Este es el libro en francés que empecé a leer la semana pasada -luego de que mi conocida de Camerún me lo pidiera-; y es, desde su portada, un libro de soft romance: colores pastel, letras estilizadas en el título, y así.
También es, creo, parte de una saga -en la portada aparece Dinastie Hariston encima del título del libro-; o sea, leí Check Mate, que era -básicamente- un romance -en inglés-, pero, al menos, en ese caso había bastante ajedrez de por medio.
En este no, la historia sigue a una chica -con un niño de cinco años- que empieza a trabajar como organizadora de bodas -en una oficina de eventos- y que, en su cuarta asignación, se encuentra que la pareja es su ex-mejor amiga, y su 'primer amor', que la traicionó -y que es el padre (sin saberlo) de su hijo-.
O sea, me recuerda mucho a las novelas mejicanas que han sido tan populares en nuestro medio: heroínas, villanas, galanes -abusadores generalmente- y, en este caso, el niño que ha sido criado en soledad, pero que se encuentra con su progenitor.
Al menos -creo que es parte del éxito de este tipo de libros- el lenguaje es bastante sencillo y el hilo conductor de la historia es bastante fácil de seguir; creo que luego volveré a los cuentos del pequeño Nicolás.
Y a ver cómo va eso...
El miércoles por la tarde estuvo tranquilo; o sea, el supervisor en el Imperio del Norte continuó enviando mensajes por la app del trabajo al compañero que menos bien me cae; y no recibió ninguna respuesta; lo que le comentaba a Rb era: si cuando hay un tiempo normal cuesta que trabaje, en la antesala a un fin de semana largo (cuatro días) no hay forma de nombrarlo.
El almuerzo consistió en la tercera porción de hashbrowns (papa y pollo), aderezados con una salsa de tomate muy buena -preparada por Rb- y una gran ensalada; además del fresco de rosa de Jamaica; también me terminé -casi- lo último de la segunda coca cola que había traído de la actividad del voluntariado -dos semanas atrás-.
El resto de la tarde intenté no llamar mucho la atención; un poco después de las dos mi supervisor me escribió para que completara la asignación de la tarde; era sencillo, nomás entrar a tres sevidores remotos y verificar si se podía establecer una conexión.
Me apuré a completar la tarea y le envié una captura de pantalla comentándole que todo se veía correcto; él continuó tratando de comunicarse con el otro analista, incluso indicándole que debía terminar antes del mediodía del jueves.
Y allí intervino nuestro PM, recordándole que el jueves y viernes de la semana eran asuetos nacionales; entonces el supervisor comentó que esperaba que se pudiera completar algo del trabajo este día y que él vería luego con el equipo del norte el fin de la tarea -mi compañero siguió brillando por su ausencia (con Rb bromeamos diciendo que seguramente ya estaba en la playa)-.
Al terminar el horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard y de allí regresamos al supermercado que queda a medio camino; en donde compramos dos tipos de lechuga, además compré una botella de horchata, para el desayuno que había previsto para el sábado.
Por la noche ví un poco de la película húngara de acción que había empezado a ver la noche anterior; además leí un poco del libro en francés; aunque siento que me está costando bastante la lectura en la tablet: los ojos terminan doliéndome, después de menos de una hora de lectura.
El jueves era el primer día de asueto de semana santa (jueves santo) pero me desperté a la misma hora -seis y media- porque había previsto poner a funcionar la lavadora antes de realizar mi meditación; salí de la cama, me llevé el canasto de ropa sucia -de un mes- y puse un ciclo super largo en la lavadora.
Después medité, luego volví a la cama y me puse a hacer varias lecciones de Duolingo -más que todo, partidas de ajedrez-; a las nueve salí de la cama y me preparé el desayuno -de los jueves, aún-: habíamos previsto caminar hasta el supermercado más alejado en el boulevard principal.
Un poco después de las nueve y media salimos con Rb hacia el supermercado; en donde compré un par de plátanos, algunos tomates y un chile pimiento, para el desayuno del sábado, con mi amigo de ascendencia asiática -y miembro de una secta coercitiva-.
Rb también adquirió algunas manzanas para su consumo semanal, y compramos cilantro para el asado que preveíamos para el domingo, y una manzana verde, para la ensalada del viernes; después de pagar caminamos de vuelta a casa -son tres kilómetros de distancia-.
Al mediodía -doce y media- sacamos a caminar a los perros; luego calentamos la última porción de hashbrowns de pollo, lo que acompañamos con una gran ensalada, y un poco de refresco de rosa de Jamaica; luego me metí a lavar los trastes del día, y a prepararme un café.
A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb; y un poco después me metí a la ducha; había estimado salir a las tres y media para reunirme con mi ahijado profesional número uno -que adoptó la fé del Islam hace unos años-.
Pero, como ví que casi no había tránsito -consulté la página de Waze y estimaba un tiempo de viaje de dieciocho minutos hasta el restaurante en donde habíamos acordado reunirnos- me puse a jugar algunas partidas de ajedrez en la app de Duolingo.
Un poco después de las tres y media metí los cubos de Rubik a mi mochila y tomé la van para empezar el viaje hacia el restaurante; por ser el primero de los dos días de asueto por la 'semana mayor' el tránsito era casi inexistente.
Llegué al lugar a las cuatro menos diez y le envié un mensaje a mi ahijado profesional para comentarle que ya me encontraba por allí; me respondió a los nueve minutos, disculpándose porque el autobús en el que iba había encontrado un bloqueo; por lo que me puse a armar el cubo de seis por seis.
Terminé de armarlo, luego completé -estaba a medias- el de cinco por cinco; y aún el de cuatro por cuatro -que también estaba a medias-; por último eran casi las cuatro y media, me puse a jugar un par de partidas de ajedrez en la app de Duolingo.
Estaba por la segunda -o tercera- partida cuando -finalmente- llegó mi amigo; disculpándose por el atraso y comentando que habían sido, realmente, dos: primero -al parecer- un cortejo fúnebre, luego una procesión.
No le dí mucha importancia al atraso y le propuse que ordenáramos -yo tenía ganas de consumir una cena del lugar-; y pasamos a la caja -en este lugar primero se ordena y paga, y luego la orden es llevada a la mesa-; pero aún no era hora de cenas -según el cajero empiezan a servirlas a las cinco-.
Entonces ordené mi pedido habitual: un cappuccino grande y una porción de pastel selva negra; mi amigo también pidió un cappuccino, pero preguntó por un pastel que no fuera muy dulce, le sugirieron -y ordenó- un pie que también contenía chocolate.
Nos acomodamos en una mesa y pasamos las siguientes dos horas y media entre consumo y conversación; yo tenía dos preguntas que me habían estado rondando la cabeza durante el último par de días: si la rama del Islam a la que se había adherido era la sunita o la chiíta -es la primera- y, si había adoptado un nombre musulmán -no es costubre acá-.
También conversamos sobre el estado en general de cada familia -su hija fue atropellada y está en reposo por una fractura del peroné-; yo le conté que mi hija mayor estaba estudiando medicina -y de mi preocupación por el resultado de su aventura-.
Además, me comentó que seguían los conflictos -se queja constantemente de esto- con su segunda ex esposa -con quien tiene dos hijos que están por entrar a la adolescencia-; pero es que, también, me comentó que había estado en una reunión bastante efímera con una chica de dieciocho años -él tiene cuarenta y siete-.
En fin, no digo que las personas atraigan los conflictos que desbalancean sus vidas; pero, como que hay niveles; a las seis y media Rb me llamó para indagar por dónde andaba; le comenté que aún estaba en el restaurante, con mi ahijado.
Y un poco después de las siete -los últimos buses que van al pueblo donde vive mi ahijado pasan a las ocho de la noche- empezamos a despedirnos; cuando salimos del lugar -luego de pedir que me sellaran el ticket del parqueo- le comenté que andaba conduciendo y nos despedimos en la puerta del restaurante.
El viaje de retorno a casa estuvo muy muy tranquilo; de hecho creo que ni siquiera tuve que esperar en ningún semáforo durante todo el trayecto; por la noche estuve leyendo una parte del libro en inglés -The Paradox of Choice-.
El viernes me levanté diez minutos antes de la hora de costumbre -a las seis y veinte-; había estimado que me daría tiempo para meditar y tomar una ducha antes de dirigirme al restaurante en donde usualmente invito a mis conocidos a desayunar -o a un café y pastel-.
Medité los veinticuatro minutos y luego me metí a la ducha; después, viendo que apenas iban a ser las siete de la mañana, me quedé un momento en la cama, jugando dos o tres partidas de ajedrez, en la app de Duolingo.
A las siete y diez tomé mi mochila, la subí a la van y comencé el viaje hacia el restaurante; llegué cinco minutos antes de la hora acordada -las siete y media-; mi compañero de trabajo -es desarrollador y lo invité (junto con mi compañero más brillante) la semana anterior, pero este último había (supuestamente) planeado un viaje- ya estaba en el lugar.
Pero la confirmación de la reunión estuvo bastante tortuosa: o sea el día en que los había invitado -les había escrito en una conversación grupal en la app de mensajes del trabajo- me había comentado que no estaba seguro; debido a que era posible que viajara con su esposa.
Mi compañero me confirmó ese mismo día por la noche -por whatsapp- que ya tenía algo planeado para el viernes santo; y yo no volví a escribir en el grupo, de hecho había sacado a mi compañero del mismo, por lo que el diálogo pasó a ser nomás con el desarrollador.
El miércoles temprano le escribí para ver si iba a ser posible que desayunáramos juntos el viernes -me ofrecí a invitar-; y esto lo hice después de confirmar con mi amigo Testigo de Jehová de que no podía reunirse por la tarde de ese día -supuestamente la esposa le había pedido que salieran en familia-.
Y el desarrollador me comentó que aún no le habían confirmado el viaje; que si podía confirmarme al día siguiente -me pidió el número de celular para comunicarnos por whatsapp-; el jueves a las nueve me confirmó que podía al día siguiente; yo ví el mensaje a las once y media -cuando regresamos del supermercado con Rb-.
Le escribí preguntándole por la hora más conveniente; me confirmó que a las siete y media; y quedamos en reunirnos a esa hora; después de saludar a mi compañero desarrollador le invité a que ordenáramos y me hice cargo de la cuenta (catorce dólares).
Y nos acomodamos en una mesa del lugar -estaba muy muy vacío-; en donde pasamos las siguientes dos horas entre desayuno -yo ordené lo de siempre y él ordenó algo con dobladas- y conversación; fue una reunión interesante.
Un poco antes de las nueve y media le agradecí por su tiempo y sugerí que nos volviéramos a reunir -quizá un sábado por la tarde, junto con mi compañero más brillante-; nos despedimos y tomé la van de vuelta a casa -ni siquiera había control de tickets de parque, me imagino que por ser un día de asueto naional-.
Cuando retorné a casa encontré a Rb terminando de ver una serie que presenta a varias personas -en el Imperio del Norte- que están en el espector autista, y que andan en busqueda de compañero romántico -algo raro el programa, pero bueno-.
Como aún no había cambiado el tiempo en el que Duolingo otorga puntos dobles me puse a hacer algunas lecciones -creo que solo partidas de ajedrez-; después me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-.
Rb me pidió que revisara un par de mensajes dejados por la persona con la que habíamos trabajado la semana anterior; y allí me dí cuenta que la red estaba muy muy inestable; de hecho me había estado costando entrar a Opera cuando quería pagar el servicio de conexión del departamento de mis hijos.
Entré al router, revisé que no hubiera ningún intruso y le comenté a Rb que, seguramente, se estaban realizando trabajos de mantenimiento y por eso estaba dando trabajo la navegación; pero un momento después ya no pudimos usar ningún browser.
Rb llamó a la compañía de Internet, costó que la atendieran y la primer agente de servicio colgó después de escuchar el problema -al parecer había problemas en la red telefónica-, pero el segundo agente de servicio realizó un reseteo del router y todo mejoró.
Pero Rb quedó bastante afectada porque sintió que las cosas no le estaban saliendo como esperaba -el día anterior le había bajado el racimo de bananos verdes, con los que estaba haciendo tortillas; pero la masa no le había quedado tan bien-; y se estaba tardando más de lo que había previsto en sus estimaciones.
De hecho llegó la hora en la que debíamos sacar a los perros y ella aún estaba en medio de la preparación del almuerzo -antes había descamado el pescado y yo lo había dividido-; entonces me ofrecí a sacar solo a los perros más grandes.
Lo que no fue muy difícil -lo había hecho igual cuando ella había estado hospitalizada en Noviembre-; después de retornar de la caminata preparé las dos ensaladas y luego tomé mi mitad de pescado frito; Rb seguía con la faena de las tortillas.
Almorcé -Rb me acompañó un poco más tarde- y después me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían acumulado; también me preparé un té de manzanilla -me dí cuena que ya no tenía té para mi consumo personal-; después, a las tres menos cuarto, y mientras Rb le daba de comer a sus perros, le preparé un té de manzanilla.
Salimos a caminar -en dirección a los supermercados que se encuentran en el sentido Sur- a las cuatro de la tarde; estaba algo nublado y previmos mojarnos con la lluvia; lo interesante fue que estábamos a la expectativa de las nubes en la dirección a la que nos dirigíamos, pero empezó a llover desde el lado contrario.
Nos guarecimos un poco en dos diferenes alfeizares pero, al final, decidimos caminar bajo la lluvia; llegamos hasta la panadería que se encuentra casi al final del boulevard y compré tre pirujos grandes y una torta de semana santa.
Después pasamos al supermercado que se encuentra a mitad del camino, en donde compramos un cartón de huevos; luego retornamos a casa; la ropa estaba completamente empapada -más por las salpicaduras de los autos que del agua caída del cielo- y nomás colgué mi pantalón y playera, para secarlos.
Como no había hecho limpieza durante la semana -previendo que sería mejor hacerla la noche antes de la visita de mi amigo de ascendencia asiática- me puse a barrer y trapear el piso al inicio de la noche; luego estuve viendo una pequeña parte de la película húngara de accioń que llevaba a medias.
El sábado me levanté a las cinco y veinte; Rb me había aconsejado la noche anterior que le avisara a mi amigo de ascendencia asiática que lo más seguro era que no estuvieran circulando los busitos locales; pero decidí no ponerlo en alerta, igual resolveríamos por la mañana.
Medité y luego tomé una ducha; un poco antes de las seis de la mañana me metí a la cocina a preparar el desayuno; lo que me llevó casi una hora -lo habitual-; un poco antes de las siete mi amigo me llamó para comentarme que no había busitos.
Le indiqué que podía tomar un bus intermunicipal y bajarse al inicio del boulevard; pero me dijo que la otra opción era utilizar Uber; y, en efecto, un poco más tarde me escribió para informarme que ya venía en camino.
Vino un poco después de las siete -aún me llamó de garita pues le estaban preguntando por la dirección de la casa de Rb-; los perros de ella empezaron a hacer bulla en cuanto escucharon a mi amigo y Rb salió a saludar; luego retornó a la cama.
Con mi amigo estuvimos desayunando, y conversando, durante un par de horas, hasta que Rb salió de su habitación -después de desayunar-; entonces les propuse que jugáramos Rumikub; lo que no salió tan bien: mi amigo se hizo un poco de bolas con las reglas, y se estaba esforzando mucho por ganar.
Es más, la reunión se alargó hasta un poco después de las once de la mañana -usualmente la he dado por concluída a las diez y media- por terminar la última partida -de las cuatro, creo que Rb ganó una y yo el resto-.
Un poco después de las once le sugerí a mi amigo que ordenara un Uber, para acompañarlo a la garita; Rb se nos unió pues debíamos comprar unas zanahorias en la tienda de la esquina; el auto que mi amigo había ordenado no tardó en aparecer cuando habíamos iniciado la espera -fuera de la garita-; nos despedimos y pasamos, con Rb, a la tienda.
Casi desde que entré me puse a preparar el almuerzo: burrito de zanahoria y huevo, relleno de aguacate y huevo, y pollo; el cual estuvo muy bueno -la vez anterior no me había quedado tan bien-; y el resto de la tarde me la pasé viendo videos de Aprendemos Juntos, de la fundación BBVA.
También realicé las labores habituales de la tarde: lavado de trastos, me preparé un té de manzanilla -le había regalado casi todo el pan sobrante del desayuno a mi amigo, pero había reservado unos cubiletes y un poco de la torta-; y le preparé un té a Rb.
Por la noche estuve tratando de ver la última parte de la película de acción que había empezado más temprano en la semana; pero, por alguna razón, la página en donde vemos series y películas estaba con dificultades de funcionamiento.
El domingo me desperté a las seis y media; medité y volví a la cama, a hacer algunas lecciones de Duolingo; durante la semana había previsto caminar -antes del desayuno- a la cooperativa en la que tengo un par de cuentas de ahorro abiertas.
El plan era cerrar esas cuentas para pasar el efectivo a mi banco habitual; y es que abrí las cuentas antes de comprarle el departamento a mis hijos: las tasas de interés que ofrecen son muy convenientes y lo ví como una posibilidad de financiamiento, en caso adquiriera una casa.
Pero, con el apartamento comprado -y cedido a mis hijos-, no veo muchas ventajas en mantener un poco de dinero en esa institución; y ya había pasado más de un año desde la última vez que había realizado un depósito en las cuentas.
Sin embargo, no tuve nada de ánimos para levantarme; después de hacer algunas lecciones de Duolingo -perdí varias partidas de ajedrez- intenté leer un poco del libro en inglés; pero ni eso, nomás me quedé en cama, dormitando, hasta que escuché que Rb se estaba preparando el desayuno.
Entonces esperé un poco -creo que terminé el capítulo de The Paradox of Choice- antes de levantarme a prepararme el desayuno; que fue bastante diferente a los que me preparo los fines de semanas: utilicé los frijoles que me sobraron del día anterior, hice un huevo revuelto -con embutidos y repollo- y freí cuatro tortillas de maíz.
Después del desayuno estuve leyendo un poco del libro en francés; en el cual acababa de pasar la primera cuarta parte -estoy leyendo seis capítulos por cada uno del libro en inglés-; aunque también estuve ojeando un libro de 'autoayuda' -en español- que bajé el día anterior.
A las once empecé a preparar el fuego para el asado; con lo que nos ocupamos las siguientes tres horas en asar pollo para dos semanas de almuerzos, sacar a caminar a los perros; asar las papas que había hervido la noche anterior; y, finalmente, almorzar.
Luego me metí a mi habitación -como que he pasado más y más tiempo en la misma, últimamente- a ver videos de Youtube, leer un poco, e incluso a dormitar; un poco después de las cuatro Rb entró para recordarme que debíamos salir.
Y caminamos a los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard y, en el supermercado que está a mitad del camino, compramos un poco de bananos -ya no teníamos para el día siguiente, y los (pocos) que encontramos estaban bastante maduros-.
Cuando retornamos Rb entró a darse una ducha y yo volví a la habitación; en donde terminé otro capítulo de Un heritier secret; luego estuve dormitando otro poco; un poco después de las siete salí de la habitación y me pasé a la de Rb; y terminé de ver la película húngara de acción.
Y a ver cómo sigue eso...