Me he declarado -en varias ocasiones- creyentes de las metodologías administrativas; o sea, hace más de veinte años trabajé en la certificación de la primera empresa de servicios bajo la metodología de ISO 9001:2000; luego estuve estudiando cinco "S"s y Lean.
Y hace un par de años obtuve un certificado como Product Owner, uno de los papeles de SCRUM; también, hace cuatro o cinco años intenté implementar un tablero de Kanban en mis actividades cotidianas -no funcionó tan bien-; pero sí funcionó su aplicación cuando tuve a mi cargo a dos o tres analistas.
O sea, es un concepto con el que he trabajado durante un buen tiempo; pero del cual no tengo mucha documentación revisada; igual, el concepto es sencillo: definir acciones, moverlas en secuencia -Pending, Doing, Completed-, terminar tareas -o acciones-.
Hace unos años había bajado varios libros sobre el tema; pero se quedaron en la tablet que deseché -se quemó- el año pasado; ahora había bajado otro par de libros pero no había empezado ninguno de ellos, hasta que me dije que no podía seguir así, entonces empecé seriamente Lessons in agile management - on the road to Kanban.
Pero no ha sido un libro fácil: para empezar, no está estructurado como un libro 'normal'; son mas bien -lo dice al inicio- una serie de artículos que el autor estuvo publicando en su blog durante mucho tiempo.
Aún así, estoy haciendo el esfuerzo; justo acabo de revisar el disco duro y encontré el otro par de libros que había bajado; y que se ven más intersantes; veremos si me atrevo con los mismos cuando haya concluído este.
Y a ver cómo va eso.
El viernes me levanté a las seis y media; aunque creo que ya me había percatado que habían cancelado la reunión de las siete; de todos modos quería continuar sin volver a la cama después del período de meditación; lo cual -creo- logré conservar.
Después de meditar me quedé sentado al lado de la cama y encendí la computadora del trabajo; quería, al menos, poner a correr los cincuenta test cases automáticos que había estado escribiendo las últimas semanas -¿meses?-; y no funcionaron bien.
Y es que -al parecer- mi compañero más brillante no tomó en cuenta una forma en la que una de las funcionalidades se mantiene siempre como prioridad uno dentro de la app; lo que manda al siguiente lugar a la funcionalidad que se quiere probar, fallando el procedimiento.
Me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo -casi solo partidas de ajedrez- y también a leer un poco -estaba avanzando con el libro de SQL-; hasta las nueve, que empezó la segunda reunión diaria; y en la que, claro, los primeros comentarios del Desarrollador jefe se refirieron a la venta de nuestra área a otra empresa.
Traté de agregar uno o dos comentarios positivos a la noticia -creo que es suficiente con la mala atmósfera que se estuve generando el día anterior-; y en la revisión de los avances se comentó -medio en broma- que algunas áreas ya no pondrían tanta atención al trabajo por la situación.
Después de esta reunión debíamos revisar -el equipo local y el del Imperio del Norte- el avance en el ciclo de pruebas en el que habíamos quedado el día anterior -o el anterior a ese, realmente, pues en el anterior ya no hubo ninguna revisión-; yo había actualizado la información en la app en la que se actualiza el avance, por lo que nomás ese fue mi comentario.
Pero también en esta reunión nuestro supervisor en el Imperio del Norte abrió el día con un comentario sobre lo que vendrá; aunque -según él- aún no hay seguridad acerca de los que pasará con el equipo local; nomás que los del Imperio del Norte sí se van.
Otra vez, traté de agreagr un par de comentarios positivos. que era una buena oportunidad, que debíamos seguirnos esforzando, y así; después de esta reunión ya no hubo mucho más en el área laboral; yo continué tratando de correr mi código, después de haber ajustado la app; pero tuve resultados mixtos.
A las once y media completamos la rutina de ejercicios de los viernes; después sacamos a caminar a los perros grandes; luego me metí a la ducha a tomar un baño refrescante -el calor ha seguido bastante fuerte-; y, cuando Rb, entró a casa, preparamos el almuerzo: filete de pescado, ensalada y lo último de las verduras guisadas de la semana.
Después del almuerzo me preparé uno de los dos café instantáneos restantes; los que consumí con una porción de pastel del miércoles y un par de mitades de galletas; después me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían acumulado durante la mañana.
También ví que mi amigo, el Testigo de Jehová, me había escrito una hora antes -alrededor de la una- por un favor monetario; le escribí de vuelta y me envió un mensaje de voz; luego conversamos un poco -por texto- y resultó que quería un préstamo bastante elevado (doscientos dólares).
Pero se conformaba con un poco menos de la mitad; sopesé durante un momento la conveniencia o no de prestar -regalar- setenta dólares; que es más o menos el límite que tengo para este tipo de transacciones -igual me ha servido para alejarme de algunas personas-.
Al final le envié la cantidad, comentándole que la necesitaba de vuelta para antes del siguiente viernes; aduciendo que debía pagar el departamento de mis hijos; él se comprometió a devolvérmelo en menos de siete días.
Un poco después de las tres me llamó mi amigo más creativo: me quería comentar que ya había completado su semana laboral y se dirigí al ministerio de trabajo; a quejarse por el trato que le estaba dando el área de recursos humanos de la empresa.
A las cinco nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos en el supermercado más cercano a este punto; yo quería ver algunas salsitas de tomate y paquetes de queso.
Compré nomás de lo primero -seis pequeños paquetes- y, en el otro supermercado, compré un paquete de dieciséis porciones de queso -imitación- para sandwiches, un galón de jugo de mandarina -para el desayuno del domingo con mi hija mediana- y, adicionalmente, compramos un poco de pollo (y bananos).
Durante la tarde le había escrito a mi ex supervisor en el Imperio del Norte -a quien he estado llamando mensualmente desde un poco más de un año atrás-; habíamos acordado en que lo llamaría un poco después de las seis de la tarde -hora local-.
Cuando retornamos ya había pasado esa hora pero esperé aún un poco más; lo llamé un poco después de las cinco y estuvimos conversando por casi quince minutos: él iba manejando y la transmisión -por facebook- empezó a cortarse cuando entró en la vía rápida.
Entre las noticias que intercambiamos: yo le conté sobre lo que me espera durante este año en la empresa -casi seguramente una salida de la misma-; él me comentó que su hijo mayor estaba -por fin- trabajando -al parecer su hermana menor le consiguió trabajo en el mismo restaurante en donde ella laboraba desde el año anterior-.
Por la noche empecé a leer el siguiente libro en español de la misma autora -feminista- mejicana del libro que acababa de leer en el mismo idioma; también ví la primera parte de la última película -salió un par de días antes- de Jack Ryan; además, me dió tiempo de avanzar un poco en el libro de Kanban; también, después de cuarenta y ocho horas, le quité los topes a los tres zapatos que había pegado.
El sábado me levanté a las seis y media; me costó un buen trabajo levantarme: creo que me había despertado un rato antes pero esperé hasta que sonó la alarma para salir un ratito de la habitación, pasé al baño y luego realicé los veinticinco minutos de meditación.
Había programado un desayuno con mi amigo más antiguo de la facultad: nos íbamos a reunir en el mismo Mc Donald's de la última vez -tres semanas antes-; él me había conseguido unas almohadillas antideslizantes para los soportes nasales de los anteojos.
De hecho, en nuestra reunión anterior, me había comentado que no había elegido bien los aros, pues no tienen soportes con brazos y por eso era más difícil que se mantuvieran en posición; yo ya había notado esa dificultad, especialmente al caminar, por lo que él se había ofrecido a conseguirme las almohadillas.
También le había pedido -durante la semana- que me prestara una cámara web con adaptador USB porque era un requisito -muy raro, la verdad- para que Rb tuviera una entrevista en el mismo sitio en el que mi hija llevaba -varias semanas- trabajando como intérprete.
Mi amigo se había ofrecido a llevarme una cámara web, pero no confiaba mucho en que cumpliera su promesa; pero sí: llegué al lugar a las siete veintiocho y le envié un mensaje para comentarle que ya estaba por allí; él se apareció cinco o seis minutos más tarde, y volví a comprar lo mismo que la última vez: una oferta de dos desayunos por siete dólares.
Nos estuvimos un par de horas en el lugar, entre desayuno y actualización de las últimas novedades en la vida de cada uno -justo estábamos sentándonos cuando me llamó mi amigo más creativo, para comentarme algo de la visita al ministerio de trabajo el día anterior-.
Escuché a mi amigo por un par de minutos y luego le comenté que lo llamaría más tarde; él me indicó que me devolvería la llamada cuando le escribiera por mensaje en whatsapp -cosa que hice casi al mediodía, pero él no llamó más-; mi amigo de la facultad me entregó las almohadillas -no me quiso cobrar- y me entregó una camara web.
Entre las novedades de sus hijos: su hijo mediano sigue triunfando en la facultad; aunque me pidió material para mejorar en lógica de programación; su hija mayor ahora vive aparte -supuestamente con un amigo 'gay' en unos apartamentos cerca de la casa paterna-; y su hija menor -acaba de cumplir dieciocho- sigue estudiando diseño gráfico en una universidad de forma remota.
Además, esta última, está trabajando en un call center de un banco local; y, por otra parte, al parecer anda saliendo con un tipo que la lleva -en moto- y la trae del trabajo -supuestamente aún está en fase de entrenamiento-; pero ha llegado, en más de una ocasión, a altas horas de la noche.
A las nueve y media le indiqué a mi amigo que me retiraría, nos despedimos en la puerta del restaurante y fui por la van -no había encontrado parqueo frente a las mesas por lo que la había dejado en la parte de atrá-; aún pasé pitándole cuando él iba dirigiéndose hacia el parqueo de motocicletas.
Vine a casa y encontré a Rb saliendo hacia el patio: durante la semana me había pedido ayuda para tirar todas las hojas secas que la vecina acumula constantemente al lado de la cerca -ella es muy constante en barrer la calle, pero tira nomás las hojas que encuentra frente a su casa, lo demás nomás lo barre hacia las paredes (de la cerca de Rb, o de la cerca que nos separa del cañon del frente)-.
Entré a cambiarme de ropa, fuí al patio trasero por mis guantes -no los encontré: Rb los tenía; pero encontré los de ella; que intercambiamos- y salí a ayudarla; cuando salí ya había hecho un par de viajes al cañón y estaba llenando el tercer baño con hojas secas.
Estuvimos trabajando en la tarea durante un poco más de media hora -Rb incluso barrió la acera, que estaba bastante llena de tierra-; y luego entramos a guardar los guantes, rastrillo, baño y escoba; después preparamos a los perros grandes para la caminata.
La cual estuvo un poco accidentada porque volvió a coincidir con el servicio de recoleccioń de basura; y es más difícil porque ahora Rb se encarga de la perra más pesada; y, al parecer, la misma tiene algún resentimiento -igual que contra las motos- con este camión amarillo.
Antes de sacar a los perros habíamos probado la cámara web que me prestó mi amigo de la facultad; la conectamos en la computadora de Rb y realizamos una -corta- transmisión utilizando Teams; también había empezado a preparar el almuerzo: burritos de zanahoria, rellenos de aguacate, lechuga y pollo.
Cuando retornamos de la caminata -son dos vueltas por dos calles- me lavé las manos y continué con la preparación del almuerzo: ya había cocinado la tortilla que preparo con -casi una libra de- zanahoria y dos huevos; también había dejado lista la mayonesa que preparo con un par de huevos duros, un aguacate y aceite de oliva.
Nomás debía esperara que Rb preparara el pollo -ya estaba cocinado, pero, últimamente, ha preparado una salsita basada en miel para recubrirlo-; lo que estuvo listo bastante rápido y armé el burrito -casi medio metro de lado- que, a continuación, partí en dos partes.
También preparó Rb un caldo de pollo, con el agua de la pechuga que había preparado a media semana para su perra más anciana -complementado con apio, cilantro y alguna otra verdura-; yo me serví también un poco de la bolsa de snacks de papa que Rb me obsequió unas semanas antes -cuando decidió no seguir consumiento este producto, por el contenido de oxalatos de este tubérculo-.
Después del almuerzo -estuvo muy muy bueno- me preparé el último café instantáneo de la caja que compré un par de semanas antes -cuando fuí al hospital con mi amigo voluntario-; aunque aún había reservado dos de estos en la caja de lápices que cargo en mi mochila.
El café lo consumí con un par de mitades de galletas y un poco de pan tostado -olvidé por completo la porción del pastel del miércoles-; después del almuerzo me quedé en la mesa, viendo algunos videos de -una psicóloga chilena- en Youtube.
Luego, mientras ponía la velocidad de reproducción al noventa por ciento, lavé la montaña de trastos que se había acumulado durante la mañana -aunque no preparé desayuno, el almuerzo si requirió de bastantes recipientes-.
A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb; ella me comentó -mientras le daba de comer a su perra más anciana- que esperaría a retornar de su iglesia -le tocaba impartir clase de alfabetización- para consumirlo; un poco más tarde empezó el trayecto.
Y un poco más tarde -mientras veía más videos en Youtube- empezó a llover; y estuvo un poco raro porque venía con tormenta eléctrica; lo que provocó que la luz se fuera durante un microsegundo; lo que me dejó sin Internet y reseteó el reloj del microondas -sucede frecuentemente-; aunque no reseteó el control de temperatura de la refrigeradora.
Habíamos acordado que iría -caminando- por ella; se suponía que saldría a las seis de su clase, por lo que empecé a caminar a las cinco y veinte; el ambiente estaba bien fresco, por las lluvias anteriores; la verdad es que no quería esperar dentro de las instalaciones de la iglesia.
Llegué un poco después de las seis de la tarde, abrí la puerta que dá a las instalaciones adosadas a la iglesia y ví que Rb aún estaba dirigiendo su clase; entonces me acomodé en una banca, frente a la cancha de basketbol y me puse a jugar una partida de ajedrez.
Se oía bastante actividad en una de las aulas aledañas; al parecer estaban representando algunas escenas bíblicas -o eso parecía-; un poco más tarde salió una pareja de adultos jóvenes y el señor se presentó -no recuerdo su nombre- así como su esposa.
Yo continué jugando en el celular, mientras algunos jóvenes empezaron a jugar con una pelota de voleybol; un rato más tarde Rb salió de su clase y empezamos el camino de vuelta; iba a comprar pan en la panadería donde he encontrado -a veces- buenos productos, pero, al final, terminé comprando en la panadería de la vuelta.
Por la noche continué con la película de Jack Ryan; aunque no avancé mucho en la misma: el youtuber argentino que realiza muy buenos resúmenes había subido uno sobre películas de acción; acomodé mi computadora en la cama de Rb y vimos juntos casi la mitad del video -creo que tardaba casi una hora-.
El domingo me desperté a las seis y media -cuando sonó la alarma-; pero no tuve ánimos de levantarme; seguí dormitando -creo que puse una alarma para una hora más tarde, pero no estoy seguro-; al final me levanté casi a las siete y media (escuché que Rb estaba cocinando).
Bajé de la cama y medité los veinticinco minutos; luego salí de la habitación y me puse a preparar el desayuno que esperaba compartir con mi hija mediana; los panes estuvieron bastante cargaditos: hice un omelete con dos yemas adicionales, y le puse a los panes tomate, lechuga y aguacate.
Después de envolver cada uno de los panes en papel encerado empecé a preparar algo que Rb me había pedido el día anterior: quería llevar un pequeño burrito de zanahoria para almorzar ese día en la casa de su hermana; así que rallé media libra de zanahoria, lo mezclé con un huevo y preparé una tortilla; luego lo enrollé con aguacate y lechuga adentro.
A las nueve y cuarto salimos de casa: yo llevaba mi mochila habitual y una adicional, con el desayuno dominical; Rb llevaba la mochila con aislante térmico; en la cual llevaba varias libras de florees de loroco -que habíamos tenido congeladas en el freezer, pero que ya no planeábamos consumir-.
Originalmente le había ofrecido a Rb pasar a dejarla a la estación de la universidad para que tomara el transmetro que va por el periférico; pero luego ella me había pedido que la pasara a dejar al comercial en donde se estacionan los busitos, para tomar la otra línea del transmetro.
El problema estuvo cuando tomamos la calle que nos llevaba al comercial: en ese lugar hay una gran instalación -deportiva- gubernamental, y dos chicas con uniformes de policía vial estaban bloqueando el paso; y por una verdadera estupidez: esperando a que un camión descargara algunos bártulos.
Llegamos primero y esperamos un rato; luego una motocicleta se pasó el bloqueo; pero se formó una cola de tres o cuatro autos tras nosotros; luego de un rato los autos empezaron a dar la vuelta y retornaron -contra la vía-; y le indiqué a Rb que haría lo mismo cuando nos dieran espacio.
Volvimos al boulevard principal y luego tomé otras calles para salir a la calzada principal; pasé a dejar a Rb a la calle del comercial donde está la estación del Transmetro; luego tomé el periférico y continué hasta la universidad, para salir a la vía junto a la cual viven mis hijos.
Llegué al edificio un poco antes de las diez, estacioné la van en el sótano y subí caminando los siete tramos de gradas; entré al departamento y le envié un mensaje a mi hija, para comentarle que ya había llegado; ella no tardó mucho en presentarse.
Le propuse ir al parque temático y empezamos el trayecto; el lugar estaba bastante vacío cuando llegamos, buscamos el área de mesas bajo techo y, un poco después de las diez y media, empezamos a dar buena cuenta del desayuno.
Después del desayuno le ofrecí a mi hija practicar con el cubo de Rubik de cuatro por cuatro; lo resolvió casi sin ayuda -aunque el último lado quedó bien alineado, y las cuatro esquinas no quedaron cruzadas-; luego nos dirigimos a la rueda de Chicago; había un poco de cola -y el sol estaba un poco fuerte-.
Pero no tuvimos mucha dificultad en abordar una de las canastillas y completar el ciclo -son varios minutos-; luego nos retiramos del parque y volvimos al departamento; con mi hija habíamos acordado despedirnos a la una; aun tuvimos media hora para empezar el origami de un gato que tengo en mi celular.
A la una me despedí de mi hija, bajé por la van e inicié el retorno a casa de Rb; pero en el camino -a pocas casas de donde vive mi amigo voluntario- me detuve a comprar mi almuerzo: una pieza de pollo frito, papas fritas, ensalada de repollo y un bollo -tres dólares-.
Luego continué mi camino; vine a sacar a caminar a los perros y luego consumí lo que había comprado -con medio aguacate que había reservado de la mañana, y una coquita que había dejado en la refrigeradora, el día anterior-; después del almuerzo me preparé un café.
El café lo consumí con una porción del pastel del miércoles, un par de mitades de galletas y un poco de pan tostado; después lavé los -pocos- trastes que había en el lavadero; luego estuve viendo algunos videos en Youtube, pero, lo que realmente quería hacer era cambiar el apagador -doble- del comedor.
Este había estado funcionando defectivamente por muchos meses: la palanca más usada (la del comedor) había dejado de apagar todas las veces en que se colocaba en esa posición; habíamos comprado el repuesto varios meses antes pero no había encontrado un buen momento para sustituirlo; quería aprovechar la ausencia de Rb.
Le tomé un par de fotografías a la conexión del apagador instalado -tenía dos cables conectados en la parte superior y uno abajo-; luego bajé la palanca de la corriente general y conecté el nuevo apagador de la misma forma en que estaba el anterior.
Y no funcionó: funcionaba la luz del pasillo pero no la del comedor; así que conecté la corriente general, esperé a que se restableciera el servicio de internet y utilicé un par de LLMs para ver opciones; en uno de ellos me requirieron fotografías de ambos apagadores, pero nomás envié del anterior y un diagrama que encontré en el empaque del nuevo.
Me estuve por un par de horas probando las opciones que me daban dos -o tres- LLMs; pero al final no logré la conexión correcta -a veces funcionaba una luz, a veces encendían ambas con el mismo apagador-; como empezaba a oscurecer -y estaba lavando ropa-, decidí dejar el anterior.
Y ya no funcionó el apagado de la luz del comedor; por la noche me tocó colocar una silla -y un baño con semillas de café- bajo el bombillo y desenroscarlo, para que no se quedara toda la noche iluminando el área más extensa de la casa -fue complicado-.
Por la noche ví la parte final de la película de Jack Ryan y estuve leyendo un poco del libro de Kanban -aunque muy poco de esto último-; me quedé en la cama de Rb hasta las diez, entonces medité, luego saqué al patio a los perros, le envié un mensaje a Rb y me dormí.
El lunes me desperté a las seis y media; medité y encendí la computadora del trabajo; pero no hubo reunión de las siete; o sea, nadie hizo el intento de iniciar la reunión; entonces salí al patio trasero y tendí la ropa que había lavado la tarde anterior.
Luego bajé la palanca de la corriente general y reemplacé el apagador doble: al final comprendí -a altas horas de la noche- que el nuevo estaba completamente invertido, por lo que debía conectar arriba un cable, abajo los otros -cruzados- y aceptar que cambiaría el lado con el cual se enciente -y apaga- cada bombilla; y funcionó.
Un poco más tarde intercambiamos algunos mensajes con Rb; le comenté lo de la reunión de la mañana -falta de- y me recordó que este día se observa el Memorial Day en el Imperio del Norte -yo tenía marcada la fecha en mi calendario, pero lo había pasado por alto-.
A las nueve un par de desarrolladores locales entraron a la reunión; yo entré pero me salí inmediatamente; un poco después el desarrollador principal -y organizador- escribió en el chat de la reunión para comentar que era Memorial Day.
Después de la reunión -que no hubo- de las siete se me había ocurrido escribirle al PM; pero luego decidí no hacerlo, sin embargo, él me escribió un poco después, para preguntarme sobre la reunión, y le comenté nomás que mi supervisor en el Imperio del Norte aparecía ausente en la app.
Pero un poco antes de la siguiente reunión, cuando Rb me había recordado, le comenté que era Memorial Day; y, un poco después de las diez me escribió para que conversáramos: quería saber mi opinión sobre la situación con la separación del departamento -al final, yo ya había experimentado situaciones similares en el pasado-.
Lo llamé y estuvimos conversando un rato sobre las experiencias personales de eventos parecidos en el pasado -él está a mitad de los sesenta y ha trabajado como cuarenta años en informática-; me llamó la atención que me comentara que si todo iba mal, se jubilaría -yo me había estado preguntando, desde que lo conocí, por qué no se había jubilado-.
Y como todo el equipo en el Imperio del Norte estaba ausente, el día estuvo más tranquilo de lo normal; nomás puse a correr varios ciclos de las pruebas que había estado escribiendo durante las últimas semanas.
Rb me estuvo enviando avances de su retorno a casa -había salido después de las nueve de la casa de su hermana, en el otro extremo de la ciudad- y vino un poco después de las once y media; me trajo tres chuchitos -con loroco-: consumí uno en el acto y congelé los otros dos.
A las doce realizamos la rutina de ejercicios de los lunes; luego sacamos a caminar a los perros; cuando entramos sacamos una de las bolsas que habíamos puesto en el freezer el sábado: cada una conteniendo las porciones para dos días de almuerzos; entré a bañarme y cuando salí de la ducha separé la mitad del contenido de la bolsa y lo puse en un sartén sobre la hornilla más fuerte de la estufa.
La comida tardó un poco en calentarse -era un cubo de hielo originalmente- y terminamos almorzando un poco después de la una y media; aún preparé una pequeña ensalada y acompañé mi almuerzo con la penúltima porción de rosa de Jamaica.
Después del almuerzo me preparé un café y, un poco más tarde lavé los pocos trastes que se habían acumulado en la cocina; un poco antes de las tres le preparé un té de manzanilla a Rb; aunque no lo consumió en el acto: prefirió tomar una siesta luego de darle de comer a sus perros.
Mientras Rb descansaba yo me encerré en mi habiación y completé -por fin- el ciclo de lectura que llevaba varios días sin avanzar -del libro de Kanban-; Rb se levantó un poco antes de las cinco y nos preparamos para salir a caminar.
Antes de salir me comentó que muy probablemente llovería -había estado bien nublado el día- y que sería mejor si entraba la ropa que estaba en los lazos -en la mañana había entrado la ropa de cama-; quité la ropa del tendedero aunque los pantalones los dejé aireando en mi habitación.
Nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; ya era tarde y no se veía mucha actividad solar; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado a mitad del camino; en donde compramos un poco de lechuga y algunos bananos.
El martes no pasó casi nada; especialmente en el trabajo: era el día de una de las celebraciones más importantes para los seguidores del Islam -como mi ahijado profesional número 2-; mi supervisor en el Imperio del Norte -que es paquistaní- y varios otros habían pedido el día libre.
Aunque sí hubo algo a resaltar: la semana anterior habían programado una reunión general con todo el personal que labora en la parte del negocio que la empresa acordó vender -antes de fin de año- a un gran conglomerado canadiense.
Yo esperaba un poco más de información -aunque el PM me había comentado que no creía que fueran a ampliar mucho- pero, la verdad, es que fue muy poco lo que aclararon: una persona -me parece que francesa- se puso a explicar generalidades de lo que pasará -o esperan que pase-; básicamente lo que habían dicho en la comunicación por escrito.
Y, es más, ni siquiera recibieron preguntas 'en vivo' aunque había una parte de Q&A; nomás mostraron una dirección de correo durante la presentación y dijeron que las dudas debían ser enviadas allí y esperar una respuesta diferida.
Por la noche -muy tarde- me recordé de enviarle un mensaje alusivo al EID a mi ahijado -a mi supervisor le escribí en la aplicación de mensajes que usamos en el trabajo-; por la tarde -luego del horario laboral- caminamos con Rb hacia los supermercados en dirección Sur.
Como ahora Rb consume un poco más de huevos diariamente debíamos reponer nuestra provisión; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego pasamos al supermercado de la mitad del camino a comprar un cartón de huevos; también un poco de bananos.
Al mediodía había comprado en la tienda de la esquina -se suponía que lo haría en la caminata con los perros, pero olvidé mi bileltera- una enorme zanahoria -de más de una libra, por menos de medio dólar-; la cual esperábamos utilizar en la ensalada de los almuerzos de esos días.
La misma me sirvió para la ensalada del martes, la ensalada del miércoles y la preparación del pastel -que esperaba que fuera el último de la temporada- que había estado preparando todos los miércoles por la noche.
El miércoles, bastante temprano, recibí un mensaje de vuelta por la felicitación de Eid; la verdad no sé qué tan importante sea la celebración en esta parte del mundo, donde la comunidad musulmana es apenas perceptible.
Y el día estuvo, igual que el anterior, bastante tranquilo: tanto mi supervisor en el Imperio del Norte como la otra analista que trabaja a su lado estaban en las instalaciones del cliente principal, por lo que no hubo mucho control sobre las actividades en curso.
También el analista más brillante del equipo estuvo de vacaciones -me había comentado un par de días antes que se iba a ausentar (y agregó esa información en el calendario)-; como Rb tenía clase de Teología y yo tenía que atender el segundo módulo del curso de educación ecológica en el que me inscribí, salimos a caminar a las cuatro y media.
Nos dirigimos en esta ocasión a los supermercados en dirección Norte; en el supermercado del comercial en el extremo del boulevard compramos una pequeña red de aguacates; luego retornamos a casa.
A las seis entré a la clase de educación ecológica; pero casi no estuve en la misma: la puse en mute y me dediqué a preparar la última versión de paste que había previsto: tres yemas, una clara, dos tazas de avena (molida) y ciento veinte gramos de zanahoria.
Rb también entró en su clase de teología y estuvo durante la mayor parte del tiempo participando con sus compañeros teólogos; al final -creo- les enviaron la evaluación final del módulo -me parece que tiene pendientes otros dos, antes de graduarse-.
El jueves me levanté a las siete y veintidós: desde la noche anterior había previsto que me levantaría un poco más tarde; era mi segundo día de vacaciones en el mes y había previsto la evaluación oftálmica después de la Iridotomia periférica.
Después de meditar hice algunas lecciones de Duolingo y luego tomé una ducha; a continuación me preparé el desayuno; la cita en el hospital oftalmológico era a las once, pero quería llegar temprano -quizá un poco después de las diez de la mañana-.
Pero no salí tan temprano porque quería ayudar a Rb a configurar su computadora: para que pudiera completar la entrevista que había agendado un par de semanas antes, en el sitio en el que está trabajando mi hija mayor como traductora.
Entonces, después de desayunar, instalé la cámar web que me prestó mi amigo de la facultad, le presté mi headset y comprobamos que la conexión alámbrica a internet estaba funcionando correctamente -realizamos una llamada de prueba-.
A las nueve y media Rb se conectó a la reunión de la entrevista y yo me despedí, para dirigirme al hospital; caminé hasta el extremo norte del boulevard y abordé un autobus intermunicipal; el cual me dejó en el periférico -justo al otro lado del hospital-.
Y allí se descontroló todo: primero pregunté en la recepción más exterior del hospital y me enviaron a pagar por la consulta oftalmológica -diez dólares- luego me indicaron que tenía que pasar a recepción de admisión.
Allí me indicaron que me evaluarían en la clínica de admisión -la recepcionista se veía bastante joven en inexperta-; le comenté que ya había llegado a esa clínica, que ya me habían realizado un procedimiento laser y que, en esa clínica, me habían indicado que ya me tocaba otra.
Ella se desentendió; pero le preguntó a otra recepcionista -esta, más anciana-; le expliqué lo mismo -la verdad es que me alteré- y ella me dijo que iba a solicitar mi expediente y que tenía que esperar; lo que hice hasta las once.
A esa hora me enviaron a una clínica de 'segmento'; la cual estaba atestada; llegué al lugar y la persona a cargo me indicó que tenía que brindar mi carnet en la recepción; la recepcionista me envió a esperar en las sillas del lugar -eran cuarenta o cincuenta y nomás una o dos estaban vacías-.
Estuve esperando por casi una hora; al cabo del cual llegó la misma recepcionista anciana y me llevó a la clínica inicial -otra vez-, comentando que en la que estaba tenía el lugar cuarenta o algo así; la verdad es que nomás sonreí y acepté mi destino.
Continué esperando en la clínica inicial otro rato; hasta que una -diferente- residente me dió ingreso a la misma; allí me hizo más o menos los mismos exámenes que me habían hecho un mes antes; y me comentó que tenía cataratas.
Pero que las mismas aún no estaban en una etapa operable, que lo mejor sería que volviera para revisión un año más tarde, para ver la evolución de las mismas; luego de eso me aplicó gotas para expandir las pupilas y me sacó, nuevamente, a la sala de espera.
A las doce y media me escribió el compañero de la facultad que había reencontrado en el veinticinco aniversario de ser colegiados activos: habíamos quedado en reunirnos a la una menos cuarto -tenía una reunión a las dos menos cuarto-; y ya casi había aceptado que no llegaría a tiempo -de hecho le iba a decir que canceláramos-.
Le expliqué la situación y me respondió que nomás le avisara cuando fuera a salir; continué esperando; un rato después volví a entrar a la clínica, en donde me recosté en una silla reclinable; y la residente me hizo un examen bastante completo de los globos.
El examen fue mucho más intenso que los del mes anterior: con una lámpara revisó doce o quince posiciones diferentes en el globo ocular; en ambos ojos, utilizando una lámpara bastante brillante; al final concluyó que todo bien.
Entonces le envié un mensaje a mi amigo, comentándole que ya estaba saliendo; y pedí un Uber moto -apenas un dolar y cuarto-; pero al salir a la calle sentí bastantes molestias por el sol -Rb me había comentado que podía esperar eso-.
Estaba tan incómodo que tuve que cruzar la calle para esperara bajo la sombra de un arbusto; el motorista llegó un poco más tarde y el viaje duró menos de diez minutos; aún así llegué al tercer nivel -aún tuve que pasar al cajero automático pues me había quedado sin efectivo y le había pedido una transferencia en línea a Rb- después de la una y media.
Utilicé el elevador para llegar al tercer nivel -aún estaba sintiéndome incómodo de la visión-; mi amigo estaba esperando pacientemente; le agradecí por su comprensión y lo invité a almorzar: se decantó por un lugar con un buffet de almuerzos.
El platillo consistía en una especie de Chop-Suey y tres guarniciones -a elegir-; pedí un arroz oscuro, un poco de coditos con mayonesa y un poco de verduras cocidas -coliflor y algún otro vegetal-.
Como es una plaza con muchos restaurantes -y mesas- nos acomodamos en una mesa vacía y almorzamos -y conversamos- por casi una hora: mi amigo se jubilará del gobierno en un par de meses; aunque seguirá trabajando en el mismo lugar -pero en otro renglón administrativo-.
Además ha estado dando clases en una universidad privada desde unos años antes; la verdad me cuesta empatizar con algunas personas -no sé si sea por el catolicismo pero es bastante (o al menos lo percibo) autocrítico-; un poco después de las dos y media me comentó que tenía que volver a la oficina.
Nos despedimos en el primer nivel del comercial -la plaza multirestaurante se encuentra en el tercero-; pero luego retorné al nivel más alto pues no quería abordar el busito de vuelta a casa sin haber pasado a los servicios sanitarios.
Después de utilizar los baños del comercial bajé al sótano del edificio, y salí a abordar el próximo busito que se dirigía al boulevard junto al cual se encuentra la casa de Rb; por alguna razón el tránsito estaba bastante pesado; así que el viaje tardó un poco más de lo ordinario.
Incluso recibí una llamada de Rb cuando aún estaba en el boulevard principal -aunque ya casi estábamos pro entrar al boulevard junto al cual vivimos-; cuando entré a la calle aún estaba viendo bastante reflejos de luz; pero ví que Rb salió a recibirme casi al inicio de la cuadra.
En la tarde estuve leyendo un poco; además ví que mi supervisora local se había reincorporado a las labores -había estado en su período post parto y tenía la idea de que volvería hasta el mes de junio-; aún le preparé el té vespertino a Rb.
A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; pasamos a ver si había de un tipo de pollo en el más alejado, pero no encontramos lo que buscábamos; en el otro compramos tres tipos de lechuga, un poco de mollejas y unas piernas de pollo.
Y en la panadería de la vuelta compré el pan para los desayunos de los tres días siguientes: la cuenta fue un poco más elevada que des costumbre -un dólar- porque compré cubiletes para los tres días -además, Rb me había comprado un mango, en sus compras matutinas-.
Por la noche estuve leyendo el libro de una psicóloga chilena sobre el envejecimiento -bajé el libro luego de ver un par de sus conferencias (incluyendo Aprendemos Juntos de BBVA) en Youtube-; también ví un capítulo de Criminal Record.
Y a ver cómo sigue eso...