sábado, 9 de mayo de 2026

Dinero encontrado... Found money... L'argent trouvé...

He tenido -¿como todos?- una buena historia con el dinero encontrado en el camino -también he perdido algo de efectivo en diversas ocasiones-; recuerdo que cuando empezaba este blog (hace dieciséis o diecisiete años) hubo una entrada sobre el tema (fue en noviembre del dos mil nueve).

Y este día -miércoles seis de mayo- volvió a suceder: veníamos caminando con Rb -nuestra salida diaria después del trabajo- y ví algo rojo en el piso: era un billete de la tercera denominación; y un poco después había otro billete de la denominación superior siguiente (y en el interior uno de la inferior siguiente).

Estuvo rara la cosa: estábamos muy cerca de un car wash -y venta de licores-; y del primero Rb no se dió cuenta; del segundo sí, no sé si me lo señaló o tuvo la intención de recogerlo; pero estaba de mi lado.

Pero bueno.

Los primeros días de la semana estuvieron bastante tranquilos: el lunes, especialmente, no salí de la habitación hasta muy muy tarde; ambos días (lunes y martes) desayuné un poco después de las diez (los tres días los registré en mi app como 20/4).

El lunes, después de meditar me quedé en la cama; intenté dormitar pero, un poco después de las ocho, recibí una llamada de mi supervisor en el Imperio del Norte (por suerte me había quedado con los audífonos puestos -y había puesto un video en la computadora del trabajo-).

Ese día se suponía que debíamos de probar una nueva versión de la app en la que trabajamos; incluso me tocó que contactar a mis dos compañeros analistas que estaban activos (el que menos me cae bien está ausente -de hecho iba a indagar con el PM si realmente está de vacaciones, pero luego me dije que no tiene importancia, realmente-).

El compañero que vive en el pueblo donde creció mi padre empezó a trabajar en la asignación; el que mejor me cae -y más brillante- tampoco estaba presente; le escribí por whatsapp y un poco más tarde me respondió por la app de mensajes del trabajo.

Yo ya había empezado a trabajar con el otro analista -y nos dimos cuenta, rápido, que la app no estaba funcionando-; reportamos eso al supervisor y él asignó a mis dos compañeros a un ambiente en el que estuvieron trabajando mietnras yo estaba de vacaciones.

Y a mí me asignó una tarea algo rara: apoyar a un analista que se encuentra en el Imperio del Norte (y que no sabe utilizar ni siquiera Excel) con una prueba en la que supuestamente ya estaba experimentado (pero no, no estaba nada experimentado).

Traté de ser proactivo y le pedí información sobre la tarea asignada; y nomás me envió algunas líneas bastante genéricas; y consulté con mis dos compañeros locales; y resulta que ninguno de los dos tenía conocimientos en la funcionalidad específica.

Un poco más tarde me llamó el analista desde el Imperio; y en cierto momento incluso incluyó al supervisor en la llamada; pero fue muy poco lo que pudimos hacer: básicamente marcó la tarea como fallida y envió un reporte bien escueto de lo realizado.

Yo estuve la mayor parte del día tratando de avanzar en el código -mi compañero había hecho algunos ajustes en una parte del código, y al revisar la ejecución de mis últimos cambios resultó que no eran compatibles-.

También estuve leyendo un poco de los tres libros: ficción en inglés, no ficción en español y tecnología en inglés; el almuerzo consistió de un poco de carne molida de pollo y un poco de güisquil -cortado en juliana y cocido- pues Rb está ahora también restringiéndose de la pasta.

Para el café de la tarde -que preparé después de lavar los trastes- aún tenía bastante pastel de avena/zanahoria de la semana anterior; consumí eso con media galleta; y le preparé a Rb -a las tres menos cuarto- una taza de té de manzanilla.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; yo había estado sopesando el consumo de media galleta de chocolate con media galleta redonda -de crema- pero ya no tenía de las últimas; entonces, en el supermercado más alejado compré un paquete de galletas waffle de fresa.

Y en el otro supermercado compré unas galletas chicky de fresa y unas galletas redondas de limón; también compramos allí un poco de bananos -aunque ahora Rb ha reducido su consumo diario a la mitad, debido a algo que DeepSeek le comentó sobre cómo podía afectar a sus riñones/vesícula-.

Por la mañana Rb había comprado una papaya y un mango (ella también ha detenido el consumo de esto último, debido a la misma razón que los bananos); y había pelado y partido ambos después de lavar los trastes.

Por la noche estuve sopesando ver algo en la computadora; pero, al final, no encontré nada interesante; y aproveché para adelantar un poco en los libros -estoy a un ciclo de terminar el de ficción en inglés; y bastante avanzado en los otros dos-.

El martes fue el día en que me quedé casi toda la mañana en la cama: me levanté a meditar a las seis y media, luego entré a la reunión de las siete, luego me quedé en la cama; hice algunas lecciones de Duolingo pero, realmente, estuve dormitando hasta las nueve que empezó la siguiente reunión.

Rb entró un poco antes a la habitación y al escucharla le comenté que aún estaría un rato en cama -estaba entre la vigilia y el sueño-; finalmente, un poco antes de las diez salí a prepararme el desayuno; y me pasé el resto del día revisando una función que estaba provocando que mi código no funcionara.

Fue un día bastante intenso de trabajo: como el código es interpretado no puedo encontrar la mayor parte de los errores más que al ejecutarlo -y agregar muchos comentarios para ver por dónde se logra avanzar-.

El almuerzo estuvo bien -la especie de pasta a la bolognesa, pero con güisquil en vez de pasta- y acompañé el café de la tarde con media galleta wafle de fresa y media galleta chicky de vainilla -y un dieciseisavo del pastel de avena/zanahoria-.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte; aunque, realmente, no teníamos nada por comprar; la idea era pasar a la tienda verde de descuentos a ver si habían galletas redondas de fresa -en el pasado había comprado-.

Pero no encontré ninguna galleta atractiva en ese lugar; luego pasamos al supermercado, a ver si había bananos verdes; pero la mayoría ya estaban maduros; y los que estaban verdes tenían pinta de que se argeñarían; entonces retornamos sin ninguna compra.

Por la noche volví a evitar ver contenido audiovisual; nomás adelanté un poco en el libro de ficción en inglés; de hecho la noche anterior, después de retornar de caminar, me encerré durante un buen rato en mi habitación, y estuve leyendo/haciendo Duolingo/dormitando.

El miércoles me desperté con la intención de no quedarme mucho tiempo en la cama: después de meditar volví a la cama a participar en la llamada de las siete; después me quedé en cama pero no me acosté; abrí mi computadora personal para continuar trabajando en el código.

Salí de la habitación un poco después de que escuché a Rb ya levantada -alrededor de las ocho-; pasé las dos computadoras para la mesa del comedor y continué trabajando en este lugar: afortunadamente pude resolver el problema en el que había estado trabajando desde el día anterior.

A las once hicimos la rutina de ejercicios de mediados de la semana -algo que también hicimos el primer día laboral de la semana-; aunque ahora estoy firme en continuar durante mucho tiempo nomás con media hora de rutina.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros más grandes; después me metí a la ducha -no había querido ducharme después de los ejercicios porque consideré que sudaría nuevamente al salir con los perros-; después ayudé a Rb con la preparación de la tercer porción de los almuerzos semanales.

El resto de la tarde estuvo normal: lavado de trastes, preparación de café, un poco más de código, té de manzanilla para Rb; a las cuatro Rb se retiró a descansar a su habitación; como el trabajo estaba tranquilo decidí retirarme a mi habitación y puse una alarma para las cinco -quería leer un poco del libro en español-.

Pero un poco antes de las cuatro y media Rb se apareció en mi habitación: se había recordado que tenía clase a las seis y media y, como de costumbre, debíamos salir media hora antes a realizar la caminata diaria; entonces nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur.

Caminamos hasta el más alejado y entramos a ver si había filetes de pechuga de pollo -planeaba preparar un par de rollitos para el almuerzo del siguiente sábado, con mi hija mayor-; pero no encontramos -nomás había pechuga con hueso-.

En el otro supermercado -el que queda a medio camino- encontramos del tipo de pollo que andaba buscando; también compramos un poco de bananos; después de pagar las compras reiniciamos el camino de vuelta a casa.

Pero no nos dirigimos directamente: Rb decidió que quería pasar a la tienda de las verduras -no había encontrado lechugas en el supermercado, y ahora es uno de los elementos que ha agregado a (casi) todas sus comidas-.

En la tienda de verduras tampoco había lechugas; pero Rb encargó a la dependienta algunas, además compró manzanas y ciruelas para su consumo semanal de frutas; y unas zanahorias: había, en la refrigeradora, un par de trozos para el pastel que iba a preparar, pero consideré que me faltaría un poco.

Retornamos a casa un poco después de las seis y Rb se puso a prepara su cena ya que debía entrar a clase a las seis y media; yo esperé a que terminara todo -seguía revisando el código- y, cuando la cocina quedó desocupada, empecé a preparar el pastel de la semana.

Al igual que la semana anterior, le agregué media pastilla de mazapán De la Rosa -aún me queda una entera-, le bajé un poco al Monk Fruit y a  la Splenda; y también le agregué menos bicarbonato -aunque le agregué dos yemas extras a la receta original-.

Estuve en la preparación del pastel durante un poco menos de una hora -el tiempo de cocimiento se ha duplicado, creo que por el uso de las yemas extras-, mientras realizaba algunas pruebas con el nuevo código -de más de cincuenta casos nomás dos no me estaban funcionando-.

También traté de ver el sexto episodio de la quinta temporada de The Boys, pero preferí ponerme al día con mis notas -incluyendo esta- y con eso llegué hasta las nueve de la noche -un poco antes de las ocho había cerrado la máquina del trabajo-. 

Los dos últimos días laborales de la semana también estuvieron bastante tranquilos: el jueves completé los últimos cambios al código -después de la actualización que había hecho mi compañero-; aunque, como siempre, no estuvo tan sencillo el final.

En la reunión de la mañana se nos había pedido al equipo que realizáramos una prueba en un ambiente en donde usualmente verificamos que las nuevas actualizaciones no tengan errores críticos -antes de pasarlas al servidor de pruebas-.

Entre las dos reuniones de la mañana había programado una reunión con mi compañero más brillante: me había topado con una pared en el desarrollo del código; el día anterior lo había pasado tratando de resolverlo -ayudado por un par de LLMs- pero llegué a la conclusión de que lo mejor era consultarlo.

Y sí, la solución era -más o menos- la que ambos LLMs me habían planteado; o sea que hubiera podido resolverlo personalmente, pero me habría llevado muchas horas y mi compañero ya había escrito las rutinas necesarias para completar la función.

En la reunión le expliqué a mi compañero las dificultades que había encontrado y -no le tomó mucho tiempo- él me mostró cómo avanzar; escribí el código faltante en muy poco tiempo -aunque luego tuve que continuar con el siguiente bloqueo-. 

En el desayuno de la mañana -un poco después de las diez- consumí la última mitad de la octava parte del pastel que había preparado el miércoles anterior; a las doce y media sacamos a caminar a los perros; y luego recalentamos la última de las porciones de -nuestra versión de- bolognesa.

Por la tarde encontré un error raro en el código que estaba escribiendo; o más bien, en el código que debía probar con el código que estaba escribiendo: no estaba reconociendo la información que se recibía desde el servidor remoto; le escribí al programador en el Imperio del Norte que más nos ha ayudado, pero no recibí ninguna respuesta.

Después del horario laboral caminamos a los supermercados en dirección norte: por la mañana Rb había roto un cable USB-C con el que estaba conectando un ventilador portatil a su computadora y quería reponerlo.

Caminamos hasta la tienda verde de descuentos y allí encontró un cable -tres dólares-; también buscamos otro ventilador portátil -uno que tuviera giro-, no encontramos nada parecido en el lugar; pero Rb compró un pequeño abanico de papel -el calor ha estado bastante fuerte-.

Ese día mi hija mayor me pidió unos días extras -dos semanas- para realizar el depósito del monto de la cuota mensual de mantenimiento del departamento: le habían pagado por las clases de inglés que está impartiendo los sábados, pero la cantidad era ínfima.

De todos modos -supuestamente- ya había empezado a trabajar como traductora freelance en un sitio web en el que había estado aplicando durante las últimas semanas; le indiqué nomás que tuviera cuidado -y anoté en la lista de entradas y salidas del departamento el monto como cubierto (y también en su hoja individual de crédito)-.

En el camino de vuelta de los supermercados pasamos a la panadería habitual a comprar el pan para mis desayunos -también compré un pequeño zepelin, con lo que el monto gastado aumentó más del doble (un dolar y medio)-.

También pasamos a la tienda de las verduras; aunque esto generó un connato de conflicto: al inicio del camino de retorno (estábamos saliendo del supermercado, luego de comprar unos bananos) Rb me recordó que tenía que pasar a la tienda de las verduras (porque había encargado unas lechugas); yo le indiqué que no me caía bien las propietarias y ella me indicó -con aparente molestia- que si quería podía ir sola.

O sea, en cuando habíamos salido de la calle donde vivimos habíamos repetido el diálogo (sin la parte final); pero en el camino de vuelta me traté de tranquilizar y nomás la acompañé al lugar; y sí, le habían conseguido varias lechugas.

Por la noche ví el quinto capítulo de la quinta temporada de The Boys; pero mientras estaba en mi habitación -más o menos a la mitad- Rb me interrumpió para pedirme que viera lo que la perra más pesada había hecho: mordisqueó el abanico recién comprado.

El viernes preveía una mañana bastante cargadita: además de las dos reuniones habituales por la mañana tenía un par más programadas; la primera era de mi supervisor, para revisar el avance en los proyectos -se supone que la realizar semanalmente, pero teníamos tiempo de no reunirnos-.

La segunda la había programado mi compañero más brillante: se suponía que nos reuniríamos con el supervisor y su jefe para presentarle los avances que habíamos realizado en la automatización de algunas de las tareas del área.

Me levanté antes de que sonara la alarma (hasta uno o dos días antes me había percatado de que me estaba despertando más temprano porque estaba dejando abiertas las paletas de vidrio de la ventana), medité y entré a la primera reunión; la que no tuvo muchas novedades.

Después -una media hora más tarde- entré a la reunión con todo el equipo -local y remoto-; y, realmente, no aporté -ni recibí- mucho; excepto que el supervisor me asignó una tarea en conjunto con el analista que vive en el pueblo donde creció mi padre.

Un poco más tarde entré a la reunión en la que mi compañero iba a presentar los avances en la tarea que habíamos estado trabajando las últimas semanas; y esta sí estuvo extensa; se suponía que tardaría media hora, pero el código que mi compañero estaba presentando no funcionó.

Entonces empezó una larga explicación de lo que había hecho, lo que podía estar fallando y las razones por las que aún no habíamos completado la asignación -también los aspectos por los que la automatización no podía ser completa-.

Al final logró que el código funcionara -el supervisor no había entrado a la reunión, nomás su jefa-, pero me quedé con la impresión de que el jefe del supervisor no entendió mucho cómo iba realmente el avance; tampoco entendí su opinión; según mi compañero la instrucción fue que continuáramos avanzando. 

Después de esta reunión el analista que vive en el pueblo donde crecio mi padre me estuvo escribiendo en la aplicación de mensajes, pero preferí llamarlo para mostrarle el procedimiento que habíamos realizado, el lunes anterior, con el analista en el Imperio del Norte; y resolver las dudas que pudiera encontrar.

Rb había ido, al supermercado en donde se provee de frutas, después de desayunar y retornó un poco antes de las once de la mañana; le pedí que atrasáramos un poco la realización de la rutina de ejercicios: quería sacar a caminar a los perros después de esta -y previo a meterme a la ducha-.

Aceptó mi sugerencia y, un poco después de las once y media- realizamos la rutina de ejercicios de los viernes; después sacamos a caminar a los perros más grandes; cuando entramos terminamos la preparación del almuerzo: pescado, caldo de pollo y ensalada.

El almuerzo estuvo bastante copioso y, después del mismo, me metí a la cocina a lavar los trastes que desbordaban el lavatrastos; luego me preparé un té de menta; el que consumí con: un cuarto del zepelin que compré el día anterior, un octavo del pastel que preparé un par de días antes, un tercio de una galleta de limón y una mitad de galelta de chocolate.

Por la noche ví la primera -de dos y media- media hora de una película china de ciencia ficción: Resurrection; por alguna razón la tenía en mi lista de material audiovisual pendiente y esa noche -por fin- la bajé con un enlace de torrent; creo que no he visto muchas películas chinas y esta se veía interesante.

Y a ver cómo va eso...

domingo, 3 de mayo de 2026

Trucos y Tretas para Vivir Bien... Tricks and Tips for Living Well... Trucs et astuces pour bien vivre...

He leído varios libros gracias a las referencias que he visto en las conferencias del canal Aprendemos juntos, en Youtube; el último -que da título a esta nota- le encontré buscando bibliografía de un psiquiatra que hablaba sobre tres ingredientes de la felicidad.

Y eso fue lo primero que me llamó la atención: el uso contínuo -dentro de su discurso, o explicaciones- de acrónimos de tres o cinco letras, con los cuales explicaba conceptos -me imagino que para facilitar su fijación-.

Otra cosa que me llamó la atención de la conferencia era el aire campechano -en su forma de abordar los temas o responder a las preguntas del público- del personaje; o sea, es un médico (psiquiatra) español de una edad avanzada pero su lenguaje se adaptaba -creo- al medio.

Y no estoy seguro de continuar con este libro -tendría ahora tres líneas abiertas: inglés ficción, tecnología y ahora sería español-; porque el primer capítulo -que leí hace un par de noches- lo veo muy anecdótico.

Y a ver cómo va eso...

El domingo por la noche se volvió un poco raro: hubo -otra vez- un connato de conflicto con Rb; y debió haber sido -otra vez- por alguna tontería: algo como yo enojándome por algo que me parece irracional y ella enojándose porque no le parece 'adecuado' que yo me enoje por dicha razón.

Me pareció raro, eso sí, que dí --o intenté dar- punto final a la discusión con un 'porque así soy'; comentario que me parece muy retrógrado; pero también me preocupa tener que andar justificándome por algún rasgo de mi personalidad -o 'intentar' 'mejorarlo'-. 

De todos modos -me dije- estaba considerando tener una conversación 'seria' con Rb sobre esto último -lo cual, por supuesto, ya no efectué- pues temo que las condiciones de convivencia vayan deteriorándose paulatinamente -no quiero volver a pasar por un escenario similar al que compartí con la madre de mis hijos-. 

Lo interesante es que no había estado viendo nada de media -después de ver el último capítulo de The Boys- por las noches; aunque tampoco había estado leyendo mucho: nomás algunas páginas de un libro en español; o algo del libro de Bases de Datos.

El lunes -mi último día de vacaciones- me levanté a las seis y media; medité y volví a la cama, en donde estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo -casi únicamente partidas de ajedrez-; un poco después de las siete entré a la habitación de Rb y le propuse que completáramos la rutina de ejercicios.

Pero ella me recordó que habíamos acordado realizarla a las once de la mañana -dos horas después de su desayuno-; entonces retorné a la cama y estuve intentando leer un poco del libro de psicología en español.

La noche anterior -o la tarde anterior?- había estado pensando en dos reuniones para la semana laboral: el lunes había planeado reunirme con mi amigo que ahora vive en Italia -el viernes me enteré que estaba (nuevamente) en el país, y estuve tratando de coordinar una reunión los siguientes dos días-.

También le escribí a mi amigo de la facultad que me contactó -luego de más de una década- la semana anterior; proponiéndole tomarnos un café el siguiente viernes -asueto local por el día del trabajo-; y no había recibido respuesta al segundo mensaje.

Temprano en la mañana ví que había contestado a mis mensajes, aceptando mi invitación pra el viernes; intenté llamarlo -por whatsapp- pero me respondió -por lo bajo- comentándome que estaba en una reunión y me llamaría más tarde.  

Con mi amigo italiano estuve en comunicación el sábado y domingo y habíamos acordado que nos veríamos el lunes por la tarde; luego le propuse que llegaría a su pueblo -vive como a ochenta kilómetros de la ciudad- y luego me escribió para comentarme que su auto se había descompuesto y estaba cancelando.

No creí mucho su excusa, y aún intenté reorganizar la hora -o lugar: supuestamente, ese día debía bajar de su pueblo -con su padre: pastor de una iglesia evangélica en el lugar-; se suponía que la iglesia a la que vendría está en el municipio donde vivo, el problema es que el municipio es bastante amplio.

Al final ya no se pudo resolver nada con mi amigo; me pasé la mayor parte del día avanzando en la automatización de un par de opciones, en la página en la que había estado trabajando durante las últimas semanas -y completé ambas, al final del día-.

A las once de la mañana hicimos la rutina de ejercicios con Rb; después sacamos a caminar a los perros; luego consumimos la primera -de cuatro- de las porciones de albóndigas con salsa de hongos -y fideos-.

La tarde estuvo bastante normal: lavé los trastes después del almuerzo, luego me preparé un café -que  consumí con dos mitades diferentes de galletas y un octavo del pastel del miércoles anterior-; a las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb.

Y a las cinco de la tarde -tratamos de no salir tan temprano pues el sol había estado abrasador- nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: yo quería comprar unos cuencos -herméticos de ser posible- de plástico para conservar en el regrigerador las dos yemas que Rb estará desechando cada dos días.

En la tienda verde de descuentos encontré un paquete de cinco recipientes herméticos de plástico -con forma de corazón- y los adquirí por un dólar y medio; después caminamos de vuelta a casa -hemos estado comprando menos bananos, por las nuevas disposiciones alimenticias de Rb-.

El martes me desperté a las seis y media; había estado teniendo un sueño bastante extraño: en el que le intentaba explicar al hijo de un ex compañero del bachillerato, las diferentes concepciones de lo bueno y lo malo entre culturas.

Pero me desperté y continué pensando en el tema y en la forma en la que había ido cambiando mi forma de ver lo bueno y lo malo -desde el cristianismo más primitivo hasta el budismo, pasando por el judaísmo-; de todos modos empecé a meditar.

De lo que no me dí cuenta fue de que no había cancelado la alarma, pues volvió a sonar a los cinco minutos de haber empezado a meditar -seguramente nomás le dí aplazar-; cuando sonó volví a reiniciar el timer de los veinticinco minutos.

Después de meditar -ya eran las siete- abrí la computadora del trabajo y entré a la reunión de equipo de la mañana; en la que ni si quiera -creo- notaron mi presencia; después de la reunión me quedé en cama completando algunas lecciones de Duolingo.

Un poco después de las ocho me levanté y salí a la mesa del comedor; Rb ya se había instalado en la misma pues -debido a que tenía clase de zumba a las diez- debía desayunar una hora antes de lo acostumbrado.

Me pasé toda la mañana trabajando en dos o tres opciones de la página en la que había estado invirtiendo casi todo mi tiempo de vacaciones -la verdad es que me gusta programar-; Rb salió hacia la extensión municipal que se encuentra a pocas calles y -a las diez- me preparé el desayuno.

Al mediodía sacamos a caminar a los perros; y hasta que los entramos Rb se dió cuenta que no había preparado la berenjena que almorzaría -en lugar de los fideos del día anterior (yo almorzaría lo mismo)- y empezó la prepación, lo que nos atrasó un poco el almuerzo.

Un poco después me pidió que preparara las ensaladas y calentamos la segunda porción de albóndigas de la semana; después del almuerzo me metí a la cocina a ocuparme de los trastes sucios -y a prepararme un café-.

El resto de la tarde continuó normal: a las tres menos cuarto preparé un té de manzanilla para Rb, y continué trabajando en el código; a las cinco salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; no llegamos hasta el extremo del boulevard ni entramos en el supermercado más alejado.

Pero sí cruzamos la calle (que es donde se encuentra el supermercado más alejado), nomás para entrar a una tienda de ropa de segunda mano: Rb andaba en búsqueda de un vestido fresco -el calor había estado bastante fuerte durante los últimos días-.

En el otro supermercado compramos algunos bananos, una lechuga -ahora Rb está consumiendo esto en su desayuno, con un poco de pollo (por la proteina)- y unas alitas de pollo; por la noche estuve viendo algunos videos de Youtube y preparando un video de origami de un gato (el amigo que vive al otro lado de la ciudad me había enviado un link y lo recorté y ralenticé).

El miércoles me desperté un poco antes de las seis y media; por alguna razón (¿el calor?) había estado teniendo sueños bastante raros: en esta ocasión vivía en una especie de apartamentos con Rb -super raro-; mientras meditaba me recordé de la situación del domingo por la noche y, al iniciar a trabajar -después de la reunión-, escribí esto:

Meditando me recordé: el conflicto surgió porque yo no quise continuar una llamada con el servicio al cliente de la telefónica que nos provee internet; cuando retornamos de la caminata no había servicio; entonces -como siempre- Rb llamó y empezó el proceso para que revisaran si había algo que se pudiera hacer; pero el servicio estaba que iba y venía; y en cierto momento Rb no podía hablar y me pasó el teléfono; pero yo me negué a continuar la llamada.     

La llamada al final fue intrascendente -había un fallo en el área- pero después de la misma Rb me empezó a reclamar sobre mi negativa a continuar la llamada -ya había pasado algo similar unas semansa antes: mi negativa a interactuar con Servicio al Cliente-; y yo me molesté, primero porque estaba molesta; pero segundo -creo- porque me molesta explicar que no me gusta hablar por teléfono. 

La verdad es que la situación estuvo bastante rara; pero me hizo plantearme -otra vez- finalizar mi convivencia actual; la cuestión -creo- se agudizó porque más tarde Rb me estuvo mostrando algunos errores que cometí en la última tarea que nos asignó nuestro contacto en el país vecino del norte; no solo me molestó que me señalara mis errores, sino que pensé que lo que estábamos haciendo no tenía sentido.

Ya había pasado más de un mes del inicio del proyecto y no habíamos visto ni un centavo; y Rb se había estado dedicando completamente a esas tareas: lo que por una parte está bien -es tiempo que generalmente lo pasa en redes sociales/juesgos en línea- pero, por otro lado, lo toma -lógicamente- como un trabajo, dedicándose abstryéndose de lo demás.
 
La verdad es que no sé cómo proceder; de hecho Rb me recordó de mi actuación en el pasado: ella armaba conflicto y yo no lo tomaba; y me sugirió que podía seguir haciendo lo mismo; pero, por alguna razón (tiempo, vida) ya no me es posible -o no elijo- no tomar el conflicto.

La cuestión es que el martes al mediodía Rb me recordó lo de las tareas -el contacto en el país vecino le mencionó algo de los errores que encontró en las últimas tareas recibidas- y, ante mi declaración de que no seguiría con ese tipo de tareas, Rb empezó -otra vez- con que siempre hacía lo mismo, que no se me podía decir nada, etc.

Entonces me puse serio y le pregunté si ya no quería que siguiera viviendo acá; lo que por supuesto inició una conversación bien incómoda; en la que se me recordó que siempre tomaba esa actitud; traté de mantenerme calmado, asegurando que no quería irme, pero que tampoco me atraía estar continuamente en conflictos; y me quedé a la expectativa.
 
Lo raro es que entre la tarde y la noche del domingo la balanza electronica que Rb utiliza para pesar todas sus porciones dejó de funcionar; era la segunda -la anterior le había tardado varios años- y, en los últimos tiempos, había sido vital para los días cotidianos de Rb; entonces fuimos a la gran ferretería industrial en donde adquirimos este tipo de dispositivo; en donde Rb compró la nueva balanza -sería la tercera-; y claro, al día siguiente que probó la anterior, estaba funcionando de nuevo.
 
O sea, la noche anterior habíamos probado cambiándole de baterías pero no funcionaba -se quedaba en una especie de prueba de inicio-; me pareció -pero la situación estaba muy tensa- que se habían mojado los circuitos; y, quizá, al día siguiente ya había pasado la crisis hídrica y por eso funcionó de nuevo; le sugerí -y procedió así- a Rb que almacenara la tercera -nomás quitándole las baterías- pues, en algún momento tendrá que entrar en operación; y la segunda continuó en funcionamiento.

Por la mañana del miércoles estuve revisando una parte del código de mi compañerito que estaba fallando -pero, creo, debido a una forma en la que yo estaba escribiendo mi parte-; estuve alimentando un LLM con algunos datos para requerir sugerencias de validación.

A las diez hicimos la rutina de ejercicios de mitad de la semana -en total dura un poco más de media hora-; luego tomé una ducha; a las once y media salimos con Rb en la van: habíamos previsto ese día pasar por mi nuevo par de anteojos al hospital oftalmológico.

El tránsito estaba insufrible; nos tomó más de una hora ir y venir -usualmente no debería ser más de media hora-; antes de salir del boulevard pasamos a llenar el tanque de la van -justo un mes después de la última vez-, aprovechando que la gasolina había bajado medio dolar el día anterior.

Y sí, la cuenta del combustible bajó un poco; pero al salir de la gasolinera lo hice con demasiada agresividad -me le metí bien feo a un camioncito (y el conductor no reaccionó bien) y estuve a punto de que golpeara el auto-; luego, en una rotonda que estaba super llena me volví a meter mal (a la derecha) de un pickup que estaba tomando la circunferencia -y Rb (a diferencia del pasado) reacciona muy mal a esta actuación-.

Total que llegamos al hospital un poco alterados -el calor también estaba calcinante-; ya en el lugar intenté entrar a un parqueo al fondo de la calle; pero justamente una señora estaba saliendo y parqueó el auto justo en la entrada, para que un paciente (¿su padre?) se subiera al auto (el señor estaba en silla de ruedas).

Rb me pidió que me estacionara en el otro parqueo (justo en la entrada de la calle) así que retorné al mismo; pero no me dí cuenta que en la entrada había un cono -afortunadamente no eran garras metálicas o las ruedas delanteras de la van no hubieran sobrevivido).

Rb se puso más tensa y me pidió que me tranquilizara; me disculpé con el guardia del parqueo (el cual no le dió importancia, pero también -yo iba que no quería saber nada- me cobró con un ticket ya cancelado): o sea, me cobró un dólar más de lo que debía haber pagado (y en una operación que -hasta después que lo pensé- era un fraude).

Y lo que pasaba es que me resistía a utilizar los anteojos progresivos (permanentes) de forma 'correcta'; o sea, me había empecinado en que usaría los anteojos nomás para lectura -ver de cerca- y no, no era lo correcto.

Dejamos el auto estacionado -el guardia me dió un ticket ya sellado (y aún me dijo que no lo mostrara)- y pasamos a la óptica del lugar, en donde me entregaron los nuevos anteojos -yo estaba de un humor macabro- y la chica que atendía me empezó a explicar cómo usarlos (al inicio me estaba costando enfocar el texto muy pequeño).

Al final nomás los guardé y le pedí a Rb que me acompañara a la farmacia: en ninguna visita anterior me había percatado que el lugar contaba con una y esperaba encontrar las gotas que me habían recetado una semana antes -y no había podido encontrar en ninguna farmacia local).

Pero la cola estaba muy lenta (y yo andaba en horario laboral -le había avisado a mi segundo analista favorito que me iba a ausentar, por si el supervisor me buscaba-); entonces le dije a Rb que lo compraría cuando llegara nuevamente (a mediados de Mayo).

Nos dirigimos a la salida pero en las sillas de recepción Rb me conminó a sentarnos un momento; y me echó un discurso de que comprendía mi frustración y todos los sentimientos negativos que estaba experimentando, pero que no quería que manejara igual a como lo había hecho en el viaje de ida.

Aún le pedí que no utilizara expresiones vulgares (usualmente no me importa, pero estaba sensitivo); esperé un momento, luego le dije que ya estaba calmado y nos dirigimos a sacar el auto del estacionamiento (dos dólares y medio).

Al retornar a casa sacamos a caminar a los perros y luego calentamos la tercera porción de albóndigas de pollo (yo calenté -por error- las dos porciones restantes); después del almuerzo me resigné y empecé a utilizar los nuevos anteojos -incluso se me humedecieron los ojos (aún no estoy seguro si de tristeza o frustración, o algo más)-.

Además, cuando retornamos ví que -muy oportunamente- mi supervisor en el Imperio del Norte me había escrito casi una hora antes; y, como casi siempre, sus instrucciones eran muy nebulosas: me estaba pidiendo que revisara una lista de pendientes, y que si encontraba alguno aún sin ejecutar, que lo completase.

Como no había trabajado en los mismos durante las semanas precedentes le escribí a los dos analistas que estaban disponibles (el que menos bien me cae había estado ausente toda la semana -y no había marcado vacaciones en el calendario grupal-); pero ninguno de ellos me pudo aclarar mucho.

Entonces empecé una revisión bastante escueta; y, la verdad, no realicé ninguna de las tareas pendientes; pero es que -supuestamente- las que aún estaban sin ejecutar no habían sido trabajadas por el equipo local sino por la compañera de mi supervisor; entonces nomás le envié un mensaje a mi supervisor, explicándole el status (y por supuesto no recibí ninguna retroalimentación).  

Continué trabajando hasta las cuatro de la tarde; a las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; era la primera vez que utilizaba anteojos para caminar y no me sentía nada bien (ánimica o físicamente), pero Rb fue bastante comprensiva (aunque un poco antes del almuerzo se había encerrado un rato en su habitación, no sé si para llorar u orar -o ambas cosas-).

Caminamos hasta el extremo del boulevard: Rb andaba buscando vestidos de verano en las tiendas de ropa americana del área -pero no encontró nada que la atrajera-; en el supermercado de la mitad del camino compramos un par de lechugas -ahora Rb está comsumiendo un poco de estas hojas en todos sus desayunos-.

Por la noche Rb entró a su clase de Teología -ya es el último semestre, me parece- y yo me metí a la cocina a preparar mi pastel semanal de avena y zanahoria; en esta ocasión la mezcla me quedó bastante líquida y tuve que cocinarlo -a fuego muy bajo- durante casi el triple del tiempo.

Pero al final salieron las ocho porciones que había estado utilizando desde hacía algunas semanas (¿o meses?); por la noche ví el capítulo cinco de la quinta (y última) temporada de The boys; y traté de leer un poco, aunque aún estaba aprendiendo a utilizar las tres áreas de los anteojos.

Un poco después de las siete le había escrito a mi antiguo supervisor en el Imperio del Norte, quien me había contestado un par de horas antes, y lo llamé casi a las diez de la noche; estuvimos conversando durante un poco menos de media hora (ahora su hija mediana vive en su casa -con su nieto de casi año y medio-). 

El jueves me levanté a las seis y media, medité y retorné a la cama a atender la primera reunión del día; la cual estuvo bastante corta; después de la reuniń me quedé en la cama haciendo algunas lecciones de Duolingo; pero mi compañero más brillante me había escrito para que nos reuniéramos.

Yo le había pedido que nos reuniéramos el martes; y me había propuesto reunirnos el viernes (que es un día de asueto oficial en el país: el primero de mayo -día del trabajo-); no le había querido hacer notar el hecho, pero se dió cuenta después de la reunión del jueves y me propuso una reunión.

Programé la reunión para las ocho de la mañana y a esa hora le mostré -o le expliqué más bien- lo que había estado haciendo durante las semanas precedentes; y no le pareció mi avance; principalmente porque no había estado desarrollando la rama que es más urgente (¿o importante?) pero tampoco quedó muy decepcionado: una vez terminada la rama que había estado trabajando era más fácil concluir la primera.

Estuvimos reunidos durante un poco más de media hora; le planteé algunas dudas conceptuales que tenía sobre las tareas que había estado trabajando durante los días precedentes; me dió algunas guías generales y quedamos en que continuaría trabajando de la misma forma.

Y continué con la escritura del código -y tratando de acostumbrarme a ver en tres niveles diferentes- durante el resto del día; la verdad es que lo segundo me ha estado costando -no sé si solo es frustración emocional o también física-; a las doce y media sacamos a caminar a los perros más grandes.

Luego de la caminata calenté la última porción de albóndigas de pollo; pero justo en ese momento nos percatamos que no quedaba pasta (o arroz -había consumido lo último en el almuerzo del día anterior- y Rb estaba acompañando su almuerzo con berenjena); entonces puse un poco de agua para preparar un puñado de coditos sin gluten.

La preparación no tardó tanto y, un poco más tarde, concluimos el almuerzo; después del cual me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían acumulado en el día (y a prepararme un café); a las dos cuarenta y cinco le preparé un té de manzanilla a Rb.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte; no teníamos algo específico para comprar (excepto el pan para mis desayunos), pero caminamos hasta la tienda verde de descuentos -un poco más de dos kilómetros-; en donde verificamos que no había café en presentación individual.

Después pasamos al supermercado que queda en el comercial desde donde usualmente tomamos los buses intermunicipales; allí compramos un poco de bananos (Rb disminuyó su consumo a la mitad, pero está cuidando que no estén muy maduros a la hora de consumirlos).

En el camino de vuelta -casi a mitad del trayecto- pasamos a la panadería más económica del área -usualmente gasto allí medio dólar entre pan francés y pan dulce-; por la noche estuve buscando alguna serie para ver y me enteré que la segunda temporada de Monarch había sido publicada a principios del mes.

Intenté verla en alguna de las páginas de series que habitualmente utilizamos, pero no encontré una buena presentación -con subtítulos en inglés-; al final bajé el primer capítulo -con un torrent- y ví un poco más de la mitad del mismo; luego, antes de dormirme, leí un par de páginas del libro de SQL.

El viernes me desperté a las seis y media -era un día des asueto laboral- y me quedé un par de minutos más en la cama; pero luego me levanté a completar mi período de meditación; después retorné a la cama y estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo.

También, por ser el primer día del mes, pagué la cuota de mantenimiento del departamento de mis hijos (cietno veinte dólares) -y los cuarenta dólares con los que contribuyo a los servicios de la casa de Rb-; finalmente, a las ocho, salí de las sábanas.

Como había previsto salir a las nueve de la mañana -había planificado un café (o desayuno) con mi ex compañero de la facultad que me había llamado (después de muchos años) unas semanas antes-, un poco después de las ocho completé la rutina de ejercicios de los viernes.

Después de la sesión -es bastante fuerza, creo- me metí a la ducha -de la cual me tocó que salir sin toalla pues Rb había puesto la anterior en la canasta de lavandería, sin sustituirla por una nueva-, luego me vestí y me calcé los anteojos -no los usé ni en el ejercicio (discutible) ni en la ducha (esperable)-.

A las nueve y cuarto tomé mi mochila -que está bastante pesada- y empecé a caminar hacia la ruta intermunicipal; consideré esperar el busito en el boulevard -o abordar alguno de los que me sobrepasaron en el trayecto- pero estimé que era mejor darle movimiento al cuerpo.

En el boulevar principal me toco que esperar un poco por el bus intermunicipal -el cual vuelve a cobrar medio dolar (le habían subido veinticinco por ciento al pasaje, debido a la guerra del señor zanahoria)- y cuando lo abordé me acomodé un un asiento y me puse a jugar algunas partidas de ajedrez.

El bus no tardó en llegar al área donde se encuentra el comercial en donde se estacionan los busitos que pasan por la casa de Rb; crucé la calzada principal pues habíamos acordado con mi amigo reunirnos, en la cafetería que más visito, a las diez.

Llegué al lugar con cinco minutos de anticipación; y el local se veía saturado -ví una mesa vacía, pero percibí que el parqueo estaba a reventar-; de hecho había una cola extensa en la caja -en este lugar primero se ordena/paga y luego llevan el pedido a la mesa-.

Me senté en una mesita que encontré vacía -y sucia- y le escribí a mi amigo para comentarle que el parqueo se veía lleno y que si no encontraba lugar me hablara y saldría para que buscáramos otro lugar -no encontré wifi disponible y activé los datos móviles-, y me dí cuenta que me había enviado un audio cinco minutos antes, comentándome que iba tarde.

Me salí del lugar -se me acabaron los datos móviles- y busqué un lugar para esperar a mi amigo afuera; pero luego me dije que quizá me escribiera -o enviara un audio- y no me enteraría; entonces me pasé a un costado de la estación del transmetro y me conecté a la wifi del lugar.

Entré a whatsapp y no encontré ningún nuevo mensaje -ya eran las diez y once-; entonces lo llamé y le comenté lo del parqueo, y le propuse esperarlo del lado contrario de la calzada -más fácil para él- y buscar un restaurante más vacío; mi amigo me propuso que nos reuniéramos en un restaurante justo al otro lado de la calzada.

Me dirgí al lugar y me senté en las bancas del área de espera -le envié un mensaje a las diez y veinte, comentándole que no veía muchas mesas-; me había conectado a la wifi de la tienda de donas en donde he invitado -a café y donas, a mi primo, en un par de ocasiones-.

Consulté en Google maps por el tiempo de viaje estimado desde donde me había enviado el primer mensaje; la página indicaba un viaje de ocho minutos -y ya eran las diez y treinta y cinco-; estaba por enviarle un mensaje mostrándole este dato, cuando me llamó para avisarme que ya estaba en una mesa del lugar.

Y en efecto, había entrado al lugar desde el sótano y se había acomodado en una mesa que no era visible desde el exterior; nos saludamos efusivamente -teníamos más de quince años de no vernos (desde el funeral de otro ex compañero de facultad)- y luego esperamos a que nos llegaran a atender.

El restaurante es -creo- de nivel intermedio -buena comida y buena atención- y, antes de ordenar le pregunté si quería que lo invitara, si quería invitarme o si quería que compartiéramos la cuenta -indicándole que él era el pudiente-; me dijo que él se haría cargo; entonces ordenamos un par de desayunos típicos.

Y nos pasamos el siguiente par de horas -u hora y media?- poniéndonos al día de la última década -cuando me llamó unas semanas antes me había comentado que su madre había muerto un par de meses antes (y recordé que ella fue de las primeras en externar su opinión sobre mi comportamiento inusual -que luego comprendí era parte de Asperger-).

Un poco después del mediodía concluímos la reunión -no pude observar cuál fue el monto de la cuenta- y mi amigo se ofreció a psar a dejarme al lugar en el que tomaría el busito de vuelta a casa -la verdad es que creo que quería presumir su Toyota eléctrico (importado directamente de China {país de nacimiento de su progenitor}, y sí, remarcable)-.

Después de apearme del primer auto eléctrico en que había estado, abordé el busito que estaba esperando pasajeros; un poco después inició el viaje; y me dí cuenta que habían quitado los anuncios del aumento de precio del pasaje.

Un poco más tarde estaba entrando a la casa de Rb -quien no me escuchó entrar y se sorprendió bastante al encontrarme en la sala de su casa-; luego sacamos a caminar a los perros grandes -mientras el pescado se terminaba de cocinar- y, cuando entramos, preparé el par de ensaladas del almuerzo.

Después del almuerzo me hice cargo de los trastos que estaban en el lavadero; después me preparé un té de menta -el que consumí con un pan tostado, un cubilete y la mitad de las galletas que consumo habitualmente-; el resto de la tarde estuve trabajando en la penúltima funcionalidad que tenía pendiente de la tarea en curso.

Por la noche ví la última parte del primer capítulo de la segunda temporada de Monarch -lo había bajado el día anterior-; y no quedé muy seguro si seguiría viendo el resto de la temporada; además, intenté correr algunos de los scripts del libro de SQL en mi computaodra personal.

El sábado me levanté a las seis y cuarto; medité y luego me metí a la ducha; después de secarme y vestirme ví que aún tenía tiempo para un par de lecciones de Duolingo -mi reunión era a las siete y media, pero no esperaba un viaje de más de veinte minutos y aún eran las siete-.

Después de jugar un par de partidas de ajedrez tomé mi mochila y salí a arrancar la van; el trayecto hasta el Mc Donald's del periférico estuvo bastante tranquilo: era la primera vez que manejaba utilizando los anteojos progresivos.

Llegué al lugar cinco minutos antes de la hora en la que debía encontrar a mi amigo, me conecté al wifi del lugar y le envié un mensaje, para comentarle que ya me encontraba allí; un poco más tarde ví que mi amigo se acercaba por el parqueo.

La noche anterior había verificado el listado de ofertas del restaurante y me había enviado una captura de pantalla de una buena opción para desayunar: un par de menús clásicos de desayuno por un poco más de siete dólares.

Utilicé uno de los kioscos del lugar, seleccioné la oferta y pagué con la tarjeta de Rb (se suponía que de esta forma lo llevaban a las mesas -pero no había números de orden en el kiosco-) pero luego tuvimos que pasar al mostrador por la orden.

No había visto a mi amigo desde noviembre del año anterior (casi medio año) y él me lo había hecho notar cuando le escribí un par de semanas antes para invitarlo al desayuno (igual, él tampoco había hecho ningún intento de contacto) y nos pusimos al día de la vida de cada uno: su hija mayor (divorciada a los veintidós, continúa trabajando como maestra, su hija menor está estudiando -online- Diseño Gráfico, en una de esas nuevas universidades).

Y la luz de sus ojos -su hijo mediano- está ya en el tercer año de la facultad y, al parecer, todo marcha viento en popa en su estudio de la Ingeniería en Computación; mi amigo también me llevaba un par de anteojos -vagamente recordaba que le había pedido que me consiguiera unos con la graduación anterior- pero le conté la novedad de los permanentes.

Y él me comentó que, efectivamente, había notado desde el inicio los lentes progresivos; también le comenté que a mediados de mes debía someterme a una Iridotomía Periférica (encontré ese término en Google) y que no estaba seguro si ya había asegurado un acompañante (se supone que debe haber alguien con el paciente pues la visión queda degradada por un tiempo).

Quedamos en que, si no lograba asegurar que otro amigo me acompañara, le avisaría esa semana para que llegara al hospital oftalmológico; estuvimos en el restaurante -aún me dió tiempo para comprar un par de pastelitos (cuatro dólares)- hasta las nueve y media.

Yo había puesto una alarma en el celular pues quería retornar antes de las diez de la mañana a casa: Rb tenía que llevar a su perra a que le cortaran el pelo (la noche anterior había estado terrible pues la perra se pasó -casi toda la noche- auyando y ladrando).

Me despedí de mi amigo e inicié el retorno a casa; en el camino -entrando al municipio- llamé a Rb y le comenté que ya estaba cerca; pero ella me comentó -se oía bastante dolida- que se iría caminando; insistí en que me diera diez minutos y, efectivamente, en menos de ese tiempo me estaba parqueando frente a la casa.

Cuando entré a casa encontré a Rb en un estado fatal: estaba llorando y me indicó que había decidido que pediría una eutanasia para la perra; que la noche había estado muy mal y que no le hacía bien a nadie la situación actual; yo nomás la ayudé a subir a la van y la conduje a la veterinaria.

Cuando llegamos al lugar salió la groomista a recibir a la perra, pero Rb le indicó que necesitaba hablar con el veterinario; entonces tuvimos que esperar por un largo rato -casi media hora-; pero, finalmente, el veterinario las recibió -yo decidí esperarlas afuera-.

Afortunadamente (?) el veterinario consiguió tranquilizar a Rb -y bueno, le pidió que la tratasen por un par de semanas, para ver la evolución-; entonces dejamos a la perra para que le cortaran el cabello y retornamos a casa.

En donde sacamos a caminar a los perros más grandes y, luego, preparamos el almuerzo: un caldo de pollo que Rb había preparado con un medio pollo que había encontrado en el freezer; después de almorzar lavé los trastos y preparé un par de tés: uno de menta para mí y uno de manzanilla para Rb.

Un poco más tarde le enviaron un mensaje a Rb para que fueramos por la perra; en esta ocasión sí entré al área de recepción y escuché el diálogo entre el veterinario y Rb: él no la ve grave pero le recetó unos antibióticos, en caso el animal tuviera alguna molestia interna.

Rb se dirigió a su iglesia un poco después del almuerzo: debía encontrar a sus dos alumnas del programa de alfabetización adulta para la clase semanal; antes de irse me pidió (y me irritó) que realizara la limpieza mientras ella estaba en la iglesia -se suponía que debía pasar por ella a las cinco y media-.

Continué trabajando un rato en el código en el que había estado trabajando las últimas semanas y, un poco más tarde, realicé la limpieza semanal -poniendo énfasis en no recoger nada de lo que se suponía que ella debía hacerse cargo-; un poco después de las cinco empecé a caminar en dirección a la iglesia.

Llegué al lugar un poco después de las cinco y media y me acomodé en el patio de las aulas -al parecer un grupo de jóvenes estaba teniendo una actividad en una de las mismas-; un poco después salió Rb y me comentó que aún debía esperar un poco; entonces me puse a jugar ajedrez en mi celular.

Después de que Rb se despidió de sus alumnas (ahora son tres, en lugar de dos) pasamos al supermercado del comercial que se encuentra al final de la calle; allí Rb compró un poco de pollo para su perra y un poco de bananos.

Por la noche estuve viendo algunos videos de Youtube y leyendo un poco del libro de SQL; luego de lo cual empecé la tercera tanda de cinco capítulos del libro en inglés; pero me estuve casi todo el resto de la noche en mi habitación -me sentía agotado física y emocionalmente-.

El domingo no me quise despertar a las seis y media; nomás desconecté la alarma -luego puse otra alarma para una hora después-; a las siete y media me levanté a meditar; luego retorné a la cama pues planeaba utilizar la media hora de puntos dobles que otorga el reto semanal.

Pero me dí cuenta que no había Internet; de hecho el wifi del celular no detectaba ninguna red; luego escuché que Rb se levantó y vino a mi habitación; y me comentó que no había servicio eléctrico; ella estaba tratando de comunicarse con el servicio al cliente de la compañía.

Y un poco después salió al patio a saludar a la vecina -y a informarse de la situación-: al parecer había habido un accidente durante la madrugada a un par de calles de distancia y un equipo de la empresa eléctrica estaba trabajando en el lugar.

Rb aprevechó, entonces, la mañana en realizar algunas tareas domésticas -que casi nunca realiza-, como lavar la ducha, entrar alguna ropa de los tendederos y así; yo me entretuve un poco con el libro de inglés y luego me levanté a preparar mi desayuno.

Un poco después de las diez y media nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; hubo una situación bien confusa al llegar cerca del más alejado; estábamos en el arriate central y un pickup puso luces de emergencia para darnos paso -iba en el carril interior-; pero cuando tomamos el otro carril otro gran pickup aceleró y estuvo a punto de atropellarnos.

De hecho yo casi ni me dí cuenta; pero unas personas se percataron y se escandalizaron de la situación; Rb también se sintió bastante conmocionada por el hecho; en el supermercado compramos algunas libras de pechuga de pollo, para los almuerzos de la siguiente semana.

El retorno a casa estuvo un poco difícil: el sol estaba bastante fuerte -y Rb aún estaba afectada por lo ocurrido al cruzar el boulevard-; afortunadamente pudimos completar el trayecto de vuelta sin ninguna novedad; y cuando venimos aún no había servicio eléctrico.

La electricidad fue reconectada una media hora más tarde y pude, por fin, completar algunas lecciones de Duolingo; al mediodía sacamos a caminar a los perros; luego Rb preparó las alitas de pollo dominicales -y yo preparé un par de enormes ensaladas-.

Después del almuerzo lavé los trastes y me preparé un té de menta; el cual consumí con una galleta, unos trozos de pan tostado y un octavo del pastel que preparé el miércoles; después estuve trabajando un rato en el código del trabajo.

A media tarde le preparé a Rb un té de manzanilla; luego me retiré un rato a mi habitación y estuve viendo un par de videos de Youtube -Rb tomó una siesta entre cuatro y cinco de la tarde- y trantando de adelantar un poco en el código.

A las cinco y media empezamos a preparar los almuerzos de la semana: Rb cocinó el pollo que habíamos comprado por la mañana; mietnras, yo corté en pequeños cubos media libra de champiñones; luego procesamos cuatro o cinco güisquiles (lo que planeábamos utilizar  en lugar de pasta).

Y a ver cómo sigue eso...

domingo, 26 de abril de 2026

SQL -otra vez-... SQL -again-... SQL -encore-...

Ahora que estoy leyendo un libro -básico- sobre SQL me esetaba recordando de que así fue como retorné al área de tecnología: hace unos veinte años me metí a un curso de esta base de datos en una de las 'nuevas' universidades (privadas) locales, con ese pequeño certificado (el curso duró dos o tres meses, una o dos veces por semana, un par de horas por la noche).

Y es que no pude concluir la ingeniería en computación porque en esa época no tenía recursos para comprarme una computadora -y los tiempos de laboratorio eran muy limitados, y no quería tardarme diez años en la facultad-.

Total que -justo a los dos años y medio- me transferí de Ingeniería en Computación a Ingeniería Industrial -igual, nunca pensé en qué trabajaría en ninguna de las dos opciones-; creí que con la segunda, al menos tendría amplitud de opciones.

Y lo que obtuve no fue muy agradable: estuve un par de años trabajando en la panadería industrial más grande de la región (o del continente? o del mundo?), como jefe de producción; luego estuve tres o cuatro años en una planta de producción de candelas aromáticas.

En este segundo lugar realicé mi tesis; y después estuve en una cadena de cafés implementando ISO 9001; y allí en este último lugar fue cuando decidí retornar al área que siempre me atrajo: quería mejorar la reportería del ERP y utilizaba este lenguaje.

Y bueno, luego vino Linux, Python y -al final- Javascript; ahora llevo doce años trabajando como Testing Engineer; y durante los últimos dos o tres años, específicamente como Automate (aunque, hasta estos últimos meses me he sumergido realmente en la parte de automatización).

La cuestión es que, retomando un poco las líneas de lectura que mantuve durante dos o tres años, he empezado a leer un libro de tecnología: Grokking Relational Database Design; es de la misma línea de libros con los que he explorado otro par de temas en tecnología: bastante animados, aunque su contenido es muy básico.

Y a pesar de que mi experiencia previa con SQL fue bastante fuerte -al menos en teoría- e incluso llegué a dar soporte a empresas de varios países en el tema, creo que me conviene repasar conceptos básicos..

 Y a ver cómo sigue eso.

El miércoles era mi 'día libre' (en el que no había programado ninguna salida) de mi semana laboral; o sea, originalmente había previsto que acudiría a un taller sobre instalacion de pisos cerámicos, pero justo el martes por la noche escribieron en el grupo de whatsapp, anunciando que ya no habría actividades el miércoles, que nomás sería jueves y viernes.

Entonces decidí aprovechar el día para acudir a la cooperativa en la que no me había aparecido por más de dos años: en un par de cuentas de ahorros tenía un poco más de doscientos cincuenta dólares.

Pero el día empezó más temprano: el martes en la noche acordamos con Rb realizar la (nueva) rutina de ejercicios a las cinco y media de la madrugada; y es que a ella no le conviene mucho -por cuestiones estomacales- ejercitarse muy tarde.

Y yo quería salir del paso antes de mi horario laboral -usualmente empiezo a trabajar a las siete de la mañana-; entonces el miércoles me levanté a las cinco menos cuarto, medité veinticinco minutos y luego, a las cinco y media desperté a Rb; luego completamos los treinta minutos de ejercicios.

Después de los ejercicios tomamos una ducha y luego estuve trabajando un poco en el código del proyecto en curso; a las ocho nos dirigimos caminando al comercial en donde se encuentra la sucursal más cercana de la cooperativa -a unos tres kilómetros-.

Caminamos un poco más lejos pues decidí -viendo que no pude conseguir las gotas que me recetaron en el hospital de oftalmología- comprar una versión local de lubricante ocular, en una farmacia a un par de calles del comercial.

El bote de gotas oculares me costó tres dólares -y me tocó que esperar a que Rb terminara de conversar con una promotora del lugar-; luego retornamos al comercial; en el mismo entré a la cooperativa, mientras Rb se dirigía al supermercado.

La sorpresa -para mí- fue que no se puede cancelar  las cuentas en cualquier fecha: por ser una cooperativa esto es únicamente posible durante los primeros cinco días del mes de julio de cada año; por lo que nomás pude extraer un poco de dinero de una de las cuentas -menos de cien dólares-.

Aún estaba realizando el retiro del efectivo cuando Rb retornó del supermercado; entró a la cooperativa pero, viendo que aún estaba en trámite, decidió esperarme en la parte exterior; el cajero por fin terminó la operación y me retiré del lugar.

Cuando retornamos de la caminata tomé la primera comida del día (casi todos los días he estado teniendo entre diecinueve y veinte horas de ayuno); el resto de la tarde me la pasé tratando de corregir un error que no había podido superar en el código en curso.

También estuve trabajando unas horas en un nuevo proyecto que nos envió nuestro contacto en el vecino país del norte; al final de la tarde acudimos a la tienda de las verduras, en donde Rb compró un par de zanahorias -y algunas frutas-.

Lo malo -o desagradable- fue que -al principio de la noche- iniciaron una llamada en el grupo del taller al que acudiría al día siguiente: en el mismo una persona anunció que se cancelaban las actividades durante la semana, y que se retomarían la siguiente.

La verdad me molestó la informalidad de la situación; y procedí a bloquear a todos los números relacionados; y a borrar las diferentes cadenas de mensajes en las que había estado participando, relacionados con el taller.

Entonces decidí visitar al hermano menor de mi padre -biológico- al día siguiente: le escribí un mensaje por whatsapp y aceptó que llegara a desayunar al día siguiente a su casa; por la noche estuve viendo una parte del último capítulo de la quinta temporada de The Boys.

El jueves me volví a levantar temprano: la última vez que había visitado a mi tío -hacía más de un año- me había atrasado en el viaje; por lo que me levanté a las cinco menos cuarto, medité, me duché y entré a la habitación de Rb a despedirme.

Luego caminé hasta el lugar en el que tomamos los buses intermunicipales; por ser un día laboral había bastante tránsito; y al llegar al lugar, en donde se abordan busitos hacia la carretera interamericana, ví que el embotellamiento era total.

Afortunadamente tenía una oferta de mi operadora telefónica para obtener un par de días de datos en el celular; activé el código y solicité un Uber moto; lo que me costó tres dólares (el triple de lo que hubiera pagado en el busito) pero agilizó mi movimiento.

Un poco más tarde -antes de las seis- estaba en la carretera interamericana; no tardó mucho en pasar un autobús con destino a la ciudad colonial y lo abordé sin mucha espera; el bus fue llenándose paulatinamente en el camino, pero llegué a mi destino apenas pasadas la siete de la mañana.

Tenía previsto tomar el autobus hacia la ciudad en la que creció mi padre no más tarde de las siete cuarenta y cinco; por lo que aún tenía tres cuartos de hora para caminar tranquilamente por la ciudad -la arquitectura es muy agradable-.

Había empezado a lloviznar, pero muy ligeramente, y me crucé todo el mercado municipal; eso me llevó más de diez minutos; después caminé hasta la plaza entral (con la municipalidad, la catedral y la policía en sus lados-; entré un momento a oír misa -quería ver pinturas pero había actividad religiosa-.

Salí de la iglesia antes de que completaran el rito -aunque aún nos deseamos la paz- y dirigí mis pasos hacia la salida del casco urbano -en donde se toman los buses intermunicipales-; en el camino me llamó Rb.

Tomé el bus un poco antes de las ocho; pero, como iba a llegar muy temprano al lugar, aún le escribí a mi compañero de trabajo que reside en el área, invitándolo a un café; al principio aceptó, pero luego me comentó que le habían puesto una reunión de trabajo.

Llegué a mi destino con casi media hora de anticipación; por lo que me dirigí a la plaza central -misma distribución que en la cabecera departamental-; en donde pasé a ver una pequeña escultura que incluye el símbolo masón.

Después me dirigí caminando -muy lentamente- hasta la casa de mi tío -originalmente de mis abuelos paternos-; en el camino pasé comprando una magdalena en la sucursal local de mi pastelería favorita (cinco dólares).

Llegué un minuto antes a la esquina opuesta y ví -otra vez- a uno de mis tíos mayores -el que se dedica a la carpintería (y quien vendió la parte que le había tocado de la casa de los abuelos)-; pero esperé antes de cruzar la calle -pues no quería saludarlo-.

Toqué el portón de la casa y salió a abrir la puerta el tercero de mis primos; quien estaba saliendo hacia su trabajo; luego nos instalamos en la cocina de la casa, pues la idea era desayunar juntos; mi prima mayor salió poco después -con su hija más pequeña-.

Y, un poco más tarde, salió la hija más pequeña de mi tío -está terminando sus estudios en Diseño Gráfico-; esta última fue muy amable y me preparó un desayuno bastante casero: huevos con frijoles; además partí la magdalena que llevaba, para acompañarla con el café.

Mis dos primas se retiraron a sus lugares habituales y pasé las siguientes dos horas conversando con mi tío, mientras desayunábamos; los temas fueron muy variados, incluyendo el hecho de que no me llama la atención relacionarme con sus hermanos (mi papá era el mayor, luego está un tía, luego el carpintero (alcohólico), luego un mecánico, luego otro mecánico, y el último, tallador).

A las diez y media -había puesto una alarma en el celular- me despedí de mi tío (y mis primas) e inicié el viaje de vuelta a casa; active la localización en el celular y le envié un mensaje a Rb, al abordar el autobús hacia la cabecera departamental.

En el lugar me subí a otro bus que iniciaba su viaje hacia la ciudad; a donde llegué un poco después de mediodía; cerca de la carretera panamericana abordé un busito hacia el lugar en donde usualmente tomamos los buses intermunicipales; y desde allí caminé hasta casa.

Vine un poco antes de la hora en que toca sacar a caminar a los perros; tarea que realizamos con Rb y después calentamos la segunda de las porciones de pollo con manzanas verdes; después lavé los trastes y me preparé un té de menta.

Un poco antes de las tres le preparé un té de manzanilla a Rb; y pasé el resto de la tarde entre el código de mi trabajo y las tareas que estamos completando para nuestro contacto en el país vecino del norte; de hecho ya no salimos en todo el día.

Por la noche terminé de ver el cuarto capítulo de la quinta temporada de The Boys y completé -por fin- la tarea de programación que me tocó casi dos días finalizar; a las diez de la noche me retiré a meditar a mi habitación, luego me despedí -por el día- de Rb.

El viernes me levanté un poco más tarde que los días anteriores: habíamos quedado con Rb de realizar la rutina de ejercicios a las seis cuarenta y cinco; entonces puse la alarma del celular para las seis y cuarto; a esa hora me levanté a meditar.

Después entré a la habitación de Rb, a despertarla; completamos la rutina de treinta minutos de ejercicios y después tomé una buena ducha; a continuación me preparé para salir; lo que hice un poco antes de las siete y media.

Había quedado -con mi amiga- psicóloga de reunirnos en el centro histórico a las nueve y media y quería dirigirme tranquilamente al lugar; caminé hasta el lugar en donde abordamos los buses municipales y me subí a a la unidad que pasó casi inmediatamente.

En el periférico me apeé del autobús y abordé una de las unidades del Transmetro; y llegué al centro histórico con casi una hora de anticipación; me dirigí a la avenida más popular del lugar para ver si estaba abierta alguna de las dos bibliotecas a las que acudía en el pasado.

Pero ambas tienen un horario de apertura de las diez de la mañana; entonces me senté en una banca de la avenida y completé algunas partidas de ajedrez en la app de Duolingo; después entré un rato al portal comercial del lugar -y compré (veinte dólares) un número de la lotería nacional-.

A continuación me dirigí al restaurante en donde mi amiga psicóloga había sugerido que nos reuniéramos; es al mismo lugar a donde he ido un par de veces con mi ahijada profesional; un ambiente tranquilo, a un precio no muy elevado.

Mi amiga llegó con unos minutos de retraso y nos tocó -es costumbre- hacer cola para que nos asignaran una mesa; luego ordenamos un par de buenos desayunos -aunque mi amiga compartió uno de sus panqueques conmigo-.

Estuvimos un par de horas en el lugar, entre comida y conversación; que versó sobre muchas cosas: nos conocemos desde hace unos quince años y durante una época bastante dura -por la soledad- compartimos algunos eventos masivos (visitas de voluntariado, caminata de cirqueros y alguna conferencia).

Mi amiga es bastante acaudalada -o su padre (que fue parte del círculo de poder de la municipalidad que gobernó más de dos décadas la ciudad) tiene buena posición económica-: se dedica a organizar eventos en un local que su padre adquirió en una de las zonas más ostentosas de la ciudad -y anda en un auto del año-.

Entonces, había planeado (porque hace muchos años me había dicho que no le agradaba que yo pagara las cuentas) que dividiéramos el pago del consumo; le pregunté si estaba de acuerdo y le pedí que pagara ella pues no uso tarjeta; y que yo le transferiría el valor de mi parte.

Estuvo de acuerdo y, a las once y media, nos despedimos; ella se quedó en el restaurante porque, supuestamente, tenía otro compromiso cerca; yo salí a tomar el transmetro a la estación que se encuentra a la vuelta del lugar.

En la estación me ocurrió algo que me dejó pensativo: cuando saqué mi celular boté una moneda y un niño corrió a recogerla y entregármela (estaba acompañado por un adolescente y otro niño); le agradecí el gesto, pero me quedé pensando que se merecía un mejor reconocimiento (lamenté no llevar el bote de dulces que adquirí para nuestro próxima reunión laboral); me pasé casi la mitad del viaje pensando en esto.

Pero también estuve jugando varias partidas de ajedrez -aún conservaba tiempo de red del día anterior-; el transmetro no se detuvo en la estación en la que usualmente me apeo sino que siguió directo hasta la siguiente -el final del trayecto-; de allí caminé al comercial en donde se estacionan los busitos.

Rb me había escrito un poco más temprano para pedirme que pasara a comprar pollo molido en el supermercado del lugar; pero no encontré el producto en los aparadores, y, al preguntar a una empleada me comentó que no estaban vendiendo esa presentación.

Me dirigí al busito que estaba próximo a salir y retorné a casa; cuando vine Rb ya había sacado a caminar a los perros y estaba preparando el almuerzo; calentando, realmente, la última porción de pollo con manzanas verdes.

Por la tarde me escribió mi amigo creativo -con quien me había reunido el primer día de la semana-; quería que le prestara cincuneta dólares y no ví inconveniente -siempre contemplo pequeñas cantidades como donaciones-; así que le transferí lo solicitado.

También estuve trabajando un poco en el proyecto que compartimos con Rb en el que 'entrenamos' algún modelo de lenguaje avanzado; aunque, la verdad yo no hice mucho esfuerzo en completar las tareas asignadas -creo que Rb completó mucho más que yo-.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; en el más lejano adquirí media docena de coquitas sin azucar y la pechuga con la que planeaba preparar el almuerzo que compartiría el día siguiente con mi hijo menor -Rb adquirió pechugas para nuestros almuerzos de la siguiente semana-.

En el otro supermercado compramos tres tipos distintos de lechuga, un poco de bananos y yo compré un pepino para la ensalada del día siguiente; por la noche preparé los dos rollitos de pollo (rellenos de queso amarillo y jamón de pavo) y los reservé en la refrigeradora.

El sábado me levanté a las seis y media, medité y retorné a la cama; en donde estuve realizando bastantes lecciones en Duolingo (más que todo partidas de ajedrez); pero salí de la habitación un poco después de las ocho, a desinfectar las lechugas que utilizaría para la ensalada del día -y del día siguiente-.

Antes de desayunar completé la preparación de las dos ensaladas y las reservé en la refrigeradora; después me preparé el desayuno de los sábados -eran casi las diez de la mañana-; a las once saqué los rollitos de pollo del refrigerador.

Batí un huevo -con dos yemas extras que Rb me había brindado (un día de por medio está consumiendo dos huevos sin este elemento)-, rocié los rollitos con harina de yuca, luego de sumergirlos en el huevo y luego los recubrí con un cuarto de taza de avena en hojuelas.

Sellé ambos lados de los rollitos y luego le puse fuego muy muy bajo; a las once y media les día la vuelta y acompañé a Rb en la caminata diaria con sus perros más grandes; se veía bastante tránsito en el boulevard por lo que temí que el viaje de más tarde sería tortuoso.

Terminamos la caminata y entré a sacar el pollo del fuego; y lo coloqué en un hermético, sobre un par de toallas de papel absorbente -antes de salir había preparado la mochila con aislante térmico con lo que llevaría para el almuerzo con mi hijo menor-; me bañé y, un poco después del mediodía salí a encender la van.

El tránsito no estuvo muy fuerte -excepto (como casi siempre) en la salida del municipio-; el periférico estaba bastante vacío y la calzada principal al lado de la cual viven mis hijos tenía una cantidad moderada de vehículos; total que llegué con veinte minutos de anticipación al edificio donde viven mis hijos.

Estacioné la van y subí las gradas de los siete pisos; cuando llegué al lugar encontré a mi hija mediana entrando a la lavandería; nos saludamos brevemente y luego entré a instalarme en la habitación que funciona como espacio en común, le envié un mensaje a mi hijo, comentándole que ya había llegado.

Y luego me puse a armar un cubo de seis por seis que estaba en el armario de la habitación; mi hijo se retrasó bastante; por lo que me puse a completar algunas partidas de ajedrez en la app de Duolingo; al final -casi quince minutos más tarde- mi hijo salió de su habitación.

Había estado sopesando -volver a- comentarle sobre la puntualidad; pero decidí que mejor quería pasar una tarde tranquila; le propuse que camináramos al parque temático; afortunamdamente sus cambios de rutina le han beneficiado pues podemos completar los ochocientos metros de caminata sin muchos contratiempos.

En el parque nos dirigimos directamente al área techada en donde usualmente almorzamos; además de los dos rollitos de pollo y las dos ensaladas (enormes), llevaba un par de coquitas sin azúcar y un par de gelatinas light (me habían sobrado de la semana).

Después del almuerzo le propuse a mi hijo una partida de Scrabble, la cual esetuvo muy animada; luego nos dirigimos a la rueda de Chicago más grande del lugar; la cola no estaba muy extendida y fue una buena experiencia.

Después -como mi hijo no puede comer helado (aunque me comentó que ya no está aplicándose insulina diariamente)- le propuse retornar a casa; habíamos quedado en despedirnos a las cinco y cuarto y aún no eran las cuatro.

Retornamos lentamente al departamento y nos instalamos en la sala; le propuse a mi hijo armar el unicornio de Origami que sale al final de la película original de Blade Runner; pero no encontré el archivo en el celular; sin embargo sí encontramos otras versiones.

Estuvimos trabajando en eso -las instrucciones son bastante complicadas- hasta que sonó la alarma -había programado una en el celular para no atrasarme-; le comenté a mi hijo que me retiraba pero toqué en las habitaciones de mis hijas para despedirme

Mi hija mediana me comentó que su banco en el Imperio del Norte le había bloqueado la transferencia de fondos que había intentado realizar hacia mi cuenta en un banco local (los ocho o nueve mil dólares que le presté para que se quedara un año adicional en la Universidad); le deseé suerte en las transacciones.

Mi hija mayor -había entrado a saludar a la sala un poco más temprano- se ofreció a acompañarme al estacionamiento; por lo que esperé que se vistiera y bajamos -en el elevador- hasta el sótano; allí nos despedimos e inicié el regreso a casa.

Aunque no venía a casa: Rb estaba en su iglesia para la clase semanal de alfabetización de adultos y me había pedido que pasara por ella al final de la tarde, para dirigirnos al supermercado en donde compramos artículos a granel.

Llegué al lugar un poco antes de las seis, estacioné el auto y entré a las aulas de la iglesia; ella yae estaba en las últimas actividades con sus dos alumnas; de allí nos dirigimos al supermercado, en donde compré unas botellas de aderezo ranch y ketchup; también una bandeja de alitas de pollo -para los almuerzos de los domingos-.

Rb compró un saco de comida para sus perros grandes -la principal razón de ir al lugar- y un paquete de pecanas -las únicas semillas que ha decidido consumir ahora-; después de pagar por las compras llevamos los artículos al auto.

En el camino de vuelta pasamos a una ferretería industrial, en cuyo sitio web Rb había visto un pequeño separador de clara de huevo; el valor era como de dolar y medio pero deeberá estar utilizándolo contínuamente ahora que está modificando -nuevamente- su forma de alimentación.

Por la noche estuve leyendo un poco de un libro en español de un psiquiatra que conocí en el canal de Youtube Aprendemos juntos, de la fundación BBVA; y no estoy seguro de continuar con el mismo: son trucos y técnicas para sobreponerse a las adversidades cotidianas.

El domingo me desperté cuando la alarma sonó -a las seis y media- me quedé unos minutos más en la cama pero luego bajé a meditar; después retorné a la cama a hacer algunos ejercicios de ajedrez en la app de Duolingo.

Rb me había pedido la noche anterior que la llevara temprano a la iglesia; se suponía que saldríamos un poco antes de las diez de la mañana; y aún no decidía si desayunaría antes o después del viaje; pero luego, por la mañana, me dijo que se iría en autobús -nomás me pidió un dolar para el pasaje-.

También me pidió que la acompañara al boulevard a esperar el busito; salimos y, casi llegando al portón, vimos que una de estas unidades de transporte iba pasando en el boulevar; por lo que la espera sería larga.

Y así fue; estuvimos un buen rato esperando y no pasaba; como ví que el tiempo avanzaba le propuse a Rb conducirla en el automóvil; por lo que entramos a la calle y sacamos la van; el tránsito no estuvo muy pesado.

Después de dejar a Rb en la iglesia conduje de vuelta a casa; antes de salir estuve tratando de avanzar un poco en el código en el que he estado trabajando durante las últimas semanas; había un par de procedimientos que no lograba que funcionaran.

Cuando retorné de la iglesia continué trabajando en el código; pero también llamé a mi amigo de la juventud que ahora vive en el Imperio del Norte; la última vez que conversamos -él me había llamado- la llamada se terminó abruptamente pues me tocó recibir a una Rb bastante desconsolada, luego de su segunda visita a un hospital público.

En esta ocasión me disculpé por lo sucedido la vez anterior, comentándole un poco de las dificultades médicas que Rb ha estado enfrentando durante los últimos meses; pero mi amigo también me dió malas noticias: su padre -tiene ochenta y cinco años y tuvo un accidente doméstico (quemaduras en una gran parte del cuerpo)- sufrió un incidente cardíaco y está en una sala de cuidados intensivos

Estuvimos conversando por un poco más de media hora y luego le deseé buena suerte; un poco más tarde -al mediodía- Rb me llamó para comentarme que ya había concluído el servicio religioso: habíamos quedado de encontrarnos en el supermercado que qeuda cerca de su iglesia.

Saqué nuevamente la van y me dirigí -otra vez- a la iglesia; quizá por la hora el tránsito estaba mucho más pesado que en el viaje anterior; por lo que me tardé un poco más en llegar al supermercado -y llegué bastante sudado-.

Cuando entré al supermercado me dirigí al área de carnicería -en donde me imaginé que Rbe estaría-; y efectivamente Rb estaba haciendo cola esperando su turno; y justo cuando llegué empezaron a atenderla -debía comprar pollo para su perra más anciana-.

Después de las compras -que incluyeron un poco de bananos y una pequeña red de aguacates- tomamos el camino de vuelta a casa; el tránsito se había liberado bastante por lo que no nos tardamos mucho en el retorno.

Como ya había pasado la hora en la que sacamos a caminar a los perros más grandes nomás entramos a casa y empezamos a preparar la salida: Rb había recibido el arnés que compró en el Imperio del Norte y que le trajo su mejor amiga -también me trajo el par de tenis LA Gear que compré en Amazon-.

Después de sacar a caminar a los perros terminamos de preparar el almuerzo -Rb había dejado las alitas en el fuego cuando salimos-; la ensalada estuvo bastante grande y las alitas quedaron muy bien; terminamos el almuerzo un poco tarde.

Un poco después de las dos me metí a la cocina y lavé todos los trastes que estaban acumulados en el lavatrastos; y me preparé un té de menta; después me puse a completar el código que había empezado por la mañana; cuando finalicé -por fin funcionó- cerré la computadora del trabajo.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb, mientras ella le daba de comer a sus perros; consideré leer un rato pero decidí poner al día mis notas -incluyendo esta- y trasladé la computadora personal a la cama; pasé un buen rato escribiendo -y escuchando música de Studio Ghibli-.

A las cinco Rb salió de su habitación -había tomado una muy buena siesta- y me pidió que la ayudara con la preparación de los almuerzos de la semana: albóndigas -que planeábamos acompañar con unos fideos que han estado un buen tiempo en la bodega-.

Entonces saqué la computadora a la mesa del comedor y puse un video de una difusora científica mejicana; luego partí -de forma bastante fina- una libra de champiñones, los cuales Rb utilizaría para la salsa de las albóndigas.

Y a ver cómo sigue eso...