jueves, 9 de julio de 2026

Está lloviendo y te quiero... It's raining and I love you... Il pleut et je t'aime...

Leí varios -tres o cuatro?- libros de Carmen Mola hace unos años: me parece que ya se había reconocido que no era una autora sino el seudónimo que utilizaron tres escritores españoles para publicar novelas -muy- negras.

No me pareció la mejor de las literaturas: o sea, al igual que ver una película de acción -o de terror- la narrativa es atrapante pero no hay mucho -al menos para mí- que quede después de completar uno -o varios- de estos ejemplares.

Pero ahora decidí seguir mi línea de español con un libro publicado por uno de estos tres escritores -el que encabeza este texto-; y de por sí su descripción no es muy halagüeña: un drama que inicia un poco antes de la guerra civil española.

La atmósfera del mismo es campirana y sus descripciones son tan nostálgicas como su título -¿poético?-: un padre de familia borracho que maltrata de lo lindo a su esposa y su hijo; quien se enamora, casi al inicio de la historia, de una niña francesa de clase más acomodada.

O sea, el plato está servido para una historia fatídica que se extiende por varias generaciones; y es que antes de contar la historia de este chico, el libro arranca con su bisnieta -o tataranieta, no estoy seguro-: psiquiatra con problemas de apego.

Y a ver cómo va eso.

El sábado me levanté a las cinco y veinticinco; estaba -para no variar mucho- teniendo sueños bastante raros -no sé cómo el frío ha estado afectando a mi subconsciente durante las noches, pero estaba soñando sobre algo de trabajos pasados y/o estadías en el Imperio del Norte-.

Cuando la alarma del celular sonó mi primera impresión fue de desorientación total; no estaba seguro si seguía en el sueño o ya me había despertado; pero alargué el brazo para silenciar el celular; y luego pensé en que había dejado también la tablet con una alarma, y allí me dí cuenta que ésta última la había puesto a las cinco y media.

Entonces desconecté ambas alarmas y me levanté a meditar; después de completar mi práctica matutina me metí al baño; la presión del agua estaba en su máxima expresión y el baño fue, realmente, reconfortante.

Después del baño -y secado- me vestí y me metí a la cocina a preparar el desayuno al que había invitado a mi amigo de ascendencia asiática: omelete -dos huevos y tres yemas adicionales- relleno de embutidos, champiñones y chile pimiento; frijoles -refritos con salsa de tomate, tomate y chile pimiento- y plátanos fritos; acompañado todo de café, un poco de queso crema, pan y salsa de tomate.

Mientras estaba preparando el desayuno me puse a escuchar un podcast de la fundación BBVA en la que un terapeuta de parejas hablaba sobre las formas de mantener una buena relación en común: respeto, límites claros, y cosillas de ese tipo que son muy buenas en una exposición pero no tan fáciles de aplicar en la vida real.

Terminé la preparación del desayuno un poco antes de las siete -puse a funcionar la cafetera a su máxima capacidad: doce tazas-; y luego revisé en mi celular si mi amigo me había escrito; lo que hizo hasta casi las siete y cuarto: informándome que venía atrasado y que me avisaría cuando ya estuviera en el busito.

Lo que hizo casi diez minutos más tarde; y vino muy tarde; tan tarde que Rb ya había salido de su habitación y preparado el desayuno de sus perros; cuando mi amigo vino la comida ya estaba fría; pero eso no impidió que dieramos buena cuenta del desayuno.

Mi amigo había cumplido -cincuenta y cuatro- años unos días atrás y recibió -no sé si coincidentemente- una visita familiar intensa: vinieron sus dos hermanos que vien en el Imperio del Norte -hermano y hermana- y su hermana mayor, que vive en el país vecino norte del gran Imperio.

Y una gran parte de nuestra conversación -se fue a las once de la mañana- versó sobre todos los incidentes de esa visita: sus tres hermanos trajeron a su familia -me parece que su hermana mayor (sesenta años) adoptó a un niño chino hace más de una década, su segundo hermano trajo a sus tres hijos y la tercera trajo también a la pareja de adolescentes-.

Me mostró varias fotos de la reunión y eran casi treinta personas entre sus hermanos, algunos primos y algunos tíos -un gran clan asiático-; también conversamos un poco sobre el grupo -coercitivo- al cual pertenece; incluso probó el banquito que uso para meditar: se supone que tienen ciertas prácticas asociadas a la meditación.

En el ínterin completamos una partida de Scrabble -Rb se nos había unido para tomar su desayuno, a las nueve, y me comentó que no había podido tomar llamadas (su plan original) porque nuestra conversación tenía un volumen muy alto- y, fue raro, recibimos a una vendedora de Internet de nuestra compañía actual.

Yo había quedado muy decepcionado en el transcurso de la semana con la compañía: nos habían llamado para informarnos que vendrían a cambiarnos el router actual y que nos aumentarían -en una cantidad ínfima, realmente, la cuota mensual; lo cual me molestó pues no me parece la situación ideal: incrementar gastos en lugar de reducirlos.

Y la señora -o señorita-, que se presentó durante la visita de mi amigo, traía una oferta atractiva: no sólo habría un cambio de router hacia uno de fibra óptica sino que la cuota mensual se reduciría en dos o tres dólares; por lo que aceptamos.

Pero había un inconveniente: se necesitaba presentar un documento de identificación y yo había dejado el mío en la visita a mis padres al inicio del mes anterior; y la solución fue extraña: el servicio -supuestamente sin contrato- fue adjudicado a mi amigo asiático -él si cargaba su DPI-.

La verdad es que la trasacción fue super rara; empezando con que debemos ocultar que actualmente poseemos ya un servicio de internet -o sea, el router debe ser desconecdtado cuando vengan a instalar el otro- y luego debemos cancelar el contrato del original; sobre lo cual no tengo muy buenas perspectivas -sospecho que tratarán de cobrar alguna cuota por la cancelación abrupta-.

La partida de Scrabble fue de lo más relajada -o sea, estuvimos aceptando palabras en español o en inglés, e incluso nombres propios- y la completamos después de que la vendedora de internet se había retirado; a las once de la mañana acompañé a mi amigo al boulevard y esperamos hasta que pasó uno de los busitos.

Después de retornar a casa empecé a preparar el almuerzo del día: la noche anterior había dejado un par de huevos duros dentro de la refri; los que metí a la licuadora, con un aguacate, y preparé una especie de mayonesa; también rallé -casi- una libra de zanahoria.

Rb se había puesto a hacer una rutina de ejercicios después de que mi amigo se retirara; y, al parecer, sus rutinas de fin de semanas son de casi una hora -a diferencia de las que realizamos en conjunto, que apenas sobrepasan la media hora-.

Cuando Rb terminó su rutina de ejercicios yo estaba terminando de preparar la tortilla de znahoria y huevos que utilizo para la receta de burritos, que se ha convertido en habitual en los sábados que no almuerzo con mis hijos; mientras se cocinaba el primer lado sacamos a caminar a los perros.

Puse un temporizador -con veinte minutos- en el celular; el cual llevaba un minuto de estar sonando cuando retornamos de la caminata con los perros; entonces le dí vuelta a la tortilla y saqué la lechuga que debía picar para agregarle a los burritos.

También saqué de la refrigeradora un poco de tomate -mezclado con cilantro- que nos había sobrado de los almuerzos de la semana; Rb entró un poco después y se puso a preparar el pollo -con miel- que completa el relleno de la receta.

El almuerzo estuvo muy bueno -yo había sacado un poco de jugo de naranja que me había sobrado del desayuno, pero incluso eso tuve que volver a guardarlo, por lo copioso de la comida- y después me preparé un té de menta.

Después del almuerzo me metí a la cocina a lavar los -pocos- trastes que se habían acumulado durante el almuerzo -los del desayuno los había lavado antes de que viniera mi amigo- mietnras Rb se metió a su habitación a recibir algunas llamadas.

Después salió quejándose que se le hacía tarde y se metió al baño a tomar una ducha; y me pidió que alimentar a sus perros; lo que me frustra pues no quiero que esto se convierta en una rutina (ya me ha pedido lo mismo en alguna otra ocasión); afortunadamente los tres se alimentaron sin mucha dilación.

A las tres de la tarde Rb se terminó de preparar y se dirigió a su iglesia -quejándose por tener que salir de su casa, pero asumiéndo la responsabilidad que había tomado para ayudarle a varias amas de casa a aprender a leer y escribir-.

Yo me quedé viendo algunos videos en Youtube -nomás haciendo tiempo antes de dirigirme a la iglesia por Rb- hasta las cinco y cuarto; a esa hora me vestí y me dirigí caminando hasta el comercial cerca de donde se encuentra la iguesia.

Pasé por el McDonald's para ver si había actualización de los partidos del mundial -aunque se me pasaron tres pronósticos (casi al inicio) no quería dejar de lado el evento, aunque mis oportunidades de llegar al tercer lugar ya estuvieran muy bajas- desde allí caminé a la iglesia.

Entré al pasillo y pasé por el aula en donde Rb le imparte clases de alfabetización a tres señoras (y una niña); ella insistió en que entrara para presentarme a sus alumnas -aunque ya me conocían-; también para comentarme que le había entregado los anteojos a una de las señoras.

Luego me pidió que la esperara mientras iba a lavarse las manos; en el ínterin pasó el pastor a saludar; y la verdad es que ni siquiera estaba seguro que fuera él -supuestamente se han conocido por más de cuarenta años-; después pasamos al comercial pues debíamos comprar pollo en el supermercado del lugar.

Luego de pasar por la caja empezamos el camino de vuelta a casa; por la noche estuve leyendo un poco del libro de francés -Histoires Inédites du Petit Nicolas-; a las diez me retiré a mi habitación; y, por alguna razón -me sentía algo indispuesto del estómago- me costó conciliar el sueño. 

El domingo me desperté a las seis y media; me sentía algo raro del estómago; medité y retorné a la cama, en donde estuve casi una hora completando algunas lecciones de Duolingo; salí un poco después de las ocho, cuando escuché a Rb preparar la comida para sus perros.

Como habíamos acordado que acudiríamos al supermercado por la mañana -después de su desayuno- retorné a la habitación a leer un poco del libro en francés; hasta las nueve, a esa hora nos alistamos y caminamos hasta el extremo sur del boulevard.}

Después retornamos al supermercado de la mitad del camino y compramos un poco de bananos, una lechuga y un cartón de huevos; el sol estaba bastante quemante durante casi todo el trayecto; y cuando retornamos a casa me tocó que pasar, nuevamente, al baño -en total fui tres veces en el día-.

Al mediodía sacamos a caminar a los perros; luego preparé una gran ensalada y Rb preparó las alitas dominicales; almorzamos bastante temperano; yo había previsto salir a las tres y media -por eso había desayunado tarde- pues había quedado con el excompañero de trabajo con el que me reecontré al año anterior de reunirnos a las cuatro.

Pero este tipo me había escrito un poco antes de mediodía pra comentarme que le había surgido un compromiso familiar, y pidiéndome que cambiáramos la reunión para otro día; le contesté indicándole que quedaba a la espera de su comunicación.

Después del almuerzo me puse a buscar una forma de ver el partido de Brasil contra Noruega; y es que Rb me pidió que viéramos los dos partidos del día; al final instalé una VPN en mi computadora con Ubuntu y vimos el partido en un sitio de un canal de televisión inglesa.

Fue una sorpresa ver cómo Brasil perdía -muy mal- el partido, con lo que quedó eliminado; después estuve buscando la forma de ver el partido de México contra Inglaterra -yo había pronosticado que México perdería (como sucedió) y Rb había insistido -más por broma, creo- que ganaría; y apostamos un pastelillo contra unas cashew-.

Y quien encontró la forma de ver el partido fue Rb: halló una página sudamericana que concentra varias páginas de cadenas que transmiten algunos partidos del mundial; y en una de las mismas nos pusimos a ver el segundo único partido que he visto durante este evento.

Estuvimos viendo el partido hasta que Rb tuvo que levantarse a darle de cenar a sus perros -a las nueve menos cuarto-; después del mismo me quedé en la habitación de Rb, adelantando un poco del libro que da título a este texto.

Como era de esperarse -o al menos, como había pronosticado en mi quiniela- Inglaterra le ganó a México -la verdad ninguno de los dos países me cae bien: uno por haberse quedado con una gran parte del antiguo territorio de este país, el otro por quedarse con otro pequeño trozo, en un tiempo más cercano-; pero esperaba que ganaran los europeos (por su nivel de futbol).

El lunes me levanté a las seis y media; por error no desconecté la alarma sino que le puse pausa, por lo que fui interrumpido llevando cinco minutos de meditación; entonces reinicié el periodo, hasta completar los veintiséis minutos.

El día estuvo bastante tranquilo: las dos reuniones diarias con el equipo completo no tuvieron muchas novedades -aunque ahora ha estado entrando el PM por el cambio reciente de la plataforma con la que se le dá seguimiento a las tareas-; pero la del equipo sí estuvo más tardada: terminé desayunando casi a las once.

El horario original de esta reunión -aunque pasó mucho tiempo sin realizarse- es de nueve cuarenta y cinco a diez; o sea que el lunes se llevó casi una hora adicional; luego de esta reunión hicimos la rutina de ejercicios de los lunes; Rb se había pasado casi toda la mañana en su habitación, traduciendo llamadas.

Después de los ejercicios sacamos a caminar a los perros; luego calentamos la primera porción de pollo con manzanas verdes; la cual almorzamos acompañado de una ensalada de tamaño mediano; como terminamos el almuerzo un poco después de la una, estuve viendo algunas partes del partido España-Portugal -ganaron los primeros, sumando dos puntos en mi quiniela-.

Por la tarde no hubo mucho que hacer -o no quise meterme mucho en los pendientes del trabajo-; nomás corrí un par de veces los casos automatizados que logré reparar la semana anterior; me parece que estuve leyendo algunos capítulos del libro que da título a este texto.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; no teníamos una lista específica para las compras, nomás queríamos completar la caminata diaria; llegamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de la mitad del camino; en donde compramos algunos bananos.

Cuando regresamos puse el partido del Imperio del Norte contra Bélgica; del cual no tenía muchas esperanzas: había pronosticado que el Imperio caía, pero unos días antes se había difundido una noticia rara sobre este equipo; la asociación había anulado la suspensión al goleador del equipo, por lo que podría jugar.

Y, supuestamente, sucedió por presiones del presidente de este país; también, supuestamente, era la primera vez que se tomaba una medida de este tipo; entonces, temí que el partido reflejara esa lucha de poder y los europeos dejaran que el Imperio ganara; afortunadamente no sucedió así.

De todos modos nomás ví una pequeña parte del partido -terminaron cuatro a uno, nomás ví el primer gol- pues me pareció más interesante terminar la parte que estaba leyendo del libro en español; luego empecé a leer -aunque no creo terminar- un libro de un motivador que había encontrado unos días antes.

El martes fue el día en que más tarde he meditado -por la mañana-; aunque este periodo -creo que ya pasé los ochocientos días- ha tenido otros incidentes similares: me parece que en una ocasión se me olvidó por completo meditar -no recuerdo si por la mañana o por la tarde-; también tuve meditaciones 'parciales': por estar en un bus, o por interrupciones de Rb.

Y lo que sucedió fue que olvidé reactivar la alarma el día anterior: cuando me desperté el lunes no cancelé la alarma sino que presioné -por error- la opción para aplazar; esto hizo que sonara la alarma cuando llevaba cinco minutos meditando; entonces la cancelé, completé el período, pero se me olvidó reactivarla para el día siguiente.

Entonces, el martes me despertó el ruido que Rb andaba haciendo por la cocina -lleva más de un mes de estarse levantando a las siete de la mañana para traducir llamadas-; ese día no estaba contestando llamadas: como habían -el día anterior- indicado que el instalador de internet vendría a las siete de la mañana, Rb decididió que no se conectaría temprano.

La cuestión es que se puso a preparar el pollo que está consumiendo en el desayuno -y en la cena, me parece- y fue lo que provocó todo el ruido; yo quería seguir durmiendo pues estaba esperando la alarma; pero abrí los ojos y ví la hora: ya eran las siete y diez.

Entonces tomé la computadora del trabajo -la había estado dejando a un lado de la cama- y la utilicé para entrar a la primera reunión del equipo; y justo entré cuando estaban revisando una de las tareas en las que debía estar trabajando; pero no se requirió mi participación.

Después de la reunión salí a la sala: mi amigo asiático me había escrito para comentarme que lo habían llamado de la compañía de internet y que el técnico se presentaría en quince minutos; entonces, como nos había indicado la vendedora, desconecté el router que estabamos usando.

Y allí sucedió algo que será recordado por mucho tiempo: dejé caer un boomerang que Rb trajo de Australia en su viaje de hace un par de décadas; y el objeto de madera se partió: fue un trozo de casi una pulgada; me disculpé profusamente y ofrecí repararlo; lo que hice un poco más tarde, pero creo que la cola blanca no fue una buena opción.

El técnico vino un rato después e instaló el nuevo router en la habitación de Rb -para facilitar su trabajo como traductora-; todo el trabajo se completó unos minutos antes de mi reunión de las nueve de la mañana; la que empecé tomando en el celular.

Casi al final de la reunión pude trasladarla a la computadora del trabajo; aunque en esta reunión mi participación es -aún- menor que la primera del día; como Rb tenía que ir a su clase de Zumba empezó a prepararse, mientras yo entraba a la reunión de las diez menos cuarto.

Esta estuvo un poco más animada: volvió a participar el PM, para explicar las medidas que se habían acordado en la primera del día; y el supervisor me pidió que preparara un documento con estas instrucciones, como una guía para el equipo.

La reunión no fue muy tardada -aunque yo grabé la primera parte de la misma, para tener un registro de las instrucciones-: quizá el doble del tiempo originalmente asignado; cuando me salí de la misma entré a mi habitación a completar el periodo de meditación.

Rb retornó de su clase de zumba un poco después de las once; yo había empezado a tomar mi desayuno cinco minutos antes de esa hora y aún no había concluido a su vuelta; entonces se encerró en su habitación, para tomar algunas llamadas de traducción.

Mi hija mayor me había pedido un préstamo de ocho dólares bastante temprano -para algo de materiales de alguna de sus clases- y le hice la transferencia un poco antes del mediodía; después de sacar a caminar a los perros calentamos la segunda porción de pollo con manzana verde.

Cuando terminamos de almorzar me tomé un café, con unas galletitas; luego me encargué de los trastos del día; entonces me puse a trabajar en serio: por la mañana mi supervisor me había pedido que preparara un documento para estandarizar la creación de hallazgos.

Me había pasado la mañana sin entrar en el tema; pero luego me dije que mejor lo completaba de una vez y utilicé un par de LLMs para la primera versión -genérica-; tomé este documento y le agregué toda la información específica de nuestra área.

Cuando completé una versión que me pareció aceptable le envié el documento a mi PM, mi supervisor en el imperio del norte, y mi supervisora local; luego le envié una copia -por mensaje- al analista que mejor me cae; y él fue el único que me envió un comentario de vuelta: le pareció bien. 

Después del horario laboral, caminamos hacia los supermercados en dirección norte; no teníamos algo específico por comprar, excepto que Rb andaba en búsqueda de unos especieros; recuerdo que en alguna otra ocasión habíamos evaluado los que tiene la tienda; pero en esta ocasión se decidió por unos con tapa de bambú (o imitación de bambú, no sé).

Por la noche empecé a ver la tercera película de la actriz de Eleven sobre la hermana de Sherlock Holmes; por alguna razón ví la segunda -la primera la vimos con Rb- y la tercera sigue más o menos la misma línea; también continué con el libro en inglés.

El miércoles me levanté a las seis y media, medité y entré a la primera reunión del día; y ya había previsto que sería un día cargadito -al menos en este sentido-: además de las dos reuniones diarias tenía la quincenal con mi supervisora local (aunque esta se superponía completamente a la de mi equipo).

Tanto la primera reunión -a las siete- como la de las nueve no tuvieron una mayor trascendencia; excepto que la primera se alargó más del doble -usualmente tarda quince minutos- por una discusión acerca de la forma en la que se manejarán los hallazgos en la nueva plataforma.

El mismo tema volvió a surgir en la de las nueve; en privado le comenté al PM que eso debía definirse antes de las discusiones; pero luego ví que el desarrollador que me ayudó con el curso de ciberseguridad le estaba haciendo los mismo comentarios en el grupo general; entonces borré mis comentarios privados; o sea, no quiero meterme en el berengenal.

A las nueve y media escribí en el chat del equipo que no estaría en la reunión porque tenía reunión con mi supervisora local; el supervisor en el Imperio del Norte también escribió comentando que estaba en otra reunión y que, si se reunían, le plantearan sus inquietudes al PM; al final no se reunieron.

Yo entré a las nueve y media a la reunión con mi supervisora, quien llegó cinco o seis minutos más tarde; y en esta ocasión sí tenía noticias: por una parte, confirmó que el equipo local sí será parte de la venta del área a la empresa canadiense; por otra parte, según ella, se formará una pequeña oficina acá, para tercerizar los servicios de los que quedaremos huérfanos (cuatro personas en QA y tres en desarrollo).

Aunque me había propuesto no hablar sobre libros -como la última vez, especialmente- terminamos con The Good Life -además de otras dos otres referencias-; además, le agradecí por el tiempo en el que habíamos trabajado -casi tres años-; ella me comentó que apreciaba mi -al igual que del desarrollador que me ayudó con el curso- actitud intelectual.

La reunión se extendió un poco más de la media hora programada; al final nos despedimos, esperando vernos el jueves veintitrés de este mes: en esta fecha ha sido programada la segunda reunión trimestral del equipo local -no preveo un buen desarrollo-.

El resto del día fue más bien tranquilo: nomás puse a correr, dos o tres veces, los casos automatizados; a las cuatro y media -porque Rb tenía su clase de Teología- salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; hasta el extremo del boulevard.

Entramos al supermercado que está casi al final del boulevard a ver si había pechugas de pollo en filete -no había-; luego, en el otro supermercdo compramos un poco de bananos -no había lechugas- y allí sí encontré pechuga de pollo en filete.

Después, en el camino de retorno, pasamos a la tienda de las verduras; en donde Rb compró una a casi el doble de precio que en el supermercado -una (la más grande) de las razones por las que no me cae bien esa gente: siento que se aprovechan de la buena voluntad de Rb para venderle todo más caro-.

Cuando regresamos me metí en mi habitación porque no sabía si tendría la clase de educación ambiental en la que había estado participando durante las últimas semanas (se suponía que ya había terminado dos semanas atrás pero, sorpresivamente, la semana anterior habían impartido una clase).

Me conecté desde diez minutos antes de la hora y estuve esperando hasta cerca de media hora más tarde -en el ínterin, una de las organizadoras había compartido el enlace de conexión; y me había confirmado que sí habría clase-; al final entró uno de los organizadores a anunciar que ya no habrían más clases: la de la semana anterior había sido la última.

Después de eso estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo; y adelantando en el libro del título; hasta que escuché que Rb terminó su clase de Teología; entonces me pasé a su habitación y me puse a continuar el curso de Data Science en Python que he estado completando poco a poco.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

 

 

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sábado, 4 de julio de 2026

Historias inéditas del pequeño Nicolás... Untold Stories of Little Nicholas... Histoires Inédites du Petit Nicolas...

Mientras mis hijos iban creciendo encontramos varias series de libros infantiles; aparte de Harry Potter -que al final final no fue tan infantil- y Narnia, las aventuras del Pequeño Nicolás fue una de las que mas les gustaron: creo que no notamos que originalmente era literatura francesa, pero las aventuras de los niños eran bastante identificables.

Entonces, cuando empecé a aprender francés -en Duolingo- (hace ya más de cuatro años), esta serie fue una de las primeras que intenté leer en ese idioma; y mis primeros intentos no fueron muy exitosos: el lenguaje es sencillo pero había algunos términos que no reconocía.

Y bueno, un par de años después volví a intentarlo y esa vez me fue mejor; también leí varios libros un poco más serios -o no tan infantiles?: La blague du siecle, Les yeux de mona; y así; pero, luego de una pausa leyendo en ese idioma, decidí retornar a Nicolás.

Y el título al inicio de este texto es el más extenso que he encontrado; pero, entendí que no es obra de los autores originales; me parece que quien escribe es la hija de uno de los que empezaron la serie, y los dibujos si pertenecen al otro.

Y a ver cómo va eso.

El domingo me levanté a las seis y media; después de meditar y completar lecciones de Duolingo me quedé en la cama, leyendo un poco; como preveía que comería tarde -tenía una reunión con un ex compañero de facultad a las seis, no quería desayunar muy temprano.

Así que nomás esperé a que Rb desayunara pues me había pedido que fueramos a la tienda de ropa de segunda mano: quería buscar un par de tenis para sustituir los que ya no le estaban funcionando; un poco después de las nueve y media salimos de casa.

En la tienda Rb encontró un par de -muy buenos- tenis (un par de una marca suiza) y un par de piezas de ropa; después de pagar por las compras retornamos a casa; y ya habían pasado las once cuando empecé a preparar mi desayuno.

Después de desayunar sacamos a caminar a los perros; luego preparamos las alitas dominicales; por la tarde me dediqué a leer un poco del libro en español que llevaba adelantado, además me quedé dormitando un rato en la cama.

A media tarde salí de la habitación para ayudar a Rb con la preparación de los almuerzos para la semana (dos días de rollitos de papel de arroz, dos días de tacos de pescado - por la mañana habíamos comprado pescado en la tienda de segunda-); tuve que rallar una gran cantidad de zanahoria, partir un güisquil y una libra de champiñones.

A las cinco y media tomé la van y me dirigí al mismo comercial a donde habíamos caminado por la mañana; llegué unos minutos antes de las seis y me dirigí a los servicios sanitarios, pasando por el supermercado, en donde me conecté para avisarle a mi amigo que ya había llegado.

Pero allí me dí cuenta que él me había escrito antes, comentándome que ya estaba en el lugar; y, efectivamente, lo encontré sentado a una mesa en el interior; compramos un par de capuchinos y un par de porciones de pastel (yo creía que cargaba la tarjeta de débido de Rb, pero mi amigo pagó el consumo).

Luego estuvimos por un poco maś de una hora en el lugar, poniéndonos al día de la vida de cada uno: él tiene -otra vez- una posición en una institución gubernamental; sus hijos están por salir de la universidad y sus sobrinas -su hermano murió el año pasado- están por entrar a los estudios superiores.

Cuando le comenté de mi situación laboral -la absorción del departamento en el que trabajo por parte de otra empresa- recordé por qué es que trato de que nuestras reuniones no sean muy frecuentes: empezó a darme un discurso sobre Marketing Digital y Trading.

Un poco después de las siete nos despedimos y retorné a casa; en donde tuve un conflicto bastante serio: cuando revisé mis billeteras me percaté que no tenía la tarjeta de débito de Rb; temí que la había extraviado y se lo comenté a Rb.

Quien reacción de una forma bastante común en ella: bastante histérica; busqué la tarjeta en la habitación y en el auto; y luego escuché mientras ella llamaba a su banco para bloquear la misma y solicitar su reposición.

Discutimos un poco mientras todo esto pasaba; pero, al igual que en otras ocasiones, nomás me retiré a la habitación en la que duermo, esperando a que se calmara el temporal; un poco más tarde Rb entró (ni siquiera me pidió ayuda para porcionar los almuerzos) y conversamos un poco sobre lo sucedido; su visión: se frustra porque no reaccion de la forma en la que ella espera a estos acontecimientos.

El lunes me levanté a las seis y media, medité y luego realicé algunas lecciones de Duolingo; como no tenía que trabajar -era un día de asueto nacional, por el día del ejército- me quedé un buen rato en la habitación avanzando un poco en mis lecturas.

Salí un poco después de las diez a preparar mi desayuno; luego me quedé en la mesa de la sala, con mi computadora personal; un poco antes de las doce completamos los ejercicios del Lunes, luego sacamos a caminar a los perros.

Cuando regresamos de la caminata calentamos los ingredientes del primer almuerzo de la semana: rollitos de papel de arroz, con lechuga, pollo con champiñones, y guacamol; después del almuerzo me preparé un café -el que consumí con un poco de galletas y del pastel que Rb me regaló el viernes anterior-.

Después del café lavé los trastes del día luego me quedé un rato en la habitación, jugando scrabble online en el celular; a las tres y media me estaba alistando para salir cuando ví que mi amigo el Testigo de Jehová me había enviado un mensaje; traté de llamarlo -desde el teléfono de Rb- pero no contestó.

Entonces recibí un mensaje comentándome que ya estaba en el lugar -habíamos programado la reunión para las cuatro-, le contesté que salía en el acto y tomé la van para llegar más rápido al lugar -originalmente había previsto caminar-.

Antes de salir Rb me mostró lo que había encontrado en su habitación: la tarjeta de débito; o sea que, al final, no la había tomado el día anterior; lo que significa que nomás me tocará pagar la reposición de la misma -cuatro dólares-.

Cuando llegué al comercial en donde habíamos acordado encontrarnos ví que mi amigo estaba fuera del restaurante; pero también ví a su esposa en el cajero de las cercanías; entonces nos presentó -aunque yo ya la conocía-; y me comentó que nos acompañaría en la reunión.

Lo que estuvo interesante: se suponía que habían salido juntos porque necesitaban pasar a realizar un pago -o una compra, realmente no pregunté- a una tienda en las cercanías; ellos ordenaron unas pastas -es un restaurante italiano- y yo pedí el café y pastel de costumbre.

Estuvimos en el lugar por un par de horas, entre comida y conversación -y el partido de Alemania y Paraguay, perdieron los primeros-; a las cinco y media, mientras se celebraba el triunfo de Paraguay, Rb me llamó; no la escuché por lo que le devolví la llamada, y le comenté que ya empezaba mi regreso.

Y es que habíamos acordado que realizaríamos la caminata diaria cuando volviera de mi salida; nos encaminamos hacia los supermercados en dirección sur; no teníamos mucho por comprar, pero necesitábamos efectivo -antes de salir me envié una transferencia al celular-.

Pasamos al supermercado más cercano -allí está el cajero de mi banco-, sacamos sesenta dólares y continuamos caminando hasta el extremo del boulevard; en el camino de vuelta pasamos al mismo comercial y compramos un cartón de huevos.

Por la noche ví la primera parte -había intentado empezar a verla en un par de ocasiones- de Disclosure Day; la calidad está aceptable y la encontré con subtitulos en francés, lo que le agregó un poco de dificultad al proceso, pero también es interesante observar los modismos.

El martes me levanté a las seis y media, medité y salí de la habitación por la computadora del trabajo; pero no regresé a la cama, me quedé en la mesa del comedor para entrar a la primera reunión del día; a la cual no acudió ningún otro analista -ni el supervisor-.

En la segunda reunión -a las nueve- entró uno de los analistas pero tampoco se presentó el supervisor: ví en el estado de su perfil que estaba ausente por razones médicas; a media mañana Rb se dirigió a su clase de zumba.

Rb retornó de su clase de zumba un poco después de las once; a las doce sacamos a caminar a los perros; luego preparamos la primera porción de tacos: intenté calentar las tortillas de harina en el microondas y me quedaron mal: se tostaron.

Durante el día fue muy poco lo que avancé en las tareas del trabajo -aunque el supervisor había escrito al grupo, exhortando a continuar con las asignaciones-; además, vi un correo anunciando que la empresa se estaba deshaciendo del resto del equipo local.

Por la tarde terminé de leer Tretas y trucos para vivir mejor, también me quedé con la última parte de Criaturita; a las cinco salimos a caminar hacia los supermercados en dirección norte; en el camino pasamos a la farmacia pues Rb necesitaba algunos medicamentos para sus perros.

Y luego continuamos caminando en el boulevard principal, hasta la altura del comercial a donde habíamos acudido el domingo por la mañana -y por mi parte, el domingo por la tarde-; justo frente a este lugar existe una tienda que Rb quería visitar; pero estaba cerrada.

Pero, como estábamos justo frente al comercial, cruzamos el boulevard y entramos al supermercado a comprar una red de aguacates; después retornamos a casa; como mis hijos me habían transferido la cuota del mantenimiento del apartamente, por la noche estuve actualizando mis registros financieros.

Mi hija mayor me pidió un adelanto de su pago mensual -era algo que le había ofrecido, para evitar el pago de múltiples traslados de fondo en su trabajo-; también ví la segunda parte de Disclosure Day, estaba bien rara.

Miércoles, jueves y viernes estuvieron bien lentos, especialmente el último día: iniciaba el fin de semana largo del Independence Day en el Imperio del Norte; al menos terminé de leer Criaturita e inicié a leer el siguiente libro que había bajado en español.

El miércoles tuve las mismas tres reuniones por la mañana (la de las siete, la de las nueve y la del equipo); el supervisor intentó que trabajáramos en tareas -intrascendentes, realmente- relacionadas con la última liberación de la app que hemos estado probando por los últimos dos años.

Durante la mañana realicé los pagos que hago el primer día del mes: los treinta dólares a la cuenta de Rb y los ciento cuarenta y cuatro por los servicios mensuales del apartamento en el que viven mis hijos; también gasté cinco dólares en la Lotería Nacional.

Y lo que pasó fue que -el día anterior- me había dado cuenta que el billete que compré el año anterior, para el último sorteo del año (cincuenta dólares), estaba por vencerse -en tres días o así-: el último día de junio elegí un número para el sorteo de medio año -el segundo más caro de los doce meses- y un par de números para el sorteo mensual, con lo que me quedaba un pequeño saldo a pagar.

Lo malo es que, por alguna razón, el martes no pude realizar el pago -la página no me daba opción a ingresar la información de la tarjeta de crédito-; afortunadamente el miércoles pude realizar la transacción, con lo que no 'perdí' el reintegro de cincuenta dólares y adquirí dos billetes para el sorteo mensual y uno para el de medio año.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; pero sabíamos que no íbamos a entrar a ninguno de los dos: Rb tenía clase de Teología a las seis y media y salimos casi a las cinco a realizar la caminata; de hecho ni siquiera llegamos hasta el extremo del boulevard.

Un poco antes de llegar a la altura del supermercado más alejado dimos media vuelta y caminamos de vuelta a casa; cuando entramos Rb empezó a preparar su cena -le quedaba menos de media hora antes de entrar a su clase- y yo revisé si ya habían liberado el acceso en la plataforma del curso que había estado recibiendo durante los últimos miércoles.

Y no, aún no podía subir las últimas tareas a la plataforma; pero lo que me sorprendió fue que, de hecho, había clase ese día: se suponía que únicamente serían cuatro miércoles en los que tendríamos conferencias; la clase estuvo dirigida por un -otro- funcionario del Ministerio de Ambiente del país -la verdad es que las clases son (casi) un chiste-; aún me dió tiempo de ver la tercera parte de Disclosure Day.

El jueves, en la reunión del equipo -el supervisor la convocó una media hora más tarde-, se nos instruyó para que trabajáramos en varias tareas específicas durante el día siguiente: al principio esta persona creía que el equipo local también tendría libre el viernes; pero lo saqué de su error con un simple comentario: it's not our independence day.

Al medio día preparamos la segunda -y última- porción de tacos de pescado; de hecho a mitad de la caminata con los perros entré un momento a la casa para sacar medio dólar para comprar las tortillas de maíz que necesitaba para esa preparación -el lunes había utilizado tortillas de harina, con muy malos resultados: se habían tostado en el microondas-. 

Con tortillas de maíz los tacos quedaron mucho mejores que los del martes -el lunes y el miércoles habíamos preparado rollitos de papel de arroz rellenos con lechuga, pollo y guacamol-; al final de la tarde caminamos hacia los supermercados en dirección norte ya que Rb quería comprar unos recipientes herméticos en la tienda verde de descuentos.

Antes de pasar a esa tienda nos deviamos un momento hacia el supermercado que queda al inicio del boulevard: Rb quería sacar veinticinco dólares del cajero automático; ya en la tienda Rb encontró un par de recipientes con las medidas adecuadas -llevaba las medidas en dedos de la mano- para almacenar las galletas que está preparando -y consumiendo- últimamente.

De vuelta de la caminata pasamos a la panadería en donde encuentro el pan más económico: por un poco más de medio dólar compró el suficiente para mis dos desayunos del fin de semana; por la noche ví la parte final de Disclosure Day; y debo decir que esperaba un poco más de la misma: creí que era sobre reptilianos, realmente es sobre aliens y teorías de conspiración (como Roswell).

El viernes era un día libre para todo el equipo en el Imperio del Norte; por lo mismo preveía un día bastante relajado: me levanté a las seis y media, medité y encendí la computadora del trabajo; y ví que no habían cancelado ninguna de las dos -tres- reuniones diarias.

Pero también sabía que nadie las empezaría -lo cual, efectivamente, sucedió así-; entonces empecé a trabajar en dos de las tareas que me había asignado el supervisor el día anterior; la tercera la había completado la tarde anterior: actualizar un informe sobre el estado de las pruebas que realizamos cada mes.

Las dos tareas del día eran: agregar los pasos para reproducir un incidente en la app que probamos habitualmente; originalmente había adjuntado un video al reporte, así que tenía bastante frescos los pasos para completarlo; de todos modos me conecté a varios equipos en el Imperio del Norte, para adjuntar información más confiable.

La segunda tarea era actualizar un documento de pruebas que -se suponía- el analista que menos bien me cae nunca actualizó -o hizo un trabajo incompleto-; así que le agregué algunos pasos a uno de los procedimientos y agregué otra sección con las últimas pruebas que había realizado sobre la funcionalidad -y que había enviado por correo a mi supervisor unas semanas antes-.

Después de completar ambas tareas envié un correo mostrando el documento que había subido con el resultado de la segunda; el resto del día estuvo más tranquilo: nomás estuve corriendo varias veces los cincuenta y nueve casos automatizados que había preparado unas semanas atrás.

Y es que durante varios días -y después de la última liberación de la app- una buena cantidad de estas pruebas ya no estaban funcionando; entonces estuve utilizando varios LLMs para explorar alternativas; finalmente encontré una solución alternativa -luego de probar dos o tres opciones, por fin (por coincidencia) una funcionó-.

Por la tarde salimos temprano a la caminata diaria: Rb me había pedido que la acompañara a la sucursal del banco que está cerca de su iglesia; por la mañana había confirmado que su nueva tarjeta de débito ya estaba lista para ser entregada; la agencia la cerraban a las cinco de la tarde.

Entonces empezamos la caminata un poco después de las cuatro; llegamos a la agencia con un buen tiempo -el sol estaba aún quemante- y tuvimos que esperar un buen rato a que el agente de servicio al cliente nos atendiera -había un señor bastante campechano realizando algún trámite-.

Después de recibir la nueva tarjeta de débito pasamos al cajero automático a un costado del banco: en donde Rb cambió el pin al mismo valor de la emisión anterior; luego entramos al supermercado del lugar; en donde Rb compró un par de bolsas de manzanas verdes y un par de bolsas de pechuga de pollo.

En total eran casi diez libras de pollo, que me tocó cargar en una bolsa -no desechable- de tela; lo que me dejó marcado el hombro derecho; después del supermercado pasamos a una tienda de venta de ropa usada: un par de vecinas le habían comentado a Rb sobre las buenas ofertas del lugar.

Y no, las ofertas no eran tan buenas como en la tienda a la que acudimos normalmente a proveernos de ropa y calzado; pero sí encontré un par de tenis -siete dólares- que planeaba utilizar para las caminatas diarias -o las salidas que no hago con mis hijos-; Rb también compró un par de blusas.

Cuando pasamos por el supermercado del inicio del boulevard vimos una unidad móvil del servicio de salud pública del país: una persona -que, casualmente, Rb conocía- estaba esperando para ser vacunado contra el sarampión -al parecer hay una epidemia en el país-.

Entonces, a pesar de haber sido vacunado de niño, brindé mi información para recibir una dosis de la misma: la verdad es que no me importa mucho ser afectado -o morir- por una enfermedad de este tipo, pero sí convertirm en un factor de contagio que pueda afectar a otros.

Debido a las compras en la tienda de ropa usada y la vacuna regresamos bien tarde de nuestra caminata -casi a las siete de la noche-; por lo que Rb entró directamente a preparar su cena; yo entré un rato a mi habitación, a hacer algunas lecciones de Duolingo.

Después de que Rb cenó recogió sus bártulos del piso pues la había indicado que realizaría una limpieza de pisos -y vaciado de la mesa del comedor- ya que el sábado esperaba que mi amigo de ascendencia asiática viniera a desayunar.

Mientras barría y trapeaba los pisos -y limpiaba una mesa casi vacía- estuve escuchando algún podcast de Aprendemos Juntos de la fundación BBVA; y, después de completar estas dos tareas me puse a preparar los platos, vasos y cubiertos que usaría el día siguiente; ya no hice nada más: un poco antes de las diez me despedí de Rb, entré a mi habitación a meditar, puse la alarma para las cinco y media y me dormí.

Y a ver cómo sigue eso...

lunes, 29 de junio de 2026

Eso llamado trabajo(X)... That called work(X)... Ce qu'on appelle le travail(X)...

Esta es una entrada -al igual que otra publicada unas semanas atrás- que no sigue el patrón corriente de este espacio: me levanté pensando en escribir algo sobre este tema después de una reunión -la tarde pasada- con uno de mis conocidos de mi época de la facultad. 

Y, quizá, también el contraste/relación con la reunión que tuve dos días antes con mi conocido más creativo -tan creativo que estuvo una temporada en un hospital psiquiátrico, y ha decidido no vacunar a sus hijas, y está convencido que las grandes corporaciones están trabajando en la disminución de la población mundial-.

Pero, creo, el hilo conductor es el trabajo; o eso que llamamos trabajo: lo primero que hice fue realizar una búsqueda de esas palabras en todas las entradas que he almacenado acá durante las últimas décadas; y nomás le agregué la X al título, pues no creo que haya un número preciso sobre la cantidad de veces que he rumiado el tema.

Lo interesante, creo, es que la última vez que había escrito sobre el tema -o al menos, que había publicado un título alusivo al mismo, estaba en uno -otro más- de esos momentos en los que mi situación laboral estaba pasando por un momento interesante: acababan de cerrar el proyecto en el que estaba trabajando y aún no estaba claro qué pasaría.

Y en esa ocasión lo que pasó fue que la mayor parte del equipo fue movido a un proyecto en un ala de la empresa bastante independiente de las áreas en las que había estado trabajando durante casi una década; y justamente ese departamento será separado -vendido- durante el transcurso de este año.

Lo que me coloca, otra vez, en la misma situación: bastante precaria; aunque, para ser preciso, aún no se sabe qué pasará; algunos -la mayoría- espera que el equipo local sea absorbido por la nueva empresa; otros -incluído el jefe de mi supervisor- no está seguro si somos parte del trato.

Y no hay una certeza sobre qué pasará si el equipo no es movido: ¿seremos despedidos? ¿pasaremos a un nuevo departamento en esta misma empresa? o si el equipo transiciona: ¿continuaremos realizando lo mismo? ¿nos depedirán luego de absorber nuestro conocimiento en el sistema?

La verdad es que hay muchas incógnitas; y no espero que la situación cambien en los próximos dos o tres meses; los hechos: hay un documento que establece un acuerdo de compra de nuestro departamento; no es la primera vez que estas dos empresas realizan una operación de este tipo.

Hace un par de semanas una comitiva de la empresa adquiriente realizó una visita al área en el Imperio del Norte; en esa ocasión el jefe de mi supervisor indicó que se quería adelantar la adquisición -de fin de año a Octubre-; y eso, lo que no se sabe es -como casi siempre- mucho más extenso que lo que se conoce.

Y me puse a pensar sobre escribir acerca del primero de tres los elementos que Freud consideraba necesarios para una vida plena -según Google: 1. El trabajo (y la vocación), 2. Las relaciones interpersonales (el amor), 3. La vida creativa (la sublimación)-; primero, por mi situación particular -a punto de llegar a la docena de años en el mismo lugar de trabajo, pero con perspectivas muy inciertas-.

Además, por las dos últimas reuniones con mis conocidos -y la que tendré este día-; empezando por la del viernes: mi conocido más creativo ha tenido una vida laboral bastante peculiar: empezó trabajando en el gobierno -no haciendo nada, prácticamente- dando soporte a computadoras -aunque no conocía el tema- y continuó en el mismo lugar dando algunas clases de informática.

Luego estuvo mucho tiempo desempleado -por la época con la que se casó (por haber dejado encinta a su pareja)-; pero empezó a trabajar más asiduamente conforme su hija empezó a crecer -por esta época anda en los primeros años de la escuela primaria-.

Durante los últimos cuatro o cinco años ha tenido trabajos interesantes: en dos empresas de captación de energía solar y en una de importación de calzados; en las tres ha estado viendo temas de publicidad y en la última tuvo a cargo a varias vendedoras.

Y, precisamente, en esta última externó un pensamiento que me pareció muy interesante: ¿todos los conflictos que estoy teniendo se deben a mi forma de ser o el problema son los otros?: en el primero de estos trabajos lo despidieron -feamente-; en el segundo renunció y en el tercero lo despidieron -por conflictos con sus subordinados y compañeros-.

Ahora lleva varias semanas sin trabajo; le aconsejé -pero, aparentemente, otra persona cercana también se lo había sugerido- que entrara a un Call Center -en inglés-; no es un trabajo muy glamoroso, pero le puede servir para mejorar su perfil laboral -otro idioma- y generar un poco de ingreso -realmente ganaría casi lo mismo que estaba percibiendo en sus últimos trabajos como profesional de la publicidad-.

Con la persona con la que me reuní ayer nos conocimos hace más de treinta años, en la facultad: había entrado un año antes y coincidimos en algunos cursos -también era amigo de alguno de mis compañeros de clases-; provenía de un medio socioeconómico estable: tanto él como sus hermanos se graduaron de uno de los colegios católicos más notables de la ciudad.

Unos diez años más tarde nos encontramos en un trabajo en el que yo tardé nomás algunos meses -viendo temas de calidad- y él algunos años, como programador; de allí pasó a una de las constructoras más grandes de la ciudad; en donde estuvo década y media, al final se retiró y los demandó por pagos incumplidos -de eso hace seis años-.

Después ha tenido una trayectoria bastante accidentada; en este tiempo, además de divorciarse ha tenido dos o tres trabajos -referidos- en el gobierno; de los cuales ha salido mal; también empezó a hacerse cargo de sus tres sobrinas -casi llegando a la adultez- pues su hermano menor falleció -y la esposa de este también había muerto unos años atrás-.

Ahora tiene tres o cuatro meses de estar en una muy buena posición -referido- en otra ala del estado que se ha hecho famosa -infame-, cómo no, por lo niveles de corrupción en su operación; sus hijos -hijo e hija- están por graduarse de la mejor universidad privada del país; su sobrina mayor -lesbiana, según él (¡el horror!)- se ha ido a vivir sola y él está sossteniendo a las otras dos -por entrar a la universidad-.

En la reunión -un café con pastel- me comentaba que el trabajo está muy bien, que nomás teme que le van a embargar una parte del salario pues, debido a la inestabilidad laboral de los últimos años, sobregiró varias tarjetas de crédito y los cobradores han estado bastante agresivos con la recaudación.

Pero, lo que me llamó la atención fue esto: cuando le comenté que muy posiblemente me quedaré sin trabajo en el transcurso del año, lo primero que vino a su boca fue un discurso sobre marketing digital y trading; o sea, mi amigo continúa creyendo en el pensamiento mágico.

Y esta tarde espero reunirme con otro especímen bastante curioso: se inició temprano -casi adolescente- en la tecnología -pero no atendió la universidad-; se formó en el trabajo y -al parecer- llegó a tener posiciones bastante altas sin tener un título de educación superior.

Pero luego se estancó; por la época en la que lo conocí -hace casi veinte años- trabajaba como programador en la oficina en la que empecé mi transición hacia el área de tecnología; era de los elementos más llamativos: edad avanzada, desfasado en sus conocimientos y con una actitud de que debía estar en una posición más alta.

Por esa época -al parecer- fundó una oficina de energía alternativa -¿geotermia?- con la que no prosperó; también se hace cargo de los hijos de sus hijas por, según sus palabras, 'ellas no eligieron bien a sus parejas-; con lo que aún es necesario que trabaje de forma intensa.

Después de trabajar un par de años en la misma empresa a mí me despidieron -porque la adquirió un conglomerado del Imperio del Norte-; estuve en el banco más grande del país y luego retorné -con otro nombre- a la empresa, donde volví a encontrarlo, aunque la relación laboral que él llevaba era diferente: trabajaba en el mismo espacio pero reportaba directamente a alguien el país vecino del norte.

Por esta época fue lo de la energía alternativa; yo me salí de esta oficina para pasarme al otro banco estatal del país -de donde me despidieron después de año y medio, para entrar, finalmente, a la empresa actual-, mi amigo continuó allí; pero, fiel a mi costumbre, me desentendí de cualquier contacto con mis ex compañeros de trabajo.

Hasta hace cuatro o cinco años, que me contactó para que lo ayudara con algunos temas de calidad de software, en una consultora para la que estaba trabajando; entonces nos pusimos al día: él ya no se quería dedicar al software, porque ya estaba cansado.

Ahora, para variar, trabaja -no tengo muy claro bajo qué régimen- en un ala del estado -alguno de los ministerios del ejecutivo- gracias a una persona con la que trabajó mucho tiempo atrás; me ha pedido préstamos -no muy grandes- en un par de ocasiones y, afortunadamente, ha sido confiable a la hora de honrar sus compromisos.

Y bueno, eso que llamamos trabajo...