domingo, 30 de agosto de 2026

Tinta y Sangre... Ink and blood... Peinture et sang...

Hace unos años -antes de que le otorgaran el premio nobel de literatura a la autora sudcoreana- leí La Vegetariana; estoy casi seguro que lo leí en inglés y me pareció bastante interesante la forma en la que narraba las viscitudes de una mujer bastante conflictuada.

De hecho, me parece que escribí un texto sobre la misma; y no, ya revisé las entradas y lo que realmente hice fue publicar la portada del libro en mi cuenta de la F azul; pero no había querido leer más de la autora después de ese -aunque sí leí otro libro de un autor de ese país: Ciruela-.

Y, aunque no me interesan mucho los premios nobel de literatura, decidí leer otro de Hang: el título de este texto; -también agregué a mi lista Lecciones de Griego, el cual mencioné hace no mucho por acá {y también me recomendó mi primo lector}-.

Tinta y Sangre me llamó la atención porque alguna vez quise iniciar un blog con un título parecido: tinta en el agua; la evocación de las dos sustancias me parecía bastante cercana al momento que estaba viviendo unos veinte años atrás: practicando -tratando de- Zen y escribiendo; pero no prosperó.

El libro lo estoy leyendo en español -o sea, trato de leer en el idioma original, pero no avancé con coreano; y no le veo sentido a leerlo en inglés, si el original es coreano-; y está bastante interesante: una mezcla -bastante balanceada, me parece- de introspección y acción cotidiana.

Y a ver cómo va eso

El lunes me desperté cuando sonó la alarma de las seis y veintisiete; pero no me levanté en el acto; me quedó aún tres o cuatro minutos entre las sábanas -tenía la certeza de que la primera reunión del día era a las nueve-; luego sí, bajé al piso y completé el período de meditación matutina.

Después de completar la meditación -escuché, casi al final, que Rb se preparaba para empezar a tomar llamadas- salí de la habitació y saqué la computadora del trabajo de la habitación que utilizamos como bodega.

Encendí la computadora -unos minutos después de las siete- y empecé a revisar el correo y ver algunos pendientes; pero, como no había nada que requiriera mi participación, empecé completar lecciones de Duolingo.

Luego, a las ocho, entré a una reunión a la que me había anotado la semana anterior: algo de Speed Networking; pero no me gustó para nada: la persona a cargo (una "Coach") no podía utilizar la herramienta y no pudo separar al grupo en rooms; sentí el evento demasiado general.

A las nueve el analista en el Imperio del Norte me escribió para que lo ayudara con el formato de un documento; entré a ver el mismo y ví que -como es habitual- tenía varios detalles por ajustar; los completé bastante rápido pero decidí no confirmar los cambios hasta el mediodía.

Estuve trabajdno en el documento hasta que empezó la llamada del equipo -a las diez menos cuarto-; el supervisor comentó varias de las pruebas que debían realizarse y a mí me pidió que hiciera un smoke testing -por supuesto que empecé a correr la batería de test automatizados (incluyendo veinte que dejó mi compañero)-.

También estuve en conversación con la 'coach' de la reunión de la mañana; pero el tema fueron libros -es la líder del grupo de lectura-; y al final me metí a un grupo de whatsapp donde comparten libros -mejicano, muy básico-; pero terminé consiguiéndo un par de epubs -en inglés- y un par de pdfs -en español- para dos de los miembros del club de lectura.

Nomás tuve cuidado de no compartir material sensible por los canales del trabajo: les pedí a ambos -los epubs eran para un analista de compras y los otros para una administradora de servicio al cliente- que me escribieran por whatsapp y envié la información por esa vía.

Un poco después de las diez llamé a mi hija mediana -por whatsapp-: quería confirmar que nos íbamos a reunir este sábado -le había enviado un mensaje unas semanas antes pero no había recibido respuesta-; afortunadamente me confirmó la reunión.

Un poco más tarde -después de haber declarado (lo había pasado por alto el día anterior!) mis impuestos mensuales- le envié un mensaje de feliz semana a varios de mis conocidos -mi editora y varios ex compañeros de trabajo- la primera y un par de los otros me respondieron con mensajes similares.

Pero la hermana de mi amigo tenor -trabajamos juntos hace dos décadas- me respondió un poco más extenso, intercambiamos un par de mensajes y luego me mandó un audio; luego le propuse que conversáramos: anda en una crisis momentánea porque cortó una relación de varios años con la empresa más grande a la que daba consultoría.

Me llamó y estuvimos conversando por tres cuartos de hora -me cuesta seguir este tipo de conversaciones- y los temas fueron varios: su madre -tía, realmente- tiene noventa y dos años, su hija tiene dieciséis; siempre soñó -desde niña- con ser empresaria; siente que no ha hecho nada de su vida, siente que necesita aprender inglés, y así.

Creo que la conversación se hubiera extendido mucho más pero, justo antes de las doce, Rb salió de su habitación para que completáramos la rutina de ejercicios de los lunes; entonces me disculpé con mi amiga, le deseé buena suerte y quedé a su disposición; y me despedí.

Con Rb completamos la rutina de ejercicios de los lunes; luego sacamos a caminar a los perros -la perra más pesada sigue dando dificultades para caminar; cuando entramos de la caminata subí la intensidad del fuego sobre el que estaba calentando el caldo -lo había dejado a fuego bajo antes de sacar a los perros-.

También saqué los ingredientes de la ensalada; aunque empecé por la zanahoria, la manzana verde y el aguacate, pues Rb quería -personalmente- dividir la lechuga que había desinfectado para dos días; después sí completé la preparación.

Había dejado preparados dos tazones -en mi caso, el mismo que utilicé para la avena de la mañana- para el caldo y saqué un trozo de los fideos coreanos que había preparado más temprano -herví uno de los paquetes que me había cedido mi hijo menor-: después de cocerlos los metí en el freezer -en una bolsa plástica, seccionados en cinco partes-.

El almuerzo estuvo muy bueno: caldo de verduras -en mi caso con fideos- y una buena ensalada -agregué allí las pechugas de pollo-; después del mismo me preparé un café -medio litro- y lo acompañé con un par de mitades de galletas.

Después del almuerzo estuve revisando cómo iban los scripts para ejecutar las pruebas automatizadas y ví que habían fallado en varias partes; pero no revisé la causa, nomás las puse a correr nuevamente; luego me retiré a mi habitación, a leer el tercer capítulo del libro en inglés que recién había iniciado.

A las dos y cuarenta salí de mi habitación: había dejado una alarma para tomarme medio litro de agua -al parecer no había tomado nada antes del café del mediodía-; después de consumir el agua sonó la alarma de la comida de los perros; y entonces le ofrecí un té de manzanilla a Rb.

Mientras esta hierba hervía en la estufa me puse a lavar los trastos que se habían acumulado durante el almuerzo; después volví a trabajar en los scripts: no era completamente seguro, pero, aparentemente, habían provocado un fallo en la herramienta.

Al finalizar la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; no entramos en el más alejado, nomás llegamos al extremo del boulevard y luego retornamos al que está a mitad del camino.

Allí Rb compró un cartón de huevos -como consume más cada día-, y un poco de alitas de pollo; también compramos un poco de bananos -le pagué medio dólar en efectivo-; por la noche estuve trabajando en el examen y las preguntas de Fabric, y viendo un capítulo de The Gost in the Shell.

El martes me levanté a las seis y media; medité y luego salí por la computadora; y cuando entré a la herramienta de las reuniones me dí cuenta que acababa de terminar la última del training en agentes de LLMs a la que me había anotado -era de seis a siete-.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; luego esperé -haciendo Duolingo y leyendo- la de las nueve; en ambas reuniones la participación de mi equipo es mínima -de hecho mis dos compañeros casi nunca entran a la segunda-.

En la reunión del equipo -a las diez menos cuarto- el supervisor me asignó la revisión de una funcionalidad que había probado varios meses atrás; trabajé un poco en eso durante el resto de la mañana.

Pero también le envié a la hermana de mi amigo tenor un link para un curso que había recibido unos días antes: Planeación estratégica asistida por IA; ella me respondió disculpándose por no darme un mensaje positivo el día anterior -cuando le había contado lo de la venta de mi área-.

Y allí cometí (¿?) un error: le escribí varias líneas -quizá demasiadas- sobre mi visión del cambio que viene; básicamente que no me preocupaba, pero agregué que no me interesaba ninguna meta; allí creo que cometí un error; al decir algo como: 'contrario a tu caso, que siempre has querido ser una gran líder'.

Pero eso era lo que había entendido en nuestra conversación del día anterior; se disculpó conmigo por si me había ofendido, y luego que le aseguré que no, indicó que ese comentario sobre ella no estuvo bien; me disculpé.

Pero también la bloqueé en whatsapp -y borré completamente el diálogo-; porque no creo que necesite más drama en mi vida; y quizá aquí es donde debería preguntarme: el problema soy o son los otros; pero no, ya sé que soy diferente -Asperger, sospecho- y, pues, nomás debo cuidarme; pero no voy a cambiar -a ser normal- y no puedo cambiar a la gente, para que me comprenda.

Rb no fue a su clase de zumba porque el instructor les había indicado que la clase iba a ser al aire libre -en el patio de las instalaciones- y no quería que alguien las filmara o las estuviera observando mientras se ejercitaban.

Entonces completó en casa una rutina de ejercicios; yo empecé a alistar a los perros -y los saqué- un poco antes de que terminara; de hecho pudimos completar una vuelta a la calle antes de que saliera a acompañarnos; cuando entré de la caminata le subí el fuego a la olla con caldo.

Después de preparar un par de ensaladas medianas -a la mía le eché el pollo cocido- nos sentamos a almorzar; cuando terminé el almuerzo me preparé un café y lo acompañé con un par de mitades de galletas; después me retiré a mi habitación a leer un rato: y terminé de leer Wherever you go there you are.

Cuando sonó la alarma salí a lavar los trastes -pero me olvidé de ofrecer (y preparar) el té de manzanilla a Rb: ella me lo recordó más tarde-; a las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a la tienda en donde hemos comprado las últimas computadoras: Rb quería ver si le empastaban el libro que usa para sus lecturas bíblicas diarias.

Después de los trastes me puse a revisar el listado de laboratorios de Fabric; y me dí cuenta que no había realizado correctamente el segundo de ellos; pero, para estar seguro, completé los primeros dos de la lista -dejando pendiente el tercero-. 

También trabajé un rato en actualizar la app de seguimiento diario de mi bienestar emocional: le pasé el código a un LLM para que se revisara la alarma sonora; además quería hacer ciertos ajustes en el eje horizontal de la gráfica y, finalmente, actualizar el logo genérico. 

Y no, no realizan ese tipo de trabajo; nomás trabajan con espiral, pero le recomendaron que buscara un negocio que se dedicara específicamente al empastado; luego pasamos a la tienda verde de descuentos: quería comprar un pincel fino; al final compré un paquete de cuatro o cinco -y me temo que similar a los que había estado usando recientemente-.

Por la noche estuve revisando las preguntas de la página del exámen que tomaré en un mes: me tocaba la número cinco -de nueve- y no pude contestar a la mayor parte de las interrogantes planteadas -no sé cómo me irá el otro mes, pero planeo un par de ciclos completos extras de este repaso-.

Además, cuando retorné de la caminata vespertina ví un mensaje de mi hija mayor, contándome que ha estado enferma -por eso no ha podido trabajar mucho-; aparentemente con mononuclosis; al final le transferí cien dólares; y terminé de leer Last words.

El miércoles me levanté a las seis y media; medité y luego salí por la computadora del trabajo; la encendí, entré a la VPN y luego me quedé esperando la reunión de las nueve; en el ínterin  completé varias lecciones de Duolingo.

Pero antes de la reunión de las nueve -a las ocho- tenía una reunión con todo el grupo que será movido a la nueva empresa el primero de octubre; la misma fue dirigida por el mismo individuo francés de las últimas veces; aunque ahora llevó la voz cantante un representante de la empresa adquiriente.

Esta persona realizó una presentación de diapositivas; presentando, primero, generalidades de la empresa que nos está comprando -y cuán fabulosa es-; luego un roadmap (por fin) del proceso (terminando el primer día en la misma).

Después de esta reunión entré a la segunda del día; aunque no hubo mucho que comentar; en la del equipo mi compañero que vive en la ciudad colonial indicó que no podía entrar a los servidores en el Imperio.

Intenté acceder y tampoco pude -al parecer era un fallo general-; el resto de la reunión estuvo más o menos igual: el supervisor indicándonos tareas -que no podíamos realizar por el momento-; también comentamos los cambios por venir -la mayor parte tienen una actitud positiva, yo no sé como definir la mía-.

Después de la reunión me metí a la cocina a preparar mi desayuno; pero escuché que me estaban llamando del trabajo, contesté la llamada y era mi supervisor: quería enseñarme una forma más fácil de ingresar al servidor remoto.

Y lo logramos; pero, casi en el acto, también esta vía fue bloqueada; y eso fu el día: no hubo forma de acceder al servidor en el que realizamos nuestro trabajo; aproveché para leer, después del desayuno, un poco de libro en inglés que recién inicié.

A las doce Rb salió de su habitación y completamos la rutina de ejercicios; luego nos vestimos para sacar a caminar a los perros más grandes; cuando venía de vuelta del primer circuito vi que Rb se había detenido y me hacía señas de que acudiera a donde estaba.

Y, al llegar, me comentó que la anciana que vive en la tercera casa de la calle le había pedido que la esperara -usualmente nos regala comida, especialmente cuando le hemos compartido güisquiles y/ bananos-; entonces tomé a la perra más pesada y continué la caminata.

Terminé la primera vuelta y, cuando estaba pasando de nuevo por el portón de la casa de Rb, ella estaba saliendo de la misma; me comentó que la señora nos había regalado un par de chiles rellenos (consumí uno en el almuerzo y guardé el otro para el día siguiente).

Al terminar la caminata entré a poner el recipiente con caldo en la estufa y la pechuga de pollo en el microondas; también empecé a preparar las ensaladas -aunque tuve que esperar que Rb entrara pues quería separar la lechuga para tres días-.

Después del almuerzo -el chile relleno lo agregué directamente a la ensalada- me preparé un café; luego me puse a revisar los accesos al servidor remoto; pero estaba aún en el mismo estado: sin acceso -incluso mi supervisora me escribió para revisar algunos detalles del servidor-.

Como no podía hacer mucho en la cuestión laboral -además de configurar mi correo para que avisara el día siguiente que estaba de vacaciones- me retiré un rato a mi habitación para poner al día mis notas -incluyendo esta-; hasta las tres menos cuarto, a esa hora salí a lavar los trastes del día, y a prepararle el té de manzanilla a Rb.

Como era el día de la clase de teología de Rb salimos a realizar la caminata a las cuatro y media; a esa hora nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; y, aunque no entramos en el más alejado, caminamos hasta el final de boulevard.

Luego pasamos al supermercado de la mitad del camino; allí compramos un par de lechugas; además, aproveché para comprar un par de botellas de medio litro de jugo de naranja -para el desayuno del sábado con mi hija mediana-; luego empezamos a caminar de vuelta a casa.

Más o menos a la mitad del trayecto me empecé a sentir mal; tuve un par de arcadas y empecé a salivar profusamente; creí que iba a devolver, o a desmayarme; lo bueno es que venía caminando unos pasos atrás de Rb -hay muchos autos mal estacionados y no había espacio para que camináramos lado a lado-.

Durante varios metros me sentí muy mal; luego me concentré en respirar y me sentí mejor; luego pensé que quizá lo acaecido se debió a haber consumido el chile relleno que nos regaló la anciana -son muy grasosos y, últimamente, el consumo de aceites y grasas ha disminuido notablemente-.

Cuando retornamos a casa me puse a completar otro de los laboratorios de Fabric; luego, ya en la habitación de Rb, me pasé un buen tiempo repasando las preguntas del examen en el sitio que me escribió mi amigo asiático -quien acaba de obtener otro de estos certificados-; y me refugié temprano -a las nueve- en mi habitación, previendo el día jueves que se me venía.

El jueves me desperté a las cuatro y media de la madrugada; había dejado el reloj a esa hora pues quería empezar temprano el día: meditar, tomar un baño, preparar -y empacar- mi desayuno; y luego dirigirme caminando a tomar el bus intermunicipal.

Según mi plan, saldría a las cinco de casa, tomaría el bus a las cinco y media, estaría a las seis tomando el Transmetro y a las seis y media apeándome en la estación más cercana al hospital público más grande del país -en donde esperaba donar sangre-.

Donar sangre era algo que nunca había hecho; y a lo que, por alguna razón, le tenía aversión; había incluso declinado donar sangre cuando mi hija me lo pidió antes de que la operaran hace varios años -no sé si tenga que ver con mi rechazo a las agujas-.

Después del baño preparé mi desayuno; y eso me llevó más tiempo del previsto: salí de casa casi a las cinco y media -no le avisé a Rb- y llegué al inicio del boulevard un poco antes de las seis; el bus tardó en pasar, por lo que llegué bastante tarde a la estación del Transmetro.

Entonces decidí, en vez de dirigirme en Transmetro a la estación intermedia más grande, ordenar un uber moto; el cual me llevó a mi destino -la entrada al hospital más grande de la ciudad- a las seis y diecinueve -me cobró un poco menos de tres dólares-.

Cuando llegué al lugar ya había una cola de más de quince personas esperando para donar sangre; saludé a la última persona de la fila -una señora- y confirmé que era la cola indicada; y, de acuerdo a su consejo, no desayuné en el acto: me dijo que lo mejor era pasar la primera revisión para ver si podía donar.

Estuvimos esperando hasta un poco después de las siete; entonces salieron un par de enfermeras e indicaron que debíamos tener listo un documento de identificación -afortunadamente aceptaban la licencia de conducir- y el número clínico del paciente por el cual íbamos a donar.

Entramos a las instalaciones -la señora de adelante había estado acompañada por su hermana; a quien no dejaron entrar porque llevaba copia de su dpi en el teléfono y le dijeron que debía imprimirlo-; y allí volvimos a esperar un poco: luego las mismas enfermeras dieron instrucciones generales sobre el procedimiento.

A continuación hicimos una fila -en sillas- para que nos pesaran (ciento treinta y tres libras -con ropa y zapatos-!!) y registraran nuestros datos personales; esto último fue bastante tardado; a continuación debíamos pasar a una habitación en donde una enfermera (o técnica) realizaba una entrevista y tomaba una muestra de sangre.

En la entrevista fue todo bien; pero al colocarme las bandas elásticas en los brazos para tomar una muestra la señorita me indicó que mis venas eran demasiado delgadas para donar sangre; no sabía sobre esto y me tuvo que repetir; de hecho me llevó con la persona a cargo de la extracción quien confirmó que lo más seguro era que sufriera un daño.

Entonces les agradecí por su tiempo y me retiré del lugar; le escribí a Rb, con las malas noticias -debe presentar dos donadores antes de que pueda acceder a la operación de la vesícula-; luego caminé hasta la estación más cercana del Transmetro.

Tomé la unidad que estaba ya cargando y me apeé en el comercial en donde se estacionan los busitos; en donde abordé el que ya estaba cargando pasajeros; un poco más tarde estaba entrando en casa; Rb se sorprendió de lo rápido que había regresado.

De hecho, retorné tan temprano, que me tocó que esperar antes de tomar mi desayuno -a las diez y media-; y, como era mi día de vacaciones, me pasé el resto de la mañana estudiando la lección diaria de Fabric y leyendo algunas páginas de Tinta y Sangre.

Un poco antes del mediodía ví que mi ahijado me había escrito en whatsapp -habíamos acordado, unas semanas antes, reunirnos por la tarde, para tomarnos un café/pastel-: me comentaba en su mensaje que andaba con quebrantos de salud y debía cancelar nuestra reunión de la tarde.

Era la primera vez que me cancelaba y, usualmente, espero a que se repita dos o tres veces para bloquear a mis -pocos- contactos con los que he estado haciendo -desde hace tres o cuatro años- un esfuerzo para mejorar mi comportamiento social. 

Rb salió de su habitación un poco antes de las doce y se puso a completar una rutina de zumba -se había negado a asistir a su clase porque el maestro les había pedido que llegaran vestidas de hawaianas; lo que calificó de ridículo-; cuando terminó la rutina sacamos a caminar a los perros más grandes.

Después de la caminata calentamos la comida: era el último día de fajitas de pollo y ensalada; luego me tomé un café con galletitas; por la tarde estuve viendo algunos videos de Youtube y, a las dos y cuarenta y cinco, le preparé un té de manzanilla a Rb.

Un poco antes de las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: por la tarde Rb había confirmado que al día siguiente recogería a su mejor amiga en el aeropuerto de la ciudad, y yo le había recomendado que fuera preparada por si le tocaba comer afuera.

Caminamos hasta el principio del boulevard y entramos al supermercado del lugar; allí compramos una bandeja de fajitas de pollo, media libra de champiñones y un poco de bananos; luego de pagar las compras iniciamos el retorno a casa.

En la panadería donde compró el pan más económico adquiré el pan para mis desayunos del fin de semana; y en la panadería de la vuelta compré un par de cubiletes; por la noche me ocupé en completar un laboratorio de Fabric y una de las páginas con veinticinco preguntas del examen de certificación.

El viernes me levanté a las seis y media; me estaba sintiendo bastante agotado y preveía un día algo complicado: el día anterior había aceptado conducir a Rb al aeropuerto, esperar por su amiga y luego llevarlas a la casa de los padres de esta.

Además, a las ocho y media tenía una reunión con la empresa que se hará cargo de todas las obligaciones administrativas de mi empresa actual, cuando pasemos a la nueva empresa -aparentemente la fecha establecida (1 de octubre) será efectiva para el cambio-.

Después de meditar pasé la computadora del trabajo a la mesa del comedor; y verifiqué que no había ninguna reunión pendiente a esa hora; luego me puse a completar algunas lecciones de Duolingo (volví a bajar a un ELO de mil cuatrocientos).

Después de las lecciones de Duolingo pensé que lo mejor era estar presentable para la reunión con el nuevo equipo; entonces me apliqué gel en el cabello y me puse una de las playeras (negra) que uso para visitar a mis hijos.

A las ocho y media entré a la reunión con el equipo que se hará cargo de nuestros trámites administrativos -la mayor parte son mujeres y la mayoría viven en Río de Janeiro-; inicialmente -como todas ellas- activé mi cámara; pero luego, viendo que nadie de mi equipo actual lo hacía, la desconecté.

La reunión tardó un poco  más de media hora -aunque estaba programada para durar una hora- y se trató sobre los cambios que ocurrirán el próximo mes; hubo mucha información pero aún no aclararon todo: nos pagarán las vacaciones atrasadas, para reiniciar en cero; y se supone que no habrá liquidación, sino traslado del pasivo laboral.

Algo que me agradó -aunque no sé qué tan benéfico sea- es que, dentro de nuestro grupo estaba la PM con la que trabajé hace una década y que ahora -luego de unos años en Australia- reside en Francia; o sea, entendí que ella también será afectada por los cambios.

O sea, se supone que el próximo mes recibiré un salario extra -porque aún se me adeuda un par de períodos de vacaciones-; pero no tendré que esperar un año entero para tener derecho, nuevamente, a quince días de vacaciones -los cuales no pueden, como hasta ahora, acumularse-.

Después de esta reunión el PM local nos invitó a otra; pero me confundí, y en lugar de entrar a esa, entré a la reunión del equipo -en la que participan los desarrolladores-; allí le comenté al jefe de los mismos algo de lo que habíamos visto en la reunión previa.

Esta reunión no fue muy tardada y entonces sí, me pasé a la del PM, en la que seguían conversando sobre lo que habían entendido de la reunión con el nuevo equipo; al final seguimos en una situación bastante rara: no habrá liquidación, se nos pagarán las vacaciones atrasadas, pero no sé cómo se aplicará una indemnización en el futuro.

Mientras estaba en esta reunión -utilicé los audífonos con bluethoot- estuve preparando i desayuno; el que tomé un poco después de las nueve y media; y es que a las diez menos cuarto tenía la reunión diaria con mi equipo; y a las diez y media había previsto salir hacia el aeropuerto.

La reunión con mi equipo fue bastante escuenta; básicamente fuimos el analista que vive en la ciudad colonial, la analista en el imperio del norte y el supervisor -el analista que menos bien me cae anda ausente, por la pérdida de un familiar cercano-; además, desde un par de días atrás el acceso al servidor remoto ha estado bloqueado.

Pero el supervisor aprovechó la ocasión para asignarme un poco de trabajo: el analista que vive en la ciudad colonial ha estado revisando un documento por varios días; y le pidió que me lo compartiera para que yo también busque en el mismo oportunidades de mejora.

Después de la reunión me vestí y salí a arrancar la van; entonces nos dirimos hacia el aeropuerto; afortunadamente el tránsito estaba bastante ligero: el único embotellamiento que encontramos -ya en la ciudad- lo sorteamos con ayuda de waze; con lo que llegamos al destino un poco después de las once.

Estacioné la van en el parqueo del lugar y nos dirigimos al lugar en donde salen los pasajeros; se suponía que el vuelo aterrizaba a las once y media, por lo que aún teníamos un buen tiempo de espera; por lo que me puse a resolver el cubo de rubik de seis por seis por seis; luego jugué un par de partidas de ajedrez en el Duolingo de Rb.

La amiga de Rb salió del aeropuerto un poco antes de las doce y Rb corrió a abrazarla; se estuvieron un rato llorando mientras otros pasajeros salían, rodeándolas; yo me había acercado había tomado la maleta -con rueditas- con la que había bajado del avión; y estuve esperándolas un poco a una distancia prudente.

Después nos dirigimos -luego de pagar el parqueo- hacia la van; salimos del lugar y nos dirigimos a la casa de los papas de la amiga de Rb -en una zona acomodada de la ciudad-; yo había previsto llevarlas al lugar y luego retirarme; pero el papá nos ofreció almuerzo y Rb me hizo señas para que aceptara.

Por lo que -no sintiéndome cómodo (o sea, andaba escapado del trabajo)- me senté a la mesa y compartí un -escueto- almuerzo de filete de pescado y arroz; y la reunión recuperó un poco de normalidad -o sea, la esposa del señor (y madre de la amiga de Rb) está en la unidad de cuidados paliativos en el hospital público más grande de la ciudad-.

El almuerzo se animó un poco con anécdotas e historias -todos se han conocido por varias décadas y asisten a la misma iglesia- hasta que el señor indicó que lo mejor era que nos dirigiéramos al hospital -Rb les había ofrecido que los pasaríamos a dejar-.

Afortunadamente -nuevamente- el tránisto estaba bastante ligero; por lo que llegué a dejar a la amiga de Rb y su papá al mismo lugar a donde me tocó esperar el día anterior casi una hora para mi intento fallido de donar sangre; luego manejé hasta la casa de Rb.

El tránsito para entrar al municipio estaba -como casi siempre- bastante pesado; pero aún vinimos un poco antes de las dos; sacamos a caminar a los perros y luego -Rb me había preguntado si el almuerzo había sido suficiente y yo le indiqué que almorzaría en casa- calenté el almuerzo que Rb había preparado la noche anterior (antes de salir por la mañana yo había preparado las ensaladas).

Después del almuerzo me preparé un té de menta -y le preparé un té de manzanilla a Rb-; luego me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; el resto de la tarde transcurrió casi sin actividad laboral; aunque me puse a revisar el documento que me habían mencionado por la mañana -son más de doscientas páginas-.

A las cinco nos dirigimos, con Rb, a los supermercados en dirección sur: caminamos hasta el final del boulevard y luego retornamos al supermercado más cercano; allí Rb compró un poco de alitas de pollo; también compramos una red de aguacates y un poco de bananos.

Antes de salir de la colonia le había comentado a Rb que iba a necesitar una fila de pan francés, para el desayuno del día siguiente con mi hija mediana; pero luego lo olvidé por completo: ya habíamos ingresado a la calle cuando lo recordé y salimos a la panadería.

Pero la dependienta de la panadería no tenía sencillo para el billete de cinco con el que intenté pagarle (el doble del valor de la compra); por lo que retornamos a casa, de donde salí casi inmediatamente, con varias monedas para, por fin, adquirir el pan. 

Cuando retorné de la panadería me ocupé en el siguiente laboratorio de Fabric; algo de ajustes a modelos semánticos -para lo cual tuve que arrancar mi máquina con la partición de Windows 11 (intenté instalar PowerBi en la computadora del trabajo pero no tengo acceso a ciertos espacios)-.

Completar el laboratorio me llevó más de la media hora que había previsto; luego respondí las preguntas planteadas por la lección diaria del LLM con el que estoy preparándome para el examen; y, por último, respondí la penúltima de las páginas en el primer ciclo de la revisión del sitio que me compartió mi amigo asiático.

A las diez de la noche me retiré a mi habitación; pero cambié el orden de actividades: primero leí una parte del segundo capítulo del ciclo actual del libro de la premio nobel sudcoreana; luego medité; y después me dormí.

El sábado me desperté a las una y media de la mañana; me había dormido antes de medianoche pero algo me despertó: fue una mezcla entre sueño y un zancudo; pero cuando me desperté sentí entumecidos (o dormidos) los dos brazos: una sensación bastante incómoda de la cual me costó liberarme.

Sopesé si seguir durmiendo -después de ver la hora en la tablet- pero me levanté a cazar el zancudo que me había despertado; sacudí la toalla, que conservo detras de la puerta, por las paredes de la habitación; y luego la agité junto al escritorio; y de allí salió, volando tranquilamente, el zancudo.

Ya tenía preparada la raqueta, con la que le dí una descarga eléctrica; y, aunque el insecto no se quedó en la misma, consideré que lo había dejado fuera de combate; pero luego me costó conciliar el sueño: había un par de preguntas rondandome la cabeza.

La primera tenía que ver sobre lo que pasará con mi tiempo de trabajo cuando pase a la nueva administración (o sea, temo perder el pasivo laboral de doce años); y lo otro era una duda sobre el tiempo que la mamá de la mejor amiga de Rb estará en cuidados paliativos.

Introduje estas dos preguntas en un LLM -en modo incógnito-; y sus respuestas no fueron muy esclarecedoras: básicamente debo conseguir más información; en el primer caso sobre los términos concretos de la transición laboral; en el segundo, por la diferencia -que no sabía que existía- entre cuidados paliativos y cuidados terminales.

Afortunadamente -concentrándome en la respiración- pude volver a conciliar el sueño; hasta las siete menos cuarto: no me dí cuenta que había desconectado la alarma de las seis y media; y no sé si fue la bulla de los autos en el boulevard, o la de Rb preparándose para empezar a tomar llamadas, la que me despertó.

Pero me levanté y, supuestamente, después de haber desconectado una alarma para las siete menos diez, empecé a meditar; pero no, el período fue interrumpido -por alarmas del celular- en dos ocasiones: una, me parece, para la clase de storytellling, y la segunda para enviar los tiempos de trabajo de la semana -no había clase y el día anterior había enviado los tiempos-.

La primera alarma sonó cuando me faltaban como doce minutos de meditación y la segunda cuando faltaban menos de treinta segundos; aún así completé el ciclo; luego salí de la habitación y puse a desinfectar los dos tomates que usaría para el desayuno con mi hija mediana -y varias hojas de lechuga-.

Después de poner a desinfectar las verduras hice algunas -pocas- lecciones de Duolingo; luego me puse a preparar el par de panes que llevaría al desayuno: una tortilla de (tres) huevos con sesenta gramos de jamón, con lechuga y tomate en rodajas; todo aderezado con mayonesa y ketchup.

Había consultado Waze y se veía que el tránsito estaba pesado desde antes de salir al boulevard principal; aún así decidí no salir tan temprano, lo cual fue un craso error: después de bañarme y cargar el desayuno en la mochila con aislante térmico tomé la van e inicié el viaje -eran casi las nueve y cuarto-.

Salí al boulevard pero, al avanzar una pocas calles, me dí cuenta que había un embotellamiento bastante intenso; por lo que dí la vuelta en U y decidí entrar a la ciudad por la vía que viene de los puertos del sur; y cuando llegué a esta vía también la encontré bastante congestionada, aunque no completamente inmóvil.

Me uní a los cuatro carriles subiendo la cuesta por la que se accede a la ciudad y estuve una buena cantidad de tiempo bandeando entre los mismos; hasta que llegué a la calzada metropolitana; que también estaba bastante llena; luego entré una poca distancia al periférico, pasé por la Universidad y salí a la ruta principal, al lado de la cual está el edificio donde viven mis hijos.

Ya eran las diez menos veinte cuando apenas entré a la ciudad, por lo que estuve a punto de llamar a mi hija para avisarle que llegaría tarde; pero la última calzada estaba relativamente vacía -o al menos no estaba saturada-; con lo que, con apenas un par de minutos de antelación llegué al parqueo del edificio.

Estacioné la van -me tocó que bajarme para arrimar una de las bicicletas a la pared- y subí caminando los siete niveles hasta el departamento de mis hijos; dos minutos después de las diez estaba entrando a la sala -y enviándole un mensaje a mi hija, comunicándole que me encontraba en el lugar-.

Ella salió un poco más tarde y nos dirigimos, caminando, al parque temático en el que acostumbramos tomar nuestros desayunos; el lugar estaba relativamente vacío -quizá por la hora temprana- y encontramos un lugar agradable para desayunar.

En eso invertimos un buen tiempo; luego jugamos una extensa partida de Scrabble; como habíamos acordado que la reunión se extendiera hasta la una de la tarde, le ofrecí a mi hija que nos dirigieramos a la rueda de Chicago; la cual estaba empezando a funcionar.

Había una cola bastante pequeña pero aún no estaban llenando todas las canastillas; pero no nos tocó esperar mucho; después de completar las vueltas del juego mecánico empezamos el retorno al departamento -en el ínterin me había estado comunicando con Rb, quien había acudido al hospital a visitar a la mamá de su mejor amiga, pero se había retirado al comprobar que nomás un visitante era aceptado-.

Retornamos al departamento veinte minutos antes de la una y le propuse a mi hija que revisaramos la confección de un origami que acostumbrábamos armar muchos años atrás -había olvidado por completo las instrucciones-.

Encontré el video en Youtube y procedimos -en muy poco tiempo- a fabricar un par de cajas de papel; luego armamos unas mas pequeñas, con las mismas instrucciones; la alarma sonó a la una menos cinco y empecé a despedirme; luego me retiré del departamento y bajé a encender la van.

Antes de salir del sótano le envié un mensaje a Rb, comentándole que iniciaba mi retorno -ella me había escrito un poco antes, comentándome que ya estaba en casa-; el viaje estuvo más tranquilo que el de ida -el número de autos en circulación era, definitivamente, menor-.

Pero no conduje directamente a casa: a mitad del camino -a tres o cuatro casas de donde vive el voluntario con quien me reuno un domingo al mes- me detuve para comprar un menú de pollo frito -había decidido almorzar eso-; la operación estuvo un poco complicada porque un gran camión se había detenido en el lugar -cubriendo uno de los tres carriles- específicamente para comprar pollo frito, también.

Después de comprar el menú más sencillo -una pieza de pollo, papas fritas, una ensalada y un bollo por tres dólares- volví al auto y continué el camino a casa de Rb; cuando vine la encontré almorzando en su habitación; por lo que me serví mi almuerzo y almorcé en la mesa del comedor.

Cuando terminé de almorzar me preparé un café, el que consumí con un poco de pan dulce -también con la mitad de uno de los muffins que Rb me trajo al retornar de su visita (frustrada) al hospital); después me puse a preparar las gelatinas para mis desayunos de la semana.

Rb empezó a alistarse para dirigirse a su iglesia, a impartir su clase semanal de alfabetización; yo le preparé un té de manzanilla y aproveché el tiempo para lavar los trastos que había utilizado en el desayuno con mi hija mediana.

A las tres y cuarto Rb se despidió; yo terminé de lavar los trastos y, luego, preparé los bártulos para realizar la limpieza -el nivel de bolas de pelos de perro era realmente excesivo-; barrí los pisos de las habitaciones que más usamos y luego las trapeé.

A continuación me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; a las cinco y diecisiete -había puesto una alarma- me vestí y salí a caminar en dirección a la iglesia de Rb; a la cual llegué un poco después de las seis; entré al pasillo, pasé saludándola -y a sus alumnas- al aula y fui a esperarla frente a la cancha de basketball/volleyball del lugar.

Ella salió unos minutos más tarde y caminamos de vuelta a casa; al regresar me ocupé de las tres tareas de Fabric: completar el laboratorio del día -algo de seguridad en los reportes-, responder las preguntas de la lección del día y las de la última página del sitio en donde he estado preparándome.

Terminé super tarde con todo eso: ya eran casi las diez de la noche; pero, como ví que Rb seguía en sus series en la computadora, me quedé un rato más en su habitación; luego, cuando anunció que se preparaba para dormir, me pasé a la mía; en donde medité, leí un poco y luego me dormí.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

 

 

 

 

lunes, 24 de agosto de 2026

Perras de Reserva... Reservoir bitches... Chiennes de réserve...

No me había dado cuenta que no había utilizado este título para nombrar uno de los textos de este año -lo que me había propuesto al inicio del mismo-; o sea, leí Medea me cantó un corrido porque me pareció un libro más o menos similar a La virgen de los Sicarios.

Y leyendo sobre la autora, encontr -en Reddit, me parece- varios comentarios en donde indicaban que el libro de Medea era un escalón descendente del libro que titula este texto: lo que me parece un despropósito.

Se supone que Perras de Reserva fue el libro que puso a la autora en el ojo público: en todo sentido; supuestamente le costó mucho que una editorial lo publicara -el texto es bastante crudo y el lenguaje demasiado mexicano-: son una serie de cuentos del bajo mundo.

Con Medea -creo- intentó hacer una obra diferente: aquí hay un hilo conductor -Medea-, pero la acción -y el lenguaje- sigue siendo tan -o más- descarnado con el anterior; algunos lo han clasificado como pornoviolencia -o pornomiseria, o un término similar-.

Pero, a mí, lo que me llamó la atención fue eso: el primero -Perras- es nomás una serie de cuentos -creo que algunos los había presentado la autora en diversos concursos- pero el segundo es un intento de hacer una literatura más estructurada -o es lo que me parece-.

El tema en ámbos es el mismo: la violencia tan común en nuestra latinoamérica unida; la degradación -tan común- del tejido social que afecta tanto a los jóvenes que muchos prefieren llevar una vida intensa -aunque corta- a ingresar en la carrera de ratas.

Y eso.

El miércoles me levanté antes de  las seis y media; preveía un día bastante tranquilo en el plano laboral; y fue -casi- tal como lo esperaba; pero me desperté antes gracias a un zancudo al que se le ocurrió zumbar muy cerca de mi oído antes de las seis de la mañana; me levanté a encender la luz y -curiosamente- lo localicé sobre la lámpara de dormir.

Acerqué lentamente la raqueta al insecto; el cual recibió un par de buenas descargas, ignoro si eso lo dejó fuera de combate o nomás lo atontó; pero no lo busqué con tanto ahinco: completé a continuación mi meditación de la mañana.

Después salí a la mesa del comedor, con ambas computadoras: Rb ya iba a empezar a tomar llamadas y me molesta salir a abrir la puerta a los perros cuando aún estoy en cama; como no había reunión a las siete y media estuve hasta las nueve entre Duolingo, Scrabble y lectura.

A las nueve entré a la reunión diaria; en donde el PM presentó unas gráficas -sin sentido, realmente- sobre el avance del proyecto; luego, a las nueve y media, entré a la reunión quincenal con mi supervisora -que ya no es mi supervisora-.

Esta llamada también fue bastante intrascendente: yo estaba a la expectativa de enviarle nuevamente mi número de cuenta bancaria, pues no había recibido los dieciséis dólares que gané al quedar en el tercer lugar de la quiniela mundialista -sigo sin recibirlos-.

La llamada versó básicamente sobre los pendientes antes del cambio a la nueva empresa: falta un poco más de un mes para que se realice el cambio y casi todo permanece en un estado nebuloso; la mayor parte de la reunión fueron cuestiones personales: como que mi supervisora no había dormido durante la última semana porque a su bebé -de menos de seis meses- la afectó la aplicación de la vacuna.

Al menos la reunión esta me dió la excusa perfecta para no entrar a la reunión del equipo a las diez menos cuarto -después le pregunté sobre la misma al analista de la ciudad colonial y me comentó que había sido corta y sin mucha información-; después de terminar la llamada (a las diez) me moví un rato a la cama para leer.

Rb salió de su habitación a las doce y completamos la rutina de ejercicios de los miércoles; después sacamos a caminar a los perros; antes de salir le puse fuego bajo -pero no tan bajo pues el día anterior no habían quedado muy bien las piezas de pollo- al pollo y papas asados, y a la longaniza en trozos.

Cuando entramos de la caminata subí un poco la potencia de las dos hornillas y volteé todas las piezas que estaban calentándose; después me lavé las manos; como ya había dejado preparado el guacamol antes de salir a caminar con los perros, lo saqué del refrigerador y serví ambos almuerzos.

Después del almuerzo me preparé medio litro de café -el que consumí con un par de mitades de galletas-; por la mañana había empezado a completar la tarea que envió el jefe de Rb para la evaluación del segundo módulo del curso de storytelling al cual me adherí un par de meses atrás.

Y luego del almuerzo continué trabajando en el informe: básicamente revisando el texto proporcionado por un par de LLMs, aclarando algunos puntos, simplificando otros, y encontrando una mejor forma de presentar la información; Rb fue a la tienda de las verduras y retornó con una papaya -y otras frutas- al doble de lo que costaba el año anterior -maldito dictador naranja-.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: Rb había encontrado una forma adecuada de utilizar el cloro -lejía- normal para desinfectar las verduras; y necesitábamos un juego nuevo de cucharitas medidoras; por lo que caminamos directamente hasta la tienda verde de descuentos.

Allí obtuvimos las cucharitas -por un dólar-; luego pasamos al otro supermercado y compramos dos recipientes de cloro: uno de un galón y el otro de un poco menos de dos litros; luego retornamos a casa; en donde Rb se preparó para entrar a su clase de teología.

La cual había previsto que sería muy muy larga: más de la mitad de los estudiantes -incluyendo ella- debían presentar el video de la evaluación del penúltimo módulo del programa; se trataba de la prédica que había presentado el viernes anterior en el grupo de señoras de su iglesia.

La clase se alargó aún más de lo que Rb había previsto y llegó la hora en la que debía alimentar a sus perros; llevé la comida de los perros grandes a su cama y luego intenté que la perra más anciana tomara su cena -por la mañana había sido muy exitoso con esta tarea-.

Pero no hubo caso: la perra, como es su costumbre, se negó a ingerir su alimento; consideré tirar la comida en el barranco, pero luego me dije que lo mejor era dejar que Rb lidiara con el asunto; esperé un poco y luego -Rb seguía en su clase- le informé del hecho; y ella la alimentó como lo ha hecho durante los últimos años.

Por estar en lectura, Duolingo y Fabric -y algún video de Youtube- ya no tuve tiempo de ver ningún -otro- contenido multimedia: quiero esperar a que hayan más capítulos disponibles de Lioness; y aún no he empezado a ver el último de la serie de animé que empecé a ver unas semanas atrás.

El jueves me levanté nuevamente antes de las seis -no hubo zancudo, nomás ruido del boulevard-; pero creo que también ha influido estos dos días la parte de Wherever you go There you are que acabo de leer: el autor habla en uno de los ensayos sobre la conveniencia de levantarse muy temprano.

Empecé a meditar alrededor de las seis de la mañana; luego retorné a la cama y estuve haciendo lecciones de Duolingo hasta después de las siete; a esa hora salí de la habitación y conecté ambas computadoras en la mesa del comedor; mientras, Rb había empezado a tomar llamadas.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; con la novedad de que la compañera de mi supervisor ya había retornado de vacaciones -le dí la bienvenida-; entre ocho y nueve de la mañana estuve completando la evaluación de Fabric del día catorce y realizando las actividades del sexto -de dieciséis- laboratorio de la misma tecnología.

A las nueve entré a la siguiente reunión; en la que los desarrolladores comentaron los obstáculos que han estado teniendo para lanzar la última versión de la aplicación en la que trabajamos; después de esta reunión recibí un nuevo documento para ajustar los formatos.

Y eso me llevo un buen tiempo: no era mucho el contenido pero sí había muchas áreas en las que tanto las tabulaciones como ciertas numeraciones debían ser calibradas; además debía revisar el formato de la tabla de contenidos; por estar haciendo esto no me dí cuenta que me salté una de las reuniones en curso sobre el uso del LLM aprobado en el trabajo.

Rb se dirigió a su clase de zumba un poco antes de las diez y retornó -bastante desmotivada- un poco después de las once: al parecer no le está llamando la atención que el instructor esté solicitando tantas dinámicas: como que lleguen vestidas de cierto color, o de cierta década del siglo pasado; o que lleguen maquilladas(!).

Aún tuvo tiempo de meterse a su habitación a tomar algunas llamadas; como ya había preparado el guacamol del almuerzo saqué las porciones de pollo -y papas- del día y los coloqué en la mesa, listas para empezar a calentarse; lo que hice a las doce, cuando Rb salió de su habitación para que sacáramos a caminar a sus perros grandes.

Después de entrar  de la caminata continué haciéndome cargo del almuerzo y serví las dos porciones; Rb salió un poco después de su habitación y completamos la comida; después me preparé un café; ella se tardó bastante almorzando y luego se retiró a su habitación, en donde estuvo dormitando hasta las tres menos cuarto.

Yo me había metido a mi habitación a avanzar en Wherever you go There you are, e incluso desconecté la alarma de las tres menos cuarto; y estuve a punto de empezar a darle de comer a los perros; pero juzgué más conveniente -para todos- que ella lo hiciera; entonces le hablé y, mientras ella se despertaba y se encargaba de los perros, me metí a la cocina a lavar los trastos del día.

También le preparé un té de manzanilla; a continuación me puse a hacer un par de pequeños ejercicios de acuarela; el día anterior había encontrado los dibujos -a lápiz- que hice tres años atrás, cuando empecé a explorar mi lado artístico -las acuarelas empezaron el año anterior-.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos lo cruzamos: Rb necesitaba comprar una medicina para su perra más anciana, en una farmacia de los alrededores.

Luego de comprar las gotas oftálmicas caminamos hasta el supermercado de mitad del camino; allí compramos las fajitas de pollo para el almuerzo de la siguiente semana; también un poco de mollejas (para un caldito) y algo de bananos; antes de entrar a la calle de la casa de Rb pasamos a la panadería de la vuelta, a comprar el pan de mis desayunos.

El día viernes estuvo bastante tranquilo: me levanté un poco antes de que sonara la alarma, consciente de que no había reunión a las siete y media; medité y luego estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo en la cama.

Un poco después de las siete salí de la habitación para trabajar en la mesa del comedor: estuve ocupándome en mi lista semanal; algo de Fabric, algo de lectura e incluso algo del trabajo -aunque de esto último no había recibido más novedades-.

A las nueve de la mañana entré a la reunión semanal del equipo; como en las anteriores, el supervisor se dedicó a comentar las tareas de todos los analistas -en mi caso, apenas me mencionó como ayuda de los dos analistas que están desarrollando los documentos-.

La reunión estuvo algo tardada y, al final, el jefe del supervisor preguntó si había alguna duda: aproveché para inquirir sobre el estado del cambio a la nueva empresa; y, al igual que en ocasiones anteriores, no hubo mucha información, nomás que si teníamos dudas podíamos enviarlas por correo.

Un poco después de esta reunión la analista me envió un mensaje par que viera un documento que ya tenía listo; estuve trabajando un rato en esto -no era mucho- y después, cuando Rb salió de la habitación, completamos la rutina de ejercicios de los viernes.

Luego sacamos a caminar a los perros grandes; antes de salir Rb había puesto a cocinar el pescado de los viernes; así que cuando entramos le dí la vuelta a los dos trozos y puse a cocinar las salchicas y el pollo con el que he estado complementando mis ensaladas de los viernes -después preparé la ensalada-.

Almorzamos pescado y ensalada y luego me preparé un té de menta; antes del almuerzo le había avisado a la analista que el documento ya estaba listo, el resto de la tarde no hubo mucho laboralmente hablando; nomás hice un par de pequeños ejercicios de acuarela y leí -lo que me había propuesto de- el tercer folleto de electrónica.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los mercados en dirección sur; llegamos al extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de la mitad del camino; y no había lechugas: últimamente se ha estado repitiendo más la escena; nada de lechugas en las refrigeradoras.

Entonces Rb dijo que pasaríamos a la tienda de las verduras; pero yo hice un gesto -me sale (casi) inconsciente- de fastidio; por lo que dijo que pasaría sola; al final ya no pasó, y yo me comprometí a pasar a los supermercados al día siguiente, cuando visitar a mi hijo menor.

Por la noche ya no ví nada de material audiovisual -ni Lioness ni Nahona-; nomás estuve revisando una de las (nueve) páginas con preguntas para el examen del certificado que tomaré a finales del próximo mes (el sitio me lo compartió mi amigo asiático y está bastante interesante).

El sábado no me quería levantar; por alguna razón no tenía ánimos para salir de la cama; desconecté la alarma y me quedé unos (seis) minutos más en cama; luego sí bajé al piso y completé el periodo de meditación de la mañana (escuché a Rb preparándose para emprezar a tomar llamadas).

Después de completar la meditación retorné a la cama y completé algunas lecciones de Duolingo; luego salí de la habitación y puse a desinfectar verduras -llené un recipiente plástico con tres litros de agua-.

Desinfecté tres tipos de lechuga (verde, morada y romana), una manzana verde, un pepino, dos tomates, una zanahoria y un chile pimiento (nomás el aguacate no desinfecté); cuando pasó media hora saqué las legumbres y preparé dos grandes ensaladas.

Además, medí treinta gramos de aderezo en dos bolsitas de galletas; después me puse a preparar los dos rollitos de pollo (la noche anterior los había dejado en la refrigeradora): batí un huevo y los sumergí allí, los pasé por harina de coco, luego nuevamente por el huevo y, por último, por avena en hojuelas.

Después los puse -a fuego muy bajo- en la sartén; traté de que no quedaran muy redondos, sino como tamalitos, para facilitar la cocción por dos lados; los freí a fuego bajo por casi media hora de cada lado; también utilicé parte del huevo que sobró para la torta para mi panito del desayuno.

Un poco después de las nueve y media tomé mi desayuno; en el ínterin completé la lección del día dieciséis de mi programa (soportado por un LLM) y también uno de los laboratorios (el sexto, quince) de la página de Microsoft Learn.

Como no me decidía en qué actividad -de mi lista de once de la semana- invertir el tiempo que restaba antes de sacar a caminar a los perros (a las once y media), metí las cuatro o cinco pendientes en una Random Wheel y -de acuerdo a lo elegido- jugué una partida de Scrabble online, luego empecé a escribir este texto.

Rb salió de su habitación a las once y media -originalmente me había comentado que quería hacer una rutina de ejercicios y me había pedido que sacara solo a los perros, a lo que accedí gustoso- y me indicó que había decidido acompañarme con los perros -la perra más pesada sigue con una muy mala actitud para caminar-.

Después de entrar de la caminata me metí a la ducha y tomé un buen baño, mientras escuchaba un video de música clásica de Youtube; después me vestí, preparé la mochila con aislante térmico, me despedí de Rb y me dirigí a la casa de mis hijos.

El boulevard estaba bastante vacío y nomás tuve que esperar un poco antes de incorporarme al tránsito de la ruta intemunicipal; la ciudad también estaba tranquila, por lo que llegué al edificio de mis hijos quince minutos antes de la hora de reunión.

Estacioné la van en el sótano (por primera vez utilicé el radio durante el viaje, con una emisora locar con música en inglés) y salí del mismo, para dirigirme al supermercado al otro lado de la ruta principal.

Consideré que tenía un buen tiempo para retornar y subir al séptimo nivel; aún así troté una buena parte del camino de ida y vuelta (incluyendo la pasarela); en el supermercado elegí un par de escarolas verdes y pasé a la autocaja -menos de un dólar por ambas-.

Retorné al edificio y no encontré a nadie en recepción: había una pareja de jóvenes en los sillones del área y ví por las cámaras que la guardia andaba en el baño -aunque no lo comprendí al inicio-; traté de guardar la calma.

La guardia bajó por fin del tercer nivel y traté de no mostrar molestia por la espera; y nomás me comentó así con un tono de confianza: hubiera pasado, nomás hay que presionar esa palanca; le agradecí por el consejo y subí corriendo los siete niveles.

Había dejado el celular en el auto por lo que, cuando entré al departamento, pasé tocando la puerta de la habitación de mi hijo menor -después de dejar las lechugas en la refrigeradora- y entré a la sala.

Mi hijo aún tardó un poco en salir -pregunté la hora cuando salió a saludarme: una y once-; en el tiempo de espera había empezado a doblar una grulla de origami; la terminé mientras conversaba de algunas generalidades.

Después le propuse que partiéramos hacia el parque temático; pero le dije que teníamos que pasar por el sótano, para recoger las mochilas; así que bajamos -en el elevador-, sacamos las mochilas -y el Scrabble- de la van, y salimos por la cortina de ese nivel.

No nos costó mucho llegar al parque y nos dirigimos directamente al lugar en el que usualmente tomamos nuestro almuerzo; pero esta vez el área estaba ocupada por un grupo de personas que estaban -aparentemente- celebrando un cumpleaños.

Por lo que nos dirigimos al otra área techada; allí si encontramos lugar y procedimos a consumir el almuerzo -el único inconveniente del lugar es que mantienen constantemente música a un volúmen no muy agradable-; pero comimos tranquilamente.

Luego le propuse a mi hijo que buscáramos un lugar más tranquilo, para jugar una partida de Scrabble; encontramos un espacio bastante conveniente bajo unos árboles y desarrollamos el juego -también armamos el cubo de cuatro por cuatro y el de seis por seis-.

Como mi hijo me había dicho que le convenía que nos despidiéramos a las cinco -supuestamente tenía un compromiso más tarde-, y yo quería ver si en los supermercados del camino había lechuga le pedí que nos retiráramos después de terminar la partida de Scrabble -creo que apenas pasaban de las tres y media-.

Entonces nos dirigimos caminando al departamento; pero pasamos al primer supermercado del camino; afortunadamente encontré del otro tipo de lechuga que no había en el de más temprano -escarola morada y lechuga romana-; compré un par de cada tipo.

Continuamos el camino y llegamos al departamento un poco después de las cuatro y media; le propuse a mi hijo que practicáramos un poco de ajedrez -tenía algunos ejercicios en mi celular- y sacó un par de tableros; nos dió tiempo de completar dos ejercicios de mate en dos movimientos.

A las cinco menos cinco le indiqué a mi hijo que me retiraba; él sacó un par de paquetes de ramen coreano que me había comentado que iba a tirar porque no le convenía su consumo -por los gramos de carbohidratos- y que yo le había indicado que en vez de tirarlos me los diera.

Igual, le comenté que le pagaría el valor de los mismos -un par de dólares-; nos despedimos y bajé -luego de sacar las lechugas del refrigerador- caminando al sótano; cargué las mochilas a la van e inicié el camino de retorno a casa -escuchando la radio-.

El camino nuevamente estaba bastante tranquilo; incluso en el semáforo de entrada al municipio la cola era mínima -nomás un cambio de luces- con lo que un poco después de las cinco y cuarto estaba estacionando la van frente a la casa de Rb.

Saqué a los perros más grandes al patio y entré a cambiarme de ropa; después de meter a los perros compartí mi ubicación Live con Rb e inicié a caminar hacia su iglesia; a la que llegué unos minutos después de las seis; entré al área de las aulas, pasé saludándolas desde el patio y me instalé en una banca al fondo del mismo, a jugar ajedrez.

Rb salió un poco más tarde e iniciamos el camino de regreso a casa -la ayudé con la bolsa en la que traía los aguacates y manzanas verdes que había comprado en el supermercado cercano-.

Por la noche ya no tenía mucha energía; y de mi lista semanal me faltaban varias actividades diarias -al final no leí la mitad del fascículo de electrónica ni practiqué nada de acuarela- pero le dí prioridad a Fabric: revisé una de las páginas -son como veintidós preguntas- del sitio que me compartió mi amigo asiático.

Me tardé un montón de tiempo en contestar todas las preguntas y -quizá- más de la mitad incorrectamente -al menos tengo el consuelo que (de acuerdo a mi calendario) intentaré tres veces cada página-; luego estuve sopesando qué media consumir.

Estaba dudando entre Nahona y Lioness; pero me puse a revisar uno de los sitios donde veo series y encontré una película de Statham que me había llamado la atención unas semanas atrás; y también encontré una serie de animé que mi hijo menor me había mencionado por la tarde: es una versión de este año de The Ghost in the Shell.

Entonces ví el primer capítulo de esta serie; y, la verdad, no me gustó mucho: o sea, además de la película de Scarlett Johasson he visto varias películas y series del mismo título durante los últimos años; igual, quizá fue por el cansancio.

A las nueve y media le comenté a Rb que me retiraría y salí de su habitación a lavarme los dientes; luego realicé los veintisiete minutos de meditación y, antes de dormirme, leí un par de páginas de Wherever you go There you are.

El domingo me quedé un par de minutos en la cama después de que sonó la alarma; no tenía muchos ánimos de levantarme pero reuní la energía necesaria y bajé al piso a meditar; después retorné a la cama e hice varias lecciones de Duolingo -como ya he sobrepasado el ELO de mil seiscientos las partidas han estado un poco más tardadas-.

Salí de mi habitación un poco antes de las ocho: el día anterior ya no había tenido tiempo de preparar las cuatro gelatinas que consumo en los primeros desayunos de la semana; entonces saqué un paquete de la habitación de las provisiones y puse a hervir agua.

Aunque tuve que agregar otra taza al recipiente que estaba en la estufa: en esta presentación la preparación pide dos tazas de agua hirviendo -no una hirviendo y la otra fría, como es lo común-; después de terminar la preparación dejé los cuatro moldes sobre la refriferadora -para que se enfriaran, antes de meterlos a la misma-.

Rb le dió de comer a sus perros a las ocho cuarenta y cinco y luego tomó su desayuno; después, como habíamos acordado el día anterior, salimos a limpiar las hierbas de la acera frontal de la casa; lo que no nos llevó mucho: apenas había un poco de grama y algunas plantas parásitas.

Pero cuando terminamos le propuse continuar con el patio trasero: las malas hierbas habían crecido tanto allí que habían ahogado su planta de flores de loroco; hicimos una muy buena limpieza del lugar, e incluso puse la escalera -y una cubeta de plástico- como sostén de la parte del techo que se está cayendo, al lado de la lavandería.

Después de completar la limpieza entré a prepararme el desayuno: preparé una muy buena receta de cloud bread: me quedó una consistencia de masa bastante manejable y el crecimiento en el pyrex estuvo bien; lo rellené con frijoles volteados y eso fue la parte fuerte de la comida -ya pasaban de las once de la mañana-.

Cuando Rb vió que terminé mi desayuno me pidió que la ayudara a cortar güisquiles del patio; salí con la herramienta que construí hace varios años para el efecto y cosechamos casi una docena de estas legumbres; además, le sugerí que le ofreciera a la vecina -cuando le regalara un par de estos- el corte del racimo de bananos que estaba en su patio trasero.

Habíamos visto unos días antes que el racimo, de uno de los vástagos del bananal que se pasó a ese patio,estaba enorme; ella accedió a darme ingreso y me dirigí al lugar armado con el machete pequeño; pero, al ver la posición en la que estaba -y que no contaba con escalera- decidí cortar el vástago completo.

La vecina vino a llamar a Rb para que nos ayudara y me prestó una silla para alcanzar un lugar alto para el corte; lo cual no hice bien: el racimo estaba pesado y el vástago cedió después de dos o tres tajos en el tronco, cayendo -y rompiendo- un alambre utilizado para secar ropa.

El alambre amortiguó un poco la caida y nomás un par de los bananos de la parte final del racimo se rasparon; igual, separé el racimo de la mata, corté las hojas y las lancé al patio trasero de la casa de Rb; también empujé -aunque no llegó al otro lado- la parte de la mata que había doblado.

Después uní las dos partes de alambre -originalmente para señal de cable de televisión- (dañándome un poco las palmas) para que pudiera seguir siendo usado como tendedero; luego trasladamos el racimo de bananos al patio delantero de la casa de Rb.

Iba a separar las pencas pero los bananos estaban bastante grandes, por lo que le pedí prestada la sierra que nuestra vecina me había prestado originalmente para cortar el racimo; la cual utilicé para seccionar siete pencas del tallo principal.

Me pasé al patio delantero de la vecina y toqué la puerta, para devolverle la sierra; y ofrecerle un par de las pencas; de las cuales aceptó nomás penca y media; retorné con la otra mitad y la dejé con el resto; luego guardé el machete; en el ínterin Rb había estado preparando las alitas para el almuerzo.

Entré a la casa y, después de comentarle a Rb cómo había estado la separación de las pencas, ofrecí ponerle los arneses a los perros para prepararlos para la caminata, mientras ella terminaba de poner las alitas de pollo al fuego.

Aceptó la oferta y saqué a los perros, al menos a la calle lateral; ella salió cuando ya estábamos completando el circuito; y concluimos las dos vueltas diarias a la calle; cuando entramos con los perros Rb se quedó recolectando los desechos del patio delantero y yo entré a voltear las alitas.

Después preparé un par de enormes ensaladas -el día anterior había desinfectado toda la lechuga que teníamos disponicle por la mañana-; después del almuerzo me preparé un té de menta, el cual consumí con la mitad restante de los muffins que compré el viernes, y un par de mitades de galletas.

Por toda la actividad del día me sentía bastante agotado; y, aunque no quería dormir, me retiré a la cama de mi habitación, mientras Rb se puso a ver alguna serie en su computadora -en su habitación-; estuve leyendo un artículo sobre autismo tardío -o diagnosticado tardíamente, más bien- y luego metí las actividades pendientes en una ruleta de selección.

De acuerdo al resultado entré al sitio en el que últimamente había estado jugando Scrabble y completé -trágicamente- una partida; pareciéndome que he estado empeorando en el juego; a las dos y cuarenta y cinco la alarma sonó y salí a prepararle un té de manzanilla a Rb.

El cual se estuvo enfriando en la mesa del comedor pues Rb estaba ocupada cortando las uñas de las patas traseras de su perra más pesada -teme que un crecimiento anómalo en estas es lo que está exarcerbando las dificultades en la caminata diaria-.

Un poco antes de las cuatro fuimos por varias casas (y la garita) de la calle repartiendo un par de güisquiles y una penca de bananos en cada lugar; quedándonos solo con un par de los primeros para los almuerzos de la semana y una penca pequeña para mi propio consumo.  

Se suponía que íbamos a cocinar a las cinco de la tarde -usualmente preparamos los almuerzos de los primeros cuatro días en ese período-; a mí me tocaba -como casi siempre- partir un par de güisquiles, una zanahoria y alguna otra hierba (apio, cilantro).

Pero, como estaba en la mesa del comedor después de retornar de la repartición de güisquiles y bananos, empecé a completar lo que debía; Rb salió de su habitación y empezó a preparar el pollo (separar los trozos de grasa que traía la pechuga).

Estuvimos cocinando hasta cerca de las seis pero todo quedó muy bien: un caldo -de verduras, con el agua del cocimiento de las pechugas-, y unas pechugas hervidas y sofritas; cuando terminó de hervir el caldo lo pasé a un recipiente con agua, para acelerar un poco su enfriamiento.

A las siete hice varias lecciones de Duolingo -me mantengo sobre mil seiscientos de ELO- y luego me pasé a la habitación de Rb con mi computadora personasl -no hice en este día dos de mis actividades 'obligatorias': el laboratorio y la página de preguntas de Fabric-.

Ví el final del capítulo de Nahona que llevaba a medias; luego ví la mitad del segundo capítulo de la tercera temporada de Lionesss; y no hice mucho más: creo que estuve viendo algunos videos de Youtube; y un poco antes de las diez le indiqué a Rb que me retiraba.

Salí a lavarme los dientes, volví a entrar a su habitación para despedirme por la noche, y luego me metí en mi habitación; en donde completé los veintisiete minutos de meditación; pero ya no leí nada -me tocaba el tercer capítulo del libro en Inglés que había empezado durante la semana-.

Y a ver cómo va eso...

martes, 18 de agosto de 2026

Huaco Retrato... Portrait Huaco... Huaco Portrait...

Este libro es de los -tantos- que encuentro en mis recorridos por listas de libros en Internet; o de alguna referencia encontrada en algún artículo -u otro libro incluso-; pero de este en específico me recuerdo por el comentario compartido con -dos de- mis hijos, y algunos conocidos:

Entre padres e hijos la perplejidad parece ser la única posibilidad de comprensión.

La frase -del epígrafe de Retrato Huaco- es extraída literalmente de un libro de un premio nobel -alemán?-: Henrich Böll; y es algo críptica; de hecho, se la envié también a mi psicóloga, y me respondió con que no la comprendía del todo.

Yo la había metido a un LLM para que me diera una explicación de la misma; porque es -al parecer- una paradoja (¿?) o alguna de esas otras figuras literarias con las que se llenaban los libros en la -no tan- antigüedad; ahora -generalmente- son mas lineales.

Como también busqué la página de Wikipedia de la autora -peruana- me enteré de una nueva palabra: trieja;  que es definida -según otra página de Wikipedia- como "(también llamada tríada) es una relación afectiva, romántica y sexual estable entre tres personas. Forma parte de las opciones del poliamor y se diferencia de un trío en que implica un compromiso a largo plazo y convivencia, no solo un encuentro sexual ocasional".

Se la comenté a mi hija mayor -que no sé claramente si se identifica (como mi ahijada) como lesbiana o pansexual (la verdad, no sé si son mutuamente excluyentes)- y nomás me dijo que, si en el futuro debe describir algo de este tipo para sí misma, el comentario que más usaría sería: con ganado... las nuevas generaciones.

El libro -llevo la tercera parte: es bastante corto- es una mezcla de reminiscencia de un antepasado lejano, de la muerte de su padre; de la trieja que forma con una pareja que reside en España; del racismo que experimenta en todas partes por tener un apellido alemán y un apariencia amerindia; y me imagino que de muchas más cosas, pero me cuesta leer entre líneas.

Y a ver cómo va eso...

El miércoles me desperté un poco antes de las seis; o me desperté antes; la verdad es que estaba teniendo un sueño bien raro: literalmente estaba viendo a alguien cantar un tema fantástico -música y voz- sobre una persona -creo- y que le parecía mágica, como el Mago de Oz, o el País de Oz, o algo parecido.

Apagué la alarma del celular y me levanté a meditar; lo cual me costó -muchos días me cuesta-; además, llevaba unos veinte minutos en esto cuando Rb abrió la puerta; intentó retirarse al encontrarme meditando, pero no dejé que cerrara la puerta (no soy dogmático).

Y lo que quería era comentarme que la papaya que había lavado la noche anterior -para que yo la partiera- estaba en el refrigerador: un extremo -y una pequeña área en un costado- de la misma habían perdido la pierl; y ella había visto algunas hormiguitas, por lo que consideró prudente no dejarla a la intemperie.

Entonces se disculpó y empezó con su rutina diaria; yo medité el resto del tiempo -me faltaban como seis minutos aún-; cuando terminé salí de la habitación, saqué la computadora del trabajo de la habitación de la comida de los perros y me pase a la cama, pero luego decidí mejor empezar a trabajar en la mesa del comedor.

Aunque no empecé a esa hora: los miércoles no hay reunión a las siete y media, por lo que me puse, primero a completar las lecciones matutinas de Duolingo; luego sí entré a la reunión -aunque seguí con partidas de ajedrez-.

Después de la reunión me puse a revisar la lección del día de Fabric; pero me enfoqué más en completar un laboratorio -más o menos- similar al que había realizado el día anterior en esta plataforma: crear espacios de trabajo, subir archivos, entre otros.

A las nueve entré a la segunda reunión del día; pero no hubo -al menos para mi equipo- mucha novedad; un poco más tarde me dí cuenta que mi supervisor me había escrito: quería empezar a utilizar la computadora que usaba el analista que renunció.

Respondí al mensaje pero me dí cuenta, un poco más tarde, que la computadora no estaba actualizada; y en eso empezó la reunión del equipo; en la misma comenté el estado de la computadora e indiqué que me pondría a trabajar en su reajuste.

La reunión tardó un poco más de lo que esperaba pero, un poco después de las diez me puse copiar algunos archivos de mi estación de trabajo a la que ahora utilizaría el supervisor; luego me metí a la cocina a partir la papaya que Rb había dejado preparada.

Después me preparé el desayuno; entre estas actividades empecé a leer un libro -en español- de una escritora peruana; también jugué una partida de Scrabble en una plataforma dedicada exclusivamente a esto.

Un poco antes de las once empecé a preparar un par de ensaladas; también puse agua para preparar los fideos que utilizaríamos en el almuerzo del día; además, coloqué -sin fuego- sobre la estufa la salsa de tomate y el pollo con el que acompañamos la pasta.

Terminé de preparar los fideos un poco antes de que Rb saliera de su habitación -en donde había estado traduciendo durante toda la mañana-; entonces completamos la rutina de ejercicios de la mitad de la semana; luego sacamos a caminar a los perros.

Después de la caminata entré a calentar el pollo y la salsa de tomate -aunque ya habían hervido mientras completábamos la rutina de ejercicios-; luego almorzamos; a continuación me preparé una taza de café -con galletitas y pastelillo-.

Como Rb tenía clase de teología fuimos a los supermercados en dirección sur bastante temprano -como a las cuatro y media-; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos en el supermercado más alejado; allí compramos varios condimentos para los panes que planeábamos regalar al servicio de extracción la siguiente semana.

También aproveché para comprar algunas bolsas de snacks para las reuniones en el próximo futuro con mis hijos: usualmente llevo snacks para los desayunos con mi hija segunda; pero, por las restricciones alimenticias del menor y la mayor, he evitado llevar snacks con ellos.

En el supermercado encontré un par de bolsas de plátanos fritos con -supuestamente- exclusivamente sal; por la noche -tuvimos, sorprendentemente, una conversación bastante extensa- le comenté a mi hija mayor sobre los snacks y le parecieron adecuados.

El jueves por la mañana, antes de meditar, vi que mi hija mayor me había enviado un mensaje bastante tarde la noche anterior: quería recordarme sobre una presentación que tenía que hacer en uno de sus cursos, y para lo cual requería mi presencia.

Entonces decidí que la ayudaría con eso: aunque me quedé con muchos pensamientos intrusivos: esa semana había programado un café con mi ahijado -creía que era el jueves veintisiete, pero, en realidad, habíamos acordado el veintiséis (no me había dado cuenta del día)-.

Además, justo ese jueves -ya había pedido el día de vacaciones- había previsto ir al hospital público a donar sangre -como uno de los dos donadores que la salud pública solicita para realizar una operación-; por lo que mi periodo de meditación estuvo bastante difícil.

Con lo que se me complicaba la situación: o sea, en vez de salir muy temprano al hospital, retornar a casa de Rb y volver a salir al final de la tarde, tendría que agregar otra reunión -la presentación de mi hija es entre una y tres- un poco después del mediodía; pero después me dije que lo mejor es que lo tome con calma -y paciencia-.

Además, me sucedió algo raro -o quizá no tan raro-: la noche anterior me había tomado tres grandes vasos de agua -litro y medio, creo-, pero los últimos me los tomé muy tarde; por lo que en la madrugada me despertaron las ganas de ir al baño; pero, al final, una playera y un short de ejercicios quedaron empapados, en la habitación. 

El jueves era, también, mi primer día de vacaciones del mes, por lo que me desperté media hora antes de lo acostumbrado; medité y luego me metí a la ducha: había acordado reunirme con mi amigo de la facultad a las ocho menos veinte, en la cafetería donde programo usualmente los desayunos.

Mi plan era salir de casa a las siete menos cuarto; caminar hasta el inicio del boulevard y tomar el bus intermunicipal, estimaba llegar un poco antes de la hora programada al lugar de reunión; y todo iba sobre ruedas, pero a las siete y veinticuatro recibí un mensaje de mi amigo: ya estaba en el lugar.

Le respondí que llegaría en diez minutos -el bus apenas iba saliendo del cañón que separa el municipio de la ciudad-; me apeé del bus en el lugar más cercano al comercial donde se estacionan los busitos -a dos o tres calles de distancia-; al final llegué casi a la hora a la que habíamos acordado.

Mi amigo se había instalado en una mesa de la sección infantil -pero, por lo temprano, no había muchos niños en el lugar-; le sugerí que ordenáramos y nos dirigimos a la caja a pedir un par de desayunos típicos -los cuales siguen subiendo de precio: pagué un poco más de catorce dólares por ambos-.

Luego retornamos a la mesa; un poco después llegó nuestra orden y nos pasamos el siguiente par de horas entre desayuno y conversación: su hija mayor sigue dando clases y estudiando ciencias de la comunicación, su hija menor está estudiando -en línea- diseño gráfico; y su hijo mediano sigue triunfando en el tercer año en la facultad.

Yo le había llevado la cámbara web que me había prestado en nuestra última reunión -también llevaba la prescripción de mis anteojos actuales, porque esperaba que él pudiera conseguirme unos similares, pero eso creo que no era posible- pues había planeado devolversela -Rb me había comentado que quería comprar una-.

Yo tenía la esperanza que él me vendiera -o regalara- la cámara web; pero nomás la recibió; un poco más tarde ví que Rb me había enviado un link para comprar una cámara similar, en la tienda de tecnología en la que usualmente compramos estos artículos.

Casi al final de la reunión le pedí a mi amigo que me pasara dejando a un comercial -que le quedaba en el camino- y donde la sucursal de la tienda listaba un par de las cámaras; cuando mi amigo se percató de la compra que quería hacer, insistió en que me quedara con su cámara -la verdad no me sentí muy bien: o sea, no quise manipularlo, pero debí de haber sido más discreto en mis planes de compra  -o eso creo-.

Un poco antes de las diez acompañé a mi amigo al parqueo posterior del restaurante; allí había dejado su moto; nos despedimos y caminé al otro lado de la calzada principal, a tomar el bus intermunicipal -en el camino vi un mensaje de Rb, avisándome que salía hacia zumba-.

La entrada al municipio no tuvo ninguna dificultad y luego caminé desde el boulevard principal hasta la casa de Rb; ella retornó un poco después de las once de su clase de zumba; aún contestó un par de llamadas antes de que sacáramos a caminar a los perros.

Antes de ponerle los arneses a los perros yo había preparados las dos ensaladas del almuerzo; además había puesto -con fuego muy bajito- la mezcla de hígados y mollejas de pollo en la estufa; así que después de entrar el almuerzo estaba casi listo.

Almorzamos  y después me preparé un café; un poco antes me había dado cuenta que el analista en el Imperio del Norte me había escrito para que revisara un documento; y, aunque era mi día de vacaciones, me puse a trabajar en el mismo.

Los cambios no estuvieron tan sencillos como en los anteriores: los documentos tienen un formato bastante antiguo -de cuando las extensiones aún eran solo de tres letras- y es un poco complicado cambiar algunos formatos; por lo que me pasé el resto de la tarde bastante ocupado.

Un poco después de las tres de la tarde me escribió la analista en el Imperio del Norte; también quería algunos cambios en uno de sus documentos -yo aún estaba bastante entretenido con el otro-; entonces le indiqué que trabajaría temprano en el mismo.

A las cinco nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; aunque no íbamos a los supermercados: Rb había decidido que quería cambiar sus audífonos pues los que estaba utilizando le presionaban mucho las orejas.

Caminamos hasta la tienda de electrónica y Rb adquirió un par -pagué en efectivo como treinta dólares-; luego, aprovechando que del otro lado del boulevard se encuentra la tienda de ropa usada, pasamos a ver si podía comprar un recipiente de pyrex.

Encontré uno pequeño y cuadrado por un poco menos de dos dólares; pero nos estuvimos más tiempo en el lugar pues Rb quería ver zapatos y alguna ropa de deportes; aunque al final no compró nada; pagamos e iniciamos el retorno a casa.

Por la noche trabajé un par de horas en el documento de la analista; admás, completé el cuestionario -del día siete- que el LLM me había generado por la mañana; encontré dos -o tres- conceptos que aún no tenía muy claros -aunque, utilizando la lógica, completé correctamente las cuarenta preguntas-; también ví la parte final del capítulo de anime que había estado viendo durante la última semana.

Como planeaba utilizar el molde de pyrex el domingo lo desempaqué y lo lavé; pero, al almacenar el papel con el que venía envuelto -pensaba reservarlo para algún uso posterior- provoqué que se cayeran un par de moldes con los que Rb prepara panes, y uno que tenía un asa de fibra de carbono se quebró.

Rb salió de su habitación al escuchar el estrépito y me encontró recogiendo los pedazos de su molde; primero me disculpé por la torpeza; luego le pedí que cotizara otro -aparentemente lo había adquirido en línea- y que yo se lo pagaría.

El viernes me levanté a las seis y media, como sabía que no había reunión a las siete y media me dije que debía tomar el día con calma; bajé al piso a meditar y luego salí de la habitación: quería sacar las mojarras del freezer para separar una.

Después de dejar la bolsa de mojarras -congeladas- en el lavamanos encendí mi computadora del trabajo y me puse a hacer lecciones de Duolingo en el celular; un poco más tarde el analista en el Imperio me escribió para que realizara un par de ajustes en el documento con el cual estaba apoyándolo.

Los cambios que me pedía eran -como casi siempre- bastante básicos -o al menos para mí, pues combino la hoja de cálculo con el editor de documentos para ahorrarme tiempo-; la analista también me escribió pero nomás para confirmar que el documento estaba completo.

La primera -y única- reunión del día la tuvimos a las nueve: la reunión semanal con todo el equipo de trabajo; en la misma el supervisor fue nombrando a cada analista para ver el avance semanal -su jefe estaba presente-; cuando me tocó nomás indiqué que estaba trabajando con los dos analistas en el Imperio, ayudándolos con los documentos.

Luego el jefe de mi supervisor nos actualizó sobre las últimas noticias de la nueva empresa; supuestamente ya hay un equipo trabajando en paralelo en las oficinas y para la primera quincena del próximo mes se espera una reunión general para aclarar detalles de los cambios.

Yo expresé mi preocupación de que ya no utilizaríamos la suite de ofimática que hemos usado hasta ahora -porque nos mencionaron en la última reunión local que utilizaríamos Claude en vez de Copilot-; pero el jefe de mi supervisor comentó que sí, se trabaja con lo mismo -igual, no creo que alguien lo tenga ya muy claro-.

Y luego mi supervisor indicó una preocupación que yo había externado en una reunión pasada: que el equipo local funcionaría como contractor, mientras que los del Imperio estarían como empleados; pero, según el jefe de mi supervisor, todos actuaremos primero como contractor y, luego, todos seremos empleados.

Pero me imagino que es lo mismo: nadie tiene nada claro hasta el momento; la reunión se extendió casi hasta las diez de la mañana; cuando concluyó empecé a preparar mi desayuno; pero antes de avanzar mucho piqué un poco de cilantro -para el pescado del almuerzo- y corté la papaya que Rb había dejado preparada en el lavatrastos.

Con toda la preparación empecé a desayunar hasta después de las diez y media; en el ínterin pagué la mensualidad del servicio de internet -efectivamente, la cuota bajó como diez por ciento, luego de nuestro cambio a fibra óptica- y actualicé la cuenta de Rb: trasladó como mil dólares, producto de su trabajo de mes y medio, traduciendo llamadas.

Rb salió un poco antes del mediodía de su habitación, para que completáramos la rutina de ejercicios de los viernes; luego sacamos a caminar a los perros; y después preparamos el almuerzo: en esta ocasión corté un poco más de la cola del pescado; además freí una salchicha y media con dos onzas de pollo que me sobró de los almuerzos de unas semanas atrás.

Con lo que el almuerzo fue bastante voluminoso; aunque, por la rutina de ejercicios, sacar a caminar a los perros y la preparación del pescado/salchichas con pollo, terminamos de comer ya cerca de las dos de la tarde -o sea, incluyendo el café con galletitas-.

Y la tarde estuvo diferente: a Rb le tocaba predicar en el grupo de señoras de su iglesia; lo que correspondía a la última actividad del penúltimo módulo del programa de teología que -luego de una pausa de más de treinta años- está por concluir en el seminario de su congregación.

Durante la semana me había tocado escuchar el mensaje -algo sobre Job y la injusticia histórica hacia su esposa, con todas las pérdidas que tuvo que afrontar en esa extraña historia en la que Jehová y su antítesis se involucran en un juego de voluntades con este personaje como protagonista-. 

Rb le dió de comer a sus perros, se alistó y salió hacia su iglesia -planeaba tomar el busito en el boulevard y luego cambiarse a otro similar en el principal-; pero volvió unos minutos más tarde, y bastante alterada: ya iba en el busito y se dió cuenta que se había confundido de celular -tenía que grabar su prédica-.

Desde que entró le indiqué: te voy a dejar; pero entró tan alterada que ni siquiera respondió a mi oferta; pero luego sí aceptó que la encaminara; me vestí y salí a arrancar la van; y me ofrecí a llevarla hasta el comercial más cercano a su iglesia; pero nomás aceptó que la llevara hasta el boulevard principal -el tránsito en este estaba bastante pesado-.

Entonces la pasé dejando al lugar desde donde los busitos inician su viaje y retorné a casa; afortunadamente no encontré ningún embotellamiento en mi retorno; por lo que un poco más tarde estaba estacionando la van frente a la casa de Rb; continué con las dos computadoras en la mesa del comedor hasta las cinco.

Habíamos acordado en reunirnos a las seis menos cuarto en el supermercado del comercial más cercano a la iglesia de Rb; y, como ahora me están regalando -ya van dos meses seguidos- tiempo de internet por pagar la factura el primer día de aviso, a esa hora le compartí mi ubicación por whatsapp y empecé a caminar hacia el supermercado.

Llegué con un buen tiempo de anticipación y pasé a los servicios publicos del lugar; luego entré al supermercado; estaba empezando a ver las verduras cuando vi que Rb ingresaba al lugar; entonces compramos algunos ingredientes que nos faltaban para la preparación del asado que habíamos planeado para el domingo.

También compramos un poco de bananos y yo compré un pepino para la ensalada que esperaba preparar al día siguiente para el almuerzo con mi hija mayor; además, aprovechamos para comprar una bolsa con varios paquetes de snacks, para la refacción del servicio de extracción de basura.

Por último agregué un paquete de longanizas; algo que había declinado incluir la última vez en la que preparamos un asado -en esta ocasión compré una docena de las mismas, de una de las marcas más famosas localmente-; la carga estaba bastante pesada -eran varias libras de pollo- por lo que el retorno a casa estuvo bastante trabajoso.

Por la noche completé varias lecciones de Duolingo y avancé un poco en el libro del abogado español -gallego-; además, trabajé en la lección, preparada por el LLM, del día ocho -del programa de cuarenta y cinco días que acepté seguir para la certificación-.

El sábado me levanté a las seis y media; medité y luego retorné a la cama, a completar varias lecciones de Duolingo; cuando escuché que Rb se levantó -un poco después de las siete- salí a desinfectar los ingredientes de la ensalada para el almuerzo con mi hija mayor.

Cuando los ingredientes estuvieron preparados confeccioné dos ensaladas bastante grandes: con tomate, tres tipos de lechuga, zanahoria, manzana verde, pepino y aguacate; luego preparé dos porciones de aderezo para las mismas; a continuación preparé los dos rollitos de pollo que había dejado la noche anterior en la refrigeradora.

Como parte final de la preparación de los rollitos de pollo -los cociné a fuego lento por veinticinco minutos de cada lado- utilicé el huevo sobrante para mezclarlo con dos yemas y preparé una torta -con harina de coco y psyllium- para mi desayuno.

El cual estuvo muy muy grande: la tarde anterior me había regalado un par de panes que le habían entregado -como refacción- en el grupo de señoras al cuál había dirigido su homilía sobre la esposa de job -los panes eran rellenos de ensalada de pollo, y también venía un pan dulce-; entonces fueron tres panes salobres y un pan dulce.

Terminé de desayunar después de las diez de la mañana y acordamos sacar a los perros a las once y media; después de completar la caminata con los caninos me metí a la ducha; y tomé un baño bastante concienzudo; luego me vestí, preparé la mochila con aislante térmico y tomé la van para dirigirme al departamento de mis hijos.

Me sorprendió encontrar el boulevard tan vacío -no hubo cola en ningún punto del boulevard- y la entrada a la ciudad en el mismo estado; entonces me recordé que en la fecha se celebraba la fiesta patronal de la ciudad; por lo que -para las personas que trabajan los sábados- tocaba feriado.

En total me llevé un poco más de veinte minutos -menos de la mitad del tiempo habitual- llegar al edificio; y encontré dos bicicletas -una eléctrica y otra normal- en el espacio del parqueo; afortunadamente mis hijas son conscientes y las dejan bastante pegadas a la pared.

Subí al departamento pero no le avisé a mi hija mayor que había llegado: cuando entré escuché que estaba traduciendo llamadas -lo que Rb había estado haciendo por la mañana-; esperé a que faltaran cinco minutos para la una para avisarle.

Mi hija llegó un poco más tarde y le propuse ir al parque temático; algo que me llamó la atención -o sea, las cicatrices de sus autoagresiones no me sorprenden- fue verle algunos moratones en la pierna que se quebró unos años atrás.

Pero bueno, nos dirigimos caminando al parque temático; en donde nos dirigimos directamente al área techada con mesas -el parque, seguramente por la fieseta patronal, estaba bastante lleno-; afortunadamente encontramos una mesa libre y pudimos consumir nuestro almuerzo sin ningún contratiempo -por primera vez en mucho tiempo llevaba una bolsa con snacks-.

Después del almuerzo le propuse a mi hija compartir un helado; pero cuando llegamos a la tienda de pollo encontramos una fila excesiva; por lo que realizamos una caminata un poco extensa hasta encontrar un kiosco donde venden el mismo tipo de helado -y a un precio menor-.

Encontramos algunas mesas en un área bajo los árboles y le propuse a mi hija una partida de Scrabble; la cual completamos en un tiempo bastante extenso; o sea, en el ínterin completamos el consumo de los helados, y aprovechamos para conversar sobre mi trabajo, su facultad y la posible visita que le haga -como parte de una tarea- en un par de semanas.

Aunque le había propuesto -y ella había aceptado- subirnos a la rueda de Chicago, al final sentí que se hizo muy tarde y le propuse retornar a su departamento; lo que hicimos un poco antes de las cinco de la tarde; cuando llegamos nos acomodamos en la sala y mi hija sacó su tablero de ajedrez -en donde completamos un ejercicio-.

A las cinco y media -había puesto una alarma- guardé mis cosas y le indiqué que me retiraba; cuando pasamos por la cocina encontré a mi hija segunda preparando unos alimentos en una vaporera; le pregunté por los mismos -de trigo, rellenos de carne molida- y me ofreció uno; pero, amablemente, decliné su oferta.

Mi hija mayor me acompañó al sótano y allí nos despedimos; abordé la van y le avisé a Rb que empezaba el camino de regreso a casa -ella estaba en su iglesia, impartiendo clases de alfabetización a una anciana y una niña-; el camino estuvo, otra vez, bastante libre: ni siquiera tuve que esperar en el semáforo de entrada al municipio.

Llegué a casa antes de las seis, saqué a los perros, me cambié de pantalón y salí nuevamente, encaminándome al encuentro de Rb -le compartí mi ubicación en whatsapp-; cuando llegué al inicio del boulevard consulté Whatsapp y ví que también me había compartido su ubicación; y esetábamos casi por encontrarnos.

Y antes de llegar al boulevard principal la vi caminando al lado de su alumna anciana; se despidieron, tomé una bolsa que Rb traía e iniciamos el retorno a casa; en la panadería de la vuelta pasé a comprar un cubilete -con azúcar glass- que había visto más temprano.

Cuando vine me sentí bastante agotado; pero no preví lo que sucedió a continuación: le indiqué a Rb que estaría en mi habitación completando algunas lecciones de Duolingo; pero, luego de acomodarme en la cama -como es mi costumbre- me quedé bajo un sopor bien raro; en el cual estuve por casi dos horas.

O sea, ni Duolingo, ni escribir, ni leer, ni nada; estuve escuchando algunos ruidos de Rb en sus actividades, pero fue hasta que escuché que le estaba dando de comer a sus perros -casi a las nueve- que reaccioné e intenté hacer algo; pero no fue hasta que Rb abrió la puerta para ver como estaba, que le comenté lo que me había sucedido.

Entonces me desperté por completo y me llevé la computadora -y el celular y la tablet- al sillón de la habitación de Rb; allí hice algunas lecciones de Duolingo, completé la lección diaria de Fabric y leí un poco del libro de Kanban -había decidido leer sesenta páginas intercalándolas con tres capítulos del libro del abogado gallego-.

Un poco después de las diez, cuando Rb empezó a hacer sus actividades del fin de la noche, me lavé los dientes, me despedí por la noche y me metí a mi habitación; medité y luego, a pesar de mi temor de que no iba a poder conciliar el sueño- me acosté y me dormí.

El domingo me levanté a las siete y diez: la noche anterior me había sentido tan cansado que había decidido no levantarme a la hora habitual -seis y media-; medité veintisiete minutos y luego retorné a la cama a completar algunas lecciones de Duolingo -estoy otra vez con un ELO de más de mil quinientos-.

Después de completar las lecciones saqué mi computadora personal a la mesa; algo que había pasado por alto -y que tal vez influyó en el cansancio del día anterior- fue lo que sucedió con la edición del video que Rb tenía que entregar como parte de su tarea de teología.

El viernes por la noche me pidió que la ayudara a recortar el video: en una parte del mismo -de cuatro gigabytes de peso y un poco más de treinta minutos de duración-, cerca del final, la congregación de señoras había participado; y Rb creía que era más prudente no incluir esto en su tarea -por cuestiones de privacidad-.

Entonces me pidió ayuda para eliminar esa parte; me entregó el archivo y el tiempo de inicio y final del corte que quería seccionar; me puse a trabajar en el acto, utilizando -con un LLM- una librería open source para manejo de archivos de video; pero se me complicó realizarlo en su computadora.

Entonces pasé el archivo a mi computadora; pero la operación resultó no ser tan sencilla; y mucho del problema era el tamaño del archivo y las limitaciones de recursos de mi computadora: la memoria ram no aguantaba el procesamiento de un archivo tan grande.

Entonces pasé el archivo a mi disco duro externo; pero resultó que tampoco tenía mucho espacio -es de un Tera!- disponible; al final logré realizar la edición con una app de windows 11 en la partición que tengo en mi computadora personal con este sistema.

Pero trasladar la información no fue tan sencillo: tanto mi disco duro externo como el de Rb -también de un tera- no estaban siendo reconocidos por mi Ubuntu -aunque sí por Windows-; todo esto sucedió entre el viernes por la noche y el sábado por la mañana.

Pero sentí que ni siquiera la meditación del viernes por la noche o la del sábado por la mañana pude abstraerme del problema -seguía pensando en opciones para completar la tarea-; por fin lo logré el sábado por la mañana, le entregué el archivo -creo que usé uno de sus celulares- a Rb.

Luego me quedé pensando como reparar el disco externo para que Ubuntu lo reconociera; entonces -de acuerdo a Google- le apliqué una herramienta de Windows -Chkdsk-; pero la ejecución de la tarea le llevó más de seis horas -lo dejé trabajando mientras iba a visitar a mi hija mayor-.

Cuando retorné de la visita a mi hija mayor encontré un mensaje en Windows, indicando que la reparación de la unidad externa estaba completa; entonces, nomás para estar seguro, le apliqué nuevamente  la misma herramienta -pero nomás revisión, no reparación-; y la dejé trabajando antes de ir al encuentro de Rb.

Y cuando retorné -el sábado por la noche- encontré que la revisión se había llevado un poco más de media hora; al pasarle los resultados a un LLM me indicó que todo estaba correcto; pero que el disco estaba excesivamente lleno, y por eso se había tardado tanto.

El domingo, antes de desayunar, Rb se estuvo ocupando un poco en la preparación del pollo que habíamos previsto asar al mediodía; después de esto le dió de comer a sus perros y después tomo su propio desayuno.

Después de completar su desayuno -de acuerdo a lo que habíamos acordado la noche anterior- salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur: aún nos faltaba comprar el carbón para la preparación del pollo asado; antes de salir -se me había olvidado la noche anterior- yo había hervido las ocho papas que asaría para los cuatro almuerzos de la siguiente semana.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos el mismo para entrar al supermercado; pero en ese lugar no encontramos lo que buscábamos: nomás había una bolsa de carbón -y estaba rota-; entonces caminamos hasta el otro.

En el siguiente supermercado compramos un par de bolsas de carbón -y un poco de bananos-; íbamos a pasar a caja pero le pedí a Rb que me acompañara al pasillo donde estaban las gelatinas: había visto que casi llegábamos al monto para participar en la rifa de una motocicleta -ocho dólares- y aproveché para comprar seis cajas de gelatina light -antes de salir de casa había preparado la de la semana-.

Después de pagar, y completar el boleto de la rifa para depositarlo en el buzón, continuamos el camino de vuelta a casa; retornamos casi a las once de la mañana y me puse a preparar mi último experimento culinario: pan de nube; las últimas dos -o tres- veces no me había salido bien, pero ahora quería probar agregándole levadura nutricional.

Y, la verdad, quedó muy bien: creo que me pasé -aunque eran las cantidades indicadas- en el monto de psyllium y levadura nutricional: pero me quedó -utilicé el pyrex- un pan bastante parecido al de trigo; en textura y color; y con cierto regusto a queso -por el queso crema y la levadura tradicional-.

Al final fueron cinco minutos -en dos períodos- en el microondas; pero el resultado estuvo bastante bueno -al menos mejor que las últimas veces-; cuando tuve el pan preparado lo partí por la mitad y utilicé un par de onzas de frijoles para completar mi desayuno -el que acompañé con café y pan dulce-.

En el ínterin Rb había estado preparando el pollo que íbamos a asar; cuando terminé de desayunar salí a preparar el fogón para el asado: durante los últimos meses -o años- he ido manteniendo la costumbre de reservar los tickets de compra, anudarlos y almacenarlos en una bolsa plástica.

Y es la segunda ocasión en la que utilizo estos como combustible para preparar el carbón; con un resultado realmente bueno: el fuego se distribuye de forma bastante uniforme y, en esta ocasión, incluso no hubo necesidad de atizar el fuego después de haber logrado que se extendiera por todo el carbón.

Nos pasamos las dos horas siguientes asando pollo; y antes de que termináramos -fueron tres o cuatro cargas- sacamos a caminar a los perros y Rb terminó de preparar las alitas dominicales -yo ya había preparado el par de ensaladas-; además de estos dos elementos recalentamos un caldo de mollejas de pollo que Rb había preparado el día anterior.

Después del almuerzo Rb sacó la última de las cargas de pollo y puso sobre el carbón los tomates y chile pimiento que utilizaría para preparar el chirmol; después me tocó asar las papas que había hervido más temprano -Rb había preparado un chimichurri con aceite de oliva y cilantro-.

Después -ya fue lo último- de sacar las papas puse la docena de longanizas que había comprado el viernes en el supermercado; para esto el carbón ya estaba casi en las últimas; pero aún cociné estos embutidos por casi media hora -entre los dos lados-.

Después de que Rb le dió de comer a sus perros nos ocupamos en el almacenamiento de todo lo que habíamos preparado -que es realmente el almuerzo para dos semanas-; pero antes de eso Rb había salido a reparar el portón de su casa: por la mañana los perros de la presidenta del comité habían roto un trozo de metal -oxidado- de la parte inferior del mismo.

El portón fue sustituido por el hermano mayor -vivo- de Rb unos siete u ocho años atrás; y la razón del último cambio fue el mismo: diversos perros pasan orinando en la barra horizontal inferior -marcando su territorio, creo- y provocan su corrosión.

Y en esta ocasión Rb decidió colocar unas pequeñas barreras de metal que había comprado varios años atrás, para proteger el mango -que ya no prosperó- que estaba sustituyendo al limón que nos dió muchos frutos durante varios años.

Un poco después de salir Rb me pidió que la ayudara y salí a asistirla con el ajuste de estas pequeñas barreras en la parte inferior del portón; pero al final la dejé sola pues aún tenía la docena de longanizas sobre las brasas y había llegado el tiempo de retirarlas.

Después de almacenar las longanizas saqué un recipiente con agua para apagar por completo las -pocas- brasas sobrantes; después nos tocó que separar los almuerzos de la siguiente semana: dos días de asado en dos diferentes herméticos; la mitad del asado para el siguiente mes -y dos tercios de las longanizas- en el freezer-.

Después me retiré a mi habitación para actualizar mis notas -incluyendo esta-, jugar alguna partida de ajedrez en Duolingo; y completar la lección del día diez de mi programa de estudio de Fabric y -de ser posible- leer un poco; eso sí cuidándome de que no me sucediera lo mismo que el día anterior.

Logré no dormirme -me llevó un buen tiempo redactar el texto que tenía entre manos (este)- y salí de mi habitación un poco después de las siete para estar un rato en la habitación de Rb; me puse a afinar una receta que había encontrado un poco más temprano: salsa de barbacoa preparada con productos caseros.

Además, completé el día diez del programa de Fabric con el que me estoy preparando para el examen de certificación; luego me puse a ver la página principal de los dos sitios de películas y series que generalmente consulto; y encontré algo que Rb me había recordado unos días antes: la tercera temporada de Lioness.

Es una serie como las que me gustan: un montón de acción y violencia; entonces me puse a ver el primer capítulo -dura casi una hora- pero lo pause a la mitad del mismo; luego estuve leyendo un poco del libro de Kanban.

A las nueve y media me lavé los dientes, me despedí de Rb y me metí a mi habitación; medité y luego estuve leyendo un rato -quizá hasta las once de la noche- el mismo libro de Kanban; al final ya me faltan menos de cien páginas -de casi cuatrocientas-, pero ha sido bastante cuesta arriba.

El lunes me levanté a las seis y media; pero me había despertado mucho antes: a altas horas de la madrugada -no quise ver la hora- un par de gatos estaban teniendo una batalla de maullidos en un techo muy cercano -o en el de la casa de Rb, no sé-.

Ya debía ser cerca del amanecer porque también empecé a escuchar bastante ruido de motores en el boulevard; tuve -ligeramente- la intención de salir a espantar -con algún líquido- a los gatos, pero luego me dije que igual ya no podría volver a dormirme.

Pero, al parecer, en algún momento los gatos terminaron su conflicto y logré -creo- nuevamente conciliar el sueño; hasta que sonó la alarma; entonces me levanté a meditar; después, a las siete, saqué la computadora de trabajo de la habitación y me pasé a la mesa del comedor.

Rb se asomó para despedirse pues estaba por empezar a traducir llamadas en su habitación; como sabía que la primera reunión del día sería hasta las nueve tomé la jornada con calma:  hice bastantes lecciones -mayormente partida de ajedrez- en Duolingo y jugué una partida de Scrabble.

A las nueve entré a la reunión diaria con el equipo extendido -aunque ni mi supervisor ni algún otro analista ingreso a esta-; un poco más tarde el supervisor envió una actualización para la reunión de equipo, moviéndola para las doce y media del martes.

A las diez menos cuarto el analista en el Imperio del Norte con quien estuve trabajando la semana anterior abrió la reunión de equipo; yo entré y, unos minutos después, los otros dos analistas locales también ingresaron; pero nadie más.

Entonces el primer analista le escribió al supervisor para ver si se iba a unir a la reunión; pero la respuesta fue que la había movido para el mediodía; y, aunque el analista le indicó que el cambio había sido realizado para el día siguiente ya no hubo respuesta; entonces me despedí y salí de la reunión -un rato después la analista en el Imperio del Norte también abrió la reunión-.

Rb estuvo saliendo en un par de ocasiones de su habitación -para entrar al baño o tomar agua pura-; cuando salió a las once le comenté sobre el cambio de horario de la reunión de equipo y le pedí que completáramos la rutina de ejercicios a las doce menos cuarto.

Ella estuvo de acuerdo y volvió a responder llamadas; yo estuve intentando ver uno de los documentos que están en proceso, hasta las doce menos cuarto; también saqué la porción de pollo y papas asadas y las dejé listas para iniciar el recalentado.

Rb salió de su habitación a las doce menos diez y completamos la rutina de ejercicios de los lunes -la cual ha estado un poco más agotadora últimamente-; después me preparé para entrar a la reunión; a las doce y media inicié la llamada, uno de los analistas locales -el que menos bien me cae- entró un par de minutos después; pero se salió al ver que nadie más entraba.

Esperé cinco minutos y entonces le propuse a Rb que sacáramos a caminar a los perros; antes de salir puse un fuego bastante bajo en la hornilla donde había colocado el asado -y en otra hornilla en donde había colocado una longaniza troceada-; luego de retornar de la caminata machaqué un aguacate -nuestra versión de guacamole- y le pedí a Rb que separara las porciones del almuerzo.

El cual estuvo muy bueno: pollo -y longaniza, en mi caso- asado, una papa asada, con guacamole, chirmol y -otra vez, en mi caso- la salsa de barbacoa que había preparado más temprano; después del almuerzo me preparé un café -para consumir unas galletitas-.

Después del almuerzo me retiré a mi habitación para actualizar mis notas -incluyendo esta- y a leer un poco: por la mañana había terminado la porción del libro del abogado español y me tocaba leer algo más -esperaba terminar ese (y el de Kanban) en el siguiente ciclo).

Un poco antes de las tres salí de mi habitación y le preparé un té de manzanilla a Rb; también lavé los -pocos- trastes que se habían acumulado durante el día en el lavatrastos de la cocina; después intenté trabajar un poco -pero sin mucho éxito-: al menos puse a ejecutarse los cincuenta y siente casos automáticos.

Lo que sí hice fue hacer un poco del último par de actividades que había agregado a mi lista semanal: pintar -tomé algunos ejemplos de un video de Youtube sobre ejercicios para principiantes de acuarela- y leí la mitad del primer folleto del curso -por correspondencia- de electrónica, que me había regalado mi amigo más creativo. 

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos directamente al supermercado que queda a la mitad del camino; allí compramos la pechuga para el almuerzo del sábado con mi hijo menor.

También adquirimos un par de lechugas: Rb consume ahora en todos sus desayunos, y necesitábamos un poco para los panes que planeábamos regalar a los trabajadores del servicio de extracción de basura; además, agregamos un poco de bananos para el mismo propósito.

Como un pequeño tarro de queso crema estaba de oferta -un poco más de dos dólares, como la última vez que lo había comprado- aproveché para proveerme para los próximos meses; por último agregué el pepino necesario para la ensalada del siguiente sábado.

Después de pagar pasamos al buzón a depositar el tercer ticket que hemos obtenido para la rifa de una motocicleta; luego retornamos a casa; por la noche estuve completando el ejercicio de Fabric, viendo la segunda parte del primer capítulo de la tercera temporada de Lioness, y leyendo un poco de Little Brother.

El martes me levanté a las cinco y media de la mañana; creo que otra vez los gatos -o el ruido del boulevard- me despertó en la madrugada; pero no tuve muchos problemas para levantarme; medité y entré a la reunión que tenía programada para las seis: un training para aprender a utilizar agentes de IA en nuestro trabajo -una pérdida de tiempo, si se me preguntara-.

La clase tardaba hora y media y no estoy seguro si el instructor es una inteligencia artificial -no sé si mi comentario es irónico- pero, aparte de un par de dificultades que tuvo para mostrar un par de ejemplos, su cadencia es soporífera.

Antes de que terminara la clase -cuando llevaba, quizá una hora- conecté los audífonos bluethoot y salí a la cocina: quería poner a desinfectar las seis hojas de lechuga que esperaba utilizar en los panes para la refacción del servicio de extracción de basura.

De todos modos no había estado poniendo mucha atención: había estado revisando mis correos del trabajo, y haciendo algunas lecciones de Duolingo; la clase terminó a las siete y media y me pasé -casi inmediatamente- a la primera llamada del día; la cual estuvo bastante corta: la compañera de mi supervisor sigue de vacaciones y él no aporta mucho a la reunión.

Cuando terminó esta llamada me vestí y me dirigí a la panadería de la vuelta: debía comprar tres filas de pan francés para preparar seis sandwiches de jamón, lechuga y queso -los condimentos iban en botellas-; pero antes de salir anoté mi número de celular en una hoja y tomé dos galletas de chocolate de mi reserva.

Planeaba encontrar a los guardias en su cambio de turno, regalarle una galleta a cada uno y dejarle mi número de teléfono al entrante; para que me llamara en cuanto el camión del servicio sanitario entrara a la calle; pero cuando llegué ví que el guardia saliente estaba aún lavando la oficina de la guardianía.

Le regalé una galleta y le pregunté por su compañero; me comentó que el cambio lo hacían a las ocho y media; entonces continué hacia la panadería, compré el pan necesario y retorné a casa; a esperar la siguiente llamada, a las nueve de la mañana.

Esta reunión también estuvo corta: los dos desarrolladores locales no estuvieron presentes -quizá tomando alguna capacitación- y el resto del equipo presentó -de forma bastante breve- sus avances; entonces me dí cuenta -me recordé realmente- que no tenía reunión a las diez menos cuarto, sino hasta mediodía.

Rb había estado traduciendo llamadas desde las siete; pero había salido a las ocho para desayunar: los martes y jueves desayuna a esa hora, para acudir a las diez de la mañana a su clase de zumba; yo había drenado las hojas de lechuga y estaba cortando los panes mientras ella desayunaba; pero esperé a que terminara para proceder.

Corté seis grandes cuadros de papel de aluminio; luego esperé a que terminara de desayunar; entonces armamos los seis panes: media fila de pan francés con dos rodajas de queso, dos rodajas de jamón y una hoja de lechuga.

Envolvimos los seis panes y los agrupamos en una bolsa plástica, la que reservamos en la refrigeradora; luego saqué la caja de cartón en donde había colocado lo que le regalaríamos al personal de limpieza -tuve que usar una mayor a la del año anterior-.

Y es que ahora, además de la docena de tetrabricks de jugos, agregamos doce bolsas de snacks, cuatro botellas de condimentos (ketchup, mayonesa, mostaza y chile), media docena de bananos, seis galletas de chocolate y los seis panes.

Después de dejar a punto la caja me preparé el desayuno y lo consumí, un poco después de las diez de la mañana; Rb salió un poco antes hacia su clase de zumba y le entregué la hoja con mi número de celular y la galleta para el guardia de turno.

Rb retornó de su clase un poco después de las once de la mañana y se metió a su habitación a seguir traduciendo llamadas; yo le había pedido que saliéramos un poco más tarde a la caminata de sus perros más pesados: mi supervisor había programado la reunión de equipo para las doce y media.

Pero un poco antes del mediodía empecé a preparar el almuerzo: machaqué un aguacate -nuestra versión simplificada de guacamol- y alisté el pollo, las tortillas de Rb y mi longaniza para su posterior recalentamiento; y a las doce y media entré a la reunión.

La cual estuvo bastante escueta: mis compañeros fueron cuestionados sobre las pruebas que están llevando a cabo; yo indiqué que continuaba trabajando con la documentación -algo que no había estado tomado mas de una hora durante los últimos días-; y la reunión se acabó bastante rápido.

Entonces empecé a alistar a los perros para su caminata -me vestí y empecé a ponerle los arneses-; al parecer Rb había estado esperando la señal porque salió de su habitación y me ayudó con la preparación de los perros; y salimos a realizar la caminata -antes de salir le puse fuego super bajo a lo que había dejado preparado antes-.

Cuando entramos de la caminata le subí un poco la llama a las hornillas de la estufa, y luego me serví el almuerzo; indicándole a Rb que verificara si la temperatura de su comida era la adecuada; y almorzamos; después me preparé un café -he estado tratando de agregarle más agua, para aumentar a dos litros mi consumo diario-.

Después del almuerzo -y el café- estuve viendo si podía avanzar en algo del trabajo, pero no ví ningún documento nuevo; entonces me puse a completar algunos laboratorios de Fabric, hice otros ejercicios de acuarela, y terminé la segunda mitad del primer folleto de Electrónica -en la época de su impresión aún creían en el eter, y nomás habían sido nombrados noventa y cuatro elementos químicos-.

Además avancé en la porción que tenía en curso de Little Brother; Rb salió un poco después de las cuatro de la tarde de su habitación; me comentó que se sentía bastante agotada y que no continuaría traduciendo -por el día-; a las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte.

Yo había decidido que compraríamos en la tienda verde de descue  ntos la batería de nueve voltios que el multímetro necesitaba para funcionar -de acuerdo a lo dicho en la tienda de electrónica-: había visto que costaba más del doble en el supermercado.

Caminamos hasta la tienda verde de descuentos y, primero, compramos varias cajas de bolsas ziplock para almacenar alimentos en la refrigeradora; luego pasamos a caja y compramos la batería -tres dólares-; no llevábamos ninguna bolsa así que tuvimos que realizar el camino de regreso con las tres cajas -y la batería- en las manos.

Cuando entramos, de vuelta de los supermercados, el guardia nos comentó que el camión de la basura había ya ingresado y les había entregado la caja con las refacciones: antes de salir, previendo que podía suceder esto, había sellado la caja, y se la habíamos pasado dejando, con el encargo de entregársela al personal de limpieza.

Sobre la caja pegué una hoja con el siguiente mensaje: "Hola, Este es un obsequio de Dios. Y Él quiere que su bendición la repartan entre ustedes. Gracis por su trabajo de todas las semanas"; o sea, no soy creyente, pero me molestaría que algunos se aprovecharan; y confío -bastante- en la fé de la gente.

Yo había escrito únicamente las primeras dos frases; pero Rb me sugirió que agregara la relativa a su trabajo; además, cuando entramos, se aseguró -les preguntó cuando pasamos a la altura del camión- de que habían recibido una caja -ellos agradecieron efusivamente el obsequio-; yo no necesitaba siquiera la confirmación; me bastaba con haber hecho algo agradable.

Cuando retornamos a casa abrí el multímetro para instalársela, y resulta que venía una en su interior; entonces metí en una bolsa la batería nueva, la rotulé y la almacené en la gaveta del mueble de la sala en el que guardamos este tipo de objetos; luego rearmé el multímetro y lo probé en un tomacorriente; funcionó bien y lo probé en uno de los -muchos- cargadores de computadora que hemos ido acumulando con los años.

También funcionó bien -o eso creo-: la medida del voltaje no se mantiene estable; pero, según Google, se debe más a una inestabilidad del contacto al tomar la medida que a un fallo en el cargador, o en el multímetro; ahora nomás necesito un par de pinzas para construir un cargador doméstico de baterías de auto.

Al principio de la noche me metí en mi habitación a completar varias lecciones de Duolingo -portugués y ajedrez-; luego me quedé leyendo la última parte de la porción de Little Brother; después me pasé a la habitación de Rb, allí completé el cuestionario del día once de Fabric.

También estuve actualizando mis notas -incluyendo esta- y comparando los precios de las galletas en la tienda verde de descuento contra los precios en el almacén en donde compramos artículos a granel: en general hay una diferencia del veinticinco por ciento, siendo más conveniente la segunda opción.

Y a ver cómo sigue eso.