domingo, 12 de abril de 2026

Las piedras que ruedan… The rolling stones… Les pierres qui roulent…

Esta semana estuve pensando en las piedras en el camino -por las rancheras y, quizá, alguna otra referencia mejicana-; pero también en los rolling stones; o las piedras rodantes; una canción de Eminem va algo así como: "Daddy was a rolling stone"...

"Una piedra en el camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar" dice una canción de Vicente Fernández -o al menos era a quien se escuchaba por la radio, hace casi medio siglo-; y no tengo mucho conocimiento de la cultura francesa, pero -imagino que- debe haber algún dicho similar.

Y lo que generó -creo- esta línea de pensamientos fue la última dolencia -diagnosticada- de Rb: luego de una consulta médica de seguimiento decidió -creo- hacerse un ultrasonido completo; y resulta que le detectaron cálculos en los riñones y en la vesícula.

Terrible.

El lunes me levanté a las seis y media, medité y luego entré a la reunión de las siete de la mañana; la cual estuvo algo corta porque la compañera de mi supervisor no se hizo presente -tenía una reunión con un representante de nuestro cliente-.

Después de la reunión me quedé en la cama, literalmente dormitando; de hecho me autodesperté en un par de ocasiones por mis ronquidos; Rb entró un poco después de las ocho y me ofrecí a salir pronto -lo que no hice-; me quedé en cama hasta que empezó la reunión de las nueve.

Esta reunión también estuvo bastante corta; e iba a seguir dormitando, pero -finalmente- salí de la habitación; creo que lo que me terminó de despertar fueron una serie de mensajes con mi hijo menor.

Como a las nueve y media me envió la notificación del depósito que realiza cada mes en mi cuenta -un poco más de cien dólares por los servicios del departamento (y el mobiliario) y un poco más de esa cantidad por la deuda que adquirió conmigo hace más de un año (fueron casi tres mil dólares)-.

Le escribí -como siempre- agradeciendo que fuera un adulto responsable; y un poco después le pedí que me transfieriera los mil doscientos dólares que su empresa le había reembolsado por las acciones en las que estuve invirtiendo durante varios años.

Y resultó que no los tenía disponibles: había utilizado ese dinero en 'emergencias' -médicas, de transporte, y similares-; la verdad es que, por una parte, no me sorprendió; o sea, a pesar de que lo 'obligué' a tomar un curso de finanzas personales antes del gran préstamo, no tenía muchas esperanzas de que hubiera aprendido la lección.

Y por otra parte me decepcionó el hecho de que no podría completar los treinta mil -o así- que quería alcanzar en mi cuenta de ahorros actual, para trasladar esa cantidad a otra cuenta, en la que -supuestamente- la depreciación de la moneda es un poco menos funesta.

Esperé un poco para continuar la conversación; y como no me había 'asegurado' que todo el dinero había sido utilizado, le pedí que me transfiriera lo que aún tuviera de esa cantidad -en su mensaje original se había ofrecido a 'reponerlo' en los siguientes meses-.

Pero no recibí ninguna respuesta de eso; entonces le pedí que 'liquidara' las -pocas- acciones que aún tenía de su empresa, y que me transfieriera el dinero; o sea por las caídas en el valor de las acciones al final 'perdería' un poco con toda la operación; pero, la verdad, creo que debo evitar continuar con el 'experimento'.

Esa misma mañana recibí la transferencia de los servicios del departamento de mi hija mediana; le envié una notificación agradeciéndole por ser un adulto responsable; mi hija mayor me informó -el martes- que este mes estará bastante ajustada por no haber completado el mes de labores en su función anterior -de traductora médica se cambió a ser maestra de inglés en una academia, para tener tiempo para acudir a la facultad de medicina-.

Después de la reunión de las siete había recibido un mensaje de mi compañero más brillante: durante el fin de semana había programado una reunión para la mañana del lunes, para revisar el código en el que llevábamos varias semanas trabajando.

Pero en su mensaje me comentaba que tendría que pasar la reunión para el día siguiente pues le habían asignado una tarea bastante trabajosa para ese día; nomás le agradecí la notificación y continué en la cama. 

Al mediodía sacamos a caminar a los perros más grandes de Rb; luego calentamos la primera porción del asado que habíamos preparado el día anterior; aún teníamos un aguacate en la refrigeradora, con el que preparé un pequeño guacamol.

Estaba empezando a almorzar cuando recibí una llamada de mi supervisor en el Imperio del Norte: me agregó a una reunión con los otros tres analistas; y fue una pérdida de tiempo: nomás quería revisar algunas tareas que los otros dos analistas habían estado completando la semana anterior.

O sea, se pasó casi media hora nomás pidiendo explicaciones a ambos compañeros -los cuales tampoco entendieron mucho de qué se trataba todo-; al final terminó la reunión indicando que presentaría algunos resultados que ya tenía preparados. 

Después del almuerzo lavé los trastes del día y me preparé un café -que consumí con una porción del pastel que he estado haciendo últimamente, un cubilete sobrante del domingo y un par de galletas-; luego le preparé un té de manzanilla a Rb.

Al terminar el horario laboral nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; necesitábamos bananos, los cuales adquirimos -generalmente- en el supermercado que queda a medio camino; luego de llegar al extremo del boulevard y compramos unos pocos bananos -casi no habían en existencia y estaban bastante maduros-.

Como los pocos bananos que habíamos comprado en el supermercado no nos alcanzaban para cubrir las comidas del día siguiente, tuvimos que pasar a la tienda de la esquina; allí Rb compró otra media docena -no del mismo tipo-. 

Por la noche empecé a ver una película de acción y ciencia ficción; protagonizada por uno de los principales personajes de la serie Westworld, Vince Vaughn y una actriz mejicana; también actúa allí un actor nacido por acá.

El martes Rb entró a despedirse a las seis de la mañana: había pagado una consulta médica de seguimiento a la operación quirúrgica del noviembre anterior; después de que se fue traté de seguir durmiendo pero no pude conciliar el sueño; a las seis y media me levanté a meditar.

Después entré a la reunión de las siete;  la que estuvo más extensa que el día anterior; también me dí cuenta que la reunión con el compañero más brillante había sido movida al día siguiente; pero no le dí mucha importancia: el día anterior había tenido dificultades para entrar al servidor remoto en el que trabajamos.

Por alguna razón los accesos habían sido restringidos; aunque, finalmente, encontré la forma de acceder a los escritorios remotos, utilizando un servidor general de acceso -ya ni recordaba que teníamos esa opción-.

Entonces, al igual que el día anterior, nomás corrí varias veces el código en el que había estado trabajando las últimas semanas, nomás para comprobar que aún seguía siendo válido -la semana anterior se había realizado una actualización a la app en la que trabajamos-.

Durante la mañana estuve recibiendo mensajes de Rb sobre el avance en su cita médica; me comentó cuando había llegado a la estación del transmetro, y luego a la clínica; después me avisó cuando estaba haciendo fila para entrar con el ginecólogo y, casi al mediodía, que estaba esperando para que le realizaran un ultrasonido.

Un poco más tarde me llamó, llorando: le habían encontrado cálculos renales y en la vesícula; la verdad es que no me sorprendió lo primero: su consumo de nueces es excesivo -se ha exacerbado en los últimos años-.

Pero estaba desconsolada, lamentándose por lo que le estaba tocando vivir; traté de consolarla pero, la verdad, como que no soy muy bueno en el tema; un poco después del mediodía recibí una llamada del amigo, en el Imperio del Norte, al que he estado llamando todos los meses. 

Estuvimos conversando por más de una hora; de hecho, me tocó que usar los datos móviles del celular pues la llamada era por facebook -siempre utilizamos ese medio- y, a las doce y media, saqué a caminar a los perros más grandes de Rb.

La llamada fue bastante intrascendente: noticias de la familia de cada uno, estado general de cada uno, y así; pero me parece interesante que siga estando en un estado de indocumentado en el Imperio del Norte, luego de un año de haberse casado con alguien que es ciudadana -según él, necesita como siete mil dólares para completar el trámite-.

Y la llamada se extendió hasta la hora en la que Rb regresó -ya era casi la una-: cuando cruzó la puerta entró a abrazarme y a llorar; ni siquiera pude despedirme de mi amigo; nomás terminé la llamada; y el resto del día Rb la pasó casi igual.

Yo ya tenía en la estufa la segunda porción de asado de la semana; Rb trajo algunos aguacates y preparé un pequeño guacamol; pero Rb no tenía siquiera ánimos para almorzar; de hecho me ofrecí a guardar la comida; aunque lo único que no consumió -al final- fue una de las papas del almuerzo.

A las cuatro de la tarde salimos a caminar; esta vez hacia los supermercados en dirección norte: necesitábamos bananos y el día anterior no habíamos encontrado en el que se encuentra en dirección sur; afortunadamente en el que visitamos este día hallamos una buena cantidad.

Por la noche avancé en la película de comedia, acción y ciencia ficción que había empezado el día anterior; también avancé en los libros en inglés y francés -después de haberle cambiado el color de fondo a la app de lectura he tenido un poco más de tiempo de pantalla para avanzar en ambos-.

El miércoles  el día empezó normal: alarma a las seis y media, meditación y reunión diaria; pero el resto de la jornada estuvo algo diferente: por una parte, le escribí al compañero más brillante, para que cambiara la reunión para el viernes -el día anterior la había pasado al jueves, pero ese día yo tenía vacaciones-; luego me planteé adelantar en la revision del código.

La semana anterior mi compañero me había informado que había cambiado -otra vez- los estándares para desarrollar el proyecto en el que hemos estado trabajando -sería la tercera vez que cambia-; o sea, yo nomás he seguido sus directivas.

Entonces, el miércoles por la mañana traté de mandar al repositorio los últimos cambios que había hecho -nomás había corregido la declaración de un par de funciones-; pero, resultó que esos dos archivos ya no existían en la configuración cambiada.

Entonces grabé todos mis archivos de código en una carpeta alternativa y bajé todo el código desde el escritorio remoto; luego me pasé todo el día revisando los cambios que mi compañero había realizado: ninguno de los cuatro archivos estaba siendo ejecutado.

Al mediodía consumimos la tercera porción del asado que preparamos el domingo; después entré a la cocina a lavar los trastes del día y a prepararme un café; el cual consumí con dos mitades de galletas.

Casi al final de la jornada conseguí -por fin- que los cuatro archivos corrieran -aunque un par de ellos aún presentaban errores intermitentes-; y a las cuatro de la tarde salimos con Rb a caminar hacia los supermercados en dirección sur.

Aprovechamos para regalar la mitad del racimo de bananos que había cortado la semana anterior; una penca se la dió Rb a la vecina, otra se la regalamos a una familia con la que usualmente hemos compartido esta fruta; y las dos últimas las pasamos a dejar a la garita. 

Llegamos hasta el extremo del boulevar y luego entramos en el supermerado más alejado; yo quería ver si había leche de una marca específica en el lugar, pero no encontré; en el otro supermercado compré un par de medios litros -estaban a un 'precio especial'-.

Después de regresar a casa continué trabajando en el código; logrando mejorarlo un poco;   a las seis y media Rb entró a su clase de teología; y yo empecé a preparar mi pastel semanal (aunque me tocó que ir a la tienda de la esquina pues se me había olvidado comprar zanahoria).

La preparación del pastel me llevó un poco más de media hora y, al final, lo dividí en ocho porciones y lo puse a enfriar; mientras tanto terminé de ver la película que había empezado un par de días antes.

La clase de Rb se extendió hasta después de las ocho; yo me había movido a su cama y, después de terminar de ver la película, había continuado con el libro en inglés -sobre las elecciones- y, luego, con el libro der soft romance -en francés-.

El jueves me desperté bastante temprano: el tránsito estaba, por alguna razón, más ruidoso que de costumbre; además, había estado teniendo sueños algo raros: incluían a mi supervisora local y algo de un concurso -raro, la verdad-.

Ví la hora en el celular y apenas acababan de pasar las seis; así que nomás esperé a que sonara la alarma de las seis y media, para levantarme a meditar; después retorné a la cama para actualizar mis notas -incluyendo esta-.

Un poco antes de las nueve salí de la habitación pues tenía que desayunar antes de acompañar a Rb a su visita semanal al mercado en el centro histórico; salimos de casa casi a las nueve y media; y no esperamos mucho a que pasara el busito en el boulevard (el pasaje ha sido incrementado en un veinte por ciento debido al conflicto en Oriente Medio).

Al apearnos del busito nos dirigimos a la estación del transmetro; la cual estaba bastante vacía; con lo que, un poco después, estábamos llegando al mercado; en donde Rb compró un poco de moras y un par de mangos enormes.

Después del mercado retornamos a la estación del transmetro y, luego de dejar pasar varias unidades, abordamos una que no iba muy llena; en el comercial en donde se estacionan los busitos entramos al supermercado; allí Rb adquirió hígados y mollejas de pollo para el almuerzo de la semana siguiente.

También compró una bolsa de manzanas; yo aproveché que los mangos en ese lugar estaban bastante baratos y adquirí uno; después de pasar a la caja nos dirigimos a abordar el busito de vuelta a casa.

Sacamos a caminar a los perros grandes, y a la perra más anciana al patio frontal; después recalentamos la última porción de pollo asado; por la tarde estuve adelantando un poco en el libro en francés y el libro en inglés.

A las cuatro de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; aunque no necesitábamos nada del supermercado; caminamos nomás hasta la gasolinera más cercana en el boulevard principal.

De vuelta a casa pasamos a la panadería en la que venden el pan más barato; allí compré un poco de pan para mis desayunos del fin de semana; por la noche estuve tratando de ver una película de acción, pero no encontré una buena versión -con subtítulos-.

El viernes Rb me despertó antes de dirigirse a la consulta con el urólogo -eran las seis de la mañana-; continué dormitando hasta que sonó el celular -a las seis y media-; me levanté a meditar y luego entré a la reunión diaria.

A medias de la misma recibí un mensaje de mi compañero más brillante: me comentaba que, debido a que el supervisor en el imperio del norte no se había comunicado, estaba cancelando la reunión para dar seguimiento al proyecto en el que estamos.

Pero un poco después me volvió a escribir para indicarme que el código que había mandado no seguía el estándard que él había definido -no lo dijo en esos términos sino que me empezó a cuestionar sobre algunos archivos, pero el mensaje era ese-.

Entonces me ofrecí a trabajar en la mejora del código en el que había estado trabajando las últimas semanas; y eso me pasé haciendo el resto de la jornada; primero asegurándome de que la parte que sí cumple el estandard aún funcionara.

Rb estuvo enviándome mensajes durante la mañana, actualizándome sobre el avance en su jornada médica; al final, un poco antes del mediodía, me comentó que el urólogo le había recetado algunos medicamentos, para ver si podía evitarse la cirugía.

Ya era bien tarde cuando me escribió con el resultado final; me parece que ya había sacado a caminar a los perros grandes -y a la perra más anciana al patio frontal-; un poco antes había puesto a desinfectar lechuga y me dí cuena que no teníamos manzanas verdes.

Llamé a Rb para ver si aún estaba en el comercial en donde abordamos los busitos -había pasado a desayunar a ese lugar, luego de terminar la consulta médica-; pero me comentó que ya se encontraba esperando a que la unidad empezara su recorrido.

Entonces me dirigí a la tienda de la esquina, compré una manzana verde y una zanahoria; saqué la lechuga del agua con cloro, la remojé en agua filtrada y puse a desinfectar lo que acababa de comprar; luego preparé un par de ensaladas.

También había puesto en la estufa -luego de trocearla- una buena cantidad de pechuga de pollo que Rb había dejado en la refrigeradora; la cociné en un sartén durante cerca de media hora, condimentándola con especies italianas y agregándole -al final- un par de cucharadas de miel.

Rb vino casi a la una y media; yo estaba terminando de servir los almuerzos y le pregunté si prefería que le reservara el suyo; pero no, quiso acompañarme en la comida; después del almuerzo lavé los trastes, me preparé un café -me había quedado sin té- y lo consumí con dos mitades de galletas.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos al extremos del boulevard y luego entramos al supermercado cerca del mismo; allí compré una pechuga de pollo -para el almuerzo con mi hija el día siguiente-.

Después, en el otro supermercado, compramos un poco de bananos; y yo compré un pepino para la ensalada del día siguiente con mi hija mayor; por la noche estuve viendo el segundo capítulo de la quinta temporada de The Boys -la noche anterior había visto el primer capítulo-

Además bajé la película de acción que no había podido ver la noche anterior -encontré una versión de menos de un gigabyte-; también avancé en el libro en inglés -me quedó nomás el último capítulo- y en el libro en francés -dos ciclos más para terminarlo-.

El sábado me desperté antes de las seis; no sé si la edad ya está haciendo que me despierte más temprano; o los perros en las cercanías han estado más escandalósos que en el pasado; me quedé en la cama hasta las seis y media, que sonó la alarma del celular.

A esa hora me levanté a meditar; después retorné a la cama y me puse a completar alguans partidas de ajedrez en Duolingo; un poco después de las siete y media Rb entró a la habitación y se acostó un rato a mi lado.

Luego de que se retiró terminé la partida que había dejado a medias; después me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; un poco después de las ocho de la mañana salí de mi habitación: había previsto preparar la ensalada del almuerzo antes de desayunar. 

La ensalada -las dos- quedaron muy bien: lechuga, pepino, zanahoria y aguacate; también llené un par de bolsitas con aderezo; estuve -entre las pausas de la preparación de las ensaladas y el desayuno- trabajando un poco en los cambios que mi compañero me pidió el día anterior.

Los del día anterior no habían estado muy difíciles, pero estos se perfilaban más complicadillos y, efectivamente, no pude adelantar mucho; además, le había propuesto a Rb que fueramos al supermercado a media mañana; con lo que caminamos hasta la mitad de la ruta entre ambos supermercados en dirección sur; de allí volvimos al más cercano.

Compramos tres lechugas -cada una de diferente tipo- y luego pasamos por la tienda de las verduras: necesitábamos zanahoria y papaya; después retornamos a casa; eran casi las once de la mañana y empecé a preparar los rollitos de pollo que últimamente preparo cuando veo a mi hija mayor o a mi hijo menor.

Saqué de la refrigeradora los dos rollitos que había dejado preparados la noche anterior, batí un huevo y, luego de pasarlos por harina de papa y el huevo, los cubrí con hojuelas de avena; sellé dos lados de los rollitos -ya había calentado el aceite- y luego ordené los tratos que me llevaría al almuerzo con mi hija.

Le había puesto fuego realmente bajo a los rollitos y, luego de quince minutos, les dí la vuelta; entonces saqué a caminar a la perra más pesada de Rb -ella me acompañó con el otro perro grande-; cuando volvimos de la caminata saqué a la perra más anciana al patio frontal, saqué los rollitos del aceite y los puse en una toalla de papel absorbente -antes de meterme a la ducha-.

Salí de casa un poco después de las doce del mediodía; aún ví la ruta en Waze y me pronosticaba un viaje de veintiseis minutos -había quedado con mi hija mayor en que pasaría por su trabajo actual (en una academia de idiomas) un poco después de las doce y media-.

EL tránsito no estaba tan mal -la gasolina aún anda con el incremento del cincuenta por ciento a causa del conflicto en el Oriente Medio-; cuando iba en el periférico llamé a mi hija -por teléfono-; pero no me contestó, puse datos móviles y la llamé por whatsapp -de hecho me había enviado un mensaje disculpándose por no llegar a contestar el teléfono-.

Pero estuvo bien: me contestó por whatsapp y le comenté que estaba doblando la esquina de la calle en la que se encuentra la academia de idiomas; ella salió en el acto y nos dirigimos al departamento para dejar el automóvil en el parqueo -el parque temático cobra tres dólares de parqueo-.

Además, mi hija andaba con una vestimenta bastante formal, por lo que era mejor -para ambos- pasar por el departamento; después de que mi hija se cambió a algo más cómodo nos dirigimos caminando al parque temático.

Llegamos bastante temprano y nos encaminamos directamente al área techada de mesas -la temperatura estaba bastante elevada y fue un buen alivio estar bajo la frescura del lugar-; allí almorzamos; después armamos un par de cubos de Rubik y completamos una partida de Scrabble.

Después le ofrecí a mi hija que nos dirigiéramos a la rueda de Chicago más grande del lugar; pero antes tuve que pasar a comprar un pasaporte de doce juegos (cuatro dólares) pues nomás tenía uno en el anterior -son doce juegos por pasaporte-.

Después de comprar el pasaporte le propuse a mi hija que compráramos un par de helados de crema -tenía mucho tiempo de estar antojando esos helados-; compramos un par en el restaurante de pollo y nos acomodamos en un área con sombra.

Luego nos dirigimos a la rueda de Chicago; casi no había cola, pero, lastimósamente, justo cuando estábamos a un par de personas de abordar el juego mecánico, lo detuvieron: al parecer una de las canastillas tenía una falla mecánica y estaba provocando que la rueda parara en momentos inadecuados.

Era aún bastante temprano pero le propuse a mi hija que volviéramos al departamento: habíamos acordado despedirnos a las cinco de la tarde y quería pasar a un supermercado -o dos- en el camino para ver si podía adquirir un poco de té de menta -llevaba varias semanas sin esto-.

Afortunadamente encontramos -dos presentaciones- en el primer supermercado al que pasamos -compré como cuarenta bolsitas por cuatro dólares-; el resto del camino al departamento estuvo bastante tranquilo -el sol ya había amainado-.

Cuando entramos al departamento me instalé en la sala y le propuse a mi hija que probáramos a armar el unicornio de origami que sale en la película Blade Runner -había encontrado un tutorial unas semanas antes-.

Pero está bastante complicado: se realiza en dos partes separadas que luego se ensamblan; por lo que llegó la hora de nuestra despedida cuando aún estábamos terminando la primera mitad; como ví a mi hija alistándose le propuse pasarla dejando al supermercado al que se dirigía -al otro lado de la vía principal-.

Bajamos al parqueo y pasé dejando a mi hija -literalmente del otro lado de la calle-; luego tomé la vía alternativa para encontrar el camino cerca de la universidad por el que llego a la ruta que trae a la casa de Rb; me tocó un poco de espera antes de entrar a la primera, pero, luego, no hubo mucho tráfico.

Vine bastante temprano a casa; a encontrar a Rb completamente inmersa en la lectura -básicamente de varios LLMs- de todas las posibles causas -y soluciones- de sus dolencias actuales; la verdad creo que será una fuente de conflictos.

Y a ver cómo sigue eso. 

 

 

domingo, 5 de abril de 2026

Un heredero secreto... A secret heir... Un héritier secret...

Este es el libro en francés que empecé a leer la semana pasada -luego de que mi conocida de Camerún me lo pidiera-; y es, desde su portada, un libro de soft romance: colores pastel, letras estilizadas en el título, y así.

También es, creo, parte de una saga -en la portada aparece Dinastie Hariston encima del título del libro-; o sea, leí Check Mate, que era -básicamente- un romance -en inglés-, pero, al menos, en ese caso había bastante ajedrez de por medio.

En este no, la historia sigue a una chica -con un niño de cinco años- que empieza a trabajar como organizadora de bodas -en una oficina de eventos- y que, en su cuarta asignación, se encuentra que la pareja es su ex-mejor amiga, y su 'primer amor', que la traicionó -y que es el padre (sin saberlo) de su hijo-.

O sea, me recuerda mucho a las novelas mejicanas que han sido tan populares en nuestro medio: heroínas, villanas, galanes -abusadores generalmente- y, en este caso, el niño que ha sido criado en soledad, pero que se encuentra con su progenitor.

Al menos -creo que es parte del éxito de este tipo de libros- el lenguaje es bastante sencillo y el hilo conductor de la historia es bastante fácil de seguir; creo que luego volveré a los cuentos del pequeño Nicolás.

Y a ver cómo va eso...

El miércoles por la tarde estuvo tranquilo; o sea, el supervisor en el Imperio del Norte continuó enviando mensajes  por la app del trabajo al compañero que menos bien me cae; y no recibió ninguna respuesta; lo que le comentaba a Rb era: si cuando hay un tiempo normal cuesta que trabaje, en la antesala a un fin de semana largo (cuatro días) no hay forma de nombrarlo.

El almuerzo consistió en la tercera porción de hashbrowns (papa y pollo), aderezados con una salsa de tomate muy buena -preparada por Rb- y una gran ensalada; además del fresco de rosa de Jamaica; también me terminé -casi- lo último de la segunda coca cola que había traído de la actividad del voluntariado -dos semanas atrás-.

El resto de la tarde intenté no llamar mucho la atención; un poco después de las dos mi supervisor me escribió para que completara la asignación de la tarde; era sencillo, nomás entrar a tres sevidores remotos y verificar si se podía establecer una conexión.

Me apuré a completar la tarea y le envié una captura de pantalla comentándole que todo se veía correcto; él continuó tratando de comunicarse con el otro analista, incluso indicándole que debía terminar antes del mediodía del jueves.

Y allí intervino nuestro PM, recordándole que el jueves y viernes de la semana eran asuetos nacionales; entonces el supervisor comentó que esperaba que se pudiera completar algo del trabajo este día y que él vería luego con el equipo del norte el fin de la tarea -mi compañero siguió brillando por su ausencia (con Rb bromeamos diciendo que seguramente ya estaba en la playa)-.

Al terminar el horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard y de allí regresamos al supermercado que queda a medio camino; en donde compramos dos tipos de lechuga, además compré una botella de horchata, para el desayuno que había previsto para el sábado.

Por la noche ví un poco de la película húngara de acción que había empezado a ver la noche anterior; además leí un poco del libro en francés; aunque siento que me está costando bastante la lectura en la tablet: los ojos terminan doliéndome, después de menos de una hora de lectura.

El jueves era el primer día de asueto de semana santa (jueves santo) pero me desperté a la misma hora -seis y media- porque había previsto poner a funcionar la lavadora antes de realizar mi meditación; salí de la cama, me llevé el canasto de ropa sucia -de un mes- y puse un ciclo super largo en la lavadora.

Después medité, luego volví a la cama y me puse a hacer varias lecciones de Duolingo -más que todo, partidas de ajedrez-; a las nueve salí de la cama y me preparé el desayuno -de los jueves, aún-: habíamos previsto caminar hasta el supermercado más alejado en el boulevard principal.

Un poco después de las nueve y media salimos con Rb hacia el supermercado; en donde compré un par de plátanos, algunos tomates y un chile pimiento, para el desayuno del sábado, con mi amigo de ascendencia asiática -y miembro de una secta coercitiva-.

Rb también adquirió algunas manzanas para su consumo semanal, y compramos cilantro para el asado que preveíamos para el domingo, y una manzana verde, para la ensalada del viernes; después de pagar caminamos de vuelta a casa -son tres kilómetros de distancia-.

Al mediodía -doce y media- sacamos a caminar a los perros; luego calentamos la última porción de hashbrowns de pollo, lo que acompañamos con una gran ensalada, y un poco de refresco de rosa de Jamaica; luego me metí a lavar los trastes del día, y a prepararme un café.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb; y un poco después me metí a la ducha; había estimado salir a las tres y media para reunirme con mi ahijado profesional número uno -que adoptó la fé del Islam hace unos años-.

Pero, como ví que casi no había tránsito -consulté la página de Waze y estimaba un tiempo de viaje de dieciocho minutos hasta el restaurante en donde habíamos acordado reunirnos- me puse a jugar algunas partidas de ajedrez en la app de Duolingo.

Un poco después de las tres y media metí los cubos de Rubik a mi mochila y tomé la van para empezar el viaje hacia el restaurante;  por ser el primero de los dos días de asueto por la 'semana mayor' el tránsito era casi inexistente.

Llegué al lugar a las cuatro menos diez y le envié un mensaje a mi ahijado profesional para comentarle que ya me encontraba por allí; me respondió a los nueve minutos, disculpándose porque el autobús en el que iba había encontrado un bloqueo; por lo que me puse a armar el cubo de seis por seis.

Terminé de armarlo, luego completé -estaba a medias- el de cinco por cinco; y aún el de cuatro por cuatro -que también estaba a medias-; por último eran casi las cuatro y media, me puse a jugar un par de partidas de ajedrez en la app de Duolingo.

Estaba por la segunda -o tercera- partida cuando -finalmente- llegó mi amigo; disculpándose por el atraso y comentando que habían sido, realmente, dos: primero -al parecer- un cortejo fúnebre, luego una procesión.

No le dí mucha importancia al atraso y le propuse que ordenáramos -yo tenía ganas de consumir una cena del lugar-; y pasamos a la caja -en este lugar primero se ordena y paga, y luego la orden es llevada a la mesa-; pero aún no era hora de cenas -según el cajero empiezan a servirlas a las cinco-.

Entonces ordené mi pedido habitual: un cappuccino grande y una porción de pastel selva negra; mi amigo también pidió un cappuccino, pero preguntó por un pastel que no fuera muy dulce, le sugirieron -y ordenó- un pie que también contenía chocolate.

Nos acomodamos en una mesa y pasamos las siguientes dos horas y media entre consumo y conversación; yo tenía dos preguntas que me habían estado rondando la cabeza durante el último par de días: si la rama del Islam a la que se había adherido era la sunita o la chiíta -es la primera- y, si había adoptado un nombre musulmán -no es costubre acá-.

También conversamos sobre el estado en general de cada familia -su hija fue atropellada y está en reposo por una fractura del peroné-; yo le conté que mi hija mayor estaba estudiando medicina -y de mi preocupación por el resultado de su aventura-.

Además, me comentó que seguían los conflictos -se queja constantemente de esto- con su segunda ex esposa -con quien tiene dos hijos que están por entrar a la adolescencia-; pero es que, también, me comentó que había estado en una reunión bastante efímera con una chica de dieciocho años -él tiene cuarenta y siete-.

En fin, no digo que las personas atraigan los conflictos que desbalancean sus vidas; pero, como que hay niveles; a las seis y media Rb me llamó para indagar por dónde andaba; le comenté que aún estaba en el restaurante, con mi ahijado.

Y un poco después de las siete -los últimos buses que van al pueblo donde vive mi ahijado pasan a las ocho de la noche- empezamos a despedirnos; cuando salimos del lugar -luego de pedir que me sellaran el ticket del parqueo- le comenté que andaba conduciendo y nos despedimos en la puerta del restaurante.

El viaje de retorno a casa estuvo muy muy tranquilo; de hecho creo que ni siquiera tuve que esperar en ningún semáforo durante todo el trayecto; por la noche estuve leyendo una parte del libro en inglés -The Paradox of Choice-.

El viernes me levanté diez minutos antes de la hora de costumbre -a las seis y veinte-; había estimado que me daría tiempo para meditar y tomar una ducha antes de dirigirme al restaurante en donde usualmente invito a mis conocidos a desayunar -o a un café y pastel-.

Medité los veinticuatro minutos y luego me metí a la ducha; después, viendo que apenas iban a ser las siete de la mañana, me quedé un momento en la cama, jugando dos o tres partidas de ajedrez, en la app de Duolingo.

A las siete y diez tomé mi mochila, la subí a la van y comencé el viaje hacia el restaurante; llegué cinco minutos antes de la hora acordada -las siete y media-; mi compañero de trabajo -es desarrollador y lo invité (junto con mi compañero más brillante) la semana anterior, pero este último había (supuestamente) planeado un viaje- ya estaba en el lugar.

Pero la confirmación de la reunión estuvo bastante tortuosa: o sea el día en que los había invitado -les había escrito en una conversación grupal en la app de mensajes del trabajo- me había comentado que no estaba seguro; debido a que era posible que viajara con su esposa.

Mi compañero me confirmó ese mismo día por la noche -por whatsapp- que ya tenía algo planeado para el viernes santo; y yo no volví a escribir en el grupo, de hecho había sacado a mi compañero del mismo, por lo que el diálogo pasó a ser nomás con el desarrollador.

El miércoles temprano le escribí para ver si iba a ser posible que desayunáramos juntos el viernes -me ofrecí a invitar-; y esto lo hice después de confirmar con mi amigo Testigo de Jehová de que no podía reunirse por la tarde de ese día -supuestamente la esposa le había pedido que salieran en familia-.

Y el desarrollador me comentó que aún no le habían confirmado el viaje; que si podía confirmarme al día siguiente -me pidió el número de celular para comunicarnos por whatsapp-; el jueves a las nueve me confirmó que podía al día siguiente; yo ví el mensaje a las once y media -cuando regresamos del supermercado con Rb-.

Le escribí preguntándole por la hora más conveniente; me confirmó que a las siete y media; y quedamos en reunirnos a esa hora;  después de saludar a mi compañero desarrollador le invité a que ordenáramos y me hice cargo de la cuenta (catorce dólares).

Y nos acomodamos en una mesa del lugar -estaba muy muy vacío-; en donde pasamos las siguientes dos horas entre desayuno -yo ordené lo de siempre y él ordenó algo con dobladas- y conversación; fue una reunión interesante.

Un poco antes de las nueve y media le agradecí por su tiempo y sugerí que nos volviéramos a reunir -quizá un sábado por la tarde, junto con mi compañero más brillante-; nos despedimos y tomé la van de vuelta a casa -ni siquiera había control de tickets de parque, me imagino que por ser un día de asueto naional-.

Cuando retorné a casa encontré a Rb terminando de ver una serie que presenta a varias personas -en el Imperio del Norte- que están en el espector autista, y que andan en busqueda de compañero romántico -algo raro el programa, pero bueno-.

Como aún no había cambiado el tiempo en el que Duolingo otorga puntos dobles me puse a hacer algunas lecciones -creo que solo partidas de ajedrez-; después me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-.

Rb me pidió que revisara un par de mensajes dejados por la persona con la que habíamos trabajado la semana anterior; y allí me dí cuenta que la red estaba muy muy inestable; de hecho me había estado costando entrar a Opera cuando quería pagar el servicio de conexión del departamento de mis hijos.

Entré al router, revisé que no hubiera ningún intruso y le comenté a Rb que, seguramente, se estaban realizando trabajos de mantenimiento y por eso estaba dando trabajo la navegación; pero un momento después ya no pudimos usar ningún browser.

Rb llamó a la compañía de Internet, costó que la atendieran y la primer agente de servicio colgó después de escuchar el problema -al parecer había problemas en la red telefónica-, pero el segundo agente de servicio realizó un reseteo del router y todo mejoró.

Pero Rb quedó bastante afectada porque sintió que las cosas no le estaban saliendo como esperaba -el día anterior le había bajado el racimo de bananos verdes, con los que estaba haciendo tortillas; pero la masa no le había quedado tan bien-; y se estaba tardando más de lo que había previsto en sus estimaciones.

De hecho llegó la hora en la que debíamos sacar a los perros y ella aún estaba en medio de la preparación del almuerzo -antes había descamado el pescado y yo lo había dividido-; entonces me ofrecí a sacar solo a los perros más grandes.

Lo que no fue muy difícil -lo había hecho igual cuando ella había estado hospitalizada en Noviembre-; después de retornar de la caminata preparé las dos ensaladas y luego tomé mi mitad de pescado frito; Rb seguía con la faena de las tortillas.

Almorcé -Rb me acompañó un poco más tarde- y después me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían acumulado; también me preparé un té de manzanilla -me dí cuena que ya no tenía té para mi consumo personal-; después, a las tres menos cuarto, y mientras Rb le daba de comer a sus perros, le preparé un té de manzanilla.

Salimos a caminar -en dirección a los supermercados que se encuentran en el sentido Sur- a las cuatro de la tarde; estaba algo nublado y previmos mojarnos con la lluvia; lo interesante fue que estábamos a la expectativa de las nubes en la dirección a la que nos dirigíamos, pero empezó a llover desde el lado contrario.

Nos guarecimos un poco en dos diferenes alfeizares pero, al final, decidimos caminar bajo la lluvia; llegamos hasta la panadería que se encuentra casi al final del boulevard y compré tre pirujos grandes y una torta de semana santa.

Después pasamos al supermercado que se encuentra a mitad del camino, en donde compramos un cartón de huevos; luego retornamos a casa; la ropa estaba completamente empapada -más por las salpicaduras de los autos que del agua caída del cielo- y nomás colgué mi pantalón y playera, para secarlos.

Como no había hecho limpieza durante la semana -previendo que sería mejor hacerla la noche antes de la visita de mi amigo de ascendencia asiática- me puse a barrer y trapear el piso al inicio de la noche; luego estuve viendo una pequeña parte de la película húngara de accioń que llevaba a medias. 

El sábado me levanté a las cinco y veinte; Rb me había aconsejado la noche anterior que le avisara a mi amigo de ascendencia asiática que lo más seguro era que no estuvieran circulando los busitos locales; pero decidí no ponerlo en alerta, igual resolveríamos por la mañana.

Medité y luego tomé una ducha; un poco antes de las seis de la mañana me metí a la cocina a preparar el desayuno; lo que me llevó casi una hora -lo habitual-; un poco antes de las siete mi amigo me llamó para comentarme que no había busitos.

Le indiqué que podía tomar un bus intermunicipal y bajarse al inicio del boulevard; pero me dijo que la otra opción era utilizar Uber; y, en efecto, un poco más tarde me escribió para informarme que ya venía en camino.

Vino un poco después de las siete -aún me llamó de garita pues le estaban preguntando por la dirección de la casa de Rb-; los perros de ella empezaron a hacer bulla en cuanto escucharon a mi amigo y Rb salió a saludar; luego retornó a la cama.

Con mi amigo estuvimos desayunando, y conversando, durante un par de horas, hasta que Rb salió de su habitación -después de desayunar-; entonces les propuse que jugáramos Rumikub; lo que no salió tan bien: mi amigo se hizo un poco de bolas con las reglas, y se estaba esforzando mucho por ganar.

Es más, la reunión se alargó hasta un poco después de las once de la mañana -usualmente la he dado por concluída a las diez y media- por terminar la última partida -de las cuatro, creo que Rb ganó una y yo el resto-. 

Un poco después de las once le sugerí a mi amigo que ordenara un Uber, para acompañarlo a la garita; Rb se nos unió pues debíamos comprar unas zanahorias en la tienda de la esquina; el auto que mi amigo había ordenado no tardó en aparecer cuando habíamos iniciado la espera -fuera de la garita-; nos despedimos y pasamos, con Rb, a la tienda.

Casi desde que entré me puse a preparar el almuerzo: burrito de zanahoria y huevo, relleno de aguacate y huevo, y pollo; el cual estuvo muy bueno -la vez anterior no me había quedado tan bien-; y el resto de la tarde me la pasé viendo videos de Aprendemos Juntos, de la fundación BBVA.

También realicé las labores habituales de la tarde: lavado de trastos, me preparé un té de manzanilla -le había regalado casi todo el pan sobrante del desayuno a mi amigo, pero había reservado unos cubiletes y un poco de la torta-; y le preparé un té a Rb.

Por la noche estuve tratando de ver la última parte de la película de acción que había empezado más temprano en la semana; pero, por alguna razón, la página en donde vemos series y películas estaba con dificultades de funcionamiento.

El domingo me desperté a las seis y media; medité y volví a la cama, a hacer algunas lecciones de Duolingo; durante la semana había previsto caminar -antes del desayuno- a la cooperativa en la que tengo un par de cuentas de ahorro abiertas.

El plan era cerrar esas cuentas para pasar el efectivo a mi banco habitual; y es que abrí las cuentas antes de comprarle el departamento a mis hijos: las tasas de interés que ofrecen son muy convenientes y lo ví como una posibilidad de financiamiento, en caso adquiriera una casa.

Pero, con el apartamento comprado -y cedido a mis hijos-, no veo muchas ventajas en mantener un poco de dinero en esa institución; y ya había pasado más de un año desde la última vez que había realizado un depósito en las cuentas.

Sin embargo, no tuve nada de ánimos para levantarme; después de hacer algunas lecciones de Duolingo -perdí varias partidas de ajedrez- intenté leer un poco del libro en inglés; pero ni eso, nomás me quedé en cama, dormitando, hasta que escuché que Rb se estaba preparando el desayuno.

Entonces esperé un poco -creo que terminé el capítulo de The Paradox of Choice- antes de levantarme a prepararme el desayuno; que fue bastante diferente a los que me preparo los fines de semanas: utilicé los frijoles que me sobraron del día anterior, hice un huevo revuelto -con embutidos y repollo- y freí cuatro tortillas de maíz.

Después del desayuno estuve leyendo un poco del libro en francés; en el cual acababa de pasar la primera cuarta parte -estoy leyendo seis capítulos por cada uno del libro en inglés-; aunque también estuve ojeando un libro de 'autoayuda' -en español- que bajé el día anterior.

A las once empecé a preparar el fuego para el asado; con lo que nos ocupamos las siguientes tres horas en asar pollo para dos semanas de almuerzos, sacar a caminar a los perros; asar las papas que había hervido la noche anterior; y, finalmente, almorzar.

Luego me metí a mi habitación -como que he pasado más y más tiempo en la misma, últimamente- a ver videos de Youtube, leer un poco, e incluso a dormitar; un poco después de las cuatro Rb entró para recordarme que debíamos salir.

Y caminamos a los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard y, en el supermercado que está a mitad del camino, compramos un poco de bananos -ya no teníamos para el día siguiente, y los (pocos) que encontramos estaban bastante maduros-.

Cuando retornamos Rb entró a darse una ducha y yo volví a la habitación; en donde terminé otro capítulo de Un heritier secret; luego estuve dormitando otro poco; un poco después de las siete salí de la habitación y me pasé a la de Rb; y terminé de ver la película húngara de acción.

Y a ver cómo sigue eso...

miércoles, 1 de abril de 2026

La Paradoja de la Elección...The Paradox of Choice... Le paradoxe du choix...

EL jueves -o el día anterior- terminé el libro que estaba leyendo de Neuropsicología (La Fábrica de las Ilusiones) y me puse a sopesar con qué continuar -del libro de francés me quedaba el último ciclo-; me llamaba mucho la atención un libro que una difusora científica mejicana mencionó en un video que ví durante la semana.

El libro en cuestión es sobre la paradoja de la elección -o algo así-: se supone que mientras más opciones se le presentan a las personas, se obtienen peores resultados a la hora en la que se evalúa la satisfacción del resultado final.

Bajé el libro y lo dejé en mi computadora; o sea, ya tenía dos libros preparados para leer en la línea de francés; y también quería recomenzar con libros en portugués; pero no quería descuidar los libros en inglés -especialmente de no ficción- o en español (quizá incluso novela negra).

El domingo mi amiga de Cameroon me escribió para que le consiguiera un libro de una autora de Watpadd; yo había intentado leer un libro de esta misma autora -en francés- unas semanas antes, pero me pareció demasiado crudo -o muy difícil?-.

Encontré el libro en el sitio en el que usualmente me proveo de este tipo de material y se lo envié; y estuve sopesando si darle una oportunidad; pero no, son más de quinientas páginas y el romance -especialmente en francés- no me va.

Me dije que podía empezar a buscar libros de cuentos en francés -y portugués-; y me dí cuenta que, de hecho, los libros del Pequeño Nicolás son de este tipo; aunque talvez debo buscar, en ambos idiomas, un nivel de lectura un poco más avanzado.

Pero no, al final decidí que le daré una oportunidad al libro de Soft Romance que le conseguí a mi amiga; son más de quinientas páginas; además, quiero combinar su lectura con el título que encabeza este texto. 

Y a ver cómo sigue eso. 

El viernes retorné a trabajar; aunque, la verdad, después de enviar el código el lunes, casi no había hecho nada más que correr -varias veces en el día- la batería de doce pruebas, para comprobar que continuaban siendo funcionales.

El resto del día lo utilicé en las tareas en las que estaba ayudando a Rb, y bueno, la meditación matutina, entrar a un par de reuniones de equipo -sin ninguna aportación de mi parte-, Duolingo, -muy poquita- lectura, y así.

Al mediodía preparamos el segundo pescado, del último envío de mi madre; el que acompañamos con un poco de la mezcla de verduras y vegetales que comimos durante toda la semana; después tocó hacerse cargo de los trastes, y me preparé un té de jazmín (y uno de manzanilla para Rb).

 Al final de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; al igual que el día anterior, no entramos al supermercado más distante, nomás caminamos hasta el extremo del boulevard; luego retornamos al supermercado en el intermedio.

Allí compramos un poco de lechuga y bananos; cuando estábamos entrando a la calle me percaté que no había comprado más pan -se suponía que al día siguiente venía a desayunar mi amigo barítono-; entonces nos dirigimos a la panadería de la vuelta.

Compré un poco de pan y me quedé sin dinero suelto; y aún debía de comprar un poco de tortillas; Rb se ofreció a retornar a la casa por un poco de monedas -necesitaba un par para pagar las tortillas-; y, de hecho, le pidió prestada esta cantidad al guardia.

Me quedé esperando un rato las tortillas -casi siempre hay gente haciendo fila-; luego retorné a casa y dejé las tortillas en la cocina, para que se enfriaran antes de meterlas a la refrigeradora; en el ínterin me puse a realizar la limpieza semanal (no la había hecho la semana anterior).

Rb también se metió a los servicios, a tallar la taza del inodoro y a limpiar los espejos; después de barrer y trapear los pisos me dediqué a vaciar la mesa del comedor, limpiarla con toallitas con lejía y ordenar un poco lo más visible de la sala.

A continuación, ya era algo tarde, busqué un video para ver las últimas novedades en películas de acción; y encontré tres que me llamaron la atención: una francesa, una sudafricana y una estadounidense; decidí -usé una ruleta online- empezar por la sudafricana y ví una tercera parte de la misma.

Luego de terminar la porción de la película que había decidido ver me puse a hacer lecciones de Duolingo -volví (otra vez) a superar la barrera de los mil quinientos puntos en ELO- y, a las diez, realicé los veinticuatro minutos de meditación.

Antes de retirarme a mi habitación saqué los platos y cubiertos que necesitaría para el desayuno del día siguiente: dos platos anchos, tenedores, vasos de vidrio -para el jugo de mango-, tazas para el café y la prensa francesa; a la once me retiré a mi habitación.

El sábado me levanté a las cinco y veinte; habíamos -desde hacía un par de semanas- acordado con mi amigo barítono que se presentaría a las siete de la mañana; pero no estaba seguro de qué tan puntual sería: hubo una vez que lo despertó mi llamada luego de una espera en un restaurante.

Medité y luego me metí a tomar una ducha; después saqué mi computadora al comedor, me puse los audífonos bluethoot y me metí a la cocina a preparar el desayuno; el cual me llevó -casi- una hora; cinco minutos antes de las siete apagué el fuego del agua para café.

Y un par de minutos después mi amigo me escribió, por whatsapp, para informarme que había llegado; salí a recibirlo y, efectivamente, se estaba estacionando frente a la casa de Rb; nos saludamos afectuosamente y lo invité a entrar; ya estaba casi todo servido, nomás puse a calentar unas tortillas en el microondas.

En esas estaba cuando los perros de Rb empezaron a hacer ruidos para salir de la habitación; Rb salió con ellos y realicé las presentaciones correspondientes; luego -mi amigo y yo- nos dedicamos al desayuno; Rb nos acompañó en la conversación.

Hasta las ocho y cuarenta y cinco, cuando tuvo que darles de comer a los perros; después se sirvió su desayuno y nos acompañó en la tertulia; además, casi desde que mi amigo entró, le había pedido que cantara; lo cual hizo, de forma muy profesional.

Un poco después de las nueve les sugerí que jugaramos algunas partidas de Scrabble o de Dominó; mi amigo eligió lo segundo y jugamos un par de partidas del mismo; la primera fue bastante corta y la segunda bastante extensa.

A las diez y media -había estado recibiendo mensajes de su hermana, comentándole el progreso en el retorno, desde el departamento más grande del país, a la ciudad; por vía aérea- mi amigo nos anunció que se retiraba; se despidió de Rb y lo acompañé al portón de la casa.

Después de su partida nos dedicamos -con Rb- a avanzar en las últimas tareas asignadas en el proyecto en el cual habíamos estado trabajando desde la semana anterior -es una mezcla entre transcripción entre español e inglés (muy mal pronunciado) y la revisión de estos textos-.

A las once y media empecé a preparar el almuerzo: burritos de zanahoria, con relleno de aguacate y pollo (con miel en este caso); a las doce y media sacamos a caminar a los perros; y, un poco después de la una, almorzamos; luego lavé la montaña de trastos que había acumulado en la preparación del almuerzo.

A continuación me dediqué a completar la tarea en la que había estado trabajando desde el día anterior -el límite para enviarla era el domingo por la noche, pero no quería afectar la eficiencia percibida por el (buen) trabajo de Rb-; a las tres menos cuarto le preparé un té a Rb -yo decidí no tomar nada después de las dos, pues había empezado con el desayuno a las siete-.

Por la noche ví la segunda parte de la película sudafricana que había empezado el día anterior; aunque, la verdad, no la estaba encontrando muy atractiva; también pasé los libros que había decidido leer a la tablet.

El domingo me levanté a la hora de costumbre -seis y media-; medité y retorné a la cama, a hacer casi una hora de Duolingo -aún tenía la media hora de puntos extras que dá la aplicación por completar el challenge semanal-.

A las ocho salí de la habitación, a preparar el desayuno que llevaría para la reunión con mi hija mediana; después, casi a las nueve, me metí a la ducha; luego empaqué todo en las dos mochilas de costumbre, tomé la van e inicié mi trayecto hasta la casa de mis hijos.

El tanque de gasolina ya andaba marcando una ocupación cercana a su cuarta parte; pero no estaba seguro si la gasolina estaría más cara en el municipio o en la ciudad -estaba más cara en la ciudad-; entonces llegué al edificio con el tanque aún vacío.

Cuando subí al séptimo nivel le escribí a mi hijo menor, para indicarle que quería recuperar el cubo de Rubik de seis por seis -la semana anterior se le había zafado una pieza mientras él lo estaba armando-; me comentó que aún estaba trabajando en el mismo y que me lo daría por la tarde.

También le escribí a mi hija mediana, para comentarle que ya estaba en el lugar; ella salió un poco más tarde y nos dirigimos caminando al parque temático de costumbre; el lugar estaba bastante lleno -debido a las vacaciones escolares de Semana Santa-.

Afortunadamente el lugar en el que solemos tomar los alimentos estaba abierto; y había bastantes mesas disponibles; compartí con mi hija uno de los panes que había preparado más temprano; también serví jugo de mango -estaba muy dulce- y dividí una bolsa de snacks de papas.

Había llevado, también, un par de bananos; nos tomamos un buen tiempo para desayunar; luego le propuse que practicara un poco con el cubo de cuatro por cuatro; logró armar los centros sin ninguna ayuda.

Pero para armar los bordes se utiliza un algoritmo que aún no le había enseñado; como tenía anotados los movimientos en mi whatsapp le expliqué los siete u ocho giros necesarios; pero no estuvo tan sencillo: nos confundimos en varias ocasiones.

Finalmente logramos aclarar la secuencia correcta, y mi hija pudo compeltar los doce extremos del cubo; con lo que se veía ya como un cubo de tres por tres; también tuvo suerte de que no quedara una T en el penúltimo paso, ni de que las esquinas estuvieran giradas en el último; por lo que pudo completar su armado hasta el final, por primera vez.

El día estaba bastante soleado pero un poco ventoso; sin embargo, la rueda de Chicago estaba funcionando, le propuse ir al juego mecánico, pero le indiqué que debía comprar otro pasaporte -contienen doce juegos- pues ya nomás me quedaba uno en el actual.

En contraposición, mi hija me sugirió que mejor fuéramos a caminar al zoológico del lugar; el cual estaba un poco más lleno que de costumbre; no completamos todo el recorrido pues mi hija me había pedido -un poco más temprano- que retornáramos a su casa a las doce y media, pues (por el cambio de horario) debíamos despedirnos un poco antes.

A las doce menos diez le propuse que nos retiráramos y empezamos a buscar la salida; el retorno no tuvo ningún contratiempo y, un poco después, estábamos entrando al departamento; como aún teníamos un poco de tiempo nos instalamos en la sala.

Conversamos -solo un poco, pues ya era casi la hora que habíamos acordado separarnos- un rato y después nos despedimos; yo me quedé un momento en la sala; había, al entrar, encontrado mi cubo de seis por seis, aún sin ser reparado.

Pero recordaba lo que había visto en el video de Youtube sobre la reparación; por lo que procedí a encajar la pieza en su lugar -tiene su truquito-; luego le tomé una fotografía y se lo envié a mi hijo menor -quien dijo que no había logrado realizar el procedimiento-.

Después revisé el mensaje que me había dejado mi hija mayor: había dejado la mochila que le entregué -la semana anterior, para su reparación- sobre la refrigeradora; entonces coloqué el sobre de origami que había preparado -con los cuatro dólares que habíamos acordado por el trabajito- en el armario de la habitación, y le tomé una fotografía.

Luego me retiré del lugar; había pensado que, por empezar el retorno media hora antes de lo acostumbrado, podía pasar tranquilamente a una gasolinera, a llenar el tanque de la van; pero cuando entré a la van me percaté que no le había dejado el jugo de mango a mi hija.

Entonces dejé las mochilas -las tres- en la van y subí con el jugo de mango; entré al departamento, lo coloqué en una de las bandejas de la refrigeradora y volví a retirarme -echando doble llave en la puerta-.

En el camino le escribí a mi hija, comentándole lo del jugo -no tengo internet en mi celular, por lo que esperaba que el mensaje fuera enviado cuando llegara a casa de Rb-; el tránsito estaba bastante tranquilo, excepto -otra vez- en la entrada al municipio.

Tuve que esperar dos o tres cambios de rojo en el semáforo para lograr pasar el embotellamiento; luego entré al boulevard y decidí llenar el tanque en una gasolinera que se encuentra en el carril que va en dirección opuesta, aproveché que el tránsito estaba un poco ligero en esa vía.

Llené el tanque -más de cincuenta dólares (y le había ofrecido a Rb absorber el sesenta por ciento, por estar utilizando más el automóvil)!!!- y luego salí al boulevard a retomar el camino -en la dirección opuesta-; esto estuvo un poco más difícil, pero un poco más tarde estaba estacionándomen frente a la casa de Rb.

Ella ya había preparado las alitas de pollo y me pidió que me hiciera cargo de las ensaladas del día; después del almuerzo lavé los trastes, me preparé un café -no había tomado por la mañana- y, un poco antes de las tres, le preparé un té de manzanilla.

Habíamos sopesado salir a caminar a las cuatro o a las cinco; Rb se sentía agotada por lo que decidimos salir a las cinco -ella se metió a su habitación un poco antes de las cuatro y tomó una siesta bastante extensa-.

La desperté un par de minutos antes de las cinco y caminamos hasta el extremo sur del boulevard -el ánimo de Rb estba bastante bajo, debido al adormecimiento-; caminamos hasta la gasolinera y luego entramos al supermercado más lejano.

El lugar estaba bastante concurrido; compré una lata de champiñones y tres paquetitos de salsa de tomate, para el desayuno que había previsto con mi amigo de ascendencia asiática -y miembro, también, de una secta coercitiva-.

Costó un poco el paso por las cajas -de hecho era la primera vez que veía tres cajas atendiendo al mismo tiempo-; pero, finalmente, salimos del lugar; en nuestro paso por la garita -al salir- le había pagado las monedas que le debía, al guardia.

El camino de vuelta estuvo un poco raro: Rb había, finalmente, logrado transmitirme el desánimo que cargaba -no sé si la afirmación es la adecuada, generalmente puedo abstraerme de sus estados de ánimo- y casi tres cuartas partes del camino las hicimos en silencio, yo me sentía bastante afectado.

Y el bajón me tardó bastante; por la noche traté de terminar de ver la película de acción que había empezado un par de días antes; pero se me hizo cuesta arriba, al final le puse el doble de la velocidad de reproducción; y después empecé a ver la francesa.

Por la noche hice el cálculo de las páginas que debía de leer en cada ciclo, de los dos libros con los que había decidido continuar; y anoté en la app de texto: seis capítulos de la novela en francés por cada capítulo -incluyendo prólogo- del libro de no ficción en inglés.

El lunes me desperté a las seis -aunque había estado escuchando ruidos desde un poco más temprano-: Rb había decidido ir en transporte público a la segunda cita médica del seguimiento de su histerectomía.

Un poco después de las seis Rb abrió la puerta de mi habitación y me habló para indicarme que se retiraba; yo había previsto levantarme a esa hora, pero nomás le deseé suerte en su viaje, y me volví a cubrir con las sábanas, hasta las seis y media.

Cuando la alarma sonó me levanté a meditar; después entré a la primera reunión del día; la cual estuvo bastante vacía pues varios desarrolladores -y un analista de calidad- habían pedido la semana de vacaciones -por las celebraciones locales-.

Después de que cerraron la reunión -se tardó casi una hora- salí de la habitación y revisé mi correo del trabajo, además leí un par de mensajes que mi compañero más brillante me había enviado durante el fin de semana: había encontrado correcto el código que envié la semana anterior.

A las nueve y media me preparé el desayuno -los mismos han estado copiosos últimamente: avena, gelatina, papaya y banano-; un poco más tarde mi supervisor me agregó a una llamada grupal: estaba reunido con mi compañero más brillante y me quería asignar una tarea igual a la que había realizado unos meses antes.

Eso me llevó el resto de la mañana: debía actualizar la app en la que trabajamos en cuatro estaciones de trabajo remotas; las primeras tres no me dieron ningún contratiempo; la última volvió a fallar.

Un poco después de mediodía, luego de probar varias soluciones, pedí la ayuda de mi compañero más brillante, con quien nos reunimos en la aplicación de trabajo; mi compañero realizó un análisis y resolución bastante elegantes.

Como ya tenía captura de pantalla de las tres primeras estaciones de trabajo, completé la información con la última y preparé un correo para mi supervisor -en el cual agregué a mi compañero, agradeciendole la ayuda- para mostrarle que la tarea había sido completada.

Rb vino un poco antes de las doce; durante la mañana me había estado enviando mensajes para mantenerme al tanto del avance de su consulta médica; incluso del seguimiento que el ginecólogo estaba requiriendo: varios exámenes de laboratorio.

Y vino cansada -por haberse levantado dos horas antes de lo habitual y el viaje en transporte público-; a las doce menos cuarto me indicó que tomaría una siesta; le ofrecí despertarla a las doce y media -por la caminata de los perros- pero me pidió que fuera a las una.

A esa hora -había puesto la alarma para la una menos un minuto- entré a su habitación y la desperté; le puse el arné a los dos perros grandes y empecé la caminata, mientras ella terminaba de alistarse para salir.

Después de la caminata puse a calentar la salsa de tomate que Rb preparó, el día anterior, para acompañar los hashbrowns; también saqué todos los ingredientes para el par de ensaladas que debía preparar.

Cuando Rb terminó de ocuparse de su perra más anciana entró y le pedí que se encargara de los hashbrowns; comimos, acompañando el almuerzo con un vaso de fresco de rosa de Jamaica, y luego me metí a la cocina a lavar los pocos trastes que estaban en el lavatrastos.

Después me preparé una taza de café; la que consumí con el penúltimo tercio de zepelin que Rb me obsequió el jueves anterior, medio cubilete que me sobró del desayuno del sábado, media galleta de chocolate y media galleta redonda.

Luego estuve actualizando mis notas -incluyendo esta- y, a las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb; al finalizar el horario laboral (las cuatro) nos dirigimos caminando hacia los mercados en dirección norte.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego nos pasamos al principal; allí caminamos otro medio kilómetro y luego retornamos al supermercado que se encuentra en ese extremo; donde compramos una red de aguacates y un poco de bananos.

Después retornamos a casa; eran alrededor de las cinco y media y, al revisar mi computadora del trabajo me dí cuenta que mi compañero más brillante me estaba escribiendo: quería que agregara otro par de métodos al código en el que había estado trabajando.

Me indicó cuáles eran los casos que quería que agregara y empecé a trabajar en el acto; de hecho trabajé un buen rato -creo que ni ví la segunda parte de la película de acción francesa que había iniciado el día anterior-.

Aunque sí traté de leer un poco, me parece que una parte del prólogo de La paradoja de la elección; y, de hecho, me costó un poco empezar con el trabajo restante: aún no tengo muy clara la forma correcta de usar el administrador de versiones -sigo apoyándome en LLMs para iniciar (y terminar) mis ciclos de desarrollo-.

El martes me levanté super tarde -a las siete y media-; me despertó el ruido de los autos acelerando en el boulevard; y me percaté que el día anterior había -por error- desconectado la alarma para el día siguiente (el lunes pensé que había retrasado únicamente la alarma, al levantarme, y la había desconectado).

Total que me desperté después de la hora de la primera reunión; y decidí nomás meditar; luego continué trabajando en el código; toda la mañana; aunque tampoco entré a la reunión de las nueve, y se debió a que -a esa hora- me fui a leer un rato a la cama.

Entonces, no entré a ninguna reunión, pero sí estuve trabajando mucho tiempo en el código; todo el día, excepto a la hora de sacar a caminar a los perros (doce y media) y en la preparación del almuerzo después (calentar la salsa de tomate, preparar una ensalada y servir el fresco).

Tanto ese día como el anterior (lunes) había tenido una refacción copiosa: aún estaba terminandome el pan que había sobrado del desayuno del sábado, además de media galleta de chocolate, media galleta dulce y un terceio de zepelin.

A las cuatro de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al más alejado: el lunes había olvidado comprar un paquete de crema -y también compré cuatro cubiletes-.

En el otro supermercado compramos un poco de bananos para el resto de la semana; cuando retorné a casa -otra vez a las cinco y media- le escribí a mi compañero para comentarle que ya había completado el código (lo había dejado corriendo antes de salir).

Mi compañero me contestó en el acto, pidiéndome que lo subiera al servidor -lo que hice (nuevamente ayudándome con una LLM)-; luego estuve viendo el final de la película francesa de acción, que no estuvo tan mal como la otra -la sudafricana-.

Luego empecé a ver la estadounidense/húngara; pero traté, también, de avanzar un poco en el libro de francés que estoy leyendo: es un romance bastante predecible -creo que la autora salió de watpadd-, pero me consuelo diciendome que está en francés.

El miércoles me levanté a las siete y media; medité y luego volví a la cama -con la computadora del trabajo- para entrar a la reunión de las siete; casi no había participantes en esta reunión, y mi supervisor me llamó después de la misma.

Al parecer estaba tratando de darle seguimiento a un pendiente de la reunión: me pidió que realizara unas pruebas sencillas en la app en la que trabajamos; me puse a realizar la tarea, pero no estaba funcionando como esperábamos.

Además, envió una invitación para otra reunión una hora más tarde; en la misma convocaba a un par de analistas en el Imperio, a mis otros dos compañeros trabajando -el que vive en la ciudad de mi familia paterna está de vacaciones- y al PM -que está cubriendo a mi supervisora local-.

Y la reunión estuvo super rara; nomás acudimos el PM, un analista del Imperio y el compañero que menos bien me cae; a él le asignó una tarea que se podía realizar únicamente después de que yo hubiera completado la asignación de más temprano.

Por lo que seguí tratando de completar la tarea; pero, al parecer, los servidores estaban caídos -o estaban actualizando la app, no sé-; por lo que nomás estuve enviando actualizaciones cada cierto tiempo, mostrando que la tarea no se podía completar.

Luego entramos a la reunión de media mañana; en la que no hubo muchas novedades, nomás nos recordaron que había otra reunión -supuestamente más importante- un poco más tarde -a esta reunión tampoco entraron mis compañeros de equipo-.

Mi compañero más brillante me escribió un poco más temprano para comentarme que -debido a las inundaciones del día anterior- no había podido conectarse más temprano; y me comentó que había visto mi código y que todo se veía bien.

Un poco después entramos a la reunión que habían mencionado antes; la cual era nomás para presentar una herramienta de terceros que se utiliza en la app que estamos probando; el presentador era el jefe de los desarrolladores y, la verdad, no ví la gran importancia que le habían dado a la reunión, la que tardó casi una hora.

Al mediodía mi compañero más brillante me escribió para comentarme que había encontrado algunos errores -de diseño y de modelo- en el código que había escrito; y, la verdad, no me sorprendió: o sea, él es bastante brillante y mi código es -por decirlo de alguna forma- aún muy débil.

Le agradecí por la retroalimentación y quedamos de revisar los cambios que estaría implementando en la reunión que ya tenía programada para el lunes, después de la reunión de las siete de todo el equipo; la verdad espero mejorar en mi estilo.

Y a ver cómo va eso.