Cuando hacía ejercicios con Rb -pasamos más de tres años ejercitándonos en la sala, tres veces por semana, durante -al final- sesiones de casi una hora- trataba de escuchar algún material en audio; lo que más me gustaba eran los videos de Aprendemos Juntos de la fundación BBVA.
Aunque también -a veces- escuchaba videos en francés y/o portugués -los de la fundación eran en español-; pero ya no había visto estos videos en mucho tiempo; hasta esta semana que, por alguna razón, una recomendación de Youtube me envió a un video sobre neurociencia de un científico español.
Me llamó la atención su discurso; especialmente la parte en la que se refería a la naturaleza gris y apagada de nuestro entorno, la cual percibimos como colorida por la luz que no es absorbida por los objetos, y que nuestro cerebro interpreta como colores (algo que desarrollé en mi tesis hace más de veinticinco años).
Total que estuve leyendo un poco más de este expositor y encontré varios libros en la red; me decidí por La Fábrica de las Ilusiones porque creo que en este trabajo escrito basó mucho de la entrevista que ví en Youtube.
El libro está bien, muchos 'facts', y mucha información 'anecdótica' sobre la importancia -y los mitos- del cerebro y la mente; lo he estado leyendo en paralelo con un libro -en inglés- sobre el rol del Product Owner.
Y a ver cómo va eso...
El domingo me levanté a las seis de la mañana; mi amigo me había confirmado que vendría a las ocho de la mañana y quería empezar a preparar el desayuno a las siete (usualmente me toma alrededor de una hora la preparación).
Medité y luego me quedé en cama un rato, haciendo algunos ejercicios de Duolingo; un poco antes de las siete me metí a la ducha; después a la cocina, a preparar el desayuno: omelette relleno con jamón, peperoni y salami; frijoles volteados, plátanos fritos, y café.
Completé la preparación quince minutos antes de las ocho y -como el día anterior había olvidado comprar pan- me dirigí a la panadería de la vuelta, para comprar un poco de pan francés y dulce; a las ocho mi amigo me escribió comentándome que estaba afuera.
Salí a recibirlo y nos saludamos efusivamente -traía una magdalena de una de las panaderías más grandes de la ciudad-; luego entramos a la casa e iniciamos el desayuno -antes tuve que sacar, uno por uno, a los perros más grandes, del dormitorio de Rb-.
Estuvimos entre desayuno y conversación -teníamos como seis meses de no reunirnos- un par de horas, en el transcurso Rb salió de la habitación, le entregué a mi amigo un molino de café que Rb había comprado para preparar sus harinas pero no le funcionó (sesenta dólares) y nos pusimos bastante al día de cada vida.
Un poco después de las diez mi amigo me comentó que se retiraba -yo le había comentado a Rb que esperaba que nos liberáramos a las diez y media-; lo acompañamos a su motocicleta y nos despedimos; esperé a que se retirara y luego salí a regalarle la mitad de la magdalena a la vecina.
Como habíamos acordado con Rb de acudir al supermercado donde compramos productos a granel, sacamos al patio a los perros y luego nos dirigimos al lugar; el tránsito estaba bastante ligero con lo que no nos tomó mucho tiempo arribar a nuestro destino.
Llevábamos una lista bastante escueta de compras: necesitábamos papel higiénico y aceite de oliva; más algunas nueces que Rb consume diariamente, y yo quería abastecerme de avena en hojuelas.
En total gastamos menos de cien dólares y no nos tomó mucho tiempo completar las compras, de hecho incluso estuvimos viendo la sección de eletrodomésticos -aunque no planeábamos adquiriri ninguno de los equipos que estaban en exhibición-.
Pagamos las compras y tomamos la carreta hasta el vehículo, luego retorné la carreta a la bahía correspondiente e iniciamos el retorno a casa; la idea era sacar a caminar a los perros a las once y media pues mi prima favorita me había invitado al cumpleaños de su hijo menor, en una pizzería sobre el periférico.
Retornamos a casa antes de las once y media y esperamos un poco antes de sacar a caminar a los perros más grandes; después esperé hasta las doce y cuarto para meter en mi mochila el regalo que había preparado para el joven (una boina de lana que mi hija mayor me regaló hacía varios años), tomar la van y dirigirme a la pizzería.
El tránsito estaba super fluido; tanto que me llevó menos de quince minutos el viaje hasta el lugar; en donde encontré a los papás de mi prima, sus hermanos y algunos de sus hijos, e incluso la prima más grande de la generación (siete años mayor que yo) -la cual es incluso más grande que los dos últimos hermanos de mi padre-.
Estuve en el lugar un par de horas, la mayor parte del tiempo conversando con la hermana de mi prima favorita, y un poco con el hermano menor de ambas; también un poco con mi prima más anciana.
Lo raro fue que el mesero perdió la orden de mi segunda prima favorita y mía; ella volvió a ordenar pero yo cancelé mi orden (había pedido originalmente un plato de pasta con broccoli); y la verdad es que no tenía apetito: el desayuno había estado bastante sustancioso.
Nomás me quedé con el vaso de Pepsi (supuestamente) black y departiendo con mis primos; incluso el hijo mayor de mi prima me ofreció parte de su pizza -y mi prima más anciana uno de los panes con queso que le habían llevado-.
Cuando casi alcanzaba las dos horas de socialización -la verdad me sentía agotado- le pedí a mi primo que agregara la gaseosa a su cuenta y que yo le transferiría el dinero, pues no quería pasar por todo el proceso de pago; y empecé a despedirme de todos.
Antes de retirarme -traté de comunicarle a mi tía que pasaría a visitarla muy pronto-, nos reunimos los cuatro primos presentes -y reunidos después de treinta y cinco años- para una foto grupal; la que espero que publiquen en el grupo de whatsapp de toda la familia.
Terminé de despedirme de todos y abordé la van; aún encontré al segundo hijo de mi prima favorita en la entrada, y aproveché para despedirme; luego retorné, sin ningún contratiempo a casa; estacioné el auto y entré a continuar mi domingo.
Por la tarde, muy tarde, le propuse a Rb caminar hacia los supermercados en dirección Norte; no teníamos nada pendiente de comprar, nomás para realizar algo de ejercicio; además le propuse que extendieramos el recorrido.
En total caminamos como medio kilómetro extra; y ya estaba oscureciendo cuando empezamos el camino de retorno; por la noche estuve leyendo un poco del libro en español y viendo un capítulo -están super cortos, y en general, no muy buenos- de Love Death and Robots.
El lunes me levanté a las seis de la mañana pues quería revisar un poco del -poco- código que había escrito durante el fin de semana; la verdad es que no había avanzado casi nada en la comprensión del código que me compartió el analista más brillante del equipo.
Entonces, me levanté a las seis de la mañana, medité y luego -durante media hora- traté de avanzar un poco en Playwright -Typescript-; a las siete entré a la reunión diaria y un poco después le escribí a mi compañero para ver si podíamos reunirnos.
Aprovechando que Rb había salido a comprar frutas y verduras (y huevos) llamé al amigo al que he estado llamando mensualmente desde hace un buen tiempo; estuvimos en una videoconferencia por un poco más de media hora -hasta que el analista me escribió para que nos reuniéramos-.
Entonces me despedí de mi amigo y configuré una reunión; en la cual revisamos el enfoque con el que mi compañero había iniciado el proyecto de automatización, pues quería empezar bien: siguiendo el mismo -o muy parecido- formato.
Cuando Rb retornó de la tienda me trajo un enorme mango -aún tenía un poco del anterior en la refrigeradora-; el resto del día me lo pasé escribiendo código; de hecho me enfrasqué tanto que se me olvidó que tenía que salir a las cuatro de la tarde (por el cambio de horario).
A las cinco Rb me propuso caminar hacia los supermercados en dirección sur; en el camino, especialmente durante las primeras calles sentí el efecto de aprender código sin parar: apenas podía ver debido a la fatiga visual; afortunadamente a la mitad del camino empecé a recuperar una visión más o menos normal.
Realmente no teníamos que comprar nada, la salida había sido únicamente para ejercitar un poco las piernas -y salir un poco de casa-; llegamos hasta la gasolinera que está en el extremo del boulevard y de allí retornamos directamente a casa.
El martes me levanté a las seis y media; a diferencia del día anterior no quise empezar media hora antes; medité y entré a la reunión de la mañana; después le escribí a mi compañero para plantearle algunas dudas que habían surgido el día anterior.
Mer reuní con mi compañero alrededor de la mitad de la mañana; me explicó algunos conceptos que me ayudarían a avanzar en los casos en los que había estado trabajando desde la semana anterior.
También llamé, por la mañana, a mi primo para pagarle la gaseosa que le había pedido agregar a su cuenta durante el almuerzo del domingo; pero mi primo no quiso saber nada de dinero; entonces nomás le pedí que preguntara a mi tía si podía llegar a verla el domingo.
En el almuerzo, al igual que el día anterior, calentamos una porción de tortilla española, aderezada con una salsa de tomate que Rb preparó el primer día de la semana laboral; y una gran ensalada -además del vaso de refresco de rosa de Jamaica-.
A las cuatro de la tarde cerré la computadora y salimos con Rb a caminar; al igual que el día anterior nos dirigimos a los supermercados en dirección Sur; aunque ese día sí necesitábamos víveres del supermercado más cercano.
Caminamos, igual que la tarde anterior, hasta el extremo del boulevard y desde allí retornamos al supermercado que nos queda a medio camino; allí compramos algo de bananos y tres tipos diferentes de lechuga -la vista no terminó tan fatigada como el día anterior-.
En la noche completé una evaluación online de CAPM en la que obtuve el sesenta y cinco por ciento de aciertos, aunque ya había pasado con más del noventa por ciento la de mi app -y en la noche me sentía cansaso-.
El miércoles me volví a levantar a las seis y, otra vez, estuve todo el día escribiendo código; aunque ese día, aparentemente completé tres de las seis tareas asignadas; por lo que pude enviar el código al final de la jornada.
Y, realmente, era la primera vez que completaba este ciclo: traer el código total del proyecto, crear una rama personal, escribir código y enviarlo al servidor remoto; lo que consideré un paso bastante importante en mi desarrollo laboral.
Durante la mañana la perra más anciana de Rb se puso muy mal: estuvo quejándose y luego estuvo moviéndose intranquilamente por toda la sala; al final se calmó después de que Rb la bañara -creo que la última vez que la bañaron fue cuando le cortaron el pelo-.
Almorzamos la tercera porción de tortilla española, con salsa de tomate, ensalada -enorme- y fresco de rosa de Jamaica; por la tarde continué con la tercera de las tareas asignadas y, antes de las cuatro de la tarde, realicé el envío.
Pero luego de hacer el envío me dí cuenta que el nombre que le había puesto a la rama no era el adecuado -originalmente iba a trabajar en la otra mitad de las asignaciones- por lo que le cambié el nombre -aunque ví un riesgo de que se perdiera el envío-.
A las cuatro salimos a caminar; otra vez hasta el supermercado más lejano en dirección sur; aunque, antes de pasar por la garita nos quedamos conversando un buen rato con el guardia de turno -el señor que ha trabajado más de diez años en esa posición-.
Como Rb tenía que entrar a su clase de teología a las seis y media decidimos que no caminaríamos hasta el extremo del boulevard; sino hasta la altura del supermercado más lejano -la diferencia son cinco o seis calles-.
Desde allí retornamos al supermercado que queda a medio camino y compramos un poco de bananos -teníamos algunas unidades aún pero su estado de maduración aún no era el adecuado para su consumo-; luego caminamos de vuelta a casa.
Rb entró a su clase de teología -de seis y media hasta un poco después de las ocho y media- y yo preparé mi pastel semanal -aunque se me olvidó agregarle la mezcla de polvos: bicarbonato, canela, fruto del monje y esplenda-; pero no quedó tan mal.
Por la noche ví un capítulo de Love Death + Robots y un capítulo de Mindfully Murder -una serie alemana que mi amigo me recomendó el domingo-; esta última es bastante interesante, mezclando tres conceptos que me resonaron: mindullness, comedia negra y violencia.
Después de meditar -a las diez- ví un mensae del analista más brillante: había recibid el código pero no podía verlo; le comenté del cambio de nombre y le indiqué que encendería la máquina del trabajo y volvería a realizar el envío.
Lo que hice, aunque la operación no estuvo tan breve como hubiera querido -más de treinta minutos-; casi a las once de la noche le envié un mensaje comentándole que había finalizado y, luego, le dí las buenas noches a Rb.
El jueves me levanté, de nuevo, a las seis de la mañana; quería empezar temprano en el desarrollo de la segunda mitad de la asignación; medité, trabajé un poco y luego entré a la reunón diaria; en la que seguimos sin participar.
Después de la reunión -durante la que hice algunas lecciones de Duolingo- salí de la habitación porque, debido a la visita semanal de Rb al mercado en el centro histórico, prefiero quedarme en la sala, con sus perros.
Antes de empezar a trabajar en la segunda parte de la asignación me percaté de que no todo el código enviado la noche anterior estaba bien: había algunos cambios en el formato, en incluso la tabulación estaba diferente.
Además no había preparado los tres casos de prueba que necesitaba para guiarme en la escritura del código; hice lo primero durante una buena parte de la mañana, y lo segundo me tomó menos tiempo; entonces sí empecé a revisar lo que tenía que completar.
No me reuní con mi compañero -en realidad tenía la esperanza de que me diera retroalimentación del código, pero eso tampoco ocurrió-, nomás le escribí en la herramienta de mensajes que el día siguiente estaría de vacaciones, pero que esperaba enviarle el resto de la asignación antes del lunes.
Entré a la segunda reunión de la mañana, la de más temprano había estado bastante extensa pero esta fue un poco más corta -también ví que mi compañero estaba entre los asistentes-; aunque seguimos sin participar en la misma.
A media mañana entré a la reunión quincenal que el jefe de mi supervisor convoca para todo el equipo; en esta reunión se dedica a ponerse al día de las ocupaciones de cada analista; en nuestro caso mi compañero indicó que aún estábamos en las primeras etapas del proyecto -y el supervisor comentó que nos estábamos dedicando solo a eso-.
Al mediodía -después de sacar a caminar a los perros- consumimos la última porción de la tortilla española -con salsa de tomate y ensalada-; el día anterior Rb había preparado una nueva olla de fresco de rosa de Jamaica.
Por la tarde continué con el desarrollo del código -aunque ya empezaba a sentir la vista fatigada-; a las cuatro de la tarde cerré mi computadora del trabajo -después de configurar la función de autoresponder del correo, avisando que no estaría disponible al día siguiente-.
A diferencia del resto de la semana, en esta ocasión caminamos hacia los supermercados en dirección Norte: Rb quería comprobar si habían pasteles de arroz en la tienda verde de descuentos -su hermana le había regalado unos y no le habían producido alergia-.
Pero los que encontró en este lugar listaban algunos ingredientes a los que ha presentado alergia en el pasado; aprovechando que estábamos en la tienda -y no queriendo pagar con un billete de alta denominación en la panadería- compré una bolsa de los frijoles que preparo cuando invito a algún amigo a desayunar.
Después de pagar los frijoles (un dólar y medio) empezamos el trayecto de vuelta; a la mitad del camino compré un poco de pan -medio dolar- en la panadería más económica de los alrededores -en las otras pago quizá la mitad más de ese monto-.
Cuando regresamos -estaba sintiendo algo irritados los ojos- me encerré en mi habitación y me puse a resolver el cubo de Rubik de seis por seis; eso me tomó un poco más de media hora, dormitando un poco en el proceso.
Por la noche estuve viendo un capítulo de la cuarta temprada de Love Death + Robots; y un capítulo de Mindfully Murder; también le escribí a mi primo para inquirir sobre mi visita del domingo; pero me comentó que su madre debía realizarse algunos estudios médicos al día siguiente; así que quedamos pendientes.
Y a ver cómo sigue eso...