Empecé a escribir webapps - utilizando las engañosamente llamadas Inteligencias Artificiales (son nomás Modelos Amplios de Lenguaje que extruyen [estadísticamente calculado] texto)- cuando mi celular actual no aceptó la instalación de la app que había estado usando por varios años para darle seguimiento a mis gastos diarios.
Y es que no descargaba la app de la Tienda de Aplicaciones oficial sino que buscaba el archivo APK en algún repositorio antiguo y lo iba actualizando en cada nuevo teléfono; hasta que ya no fue compatible con el sistema Android del último -habían, al parecer, descontinuado la aplicación móvil, pasándose a una versión de suscripción en línea-.
Entonces escribí una webapp -usando React- bastante sencilla, para registrar cada gasto que realizo; y no recuerdo si fue antes o después que también escribí un par -utilizando la misma plataforma- para ayudarme en el aprendizaje de algunos temas.
También había escrito -una muy básica- para tener una lista de tareas pendientes -usualmente la tarea es algo como ver un serie/película o aprender algo nuevo-; y la última webapp la escribí para monitorear diariamente mi ayuno intermitente -ya llevo más de tres meses de registros-.
Y luego me cambié a MovilApps: el mes pasado se me ocurrió que podría realizar un seguimiento de mi estado de ánimo -algo recomendado (creo) por la Psicología Positiva, y me recordé de un estudio que había conocido muchos años atrás: una app avisaba a usuarios -aleatoriamente- varias veces al día, que debían registrar sus actividades y ánimos.
Entonces decidí que quería hacer algo usando Flutter —que ya sabía que se usaba para el desarrollo de aplicaciones multiplataforma—; lo que no sabía era que Flutter utiliza el lenguaje Dart, y que, para este caso, también se incluía Kotlin -el cual es popular en el desarrollo nativo en Android-.
Y he estado probando -o afinando?- la misma durante varias semanas -ya se la enseñé a alguno de mis conocidos-: creo que la mayoría no entendió la finalida; o no le pareció la gran cosa lo que realiza -aunque ha habido comentarios positivos-.
El plan es mejorar su funcionamiento -creo que le agregaré la activación/desactivación de sonido/vibración- y luego la subiré a la app store -pagué la suscripción como desarrollador hace más de cinco años-.
Y a ver cómo va eso...
El sábado me levanté a las seis y media: había previso un desayuno con mi doctora -quien nunca me ha tratado médicamente- a las ocho de la mañana, y había decidido utilizar la van, por lo que no tenía que apurar mucho mis actividades matutinas.
Medité y después hice algunas lecciones de Duolingo; y, como era el primer día del mes de agosto, realicé algunas de las actividades que hago en ese punto: bajar mis gastos mensuales, crear un nuevo espacio para los datos de agosto, pagar la cuota mensual de servicios del departamento de mis hijos, entre otros.
Después me metí a la ducha, tomé un baño bastante concienzudo, me vestí y, u poco despues de las siete y media, me despedí de Rb; tomé la van y salí al boulevard, el cual estaba bastante vacío; excepto en el punto donde se une al principal.
Allí si tuve que avanzar a una velocidad bastante baja durante el último par de calles; y la entrada a la ciudad también estaba un poco complicada; pero la entrada al periférico no presentó muchas dificultades; total que llegué al lugar con cinco minutos de anticipación.
Estacioné el vehículo en el parqueo trasero y entré al restaurante; comprobé que la doctora no estaba aún presente y le envié -cuatro minutos antes de las ocho- un mensaje, comentándole que ya estaba en el lugar.
Después esperé un momento en una mesa alta frente a las cajas; pero cuando ví que una mesa -de las cómodas- había quedado disponible, me acomodé en la misma -olvidé, momentáneamente, la caja de Scrabble-.
Lo que no había visto -hasta maś tarde- fue que -casi al mismo tiempo- había recibido un mensaje, avisándome que se retrasaría siete minutos; entonces me dediqué a esperar -ojeando un menú que la tortillera del lugar me había acercado-; un poco más tarde llegó mi invitada.
Pasamos a caja a ordenar -un par de desayuno, catorce dólares- y retornamos a la mesa; en donde estuvimos hasta un poco más de las diez y media, entre desayuno, conversación, Scrabble y -otros cinco dólares- un par de porciones de pastel; también le entrgué el regalo que llevaba: una caja con material para tejer un dinosaurio.
En general fue una buena reunión: mi doctora me contó que ahora su padre -creo que nunca se casaron sus progenitores-, de más de ochenta años, está viviendo muy cerca de su casa; también que sigue -aunque no muy asiduamente- buscando otro empleo -para, supuestamente, practicar medicina-.
A las diez y media nos despedimos, la acompañé a su auto -estaba estacionado a dos o tres lugares de la van- nos tomamos un par de fotos -que luego me envió por whatsapp- y, luego, inicié el camino de vuelta a casa; iba a pasar a llenar el tanque -ya está por debajo de la mitad- pero vi una cola en la gasolinera, por lo que conduje directo a casa.
Rb aún estaba tomando llamadas, aunque salió bastante rápido de su habitación; quejándose del comportamiento de algunas de las personas para las que había tenido que traducir; luego se puso a completar una rutina de ejercicios.
Antes del mediodía empecé a preparar el almuerzo: la noche anterior había endurecido un par de huevos y los había reservado en la refrigeradora; los saqué, los rodajeé y los combiné con los cubos de un aguacate entero; lo que licué -con un poco de aceite de oliva- para hacer una muy buena mayonesa.
Además, rallé casi una libra de zanahoria; separé la clara de un huevo y la batí a punto de nieve; luego batí la yema del mismo con la zanahoria; agregándo a esta mezcla la clara batida; cociné esta tortilla durante un poco más de medi ahora.
Luego nos tocó sacar a caminar a los perros; lo que ha estado siendo -casi- cada día más trabajoso porque -especialmente- la perra está muy pesada y pone -cada vez- más resistencia; cuando entramos de la caminata continué con la preparación del almuerzo.
Rb había cocinado el pollo de una pierna -enorme- de pollo, lo que combiné con un poco de lechuga picada -y la mayonesa- para formar un enorme burrito; ese fue -básicamente- el almuerzo; lo que acompañé con la mitad de una de las latitas de coca cola zero.
Después del almuerzo Rb nomás esperó a darle de comer a sus perros para empezar a prepararse para su salida semanal: la clase de alfabetización que ha estado impartiendo en su iglesia; yo aproveché para leer un poco del libro del abogado español.
Rb salió -para dirigirse a su iglesia- un poco después de las tres; yo me quedé en la computadora con Ubuntu, viendo algunos videos de Youtube y leyendo algunos artículos; un poco después de las cuatro me pasé al sillón de Rb, donde continué leyendo el libro Ama.
A las cinco y cuarto me vestí y salí hacia la iglesia de Rb; habíamos quedado en reunirnos en ese lugar a las seis de la tarde; caminé a buen paso y llegué al comercial cercano unos diez minutos antes de la hora; entonces decidí entrar al supermercado del lugar.
Se me había ocurrido -y había consultado un par de LLMs- utilizar los tres franceses que me sobraron del pan semanal -ya que solo el viernes preparé desayuno en casa- para preparar una especie de pizza y necesitaba queso mozarella.
Encontré una bolsa en oferta -un poco más de dos dólares-, la compré y luego retomé mi camino hacia la iglesia de Rb; pero ella me llamó justo cuando estaba saliendo del comercial; y nos encontramos unos metros más adelante.
Antes de dirigirme a la iglesia había tenido la intención de pasar a los servicios del lugar -había estado, últimamente, consumiendo más agua de lo habitual-; le pedí a Rb que me esperara un momento en el pasillo del comercial y subí -y bajé- a utilizar los servicios.
Luego empezamos el camino de retorno a casa; pero no nos dirigimos directamente a la misma: yo le había pedido a Rb que pasáramos a la tienda de ropa usada; la semana anterior había roto -accidentalmente- la ensaladera que había estado usando los últimos años, y quería reponerla.
Además Rb se había percatado que la mochilita que lleva a sus clases de los sábados había empezado a romperse, por lo que quería ver opciones; entramos al lugar y encontramos un par de recipientes Rubbermaid bastante aptos para funcionar como ensaladera.
Rb también encontró una mochila bastante conveniente -y yo encontré una bolsa de Totoro, que, se me ocurrió, podría regalarle a mi ahijada (este mes cumple años y había previsto verla la primera semana del próximo)-; también compramos una bolsa de mojarras ya que se nos había acabado el suministro enviado por mi madre.
Después de pagar por las compras continuamos el camino de vuelta a casa; por la noche, después de hacer muchas lecciones de ajedrez, vimos el segundo capítulo de la serie argentina con el crítico de restaurantes misógino -está narrada por Robert de Niro-.
Traté dormirme un poco temprano: cuando Rb empezó su rutina nocturna -lavar trastos, devocional, etc- me lavé la dentadura, me despedí de ella y me metí a mi habitación; después de meditar traté de dormirme pero tuve muchas dificultades en conseguirlo: me sentía incómodo estomacalmente.
O sea, no me dolía el estómago; aunque sí sentí cierta indisposición respiratoria mientras estaba meditando; y no encontraba una posición conveniente para dormir -además de que, sorprendentemente, maté un zancudo -relleno de sangre fresca- en la oscuridad-; total que llegué a altas horas desvelado -en algún momento (después de medianoche, estimo) logré conciliar el sueño.
El domingo me desperté muy temprano; creo que un vehículo -o motocicleta- pasó haciendo bastante ruido en el boulevard; eso combinado con la intranquilidad al dormir me despertó antes de las cinco de la mañana -había dejado la alarma para las cinco y cuarto-.
Esperé un rato en la cama y luego ví la claridad en la ventana; me levanté, medité y luego me metí al baño, a tomar una muy buena ducha; después me vestí y entré a la habitación de Rb, a despedirme; a las seis de la mañana salí de casa.
De acuerdo a lo previsto caminé hasta el boulevard principal -me tomó menos de veinte minutos-; allí encontré a un bus intermunicipal ya a punto de salir; lo abordé y me apeé cuando llegó al punto más cercano al comercial en donde se estacionan los busitos.
Entré al mismo para llegar -a através del sótano- a la estación del transmetro; allí abordé la siguiente unidad en pasar; me fui en el camino armando -alguna variación- el cubo de Rubik de cinco por cinco; y me apeé en la estación más cercana a la ruta que va a las zonas más prósperas de la ciudad.
Caminé hacia la siguiente estación y abordé la próxima unidad en llegar; y me apeé en la estación más cercana al Obelisco; aún no eran las siete de la mañana; el tránsito estaba bastante ligero por una de las actividades cívicas de la municipalidad.
En el Obelisco abordé un bus extraurbano, el cual debía dejarme en un punto cercano al pueblo en donde vive uno de mis amigos voluntarios con los que aún mantengo -cierta- cercanía; llegué al lugar antes de las ocho de la mañana.
En las tres -o cuatro- ocasiones anteriores que he realizado el mismo recorrido he ordenado un Uber moto en el lugar y completado el viaje de esa forma; en esta ocasión -tenía datos en el celular- ví que caminando me llevaría menos de cuarenta y cinco minutos.
Entonces empecé la marcha; la cual fue bastante interesante: el tiempo estaba fresco pero la ruta es bastante accidentada; pasa por un par de valles en donde el ascenso es bastante pronunciado; de unos sesenta grados en alguno de los casos -estimo-; sin embargo, llegué al callejón donde vive mi amigo con veinte minutos de anticipación.
Aproveché la hora temprana -y los datos en el celular- para sentarme en una acer a la entrada del callejón y completar un par de lecciones de Duolingo; luego empecé la última parte del camino: son cinco o seis calles, pero la última mitad tiene una inclinación de más de sesenta grados.
Aún así llegué al frente del portón de la casa de mi amigo con casi diez minutos de anticipación; me parece que el dueño de la casa -el terreno es grande y hay varias construcciones- y su hijo estaban saliendo y aún me ofrecieron ayuda; nomás les comenté que iba a visitar a mi amigo.
Y es que quería esperar hasta que fueran las nueve para avisarle a mi amigo que ya había llegado; cinco minutos antes de la hora le envié un mensaje, notificándole mi presencia y salió a abrir el portón -un perro que tiene andaba retozando en el patio-.
Mi amigo se disculpó efusivamente por el atraso: había dejado de trabajar después de medianoche y se había levantado tarde; por lo que aún estaba limpiando la cocina, previo a la preparación del desayuno; no le dí importancia al asunto e incluso le ayudé a preparar un plátano frito.
Lo que sí ya tenía preparado era un gran trozo de puyazo en su barbacoa -casi- industrial; luego estuvimos conversando mientras se afanaba con la preparación: café, frijoles refritos, huevos con queso -yo llevaba la media docena de pastelitos que había comprado la semana anterior-.
Justo a las diez de la mañana le avisó a la esposa que el desayuno estaba listo y ella salió a acompañarnos al balcón -tienen una vista magnífica al bosque vecino-; y la comida estuvo magnífica: mi amigo troceó porciones de la carne y las sirvió con huevo, frijoles y plátanos fritos.
La conversación estuvo, también, interesante: la esposa de mi amigo es una intelectual -tiene varias licenciaturas (en letras y pedagogía, me parece)- y se dedica -luego de más de década y media de ejercer la docencia- a trabajar como editora en un medio de divulgación digital de la universidad jesuita local.
Además, y eso ya lo había olvidado, su padre -con quien (casi nunca) tuvo una buena relación- había muerto unos pocos meses atrás; y estaba lidiando -aún- con la pérdida, además de la mala relación con su madre -a quien le atribuye signos de Alzheimer-.
También ha publicado varios libros de poesía -por lo que la juzgo como tendiente a la melancolía- y mi amigo me ha comentado en varias ocasiones que ha tenido problemas en la columna vertebral -para terminar, según ella, ya fue diagnosticada como depresiva-.
Entonces, la plática fue interesante, conversando sobre literatura, feminismo, condición humana, religión, y varios temas similares -mi amigo apenas participó del coloquio-; en el ínterin consumimos el desayuno -y los pastelitos que había llevado-.
Yo le había comentado a mi amigo, casi al inicio, que me retiraría a las once; pero él se ofreció a bajarme del cerro, con lo que estimamos una media hora extra de convivencia; y a las once y media mi amigo empezó a prepararse -salió a encender la motocicleta-.
La última motocicleta que adquirió -tiene dos o tres- es imponente: no es Harley Davidson, pero se le parece bastante; y él la maneja excesivamente -trabaja bastante en la aplicación de Uber-; originalmente me había ofrecido bajarme hasta el lugar en donde abordé el bus más temprano.
Pero la bajada fue muy rápida; en menos de media hora ya estábamos en la ciudad; y mi amigo me llevó hasta la estación del transmetro más grande de la ruta principal; allí nos despedimos -yo, la verdad, sentía que había pasado un riesgo excesivo: mi amigo se mueve en el tránsito como pez en el agua; pero el tráfico en la ciudad es caótico (y violento)-.
Mi amigo empezó el retorno a su casa y yo entré a la estación del transmetro; en donde abordé el vehículo que estaba justo estacionándose en la misma; una vez en el transporte le escribí a Rb para comentarle que mi amigo me había bajado hasta el Transmetro -le había compartido mi ubicación Live en Whatsapp, justo antes de iniciar el retorno-.
Llegué unos minutos más tarde a la estación que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos y, cinco minutos después del mediodía, le comenté que ya estaba en camino; con lo que retorné antes de las doce y media a casa.
Sacamos a caminar a los perros y luego me preparé el almuerzo -en la mañana le había pedido un par de dientes de ajo a mi amigo-: seis mitades de pan francés, aderezadas con ajo y aceite de oliva; cubiertas de un huevo estrellado y una mezcla de pollo y embutidos, todo cubierto de queso mozarella.
El almuerzo estuvo muy bueno y luego me preparé un té de menta; más tarde me metí a la cocina a lavar los trastes y a prepararle un té de manzanilla a Rb; y luego confirmé con ella que no saldríamos a caminar -yo había caminado cinco kilómetros en la mañana-.
El resto de la tarde me la pasé viendo videos de Youtube -y dormitando-; aunque, un poco después de las cuatro salí de la habitación para ayudar a Rb con la preparación de los almuerzos de la semana: caldo de pollo, pechuga asada y ensalada.
Por la noche vimos la tercera parte de Nada; pero hice muy poco además de esto: estuve tratando de avanzar en el último capítulo del libro de SQL por la tarde, pero me estaba quedando dormido -el tema está muy árido-.
El lunes me desperté antes de que sonara la alarma del celular: Rb había abierto, el día anterior, las paletas de vidrio de la persiana de la habitación en la que duermo; eso permite que el ruido del boulevard entre más directamente, lo que me despertó antes de tiempo.
Pero no fue mucho antes de la hora que esperaba: ya habían pasado las seis de la mañana; entonces me levanté y completé mi período de meditación; después salí a tomar la máquina del trabajo y me quedé en la mesa del comedor.
Rb se encerró en su habitación para empezar a atender llamadas y yo estuve revisando los correos de mi trabajo -no hubo reunión de las siete-; mientras estaba en mi computadora escuché que Rb estaba en una llamada bastante extensa -creo que duró más de dos horas-, por lo que, a las ocho y cuarenta y cinco le dí la comida a sus perros.
Ella salió un poco más tarde -al terminar la llamada- y se preparó su desayuno; yo entré, a las nueve a la llamada de los desarrolladores, la cual estuvo bastante corta; después me preparé el desayuno; el que estaba apenas terminando cuando mi supervisor empezó la reunión diaria del área.
Y es que la empezó a la nueve menos veinte -cinco minutos antes de lo programado-; y, continuando con las instrucciones que había estado escribiendo en la conversación grupal, estuvo asignando diferentes tareas a mis dos compañeros locales y a mí me indicó que trabajara exclusivamente con la analista en el imperio.
Por lo que no hice -prácticamente- nada en el resto del día -además de poner a correr varias veces los scripts con las pruebas automatizadas; y es que se suponía que debía completar unas pruebas restantes de la semana anterior -algo que hice, someramente, al inicio del día- pero los equipos no estaban funcionando de forma debida.
Y, al comentarle -por escrito-, la información al supervisor, me dijo que las tareas en conjunto con la analista eran prioritarias y que transfiriera mis últimas tareas al analista que menos bien me cae; éste me escribió en privado y nomás le indiqué el estado de avance en ese momento.
Rb estuvo contestando llamadas hasta el mediodía; a esa hora salió de la habitación para completar la rutina de ejercicios de los lunes; yo me sentía bastante cansado -me imagino que caminar los tres kilómetros (con cuestas bastante pronunciadas) el día anterior había sido demasidado-.
Después de completar la rutina sacamos a caminar a los perros grandes; antes de salir coloqué sobre fuego muy bajo, la porción de caldo de pollo del día; cuando entramos a los perros me lavé las manos y preparé un par de ensaladas; con lo que el almuerzo estuvo muy bueno.
Al terminar de almorzar -terminé bastante rápido pues mi porción de pollo era pechuga- me preparé un café; y continué viendo unos videos de divulgación científica que estaba viendo en Youtube; más tarde partí la papaya que Rb había dejado lavada, vacié el lavatrastos de su contenido y preparé un té de manzanilla.
Rb volvió a entrar a su habitación -después de darle de comer a sus perros- a continuar traduciendo llamadas; yo estuve un rato en la mesa, pero luego me moví a mi cama, en donde estuve dormitando un rato -a veces me preocupa el bajo nivel de energía que mantengo-.
A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; alcanzamos el extremo del boulevard y luego caminamos hasta el mercado a mitad del camino; nos faltaban unos metros cuando empezó a lloviznar.
En este supermercado compramos -aunque Rb se quedó un rato viendo a un perro que tenía la dueña de una óptica- un cartón de huevos y un poco de bananos; también compré una magdalena de chocolate, confirmando que la fecha de caducidad estaba un par de días más tarde del próximo domingo (día en que programé mi visita al volutario que vive en la colonia donde crecieron mis hijos).
Después de las compras retornamos a casa; por la noche vimos el capítulo cinco (penúltimo) de Nada; también estuve leyendo un poco -terminé el libro de SQL y estuve viendo con cual continuar, creo que será más Kanban-; además estuve tratando de organizarme un poco.
O sea, siento que pierdo mucho tiempo entre ver videos -y no solo de divulgación científica y filosófica- y a veces -aún- me quedo un tiempo innecesario en alguna red social; por lo que hice una lista con tareas pendientes.
El martes me desperté -otra vez- bastante temprano; la noche anterior había cerrado un poco las paletas de vidrio de las persianas; pero no completamente; entonces me desperté antes de las seis; pero esperé hasta las seis y media para levantarme a meditar.
Después de la meditación saqué la computadora del trabajo de la habitación de la comida de los perros; y me quedé trabajando en la mesa del comedor; Rb entró a su habitación a traducir llamadas y yo me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo -aprovechando que no había reunión hasta las siete y media-.
A las siete y media entré a la reunión que ahora está programada los martes y jueves; después de la misma verifiqué la hora en la que debía entrar a un training sobre una 'Inteligencia Artificial' que están promocionando en el trabajo para 'mejorar' nuestra eficiencia.
La reunión estaba programada para una hora, empezando a las nueve; por lo que no pude entrar a la reunión diaria de esa hora; y luego, un poco antes de las nueve y cuarenta y cinco, avisé en los mensajes de la reunión de equipo que no podría asistir -el analista que menos bien me cae puso un mensaje similar-.
No le puse mucha atención al training -no soy creyente en la tecnología; y, además, he estado usando LLMs desde hace un buen tiempo- sino que me puse a avanzar en las tareas pendientes: el día anterior habían enviado un correo quejándose de la calidad de los documentos que habíamos envaido el viernes último.
Yo ví el correo temprano y no me sorprendió que mi supervisor me hablara después de la primera reunión del día; para 'animarme' a poner más cuidado en la elaboración de los mismos; entonces estuve trabajando en la estandarización de la presentación de la información.
Un poco después de las once me escribió una consultora con la que nos habíamos reunido unas semanas antes -mi supervisor me metió a una llamada con la analista y esta persona-; no ví el mensaje hasta casi una hora después.
Y lo que quería era apoyo para correr algunas pruebas en el servidor en el que he estado trabajando últimamente; la verdad no le ví mucha lógica a que me contactara a mí; pero creo que singió más confianza que con las otras dos personas (mi supervisor y la analista).
Estuvimos conversando un buen tiempo y quedamos en que nos reuniríamos el miércoles a las cinco y media de la mañana; para correr uns pruebas por un par de horas; incluso estuvo haciendo algunos intentos de conexión a un par de servidores y, supuestamente, dejó ya todo preparado.
Yo estuve tratando de comunicarme con mi PM para comentarle lo que estaba sucediendo: me costó la comunicación porque él había salido a una cita médica; pero al final, por la tarde, logramos conversar durante un buen rato.
Rb salió de la habitación un poco antes del mediodía y realizó una rutina de zumba -el día de anterior, cuando pasamos por la municipalidad, nos enteramos que el martes no habrían actividades, por alguna celebración-; luego sacamos a caminar a los perros.
Cuando entramos de la caminata puse a calentar el caldo del día; también metí al microondas cinco onzas de pechuga de pollo -ya cocidas- y preparé un par de ensaladas de tamaño mediano; y un poco antes de empezar a almorzar recibí una llamada del Imperio.
Pero era del amigo con el que crecimos en el puerto y ahora vive en Tennesee -o alguna ciudad similar del Imperio-: el mes anterior lo había llamado pero había interrumpido su trabajo -ya llevaba casi medio año sin trabajar-; por lo que había decidido llamarlo un sábado o domingo.
Y este día me llamó -aprovechando, creo que retornaba de su almuerzo-; para comentarme cómo estaba su trabajo; y también me enteré que trabaja incluso los sábados; estuvimos conversando unos quince minutos y quedamos en que lo llamaría una noche entre semana.
Después del almuerzo me preparé un té; el cual acompañé con un pequeño trozo del zepelin que compré el jueves pasado, una doceava parte de la magdalena de chocolate, y dos mitades de galletas; también un par de pequeños trozos de pan dulce, remanentes del fin de semana.
En un par de ocasiones, por la mañana -una antes de la conversación con la consultora-, me tomé pequeños períodos para dormitar en mi habitación; por la mañana leí un capítulo de Little Brother; por la tarde, nomás continué trabajando en los documentos.
A las dos cuarenta y cinco le preparé un té de manzanilla a Rb; y lavé los -pocos- trastos que se habían acumulado durante el día; un poco antes de las cuatro le escribí a la analista en el Imperio del Norte, para comentarle que los documentos ya estaban actualizados, y pidiéndole nuevas prioridades; lo que quedó pendiente para el día siguiente.
Al final de la tarde realizamos la caminata hacia los supermercados en dirección norte: Rb quería comprar unos nuevos audífonos pues dice que los que utiliza actualmente son muy voluminosos; pasamos a la tienda en donde hemos comprado las últimas computadoras pero no vimos nada bueno.
Luego entramos a la ferretería industrial en donde nos proveemos usualmente de herramientas -allí había comprado los anteriores-; pero tampoco encontramos nada bueno, además, Rb intentó comprar en una pantalla -como las de Mc Donald's- que hay en el lugar, pero la conexión estaba fallando.
Entonces nomás pasamos a la tienda verde de descuentos: justo cuando estábamos en el lugar anterior me recordé que habíamos quedado en comprar alcohol para mantener en un aspersor con el que -a veces- nos desinfectamos las manos.
Después de las compras retornamos a casa; por la noche vimos el último capítulo de la serie argentina que me había recomendado mi amiga psicóloga con la que desayuné el jueves anterior; también leí un poco del libro de meditación que llevo a medias.
El miércoles me levanté a las cinco y media: la noche anterior me había costado conciliar el sueño por el ruido de la familia que acaba de alquilar, en una casa con muchas habitaciones, justo al otro lado del patio; al parecer la señora lava a mano, y estaba manteniendo una conversación con varias personas mientras lavaba.
La alarma sonó un par de minutos antes de las cinco y me levanté a meditar; luego jalé la computadora del trabajo, volví a la cama y entré a la reunión; la consultora ya estaba allí y nos pasamos las siguientes dos horas trabajando con un par de servidores.
Las pruebas eran sencillas, pero nuestro dominio del equipo dejaba mucho que desear: además de encontrar dificultades para cambiar usuarios, no pudimos configurar varias funcionalidades que debíamos probar.
Pero, en general, fue una buena reunión -ella grabó la mayor parte-; a las siete y media cerró la reunión y nos despedimos; y, aunque me estuvo escribiendo algunos mensajes más tarde, no avanzamos más de lo que habíamos alcanzado por la mañana.
Y el resto del día estuvo bastante vacío; o sea, a las nueve entré a la reunión de la mitad de la mañana, aunque allí sigue nuestra falta de participación; luego recordé que tenía reunión con mi supervisora a las nueve y media; así que nomás estuve leyendo un poco de HackerNews en lo que iniciaba la misma.
La reunión estuvo tranquila -casi nada que actualizar-; y me quedé con la impresión -incluso se lo pregunté- si no trasladaría esa responsabilidad al PM -quien es el que está, adminsitrativamente, haciéndose cargo de nuestro equipo-; lo único que quedó pendiente fue que avisara, a recursos humanos, sobre los días de mis vacaciones este mes.
Como la reunión diaria del equipo se realizaría a las diez menos cuarto -aunque el día anterior no había ocurrido-, escribí en el hilo de mensajes que estaba en reunión con mi supervisora, y que no atendería la misma; y, de todos modos, no hubo reunión.
Después de despedirme de mi supervisora -un poco después de las diez- me preparé el desayuno de los primeros cuatro días de la semana; después continué leyendo artículos en internet; hasta mediodía, cuando Rb salió de su habitación.
A esa hora completamos la media hora -o treinta y cinco minutos- del a rutina de ejercicios de la mitad de la semana; después sacamos a caminar a los perros -Rb había dejado desinfectando legumbres para la ensalada y yo, calentando el caldo del día-; cuando entramos preparé un par de ensaladas.
Además, me preparé un poco de fideos de arroz -ya nomás me sobraron como setenta gramos del mismo-; después del almuerzo me preparé un café; el que nomás consumí con una porción de magdalena y el último trozo del zepelin del último jueves-.
Después del almuerzo me recosté un rato, leyendo apenas unas páginas del libro de George Carlin; luego me recordé que debía avisar sobre mis vacaciones y le envié el documento con la información a mi PM.
A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb, lavé los trastos -no eran muchos- del día y, para terminar, rearmé la regadera: por la mañana le había quitado la parte inferior pues, de acuerdo a Rb, tenía varios agujeros tapados por los minerales del agua.
Y es que por la mañana había consultado la lista de pendientes que empecé a llevar desde el lunes; y uno de las últimas actividades agregadas era limpiar la regadera -una de las primeras era la carga de ropa de principios del mes, pero eso lo había hecho más temprano-; entonces busqué instrucciones en Google.
De acuerdo a los pasos encontrados herví media taza de agua, la agregué a media taza de vinagre blanco -en un recipiente de porcelana-; y dejé reposar la parte inferior de la regadera durante más de dos horas; Rb la limpió después del almuerzo y yo la cepillé un poco antes de volver a armarla.
Como Rb tenía clase de teología a las seis y media salimos a caminar un poco temprano: a las cuatro y media nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; no entramos al supermercado más alejado, pero caminamos hasta el extremo del boulevard.
Luego pasamos al supermercado que queda a medio camino y compramos un poco de bananos -ya nos habíamos quedado sin existencia de esta fruta-; Rb también compró un poco de alitas de pollo -es su comida favorita para los almuerzos en los que me ausento-.
Retornamos de la caminata alrededor de las cinco y media; Rb se puso a preparar su cena y yo me metí a la habitación; estuve dormitando un poco hasta que dieron las seis, a esa hora me puse a hacer muchas lecciones de Duolingo -casi una hora-.
Después salí a bajar de los lazos la ropa de cama que había tendido por la tarde -es lo que más rápido se seca-; después me ocupé de empacar un par de regalos para mis próximos desayunos: un libro de cuentos para mi amigo tenor y la bolsa de Totoro que compré para mi ahijada; ambos quedaron listos.
Un poco antes de las ocho me pasé a la habitación de Rb, para ver un capítulo del animé que empecé a ver unos días antes, y a actualizar mis notas -incluyendo esta-.
Y a ver cómo sigue eso...