lunes, 29 de junio de 2026

Eso llamado trabajo(X)... That called work(X)... Ce qu'on appelle le travail(X)...

Esta es una entrada -al igual que otra publicada unas semanas atrás- que no sigue el patrón corriente de este espacio: me levanté pensando en escribir algo sobre este tema después de una reunión -la tarde pasada- con uno de mis conocidos de mi época de la facultad. 

Y, quizá, también el contraste/relación con la reunión que tuve dos días antes con mi conocido más creativo -tan creativo que estuvo una temporada en un hospital psiquiátrico, y ha decidido no vacunar a sus hijas, y está convencido que las grandes corporaciones están trabajando en la disminución de la población mundial-.

Pero, creo, el hilo conductor es el trabajo; o eso que llamamos trabajo: lo primero que hice fue realizar una búsqueda de esas palabras en todas las entradas que he almacenado acá durante las últimas décadas; y nomás le agregué la X al título, pues no creo que haya un número preciso sobre la cantidad de veces que he rumiado el tema.

Lo interesante, creo, es que la última vez que había escrito sobre el tema -o al menos, que había publicado un título alusivo al mismo, estaba en uno -otro más- de esos momentos en los que mi situación laboral estaba pasando por un momento interesante: acababan de cerrar el proyecto en el que estaba trabajando y aún no estaba claro qué pasaría.

Y en esa ocasión lo que pasó fue que la mayor parte del equipo fue movido a un proyecto en un ala de la empresa bastante independiente de las áreas en las que había estado trabajando durante casi una década; y justamente ese departamento será separado -vendido- durante el transcurso de este año.

Lo que me coloca, otra vez, en la misma situación: bastante precaria; aunque, para ser preciso, aún no se sabe qué pasará; algunos -la mayoría- espera que el equipo local sea absorbido por la nueva empresa; otros -incluído el jefe de mi supervisor- no está seguro si somos parte del trato.

Y no hay una certeza sobre qué pasará si el equipo no es movido: ¿seremos despedidos? ¿pasaremos a un nuevo departamento en esta misma empresa? o si el equipo transiciona: ¿continuaremos realizando lo mismo? ¿nos depedirán luego de absorber nuestro conocimiento en el sistema?

La verdad es que hay muchas incógnitas; y no espero que la situación cambien en los próximos dos o tres meses; los hechos: hay un documento que establece un acuerdo de compra de nuestro departamento; no es la primera vez que estas dos empresas realizan una operación de este tipo.

Hace un par de semanas una comitiva de la empresa adquiriente realizó una visita al área en el Imperio del Norte; en esa ocasión el jefe de mi supervisor indicó que se quería adelantar la adquisición -de fin de año a Octubre-; y eso, lo que no se sabe es -como casi siempre- mucho más extenso que lo que se conoce.

Y me puse a pensar sobre escribir acerca del primero de tres los elementos que Freud consideraba necesarios para una vida plena -según Google: 1. El trabajo (y la vocación), 2. Las relaciones interpersonales (el amor), 3. La vida creativa (la sublimación)-; primero, por mi situación particular -a punto de llegar a la docena de años en el mismo lugar de trabajo, pero con perspectivas muy inciertas-.

Además, por las dos últimas reuniones con mis conocidos -y la que tendré este día-; empezando por la del viernes: mi conocido más creativo ha tenido una vida laboral bastante peculiar: empezó trabajando en el gobierno -no haciendo nada, prácticamente- dando soporte a computadoras -aunque no conocía el tema- y continuó en el mismo lugar dando algunas clases de informática.

Luego estuvo mucho tiempo desempleado -por la época con la que se casó (por haber dejado encinta a su pareja)-; pero empezó a trabajar más asiduamente conforme su hija empezó a crecer -por esta época anda en los primeros años de la escuela primaria-.

Durante los últimos cuatro o cinco años ha tenido trabajos interesantes: en dos empresas de captación de energía solar y en una de importación de calzados; en las tres ha estado viendo temas de publicidad y en la última tuvo a cargo a varias vendedoras.

Y, precisamente, en esta última externó un pensamiento que me pareció muy interesante: ¿todos los conflictos que estoy teniendo se deben a mi forma de ser o el problema son los otros?: en el primero de estos trabajos lo despidieron -feamente-; en el segundo renunció y en el tercero lo despidieron -por conflictos con sus subordinados y compañeros-.

Ahora lleva varias semanas sin trabajo; le aconsejé -pero, aparentemente, otra persona cercana también se lo había sugerido- que entrara a un Call Center -en inglés-; no es un trabajo muy glamoroso, pero le puede servir para mejorar su perfil laboral -otro idioma- y generar un poco de ingreso -realmente ganaría casi lo mismo que estaba percibiendo en sus últimos trabajos como profesional de la publicidad-.

Con la persona con la que me reuní ayer nos conocimos hace más de treinta años, en la facultad: había entrado un año antes y coincidimos en algunos cursos -también era amigo de alguno de mis compañeros de clases-; provenía de un medio socioeconómico estable: tanto él como sus hermanos se graduaron de uno de los colegios católicos más notables de la ciudad.

Unos diez años más tarde nos encontramos en un trabajo en el que yo tardé nomás algunos meses -viendo temas de calidad- y él algunos años, como programador; de allí pasó a una de las constructoras más grandes de la ciudad; en donde estuvo década y media, al final se retiró y los demandó por pagos incumplidos -de eso hace seis años-.

Después ha tenido una trayectoria bastante accidentada; en este tiempo, además de divorciarse ha tenido dos o tres trabajos -referidos- en el gobierno; de los cuales ha salido mal; también empezó a hacerse cargo de sus tres sobrinas -casi llegando a la adultez- pues su hermano menor falleció -y la esposa de este también había muerto unos años atrás-.

Ahora tiene tres o cuatro meses de estar en una muy buena posición -referido- en otra ala del estado que se ha hecho famosa -infame-, cómo no, por lo niveles de corrupción en su operación; sus hijos -hijo e hija- están por graduarse de la mejor universidad privada del país; su sobrina mayor -lesbiana, según él (¡el horror!)- se ha ido a vivir sola y él está sossteniendo a las otras dos -por entrar a la universidad-.

En la reunión -un café con pastel- me comentaba que el trabajo está muy bien, que nomás teme que le van a embargar una parte del salario pues, debido a la inestabilidad laboral de los últimos años, sobregiró varias tarjetas de crédito y los cobradores han estado bastante agresivos con la recaudación.

Pero, lo que me llamó la atención fue esto: cuando le comenté que muy posiblemente me quedaré sin trabajo en el transcurso del año, lo primero que vino a su boca fue un discurso sobre marketing digital y trading; o sea, mi amigo continúa creyendo en el pensamiento mágico.

Y esta tarde espero reunirme con otro especímen bastante curioso: se inició temprano -casi adolescente- en la tecnología -pero no atendió la universidad-; se formó en el trabajo y -al parecer- llegó a tener posiciones bastante altas sin tener un título de educación superior.

Pero luego se estancó; por la época en la que lo conocí -hace casi veinte años- trabajaba como programador en la oficina en la que empecé mi transición hacia el área de tecnología; era de los elementos más llamativos: edad avanzada, desfasado en sus conocimientos y con una actitud de que debía estar en una posición más alta.

Por esa época -al parecer- fundó una oficina de energía alternativa -¿geotermia?- con la que no prosperó; también se hace cargo de los hijos de sus hijas por, según sus palabras, 'ellas no eligieron bien a sus parejas-; con lo que aún es necesario que trabaje de forma intensa.

Después de trabajar un par de años en la misma empresa a mí me despidieron -porque la adquirió un conglomerado del Imperio del Norte-; estuve en el banco más grande del país y luego retorné -con otro nombre- a la empresa, donde volví a encontrarlo, aunque la relación laboral que él llevaba era diferente: trabajaba en el mismo espacio pero reportaba directamente a alguien el país vecino del norte.

Por esta época fue lo de la energía alternativa; yo me salí de esta oficina para pasarme al otro banco estatal del país -de donde me despidieron después de año y medio, para entrar, finalmente, a la empresa actual-, mi amigo continuó allí; pero, fiel a mi costumbre, me desentendí de cualquier contacto con mis ex compañeros de trabajo.

Hasta hace cuatro o cinco años, que me contactó para que lo ayudara con algunos temas de calidad de software, en una consultora para la que estaba trabajando; entonces nos pusimos al día: él ya no se quería dedicar al software, porque ya estaba cansado.

Ahora, para variar, trabaja -no tengo muy claro bajo qué régimen- en un ala del estado -alguno de los ministerios del ejecutivo- gracias a una persona con la que trabajó mucho tiempo atrás; me ha pedido préstamos -no muy grandes- en un par de ocasiones y, afortunadamente, ha sido confiable a la hora de honrar sus compromisos.

Y bueno, eso que llamamos trabajo...  

 

 

 

 

 

sábado, 27 de junio de 2026

Últimas palabras... Last words... Les derniers mots...

En general me llama la atención el arte(?) del Stand Up... o sea, pararse frente a una gran (o pequeña) audiencia y arrancarte con un discurso para hacer reir a la concurrencia me parece uno de los actos más valientes (por aquello que hay más personas que le temen a hablar en público que a la muerte).

He visto casi todo lo que Dave Chapelle ha grabado; también algunos otros -en inglés y en español) y, había visto -mucho tiempo atrás- a George Carlin; no mucho entendía su humor, o su figura o su postura; pero bueno.

Creo que fue un cómico -que no es bueno haciendo Stand Up- mejicano que recomendó hace uno o dos años -en su transmisión de fin de año- el libro que titula este texto: este personaje mejicano se 'enfrentó' al stablishment político de su país (y perdió: le cancelaron su programa en una cadena estadounidense).

O quién sabe, de pronto no perdió: igual siguió con sus proyectos en Youtube -donde saltó a la fama y en donde ha florecido durante casi dos décadas-; con un equipo variado de guionistas y presentadores; a saber cuánto tiempo más lo aguantarán.

George Carlin murió hace no mucho luego de una -muy fructífera- vida en el espectáculo; empezó -según sus palabras- haciendo una comedia bastante aceptada; pero luego se tiró al abandono: dejando atrás esa figura limpia (traje y corbata, cabello corto) se empezó a presentar -casi- como un indigente.

Y también hizo que la radio en la que trabajaba fuera llevada a la corte suprema del Imperio del Norte: por insistir en utilizar una serie de -¿siete?- palabras que habían estado prohibidas de acuerdo a cierta ley federal.

Al final -como todos- murió: aunque aún no he avanzado tanto en su libro: es una 'autobiografía' -según él- bastante resumida; y tratada -creo- de presentarse de forma cronológica; es interesante ver cómo sufren las personas blancas -aunque sean irlandesas-.

Y a ver cómo va eso.

El miércoles me levanté a las seis y media; la noche anterior había dejado la máquina del trabajo en la habitación en donde Rb almacena la comida de sus perros -y donde he dormido cuando le he cedido la habitación a alguna visita-; hacia allí me dirigí después de la meditación matutina.

Entré a la primera reunión del día; aunque no fue tan fácil: por alguna razón la batería de la computadora estaba descargada -según yo la había dejado apagada la noche anterior-; pero no encendió y tuve que llevármela a la mesa del comedor, para conectarla al cargador.

La reunión de la mañana no tuvo muchas novedades; pero, al final de la misma, la compañera de mi supervisor hizo un par de pruebas rápidas y mi supervisor me contactó para que repitiera lo mismo en otro par de equipos.

Me puse a trabajar en el acto y le envié los resultados; luego me pidió algo adicional y me entretuve un poco en completarlo; después de terminar la tarea me puse a hacer lecciones -partidas de ajedrez- de Duolingo; había visto a Rb antes de entrar a la reunión y escuchaba alguna parte de la traducción que estaba realizando.

En la reunión de las nueve participó una persona que debe dirigir un evento de entrenamiento para utilizar una nueva herramienta -que el equipo local usó hace más de dos años, en el proyecto anterior- y comentó algo sobre las fechas de la realización -tomando en cuenta que la semana siguiente en el Imperio celebran su día de independencia-.

Había tenido pendiente la reunión bisemanal con mi supervisora local -de hecho había utilizado un par de LLMs para explorar preguntas que pudieran hacer más productiva la misma-; la reunión empezó a las nueve y media.

Y desde el inicio traté de integrar las preguntas que tenía preparada; con lo que más de la mitad -en total es media hora- lo consumimos en temas personales: ella tiene una hija de dos años y una de un par de meses; pero sí conversamos un poco sobre la situación general del equipo.

Mi supervisor en el Imperio había escrito en el mensaje grupal que no estaría en la reunión de las diez menos cuarto; y yo agregué que estaba en reunión con mi supervisora local; al final creo que nadie inició la reunión.

Después de la reunión con mi supervisora me preparé el desayuno y, luego, me quedé en la mesa del comedor leyendo algunos artículos de HackerNews;  a las doce -cuando Rb dejó de recibir llamadas- hicimos la rutina de ejercicios de los miércoles.

Después de completar la rutina de ejercicios sacamos a caminar a los perros; luego pusimos a calentar la tercera porción de los almuerzos de la semana -el día anterior había separado en dos el caldo de pollo, pues planeábamos cambiar el pescado para el jueves-.

Por la tarde estuve leyendo un poco de Criaturita; además avancé un poco en el curso que estaba completando en uno de esos sitios 'gratis' para aprender Python; como teníamos clases al principio de la noche decidimos salir a caminar a las cuatro y media.

A esa hora nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; antes de llegar al extremo del boulevard Rb compró un vestido que vió en una tienda en la que ya había adquirido uno en el pasado; después de llegar al final del boulevard entramos al supermercado en las cerccanías.

El día anterior nos había indicado el carnicero que recibirían pechugas de pollo al día siguiente; por lo que llevábamos la mochila con aislante térmico; y sí, había pechuga de la que Rb necesitaba -para su perra más anciana-; yo aproveché para comprar diez paquetes de gelatina sin azúcar -ya me quedaban nomás dos o tres paquetes- y cuatro salsitas de tomate -recordaba que me faltaban de algunos sabores-.

Después pasamos al otro supermercado; en donde Rb compró una lechuga -ahora consume en la mañana y en la noche- y yo compré otros seis paquetes de gelatina light (de otra marca); después regresamos a casa.

Vinimos unos minutos antes de las seis por lo que me metí a mi habitación para recibir la -que esperaba que fuera- última clase del curso de educación ambiental; y estuvo tan mal como las tres anteriores: el biólogo que la presentó no utilizó una buena metodología, perdiendo más de la mitad del tiempo en resolver dudas que no venían al caso.

Yo aproveché para continuar con el código que había estado escribiendo en la tarde -aunque tuve que utilizar un LLM para completar parte del código-; la clase se extendió hasta después de la hora en que estaba programada; y, después que terminó, me quedé en la cama resolviendo la tarea que estaba en la plataforma del ministerio que está patrocinando el curso.

Pero fue en balde: preparé un par de documentos -PDF- con las cinco actividades delineadas en la asignación; pero cuando intenté subir el resultado me dí cuenta que no habían habilitado la entrega de la misma; entonces cerré la computadora y me pasé a la habitación de Rb.

Me llevé el celular pues no había completado las lecciones nocturnas de Duolingo; y, después de comentar con Rb -había tenido también una clase que no le había agradado- lo ocurrido en clase, me puse a jugar algunas partidas de ajedrez.

Ya eran casi las diez de la noche cuando terminé las lecciones de Duolingo; entonces retorné a mi habitación y completé los veintiseis minutos de meditación, luego salí a lavarme la dentadura y desearle una buena noche a Rb; después retorné a mi habitación, leí un capítulo de Criaturita y me dormí.

El jueves me levanté a las seis y media; realicé la meditación matutina y, luego, me pasé a la habitación en donde Rb almacena la comida de sus perros: allí había dejado la noche anterior la computadora del trabajo; procedí a encenderla y entré a la reunión de las siete.

Rb entró un poco después pues debía dejar preparados los platos con la comida de sus perros; la reunión estuvo bastante corta: el número de participantes ha estado descendiendo últimamente; no estaba nadie de mi equipo y, luego de un poco de espera, vimos que entró la compañera de mi supervisor.

Y no hubo mucho que revisar; nomás se mencionó el avance que -supuestamente- está realizando mi equipo con la última liberación de la aplicación; y el aviso de que el día domingo se realizará un cambio de plataforma de trabajo.

Después de la reunión salí de la habitación y pasé las computadoras a la mesa del comedor; en donde seguí trabajando: me había puesto a revisar por qué los casos de prueba automatizados estaban fallando con la última liberación.

A las nueve entré a la siguiente reunión diaria; en la que tampoco estuvo nadie de mi equipo; en esta cada desarrollador indica los avances y obstáculos en sus asignaciones; y volvieron a mencionar el cambio esperado para el domingo (y que el día siguiente no habría reunión pues varias personas estarán ausentes).

A las diez menos cuarto -la hora de la reunión de mi equipo- inicié la reunión -el día anterior nadie lo había hecho- y esperé un par de minutos hasta que entraron dos de mis compañeros: el analista más brillante y el que vive en el pueblo donde creció mi padre -afortunadamente no entró el que me cae menos bien-.

Y nomás pregunté si continuábamos con la misma asignación y si alguien necesitaba alguna ayuda con sus asignaciones; la persona del departamento colonial se odía bastante incómodo en la reunión, estaba por terminarla -estábamos hablando en español- cuando entró una persona del Imperio.

Y nomás preguntó si el supervisor no se uniría; ante la negativa nomás indicó que no tenía nada que agregar; así que agradecí a todos por atender la reunión y me salí; y justo estaba saliendo cuando escuché que el analista más brillante empezaba a hablar.

Así que lo contacté por mensaje de texto, y era nada más para recordarme que teníamos código que debíamos enviar al repositorio por la migración prevista para el fin de semana; y por la tarde estuve trabajando en ese código: hay varios casos de prueba que ya no están funcionando, al parecer cambiaron algunos controles en la última liberación.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; no teníamos nada que comprar, excepto el pan para mis desayunos; pero al llegar a la altura del supermercado que se encuentra al inicio del boulevard decidimos entrar; aunque no compramos nada.

En el camino de vuelta pasamos a la panadería en donde compro el pan más barato; pero estaba cerrada, lo que realmente nos sorprendió -además de que no lo habíamos notado en nuestro camino de ida-; entonces continuamos el camino a casa y compré el pan en la panadería de la vuelta.

Por la noche terminamos de ver The Interpreter; y, la verdad, ya no hacen películas como antes: o sea, es del dos mil cinco; pero presenta primeros planos muy buenos, discusiones entre los personajes bastante interesantes, y giros de trama extraños; muy buena.

El viernes me levanté a las cuatro menos diez; me parece que había escuchado cuando Rb se había levantado -una hora antes- a alimentar a su perra más anciana; al igual que el jueves anterior, me vestí, salí a saludar a Rb y luego nos preparamos para dirigirnos al hospital público más grande de la ciudad.

El camino de ida estuvo bastante despejado -por la hora- y los alrededores del hospital estaban -como siempre- bastante animados ya a esa hora de la madrugada; dejé a Rb en la entrada del hospital -la cola no se veía muy amplia- e inicié el camino de retorno a casa.

Había planeado entrar a la vía en la que me había metido la primera vez que llevé a Rb al hospital a esa hora -cre que esta era la tercera vez-, pero no logré identificarla; por lo que -al igual que la última vez- dí la vuelta en el Trebol y desde allí me dirigí a la vía que conecdta la ciudad  con el municipio.

Retorné a las cuatro y media -ví la hora al bajarme del auto- y encontré a los perros más grandes en la puerta; por lo que los dejé salir al patio delantero; la perra no se tardó muco pero el macho se quedó afuera por un buen tiempo -mientras esperaba que se decidiera a entrar me puse a leer un poco-.

Después de que el perro pidió entrar desconecté todas las alarmas de mi celular -y la de las siete de la mañana del celular de Rb- y me metí a la cama; era un poco después de las cinco e intenté controlar la respiración para conciliar el sueño; sentí que no estaba funcionando, pero cuando ví el reloj del celular eran las siete.

Aunque había puesto la alarma para las ocho me levanté en el acto y completé mi periodo de meditación; luego salí a esperar a que llegara la hora de alimentar a los perros -a las ocho cuarenta y cinco-; mientras ellos tomaban su desayuno le envié fotos a Rb de la escena.

Después de que los perros desayunaran me puse a completar la rutina de ejercicios de los viernes -la misma que habíamos hecho el lunes por la tarde-; luego me preparé el desayuno de los fines de semana; como era mi segundo día de vacaciones del mes -lo había previsto de esa forma para ayudar a Rb en su saga hospitalaria- me pasé la mañana leyendo.

Rb me estuvo informando de sus avances en la consulta -es super lenta- y a las diez de la mañana me comentó que ya había sido atendida -por dos practicantes- y que la encontraron apta para cirugía pero que le pareía mejor tener una segunda opinión; un poco después de las once me comentó que ya estaba en el busito.

Rb vino un poco después del mediodía (me traía un pastel de chocolate de mi panadería favorita: el día anterior me iba a traer una porción por la celebración del día del maestro a su instructor de zumba, pero cancelaron la compra para donarle el dinero porque había insinuado que no podía reparar su celular).

Íbamos a sacar a los perros pero Rb se preguntó si le daría tiempo a completar la rutina de ejercicios de los viernes; así que le propuse que yo sacaba a los perros y ella completaba la rutina de ejercicios; accedió a mi propuesta y salí con los dos perros grandes, a completar la caminata diaria.

Después de que entré con los mismos preparamos la última porción de los almuerzos de la semana -el día anterior habíamos preparado el pescado que usualmente consumimos los viernes-: hashbrowns de pollo y zanahoria, caldo de pollo y aguacate; después me preparé el café vespertino.

Como había quedado con mi amigo más creativo para una reunión a las tres de la tarde en la cafetería en la que usualmente organizo mis encuentros, me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían ido acumulando en el día.

Salí de casa un poco después de las dos y media; Waze me había indicado un trayecto de más de treinta minutos -usuamlente no me consume mś de quince- y, en efecto, a las pocas calles empezaba un embotellamiento bastante pesado.

Llegué al lugar con dos minutos de retraso; entré al restaurante y escaneé las tres áreas de mesas sin ver a mi amigo; y estaba enviándole un mensaje para hacerle saber que ya me encontraba en el lugar cuando lo ví entrar.

Ordenamos un par de café/pastel de chocolate -pagué ocho dólares- y nos acomodamos en una mesa; en la que estuvimos el siguiente par de horas entre conversación y consumo de cafeína y azúcar: a él lo despidieron de su emple un par de semanas atrás y había empezado a trabajar en un call center la semana anterior.

Pero lo noté un poco más parco en su actitud -lo que había estado notando desde nuestras interacciones por whatsapp- y temí -lo que fue cierto- que el motivo era que se estaba preparando para pedirme un préstamo.

Lo que hizo cuando ya habíamos salido del lugar y nos dirigíamos al parqueo -ámbos habíamos dejado los autos en el parqueo posterior del restaurante-: me pidió prestada una cantidad fuerte de dinero -como seiscientos cincuenta dólares-; le comenté que debía revisar mis estados financieros y que conversaríamos luego.

Pero, la verdad, es que no me sentía nada atraído a prestarle -regalarle- esa cantidad de dinero; y me vine pensando en el camino sobre la forma menos fea de negarme a realizar el préstamo; de hecho lo consulté con un par de LLMs pero no me gustó nada la respuesta de ambas.

Entonces nomás lo bloqueé de mis conversaciones de whatsapp; aunque el plan que se me ocurrió fue ponerle como excusa la situación médica actual de Rb -en la que no me involucro financieramente para nada- para justificar mi negativa a desembolsar una cantidad tan grande de dinero.

Retorné a casa un poco después de las cinco y media y, de acuerdo a lo que habíamos acordado con Rb, nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el final de boulevard y, luego, entramos al supermercado en sus cercanías.

Allí compré un paquete de salchichas para hotdog -le pedí a Rb que, al día siguiente, me preparara el que era mi platillo favorito: salchichas con salsa de tomate y coditos con mayonesa-; en el otro supermercado compramos un poco de bananos; además compré el jugo de naranja para el desayuno del día siguiente con mi hija mediana.

También compré -estaban en oferta- un par de bolsas de snacks para estos desayunos; después de pagar por las compras iniciamos el camino de vuelta; pero antes de entrar a la calle pasamos a la tienda de las verduras: Rb quería comprar algunos ingredientes para los almuerzos de la semana siguiente.

Y luego de la tienda pasamos a la panadería: necesitaba pan para el desayuno del día siguiente con mi hija mediana; finalmente, luego de todas las compras, retornamos a casa; por la noche empecé a ver -subtitulada en francés- Disclosure Day.

El sábado me levanté a las seis y media; completé la meditación y luego retorné a la cama a hacer mis lecciones matutinas de Duolingo -había estado gravitando alrededor de los mil quinientos puntos de ELO-; un poco antes de las ocho salí de la habitación.

La noche anterior había dejado -desinfectadas- en el refrigerador algunas hojas de lechuga de dos tipos diferentes; también una manzana y un tomate; empecé a preparar el desayuno que pensaba llevar a la reunión con mi hija mediana: pan con omelete, lechuga y tomate; jugo de naranja, un banano, una manzana y snacks.

Terminé de preparar el desayuno un poco antes de las nueve; y me esperé un poco para entrar a la ducha -últimamente he estado tomando los baños acompañado de una selección de las mejores arias-; después preparé la mochila con aislante térmico, me vestí y me despedí de Rb.

Salí de casa un poco después de las nueve y media y encontré una ruta bastante despejada; excepto en la entrada de la ciudad: había un par de vehículos del transporte pesado que estaban ralentizando el movimiento de ambos carriles.

Pero llegué al edificio de mis hijos con buen tiempo: cinco o seis minutos antes de las diez estaba parqueándome en el sótano del lugar; bajé ambas mochilas y la caja del Scrabble y subí, caminando, las gradas de los siete niveles.

Entré al departamento y estaba por escribirle a mi hija para comentarle que había llegado, pero ella entró en ese momento a la sala; y me comentó que, como le había pedido que habláramos de la situación financiera, lo hiciéramos antes de dirigirnos al parque temático.

Conversamos un rato sobre la transferencia -fuerte- de dólares que debía haber hecho a mis cuentas un par de meses antes -se supone que le congelaron los fondos porque era una cantidad que emite automáticamente una alerta a las entidades bancarias-; pero le pregunté qué planeaba hacer.

Entonces me comentó que el mes siguiente -al igual que mi hijo menor- planeaba renunciar a su trabajo; aunque -a diferencia del primero-, su plan era buscar otro trabajo con un poco menos horas y aplicar a programas para completar un doctorado en el exterior.

Le deseé que sus planes llegaran a buen puerto y me puse a su disposición para cualquier ayuda; además le indiqué que si pensaba volver al Imperio del Norte -que es bastante probable- lo mejor sería que pospusiéramos la transferencia del dinero, pues podíamos luego resolverlo de una mejor forma.

Insistió mucho en que quería saldar la deuda; pero le indiqué que evaluara bien sus opciones y que eligiera un camino que no le afectara mucho -las comisiones por transferencias internacionales son (para mi gusto) demasiado elevadas-; después de la conversación nos dirigimos al parque temático.

A donde llegamos a las once de la mañana; el lugar se veía bastante lleno -seguramente por el periodo de vacaciones escolares de medio año-; estábamos caminando hacia el área techada con mesas, pero encontramos -seguramente por la hora- una mesa disponible al aire libre; así que nos acomodamos en el lugar.

Limpiamos la mesa -se veía recién utilizada- con toallitas con cloro y repartí el desayuno: un pan para cada uno, jugo de naranja, snacks y le ofrecí compartir medio banano y media manzana, a lo cual accedió; el desayuno -y conversación sobre universidades, tecnología y últimas novedades- nos consumió tres cuartos de hora.

Le propuse, luego, ir a la rueda de Chicago, pues habíamos acordado despedirnos a la una de la tarde; pero cuando llegamos al juego mecánico encontramos una cola bastante extensa; por lo que decidimos retornar al departamento para jugar una partida de Scrabble.

El camino de retorno estuvo bastante agradable por las condiciones climáticas: el cielo ha estado, generalmente, nublado; no llueve pero el ambiente se ha mantenido bastante fresco; retornamos al departamento un poco después de las doce y completamos una partida de Scrabble; a la una -había puesto alarma- nos despedimos.

Bajé al sótano -con ambas mochilas y la caja del Scrabble-, arranqué la van y empecé el camino de vuelta; no encontré mucho tránsito, excepto -otra vez- justo en el último semáforo antes de abandonar la ciudad: dos o tres calles antes del mismo se está produciendo una aglomeración en los últimos tiempos.

Pero vine a casa apenas pasados unos minutos de la una y media; Rb salió a recibirme y a darme un abrazo -me había indicado por whatsapp que necesitaba esto último-; comentándome que había cometido un error muy grande en una traducción de la mañana.

Traté de minimizar la gravedad del asunto, asegurándole que era muy poco probable que tuviera consecuencias funestas debido al percance; y entonces pasamos a servirnos el almuerzo: Rb había preparado unas alitas -y berenjena- para ella y me había preparado las salchichas y coditos.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros más grandes; cuando entramos me puse a lavar los trastos y le preparé un té de manzanilla a Rb; acordamos salir a las cinco de la tarde y me metí a mi habitación con mi portátil personal; no había decidido si actualizaría mis notas -incluyendo esta- o leería.

Pero no hice nada de eso; me bajó un sopor bastante intenso y me pasé la siguiente media hora dormitando; había puesto un temporizador en el celular para que sonara un par de minutos antes de las cinco; pero, antes de esa hora, Rb entró a la habitación; ella también había dormido un poco, pero los calores menopausicos la habían despertado.

No me sentía nada bien de haberme dormido por más de una hora; pero luego recordé que el día anterior me había levantado antes de las cuatro de la madrugada; y que por la tarde no había hecho siesta, por la reunión que había tenido con mi amigo más creativo.

Entonces traté de tranquilizarme -en el pasado me afectaba mucho, negativamente, dormir de día-; a las cinco nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el final del boulevard y luego retornamos al supermercado que queda a medio camino.

En el miso compramos algunas mollejas de pollo y un muslo; después de pagar retornamos a casa; como ya eran más de las seis cuando ingresamos me puse a hacer lecciones de Duolingo -quedé justo en mil quinientos de ELO-; luego salí a preparar la gelatina para los cuatro desayuno de los primeros días de la semana laboral.

Y a ver cómo sigue eso. 

Y a ver cómo sigue eso...

martes, 23 de junio de 2026

Criaturita... Little Critter... Petite Créature...

Depués de leer -entreleer, realmente- I will teach you to be rich quería empezar algún libro en español; por lo que volví a buscar: mejores libros en español del dos mil veinticinco; y, primero me salió una lista en inglés -creo que por la configuración del buscador- de los cuales bajé uno; luego encontré el título de este texto -y otro de uno de los autores identificados como Carmen Mola-.

Criaturita está contado en tercera persona -me parece- y narra las viscicitudes de una chica, luego de la muerte de su padre; o quizá los problemas de una persona que busca constantemente el cariño de alguien del sexo opuesto.

Son treinta y un capítulos y decidí leer cinco en cada ciclo; lo empecé el martes y el miércoles, por la tarde, estaba tratando de completar el capítulo cinco pero me estaba quedando dormido -luego me recordé que ese día me había levantado a las cinco de la mañana-.

El título del libro es mencionado en los primeros capítulos refiriéndose a una forma en la que una maestra llama a la protagonista, un poco depués de que el padre -biólogo- muriera; pero también, me parece, se refiere a un trasfondo de la historia -es alrededor de un gran lago-.

Y a ver cómo va eso.

El jueves me desperté a las cuatro menos diez; la noche anterior había dejado esa hora en la alarma del celular pues habíamos acordado con Rb salir de casa a las cuatro de la mañana: debía presentarse en el laboratorio del hospital para realizarse una larga lista de pruebas de laboratorio.

Por alguna razón -había estado soñando sobre algún tema laboral- me levanté bastante agotado; me costó vestirme y salir a saludar a Rb; de hecho hasta que llevaba conduciendo algunas calles empecé a sentirme más despierto.

Lo bueno es que el tránsito de esa hora estaba bastante esporádico; y llegamos al hospital apenas a las cuatro y cuarto; había una larga cola antes de entrar en los terrenos del lugar -son varias ramas médicas en el mismo sector- pero era para ingresar al parqueo de otros edificios.

Dejé a Rb en la entrada del hospital -ya se veía una larga fila de pacientes esperando- y conduje de vuelta a casa; a donde llegué apenas unos minutos después de las cuatro y media; el perro -macho- de Rb estaba en la sala cuando entré, por lo que lo dejé salir al patio frontal.

Encendí la computadora personal y me puse a actualizar mi app de gastos en el celular -usualmente registro los gastos diarios basado en las transferencias que le realizo a Rb-; un rato más tarde el perro pidió entrar; luego de lo cual me llevé la computadora a la cama para actualizar mis notas -incluyendo esta-. 

Intenté dormirme después de actualizar mis notas -un poco después de las seis-; incluso cancelé todas las alarmas de la mañana de mi celular; pero se me olvidó cancelar la alarma de las siete del celular de Rb; no pudo dormirme rápido y estaba empezando a conciliar el sueño cuando sonó el celular de Rb; me levanté a silenciar la alarma y volví a la cama.

Continué en la cama y, eventualmente, terminé durmiéndome; hasta las ocho y media o así, cuando debía levantarme para darle de comer a los perros -a las nueve menos cuarto-; ví mensajes de Rb indicándome que ya había salido del hospital, luego que estaba en el comercial donde abordamos los busitos, pero se había quedado a desayunar alllí.

Un último mensaje anunciaba que ya estaba en el busito y venía de camino; y sucedió lo que temí: entró justo cuando estaba empezando a darle de comer a sus perros; y, aunque usualmente no le pongo atención a si como o no la perra más anciana -ella la alimenta en la boca la mayoría de veces-, tuve que esmerarme -le agité varias veces el plato- para que comiera.

Después de que comieron los perros me preparé mi desayuno; luego me pasé el resto de la mañana haciendo lecciones -partidas de ajedrez- en Duolingo, y leyendo un poco del libro en español que acababa de empezar.

Y lo mismo fue por la tarde, básicamente traté de no dormirme pues luego me cuesta conciliar el sueño por la noche; un poco antes de las cinco nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte; en el que se encuentra en el extremo del boulevard compramos un poco de bananos.

Cuando estábamos pagando ví -en la guía de ofertas del lugar- que los frijoles rojos y el té de menta estaban en oferta; entonces reingresamos a los pasillos; nomás encontramos una caja del té en oferta, pero compré dos bolsas grandes -veintiocho onzas- de frijoles rojos; en el camino de vuelta pasamos a la panadería y adquirí el pan para mis desayunos de los siguientes tres días.

Por la noche me estuve un buen rato en la habitación de Rb, leyendo el libro de Kanban y el de SQL; pero, en varias ocasiones, me sorprendí roncando -no recordaba que me había levantado antes de las cuatro de la mañana-; y me retiré a mi habitación un poco después de las nueve de la noche; me costó conciliar el sueño y temí que se repitiera lo de la ocasión anterior: pasar la noche en blanco; afortunadamente me quedé dormido.

El viernes me levanté anes de las seis y media y me sentía aún bastante agotado; como Rb me interrumpió al inicio de la meditación terminé mi práctica matutina un minuto después de las siete; por lo que entré a la reunión en mi computadora personal -la del trabajo estaba apagada-.

Pero encendí la computadora del trabajo -y trasladé la llamada a la misma- en un corto tiempo; no hubo muchas novedades en la reunión y, luego de la misma, saqué las dos computadoras a la mesa del comedor.

A las nueve iba a entrar a la reunión de las nueve pero ví que habían iniciado una reunión bisemanal del equipo -en la que participa también el jefe de mi supervisor-; y fue este quien empezó la reunión comentando que -representantes de- la empresa que va a adquirir el departamento habían estado -o aún estaban- en el sitio y que se esperaba que las funciones se trasladen antes del mes de octubre.

Y volví a interrumpirlo -ninguno de mis compañeros locales (o en el Imperio) lo hace- para corroborar si había escuchado bien; y así era: a partir de octubre quieren tomar control de las operaciones del área; mi supervisor le preguntó si el equipo de acá también será absorbido, y la respuesta fue afirmativa.

Al mediodía -después de sacar a caminar a los perros- preparamos un par de pescados -que Rb había dejado descamados desde el día anterior-;  un poco antes del almuerzo me escribió el analista que vive en el pueblo en el que creció mi padre: un desarrollador -anciano- del Imperio del Norte lo había contactado pidiéndole información de un error que yo había reportado.

Este señor es algo particula: o sea, ha trabajado -me imagino- décadas escribiendo código, pero no puede -por ejemplo- ver un video que envié adjunto al error -o incluso que le estaba adjuntando en el mensaje de la conversación que estábamos teniendo-; al final opté por enviarle algunas capturas de pantalla -del video-.

El desarrollador me insinuó que si agregaba un equipo -a los dos que tenía conectados durante la prueba- quizá tendríamos una mejor comprensión del error; le indiqué que trabajaría en eso durante el fin de semana: no quería meterme con el equipo mientras otros aún estaban trabajando en ellos -en el horario laboral-.

Por lo que por la tarde nomás avancé un poco en el libro en español que llevo a medias; también estuve leyendo algunos artículos de la selección de HackerNews, e incluso bajé otro libro de eficacia personal: the 4 hours chef -creo que lo leeré cuando terminé el que acabo de empezar en español-.

A las cinco nos dirigimos caminando a los supermercados en direcció sur; llegamos hasta el extremo del boulevard y estuvimos a punto de cruzarlo porque Rb quería ver un vestido exhibido en una venta de ropa en una tienda de ese lado; pero cuando estábamos en el arriate central decidió que mejor no; así que retornamos al lado en el que habíamos bajado e iniciamos el camino de vuelta.

En el supermercado a la mitad del camino entramos a comprar una pierna con cuadril de pollo -para los almuerzos de la siguiente semana- y un poco de banano; luego, en la tienda de la esquina, pasamos a comprar unas ramas de apio.

Cuando regresamos de la caminata vespertina -casi nocturna por estos días- me puse a trabajar en las pruebas que había previsto completar durante el fin de semana; me estuve un buen tiempo trabajando con tres equipos en paralelo y, al final, mandé un reporte detallado de mis hallazgos: al parecer uno de los equipos es el que estaba dando problemas.

Y, por haberme estado dedicando a realizar las pruebas adicionales, casi no estuve en la habitación de Rb: o sea, fueron casi dos horas en terminar la tarea -aunque también, creo, me quedé viendo algún video de Youtube y/o leyendo algún artículo en mi computadora personal-.

El sábado me levanté a las seis y media; bajé al piso a meditar y fui interrumpido -después de la mitad del tiempo- por Rb: se asomó para saludar -y se disculpó por la interrupción-; a diferencia de otras ocasiones, no reinicié el tiempo de meditación -nomás me faltaban ocho minutos o así-, sino que simplemente continué hasta el final.

Durante la mañana preparé todo lo que debía llevar al almuerzo con mi hijo menor: desinfecté varias hojas de lechuga, un tomate y una zanohria; y me dí cuenta que habia olvidado comprar un pepino; por lo que dejamos las verduras en agua con cloro y caminamos hasta el supermercado más cercano en dirección sur.

Además de un pepino compramos un poco de bananos; retornamos a casa, drené el agua de la verduras y me puse a preparar las dos ensaladas; también pesé treinta gramos de aderezo en dos diferentes paquetes -vacíos- de galletas soda; luego preparé mi desayuno..

Después del desayuno me puse a preparar los rollitos de pollo -los había dejado preparados (muy tarde) la noche anterior-: batí un huevo, sumergí allí cada rollito y luego los pasé por harina de yuca, luego volví a pasarlos por agua y, por último, por hojuelas de avena; en esta ocasión calenté un poco más el aceite y los cociné por dos lados por cinco minutos, luego por quince minutos -a fuego muy bajo- por los otros dos lados.

En el ínterin sacamos a caminar a los perros de Rb; luego me dí una ducha, empaqué todo lo que necesitaba pra el almuerzo y -un poco antes de las doce- tomé la van para dirigirme a la casa de mis hijos; afortunadamente el tránsito estaba bastante ligero: llegué a mi destino apenas un poco después de las doce y media.

Subí al séptimo nivel, entré al departamento, le envié un mensaje a mi hijo para avisarle que ya había llegado y me instalé en la habitación que designamos como sala; me puse a jugar algunas partidas de ajedrez -estaba por llegar a mil seiscientos de ELO en Duolingo- pero mi hija mayor se me unió un poco más tarde.

Estuvimos conversando un buen rato, hasta que mi hijo menor salió de su habitación -más peludo que la vez anterior-; nos despedí de mi hija mayor y le propuse a mi hijo dirigirnos al parque temático; el sol estaba algo fuerte, pero no nos costó mucho llegar.

Ya dentro del parque nos dirigimos directamente al área social -mesas bajo techo- y procedimos a almorzar; después del almuerzo le comenté a mi hijo que quería ver la situación financiera -al final de este mes estaría pagando la última cuota del préstamo de tres mil dólares que le proporcioné hace casi año y medio-.

Pero quedaba la gran incógnita de la reposición de los mil quinientos dólares que tomó del monto que debía transferirme cuando su empresa liquidó las acciones que habíamos adquirido; pero me sorprendió con su GRAN revelación: el próximo mes estaba planeando renunciar a su trabajo -porque ya no lo aguanta-.

Y su gran plan es dedicarse más a realizar ilustraciones digitales -se supone que ha estado CASI por llegar a un salario mensual trabajando en esto como freelance-; y la verdad no veo plausible -o creíble o posible- su plan; nomás le indiqué que esperaba que se comportara como un adulto responsable; aunque, la verdad, temo el desenlace.

Igual traté de no pontificar sobre el asunto; nomás le aconsejé que, en vez de intentar pagarme la deuda en montos grandes -cuando recibiera algún pedido importante- tratara de mantener un flujo constante de pagos -por aquello de los hábitos-; pero, la verdad, no tengo esperanza de que mis consejos hayan caído en terreno fértil.

Retornamos al departamento un poco después de las cuatro: temíamos que empezara a llover y nos ocurriera lo de la semana anterior con su hermana mayor -mis tenis quedaron casi inservibles-; y cuando revisé mis mensaje en whatsapp encontré uno de mi primo indicándome que podía pasar ese día a visitar a mi tía favorita -realmente había querido hacerlo el jueves pero no había recibido ninguna confirmación-.

Entonces le envié un mensaje a Rb comentándole que saldría de la casa de mis hijos después de las seis de la tarde -con mi hijo menor habíamos quedado en despedirnos a las cinco pero preví pasar un rato a visitar a mi tía-; a las cinco me despedí de mi hijo y bajé a abordar la van.

Salí del parqueo y de la zona sin mucha dificultad -el tránsito estaba bastante ligero- y llegué a la casa de mi primo -sus padres viven en un pequeño espacio en el segundo nivel de una enorme casa-; me estacioné en la acera y lo llamé, preguntando si podía parquearme de esa forma y pidiéndole que salier a abrirme, lo que hizo en el acto.

Subí al segundo nivel y encontré a mi tía bastante bien -ha estado con molestias de salud en los últimos meses (o años, o décadas)-; aproveché para darle a mi primo una carta misionera que la esposa del antiguo director del colegio en el que se graduó le dió a Rb -cuando la encontramos en el supermercado a principios de años-.

Y luego me estuve hasta un poco después de las seis en la mesa del comedor, conversando con mi tía -operaron a mi segunda prima favorita de la vista hacía no muchas semanas, casualmente con el mismo procedimiento que me aplicaron a mí-; había puesto una alarma y cuando sonó me despedí de mi tía.

No tuve muchas dificultades para entrar al municipio -no sé si por la hora- y un poco después estaba entrando al boulevard que conduce hasta la casa de Rb; y venía tratando de ver si la encontraba en la ruta; lo que sucedió unas cuatro o cinco calles antes de llegar a la calle en la cual vivimos.

Venía caminando del otro lado del boulevard y accioné varias veces la bocina, para que se cruzara la vía; estacioné la van al borde de la carretera y esperé a que llegara -había un poco de tráfico-; y luego condujé hasta su casa.

Después de dejar las mochilas que cargábamos -ella lleva una a su clase de alfabetización y yo cargaba, además de la mía, la que está forrada con aislante térmico y la caja de Scrabble- en casa salimos hacia la tienda de la esquina, para comprar un güisquil y un aguacate.

Por la noche había planeado ver la mitad de una película que acababa de bajar: The Interpreter; pero, por estar limpiando de archivos grandes -intenté bajar Disclosure Day pero el sistema me avisó que no me quedaba suficiente espacio- el disco de mi computadora ya no me dió tiempo de nada.

Nomás preparamos algunas cosas para llevar al viaje que habíamos planeado para el día siguiente, para celebrar el cumpleaños de Rb -era el lunes siguiente y yo había estado en conversaciones durante todo el mes con su mejor amiga (y editora de nuestros libros) para sorprenderla con una aparición inesperada-.

Me lavé la dentadura y me despedí de Rb un poco antes de las diez de la noche; entré a mi habitación y completé el periodo de meditación de veintiséis minutos; después leí un par de capítulos del libro de meditación que llevo a medias; luego intenté dormirme pero tuve muchas dificultades en lograrlo; finalmente caí rendido.

El domingo me levanté a las seis y media; desde la noche anterior le había comentado a Rb que saldría de mi habitación a las siete -esperaba que no hubiera más interrupciones mientras meditaba-; lo que, al menos, sucedió como esperaba.

A las siete salí de la habitación y me puse a ayudar a Rb con la preparación de los almuerzos que llevaríamos a nuestro día de campo -el primero en más de cuatro años-: Rb había preparado unos panes el día anterior y pusimos a punto un par de tortitas de pollo para unas muy buenas hamburguesas.

Después preparé mi desayuno: desde algunas semanas antes había previsto preparar una receta de cloud bread; había comprado un poco de queso crema y completé la receta; y lo que quería probar era hornearlo en microondas; aunque al final separé la mitad para probar su coccińo en sartén.

Y la verdad lo del microondas salió fatal: como un panqueque aplastado; el del sartén quedó mejor, aunque creo que debo agregar una especie de molde de papel parafinado -o cocinarlo en una olla con cubierta de teflón.

Pero al final obtuve eso: dos panqueques; los cuales rellené con frijoles volteados y acompañé con un banano, un poco de papaya y una taza de café -con tres panitos dulces-;  después de que Rb le dió de comer a sus perros nos preparamos para salir.

Yo había dejado ya en la van -en el espacio entre la segunda y la tercera fila de asientos- una caja con una bolsa de harina de un tubérculo y un gran recipiente de Psyllium que le había ofrecido a la amiga de Rb; y lo había cubierto con la caja de madera en el que ahora transporto el Scrabble.

De acuerdo a lo que habíamos conversado con nuestra editora, cuando arranqué el auto -salimos como diez minutos más tarde de lo planeado- empecé a compartirle mi ubicación en whatsapp -la noche anterior le había cargado tiempo de aire al celular-. 

El tránsito -quizá por ser domingo- estaba bastante ligero por lo que no tardamos mucho en llegar al parque ecológico al que habíamos ido por primera vez hacía casi cuatro años -en esa ocasión había recibido una multa (injusta, según yo) por exceso de velocidad).

Cuando llegamos revisé los mensajes y encontré un par de nuestra editora: aún iban en camino; por lo que le propuse a Rb que realizáramos una caminata por los senderos del parque: nos dirigimos hacia el mirador más elevado para tener una buena visión del lago a los pies de la montaña.

Estuvimos allí por un buen rato tratando de identificar los diferentes edificios -almacenes, restaurantes populares y así- del pueblo que se formó, hace mucho tiempo, en los alrededores del lago;  a las diez la editora me envió un mensaje comentándome que ya estaban cerca.

A las diez y veinte me envió la ubicación Live: ya habían llegado al parqueo del lugar; entonces le comenté a Rb que había recibido un mensaje del lugar para que moviéramos el auto -o algo así-, que debíamos dirigirnos al parqueo; por lo que iniciamos el camino de vuelta.

Ya casi llegando al parqueo ví que venía una pareja caminando -me cuesta reconocer a la gente, pero creí que eran ellos-; entonces le comenté a Rb lo que había estado pensando un día antes: ¿te acuerdas de lo especial que me hicieron sentir mis amigos judíos cuando me organizaron una fiesta sorpresa? y entonces se dió cuenta de quienes estaban llegando.

Ví que se emocionó un poco con la sorpresa y fue un buen rato de abrazos entre los cuatro; luego continuamos el camino -nosotros por segunda vez- hacia unas mesas ubicadas bajo una arboleda; allí nuestra amiga preparó la mesa -llevaba un mantel y había impreso varios detalles alusivos al cumpleaños-.

La pareja -ella es editora de libros, muy buena; él un pediatra retirado- son bastante llenitos -ella especialmente- y, casi desde que nos sentamos- empezaron a sacar la comida: ella partió una sandía, él repartió un refresco -artificial-; para Rb llevaban ciruelas y manzanas.

Después de dar buena cuenta de un par de bolsas de snacks entre los tres -Rb no consume nada procesado que contenga trazas de maíz o trigo- nuestra amiga sacó el almuerzo: había preparado unos panes muy buenos rellenos de carne guisada.

Yo estuve comiendo de todo -volví a excederme, igual que la semana anterior, con mi amigo voluntario- pero no quería despreciar los alimentos que habían llevado -incluyendo un pie preparado con Yogurt Griego, muy bueno-.

Como había previsto, jugamos un par de partidas de Scrabble -en el que los dejé muy muy atrás-; y allí me dí cuenta de algo que Rb ya me había comentado sobre nuestra amiga: es muy muy competitiva; según el cuento, de adolescente se enfermaba cuando no sacaba notas superiores.

A las una Rb sacó las hamburguesas que habíamos preparado -también llevábamos un par de botellitas con refresco de rosa de jamaica-; pero allí sí me dí cuenta de lo mucho que había comido; y, no queriéndome excederme más, reservé la mitad de la hamburguesa.

La conversación estuvo muy buena: el doctor -a pesar de que se jubiló hace algunos años- sigue bastante actualizado en las condiciones de su rama médica; además, se mantienen al tanto de varias teorías conspirativas en las que se han sumergido desde algunos años atrás.

Incluso hubo un connato de discusión entre Rb y nuestra editora cuando esta última empezó a insistir vehementemente que le vá a los hebreos en la agresión que están cometiendo contra los palestinos: no sé si por mi influencia, Rb ha tomado el lado de los oprimidos actuales; afortunadamente logré desviar la conversación.

Un poco después de la una le indiqué a Rb que ya habíamos pasado la hora que habíamos acordado para volver a casa; pero ella me comentó que podíamos empezar el retorno hasta las dos de la tarde: sus perros almuerzan a las tres menos cuarto.

Entonces continuamos con la tertulia hasta esa hora -yo había puesto una alarma-; al final les agradecí nuevamente -y bastante efusivamente- a la pareja por haber atendido a mi solicitud para prepararle la sorpresa a Rb, caminamos hasta el parqueo y bajé la caja de cartón en la que llevaba el psyllium y la harina; dándoselas a Rb para que decidiera qué le donaría a su amiga -le dió la caja completa-.

Nos despedimos y empezamos el camino de regreso; el tráfico, afortunadamente, seguía bastante ligero por lo que antes de las dos y media estaba estacionando el auto frente a la casa de Rb; sacamos a caminar a los perros y luego Rb les dió de comer.

Luego me comentó que iba a descansar hasta las cuatro -yo acababa de prepararle un té de manzanilla- y, mientras ella pasaba a su habitación, yo puse un video en Youtube, me puse los audífonos bluethoot y lavé los trastes que habíamos dejado por la mañana.

Luego estuve actualizando mis notas -incluyendo esta- hasta las cuatro de la tarde; a esa hora Rb se levantó -creo que oyó el temporizador que había dejado en mi celular- y me pidió que la condujera a una tienda de electrónica, en donde quería adquirir un adaptador/expansor de puertos USB. 

En nuestro municipio hay dos sucursales de esta tienda en la cual compramos la mayor parte de artículos de tecnología -aunque las últimas computadoras de Rb (y la única que he comprado nueva para mí- las adquirimos en Office Depot-: una a un par de kilómetros -a la que usualmente vamos a pie- y una a -quizá- el doble de distancia.

La primera estaba cerrada -o al menos, eso decía Google-, la otra cerraba a las siete; nos dirigimos -en auto- a la segunda; y, lo primero que noté es que este comercial cobra por el estacionamiento -lo que me molesta en un comercial: pagar por ir a comprar-.

Nos estacionamos en el sótano y nos dirigimos a la tienda de computadoras; allí Rb compró un adaptador con cuatro puertos USB -había comprado uno en otra sucursal de la tienda pero no le había funcionado: se desconectaban al menor movimiento-; luego vimos otra tienda de electrónica y decidí -por fin- adquirir un multímetro.

Y es que espero que me sirva para dos cosas: el foco del comedor aún no está funcionando bien: si se intenta encender muy pronto después de apagarlo, no funciona; tampoco funcionó cuando se interrumpió la electricidad hace unas semanas.

Lo segundo es construir -por fin- un cargador de baterías de auto, utilizando uno de los cargadores de computadoras que hemos ido acumulando con los años -tengo como tres o cuatro en mi habitación-; ahora nomás debo apartar tiempo para estas dos iniciativas.

En la misma -segunda- tienda compramos una herramienta multiusos -que planeamos regalar al esposo de nuestra editora en su cumpleaños (número sesenta y nueve) el próximo septiembre-; después de pagar la cuenta -y el parqueo- retornamos a casa.

Y en cuanto vinimos comenzamos a preparar los almuerzos de la semana: el día anterior había -por la noche, creo- había rallado tres libras de  zanahoria y Rb empezó a mezclarlas con pollo y huevo, para preparar unos hashbrowns alternativos -ya que no está consumiendo mucha papa-; también preparamos un caldo de pollo.

La preparación de la comida nos llevó alrededor de una hora; luego de la cual me encerré en mi habitación para hacer lecciones de Duolingo -partidas de ajedrez, básicamente-; a las ocho -como habíamos acordado- me pasé a la habitación de Rb y vimos la primera parte de The Interpreter.

Luego de lo cual retorné a mi habitación y estuve leyendo algunos artículos en Internet; a las nueve y media le comenté a Rb que me sentía agotado y que me retiraría; me lavé la dentadura y reingresé a mi habitación, medité, leí un poco del libro de atención plena que llevo a medias; luego me dormí.

El lunes me levanté a las seis y media; había estado teniendo sueños algo raros durante la madrugada -creo que, por el calor de la noche, me había dormido descubierto; pero luego, el frío de la madrugada me provocó ensoñasicones raras-: en el sueño estaba empezando un trabajo en el banco central del país -conseguido gracias al analista más brillante en mi equipo-, pero eran condiciones terribles: espacio no agradable y horarios super extensos.

Me levanté con un ánimo bastante bajo; pero salí de la cama e inicié mi periodo de meditación; el cual creí que sería interrumpido: escuché que la perra más anciana de Rb se andaba moviendo por la sala -está muy anciana y ha empezado a orinarse dentro de casa-.

Escuché cuando Rb se levantó para dejarla salir al patio; y creí que me interrumpiría durante mi meditación -sería el tercer día seguido-; pero no, afortunadamente respetó mi tiempo; después de que la campana del timer sonara salí de la habitación y fuí a desearle un feliz cumpleaños.

Luego entré a la primera reunión del día; la cual estuvo bastante tranquila; aunque revisaron uno de los asuntos que reporté la semana anterior; por lo que interrumpí a la persona que estaba presentando, para ampliar la información sobre el mismo.

Después de la reunión continué en cama pues había empezado a hacer lecciones de Duolingo -volví a bajar más de cien puntos de ELO pues perdí muchas partidas contra Oscar-; pero salí al poco tiempo y me instalé en la mesa del comedor: Rb estaba traduciendo llamadas y me ofrecí a ver a sus perros.

A las nueve entré a la segunda reunión, en la que no hubo muchas novedades para nuestro equipo; cuando cerraron la llamada volví a la cama pues había visto algunos artículos de HackerNews que quería revisar; y no me dí cuenta que llegaba la hora de la reunión de equipo.

Tenía puestos los audífonos Bluetooth y escuché que me estaban llamando para una reunión; ya eran las diez menos cuarto y no me había percatado de la hora; por lo que me pasé a la computadora del trabajo -en la mesa del comedor-  y entré en la llamada -de hecho dos de mis compañero me habían escrito en la aplicación de mensajería para comentarme que el supervisor andaba preguntando por mí-.

La reunión estuvo bastante corta y nomás vimos los avances de cada uno; fui el ultimo en ser cuestionado y nomás comenté la prueba que había hecho con los tres equipo y el resultado de la misma; únicamente quedamos al pendiente de la nueva versión de la app en la que trabajamos.

Como ya eran más de las diez de la mañana empecé a preparar mi desayuno -me había sobrado una buena parte de la mayonesa que preparo para emparedados y no quería que se echara a perder-; preparé mi avena y la acompañé con gelatina, papaya, banano y una galleta para acompañara la mayonesa.

Después del desayuno me quedé un rato trabajando en la mesa del comedor; aunque, en realidad, no en cuestiones laborales, sino en terminar de leer los artículos que había abierto luego de consultar la lista de HackerNews del día.

Mientras, Rb continuaba tomando llamadas en su habitación, hasta las doce menos cuarto, hora a la que empezamos a hacer la rutina de ejercicios de los lunes; y estábamos a medias de la misma cuando vimos que empezó a llover; por lo que temimos que no íbamos a poder sacar a caminar a los perros grandes.

Y, en efecto, la lluvia continuó hasta después de las doce y media; esperamos un rato y, cuando amainó un poco -aunque seguía lloviznando-, empezamos la caminata; pero nomás pudimos completar una vuelta; apenas estábamos cerca de completar el primer circuito cuando arreció de nuevo la lluvia.

Entonces metimos a los perros a la casa, nos lavamos las manos, y empezamos a calentar el almuerzo: la primera -de cuatro- porción  de hashbrowns -con zanahoria en lugar de papa-, y un caldito de pollo (verduras más que nada); pero yo sustituí una de las tres tortitas de zanahoria y pollo por la mitad de la hamburguesa que no había consumido el día anterior.

El almuerzo estuvo muy bien, y después me preparé un café; más tarde lavé los trastos que teníamos en el lavadero, y le preparé un té de manzanilla a Rb; también entré a una reunión, de última hora, que convocó el supervisor en el Imperio del Norte; y era nomás para conrroborar el nivel de conocimiento que teníamos en una herramienta.

Los cuatro analistas habíamos usado la misma dos o tres años y todos -excepto el más brillante- estuvimos de acuerdo en que queríamos actualizar el entrenamiento en la misma; la lluvia continuó toda la tarde, hasta después de las cinco; por fin se calmó un poco a las cinco y media y nos dirigimos al supermercado más cercano en dirección sur.

Aún había agua en el ambiente, pero teníamos que comprar bananos para nuestros desayunos; Rb sacó el paraguas y lo utilizamos casi todo el camino; cuando retornamos de la compra completamos la rutina de ejercicios de los viernes -ya que no podíamos realizar la caminata diaria-; luego tomé un buen baño.

Por la noche estuve realizando algunas pruebas en las que necesitaba conectar tres equipos remotos en el Imperio del Norte; debido a esto ya no pudimos continuar con la película que habíamos iniciado la noche anterior: The Interpreter.

Un poco después de las nueve, como Rb estaba ocupada con algo en su computadora, me retiré a mi habitación, y llamé a mi antiguo supervisor en el Imperio del Norte; estuvimos hablando por casi media hora (me contó toda una aventura con un cálculo en los riñones, de casi media pulgada de diámetro).

La verdad es que estaba hablando bastante rápido -y emocionado- de todo el asunto; incluso utilizando algunos términos médicos con los que no estaba muy relacionado; pero estuvo bien la conversación; después de despedirme del supervisor le dí las buenas noche a Rb, volví a mi habitación, medité y leí un poco de Wherever you go there you are.

El martes me levanté a las seis y media con un ánimo algo raro: había soñado que me encontraba con una de las hijas de la tía más cercana a mi madre; lo raro es que también nos acompañaba su hermano mayor -quien murió hace siete u ocho años-.

Medité y retorné a la cama para unirme a la reunión de las siete; pero, por alguna razón, la computadora no colaboró; entonces -por primera vez- entré a la misma a través del celular; luego sí, la computadora se normalizó y trasladé la llamada a la misma.

Y justo cuando realicé el cambio escuché que estaban discutiendo del tema por el que nos habíamos reunido con el supervisor la tarde anterior; íba a participar pero ya no logré agregar mis comentarios; luego la reunión continuó con normalidad -aunque le escribí al PM comentándole lo que había ocurrido la tarde anterior-.

Acababa de terminar la reunión de la mañana cuando tocaron el timbre de la casa; como no estaba vestido busqué un short y salí a ver de qué se trataba: era la vecina, comentándome que los trabajadores de la municipalidad iban a podar algunas ramas del árbol bajo el cual parqueamos la van; debía salir a moverla.

Le agradecí por el aviso, entré a vestirme completamente -playera y tenis- y salí a mover el auto; allí me recordé que el día anterior había visto que la llanta trasera del lado del copiloto estaba baja. 

Después de entrar a casa saqué las computadoras a la mesa del comedor y continué allí toda la mañana; en la reunión de las nueve no hubo muchos avances -aunque también comentaron algo sobre la nueva herramienta-; y, mientras esperaba la reunión de las diez menos cuarto, me puse a leer un poco del libro de atención plena.

En la reunión del equipo el supervisor cuestionó a cada analista sobre el avance con la tarea asignada el día anterior; pero el analista que menos bien me cae tuvo que ausentarse de la misma, pues tenía una reunión con nuestra supervisora local.

Cuando el supervisor revisó las tareas asignadas incluyó un par que habían estado originalmente asignadas a este analista; y nomás indiqué que me comunicaría con el mismo, para ver los detalles, lo que hice luego de preparar mi desayuno.

Le escribí para proponerle una reunión por la tarde, pero él insistió en que la tuviéramos en el mismo momento, por lo que programé una reunión y la inicié -para grabar los detalles-; y creo que debo mejorar mi actitud hacia esta persona: creo que hasta él se dió cuenta ya de lo poco que me agrada.

Después de esta reunión programé otra con el analista que vive en el pueblo donde creció mi padre: más temprano había encontrado un fallo algo raro en una funcionalidad que había probado en el pasado -y que le había sido asignada-; también grabé esta reunión pues él debía reportar este hallazgo.

Rb había salido a las oncehacia su clase de zumba y retornó al mediodía; sacamos a los perros a caminar y luego nos metimos a la cocina; a recalentar la segunda porción de hashbrowns de zanahoria y caldo de pollo -acompañado con aguacate-.

Después del almuerzo me preparé el café habitual -abrí un paquete de galletas de la caja que compré en nuestra última visita al supermercado en donde compramos artículos a granel-; Rb estuvo tomando llamadas por la tarde y le preparé el té de manzanilla cuando salió a darle de comer a sus perros.

A las cuatro cerré la computadora del trabajo -aunque al final de la jornada había estado trabajando en completar los cursos de código que tengo abiertos-, le escribí un mensaje a Rb y salí a encender la van: había previsto llevarla al taller de llantas.

El boulevard estaba bastante vacío -no sé si por el juego Croacia-Panamá- y no me costó mucho llegar al final del boulevard; pero el taller a donde había ido un par de veces con el auto anterior -y una vez con este- tenía un automóvil en el parqueo; y no veía espacio para otro.

Entonces conduje hasta el siguiente -a donde originalmente había planeado llevarlo, pero no había visto si estaba abierto-; afortunadamente estaba abierto; aunque me tocó que tocar el portón del mismo para que salieran a atender.

El señor fue bastante amable -y eficiente-: desinstaló la llanta -no necesitó la copa de seguridad (no me había dado cuenta que nomás llevaba cuatro de las cinco tuercas)- y la reparó en el acto -otro tornillo-; además, me cobró (dos dólares) el sesenta por ciento de la tarifa del otro lugar.

Después de pagar -y despedirme amablemente del señor- conduje el auto de vuelta a la casa de Rb; y la vine a encontrar aún atendiendo llamadas; al rato salió y nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; en el más lejano compramos pechugas para los almuerzos de la siguiente semana.

Habíamos llevado la mochila que está forrada con aislante térmico y allí colocamos los dos paquetes de pechuga de pollo -una para la perra más anciana y el otro para nuestros almuerzos-; y no pasamos al otro supermercado: Rb había pasado temprano a comprar bananos.

Por la noche estuve haciendo muchas lecciones -partidas de ajedrez- de Duolingo -terminé casi solo el reto semanal: ochenta lecciones-; luego leí los dos capítulos que me terminaba para completar la sección de Wherever you go there you are; y, por último, me pasé a la habitación de Rb para ver la segunda parte de The Interpreter.

Y a ver cómo sigue eso...