miércoles, 5 de agosto de 2026

Las aplicaciones -en la época de la (mal llamada) Inteligencia Artificial-... The apps—in the era of (so-called) Artificial Intelligence—... Les apps — à l’ère de la (mal nommée) Intelligence Artificielle —...

Empecé a escribir webapps - utilizando las engañosamente llamadas Inteligencias Artificiales (son nomás Modelos Amplios de Lenguaje que extruyen [estadísticamente calculado] texto)- cuando mi celular actual no aceptó la instalación de la app que había estado usando por varios años para darle seguimiento a mis gastos diarios.

Y es que no descargaba la app de la Tienda de Aplicaciones oficial sino que buscaba el archivo APK en algún repositorio antiguo y lo iba actualizando en cada nuevo teléfono; hasta que ya no fue compatible con el sistema Android del último -habían, al parecer, descontinuado la aplicación móvil, pasándose a una versión de suscripción en línea-.

Entonces escribí una webapp -usando React- bastante sencilla, para registrar cada gasto que realizo; y no recuerdo si fue antes o después que también escribí un par -utilizando la misma plataforma- para ayudarme en el aprendizaje de algunos temas.

También había escrito -una muy básica- para tener una lista de tareas pendientes -usualmente la tarea es algo como ver un serie/película o aprender algo nuevo-; y la última webapp la escribí para monitorear diariamente mi ayuno intermitente -ya llevo más de tres meses de registros-.

Y luego me cambié a MovilApps: el mes pasado se me ocurrió que podría realizar un seguimiento de mi estado de ánimo -algo recomendado (creo) por la Psicología Positiva, y me recordé de un estudio que había conocido muchos años atrás: una app avisaba a usuarios -aleatoriamente- varias veces al día, que debían registrar sus actividades y ánimos.

Entonces decidí que quería hacer algo usando Flutter —que ya sabía que se usaba para el desarrollo de aplicaciones multiplataforma—; lo que no sabía era que Flutter utiliza el lenguaje Dart, y que, para este caso, también se incluía Kotlin -el cual es popular en el desarrollo nativo en Android-.

Y he estado probando -o afinando?- la misma durante varias semanas -ya se la enseñé a alguno de mis conocidos-: creo que la mayoría no entendió la finalida; o no le pareció la gran cosa lo que realiza -aunque ha habido comentarios positivos-.

El plan es mejorar su funcionamiento -creo que le agregaré la activación/desactivación de sonido/vibración- y luego la subiré a la app store -pagué la suscripción como desarrollador hace más de cinco años-.

Y a ver cómo va eso...

El sábado me levanté a las seis y media: había previso un desayuno con mi doctora -quien nunca me ha tratado médicamente- a las ocho de la mañana, y había decidido utilizar la van, por lo que no tenía que apurar mucho mis actividades matutinas.

Medité y después hice algunas lecciones de Duolingo; y, como era el primer día del mes de agosto, realicé algunas de las actividades que hago en ese punto: bajar mis gastos mensuales, crear un nuevo espacio para los datos de agosto, pagar la cuota mensual de servicios del departamento de mis hijos, entre otros.

Después me metí a la ducha, tomé un baño bastante concienzudo, me vestí y, u poco despues de las siete y media, me despedí de Rb; tomé la van y salí al boulevard, el cual estaba bastante vacío; excepto en el punto donde se une al principal.

Allí si tuve que avanzar a una velocidad bastante baja durante el último par de calles; y la entrada a la ciudad también estaba un poco complicada; pero la entrada al periférico no presentó muchas dificultades; total que llegué al lugar con cinco minutos de anticipación.

Estacioné el vehículo en el parqueo trasero y entré al restaurante; comprobé que la doctora no estaba aún presente y le envié -cuatro minutos antes de las ocho- un mensaje, comentándole que ya estaba en el lugar.

Después esperé un momento en una mesa alta frente a las cajas; pero cuando ví que una mesa -de las cómodas- había quedado disponible, me acomodé en la misma -olvidé, momentáneamente, la caja de Scrabble-.

Lo que no había visto -hasta maś tarde- fue que -casi al mismo tiempo- había recibido un mensaje, avisándome que se retrasaría siete minutos; entonces me dediqué a esperar -ojeando un menú que la tortillera del lugar me había acercado-; un poco más tarde llegó mi invitada.

Pasamos a caja a ordenar -un par de desayuno, catorce dólares- y retornamos a la mesa; en donde estuvimos hasta un poco más de las diez y media, entre desayuno, conversación, Scrabble y -otros cinco dólares- un par de porciones de pastel; también le entrgué el regalo que llevaba: una caja con material para tejer un dinosaurio.

En general fue una buena reunión: mi doctora me contó que ahora su padre -creo que nunca se casaron sus progenitores-, de más de ochenta años, está viviendo muy cerca de su casa; también que sigue -aunque no muy asiduamente- buscando otro empleo -para, supuestamente, practicar medicina-.

A las diez y media nos despedimos, la acompañé a su auto -estaba estacionado a dos o tres lugares de la van- nos tomamos un par de fotos -que luego me envió por whatsapp- y, luego, inicié el camino de vuelta a casa; iba a pasar a llenar el tanque -ya está por debajo de la mitad- pero vi una cola en la gasolinera, por lo que conduje directo a casa.

Rb aún estaba tomando llamadas, aunque salió bastante rápido de su habitación; quejándose del comportamiento de algunas de las personas para las que había tenido que traducir; luego se puso a completar una rutina de ejercicios.

Antes del mediodía empecé a preparar el almuerzo: la noche anterior había endurecido un par de huevos y los había reservado en la refrigeradora; los saqué, los rodajeé y los combiné con los cubos de un aguacate entero; lo que licué -con un poco de aceite de oliva- para hacer una muy buena mayonesa.

Además, rallé casi una libra de zanahoria; separé la clara de un huevo y la batí a punto de nieve; luego batí la yema del mismo con la zanahoria; agregándo a esta mezcla la clara batida; cociné esta tortilla durante un poco más de medi ahora.

Luego nos tocó sacar a caminar a los perros; lo que ha estado siendo -casi- cada día más trabajoso porque -especialmente- la perra está muy pesada y pone -cada vez- más resistencia; cuando entramos de la caminata continué con la preparación del almuerzo.

Rb había cocinado el pollo de una pierna -enorme- de pollo, lo que combiné con un poco de lechuga picada -y la mayonesa- para formar un enorme burrito; ese fue -básicamente- el almuerzo; lo que acompañé con la mitad de una de las latitas de coca cola zero.

Después del almuerzo Rb nomás esperó a darle de comer a sus perros para empezar a prepararse para su salida semanal: la clase de alfabetización que ha estado impartiendo en su iglesia; yo aproveché para leer un poco del libro del abogado español.

Rb salió -para dirigirse a su iglesia- un poco después de las tres; yo me quedé en la computadora con Ubuntu, viendo algunos videos de Youtube y leyendo algunos artículos; un poco después de las cuatro me pasé al sillón de Rb, donde continué leyendo el libro Ama.

A las cinco y cuarto me vestí y salí hacia la iglesia de Rb; habíamos quedado en reunirnos en ese lugar a las seis de la tarde; caminé a buen paso y llegué al comercial cercano unos diez minutos antes de la hora; entonces decidí entrar al supermercado del lugar.

Se me había ocurrido -y había consultado un par de LLMs- utilizar los tres franceses que me sobraron del pan semanal -ya que solo el viernes preparé desayuno en casa- para preparar una especie de pizza y necesitaba queso mozarella.

Encontré una bolsa en oferta -un poco más de dos dólares-, la compré y luego retomé mi camino hacia la iglesia de Rb; pero ella me llamó justo cuando estaba saliendo del comercial; y nos encontramos unos metros más adelante.

Antes de dirigirme a la iglesia había tenido la intención de pasar a los servicios del lugar -había estado, últimamente, consumiendo más agua de lo habitual-; le pedí a Rb que me esperara un momento en el pasillo del comercial y subí -y bajé- a utilizar los servicios.

Luego empezamos el camino de retorno a casa; pero no nos dirigimos directamente a la misma: yo le había pedido a Rb que pasáramos a la tienda de ropa usada; la semana anterior había roto -accidentalmente- la ensaladera que había estado usando los últimos años, y quería reponerla.

Además Rb se había percatado que la mochilita que lleva a sus clases de los sábados había empezado a romperse, por lo que quería ver opciones; entramos al lugar y encontramos un par de recipientes Rubbermaid bastante aptos para funcionar como ensaladera.

Rb también encontró una mochila bastante conveniente -y yo encontré una bolsa de Totoro, que, se me ocurrió, podría regalarle a mi ahijada (este mes cumple años y había previsto verla la primera semana del próximo)-; también compramos una bolsa de mojarras ya que se nos había acabado el suministro enviado por mi madre.

Después de pagar por las compras continuamos el camino de vuelta a casa; por la noche, después de hacer muchas lecciones de ajedrez, vimos el segundo capítulo de la serie argentina con el crítico de restaurantes misógino -está narrada por Robert de Niro-.

Traté dormirme un poco temprano: cuando Rb empezó su rutina nocturna -lavar trastos, devocional, etc- me lavé la dentadura, me despedí de ella y me metí a mi habitación; después de meditar traté de dormirme pero tuve muchas dificultades en conseguirlo: me sentía incómodo estomacalmente.

O sea, no me dolía el estómago; aunque sí sentí cierta indisposición respiratoria mientras estaba meditando; y no encontraba una posición conveniente para dormir -además de que, sorprendentemente, maté un zancudo -relleno de sangre fresca- en la oscuridad-; total que llegué a altas horas desvelado -en algún momento (después de medianoche, estimo) logré conciliar el sueño.

El domingo me desperté muy temprano; creo que un vehículo -o motocicleta- pasó haciendo bastante ruido en el boulevard; eso combinado con la intranquilidad al dormir me despertó antes de las cinco de la mañana -había dejado la alarma para las cinco y cuarto-.

Esperé un rato en la cama y luego ví la claridad en la ventana; me levanté, medité y luego me metí al baño, a tomar una muy buena ducha; después me vestí y entré a la habitación de Rb, a despedirme; a las seis de la mañana salí de casa.

De acuerdo a lo previsto caminé hasta el boulevard principal -me tomó menos de veinte minutos-; allí encontré a un bus intermunicipal ya a punto de salir; lo abordé y me apeé cuando llegó al punto más cercano al comercial en donde se estacionan los busitos.

Entré al mismo para llegar -a através del sótano- a la estación del transmetro; allí abordé la siguiente unidad en pasar; me fui en el camino armando -alguna variación- el cubo de Rubik de cinco por cinco; y me apeé en la estación más cercana a la ruta que va a las zonas más prósperas de la ciudad.

Caminé hacia la siguiente estación y abordé la próxima unidad en llegar; y me apeé en la estación más cercana al Obelisco; aún no eran las siete de la mañana; el tránsito estaba bastante ligero por una de las actividades cívicas de la municipalidad.

En el Obelisco abordé un bus extraurbano, el cual debía dejarme en un punto cercano al pueblo en donde vive uno de mis amigos voluntarios con los que aún mantengo -cierta- cercanía; llegué al lugar antes de las ocho de la mañana.

En las tres -o cuatro- ocasiones anteriores que he realizado el mismo recorrido he ordenado un Uber moto en el lugar y completado el viaje de esa forma; en esta ocasión -tenía datos en el celular- ví que caminando me llevaría menos de cuarenta y cinco minutos.

Entonces empecé la marcha; la cual fue bastante interesante: el tiempo estaba fresco pero la ruta es bastante accidentada; pasa por un par de valles en donde el ascenso es bastante pronunciado; de unos sesenta grados en alguno de los casos -estimo-; sin embargo, llegué al callejón donde vive mi amigo con veinte minutos de anticipación.

Aproveché la hora temprana -y los datos en el celular- para sentarme en una acer a la entrada del callejón y completar un par de lecciones de Duolingo; luego empecé la última parte del camino: son cinco o seis calles, pero la última mitad tiene una inclinación de más de sesenta grados.

Aún así llegué al frente del portón de la casa de mi amigo con casi diez minutos de anticipación; me parece que el dueño de la casa -el terreno es grande y hay varias construcciones- y su hijo estaban saliendo y aún me ofrecieron ayuda; nomás les comenté que iba a visitar a mi amigo.

Y es que quería esperar hasta que fueran las nueve para avisarle a mi amigo que ya había llegado; cinco minutos antes de la hora le envié un mensaje, notificándole mi presencia y salió a abrir el portón -un perro que tiene andaba retozando en el patio-.

Mi amigo se disculpó efusivamente por el atraso: había dejado de trabajar después de medianoche y se había levantado tarde; por lo que aún estaba limpiando la cocina, previo a la preparación del desayuno; no le dí importancia al asunto e incluso le ayudé a preparar un plátano frito.

Lo que sí ya tenía preparado era un gran trozo de puyazo en su barbacoa -casi- industrial; luego estuvimos conversando mientras se afanaba con la preparación: café, frijoles refritos, huevos con queso -yo llevaba la media docena de pastelitos que había comprado la semana anterior-.

Justo a las diez de la mañana le avisó a la esposa que el desayuno estaba listo y ella salió a acompañarnos al balcón -tienen una vista magnífica al bosque vecino-; y la comida estuvo magnífica: mi amigo troceó porciones de la carne y las sirvió con huevo, frijoles y plátanos fritos.

La conversación estuvo, también, interesante: la esposa de mi amigo es una intelectual -tiene varias licenciaturas (en letras y pedagogía, me parece)- y se dedica -luego de más de década y media de ejercer la docencia- a trabajar como editora en un medio de divulgación digital de la universidad jesuita local.

Además, y eso ya lo había olvidado, su padre -con quien (casi nunca) tuvo una buena relación- había muerto unos pocos meses atrás; y estaba lidiando -aún- con la pérdida, además de la mala relación con su madre -a quien le atribuye signos de Alzheimer-.

También ha publicado varios libros de poesía -por lo que la juzgo como tendiente a la melancolía- y mi amigo me ha comentado en varias ocasiones que ha tenido problemas en la columna vertebral -para terminar, según ella, ya fue diagnosticada como depresiva-.

Entonces, la plática fue interesante, conversando sobre literatura, feminismo, condición humana, religión, y varios temas similares -mi amigo apenas participó del coloquio-; en el ínterin consumimos el desayuno -y los pastelitos que había llevado-.

Yo le había comentado a mi amigo, casi al inicio, que me retiraría a las once; pero él se ofreció a bajarme del cerro, con lo que estimamos una media hora extra de convivencia; y a las once y media mi amigo empezó a prepararse -salió a encender la motocicleta-.

La última motocicleta que adquirió -tiene dos o tres- es imponente: no es Harley Davidson, pero se le parece bastante; y él la maneja excesivamente -trabaja bastante en la aplicación de Uber-; originalmente me había ofrecido bajarme hasta el lugar en donde abordé el bus más temprano.

Pero la bajada fue muy rápida; en menos de media hora ya estábamos en la ciudad; y mi amigo me llevó hasta la estación del transmetro más grande de la ruta principal; allí nos despedimos -yo, la verdad, sentía que había pasado un riesgo excesivo: mi amigo se mueve en el tránsito como pez en el agua; pero el tráfico en la ciudad es caótico (y violento)-.

Mi amigo empezó el retorno a su casa y yo entré a la estación del transmetro; en donde abordé el vehículo que estaba justo estacionándose en la misma; una vez en el transporte le escribí a Rb para comentarle que mi amigo me había bajado hasta el Transmetro -le había compartido mi ubicación Live en Whatsapp, justo antes de iniciar el retorno-.

Llegué unos minutos más tarde a la estación que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos y, cinco minutos después del mediodía, le comenté que ya estaba en camino; con lo que retorné antes de las doce y media a casa.

Sacamos a caminar a los perros y luego me preparé el almuerzo -en la mañana le había pedido un par de dientes de ajo a mi amigo-: seis mitades de pan francés, aderezadas con ajo y aceite de oliva; cubiertas de un huevo estrellado y una mezcla de pollo y embutidos, todo cubierto de queso mozarella.

El almuerzo estuvo muy bueno y luego me preparé un té de menta; más tarde me metí a la cocina a lavar los trastes y a prepararle un té de manzanilla a Rb; y luego confirmé con ella que no saldríamos a caminar -yo había caminado cinco kilómetros en la mañana-.

El resto de la tarde me la pasé viendo videos de Youtube -y dormitando-; aunque, un poco después de las cuatro salí de la habitación para ayudar a Rb con la preparación de los almuerzos de la semana: caldo de pollo, pechuga asada y ensalada.

Por la noche vimos la tercera parte de Nada;  pero hice muy poco además de esto: estuve tratando de avanzar en el último capítulo del libro de SQL por la tarde, pero me estaba quedando dormido -el tema está muy árido-.

El lunes me desperté antes de que sonara la alarma del celular: Rb había abierto, el día anterior, las paletas de vidrio de la persiana de la habitación en la que duermo; eso permite que el ruido del boulevard entre más directamente, lo que me despertó antes de tiempo.

Pero no fue mucho antes de la hora que esperaba: ya habían pasado las seis de la mañana; entonces me levanté y completé mi período de meditación; después salí a tomar la máquina del trabajo y me quedé en la mesa del comedor.

Rb se encerró en su habitación para empezar a atender llamadas y yo estuve revisando los correos de mi trabajo -no hubo reunión de las siete-; mientras estaba en mi computadora escuché que Rb estaba en una llamada bastante extensa -creo que duró más de dos horas-, por lo que, a las ocho y cuarenta y cinco le dí la comida a sus perros.

Ella salió un poco más tarde -al terminar la llamada- y se preparó su desayuno; yo entré, a las nueve a la llamada de los desarrolladores, la cual estuvo bastante corta; después me preparé el desayuno; el que estaba apenas terminando cuando mi supervisor empezó la reunión diaria del área.

Y es que la empezó a la nueve menos veinte -cinco minutos antes de lo programado-; y, continuando con las instrucciones que había estado escribiendo en la conversación grupal, estuvo asignando diferentes tareas a mis dos compañeros locales y a mí me indicó que trabajara exclusivamente con la analista en el imperio.

Por lo que no hice -prácticamente- nada en el resto del día -además de poner a correr varias veces los scripts con las pruebas automatizadas; y es que se suponía que debía completar unas pruebas restantes de la semana anterior -algo que hice, someramente, al inicio del día- pero los equipos no estaban funcionando de forma debida.

Y, al comentarle -por escrito-, la información al supervisor, me dijo que las tareas en conjunto con la analista eran prioritarias y que transfiriera mis últimas tareas al analista que menos bien me cae; éste me escribió en privado y nomás le indiqué el estado de avance en ese momento.

Rb estuvo contestando llamadas hasta el mediodía; a esa hora salió de la habitación para completar la rutina de ejercicios de los lunes; yo me sentía bastante cansado -me imagino que caminar los tres kilómetros (con cuestas bastante pronunciadas) el día anterior había sido demasidado-.

Después de completar la rutina sacamos a caminar a los perros grandes; antes de salir coloqué sobre fuego muy bajo, la porción de caldo de pollo del día; cuando entramos a los perros me lavé las manos y preparé un par de ensaladas; con lo que el almuerzo estuvo muy bueno.

Al terminar de almorzar -terminé bastante rápido pues mi porción de pollo era pechuga- me preparé un café; y continué viendo unos videos de divulgación científica que estaba viendo en Youtube; más tarde partí la papaya que Rb había dejado lavada, vacié el lavatrastos de su contenido y preparé un té de manzanilla.

Rb volvió a entrar a su habitación -después de darle de comer a sus perros- a continuar traduciendo llamadas; yo estuve un rato en la mesa, pero luego me moví a mi cama, en donde estuve dormitando un rato -a veces me preocupa el bajo nivel de energía que mantengo-.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; alcanzamos el extremo del boulevard y luego caminamos hasta el mercado a mitad del camino; nos faltaban unos metros cuando empezó a lloviznar.

En este supermercado compramos -aunque Rb se quedó un rato viendo a un perro que tenía la dueña de una óptica- un cartón de huevos y un poco de bananos; también compré una magdalena de chocolate, confirmando que la fecha de caducidad estaba un par de días más tarde del próximo domingo (día en que programé mi visita al volutario que vive en la colonia donde crecieron mis hijos).

Después de las compras retornamos a casa; por la noche vimos el capítulo cinco (penúltimo) de Nada; también estuve leyendo un poco -terminé el libro de SQL y estuve viendo con cual continuar, creo que será más Kanban-; además estuve tratando de organizarme un poco.

O sea, siento que pierdo mucho tiempo entre ver videos -y no solo de divulgación científica y filosófica- y a veces -aún- me quedo un tiempo innecesario en alguna red social; por lo que hice una lista con tareas pendientes.

El martes me desperté -otra vez- bastante temprano; la noche anterior había cerrado un poco las paletas de vidrio de las persianas; pero no completamente; entonces me desperté antes de las seis; pero esperé hasta las seis y media para levantarme a meditar.

Después de la meditación saqué la computadora del trabajo de la habitación de la comida de los perros; y me quedé trabajando en la mesa del comedor; Rb entró a su habitación a traducir llamadas y yo me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo -aprovechando que no había reunión hasta las siete y media-.

A las siete y media entré a la reunión que ahora está programada los martes y jueves; después de la misma verifiqué la hora en la que debía entrar a un training sobre una 'Inteligencia Artificial' que están promocionando en el trabajo para 'mejorar' nuestra eficiencia.

La reunión estaba programada para una hora, empezando a las nueve; por lo que no pude entrar a la reunión diaria de esa hora; y luego, un poco antes de las nueve y cuarenta y cinco, avisé en los mensajes de la reunión de equipo que no podría asistir -el analista que menos bien me cae puso un mensaje similar-.

No le puse mucha atención al training -no soy creyente en la tecnología; y, además, he estado usando LLMs desde hace un buen tiempo- sino que me puse a avanzar en las tareas pendientes: el día anterior habían enviado un correo quejándose de la calidad de los documentos que habíamos envaido el viernes último.

Yo ví el correo temprano y no me sorprendió que mi supervisor me hablara después de la primera reunión del día; para 'animarme' a poner más cuidado en la elaboración de los mismos; entonces estuve trabajando en la estandarización de la presentación de la información.

Un poco después de las once me escribió una consultora con la que nos habíamos reunido unas semanas antes -mi supervisor me metió a una llamada con la analista y esta persona-; no ví el mensaje hasta casi una hora después.

Y lo que quería era apoyo para correr algunas pruebas en el servidor en el que he estado trabajando últimamente; la verdad no le ví mucha lógica a que me contactara a mí; pero creo que singió más confianza que con las otras dos personas (mi supervisor y la analista).

Estuvimos conversando un buen tiempo y quedamos en que nos reuniríamos el miércoles a las cinco y media de la mañana; para correr uns pruebas por un par de horas; incluso estuvo haciendo algunos intentos de conexión a un par de servidores y, supuestamente, dejó ya todo preparado.

Yo estuve tratando de comunicarme con mi PM para comentarle lo que estaba sucediendo: me costó la comunicación porque él había salido a una cita médica; pero al final, por la tarde, logramos conversar durante un buen rato.

Rb salió de la habitación un poco antes del mediodía y realizó una rutina de zumba -el día de anterior, cuando pasamos por la municipalidad, nos enteramos que el martes no habrían actividades, por alguna celebración-; luego sacamos a caminar a los perros.

Cuando entramos de la caminata puse a calentar el caldo del día; también metí al microondas cinco onzas de pechuga de pollo -ya cocidas- y preparé un par de ensaladas de tamaño mediano; y un poco antes de empezar a almorzar recibí una llamada del Imperio.

Pero era del amigo con el que crecimos en el puerto y ahora vive en Tennesee -o alguna ciudad similar del Imperio-: el mes anterior lo había llamado pero había interrumpido su trabajo -ya llevaba casi medio año sin trabajar-; por lo que había decidido llamarlo un sábado o domingo.

Y este día me llamó -aprovechando, creo que retornaba de su almuerzo-; para comentarme cómo estaba su trabajo; y también me enteré que trabaja incluso los sábados; estuvimos conversando unos quince minutos y quedamos en que lo llamaría una noche entre semana.

Después del almuerzo me preparé un té; el cual acompañé con un pequeño trozo del zepelin que compré el jueves pasado, una doceava parte de la magdalena de chocolate, y dos mitades de galletas; también un par de pequeños trozos de pan dulce, remanentes del fin de semana. 

En un par de ocasiones, por la mañana -una antes de la conversación con la consultora-, me tomé pequeños períodos para dormitar en mi habitación; por la mañana leí un capítulo de Little Brother; por la tarde, nomás continué trabajando en los documentos.

A las dos cuarenta y cinco le preparé un té de manzanilla a Rb; y lavé los -pocos- trastos que se habían acumulado durante el día; un poco antes de las cuatro le escribí a la analista en el Imperio del Norte, para comentarle que los documentos ya estaban actualizados, y pidiéndole nuevas prioridades; lo que quedó pendiente para el día siguiente.

Al final de la tarde realizamos la caminata hacia los supermercados en dirección norte: Rb quería comprar unos nuevos audífonos pues dice que los que utiliza actualmente son muy voluminosos; pasamos a la tienda en donde hemos comprado las últimas computadoras pero no vimos nada bueno.

Luego entramos a la ferretería industrial en donde nos proveemos usualmente de herramientas -allí había comprado los anteriores-; pero tampoco encontramos nada bueno, además, Rb intentó comprar en una pantalla -como las de Mc Donald's- que hay en el lugar, pero la conexión estaba fallando.

Entonces nomás pasamos a la tienda verde de descuentos: justo cuando estábamos en el lugar anterior me recordé que habíamos quedado en comprar alcohol para mantener en un aspersor con el que -a veces- nos desinfectamos las manos.

Después de las compras retornamos a casa; por la noche vimos el último capítulo de la serie argentina que me había recomendado mi amiga psicóloga con la que desayuné el jueves anterior; también leí un poco del libro de meditación que llevo a medias.

El miércoles me levanté a las cinco y media: la noche anterior me había costado conciliar el sueño por el ruido de la familia que acaba de alquilar, en una casa con muchas habitaciones, justo al otro lado del patio; al parecer la señora lava a mano, y estaba manteniendo una conversación con varias personas mientras lavaba.

La alarma sonó un par de minutos antes de las cinco y me levanté a meditar; luego jalé la computadora del trabajo, volví a la cama y entré a la reunión; la consultora ya estaba allí y nos pasamos las siguientes dos horas trabajando con un par de servidores.

Las pruebas eran sencillas, pero nuestro dominio del equipo dejaba mucho que desear: además de encontrar dificultades para cambiar usuarios, no pudimos configurar varias funcionalidades que debíamos probar.

Pero, en general, fue una buena reunión -ella grabó la mayor parte-; a las siete y media cerró la reunión y nos despedimos; y, aunque me estuvo escribiendo algunos mensajes más tarde, no avanzamos más de lo que habíamos alcanzado por la mañana.

Y el resto del día estuvo bastante vacío; o sea, a las nueve entré a la reunión de la mitad de la mañana, aunque allí sigue nuestra falta de participación; luego recordé que tenía reunión con mi supervisora a las nueve y media; así que nomás estuve leyendo un poco de HackerNews en lo que iniciaba la misma.

La reunión estuvo tranquila -casi nada que actualizar-; y me quedé con la impresión -incluso se lo pregunté- si no trasladaría esa responsabilidad al PM -quien es el que está, adminsitrativamente, haciéndose cargo de nuestro equipo-; lo único que quedó pendiente fue que avisara, a recursos humanos, sobre los días de mis vacaciones este mes.

Como la reunión diaria del equipo se realizaría a las diez menos cuarto -aunque el día anterior no había ocurrido-, escribí en el hilo de mensajes que estaba en reunión con mi supervisora, y que no atendería la misma; y, de todos modos, no hubo reunión.

Después de despedirme de mi supervisora -un poco después de las diez- me preparé el desayuno de los primeros cuatro días de la semana; después continué leyendo artículos en internet; hasta mediodía, cuando Rb salió de su habitación.

A esa hora completamos la media hora -o treinta y cinco minutos- del a rutina de ejercicios de la mitad de la semana; después sacamos a caminar a los perros -Rb había dejado desinfectando legumbres para la ensalada y yo, calentando el caldo del día-; cuando entramos preparé un par de ensaladas.

Además, me preparé un poco de fideos de arroz -ya nomás me sobraron como setenta gramos del mismo-; después del almuerzo me preparé un café; el que nomás consumí con una porción de magdalena y el último trozo del zepelin del último jueves-.

Después del almuerzo me recosté un rato, leyendo apenas unas páginas del libro de George Carlin; luego me recordé que debía avisar sobre mis vacaciones y le envié el documento con la información a mi PM.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb, lavé los trastos -no eran muchos- del día y, para terminar, rearmé la regadera: por la mañana le había quitado la parte inferior pues, de acuerdo a Rb, tenía varios agujeros tapados por los minerales del agua.

Y es que por la mañana había consultado la lista de pendientes que empecé a llevar desde el lunes; y uno de las últimas actividades agregadas era limpiar la regadera -una de las primeras era la carga de ropa de principios del mes, pero eso lo había hecho más temprano-; entonces busqué instrucciones en Google.

De acuerdo a los pasos encontrados herví media taza de agua, la agregué a media taza de vinagre blanco -en un recipiente de porcelana-; y dejé reposar la parte inferior de la regadera durante más de dos horas; Rb la limpió después del almuerzo y yo la cepillé un poco antes de volver a armarla.

Como Rb tenía clase de teología a las seis y media salimos a caminar un poco temprano: a las cuatro y media nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; no entramos al supermercado más alejado, pero caminamos hasta el extremo del boulevard.

Luego pasamos al supermercado que queda a medio camino y compramos un poco de bananos -ya nos habíamos quedado sin existencia de esta fruta-; Rb también compró un poco de alitas de pollo -es su comida favorita para los almuerzos en los que me ausento-.

Retornamos de la caminata alrededor de las cinco y media; Rb se puso a preparar su cena y yo me metí a la habitación; estuve dormitando un poco hasta que dieron las seis, a esa hora me puse a hacer muchas lecciones de Duolingo -casi una hora-.

Después salí a bajar de los lazos la ropa de cama que había tendido por la tarde -es lo que más rápido se seca-; después me ocupé de empacar un par de regalos para mis próximos desayunos: un libro de cuentos para mi amigo tenor y la bolsa de Totoro que compré para mi ahijada; ambos quedaron listos.

Un poco antes de las ocho me pasé a la habitación de Rb, para ver un capítulo del animé que empecé a ver unos días antes, y a actualizar mis notas -incluyendo esta-.

Y a ver cómo sigue eso...

sábado, 1 de agosto de 2026

Todos los movimientos incorrectos... All the wrong moves... Tous les mouvements incorrects...

Hay muchas razones por las que empiezo a leer un libro; o eso creo: digo, en el pasado era más una cuestión de disponibilidad; o el libro estaba en una biblioteca, o en la casa de un amigo/conocido/familiar, o -en muy pocas ocasiones- podía comprarlo; entonces llegó internet.

Con internet encontré el acceso a mucha información -incluso libros en PDF!-; recuerdo que entre los primeros que leí de esa forma estuvo un par de Harry Potter -acababa de salir- y de Las Crónicas de Narnia -que era bastante antiguo-; había más opciones.

En el último tiempo (más de diez años?), casi todo lo que leo es en formato digital; incluso llegué a tener un Kindle durante un tiempo -se lo regalé el año pasado a mi hija mayor-: ahorita voy por mi segunda tablet (la anterior murió el año pasado).

La primera tablet era de una marca genérica -la había comprado, originalmente, para estudiar francés (Duolingo) en la misma, pero no me había funcionado allí la app de la forma en la que esperaba-; la actual es una Samsung.

La semana pasada empecé a leer el libro que titula este texto; llegué al mismo de la misma forma en la que he encontrado muy buenas opciones de lectura: a través de HackerNews; esta es una lista que, periódicamente, reviso con asiduidad.

Los artículos son, en su mayoría, enfocados en tecnología -o ciencia en general- aunque a veces hay cuestiones de economía, psicología, o similares; en esta ocasión estaba leyendo -me parece- una crítica hacia la utilización de LLMs para sustituir el trabajo humano.

Ese artículo me llevó a uno secundario, que hablaba sobre técnicas de escritura; el mismo mencionaba que un coach de escritura -que ahora se dedica a su empresa de perfumes- había escrito algo muy interesante sobre los principios de la escritura correcta (!).

Al buscar un poco más de información sobre el autor encontré el listado de libros publicados -creo que, en solitario, únicamente tenía este-; automáticamente me llamó la atención por tratarse de ajedrez -y, supuestamente, nivel amateur-.

Estuve leyendo un poco sobre la vida de esta persona -blanco, canadiense- y me llamó la atención muchas similitudes: poco sociable en su niñez/adolescencia -aunque fue a una escuela para gente dotada-, aficionado al ajedrez, meditador -varios de sus artículos en subsctack mencionaban estos temas-.

El libro es -supuestamente- vivencial: después de establecerse como escritor freelancer (o serio?) se va al sudeste asiático (Tailandia, Nepal) y, luego de un juego de ajedrez en este útimo país, se sumerge en una vorágine para participar en un abierto mundial.

He leído un par de capítuos (de diez, me parece) y, en general, me está gustando; tanto que el domingo, muy temprano, le envié a varios de mis conocidos este pasaje -extraído directamente del libro-: "Badly played chess is kind of like badly played life. Real problems are dealt with poorly or not at all, while much effort is expended on avoiding imaginary danger. Rather than dealing with the reality of the situation, you act as if you were playing the game you wish you were. Then you collide with the boundaries between the actual and the hypothetical." Un par -o quizá tres- me respondieron.

Y a ver cómo sigue eso...

El lunes me levanté mal: desde el día anterior me había estado sintiendo mal del sistema digestivo; el sábado -me parece- no había podido concluir bien mi visita diaria al baño de la casa: por alguna razón no pude realizar la descarga de la última carga de desechos sólidos.

Y es que el sábado desayuné doble -en la cafetería, con mi compañero que se estaba retirando de la empresa; y con mi hija mediana, en nuestro desayuno mensual- y también había consumido la mitad de un minipastel -además de que almorcé salchichas y pasta de arroz-.

El domingo la pasé mal en ese aspecto: me parece que intenté un par de veces evacuar desechos sólidos pero estaba completamente estreñido -y me dolía un poco el área alrededor del lugar por donde debían pasar los sólidos-; entonces, por la noche, estuve un poco preocupado -aún así me tomé dos vasos enorme de agua-.

Entonces, el lunes, me levanté con una sensación algo rara: además de haberme despertado una hora antes de que sonara la alarma de las seis y media, sentía una incomodidad abdominal algo molesta -y dolor en las posaderas-.

Me estuve un rato en cama y luego estuve un rato mayor en la taza del baño; pero no hubo modo, no quería salir nada; entonces retorné a la habitación, medité y luego volví a la cama, a esperar la primera llamada del día; pero la misma había sido cancelada.

Como me sentía diferente -y sin mucha energía- me quedé en la cama, dormitando, hasta que Rb -después de las ocho- entró a saludar -y a contarme algo de sus sueños-; y aún seguí un rato adicional en cama; hasta casi las nueve, salí -con la computadora- a la mesa del comedor.

Entré a la reunión de las nueve, la cual estuvo bastante corta: los desarrolladores aún siguenajustándose al trabajo en la nueva plataforma; después -eran casi las nueve y media- iba a preparme el desayuno, pero me entretuve en algo y, a pesar de que creía que mi supervisor no estaba, vi que empezaba la reunión.

Estuvimos en esta por casi una hora -desayuné casi a las once de la mañana- en la que el personaje este se dedicó a desvariar sobre las diferentes tareas que debíamos realizar durante la semana; realizando asignaciones sin sentido y, en el camino, incomodando al equipo loca.

También me molestó que los dos analistas restantes empezaron comentar idioteces en el hilo de mensajes que hemos utilizado para apoyar el trabajo grupal: algo sobre la malfunción de los equipos e incluso burlándose de a quién le estaban dejando más trabajo -no a mí, porque (supuestamente) debo trabajar documentación-.

La reunión terminó por fin y no me quedaron nada de ganas de empezar con la asignación; me preparé el desayuno (avena, papaya, banano y gelatina sin azúcar) y lo consumí mientras veía algún video de Youtube; un poco después pasé al baño y pude, por fin, aliviar el estómago.

A las doce realizamos la rutina de ejercicios de los lunes; después de entrar a los perros puse a calentar la porción diaria de las verduras que habíamos preparado la noche anterior; además, en el microondas, calenté seis onzas de pollo que Rb había cocido originalmente para su perra anciana; eso fue el almuerzo.

Pero además tuve buen cuidado de tomar casi medio litro de líquidos -uno de refresco de rosa de jamaica y el otro de agua pura- antes de almorzar; y es que, comentando con Rb mis molestias, recordé que el viernes y el domingo le había agregado Psyllium a los huevos del desayuno.

Por la tarde partí el pollo restante para los almuerzos de la semana: los trozos en los que Rb había cocido el mismo estaban muy grandes y no se habían integrado muy bien en las verduras que cocimos el día anterior.

Después del horario laboral -a las cinco- nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de mitad del camino, allí compramos un par de lechugas y un poco de bananos. 

El martes fue un día raro; la meditación y las reuniones de la mañana siguieron, más o menos, el mismo patrón de siempre; también la caminata con los perros, la calentada de la comida y el consumo del almuerzo; y fue un poco después de esto que empezó lo extraño.

Y la verdad es que fue una de las experiencias que se sienten como un turning point; y, por otra parte, por las que ahora valoro tanto permanecer en silencio en la mayoría de situaciones; o sea, nunca aprendí a discutir, y creo que a mis cincuenta y tres ya nunca aprenderé a hacerlo -es como no poder entrar en una pelea física porque nunca aprendí a recibir golpes (practicando boxeo, por ejempl)-.

También, empezó -como muchas cosas- de una forma más bien 'inocente'... extraño, la verdad: después del almuerzo le estaba comentando a Rb que la tarde anterior había deshebrado el pollo porque no me había gustado la forma en la que estaba almacenado en el hermético: trozos cocidos bastante grandes.

Y ella me respondió algo como: claro, yo llegué a preguntarte sobre el tamaño de los mismos y me dijiste que así estaba bien; -y añadió- como siempre, nunca me pones atención; o sea, habíamos bromeado muchas veces sobre esto; y quizá allí fue donde la cosa se torció.

Porque, por alguna razón, me afectó su comentario y le pedí que me aclarara; algo así: o sea, de todas las opciones de razones, eliges la peor; y me dijo, es que es verdad, y allí todo se fue al garete; terminamos en una conversación bien incómoda -y ella terminó llorando por supuesto- y yo terminé riéndome -por supuesto- mientras conversábamos.

Total que pasamos una tarde bien incómoda; o sea, ella siguió contestando llamadas, dándole de comer a sus perros -y yo preparándole su té de manzanilla-; pero el ambiente continuó bien tenso; incluso salimos a caminar a las cinco -en dirección norte, vimos opciones de desinfectante de verduras en el supermercado, pero no compramos-; pero -al menos yo sentí- que algo había cambiado.

Entonces, en la noche traté de estar un rato en la habitación de Rb -estaba viendo algo en la computadora, o leyendo, o jugando partidas de ajedrez en Duolingo (me cambió del celular actual al antiguo porque el ajedrez [creo] estaba haciendo que la pantalla se bloqueara demasiadas veces)-.

Pero, esto me llamó la atención: generalmente Rb pide mi ayuda para cuestiones como vaciar los sacos de comida de sus perros -pesan cuarenta o cincuenta libros- en los recipientes de plástico en los que conserva los que están en uso; en esta ocasión lo hizo por ella misma.

Me dí cuenta de eso cuando entré a la habitación de la comida de los perros: ví que el saco que había recibido por la mañana -el repartidor vino a dejarla cuando Rb estaba respondiendo llamadas- ya estaba vacío -al día siguiente me comentó que le había sorprendido que el contenido cupiera en una de las cajas-. 

El miércoles continuaba sintiendo una rareza en la atmósfera doméstica; o sea, me levanté a las seis y media, medité y luego entré a la reunión; Rb estuvo la mayor parte (como el anterior par de meses) dentro de su habitación, contestando llamadas.

Yo traté de actuar lo más (?) normal posible; durante la mañana acudí a las dos llamadas diarias (la de las nueve, con los desarrolladores, y las de las nueve y cuarenta y cinco con mi equipo; al parecer ahora la de las siete está programada únicamente para los martes y jueves); en la primera no hubo mucho que hacer; en la del equipo tuve que escuchar a mi supervisor desvariando sobre los avances de las tareas.

Rb salió de la habitación un poco antes de las doce: tocaba realizar la rutina de ejercicios de los miécoles;  después de completar los ejercicios -me está costando mantener el ritmo últimamente- sacamos a caminar a los perros; yo había dejado calentando las verduras, las cuales retiré de la estufa en cuanto entramos.

Después del almuerzo me quedé trabajando en la mesa; aunque utilicé este tiempo para explorar alternativas para migrar información de la plataforma antigua en la cual registrábamos las tareas; a la que aún está en proceso de integración.

Estuve investigando varias opciones para importar información de la antigua a la nueva; y la mitad de la solución -creo que utilicé un par de LLMs- funcionó muy bien -la de extraer información de la aplicación antigua- pero la segunda no pudo ser completada: al parecer aún no han configurado credenciales para crear nuevos items de trabajo.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb; mientras el agua hervía lavé los -pocos- trastos que se habían acumulado en el lavadero; después, un poco después de las tres, la analista en el Imperio me escribió para que trabajara en un documento: quería que ajustara la tabla de contenido.

Estuve trabajando en eso casi una hora y media -o sea, Rb salió de la habitación a las cuatro y media y yo aún estaba dándole los últimos toques a los cambios que juzgué convenientes en el documento-; entonces me vestí y salimos para la caminata diaria.

Nos enfilamos hacia los supermercados en dirección sur: yo quería comprar un frasco de café -literalmente nombrado- más barato -me quedaba nomás para unos pocos días-; así que caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos al otro lado, para entrar al supermercado.

Compré el café -en donde tuve que pagar en efectivo pues ahora están pidiendo identificación para utilizar tarjetas (y Rb no llevaba su DPI)-; luego caminamos de vuelta a casa; aunque tuvimos que pasar a la tienda de las verduras: Rb necesitaba sus frutas semanales (y un par de lechugas).

Después de retornar a casa Rb entró a su clase de teología -ya está en el penúltimo módulo antes de terminar su programa de Teología- y yo me metí a mi habitación a hacer muchas lecciones de Duolingo; un poco más tarde -cuando la clase había terminado- me pasé a su habitación; en donde estuve leyendo un rato.

El jueves me levanté a las seis y media -al parecer había habido un temblor, medio fuerte, en la madrugada: yo recordaba algo de movimiento en mis sueños-; después de meditar salí de mi habiación a saludar a Rb y luego retorné a la cama a hacer algunas lecciones de Duolingo -ahora estoy haciendo más Portugués, después de haber cancelado matemáticas-.

Estuve haciendo lecciones hasta casi las ocho de la mañana; a esa hora me metí al baño y empecé a alistarme para salir: el lunes le había escrito a mi psicóloga -no es mi psicóloga, nomás es psicóloga- para invitarla a desayunar -luego de darme por vencido en convocar a mi amigo de la facultad con quien desayuné el primer día de mayo-.

La noche anterior había estado sopesando si salir al boulevard a tomar un busito o caminar hasta el boulevard principal y tomar un bus intermunicipal -no quería llegar sudado-; salí a las ocho treinta y ocho y caminé hasta el boulevard principal -llevé los zapatos de las tardes-.

Rb me había pedido que pasara a comprarle un medicamento para las alergias respiratorias -en una farmacia del comercial en donde se estacionan los busitos-; llegué al lugar un poco antes de las siete y media pero decidí pasar de una vez a la farmacia -para evitar confusiones más tarde-.

Se tardaron un poco en atenderme -había dos o tres personas antes que yo- en la farmacia pero no fue tanto el atraso para comprar los tres blisters de medicamento (doce dólares); luego de pagar por la medicina me dirigí a cruzar -por el pasadizo subterráneo- al otro lado de la carretera, en donde se encuentra la cafetería en la que usualmente me reuno con mis conocidos.

Llegué al lugar un par de minutos después de las nueve y media y le escribí a mi amiga para comentarle que ya me encontraba en el lugar; ella me respondió un poco más tarde avisándome que estaba en camino, pero que el camino estaba bastante congestionado.

Llegó un poco más tarde y ordenamos un par de desayunos típicos -aunque yo pedí longaniza y ella salchichas-; me hice cargo de la cuenta -catorce dólares- y nos sirvieron la comida un poco antes de las diez -registré la hora en mi app de ayuno intermitente-.

Y estuvimos en el lugar hasta las once y media; entre desayuno y conversación: ella fue el mes anterior al vecino país del sur -con su madre- y me estuvo contando el buen tiempo que tuvieron visitando la ciudad más grande del país -y de latinoamérica, me parece: la segunda, de hecho-.

También me contó que su hermano -un médico que vino en un par de ocasiones a cenar a la casa de Rb- había, por segunda ocasión- tenido un accidente bastante aparatoso por manejar bajo los efectos del alcohol; también me comentó que ella continuaba asistiendo a retiros de meditación -eventos al que la referí, aunque yo nunca fuí-.

Un poco después de las once confirmé con mi amiga si las once y media era una buena hora para despedirnos; a los que estuvo de acuerdo; y cuando llegó la hora me ofrecí a acompañarla a su automóvil -aunque me dijo que quería pasar a los servicios-.

Entonces nos despedimos dentro del restaurante; yo le agradecí -otra vez- por su tiempo y disposición a compartir; ella me agradeció -otra vez- por la referencia a los retiros de meditación -aunque yo nunca asistí-; entonces, después de un abrazo, caminé hacia el pasadizo subterráneo.

En donde hay una panadería donde vende unos zepelines que me gustan mucho; lo malo: hasta principios de año costaban menos de medio dólar; cuando me reuní con mi amigo garífuna y compré uno ya habían subido de precio; y ahora han aumentado un poco más: o sea, ahora valen la mitad más que a principios de año -no sé si es por el conflicto en Irán-.

Aún no había decidido si abordar el busito que me deja del otro lado del boulevard, cerca de la casa de Rb; o el bus intermunicipal, con el cual debo caminar un par de kilómetros; al final decidí esto último, afortunadamente el siguiente bus estaba justo arrancando.

Me bajé al inico del boulevard junto al cual vivimos y caminé el par de kilómetros mientras completaba la solución del cubo de Rubik de seis por seis; cuando vine escuché a Rb trabajando en su habitación; así que entré, jalé la computadora con Ubuntu a la mesa y empecé a actualizar estas notas.

Rb salió un poco más tarde -de hecho me llamó por teléfono, para ver dónde estaba-; eran las doce y diez y, por no haber acudido a clase de zumba (el instructor sigue de baja -supuestamente por enfermedad-) quería completar una rutina de ejercicios.

Entonces me ofrecí a sacar a caminar a sus perros más grandes, en solitario; ella aceptó mi ofrecimiento y empezó a ejercitarse; yo esperé hasta las doce y media y, luego de alistarme, le puse los arneses a los animales y los saqué a caminar.

El sol estaba un poco fuerte y hacer que la perra -está muy pesada- camine es un poco complicado; cuando entré de la caminata Rb aún estaba ejercitándose; puse a calentar las verduras y calenté en el microondas los platos con pollo -aún metí al freezer un poco sobrante del mío-.

Luego partí en dos un aguacate; partí una mitad en cubos y la mezclé con mi pollo; la otra la coloqué en el lugar en donde Rb almuerza; mientras ella terminaba su rutina serví las verduras en cada plato con pollo; me serví dos vasos de refresco -bastante diluído- y procedimos con el almuerzo.

Después del almuerzo continué actualizando estas notas -en el ínterin actualicé (con ayuda de un LLM) la app móvil que estoy usando para darle seguimiento a mi estado de bienestar percibido-; un poco antes de las tres Rb salió de su habitación para darle de comer a sus perros; le preparé un té de manzanilla mientras lavaba los trastes del día.

Luego continué mi actividad de redacción; la cual ha estado un poco más constante durante los útimos meses (¿años?); por la tarde mi hija mayor me escribió para comentarme me estaba depositando cierta cantidad por el dinero que le había estado proporcionando durante el mes -y para que acreditara su cuota de mantenimiento mensual de departamento-.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; Rb quería comprar unas etiquetas para identificar el contenido de los especieros que compró unas semanas antes; y yo compré un montó de artículos en la tienda verde de descuentos: un paquete de ocho latas de coca cola sin azúcar, gel para el cabello, una bolsa de café molido -mezclada con trigo-; además de un par de marcadores permanentes también adquirimos papel encerado, papel de aluminio y una cajita de bolsas zip.

El viernes retorné al trabajo; como  ya no hay -nomás martes y jueves- reunión a las siete, después de la meditación me puse a completar lecciones de Duolingo -estoy jugando ajedrez nomás en el teléfono antiguo (aunque aún así he tenido que resetear el nuevo un par de veces, pues todavía se me ha bloqeuado la pantalla)-.

Después de completar las lecciones de Duolingo me pasé a la mesa del comedor; básicamente a esperar la llamada de las nueve (ese día coincidían la llamada diaria del equipo de desarrollo con la semanal de mi equipo); pero Rb salió de la habitación un poco antes de las nueve y me estaba comentando algo sobre sus llamadas; por lo que me tardé en entrar a la llamada.

Total que mi supervisor me escribió un par de minutos después de las nueve para que me uniera a la llamada; y entré así bastante animado, saludando a todo el mundo; luego, cuando me tocó presentar mi avance semanal, nomás comenté que el día anterior había estado de vacaciones, pero que el día anterior había completado una tarea; y que mi prioridad era -de acuerdo a lo que se me había indicado- ayudar a la analista en el Imperio a completar el documento asignado.

Lo cual, sinceramente, había estado haciendo desde la mañana: ella me había estado escribiendo desde antes de las ocho de la mañana, indicándome ciertas instrucciones específicas para continuar el trabajo con el documento; me pasé casi todo el mediodía leyendo detenidamente el documento y tratando de aplicar los pasos -muy pocos se pudieron completar- en el sistema que trabajamos.

Un poco antes del almuerzo -respondiendo a una pregunta sobre mi progreso-, le mandé la versión que había estado ejecutando -y un comentario indicándole que la versión en el servidor había sido actualizada con los comentarios adjuntos en la misma-; después ya casi no hice nada -laboralmente hablando-.

A media tarde ví un correo de la analista -hacia las dos personas que están coordinando esta nueva versión del ambiente- en la que me había copiado: indicando que cuatro documentos habían sido finalizados y pidiendo retroalimentación.

Yo ya me había desconectado -desde el mediodía- de las actividades laborales: a las doce Rb salió de la habitación y completamos la rutina de ejercicios; luego preparó el pescado que íbamos a almorzar; el cual se quedó en el fuego mientras salíamos a completar las dos vueltas de la caminata con los perros grandes.

Después del almuerzo me preparé un té de menta -es lo que tomo por las tardes cuando he tomado café por la mañana-; a las tres menos cuarto lavé los trastos del día -y le preparé el té de manzanilla a Rb-; y, un poco después de las cuatro, Rb volvió a salir de la habitación: yo había olvidado que debíamos llevar a la perra más anciana al laboratorio.

Y es que era la última de las visitas bisemanales que el veterinario había programado: es una especie de tratamiento 'neural' para aliviar los padecimientos de espalda -Rb me había comentado que la había visto (después de mucho tiempo) rascándose, lo que indicaba cierta mejoría-.

La visita estaba programada a para las cuatro y media; pero el boulevard estaba a reventar: el tránsito llegaba casi al portón de la calle; entonces Rb me pidió que saliéramos con media hora de anticipación; y no cruzamos al otro lado en el punto habitual -como a medio kilómetro en dirección norte- sino que, aprovechando que aún no estaba tapado, me crucé le boulevard justo frente a la calle donde vivimos.

Llegamos al lugar bastante temprano; pero apenas estaba estacionándome cuando salió la recepcionista de la clínica; y le comentó a Rb que le acababa de enviar un mensaje: el veterinario se había atrasado en una operación y llegaría hasta las cinco y media; entonces retornamos a casa.

Y nos tardamos más en recorrer las dos últimas calles antes de entrar a la calle interior que todo el tiempo desde que habíamos salido más temprano; vinimos a dejar a la perra más anciana y nos alistamos para salir: Rb debía comprar pollo en el supemercado más alejado en dirección sur.

Como teníamos que traer pollo saqué la mochila con aislante térmico; y nos dirigimos caminando directamente hasta el supermercado más alejado en dirección sur -es decir, no caminamos hasta el extremo, porque no queríamos retornar muy tarde-; compramos la pechuga de pollo (y un poco de mollejas); pero antes de llegar al supermercado habíamos encontrado al pickup de las verduras.

Aprovechamos el encuentro para evitar pasar -más tarde- a la tienda de las verduras: Rb compró una papaya bastante verde -que colocamos dentro de la mochila con aislante térmico- y varias verduras y hierbas para cocinar; después de completar las compras en el supermercado retornamos a casa.

Entramos a reservar el pollo en la refrigeradora y dejamos las verduras en la mesa del comedor; Rb preparó nuevamente a su perra más anciana -después de confirmar con la recepcionista de la veterinaria que, en efecto, el veterinario iba a tratarla aún- y nos dirigimos al comercial en donde queda la clínica.

Afortunadamente el tránsito había bajado bastante en el boulevard; ni siquiera tuve que cruzarme el boulevard en un sitio ilegal: conduje en dirección sur hasta el retorno en U y llegamos a la clínica veterinaria sin mucho contratiempo.

Pero el auto del veterinario no estaba en el parqueo, por lo que creí que nos iba a tocar esperar; lo cual ocurrió: de hecho había una señora -con dos niñas y- con un perro -creo que era chihuahua- ya esperando; por supuesto Rb se puso a conversar con la señora y estuvieron intercambiando los grandes sacrificios que les toca hacer para que sus mascotas estén bien.

Yo me entretuve jugando -tres o cuatro- partidas de ajedrez en el celular de Rb; un poco más tarde -ya estaba oscureciendo- la recepcionista salió a permitir el ingreso de Rb -quien aún indicó que la señora había llegado primero-; pero, por orden de cita, Rb entró al lugar.

Y no tardó mucho en salir: realmente es un procedimiento bastante express: una inyección y ya; entonces abordamos la van y conduje de vuelta a casa; por la noche vimos el primer capítulo de Nada; es una serie argentina en la que -sorprendentemente- actúa  Robert De Niro.

Y a ver cómo va eso...

lunes, 27 de julio de 2026

Ama... Ama... Ama...

El título de este texto tiene las misma palabra en cada uno de los espacios que reservo para los tres idiomas en los que más conocimiento tengo: nací en latinoamérica y crecí con el español -o castellano-; viví un par de años en el imperio del norte y ahora trabajo en inglés; y desde hace casi media década he estado estudiando francés. 

La palabra ama, quiere decir madre en Euskera -¿del país vasco?- pero también -como el autor del libro con este título lo indica- es, en español, la conjugación para la tercera persona del verbo amar.

Me enteré de este libro -al parecer el autor anduvo por el país unas semanas atrás- en la cena que tuve con mi amigo poeta unas semanas atrás: parte de nuestra conversación tiene que ver con la lectura que tenemos en progreso.

Gracias a esto me enteré de -y leí- El olvido que seremos -y luego Ahora y en la hora- de un autor colombiano; y me llamó la atención que el libro de este sudamericano trata sobre los padres; mientras que el libro de este español trata sobre la madre.

Y me llama la atención porque mi amigo poeta pasó una buena parte de su niñez en un orfanato -sus padres murieron sucesivamente: primero la madre, luego el padre- antes de que cumpliera los seis años; es como que tratara de encontrarse en los libros.

Y a ver cómo va eso...

El martes me desperté antes de las cinco de la mañana; lo que me pareció raro porque no había tenido una comida muy tarde el día anterior; sentí que el tránsito del boulevard me despertó -y, otra vez, estaba teniendo sueños raros acerca de la vida en común con la mamá de mis hijos-.

Me quedé en la cama, después de ver la hora en la tablet, y luego me puse a leer lo que me faltaba para completar el ciclo de Wherever you go there you are y, luego, Está lloviendo y te quiero; estuve leyendo casi una hora antes de bajar al piso a meditar.

A las siete salí de la habitación; Rb andaba afuera, preparándose para empezar a recibir llamadas para traducir; jalé la computadora de la habitación de la comida de los perros hacia la mesa del comedor, y me quedé allí esperando la primera llamada de la mañana.

La reunión no estuvo muy extensa; básicamente se revisó el avance -no mucho, realmente- de los ajustes en desarrollo, previo a la nueva liberación de la app que probamos; después de la reunión me quedé en la mesa, completando lecciones de Duolingo.

Luego me fui un rato a la cama, básicamente a esperar la llamada de las nueve; Rb desayunó a las ocho porque planeaba ir a su clase de zumba a las diez; después del desayuno se metió nuevamente a la habitación, a continuar con las llamadas.

Un poco antes de las diez salió de la habitación y se dirigió a la alcaldía auxiliar en donde ha estado ejercitándose durante los últimos meses; se suponía que yo debía echarle gotas oftálmicas a su perra más anciana a las once; pero Rb retornó como a las diez y media: el instructor se había reportado enfermo y habían cancelado la clase.

Entonces se puso a realizar una rutina -algo extensa- en el comedor; yo había entrado a la reunión de las nueve, en la cual no hubo muchas novedades: aún se continúan definiendo los nuevos procesos -previo a nuestra movida a la siguiente empresa-.

Después de esta reunión -un poco antes de las nueve y media- me preparé el desayuno; después esperé la reunión de equipo -a las diez menos cuarto-; la cual no iba a realizarse -porque el supervisor andaba en una reunión con el cliente-; pero, de hecho, el mismo empezó la reunión; y nos comentó que se había suspendido la visita al cliente.

En la reunión de equipo al supervisor le interesaba, primeramente, conocer el avance de la transmisión de conocimiento que el analista que se va en un par de días; la cual había terminado el día anterior; también me preguntó -y a la analista- cómo iban los documentos, yo he tratado de seguir la guía de esta chica.

De hecho, hemos estado trabajando bastante en armonía: antes de mediodía me escribió para que la ayudara a reparar un documento en Word que había desconfigurado; y aunque traté de encontrar una solución con LLMs, al final apliqué lo que había hecho el año anterior cuando trabajé este tipo de documentos.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros -yo había dejado calentando las dos piernas y la sopa-; y cuando entramos preparé un par de ensaladas; luego almorzamos -esta vez me recordé del refresco de rosa de Jamaica que Rb había preparado durante el fin de semana-.

Después del almuerzo me preparé un café -los estoy tomando bastante aguados- y lo acompañé con un par de mitades de galleta; después estuve tratando de ajustar la app con la que quiero medir mis estados de ánimo durante el día: no me ha estado funcionando muy bien pues únicamente vibra; traté de agregarle el sonido de las campanas que uso en mi meditación, pero no lo logré.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb -ya había lavado los trastos del día-; también pelé y troceé una de las papayas que Rb había ido a comprar a la tienda de verduras; el resto del tiempo la pasé leyendo -el último libro de George Carlin-.

A las cinco y cuarto Rb preparó a su perra más anciana para llevarla al veterinario -se me había olvidado que había hecho una cita para las cinco de la tarde- y sacamos la van; mientras ella llevaba a la perra a la clínica yo entré al supermercado y compré una lechuga, un poco de bananos y un jugo de naranja -para el desayuno que preveía con mi hija mediana el sábado-.

Después de las compras pasé por la clínica a esperar a Rb -y su perra-; después conduje hasta casa; vinimos a dejar la van -y la perra- y nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte.

Yo creí que no teníamos que comprar nada -que nomás era caminar- pero, de hecho, Rb compró un atril para su celular -debe grabarse predicando en su iglesia, como paso final antes de graduarse de su programa de teología-; después retornamos a casa.

Por la noche estuve viendo -por segunda o tercera vez- el video de la clase de Storytelling de la semana -aunque me quedé dormitando un rato-; después me pasé a la habitación de Rb, a ver un poco de Disclosure Day -ahora con subtítulos en español-.

El miércoles me levanté a las seis y media; al igual que el día anterior -o los días precedentes, realmente- medité y después salí por la computadora del trabajo; pero no retorné a la cama: me quedé en la mesa del comedor, con la primera reunión del día.

En la que discutieron el avance en la última liberación -confusa realmente-; al mismo tiempo estuve jugando algunas partidas de Ajedrez en Duolingo; la reunión se extendió más de los quince minutos, pero después que terminó me quedé en la mesa.

Rb ya había empezado a tomar llamadas y había sacado a los perros grandes de su habitación; empecé a trabajar un poco en la tarea que tenía pendiente en mi trabajo, pero al mismo tiempo empecé a trabajar también con la aplicación en Flutter para mi celular.

A las ocho cuarenta y cinco Rb salió de su habitación para darle de comer a sus perros -y tomar luego su propio desayuno-; yo estaba esperando la reunión de las nueve, la que tampoco tuvo muchas novedades para nuestra área.

Después me quedé esperando la reunión bisemanal con mi supervisora local: y tenía el consuelo de que sería mi excusa para no entrar a la del equipo, a las nueve cuarentay cinco; y, justo unos minutos antes de entrar a la reunión escribí en el hilo de mensajes de la misma que no entraría, pero que estaba trabajando en conjunto con la analista.

A las nueve y media empezó la reunión con mi supervisora; en la cual no vimos casi nada relacionado con el trabajo; nomás comentamos que quizá la reunión del día siguiente sería la última del equipo local; y también le pregunté si las ausencias del analista que menos bien me cae se debían al hecho de que cuida de su madre enferma.

Pero no, eran vacaciones normales; y el hecho de que no registra la información que ella misma había definido es porque la persona no sigue los procedimientos; o sea, eso; también me comentó que al día siguiente hablaría con el equipo sobre las metas globales de la empresa (actual).

Terminamos la reunión un poco antes de las diez y me preparé el desayuno; luego le pregunté al analista que vive en la ciudad colonial sobre la reunión del equipo; y me comentó que el supervisor había indicado que debíamos trabajar en unos hallazgos reportados -también me había escrito algo sobre eso cuando avisé que no entraría a la reunión-.

Entonces me puse a trabajar en lo asignado; de lo cual nomás un error había sido reportado por mi persona, el otro, hecho había sido reportado por este analista; no me llevó mucho tiempo validar -mal los dos- y enviar la información con los resultados.

Después continué trabajando con la aplicación en Flutter, la que llegó a un buen punto; estoy planeando publicarla en la app store; no para monetizar -como le comenté a Rb en nuestra caminata vespertina- sino para generar presencia, en caso deba buscar trabajo en el corto/mediano plazo.

A las doce Rb salió de la habitación y colocó su computadora en la mesa del comedor: era la hora de nuestra rutina de ejercicios de la mitad de la semana -yo ni me acordaba-; así que me vestí y acompañé a Rb en la media hora de ejercitación.

Después de completar los ejercicios sacamos a caminar a los perros grandes; luego de que entramos me puse a calentar las dos piernas de pollo del día, la tercera porción de sopa; y además, puse a hervir agua pues he estado preparando fideos para la sopa.

También me tocó que preparar las ensaladas del almuerzo -tres tipos de lechuga, aguacate, tomate, zanahoria y manzana verde- y, como el día anterior se había acabado mi aderezo ranch, le eché un poco de mayonesa y salsa ketchup a la mía.

Después del almuerzo preparé mi café vespertino, el que consumí con una mitad de galleta chicky, una mitad de galleta pozuelo y un último octavo del zepelin que había comprado el jueves anterior.

Entonces me puse a trabajar en la asignación en la que estoy apoyando a la analista en el Imperio del Norte; aunque me tocó que contactarla un par de veces por el acceso a los servidores -y un par de dudas sobre el documento-.

Estuve trabajando con bastante concentración hasta las cuatro y media -en el ínterin preparé el té de manzanilla de Rb y lavé los trastos del día-; Rb entré a la reunión de su trabajo un poco después de las dos y estuvo en la misma casi hasta las tres.

A las cinco menos cuarto salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; no planeábamos comprar nada -aunque antes Rb me había indicado que quería ver si en una de las farmacias, que está en el extremo sur, tenían un medicamento para sus alergias respiratorias-.

Caminamos hasta el extremo del boulevar y luego cruzamos de lado; y preguntamos en cuatro farmacias diferentes sobre el antihistamínico; pero no, al parecer está completamente agotado; retornamos a casa, a donde llegamos a las seis menos cuarto.

Yo me metí a mi habitación pues quería recibir una Master Class sobre neuroplasticidad -Rb me había compartido el link, que habían publicado en Facebook-; y resultó lo que me temía: un evento para promocionar un programa psicológico (me parece) para padre de niños con lesiones cerebrales.

A las seis y media Rb entró a su clase de Teología; la que, al parecer (vino un par de veces a la habitación) estaba bastante aburrida; el evento sobre neuroplasticidad duró un poco menos de una hora; luego del cual ví la segunda parte de Day of Disclosure.

El jueves preveía un día interesante: era nuestra segunda reunión trimestral con todo el equipo local; además, había hablado con mi primo para que nos tomáramos un café después de que saliera de su trabajo -le había dicho: paso por tu trabajo y me invitás a un café-.

Me levanté a las seis y media, medité y entré a la primera reunión del día, la que no tuvo muchas novedades: tanto mi supervisor como su compañera de trabajo realizaron un par de comentarios sobre algunos faltantes en la versión de la aplicación.

Y la de las nueve estuvo más o menos igual: los desarrolladores aún no habían terminado de dominar la herramienta en la que debián haber ya empezado a estimar los tiempos de las tareas asignadas; nomás quedaba la reunión de equipo, pero el supervisor la canceló, por estar ocupado con algunas diligencias.

Un poco antes de las diez Rb se dirigió a la sede de la municipalidad auxiliar; el martes no había tenido su clase de zumba pero esperaba que su maestro ya estuviera repuesto; pero justo saliendo de la casa se encontró con la vecina, quien le dijo que habían avisado en el grupo de whatsapp que tampoco ese día tendría clase.

Entonces volvió a entrar a casa y se puso a completar una rutina de ejercicios; yo empecé a alistarme para salir un poco después de las diez y cuarto; originalmente había planeado salir antes de las diez y media, pero terminé saliendo casi a las once y cuarto.

Y el boulevard estaba lleno; casi desde que salí de la calle me incorporé a un tránsito que avanzaba a vuelta de rueda; pero traté de tranquilizarme porque no quería cometer ninguna imprudencia; costó bastante salir del boulevard, pero en el principal la situación no estaba mucho mejor.

De hecho tanto la salida del municipio como la entrada a la ciudad estaban bastante llenos; y me tocó que esperar bastante en la vía que tomo frecuentemente para llegar a la zona en la que, generalmente, nuestra supervisora organiza los almuerzos trimestrales (estaba estimando que sería el último).

Finalmente llegué al lugar a las doce menos diez -la última parte del viaje no estuvo tan mal-; sin embargo, el parqueo del restaurante estaba leno; uno de los que estaban a cargo del mismo me comentó que debía dejar la llave del auto, para que pudieran moverlo.

Y ví que una de las compañeras del trabajo había ocupado el último lugar que quedaba fuera de esta modalidad -a ella le habían pedido también la llave, pero no tuvo que dejarla porque se vació un lugar-; entramos al lugar y encontramos al PM y al desarrollador que me ayudó con el curso de ciberseguridad.

Porque aún no habían preparado el área en la cual se realizaría la reunión; esperamos un rato en recepción -yo aproveché para ir a los servicios sanitarios- y luego, sí, nos guiáron hasta el segundo nivel, en donde habían preparado una mesa bastante larga, para la ocasión.

Arriba estaba ya la supervisora -al parecer habían estado trabajando en la conexión de su computadora con la televisión del lugar-; poco a poco fueron llegando más compañeros -al final nos juntamos diecisiete personas-, los últimos cuatro bastante tarde.

Yo empecé a repartir las gomitas, que había comprado hacía varios meses, conforme las personas se iban congregando; empecé repartiendo tres a cada uno y terminé con las últimas ocho ya bastante avanzado el evento.

La reunión estuvo bastante aburrida: la supervisora presentó las metas globales y las específicas, que había desarrollado para medir el aporte indificual a las primeras; también se habló de la transición de todos hacia dos nuevas empresas; la mitad -entre los que me encuentro- a partir del primero de octubre y el resto -entre los que se encuentra ella- el primero de diciembre.

Una parte interesante de la reunión fue la conclusión de la quiniela por el Mundial; repartieron tres diplomas -en los mismos se incluía el monto a recibir-, por el tercero, segundo y primer lugar -yo quedé en tercero-; en medio de todo esto los meseros repartieron entradas -tostadas típicas-, el almuerzo -subanik (lo que nunca había comido)- y refresco -creo que era rosa de Jamaica-.

En general la reunió estuvo bien; aunque se tardaron bastante en subir el postre -rellenitos de plátano-: después del almuerzo sirvieron café, pero los rellenitos -al parecer estaban preparándolos- los repartieron casi a las tres; yo estuve viendo la hora porque a esa hora había esperado estar ya enconrándome con mi primo.

Pero estuve escribiéndole en el ínterin, y, justo a las tres le comenté que estaba saliendo del parqueo -el auto estaba ya en un lugar fijo, pero bloqueado por otros tres-; manejé tranquilo hasta el lugar de trabajo de mi primo, a donde llegué a las tres y diez; lo llamé unas calles antes de llegar y ya estaba en la carretera cuando pasé por su trabajo.

El plan original era dirigirnos a la tienda de donas a donde habíamos acudido en varias ocasiones en el pasado; pero justo después de abordar el auto me comentó que tenía una reunión con un grupo de amigos un poco más tarde, en un lugar cercano.

Entonces me propuso que nos quedáramos en un café que se encontraba bastante cerca, a donde llegamos un par de calles más tarde; me estacioné en el parqueo interior y entramos al lugar: yo conocía el negocio, aunque nunca había entrado; se trata de una marca de café -un apellido de origen alemán u holandés- algo famosa localmente.

Subimos a las mesas del segundo nivel y ordenamos: cappuccinos y pastel (yo de zanahoria y mi primo tres leches, aunque combinamos); estuvimos una hora y media en el lugar entre café y conversación -bastante literatura-: mi primo lee bastante.

Un poco antes de las cinco le comenté a mi primo que iba a empezar a conducir porque quería estar en la casa de Rb antes de las siete de la noche -quería entrar a la clase de storytelling-; mi primo se hizo cargo de la cuenta -diecisiete dólares-, nos despedimos en el parqueo e inicié la conducción a casa.

La cual no estuvo tan mal: retorné un poco antes de las seis de la tarde; cuando entré a la casa vi que los perros estaban solos; saqué a los dos grandes al patio, me cambié de ropa y llamé a Rb, para ver en qué dirección había caminado.

Me comentó que ya venía de vuelta de los supermercados en dirección norte; entonce le indiqué que la encontraría en el camino; metí a los perros a la casa y salí al encuentro de Rb; quien venía a unas ocho o diez calles -me traía el pan de mis desayunos-.

Por la noche estuve leyendo un poco del libro en francés -Petit Nicolas- y también vi la tercera parte de Day of Disclosure; durante la tarde le había comentado a mis compañeros de trabajo que esperaba más de la misma: que fueran reptilianos o algo similar, y no, nomás es una versión actualizada de ET.

El viernes me levanté a las seis y media; el día anterior había estado jugando con la idea de mejorar mi desempeño laboral -llevo más de un lustro hacia la baja-: algo como establecer un mejor formato para el documento que he estado trabajando con la analista; pero luego desistí de mi iniciativa.

Me levanté a meditar y luego salí por la computadora del trabajo; pero no me la llevé a la cama: me quedé trabajando en la mesa del comedor; aunque, debido a compromisos de la compañera de mi supervisor, la reunión de las siete de la mañana había sido cancelada.

Mientras Rb empezaba a responder llamadas -ha ganado casi mil dólares en dos meses de este trabajo- yo me puse a completar partidas de ajedrez en Duolingo -aunque el desempeño de la aplicación (especialmente en ajedrez) continuaba siendo problemática-: me había tenido ya varias semanas teniendo que bloquear y desbloquear el celular, para descongelar la pantalla.

Además, me puse a leer algunos artículos de HackerNews, y sucedió lo que me ha pasado varias veces: un artículo llevo a otro, el que llevó a conocer un autor, lo que llevó a buscar sus libros, lo que llevó a uno nuevo a mi listado -pero este sí lo comencé el mismo día-.

La reunión de las nueve fue bastante rutinaria -de forma bastante bizarra, únicamente los desarrolladores participan activamente en la misma, pero bueno-; y luego, aunque no tuvimos la reunión de equipo, el supervisor estuvo pidiendo algunas aclaraciones sobre nuestras pruebas, en el hilo de mensajes del grupo.

Además, a las nueve estaba programada la reunión -en la que muchas veces no participo, por tomar vacaciones, semanal en la que se revisan los avances de cada uno -del equipo local y del que está en el Imperio del Norte-; pero el jefe de mi supervisor había escrito en el hijo de mensajes de esa reunión que no iba a poder participar.

Uno de los analistas en el Imperio inició la reunión un poco antes de las nueve; y yo me uní un par de minutos mas tarde; luego se unió otro analista con el que he trabajado algunas veces -que es bastante ignorante en cuestiones de tecnología-; yo les comenté lo que había avisado el jefe mayor; estuvimos conversando un par de minutos y luego cerramos la llamada.

Continué leyendo algunos artículos -y algo del libro en francés- hasta el mediodía; a esa hora Rb salió de la habitación y completamos la rutina de ejercicios de los viernes; luego nos tocó llevar a la perra más anciana al veterinario: era la segunda -de tres- semana del tratamiento -para la vejez- en curso.

Mientras Rb entraba a la veterinaria con su perra yo me dirigí al supermercado del lugar; allí compré tres tomates pequeños -para el desayuno que preveía preparar el sábado para mi hija mediana-; después pasé por Rb -y su perra- a la clínica y retornamos a casa.

Vinimos a sacar a los perros y luego entré a calentar el almuerzo; como el día anterior no había almorzado en casa -por la reunión trimestral-, Rb había consumido uno -el penúltimo, me parece- de los pescados del freezer; pero teníamos la última porción de piernas asadas, sopa de tomate y ensalada; lo que tomamos en el almuerzo.

Después del almuerzo me preparé un té de hierbabuena -la vecina nos había regalado varios manojos de su jardín, la semana anterior-, el cual no me pareció la gran cosa; sigo prefieriendo el de menta de Lipto -que compro en el supermercado-.

El resto del día -laboralmente hablando- continuó con su curso normal; hasta las cinco de la tarde; a esa hora salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; cuando íbamos de camino me recordé que no había retirado los cien dólares que necesitaba para el regalo de cumpleaños de mi hija mediana -había llegado a los veintiséis el jueves anterior-.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos al otro lado del mismo;  para entrar al supermercado que se encuentra en las cercanías; Rb se dirigió a la carnicería y yo me quedé esperando turno en el cajero -había dos personas delante-.

Cuando llegué a encontrar a Rb estaba conversando con el carnicero; y resultó que la pechuga de pollo que habíamos comprado el lunes no era apta para su consumo: Rb había estado insistiendo que estaba condimentada y yo negándolo -no creía que fuera importante-; incluso me dió a probar un trozo que había cocinado para su perra y no le encontré nada diferente.

Pero el carnicero le confirmó que, en efecto, la bolsa de pechuga era parte de un lote de carne condimentada; entonces Rb tuvo que comprar otra buena cantidad de pechuga -para ella y para su perra- y yo asumí el costo -y el consumo- de la bolsa -eran como seis libras- que habíamos comprado el lunes.

Después de pagar las compras caminamos hasta el otro supermercado; allí Rb compró algunas alitas de pollo y un poco de bananos; luego continuamos el camino hacia casa; ya habíamos entrado a la calle cuando recordé que necesitaba pan para el día siguiente: nos tocó que salir a la panadería de la vuelta.

Y cuando volvimos a entrar pasamos a la tienda de la esquina: necesitábamos una zanahoria para los almuerzos de la siguiente semana; después sí, caminamos a casa; por la noche empecé la lectura del libro del autor canadiense que había encontrado por la mañana.

El sábado me levanté a las cinco y media de la mañana: habíamos quedado con el analista más brillante del equipo -cuyo último día de trabajo había sido el anterior- en reunirnos a las siete de la mañana, en la cafetería en la que, usualmente, desayuno con mis conocidos y amigos.

Pero también debía preparar el desayuno que iba a compartir con mi hija mediana; entonces, me levanté a las cinco y media, medité, me duché y entré a la cocina a preparar un par de panes rellenos con huevos y embutidos, lechuga, tomate y aguacate.

Los panes quedaron enormes y, luego de empacarlos con papel encerado, terminé de preparar la mochila con aislante térmico -el día anterior había colocado en la misma un par de platos, tenedores, vasos y una bolsa de snacks-; un poco después de las seis y media salí de casa.

Llegué a la cafetería un par de minutos antes de las siete; entré al lugar -estaba medio lleno- y me senté a una de las mesas más cómodas disponibles; iba a escribirle a mi amigo para comentarle que ya había llegado, pero ví un mensaje recién enviado: mi amigo se disculpaba por un atraso de entre cinco y diez minutos.

Entonces aproveché para completar algunas lecciones de Duolingo -ajedrez-; llevaba tres o cuatro partidas cuando ví que mi amigo se aparecía; iba a dejar la mochila en la mesa para reservarla mientras ordenábamos, pero me ganó la vena cívica y me la llevé a caja.

Ordenamos lo mismo -un par de desayunos típicos: catorce dólares- y retornamos a la mesa, la cual ya estaba ocupada por un par de bolsos; por lo que nos dirigimos al área infantil -en la cual, afortunadamente, no había mucha gente-, la cual incluso estaba mejor pues el sonido de la música ambienta era un poco mas tenue.

Encontramos una mesa similar a la que habíamos dejado y estuvimos en el lugar por un poco más de hora y media, entre desayuno y conversación; la verdad fue un buen tiempo: mi compañero es muy brillante -aunque la forma en que lo transmite es un poco deficiente: de forma bastante densa-.

La primera vez que habíamos desayunado -el año anterior-, al preguntarle sobre lo que quería hacer en su vida, no me había comentado gran cosa: le gustaba el trabajo, estaba cómodo y no preveía muchos cambios; pero todo cambió con la venta de nuestra área a otra empresa; entonces se fijó más en el mercado laboral y, a través de LinkedIn, entró en el proceso que culminó con su contratación.

Según me comentó va a una empresa transnacional -con presencia en casi todo el mundo- que adquirió (hace como treinta años) la cadena local de supermercados más grande; ganará un poco más, estará ejecutando tareas más interesantes, pero tendrá que estar entrando a la ciudad todos los días -y él vive, quizá, al doble de mi distancia-.

Un poco después de las ocho y media le pregunté a mi compañero sobre su disponibilidad de tiempo; y me comentó que en cinco minutos debía retirarse, debido a alguna clase a la que debía asistir; entonces, un poco más tarde, nos despedimos; yo esperé a que saliera del lugar para pasar al baño y esperar un poco más de tiempo, y terminé saliendo un poco antes de las nueve.

Del restaurante me dirigí al departamento de mis hijos, pero, como la hora acordada con mi hija era las diez, manejé bastante tranquilo; y aún pasé a mi pastelería favorita, a comprar un mini cake, para compartir en el desayuno.

El parqueo en el comercial en donde está esta sucursal de la panadería estuvo un poco complicado -el lugar es bastante estrecho-; pero el lugar estaba bastante vacío; el pastel me costó tres dólares y medio y lo almacené en la mochila con aislante térmico, antes de continuar el viaje al departamento de mis chicos.

Llegué al lugar con bastante anticipación; subí al séptimo nivel, entré al departamento y me acomodé en la habitación designada como sala; jugué un par de partidas de ajedrez y luego saqué mi computadora con Ubuntu -la había llevado para adelantar algo en escritura-.

Esperé hasta las nueve menos cinco y entonces le envié un mensaje a mi hija mediana, comentándole que ya estaba en el lugar; ella se hizo presente bastante rápido; le propuse ir al parque temático e iniciamos la caminata -con ella casi nunca usamos el elevador-.

EL día estaba bastante fresco: nublado pero sin lluvia; caminamos tranquilamente hasta el parque temático; entramos al lugar y aprovechamos que el área de mesas al aire libre estaba bastante vacío: ocupamos una de las mesas en las cuales el sol no estaba incidiendo directamente.

Procedimos a desayunar -panotes, jugo de naranja, snacks y (como postre) pastel-; después le propuse a mi hija una partida de Scrabble; la que, realmente, no se extendió tanto como había esperado: mi hija es bastante buena con el lenguaje.

Después de completar la partida le propuse que nos subiéramos a la rueda de Chicago, por lo que caminamos los pocos metros que nos separaban de la misma; pero cuando nos acercamos a la misma, la encontramos detenida: y con un vehículo de servicio a su lado.

Entonces le propuse a mi hija que paseáramos por el zoológico del lugar; el cual tiene una fauna bastante limitada: algunos grandes felinos; varias aves exóticas y muchas especies de mamíferos endémicas -o al menos lo eran en el pasado- de la región.

Después de esta caminata iniciamos el retorno al departamento; a donde llegamos bastante temprano -acababa de pasar el mediodía y habíamos acordado despedirnos a la una y media-; me instalé en la sala y mi hija me siguió un poco después, con su propia computadora -también con Ubuntu-.

El mes anterior le había enviado -respondiendo a su petición- un pequeño proyecto que podía desarrollar en C; pero, la verdad, el mismo era muy avanzado para su nivel -totalmente principiante-; me estuvo mostrando algo de código pero no era funcional.

Me disculpé por haber enviado un problema inadecuado y le ofrecí el envío de uno más acorde a su nivel; a la una y media nos despedimos y bajé al sótano por la van; el camino de vuelta estuvo bastante vacío; hasta llegar a los semáforos de entrada al municipio: las últimas dos o tres calles me llevaron casi quince minutos.

Vine a casa como a las dos y cinco -le había escrito antes a Rb comentándole que volvería alrededor de las dos-; y la encontré terminando de almorzar en su habitación; entonces me metí a la cocina a preparar mi almuerzo: corté una salchicha y media en trozos, los cuales freí y luego ahogué en una salsita de tomate ranchera.

Paralelamente puse a hervir un par de tazas de agua; en los que sumergí -cuando hirvió- treinta gramos de fideos de arroz; cuando todo estuvo a punto serví las salchichas en un plato de porcelana y los fideos en un tazón de plástico -y agregué mayonesa a lo último-.

Almorcé tranquilamente -viendo algún video de Youtube- y luego me retiré a leer un rato a la habitación; un poco después Rb me sugirió que vieramos la primera mitad de una película de Will Smith que me habían recomendado: Collateral Beauty (creí que era reciente pero, realmente, había salido una década atrás-.

Después de ver -casi- la mitad de la película nos alistamos para salir: Rb me había pedido que camináramos antes de realizar el viaje al supermercado en donde realizamos compras a granel; entonces caminamos hacia los supermercados en dirección norte.

Como me tocaba ir a la casa de mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad, y acababa de pasar su cumpleaños, había planeado comprar una bolsa con ocho pastelillos empacados individualmente -en la tienda verde de descuentos, por un poco menos de cuatro dólares-.

Caminamos hasta el lugar y allí adquirí la bolsa de pastelillos; luego pasamos al supermercado que se encuentra al inicio del boulevard y compramos jengibre y un poco de bananos; luego, con nuestras compras, retornamos a casa.

Entramos a dejar las compras y salimos a arrancar la van; en la cual nos dirigimos a la sucursal local del supermercado en el que realizamos las compras a granel; había aún un poco del tránsito de los sábados por la tarde.

Finalmente llegamos al lugar; una de las principales compras a realizar era el saco de comida para perros, que le llevo a mis padres en las visitas trimestrales; además, dos o tres días antes, me había quedado sin aderezo para ensaladas -lo había sustituido por una mezcla de mayonesa y ketchup-.

Aproveché para comprar un paquete de galletas de chocolate -he considerado, ligeramente, dejar de consumir este tipo de productos, pero aún no he llegado al punto de contemplarlo seriamente-; completé mis compras con un par de bandejas de alitas de pollo.

Rb, por su parte, compró un par de bolsas de nueces -no se resigna a dejar de consumir este tipo de alimentos- y un paquete de desodorantes que no había encontrado en nuestras últimas visitas al lugar; luego de pagar por las compras retornamos a casa.

Por la noche decidí dejar de jugar ajedrez en Duolingo -al menos en el celular habitual- porque he visto un pésimo funcionamiento de la app en esa área: ese día -o el anterior- había tenido que cancelar una partida porque no pasó nada cuando un peón llegó al otro extremo del tablero-.

También decidí dejar las lecciones de matemáticas en la misma app -es, básicamente aritmética y (un poquito de) álgebra-; aunque no pude eliminar ninguno de los dos cursos en el teléfono; pero me pasé a jugar -una o dos partidas nomá- en el teléfono antiguo -la pantalla está astillada-.

El domingo me levanté a las seis y media; la noche anterior había considerado desactivar las alarmas por el día; pero, finalmente, no cambié nada y el reloj sonó a las seis y media; me levanté a meditar y luego retorné a la cama; no me dormí sino que hice varias lecciones de Duolingo -Portugués-.

Rb entró un poco después de las ocho: después de las lecciones de Duolingo me había quedado en la cama, leyendo el nuevo libro en inglés; el cual estaba tan bueno que recorté un párrafo y se lo envié a varios de mis contactos en whatsapp.

Un par -o tres o cuatro- de ellos me respondieron, agradeciendo el párrafo y, alguno, o quizá un par, comentando sobre la atinada reflexión del autor sobre dos conceptos que, a primera vista, podrían no ser percibidos de la forma presentada.

Rb desayunó un poco antes de las nueve; y me pidió que la acompañara a la parada del busito a las nueve y media; así que me quedé en la mesa del comedor, viendo algunos videos de Youtube; a la hora convenida me vestí y salimos al boulevard.

Estábamos apenas saliendo del portón cuando vimos que uno de los busitos venía en el boulevard, le hicimos señales para que se detuviera y me despedí de Rb; luego retorné a casa y puse manos a la obra: quería dejar envuelto el regalo -una caja con material e instrucciones para tejer un animal- que planeaba darle a mi doctora el próximo sábado.

Después de completar el envoltorio -utilicé la mitad de un pliego de papel de regalo navideño, de un par comprado en el anterior diciembre- me lavé las manos y partí la papaya que Rb había dejado preparada en el lavatrastos.

Después me preparé el desayuno, en el cual incluí la mitad de uno de los pastelitos que había comprado la tarde anterior; después del desayuno sopesé en qué ocuparme -no quería pasarme una hora (u hora y media) nomás viendo videos de Youtube-; así que le pedí a Mistral que ordenara aleatoriamente tres palabaras: escribir, leer y limpiar.

Y salió la última palabra en la primera posición; así que metí los bártulos de limpieza y pegué una buena barrida/trapeada a los pisos de la casa; después volví a intentar con escribir y leer y salió lo primero.

Así que empecé a actualizar mis notas -incluyendo esta- en la computadora de Ubuntu; y eso me llevó un buen tiempo; de hecho aún estaba a menos de la mitad de lo que había planeado redactar cuando me llamó Rb; me costó contestar porque le había puesto los audífonos al celular y no había notado ese detalle (pero la llamé de vuelta, por whatsapp).

Rb me indicó que ya había salido de la iglesia y que se estaba dirigiendo al supermercado; entonces, me cambié de short y salí por la van; y conduje hasta el comercial cercano a la iglesia -el tránsito estaba bastante pesadito, en el boulevard principal).

El parqueo del comercial también estaba bastante lleno, de hecho tuve que estacionarme en un lugar bastante alejado; total que cuando llegué al supermercado encontré a Rb ya saliendo del mismo, cargando dos bolsas de manzanas verdes y una pequeña red de aguacates.

Retornamos al auto y conduje de vuelta a casa; el tránsito estaba un poco menos denso en ese lado del boulevard principal; entramos a casa a dejar las compras y preparamos a los perros grandes para su caminata diaria; luego entramos a preparar el almuerzo.

La semana anterior (miércoles o jueves) se me había resbalado (mientras lo lavaba) el plato hondo en el que había estado consumiendo mis ensaladas durante la última década; una lástima porque era bastante adecuado para su uso; pero no pude detener su caída cuando se me resbaló de las manos -jabonosas- y se estrelló contra el piso, causando una hendidura en su borde.

Lo tiré ese día -luego de disculparme con Rb- y mientras ella iba al cuarto de la lavadora a buscar otra opción, finalicé la desaguada de los trastes; un poco después ella volvió con dos ensaladeras muy bonitas -y muy poco prácticas-: una de vidrio -muy grande y muy honda- y una de porcelana -con un diseño en relieve muy complicado-.

Acepté usar -mientras acudimos a la tienda de ropa usada para adquirir un nuevo trasto- la de vidrio y procedí a lavarla y dejarla en el área de secado -estaba llena de polvo-; y esa fue la que utilicé este día para sustituir la que había quebrado antes.

Rb preparó las alitas y las puso a la estufa; y yo empecé a consumir la ensalada en lo que las mismas se cocinaban; total que cuando las alitas estuvieron listas, yo ya estaba terminando la ensalada -era enorme-.

Completé el almuerzo con el pollo y luego me preparé un té de menta; acompañado con un poco de pan dulce, un par de mitades de galletas y la mitad del pastelito que había reservado por la mañana; después continué en la mesa del comedor, viendo algunos videos de Youtube.

A las dos y cuarenta y cinco -cuando la alarma sonó- le preparé un té de manzanilla a Rb y lavé los -pocos- trastes del almuerzo; después esperé a que Rb le diera de comer a sus perros pues habíamos acordado terminar de ver la película de Will Smith.

Collateral Beauty es una película interesante; trata sobre el dolor de la pérdida y la decepción de la vida; y, como no, al final es sobre la esperanza y la aceptación de todo lo que la vida nos presenta -me emocioné un poco al final de la misma, creo que tiene un buen twist-.

Después de terminar de ver la película me volví a retirara a mi habitación, para continuar con mis notas -incluyendo esta- y esperar a la hora en la que habíamos acordado empezar la preparación de los almuerzos de la semana: las cinco de la tarde.

Aunque, realmente, Rb empezó a cocinar alrededor de las cuatro y media; yo continué en la habitación hasta que terminé mis notas; luego, a las cinco, y me puse manos a la obra: pelé cuatro grandes güisquiles -el viernes habíamos cosechado una docena, los demás los repartimos entre los vecinos-.

Despues utilicé la mandolina para picar apio y cthile pimiento; los cuales coloqué en un gran bol plástico; después pasé por la mandolina los güisquiles y cuatro o cinco zanahorias, llenando un bol aún más grande.

Después de completar mi contribución a la preparación de los almuerzos de la semana me retiré a mi habitación para completar lecciones de Portugués en Duolingo; luego -mientras Rb cenaba- completé una partida de Scrable en inglés.

Un poco antes de las ocho salí de la habitación y me pasé -con la computadora con Ubuntu- a la de Rb, para terminar de ver -por segunda vez (aunque con subtítulos en un idioma distinto)- Day of Disclosure.

Y antes de las nueve realizamos la división de los almuerzos para la semana: cuatro porciones de un poco más de una libra; mas un par de porciones de seis o siete onzas -que reservamos para el viernes, en el freezer-.

Había pensado leer algo antes de retirarme a la habitación -de hecho había planeado retirarme antes de las diez- pero, al final, no pude decidir si continuar con el libro en inglés que acababa de empezar, o seguir con la lista de los otros que llevaba a medias.

Y a ver cómo sigue eso...