domingo, 8 de marzo de 2026

La Tierra Herida... Broken Country... La terre blessée...

El sábado que me tomé un café -frío, acompañado de una dona: o sea, una inmennsa bomba de azúcar- con mi ahijada ahijada profesional, le comentaba -ligeramente- sobre este libro: es un romance con una línea bastante clásica; y me autocuestionaba la razón de leer este tipo de libros.

Y me respondí a mi mismo: lo hago para mejorar mi vocabulario en inglés;  porque el libro es raro; es una historia romántica, entre una campesina -pero con aspiraciones de ir a Oxford- y el heredero de la familia rica del pueblo.

Pasan un verano idílico -aprobado por los padres de ambos, pero envenenado por la madre del joven- y luego se pelean y ella abandona la universidad -no se inscribe, realmente-; se casa con otro joven que la había estado pretendiendo durante mucho tiempo.

Tienen un hijo, este muere, luego conoce al hijo del chico pudiente -casi de la misma edad que su hijo ausente-; quienes llegan a Inglaterra después del divorcio -culpa de infidelidad de la mujer, por supuesto-.

Y -luego de varios incidentes- retornan la relación -con los 'ojos bien abiertos', según la protagonista-; o sea, un clásico; ya estoy -creo- en el último ciclo de lectura -creo que me faltan cuatro o cinco capítulos-.

Y a ver cómo va eso.

El sábado me retiré a mi habitación una hora antes de lo habitual: como tenía que madrugar, para iniciar temprano el viaje hacia la casa de mis padres, quería dormirme -al menos- una hora antes de lo acostumbrado.

Entonces, a las diez, me despedí de Rb, me metí a mi habitación, medité durante veinticuatro minutos y, luego, me metí a la cama -era el último día del segundo mes del año-; y en general dormí bastante bien.

Creo que me desperté de madrugada -la noche anterior, o un par de noches antes, la perra más anciana de Rb nos había despertado antes de las tres: ladrando para pedir su pollo cocido-; la alarma sonó a las cuatro y veinte y me levanté a meditar.

La noche anterior había cargado en la van el saco de comida para perros que le llevo a mis padres cada tres meses; también había colocado en los sillones traseros una caja con bolsas de agua pura, la cafetera, e incluso las dos magdalenas que había comprado temprano.

La noche anterior también había preparado un paquete completo de pan sandwich integral con jamón, lechuga y queso; después de meditar me metí a la ducha y luego, viendo que aún estaba bastante oscuro -apenas eran las cinco de la mañana- me quedé un rato en la mesa del comedor, leyendo el libro en inglés.

Leí un par de capítulos -la extensión de los mismos es bastante corta-; Rb salió de su habitación como a las cinco y cuarto y me comentó que creía que ya me había ido; pero no, le había ofrecido que me despediría de ella antes de salir de casa.

De todos modos conversamos un momento, nos despedimos y retornó a su cama; yo completé el capítulo que tenía a medias, tomé los sandwiches y la mochila que tiene aislante térmico -en la que llevaba la sandía que me había regalado mi ahijada y algunos bananos-.

Inicié la conducción hacia el puerto -cien kilómetros- a las cinco y media; el señor de la garita estaba ya en sus funciones y salió a abrir el portón de la calle; aún estaba oscuro pero ya empezaba a adivinarse cierta claridad en el cielo.

El viaje estuvo -en general- bastante tranquilo: a diferencia de la última vez, la sección más dañada del camino se redujo de unos diez kilómetros a menos de uno; y la van -era la primera vez que la llevaba- respondió bastante bien.

Un poco antes de las siete de la mañana estaba entrando en la colonia -cercada- en la que viven mis padres; encontré a mi madre regando la calle frente a su casa y escuché que le avisaba a mi padre que ya había llegado; salieron ambos a recibirme y bajé los paquetes que llevaba.

Luego preparé una jarrilla de café y abrí la magdalena de naranja que llevaba; desayunamos eso con los sandwiches que había preparado la noche anterior; mientras comíamos nos pusimos al día de los últimos tres meses.

Después les pedí que me enseñaran cómo han ido avanzando en la construcción del último proyecto en el que han estado trabajando durante varios años: es una pequeña estructura en la que planean tener una 'casa de oración' en el primer nivel, mientras utilizan el segundo como lugar de habitación.

También entré a ver la construcción que hice la década pasada en el lote que me cedieron; la cual dejé completamente a medias: la verdad no me dió confianza la situación de las escrituras de los terrenos.

Pero le indiqué a mi madre que podían continuar con la construcción y alquilar el lugar; a las nueve le envié un mensaje al primo que se quebró la mano la semana anterior -y con quien he estado con una comunicación más estrecha-.

Se ofreció a llegar -y lo hizo- para saludar; teníamos más de diez años sin vernos y ha cambiado bastante: cuando lo conocí estaba en el primer grado del nivel básico; ahora tiene casi treinta años; ha aumentado de peso y ha sufrido varias fracturas conduciendo motocicletas.

Le serví a mi primo lo último que había quedado del café y mi madre lo convidó a la magdalena y algunos sandwiches; luego me pidió que preparar un poco más de café; con lo que le puse otro litro de agua pura a la percoladora y le serví -un poco después- una taza de café bastante aguado -no le agregué más café molido-.

A las diez nos dirigimos con mi madre a la casa de la señora con la que más se han relacionado durante las dos décadas que tienen viviendo en el lugar -a ella le compraron varios lotes y también es quien gestiona la compra de los pescados-; pero no estaba.

Entonces regresamos a casa y le encargué a mi madre que le entregara -cuando la viera- la magdalena de vainilla y le comentara que habíamos ido a saludarla pero no la encontramos; a las diez y media -había puesto alarma- les indiqué a mis padres que me retiraría.

Mi madre me entregó varias libras (diez? quince?) de pescado que tenía en el congelador de una refrigeradora y los coloqué en la mochila con aislante térmico -había llevado cuatro botellas de gel congelado-; me despedí de mis padres -y mi primo- y empecé el viae de vuelta.

El cual no estuvo tan mal: a las diez y treinta y cinco le envié un mensaje a Rb, comentándole que empezaba el camino de vuelta; y a las doce y cuarto Rb me llamó para preguntarme por donde estaba -la ubicación que le envié me ubicaba en una calle dentro de la ciudad-.

Cuando recibí la llamada estaba entrando a la gasolinera en la que había llenado el tanque el día anterior -lo volví a rellenar y pagué la mitad de lo que habíamos pagado el día anterior-: al igual que el viaje anterior, la salida del puerto estuvo difícil -pero no tanto esta vez- pero la mitad final fue mucho más fluida.

Un poco más tarde estaba parqueando el auto frente a la casa de Rb; bajé las dos mochilas y la cafetera y procedimos a almacenar el pescado que nos envió mi madre -la noche anterior habíamos vaciado la mitad de la bandeja superior del congelador, previendo el envío-.

Después sacamos a caminar a los perros grandes de Rb; cuando retornamos ella se puso a cocinar las alitas dominicales y yo me esperé hasta que las volteó para preparar un par de ensaladas; consumimos también un poco de arroz que había sobrado el día anterior -revuelto con huevo- y la penúltima porción de fresco de rosa de Jamaica.

Al terminar el almuerzo lavé los trastos que aún estaban en el lavatrastos, me preparé un té de jazmín y le preparé un té de manzanilla a Rb -el té lo consumí con un tercio de una galleta, un pan tostado y una porción del pastel que estoy ahciendo los miércoles-.

A las tres de la tarde salí a lavar la van: estaba super empolvada -no la había lavado desde que la adquirimos (ya casi tres meses) y nomás había recibido el agua de las esporádicas lluvias de principios de año. 

Luego me puse a realizar los pagos del primer día del mes: los treinta dólares que le deposito a Rb como aporte para los servicios -la otra mitad a medio mes- y los ciento cuarenta dólares de los servicios del apartamento de mis hijos. 

Un poco más tarde estuve conversando con la compañerita que me ayudó un par de años atrás con el evento de ciberseguridad que organicé en la oficina: se había retirado de la empresa seis meses antes por una beca en la madre patria -no le gustó la beca y se retornó al país; y acaba de reingresar a la empresa-.

Y es que quería que me ayudara con una duda: ¿vale la pena obtener el certificado de Project Managemente para el que estoy estudiando?; y técnicamente sí: mi compañerita ha ganado, desde el inicio, veinticinco por ciento más de lo que yo percibo después de once años de estabilidad. 

Al final de la tarde le ayudé a Rb a preparar los almuerzos del fin de semana: pelé y troceé dos libras de papas -estaban enormes- mientras ella ponía a cocer, en el wok, pollo y medio -parte de lo que adquirimos el día anterior-.

El lunes me levanté a la misma hora -siete y media-; pensando en que a partir de la siguiente semana tendré que adelantar una hora las alarmas pues empieza el cambio de horario en el Imperio del Norte y las reuniones se adelantan una hora.

Como sabía que sería un día bien diferente -por la tarde tenía el almuerzo trimestral con la supervisora local- traté de no dormirme luego de la reunión; me quedé en la cama revisando el documento que tiene -muy poca- información de la última tarea que me asignaron.

A las diez me levanté, salí de la habitación y me preparé el desayuno; tuve una pequeña reunión con el analista más brillante del equipo: quería pedir su ayuda en el análisis del documento; aunque no pude avanzar mucho -también me comentó que no iría a la reunión del día por una asignación-.

Un poco antes de las once me metí a la ducha -había planeado salir un poco después de las once de casa, pues quería llevarme el auto-; pero, a último minuto, decidí que mejor usaría Uber: me iba a reunir con mi primo del lado paterno con quien mejor me llevo.

Además había visto que la cuestión del parqueo era algo complicada: podía buscar un espacio con parquímetro y pagar dos o tres dólares -en monedas-, parquearme al lado del restaurante -no sabía cuánto cobraría el parqueo- o parquearme en otro parqueo cercano -hasta siete u ocho dólares-.

Entonces pedí un uber moto -menos de tres dólares por el viaje-; estuve siguiendo el recorrido del vehículo pues lo había pedido para la entrada de la colonia; un poco antes del tiempo estimado salí al boulevard; y el señor con la moto se presentó un poco después.

El tránsito no estaba muy pesado a esa hora -creo que hubiera llegado a buena hora al restaurante, en auto-; nomás en una parte del boulevard había un pequeño embotellamiento pues un camión con materiales de construcción se estaba estacionando.

Pero llegué al lugar con casi veinte minutos de anticipación; de hecho le pedí al señor que me dejara un poco lejos del destino final; el monto del viaje -un poco menos de cuatro dólares- fue cargado a mi tarjeta de crédito automáticamente; caminé media cuadra hasta el lugar y encontré a mi supervisora y a la compañerita que acaba de ser recontratada.

Aprovechando que no habían llegado más personas le entregué el regalo que llevaba para el bebé de mi supervisora -nace el otro mes-; y luego estuve conversando con la compañerita -me senté a su lado-.

Poco a poco fueron llegando más asistentes -no llegó el desarrollador que me apoyó en el curso de ciberseguridad (y a quien, últimamente, he tenido menos paciencia), por estar, supuesetamente, con quebrantos de salud-.

El restaurante en donde se realizó el evento era de comida griega -mi supervisora es una foodie declarada-; y la comida consistió en una pequeña entrada de humus y pan pita, una bebida natural -o podías pedir coca cola- y el plato principal era un pequeño churrasco griego -carne, camarones, longanizas, y algo más-; a pesar del tamaño estuvo bien.

En mi caso traté de tener cuidado en la alimentación pues, por alguna razón, me había levantado indispuesto del estómago -creo que tuve que ir al baño antes de realizar la meditación matutina-; acompañando al almuerzo sirvieron una ensalada comunal.

La supervisora realizó una presentación con las medidas que había previsto para la ausencia de tres meses que iniciría al final de la semana -debido a su período de pre y post parto-; al final del almuerzo -la reunión abarcaba de las doce a las tres de la tarde- uno de los desarrolladores le entregó una tarjeta comunal -y una tarjeta de regalo,creo, con doscientos dólares-.

Todos se despidieron a las tres de la tarde, yo pasé al baño y luego retorné para despedirme de la supervisora; después empecé a caminar a la oficina en donde trabaja mi primo (según google maps el tiempo de caminata era de un poco más de media hora).

Traté de no apurar tanto el paso pues no quería esperar mucho fuera de la oficina; al final llegué con menos de diez minutos de anticipación y me senté en uno de los arrietes que rodean el edificio; mi primo salió un poco después de las cuatro y diez.

Le comenté que no había llevado auto por cuestiones de tráfico -y sincronización- y le propuse que tomáramos el transmetro para ir al mismo lugar de donas en donde nos hemos reunido las últimas veces.

Estuvo de acuerdo -también me señaló a una chica que estaba cruzando la esquina opuesta y me comentó que habían estado saliendo por un tiempo-; la estación del transmetro estaba llena y nos tocó que esperar un poco para abordar la -segunda- unidad que llegó a iniciar el recorrido.

Nos apeámos en la estación más cercana a la cual debíamos dirigirnos para transbordar y allí estuvo un poco más simple la operación -aunque ya llevábamos más de una hora de viaje-; al final llegamos a la estación que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos.

Nos apeamos y caminamos al comercial que se encuentra en la calle aledaña; dentro del local de donas adquirimos un par de cafés y una 'oferta' de cuatro donas y diez micro donas (centros de donas les llaman) -pagué diez dólares- y continuamos con la conversación que traíamos desde el transmetro.

En general con mi primo hablamos de literatura -un poco de política, un poco de cine-, filosofía y temas parecidos; y -como sus padres han notado- tenemos bastante afinidad en los temas en los que nos interesamos.

Rb me llamó en un par de ocasiones -casi llegando al lugar de las donas y luego un poco más tarde- para ver cómo iba la jornada -y por la preparación del fresco de rosa de Jamaica-; un poco antes de las siete le comenté a mi primo que casi era la hora del último bus a mi colonia y nos despedimos.

Caminé hasta el estacionamiento de los busitos -había aún dos unidades- y abordé la que estaba por salir -aún tenía un par de asientos libres-; el tránsito estuvo un poco cargado -era casi el final de la hora pico- pero no hubo ningún inconveniente en el retorno a casa.

Por la noche inicié a leer el siguiente libro en español: acababa de terminar Animales difíciles y ya nomás me faltaba el último ciclo -diez capítulos- de Broken Country; también hice un poco de Duolingo -no había hecho por la mañana pero terminé el reto semanal-.

El martes me levanté mejor del estómago; por alguna razón me desperté temprano, ví la hora en el celular y aún faltaba media hora para que sonara la alarma; me quedé dormitando hasta las siete y media y, luego, me levanté a meditar.

Después de la reunión -tardó casi una hora, que aproveché para hacer algunas lecciones de Duolingo- me quedé en la cama pues se había programado otra reunión para media hora antes de la de las diez.

En esta reunión el analista más brillante presentaría los avances -ínfimos- que hemos tenido en el proyecto de automatización de tareas; en la reunón estábamos tres analistas -trató de involucrar al analista que vive en el pueblo de mi familia paterna-, mi supervisor, su jefe y mi supervisora local.

La reunión estuvo rara -retiraron (sutilmente) al otro analista de este proyecto-, el supervisor estuvo insistiendo en una forma de abordaje mientras su jefe se decantaba por otra; el analista más brillante -pero no en inglés- tuvo varios tropiezos en la explicación y en preguntas subsiguientes.

Al final la reunión se alargó tanto que no pudimos ingresar a la de las diez; un poco después el supervisor nos llamó a los cuatro analistas para comunicarnos nuevas asignaciones: al compañero más brillante y a mí nos indicó que debíamos invertir más tiempo en la automatización.

A los otros dos analistas les asignó todas las pruebas de regresión que nos hemos repartido en el pasado -o sea, ellos deben tomar los grupos de tareas que mi compañero más brillante y yo completábamos en ciclos anteriores-.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; la perra más pesada se niega tanto a caminar en varias ocasiones que tuve que invertir el arnés para utilizar la argolla del lado opuesto: estaba empezando a deshilarse la costura de la que usamos mucho tiempo.

Después de la caminata entré a calentar -en la estufa- la primera de las tres porciones de pollo guisado que preparamos el domingo; el almuerzo estuvo muy bueno: pollo guisado, arroz y aguacate -acompañado de refresco de rosa de Jamaica-.

Al terminar de almorzar lavé los pocos trastes que aún estaban en el lavatrastos; luego me preparé un café -que consumí con medio panito de avena y zanahoria, un tercio de una galleta chicky y un pan tostado que me sobró de la semana anterior-.

También puse en remojo algunas ramas de manzanilla para el té de Rb; últimamente me he estado tomando el café (o té) de la tarde (acompañado de alguna bollería) antes de las dos de la tarde, para continuar con mi práctica de ayuno intermitente.

Después del horario laboral caminamos hasta los supermercados en dirección Sur; en el más alejado compré un bote de café instantáneo -el que estaba usando estaba por agotarse (luego de tres meses)- también compré algunas gelatinas light (mi hijo había elegido este postre para nuestro próximo almuerzo y no tenía de sabor chicle).

Además compré una latita de champiñones -chinos- para el desayuno que esperaba preparar el domingo siguiente -se suponía que mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad (y que hace Uber) vendría a las ocho); en el otro supermercado compramos un poco de bananos.

Por la noche estuve viendo uno de los capítulos de la cuarta temporada de Robots Love + Death; también, aprovechando que Rb le pediría un arnés (para la perra más pesada) a su amiga que vive en el Imperio del Norte (viene a mediados de abril para la celebración del segundo año de su hijo), pagué veinticuatro dólares por un par de tenis LA Gear negros.

El miércoles estuvo un poco diferente la jornada; empezó con meditación, seguido por la reunión diaria -en la que nomás entramos mi supervisor y yo de nuestra área-; luego, antes de la reunión de las diez tuve una llamada con el analista más brillante.

Básicamente quería repartir algunas tareas del nuevo proyecto de automatización; también entró el otro analista a la llamada, pero como el supervisor había indicado que nomás dos trabajáramos en esta tarea, su participación quedó en pausa.

El resto del día me la pasé tratando de entender el código: es playwright (javascript y typescript) y el nivel de complejidad es bastante alto; primero ni siquiera podía correrlo; luego, después de un par de preguntas al analista logré que funcionara.

Pero no pude iniciar con el trabajo real: debo escribir ocho casos de prueba y lograr que se ejecuten de forma automática; paralelamente estuve viendo algunos videos del certificado de CAPM que quiero obtener este año (creo que ya van más de veinte videos, de un total de veintinueve).

Al mediodía almorzamos la segunda (de tres) porción del pollo guisado que preparamos para la semana; por la tarde traté de avanzar en el trabajo pero no pude; casi al final del horario laboral le indiqué al analista que estaría de vacaciones al día siguiente, pero que lo llamaría por la mañana del viernes por ayuda con el código.

Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección norte; yo quería ver si había café molido en la tienda verde de descuentos; pero no encontré allí; compré, eso sí, una bolsa de frijoles volteados, para el desayuno del domingo.

En el otro supermercado compré una bolsa de café molido, además  

Por la noche terminé de leer Broken Country; y la verdad no me gustó el final; pero bueno, la razón es mejorar mi nivel de inglés; también ví el segundo capítulo de la cuarta temporada de Robots Love + Death.

El jueves era mi primera día de vacaciones del mes; originalmente -un par de semanas atrás- Rb me había pedido que la acompañara a una tostaduría de café: quería procesar los granos que ha tenido almacenados por varios años -no sé si funcionará-.

Pero un par de días antes me había comentado que no quería ir a la tostaduría; entonces le propuse que fuéramos al parque de atracciones más grande de la ciudad; el año anterior habíamos ido en una fecha muy inconveniente: había decenas de instituciones educativas en el lugar.

De hecho había tanta gente que las colas eran demasiado extensas; por lo que ni siquiera nos quedamos a almorzar en el lugar; retornamos bastante rápido a casa; esperábamos que la fecha fuera más propicia.

Me levanté a las siete y media, medité y me puse a hacer algunos ejercicios de Duolingo -nomás tres lecciones porque el segundo reto diario (el que da quince minutos de puntos dobles) era completar cuatro lecciones-; después salí de la habitación.

Rb ya había empacado todo; incluyendo las ensaladas que había dejado a medias la noche anterior (no había querido partir la manzana verde y el aguacate por la oxidación); entonces sacó los herméticos y completé las dos ensaladas.

Metí mi Scrabble y el Rumikub de Rb en mi mochila, y me aseguré de llevar varios cubos de Rubik; Rb había planeado desayunar en el auto, en el viaje al parque de atracciones; entonces decidí que yo desayunaría en el lugar; puse la avena por tres minutos en el microondas y empaqué mi gelatina, un banano y un poco de papaya.

Cargamos las dos mochilas (la que tiene aislante térmico y la mía) en la van e iniciamos el trayecto hasta el parque; el tránsito no estuvo tan mal: en el boulevar encontramos el embotellamiento de costumbre en la parte final (como el veinte por ciento del recorrido).

En la ciudad encontramos un poco de tráfico: había un camión detenido justo en el entronque de una de las rutas principales -y otro automóvil detenido en la entrada del periférico); pero llegamos al parque antes de las diez.

Nos llamó la atención que no había muchos automóviles en la calle en donde se encuentra el parqueo; y de hecho Rb notó que el segundo parqueo -en donde usualmente nos estacionamos- estaba cerrado; el primero nunca lo habíamos visto abierto.

Entramos al lugar -después de pagar tres dólares de parqueo-, estacioné la van y pasamos para el control de entrada al parque; el parqueo estaba tan vacío que me quedé casi en la entrada al mismo.

Y adentro también había muy poca gente -contrariamente a la última vez-; de hecho Rb tuvo que esperar un poco para subirse a la primera atracción -una mini montaña rusa-; pero pudo subirse tres veces de forma consecutiva.

Luego hizo lo mismo en la atracción más intensa -el rascacielos-; y de hecho, en este juego mecánico ni siquiera tuvo que esperar: al parecer no hay un mínimo de ocupantes para que funcione; me parece que las dos primeras veces fue la única en el mismo.

Después le propuse que jugáramos una partida de Rumikub -la cual gané- y, después, una de Scrabble -llevamos punteo pero no contabilizamos el resultado final-; ya pasaba del mediodía cuando nos dirigimos a la Rueda de Chicago en la que me subo con mis chicos.

Para terminar nos subimos a un pequeño tren que recorre una amplia área del parque; después nos dirigimos al área de mesas y almorzamos: ensalada y pollo con miel; además de una bolsa de snack -acompañado todo con fresco de rosa de Jamaica-.

Luego del almuerzo decidimos retornar a casa -ya era casi la una y media de la tarde-, por lo que nos dirigimos a la salida del parque y luego al automóvil -incluso pude recorrer en diagonal casi todo el lugar, por lo vacío-.

El tránsito estuvo un poco pesado a la altura de la Universidad, pero el resto del amino no nos dió muchos contratiempos; al final llegamos a la casa a las dos y veinte; le pusimos arneses a los perros grandes y los sacamos a caminar.

Después de la caminata Rb le dió de comer a sus perros y yo me metí a la cocina a lavar los trastos que habíamos utilizado en el almuerzo -y el desayuno-; el resto de la tarde me la pasé leyendo algunos artículos de Wikipedia.

Aunque me sentía cansado; de hecho en algún momento me parece que cerré los ojos y dormite un poco; pero fui interrumpido por Rb: quería mi ayuda para completar un par de pruebas de un sitio en el que espera trabajar algunas horas este mes.

A las cinco le propuse a Rb que saliéramos a caminar; originalmente había pensado nomás ir a la panadería de la vuelta; pero le propuse que camináramos hasta la panadería que se encuentra en el extremo sur del boulevard.

La tarde estaba bastante fresca y el paseo fue agradable; compré algo de pan -aunque decidí no repetir pues el pan francés estaba otra vez aún caliente (lo que dificulta su manipulación)-; luego retornamos a casa.

Por la noche estuve trabajando un poco: quería prepararme para la reunión del día siguiente con mi compañero más brillante; espero realmente poder avanzar en el proyecto al cual me agregó; esto me daría un poco más de tranquilidad en el trabajo -y en lo que venga después-.

El viernes me reuní con mi compañero -el genio del coding-; me levanté a las siete y media -pensando que el lunes debo adelantar una hora el inicio de actividades-, medité y entré a la reunión de las ocho; a medias de la reunión recibí un mensaje de mi compañero para que hicieramos la reunión a las nueve.

Agregué la reunión al horario del día; después de la reunión de las ocho me quedé en la cama, haciendo algunas lecciones de Duolingo -estaba ya en la recta final de terminar (nuevamente) el árbol de ajedrez-.

A las nueve me reuní con mi compañero; fue básicamente una serie de excusas de por qué no había podido avanzar: aún no tenía clara la forma de abordar la escritura del código -aunque le mostré los tres casos de prueba que había escrito la noche anterior-.

El compañero fue bastante comprensivo -aunque su nivel de conocimiento es demasiado alto- y me explicó -de forma algo somera- la forma en la que había estructurado el proyecto y la forma en la que -según él- debía proceder.

Entendí un poco más y me comprometí a entregar algo más sólido el siguiente lunes; luego no trabajé en la tarea: o sea sí, me estuve casi todo el día investigando algunas formas de abordar la escritura del código -apoyado por dos o tres LLMs-, aunque no quise compartir ningún código por esa vía.

Como el día anterior habíamos ido con Rb al parque temático más grande de la ciudad este día Rb acudió al supermercado en el centro histórico; cuando regresó me comentó que había comprado una botella de cloro con aplicador para la losa del sanitario.

Al mediodía almorzamos la última porción -de tres- del pollo que habíamos preparado el domingo -Rb había la había hervido el día anterior, pues ya tenía varios días en la refrigeradora-.

Después del horario laboral -a las cinco de la tarde- caminamos hacia los supermercados en dirección Sur; en el más alejado compré una pechuga de pollo -casi una libra- y dos paquetitos de crema; en el otro supermercado compramos un poco de bananos y, además, medio litro de leche, para seguir probando la receta del pastel.

Antes de entrar a la calle donde vivimos pasamos a la tienda de las verduras: tenía que comprar varios ingredientes para el desayuno del domingo -había invitado (después de más de seis meses) a mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad-.

Por la noche preparé los dos rollos de pollo para el Cordon Bleu que planeaba llevar al día siguiente para el almuerzo con mi hija mayor; también quería llevar una gelatina, pero olvidé prepararla, hasta casi las diez de la noche; la metí en agua fría antes de colocarla en la refrigeradora. 

El sábado me levanté a las seis y media; decidí empezar a levantarme una hora antes ya que el lunes siguiente empezaba el cambio de horario en el Imperio del Norte y todas las reuniones se realizan una hora antes.

Después de meditar me quedé en la cama -casi cuarenta y cinco minutos- haciendo lecciones de Duolingo; después leí un poco del libro de Product Management que empecé a leer la semana anterior.

Salí de mi habitación un poco antes de las nueve y preparé mi desayuno de los fines de semana; Rb me había pedido que camináramos pues yo saldría toda la tarde; entonces nos dirigimos a los supermercados en dirección sur.

No íbamos a comprar nada pero se me ocurrió que podía proveerme de un poco de aceite vegetal; lo que adquirí en el supermercado más lejano; y no entramos al otro supermercado, nomás caminamos de vuelta a casa.

Antes de salir había dejado preparadas las dos ensaladas que planeaba llevar al almuerzo con mi hija mayor; cuando regresamos del supermercado -casi a las once- me puse a preparar el cordon bleu: saqué los rollos de la refrigeradora, los rocié con un poco de harina de arroz, luego los pasé por un huevo batido y, finalmente, los cubrí con un poco de avena en hojuelas.

Los doré por dos lados y luego los cociné a fuego lento por quince minutos de cada lado (dos); después de apagar el fuego -y poner los dos rollitos en papel absorbente- sacamos a caminar a los perros más grandes.

Cuando regresamos me metí a la ducha; luego me vestí, empaqué el Scrabble en la mochila negra, y la comida -incluyendo un par de latas de Seven Up light- en la mochila con aislante térmico; me despedí de Rb y salí a arrancar la van.

Salí de casa un poco antes del mediodía; pero el boulevard estaba atestado: apenas a media cuadra empezaba la cola -de más de quince calles-; me tardé casi media hora en llegar al boulevard principal y allí la cosa no estaba mucho mejor.

Pero en el ingreso a la ciudad se liberó bastante el tránsito; de hecho llegué a la casa de mis hijos veinte minutos antes de la hora acordada -la una de la tarde-; le escribí a mi hija mayor mientras iba subiendo las gradas pero la encontré cuando entré al departamento.

Mi hija ha estado tomando cursos en la facultad de medicina -y, al parecer el stress ha hecho que vuelva a autoagredirse (ví señales de quemadura de cigarros en sus antebrazos)- y me había pedido ayuda con un par de problemas de física -el curso más difícil del primer año-.

Le invité a caminar hasta el parque temático, almorzar, y luego ver la parte académica; estuvo de acuerdo y caminamos las ocho cuadras que separan ambos lugares; luego de entrar nos dirigimos al área techada en donde usualmente almorzamos.

Dimos buena cuenta del almuerzo y luego estuvimos armando (mi) cubo de seis por seis; después jugamos una buena partida de Scrabble; para terminar la jornada en el lugar la invité a subirnos a la rueda de Chicago de costumbre.

Después de la rueda de Chicago decidimos retirarnos del lugar e iniciarmos a caminar de vuelta al departamento; retornamos un poco después de las cuatro y media y estuvimos resolviendo un par de problemas de física -de fluídos, de lo que ya no me recordaba (pero usamos ChatGPT par comprender el problema <y su solución>)-.

Habíamos acordado terminar la reunión a las cinco y media pero mi hija me había pedido que la pasara a dejar a un comercio cerca de la Universidad -en donde había visto algunos pantalones en oferta-, por lo que abordamos el automóvil y pasé a dejarla al lugar.

El resto del viaje transcurrió sin incidentes -excepto la cola que se forma para entrar al municipio- y u poco después de las seis de la tarde estaba estacionándome frente a la casa de Rb; pero, como uno de los vecinos estaba haciendo una fiesta, alguien había ocupado el lugar por lo que me tuve que parquear en el lado opuesto de la calle.

Pero un poco más tarde Rb me comentó que ya habían liberado el lugar y salió a mover la van al lugar de costumbre; lastimosamente la noche no había terminado y un par de automóviles - de la fiesta - se estacionaron muy cerca de la casa con música a alto volúmen.

Creímos que la bulla se extendería hasta la madrugada pero, afortunadamente, un poco después de las once -luego de que la fiesta terminara- varios de los adultos retornaron a los automóviles y se retiraron de la calle.

La gente...

domingo, 1 de marzo de 2026

Animales Difíciles -y ahora sí CAPM-... Difficult Animals -and now, CAPM-... Animaux difficiles -et maintenant, CAPM-...

Hace quince o dieciséis años saqué de una biblioteca del CCE -en su antigua sede- un libro cuyo título llamó mi atención: La hija del canibal; y, curiosamente, el título se justificaba en el texto: era la narración en primera persona de una señora cuyo padre había tenido que alimentarse del cadáver de su amigo, en un suceso ambientado en la guerra civil española.

Recuerdo que el libro me gustó: la historia era algo así como que el esposo la había abandonado -algo de lavado de dinero, recuerdo- y ella tenía que andar investigando, ayudada por un joven -con la que terminan siendo amantes, creo- y un viejo ex combatiente del bando republicano.

Y luego no leí nada de la misma autora, por mucho tiempo; hasta hace dos o tres años que llegó a mis manos -digitales- La ridícula idea de no volver a verte; y es de estos libros -creo- que se han vuelto comunes en el antiguo imperio.

O es la impresión que me han dado varios libros: muy muy apegados a la historia personal del autor; varios de ellos muy ligados a sucesos autobiográficos muy evidentes; en este caso la autora habla sobre la pérdida de su esposo -y los ajustes en su vida-.

Y lo hace tomando de fondo la historia de Marie Curie; sus dificultades creciendo en lo que fue -y volvería a ser- Polonia; las relaciones con su familia y su primer fracaso romántico; su hermana, su esposo, su carrera, sus hijas, etc.

El libro me gustó bastante; pero no planeaba continuar con la lectura de la autora -trato de no sobrepasar los cinco libros por autor-; hasta que encontré el libro con el que inicia el título de este texto.

Que sería el cuarto libro de una saga -originalmente una trilogía- de ciencia ficción que -creo- se desarrolla en el universo de Blade Runner; o al menos, los primeros libros tienen títulos alegóricos a la película, empezando con Lágrimas en la lluvia.

Empecé a leerlo la semana pasada y ha estado bien: la línea de toda la saga es una replicante -o rep- y en el cuarto libro -creo que el personaje había muerto en el tercer libro, aunque ahora está en un 'nuevo' cuerpo- intenta resolver un crimen.

Y lo otro: desde el año pasado -desde hace mucho?- he tenido la intención de obtener un certificado en Administración de Proyectos; hace más de una década fui a la primera clase de un curso que estaba promocionando la segunda universidad más cara del país.

Lastimosamente el curso lo cancelaron -supuestamente por falta de aforo- y luego no realicé ningún intento serio en continuar trabajando para el objetivo; hasta que hace dos años obtuve un certificado como Product Owner -aunque esta es una función específica de SCRUM-.

Hace unas semanas retomé el objetivo: bajé un libro con trescientas sesenta preguntas sobre el examen para obtener el certificado CAPM; procesé el texto del libro y lo adecué para su utilización en mi app para aprendizaje espaciado.

Pero pasaron un par de semanas sin que practicara; hasta este fin de semana, tomé el examen -apenas logré avanzar más de cuarenta preguntas de las trescientas cincuenta y una- pero, además, empecé a tomar un curso que ofrece la plataforma de aprendizaje de la empresa en la que trabajo.

Así que eso: son como treinta grandes lecciones -cada una como con una hora entre varios videos y evaluaciones-; y el plan es continuar con ese auto estudio mientras continúo practicando con mi app. 

Y a ver cómo sigue eso.

El lunes me levanté a meditar a las siete y media; desde el día anterior había dejado el timer del celular con el nuevo tiempo de meditación: veinticuatro minutos; me levanté algo animado por algo que estaba soñando un poco antes; creo qu el sueño seguía la impresión dejada por la película de acción que había visto la noche anterior.

Después de meditar retorné a la cama; había tenido la máquina del trabajo apagada durante todo el fin de semana; el sábado, al regresar de mi reunión con el voluntariado, había derramado un poco de caldo en un costado de la misma y había decidido dejarla secando hasta el lunes.

La computadora, afortunadamente, encendió sin ningún problema; entré a la reunión, la que, nuevamente, tuvo una duración de casi cuatro veces el tiempo programado; después de la reunión me quedé un rato en la cama; no quería hacer Duolingo (prefiero empezar por la noche, para no entrar en una liga muy competitiva-.

Pero tampoco me puse a leer o algo similar; nomás me estuve dormitando un rato; hasta que escuché que Rb estaba teniendo dificultades para realizarle curaciones a su perra más anciana -debe aplicarle una crema en la vagina y la perra aulla como si la estuvieran estrangulando-.

Me levanté a ver si podía ayudar -aunque cuando salí ya había terminado- jalé la computadora a la mesa del comedor y me quedé revisando el correo del trabajo; un poco antes había visto que mi hija mayor me había escrito de madrugada, pidiendo un préstamo de veinticinco dólares.

Le escribí de vuelta para ver si no necesitaba más y me contestó preguntando por treinta; al final le envié cuarenta y le escribí que si necestaba más nomás debía avisarme -la verdad me gusta ayudar a mis hijos-.

En el ínterin me preparé el desayuno: he estado ahora dejando media taza de avena en hojuelas remojándose desde la noche anterior; a eso le añado un banano, una porción de gelatina, y -en esta ocasión- una porción del pastel de zanahoria y avena. 

Estaba pendiente de revisar una tarea que había dejado pendiente en el ambiente en el que había trabajado la semana anterior: a las diez y media había una reunión -aunque se suponía que ya no estábamos asignados allí-; la reunió fue cancelada un poco antes de la hora.

A las doce puse manos a la obra y encendí dos hornillas en la estufa; puse en una la plancha en la que Rb prepara sus galletas y en la otra una sartén bastante antigua; Rb había preparado el cilantro picado con aceite y puse las dieciséis mitades de papas en esa mezcla.

Luego las fui distribuyendo en las dos superficies calientes; el resultado se veía bastante bueno; cuando la alarma sonó para sacar a los perros -a las doce y media- aún faltaban unos minutos para terminar el asado de las papas; esperamos un poco y luego le pusimos los arneses a los perros grandes.

Después de la caminata entré a vaciar la sartén más antigua; y la utilicé para recalentar las tres piezas de pollo asado que habíamos descongelado un poco antes -dos piezas para Rb y una para mí-.   

Le había pedido a Rb que no almorzáramos muy tarde pues tenía una reunión en la que revisaríamos los aspectos positivos y por mejorar en el proceso que hemos seguido durante el último par de años.

Un poco después de la una servimos el pollo, un par de mitades de papas, guacamol y un poco de chirmol; acompañado de refresco de rosa de jamaica; como terminé rápido de almorzar aproveché para lavar la montaña de trastes que teníamos en la cocina antes de entrar a la reunión.

La reunión no tuvo un gran resultado: por la mañana el PM había solicitado los aportes individuales sobre los aspectos positivos y de mejora; y básicamente los estuvo exponiendo, mientras el encargado de los desarrolladores tomaba nota de los mismos.

Al final la reunión tomó un poco más de una hora -el tiempo original programado- y, en realidad, no le ví un gran atractivo; un poco antes de que terminara le avisé a Rb que debía alimentar a sus perros -se había quedado dormida- y le preparé un té de manzanilla -un poco antes me había preparado una taza de café-.

El martes no tuvo grandes novedades; meditación, desayuno, trabajo; lo raro del día fue que Rb se olvidó de darles el almuerzo a sus perros; no se durmió, no salió; simplemente no les dió de comer; y se percató cuando ya empezaba a oscurecer.

Entonces se puso muy dramática con que qué mal dueña de perros era, etc; yo nomás me recordé de lo mal que se puso -y la explosión de gritos que realizó- cuando a mí me sucedió lo mismo hace un par de años; pero no dije nada, creo que esa sabiduría nomás la puede dar la edad.

Un poco antes del mediodía vino el mecánico a ver la van: lo había contactado los últimos días de la semana anterior para que viniera a hacer el servicio del motor -y que revisara la razón de que a veces oliera a gasolina-; había ofrecido venir a las nueve y ya hasta me había olvidado cuando, un poco después de las once, tocaron el timbre.

Rb salió a ver -creo que yo no me había vestido- y me comentó que era el mecánico; busqué las llaves del auto y salí a comentarle de qué se trataba el trabajo; estuvieron en eso hasta después del almuerzo -casi siempre viene con su hijo (ahora) adolescente).

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando en dirección a los supermercados en dirección Norte: quería comprar algunos objetos de bebé para regalarle a mi supervisora local -como lo hice cuando nació su primer bebé, hace casi dos años-.

Lo interesante es que el mismo día alguien había organizado una colecta para comprarle algún regalo por el mismo motivo -alguien siempre lo organiza cuando hay un evento similar-; para el grupo deposité doce dólares en la cuenta bancaria de una de las organizadoras.

Para el regalo personal gasté un poco más -entre veinte y veinticinco dólares-; y es que me he notado con una actitud más negativa con respecto a socializar -o seguir alguno de los ritos comunitarios que ayudan tanto a mantener los grupos lubricados-.

El miércoles tampoco tuvo muchas novedades; por la mañana Rb salió a comprar algunas provisiones a la tienda de las verduras -entre ellos un cartón de huevos-; durante el día realicé algunos ajustes a la receta del pan (pastel? panqueque?) que estoy preparando a la mitad de la semana.

Un poco antes de que terminara el horario laboral (quince minutos antes) caminamos en dirección a los supermercados en dirección sur; aunque no entramos a ninguno; nomás caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos a casa.

Y el motivo de salir antes de las cinco era porque Rb tenía que entrar a su clase de teología a las seis y media; durante este tiempo estuve leyendo un poco de los libros en inglés y español que llevo a medias.

Había estado con el pendiente de llamar a mis padres para comentarles que llegaría el siguiente domingo; y se me olvidó por completo, hasta después de las nueve de la noche; entonces llamé al teléfono de mi padre pero no contestó; intenté por whatsapp y allí si obtuve la comunicación.

Hable con mi padre un poco más que de costumbre -la última vez que llegue al puerto él se había ido a visitar a una de sus hermanas que aún vive en la finca en la que crecieron-; luego hablé un rato con mi madre -pidiéndole que me consiguiera un poco de pescado-.

Algo que me llamó la atención de este día -noche- fue que durante la meditación nocturna automáticamente traté de alejar a un zancudo que andaba revoloteando alrededor de mi cabeza; o sea, se supone que se debe mantener la inmovilidad, pero mi reacción fue automática; igual nomás continué con el período de meditación en curso. 

El jueves me levanté a las siete y media, medité y luego entré a la reunión de la mañana; desde un par de días -o así- empezaron a dividir esta reunión en dos: la primera a la misma hora (ocho de la mañana) y la segunda a las diez de la mañana; igual, mi participación en ambas es mínima.

Como era el día en que Rb realiza la visita semanal al mercado del centro histórico salí rápido de la habitación; pero no me preparé el desayuno: esperé hasta las diez de la mañana -después de la segunda reunión-. 

Antes de eso Rb me había estado escribiendo para comentarme que el boulevard estaba completamente lleno; al final salir del mismo le llevo al busito más de media hora -caminando usualmente me tardo veinte minutos-.

Durante la mañana, además de las dos reuniones tuve una tercera: la que organiza cada quince días el jefe de mi supervisor en el Imperio del Norte; y, la verdad, es preocupante el nivel de ignorancia que maneja: cree que la automatización de tareas funciona como magia.

Además, el día anterior, este supervisor -acaba de regresar de unas tres semanas de vacaciones- convocó al equipo local para ver en qué habíamos estado ocupados; y dejó caer así  como si nada que está trabajando seriamente en que retornemos a la oficina.

Lo que me causa un grado de frustración bastante alto: el tiempo de transporte es de casi dos horas en cada sentido, con lo que se estaría triplicando mi 'tiempo de trabajo'; uno de los consuelos que me dí fue que el miércoles por la mañana participé en una actividad de networking.

Hay un grupo en la empresa en la que trabajo en la que nos anotamos para mejorar en este aspecto; el evento fue bastante corto: quince minutos, los primeros cinco de presentación y el resto para interactuar en pequeños grupos en salas separadas.

Lo chistoso(?) fue que en el grupo en el que entré estaba mi ex directora -que vive en el gran vecino del norte- y la patrocinadora de este grupo -es la directora de país en una isla del caribe-; la cuarta era una chica de acá, pero se salió porque -al decir de mi ex directora- no domina el inglés.

El evento estuvo bastante interesante, muy corto; pero me dejó ver que tengo una gran área de oportunidad en el tema: de la veintena -o así- de trabajos que he tenido, el noventa y cinco por ciento ha sido sin esta ayuda tan valiosa.

Rb me estuvo poniendo al día del progreso de su trayectoria; comentándome cuando ya estaba por tomar el busito de regreso a casa; pero llegaron las doce y media sin que regresara; con lo que le puse el arnés a ambos perros grandes e inicié la caminata -estimaba que la encontraríamos en el camino-.

Y, efectivamente, en la primera vuelta la divisé en el busito -a través de la malla que está una calle antes de la parada del mismo-; cuando estaba por llegar a la mitad de la primera vuelta la encontramos y me ayudó a completar la caminata.

Luego de entrar a los perros grandes Rb se puso a recoger los excrementos de los mismos del patio frontal; yo saqué a la más anciana -se pasa casi todo el día dormida-, me lavé las manos y me puse a cocinar la última porción semanal de almuerzo: una pieza de pollo y dos mitades de papas, asados; aderezados con chirmol; además, una galleta soda con guacamole.

Después del almuerzo me quedé trabajando en la mesa del comedor; Rb me había indicado que tomaría una siesta, pero al final se distrajo viendo alguna serie en su computadora; yo continué viendo los videos del curso de CAPM que estoy siguiendo (ya al treinta por ciento). 

Al final de la tarde -después del horario laboral- caminamos hacia los supermercados en dirección sur; al igual que las últimas veces, caminamos hasta el extremo del boulevard -dos o tres cuadras adicionales- y, en una panadería de la penúltima calle, compré el pan para mis desayunos.

Luego, en el supermercado más alejado compré un paquete de pan sandwich integral, un paquete de jamón y un paquete de queso; los ingredientes para el desayuno que planeaba compartir con mis padres el siguiente domingo.

En el otro supermercado compramos un poco de bananos -también compré un par adicional de bolsas de snacks, para los desayunos con mi hija mediana-; luego retornamos a casa; por la noche avancé en la lectura de los libros en inglés y español.

El viernes el día estuvo lleno de reuniones: después de la meditación entré a la reunión de las ocho; aunque esta nomás tardó un par de minutos: no había ninguna actualización del equipo de desarrollo; con lo que pude completar varias lecciones de Duolingo sin ningun contratiempo.

Salí de la habitación un poco más tarde -antes de las nueve- y entré a una reunión del grupo de PRIDE de la empresa; una persona estaba explicando cómo empezar un proyecto de tejido; no le puse mucha atención.

A las diez entré a la siguiente reunión; esta sí estuvo más animada -no por nuestra parte-; y, aprovechando que no participaba, cambié el headset por los audífonos con bluetoott y me preparé el desayuno mientras escuchaba a varios desarrolladores informar sobre sus avances.

Como Rb había ido a la tienda de las verduras -y se tardó como una hora- aproveché, después de la reunión, para hacer la limpieza semanal de pisos; estaba más o menos a la mitad cuando retornó Rb -había sacado a los tres perros al patio delantero-.

Al mediodía preparamos un caldo de pollo con varias piezas que habíamos sacado del freezer la noche anterior -hicimos una reordenación del contenido, para preparar el espacio para el pescado que esperaba traer el domingo-; y yo preparé una taza de arroz; almorzamos eso, con aguacate.

Después lavé una buena cantidad de trastes y me preparé un café; he bajado mi consumo de galletas a la tercera parte de lo que había estado consumiendo por meses -o años-; también le preparé un té de manzanilla a Rb -aunque lo olvidé en la estufa y se consumió bastante del líquido-.

Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección norte; aún no había adquirido las magdalenas -o pasteles- que acostumbro llevar en mi visita trimestral a la casa de mis padres; pero no encontré una buena opción en el supermercado.

Por lo que salimos del lugar sin comprar nada y retornamos a casa; por la noche estuve viendo algunos capítulos de Robots Love and Death: por la mañana me había enterado que habían lanzado una nueva temporadad -ví algunos capítulos de la segunda y la tercera, comprobando que sí, ya había visto esas dos temporadas antes-.

Como el servidor del sitio en el que usualmente veo las series estaba bastante lento preferí bajar la temporada completa; también completé un ciclo del libro en inglés; y una parte del ciclo del libro en español.

El sábado me levanté a las siete y veinte; la noche anterior le había comentado a Rb que quería ir caminando hasta la sucursal local de mi panadería favorita -de donde vienen la mayor parte de mis pasteles de cumpleaños-; entonces, después de meditar tomé una bolsa de mercado de Rb y caminé los tres kilómetros y doscientos metros hasta el lugar.

Como a medio camino recibí una llamada en el celular; primero creí que era Rb, pero no, era mi amigo el voluntario al que le ayude a conseguir su último empleo -como diseñador gráfico?-; estuvimos conversando durante el resto del camino; de hecho tuve que quedarme un buen rato frente a la pastelería, hasta que se acabó la conversación.

Entonces entré al negocio y compré un par de magdalenas; una de naranja y una de vainilla; después caminé de regreso a casa; como aún no eran las diez me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; a las diez preparé -y consumí- mi desayuno de los sábados (olvidé utilizar el queso que la hermana de Rb me obsequió).

El resto de la mañana -que no era mucho- pasó algo rápido: primero le pedí a Rb que me acompañara  a la gasolinera para llenar el tanque de gasolina (medio tanque=treinta y cuatro dólares); luego pasamos al super mercado más cercano en dirección sur (la gasolinera a la que acudimos está en el extremo del boulevard en esa dirección).

En el supermercado compramos un par de pollos para los almuerzos de la siguiente semana, y un poco de bananos; luego retornamos a casa; pero Rb se percató que no habíamos comprado lechugas y ya no teníamos para el almuerzo del día siguiente.

Por lo que retornamos caminando al mismo supermercado; a las doce y media sacamos a caminar a los perros grandes y luego, mientras Rb limpiaba el patio delantero, puse a calentar el caldo del almuerzo.

Almorzamos bastante temprano pues yo quería salir de casa a las dos de la tarde; después del almuerzo aún le preparé el té de manzanilla a Rb, lavé los trastes y luego me metí a la ducha; la cual es -afortunadamente- más sencilla ahora que tengo el cabello super corto.

A las dos de la tarde tomé mi mochila, me despedí de Rb y salí al boulevard; originalmente había planeado caminar hasta el boulevard principal -menos de dos kilómetros- pero, la verdad, ya había caminado bastante durante la mañana.

Entonces me quedé en el boulevard esperando el busito; el cual pasó en menos de quince minutos; llegué con buen tiempo a la estación del transmetro, abordé una unidad y me apeé hasta la última estación -la siguiente pues la última está en reparación-.

Al final me tardé casi una hora en llegar hasta el extremo opuesto de la zona en la que vive mi segunda ahijada profesional (el centro histórico); debía caminar veinte o veintidos calles y tenía media hora para completarlo, por lo que me fui bastante tranquilo.

Pero cuando faltaba una o dos calles para llegar a mi destino ví que ya casi era la hora; entonces llamé a mi ahijada -a sus dos teléfonos-; pero no me contestó; caminé hasta el extremo de la calle e intenté realizar una video llamada; al final me percaté que me estaba haciendo señas desde la otra esquina de la calle.

Nos saludamos efusivamente y caminamos algunas calles hasta una de las nuevas cafeterías -hipsters- del centro histórico; en el lugar ordenamos un par de donas fancies y dos bebidas frías -yo de café, ella de chocolate-.

Intercambiamos regalos: ella me regaló una canasta de frutas -sandía, manzanas, peras y kiwis- en donde incluyó un portaretrato con una fotografía que nos tomamos un par de años atrás; yo le regalé el filtro de café y la taza que mi amigo tenor me regaló en diciembre.

Y nos quedamos en el lugar casi dos horas, poniéndonos al día de la vida de cada uno: ella había cancelado nuestra reunión unas semanas antes pues una amiga había fallecido -de cáncer-; yo le conté lo que había pasado con el sobrino nieto de Rb-.

Cuando estábamos casi a la mitad de la reunión entraron dos jóvenes con los que habíamos hecho trabajo voluntario casi una década atrás; yo los había visto por última vez tres o cuatro años antes; los cuatro nos dimos varios abrazos muy efusivos.

Un poco más tarde también llegó el líder del grupo de voluntarios de estos dos jóvenes -y quien vino a desayunar a casa de Rb un par de años atrás-; repetimos los abrazos efusivos; y me enteré de un par de datos extras de mi ahijada.

El primero es que durante su adolescencia padeció de bulimia -es un poco más baja que yo y pesa alrededor de cien libras-; lo otro es que se identifica como pansexual; esto fue una pregunta directa pues recordaba que se identificaba -hace más de diez años- como bisexual.

Un poco después de las cinco y media le propuse que finalizáramos la reunión y me hice cargo de la cuenta -quince dólares-; entonces la acompañé a la avenida más animada del centro histórico -ella gusta de caminar por el lugar-, nos despedimos y me dirigí a la estación del transmetro; justo estaba una unidad siendo abordada por lo que corrí, pues recordé que el tiempo de espera es bastante amplio.

Le envié un mensaje a Rb comentándole que ya estaba en el camino de vuelta; y aproveché el tiempo para practicar con los cubos de Rubik de cinco por cinco y seis por seis; me apeé en la estación más próxima al centro comercial donde se estacionan los busitos.

Y luego caminé el kilómetro o algo así que separan ambos puntos; afortunadamente aún encontré un par de busitos y el primero estaba ya casi lleno; no esperé mucho y el conductor empezó el viaje, vine a casa un poco después de las siete.

Cuando entré a casa, casi lo primero que Rb hizo fue pedirme que partiera la papaya; lo que me alteró un poco pues es una tarea de la que se ha desentendido completamente y, a veces, me frustra el hecho; pero traté de no darle mucha importancia y procedí con el encargo.

Por la noche estuve leyendo un poco del libro en español y repasando las preguntas del exámen de Administración de Proyectos que espero presentar en el corto plazo; aunque de las trescientas cincuenta aún no he podido cubrir más de setenta y cinco en una sola iteración.

Y a ver cómo sigue eso...

lunes, 23 de febrero de 2026

Por si las voces vuelven (Y Mejor Desempeño -de nuevo-)... In case the voices return (and Top Performer -again-)... Au cas où les voix reviendraient (Et Meilleur Performeur -encore-)...

No recuerdo -me pasa muy frecuentemente- en dónde encontré el título de este libro en español; me imagino que estaba leyendo algún artículo y me apareció como una sugerencia -o algo similar-; pero lo bajé a la tablet y lo puse entre mis pendientes.

Y como aún no me decido a la forma en la que leeré este año -y ya pasamos de la mitad del segundo mes!- empecé a leerlo al mismo tiempo que Fight Club; o sea, el tema me llamó la atención: un escritor que pasó un par de semanas en un psiquiátrico por un brote psicótico -aunque en los artículos decía 'locura'-.

Y fue eso: un brote psicótico; pero como cuando hay una embarazo sorpresa; o sea, si una pareja estaba teniendo relaciones sin protección, ¿qué esperaban? ¿una refrigeradora?; el tipo este -alrededor de los cuarenta, me parece- pasó mucho tiempo consumiendo asiduamente alcohol y marihuana -y de vez en cuando la mitad de un éxtasis-.

El libro me pareció -lo terminé esta semana- en general algo flojo; es como, salí a pasear y ví muchas cosas; pero creo que tiene algunos aspectos a conservar: como el cuestionamiento de la normalidad; y de la mejoría en -casi- cualquier situación.

También soy un Top Performer.

El miércoles me levanté a las siete y media; no me quería levantar porque dormí, con trabajo unas cinco horas; pero realicé mi meditación matutina; aunque la sentí más corta que en otras ocasiones.

Como estaba solo en casa salí a atender la primera llamada del día en la mesa del comedor; la cual se extendió mucho más de la cuenta; lo que aproveché para realizar algunas lecciones de Duolingo -están por bajarme de Liga- y completar las de Rb.

Después esperé la de las nueve y media; aunque noté que justo a la misma hora tenía la reunión que mi supervisora local realiza cada dos semanas con cada uno de sus liderados; entonces le escribí a la analista de la primera reunión, disculpándome por no poder entrar.

La reunión con mi supervisora estuvo bastante normalita; con la salvedad de que me comunicó que estoy en el grupo de los Top Performers -o sea, clasificó a un grupo de cinco en esta categoría, de un total de quince-; lo interesante es que, me comentó que, está gestionando un aumento de sueldo.

Y es algo que la mayor parte de empleados busca, creo; yo no lo hago, y usualmente me cuesta comprender a las personas que, ante cualquier eventualidad -de este tipo o similar- van buscando el crecimiento económico.

Entonces, se supone que conversó con su jefa -la directora de la sección- y ella le dió ciertas indicaciones para que el trámite tenga un buen resultado; o sea, tampoco soy tan estóico (?) -o cínico (?)- como para que no me emocione la posibilidad de recibir un poco más de dinero.

Después de la reunión con mi supervisora entré -seguía en curso- a la otra -en la que he estado trabajando durante un par de semanas-; pero no escuché muchas novedades; después me preparé el desayuno.

Durante la mañana se me ocurrió que podía contactar a la compañerita que me ayudó el año antepasado a realizar el evento de ciberseguridad -y que se había ido con una beca a la madre patria casi seis meses atrás-; y al principio no me contestó.

A las doce y media saqué a caminar a los perros de Rb; la perra más pesada -por alguna razón- está resintiendo esta actividad últimamente: la he estado jalando tanto que las costuras del arnés han empezado a romperse.

Cuando entré de la caminata ví que la compañerita me había respondido -durante la caminata había pensado que, de no recibir respuesta por la app de mensajes, le escribiría un correo más tarde, o intentaría contactarla de alguna otra forma-.

Y la sorpresa es que no está en la península Ibérica: no le pareció el contenido del programa al cual se había ido becada y decidió regresarse al país; casualmente le acababan de informar que la plaza a la que estaba aplicando -acá hay un período de seis meses antes de volver a aplicar- posiblemente sería cerrada.

Conversamos un poco y quedamos de mantenernos en contacto; también aproveché para enviarle un mensaje -contacto por LinkedIn, realmente- a otra compañera con la que trabajé varios años atrás y que luego se fue becada al -y se estableció en- segundo país más grande del mundo -pero no tan poblado, pues la mayoría es hielo-.

Después recalenté la tercera porción de pollo con crema de almendras, arroz, el resto de frijoles volteados; y una ensalada bastante buena -aunque tuve que usar las dos mini zanahorias restantes de mi compra del día anterior-.

La tarde transcurrió sin mayores novedades -aún terminando el libro en español- y, a las cinco de la tarde, me dirigí a los supermercados en dirección sur; aunque primero pasé por la tienda de las verduras pues necesitaba una zanahoria.

En el lugar -en la acera- tenían un saco lleno de zanahorias, pero se veía que tenían puntos oscuros; de todos modos compré una -a unos doce centavos de dólar-; entonces caminé en dirección a los supermercados; pero no entré a ninguno, caminé una distancia más extensa que la usual -quizá la mitad más-.

Retorné a casa luego de un poco más de una hora; y me puse a preparar el 'pastel' de hojuelas de avena y zanahoria rallada que había estado tratando de mejorar desde la semana anterior.

Rb me estuvo escribiendo, comentándome que retornaba desde la casa de su hermana utilizando el Transmetro -se tardó casi dos horas y media-; y al final vino aún a tiempo para realizar la presentación en su clase de teología.

La meditación de la mañana del día jueves fue interrumpida por Rb: había estado escuchando música cristiana desde que me desperté pero no creí que alteraría mi rutina; pero sí, cinco minutos o así luego de empezar Rb abrió la puerta.

Se disculpó y le indiqué que no tenía importancia; y el ingreso era para comentarme que había decidido que se iría a la casa de su hermana el sábado por la tarde, para participar en un servicio religioso que realizarían el domingo por la mañana.

Le indiqué que no veía ningún impedimento para su plan -o sea, preveía una reunión de siete y media a una y media el sábado (con un grupo de voluntarios); y una reunión el domingo de diez a una, con mi hija mediana-; luego reinicié el timer del celular y completé el ciclo. 

Por la mañana Rb acudió a la tienda de las verduras para proveerse de los ingredientes para los almuerzos de la siguiente semana -la parte del asado que había estado en el freezer por un par de meses-.

Después del desayuno nos dirigimos al mercado del centro histórico (era mi segundo jueves de vacaciones obligatorio); el tránsito estaba un poco pesado y tomó un buen tiempo salir del boulevard; y el mercado estaba bastante vacío pues habían programado una fumigación municipal.

De todos modos Rb pudo comprar un poco de frutas en el mismo; luego de lo cual caminamos hasta una tienda que vende ingredientes alimenticios a granel; Rb compró algunas harinas -yo iba a comprar un químico similar a la stevia, pero venden nomás por libra-.

Después de esta tienda retornamos caminando a la estación del transmetro, en donde tomamos una unidad para retornar a la estación de los busitos; pero esa unidad tuvo un incidente con un pickup -creo que pasaron rozándose- y nos tocó transbordar a otra -que iba más llena-. 

En esta ocasión no teníamos que comprar nada en el supermercado del comercial donde tomamos el busito, por lo que nomás caminamos a abordar la unidad que estaba llenando; despues de regresar a casa sacamos a caminar a los perros; luego consumimos la última porción del pollo con crema de almendras.

Un poco después de las cuatro nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección Norte; esperábamos comprar bananos en el más alejado pues habíamos consumido el último ese día; pero los que encontramos estaban verdes.

Yo aproveché para comprar otras seis cajitas de gelatinas sin calorías; y luego caminamos hasta el supermercado más cercano en dirección sur -en el camino pasé comprando un poco de pan para mis desayunos-.

En el segundo supermercado compramos un par de pencas de bananos ya maduros; además compré un poco de salami y jamón -aún tenía en el freezer una buena cantidad de peperoni- para los desayunos de los días viernes y sábado.

Cuando retornamos a casa me puse a separar los tres tipos de embutidos en veinticuatro porciones -aproximadamente diecisiete o dieciocho gramos por grupo-; después Rb me había pedido que partiera la papaya del día, pero le indiqué que procedería a realizar la limpieza semanal.

Completé la tarea en un poco más de media hora; en el ínterin Rb se hizo cargo de la papaya; después estuve leyendo un poco de un libro de ciencia ficción de la misma autora del libro -que leí el año pasado- sobre la vida de Marie Curie -y su esposo-.

El viernes me levanté a las siete y media, jalé la computadora a la cama y entré a la reunión de las ocho; en la que se examinaron algunas tareas que afectaban a nuestro equipo local; después me quedé en cama haciendo Duolingo.

Y es que, casi toda la semana, mi posición en la liga semanal había estado por debajo del límite de nivel (a punto de bajar a la liga Diamante); entonces me puse a hacer varias lecciones en el modo en que más puntos se obtienen.

Estaba esperando la reunión de las nueve y media pero, un poco antes de la hora, la analista que lidera la misma envió una notificación para cancelarla; de todos modos me esperé un poco en la cama antes de salir de la habitación.

Lo que hice a las diez de la mañana; salí, me preparé el desayuno y lo acompañé con una porción del pastel que preparé el miércoles -he dividido el mismo en ocho porciones-; después ví que las modificaciones en el ambiente actual habían sido realizadas, pero ví ocupada la máquina que ocupo usualmente. 

Un poco antes del mediodía Rb se dirigió a la tienda de la esquina a comprar una zanahoria, para la ensalada del almuerzo; también salimos a recibir el sol durante veinte minutos, un poco después de las once de la mañana.

Al mediodía consumimos el último de los pescados que teníamos en el freezer; acompañado de una buena ensalada; un poco después del almuerzo me metí a la cocina a lavar todos los trastes, y a preparar un té de menta para mí y uno de manzanilla para Rb.

Al finalizar el horario laboral nos dirigimos, caminando, a los supermercados en dirección sur; caminamos un par de cuadras adicionales a la caminata habitual; luego pasamos al supermercado más cercano a casa.

Allí compré un litro y medio de jugo de naranja -el plan era comprar de mango pues la semana anterior había visto que una buena marca de jugos tenía cuatro opciones: horchata, naranja, mandarina y mango; y mi hija mediana había elegido el último cuando la consulté-.

Lastimosamente el de mango se había agotado -creo que es el mejor sabor y, además, estaba en oferta-; también compramos un poco más de bananos y un poco de escarola morada, para las ensaladas de los días por venir.

Cuando retornamos a casa, al principio de la noche, ví que mi hermana menor me había escrito por Whatsapp; casi no nos comunicamos -igual las últimas ocasiones en que me había hablado había sido para pedirme dinero y/o que ayudara a su hijo a atravesar la ciudad-.

Me parece que teníamos más de un año de no hablar; pero me escribió para contarme que -por fin- había obtenido una plaza en el estado: luego de más de veinte años de dar clases de inglés en colegios privados, había completado los trámites para que le asignaran una posición presupuestada en el estado.

Le pregunté si podía llamara y tuvimos una videollamada de casi cuarenta minutos; me comentó que su hijo -único, y lo crió como madre soltera- acababa de independizarse -fue a alquilar una habitación, cuando encontró trabajo- y que aún no se acostumbraba a su ausencia.

Pero la cosa no es tan sencilla: habían estado teniendo conflictos porque el joven -luego de graduarse del nivel medio- no quiso seguir estudiando en la universidad, y tampoco trabajaba; su vida consistía en dedicarse a practicar basquetbol.  

El sábado me levanté a la seis de la mañana; como debía participar en una reunión con el grupo voluntario con el que me involucré este año, y quería salir de casa antes de las siete y media, había decidido empezar mi rutina media hora antes de lo habitual.

Medité veintitrés minutos, me dí una ducha y luego me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; muchas, estuve en eso más de media hora; después me alisté, entré a la habitación de Rb a despedirme y tomé la van.

El camino estaba bastante despejado por lo que llegué a mi destino en alrededor de media hora -originalmente había estimado una hora de camino-; no sabía cómo iba a estar la cuestión del parqueo -el lugar es una 'universidad' dentro de una mega iglesia-.

Pero el acceso era -por alguna razón- libre; me estacioné y entré al recinto -había pedido indicaciones -al guardia- para encontrar el auditorio en el que sería el evento-; caminé por varios pasillos y subí al segundo nivel.

Por supuesto que el lugar estaba vacío -llegué con más de una hora de anticipación- pero -afortunadamente- había llevado varios cubos de Rubik, por lo que me puse a resolver el de seis por seis -en la siguiente media hora llegaron tres o cuatro personas más-.

Se suponía que la convocatoria era para setenta y seis personas -como a la mitad de la espera alguien entró a tomar una fotografía del lugar (yo salgo en el centro, con el cubo), la que reenvié a Rb- pero creo que apenas pasamos de cincuenta.

El evento estuvo bastante desorganizado: había una agenda pero no ví que se cumplieran todos los puntos, ni que llevaran algún orden lógico; en mi mesa la organizadora instaló a los estudiantes universitarios que estaré supervisando durante el evento del próximo mes.

En total son seis o siete estudiantes de una de las mejores -y más caras- universidades del país; uno de ellos es -de hecho- descendiente de una de las diez o doce familias que controlan la mayor parte de los medios de producción locales -fincas, fábricas, constructoras y así-.

La mayor parte son bien jóvenes -entre veinte y veintidós años- aunque había una persona bastante mayor -no se acercaba ni de chiste a mi edad, pero sí era mayor que los otros integrantes- y resulta que participó varios años como concursante y ha actuado varios años como voluntario.

A él estuvimos preguntándole cuestiones básicas; porque a pesar de que era la tercera reunión de equipo -la primera fue virtual- aún no tenía -ni tengo- completamente claro qué es lo que tengo que hacer en el evento principal en donde muchos equipos presentarán soluciones que han estado trabajando durante varios meses.

El evento tuvo una duración de cinco horas -de ocho y media a una y media-; como a media mañana tuvimos un coffee break -aunque el heredero y yo habíamos acudido antes a la mesa para proveernos de café- y, en general, estuvo aceptable: ayudados por el voluntario con experiencia procedimos a simular el área que será utilizada en la sección en la que trabajaremos en el futuro.

Y eso fue, creo, lo más remarcable del evento: la visualización de las dimensiones en las cuales localizaremos a los equipos participantes, y las áreas de audiencia y calificadores; un poco antes de la una llevaron el almuerzo: pirujos con ensalada de pollo, snacks, coca cola y un cocktel de frutas.

Yo traté de expandir mi apreciación del evento preguntando sobre más pormenores al voluntario que nos había estado explicando generalidades; y un poco antes de la una y media me despedí de la organizadora -y su esposo- e inicié el camino de vuelta a casa.

El tránsito estaba -ahora sí- bastante pesado; nomás para salir de la zona de la ciudad en la que estaba me tardé más que todo el trayecto por la mañana; al final vine un poco después de las dos y media; Rb estaba justo cerrando la puerta de la casa -iba hacia la casa de su hermana-.

Yo había supuesto que ya no la iba a ver -se suponía que iba a salir un poco después de la una- y venía super acalorado; me pidió que la acompañara a la parada de buses y al inicio me negué -venía ofuscado, por el tránsito y el calor-; pero luego acepté y salimos a esperar el bus al boulevard.

No tardó mucho en pasar la siguiente unidad, nos despedimos, Rb la abordó y yo retorné a casa; saqué a caminar a la perra más pesada -se le había hecho muy trabajoso realizarlo a Rb- y después alimenté a los tres.

Ya no comí nada en el resto del día -aún estoy tratando de mantener un ayuno intermitente 19/5 o 20/4-, nomás me preparé un té de menta a mitad de la tarde -se supone que no rompe el ayuno-.

A las cuatro de la tarde me dirigí caminando a los supermercados en dirección Norte; quería ver si en el más aleado tenían jugo de mango -era el sabor que mi hija mediana había elegido para el desayuno del día siguiente y no había encontrado en donde lo había visto originalmente-.

También quería comprar un tomate para preparar los panes que planeaba llevar; pero, principalmente, mi caminata era para encontrar una peluquería en donde deshacerme del cabello que había dejado crecer por más de seis meses.

La verdad es que no me gusta usar el cabello largo: por mi complexión y color las personas se forman una impresión negativa de mi persona cuando uso el cabello largo -y especialmente despeinado-; había intentado cortarme el cabello el mes anterior pero encontré que había muchas personas esperando en la peluquería frente a la casa del voluntario que visito una vez al mes.

Pasé viendo la peluquería de la vuelta -en donde me quité el cabello hace tres años (luego de no cortármelo por más de dos)- pero había varias personas; pasé viendo otras en el camino -incluso una en donde el precio estaba bastante cómodo tenía dos personas esperando).

Finalmente encontré una peluquería vacía casi llegando al final de mi caminata; pregunté sobre el precio y era el mismo del de la vuelta -unos cinco dólares-; le pedí al peluquero que me lo cortara parejo con la guía número dos -lo he pedido así desde hace casi veinte años-.

Después del corte de cabello continué caminando hasta el supermercado; lastimosamente no encontré jugo de mango; por lo que nomás compré un tomate de buen tamaño, pasé a la caja a cancelarlo y luego retorné, sin ningún imprevisto, a casa. 

Por la noche ví la mitad de una película que filmaron el año anterior en un pueblo vecino de la ciudad del Imperio del Norte en la que viví durante un par de años; un poco antes de las nueve les dí de comer a los perros; estuve leyendo un poco del libro en español que acababa de empezar y, a las once saqué al patio, por última vez en el día, a los perros.

Debía levantarme a las tres de la mañana a proporcionarle pollo cocido a la perra más anciana de Rb -es mi parte menos favorita de quedarme cuidando a los perros- y me costó conciliar el sueño; además, la perra se puso a ladrar un poco después de medianoche.

Pero logré conciliar el sueño hasta que la alarma sonó a las tres; me levanté a darle el plato con pollo -y la pastilla que le toca a esa hora-, la saqué al patio trasero y, cuando rascó la puerta, luego de que entrara, volví a la cama.

Me levanté luego a las siete y media; medité veintitrés minutos -olvidé que me tocaba aumentar en uno el número de minutos que medito- y luego me metí a la ducha;  después hice algunas lecciones de Duolingo -afortunadamente me alejé del fondo de la liga por tres posiciones-.

A las ocho y media empecé a preparar el desayuno que llevaría para la reunión con mi hija mediana; después le dí de comer a los perros y luego empaqué: los panes preparados, el jugo de naranja, snacks, y un par de bananos; todo en la mochila con aislante térmico.

Un poco después de las nueve saqué las dos mochilas -llevaba el Scrabble en la mochila negra-, encendí la van e inicié la conducción hasta el lugar donde habitan mis hijos; no había casi nada de tránsito por lo que llegué con veinte minutos de anticipación.

Me instalé en la habitación de la sala, le envié un mensaje a mi hija mediana, y me dispuse a esperar las diez de la mañana; justo un minuto antes de esa hora mi hija entró a la habitación, nos saludamos y le propuse caminar al parque temático.

Hicimos la mayor parte del recorrido en silencio -me cuesta bastante comunicarme con mi hija-- y, en el parque temático, nos dirigimos directamente al área social techada; afortunadamente estaba bastante vacía y nos instalamos en el lugar para desayunar.

Después estuvimos avanzando -muy lentamente- en la resolución del cubo de seis por seis; aunque al final me pidió que nos movieramos del lugar pues los pavorreales que se mantienen entre las mesas emiten un canto bastante desagradable.

Caminamos hasta otra área bajo árboles y allí revisamos otra parte de la solución del cubo; luego le propuse que nos subiéramos a la rueda de Chicago; había un poco de cola pero no nos tocó esperar mucho; aunque tuvimos que compartir la unidad con una pareja de ancianos.

Después del juego mecánico retornamos caminando a casa; llegamos un poco después de las doce y media y, como habíamos acordado despedirnos a la una de la tarde, le propuse que revisáramos el algoritmo para resolver los doce extremos del cubo.

Estuvimos practicando -muy lentamente- hasta la una; a esa hora mi hija me indicó que debía de empezar a prepararse para su jornada laboral; nos despedimos y bajé al sótano a abordar la van; y empezar el retorno a casa.

El cual, al igual que el día anterior, estuvo algo tardado; la primera parte del viaje no tuvo muchas dificultades; pero el ingreso al municipio estaba bastante lento; al final ví pasar una ambulancia ya que, al parecer, había habido un percance justo en el paso a desnivel al final de la cuesta que da ingreso al municipio.

De todos modos llegué a casa antes de las dos; entré a cambiarme de tenis y saqué a caminar a los dos perros más grandes; después saqué a la más anciana al patio frontal; luego de recoger los desechos de los perros entré a cambiarme de ropa -desvestirme realmente-, lavarme las manos, y procedí a prepararme el almuerzo.

Antes de salir por la mañana había bajado del freezer un pequeño trozo de hashbrown de papa y pollo que habíamos tenido almacenado varios meses; lo corté en trozos y lo puse en un sartén pequeño en la estufa; luego troceé un par de rodajas del queso que me había regalado la hermana de Rb y lo cociné varios minutos.

Por aparte piqué un poco de lechuga que había ya desinfectado, saqué las dos tortillas de maíz y dos tortillas de harina que aún tenía en el freezer -las de harina habían empezado a desprenderse-.

Y eso fue mi almuerzo: cuatro tortillas con la mezcla de hashbrown y queso, lechuga y un cuarto de huevo duro -había endurado un huevo en lo que recalentaba el hashbrown-; a mitad del almuerzo me recordé que Rb había dejado un poco de caldo de hígados de pollo.

Lo recalenté y complementé mi almuerzo -Rb me había dejado, también, un poco de fresco de rosa de jamaica; lo que consumí con un poco de Coca Cola que me había sobrado del almuerzo del día anterior-.

Después de terminar el almuerzo le preparé el almuerzo a los perros; luego de servirselos me preparé una taza de café; la que consumí con un par de pan tostado, la mitad de una galleta que había reservado un par de días antes, y un par de porciones de pastel de avena y zanahoria.

Rb me escribió un poco después de las dos comentándome el avance en su retorno a casa; tomó el transmetro a pocas cuadras de la casa de su hermana; transbordó en el centro, pero luego tuvo que esperar un tiempo pues se encontraron con un accidente en la ruta.

Finalmente vino a casa un poco después de las cuatro de la tarde; justo cuando estaba por entrar me dí cuenta que la perra más anciana estaba vomitando -ya está bastante grande y es bastante común que la comida la incomode-; entonces saqué a los perros al patio.

Al final de la tarde Rb se puso a preparar el chirmol de tomate para el asado que habíamos planeado recalentar en los cuatro almuerzos del inicio de la semana; y yo puse a hervir ocho papas -se me olvidó partirlas por la mitad, por lo que tuve que apagar el fuego, sacarlas, seccionarlas y volverlas a meter al agua hirviendo-.

Por la noche ví la segunda mitad de la película que había iniciado a ver el día anterior; además, completé algunas lecciones más de Duolingo (finalmente terminé en la séptima posición, luego de gastar muchos XPs) y preparé una gelatina de cereza -ahora estoy consumiendo light-. 

Y a ver cómo sigue eso...