el centro, pero luego tuvo que esperar un tiempo pues se encontraron con un accidente en la ruta.
Finalmente vino a casa un poco después de las cuatro de la tarde; justo cuando estaba por entrar me dí cuenta que la perra más anciana estaba vomitando -ya está bastante grande y es bastante común que la comida la incomode-; entonces saqué a los perros al patio.
Al final de la tarde Rb se puso a preparar el chirmol de tomate para el asado que habíamos planeado recalentar en los cuatro almuerzos del inicio de la semana; y yo puse a hervir ocho papas -se me olvidó partirlas por la mitad, por lo que tuve que apagar el fuego, sacarlas, seccionarlas y volverlas a meter al agua hirviendo-.
Por la noche ví la segunda mitad de la película que había iniciado a ver el día anterior; además, completé algunas lecciones más de Duolingo (finalmente terminé en la séptima posición, luego de gastar muchos XPs) y preparé una gelatina de cereza -ahora estoy consumiendo light-.
Y a ver cómo sigue eso...