miércoles, 12 de agosto de 2026

Nada… Nothing… Rien…

La semana pasada desayuné con mi psicóloga -al igual que mi doctora, ambas son profesionales universitarias en su rama, aunque ninguna me ha tratado formalmente-: mi doctora es joven -creo que está por llegar a los cuarenta- y -creo- tiene dificultades de apego y sobrepeso; mi psicóloga también está por llegar a los cuarenta y lleva una vida bastante diferente a la de un adulto común -al menos ella tiene una vida plácida pues su familia es bastante acomodada).

Dos o tres días después del desayuno -estuvo interesante la semana pues el jueves desayuné con mi psicóloga y el sábado con mi doctora- la primera me envió un video -de Tiktok, creo- sobre una serie argentina -con el título de este texto-; según ella porque le recordó algo que le había comentado unas semanas antes.

Lo que le había contado era -no recuerdo sobre qué estábamos conversando en Whatsapp- una historia sobre Gödel y la forma en la que había muerto: de inanición, por negarse a consumir comida que no hubiera sido preparada por su esposa -y ella había sido hospitalizada-; y, que según mi ahijada -feminista-, realmente había muerto por machista.

La serie en cuestión le recordó esta historia porque presentaba a un anciano que dependía -según el comentario- completamente de su ama de llaves; pero lo que me llamó la atención del video fue que estaba generado por un LLM: los movimientos de la boca no coincidían con el sonido; y eso fue lo que le comenté; lo que provocó algunos intercambios sobre el espectro del síndrome de Asperger y cuestiones similares.

Pero, un poco después ví el trailer de la serie; y luego le propuse a Rb que la viéramos -no me ha gustado especialmente compartir este tipo de material con ella, pues generalmente se pone a hacer dos o tres cosas (redes sociales y mensajes) adicionales mientras vemos algo- por la noche: eran nomás cinco capítulos, de media hora cada uno, y Robert de Niro era parte del elenco.

El primero o segundo de los capítulos sucedió igual que antes: mientras yo veía la media hora de contenido, Rb también navegaba por alguna red social, y hacía lecciones de italiano en Duolingo; pero luego cambió: hizo sus lecciones durante el día y evitó las redes sociales; y es que la serie es interesante.

Además, Rb fue hace unos años a la capital argentina -específicamente para visitar los lugares relacionados con Mafalda- y estuvo recordando varios lugares que reconocía en alguna de las tomas de la serie; creo que esto también contribuyó a que quisiera verla sin interrupciones.

Entonces, la serie es sobre un anciano argentino, que debe adaptarse a la ausencia de la persona que se había encargado de administrar su vida durante mucho tiempo; también sobre otro anciano -Robert de Niro- quien es el narrador -y nomás actúa directamente en la trama en el último capítulo-; y una chica paraguaya, quien debe adaptarse -y cambiar también- al protagonista.

La serie está buena; pero también la vida del protagonista fue así de interesante: toda su vida actor -aunque también político (sindical)-, y murió justamente a principios de este año, un día después de cumplir ochenta y seis años -la serie salió hace tres-; y claro, su pareja, en ese momento, era treinta años menor que él.

La gente.…

El jueves me desperté, otra vez, antes de que sonara la alarma del celular; aunque no fue mucho antes, quizá cinco o diez minutos, la cuestión es que aún estaba decidiendo si continuaba en la cama o me levantaba, cuando sonó la alarma.

Me bajé al piso a meditar y luego salí de la habitación; tomé la computadora -ahora siempre pernoctando en la habitación de la comida de los perros- y la llevé a la mesa del comedor; y allí me quedé trabajando -mientras Rb empezaba a traducir llamadas en su habitación-.

Pero no empecé a trabajar precisamente en cuestiones laborales: la primera reunión -los martes y jueves- ahora inicia media hora más tarde -a las siete y media-; por lo que aproveché esa primera media hora para hacer algunas lecciones de Duolingo.

Después sí, entré a la reunión, aunque no puse mucha antención: mi supervisor había avisado, el día anterior, que estaría ausente; y su compañera nomás estuvo discutiendo algunos hallazgos -del compañero que vive en la ciudad colonial- y la conveniencia o no de modificar las funciones de la app.

Cuando la reunión terminó me recordé de algo que tenía pendiente: canjear el voucher para solicitar un examen de un certificado de Microsoft; lo había obtenido por participar en un evento educativo de esta empresa -el valor (supuestamente) es de cien dólares- y el día anterior había estado cuestionando a un par de LLMs sobre la mejor forma de aprovecharlo, viendo que el primero de octubre seré movido a otra empresa.

Y una de las LLMs -creo que la francesa- me sugirió certificarme en algo de IoT; y, aunque la misma indicó el certificado de Amazon, aproveché que tenía pendiente el de Microsoft y empecé a buscar opciones; y resulta que no hay un certificado tal cual -había uno pero lo cancelaron el mes anterior-.

Pero, siguiendo con la misma línea de investigación, encontré otro certificado que podría serme de utilidad; entonces, este día, después de la reunión, empecé a realizar el trámite para cambiar el voucher; finalmente logré programar el examen para el último domingo de septiembre -unos días antes de que nos transfieran a la nueva empresa-.

Y luego estuve trabajando en probar que la aplicación del examen corriera en la computadora que uso; o sea, bajó un ejecutable pero, lógicamente, en Ubuntu no funciona; entonces entré -luego de muchos meses- a la partición de Windows 11; y en eso se me fue la mañana; pero al final sí, logré completar la verificación.

En el ínterin estuve trabajando con la analista en el Imperio del Norte: me escribió para que le ayudara con la eliminación de una sección de uno de los documentos en los que hemos estado trabajando; además quería que comprobara la estandarización de un párrafo que va en -casi- todas las secciones.

Entonces estuve trabajando en paralelo tanto la verificación de mi Windows 11 para poder examinarme, como el documento para mi compañera; también entré a la reunión de las nueve, aunque en la misma no hubo casi ninguna novedad.

Después de esa reunión me preparé el desayuno; después esperé la reunión de las diez menos cuarto, pero esta no ocurrió: seguramente porque el supervisor andaba en una visita a uno de los clientes; y luego teníamos una reunión a las die y media.

Lo raro es que el programa no me avisó de esta última: curiosamente el analista que menos bien me cae la inició con quince minutos de retraso -y escribió en los mensajes que no se había podido unir a tiempo-; pero nadie se había unido, ni siquiera el PM, quien la había programado el día anterior.

Entonces entramos a la reunión los tres analistas y el PM; y el tema era bastante banal: este último andaba viendo la forma de migrar miles de casos de prueba entre las dos plataformas en las que hemos estado trabajando últimamente; casualmente yo había explorado lo mismo la semana anterior -aunque no pude completar lo último, por falta de permisos-.

Entonces, de la reunión quedó, como pendiente, que yo debía enviarle cierta información que le servirá para realizar la primera parte de la tarea; y no había terminado esta reunión -un poco después de las once- cuando me escribió mi supervisor: quería que lo llamara cuando estuviera libre.

Cuando la reunión con el equipo local terminó llamé al supervisor -ya habían pasado las once de la mañana-; y este individuo quería que actualizara un cuadro en Excel en el que he estado trabajando durante los últimos meses: básicamente es un resumen del trabajo que realizamos por acá.

Pero cuando le comenté que aún había información faltante me pidió que llamara a otro analista en el Imperio del Norte, para recabar dichos datos; la persona esta a la que llamé -al parecer, también proveniente de ese subcontinente asiático- fue desganado al proporcionar la información; por lo que también confirmé con mis dos compañeros locales.

Al final completé la tarea, actualicé las fechas y le envié la información al supervisor; luego completé la tarea que tenía pendiente con la analista en el imperio y le envié los resultados; un poco más tarde Rb salió de su habitación -ya había pasado el mediodía- y sacamos a caminar a sus perros.

Cuando entramos a los perros preparé un par de ensaladas medianas y puse a calentar el caldo de mollejas de pollo -era la cuarta porción de los almuerzos semanales-; después me preparé un café -inaugurando el nuevo frasco de café-.

Cuando terminé el café me puse a jugar una partida de Scrabble en el sitio en el que he estado jugando un par de partidas diariamente; luego me metí a la cocina, a lavar los trastos del día; además, puse en el fuego un poco de agua para el té de manzanilla de Rb -ella se lo sirvió pues se me alargó un poco el lavado de trastos-.

Después de servirse el té Rb se encerró en su habitación para continuar traduciendo llamadas médicas; yo aproveché para tachar otra de las tareas que había agregado a mi lista de pendientes: lavar recipientes plásticos con gel refrigerante, que utilizamos en la mochila con aislante térmico; luego los metí al freezer. 

Luego llamé al seguro social local: aunque me faltan siete años para llegar al punto en el que puedo jubilarme, he estado tratando de iniciar el largo proceso; en semanas -o meses- anteriores había llamado para conseguir cierta información que es necesaria para presentar un formulario.

Este formulario es útil nomás para solicitar que la información de los períodos laborados en algunas empresas sean corroborados; pero en las ocasiones anteriores no había logrado comunicarme con nadie -típico de nuestra burocracia-.

Pero este día tuve suerte: luego de pedirle el celular a Rb -ella paga por tiempo mensual- llamé nuevamente al mismo número y (¡sorpresa!) logré comunicarme con una señora; quien amablemente me brindó la información necesaria -eran datos de seis de mis empleadores del pasado-.

Después de agradecerle efusivamente por la ayuda fui a devolverle el celular a Rb y empecé a confeccionar el formulario que presentaré el mes próximo: debo presentar mi DPI para realizar el trámite; y lo olvidé hace un par de meses en la casa de mis padres.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: no teníamos nada en la lista de compra -excepto el pan de mis desayunos-, así que nomás caminamos hasta el inicio del boulevard; pero luego a Rb se le ocurrió entrar en el supermercado del lugar, para ver si ya había del cloro que utilizamos para desinfectar las verduras.

Pero no, al parecer este artículo ya está descontinuado; así que no compramos nada en el supermercado; iniciamos el retorno a casa, deteniéndonos nomás en la panadería donde compro el pan más económico; allí me proveí del pan para mis desayunos.

Retornamos bastante temprano de la caminata y me metí a la habitación a hacer algunas lecciones de Duolingo; luego, a las siete, entré a la clase de Storytelling; la cual me pareció deficiente: la persona a cargo estuvo centrándose bastante en su historia personal -y experiencia- para hablar de temas tan delicados como la ética en la comunicación.

El viernes me desperté bastante temprano: los vehículos en el boulevard me despertaron antes de las seis de la mañana; estuve un rato tratando de conciliar nuevamente el sueño, pero no hubo caso; entonces me levanté a meditar; después retorné a la cama, pero no me dormí.

Me puse a completar el penúltimo ciclo del libro de George Carlin; y estuve en lo mismo hasta después de las siete de la mañana; Rb entró un poco después de la hora en punto pues íba a empezar a traducir llamadas; yo seguí leyendo hasta después de las siete y media.

Nomás estuve al pendiente de que no convocaran a alguna reunión en el trabajo, o me escribieran en alguna de las conversaciones grupales; a las siete y media salí saqué mi computadora del trabajo a la mesa del comedor; también saqué la personal y me puse a trabajar en el primer día de estudio -guiado por un LLM- para el certificado.

Como a media mañana me escribió el amigo a quien visité el domingo anterior: habíamos estado en comunicación esporádica durante la semana para afinar los detalles de una visita a la casa de Rb; y es que, durante el desayuno del domingo, le había propuesto que nos ayudara con la reconstrucción del techo del pequeño corredor trasero.

Esta estructura -de madera y lámina de zinc- se ha ido deteriorando con el tiempo y está a punto de caerse: la mayor parte de la madera fue víctima de la polilla; el único paral ya no sostiene las láminas; las cuales se mantienen en su lugar nomás apoyadas en la pared trasera.

En el último viaje a visitar a mis padres exploré la posibilidad de que fuera mi papá quien la reconstruyera; pero luego me puse a pensar en todas las dificultades de traer el equipo -y a él y/o a mi madre- desde el puerto, para completar el trabajo.

Mi amigo se había ofrecido a venir cuando uno de sus viajes de Uber lo trajera a un sector cercano al área en la que vivimos; pero al parecer no hubo ningún viaje parecido durante la semana; entonces pidió una salida voluntaria ese día y me escribió para ver si podía venir.

Cuando venía en camino me envió su ubicación por whatsapp; pero a mí se me olvidó -nomás me vestí- por alguna tarea del trabajo: estaba trabajando en los ajustes del texto de un documento en el que la numeración estaba bastante precaria.

Un poco más temprano había visto un correo de mi supervisor pidiendome que ajustara los formatos de este documento -hasta más tarde me dí cuenta que la autora era la consultora con la que me había reunido unos días antes, de madrugada-.

Mi amigo vino casi a las diez y preparé un par de tazas de té de menta; y, como Rb estaba en medio de una llamada, esperamos un rato antes de salir al patio trasero; pero luego, con bastante precaución para no hacer ruido, salimos a evaluar el estado de la habitación que usamos como lavandería.

Y pasó lo que debía haber previsto: mi amigo se extendió sobre la mejor forma de realizar una reparación completa, tanto de la estructura que está por caerse, como del techo de la habitación -es de tejas de asbesto-; incluso sugirió colocar recipientes para recolectar -y almacenar- agua de lluvia -lo que, la verdad, me parece un sinsentido-.

Rb se nos unió cuando terminó su llamada y también estuvo de acuerdo en la mayoría de las sugerencias de mi amigo; a mí nomás me preocupó el monto de la inversión para realizar todos los cambios propuestos: o sea, para mí, personalmente, es una pérdida, pues no creo que mi estancia aquí sea muy prolongada.

Mientras conversábamos Rb se dedicó a agrupar un montón de plantitas de café -tanto del patio delantero como del trasero- para regalarle a mi amigo: él me había comentado que había sembrado varias matas de esta planta en su casa y que le interesaba continuar -al final le regaló varias docenas-.

Entonces, mi amigo se puso muy sofisticado con sus propuestas -aunque traté de que le bajara a las expectativas- pero, finalmente, quedamos en que nos enviaría un bosquejo -o algo parecido- de lo que tenía en mente; y, como andaba desvelado, se despidió bastante rápido.

Yo continué trabajando en los documentos que había dejado a medias y Rb volvió a entrar a su habitación, a seguir traduciendo llamadas; mi supervisor me escribió un poco antes de mediodía para ver cómo iba el documento y le comenté que ya había terminado y que le había informado a la analista -no tengo claro, aún, si son pareja o no-.

Rb salió de su habitación un poco antes del mediodía y nos pusimos a hacer la rutina de ejercicios de los viernes; luego sacamos a caminar a los perros; Rb había dejado cocinando el pescado de los viernes (yo había cortado un pequeño trozo -como tres dedos- pues ella había aducido que era muy pequeño).

Cuando entré corté una salchicha y media que había dejado descongelando desde la noche anterior, luego freí los trozos por algunos minutos; y eso fue mi almuerzo: una gran ensalada -la usual- mezclada con trozos de salchicha fritos; y un pequeño trozo de pescado.

Pero en el plano laboral la situación se complicó un poco: antes de la rutina de ejercicios había estado en la reunión semanal de equipo; en la que el supervisor usualmente pasa repaso de las últimas tareas; a mis compañeros les preguntó sobre los avances en las pruebas, y a mí sobre los documentos; yo informé que todo iba viento en popa -y allí me asignó un nuevo documento-.

Y cuando entré después de la caminata con los perros ví que tenía un par de mensajes: uno era de uno de los analistas en el Imperio, pidiéndo mi ayuda para formatear una hoja de Excel -algo realmente básico-; el otro mensaje era de mi supervisor, requiriendo avances -pero ya estaba todo hecho-.

Entonces, mientras almorzaba, me puse a realizar los cambios que me habían pedido en el libro de Excel, y todo estuvo bien; el resto de la tarde estuvo más tranquilo en materia laboral; y pude empezar con el Día uno -de cuarenta y cinco- en el programa de preparación para tomar el examen del certificado que espero obtener el próximo mes.

Un poco antes de las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llevaba la mochila con aislante térmico pues planeábamos traer pollo; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego lo cruzamos, para entrar al supermercado.

Allí Rb compró varias libras de pechuga de pollo, y un poco de mollejas de la misma ave; luego, en el otro supermercado, compró tres bandejas de hígados de pollo y un poco de bananos; luego retornamos a casa con todas las compras.

Por la noche intentamos ver una película mejicana bastante reciente: Un portero muy improbable -o algo así es el título-; pero, la verdad, ninguno de los dos soporto ver una representación tan pobre de un adolescente con autismo; entonces nomás leí un poco del libro de la reciente premio nobel de literatura -de Corea del Sur-.

El sábado me desperté un poco antes de las cinco de la mañana; había dejado la alarma para esa hora pero algo -ruidos del boulevard o de la nueva familia que vive desde hace poco en el multifamiliar de al lado- hizo que abriera los ojos más temprano.

Pero esperé hasta que sonara la alarma para levantarme y completar mi período matutino de meditación; después del mismo me quedé en la cama, leyendo un poco -el libro de la coreana- y, cuando ya eran las seis- haciendo algo de Duolingo.

Un poco después de las seis me salí de la cama -sonó una alarma para recordarme que debía sacar la basura (dentro de uno de los sacos [vacíos] de comida para perros que fuimos almacenando con el tiempo); después me metí a la ducha y tomé un buen baño.

Al final salí de casa un poco después de las seis; el tránsito estaba -afortunadamente- bastante ligero por lo que no me costó salir del boulevard interior; fue nomás la entrada al boulevard principal la que me costó un poco -pero no mucho-; y cuando entré a la ciudad me metí a la gasolinera que está justo en la entrada.

Allí llené el tanque de gasolina de la van -ya llevaba varias semanas por debajo de la mitad, por lo que la cuenta fue de más de cincuenta dólares-; y, como se me había olvidado la tarjeta de Rb, tuve que pagar en efectivo -el día anterior había sacado del cajero setenta dólares-.

Después de llenar el tanque -me pidieron una identifiación para dejar el surtidor libre!- y pagar continué mi camino hacia el restaurante en donde habíamos acordado reunirnos con mi amigo tenor -de la misma cadena en donde usualmente programo estos eventos-.

Llegué al lugar diez minutos antes de las siete, me estacioné y me quedé esperando a mi amigo en un área del resturante bastante conveniente para este menester: está junto a la entrada principal y es bastante cómoda.

No le envié ninguna notificación a mi amigo sino me puse a completar algunas lecciones adicionales de Duolingo; y mi amigo llegó bastante temprano -apenas unos minutos después de las siete-; nos dimos un efusivo abrazo y entramos al lugar.

En caja ordenamos un par de desayunos -mi amigo se hizo cargo de la cuenta- y buscamos una mesa en un área tranquila; y allí nos pasamos las siguientes dos horas y media, entre desayuno y conversación: yo le conté mis últimas cuitas laborales y las penas de salud de Rb.

Él me contó que la relación con su ex-pareja -a quién aún mantiene y alberga en su casa; aunque este tipo ha estado involucrándose con otras personas- y la preocupación constante sobre su salud mental.

Incluso hablamos -muy someramente- sobre colaborar profesionalmente en algún proyecto en conjunto: él había mencionado un ERP -que es Open Source, y escrito en Python- con el cual trabajé -muy poco- hace unos años.

La reunión estuvo, en su mayoría, bastante agradable; incluso recibió una llamada de su hermana menor -a quien no he visto en casi una década, pero con la que trabajamos unos meses (hace ya casi veinte años)-; a las nueve y media le indiqué a mi amigo que me retiraba.

Salimos al parqueo del lugar y nos despedimos; subí a la van y manejé hacia la casa de Rb; el camino estuvo bastante libre y no tardé en parquear el auto frente a la casa; cuando entré vi nomás a los perros en la sala -Rb estaba traduciendo llamadas-.

Entonces me puse a preparar los ingredientes del almuerzo -la noche anterior había dejado un par de huevos cocidos en el refrigerador-: pesé una libra de zanahorias y la rayé; luego preparé la mayonesa con los huevos, un aguacate y un poco de aceite de oliva.

También preparé la tortilla de zanahoria y huevo con la que confecciono el clásico burrito; la cual dejé en el fuego -una vez haberla volteado- mientras sacábamos a caminar a los perros grandes; cuando entramos la retiré del fuego y terminé de preparar los componentes: piqué un poco de lechuga y le agregué agua a un poco de pechuga de pollo -que Rb había dejado en un sartén-.

Cuando el pollo estuvo listo -Rb siempre le agrega un poco de miel, para mejorar el sabor- preparé el burrito -enorme- y procedimos al almuerzo; Rb me compartió un poco de su frasco de snacks -salados- de plátano; también consumí lo último de una botellita de coca.

Después del almuerzo me preparé un té de menta y lo consumí con una porción de magdalena de chocolate, dos mitades de galletas y un poco de pan tostado; después me metí a la cocina a lavar los trastos que se habían acumulado -mientras lo hacía estuve escuchando la lección del Día dos de la preparación para el examen-.

Rb me había pedido que le imprimera un par de páginas -el sermón que debía presentar en su iglesia la siguiente semana- y había pensado realizarlo cuando ella se hubiera marchado a la iglesia; pero, como tenía tiempo -incluso había preparado mis gelatinas de la semana-, conecté la impresora a mi computadora con Ubuntu y realicé la impresión.

Después, mientras Rb -después de darle de comer a sus perros- se preparaba para dirigirse a impartir su clase semanal de alfabetización,  estuve leyendo la lección que había escuchado un poco antes; y actualizando mis notas -incluyendo esta-.

Mientras Rb andaba por su iglesia yo me dediqué a leer un poco, ver un poco Youtube y, además, hacer la limpieza de pisos; un poco después de las cinco me vestí, le escribí un mensaje avisándole que salía de casa y le compartí mi ubicación.

Antes de salir de la calle vi una ambulancia en el boulevard, creí que estaba por ingresar; pero cuando le pregunté al guardia me comentó que el joven que cortaba el cabello en la barbería de la vueta había fallecido -tenía menos de un año de haber empezado a trabajar en el lugar-.

Salí de la calle y empecé a caminar por el boulevard; unos metros más adelante tomé na foto de la escena -aunque salió borrosa- y se la envié a Rb, comentándole que ya no había barbero -no le caía muy bien, debido a ciertos comportamientos algo extraños-.

Caminé a paso tranquilo hasta el comercial que queda cerca de la iglesia de Rb; cómo tenía aún un poco de tiempo, pasé a los servicios sanitarios del lugar; luego continué hacia la iglesia; estaba llegando cuando ví a las alumnas de Rb saliendo de las instalaciones.

Rb me entregó una bolsa de supermercado -con aguacates y manzanas verdes- e iniciamos el camino de vuelta; le comenté lo que había pasado y se mostró bastante sorprendida -o compungida?- de hecho hicimos la mayor parte del camino en silencio.

Y más o menos así continuó la noche: casi llegando a la casa pasamos a la panadería -quería comprar un poco de pan tostado, pero no había- y luego al lado de la barbería; en donde aún estaba un vehículo del ministerio público -como que aún no habían levantado el cuerpo-.

Por la noche estuve haciendo unas lecciones de Duolingo; y resolviendo las preguntas del segundo día de aprendizaje de Fabric -cien por ciento (el día anterior fue noventa)-; también intenté aplicar un poco de masajes -digitopuntura- a Rb, pero eso no salió tan bien -ni mal, fue nomás intrascendente-.

Temí que no iba a poder dormirme cuando me retiré a mi habitación; y, de hecho, me costó un poco conciliar el sueño -y estuve despertándome de madrugada-: entre los ruidos de la lámina que está cayendose en el patio trasero y la familia bulliciosa de la casa vecina, mi sueño ha estado algo ligero.

El domingo me desperté varias veces en la madrugada; pero esperé a que la alarma del celular sonara para levantarme a meditar; luego retorné a la cama e hice muchas lecciones de Duolingo; casi hasta las ocho; a esa hora sonó una alarma -para ir a la panadería-, pero no quise salir de la habitación.

Aproveché para leer algunas páginas del libro en francés; luego, cuando oí que Rb se había levantado, me vestí y salí de la habitación; fui a la panadería pero no encontré pan tostado; pero retornando pasé a la tienda de la vuelta y allí sí compré un poco de esto.

Cuando vine me puse a recortar algunos videos de digitopuntura que había encontrado en Youtube; además, esperé a que Rb terminara de darle de comer a sus perros -y que tomara su desayuno- para prepararme para salir al patio delantero: Rb me había pedido el día anterior que dedicáramos una hora a desbrozar el monte acumulado.}

Estuvimos trabajando por esto durante un buen tiempo -yo me ampolllé el pulgar derecho chapeándo una gran parte de la maleza-; mientras, estuve escuchando un video de Youtube de un neurocientífico presentando el tema Por qué pensamos como pensamos.

Al terminar de limpiar el patio -la parte interior nomás: fueron cinco baños llenos de maleza- llevé los bártulos a la galera -que se está cayendo- en el patio trasero; luego entré a prepararme el desayuno de los domingos.

Mientras desayunaba repasé -por segunda vez- las lecciones del día tres de aprendizaje de Fabric; también estuve escuchando un par de videos de Youtube -y actualizando mis notas-, además de jugar una partida de Scrabble en ISC (la que casi ganaba).

El resto de la mañana me la pasé viendo videos de Youtube y leyendo un poco del libro de la premio nobel coreana; al mediodía sacamos a caminar a los perros grandes, Rb había dejado cocinando las alitas y, después de meter a los perros a casa, les dí la vuelta.

Almorzamos las habituales alitas con ensalada y después me preparé un café; después de almorzar estuve un rato en la cama, jugando algunas partidas de ajedrez; también avancé un poco en la lectura -estaba combinando lectura en francés con lectura en inglés-.

A las dos y media salí de la habitación y lavé los trastes que se habían acumulado, además, le preparé un té a Rb; y, antes de salir de casa, piqué un par de chiles pimientos y una libra de champiñones -para los almuerzos de la semana-.

Salí de casa casi a las tres menos cuarto; afortunadamente el tránsito estaba bastante ligero, por lo que llegué bastante temprano -a las tres menos cuatro minutos estaba llamándolo para que bajar a abir- a la casa del voluntario que vive en la colonia en la que crecieron mis chicos.

Pero ocurrió algo que me dejó muy pensativo; cuando llevaba conduciendo por el boulevard tres o cuatro calles, me intenté cambiar de carril: había visto vacío el boulevard, pero, en realidad, estuve a punto de tirar a una motocicleta que intentó rebasarme.

El momento estuvo bien tenso: el motociclista esquivó la van pero tuvo dificultades en mantener el equilibrio -después condujo a mi lado un tiempo-; y me quedé pensando que debo ser más cuidadoso -de hecho estuve mentalizándome en el camino- para evitar este tipo de situaciones.

Mi amigo respondió la llamada y bajó a abrir el portón; luego de un abrazo muy efusivo subimos al segundo nivel de su casa; en donde preparó agua para un café colombiano -yo llevaba un par de porciones de magdalena para cada uno y un par de panitos tostados-.

Pasamos el siguiente par de horas entre café, conversación y una partida de ajedrez -aunque tuve que acelerarla casi al final, por la hora-; a las cinco y media le indiqué a mi amigo que me retiraba e inicié el camino de retorno a casa.

Cuando vine a casa me iba a poner a leer un rato -se me había olvidado que le había ofrecido a Rb que iría (en solitario) a comprar bananos- pero Rb me comentó que me acompañaría al supermercado; entonces caminamos hasta el supermercado más cercano en dirección sur; allí compramos un poco de bananos.

Por la noche continué con la lección diaria de Fabric: el resultado del día fue excelente; también hice las lecciones de Duolingo (portugés, inglés y ajedrez) y estuve leyendo un poco de los libros de la coreana y del infantil en francés.

El lunes me levanté a las seis y media; medité y después me pasé a la mesa del comedor, con mis dos computadoras; como sabía que no había reunión a las siete y media -aunque había una reunión corporativa desde las siete- pude completar varias lecciones de Duolingo con total tranquilidad.

Estuve leyendo hasta las nueve de la mañana; hora de la segunda reunión del día; y en la que -para continuar con la tendencia- no hubo mucha participación de mi área; la que sí estuvo animada fue la de las diez menos cuarto.

En la reunión de equipo el supervisor empezó a cuestionar el trabajo de todos; mis compañeritos fueron interrogados sobre el avance de las últimas pruebas en la aplicación a nuestro cargo; y a la analista y a mí nos cuestionó sobre el avance en los documentos.

Lo que, para mí, es un misterio: o sea, ella ha estado actualizando el contenido y me ha estado pidiendo -de tiempo en tiempo- que la ayude con cuestiones de formato de texto y del documento en general; la conclusión final fue que cada uno debía continuar en lo mismo.

Rb estuvo toda la mañana en su habitación, traduciendo llamadas; yo estuve pendiente del almuerzo: un poco después de las once empecé a preparar las ensaladas; luego, al ver que se estaba alargando una de sus llamadas, saqué todo el almuerzo del refrigerador.
Y a las doce y media estaba terminando de ponerle los arneses a los perros cuando salió de la habitación; le pedí que continuáramos con la caminata -y puse el pollo y la salsa a calentar sobre una llama muy baja-; lo cual hicimos.

Cuando entramos de la caminata nos pusimos a completar la rutina de ejercicios de los lunes; pero, como había que preparar el almuerzo, estuve al pendiente del agua de los fideos, los cuales cociné mientras terminábamos la media hora de ejercicios.

El almuerzo estuvo muy bien: una versión light de espaguetis a la bolognesa, con una enorme ensalada -yo lo acompañé con un poco de coca cola-; después del almuerzo me preparé un café -con galletitas y un tercio de un pastelito-.

La tarde estuvo más tranquila: estuve leyendo un poco del libro sobre ajedrez amateur; también estuve viendo un poco de información sobre la lección de Fabric del quinto día; aunque no pude realizar el laboratorio propuesto: no logré activar la prueba de sesenta días, lo que me hubiera permitido crear componentes de esta plataforma.

Por la tarde también tuve dificultades para entrar a la configuración del nuevo router; quería ver si en el mismo podía encontrar el número de teléfono asociado a la cuenta de internet; tenía la idea de que ya podía pagar la factura, aunque luego me dí cuenta que no.

Total que llegó la hora en que debíamos salir a realizar la caminata y yo todavía estaba tratando de ingresar al router; por lo que la primera etapa de la caminata aún iba pensando en opciones para realizar esto; pero luego sí me concentré en estar presente.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos al supermercado al lado; allí Rb compró pechuga para su perra más anciana; yo compré un poco de pechuga para el almuerzo con mi hija mayor -aunque luego le cedí esto a Rb, pues no era adecuada para el propósito (y además, había interrumpido su compra, por lo que le faltaba)-.

Pasamos al otro supermercado a comprar un poco de banano -muy poco porque la mayor parte estaba verde-; después de la última compra volvimos a  casa; en donde, finalmente, logré entrar a la configuración del router, aunque no me sirvió de mucho.

También tuve una corta conversación con mi hija segunda: encontré en mi cuenta bancaria que había recibido una transferencia bastante alta de dólares; le escribí para confirmar que era de su parte y me comentó los detalles de la misma. 

Por la noche estuve respondiendo la lección del día cuatro de Fabric, en la que obtuve una muy buena nota -aunque aún no he logrado realizar ejercicios prácticos-, iba a ver el capítulo que tenía a medias del anime japonés, pero ya no me dio tiempo pues pasé más de una hora en Duolingo.

El martes me levanté a meditar a las seis y media; luego saqué la computadora del trabajo a la mesa del comedor y revisé que no hubiera algún correo -o mensaje- pendiente; al no encontrar nada me puse a hacer lecciones de Duolingo.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; aunque no hubo mucha participación: la compañera de mi supervisora anda de vacaciones, por lo que los requerimientos de cambios han bajado drásticamente en su ausencia.

Después de la reunión comprobé si podía -a diferencia del día anterior- utilizar la cuenta de Fabric para crear nuevos espacios de trabajo -el día pasado, aunque había activado el período de prueba, no me dejaba crear estos elementos-; y, sí, felizmente sí tenía activada la funcionalidad.

Entonces trabajé en completar uno de los laboratorios de la página de Microsoft; terminé el laboratorio y me quedé esperando la siguiente reunión; aunque, ese día específico, no era la segunda reunión diaria: me había anotado para una capacitación sobre el uso de un agente de IA en Excel.

La clase fue bastante tediosa -medio la ví-: la persona a cargo se puso a utilizar la herramienta para crear fórmulas, ordenar datos y resaltar valores -o sea, lo que he hecho desde hace mucho tiempo-; la verdad no le encuentro sentido, pero, me imagino que para muchas personas es como magia.

Como la clase era de una hora -justo desde el inicio de la segunda reunión del día hasta la hora de finalización de la reunión de equipo- escribí en los mensajes del grupo que no asistiría a la segunda por estar en una capacitación obligatoria.

Luego, a las diez y media, hubo una reunión con todo el equipo local -o al menos, los seis que quedamos, luego de la renuncia del analista más brillante-: la reunión la convocó la supervisora local e incluí al PM -bajo el cual estamos ahora en el organigrama-.

Se suponía que la reunión era para compartir información sobre el movimiento a la nueva empresa; pero no, realmente nomás repitieron lo de siempre: que el primero de octubre nos vamos, que no habrá muchos cambios, etcétera; totalmente irrelevante.

Como era el segundo día de la semana Rb acudió a su clase de zumba a las diez de la mañana, y retornó un poco después de que terminara la reunión de información; entonces se metió a su habitación a trabajar otra hora.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros más grandes -y pesados-; después almorzamos la primera porción de hígados y mollejas de pollo -acompañado de una gran ensalada-; luego me preparé un café.

Por la tarde me dió por trabajar un poco: los últimos días habían estado bastante tranquilos; entonces me metí a formatear uno de los dos documentos que la analista en el Imperio había colocado en la carpeta de trabajo; fue poco lo que cambié -formatos- pero, a las tres de la tarde le escribí para informarle de lo realizado.

Además pregunté si podía proceder con el otro archivo; pero ella me comentó un poco más tarde que el otro archivo aún no estaba listo y que era el otro analista el que estaba trabajando en el mismo; y quedamos en que me avisaría cuando pudiera trabajar en este.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: yo había recordado ese día que Agosto es el mes en el que -durante los últimos años- les he ofrecido una refacción a las personas que se encargan de los desechos domésticos.

Creo que llevo un par de años en la iniciativa; me parece que el primer año lo hice -casi- en solitario y el año pasado Rb se involucró -y entregó, creo, personalmente la caja con las refacciones-; así que fuimos a la tienda verde de descuentos para comprar algunos jugos -también unas galletas de chocolate-.

Después de pagar por el jugo y las galletas nos dirigimos al supermercado que queda al inicio del boulevard; allí compramos un poco de bananos; luego retornamos a casa -la bolsa de compras estaba pesada porque Rb había comprado un kilo de avena (respondiendo a una solicitud de donación de alimentos, de su instructor de zumba).

Por la noche estuve, además de haciendo varias lecciones de Duolingo, respondiendo el laboratorio de Fabric; también le envié doscientos dólares a mi hija mayor -estoy ayudándole a que no pague tanto por las transferencias de su trabajo- y, finalmente, ví el restante del capítulo de animé que -creía- había dejado a medias -en realidad lo había visto ya-.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

 

 

 

 

 


miércoles, 5 de agosto de 2026

Las aplicaciones -en la época de la (mal llamada) Inteligencia Artificial-... The apps—in the era of (so-called) Artificial Intelligence—... Les apps — à l’ère de la (mal nommée) Intelligence Artificielle —...

Empecé a escribir webapps - utilizando las engañosamente llamadas Inteligencias Artificiales (son nomás Modelos Amplios de Lenguaje que extruyen [estadísticamente calculado] texto)- cuando mi celular actual no aceptó la instalación de la app que había estado usando por varios años para darle seguimiento a mis gastos diarios.

Y es que no descargaba la app de la Tienda de Aplicaciones oficial sino que buscaba el archivo APK en algún repositorio antiguo y lo iba actualizando en cada nuevo teléfono; hasta que ya no fue compatible con el sistema Android del último -habían, al parecer, descontinuado la aplicación móvil, pasándose a una versión de suscripción en línea-.

Entonces escribí una webapp -usando React- bastante sencilla, para registrar cada gasto que realizo; y no recuerdo si fue antes o después que también escribí un par -utilizando la misma plataforma- para ayudarme en el aprendizaje de algunos temas.

También había escrito -una muy básica- para tener una lista de tareas pendientes -usualmente la tarea es algo como ver un serie/película o aprender algo nuevo-; y la última webapp la escribí para monitorear diariamente mi ayuno intermitente -ya llevo más de tres meses de registros-.

Y luego me cambié a MovilApps: el mes pasado se me ocurrió que podría realizar un seguimiento de mi estado de ánimo -algo recomendado (creo) por la Psicología Positiva, y me recordé de un estudio que había conocido muchos años atrás: una app avisaba a usuarios -aleatoriamente- varias veces al día, que debían registrar sus actividades y ánimos.

Entonces decidí que quería hacer algo usando Flutter —que ya sabía que se usaba para el desarrollo de aplicaciones multiplataforma—; lo que no sabía era que Flutter utiliza el lenguaje Dart, y que, para este caso, también se incluía Kotlin -el cual es popular en el desarrollo nativo en Android-.

Y he estado probando -o afinando?- la misma durante varias semanas -ya se la enseñé a alguno de mis conocidos-: creo que la mayoría no entendió la finalida; o no le pareció la gran cosa lo que realiza -aunque ha habido comentarios positivos-.

El plan es mejorar su funcionamiento -creo que le agregaré la activación/desactivación de sonido/vibración- y luego la subiré a la app store -pagué la suscripción como desarrollador hace más de cinco años-.

Y a ver cómo va eso...

El sábado me levanté a las seis y media: había previso un desayuno con mi doctora -quien nunca me ha tratado médicamente- a las ocho de la mañana, y había decidido utilizar la van, por lo que no tenía que apurar mucho mis actividades matutinas.

Medité y después hice algunas lecciones de Duolingo; y, como era el primer día del mes de agosto, realicé algunas de las actividades que hago en ese punto: bajar mis gastos mensuales, crear un nuevo espacio para los datos de agosto, pagar la cuota mensual de servicios del departamento de mis hijos, entre otros.

Después me metí a la ducha, tomé un baño bastante concienzudo, me vestí y, u poco despues de las siete y media, me despedí de Rb; tomé la van y salí al boulevard, el cual estaba bastante vacío; excepto en el punto donde se une al principal.

Allí si tuve que avanzar a una velocidad bastante baja durante el último par de calles; y la entrada a la ciudad también estaba un poco complicada; pero la entrada al periférico no presentó muchas dificultades; total que llegué al lugar con cinco minutos de anticipación.

Estacioné el vehículo en el parqueo trasero y entré al restaurante; comprobé que la doctora no estaba aún presente y le envié -cuatro minutos antes de las ocho- un mensaje, comentándole que ya estaba en el lugar.

Después esperé un momento en una mesa alta frente a las cajas; pero cuando ví que una mesa -de las cómodas- había quedado disponible, me acomodé en la misma -olvidé, momentáneamente, la caja de Scrabble-.

Lo que no había visto -hasta maś tarde- fue que -casi al mismo tiempo- había recibido un mensaje, avisándome que se retrasaría siete minutos; entonces me dediqué a esperar -ojeando un menú que la tortillera del lugar me había acercado-; un poco más tarde llegó mi invitada.

Pasamos a caja a ordenar -un par de desayuno, catorce dólares- y retornamos a la mesa; en donde estuvimos hasta un poco más de las diez y media, entre desayuno, conversación, Scrabble y -otros cinco dólares- un par de porciones de pastel; también le entrgué el regalo que llevaba: una caja con material para tejer un dinosaurio.

En general fue una buena reunión: mi doctora me contó que ahora su padre -creo que nunca se casaron sus progenitores-, de más de ochenta años, está viviendo muy cerca de su casa; también que sigue -aunque no muy asiduamente- buscando otro empleo -para, supuestamente, practicar medicina-.

A las diez y media nos despedimos, la acompañé a su auto -estaba estacionado a dos o tres lugares de la van- nos tomamos un par de fotos -que luego me envió por whatsapp- y, luego, inicié el camino de vuelta a casa; iba a pasar a llenar el tanque -ya está por debajo de la mitad- pero vi una cola en la gasolinera, por lo que conduje directo a casa.

Rb aún estaba tomando llamadas, aunque salió bastante rápido de su habitación; quejándose del comportamiento de algunas de las personas para las que había tenido que traducir; luego se puso a completar una rutina de ejercicios.

Antes del mediodía empecé a preparar el almuerzo: la noche anterior había endurecido un par de huevos y los había reservado en la refrigeradora; los saqué, los rodajeé y los combiné con los cubos de un aguacate entero; lo que licué -con un poco de aceite de oliva- para hacer una muy buena mayonesa.

Además, rallé casi una libra de zanahoria; separé la clara de un huevo y la batí a punto de nieve; luego batí la yema del mismo con la zanahoria; agregándo a esta mezcla la clara batida; cociné esta tortilla durante un poco más de medi ahora.

Luego nos tocó sacar a caminar a los perros; lo que ha estado siendo -casi- cada día más trabajoso porque -especialmente- la perra está muy pesada y pone -cada vez- más resistencia; cuando entramos de la caminata continué con la preparación del almuerzo.

Rb había cocinado el pollo de una pierna -enorme- de pollo, lo que combiné con un poco de lechuga picada -y la mayonesa- para formar un enorme burrito; ese fue -básicamente- el almuerzo; lo que acompañé con la mitad de una de las latitas de coca cola zero.

Después del almuerzo Rb nomás esperó a darle de comer a sus perros para empezar a prepararse para su salida semanal: la clase de alfabetización que ha estado impartiendo en su iglesia; yo aproveché para leer un poco del libro del abogado español.

Rb salió -para dirigirse a su iglesia- un poco después de las tres; yo me quedé en la computadora con Ubuntu, viendo algunos videos de Youtube y leyendo algunos artículos; un poco después de las cuatro me pasé al sillón de Rb, donde continué leyendo el libro Ama.

A las cinco y cuarto me vestí y salí hacia la iglesia de Rb; habíamos quedado en reunirnos en ese lugar a las seis de la tarde; caminé a buen paso y llegué al comercial cercano unos diez minutos antes de la hora; entonces decidí entrar al supermercado del lugar.

Se me había ocurrido -y había consultado un par de LLMs- utilizar los tres franceses que me sobraron del pan semanal -ya que solo el viernes preparé desayuno en casa- para preparar una especie de pizza y necesitaba queso mozarella.

Encontré una bolsa en oferta -un poco más de dos dólares-, la compré y luego retomé mi camino hacia la iglesia de Rb; pero ella me llamó justo cuando estaba saliendo del comercial; y nos encontramos unos metros más adelante.

Antes de dirigirme a la iglesia había tenido la intención de pasar a los servicios del lugar -había estado, últimamente, consumiendo más agua de lo habitual-; le pedí a Rb que me esperara un momento en el pasillo del comercial y subí -y bajé- a utilizar los servicios.

Luego empezamos el camino de retorno a casa; pero no nos dirigimos directamente a la misma: yo le había pedido a Rb que pasáramos a la tienda de ropa usada; la semana anterior había roto -accidentalmente- la ensaladera que había estado usando los últimos años, y quería reponerla.

Además Rb se había percatado que la mochilita que lleva a sus clases de los sábados había empezado a romperse, por lo que quería ver opciones; entramos al lugar y encontramos un par de recipientes Rubbermaid bastante aptos para funcionar como ensaladera.

Rb también encontró una mochila bastante conveniente -y yo encontré una bolsa de Totoro, que, se me ocurrió, podría regalarle a mi ahijada (este mes cumple años y había previsto verla la primera semana del próximo)-; también compramos una bolsa de mojarras ya que se nos había acabado el suministro enviado por mi madre.

Después de pagar por las compras continuamos el camino de vuelta a casa; por la noche, después de hacer muchas lecciones de ajedrez, vimos el segundo capítulo de la serie argentina con el crítico de restaurantes misógino -está narrada por Robert de Niro-.

Traté dormirme un poco temprano: cuando Rb empezó su rutina nocturna -lavar trastos, devocional, etc- me lavé la dentadura, me despedí de ella y me metí a mi habitación; después de meditar traté de dormirme pero tuve muchas dificultades en conseguirlo: me sentía incómodo estomacalmente.

O sea, no me dolía el estómago; aunque sí sentí cierta indisposición respiratoria mientras estaba meditando; y no encontraba una posición conveniente para dormir -además de que, sorprendentemente, maté un zancudo -relleno de sangre fresca- en la oscuridad-; total que llegué a altas horas desvelado -en algún momento (después de medianoche, estimo) logré conciliar el sueño.

El domingo me desperté muy temprano; creo que un vehículo -o motocicleta- pasó haciendo bastante ruido en el boulevard; eso combinado con la intranquilidad al dormir me despertó antes de las cinco de la mañana -había dejado la alarma para las cinco y cuarto-.

Esperé un rato en la cama y luego ví la claridad en la ventana; me levanté, medité y luego me metí al baño, a tomar una muy buena ducha; después me vestí y entré a la habitación de Rb, a despedirme; a las seis de la mañana salí de casa.

De acuerdo a lo previsto caminé hasta el boulevard principal -me tomó menos de veinte minutos-; allí encontré a un bus intermunicipal ya a punto de salir; lo abordé y me apeé cuando llegó al punto más cercano al comercial en donde se estacionan los busitos.

Entré al mismo para llegar -a através del sótano- a la estación del transmetro; allí abordé la siguiente unidad en pasar; me fui en el camino armando -alguna variación- el cubo de Rubik de cinco por cinco; y me apeé en la estación más cercana a la ruta que va a las zonas más prósperas de la ciudad.

Caminé hacia la siguiente estación y abordé la próxima unidad en llegar; y me apeé en la estación más cercana al Obelisco; aún no eran las siete de la mañana; el tránsito estaba bastante ligero por una de las actividades cívicas de la municipalidad.

En el Obelisco abordé un bus extraurbano, el cual debía dejarme en un punto cercano al pueblo en donde vive uno de mis amigos voluntarios con los que aún mantengo -cierta- cercanía; llegué al lugar antes de las ocho de la mañana.

En las tres -o cuatro- ocasiones anteriores que he realizado el mismo recorrido he ordenado un Uber moto en el lugar y completado el viaje de esa forma; en esta ocasión -tenía datos en el celular- ví que caminando me llevaría menos de cuarenta y cinco minutos.

Entonces empecé la marcha; la cual fue bastante interesante: el tiempo estaba fresco pero la ruta es bastante accidentada; pasa por un par de valles en donde el ascenso es bastante pronunciado; de unos sesenta grados en alguno de los casos -estimo-; sin embargo, llegué al callejón donde vive mi amigo con veinte minutos de anticipación.

Aproveché la hora temprana -y los datos en el celular- para sentarme en una acer a la entrada del callejón y completar un par de lecciones de Duolingo; luego empecé la última parte del camino: son cinco o seis calles, pero la última mitad tiene una inclinación de más de sesenta grados.

Aún así llegué al frente del portón de la casa de mi amigo con casi diez minutos de anticipación; me parece que el dueño de la casa -el terreno es grande y hay varias construcciones- y su hijo estaban saliendo y aún me ofrecieron ayuda; nomás les comenté que iba a visitar a mi amigo.

Y es que quería esperar hasta que fueran las nueve para avisarle a mi amigo que ya había llegado; cinco minutos antes de la hora le envié un mensaje, notificándole mi presencia y salió a abrir el portón -un perro que tiene andaba retozando en el patio-.

Mi amigo se disculpó efusivamente por el atraso: había dejado de trabajar después de medianoche y se había levantado tarde; por lo que aún estaba limpiando la cocina, previo a la preparación del desayuno; no le dí importancia al asunto e incluso le ayudé a preparar un plátano frito.

Lo que sí ya tenía preparado era un gran trozo de puyazo en su barbacoa -casi- industrial; luego estuvimos conversando mientras se afanaba con la preparación: café, frijoles refritos, huevos con queso -yo llevaba la media docena de pastelitos que había comprado la semana anterior-.

Justo a las diez de la mañana le avisó a la esposa que el desayuno estaba listo y ella salió a acompañarnos al balcón -tienen una vista magnífica al bosque vecino-; y la comida estuvo magnífica: mi amigo troceó porciones de la carne y las sirvió con huevo, frijoles y plátanos fritos.

La conversación estuvo, también, interesante: la esposa de mi amigo es una intelectual -tiene varias licenciaturas (en letras y pedagogía, me parece)- y se dedica -luego de más de década y media de ejercer la docencia- a trabajar como editora en un medio de divulgación digital de la universidad jesuita local.

Además, y eso ya lo había olvidado, su padre -con quien (casi nunca) tuvo una buena relación- había muerto unos pocos meses atrás; y estaba lidiando -aún- con la pérdida, además de la mala relación con su madre -a quien le atribuye signos de Alzheimer-.

También ha publicado varios libros de poesía -por lo que la juzgo como tendiente a la melancolía- y mi amigo me ha comentado en varias ocasiones que ha tenido problemas en la columna vertebral -para terminar, según ella, ya fue diagnosticada como depresiva-.

Entonces, la plática fue interesante, conversando sobre literatura, feminismo, condición humana, religión, y varios temas similares -mi amigo apenas participó del coloquio-; en el ínterin consumimos el desayuno -y los pastelitos que había llevado-.

Yo le había comentado a mi amigo, casi al inicio, que me retiraría a las once; pero él se ofreció a bajarme del cerro, con lo que estimamos una media hora extra de convivencia; y a las once y media mi amigo empezó a prepararse -salió a encender la motocicleta-.

La última motocicleta que adquirió -tiene dos o tres- es imponente: no es Harley Davidson, pero se le parece bastante; y él la maneja excesivamente -trabaja bastante en la aplicación de Uber-; originalmente me había ofrecido bajarme hasta el lugar en donde abordé el bus más temprano.

Pero la bajada fue muy rápida; en menos de media hora ya estábamos en la ciudad; y mi amigo me llevó hasta la estación del transmetro más grande de la ruta principal; allí nos despedimos -yo, la verdad, sentía que había pasado un riesgo excesivo: mi amigo se mueve en el tránsito como pez en el agua; pero el tráfico en la ciudad es caótico (y violento)-.

Mi amigo empezó el retorno a su casa y yo entré a la estación del transmetro; en donde abordé el vehículo que estaba justo estacionándose en la misma; una vez en el transporte le escribí a Rb para comentarle que mi amigo me había bajado hasta el Transmetro -le había compartido mi ubicación Live en Whatsapp, justo antes de iniciar el retorno-.

Llegué unos minutos más tarde a la estación que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos y, cinco minutos después del mediodía, le comenté que ya estaba en camino; con lo que retorné antes de las doce y media a casa.

Sacamos a caminar a los perros y luego me preparé el almuerzo -en la mañana le había pedido un par de dientes de ajo a mi amigo-: seis mitades de pan francés, aderezadas con ajo y aceite de oliva; cubiertas de un huevo estrellado y una mezcla de pollo y embutidos, todo cubierto de queso mozarella.

El almuerzo estuvo muy bueno y luego me preparé un té de menta; más tarde me metí a la cocina a lavar los trastes y a prepararle un té de manzanilla a Rb; y luego confirmé con ella que no saldríamos a caminar -yo había caminado cinco kilómetros en la mañana-.

El resto de la tarde me la pasé viendo videos de Youtube -y dormitando-; aunque, un poco después de las cuatro salí de la habitación para ayudar a Rb con la preparación de los almuerzos de la semana: caldo de pollo, pechuga asada y ensalada.

Por la noche vimos la tercera parte de Nada;  pero hice muy poco además de esto: estuve tratando de avanzar en el último capítulo del libro de SQL por la tarde, pero me estaba quedando dormido -el tema está muy árido-.

El lunes me desperté antes de que sonara la alarma del celular: Rb había abierto, el día anterior, las paletas de vidrio de la persiana de la habitación en la que duermo; eso permite que el ruido del boulevard entre más directamente, lo que me despertó antes de tiempo.

Pero no fue mucho antes de la hora que esperaba: ya habían pasado las seis de la mañana; entonces me levanté y completé mi período de meditación; después salí a tomar la máquina del trabajo y me quedé en la mesa del comedor.

Rb se encerró en su habitación para empezar a atender llamadas y yo estuve revisando los correos de mi trabajo -no hubo reunión de las siete-; mientras estaba en mi computadora escuché que Rb estaba en una llamada bastante extensa -creo que duró más de dos horas-, por lo que, a las ocho y cuarenta y cinco le dí la comida a sus perros.

Ella salió un poco más tarde -al terminar la llamada- y se preparó su desayuno; yo entré, a las nueve a la llamada de los desarrolladores, la cual estuvo bastante corta; después me preparé el desayuno; el que estaba apenas terminando cuando mi supervisor empezó la reunión diaria del área.

Y es que la empezó a la nueve menos veinte -cinco minutos antes de lo programado-; y, continuando con las instrucciones que había estado escribiendo en la conversación grupal, estuvo asignando diferentes tareas a mis dos compañeros locales y a mí me indicó que trabajara exclusivamente con la analista en el imperio.

Por lo que no hice -prácticamente- nada en el resto del día -además de poner a correr varias veces los scripts con las pruebas automatizadas; y es que se suponía que debía completar unas pruebas restantes de la semana anterior -algo que hice, someramente, al inicio del día- pero los equipos no estaban funcionando de forma debida.

Y, al comentarle -por escrito-, la información al supervisor, me dijo que las tareas en conjunto con la analista eran prioritarias y que transfiriera mis últimas tareas al analista que menos bien me cae; éste me escribió en privado y nomás le indiqué el estado de avance en ese momento.

Rb estuvo contestando llamadas hasta el mediodía; a esa hora salió de la habitación para completar la rutina de ejercicios de los lunes; yo me sentía bastante cansado -me imagino que caminar los tres kilómetros (con cuestas bastante pronunciadas) el día anterior había sido demasidado-.

Después de completar la rutina sacamos a caminar a los perros grandes; antes de salir coloqué sobre fuego muy bajo, la porción de caldo de pollo del día; cuando entramos a los perros me lavé las manos y preparé un par de ensaladas; con lo que el almuerzo estuvo muy bueno.

Al terminar de almorzar -terminé bastante rápido pues mi porción de pollo era pechuga- me preparé un café; y continué viendo unos videos de divulgación científica que estaba viendo en Youtube; más tarde partí la papaya que Rb había dejado lavada, vacié el lavatrastos de su contenido y preparé un té de manzanilla.

Rb volvió a entrar a su habitación -después de darle de comer a sus perros- a continuar traduciendo llamadas; yo estuve un rato en la mesa, pero luego me moví a mi cama, en donde estuve dormitando un rato -a veces me preocupa el bajo nivel de energía que mantengo-.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; alcanzamos el extremo del boulevard y luego caminamos hasta el mercado a mitad del camino; nos faltaban unos metros cuando empezó a lloviznar.

En este supermercado compramos -aunque Rb se quedó un rato viendo a un perro que tenía la dueña de una óptica- un cartón de huevos y un poco de bananos; también compré una magdalena de chocolate, confirmando que la fecha de caducidad estaba un par de días más tarde del próximo domingo (día en que programé mi visita al volutario que vive en la colonia donde crecieron mis hijos).

Después de las compras retornamos a casa; por la noche vimos el capítulo cinco (penúltimo) de Nada; también estuve leyendo un poco -terminé el libro de SQL y estuve viendo con cual continuar, creo que será más Kanban-; además estuve tratando de organizarme un poco.

O sea, siento que pierdo mucho tiempo entre ver videos -y no solo de divulgación científica y filosófica- y a veces -aún- me quedo un tiempo innecesario en alguna red social; por lo que hice una lista con tareas pendientes.

El martes me desperté -otra vez- bastante temprano; la noche anterior había cerrado un poco las paletas de vidrio de las persianas; pero no completamente; entonces me desperté antes de las seis; pero esperé hasta las seis y media para levantarme a meditar.

Después de la meditación saqué la computadora del trabajo de la habitación de la comida de los perros; y me quedé trabajando en la mesa del comedor; Rb entró a su habitación a traducir llamadas y yo me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo -aprovechando que no había reunión hasta las siete y media-.

A las siete y media entré a la reunión que ahora está programada los martes y jueves; después de la misma verifiqué la hora en la que debía entrar a un training sobre una 'Inteligencia Artificial' que están promocionando en el trabajo para 'mejorar' nuestra eficiencia.

La reunión estaba programada para una hora, empezando a las nueve; por lo que no pude entrar a la reunión diaria de esa hora; y luego, un poco antes de las nueve y cuarenta y cinco, avisé en los mensajes de la reunión de equipo que no podría asistir -el analista que menos bien me cae puso un mensaje similar-.

No le puse mucha atención al training -no soy creyente en la tecnología; y, además, he estado usando LLMs desde hace un buen tiempo- sino que me puse a avanzar en las tareas pendientes: el día anterior habían enviado un correo quejándose de la calidad de los documentos que habíamos envaido el viernes último.

Yo ví el correo temprano y no me sorprendió que mi supervisor me hablara después de la primera reunión del día; para 'animarme' a poner más cuidado en la elaboración de los mismos; entonces estuve trabajando en la estandarización de la presentación de la información.

Un poco después de las once me escribió una consultora con la que nos habíamos reunido unas semanas antes -mi supervisor me metió a una llamada con la analista y esta persona-; no ví el mensaje hasta casi una hora después.

Y lo que quería era apoyo para correr algunas pruebas en el servidor en el que he estado trabajando últimamente; la verdad no le ví mucha lógica a que me contactara a mí; pero creo que singió más confianza que con las otras dos personas (mi supervisor y la analista).

Estuvimos conversando un buen tiempo y quedamos en que nos reuniríamos el miércoles a las cinco y media de la mañana; para correr uns pruebas por un par de horas; incluso estuvo haciendo algunos intentos de conexión a un par de servidores y, supuestamente, dejó ya todo preparado.

Yo estuve tratando de comunicarme con mi PM para comentarle lo que estaba sucediendo: me costó la comunicación porque él había salido a una cita médica; pero al final, por la tarde, logramos conversar durante un buen rato.

Rb salió de la habitación un poco antes del mediodía y realizó una rutina de zumba -el día de anterior, cuando pasamos por la municipalidad, nos enteramos que el martes no habrían actividades, por alguna celebración-; luego sacamos a caminar a los perros.

Cuando entramos de la caminata puse a calentar el caldo del día; también metí al microondas cinco onzas de pechuga de pollo -ya cocidas- y preparé un par de ensaladas de tamaño mediano; y un poco antes de empezar a almorzar recibí una llamada del Imperio.

Pero era del amigo con el que crecimos en el puerto y ahora vive en Tennesee -o alguna ciudad similar del Imperio-: el mes anterior lo había llamado pero había interrumpido su trabajo -ya llevaba casi medio año sin trabajar-; por lo que había decidido llamarlo un sábado o domingo.

Y este día me llamó -aprovechando, creo que retornaba de su almuerzo-; para comentarme cómo estaba su trabajo; y también me enteré que trabaja incluso los sábados; estuvimos conversando unos quince minutos y quedamos en que lo llamaría una noche entre semana.

Después del almuerzo me preparé un té; el cual acompañé con un pequeño trozo del zepelin que compré el jueves pasado, una doceava parte de la magdalena de chocolate, y dos mitades de galletas; también un par de pequeños trozos de pan dulce, remanentes del fin de semana. 

En un par de ocasiones, por la mañana -una antes de la conversación con la consultora-, me tomé pequeños períodos para dormitar en mi habitación; por la mañana leí un capítulo de Little Brother; por la tarde, nomás continué trabajando en los documentos.

A las dos cuarenta y cinco le preparé un té de manzanilla a Rb; y lavé los -pocos- trastos que se habían acumulado durante el día; un poco antes de las cuatro le escribí a la analista en el Imperio del Norte, para comentarle que los documentos ya estaban actualizados, y pidiéndole nuevas prioridades; lo que quedó pendiente para el día siguiente.

Al final de la tarde realizamos la caminata hacia los supermercados en dirección norte: Rb quería comprar unos nuevos audífonos pues dice que los que utiliza actualmente son muy voluminosos; pasamos a la tienda en donde hemos comprado las últimas computadoras pero no vimos nada bueno.

Luego entramos a la ferretería industrial en donde nos proveemos usualmente de herramientas -allí había comprado los anteriores-; pero tampoco encontramos nada bueno, además, Rb intentó comprar en una pantalla -como las de Mc Donald's- que hay en el lugar, pero la conexión estaba fallando.

Entonces nomás pasamos a la tienda verde de descuentos: justo cuando estábamos en el lugar anterior me recordé que habíamos quedado en comprar alcohol para mantener en un aspersor con el que -a veces- nos desinfectamos las manos.

Después de las compras retornamos a casa; por la noche vimos el último capítulo de la serie argentina que me había recomendado mi amiga psicóloga con la que desayuné el jueves anterior; también leí un poco del libro de meditación que llevo a medias.

El miércoles me levanté a las cinco y media: la noche anterior me había costado conciliar el sueño por el ruido de la familia que acaba de alquilar, en una casa con muchas habitaciones, justo al otro lado del patio; al parecer la señora lava a mano, y estaba manteniendo una conversación con varias personas mientras lavaba.

La alarma sonó un par de minutos antes de las cinco y me levanté a meditar; luego jalé la computadora del trabajo, volví a la cama y entré a la reunión; la consultora ya estaba allí y nos pasamos las siguientes dos horas trabajando con un par de servidores.

Las pruebas eran sencillas, pero nuestro dominio del equipo dejaba mucho que desear: además de encontrar dificultades para cambiar usuarios, no pudimos configurar varias funcionalidades que debíamos probar.

Pero, en general, fue una buena reunión -ella grabó la mayor parte-; a las siete y media cerró la reunión y nos despedimos; y, aunque me estuvo escribiendo algunos mensajes más tarde, no avanzamos más de lo que habíamos alcanzado por la mañana.

Y el resto del día estuvo bastante vacío; o sea, a las nueve entré a la reunión de la mitad de la mañana, aunque allí sigue nuestra falta de participación; luego recordé que tenía reunión con mi supervisora a las nueve y media; así que nomás estuve leyendo un poco de HackerNews en lo que iniciaba la misma.

La reunión estuvo tranquila -casi nada que actualizar-; y me quedé con la impresión -incluso se lo pregunté- si no trasladaría esa responsabilidad al PM -quien es el que está, adminsitrativamente, haciéndose cargo de nuestro equipo-; lo único que quedó pendiente fue que avisara, a recursos humanos, sobre los días de mis vacaciones este mes.

Como la reunión diaria del equipo se realizaría a las diez menos cuarto -aunque el día anterior no había ocurrido-, escribí en el hilo de mensajes que estaba en reunión con mi supervisora, y que no atendería la misma; y, de todos modos, no hubo reunión.

Después de despedirme de mi supervisora -un poco después de las diez- me preparé el desayuno de los primeros cuatro días de la semana; después continué leyendo artículos en internet; hasta mediodía, cuando Rb salió de su habitación.

A esa hora completamos la media hora -o treinta y cinco minutos- del a rutina de ejercicios de la mitad de la semana; después sacamos a caminar a los perros -Rb había dejado desinfectando legumbres para la ensalada y yo, calentando el caldo del día-; cuando entramos preparé un par de ensaladas.

Además, me preparé un poco de fideos de arroz -ya nomás me sobraron como setenta gramos del mismo-; después del almuerzo me preparé un café; el que nomás consumí con una porción de magdalena y el último trozo del zepelin del último jueves-.

Después del almuerzo me recosté un rato, leyendo apenas unas páginas del libro de George Carlin; luego me recordé que debía avisar sobre mis vacaciones y le envié el documento con la información a mi PM.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb, lavé los trastos -no eran muchos- del día y, para terminar, rearmé la regadera: por la mañana le había quitado la parte inferior pues, de acuerdo a Rb, tenía varios agujeros tapados por los minerales del agua.

Y es que por la mañana había consultado la lista de pendientes que empecé a llevar desde el lunes; y uno de las últimas actividades agregadas era limpiar la regadera -una de las primeras era la carga de ropa de principios del mes, pero eso lo había hecho más temprano-; entonces busqué instrucciones en Google.

De acuerdo a los pasos encontrados herví media taza de agua, la agregué a media taza de vinagre blanco -en un recipiente de porcelana-; y dejé reposar la parte inferior de la regadera durante más de dos horas; Rb la limpió después del almuerzo y yo la cepillé un poco antes de volver a armarla.

Como Rb tenía clase de teología a las seis y media salimos a caminar un poco temprano: a las cuatro y media nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; no entramos al supermercado más alejado, pero caminamos hasta el extremo del boulevard.

Luego pasamos al supermercado que queda a medio camino y compramos un poco de bananos -ya nos habíamos quedado sin existencia de esta fruta-; Rb también compró un poco de alitas de pollo -es su comida favorita para los almuerzos en los que me ausento-.

Retornamos de la caminata alrededor de las cinco y media; Rb se puso a preparar su cena y yo me metí a la habitación; estuve dormitando un poco hasta que dieron las seis, a esa hora me puse a hacer muchas lecciones de Duolingo -casi una hora-.

Después salí a bajar de los lazos la ropa de cama que había tendido por la tarde -es lo que más rápido se seca-; después me ocupé de empacar un par de regalos para mis próximos desayunos: un libro de cuentos para mi amigo tenor y la bolsa de Totoro que compré para mi ahijada; ambos quedaron listos.

Un poco antes de las ocho me pasé a la habitación de Rb, para ver un capítulo del animé que empecé a ver unos días antes, y a actualizar mis notas -incluyendo esta-.

Y a ver cómo sigue eso...

sábado, 1 de agosto de 2026

Todos los movimientos incorrectos... All the wrong moves... Tous les mouvements incorrects...

Hay muchas razones por las que empiezo a leer un libro; o eso creo: digo, en el pasado era más una cuestión de disponibilidad; o el libro estaba en una biblioteca, o en la casa de un amigo/conocido/familiar, o -en muy pocas ocasiones- podía comprarlo; entonces llegó internet.

Con internet encontré el acceso a mucha información -incluso libros en PDF!-; recuerdo que entre los primeros que leí de esa forma estuvo un par de Harry Potter -acababa de salir- y de Las Crónicas de Narnia -que era bastante antiguo-; había más opciones.

En el último tiempo (más de diez años?), casi todo lo que leo es en formato digital; incluso llegué a tener un Kindle durante un tiempo -se lo regalé el año pasado a mi hija mayor-: ahorita voy por mi segunda tablet (la anterior murió el año pasado).

La primera tablet era de una marca genérica -la había comprado, originalmente, para estudiar francés (Duolingo) en la misma, pero no me había funcionado allí la app de la forma en la que esperaba-; la actual es una Samsung.

La semana pasada empecé a leer el libro que titula este texto; llegué al mismo de la misma forma en la que he encontrado muy buenas opciones de lectura: a través de HackerNews; esta es una lista que, periódicamente, reviso con asiduidad.

Los artículos son, en su mayoría, enfocados en tecnología -o ciencia en general- aunque a veces hay cuestiones de economía, psicología, o similares; en esta ocasión estaba leyendo -me parece- una crítica hacia la utilización de LLMs para sustituir el trabajo humano.

Ese artículo me llevó a uno secundario, que hablaba sobre técnicas de escritura; el mismo mencionaba que un coach de escritura -que ahora se dedica a su empresa de perfumes- había escrito algo muy interesante sobre los principios de la escritura correcta (!).

Al buscar un poco más de información sobre el autor encontré el listado de libros publicados -creo que, en solitario, únicamente tenía este-; automáticamente me llamó la atención por tratarse de ajedrez -y, supuestamente, nivel amateur-.

Estuve leyendo un poco sobre la vida de esta persona -blanco, canadiense- y me llamó la atención muchas similitudes: poco sociable en su niñez/adolescencia -aunque fue a una escuela para gente dotada-, aficionado al ajedrez, meditador -varios de sus artículos en subsctack mencionaban estos temas-.

El libro es -supuestamente- vivencial: después de establecerse como escritor freelancer (o serio?) se va al sudeste asiático (Tailandia, Nepal) y, luego de un juego de ajedrez en este útimo país, se sumerge en una vorágine para participar en un abierto mundial.

He leído un par de capítuos (de diez, me parece) y, en general, me está gustando; tanto que el domingo, muy temprano, le envié a varios de mis conocidos este pasaje -extraído directamente del libro-: "Badly played chess is kind of like badly played life. Real problems are dealt with poorly or not at all, while much effort is expended on avoiding imaginary danger. Rather than dealing with the reality of the situation, you act as if you were playing the game you wish you were. Then you collide with the boundaries between the actual and the hypothetical." Un par -o quizá tres- me respondieron.

Y a ver cómo sigue eso...

El lunes me levanté mal: desde el día anterior me había estado sintiendo mal del sistema digestivo; el sábado -me parece- no había podido concluir bien mi visita diaria al baño de la casa: por alguna razón no pude realizar la descarga de la última carga de desechos sólidos.

Y es que el sábado desayuné doble -en la cafetería, con mi compañero que se estaba retirando de la empresa; y con mi hija mediana, en nuestro desayuno mensual- y también había consumido la mitad de un minipastel -además de que almorcé salchichas y pasta de arroz-.

El domingo la pasé mal en ese aspecto: me parece que intenté un par de veces evacuar desechos sólidos pero estaba completamente estreñido -y me dolía un poco el área alrededor del lugar por donde debían pasar los sólidos-; entonces, por la noche, estuve un poco preocupado -aún así me tomé dos vasos enorme de agua-.

Entonces, el lunes, me levanté con una sensación algo rara: además de haberme despertado una hora antes de que sonara la alarma de las seis y media, sentía una incomodidad abdominal algo molesta -y dolor en las posaderas-.

Me estuve un rato en cama y luego estuve un rato mayor en la taza del baño; pero no hubo modo, no quería salir nada; entonces retorné a la habitación, medité y luego volví a la cama, a esperar la primera llamada del día; pero la misma había sido cancelada.

Como me sentía diferente -y sin mucha energía- me quedé en la cama, dormitando, hasta que Rb -después de las ocho- entró a saludar -y a contarme algo de sus sueños-; y aún seguí un rato adicional en cama; hasta casi las nueve, salí -con la computadora- a la mesa del comedor.

Entré a la reunión de las nueve, la cual estuvo bastante corta: los desarrolladores aún siguenajustándose al trabajo en la nueva plataforma; después -eran casi las nueve y media- iba a preparme el desayuno, pero me entretuve en algo y, a pesar de que creía que mi supervisor no estaba, vi que empezaba la reunión.

Estuvimos en esta por casi una hora -desayuné casi a las once de la mañana- en la que el personaje este se dedicó a desvariar sobre las diferentes tareas que debíamos realizar durante la semana; realizando asignaciones sin sentido y, en el camino, incomodando al equipo loca.

También me molestó que los dos analistas restantes empezaron comentar idioteces en el hilo de mensajes que hemos utilizado para apoyar el trabajo grupal: algo sobre la malfunción de los equipos e incluso burlándose de a quién le estaban dejando más trabajo -no a mí, porque (supuestamente) debo trabajar documentación-.

La reunión terminó por fin y no me quedaron nada de ganas de empezar con la asignación; me preparé el desayuno (avena, papaya, banano y gelatina sin azúcar) y lo consumí mientras veía algún video de Youtube; un poco después pasé al baño y pude, por fin, aliviar el estómago.

A las doce realizamos la rutina de ejercicios de los lunes; después de entrar a los perros puse a calentar la porción diaria de las verduras que habíamos preparado la noche anterior; además, en el microondas, calenté seis onzas de pollo que Rb había cocido originalmente para su perra anciana; eso fue el almuerzo.

Pero además tuve buen cuidado de tomar casi medio litro de líquidos -uno de refresco de rosa de jamaica y el otro de agua pura- antes de almorzar; y es que, comentando con Rb mis molestias, recordé que el viernes y el domingo le había agregado Psyllium a los huevos del desayuno.

Por la tarde partí el pollo restante para los almuerzos de la semana: los trozos en los que Rb había cocido el mismo estaban muy grandes y no se habían integrado muy bien en las verduras que cocimos el día anterior.

Después del horario laboral -a las cinco- nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de mitad del camino, allí compramos un par de lechugas y un poco de bananos. 

El martes fue un día raro; la meditación y las reuniones de la mañana siguieron, más o menos, el mismo patrón de siempre; también la caminata con los perros, la calentada de la comida y el consumo del almuerzo; y fue un poco después de esto que empezó lo extraño.

Y la verdad es que fue una de las experiencias que se sienten como un turning point; y, por otra parte, por las que ahora valoro tanto permanecer en silencio en la mayoría de situaciones; o sea, nunca aprendí a discutir, y creo que a mis cincuenta y tres ya nunca aprenderé a hacerlo -es como no poder entrar en una pelea física porque nunca aprendí a recibir golpes (practicando boxeo, por ejempl)-.

También, empezó -como muchas cosas- de una forma más bien 'inocente'... extraño, la verdad: después del almuerzo le estaba comentando a Rb que la tarde anterior había deshebrado el pollo porque no me había gustado la forma en la que estaba almacenado en el hermético: trozos cocidos bastante grandes.

Y ella me respondió algo como: claro, yo llegué a preguntarte sobre el tamaño de los mismos y me dijiste que así estaba bien; -y añadió- como siempre, nunca me pones atención; o sea, habíamos bromeado muchas veces sobre esto; y quizá allí fue donde la cosa se torció.

Porque, por alguna razón, me afectó su comentario y le pedí que me aclarara; algo así: o sea, de todas las opciones de razones, eliges la peor; y me dijo, es que es verdad, y allí todo se fue al garete; terminamos en una conversación bien incómoda -y ella terminó llorando por supuesto- y yo terminé riéndome -por supuesto- mientras conversábamos.

Total que pasamos una tarde bien incómoda; o sea, ella siguió contestando llamadas, dándole de comer a sus perros -y yo preparándole su té de manzanilla-; pero el ambiente continuó bien tenso; incluso salimos a caminar a las cinco -en dirección norte, vimos opciones de desinfectante de verduras en el supermercado, pero no compramos-; pero -al menos yo sentí- que algo había cambiado.

Entonces, en la noche traté de estar un rato en la habitación de Rb -estaba viendo algo en la computadora, o leyendo, o jugando partidas de ajedrez en Duolingo (me cambió del celular actual al antiguo porque el ajedrez [creo] estaba haciendo que la pantalla se bloqueara demasiadas veces)-.

Pero, esto me llamó la atención: generalmente Rb pide mi ayuda para cuestiones como vaciar los sacos de comida de sus perros -pesan cuarenta o cincuenta libros- en los recipientes de plástico en los que conserva los que están en uso; en esta ocasión lo hizo por ella misma.

Me dí cuenta de eso cuando entré a la habitación de la comida de los perros: ví que el saco que había recibido por la mañana -el repartidor vino a dejarla cuando Rb estaba respondiendo llamadas- ya estaba vacío -al día siguiente me comentó que le había sorprendido que el contenido cupiera en una de las cajas-. 

El miércoles continuaba sintiendo una rareza en la atmósfera doméstica; o sea, me levanté a las seis y media, medité y luego entré a la reunión; Rb estuvo la mayor parte (como el anterior par de meses) dentro de su habitación, contestando llamadas.

Yo traté de actuar lo más (?) normal posible; durante la mañana acudí a las dos llamadas diarias (la de las nueve, con los desarrolladores, y las de las nueve y cuarenta y cinco con mi equipo; al parecer ahora la de las siete está programada únicamente para los martes y jueves); en la primera no hubo mucho que hacer; en la del equipo tuve que escuchar a mi supervisor desvariando sobre los avances de las tareas.

Rb salió de la habitación un poco antes de las doce: tocaba realizar la rutina de ejercicios de los miécoles;  después de completar los ejercicios -me está costando mantener el ritmo últimamente- sacamos a caminar a los perros; yo había dejado calentando las verduras, las cuales retiré de la estufa en cuanto entramos.

Después del almuerzo me quedé trabajando en la mesa; aunque utilicé este tiempo para explorar alternativas para migrar información de la plataforma antigua en la cual registrábamos las tareas; a la que aún está en proceso de integración.

Estuve investigando varias opciones para importar información de la antigua a la nueva; y la mitad de la solución -creo que utilicé un par de LLMs- funcionó muy bien -la de extraer información de la aplicación antigua- pero la segunda no pudo ser completada: al parecer aún no han configurado credenciales para crear nuevos items de trabajo.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb; mientras el agua hervía lavé los -pocos- trastos que se habían acumulado en el lavadero; después, un poco después de las tres, la analista en el Imperio me escribió para que trabajara en un documento: quería que ajustara la tabla de contenido.

Estuve trabajando en eso casi una hora y media -o sea, Rb salió de la habitación a las cuatro y media y yo aún estaba dándole los últimos toques a los cambios que juzgué convenientes en el documento-; entonces me vestí y salimos para la caminata diaria.

Nos enfilamos hacia los supermercados en dirección sur: yo quería comprar un frasco de café -literalmente nombrado- más barato -me quedaba nomás para unos pocos días-; así que caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos al otro lado, para entrar al supermercado.

Compré el café -en donde tuve que pagar en efectivo pues ahora están pidiendo identificación para utilizar tarjetas (y Rb no llevaba su DPI)-; luego caminamos de vuelta a casa; aunque tuvimos que pasar a la tienda de las verduras: Rb necesitaba sus frutas semanales (y un par de lechugas).

Después de retornar a casa Rb entró a su clase de teología -ya está en el penúltimo módulo antes de terminar su programa de Teología- y yo me metí a mi habitación a hacer muchas lecciones de Duolingo; un poco más tarde -cuando la clase había terminado- me pasé a su habitación; en donde estuve leyendo un rato.

El jueves me levanté a las seis y media -al parecer había habido un temblor, medio fuerte, en la madrugada: yo recordaba algo de movimiento en mis sueños-; después de meditar salí de mi habiación a saludar a Rb y luego retorné a la cama a hacer algunas lecciones de Duolingo -ahora estoy haciendo más Portugués, después de haber cancelado matemáticas-.

Estuve haciendo lecciones hasta casi las ocho de la mañana; a esa hora me metí al baño y empecé a alistarme para salir: el lunes le había escrito a mi psicóloga -no es mi psicóloga, nomás es psicóloga- para invitarla a desayunar -luego de darme por vencido en convocar a mi amigo de la facultad con quien desayuné el primer día de mayo-.

La noche anterior había estado sopesando si salir al boulevard a tomar un busito o caminar hasta el boulevard principal y tomar un bus intermunicipal -no quería llegar sudado-; salí a las ocho treinta y ocho y caminé hasta el boulevard principal -llevé los zapatos de las tardes-.

Rb me había pedido que pasara a comprarle un medicamento para las alergias respiratorias -en una farmacia del comercial en donde se estacionan los busitos-; llegué al lugar un poco antes de las siete y media pero decidí pasar de una vez a la farmacia -para evitar confusiones más tarde-.

Se tardaron un poco en atenderme -había dos o tres personas antes que yo- en la farmacia pero no fue tanto el atraso para comprar los tres blisters de medicamento (doce dólares); luego de pagar por la medicina me dirigí a cruzar -por el pasadizo subterráneo- al otro lado de la carretera, en donde se encuentra la cafetería en la que usualmente me reuno con mis conocidos.

Llegué al lugar un par de minutos después de las nueve y media y le escribí a mi amiga para comentarle que ya me encontraba en el lugar; ella me respondió un poco más tarde avisándome que estaba en camino, pero que el camino estaba bastante congestionado.

Llegó un poco más tarde y ordenamos un par de desayunos típicos -aunque yo pedí longaniza y ella salchichas-; me hice cargo de la cuenta -catorce dólares- y nos sirvieron la comida un poco antes de las diez -registré la hora en mi app de ayuno intermitente-.

Y estuvimos en el lugar hasta las once y media; entre desayuno y conversación: ella fue el mes anterior al vecino país del sur -con su madre- y me estuvo contando el buen tiempo que tuvieron visitando la ciudad más grande del país -y de latinoamérica, me parece: la segunda, de hecho-.

También me contó que su hermano -un médico que vino en un par de ocasiones a cenar a la casa de Rb- había, por segunda ocasión- tenido un accidente bastante aparatoso por manejar bajo los efectos del alcohol; también me comentó que ella continuaba asistiendo a retiros de meditación -eventos al que la referí, aunque yo nunca fuí-.

Un poco después de las once confirmé con mi amiga si las once y media era una buena hora para despedirnos; a los que estuvo de acuerdo; y cuando llegó la hora me ofrecí a acompañarla a su automóvil -aunque me dijo que quería pasar a los servicios-.

Entonces nos despedimos dentro del restaurante; yo le agradecí -otra vez- por su tiempo y disposición a compartir; ella me agradeció -otra vez- por la referencia a los retiros de meditación -aunque yo nunca asistí-; entonces, después de un abrazo, caminé hacia el pasadizo subterráneo.

En donde hay una panadería donde vende unos zepelines que me gustan mucho; lo malo: hasta principios de año costaban menos de medio dólar; cuando me reuní con mi amigo garífuna y compré uno ya habían subido de precio; y ahora han aumentado un poco más: o sea, ahora valen la mitad más que a principios de año -no sé si es por el conflicto en Irán-.

Aún no había decidido si abordar el busito que me deja del otro lado del boulevard, cerca de la casa de Rb; o el bus intermunicipal, con el cual debo caminar un par de kilómetros; al final decidí esto último, afortunadamente el siguiente bus estaba justo arrancando.

Me bajé al inico del boulevard junto al cual vivimos y caminé el par de kilómetros mientras completaba la solución del cubo de Rubik de seis por seis; cuando vine escuché a Rb trabajando en su habitación; así que entré, jalé la computadora con Ubuntu a la mesa y empecé a actualizar estas notas.

Rb salió un poco más tarde -de hecho me llamó por teléfono, para ver dónde estaba-; eran las doce y diez y, por no haber acudido a clase de zumba (el instructor sigue de baja -supuestamente por enfermedad-) quería completar una rutina de ejercicios.

Entonces me ofrecí a sacar a caminar a sus perros más grandes, en solitario; ella aceptó mi ofrecimiento y empezó a ejercitarse; yo esperé hasta las doce y media y, luego de alistarme, le puse los arneses a los animales y los saqué a caminar.

El sol estaba un poco fuerte y hacer que la perra -está muy pesada- camine es un poco complicado; cuando entré de la caminata Rb aún estaba ejercitándose; puse a calentar las verduras y calenté en el microondas los platos con pollo -aún metí al freezer un poco sobrante del mío-.

Luego partí en dos un aguacate; partí una mitad en cubos y la mezclé con mi pollo; la otra la coloqué en el lugar en donde Rb almuerza; mientras ella terminaba su rutina serví las verduras en cada plato con pollo; me serví dos vasos de refresco -bastante diluído- y procedimos con el almuerzo.

Después del almuerzo continué actualizando estas notas -en el ínterin actualicé (con ayuda de un LLM) la app móvil que estoy usando para darle seguimiento a mi estado de bienestar percibido-; un poco antes de las tres Rb salió de su habitación para darle de comer a sus perros; le preparé un té de manzanilla mientras lavaba los trastes del día.

Luego continué mi actividad de redacción; la cual ha estado un poco más constante durante los útimos meses (¿años?); por la tarde mi hija mayor me escribió para comentarme me estaba depositando cierta cantidad por el dinero que le había estado proporcionando durante el mes -y para que acreditara su cuota de mantenimiento mensual de departamento-.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; Rb quería comprar unas etiquetas para identificar el contenido de los especieros que compró unas semanas antes; y yo compré un montó de artículos en la tienda verde de descuentos: un paquete de ocho latas de coca cola sin azúcar, gel para el cabello, una bolsa de café molido -mezclada con trigo-; además de un par de marcadores permanentes también adquirimos papel encerado, papel de aluminio y una cajita de bolsas zip.

El viernes retorné al trabajo; como  ya no hay -nomás martes y jueves- reunión a las siete, después de la meditación me puse a completar lecciones de Duolingo -estoy jugando ajedrez nomás en el teléfono antiguo (aunque aún así he tenido que resetear el nuevo un par de veces, pues todavía se me ha bloqeuado la pantalla)-.

Después de completar las lecciones de Duolingo me pasé a la mesa del comedor; básicamente a esperar la llamada de las nueve (ese día coincidían la llamada diaria del equipo de desarrollo con la semanal de mi equipo); pero Rb salió de la habitación un poco antes de las nueve y me estaba comentando algo sobre sus llamadas; por lo que me tardé en entrar a la llamada.

Total que mi supervisor me escribió un par de minutos después de las nueve para que me uniera a la llamada; y entré así bastante animado, saludando a todo el mundo; luego, cuando me tocó presentar mi avance semanal, nomás comenté que el día anterior había estado de vacaciones, pero que el día anterior había completado una tarea; y que mi prioridad era -de acuerdo a lo que se me había indicado- ayudar a la analista en el Imperio a completar el documento asignado.

Lo cual, sinceramente, había estado haciendo desde la mañana: ella me había estado escribiendo desde antes de las ocho de la mañana, indicándome ciertas instrucciones específicas para continuar el trabajo con el documento; me pasé casi todo el mediodía leyendo detenidamente el documento y tratando de aplicar los pasos -muy pocos se pudieron completar- en el sistema que trabajamos.

Un poco antes del almuerzo -respondiendo a una pregunta sobre mi progreso-, le mandé la versión que había estado ejecutando -y un comentario indicándole que la versión en el servidor había sido actualizada con los comentarios adjuntos en la misma-; después ya casi no hice nada -laboralmente hablando-.

A media tarde ví un correo de la analista -hacia las dos personas que están coordinando esta nueva versión del ambiente- en la que me había copiado: indicando que cuatro documentos habían sido finalizados y pidiendo retroalimentación.

Yo ya me había desconectado -desde el mediodía- de las actividades laborales: a las doce Rb salió de la habitación y completamos la rutina de ejercicios; luego preparó el pescado que íbamos a almorzar; el cual se quedó en el fuego mientras salíamos a completar las dos vueltas de la caminata con los perros grandes.

Después del almuerzo me preparé un té de menta -es lo que tomo por las tardes cuando he tomado café por la mañana-; a las tres menos cuarto lavé los trastos del día -y le preparé el té de manzanilla a Rb-; y, un poco después de las cuatro, Rb volvió a salir de la habitación: yo había olvidado que debíamos llevar a la perra más anciana al laboratorio.

Y es que era la última de las visitas bisemanales que el veterinario había programado: es una especie de tratamiento 'neural' para aliviar los padecimientos de espalda -Rb me había comentado que la había visto (después de mucho tiempo) rascándose, lo que indicaba cierta mejoría-.

La visita estaba programada a para las cuatro y media; pero el boulevard estaba a reventar: el tránsito llegaba casi al portón de la calle; entonces Rb me pidió que saliéramos con media hora de anticipación; y no cruzamos al otro lado en el punto habitual -como a medio kilómetro en dirección norte- sino que, aprovechando que aún no estaba tapado, me crucé le boulevard justo frente a la calle donde vivimos.

Llegamos al lugar bastante temprano; pero apenas estaba estacionándome cuando salió la recepcionista de la clínica; y le comentó a Rb que le acababa de enviar un mensaje: el veterinario se había atrasado en una operación y llegaría hasta las cinco y media; entonces retornamos a casa.

Y nos tardamos más en recorrer las dos últimas calles antes de entrar a la calle interior que todo el tiempo desde que habíamos salido más temprano; vinimos a dejar a la perra más anciana y nos alistamos para salir: Rb debía comprar pollo en el supemercado más alejado en dirección sur.

Como teníamos que traer pollo saqué la mochila con aislante térmico; y nos dirigimos caminando directamente hasta el supermercado más alejado en dirección sur -es decir, no caminamos hasta el extremo, porque no queríamos retornar muy tarde-; compramos la pechuga de pollo (y un poco de mollejas); pero antes de llegar al supermercado habíamos encontrado al pickup de las verduras.

Aprovechamos el encuentro para evitar pasar -más tarde- a la tienda de las verduras: Rb compró una papaya bastante verde -que colocamos dentro de la mochila con aislante térmico- y varias verduras y hierbas para cocinar; después de completar las compras en el supermercado retornamos a casa.

Entramos a reservar el pollo en la refrigeradora y dejamos las verduras en la mesa del comedor; Rb preparó nuevamente a su perra más anciana -después de confirmar con la recepcionista de la veterinaria que, en efecto, el veterinario iba a tratarla aún- y nos dirigimos al comercial en donde queda la clínica.

Afortunadamente el tránsito había bajado bastante en el boulevard; ni siquiera tuve que cruzarme el boulevard en un sitio ilegal: conduje en dirección sur hasta el retorno en U y llegamos a la clínica veterinaria sin mucho contratiempo.

Pero el auto del veterinario no estaba en el parqueo, por lo que creí que nos iba a tocar esperar; lo cual ocurrió: de hecho había una señora -con dos niñas y- con un perro -creo que era chihuahua- ya esperando; por supuesto Rb se puso a conversar con la señora y estuvieron intercambiando los grandes sacrificios que les toca hacer para que sus mascotas estén bien.

Yo me entretuve jugando -tres o cuatro- partidas de ajedrez en el celular de Rb; un poco más tarde -ya estaba oscureciendo- la recepcionista salió a permitir el ingreso de Rb -quien aún indicó que la señora había llegado primero-; pero, por orden de cita, Rb entró al lugar.

Y no tardó mucho en salir: realmente es un procedimiento bastante express: una inyección y ya; entonces abordamos la van y conduje de vuelta a casa; por la noche vimos el primer capítulo de Nada; es una serie argentina en la que -sorprendentemente- actúa  Robert De Niro.

Y a ver cómo va eso...