Hay muchas razones por las que empiezo a leer un libro; o eso creo: digo, en el pasado era más una cuestión de disponibilidad; o el libro estaba en una biblioteca, o en la casa de un amigo/conocido/familiar, o -en muy pocas ocasiones- podía comprarlo; entonces llegó internet.
Con internet encontré el acceso a mucha información -incluso libros en PDF!-; recuerdo que entre los primeros que leí de esa forma estuvo un par de Harry Potter -acababa de salir- y de Las Crónicas de Narnia -que era bastante antiguo-; había más opciones.
En el último tiempo (más de diez años?), casi todo lo que leo es en formato digital; incluso llegué a tener un Kindle durante un tiempo -se lo regalé el año pasado a mi hija mayor-: ahorita voy por mi segunda tablet (la anterior murió el año pasado).
La primera tablet era de una marca genérica -la había comprado, originalmente, para estudiar francés (Duolingo) en la misma, pero no me había funcionado allí la app de la forma en la que esperaba-; la actual es una Samsung.
La semana pasada empecé a leer el libro que titula este texto; llegué al mismo de la misma forma en la que he encontrado muy buenas opciones de lectura: a través de HackerNews; esta es una lista que, periódicamente, reviso con asiduidad.
Los artículos son, en su mayoría, enfocados en tecnología -o ciencia en general- aunque a veces hay cuestiones de economía, psicología, o similares; en esta ocasión estaba leyendo -me parece- una crítica hacia la utilización de LLMs para sustituir el trabajo humano.
Ese artículo me llevó a uno secundario, que hablaba sobre técnicas de escritura; el mismo mencionaba que un coach de escritura -que ahora se dedica a su empresa de perfumes- había escrito algo muy interesante sobre los principios de la escritura correcta (!).
Al buscar un poco más de información sobre el autor encontré el listado de libros publicados -creo que, en solitario, únicamente tenía este-; automáticamente me llamó la atención por tratarse de ajedrez -y, supuestamente, nivel amateur-.
Estuve leyendo un poco sobre la vida de esta persona -blanco, canadiense- y me llamó la atención muchas similitudes: poco sociable en su niñez/adolescencia -aunque fue a una escuela para gente dotada-, aficionado al ajedrez, meditador -varios de sus artículos en subsctack mencionaban estos temas-.
El libro es -supuestamente- vivencial: después de establecerse como escritor freelancer (o serio?) se va al sudeste asiático (Tailandia, Nepal) y, luego de un juego de ajedrez en este útimo país, se sumerge en una vorágine para participar en un abierto mundial.
He leído un par de capítuos (de diez, me parece) y, en general, me está gustando; tanto que el domingo, muy temprano, le envié a varios de mis conocidos este pasaje -extraído directamente del libro-: "Badly played chess is kind of like badly played life. Real problems are dealt with poorly or not at all, while much effort is expended on avoiding imaginary danger. Rather than dealing with the reality of the situation, you act as if you were playing the game you wish you were. Then you collide with the boundaries between the actual and the hypothetical." Un par -o quizá tres- me respondieron.
Y a ver cómo sigue eso...
El lunes me levanté mal: desde el día anterior me había estado sintiendo mal del sistema digestivo; el sábado -me parece- no había podido concluir bien mi visita diaria al baño de la casa: por alguna razón no pude realizar la descarga de la última carga de desechos sólidos.
Y es que el sábado desayuné doble -en la cafetería, con mi compañero que se estaba retirando de la empresa; y con mi hija mediana, en nuestro desayuno mensual- y también había consumido la mitad de un minipastel -además de que almorcé salchichas y pasta de arroz-.
El domingo la pasé mal en ese aspecto: me parece que intenté un par de veces evacuar desechos sólidos pero estaba completamente estreñido -y me dolía un poco el área alrededor del lugar por donde debían pasar los sólidos-; entonces, por la noche, estuve un poco preocupado -aún así me tomé dos vasos enorme de agua-.
Entonces, el lunes, me levanté con una sensación algo rara: además de haberme despertado una hora antes de que sonara la alarma de las seis y media, sentía una incomodidad abdominal algo molesta -y dolor en las posaderas-.
Me estuve un rato en cama y luego estuve un rato mayor en la taza del baño; pero no hubo modo, no quería salir nada; entonces retorné a la habitación, medité y luego volví a la cama, a esperar la primera llamada del día; pero la misma había sido cancelada.
Como me sentía diferente -y sin mucha energía- me quedé en la cama, dormitando, hasta que Rb -después de las ocho- entró a saludar -y a contarme algo de sus sueños-; y aún seguí un rato adicional en cama; hasta casi las nueve, salí -con la computadora- a la mesa del comedor.
Entré a la reunión de las nueve, la cual estuvo bastante corta: los desarrolladores aún siguenajustándose al trabajo en la nueva plataforma; después -eran casi las nueve y media- iba a preparme el desayuno, pero me entretuve en algo y, a pesar de que creía que mi supervisor no estaba, vi que empezaba la reunión.
Estuvimos en esta por casi una hora -desayuné casi a las once de la mañana- en la que el personaje este se dedicó a desvariar sobre las diferentes tareas que debíamos realizar durante la semana; realizando asignaciones sin sentido y, en el camino, incomodando al equipo loca.
También me molestó que los dos analistas restantes empezaron comentar idioteces en el hilo de mensajes que hemos utilizado para apoyar el trabajo grupal: algo sobre la malfunción de los equipos e incluso burlándose de a quién le estaban dejando más trabajo -no a mí, porque (supuestamente) debo trabajar documentación-.
La reunión terminó por fin y no me quedaron nada de ganas de empezar con la asignación; me preparé el desayuno (avena, papaya, banano y gelatina sin azúcar) y lo consumí mientras veía algún video de Youtube; un poco después pasé al baño y pude, por fin, aliviar el estómago.
A las doce realizamos la rutina de ejercicios de los lunes; después de entrar a los perros puse a calentar la porción diaria de las verduras que habíamos preparado la noche anterior; además, en el microondas, calenté seis onzas de pollo que Rb había cocido originalmente para su perra anciana; eso fue el almuerzo.
Pero además tuve buen cuidado de tomar casi medio litro de líquidos -uno de refresco de rosa de jamaica y el otro de agua pura- antes de almorzar; y es que, comentando con Rb mis molestias, recordé que el viernes y el domingo le había agregado Psyllium a los huevos del desayuno.
Por la tarde partí el pollo restante para los almuerzos de la semana: los trozos en los que Rb había cocido el mismo estaban muy grandes y no se habían integrado muy bien en las verduras que cocimos el día anterior.
Después del horario laboral -a las cinco- nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de mitad del camino, allí compramos un par de lechugas y un poco de bananos.
El martes fue un día raro; la meditación y las reuniones de la mañana siguieron, más o menos, el mismo patrón de siempre; también la caminata con los perros, la calentada de la comida y el consumo del almuerzo; y fue un poco después de esto que empezó lo extraño.
Y la verdad es que fue una de las experiencias que se sienten como un turning point; y, por otra parte, por las que ahora valoro tanto permanecer en silencio en la mayoría de situaciones; o sea, nunca aprendí a discutir, y creo que a mis cincuenta y tres ya nunca aprenderé a hacerlo -es como no poder entrar en una pelea física porque nunca aprendí a recibir golpes (practicando boxeo, por ejempl)-.
También, empezó -como muchas cosas- de una forma más bien 'inocente'... extraño, la verdad: después del almuerzo le estaba comentando a Rb que la tarde anterior había deshebrado el pollo porque no me había gustado la forma en la que estaba almacenado en el hermético: trozos cocidos bastante grandes.
Y ella me respondió algo como: claro, yo llegué a preguntarte sobre el tamaño de los mismos y me dijiste que así estaba bien; -y añadió- como siempre, nunca me pones atención; o sea, habíamos bromeado muchas veces sobre esto; y quizá allí fue donde la cosa se torció.
Porque, por alguna razón, me afectó su comentario y le pedí que me aclarara; algo así: o sea, de todas las opciones de razones, eliges la peor; y me dijo, es que es verdad, y allí todo se fue al garete; terminamos en una conversación bien incómoda -y ella terminó llorando por supuesto- y yo terminé riéndome -por supuesto- mientras conversábamos.
Total que pasamos una tarde bien incómoda; o sea, ella siguió contestando llamadas, dándole de comer a sus perros -y yo preparándole su té de manzanilla-; pero el ambiente continuó bien tenso; incluso salimos a caminar a las cinco -en dirección norte, vimos opciones de desinfectante de verduras en el supermercado, pero no compramos-; pero -al menos yo sentí- que algo había cambiado.
Entonces, en la noche traté de estar un rato en la habitación de Rb -estaba viendo algo en la computadora, o leyendo, o jugando partidas de ajedrez en Duolingo (me cambió del celular actual al antiguo porque el ajedrez [creo] estaba haciendo que la pantalla se bloqueara demasiadas veces)-.
Pero, esto me llamó la atención: generalmente Rb pide mi ayuda para cuestiones como vaciar los sacos de comida de sus perros -pesan cuarenta o cincuenta libros- en los recipientes de plástico en los que conserva los que están en uso; en esta ocasión lo hizo por ella misma.
Me dí cuenta de eso cuando entré a la habitación de la comida de los perros: ví que el saco que había recibido por la mañana -el repartidor vino a dejarla cuando Rb estaba respondiendo llamadas- ya estaba vacío -al día siguiente me comentó que le había sorprendido que el contenido cupiera en una de las cajas-.
El miércoles continuaba sintiendo una rareza en la atmósfera doméstica; o sea, me levanté a las seis y media, medité y luego entré a la reunión; Rb estuvo la mayor parte (como el anterior par de meses) dentro de su habitación, contestando llamadas.
Yo traté de actuar lo más (?) normal posible; durante la mañana acudí a las dos llamadas diarias (la de las nueve, con los desarrolladores, y las de las nueve y cuarenta y cinco con mi equipo; al parecer ahora la de las siete está programada únicamente para los martes y jueves); en la primera no hubo mucho que hacer; en la del equipo tuve que escuchar a mi supervisor desvariando sobre los avances de las tareas.
Rb salió de la habitación un poco antes de las doce: tocaba realizar la rutina de ejercicios de los miécoles; después de completar los ejercicios -me está costando mantener el ritmo últimamente- sacamos a caminar a los perros; yo había dejado calentando las verduras, las cuales retiré de la estufa en cuanto entramos.
Después del almuerzo me quedé trabajando en la mesa; aunque utilicé este tiempo para explorar alternativas para migrar información de la plataforma antigua en la cual registrábamos las tareas; a la que aún está en proceso de integración.
Estuve investigando varias opciones para importar información de la antigua a la nueva; y la mitad de la solución -creo que utilicé un par de LLMs- funcionó muy bien -la de extraer información de la aplicación antigua- pero la segunda no pudo ser completada: al parecer aún no han configurado credenciales para crear nuevos items de trabajo.
A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb; mientras el agua hervía lavé los -pocos- trastos que se habían acumulado en el lavadero; después, un poco después de las tres, la analista en el Imperio me escribió para que trabajara en un documento: quería que ajustara la tabla de contenido.
Estuve trabajando en eso casi una hora y media -o sea, Rb salió de la habitación a las cuatro y media y yo aún estaba dándole los últimos toques a los cambios que juzgué convenientes en el documento-; entonces me vestí y salimos para la caminata diaria.
Nos enfilamos hacia los supermercados en dirección sur: yo quería comprar un frasco de café -literalmente nombrado- más barato -me quedaba nomás para unos pocos días-; así que caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos al otro lado, para entrar al supermercado.
Compré el café -en donde tuve que pagar en efectivo pues ahora están pidiendo identificación para utilizar tarjetas (y Rb no llevaba su DPI)-; luego caminamos de vuelta a casa; aunque tuvimos que pasar a la tienda de las verduras: Rb necesitaba sus frutas semanales (y un par de lechugas).
Después de retornar a casa Rb entró a su clase de teología -ya está en el penúltimo módulo antes de terminar su programa de Teología- y yo me metí a mi habitación a hacer muchas lecciones de Duolingo; un poco más tarde -cuando la clase había terminado- me pasé a su habitación; en donde estuve leyendo un rato.
El jueves me levanté a las seis y media -al parecer había habido un temblor, medio fuerte, en la madrugada: yo recordaba algo de movimiento en mis sueños-; después de meditar salí de mi habiación a saludar a Rb y luego retorné a la cama a hacer algunas lecciones de Duolingo -ahora estoy haciendo más Portugués, después de haber cancelado matemáticas-.
Estuve haciendo lecciones hasta casi las ocho de la mañana; a esa hora me metí al baño y empecé a alistarme para salir: el lunes le había escrito a mi psicóloga -no es mi psicóloga, nomás es psicóloga- para invitarla a desayunar -luego de darme por vencido en convocar a mi amigo de la facultad con quien desayuné el primer día de mayo-.
La noche anterior había estado sopesando si salir al boulevard a tomar un busito o caminar hasta el boulevard principal y tomar un bus intermunicipal -no quería llegar sudado-; salí a las ocho treinta y ocho y caminé hasta el boulevard principal -llevé los zapatos de las tardes-.
Rb me había pedido que pasara a comprarle un medicamento para las alergias respiratorias -en una farmacia del comercial en donde se estacionan los busitos-; llegué al lugar un poco antes de las siete y media pero decidí pasar de una vez a la farmacia -para evitar confusiones más tarde-.
Se tardaron un poco en atenderme -había dos o tres personas antes que yo- en la farmacia pero no fue tanto el atraso para comprar los tres blisters de medicamento (doce dólares); luego de pagar por la medicina me dirigí a cruzar -por el pasadizo subterráneo- al otro lado de la carretera, en donde se encuentra la cafetería en la que usualmente me reuno con mis conocidos.
Llegué al lugar un par de minutos después de las nueve y media y le escribí a mi amiga para comentarle que ya me encontraba en el lugar; ella me respondió un poco más tarde avisándome que estaba en camino, pero que el camino estaba bastante congestionado.
Llegó un poco más tarde y ordenamos un par de desayunos típicos -aunque yo pedí longaniza y ella salchichas-; me hice cargo de la cuenta -catorce dólares- y nos sirvieron la comida un poco antes de las diez -registré la hora en mi app de ayuno intermitente-.
Y estuvimos en el lugar hasta las once y media; entre desayuno y conversación: ella fue el mes anterior al vecino país del sur -con su madre- y me estuvo contando el buen tiempo que tuvieron visitando la ciudad más grande del país -y de latinoamérica, me parece: la segunda, de hecho-.
También me contó que su hermano -un médico que vino en un par de ocasiones a cenar a la casa de Rb- había, por segunda ocasión- tenido un accidente bastante aparatoso por manejar bajo los efectos del alcohol; también me comentó que ella continuaba asistiendo a retiros de meditación -eventos al que la referí, aunque yo nunca fuí-.
Un poco después de las once confirmé con mi amiga si las once y media era una buena hora para despedirnos; a los que estuvo de acuerdo; y cuando llegó la hora me ofrecí a acompañarla a su automóvil -aunque me dijo que quería pasar a los servicios-.
Entonces nos despedimos dentro del restaurante; yo le agradecí -otra vez- por su tiempo y disposición a compartir; ella me agradeció -otra vez- por la referencia a los retiros de meditación -aunque yo nunca asistí-; entonces, después de un abrazo, caminé hacia el pasadizo subterráneo.
En donde hay una panadería donde vende unos zepelines que me gustan mucho; lo malo: hasta principios de año costaban menos de medio dólar; cuando me reuní con mi amigo garífuna y compré uno ya habían subido de precio; y ahora han aumentado un poco más: o sea, ahora valen la mitad más que a principios de año -no sé si es por el conflicto en Irán-.
Aún no había decidido si abordar el busito que me deja del otro lado del boulevard, cerca de la casa de Rb; o el bus intermunicipal, con el cual debo caminar un par de kilómetros; al final decidí esto último, afortunadamente el siguiente bus estaba justo arrancando.
Me bajé al inico del boulevard junto al cual vivimos y caminé el par de kilómetros mientras completaba la solución del cubo de Rubik de seis por seis; cuando vine escuché a Rb trabajando en su habitación; así que entré, jalé la computadora con Ubuntu a la mesa y empecé a actualizar estas notas.
Rb salió un poco más tarde -de hecho me llamó por teléfono, para ver dónde estaba-; eran las doce y diez y, por no haber acudido a clase de zumba (el instructor sigue de baja -supuestamente por enfermedad-) quería completar una rutina de ejercicios.
Entonces me ofrecí a sacar a caminar a sus perros más grandes, en solitario; ella aceptó mi ofrecimiento y empezó a ejercitarse; yo esperé hasta las doce y media y, luego de alistarme, le puse los arneses a los animales y los saqué a caminar.
El sol estaba un poco fuerte y hacer que la perra -está muy pesada- camine es un poco complicado; cuando entré de la caminata Rb aún estaba ejercitándose; puse a calentar las verduras y calenté en el microondas los platos con pollo -aún metí al freezer un poco sobrante del mío-.
Luego partí en dos un aguacate; partí una mitad en cubos y la mezclé con mi pollo; la otra la coloqué en el lugar en donde Rb almuerza; mientras ella terminaba su rutina serví las verduras en cada plato con pollo; me serví dos vasos de refresco -bastante diluído- y procedimos con el almuerzo.
Después del almuerzo continué actualizando estas notas -en el ínterin actualicé (con ayuda de un LLM) la app móvil que estoy usando para darle seguimiento a mi estado de bienestar percibido-; un poco antes de las tres Rb salió de su habitación para darle de comer a sus perros; le preparé un té de manzanilla mientras lavaba los trastes del día.
Luego continué mi actividad de redacción; la cual ha estado un poco más constante durante los útimos meses (¿años?); por la tarde mi hija mayor me escribió para comentarme me estaba depositando cierta cantidad por el dinero que le había estado proporcionando durante el mes -y para que acreditara su cuota de mantenimiento mensual de departamento-.
Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; Rb quería comprar unas etiquetas para identificar el contenido de los especieros que compró unas semanas antes; y yo compré un montó de artículos en la tienda verde de descuentos: un paquete de ocho latas de coca cola sin azúcar, gel para el cabello, una bolsa de café molido -mezclada con trigo-; además de un par de marcadores permanentes también adquirimos papel encerado, papel de aluminio y una cajita de bolsas zip.
El viernes retorné al trabajo; como ya no hay -nomás martes y jueves- reunión a las siete, después de la meditación me puse a completar lecciones de Duolingo -estoy jugando ajedrez nomás en el teléfono antiguo (aunque aún así he tenido que resetear el nuevo un par de veces, pues todavía se me ha bloqeuado la pantalla)-.
Después de completar las lecciones de Duolingo me pasé a la mesa del comedor; básicamente a esperar la llamada de las nueve (ese día coincidían la llamada diaria del equipo de desarrollo con la semanal de mi equipo); pero Rb salió de la habitación un poco antes de las nueve y me estaba comentando algo sobre sus llamadas; por lo que me tardé en entrar a la llamada.
Total que mi supervisor me escribió un par de minutos después de las nueve para que me uniera a la llamada; y entré así bastante animado, saludando a todo el mundo; luego, cuando me tocó presentar mi avance semanal, nomás comenté que el día anterior había estado de vacaciones, pero que el día anterior había completado una tarea; y que mi prioridad era -de acuerdo a lo que se me había indicado- ayudar a la analista en el Imperio a completar el documento asignado.
Lo cual, sinceramente, había estado haciendo desde la mañana: ella me había estado escribiendo desde antes de las ocho de la mañana, indicándome ciertas instrucciones específicas para continuar el trabajo con el documento; me pasé casi todo el mediodía leyendo detenidamente el documento y tratando de aplicar los pasos -muy pocos se pudieron completar- en el sistema que trabajamos.
Un poco antes del almuerzo -respondiendo a una pregunta sobre mi progreso-, le mandé la versión que había estado ejecutando -y un comentario indicándole que la versión en el servidor había sido actualizada con los comentarios adjuntos en la misma-; después ya casi no hice nada -laboralmente hablando-.
A media tarde ví un correo de la analista -hacia las dos personas que están coordinando esta nueva versión del ambiente- en la que me había copiado: indicando que cuatro documentos habían sido finalizados y pidiendo retroalimentación.
Yo ya me había desconectado -desde el mediodía- de las actividades laborales: a las doce Rb salió de la habitación y completamos la rutina de ejercicios; luego preparó el pescado que íbamos a almorzar; el cual se quedó en el fuego mientras salíamos a completar las dos vueltas de la caminata con los perros grandes.
Después del almuerzo me preparé un té de menta -es lo que tomo por las tardes cuando he tomado café por la mañana-; a las tres menos cuarto lavé los trastos del día -y le preparé el té de manzanilla a Rb-; y, un poco después de las cuatro, Rb volvió a salir de la habitación: yo había olvidado que debíamos llevar a la perra más anciana al laboratorio.
Y es que era la última de las visitas bisemanales que el veterinario había programado: es una especie de tratamiento 'neural' para aliviar los padecimientos de espalda -Rb me había comentado que la había visto (después de mucho tiempo) rascándose, lo que indicaba cierta mejoría-.
La visita estaba programada a para las cuatro y media; pero el boulevard estaba a reventar: el tránsito llegaba casi al portón de la calle; entonces Rb me pidió que saliéramos con media hora de anticipación; y no cruzamos al otro lado en el punto habitual -como a medio kilómetro en dirección norte- sino que, aprovechando que aún no estaba tapado, me crucé le boulevard justo frente a la calle donde vivimos.
Llegamos al lugar bastante temprano; pero apenas estaba estacionándome cuando salió la recepcionista de la clínica; y le comentó a Rb que le acababa de enviar un mensaje: el veterinario se había atrasado en una operación y llegaría hasta las cinco y media; entonces retornamos a casa.
Y nos tardamos más en recorrer las dos últimas calles antes de entrar a la calle interior que todo el tiempo desde que habíamos salido más temprano; vinimos a dejar a la perra más anciana y nos alistamos para salir: Rb debía comprar pollo en el supemercado más alejado en dirección sur.
Como teníamos que traer pollo saqué la mochila con aislante térmico; y nos dirigimos caminando directamente hasta el supermercado más alejado en dirección sur -es decir, no caminamos hasta el extremo, porque no queríamos retornar muy tarde-; compramos la pechuga de pollo (y un poco de mollejas); pero antes de llegar al supermercado habíamos encontrado al pickup de las verduras.
Aprovechamos el encuentro para evitar pasar -más tarde- a la tienda de las verduras: Rb compró una papaya bastante verde -que colocamos dentro de la mochila con aislante térmico- y varias verduras y hierbas para cocinar; después de completar las compras en el supermercado retornamos a casa.
Entramos a reservar el pollo en la refrigeradora y dejamos las verduras en la mesa del comedor; Rb preparó nuevamente a su perra más anciana -después de confirmar con la recepcionista de la veterinaria que, en efecto, el veterinario iba a tratarla aún- y nos dirigimos al comercial en donde queda la clínica.
Afortunadamente el tránsito había bajado bastante en el boulevard; ni siquiera tuve que cruzarme el boulevard en un sitio ilegal: conduje en dirección sur hasta el retorno en U y llegamos a la clínica veterinaria sin mucho contratiempo.
Pero el auto del veterinario no estaba en el parqueo, por lo que creí que nos iba a tocar esperar; lo cual ocurrió: de hecho había una señora -con dos niñas y- con un perro -creo que era chihuahua- ya esperando; por supuesto Rb se puso a conversar con la señora y estuvieron intercambiando los grandes sacrificios que les toca hacer para que sus mascotas estén bien.
Yo me entretuve jugando -tres o cuatro- partidas de ajedrez en el celular de Rb; un poco más tarde -ya estaba oscureciendo- la recepcionista salió a permitir el ingreso de Rb -quien aún indicó que la señora había llegado primero-; pero, por orden de cita, Rb entró al lugar.
Y no tardó mucho en salir: realmente es un procedimiento bastante express: una inyección y ya; entonces abordamos la van y conduje de vuelta a casa; por la noche vimos el primer capítulo de Nada; es una serie argentina en la que -sorprendentemente- actúa Robert De Niro.
Y a ver cómo va eso...