lunes, 28 de septiembre de 2026

Desaparecido antes del adiós (y una semana realmente larga)... Gone before goodbye (and a really long week)... Disparu avant l'adieu (et une semaine vraiment longue)...

Le comentaba a Rb -y luego a mi hijo menor- que ya no tengo mucho paciencia con el racismo -aunque no sé si esa sea la definición correcta- en el material que leo: decidí no continuar con The Informationist por el tratamiento que la autora da a los países africanos; o sea, Europa y otros países prósperos han saqueado y maltratado a ese continente, y luego dicen: qué ignorantes, violentos y corruptos.

Y me parece que es la segunda ocasión en la que desisto de completar un libro al encontrar esto: el anterior era un libro infantil en el que el autor se burlaba -y denigraba, me pareció- todo lo que tenía que ver con Egipto.

Creo que es suficiente toda la ideología que compramos desde antes, incluso, de poder hablar de la maquinaria mediática: los buenos siempre son los occidentales; los rusos son el diablo -aunque ahora lo es más China- y la religión dominante es la verdadera.

Pero como quería leer algo de acción -si era posible sin tanto racismo- busqué los mejores libros de acción más recientes; y Google me recomendó el de título; me llamó la atención que la autora sea Reese Whiterspoon -o sea, he visto alguna de sus películas- y el texto de la contraportada se veía interesante.

Y claro, los buenos son los cirujanos militares que arriesgan su vida para salvar a cualquiera -incluso árabes!- en el campo de batalla; los malos -cómo no?- son los oligarcas rusos que tienen todo el dinero del mundo y compran cualquier cosa o persona.

Y a ver cómo va eso...

El sábado me levanté a las seis y media; los últimos días habían estado bastante raros, con el cambio de empresa y todo eso; o sea, las últimas mañanas habían sido bastante difíciles de empezar; y ese día continuó el patrón.

Creo que pasaron un par de minutos antes de que reuniera la energía necesaria para bajar de la cama y completar los veintiocho minutos de meditación; la cual también continuó estando bastante complicada: la mente de mono estaba más activa que de costumbre.

Después de meditar retorné a la cama y completé varias lecciones de Duolingo -portugués y ajedrez-, luego salí de la habitación y empecé a preparar el almuerzo que llevaría para la reunión con mi hijo menor: primero preparé las dos ensaladas; con pepino, zanahoria, tomate, chile pimiento, manzana verde, aguacate, lechuga romana, escarola verde y escarola morada.

También pesé treinta gramos de  aderezo en dos diferentes bolsitas de papel de aluminio; y puse a la estufa un sartén con bastante aceite; luego batí un huevo y pasé los rollitos por el mismo, harina de yuca y avena en hojuelas; y puse los dos rollitos por un par de minutos en el aceite hirviendo.

Después de haber dorado cada lado de los rollitos bajé el fuego y los dejé cocinando por media hora de cada lado; en el ínterin me preparé -con lo que me había sobrado del huevo batido, la harina de yuca y la avena- el desayuno de los sábados.

Después de desayunar lavé los trastos que había utilizado en la preparación de las comidas; luego me metí a mi habitación para avanzar en el libro de la nobel coreana: Tinta y sangre ha sido un libro bastante interesante de leer.

Por primera vez en mucho tiempo mi hijo menor me había pedido que llegara más temprano al departamento (a las doce del mediodía) por lo que debía de empezar a alistarme una hora antes que en los meses anteriores: puse una alarma para las diez y media y estuve leyendo hasta esa hora.

Rb estuvo -esporádicamente- traduciendo llamadas durante toda la mañana; antes de que entrara a bañarme salió un momento de su habitación y nos despedimos; luego de bañarme me vestí y preparé la mochila con aislante térmico: los dos rollitos de pollo, las dos ensaladas, una bolsa de snacks (platanos fritos con sal), el aderezo y dos coquitas sin azúcar.

Un poco antes de las once revisé Waze y el tránsito se veía bastante tranquilo: el tiempo estimado era de veintisiete minutos -bastante menos que en otras ocasiones-; pero decidí irme temprano; y el pronóstico fue bastante certero: a las once y diecisiete estaba estacionándome en el sótano del edificio.

Pero no subí inmediatamente -no quería incomodar a mis hijos lleganto tan temprano-: me quedé en la van leyendo -había empacado la tablet, la cual dejé luego en la guantera- el libro de Han Kang hasta las doce menos diez; cuando sonó la alarma bajé las dos mochilas y la caja de Scrabble y subí -por las gradas- al séptimo nivel.

Durante la semana había estado viendo un video de una divulgadora científica española; el tema era la menopausia femenina pero me llamó la atención un consejo que brindaba: subir las escaleras de dos en dos; lo cual hice y me costó completar los siete niveles de esta forma -creo que debo repetirlo más-.

Entré al departamento y le envié un mensaje a mi hijo comentándole que ya me encontraba en el lugar; él apareció bastante rápido y nos estuvimos conversando un corto tiempo en la sala, luego le propuse que nos dirigiéramos al parque temático más grande de la ciudad.

Caminamos hasta el parque, en el cual notamos más público que en ocasiones anteriores; nos dirigimos directamente al lugar en el que usualmente ingerimos los almuerzos y, afortunadamente, no había ningún evento: encontramos una mesa y pasamos la siguiente hora entre almuerzo y conversación.

Después del almuerzo decidimos acudir a la rueda de Chicago; pero antes debía comprar un pasaporte para doce juegos mecánicos -ocho dólares- pues ya nomás quedaba uno disponible en el anterior -debo comprar uno cada dos o tres meses-.

Después de comprar el boleto nos dirigimos a la rueda de Chicago, en la que encontramos una fila de espera bastante aceptable; y, a diferencia de la semana anterior, sentí que la duración del juego no fue tan corta.

Cuando bajamos de la rueda le propuse a mi hijo completar una partida de Scrabble; nos dirigimos a las mesas techadas más cercanas a la entrada y, como ya había pasado la hora del almuerzo, encontramos una disponible -un grupo de jóvenes se acercó momentáneamente a ver la partida-.

Después de utilizar todas las fichas del juego -y darlo por terminado- iniciamos el camino de regreso a casa; aún no eran las cuatro y habíamos acordado despedirnos a las cinco de la tarde; llegamos al departament un poco después de las cuatro y media y nos instalamos en la sala.

Al igual que en la última reunión con mi hija mediana -a la que había visto antes de salir y le comenté que le había dejado un mensaje en whatsapp- le propuse a mi hijo que practicáramos con una cajita de origami; y nos dió tiempo de completar un par antes de que sonara la alarma que había puesto en el celular.

A las cinco me despedí de mi hijo y bajé -por las gradas- al parqueo, arranqué la van e inicié el camino de regreso a casa; estaba lloviznando por lo que temí que se complicaría el recorrido, pero, quizá por la ligereza de la precipitación, no encontré ningún embotellamiento.

Al menos hasta la entrada del municipio: antes de cruzar el puente al fondo del cañón de la entrada el tránsito se ralentizó; y pude ver que justo al final del puente había un auto con luces de emergencia; al parecer un motociclista se estrelló contra la parte trasera de un automóvil y eso había dejado inoperativo uno de los dos carriles.

Entre a casa después de las cinco y media, me cambié de ropa, saqué a los perros al patio -aunque fueron un poco reacios pues el terreno aún se veía húmedo-, compartí mi ubicación en whatsapp con Rb e inicié a caminar en dirección a su iglesia.

Cuando salí de casa noté algunas gotas de lluvia en el ambiente; no esaba seguro si la lluvia continuaría, pero esperaba que no arreciara tanto; caminé hasta más de la mitad del camino antes de encontra a Rb, quien venía en sentido contrario -ella también me había compartido su ubicación-.

Nos encontramos y tomé la bolsa del supermercado-con aguacates y manzanas verdes-; luego reiniciamos el camino de retorno a casa; por la noche completé más de media hora de Duolingo -casi solo ajedrez-, preparé las gelatinas de mis desayunos y cociné la segunda de las bolsas de ramen coreano que mi hijo me había cedido unas semanas antes.

Luego me metí a la habitación de Rb para actualizar mis notas -incluyendo esta-, esperaba que me diera tiempo de ver algo -había estado viendo muy poco durante la semana, quizá nomás un capítulo de The Ghost in the Shell, uno de Nanoha y un tercio de un capítulo de Lioness-, pero no fue así.

El domingo me levanté a las seis y media: preveía un día tranquilo; no había programado ninguna salida por la mañana; un par de semanas antes -o asi- había acordado reunirme con mi amigo Testigo de Jehová -a las cuatro, en la pizzería de siempre-.

Después de meditar -me costó bastante completar los veintiocho minutos, continuaba pensando en la visita de mis padres la siguiente semana- retorné a la cama a hacer lecciones de Duolingo; luego estuve leyendo un poco del libro de Reese.

No quería desayunar muy temprano porque esperaba comer bastante tarde; estimaba tomar mi última comida alrededor de las cinco y media; y encontré una buena excusa para desayunar tarde: llevar a Rb a su iglesia -los domingos que asiste me pide que la lleve después de las diez de la mañana-.

Aunque a veces, como en esta ocasión, prefirió irse en autobús; por lo que nomás estuve leyendo y estudiando un poco de Fabric hasta cerca de las once de la mañana; a esa hora me preparé el desayuno de los domingos: un cloudbread con frijoles -y café-.

Después continué leyendo hasta que Rb me llamó -después de las doce- para que fuera por ella a la iglesia; conduje hasta el lugar -el tránsito no estaba muy pesado- y retornamos bastante rápido; y lo primero que hicimos al regresar fue sacar a caminar a los perros.

Rb puso al fuego sus alitas, para que se cocinaran mientras completábamos la caminata; yo había -antes de ir por ella- hervido unas piernas que encontré congeladas en el freezer y luego las había empanizado -aunque no me quedó muy bien- con harina de yuca, agua y avena en hojuelas -debo mejorar esa receta-.

Cuando entramos después de la caminata preparé un par de enormes ensaladas; con las que acompañamos el pollo -yo también tomé el caldo que había quedado después de hervir las piernas, con un poco de ramen coreano-.

Después del almuerzo estuve estudiando un poco de Fabric; a las tres y cuarto empecé a alistarme para dirigirme a la pizzería que queda al inicio del boulevard; llegué al lugar con diez minutos de anticipación  me metí un rato al supermercado.

Salí del mismo un poco antes de las cuatro y esperé cinco minutos -ya le había enviado un mensaje a mi amigo cuando llegué al lugar- luego lo llamé; y me contestó como que hubiera acabado de despertarse; luego dijo algo como: Ah, ya estás allí; se me había olvidado por completo, y no pudo caminar porque tengo molestias con el ácido úrico; perdón por no haberte avisado.

Le deseé que mejorara pronto y colgué; luego sopesé qué hacer; en el camino me había dicho que si no se presentaba -no sería la primera vez- me iría a tomar un café y un pastelito a una cafetería fancy que queda cerca del lugar.

Pero ya cuando se dió el hecho preferí caminar: enfilé rumbo a la calzada interamericana y caminé durante cerca de cuarenta y cinco minutos; luego inicié el retorno a casa; no le comenté nada a Rb -aunque ella me indicó que había estado por llamarme pues estuvo lloviznando esporádicamente-.

Por la noche hice un poco de Duolingo, ví una parte de un capítulo de Lioness y un capítulo de The Ghost in the shell; además leí la primera parte -el prólogo o la introducción- de un par de libros en inglés, que había previsto agregar a los que llevo a medias.

El lunes me levanté a las seis y media; estuvo raro el despertar porque, al parecer, estaba soñando que ya me había despertado -no era un sueño feo-, y un poco después sonó la alarma; entonces me levanté a meditar.

Después de meditar salí de la habitación, pasé las computadoras de la bodega a la mesa y encendí la del trabajo; después retorné a la cama, a hacer lecciones de Duolingo; y es que la primera reunión del día era a las nueve.

Esta reunión estuvo algo rara: no se presentó el jefe de los programadores y el más antiguo de ellos revisó los pendientes; pero no me quedó muy claro cuál era el estado de los mismos; de todos modos, la mayor parte del personal anda en modo mudanza (el primero de octubre estaremos bajo nueva administración).

Me preparé el desayuno -avena, gelatina, papaya y banano- un poco después de las diez de la mañana; luego desayuné, mientras veía algún video de Youtube; mi supervisor local me preguntó sobre mis asignaciones y le mencioné pruebas en la app y tareas de documentación -aunque, la verdad, no he estado haciendo casi nada-.

Me pasé casi toda la mañana revisando la lección de Fabric, leyendo y completando las preguntas del examen en el sitio que me compartió mi amigo asiático: de setenta y cinco preguntas nomás fallé tres (me faltan otras seis páginas).

Un poco antes de las doce Rb salió de su habitación y completamos la rutina de media hora de ejercicios; después sacamos a caminar a los perros; yo había dejado calentando la porción del día de caldo de pollo (lo habíamos preparado la tarde anterior y porcionado por la noche).

Cuando entramos preparé un par de ensaladas pequeñas para acompañar el almuerzo; la cantidad de pollo y verduras estaba bastante generosa; después del almuerzo me preparé un café, el que consumí con dos mitades de galletas, un cuarto de pan tostado y un cuarto de pan de queso.

Un poco después del almuerzo lavé los trastes del día; luego me retiré a mi habitación, en donde estuve leyendo un poco del segundo libro de Kanban que leo del mismo autor; a las dos cuarenta y cinco le preparé un té de manzanilla a Rb.

El resto de la tarde pasó bastante tranquilo; jugué algunas partidas de ajedrez -volví a bajar de mil seiscientos de ELO-  y, un poco antes de las cinco de la tarde, nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur.

Yo había preparado una buena lista de provisiones con las que me quería preparar para la visita de mis padres de la siguiente semana; después de llegar al extremo del boulevard lo cruzamos y entramos al supermercado; y la lluvia iba pisándonos los talones.

En el supermercado compré varias vituallas: una docena de huevos, un paquete de queso, una botella de salsa de soya y un bote de polvo de hornear; nos tomamos un buen tiempo en las compras porque, igual, no podíamos salir del supermercado: la lluvia había arreciado.

Cuando escuchamos que se calmó un poco pasamos a caja -lo último que agregué fue un cartón de leche deslactosada-, cancelamos las compras y salimos del lugar; aunque la lluvia aún no había cesado por completo.

Empezamos a caminar hacia el otro supermercado tratando de guarecernos en los alfeizares de los diferentes negocios del boulevard; y no nos estaba yendo tan mal en el retorno, hasta que un auto pasó a una velocidad excesiva y nos bañó con agua de la calle.

Llegamos al siguiente supermercado bastane mojados; en este compramos un poco de bananos, una escarola morada y yo agregué un doble litro de jugo de naranja -para la visita de mis padres-; después de pagar retornamos a casa; la lluvia ya estaba casi extinta y, afortunadamente, no hubo más conductores inconscientes.

Después de quitarme la ropa mojada me metí a mi habitación a completar lecciones de Duolingo; Rb se metió al baño a tomar una ducha tibia -lo hace siempre que se moja con agua de lluvia-; a las siete y media llamé a mi ex supervisor en el Imperio del Norte.

Lo encontré preparando varias bolsas de reciclaje: dice que de esa forma financió el viaje que realizó para llevar a su hija de Arizona a Oregon; al parecer es un buen negocio el reciclaje por estas fechas en su localidad; también me contó una historia extraña de su hija menor.

A pesar de que regresó a Oregon con su novio, y que estaban trabajando juntos; al parecer ya no estaban juntos; y la hija había recibido la visita de una persona que vive en la costa opuesta -en la capital del Imperio- y que trabaja en la Nasa; se suponía que lo conocería en persona en un par de días -incluso me envió un par de fotografías en la red azul-.

Después de conversar con mi ex supervisor me pasé a la habitación de Rb; en donde ví una parte de un capítulo de Lioness -me está cansando el cliché de que malos son los malos y si no fuera por nosotros los buenos- también ví un capítulo de The Ghost in the shell.

Y el resto de la semana estuvo super rara: el martes me tocó que ir -después de varios meses- a la oficina: debia firmar el documento por el cual aceptaba mi transición a la nueva compañía.

Llegué al área de recursos humanos un poco después de las nueve, firmé el documento, me entregaron una copia del mismo y me dirigí directamente a una oficina gubernamental a verificar si la operación estaba bajo los términos legales: a todos nos pagarán vacaciones y bonos atrasados, pero no tiempo de indemnización.

La oficina estaba bastante llena porque atiende a trabajadores de todo el país; también bastante desorganizada -como la mayor parte de la burocracia local-; pero no me tardé mucho en realizar la consulta, y la chica -me imagino que Abogada, o en camino a serlo- me confirmó que todo estaba en orden.

Salí del edificio y ordene un Uber para dirigirme al negocio a donde Rb había comprado unos audífonos que no le gustaron: los controles se estaban calentando un poco -yo no lo ví crítico pero ella prefirió reclamar la garantía-.

El Uber fue bastante eficiente y llegué al edificio a una buena hora, subí caminando -de dos en dos la mayor parte de- los once niveles hasta la planta en la que se encontraba la oficina; me atendió un joven bastante amable, pero no vió muy crítico el calentamiento de los controles de los audífonos.

Aún así aceptó cambiarlos; pero, luego entró otra persona -no sé si era el dueño de todo o nomás un vendedor bastante agresivo- y pidió más pruebas, y al final ya no hubo cambio; yo también me puse algo violento y salí del lugar con bastante mala leche.

Ya fuera del edificio iba a ordenar otro Uber para llegar a la estación intermedia más grande del Transmetro; pero mi celular se quedó sin carga y tuve que caminar un par de cuadras para abordar un bus urbano; el que me cobro casi el mismo monto -un dólar- de lo que me hubiera cobrado el Uber.

El bus fue bastante rápido y un poco después estaba abordando el Transmetro, el que me llevó hasta el comercial en donde se estacionan los busitos que vienen hasta el boulevard al lado del cual vivimos; retorné antes del mediodía y el día continuó sin muchos cambios.

El miércoles me volvió a tocar salir: era el día en el que mi supervisora había programado la última reunión trimestral con todo el equipo; al igual que el día anterior salí a media mañana de casa de Rb.

Caminé hasta el boulevard principal, tomé un autobus intermunicipal que me llevó a un par de cuadras de la estación del transmetro; de allí abordé una unidad que me llevó hasta el cetnro histórico, en donde me dirigí a la siguiente línea de este transporte.

Al final llegué bastante rápido a la estación más cercana -a kilómetro y medio- del restaurante al cual me dirigía; de hecho tuve tiempo de pasar a ver la librería más grande del sector -la que visitamos, en el pasado, algunas veces con mis hijos-. 

Llegué al restaurante con un par de minutos de adelanto y encontré a un par de compañeros en la recepción; luego continuaron llegando más personas -nos reunimos como una docena-; el almuerzo estuvo bastante bueno: era un restaurante de asados y, tanto las entradas como el plato principal (y el mus de postre- estuvieron bien.

Yo había llevado la bolsa con marshmellows y repartí un par a cada uno de los asistentes un poco antes de que se terminara la reunión; la cual se puso un poco nostálgica al final: la mitad de los asistentes dejaríamos la empresa el siguiente jueves.

El almuerzo estaba programado para tardar tres horas a partir del mediodía; y diez minutos depués de las tres -había puesto alarma- me despedí de todos e inicié a caminar en dirección al call center en donde trabaja mi primo.

Llegué al lugar un poco después de las cuatro y me tocó que esperarlo en el arriate frontal del lugar -intenté esperarlo en unas bancas del edificio pero salió un guardia a indicarme que nomás los empleados de la empresa podían estar allí-.

Mi primo salió un poco más tarde y nos dirigimos a la estación del transmetro más cercana -justo frente a las oficinas a donde había acudido el día anterior, a firmar la documentación-; transbordamos en el centro histórico y continuamos hasta el comercial en donde se estacionan los busitos.

De la estación nos dirigimos a un comercial cercano e invité a mi primo a un café y algunas donas -él ordenó también un croissant (o algo parecido)-; estuvimos en el lugar hasta un poco antes de las siete entre conversación, café y donas: le comenté que sería la última vez que nos veríamos en esas circunstancias pues ya no tendría reuniones trimestrales; a las siete nos despedimos y tomé un busito para retornar a casa.  

El jueves sí fue tranquilo: al menos no tuve que salir de casa -como los dos días anteriores-; por la mañana aprovechamos para completar una rutina de ejercicios: el día anterior yo había estado fuera casi toda la jornada.

Y al final del día nos dirigimos caminando hacia los mercados en dirección sur; yo tenía que comprar un par de paquetes de pan sandwich integral y una magdalena pues pensaba agasajar a mis padres al día siguiente; también compré jamón y con Rb, ingredientes para los almuerzos del fin de semana.

El viernes empezó temprano: había puesto una alarma para las cuatro de la madrugada, cuando sonó me levanté, me vestí y salí a saludar a Rb; luego tomamos la van y nos dirigimos al hospital nacional más grande de la ciudad; casi no había tráfico -por la hora- y llegamos rápido al lugar; en donde ya había una enorme cola.

Dejé a Rb en la entrada del hospital y retorné a casa; vine antes de las cinco y me metí a la cama para intentar dormir un rato; pero me costó conciliar el sueño, aunque, eventualmente, me dormí, hasta que la alarma de las siete me despertó.

Bajé a meditar y luego salí a dejar que los perros salieran al patio; casi no trabajé durante la mañana, nomás estuve esperando la hora a la que había previsto salir: me habían citado al mediodía para que fuera a firmar presencialmente el contrato con la nueva empresa.

A las diez me bañé, me vestí y salí caminando hasta el boulevard principal, en donde tomé un bus intermunicipal; la mañana estaba bastante gris y cuando faltaban dos o tres estaciones para llegar a mi destino empezó a llover, en ese momento revisé mi correo y encontré un mensaje que había entrado de madrugada, en el que cancelaban la reunión.

Entonces le escribí a Rb comentándole que continuaría en el transmetro para retornar a casa; la mima unidad me llevó a la estación cercana a la que debía dirigirme para transbordar; vine a casa un poco antes de la una de la tarde; afortunadamente Rb ya había sacado a caminar a los perros.

Por la tarde hicimos la rutina de ejercicios de los viernes y ya no salimos a caminar pues la tarde estaba bastante húmeda; en la noche estuve viendo un capítulo de The Ghost in the Shell y una parte de Lioness; aunque me sentía bastante cansado por haberme levantado a las cuatro.

El sábado me levanté a las cinco de la mañana; mis padres me habían indicado que pensaban salir a las cuatro de la mañana del puerto; medité y luego estuve leyendo un poco en la cama; a las seis los llamé pero no me respondieron, un rato después me enviaron un mensaje, comentándome que aún estaban en la cabecera departamental.

Al final vinieron casi a las ocho; pero antes de ir a traerlos ya había preparado el desayuno: un sandwich con jamón y huevo y otro con jamón y queso; además de café y fruta (papaya y bananos); después de traerlos a casa les serví desayuno y Rb se nos unió un poco más tarde -estuvo contestando llamadas casi toda la mañana).

El plan original era armar una galera -sustituyendo la que se estaba terminando de caer, de madera- con tubos de metal y canaleta; mi padre había traído una soldadora, un taladro, una pulidora y algunas otras herramientas.

Después de desayunar fuimos a la ferretería de la vuelta y compramos casi ciento cincuenta dólares en materiales: tres tubos cuadrados de dos pulgadas, dos canaletas de dos por cuatro, un saco de cemento y uno de arena.

Nos prestaron una carretilla y allí traje el cemento y la arena; luego fuimos con mi padre por los tubos; me traje los tres tuvos de hierro negro, lo que me dejó molido el hombro; mi padre trajo las canaletas; y allí empezó a fallar el plan: la pulidora no funcionó para cortar los tubos.

Fuimos nuevamente a la ferretería -en auto ahora, porque estaba lloviendo- a comprar un arco de sierra -con sierra-; luego mi padre me comentó que era mejor armar la estructura con tornillo y no con soldadura; por lo que fuimos nuevamente a la ferretería a comprar tornillos (ahora a pie, pues la lluvia había amainado).

Pero la lluvia no se calmó por completo: estuvo lloviendo esporádicamente durante toda la jornada, con lo que apenas pudimos excavar dos agujeros -de seis- y armar nomás uno de los tres marcos con los que planeábamos sostener las tres láminas (la estructura original, completamente apolillada la habíamos terminado de desmontar por la mañana: tenía cuatro láminas de ancho).

El avance fue completamente decepcionante: mi padre se confundió al partir uno de los tubos quedando una mitad más larga que la otra; almorzamos a la una -después de que Rb y yo sacamos a caminar a los perros): la tarde anterior, parte de las razones para no salir a caminar por la tarde fue preparar nuestra receta de verduras cocidas y pollo -a lo que le llamamos comida china-.

Después del almuerzo me preparé un chocolate -y le serví café a mis padres-; por la tarde avanzamos pero muy lentamente: habíamos armado un arco en el patio trasero pero era muy grande para pasarlo por el portón al patio, tuvimos que desarmarlo y volver a armarlo en la parte de atrás de la casa; y el taladro de mi padre no estaba funcionando muy bien; casi que tuve que abrir los agujeros con clavos de lámina.

Un poco después de las cinco dejamos de trabajar -seguía lloviendo- y tomé una muy buena ducha; tenía el hombro adolorido y una gran ampolla (se me había desprendido la piel) en el centro de la mano derecha; y no habíamos hecho casi nada.

Pero traté de tomarlo con calma: me alegraba que mis padres hubieran venido a quedarse un par de días a la casa de Rb; por la noche continué avanzando en Lioness; aunque también acomodé un escritorio en la bodega, pues en la madrugada del día siguiente debía examinarme para obtener un certificado de MS.

Como le había cedido la habitación en la que duermo frecuentemente a mis padres, saqué un saco de dormir y me acomodé en la habitación que utilizamos como bodega; puse una alarma para las cuatro treinta y cinco -debía hacer check in a las cuatro cuarenta y cinco-.

Dejé una alarma en el celular y una en la tablet; y dejé mi computadora personal conectada con cable al router; a las cuatro treinta y cinco sonó la alarma y me levanté, me vestí, encendi la computadora (con a partición de Windows 11) y entré a la página en donde debía examinarme -había intentado cambiarme a una opción presencial pero no lo logré).

Por haber intentado un minuto antes recibí un mensaje de acceso muy temprano así que esperé un poco; luego me conecté y empecé el proceso de check in: una fotografía frontal, una fotografía de mi documento de identificación; y cuatro fotografías con los alrededores de mi estación de trabajo.

Y luego estuvo fácil: había estado repasando doscientas veinte preguntas en el sitio que mi amigo de ascendencia asiática me había proporcionado; y de las cincuenta -o sesenta, no recuerdo- preguntas que se me presentaron, la mayoría ya las había resuelto (y las había repasado cinco o seis veces -y otras tantas con mi app de estudio espaciado-).

Así que incluso tuve que bajar la velocidad pues sentí que las estaba contestando demasiado rápido -incluso sin terminar de leer las preguntas-; los dos casos que se me presentaron ya los había revisado antes; y únicamente tres o cuatro preguntas fueron completamente nuevas -pero dominaba el tema-.

Al final terminé bastante rápido y obtuve un punteo sobre ochocientos -el mínimo para obtener el certificado era setecientos y el máximo punteo era de novecientos-; recibí un par de correos con la constancia del certificado y apagué la computadora -después de haber reactivado mi LinkedIn y publicado el logro-.

Luego sopesé que hacer: habíamos quedado con mis padres en reiniciar la obra a las seis de la mañana; pero no quería pasar un día sin meditación matutina; así que me quedé en la habitación hasta cerca de las seis y cuarto, meditando; en el ínterin escuché que mis padres salían al patio trasero.

Cuando terminé la meditación salí a acompañarlos y trabajamos en la instalación del arco más cercano a la pared vecina: ayudé a mi padre a mezclar medio saco de cemento con un saco de arena y preparamos una buena mezcla de concreto.

Instalamos el arco y entramos a desayunar; Rb había preparado unos huevos revueltos (con tomate, hasta después le comenté que no me gustaba esta combinación) y el café estaba casi a punto; eran casi las nueve menos cuarto por lo que esperamos a que le diera a comer a sus perros para sentarnos los cuatro a la mesa.

Después del desayuno continuamos trabajando, armando el segundo arco; pero aquí la cosa se complicó pues este era el que tenía una extremidad más larga que la otra, y mi padre insistió que no se cortara, sino que se perforara un agujero más hondo; el problema era que no teníamos una herramienta adecuada, por lo que no quedó muy recto.

Igual preparé la segunda mitad del saco de cemento -con otro resto de arena- y llenamos ambos agujeros con concreto; después de eso decidí que ya estaba bien: eran casi las once de la mañana y estimé que si empezábamos con el tercer acto nos quedaríamos a medias; además no quería que se estuvieran moviendo los arcos ya instalados.

Además habíamos acordado almorzar a la una, para ir a dejarlos a la estación de buses a las dos de la tarde; entonces les indiqué que mejor lo dejáramos hasta allí; que yo continuaría en los próximos días por mi propia cuenta y a mi propio ritmo; que ya estaban dos arcos y que el tercero debía ser cuidadosamente instalado para que no hubiera un salto en la inclinación.

Mi madre se molestó un poco y ambos expresaron cierta decepción por no haber terminado lo que habían venido a hacer; pero yo nomás les agredecí por su tiempo -más tarde les dí cincuenta dólares, pues no habían querido cobrarme por la labor realizada-.

Cubrí los bártulos que habían estado bajo techo con las cuatro láminas y luego tomé a tomar una ducha; luego estuve un rato en la habitación de Rb, viendo algunos videos de Youtube, mientras mis padres descansaban un poco en la habitación en la que usualmente duermo.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; y a la una servimos la segunda porción de comida estilo chino; al igual que el día anterior me preparé un chocolate, luego del almuerzo y le serví una taza de café a cada uno de mis progenitores; la conversación de sobremesa estuvo interesante y se extendió a las dos de la tarde.

Pero a esa hora me levanté y les comenté que lo mejor era que saliéramos, para evitar atrazos; les ayudé con las maletas en las que transportaban las herramientas mientras ellos se despedían de Rb; luego abordamos la van y salimos al boulevard.

El cual no se encontraba tan vacío como habría esperado, por ser domingo: antes de entrar al boulevard principal había una cola bastante extensa -aunque no detenida- y luego, subiendo la cuesta luego del puente encontramos otro embotellamiento; aquí si había una razón -aunque no muy válida-: un auto se había ido en una zanja.

Y aunque el vehículo no estaba bloqueando ninguno de los dos carriles, las personas en sus automóviles bajaban la velocidad para ver el percance, produciendo un embotellamiento innecesario; pero las cosas no estaba mucho mejor en la ruta al Pacífico.

Al parecer estaba lloviendo adelante, pues el tránsito estaba bastante lento; al final llegamos a la estación de transporte a las dos y media; y aún allí me confundí para llegar al lugar en el que mis padres debían abordar el autobús: nos metí al centro comercial del lugar.

Y es que no recordaba que había una ruta alternativa, en donde hubiéramos tenido que caminar unos doscientos o trescientos metros, en lugar del kilómetro o así por la ruta interior del centro comercial; pero, finalmente llegamos hasta el bus que va directo al puerto, lo abordamos, los dejé instalados, me despedí de cada uno e inicié el viaje de retorno a casa.

Para regresar tomé la ruta complementaria: saliendo de la ciudad en dirección al Pacífico, luego subiendo al boulevard desde el final de la cuesta de salida de la urbe; el viaje fue mucho más directo y sin ningun retraso.

Cuando vine me puse a revisar mis correos personales y, un poco más tarde, le propuse a Rb que saliéramos a caminar; ella me comentó que podríamos dirigirnos a la ferretería industrial en la que usualmente adquirimos herramientas: quería que compráramos el barreno que necesitaré para terminar de instalar las láminas.

Así que hacia allá nos dirigimos a las cuatro de la tarde; caminamos hasta el lugar y compramos un modelo similar al que traía mi padre -espero que a mí me funcione mejor-; además compramos una broca para perforar metal y un punzón -para evitar tener que seguir doblando clavos de lámina-.

Luego pasamos a la tienda verde de descuentos pues iba a necesitar otro par de guantes de trabajo -Rb también compró un par pues, supuestamente, me asistirá en los trabajos que realizaré en las semanas venideras-; luego de pagar las compras retornamos a casa.

Por la noche ví el final de la tercera temporada de Lioness; y decidí que ya no continuaré con la misma: o sea, me gusta la acción -especialmente si no tiene sentido-; y veo que el giro que se le está dando a la serie es más dramático que el que me agrada en un film de acción.

Y así terminó la larga semana: habiendo firmado mi salida de la compañía actual, sin firmar la entrada a la nueva empresa, con una galera a medias -y con un avance cuestionable- y previendo mucho trabajo de construcción para las semanas siguientes.

Y a ver cómo sigue eso... 

sábado, 19 de septiembre de 2026

El ayuno intermitente, la muerte, y el fuego... Intermittent fasting, death, and fire... Le jeûne intermittent, la mort et le feu...

Hasta el día domingo llevaba más de ciento ochenta días de mantenerme diariamente en ayuno intermitente: más de la mitad del tiempo -escribí código para darle seguimiento- ha sido veinte/cuatro, casi un veinte por ciento diecinueve/cinco y un poco menos de quince por ciento veintiuno/tres.

Y es que la última vez que había comido tarde -de noche- fue en el funeral del sobrino nieto de Rb: ese día -a mediados de febrero- le llevé sus alimentos a la funeraria, y me serví varios sandwiches -y café-; porque tampoco soy dogmático en el tema.

Y la razón de romperlo de esta forma -o sea, la semana anterior lo había hecho para darle apoyo emocional a un amigo- fue, nuevamente la misma que en febrero: otro funeral -esta vez de la mamá de la mejor amiga de Rb-; y no sé qué pensar sobre el hecho.

Pero, además, por segunda vez -la primera no fue hace mucho- olvidé que había dejado algo en la estufa y se consumió por completo; en la ocasión anterior se había tratado del té de Rb -y no pasó mucho-; en esta ocasión estuvo -creo- peor.

Y a ver cómo sigue eso... 

El domingo me levanté a las cinco y cuarto; como mi amigo voluntario vendría a las siete quería empezar a cocinar a las seis de la mañana; después de meditar tomé un buen baño y luego me metí a la cocina.

En donde estuve hasta unos minutos antes de las siete; preparé un omelete, café -no es muy bueno el que combina trigo-, frijoles fritos, platanos fritos, un par de longanizas y la salsa de tomate; estaba casi terminando cuando ví que mi amigo se estacionaba frente a la casa vecina.

Salí a saludarlo y nos instalamos en el comedor; en donde dimos buena cuenta de los desayunos -la noche anterior me había tocado correr a la panadería de la vuelta pues había olvidado comprar pan para el desayuno-; Rb se nos unió a la mesa un poco más tarde.

Usualmente cuando invito a mis amigos -son dos o tres nomás- trato de que la hora de partida no sea después de las once de la mañana; generalmente aviso bastante temprano que a esa hora debo salir, para tener un parámetro; y así lo hice con mi amigo.

Aunque en esta ocasión el evento estuvo algo diferente: Rb se dirigió, después de desayunar, al supermercado más cercano -aprovechó para comprar el pollo que no habíamos encontrado el día anterior-; y cuando retornó revisó su celular.

En donde encontró un mensaje -de casi dos horas antes- en el que su mejor amiga le informaba que su madre había fallecido -tenía un par de semanas de estar en el área de cuidados paliativos del hospital más grande de la ciudad-.

Rb empezó a tratar de comunicarse con su amiga y yo le comenté a mi amigo que, aunque ya era un resultado esperado (un par de días antes el médico le había dicho que no podía asegurar un tiempo pero eran horas o días), no dejaba de impactar; finalmente pudieron hablar.

Total que ya ni siquiera jugamos dominó -yo había sacado la versión en el que las fichas llegan hasta el número doce, e incluso había empezado a revolverlas-; a las once de la mañana mi amigo se despidió y llevé los trastos sucios al lavatrastos.

Entonces empezamos a preparar los almuerzos de la siguiente semana: pelé cuatro güisquiles y luego los pasé, junto con cinco zanahorias, un tallo de apio y varios chiles pimientos, por el rallador mecánico; luego sacamos a caminar a los perros.

La preparación la empezamos temprano porque Rb había decidido que se iría por la tarde a la funeraria a acompañar a su amiga -y quizá se quedaría toda la noche en el lugar-; y entre todo esto hubo un conflicto personal.

Porque, en cierto momento, Rb insinuó que yo lavaría los trastos que se habían estado acumulando; y yo le indiqué que no era necesariamente cierto: me molesta que este tipo de actividades -y asignaciones- se den por sentado.

Entonces el ambiente se puso bastante tenso; yo me encerré en mi habitación y estuve leyendo lo que me faltaba del libro en francés; un poco antes de las tres salí de la habitación y lavé la mayor parte de los trastos acumulados.

Al final Rb había decidido que se iría tarde a la funeraria; yo me había ofrecido -antes de la tensión- a llevarla, con lo que tenía un poco más de tiempo antes de prepararse para salir; a las cinco de la tarde abordamos la van y la llevé al lugar.

Como sabía que el ayuno se había terminado por el día -en la app que escribí puse un límite mínimo de doce horas para considerar el ayuno intermitente en la jornada- había estado comiendo frutas y snacks durante la tarde.

Luego de dejar a Rb en la funeraria decidí que -luego de mucho tiempo- pasaría por un helado a McDonald's; pasé a la sucursal que queda en el camino de vuelta y compré -tres dólares- un McFlurry; luego conduje a casa; en donde dí buena cuenta del helado -y de otro poco de snacks-.

Después estuve leyendo un poco -decidí ya no continuar con The Informationist por la misma razón que no terminé el libro infantil en el que un autor español denigraba la cultura árabe-; a las ocho cuarenta y cinco le dí de comer a los perros de Rb; y, como ví que el caldo de pollo que se le agrega a la comida había acumulado grasa en el borde, decidí ponerlo a hervir.

Lo que olvidé por completo después de ponerlo en la estufa; mientras los perros estaban comiendo le había enviado fotografías de los mismos a Rb; luego le pregunté por sus planes -por si debía llevarle comida para el día siguiente-; pero me pidió que llegara a acompañarla.

Como ando con el cabello bastante largo me apliqué gel y me peiné, me vestí de negro y me dirigí a la funeraria; temí encontrar embotellamientos por las celebraciones de la independencia, pero no encontré nada de esto; llegué bastante rápido al lugar pero el parqueo -subterráneo- es bastante estrecho, con lo que me tomó un buen tiempo estacionarme.

Luego crucé -por el paso subterráneo- el boulevard y subí al segundo nivel de la funeraria; el lugar estaba lleno y ví que el pastor de Rb estaba en medio de la homilía; le escribí a Rb para avisarle que había llegado y ella salió un momento del servicio.

Fuera de la sala me presentó a varias personas -la mayor parte de la gente que estaba allí eran feligreses- antes de guiarme al lugar en donde estaba acompañando a su mejor amiga; el servicio religioso seguía su curso y yo me serví café y varios sandwiches de queso.

Un poco después el servicio terminó y me serví otro café y un par de sandwiches de jamón; y un poco más tarde, cuando Rb salió un momento de la sala y me ofreció traer algo, le pedí otro café y otros sandwiches -el ayuno murió por completo-.

Estuvimos en el lugar hasta después de la medianoche; mucha gente había empezado a retirarse del lugar y tuve que despedirme de un montón de personas que conocen a Rb; un poco después de las doce nos despedimos y retornamos a casa.

Las calles estaban bastante vacías, por lo que no tardamos mucho en estacionar la van frente a la casa; pero cuando entramos Rb se preguntó en voz alta por el olor a quemado; y allí recordé el caldo de pollo: fuimos a la estufa y, luego de apagarla, comprobamos que lo que había sido caldo ahora eran varios carbones al fondo del pocillo de peltre.

Le comenté a Rb que había querido hervir el ingrediente de la comida de sus perros, pero que lo había olvidado por completo; haciéndome responsable de la reposición del pocillo -el que al final, no se desechó- y autorecriminándome por el olvido; pero, quizá por la hora, ya no hablamos al respecto sino que cada quién se metió a su habitación.

El lunes me levanté a las seis y media; el día anterior había decidido que le escribiría al Gerente de Recursos Humanos de nuestra área -el viernes a las cinco de la tarde había enviado un correo para informar que estaban a punto de enviar los documentos de traslado de empresa-; pero quería comentarle a mi PM antes de enviarlo.

Medité y luego salí a encender las dos computadoras; le escribí a mi PM y luego tuvimos una corta conversación; le comenté lo que iba a hacer y le propuse incluirlo en el correo, o agregarlo como destinatario oculto; prefirió lo segundo.

Por alguna razón -desvelos, cansancio- me sentía bastante desganado; quizá también influyó toda la comida que ingerí el día anterior: había tenido que ir varias veces al baño y no tenía intención de comer en mucho tiempo.

Como Rb quería participar en la exhumación, al mediodía, se había levantado a contestar llamadas una hora antes de lo habitual; salió de su habitación para darle de comer a sus perros -un poco después de las ocho- y luego se alistó y se despidió.

Yo había comprobado el estado del pocillo en el que se consumió el caldo la noche anterior y, luego de lavarlo, había decidido limpiar -luego de muchos meses- la estufa: generalmente le coloco papel de aluminio para proteger la superficie de acero inoxidable.

Pero el papel de aluminio llevaba tanto tiempo -y le había caído tanta comida- que, en algunas partes, practicamente se había soldado al acero; entonces quité las parrillas y los quemadores y los dejé -por aparte- en remojo con detergente.

Estuve ocupado en esto hasta las llamada de las nueve de la mañana; en donde nuestro supervisor continuó con los planes para que el equipo presente una demo de la app que probamos para un público que habla español.

Lo malo fue que después de esta reunión volvió a convocarme a otra con el analista que vive en la ciudad colonial; y nos asignó la misma tarea en dos servidores diferentes; el otro analista ha estado repitiendo esta tarea por varias semanas.

Y yo me dediqué más a continuar con la limpieza de la estufa: le apliqué bicarbonato y vinagre al acero inoxidable; luego le apliqué una buena capa de desengrasante; luego talle las parrillas y los quemadores.

Al final llegué casi al mediodía ocupado con la limpieza; pero también me estuve reuniendo -creo que en tres ocasiones- con el analista de la ciudad colonial; aunque no pude avanzar mucho en la tarea: él fue muy amable en la explicación, pero los equipos no estaban funcionando en la forma esperada.

Al mediodía saqué a caminar a los perros grandes; y en esta ocasión incluso levanté los desechos que estaban acumulándose en el patio frontal; después coloqué nuevos folios de papel de aluminio en la estufa, rearmé los quemadores y coloqué las parrillas: me gustó el resultado final.

A las dos cuarenta y cinco le dí de comer a los perros de Rb; luego tomé mis únicos alimentos del día -o sea, pasé de diecisiete/siete del día anterior a veintitrés/uno el lunes-; de hecho en la misma comida consumí un banano, un poco de papaya y una gelatina -parte del desayuno- con tres cuartas partes de la porción de pollo con verduras del almuerzo.

Además me preparé un café y lo consumí con un poco de pan y media galleta; y creo que hubiera estado bien con -mucho- menos alimentos, pero, tampoco me llama la atención llegar a extremos en mis hábitos; al final no entregué lo que mi supervisor me había solicitado.

Mi compañero envió un correo con los resultados de sus pruebas; yo tomé este mismo correo y le comenté a mi supervisor que había recibido el apoyo adecuado, pero que los equipos no estaban funcionando bien, y que continuaría el miércoles -porque el martes es asueto-.

Por la mañana había estado tratando de comunicarme con mi ex compañero de la facultad de ascendencia asiática -desayunamos el día del trabajo-; pero no había conseguido más que una sugerencia para hablar por la tarde; entonces le había escrito a mi ahijado, para ver si podíamos reunirnos el martes; pero él planeaba acompañar a sus hijos en un desfile escolar. 

A las cinco de la tarde, luego de enviar el correo a mi supervisor, me vestí y salí a caminar; me dirigí a los supermercados en dirección norte; aunque no tenía planes de comprar nada; pero decidí caminar más -y es que no había hecho la rutina de ejercicios de los lunes-.

Continué caminango en la misma dirección y pasé el comercial cercano a la iglesia de Rb; en total -comprobé la distancia con Google Maps- caminé tres kilometros y tres cuartos, antes de decidir retornar a casa; a donde vine casi a las seis y media.

Rb vino un poco más tarde -habíamos estado comunicándonos por whatsapp- y me traía un pastelillo de Dunkin Donuts; coo sentía que no había hecho mucho durante el día decidí utilizar una rueda de decisión para cuatro opciones: leer, escribir, preguntas de Fabric y app de repaso espaciado -aunque primero completé media hora de Duolingo-.

La primera actividad resultó ser preparar las preguntas para la app de repaso espaciado; puse un timer de cuarenta y cinco minutos y me concentré en depurar las preguntas, respuetas y explicaciones de varias áreas; luego me tocaba leer, aunque, en el ínterin, logré comunicarme con mi ex compañero de la facultad y acordamos reunirnos a desayunar al día siguiente.

Por lo que decidí que, como seguramente, tendré tiempo mientras lo espero, lo aprovecharé para leer; con lo que me pasé a la siguiente actividad: responder las preguntas del examen de Fabric; lo que me ocupó hasta cerca de las nueve y media; hora en la que Rb decidió que empezaría a prepararse para dormir.

Entonces salí de su habitación y decidí realizar la última actividad de la rueda de decisiones: escribir; me metí a mi habitación y, durante más de una hora estuve actualizando mis notas -incluyendo esta-. 

El martes me levanté a las seis y media; me sentía bastante agotado por los dos días de desvelo (funeral y actividades realizadas demasiado tarde); medité veintiocho minutos, luego retorné a la cama a completar algunas lecciones de Duolingo.

Pero no me quedé mucho tiempo en la cama porque tenía que empezar a alistarme para salir: había programado un desayuno con mi ex compañero de la facultad con quien me reencontré el primero de abril; me metí a la ducha, me vestí, pasé a despedirme de Rb y me dirigí caminando al boulevard principal.

Como era un asueto nacional -el día de la independencia- el boulevard estaba bastanet vacío; ví nomás un par de busitos mientras caminaba hasta la ruta intermunicipal; pero cuando llegué también el boulevard principal estaba vacío; de hecho me tocó tomar un busito normal para llegar al comercial en donde se estacionan.

Yo le había propuesto a mi amigo que desayunáramos en el restaurante en donde frecuentemente invito a mis amigos y conocidos a desayunar -o a tomar café por las tardes-, pero él insistió en que la otra opción -la misma que la vez anterior- era más saludable.

El restaurante se encuentra en la planta baja de un gran centro comercial a unos metros del comercial en donde se estacionan los busitos; llegué al lugar un poco antes de las ocho y media y estaba buscando el área de espera -mi amigo es usualmente impuntual- cuando ví a mi amigo que estaba bajando del segundo nivel.

Nos asignaron una mesa y ordenamos un par de desayunos -mi amigo también ordenó una tabla de frutas-; y nos pasamos el siguiente par de horas entre desayuno y conversación; la mayor parte de esta última fue sobre el éxito financiero y las conquistas pasionales de mi amigo.

Estaba temiendo la cuenta -me había propuesto invitarlo-, pero cuando mi amigo la ordenó sacó su tarjeta de crédito -fueron como cuarenta dólares-; luego me pasó a dejar -en su autmóvil eléctrico- al comercial en donde se estacionan los busitos.

Vine a casa bastante rápido y aún comí un poco de fruta -un banano y un poco de papaya-; un poco después sacamos a caminar a los perros, luego calentamos la porción del día y almorzamos -yo me empecé a sentir un poco incómodo del estómago-.

Por la tarde estuve revisando las preguntas del examen de Fabric, además, modifiqué la app de repaso espaciado: muchas de las preguntas contienen tablas de datos y no se estaban mostrando bien; hice una modificación en el código html y lo subí a GitHub.

Además, estuve revisando el contrato de trabajo que enviaron de la empresa que actuará como Employer of Records de ahora en adelante; la verdad es que la operación me está pareciendo bastante decepcionante:  creo que ninguna de las dos empresas se hará cargo del pasivo laboral de los últimos doce años -lo que estaba considerando como una pérdida-.

Rb me había propuesto que completáramos una rutina de ejercicios; pero estuvo bastante ocupada durante toda la tarde, al final completamos los ejercicios a las cuatro de la tarde; pero antes hubo un connato de conflicto: por mi molestia ante la asunción de que estoy obligado a realizar ciertas cosas -como siempre pelar y partir la papaya-.

Después de completar la rutina salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; en el camino Rb me comentó que le preocupaba que mi humor estaba empeorando -por el connato de discusión que tuvimos antes de los ejercicios-; al principio intenté contra argumentar; después nomás estuve diciendo Ok hacia todas sus apreciaciones.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado más cercano; allí compramos un poco de bananos y yo aproveché para proveerme de la pechuga para el almuerzo del sábado con mi hijo menor; además compré una bolsa de aceite -ya casi no tenía en la botella de vidrio-.

Caminamos de regreso a casa, pero, antes de entrar a la garita pasamos a la tienda a ver si había papaya; y nomás había un par en muy pobres condiciones, entonces pasamos a la tienda de la vuelta, pero tampoco tenían; venimos a dejar las compras y le propuse a Rb caminar en el otro sentido para ver si encontrábamos papaya en alguna tienda.

Caminamos casi hasta la mitad del camino hacia los supermercados en dirección norte; y en las tres tiendas a donde acudimos no encontramos lo que buscábamos; entonces retornamos a casa, aunque pasamos comprando una de las dos papayas que habíamos visto originalmente en la tienda de la vuelta.

Por la noche partí la papaya, luego estuve respondiendo la evaluación de la lección diaria de Fabric y completando el último grupo de preguntas del sitio de exámenes en el que he estado practicando las últimas semanas; como me sentía bastante cansado me retiré temprano a mi habitación.

Seguía sintiéndome incómodo del estómago: no me dolía, pero sentía cierto malestar en determinada posición; no sé si se debió al descontrol en los alimentos desde la semana anterior: primero fue invitar a refaccionar a mi amigo por la tarde, luego, el domingo, comer bastante cerca de la medianoche; y luego el mismo día el desayuno con mi amigo.

Creo -o sospecho- que ese relajo alimenticio, aunado con la decepción del contrato con la nueva empresa -o la irresponsabilidad de la empresa en la que he trabajado doce años para asumir el pago de la liquidación- provocaron esa tensión; lo que me afectó, incluso, en la meditación de esa noche.

Entonces decidí que no valía la pena: podía luchar contra los hechos -contratar un abogado, acudir al ministerio de trabajo-, pero decidí que lo asumiría como una pérdida; a veces se gana y a veces se pierde; y en esta ocasión asumo lo segundo, para no continuar afectando mi bienestar.

El miércoles me desperté un poco mejor: ya no sentía la molestia estomacal de la noche anterior; además, temprano, le comenté a Rb la decisión que había tomado con relación a la situación laboral del presente año: tomaré las cosas como vengan.

Me levanté a las seis y media y completé el período de meditación, luego salí a encender las computadoras; como no tenía reunión hasta las nueve me puse a estudiar un poco de Fabric -después de completar varias lecciones de Duolingo-.

Y me pasé el resto de la mañana completando las preguntas que había fallado en el sitio con preguntas del examen -sesenta en total, aunque una está duplicada-; como tenía la reunión quincenal con mi supervosora local escribí en el chat del equipo que no podría asistir a la reunión diaria.

Ya me había dado cuenta que esta sería la última reunión de este tipo con mi supervisora: dentro de dos semanas ya estaré trabajando bajo otra administración; y la mayor parte de la misma fue sobre cuestiones personales: familia, amigos y así; porque ya no tenía sentido revisar metas laborales anuales o temas similares.

Pero, al final de la reunión, la supervisora me sorprendió con el último anuncio: consiguió que le aprobaran una última reunión departamental para la siguiente semana; o sea que tendré que salir de casa un día de la próxima semana.

Cuando anuncié que no acudiría a la reunión de equipo indiqué que estaba trabajando en la misma asignación del lunes; mi supervisor me respondió con que no era prioridad y que conversaríamos más tarde sobre las tareas.

Al finalizar la reunión con mi supervisora le escribí al analista que vive en la ciudad colonial para inquirir sobre actualizaciones; me comentó que la prioridad del día era revisar los hallazgos que habíamos reportado en las semanas anteriores: teníamos una nueva versión de la app que probamos.

Revisé el largo listado de hallazgos pero me dí cuenta que nomás tres habían sido reportados por mi persona; yme puse a trabajar en los mismos -la verdad es que no eran muy complicados-; un poco más tarde mi supervisor me llamó para revisar unos detalles de la app.

Además, en la misma reunión pude conocer un poco más de su lore: le actualicé sobre la situación de los contratos en el equipo local -para el equipo en el Imperio del Norte el cambio se está realizando de otra forma- y me contó que, además de este trabajo, también se dedica a comprar y vender automóviles.

La mayor parte del día me la pasé afinando la app con la que practico el repaso espaciado; a las doce completamos la rutina de ejercicios de los miércoles, luego sacamos a caminar a los perros grandes; después calentamos y consumimos la tercera porción de la mezcla de verduras y pollo a la que llamamos comida china.

Por la tarde trabajé en el último de los hallazgos que tenía pendiente de revisar; al final marqué los tres como aceptables; también estuve tratando de leer un poco pero, realmente, me quedé dormitando un rato en la cama.

Como Rb tenía clase de teología al principio de la noche salimos, a caminar a las cuatro y media; caminamos hacia los supermercados en dirección sur: teníamos pendiente comprar sal y los mejores precios los hemos encontrado en el supermercado que está cerca del extremo del boulevard.

Caminamos hasta el final del boulevard y luego lo cruzamos para entrar al supermercado; allí compramos una bolsa -de una libra- de sal de cocina y dos bolsas -de media libra cada una- de sal de mesa; Rb también compró una bolsa de Maseca pues quiere animarse a probar si el maíz aún le produce alergia.

En el otro supermercado compramos un poco de bananos; después de pasar al segundo supermercado retornamos a casa; Rb entró a su clase de teología y yo me metí a mi habitación a completar lecciones de Duolingo (ando otra vez con un ELO superior a mil seiscientos).

Además completé una ronda de preguntas en la app de repaso espaciado: obtuve una puntuación de más del ochenta por ciento, pero mi meta es -en pocos días- alcanzar el cien por ciento; también estuve leyendo el libro con el que sustituí The Informationist.

Cuando escuché que Rb terminó su clase de teología me pasé de mi habitación a la suya, estuve revisando los libros que aún llevo a medias y consideré ver alguna serie o película, pero, al final, ya no me dió tiempo.

El jueves estuvo bastante tranquilo, o al menos lo sentí así: como ya no quería seguir luchando -o preocupándome- de lo que sucederá con el pasivo (serían como veinte mil dólares) firmé -digitalmente- el contrato que me enviaron de la oficina del país más grande de sudamérica.

En el plano laboral no hubo mucho: el día anterior ya había completado la revisión de los hallazgos que tenía asignados; entonces me dediqué a practicar con las preguntas del examen de Fabric; también traté de cambiar el lugar para tomarlo -quise pasarlo a una locación física- pero no fue posible.

Por la tarde, después del horario laboral, nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; Rb quería ver si encontraba un café -había decidido empezar nuevamente a consumirlo al acudir a un Dunkin Donuts luego de la inhumación de su amiga- en la tienda verde de descuentos.

Pero no encontró allí nada que le interesara; yo, por mi parte, compré una bolsa de marshmallows, los que planeo repartir a mis -pronto ex- compañeros de trabajo en la reunión del siguiente miércoles.

Después de la tienda de descuentos pasamos al supermercado más cercano, pero allí tampoco encontró Rb un café que le pareciera adecuado -los que le gustaron estaban demasiado caros-, por lo que iniciamos el trayecto de vuelta a casa.

A medio camino pasé a la panadería en donde encuentro el pan más económico -medio dolar me alcanza para el pan del desayuno de tres días-; también pasamos a la panadería de la vuelta, en donde compré un cubilete con chispas de chocolate.

El viernes me levanté a las seis y media, medité y luego salí a encender las computadoras, luego de pasarlas de la bodega a la mesa del comedor; como no tenía reuniones temprano -la primera empezaba a las nueve- me puse a completar lecciones de Duolingo.

Luego estuve leyendo un poco en la cama; a las nueve entré a la reunión semanal del equipo; en la que el supervisor intenta mostrarle a su jefe que estamos trabajando; a mis compañeros les asignó en la reunión más trabajo relacionado con la demostración -en español- que tendrán que hacer pronto.

A mí nomás me indicó que siguiera trabajando en la documentación, junto con los tres analistas en el Imperio del Norte; o sea que -al parecer- mi última semana en este trabajo será casi tan tranquila -e inconsecuente- como los últimos años: mi aporte en esa tarea ha sido -básicamente- corregir formatos y diseño de los documentos.

Después de esta reunión me preparé el desayuno de los fines de semana: Rb me había reservado un par de yemas y les agregué un huevo para preparar la torta con la que me armo un pan bastante completo.

El resto del día fue casi nulo en el sentido laboral; los compañeros estuvieron discutiendo sobre las condiciones del contrato con la nueva empresa -el horario en el mismo se nota más extendido-, pero traté de no entrar en la discusión: igual los horarios han sido siempre bien irregulares.

A las doce Rb salió de su habitación y completamos la media hora de la rutina de ejercicios, luego sacamos a los perros; cuando entramos preparé un par de enormes ensaladas y Rb puso a cocinar uno de los pescados que mi madre nos había enviado en mi último viaje.

Por la tarde todo siguió su curso: café, té y lavado de trastos; Rb continuó la mayor parte de la tarde traduciendo llamadas y yo me entretuve entre ejercicios de Fabric -traté de cambiar la fecha del examen, adelantándolo una semana, pero tampoco me fue posible-, ajedrez en Duolingo y lectura.

Al finalizar la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur: queríamos comprar un par de pollos para los almuerzos -caldo de pollo- de la siguiente semana; caminamos hasta el final del boulevard -en donde pasamos a la panadería pues quería comprar un poco más de pan para mis desayunos- y luego retornamos al supermercado de la mitad del camino. 

En el supermercado compramos los dos pollos, un poco de bananos, y el pepino que me hacía falta para la ensalada del día siguiente; cuando retornamos a casa puse, en un par de litros de agua con lejía, a desinfectar todas las verduras de la ensalada -menos la manzana verde, que ya estaba desinfectada, y el aguacate-.

Después me puse a preparar los dos rollitos de pollo que llevaría al almuerzo del día siguiente: el día anterior había bajado del freezer la pechuga, la que partí a la mitad, martillé cada una de ellas y las rellené con jamón de pavo, queso amarillo y la mitad de un chile pimiento; luego los almacené en la refrigeradora. 

Por la noche recibí una llamada de mi madre: querían venir al día siguiente a trabajar en la construcción de la galera que está ya medio derruida en el patio trasero de la casa de Rb; pero le indiqué que no me quedaba bien: ya tenía comprometido el día siguiente.

Les propuse la semana siguiente -aunque, realmente, estaba pensando que fuera dentro de dos o tres semanas, porque el sábado siguiente ya había previsto la reunión mensual con mi hija mediana- y estuvo de acuerdo.

Después de terminar la llamada estuve revisando mi calendario anual: mi hija mediana no me había confirmado, aún, la reunión de la siguiente semana; así que decidí que la movería para la primera semana de octubre; le escribí en whatsapp pero tampoco me contestó.

Y a ver cómo sigue eso.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Doce años, y una bicicleta... Twelve years, and a bike... Douze ans et un vélo...

Hoy me dí cuenta que la semana pasada cumplí doce años de trabajo ininterrumpido; y de que se me había pasado, por completo, la fecha; o sea, en alguna ocasión recibí un correo de la oficina de Recursos Humanos, conmemorando mi aniversario laboral, pero quizá fue una o dos veces y hace seis o siete años, en fin.

Y no ha sido tan sencillo el trayecto: un par de años después de que entré hubo una gran división -una gran parte de la plantilla pasó a conformar otra empresa-; luego, dos o tres años después, casi todos pasamos a otra empresa.

Luego, dos o tres años más tarde, despidieron a la mayoría del personal de mi división porque querían que nuestros colegas del subcontinente asiático se hicieran cargo de nuestras tareas -no pudieron hacerlo bien-; afortunadamente yo -y una compañerita- trabajábamos directamente con la directora y eso nos permitió continuar trabajando.

Pero ahora, después de doce años, ha llegado -al parecer- el capítulo final: desde mayo anunciaron que estaban vendiendo del departamento en el cual trabajo -y al que me trasladé dos años atrás, luego de un año de haberme cambiado de posición-.

El proceso no ha sido ni fácil -creo- ni claro: la empresa que nos compra se dedica a eso; llevan más de veinte años en el mercado -como parte de otra corporación más grande-, y lo que realizan es eso: adquieren empresas -o partes de empresas-, las organizan para que funcionen independientemente y luego nomás las administran.

Pero, como acá no hay oficina de esta empresa, se supone que seremos trasladados a un Employer of record, pero no se vé nada claro: hace dos viernes nos reunimos con varias personas de esa empresa y quedaron algunas dudas; por ejemplo, si seremos liquidados, o qué pasará con el pasivo laboral.

Lo único que sacamos en claro de la reunión fue que las vacaciones atrasadas serían pagadas y se empezaría con un record de cero, a partir del primero de octubre; pero también debían enviarnos unas propuestas de traslado la semana anterior, y no ocurrió.

Y a ver cómo termina eso.

Lo otro: hace unos ocho o diez años adquirí una bicicleta -justamente del amigo que vive en el otro extremo de la ciudad: me la vendió para celebrarle un aniversario a su esposa-; la misma ha estado -la mayor parte del tiempo- inactiva (incluso se le pudrieron las llantas en una ocasión).

La saqué una vez hace varios años: la llevé a la gasolinera a llenar los tubos de aire; y en otra ocasión pagamos con Rb su reparación total -cambio de llantas, ajustes de frenos, etc-; pero sigue almacenada en la lavandería.

Hasta hoy, después de mucho tiempo recordé el período en el Imperio del Norte; en el segundo y tercer viaje me movilicé en la ciudad casi exclusivamente por este medio de transporte.

Y así empezó mi semana.

El lunes me levanté a las seis y media; sabía que sería un día silencioso en el tema laboral -es el Labor Day en el Imperio del Norte- pero no esperaba que tanto; el supervisor nos había comentado el viernes que todo estaría vacío en las oficinas y que debíamos seguir trabajando en el documento.

Fue justamente doce años atrás que empecé mi trabajo actual: se suponía que empezaría el primer día del mes que también era el primer día de la semana, o sea, el primero de septiembre; pero, por ser el primer lunes de septiembre, era asueto federal en el Imperio (Labor Day); así que me tuve que esperar un día extra para empezar a trabajar.

Después de meditar salí a encender mis dos computadoras; revisé que no tuviera ningún mensaje o correo pendiente en la del trabajo y luego me puse a completar lecciones de Duolingo.

Como no tenía nada de trabajo -estuve monitoreando mis mensajes y correos- aproveché para tomar algunas lecciones de Go: el juego me ha interesado desde hace mucho tiempo y, en un par de ocasiones, he intentado aprenderlo; aún no lo he logrado.

Antes de desayunar me dí cuenta que no había bananos maduros -teníamos un par de racimos de bananos pequeños pero en un estado bastante lento de maduración-, por lo que le comenté a Rb que iría al supermercado.

Ella me indicó que podría comprar en la tienda de la esquina, pero se me ocurrió sacar la bicicleta de la lavandería y usarla por primera vez en varios años; el año pasado -o este, no recuerdo- había comprado un inflador y le eché un poco de aire a la rueda trasera.

Me dirigí en bicicleta al supermercado más cercano, en direción sur; como hay una inclinación, la ida fue bastante agradable; compré bananos por valor de un par de dólares e inicié el camino de vuelta; el cual fue más complicadillo porque subir la cuesta que se encuentra a la mitad del trayecto requirió un esfuerzo sostenido.

Cuando retorné del supermercado -dejé la bicicleta en la sala- me puse a estudiar un poco de Fabric; luego, antes de desayunar, leí un poco de Tinta y Sangre; me está costando un poco avanzar en el libro pues es bastante denso y hay bastante introspección.

A las diez me preparé el desayuno -el cual acompañé con un poco de pastel tres leches-; luego continué en la mesa del comedor, viendo algunos videos de youtube y repondiendo algunas preguntas de Fabric.

Por ser Labor Day en el Imperio el trabajo de Rb había estado bastante inconsistente: la mayor parte de llamadas habían sido cortas; un poco antes de las doce entré a su habitación pues no había escuchado que estuviera en llamada; pero lo estaba.

Entonces revisé mi whatsapp y encontré un mensaje comentándome que estaba en medio de una llamada; por lo que decidí sacar a caminar a los perros a esa hora, mientras ella completaba la llamada, para realizar luego la rutina de ejercicios de los lunes.

Me vestí y le puse los arneses a los perros, los saqué a caminar pero, un poco después de pasar frente a la casa ví que Rb ya había completado su llamada y estaba por salir de casa; caminé un poco más y luego la esperamos.

Después de completar la caminata iba a calentar la comida, pero me irritó una indicación de Rb sobre la forma de proceder con el caldo; entonces le comenté que me encargaría de las ensaladas y que ella se encargara de calentar el caldo, los chiles rellenos y la salsa.

Y así estuvo tranquila -espero- la cosa; el almuerzo estuvo muy bien: los chiles rellenos le quedaron mejor de los que he probado en el pasado, y el acompañamiento con caldo de pollo -al que agregué un poco de ramen- y ensalada estuvo perfecto.

Después del almuerzo me preparé un café; luego me retiré a mi habitación a leer lo que me quedaba del capítulo de Tinta y Sangre; pero antes de completarlo cerré los ojos por un momento y me quedé un tiempo en estado de duermevela.

Por fin completé el capítulo y, después de jugar un par de partidas de ajedrez, salí a ofrecerle un té de manzanilla a Rb; mientras el agua hervía me puse a lavar los trastes que se habían acumulado en el día.

Después me quedé en la mesa del comedor, para evitar dormirme; aproveché para terminar la lección diaria de Fabric y completar la segunda página diaria de preguntas del examen de certificación -completaré la tercera ronda en un par de días y luego planeo concentrarme en las preguntas que aún no domino (que espero que no sean muchas)-.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llevaba la mochila con aislante térmico pues Rb planeaba comprar varias libras de pechuga para sus desayunos -en el supermercado más lejano-.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos al supermercado; Rb adquirió varias libras de pechuga y yo compré una bolsita de crema, para el desayuno que planeo preparar el domingo -también compré una bolsa de snacks con motivos del pasado mundial de futbol-.

Antes de entrar al supermercado habíamos pasado a una farmacia -hay tres o cuatro en la misma calles- pues Rb necesitaba comprar micropore, gasas y una pomada con la que está tratando las alergias de su perro -llega a arrancarse trozos de pelo al rascarse-.

En el otro supermercado compré la pechuga que necesito para el almuerzo con mi hija mayor el sábado; también compramos un par de lechugas -super caras, pues no había de las tradicionales-, además compré un poco de café molido -para mezclar con el más barato que había comprado el mes anterior- y una bolsa de tortillas de maíz, para los tacos de pescado.

Al inicio de la noche, después de haber retornado de los supermercados y almacenado en la refrigeradora todo lo que necesitaba refrigeración -pollo, lechugas y la crema-, me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; después, como ya había completado las dos páginas de preguntas y la lección de Fabric, me pasé a la habitación de Rb.

En donde ví completo el último capítulo publicado de Nanoha -el anime (creo) tiene como tres títulos, y no estoy seguro de cuál es el más confiable-; además ví una parte del penúltimo capítulo de Special Op: Lioness.

El martes me levanté a las seis y media; creo que dormí muy bien porque me desperté un rato antes de que sonara la alarma del celular; pero no me levanté en cuanto sonó: me quedé esperando la alarma de las seis y veintisiete y entonces me levanté a meditar.

Después salí de la habitación, saqué ambas computadoras de la bodega y las pasé a la mesa del comedor; luego las encendí, Rb estaba aún en el baño y luego se metió a su habitación a contestar llamadas -el día anterior había sido asueto y esperaba tener una mejor jornada-.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; aunque había visto, a las siete, que la compañera de mi supervisor había avisado que no estaría en la misma; y la llamada estuvo rarísima: el director de desarrollo se extendió en un discurso sobre mejorar el desempeño del equipo.

Total que la llamada se extendió más de la media hora que usualmente dura; en ese tiempo yo había estado haciendo lecciones de Duolingo, y creo que incluso completé una partida de Scrabble online; a las nueve entré a la siguiente reunión -antes había leído una buena porción del capítulo de Tinta y Sangre-.

En la reunión de las nueve no hubo -al igual que toda la semana- casi nada de avance: aún no tenemos acceso al servidor remoto; después de la misma continué leyendo, hasta las diez menos cuarto; a esa hora uno de los analistas en el Imperio del Norte empezó la llamada.

Ingresé a la misma y ví que ya estaba allí el supervisor, un poco después entraron los otros dos analistas locales; y es que las reuniones han sido más inútiles que de costumbre: básicamente es el supervisor comentándonos que no hay acceso a la red y que debemos revisar cuidadosamente el manual que nos confió.

Pero yo agregué un tema en la reunión de este día: el día anterior el supervisor nos había comentado que un analista peruano podría necesitar de nuestra ayuda para revisar una presentación en español; le recordé nuestra disposición y dijo que iba a darle seguimiento.

A las diez me preparé el desayuno, el que acompañé con el tercer cuarto del pastel tres leches que compré el sábado por la noche; después del desayuno continué leyendo -terminé la porción de Tinta y Sangre y me pasé a The Informationist-.

Un poco antes del mediodía Rb salió de su habitación -un poco antes me había enviado un mensaje mostrándome que el instructor de zumba había avisado (muy tarde) que no llegaría a clase: igual, ella había decidido antes que no acudiría- y se puso a completar una rutina de ejercicios en la sala.

Aún no había completado la rutina cuando llegó la hora de sacar a caminar a los perros -antes de que ella saliera yo había preparado varios ingredientes del almuerzo: piqué un poco de lechuga, rallé un poco de zanahoria y licué un par de aguacates-; entonces me vestí, le puse arneses a los perros grandes y los saqué a caminar.

Cuando estaba iniciando el retorno de la mitad de la primera vuelta ví que Rb salió de casa; con la bolsa de los desechos (la cambia cada semana), pero los perros ya habían realizado sus excreciones y yo las había recogido con una bolsa roja, por lo que le hice señas para que dejara la bolsa en casa.

Después de completar las dos vueltas metimos a los perros a casa; luego de lavarme las manos puse a calentar la mitad del paquete de tortillas de maíz que había comprado el día anterior; además saqué los demás ingredientes de la refrigeradora: el pescado (el cual cubrí con papel húmedo y lo metí al microondas), la lechuga, el guacamol, la zanahoria rallada y un poco de salsa barbacoa que había preparado la noche anterior. 

Almorzamos cuatro tacos -los míos los hice con dos tortillas cada uno-, ensalada y caldito de pollo (al mío le eché unos gramos del ramen congelado que ha estado ya varias semanas en el congelador); después me preparé un café.

Después de almuerzo -el tema laboral estaba tan bajo que había incluso considerado zafarme un rato para ir al organismo de seguridad social a dejar el formulario; pero no había impreso aún los documentos- me pasé a la cama a terminar de leer el capítulo de The Informtationist que llevaba a medias.

Pero en eso sonó la alarma y salí a ofrecerle un té de manzanilla a Rb; puse a hervir el agua -con la hierba- y me dediqué a lavar los trastes -era una montaña- que había en el lavatrastos; cuando hirvió el agua apagué la hornilla, pero quería terminar de lavar los trastos antes de pasar el té a la taza; pero Rb llegó antes y se lo sirvió.

Para no dormirme por la tarde metí cuatro opciones en una decision wheel: leer, escribir, lección de Fabric, preguntas de Fabric; y le dediqué veintisiete minutos a cada una: primero leí el final del capítullo de The Informationist -y empecé la parte final del libro de Agile-.

Luego respondí veinticinco preguntas del mismo tema en el sitio con preguntas -supuestamente- del examen de certificación; después completé la lección diaria que me proporciona el LLM -ya solo me fantan doce días de este plan-.

Por último me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-, hasta que Rb salió -a las cinco- de su habitación; entonces me vestí para salir a la caminata diaria: habíamos acordado dirigirnos a los supermercados en dirección norte.

Y es que yo quería imprimir cinco páginas en la tienda de tecnología en donde hemos comprado las últimas computadoras: dos formularios vacíos, uno completado y dos copias de mi documento personal de identificación nacional.

Caminamos hasta el inicio del boulevard, cruzamos el principal y entramos a la tienda; nos tocó que esperar un poco porque la persona que llegó antes que nosotros estaba imprimiendo bastante material; pero, al final pasé los documentos a la computadora de la oficina -me tocó que vincular mi whatsapp- y recibí las cinco impresiones (casi un dólar).

Después pasamos a la tienda verde de descuentos: yo quería comprar una botellita de salsa de soya -no le había echado a la salsa de barbacoa que preparé la noche anterior porque la última botella se me había acabado unas semanas antes-; Rb quería comprar sal.

Pero no había ninguno de estos dos artículos: es lo malo que tiene ese negocio; la reposición de artículos es muy esporádica; es como que compran muchos artículos a granel, pero luego -muchas veces- ya no hay reposición de las existencias.

Como no queríamos comprar en el supermercado que queda al inicio del boulevard -sino en el que queda en el otro extremo- caminamos de vuelta a casa; a medio camino se encontraba una señora sentada y con una posición similar a los adicto a fentanilo -o lo que se ve en la televisión-.

Rb dudo si ofrecerle ayuda pero finamente se acercó y la despertó; yo me mantuve a una distancia prudente y no escuché muy bien el diálogo: al parecer la señora nomás le dijo que vivía a la vuelta pero que no necesitaba ayuda; con lo que continuamos el retorno a casa -un poco más adelante Rb se encontró tirado un billete de tres dólares-. 

Por la noche ví una tercera parte del penúltimo capítulo de Special Ops: Lioness y la mitad de un capítulo de The Ghost in the Shell - comitee (creo que así se llama la serie); y traté de dormirme un poco temprano porque planeaba madrugar al día siguiente.

El miércoles me desperté bastante temprano: había puesto la alarma para las cinco de la mañana pues quería ir a la institución de seguridad social del país y quería regresar antes de la primera reunión del equipo (a las nueve de la mañana).

Pero me desperté antes de que sonara la alarma; de hecho dudé sobre ver la hora porque temía que no podría dormirme nuevamente; pero, al final, lo hice: apenas pasaban de las cuatro de la mañana, por lo que volví a dormirme, hasta las cinco.

A esa hora me levanté a meditar; luego me metí a la ducha y tomé un buen baño; después me vestí, entré a la habitación de Rb a despedirme e inicié la caminata hasta el boulevard principal (cuando pasé por la garita le dejé cincuenta dólares que Rb me había encargado entregarle al guardia: posiblemente le vendrían a dejar unos audífonos y no quería que interrumpieran su trabajo).

Caminé hasta el inicio del boulevard, a donde llegué apenas unos minutos después de las seis; el bus no tardó mucho en pasar y me apeé a un par de calles de la estación del transmetro; la cual no estaba muy llena, abordé la siguiente unidad en pasar y me apeé en la Municipalidad de la ciudad.

De allí caminé dos o tres calles hasta la sede central de la institución de seguridad social; apenas pasaban unos minutos de las siete cuando llegué al lugar; el cual ya se veía con cierta actividad: hay dos grandes entradas, una para el ingreso y la otra como salida.

Entré al lugar y un empleado me asistió en obtener un número para realizar el trámite: presentar el formulario con el que solicitaba actualizar el conteo de contribuciones a la entidad -para jubilarme debo cumplir dos condiciones: tener más de sesenta años (o sea, en siete) y comprobar doscientas cuarenta aportaciones mensuales).

Por lo estable de mi última década -o un poco más, realmente-, tengo en el registro digital ciento cincuenta cuotas (doce años en la empresa actual y seis meses en un banco, dos trabajos antes); y llevaba un formulario con seis empresas diferentes -empezando por el colegio en donde trabajé el último año y medio de facultad- para que la información sea actualizada.

Después de entregarme un número el empleado me indicó que debía esperar en una sillas, frente a un gran número de ventanillas; creí que esperaría hasta las ocho de la mañana -se suponía que a esa hora empezaban a atender-, pero no, un poco antes de las siete y media apareció mi nombre en las pantallas y me dirigí a la ventanilla.

Allí otro empleado, este sí, mal encarado, me recibió el formulario -ni siquiera me pidió la copia de mi documento de identificación- y empezó a rellenar la información en su terminal; y hubo un par de datos que corrigió en el listado: no sabía que la misma empresa que fue adquirida en el primer trabajo que tuve en tecnología se hizo cargo luego de mis contribuciones.

Y la otra fue el banco en el que estuve justo antes de empezar en mi empleo actual: allí trabajé en las instalaciones del banco pero realmente fui contratado por un tercero; o sea, es una práctica común acá; y, aunque le había comentado eso a la persona que me brindó la información por teléfono, ella me dió el número patronal del banco.

Le pregunté al joven si debía actualizar el registro, pero no fue necesario: él ingresó la inforamción correcta en su terminal; luego me pidió que firmara en un pad wacom y después imprimió el formulario y me lo entregó; recomendándome que preguntara por el avance en un año.

Lo que me queda bien: no puedo jubilarme hasta dentro de siete años; o sea, tengo un buen tiempo para completar los trámites; después de despedirme me dirigí a la misma estación en la que había llegado al lugar; allí tomé la siguiente unidad e inicié el retorno a casa.

Estimé que tenía un buen tiempo para tomar la misma línea de bus de más temprano para caminar de vuelta a casa la misma distancia -en sentido contrario- que en el viaje de ida; y el plan fue más o menos como había previsto: me apeé al inicio del boulevard y caminé a casa; pasé por la garita y le pedí al guardia el dinero de Rb; era lo que habíamos acordado más temprano.

Cuando entré a casa -eran las nueve menos cuarto- escuché que Rb estaba atendiendo una llamada, le escribí por whatsapp ofreciéndole alimentar a sus perros; ella aceptó y le puse los platos a los tres; afortunadamente la más anciana colaboró en esta ocasión -es bastante frustrante obligarla a comer-.

Rb salió un rato más tarde y me pidió que retornara a la garita porque prefería que el motorista no llegara hasta acá, para interrupciones en su trabajo; me vestí nuevamente y me dirigí a garita; cuando retorné entré a la primera llamada del día; la que tuvo una duración bastante corta: ni el jefe de los desarrolladores ni el programador más antiguo entraron.

El PM nos indicó que estaban en otra reunión y que debíamos continuar con nuestras actividades regulares; luego esperé la siguiente llamada, la del equipo; en esa el supervisor nos comentó que posiblemente necesitarán nuestro apoyo con una presentación en español -no solo revisión sino, entendí, participación en la misma-.

Esta reunión la terminamos justo a la hora porque había otra en la que se presentaría una herramienta de BI/Analytics; la cual estuvo muy interesante -aunque la primera parte no la ví por estar preparando mi desayuno-; aún así participé -escuetamente- en la misma: el framework es justo lo que he estado estudiando las últimas semanas para el certificado.

Después de esta reunión llamé a la analista en el Imperio del Norte: antes de que terminara la anterior me había escrito para que la llamara; pero en la reunión también estaba el supervisor; y me indicó que lo que había enviado la semana anterior no estaba bien y que debía cambiarlo.

El problema es que actualmente no tenemos acceso a la herramienta -seguimos sin acceso al servidor remoto-; le indiqué eso a la analista, pero le comenté que vería qué opciones había; así que se me ocurrió llamar a los programadores -tuve que llamar a los tres, consecutivamente- para ver si podía utilizar la versión que cada uno tiene localmente.

Primero hablé con el que menos me realciono; pero él no tenía un buen ambiente, y me indicó que quien tenía un buen ambiente era el desarrollador que menos bien me cae -el que me ayudó hace un par de años con el curso de ciberseguridad-; así que lo llamé, y estuvimos en una reunión por más de media hora; y sí, obtuve un poco de información.

Luego -al final- llamé al programador con el que me he reunido un par de veces para tomar café; él también me proporcionó un poco de información; aunque no toda la que necesitaba; al final le escribí al programador más experimentado -en el Imperio-, pero él no me pudo ayudar -eso sí, salí de mi duda: a pesar de tener un acento que (me ha parecido fuerte), dice que nació y creció en la ciudad en la que se encuentra la oficina.

Después empecé a buscar videos que había almacenado sobre esta funcionalidad y allí encontré lo que necesitaba; empecé a armar el documento pero antes de avanzar mucho ví que mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad me había enviado un audio

En el mismo se disculpaba por el medio utilizado, y me comentaba que su esposa lo había abandonado -lloraba en varias partes del mensaje-; Rb estaba aún en la reunión semanal de su trabajo, y le escribí por whatsapp: comentándole que no saldría en la tarde, pues le había dicho a mi amigo que se viniera un rato a la casa.

También le pedí a mi amigo que me enviara su ubicación en tiempo real; él debía pasar a dejar a una persona a su trabajo -es parte de sus ocupaciones extras- y luego -a las cuatro y media- vendría a casa de Rb: vino a las cuatro y veintisiete.

Se veía terrible: ojos llorosos, descuidado; nos dimos un buen abrazo y luego le ofrecí un té y un panito; y fuimos a las tienda de la esquina a comprar pan y jamón; en el camino de vuelta encontramos a Rb y ella también le dió un muy buen abrazo.

Luego Rb salió a dar su caminata -afortunadamente yo había caminado por la mañana- y, con mi amigo, entramos al comedor; en donde preparé un par de panes para cada uno; y un par de tazas de té; estuvimos hablando un poco sobre su situación -pero me cuesta llevar este tipo de conversación-.

Rb retornó una hora o así más tarde y se nos unió por un rato; luego mi amigo anunció que se debía retirar pues no había dormido casi nada durante los últimos seis días -su esposa lo abandonó el viernes anterior- y que debía entrar a trabajar de madrugada.

Le dí en una bolsa el pan restante -y la rodaja de jamón que había sobrado- y salí a despedirlo a su motocicleta; indicándole que quedaba a su entera disposición, en cualquier día y a cualquier hora; luego se marchó.

Yo entré a mi habitación y completé algunas -pocas- lecciones de Duolingo; después recordé que debía llamar a mi prima favorita: de hecho, por la tarde, estaba a punto de llamarla cuando había visto el mensaje de mi amigo.

Conversamos con mi prima de las últimas novedades: me había invitado al cumpleaños de su hermana menor, pero era justo el día en el que debía ir a visitar a mis padres; también me comentó que un hermano del esposo (fallecido) de su hermana había muerto al principio de la semana (un segundo evento cardíaco).

Además de la información familiar le comenté a mi prima sobre el trámite que había completado más temprano (ella es un año mayor que yo y también ha estado averiguando sobre la jubilación); después de terminar la llamada, y mandarle la inforamción, completé la lección diaria de Fabric; e iba a completar otra -la última, realmente- página de preguntas de examen, pero, al parecer ya lo había hecho antes.

Durante este tiempo -desde las seis y media- Rb había estado en su clase de teología; yo me puse a ver la parte final del capítulo de The Ghost y the Shell y, cuando escuché que terminó su clase, me pasé a su habitación y me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-. 

El jueves me levanté, nuevamente, a las cinco de la mañana: como la tarde anterior la había dedicado a darle soporte emocional a mi amigo, no había hecho -casi- nada de la asignación que me habían indicado a mediodía.

Puse el reloj para las cinco de la mañana (igual que el día anterior y sabiendo que al día siguiente tendría que ponerlo para las cuatro de la mañana) y me levanté en cuanto sonó la alarma; medité veintisiete minutos -hasta medio ciclo me dí cuenta que ya me tocaban veintiocho- y luego encendí la computadora del trabajo -la había dejado en la habitación-.

Y estuve trabajando un buen par de horas en la asignación; incluso utilicé -o traté más bien- el LLM del trabajo para acelerar un poco la tarea; pero, la verdad es que me decepciona; no sé si es por el nivel de licencia, pero la ventana de lectura es demasiado pequeña.

De todos modos me dediqué hasta las siete y media actualizar el documento que había enviado incorrectamente la semana anterior; a esa hora entré a la reunión diaria, en la que, por fin, participó la compañera de mi supervisor; en esa reunión mencionaron que ya se podía utilizar el servidor remoto, pero nos pidieron precaución.

Entonces aproveché para revisar las pantallas que se suponía que debía haber documentado desde antes; al final agregué dos secciones, cada una con una parte gráfica -incluyendo descripción de componentes- y una parte de ejecución -cómo navegar las mismas-.

Un poco después de las ocho llamé a la analista y le mostré mis avances; ella me indicó que iba por un mejor camino y que continuara igual; mi supervisor había avisado temprano que estaba fuera de la oficina, pero estuvo enviando mensajes para darle seguimiento a las tareas.

A la una envió un mensaje preguntando sobre el avance -o la finalización, más bien- del a asignación; yo estaba justo escribiendo el correo a la analista -con copia al supervisor y copia oculta al analista que vive en la ciudad colonial-; pero, como aún me faltaba algo de información, lo puse en pausa; y lo envié después de almorzar.

Casi al final de la tarde el supervisor volvió a escribir, comentando que ya estaba accesible el servidor remoto; yo había estado revisando el funcionamiento del mismo y lo había encontrado bastante lento; por lo que nomás puse en ejecución los cincuenta escenarios automatizados.

A las cinco de la tarde nos dirigimos, con Rb, hacia los supermercados en direccion norte: como casi todos los jueves, quería comprar el pan de mis desayunos en la panadería más económica -lo que no me resultó muy bien-; además, como el viernes Rb debía acudir al hospital, habíamos decidido almorzar pollo; y era preciso comprarlo.

Caminamos hasta el supermercado del inicio del boulevard y entramos al supermercado; compramos una bandeja de fajitas de pollo y yo aproveché para comprar cuatro coquitas de las que llevo para los almuerzos con mi hijo menor; luego iniciamos el camino de vuelta.

A medio camino pasamos a la panadería; usualmente la cuenta es de medio dólar, pero en esta ocasión se cuadruplicó; y es que compré un zepelin -que no tenía mucho de especial- y, al parecer el precio era casi el triple de lo que gasto usualmente en pan; igual, me dije, el día anterior había gastado casi eso en la refacción que compartí con mi amigo.

Cuando retornamos a casa me metí a mi habitación para recibir la clase semanal de storytelling, que ya no me está gustando mucho: se está centrando más en producción de contenido audiovisual que en -creo yo- lo importante, contar historias.

De hecho, la mayor parte de la clase silencié al presentador y me puse a completar lecciones de Duolingo; lo único que me quedó claro es que debía haber presentado una tarea durante la semana -nadie la presentó-. 

Por la noche me sentía bastante agotado -dos días levantándome un par de horas antes de lo acostumbrado- por lo que ya no hice mucho: además de Duolingo y completar la lección diaria de Fabric; nomás ví el inicio de una película del actor de Deadpool. 

El viernes me levanté a las cuatro de la madrugada; había estado teniendo sueños bien raros: con personajes y escenas del trabajo en el que me encontraba por la época en la que nacieron mis hijos; me desperté con una sensación de decepción: treinta años como Ingeniero y ań no siento cabeza; pero bueno.

Me vestí y salí de la habitación; Rb ya casi estaba lista y un poco después abordamos la van y nos dirigimos al hospital nacional más grande de la ciudad; encontramos una buena cantidad de vehículos en el camino, pero ningún embotellamiento.

De hecho, cuando llegamos al hospital Rb se sorprendió de ver una cola de ingreso bastante reducida: la primera vez que llegamos a esa hora la cola se extendía por tres calles; en esta ocasión ni siquiera doblaba la esquina.

Dejé a Rb en el lugar e inicié el camino de retorno; el cual tampoco estuvo muy difícil; vine a casa antes de las cinco y aún estuve intercambiando un par de mensajes con Rb -me comentó que la poca afluencia era porque había riesgos de bloqueos por las protestas en contra del alto costo de los combustibles-.

Entre la conversación con Rb y -algo de- redes sociales terminé intentando dormirme nuevamente hasta un poco después de las cinco; y sentí que no concilié el sueño, pero, definitivamente, estaba dormido cuando sonó la alarma de las seis y media.

Me levanté y completé los veintiocho minutos de meditación; luego salí a la sala con la computadora del trabajo; aunque no planeaba trabajar mucho: la primera reunión era hasta las nueve de la mañana; entonces me puse a completar algunas lecciones de Duolingo -bajando, nuevamente, mi elo por debajo de los mil cuatrocientos-.

A las nueve entré a la reunió semanal del equipo -la ponen los viernes a la misma hora que la segunda reunión diaria-; en la misma no hubo muchas novedades, excepto que mis dos compañeros estarán apoyando un proyecto de un país del cono sur.

Y no sé como sentirme al respecto: o sea, celebro que no aumenten mis responsabilidades -y tampoco me llama la atención viajar-; pero fui yo el que le indiqué al supervisor que el equipo local podía apoyar este proyecto: compartimos el idioma materno.

A las diez de la mañana vinieron a dejar un saco de comida para los perros grandes de Rb -ella me había escrito un mensaje para pedirme que estuviera listo para recibirlo-; también, un poco más tarde me dí cuenta que se me había olvidado -por segunda ocasión- alimentar a los perros.

Por suerte Rb acababa de avisarme que estaba iniciando el retorno; por lo que le serví la comida a los animales y comieron tranquilamente -incluso la más anciana-; Rb vino un poco después de las once: hubo un connato de cita para la cirugía para la siguiente semana, pero al final le dieron una cita de seguimiento para el próximo mes.

Rb venía bastante agotada; y yo había estado leyendo un poco del libro de francés; entonces quería continuar con esto y me fuí a mi habitación; ella llegó un poco más tarde y se acostó a mi lado; y se quedó dormida; con lo que ya no hicimos la rutina de ejercicios de los viernes.

La verdad es que me agradó que se quedara un poco a mi lado en la cama; pero cuando salí -se despertó un poco después del mediodía- me dí cuenta que mi supervisor me había estado llamando para que participara en una reunión con un desarrollador.

No quise hablarle para comentarle que estaba teniendo problemas de conexión -o que estaba en el servidor o algo parecido-, nomás seguí con mis actividades normales: sacamos a caminar a los perros grandes.

Cuando entramos de la caminata preparé un par de enormes ensaladas y luego le agregué a la mía la mitad del pollo que Rb había dejado cocinando; almorzamos y luego me preparé un té de menta -acompañado por pan y galletas-.

Después del almuerzo continué con la última parte del libro de kanban -no estoy seguro pero creo que es el que más tiempo me ha llevado en estos cuatro años-; a las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb y lavé los trastes del día.

Ella había estado -después del almuerzo- contestando llamadas en su habitación y salió a darle de comer a sus perros; yo me ocupé en las preguntas del examen de Fabric -el día anterior había completado la primera cuarta parte, con un porcentaje de setenta por ciento correctas-.

La segunda cuarta parte mejoró -pero no tanto-; eso consumió la mayor parte de la tarde; también le pedí a Rb que enviara al grupo de storytelling la tarea que había preparado antes del mediodía: bajé varias fotografías de mi Google Fotos para ejemplificar un listado de planos y ángulos.

A las cuatro cerré la máquina de mi trabajo y me puse a depurar las quince preguntas que había fallado el día anterior -quería adecuarlas a mi herramienta de repaso espaciado-; pero Rb me propuso que hiciéramos ejercicios; al principio me negué.

Pero después lo reconsideré y completamos la rutina que debíamos haber hecho al mediodía; después nos vestimos y nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur: aún me faltaba comprar un poco de jamón de pavo para los rollitos de pollo que planeaba llevar al almuerzo con mi hija mayor -al día siguiente-.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de mitad del camino; allí elegí, al inicio un par de tomates, pues me había dado cuenta que me faltarían para completar el desayuno del domingo; luego me dirigí a la carnicería.

Y allí estaba un joven con una -al parecer- larga lista de compras; también estaba una señora esperando; esta última le pidió que la dejara comprar nomás una cosa; yo pensé también en hablarle, pero desistí; sin embargo el joven fue muy amable y me preguntó si compraría poco, pues él estaba comprando para toda la semana.

Con lo que pude comprar -sin esperar tanto- media libra de jamón de pavo; Rb llegó un poco después, con una lechuga; pasamos a la caja -el monto no llegó al mínimo para recibir un ticket para la rifa de la moto- y luego retornamos a casa.

Cuando entramos reservé en la refrigeradora las hojas de lechuga -y tomates y chiles pimientos- que había desinfectado a media tarde; luego corté uno de los chiles pimientos en cuadritos; después saqué la pechuga de pollo y preparé un par de rollitos.

Los reservé en la refrigeradora y luego seguí trabajando con las quince preguntas que no logré contestar correctamente del primer cuarto grupo del sitio en el que he estado preparándome para el exámen de certificación; eso me llevó bastante tiempo pero pude, finalmente, repasarlas en mi app.

Ya eran más de las ocho cuando completé el primer repaso y me pasé a la habitación de Rb; consideré ver algo audiovisual, pero nomás me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; luego, un poco antes de las diez, me retiré a mi habitación.

Medité los veintiocho minutos y luego, como no tenía mucho sueño -a pesar de haberme levantado a las cuatro- continué -hasta el final- con el libro de kanban; el cual completé a las once y media de la noche; luego completé mis notas y revisé -por última vez en el día- mi correo laboral. 

El sábado me levanté a las seis y media; medité y luego retorné a la cama, a completar algunas lecciones de Duolingo; a las siete salí de la habitación y preparé las ensaladas que llevaría al almuerzo con mi hija mayor; luego cociné los dos rollitos de pollo -y la torta para mi desayuno-.

Traté de tener todo listo antes de las diez pues Rb debía llevar a su perra más anciana a la veterinaria -para su inyección mensual-; desayuné un poco después de las diez y luego conduje la van -con Rb y su perra- hasta el comercial más cercano en dirección sur.

La cita era para las diez y media y llegamos con casi quince minutos de anticipación; y estuvimos esperando fuera de la clínica hasta cerca de la hora programada; cuando salió el veterinario para hacer pasar a Rb -y su perra-; el tratamiento es bastante corto con lo que un poco más tarde estábamos iniciando el regreso a casa.

Un poco antes de las once sacamos a caminar a los perros grandes; luego me metí a la ducha y tomé un buen baño, el cual fue interrumpido por varias exclamaciones de Rb: el perro se había subido a mi cama y había encontrado los dos rollitos de pollo -no tuve cuidado en dejarlos en un lugar seguro-.

Al principio me molesté, pero me tranquilicé bastante rápido: o sea, no podía hacer mucho -más que tirar la comida-; lo bueno es que las ensaladas estaba intectas, así como los snacks; terminé de bañarme y luego preparé -el resto de- la comida.

Salí un poco antes de las doce de casa y encontré la ruta completamente vacía; no tuve que bajar la velocidad hasta la última curva antes del boulevard principal; y la ciudad también estaba bastante vacía; tanto que llegué al departamento de mis hijos un par de minutos después de las doce y cuarto.

Subí al departamento y me instalé en la sala; como era super temprano decidí no avisarle a mi hija que ya estaba en el lugar; decidí meditar durante veinte minutos, pero olvidé desconectar las alarmas del celular, entonces nomás medité doce o trece minutos.

Luego me puse a armar un par de cubos de Rubik; hasta la una menos cuarto, a esa hora le escribí a mi hija, comentándole que ya estaba en el lugar; un rato después salió de su habitación; y nos dirigimos al parque temático.

Le comenté a mi hija que había tenido un accidente con la comida y que pensaba comprar pollo -frito-; ella estuvo de acuerdo y, cuando entramos al parque temático, pasamos al restaurante del lugar; compré un poco -bastante poco- de pollo a un precio excesivo (8 dólares) y nos dirigimos al lugar en donde habitualmente almorzamos.

El sitio estaba bastante vacío, encontramos una mesa en un lugar apartado y procedimos a almorzar; después le propuse a mi hija que fueramos por un par de helados de cono; lo bueno es que ahora sí recordábamos la ruta corta para llegar al kiosco.

Compré un par de helados y nos instalamos en una de las mesas bajo los árboles del lugar; entonces mi hija abrió la caja de Scrabble y descubrimos que dentro estaba mi ajedrez; jugamos un par de partidas -gané rápido la primera pero no jugué muy bien la segunda y mi hija ejecutó un jaque mate-.

Después de estar un buen rato en el lugar le propuse a mi hija que abordáramos la rueda de Chicago; la cual estaba bastante vacía; pero, por alguna razón, sentimos bastante corta la duración del juego mecánico; en el viaje del departamento al parque habíamos pasado a un cajero automático, pues quería sacar un poco de efectivo.

Y, como había decidido empezar a sacar los dólares de mi cuenta bancaria, le había pedido a mi hija que me acompañara al banco en el viaje de vuelta; salimos del parque un poco después de las cuatro y nos dirigimos al banco.

Extraje una buena cantidad de dólares -aprovechando que acababa de recuperar mi documento de identificación- y luego continuamos el camino al departamento; en donde nos instalamos en la sala; yo había pensado que practicáramos origami, pero mi hija me propuso jugar Scrabble en inglés.

Completamos una partida bastante extensa: no me dí cuenta que ya había pasado la hora en la que habíamos acordado despedirnos (las cinco y media); entonces, por la hora, decidí que iría por Rb en el auto -y no a pie, como es lo habitual-; y, también, aprovecharía para pasar a una tienda de electrónica a comprar un par de caimanes.

Como mi hija me había pedido que la pasara a dejar al otro lado del boulevard bajamos al sótano, abordamos la van y conduje hasta el otro lado de la calle principal; allí nos despedimos y continué mi viaje hasta la tienda de electrónica.

La misma está en el mismo comercial en donde compré los petapes de playa unos meses atrás; el lugar estaba bastante lleno pero no me llevó mucho tiempo comprar los caimanes (dos rojos y dos negros, por menos de cuatro dólares); luego continué mi viaje de vuelta.

Compartí con Rb mi ubicación en whatsapp; las rutas continuaban bastante vacías; incluso en la entrada al municipio la cola antes del semáforo era de un par de autos; llegué al comercial un poco después de las seis, llamé a Rb y nos reunimos en la entrada del supermercado.

El plan era comprar el pollo que necesitábamos para los almuerzos de la semana; pero, no había del tipo de pollo que andábamos buscando; por lo que retornamos a la van y en ella a casa; cuando vine me puse los audífonos bluetooth y realicé una buena limpieza de pisos.

Luego vacié la mesa del comedor y coloqué los platos que utilizaría el día siguiente para el desayuno al que había invitado a mi amigo voluntario; después de dejar preparada el área estuve un rato en la habitación de Rb, viendo videos de Youtube.

Y a ver cómo va eso...