lunes, 24 de agosto de 2026

Perras de Reserva... Reservoir bitches... Chiennes de réserve...

No me había dado cuenta que no había utilizado este título para nombrar uno de los textos de este año -lo que me había propuesto al inicio del mismo-; o sea, leí Medea me cantó un corrido porque me pareció un libro más o menos similar a La virgen de los Sicarios.

Y leyendo sobre la autora, encontr -en Reddit, me parece- varios comentarios en donde indicaban que el libro de Medea era un escalón descendente del libro que titula este texto: lo que me parece un despropósito.

Se supone que Perras de Reserva fue el libro que puso a la autora en el ojo público: en todo sentido; supuestamente le costó mucho que una editorial lo publicara -el texto es bastante crudo y el lenguaje demasiado mexicano-: son una serie de cuentos del bajo mundo.

Con Medea -creo- intentó hacer una obra diferente: aquí hay un hilo conductor -Medea-, pero la acción -y el lenguaje- sigue siendo tan -o más- descarnado con el anterior; algunos lo han clasificado como pornoviolencia -o pornomiseria, o un término similar-.

Pero, a mí, lo que me llamó la atención fue eso: el primero -Perras- es nomás una serie de cuentos -creo que algunos los había presentado la autora en diversos concursos- pero el segundo es un intento de hacer una literatura más estructurada -o es lo que me parece-.

El tema en ámbos es el mismo: la violencia tan común en nuestra latinoamérica unida; la degradación -tan común- del tejido social que afecta tanto a los jóvenes que muchos prefieren llevar una vida intensa -aunque corta- a ingresar en la carrera de ratas.

Y eso.

El miércoles me levanté antes de  las seis y media; preveía un día bastante tranquilo en el plano laboral; y fue -casi- tal como lo esperaba; pero me desperté antes gracias a un zancudo al que se le ocurrió zumbar muy cerca de mi oído antes de las seis de la mañana; me levanté a encender la luz y -curiosamente- lo localicé sobre la lámpara de dormir.

Acerqué lentamente la raqueta al insecto; el cual recibió un par de buenas descargas, ignoro si eso lo dejó fuera de combate o nomás lo atontó; pero no lo busqué con tanto ahinco: completé a continuación mi meditación de la mañana.

Después salí a la mesa del comedor, con ambas computadoras: Rb ya iba a empezar a tomar llamadas y me molesta salir a abrir la puerta a los perros cuando aún estoy en cama; como no había reunión a las siete y media estuve hasta las nueve entre Duolingo, Scrabble y lectura.

A las nueve entré a la reunión diaria; en donde el PM presentó unas gráficas -sin sentido, realmente- sobre el avance del proyecto; luego, a las nueve y media, entré a la reunión quincenal con mi supervisora -que ya no es mi supervisora-.

Esta llamada también fue bastante intrascendente: yo estaba a la expectativa de enviarle nuevamente mi número de cuenta bancaria, pues no había recibido los dieciséis dólares que gané al quedar en el tercer lugar de la quiniela mundialista -sigo sin recibirlos-.

La llamada versó básicamente sobre los pendientes antes del cambio a la nueva empresa: falta un poco más de un mes para que se realice el cambio y casi todo permanece en un estado nebuloso; la mayor parte de la reunión fueron cuestiones personales: como que mi supervisora no había dormido durante la última semana porque a su bebé -de menos de seis meses- la afectó la aplicación de la vacuna.

Al menos la reunión esta me dió la excusa perfecta para no entrar a la reunión del equipo a las diez menos cuarto -después le pregunté sobre la misma al analista de la ciudad colonial y me comentó que había sido corta y sin mucha información-; después de terminar la llamada (a las diez) me moví un rato a la cama para leer.

Rb salió de su habitación a las doce y completamos la rutina de ejercicios de los miércoles; después sacamos a caminar a los perros; antes de salir le puse fuego bajo -pero no tan bajo pues el día anterior no habían quedado muy bien las piezas de pollo- al pollo y papas asados, y a la longaniza en trozos.

Cuando entramos de la caminata subí un poco la potencia de las dos hornillas y volteé todas las piezas que estaban calentándose; después me lavé las manos; como ya había dejado preparado el guacamol antes de salir a caminar con los perros, lo saqué del refrigerador y serví ambos almuerzos.

Después del almuerzo me preparé medio litro de café -el que consumí con un par de mitades de galletas-; por la mañana había empezado a completar la tarea que envió el jefe de Rb para la evaluación del segundo módulo del curso de storytelling al cual me adherí un par de meses atrás.

Y luego del almuerzo continué trabajando en el informe: básicamente revisando el texto proporcionado por un par de LLMs, aclarando algunos puntos, simplificando otros, y encontrando una mejor forma de presentar la información; Rb fue a la tienda de las verduras y retornó con una papaya -y otras frutas- al doble de lo que costaba el año anterior -maldito dictador naranja-.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: Rb había encontrado una forma adecuada de utilizar el cloro -lejía- normal para desinfectar las verduras; y necesitábamos un juego nuevo de cucharitas medidoras; por lo que caminamos directamente hasta la tienda verde de descuentos.

Allí obtuvimos las cucharitas -por un dólar-; luego pasamos al otro supermercado y compramos dos recipientes de cloro: uno de un galón y el otro de un poco menos de dos litros; luego retornamos a casa; en donde Rb se preparó para entrar a su clase de teología.

La cual había previsto que sería muy muy larga: más de la mitad de los estudiantes -incluyendo ella- debían presentar el video de la evaluación del penúltimo módulo del programa; se trataba de la prédica que había presentado el viernes anterior en el grupo de señoras de su iglesia.

La clase se alargó aún más de lo que Rb había previsto y llegó la hora en la que debía alimentar a sus perros; llevé la comida de los perros grandes a su cama y luego intenté que la perra más anciana tomara su cena -por la mañana había sido muy exitoso con esta tarea-.

Pero no hubo caso: la perra, como es su costumbre, se negó a ingerir su alimento; consideré tirar la comida en el barranco, pero luego me dije que lo mejor era dejar que Rb lidiara con el asunto; esperé un poco y luego -Rb seguía en su clase- le informé del hecho; y ella la alimentó como lo ha hecho durante los últimos años.

Por estar en lectura, Duolingo y Fabric -y algún video de Youtube- ya no tuve tiempo de ver ningún -otro- contenido multimedia: quiero esperar a que hayan más capítulos disponibles de Lioness; y aún no he empezado a ver el último de la serie de animé que empecé a ver unas semanas atrás.

El jueves me levanté nuevamente antes de las seis -no hubo zancudo, nomás ruido del boulevard-; pero creo que también ha influido estos dos días la parte de Wherever you go There you are que acabo de leer: el autor habla en uno de los ensayos sobre la conveniencia de levantarse muy temprano.

Empecé a meditar alrededor de las seis de la mañana; luego retorné a la cama y estuve haciendo lecciones de Duolingo hasta después de las siete; a esa hora salí de la habitación y conecté ambas computadoras en la mesa del comedor; mientras, Rb había empezado a tomar llamadas.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; con la novedad de que la compañera de mi supervisor ya había retornado de vacaciones -le dí la bienvenida-; entre ocho y nueve de la mañana estuve completando la evaluación de Fabric del día catorce y realizando las actividades del sexto -de dieciséis- laboratorio de la misma tecnología.

A las nueve entré a la siguiente reunión; en la que los desarrolladores comentaron los obstáculos que han estado teniendo para lanzar la última versión de la aplicación en la que trabajamos; después de esta reunión recibí un nuevo documento para ajustar los formatos.

Y eso me llevo un buen tiempo: no era mucho el contenido pero sí había muchas áreas en las que tanto las tabulaciones como ciertas numeraciones debían ser calibradas; además debía revisar el formato de la tabla de contenidos; por estar haciendo esto no me dí cuenta que me salté una de las reuniones en curso sobre el uso del LLM aprobado en el trabajo.

Rb se dirigió a su clase de zumba un poco antes de las diez y retornó -bastante desmotivada- un poco después de las once: al parecer no le está llamando la atención que el instructor esté solicitando tantas dinámicas: como que lleguen vestidas de cierto color, o de cierta década del siglo pasado; o que lleguen maquilladas(!).

Aún tuvo tiempo de meterse a su habitación a tomar algunas llamadas; como ya había preparado el guacamol del almuerzo saqué las porciones de pollo -y papas- del día y los coloqué en la mesa, listas para empezar a calentarse; lo que hice a las doce, cuando Rb salió de su habitación para que sacáramos a caminar a sus perros grandes.

Después de entrar  de la caminata continué haciéndome cargo del almuerzo y serví las dos porciones; Rb salió un poco después de su habitación y completamos la comida; después me preparé un café; ella se tardó bastante almorzando y luego se retiró a su habitación, en donde estuvo dormitando hasta las tres menos cuarto.

Yo me había metido a mi habitación a avanzar en Wherever you go There you are, e incluso desconecté la alarma de las tres menos cuarto; y estuve a punto de empezar a darle de comer a los perros; pero juzgué más conveniente -para todos- que ella lo hiciera; entonces le hablé y, mientras ella se despertaba y se encargaba de los perros, me metí a la cocina a lavar los trastos del día.

También le preparé un té de manzanilla; a continuación me puse a hacer un par de pequeños ejercicios de acuarela; el día anterior había encontrado los dibujos -a lápiz- que hice tres años atrás, cuando empecé a explorar mi lado artístico -las acuarelas empezaron el año anterior-.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos lo cruzamos: Rb necesitaba comprar una medicina para su perra más anciana, en una farmacia de los alrededores.

Luego de comprar las gotas oftálmicas caminamos hasta el supermercado de mitad del camino; allí compramos las fajitas de pollo para el almuerzo de la siguiente semana; también un poco de mollejas (para un caldito) y algo de bananos; antes de entrar a la calle de la casa de Rb pasamos a la panadería de la vuelta, a comprar el pan de mis desayunos.

El día viernes estuvo bastante tranquilo: me levanté un poco antes de que sonara la alarma, consciente de que no había reunión a las siete y media; medité y luego estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo en la cama.

Un poco después de las siete salí de la habitación para trabajar en la mesa del comedor: estuve ocupándome en mi lista semanal; algo de Fabric, algo de lectura e incluso algo del trabajo -aunque de esto último no había recibido más novedades-.

A las nueve de la mañana entré a la reunión semanal del equipo; como en las anteriores, el supervisor se dedicó a comentar las tareas de todos los analistas -en mi caso, apenas me mencionó como ayuda de los dos analistas que están desarrollando los documentos-.

La reunión estuvo algo tardada y, al final, el jefe del supervisor preguntó si había alguna duda: aproveché para inquirir sobre el estado del cambio a la nueva empresa; y, al igual que en ocasiones anteriores, no hubo mucha información, nomás que si teníamos dudas podíamos enviarlas por correo.

Un poco después de esta reunión la analista me envió un mensaje par que viera un documento que ya tenía listo; estuve trabajando un rato en esto -no era mucho- y después, cuando Rb salió de la habitación, completamos la rutina de ejercicios de los viernes.

Luego sacamos a caminar a los perros grandes; antes de salir Rb había puesto a cocinar el pescado de los viernes; así que cuando entramos le dí la vuelta a los dos trozos y puse a cocinar las salchicas y el pollo con el que he estado complementando mis ensaladas de los viernes -después preparé la ensalada-.

Almorzamos pescado y ensalada y luego me preparé un té de menta; antes del almuerzo le había avisado a la analista que el documento ya estaba listo, el resto de la tarde no hubo mucho laboralmente hablando; nomás hice un par de pequeños ejercicios de acuarela y leí -lo que me había propuesto de- el tercer folleto de electrónica.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los mercados en dirección sur; llegamos al extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de la mitad del camino; y no había lechugas: últimamente se ha estado repitiendo más la escena; nada de lechugas en las refrigeradoras.

Entonces Rb dijo que pasaríamos a la tienda de las verduras; pero yo hice un gesto -me sale (casi) inconsciente- de fastidio; por lo que dijo que pasaría sola; al final ya no pasó, y yo me comprometí a pasar a los supermercados al día siguiente, cuando visitar a mi hijo menor.

Por la noche ya no ví nada de material audiovisual -ni Lioness ni Nahona-; nomás estuve revisando una de las (nueve) páginas con preguntas para el examen del certificado que tomaré a finales del próximo mes (el sitio me lo compartió mi amigo asiático y está bastante interesante).

El sábado no me quería levantar; por alguna razón no tenía ánimos para salir de la cama; desconecté la alarma y me quedé unos (seis) minutos más en cama; luego sí bajé al piso y completé el periodo de meditación de la mañana (escuché a Rb preparándose para emprezar a tomar llamadas).

Después de completar la meditación retorné a la cama y completé algunas lecciones de Duolingo; luego salí de la habitación y puse a desinfectar verduras -llené un recipiente plástico con tres litros de agua-.

Desinfecté tres tipos de lechuga (verde, morada y romana), una manzana verde, un pepino, dos tomates, una zanahoria y un chile pimiento (nomás el aguacate no desinfecté); cuando pasó media hora saqué las legumbres y preparé dos grandes ensaladas.

Además, medí treinta gramos de aderezo en dos bolsitas de galletas; después me puse a preparar los dos rollitos de pollo (la noche anterior los había dejado en la refrigeradora): batí un huevo y los sumergí allí, los pasé por harina de coco, luego nuevamente por el huevo y, por último, por avena en hojuelas.

Después los puse -a fuego muy bajo- en la sartén; traté de que no quedaran muy redondos, sino como tamalitos, para facilitar la cocción por dos lados; los freí a fuego bajo por casi media hora de cada lado; también utilicé parte del huevo que sobró para la torta para mi panito del desayuno.

Un poco después de las nueve y media tomé mi desayuno; en el ínterin completé la lección del día dieciséis de mi programa (soportado por un LLM) y también uno de los laboratorios (el sexto, quince) de la página de Microsoft Learn.

Como no me decidía en qué actividad -de mi lista de once de la semana- invertir el tiempo que restaba antes de sacar a caminar a los perros (a las once y media), metí las cuatro o cinco pendientes en una Random Wheel y -de acuerdo a lo elegido- jugué una partida de Scrabble online, luego empecé a escribir este texto.

Rb salió de su habitación a las once y media -originalmente me había comentado que quería hacer una rutina de ejercicios y me había pedido que sacara solo a los perros, a lo que accedí gustoso- y me indicó que había decidido acompañarme con los perros -la perra más pesada sigue con una muy mala actitud para caminar-.

Después de entrar de la caminata me metí a la ducha y tomé un buen baño, mientras escuchaba un video de música clásica de Youtube; después me vestí, preparé la mochila con aislante térmico, me despedí de Rb y me dirigí a la casa de mis hijos.

El boulevard estaba bastante vacío y nomás tuve que esperar un poco antes de incorporarme al tránsito de la ruta intemunicipal; la ciudad también estaba tranquila, por lo que llegué al edificio de mis hijos quince minutos antes de la hora de reunión.

Estacioné la van en el sótano (por primera vez utilicé el radio durante el viaje, con una emisora locar con música en inglés) y salí del mismo, para dirigirme al supermercado al otro lado de la ruta principal.

Consideré que tenía un buen tiempo para retornar y subir al séptimo nivel; aún así troté una buena parte del camino de ida y vuelta (incluyendo la pasarela); en el supermercado elegí un par de escarolas verdes y pasé a la autocaja -menos de un dólar por ambas-.

Retorné al edificio y no encontré a nadie en recepción: había una pareja de jóvenes en los sillones del área y ví por las cámaras que la guardia andaba en el baño -aunque no lo comprendí al inicio-; traté de guardar la calma.

La guardia bajó por fin del tercer nivel y traté de no mostrar molestia por la espera; y nomás me comentó así con un tono de confianza: hubiera pasado, nomás hay que presionar esa palanca; le agradecí por el consejo y subí corriendo los siete niveles.

Había dejado el celular en el auto por lo que, cuando entré al departamento, pasé tocando la puerta de la habitación de mi hijo menor -después de dejar las lechugas en la refrigeradora- y entré a la sala.

Mi hijo aún tardó un poco en salir -pregunté la hora cuando salió a saludarme: una y once-; en el tiempo de espera había empezado a doblar una grulla de origami; la terminé mientras conversaba de algunas generalidades.

Después le propuse que partiéramos hacia el parque temático; pero le dije que teníamos que pasar por el sótano, para recoger las mochilas; así que bajamos -en el elevador-, sacamos las mochilas -y el Scrabble- de la van, y salimos por la cortina de ese nivel.

No nos costó mucho llegar al parque y nos dirigimos directamente al lugar en el que usualmente tomamos nuestro almuerzo; pero esta vez el área estaba ocupada por un grupo de personas que estaban -aparentemente- celebrando un cumpleaños.

Por lo que nos dirigimos al otra área techada; allí si encontramos lugar y procedimos a consumir el almuerzo -el único inconveniente del lugar es que mantienen constantemente música a un volúmen no muy agradable-; pero comimos tranquilamente.

Luego le propuse a mi hijo que buscáramos un lugar más tranquilo, para jugar una partida de Scrabble; encontramos un espacio bastante conveniente bajo unos árboles y desarrollamos el juego -también armamos el cubo de cuatro por cuatro y el de seis por seis-.

Como mi hijo me había dicho que le convenía que nos despidiéramos a las cinco -supuestamente tenía un compromiso más tarde-, y yo quería ver si en los supermercados del camino había lechuga le pedí que nos retiráramos después de terminar la partida de Scrabble -creo que apenas pasaban de las tres y media-.

Entonces nos dirigimos caminando al departamento; pero pasamos al primer supermercado del camino; afortunadamente encontré del otro tipo de lechuga que no había en el de más temprano -escarola morada y lechuga romana-; compré un par de cada tipo.

Continuamos el camino y llegamos al departamento un poco después de las cuatro y media; le propuse a mi hijo que practicáramos un poco de ajedrez -tenía algunos ejercicios en mi celular- y sacó un par de tableros; nos dió tiempo de completar dos ejercicios de mate en dos movimientos.

A las cinco menos cinco le indiqué a mi hijo que me retiraba; él sacó un par de paquetes de ramen coreano que me había comentado que iba a tirar porque no le convenía su consumo -por los gramos de carbohidratos- y que yo le había indicado que en vez de tirarlos me los diera.

Igual, le comenté que le pagaría el valor de los mismos -un par de dólares-; nos despedimos y bajé -luego de sacar las lechugas del refrigerador- caminando al sótano; cargué las mochilas a la van e inicié el camino de retorno a casa -escuchando la radio-.

El camino nuevamente estaba bastante tranquilo; incluso en el semáforo de entrada al municipio la cola era mínima -nomás un cambio de luces- con lo que un poco después de las cinco y cuarto estaba estacionando la van frente a la casa de Rb.

Saqué a los perros más grandes al patio y entré a cambiarme de ropa; después de meter a los perros compartí mi ubicación Live con Rb e inicié a caminar hacia su iglesia; a la que llegué unos minutos después de las seis; entré al área de las aulas, pasé saludándolas desde el patio y me instalé en una banca al fondo del mismo, a jugar ajedrez.

Rb salió un poco más tarde e iniciamos el camino de regreso a casa -la ayudé con la bolsa en la que traía los aguacates y manzanas verdes que había comprado en el supermercado cercano-.

Por la noche ya no tenía mucha energía; y de mi lista semanal me faltaban varias actividades diarias -al final no leí la mitad del fascículo de electrónica ni practiqué nada de acuarela- pero le dí prioridad a Fabric: revisé una de las páginas -son como veintidós preguntas- del sitio que me compartió mi amigo asiático.

Me tardé un montón de tiempo en contestar todas las preguntas y -quizá- más de la mitad incorrectamente -al menos tengo el consuelo que (de acuerdo a mi calendario) intentaré tres veces cada página-; luego estuve sopesando qué media consumir.

Estaba dudando entre Nahona y Lioness; pero me puse a revisar uno de los sitios donde veo series y encontré una película de Statham que me había llamado la atención unas semanas atrás; y también encontré una serie de animé que mi hijo menor me había mencionado por la tarde: es una versión de este año de The Ghost in the Shell.

Entonces ví el primer capítulo de esta serie; y, la verdad, no me gustó mucho: o sea, además de la película de Scarlett Johasson he visto varias películas y series del mismo título durante los últimos años; igual, quizá fue por el cansancio.

A las nueve y media le comenté a Rb que me retiraría y salí de su habitación a lavarme los dientes; luego realicé los veintisiete minutos de meditación y, antes de dormirme, leí un par de páginas de Wherever you go There you are.

El domingo me quedé un par de minutos en la cama después de que sonó la alarma; no tenía muchos ánimos de levantarme pero reuní la energía necesaria y bajé al piso a meditar; después retorné a la cama e hice varias lecciones de Duolingo -como ya he sobrepasado el ELO de mil seiscientos las partidas han estado un poco más tardadas-.

Salí de mi habitación un poco antes de las ocho: el día anterior ya no había tenido tiempo de preparar las cuatro gelatinas que consumo en los primeros desayunos de la semana; entonces saqué un paquete de la habitación de las provisiones y puse a hervir agua.

Aunque tuve que agregar otra taza al recipiente que estaba en la estufa: en esta presentación la preparación pide dos tazas de agua hirviendo -no una hirviendo y la otra fría, como es lo común-; después de terminar la preparación dejé los cuatro moldes sobre la refriferadora -para que se enfriaran, antes de meterlos a la misma-.

Rb le dió de comer a sus perros a las ocho cuarenta y cinco y luego tomó su desayuno; después, como habíamos acordado el día anterior, salimos a limpiar las hierbas de la acera frontal de la casa; lo que no nos llevó mucho: apenas había un poco de grama y algunas plantas parásitas.

Pero cuando terminamos le propuse continuar con el patio trasero: las malas hierbas habían crecido tanto allí que habían ahogado su planta de flores de loroco; hicimos una muy buena limpieza del lugar, e incluso puse la escalera -y una cubeta de plástico- como sostén de la parte del techo que se está cayendo, al lado de la lavandería.

Después de completar la limpieza entré a prepararme el desayuno: preparé una muy buena receta de cloud bread: me quedó una consistencia de masa bastante manejable y el crecimiento en el pyrex estuvo bien; lo rellené con frijoles volteados y eso fue la parte fuerte de la comida -ya pasaban de las once de la mañana-.

Cuando Rb vió que terminé mi desayuno me pidió que la ayudara a cortar güisquiles del patio; salí con la herramienta que construí hace varios años para el efecto y cosechamos casi una docena de estas legumbres; además, le sugerí que le ofreciera a la vecina -cuando le regalara un par de estos- el corte del racimo de bananos que estaba en su patio trasero.

Habíamos visto unos días antes que el racimo, de uno de los vástagos del bananal que se pasó a ese patio,estaba enorme; ella accedió a darme ingreso y me dirigí al lugar armado con el machete pequeño; pero, al ver la posición en la que estaba -y que no contaba con escalera- decidí cortar el vástago completo.

La vecina vino a llamar a Rb para que nos ayudara y me prestó una silla para alcanzar un lugar alto para el corte; lo cual no hice bien: el racimo estaba pesado y el vástago cedió después de dos o tres tajos en el tronco, cayendo -y rompiendo- un alambre utilizado para secar ropa.

El alambre amortiguó un poco la caida y nomás un par de los bananos de la parte final del racimo se rasparon; igual, separé el racimo de la mata, corté las hojas y las lancé al patio trasero de la casa de Rb; también empujé -aunque no llegó al otro lado- la parte de la mata que había doblado.

Después uní las dos partes de alambre -originalmente para señal de cable de televisión- (dañándome un poco las palmas) para que pudiera seguir siendo usado como tendedero; luego trasladamos el racimo de bananos al patio delantero de la casa de Rb.

Iba a separar las pencas pero los bananos estaban bastante grandes, por lo que le pedí prestada la sierra que nuestra vecina me había prestado originalmente para cortar el racimo; la cual utilicé para seccionar siete pencas del tallo principal.

Me pasé al patio delantero de la vecina y toqué la puerta, para devolverle la sierra; y ofrecerle un par de las pencas; de las cuales aceptó nomás penca y media; retorné con la otra mitad y la dejé con el resto; luego guardé el machete; en el ínterin Rb había estado preparando las alitas para el almuerzo.

Entré a la casa y, después de comentarle a Rb cómo había estado la separación de las pencas, ofrecí ponerle los arneses a los perros para prepararlos para la caminata, mientras ella terminaba de poner las alitas de pollo al fuego.

Aceptó la oferta y saqué a los perros, al menos a la calle lateral; ella salió cuando ya estábamos completando el circuito; y concluimos las dos vueltas diarias a la calle; cuando entramos con los perros Rb se quedó recolectando los desechos del patio delantero y yo entré a voltear las alitas.

Después preparé un par de enormes ensaladas -el día anterior había desinfectado toda la lechuga que teníamos disponicle por la mañana-; después del almuerzo me preparé un té de menta, el cual consumí con la mitad restante de los muffins que compré el viernes, y un par de mitades de galletas.

Por toda la actividad del día me sentía bastante agotado; y, aunque no quería dormir, me retiré a la cama de mi habitación, mientras Rb se puso a ver alguna serie en su computadora -en su habitación-; estuve leyendo un artículo sobre autismo tardío -o diagnosticado tardíamente, más bien- y luego metí las actividades pendientes en una ruleta de selección.

De acuerdo al resultado entré al sitio en el que últimamente había estado jugando Scrabble y completé -trágicamente- una partida; pareciéndome que he estado empeorando en el juego; a las dos y cuarenta y cinco la alarma sonó y salí a prepararle un té de manzanilla a Rb.

El cual se estuvo enfriando en la mesa del comedor pues Rb estaba ocupada cortando las uñas de las patas traseras de su perra más pesada -teme que un crecimiento anómalo en estas es lo que está exarcerbando las dificultades en la caminata diaria-.

Un poco antes de las cuatro fuimos por varias casas (y la garita) de la calle repartiendo un par de güisquiles y una penca de bananos en cada lugar; quedándonos solo con un par de los primeros para los almuerzos de la semana y una penca pequeña para mi propio consumo.  

Se suponía que íbamos a cocinar a las cinco de la tarde -usualmente preparamos los almuerzos de los primeros cuatro días en ese período-; a mí me tocaba -como casi siempre- partir un par de güisquiles, una zanahoria y alguna otra hierba (apio, cilantro).

Pero, como estaba en la mesa del comedor después de retornar de la repartición de güisquiles y bananos, empecé a completar lo que debía; Rb salió de su habitación y empezó a preparar el pollo (separar los trozos de grasa que traía la pechuga).

Estuvimos cocinando hasta cerca de las seis pero todo quedó muy bien: un caldo -de verduras, con el agua del cocimiento de las pechugas-, y unas pechugas hervidas y sofritas; cuando terminó de hervir el caldo lo pasé a un recipiente con agua, para acelerar un poco su enfriamiento.

A las siete hice varias lecciones de Duolingo -me mantengo sobre mil seiscientos de ELO- y luego me pasé a la habitación de Rb con mi computadora personasl -no hice en este día dos de mis actividades 'obligatorias': el laboratorio y la página de preguntas de Fabric-.

Ví el final del capítulo de Nahona que llevaba a medias; luego ví la mitad del segundo capítulo de la tercera temporada de Lionesss; y no hice mucho más: creo que estuve viendo algunos videos de Youtube; y un poco antes de las diez le indiqué a Rb que me retiraba.

Salí a lavarme los dientes, volví a entrar a su habitación para despedirme por la noche, y luego me metí en mi habitación; en donde completé los veintisiete minutos de meditación; pero ya no leí nada -me tocaba el tercer capítulo del libro en Inglés que había empezado durante la semana-.

Y a ver cómo va eso...

martes, 18 de agosto de 2026

Huaco Retrato... Portrait Huaco... Huaco Portrait...

Este libro es de los -tantos- que encuentro en mis recorridos por listas de libros en Internet; o de alguna referencia encontrada en algún artículo -u otro libro incluso-; pero de este en específico me recuerdo por el comentario compartido con -dos de- mis hijos, y algunos conocidos:

Entre padres e hijos la perplejidad parece ser la única posibilidad de comprensión.

La frase -del epígrafe de Retrato Huaco- es extraída literalmente de un libro de un premio nobel -alemán?-: Henrich Böll; y es algo críptica; de hecho, se la envié también a mi psicóloga, y me respondió con que no la comprendía del todo.

Yo la había metido a un LLM para que me diera una explicación de la misma; porque es -al parecer- una paradoja (¿?) o alguna de esas otras figuras literarias con las que se llenaban los libros en la -no tan- antigüedad; ahora -generalmente- son mas lineales.

Como también busqué la página de Wikipedia de la autora -peruana- me enteré de una nueva palabra: trieja;  que es definida -según otra página de Wikipedia- como "(también llamada tríada) es una relación afectiva, romántica y sexual estable entre tres personas. Forma parte de las opciones del poliamor y se diferencia de un trío en que implica un compromiso a largo plazo y convivencia, no solo un encuentro sexual ocasional".

Se la comenté a mi hija mayor -que no sé claramente si se identifica (como mi ahijada) como lesbiana o pansexual (la verdad, no sé si son mutuamente excluyentes)- y nomás me dijo que, si en el futuro debe describir algo de este tipo para sí misma, el comentario que más usaría sería: con ganado... las nuevas generaciones.

El libro -llevo la tercera parte: es bastante corto- es una mezcla de reminiscencia de un antepasado lejano, de la muerte de su padre; de la trieja que forma con una pareja que reside en España; del racismo que experimenta en todas partes por tener un apellido alemán y un apariencia amerindia; y me imagino que de muchas más cosas, pero me cuesta leer entre líneas.

Y a ver cómo va eso...

El miércoles me desperté un poco antes de las seis; o me desperté antes; la verdad es que estaba teniendo un sueño bien raro: literalmente estaba viendo a alguien cantar un tema fantástico -música y voz- sobre una persona -creo- y que le parecía mágica, como el Mago de Oz, o el País de Oz, o algo parecido.

Apagué la alarma del celular y me levanté a meditar; lo cual me costó -muchos días me cuesta-; además, llevaba unos veinte minutos en esto cuando Rb abrió la puerta; intentó retirarse al encontrarme meditando, pero no dejé que cerrara la puerta (no soy dogmático).

Y lo que quería era comentarme que la papaya que había lavado la noche anterior -para que yo la partiera- estaba en el refrigerador: un extremo -y una pequeña área en un costado- de la misma habían perdido la pierl; y ella había visto algunas hormiguitas, por lo que consideró prudente no dejarla a la intemperie.

Entonces se disculpó y empezó con su rutina diaria; yo medité el resto del tiempo -me faltaban como seis minutos aún-; cuando terminé salí de la habitación, saqué la computadora del trabajo de la habitación de la comida de los perros y me pase a la cama, pero luego decidí mejor empezar a trabajar en la mesa del comedor.

Aunque no empecé a esa hora: los miércoles no hay reunión a las siete y media, por lo que me puse, primero a completar las lecciones matutinas de Duolingo; luego sí entré a la reunión -aunque seguí con partidas de ajedrez-.

Después de la reunión me puse a revisar la lección del día de Fabric; pero me enfoqué más en completar un laboratorio -más o menos- similar al que había realizado el día anterior en esta plataforma: crear espacios de trabajo, subir archivos, entre otros.

A las nueve entré a la segunda reunión del día; pero no hubo -al menos para mi equipo- mucha novedad; un poco más tarde me dí cuenta que mi supervisor me había escrito: quería empezar a utilizar la computadora que usaba el analista que renunció.

Respondí al mensaje pero me dí cuenta, un poco más tarde, que la computadora no estaba actualizada; y en eso empezó la reunión del equipo; en la misma comenté el estado de la computadora e indiqué que me pondría a trabajar en su reajuste.

La reunión tardó un poco más de lo que esperaba pero, un poco después de las diez me puse copiar algunos archivos de mi estación de trabajo a la que ahora utilizaría el supervisor; luego me metí a la cocina a partir la papaya que Rb había dejado preparada.

Después me preparé el desayuno; entre estas actividades empecé a leer un libro -en español- de una escritora peruana; también jugué una partida de Scrabble en una plataforma dedicada exclusivamente a esto.

Un poco antes de las once empecé a preparar un par de ensaladas; también puse agua para preparar los fideos que utilizaríamos en el almuerzo del día; además, coloqué -sin fuego- sobre la estufa la salsa de tomate y el pollo con el que acompañamos la pasta.

Terminé de preparar los fideos un poco antes de que Rb saliera de su habitación -en donde había estado traduciendo durante toda la mañana-; entonces completamos la rutina de ejercicios de la mitad de la semana; luego sacamos a caminar a los perros.

Después de la caminata entré a calentar el pollo y la salsa de tomate -aunque ya habían hervido mientras completábamos la rutina de ejercicios-; luego almorzamos; a continuación me preparé una taza de café -con galletitas y pastelillo-.

Como Rb tenía clase de teología fuimos a los supermercados en dirección sur bastante temprano -como a las cuatro y media-; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos en el supermercado más alejado; allí compramos varios condimentos para los panes que planeábamos regalar al servicio de extracción la siguiente semana.

También aproveché para comprar algunas bolsas de snacks para las reuniones en el próximo futuro con mis hijos: usualmente llevo snacks para los desayunos con mi hija segunda; pero, por las restricciones alimenticias del menor y la mayor, he evitado llevar snacks con ellos.

En el supermercado encontré un par de bolsas de plátanos fritos con -supuestamente- exclusivamente sal; por la noche -tuvimos, sorprendentemente, una conversación bastante extensa- le comenté a mi hija mayor sobre los snacks y le parecieron adecuados.

El jueves por la mañana, antes de meditar, vi que mi hija mayor me había enviado un mensaje bastante tarde la noche anterior: quería recordarme sobre una presentación que tenía que hacer en uno de sus cursos, y para lo cual requería mi presencia.

Entonces decidí que la ayudaría con eso: aunque me quedé con muchos pensamientos intrusivos: esa semana había programado un café con mi ahijado -creía que era el jueves veintisiete, pero, en realidad, habíamos acordado el veintiséis (no me había dado cuenta del día)-.

Además, justo ese jueves -ya había pedido el día de vacaciones- había previsto ir al hospital público a donar sangre -como uno de los dos donadores que la salud pública solicita para realizar una operación-; por lo que mi periodo de meditación estuvo bastante difícil.

Con lo que se me complicaba la situación: o sea, en vez de salir muy temprano al hospital, retornar a casa de Rb y volver a salir al final de la tarde, tendría que agregar otra reunión -la presentación de mi hija es entre una y tres- un poco después del mediodía; pero después me dije que lo mejor es que lo tome con calma -y paciencia-.

Además, me sucedió algo raro -o quizá no tan raro-: la noche anterior me había tomado tres grandes vasos de agua -litro y medio, creo-, pero los últimos me los tomé muy tarde; por lo que en la madrugada me despertaron las ganas de ir al baño; pero, al final, una playera y un short de ejercicios quedaron empapados, en la habitación. 

El jueves era, también, mi primer día de vacaciones del mes, por lo que me desperté media hora antes de lo acostumbrado; medité y luego me metí a la ducha: había acordado reunirme con mi amigo de la facultad a las ocho menos veinte, en la cafetería donde programo usualmente los desayunos.

Mi plan era salir de casa a las siete menos cuarto; caminar hasta el inicio del boulevard y tomar el bus intermunicipal, estimaba llegar un poco antes de la hora programada al lugar de reunión; y todo iba sobre ruedas, pero a las siete y veinticuatro recibí un mensaje de mi amigo: ya estaba en el lugar.

Le respondí que llegaría en diez minutos -el bus apenas iba saliendo del cañón que separa el municipio de la ciudad-; me apeé del bus en el lugar más cercano al comercial donde se estacionan los busitos -a dos o tres calles de distancia-; al final llegué casi a la hora a la que habíamos acordado.

Mi amigo se había instalado en una mesa de la sección infantil -pero, por lo temprano, no había muchos niños en el lugar-; le sugerí que ordenáramos y nos dirigimos a la caja a pedir un par de desayunos típicos -los cuales siguen subiendo de precio: pagué un poco más de catorce dólares por ambos-.

Luego retornamos a la mesa; un poco después llegó nuestra orden y nos pasamos el siguiente par de horas entre desayuno y conversación: su hija mayor sigue dando clases y estudiando ciencias de la comunicación, su hija menor está estudiando -en línea- diseño gráfico; y su hijo mediano sigue triunfando en el tercer año en la facultad.

Yo le había llevado la cámbara web que me había prestado en nuestra última reunión -también llevaba la prescripción de mis anteojos actuales, porque esperaba que él pudiera conseguirme unos similares, pero eso creo que no era posible- pues había planeado devolversela -Rb me había comentado que quería comprar una-.

Yo tenía la esperanza que él me vendiera -o regalara- la cámara web; pero nomás la recibió; un poco más tarde ví que Rb me había enviado un link para comprar una cámara similar, en la tienda de tecnología en la que usualmente compramos estos artículos.

Casi al final de la reunión le pedí a mi amigo que me pasara dejando a un comercial -que le quedaba en el camino- y donde la sucursal de la tienda listaba un par de las cámaras; cuando mi amigo se percató de la compra que quería hacer, insistió en que me quedara con su cámara -la verdad no me sentí muy bien: o sea, no quise manipularlo, pero debí de haber sido más discreto en mis planes de compra  -o eso creo-.

Un poco antes de las diez acompañé a mi amigo al parqueo posterior del restaurante; allí había dejado su moto; nos despedimos y caminé al otro lado de la calzada principal, a tomar el bus intermunicipal -en el camino vi un mensaje de Rb, avisándome que salía hacia zumba-.

La entrada al municipio no tuvo ninguna dificultad y luego caminé desde el boulevard principal hasta la casa de Rb; ella retornó un poco después de las once de su clase de zumba; aún contestó un par de llamadas antes de que sacáramos a caminar a los perros.

Antes de ponerle los arneses a los perros yo había preparados las dos ensaladas del almuerzo; además había puesto -con fuego muy bajito- la mezcla de hígados y mollejas de pollo en la estufa; así que después de entrar el almuerzo estaba casi listo.

Almorzamos  y después me preparé un café; un poco antes me había dado cuenta que el analista en el Imperio del Norte me había escrito para que revisara un documento; y, aunque era mi día de vacaciones, me puse a trabajar en el mismo.

Los cambios no estuvieron tan sencillos como en los anteriores: los documentos tienen un formato bastante antiguo -de cuando las extensiones aún eran solo de tres letras- y es un poco complicado cambiar algunos formatos; por lo que me pasé el resto de la tarde bastante ocupado.

Un poco después de las tres de la tarde me escribió la analista en el Imperio del Norte; también quería algunos cambios en uno de sus documentos -yo aún estaba bastante entretenido con el otro-; entonces le indiqué que trabajaría temprano en el mismo.

A las cinco nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; aunque no íbamos a los supermercados: Rb había decidido que quería cambiar sus audífonos pues los que estaba utilizando le presionaban mucho las orejas.

Caminamos hasta la tienda de electrónica y Rb adquirió un par -pagué en efectivo como treinta dólares-; luego, aprovechando que del otro lado del boulevard se encuentra la tienda de ropa usada, pasamos a ver si podía comprar un recipiente de pyrex.

Encontré uno pequeño y cuadrado por un poco menos de dos dólares; pero nos estuvimos más tiempo en el lugar pues Rb quería ver zapatos y alguna ropa de deportes; aunque al final no compró nada; pagamos e iniciamos el retorno a casa.

Por la noche trabajé un par de horas en el documento de la analista; admás, completé el cuestionario -del día siete- que el LLM me había generado por la mañana; encontré dos -o tres- conceptos que aún no tenía muy claros -aunque, utilizando la lógica, completé correctamente las cuarenta preguntas-; también ví la parte final del capítulo de anime que había estado viendo durante la última semana.

Como planeaba utilizar el molde de pyrex el domingo lo desempaqué y lo lavé; pero, al almacenar el papel con el que venía envuelto -pensaba reservarlo para algún uso posterior- provoqué que se cayeran un par de moldes con los que Rb prepara panes, y uno que tenía un asa de fibra de carbono se quebró.

Rb salió de su habitación al escuchar el estrépito y me encontró recogiendo los pedazos de su molde; primero me disculpé por la torpeza; luego le pedí que cotizara otro -aparentemente lo había adquirido en línea- y que yo se lo pagaría.

El viernes me levanté a las seis y media, como sabía que no había reunión a las siete y media me dije que debía tomar el día con calma; bajé al piso a meditar y luego salí de la habitación: quería sacar las mojarras del freezer para separar una.

Después de dejar la bolsa de mojarras -congeladas- en el lavamanos encendí mi computadora del trabajo y me puse a hacer lecciones de Duolingo en el celular; un poco más tarde el analista en el Imperio me escribió para que realizara un par de ajustes en el documento con el cual estaba apoyándolo.

Los cambios que me pedía eran -como casi siempre- bastante básicos -o al menos para mí, pues combino la hoja de cálculo con el editor de documentos para ahorrarme tiempo-; la analista también me escribió pero nomás para confirmar que el documento estaba completo.

La primera -y única- reunión del día la tuvimos a las nueve: la reunión semanal con todo el equipo de trabajo; en la misma el supervisor fue nombrando a cada analista para ver el avance semanal -su jefe estaba presente-; cuando me tocó nomás indiqué que estaba trabajando con los dos analistas en el Imperio, ayudándolos con los documentos.

Luego el jefe de mi supervisor nos actualizó sobre las últimas noticias de la nueva empresa; supuestamente ya hay un equipo trabajando en paralelo en las oficinas y para la primera quincena del próximo mes se espera una reunión general para aclarar detalles de los cambios.

Yo expresé mi preocupación de que ya no utilizaríamos la suite de ofimática que hemos usado hasta ahora -porque nos mencionaron en la última reunión local que utilizaríamos Claude en vez de Copilot-; pero el jefe de mi supervisor comentó que sí, se trabaja con lo mismo -igual, no creo que alguien lo tenga ya muy claro-.

Y luego mi supervisor indicó una preocupación que yo había externado en una reunión pasada: que el equipo local funcionaría como contractor, mientras que los del Imperio estarían como empleados; pero, según el jefe de mi supervisor, todos actuaremos primero como contractor y, luego, todos seremos empleados.

Pero me imagino que es lo mismo: nadie tiene nada claro hasta el momento; la reunión se extendió casi hasta las diez de la mañana; cuando concluyó empecé a preparar mi desayuno; pero antes de avanzar mucho piqué un poco de cilantro -para el pescado del almuerzo- y corté la papaya que Rb había dejado preparada en el lavatrastos.

Con toda la preparación empecé a desayunar hasta después de las diez y media; en el ínterin pagué la mensualidad del servicio de internet -efectivamente, la cuota bajó como diez por ciento, luego de nuestro cambio a fibra óptica- y actualicé la cuenta de Rb: trasladó como mil dólares, producto de su trabajo de mes y medio, traduciendo llamadas.

Rb salió un poco antes del mediodía de su habitación, para que completáramos la rutina de ejercicios de los viernes; luego sacamos a caminar a los perros; y después preparamos el almuerzo: en esta ocasión corté un poco más de la cola del pescado; además freí una salchicha y media con dos onzas de pollo que me sobró de los almuerzos de unas semanas atrás.

Con lo que el almuerzo fue bastante voluminoso; aunque, por la rutina de ejercicios, sacar a caminar a los perros y la preparación del pescado/salchichas con pollo, terminamos de comer ya cerca de las dos de la tarde -o sea, incluyendo el café con galletitas-.

Y la tarde estuvo diferente: a Rb le tocaba predicar en el grupo de señoras de su iglesia; lo que correspondía a la última actividad del penúltimo módulo del programa de teología que -luego de una pausa de más de treinta años- está por concluir en el seminario de su congregación.

Durante la semana me había tocado escuchar el mensaje -algo sobre Job y la injusticia histórica hacia su esposa, con todas las pérdidas que tuvo que afrontar en esa extraña historia en la que Jehová y su antítesis se involucran en un juego de voluntades con este personaje como protagonista-. 

Rb le dió de comer a sus perros, se alistó y salió hacia su iglesia -planeaba tomar el busito en el boulevard y luego cambiarse a otro similar en el principal-; pero volvió unos minutos más tarde, y bastante alterada: ya iba en el busito y se dió cuenta que se había confundido de celular -tenía que grabar su prédica-.

Desde que entró le indiqué: te voy a dejar; pero entró tan alterada que ni siquiera respondió a mi oferta; pero luego sí aceptó que la encaminara; me vestí y salí a arrancar la van; y me ofrecí a llevarla hasta el comercial más cercano a su iglesia; pero nomás aceptó que la llevara hasta el boulevard principal -el tránsito en este estaba bastante pesado-.

Entonces la pasé dejando al lugar desde donde los busitos inician su viaje y retorné a casa; afortunadamente no encontré ningún embotellamiento en mi retorno; por lo que un poco más tarde estaba estacionando la van frente a la casa de Rb; continué con las dos computadoras en la mesa del comedor hasta las cinco.

Habíamos acordado en reunirnos a las seis menos cuarto en el supermercado del comercial más cercano a la iglesia de Rb; y, como ahora me están regalando -ya van dos meses seguidos- tiempo de internet por pagar la factura el primer día de aviso, a esa hora le compartí mi ubicación por whatsapp y empecé a caminar hacia el supermercado.

Llegué con un buen tiempo de anticipación y pasé a los servicios publicos del lugar; luego entré al supermercado; estaba empezando a ver las verduras cuando vi que Rb ingresaba al lugar; entonces compramos algunos ingredientes que nos faltaban para la preparación del asado que habíamos planeado para el domingo.

También compramos un poco de bananos y yo compré un pepino para la ensalada que esperaba preparar al día siguiente para el almuerzo con mi hija mayor; además, aprovechamos para comprar una bolsa con varios paquetes de snacks, para la refacción del servicio de extracción de basura.

Por último agregué un paquete de longanizas; algo que había declinado incluir la última vez en la que preparamos un asado -en esta ocasión compré una docena de las mismas, de una de las marcas más famosas localmente-; la carga estaba bastante pesada -eran varias libras de pollo- por lo que el retorno a casa estuvo bastante trabajoso.

Por la noche completé varias lecciones de Duolingo y avancé un poco en el libro del abogado español -gallego-; además, trabajé en la lección, preparada por el LLM, del día ocho -del programa de cuarenta y cinco días que acepté seguir para la certificación-.

El sábado me levanté a las seis y media; medité y luego retorné a la cama, a completar varias lecciones de Duolingo; cuando escuché que Rb se levantó -un poco después de las siete- salí a desinfectar los ingredientes de la ensalada para el almuerzo con mi hija mayor.

Cuando los ingredientes estuvieron preparados confeccioné dos ensaladas bastante grandes: con tomate, tres tipos de lechuga, zanahoria, manzana verde, pepino y aguacate; luego preparé dos porciones de aderezo para las mismas; a continuación preparé los dos rollitos de pollo que había dejado la noche anterior en la refrigeradora.

Como parte final de la preparación de los rollitos de pollo -los cociné a fuego lento por veinticinco minutos de cada lado- utilicé el huevo sobrante para mezclarlo con dos yemas y preparé una torta -con harina de coco y psyllium- para mi desayuno.

El cual estuvo muy muy grande: la tarde anterior me había regalado un par de panes que le habían entregado -como refacción- en el grupo de señoras al cuál había dirigido su homilía sobre la esposa de job -los panes eran rellenos de ensalada de pollo, y también venía un pan dulce-; entonces fueron tres panes salobres y un pan dulce.

Terminé de desayunar después de las diez de la mañana y acordamos sacar a los perros a las once y media; después de completar la caminata con los caninos me metí a la ducha; y tomé un baño bastante concienzudo; luego me vestí, preparé la mochila con aislante térmico y tomé la van para dirigirme al departamento de mis hijos.

Me sorprendió encontrar el boulevard tan vacío -no hubo cola en ningún punto del boulevard- y la entrada a la ciudad en el mismo estado; entonces me recordé que en la fecha se celebraba la fiesta patronal de la ciudad; por lo que -para las personas que trabajan los sábados- tocaba feriado.

En total me llevé un poco más de veinte minutos -menos de la mitad del tiempo habitual- llegar al edificio; y encontré dos bicicletas -una eléctrica y otra normal- en el espacio del parqueo; afortunadamente mis hijas son conscientes y las dejan bastante pegadas a la pared.

Subí al departamento pero no le avisé a mi hija mayor que había llegado: cuando entré escuché que estaba traduciendo llamadas -lo que Rb había estado haciendo por la mañana-; esperé a que faltaran cinco minutos para la una para avisarle.

Mi hija llegó un poco más tarde y le propuse ir al parque temático; algo que me llamó la atención -o sea, las cicatrices de sus autoagresiones no me sorprenden- fue verle algunos moratones en la pierna que se quebró unos años atrás.

Pero bueno, nos dirigimos caminando al parque temático; en donde nos dirigimos directamente al área techada con mesas -el parque, seguramente por la fieseta patronal, estaba bastante lleno-; afortunadamente encontramos una mesa libre y pudimos consumir nuestro almuerzo sin ningún contratiempo -por primera vez en mucho tiempo llevaba una bolsa con snacks-.

Después del almuerzo le propuse a mi hija compartir un helado; pero cuando llegamos a la tienda de pollo encontramos una fila excesiva; por lo que realizamos una caminata un poco extensa hasta encontrar un kiosco donde venden el mismo tipo de helado -y a un precio menor-.

Encontramos algunas mesas en un área bajo los árboles y le propuse a mi hija una partida de Scrabble; la cual completamos en un tiempo bastante extenso; o sea, en el ínterin completamos el consumo de los helados, y aprovechamos para conversar sobre mi trabajo, su facultad y la posible visita que le haga -como parte de una tarea- en un par de semanas.

Aunque le había propuesto -y ella había aceptado- subirnos a la rueda de Chicago, al final sentí que se hizo muy tarde y le propuse retornar a su departamento; lo que hicimos un poco antes de las cinco de la tarde; cuando llegamos nos acomodamos en la sala y mi hija sacó su tablero de ajedrez -en donde completamos un ejercicio-.

A las cinco y media -había puesto una alarma- guardé mis cosas y le indiqué que me retiraba; cuando pasamos por la cocina encontré a mi hija segunda preparando unos alimentos en una vaporera; le pregunté por los mismos -de trigo, rellenos de carne molida- y me ofreció uno; pero, amablemente, decliné su oferta.

Mi hija mayor me acompañó al sótano y allí nos despedimos; abordé la van y le avisé a Rb que empezaba el camino de regreso a casa -ella estaba en su iglesia, impartiendo clases de alfabetización a una anciana y una niña-; el camino estuvo, otra vez, bastante libre: ni siquiera tuve que esperar en el semáforo de entrada al municipio.

Llegué a casa antes de las seis, saqué a los perros, me cambié de pantalón y salí nuevamente, encaminándome al encuentro de Rb -le compartí mi ubicación en whatsapp-; cuando llegué al inicio del boulevard consulté Whatsapp y ví que también me había compartido su ubicación; y esetábamos casi por encontrarnos.

Y antes de llegar al boulevard principal la vi caminando al lado de su alumna anciana; se despidieron, tomé una bolsa que Rb traía e iniciamos el retorno a casa; en la panadería de la vuelta pasé a comprar un cubilete -con azúcar glass- que había visto más temprano.

Cuando vine me sentí bastante agotado; pero no preví lo que sucedió a continuación: le indiqué a Rb que estaría en mi habitación completando algunas lecciones de Duolingo; pero, luego de acomodarme en la cama -como es mi costumbre- me quedé bajo un sopor bien raro; en el cual estuve por casi dos horas.

O sea, ni Duolingo, ni escribir, ni leer, ni nada; estuve escuchando algunos ruidos de Rb en sus actividades, pero fue hasta que escuché que le estaba dando de comer a sus perros -casi a las nueve- que reaccioné e intenté hacer algo; pero no fue hasta que Rb abrió la puerta para ver como estaba, que le comenté lo que me había sucedido.

Entonces me desperté por completo y me llevé la computadora -y el celular y la tablet- al sillón de la habitación de Rb; allí hice algunas lecciones de Duolingo, completé la lección diaria de Fabric y leí un poco del libro de Kanban -había decidido leer sesenta páginas intercalándolas con tres capítulos del libro del abogado gallego-.

Un poco después de las diez, cuando Rb empezó a hacer sus actividades del fin de la noche, me lavé los dientes, me despedí por la noche y me metí a mi habitación; medité y luego, a pesar de mi temor de que no iba a poder conciliar el sueño- me acosté y me dormí.

El domingo me levanté a las siete y diez: la noche anterior me había sentido tan cansado que había decidido no levantarme a la hora habitual -seis y media-; medité veintisiete minutos y luego retorné a la cama a completar algunas lecciones de Duolingo -estoy otra vez con un ELO de más de mil quinientos-.

Después de completar las lecciones saqué mi computadora personal a la mesa; algo que había pasado por alto -y que tal vez influyó en el cansancio del día anterior- fue lo que sucedió con la edición del video que Rb tenía que entregar como parte de su tarea de teología.

El viernes por la noche me pidió que la ayudara a recortar el video: en una parte del mismo -de cuatro gigabytes de peso y un poco más de treinta minutos de duración-, cerca del final, la congregación de señoras había participado; y Rb creía que era más prudente no incluir esto en su tarea -por cuestiones de privacidad-.

Entonces me pidió ayuda para eliminar esa parte; me entregó el archivo y el tiempo de inicio y final del corte que quería seccionar; me puse a trabajar en el acto, utilizando -con un LLM- una librería open source para manejo de archivos de video; pero se me complicó realizarlo en su computadora.

Entonces pasé el archivo a mi computadora; pero la operación resultó no ser tan sencilla; y mucho del problema era el tamaño del archivo y las limitaciones de recursos de mi computadora: la memoria ram no aguantaba el procesamiento de un archivo tan grande.

Entonces pasé el archivo a mi disco duro externo; pero resultó que tampoco tenía mucho espacio -es de un Tera!- disponible; al final logré realizar la edición con una app de windows 11 en la partición que tengo en mi computadora personal con este sistema.

Pero trasladar la información no fue tan sencillo: tanto mi disco duro externo como el de Rb -también de un tera- no estaban siendo reconocidos por mi Ubuntu -aunque sí por Windows-; todo esto sucedió entre el viernes por la noche y el sábado por la mañana.

Pero sentí que ni siquiera la meditación del viernes por la noche o la del sábado por la mañana pude abstraerme del problema -seguía pensando en opciones para completar la tarea-; por fin lo logré el sábado por la mañana, le entregué el archivo -creo que usé uno de sus celulares- a Rb.

Luego me quedé pensando como reparar el disco externo para que Ubuntu lo reconociera; entonces -de acuerdo a Google- le apliqué una herramienta de Windows -Chkdsk-; pero la ejecución de la tarea le llevó más de seis horas -lo dejé trabajando mientras iba a visitar a mi hija mayor-.

Cuando retorné de la visita a mi hija mayor encontré un mensaje en Windows, indicando que la reparación de la unidad externa estaba completa; entonces, nomás para estar seguro, le apliqué nuevamente  la misma herramienta -pero nomás revisión, no reparación-; y la dejé trabajando antes de ir al encuentro de Rb.

Y cuando retorné -el sábado por la noche- encontré que la revisión se había llevado un poco más de media hora; al pasarle los resultados a un LLM me indicó que todo estaba correcto; pero que el disco estaba excesivamente lleno, y por eso se había tardado tanto.

El domingo, antes de desayunar, Rb se estuvo ocupando un poco en la preparación del pollo que habíamos previsto asar al mediodía; después de esto le dió de comer a sus perros y después tomo su propio desayuno.

Después de completar su desayuno -de acuerdo a lo que habíamos acordado la noche anterior- salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur: aún nos faltaba comprar el carbón para la preparación del pollo asado; antes de salir -se me había olvidado la noche anterior- yo había hervido las ocho papas que asaría para los cuatro almuerzos de la siguiente semana.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos el mismo para entrar al supermercado; pero en ese lugar no encontramos lo que buscábamos: nomás había una bolsa de carbón -y estaba rota-; entonces caminamos hasta el otro.

En el siguiente supermercado compramos un par de bolsas de carbón -y un poco de bananos-; íbamos a pasar a caja pero le pedí a Rb que me acompañara al pasillo donde estaban las gelatinas: había visto que casi llegábamos al monto para participar en la rifa de una motocicleta -ocho dólares- y aproveché para comprar seis cajas de gelatina light -antes de salir de casa había preparado la de la semana-.

Después de pagar, y completar el boleto de la rifa para depositarlo en el buzón, continuamos el camino de vuelta a casa; retornamos casi a las once de la mañana y me puse a preparar mi último experimento culinario: pan de nube; las últimas dos -o tres- veces no me había salido bien, pero ahora quería probar agregándole levadura nutricional.

Y, la verdad, quedó muy bien: creo que me pasé -aunque eran las cantidades indicadas- en el monto de psyllium y levadura nutricional: pero me quedó -utilicé el pyrex- un pan bastante parecido al de trigo; en textura y color; y con cierto regusto a queso -por el queso crema y la levadura tradicional-.

Al final fueron cinco minutos -en dos períodos- en el microondas; pero el resultado estuvo bastante bueno -al menos mejor que las últimas veces-; cuando tuve el pan preparado lo partí por la mitad y utilicé un par de onzas de frijoles para completar mi desayuno -el que acompañé con café y pan dulce-.

En el ínterin Rb había estado preparando el pollo que íbamos a asar; cuando terminé de desayunar salí a preparar el fogón para el asado: durante los últimos meses -o años- he ido manteniendo la costumbre de reservar los tickets de compra, anudarlos y almacenarlos en una bolsa plástica.

Y es la segunda ocasión en la que utilizo estos como combustible para preparar el carbón; con un resultado realmente bueno: el fuego se distribuye de forma bastante uniforme y, en esta ocasión, incluso no hubo necesidad de atizar el fuego después de haber logrado que se extendiera por todo el carbón.

Nos pasamos las dos horas siguientes asando pollo; y antes de que termináramos -fueron tres o cuatro cargas- sacamos a caminar a los perros y Rb terminó de preparar las alitas dominicales -yo ya había preparado el par de ensaladas-; además de estos dos elementos recalentamos un caldo de mollejas de pollo que Rb había preparado el día anterior.

Después del almuerzo Rb sacó la última de las cargas de pollo y puso sobre el carbón los tomates y chile pimiento que utilizaría para preparar el chirmol; después me tocó asar las papas que había hervido más temprano -Rb había preparado un chimichurri con aceite de oliva y cilantro-.

Después -ya fue lo último- de sacar las papas puse la docena de longanizas que había comprado el viernes en el supermercado; para esto el carbón ya estaba casi en las últimas; pero aún cociné estos embutidos por casi media hora -entre los dos lados-.

Después de que Rb le dió de comer a sus perros nos ocupamos en el almacenamiento de todo lo que habíamos preparado -que es realmente el almuerzo para dos semanas-; pero antes de eso Rb había salido a reparar el portón de su casa: por la mañana los perros de la presidenta del comité habían roto un trozo de metal -oxidado- de la parte inferior del mismo.

El portón fue sustituido por el hermano mayor -vivo- de Rb unos siete u ocho años atrás; y la razón del último cambio fue el mismo: diversos perros pasan orinando en la barra horizontal inferior -marcando su territorio, creo- y provocan su corrosión.

Y en esta ocasión Rb decidió colocar unas pequeñas barreras de metal que había comprado varios años atrás, para proteger el mango -que ya no prosperó- que estaba sustituyendo al limón que nos dió muchos frutos durante varios años.

Un poco después de salir Rb me pidió que la ayudara y salí a asistirla con el ajuste de estas pequeñas barreras en la parte inferior del portón; pero al final la dejé sola pues aún tenía la docena de longanizas sobre las brasas y había llegado el tiempo de retirarlas.

Después de almacenar las longanizas saqué un recipiente con agua para apagar por completo las -pocas- brasas sobrantes; después nos tocó que separar los almuerzos de la siguiente semana: dos días de asado en dos diferentes herméticos; la mitad del asado para el siguiente mes -y dos tercios de las longanizas- en el freezer-.

Después me retiré a mi habitación para actualizar mis notas -incluyendo esta-, jugar alguna partida de ajedrez en Duolingo; y completar la lección del día diez de mi programa de estudio de Fabric y -de ser posible- leer un poco; eso sí cuidándome de que no me sucediera lo mismo que el día anterior.

Logré no dormirme -me llevó un buen tiempo redactar el texto que tenía entre manos (este)- y salí de mi habitación un poco después de las siete para estar un rato en la habitación de Rb; me puse a afinar una receta que había encontrado un poco más temprano: salsa de barbacoa preparada con productos caseros.

Además, completé el día diez del programa de Fabric con el que me estoy preparando para el examen de certificación; luego me puse a ver la página principal de los dos sitios de películas y series que generalmente consulto; y encontré algo que Rb me había recordado unos días antes: la tercera temporada de Lioness.

Es una serie como las que me gustan: un montón de acción y violencia; entonces me puse a ver el primer capítulo -dura casi una hora- pero lo pause a la mitad del mismo; luego estuve leyendo un poco del libro de Kanban.

A las nueve y media me lavé los dientes, me despedí de Rb y me metí a mi habitación; medité y luego estuve leyendo un rato -quizá hasta las once de la noche- el mismo libro de Kanban; al final ya me faltan menos de cien páginas -de casi cuatrocientas-, pero ha sido bastante cuesta arriba.

El lunes me levanté a las seis y media; pero me había despertado mucho antes: a altas horas de la madrugada -no quise ver la hora- un par de gatos estaban teniendo una batalla de maullidos en un techo muy cercano -o en el de la casa de Rb, no sé-.

Ya debía ser cerca del amanecer porque también empecé a escuchar bastante ruido de motores en el boulevard; tuve -ligeramente- la intención de salir a espantar -con algún líquido- a los gatos, pero luego me dije que igual ya no podría volver a dormirme.

Pero, al parecer, en algún momento los gatos terminaron su conflicto y logré -creo- nuevamente conciliar el sueño; hasta que sonó la alarma; entonces me levanté a meditar; después, a las siete, saqué la computadora de trabajo de la habitación y me pasé a la mesa del comedor.

Rb se asomó para despedirse pues estaba por empezar a traducir llamadas en su habitación; como sabía que la primera reunión del día sería hasta las nueve tomé la jornada con calma:  hice bastantes lecciones -mayormente partida de ajedrez- en Duolingo y jugué una partida de Scrabble.

A las nueve entré a la reunión diaria con el equipo extendido -aunque ni mi supervisor ni algún otro analista ingreso a esta-; un poco más tarde el supervisor envió una actualización para la reunión de equipo, moviéndola para las doce y media del martes.

A las diez menos cuarto el analista en el Imperio del Norte con quien estuve trabajando la semana anterior abrió la reunión de equipo; yo entré y, unos minutos después, los otros dos analistas locales también ingresaron; pero nadie más.

Entonces el primer analista le escribió al supervisor para ver si se iba a unir a la reunión; pero la respuesta fue que la había movido para el mediodía; y, aunque el analista le indicó que el cambio había sido realizado para el día siguiente ya no hubo respuesta; entonces me despedí y salí de la reunión -un rato después la analista en el Imperio del Norte también abrió la reunión-.

Rb estuvo saliendo en un par de ocasiones de su habitación -para entrar al baño o tomar agua pura-; cuando salió a las once le comenté sobre el cambio de horario de la reunión de equipo y le pedí que completáramos la rutina de ejercicios a las doce menos cuarto.

Ella estuvo de acuerdo y volvió a responder llamadas; yo estuve intentando ver uno de los documentos que están en proceso, hasta las doce menos cuarto; también saqué la porción de pollo y papas asadas y las dejé listas para iniciar el recalentado.

Rb salió de su habitación a las doce menos diez y completamos la rutina de ejercicios de los lunes -la cual ha estado un poco más agotadora últimamente-; después me preparé para entrar a la reunión; a las doce y media inicié la llamada, uno de los analistas locales -el que menos bien me cae- entró un par de minutos después; pero se salió al ver que nadie más entraba.

Esperé cinco minutos y entonces le propuse a Rb que sacáramos a caminar a los perros; antes de salir puse un fuego bastante bajo en la hornilla donde había colocado el asado -y en otra hornilla en donde había colocado una longaniza troceada-; luego de retornar de la caminata machaqué un aguacate -nuestra versión de guacamole- y le pedí a Rb que separara las porciones del almuerzo.

El cual estuvo muy bueno: pollo -y longaniza, en mi caso- asado, una papa asada, con guacamole, chirmol y -otra vez, en mi caso- la salsa de barbacoa que había preparado más temprano; después del almuerzo me preparé un café -para consumir unas galletitas-.

Después del almuerzo me retiré a mi habitación para actualizar mis notas -incluyendo esta- y a leer un poco: por la mañana había terminado la porción del libro del abogado español y me tocaba leer algo más -esperaba terminar ese (y el de Kanban) en el siguiente ciclo).

Un poco antes de las tres salí de mi habitación y le preparé un té de manzanilla a Rb; también lavé los -pocos- trastes que se habían acumulado durante el día en el lavatrastos de la cocina; después intenté trabajar un poco -pero sin mucho éxito-: al menos puse a ejecutarse los cincuenta y siente casos automáticos.

Lo que sí hice fue hacer un poco del último par de actividades que había agregado a mi lista semanal: pintar -tomé algunos ejemplos de un video de Youtube sobre ejercicios para principiantes de acuarela- y leí la mitad del primer folleto del curso -por correspondencia- de electrónica, que me había regalado mi amigo más creativo. 

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos directamente al supermercado que queda a la mitad del camino; allí compramos la pechuga para el almuerzo del sábado con mi hijo menor.

También adquirimos un par de lechugas: Rb consume ahora en todos sus desayunos, y necesitábamos un poco para los panes que planeábamos regalar a los trabajadores del servicio de extracción de basura; además, agregamos un poco de bananos para el mismo propósito.

Como un pequeño tarro de queso crema estaba de oferta -un poco más de dos dólares, como la última vez que lo había comprado- aproveché para proveerme para los próximos meses; por último agregué el pepino necesario para la ensalada del siguiente sábado.

Después de pagar pasamos al buzón a depositar el tercer ticket que hemos obtenido para la rifa de una motocicleta; luego retornamos a casa; por la noche estuve completando el ejercicio de Fabric, viendo la segunda parte del primer capítulo de la tercera temporada de Lioness, y leyendo un poco de Little Brother.

El martes me levanté a las cinco y media de la mañana; creo que otra vez los gatos -o el ruido del boulevard- me despertó en la madrugada; pero no tuve muchos problemas para levantarme; medité y entré a la reunión que tenía programada para las seis: un training para aprender a utilizar agentes de IA en nuestro trabajo -una pérdida de tiempo, si se me preguntara-.

La clase tardaba hora y media y no estoy seguro si el instructor es una inteligencia artificial -no sé si mi comentario es irónico- pero, aparte de un par de dificultades que tuvo para mostrar un par de ejemplos, su cadencia es soporífera.

Antes de que terminara la clase -cuando llevaba, quizá una hora- conecté los audífonos bluethoot y salí a la cocina: quería poner a desinfectar las seis hojas de lechuga que esperaba utilizar en los panes para la refacción del servicio de extracción de basura.

De todos modos no había estado poniendo mucha atención: había estado revisando mis correos del trabajo, y haciendo algunas lecciones de Duolingo; la clase terminó a las siete y media y me pasé -casi inmediatamente- a la primera llamada del día; la cual estuvo bastante corta: la compañera de mi supervisor sigue de vacaciones y él no aporta mucho a la reunión.

Cuando terminó esta llamada me vestí y me dirigí a la panadería de la vuelta: debía comprar tres filas de pan francés para preparar seis sandwiches de jamón, lechuga y queso -los condimentos iban en botellas-; pero antes de salir anoté mi número de celular en una hoja y tomé dos galletas de chocolate de mi reserva.

Planeaba encontrar a los guardias en su cambio de turno, regalarle una galleta a cada uno y dejarle mi número de teléfono al entrante; para que me llamara en cuanto el camión del servicio sanitario entrara a la calle; pero cuando llegué ví que el guardia saliente estaba aún lavando la oficina de la guardianía.

Le regalé una galleta y le pregunté por su compañero; me comentó que el cambio lo hacían a las ocho y media; entonces continué hacia la panadería, compré el pan necesario y retorné a casa; a esperar la siguiente llamada, a las nueve de la mañana.

Esta reunión también estuvo corta: los dos desarrolladores locales no estuvieron presentes -quizá tomando alguna capacitación- y el resto del equipo presentó -de forma bastante breve- sus avances; entonces me dí cuenta -me recordé realmente- que no tenía reunión a las diez menos cuarto, sino hasta mediodía.

Rb había estado traduciendo llamadas desde las siete; pero había salido a las ocho para desayunar: los martes y jueves desayuna a esa hora, para acudir a las diez de la mañana a su clase de zumba; yo había drenado las hojas de lechuga y estaba cortando los panes mientras ella desayunaba; pero esperé a que terminara para proceder.

Corté seis grandes cuadros de papel de aluminio; luego esperé a que terminara de desayunar; entonces armamos los seis panes: media fila de pan francés con dos rodajas de queso, dos rodajas de jamón y una hoja de lechuga.

Envolvimos los seis panes y los agrupamos en una bolsa plástica, la que reservamos en la refrigeradora; luego saqué la caja de cartón en donde había colocado lo que le regalaríamos al personal de limpieza -tuve que usar una mayor a la del año anterior-.

Y es que ahora, además de la docena de tetrabricks de jugos, agregamos doce bolsas de snacks, cuatro botellas de condimentos (ketchup, mayonesa, mostaza y chile), media docena de bananos, seis galletas de chocolate y los seis panes.

Después de dejar a punto la caja me preparé el desayuno y lo consumí, un poco después de las diez de la mañana; Rb salió un poco antes hacia su clase de zumba y le entregué la hoja con mi número de celular y la galleta para el guardia de turno.

Rb retornó de su clase un poco después de las once de la mañana y se metió a su habitación a seguir traduciendo llamadas; yo le había pedido que saliéramos un poco más tarde a la caminata de sus perros más pesados: mi supervisor había programado la reunión de equipo para las doce y media.

Pero un poco antes del mediodía empecé a preparar el almuerzo: machaqué un aguacate -nuestra versión simplificada de guacamol- y alisté el pollo, las tortillas de Rb y mi longaniza para su posterior recalentamiento; y a las doce y media entré a la reunión.

La cual estuvo bastante escueta: mis compañeros fueron cuestionados sobre las pruebas que están llevando a cabo; yo indiqué que continuaba trabajando con la documentación -algo que no había estado tomado mas de una hora durante los últimos días-; y la reunión se acabó bastante rápido.

Entonces empecé a alistar a los perros para su caminata -me vestí y empecé a ponerle los arneses-; al parecer Rb había estado esperando la señal porque salió de su habitación y me ayudó con la preparación de los perros; y salimos a realizar la caminata -antes de salir le puse fuego super bajo a lo que había dejado preparado antes-.

Cuando entramos de la caminata le subí un poco la llama a las hornillas de la estufa, y luego me serví el almuerzo; indicándole a Rb que verificara si la temperatura de su comida era la adecuada; y almorzamos; después me preparé un café -he estado tratando de agregarle más agua, para aumentar a dos litros mi consumo diario-.

Después del almuerzo -y el café- estuve viendo si podía avanzar en algo del trabajo, pero no ví ningún documento nuevo; entonces me puse a completar algunos laboratorios de Fabric, hice otros ejercicios de acuarela, y terminé la segunda mitad del primer folleto de Electrónica -en la época de su impresión aún creían en el eter, y nomás habían sido nombrados noventa y cuatro elementos químicos-.

Además avancé en la porción que tenía en curso de Little Brother; Rb salió un poco después de las cuatro de la tarde de su habitación; me comentó que se sentía bastante agotada y que no continuaría traduciendo -por el día-; a las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte.

Yo había decidido que compraríamos en la tienda verde de descue  ntos la batería de nueve voltios que el multímetro necesitaba para funcionar -de acuerdo a lo dicho en la tienda de electrónica-: había visto que costaba más del doble en el supermercado.

Caminamos hasta la tienda verde de descuentos y, primero, compramos varias cajas de bolsas ziplock para almacenar alimentos en la refrigeradora; luego pasamos a caja y compramos la batería -tres dólares-; no llevábamos ninguna bolsa así que tuvimos que realizar el camino de regreso con las tres cajas -y la batería- en las manos.

Cuando entramos, de vuelta de los supermercados, el guardia nos comentó que el camión de la basura había ya ingresado y les había entregado la caja con las refacciones: antes de salir, previendo que podía suceder esto, había sellado la caja, y se la habíamos pasado dejando, con el encargo de entregársela al personal de limpieza.

Sobre la caja pegué una hoja con el siguiente mensaje: "Hola, Este es un obsequio de Dios. Y Él quiere que su bendición la repartan entre ustedes. Gracis por su trabajo de todas las semanas"; o sea, no soy creyente, pero me molestaría que algunos se aprovecharan; y confío -bastante- en la fé de la gente.

Yo había escrito únicamente las primeras dos frases; pero Rb me sugirió que agregara la relativa a su trabajo; además, cuando entramos, se aseguró -les preguntó cuando pasamos a la altura del camión- de que habían recibido una caja -ellos agradecieron efusivamente el obsequio-; yo no necesitaba siquiera la confirmación; me bastaba con haber hecho algo agradable.

Cuando retornamos a casa abrí el multímetro para instalársela, y resulta que venía una en su interior; entonces metí en una bolsa la batería nueva, la rotulé y la almacené en la gaveta del mueble de la sala en el que guardamos este tipo de objetos; luego rearmé el multímetro y lo probé en un tomacorriente; funcionó bien y lo probé en uno de los -muchos- cargadores de computadora que hemos ido acumulando con los años.

También funcionó bien -o eso creo-: la medida del voltaje no se mantiene estable; pero, según Google, se debe más a una inestabilidad del contacto al tomar la medida que a un fallo en el cargador, o en el multímetro; ahora nomás necesito un par de pinzas para construir un cargador doméstico de baterías de auto.

Al principio de la noche me metí en mi habitación a completar varias lecciones de Duolingo -portugués y ajedrez-; luego me quedé leyendo la última parte de la porción de Little Brother; después me pasé a la habitación de Rb, allí completé el cuestionario del día once de Fabric.

También estuve actualizando mis notas -incluyendo esta- y comparando los precios de las galletas en la tienda verde de descuento contra los precios en el almacén en donde compramos artículos a granel: en general hay una diferencia del veinticinco por ciento, siendo más conveniente la segunda opción.

Y a ver cómo sigue eso.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Nada… Nothing… Rien…

La semana pasada desayuné con mi psicóloga -al igual que mi doctora, ambas son profesionales universitarias en su rama, aunque ninguna me ha tratado formalmente-: mi doctora es joven -creo que está por llegar a los cuarenta- y -creo- tiene dificultades de apego y sobrepeso; mi psicóloga también está por llegar a los cuarenta y lleva una vida bastante diferente a la de un adulto común -al menos ella tiene una vida plácida pues su familia es bastante acomodada).

Dos o tres días después del desayuno -estuvo interesante la semana pues el jueves desayuné con mi psicóloga y el sábado con mi doctora- la primera me envió un video -de Tiktok, creo- sobre una serie argentina -con el título de este texto-; según ella porque le recordó algo que le había comentado unas semanas antes.

Lo que le había contado era -no recuerdo sobre qué estábamos conversando en Whatsapp- una historia sobre Gödel y la forma en la que había muerto: de inanición, por negarse a consumir comida que no hubiera sido preparada por su esposa -y ella había sido hospitalizada-; y, que según mi ahijada -feminista-, realmente había muerto por machista.

La serie en cuestión le recordó esta historia porque presentaba a un anciano que dependía -según el comentario- completamente de su ama de llaves; pero lo que me llamó la atención del video fue que estaba generado por un LLM: los movimientos de la boca no coincidían con el sonido; y eso fue lo que le comenté; lo que provocó algunos intercambios sobre el espectro del síndrome de Asperger y cuestiones similares.

Pero, un poco después ví el trailer de la serie; y luego le propuse a Rb que la viéramos -no me ha gustado especialmente compartir este tipo de material con ella, pues generalmente se pone a hacer dos o tres cosas (redes sociales y mensajes) adicionales mientras vemos algo- por la noche: eran nomás cinco capítulos, de media hora cada uno, y Robert de Niro era parte del elenco.

El primero o segundo de los capítulos sucedió igual que antes: mientras yo veía la media hora de contenido, Rb también navegaba por alguna red social, y hacía lecciones de italiano en Duolingo; pero luego cambió: hizo sus lecciones durante el día y evitó las redes sociales; y es que la serie es interesante.

Además, Rb fue hace unos años a la capital argentina -específicamente para visitar los lugares relacionados con Mafalda- y estuvo recordando varios lugares que reconocía en alguna de las tomas de la serie; creo que esto también contribuyó a que quisiera verla sin interrupciones.

Entonces, la serie es sobre un anciano argentino, que debe adaptarse a la ausencia de la persona que se había encargado de administrar su vida durante mucho tiempo; también sobre otro anciano -Robert de Niro- quien es el narrador -y nomás actúa directamente en la trama en el último capítulo-; y una chica paraguaya, quien debe adaptarse -y cambiar también- al protagonista.

La serie está buena; pero también la vida del protagonista fue así de interesante: toda su vida actor -aunque también político (sindical)-, y murió justamente a principios de este año, un día después de cumplir ochenta y seis años -la serie salió hace tres-; y claro, su pareja, en ese momento, era treinta años menor que él.

La gente.…

El jueves me desperté, otra vez, antes de que sonara la alarma del celular; aunque no fue mucho antes, quizá cinco o diez minutos, la cuestión es que aún estaba decidiendo si continuaba en la cama o me levantaba, cuando sonó la alarma.

Me bajé al piso a meditar y luego salí de la habitación; tomé la computadora -ahora siempre pernoctando en la habitación de la comida de los perros- y la llevé a la mesa del comedor; y allí me quedé trabajando -mientras Rb empezaba a traducir llamadas en su habitación-.

Pero no empecé a trabajar precisamente en cuestiones laborales: la primera reunión -los martes y jueves- ahora inicia media hora más tarde -a las siete y media-; por lo que aproveché esa primera media hora para hacer algunas lecciones de Duolingo.

Después sí, entré a la reunión, aunque no puse mucha antención: mi supervisor había avisado, el día anterior, que estaría ausente; y su compañera nomás estuvo discutiendo algunos hallazgos -del compañero que vive en la ciudad colonial- y la conveniencia o no de modificar las funciones de la app.

Cuando la reunión terminó me recordé de algo que tenía pendiente: canjear el voucher para solicitar un examen de un certificado de Microsoft; lo había obtenido por participar en un evento educativo de esta empresa -el valor (supuestamente) es de cien dólares- y el día anterior había estado cuestionando a un par de LLMs sobre la mejor forma de aprovecharlo, viendo que el primero de octubre seré movido a otra empresa.

Y una de las LLMs -creo que la francesa- me sugirió certificarme en algo de IoT; y, aunque la misma indicó el certificado de Amazon, aproveché que tenía pendiente el de Microsoft y empecé a buscar opciones; y resulta que no hay un certificado tal cual -había uno pero lo cancelaron el mes anterior-.

Pero, siguiendo con la misma línea de investigación, encontré otro certificado que podría serme de utilidad; entonces, este día, después de la reunión, empecé a realizar el trámite para cambiar el voucher; finalmente logré programar el examen para el último domingo de septiembre -unos días antes de que nos transfieran a la nueva empresa-.

Y luego estuve trabajando en probar que la aplicación del examen corriera en la computadora que uso; o sea, bajó un ejecutable pero, lógicamente, en Ubuntu no funciona; entonces entré -luego de muchos meses- a la partición de Windows 11; y en eso se me fue la mañana; pero al final sí, logré completar la verificación.

En el ínterin estuve trabajando con la analista en el Imperio del Norte: me escribió para que le ayudara con la eliminación de una sección de uno de los documentos en los que hemos estado trabajando; además quería que comprobara la estandarización de un párrafo que va en -casi- todas las secciones.

Entonces estuve trabajando en paralelo tanto la verificación de mi Windows 11 para poder examinarme, como el documento para mi compañera; también entré a la reunión de las nueve, aunque en la misma no hubo casi ninguna novedad.

Después de esa reunión me preparé el desayuno; después esperé la reunión de las diez menos cuarto, pero esta no ocurrió: seguramente porque el supervisor andaba en una visita a uno de los clientes; y luego teníamos una reunión a las die y media.

Lo raro es que el programa no me avisó de esta última: curiosamente el analista que menos bien me cae la inició con quince minutos de retraso -y escribió en los mensajes que no se había podido unir a tiempo-; pero nadie se había unido, ni siquiera el PM, quien la había programado el día anterior.

Entonces entramos a la reunión los tres analistas y el PM; y el tema era bastante banal: este último andaba viendo la forma de migrar miles de casos de prueba entre las dos plataformas en las que hemos estado trabajando últimamente; casualmente yo había explorado lo mismo la semana anterior -aunque no pude completar lo último, por falta de permisos-.

Entonces, de la reunión quedó, como pendiente, que yo debía enviarle cierta información que le servirá para realizar la primera parte de la tarea; y no había terminado esta reunión -un poco después de las once- cuando me escribió mi supervisor: quería que lo llamara cuando estuviera libre.

Cuando la reunión con el equipo local terminó llamé al supervisor -ya habían pasado las once de la mañana-; y este individuo quería que actualizara un cuadro en Excel en el que he estado trabajando durante los últimos meses: básicamente es un resumen del trabajo que realizamos por acá.

Pero cuando le comenté que aún había información faltante me pidió que llamara a otro analista en el Imperio del Norte, para recabar dichos datos; la persona esta a la que llamé -al parecer, también proveniente de ese subcontinente asiático- fue desganado al proporcionar la información; por lo que también confirmé con mis dos compañeros locales.

Al final completé la tarea, actualicé las fechas y le envié la información al supervisor; luego completé la tarea que tenía pendiente con la analista en el imperio y le envié los resultados; un poco más tarde Rb salió de su habitación -ya había pasado el mediodía- y sacamos a caminar a sus perros.

Cuando entramos a los perros preparé un par de ensaladas medianas y puse a calentar el caldo de mollejas de pollo -era la cuarta porción de los almuerzos semanales-; después me preparé un café -inaugurando el nuevo frasco de café-.

Cuando terminé el café me puse a jugar una partida de Scrabble en el sitio en el que he estado jugando un par de partidas diariamente; luego me metí a la cocina, a lavar los trastos del día; además, puse en el fuego un poco de agua para el té de manzanilla de Rb -ella se lo sirvió pues se me alargó un poco el lavado de trastos-.

Después de servirse el té Rb se encerró en su habitación para continuar traduciendo llamadas médicas; yo aproveché para tachar otra de las tareas que había agregado a mi lista de pendientes: lavar recipientes plásticos con gel refrigerante, que utilizamos en la mochila con aislante térmico; luego los metí al freezer. 

Luego llamé al seguro social local: aunque me faltan siete años para llegar al punto en el que puedo jubilarme, he estado tratando de iniciar el largo proceso; en semanas -o meses- anteriores había llamado para conseguir cierta información que es necesaria para presentar un formulario.

Este formulario es útil nomás para solicitar que la información de los períodos laborados en algunas empresas sean corroborados; pero en las ocasiones anteriores no había logrado comunicarme con nadie -típico de nuestra burocracia-.

Pero este día tuve suerte: luego de pedirle el celular a Rb -ella paga por tiempo mensual- llamé nuevamente al mismo número y (¡sorpresa!) logré comunicarme con una señora; quien amablemente me brindó la información necesaria -eran datos de seis de mis empleadores del pasado-.

Después de agradecerle efusivamente por la ayuda fui a devolverle el celular a Rb y empecé a confeccionar el formulario que presentaré el mes próximo: debo presentar mi DPI para realizar el trámite; y lo olvidé hace un par de meses en la casa de mis padres.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: no teníamos nada en la lista de compra -excepto el pan de mis desayunos-, así que nomás caminamos hasta el inicio del boulevard; pero luego a Rb se le ocurrió entrar en el supermercado del lugar, para ver si ya había del cloro que utilizamos para desinfectar las verduras.

Pero no, al parecer este artículo ya está descontinuado; así que no compramos nada en el supermercado; iniciamos el retorno a casa, deteniéndonos nomás en la panadería donde compro el pan más económico; allí me proveí del pan para mis desayunos.

Retornamos bastante temprano de la caminata y me metí a la habitación a hacer algunas lecciones de Duolingo; luego, a las siete, entré a la clase de Storytelling; la cual me pareció deficiente: la persona a cargo estuvo centrándose bastante en su historia personal -y experiencia- para hablar de temas tan delicados como la ética en la comunicación.

El viernes me desperté bastante temprano: los vehículos en el boulevard me despertaron antes de las seis de la mañana; estuve un rato tratando de conciliar nuevamente el sueño, pero no hubo caso; entonces me levanté a meditar; después retorné a la cama, pero no me dormí.

Me puse a completar el penúltimo ciclo del libro de George Carlin; y estuve en lo mismo hasta después de las siete de la mañana; Rb entró un poco después de la hora en punto pues íba a empezar a traducir llamadas; yo seguí leyendo hasta después de las siete y media.

Nomás estuve al pendiente de que no convocaran a alguna reunión en el trabajo, o me escribieran en alguna de las conversaciones grupales; a las siete y media salí saqué mi computadora del trabajo a la mesa del comedor; también saqué la personal y me puse a trabajar en el primer día de estudio -guiado por un LLM- para el certificado.

Como a media mañana me escribió el amigo a quien visité el domingo anterior: habíamos estado en comunicación esporádica durante la semana para afinar los detalles de una visita a la casa de Rb; y es que, durante el desayuno del domingo, le había propuesto que nos ayudara con la reconstrucción del techo del pequeño corredor trasero.

Esta estructura -de madera y lámina de zinc- se ha ido deteriorando con el tiempo y está a punto de caerse: la mayor parte de la madera fue víctima de la polilla; el único paral ya no sostiene las láminas; las cuales se mantienen en su lugar nomás apoyadas en la pared trasera.

En el último viaje a visitar a mis padres exploré la posibilidad de que fuera mi papá quien la reconstruyera; pero luego me puse a pensar en todas las dificultades de traer el equipo -y a él y/o a mi madre- desde el puerto, para completar el trabajo.

Mi amigo se había ofrecido a venir cuando uno de sus viajes de Uber lo trajera a un sector cercano al área en la que vivimos; pero al parecer no hubo ningún viaje parecido durante la semana; entonces pidió una salida voluntaria ese día y me escribió para ver si podía venir.

Cuando venía en camino me envió su ubicación por whatsapp; pero a mí se me olvidó -nomás me vestí- por alguna tarea del trabajo: estaba trabajando en los ajustes del texto de un documento en el que la numeración estaba bastante precaria.

Un poco más temprano había visto un correo de mi supervisor pidiendome que ajustara los formatos de este documento -hasta más tarde me dí cuenta que la autora era la consultora con la que me había reunido unos días antes, de madrugada-.

Mi amigo vino casi a las diez y preparé un par de tazas de té de menta; y, como Rb estaba en medio de una llamada, esperamos un rato antes de salir al patio trasero; pero luego, con bastante precaución para no hacer ruido, salimos a evaluar el estado de la habitación que usamos como lavandería.

Y pasó lo que debía haber previsto: mi amigo se extendió sobre la mejor forma de realizar una reparación completa, tanto de la estructura que está por caerse, como del techo de la habitación -es de tejas de asbesto-; incluso sugirió colocar recipientes para recolectar -y almacenar- agua de lluvia -lo que, la verdad, me parece un sinsentido-.

Rb se nos unió cuando terminó su llamada y también estuvo de acuerdo en la mayoría de las sugerencias de mi amigo; a mí nomás me preocupó el monto de la inversión para realizar todos los cambios propuestos: o sea, para mí, personalmente, es una pérdida, pues no creo que mi estancia aquí sea muy prolongada.

Mientras conversábamos Rb se dedicó a agrupar un montón de plantitas de café -tanto del patio delantero como del trasero- para regalarle a mi amigo: él me había comentado que había sembrado varias matas de esta planta en su casa y que le interesaba continuar -al final le regaló varias docenas-.

Entonces, mi amigo se puso muy sofisticado con sus propuestas -aunque traté de que le bajara a las expectativas- pero, finalmente, quedamos en que nos enviaría un bosquejo -o algo parecido- de lo que tenía en mente; y, como andaba desvelado, se despidió bastante rápido.

Yo continué trabajando en los documentos que había dejado a medias y Rb volvió a entrar a su habitación, a seguir traduciendo llamadas; mi supervisor me escribió un poco antes de mediodía para ver cómo iba el documento y le comenté que ya había terminado y que le había informado a la analista -no tengo claro, aún, si son pareja o no-.

Rb salió de su habitación un poco antes del mediodía y nos pusimos a hacer la rutina de ejercicios de los viernes; luego sacamos a caminar a los perros; Rb había dejado cocinando el pescado de los viernes (yo había cortado un pequeño trozo -como tres dedos- pues ella había aducido que era muy pequeño).

Cuando entré corté una salchicha y media que había dejado descongelando desde la noche anterior, luego freí los trozos por algunos minutos; y eso fue mi almuerzo: una gran ensalada -la usual- mezclada con trozos de salchicha fritos; y un pequeño trozo de pescado.

Pero en el plano laboral la situación se complicó un poco: antes de la rutina de ejercicios había estado en la reunión semanal de equipo; en la que el supervisor usualmente pasa repaso de las últimas tareas; a mis compañeros les preguntó sobre los avances en las pruebas, y a mí sobre los documentos; yo informé que todo iba viento en popa -y allí me asignó un nuevo documento-.

Y cuando entré después de la caminata con los perros ví que tenía un par de mensajes: uno era de uno de los analistas en el Imperio, pidiéndo mi ayuda para formatear una hoja de Excel -algo realmente básico-; el otro mensaje era de mi supervisor, requiriendo avances -pero ya estaba todo hecho-.

Entonces, mientras almorzaba, me puse a realizar los cambios que me habían pedido en el libro de Excel, y todo estuvo bien; el resto de la tarde estuvo más tranquilo en materia laboral; y pude empezar con el Día uno -de cuarenta y cinco- en el programa de preparación para tomar el examen del certificado que espero obtener el próximo mes.

Un poco antes de las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llevaba la mochila con aislante térmico pues planeábamos traer pollo; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego lo cruzamos, para entrar al supermercado.

Allí Rb compró varias libras de pechuga de pollo, y un poco de mollejas de la misma ave; luego, en el otro supermercado, compró tres bandejas de hígados de pollo y un poco de bananos; luego retornamos a casa con todas las compras.

Por la noche intentamos ver una película mejicana bastante reciente: Un portero muy improbable -o algo así es el título-; pero, la verdad, ninguno de los dos soporto ver una representación tan pobre de un adolescente con autismo; entonces nomás leí un poco del libro de la reciente premio nobel de literatura -de Corea del Sur-.

El sábado me desperté un poco antes de las cinco de la mañana; había dejado la alarma para esa hora pero algo -ruidos del boulevard o de la nueva familia que vive desde hace poco en el multifamiliar de al lado- hizo que abriera los ojos más temprano.

Pero esperé hasta que sonara la alarma para levantarme y completar mi período matutino de meditación; después del mismo me quedé en la cama, leyendo un poco -el libro de la coreana- y, cuando ya eran las seis- haciendo algo de Duolingo.

Un poco después de las seis me salí de la cama -sonó una alarma para recordarme que debía sacar la basura (dentro de uno de los sacos [vacíos] de comida para perros que fuimos almacenando con el tiempo); después me metí a la ducha y tomé un buen baño.

Al final salí de casa un poco después de las seis; el tránsito estaba -afortunadamente- bastante ligero por lo que no me costó salir del boulevard interior; fue nomás la entrada al boulevard principal la que me costó un poco -pero no mucho-; y cuando entré a la ciudad me metí a la gasolinera que está justo en la entrada.

Allí llené el tanque de gasolina de la van -ya llevaba varias semanas por debajo de la mitad, por lo que la cuenta fue de más de cincuenta dólares-; y, como se me había olvidado la tarjeta de Rb, tuve que pagar en efectivo -el día anterior había sacado del cajero setenta dólares-.

Después de llenar el tanque -me pidieron una identifiación para dejar el surtidor libre!- y pagar continué mi camino hacia el restaurante en donde habíamos acordado reunirnos con mi amigo tenor -de la misma cadena en donde usualmente programo estos eventos-.

Llegué al lugar diez minutos antes de las siete, me estacioné y me quedé esperando a mi amigo en un área del resturante bastante conveniente para este menester: está junto a la entrada principal y es bastante cómoda.

No le envié ninguna notificación a mi amigo sino me puse a completar algunas lecciones adicionales de Duolingo; y mi amigo llegó bastante temprano -apenas unos minutos después de las siete-; nos dimos un efusivo abrazo y entramos al lugar.

En caja ordenamos un par de desayunos -mi amigo se hizo cargo de la cuenta- y buscamos una mesa en un área tranquila; y allí nos pasamos las siguientes dos horas y media, entre desayuno y conversación: yo le conté mis últimas cuitas laborales y las penas de salud de Rb.

Él me contó que la relación con su ex-pareja -a quién aún mantiene y alberga en su casa; aunque este tipo ha estado involucrándose con otras personas- y la preocupación constante sobre su salud mental.

Incluso hablamos -muy someramente- sobre colaborar profesionalmente en algún proyecto en conjunto: él había mencionado un ERP -que es Open Source, y escrito en Python- con el cual trabajé -muy poco- hace unos años.

La reunión estuvo, en su mayoría, bastante agradable; incluso recibió una llamada de su hermana menor -a quien no he visto en casi una década, pero con la que trabajamos unos meses (hace ya casi veinte años)-; a las nueve y media le indiqué a mi amigo que me retiraba.

Salimos al parqueo del lugar y nos despedimos; subí a la van y manejé hacia la casa de Rb; el camino estuvo bastante libre y no tardé en parquear el auto frente a la casa; cuando entré vi nomás a los perros en la sala -Rb estaba traduciendo llamadas-.

Entonces me puse a preparar los ingredientes del almuerzo -la noche anterior había dejado un par de huevos cocidos en el refrigerador-: pesé una libra de zanahorias y la rayé; luego preparé la mayonesa con los huevos, un aguacate y un poco de aceite de oliva.

También preparé la tortilla de zanahoria y huevo con la que confecciono el clásico burrito; la cual dejé en el fuego -una vez haberla volteado- mientras sacábamos a caminar a los perros grandes; cuando entramos la retiré del fuego y terminé de preparar los componentes: piqué un poco de lechuga y le agregué agua a un poco de pechuga de pollo -que Rb había dejado en un sartén-.

Cuando el pollo estuvo listo -Rb siempre le agrega un poco de miel, para mejorar el sabor- preparé el burrito -enorme- y procedimos al almuerzo; Rb me compartió un poco de su frasco de snacks -salados- de plátano; también consumí lo último de una botellita de coca.

Después del almuerzo me preparé un té de menta y lo consumí con una porción de magdalena de chocolate, dos mitades de galletas y un poco de pan tostado; después me metí a la cocina a lavar los trastos que se habían acumulado -mientras lo hacía estuve escuchando la lección del Día dos de la preparación para el examen-.

Rb me había pedido que le imprimera un par de páginas -el sermón que debía presentar en su iglesia la siguiente semana- y había pensado realizarlo cuando ella se hubiera marchado a la iglesia; pero, como tenía tiempo -incluso había preparado mis gelatinas de la semana-, conecté la impresora a mi computadora con Ubuntu y realicé la impresión.

Después, mientras Rb -después de darle de comer a sus perros- se preparaba para dirigirse a impartir su clase semanal de alfabetización,  estuve leyendo la lección que había escuchado un poco antes; y actualizando mis notas -incluyendo esta-.

Mientras Rb andaba por su iglesia yo me dediqué a leer un poco, ver un poco Youtube y, además, hacer la limpieza de pisos; un poco después de las cinco me vestí, le escribí un mensaje avisándole que salía de casa y le compartí mi ubicación.

Antes de salir de la calle vi una ambulancia en el boulevard, creí que estaba por ingresar; pero cuando le pregunté al guardia me comentó que el joven que cortaba el cabello en la barbería de la vueta había fallecido -tenía menos de un año de haber empezado a trabajar en el lugar-.

Salí de la calle y empecé a caminar por el boulevard; unos metros más adelante tomé na foto de la escena -aunque salió borrosa- y se la envié a Rb, comentándole que ya no había barbero -no le caía muy bien, debido a ciertos comportamientos algo extraños-.

Caminé a paso tranquilo hasta el comercial que queda cerca de la iglesia de Rb; cómo tenía aún un poco de tiempo, pasé a los servicios sanitarios del lugar; luego continué hacia la iglesia; estaba llegando cuando ví a las alumnas de Rb saliendo de las instalaciones.

Rb me entregó una bolsa de supermercado -con aguacates y manzanas verdes- e iniciamos el camino de vuelta; le comenté lo que había pasado y se mostró bastante sorprendida -o compungida?- de hecho hicimos la mayor parte del camino en silencio.

Y más o menos así continuó la noche: casi llegando a la casa pasamos a la panadería -quería comprar un poco de pan tostado, pero no había- y luego al lado de la barbería; en donde aún estaba un vehículo del ministerio público -como que aún no habían levantado el cuerpo-.

Por la noche estuve haciendo unas lecciones de Duolingo; y resolviendo las preguntas del segundo día de aprendizaje de Fabric -cien por ciento (el día anterior fue noventa)-; también intenté aplicar un poco de masajes -digitopuntura- a Rb, pero eso no salió tan bien -ni mal, fue nomás intrascendente-.

Temí que no iba a poder dormirme cuando me retiré a mi habitación; y, de hecho, me costó un poco conciliar el sueño -y estuve despertándome de madrugada-: entre los ruidos de la lámina que está cayendose en el patio trasero y la familia bulliciosa de la casa vecina, mi sueño ha estado algo ligero.

El domingo me desperté varias veces en la madrugada; pero esperé a que la alarma del celular sonara para levantarme a meditar; luego retorné a la cama e hice muchas lecciones de Duolingo; casi hasta las ocho; a esa hora sonó una alarma -para ir a la panadería-, pero no quise salir de la habitación.

Aproveché para leer algunas páginas del libro en francés; luego, cuando oí que Rb se había levantado, me vestí y salí de la habitación; fui a la panadería pero no encontré pan tostado; pero retornando pasé a la tienda de la vuelta y allí sí compré un poco de esto.

Cuando vine me puse a recortar algunos videos de digitopuntura que había encontrado en Youtube; además, esperé a que Rb terminara de darle de comer a sus perros -y que tomara su desayuno- para prepararme para salir al patio delantero: Rb me había pedido el día anterior que dedicáramos una hora a desbrozar el monte acumulado.}

Estuvimos trabajando por esto durante un buen tiempo -yo me ampolllé el pulgar derecho chapeándo una gran parte de la maleza-; mientras, estuve escuchando un video de Youtube de un neurocientífico presentando el tema Por qué pensamos como pensamos.

Al terminar de limpiar el patio -la parte interior nomás: fueron cinco baños llenos de maleza- llevé los bártulos a la galera -que se está cayendo- en el patio trasero; luego entré a prepararme el desayuno de los domingos.

Mientras desayunaba repasé -por segunda vez- las lecciones del día tres de aprendizaje de Fabric; también estuve escuchando un par de videos de Youtube -y actualizando mis notas-, además de jugar una partida de Scrabble en ISC (la que casi ganaba).

El resto de la mañana me la pasé viendo videos de Youtube y leyendo un poco del libro de la premio nobel coreana; al mediodía sacamos a caminar a los perros grandes, Rb había dejado cocinando las alitas y, después de meter a los perros a casa, les dí la vuelta.

Almorzamos las habituales alitas con ensalada y después me preparé un café; después de almorzar estuve un rato en la cama, jugando algunas partidas de ajedrez; también avancé un poco en la lectura -estaba combinando lectura en francés con lectura en inglés-.

A las dos y media salí de la habitación y lavé los trastes que se habían acumulado, además, le preparé un té a Rb; y, antes de salir de casa, piqué un par de chiles pimientos y una libra de champiñones -para los almuerzos de la semana-.

Salí de casa casi a las tres menos cuarto; afortunadamente el tránsito estaba bastante ligero, por lo que llegué bastante temprano -a las tres menos cuatro minutos estaba llamándolo para que bajar a abir- a la casa del voluntario que vive en la colonia en la que crecieron mis chicos.

Pero ocurrió algo que me dejó muy pensativo; cuando llevaba conduciendo por el boulevard tres o cuatro calles, me intenté cambiar de carril: había visto vacío el boulevard, pero, en realidad, estuve a punto de tirar a una motocicleta que intentó rebasarme.

El momento estuvo bien tenso: el motociclista esquivó la van pero tuvo dificultades en mantener el equilibrio -después condujo a mi lado un tiempo-; y me quedé pensando que debo ser más cuidadoso -de hecho estuve mentalizándome en el camino- para evitar este tipo de situaciones.

Mi amigo respondió la llamada y bajó a abrir el portón; luego de un abrazo muy efusivo subimos al segundo nivel de su casa; en donde preparó agua para un café colombiano -yo llevaba un par de porciones de magdalena para cada uno y un par de panitos tostados-.

Pasamos el siguiente par de horas entre café, conversación y una partida de ajedrez -aunque tuve que acelerarla casi al final, por la hora-; a las cinco y media le indiqué a mi amigo que me retiraba e inicié el camino de retorno a casa.

Cuando vine a casa me iba a poner a leer un rato -se me había olvidado que le había ofrecido a Rb que iría (en solitario) a comprar bananos- pero Rb me comentó que me acompañaría al supermercado; entonces caminamos hasta el supermercado más cercano en dirección sur; allí compramos un poco de bananos.

Por la noche continué con la lección diaria de Fabric: el resultado del día fue excelente; también hice las lecciones de Duolingo (portugés, inglés y ajedrez) y estuve leyendo un poco de los libros de la coreana y del infantil en francés.

El lunes me levanté a las seis y media; medité y después me pasé a la mesa del comedor, con mis dos computadoras; como sabía que no había reunión a las siete y media -aunque había una reunión corporativa desde las siete- pude completar varias lecciones de Duolingo con total tranquilidad.

Estuve leyendo hasta las nueve de la mañana; hora de la segunda reunión del día; y en la que -para continuar con la tendencia- no hubo mucha participación de mi área; la que sí estuvo animada fue la de las diez menos cuarto.

En la reunión de equipo el supervisor empezó a cuestionar el trabajo de todos; mis compañeritos fueron interrogados sobre el avance de las últimas pruebas en la aplicación a nuestro cargo; y a la analista y a mí nos cuestionó sobre el avance en los documentos.

Lo que, para mí, es un misterio: o sea, ella ha estado actualizando el contenido y me ha estado pidiendo -de tiempo en tiempo- que la ayude con cuestiones de formato de texto y del documento en general; la conclusión final fue que cada uno debía continuar en lo mismo.

Rb estuvo toda la mañana en su habitación, traduciendo llamadas; yo estuve pendiente del almuerzo: un poco después de las once empecé a preparar las ensaladas; luego, al ver que se estaba alargando una de sus llamadas, saqué todo el almuerzo del refrigerador.
Y a las doce y media estaba terminando de ponerle los arneses a los perros cuando salió de la habitación; le pedí que continuáramos con la caminata -y puse el pollo y la salsa a calentar sobre una llama muy baja-; lo cual hicimos.

Cuando entramos de la caminata nos pusimos a completar la rutina de ejercicios de los lunes; pero, como había que preparar el almuerzo, estuve al pendiente del agua de los fideos, los cuales cociné mientras terminábamos la media hora de ejercicios.

El almuerzo estuvo muy bien: una versión light de espaguetis a la bolognesa, con una enorme ensalada -yo lo acompañé con un poco de coca cola-; después del almuerzo me preparé un café -con galletitas y un tercio de un pastelito-.

La tarde estuvo más tranquila: estuve leyendo un poco del libro sobre ajedrez amateur; también estuve viendo un poco de información sobre la lección de Fabric del quinto día; aunque no pude realizar el laboratorio propuesto: no logré activar la prueba de sesenta días, lo que me hubiera permitido crear componentes de esta plataforma.

Por la tarde también tuve dificultades para entrar a la configuración del nuevo router; quería ver si en el mismo podía encontrar el número de teléfono asociado a la cuenta de internet; tenía la idea de que ya podía pagar la factura, aunque luego me dí cuenta que no.

Total que llegó la hora en que debíamos salir a realizar la caminata y yo todavía estaba tratando de ingresar al router; por lo que la primera etapa de la caminata aún iba pensando en opciones para realizar esto; pero luego sí me concentré en estar presente.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos al supermercado al lado; allí Rb compró pechuga para su perra más anciana; yo compré un poco de pechuga para el almuerzo con mi hija mayor -aunque luego le cedí esto a Rb, pues no era adecuada para el propósito (y además, había interrumpido su compra, por lo que le faltaba)-.

Pasamos al otro supermercado a comprar un poco de banano -muy poco porque la mayor parte estaba verde-; después de la última compra volvimos a  casa; en donde, finalmente, logré entrar a la configuración del router, aunque no me sirvió de mucho.

También tuve una corta conversación con mi hija segunda: encontré en mi cuenta bancaria que había recibido una transferencia bastante alta de dólares; le escribí para confirmar que era de su parte y me comentó los detalles de la misma. 

Por la noche estuve respondiendo la lección del día cuatro de Fabric, en la que obtuve una muy buena nota -aunque aún no he logrado realizar ejercicios prácticos-, iba a ver el capítulo que tenía a medias del anime japonés, pero ya no me dio tiempo pues pasé más de una hora en Duolingo.

El martes me levanté a meditar a las seis y media; luego saqué la computadora del trabajo a la mesa del comedor y revisé que no hubiera algún correo -o mensaje- pendiente; al no encontrar nada me puse a hacer lecciones de Duolingo.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; aunque no hubo mucha participación: la compañera de mi supervisora anda de vacaciones, por lo que los requerimientos de cambios han bajado drásticamente en su ausencia.

Después de la reunión comprobé si podía -a diferencia del día anterior- utilizar la cuenta de Fabric para crear nuevos espacios de trabajo -el día pasado, aunque había activado el período de prueba, no me dejaba crear estos elementos-; y, sí, felizmente sí tenía activada la funcionalidad.

Entonces trabajé en completar uno de los laboratorios de la página de Microsoft; terminé el laboratorio y me quedé esperando la siguiente reunión; aunque, ese día específico, no era la segunda reunión diaria: me había anotado para una capacitación sobre el uso de un agente de IA en Excel.

La clase fue bastante tediosa -medio la ví-: la persona a cargo se puso a utilizar la herramienta para crear fórmulas, ordenar datos y resaltar valores -o sea, lo que he hecho desde hace mucho tiempo-; la verdad no le encuentro sentido, pero, me imagino que para muchas personas es como magia.

Como la clase era de una hora -justo desde el inicio de la segunda reunión del día hasta la hora de finalización de la reunión de equipo- escribí en los mensajes del grupo que no asistiría a la segunda por estar en una capacitación obligatoria.

Luego, a las diez y media, hubo una reunión con todo el equipo local -o al menos, los seis que quedamos, luego de la renuncia del analista más brillante-: la reunión la convocó la supervisora local e incluí al PM -bajo el cual estamos ahora en el organigrama-.

Se suponía que la reunión era para compartir información sobre el movimiento a la nueva empresa; pero no, realmente nomás repitieron lo de siempre: que el primero de octubre nos vamos, que no habrá muchos cambios, etcétera; totalmente irrelevante.

Como era el segundo día de la semana Rb acudió a su clase de zumba a las diez de la mañana, y retornó un poco después de que terminara la reunión de información; entonces se metió a su habitación a trabajar otra hora.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros más grandes -y pesados-; después almorzamos la primera porción de hígados y mollejas de pollo -acompañado de una gran ensalada-; luego me preparé un café.

Por la tarde me dió por trabajar un poco: los últimos días habían estado bastante tranquilos; entonces me metí a formatear uno de los dos documentos que la analista en el Imperio había colocado en la carpeta de trabajo; fue poco lo que cambié -formatos- pero, a las tres de la tarde le escribí para informarle de lo realizado.

Además pregunté si podía proceder con el otro archivo; pero ella me comentó un poco más tarde que el otro archivo aún no estaba listo y que era el otro analista el que estaba trabajando en el mismo; y quedamos en que me avisaría cuando pudiera trabajar en este.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: yo había recordado ese día que Agosto es el mes en el que -durante los últimos años- les he ofrecido una refacción a las personas que se encargan de los desechos domésticos.

Creo que llevo un par de años en la iniciativa; me parece que el primer año lo hice -casi- en solitario y el año pasado Rb se involucró -y entregó, creo, personalmente la caja con las refacciones-; así que fuimos a la tienda verde de descuentos para comprar algunos jugos -también unas galletas de chocolate-.

Después de pagar por el jugo y las galletas nos dirigimos al supermercado que queda al inicio del boulevard; allí compramos un poco de bananos; luego retornamos a casa -la bolsa de compras estaba pesada porque Rb había comprado un kilo de avena (respondiendo a una solicitud de donación de alimentos, de su instructor de zumba).

Por la noche estuve, además de haciendo varias lecciones de Duolingo, respondiendo el laboratorio de Fabric; también le envié doscientos dólares a mi hija mayor -estoy ayudándole a que no pague tanto por las transferencias de su trabajo- y, finalmente, ví el restante del capítulo de animé que -creía- había dejado a medias -en realidad lo había visto ya-.

Y a ver cómo sigue eso...