EL jueves -o el día anterior- terminé el libro que estaba leyendo de Neuropsicología (La Fábrica de las Ilusiones) y me puse a sopesar con qué continuar -del libro de francés me quedaba el último ciclo-; me llamaba mucho la atención un libro que una difusora científica mejicana mencionó en un video que ví durante la semana.
El libro en cuestión es sobre la paradoja de la elección -o algo así-: se supone que mientras más opciones se le presentan a las personas, se obtienen peores resultados a la hora en la que se evalúa la satisfacción del resultado final.
Bajé el libro y lo dejé en mi computadora; o sea, ya tenía dos libros preparados para leer en la línea de francés; y también quería recomenzar con libros en portugués; pero no quería descuidar los libros en inglés -especialmente de no ficción- o en español (quizá incluso novela negra).
El domingo mi amiga de Cameroon me escribió para que le consiguiera un libro de una autora de Watpadd; yo había intentado leer un libro de esta misma autora -en francés- unas semanas antes, pero me pareció demasiado crudo -o muy difícil?-.
Encontré el libro en el sitio en el que usualmente me proveo de este tipo de material y se lo envié; y estuve sopesando si darle una oportunidad; pero no, son más de quinientas páginas y el romance -especialmente en francés- no me va.
Me dije que podía empezar a buscar libros de cuentos en francés -y portugués-; y me dí cuenta que, de hecho, los libros del Pequeño Nicolás son de este tipo; aunque talvez debo buscar, en ambos idiomas, un nivel de lectura un poco más avanzado.
Pero no, al final decidí que le daré una oportunidad al libro de Soft Romance que le conseguí a mi amiga; son más de quinientas páginas; además, quiero combinar su lectura con el título que encabeza este texto.
Y a ver cómo sigue eso.
El viernes retorné a trabajar; aunque, la verdad, después de enviar el código el lunes, casi no había hecho nada más que correr -varias veces en el día- la batería de doce pruebas, para comprobar que continuaban siendo funcionales.
El resto del día lo utilicé en las tareas en las que estaba ayudando a Rb, y bueno, la meditación matutina, entrar a un par de reuniones de equipo -sin ninguna aportación de mi parte-, Duolingo, -muy poquita- lectura, y así.
Al mediodía preparamos el segundo pescado, del último envío de mi madre; el que acompañamos con un poco de la mezcla de verduras y vegetales que comimos durante toda la semana; después tocó hacerse cargo de los trastes, y me preparé un té de jazmín (y uno de manzanilla para Rb).
Al final de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; al igual que el día anterior, no entramos al supermercado más distante, nomás caminamos hasta el extremo del boulevard; luego retornamos al supermercado en el intermedio.
Allí compramos un poco de lechuga y bananos; cuando estábamos entrando a la calle me percaté que no había comprado más pan -se suponía que al día siguiente venía a desayunar mi amigo barítono-; entonces nos dirigimos a la panadería de la vuelta.
Compré un poco de pan y me quedé sin dinero suelto; y aún debía de comprar un poco de tortillas; Rb se ofreció a retornar a la casa por un poco de monedas -necesitaba un par para pagar las tortillas-; y, de hecho, le pidió prestada esta cantidad al guardia.
Me quedé esperando un rato las tortillas -casi siempre hay gente haciendo fila-; luego retorné a casa y dejé las tortillas en la cocina, para que se enfriaran antes de meterlas a la refrigeradora; en el ínterin me puse a realizar la limpieza semanal (no la había hecho la semana anterior).
Rb también se metió a los servicios, a tallar la taza del inodoro y a limpiar los espejos; después de barrer y trapear los pisos me dediqué a vaciar la mesa del comedor, limpiarla con toallitas con lejía y ordenar un poco lo más visible de la sala.
A continuación, ya era algo tarde, busqué un video para ver las últimas novedades en películas de acción; y encontré tres que me llamaron la atención: una francesa, una sudafricana y una estadounidense; decidí -usé una ruleta online- empezar por la sudafricana y ví una tercera parte de la misma.
Luego de terminar la porción de la película que había decidido ver me puse a hacer lecciones de Duolingo -volví (otra vez) a superar la barrera de los mil quinientos puntos en ELO- y, a las diez, realicé los veinticuatro minutos de meditación.
Antes de retirarme a mi habitación saqué los platos y cubiertos que necesitaría para el desayuno del día siguiente: dos platos anchos, tenedores, vasos de vidrio -para el jugo de mango-, tazas para el café y la prensa francesa; a la once me retiré a mi habitación.
El sábado me levanté a las cinco y veinte; habíamos -desde hacía un par de semanas- acordado con mi amigo barítono que se presentaría a las siete de la mañana; pero no estaba seguro de qué tan puntual sería: hubo una vez que lo despertó mi llamada luego de una espera en un restaurante.
Medité y luego me metí a tomar una ducha; después saqué mi computadora al comedor, me puse los audífonos bluethoot y me metí a la cocina a preparar el desayuno; el cual me llevó -casi- una hora; cinco minutos antes de las siete apagué el fuego del agua para café.
Y un par de minutos después mi amigo me escribió, por whatsapp, para informarme que había llegado; salí a recibirlo y, efectivamente, se estaba estacionando frente a la casa de Rb; nos saludamos afectuosamente y lo invité a entrar; ya estaba casi todo servido, nomás puse a calentar unas tortillas en el microondas.
En esas estaba cuando los perros de Rb empezaron a hacer ruidos para salir de la habitación; Rb salió con ellos y realicé las presentaciones correspondientes; luego -mi amigo y yo- nos dedicamos al desayuno; Rb nos acompañó en la conversación.
Hasta las ocho y cuarenta y cinco, cuando tuvo que darles de comer a los perros; después se sirvió su desayuno y nos acompañó en la tertulia; además, casi desde que mi amigo entró, le había pedido que cantara; lo cual hizo, de forma muy profesional.
Un poco después de las nueve les sugerí que jugaramos algunas partidas de Scrabble o de Dominó; mi amigo eligió lo segundo y jugamos un par de partidas del mismo; la primera fue bastante corta y la segunda bastante extensa.
A las diez y media -había estado recibiendo mensajes de su hermana, comentándole el progreso en el retorno, desde el departamento más grande del país, a la ciudad; por vía aérea- mi amigo nos anunció que se retiraba; se despidió de Rb y lo acompañé al portón de la casa.
Después de su partida nos dedicamos -con Rb- a avanzar en las últimas tareas asignadas en el proyecto en el cual habíamos estado trabajando desde la semana anterior -es una mezcla entre transcripción entre español e inglés (muy mal pronunciado) y la revisión de estos textos-.
A las once y media empecé a preparar el almuerzo: burritos de zanahoria, con relleno de aguacate y pollo (con miel en este caso); a las doce y media sacamos a caminar a los perros; y, un poco después de la una, almorzamos; luego lavé la montaña de trastos que había acumulado en la preparación del almuerzo.
A continuación me dediqué a completar la tarea en la que había estado trabajando desde el día anterior -el límite para enviarla era el domingo por la noche, pero no quería afectar la eficiencia percibida por el (buen) trabajo de Rb-; a las tres menos cuarto le preparé un té a Rb -yo decidí no tomar nada después de las dos, pues había empezado con el desayuno a las siete-.
Por la noche ví la segunda parte de la película sudafricana que había empezado el día anterior; aunque, la verdad, no la estaba encontrando muy atractiva; también pasé los libros que había decidido leer a la tablet.
El domingo me levanté a la hora de costumbre -seis y media-; medité y retorné a la cama, a hacer casi una hora de Duolingo -aún tenía la media hora de puntos extras que dá la aplicación por completar el challenge semanal-.
A las ocho salí de la habitación, a preparar el desayuno que llevaría para la reunión con mi hija mediana; después, casi a las nueve, me metí a la ducha; luego empaqué todo en las dos mochilas de costumbre, tomé la van e inicié mi trayecto hasta la casa de mis hijos.
El tanque de gasolina ya andaba marcando una ocupación cercana a su cuarta parte; pero no estaba seguro si la gasolina estaría más cara en el municipio o en la ciudad -estaba más cara en la ciudad-; entonces llegué al edificio con el tanque aún vacío.
Cuando subí al séptimo nivel le escribí a mi hijo menor, para indicarle que quería recuperar el cubo de Rubik de seis por seis -la semana anterior se le había zafado una pieza mientras él lo estaba armando-; me comentó que aún estaba trabajando en el mismo y que me lo daría por la tarde.
También le escribí a mi hija mediana, para comentarle que ya estaba en el lugar; ella salió un poco más tarde y nos dirigimos caminando al parque temático de costumbre; el lugar estaba bastante lleno -debido a las vacaciones escolares de Semana Santa-.
Afortunadamente el lugar en el que solemos tomar los alimentos estaba abierto; y había bastantes mesas disponibles; compartí con mi hija uno de los panes que había preparado más temprano; también serví jugo de mango -estaba muy dulce- y dividí una bolsa de snacks de papas.
Había llevado, también, un par de bananos; nos tomamos un buen tiempo para desayunar; luego le propuse que practicara un poco con el cubo de cuatro por cuatro; logró armar los centros sin ninguna ayuda.
Pero para armar los bordes se utiliza un algoritmo que aún no le había enseñado; como tenía anotados los movimientos en mi whatsapp le expliqué los siete u ocho giros necesarios; pero no estuvo tan sencillo: nos confundimos en varias ocasiones.
Finalmente logramos aclarar la secuencia correcta, y mi hija pudo compeltar los doce extremos del cubo; con lo que se veía ya como un cubo de tres por tres; también tuvo suerte de que no quedara una T en el penúltimo paso, ni de que las esquinas estuvieran giradas en el último; por lo que pudo completar su armado hasta el final, por primera vez.
El día estaba bastante soleado pero un poco ventoso; sin embargo, la rueda de Chicago estaba funcionando, le propuse ir al juego mecánico, pero le indiqué que debía comprar otro pasaporte -contienen doce juegos- pues ya nomás me quedaba uno en el actual.
En contraposición, mi hija me sugirió que mejor fuéramos a caminar al zoológico del lugar; el cual estaba un poco más lleno que de costumbre; no completamos todo el recorrido pues mi hija me había pedido -un poco más temprano- que retornáramos a su casa a las doce y media, pues (por el cambio de horario) debíamos despedirnos un poco antes.
A las doce menos diez le propuse que nos retiráramos y empezamos a buscar la salida; el retorno no tuvo ningún contratiempo y, un poco después, estábamos entrando al departamento; como aún teníamos un poco de tiempo nos instalamos en la sala.
Conversamos -solo un poco, pues ya era casi la hora que habíamos acordado separarnos- un rato y después nos despedimos; yo me quedé un momento en la sala; había, al entrar, encontrado mi cubo de seis por seis, aún sin ser reparado.
Pero recordaba lo que había visto en el video de Youtube sobre la reparación; por lo que procedí a encajar la pieza en su lugar -tiene su truquito-; luego le tomé una fotografía y se lo envié a mi hijo menor -quien dijo que no había logrado realizar el procedimiento-.
Después revisé el mensaje que me había dejado mi hija mayor: había dejado la mochila que le entregué -la semana anterior, para su reparación- sobre la refrigeradora; entonces coloqué el sobre de origami que había preparado -con los cuatro dólares que habíamos acordado por el trabajito- en el armario de la habitación, y le tomé una fotografía.
Luego me retiré del lugar; había pensado que, por empezar el retorno media hora antes de lo acostumbrado, podía pasar tranquilamente a una gasolinera, a llenar el tanque de la van; pero cuando entré a la van me percaté que no le había dejado el jugo de mango a mi hija.
Entonces dejé las mochilas -las tres- en la van y subí con el jugo de mango; entré al departamento, lo coloqué en una de las bandejas de la refrigeradora y volví a retirarme -echando doble llave en la puerta-.
En el camino le escribí a mi hija, comentándole lo del jugo -no tengo internet en mi celular, por lo que esperaba que el mensaje fuera enviado cuando llegara a casa de Rb-; el tránsito estaba bastante tranquilo, excepto -otra vez- en la entrada al municipio.
Tuve que esperar dos o tres cambios de rojo en el semáforo para lograr pasar el embotellamiento; luego entré al boulevard y decidí llenar el tanque en una gasolinera que se encuentra en el carril que va en dirección opuesta, aproveché que el tránsito estaba un poco ligero en esa vía.
Llené el tanque -más de cincuenta dólares (y le había ofrecido a Rb absorber el sesenta por ciento, por estar utilizando más el automóvil)!!!- y luego salí al boulevard a retomar el camino -en la dirección opuesta-; esto estuvo un poco más difícil, pero un poco más tarde estaba estacionándomen frente a la casa de Rb.
Ella ya había preparado las alitas de pollo y me pidió que me hiciera cargo de las ensaladas del día; después del almuerzo lavé los trastes, me preparé un café -no había tomado por la mañana- y, un poco antes de las tres, le preparé un té de manzanilla.
Habíamos sopesado salir a caminar a las cuatro o a las cinco; Rb se sentía agotada por lo que decidimos salir a las cinco -ella se metió a su habitación un poco antes de las cuatro y tomó una siesta bastante extensa-.
La desperté un par de minutos antes de las cinco y caminamos hasta el extremo sur del boulevard -el ánimo de Rb estba bastante bajo, debido al adormecimiento-; caminamos hasta la gasolinera y luego entramos al supermercado más lejano.
El lugar estaba bastante concurrido; compré una lata de champiñones y tres paquetitos de salsa de tomate, para el desayuno que había previsto con mi amigo de ascendencia asiática -y miembro, también, de una secta coercitiva-.
Costó un poco el paso por las cajas -de hecho era la primera vez que veía tres cajas atendiendo al mismo tiempo-; pero, finalmente, salimos del lugar; en nuestro paso por la garita -al salir- le había pagado las monedas que le debía, al guardia.
El camino de vuelta estuvo un poco raro: Rb había, finalmente, logrado transmitirme el desánimo que cargaba -no sé si la afirmación es la adecuada, generalmente puedo abstraerme de sus estados de ánimo- y casi tres cuartas partes del camino las hicimos en silencio, yo me sentía bastante afectado.
Y el bajón me tardó bastante; por la noche traté de terminar de ver la película de acción que había empezado un par de días antes; pero se me hizo cuesta arriba, al final le puse el doble de la velocidad de reproducción; y después empecé a ver la francesa.
Por la noche hice el cálculo de las páginas que debía de leer en cada ciclo, de los dos libros con los que había decidido continuar; y anoté en la app de texto: seis capítulos de la novela en francés por cada capítulo -incluyendo prólogo- del libro de no ficción en inglés.
El lunes me desperté a las seis -aunque había estado escuchando ruidos desde un poco más temprano-: Rb había decidido ir en transporte público a la segunda cita médica del seguimiento de su histerectomía.
Un poco después de las seis Rb abrió la puerta de mi habitación y me habló para indicarme que se retiraba; yo había previsto levantarme a esa hora, pero nomás le deseé suerte en su viaje, y me volví a cubrir con las sábanas, hasta las seis y media.
Cuando la alarma sonó me levanté a meditar; después entré a la primera reunión del día; la cual estuvo bastante vacía pues varios desarrolladores -y un analista de calidad- habían pedido la semana de vacaciones -por las celebraciones locales-.
Después de que cerraron la reunión -se tardó casi una hora- salí de la habitación y revisé mi correo del trabajo, además leí un par de mensajes que mi compañero más brillante me había enviado durante el fin de semana: había encontrado correcto el código que envié la semana anterior.
A las nueve y media me preparé el desayuno -los mismos han estado copiosos últimamente: avena, gelatina, papaya y banano-; un poco más tarde mi supervisor me agregó a una llamada grupal: estaba reunido con mi compañero más brillante y me quería asignar una tarea igual a la que había realizado unos meses antes.
Eso me llevó el resto de la mañana: debía actualizar la app en la que trabajamos en cuatro estaciones de trabajo remotas; las primeras tres no me dieron ningún contratiempo; la última volvió a fallar.
Un poco después de mediodía, luego de probar varias soluciones, pedí la ayuda de mi compañero más brillante, con quien nos reunimos en la aplicación de trabajo; mi compañero realizó un análisis y resolución bastante elegantes.
Como ya tenía captura de pantalla de las tres primeras estaciones de trabajo, completé la información con la última y preparé un correo para mi supervisor -en el cual agregué a mi compañero, agradeciendole la ayuda- para mostrarle que la tarea había sido completada.
Rb vino un poco antes de las doce; durante la mañana me había estado enviando mensajes para mantenerme al tanto del avance de su consulta médica; incluso del seguimiento que el ginecólogo estaba requiriendo: varios exámenes de laboratorio.
Y vino cansada -por haberse levantado dos horas antes de lo habitual y el viaje en transporte público-; a las doce menos cuarto me indicó que tomaría una siesta; le ofrecí despertarla a las doce y media -por la caminata de los perros- pero me pidió que fuera a las una.
A esa hora -había puesto la alarma para la una menos un minuto- entré a su habitación y la desperté; le puse el arné a los dos perros grandes y empecé la caminata, mientras ella terminaba de alistarse para salir.
Después de la caminata puse a calentar la salsa de tomate que Rb preparó, el día anterior, para acompañar los hashbrowns; también saqué todos los ingredientes para el par de ensaladas que debía preparar.
Cuando Rb terminó de ocuparse de su perra más anciana entró y le pedí que se encargara de los hashbrowns; comimos, acompañando el almuerzo con un vaso de fresco de rosa de Jamaica, y luego me metí a la cocina a lavar los pocos trastes que estaban en el lavatrastos.
Después me preparé una taza de café; la que consumí con el penúltimo tercio de zepelin que Rb me obsequió el jueves anterior, medio cubilete que me sobró del desayuno del sábado, media galleta de chocolate y media galleta redonda.
Luego estuve actualizando mis notas -incluyendo esta- y, a las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb; al finalizar el horario laboral (las cuatro) nos dirigimos caminando hacia los mercados en dirección norte.
Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego nos pasamos al principal; allí caminamos otro medio kilómetro y luego retornamos al supermercado que se encuentra en ese extremo; donde compramos una red de aguacates y un poco de bananos.
Después retornamos a casa; eran alrededor de las cinco y media y, al revisar mi computadora del trabajo me dí cuenta que mi compañero más brillante me estaba escribiendo: quería que agregara otro par de métodos al código en el que había estado trabajando.
Me indicó cuáles eran los casos que quería que agregara y empecé a trabajar en el acto; de hecho trabajé un buen rato -creo que ni ví la segunda parte de la película de acción francesa que había iniciado el día anterior-.
Aunque sí traté de leer un poco, me parece que una parte del prólogo de La paradoja de la elección; y, de hecho, me costó un poco empezar con el trabajo restante: aún no tengo muy clara la forma correcta de usar el administrador de versiones -sigo apoyándome en LLMs para iniciar (y terminar) mis ciclos de desarrollo-.
El martes me levanté super tarde -a las siete y media-; me despertó el ruido de los autos acelerando en el boulevard; y me percaté que el día anterior había -por error- desconectado la alarma para el día siguiente (el lunes pensé que había retrasado únicamente la alarma, al levantarme, y la había desconectado).
Total que me desperté después de la hora de la primera reunión; y decidí nomás meditar; luego continué trabajando en el código; toda la mañana; aunque tampoco entré a la reunión de las nueve, y se debió a que -a esa hora- me fui a leer un rato a la cama.
Entonces, no entré a ninguna reunión, pero sí estuve trabajando mucho tiempo en el código; todo el día, excepto a la hora de sacar a caminar a los perros (doce y media) y en la preparación del almuerzo después (calentar la salsa de tomate, preparar una ensalada y servir el fresco).
Tanto ese día como el anterior (lunes) había tenido una refacción copiosa: aún estaba terminandome el pan que había sobrado del desayuno del sábado, además de media galleta de chocolate, media galleta dulce y un terceio de zepelin.
A las cuatro de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al más alejado: el lunes había olvidado comprar un paquete de crema -y también compré cuatro cubiletes-.
En el otro supermercado compramos un poco de bananos para el resto de la semana; cuando retorné a casa -otra vez a las cinco y media- le escribí a mi compañero para comentarle que ya había completado el código (lo había dejado corriendo antes de salir).
Mi compañero me contestó en el acto, pidiéndome que lo subiera al servidor -lo que hice (nuevamente ayudándome con una LLM)-; luego estuve viendo el final de la película francesa de acción, que no estuvo tan mal como la otra -la sudafricana-.
Luego empecé a ver la estadounidense/húngara; pero traté, también, de avanzar un poco en el libro de francés que estoy leyendo: es un romance bastante predecible -creo que la autora salió de watpadd-, pero me consuelo diciendome que está en francés.
El miércoles me levanté a las siete y media; medité y luego volví a la cama -con la computadora del trabajo- para entrar a la reunión de las siete; casi no había participantes en esta reunión, y mi supervisor me llamó después de la misma.
Al parecer estaba tratando de darle seguimiento a un pendiente de la reunión: me pidió que realizara unas pruebas sencillas en la app en la que trabajamos; me puse a realizar la tarea, pero no estaba funcionando como esperábamos.
Además, envió una invitación para otra reunión una hora más tarde; en la misma convocaba a un par de analistas en el Imperio, a mis otros dos compañeros trabajando -el que vive en la ciudad de mi familia paterna está de vacaciones- y al PM -que está cubriendo a mi supervisora local-.
Y la reunión estuvo super rara; nomás acudimos el PM, un analista del Imperio y el compañero que menos bien me cae; a él le asignó una tarea que se podía realizar únicamente después de que yo hubiera completado la asignación de más temprano.
Por lo que seguí tratando de completar la tarea; pero, al parecer, los servidores estaban caídos -o estaban actualizando la app, no sé-; por lo que nomás estuve enviando actualizaciones cada cierto tiempo, mostrando que la tarea no se podía completar.
Luego entramos a la reunión de media mañana; en la que no hubo muchas novedades, nomás nos recordaron que había otra reunión -supuestamente más importante- un poco más tarde -a esta reunión tampoco entraron mis compañeros de equipo-.
Mi compañero más brillante me escribió un poco más temprano para comentarme que -debido a las inundaciones del día anterior- no había podido conectarse más temprano; y me comentó que había visto mi código y que todo se veía bien.
Un poco después entramos a la reunión que habían mencionado antes; la cual era nomás para presentar una herramienta de terceros que se utiliza en la app que estamos probando; el presentador era el jefe de los desarrolladores y, la verdad, no ví la gran importancia que le habían dado a la reunión, la que tardó casi una hora.
Al mediodía mi compañero más brillante me escribió para comentarme que había encontrado algunos errores -de diseño y de modelo- en el código que había escrito; y, la verdad, no me sorprendió: o sea, él es bastante brillante y mi código es -por decirlo de alguna forma- aún muy débil.
Le agradecí por la retroalimentación y quedamos de revisar los cambios que estaría implementando en la reunión que ya tenía programada para el lunes, después de la reunión de las siete de todo el equipo; la verdad espero mejorar en mi estilo.
Y a ver cómo va eso.