Había leído algo de Cory Doctorow en el pasado; pero creo que habían sido artículos: al parecer es uno de los habituales en Wired y revistas de ese tipo; y no recuerdo muy bien cómo llegué al título que encabeza este texto; creo que estaba leyendo uno de sus últimos artículos, difundidos por HackerNews.
Me gusta la ciencia ficción -es uno de mis géneros favoritos-, pero no tenía la intención de leer algo de la temática -o al menos no estaba dentro de mi lista de libros pendientes-; pero busqué la bibliografía de Doctorow y apareció este como uno de sus mejores obras.
Y se ve interesante: un joven hacker -¿basado en él mismo?- que intenta abstraerse de un estado totalitario; leí en algún lugar que el mismo autor estaba viviendo en el Reino Unido (¿es canadiense?) pero se salió de allí al percibir un estado más intrusivo.
Y a ver cómo va eso...
El miércoles fue un día más bien tranquilo: la única variante fue la reunión de una hora -la del día lunes había durado más de dos horas- en la que el analista más brillante -en su penúltima semana- expuso la forma en la que había construido una suite de Jmeter -que no creo que pueda aprenderse en un día-.
Lo otro interesante fue el segundo partido de las semifinales del Mundial: yo aún estaba en el cuarto lugar en la quiniela del trabajo; y con la pérdida de Francia frente a España no varió mi posición -el quinto y sexto lugar, al parecer, habían pronosticado igual que yo-.
Y en el partido Argentina-Inglaterra tampoco se veía que iba a haber mucho movimiento: al menos en las posiciones cuarta, quinta y sexta: durante la mayor parte del encuentro Inglaterra estuvo arriba y no ví que se alterara el orden.
Pero, con el cambio de los últimos diez minutos del partido, hubo una revolución: al parecer el primer y segundo lugar habían apostado por Inglaterra; y el quinto lugar y yo apostamos por el mismo marcador a favor de Argentina, lo que nos dió un aumento de seis puntos.
Con lo que quedé en segundo lugar -empatado con el analista que vive en el pueblo donde creció mi padre-; aunque, por ciertas reglas de calificación del sitio (número de partidos correctamente pronosticados, y así), él queda en tercero y yo en segundo.
Al principio me emocioné porque me dije: nomás queda la final; no puede cambiar mucho; pero luego me dí cuenta que el quinto lugar está a un punto de nosotros -y también falta el resultado del sábado (Francia-Inglaterra)-; lo que aún otorga un margen de doce puntos para que cambien las posiciones.
Igual he tratado de practicar el desprendimiento con los doce dólares con los que contribuí a esta actividad; diciéndome que nomás lo hice para mejorar mi socialización al participar en una actividad de la que me hubiera apartado en el pasado.
La cuestión laboral estuvo rara: en la reunión del equipo el supervisor nos comentó -como quien no quiere la cosa- que la fecha en la que se espera que se realice la transición -por cuestiones financieras y contables- es el primer día de octubre (o sea, en mes y medio).
También nos comentó que se están redefiniendo los procesos de trabajo -aunque siguen siendo un relajo- y que, la semana anterior, uno de los directores había conducido una encuesta -in situ- sobre el nombre que adquirirá la nueva empresa; uego de estos anuncios nos estuvo asignando algunas tareas -ninguna de las cuales tomé en serio-: la analista del Imperio del Norte no ha dado noticias sobre la tarea que nos asignaron en conjunto.
Al mediodía -antes del partido- Rb salió de su habitación y completamos la rutina de ejercicios de los miércoles; luego repetimos la secuencia diaria: sacar a caminar a los perros, calentar la -tercera- porción de los almuerzos semanales, café, lavado de trastos y té.
Por la tarde estuve leyendo un poco del libro, del autor español, que se desarrolla durante la guerra civil española; a las cuatro y media -ya que Rb tenía clase de teología- salimos a caminar; la tarde se veía bastante gris.
Como no necesitábamos comprar nada -y se nos hizo un poco tarde porque la última llamada de Rb se extendió- decidimos nomás caminar hasta el extremo sur del boulevard y retornar a casa; como a medio camino de vuelta empezó a lloviznar, con lo que retornamos bastante empapados.
Cuando entramos a casa me quité la ropa mojada; colgué el pantalón en la habitación de la comida de los perros y la playera en la silla que utilizo en el comedor; Rb preparó su cena y se retiró a su habitación para recibir su clase semanal de teología.
Yo estuve leyendo un poco, viendo algunos videos de Youtube y completando la penúltima clase de Data Science with Python en la academia de Cisco; cuando Rb terminó su clase me pasé a su habitación; pero ya no me dió tiempo de mucho.
El jueves me levanté a las seis y media, medité y jalé la computadora del trabajo a la cama, para atender la llamada de las siete; después me quedé en la cama, pero no me dormí: estuve completando algunas lecciones de Duolingo.
Un poco más tarde -casi a las ocho- pasé la computadora del trabajo al comedor y continué allí la jornada; teníamos programada la tercera reunión de training del analista que está por retirarse, pero el supervisor movió la reunión del equipo a la misma hora.
Y en esta reunión se dedicó a reorganizar las tareas -por alguna razón a mí no me asignó muchas y lo justificó indicando que yo estaba trabajando en los documentos (algo que no he siquiera iniciado)-; incluso el analista que vive cerca de la ciudad colonial me comentó -¿en broma?- que le llamaba la atención la preferencia.
Después de la reunión -que se alargó bastante- le realicé -a petición del supervisor- un par de ajustes al documento que había preparado unos días antes -sobre la forma de documentar los hallazgos-; también actualicé una tercera computadora remota con la última versión de la app que probamos (el día anterior había actualizado las dos de costumbre).
Antes de mediodía terminé de leer el libro de la psicóloga chilena sobre la vejez; y, la verdad, me agradó el final: prepararse, prepararse; durante la mañana había intentado comunicarme -por llamada de whatsapp y por llamada telefónica- con mi único amigo garífuna, pero no lo había logrado.
Dos días antes habíamos quedado de reunirnos en este día a las cuatro y media; pero él no me había confirmado nada -como había ofrecido-; pero un rato después me envió un audio por whatsapp, confirmando la hora y lugar de la reunión.
Rb acudió a su clase de zumba de diez a once de la mañana; cuando retornó le comentóe que saldrí al final de la tarde; ella se metió a su habitación a contestar algunas llamadas y -otra vez- la última se extendió más de lo que esperaba: a las doce y media saqué a caminar a los dos perros grandes.
Y la llamada se extendió tanto que completé las dos vueltas y los metí a casa mientras Rb continuaba con la llamada; entonces, luego de lavarme las manos, puse a calentar la última porción de pollo guisado; Rb salió -por fin- un poco más tarde.
Almorzamos -café incluido al final- y luego me quedé un rato en el comedor, viendo algunos videos de Youtube; un poco más tarde lavé los trastes y le preparé a Rb un té de manzanilla; aunque, antes de esto, sí trabajé un poco en las tareas pendientes.
O no tanto pendientes, sino en lo que me intersaba: un poco antes de mediodía había tenido una llamada con el desarrollador con el que nos hemos reunido un par de veces para compartir un café: había revisado una funcionalidad en la que había trabajado pero aún no funcionaba.
Y después del mediodía me reuní con el analista que está por salir: el día anterior había intentado ejecutar el código con los escenarios de prueba automatizados pero no había logrado que corrieran; -como era de esperarse- él lo resolvió (aclaró) en un par de minutos.
A las tres y media me preparé para salir; lo que hice a las cuatro menos cuarto: caminé hasta el inicio del boulevard para abordar un bus intermunicipal -afortunadamente decidí no sacar el auto: el boulevard estaba super embotellado-; en el bus me fuí armando el cubo de Rubik de seis por seis -luego de varias semanas de dejarlo de lado-.
Llegué al comercial en donde se estacionan los busitos con más de diez minutos de anticipación; aproveché para pasar a los servicios sanitarios del tercer nivel; después me dirigí a la panadería que se encuentra en el sótano del lugar: allí venden unos zepelines que acostumbraba comprar en el pasado.
Pero antes de llegar al lugar encontré a mi amigo -iba temprano a nuestra reunión-; nos saludamos y le pedí que me acompañara a la panadería; tenía la intención de comprar dos zepelines -en el pasado me habían costado medio dolar cada uno- pero nomás compré uno porque ya habían subido de precio.
Mi amigo me ofreció una gaseosa del lugar, pero le indiqué que quería invitarlo a algo más formal en Burger King -como habíamos definido de antemano-; él se compró una pequeña gaseosa y nos dirigimos al restaurante.
Pero antes de llegar sentí la vibración del celular; ví que Rb me estaba llamando -de hecho tenía ya un par de llamada perdidas- y contesté: estaba bien preocupada porque no encontraba su tarjeta de débido -la que habíamos repuesto apenas unas semanas antes.
Rb me pidió que verificara si no la tenía conmigo y saqué mi portatarjetas y mi billetera para comprobar; en el ínterin seguíamos caminando hacia el restaurante; llegamos al mismo y nos sentamos a una mesa: allí me vacié los bolsillos y saqué todas las tarjetas: no estaba la de débito.
Como Rb se oía bastante preocupada le sugerí que bloqueara la tarjeta y pidiera una nueva; incluso me ofrecí a pagarle la reposición -son como cinco dólares- porque aún no me había cobrado la reposición de la anterior; colgué la llamada y, un rato después, Rb volvió a llamarme para comentarme que la había encontrado.
En el pasado habíamos tenido un par de reuniones -con mi amigo garifuna- en el lugar; pero de eso hacía ya más de un año -la última reunión la habíamos tenido en el restaurante en el lado opuesto de la ruta del Transmetro- y encontramos el lugar bastante cambiado -para bien-.
Ordenamos -mi amigo se hizo cargo de la cuenta: diez dólares-, mi amigo un café y unas papas; yo un café y un pastel Hershey; y nos acomodamos en una de las mesas del lugar; en donde estuvimos durante la siguiente hora y media, poniéndonos al día de los últimos seis meses.
La noche anterior había revisado mis notas para ver cómo había estado la última reunión -a finales del año anterior- y me había dado cuenta que mi amigo se había mostrado muy entusiasmado en compartir su fe -cristiana, pero no denominacional- y me había mostrado cauto en este tipo de interacciones.
Pero la reunión del jueves no estuvo tan mal; creo que mi amigo compartió un poco más sobre su familia y sus emprendimientos actuales; incluso hablamos sobre brindarle soporte con la confección de una página web -al parecer ha estado recibiendo pequeños grupos de turistas y coordinado su estadía y movilidad dentro del país-.
La conversación estuvo muy buena y, a la seis de la tarde (había puesto una alarma), como habíamos acordado, salimos del restaurante y nos despedimos; mi amigo se dirigió a tomar el Transmetro y yo salí a la calle a tomar el bus intermunicipal (quería caminar desde el inicio del boulevard hasta la casa de Rb, para no saltarme la caminata diaria).
El bus no tardó mucho en pasar -aunque había una buena fila de personas esperando- y no venía muy lleno; incluso encontré aún lugar en uno de los asientos del frente; me vine armando el cubo de Rubik y no puse mucha atención al tránsito -que, al parecer, estaba un poco pesado-.
Me apeé al inicio del boulevard un poco más tarde -el trayecto es bien corto, pero está la hondonada al fondo de la cual construyeron el puente entre ambos municipios- e inicié a caminar hacia la casa de Rb; en el camino terminé de armar el cubo de Rubik.
Entré a casa unos quince minutos antes de las siete y encontré a Rb esperando la hora de su cena; le pregunté por el pan que le había encargado y me comentó que lo había olvidado; le propuse ir a la panadería de la vuelta y me acompañó a comprar el pan para mis desayunos de tres días -un dólar-.
Cuando retornamos me conecté a Zoom para recibir la clase semanal de Storytelling -había decidido atenderla el jueves, y no el sábado, porque habían advertido que la del sábado sería nomás la reproducción del jueves-; la cual estuvo bastante aburrida: la señora se dedicó nomás a presentar ejemplos de campañas de publicidad del pasado.
O sea, había visto el video de la clase durante la semana y el contenido me había parecido bastante atractivo; y en las semanas anteriores la clase en vivo se ha centrado en el video -y la presentación- compartido; lo cual no fue el caso en esta ocasión; y la verdad no le puse mucha atención -o sea, era nomás presentación de ejemplos- y me puse a completar algunas lecciones de Duolingo.
La clase terminó a las ocho y me moví a la habitación de Rb; ella acababa de terminar su cena y estaba viendo una serie -en rumano-; aproveché el tiempo para actualizar mis notas -incluyendo esta-, preparar una propuesta de página web para mi amigo garifuna y completar la última clase del curso de Data Science with Python -dejé pendiente nomás la evaluación final-.
El viernes me desperté bastante temprano; había estado teniendo sueños bien raros -relacionados con viajes al pueblo en el cual crecí- y escuché que Rb salió de su habitación varias veces -sus perros grandes han estado con molestias de salud-.
Intenté continuar durmiendo pero no pude conciliar el sueño; ví el reloj y apenas acababan de pasar las seis de la mañana; entonces me levanté, desconecté la alarma de las seis y veintisiete y bajé al piso a meditar.
Después salí por la computadora del trabajo; y encontré a Rb, quien me comentó que la perra más pesada la había sacado varias veces de madrugada, por alguna molestia estomacal; y me pidió que me quedara en el comedor, por si necesitaba salir al patio -ella estaba por empezar a tomar llamadas-.
Me quedé en la mesa del comedor y entré a la llamada de las siete; la cual estuvo -ahora sí- un poco interesante: mi supervisor participó con una duda que surgió el día anterior con los otros dos analistas; el PM no podía usar bien la herramienta de análisis y participé más en la conversación.
Incluso, después de la llamada, me reuní un momento con el PM pues quería mi retroalimentación sobre lo que había pasado: no había podido mostrar la información que le pedían; nos reunimos brevemente y luego conversamos un poco sobre el cambio que se nos viene: el uno de octubre se supone que estaremos en una nueva empresa.
Durante la mañana ocurrieron dos eventos bastante raros: Rb salió bastante rápido de la habitación y me pidió un abrazo de consolación; por segunda vez en la semana una persona para las que traduce se había portado bastante pesado, terminando por colgar la llamada.
Rb estaba bastante devastada por lo sucedido y ya había perdido las ganas de continuar traduciendo; y, un poco después, experimentamos un movimiento telúrico bastante raro: la tierra se empezó a remover durante demasiados segundos.
Incluso creí que tendríamos que salir de casa -creo que aún no me había vestido-; salí a abrir la puerta frontal y ví como la malla, que separa la casa de Rb de la de su vecina, se balanceaba por el movimiento sísmico; un poco después empecé a escribirle a mis conocidos -e hijos- para saber si todo andaba bien.
Afortunadamente no hubo ninguna secuela: de todos los que contacté únicamente mi hijo me comentó que el agua del ecofiltro, que tienen en la cocida del departamento, se había desbordado; pero la hermana de Rb la llamó de vuelta y estuvieron conversando por más de dos horas; con lo que ya no entró a tomar más llamadas.
Al mediodía Rb me pidió -o yo me ofrecí- que la acompañara a la veterinaria pues tenía cita con el veterinario: durante dos o tres semanas debían inyectar a su perra más anciana; y justo cuando estaba saliendo la analista del Imperio del Norte me empezó a enviar mensajes en la aplicación del trabajo.
Nomás respondí a un par de estos mensajes y salí a arrancar la van; se suponía que el veterinario debía atender a Rb -y su perra- a las doce; llegamos unos minutos antes pero tuvimos que esperar media hora para que -luego de pedir una reprogramación- la pasaran a la clínica.
Después de que inyectaran a su perra Rb salió del lugar, abordamos la van y retornamos a casa; a donde venimos a preparar a los perros grandes para su caminata diaria; mientras la realizábamos Rb había dejado en el fuego los pescados del almuerzo -y yo había puesto a calentar la mezcla de champiñones y chile pimiento que habíamos preparado el domingo anterior-.
Después de la caminata almorzamos; después me preparé un café y lavé los trastes del día; un poco después preparé, para Rb, un té de manzanilla; a las cuatro de la tarde -como habíamos acordado- salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur.
Aunque Rb había acudido temprano a la tienda de las verduras, aún me faltaba un pepino (sin semillas) para la ensalada que planeaba preparar al día siguiente, para el almuerzo con mi hijo menor; también compramos un poco de bananos -todo en el supermercado de la mitad del camino-.
Cuando retornamos de caminar nos cambiamos de ropa para realizar la rutina de ejercicios de los viernes -no habíamos podido completarla al mediodía, por la visita a la clínica veterinaria-; después realicé la limpieza de pisos (por primera vez en dos semanas).
Después de realizar la limpieza me puse a preparar los rollitos de pollo para el almuerzo del día siguiente; cuando terminé de prepararlos los reservé en la refrigeradora, tomé mi computadora personal y me instalé en el sillón que Rb usa para recibir llamadas.
Quería finalizar el curso de Data Science with Python que había estado siguiendo durante las semanas anteriores; pero, me puse a ver un video de Youtube y me quedé dormitando en el sillón; incluso terminó el video, abrí los ojos cuando inició uno nuevo, pero seguí dormitando un poco más.
Después sí me espabilé y completé el curso en la plataforma de Cisco: en la evaluación final obtuve una nota de ochenta por ciento -el mínimo para aprobar era setenta y cinco-; después continué viendo más videos de Youtube -en el mismo sillón-.
El sábado me levanté a las seis y media; desde la noche anterior había decidido que prepararía el almuerzo, que pensaba compartir con mi hijo menor, antes de preparar mi propio desayuno; entonces, después de que sonó la alarma del celular me levanté a meditar; después me quedé un rato en la cama, completando algunas lecciones de Duolingo.
Rb entró un poco después de las siete y me comentó que estaría traduciendo llamadas -yo temía que, por lo sucedido el día anterior, ya no quisiera continuar con ese trabajo-; así que salí de la habitación e inicié la preparación de las ensaladas -ahora con siete ingredientes: tres tipos diferentes de lechuga, chile pimiento, zanahoria, aguacate, manzana verde, pepino y tomate-; después preparé las porciones de aderezo.
Después de preparar las ensaladas cociné los rollitos: batí un huevo, sumergí allí ambos rollitos, los rocié con harina de coco, los volví a pasar por huevo y, finalmente, los recubrí con avena en hojuelas; los puse en aceite a alta temperatura por un par de minutos, por ambos lados -los había aplastado un poco, para facilitar la cocción pareja-.
Mientras cocinaba los rollitos -veinticinco minutos por cada lado, a fuego muy bajo- preparé mi desayuno: el resto del huevo con harina de coco y avena lo mezclé con tres yemas, un poco de fibra de almendra y treinta gramos de repollo cocido; con eso preparé la torta para mi panito.
Después del desayuno estuve leyendo un poco, y viendo algunos videos de Youtube; Rb se pasó casi toda la mañana respondiendo llamadas; me había comentado que quería hacer ejercicios a las once por lo que a mitad de su rutina nos tocó que sacar a caminar a los perros grandes.
Después de entrar a los perros me metí a la ducha, luego me vestí y terminé de preparar la mochila con aislante térmico -el día anterior había metido un par de coquitas a la refrigeradora-; salí de casa algo tarde: ya eran más de la una y cuarto cuando arranqué la van.
Afortunadamente el tránsito no estaba tan tan cargado: o sea, las últimas siete calles antes de salir al boulevard principal estaban bastante llenas, pero el tránsito avanzó poco a poco; y la situación en la ciudad estaba un poco mejor; total que llegué con un par de minutos de anticipación al departamento de mis hijos.
Le escribí un mensaje a Rb para comentarle cómo había estado el viaje, y otro a mi hjo mejor para indicarle que ya había llegado; al entrar al departamento había visto a mi hija mediana en la cocina; luego de los mensajes salí de la sala y entablé una conversación ligera con ella.
Mi hio salió un rato más tarde; y le propuse que nos dirigiéramos al parque temático -encontré que su ánimo estaba mejor, creí que ya había renunciado a su empleo-; cuando llegamos al parque vimos a una señora negra con su hijito; y escuché que no se podía comunicar con el guardia de la entrada -debían revisar su mochila-.
Me ofrecí a ayudar y traduje un par de frases; luego me preguntó sobre el lugar para comprar un brazalete que dá acceso a todos los juegos mecánicos; le indiqué que era en el interior; luego nomás entraron al lugar; le propuse a mi hijo dirigirnos a las mesas de uno de los lugares techados.
Encontramos -en el mismo lugar donde almorzamos la semana anterior con mi hija mayor- bastantes opciones para acomodarnos y elegimos una mesa en el centro del lugar -buscando evitar la luz directa del sol- y procedimos a almorzar.
Después del almuerzo le propuse a mi hijo -al igual que había hecho con su hermana mayor- que escribiera un texto en la tapa de la caja de Scrabble; y le pareció la idea; aunque quiso retrasar la hora de hacerlo -y al final del día no lo hizo-.
Después del juego de Scrabble nos dirigimos a la rueda de Chicago; la cola estaba un poco extensa, pero decidimos esperar; abordamos la canastilla y esperamos a que empezara a girar -usualmente nos acomodan en soledad- pero nos tocó que compartir la misma con una señora y su hijo -de unos diez años-; y la señora estaba bien nerviosa.
De hecho su hijo indicó que padecía agarofobia -interesante selección de términos-; la cuestión fue que la señora me pidió permiso para abrazarme -o aferrarse a mi brazo, realmente-, pues realmente estaba temerosa; aunque mi hijo se rió por lo bajo -la señora lo notó- le indiqué que no había problema, y traté de generar una conversación para distraerla del entorno.
La señora nos comentó que había estudiado derecho -yo había empezado a hacerle preguntas de matemáticas a su hijo, y ella dijo que no le gustaban los números, que por eso había estudiado leyes- y que trabajaba en el ministerio público.
Por alguna razón sentí que la duración del juego se extendió más que otras veces; pero, al final, desabordamos la canastilla y nos despedimos de la familia; entonces empezamos a caminar hacia el departamento; aunque mi hijo me había pedido que pasáramos a un supermercado del camino.
Mi hijo quería comprar una espátula -de silicón- y algunos consumibles para la limpieza de la cocina; pasamos al comercial en donde nos habíamos refugiado la semana pasada con mi hija mayor; pero allí no encontró lo que buscaba.
Luego pasamos al comercial que se encuentra a un par de calles del departamento y allí, en una sucursal de la tienda verde de descuentos, mi hijo compró lo que andaba buscando; regresamos al departamento a las cinco y cuarto y, como habíamos acordado despedirnos a las cuatro, me despedí de mi hijo y bajé al sótano a tomar la van.
El tránsito estaba bastante tranquilo -no tan vacío como la semana anterior, pero bastante menos que los últimos meses-; vine a la casa a las seis menos cuarto, saqué al patio a los perros grandes y, luego, le envié un mensaje a Rb, comentándole que empezaba la caminata hacia su encuentro.
Me había cambiado de ropa, hacia la mudada de diario, y caminé a buen paso en dirección norte del boulevard; llegué al inicio del mismo y continué por el boulevard principal; como a medio camino encontré a Rb; me ofrecí a ayudarla con una bolsa del supermercado e iniciamos el camino de vuelta a casa.
Por la noche ví una parte del primer capítulo de una serie japonesa de Anime: una chica que caza monstruos en un futuro post-apocalíptico; que protege a su hermana pequeña -adoptada- y quien resulta ser -!- una alien; algo rara la serie, pero con bastante acción.
El domingo me levanté a las seis y media; era el día en el que se jugaba la final del mundial -la semana anterior había finalizado en el segundo lugar de la quiniela del trabajo, pero el día anterior el resultado Inglaterra-Francia fue contrario a mi pronóstico-.
Igual, le había comentado a mi hijo menor que no miraría durante el día -ni al día siguiente- cuál era la penúltima posición de la tabla de los participantes en la quiniela; después de meditar me quedé en la cama, haciendo algunos ejercicios de Duolingo -casi todo en Ajedrez-.
Después de completar más de media hora en Duolingo continué con el libro, del abogado español, que había empezado durante la semana; y esperé a que Rb desayunara, antes de dirigirnos a los supermercados en dirección sur.
Rb terminó su desayuno después de las nueve y media y, después de preparar la mochila con aislante térmico, caminamos hasta el extremo del boulevard; luego entramos al supermercado que queda cerca del lugar; allí compramos seis piernas de pollo -con cuadril-.
Después nos dirigimos al supermercado de mitad del camino; allí compramos un par de lechugas y un poco de bananos; también le compré a Rb una bolsa de yuquitas -en realidad dos, porque estaban en oferta-: el día anterior ella me había obsequiado -pagado- un pingüino de chocolate, por una apuesta que habíamos hecho en el encuentro México-Inglaterra (yo gané).
Cuando retornamos del supermercado preparé mi desayuno; el cual salió mal: tenía varias semanas esperando mi segundo experimento de pan de nube; el cambio más importante era la utilización de sartén para cocinarlo -en vez de microondas-, pero lo que conseguí fue un panqueque mal hecho.
Igual lo consumí, con frijoles volteados y algunos trozos de jamón de pavo; también consumí uno de los pingüinos que Rb me regaló el día anterior; antes del mediodía habái estado investigando la forma de escribir una appa para móvil: me interesa -así como he hecho con mis gastos y el ayuno intermitente- darle seguimiento a mis estados de ánimo durante varios días.
Sacamos a caminar a los perros a las doce y media; antes de salir Rb había dejado las alitas dominicales en la sartén; cuando entramos de la caminata me dirigí a la cocina y volteé las alitas de pollo; luego preparé dos enormes ensaladas.
Cuando empezamos a almorzar ya había empezado el partido España-Argentina -estaba programado para la una de la tarde-; yo había pronosticado un marcador de dos a uno, favorabe para los europeos; por lo que Rb llevó su computadora al comedor y estuvimos viendo la primera mitad del encuentro.
El plan -propuesto por mí el día anterior- era verlo con refresco -Rb había preparado de rosa de Jamaica el día anterior- y con snacks -por eso había comprado las yuquitas, y Rb me había regalado el pingüino-; pero, al final, sentí que comí mucho -me volví a sentir, al igual que las últimas veces que invito a amigos a desayunar, muy leno-.
Para la segunda mitad del partido movimos la computadora de Rb a su habitación y terminamos de ver allí los cuarenta y cinco minutos -y los treinta de los tiempos extras, ya que terminaron empatados-; y, al final, celebré el triunfo de España.
Un poco más tarde entré a la aplicación en la que once personas del trabajo habíamos estado pronosticando los resultados de los ciento cuatro partidos -yo había olvidado, el segundo o tercer día, pronosticar tres de ellos-; y resulta que terminé en tercer lugar -la señora que me cae bien logró superarme por un punto-.
Y el analista que vive en la ciudad colonial alcanzó el mismo número de puntos -o sea, estaríamos empatados- pero la página desempata con el número de pronósticos exactos y el número de correctos-, lo que me dió la ventaja final; no cabe duda que la suerte es interesante -fue el mensaje que le envié a varios amigos, mostrándoles el resultado de la quiniela-.
Después del partido intenté leer un poco del libro con el título de este texto, pero me estaba quedando durmiendo en la cama; un poco antes de las cinco le ayudé a Rb con la preparación del almuerzo: piqué unas ramas de cilantro y se las agregué al caldo que nos había sobrado la semana anterior, luego licué todo, para hacer una muy buena crema.
Después estuve trabajando un poco en la aplicación para dar seguimiento al estado de ánimo; uno de los LLMs que consulto me había dado código en Flutter para compilarlo en mi computadora con Ubuntu; pero las instrucciones de instalación no me funcionaron.
A las siete, después de que Rb preparara su cena -y gracias a que ella me lo recordó-, preparé las gelatinas de mis desayunos de la semana; luego empecé a ver el segundo capítulo de la serie japonesa que había iniciado el día anterior -por la mañana había terminado de ver el primer capítulo-.
El lunes me levanté a las seis y media; había estado teniendo algunos sueños intensos, relacionados con la mamá de mis hijos; y, de forma rara, no nos llevábamos mal en el sueño, lo que no era real en la vida real -aunque de eso hace ya mucho tiempo-.
Después de meditar salí de la habitación -ahora dejo las dos computadoras en la habitación en donde está la comida de los perros, por las goteras sobre la mesa del comedor; y para evitar las luces en mi habitación-; tomé la computadora y la llevé a mi habitación; pero luego decidí quedarme en la mesa del comedor ya que Rb empezaba a responder llamadas.
La primera reunión de la mañana estuvo tranquila: aunque discutieron un hallazgo que había realizado unas semanas antes, no quise participar pues aún veo el proceso muy inmaduro; después de la reunión ví que el compañero que tiene tres trabajos -ahora cuatro- me había escrito.
Lo saludé y me comentó que era probable que renunciara hoy: por dedicarse a sus otros trabajos -como PM- no ha hecho casi nada en este trabajo -como QA-; que tenía reunión con su supervisor y sentía que iba a tener que renunciar porque no había hecho nada en mucho tiempo -lo que habla de la excelente supervisión en nuestro lugar de trabajo-.
Unas semanas antes habíamos hablado de que podía ayudarle con sus tareas atrasadas -aunque nunca hablamos de arreglos financieros- pero ya no me llamó cuando habíamos quedado de continuar conversando; entonces -otra vez- acordamos conversar más tarde.
A las ocho y media me reuní con el analista que estaba por retirarse al final de la semana laboral, y con mi compañero que vive en la ciudad colonial -el otro analista (el que menos bien me cae) andaba (nuevamente) de vacaciones-; ahora tocaba ver algunos ejemplos de la herramienta con la que el primero desarrolló pruebas de carga.
Y la verdad es que la tecnología está bien interesante; pero, al igual que con la automatización, no es algo que se pueda aprender en hora y media -o varios días-: se trata de un framework en Java y la configuración no es nada sencilla.
La reunión -que originalmente estaba programada para una hora- fue reducida a media hora; y cuando ya habíamos superado este tiempo me excusé por salirme, pero quería entrar en la de las nueve del equipo -igual había empezado a grabar desde le inicio de la misma-.
Entonces me pasé a la otra reunión, en la que nomás ví cómo cada desarrollador exponía las raones por la que no habían podido avanzar en sus asignaciones; un poco antes de la reunión con mis compañeros había estado conversando con la analista en el Imperio del Norte.
Ella me compartió algunos detalles adicionales sobre el server en el cual debía de haber empezado a trabajar desde la semana anterior; entré -por fin- y revisé el programa -el cual no funcionaba-; después de que le ajustara algo quedó listo para empezar.
A las nueve menos cuarto entré a la reunión del área; en la misma el supervisor volvió a lamentar que el compañero más brillante se retiraría el viernes; pero este le comentó que de hecho el viernes ya no trabajaría pues debía ir a devolver el equipo; y yo agregué que tampoco haríamos mucho el jueves pues es nuestra reunión trimestral.
Después de esta reunión me puse a preparar el desayuno; en paralelo empecé a trabajar en la tarea que comparto con la analista en el Imperio del Norte; pero también conversé con el desarrollador con el que ya nos hemos reunido un par de veces para compartir un café y un pastel.
No me había percatado que él era el organizador de la quiniela en la oficina -hay dos personas que se llaman casi igual-; entonces lo felicité por la iniciativa, y creo que estuvo bien que habláramos, pues él creía que había un empate en el tercer lugar; pero no, de acuerdo a la misma webapp, aunque el compañero de la ciudad colonial y yo obtuvimos el mismo punteo, yo quedé en tercer lugar por tener más pronósticos exactos.
El desarrollador me comentó que había realizado la organización de la actividad en conjunto con nuestra supervisora local; y me comentó que ya había confirmado con ella que se respetarían las reglas proporcionadas por el sitio web; igual, el premio por obtener el tercer lugar serán como doce dólares -lo mismo que pagué para entrar-.
Por la mañana también trabajé un poco en la app que se me había ocurrido la semana anterior -para medir (aleatoriamente) el nivel de energía durante el día-; había visto un poco de esto durante el fin de semana pero muy superficialmente.
A las doce Rb salió de su habitación -a mí se me había olvidado que debíamos hacer ejercicios- y realizamos la rutina de ejercicios de los lunes; después sacamos a caminar a los perros -pero antes puse (a fuego muy bajo) a calentar las tres piezas de pollo dorado de cada uno, y la sopa-.
Cuando retornamos de la caminata preparé un par de ensaladas -medianas-; almorzamos los tres platos y luego me preparé un café -aún me quedaba un pequeño trozo del zepelín que había comprado el jueves pasado-; después lavé los trastes y le preparé un té de manzanilla a Rb.
Por la tarde pude, por fin, compilar la app que estaba trabajando en Flutter/Kotlin y la trasladé a mi celular; ahora será de probarla par ver si puedo mejorarla; también estuve pensando en subirla a la app store -pagué la membrecía como desarrollador antes de la pandemia-.
También logré -luego de muchos intentos- pagar el segundo semestre del impuesto de propuedad del departamento de mis hijos -doscientos treinta y cinco dólares-: el sitio de la municipalidad no me dejaba entrar -había olvidado la clave- y no lograba recibir un link para recuperar las credenciales de ingreso.
Afortunadamente encontré la clave anterior en mi correo -no sé cómo no había borrado la información, y cómo una clave generada por el sitio no está marcada como temporal-; como acababa de recibir el depósito de la segunda quincena de Julio utilicé parte de ese dinero para ponerme al día con los impuestos de propiedad -y el resto lo pasé a la cuenta en la que manejo la mayor parte de mi efectivo-.
Por la tarde leí un -muy- poco de Little Brother; la noche anterior había decidido que serían cuatro capítulos por ciclo, y apenas acababa de terminar el primer capítulo; como Rb tenía una reunión -por el sesenta y dos aniversario del proyecto en el que trabaja- a las seis de la tarde, me pidió que saliéramos a caminar a las cuatro y media.
Así que a esa hora cerré la computadora del trabajo -y la personal: apenas pude terminar la compilación de la nueva app en mi celular-, me vestí para la caminata y nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; aunque nos tocó que retornar a casa como a media cuadra: habíamos olvidado la mochila con aislante térmico.
Y es que Rb había planeado comprar pechugas para su perra más anciana -y quizá, para los almuerzos de la siguiente semana-; entonces retornamos a casa, saqué la mochila y reiniciamos la caminata; hasta el extremo sur del boulevard.
Aunque nos detuvimos en el comercial que queda a mitad del camino: Rb tenía que pasar a la veterinaria para pedir una cita para el tratamiento semanal de su perra más anciana; y en la veterinaria la programaron para el martes a las cinco; luego continuamos la caminata.
Después de llegar al extremo del boulevard cruzamos al otro lado; allí, en el supermercado de las cercanías, Rb compró una bolsa completa de pechugas de pollo -fueron como ocho libras, y veinte dólares-; las metimos a la mochila y empezamos el camino de retorno.
El cual fue directo a casa -no necesitábamos comprar nada en el supermercado a mitad del camino-; cuando etnramos metí la bolsa de pechugas en el freezer del refrigerador y, después, me metí a la habitación a hacer lecciones de Duolingo.
Rb se preparó su cena y luego se refugió en su habitación; y por la hora y media siguiente estuvo en una reunión con personas de varios países en donde existen actividades del proyecto en el cual trabaja; cuando la reunión terminó salí a la mesa del comedor para enviar un par de mensajes -con los resultados- a la analista en el Imperio del Norte, y actualizar mis notas -incluyendo esta-.
Y a ver cómo sigue eso...