sábado, 19 de septiembre de 2026

El ayuno intermitente, la muerte, y el fuego... Intermittent fasting, death, and fire... Le jeûne intermittent, la mort et le feu...

Hasta el día domingo llevaba más de ciento ochenta días de mantenerme diariamente en ayuno intermitente: más de la mitad del tiempo -escribí código para darle seguimiento- ha sido veinte/cuatro, casi un veinte por ciento diecinueve/cinco y un poco menos de quince por ciento veintiuno/tres.

Y es que la última vez que había comido tarde -de noche- fue en el funeral del sobrino nieto de Rb: ese día -a mediados de febrero- le llevé sus alimentos a la funeraria, y me serví varios sandwiches -y café-; porque tampoco soy dogmático en el tema.

Y la razón de romperlo de esta forma -o sea, la semana anterior lo había hecho para darle apoyo emocional a un amigo- fue, nuevamente la misma que en febrero: otro funeral -esta vez de la mamá de la mejor amiga de Rb-; y no sé qué pensar sobre el hecho.

Pero, además, por segunda vez -la primera no fue hace mucho- olvidé que había dejado algo en la estufa y se consumió por completo; en la ocasión anterior se había tratado del té de Rb -y no pasó mucho-; en esta ocasión estuvo -creo- peor.

Y a ver cómo sigue eso... 

El domingo me levanté a las cinco y cuarto; como mi amigo voluntario vendría a las siete quería empezar a cocinar a las seis de la mañana; después de meditar tomé un buen baño y luego me metí a la cocina.

En donde estuve hasta unos minutos antes de las siete; preparé un omelete, café -no es muy bueno el que combina trigo-, frijoles fritos, platanos fritos, un par de longanizas y la salsa de tomate; estaba casi terminando cuando ví que mi amigo se estacionaba frente a la casa vecina.

Salí a saludarlo y nos instalamos en el comedor; en donde dimos buena cuenta de los desayunos -la noche anterior me había tocado correr a la panadería de la vuelta pues había olvidado comprar pan para el desayuno-; Rb se nos unió a la mesa un poco más tarde.

Usualmente cuando invito a mis amigos -son dos o tres nomás- trato de que la hora de partida no sea después de las once de la mañana; generalmente aviso bastante temprano que a esa hora debo salir, para tener un parámetro; y así lo hice con mi amigo.

Aunque en esta ocasión el evento estuvo algo diferente: Rb se dirigió, después de desayunar, al supermercado más cercano -aprovechó para comprar el pollo que no habíamos encontrado el día anterior-; y cuando retornó revisó su celular.

En donde encontró un mensaje -de casi dos horas antes- en el que su mejor amiga le informaba que su madre había fallecido -tenía un par de semanas de estar en el área de cuidados paliativos del hospital más grande de la ciudad-.

Rb empezó a tratar de comunicarse con su amiga y yo le comenté a mi amigo que, aunque ya era un resultado esperado (un par de días antes el médico le había dicho que no podía asegurar un tiempo pero eran horas o días), no dejaba de impactar; finalmente pudieron hablar.

Total que ya ni siquiera jugamos dominó -yo había sacado la versión en el que las fichas llegan hasta el número doce, e incluso había empezado a revolverlas-; a las once de la mañana mi amigo se despidió y llevé los trastos sucios al lavatrastos.

Entonces empezamos a preparar los almuerzos de la siguiente semana: pelé cuatro güisquiles y luego los pasé, junto con cinco zanahorias, un tallo de apio y varios chiles pimientos, por el rallador mecánico; luego sacamos a caminar a los perros.

La preparación la empezamos temprano porque Rb había decidido que se iría por la tarde a la funeraria a acompañar a su amiga -y quizá se quedaría toda la noche en el lugar-; y entre todo esto hubo un conflicto personal.

Porque, en cierto momento, Rb insinuó que yo lavaría los trastos que se habían estado acumulando; y yo le indiqué que no era necesariamente cierto: me molesta que este tipo de actividades -y asignaciones- se den por sentado.

Entonces el ambiente se puso bastante tenso; yo me encerré en mi habitación y estuve leyendo lo que me faltaba del libro en francés; un poco antes de las tres salí de la habitación y lavé la mayor parte de los trastos acumulados.

Al final Rb había decidido que se iría tarde a la funeraria; yo me había ofrecido -antes de la tensión- a llevarla, con lo que tenía un poco más de tiempo antes de prepararse para salir; a las cinco de la tarde abordamos la van y la llevé al lugar.

Como sabía que el ayuno se había terminado por el día -en la app que escribí puse un límite mínimo de doce horas para considerar el ayuno intermitente en la jornada- había estado comiendo frutas y snacks durante la tarde.

Luego de dejar a Rb en la funeraria decidí que -luego de mucho tiempo- pasaría por un helado a McDonald's; pasé a la sucursal que queda en el camino de vuelta y compré -tres dólares- un McFlurry; luego conduje a casa; en donde dí buena cuenta del helado -y de otro poco de snacks-.

Después estuve leyendo un poco -decidí ya no continuar con The Informationist por la misma razón que no terminé el libro infantil en el que un autor español denigraba la cultura árabe-; a las ocho cuarenta y cinco le dí de comer a los perros de Rb; y, como ví que el caldo de pollo que se le agrega a la comida había acumulado grasa en el borde, decidí ponerlo a hervir.

Lo que olvidé por completo después de ponerlo en la estufa; mientras los perros estaban comiendo le había enviado fotografías de los mismos a Rb; luego le pregunté por sus planes -por si debía llevarle comida para el día siguiente-; pero me pidió que llegara a acompañarla.

Como ando con el cabello bastante largo me apliqué gel y me peiné, me vestí de negro y me dirigí a la funeraria; temí encontrar embotellamientos por las celebraciones de la independencia, pero no encontré nada de esto; llegué bastante rápido al lugar pero el parqueo -subterráneo- es bastante estrecho, con lo que me tomó un buen tiempo estacionarme.

Luego crucé -por el paso subterráneo- el boulevard y subí al segundo nivel de la funeraria; el lugar estaba lleno y ví que el pastor de Rb estaba en medio de la homilía; le escribí a Rb para avisarle que había llegado y ella salió un momento del servicio.

Fuera de la sala me presentó a varias personas -la mayor parte de la gente que estaba allí eran feligreses- antes de guiarme al lugar en donde estaba acompañando a su mejor amiga; el servicio religioso seguía su curso y yo me serví café y varios sandwiches de queso.

Un poco después el servicio terminó y me serví otro café y un par de sandwiches de jamón; y un poco más tarde, cuando Rb salió un momento de la sala y me ofreció traer algo, le pedí otro café y otros sandwiches -el ayuno murió por completo-.

Estuvimos en el lugar hasta después de la medianoche; mucha gente había empezado a retirarse del lugar y tuve que despedirme de un montón de personas que conocen a Rb; un poco después de las doce nos despedimos y retornamos a casa.

Las calles estaban bastante vacías, por lo que no tardamos mucho en estacionar la van frente a la casa; pero cuando entramos Rb se preguntó en voz alta por el olor a quemado; y allí recordé el caldo de pollo: fuimos a la estufa y, luego de apagarla, comprobamos que lo que había sido caldo ahora eran varios carbones al fondo del pocillo de peltre.

Le comenté a Rb que había querido hervir el ingrediente de la comida de sus perros, pero que lo había olvidado por completo; haciéndome responsable de la reposición del pocillo -el que al final, no se desechó- y autorecriminándome por el olvido; pero, quizá por la hora, ya no hablamos al respecto sino que cada quién se metió a su habitación.

El lunes me levanté a las seis y media; el día anterior había decidido que le escribiría al Gerente de Recursos Humanos de nuestra área -el viernes a las cinco de la tarde había enviado un correo para informar que estaban a punto de enviar los documentos de traslado de empresa-; pero quería comentarle a mi PM antes de enviarlo.

Medité y luego salí a encender las dos computadoras; le escribí a mi PM y luego tuvimos una corta conversación; le comenté lo que iba a hacer y le propuse incluirlo en el correo, o agregarlo como destinatario oculto; prefirió lo segundo.

Por alguna razón -desvelos, cansancio- me sentía bastante desganado; quizá también influyó toda la comida que ingerí el día anterior: había tenido que ir varias veces al baño y no tenía intención de comer en mucho tiempo.

Como Rb quería participar en la exhumación, al mediodía, se había levantado a contestar llamadas una hora antes de lo habitual; salió de su habitación para darle de comer a sus perros -un poco después de las ocho- y luego se alistó y se despidió.

Yo había comprobado el estado del pocillo en el que se consumió el caldo la noche anterior y, luego de lavarlo, había decidido limpiar -luego de muchos meses- la estufa: generalmente le coloco papel de aluminio para proteger la superficie de acero inoxidable.

Pero el papel de aluminio llevaba tanto tiempo -y le había caído tanta comida- que, en algunas partes, practicamente se había soldado al acero; entonces quité las parrillas y los quemadores y los dejé -por aparte- en remojo con detergente.

Estuve ocupado en esto hasta las llamada de las nueve de la mañana; en donde nuestro supervisor continuó con los planes para que el equipo presente una demo de la app que probamos para un público que habla español.

Lo malo fue que después de esta reunión volvió a convocarme a otra con el analista que vive en la ciudad colonial; y nos asignó la misma tarea en dos servidores diferentes; el otro analista ha estado repitiendo esta tarea por varias semanas.

Y yo me dediqué más a continuar con la limpieza de la estufa: le apliqué bicarbonato y vinagre al acero inoxidable; luego le apliqué una buena capa de desengrasante; luego talle las parrillas y los quemadores.

Al final llegué casi al mediodía ocupado con la limpieza; pero también me estuve reuniendo -creo que en tres ocasiones- con el analista de la ciudad colonial; aunque no pude avanzar mucho en la tarea: él fue muy amable en la explicación, pero los equipos no estaban funcionando en la forma esperada.

Al mediodía saqué a caminar a los perros grandes; y en esta ocasión incluso levanté los desechos que estaban acumulándose en el patio frontal; después coloqué nuevos folios de papel de aluminio en la estufa, rearmé los quemadores y coloqué las parrillas: me gustó el resultado final.

A las dos cuarenta y cinco le dí de comer a los perros de Rb; luego tomé mis únicos alimentos del día -o sea, pasé de diecisiete/siete del día anterior a veintitrés/uno el lunes-; de hecho en la misma comida consumí un banano, un poco de papaya y una gelatina -parte del desayuno- con tres cuartas partes de la porción de pollo con verduras del almuerzo.

Además me preparé un café y lo consumí con un poco de pan y media galleta; y creo que hubiera estado bien con -mucho- menos alimentos, pero, tampoco me llama la atención llegar a extremos en mis hábitos; al final no entregué lo que mi supervisor me había solicitado.

Mi compañero envió un correo con los resultados de sus pruebas; yo tomé este mismo correo y le comenté a mi supervisor que había recibido el apoyo adecuado, pero que los equipos no estaban funcionando bien, y que continuaría el miércoles -porque el martes es asueto-.

Por la mañana había estado tratando de comunicarme con mi ex compañero de la facultad de ascendencia asiática -desayunamos el día del trabajo-; pero no había conseguido más que una sugerencia para hablar por la tarde; entonces le había escrito a mi ahijado, para ver si podíamos reunirnos el martes; pero él planeaba acompañar a sus hijos en un desfile escolar. 

A las cinco de la tarde, luego de enviar el correo a mi supervisor, me vestí y salí a caminar; me dirigí a los supermercados en dirección norte; aunque no tenía planes de comprar nada; pero decidí caminar más -y es que no había hecho la rutina de ejercicios de los lunes-.

Continué caminango en la misma dirección y pasé el comercial cercano a la iglesia de Rb; en total -comprobé la distancia con Google Maps- caminé tres kilometros y tres cuartos, antes de decidir retornar a casa; a donde vine casi a las seis y media.

Rb vino un poco más tarde -habíamos estado comunicándonos por whatsapp- y me traía un pastelillo de Dunkin Donuts; coo sentía que no había hecho mucho durante el día decidí utilizar una rueda de decisión para cuatro opciones: leer, escribir, preguntas de Fabric y app de repaso espaciado -aunque primero completé media hora de Duolingo-.

La primera actividad resultó ser preparar las preguntas para la app de repaso espaciado; puse un timer de cuarenta y cinco minutos y me concentré en depurar las preguntas, respuetas y explicaciones de varias áreas; luego me tocaba leer, aunque, en el ínterin, logré comunicarme con mi ex compañero de la facultad y acordamos reunirnos a desayunar al día siguiente.

Por lo que decidí que, como seguramente, tendré tiempo mientras lo espero, lo aprovecharé para leer; con lo que me pasé a la siguiente actividad: responder las preguntas del examen de Fabric; lo que me ocupó hasta cerca de las nueve y media; hora en la que Rb decidió que empezaría a prepararse para dormir.

Entonces salí de su habitación y decidí realizar la última actividad de la rueda de decisiones: escribir; me metí a mi habitación y, durante más de una hora estuve actualizando mis notas -incluyendo esta-. 

El martes me levanté a las seis y media; me sentía bastante agotado por los dos días de desvelo (funeral y actividades realizadas demasiado tarde); medité veintiocho minutos, luego retorné a la cama a completar algunas lecciones de Duolingo.

Pero no me quedé mucho tiempo en la cama porque tenía que empezar a alistarme para salir: había programado un desayuno con mi ex compañero de la facultad con quien me reencontré el primero de abril; me metí a la ducha, me vestí, pasé a despedirme de Rb y me dirigí caminando al boulevard principal.

Como era un asueto nacional -el día de la independencia- el boulevard estaba bastanet vacío; ví nomás un par de busitos mientras caminaba hasta la ruta intermunicipal; pero cuando llegué también el boulevard principal estaba vacío; de hecho me tocó tomar un busito normal para llegar al comercial en donde se estacionan.

Yo le había propuesto a mi amigo que desayunáramos en el restaurante en donde frecuentemente invito a mis amigos y conocidos a desayunar -o a tomar café por las tardes-, pero él insistió en que la otra opción -la misma que la vez anterior- era más saludable.

El restaurante se encuentra en la planta baja de un gran centro comercial a unos metros del comercial en donde se estacionan los busitos; llegué al lugar un poco antes de las ocho y media y estaba buscando el área de espera -mi amigo es usualmente impuntual- cuando ví a mi amigo que estaba bajando del segundo nivel.

Nos asignaron una mesa y ordenamos un par de desayunos -mi amigo también ordenó una tabla de frutas-; y nos pasamos el siguiente par de horas entre desayuno y conversación; la mayor parte de esta última fue sobre el éxito financiero y las conquistas pasionales de mi amigo.

Estaba temiendo la cuenta -me había propuesto invitarlo-, pero cuando mi amigo la ordenó sacó su tarjeta de crédito -fueron como cuarenta dólares-; luego me pasó a dejar -en su autmóvil eléctrico- al comercial en donde se estacionan los busitos.

Vine a casa bastante rápido y aún comí un poco de fruta -un banano y un poco de papaya-; un poco después sacamos a caminar a los perros, luego calentamos la porción del día y almorzamos -yo me empecé a sentir un poco incómodo del estómago-.

Por la tarde estuve revisando las preguntas del examen de Fabric, además, modifiqué la app de repaso espaciado: muchas de las preguntas contienen tablas de datos y no se estaban mostrando bien; hice una modificación en el código html y lo subí a GitHub.

Además, estuve revisando el contrato de trabajo que enviaron de la empresa que actuará como Employer of Records de ahora en adelante; la verdad es que la operación me está pareciendo bastante decepcionante:  creo que ninguna de las dos empresas se hará cargo del pasivo laboral de los últimos doce años -lo que estaba considerando como una pérdida-.

Rb me había propuesto que completáramos una rutina de ejercicios; pero estuvo bastante ocupada durante toda la tarde, al final completamos los ejercicios a las cuatro de la tarde; pero antes hubo un connato de conflicto: por mi molestia ante la asunción de que estoy obligado a realizar ciertas cosas -como siempre pelar y partir la papaya-.

Después de completar la rutina salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; en el camino Rb me comentó que le preocupaba que mi humor estaba empeorando -por el connato de discusión que tuvimos antes de los ejercicios-; al principio intenté contra argumentar; después nomás estuve diciendo Ok hacia todas sus apreciaciones.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado más cercano; allí compramos un poco de bananos y yo aproveché para proveerme de la pechuga para el almuerzo del sábado con mi hijo menor; además compré una bolsa de aceite -ya casi no tenía en la botella de vidrio-.

Caminamos de regreso a casa, pero, antes de entrar a la garita pasamos a la tienda a ver si había papaya; y nomás había un par en muy pobres condiciones, entonces pasamos a la tienda de la vuelta, pero tampoco tenían; venimos a dejar las compras y le propuse a Rb caminar en el otro sentido para ver si encontrábamos papaya en alguna tienda.

Caminamos casi hasta la mitad del camino hacia los supermercados en dirección norte; y en las tres tiendas a donde acudimos no encontramos lo que buscábamos; entonces retornamos a casa, aunque pasamos comprando una de las dos papayas que habíamos visto originalmente en la tienda de la vuelta.

Por la noche partí la papaya, luego estuve respondiendo la evaluación de la lección diaria de Fabric y completando el último grupo de preguntas del sitio de exámenes en el que he estado practicando las últimas semanas; como me sentía bastante cansado me retiré temprano a mi habitación.

Seguía sintiéndome incómodo del estómago: no me dolía, pero sentía cierto malestar en determinada posición; no sé si se debió al descontrol en los alimentos desde la semana anterior: primero fue invitar a refaccionar a mi amigo por la tarde, luego, el domingo, comer bastante cerca de la medianoche; y luego el mismo día el desayuno con mi amigo.

Creo -o sospecho- que ese relajo alimenticio, aunado con la decepción del contrato con la nueva empresa -o la irresponsabilidad de la empresa en la que he trabajado doce años para asumir el pago de la liquidación- provocaron esa tensión; lo que me afectó, incluso, en la meditación de esa noche.

Entonces decidí que no valía la pena: podía luchar contra los hechos -contratar un abogado, acudir al ministerio de trabajo-, pero decidí que lo asumiría como una pérdida; a veces se gana y a veces se pierde; y en esta ocasión asumo lo segundo, para no continuar afectando mi bienestar.

El miércoles me desperté un poco mejor: ya no sentía la molestia estomacal de la noche anterior; además, temprano, le comenté a Rb la decisión que había tomado con relación a la situación laboral del presente año: tomaré las cosas como vengan.

Me levanté a las seis y media y completé el período de meditación, luego salí a encender las computadoras; como no tenía reunión hasta las nueve me puse a estudiar un poco de Fabric -después de completar varias lecciones de Duolingo-.

Y me pasé el resto de la mañana completando las preguntas que había fallado en el sitio con preguntas del examen -sesenta en total, aunque una está duplicada-; como tenía la reunión quincenal con mi supervosora local escribí en el chat del equipo que no podría asistir a la reunión diaria.

Ya me había dado cuenta que esta sería la última reunión de este tipo con mi supervisora: dentro de dos semanas ya estaré trabajando bajo otra administración; y la mayor parte de la misma fue sobre cuestiones personales: familia, amigos y así; porque ya no tenía sentido revisar metas laborales anuales o temas similares.

Pero, al final de la reunión, la supervisora me sorprendió con el último anuncio: consiguió que le aprobaran una última reunión departamental para la siguiente semana; o sea que tendré que salir de casa un día de la próxima semana.

Cuando anuncié que no acudiría a la reunión de equipo indiqué que estaba trabajando en la misma asignación del lunes; mi supervisor me respondió con que no era prioridad y que conversaríamos más tarde sobre las tareas.

Al finalizar la reunión con mi supervisora le escribí al analista que vive en la ciudad colonial para inquirir sobre actualizaciones; me comentó que la prioridad del día era revisar los hallazgos que habíamos reportado en las semanas anteriores: teníamos una nueva versión de la app que probamos.

Revisé el largo listado de hallazgos pero me dí cuenta que nomás tres habían sido reportados por mi persona; yme puse a trabajar en los mismos -la verdad es que no eran muy complicados-; un poco más tarde mi supervisor me llamó para revisar unos detalles de la app.

Además, en la misma reunión pude conocer un poco más de su lore: le actualicé sobre la situación de los contratos en el equipo local -para el equipo en el Imperio del Norte el cambio se está realizando de otra forma- y me contó que, además de este trabajo, también se dedica a comprar y vender automóviles.

La mayor parte del día me la pasé afinando la app con la que practico el repaso espaciado; a las doce completamos la rutina de ejercicios de los miércoles, luego sacamos a caminar a los perros grandes; después calentamos y consumimos la tercera porción de la mezcla de verduras y pollo a la que llamamos comida china.

Por la tarde trabajé en el último de los hallazgos que tenía pendiente de revisar; al final marqué los tres como aceptables; también estuve tratando de leer un poco pero, realmente, me quedé dormitando un rato en la cama.

Como Rb tenía clase de teología al principio de la noche salimos, a caminar a las cuatro y media; caminamos hacia los supermercados en dirección sur: teníamos pendiente comprar sal y los mejores precios los hemos encontrado en el supermercado que está cerca del extremo del boulevard.

Caminamos hasta el final del boulevard y luego lo cruzamos para entrar al supermercado; allí compramos una bolsa -de una libra- de sal de cocina y dos bolsas -de media libra cada una- de sal de mesa; Rb también compró una bolsa de Maseca pues quiere animarse a probar si el maíz aún le produce alergia.

En el otro supermercado compramos un poco de bananos; después de pasar al segundo supermercado retornamos a casa; Rb entró a su clase de teología y yo me metí a mi habitación a completar lecciones de Duolingo (ando otra vez con un ELO superior a mil seiscientos).

Además completé una ronda de preguntas en la app de repaso espaciado: obtuve una puntuación de más del ochenta por ciento, pero mi meta es -en pocos días- alcanzar el cien por ciento; también estuve leyendo el libro con el que sustituí The Informationist.

Cuando escuché que Rb terminó su clase de teología me pasé de mi habitación a la suya, estuve revisando los libros que aún llevo a medias y consideré ver alguna serie o película, pero, al final, ya no me dió tiempo.

El jueves estuvo bastante tranquilo, o al menos lo sentí así: como ya no quería seguir luchando -o preocupándome- de lo que sucederá con el pasivo (serían como veinte mil dólares) firmé -digitalmente- el contrato que me enviaron de la oficina del país más grande de sudamérica.

En el plano laboral no hubo mucho: el día anterior ya había completado la revisión de los hallazgos que tenía asignados; entonces me dediqué a practicar con las preguntas del examen de Fabric; también traté de cambiar el lugar para tomarlo -quise pasarlo a una locación física- pero no fue posible.

Por la tarde, después del horario laboral, nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; Rb quería ver si encontraba un café -había decidido empezar nuevamente a consumirlo al acudir a un Dunkin Donuts luego de la inhumación de su amiga- en la tienda verde de descuentos.

Pero no encontró allí nada que le interesara; yo, por mi parte, compré una bolsa de marshmallows, los que planeo repartir a mis -pronto ex- compañeros de trabajo en la reunión del siguiente miércoles.

Después de la tienda de descuentos pasamos al supermercado más cercano, pero allí tampoco encontró Rb un café que le pareciera adecuado -los que le gustaron estaban demasiado caros-, por lo que iniciamos el trayecto de vuelta a casa.

A medio camino pasé a la panadería en donde encuentro el pan más económico -medio dolar me alcanza para el pan del desayuno de tres días-; también pasamos a la panadería de la vuelta, en donde compré un cubilete con chispas de chocolate.

El viernes me levanté a las seis y media, medité y luego salí a encender las computadoras, luego de pasarlas de la bodega a la mesa del comedor; como no tenía reuniones temprano -la primera empezaba a las nueve- me puse a completar lecciones de Duolingo.

Luego estuve leyendo un poco en la cama; a las nueve entré a la reunión semanal del equipo; en la que el supervisor intenta mostrarle a su jefe que estamos trabajando; a mis compañeros les asignó en la reunión más trabajo relacionado con la demostración -en español- que tendrán que hacer pronto.

A mí nomás me indicó que siguiera trabajando en la documentación, junto con los tres analistas en el Imperio del Norte; o sea que -al parecer- mi última semana en este trabajo será casi tan tranquila -e inconsecuente- como los últimos años: mi aporte en esa tarea ha sido -básicamente- corregir formatos y diseño de los documentos.

Después de esta reunión me preparé el desayuno de los fines de semana: Rb me había reservado un par de yemas y les agregué un huevo para preparar la torta con la que me armo un pan bastante completo.

El resto del día fue casi nulo en el sentido laboral; los compañeros estuvieron discutiendo sobre las condiciones del contrato con la nueva empresa -el horario en el mismo se nota más extendido-, pero traté de no entrar en la discusión: igual los horarios han sido siempre bien irregulares.

A las doce Rb salió de su habitación y completamos la media hora de la rutina de ejercicios, luego sacamos a los perros; cuando entramos preparé un par de enormes ensaladas y Rb puso a cocinar uno de los pescados que mi madre nos había enviado en mi último viaje.

Por la tarde todo siguió su curso: café, té y lavado de trastos; Rb continuó la mayor parte de la tarde traduciendo llamadas y yo me entretuve entre ejercicios de Fabric -traté de cambiar la fecha del examen, adelantándolo una semana, pero tampoco me fue posible-, ajedrez en Duolingo y lectura.

Al finalizar la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur: queríamos comprar un par de pollos para los almuerzos -caldo de pollo- de la siguiente semana; caminamos hasta el final del boulevard -en donde pasamos a la panadería pues quería comprar un poco más de pan para mis desayunos- y luego retornamos al supermercado de la mitad del camino. 

En el supermercado compramos los dos pollos, un poco de bananos, y el pepino que me hacía falta para la ensalada del día siguiente; cuando retornamos a casa puse, en un par de litros de agua con lejía, a desinfectar todas las verduras de la ensalada -menos la manzana verde, que ya estaba desinfectada, y el aguacate-.

Después me puse a preparar los dos rollitos de pollo que llevaría al almuerzo del día siguiente: el día anterior había bajado del freezer la pechuga, la que partí a la mitad, martillé cada una de ellas y las rellené con jamón de pavo, queso amarillo y la mitad de un chile pimiento; luego los almacené en la refrigeradora. 

Por la noche recibí una llamada de mi madre: querían venir al día siguiente a trabajar en la construcción de la galera que está ya medio derruida en el patio trasero de la casa de Rb; pero le indiqué que no me quedaba bien: ya tenía comprometido el día siguiente.

Les propuse la semana siguiente -aunque, realmente, estaba pensando que fuera dentro de dos o tres semanas, porque el sábado siguiente ya había previsto la reunión mensual con mi hija mediana- y estuvo de acuerdo.

Después de terminar la llamada estuve revisando mi calendario anual: mi hija mediana no me había confirmado, aún, la reunión de la siguiente semana; así que decidí que la movería para la primera semana de octubre; le escribí en whatsapp pero tampoco me contestó.

Y a ver cómo sigue eso.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Doce años, y una bicicleta... Twelve years, and a bike... Douze ans et un vélo...

Hoy me dí cuenta que la semana pasada cumplí doce años de trabajo ininterrumpido; y de que se me había pasado, por completo, la fecha; o sea, en alguna ocasión recibí un correo de la oficina de Recursos Humanos, conmemorando mi aniversario laboral, pero quizá fue una o dos veces y hace seis o siete años, en fin.

Y no ha sido tan sencillo el trayecto: un par de años después de que entré hubo una gran división -una gran parte de la plantilla pasó a conformar otra empresa-; luego, dos o tres años después, casi todos pasamos a otra empresa.

Luego, dos o tres años más tarde, despidieron a la mayoría del personal de mi división porque querían que nuestros colegas del subcontinente asiático se hicieran cargo de nuestras tareas -no pudieron hacerlo bien-; afortunadamente yo -y una compañerita- trabajábamos directamente con la directora y eso nos permitió continuar trabajando.

Pero ahora, después de doce años, ha llegado -al parecer- el capítulo final: desde mayo anunciaron que estaban vendiendo del departamento en el cual trabajo -y al que me trasladé dos años atrás, luego de un año de haberme cambiado de posición-.

El proceso no ha sido ni fácil -creo- ni claro: la empresa que nos compra se dedica a eso; llevan más de veinte años en el mercado -como parte de otra corporación más grande-, y lo que realizan es eso: adquieren empresas -o partes de empresas-, las organizan para que funcionen independientemente y luego nomás las administran.

Pero, como acá no hay oficina de esta empresa, se supone que seremos trasladados a un Employer of record, pero no se vé nada claro: hace dos viernes nos reunimos con varias personas de esa empresa y quedaron algunas dudas; por ejemplo, si seremos liquidados, o qué pasará con el pasivo laboral.

Lo único que sacamos en claro de la reunión fue que las vacaciones atrasadas serían pagadas y se empezaría con un record de cero, a partir del primero de octubre; pero también debían enviarnos unas propuestas de traslado la semana anterior, y no ocurrió.

Y a ver cómo termina eso.

Lo otro: hace unos ocho o diez años adquirí una bicicleta -justamente del amigo que vive en el otro extremo de la ciudad: me la vendió para celebrarle un aniversario a su esposa-; la misma ha estado -la mayor parte del tiempo- inactiva (incluso se le pudrieron las llantas en una ocasión).

La saqué una vez hace varios años: la llevé a la gasolinera a llenar los tubos de aire; y en otra ocasión pagamos con Rb su reparación total -cambio de llantas, ajustes de frenos, etc-; pero sigue almacenada en la lavandería.

Hasta hoy, después de mucho tiempo recordé el período en el Imperio del Norte; en el segundo y tercer viaje me movilicé en la ciudad casi exclusivamente por este medio de transporte.

Y así empezó mi semana.

El lunes me levanté a las seis y media; sabía que sería un día silencioso en el tema laboral -es el Labor Day en el Imperio del Norte- pero no esperaba que tanto; el supervisor nos había comentado el viernes que todo estaría vacío en las oficinas y que debíamos seguir trabajando en el documento.

Fue justamente doce años atrás que empecé mi trabajo actual: se suponía que empezaría el primer día del mes que también era el primer día de la semana, o sea, el primero de septiembre; pero, por ser el primer lunes de septiembre, era asueto federal en el Imperio (Labor Day); así que me tuve que esperar un día extra para empezar a trabajar.

Después de meditar salí a encender mis dos computadoras; revisé que no tuviera ningún mensaje o correo pendiente en la del trabajo y luego me puse a completar lecciones de Duolingo.

Como no tenía nada de trabajo -estuve monitoreando mis mensajes y correos- aproveché para tomar algunas lecciones de Go: el juego me ha interesado desde hace mucho tiempo y, en un par de ocasiones, he intentado aprenderlo; aún no lo he logrado.

Antes de desayunar me dí cuenta que no había bananos maduros -teníamos un par de racimos de bananos pequeños pero en un estado bastante lento de maduración-, por lo que le comenté a Rb que iría al supermercado.

Ella me indicó que podría comprar en la tienda de la esquina, pero se me ocurrió sacar la bicicleta de la lavandería y usarla por primera vez en varios años; el año pasado -o este, no recuerdo- había comprado un inflador y le eché un poco de aire a la rueda trasera.

Me dirigí en bicicleta al supermercado más cercano, en direción sur; como hay una inclinación, la ida fue bastante agradable; compré bananos por valor de un par de dólares e inicié el camino de vuelta; el cual fue más complicadillo porque subir la cuesta que se encuentra a la mitad del trayecto requirió un esfuerzo sostenido.

Cuando retorné del supermercado -dejé la bicicleta en la sala- me puse a estudiar un poco de Fabric; luego, antes de desayunar, leí un poco de Tinta y Sangre; me está costando un poco avanzar en el libro pues es bastante denso y hay bastante introspección.

A las diez me preparé el desayuno -el cual acompañé con un poco de pastel tres leches-; luego continué en la mesa del comedor, viendo algunos videos de youtube y repondiendo algunas preguntas de Fabric.

Por ser Labor Day en el Imperio el trabajo de Rb había estado bastante inconsistente: la mayor parte de llamadas habían sido cortas; un poco antes de las doce entré a su habitación pues no había escuchado que estuviera en llamada; pero lo estaba.

Entonces revisé mi whatsapp y encontré un mensaje comentándome que estaba en medio de una llamada; por lo que decidí sacar a caminar a los perros a esa hora, mientras ella completaba la llamada, para realizar luego la rutina de ejercicios de los lunes.

Me vestí y le puse los arneses a los perros, los saqué a caminar pero, un poco después de pasar frente a la casa ví que Rb ya había completado su llamada y estaba por salir de casa; caminé un poco más y luego la esperamos.

Después de completar la caminata iba a calentar la comida, pero me irritó una indicación de Rb sobre la forma de proceder con el caldo; entonces le comenté que me encargaría de las ensaladas y que ella se encargara de calentar el caldo, los chiles rellenos y la salsa.

Y así estuvo tranquila -espero- la cosa; el almuerzo estuvo muy bien: los chiles rellenos le quedaron mejor de los que he probado en el pasado, y el acompañamiento con caldo de pollo -al que agregué un poco de ramen- y ensalada estuvo perfecto.

Después del almuerzo me preparé un café; luego me retiré a mi habitación a leer lo que me quedaba del capítulo de Tinta y Sangre; pero antes de completarlo cerré los ojos por un momento y me quedé un tiempo en estado de duermevela.

Por fin completé el capítulo y, después de jugar un par de partidas de ajedrez, salí a ofrecerle un té de manzanilla a Rb; mientras el agua hervía me puse a lavar los trastes que se habían acumulado en el día.

Después me quedé en la mesa del comedor, para evitar dormirme; aproveché para terminar la lección diaria de Fabric y completar la segunda página diaria de preguntas del examen de certificación -completaré la tercera ronda en un par de días y luego planeo concentrarme en las preguntas que aún no domino (que espero que no sean muchas)-.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llevaba la mochila con aislante térmico pues Rb planeaba comprar varias libras de pechuga para sus desayunos -en el supermercado más lejano-.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos al supermercado; Rb adquirió varias libras de pechuga y yo compré una bolsita de crema, para el desayuno que planeo preparar el domingo -también compré una bolsa de snacks con motivos del pasado mundial de futbol-.

Antes de entrar al supermercado habíamos pasado a una farmacia -hay tres o cuatro en la misma calles- pues Rb necesitaba comprar micropore, gasas y una pomada con la que está tratando las alergias de su perro -llega a arrancarse trozos de pelo al rascarse-.

En el otro supermercado compré la pechuga que necesito para el almuerzo con mi hija mayor el sábado; también compramos un par de lechugas -super caras, pues no había de las tradicionales-, además compré un poco de café molido -para mezclar con el más barato que había comprado el mes anterior- y una bolsa de tortillas de maíz, para los tacos de pescado.

Al inicio de la noche, después de haber retornado de los supermercados y almacenado en la refrigeradora todo lo que necesitaba refrigeración -pollo, lechugas y la crema-, me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; después, como ya había completado las dos páginas de preguntas y la lección de Fabric, me pasé a la habitación de Rb.

En donde ví completo el último capítulo publicado de Nanoha -el anime (creo) tiene como tres títulos, y no estoy seguro de cuál es el más confiable-; además ví una parte del penúltimo capítulo de Special Op: Lioness.

El martes me levanté a las seis y media; creo que dormí muy bien porque me desperté un rato antes de que sonara la alarma del celular; pero no me levanté en cuanto sonó: me quedé esperando la alarma de las seis y veintisiete y entonces me levanté a meditar.

Después salí de la habitación, saqué ambas computadoras de la bodega y las pasé a la mesa del comedor; luego las encendí, Rb estaba aún en el baño y luego se metió a su habitación a contestar llamadas -el día anterior había sido asueto y esperaba tener una mejor jornada-.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; aunque había visto, a las siete, que la compañera de mi supervisor había avisado que no estaría en la misma; y la llamada estuvo rarísima: el director de desarrollo se extendió en un discurso sobre mejorar el desempeño del equipo.

Total que la llamada se extendió más de la media hora que usualmente dura; en ese tiempo yo había estado haciendo lecciones de Duolingo, y creo que incluso completé una partida de Scrabble online; a las nueve entré a la siguiente reunión -antes había leído una buena porción del capítulo de Tinta y Sangre-.

En la reunión de las nueve no hubo -al igual que toda la semana- casi nada de avance: aún no tenemos acceso al servidor remoto; después de la misma continué leyendo, hasta las diez menos cuarto; a esa hora uno de los analistas en el Imperio del Norte empezó la llamada.

Ingresé a la misma y ví que ya estaba allí el supervisor, un poco después entraron los otros dos analistas locales; y es que las reuniones han sido más inútiles que de costumbre: básicamente es el supervisor comentándonos que no hay acceso a la red y que debemos revisar cuidadosamente el manual que nos confió.

Pero yo agregué un tema en la reunión de este día: el día anterior el supervisor nos había comentado que un analista peruano podría necesitar de nuestra ayuda para revisar una presentación en español; le recordé nuestra disposición y dijo que iba a darle seguimiento.

A las diez me preparé el desayuno, el que acompañé con el tercer cuarto del pastel tres leches que compré el sábado por la noche; después del desayuno continué leyendo -terminé la porción de Tinta y Sangre y me pasé a The Informationist-.

Un poco antes del mediodía Rb salió de su habitación -un poco antes me había enviado un mensaje mostrándome que el instructor de zumba había avisado (muy tarde) que no llegaría a clase: igual, ella había decidido antes que no acudiría- y se puso a completar una rutina de ejercicios en la sala.

Aún no había completado la rutina cuando llegó la hora de sacar a caminar a los perros -antes de que ella saliera yo había preparado varios ingredientes del almuerzo: piqué un poco de lechuga, rallé un poco de zanahoria y licué un par de aguacates-; entonces me vestí, le puse arneses a los perros grandes y los saqué a caminar.

Cuando estaba iniciando el retorno de la mitad de la primera vuelta ví que Rb salió de casa; con la bolsa de los desechos (la cambia cada semana), pero los perros ya habían realizado sus excreciones y yo las había recogido con una bolsa roja, por lo que le hice señas para que dejara la bolsa en casa.

Después de completar las dos vueltas metimos a los perros a casa; luego de lavarme las manos puse a calentar la mitad del paquete de tortillas de maíz que había comprado el día anterior; además saqué los demás ingredientes de la refrigeradora: el pescado (el cual cubrí con papel húmedo y lo metí al microondas), la lechuga, el guacamol, la zanahoria rallada y un poco de salsa barbacoa que había preparado la noche anterior. 

Almorzamos cuatro tacos -los míos los hice con dos tortillas cada uno-, ensalada y caldito de pollo (al mío le eché unos gramos del ramen congelado que ha estado ya varias semanas en el congelador); después me preparé un café.

Después de almuerzo -el tema laboral estaba tan bajo que había incluso considerado zafarme un rato para ir al organismo de seguridad social a dejar el formulario; pero no había impreso aún los documentos- me pasé a la cama a terminar de leer el capítulo de The Informtationist que llevaba a medias.

Pero en eso sonó la alarma y salí a ofrecerle un té de manzanilla a Rb; puse a hervir el agua -con la hierba- y me dediqué a lavar los trastes -era una montaña- que había en el lavatrastos; cuando hirvió el agua apagué la hornilla, pero quería terminar de lavar los trastos antes de pasar el té a la taza; pero Rb llegó antes y se lo sirvió.

Para no dormirme por la tarde metí cuatro opciones en una decision wheel: leer, escribir, lección de Fabric, preguntas de Fabric; y le dediqué veintisiete minutos a cada una: primero leí el final del capítullo de The Informationist -y empecé la parte final del libro de Agile-.

Luego respondí veinticinco preguntas del mismo tema en el sitio con preguntas -supuestamente- del examen de certificación; después completé la lección diaria que me proporciona el LLM -ya solo me fantan doce días de este plan-.

Por último me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-, hasta que Rb salió -a las cinco- de su habitación; entonces me vestí para salir a la caminata diaria: habíamos acordado dirigirnos a los supermercados en dirección norte.

Y es que yo quería imprimir cinco páginas en la tienda de tecnología en donde hemos comprado las últimas computadoras: dos formularios vacíos, uno completado y dos copias de mi documento personal de identificación nacional.

Caminamos hasta el inicio del boulevard, cruzamos el principal y entramos a la tienda; nos tocó que esperar un poco porque la persona que llegó antes que nosotros estaba imprimiendo bastante material; pero, al final pasé los documentos a la computadora de la oficina -me tocó que vincular mi whatsapp- y recibí las cinco impresiones (casi un dólar).

Después pasamos a la tienda verde de descuentos: yo quería comprar una botellita de salsa de soya -no le había echado a la salsa de barbacoa que preparé la noche anterior porque la última botella se me había acabado unas semanas antes-; Rb quería comprar sal.

Pero no había ninguno de estos dos artículos: es lo malo que tiene ese negocio; la reposición de artículos es muy esporádica; es como que compran muchos artículos a granel, pero luego -muchas veces- ya no hay reposición de las existencias.

Como no queríamos comprar en el supermercado que queda al inicio del boulevard -sino en el que queda en el otro extremo- caminamos de vuelta a casa; a medio camino se encontraba una señora sentada y con una posición similar a los adicto a fentanilo -o lo que se ve en la televisión-.

Rb dudo si ofrecerle ayuda pero finamente se acercó y la despertó; yo me mantuve a una distancia prudente y no escuché muy bien el diálogo: al parecer la señora nomás le dijo que vivía a la vuelta pero que no necesitaba ayuda; con lo que continuamos el retorno a casa -un poco más adelante Rb se encontró tirado un billete de tres dólares-. 

Por la noche ví una tercera parte del penúltimo capítulo de Special Ops: Lioness y la mitad de un capítulo de The Ghost in the Shell - comitee (creo que así se llama la serie); y traté de dormirme un poco temprano porque planeaba madrugar al día siguiente.

El miércoles me desperté bastante temprano: había puesto la alarma para las cinco de la mañana pues quería ir a la institución de seguridad social del país y quería regresar antes de la primera reunión del equipo (a las nueve de la mañana).

Pero me desperté antes de que sonara la alarma; de hecho dudé sobre ver la hora porque temía que no podría dormirme nuevamente; pero, al final, lo hice: apenas pasaban de las cuatro de la mañana, por lo que volví a dormirme, hasta las cinco.

A esa hora me levanté a meditar; luego me metí a la ducha y tomé un buen baño; después me vestí, entré a la habitación de Rb a despedirme e inicié la caminata hasta el boulevard principal (cuando pasé por la garita le dejé cincuenta dólares que Rb me había encargado entregarle al guardia: posiblemente le vendrían a dejar unos audífonos y no quería que interrumpieran su trabajo).

Caminé hasta el inicio del boulevard, a donde llegué apenas unos minutos después de las seis; el bus no tardó mucho en pasar y me apeé a un par de calles de la estación del transmetro; la cual no estaba muy llena, abordé la siguiente unidad en pasar y me apeé en la Municipalidad de la ciudad.

De allí caminé dos o tres calles hasta la sede central de la institución de seguridad social; apenas pasaban unos minutos de las siete cuando llegué al lugar; el cual ya se veía con cierta actividad: hay dos grandes entradas, una para el ingreso y la otra como salida.

Entré al lugar y un empleado me asistió en obtener un número para realizar el trámite: presentar el formulario con el que solicitaba actualizar el conteo de contribuciones a la entidad -para jubilarme debo cumplir dos condiciones: tener más de sesenta años (o sea, en siete) y comprobar doscientas cuarenta aportaciones mensuales).

Por lo estable de mi última década -o un poco más, realmente-, tengo en el registro digital ciento cincuenta cuotas (doce años en la empresa actual y seis meses en un banco, dos trabajos antes); y llevaba un formulario con seis empresas diferentes -empezando por el colegio en donde trabajé el último año y medio de facultad- para que la información sea actualizada.

Después de entregarme un número el empleado me indicó que debía esperar en una sillas, frente a un gran número de ventanillas; creí que esperaría hasta las ocho de la mañana -se suponía que a esa hora empezaban a atender-, pero no, un poco antes de las siete y media apareció mi nombre en las pantallas y me dirigí a la ventanilla.

Allí otro empleado, este sí, mal encarado, me recibió el formulario -ni siquiera me pidió la copia de mi documento de identificación- y empezó a rellenar la información en su terminal; y hubo un par de datos que corrigió en el listado: no sabía que la misma empresa que fue adquirida en el primer trabajo que tuve en tecnología se hizo cargo luego de mis contribuciones.

Y la otra fue el banco en el que estuve justo antes de empezar en mi empleo actual: allí trabajé en las instalaciones del banco pero realmente fui contratado por un tercero; o sea, es una práctica común acá; y, aunque le había comentado eso a la persona que me brindó la información por teléfono, ella me dió el número patronal del banco.

Le pregunté al joven si debía actualizar el registro, pero no fue necesario: él ingresó la inforamción correcta en su terminal; luego me pidió que firmara en un pad wacom y después imprimió el formulario y me lo entregó; recomendándome que preguntara por el avance en un año.

Lo que me queda bien: no puedo jubilarme hasta dentro de siete años; o sea, tengo un buen tiempo para completar los trámites; después de despedirme me dirigí a la misma estación en la que había llegado al lugar; allí tomé la siguiente unidad e inicié el retorno a casa.

Estimé que tenía un buen tiempo para tomar la misma línea de bus de más temprano para caminar de vuelta a casa la misma distancia -en sentido contrario- que en el viaje de ida; y el plan fue más o menos como había previsto: me apeé al inicio del boulevard y caminé a casa; pasé por la garita y le pedí al guardia el dinero de Rb; era lo que habíamos acordado más temprano.

Cuando entré a casa -eran las nueve menos cuarto- escuché que Rb estaba atendiendo una llamada, le escribí por whatsapp ofreciéndole alimentar a sus perros; ella aceptó y le puse los platos a los tres; afortunadamente la más anciana colaboró en esta ocasión -es bastante frustrante obligarla a comer-.

Rb salió un rato más tarde y me pidió que retornara a la garita porque prefería que el motorista no llegara hasta acá, para interrupciones en su trabajo; me vestí nuevamente y me dirigí a garita; cuando retorné entré a la primera llamada del día; la que tuvo una duración bastante corta: ni el jefe de los desarrolladores ni el programador más antiguo entraron.

El PM nos indicó que estaban en otra reunión y que debíamos continuar con nuestras actividades regulares; luego esperé la siguiente llamada, la del equipo; en esa el supervisor nos comentó que posiblemente necesitarán nuestro apoyo con una presentación en español -no solo revisión sino, entendí, participación en la misma-.

Esta reunión la terminamos justo a la hora porque había otra en la que se presentaría una herramienta de BI/Analytics; la cual estuvo muy interesante -aunque la primera parte no la ví por estar preparando mi desayuno-; aún así participé -escuetamente- en la misma: el framework es justo lo que he estado estudiando las últimas semanas para el certificado.

Después de esta reunión llamé a la analista en el Imperio del Norte: antes de que terminara la anterior me había escrito para que la llamara; pero en la reunión también estaba el supervisor; y me indicó que lo que había enviado la semana anterior no estaba bien y que debía cambiarlo.

El problema es que actualmente no tenemos acceso a la herramienta -seguimos sin acceso al servidor remoto-; le indiqué eso a la analista, pero le comenté que vería qué opciones había; así que se me ocurrió llamar a los programadores -tuve que llamar a los tres, consecutivamente- para ver si podía utilizar la versión que cada uno tiene localmente.

Primero hablé con el que menos me realciono; pero él no tenía un buen ambiente, y me indicó que quien tenía un buen ambiente era el desarrollador que menos bien me cae -el que me ayudó hace un par de años con el curso de ciberseguridad-; así que lo llamé, y estuvimos en una reunión por más de media hora; y sí, obtuve un poco de información.

Luego -al final- llamé al programador con el que me he reunido un par de veces para tomar café; él también me proporcionó un poco de información; aunque no toda la que necesitaba; al final le escribí al programador más experimentado -en el Imperio-, pero él no me pudo ayudar -eso sí, salí de mi duda: a pesar de tener un acento que (me ha parecido fuerte), dice que nació y creció en la ciudad en la que se encuentra la oficina.

Después empecé a buscar videos que había almacenado sobre esta funcionalidad y allí encontré lo que necesitaba; empecé a armar el documento pero antes de avanzar mucho ví que mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad me había enviado un audio

En el mismo se disculpaba por el medio utilizado, y me comentaba que su esposa lo había abandonado -lloraba en varias partes del mensaje-; Rb estaba aún en la reunión semanal de su trabajo, y le escribí por whatsapp: comentándole que no saldría en la tarde, pues le había dicho a mi amigo que se viniera un rato a la casa.

También le pedí a mi amigo que me enviara su ubicación en tiempo real; él debía pasar a dejar a una persona a su trabajo -es parte de sus ocupaciones extras- y luego -a las cuatro y media- vendría a casa de Rb: vino a las cuatro y veintisiete.

Se veía terrible: ojos llorosos, descuidado; nos dimos un buen abrazo y luego le ofrecí un té y un panito; y fuimos a las tienda de la esquina a comprar pan y jamón; en el camino de vuelta encontramos a Rb y ella también le dió un muy buen abrazo.

Luego Rb salió a dar su caminata -afortunadamente yo había caminado por la mañana- y, con mi amigo, entramos al comedor; en donde preparé un par de panes para cada uno; y un par de tazas de té; estuvimos hablando un poco sobre su situación -pero me cuesta llevar este tipo de conversación-.

Rb retornó una hora o así más tarde y se nos unió por un rato; luego mi amigo anunció que se debía retirar pues no había dormido casi nada durante los últimos seis días -su esposa lo abandonó el viernes anterior- y que debía entrar a trabajar de madrugada.

Le dí en una bolsa el pan restante -y la rodaja de jamón que había sobrado- y salí a despedirlo a su motocicleta; indicándole que quedaba a su entera disposición, en cualquier día y a cualquier hora; luego se marchó.

Yo entré a mi habitación y completé algunas -pocas- lecciones de Duolingo; después recordé que debía llamar a mi prima favorita: de hecho, por la tarde, estaba a punto de llamarla cuando había visto el mensaje de mi amigo.

Conversamos con mi prima de las últimas novedades: me había invitado al cumpleaños de su hermana menor, pero era justo el día en el que debía ir a visitar a mis padres; también me comentó que un hermano del esposo (fallecido) de su hermana había muerto al principio de la semana (un segundo evento cardíaco).

Además de la información familiar le comenté a mi prima sobre el trámite que había completado más temprano (ella es un año mayor que yo y también ha estado averiguando sobre la jubilación); después de terminar la llamada, y mandarle la inforamción, completé la lección diaria de Fabric; e iba a completar otra -la última, realmente- página de preguntas de examen, pero, al parecer ya lo había hecho antes.

Durante este tiempo -desde las seis y media- Rb había estado en su clase de teología; yo me puse a ver la parte final del capítulo de The Ghost y the Shell y, cuando escuché que terminó su clase, me pasé a su habitación y me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-. 

El jueves me levanté, nuevamente, a las cinco de la mañana: como la tarde anterior la había dedicado a darle soporte emocional a mi amigo, no había hecho -casi- nada de la asignación que me habían indicado a mediodía.

Puse el reloj para las cinco de la mañana (igual que el día anterior y sabiendo que al día siguiente tendría que ponerlo para las cuatro de la mañana) y me levanté en cuanto sonó la alarma; medité veintisiete minutos -hasta medio ciclo me dí cuenta que ya me tocaban veintiocho- y luego encendí la computadora del trabajo -la había dejado en la habitación-.

Y estuve trabajando un buen par de horas en la asignación; incluso utilicé -o traté más bien- el LLM del trabajo para acelerar un poco la tarea; pero, la verdad es que me decepciona; no sé si es por el nivel de licencia, pero la ventana de lectura es demasiado pequeña.

De todos modos me dediqué hasta las siete y media actualizar el documento que había enviado incorrectamente la semana anterior; a esa hora entré a la reunión diaria, en la que, por fin, participó la compañera de mi supervisor; en esa reunión mencionaron que ya se podía utilizar el servidor remoto, pero nos pidieron precaución.

Entonces aproveché para revisar las pantallas que se suponía que debía haber documentado desde antes; al final agregué dos secciones, cada una con una parte gráfica -incluyendo descripción de componentes- y una parte de ejecución -cómo navegar las mismas-.

Un poco después de las ocho llamé a la analista y le mostré mis avances; ella me indicó que iba por un mejor camino y que continuara igual; mi supervisor había avisado temprano que estaba fuera de la oficina, pero estuvo enviando mensajes para darle seguimiento a las tareas.

A la una envió un mensaje preguntando sobre el avance -o la finalización, más bien- del a asignación; yo estaba justo escribiendo el correo a la analista -con copia al supervisor y copia oculta al analista que vive en la ciudad colonial-; pero, como aún me faltaba algo de información, lo puse en pausa; y lo envié después de almorzar.

Casi al final de la tarde el supervisor volvió a escribir, comentando que ya estaba accesible el servidor remoto; yo había estado revisando el funcionamiento del mismo y lo había encontrado bastante lento; por lo que nomás puse en ejecución los cincuenta escenarios automatizados.

A las cinco de la tarde nos dirigimos, con Rb, hacia los supermercados en direccion norte: como casi todos los jueves, quería comprar el pan de mis desayunos en la panadería más económica -lo que no me resultó muy bien-; además, como el viernes Rb debía acudir al hospital, habíamos decidido almorzar pollo; y era preciso comprarlo.

Caminamos hasta el supermercado del inicio del boulevard y entramos al supermercado; compramos una bandeja de fajitas de pollo y yo aproveché para comprar cuatro coquitas de las que llevo para los almuerzos con mi hijo menor; luego iniciamos el camino de vuelta.

A medio camino pasamos a la panadería; usualmente la cuenta es de medio dólar, pero en esta ocasión se cuadruplicó; y es que compré un zepelin -que no tenía mucho de especial- y, al parecer el precio era casi el triple de lo que gasto usualmente en pan; igual, me dije, el día anterior había gastado casi eso en la refacción que compartí con mi amigo.

Cuando retornamos a casa me metí a mi habitación para recibir la clase semanal de storytelling, que ya no me está gustando mucho: se está centrando más en producción de contenido audiovisual que en -creo yo- lo importante, contar historias.

De hecho, la mayor parte de la clase silencié al presentador y me puse a completar lecciones de Duolingo; lo único que me quedó claro es que debía haber presentado una tarea durante la semana -nadie la presentó-. 

Por la noche me sentía bastante agotado -dos días levantándome un par de horas antes de lo acostumbrado- por lo que ya no hice mucho: además de Duolingo y completar la lección diaria de Fabric; nomás ví el inicio de una película del actor de Deadpool. 

El viernes me levanté a las cuatro de la madrugada; había estado teniendo sueños bien raros: con personajes y escenas del trabajo en el que me encontraba por la época en la que nacieron mis hijos; me desperté con una sensación de decepción: treinta años como Ingeniero y ań no siento cabeza; pero bueno.

Me vestí y salí de la habitación; Rb ya casi estaba lista y un poco después abordamos la van y nos dirigimos al hospital nacional más grande de la ciudad; encontramos una buena cantidad de vehículos en el camino, pero ningún embotellamiento.

De hecho, cuando llegamos al hospital Rb se sorprendió de ver una cola de ingreso bastante reducida: la primera vez que llegamos a esa hora la cola se extendía por tres calles; en esta ocasión ni siquiera doblaba la esquina.

Dejé a Rb en el lugar e inicié el camino de retorno; el cual tampoco estuvo muy difícil; vine a casa antes de las cinco y aún estuve intercambiando un par de mensajes con Rb -me comentó que la poca afluencia era porque había riesgos de bloqueos por las protestas en contra del alto costo de los combustibles-.

Entre la conversación con Rb y -algo de- redes sociales terminé intentando dormirme nuevamente hasta un poco después de las cinco; y sentí que no concilié el sueño, pero, definitivamente, estaba dormido cuando sonó la alarma de las seis y media.

Me levanté y completé los veintiocho minutos de meditación; luego salí a la sala con la computadora del trabajo; aunque no planeaba trabajar mucho: la primera reunión era hasta las nueve de la mañana; entonces me puse a completar algunas lecciones de Duolingo -bajando, nuevamente, mi elo por debajo de los mil cuatrocientos-.

A las nueve entré a la reunió semanal del equipo -la ponen los viernes a la misma hora que la segunda reunión diaria-; en la misma no hubo muchas novedades, excepto que mis dos compañeros estarán apoyando un proyecto de un país del cono sur.

Y no sé como sentirme al respecto: o sea, celebro que no aumenten mis responsabilidades -y tampoco me llama la atención viajar-; pero fui yo el que le indiqué al supervisor que el equipo local podía apoyar este proyecto: compartimos el idioma materno.

A las diez de la mañana vinieron a dejar un saco de comida para los perros grandes de Rb -ella me había escrito un mensaje para pedirme que estuviera listo para recibirlo-; también, un poco más tarde me dí cuenta que se me había olvidado -por segunda ocasión- alimentar a los perros.

Por suerte Rb acababa de avisarme que estaba iniciando el retorno; por lo que le serví la comida a los animales y comieron tranquilamente -incluso la más anciana-; Rb vino un poco después de las once: hubo un connato de cita para la cirugía para la siguiente semana, pero al final le dieron una cita de seguimiento para el próximo mes.

Rb venía bastante agotada; y yo había estado leyendo un poco del libro de francés; entonces quería continuar con esto y me fuí a mi habitación; ella llegó un poco más tarde y se acostó a mi lado; y se quedó dormida; con lo que ya no hicimos la rutina de ejercicios de los viernes.

La verdad es que me agradó que se quedara un poco a mi lado en la cama; pero cuando salí -se despertó un poco después del mediodía- me dí cuenta que mi supervisor me había estado llamando para que participara en una reunión con un desarrollador.

No quise hablarle para comentarle que estaba teniendo problemas de conexión -o que estaba en el servidor o algo parecido-, nomás seguí con mis actividades normales: sacamos a caminar a los perros grandes.

Cuando entramos de la caminata preparé un par de enormes ensaladas y luego le agregué a la mía la mitad del pollo que Rb había dejado cocinando; almorzamos y luego me preparé un té de menta -acompañado por pan y galletas-.

Después del almuerzo continué con la última parte del libro de kanban -no estoy seguro pero creo que es el que más tiempo me ha llevado en estos cuatro años-; a las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb y lavé los trastes del día.

Ella había estado -después del almuerzo- contestando llamadas en su habitación y salió a darle de comer a sus perros; yo me ocupé en las preguntas del examen de Fabric -el día anterior había completado la primera cuarta parte, con un porcentaje de setenta por ciento correctas-.

La segunda cuarta parte mejoró -pero no tanto-; eso consumió la mayor parte de la tarde; también le pedí a Rb que enviara al grupo de storytelling la tarea que había preparado antes del mediodía: bajé varias fotografías de mi Google Fotos para ejemplificar un listado de planos y ángulos.

A las cuatro cerré la máquina de mi trabajo y me puse a depurar las quince preguntas que había fallado el día anterior -quería adecuarlas a mi herramienta de repaso espaciado-; pero Rb me propuso que hiciéramos ejercicios; al principio me negué.

Pero después lo reconsideré y completamos la rutina que debíamos haber hecho al mediodía; después nos vestimos y nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur: aún me faltaba comprar un poco de jamón de pavo para los rollitos de pollo que planeaba llevar al almuerzo con mi hija mayor -al día siguiente-.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de mitad del camino; allí elegí, al inicio un par de tomates, pues me había dado cuenta que me faltarían para completar el desayuno del domingo; luego me dirigí a la carnicería.

Y allí estaba un joven con una -al parecer- larga lista de compras; también estaba una señora esperando; esta última le pidió que la dejara comprar nomás una cosa; yo pensé también en hablarle, pero desistí; sin embargo el joven fue muy amable y me preguntó si compraría poco, pues él estaba comprando para toda la semana.

Con lo que pude comprar -sin esperar tanto- media libra de jamón de pavo; Rb llegó un poco después, con una lechuga; pasamos a la caja -el monto no llegó al mínimo para recibir un ticket para la rifa de la moto- y luego retornamos a casa.

Cuando entramos reservé en la refrigeradora las hojas de lechuga -y tomates y chiles pimientos- que había desinfectado a media tarde; luego corté uno de los chiles pimientos en cuadritos; después saqué la pechuga de pollo y preparé un par de rollitos.

Los reservé en la refrigeradora y luego seguí trabajando con las quince preguntas que no logré contestar correctamente del primer cuarto grupo del sitio en el que he estado preparándome para el exámen de certificación; eso me llevó bastante tiempo pero pude, finalmente, repasarlas en mi app.

Ya eran más de las ocho cuando completé el primer repaso y me pasé a la habitación de Rb; consideré ver algo audiovisual, pero nomás me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; luego, un poco antes de las diez, me retiré a mi habitación.

Medité los veintiocho minutos y luego, como no tenía mucho sueño -a pesar de haberme levantado a las cuatro- continué -hasta el final- con el libro de kanban; el cual completé a las once y media de la noche; luego completé mis notas y revisé -por última vez en el día- mi correo laboral. 

El sábado me levanté a las seis y media; medité y luego retorné a la cama, a completar algunas lecciones de Duolingo; a las siete salí de la habitación y preparé las ensaladas que llevaría al almuerzo con mi hija mayor; luego cociné los dos rollitos de pollo -y la torta para mi desayuno-.

Traté de tener todo listo antes de las diez pues Rb debía llevar a su perra más anciana a la veterinaria -para su inyección mensual-; desayuné un poco después de las diez y luego conduje la van -con Rb y su perra- hasta el comercial más cercano en dirección sur.

La cita era para las diez y media y llegamos con casi quince minutos de anticipación; y estuvimos esperando fuera de la clínica hasta cerca de la hora programada; cuando salió el veterinario para hacer pasar a Rb -y su perra-; el tratamiento es bastante corto con lo que un poco más tarde estábamos iniciando el regreso a casa.

Un poco antes de las once sacamos a caminar a los perros grandes; luego me metí a la ducha y tomé un buen baño, el cual fue interrumpido por varias exclamaciones de Rb: el perro se había subido a mi cama y había encontrado los dos rollitos de pollo -no tuve cuidado en dejarlos en un lugar seguro-.

Al principio me molesté, pero me tranquilicé bastante rápido: o sea, no podía hacer mucho -más que tirar la comida-; lo bueno es que las ensaladas estaba intectas, así como los snacks; terminé de bañarme y luego preparé -el resto de- la comida.

Salí un poco antes de las doce de casa y encontré la ruta completamente vacía; no tuve que bajar la velocidad hasta la última curva antes del boulevard principal; y la ciudad también estaba bastante vacía; tanto que llegué al departamento de mis hijos un par de minutos después de las doce y cuarto.

Subí al departamento y me instalé en la sala; como era super temprano decidí no avisarle a mi hija que ya estaba en el lugar; decidí meditar durante veinte minutos, pero olvidé desconectar las alarmas del celular, entonces nomás medité doce o trece minutos.

Luego me puse a armar un par de cubos de Rubik; hasta la una menos cuarto, a esa hora le escribí a mi hija, comentándole que ya estaba en el lugar; un rato después salió de su habitación; y nos dirigimos al parque temático.

Le comenté a mi hija que había tenido un accidente con la comida y que pensaba comprar pollo -frito-; ella estuvo de acuerdo y, cuando entramos al parque temático, pasamos al restaurante del lugar; compré un poco -bastante poco- de pollo a un precio excesivo (8 dólares) y nos dirigimos al lugar en donde habitualmente almorzamos.

El sitio estaba bastante vacío, encontramos una mesa en un lugar apartado y procedimos a almorzar; después le propuse a mi hija que fueramos por un par de helados de cono; lo bueno es que ahora sí recordábamos la ruta corta para llegar al kiosco.

Compré un par de helados y nos instalamos en una de las mesas bajo los árboles del lugar; entonces mi hija abrió la caja de Scrabble y descubrimos que dentro estaba mi ajedrez; jugamos un par de partidas -gané rápido la primera pero no jugué muy bien la segunda y mi hija ejecutó un jaque mate-.

Después de estar un buen rato en el lugar le propuse a mi hija que abordáramos la rueda de Chicago; la cual estaba bastante vacía; pero, por alguna razón, sentimos bastante corta la duración del juego mecánico; en el viaje del departamento al parque habíamos pasado a un cajero automático, pues quería sacar un poco de efectivo.

Y, como había decidido empezar a sacar los dólares de mi cuenta bancaria, le había pedido a mi hija que me acompañara al banco en el viaje de vuelta; salimos del parque un poco después de las cuatro y nos dirigimos al banco.

Extraje una buena cantidad de dólares -aprovechando que acababa de recuperar mi documento de identificación- y luego continuamos el camino al departamento; en donde nos instalamos en la sala; yo había pensado que practicáramos origami, pero mi hija me propuso jugar Scrabble en inglés.

Completamos una partida bastante extensa: no me dí cuenta que ya había pasado la hora en la que habíamos acordado despedirnos (las cinco y media); entonces, por la hora, decidí que iría por Rb en el auto -y no a pie, como es lo habitual-; y, también, aprovecharía para pasar a una tienda de electrónica a comprar un par de caimanes.

Como mi hija me había pedido que la pasara a dejar al otro lado del boulevard bajamos al sótano, abordamos la van y conduje hasta el otro lado de la calle principal; allí nos despedimos y continué mi viaje hasta la tienda de electrónica.

La misma está en el mismo comercial en donde compré los petapes de playa unos meses atrás; el lugar estaba bastante lleno pero no me llevó mucho tiempo comprar los caimanes (dos rojos y dos negros, por menos de cuatro dólares); luego continué mi viaje de vuelta.

Compartí con Rb mi ubicación en whatsapp; las rutas continuaban bastante vacías; incluso en la entrada al municipio la cola antes del semáforo era de un par de autos; llegué al comercial un poco después de las seis, llamé a Rb y nos reunimos en la entrada del supermercado.

El plan era comprar el pollo que necesitábamos para los almuerzos de la semana; pero, no había del tipo de pollo que andábamos buscando; por lo que retornamos a la van y en ella a casa; cuando vine me puse los audífonos bluetooth y realicé una buena limpieza de pisos.

Luego vacié la mesa del comedor y coloqué los platos que utilizaría el día siguiente para el desayuno al que había invitado a mi amigo voluntario; después de dejar preparada el área estuve un rato en la habitación de Rb, viendo videos de Youtube.

Y a ver cómo va eso... 

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

La Informacionista... The Informationist... L'informationiste...

Estaba -hace un par de semanas- viendo la tercera temporada de Special Ops: Lioness y me pregunté si estaba basado en un libro -o algo similar-; luego me puse a buscar libros con la misma temática; y Google -me parece- me sugirió el título que titula este texto.

Y me pareció interesante aún antes de ver que era toda una serie de libros que sigue a una misma protagonista: la autora, al parecer, fue criada dentro de la misma secta en la que crecieron los hermanos Phoenix -River murió, Joaquin nos dió al último Joker-.

La protagonista del libro es -claro- estadounidense, nacida en Cameroon -donde tengo una conocida- y se dedica a realizar investigaciones en donde otros personajes no han logrado encontrar lo que se buscaba; leí algunos capítulos entre los últimos dos libros.

Y es que me quise obligar a terminar -de una vez- el libro de George Carlin -no me gustó, en general, pero no quería dejarlo a medias-, y a la vez Wherever you go There you are -porque sentí que ya me había tardado mucho en este-; entonces estuve intercalando estos tres libros.

Completé el de George Carlin: no me gustó; o sea, alguien que -según sus palabras- pasó drogándose desde su adolescencia hasta los sesenta y siete años -cuando entró en rehabilitación, muriendo cuatro años más tarde-; pretendiendo ser un disruptor.

Digo pretendiendo porque tiene un sketch donde se burla de la preocupación humana por tener una casa -el lo llama, lo que cubre tus pertenencias-; pero en el libro habla sobre sus mansiones -y fiestas- en Hollywood (y de estar una tarde tomando whisky y fumando marihuana en su jet privado-.

El otro libro, el de meditación -o mindfulnes, no me quedó muy claro- me gustó mas; o sea, estoy por llegar a los novecientos días contínuos -o casi- de meditación diaria; un hábito que espero mantener durante el resto de mis días.

Y a ver cómo va eso.

El domingo me levanté a las seis y media; bajé al piso a meditar y luego retorné a la cama, a hacer algunas lecciones de Duolingo; preveía un domingo tranquilo: los dos anteriores nos habíamos encargado de limpiar toda la maleza trasera de los patios frontal y trasero.

Después de las lecciones de Duolingo estuve leyendo un poco del libro de Kanban; después me pasé a la mesa del comedor, en donde estuve viendo algunos videos de Youtube; un poco después de las diez tomé mi desayuno.

Rb se puso a hacer una rutina de ejercicios un poco después de las once de la mañana; y, más o menos a la misma hora, yo llamé a mi amigo que vivió muchos años en la misma  ciudad en la que estuve -ya hace más de dos décadas- en el Imperio del Norte.

Había estado pendiente de realizar la llamada desde un par de días antes; de hecho la había querido realizar el día anterior, pero no me había dado tiempo: y es que, el año anterior, había registrado la fecha de cumpleaños de mi amigo; justo el domingo.

Estuvimos, con mi amigo, casi una hora en una conversación bastante animada: justo estaba cumpliendo cincuenta y siete años; y, supuestamente, lo habían estado llamando desde su ciudad natal, para felicitarlo; fue una conversación bastante agradable.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; y cuando entramos Rb se puso a preparar las alitas de pollo dominicales; mientras, yo preparé un par de enormes ensaladas, para acompañar el almuerzo.

Después del almuerzo no me preparé café ni té: ya había tomado café en la mañana, y esperaba volver a consumir más tarde, en la reunión que había acordado con el hermano de mi amiga psicóloga; y me parece que tampoco le ofrecí té a Rb.

Un poco antes de las dos y media me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían ido acumulando en el día; lo que me llevó un buen tiempo; después me vestí, saqué de mi habitación mi mochila y la caja del Scrabble -pero con el ajedrez adentro- y me subí a la van.

Había estado lloviznando por lo que el tránsito estaba algo lento; pero no tanto como para atrasar mi llegada al destino: llegué a la cafetería un par de minutos antes de las tres; casi llegando había visto que mi amigo me había escrito un mensaje en whatsapp, inquiriendo sobre mi avance.

Entonces le escribí, comentándole que ya estaba en el lugar; y unos cinco o seis minutos más tarde -al ver que no llegaba-, lo llamé; me comentó que se estaba estacionando y, efectivamente, un poco después entró al lugar.

Había pasado mucho tiempo desde nuestra última reunión -que creo que fue un desayuno hace un par de años, en una cafetería en una de las zonas opulentas de la ciudad- y lo encontré un poco más lleno -aunque vestido de forma juvenil-.

Ordenamos un par de cafés -el mío, Cappuccino (y un pastel), el de él, frío, no pastel: nueve dólares- y estuvimos las siguientes tres horas entre conversación, consumo de bebidas y una partida de ajedrez -esto último había sido el pretexto del encuentro-.

Mi amigo es medico y cirujano -con una maestría en salud pública y otra por terminar en administración de la salud- pero no es bueno en ajedrez; o sea, no sabía aplicar el enroque, por lo que el juego fue bastante sencillo -trate de que no sufriera mucho-.

Además, la conversación fue bastante interesante: a mi amigo le gusta leer y ha consumido libros bastante serios -Kant, Schopenhauer y así-; pero también tiene -aún- una visión bastante utópica de la vida: aún anda en ensoñaciones de ayudar a una comunidad para que se ayuden a ellos mismos.

A las seis de la tarde -había puesto una alarma- le comenté que me retiraba y salimos al estacionamiento; en donde nos despedimos, abordé la van mientras el se dirigí a su automóvil, y emprendí el regreso a casa; el cual estuvo un poco más tardado que la ida: seguían episodios de llovizna.

Pero, por la corta distancia, no tardé mucho en estacionar la van frente a la casa de Rb; ya era casi de noche y no sabía cómo proceder con mis pendientes: por la mañana había generado la lección del día de Fabric en el LLM; pero no había visto ni el laboratorio ni las preguntas del sitio que he estado frecuentando.

Entonces decidí nomás terminar la lección del día; que me llevó un buen tiempo -eran bastantes scripts en T-SQL-; luego no me dieron ánimos de continuar con los pendientes, así que decidí ver una parte de un capítulo de The Ghost in the Shell.

Lo que hice en el sillón de la habitación de Rb; en donde estuve hasta las diez; a esa hora nos despedimos, me pasé a mi habitación, completé los veintisiete minutos de meditación y luego me dormí.

El lunes me levanté a las seis y media; no tenía reunión programada hasta las nueve, así que lo tomé con calma: bajé al piso a meditar y luego saqué la computadora del trabajo de la habitación que utilizamos como bodega.

Me instalé en la mesa del comedor y completé algunas lecciones de Duolingo (la noche anterior, por tratar de quedar en primer lugar en la liga, había iniciado mi participación en la de esta semana; y estaba en el último lugar); después retorné a la cama y leí un buen número de páginas del libro de Kanban.

A las nueve entré a la primera reunión diaria; en la que -ni los desarrolladores ni mi equipo- no hubo mucho por reportar: aún seguimos con el acceso bloqueado a los servidores remotos; y en la del equipo -a las diez menos cuarto- sucedió lo mismo; el supervisor nomás insistió en trabajar en el mismo documento de la semana anterior.

Retorné un rato a la cama, a leer, antes de preparar el desayuno; cuando desperté la computadora ví que mi supervisor me había estado llamando; además había escrito en el grupo, preguntando por un documenoto que le había enviado casi dos meses atrás.

Reenvié el correo -mis compañeros estaban discutiendo en el grupo que tenemos los tres, sobre la mejor forma de proceder- y luego me preparé el desayuno; después me quedé revisando el documento (aunque realmente nomás se lo pasé a un LLM para que me diera sugerencias).

Rb salió de su habitación un poco antes de las doce y completamos la rutina de ejercicios de los lunes; luego sacamos a caminar a los perros; yo había dejado calentando el pollo del almuerzo, con lo que, luego de retornar de la caminata, empecé a servir las porciones (luego de preparar el guacamol).

Antes de almorzar hubo un conflicto -o más bien, generé un conflicto-: tiré un cuchillo en el lavatrastos y Rb me preguntó si estaba molesto; a lo que le contesté -conteniendo bastante la voz- que no quería hablar; ella insistió y volví a pedirle -como un favor- que me diera espacio.

Se sorprendió bastante por mi reacción -yo continué con la preparación normal y consumí mi almuerzo- y se generó un ambiente bien tenso; ella estuvo un rato autoregulándose -creo- antes de almorzar.

Luego se metió a su habitación a continuar con su trabajo de traductora médica; yo me puse a actualizar -después de haber enviado un correo con mis comentarios sobre el documento- mis notas -incluyendo esta-.

El resto de la tarde estuvo -¿cómo no?- raro: yo no tenía mucho trabajo -como en los últimos cinco o seis años- pues aún no teníamos acceso al server remoto; por lo que nomás envié un correo con las observaciones que el LLM interno me dió sobre el documento.

Luego me pasé a mi habitación a leer -la verdad había aprovechado bien el tiempo: completé un laboratorio de Fabric por la mañana y una página con veinticinco preguntas-; pero sí sentí raro que Rb no me haya contestado cuando le ofrecí un té de manzanilla, antes de ponerme a lavar los trastos.

Pero no sé -y nunca sabré, ya o acepté- qué hacer en este tipo de situaciones; estaba a media tarde en mi habitación leyendo cuando Rb entró -creo que después de darle de comer a sus perros- y tuvimos una discusión bien incómoda: ella insistiendo en que le dijera por qué estaba enojado antes del almuerzo y yo indicándole que no lo haría, pues son rasgos de su caracter.

Al final le comenté otro incidente como la razón: que los trapeadores son lavados con mucha mucha lentitud; o sea, creo que fue parte de las razones por las que al final expresé -de forma tan infantil- mi molestia; pero es lo mismo que pasaba con la mamá de mis hijos: mucho drama; aunque ahora, afortunadamente, yo ya no participo del mismo.

Trato de hablar de forma mesurada y me esfuerzo por no escalar el asunto con los temas que van surgiendo -o sea, una cosa lleva a la otra y al final se termina discutiendo de asuntos muy básicos-; no sentí que hubiera sido una buena discusión pero la dejamos para otro día.

Rb retornó a su habitación -aunque salió un rato más tarde para pedirme un abrazo- y yo seguí viendo como me ocupaba por el resto de la tarde: intenté completar otro laboratorio pero, justo ese, requería una funcionalidad que no está disponible con una licencia trial.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard -yo aún andaba con emociones bastante negativas: le comenté a Rb que si el indigente que nos ha maltratado otros días decía algo, le iba a reclamar-.

Afortunadamente el anciano andaba de buenas -aunque Rb me había retenido cuando le hice mi comentario anterior-; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado a medio camino; allí compramos un poco de pollo para los almuerzos de la siguiente semana -Rb ha andado con antojo de chiles rellenos-.

Cuando retornamos de la caminata me puse a responder las preguntas de la lección diaria de Fabric -la del LLM-; luego completé una segunda página de preguntas -mi amigo asiático me había escrito más temprano para comentarme que había pasado el segundo examen; y que la mayoría de preguntas las había visto allí-.

También ví la mitad del tercer capítulo de la tercera temporada de Special Ops: Lioness -me pregunto como el estadounidense promedio compara la gloria de sus fuerzas militares en el cine y la televisión con los conflictos reales: Irán, por ejemplo-.

Un poco después de las diez me retiré a mi habitación; completé mi período de meditación y luego me metí a la cama; entonces me recordé que no habíamos bajado la comida del freezer; salí -a oscuras, aunque Rb me habló desde su habitación- y coloqué en la parte baja del aparato la porción de pollo (y mi longaniza) para el día siguiente.

El martes me levanté a las seis y media; después de meditar saqué las dos computadoras de la habitación que utilizamos como bodega: era el primer día del mes y necesitaba transferir los treinta dólares mensuales a la cuenta de Rb; y los ciento cincuenta de la cuota de servico del departamento.

Luego me quedé esperando la llamada de las siete y media; aproveché para hacer algunas lecciones de Duolingo; la primera reunión no tuvo muchas novedades: seguimos sin poder acceder al server remoto.

Después de esta reunión retorné un rato a la cama y estuve leyendo un poco de Huaco Retrato; el día anterior había decidido completar este libro, en paralelo con All the Wrong Moves; por lo que me puse a intercalar un capítulo del segundo con once páginas del primero.

A las nueve entré a la segunda reunión del día; la que tampoco tuvo muchas novedades: los desarrolladores están en la misma situación que nosotros -además, se suponía que el día anterior era el límite para recibir la oferta de traslado de la empresa que nos está comprando, y no ocurrió-.

Al terminar la segunda reunión me puse a estudiar un poco de Fabric; hasta las diez menos cuarto, cuanto entramos a la reunión diaria del equipo; en la cual nomás nos conminó el supervisor a continuar revisando -y corrigiendo- el manual que hemos estado viendo.

La llamada fue bastante corta y luego me metí a la cocina a preparar mi desayuno; pero cuando retorné a ver la computadora del trabajo vi que mi supervisor me estaba llamando; ya no alcancé a contestar pero devolví su llamada: nomás era para confirmar que no habíamos recibido la oferta de traslado.

Rb salió de su habitación un poco antes de las once para dirigirse a su clase de zumba -no había ido por más de una semana-; yo me ocupé en resolver uno de los laboratorios de Fabric; luego continué con la lectura de All the wrong moves.

Rb retornó un poco después de las once y se metió nuevamente a su habitación a traducir llamadas médicas; yo saqué las porciones de pollo y papas de la refrigeradora, partí la longaniza y coloqué todo en dos sartenes sobre la estufa; también preparé el guacamol.

A las doce y media Rb salió de su habitación y sacamos a caminar a sus perros -antes de salir le puse fuego, muy bajito, a ambos sartenes-; después de entrar de la caminata Rb se metió a su habitación y yo terminé de servir el almuerzo -y sentí, otra vez, cierta molestia, pero mejor me tranquilicé-.

El almuerzo estuvo bien -igual que el día anterior y los dos por venir-: pollo y papa asados, chirmol y guacamol; yo lo acompaño, además, con una longaniza y un poco de coca cola; después me preparé el café vespertino.

Por la tarde continué leyendo dos libros que llevaba a medias -y decidí terminarlos en el mismo ciclo-: All the Wrong Moves y Huaco Retrato; a las cinco nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: quería comprar cable para electricidad.

Unos años atrás había visto algunos videos que explicaban como adaptar un cargador de portátiles para cargar baterías de automóvil -o motocicleta-; también me lo había comentado el hermano de Rb cuando vino a cargar el auto en una ocasión -aún teníamos la primera camioneta-.

Por nuestras actividades laborales -y aficiones- tenemos varios -quizá más de cinco- cargadores de computadoras pasadas; por lo que decidí fabricar -al menos- un par de estos cargadores: el martes por la tarde compré un metro de alambre de color rojo y uno de color negro.

Lo malo es que no habían pinzas estilo caimán para colocar al final de los mismos; entonces dejé en pausa el proyecto hasta el sábado que almuerce con mi hija mayor: ví que, en el mismo sitio donde compré los petates hace unos meses, hay una tienda de electrónica donde puedo adquirir estos adminículos.

Por la noche estuve estudiando las preguntas del examen de Fabric -además de haber resuelto las preguntas de la lección diaria-; también ví un poco de Lioness y una parte de uno de los capítulos de The Ghost in the shell. 

El miércoles fue un día bastante tranquilo: seguimos sin tener acceso a los servidores remotos; por lo que nuestras actividades laborales se han reducido a lo mínimo; entonces he estado aprovechando para leer -y estudiar lecciones para el examend de Fabric-.

Después de meditar saqué las computadoras de la bodega y me instalé en la mesa del comedor, hice varias lecciones de Duolingo y me quedé esperando la llamada de las nueve, la que pasó sin pena ni gloria.

Después, a las nueve y media, tuve la llamada que mi supervisora ha programado cada dos semanas -esta sería la antepenúltima-; en la misma nos centramos más en cuestiones personales -ella tiene a un bebé de seis meses y una niña de dos años- que laborales.

Y cuando empezábamos con las laborales: básicamente le estaba comentando mi experiencia de los últimos trabajos en los que siempre he tenido jefas, la llamada se cortó; me escribió un poco después para comentarme que se había quedado sin internet.

Yo respondí a su mensaje con el único tema pendiente de mi lado: la decisión de no tomar los dos días de vacaciones en el último mes en la empresa actual; y esto porque ya nos dijeron en la nueva empresa que las vacaciones atrasadas serán pagadas; aunque no me respondió a esto.

Rb salió de su habitación un poco antes del mediodía y completamos la rutina de ejercicios de los miércoles; luego sacamos a caminar a sus perros; el almuerzo estuvo tranquilo: yo lo había dejado calentando en la estufa durante la caminata; y luego de entrar preparé el guacamol.

Además, le pedí expresamente a Rb que se encargara de servir lo que estaba terminando de calentarse; después del almuerzo me preparé un café y, luego, me metí a mi habitación a seguir leyendo los libros que quería terminar.

A las tres menos cuarto salí de la habitación, había lavado un poco antes los trastes del día y le preparé un té de manzanilla a Rb; aunque ya no se lo serví: me dí cuenta que había recibido un correo de mi banco, informándome que una transferencia -de muchos dólares- no había sido aceptada por tener la información correcta.

Llamé al ejecutivo del banco y me explicó que un número de cuenta estaba incorrecto y que la operación debía repetirse: mi hija mediana había utilizado el código que le había proporcionado para el otro banco, con lo que la transacción era incorrecta.

Le escribí a mi hija -por supuesto, no me respondió- comentándole sobre el error, e indicándole que me haría cargo de ese costo; y brindándole la información correcta para completar la transacción -nuevamente-; pero ya no me enteré de nada.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el final del boulevard y, luego, entramos al supermercado en sus cercanías; allí compré jamón y queso, para los sandwiches que planeo llevar el domingo en la visita a mis padres.

También compré otra de las bolsas de snacks que llevé con mi hija mayor y mi hijo menor el mes anterior; luego nos dirigimos al otro supermercado; allí Rb compró alitas de pollo y una lechuga; yo aproveché para comprar una bolsa de chicharrones, para el almuezo del mes con mi hija mayor.

Además, compré varios paquetes de galletas -de sabor fresa-, para mis cafés vespertinos; luego retornamos a casa pues Rb tenía clase de teología -ya está en el último módulo-; por la noche llamé a mis padres para comentarles que llegaría el domingo.

Usualmente los llamo a media semana para pedirle a mi madre que nos consiga pescados -llevamos ya varios años con la rutina-; pero en esta ocasión no pude hablar con ella: mi padre me indicó que su celular se estaba quedando sin carga bastante rápido -y mi madre andaba fuera de casa (comprando pan para la cena)-.

Entonces nomás le comenté, de forma bastante apresurada, a mi padre que llegaría el domingo siguiente; y me despedí rápido, pues no quería que la llamara se quedara a medias; después estuve estudiando Fabric.

Cuando Rb terminó su llamada me pasé a su habitación; en donde estuve viendo una parte de un capítulo de Magical Lyric Girl -o algo así es el título del anime-; y una parte de un capítulo de Lioness.

A las nueve y media me lavé los dientes, me despedí de Rb y me metí a mi habitación; medité y luego terminé de leer los dos libros que había decidido concluir: All the Wrong Moves me gustó; o sea, el arco del personaje tiene un buen desarrollo; y Huaco retrato también: termina con poesías, pero no estuvo tan mal.

El jueves me levanté un poco después de las seis; había estado escuchando el ruido del tránsito en el boulevard pero no había querido abrir los ojos; luego decidí levantarme, quitar la alarma de la mañana y bajar al piso a meditar.

Después de meditar decidí realizar la lavada de ropa mensual: saqué la canasta de la ropa sucia y puse una carga extra larga -con dos medidas de detergente- en la lavadora; después retorné a la casa, a encender la computadora del trabajo.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; la que estuvo rara: mi supervisor y su compañera de trabajo estuvieron discutiendo con el jefe de los desarrolladores sobre algunos hallazgos -aunque aún estamos completamente detenidos en las pruebas-.

La reunion estuvo un poco más extensa que de costumbre; y cuando terminó mi supervisor me pidió que me quedara en la misma; esperamos a que se salieran todos y mi supervisor me comentó que tenía una reunión y necesitaba una actualización del informe que le he preparado los últimos meses.

Pero este mes no hubo ningún cambio en el mismo; por lo que nomás me pidió que le re enviara el correo con el reporte del mes anterior; mientras aún estábamos en la llamada le envié nuevamente el correo; luego salí a ver cómo iba la ropa -aún le fataban veinte minutos-. 

Rb estuvo toda la mañana traduciendo llamadas médicas y, un poco antes de las doce, salió de su habitación: no había acudido a su clase de zumba porqueiban a llegar algunos grupos de  estudiantes a la sede municipal -y no quería tener público interrumpiendo sus ejercicios-, entonces hizo en la sala una rutina de ejercicios.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; luego almorzamos la última porción del asado que habíamos comido durante la semana -y que habíamos preparado el mes anterior-; con lo que obtuvimos espacio en el congelador de la refrigeradora -previendo el pescado que mi madre nos enviaría el domingo-.

Durante la tarde no hubo mucho que hacer en el plano laboral, estuve nomás leyendo un poco del libro de ciencia ficción que tengo a medias -había decidido terminarlo, junto con Ama, pero, al final, decidí dejar dos terceras partes para continuar con el mismo ritmo-.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando a la tienda de ropa de segunda mano: en ese lugar hemos comprado -en varias ocasiones- pescado para nuestros almuerzos; en esta ocasión Rb quería comprar una bolsa, para los tacos de pescado que habíamos planeado para la siguiente semana.

En el camino de vuelta pasamos a la panadería, a comprar el pan para mis desayunos del fin de semana; a las siete de la noche entré a la clase semanal de Storytelling; fue la primera vez que entré a la misma sin haber visto el video de preparación para la misma.

Y es que se están poniendo muy técnicos con el contenido. ahora la están enfocando más en la producción de contenido audiovisual, que en el tema de storytelling; o sea, es entendible porque lo que quieren es que las personas aprendan a solicitar donaciones, pero, por mi parte, no me llama la atención este tipo de material.

El viernes me levanté a las seis y media de la mañana, medité y luego salí a pasar las computadoras de la bodega a la mesa del comedor; no tenía ninguna reunión tan temprano, por lo que me puse a completar lecciones de Duolingo.

El supervisor cambiado la reunión semanal del equipo para después del mediodía; yo le comenté al analista en la ciudad colonial que seguramente no habría reunión diaria a las nueve y cuarenta y cinco; pero sí, a esa hora el supervisor inició la reunión, por lo que me tocó que unirme a la llamada.

Mis dos compañeros locales entraron un poco más tarde; y el supervisor nos comentó que estaba cancelando la llamada de la tarde, por algún compromiso que tenía que cumplir con otro equipo; y en la reunión no vimos mucho: era el último día de la semana y seguíamos sin obtener acceso al servidor remoto.

Yo había enviado el día anterior -y mis compañeritos hicieron lo mismo más tarde- una actualización del documento que hemos estado revisando, con una sección adicional: básicamente tomé un documento que le había enviado un par de meses atrás al supervisor, y lo agregué al contenido.

El resto del día fue bastante tranquilo: se suponía que debíamos seguir trabajando en el documento, pero no podíamos hacer mucho, realmente; a las doce completamos la rutina de ejercicios con Rb; luego sacamos a caminar a los perros.

Almorzamos el penúltimo pescado de la bolsa que habíamos comprado unas semanas antes en la tienda de ropa usada; acompañado de una enorme ensalada -yo le agregué a la mía un poco de salchicha, un poco de pollo y un poco de longaniza-; después del almuerzo me preparé un café.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; en el más alejado -el que queda cerca del extremo del boulevard- compré una bolsa de pan sandwich integral -unos días antes había comprado jamón y queso-; y en el otro supermercado compramos lechugas y un cartón de huevos.

En el segundo supermercado también compramos un poco de bananos; además, agregué media libra de jamón, pues temí que el que había comprado antes no me iba a alcanzar para preparar una docena de sandwiches -al final si me alcanzó-; y compramos fajitas de pollo, para el almuerzo del día siguiente.

Cuando regresamos de la caminata levanté -de mi habitación y de la cocina- las cosas en el piso que entorpecerían una buena limpieza; y me puse a barrer y trapear los pisos: una amiga de Rb vendría al día siguiente, a entregarle la constancia de donación de sangre. 

Por la noche estuve viendo una parte de un capítulo de la segunda temporada de Special Ops: Lioness; también una parte -la final del último capítulo publicado- de Magical Lyric Girl -o Exceeds-, realmente no he logrado establecer cual es el verdadero título del anime.

El sábado me levanté a las seis y media, medité y luego me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; debía salir a las ocho de la mañana, por lo que aún tenía una hora para prepararme; un poco después de las siete y media me metí a la ducha y tomé un buen baño.

Tenía la esperanza de que el tránsito no estuviera muy pesado; pero cuando ví Waze, el pronóstico era de más de cuarenta y cinco minutos hasta la casa de mi segunda ahijada profesional; y sí, cuando salí al boulevard lo encontré completamente lleno.

Salir a la ruta intermunicipal me llevó más de veinte minutos; luego mejoró en el periférico; aunque volvió a complicarse en el centro histórico; pero, aún así, llegué con un par de minutos a la calle a donde me dirigía: tres o cuatro calles antes de llegar llamé a mi ahijada y luego me detuve frente a su casa.

Me tocó que esperarla un poco pero, afortunadamente, el flujo de vehículos en esa calle no estaba muy contínuo; cuando mi ahijada salió de su casa abordó la van y nos dirigimos al mismo local en donde desayunamos en mayo del año anterior.

Se suponía que el lugar lo abrían a las nueve -había confirmado el horario en internet- pero aún estaba cerrado cuando me estacioné fuera del mismo -ya eran las nueve y diez-; afortunadamente, nuevamente, el tránsito no estaba muy pesado en el lugar, esperamos un rato y luego, cuando los empleados abrieron el estacionamiento, entramos.

Comimos un par de hotdogs locales y una gaseosa; luego, por el cumpleaños de mi ahijada -le había dado su regalo cuando íbamos en el automóvil- ordenamos un par de crepas con nutella y banano -y un café-; estuvimos en el lugar hasta las once de la mañana. 

Mi ahijada había ido al mismo país en donde mi hija mediana estudió por un par de años y estuvimos conversando sobre los detalles del viaje: del trabajo la habían enviado a un evento de ciberseguridad; además me regaló un llavero conmemorativo del país -yo nunca he comprado este tipo de recuerdos en los (pocos) viajes que he hecho-.

Además, se me había ocurrido que, por el viaje que debe hacer el próximo mes -se va a la tierra de los parceros, a ver un concierto de BTS- le podría convenir que la proveyera de dólares (usualmente se los brindo a mis amigos a un precio menor al de los bancos); por lo que llevaba una buena cantidad en un libro (casi dos mil).

Le comenté mi disponibilidad de dólares -y que le podrían haber servido en su viaje del mes anterior a la Suiza Centroamericana- y al final le dí cuatro billetes de cincuenta dólares, quedando pendiente de enviarle la información de mi cuenta bancaria. 

A las once y media le pregunté a mi ahijada sobre un lugar al que pudiera pasar a dejarla; y me pidió que la llevara al borde del centro histórico; no hubo mucho tráfico para llegar al lugar, pero salir de allí hacia la ruta de vuelta a la casa de Rb siempre ha sido complicado.

Por lo que me tomó un buen tiempo retornar a casa: al entrar encontré a Rb contestando llamadas en inglés; me comí un par de bananos y un poco de papaya y luego esperé a que completara su trabajo, para sacar a caminar a los perros ( la amiga de Rb había venido con su pareja, pero ya se habían retirado).

Cuando entramos de la caminata preparé un guacamol, para la preparación de las hamburguesas del almuerzo: pan de arroz, fajitas de pollo (con miel), guacamol y lechuga -yo le heché al par mío también queso-.

Después del almuerzo me preparé un café; después estuve leyendo el capítulo de Ama que me tocaba para seguir avanzando en el libro; Rb le dió de comer a sus perros a las tres menos cuarto y luego se dirigió a impartir su clase de alfabetización.

Durante dos horas estuve estudiando Fabric, y viendo algunos videos de Youtube; hasta las seis menos veinte; a esa hora tomé la van y me dirigí a la iglesia de Rb: habíamos acordado acudir al supermercado en donde compramos artículos a granel esa tarde.

El tránsito estaba bastante pesado por lo que me tomó un buen tiempo llegar a la iglesia; Rb abordó la van y continuamos el viaje hacia el supermerado; el tránsito seguía lento; además, estaba empezando a lloviznar.

Teníamos una buena lista de compra: jabón de trastos, shampoo, varias comidas de Rb; y yo quería comprar un par de bandejas con mini muffins, para llevar al día siguiente a la visita a la casa de mis padres; y compré un pastel tres leches: quería que me esperara en la refrigeradora para mi retorno del puerto.

Después de pagar las compras las llevamos al automóvil, las cargamos en el mismo e iniciamos el retorno a casa; me imagino que debido a la lluvia -que no estaba tan fuerte- el tránsito seguía complicado; aún así, pasamos a llenar el tanque de gasolina.

Cuando retornamos a casa -y después de almacenar las compras- me puse a preparar la docena de sandwiches que llevaría al día siguiente al puerto; después me puse a completar la lección diaria de Fabric; pero no pude hacer mucho más, a las diez de la noche me retiré a mi habitación.

El domingo me levanté a las cuatro y media; había estado soñando algo relacionado con el viaje que tenía previsto y me desperté antes de que sonara la alarma -había dejado dos alarmas-; pero esperé a que sonaran y despues me levanté a meditar.

Antes de ponerme a meditar había puesto a hervir un par de litros de agua: quería llevar agua caliente en el termo, para facilitar la preparación del desayuno en la casa de mis papás; además, había sacado la mochila con aislante térmico y había sacado las botellas de gel congelado del freezer.

Metí en bolsas de plástico lo que tenía que llevar, incluyendo el termo, la prensa francesa, el azúcar y un recipiente con café; había visto en internet y pronosticaban la salida del sol para las seis menos diez; y, como no me gusta manejar en la oscuridad, había esperado salir después de las cinco y media.

Pero cuando ví el patio me percaté que ya estaba bastante claro; entonces entré a despedirme de Rb y salí a cargar la van; salí al boulevard, manejé hasta la primera vuelta en U y tomé el camino hacia el puerto; en general el camino estuvo muy bueno -llevaba la radio del carro-.

No encontré mucho tráfico -las ventajas de manejar los domingos muy temprano- y la ruta estuvo, en su mayor parte, en muy buenas condiciones; por supuesto que en varios tramos me tocó que rebasar a vehículos avanzando a baja velocidad, pero traté de no arriesgarme mucho.

Llegué a la casa de mis papás un poco después de las siete; mi madre estaba barriendo la calle frente a una de sus viviendas y entró a avisarle a mi padre; y ambos salieron a recibirme; bajé las cosas de la van -incluyendo el saco de comida para perros- y empecé a ver el desayuno.

Y allí me dí cuenta que había olvidado la bolsa de sandwiches que había preparado la noche anterior -se quedó en la refrigeradora-; les comenté a mis padres y nomás me indicaron que podíamos desayunar con los muffins y el café; pero traté, aún, de ordenar comida del restaurante de pollo más popular en el país.

Utilicé whatsapp -incluso me 'brindaron' una pieza de pollo, por ser mi primer pedido-; pero, un rato después me llamaron para indicarme que los repartidores no entraban a la colonia donde viven mis padres: que debía salir a la garita a recibir el pedido; y, como a mis padres no les pareció, cancelé el pedido.

A las ocho de la mañana llamé a Rb -creía que se levantaba a esa hora, pero, al parecer, no siempre es así-; le comenté lo de los sanwiches olvidados y le pedí que se los llevara a los guardias de la calle -cambian de turno a las ocho y media-.

Desayunamos bastante escuetamente con mis padres y estuvimos conversando sobre las últimas novedades -al parecer mi hermana menor estuvo enferma durante la última semana-; y luego les pedí que me mostraran los avances en su última construcción.

Y, la verdad, me sorprendió l oque siguen haciendo en esta: en lugar de dejar la galera -que había visto en mi última visita- en el tercer nivel de la construcción completaron la construcción de las paredes y le pusieron un techo de lámina; muy buen resultado.

Nos quedamos en esa construcción hasta casi las once de la mañana; hora en la que les comenté que iniciaría mi retorno a casa; bajamos y mi madre me entregó los pescados -que no eran muchos en esta ocasión- con los que usualmente nos obsequia.

A las once menos diez le escribí a Rb para comentarle que iniciaba el viaje de vuelta; el cual tampoco estuvo tan mal: había un poco más de vehículos en la ruta -especialmente transporte pesado-, pero me hice casi el mismo tiempo de retorno.

Cuando entré al boulevard me detuve en la gasolinera que se encuentra en su extremo; allí rellené el tanque de gasolina (veintiséis dólares: la gasolina está super cara), luego me dirigí a completar el trayecto; estacioné el auto frente a la casa de Rb y entré a la sala: se encontraba completando una rutina de ejercicios.

Comí un par de bananos y un poco de papaya -y un cuarto del pastel de tres leches-; después esperé a que terminara la rutina de ejercicios, para sacar a caminar a los perros; pero no pudimos completar la misma: empezó a lloviznar justo cuando estábamos completando la primera vuelta.

Entramos a casa y le dí vuelta a las alitas de pollo -Rb las había dejado en la estufa antes de salir con los perros-; luego me puse a preparar un par de enorme ensaladas; almorzamos y después me preparé un té de menta, el que consumí con el pan dulce que me quedaba de lo comprado el jueves.

Me sentía bastante agotado por lo que, después del té, me recosté un rato en mi cama; tenía los audífonos bluetooth y aunque creo que no me dormí, entré en un estado de sopor escuchando videos de youtube, hasta que sonó la alarma de las dos y cuarenta y cinco; me levanté y le ofrecí un té de manzanilla a Rb.

El cual no se tomó -creo que lo consumió más tarde, pero no estoy seguro-: y es que, cuando habíamos sacado a los perros, le había comentado que me sentía agotado y que eso me producía irritación; que ella no tenía la culpa, pero me sentía bastante cansado.

Al parecer eso -o alguna de mis reacciones- hizo que el resto de la tarde estuviera -o al menos lo sentí así- con una tensión latente; pero traté de no cruzarme mucho en su camino: me refugié en mi habitación, completando ejercicios de Fabric.

Hasta las cinco de la tarde; a esa hora Rb empezó a preparar -creo que siguió realmente- los almuerzos de la semana: habíamos acordado -ella tenía antojo de- preparar chiles rellenos para dos días, y tacos de pescado para otros dos.

A esa hora me puse a partir un par de güisquiles -los habíamos cosechado un poco antes del patio frontal- y tres zanahorias (esto se usaría en el relleno de los chiles); después volví a mi habitación, hasta que Rb me pidió que batiera -a punto de nieve- cuatro huevos.

Y luego la ayudé un poco con el volteo de algunas unidades en el sartén; afortunadamente los chiles salieron bastante bien -creo que eso ayudó a relajar el ambiente-; porque incluso el almacenamiento de los pescados en el congelador lo sentí bastante tenso.

Después de terminar la preparación de los almuerzos de la semana Rb me pidió que la ayudara a su almacenamiento en la refrigeradora; llenamos cuatro recipientes de caldo de pollo; Rb metió los ocho chiles rellenos en un hermético y el pescado para los tacos en otro similar.

Cuando terminamos con el almacenamiento me volví a meter a mi habitación y completé algunos ejercicios de portugués, un par de francés -nomás para completar los retos diarios- y varias partidas de ajedrez -continúo apenas sobre mil quinientos  de Elo-; después me pasé a la habitación de Rb, a completar mis notas -incluyendo esta-.

Y a ver cómo sigue eso...