El viernes por la noche terminé de leer -por fin- Un heritier secret; y espero no volver a leer un libro de soft romance -aunque sea en francés o portugués- en mucho mucho tiempo; decidí leer otro libro de la serie de Le petit Nicolas.
Pero me dí cuenta, muy tarde, que no era de los autores originales -aunque tenía el nombre de los mismos en la portada-; en fin, creo que es como una franquicia que se aprovechó de la fama de los originales para editar algunos libros muy básicos.
Este lo leí en menos de media hora, pues el texto era mínimo y los dibujos eran mucho más sofisticados que los de los libros originales -que son (casi) stick guys-; en los del que leí están a colores y ocupaban la mayor parte de las páginas.
Pero bueno.
Además, el viernes fue mi primer día de vacaciones 'extensas' del año: y es que mi supervisora nos indicó en una reunión bastante exclusiva -nomás tres personas con muchas vacaciones acumuladas- que la meta era bajar el número a dos períodos de vacaciones -o sea, menos de treinta días- para el mes de diciembre.
Entonces le propuse que tomaría siete días en abril y diez días en diciembre; además de los dos días al mes que he estado tomando por casi tres años; total que el diecisiete empezó el primer período extenso -hasta el veintisiete-.
Y originalmente había estado planeando aprovechar las vacaciones para ver a dos o tres -o cuatro- conocidos (o amigos o familiares); pero, justo el viernes me enteré que los últimos tres días laborales de la siguiente semana estarían impartiendo un curso de instalación de pisos.
O sea, es como un proceso para entrenar -y luego contratar- a instaladores de piso en un residencial en uno de los municipios al otro extremo del departamento; serán tres días de nueve a tres de la tarde -pagan como veinte dólares por cada día- y luego el 'proyecto' es aplicar lo aprendido en uno de los residenciales que esta constructora está desarrollando.
Al inicio dude en inscribirme pues había considerado acudir el miércoles al hospital de oftalmología más grande de la ciudad -y de centroamérica, me parece- ya que los ojos han continuado produciéndome incomodidad.
Pero al comentarle a Rb -que también estaba dudando si con todo lo que se carga se opondría a que me ausentara tres días- me sugirió que fuera al hospital el lunes -aunque luego me pidió que fuera el martes pues tiene que ir a un laboratorio el lunes por la mañana-.
Y los ejercicios: después de la histerectomía de Rb, a mediados de noviembre pasado, habíamos abandonado la rutina semanal de ejercicios que llevamos por casi tres años; pero después de leer algunos análisis de mi ayuno intermitente en un par de LLMs decidí que reiniciaría la práctica -para evitar la pérdida de masa muscular-.
Así que el viernes, mientras Rb estaba en su segunda visita hospitalaria a uno de los centros médicos públicos más grandes de la ciudad, acorté el primero de los videos de ejercicios de cincuenta y cinco minutos a treinta; y reinicié la ejercitación.
Y a ver cómo va eso...
Después de enviarle un mensaje a Rb para confirmarle que ya había retornado a casa me puse a actualizar mis notas; luego, un poco antes de las seis y media me metí a mi habitación pues -por primera vez- no había meditado como primera actividad del día.
Pero no me dí cuenta que la alarma de las seis y media estaba aún activa, y sonó cuando llevaba como siete minutos de empezar a meditar; pero nomás la desconecté, y reinicié el timer para completar los veinticinco minutos.
Después de meditar encendí la máquina de Rb y me dediqué a separar varios segmentos, del video de cincuenta y cinco minutos, de la rutina que realizamos el primer día laboral de la semana durante el año anterior; al final logré un video con: cinco minutos de calentamiento, veinte minutos de resistencia y cinco minutos de estiramientos.
Luego puse el video en un reproductor de la misma computadora y completé la rutina -me costó bastante pues hacía casi cinco meses que había abandonado la práctica-; luego de completar la media hora guardé las pesas en la habitación de la comida de los perros y tomé una ducha.
Después de salir de la ducha empecé a prepararme el desayuno de los viernes -ya eran casi las diez de la mañana-; en el ínterín, durante y después de tomar el desayuno, empecé a trabajar en las siguientes opciones de la pantalla que he estado modelando.
Y es que cuando revisé los mensajes del trabajo encontré una respuesta afirmativa de mi compañero más brillante sobre el código que le había enviado el día anterior -y la forma en la que había completado la tarea-.
Estuve trabajando en el código -y haciendo muchas partidas de ajedrez en Duolingo- durante el resto de la mañana; Rb me estuvo enviando mensajes sobre el avance en la consulta médica; la mayor parte de los mensajes eran descorazonadores.
Pero un poco después de las once me llamó para comentarme que le había caído bien la doctora que la atendió, que le habían prescrito una extensa batería de pruebas de laboratorio y que estaba por iniciar el retorno a casa.
Entonces puse unas fajitas de pollo en una sartén, le agregué agua y la puse a cocinar en la estufa; luego le puse los arneses a los perros grandes y los saqué a caminar; aunque antes de cruzar la esquina ví que Rb estaba entrando a la calle.
Caminé la media cuadra en el sentido Norte -la parte más corta del circuito- y luego esperé frente a la casa que Rb dejara su mochila y nos acompañara; después de entrar a los perros continué -a petición de Rb- haciéndome cargo del almuerzo -complementamos el pollo con una de las bolsas de arroz que había congelado el lunes-.
Después del almuerzo esperé un poco para prepararme una taza de té de menta -no tenía prisa pues preveía que comería más tarde-; un poco después de las dos me metí a la cocina a lavar los trastes del almuerzo y a preparar el té de menta.
A las tres menos cuarto le preparé a Rb un té de manzanilla; antes, durante y después del almuerzo había estado trabajando un poco en el código; pero a las tres y media apagué la máquina del trabajo y empecé a alistarme: había programado una reunión con mi amigo el Testigo de Jehová.
Habíamos acordado reunirnos a las cuatro en la pizzería que se encuentra en el comercial en donde abordamos los buses intermunicipales; el sol estaba aún bastante fuerte por lo que traté de no caminar muy rápido -para evitar sudar-.
Llegué al lugar con cinco minutos de anticipación y aproveché para entrar al supermercado y comprar un poco de bananos; y aún me dió tiempo de subir al segundo nivel del comercial -nunca había accedido a ver los negocios que se encuentran en esa área-.
A las cuatro, viendo que me amigo no llegaba, lo llamé y me comentó que llegaría en cinco minutos -llegó como en diez minutos-, por lo que aproveché para jugar un par de partidas de ajedrez en la app del celular.
Un poco después llegó mi amigo y nos acomodamos en una de las mesas de la pizzería; ordenamos lo de siempre: café y pastel; y aunque ambos habíamos elegido Tres Leches, tuvimos que compartir uno de este tipo y uno de chocolate pues nomás había una porción de la primera.
Después del pastel ordenamos un par de porciones de pizza; al inicio de la reunión mi amigo repitió lo de otras ocasiones: 'fijate que olvidé mi billetera', pero -otra vez- le indiqué que era un gusto invitarlo -la cuenta fue de diez dólares-.
Estuvimos en el lugar hasta las cinco de la tarde, entre café, pastel, pizza y conversación; mi amigo es bastante versado en la situación nacional -ha trabajado en varios ministerios en diferentes gobiernos- y, actualmente, le está tocando criar a sus nietos -como que las parejas de sus hijas no funcionaron-.
A las cinco sonó la alarma que había puesto en el celular para recordarme de volver a casa; llamé a Rb para comentarle que llegaría en breve, me despedí de mi amigo y empecé la caminata de vuelta.
Creí que Rb iba a estar lista para caminar hacia los supermercados en dirección sur -era lo que habíamos acordado antes de mi salida- pero la encontré viendo una serie en su computadora; un poco después de las cinco salimos a caminar.
Llegamos hasta el extremo sur del boulevard y luego entramos al supermercado más alejado: quería comprobar si vendían de la marca de jugo de mandarina que quería comprar para el desayuno del domingo con mi hija mediana -y no, no había-.
Entonces pasamos al otro supermercado; en donde compramos bananos, Rb compró un par de ciruelas y yo compré un doble litro de jugo de mandarina; luego retornamos a casa; las extremidades empezaban a dolerme por el ejercicio de la mañana.
Por la noche ví la segunda parte de Project Hail Mary y estuve leyendo un poco en la cama de Rb; pero a las nueve y media le comenté que me retiraría a mi habitación -me sentía bastante agotado-; me lavé los dientes y me despedí por la noche.
En mi habitación medité y luego leí un poco del libro en inglés -completé los primeros cinco capítulos-; luego intenté dormirme; pero no me fue posible: estuve dando vueltas en la cama hasta después de las once -más de dos horas-; por lo que tomé la tablet y terminé el libro en francés.
Y luego leí el libro que está en la primera parte del título de este texto; luego volví a intentar dormirme, pero no lo logré nuevamente; entonces me puse a navegar un poco por internet en mi celular; luego encendí mi computadora personal.
Intenté -por tercera vez- dormirme: conté mis respiraciones, me relajé, etcétera; entonces me resigné a que pasaría la noche completamente en blanco -no recordaba cuándo había sido la última vez en esta situación-; pero me dije: cuando toca, toca.
Y es que no sé si fue por los pasteles y las dos tazas de café -con azúcar- de la tarde, por haberme despertado a las cuatro de la madrugada, por haber hecho veinte minutos de ejercicios después de casi medio año, o por estar de vacaciones, o por una combinación de todo.
Pasaron las cuatro de la madrugada y entonces me dije que -al menos- podía aprovechar el tiempo: encendí la computadora del trabajo y empecé a trabajar en el refinamiento del código que había empezado a escribir el día anterior, mantuve encendida mi máquina personal para la utilización de los LLMs.
Hasta las seis y media de la madrugada; a esa hora sonó la alarma del celular para que me levantara a meditar; lo que me costó un poco: estaba experimentando una leve rigidez y un poco de dolor en las piernas -y los brazos, y la espalda-.
Medité los veinticinco minutos y retorné a la cama, cerré las computadoras, puse el timer para que sonara en una hora -eran casi las siete-; luego lo cambié para que sonara en hora y media, y me dormí.
El celular sonó a las ocho y media pero nomás lo apagué -quería seguir durmiendo-; pero Rb entró un poco después a la habiación -yo había corrido la cortina de la ventana por lo que la luz era mínima-, me dijo algo y salió.
Un rato después -casi a las nueve- me levanté, ví que Rb no estaba -me imaginé que había salido a comprar algo- y empecé a preparar mi desayuno de los sábados, cuando estaba terminando de prepararlo Rb retornó de la tienda de las verduras, con una papaya y algunas legumbres.
Después del desayuno -un poco después de las nueve y media- nos alistamos para dirigirnos al zoológico de la ciudad; en sus instalaciones se había programado -por segundo año consecutivo- la celebración del cumpleaños del hijo de la mejor amiga de Rb.
Rb había empacado los alimentos que preparó para su almuerzo -come únicamente comida preparada por ella misma-; el viaje no estuvo muy difícil, encontramos embotellamientos -pero muy ligeros- nomás en un par de puntos de la ciudad.
El área de parqueo estaba un poco sobrecargada, por lo que nos costó un poco encontrar un espacio; luego de dejar estacionado el auto nos dirigimos a la entrada -debíamos pagar el parqueo pero no la entrada al zoológico, por ser una celebración a la que acudíamos.
Antes de entrar al zoológico encontramos al hermano de la mejor amiga de Rb; estaba estacionando su auto y Rb le ofreció ayuda con unos globos que llevaba para la celebración; los tres nos dirigimos a la entrada específica para las celebraciones -ni siquiera nos pidieron identificaciones-.
La celebración estuvo interesante: se suponía que empezaba a las once -nosotros llegamos casi una hora antes-; y muy poca gente llegó antes de la hora del inicio; hubo un animador por un par de horas -aunque al final perdió mucha de la atención del público-.
Después de la animación -dos horas- el mismo personaje organizó la quiebra de piñatas y la repartición del pastel; que era -al igual que el año pasado- muffins; Rb me cedió el de ella -y antes de retirarnos aún tomé otro-; después -o antes?- del pastel también repartieron una porción de lasagna y ensalada -Rb también me cedió su porción-.
Al inicio -antes de toda la animación- los meseros se habían estado encargando de mantener una jarra de agua pura y una jarra de coca cola en cada mesa; también estuvieron rellenando unos recipientes de poporopos.
A la mesa en la que nos acomodamos llegaron otras dos parejas -ex compañeras de universidad de la mejor amiga de Rb y sus esposos-; en general la celebración estuvo bien; incluso acompañamos algunas de las canciones que dirigió el animador.
Un poco después de las dos de la tarde empezamos a salir de la fiesta pues debíamos de estar antes de las tres en casa -para que Rb pudiera darle el almuerzo a sus perros-; no encontramos mucha dificultad en el viaje de retorno -el parque nos costó seis dólares-.
Por la tarde estuve leyendo un poco del libro en inglés sobre la chica con dificultades financieras; no estaba seguro del género literario que se trataba; al final -al parecer- es una comedia negra; me costó un poco tomarle el ritmo -cinco capítulos por ciclo-.
Pero creo que tuve varios períodos de adormecimiento -o de microsueños-; Rb se había dirigido a su iglesia un poco antes de las tres: su sesión de alfabetización estaba programada para iniciar a las cuatro -y terminar a las seis- ese día.
Y como habíamos quedado en que llegaría a acompañarla en la caminata de vuelta -yo debía andar cerca ya a las cinco y media- salí de casa un poco después de las cuatro y media; caminé bastante despacio -las piernas habían empezado a dolerme debido al reinicio de los ejercicios el día anterior-.
Llegué al comercial que está cerca de la iglesia un poco antes de las cinco y media; y aproveché para entrar al supermercado del lugar, en donde compré un paquete de dieciseis porciones de queso para sandwiches.
Pagué mis compras y salí del comercial para dirigirme a la iglesia -está a media cuadra-; estaba a un par de casas de llegar a mi destino cuando recibí una llamada de Rb; comentándome que ya estaba libre, por lo que la sincronización estuvo bastante bien.
Después de que Rb se despidió de sus alumnas -y una tercera acompañante- empezamos la caminata de vuelta; en el camino pasé a comprar el pan que necesitaba para el desayuno del día siguiente; por la noche ví la tercera parte de Project Hail Mary; había planeado acostarme más temprano pero, finalmente, terminé completando la rutina casi a la misma hora.
El domingo amaneció lloviendo: aún estaba dormido cuando empecé a escuchar el sonido de la lluvia en el techo y el patio; cuando el reloj sonó nomás atrasé la alarma una hora y continué entre las sábanas; me levanté a las siete y media.
Medité y me quedé en cama leyendo un poco -también completé casi una hora de lecciones de Duolingo-; un poco después de las ocho y media salí de la habitación, y puse a desinfectar la mayor parte de la lechuga que teníamos en el refrigerador.
Después preparé los dos panes que planeaba llevar al desayuno con mi hija mediana; después de preparar los panes tomé una ducha; luego metí a la mochila con aislante térmico los dos panes, una bolsa de snacks, dos bananos y el jugo de mandarina; luego salí a encender la van.
El trayecto hacia la casa de mis hijos estuvo muy tranquilo; no encontré embotellamientos en ningún lugar y no me tomó más de veinticinco minutos: salí después de las nueve y media de la casa de Rb y llegué a la sala del departamento antes de las diez.
Cuando llegué al departamento dejé ambas mochilas en la cocina -está justo en la entrada, me quité los zapatos y me instalé en la sala; le envié un mensaje a Rb para comentarle lo fácil que estuvo el viaje, y un mensaje a mi hija mediana, para comentarle que ya estaba por allí.
Ella salió de su habitación un poco después de las diez y nos dirigimos al parque temático; en donde nos encaminamos directamente a las mesas bajo techo -el tiempo estaba bastante agradable-; desayunamos en el lugar y luego estuvimos practicando con el cubo de cuatro por cuatro -a mi hija nomás le falta uno de los tres algoritmos para dominarlo por completo-.
Estuvimos un buen tiempo con el cubo de Rubik, tanto que ya no nos dió tiempo de subirnos a la rueda de Chicago -mi hija quería que nos despidiéramos a las doce y media-; antes de salir del parque compré un par de helados -cuestan casi el doble que afuera!-.
Retornamos al departamento y aún nos dió tiempo de estar un pequeño período en la sala; a las doce y media -había puesto una alarma- me despedí de mi hija e inicié el viaje de vuelta a casa de Rb -en el camino me dí cuenta que me olvidé de dejar el sobrante de jugo de mandarina!-.
Vine a casa de Rb unos minutos antes de la una de la tarde -el camino estuvo bastante libre- y la encontré, justo, sacando a caminar a uno de sus perros más grandes, cuando vió que estaba estacionando el auto se apresuró a ponerle el arnés a la perra más pesada.
Completamos la caminata y luego entramos a casa a preparar el almuerzo: alitas de pollo acompañada por un caldo de pollo; el resto de la tarde lo pasamos en casa -ni siquiera salimos a la caminata diaria-; yo estuve escribiendo un poco de código y Rb estuvo viendo algunas de sus series.
Por la noche ví la penúltima parte de Project Hail Mary, y adelanté un poco en el libro de inglés; por alguna razón -me imagino que por el desvelo de la noche anterior- aún me sentía bastante agotado, por lo que me retiré a mi habitación un poco antes de la hora habitual.
El lunes me desperté a las seis de la mañana -media hora antes de la hora habitual- porque no quería ser interrumpido en mi meditación matutina: Rb iba a salir a las siete de la mañana y -usualmente- pasa a despedirse antes de salir.
Después de meditar retorné a la cama y estuve haciendo bastantes lecciones de Duolingo, hasta que Rb entró a despedirse: tenía una cita para realizarse unos exámenes de imágenes digitales; y me estuvo enviando mensajes de su progreso.
Finalmente me llamó -un poco después de las ocho y media- para comentarme que a las diez le darían los resultados y estaba dudando si podía retornar antes a casa -no había desayunado aún-; le recomendé que retornara y que yo la acompañaría luego.
Yo había empezado a escribir una nueva sección del código que tengo en progreso y continué mientras ella retornaba, prepara su desayuno y, finalmente, se preparaba para retornar; un poco antes de las diez salimos a tomar el busito.
El cual no tardó mucho en pasar; nos apeamos en el destino final del transporte -el laboratorio queda a un par de cuadras- y nos dirigimos a obtener los resultados; lo interesante fue que salió la propietaria del laboratorio a entregar los mismos.
Esta persona había estado en contacto con Rb por varios años a través de la red social del pajarillo celeste -además es muy buena amiga de una buena amiga de Rb-; entonces nos pasó a una oficina y le explicó a Rb los resultados de las imágenes; los cuales fueron muy buenos.
Al parecer ya no hay cálculos en los riñones -no sé si el primer exámen había sido mal interpretado, o si realmente los cálculos fueron expulsados-; además, las condiciones de la vesícula no son tan graves -importantes, pero no urgentes-.
Rb se conmovió bastane con el resultado -milagro- y un poco después nos despedimos de la doctora -al inicio se habían tomado su tiempo para conversar sobre su interés en común: los animales de compañía-; después retornamos a casa.
Antes de entrar a la calle donde vivimos -antes de cruzar el boulevar, realmente- Rb me comentó que pasaría a la tienda de las verduras; y yo me dirigí directamente a casa; cuando Rb retornó de la tienda -con una papaya- yo estaba empezando a preparar la computadora para realizar la rutina de ejercicios.
Mientra completaba la media hora de ejercicios Rb se puso a preparar el pescado que tendríamos como almuerzo; después de terminar la rutina procedí a dividir en dos el mismo y, después, sacamos a caminar a los perros.
Cuando entramos luego de la caminata, nos pusimos a preparar el almuerzo: yo me ocupé de un par de pequeñas ensaladas y Rb de freir las dos mitades del pescado; almorzamos bastante tarde -terminamos casi a las dos-.
Y yo había desayunado después de que retornamos del laboratorio -casi a la una-; después del almuerzo continué escribiendo código y logré terminar la sección que había empezado un poco antes; después lavé los trastes, le preparé un té de manzanilla a Rb y me preparé un té de menta -preveía tomar café más tarde-.
Un poco después de las tres tomé una ducha, me vestí y me despedí de Rb: había programado un café con mi amigo más creativo -y conspiranóico- y había encontrado -en google maps- que la mitad del camino podía hacerla a pie -dos kilómetros-.
Volví a salir al boulevard a tomar el busito, el cual no tardó mucho en pasar; luego tomé el Transmetro; pero me apeé en la estación intermedia más grande; desde allí -de acuerdo a lo que había visto en google maps- inicié el trayecto hasta el comercial en donde habíamos acordado reunirnos con mi amigo.
La reunión estaba prevista para las cinco -aunque mi amigo me había dicho que usualmente salía de su oficina a las cuatro y media- pero llegué más de media hora antes; en el lugar me conecté a la red de Taco Bell y le escribí un mensaje en whatsapp.
Mi amigo llegó un poco más tarde y nos dirigíamos a su automóvil cuando vimos una pizzeria similar a la que había acudido el viernes anterior: le propuse que nos tomaramos allí el café -y un pastel- y nos quedamos en el lugar por un poco más de hora y media.
El café estuvo bien, aunque no encontramos pastel de tres leches, nomás de chocolate; pero nos pusimos al día de la vida de cada uno: habían pasado dos o tres meses desde la última vez que habíamos coincidido.
Mi amigo acaba de cumplir cinco meses en su lugar de trabajo pero ha estado -casi desde el inicio- buscando otro: la presión que se maneja en su posición es bastante fuerte; además tiene un equipo de cinco vendedoras; y, su hija mayor -hija de su esposa- acaba de cumplir quince años.
Un poco después de las seis le pedí a mi amigo que me pasara a dejar a la estación intermedia del Transmetro; pero él se portó muy amable y me condujo hasta el comercial en donde se estacionan los busitos; nos despedimos y abordé una de las últimas unidades del día.
En el camino me vine jugando algunas partidas de ajedrez -algunos días siento que estoy empeorando en lugar de mejorar-; un poco antes de las siete -mientras el busito acababa de entrar al municipio- Rb me llamó para inquirir sobre mi ubicación, le comenté que ya casi llegaba.
Por la noche estuve revisando mis tres cuentas de correo, trasladando un poco de dinero entre mis cuentas y actualizando mis notas -incluyendo esta-; aún me dió tiempo de ver la parte final de Project Hail Mary.
El martes me volví a levantar super temprano: había previsto salir de casa a las cuatro y media pues quería acudir al hospital oftalmológico en donde me prescriberon -casi una década atrás- los primeros anteojos para la presbicia.
La alarma del celular sonó a las cuatro de la mañana, me levanté, medité cinco minutos, me vestí y pasé a avisarle a Rb que salía de casa; luego caminé hasta el comercial en donde tomamos los buses intermunicipales; a donde llegué un poco antes de las cinco de la mañana.
Pasó un bus intermunicipal pero no se detuvo, pero un par de minutos más tarde pasó el siguiente; el cual iba bastante lleno, pero lo pude abordar; encontramos un poco de tránsito antes de entrar al periférico; lo que nos atrasó un poco; llegué al hospital un poco después de las cinco.
Ya había bastante gente en la sala de espera -unas veinte personas- y me indicaron una fila de sillas en las que podía esperar a que empezara la atención diaria; lo cual ocurrió a las seis de la mañana; a esa hora repartieron números -me tocó el doce-.
El hospital es uno de los mejores en su campo de la región -muchos médicos del caribe vienen a especializarse en varias áreas médicas- pero los procesos son un poco tortuosos: me tocó hacer fila para pagar la consulta -diez dólares-, luego esperar para una primera revisión.
Una residente me hizo una evaluación super rápida -se notaba que su mente estaba en otra cosa (y me comentó que tenía que realizar una presentación en breve)- y luego me envió a otra fila de documentación.
Luego de la espera completaron mi expediente, y me indicaron que continuara en la sala de espera; un poco más tarde se llevaron a la mayor parte de pacientes a otras clínicas, por lo que pregunté si mi expediente estaba bien.
Me indicaron que esperara; luego de mucho rato de espera volví a preguntar, y me indicaron que tocaba esperar, por fin me volvieron a ver -en la misma clínica de más temprano- y ahora me examinó otra joven residente.
La revisión en ambos ojos fue exhaustiva; y bastante intensa: me pusieron un par de líquidos para varias verificaciones de los globos -y su interior-; al final la residente se mostraba indecisa sobre algunas observaciones y consultó con la de más temprano.
Y ella le indicó que lo mejor era que la doctora a cargo revisara el caso; por lo que me retornaron a la sala de espera, en donde esperé otro rato, finalmente retornó la doctora jefa y le tocó su turno; y fue bastante categórica: debía pasar por un procedimiento con laser.
La noticia me cayó bastante mal: o sea, no esperaba que tuviera que volver -tan pronto- al hospital (el procedimiento debe realizarse con un acompañante pues, al parecer, afecta la visión por un buen tiempo; se supone -o entendí- que es una pequeña incisión en cada ojo, para liberar la presión intraocular.
Además me recetaron anteojos progresivos, otra cosa que temía -ya en las ópticas habían insinuado que era tiempo de que (tanto Rb como yo) cambiáramos los de lectura por permanentes-; los mismos me costaron casi trescientos dólares.
Total que debo regresar a medidados del próximo mes a las ocho de la mañana, y con un acompañante -espero que sea Rb, pero está complicado por el horario de sus perros-; después de que la residente me explicó lo que continuaba pasé a programar mi próxima cita.
Luego pasé a la óptica del lugar, en donde elegí mis próximos anteojos, y se tardaron un poco por la medición que tienen que hacer las áreas que funcionarán para enfoque cercano, mediano y lejano; a todo esto ya pasaban de las diez de la mañana.
Rb me había estado llamando con frecuencia para inquirir sobre mi progreso; y yo le había asegurado que retornaría, aunque sea un rato, antes de volver a salir: tenía programado un almuerzo con mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad.
Pero, como había previsto salir de casa a las diez y media -se suponía que nos reuniríamos, en el trabajo de mi amigo, a las doce y media- y ya no me daba tiempo de volver a casa, decidí irme directamente a mi reunión del mediodía.
Aunque, directamente no es una descripción tan certera: salí del hospital un poco después de las diez -bastante desanimado- y comencé a caminar en dirección al trabajo de mi amigo -a unos cinco kilómetros de distancia-; pero en el camino sentí deseos de ir al baño (no había ido en toda la mañana).
Intenté utilizar los servicios de una gasolinera que encontré en la calzada principal, pero estaba con un rótulo de limpieza; entonces decidí dirigirme al comercial en donde se estacionan los busitos -estaba a un par de estaciones del Transmetro-.
Abordé el Transmetro y me dirigí al comercial, pasé al baño, y aproveché para conectarme a la red del banco que está en el segundo nivel; desde allí le escribí a Rb comentándole los resultados de la mañana.
Ella no me respondió tan pronto -un poco más temprano me había comentado que acudiría a una clase de Zumba en la alcaldía auxiliar-; pero me llamó un poco después para comentarme cómo le había ido con la clase.
Después abordé otra unidad del Transmetro y me dirigí a la gran estación intermedia; desde allí caminé hasta el edificio en el que se encuentra el call center en el que mi amigo lleva trabajando un par de años; cuando llegué me conecté a la red del banco del lugar y le avisé que ya había llegado -acababan de pasar las doce del mediodía-.
Mi amigo me llamó un poco después -había desconecatado el wifi del celular pues tenía menos del diez por ciento de la carga de la batería- y me comentó que estaba por bajar, y que era mejor si lo esperaba en la salida del sótano del edificio -me encontraba en la entrada-.
Me moví al lugar y un poco después ví la moto de mi amigo subiendo la rampa del sótano; nos saludamos y le ofrecí invitarlo a almorzar en un lugar desde donde luego pudiera tomar el Transmetro -y él pudiera continuar con sus actividades del día-.
Y luego le propuse que nos dirigiéramos al Mc Donald's que se encuentra en una de las principales arterias de la ciudad -y muy cerca de un par de estaciones del Transmetro-; mi amigo condujo hasta el restaurante y allí ordenamos un par de menús -doce dólares-.
Estuvimos en el lugar por un poco de más de hora y media, entre comida y conversación; yo aún andaba bastante desanimado, pero me ayudó la tertulia; un poco antes de despedirnos -un poco después de las dos- mi amigo me comentó que esperaba someterse pronto a una vasectomía.
Después de dejar a mi amigo me dirigí a la estación del transmetro, abordé un bus articulado y me apeé en el comercial en donde se estacionan los busitos, y me dirigí directamente a abordar el que estaba por salir.
Cuando vine Rb estaba viendo alguna de sus series, le preparé un té y me preparé un café; y le propuse salir a caminar; a las cinco nos dirigimos a los supermercados en dirección sur, aunque decidimos no llegar hasta el extremo del boulevard.
Y es que además de los anteojos me había prescrito -otra vez- colirio, Rb había realizado el pedido a una farmacia y decidimos no estar mucho tiempo fuera, en caso se realizara la entrega bastante rápido; entonces caminamos nomás la mitad de lo que realizamos normalmente.
Pero pasamos al supermercado más cercano a comprar un poco de bananos; luego retornamos a casa; lo interesante es que, a pesar de que habían confirmado el pedido, le escribieron a Rb para comentarle que el producto estaba agotado.
Yo había puesto una alarma para realizar la limpieza semanal -aunque llevaba un par de semanas sin hacerla- a las seis de la tarde; cuando la alarma sonó puse manos a la obra: levanté los objetos de mi habitación y barrí y trapeé los pisos de las cuatro áreas que maś usamos.
Un poco más tarde recibí un mensaje en el grupo de whatsapp del taller de instalación de pisos cerámicos al que esperaba acudir los últimos tres días de la semana laboral: estaban cancelando la clase del primer día.
Por la noche estuve avanzando en el libro en inglés -Margot's got money troubles- y viendo algunos videos de difusión científica en Youtube -el sitio en el que veo series estaba inhabilitado-; a las diez y media me retiré a mi habitación -me sentía agotado-.
Y a ver cómo sigue eso...