martes, 17 de marzo de 2026

Inspirado... Inspired... Inspiré...

Para tratar de volver al patrón que seguía en los últimos tres o cuatro años -leer libros de líneas diferentes en paralelo para leer no solo lo que me gusta sino también lo que debo (o necesito)- decidí retomar la línea de Tecnología/Profesional, para agregarla a Ficción en inglés y literatura en español.

Entonces bajé este libro: está escrito por un autor estadounidense y trata de los aspectos -que el encuentra- más importantes para un Product Owner -o Product Manager, como él lo llama-; y ha estado interesante porque vuelvo a repasar los conceptos que aprendí hace un par de años cuando obtuve el certificado -de lo primero-.

Y como no sabía mucho sobre el autor justo ahorita me puse a leer un poco sobre su background y encontré algunas opiniones -en Reddit- bastante lapidarias sobre su filosofía -ya me había parecido raro lo de mercenarios a misioneros o la repetición de que es una tarea sacrificada-.

Y no sé... estoy reconsiderando la continuación del libro -creo que lo llevo como a la cuarta parte- o leer algo de Melissa Perri, que es una autora canadiense que aborda el mismo tema y -al parecer- tiene ideas un poco menos extremas.

Y a ver cómo va eso...

El viernes me levanté en mi horario normal, a pesar de que era mi segundo día de vacaciones del mes; quería hacer algunas lecciones de Duolingo y escribir un poco de código antes de dirigirme a la actividad de voluntariado por la tarde.

Y es que nos habían convocado -desde hace varios meses- a participar en la preparación del espacio para la actividad principal del día siguiente: el horario era de tres a siete de la tarde y, por la lejanía del lugar, había decidido salir de casa a las dos.

La mayor parte de la mañana la dediqué a avanzar un poco en el código; aunque fue muy poco lo que pude avanzar; de las tres tareas pendientes -aunque creo que, en realidad, van a ser doce las tareas totales- me quedé estancado con la finalización del proceso.

A media mañana me preparé el desayuno de los viernes; y, aunque no tomé avena, lo acompañé con una porción del pastel que preparé el miércoles, un banano, un poco de papaya e, incluso, un poco del enorme mango que Rb me había comprado un par de días antes.

Al mediodía preparamos el primero de los pescados que mis padres enviaron el primer domingo del mes; acompañado de una gran ensalada; y seguimos con la rosa de Jamaica; un poco antes de las dos me metí a la ducha, metí mi computadora personal a la mochila y me dirigí a la 'Universidad'.

El camino no estuvo tan mal: llegué al lugar unos veinte minutos antes de la hora a la que habían convocado; me estacioné y ví a un par de jóvenes voluntarios, por lo que los seguí al interior de la iglesia/universidad; aunque bromeé con la chica pues se aproximó bastante a su pareja cuando vió que iba a alcanzarlos.

La primera parte de la tarde fue bastante irrelevante: un organismo del gobierno que promueve la educación STEAM envió a su director a dar una conferencia sobre las oportunidades del sector público -becas y así- para atraer talento.

Fueron casi dos horas de esto y el salón estaba bastante lleno; yo aproveché para jugar algunas partidas de ajedrez -y acercarme un poco a los siete jóvenes a los que tendría que apoyar al día siguiente-.

A las cinco de la tarde bajamos a las 'aulas' de la universidad a reconocer los salones en donde se desarrollarían las competencias en las que los jóvenes de colegios de muy alto nivel (y uno de Sur América) tendrían ocho minutos para presentar los retos recibidos.

Y tampoco fue tanta la actividad: marcamos el área en el que la acción debía realizarse al día siguiente y traté de aclarar algunas dudas de los evaluadores; aunque yo mismo tenía muchas dudas aún por lo que traté de apoyarme en un voluntario que -supuestamente- había sido parte de la actividad en años anteriores, primero como concursante y luego como juez.

A las siete de la noche concluímos la actividad -habíamos tenido un coffee break un poco antes de las cinco de la tarde- e inicié el camino de retorno a casa; a pesar de la hora y el día, no encontré mucho tráfico en las vías por lo que un poco antes de las ocho estaba estacionándo el auto frente a la casa de Rb.

Por la noche empecé a ver una película de acción que encontré revisando un artículo sobre estrenos de  este tipo de filmes; también estuve conversando con mi hija mayor: durante la tarde le había enviado una fotografía para mostrarle cómo se había descocido la mochila que acababa de comprar -por meterle la computadora, me imagino-.

Mi hija, amablemente, se había ofrecido a ayudarme, repasando las costuras que se habían abierto; también me estuvo contando -por la noche- los resultados -mixtos- obtenidos en sus primeros exámenes bimestrales en la facultad de medicina.

El sábado me levanté a las cinco y quince; como la actividad empezaba a las siete de la mañana había decidido salir de casa un poco después de las seis; pero me desperté antes de las cinco: no sé si fue el ruido de algunos autos o un perro que -en la lejanía- no paraba de ladrar.

Cuando la alarma sonó me levanté a meditar; luego me metí a la ducha, me puse la playera, del voluntariado, que nos habían entregado el día anterior y tomé la mochila que Rb me había prestado mientras la mía es reparada.

Pero como aún no eran las seis me quedé leyendo unos minutos en mi habitación; avancé algunas secciones del libro Inspired y, un poco después de las seis, me preparé para salir; Rb salió en ese momento pues creyó que me había ido sin despedirme.

Antes de salir me percaté que no tenía las llaves del automóvil y busqué en los dos lugares en los que generalmente las encuentro: una taza con lápiceros, que mantenemos en la mesa del comedor, y una taza con monedas que mantengo en la estantería de la ropa, en mi habitación.

Y no estaba en ninguno de esos dos lugares; ni a la vista; me invadió el pánico pues creí que las había dejado dentro del automóvil; Rb se preparó para salir a ver qué podíamos hacer, pero antes de eso hurgué dentro de los que había metido en la mochila la noche anterior.

Afortunadamente estaban entre los cubos de Rubik que he estado cargando en la mochila durante los últimos meses; me despedí de Rb e inicié el trayecto hacia la universidad; por lo temprano -y por ser sábado- el tráfico era mínimo.

Llegué al lugar a las seis y media; y de hecho cuando llegué encontré a un auto esperando a que abrieran el portón del lugar; pero no tuve que detenerme porque justo en ese momento un guardia salió a franquear el acceso.

Me estacioné en la parte posterior del edificio que alberga la iglesia/universidad y me dirigí al salón en donde tendría que permanecer la mayor parte del día -se suponía que el evento era de siete de la mañana a tres de la tarde-.

Y todo estaba en tinieblas; de hecho tuve que encender la luz del celular para iluminar los pasillos -todas las aulas están en el sótano del edificio-; a las seis y media envié un mensaje al grupo, avisando que ya estaba en el lugar, pero que todo estaba apagado.

El resto de mi equipo empezo a llegar paulatinamente; como aún me habían sobrado algunos dulces de las bolsas que había comprado para el convivio del trabajo en Diciembre repartí los últimos cinco entre los primeros que llegaron al aula.

Nuestra primera presentación -eran siete equipos de estudiantes los que teníamos que evaluar al final- era a las nueve y cuarto; subimos a desayunar -una organización deplorable: básicamente había pan, jamón y queso para preparar emparedados, bananos, manzanas y jugo de naranja- a las ocho.

La inauguración del evento era a las nueve -creo- pero preferimos quedarnos en el aula para esperar al primer grupo; en total eran tres colegios los que enviaron equipos de estudiantes: el colegio en el que se graduó mi hija mediana, otro colegio de la ciudad y un colegio del departamento más grande del país.

Los siete equipos estaban programados para participar antes de las doce y cuarenta -aunque dos de los mismos no habían llenado todos los requisitos para realizar la presentación-; también había programado un break -dos realmente- a lo largo de la mañana.

Los primeros tres equipos presentaron sin ningún cotratiempo -el primero y el tercero con muchos papás presenciando y el segundo (del colegio donde se graduó mi hija segunda) presentando nomás dos de las cuatro estudiantes y nomás dos maestros como audiencia-.

El break fue una visita de un grupo de voluntarios de los scouts que pasaron repartiendo botellitas de agua gaseosa y bolsas de snacks -la verdad muy precario-; luego otros dos equipos realizaron sus presentaciones; aunque aquí sí hubo un incidente.

Entre los papás del cuarto grupo -del ex colegio de mi hija- llevaba una botella de vidrio y, en el movimiento de los escritorios cayó al suelo y se hizo añicos; algunas mamás nos ayudaron limpiando, pero el piso quedó con muy mala presentación.

Después presentó un equipo del departamento más grande del país; luego hubo otro break -aunque yo no lo había notado en el horario- y volvieron a pasar los jóvenes repartiendo gaseosas y snacks.

Los últimos dos equipos (uno del otro colegio de la ciudad y uno del colegio del departamento) realizaron sus presentaciones sin ninguna novedad; el inconveniente fue que las calificaciones que habían presentado mi appraisers eran incongruentes.

Antes de que se realizara el evento les había comentado que si se daba este aso nos iban a cuestionar: en la -poca- capacitación había comprendido que si había desviaciones muy notorias de alguna calificación alguien tenía que revisarla.

Entonces les había recomendado a los appraisers de mi equipo que buscaran un consenso a la hora de realizar la calificación -cuatro de mis apraisers eran estudiantes de años intermedios de la carrera de ingeniería- y uno era un ex participante de estos eventos-.

Un poco antes de que terminaran las presentaciones uno de los administradores del evento -mi ex compañero de trabajo- me había comentado que había incongruencias con algunas calificaciones; le hablé a la persona que nos había dado acceso al sistema y llegó al aula después de las presentaciones.

El grupo se reunió y el de sistemas les explicó las desviaciones más problemáticas; entonces les habilitó el acceso al formulario que habían llenado antes y se dedicaron a enmendar la situación; entonces nos fuimos a almorzar.

Lo que también estuvo muy desorganizado: cuando llegamos ya había un grupo repartiéndose los menús de Subway que se encontraban en uno de los muebles de la cocina; mi equipo procedió a servirse y almorzamos.

Pero cuando estabamos por terminar se apareció uno de los organizadores y nos comentó que debía de haberse llevado un control de los almuerzos -un par de días antes habían notificado de las opciones: Subway o tortillas con carne, yo había preferido lo primero-.

Entonces empezaron a organizar el reparto de la comida; pero mi equipo ya había concluido, por lo que retornamos al aula para realizar la limpieza y reorganización de la misma: la idea era dejarla en las mismas condiciones en que la habíamos encontrado.

Después llevé la caja ,con los -pocos- materiales que habíamos, utilizado a mi auto: temí que se podía perder en todo el movimiento; luego retorné al edificio y estuve un rato observando el espectáculo de un animador que habían contratado para el cierre.

Un poco después me encontré con la organizadora -esposa de mi ex compañero de trabajo- y me comentó que debíamos estar atentos para subir al estrado para la premiación de los equipos ganadores de nuestra área.

Tres de mis appraisers ya se habían retirado, el que no era estudiante y dos que sí lo eran -estos últimos aduciendo compromisos estudiantiles-; encontré a un par de los que sí permanecieron y los ví reunirse con un grupo grande de evaluadores.

La ceremonia de premiación terminó -¿cómo no?- bastante desorganizada: incluso se detuvo a la mitad porque no se habían recibido todos los resultados; al final la entrega de las medallas y trofeos a los dos equipos ganadores fue la última.

Y ni siquiera le dieron tiempo a mis evaluadores para subir al escenario: el equipo anterior permaneció en el área y ellos entregaron los dos trofeos y una buena cantidad de medallas (uno de los ganadores fue un equipo del departamento).

Como ya eran las tres menos cuarto aproveché el encuentro con mi ex compañero de trabajo y le agradecí por la invitación al voluntariado, asegurándole que queria participar nuevamente al año siguiente.

Mi ex compañero -retornó a trabajar en la empresa a finales del año pasado, pero en otro departamento- me pidió que nos tomáramos una foto con otros dos voluntarios de la misma compañía: su jefa (una PMP), su sobrino (que manejó el acceso al sistema), él y yo.

Luego de la foto nos despedimos, avisé a Rb que empezaba mi retorno y me dirigí al auto; como al mediodía había conseguido el sello del ticket de parque no tuve ningún contratiempo para salir del mismo.

El tránsito estaba bastante fluído -aunque encontré un accidente cubriendo el carril central antes de salir del área de las zonas más afluentes de la ciudad- y veinte minutos más tarde estaba avisándole a Rb que estaba por entrar al municipio -aunque, aquí si, en el semáforo, el embotellamiento estaba bastante fuerte.

Pero el atraso fue únicamente en este lugar, por lo que, antes de las tres y media, ya estaba estacionando la van frente a la casa de Rb; yo había supuesto que nomás entraba y nos iríamos a caminar, pero ella aún estaba ocupada con la preparación de sus gelatinas.

Por lo que decidí aprovechar el tiempo y preparar mis propias gelatinas para la semana -de limón-; después salimos a caminar hacia los supermercados en dirección Norte; pero alargamos el trayecto otro medio kilómetro.

De regreso pasamos al supermercado a comprar pollo y algunos bananos; después retornamos a casa; yo quería avanzar un poco en la asignación del trabajo -la verdad quería presentar las tres tareas en las que estaba trabajando antes del lunes-, pero, después de un rato de estar revisando el código, ya no pude conectarme al servidor remoto.

Entonces acompañé a Rb en su habitación, mientra veía alguna de sus series online; aunque, cuando empecé a hacer Duolingo (y por el sonido de la computadora) me retiré un rato a mi habitación (en donde, claro, estuve dormitando un rato).

Antes de las nueve retorné a la habitación de Rb y traté de leer un poco, escribir un poco, o ver alguna serie -ví una parte de War Machine-; pero me sentía bastante agotado, incluso se lo comenté a Rb, quien me sugirió que me durmiera más temprano.

A las diez Rb realizó su devocional diario y yo medité durante veinticuatro minutos, aunque -y me ha pasado ya en un par de ocasiones- interrumpí la meditación veinte o treinta segundos antes de que sonara la campana.

Después de meditar estuve aún un rato en la habitación de Rb, preparando este texto; un poco antes de las once cerré la computadora, me lavé los dientes, le dí las buenas noche a Rb, y dí po concluida mi jornada del sábado.

El domingo había decidido levantarme a las seis y media -la alarma que tengo programada para todos los días-; me desperté a esa hora pero no tuve ánimos de levantarme; continué en la cama otro rato.

Y de hecho estuve soñando algunas cosas bien raras: no tengo claro si en el sueño estaba con Rb o con la mamá de mis hijos; pero era una situación bastante cotidiana, con la variación de que nos robaban una camionetilla -muy parecida a la van que usamos ahora, pero con algunas diferencias bien oníricas-.

A las siete y cuarto abrí nuevamente los ojos, ví la hora en el celular y me levanté a meditar; después jalé la computadora del trabajo pues quería ver si podía adelantar algo del trabajo; pero el acceso al server seguía restringido.

Entonces continué en la cama, revisando mis correos, y viendo algunos videos de Youtube; un poco después de las ocho salí de la habitación; me recordé que Rb iba a ir a la iglesia -aunque me había comentado que quería irse en transporte público-.

Pero yo me había ofrecido a acompañarla a la parada del busito; esperé a que desayunara y luego salimos hacia el boulevard; el bus se tardó un poco en pasar -el horario es bien irregular- pero antes de las diez pudo abordar una unidad.

Retorné a casa y me metí a la máquina del trabajo a ver si ya tenía acceso al servidor remoto; pero la máquina seguía bloqueada, por lo que nomás me pasé un par de horas viendo videos de Youtube -y leyendo algún artículo en la computadora-.

Al mediodía Rb me llamó para que fuera por ella; confirmé que nos encontraríamos en el supermercado que está cerca de su iglesia y conduje la van hacia el lugar; pero ya llegando al lugar se me olvidó el destino y me tocó que retornar por el carril contrario del boulevard principal, para entrar al centro comercial.

Encontré a Rb en el supermercado del lugar; ya había elegido una red de aguacates -nomás nos quedaba uno de la seman aanterior- y estaba por pagar en la bahía de autocajas del lugar; después retornamos al automóvil y conduje a casa.

Cuando retornamos a casa sacamos a caminar a los perros más grandes; después salí a la tienda de la vuelta: Rb me había encargado la compra de una zanahoria mientras ella estaba en la iglesia, pero lo había olvidado.

Almorzamos las alitas de pollo dominicales con una gran ensalada; después lavé los trastes del almuerzo y estuve leyendo un poco; a las tres menos diez me dirigí a la casa del voluntario que vive en la colonia donde mis hijos crecieron.

No había mucho tránsito por lo que llegué con unos pocos minutos de atraso; toqué el portón y escuché que mi amigo avisaba que bajaría en un momento; subió a la van y nos dirigimos a la cafetería de costumbre.

En el lugar compramos un par de cappuchinos grandes y un par de porciones de pastel Selva Negra -la cuenta, pagada por mi amigo fue de casi ocho dólares-; y nos estuvimos en el lugar hasta después de las cinco de la tarde, entre refacción y conversación.

Le comenté los pormenores del suceso por lo que había cancelado mi visita el mes anterior -la muerte del sobrino nieto de Rb-; además estuvimos conversando sobre las dificultades personales de superar cierto tipo de pérdidas.

También jugamos una partida de ajedrez; bastante extensa, pero en esta ocasión si la dí por concluída, proporcionándole un jaque mate bastante sencillo -se quedó tempranamente sin una de las torres-.

Cerca de las cinco y media le comenté a mi amigo que debía retornar a casa, pasamos a caja a que me sellaran el ticket del estacionamiento -mi amigo también depositó en el buzón un ticket para una rifa del lugar (lo entregaron al pagar la cuenta)-.

Pasé a dejar a mi amigo a su casa y conduje hasta la casa de Rb; el tránsito estaba bastante tranquilo -aunque últimamente se ha puesto pesado justo en la entrada del municiío-; por la noche estuve leyendo un poco de un libro infantil de francés.

El lunes me levanté a las seis y media; medité y entré a la reunión de las siete de la mañana; luego continué en la cama, aunque aún no podía ingresar a la máquina remota; a las ocho mi compañero me escribió para avisarme que aun estaba trabajando en cierta parte del código.

Yo le comenté lo que me había pasado el fin de semana -que no había podido conectarme con la máquina remota- y que estaría trabajando todo el día en el código; esperando enviarlo al final del día.

Y eso hice: me pasé todo el día -hasta las cuatro de la tarde- trabajando en los dos métodos pendientes para las últimas tareas que tenía asignadas; nomás me levanté para sacar a caminar a los perros, y luego para ayudar con el almuerzo: pollo con hongos y caldo de pollo con arroz.

A las cuatro de la tarde le propuse a Rb caminar hasta los supermercados en dirección Sur; aunque, realmente, caminamos hasta el extremo del boulevard; luego pasamos al supermercado que queda a medio trayecto.

En el lugar compramos un poco de mollejas para el caldo del resto de la semana -lo que habíamos reservado se había acabado-; además compré una botella de jugo de mango, para el almuerzo de la próxima semana con mi hija mediana -y dos latas de 7up light, para los almuerzos con mi hija mayor-.

Por la noche ví el penúltimo capítulo de la serie Love Death + Robots, además empecé a ver una película de ciencia ficción: Good Luck, Have Fun, Dont Die; aunque creo que lo había empezado a ver la noche anterior, y no pude avanzar mucho el lunes por la noche -debido a inestabilidad de la conexión de internet-.

Y a ver cómo sigue eso.

jueves, 12 de marzo de 2026

La Fábrica de las Ilusiones... The Factory of Illusions... L'usine des illusions...

Cuando hacía ejercicios con Rb -pasamos más de tres años ejercitándonos en la sala, tres veces por semana, durante -al final- sesiones de casi una hora- trataba de escuchar algún material en audio; lo que más me gustaba eran los videos de Aprendemos Juntos de la fundación BBVA.

Aunque también -a veces- escuchaba videos en francés y/o portugués -los de la fundación eran en español-; pero ya no había visto estos videos en mucho tiempo; hasta esta semana que, por alguna razón, una recomendación de Youtube me envió a un video sobre neurociencia de un científico español.

Me llamó la atención su discurso; especialmente la parte en la que se refería a la naturaleza gris y apagada de nuestro entorno, la cual percibimos como colorida por la luz que no es absorbida por los objetos, y que nuestro cerebro interpreta como colores (algo que desarrollé en mi tesis hace más de veinticinco años).

Total que estuve leyendo un poco más de este expositor y encontré varios libros en la red; me decidí por La Fábrica de las Ilusiones porque creo que en este trabajo escrito basó mucho de la entrevista que ví en Youtube.

El libro está bien, muchos 'facts', y mucha información 'anecdótica' sobre la importancia -y los mitos- del cerebro y la mente; lo he estado leyendo en paralelo con un libro -en inglés- sobre el rol del Product Owner.

Y a ver cómo va eso...

El domingo me levanté a las seis de la mañana; mi amigo me había confirmado que vendría a las ocho de la mañana y quería empezar a preparar el desayuno a las siete (usualmente me toma alrededor de una hora la preparación).

Medité y luego me quedé en cama un rato, haciendo algunos ejercicios de Duolingo; un poco antes de las siete me metí a la ducha; después a la cocina, a preparar el desayuno: omelette relleno con jamón, peperoni y salami; frijoles volteados, plátanos fritos, y café.

Completé la preparación quince minutos antes de las ocho y -como el día anterior había olvidado comprar pan- me dirigí a la panadería de la vuelta, para comprar un poco de pan francés y dulce; a las ocho mi amigo me escribió comentándome que estaba afuera.

Salí a recibirlo y nos saludamos efusivamente -traía una magdalena de una de las panaderías más grandes de la ciudad-; luego entramos a la casa e iniciamos el desayuno -antes tuve que sacar, uno por uno, a los perros más grandes, del dormitorio de Rb-.

Estuvimos entre desayuno y conversación -teníamos como seis meses de no reunirnos- un par de horas, en el transcurso Rb salió de la habitación, le entregué a mi amigo un molino de café que Rb había comprado para preparar sus harinas pero no le funcionó (sesenta dólares) y nos pusimos bastante al día de cada vida.

Un poco después de las diez mi amigo me comentó que se retiraba -yo le había comentado a Rb que esperaba que nos liberáramos a las diez y media-; lo acompañamos a su motocicleta y nos despedimos; esperé a que se retirara y luego salí a regalarle la mitad de la magdalena a la vecina.

Como habíamos acordado con Rb de acudir al supermercado donde compramos productos a granel, sacamos al patio a los perros y luego nos dirigimos al lugar; el tránsito estaba bastante ligero con lo que no nos tomó mucho tiempo arribar a nuestro destino.

Llevábamos una lista bastante escueta de compras: necesitábamos papel higiénico y aceite de oliva; más algunas nueces que Rb consume diariamente, y yo quería abastecerme de avena en hojuelas.

En total gastamos menos de cien dólares y no nos tomó mucho tiempo completar las compras, de hecho incluso estuvimos viendo la sección de eletrodomésticos -aunque no planeábamos adquiriri ninguno de los equipos que estaban en exhibición-.

Pagamos las compras y tomamos la carreta hasta el vehículo, luego retorné la carreta a la bahía correspondiente e iniciamos el retorno a casa; la idea era sacar a caminar a los perros a las once y media pues mi prima favorita me había invitado al cumpleaños de su hijo menor, en una pizzería sobre el periférico.

Retornamos a casa antes de las once y media y esperamos un poco antes de sacar a caminar a los perros más grandes; después esperé hasta las doce y cuarto para meter en mi mochila el regalo que había preparado para el joven (una boina de lana que mi hija mayor me regaló hacía varios años), tomar la van y dirigirme a la pizzería.

El tránsito estaba super fluido; tanto que me llevó menos de quince minutos el viaje hasta el lugar; en donde encontré a los papás de mi prima, sus hermanos y algunos de sus hijos, e incluso la prima más grande de la generación (siete años mayor que yo) -la cual es incluso más grande que los dos últimos hermanos de mi padre-.

Estuve en el lugar un par de horas, la mayor parte del tiempo conversando con la hermana de mi prima favorita, y un poco con el hermano menor de ambas; también un poco con mi prima más anciana.

Lo raro fue que el mesero perdió la orden de mi segunda prima favorita y mía; ella volvió a ordenar pero yo cancelé mi orden (había pedido originalmente un plato de pasta con broccoli); y la verdad es que no tenía apetito: el desayuno había estado bastante sustancioso.

Nomás me quedé con el vaso de Pepsi (supuestamente) black y departiendo con mis primos; incluso el hijo mayor de mi prima me ofreció parte de su pizza -y mi prima más anciana uno de los panes con queso que le habían llevado-.

Cuando casi alcanzaba las dos horas de socialización -la verdad me sentía agotado- le pedí a mi primo que agregara la gaseosa a su cuenta y que yo le transferiría el dinero, pues no quería pasar por todo el proceso de pago; y empecé a despedirme de todos.

Antes de retirarme -traté de comunicarle a mi tía que pasaría a visitarla muy pronto-, nos reunimos los cuatro primos presentes -y reunidos después de treinta y cinco años- para una foto grupal; la que espero que publiquen en el grupo de whatsapp de toda la familia.

Terminé de despedirme de todos y abordé la van; aún encontré al segundo hijo de mi prima favorita en la entrada, y aproveché para despedirme; luego retorné, sin ningún contratiempo a casa; estacioné el auto y entré a continuar mi domingo.

Por la tarde, muy tarde, le propuse a Rb caminar hacia los supermercados en dirección Norte; no teníamos nada pendiente de comprar, nomás para realizar algo de ejercicio; además le propuse que extendieramos el recorrido.

En total caminamos como medio kilómetro extra; y ya estaba oscureciendo cuando empezamos el camino de retorno; por la noche estuve leyendo un poco del libro en español y viendo un capítulo -están super cortos, y en general, no muy buenos- de Love Death and Robots.

El lunes me levanté a las seis de la mañana pues quería revisar un poco del -poco- código que había escrito durante el fin de semana; la verdad es que no había avanzado casi nada en la comprensión del código que me compartió el analista más brillante del equipo.

Entonces, me levanté a las seis de la mañana, medité y luego -durante media hora- traté de avanzar un poco en Playwright -Typescript-; a las siete entré a la reunión diaria y un poco después le escribí a mi compañero para ver si podíamos reunirnos.

Aprovechando que Rb había salido a comprar frutas y verduras (y huevos) llamé al amigo al que he estado llamando mensualmente desde hace un buen tiempo; estuvimos en una videoconferencia por un poco más de media hora -hasta que el analista me escribió para que nos reuniéramos-.

Entonces me despedí de mi amigo y configuré una reunión; en la cual revisamos el enfoque con el que mi compañero había iniciado el proyecto de automatización, pues quería empezar bien: siguiendo el mismo -o muy parecido- formato.

Cuando Rb retornó de la tienda me trajo un enorme mango -aún tenía un poco del anterior en la refrigeradora-; el resto del día me lo pasé escribiendo código; de hecho me enfrasqué tanto que se me olvidó que tenía que salir a las cuatro de la tarde (por el cambio de horario).

A las cinco Rb me propuso caminar hacia los supermercados en dirección sur; en el camino, especialmente durante las primeras calles sentí el efecto de aprender código sin parar: apenas podía ver debido a la fatiga visual; afortunadamente a la mitad del camino empecé a recuperar una visión más o menos normal.

Realmente no teníamos que comprar nada, la salida había sido únicamente para ejercitar un poco las piernas -y salir un poco de casa-; llegamos hasta la gasolinera que está en el extremo del boulevard y de allí retornamos directamente a casa.

El martes me levanté a las seis y media; a diferencia del día anterior no quise empezar media hora antes; medité y entré a la reunión de la mañana; después le escribí a mi compañero para plantearle algunas dudas que habían surgido el día anterior.

Mer reuní con mi compañero alrededor de la mitad de la mañana; me explicó algunos conceptos que me ayudarían a avanzar en los casos en los que había estado trabajando desde la semana anterior.

También llamé, por la mañana, a mi primo para pagarle la gaseosa que le había pedido agregar a su cuenta durante el almuerzo del domingo; pero mi primo no quiso saber nada de dinero; entonces nomás le pedí que preguntara a mi tía si podía llegar a verla el domingo.

En el almuerzo, al igual que el día anterior, calentamos una porción de tortilla española, aderezada con una salsa de tomate que Rb preparó el primer día de la semana laboral; y una gran ensalada -además del vaso de refresco de rosa de Jamaica-.

A las cuatro de la tarde cerré la computadora y salimos con Rb a caminar; al igual que el día anterior nos dirigimos a los supermercados en dirección Sur; aunque ese día sí necesitábamos víveres del supermercado más cercano.

Caminamos, igual que la tarde anterior, hasta el extremo del boulevard y desde allí retornamos al supermercado que nos queda a medio camino; allí compramos algo de bananos y tres tipos diferentes de lechuga -la vista no terminó tan fatigada como el día anterior-.

En la noche completé una evaluación online de CAPM en la que obtuve el sesenta y cinco por ciento de aciertos, aunque ya había pasado con más del noventa por ciento la de mi app -y en la noche me sentía cansaso-.

El miércoles me volví a levantar a las seis y, otra vez, estuve todo el día escribiendo código; aunque ese día, aparentemente completé tres de las seis tareas asignadas; por lo que pude enviar el código al final de la jornada.

Y, realmente, era la primera vez que completaba este ciclo: traer el código total del proyecto, crear una rama personal, escribir código y enviarlo al servidor remoto; lo que consideré un paso bastante importante en mi desarrollo laboral.

Durante la mañana la perra más anciana de Rb se puso muy mal: estuvo quejándose y luego estuvo moviéndose intranquilamente por toda la sala; al final se calmó después de que Rb la bañara -creo que la última vez que la bañaron fue cuando le cortaron el pelo-.

Almorzamos la tercera porción de tortilla española, con salsa de tomate, ensalada -enorme- y fresco de rosa de Jamaica; por la tarde continué con la tercera de las tareas asignadas y, antes de las cuatro de la tarde, realicé el envío.

Pero luego de hacer el envío me dí cuenta que el nombre que le había puesto a la rama no era el adecuado -originalmente iba a trabajar en la otra mitad de las asignaciones- por lo que le cambié el nombre -aunque ví un riesgo de que se perdiera el envío-.

A las cuatro salimos a caminar; otra vez hasta el supermercado más lejano en dirección sur; aunque, antes de pasar por la garita nos quedamos conversando un buen rato con el guardia de turno -el señor que ha trabajado más de diez años en esa posición-.

Como Rb tenía que entrar a su clase de teología a las seis y media decidimos que no caminaríamos hasta el extremo del boulevard; sino hasta la altura del supermercado más lejano -la diferencia son cinco o seis calles-.

Desde allí retornamos al supermercado que queda a medio camino y compramos un poco de bananos -teníamos algunas unidades aún pero su estado de maduración aún no era el adecuado para su consumo-; luego caminamos de vuelta a casa.

Rb entró a su clase de teología -de seis y media hasta un poco después de las ocho y media- y yo preparé mi pastel semanal -aunque se me olvidó agregarle la mezcla de polvos: bicarbonato, canela, fruto del monje y esplenda-; pero no quedó tan mal.

Por la noche ví un capítulo de Love Death + Robots y un capítulo de Mindfully Murder -una serie alemana que mi amigo me recomendó el domingo-; esta última es bastante interesante, mezclando tres conceptos que me resonaron: mindullness, comedia negra y violencia.

Después de meditar -a las diez- ví un mensae del analista más brillante: había recibid el código pero no podía verlo; le comenté del cambio de nombre y le indiqué que encendería la máquina del trabajo y volvería a realizar el envío.

Lo que hice, aunque la operación no estuvo tan breve como hubiera querido -más de treinta minutos-; casi a las once de la noche le envié un mensaje comentándole que había finalizado y, luego, le dí las buenas noches a Rb.

El jueves me levanté, de nuevo, a las seis de la mañana; quería empezar temprano en el desarrollo de la segunda mitad de la asignación; medité, trabajé un poco y luego entré a la reunón diaria; en la que seguimos sin participar.

Después de la reunión -durante la que hice algunas lecciones de Duolingo- salí de la habitación porque, debido a la visita semanal de Rb al mercado en el centro histórico, prefiero quedarme en la sala, con sus perros.

Antes de empezar a trabajar en la segunda parte de la asignación me percaté de que no todo el código enviado la noche anterior estaba bien: había algunos cambios en el formato, en incluso la tabulación estaba diferente.

Además no había preparado los tres casos de prueba que necesitaba para guiarme en la escritura del código; hice lo primero durante una buena parte de la mañana, y lo segundo me tomó menos tiempo; entonces sí empecé a revisar lo que tenía que completar.

No me reuní con mi compañero -en realidad tenía la esperanza de que me diera retroalimentación del código, pero eso tampoco ocurrió-, nomás le escribí en la herramienta de mensajes que el día siguiente estaría de vacaciones, pero que esperaba enviarle el resto de la asignación antes del lunes.

Entré a la segunda reunión de la mañana, la de más temprano había estado bastante extensa pero esta fue un poco más corta -también ví que mi compañero estaba entre los asistentes-; aunque seguimos sin participar en la misma.

A media mañana entré a la reunión quincenal que el jefe de mi supervisor convoca para todo el equipo; en esta reunión se dedica a ponerse al día de las ocupaciones de cada analista; en nuestro caso mi compañero indicó que aún estábamos en las primeras etapas del proyecto -y el supervisor comentó que nos estábamos dedicando solo a eso-.

Al mediodía -después de sacar a caminar a los perros- consumimos la última porción de la tortilla española -con salsa de tomate y ensalada-; el día anterior Rb había preparado una nueva olla de fresco de rosa de Jamaica.

Por la tarde continué con el desarrollo del código -aunque ya empezaba a sentir la vista fatigada-; a las cuatro de la tarde cerré mi computadora del trabajo -después de configurar la función de autoresponder del correo, avisando que no estaría disponible al día siguiente-. 

A diferencia del resto de la semana, en esta ocasión caminamos hacia los supermercados en dirección Norte: Rb quería comprobar si habían pasteles de arroz en la tienda verde de descuentos -su hermana le había regalado unos y no le habían producido alergia-.

Pero los que encontró en este lugar listaban algunos ingredientes a los que ha presentado alergia en el pasado; aprovechando que estábamos en la tienda -y no queriendo pagar con un billete de alta denominación en la panadería- compré una bolsa de los frijoles que preparo cuando invito a algún amigo a desayunar.

Después de pagar los frijoles (un dólar y medio) empezamos el trayecto de vuelta; a la mitad del camino compré un poco de pan -medio dolar- en la panadería más económica de los alrededores -en las otras pago quizá la mitad más de ese monto-.

Cuando regresamos -estaba sintiendo algo irritados los ojos- me encerré en mi habitación y me puse a resolver el cubo de Rubik de seis por seis; eso me tomó un poco más de media hora, dormitando un poco en el proceso.

Por la noche estuve viendo un capítulo de la cuarta temprada de Love Death + Robots; y un capítulo de Mindfully Murder; también le escribí a mi primo para inquirir sobre mi visita del domingo; pero me comentó que su madre debía realizarse algunos estudios médicos al día siguiente; así que quedamos pendientes.

Y a ver cómo sigue eso...

domingo, 8 de marzo de 2026

La Tierra Herida... Broken Country... La terre blessée...

El sábado que me tomé un café -frío, acompañado de una dona: o sea, una inmennsa bomba de azúcar- con mi ahijada ahijada profesional, le comentaba -ligeramente- sobre este libro: es un romance con una línea bastante clásica; y me autocuestionaba la razón de leer este tipo de libros.

Y me respondí a mi mismo: lo hago para mejorar mi vocabulario en inglés;  porque el libro es raro; es una historia romántica, entre una campesina -pero con aspiraciones de ir a Oxford- y el heredero de la familia rica del pueblo.

Pasan un verano idílico -aprobado por los padres de ambos, pero envenenado por la madre del joven- y luego se pelean y ella abandona la universidad -no se inscribe, realmente-; se casa con otro joven que la había estado pretendiendo durante mucho tiempo.

Tienen un hijo, este muere, luego conoce al hijo del chico pudiente -casi de la misma edad que su hijo ausente-; quienes llegan a Inglaterra después del divorcio -culpa de infidelidad de la mujer, por supuesto-.

Y -luego de varios incidentes- retornan la relación -con los 'ojos bien abiertos', según la protagonista-; o sea, un clásico; ya estoy -creo- en el último ciclo de lectura -creo que me faltan cuatro o cinco capítulos-.

Y a ver cómo va eso.

El sábado me retiré a mi habitación una hora antes de lo habitual: como tenía que madrugar, para iniciar temprano el viaje hacia la casa de mis padres, quería dormirme -al menos- una hora antes de lo acostumbrado.

Entonces, a las diez, me despedí de Rb, me metí a mi habitación, medité durante veinticuatro minutos y, luego, me metí a la cama -era el último día del segundo mes del año-; y en general dormí bastante bien.

Creo que me desperté de madrugada -la noche anterior, o un par de noches antes, la perra más anciana de Rb nos había despertado antes de las tres: ladrando para pedir su pollo cocido-; la alarma sonó a las cuatro y veinte y me levanté a meditar.

La noche anterior había cargado en la van el saco de comida para perros que le llevo a mis padres cada tres meses; también había colocado en los sillones traseros una caja con bolsas de agua pura, la cafetera, e incluso las dos magdalenas que había comprado temprano.

La noche anterior también había preparado un paquete completo de pan sandwich integral con jamón, lechuga y queso; después de meditar me metí a la ducha y luego, viendo que aún estaba bastante oscuro -apenas eran las cinco de la mañana- me quedé un rato en la mesa del comedor, leyendo el libro en inglés.

Leí un par de capítulos -la extensión de los mismos es bastante corta-; Rb salió de su habitación como a las cinco y cuarto y me comentó que creía que ya me había ido; pero no, le había ofrecido que me despediría de ella antes de salir de casa.

De todos modos conversamos un momento, nos despedimos y retornó a su cama; yo completé el capítulo que tenía a medias, tomé los sandwiches y la mochila que tiene aislante térmico -en la que llevaba la sandía que me había regalado mi ahijada y algunos bananos-.

Inicié la conducción hacia el puerto -cien kilómetros- a las cinco y media; el señor de la garita estaba ya en sus funciones y salió a abrir el portón de la calle; aún estaba oscuro pero ya empezaba a adivinarse cierta claridad en el cielo.

El viaje estuvo -en general- bastante tranquilo: a diferencia de la última vez, la sección más dañada del camino se redujo de unos diez kilómetros a menos de uno; y la van -era la primera vez que la llevaba- respondió bastante bien.

Un poco antes de las siete de la mañana estaba entrando en la colonia -cercada- en la que viven mis padres; encontré a mi madre regando la calle frente a su casa y escuché que le avisaba a mi padre que ya había llegado; salieron ambos a recibirme y bajé los paquetes que llevaba.

Luego preparé una jarrilla de café y abrí la magdalena de naranja que llevaba; desayunamos eso con los sandwiches que había preparado la noche anterior; mientras comíamos nos pusimos al día de los últimos tres meses.

Después les pedí que me enseñaran cómo han ido avanzando en la construcción del último proyecto en el que han estado trabajando durante varios años: es una pequeña estructura en la que planean tener una 'casa de oración' en el primer nivel, mientras utilizan el segundo como lugar de habitación.

También entré a ver la construcción que hice la década pasada en el lote que me cedieron; la cual dejé completamente a medias: la verdad no me dió confianza la situación de las escrituras de los terrenos.

Pero le indiqué a mi madre que podían continuar con la construcción y alquilar el lugar; a las nueve le envié un mensaje al primo que se quebró la mano la semana anterior -y con quien he estado con una comunicación más estrecha-.

Se ofreció a llegar -y lo hizo- para saludar; teníamos más de diez años sin vernos y ha cambiado bastante: cuando lo conocí estaba en el primer grado del nivel básico; ahora tiene casi treinta años; ha aumentado de peso y ha sufrido varias fracturas conduciendo motocicletas.

Le serví a mi primo lo último que había quedado del café y mi madre lo convidó a la magdalena y algunos sandwiches; luego me pidió que preparar un poco más de café; con lo que le puse otro litro de agua pura a la percoladora y le serví -un poco después- una taza de café bastante aguado -no le agregué más café molido-.

A las diez nos dirigimos con mi madre a la casa de la señora con la que más se han relacionado durante las dos décadas que tienen viviendo en el lugar -a ella le compraron varios lotes y también es quien gestiona la compra de los pescados-; pero no estaba.

Entonces regresamos a casa y le encargué a mi madre que le entregara -cuando la viera- la magdalena de vainilla y le comentara que habíamos ido a saludarla pero no la encontramos; a las diez y media -había puesto alarma- les indiqué a mis padres que me retiraría.

Mi madre me entregó varias libras (diez? quince?) de pescado que tenía en el congelador de una refrigeradora y los coloqué en la mochila con aislante térmico -había llevado cuatro botellas de gel congelado-; me despedí de mis padres -y mi primo- y empecé el viae de vuelta.

El cual no estuvo tan mal: a las diez y treinta y cinco le envié un mensaje a Rb, comentándole que empezaba el camino de vuelta; y a las doce y cuarto Rb me llamó para preguntarme por donde estaba -la ubicación que le envié me ubicaba en una calle dentro de la ciudad-.

Cuando recibí la llamada estaba entrando a la gasolinera en la que había llenado el tanque el día anterior -lo volví a rellenar y pagué la mitad de lo que habíamos pagado el día anterior-: al igual que el viaje anterior, la salida del puerto estuvo difícil -pero no tanto esta vez- pero la mitad final fue mucho más fluida.

Un poco más tarde estaba parqueando el auto frente a la casa de Rb; bajé las dos mochilas y la cafetera y procedimos a almacenar el pescado que nos envió mi madre -la noche anterior habíamos vaciado la mitad de la bandeja superior del congelador, previendo el envío-.

Después sacamos a caminar a los perros grandes de Rb; cuando retornamos ella se puso a cocinar las alitas dominicales y yo me esperé hasta que las volteó para preparar un par de ensaladas; consumimos también un poco de arroz que había sobrado el día anterior -revuelto con huevo- y la penúltima porción de fresco de rosa de Jamaica.

Al terminar el almuerzo lavé los trastos que aún estaban en el lavatrastos, me preparé un té de jazmín y le preparé un té de manzanilla a Rb -el té lo consumí con un tercio de una galleta, un pan tostado y una porción del pastel que estoy ahciendo los miércoles-.

A las tres de la tarde salí a lavar la van: estaba super empolvada -no la había lavado desde que la adquirimos (ya casi tres meses) y nomás había recibido el agua de las esporádicas lluvias de principios de año. 

Luego me puse a realizar los pagos del primer día del mes: los treinta dólares que le deposito a Rb como aporte para los servicios -la otra mitad a medio mes- y los ciento cuarenta dólares de los servicios del apartamento de mis hijos. 

Un poco más tarde estuve conversando con la compañerita que me ayudó un par de años atrás con el evento de ciberseguridad que organicé en la oficina: se había retirado de la empresa seis meses antes por una beca en la madre patria -no le gustó la beca y se retornó al país; y acaba de reingresar a la empresa-.

Y es que quería que me ayudara con una duda: ¿vale la pena obtener el certificado de Project Managemente para el que estoy estudiando?; y técnicamente sí: mi compañerita ha ganado, desde el inicio, veinticinco por ciento más de lo que yo percibo después de once años de estabilidad. 

Al final de la tarde le ayudé a Rb a preparar los almuerzos del fin de semana: pelé y troceé dos libras de papas -estaban enormes- mientras ella ponía a cocer, en el wok, pollo y medio -parte de lo que adquirimos el día anterior-.

El lunes me levanté a la misma hora -siete y media-; pensando en que a partir de la siguiente semana tendré que adelantar una hora las alarmas pues empieza el cambio de horario en el Imperio del Norte y las reuniones se adelantan una hora.

Como sabía que sería un día bien diferente -por la tarde tenía el almuerzo trimestral con la supervisora local- traté de no dormirme luego de la reunión; me quedé en la cama revisando el documento que tiene -muy poca- información de la última tarea que me asignaron.

A las diez me levanté, salí de la habitación y me preparé el desayuno; tuve una pequeña reunión con el analista más brillante del equipo: quería pedir su ayuda en el análisis del documento; aunque no pude avanzar mucho -también me comentó que no iría a la reunión del día por una asignación-.

Un poco antes de las once me metí a la ducha -había planeado salir un poco después de las once de casa, pues quería llevarme el auto-; pero, a último minuto, decidí que mejor usaría Uber: me iba a reunir con mi primo del lado paterno con quien mejor me llevo.

Además había visto que la cuestión del parqueo era algo complicada: podía buscar un espacio con parquímetro y pagar dos o tres dólares -en monedas-, parquearme al lado del restaurante -no sabía cuánto cobraría el parqueo- o parquearme en otro parqueo cercano -hasta siete u ocho dólares-.

Entonces pedí un uber moto -menos de tres dólares por el viaje-; estuve siguiendo el recorrido del vehículo pues lo había pedido para la entrada de la colonia; un poco antes del tiempo estimado salí al boulevard; y el señor con la moto se presentó un poco después.

El tránsito no estaba muy pesado a esa hora -creo que hubiera llegado a buena hora al restaurante, en auto-; nomás en una parte del boulevard había un pequeño embotellamiento pues un camión con materiales de construcción se estaba estacionando.

Pero llegué al lugar con casi veinte minutos de anticipación; de hecho le pedí al señor que me dejara un poco lejos del destino final; el monto del viaje -un poco menos de cuatro dólares- fue cargado a mi tarjeta de crédito automáticamente; caminé media cuadra hasta el lugar y encontré a mi supervisora y a la compañerita que acaba de ser recontratada.

Aprovechando que no habían llegado más personas le entregué el regalo que llevaba para el bebé de mi supervisora -nace el otro mes-; y luego estuve conversando con la compañerita -me senté a su lado-.

Poco a poco fueron llegando más asistentes -no llegó el desarrollador que me apoyó en el curso de ciberseguridad (y a quien, últimamente, he tenido menos paciencia), por estar, supuesetamente, con quebrantos de salud-.

El restaurante en donde se realizó el evento era de comida griega -mi supervisora es una foodie declarada-; y la comida consistió en una pequeña entrada de humus y pan pita, una bebida natural -o podías pedir coca cola- y el plato principal era un pequeño churrasco griego -carne, camarones, longanizas, y algo más-; a pesar del tamaño estuvo bien.

En mi caso traté de tener cuidado en la alimentación pues, por alguna razón, me había levantado indispuesto del estómago -creo que tuve que ir al baño antes de realizar la meditación matutina-; acompañando al almuerzo sirvieron una ensalada comunal.

La supervisora realizó una presentación con las medidas que había previsto para la ausencia de tres meses que iniciría al final de la semana -debido a su período de pre y post parto-; al final del almuerzo -la reunión abarcaba de las doce a las tres de la tarde- uno de los desarrolladores le entregó una tarjeta comunal -y una tarjeta de regalo,creo, con doscientos dólares-.

Todos se despidieron a las tres de la tarde, yo pasé al baño y luego retorné para despedirme de la supervisora; después empecé a caminar a la oficina en donde trabaja mi primo (según google maps el tiempo de caminata era de un poco más de media hora).

Traté de no apurar tanto el paso pues no quería esperar mucho fuera de la oficina; al final llegué con menos de diez minutos de anticipación y me senté en uno de los arrietes que rodean el edificio; mi primo salió un poco después de las cuatro y diez.

Le comenté que no había llevado auto por cuestiones de tráfico -y sincronización- y le propuse que tomáramos el transmetro para ir al mismo lugar de donas en donde nos hemos reunido las últimas veces.

Estuvo de acuerdo -también me señaló a una chica que estaba cruzando la esquina opuesta y me comentó que habían estado saliendo por un tiempo-; la estación del transmetro estaba llena y nos tocó que esperar un poco para abordar la -segunda- unidad que llegó a iniciar el recorrido.

Nos apeámos en la estación más cercana a la cual debíamos dirigirnos para transbordar y allí estuvo un poco más simple la operación -aunque ya llevábamos más de una hora de viaje-; al final llegamos a la estación que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos.

Nos apeamos y caminamos al comercial que se encuentra en la calle aledaña; dentro del local de donas adquirimos un par de cafés y una 'oferta' de cuatro donas y diez micro donas (centros de donas les llaman) -pagué diez dólares- y continuamos con la conversación que traíamos desde el transmetro.

En general con mi primo hablamos de literatura -un poco de política, un poco de cine-, filosofía y temas parecidos; y -como sus padres han notado- tenemos bastante afinidad en los temas en los que nos interesamos.

Rb me llamó en un par de ocasiones -casi llegando al lugar de las donas y luego un poco más tarde- para ver cómo iba la jornada -y por la preparación del fresco de rosa de Jamaica-; un poco antes de las siete le comenté a mi primo que casi era la hora del último bus a mi colonia y nos despedimos.

Caminé hasta el estacionamiento de los busitos -había aún dos unidades- y abordé la que estaba por salir -aún tenía un par de asientos libres-; el tránsito estuvo un poco cargado -era casi el final de la hora pico- pero no hubo ningún inconveniente en el retorno a casa.

Por la noche inicié a leer el siguiente libro en español: acababa de terminar Animales difíciles y ya nomás me faltaba el último ciclo -diez capítulos- de Broken Country; también hice un poco de Duolingo -no había hecho por la mañana pero terminé el reto semanal-.

El martes me levanté mejor del estómago; por alguna razón me desperté temprano, ví la hora en el celular y aún faltaba media hora para que sonara la alarma; me quedé dormitando hasta las siete y media y, luego, me levanté a meditar.

Después de la reunión -tardó casi una hora, que aproveché para hacer algunas lecciones de Duolingo- me quedé en la cama pues se había programado otra reunión para media hora antes de la de las diez.

En esta reunión el analista más brillante presentaría los avances -ínfimos- que hemos tenido en el proyecto de automatización de tareas; en la reunón estábamos tres analistas -trató de involucrar al analista que vive en el pueblo de mi familia paterna-, mi supervisor, su jefe y mi supervisora local.

La reunión estuvo rara -retiraron (sutilmente) al otro analista de este proyecto-, el supervisor estuvo insistiendo en una forma de abordaje mientras su jefe se decantaba por otra; el analista más brillante -pero no en inglés- tuvo varios tropiezos en la explicación y en preguntas subsiguientes.

Al final la reunión se alargó tanto que no pudimos ingresar a la de las diez; un poco después el supervisor nos llamó a los cuatro analistas para comunicarnos nuevas asignaciones: al compañero más brillante y a mí nos indicó que debíamos invertir más tiempo en la automatización.

A los otros dos analistas les asignó todas las pruebas de regresión que nos hemos repartido en el pasado -o sea, ellos deben tomar los grupos de tareas que mi compañero más brillante y yo completábamos en ciclos anteriores-.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; la perra más pesada se niega tanto a caminar en varias ocasiones que tuve que invertir el arnés para utilizar la argolla del lado opuesto: estaba empezando a deshilarse la costura de la que usamos mucho tiempo.

Después de la caminata entré a calentar -en la estufa- la primera de las tres porciones de pollo guisado que preparamos el domingo; el almuerzo estuvo muy bueno: pollo guisado, arroz y aguacate -acompañado de refresco de rosa de Jamaica-.

Al terminar de almorzar lavé los pocos trastes que aún estaban en el lavatrastos; luego me preparé un café -que consumí con medio panito de avena y zanahoria, un tercio de una galleta chicky y un pan tostado que me sobró de la semana anterior-.

También puse en remojo algunas ramas de manzanilla para el té de Rb; últimamente me he estado tomando el café (o té) de la tarde (acompañado de alguna bollería) antes de las dos de la tarde, para continuar con mi práctica de ayuno intermitente.

Después del horario laboral caminamos hasta los supermercados en dirección Sur; en el más alejado compré un bote de café instantáneo -el que estaba usando estaba por agotarse (luego de tres meses)- también compré algunas gelatinas light (mi hijo había elegido este postre para nuestro próximo almuerzo y no tenía de sabor chicle).

Además compré una latita de champiñones -chinos- para el desayuno que esperaba preparar el domingo siguiente -se suponía que mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad (y que hace Uber) vendría a las ocho); en el otro supermercado compramos un poco de bananos.

Por la noche estuve viendo uno de los capítulos de la cuarta temporada de Robots Love + Death; también, aprovechando que Rb le pediría un arnés (para la perra más pesada) a su amiga que vive en el Imperio del Norte (viene a mediados de abril para la celebración del segundo año de su hijo), pagué veinticuatro dólares por un par de tenis LA Gear negros.

El miércoles estuvo un poco diferente la jornada; empezó con meditación, seguido por la reunión diaria -en la que nomás entramos mi supervisor y yo de nuestra área-; luego, antes de la reunión de las diez tuve una llamada con el analista más brillante.

Básicamente quería repartir algunas tareas del nuevo proyecto de automatización; también entró el otro analista a la llamada, pero como el supervisor había indicado que nomás dos trabajáramos en esta tarea, su participación quedó en pausa.

El resto del día me la pasé tratando de entender el código: es playwright (javascript y typescript) y el nivel de complejidad es bastante alto; primero ni siquiera podía correrlo; luego, después de un par de preguntas al analista logré que funcionara.

Pero no pude iniciar con el trabajo real: debo escribir ocho casos de prueba y lograr que se ejecuten de forma automática; paralelamente estuve viendo algunos videos del certificado de CAPM que quiero obtener este año (creo que ya van más de veinte videos, de un total de veintinueve).

Al mediodía almorzamos la segunda (de tres) porción del pollo guisado que preparamos para la semana; por la tarde traté de avanzar en el trabajo pero no pude; casi al final del horario laboral le indiqué al analista que estaría de vacaciones al día siguiente, pero que lo llamaría por la mañana del viernes por ayuda con el código.

Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección norte; yo quería ver si había café molido en la tienda verde de descuentos; pero no encontré allí; compré, eso sí, una bolsa de frijoles volteados, para el desayuno del domingo.

En el otro supermercado compré una bolsa de café molido, además  

Por la noche terminé de leer Broken Country; y la verdad no me gustó el final; pero bueno, la razón es mejorar mi nivel de inglés; también ví el segundo capítulo de la cuarta temporada de Robots Love + Death.

El jueves era mi primera día de vacaciones del mes; originalmente -un par de semanas atrás- Rb me había pedido que la acompañara a una tostaduría de café: quería procesar los granos que ha tenido almacenados por varios años -no sé si funcionará-.

Pero un par de días antes me había comentado que no quería ir a la tostaduría; entonces le propuse que fuéramos al parque de atracciones más grande de la ciudad; el año anterior habíamos ido en una fecha muy inconveniente: había decenas de instituciones educativas en el lugar.

De hecho había tanta gente que las colas eran demasiado extensas; por lo que ni siquiera nos quedamos a almorzar en el lugar; retornamos bastante rápido a casa; esperábamos que la fecha fuera más propicia.

Me levanté a las siete y media, medité y me puse a hacer algunos ejercicios de Duolingo -nomás tres lecciones porque el segundo reto diario (el que da quince minutos de puntos dobles) era completar cuatro lecciones-; después salí de la habitación.

Rb ya había empacado todo; incluyendo las ensaladas que había dejado a medias la noche anterior (no había querido partir la manzana verde y el aguacate por la oxidación); entonces sacó los herméticos y completé las dos ensaladas.

Metí mi Scrabble y el Rumikub de Rb en mi mochila, y me aseguré de llevar varios cubos de Rubik; Rb había planeado desayunar en el auto, en el viaje al parque de atracciones; entonces decidí que yo desayunaría en el lugar; puse la avena por tres minutos en el microondas y empaqué mi gelatina, un banano y un poco de papaya.

Cargamos las dos mochilas (la que tiene aislante térmico y la mía) en la van e iniciamos el trayecto hasta el parque; el tránsito no estuvo tan mal: en el boulevar encontramos el embotellamiento de costumbre en la parte final (como el veinte por ciento del recorrido).

En la ciudad encontramos un poco de tráfico: había un camión detenido justo en el entronque de una de las rutas principales -y otro automóvil detenido en la entrada del periférico); pero llegamos al parque antes de las diez.

Nos llamó la atención que no había muchos automóviles en la calle en donde se encuentra el parqueo; y de hecho Rb notó que el segundo parqueo -en donde usualmente nos estacionamos- estaba cerrado; el primero nunca lo habíamos visto abierto.

Entramos al lugar -después de pagar tres dólares de parqueo-, estacioné la van y pasamos para el control de entrada al parque; el parqueo estaba tan vacío que me quedé casi en la entrada al mismo.

Y adentro también había muy poca gente -contrariamente a la última vez-; de hecho Rb tuvo que esperar un poco para subirse a la primera atracción -una mini montaña rusa-; pero pudo subirse tres veces de forma consecutiva.

Luego hizo lo mismo en la atracción más intensa -el rascacielos-; y de hecho, en este juego mecánico ni siquiera tuvo que esperar: al parecer no hay un mínimo de ocupantes para que funcione; me parece que las dos primeras veces fue la única en el mismo.

Después le propuse que jugáramos una partida de Rumikub -la cual gané- y, después, una de Scrabble -llevamos punteo pero no contabilizamos el resultado final-; ya pasaba del mediodía cuando nos dirigimos a la Rueda de Chicago en la que me subo con mis chicos.

Para terminar nos subimos a un pequeño tren que recorre una amplia área del parque; después nos dirigimos al área de mesas y almorzamos: ensalada y pollo con miel; además de una bolsa de snack -acompañado todo con fresco de rosa de Jamaica-.

Luego del almuerzo decidimos retornar a casa -ya era casi la una y media de la tarde-, por lo que nos dirigimos a la salida del parque y luego al automóvil -incluso pude recorrer en diagonal casi todo el lugar, por lo vacío-.

El tránsito estuvo un poco pesado a la altura de la Universidad, pero el resto del amino no nos dió muchos contratiempos; al final llegamos a la casa a las dos y veinte; le pusimos arneses a los perros grandes y los sacamos a caminar.

Después de la caminata Rb le dió de comer a sus perros y yo me metí a la cocina a lavar los trastos que habíamos utilizado en el almuerzo -y el desayuno-; el resto de la tarde me la pasé leyendo algunos artículos de Wikipedia.

Aunque me sentía cansado; de hecho en algún momento me parece que cerré los ojos y dormite un poco; pero fui interrumpido por Rb: quería mi ayuda para completar un par de pruebas de un sitio en el que espera trabajar algunas horas este mes.

A las cinco le propuse a Rb que saliéramos a caminar; originalmente había pensado nomás ir a la panadería de la vuelta; pero le propuse que camináramos hasta la panadería que se encuentra en el extremo sur del boulevard.

La tarde estaba bastante fresca y el paseo fue agradable; compré algo de pan -aunque decidí no repetir pues el pan francés estaba otra vez aún caliente (lo que dificulta su manipulación)-; luego retornamos a casa.

Por la noche estuve trabajando un poco: quería prepararme para la reunión del día siguiente con mi compañero más brillante; espero realmente poder avanzar en el proyecto al cual me agregó; esto me daría un poco más de tranquilidad en el trabajo -y en lo que venga después-.

El viernes me reuní con mi compañero -el genio del coding-; me levanté a las siete y media -pensando que el lunes debo adelantar una hora el inicio de actividades-, medité y entré a la reunión de las ocho; a medias de la reunión recibí un mensaje de mi compañero para que hicieramos la reunión a las nueve.

Agregué la reunión al horario del día; después de la reunión de las ocho me quedé en la cama, haciendo algunas lecciones de Duolingo -estaba ya en la recta final de terminar (nuevamente) el árbol de ajedrez-.

A las nueve me reuní con mi compañero; fue básicamente una serie de excusas de por qué no había podido avanzar: aún no tenía clara la forma de abordar la escritura del código -aunque le mostré los tres casos de prueba que había escrito la noche anterior-.

El compañero fue bastante comprensivo -aunque su nivel de conocimiento es demasiado alto- y me explicó -de forma algo somera- la forma en la que había estructurado el proyecto y la forma en la que -según él- debía proceder.

Entendí un poco más y me comprometí a entregar algo más sólido el siguiente lunes; luego no trabajé en la tarea: o sea sí, me estuve casi todo el día investigando algunas formas de abordar la escritura del código -apoyado por dos o tres LLMs-, aunque no quise compartir ningún código por esa vía.

Como el día anterior habíamos ido con Rb al parque temático más grande de la ciudad este día Rb acudió al supermercado en el centro histórico; cuando regresó me comentó que había comprado una botella de cloro con aplicador para la losa del sanitario.

Al mediodía almorzamos la última porción -de tres- del pollo que habíamos preparado el domingo -Rb había la había hervido el día anterior, pues ya tenía varios días en la refrigeradora-.

Después del horario laboral -a las cinco de la tarde- caminamos hacia los supermercados en dirección Sur; en el más alejado compré una pechuga de pollo -casi una libra- y dos paquetitos de crema; en el otro supermercado compramos un poco de bananos y, además, medio litro de leche, para seguir probando la receta del pastel.

Antes de entrar a la calle donde vivimos pasamos a la tienda de las verduras: tenía que comprar varios ingredientes para el desayuno del domingo -había invitado (después de más de seis meses) a mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad-.

Por la noche preparé los dos rollos de pollo para el Cordon Bleu que planeaba llevar al día siguiente para el almuerzo con mi hija mayor; también quería llevar una gelatina, pero olvidé prepararla, hasta casi las diez de la noche; la metí en agua fría antes de colocarla en la refrigeradora. 

El sábado me levanté a las seis y media; decidí empezar a levantarme una hora antes ya que el lunes siguiente empezaba el cambio de horario en el Imperio del Norte y todas las reuniones se realizan una hora antes.

Después de meditar me quedé en la cama -casi cuarenta y cinco minutos- haciendo lecciones de Duolingo; después leí un poco del libro de Product Management que empecé a leer la semana anterior.

Salí de mi habitación un poco antes de las nueve y preparé mi desayuno de los fines de semana; Rb me había pedido que camináramos pues yo saldría toda la tarde; entonces nos dirigimos a los supermercados en dirección sur.

No íbamos a comprar nada pero se me ocurrió que podía proveerme de un poco de aceite vegetal; lo que adquirí en el supermercado más lejano; y no entramos al otro supermercado, nomás caminamos de vuelta a casa.

Antes de salir había dejado preparadas las dos ensaladas que planeaba llevar al almuerzo con mi hija mayor; cuando regresamos del supermercado -casi a las once- me puse a preparar el cordon bleu: saqué los rollos de la refrigeradora, los rocié con un poco de harina de arroz, luego los pasé por un huevo batido y, finalmente, los cubrí con un poco de avena en hojuelas.

Los doré por dos lados y luego los cociné a fuego lento por quince minutos de cada lado (dos); después de apagar el fuego -y poner los dos rollitos en papel absorbente- sacamos a caminar a los perros más grandes.

Cuando regresamos me metí a la ducha; luego me vestí, empaqué el Scrabble en la mochila negra, y la comida -incluyendo un par de latas de Seven Up light- en la mochila con aislante térmico; me despedí de Rb y salí a arrancar la van.

Salí de casa un poco antes del mediodía; pero el boulevard estaba atestado: apenas a media cuadra empezaba la cola -de más de quince calles-; me tardé casi media hora en llegar al boulevard principal y allí la cosa no estaba mucho mejor.

Pero en el ingreso a la ciudad se liberó bastante el tránsito; de hecho llegué a la casa de mis hijos veinte minutos antes de la hora acordada -la una de la tarde-; le escribí a mi hija mayor mientras iba subiendo las gradas pero la encontré cuando entré al departamento.

Mi hija ha estado tomando cursos en la facultad de medicina -y, al parecer el stress ha hecho que vuelva a autoagredirse (ví señales de quemadura de cigarros en sus antebrazos)- y me había pedido ayuda con un par de problemas de física -el curso más difícil del primer año-.

Le invité a caminar hasta el parque temático, almorzar, y luego ver la parte académica; estuvo de acuerdo y caminamos las ocho cuadras que separan ambos lugares; luego de entrar nos dirigimos al área techada en donde usualmente almorzamos.

Dimos buena cuenta del almuerzo y luego estuvimos armando (mi) cubo de seis por seis; después jugamos una buena partida de Scrabble; para terminar la jornada en el lugar la invité a subirnos a la rueda de Chicago de costumbre.

Después de la rueda de Chicago decidimos retirarnos del lugar e iniciarmos a caminar de vuelta al departamento; retornamos un poco después de las cuatro y media y estuvimos resolviendo un par de problemas de física -de fluídos, de lo que ya no me recordaba (pero usamos ChatGPT par comprender el problema <y su solución>)-.

Habíamos acordado terminar la reunión a las cinco y media pero mi hija me había pedido que la pasara a dejar a un comercio cerca de la Universidad -en donde había visto algunos pantalones en oferta-, por lo que abordamos el automóvil y pasé a dejarla al lugar.

El resto del viaje transcurrió sin incidentes -excepto la cola que se forma para entrar al municipio- y u poco después de las seis de la tarde estaba estacionándome frente a la casa de Rb; pero, como uno de los vecinos estaba haciendo una fiesta, alguien había ocupado el lugar por lo que me tuve que parquear en el lado opuesto de la calle.

Pero un poco más tarde Rb me comentó que ya habían liberado el lugar y salió a mover la van al lugar de costumbre; lastimosamente la noche no había terminado y un par de automóviles - de la fiesta - se estacionaron muy cerca de la casa con música a alto volúmen.

Creímos que la bulla se extendería hasta la madrugada pero, afortunadamente, un poco después de las once -luego de que la fiesta terminara- varios de los adultos retornaron a los automóviles y se retiraron de la calle.

La gente...