martes, 3 de febrero de 2026

Cincuenta y tres es un número primo… Fifty-three is a prime number… Cinquante-trois est un nombre premier…

Este día llegué a esta cifra de años que han pasado desde que entré en esta realidad; mi padre había muerto un mes antes y mi madre -con niño de dos años- aún era una adolescente; no muy buenas perspectivas, creo.

Además era una persona sin estudios -no sé si había pasado del primer grado en la escuela-, y sus padres -mi padre era un alcohólico que había sido trabajador en una cantera y por esa época vendía leña que bajaba de la montaña- se habían divorciado un tiempo atrás.

No sé a ciencia cierta toda la historia; la verdad, prefiero no conocer muchos detalles; pero no era un escenario muy propicio; tampoco sé cuál era el acuerdo entre mis padres, pero sí me contaron de muy joven que mis abuelos paternos trataron de quedarse con mi hermano mayor y yo (o no sé si solo con mi hermano mayor).

Ah, y dejaron a mi madre en la calle: cierto dinero que debía haber sido para mi madre lo tomaron mis abuelos y mis tíos paternos -mi padre tenía un grado medio en el ejercito-; supuestamente compraron -y destruyeron- un camión con eso.

Me llamó la atención que mi madre no les guardó rencor: mientras iba creciendo recibimos en la casa -mi madre se casó a los dos años con quien siempre he visto como mi padre- a mis tíos paternos; y -con mi hermano- pasamos varias vacaciones escolares en la casa en donde había crecido mi papá biológico.

De todos modos me considero afortunado: fuí el primero de mi familia en atender -y graduarme- de la universidad; o sea, no he tenido el éxito financiero que esperaba obtener, pero he conseguido un buen grado de paz.

El año pasado, en este día, me envié una carta, resumiendo -o tratando de- los acontecimientos del año anterior; y expresando algunos buenos propósitos para el año que empezaba.

Y la verdad, no ha cambiado mucho la situación: ya no he participado -ni creo que participaré este año- en jornadas médicas; aunque me gustaría seguir ayudando a algún grupo con interpretación inglés/español.

Sigo -afortunadamente- en el mismo trabajo, ya son más de once años; vivo en el mismo lugar y mantengo la rutina de meditación diaria; aunque hubo un pequeño cambio -en la sección nocturna-: ahora medito a las diez -cuando Rb realiza su devocional cristiano diario-.

Los ejercicios semanales han quedado en pausa debido al reposo médico que le recetaron a Rb después de su histerectomía a mediados de noviembre; durante las últimas semanas hemos salido a caminar los cuatro -y medio?- kilómetros diariamente.

Sigo practicando -o al menos leyendo en - Francés -aunque no he abierto un libro en este idioma desde mediados de noviembre-; no he practicado conversación y debo pensar en alguna forma de mejorar en este aspecto.

Concluí el curso de Portugués en Duolingo; pero luego le agregaron otra unidad, la cual aún no he concluido (sesenta por ciento?) porque me he dedicado más a intentar mejorar mi nivel en ajedrez -no logro pasar de un ELO de mil quinientos-.

Pero leí un par de libros en Portugués el año pasado; además bajé varios libros del mismo idioma y los agregué a mi lista de pendientes; pero, al igual que con el Francés, no he practicado conversación.

No pagué los meses que había previsto en Busuu; me molestó que cuando intentara contratar la membrecía -debido a mi ubicación geográfica- el precio se duplicara -o algo así-; nomás terminé todo el contenido -accesible- en Francés y Portugués y desinstalé la aplicación.

No he escrito mucho código, aunque sí he utilizado varios LLMs para 'mejorar' o 'adecuar' código que ha compartido el analisa más brillante del grupo: logré sobreponerme a un error en la instalación de una app, y luego utilicé código para extraer todos los Casos de Prueba de una Suite.

Con respecto a los certificados: me dí por vencido; o sea, tuve intenciones de obtener ITIL Foundation, pero luego ví un par de ofertas laborales en que pedían el certificado y no me parecieron atractivas.

Luego estuvo estudiando durante varias semanas para AWS Architect; pero luego me enteré que la versión para la que estaba estudiando estaba por vencerse; conseguí un par de guías para la siguiente, pero dejé a medias la adecuación del material para mi app de repetición espaciada -con la que obtuve el certificado de SCRUM-.

Al final me sentí desmotivado por -lo que percibí como- la inutilidad de obtener certificados por la etapa -la edad básicamente- en la que me encuentro en materia laboral; aún tengo pendiente decidir qué haré en este punto.

Lo otro destacado del año anterior fue el mes que trabajé en paralelo en otra empresa del Imperio del Norte: me gustó la experiencia de entrar, todo el proceso -incluída la entrevista final- fue completamente en inglés.

Pero no me gustó hacer lo mismo dos veces -aunque le dinero fuera el doble-; aún sigo buscando formas alternativas de generar más ingresos -sin descuidar el trabajo en el que he estado durante más de una década- 

Y puedo resumir el día de mi cumpleaños así: me desperté muy temprano -hizo menos frío que el día anterior pero el tránsito ha estado (creo) más ruidoso- pero me levanté a meditar a las siete y media.

Luego retorné a la cama, a atender la llamada de la reunión diaria; en la que la participación de mi equipo es mínima; la llamada tardó un poco más de media hora, me quedé en la cama haciendo lecciones de Duolingo y a las ocho y cuarenta recibí una llamada.

Era mi madre, comunicándose por mi cumpleaños; conversamos un poco -por alguna razón me cuesta dialogar con mis padres-; luego continué con Duolingo, y un poco del libro en Inglés (Intermezzo).

Rb entró a la habitación un poco después y estuvimos conversando un poco; a las diez salí de la habitación; iba a prepararme el desayuno pero Rb me había comentado algo de la basura, salí a dejar las tres bolsas al portón.

Cuando salí ví una motocicleta de mi pastelería favorita; pero el joven conductor parecía estar durmiendo sentado; le pregunté si venía acá -la verdad me sorprendí- y me comentó la dirección, además me dijo que se había detenido un momento porque andaba con fiebre.

Entré a la casa a pedirle a Rb algo para la fiebre; también le comenté que 'alguien' me habían enviado un pastel; y ese 'alguien' era ella -me sorprendió-; salió de su habitación y salimos con un par de Tylenol -y un vaso de agua- para el joven, también Rb pagó el pastel (doce dólares): era uno especial de cumpleaños.

Entonces decidí prepararme una taza de café y corté un gran trozo de pastel (quizá una quinta parte); un poco después tomé un tazón de avena, y un banano; luego le comenté a Rb que quería regalarle un cuarto del pastel a la vecina; ella no vió objeciones.

Partí el pastel, lo coloqué en un plato y le pedí a Rb que le hablara a la vecina -me molesta gritar-; ella salió y probó llamarla, luego pasó al patio vecino y tocó la puerta; al parecer la casa estaba vacía.

Al mediodía preparamos los tacos de pescado -igual a los del día anterior-; después del almuerzo lavé los trastes y, un poco más tarde, preparé un té de manzanilla para Rb y un té de menta para mí; lo que consumí con una pequeña porción de pastel -un poco antes había cortado el sobrante en diez o doce porciones, que almacené en un par de herméticos en la refrigeradora-.

A las cinco de la tarde salimos a caminar; le había comentado a Rb que había decidido regalarle el pastel, que no pude darle a la vecina, al guardia de turno; afortunadamente se trataba del anciano con el que mejor nos llevamos.

El otro, por cierto, más joven, y con menos tiempo en la garita; acaba de renunciar pues -al parecer- su esposa ha entrado en la fase terminal de su enfermedad: había estado mucho tiempo recibiendo tratamiento de hemodiálisis.

Pasamos a dejarle el pastel al guardia y caminamos hacia los supermercados en dirección Norte; no previmos comprar nada sino simplemente llegar al más lejano, dar la vuelta y retornar a casa; lo que hicimos sin ningún contratiempo.

Dos o tres conocidos me escribieron por whatsapp -mi segunda ahijada profesional entre ellos (y mi hija mayor)- para desearme un buen día; también recibí mensajes de felicitación en mi muro de Facebook -algún año fueron más de cien, ahora fueron casi veinticinco-.

Ha sido un buen cumpleaños.

Y a ver cómo sigue eso. 

 

domingo, 1 de febrero de 2026

El olvido que seremos… The Oblivion That We Will Be… L’Oubli que nous serons…

La última vez que cené con mi amigo poeta me recomendó un libro -el mencionado en el título de este texto-; anoté el título en la app que hice para recordarme pendientes, pero no tenía mucha intención de leerlo.

Mi amigo ha publicado dos libros: el primero es una serie de relatos que me recuerdan mucho al que me otorgó el primer lugar en el primer certamen de microcuentos de esta ciudad; el otro tiene narraciones un poco más extensas, pero -creo- bastante crudas.

Pero en otras ocasiones que hemos conversado sobre lecturas me ha referido a libros -creo- bastante poéticos: no me atrae mucho ese género de literatura; además, me mencionó el título cuando le estaba contando algo sobre la ausencia de mi padre desde un mes antes de que naciera -falleció casi exactamente un mes antes-.

Pero, finalmente, descargué el libro -curiosamente también descargué otro del mismo autor, un poco después- y empecé a leerlo durante la semana pasada; específicamente porque me estaba costando avanzar con Proust and the squid y es una forma -al combinar la lectura- de motivarme.

El libro me recuerda -como lo han hecho varios autores colombianos- al autor de Cien años de soledad; o sea, las descripciones de las ciudades y los pueblos es bastante bubólica; también los temas que trata: familia, relaciones filiales, violencia política.

Como el año pasado había leído un par de capítulos de Proust and the squid -son nueve- y retomé la lectura con otros dos, decidí leer el libro en español en tres partes: catorce capítulos en cada una.

Y la diferencia es -como casi siempre- bastante marcada: leer catorce capítulos me ha tomado menos de la mitad del tiempo que me ha llevado leer dos capítulos del libro de no ficción; y no es que no me guste este último: la forma en la que son presentados los temas es muy atractiva.

Y a ver cómo sigue eso.

El lunes me levanté bastante temprano; percibí la luz bastante clara pero me quedé dormitando; ví el reloj y eran a penas las seis y media; por lo que volví a conciliar el sueño por otra hora.

A las siete y media me levanté a meditar; luego retorné -con la computadora- a la cama, para entrar a la reunión diaria del equipo; la que estuvo bastante extensa: la persona que trabaja con mi supervisor en el Imperio del Norte estuvo revisando los comentarios de los clientes que dejaron la semana anterior.

Un poco después de las nueve de la mañana me levanté a prepararme el desayuno de los primeros cuatro días laborales: un tazón de avena, un banano, una gelatina y un poco de papaya; luego me quedé en la mesa del comedor, revisando los correos -y algunos artículos de The Hacker News.

A media mañana Rb se dirigió a la tienda de las verduras pues ya no teníamos papaya; yo saqué al patio, un rato, a los tres perros; un poco más tarde regresó con las compras y, un poco antes de salir a asolearnos, puse un par de tazas de arroz en la estufa.

Como era el último día del ciclo de capacitación de Rb en el lugar en el que espera trabajar algunas horas semanalmente tenía la intención de dejar preparado todo antes de la hora del almuerzo -estábamos almorzando una hora más tarde desde el martes anterior-.

A las doce y media Rb entró a la reunión del nuevo lugar del trabajo, pero sucedió algo raro: la persona que los había estado capacitando les comentó que el cliente había cerrado el proyecto; la verdad fue confuso, o sea, dijo que se continuaria el proceso, la revisión de la documentación que ya habían aportado y que se les enviarían evaluaciones a su correo.

La sesión tardó menos de media hora por lo que pudimos preparar el pollo y el arroz antes de la una; terminamos de almorzar bastante temprano; después lavé los trastes del almuerzo y preparé el té y café de la tarde.

A las cinco caminamos a los supermercados en dirección Sur; llegamos hasta la altura del más alejado pero no entramos al mismo; en el otro supermerado compramos un poco de bananos -Rb había comprado, por la mañana, rosa de Jamaica-.

El martes fue bastante tranquilo en el tema laboral: a diferencia del día anterior, la reunión no fue tan extensa; ahora la volvió a dirigir el desarrollador líder en el Imperio del Norte; el resto del día nomás me mantuve conectado a la máquina virtual en la que está la app que probamos.

Antes de salir de la habitación -casi a las diez- Rb entró a comentarme que había recibido un correo del lugar en el que había estado capacitándose: les informaban a todos los del grupo que todo quedaba detenido -muy raro, la verdad-.

Ella se mostró bastante desanimada por lo sucedido, e incluso preocupada de que su información fuera usada para fines no adecuados; le comenté que era normal que en este tipo de empresas los proyectos fueran cambiados; y que no había compartido información tan tan privada.

Durante el día estuve completando varias lecciones de Duolingo -especialmente en Ajedrez- pues el reto -desde el día anterior- consistía en completar ochenta lecciones en conjunto con Rb; también estuve leyendo.

Estaba por terminar los dos capítulos que me había propuesto de Proust and the squid -en estos hablan sobre problemas comunes en el proceso de aprendizaje de lectura; y de los aspectos genéticos involucrados en la misma- y, luego de completarlos, continué con el libro en español.

Por la tarde, luego de lavar los trastes del almuerzo, preparé un té para Rb y un café para mí; el cual consumí con el último muffin de la docena que me había obsequiado el jueves anterior; y una galleta de chocolate.

A las cinco caminamos en dirección a los supermercados en dirección Norte; yo quería comprar un paquete de toallitas con cloro -ya hacía varias semanas que me había acabado el anterior- y Rb quería ver si conseguía un recipiente para tapaderas de ollas.

Además, debíamos comprar sal -de mesa y de cocina- y, recordábamos, era en la tienda verde de descuentos donde nos habíamos provisto en el pasado; pero no había de ninguna de las dos en ese lugar.

Después de pagar las toallitas nos pasamos al otro supermercado; allí encontramos sal de mesa y compramos algunos bananos que aún estaba un poco verdes; luego caminamos de vuelta a casa -en esta ocasión el viaje nos tomó casi hora y media-.

Por la noche vimos un capítulo de la serie All her fault; además, recordé que aún no había terminado de ver el último show de stand up de Chapelle -lo había bajado un par de días antes-; y casi concluí el libro en español.

El miércoles me levanté a las siete y media, medité y tomé la llamada de la mañana en la cama; la cual volvió a ser bastante corta; me parece que la mayor parte de los asistentes querían entrar a una reunión que había programado el nuevo CEO.

Yo me quedé en la cama hasta casi las diez de la mañana nuevamente; Rb entró un poco antes a la habitación, pero continué un rato mas, haciendo algunas lecciones de Duolingo y leyendo un capítulo -el penúltimo- del libro del colombiano.

A las once de la mañana -después de que había desayunado, y leído un poco más- Rb me propuso que nos asoleáramos un rato -lo hace varias veces a la semana, debido a que le detectaron un nivel bajo de vitamina D-.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; después puse a calentar -en una olla de aluminio- la porción de caldo de pollo del día;  al finalizar la tarde -después del horario laboral- caminamos hacia los supermercados en dirección Sur.

En el más alejado compramos una libra de sal de cocina -gorda-; luego, en el de la mitad del camino, compramos un poco de bananos y dos lechugas -se suponía que usaría una de estas en el almuerzo con mi hija mayor el sábado-.

El Jueves era mi segundo día de vacaciones del mes; me levanté a la misma hora, medité y luego me quedé en la cama, leyendo un rato; a las nueve salí a prepararme el desayuno pues había acordado acompañar a Rb en su visita semanal al mercado del centro histórico.

Se suponía que de vuelta nomás la acompañaría hasta el comercial en donde se estacionan los busitos: había acordado reunirme para almorzar -a las doce y cuarto- con mi ex compañero de facultad con quien me reconecté -en nuestro veinticinco aniversario de graduación- el año pasado.

Pero antes de salir revisé Whatsapp y encontré un mensaje que me había enviado un poco después de las seis de la mañana: lo enviaban a una reunión a la zona diez y pedía aplazar la reunión una semana.

Realizamos la visita al mercado del centro histórico sin ningún contratiempo: Rb nomás compró varias libras de moras allí; luego tomamos el transmetro para iniciar el viaje de retorno; en el supermercado del comercial donde se estacionan los busitos compramos una pequeña red de aguacates -Rb también compró una bolsa de manzanas-.

Almorzamos lo mismo que los tres días anteriores -caldo de pollo, con arroz y aguacate-; desde el día anterior había decidido -al menos temporalmente- no tomar café -y galletas- por la tarde; nomás le preparé el té de manzanilla a Rb.

Además, le había comentado que haría la limpieza semanal -la semana anterior había descuidado totalmente esta tarea-; luego de barrer y trapear los pisos nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección Norte.

Aunque la verdad la salida fue nomás para caminar -lo hemos estado haciendo todos los días-; y aprovechando, pasar a comprar el pan de mis desayunos del viernes y fin de semana; caminamos hasta el supermercado más alejado, dimos la vuelta y retornamos a casa.

En el camino de vuelta pasamos a una panadería -donde venden el pan más barato, aunque no fue muy conveniente porque la dependienta se confundió y triplicó mi pedido de pan tostado- por mi pan; en el camino de ida habíamos pasado a la panadería donde compré la semana anterior: le había quedado a deber un quetzal a la dependienta.

Pero la deuda no fue por mi culpa: al igual que muchos negocios -o al menos las panaderías en donde utilizo efectivo- se han estado negando últimamente a aceptar monedas de baja denominación -cinco y diez centavos-.

Y como en el pasado acumulaba bastante de estas, decidí que voy a depositar las de cinco centavos en una cuenta en la cooperativa; de hecho ya había preparado dos bolsas con doscientas monedas cada una y planeaba realizar el depósito esa mañana, pero mi ex compañero había cancelado nuestra reunión.

El viernes volví al trabajo y me dí cuenta de un par de novedades: por una parte, habían puesto a mis otros dos compañeros a realizar pruebas en el ambiente a donde nos habían asignado a mí y al analista que menos bien me cae; lo otro fue que -por fin- acabaron las pruebas con los clientes y fueron -en su mayor parte- satisfactorias.

Como mi supervisor en el Imperio del Norte quería que realizáramos ciertas pruebas en el ambiente asignado -afortunadamente puso a liderar al analista que mejor me cae- me conecté durante algunos períodos durante el día; pero igual no realicé mucho: a media tarde le transmití los resultados a quien estaba liderando.

El almuerzo fue -como casi todos los viernes- de pescado; también iba a preparar una ensalada pero Rb había comprado una berengena -no se si era el segundo o tercer viernes que realizaba lo mismo- y le indiqué que prefería obviar la ensalada.

Además hubo un connato de conflicto pues le externé que no me entusiasmaba consumir tanta berengena -o tan seguido-; el comentario no fue muy bien recibido -o quizá aún estaba muy sensible por el fiasco con el trabajo que ya no pudo iniciar- pero preferí mantener el silencio.

Por la tarde volví a saltarme el café vespertino -no sé si continuaré con el ayuno intermitente en modalidad 19/5, 20/4 o nomás (como en el pasado) 18/6-; después del horario laboral nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección Sur.

En el más alejado compramos cinco libras de azúcar morena -ya se había acabado el paquete que Rb había comprado cuando le recetaron varias cucharadas diarias de este alimento-; en el otro supermercado compramos un cartón de huevos -y bananos-.

El sábado me levanté a las siete y media, medité y retorné a la cama; me parece que terminé el libro del colombiano que relata la vida de su padre; también empecé a leer el siguiente -me parece que es el último que ha publicado-: Ahora y en la hora.

Un poco después de las nueve salí de la habitación y me preparé el desayuno; me tomé un poco de tiempo consumiéndolo y, aprovechando que Rb andaba por la mesa, conversé un poco seriamente sobre lo afectada que la he visto últimamente.

Fue algo así como: todo va a estar bien; las cosas pasan y así; lo que resultó en una situación un poco incómoda -para mí- pues Rb tuvo un momento de catársis sobre lo que ha estado padeciendo últimamente (?) e incluso lloró durante un buen momento.

A las diez de la mañana caminamos en dirección a los supermercados en dirección Norte; aunque no entramos a ninguno; nomás llegamos al más alejado, allí dimos la vuelta y caminamos de vuelta.

De todos modos yo había preferido andar en esa dirección pues debía comprar las carnitas que necesitaba para el almuerzo con mi hija mayor -creo que vuelve a estar en la dieta Atkins-; en el camino de vuelta pasamos a la chicharronera que queda a un par de calles y compré una libra -diez dólares-.

Cuando retornamos a casa me puse a preparar un par de ensaladas y puse algunas hojas de lechuga en agua con desinfectante; después saqué a caminar a la perra más pesada de Rb -ella me acompañó con el otro perro grande-.

Cuando retornamos de la caminata empaqué las ensaladas, la lechuga desinfecada y las carnitas -con un par de coquitas- en la mochila que tiene aislante térmico; luego me metí a la ducha; un poco después de las doce tomé las dos mochilas, las cargué en la van e inicié el camino al departamento de mis hijos.

Cuando habíamos salido a media mañana había notado que el tránsito estaba bastante pesado; o sea, el boulevar se veía bastante lleno, aunque, aparentemente, no detenido; cuando salí al mediodía continuaba más o menos igual.

De todos modos llegué al edificio donde viven mis hijos antes de la una de la tarde; me llamó la atención que la cortina del parqueo estaba subida -tengo un control remoto en el automóvil para abrirla-.

Subí al séptimo nivel, le escribí a mi hija para comentarle que ya había llegado y pasé a la habitación designada como sala; mi hija salió un poco más tarde y nos dirigimos, caminando, al parque temático habitual.

El parque no estaba tan lleno como otros días y, afortunadamente, el área de mesas en donde usualmente almorzamos no tenía ningún evento; nos acomodamos en una mesa y procedimos a tomar el almuerzo.

Después del almuerzo le estuve explicando a mi hija los pasos para armar el cubo de Rubik de seis por seis; nos tardamos un poco en el proceso pero, finalmente, logró completarlo; algo que habíamos notado desde la llegada es que el viento estaba bastante fuerte; y escuchamos el anuncio de que la rueda de Chicago más grande no estaba funcionando, debido a esto.

Durante el almuerzo mi hija me estuvo comentando que está combinando su tiempo entre el trabajo -siempre ha trabajado nomás medio tiempo- con las clases de la facultad de medicina -al parecer se inscribió en la carrera de Médico y Cirujano-.

Como estuvimos conversando sobre las monedas me comentó que había obtenido una cuenta bancaria para realizar los pagos de la universidad, que le habían otorgado una tarjeta de débito y que no había podido ir por la misma.

Como el banco se encuentra en el comercial que está al otro lado de la calzada de donde viven le propuse que fuéramos por la tarjeta; pasamos a dejar las mochilas al departamento pues mi hija andaba sin su documento de identificación.

Por ser el último día del mes -aparentemente- la cantidad de clientes en todos los bancos era bastante alta: había cola en varias sucursales bancarias; incluso en el banco en donde mi hija debía recoger la tarjeta; afortunadamente el trámite era sencillo y pudo hacer cola mínima -solo una anciana adelante- antes de entrar por la tarjeta.

Yo me quedé afuera -armando uno de mis cubos de Rubik- y cuando salió le pedí que me acompañara a la sucursal de la cooperativa que estaba en el mismo centro comercial; aunque antes pasamos a un cajero pues debía cambiar el pin de la tarjeta; de todos modos también encontramos cola en la cooperativa y decliné esperar.

Retornamos al departamento un poco después de las cinco y, como habíamos acordado despedirnos a las cinco y media, jugamos algunas partidas de dominó; yo traté de alargar un poco las partidas -tomando fichas aún teniendo disponibles-; a la hora indicada nos despedimos -aunque mi hija bajó a acompañarme al sótano-.

El camino de vuelta estuvo bastante despejado; me parece que no me hice más de media hora para retornar; por la noche continué con el libro en inglés -intermezzo- y un poco de otro libro que mi hija me había comentado que acababa de leer: The Fight Club; además, vimos el último capítulo de All her fault.

Y a ver cómo sigue eso...

domingo, 25 de enero de 2026

Proust y el calamar... Proust and the squid... Proust et le calamar...

No sé si el plan de empezar cada texto con una referencia al libro de la semana funcionará: o sea, en las semanas anteriores he leído el final de Sandwich, luego leí por completo Recuérdame bailando; y por último All we live here; pero esos son libros 'fáciles'; el de este título es diferente: No ficción.

Y está muy bueno; son, básicamente, una serie de ensayos en los que se examina el desarrollo de la lectura, su impacto en la historia humana y la forma en la que, supuestamente, ha cambiado el cerebro de las últimas generaciones.

O sea, no es una narración, sino una serie de ensayos con bastante referencias a autores del pasado, estudios de neurocientíficos y mucha mucha información sobre los diferentes procesos que interactúan con la lectura.

Los primeros capítulos se centran en las primeras formas de escritura -acadiano, egipcio y etrusco, me parece- y luego entra ya en terrenos un poco más actuales: las partes del cerebro que intervienen al leer diferentes sistemas alfabéticos -latino, chino, japonés-.

Entonces, no estoy seguro que pueda completar la lectura del libro actual en una semana -o menos-; y eso me retorna al gran dilema por el cual leí en paralelo varios años: 'forzarme' a leer temas 'serios', para luego leer cuestiones mas 'ligeras'.

Y a ver cómo va eso.

El martes seguía sintiendome un poco indispuestos del estómago: -no estoy seguro, pero- creo que el tomar café, el domingo, dos veces -y por la tarde, hervido- me produjo una indigestión mera rara al día siguiente: tuve que ir tres o cuatro veces al baño.

Me parece que el martes ya fue solo una -o un par- ocasión en la que tuve que dirigirme al servicio sanitario; otra razón -la verdad es que ya empezó a preocuparme un poco- podría ser el consumo de marshmallows.

Y es que durante la temporada de fin de año acostumbro comprar una -o un par de- bolsa de estos dulces; pero, creo que, el mes anterior compré tres o cuatro; y no estoy seguro de la correlación entre consumo excesivo de malvaviscos y mi desorden estomacal -ya solo me quedan unas pocas unidades-.

Total que el martes lo pasé un poco más tranquilo; al menos en lo que al cuerpo se refiere; la reunión de la mañana estuvo tranquila ya que la mayor parte del equipo en el Imperio del Norte está trabajando en pruebas al lado de los clientes.

De todos modos me quedé un gran rato en la cama después de la reunión; salí de la habitación después de las diez de la mañana; a las doce y media sacamos a caminar a los perros y a la una Rb entró a una hora de entrenamiento, para las llamadas que tendrá que atender como intérprete médica -si pasa las pruebas-.

Entre la una y las dos de la tarde me dediqué a preparar el almuerzo: calenté la salsa de tomate, puse agua para los fideos de arroz y corté las legumbres para dos ensaladas; cuando Rb terminó la reunión -a las dos- el almuerzo estaba preparado.

Y no pude hacer mucho en las tareas que llevo atrasadas: la analista con la que estaba trabajando me envió un mensaje comentándome que uno de los desarrolladores estaría trabajando en la terminal que estaba usando; y terminó justo diez minutos antes de mi hora de salida.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur: no teníamos nada que comprar -aun teníamos bastante bananos- pero queríamos realizar un poco de ejercicio; llegamos hasta el supermercado más lejando y retornamos -nos lleva menos de una hora el recorrido total de tres kilometros y medio.

Por la noche ví el penúltimo capítulo de The Copenhagen test; después, en la habitación de Rb, vimos el tercer capítulo de His and Hers; tambien estuve un buen tiempo en Duolingo: ahora ya se puede jugar ajedrez con otras personas -no sólo contra Oscar-.

El miércoles me desperté bastante temprano: abrí los ojos y la luz aún se veía gris; continué dormitando hasta que sonó la alarma; me levanté a meditar y luego llevé la computadora a la cama, para entrar a la reunión de equipo.

Después de la reunión me quedé en la cama; había planeado dormitar -he tomado la mala costumbre durante los últimos meses (años?)- aunque luego me hice el propósito de avanzar un poco en las tareas pendientes; pero la misma analista nos escribió en el grupo sobre la revisión del sistema; y que nos avisaría cuando ya quedara disponible.

Lo que no pasó en prácticamente todo el día; de todos modos me quedé en la cama haciendo algunas lecciones de Duolingo; y esperando la hora de la reunión quincenal con mi supervisora local (nueve y media).

A la hora programada inicié la reunión y mi supervisora llegó después de cinco minutos; la verdad me interesaba esta reunión porque esperaba el resultado de mi revisión anual de desempeño -me habia autocalificao como over the middle y quería ver la calificación final-.

Dos de mis directoras -la penúltima y antepenúltima- fueron siempre muy dadivosas en esta actividad anual; especialmente la antepenúltima -aunque nunca me subió el salario-; la penúltima también se portó muy bien -y me dejó moverme a otra posición-.

Esta ya era la tercera ocasión en que me calificaban después de mis últimas directoras; la primera la realizó el Project Manager y fue bastante decepcionante -igual, él tenía como seis meses de haber entrado a la empresa-.

La segunda la realizó mi actual supervisora y me dejó más satisfecho -o menos insatisfecho(?)- y esta creo que ha sido la mejor: en general mi supervisora me percibe como responsable, eficiente y proactivo -aunque no creo que haya aumento salarial-.

Usualmente la reunión quincenal no dura más de quince o veinte minutos; en esta ocasión superó los cuarenta minutos: mi supervisora quería revisar cada uno de los aspectos y el nivel otorgado en cada uno; otra vez: me pareció bien.

Después de terminar la reunión salí a desayunar y a ver qué podia hacer con el listado de las tareas que llevo atrasadas -he estado revisando la forma en la que se generan durante los últimos días-.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros y a la una Rb entró a la capacitación de su nuevo lugar de trabajo -se supone que son cinco sesiones, terminando el siguiente lunes-; un poco más tarde me metí a la cocina para preparar el almuerzo.

La reunión de Rb terminó justo a las dos de la tarde; ya tenía preparado todo el almuerzo pues Rb me había comentado que la reunión semanal de su trabajo titular la realizarían -como casi todas las semanas- a las dos y media.

Afortunadamente a las dos y veinte ya habíamos concluido con el almuerzo; me retiré a mi habitación a leer un poco -Proust and the squid- y salí un poco antes de las tres: lavé un poco de los trastes del almuerzo y preparé un café y un té.

A las cinco nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; no entramos al que se encuentra al final de nuestro recorrido; en el otro compramos bananos; luego, antes de entrar a la calle donde vivimos, pasamos a la tienda de las verduras; compramos una papaya y una berenjena.

Cuando regresamos -un poco después de las seis- ví que había un mensaje en el chat del grupo de trabajo: un poco después de las cinco el supervisor en el Imperio del Norte había escrito para pedir que se realizara una prueba rápida de una funcionalidad.

Ví que el analista que vive en el pueblo donde vive mi familia paterna había contestado; pero decía que no podría trabajar mucho después; de todos modos decidí ignorar el mensaje: o sea, había entrado luego de la hora en la que salgo.

Además me recordé de esas noches -varias- que me tocó que madrugar en proyectos anteriores -en los que sí dirigía el equipo-; por la noche ví el último capítulo de The Copenhagen Test; y un capítulo -con Rb- de His and Hers.

El jueves me volví a despertar temprano -como que el tránsito a casa y media de distancia- me despierta durante esta época; medité y entré a la reunión, en donde no se discutieron temas tan relevantes.

De todos modos estuve revisando los chats del grupo local y el que tenemos con el equipo en el Imperio; al parecer las pruebas solicitadas la noche anterior habían devuelto resultados satisfactorios.

Rb salió hacia su visita semanal al mercado a las nueve -aunque, debido al training que está atendiendo había decidido llegar nomás al supermercado que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos-.

El resto de la mañana no pude avanzar en mis asignaciones: no recibí confirmación de que el equipo ya estuviera disponible; entonces nomás estuve avanzando un poco en Proust and the squid.

Rb retornó bastante temprano -yo estaba escuchando algún video en Youtube (con audífonos) y no escuché que llegara, nomás la ví abrir la puerta-; me comentó que la hija de la presidenta del comité había estado tocando el timbre y salió a dejarle una botella de shampoo para mascotas -también me trajo una docena de muffins-.

A la una, mientras Rb atendía la tercera reunión de su capacitación, me metí a la cocina a preparar el almuerzo; lo que consumimos a las dos de la tarde; un poco más tarde preparé un café y un té.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando en dirección Norte; no entramos a ningún supermercado, nomás caminamos hasta el comercial que se encuentra en donde tomamos los buses intermunicipales; allí dimos la vuelta.

En el camino de regreso pasamos a la panadería en donde -a veces- compro el pan para mi desayuno; me llamó la atención que la dependienta -como la de la panadería de la vuelta- prefirió que le quedara a deber un quetzal, en vez de aceptar monedas -muy raro-.

Por la noche Rb atendió un servicio de oración del grupo de su trabajo; la reunión se extendió de siete a ocho de la noche -y el día estuvo raro porque su pastor la había llamado un poco antes del mediodía, comentándole que pasaría a visitarla por la tarde, pero Rb tuvo que llamarlo de vuelta: no se había recordado que tenía la reunión de oración por la noche-.

Después de que se despidió de su grupo de oración vimos el penúltimo capítulo de His and Hers; luego estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo -tratando de volver a Portugués- y avanzando un poco en la lectura -No Ficción y Español-.

El viernes empezó normal: despertarme antes de la alarma, esperar a que sonara, meditar y entrar a la reunión de equipo; en donde comentaron que esperaban retornar muy pronto a la normalidad -cuando las pruebas con los clientes concluyeran-.

Un poco después de las nueve salí de la habitación a prepararme el desayuno; luego hice algunas lecciones de Duolingo; durante la mañana el supervisor en el Imperio del Norte nos escribió para comentar que -en general- las pruebas con el cliente habían sido satisfactorias.

Al mediodía preparamos la berenjena que habíamos comprado un par de días antes y dos tercios de una mojarra de gran tamaño que teníamos de la última bolsa comprada en el supermercado; aunque la parte final de la cocción me tocó que realizarla en solitario debido al evento de capacitación de Rb.

Como preveía un fin de semana con bastante comida -y he estado tratando de continuar el ayuno intermitente 19/5 o 18/6- ya no comí nada después del almuerzo; nomás lavé algunos trastos y le preparé una taza de té a Rb.

A las cinco y media caminamos hacia los supermercados en dirección sur: Rb quería ver el precio de la harina de arroz en un almacén cerca del más alejado; yo quería comprar algunas bolsas de snack pues planeo llevar comida la próxima vez que me reuna con mi hija mediana.

Además Rb quería sacar un poco de efectivo del cajero que se encuentra en el más alejado; allí compré seis bolsas -tres grandes y tres pequeñas- de dos tipos diferentes de papas fritas; en el otro supermercado compré otras tres bolsas grandes y un poco de bananos.

Regresamos de los supermercados un poco después de las seis; me metí a mi habitación a hacer algunas lecciones de Duolingo, y leer un poco de Proust and the squid; luego vimos el último capítulo de His and Hers; el cual estuvo, la verdad, algo decepcionante -muy tirado de los cabellos-.

El sábado me levanté a las siete y media, medité y retorné a la cama a hacer un poco de Duolingo; pero me volví a levantar bastante rápido: un poco después de las nueve salí de la habitación y me preparé el desayuno de los fines de semana.

Durante la mañana estuve leyendo un poco del libro en Español; Rb me había pedido que sacáramos a los perros antes de que me fuera -había previsto salir al mediodía- pero se puso a hacer tortillas de plátano verde un poco antes.

Entonces, a las once y media me pidió que sacara a la perra más pesada -aún estaba a la mitad de la confección de sus tortillas- pues ella sacaría más tarde al otro perro grande; saqué a la perra y no hizo más que caminar; luego saqué un rato a la perra más anciana -al patio nomás-.

Después me metí a la ducha y, un poco antes del mediodía, metí varios cubos de Rubik a mi mochila negra y arranqué la van; sorprendentemente el tránsito estaba bastante ligero; o sea, como a mitad del trayecto del boulevard encontré un embotellamiento, pero nomás me tocó bajar un poco la velocidad.

Total que llegué a la casa de mis hijos bastante temprano -un poco después de las doce y media-; le escribí a mi hijo para comentarle que ya estaba por allí y entré a la habitación que ahora funciona de sala.

Mi hijo salió un poco más tarde y le propuse caminar al parque temático; la verdad tenía temor de que no volvieramos a conseguir llegar al mismo -de hecho nos tocó que realizar dos paradas durante las ocho cuadras- pero, afortunadamente, pudimos compeltar el trayecto.

Compramos una pizza -cambiaron el sistema de compra, agregando un paso más para realizar el pago, con lo que lo complicaron innecesariamente; además de aumentar un tres porciento el precio- y nos dirigimos al sector de mesas que más utilizamos.

Pero había un evento -al parecer algunas empresas aún están haciendo sus convivios anuales-; le propuse a mi hijo caminar al otro lugar techado en donde hay mesas, y noté bastante incomodidad en su caminar; afortunadamente encontramos una mesa disponible en el segundo lugar.

Almorzamos -nos sobraron tres o cuatro porciones de pizza, pero nada de Pepsi- y luego nos quedamos en el lugar revisando los pasos necesarios para resolver el último cubo de Rubik; la verdad es que nomás es necesario un paso adicional, con lo que mi hijo pudo completar -por primera vez, me parece- el armado del cubo de seis por seis por seis.

Un poco más tarde le propuse a mi hijo que nos subiéramos a la rueda de Chicago de costumbre; aunque, antes, tuvimos que pasar a un kiosco -a un lado de donde habíamos almorzado- a comprar un pasaporte para doce juegos: el anterior nomas tenía un juego por marcar.

La cola en la rueda de Chicago no estaba muy extensa y, a diferencia de algunas veces en los últimos tiempos- nos subieron en una canasta sin nadie más; después de bajar del juevo mecánico empezamos el camino de regreso a casa.

Ya habían cerrado el portón de entrada al parque temático -se supone que ya no dejan entrar al público después de las cuatro de la tarde- pero, antes de salir del mismo, mi hijo actualizó su información de empadronamiento, en la misma mesa en donde lo hicimos con mi hija mediana la semana anterior.

Retornamos a casa sin ningún contratiempo y subimos al séptimo nivel; mi hijo se retiró un momento y yo me acomodé en el espacio de la sala; aún estuvimos conversando otro rato antes de que dieran las cinco y media, hora en la que habíamos acordado despedirnos.

El camino de vuelta también estuvo bastante vacío, no me hice más de media hora conduciendo la van; cuando vine Rb estaba viendo alguna de sus series pero me propuso que saliéramos a caminar en las calles interiores: a las cinco salimos a dar tres recorridos al circuito -en total como dos kilómetros-.

Por la noche vimos el primer capítulo de una serie en donde se pierde un niño; actúan Dakota Fanning y un latino de apellido Peña; además, avancé en el par de capítulos que me había propuesto de Proust and the Squid -lo estoy combinando con otro libro en español-.

El domingo me levanté a las cinco menos diez; había quedado de reunirme a las seis de la mañana con mi amigo antivacunas -y pro varias conspiraciones-; medité y luego me metí a la ducha; después tomé la van.

Por la hora -eran como las cinco y media- apenas habían vehículos en el camino; no obstante, un poco antes de llegar a mi destino ví las luces de una ambulancia en el periférico; tomé el carril auxiliar y pasé a la par de un vehículo con el frente totalmente destrozado -también me tocó que pasar sobre unos cables (por un poste derribado)-.

Llegué al McDonald's en donde nos reunimos en Diciembre pero encontré el portón trasero aún cerrado; dí la vuelta para ver si ya estaba abierto el portón frontal, pero antes de entrar a la calzada principal recibí una llamada de mi amigo.

Me comentó que acababa de pasar por su lado -estaba estacionado, contra la vía, junto al portón trasero-; le comenté que seguramente -por ser domingo- abrían más tarde; ya había un auto frente al portón frontal y un poco después un guardia salió a abrir el acceso.

Mi amigo llegó un poco después y estacionamos los autos en el parqueo frontal; entramos al restaurante y utilizamos los menús interactivos para ordenar un par de desayunos -le había pedido la tarjeta a Rb para evitar el contacto humano-.

Estuvimos en el lugar por un par de horas, entre desayuno y conversación: mi amigo me había pedido que dejara el celular en el auto pues quería que habláramos en un entorno privado; accedí, aunque la verdad lo consideré innecesario.

O sea, micrófonos hay en todas partes, y -creo- más dentro del ambiente cerrado de una de las cadenas de comida rápida insignia del Imperio del Norte; además, quería privacidad porque se le había ocurrido una idea innovadora para una app.

Lo cual no era tan así: lo que había pensado es crear una herramienta en la que dos personas puedan comunicarse de forma audiovisual, compartiendo una lista de reproducción musical; le comenté sobre Zoom y similares pero también le dije que exploraría el concepto.

Luego hablamos de las cuestiones laborales y familiares de cada uno; le había llevado como regalo uno de los paquetes de incienso que me regaló mi hijo menor para Navidad, dos bolsitas con dulces -de lo que debía haber regalado para el convivio de mi oficina- y, como préstamo, un libro de Luis de Lión.

Mi amigo me comentó que cargaba en el baúl de su auto un saco con libros que habían sido de su abuelo paterno -muerto hace muchos años, con demencia- y que si quería ver si algo me interesaba.

Un poco después de las ocho le propuse que viéramos qué cargaba en el saco y la mayoría era pura basura: libros de texto, libros de varias religiones; algunos de estos ya con moho; pero me llamó la atención -y aparté- algunos folletos de un curso de electrónica de una escuela por correspondencia en donde había querido estudiar cuando era joven (y nunca pude, por falta de 'fondos').

Después de guardar los folletos en el auto nos despedimos e inicié el camino de vuelta; vine bastante temprano: Rb estaba viendo alguna serie en su computadora, esperando la hora para alimentar a sus perros (comen un poco antes de las nueve).

Me preparé el desayuno de los domingos y la acompañé a desayunar -después de que alimentara a sus perros-; un poco antes de las diez de la mañana la conduje a su iglesia: está tratando de ir una vez al mes, y en esta ocasión quería ir para ver a los papás de su mejor amiga; quienes acaban de venir del Imperio del Norte y le traían una encomienda.

Después de dejar a Rb retorné a casa y me pasé un par de horas viendo videos de Youtube, y leyendo un par de capítulos del libro en Español (la segunda de las tres partes); estaba terminando un capítulo cuando Rb me llamó.

Habíamos quedado en reunirnos en el supermercado que se encuentra en el comercial a donde tiene acceso desde la calle en donde se encuentra la iglesia a la que asiste; el tránsito estaba un poco pesado pero llegué bastante rápido al lugar.

Entré al supermercado y dí tres o cuatro vueltas por todos los pasillos; estaba por molestarme porque me imaginé que se había entretenido socializando en su iglesia; pero mejor respiré y salí a ver si vendían sandwiches en una heladería del lugar.

No encontré lo que andaba buscando pero decidí esperar fuera del lugar; en efecto, un poco más tarde Rb venía caminando por el pasillo; sorprendiéndose al verme y comentándome que se había imaginado que me tardaría y había esperado un poco en la iglesia.

Entramos al supermercado y compramos un par de pollos enteros, para los almuerzos de la semana; también aprovechamos para comprar mojarras para los almuerzos de los viernes y un poco de filete de pescado para preparar, en el futuro, algunos tacos.

Retornamos a casa con las compras, metimos (metí) al congelador los pescados y dejamos los pollos en el exterior pues preveíamos prepararlos durante la tarde; entonces sacamos a caminar a los perros; después preparamos las alitas de pollo dominicales y un par de ensaladas.

Como había desayunado bastante temprano y estaba empeñado en continuar con el ayuno intermitente (ya sea 18/6 o 19/5) decidí no comer nada después del almuerzo; ademas terminamos de almorzar después de las dos de la tarde; por lo que nomás me metí a la cocina a lavar los trastes del almuerzo -mientras escuchaba el postcad de Herejes- y le preparé un té a Rb. 

El resto de la tarde nomás me estuve viendo algunos videos de Youtube; a las cinco de la tarde Rb me pidió que empezáramos a cocinar los almuerzos de la semana: partí varias legumbres y cocinamos una gran olla con los dos pollos que habíamos comprado por la mañana -la noche anterior habíamos preparado el refresco de rosa de Jamaica-.

Por alguna razón -ir a dejar y a traer a Rb de la iglesia- no había hecho lecciones de Duolingo por la mañana; al inicio de la noche completé algunas partidas de ajedrez pero no hice mucho más; también vimos otro capítulo de All her fault.

Y a ver cómo va eso...