lunes, 14 de septiembre de 2026

Doce años, y una bicicleta... Twelve years, and a bike... Douze ans et un vélo...

Hoy me dí cuenta que la semana pasada cumplí doce años de trabajo ininterrumpido; y de que se me había pasado, por completo, la fecha; o sea, en alguna ocasión recibí un correo de la oficina de Recursos Humanos, conmemorando mi aniversario laboral, pero quizá fue una o dos veces y hace seis o siete años, en fin.

Y no ha sido tan sencillo el trayecto: un par de años después de que entré hubo una gran división -una gran parte de la plantilla pasó a conformar otra empresa-; luego, dos o tres años después, casi todos pasamos a otra empresa.

Luego, dos o tres años más tarde, despidieron a la mayoría del personal de mi división porque querían que nuestros colegas del subcontinente asiático se hicieran cargo de nuestras tareas -no pudieron hacerlo bien-; afortunadamente yo -y una compañerita- trabajábamos directamente con la directora y eso nos permitió continuar trabajando.

Pero ahora, después de doce años, ha llegado -al parecer- el capítulo final: desde mayo anunciaron que estaban vendiendo del departamento en el cual trabajo -y al que me trasladé dos años atrás, luego de un año de haberme cambiado de posición-.

El proceso no ha sido ni fácil -creo- ni claro: la empresa que nos compra se dedica a eso; llevan más de veinte años en el mercado -como parte de otra corporación más grande-, y lo que realizan es eso: adquieren empresas -o partes de empresas-, las organizan para que funcionen independientemente y luego nomás las administran.

Pero, como acá no hay oficina de esta empresa, se supone que seremos trasladados a un Employer of record, pero no se vé nada claro: hace dos viernes nos reunimos con varias personas de esa empresa y quedaron algunas dudas; por ejemplo, si seremos liquidados, o qué pasará con el pasivo laboral.

Lo único que sacamos en claro de la reunión fue que las vacaciones atrasadas serían pagadas y se empezaría con un record de cero, a partir del primero de octubre; pero también debían enviarnos unas propuestas de traslado la semana anterior, y no ocurrió.

Y a ver cómo termina eso.

Lo otro: hace unos ocho o diez años adquirí una bicicleta -justamente del amigo que vive en el otro extremo de la ciudad: me la vendió para celebrarle un aniversario a su esposa-; la misma ha estado -la mayor parte del tiempo- inactiva (incluso se le pudrieron las llantas en una ocasión).

La saqué una vez hace varios años: la llevé a la gasolinera a llenar los tubos de aire; y en otra ocasión pagamos con Rb su reparación total -cambio de llantas, ajustes de frenos, etc-; pero sigue almacenada en la lavandería.

Hasta hoy, después de mucho tiempo recordé el período en el Imperio del Norte; en el segundo y tercer viaje me movilicé en la ciudad casi exclusivamente por este medio de transporte.

Y así empezó mi semana.

El lunes me levanté a las seis y media; sabía que sería un día silencioso en el tema laboral -es el Labor Day en el Imperio del Norte- pero no esperaba que tanto; el supervisor nos había comentado el viernes que todo estaría vacío en las oficinas y que debíamos seguir trabajando en el documento.

Fue justamente doce años atrás que empecé mi trabajo actual: se suponía que empezaría el primer día del mes que también era el primer día de la semana, o sea, el primero de septiembre; pero, por ser el primer lunes de septiembre, era asueto federal en el Imperio (Labor Day); así que me tuve que esperar un día extra para empezar a trabajar.

Después de meditar salí a encender mis dos computadoras; revisé que no tuviera ningún mensaje o correo pendiente en la del trabajo y luego me puse a completar lecciones de Duolingo.

Como no tenía nada de trabajo -estuve monitoreando mis mensajes y correos- aproveché para tomar algunas lecciones de Go: el juego me ha interesado desde hace mucho tiempo y, en un par de ocasiones, he intentado aprenderlo; aún no lo he logrado.

Antes de desayunar me dí cuenta que no había bananos maduros -teníamos un par de racimos de bananos pequeños pero en un estado bastante lento de maduración-, por lo que le comenté a Rb que iría al supermercado.

Ella me indicó que podría comprar en la tienda de la esquina, pero se me ocurrió sacar la bicicleta de la lavandería y usarla por primera vez en varios años; el año pasado -o este, no recuerdo- había comprado un inflador y le eché un poco de aire a la rueda trasera.

Me dirigí en bicicleta al supermercado más cercano, en direción sur; como hay una inclinación, la ida fue bastante agradable; compré bananos por valor de un par de dólares e inicié el camino de vuelta; el cual fue más complicadillo porque subir la cuesta que se encuentra a la mitad del trayecto requirió un esfuerzo sostenido.

Cuando retorné del supermercado -dejé la bicicleta en la sala- me puse a estudiar un poco de Fabric; luego, antes de desayunar, leí un poco de Tinta y Sangre; me está costando un poco avanzar en el libro pues es bastante denso y hay bastante introspección.

A las diez me preparé el desayuno -el cual acompañé con un poco de pastel tres leches-; luego continué en la mesa del comedor, viendo algunos videos de youtube y repondiendo algunas preguntas de Fabric.

Por ser Labor Day en el Imperio el trabajo de Rb había estado bastante inconsistente: la mayor parte de llamadas habían sido cortas; un poco antes de las doce entré a su habitación pues no había escuchado que estuviera en llamada; pero lo estaba.

Entonces revisé mi whatsapp y encontré un mensaje comentándome que estaba en medio de una llamada; por lo que decidí sacar a caminar a los perros a esa hora, mientras ella completaba la llamada, para realizar luego la rutina de ejercicios de los lunes.

Me vestí y le puse los arneses a los perros, los saqué a caminar pero, un poco después de pasar frente a la casa ví que Rb ya había completado su llamada y estaba por salir de casa; caminé un poco más y luego la esperamos.

Después de completar la caminata iba a calentar la comida, pero me irritó una indicación de Rb sobre la forma de proceder con el caldo; entonces le comenté que me encargaría de las ensaladas y que ella se encargara de calentar el caldo, los chiles rellenos y la salsa.

Y así estuvo tranquila -espero- la cosa; el almuerzo estuvo muy bien: los chiles rellenos le quedaron mejor de los que he probado en el pasado, y el acompañamiento con caldo de pollo -al que agregué un poco de ramen- y ensalada estuvo perfecto.

Después del almuerzo me preparé un café; luego me retiré a mi habitación a leer lo que me quedaba del capítulo de Tinta y Sangre; pero antes de completarlo cerré los ojos por un momento y me quedé un tiempo en estado de duermevela.

Por fin completé el capítulo y, después de jugar un par de partidas de ajedrez, salí a ofrecerle un té de manzanilla a Rb; mientras el agua hervía me puse a lavar los trastes que se habían acumulado en el día.

Después me quedé en la mesa del comedor, para evitar dormirme; aproveché para terminar la lección diaria de Fabric y completar la segunda página diaria de preguntas del examen de certificación -completaré la tercera ronda en un par de días y luego planeo concentrarme en las preguntas que aún no domino (que espero que no sean muchas)-.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llevaba la mochila con aislante térmico pues Rb planeaba comprar varias libras de pechuga para sus desayunos -en el supermercado más lejano-.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos al supermercado; Rb adquirió varias libras de pechuga y yo compré una bolsita de crema, para el desayuno que planeo preparar el domingo -también compré una bolsa de snacks con motivos del pasado mundial de futbol-.

Antes de entrar al supermercado habíamos pasado a una farmacia -hay tres o cuatro en la misma calles- pues Rb necesitaba comprar micropore, gasas y una pomada con la que está tratando las alergias de su perro -llega a arrancarse trozos de pelo al rascarse-.

En el otro supermercado compré la pechuga que necesito para el almuerzo con mi hija mayor el sábado; también compramos un par de lechugas -super caras, pues no había de las tradicionales-, además compré un poco de café molido -para mezclar con el más barato que había comprado el mes anterior- y una bolsa de tortillas de maíz, para los tacos de pescado.

Al inicio de la noche, después de haber retornado de los supermercados y almacenado en la refrigeradora todo lo que necesitaba refrigeración -pollo, lechugas y la crema-, me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; después, como ya había completado las dos páginas de preguntas y la lección de Fabric, me pasé a la habitación de Rb.

En donde ví completo el último capítulo publicado de Nanoha -el anime (creo) tiene como tres títulos, y no estoy seguro de cuál es el más confiable-; además ví una parte del penúltimo capítulo de Special Op: Lioness.

El martes me levanté a las seis y media; creo que dormí muy bien porque me desperté un rato antes de que sonara la alarma del celular; pero no me levanté en cuanto sonó: me quedé esperando la alarma de las seis y veintisiete y entonces me levanté a meditar.

Después salí de la habitación, saqué ambas computadoras de la bodega y las pasé a la mesa del comedor; luego las encendí, Rb estaba aún en el baño y luego se metió a su habitación a contestar llamadas -el día anterior había sido asueto y esperaba tener una mejor jornada-.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; aunque había visto, a las siete, que la compañera de mi supervisor había avisado que no estaría en la misma; y la llamada estuvo rarísima: el director de desarrollo se extendió en un discurso sobre mejorar el desempeño del equipo.

Total que la llamada se extendió más de la media hora que usualmente dura; en ese tiempo yo había estado haciendo lecciones de Duolingo, y creo que incluso completé una partida de Scrabble online; a las nueve entré a la siguiente reunión -antes había leído una buena porción del capítulo de Tinta y Sangre-.

En la reunión de las nueve no hubo -al igual que toda la semana- casi nada de avance: aún no tenemos acceso al servidor remoto; después de la misma continué leyendo, hasta las diez menos cuarto; a esa hora uno de los analistas en el Imperio del Norte empezó la llamada.

Ingresé a la misma y ví que ya estaba allí el supervisor, un poco después entraron los otros dos analistas locales; y es que las reuniones han sido más inútiles que de costumbre: básicamente es el supervisor comentándonos que no hay acceso a la red y que debemos revisar cuidadosamente el manual que nos confió.

Pero yo agregué un tema en la reunión de este día: el día anterior el supervisor nos había comentado que un analista peruano podría necesitar de nuestra ayuda para revisar una presentación en español; le recordé nuestra disposición y dijo que iba a darle seguimiento.

A las diez me preparé el desayuno, el que acompañé con el tercer cuarto del pastel tres leches que compré el sábado por la noche; después del desayuno continué leyendo -terminé la porción de Tinta y Sangre y me pasé a The Informationist-.

Un poco antes del mediodía Rb salió de su habitación -un poco antes me había enviado un mensaje mostrándome que el instructor de zumba había avisado (muy tarde) que no llegaría a clase: igual, ella había decidido antes que no acudiría- y se puso a completar una rutina de ejercicios en la sala.

Aún no había completado la rutina cuando llegó la hora de sacar a caminar a los perros -antes de que ella saliera yo había preparado varios ingredientes del almuerzo: piqué un poco de lechuga, rallé un poco de zanahoria y licué un par de aguacates-; entonces me vestí, le puse arneses a los perros grandes y los saqué a caminar.

Cuando estaba iniciando el retorno de la mitad de la primera vuelta ví que Rb salió de casa; con la bolsa de los desechos (la cambia cada semana), pero los perros ya habían realizado sus excreciones y yo las había recogido con una bolsa roja, por lo que le hice señas para que dejara la bolsa en casa.

Después de completar las dos vueltas metimos a los perros a casa; luego de lavarme las manos puse a calentar la mitad del paquete de tortillas de maíz que había comprado el día anterior; además saqué los demás ingredientes de la refrigeradora: el pescado (el cual cubrí con papel húmedo y lo metí al microondas), la lechuga, el guacamol, la zanahoria rallada y un poco de salsa barbacoa que había preparado la noche anterior. 

Almorzamos cuatro tacos -los míos los hice con dos tortillas cada uno-, ensalada y caldito de pollo (al mío le eché unos gramos del ramen congelado que ha estado ya varias semanas en el congelador); después me preparé un café.

Después de almuerzo -el tema laboral estaba tan bajo que había incluso considerado zafarme un rato para ir al organismo de seguridad social a dejar el formulario; pero no había impreso aún los documentos- me pasé a la cama a terminar de leer el capítulo de The Informtationist que llevaba a medias.

Pero en eso sonó la alarma y salí a ofrecerle un té de manzanilla a Rb; puse a hervir el agua -con la hierba- y me dediqué a lavar los trastes -era una montaña- que había en el lavatrastos; cuando hirvió el agua apagué la hornilla, pero quería terminar de lavar los trastos antes de pasar el té a la taza; pero Rb llegó antes y se lo sirvió.

Para no dormirme por la tarde metí cuatro opciones en una decision wheel: leer, escribir, lección de Fabric, preguntas de Fabric; y le dediqué veintisiete minutos a cada una: primero leí el final del capítullo de The Informationist -y empecé la parte final del libro de Agile-.

Luego respondí veinticinco preguntas del mismo tema en el sitio con preguntas -supuestamente- del examen de certificación; después completé la lección diaria que me proporciona el LLM -ya solo me fantan doce días de este plan-.

Por último me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-, hasta que Rb salió -a las cinco- de su habitación; entonces me vestí para salir a la caminata diaria: habíamos acordado dirigirnos a los supermercados en dirección norte.

Y es que yo quería imprimir cinco páginas en la tienda de tecnología en donde hemos comprado las últimas computadoras: dos formularios vacíos, uno completado y dos copias de mi documento personal de identificación nacional.

Caminamos hasta el inicio del boulevard, cruzamos el principal y entramos a la tienda; nos tocó que esperar un poco porque la persona que llegó antes que nosotros estaba imprimiendo bastante material; pero, al final pasé los documentos a la computadora de la oficina -me tocó que vincular mi whatsapp- y recibí las cinco impresiones (casi un dólar).

Después pasamos a la tienda verde de descuentos: yo quería comprar una botellita de salsa de soya -no le había echado a la salsa de barbacoa que preparé la noche anterior porque la última botella se me había acabado unas semanas antes-; Rb quería comprar sal.

Pero no había ninguno de estos dos artículos: es lo malo que tiene ese negocio; la reposición de artículos es muy esporádica; es como que compran muchos artículos a granel, pero luego -muchas veces- ya no hay reposición de las existencias.

Como no queríamos comprar en el supermercado que queda al inicio del boulevard -sino en el que queda en el otro extremo- caminamos de vuelta a casa; a medio camino se encontraba una señora sentada y con una posición similar a los adicto a fentanilo -o lo que se ve en la televisión-.

Rb dudo si ofrecerle ayuda pero finamente se acercó y la despertó; yo me mantuve a una distancia prudente y no escuché muy bien el diálogo: al parecer la señora nomás le dijo que vivía a la vuelta pero que no necesitaba ayuda; con lo que continuamos el retorno a casa -un poco más adelante Rb se encontró tirado un billete de tres dólares-. 

Por la noche ví una tercera parte del penúltimo capítulo de Special Ops: Lioness y la mitad de un capítulo de The Ghost in the Shell - comitee (creo que así se llama la serie); y traté de dormirme un poco temprano porque planeaba madrugar al día siguiente.

El miércoles me desperté bastante temprano: había puesto la alarma para las cinco de la mañana pues quería ir a la institución de seguridad social del país y quería regresar antes de la primera reunión del equipo (a las nueve de la mañana).

Pero me desperté antes de que sonara la alarma; de hecho dudé sobre ver la hora porque temía que no podría dormirme nuevamente; pero, al final, lo hice: apenas pasaban de las cuatro de la mañana, por lo que volví a dormirme, hasta las cinco.

A esa hora me levanté a meditar; luego me metí a la ducha y tomé un buen baño; después me vestí, entré a la habitación de Rb a despedirme e inicié la caminata hasta el boulevard principal (cuando pasé por la garita le dejé cincuenta dólares que Rb me había encargado entregarle al guardia: posiblemente le vendrían a dejar unos audífonos y no quería que interrumpieran su trabajo).

Caminé hasta el inicio del boulevard, a donde llegué apenas unos minutos después de las seis; el bus no tardó mucho en pasar y me apeé a un par de calles de la estación del transmetro; la cual no estaba muy llena, abordé la siguiente unidad en pasar y me apeé en la Municipalidad de la ciudad.

De allí caminé dos o tres calles hasta la sede central de la institución de seguridad social; apenas pasaban unos minutos de las siete cuando llegué al lugar; el cual ya se veía con cierta actividad: hay dos grandes entradas, una para el ingreso y la otra como salida.

Entré al lugar y un empleado me asistió en obtener un número para realizar el trámite: presentar el formulario con el que solicitaba actualizar el conteo de contribuciones a la entidad -para jubilarme debo cumplir dos condiciones: tener más de sesenta años (o sea, en siete) y comprobar doscientas cuarenta aportaciones mensuales).

Por lo estable de mi última década -o un poco más, realmente-, tengo en el registro digital ciento cincuenta cuotas (doce años en la empresa actual y seis meses en un banco, dos trabajos antes); y llevaba un formulario con seis empresas diferentes -empezando por el colegio en donde trabajé el último año y medio de facultad- para que la información sea actualizada.

Después de entregarme un número el empleado me indicó que debía esperar en una sillas, frente a un gran número de ventanillas; creí que esperaría hasta las ocho de la mañana -se suponía que a esa hora empezaban a atender-, pero no, un poco antes de las siete y media apareció mi nombre en las pantallas y me dirigí a la ventanilla.

Allí otro empleado, este sí, mal encarado, me recibió el formulario -ni siquiera me pidió la copia de mi documento de identificación- y empezó a rellenar la información en su terminal; y hubo un par de datos que corrigió en el listado: no sabía que la misma empresa que fue adquirida en el primer trabajo que tuve en tecnología se hizo cargo luego de mis contribuciones.

Y la otra fue el banco en el que estuve justo antes de empezar en mi empleo actual: allí trabajé en las instalaciones del banco pero realmente fui contratado por un tercero; o sea, es una práctica común acá; y, aunque le había comentado eso a la persona que me brindó la información por teléfono, ella me dió el número patronal del banco.

Le pregunté al joven si debía actualizar el registro, pero no fue necesario: él ingresó la inforamción correcta en su terminal; luego me pidió que firmara en un pad wacom y después imprimió el formulario y me lo entregó; recomendándome que preguntara por el avance en un año.

Lo que me queda bien: no puedo jubilarme hasta dentro de siete años; o sea, tengo un buen tiempo para completar los trámites; después de despedirme me dirigí a la misma estación en la que había llegado al lugar; allí tomé la siguiente unidad e inicié el retorno a casa.

Estimé que tenía un buen tiempo para tomar la misma línea de bus de más temprano para caminar de vuelta a casa la misma distancia -en sentido contrario- que en el viaje de ida; y el plan fue más o menos como había previsto: me apeé al inicio del boulevard y caminé a casa; pasé por la garita y le pedí al guardia el dinero de Rb; era lo que habíamos acordado más temprano.

Cuando entré a casa -eran las nueve menos cuarto- escuché que Rb estaba atendiendo una llamada, le escribí por whatsapp ofreciéndole alimentar a sus perros; ella aceptó y le puse los platos a los tres; afortunadamente la más anciana colaboró en esta ocasión -es bastante frustrante obligarla a comer-.

Rb salió un rato más tarde y me pidió que retornara a la garita porque prefería que el motorista no llegara hasta acá, para interrupciones en su trabajo; me vestí nuevamente y me dirigí a garita; cuando retorné entré a la primera llamada del día; la que tuvo una duración bastante corta: ni el jefe de los desarrolladores ni el programador más antiguo entraron.

El PM nos indicó que estaban en otra reunión y que debíamos continuar con nuestras actividades regulares; luego esperé la siguiente llamada, la del equipo; en esa el supervisor nos comentó que posiblemente necesitarán nuestro apoyo con una presentación en español -no solo revisión sino, entendí, participación en la misma-.

Esta reunión la terminamos justo a la hora porque había otra en la que se presentaría una herramienta de BI/Analytics; la cual estuvo muy interesante -aunque la primera parte no la ví por estar preparando mi desayuno-; aún así participé -escuetamente- en la misma: el framework es justo lo que he estado estudiando las últimas semanas para el certificado.

Después de esta reunión llamé a la analista en el Imperio del Norte: antes de que terminara la anterior me había escrito para que la llamara; pero en la reunión también estaba el supervisor; y me indicó que lo que había enviado la semana anterior no estaba bien y que debía cambiarlo.

El problema es que actualmente no tenemos acceso a la herramienta -seguimos sin acceso al servidor remoto-; le indiqué eso a la analista, pero le comenté que vería qué opciones había; así que se me ocurrió llamar a los programadores -tuve que llamar a los tres, consecutivamente- para ver si podía utilizar la versión que cada uno tiene localmente.

Primero hablé con el que menos me realciono; pero él no tenía un buen ambiente, y me indicó que quien tenía un buen ambiente era el desarrollador que menos bien me cae -el que me ayudó hace un par de años con el curso de ciberseguridad-; así que lo llamé, y estuvimos en una reunión por más de media hora; y sí, obtuve un poco de información.

Luego -al final- llamé al programador con el que me he reunido un par de veces para tomar café; él también me proporcionó un poco de información; aunque no toda la que necesitaba; al final le escribí al programador más experimentado -en el Imperio-, pero él no me pudo ayudar -eso sí, salí de mi duda: a pesar de tener un acento que (me ha parecido fuerte), dice que nació y creció en la ciudad en la que se encuentra la oficina.

Después empecé a buscar videos que había almacenado sobre esta funcionalidad y allí encontré lo que necesitaba; empecé a armar el documento pero antes de avanzar mucho ví que mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad me había enviado un audio

En el mismo se disculpaba por el medio utilizado, y me comentaba que su esposa lo había abandonado -lloraba en varias partes del mensaje-; Rb estaba aún en la reunión semanal de su trabajo, y le escribí por whatsapp: comentándole que no saldría en la tarde, pues le había dicho a mi amigo que se viniera un rato a la casa.

También le pedí a mi amigo que me enviara su ubicación en tiempo real; él debía pasar a dejar a una persona a su trabajo -es parte de sus ocupaciones extras- y luego -a las cuatro y media- vendría a casa de Rb: vino a las cuatro y veintisiete.

Se veía terrible: ojos llorosos, descuidado; nos dimos un buen abrazo y luego le ofrecí un té y un panito; y fuimos a las tienda de la esquina a comprar pan y jamón; en el camino de vuelta encontramos a Rb y ella también le dió un muy buen abrazo.

Luego Rb salió a dar su caminata -afortunadamente yo había caminado por la mañana- y, con mi amigo, entramos al comedor; en donde preparé un par de panes para cada uno; y un par de tazas de té; estuvimos hablando un poco sobre su situación -pero me cuesta llevar este tipo de conversación-.

Rb retornó una hora o así más tarde y se nos unió por un rato; luego mi amigo anunció que se debía retirar pues no había dormido casi nada durante los últimos seis días -su esposa lo abandonó el viernes anterior- y que debía entrar a trabajar de madrugada.

Le dí en una bolsa el pan restante -y la rodaja de jamón que había sobrado- y salí a despedirlo a su motocicleta; indicándole que quedaba a su entera disposición, en cualquier día y a cualquier hora; luego se marchó.

Yo entré a mi habitación y completé algunas -pocas- lecciones de Duolingo; después recordé que debía llamar a mi prima favorita: de hecho, por la tarde, estaba a punto de llamarla cuando había visto el mensaje de mi amigo.

Conversamos con mi prima de las últimas novedades: me había invitado al cumpleaños de su hermana menor, pero era justo el día en el que debía ir a visitar a mis padres; también me comentó que un hermano del esposo (fallecido) de su hermana había muerto al principio de la semana (un segundo evento cardíaco).

Además de la información familiar le comenté a mi prima sobre el trámite que había completado más temprano (ella es un año mayor que yo y también ha estado averiguando sobre la jubilación); después de terminar la llamada, y mandarle la inforamción, completé la lección diaria de Fabric; e iba a completar otra -la última, realmente- página de preguntas de examen, pero, al parecer ya lo había hecho antes.

Durante este tiempo -desde las seis y media- Rb había estado en su clase de teología; yo me puse a ver la parte final del capítulo de The Ghost y the Shell y, cuando escuché que terminó su clase, me pasé a su habitación y me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-. 

El jueves me levanté, nuevamente, a las cinco de la mañana: como la tarde anterior la había dedicado a darle soporte emocional a mi amigo, no había hecho -casi- nada de la asignación que me habían indicado a mediodía.

Puse el reloj para las cinco de la mañana (igual que el día anterior y sabiendo que al día siguiente tendría que ponerlo para las cuatro de la mañana) y me levanté en cuanto sonó la alarma; medité veintisiete minutos -hasta medio ciclo me dí cuenta que ya me tocaban veintiocho- y luego encendí la computadora del trabajo -la había dejado en la habitación-.

Y estuve trabajando un buen par de horas en la asignación; incluso utilicé -o traté más bien- el LLM del trabajo para acelerar un poco la tarea; pero, la verdad es que me decepciona; no sé si es por el nivel de licencia, pero la ventana de lectura es demasiado pequeña.

De todos modos me dediqué hasta las siete y media actualizar el documento que había enviado incorrectamente la semana anterior; a esa hora entré a la reunión diaria, en la que, por fin, participó la compañera de mi supervisor; en esa reunión mencionaron que ya se podía utilizar el servidor remoto, pero nos pidieron precaución.

Entonces aproveché para revisar las pantallas que se suponía que debía haber documentado desde antes; al final agregué dos secciones, cada una con una parte gráfica -incluyendo descripción de componentes- y una parte de ejecución -cómo navegar las mismas-.

Un poco después de las ocho llamé a la analista y le mostré mis avances; ella me indicó que iba por un mejor camino y que continuara igual; mi supervisor había avisado temprano que estaba fuera de la oficina, pero estuvo enviando mensajes para darle seguimiento a las tareas.

A la una envió un mensaje preguntando sobre el avance -o la finalización, más bien- del a asignación; yo estaba justo escribiendo el correo a la analista -con copia al supervisor y copia oculta al analista que vive en la ciudad colonial-; pero, como aún me faltaba algo de información, lo puse en pausa; y lo envié después de almorzar.

Casi al final de la tarde el supervisor volvió a escribir, comentando que ya estaba accesible el servidor remoto; yo había estado revisando el funcionamiento del mismo y lo había encontrado bastante lento; por lo que nomás puse en ejecución los cincuenta escenarios automatizados.

A las cinco de la tarde nos dirigimos, con Rb, hacia los supermercados en direccion norte: como casi todos los jueves, quería comprar el pan de mis desayunos en la panadería más económica -lo que no me resultó muy bien-; además, como el viernes Rb debía acudir al hospital, habíamos decidido almorzar pollo; y era preciso comprarlo.

Caminamos hasta el supermercado del inicio del boulevard y entramos al supermercado; compramos una bandeja de fajitas de pollo y yo aproveché para comprar cuatro coquitas de las que llevo para los almuerzos con mi hijo menor; luego iniciamos el camino de vuelta.

A medio camino pasamos a la panadería; usualmente la cuenta es de medio dólar, pero en esta ocasión se cuadruplicó; y es que compré un zepelin -que no tenía mucho de especial- y, al parecer el precio era casi el triple de lo que gasto usualmente en pan; igual, me dije, el día anterior había gastado casi eso en la refacción que compartí con mi amigo.

Cuando retornamos a casa me metí a mi habitación para recibir la clase semanal de storytelling, que ya no me está gustando mucho: se está centrando más en producción de contenido audiovisual que en -creo yo- lo importante, contar historias.

De hecho, la mayor parte de la clase silencié al presentador y me puse a completar lecciones de Duolingo; lo único que me quedó claro es que debía haber presentado una tarea durante la semana -nadie la presentó-. 

Por la noche me sentía bastante agotado -dos días levantándome un par de horas antes de lo acostumbrado- por lo que ya no hice mucho: además de Duolingo y completar la lección diaria de Fabric; nomás ví el inicio de una película del actor de Deadpool. 

El viernes me levanté a las cuatro de la madrugada; había estado teniendo sueños bien raros: con personajes y escenas del trabajo en el que me encontraba por la época en la que nacieron mis hijos; me desperté con una sensación de decepción: treinta años como Ingeniero y ań no siento cabeza; pero bueno.

Me vestí y salí de la habitación; Rb ya casi estaba lista y un poco después abordamos la van y nos dirigimos al hospital nacional más grande de la ciudad; encontramos una buena cantidad de vehículos en el camino, pero ningún embotellamiento.

De hecho, cuando llegamos al hospital Rb se sorprendió de ver una cola de ingreso bastante reducida: la primera vez que llegamos a esa hora la cola se extendía por tres calles; en esta ocasión ni siquiera doblaba la esquina.

Dejé a Rb en el lugar e inicié el camino de retorno; el cual tampoco estuvo muy difícil; vine a casa antes de las cinco y aún estuve intercambiando un par de mensajes con Rb -me comentó que la poca afluencia era porque había riesgos de bloqueos por las protestas en contra del alto costo de los combustibles-.

Entre la conversación con Rb y -algo de- redes sociales terminé intentando dormirme nuevamente hasta un poco después de las cinco; y sentí que no concilié el sueño, pero, definitivamente, estaba dormido cuando sonó la alarma de las seis y media.

Me levanté y completé los veintiocho minutos de meditación; luego salí a la sala con la computadora del trabajo; aunque no planeaba trabajar mucho: la primera reunión era hasta las nueve de la mañana; entonces me puse a completar algunas lecciones de Duolingo -bajando, nuevamente, mi elo por debajo de los mil cuatrocientos-.

A las nueve entré a la reunió semanal del equipo -la ponen los viernes a la misma hora que la segunda reunión diaria-; en la misma no hubo muchas novedades, excepto que mis dos compañeros estarán apoyando un proyecto de un país del cono sur.

Y no sé como sentirme al respecto: o sea, celebro que no aumenten mis responsabilidades -y tampoco me llama la atención viajar-; pero fui yo el que le indiqué al supervisor que el equipo local podía apoyar este proyecto: compartimos el idioma materno.

A las diez de la mañana vinieron a dejar un saco de comida para los perros grandes de Rb -ella me había escrito un mensaje para pedirme que estuviera listo para recibirlo-; también, un poco más tarde me dí cuenta que se me había olvidado -por segunda ocasión- alimentar a los perros.

Por suerte Rb acababa de avisarme que estaba iniciando el retorno; por lo que le serví la comida a los animales y comieron tranquilamente -incluso la más anciana-; Rb vino un poco después de las once: hubo un connato de cita para la cirugía para la siguiente semana, pero al final le dieron una cita de seguimiento para el próximo mes.

Rb venía bastante agotada; y yo había estado leyendo un poco del libro de francés; entonces quería continuar con esto y me fuí a mi habitación; ella llegó un poco más tarde y se acostó a mi lado; y se quedó dormida; con lo que ya no hicimos la rutina de ejercicios de los viernes.

La verdad es que me agradó que se quedara un poco a mi lado en la cama; pero cuando salí -se despertó un poco después del mediodía- me dí cuenta que mi supervisor me había estado llamando para que participara en una reunión con un desarrollador.

No quise hablarle para comentarle que estaba teniendo problemas de conexión -o que estaba en el servidor o algo parecido-, nomás seguí con mis actividades normales: sacamos a caminar a los perros grandes.

Cuando entramos de la caminata preparé un par de enormes ensaladas y luego le agregué a la mía la mitad del pollo que Rb había dejado cocinando; almorzamos y luego me preparé un té de menta -acompañado por pan y galletas-.

Después del almuerzo continué con la última parte del libro de kanban -no estoy seguro pero creo que es el que más tiempo me ha llevado en estos cuatro años-; a las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb y lavé los trastes del día.

Ella había estado -después del almuerzo- contestando llamadas en su habitación y salió a darle de comer a sus perros; yo me ocupé en las preguntas del examen de Fabric -el día anterior había completado la primera cuarta parte, con un porcentaje de setenta por ciento correctas-.

La segunda cuarta parte mejoró -pero no tanto-; eso consumió la mayor parte de la tarde; también le pedí a Rb que enviara al grupo de storytelling la tarea que había preparado antes del mediodía: bajé varias fotografías de mi Google Fotos para ejemplificar un listado de planos y ángulos.

A las cuatro cerré la máquina de mi trabajo y me puse a depurar las quince preguntas que había fallado el día anterior -quería adecuarlas a mi herramienta de repaso espaciado-; pero Rb me propuso que hiciéramos ejercicios; al principio me negué.

Pero después lo reconsideré y completamos la rutina que debíamos haber hecho al mediodía; después nos vestimos y nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur: aún me faltaba comprar un poco de jamón de pavo para los rollitos de pollo que planeaba llevar al almuerzo con mi hija mayor -al día siguiente-.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de mitad del camino; allí elegí, al inicio un par de tomates, pues me había dado cuenta que me faltarían para completar el desayuno del domingo; luego me dirigí a la carnicería.

Y allí estaba un joven con una -al parecer- larga lista de compras; también estaba una señora esperando; esta última le pidió que la dejara comprar nomás una cosa; yo pensé también en hablarle, pero desistí; sin embargo el joven fue muy amable y me preguntó si compraría poco, pues él estaba comprando para toda la semana.

Con lo que pude comprar -sin esperar tanto- media libra de jamón de pavo; Rb llegó un poco después, con una lechuga; pasamos a la caja -el monto no llegó al mínimo para recibir un ticket para la rifa de la moto- y luego retornamos a casa.

Cuando entramos reservé en la refrigeradora las hojas de lechuga -y tomates y chiles pimientos- que había desinfectado a media tarde; luego corté uno de los chiles pimientos en cuadritos; después saqué la pechuga de pollo y preparé un par de rollitos.

Los reservé en la refrigeradora y luego seguí trabajando con las quince preguntas que no logré contestar correctamente del primer cuarto grupo del sitio en el que he estado preparándome para el exámen de certificación; eso me llevó bastante tiempo pero pude, finalmente, repasarlas en mi app.

Ya eran más de las ocho cuando completé el primer repaso y me pasé a la habitación de Rb; consideré ver algo audiovisual, pero nomás me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; luego, un poco antes de las diez, me retiré a mi habitación.

Medité los veintiocho minutos y luego, como no tenía mucho sueño -a pesar de haberme levantado a las cuatro- continué -hasta el final- con el libro de kanban; el cual completé a las once y media de la noche; luego completé mis notas y revisé -por última vez en el día- mi correo laboral. 

El sábado me levanté a las seis y media; medité y luego retorné a la cama, a completar algunas lecciones de Duolingo; a las siete salí de la habitación y preparé las ensaladas que llevaría al almuerzo con mi hija mayor; luego cociné los dos rollitos de pollo -y la torta para mi desayuno-.

Traté de tener todo listo antes de las diez pues Rb debía llevar a su perra más anciana a la veterinaria -para su inyección mensual-; desayuné un poco después de las diez y luego conduje la van -con Rb y su perra- hasta el comercial más cercano en dirección sur.

La cita era para las diez y media y llegamos con casi quince minutos de anticipación; y estuvimos esperando fuera de la clínica hasta cerca de la hora programada; cuando salió el veterinario para hacer pasar a Rb -y su perra-; el tratamiento es bastante corto con lo que un poco más tarde estábamos iniciando el regreso a casa.

Un poco antes de las once sacamos a caminar a los perros grandes; luego me metí a la ducha y tomé un buen baño, el cual fue interrumpido por varias exclamaciones de Rb: el perro se había subido a mi cama y había encontrado los dos rollitos de pollo -no tuve cuidado en dejarlos en un lugar seguro-.

Al principio me molesté, pero me tranquilicé bastante rápido: o sea, no podía hacer mucho -más que tirar la comida-; lo bueno es que las ensaladas estaba intectas, así como los snacks; terminé de bañarme y luego preparé -el resto de- la comida.

Salí un poco antes de las doce de casa y encontré la ruta completamente vacía; no tuve que bajar la velocidad hasta la última curva antes del boulevard principal; y la ciudad también estaba bastante vacía; tanto que llegué al departamento de mis hijos un par de minutos después de las doce y cuarto.

Subí al departamento y me instalé en la sala; como era super temprano decidí no avisarle a mi hija que ya estaba en el lugar; decidí meditar durante veinte minutos, pero olvidé desconectar las alarmas del celular, entonces nomás medité doce o trece minutos.

Luego me puse a armar un par de cubos de Rubik; hasta la una menos cuarto, a esa hora le escribí a mi hija, comentándole que ya estaba en el lugar; un rato después salió de su habitación; y nos dirigimos al parque temático.

Le comenté a mi hija que había tenido un accidente con la comida y que pensaba comprar pollo -frito-; ella estuvo de acuerdo y, cuando entramos al parque temático, pasamos al restaurante del lugar; compré un poco -bastante poco- de pollo a un precio excesivo (8 dólares) y nos dirigimos al lugar en donde habitualmente almorzamos.

El sitio estaba bastante vacío, encontramos una mesa en un lugar apartado y procedimos a almorzar; después le propuse a mi hija que fueramos por un par de helados de cono; lo bueno es que ahora sí recordábamos la ruta corta para llegar al kiosco.

Compré un par de helados y nos instalamos en una de las mesas bajo los árboles del lugar; entonces mi hija abrió la caja de Scrabble y descubrimos que dentro estaba mi ajedrez; jugamos un par de partidas -gané rápido la primera pero no jugué muy bien la segunda y mi hija ejecutó un jaque mate-.

Después de estar un buen rato en el lugar le propuse a mi hija que abordáramos la rueda de Chicago; la cual estaba bastante vacía; pero, por alguna razón, sentimos bastante corta la duración del juego mecánico; en el viaje del departamento al parque habíamos pasado a un cajero automático, pues quería sacar un poco de efectivo.

Y, como había decidido empezar a sacar los dólares de mi cuenta bancaria, le había pedido a mi hija que me acompañara al banco en el viaje de vuelta; salimos del parque un poco después de las cuatro y nos dirigimos al banco.

Extraje una buena cantidad de dólares -aprovechando que acababa de recuperar mi documento de identificación- y luego continuamos el camino al departamento; en donde nos instalamos en la sala; yo había pensado que practicáramos origami, pero mi hija me propuso jugar Scrabble en inglés.

Completamos una partida bastante extensa: no me dí cuenta que ya había pasado la hora en la que habíamos acordado despedirnos (las cinco y media); entonces, por la hora, decidí que iría por Rb en el auto -y no a pie, como es lo habitual-; y, también, aprovecharía para pasar a una tienda de electrónica a comprar un par de caimanes.

Como mi hija me había pedido que la pasara a dejar al otro lado del boulevard bajamos al sótano, abordamos la van y conduje hasta el otro lado de la calle principal; allí nos despedimos y continué mi viaje hasta la tienda de electrónica.

La misma está en el mismo comercial en donde compré los petapes de playa unos meses atrás; el lugar estaba bastante lleno pero no me llevó mucho tiempo comprar los caimanes (dos rojos y dos negros, por menos de cuatro dólares); luego continué mi viaje de vuelta.

Compartí con Rb mi ubicación en whatsapp; las rutas continuaban bastante vacías; incluso en la entrada al municipio la cola antes del semáforo era de un par de autos; llegué al comercial un poco después de las seis, llamé a Rb y nos reunimos en la entrada del supermercado.

El plan era comprar el pollo que necesitábamos para los almuerzos de la semana; pero, no había del tipo de pollo que andábamos buscando; por lo que retornamos a la van y en ella a casa; cuando vine me puse los audífonos bluetooth y realicé una buena limpieza de pisos.

Luego vacié la mesa del comedor y coloqué los platos que utilizaría el día siguiente para el desayuno al que había invitado a mi amigo voluntario; después de dejar preparada el área estuve un rato en la habitación de Rb, viendo videos de Youtube.

Y a ver cómo va eso... 

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

La Informacionista... The Informationist... L'informationiste...

Estaba -hace un par de semanas- viendo la tercera temporada de Special Ops: Lioness y me pregunté si estaba basado en un libro -o algo similar-; luego me puse a buscar libros con la misma temática; y Google -me parece- me sugirió el título que titula este texto.

Y me pareció interesante aún antes de ver que era toda una serie de libros que sigue a una misma protagonista: la autora, al parecer, fue criada dentro de la misma secta en la que crecieron los hermanos Phoenix -River murió, Joaquin nos dió al último Joker-.

La protagonista del libro es -claro- estadounidense, nacida en Cameroon -donde tengo una conocida- y se dedica a realizar investigaciones en donde otros personajes no han logrado encontrar lo que se buscaba; leí algunos capítulos entre los últimos dos libros.

Y es que me quise obligar a terminar -de una vez- el libro de George Carlin -no me gustó, en general, pero no quería dejarlo a medias-, y a la vez Wherever you go There you are -porque sentí que ya me había tardado mucho en este-; entonces estuve intercalando estos tres libros.

Completé el de George Carlin: no me gustó; o sea, alguien que -según sus palabras- pasó drogándose desde su adolescencia hasta los sesenta y siete años -cuando entró en rehabilitación, muriendo cuatro años más tarde-; pretendiendo ser un disruptor.

Digo pretendiendo porque tiene un sketch donde se burla de la preocupación humana por tener una casa -el lo llama, lo que cubre tus pertenencias-; pero en el libro habla sobre sus mansiones -y fiestas- en Hollywood (y de estar una tarde tomando whisky y fumando marihuana en su jet privado-.

El otro libro, el de meditación -o mindfulnes, no me quedó muy claro- me gustó mas; o sea, estoy por llegar a los novecientos días contínuos -o casi- de meditación diaria; un hábito que espero mantener durante el resto de mis días.

Y a ver cómo va eso.

El domingo me levanté a las seis y media; bajé al piso a meditar y luego retorné a la cama, a hacer algunas lecciones de Duolingo; preveía un domingo tranquilo: los dos anteriores nos habíamos encargado de limpiar toda la maleza trasera de los patios frontal y trasero.

Después de las lecciones de Duolingo estuve leyendo un poco del libro de Kanban; después me pasé a la mesa del comedor, en donde estuve viendo algunos videos de Youtube; un poco después de las diez tomé mi desayuno.

Rb se puso a hacer una rutina de ejercicios un poco después de las once de la mañana; y, más o menos a la misma hora, yo llamé a mi amigo que vivió muchos años en la misma  ciudad en la que estuve -ya hace más de dos décadas- en el Imperio del Norte.

Había estado pendiente de realizar la llamada desde un par de días antes; de hecho la había querido realizar el día anterior, pero no me había dado tiempo: y es que, el año anterior, había registrado la fecha de cumpleaños de mi amigo; justo el domingo.

Estuvimos, con mi amigo, casi una hora en una conversación bastante animada: justo estaba cumpliendo cincuenta y siete años; y, supuestamente, lo habían estado llamando desde su ciudad natal, para felicitarlo; fue una conversación bastante agradable.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; y cuando entramos Rb se puso a preparar las alitas de pollo dominicales; mientras, yo preparé un par de enormes ensaladas, para acompañar el almuerzo.

Después del almuerzo no me preparé café ni té: ya había tomado café en la mañana, y esperaba volver a consumir más tarde, en la reunión que había acordado con el hermano de mi amiga psicóloga; y me parece que tampoco le ofrecí té a Rb.

Un poco antes de las dos y media me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían ido acumulando en el día; lo que me llevó un buen tiempo; después me vestí, saqué de mi habitación mi mochila y la caja del Scrabble -pero con el ajedrez adentro- y me subí a la van.

Había estado lloviznando por lo que el tránsito estaba algo lento; pero no tanto como para atrasar mi llegada al destino: llegué a la cafetería un par de minutos antes de las tres; casi llegando había visto que mi amigo me había escrito un mensaje en whatsapp, inquiriendo sobre mi avance.

Entonces le escribí, comentándole que ya estaba en el lugar; y unos cinco o seis minutos más tarde -al ver que no llegaba-, lo llamé; me comentó que se estaba estacionando y, efectivamente, un poco después entró al lugar.

Había pasado mucho tiempo desde nuestra última reunión -que creo que fue un desayuno hace un par de años, en una cafetería en una de las zonas opulentas de la ciudad- y lo encontré un poco más lleno -aunque vestido de forma juvenil-.

Ordenamos un par de cafés -el mío, Cappuccino (y un pastel), el de él, frío, no pastel: nueve dólares- y estuvimos las siguientes tres horas entre conversación, consumo de bebidas y una partida de ajedrez -esto último había sido el pretexto del encuentro-.

Mi amigo es medico y cirujano -con una maestría en salud pública y otra por terminar en administración de la salud- pero no es bueno en ajedrez; o sea, no sabía aplicar el enroque, por lo que el juego fue bastante sencillo -trate de que no sufriera mucho-.

Además, la conversación fue bastante interesante: a mi amigo le gusta leer y ha consumido libros bastante serios -Kant, Schopenhauer y así-; pero también tiene -aún- una visión bastante utópica de la vida: aún anda en ensoñaciones de ayudar a una comunidad para que se ayuden a ellos mismos.

A las seis de la tarde -había puesto una alarma- le comenté que me retiraba y salimos al estacionamiento; en donde nos despedimos, abordé la van mientras el se dirigí a su automóvil, y emprendí el regreso a casa; el cual estuvo un poco más tardado que la ida: seguían episodios de llovizna.

Pero, por la corta distancia, no tardé mucho en estacionar la van frente a la casa de Rb; ya era casi de noche y no sabía cómo proceder con mis pendientes: por la mañana había generado la lección del día de Fabric en el LLM; pero no había visto ni el laboratorio ni las preguntas del sitio que he estado frecuentando.

Entonces decidí nomás terminar la lección del día; que me llevó un buen tiempo -eran bastantes scripts en T-SQL-; luego no me dieron ánimos de continuar con los pendientes, así que decidí ver una parte de un capítulo de The Ghost in the Shell.

Lo que hice en el sillón de la habitación de Rb; en donde estuve hasta las diez; a esa hora nos despedimos, me pasé a mi habitación, completé los veintisiete minutos de meditación y luego me dormí.

El lunes me levanté a las seis y media; no tenía reunión programada hasta las nueve, así que lo tomé con calma: bajé al piso a meditar y luego saqué la computadora del trabajo de la habitación que utilizamos como bodega.

Me instalé en la mesa del comedor y completé algunas lecciones de Duolingo (la noche anterior, por tratar de quedar en primer lugar en la liga, había iniciado mi participación en la de esta semana; y estaba en el último lugar); después retorné a la cama y leí un buen número de páginas del libro de Kanban.

A las nueve entré a la primera reunión diaria; en la que -ni los desarrolladores ni mi equipo- no hubo mucho por reportar: aún seguimos con el acceso bloqueado a los servidores remotos; y en la del equipo -a las diez menos cuarto- sucedió lo mismo; el supervisor nomás insistió en trabajar en el mismo documento de la semana anterior.

Retorné un rato a la cama, a leer, antes de preparar el desayuno; cuando desperté la computadora ví que mi supervisor me había estado llamando; además había escrito en el grupo, preguntando por un documenoto que le había enviado casi dos meses atrás.

Reenvié el correo -mis compañeros estaban discutiendo en el grupo que tenemos los tres, sobre la mejor forma de proceder- y luego me preparé el desayuno; después me quedé revisando el documento (aunque realmente nomás se lo pasé a un LLM para que me diera sugerencias).

Rb salió de su habitación un poco antes de las doce y completamos la rutina de ejercicios de los lunes; luego sacamos a caminar a los perros; yo había dejado calentando el pollo del almuerzo, con lo que, luego de retornar de la caminata, empecé a servir las porciones (luego de preparar el guacamol).

Antes de almorzar hubo un conflicto -o más bien, generé un conflicto-: tiré un cuchillo en el lavatrastos y Rb me preguntó si estaba molesto; a lo que le contesté -conteniendo bastante la voz- que no quería hablar; ella insistió y volví a pedirle -como un favor- que me diera espacio.

Se sorprendió bastante por mi reacción -yo continué con la preparación normal y consumí mi almuerzo- y se generó un ambiente bien tenso; ella estuvo un rato autoregulándose -creo- antes de almorzar.

Luego se metió a su habitación a continuar con su trabajo de traductora médica; yo me puse a actualizar -después de haber enviado un correo con mis comentarios sobre el documento- mis notas -incluyendo esta-.

El resto de la tarde estuvo -¿cómo no?- raro: yo no tenía mucho trabajo -como en los últimos cinco o seis años- pues aún no teníamos acceso al server remoto; por lo que nomás envié un correo con las observaciones que el LLM interno me dió sobre el documento.

Luego me pasé a mi habitación a leer -la verdad había aprovechado bien el tiempo: completé un laboratorio de Fabric por la mañana y una página con veinticinco preguntas-; pero sí sentí raro que Rb no me haya contestado cuando le ofrecí un té de manzanilla, antes de ponerme a lavar los trastos.

Pero no sé -y nunca sabré, ya o acepté- qué hacer en este tipo de situaciones; estaba a media tarde en mi habitación leyendo cuando Rb entró -creo que después de darle de comer a sus perros- y tuvimos una discusión bien incómoda: ella insistiendo en que le dijera por qué estaba enojado antes del almuerzo y yo indicándole que no lo haría, pues son rasgos de su caracter.

Al final le comenté otro incidente como la razón: que los trapeadores son lavados con mucha mucha lentitud; o sea, creo que fue parte de las razones por las que al final expresé -de forma tan infantil- mi molestia; pero es lo mismo que pasaba con la mamá de mis hijos: mucho drama; aunque ahora, afortunadamente, yo ya no participo del mismo.

Trato de hablar de forma mesurada y me esfuerzo por no escalar el asunto con los temas que van surgiendo -o sea, una cosa lleva a la otra y al final se termina discutiendo de asuntos muy básicos-; no sentí que hubiera sido una buena discusión pero la dejamos para otro día.

Rb retornó a su habitación -aunque salió un rato más tarde para pedirme un abrazo- y yo seguí viendo como me ocupaba por el resto de la tarde: intenté completar otro laboratorio pero, justo ese, requería una funcionalidad que no está disponible con una licencia trial.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard -yo aún andaba con emociones bastante negativas: le comenté a Rb que si el indigente que nos ha maltratado otros días decía algo, le iba a reclamar-.

Afortunadamente el anciano andaba de buenas -aunque Rb me había retenido cuando le hice mi comentario anterior-; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado a medio camino; allí compramos un poco de pollo para los almuerzos de la siguiente semana -Rb ha andado con antojo de chiles rellenos-.

Cuando retornamos de la caminata me puse a responder las preguntas de la lección diaria de Fabric -la del LLM-; luego completé una segunda página de preguntas -mi amigo asiático me había escrito más temprano para comentarme que había pasado el segundo examen; y que la mayoría de preguntas las había visto allí-.

También ví la mitad del tercer capítulo de la tercera temporada de Special Ops: Lioness -me pregunto como el estadounidense promedio compara la gloria de sus fuerzas militares en el cine y la televisión con los conflictos reales: Irán, por ejemplo-.

Un poco después de las diez me retiré a mi habitación; completé mi período de meditación y luego me metí a la cama; entonces me recordé que no habíamos bajado la comida del freezer; salí -a oscuras, aunque Rb me habló desde su habitación- y coloqué en la parte baja del aparato la porción de pollo (y mi longaniza) para el día siguiente.

El martes me levanté a las seis y media; después de meditar saqué las dos computadoras de la habitación que utilizamos como bodega: era el primer día del mes y necesitaba transferir los treinta dólares mensuales a la cuenta de Rb; y los ciento cincuenta de la cuota de servico del departamento.

Luego me quedé esperando la llamada de las siete y media; aproveché para hacer algunas lecciones de Duolingo; la primera reunión no tuvo muchas novedades: seguimos sin poder acceder al server remoto.

Después de esta reunión retorné un rato a la cama y estuve leyendo un poco de Huaco Retrato; el día anterior había decidido completar este libro, en paralelo con All the Wrong Moves; por lo que me puse a intercalar un capítulo del segundo con once páginas del primero.

A las nueve entré a la segunda reunión del día; la que tampoco tuvo muchas novedades: los desarrolladores están en la misma situación que nosotros -además, se suponía que el día anterior era el límite para recibir la oferta de traslado de la empresa que nos está comprando, y no ocurrió-.

Al terminar la segunda reunión me puse a estudiar un poco de Fabric; hasta las diez menos cuarto, cuanto entramos a la reunión diaria del equipo; en la cual nomás nos conminó el supervisor a continuar revisando -y corrigiendo- el manual que hemos estado viendo.

La llamada fue bastante corta y luego me metí a la cocina a preparar mi desayuno; pero cuando retorné a ver la computadora del trabajo vi que mi supervisor me estaba llamando; ya no alcancé a contestar pero devolví su llamada: nomás era para confirmar que no habíamos recibido la oferta de traslado.

Rb salió de su habitación un poco antes de las once para dirigirse a su clase de zumba -no había ido por más de una semana-; yo me ocupé en resolver uno de los laboratorios de Fabric; luego continué con la lectura de All the wrong moves.

Rb retornó un poco después de las once y se metió nuevamente a su habitación a traducir llamadas médicas; yo saqué las porciones de pollo y papas de la refrigeradora, partí la longaniza y coloqué todo en dos sartenes sobre la estufa; también preparé el guacamol.

A las doce y media Rb salió de su habitación y sacamos a caminar a sus perros -antes de salir le puse fuego, muy bajito, a ambos sartenes-; después de entrar de la caminata Rb se metió a su habitación y yo terminé de servir el almuerzo -y sentí, otra vez, cierta molestia, pero mejor me tranquilicé-.

El almuerzo estuvo bien -igual que el día anterior y los dos por venir-: pollo y papa asados, chirmol y guacamol; yo lo acompaño, además, con una longaniza y un poco de coca cola; después me preparé el café vespertino.

Por la tarde continué leyendo dos libros que llevaba a medias -y decidí terminarlos en el mismo ciclo-: All the Wrong Moves y Huaco Retrato; a las cinco nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: quería comprar cable para electricidad.

Unos años atrás había visto algunos videos que explicaban como adaptar un cargador de portátiles para cargar baterías de automóvil -o motocicleta-; también me lo había comentado el hermano de Rb cuando vino a cargar el auto en una ocasión -aún teníamos la primera camioneta-.

Por nuestras actividades laborales -y aficiones- tenemos varios -quizá más de cinco- cargadores de computadoras pasadas; por lo que decidí fabricar -al menos- un par de estos cargadores: el martes por la tarde compré un metro de alambre de color rojo y uno de color negro.

Lo malo es que no habían pinzas estilo caimán para colocar al final de los mismos; entonces dejé en pausa el proyecto hasta el sábado que almuerce con mi hija mayor: ví que, en el mismo sitio donde compré los petates hace unos meses, hay una tienda de electrónica donde puedo adquirir estos adminículos.

Por la noche estuve estudiando las preguntas del examen de Fabric -además de haber resuelto las preguntas de la lección diaria-; también ví un poco de Lioness y una parte de uno de los capítulos de The Ghost in the shell. 

El miércoles fue un día bastante tranquilo: seguimos sin tener acceso a los servidores remotos; por lo que nuestras actividades laborales se han reducido a lo mínimo; entonces he estado aprovechando para leer -y estudiar lecciones para el examend de Fabric-.

Después de meditar saqué las computadoras de la bodega y me instalé en la mesa del comedor, hice varias lecciones de Duolingo y me quedé esperando la llamada de las nueve, la que pasó sin pena ni gloria.

Después, a las nueve y media, tuve la llamada que mi supervisora ha programado cada dos semanas -esta sería la antepenúltima-; en la misma nos centramos más en cuestiones personales -ella tiene a un bebé de seis meses y una niña de dos años- que laborales.

Y cuando empezábamos con las laborales: básicamente le estaba comentando mi experiencia de los últimos trabajos en los que siempre he tenido jefas, la llamada se cortó; me escribió un poco después para comentarme que se había quedado sin internet.

Yo respondí a su mensaje con el único tema pendiente de mi lado: la decisión de no tomar los dos días de vacaciones en el último mes en la empresa actual; y esto porque ya nos dijeron en la nueva empresa que las vacaciones atrasadas serán pagadas; aunque no me respondió a esto.

Rb salió de su habitación un poco antes del mediodía y completamos la rutina de ejercicios de los miércoles; luego sacamos a caminar a sus perros; el almuerzo estuvo tranquilo: yo lo había dejado calentando en la estufa durante la caminata; y luego de entrar preparé el guacamol.

Además, le pedí expresamente a Rb que se encargara de servir lo que estaba terminando de calentarse; después del almuerzo me preparé un café y, luego, me metí a mi habitación a seguir leyendo los libros que quería terminar.

A las tres menos cuarto salí de la habitación, había lavado un poco antes los trastes del día y le preparé un té de manzanilla a Rb; aunque ya no se lo serví: me dí cuenta que había recibido un correo de mi banco, informándome que una transferencia -de muchos dólares- no había sido aceptada por tener la información correcta.

Llamé al ejecutivo del banco y me explicó que un número de cuenta estaba incorrecto y que la operación debía repetirse: mi hija mediana había utilizado el código que le había proporcionado para el otro banco, con lo que la transacción era incorrecta.

Le escribí a mi hija -por supuesto, no me respondió- comentándole sobre el error, e indicándole que me haría cargo de ese costo; y brindándole la información correcta para completar la transacción -nuevamente-; pero ya no me enteré de nada.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el final del boulevard y, luego, entramos al supermercado en sus cercanías; allí compré jamón y queso, para los sandwiches que planeo llevar el domingo en la visita a mis padres.

También compré otra de las bolsas de snacks que llevé con mi hija mayor y mi hijo menor el mes anterior; luego nos dirigimos al otro supermercado; allí Rb compró alitas de pollo y una lechuga; yo aproveché para comprar una bolsa de chicharrones, para el almuezo del mes con mi hija mayor.

Además, compré varios paquetes de galletas -de sabor fresa-, para mis cafés vespertinos; luego retornamos a casa pues Rb tenía clase de teología -ya está en el último módulo-; por la noche llamé a mis padres para comentarles que llegaría el domingo.

Usualmente los llamo a media semana para pedirle a mi madre que nos consiga pescados -llevamos ya varios años con la rutina-; pero en esta ocasión no pude hablar con ella: mi padre me indicó que su celular se estaba quedando sin carga bastante rápido -y mi madre andaba fuera de casa (comprando pan para la cena)-.

Entonces nomás le comenté, de forma bastante apresurada, a mi padre que llegaría el domingo siguiente; y me despedí rápido, pues no quería que la llamara se quedara a medias; después estuve estudiando Fabric.

Cuando Rb terminó su llamada me pasé a su habitación; en donde estuve viendo una parte de un capítulo de Magical Lyric Girl -o algo así es el título del anime-; y una parte de un capítulo de Lioness.

A las nueve y media me lavé los dientes, me despedí de Rb y me metí a mi habitación; medité y luego terminé de leer los dos libros que había decidido concluir: All the Wrong Moves me gustó; o sea, el arco del personaje tiene un buen desarrollo; y Huaco retrato también: termina con poesías, pero no estuvo tan mal.

El jueves me levanté un poco después de las seis; había estado escuchando el ruido del tránsito en el boulevard pero no había querido abrir los ojos; luego decidí levantarme, quitar la alarma de la mañana y bajar al piso a meditar.

Después de meditar decidí realizar la lavada de ropa mensual: saqué la canasta de la ropa sucia y puse una carga extra larga -con dos medidas de detergente- en la lavadora; después retorné a la casa, a encender la computadora del trabajo.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; la que estuvo rara: mi supervisor y su compañera de trabajo estuvieron discutiendo con el jefe de los desarrolladores sobre algunos hallazgos -aunque aún estamos completamente detenidos en las pruebas-.

La reunion estuvo un poco más extensa que de costumbre; y cuando terminó mi supervisor me pidió que me quedara en la misma; esperamos a que se salieran todos y mi supervisor me comentó que tenía una reunión y necesitaba una actualización del informe que le he preparado los últimos meses.

Pero este mes no hubo ningún cambio en el mismo; por lo que nomás me pidió que le re enviara el correo con el reporte del mes anterior; mientras aún estábamos en la llamada le envié nuevamente el correo; luego salí a ver cómo iba la ropa -aún le fataban veinte minutos-. 

Rb estuvo toda la mañana traduciendo llamadas médicas y, un poco antes de las doce, salió de su habitación: no había acudido a su clase de zumba porqueiban a llegar algunos grupos de  estudiantes a la sede municipal -y no quería tener público interrumpiendo sus ejercicios-, entonces hizo en la sala una rutina de ejercicios.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; luego almorzamos la última porción del asado que habíamos comido durante la semana -y que habíamos preparado el mes anterior-; con lo que obtuvimos espacio en el congelador de la refrigeradora -previendo el pescado que mi madre nos enviaría el domingo-.

Durante la tarde no hubo mucho que hacer en el plano laboral, estuve nomás leyendo un poco del libro de ciencia ficción que tengo a medias -había decidido terminarlo, junto con Ama, pero, al final, decidí dejar dos terceras partes para continuar con el mismo ritmo-.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando a la tienda de ropa de segunda mano: en ese lugar hemos comprado -en varias ocasiones- pescado para nuestros almuerzos; en esta ocasión Rb quería comprar una bolsa, para los tacos de pescado que habíamos planeado para la siguiente semana.

En el camino de vuelta pasamos a la panadería, a comprar el pan para mis desayunos del fin de semana; a las siete de la noche entré a la clase semanal de Storytelling; fue la primera vez que entré a la misma sin haber visto el video de preparación para la misma.

Y es que se están poniendo muy técnicos con el contenido. ahora la están enfocando más en la producción de contenido audiovisual, que en el tema de storytelling; o sea, es entendible porque lo que quieren es que las personas aprendan a solicitar donaciones, pero, por mi parte, no me llama la atención este tipo de material.

El viernes me levanté a las seis y media de la mañana, medité y luego salí a pasar las computadoras de la bodega a la mesa del comedor; no tenía ninguna reunión tan temprano, por lo que me puse a completar lecciones de Duolingo.

El supervisor cambiado la reunión semanal del equipo para después del mediodía; yo le comenté al analista en la ciudad colonial que seguramente no habría reunión diaria a las nueve y cuarenta y cinco; pero sí, a esa hora el supervisor inició la reunión, por lo que me tocó que unirme a la llamada.

Mis dos compañeros locales entraron un poco más tarde; y el supervisor nos comentó que estaba cancelando la llamada de la tarde, por algún compromiso que tenía que cumplir con otro equipo; y en la reunión no vimos mucho: era el último día de la semana y seguíamos sin obtener acceso al servidor remoto.

Yo había enviado el día anterior -y mis compañeritos hicieron lo mismo más tarde- una actualización del documento que hemos estado revisando, con una sección adicional: básicamente tomé un documento que le había enviado un par de meses atrás al supervisor, y lo agregué al contenido.

El resto del día fue bastante tranquilo: se suponía que debíamos seguir trabajando en el documento, pero no podíamos hacer mucho, realmente; a las doce completamos la rutina de ejercicios con Rb; luego sacamos a caminar a los perros.

Almorzamos el penúltimo pescado de la bolsa que habíamos comprado unas semanas antes en la tienda de ropa usada; acompañado de una enorme ensalada -yo le agregué a la mía un poco de salchicha, un poco de pollo y un poco de longaniza-; después del almuerzo me preparé un café.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; en el más alejado -el que queda cerca del extremo del boulevard- compré una bolsa de pan sandwich integral -unos días antes había comprado jamón y queso-; y en el otro supermercado compramos lechugas y un cartón de huevos.

En el segundo supermercado también compramos un poco de bananos; además, agregué media libra de jamón, pues temí que el que había comprado antes no me iba a alcanzar para preparar una docena de sandwiches -al final si me alcanzó-; y compramos fajitas de pollo, para el almuerzo del día siguiente.

Cuando regresamos de la caminata levanté -de mi habitación y de la cocina- las cosas en el piso que entorpecerían una buena limpieza; y me puse a barrer y trapear los pisos: una amiga de Rb vendría al día siguiente, a entregarle la constancia de donación de sangre. 

Por la noche estuve viendo una parte de un capítulo de la segunda temporada de Special Ops: Lioness; también una parte -la final del último capítulo publicado- de Magical Lyric Girl -o Exceeds-, realmente no he logrado establecer cual es el verdadero título del anime.

El sábado me levanté a las seis y media, medité y luego me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; debía salir a las ocho de la mañana, por lo que aún tenía una hora para prepararme; un poco después de las siete y media me metí a la ducha y tomé un buen baño.

Tenía la esperanza de que el tránsito no estuviera muy pesado; pero cuando ví Waze, el pronóstico era de más de cuarenta y cinco minutos hasta la casa de mi segunda ahijada profesional; y sí, cuando salí al boulevard lo encontré completamente lleno.

Salir a la ruta intermunicipal me llevó más de veinte minutos; luego mejoró en el periférico; aunque volvió a complicarse en el centro histórico; pero, aún así, llegué con un par de minutos a la calle a donde me dirigía: tres o cuatro calles antes de llegar llamé a mi ahijada y luego me detuve frente a su casa.

Me tocó que esperarla un poco pero, afortunadamente, el flujo de vehículos en esa calle no estaba muy contínuo; cuando mi ahijada salió de su casa abordó la van y nos dirigimos al mismo local en donde desayunamos en mayo del año anterior.

Se suponía que el lugar lo abrían a las nueve -había confirmado el horario en internet- pero aún estaba cerrado cuando me estacioné fuera del mismo -ya eran las nueve y diez-; afortunadamente, nuevamente, el tránsito no estaba muy pesado en el lugar, esperamos un rato y luego, cuando los empleados abrieron el estacionamiento, entramos.

Comimos un par de hotdogs locales y una gaseosa; luego, por el cumpleaños de mi ahijada -le había dado su regalo cuando íbamos en el automóvil- ordenamos un par de crepas con nutella y banano -y un café-; estuvimos en el lugar hasta las once de la mañana. 

Mi ahijada había ido al mismo país en donde mi hija mediana estudió por un par de años y estuvimos conversando sobre los detalles del viaje: del trabajo la habían enviado a un evento de ciberseguridad; además me regaló un llavero conmemorativo del país -yo nunca he comprado este tipo de recuerdos en los (pocos) viajes que he hecho-.

Además, se me había ocurrido que, por el viaje que debe hacer el próximo mes -se va a la tierra de los parceros, a ver un concierto de BTS- le podría convenir que la proveyera de dólares (usualmente se los brindo a mis amigos a un precio menor al de los bancos); por lo que llevaba una buena cantidad en un libro (casi dos mil).

Le comenté mi disponibilidad de dólares -y que le podrían haber servido en su viaje del mes anterior a la Suiza Centroamericana- y al final le dí cuatro billetes de cincuenta dólares, quedando pendiente de enviarle la información de mi cuenta bancaria. 

A las once y media le pregunté a mi ahijada sobre un lugar al que pudiera pasar a dejarla; y me pidió que la llevara al borde del centro histórico; no hubo mucho tráfico para llegar al lugar, pero salir de allí hacia la ruta de vuelta a la casa de Rb siempre ha sido complicado.

Por lo que me tomó un buen tiempo retornar a casa: al entrar encontré a Rb contestando llamadas en inglés; me comí un par de bananos y un poco de papaya y luego esperé a que completara su trabajo, para sacar a caminar a los perros ( la amiga de Rb había venido con su pareja, pero ya se habían retirado).

Cuando entramos de la caminata preparé un guacamol, para la preparación de las hamburguesas del almuerzo: pan de arroz, fajitas de pollo (con miel), guacamol y lechuga -yo le heché al par mío también queso-.

Después del almuerzo me preparé un café; después estuve leyendo el capítulo de Ama que me tocaba para seguir avanzando en el libro; Rb le dió de comer a sus perros a las tres menos cuarto y luego se dirigió a impartir su clase de alfabetización.

Durante dos horas estuve estudiando Fabric, y viendo algunos videos de Youtube; hasta las seis menos veinte; a esa hora tomé la van y me dirigí a la iglesia de Rb: habíamos acordado acudir al supermercado en donde compramos artículos a granel esa tarde.

El tránsito estaba bastante pesado por lo que me tomó un buen tiempo llegar a la iglesia; Rb abordó la van y continuamos el viaje hacia el supermerado; el tránsito seguía lento; además, estaba empezando a lloviznar.

Teníamos una buena lista de compra: jabón de trastos, shampoo, varias comidas de Rb; y yo quería comprar un par de bandejas con mini muffins, para llevar al día siguiente a la visita a la casa de mis padres; y compré un pastel tres leches: quería que me esperara en la refrigeradora para mi retorno del puerto.

Después de pagar las compras las llevamos al automóvil, las cargamos en el mismo e iniciamos el retorno a casa; me imagino que debido a la lluvia -que no estaba tan fuerte- el tránsito seguía complicado; aún así, pasamos a llenar el tanque de gasolina.

Cuando retornamos a casa -y después de almacenar las compras- me puse a preparar la docena de sandwiches que llevaría al día siguiente al puerto; después me puse a completar la lección diaria de Fabric; pero no pude hacer mucho más, a las diez de la noche me retiré a mi habitación.

El domingo me levanté a las cuatro y media; había estado soñando algo relacionado con el viaje que tenía previsto y me desperté antes de que sonara la alarma -había dejado dos alarmas-; pero esperé a que sonaran y despues me levanté a meditar.

Antes de ponerme a meditar había puesto a hervir un par de litros de agua: quería llevar agua caliente en el termo, para facilitar la preparación del desayuno en la casa de mis papás; además, había sacado la mochila con aislante térmico y había sacado las botellas de gel congelado del freezer.

Metí en bolsas de plástico lo que tenía que llevar, incluyendo el termo, la prensa francesa, el azúcar y un recipiente con café; había visto en internet y pronosticaban la salida del sol para las seis menos diez; y, como no me gusta manejar en la oscuridad, había esperado salir después de las cinco y media.

Pero cuando ví el patio me percaté que ya estaba bastante claro; entonces entré a despedirme de Rb y salí a cargar la van; salí al boulevard, manejé hasta la primera vuelta en U y tomé el camino hacia el puerto; en general el camino estuvo muy bueno -llevaba la radio del carro-.

No encontré mucho tráfico -las ventajas de manejar los domingos muy temprano- y la ruta estuvo, en su mayor parte, en muy buenas condiciones; por supuesto que en varios tramos me tocó que rebasar a vehículos avanzando a baja velocidad, pero traté de no arriesgarme mucho.

Llegué a la casa de mis papás un poco después de las siete; mi madre estaba barriendo la calle frente a una de sus viviendas y entró a avisarle a mi padre; y ambos salieron a recibirme; bajé las cosas de la van -incluyendo el saco de comida para perros- y empecé a ver el desayuno.

Y allí me dí cuenta que había olvidado la bolsa de sandwiches que había preparado la noche anterior -se quedó en la refrigeradora-; les comenté a mis padres y nomás me indicaron que podíamos desayunar con los muffins y el café; pero traté, aún, de ordenar comida del restaurante de pollo más popular en el país.

Utilicé whatsapp -incluso me 'brindaron' una pieza de pollo, por ser mi primer pedido-; pero, un rato después me llamaron para indicarme que los repartidores no entraban a la colonia donde viven mis padres: que debía salir a la garita a recibir el pedido; y, como a mis padres no les pareció, cancelé el pedido.

A las ocho de la mañana llamé a Rb -creía que se levantaba a esa hora, pero, al parecer, no siempre es así-; le comenté lo de los sanwiches olvidados y le pedí que se los llevara a los guardias de la calle -cambian de turno a las ocho y media-.

Desayunamos bastante escuetamente con mis padres y estuvimos conversando sobre las últimas novedades -al parecer mi hermana menor estuvo enferma durante la última semana-; y luego les pedí que me mostraran los avances en su última construcción.

Y, la verdad, me sorprendió l oque siguen haciendo en esta: en lugar de dejar la galera -que había visto en mi última visita- en el tercer nivel de la construcción completaron la construcción de las paredes y le pusieron un techo de lámina; muy buen resultado.

Nos quedamos en esa construcción hasta casi las once de la mañana; hora en la que les comenté que iniciaría mi retorno a casa; bajamos y mi madre me entregó los pescados -que no eran muchos en esta ocasión- con los que usualmente nos obsequia.

A las once menos diez le escribí a Rb para comentarle que iniciaba el viaje de vuelta; el cual tampoco estuvo tan mal: había un poco más de vehículos en la ruta -especialmente transporte pesado-, pero me hice casi el mismo tiempo de retorno.

Cuando entré al boulevard me detuve en la gasolinera que se encuentra en su extremo; allí rellené el tanque de gasolina (veintiséis dólares: la gasolina está super cara), luego me dirigí a completar el trayecto; estacioné el auto frente a la casa de Rb y entré a la sala: se encontraba completando una rutina de ejercicios.

Comí un par de bananos y un poco de papaya -y un cuarto del pastel de tres leches-; después esperé a que terminara la rutina de ejercicios, para sacar a caminar a los perros; pero no pudimos completar la misma: empezó a lloviznar justo cuando estábamos completando la primera vuelta.

Entramos a casa y le dí vuelta a las alitas de pollo -Rb las había dejado en la estufa antes de salir con los perros-; luego me puse a preparar un par de enorme ensaladas; almorzamos y después me preparé un té de menta, el que consumí con el pan dulce que me quedaba de lo comprado el jueves.

Me sentía bastante agotado por lo que, después del té, me recosté un rato en mi cama; tenía los audífonos bluetooth y aunque creo que no me dormí, entré en un estado de sopor escuchando videos de youtube, hasta que sonó la alarma de las dos y cuarenta y cinco; me levanté y le ofrecí un té de manzanilla a Rb.

El cual no se tomó -creo que lo consumió más tarde, pero no estoy seguro-: y es que, cuando habíamos sacado a los perros, le había comentado que me sentía agotado y que eso me producía irritación; que ella no tenía la culpa, pero me sentía bastante cansado.

Al parecer eso -o alguna de mis reacciones- hizo que el resto de la tarde estuviera -o al menos lo sentí así- con una tensión latente; pero traté de no cruzarme mucho en su camino: me refugié en mi habitación, completando ejercicios de Fabric.

Hasta las cinco de la tarde; a esa hora Rb empezó a preparar -creo que siguió realmente- los almuerzos de la semana: habíamos acordado -ella tenía antojo de- preparar chiles rellenos para dos días, y tacos de pescado para otros dos.

A esa hora me puse a partir un par de güisquiles -los habíamos cosechado un poco antes del patio frontal- y tres zanahorias (esto se usaría en el relleno de los chiles); después volví a mi habitación, hasta que Rb me pidió que batiera -a punto de nieve- cuatro huevos.

Y luego la ayudé un poco con el volteo de algunas unidades en el sartén; afortunadamente los chiles salieron bastante bien -creo que eso ayudó a relajar el ambiente-; porque incluso el almacenamiento de los pescados en el congelador lo sentí bastante tenso.

Después de terminar la preparación de los almuerzos de la semana Rb me pidió que la ayudara a su almacenamiento en la refrigeradora; llenamos cuatro recipientes de caldo de pollo; Rb metió los ocho chiles rellenos en un hermético y el pescado para los tacos en otro similar.

Cuando terminamos con el almacenamiento me volví a meter a mi habitación y completé algunos ejercicios de portugués, un par de francés -nomás para completar los retos diarios- y varias partidas de ajedrez -continúo apenas sobre mil quinientos  de Elo-; después me pasé a la habitación de Rb, a completar mis notas -incluyendo esta-.

Y a ver cómo sigue eso...

domingo, 30 de agosto de 2026

Tinta y Sangre... Ink and blood... Peinture et sang...

Hace unos años -antes de que le otorgaran el premio nobel de literatura a la autora sudcoreana- leí La Vegetariana; estoy casi seguro que lo leí en inglés y me pareció bastante interesante la forma en la que narraba las viscitudes de una mujer bastante conflictuada.

De hecho, me parece que escribí un texto sobre la misma; y no, ya revisé las entradas y lo que realmente hice fue publicar la portada del libro en mi cuenta de la F azul; pero no había querido leer más de la autora después de ese -aunque sí leí otro libro de un autor de ese país: Ciruela-.

Y, aunque no me interesan mucho los premios nobel de literatura, decidí leer otro de Hang: el título de este texto; -también agregué a mi lista Lecciones de Griego, el cual mencioné hace no mucho por acá {y también me recomendó mi primo lector}-.

Tinta y Sangre me llamó la atención porque alguna vez quise iniciar un blog con un título parecido: tinta en el agua; la evocación de las dos sustancias me parecía bastante cercana al momento que estaba viviendo unos veinte años atrás: practicando -tratando de- Zen y escribiendo; pero no prosperó.

El libro lo estoy leyendo en español -o sea, trato de leer en el idioma original, pero no avancé con coreano; y no le veo sentido a leerlo en inglés, si el original es coreano-; y está bastante interesante: una mezcla -bastante balanceada, me parece- de introspección y acción cotidiana.

Y a ver cómo va eso

El lunes me desperté cuando sonó la alarma de las seis y veintisiete; pero no me levanté en el acto; me quedó aún tres o cuatro minutos entre las sábanas -tenía la certeza de que la primera reunión del día era a las nueve-; luego sí, bajé al piso y completé el período de meditación matutina.

Después de completar la meditación -escuché, casi al final, que Rb se preparaba para empezar a tomar llamadas- salí de la habitació y saqué la computadora del trabajo de la habitación que utilizamos como bodega.

Encendí la computadora -unos minutos después de las siete- y empecé a revisar el correo y ver algunos pendientes; pero, como no había nada que requiriera mi participación, empecé completar lecciones de Duolingo.

Luego, a las ocho, entré a una reunión a la que me había anotado la semana anterior: algo de Speed Networking; pero no me gustó para nada: la persona a cargo (una "Coach") no podía utilizar la herramienta y no pudo separar al grupo en rooms; sentí el evento demasiado general.

A las nueve el analista en el Imperio del Norte me escribió para que lo ayudara con el formato de un documento; entré a ver el mismo y ví que -como es habitual- tenía varios detalles por ajustar; los completé bastante rápido pero decidí no confirmar los cambios hasta el mediodía.

Estuve trabajdno en el documento hasta que empezó la llamada del equipo -a las diez menos cuarto-; el supervisor comentó varias de las pruebas que debían realizarse y a mí me pidió que hiciera un smoke testing -por supuesto que empecé a correr la batería de test automatizados (incluyendo veinte que dejó mi compañero)-.

También estuve en conversación con la 'coach' de la reunión de la mañana; pero el tema fueron libros -es la líder del grupo de lectura-; y al final me metí a un grupo de whatsapp donde comparten libros -mejicano, muy básico-; pero terminé consiguiéndo un par de epubs -en inglés- y un par de pdfs -en español- para dos de los miembros del club de lectura.

Nomás tuve cuidado de no compartir material sensible por los canales del trabajo: les pedí a ambos -los epubs eran para un analista de compras y los otros para una administradora de servicio al cliente- que me escribieran por whatsapp y envié la información por esa vía.

Un poco después de las diez llamé a mi hija mediana -por whatsapp-: quería confirmar que nos íbamos a reunir este sábado -le había enviado un mensaje unas semanas antes pero no había recibido respuesta-; afortunadamente me confirmó la reunión.

Un poco más tarde -después de haber declarado (lo había pasado por alto el día anterior!) mis impuestos mensuales- le envié un mensaje de feliz semana a varios de mis conocidos -mi editora y varios ex compañeros de trabajo- la primera y un par de los otros me respondieron con mensajes similares.

Pero la hermana de mi amigo tenor -trabajamos juntos hace dos décadas- me respondió un poco más extenso, intercambiamos un par de mensajes y luego me mandó un audio; luego le propuse que conversáramos: anda en una crisis momentánea porque cortó una relación de varios años con la empresa más grande a la que daba consultoría.

Me llamó y estuvimos conversando por tres cuartos de hora -me cuesta seguir este tipo de conversaciones- y los temas fueron varios: su madre -tía, realmente- tiene noventa y dos años, su hija tiene dieciséis; siempre soñó -desde niña- con ser empresaria; siente que no ha hecho nada de su vida, siente que necesita aprender inglés, y así.

Creo que la conversación se hubiera extendido mucho más pero, justo antes de las doce, Rb salió de su habitación para que completáramos la rutina de ejercicios de los lunes; entonces me disculpé con mi amiga, le deseé buena suerte y quedé a su disposición; y me despedí.

Con Rb completamos la rutina de ejercicios de los lunes; luego sacamos a caminar a los perros -la perra más pesada sigue dando dificultades para caminar; cuando entramos de la caminata subí la intensidad del fuego sobre el que estaba calentando el caldo -lo había dejado a fuego bajo antes de sacar a los perros-.

También saqué los ingredientes de la ensalada; aunque empecé por la zanahoria, la manzana verde y el aguacate, pues Rb quería -personalmente- dividir la lechuga que había desinfectado para dos días; después sí completé la preparación.

Había dejado preparados dos tazones -en mi caso, el mismo que utilicé para la avena de la mañana- para el caldo y saqué un trozo de los fideos coreanos que había preparado más temprano -herví uno de los paquetes que me había cedido mi hijo menor-: después de cocerlos los metí en el freezer -en una bolsa plástica, seccionados en cinco partes-.

El almuerzo estuvo muy bueno: caldo de verduras -en mi caso con fideos- y una buena ensalada -agregué allí las pechugas de pollo-; después del mismo me preparé un café -medio litro- y lo acompañé con un par de mitades de galletas.

Después del almuerzo estuve revisando cómo iban los scripts para ejecutar las pruebas automatizadas y ví que habían fallado en varias partes; pero no revisé la causa, nomás las puse a correr nuevamente; luego me retiré a mi habitación, a leer el tercer capítulo del libro en inglés que recién había iniciado.

A las dos y cuarenta salí de mi habitación: había dejado una alarma para tomarme medio litro de agua -al parecer no había tomado nada antes del café del mediodía-; después de consumir el agua sonó la alarma de la comida de los perros; y entonces le ofrecí un té de manzanilla a Rb.

Mientras esta hierba hervía en la estufa me puse a lavar los trastos que se habían acumulado durante el almuerzo; después volví a trabajar en los scripts: no era completamente seguro, pero, aparentemente, habían provocado un fallo en la herramienta.

Al finalizar la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; no entramos en el más alejado, nomás llegamos al extremo del boulevard y luego retornamos al que está a mitad del camino.

Allí Rb compró un cartón de huevos -como consume más cada día-, y un poco de alitas de pollo; también compramos un poco de bananos -le pagué medio dólar en efectivo-; por la noche estuve trabajando en el examen y las preguntas de Fabric, y viendo un capítulo de The Gost in the Shell.

El martes me levanté a las seis y media; medité y luego salí por la computadora; y cuando entré a la herramienta de las reuniones me dí cuenta que acababa de terminar la última del training en agentes de LLMs a la que me había anotado -era de seis a siete-.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; luego esperé -haciendo Duolingo y leyendo- la de las nueve; en ambas reuniones la participación de mi equipo es mínima -de hecho mis dos compañeros casi nunca entran a la segunda-.

En la reunión del equipo -a las diez menos cuarto- el supervisor me asignó la revisión de una funcionalidad que había probado varios meses atrás; trabajé un poco en eso durante el resto de la mañana.

Pero también le envié a la hermana de mi amigo tenor un link para un curso que había recibido unos días antes: Planeación estratégica asistida por IA; ella me respondió disculpándose por no darme un mensaje positivo el día anterior -cuando le había contado lo de la venta de mi área-.

Y allí cometí (¿?) un error: le escribí varias líneas -quizá demasiadas- sobre mi visión del cambio que viene; básicamente que no me preocupaba, pero agregué que no me interesaba ninguna meta; allí creo que cometí un error; al decir algo como: 'contrario a tu caso, que siempre has querido ser una gran líder'.

Pero eso era lo que había entendido en nuestra conversación del día anterior; se disculpó conmigo por si me había ofendido, y luego que le aseguré que no, indicó que ese comentario sobre ella no estuvo bien; me disculpé.

Pero también la bloqueé en whatsapp -y borré completamente el diálogo-; porque no creo que necesite más drama en mi vida; y quizá aquí es donde debería preguntarme: el problema soy o son los otros; pero no, ya sé que soy diferente -Asperger, sospecho- y, pues, nomás debo cuidarme; pero no voy a cambiar -a ser normal- y no puedo cambiar a la gente, para que me comprenda.

Rb no fue a su clase de zumba porque el instructor les había indicado que la clase iba a ser al aire libre -en el patio de las instalaciones- y no quería que alguien las filmara o las estuviera observando mientras se ejercitaban.

Entonces completó en casa una rutina de ejercicios; yo empecé a alistar a los perros -y los saqué- un poco antes de que terminara; de hecho pudimos completar una vuelta a la calle antes de que saliera a acompañarnos; cuando entré de la caminata le subí el fuego a la olla con caldo.

Después de preparar un par de ensaladas medianas -a la mía le eché el pollo cocido- nos sentamos a almorzar; cuando terminé el almuerzo me preparé un café y lo acompañé con un par de mitades de galletas; después me retiré a mi habitación a leer un rato: y terminé de leer Wherever you go there you are.

Cuando sonó la alarma salí a lavar los trastes -pero me olvidé de ofrecer (y preparar) el té de manzanilla a Rb: ella me lo recordó más tarde-; a las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a la tienda en donde hemos comprado las últimas computadoras: Rb quería ver si le empastaban el libro que usa para sus lecturas bíblicas diarias.

Después de los trastes me puse a revisar el listado de laboratorios de Fabric; y me dí cuenta que no había realizado correctamente el segundo de ellos; pero, para estar seguro, completé los primeros dos de la lista -dejando pendiente el tercero-. 

También trabajé un rato en actualizar la app de seguimiento diario de mi bienestar emocional: le pasé el código a un LLM para que se revisara la alarma sonora; además quería hacer ciertos ajustes en el eje horizontal de la gráfica y, finalmente, actualizar el logo genérico. 

Y no, no realizan ese tipo de trabajo; nomás trabajan con espiral, pero le recomendaron que buscara un negocio que se dedicara específicamente al empastado; luego pasamos a la tienda verde de descuentos: quería comprar un pincel fino; al final compré un paquete de cuatro o cinco -y me temo que similar a los que había estado usando recientemente-.

Por la noche estuve revisando las preguntas de la página del exámen que tomaré en un mes: me tocaba la número cinco -de nueve- y no pude contestar a la mayor parte de las interrogantes planteadas -no sé cómo me irá el otro mes, pero planeo un par de ciclos completos extras de este repaso-.

Además, cuando retorné de la caminata vespertina ví un mensaje de mi hija mayor, contándome que ha estado enferma -por eso no ha podido trabajar mucho-; aparentemente con mononuclosis; al final le transferí cien dólares; y terminé de leer Last words.

El miércoles me levanté a las seis y media; medité y luego salí por la computadora del trabajo; la encendí, entré a la VPN y luego me quedé esperando la reunión de las nueve; en el ínterin  completé varias lecciones de Duolingo.

Pero antes de la reunión de las nueve -a las ocho- tenía una reunión con todo el grupo que será movido a la nueva empresa el primero de octubre; la misma fue dirigida por el mismo individuo francés de las últimas veces; aunque ahora llevó la voz cantante un representante de la empresa adquiriente.

Esta persona realizó una presentación de diapositivas; presentando, primero, generalidades de la empresa que nos está comprando -y cuán fabulosa es-; luego un roadmap (por fin) del proceso (terminando el primer día en la misma).

Después de esta reunión entré a la segunda del día; aunque no hubo mucho que comentar; en la del equipo mi compañero que vive en la ciudad colonial indicó que no podía entrar a los servidores en el Imperio.

Intenté acceder y tampoco pude -al parecer era un fallo general-; el resto de la reunión estuvo más o menos igual: el supervisor indicándonos tareas -que no podíamos realizar por el momento-; también comentamos los cambios por venir -la mayor parte tienen una actitud positiva, yo no sé como definir la mía-.

Después de la reunión me metí a la cocina a preparar mi desayuno; pero escuché que me estaban llamando del trabajo, contesté la llamada y era mi supervisor: quería enseñarme una forma más fácil de ingresar al servidor remoto.

Y lo logramos; pero, casi en el acto, también esta vía fue bloqueada; y eso fu el día: no hubo forma de acceder al servidor en el que realizamos nuestro trabajo; aproveché para leer, después del desayuno, un poco de libro en inglés que recién inicié.

A las doce Rb salió de su habitación y completamos la rutina de ejercicios; luego nos vestimos para sacar a caminar a los perros más grandes; cuando venía de vuelta del primer circuito vi que Rb se había detenido y me hacía señas de que acudiera a donde estaba.

Y, al llegar, me comentó que la anciana que vive en la tercera casa de la calle le había pedido que la esperara -usualmente nos regala comida, especialmente cuando le hemos compartido güisquiles y/ bananos-; entonces tomé a la perra más pesada y continué la caminata.

Terminé la primera vuelta y, cuando estaba pasando de nuevo por el portón de la casa de Rb, ella estaba saliendo de la misma; me comentó que la señora nos había regalado un par de chiles rellenos (consumí uno en el almuerzo y guardé el otro para el día siguiente).

Al terminar la caminata entré a poner el recipiente con caldo en la estufa y la pechuga de pollo en el microondas; también empecé a preparar las ensaladas -aunque tuve que esperar que Rb entrara pues quería separar la lechuga para tres días-.

Después del almuerzo -el chile relleno lo agregué directamente a la ensalada- me preparé un café; luego me puse a revisar los accesos al servidor remoto; pero estaba aún en el mismo estado: sin acceso -incluso mi supervisora me escribió para revisar algunos detalles del servidor-.

Como no podía hacer mucho en la cuestión laboral -además de configurar mi correo para que avisara el día siguiente que estaba de vacaciones- me retiré un rato a mi habitación para poner al día mis notas -incluyendo esta-; hasta las tres menos cuarto, a esa hora salí a lavar los trastes del día, y a prepararle el té de manzanilla a Rb.

Como era el día de la clase de teología de Rb salimos a realizar la caminata a las cuatro y media; a esa hora nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; y, aunque no entramos en el más alejado, caminamos hasta el final de boulevard.

Luego pasamos al supermercado de la mitad del camino; allí compramos un par de lechugas; además, aproveché para comprar un par de botellas de medio litro de jugo de naranja -para el desayuno del sábado con mi hija mediana-; luego empezamos a caminar de vuelta a casa.

Más o menos a la mitad del trayecto me empecé a sentir mal; tuve un par de arcadas y empecé a salivar profusamente; creí que iba a devolver, o a desmayarme; lo bueno es que venía caminando unos pasos atrás de Rb -hay muchos autos mal estacionados y no había espacio para que camináramos lado a lado-.

Durante varios metros me sentí muy mal; luego me concentré en respirar y me sentí mejor; luego pensé que quizá lo acaecido se debió a haber consumido el chile relleno que nos regaló la anciana -son muy grasosos y, últimamente, el consumo de aceites y grasas ha disminuido notablemente-.

Cuando retornamos a casa me puse a completar otro de los laboratorios de Fabric; luego, ya en la habitación de Rb, me pasé un buen tiempo repasando las preguntas del examen en el sitio que me escribió mi amigo asiático -quien acaba de obtener otro de estos certificados-; y me refugié temprano -a las nueve- en mi habitación, previendo el día jueves que se me venía.

El jueves me desperté a las cuatro y media de la madrugada; había dejado el reloj a esa hora pues quería empezar temprano el día: meditar, tomar un baño, preparar -y empacar- mi desayuno; y luego dirigirme caminando a tomar el bus intermunicipal.

Según mi plan, saldría a las cinco de casa, tomaría el bus a las cinco y media, estaría a las seis tomando el Transmetro y a las seis y media apeándome en la estación más cercana al hospital público más grande del país -en donde esperaba donar sangre-.

Donar sangre era algo que nunca había hecho; y a lo que, por alguna razón, le tenía aversión; había incluso declinado donar sangre cuando mi hija me lo pidió antes de que la operaran hace varios años -no sé si tenga que ver con mi rechazo a las agujas-.

Después del baño preparé mi desayuno; y eso me llevó más tiempo del previsto: salí de casa casi a las cinco y media -no le avisé a Rb- y llegué al inicio del boulevard un poco antes de las seis; el bus tardó en pasar, por lo que llegué bastante tarde a la estación del Transmetro.

Entonces decidí, en vez de dirigirme en Transmetro a la estación intermedia más grande, ordenar un uber moto; el cual me llevó a mi destino -la entrada al hospital más grande de la ciudad- a las seis y diecinueve -me cobró un poco menos de tres dólares-.

Cuando llegué al lugar ya había una cola de más de quince personas esperando para donar sangre; saludé a la última persona de la fila -una señora- y confirmé que era la cola indicada; y, de acuerdo a su consejo, no desayuné en el acto: me dijo que lo mejor era pasar la primera revisión para ver si podía donar.

Estuvimos esperando hasta un poco después de las siete; entonces salieron un par de enfermeras e indicaron que debíamos tener listo un documento de identificación -afortunadamente aceptaban la licencia de conducir- y el número clínico del paciente por el cual íbamos a donar.

Entramos a las instalaciones -la señora de adelante había estado acompañada por su hermana; a quien no dejaron entrar porque llevaba copia de su dpi en el teléfono y le dijeron que debía imprimirlo-; y allí volvimos a esperar un poco: luego las mismas enfermeras dieron instrucciones generales sobre el procedimiento.

A continuación hicimos una fila -en sillas- para que nos pesaran (ciento treinta y tres libras -con ropa y zapatos-!!) y registraran nuestros datos personales; esto último fue bastante tardado; a continuación debíamos pasar a una habitación en donde una enfermera (o técnica) realizaba una entrevista y tomaba una muestra de sangre.

En la entrevista fue todo bien; pero al colocarme las bandas elásticas en los brazos para tomar una muestra la señorita me indicó que mis venas eran demasiado delgadas para donar sangre; no sabía sobre esto y me tuvo que repetir; de hecho me llevó con la persona a cargo de la extracción quien confirmó que lo más seguro era que sufriera un daño.

Entonces les agradecí por su tiempo y me retiré del lugar; le escribí a Rb, con las malas noticias -debe presentar dos donadores antes de que pueda acceder a la operación de la vesícula-; luego caminé hasta la estación más cercana del Transmetro.

Tomé la unidad que estaba ya cargando y me apeé en el comercial en donde se estacionan los busitos; en donde abordé el que ya estaba cargando pasajeros; un poco más tarde estaba entrando en casa; Rb se sorprendió de lo rápido que había regresado.

De hecho, retorné tan temprano, que me tocó que esperar antes de tomar mi desayuno -a las diez y media-; y, como era mi día de vacaciones, me pasé el resto de la mañana estudiando la lección diaria de Fabric y leyendo algunas páginas de Tinta y Sangre.

Un poco antes del mediodía ví que mi ahijado me había escrito en whatsapp -habíamos acordado, unas semanas antes, reunirnos por la tarde, para tomarnos un café/pastel-: me comentaba en su mensaje que andaba con quebrantos de salud y debía cancelar nuestra reunión de la tarde.

Era la primera vez que me cancelaba y, usualmente, espero a que se repita dos o tres veces para bloquear a mis -pocos- contactos con los que he estado haciendo -desde hace tres o cuatro años- un esfuerzo para mejorar mi comportamiento social. 

Rb salió de su habitación un poco antes de las doce y se puso a completar una rutina de zumba -se había negado a asistir a su clase porque el maestro les había pedido que llegaran vestidas de hawaianas; lo que calificó de ridículo-; cuando terminó la rutina sacamos a caminar a los perros más grandes.

Después de la caminata calentamos la comida: era el último día de fajitas de pollo y ensalada; luego me tomé un café con galletitas; por la tarde estuve viendo algunos videos de Youtube y, a las dos y cuarenta y cinco, le preparé un té de manzanilla a Rb.

Un poco antes de las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: por la tarde Rb había confirmado que al día siguiente recogería a su mejor amiga en el aeropuerto de la ciudad, y yo le había recomendado que fuera preparada por si le tocaba comer afuera.

Caminamos hasta el principio del boulevard y entramos al supermercado del lugar; allí compramos una bandeja de fajitas de pollo, media libra de champiñones y un poco de bananos; luego de pagar las compras iniciamos el retorno a casa.

En la panadería donde compró el pan más económico adquiré el pan para mis desayunos del fin de semana; y en la panadería de la vuelta compré un par de cubiletes; por la noche me ocupé en completar un laboratorio de Fabric y una de las páginas con veinticinco preguntas del examen de certificación.

El viernes me levanté a las seis y media; me estaba sintiendo bastante agotado y preveía un día algo complicado: el día anterior había aceptado conducir a Rb al aeropuerto, esperar por su amiga y luego llevarlas a la casa de los padres de esta.

Además, a las ocho y media tenía una reunión con la empresa que se hará cargo de todas las obligaciones administrativas de mi empresa actual, cuando pasemos a la nueva empresa -aparentemente la fecha establecida (1 de octubre) será efectiva para el cambio-.

Después de meditar pasé la computadora del trabajo a la mesa del comedor; y verifiqué que no había ninguna reunión pendiente a esa hora; luego me puse a completar algunas lecciones de Duolingo (volví a bajar a un ELO de mil cuatrocientos).

Después de las lecciones de Duolingo pensé que lo mejor era estar presentable para la reunión con el nuevo equipo; entonces me apliqué gel en el cabello y me puse una de las playeras (negra) que uso para visitar a mis hijos.

A las ocho y media entré a la reunión con el equipo que se hará cargo de nuestros trámites administrativos -la mayor parte son mujeres y la mayoría viven en Río de Janeiro-; inicialmente -como todas ellas- activé mi cámara; pero luego, viendo que nadie de mi equipo actual lo hacía, la desconecté.

La reunión tardó un poco  más de media hora -aunque estaba programada para durar una hora- y se trató sobre los cambios que ocurrirán el próximo mes; hubo mucha información pero aún no aclararon todo: nos pagarán las vacaciones atrasadas, para reiniciar en cero; y se supone que no habrá liquidación, sino traslado del pasivo laboral.

Algo que me agradó -aunque no sé qué tan benéfico sea- es que, dentro de nuestro grupo estaba la PM con la que trabajé hace una década y que ahora -luego de unos años en Australia- reside en Francia; o sea, entendí que ella también será afectada por los cambios.

O sea, se supone que el próximo mes recibiré un salario extra -porque aún se me adeuda un par de períodos de vacaciones-; pero no tendré que esperar un año entero para tener derecho, nuevamente, a quince días de vacaciones -los cuales no pueden, como hasta ahora, acumularse-.

Después de esta reunión el PM local nos invitó a otra; pero me confundí, y en lugar de entrar a esa, entré a la reunión del equipo -en la que participan los desarrolladores-; allí le comenté al jefe de los mismos algo de lo que habíamos visto en la reunión previa.

Esta reunión no fue muy tardada y entonces sí, me pasé a la del PM, en la que seguían conversando sobre lo que habían entendido de la reunión con el nuevo equipo; al final seguimos en una situación bastante rara: no habrá liquidación, se nos pagarán las vacaciones atrasadas, pero no sé cómo se aplicará una indemnización en el futuro.

Mientras estaba en esta reunión -utilicé los audífonos con bluethoot- estuve preparando i desayuno; el que tomé un poco después de las nueve y media; y es que a las diez menos cuarto tenía la reunión diaria con mi equipo; y a las diez y media había previsto salir hacia el aeropuerto.

La reunión con mi equipo fue bastante escuenta; básicamente fuimos el analista que vive en la ciudad colonial, la analista en el imperio del norte y el supervisor -el analista que menos bien me cae anda ausente, por la pérdida de un familiar cercano-; además, desde un par de días atrás el acceso al servidor remoto ha estado bloqueado.

Pero el supervisor aprovechó la ocasión para asignarme un poco de trabajo: el analista que vive en la ciudad colonial ha estado revisando un documento por varios días; y le pidió que me lo compartiera para que yo también busque en el mismo oportunidades de mejora.

Después de la reunión me vestí y salí a arrancar la van; entonces nos dirimos hacia el aeropuerto; afortunadamente el tránsito estaba bastante ligero: el único embotellamiento que encontramos -ya en la ciudad- lo sorteamos con ayuda de waze; con lo que llegamos al destino un poco después de las once.

Estacioné la van en el parqueo del lugar y nos dirigimos al lugar en donde salen los pasajeros; se suponía que el vuelo aterrizaba a las once y media, por lo que aún teníamos un buen tiempo de espera; por lo que me puse a resolver el cubo de rubik de seis por seis por seis; luego jugué un par de partidas de ajedrez en el Duolingo de Rb.

La amiga de Rb salió del aeropuerto un poco antes de las doce y Rb corrió a abrazarla; se estuvieron un rato llorando mientras otros pasajeros salían, rodeándolas; yo me había acercado había tomado la maleta -con rueditas- con la que había bajado del avión; y estuve esperándolas un poco a una distancia prudente.

Después nos dirigimos -luego de pagar el parqueo- hacia la van; salimos del lugar y nos dirigimos a la casa de los papas de la amiga de Rb -en una zona acomodada de la ciudad-; yo había previsto llevarlas al lugar y luego retirarme; pero el papá nos ofreció almuerzo y Rb me hizo señas para que aceptara.

Por lo que -no sintiéndome cómodo (o sea, andaba escapado del trabajo)- me senté a la mesa y compartí un -escueto- almuerzo de filete de pescado y arroz; y la reunión recuperó un poco de normalidad -o sea, la esposa del señor (y madre de la amiga de Rb) está en la unidad de cuidados paliativos en el hospital público más grande de la ciudad-.

El almuerzo se animó un poco con anécdotas e historias -todos se han conocido por varias décadas y asisten a la misma iglesia- hasta que el señor indicó que lo mejor era que nos dirigiéramos al hospital -Rb les había ofrecido que los pasaríamos a dejar-.

Afortunadamente -nuevamente- el tránisto estaba bastante ligero; por lo que llegué a dejar a la amiga de Rb y su papá al mismo lugar a donde me tocó esperar el día anterior casi una hora para mi intento fallido de donar sangre; luego manejé hasta la casa de Rb.

El tránsito para entrar al municipio estaba -como casi siempre- bastante pesado; pero aún vinimos un poco antes de las dos; sacamos a caminar a los perros y luego -Rb me había preguntado si el almuerzo había sido suficiente y yo le indiqué que almorzaría en casa- calenté el almuerzo que Rb había preparado la noche anterior (antes de salir por la mañana yo había preparado las ensaladas).

Después del almuerzo me preparé un té de menta -y le preparé un té de manzanilla a Rb-; luego me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; el resto de la tarde transcurrió casi sin actividad laboral; aunque me puse a revisar el documento que me habían mencionado por la mañana -son más de doscientas páginas-.

A las cinco nos dirigimos, con Rb, a los supermercados en dirección sur: caminamos hasta el final del boulevard y luego retornamos al supermercado más cercano; allí Rb compró un poco de alitas de pollo; también compramos una red de aguacates y un poco de bananos.

Antes de salir de la colonia le había comentado a Rb que iba a necesitar una fila de pan francés, para el desayuno del día siguiente con mi hija mediana; pero luego lo olvidé por completo: ya habíamos ingresado a la calle cuando lo recordé y salimos a la panadería.

Pero la dependienta de la panadería no tenía sencillo para el billete de cinco con el que intenté pagarle (el doble del valor de la compra); por lo que retornamos a casa, de donde salí casi inmediatamente, con varias monedas para, por fin, adquirir el pan. 

Cuando retorné de la panadería me ocupé en el siguiente laboratorio de Fabric; algo de ajustes a modelos semánticos -para lo cual tuve que arrancar mi máquina con la partición de Windows 11 (intenté instalar PowerBi en la computadora del trabajo pero no tengo acceso a ciertos espacios)-.

Completar el laboratorio me llevó más de la media hora que había previsto; luego respondí las preguntas planteadas por la lección diaria del LLM con el que estoy preparándome para el examen; y, por último, respondí la penúltima de las páginas en el primer ciclo de la revisión del sitio que me compartió mi amigo asiático.

A las diez de la noche me retiré a mi habitación; pero cambié el orden de actividades: primero leí una parte del segundo capítulo del ciclo actual del libro de la premio nobel sudcoreana; luego medité; y después me dormí.

El sábado me desperté a las una y media de la mañana; me había dormido antes de medianoche pero algo me despertó: fue una mezcla entre sueño y un zancudo; pero cuando me desperté sentí entumecidos (o dormidos) los dos brazos: una sensación bastante incómoda de la cual me costó liberarme.

Sopesé si seguir durmiendo -después de ver la hora en la tablet- pero me levanté a cazar el zancudo que me había despertado; sacudí la toalla, que conservo detras de la puerta, por las paredes de la habitación; y luego la agité junto al escritorio; y de allí salió, volando tranquilamente, el zancudo.

Ya tenía preparada la raqueta, con la que le dí una descarga eléctrica; y, aunque el insecto no se quedó en la misma, consideré que lo había dejado fuera de combate; pero luego me costó conciliar el sueño: había un par de preguntas rondandome la cabeza.

La primera tenía que ver sobre lo que pasará con mi tiempo de trabajo cuando pase a la nueva administración (o sea, temo perder el pasivo laboral de doce años); y lo otro era una duda sobre el tiempo que la mamá de la mejor amiga de Rb estará en cuidados paliativos.

Introduje estas dos preguntas en un LLM -en modo incógnito-; y sus respuestas no fueron muy esclarecedoras: básicamente debo conseguir más información; en el primer caso sobre los términos concretos de la transición laboral; en el segundo, por la diferencia -que no sabía que existía- entre cuidados paliativos y cuidados terminales.

Afortunadamente -concentrándome en la respiración- pude volver a conciliar el sueño; hasta las siete menos cuarto: no me dí cuenta que había desconectado la alarma de las seis y media; y no sé si fue la bulla de los autos en el boulevard, o la de Rb preparándose para empezar a tomar llamadas, la que me despertó.

Pero me levanté y, supuestamente, después de haber desconectado una alarma para las siete menos diez, empecé a meditar; pero no, el período fue interrumpido -por alarmas del celular- en dos ocasiones: una, me parece, para la clase de storytellling, y la segunda para enviar los tiempos de trabajo de la semana -no había clase y el día anterior había enviado los tiempos-.

La primera alarma sonó cuando me faltaban como doce minutos de meditación y la segunda cuando faltaban menos de treinta segundos; aún así completé el ciclo; luego salí de la habitación y puse a desinfectar los dos tomates que usaría para el desayuno con mi hija mediana -y varias hojas de lechuga-.

Después de poner a desinfectar las verduras hice algunas -pocas- lecciones de Duolingo; luego me puse a preparar el par de panes que llevaría al desayuno: una tortilla de (tres) huevos con sesenta gramos de jamón, con lechuga y tomate en rodajas; todo aderezado con mayonesa y ketchup.

Había consultado Waze y se veía que el tránsito estaba pesado desde antes de salir al boulevard principal; aún así decidí no salir tan temprano, lo cual fue un craso error: después de bañarme y cargar el desayuno en la mochila con aislante térmico tomé la van e inicié el viaje -eran casi las nueve y cuarto-.

Salí al boulevard pero, al avanzar una pocas calles, me dí cuenta que había un embotellamiento bastante intenso; por lo que dí la vuelta en U y decidí entrar a la ciudad por la vía que viene de los puertos del sur; y cuando llegué a esta vía también la encontré bastante congestionada, aunque no completamente inmóvil.

Me uní a los cuatro carriles subiendo la cuesta por la que se accede a la ciudad y estuve una buena cantidad de tiempo bandeando entre los mismos; hasta que llegué a la calzada metropolitana; que también estaba bastante llena; luego entré una poca distancia al periférico, pasé por la Universidad y salí a la ruta principal, al lado de la cual está el edificio donde viven mis hijos.

Ya eran las diez menos veinte cuando apenas entré a la ciudad, por lo que estuve a punto de llamar a mi hija para avisarle que llegaría tarde; pero la última calzada estaba relativamente vacía -o al menos no estaba saturada-; con lo que, con apenas un par de minutos de antelación llegué al parqueo del edificio.

Estacioné la van -me tocó que bajarme para arrimar una de las bicicletas a la pared- y subí caminando los siete niveles hasta el departamento de mis hijos; dos minutos después de las diez estaba entrando a la sala -y enviándole un mensaje a mi hija, comunicándole que me encontraba en el lugar-.

Ella salió un poco más tarde y nos dirigimos, caminando, al parque temático en el que acostumbramos tomar nuestros desayunos; el lugar estaba relativamente vacío -quizá por la hora temprana- y encontramos un lugar agradable para desayunar.

En eso invertimos un buen tiempo; luego jugamos una extensa partida de Scrabble; como habíamos acordado que la reunión se extendiera hasta la una de la tarde, le ofrecí a mi hija que nos dirigieramos a la rueda de Chicago; la cual estaba empezando a funcionar.

Había una cola bastante pequeña pero aún no estaban llenando todas las canastillas; pero no nos tocó esperar mucho; después de completar las vueltas del juego mecánico empezamos el retorno al departamento -en el ínterin me había estado comunicando con Rb, quien había acudido al hospital a visitar a la mamá de su mejor amiga, pero se había retirado al comprobar que nomás un visitante era aceptado-.

Retornamos al departamento veinte minutos antes de la una y le propuse a mi hija que revisaramos la confección de un origami que acostumbrábamos armar muchos años atrás -había olvidado por completo las instrucciones-.

Encontré el video en Youtube y procedimos -en muy poco tiempo- a fabricar un par de cajas de papel; luego armamos unas mas pequeñas, con las mismas instrucciones; la alarma sonó a la una menos cinco y empecé a despedirme; luego me retiré del departamento y bajé a encender la van.

Antes de salir del sótano le envié un mensaje a Rb, comentándole que iniciaba mi retorno -ella me había escrito un poco antes, comentándome que ya estaba en casa-; el viaje estuvo más tranquilo que el de ida -el número de autos en circulación era, definitivamente, menor-.

Pero no conduje directamente a casa: a mitad del camino -a tres o cuatro casas de donde vive el voluntario con quien me reuno un domingo al mes- me detuve para comprar un menú de pollo frito -había decidido almorzar eso-; la operación estuvo un poco complicada porque un gran camión se había detenido en el lugar -cubriendo uno de los tres carriles- específicamente para comprar pollo frito, también.

Después de comprar el menú más sencillo -una pieza de pollo, papas fritas, una ensalada y un bollo por tres dólares- volví al auto y continué el camino a casa de Rb; cuando vine la encontré almorzando en su habitación; por lo que me serví mi almuerzo y almorcé en la mesa del comedor.

Cuando terminé de almorzar me preparé un café, el que consumí con un poco de pan dulce -también con la mitad de uno de los muffins que Rb me trajo al retornar de su visita (frustrada) al hospital); después me puse a preparar las gelatinas para mis desayunos de la semana.

Rb empezó a alistarse para dirigirse a su iglesia, a impartir su clase semanal de alfabetización; yo le preparé un té de manzanilla y aproveché el tiempo para lavar los trastos que había utilizado en el desayuno con mi hija mediana.

A las tres y cuarto Rb se despidió; yo terminé de lavar los trastos y, luego, preparé los bártulos para realizar la limpieza -el nivel de bolas de pelos de perro era realmente excesivo-; barrí los pisos de las habitaciones que más usamos y luego las trapeé.

A continuación me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; a las cinco y diecisiete -había puesto una alarma- me vestí y salí a caminar en dirección a la iglesia de Rb; a la cual llegué un poco después de las seis; entré al pasillo, pasé saludándola -y a sus alumnas- al aula y fui a esperarla frente a la cancha de basketball/volleyball del lugar.

Ella salió unos minutos más tarde y caminamos de vuelta a casa; al regresar me ocupé de las tres tareas de Fabric: completar el laboratorio del día -algo de seguridad en los reportes-, responder las preguntas de la lección del día y las de la última página del sitio en donde he estado preparándome.

Terminé super tarde con todo eso: ya eran casi las diez de la noche; pero, como ví que Rb seguía en sus series en la computadora, me quedé un rato más en su habitación; luego, cuando anunció que se preparaba para dormir, me pasé a la mía; en donde medité, leí un poco y luego me dormí.

Y a ver cómo sigue eso...