sábado, 4 de julio de 2026

Historias inéditas del pequeño Nicolás... Untold Stories of Little Nicholas... Histoires Inédites du Petit Nicolas...

Mientras mis hijos iban creciendo encontramos varias series de libros infantiles; aparte de Harry Potter -que al final final no fue tan infantil- y Narnia, las aventuras del Pequeño Nicolás fue una de las que mas les gustaron: creo que no notamos que originalmente era literatura francesa, pero las aventuras de los niños eran bastante identificables.

Entonces, cuando empecé a aprender francés -en Duolingo- (hace ya más de cuatro años), esta serie fue una de las primeras que intenté leer en ese idioma; y mis primeros intentos no fueron muy exitosos: el lenguaje es sencillo pero había algunos términos que no reconocía.

Y bueno, un par de años después volví a intentarlo y esa vez me fue mejor; también leí varios libros un poco más serios -o no tan infantiles?: La blague du siecle, Les yeux de mona; y así; pero, luego de una pausa leyendo en ese idioma, decidí retornar a Nicolás.

Y el título al inicio de este texto es el más extenso que he encontrado; pero, entendí que no es obra de los autores originales; me parece que quien escribe es la hija de uno de los que empezaron la serie, y los dibujos si pertenecen al otro.

Y a ver cómo va eso.

El domingo me levanté a las seis y media; después de meditar y completar lecciones de Duolingo me quedé en la cama, leyendo un poco; como preveía que comería tarde -tenía una reunión con un ex compañero de facultad a las seis, no quería desayunar muy temprano.

Así que nomás esperé a que Rb desayunara pues me había pedido que fueramos a la tienda de ropa de segunda mano: quería buscar un par de tenis para sustituir los que ya no le estaban funcionando; un poco después de las nueve y media salimos de casa.

En la tienda Rb encontró un par de -muy buenos- tenis (un par de una marca suiza) y un par de piezas de ropa; después de pagar por las compras retornamos a casa; y ya habían pasado las once cuando empecé a preparar mi desayuno.

Después de desayunar sacamos a caminar a los perros; luego preparamos las alitas dominicales; por la tarde me dediqué a leer un poco del libro en español que llevaba adelantado, además me quedé dormitando un rato en la cama.

A media tarde salí de la habitación para ayudar a Rb con la preparación de los almuerzos para la semana (dos días de rollitos de papel de arroz, dos días de tacos de pescado - por la mañana habíamos comprado pescado en la tienda de segunda-); tuve que rallar una gran cantidad de zanahoria, partir un güisquil y una libra de champiñones.

A las cinco y media tomé la van y me dirigí al mismo comercial a donde habíamos caminado por la mañana; llegué unos minutos antes de las seis y me dirigí a los servicios sanitarios, pasando por el supermercado, en donde me conecté para avisarle a mi amigo que ya había llegado.

Pero allí me dí cuenta que él me había escrito antes, comentándome que ya estaba en el lugar; y, efectivamente, lo encontré sentado a una mesa en el interior; compramos un par de capuchinos y un par de porciones de pastel (yo creía que cargaba la tarjeta de débido de Rb, pero mi amigo pagó el consumo).

Luego estuvimos por un poco maś de una hora en el lugar, poniéndonos al día de la vida de cada uno: él tiene -otra vez- una posición en una institución gubernamental; sus hijos están por salir de la universidad y sus sobrinas -su hermano murió el año pasado- están por entrar a los estudios superiores.

Cuando le comenté de mi situación laboral -la absorción del departamento en el que trabajo por parte de otra empresa- recordé por qué es que trato de que nuestras reuniones no sean muy frecuentes: empezó a darme un discurso sobre Marketing Digital y Trading.

Un poco después de las siete nos despedimos y retorné a casa; en donde tuve un conflicto bastante serio: cuando revisé mis billeteras me percaté que no tenía la tarjeta de débito de Rb; temí que la había extraviado y se lo comenté a Rb.

Quien reacción de una forma bastante común en ella: bastante histérica; busqué la tarjeta en la habitación y en el auto; y luego escuché mientras ella llamaba a su banco para bloquear la misma y solicitar su reposición.

Discutimos un poco mientras todo esto pasaba; pero, al igual que en otras ocasiones, nomás me retiré a la habitación en la que duermo, esperando a que se calmara el temporal; un poco más tarde Rb entró (ni siquiera me pidió ayuda para porcionar los almuerzos) y conversamos un poco sobre lo sucedido; su visión: se frustra porque no reaccion de la forma en la que ella espera a estos acontecimientos.

El lunes me levanté a las seis y media, medité y luego realicé algunas lecciones de Duolingo; como no tenía que trabajar -era un día de asueto nacional, por el día del ejército- me quedé un buen rato en la habitación avanzando un poco en mis lecturas.

Salí un poco después de las diez a preparar mi desayuno; luego me quedé en la mesa de la sala, con mi computadora personal; un poco antes de las doce completamos los ejercicios del Lunes, luego sacamos a caminar a los perros.

Cuando regresamos de la caminata calentamos los ingredientes del primer almuerzo de la semana: rollitos de papel de arroz, con lechuga, pollo con champiñones, y guacamol; después del almuerzo me preparé un café -el que consumí con un poco de galletas y del pastel que Rb me regaló el viernes anterior-.

Después del café lavé los trastes del día luego me quedé un rato en la habitación, jugando scrabble online en el celular; a las tres y media me estaba alistando para salir cuando ví que mi amigo el Testigo de Jehová me había enviado un mensaje; traté de llamarlo -desde el teléfono de Rb- pero no contestó.

Entonces recibí un mensaje comentándome que ya estaba en el lugar -habíamos programado la reunión para las cuatro-, le contesté que salía en el acto y tomé la van para llegar más rápido al lugar -originalmente había previsto caminar-.

Antes de salir Rb me mostró lo que había encontrado en su habitación: la tarjeta de débito; o sea que, al final, no la había tomado el día anterior; lo que significa que nomás me tocará pagar la reposición de la misma -cuatro dólares-.

Cuando llegué al comercial en donde habíamos acordado encontrarnos ví que mi amigo estaba fuera del restaurante; pero también ví a su esposa en el cajero de las cercanías; entonces nos presentó -aunque yo ya la conocía-; y me comentó que nos acompañaría en la reunión.

Lo que estuvo interesante: se suponía que habían salido juntos porque necesitaban pasar a realizar un pago -o una compra, realmente no pregunté- a una tienda en las cercanías; ellos ordenaron unas pastas -es un restaurante italiano- y yo pedí el café y pastel de costumbre.

Estuvimos en el lugar por un par de horas, entre comida y conversación -y el partido de Alemania y Paraguay, perdieron los primeros-; a las cinco y media, mientras se celebraba el triunfo de Paraguay, Rb me llamó; no la escuché por lo que le devolví la llamada, y le comenté que ya empezaba mi regreso.

Y es que habíamos acordado que realizaríamos la caminata diaria cuando volviera de mi salida; nos encaminamos hacia los supermercados en dirección sur; no teníamos mucho por comprar, pero necesitábamos efectivo -antes de salir me envié una transferencia al celular-.

Pasamos al supermercado más cercano -allí está el cajero de mi banco-, sacamos sesenta dólares y continuamos caminando hasta el extremo del boulevard; en el camino de vuelta pasamos al mismo comercial y compramos un cartón de huevos.

Por la noche ví la primera parte -había intentado empezar a verla en un par de ocasiones- de Disclosure Day; la calidad está aceptable y la encontré con subtitulos en francés, lo que le agregó un poco de dificultad al proceso, pero también es interesante observar los modismos.

El martes me levanté a las seis y media, medité y salí de la habitación por la computadora del trabajo; pero no regresé a la cama, me quedé en la mesa del comedor para entrar a la primera reunión del día; a la cual no acudió ningún otro analista -ni el supervisor-.

En la segunda reunión -a las nueve- entró uno de los analistas pero tampoco se presentó el supervisor: ví en el estado de su perfil que estaba ausente por razones médicas; a media mañana Rb se dirigió a su clase de zumba.

Rb retornó de su clase de zumba un poco después de las once; a las doce sacamos a caminar a los perros; luego preparamos la primera porción de tacos: intenté calentar las tortillas de harina en el microondas y me quedaron mal: se tostaron.

Durante el día fue muy poco lo que avancé en las tareas del trabajo -aunque el supervisor había escrito al grupo, exhortando a continuar con las asignaciones-; además, vi un correo anunciando que la empresa se estaba deshaciendo del resto del equipo local.

Por la tarde terminé de leer Tretas y trucos para vivir mejor, también me quedé con la última parte de Criaturita; a las cinco salimos a caminar hacia los supermercados en dirección norte; en el camino pasamos a la farmacia pues Rb necesitaba algunos medicamentos para sus perros.

Y luego continuamos caminando en el boulevard principal, hasta la altura del comercial a donde habíamos acudido el domingo por la mañana -y por mi parte, el domingo por la tarde-; justo frente a este lugar existe una tienda que Rb quería visitar; pero estaba cerrada.

Pero, como estábamos justo frente al comercial, cruzamos el boulevard y entramos al supermercado a comprar una red de aguacates; después retornamos a casa; como mis hijos me habían transferido la cuota del mantenimiento del apartamente, por la noche estuve actualizando mis registros financieros.

Mi hija mayor me pidió un adelanto de su pago mensual -era algo que le había ofrecido, para evitar el pago de múltiples traslados de fondo en su trabajo-; también ví la segunda parte de Disclosure Day, estaba bien rara.

Miércoles, jueves y viernes estuvieron bien lentos, especialmente el último día: iniciaba el fin de semana largo del Independence Day en el Imperio del Norte; al menos terminé de leer Criaturita e inicié a leer el siguiente libro que había bajado en español.

El miércoles tuve las mismas tres reuniones por la mañana (la de las siete, la de las nueve y la del equipo); el supervisor intentó que trabajáramos en tareas -intrascendentes, realmente- relacionadas con la última liberación de la app que hemos estado probando por los últimos dos años.

Durante la mañana realicé los pagos que hago el primer día del mes: los treinta dólares a la cuenta de Rb y los ciento cuarenta y cuatro por los servicios mensuales del apartamento en el que viven mis hijos; también gasté cinco dólares en la Lotería Nacional.

Y lo que pasó fue que -el día anterior- me había dado cuenta que el billete que compré el año anterior, para el último sorteo del año (cincuenta dólares), estaba por vencerse -en tres días o así-: el último día de junio elegí un número para el sorteo de medio año -el segundo más caro de los doce meses- y un par de números para el sorteo mensual, con lo que me quedaba un pequeño saldo a pagar.

Lo malo es que, por alguna razón, el martes no pude realizar el pago -la página no me daba opción a ingresar la información de la tarjeta de crédito-; afortunadamente el miércoles pude realizar la transacción, con lo que no 'perdí' el reintegro de cincuenta dólares y adquirí dos billetes para el sorteo mensual y uno para el de medio año.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; pero sabíamos que no íbamos a entrar a ninguno de los dos: Rb tenía clase de Teología a las seis y media y salimos casi a las cinco a realizar la caminata; de hecho ni siquiera llegamos hasta el extremo del boulevard.

Un poco antes de llegar a la altura del supermercado más alejado dimos media vuelta y caminamos de vuelta a casa; cuando entramos Rb empezó a preparar su cena -le quedaba menos de media hora antes de entrar a su clase- y yo revisé si ya habían liberado el acceso en la plataforma del curso que había estado recibiendo durante los últimos miércoles.

Y no, aún no podía subir las últimas tareas a la plataforma; pero lo que me sorprendió fue que, de hecho, había clase ese día: se suponía que únicamente serían cuatro miércoles en los que tendríamos conferencias; la clase estuvo dirigida por un -otro- funcionario del Ministerio de Ambiente del país -la verdad es que las clases son (casi) un chiste-; aún me dió tiempo de ver la tercera parte de Disclosure Day.

El jueves, en la reunión del equipo -el supervisor la convocó una media hora más tarde-, se nos instruyó para que trabajáramos en varias tareas específicas durante el día siguiente: al principio esta persona creía que el equipo local también tendría libre el viernes; pero lo saqué de su error con un simple comentario: it's not our independence day.

Al medio día preparamos la segunda -y última- porción de tacos de pescado; de hecho a mitad de la caminata con los perros entré un momento a la casa para sacar medio dólar para comprar las tortillas de maíz que necesitaba para esa preparación -el lunes había utilizado tortillas de harina, con muy malos resultados: se habían tostado en el microondas-. 

Con tortillas de maíz los tacos quedaron mucho mejores que los del martes -el lunes y el miércoles habíamos preparado rollitos de papel de arroz rellenos con lechuga, pollo y guacamol-; al final de la tarde caminamos hacia los supermercados en dirección norte ya que Rb quería comprar unos recipientes herméticos en la tienda verde de descuentos.

Antes de pasar a esa tienda nos deviamos un momento hacia el supermercado que queda al inicio del boulevard: Rb quería sacar veinticinco dólares del cajero automático; ya en la tienda Rb encontró un par de recipientes con las medidas adecuadas -llevaba las medidas en dedos de la mano- para almacenar las galletas que está preparando -y consumiendo- últimamente.

De vuelta de la caminata pasamos a la panadería en donde encuentro el pan más económico: por un poco más de medio dólar compró el suficiente para mis dos desayunos del fin de semana; por la noche ví la parte final de Disclosure Day; y debo decir que esperaba un poco más de la misma: creí que era sobre reptilianos, realmente es sobre aliens y teorías de conspiración (como Roswell).

El viernes era un día libre para todo el equipo en el Imperio del Norte; por lo mismo preveía un día bastante relajado: me levanté a las seis y media, medité y encendí la computadora del trabajo; y ví que no habían cancelado ninguna de las dos -tres- reuniones diarias.

Pero también sabía que nadie las empezaría -lo cual, efectivamente, sucedió así-; entonces empecé a trabajar en dos de las tareas que me había asignado el supervisor el día anterior; la tercera la había completado la tarde anterior: actualizar un informe sobre el estado de las pruebas que realizamos cada mes.

Las dos tareas del día eran: agregar los pasos para reproducir un incidente en la app que probamos habitualmente; originalmente había adjuntado un video al reporte, así que tenía bastante frescos los pasos para completarlo; de todos modos me conecté a varios equipos en el Imperio del Norte, para adjuntar información más confiable.

La segunda tarea era actualizar un documento de pruebas que -se suponía- el analista que menos bien me cae nunca actualizó -o hizo un trabajo incompleto-; así que le agregué algunos pasos a uno de los procedimientos y agregué otra sección con las últimas pruebas que había realizado sobre la funcionalidad -y que había enviado por correo a mi supervisor unas semanas antes-.

Después de completar ambas tareas envié un correo mostrando el documento que había subido con el resultado de la segunda; el resto del día estuvo más tranquilo: nomás estuve corriendo varias veces los cincuenta y nueve casos automatizados que había preparado unas semanas atrás.

Y es que durante varios días -y después de la última liberación de la app- una buena cantidad de estas pruebas ya no estaban funcionando; entonces estuve utilizando varios LLMs para explorar alternativas; finalmente encontré una solución alternativa -luego de probar dos o tres opciones, por fin (por coincidencia) una funcionó-.

Por la tarde salimos temprano a la caminata diaria: Rb me había pedido que la acompañara a la sucursal del banco que está cerca de su iglesia; por la mañana había confirmado que su nueva tarjeta de débito ya estaba lista para ser entregada; la agencia la cerraban a las cinco de la tarde.

Entonces empezamos la caminata un poco después de las cuatro; llegamos a la agencia con un buen tiempo -el sol estaba aún quemante- y tuvimos que esperar un buen rato a que el agente de servicio al cliente nos atendiera -había un señor bastante campechano realizando algún trámite-.

Después de recibir la nueva tarjeta de débito pasamos al cajero automático a un costado del banco: en donde Rb cambió el pin al mismo valor de la emisión anterior; luego entramos al supermercado del lugar; en donde Rb compró un par de bolsas de manzanas verdes y un par de bolsas de pechuga de pollo.

En total eran casi diez libras de pollo, que me tocó cargar en una bolsa -no desechable- de tela; lo que me dejó marcado el hombro derecho; después del supermercado pasamos a una tienda de venta de ropa usada: un par de vecinas le habían comentado a Rb sobre las buenas ofertas del lugar.

Y no, las ofertas no eran tan buenas como en la tienda a la que acudimos normalmente a proveernos de ropa y calzado; pero sí encontré un par de tenis -siete dólares- que planeaba utilizar para las caminatas diarias -o las salidas que no hago con mis hijos-; Rb también compró un par de blusas.

Cuando pasamos por el supermercado del inicio del boulevard vimos una unidad móvil del servicio de salud pública del país: una persona -que, casualmente, Rb conocía- estaba esperando para ser vacunado contra el sarampión -al parecer hay una epidemia en el país-.

Entonces, a pesar de haber sido vacunado de niño, brindé mi información para recibir una dosis de la misma: la verdad es que no me importa mucho ser afectado -o morir- por una enfermedad de este tipo, pero sí convertirm en un factor de contagio que pueda afectar a otros.

Debido a las compras en la tienda de ropa usada y la vacuna regresamos bien tarde de nuestra caminata -casi a las siete de la noche-; por lo que Rb entró directamente a preparar su cena; yo entré un rato a mi habitación, a hacer algunas lecciones de Duolingo.

Después de que Rb cenó recogió sus bártulos del piso pues la había indicado que realizaría una limpieza de pisos -y vaciado de la mesa del comedor- ya que el sábado esperaba que mi amigo de ascendencia asiática viniera a desayunar.

Mientras barría y trapeaba los pisos -y limpiaba una mesa casi vacía- estuve escuchando algún podcast de Aprendemos Juntos de la fundación BBVA; y, después de completar estas dos tareas me puse a preparar los platos, vasos y cubiertos que usaría el día siguiente; ya no hice nada más: un poco antes de las diez me despedí de Rb, entré a mi habitación a meditar, puse la alarma para las cinco y media y me dormí.

Y a ver cómo sigue eso...

lunes, 29 de junio de 2026

Eso llamado trabajo(X)... That called work(X)... Ce qu'on appelle le travail(X)...

Esta es una entrada -al igual que otra publicada unas semanas atrás- que no sigue el patrón corriente de este espacio: me levanté pensando en escribir algo sobre este tema después de una reunión -la tarde pasada- con uno de mis conocidos de mi época de la facultad. 

Y, quizá, también el contraste/relación con la reunión que tuve dos días antes con mi conocido más creativo -tan creativo que estuvo una temporada en un hospital psiquiátrico, y ha decidido no vacunar a sus hijas, y está convencido que las grandes corporaciones están trabajando en la disminución de la población mundial-.

Pero, creo, el hilo conductor es el trabajo; o eso que llamamos trabajo: lo primero que hice fue realizar una búsqueda de esas palabras en todas las entradas que he almacenado acá durante las últimas décadas; y nomás le agregué la X al título, pues no creo que haya un número preciso sobre la cantidad de veces que he rumiado el tema.

Lo interesante, creo, es que la última vez que había escrito sobre el tema -o al menos, que había publicado un título alusivo al mismo, estaba en uno -otro más- de esos momentos en los que mi situación laboral estaba pasando por un momento interesante: acababan de cerrar el proyecto en el que estaba trabajando y aún no estaba claro qué pasaría.

Y en esa ocasión lo que pasó fue que la mayor parte del equipo fue movido a un proyecto en un ala de la empresa bastante independiente de las áreas en las que había estado trabajando durante casi una década; y justamente ese departamento será separado -vendido- durante el transcurso de este año.

Lo que me coloca, otra vez, en la misma situación: bastante precaria; aunque, para ser preciso, aún no se sabe qué pasará; algunos -la mayoría- espera que el equipo local sea absorbido por la nueva empresa; otros -incluído el jefe de mi supervisor- no está seguro si somos parte del trato.

Y no hay una certeza sobre qué pasará si el equipo no es movido: ¿seremos despedidos? ¿pasaremos a un nuevo departamento en esta misma empresa? o si el equipo transiciona: ¿continuaremos realizando lo mismo? ¿nos depedirán luego de absorber nuestro conocimiento en el sistema?

La verdad es que hay muchas incógnitas; y no espero que la situación cambien en los próximos dos o tres meses; los hechos: hay un documento que establece un acuerdo de compra de nuestro departamento; no es la primera vez que estas dos empresas realizan una operación de este tipo.

Hace un par de semanas una comitiva de la empresa adquiriente realizó una visita al área en el Imperio del Norte; en esa ocasión el jefe de mi supervisor indicó que se quería adelantar la adquisición -de fin de año a Octubre-; y eso, lo que no se sabe es -como casi siempre- mucho más extenso que lo que se conoce.

Y me puse a pensar sobre escribir acerca del primero de tres los elementos que Freud consideraba necesarios para una vida plena -según Google: 1. El trabajo (y la vocación), 2. Las relaciones interpersonales (el amor), 3. La vida creativa (la sublimación)-; primero, por mi situación particular -a punto de llegar a la docena de años en el mismo lugar de trabajo, pero con perspectivas muy inciertas-.

Además, por las dos últimas reuniones con mis conocidos -y la que tendré este día-; empezando por la del viernes: mi conocido más creativo ha tenido una vida laboral bastante peculiar: empezó trabajando en el gobierno -no haciendo nada, prácticamente- dando soporte a computadoras -aunque no conocía el tema- y continuó en el mismo lugar dando algunas clases de informática.

Luego estuvo mucho tiempo desempleado -por la época con la que se casó (por haber dejado encinta a su pareja)-; pero empezó a trabajar más asiduamente conforme su hija empezó a crecer -por esta época anda en los primeros años de la escuela primaria-.

Durante los últimos cuatro o cinco años ha tenido trabajos interesantes: en dos empresas de captación de energía solar y en una de importación de calzados; en las tres ha estado viendo temas de publicidad y en la última tuvo a cargo a varias vendedoras.

Y, precisamente, en esta última externó un pensamiento que me pareció muy interesante: ¿todos los conflictos que estoy teniendo se deben a mi forma de ser o el problema son los otros?: en el primero de estos trabajos lo despidieron -feamente-; en el segundo renunció y en el tercero lo despidieron -por conflictos con sus subordinados y compañeros-.

Ahora lleva varias semanas sin trabajo; le aconsejé -pero, aparentemente, otra persona cercana también se lo había sugerido- que entrara a un Call Center -en inglés-; no es un trabajo muy glamoroso, pero le puede servir para mejorar su perfil laboral -otro idioma- y generar un poco de ingreso -realmente ganaría casi lo mismo que estaba percibiendo en sus últimos trabajos como profesional de la publicidad-.

Con la persona con la que me reuní ayer nos conocimos hace más de treinta años, en la facultad: había entrado un año antes y coincidimos en algunos cursos -también era amigo de alguno de mis compañeros de clases-; provenía de un medio socioeconómico estable: tanto él como sus hermanos se graduaron de uno de los colegios católicos más notables de la ciudad.

Unos diez años más tarde nos encontramos en un trabajo en el que yo tardé nomás algunos meses -viendo temas de calidad- y él algunos años, como programador; de allí pasó a una de las constructoras más grandes de la ciudad; en donde estuvo década y media, al final se retiró y los demandó por pagos incumplidos -de eso hace seis años-.

Después ha tenido una trayectoria bastante accidentada; en este tiempo, además de divorciarse ha tenido dos o tres trabajos -referidos- en el gobierno; de los cuales ha salido mal; también empezó a hacerse cargo de sus tres sobrinas -casi llegando a la adultez- pues su hermano menor falleció -y la esposa de este también había muerto unos años atrás-.

Ahora tiene tres o cuatro meses de estar en una muy buena posición -referido- en otra ala del estado que se ha hecho famosa -infame-, cómo no, por lo niveles de corrupción en su operación; sus hijos -hijo e hija- están por graduarse de la mejor universidad privada del país; su sobrina mayor -lesbiana, según él (¡el horror!)- se ha ido a vivir sola y él está sossteniendo a las otras dos -por entrar a la universidad-.

En la reunión -un café con pastel- me comentaba que el trabajo está muy bien, que nomás teme que le van a embargar una parte del salario pues, debido a la inestabilidad laboral de los últimos años, sobregiró varias tarjetas de crédito y los cobradores han estado bastante agresivos con la recaudación.

Pero, lo que me llamó la atención fue esto: cuando le comenté que muy posiblemente me quedaré sin trabajo en el transcurso del año, lo primero que vino a su boca fue un discurso sobre marketing digital y trading; o sea, mi amigo continúa creyendo en el pensamiento mágico.

Y esta tarde espero reunirme con otro especímen bastante curioso: se inició temprano -casi adolescente- en la tecnología -pero no atendió la universidad-; se formó en el trabajo y -al parecer- llegó a tener posiciones bastante altas sin tener un título de educación superior.

Pero luego se estancó; por la época en la que lo conocí -hace casi veinte años- trabajaba como programador en la oficina en la que empecé mi transición hacia el área de tecnología; era de los elementos más llamativos: edad avanzada, desfasado en sus conocimientos y con una actitud de que debía estar en una posición más alta.

Por esa época -al parecer- fundó una oficina de energía alternativa -¿geotermia?- con la que no prosperó; también se hace cargo de los hijos de sus hijas por, según sus palabras, 'ellas no eligieron bien a sus parejas-; con lo que aún es necesario que trabaje de forma intensa.

Después de trabajar un par de años en la misma empresa a mí me despidieron -porque la adquirió un conglomerado del Imperio del Norte-; estuve en el banco más grande del país y luego retorné -con otro nombre- a la empresa, donde volví a encontrarlo, aunque la relación laboral que él llevaba era diferente: trabajaba en el mismo espacio pero reportaba directamente a alguien el país vecino del norte.

Por esta época fue lo de la energía alternativa; yo me salí de esta oficina para pasarme al otro banco estatal del país -de donde me despidieron después de año y medio, para entrar, finalmente, a la empresa actual-, mi amigo continuó allí; pero, fiel a mi costumbre, me desentendí de cualquier contacto con mis ex compañeros de trabajo.

Hasta hace cuatro o cinco años, que me contactó para que lo ayudara con algunos temas de calidad de software, en una consultora para la que estaba trabajando; entonces nos pusimos al día: él ya no se quería dedicar al software, porque ya estaba cansado.

Ahora, para variar, trabaja -no tengo muy claro bajo qué régimen- en un ala del estado -alguno de los ministerios del ejecutivo- gracias a una persona con la que trabajó mucho tiempo atrás; me ha pedido préstamos -no muy grandes- en un par de ocasiones y, afortunadamente, ha sido confiable a la hora de honrar sus compromisos.

Y bueno, eso que llamamos trabajo...  

 

 

 

 

 

sábado, 27 de junio de 2026

Últimas palabras... Last words... Les derniers mots...

En general me llama la atención el arte(?) del Stand Up... o sea, pararse frente a una gran (o pequeña) audiencia y arrancarte con un discurso para hacer reir a la concurrencia me parece uno de los actos más valientes (por aquello que hay más personas que le temen a hablar en público que a la muerte).

He visto casi todo lo que Dave Chapelle ha grabado; también algunos otros -en inglés y en español) y, había visto -mucho tiempo atrás- a George Carlin; no mucho entendía su humor, o su figura o su postura; pero bueno.

Creo que fue un cómico -que no es bueno haciendo Stand Up- mejicano que recomendó hace uno o dos años -en su transmisión de fin de año- el libro que titula este texto: este personaje mejicano se 'enfrentó' al stablishment político de su país (y perdió: le cancelaron su programa en una cadena estadounidense).

O quién sabe, de pronto no perdió: igual siguió con sus proyectos en Youtube -donde saltó a la fama y en donde ha florecido durante casi dos décadas-; con un equipo variado de guionistas y presentadores; a saber cuánto tiempo más lo aguantarán.

George Carlin murió hace no mucho luego de una -muy fructífera- vida en el espectáculo; empezó -según sus palabras- haciendo una comedia bastante aceptada; pero luego se tiró al abandono: dejando atrás esa figura limpia (traje y corbata, cabello corto) se empezó a presentar -casi- como un indigente.

Y también hizo que la radio en la que trabajaba fuera llevada a la corte suprema del Imperio del Norte: por insistir en utilizar una serie de -¿siete?- palabras que habían estado prohibidas de acuerdo a cierta ley federal.

Al final -como todos- murió: aunque aún no he avanzado tanto en su libro: es una 'autobiografía' -según él- bastante resumida; y tratada -creo- de presentarse de forma cronológica; es interesante ver cómo sufren las personas blancas -aunque sean irlandesas-.

Y a ver cómo va eso.

El miércoles me levanté a las seis y media; la noche anterior había dejado la máquina del trabajo en la habitación en donde Rb almacena la comida de sus perros -y donde he dormido cuando le he cedido la habitación a alguna visita-; hacia allí me dirigí después de la meditación matutina.

Entré a la primera reunión del día; aunque no fue tan fácil: por alguna razón la batería de la computadora estaba descargada -según yo la había dejado apagada la noche anterior-; pero no encendió y tuve que llevármela a la mesa del comedor, para conectarla al cargador.

La reunión de la mañana no tuvo muchas novedades; pero, al final de la misma, la compañera de mi supervisor hizo un par de pruebas rápidas y mi supervisor me contactó para que repitiera lo mismo en otro par de equipos.

Me puse a trabajar en el acto y le envié los resultados; luego me pidió algo adicional y me entretuve un poco en completarlo; después de terminar la tarea me puse a hacer lecciones -partidas de ajedrez- de Duolingo; había visto a Rb antes de entrar a la reunión y escuchaba alguna parte de la traducción que estaba realizando.

En la reunión de las nueve participó una persona que debe dirigir un evento de entrenamiento para utilizar una nueva herramienta -que el equipo local usó hace más de dos años, en el proyecto anterior- y comentó algo sobre las fechas de la realización -tomando en cuenta que la semana siguiente en el Imperio celebran su día de independencia-.

Había tenido pendiente la reunión bisemanal con mi supervisora local -de hecho había utilizado un par de LLMs para explorar preguntas que pudieran hacer más productiva la misma-; la reunión empezó a las nueve y media.

Y desde el inicio traté de integrar las preguntas que tenía preparada; con lo que más de la mitad -en total es media hora- lo consumimos en temas personales: ella tiene una hija de dos años y una de un par de meses; pero sí conversamos un poco sobre la situación general del equipo.

Mi supervisor en el Imperio había escrito en el mensaje grupal que no estaría en la reunión de las diez menos cuarto; y yo agregué que estaba en reunión con mi supervisora local; al final creo que nadie inició la reunión.

Después de la reunión con mi supervisora me preparé el desayuno y, luego, me quedé en la mesa del comedor leyendo algunos artículos de HackerNews;  a las doce -cuando Rb dejó de recibir llamadas- hicimos la rutina de ejercicios de los miércoles.

Después de completar la rutina de ejercicios sacamos a caminar a los perros; luego pusimos a calentar la tercera porción de los almuerzos de la semana -el día anterior había separado en dos el caldo de pollo, pues planeábamos cambiar el pescado para el jueves-.

Por la tarde estuve leyendo un poco de Criaturita; además avancé un poco en el curso que estaba completando en uno de esos sitios 'gratis' para aprender Python; como teníamos clases al principio de la noche decidimos salir a caminar a las cuatro y media.

A esa hora nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; antes de llegar al extremo del boulevard Rb compró un vestido que vió en una tienda en la que ya había adquirido uno en el pasado; después de llegar al final del boulevard entramos al supermercado en las cerccanías.

El día anterior nos había indicado el carnicero que recibirían pechugas de pollo al día siguiente; por lo que llevábamos la mochila con aislante térmico; y sí, había pechuga de la que Rb necesitaba -para su perra más anciana-; yo aproveché para comprar diez paquetes de gelatina sin azúcar -ya me quedaban nomás dos o tres paquetes- y cuatro salsitas de tomate -recordaba que me faltaban de algunos sabores-.

Después pasamos al otro supermercado; en donde Rb compró una lechuga -ahora consume en la mañana y en la noche- y yo compré otros seis paquetes de gelatina light (de otra marca); después regresamos a casa.

Vinimos unos minutos antes de las seis por lo que me metí a mi habitación para recibir la -que esperaba que fuera- última clase del curso de educación ambiental; y estuvo tan mal como las tres anteriores: el biólogo que la presentó no utilizó una buena metodología, perdiendo más de la mitad del tiempo en resolver dudas que no venían al caso.

Yo aproveché para continuar con el código que había estado escribiendo en la tarde -aunque tuve que utilizar un LLM para completar parte del código-; la clase se extendió hasta después de la hora en que estaba programada; y, después que terminó, me quedé en la cama resolviendo la tarea que estaba en la plataforma del ministerio que está patrocinando el curso.

Pero fue en balde: preparé un par de documentos -PDF- con las cinco actividades delineadas en la asignación; pero cuando intenté subir el resultado me dí cuenta que no habían habilitado la entrega de la misma; entonces cerré la computadora y me pasé a la habitación de Rb.

Me llevé el celular pues no había completado las lecciones nocturnas de Duolingo; y, después de comentar con Rb -había tenido también una clase que no le había agradado- lo ocurrido en clase, me puse a jugar algunas partidas de ajedrez.

Ya eran casi las diez de la noche cuando terminé las lecciones de Duolingo; entonces retorné a mi habitación y completé los veintiseis minutos de meditación, luego salí a lavarme la dentadura y desearle una buena noche a Rb; después retorné a mi habitación, leí un capítulo de Criaturita y me dormí.

El jueves me levanté a las seis y media; realicé la meditación matutina y, luego, me pasé a la habitación en donde Rb almacena la comida de sus perros: allí había dejado la noche anterior la computadora del trabajo; procedí a encenderla y entré a la reunión de las siete.

Rb entró un poco después pues debía dejar preparados los platos con la comida de sus perros; la reunión estuvo bastante corta: el número de participantes ha estado descendiendo últimamente; no estaba nadie de mi equipo y, luego de un poco de espera, vimos que entró la compañera de mi supervisor.

Y no hubo mucho que revisar; nomás se mencionó el avance que -supuestamente- está realizando mi equipo con la última liberación de la aplicación; y el aviso de que el día domingo se realizará un cambio de plataforma de trabajo.

Después de la reunión salí de la habitación y pasé las computadoras a la mesa del comedor; en donde seguí trabajando: me había puesto a revisar por qué los casos de prueba automatizados estaban fallando con la última liberación.

A las nueve entré a la siguiente reunión diaria; en la que tampoco estuvo nadie de mi equipo; en esta cada desarrollador indica los avances y obstáculos en sus asignaciones; y volvieron a mencionar el cambio esperado para el domingo (y que el día siguiente no habría reunión pues varias personas estarán ausentes).

A las diez menos cuarto -la hora de la reunión de mi equipo- inicié la reunión -el día anterior nadie lo había hecho- y esperé un par de minutos hasta que entraron dos de mis compañeros: el analista más brillante y el que vive en el pueblo donde creció mi padre -afortunadamente no entró el que me cae menos bien-.

Y nomás pregunté si continuábamos con la misma asignación y si alguien necesitaba alguna ayuda con sus asignaciones; la persona del departamento colonial se odía bastante incómodo en la reunión, estaba por terminarla -estábamos hablando en español- cuando entró una persona del Imperio.

Y nomás preguntó si el supervisor no se uniría; ante la negativa nomás indicó que no tenía nada que agregar; así que agradecí a todos por atender la reunión y me salí; y justo estaba saliendo cuando escuché que el analista más brillante empezaba a hablar.

Así que lo contacté por mensaje de texto, y era nada más para recordarme que teníamos código que debíamos enviar al repositorio por la migración prevista para el fin de semana; y por la tarde estuve trabajando en ese código: hay varios casos de prueba que ya no están funcionando, al parecer cambiaron algunos controles en la última liberación.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; no teníamos nada que comprar, excepto el pan para mis desayunos; pero al llegar a la altura del supermercado que se encuentra al inicio del boulevard decidimos entrar; aunque no compramos nada.

En el camino de vuelta pasamos a la panadería en donde compro el pan más barato; pero estaba cerrada, lo que realmente nos sorprendió -además de que no lo habíamos notado en nuestro camino de ida-; entonces continuamos el camino a casa y compré el pan en la panadería de la vuelta.

Por la noche terminamos de ver The Interpreter; y, la verdad, ya no hacen películas como antes: o sea, es del dos mil cinco; pero presenta primeros planos muy buenos, discusiones entre los personajes bastante interesantes, y giros de trama extraños; muy buena.

El viernes me levanté a las cuatro menos diez; me parece que había escuchado cuando Rb se había levantado -una hora antes- a alimentar a su perra más anciana; al igual que el jueves anterior, me vestí, salí a saludar a Rb y luego nos preparamos para dirigirnos al hospital público más grande de la ciudad.

El camino de ida estuvo bastante despejado -por la hora- y los alrededores del hospital estaban -como siempre- bastante animados ya a esa hora de la madrugada; dejé a Rb en la entrada del hospital -la cola no se veía muy amplia- e inicié el camino de retorno a casa.

Había planeado entrar a la vía en la que me había metido la primera vez que llevé a Rb al hospital a esa hora -cre que esta era la tercera vez-, pero no logré identificarla; por lo que -al igual que la última vez- dí la vuelta en el Trebol y desde allí me dirigí a la vía que conecdta la ciudad  con el municipio.

Retorné a las cuatro y media -ví la hora al bajarme del auto- y encontré a los perros más grandes en la puerta; por lo que los dejé salir al patio delantero; la perra no se tardó muco pero el macho se quedó afuera por un buen tiempo -mientras esperaba que se decidiera a entrar me puse a leer un poco-.

Después de que el perro pidió entrar desconecté todas las alarmas de mi celular -y la de las siete de la mañana del celular de Rb- y me metí a la cama; era un poco después de las cinco e intenté controlar la respiración para conciliar el sueño; sentí que no estaba funcionando, pero cuando ví el reloj del celular eran las siete.

Aunque había puesto la alarma para las ocho me levanté en el acto y completé mi periodo de meditación; luego salí a esperar a que llegara la hora de alimentar a los perros -a las ocho cuarenta y cinco-; mientras ellos tomaban su desayuno le envié fotos a Rb de la escena.

Después de que los perros desayunaran me puse a completar la rutina de ejercicios de los viernes -la misma que habíamos hecho el lunes por la tarde-; luego me preparé el desayuno de los fines de semana; como era mi segundo día de vacaciones del mes -lo había previsto de esa forma para ayudar a Rb en su saga hospitalaria- me pasé la mañana leyendo.

Rb me estuvo informando de sus avances en la consulta -es super lenta- y a las diez de la mañana me comentó que ya había sido atendida -por dos practicantes- y que la encontraron apta para cirugía pero que le pareía mejor tener una segunda opinión; un poco después de las once me comentó que ya estaba en el busito.

Rb vino un poco después del mediodía (me traía un pastel de chocolate de mi panadería favorita: el día anterior me iba a traer una porción por la celebración del día del maestro a su instructor de zumba, pero cancelaron la compra para donarle el dinero porque había insinuado que no podía reparar su celular).

Íbamos a sacar a los perros pero Rb se preguntó si le daría tiempo a completar la rutina de ejercicios de los viernes; así que le propuse que yo sacaba a los perros y ella completaba la rutina de ejercicios; accedió a mi propuesta y salí con los dos perros grandes, a completar la caminata diaria.

Después de que entré con los mismos preparamos la última porción de los almuerzos de la semana -el día anterior habíamos preparado el pescado que usualmente consumimos los viernes-: hashbrowns de pollo y zanahoria, caldo de pollo y aguacate; después me preparé el café vespertino.

Como había quedado con mi amigo más creativo para una reunión a las tres de la tarde en la cafetería en la que usualmente organizo mis encuentros, me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían ido acumulando en el día.

Salí de casa un poco después de las dos y media; Waze me había indicado un trayecto de más de treinta minutos -usuamlente no me consume mś de quince- y, en efecto, a las pocas calles empezaba un embotellamiento bastante pesado.

Llegué al lugar con dos minutos de retraso; entré al restaurante y escaneé las tres áreas de mesas sin ver a mi amigo; y estaba enviándole un mensaje para hacerle saber que ya me encontraba en el lugar cuando lo ví entrar.

Ordenamos un par de café/pastel de chocolate -pagué ocho dólares- y nos acomodamos en una mesa; en la que estuvimos el siguiente par de horas entre conversación y consumo de cafeína y azúcar: a él lo despidieron de su emple un par de semanas atrás y había empezado a trabajar en un call center la semana anterior.

Pero lo noté un poco más parco en su actitud -lo que había estado notando desde nuestras interacciones por whatsapp- y temí -lo que fue cierto- que el motivo era que se estaba preparando para pedirme un préstamo.

Lo que hizo cuando ya habíamos salido del lugar y nos dirigíamos al parqueo -ámbos habíamos dejado los autos en el parqueo posterior del restaurante-: me pidió prestada una cantidad fuerte de dinero -como seiscientos cincuenta dólares-; le comenté que debía revisar mis estados financieros y que conversaríamos luego.

Pero, la verdad, es que no me sentía nada atraído a prestarle -regalarle- esa cantidad de dinero; y me vine pensando en el camino sobre la forma menos fea de negarme a realizar el préstamo; de hecho lo consulté con un par de LLMs pero no me gustó nada la respuesta de ambas.

Entonces nomás lo bloqueé de mis conversaciones de whatsapp; aunque el plan que se me ocurrió fue ponerle como excusa la situación médica actual de Rb -en la que no me involucro financieramente para nada- para justificar mi negativa a desembolsar una cantidad tan grande de dinero.

Retorné a casa un poco después de las cinco y media y, de acuerdo a lo que habíamos acordado con Rb, nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el final de boulevard y, luego, entramos al supermercado en sus cercanías.

Allí compré un paquete de salchichas para hotdog -le pedí a Rb que, al día siguiente, me preparara el que era mi platillo favorito: salchichas con salsa de tomate y coditos con mayonesa-; en el otro supermercado compramos un poco de bananos; además compré el jugo de naranja para el desayuno del día siguiente con mi hija mediana.

También compré -estaban en oferta- un par de bolsas de snacks para estos desayunos; después de pagar por las compras iniciamos el camino de vuelta; pero antes de entrar a la calle pasamos a la tienda de las verduras: Rb quería comprar algunos ingredientes para los almuerzos de la semana siguiente.

Y luego de la tienda pasamos a la panadería: necesitaba pan para el desayuno del día siguiente con mi hija mediana; finalmente, luego de todas las compras, retornamos a casa; por la noche empecé a ver -subtitulada en francés- Disclosure Day.

El sábado me levanté a las seis y media; completé la meditación y luego retorné a la cama a hacer mis lecciones matutinas de Duolingo -había estado gravitando alrededor de los mil quinientos puntos de ELO-; un poco antes de las ocho salí de la habitación.

La noche anterior había dejado -desinfectadas- en el refrigerador algunas hojas de lechuga de dos tipos diferentes; también una manzana y un tomate; empecé a preparar el desayuno que pensaba llevar a la reunión con mi hija mediana: pan con omelete, lechuga y tomate; jugo de naranja, un banano, una manzana y snacks.

Terminé de preparar el desayuno un poco antes de las nueve; y me esperé un poco para entrar a la ducha -últimamente he estado tomando los baños acompañado de una selección de las mejores arias-; después preparé la mochila con aislante térmico, me vestí y me despedí de Rb.

Salí de casa un poco después de las nueve y media y encontré una ruta bastante despejada; excepto en la entrada de la ciudad: había un par de vehículos del transporte pesado que estaban ralentizando el movimiento de ambos carriles.

Pero llegué al edificio de mis hijos con buen tiempo: cinco o seis minutos antes de las diez estaba parqueándome en el sótano del lugar; bajé ambas mochilas y la caja del Scrabble y subí, caminando, las gradas de los siete niveles.

Entré al departamento y estaba por escribirle a mi hija para comentarle que había llegado, pero ella entró en ese momento a la sala; y me comentó que, como le había pedido que habláramos de la situación financiera, lo hiciéramos antes de dirigirnos al parque temático.

Conversamos un rato sobre la transferencia -fuerte- de dólares que debía haber hecho a mis cuentas un par de meses antes -se supone que le congelaron los fondos porque era una cantidad que emite automáticamente una alerta a las entidades bancarias-; pero le pregunté qué planeaba hacer.

Entonces me comentó que el mes siguiente -al igual que mi hijo menor- planeaba renunciar a su trabajo; aunque -a diferencia del primero-, su plan era buscar otro trabajo con un poco menos horas y aplicar a programas para completar un doctorado en el exterior.

Le deseé que sus planes llegaran a buen puerto y me puse a su disposición para cualquier ayuda; además le indiqué que si pensaba volver al Imperio del Norte -que es bastante probable- lo mejor sería que pospusiéramos la transferencia del dinero, pues podíamos luego resolverlo de una mejor forma.

Insistió mucho en que quería saldar la deuda; pero le indiqué que evaluara bien sus opciones y que eligiera un camino que no le afectara mucho -las comisiones por transferencias internacionales son (para mi gusto) demasiado elevadas-; después de la conversación nos dirigimos al parque temático.

A donde llegamos a las once de la mañana; el lugar se veía bastante lleno -seguramente por el periodo de vacaciones escolares de medio año-; estábamos caminando hacia el área techada con mesas, pero encontramos -seguramente por la hora- una mesa disponible al aire libre; así que nos acomodamos en el lugar.

Limpiamos la mesa -se veía recién utilizada- con toallitas con cloro y repartí el desayuno: un pan para cada uno, jugo de naranja, snacks y le ofrecí compartir medio banano y media manzana, a lo cual accedió; el desayuno -y conversación sobre universidades, tecnología y últimas novedades- nos consumió tres cuartos de hora.

Le propuse, luego, ir a la rueda de Chicago, pues habíamos acordado despedirnos a la una de la tarde; pero cuando llegamos al juego mecánico encontramos una cola bastante extensa; por lo que decidimos retornar al departamento para jugar una partida de Scrabble.

El camino de retorno estuvo bastante agradable por las condiciones climáticas: el cielo ha estado, generalmente, nublado; no llueve pero el ambiente se ha mantenido bastante fresco; retornamos al departamento un poco después de las doce y completamos una partida de Scrabble; a la una -había puesto alarma- nos despedimos.

Bajé al sótano -con ambas mochilas y la caja del Scrabble-, arranqué la van y empecé el camino de vuelta; no encontré mucho tránsito, excepto -otra vez- justo en el último semáforo antes de abandonar la ciudad: dos o tres calles antes del mismo se está produciendo una aglomeración en los últimos tiempos.

Pero vine a casa apenas pasados unos minutos de la una y media; Rb salió a recibirme y a darme un abrazo -me había indicado por whatsapp que necesitaba esto último-; comentándome que había cometido un error muy grande en una traducción de la mañana.

Traté de minimizar la gravedad del asunto, asegurándole que era muy poco probable que tuviera consecuencias funestas debido al percance; y entonces pasamos a servirnos el almuerzo: Rb había preparado unas alitas -y berenjena- para ella y me había preparado las salchichas y coditos.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros más grandes; cuando entramos me puse a lavar los trastos y le preparé un té de manzanilla a Rb; acordamos salir a las cinco de la tarde y me metí a mi habitación con mi portátil personal; no había decidido si actualizaría mis notas -incluyendo esta- o leería.

Pero no hice nada de eso; me bajó un sopor bastante intenso y me pasé la siguiente media hora dormitando; había puesto un temporizador en el celular para que sonara un par de minutos antes de las cinco; pero, antes de esa hora, Rb entró a la habitación; ella también había dormido un poco, pero los calores menopausicos la habían despertado.

No me sentía nada bien de haberme dormido por más de una hora; pero luego recordé que el día anterior me había levantado antes de las cuatro de la madrugada; y que por la tarde no había hecho siesta, por la reunión que había tenido con mi amigo más creativo.

Entonces traté de tranquilizarme -en el pasado me afectaba mucho, negativamente, dormir de día-; a las cinco nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el final del boulevard y luego retornamos al supermercado que queda a medio camino.

En el miso compramos algunas mollejas de pollo y un muslo; después de pagar retornamos a casa; como ya eran más de las seis cuando ingresamos me puse a hacer lecciones de Duolingo -quedé justo en mil quinientos de ELO-; luego salí a preparar la gelatina para los cuatro desayuno de los primeros días de la semana laboral.

Y a ver cómo sigue eso...