jueves, 12 de febrero de 2026

Ahora y en la hora... Now and in the hour... Maintenant et à l'heure...

Este es el segundo libro que leo del escritor colombiano que me recomendó mi amigo poeta; el primero fue sobre su vida, su familia, el amor especial que le proporcionaba su padre y, finalmente, el asesinato del mismo.

Fue leyendo algo del autor que me enteré sobre Ahora y en la hora; cuenta, con un estilo bastante periodístico, cómo sobrevivió a la explosión de un misil ruso mientras visitaba un lugar cercano a la línea de batalla, en Ucrania.

El incidente es bastante raro: en la mesa con la que departía con otras cuatro personas, él cambió de lugar con una escritora ucraniana; cuatro personas resultaron con heridas leves, pero esta mujer sufrió heridas que le causaron la muerte.

El libro es bastante sesgado -creo que es esperable- hacia la satanización de Rusia, su presidente, y esa parte del mundo, en general; personalmente creo que la guerra es terrible; pero no creo -desde hace mucho tiempo- en las explicaciones sencillas: Occidentales buenos/Rusos malos.

De todos modos es un buen relalto: describe de forma bastante detallada algunos aspectos del país, de la gente, creo que menciona bastante el tema judío -él menciona, como de paso, en el primer libro que leí que su familia tiene parte judía-.

Y estoy leyendo este libro en paralelo con Intermezzo; que me ha afectado de forma más profunda de lo que esperaba: ya han habido dos o tres veces en que le cuento a Rb el desarrollo del mismo, y la identificación que proyecto hacia el hermano con dificultades sociales.

Y a ver cómo va eso.

El viernes me desperté bastante temprano; la noche anterior, por alguna razón, me había costado conciliar el sueño; y creo que parte de la razón fue un diálogo que había tenido por la noche con mi hija mayor.

...

De todos modos me desperté muy temprano; pero ni siquiera ví el reloj del celular, nomás continué dormitando, esperando a que sonara la alarma; cuando sonó me levanté a meditar; luego entré a la reunión diaria.

Cuando la reunión terminó nos comentaron que habría otra a media mañana; entonces me quedé un rato en la cama, haciendo lecciones de Duolingo; luego, un poco después de las nueve salí a prepararme el desayuno.

La siguiente reunión fue, efectivamente, a las diez de la mañana; pero, la verdad es que no me interesaba el tema, por lo que nomás le bajé un poco el volumen y llamé, por el celular, a mi amigo que vivía en la misma ciudad del Imperio en el que pasé un par de años.

Estuvimos hablando como una hora, con una pausa de varios minutos pues nos falló la conexión; mi amigo está considerando trasladarse a un estado vecino pues ya lleva varios meses sin trabajar por la situación actual en ese país.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros de Rb; después preparamos el almuerzo: burritos de pollo, zanahoria, lechuga y guacamol; después del almuerzo lavé los trastes que se habían acumulado.

Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección sur; no entramos a ninguno pues nuestras provisiones tenían un buen nivel; nomás caminamos hasta la altura del más lejano y luego retornamos a casa.

El sábado me levanté a las siete y media; habíamos acordado -con Rb- ir a los supermercados a media mañana: el plan de los almuerzos de la siguiente semana incluía piernas de pollo doradas y queríamos adquirir el pollo en el supermercado más lejano.

Además, yo le había pedido a Rb que almorzáramos a la una de la tarde, porque quería salir de casa a las dos -habíamos quedado con mi ahijada profesional de pasar por su casa a las tres y media-; después de la meditación matutina del sábado consulté los mensajes de Whatsapp; y ví que tenía uno de mi ahijada enviado a las once de la noche.

El mensaje era para cancelar la reunión: una amiga -mamá de una ex compañera de facultad, me parece- acababa de morir, a causa del cáncer que había padecido por muchos años; entonces, el sábado era el entierro y no podríamos vernos.

Le envié un par de frases de consuelo; luego volví a la cama y me puse a completar algunas lecciones de Duolingo; después le escribí a Rb, comentándole lo sucedido a mi ahijada y cambiando nuestra hora de salida para la tarde.

Después de hacer algunas lecciones de Duolingo me quedé en la cama, avanzando en Ahora y en la hora, también en Intermezzo; un poco después de las diez salí de la habitacion y me preparé el desayuno de los fines de semana.

Casi todo el día me la pasé en mi habitación leyendo los libros en Inglés y Español; o jugando ajedrez -volví a sobrepasar el nivel de mil quinientos de ELO-; después del desayuno enduré un par de huevos y los reservé en la refrigeradora.

También rallé -y reservé- tres zanahorias pequeñas; un poco antes del mediodía me metí a la cocina a preparar mi burrito de huevos y zanahoria -relleno de pollo, mayonesa de aguacate y lechuga-; después del almuerzo lavé un poco de trastes -la mayor parte la había lavado antes de que almorzáramos-.

Por la tarde, hasta la hora en que salimos hacia los supermercados -casi a las cinco- continué con la lectura -me parece que dejé pendiente nomás un ciclo de cada libro-; también desarmé varios cubos de Rubik, para no quedarme solo con la lectura.

Al final de la tarde caminamos hacia los supermercados en dirección sur; como planeábamos traer seis piernas de pollo, llevaba la mochila que tiene aislante térmico; entramos al supermercado más lejano y saqué un poco de efectivo en el cajero automático -cuarenta dólares-; luego adquirimos el pollo.

Cuando salimos del supermercado le sugerí a Rb que camináramos las cuatro o cinco cuadras que nos quedaban hasta el final del boulevard; lo cual hicimos sin ningun tropiezo; en el otro supermercado compramos un poco de bananos.

Al regresar a casa almacené el pollo en el refrigerador y luego me puse a bajar la última película de Chris Pratt: Mercy; las últimas noches habíamos estado viendo episodios de Seinfeld y Rb sugirió continuar; pero le indiqué que prefería que nomás lo hiciéramos entre semana -ella había estado todo el día cosiendo ropa para sus perros, y viendo una serie precuela de The Shinning-.

Por la noche ví la película que acababa de bajar; la cual no me pareció muy remarcable: tal como había leído, una mezcla entre Minority Report y El Fugitivo; también armé el cubo de seis por seis -durante la semana coticé uno de siete por siete-.

El domingo me levanté a las seis y veinte; había quedado en reunirme con mi doctora a las siete y media y no quería llegar muy temprano -pero tampoco tarde-; medité y luego me metí a la ducha.

Consulté el estado del tránsito en Waze y me indicaba un tiempo de viaje de catorce minutos hasta el restaurante de costumbre; pero salí de casa a las siete y cinco; tomé la van y conduje -sin casi nada de tráfico- hasta el restaurante.

Llegué al lugar con cinco minutos de anticipación, entré al restaurante y me acomodé en una de las mesas más cómodas; como había llevado la tablet me puse a leer un poco de Intermezzo; a las ocho menos cuarto consulté whatsapp y ví que unos minutos antes mi amiga me había enviado un mensaje indicando que ya estaba en camino.

Llegó un poco después de las ocho -disculpándose porque ahora se parquea en un lugar más alejado de su casa-; ordenamos un par de desayunos -me hice cargo de la cuenta: catorce dólares y medio- y nos pasamos la siguiente hora entre comida y conversación.

Mi amiga tiene ya cuarenta y ocho años y le está pesando la soledad: se siente insegura con su cuerpo y siente que en la etapa de la vida en la que se encuentra ya debería tener una relacion estable -y quizá haberse reproducido-.

Como había quedado con Rb que la iba a conducir a su iglesia, quería estar de regreso a las nueve cuarenta y cinco; entonces había puesto una alarma en el celular para las nueve y veinte; cuando sonó dejé que continuara, hasta que mi amiga me preguntó si la alarma era para irme.

Le indiqué que efectivamente debía retirarme y la acompañé hasta donde había dejado estacionado su auto -ámbos tuvimos que pasar a la caja para el sello correspondiente del tiquet del parqueo-; nos despedimos y conduje -sin ningún embotellamiento- a casa.

Llegué a casa un poco después de las nueve y media; Rb aún estaba haciéndose cargo de algunas tareas de sus perros; un poco antes de las diez y media abordamos la van y la conduje a su iglesia -encontramos un pequeño embotellamiento en el boulevard pues una iglesia estaba cubriendo la mitad de la vía, ofreciendo oración a los automovilistas-.

Después de retornar de la iglesia estuve leyendo un poco de los dos libros que llevaba a medias; también hice algunas lecciones de Duolingo; un poco después de las doce Rb me llamó para que fuera por ella.

Cuando venimos sacamos a caminar a los perros; después preparamos las alitas dominicales; en lugar de las ensaladas de constumbre calentamos un poco de caldo de pollo que nos había sobrado de la semana; el resto de la tarde esperaba pasarlo leyendo en mi habitación.

Pero, se me ocurrió que podía obtener el certificado CAPM, que es un nivel bastante básico de Administración de Proyectos; incluso contacté a la persona que me refirió para el trabajo extra del año pasado -y a quién ayudé a obtener el certificado como Product Owner-.

Le pregunté si el CAPM era lo que estaba buscando actualmente -desde el año pasado, realmente-, y me comentó que no, que el certificado que le interesaba era el más avanzado: PMP; me parece que deben acreditarse varios cientos de horas en el tema.

De todos modos bajé un libro con preguntas similares al exámen y estuve trabajando casi toda la tarde en formatear las más de trescientas preguntas para poderlas utilizar en la aplicación de aprendizaje espaciado que publiqué hace un par de años.

Al final de la tarde le ayudé a Rb con la preparación de las piernas de pollo doradas que planeábamos almorzar durante la semana; después preparé las gelatinas para mis desayunos; un poco más tarde coloqué el pollo dorado en recipientes herméticos y, estos, dentro de la refrigeradora.

El lunes me levanté a meditar a las siete y media; después entré a la reunión del equipo; en general la semana laboral empezó rara: desde la semana anterior nos habían asignado tareas en un ambiente completamente diferente -y bastante precario, la verdad- en donde se había instalado una versión de la app que hemos probado desde el último año.

Pero yo casi no hice nada -justo ese día el analista más brillante envió un correo detallando las asignaciones de los cuatro miembros del equipo-; en lugar de avanzar estuve terminando de ajustar el archivo para estudiar para el certificado CAPM; finalmente lo pude adaptar.

La semana anterior había contactado a la compañera del gran país vecino del sur para preguntar sobre certificados en los que estuviera trabajando -es un tema en el que he meditado varias veces durante los últimos meses/años-; y no, no estaba obteniendo nada, nomás me pidió que le enviar el resto de videos que utilicé cuando obtuve el de PO.

Y el lunes por la tarde bajé el material -es un curso bastante antiguo de Udemy-; bastante pesado, eso sí: cuatro gigabytes y medio; de hecho me tocó que borrar algunos archivos grandes de mi máquina personal.

Al final del horario laboral nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección Norte; pero -como otras veces durante las últimas semanas- no teníamos nada que comprar; nomás caminamos hasta la altura del más alejado y luego retornamos a casa.

El marte empezamos a tener una reunión extra durante la mañana: ahora, después de la reunión diaria con el equipo -en la que, realmente casi no participamos- debemos entrar a otra con la persona que lidera las pruebas en el ambiente al que nos asignaron.

La persona encargada es -me parece- de ascendencia del subcontinente asiático; pero también asignaron a otra persona -del Imperio del Norte-; y este último estuvo un poco más incisivo en la revisión de los avances.

Con lo que, a partir del martes por la mañana, estuve trabajando más tiempo del acostumbrado en las asignaciones laborales; después de la reunión le pedí al analista que vive en la ciudad donde vive mi familia paterna que me explicara algunos detalles de un área de trabajo en la que él tenía más experiencia.

Y estuve tan ocupado que no avancé -casi nada- en la lectura de los nuevos libros en inglés y español; ni en la revisión del material para el certificado CAPM; igual, salí de mi habitación casi a las once de la mañana -desayuné bastante tarde-.

Almorzamos la segunda porción de pollo -acompañado de un cocido de acelga, tomate y huevo que Rb preparó el día anterior-; después del horario laboral nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur.

Yo quería comprar medio litro de leche pues había estado viendo algunos videos, en Facebook, que mostraban como preparar -en sartén- un pan -o pastel- con huevos, avena, leche y zanahoria.

Caminamos hasta el supermercado más lejano y allí compré medio litro de algo que se promociona como leche pero, en letra más pequeña, dice: leche entera reconstituida y ultrapasteurizada; cuando estudiaba en la facultad era parte esencial de mi alimentación.

En el otro supermercado compramos un poco de bananos y luego caminamos de vuelta a casa; por la noche estuve viendo la parte final de una película de acción que había empezado la noche anterior: Shelter.

El miércoles seguí trabajando más que de costumbre -que los últimos tiempos, al menos-; la reunión de equipo no estuvo muy tardada y luego entré a la de las nuevas asignaciones; el compañero que menos bien me cae no había entrado a las dos anteriores pero en esta presentó un poco de avance; yo comenté lo que había hecho el día anterior.

Después de la reunión volví a llamar al mismo analista que el día anterior y le pedí apoyo para completar otra tarea: tenía que interactuar con un equipo que se encuentra en un laboratorio en el Imperio y cuya estabilidad deja mucho que desear.

Volví a salir de mi habitación después de las once y a esa hora me preparé el desayuno; después continué trabajando en mis asignaciones; al mediodía, después de sacar a caminar a los perros, consumimos la tercera porción de pollo y un poco de acelga.

Por la tarde bajé un poco el ritmo de trabajo -aunque, de las ocho asignaciones nomás una me quedó pendiente-; como Rb tenía que entrar a su clase de teología a las seis y media iniciamos nuestra caminata hacia los supermercados a las cinco menos cuarto.

Caminamos hasta el supermercado más alejado; yo esperaba que compráramos un cartón de huevos en el lugar -los precios son más convenientes- pero Rb nomás compró cinco bolsas de alimentos para gato -la donación que se ha propuesto realizar mensualmente a los vecinos que adoptaron el gato (feral) que estuvo alimentando ella durante un tiempo-.

En el otro supermercado compramos un cartón de huevos y un poco de banano; después de pagar por las compras retornamos a casa; en donde preparé el pan/pastel que había estado previendo desde el fin de semana.

Utilicé una de las batidoras de Rb: batí la clara del huevo a punto de nieve; luego le agregué la yema, con media taza de leche -almacené las otras tres medias tazas en el freezer, para futuras preparaciones-, media cucharada de canela en polvo y una cucharada de miel.

Batí todo eso y, luego, le agregué una taza de avena; para finalizar agregué doscientos quince gramos de zanahoria rallada -la había preparado con la parte más fina del rallador y la había dejado reservada antes de iniciar-, media cucharadita de bicarbonato de sodio y media cucharada de vinagre de vinagre de manzana.

Esto lo batí un poco y luego lo cociné -diez minutos de un lado y cinco del otro- en una sarté que había cubierto con aceite; después del tiempo de cocimiento saqué la torta a un plato de cerámica para que se enfriara.

A las seis y media Rb entró a su clase de teología y yo me puse en mi computadora personal la segunda parte del último episodio de la segunda temporada de FallOut -el día anterior había visto la primera parte-.

Después estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo -en Ajedrez me había mantenido un par de días con un ELO superior a mil seiscientos, pero volví a bajar a mil quinientos cincuenta-, además avancé un poco en el libro en inglés que empecé a sugerencia de mi hija mayor.

La clase de Rb terminó casi a las ocho y media; un poco antes de esa hora había tomado una ducha -cubriéndome el cabello para evitar la humedad al dormir-, después dividí el pastel en ocho porciones, los puse en un hermético y lo guardé en la refrigeradora. 

El jueves me desperté bastante temprano; al parecer estuve teniendo sueños bastante lúcidos -y concernientes al trabajo-: algo de que estaba en entrevistas de trabajo -no estoy seguro si como entrevistador o entrevistado-.

Me levanté a meditar y entré a la reunión de las ocho de la mañana; mientras ocurría la reunión hice un par de lecciones de Duolingo -de hecho discutieron uno de los reportes que había enviado el día anterior, pero no me percaté-.

Después de la reunión me quedé en la cama, esperando la siguiente: a las nueve y media entré a la reunión con los otros tres analistas locales, y tres en el Imperio del Norte; el líder; al ser cuestionado sobre avances compartí mi pantalla y mostré lo que había reportado el día anterior.

Estaba a mitad de la reunión -y presentación- cuando Rb entró a la habitación a despedirse: salí en su visita semanal al supermercado en el centro histórico; me levanté un poco después y terminé la reunión en la mesa del comedor.

Después -ya eran las diez, me parece- me preparé el desayuno; me había quedado la duda del pan hecho el día anterior por lo que me serví una mitad de una porción -después consumí la otra mitad-; y no quedó tan mal: un poco gomoso (no sé si por haber batido la clara de huevo en solitario) y no tan dulce como esperaba.

Decidí que para la siguiente semana trataría de batir todos los líquidos a la vez, un poco más de canela y el doble de miel -quizá también un poco más de bicarbonato+vinabre-; de todos modos me agradó el experimento.

Estuve el resto de la mañana trabajando en la mesa del comedor, probando la última de las asignaciones de la tarea que debía terminarse antes -o en- del viernes; también entré a la reunión bimensual que el jefe de mi supervisor convoca; lo cual fue un relajo porque nadie entró durante los primeros diez minutos.

Después de ese tiempo nos despedimos; pero unos minutos más tarde el jefe de mi supervisor inició la reunión y pidió que nos uniéramos; en la misma nos confirmó que después de la asignación actual esperaba que avanzáramos en un proyecto de automatización.

Rb retornó después del mediodía; casi a la hora en la que teníamos que sacar a caminar a sus perros; cuando entramos puse a calentar la última porción de pollo dorado y la penúltima -para mí- porción de acelgas; lo acomopañamos con fresco de rosa de Jamaica.

Por la tarde ya no avancé más en cuestiones laborales; estuve leyendo un poco del libro en inglés -aún no he decidido cómo hacer para terminar ambos al mismo tiempo-; después del horario laboral caminamos en dirección a los supermercados en dirección norte.

Después de la conversación con mi hija unas noches antes había decidido comprar un inflador de llantas de bicicleta en la tienda verde de descuentos; caminamos hasta el lugar y, al intentar pagar, encontramos una larga fila -quizá treinta personas-; nos dijimos que seguro muchos andan comprando regalos del día de San Valentín, por lo que dejamos la compra para otro día.

Pasamos luego al otro supermercado porque Rb también quería comprar una botella de cloro, pero que tuviera aspersor; no encontramos en ninguno de los dos lugares; después empezamos el camino de vuelta; pasamos a la panadería del camino, pero cuando ya había ordenado me dí cuenta que solo llevaba billetes de la más alta denominación.

Por lo que, para no afectar, el dinero suelto de la dependienta, nos disculpamos y nomás continuamos con la caminata; cuando entramos a casa me metí directamente a mi habitación, tomé unas monedas y salí a comprar el pan a la panadería de la vuelta.

Por la noche estuve en la habitación de Rb: ella había estado trabajando en una presentación para su clase de teología y yo avancé un poco en el libro en inglés -después de haber hecho las lecciones de Duolingo: volví a bajar a mil quinientos de ELO-; también le revisé la presentación cuando la concluyó.

Y a ver cómo sigue eso. 

 

  

 

viernes, 6 de febrero de 2026

Intermezzo... Intermezzo... Intermezzo...

Aunque es una palabra en italiano, cuya traducción en Francés e Inglés es Interlude y en Español, Interludio; prefiero dejar las tres formas del título en su forma original: es el título del libro en inglés que empecé a leer después de Proust and the squid.

Me parece que ya lo había agregado a mi lista de libros desde el año pasado; pero por alguna razón no lo había bajado -igual, durante el último mes y medio del dos mil veinticinco no abrí ningún libro, debido a la convalecencia de Rb-.

Pero hace unas semanas encontré un artículo donde Obama hablaba sobre su música, libros y películas preferidos del año que terminaba -me parece que los ha estado publicando anualmente por varios años-; y allí estaba otra vez: Intermezzo.

Así que lo bajé a la tablet y me propuse leerlo después del libro de no ficción; y el inicio me costó: el libro está escrito de una forma interesante; o sea, el primer capítulo no tiene diálogos ni una estructura -al menos no puedo reconocer una-.

Es como un soliloquio y un recorrido de los lugares y personas que uno de los hermanos protagonistas del libro va encontrando en su día/noche: es un abogado con adicción a tranquilizantes, muy carismático y en una relación -extraña- con una chica diez años menor que él.

El otro hermano -acaban de perder a su padre- tiene rasgos de autista y es un experto en ajedrez; y fue el segundo capítulo el que me convenció de continuar con el libro: sus capítulos si tienen una narración bastante convencional y unos diálogos accesibles.

Por supuesto que me sentí identificado con el hermano menor -por diez años-: es torpe socialmente -aunque acaba de completar un grado en física teórica- y conoce a una dama diez años mayor, con la que empieza una relación romántica.

El libro está interesante -aunque los capítulos del abogado son bastante complicados- y estuve leyendo un poco acerca de la autora -creo que no tiene ni cuarenta años-; creo que leeré al menos otro de la misma.

Y a ver cómo va eso.

El domingo me levanté a las siete y media, medité y retorné a la cama a hacer algunas lecciones de ajedrez; desde hace unas semanas he tratado de no salir antes de las nueve de mi habitación, para mantener un régimen de ayuno intermitente.

Casi a las nueve y media salí de la habitación y me preparé el desayuno de los domingos; la tortilla de harina estaba muy pegada a otra y se rompió en varias partes -la que quedó en la bolsa se veía más dañada-.

Después del desayuno lavé algunos trastes que estaban en la cocina y después avancé un poco en el segundo libro del colombiano; a las diez y media nos dirigimos con Rb a la sucursal local del supermercado en donde compramos artículos a granel.

Llevábamos una lista algo grande -al menos más grande que la última vez- y al final mi parte de la cuenta ascendió a casi cien dólares; Rb no encontró una batidora manual que había visto en la página del supermercado.

En el camino de vuelta pasamos a una gasolinera a llenar el tanque de la van -cuarenta dólares- y luego retornamos a casa; Rb le escribió a una persona que vive en un departamento pegado a nuestro gran vecino del norte -y donde hay una sucursal del supermercado en donde sí estaba disponible la batidora-.

Al mediodía preparamos las alitas dominicales y la ensalada de costumbre; después del almuerzo -y el lavado de trastos- le preparé un té de manzanilla a Rb; el resto de la tarde estuve avanzando en el libro en Español.

A las cinco de la tarde nos metimos a la cocina a preparar los ingredientes para los almuerzos del lunes y martes: tacos de pescado; rallé una zanahoria, piqué un poco de lechuga y cilantro -Rb preparó una mezcla de tomate y cilantro-; también preparamos cuatro litros de fresco de rosa de Jamaica.

Rb se había mantenido en comunicación con su conocido y habían acordado que el hijo traería la batidora para entregárnosla en la estación de autobuses -vive, desde hace unas semanas, en una residencia universitaria al otro lado de la ciudad-.

Antes de que anocheciera me preparé para salir y estuve esperando a que el joven le avisara a Rb que ya habían entrado al departamento; pero llegaron las siete y no había señales del mismo, por lo que decidimos salir a las siete y media y esperarlo en la estación.

El tránsito estaba bastante ligero por lo que no tardamos mucho en llegar a la estación de los autobuses -queda muy cerca de la colonia en donde vive mi tía favorita-; estacioné el automóvil al otro lado de la calle y esperamos durante más de media hora.

El bus llegó, finalmente, a las nueve menos cuarto; Rb bajó del auto y fue por la batidora; pero luego retornó con el joven pues la estación estaba cerrada, el frío ha estado bastante fuerte y le ofreció refugio en la van mientras ordenaba un Uber.

Aún tuvimos que esperar diez o quince minutos más -el joven es basante bisoño, aún con voz de niño, nos contó que estudia Ingeniería en Mecatrónica-; finalmente el Uber llegó por su pasajero, nos despedimos, se bajó, y empezamos el camino de retorno a casa.

El lunes me levanté a las siete y media; creo que me desperté mucho antes debido a los ladridos del perro de algún vecino -o del frío intenso: la ola de frío realmente esta bajando la temperatura a niveles que no veíamos desde hace décadas (ocho grados centígrados)-.

Me levanté a meditar y luego retorné a la cama -con la computadora- para entrar a la primera reunión del día; la cual no tuvo muchas novedades: mi supervisor anda de vacaciones pero la persona con la que trabaja en el Imperio del Norte volvió a dirigir la reunión.

Después de la reunión me quedé en la cama haciendo algunas lecciones de Duolingo, y leyendo un poco de Ahora y en la hora; un poco después de las nueve salí de la habitación y me preparé el desayuno -avena, banano, gelatina y papaya-.

Luego de desayunar había pensado quedarme trabajando en la mesa pero al ver que Rb seguía en su habitación -el frío estaba bastante notable- retorné un rato a la cama; en donde me estuve hasta cerca de las diez de la mañana: a esa hora tenía una reunión con mi supervisora local y otro ingeniero.

El tema de la reunión eran las vacaciones -y la estrategia para bajar la cantidad- atrasadas; lo que me llamó la atención es que cuando entré al evento otro compañero se conectó, y luego otro; la supervisora se conectó un poco tarde.

Estábamos en los saludos iniciales cuando mi celular empezó a sonar -lo había dejado cargando en la mesita de noche de Rb-; no llegué a tiempo de contestar pero ví que me llamaban del grupo con el que acompañé a misioneros del Imperio del norte hace un par de años.

La reunión tardó menos de media hora y efectivamente era para comentarnos que la meta corporativa local es que nadie tenga más de dos períodos de vacaciones acumuladas (treinta días); pero haciendo un cálculo rápido (por los dos días de vacaciones por mes que he estado tomando desde hace casi tres años) ví que podía continuar igual.

Después de cerrar la llamada le escribí a la persona que me había llamado más temprano: me disculpé por no poder atender la llamada y le comenté que no podría acompañarlos este año -por cuestiones laborales-; que esperaba que me tomaran en cuenta en el futuro.

Y es que, Rb me lo recordó, había decidido ya no continuar con este grupo: el departamento comparte frontera con nuestro gran vecino del norte y, durante la última época, hemos estado viendo noticias algo preocupantes sobre el nivel de violencia -relacionada con el narcotráfico-.

Al mediodía preparamos los tacos de pescado; antes de sacar a caminar a los perros Rb se encargó de extraer las espinas al trozo de mojarra que habíamos reservado unas semanas atrás; y, con la bolsa de filetes que compramos la semana anterior, preparó dieciseis porciones para rebosarlas en huevo y harina de arroz.

Mientras Rb se encargaba del pescado yo machaqué un aguacate para preparar guacamol; después sacamos a caminar a los perros: la caminata no tuvo ningún inconveniente y, cuando entramos a cassa, Rb empezó a cocinar el pescado.

Almorzamos los tacos -cuatro, realmente grandes- con una sopa que Rb preparó con las verduras que habían sobrado de los almuerzos de la semana anterior; después del almuerzo lavé los trastes que habíamos utilizado para preparar el almuerzo -era una montaña-.

También preparé un té de manzanilla para Rb y un té de menta para mí: aunque los últimos días ya no había tomado refacción me pareció que era correcto consumir las ocho o diez bolsas de té de menta que han estado en la cocina por muchos meses -con fecha de vencimiento muy próxima-; acompañé el té con una galleta y un pan tostado.

El resto de la tarde estuve entre la mesa y la cama; de hecho estuve a punto de dormirme un rato pero preferí levantarme a ordenar un poco los trastos de la cocina; a las cinco nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur.

Pasamos al que queda a mitad del camino pues Rb quería comprar del tipo de pollo que le prepara a la perra más anciana; también compramos un poco de bananos; luego caminamos hasta la altura del supermercado más lejano y dimos la vuelta.

Antes de entrar a la calle donde vivimos cruzamos el boulevard para pasar a la tienda de las verduras: la papaya estaba a punto de terminarse; compramos una papaya que ya estaba casi madura -dos dólares- y luego retornamos a casa.

Por la noche estuve leyendo un poco de Intermezzo y anotando los movimientos del algoritmo adicional para resolver el último cubo de Rubik que les regalé a mis hijos: mi hijo menor y mi hija mayor ya lo resolvieron -debido a que ya habían aprendido los dos anteriores-; mi hija mediana aún va por la primera etapa.

El martes cumplí cincuenta y tres años -subí un recuento del día en la anterior entrada-.

El miércoles pasó sin muchos cambios: meditación, reunión temprana, desayuno -con pastel- a las diez; por la mañana pagué el servicio de Internet del departamento de mis hijos; almorzamos un burrito, aunque Rb tuvo dificultades en  preparar las tortillas -creo que eran de harina de arroz-.

Por la tarde preparé un té de manzanilla para Rb y uno de menta para mí -por la mañana había tomado una taza de café-; acompañé el té con una porción de pastel -de cumpleaños-; a las cuatro y media -media hora antes de la hora de salida- caminamos hacia los supermercados en dirección sur.

Salimos más temprano porque Rb tenía su clase de teología a las seis y media y quería estar preparada antes de entrar a la misma; no entramos al supermercados más lejano, nomás dimos la vuelta cuando llegamos a la altura del mismo.

En el otro supermercado compramos un poco de pollo y bananos; por la noche vimos un capítulo de Seinfeld -creo que el segundo de la primera temorada-: le sugerí a Rb que viéramos las nueve temporadas.

El jueves era mi primer día de vacaciones del mes; como la semana anterior no había podido reunirme con mi excompañero de la facultad, con quien me reencontré en el evento de bodas de plata de graduación, le había propuesto que nos reuniéramos ese día.

Le había escrito a principios de la semana y había aceptado la reunión; luego, un día antes, me había escrito para comentarme que -otra vez- lo enviaban a una reunión en una de las zonas más afluentes de la ciudad.

Entonces, para el miércoles en la noche, creí que no nos íbamos a reunir; le había dicho a Rb que la iba a acompañar nomás la mitad de su salida el jueves, luego le dije que la acompañaría todo el camino; entonces no quise decirle el miércoles por la noche que me quedaría en el comercial donde se estacionan los busitos -y almorzaría afuera-.

Pero el jueves temprano le comenté que me había vuelto a escribir mi ex compañero y que sí íbamos a reunirnos; de hecho esta persona -me frustra- me había indicado que aún confirmaría a las diez de la mañana.

Por la noche había decidido que si no podía reunirme con mi compañero me quedaría almorzando, solo, en el lugar; el plan era pasar a una sucursal de la cooperativa en la que tengo un par de cuentas de ahorros y depositar las cuatrocientas monedas de cinco centavos que había contado la semana anterior.

El jueves medité y retorné a la cama a hacer lecciones de Duolingo, y leer un poco; después me bañé y, luego, preparé mi desayuno; un poco después de las nueve salimos hacia el supermercado del centro histórico.

Llevaba mi mochila negra, en la que había metido uno de los paquetes de incienso que mi hijo menor me regaló en Navidad; también algunos cubos de Rubik; el busito no tardó en pasar y llegamos bastante rápido a la estación del transmetro.

Tomamos un bus articulado y nos apeamos frente al mercado en el que Rb acostumbra comprar las frutas para su consumo semanal; nomás compró varias libras de moras y un par de bolsas de peras; en la misma estación abordamos el bus de vuelta.

En el comercial en donde se estacionan los busitos entramos al supermercado; Rb compró una bolsa de manzanas y escogimos una pequeña red de aguacates; después acompañé a Rb a la farmacia -tenía que comprar algún medicamento-.

Después de la farmacia acompañé a Rb a abordar el busito; me subí y aún me estuve un rato acompañándola; luego nos despedimos y me dirigí a la cooperativa; pero resulta que esa sucursal no era de la misma en donde abrí mis cuentas.

Entonces me pasé a un banco fuera del comercial y allí entregué las dos bolsitas en donde llevaba las monedas separadas; la cajera se sorprendió un poco con mi transacción y procedió a dirigirse a -me imagino- la máquina que utilizan para contar monedas.

Luego regresé al comercial pues ya casi era la hora de encontrar a mi amigo en el tercer nivel -doce y cuarto-; aún pasé a preguntar por unos cubos de Rubik de siete por siete -el precio es ligeramente más caro que los de seis por seis que compré el año pasado-.

Mi amigo llegó exactamente a las doce y cuarto, nos saludamos y me indicó que quería invitar en esta ocasión; le sugerí Taco Bell; compramos un par de menús y nos instalamos en las mesas del lugar.

Estuvimos un poco más de una hora entre almuerzo y conversación: mi amigo ya inició los tramites para jubilarse del trabajo gubernamental en donde ha estado durante los últimos veinte años; además de dar clases en una universidad privada, anda buscando de qué otra forma balancear su presupuesto después de retirarse del gobierno.

Un poco después de la una nos despedimos y salí a tomar el busito para retornar a casa; cuando entré a la calle encontré a Rb fuera del portón de su casa: acababa de sacar a caminar a la más anciana de sus perras.

Lavé un poco de trastes y preparé los tés de la tarde -que acompañé con pastel-; luego levanté objetos del piso pues había previsto realizar la limpieza semanal; a las cuatro de la tarde caminamos hacia los supermercados en dirección Norte.

Rb me había pedido que la acompañara a la tienda en donde usualmente compramos ropa y zapatos -de segunda mano-: quería comprar algunas colchas para hacerle trajes a sus perros grandes.

Entrando al lugar ví algunas mochilas con un precio bastante bajo -casi la cuarta parte de la última que compré-; reservé una y acompañé a Rb en la búsqueda de colchas para sus perros; al final encontró tres y pasamos a pagar; por la noche continué con Intermezzo, ajedrez en Duolingo y el penúltimo capítulo de la primera temporada de Seinfeld.

Y a ver cómo sigue eso...

martes, 3 de febrero de 2026

Cincuenta y tres es un número primo… Fifty-three is a prime number… Cinquante-trois est un nombre premier…

Este día llegué a esta cifra de años que han pasado desde que entré en esta realidad; mi padre había muerto un mes antes y mi madre -con niño de dos años- aún era una adolescente; no muy buenas perspectivas, creo.

Además era una persona sin estudios -no sé si había pasado del primer grado en la escuela-, y sus padres -mi padre era un alcohólico que había sido trabajador en una cantera y por esa época vendía leña que bajaba de la montaña- se habían divorciado un tiempo atrás.

No sé a ciencia cierta toda la historia; la verdad, prefiero no conocer muchos detalles; pero no era un escenario muy propicio; tampoco sé cuál era el acuerdo entre mis padres, pero sí me contaron de muy joven que mis abuelos paternos trataron de quedarse con mi hermano mayor y yo (o no sé si solo con mi hermano mayor).

Ah, y dejaron a mi madre en la calle: cierto dinero que debía haber sido para mi madre lo tomaron mis abuelos y mis tíos paternos -mi padre tenía un grado medio en el ejercito-; supuestamente compraron -y destruyeron- un camión con eso.

Me llamó la atención que mi madre no les guardó rencor: mientras iba creciendo recibimos en la casa -mi madre se casó a los dos años con quien siempre he visto como mi padre- a mis tíos paternos; y -con mi hermano- pasamos varias vacaciones escolares en la casa en donde había crecido mi papá biológico.

De todos modos me considero afortunado: fuí el primero de mi familia en atender -y graduarme- de la universidad; o sea, no he tenido el éxito financiero que esperaba obtener, pero he conseguido un buen grado de paz.

El año pasado, en este día, me envié una carta, resumiendo -o tratando de- los acontecimientos del año anterior; y expresando algunos buenos propósitos para el año que empezaba.

Y la verdad, no ha cambiado mucho la situación: ya no he participado -ni creo que participaré este año- en jornadas médicas; aunque me gustaría seguir ayudando a algún grupo con interpretación inglés/español.

Sigo -afortunadamente- en el mismo trabajo, ya son más de once años; vivo en el mismo lugar y mantengo la rutina de meditación diaria; aunque hubo un pequeño cambio -en la sección nocturna-: ahora medito a las diez -cuando Rb realiza su devocional cristiano diario-.

Los ejercicios semanales han quedado en pausa debido al reposo médico que le recetaron a Rb después de su histerectomía a mediados de noviembre; durante las últimas semanas hemos salido a caminar los cuatro -y medio?- kilómetros diariamente.

Sigo practicando -o al menos leyendo en - Francés -aunque no he abierto un libro en este idioma desde mediados de noviembre-; no he practicado conversación y debo pensar en alguna forma de mejorar en este aspecto.

Concluí el curso de Portugués en Duolingo; pero luego le agregaron otra unidad, la cual aún no he concluido (sesenta por ciento?) porque me he dedicado más a intentar mejorar mi nivel en ajedrez -no logro pasar de un ELO de mil quinientos-.

Pero leí un par de libros en Portugués el año pasado; además bajé varios libros del mismo idioma y los agregué a mi lista de pendientes; pero, al igual que con el Francés, no he practicado conversación.

No pagué los meses que había previsto en Busuu; me molestó que cuando intentara contratar la membrecía -debido a mi ubicación geográfica- el precio se duplicara -o algo así-; nomás terminé todo el contenido -accesible- en Francés y Portugués y desinstalé la aplicación.

No he escrito mucho código, aunque sí he utilizado varios LLMs para 'mejorar' o 'adecuar' código que ha compartido el analisa más brillante del grupo: logré sobreponerme a un error en la instalación de una app, y luego utilicé código para extraer todos los Casos de Prueba de una Suite.

Con respecto a los certificados: me dí por vencido; o sea, tuve intenciones de obtener ITIL Foundation, pero luego ví un par de ofertas laborales en que pedían el certificado y no me parecieron atractivas.

Luego estuvo estudiando durante varias semanas para AWS Architect; pero luego me enteré que la versión para la que estaba estudiando estaba por vencerse; conseguí un par de guías para la siguiente, pero dejé a medias la adecuación del material para mi app de repetición espaciada -con la que obtuve el certificado de SCRUM-.

Al final me sentí desmotivado por -lo que percibí como- la inutilidad de obtener certificados por la etapa -la edad básicamente- en la que me encuentro en materia laboral; aún tengo pendiente decidir qué haré en este punto.

Lo otro destacado del año anterior fue el mes que trabajé en paralelo en otra empresa del Imperio del Norte: me gustó la experiencia de entrar, todo el proceso -incluída la entrevista final- fue completamente en inglés.

Pero no me gustó hacer lo mismo dos veces -aunque le dinero fuera el doble-; aún sigo buscando formas alternativas de generar más ingresos -sin descuidar el trabajo en el que he estado durante más de una década- 

Y puedo resumir el día de mi cumpleaños así: me desperté muy temprano -hizo menos frío que el día anterior pero el tránsito ha estado (creo) más ruidoso- pero me levanté a meditar a las siete y media.

Luego retorné a la cama, a atender la llamada de la reunión diaria; en la que la participación de mi equipo es mínima; la llamada tardó un poco más de media hora, me quedé en la cama haciendo lecciones de Duolingo y a las ocho y cuarenta recibí una llamada.

Era mi madre, comunicándose por mi cumpleaños; conversamos un poco -por alguna razón me cuesta dialogar con mis padres-; luego continué con Duolingo, y un poco del libro en Inglés (Intermezzo).

Rb entró a la habitación un poco después y estuvimos conversando un poco; a las diez salí de la habitación; iba a prepararme el desayuno pero Rb me había comentado algo de la basura, salí a dejar las tres bolsas al portón.

Cuando salí ví una motocicleta de mi pastelería favorita; pero el joven conductor parecía estar durmiendo sentado; le pregunté si venía acá -la verdad me sorprendí- y me comentó la dirección, además me dijo que se había detenido un momento porque andaba con fiebre.

Entré a la casa a pedirle a Rb algo para la fiebre; también le comenté que 'alguien' me habían enviado un pastel; y ese 'alguien' era ella -me sorprendió-; salió de su habitación y salimos con un par de Tylenol -y un vaso de agua- para el joven, también Rb pagó el pastel (doce dólares): era uno especial de cumpleaños.

Entonces decidí prepararme una taza de café y corté un gran trozo de pastel (quizá una quinta parte); un poco después tomé un tazón de avena, y un banano; luego le comenté a Rb que quería regalarle un cuarto del pastel a la vecina; ella no vió objeciones.

Partí el pastel, lo coloqué en un plato y le pedí a Rb que le hablara a la vecina -me molesta gritar-; ella salió y probó llamarla, luego pasó al patio vecino y tocó la puerta; al parecer la casa estaba vacía.

Al mediodía preparamos los tacos de pescado -igual a los del día anterior-; después del almuerzo lavé los trastes y, un poco más tarde, preparé un té de manzanilla para Rb y un té de menta para mí; lo que consumí con una pequeña porción de pastel -un poco antes había cortado el sobrante en diez o doce porciones, que almacené en un par de herméticos en la refrigeradora-.

A las cinco de la tarde salimos a caminar; le había comentado a Rb que había decidido regalarle el pastel, que no pude darle a la vecina, al guardia de turno; afortunadamente se trataba del anciano con el que mejor nos llevamos.

El otro, por cierto, más joven, y con menos tiempo en la garita; acaba de renunciar pues -al parecer- su esposa ha entrado en la fase terminal de su enfermedad: había estado mucho tiempo recibiendo tratamiento de hemodiálisis.

Pasamos a dejarle el pastel al guardia y caminamos hacia los supermercados en dirección Norte; no previmos comprar nada sino simplemente llegar al más lejano, dar la vuelta y retornar a casa; lo que hicimos sin ningún contratiempo.

Dos o tres conocidos me escribieron por whatsapp -mi segunda ahijada profesional entre ellos (y mi hija mayor)- para desearme un buen día; también recibí mensajes de felicitación en mi muro de Facebook -algún año fueron más de cien, ahora fueron casi veinticinco-.

Ha sido un buen cumpleaños.

Y a ver cómo sigue eso.