domingo, 6 de septiembre de 2026

La Informacionista... The Informationist... L'informationiste...

Estaba -hace un par de semanas- viendo la tercera temporada de Special Ops: Lioness y me pregunté si estaba basado en un libro -o algo similar-; luego me puse a buscar libros con la misma temática; y Google -me parece- me sugirió el título que titula este texto.

Y me pareció interesante aún antes de ver que era toda una serie de libros que sigue a una misma protagonista: la autora, al parecer, fue criada dentro de la misma secta en la que crecieron los hermanos Phoenix -River murió, Joaquin nos dió al último Joker-.

La protagonista del libro es -claro- estadounidense, nacida en Cameroon -donde tengo una conocida- y se dedica a realizar investigaciones en donde otros personajes no han logrado encontrar lo que se buscaba; leí algunos capítulos entre los últimos dos libros.

Y es que me quise obligar a terminar -de una vez- el libro de George Carlin -no me gustó, en general, pero no quería dejarlo a medias-, y a la vez Wherever you go There you are -porque sentí que ya me había tardado mucho en este-; entonces estuve intercalando estos tres libros.

Completé el de George Carlin: no me gustó; o sea, alguien que -según sus palabras- pasó drogándose desde su adolescencia hasta los sesenta y siete años -cuando entró en rehabilitación, muriendo cuatro años más tarde-; pretendiendo ser un disruptor.

Digo pretendiendo porque tiene un sketch donde se burla de la preocupación humana por tener una casa -el lo llama, lo que cubre tus pertenencias-; pero en el libro habla sobre sus mansiones -y fiestas- en Hollywood (y de estar una tarde tomando whisky y fumando marihuana en su jet privado-.

El otro libro, el de meditación -o mindfulnes, no me quedó muy claro- me gustó mas; o sea, estoy por llegar a los novecientos días contínuos -o casi- de meditación diaria; un hábito que espero mantener durante el resto de mis días.

Y a ver cómo va eso.

El domingo me levanté a las seis y media; bajé al piso a meditar y luego retorné a la cama, a hacer algunas lecciones de Duolingo; preveía un domingo tranquilo: los dos anteriores nos habíamos encargado de limpiar toda la maleza trasera de los patios frontal y trasero.

Después de las lecciones de Duolingo estuve leyendo un poco del libro de Kanban; después me pasé a la mesa del comedor, en donde estuve viendo algunos videos de Youtube; un poco después de las diez tomé mi desayuno.

Rb se puso a hacer una rutina de ejercicios un poco después de las once de la mañana; y, más o menos a la misma hora, yo llamé a mi amigo que vivió muchos años en la misma  ciudad en la que estuve -ya hace más de dos décadas- en el Imperio del Norte.

Había estado pendiente de realizar la llamada desde un par de días antes; de hecho la había querido realizar el día anterior, pero no me había dado tiempo: y es que, el año anterior, había registrado la fecha de cumpleaños de mi amigo; justo el domingo.

Estuvimos, con mi amigo, casi una hora en una conversación bastante animada: justo estaba cumpliendo cincuenta y siete años; y, supuestamente, lo habían estado llamando desde su ciudad natal, para felicitarlo; fue una conversación bastante agradable.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; y cuando entramos Rb se puso a preparar las alitas de pollo dominicales; mientras, yo preparé un par de enormes ensaladas, para acompañar el almuerzo.

Después del almuerzo no me preparé café ni té: ya había tomado café en la mañana, y esperaba volver a consumir más tarde, en la reunión que había acordado con el hermano de mi amiga psicóloga; y me parece que tampoco le ofrecí té a Rb.

Un poco antes de las dos y media me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían ido acumulando en el día; lo que me llevó un buen tiempo; después me vestí, saqué de mi habitación mi mochila y la caja del Scrabble -pero con el ajedrez adentro- y me subí a la van.

Había estado lloviznando por lo que el tránsito estaba algo lento; pero no tanto como para atrasar mi llegada al destino: llegué a la cafetería un par de minutos antes de las tres; casi llegando había visto que mi amigo me había escrito un mensaje en whatsapp, inquiriendo sobre mi avance.

Entonces le escribí, comentándole que ya estaba en el lugar; y unos cinco o seis minutos más tarde -al ver que no llegaba-, lo llamé; me comentó que se estaba estacionando y, efectivamente, un poco después entró al lugar.

Había pasado mucho tiempo desde nuestra última reunión -que creo que fue un desayuno hace un par de años, en una cafetería en una de las zonas opulentas de la ciudad- y lo encontré un poco más lleno -aunque vestido de forma juvenil-.

Ordenamos un par de cafés -el mío, Cappuccino (y un pastel), el de él, frío, no pastel: nueve dólares- y estuvimos las siguientes tres horas entre conversación, consumo de bebidas y una partida de ajedrez -esto último había sido el pretexto del encuentro-.

Mi amigo es medico y cirujano -con una maestría en salud pública y otra por terminar en administración de la salud- pero no es bueno en ajedrez; o sea, no sabía aplicar el enroque, por lo que el juego fue bastante sencillo -trate de que no sufriera mucho-.

Además, la conversación fue bastante interesante: a mi amigo le gusta leer y ha consumido libros bastante serios -Kant, Schopenhauer y así-; pero también tiene -aún- una visión bastante utópica de la vida: aún anda en ensoñaciones de ayudar a una comunidad para que se ayuden a ellos mismos.

A las seis de la tarde -había puesto una alarma- le comenté que me retiraba y salimos al estacionamiento; en donde nos despedimos, abordé la van mientras el se dirigí a su automóvil, y emprendí el regreso a casa; el cual estuvo un poco más tardado que la ida: seguían episodios de llovizna.

Pero, por la corta distancia, no tardé mucho en estacionar la van frente a la casa de Rb; ya era casi de noche y no sabía cómo proceder con mis pendientes: por la mañana había generado la lección del día de Fabric en el LLM; pero no había visto ni el laboratorio ni las preguntas del sitio que he estado frecuentando.

Entonces decidí nomás terminar la lección del día; que me llevó un buen tiempo -eran bastantes scripts en T-SQL-; luego no me dieron ánimos de continuar con los pendientes, así que decidí ver una parte de un capítulo de The Ghost in the Shell.

Lo que hice en el sillón de la habitación de Rb; en donde estuve hasta las diez; a esa hora nos despedimos, me pasé a mi habitación, completé los veintisiete minutos de meditación y luego me dormí.

El lunes me levanté a las seis y media; no tenía reunión programada hasta las nueve, así que lo tomé con calma: bajé al piso a meditar y luego saqué la computadora del trabajo de la habitación que utilizamos como bodega.

Me instalé en la mesa del comedor y completé algunas lecciones de Duolingo (la noche anterior, por tratar de quedar en primer lugar en la liga, había iniciado mi participación en la de esta semana; y estaba en el último lugar); después retorné a la cama y leí un buen número de páginas del libro de Kanban.

A las nueve entré a la primera reunión diaria; en la que -ni los desarrolladores ni mi equipo- no hubo mucho por reportar: aún seguimos con el acceso bloqueado a los servidores remotos; y en la del equipo -a las diez menos cuarto- sucedió lo mismo; el supervisor nomás insistió en trabajar en el mismo documento de la semana anterior.

Retorné un rato a la cama, a leer, antes de preparar el desayuno; cuando desperté la computadora ví que mi supervisor me había estado llamando; además había escrito en el grupo, preguntando por un documenoto que le había enviado casi dos meses atrás.

Reenvié el correo -mis compañeros estaban discutiendo en el grupo que tenemos los tres, sobre la mejor forma de proceder- y luego me preparé el desayuno; después me quedé revisando el documento (aunque realmente nomás se lo pasé a un LLM para que me diera sugerencias).

Rb salió de su habitación un poco antes de las doce y completamos la rutina de ejercicios de los lunes; luego sacamos a caminar a los perros; yo había dejado calentando el pollo del almuerzo, con lo que, luego de retornar de la caminata, empecé a servir las porciones (luego de preparar el guacamol).

Antes de almorzar hubo un conflicto -o más bien, generé un conflicto-: tiré un cuchillo en el lavatrastos y Rb me preguntó si estaba molesto; a lo que le contesté -conteniendo bastante la voz- que no quería hablar; ella insistió y volví a pedirle -como un favor- que me diera espacio.

Se sorprendió bastante por mi reacción -yo continué con la preparación normal y consumí mi almuerzo- y se generó un ambiente bien tenso; ella estuvo un rato autoregulándose -creo- antes de almorzar.

Luego se metió a su habitación a continuar con su trabajo de traductora médica; yo me puse a actualizar -después de haber enviado un correo con mis comentarios sobre el documento- mis notas -incluyendo esta-.

El resto de la tarde estuvo -¿cómo no?- raro: yo no tenía mucho trabajo -como en los últimos cinco o seis años- pues aún no teníamos acceso al server remoto; por lo que nomás envié un correo con las observaciones que el LLM interno me dió sobre el documento.

Luego me pasé a mi habitación a leer -la verdad había aprovechado bien el tiempo: completé un laboratorio de Fabric por la mañana y una página con veinticinco preguntas-; pero sí sentí raro que Rb no me haya contestado cuando le ofrecí un té de manzanilla, antes de ponerme a lavar los trastos.

Pero no sé -y nunca sabré, ya o acepté- qué hacer en este tipo de situaciones; estaba a media tarde en mi habitación leyendo cuando Rb entró -creo que después de darle de comer a sus perros- y tuvimos una discusión bien incómoda: ella insistiendo en que le dijera por qué estaba enojado antes del almuerzo y yo indicándole que no lo haría, pues son rasgos de su caracter.

Al final le comenté otro incidente como la razón: que los trapeadores son lavados con mucha mucha lentitud; o sea, creo que fue parte de las razones por las que al final expresé -de forma tan infantil- mi molestia; pero es lo mismo que pasaba con la mamá de mis hijos: mucho drama; aunque ahora, afortunadamente, yo ya no participo del mismo.

Trato de hablar de forma mesurada y me esfuerzo por no escalar el asunto con los temas que van surgiendo -o sea, una cosa lleva a la otra y al final se termina discutiendo de asuntos muy básicos-; no sentí que hubiera sido una buena discusión pero la dejamos para otro día.

Rb retornó a su habitación -aunque salió un rato más tarde para pedirme un abrazo- y yo seguí viendo como me ocupaba por el resto de la tarde: intenté completar otro laboratorio pero, justo ese, requería una funcionalidad que no está disponible con una licencia trial.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard -yo aún andaba con emociones bastante negativas: le comenté a Rb que si el indigente que nos ha maltratado otros días decía algo, le iba a reclamar-.

Afortunadamente el anciano andaba de buenas -aunque Rb me había retenido cuando le hice mi comentario anterior-; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado a medio camino; allí compramos un poco de pollo para los almuerzos de la siguiente semana -Rb ha andado con antojo de chiles rellenos-.

Cuando retornamos de la caminata me puse a responder las preguntas de la lección diaria de Fabric -la del LLM-; luego completé una segunda página de preguntas -mi amigo asiático me había escrito más temprano para comentarme que había pasado el segundo examen; y que la mayoría de preguntas las había visto allí-.

También ví la mitad del tercer capítulo de la tercera temporada de Special Ops: Lioness -me pregunto como el estadounidense promedio compara la gloria de sus fuerzas militares en el cine y la televisión con los conflictos reales: Irán, por ejemplo-.

Un poco después de las diez me retiré a mi habitación; completé mi período de meditación y luego me metí a la cama; entonces me recordé que no habíamos bajado la comida del freezer; salí -a oscuras, aunque Rb me habló desde su habitación- y coloqué en la parte baja del aparato la porción de pollo (y mi longaniza) para el día siguiente.

El martes me levanté a las seis y media; después de meditar saqué las dos computadoras de la habitación que utilizamos como bodega: era el primer día del mes y necesitaba transferir los treinta dólares mensuales a la cuenta de Rb; y los ciento cincuenta de la cuota de servico del departamento.

Luego me quedé esperando la llamada de las siete y media; aproveché para hacer algunas lecciones de Duolingo; la primera reunión no tuvo muchas novedades: seguimos sin poder acceder al server remoto.

Después de esta reunión retorné un rato a la cama y estuve leyendo un poco de Huaco Retrato; el día anterior había decidido completar este libro, en paralelo con All the Wrong Moves; por lo que me puse a intercalar un capítulo del segundo con once páginas del primero.

A las nueve entré a la segunda reunión del día; la que tampoco tuvo muchas novedades: los desarrolladores están en la misma situación que nosotros -además, se suponía que el día anterior era el límite para recibir la oferta de traslado de la empresa que nos está comprando, y no ocurrió-.

Al terminar la segunda reunión me puse a estudiar un poco de Fabric; hasta las diez menos cuarto, cuanto entramos a la reunión diaria del equipo; en la cual nomás nos conminó el supervisor a continuar revisando -y corrigiendo- el manual que hemos estado viendo.

La llamada fue bastante corta y luego me metí a la cocina a preparar mi desayuno; pero cuando retorné a ver la computadora del trabajo vi que mi supervisor me estaba llamando; ya no alcancé a contestar pero devolví su llamada: nomás era para confirmar que no habíamos recibido la oferta de traslado.

Rb salió de su habitación un poco antes de las once para dirigirse a su clase de zumba -no había ido por más de una semana-; yo me ocupé en resolver uno de los laboratorios de Fabric; luego continué con la lectura de All the wrong moves.

Rb retornó un poco después de las once y se metió nuevamente a su habitación a traducir llamadas médicas; yo saqué las porciones de pollo y papas de la refrigeradora, partí la longaniza y coloqué todo en dos sartenes sobre la estufa; también preparé el guacamol.

A las doce y media Rb salió de su habitación y sacamos a caminar a sus perros -antes de salir le puse fuego, muy bajito, a ambos sartenes-; después de entrar de la caminata Rb se metió a su habitación y yo terminé de servir el almuerzo -y sentí, otra vez, cierta molestia, pero mejor me tranquilicé-.

El almuerzo estuvo bien -igual que el día anterior y los dos por venir-: pollo y papa asados, chirmol y guacamol; yo lo acompaño, además, con una longaniza y un poco de coca cola; después me preparé el café vespertino.

Por la tarde continué leyendo dos libros que llevaba a medias -y decidí terminarlos en el mismo ciclo-: All the Wrong Moves y Huaco Retrato; a las cinco nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: quería comprar cable para electricidad.

Unos años atrás había visto algunos videos que explicaban como adaptar un cargador de portátiles para cargar baterías de automóvil -o motocicleta-; también me lo había comentado el hermano de Rb cuando vino a cargar el auto en una ocasión -aún teníamos la primera camioneta-.

Por nuestras actividades laborales -y aficiones- tenemos varios -quizá más de cinco- cargadores de computadoras pasadas; por lo que decidí fabricar -al menos- un par de estos cargadores: el martes por la tarde compré un metro de alambre de color rojo y uno de color negro.

Lo malo es que no habían pinzas estilo caimán para colocar al final de los mismos; entonces dejé en pausa el proyecto hasta el sábado que almuerce con mi hija mayor: ví que, en el mismo sitio donde compré los petates hace unos meses, hay una tienda de electrónica donde puedo adquirir estos adminículos.

Por la noche estuve estudiando las preguntas del examen de Fabric -además de haber resuelto las preguntas de la lección diaria-; también ví un poco de Lioness y una parte de uno de los capítulos de The Ghost in the shell. 

El miércoles fue un día bastante tranquilo: seguimos sin tener acceso a los servidores remotos; por lo que nuestras actividades laborales se han reducido a lo mínimo; entonces he estado aprovechando para leer -y estudiar lecciones para el examend de Fabric-.

Después de meditar saqué las computadoras de la bodega y me instalé en la mesa del comedor, hice varias lecciones de Duolingo y me quedé esperando la llamada de las nueve, la que pasó sin pena ni gloria.

Después, a las nueve y media, tuve la llamada que mi supervisora ha programado cada dos semanas -esta sería la antepenúltima-; en la misma nos centramos más en cuestiones personales -ella tiene a un bebé de seis meses y una niña de dos años- que laborales.

Y cuando empezábamos con las laborales: básicamente le estaba comentando mi experiencia de los últimos trabajos en los que siempre he tenido jefas, la llamada se cortó; me escribió un poco después para comentarme que se había quedado sin internet.

Yo respondí a su mensaje con el único tema pendiente de mi lado: la decisión de no tomar los dos días de vacaciones en el último mes en la empresa actual; y esto porque ya nos dijeron en la nueva empresa que las vacaciones atrasadas serán pagadas; aunque no me respondió a esto.

Rb salió de su habitación un poco antes del mediodía y completamos la rutina de ejercicios de los miércoles; luego sacamos a caminar a sus perros; el almuerzo estuvo tranquilo: yo lo había dejado calentando en la estufa durante la caminata; y luego de entrar preparé el guacamol.

Además, le pedí expresamente a Rb que se encargara de servir lo que estaba terminando de calentarse; después del almuerzo me preparé un café y, luego, me metí a mi habitación a seguir leyendo los libros que quería terminar.

A las tres menos cuarto salí de la habitación, había lavado un poco antes los trastes del día y le preparé un té de manzanilla a Rb; aunque ya no se lo serví: me dí cuenta que había recibido un correo de mi banco, informándome que una transferencia -de muchos dólares- no había sido aceptada por tener la información correcta.

Llamé al ejecutivo del banco y me explicó que un número de cuenta estaba incorrecto y que la operación debía repetirse: mi hija mediana había utilizado el código que le había proporcionado para el otro banco, con lo que la transacción era incorrecta.

Le escribí a mi hija -por supuesto, no me respondió- comentándole sobre el error, e indicándole que me haría cargo de ese costo; y brindándole la información correcta para completar la transacción -nuevamente-; pero ya no me enteré de nada.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el final del boulevard y, luego, entramos al supermercado en sus cercanías; allí compré jamón y queso, para los sandwiches que planeo llevar el domingo en la visita a mis padres.

También compré otra de las bolsas de snacks que llevé con mi hija mayor y mi hijo menor el mes anterior; luego nos dirigimos al otro supermercado; allí Rb compró alitas de pollo y una lechuga; yo aproveché para comprar una bolsa de chicharrones, para el almuezo del mes con mi hija mayor.

Además, compré varios paquetes de galletas -de sabor fresa-, para mis cafés vespertinos; luego retornamos a casa pues Rb tenía clase de teología -ya está en el último módulo-; por la noche llamé a mis padres para comentarles que llegaría el domingo.

Usualmente los llamo a media semana para pedirle a mi madre que nos consiga pescados -llevamos ya varios años con la rutina-; pero en esta ocasión no pude hablar con ella: mi padre me indicó que su celular se estaba quedando sin carga bastante rápido -y mi madre andaba fuera de casa (comprando pan para la cena)-.

Entonces nomás le comenté, de forma bastante apresurada, a mi padre que llegaría el domingo siguiente; y me despedí rápido, pues no quería que la llamara se quedara a medias; después estuve estudiando Fabric.

Cuando Rb terminó su llamada me pasé a su habitación; en donde estuve viendo una parte de un capítulo de Magical Lyric Girl -o algo así es el título del anime-; y una parte de un capítulo de Lioness.

A las nueve y media me lavé los dientes, me despedí de Rb y me metí a mi habitación; medité y luego terminé de leer los dos libros que había decidido concluir: All the Wrong Moves me gustó; o sea, el arco del personaje tiene un buen desarrollo; y Huaco retrato también: termina con poesías, pero no estuvo tan mal.

El jueves me levanté un poco después de las seis; había estado escuchando el ruido del tránsito en el boulevard pero no había querido abrir los ojos; luego decidí levantarme, quitar la alarma de la mañana y bajar al piso a meditar.

Después de meditar decidí realizar la lavada de ropa mensual: saqué la canasta de la ropa sucia y puse una carga extra larga -con dos medidas de detergente- en la lavadora; después retorné a la casa, a encender la computadora del trabajo.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; la que estuvo rara: mi supervisor y su compañera de trabajo estuvieron discutiendo con el jefe de los desarrolladores sobre algunos hallazgos -aunque aún estamos completamente detenidos en las pruebas-.

La reunion estuvo un poco más extensa que de costumbre; y cuando terminó mi supervisor me pidió que me quedara en la misma; esperamos a que se salieran todos y mi supervisor me comentó que tenía una reunión y necesitaba una actualización del informe que le he preparado los últimos meses.

Pero este mes no hubo ningún cambio en el mismo; por lo que nomás me pidió que le re enviara el correo con el reporte del mes anterior; mientras aún estábamos en la llamada le envié nuevamente el correo; luego salí a ver cómo iba la ropa -aún le fataban veinte minutos-. 

Rb estuvo toda la mañana traduciendo llamadas médicas y, un poco antes de las doce, salió de su habitación: no había acudido a su clase de zumba porqueiban a llegar algunos grupos de  estudiantes a la sede municipal -y no quería tener público interrumpiendo sus ejercicios-, entonces hizo en la sala una rutina de ejercicios.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; luego almorzamos la última porción del asado que habíamos comido durante la semana -y que habíamos preparado el mes anterior-; con lo que obtuvimos espacio en el congelador de la refrigeradora -previendo el pescado que mi madre nos enviaría el domingo-.

Durante la tarde no hubo mucho que hacer en el plano laboral, estuve nomás leyendo un poco del libro de ciencia ficción que tengo a medias -había decidido terminarlo, junto con Ama, pero, al final, decidí dejar dos terceras partes para continuar con el mismo ritmo-.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando a la tienda de ropa de segunda mano: en ese lugar hemos comprado -en varias ocasiones- pescado para nuestros almuerzos; en esta ocasión Rb quería comprar una bolsa, para los tacos de pescado que habíamos planeado para la siguiente semana.

En el camino de vuelta pasamos a la panadería, a comprar el pan para mis desayunos del fin de semana; a las siete de la noche entré a la clase semanal de Storytelling; fue la primera vez que entré a la misma sin haber visto el video de preparación para la misma.

Y es que se están poniendo muy técnicos con el contenido. ahora la están enfocando más en la producción de contenido audiovisual, que en el tema de storytelling; o sea, es entendible porque lo que quieren es que las personas aprendan a solicitar donaciones, pero, por mi parte, no me llama la atención este tipo de material.

El viernes me levanté a las seis y media de la mañana, medité y luego salí a pasar las computadoras de la bodega a la mesa del comedor; no tenía ninguna reunión tan temprano, por lo que me puse a completar lecciones de Duolingo.

El supervisor cambiado la reunión semanal del equipo para después del mediodía; yo le comenté al analista en la ciudad colonial que seguramente no habría reunión diaria a las nueve y cuarenta y cinco; pero sí, a esa hora el supervisor inició la reunión, por lo que me tocó que unirme a la llamada.

Mis dos compañeros locales entraron un poco más tarde; y el supervisor nos comentó que estaba cancelando la llamada de la tarde, por algún compromiso que tenía que cumplir con otro equipo; y en la reunión no vimos mucho: era el último día de la semana y seguíamos sin obtener acceso al servidor remoto.

Yo había enviado el día anterior -y mis compañeritos hicieron lo mismo más tarde- una actualización del documento que hemos estado revisando, con una sección adicional: básicamente tomé un documento que le había enviado un par de meses atrás al supervisor, y lo agregué al contenido.

El resto del día fue bastante tranquilo: se suponía que debíamos seguir trabajando en el documento, pero no podíamos hacer mucho, realmente; a las doce completamos la rutina de ejercicios con Rb; luego sacamos a caminar a los perros.

Almorzamos el penúltimo pescado de la bolsa que habíamos comprado unas semanas antes en la tienda de ropa usada; acompañado de una enorme ensalada -yo le agregué a la mía un poco de salchicha, un poco de pollo y un poco de longaniza-; después del almuerzo me preparé un café.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; en el más alejado -el que queda cerca del extremo del boulevard- compré una bolsa de pan sandwich integral -unos días antes había comprado jamón y queso-; y en el otro supermercado compramos lechugas y un cartón de huevos.

En el segundo supermercado también compramos un poco de bananos; además, agregué media libra de jamón, pues temí que el que había comprado antes no me iba a alcanzar para preparar una docena de sandwiches -al final si me alcanzó-; y compramos fajitas de pollo, para el almuerzo del día siguiente.

Cuando regresamos de la caminata levanté -de mi habitación y de la cocina- las cosas en el piso que entorpecerían una buena limpieza; y me puse a barrer y trapear los pisos: una amiga de Rb vendría al día siguiente, a entregarle la constancia de donación de sangre. 

Por la noche estuve viendo una parte de un capítulo de la segunda temporada de Special Ops: Lioness; también una parte -la final del último capítulo publicado- de Magical Lyric Girl -o Exceeds-, realmente no he logrado establecer cual es el verdadero título del anime.

El sábado me levanté a las seis y media, medité y luego me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; debía salir a las ocho de la mañana, por lo que aún tenía una hora para prepararme; un poco después de las siete y media me metí a la ducha y tomé un buen baño.

Tenía la esperanza de que el tránsito no estuviera muy pesado; pero cuando ví Waze, el pronóstico era de más de cuarenta y cinco minutos hasta la casa de mi segunda ahijada profesional; y sí, cuando salí al boulevard lo encontré completamente lleno.

Salir a la ruta intermunicipal me llevó más de veinte minutos; luego mejoró en el periférico; aunque volvió a complicarse en el centro histórico; pero, aún así, llegué con un par de minutos a la calle a donde me dirigía: tres o cuatro calles antes de llegar llamé a mi ahijada y luego me detuve frente a su casa.

Me tocó que esperarla un poco pero, afortunadamente, el flujo de vehículos en esa calle no estaba muy contínuo; cuando mi ahijada salió de su casa abordó la van y nos dirigimos al mismo local en donde desayunamos en mayo del año anterior.

Se suponía que el lugar lo abrían a las nueve -había confirmado el horario en internet- pero aún estaba cerrado cuando me estacioné fuera del mismo -ya eran las nueve y diez-; afortunadamente, nuevamente, el tránsito no estaba muy pesado en el lugar, esperamos un rato y luego, cuando los empleados abrieron el estacionamiento, entramos.

Comimos un par de hotdogs locales y una gaseosa; luego, por el cumpleaños de mi ahijada -le había dado su regalo cuando íbamos en el automóvil- ordenamos un par de crepas con nutella y banano -y un café-; estuvimos en el lugar hasta las once de la mañana. 

Mi ahijada había ido al mismo país en donde mi hija mediana estudió por un par de años y estuvimos conversando sobre los detalles del viaje: del trabajo la habían enviado a un evento de ciberseguridad; además me regaló un llavero conmemorativo del país -yo nunca he comprado este tipo de recuerdos en los (pocos) viajes que he hecho-.

Además, se me había ocurrido que, por el viaje que debe hacer el próximo mes -se va a la tierra de los parceros, a ver un concierto de BTS- le podría convenir que la proveyera de dólares (usualmente se los brindo a mis amigos a un precio menor al de los bancos); por lo que llevaba una buena cantidad en un libro (casi dos mil).

Le comenté mi disponibilidad de dólares -y que le podrían haber servido en su viaje del mes anterior a la Suiza Centroamericana- y al final le dí cuatro billetes de cincuenta dólares, quedando pendiente de enviarle la información de mi cuenta bancaria. 

A las once y media le pregunté a mi ahijada sobre un lugar al que pudiera pasar a dejarla; y me pidió que la llevara al borde del centro histórico; no hubo mucho tráfico para llegar al lugar, pero salir de allí hacia la ruta de vuelta a la casa de Rb siempre ha sido complicado.

Por lo que me tomó un buen tiempo retornar a casa: al entrar encontré a Rb contestando llamadas en inglés; me comí un par de bananos y un poco de papaya y luego esperé a que completara su trabajo, para sacar a caminar a los perros ( la amiga de Rb había venido con su pareja, pero ya se habían retirado).

Cuando entramos de la caminata preparé un guacamol, para la preparación de las hamburguesas del almuerzo: pan de arroz, fajitas de pollo (con miel), guacamol y lechuga -yo le heché al par mío también queso-.

Después del almuerzo me preparé un café; después estuve leyendo el capítulo de Ama que me tocaba para seguir avanzando en el libro; Rb le dió de comer a sus perros a las tres menos cuarto y luego se dirigió a impartir su clase de alfabetización.

Durante dos horas estuve estudiando Fabric, y viendo algunos videos de Youtube; hasta las seis menos veinte; a esa hora tomé la van y me dirigí a la iglesia de Rb: habíamos acordado acudir al supermercado en donde compramos artículos a granel esa tarde.

El tránsito estaba bastante pesado por lo que me tomó un buen tiempo llegar a la iglesia; Rb abordó la van y continuamos el viaje hacia el supermerado; el tránsito seguía lento; además, estaba empezando a lloviznar.

Teníamos una buena lista de compra: jabón de trastos, shampoo, varias comidas de Rb; y yo quería comprar un par de bandejas con mini muffins, para llevar al día siguiente a la visita a la casa de mis padres; y compré un pastel tres leches: quería que me esperara en la refrigeradora para mi retorno del puerto.

Después de pagar las compras las llevamos al automóvil, las cargamos en el mismo e iniciamos el retorno a casa; me imagino que debido a la lluvia -que no estaba tan fuerte- el tránsito seguía complicado; aún así, pasamos a llenar el tanque de gasolina.

Cuando retornamos a casa -y después de almacenar las compras- me puse a preparar la docena de sandwiches que llevaría al día siguiente al puerto; después me puse a completar la lección diaria de Fabric; pero no pude hacer mucho más, a las diez de la noche me retiré a mi habitación.

El domingo me levanté a las cuatro y media; había estado soñando algo relacionado con el viaje que tenía previsto y me desperté antes de que sonara la alarma -había dejado dos alarmas-; pero esperé a que sonaran y despues me levanté a meditar.

Antes de ponerme a meditar había puesto a hervir un par de litros de agua: quería llevar agua caliente en el termo, para facilitar la preparación del desayuno en la casa de mis papás; además, había sacado la mochila con aislante térmico y había sacado las botellas de gel congelado del freezer.

Metí en bolsas de plástico lo que tenía que llevar, incluyendo el termo, la prensa francesa, el azúcar y un recipiente con café; había visto en internet y pronosticaban la salida del sol para las seis menos diez; y, como no me gusta manejar en la oscuridad, había esperado salir después de las cinco y media.

Pero cuando ví el patio me percaté que ya estaba bastante claro; entonces entré a despedirme de Rb y salí a cargar la van; salí al boulevard, manejé hasta la primera vuelta en U y tomé el camino hacia el puerto; en general el camino estuvo muy bueno -llevaba la radio del carro-.

No encontré mucho tráfico -las ventajas de manejar los domingos muy temprano- y la ruta estuvo, en su mayor parte, en muy buenas condiciones; por supuesto que en varios tramos me tocó que rebasar a vehículos avanzando a baja velocidad, pero traté de no arriesgarme mucho.

Llegué a la casa de mis papás un poco después de las siete; mi madre estaba barriendo la calle frente a una de sus viviendas y entró a avisarle a mi padre; y ambos salieron a recibirme; bajé las cosas de la van -incluyendo el saco de comida para perros- y empecé a ver el desayuno.

Y allí me dí cuenta que había olvidado la bolsa de sandwiches que había preparado la noche anterior -se quedó en la refrigeradora-; les comenté a mis padres y nomás me indicaron que podíamos desayunar con los muffins y el café; pero traté, aún, de ordenar comida del restaurante de pollo más popular en el país.

Utilicé whatsapp -incluso me 'brindaron' una pieza de pollo, por ser mi primer pedido-; pero, un rato después me llamaron para indicarme que los repartidores no entraban a la colonia donde viven mis padres: que debía salir a la garita a recibir el pedido; y, como a mis padres no les pareció, cancelé el pedido.

A las ocho de la mañana llamé a Rb -creía que se levantaba a esa hora, pero, al parecer, no siempre es así-; le comenté lo de los sanwiches olvidados y le pedí que se los llevara a los guardias de la calle -cambian de turno a las ocho y media-.

Desayunamos bastante escuetamente con mis padres y estuvimos conversando sobre las últimas novedades -al parecer mi hermana menor estuvo enferma durante la última semana-; y luego les pedí que me mostraran los avances en su última construcción.

Y, la verdad, me sorprendió l oque siguen haciendo en esta: en lugar de dejar la galera -que había visto en mi última visita- en el tercer nivel de la construcción completaron la construcción de las paredes y le pusieron un techo de lámina; muy buen resultado.

Nos quedamos en esa construcción hasta casi las once de la mañana; hora en la que les comenté que iniciaría mi retorno a casa; bajamos y mi madre me entregó los pescados -que no eran muchos en esta ocasión- con los que usualmente nos obsequia.

A las once menos diez le escribí a Rb para comentarle que iniciaba el viaje de vuelta; el cual tampoco estuvo tan mal: había un poco más de vehículos en la ruta -especialmente transporte pesado-, pero me hice casi el mismo tiempo de retorno.

Cuando entré al boulevard me detuve en la gasolinera que se encuentra en su extremo; allí rellené el tanque de gasolina (veintiséis dólares: la gasolina está super cara), luego me dirigí a completar el trayecto; estacioné el auto frente a la casa de Rb y entré a la sala: se encontraba completando una rutina de ejercicios.

Comí un par de bananos y un poco de papaya -y un cuarto del pastel de tres leches-; después esperé a que terminara la rutina de ejercicios, para sacar a caminar a los perros; pero no pudimos completar la misma: empezó a lloviznar justo cuando estábamos completando la primera vuelta.

Entramos a casa y le dí vuelta a las alitas de pollo -Rb las había dejado en la estufa antes de salir con los perros-; luego me puse a preparar un par de enorme ensaladas; almorzamos y después me preparé un té de menta, el que consumí con el pan dulce que me quedaba de lo comprado el jueves.

Me sentía bastante agotado por lo que, después del té, me recosté un rato en mi cama; tenía los audífonos bluetooth y aunque creo que no me dormí, entré en un estado de sopor escuchando videos de youtube, hasta que sonó la alarma de las dos y cuarenta y cinco; me levanté y le ofrecí un té de manzanilla a Rb.

El cual no se tomó -creo que lo consumió más tarde, pero no estoy seguro-: y es que, cuando habíamos sacado a los perros, le había comentado que me sentía agotado y que eso me producía irritación; que ella no tenía la culpa, pero me sentía bastante cansado.

Al parecer eso -o alguna de mis reacciones- hizo que el resto de la tarde estuviera -o al menos lo sentí así- con una tensión latente; pero traté de no cruzarme mucho en su camino: me refugié en mi habitación, completando ejercicios de Fabric.

Hasta las cinco de la tarde; a esa hora Rb empezó a preparar -creo que siguió realmente- los almuerzos de la semana: habíamos acordado -ella tenía antojo de- preparar chiles rellenos para dos días, y tacos de pescado para otros dos.

A esa hora me puse a partir un par de güisquiles -los habíamos cosechado un poco antes del patio frontal- y tres zanahorias (esto se usaría en el relleno de los chiles); después volví a mi habitación, hasta que Rb me pidió que batiera -a punto de nieve- cuatro huevos.

Y luego la ayudé un poco con el volteo de algunas unidades en el sartén; afortunadamente los chiles salieron bastante bien -creo que eso ayudó a relajar el ambiente-; porque incluso el almacenamiento de los pescados en el congelador lo sentí bastante tenso.

Después de terminar la preparación de los almuerzos de la semana Rb me pidió que la ayudara a su almacenamiento en la refrigeradora; llenamos cuatro recipientes de caldo de pollo; Rb metió los ocho chiles rellenos en un hermético y el pescado para los tacos en otro similar.

Cuando terminamos con el almacenamiento me volví a meter a mi habitación y completé algunos ejercicios de portugués, un par de francés -nomás para completar los retos diarios- y varias partidas de ajedrez -continúo apenas sobre mil quinientos  de Elo-; después me pasé a la habitación de Rb, a completar mis notas -incluyendo esta-.

Y a ver cómo sigue eso...

domingo, 30 de agosto de 2026

Tinta y Sangre... Ink and blood... Peinture et sang...

Hace unos años -antes de que le otorgaran el premio nobel de literatura a la autora sudcoreana- leí La Vegetariana; estoy casi seguro que lo leí en inglés y me pareció bastante interesante la forma en la que narraba las viscitudes de una mujer bastante conflictuada.

De hecho, me parece que escribí un texto sobre la misma; y no, ya revisé las entradas y lo que realmente hice fue publicar la portada del libro en mi cuenta de la F azul; pero no había querido leer más de la autora después de ese -aunque sí leí otro libro de un autor de ese país: Ciruela-.

Y, aunque no me interesan mucho los premios nobel de literatura, decidí leer otro de Hang: el título de este texto; -también agregué a mi lista Lecciones de Griego, el cual mencioné hace no mucho por acá {y también me recomendó mi primo lector}-.

Tinta y Sangre me llamó la atención porque alguna vez quise iniciar un blog con un título parecido: tinta en el agua; la evocación de las dos sustancias me parecía bastante cercana al momento que estaba viviendo unos veinte años atrás: practicando -tratando de- Zen y escribiendo; pero no prosperó.

El libro lo estoy leyendo en español -o sea, trato de leer en el idioma original, pero no avancé con coreano; y no le veo sentido a leerlo en inglés, si el original es coreano-; y está bastante interesante: una mezcla -bastante balanceada, me parece- de introspección y acción cotidiana.

Y a ver cómo va eso

El lunes me desperté cuando sonó la alarma de las seis y veintisiete; pero no me levanté en el acto; me quedó aún tres o cuatro minutos entre las sábanas -tenía la certeza de que la primera reunión del día era a las nueve-; luego sí, bajé al piso y completé el período de meditación matutina.

Después de completar la meditación -escuché, casi al final, que Rb se preparaba para empezar a tomar llamadas- salí de la habitació y saqué la computadora del trabajo de la habitación que utilizamos como bodega.

Encendí la computadora -unos minutos después de las siete- y empecé a revisar el correo y ver algunos pendientes; pero, como no había nada que requiriera mi participación, empecé completar lecciones de Duolingo.

Luego, a las ocho, entré a una reunión a la que me había anotado la semana anterior: algo de Speed Networking; pero no me gustó para nada: la persona a cargo (una "Coach") no podía utilizar la herramienta y no pudo separar al grupo en rooms; sentí el evento demasiado general.

A las nueve el analista en el Imperio del Norte me escribió para que lo ayudara con el formato de un documento; entré a ver el mismo y ví que -como es habitual- tenía varios detalles por ajustar; los completé bastante rápido pero decidí no confirmar los cambios hasta el mediodía.

Estuve trabajdno en el documento hasta que empezó la llamada del equipo -a las diez menos cuarto-; el supervisor comentó varias de las pruebas que debían realizarse y a mí me pidió que hiciera un smoke testing -por supuesto que empecé a correr la batería de test automatizados (incluyendo veinte que dejó mi compañero)-.

También estuve en conversación con la 'coach' de la reunión de la mañana; pero el tema fueron libros -es la líder del grupo de lectura-; y al final me metí a un grupo de whatsapp donde comparten libros -mejicano, muy básico-; pero terminé consiguiéndo un par de epubs -en inglés- y un par de pdfs -en español- para dos de los miembros del club de lectura.

Nomás tuve cuidado de no compartir material sensible por los canales del trabajo: les pedí a ambos -los epubs eran para un analista de compras y los otros para una administradora de servicio al cliente- que me escribieran por whatsapp y envié la información por esa vía.

Un poco después de las diez llamé a mi hija mediana -por whatsapp-: quería confirmar que nos íbamos a reunir este sábado -le había enviado un mensaje unas semanas antes pero no había recibido respuesta-; afortunadamente me confirmó la reunión.

Un poco más tarde -después de haber declarado (lo había pasado por alto el día anterior!) mis impuestos mensuales- le envié un mensaje de feliz semana a varios de mis conocidos -mi editora y varios ex compañeros de trabajo- la primera y un par de los otros me respondieron con mensajes similares.

Pero la hermana de mi amigo tenor -trabajamos juntos hace dos décadas- me respondió un poco más extenso, intercambiamos un par de mensajes y luego me mandó un audio; luego le propuse que conversáramos: anda en una crisis momentánea porque cortó una relación de varios años con la empresa más grande a la que daba consultoría.

Me llamó y estuvimos conversando por tres cuartos de hora -me cuesta seguir este tipo de conversaciones- y los temas fueron varios: su madre -tía, realmente- tiene noventa y dos años, su hija tiene dieciséis; siempre soñó -desde niña- con ser empresaria; siente que no ha hecho nada de su vida, siente que necesita aprender inglés, y así.

Creo que la conversación se hubiera extendido mucho más pero, justo antes de las doce, Rb salió de su habitación para que completáramos la rutina de ejercicios de los lunes; entonces me disculpé con mi amiga, le deseé buena suerte y quedé a su disposición; y me despedí.

Con Rb completamos la rutina de ejercicios de los lunes; luego sacamos a caminar a los perros -la perra más pesada sigue dando dificultades para caminar; cuando entramos de la caminata subí la intensidad del fuego sobre el que estaba calentando el caldo -lo había dejado a fuego bajo antes de sacar a los perros-.

También saqué los ingredientes de la ensalada; aunque empecé por la zanahoria, la manzana verde y el aguacate, pues Rb quería -personalmente- dividir la lechuga que había desinfectado para dos días; después sí completé la preparación.

Había dejado preparados dos tazones -en mi caso, el mismo que utilicé para la avena de la mañana- para el caldo y saqué un trozo de los fideos coreanos que había preparado más temprano -herví uno de los paquetes que me había cedido mi hijo menor-: después de cocerlos los metí en el freezer -en una bolsa plástica, seccionados en cinco partes-.

El almuerzo estuvo muy bueno: caldo de verduras -en mi caso con fideos- y una buena ensalada -agregué allí las pechugas de pollo-; después del mismo me preparé un café -medio litro- y lo acompañé con un par de mitades de galletas.

Después del almuerzo estuve revisando cómo iban los scripts para ejecutar las pruebas automatizadas y ví que habían fallado en varias partes; pero no revisé la causa, nomás las puse a correr nuevamente; luego me retiré a mi habitación, a leer el tercer capítulo del libro en inglés que recién había iniciado.

A las dos y cuarenta salí de mi habitación: había dejado una alarma para tomarme medio litro de agua -al parecer no había tomado nada antes del café del mediodía-; después de consumir el agua sonó la alarma de la comida de los perros; y entonces le ofrecí un té de manzanilla a Rb.

Mientras esta hierba hervía en la estufa me puse a lavar los trastos que se habían acumulado durante el almuerzo; después volví a trabajar en los scripts: no era completamente seguro, pero, aparentemente, habían provocado un fallo en la herramienta.

Al finalizar la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; no entramos en el más alejado, nomás llegamos al extremo del boulevard y luego retornamos al que está a mitad del camino.

Allí Rb compró un cartón de huevos -como consume más cada día-, y un poco de alitas de pollo; también compramos un poco de bananos -le pagué medio dólar en efectivo-; por la noche estuve trabajando en el examen y las preguntas de Fabric, y viendo un capítulo de The Gost in the Shell.

El martes me levanté a las seis y media; medité y luego salí por la computadora; y cuando entré a la herramienta de las reuniones me dí cuenta que acababa de terminar la última del training en agentes de LLMs a la que me había anotado -era de seis a siete-.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; luego esperé -haciendo Duolingo y leyendo- la de las nueve; en ambas reuniones la participación de mi equipo es mínima -de hecho mis dos compañeros casi nunca entran a la segunda-.

En la reunión del equipo -a las diez menos cuarto- el supervisor me asignó la revisión de una funcionalidad que había probado varios meses atrás; trabajé un poco en eso durante el resto de la mañana.

Pero también le envié a la hermana de mi amigo tenor un link para un curso que había recibido unos días antes: Planeación estratégica asistida por IA; ella me respondió disculpándose por no darme un mensaje positivo el día anterior -cuando le había contado lo de la venta de mi área-.

Y allí cometí (¿?) un error: le escribí varias líneas -quizá demasiadas- sobre mi visión del cambio que viene; básicamente que no me preocupaba, pero agregué que no me interesaba ninguna meta; allí creo que cometí un error; al decir algo como: 'contrario a tu caso, que siempre has querido ser una gran líder'.

Pero eso era lo que había entendido en nuestra conversación del día anterior; se disculpó conmigo por si me había ofendido, y luego que le aseguré que no, indicó que ese comentario sobre ella no estuvo bien; me disculpé.

Pero también la bloqueé en whatsapp -y borré completamente el diálogo-; porque no creo que necesite más drama en mi vida; y quizá aquí es donde debería preguntarme: el problema soy o son los otros; pero no, ya sé que soy diferente -Asperger, sospecho- y, pues, nomás debo cuidarme; pero no voy a cambiar -a ser normal- y no puedo cambiar a la gente, para que me comprenda.

Rb no fue a su clase de zumba porque el instructor les había indicado que la clase iba a ser al aire libre -en el patio de las instalaciones- y no quería que alguien las filmara o las estuviera observando mientras se ejercitaban.

Entonces completó en casa una rutina de ejercicios; yo empecé a alistar a los perros -y los saqué- un poco antes de que terminara; de hecho pudimos completar una vuelta a la calle antes de que saliera a acompañarnos; cuando entré de la caminata le subí el fuego a la olla con caldo.

Después de preparar un par de ensaladas medianas -a la mía le eché el pollo cocido- nos sentamos a almorzar; cuando terminé el almuerzo me preparé un café y lo acompañé con un par de mitades de galletas; después me retiré a mi habitación a leer un rato: y terminé de leer Wherever you go there you are.

Cuando sonó la alarma salí a lavar los trastes -pero me olvidé de ofrecer (y preparar) el té de manzanilla a Rb: ella me lo recordó más tarde-; a las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a la tienda en donde hemos comprado las últimas computadoras: Rb quería ver si le empastaban el libro que usa para sus lecturas bíblicas diarias.

Después de los trastes me puse a revisar el listado de laboratorios de Fabric; y me dí cuenta que no había realizado correctamente el segundo de ellos; pero, para estar seguro, completé los primeros dos de la lista -dejando pendiente el tercero-. 

También trabajé un rato en actualizar la app de seguimiento diario de mi bienestar emocional: le pasé el código a un LLM para que se revisara la alarma sonora; además quería hacer ciertos ajustes en el eje horizontal de la gráfica y, finalmente, actualizar el logo genérico. 

Y no, no realizan ese tipo de trabajo; nomás trabajan con espiral, pero le recomendaron que buscara un negocio que se dedicara específicamente al empastado; luego pasamos a la tienda verde de descuentos: quería comprar un pincel fino; al final compré un paquete de cuatro o cinco -y me temo que similar a los que había estado usando recientemente-.

Por la noche estuve revisando las preguntas de la página del exámen que tomaré en un mes: me tocaba la número cinco -de nueve- y no pude contestar a la mayor parte de las interrogantes planteadas -no sé cómo me irá el otro mes, pero planeo un par de ciclos completos extras de este repaso-.

Además, cuando retorné de la caminata vespertina ví un mensaje de mi hija mayor, contándome que ha estado enferma -por eso no ha podido trabajar mucho-; aparentemente con mononuclosis; al final le transferí cien dólares; y terminé de leer Last words.

El miércoles me levanté a las seis y media; medité y luego salí por la computadora del trabajo; la encendí, entré a la VPN y luego me quedé esperando la reunión de las nueve; en el ínterin  completé varias lecciones de Duolingo.

Pero antes de la reunión de las nueve -a las ocho- tenía una reunión con todo el grupo que será movido a la nueva empresa el primero de octubre; la misma fue dirigida por el mismo individuo francés de las últimas veces; aunque ahora llevó la voz cantante un representante de la empresa adquiriente.

Esta persona realizó una presentación de diapositivas; presentando, primero, generalidades de la empresa que nos está comprando -y cuán fabulosa es-; luego un roadmap (por fin) del proceso (terminando el primer día en la misma).

Después de esta reunión entré a la segunda del día; aunque no hubo mucho que comentar; en la del equipo mi compañero que vive en la ciudad colonial indicó que no podía entrar a los servidores en el Imperio.

Intenté acceder y tampoco pude -al parecer era un fallo general-; el resto de la reunión estuvo más o menos igual: el supervisor indicándonos tareas -que no podíamos realizar por el momento-; también comentamos los cambios por venir -la mayor parte tienen una actitud positiva, yo no sé como definir la mía-.

Después de la reunión me metí a la cocina a preparar mi desayuno; pero escuché que me estaban llamando del trabajo, contesté la llamada y era mi supervisor: quería enseñarme una forma más fácil de ingresar al servidor remoto.

Y lo logramos; pero, casi en el acto, también esta vía fue bloqueada; y eso fu el día: no hubo forma de acceder al servidor en el que realizamos nuestro trabajo; aproveché para leer, después del desayuno, un poco de libro en inglés que recién inicié.

A las doce Rb salió de su habitación y completamos la rutina de ejercicios; luego nos vestimos para sacar a caminar a los perros más grandes; cuando venía de vuelta del primer circuito vi que Rb se había detenido y me hacía señas de que acudiera a donde estaba.

Y, al llegar, me comentó que la anciana que vive en la tercera casa de la calle le había pedido que la esperara -usualmente nos regala comida, especialmente cuando le hemos compartido güisquiles y/ bananos-; entonces tomé a la perra más pesada y continué la caminata.

Terminé la primera vuelta y, cuando estaba pasando de nuevo por el portón de la casa de Rb, ella estaba saliendo de la misma; me comentó que la señora nos había regalado un par de chiles rellenos (consumí uno en el almuerzo y guardé el otro para el día siguiente).

Al terminar la caminata entré a poner el recipiente con caldo en la estufa y la pechuga de pollo en el microondas; también empecé a preparar las ensaladas -aunque tuve que esperar que Rb entrara pues quería separar la lechuga para tres días-.

Después del almuerzo -el chile relleno lo agregué directamente a la ensalada- me preparé un café; luego me puse a revisar los accesos al servidor remoto; pero estaba aún en el mismo estado: sin acceso -incluso mi supervisora me escribió para revisar algunos detalles del servidor-.

Como no podía hacer mucho en la cuestión laboral -además de configurar mi correo para que avisara el día siguiente que estaba de vacaciones- me retiré un rato a mi habitación para poner al día mis notas -incluyendo esta-; hasta las tres menos cuarto, a esa hora salí a lavar los trastes del día, y a prepararle el té de manzanilla a Rb.

Como era el día de la clase de teología de Rb salimos a realizar la caminata a las cuatro y media; a esa hora nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; y, aunque no entramos en el más alejado, caminamos hasta el final de boulevard.

Luego pasamos al supermercado de la mitad del camino; allí compramos un par de lechugas; además, aproveché para comprar un par de botellas de medio litro de jugo de naranja -para el desayuno del sábado con mi hija mediana-; luego empezamos a caminar de vuelta a casa.

Más o menos a la mitad del trayecto me empecé a sentir mal; tuve un par de arcadas y empecé a salivar profusamente; creí que iba a devolver, o a desmayarme; lo bueno es que venía caminando unos pasos atrás de Rb -hay muchos autos mal estacionados y no había espacio para que camináramos lado a lado-.

Durante varios metros me sentí muy mal; luego me concentré en respirar y me sentí mejor; luego pensé que quizá lo acaecido se debió a haber consumido el chile relleno que nos regaló la anciana -son muy grasosos y, últimamente, el consumo de aceites y grasas ha disminuido notablemente-.

Cuando retornamos a casa me puse a completar otro de los laboratorios de Fabric; luego, ya en la habitación de Rb, me pasé un buen tiempo repasando las preguntas del examen en el sitio que me escribió mi amigo asiático -quien acaba de obtener otro de estos certificados-; y me refugié temprano -a las nueve- en mi habitación, previendo el día jueves que se me venía.

El jueves me desperté a las cuatro y media de la madrugada; había dejado el reloj a esa hora pues quería empezar temprano el día: meditar, tomar un baño, preparar -y empacar- mi desayuno; y luego dirigirme caminando a tomar el bus intermunicipal.

Según mi plan, saldría a las cinco de casa, tomaría el bus a las cinco y media, estaría a las seis tomando el Transmetro y a las seis y media apeándome en la estación más cercana al hospital público más grande del país -en donde esperaba donar sangre-.

Donar sangre era algo que nunca había hecho; y a lo que, por alguna razón, le tenía aversión; había incluso declinado donar sangre cuando mi hija me lo pidió antes de que la operaran hace varios años -no sé si tenga que ver con mi rechazo a las agujas-.

Después del baño preparé mi desayuno; y eso me llevó más tiempo del previsto: salí de casa casi a las cinco y media -no le avisé a Rb- y llegué al inicio del boulevard un poco antes de las seis; el bus tardó en pasar, por lo que llegué bastante tarde a la estación del Transmetro.

Entonces decidí, en vez de dirigirme en Transmetro a la estación intermedia más grande, ordenar un uber moto; el cual me llevó a mi destino -la entrada al hospital más grande de la ciudad- a las seis y diecinueve -me cobró un poco menos de tres dólares-.

Cuando llegué al lugar ya había una cola de más de quince personas esperando para donar sangre; saludé a la última persona de la fila -una señora- y confirmé que era la cola indicada; y, de acuerdo a su consejo, no desayuné en el acto: me dijo que lo mejor era pasar la primera revisión para ver si podía donar.

Estuvimos esperando hasta un poco después de las siete; entonces salieron un par de enfermeras e indicaron que debíamos tener listo un documento de identificación -afortunadamente aceptaban la licencia de conducir- y el número clínico del paciente por el cual íbamos a donar.

Entramos a las instalaciones -la señora de adelante había estado acompañada por su hermana; a quien no dejaron entrar porque llevaba copia de su dpi en el teléfono y le dijeron que debía imprimirlo-; y allí volvimos a esperar un poco: luego las mismas enfermeras dieron instrucciones generales sobre el procedimiento.

A continuación hicimos una fila -en sillas- para que nos pesaran (ciento treinta y tres libras -con ropa y zapatos-!!) y registraran nuestros datos personales; esto último fue bastante tardado; a continuación debíamos pasar a una habitación en donde una enfermera (o técnica) realizaba una entrevista y tomaba una muestra de sangre.

En la entrevista fue todo bien; pero al colocarme las bandas elásticas en los brazos para tomar una muestra la señorita me indicó que mis venas eran demasiado delgadas para donar sangre; no sabía sobre esto y me tuvo que repetir; de hecho me llevó con la persona a cargo de la extracción quien confirmó que lo más seguro era que sufriera un daño.

Entonces les agradecí por su tiempo y me retiré del lugar; le escribí a Rb, con las malas noticias -debe presentar dos donadores antes de que pueda acceder a la operación de la vesícula-; luego caminé hasta la estación más cercana del Transmetro.

Tomé la unidad que estaba ya cargando y me apeé en el comercial en donde se estacionan los busitos; en donde abordé el que ya estaba cargando pasajeros; un poco más tarde estaba entrando en casa; Rb se sorprendió de lo rápido que había regresado.

De hecho, retorné tan temprano, que me tocó que esperar antes de tomar mi desayuno -a las diez y media-; y, como era mi día de vacaciones, me pasé el resto de la mañana estudiando la lección diaria de Fabric y leyendo algunas páginas de Tinta y Sangre.

Un poco antes del mediodía ví que mi ahijado me había escrito en whatsapp -habíamos acordado, unas semanas antes, reunirnos por la tarde, para tomarnos un café/pastel-: me comentaba en su mensaje que andaba con quebrantos de salud y debía cancelar nuestra reunión de la tarde.

Era la primera vez que me cancelaba y, usualmente, espero a que se repita dos o tres veces para bloquear a mis -pocos- contactos con los que he estado haciendo -desde hace tres o cuatro años- un esfuerzo para mejorar mi comportamiento social. 

Rb salió de su habitación un poco antes de las doce y se puso a completar una rutina de zumba -se había negado a asistir a su clase porque el maestro les había pedido que llegaran vestidas de hawaianas; lo que calificó de ridículo-; cuando terminó la rutina sacamos a caminar a los perros más grandes.

Después de la caminata calentamos la comida: era el último día de fajitas de pollo y ensalada; luego me tomé un café con galletitas; por la tarde estuve viendo algunos videos de Youtube y, a las dos y cuarenta y cinco, le preparé un té de manzanilla a Rb.

Un poco antes de las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: por la tarde Rb había confirmado que al día siguiente recogería a su mejor amiga en el aeropuerto de la ciudad, y yo le había recomendado que fuera preparada por si le tocaba comer afuera.

Caminamos hasta el principio del boulevard y entramos al supermercado del lugar; allí compramos una bandeja de fajitas de pollo, media libra de champiñones y un poco de bananos; luego de pagar las compras iniciamos el retorno a casa.

En la panadería donde compró el pan más económico adquiré el pan para mis desayunos del fin de semana; y en la panadería de la vuelta compré un par de cubiletes; por la noche me ocupé en completar un laboratorio de Fabric y una de las páginas con veinticinco preguntas del examen de certificación.

El viernes me levanté a las seis y media; me estaba sintiendo bastante agotado y preveía un día algo complicado: el día anterior había aceptado conducir a Rb al aeropuerto, esperar por su amiga y luego llevarlas a la casa de los padres de esta.

Además, a las ocho y media tenía una reunión con la empresa que se hará cargo de todas las obligaciones administrativas de mi empresa actual, cuando pasemos a la nueva empresa -aparentemente la fecha establecida (1 de octubre) será efectiva para el cambio-.

Después de meditar pasé la computadora del trabajo a la mesa del comedor; y verifiqué que no había ninguna reunión pendiente a esa hora; luego me puse a completar algunas lecciones de Duolingo (volví a bajar a un ELO de mil cuatrocientos).

Después de las lecciones de Duolingo pensé que lo mejor era estar presentable para la reunión con el nuevo equipo; entonces me apliqué gel en el cabello y me puse una de las playeras (negra) que uso para visitar a mis hijos.

A las ocho y media entré a la reunión con el equipo que se hará cargo de nuestros trámites administrativos -la mayor parte son mujeres y la mayoría viven en Río de Janeiro-; inicialmente -como todas ellas- activé mi cámara; pero luego, viendo que nadie de mi equipo actual lo hacía, la desconecté.

La reunión tardó un poco  más de media hora -aunque estaba programada para durar una hora- y se trató sobre los cambios que ocurrirán el próximo mes; hubo mucha información pero aún no aclararon todo: nos pagarán las vacaciones atrasadas, para reiniciar en cero; y se supone que no habrá liquidación, sino traslado del pasivo laboral.

Algo que me agradó -aunque no sé qué tan benéfico sea- es que, dentro de nuestro grupo estaba la PM con la que trabajé hace una década y que ahora -luego de unos años en Australia- reside en Francia; o sea, entendí que ella también será afectada por los cambios.

O sea, se supone que el próximo mes recibiré un salario extra -porque aún se me adeuda un par de períodos de vacaciones-; pero no tendré que esperar un año entero para tener derecho, nuevamente, a quince días de vacaciones -los cuales no pueden, como hasta ahora, acumularse-.

Después de esta reunión el PM local nos invitó a otra; pero me confundí, y en lugar de entrar a esa, entré a la reunión del equipo -en la que participan los desarrolladores-; allí le comenté al jefe de los mismos algo de lo que habíamos visto en la reunión previa.

Esta reunión no fue muy tardada y entonces sí, me pasé a la del PM, en la que seguían conversando sobre lo que habían entendido de la reunión con el nuevo equipo; al final seguimos en una situación bastante rara: no habrá liquidación, se nos pagarán las vacaciones atrasadas, pero no sé cómo se aplicará una indemnización en el futuro.

Mientras estaba en esta reunión -utilicé los audífonos con bluethoot- estuve preparando i desayuno; el que tomé un poco después de las nueve y media; y es que a las diez menos cuarto tenía la reunión diaria con mi equipo; y a las diez y media había previsto salir hacia el aeropuerto.

La reunión con mi equipo fue bastante escuenta; básicamente fuimos el analista que vive en la ciudad colonial, la analista en el imperio del norte y el supervisor -el analista que menos bien me cae anda ausente, por la pérdida de un familiar cercano-; además, desde un par de días atrás el acceso al servidor remoto ha estado bloqueado.

Pero el supervisor aprovechó la ocasión para asignarme un poco de trabajo: el analista que vive en la ciudad colonial ha estado revisando un documento por varios días; y le pidió que me lo compartiera para que yo también busque en el mismo oportunidades de mejora.

Después de la reunión me vestí y salí a arrancar la van; entonces nos dirimos hacia el aeropuerto; afortunadamente el tránsito estaba bastante ligero: el único embotellamiento que encontramos -ya en la ciudad- lo sorteamos con ayuda de waze; con lo que llegamos al destino un poco después de las once.

Estacioné la van en el parqueo del lugar y nos dirigimos al lugar en donde salen los pasajeros; se suponía que el vuelo aterrizaba a las once y media, por lo que aún teníamos un buen tiempo de espera; por lo que me puse a resolver el cubo de rubik de seis por seis por seis; luego jugué un par de partidas de ajedrez en el Duolingo de Rb.

La amiga de Rb salió del aeropuerto un poco antes de las doce y Rb corrió a abrazarla; se estuvieron un rato llorando mientras otros pasajeros salían, rodeándolas; yo me había acercado había tomado la maleta -con rueditas- con la que había bajado del avión; y estuve esperándolas un poco a una distancia prudente.

Después nos dirigimos -luego de pagar el parqueo- hacia la van; salimos del lugar y nos dirigimos a la casa de los papas de la amiga de Rb -en una zona acomodada de la ciudad-; yo había previsto llevarlas al lugar y luego retirarme; pero el papá nos ofreció almuerzo y Rb me hizo señas para que aceptara.

Por lo que -no sintiéndome cómodo (o sea, andaba escapado del trabajo)- me senté a la mesa y compartí un -escueto- almuerzo de filete de pescado y arroz; y la reunión recuperó un poco de normalidad -o sea, la esposa del señor (y madre de la amiga de Rb) está en la unidad de cuidados paliativos en el hospital público más grande de la ciudad-.

El almuerzo se animó un poco con anécdotas e historias -todos se han conocido por varias décadas y asisten a la misma iglesia- hasta que el señor indicó que lo mejor era que nos dirigiéramos al hospital -Rb les había ofrecido que los pasaríamos a dejar-.

Afortunadamente -nuevamente- el tránisto estaba bastante ligero; por lo que llegué a dejar a la amiga de Rb y su papá al mismo lugar a donde me tocó esperar el día anterior casi una hora para mi intento fallido de donar sangre; luego manejé hasta la casa de Rb.

El tránsito para entrar al municipio estaba -como casi siempre- bastante pesado; pero aún vinimos un poco antes de las dos; sacamos a caminar a los perros y luego -Rb me había preguntado si el almuerzo había sido suficiente y yo le indiqué que almorzaría en casa- calenté el almuerzo que Rb había preparado la noche anterior (antes de salir por la mañana yo había preparado las ensaladas).

Después del almuerzo me preparé un té de menta -y le preparé un té de manzanilla a Rb-; luego me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; el resto de la tarde transcurrió casi sin actividad laboral; aunque me puse a revisar el documento que me habían mencionado por la mañana -son más de doscientas páginas-.

A las cinco nos dirigimos, con Rb, a los supermercados en dirección sur: caminamos hasta el final del boulevard y luego retornamos al supermercado más cercano; allí Rb compró un poco de alitas de pollo; también compramos una red de aguacates y un poco de bananos.

Antes de salir de la colonia le había comentado a Rb que iba a necesitar una fila de pan francés, para el desayuno del día siguiente con mi hija mediana; pero luego lo olvidé por completo: ya habíamos ingresado a la calle cuando lo recordé y salimos a la panadería.

Pero la dependienta de la panadería no tenía sencillo para el billete de cinco con el que intenté pagarle (el doble del valor de la compra); por lo que retornamos a casa, de donde salí casi inmediatamente, con varias monedas para, por fin, adquirir el pan. 

Cuando retorné de la panadería me ocupé en el siguiente laboratorio de Fabric; algo de ajustes a modelos semánticos -para lo cual tuve que arrancar mi máquina con la partición de Windows 11 (intenté instalar PowerBi en la computadora del trabajo pero no tengo acceso a ciertos espacios)-.

Completar el laboratorio me llevó más de la media hora que había previsto; luego respondí las preguntas planteadas por la lección diaria del LLM con el que estoy preparándome para el examen; y, por último, respondí la penúltima de las páginas en el primer ciclo de la revisión del sitio que me compartió mi amigo asiático.

A las diez de la noche me retiré a mi habitación; pero cambié el orden de actividades: primero leí una parte del segundo capítulo del ciclo actual del libro de la premio nobel sudcoreana; luego medité; y después me dormí.

El sábado me desperté a las una y media de la mañana; me había dormido antes de medianoche pero algo me despertó: fue una mezcla entre sueño y un zancudo; pero cuando me desperté sentí entumecidos (o dormidos) los dos brazos: una sensación bastante incómoda de la cual me costó liberarme.

Sopesé si seguir durmiendo -después de ver la hora en la tablet- pero me levanté a cazar el zancudo que me había despertado; sacudí la toalla, que conservo detras de la puerta, por las paredes de la habitación; y luego la agité junto al escritorio; y de allí salió, volando tranquilamente, el zancudo.

Ya tenía preparada la raqueta, con la que le dí una descarga eléctrica; y, aunque el insecto no se quedó en la misma, consideré que lo había dejado fuera de combate; pero luego me costó conciliar el sueño: había un par de preguntas rondandome la cabeza.

La primera tenía que ver sobre lo que pasará con mi tiempo de trabajo cuando pase a la nueva administración (o sea, temo perder el pasivo laboral de doce años); y lo otro era una duda sobre el tiempo que la mamá de la mejor amiga de Rb estará en cuidados paliativos.

Introduje estas dos preguntas en un LLM -en modo incógnito-; y sus respuestas no fueron muy esclarecedoras: básicamente debo conseguir más información; en el primer caso sobre los términos concretos de la transición laboral; en el segundo, por la diferencia -que no sabía que existía- entre cuidados paliativos y cuidados terminales.

Afortunadamente -concentrándome en la respiración- pude volver a conciliar el sueño; hasta las siete menos cuarto: no me dí cuenta que había desconectado la alarma de las seis y media; y no sé si fue la bulla de los autos en el boulevard, o la de Rb preparándose para empezar a tomar llamadas, la que me despertó.

Pero me levanté y, supuestamente, después de haber desconectado una alarma para las siete menos diez, empecé a meditar; pero no, el período fue interrumpido -por alarmas del celular- en dos ocasiones: una, me parece, para la clase de storytellling, y la segunda para enviar los tiempos de trabajo de la semana -no había clase y el día anterior había enviado los tiempos-.

La primera alarma sonó cuando me faltaban como doce minutos de meditación y la segunda cuando faltaban menos de treinta segundos; aún así completé el ciclo; luego salí de la habitación y puse a desinfectar los dos tomates que usaría para el desayuno con mi hija mediana -y varias hojas de lechuga-.

Después de poner a desinfectar las verduras hice algunas -pocas- lecciones de Duolingo; luego me puse a preparar el par de panes que llevaría al desayuno: una tortilla de (tres) huevos con sesenta gramos de jamón, con lechuga y tomate en rodajas; todo aderezado con mayonesa y ketchup.

Había consultado Waze y se veía que el tránsito estaba pesado desde antes de salir al boulevard principal; aún así decidí no salir tan temprano, lo cual fue un craso error: después de bañarme y cargar el desayuno en la mochila con aislante térmico tomé la van e inicié el viaje -eran casi las nueve y cuarto-.

Salí al boulevard pero, al avanzar una pocas calles, me dí cuenta que había un embotellamiento bastante intenso; por lo que dí la vuelta en U y decidí entrar a la ciudad por la vía que viene de los puertos del sur; y cuando llegué a esta vía también la encontré bastante congestionada, aunque no completamente inmóvil.

Me uní a los cuatro carriles subiendo la cuesta por la que se accede a la ciudad y estuve una buena cantidad de tiempo bandeando entre los mismos; hasta que llegué a la calzada metropolitana; que también estaba bastante llena; luego entré una poca distancia al periférico, pasé por la Universidad y salí a la ruta principal, al lado de la cual está el edificio donde viven mis hijos.

Ya eran las diez menos veinte cuando apenas entré a la ciudad, por lo que estuve a punto de llamar a mi hija para avisarle que llegaría tarde; pero la última calzada estaba relativamente vacía -o al menos no estaba saturada-; con lo que, con apenas un par de minutos de antelación llegué al parqueo del edificio.

Estacioné la van -me tocó que bajarme para arrimar una de las bicicletas a la pared- y subí caminando los siete niveles hasta el departamento de mis hijos; dos minutos después de las diez estaba entrando a la sala -y enviándole un mensaje a mi hija, comunicándole que me encontraba en el lugar-.

Ella salió un poco más tarde y nos dirigimos, caminando, al parque temático en el que acostumbramos tomar nuestros desayunos; el lugar estaba relativamente vacío -quizá por la hora temprana- y encontramos un lugar agradable para desayunar.

En eso invertimos un buen tiempo; luego jugamos una extensa partida de Scrabble; como habíamos acordado que la reunión se extendiera hasta la una de la tarde, le ofrecí a mi hija que nos dirigieramos a la rueda de Chicago; la cual estaba empezando a funcionar.

Había una cola bastante pequeña pero aún no estaban llenando todas las canastillas; pero no nos tocó esperar mucho; después de completar las vueltas del juego mecánico empezamos el retorno al departamento -en el ínterin me había estado comunicando con Rb, quien había acudido al hospital a visitar a la mamá de su mejor amiga, pero se había retirado al comprobar que nomás un visitante era aceptado-.

Retornamos al departamento veinte minutos antes de la una y le propuse a mi hija que revisaramos la confección de un origami que acostumbrábamos armar muchos años atrás -había olvidado por completo las instrucciones-.

Encontré el video en Youtube y procedimos -en muy poco tiempo- a fabricar un par de cajas de papel; luego armamos unas mas pequeñas, con las mismas instrucciones; la alarma sonó a la una menos cinco y empecé a despedirme; luego me retiré del departamento y bajé a encender la van.

Antes de salir del sótano le envié un mensaje a Rb, comentándole que iniciaba mi retorno -ella me había escrito un poco antes, comentándome que ya estaba en casa-; el viaje estuvo más tranquilo que el de ida -el número de autos en circulación era, definitivamente, menor-.

Pero no conduje directamente a casa: a mitad del camino -a tres o cuatro casas de donde vive el voluntario con quien me reuno un domingo al mes- me detuve para comprar un menú de pollo frito -había decidido almorzar eso-; la operación estuvo un poco complicada porque un gran camión se había detenido en el lugar -cubriendo uno de los tres carriles- específicamente para comprar pollo frito, también.

Después de comprar el menú más sencillo -una pieza de pollo, papas fritas, una ensalada y un bollo por tres dólares- volví al auto y continué el camino a casa de Rb; cuando vine la encontré almorzando en su habitación; por lo que me serví mi almuerzo y almorcé en la mesa del comedor.

Cuando terminé de almorzar me preparé un café, el que consumí con un poco de pan dulce -también con la mitad de uno de los muffins que Rb me trajo al retornar de su visita (frustrada) al hospital); después me puse a preparar las gelatinas para mis desayunos de la semana.

Rb empezó a alistarse para dirigirse a su iglesia, a impartir su clase semanal de alfabetización; yo le preparé un té de manzanilla y aproveché el tiempo para lavar los trastos que había utilizado en el desayuno con mi hija mediana.

A las tres y cuarto Rb se despidió; yo terminé de lavar los trastos y, luego, preparé los bártulos para realizar la limpieza -el nivel de bolas de pelos de perro era realmente excesivo-; barrí los pisos de las habitaciones que más usamos y luego las trapeé.

A continuación me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; a las cinco y diecisiete -había puesto una alarma- me vestí y salí a caminar en dirección a la iglesia de Rb; a la cual llegué un poco después de las seis; entré al pasillo, pasé saludándola -y a sus alumnas- al aula y fui a esperarla frente a la cancha de basketball/volleyball del lugar.

Ella salió unos minutos más tarde y caminamos de vuelta a casa; al regresar me ocupé de las tres tareas de Fabric: completar el laboratorio del día -algo de seguridad en los reportes-, responder las preguntas de la lección del día y las de la última página del sitio en donde he estado preparándome.

Terminé super tarde con todo eso: ya eran casi las diez de la noche; pero, como ví que Rb seguía en sus series en la computadora, me quedé un rato más en su habitación; luego, cuando anunció que se preparaba para dormir, me pasé a la mía; en donde medité, leí un poco y luego me dormí.

Y a ver cómo sigue eso...

lunes, 24 de agosto de 2026

Perras de Reserva... Reservoir bitches... Chiennes de réserve...

No me había dado cuenta que no había utilizado este título para nombrar uno de los textos de este año -lo que me había propuesto al inicio del mismo-; o sea, leí Medea me cantó un corrido porque me pareció un libro más o menos similar a La virgen de los Sicarios.

Y leyendo sobre la autora, encontr -en Reddit, me parece- varios comentarios en donde indicaban que el libro de Medea era un escalón descendente del libro que titula este texto: lo que me parece un despropósito.

Se supone que Perras de Reserva fue el libro que puso a la autora en el ojo público: en todo sentido; supuestamente le costó mucho que una editorial lo publicara -el texto es bastante crudo y el lenguaje demasiado mexicano-: son una serie de cuentos del bajo mundo.

Con Medea -creo- intentó hacer una obra diferente: aquí hay un hilo conductor -Medea-, pero la acción -y el lenguaje- sigue siendo tan -o más- descarnado con el anterior; algunos lo han clasificado como pornoviolencia -o pornomiseria, o un término similar-.

Pero, a mí, lo que me llamó la atención fue eso: el primero -Perras- es nomás una serie de cuentos -creo que algunos los había presentado la autora en diversos concursos- pero el segundo es un intento de hacer una literatura más estructurada -o es lo que me parece-.

El tema en ámbos es el mismo: la violencia tan común en nuestra latinoamérica unida; la degradación -tan común- del tejido social que afecta tanto a los jóvenes que muchos prefieren llevar una vida intensa -aunque corta- a ingresar en la carrera de ratas.

Y eso.

El miércoles me levanté antes de  las seis y media; preveía un día bastante tranquilo en el plano laboral; y fue -casi- tal como lo esperaba; pero me desperté antes gracias a un zancudo al que se le ocurrió zumbar muy cerca de mi oído antes de las seis de la mañana; me levanté a encender la luz y -curiosamente- lo localicé sobre la lámpara de dormir.

Acerqué lentamente la raqueta al insecto; el cual recibió un par de buenas descargas, ignoro si eso lo dejó fuera de combate o nomás lo atontó; pero no lo busqué con tanto ahinco: completé a continuación mi meditación de la mañana.

Después salí a la mesa del comedor, con ambas computadoras: Rb ya iba a empezar a tomar llamadas y me molesta salir a abrir la puerta a los perros cuando aún estoy en cama; como no había reunión a las siete y media estuve hasta las nueve entre Duolingo, Scrabble y lectura.

A las nueve entré a la reunión diaria; en donde el PM presentó unas gráficas -sin sentido, realmente- sobre el avance del proyecto; luego, a las nueve y media, entré a la reunión quincenal con mi supervisora -que ya no es mi supervisora-.

Esta llamada también fue bastante intrascendente: yo estaba a la expectativa de enviarle nuevamente mi número de cuenta bancaria, pues no había recibido los dieciséis dólares que gané al quedar en el tercer lugar de la quiniela mundialista -sigo sin recibirlos-.

La llamada versó básicamente sobre los pendientes antes del cambio a la nueva empresa: falta un poco más de un mes para que se realice el cambio y casi todo permanece en un estado nebuloso; la mayor parte de la reunión fueron cuestiones personales: como que mi supervisora no había dormido durante la última semana porque a su bebé -de menos de seis meses- la afectó la aplicación de la vacuna.

Al menos la reunión esta me dió la excusa perfecta para no entrar a la reunión del equipo a las diez menos cuarto -después le pregunté sobre la misma al analista de la ciudad colonial y me comentó que había sido corta y sin mucha información-; después de terminar la llamada (a las diez) me moví un rato a la cama para leer.

Rb salió de su habitación a las doce y completamos la rutina de ejercicios de los miércoles; después sacamos a caminar a los perros; antes de salir le puse fuego bajo -pero no tan bajo pues el día anterior no habían quedado muy bien las piezas de pollo- al pollo y papas asados, y a la longaniza en trozos.

Cuando entramos de la caminata subí un poco la potencia de las dos hornillas y volteé todas las piezas que estaban calentándose; después me lavé las manos; como ya había dejado preparado el guacamol antes de salir a caminar con los perros, lo saqué del refrigerador y serví ambos almuerzos.

Después del almuerzo me preparé medio litro de café -el que consumí con un par de mitades de galletas-; por la mañana había empezado a completar la tarea que envió el jefe de Rb para la evaluación del segundo módulo del curso de storytelling al cual me adherí un par de meses atrás.

Y luego del almuerzo continué trabajando en el informe: básicamente revisando el texto proporcionado por un par de LLMs, aclarando algunos puntos, simplificando otros, y encontrando una mejor forma de presentar la información; Rb fue a la tienda de las verduras y retornó con una papaya -y otras frutas- al doble de lo que costaba el año anterior -maldito dictador naranja-.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: Rb había encontrado una forma adecuada de utilizar el cloro -lejía- normal para desinfectar las verduras; y necesitábamos un juego nuevo de cucharitas medidoras; por lo que caminamos directamente hasta la tienda verde de descuentos.

Allí obtuvimos las cucharitas -por un dólar-; luego pasamos al otro supermercado y compramos dos recipientes de cloro: uno de un galón y el otro de un poco menos de dos litros; luego retornamos a casa; en donde Rb se preparó para entrar a su clase de teología.

La cual había previsto que sería muy muy larga: más de la mitad de los estudiantes -incluyendo ella- debían presentar el video de la evaluación del penúltimo módulo del programa; se trataba de la prédica que había presentado el viernes anterior en el grupo de señoras de su iglesia.

La clase se alargó aún más de lo que Rb había previsto y llegó la hora en la que debía alimentar a sus perros; llevé la comida de los perros grandes a su cama y luego intenté que la perra más anciana tomara su cena -por la mañana había sido muy exitoso con esta tarea-.

Pero no hubo caso: la perra, como es su costumbre, se negó a ingerir su alimento; consideré tirar la comida en el barranco, pero luego me dije que lo mejor era dejar que Rb lidiara con el asunto; esperé un poco y luego -Rb seguía en su clase- le informé del hecho; y ella la alimentó como lo ha hecho durante los últimos años.

Por estar en lectura, Duolingo y Fabric -y algún video de Youtube- ya no tuve tiempo de ver ningún -otro- contenido multimedia: quiero esperar a que hayan más capítulos disponibles de Lioness; y aún no he empezado a ver el último de la serie de animé que empecé a ver unas semanas atrás.

El jueves me levanté nuevamente antes de las seis -no hubo zancudo, nomás ruido del boulevard-; pero creo que también ha influido estos dos días la parte de Wherever you go There you are que acabo de leer: el autor habla en uno de los ensayos sobre la conveniencia de levantarse muy temprano.

Empecé a meditar alrededor de las seis de la mañana; luego retorné a la cama y estuve haciendo lecciones de Duolingo hasta después de las siete; a esa hora salí de la habitación y conecté ambas computadoras en la mesa del comedor; mientras, Rb había empezado a tomar llamadas.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; con la novedad de que la compañera de mi supervisor ya había retornado de vacaciones -le dí la bienvenida-; entre ocho y nueve de la mañana estuve completando la evaluación de Fabric del día catorce y realizando las actividades del sexto -de dieciséis- laboratorio de la misma tecnología.

A las nueve entré a la siguiente reunión; en la que los desarrolladores comentaron los obstáculos que han estado teniendo para lanzar la última versión de la aplicación en la que trabajamos; después de esta reunión recibí un nuevo documento para ajustar los formatos.

Y eso me llevo un buen tiempo: no era mucho el contenido pero sí había muchas áreas en las que tanto las tabulaciones como ciertas numeraciones debían ser calibradas; además debía revisar el formato de la tabla de contenidos; por estar haciendo esto no me dí cuenta que me salté una de las reuniones en curso sobre el uso del LLM aprobado en el trabajo.

Rb se dirigió a su clase de zumba un poco antes de las diez y retornó -bastante desmotivada- un poco después de las once: al parecer no le está llamando la atención que el instructor esté solicitando tantas dinámicas: como que lleguen vestidas de cierto color, o de cierta década del siglo pasado; o que lleguen maquilladas(!).

Aún tuvo tiempo de meterse a su habitación a tomar algunas llamadas; como ya había preparado el guacamol del almuerzo saqué las porciones de pollo -y papas- del día y los coloqué en la mesa, listas para empezar a calentarse; lo que hice a las doce, cuando Rb salió de su habitación para que sacáramos a caminar a sus perros grandes.

Después de entrar  de la caminata continué haciéndome cargo del almuerzo y serví las dos porciones; Rb salió un poco después de su habitación y completamos la comida; después me preparé un café; ella se tardó bastante almorzando y luego se retiró a su habitación, en donde estuvo dormitando hasta las tres menos cuarto.

Yo me había metido a mi habitación a avanzar en Wherever you go There you are, e incluso desconecté la alarma de las tres menos cuarto; y estuve a punto de empezar a darle de comer a los perros; pero juzgué más conveniente -para todos- que ella lo hiciera; entonces le hablé y, mientras ella se despertaba y se encargaba de los perros, me metí a la cocina a lavar los trastos del día.

También le preparé un té de manzanilla; a continuación me puse a hacer un par de pequeños ejercicios de acuarela; el día anterior había encontrado los dibujos -a lápiz- que hice tres años atrás, cuando empecé a explorar mi lado artístico -las acuarelas empezaron el año anterior-.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos lo cruzamos: Rb necesitaba comprar una medicina para su perra más anciana, en una farmacia de los alrededores.

Luego de comprar las gotas oftálmicas caminamos hasta el supermercado de mitad del camino; allí compramos las fajitas de pollo para el almuerzo de la siguiente semana; también un poco de mollejas (para un caldito) y algo de bananos; antes de entrar a la calle de la casa de Rb pasamos a la panadería de la vuelta, a comprar el pan de mis desayunos.

El día viernes estuvo bastante tranquilo: me levanté un poco antes de que sonara la alarma, consciente de que no había reunión a las siete y media; medité y luego estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo en la cama.

Un poco después de las siete salí de la habitación para trabajar en la mesa del comedor: estuve ocupándome en mi lista semanal; algo de Fabric, algo de lectura e incluso algo del trabajo -aunque de esto último no había recibido más novedades-.

A las nueve de la mañana entré a la reunión semanal del equipo; como en las anteriores, el supervisor se dedicó a comentar las tareas de todos los analistas -en mi caso, apenas me mencionó como ayuda de los dos analistas que están desarrollando los documentos-.

La reunión estuvo algo tardada y, al final, el jefe del supervisor preguntó si había alguna duda: aproveché para inquirir sobre el estado del cambio a la nueva empresa; y, al igual que en ocasiones anteriores, no hubo mucha información, nomás que si teníamos dudas podíamos enviarlas por correo.

Un poco después de esta reunión la analista me envió un mensaje par que viera un documento que ya tenía listo; estuve trabajando un rato en esto -no era mucho- y después, cuando Rb salió de la habitación, completamos la rutina de ejercicios de los viernes.

Luego sacamos a caminar a los perros grandes; antes de salir Rb había puesto a cocinar el pescado de los viernes; así que cuando entramos le dí la vuelta a los dos trozos y puse a cocinar las salchicas y el pollo con el que he estado complementando mis ensaladas de los viernes -después preparé la ensalada-.

Almorzamos pescado y ensalada y luego me preparé un té de menta; antes del almuerzo le había avisado a la analista que el documento ya estaba listo, el resto de la tarde no hubo mucho laboralmente hablando; nomás hice un par de pequeños ejercicios de acuarela y leí -lo que me había propuesto de- el tercer folleto de electrónica.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los mercados en dirección sur; llegamos al extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de la mitad del camino; y no había lechugas: últimamente se ha estado repitiendo más la escena; nada de lechugas en las refrigeradoras.

Entonces Rb dijo que pasaríamos a la tienda de las verduras; pero yo hice un gesto -me sale (casi) inconsciente- de fastidio; por lo que dijo que pasaría sola; al final ya no pasó, y yo me comprometí a pasar a los supermercados al día siguiente, cuando visitar a mi hijo menor.

Por la noche ya no ví nada de material audiovisual -ni Lioness ni Nahona-; nomás estuve revisando una de las (nueve) páginas con preguntas para el examen del certificado que tomaré a finales del próximo mes (el sitio me lo compartió mi amigo asiático y está bastante interesante).

El sábado no me quería levantar; por alguna razón no tenía ánimos para salir de la cama; desconecté la alarma y me quedé unos (seis) minutos más en cama; luego sí bajé al piso y completé el periodo de meditación de la mañana (escuché a Rb preparándose para emprezar a tomar llamadas).

Después de completar la meditación retorné a la cama y completé algunas lecciones de Duolingo; luego salí de la habitación y puse a desinfectar verduras -llené un recipiente plástico con tres litros de agua-.

Desinfecté tres tipos de lechuga (verde, morada y romana), una manzana verde, un pepino, dos tomates, una zanahoria y un chile pimiento (nomás el aguacate no desinfecté); cuando pasó media hora saqué las legumbres y preparé dos grandes ensaladas.

Además, medí treinta gramos de aderezo en dos bolsitas de galletas; después me puse a preparar los dos rollitos de pollo (la noche anterior los había dejado en la refrigeradora): batí un huevo y los sumergí allí, los pasé por harina de coco, luego nuevamente por el huevo y, por último, por avena en hojuelas.

Después los puse -a fuego muy bajo- en la sartén; traté de que no quedaran muy redondos, sino como tamalitos, para facilitar la cocción por dos lados; los freí a fuego bajo por casi media hora de cada lado; también utilicé parte del huevo que sobró para la torta para mi panito del desayuno.

Un poco después de las nueve y media tomé mi desayuno; en el ínterin completé la lección del día dieciséis de mi programa (soportado por un LLM) y también uno de los laboratorios (el sexto, quince) de la página de Microsoft Learn.

Como no me decidía en qué actividad -de mi lista de once de la semana- invertir el tiempo que restaba antes de sacar a caminar a los perros (a las once y media), metí las cuatro o cinco pendientes en una Random Wheel y -de acuerdo a lo elegido- jugué una partida de Scrabble online, luego empecé a escribir este texto.

Rb salió de su habitación a las once y media -originalmente me había comentado que quería hacer una rutina de ejercicios y me había pedido que sacara solo a los perros, a lo que accedí gustoso- y me indicó que había decidido acompañarme con los perros -la perra más pesada sigue con una muy mala actitud para caminar-.

Después de entrar de la caminata me metí a la ducha y tomé un buen baño, mientras escuchaba un video de música clásica de Youtube; después me vestí, preparé la mochila con aislante térmico, me despedí de Rb y me dirigí a la casa de mis hijos.

El boulevard estaba bastante vacío y nomás tuve que esperar un poco antes de incorporarme al tránsito de la ruta intemunicipal; la ciudad también estaba tranquila, por lo que llegué al edificio de mis hijos quince minutos antes de la hora de reunión.

Estacioné la van en el sótano (por primera vez utilicé el radio durante el viaje, con una emisora locar con música en inglés) y salí del mismo, para dirigirme al supermercado al otro lado de la ruta principal.

Consideré que tenía un buen tiempo para retornar y subir al séptimo nivel; aún así troté una buena parte del camino de ida y vuelta (incluyendo la pasarela); en el supermercado elegí un par de escarolas verdes y pasé a la autocaja -menos de un dólar por ambas-.

Retorné al edificio y no encontré a nadie en recepción: había una pareja de jóvenes en los sillones del área y ví por las cámaras que la guardia andaba en el baño -aunque no lo comprendí al inicio-; traté de guardar la calma.

La guardia bajó por fin del tercer nivel y traté de no mostrar molestia por la espera; y nomás me comentó así con un tono de confianza: hubiera pasado, nomás hay que presionar esa palanca; le agradecí por el consejo y subí corriendo los siete niveles.

Había dejado el celular en el auto por lo que, cuando entré al departamento, pasé tocando la puerta de la habitación de mi hijo menor -después de dejar las lechugas en la refrigeradora- y entré a la sala.

Mi hijo aún tardó un poco en salir -pregunté la hora cuando salió a saludarme: una y once-; en el tiempo de espera había empezado a doblar una grulla de origami; la terminé mientras conversaba de algunas generalidades.

Después le propuse que partiéramos hacia el parque temático; pero le dije que teníamos que pasar por el sótano, para recoger las mochilas; así que bajamos -en el elevador-, sacamos las mochilas -y el Scrabble- de la van, y salimos por la cortina de ese nivel.

No nos costó mucho llegar al parque y nos dirigimos directamente al lugar en el que usualmente tomamos nuestro almuerzo; pero esta vez el área estaba ocupada por un grupo de personas que estaban -aparentemente- celebrando un cumpleaños.

Por lo que nos dirigimos al otra área techada; allí si encontramos lugar y procedimos a consumir el almuerzo -el único inconveniente del lugar es que mantienen constantemente música a un volúmen no muy agradable-; pero comimos tranquilamente.

Luego le propuse a mi hijo que buscáramos un lugar más tranquilo, para jugar una partida de Scrabble; encontramos un espacio bastante conveniente bajo unos árboles y desarrollamos el juego -también armamos el cubo de cuatro por cuatro y el de seis por seis-.

Como mi hijo me había dicho que le convenía que nos despidiéramos a las cinco -supuestamente tenía un compromiso más tarde-, y yo quería ver si en los supermercados del camino había lechuga le pedí que nos retiráramos después de terminar la partida de Scrabble -creo que apenas pasaban de las tres y media-.

Entonces nos dirigimos caminando al departamento; pero pasamos al primer supermercado del camino; afortunadamente encontré del otro tipo de lechuga que no había en el de más temprano -escarola morada y lechuga romana-; compré un par de cada tipo.

Continuamos el camino y llegamos al departamento un poco después de las cuatro y media; le propuse a mi hijo que practicáramos un poco de ajedrez -tenía algunos ejercicios en mi celular- y sacó un par de tableros; nos dió tiempo de completar dos ejercicios de mate en dos movimientos.

A las cinco menos cinco le indiqué a mi hijo que me retiraba; él sacó un par de paquetes de ramen coreano que me había comentado que iba a tirar porque no le convenía su consumo -por los gramos de carbohidratos- y que yo le había indicado que en vez de tirarlos me los diera.

Igual, le comenté que le pagaría el valor de los mismos -un par de dólares-; nos despedimos y bajé -luego de sacar las lechugas del refrigerador- caminando al sótano; cargué las mochilas a la van e inicié el camino de retorno a casa -escuchando la radio-.

El camino nuevamente estaba bastante tranquilo; incluso en el semáforo de entrada al municipio la cola era mínima -nomás un cambio de luces- con lo que un poco después de las cinco y cuarto estaba estacionando la van frente a la casa de Rb.

Saqué a los perros más grandes al patio y entré a cambiarme de ropa; después de meter a los perros compartí mi ubicación Live con Rb e inicié a caminar hacia su iglesia; a la que llegué unos minutos después de las seis; entré al área de las aulas, pasé saludándolas desde el patio y me instalé en una banca al fondo del mismo, a jugar ajedrez.

Rb salió un poco más tarde e iniciamos el camino de regreso a casa -la ayudé con la bolsa en la que traía los aguacates y manzanas verdes que había comprado en el supermercado cercano-.

Por la noche ya no tenía mucha energía; y de mi lista semanal me faltaban varias actividades diarias -al final no leí la mitad del fascículo de electrónica ni practiqué nada de acuarela- pero le dí prioridad a Fabric: revisé una de las páginas -son como veintidós preguntas- del sitio que me compartió mi amigo asiático.

Me tardé un montón de tiempo en contestar todas las preguntas y -quizá- más de la mitad incorrectamente -al menos tengo el consuelo que (de acuerdo a mi calendario) intentaré tres veces cada página-; luego estuve sopesando qué media consumir.

Estaba dudando entre Nahona y Lioness; pero me puse a revisar uno de los sitios donde veo series y encontré una película de Statham que me había llamado la atención unas semanas atrás; y también encontré una serie de animé que mi hijo menor me había mencionado por la tarde: es una versión de este año de The Ghost in the Shell.

Entonces ví el primer capítulo de esta serie; y, la verdad, no me gustó mucho: o sea, además de la película de Scarlett Johasson he visto varias películas y series del mismo título durante los últimos años; igual, quizá fue por el cansancio.

A las nueve y media le comenté a Rb que me retiraría y salí de su habitación a lavarme los dientes; luego realicé los veintisiete minutos de meditación y, antes de dormirme, leí un par de páginas de Wherever you go There you are.

El domingo me quedé un par de minutos en la cama después de que sonó la alarma; no tenía muchos ánimos de levantarme pero reuní la energía necesaria y bajé al piso a meditar; después retorné a la cama e hice varias lecciones de Duolingo -como ya he sobrepasado el ELO de mil seiscientos las partidas han estado un poco más tardadas-.

Salí de mi habitación un poco antes de las ocho: el día anterior ya no había tenido tiempo de preparar las cuatro gelatinas que consumo en los primeros desayunos de la semana; entonces saqué un paquete de la habitación de las provisiones y puse a hervir agua.

Aunque tuve que agregar otra taza al recipiente que estaba en la estufa: en esta presentación la preparación pide dos tazas de agua hirviendo -no una hirviendo y la otra fría, como es lo común-; después de terminar la preparación dejé los cuatro moldes sobre la refriferadora -para que se enfriaran, antes de meterlos a la misma-.

Rb le dió de comer a sus perros a las ocho cuarenta y cinco y luego tomó su desayuno; después, como habíamos acordado el día anterior, salimos a limpiar las hierbas de la acera frontal de la casa; lo que no nos llevó mucho: apenas había un poco de grama y algunas plantas parásitas.

Pero cuando terminamos le propuse continuar con el patio trasero: las malas hierbas habían crecido tanto allí que habían ahogado su planta de flores de loroco; hicimos una muy buena limpieza del lugar, e incluso puse la escalera -y una cubeta de plástico- como sostén de la parte del techo que se está cayendo, al lado de la lavandería.

Después de completar la limpieza entré a prepararme el desayuno: preparé una muy buena receta de cloud bread: me quedó una consistencia de masa bastante manejable y el crecimiento en el pyrex estuvo bien; lo rellené con frijoles volteados y eso fue la parte fuerte de la comida -ya pasaban de las once de la mañana-.

Cuando Rb vió que terminé mi desayuno me pidió que la ayudara a cortar güisquiles del patio; salí con la herramienta que construí hace varios años para el efecto y cosechamos casi una docena de estas legumbres; además, le sugerí que le ofreciera a la vecina -cuando le regalara un par de estos- el corte del racimo de bananos que estaba en su patio trasero.

Habíamos visto unos días antes que el racimo, de uno de los vástagos del bananal que se pasó a ese patio,estaba enorme; ella accedió a darme ingreso y me dirigí al lugar armado con el machete pequeño; pero, al ver la posición en la que estaba -y que no contaba con escalera- decidí cortar el vástago completo.

La vecina vino a llamar a Rb para que nos ayudara y me prestó una silla para alcanzar un lugar alto para el corte; lo cual no hice bien: el racimo estaba pesado y el vástago cedió después de dos o tres tajos en el tronco, cayendo -y rompiendo- un alambre utilizado para secar ropa.

El alambre amortiguó un poco la caida y nomás un par de los bananos de la parte final del racimo se rasparon; igual, separé el racimo de la mata, corté las hojas y las lancé al patio trasero de la casa de Rb; también empujé -aunque no llegó al otro lado- la parte de la mata que había doblado.

Después uní las dos partes de alambre -originalmente para señal de cable de televisión- (dañándome un poco las palmas) para que pudiera seguir siendo usado como tendedero; luego trasladamos el racimo de bananos al patio delantero de la casa de Rb.

Iba a separar las pencas pero los bananos estaban bastante grandes, por lo que le pedí prestada la sierra que nuestra vecina me había prestado originalmente para cortar el racimo; la cual utilicé para seccionar siete pencas del tallo principal.

Me pasé al patio delantero de la vecina y toqué la puerta, para devolverle la sierra; y ofrecerle un par de las pencas; de las cuales aceptó nomás penca y media; retorné con la otra mitad y la dejé con el resto; luego guardé el machete; en el ínterin Rb había estado preparando las alitas para el almuerzo.

Entré a la casa y, después de comentarle a Rb cómo había estado la separación de las pencas, ofrecí ponerle los arneses a los perros para prepararlos para la caminata, mientras ella terminaba de poner las alitas de pollo al fuego.

Aceptó la oferta y saqué a los perros, al menos a la calle lateral; ella salió cuando ya estábamos completando el circuito; y concluimos las dos vueltas diarias a la calle; cuando entramos con los perros Rb se quedó recolectando los desechos del patio delantero y yo entré a voltear las alitas.

Después preparé un par de enormes ensaladas -el día anterior había desinfectado toda la lechuga que teníamos disponicle por la mañana-; después del almuerzo me preparé un té de menta, el cual consumí con la mitad restante de los muffins que compré el viernes, y un par de mitades de galletas.

Por toda la actividad del día me sentía bastante agotado; y, aunque no quería dormir, me retiré a la cama de mi habitación, mientras Rb se puso a ver alguna serie en su computadora -en su habitación-; estuve leyendo un artículo sobre autismo tardío -o diagnosticado tardíamente, más bien- y luego metí las actividades pendientes en una ruleta de selección.

De acuerdo al resultado entré al sitio en el que últimamente había estado jugando Scrabble y completé -trágicamente- una partida; pareciéndome que he estado empeorando en el juego; a las dos y cuarenta y cinco la alarma sonó y salí a prepararle un té de manzanilla a Rb.

El cual se estuvo enfriando en la mesa del comedor pues Rb estaba ocupada cortando las uñas de las patas traseras de su perra más pesada -teme que un crecimiento anómalo en estas es lo que está exarcerbando las dificultades en la caminata diaria-.

Un poco antes de las cuatro fuimos por varias casas (y la garita) de la calle repartiendo un par de güisquiles y una penca de bananos en cada lugar; quedándonos solo con un par de los primeros para los almuerzos de la semana y una penca pequeña para mi propio consumo.  

Se suponía que íbamos a cocinar a las cinco de la tarde -usualmente preparamos los almuerzos de los primeros cuatro días en ese período-; a mí me tocaba -como casi siempre- partir un par de güisquiles, una zanahoria y alguna otra hierba (apio, cilantro).

Pero, como estaba en la mesa del comedor después de retornar de la repartición de güisquiles y bananos, empecé a completar lo que debía; Rb salió de su habitación y empezó a preparar el pollo (separar los trozos de grasa que traía la pechuga).

Estuvimos cocinando hasta cerca de las seis pero todo quedó muy bien: un caldo -de verduras, con el agua del cocimiento de las pechugas-, y unas pechugas hervidas y sofritas; cuando terminó de hervir el caldo lo pasé a un recipiente con agua, para acelerar un poco su enfriamiento.

A las siete hice varias lecciones de Duolingo -me mantengo sobre mil seiscientos de ELO- y luego me pasé a la habitación de Rb con mi computadora personasl -no hice en este día dos de mis actividades 'obligatorias': el laboratorio y la página de preguntas de Fabric-.

Ví el final del capítulo de Nahona que llevaba a medias; luego ví la mitad del segundo capítulo de la tercera temporada de Lionesss; y no hice mucho más: creo que estuve viendo algunos videos de Youtube; y un poco antes de las diez le indiqué a Rb que me retiraba.

Salí a lavarme los dientes, volví a entrar a su habitación para despedirme por la noche, y luego me metí en mi habitación; en donde completé los veintisiete minutos de meditación; pero ya no leí nada -me tocaba el tercer capítulo del libro en Inglés que había empezado durante la semana-.

Y a ver cómo va eso...