domingo, 3 de mayo de 2026

Trucos y Tretas para Vivir Bien... Tricks and Tips for Living Well... Trucs et astuces pour bien vivre...

He leído varios libros gracias a las referencias que he visto en las conferencias del canal Aprendemos juntos, en Youtube; el último -que da título a esta nota- le encontré buscando bibliografía de un psiquiatra que hablaba sobre tres ingredientes de la felicidad.

Y eso fue lo primero que me llamó la atención: el uso contínuo -dentro de su discurso, o explicaciones- de acrónimos de tres o cinco letras, con los cuales explicaba conceptos -me imagino que para facilitar su fijación-.

Otra cosa que me llamó la atención de la conferencia era el aire campechano -en su forma de abordar los temas o responder a las preguntas del público- del personaje; o sea, es un médico (psiquiatra) español de una edad avanzada pero su lenguaje se adaptaba -creo- al medio.

Y no estoy seguro de continuar con este libro -tendría ahora tres líneas abiertas: inglés ficción, tecnología y ahora sería español-; porque el primer capítulo -que leí hace un par de noches- lo veo muy anecdótico.

Y a ver cómo va eso...

El domingo por la noche se volvió un poco raro: hubo -otra vez- un connato de conflicto con Rb; y debió haber sido -otra vez- por alguna tontería: algo como yo enojándome por algo que me parece irracional y ella enojándose porque no le parece 'adecuado' que yo me enoje por dicha razón.

Me pareció raro, eso sí, que dí --o intenté dar- punto final a la discusión con un 'porque así soy'; comentario que me parece muy retrógrado; pero también me preocupa tener que andar justificándome por algún rasgo de mi personalidad -o 'intentar' 'mejorarlo'-. 

De todos modos -me dije- estaba considerando tener una conversación 'seria' con Rb sobre esto último -lo cual, por supuesto, ya no efectué- pues temo que las condiciones de convivencia vayan deteriorándose paulatinamente -no quiero volver a pasar por un escenario similar al que compartí con la madre de mis hijos-. 

Lo interesante es que no había estado viendo nada de media -después de ver el último capítulo de The Boys- por las noches; aunque tampoco había estado leyendo mucho: nomás algunas páginas de un libro en español; o algo del libro de Bases de Datos.

El lunes -mi último día de vacaciones- me levanté a las seis y media; medité y volví a la cama, en donde estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo -casi únicamente partidas de ajedrez-; un poco después de las siete entré a la habitación de Rb y le propuse que completáramos la rutina de ejercicios.

Pero ella me recordó que habíamos acordado realizarla a las once de la mañana -dos horas después de su desayuno-; entonces retorné a la cama y estuve intentando leer un poco del libro de psicología en español.

La noche anterior -o la tarde anterior?- había estado pensando en dos reuniones para la semana laboral: el lunes había planeado reunirme con mi amigo que ahora vive en Italia -el viernes me enteré que estaba (nuevamente) en el país, y estuve tratando de coordinar una reunión los siguientes dos días-.

También le escribí a mi amigo de la facultad que me contactó -luego de más de una década- la semana anterior; proponiéndole tomarnos un café el siguiente viernes -asueto local por el día del trabajo-; y no había recibido respuesta al segundo mensaje.

Temprano en la mañana ví que había contestado a mis mensajes, aceptando mi invitación pra el viernes; intenté llamarlo -por whatsapp- pero me respondió -por lo bajo- comentándome que estaba en una reunión y me llamaría más tarde.  

Con mi amigo italiano estuve en comunicación el sábado y domingo y habíamos acordado que nos veríamos el lunes por la tarde; luego le propuse que llegaría a su pueblo -vive como a ochenta kilómetros de la ciudad- y luego me escribió para comentarme que su auto se había descompuesto y estaba cancelando.

No creí mucho su excusa, y aún intenté reorganizar la hora -o lugar: supuestamente, ese día debía bajar de su pueblo -con su padre: pastor de una iglesia evangélica en el lugar-; se suponía que la iglesia a la que vendría está en el municipio donde vivo, el problema es que el municipio es bastante amplio.

Al final ya no se pudo resolver nada con mi amigo; me pasé la mayor parte del día avanzando en la automatización de un par de opciones, en la página en la que había estado trabajando durante las últimas semanas -y completé ambas, al final del día-.

A las once de la mañana hicimos la rutina de ejercicios con Rb; después sacamos a caminar a los perros; luego consumimos la primera -de cuatro- de las porciones de albóndigas con salsa de hongos -y fideos-.

La tarde estuvo bastante normal: lavé los trastes después del almuerzo, luego me preparé un café -que  consumí con dos mitades diferentes de galletas y un octavo del pastel del miércoles anterior-; a las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb.

Y a las cinco de la tarde -tratamos de no salir tan temprano pues el sol había estado abrasador- nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: yo quería comprar unos cuencos -herméticos de ser posible- de plástico para conservar en el regrigerador las dos yemas que Rb estará desechando cada dos días.

En la tienda verde de descuentos encontré un paquete de cinco recipientes herméticos de plástico -con forma de corazón- y los adquirí por un dólar y medio; después caminamos de vuelta a casa -hemos estado comprando menos bananos, por las nuevas disposiciones alimenticias de Rb-.

El martes me desperté a las seis y media; había estado teniendo un sueño bastante extraño: en el que le intentaba explicar al hijo de un ex compañero del bachillerato, las diferentes concepciones de lo bueno y lo malo entre culturas.

Pero me desperté y continué pensando en el tema y en la forma en la que había ido cambiando mi forma de ver lo bueno y lo malo -desde el cristianismo más primitivo hasta el budismo, pasando por el judaísmo-; de todos modos empecé a meditar.

De lo que no me dí cuenta fue de que no había cancelado la alarma, pues volvió a sonar a los cinco minutos de haber empezado a meditar -seguramente nomás le dí aplazar-; cuando sonó volví a reiniciar el timer de los veinticinco minutos.

Después de meditar -ya eran las siete- abrí la computadora del trabajo y entré a la reunión de equipo de la mañana; en la que ni si quiera -creo- notaron mi presencia; después de la reunión me quedé en cama completando algunas lecciones de Duolingo.

Un poco después de las ocho me levanté y salí a la mesa del comedor; Rb ya se había instalado en la misma pues -debido a que tenía clase de zumba a las diez- debía desayunar una hora antes de lo acostumbrado.

Me pasé toda la mañana trabajando en dos o tres opciones de la página en la que había estado invirtiendo casi todo mi tiempo de vacaciones -la verdad es que me gusta programar-; Rb salió hacia la extensión municipal que se encuentra a pocas calles y -a las diez- me preparé el desayuno.

Al mediodía sacamos a caminar a los perros; y hasta que los entramos Rb se dió cuenta que no había preparado la berenjena que almorzaría -en lugar de los fideos del día anterior (yo almorzaría lo mismo)- y empezó la prepación, lo que nos atrasó un poco el almuerzo.

Un poco después me pidió que preparara las ensaladas y calentamos la segunda porción de albóndigas de la semana; después del almuerzo me metí a la cocina a ocuparme de los trastes sucios -y a prepararme un café-.

El resto de la tarde continuó normal: a las tres menos cuarto preparé un té de manzanilla para Rb, y continué trabajando en el código; a las cinco salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; no llegamos hasta el extremo del boulevard ni entramos en el supermercado más alejado.

Pero sí cruzamos la calle (que es donde se encuentra el supermercado más alejado), nomás para entrar a una tienda de ropa de segunda mano: Rb andaba en búsqueda de un vestido fresco -el calor había estado bastante fuerte durante los últimos días-.

En el otro supermercado compramos algunos bananos, una lechuga -ahora Rb está consumiendo esto en su desayuno, con un poco de pollo (por la proteina)- y unas alitas de pollo; por la noche estuve viendo algunos videos de Youtube y preparando un video de origami de un gato (el amigo que vive al otro lado de la ciudad me había enviado un link y lo recorté y ralenticé).

El miércoles me desperté un poco antes de las seis y media; por alguna razón (¿el calor?) había estado teniendo sueños bastante raros: en esta ocasión vivía en una especie de apartamentos con Rb -super raro-; mientras meditaba me recordé de la situación del domingo por la noche y, al iniciar a trabajar -después de la reunión-, escribí esto:

Meditando me recordé: el conflicto surgió porque yo no quise continuar una llamada con el servicio al cliente de la telefónica que nos provee internet; cuando retornamos de la caminata no había servicio; entonces -como siempre- Rb llamó y empezó el proceso para que revisaran si había algo que se pudiera hacer; pero el servicio estaba que iba y venía; y en cierto momento Rb no podía hablar y me pasó el teléfono; pero yo me negué a continuar la llamada.     

La llamada al final fue intrascendente -había un fallo en el área- pero después de la misma Rb me empezó a reclamar sobre mi negativa a continuar la llamada -ya había pasado algo similar unas semansa antes: mi negativa a interactuar con Servicio al Cliente-; y yo me molesté, primero porque estaba molesta; pero segundo -creo- porque me molesta explicar que no me gusta hablar por teléfono. 

La verdad es que la situación estuvo bastante rara; pero me hizo plantearme -otra vez- finalizar mi convivencia actual; la cuestión -creo- se agudizó porque más tarde Rb me estuvo mostrando algunos errores que cometí en la última tarea que nos asignó nuestro contacto en el país vecino del norte; no solo me molestó que me señalara mis errores, sino que pensé que lo que estábamos haciendo no tenía sentido.

Ya había pasado más de un mes del inicio del proyecto y no habíamos visto ni un centavo; y Rb se había estado dedicando completamente a esas tareas: lo que por una parte está bien -es tiempo que generalmente lo pasa en redes sociales/juesgos en línea- pero, por otro lado, lo toma -lógicamente- como un trabajo, dedicándose abstryéndose de lo demás.
 
La verdad es que no sé cómo proceder; de hecho Rb me recordó de mi actuación en el pasado: ella armaba conflicto y yo no lo tomaba; y me sugirió que podía seguir haciendo lo mismo; pero, por alguna razón (tiempo, vida) ya no me es posible -o no elijo- no tomar el conflicto.

La cuestión es que el martes al mediodía Rb me recordó lo de las tareas -el contacto en el país vecino le mencionó algo de los errores que encontró en las últimas tareas recibidas- y, ante mi declaración de que no seguiría con ese tipo de tareas, Rb empezó -otra vez- con que siempre hacía lo mismo, que no se me podía decir nada, etc.

Entonces me puse serio y le pregunté si ya no quería que siguiera viviendo acá; lo que por supuesto inició una conversación bien incómoda; en la que se me recordó que siempre tomaba esa actitud; traté de mantenerme calmado, asegurando que no quería irme, pero que tampoco me atraía estar continuamente en conflictos; y me quedé a la expectativa.
 
Lo raro es que entre la tarde y la noche del domingo la balanza electronica que Rb utiliza para pesar todas sus porciones dejó de funcionar; era la segunda -la anterior le había tardado varios años- y, en los últimos tiempos, había sido vital para los días cotidianos de Rb; entonces fuimos a la gran ferretería industrial en donde adquirimos este tipo de dispositivo; en donde Rb compró la nueva balanza -sería la tercera-; y claro, al día siguiente que probó la anterior, estaba funcionando de nuevo.
 
O sea, la noche anterior habíamos probado cambiándole de baterías pero no funcionaba -se quedaba en una especie de prueba de inicio-; me pareció -pero la situación estaba muy tensa- que se habían mojado los circuitos; y, quizá, al día siguiente ya había pasado la crisis hídrica y por eso funcionó de nuevo; le sugerí -y procedió así- a Rb que almacenara la tercera -nomás quitándole las baterías- pues, en algún momento tendrá que entrar en operación; y la segunda continuó en funcionamiento.

Por la mañana del miércoles estuve revisando una parte del código de mi compañerito que estaba fallando -pero, creo, debido a una forma en la que yo estaba escribiendo mi parte-; estuve alimentando un LLM con algunos datos para requerir sugerencias de validación.

A las diez hicimos la rutina de ejercicios de mitad de la semana -en total dura un poco más de media hora-; luego tomé una ducha; a las once y media salimos con Rb en la van: habíamos previsto ese día pasar por mi nuevo par de anteojos al hospital oftalmológico.

El tránsito estaba insufrible; nos tomó más de una hora ir y venir -usualmente no debería ser más de media hora-; antes de salir del boulevard pasamos a llenar el tanque de la van -justo un mes después de la última vez-, aprovechando que la gasolina había bajado medio dolar el día anterior.

Y sí, la cuenta del combustible bajó un poco; pero al salir de la gasolinera lo hice con demasiada agresividad -me le metí bien feo a un camioncito (y el conductor no reaccionó bien) y estuve a punto de que golpeara el auto-; luego, en una rotonda que estaba super llena me volví a meter mal (a la derecha) de un pickup que estaba tomando la circunferencia -y Rb (a diferencia del pasado) reacciona muy mal a esta actuación-.

Total que llegamos al hospital un poco alterados -el calor también estaba calcinante-; ya en el lugar intenté entrar a un parqueo al fondo de la calle; pero justamente una señora estaba saliendo y parqueó el auto justo en la entrada, para que un paciente (¿su padre?) se subiera al auto (el señor estaba en silla de ruedas).

Rb me pidió que me estacionara en el otro parqueo (justo en la entrada de la calle) así que retorné al mismo; pero no me dí cuenta que en la entrada había un cono -afortunadamente no eran garras metálicas o las ruedas delanteras de la van no hubieran sobrevivido).

Rb se puso más tensa y me pidió que me tranquilizara; me disculpé con el guardia del parqueo (el cual no le dió importancia, pero también -yo iba que no quería saber nada- me cobró con un ticket ya cancelado): o sea, me cobró un dólar más de lo que debía haber pagado (y en una operación que -hasta después que lo pensé- era un fraude).

Y lo que pasaba es que me resistía a utilizar los anteojos progresivos (permanentes) de forma 'correcta'; o sea, me había empecinado en que usaría los anteojos nomás para lectura -ver de cerca- y no, no era lo correcto.

Dejamos el auto estacionado -el guardia me dió un ticket ya sellado (y aún me dijo que no lo mostrara)- y pasamos a la óptica del lugar, en donde me entregaron los nuevos anteojos -yo estaba de un humor macabro- y la chica que atendía me empezó a explicar cómo usarlos (al inicio me estaba costando enfocar el texto muy pequeño).

Al final nomás los guardé y le pedí a Rb que me acompañara a la farmacia: en ninguna visita anterior me había percatado que el lugar contaba con una y esperaba encontrar las gotas que me habían recetado una semana antes -y no había podido encontrar en ninguna farmacia local).

Pero la cola estaba muy lenta (y yo andaba en horario laboral -le había avisado a mi segundo analista favorito que me iba a ausentar, por si el supervisor me buscaba-); entonces le dije a Rb que lo compraría cuando llegara nuevamente (a mediados de Mayo).

Nos dirigimos a la salida pero en las sillas de recepción Rb me conminó a sentarnos un momento; y me echó un discurso de que comprendía mi frustración y todos los sentimientos negativos que estaba experimentando, pero que no quería que manejara igual a como lo había hecho en el viaje de ida.

Aún le pedí que no utilizara expresiones vulgares (usualmente no me importa, pero estaba sensitivo); esperé un momento, luego le dije que ya estaba calmado y nos dirigimos a sacar el auto del estacionamiento (dos dólares y medio).

Al retornar a casa sacamos a caminar a los perros y luego calentamos la tercera porción de albóndigas de pollo (yo calenté -por error- las dos porciones restantes); después del almuerzo me resigné y empecé a utilizar los nuevos anteojos -incluso se me humedecieron los ojos (aún no estoy seguro si de tristeza o frustración, o algo más)-.

Además, cuando retornamos ví que -muy oportunamente- mi supervisor en el Imperio del Norte me había escrito casi una hora antes; y, como casi siempre, sus instrucciones eran muy nebulosas: me estaba pidiendo que revisara una lista de pendientes, y que si encontraba alguno aún sin ejecutar, que lo completase.

Como no había trabajado en los mismos durante las semanas precedentes le escribí a los dos analistas que estaban disponibles (el que menos bien me cae había estado ausente toda la semana -y no había marcado vacaciones en el calendario grupal-); pero ninguno de ellos me pudo aclarar mucho.

Entonces empecé una revisión bastante escueta; y, la verdad, no realicé ninguna de las tareas pendientes; pero es que -supuestamente- las que aún estaban sin ejecutar no habían sido trabajadas por el equipo local sino por la compañera de mi supervisor; entonces nomás le envié un mensaje a mi supervisor, explicándole el status (y por supuesto no recibí ninguna retroalimentación).  

Continué trabajando hasta las cuatro de la tarde; a las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; era la primera vez que utilizaba anteojos para caminar y no me sentía nada bien (ánimica o físicamente), pero Rb fue bastante comprensiva (aunque un poco antes del almuerzo se había encerrado un rato en su habitación, no sé si para llorar u orar -o ambas cosas-).

Caminamos hasta el extremo del boulevard: Rb andaba buscando vestidos de verano en las tiendas de ropa americana del área -pero no encontró nada que la atrajera-; en el supermercado de la mitad del camino compramos un par de lechugas -ahora Rb está comsumiendo un poco de estas hojas en todos sus desayunos-.

Por la noche Rb entró a su clase de Teología -ya es el último semestre, me parece- y yo me metí a la cocina a preparar mi pastel semanal de avena y zanahoria; en esta ocasión la mezcla me quedó bastante líquida y tuve que cocinarlo -a fuego muy bajo- durante casi el triple del tiempo.

Pero al final salieron las ocho porciones que había estado utilizando desde hacía algunas semanas (¿o meses?); por la noche ví el capítulo cinco de la quinta (y última) temporada de The boys; y traté de leer un poco, aunque aún estaba aprendiendo a utilizar las tres áreas de los anteojos.

Un poco después de las siete le había escrito a mi antiguo supervisor en el Imperio del Norte, quien me había contestado un par de horas antes, y lo llamé casi a las diez de la noche; estuvimos conversando durante un poco menos de media hora (ahora su hija mediana vive en su casa -con su nieto de casi año y medio-). 

El jueves me levanté a las seis y media, medité y retorné a la cama a atender la primera reunión del día; la cual estuvo bastante corta; después de la reuniń me quedé en la cama haciendo algunas lecciones de Duolingo; pero mi compañero más brillante me había escrito para que nos reuniéramos.

Yo le había pedido que nos reuniéramos el martes; y me había propuesto reunirnos el viernes (que es un día de asueto oficial en el país: el primero de mayo -día del trabajo-); no le había querido hacer notar el hecho, pero se dió cuenta después de la reunión del jueves y me propuso una reunión.

Programé la reunión para las ocho de la mañana y a esa hora le mostré -o le expliqué más bien- lo que había estado haciendo durante las semanas precedentes; y no le pareció mi avance; principalmente porque no había estado desarrollando la rama que es más urgente (¿o importante?) pero tampoco quedó muy decepcionado: una vez terminada la rama que había estado trabajando era más fácil concluir la primera.

Estuvimos reunidos durante un poco más de media hora; le planteé algunas dudas conceptuales que tenía sobre las tareas que había estado trabajando durante los días precedentes; me dió algunas guías generales y quedamos en que continuaría trabajando de la misma forma.

Y continué con la escritura del código -y tratando de acostumbrarme a ver en tres niveles diferentes- durante el resto del día; la verdad es que lo segundo me ha estado costando -no sé si solo es frustración emocional o también física-; a las doce y media sacamos a caminar a los perros más grandes.

Luego de la caminata calenté la última porción de albóndigas de pollo; pero justo en ese momento nos percatamos que no quedaba pasta (o arroz -había consumido lo último en el almuerzo del día anterior- y Rb estaba acompañando su almuerzo con berenjena); entonces puse un poco de agua para preparar un puñado de coditos sin gluten.

La preparación no tardó tanto y, un poco más tarde, concluimos el almuerzo; después del cual me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían acumulado en el día (y a prepararme un café); a las dos cuarenta y cinco le preparé un té de manzanilla a Rb.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte; no teníamos algo específico para comprar (excepto el pan para mis desayunos), pero caminamos hasta la tienda verde de descuentos -un poco más de dos kilómetros-; en donde verificamos que no había café en presentación individual.

Después pasamos al supermercado que queda en el comercial desde donde usualmente tomamos los buses intermunicipales; allí compramos un poco de bananos (Rb disminuyó su consumo a la mitad, pero está cuidando que no estén muy maduros a la hora de consumirlos).

En el camino de vuelta -casi a mitad del trayecto- pasamos a la panadería más económica del área -usualmente gasto allí medio dólar entre pan francés y pan dulce-; por la noche estuve buscando alguna serie para ver y me enteré que la segunda temporada de Monarch había sido publicada a principios del mes.

Intenté verla en alguna de las páginas de series que habitualmente utilizamos, pero no encontré una buena presentación -con subtítulos en inglés-; al final bajé el primer capítulo -con un torrent- y ví un poco más de la mitad del mismo; luego, antes de dormirme, leí un par de páginas del libro de SQL.

El viernes me desperté a las seis y media -era un día des asueto laboral- y me quedé un par de minutos más en la cama; pero luego me levanté a completar mi período de meditación; después retorné a la cama y estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo.

También, por ser el primer día del mes, pagué la cuota de mantenimiento del departamento de mis hijos (cietno veinte dólares) -y los cuarenta dólares con los que contribuyo a los servicios de la casa de Rb-; finalmente, a las ocho, salí de las sábanas.

Como había previsto salir a las nueve de la mañana -había planificado un café (o desayuno) con mi ex compañero de la facultad que me había llamado (después de muchos años) unas semanas antes-, un poco después de las ocho completé la rutina de ejercicios de los viernes.

Después de la sesión -es bastante fuerza, creo- me metí a la ducha -de la cual me tocó que salir sin toalla pues Rb había puesto la anterior en la canasta de lavandería, sin sustituirla por una nueva-, luego me vestí y me calcé los anteojos -no los usé ni en el ejercicio (discutible) ni en la ducha (esperable)-.

A las nueve y cuarto tomé mi mochila -que está bastante pesada- y empecé a caminar hacia la ruta intermunicipal; consideré esperar el busito en el boulevard -o abordar alguno de los que me sobrepasaron en el trayecto- pero estimé que era mejor darle movimiento al cuerpo.

En el boulevar principal me toco que esperar un poco por el bus intermunicipal -el cual vuelve a cobrar medio dolar (le habían subido veinticinco por ciento al pasaje, debido a la guerra del señor zanahoria)- y cuando lo abordé me acomodé un un asiento y me puse a jugar algunas partidas de ajedrez.

El bus no tardó en llegar al área donde se encuentra el comercial en donde se estacionan los busitos que pasan por la casa de Rb; crucé la calzada principal pues habíamos acordado con mi amigo reunirnos, en la cafetería que más visito, a las diez.

Llegué al lugar con cinco minutos de anticipación; y el local se veía saturado -ví una mesa vacía, pero percibí que el parqueo estaba a reventar-; de hecho había una cola extensa en la caja -en este lugar primero se ordena/paga y luego llevan el pedido a la mesa-.

Me senté en una mesita que encontré vacía -y sucia- y le escribí a mi amigo para comentarle que el parqueo se veía lleno y que si no encontraba lugar me hablara y saldría para que buscáramos otro lugar -no encontré wifi disponible y activé los datos móviles-, y me dí cuenta que me había enviado un audio cinco minutos antes, comentándome que iba tarde.

Me salí del lugar -se me acabaron los datos móviles- y busqué un lugar para esperar a mi amigo afuera; pero luego me dije que quizá me escribiera -o enviara un audio- y no me enteraría; entonces me pasé a un costado de la estación del transmetro y me conecté a la wifi del lugar.

Entré a whatsapp y no encontré ningún nuevo mensaje -ya eran las diez y once-; entonces lo llamé y le comenté lo del parqueo, y le propuse esperarlo del lado contrario de la calzada -más fácil para él- y buscar un restaurante más vacío; mi amigo me propuso que nos reuniéramos en un restaurante justo al otro lado de la calzada.

Me dirgí al lugar y me senté en las bancas del área de espera -le envié un mensaje a las diez y veinte, comentándole que no veía muchas mesas-; me había conectado a la wifi de la tienda de donas en donde he invitado -a café y donas, a mi primo, en un par de ocasiones-.

Consulté en Google maps por el tiempo de viaje estimado desde donde me había enviado el primer mensaje; la página indicaba un viaje de ocho minutos -y ya eran las diez y treinta y cinco-; estaba por enviarle un mensaje mostrándole este dato, cuando me llamó para avisarme que ya estaba en una mesa del lugar.

Y en efecto, había entrado al lugar desde el sótano y se había acomodado en una mesa que no era visible desde el exterior; nos saludamos efusivamente -teníamos más de quince años de no vernos (desde el funeral de otro ex compañero de facultad)- y luego esperamos a que nos llegaran a atender.

El restaurante es -creo- de nivel intermedio -buena comida y buena atención- y, antes de ordenar le pregunté si quería que lo invitara, si quería invitarme o si quería que compartiéramos la cuenta -indicándole que él era el pudiente-; me dijo que él se haría cargo; entonces ordenamos un par de desayunos típicos.

Y nos pasamos el siguiente par de horas -u hora y media?- poniéndonos al día de la última década -cuando me llamó unas semanas antes me había comentado que su madre había muerto un par de meses antes (y recordé que ella fue de las primeras en externar su opinión sobre mi comportamiento inusual -que luego comprendí era parte de Asperger-).

Un poco después del mediodía concluímos la reunión -no pude observar cuál fue el monto de la cuenta- y mi amigo se ofreció a psar a dejarme al lugar en el que tomaría el busito de vuelta a casa -la verdad es que creo que quería presumir su Toyota eléctrico (importado directamente de China {país de nacimiento de su progenitor}, y sí, remarcable)-.

Después de apearme del primer auto eléctrico en que había estado, abordé el busito que estaba esperando pasajeros; un poco después inició el viaje; y me dí cuenta que habían quitado los anuncios del aumento de precio del pasaje.

Un poco más tarde estaba entrando a la casa de Rb -quien no me escuchó entrar y se sorprendió bastante al encontrarme en la sala de su casa-; luego sacamos a caminar a los perros grandes -mientras el pescado se terminaba de cocinar- y, cuando entramos, preparé el par de ensaladas del almuerzo.

Después del almuerzo me hice cargo de los trastos que estaban en el lavadero; después me preparé un té de menta -el que consumí con un pan tostado, un cubilete y la mitad de las galletas que consumo habitualmente-; el resto de la tarde estuve trabajando en la penúltima funcionalidad que tenía pendiente de la tarea en curso.

Por la noche ví la última parte del primer capítulo de la segunda temporada de Monarch -lo había bajado el día anterior-; y no quedé muy seguro si seguiría viendo el resto de la temporada; además, intenté correr algunos de los scripts del libro de SQL en mi computaodra personal.

El sábado me levanté a las seis y cuarto; medité y luego me metí a la ducha; después de secarme y vestirme ví que aún tenía tiempo para un par de lecciones de Duolingo -mi reunión era a las siete y media, pero no esperaba un viaje de más de veinte minutos y aún eran las siete-.

Después de jugar un par de partidas de ajedrez tomé mi mochila y salí a arrancar la van; el trayecto hasta el Mc Donald's del periférico estuvo bastante tranquilo: era la primera vez que manejaba utilizando los anteojos progresivos.

Llegué al lugar cinco minutos antes de la hora en la que debía encontrar a mi amigo, me conecté al wifi del lugar y le envié un mensaje, para comentarle que ya me encontraba allí; un poco más tarde ví que mi amigo se acercaba por el parqueo.

La noche anterior había verificado el listado de ofertas del restaurante y me había enviado una captura de pantalla de una buena opción para desayunar: un par de menús clásicos de desayuno por un poco más de siete dólares.

Utilicé uno de los kioscos del lugar, seleccioné la oferta y pagué con la tarjeta de Rb (se suponía que de esta forma lo llevaban a las mesas -pero no había números de orden en el kiosco-) pero luego tuvimos que pasar al mostrador por la orden.

No había visto a mi amigo desde noviembre del año anterior (casi medio año) y él me lo había hecho notar cuando le escribí un par de semanas antes para invitarlo al desayuno (igual, él tampoco había hecho ningún intento de contacto) y nos pusimos al día de la vida de cada uno: su hija mayor (divorciada a los veintidós, continúa trabajando como maestra, su hija menor está estudiando -online- Diseño Gráfico, en una de esas nuevas universidades).

Y la luz de sus ojos -su hijo mediano- está ya en el tercer año de la facultad y, al parecer, todo marcha viento en popa en su estudio de la Ingeniería en Computación; mi amigo también me llevaba un par de anteojos -vagamente recordaba que le había pedido que me consiguiera unos con la graduación anterior- pero le conté la novedad de los permanentes.

Y él me comentó que, efectivamente, había notado desde el inicio los lentes progresivos; también le comenté que a mediados de mes debía someterme a una Iridotomía Periférica (encontré ese término en Google) y que no estaba seguro si ya había asegurado un acompañante (se supone que debe haber alguien con el paciente pues la visión queda degradada por un tiempo).

Quedamos en que, si no lograba asegurar que otro amigo me acompañara, le avisaría esa semana para que llegara al hospital oftalmológico; estuvimos en el restaurante -aún me dió tiempo para comprar un par de pastelitos (cuatro dólares)- hasta las nueve y media.

Yo había puesto una alarma en el celular pues quería retornar antes de las diez de la mañana a casa: Rb tenía que llevar a su perra a que le cortaran el pelo (la noche anterior había estado terrible pues la perra se pasó -casi toda la noche- auyando y ladrando).

Me despedí de mi amigo e inicié el retorno a casa; en el camino -entrando al municipio- llamé a Rb y le comenté que ya estaba cerca; pero ella me comentó -se oía bastante dolida- que se iría caminando; insistí en que me diera diez minutos y, efectivamente, en menos de ese tiempo me estaba parqueando frente a la casa.

Cuando entré a casa encontré a Rb en un estado fatal: estaba llorando y me indicó que había decidido que pediría una eutanasia para la perra; que la noche había estado muy mal y que no le hacía bien a nadie la situación actual; yo nomás la ayudé a subir a la van y la conduje a la veterinaria.

Cuando llegamos al lugar salió la groomista a recibir a la perra, pero Rb le indicó que necesitaba hablar con el veterinario; entonces tuvimos que esperar por un largo rato -casi media hora-; pero, finalmente, el veterinario las recibió -yo decidí esperarlas afuera-.

Afortunadamente (?) el veterinario consiguió tranquilizar a Rb -y bueno, le pidió que la tratasen por un par de semanas, para ver la evolución-; entonces dejamos a la perra para que le cortaran el cabello y retornamos a casa.

En donde sacamos a caminar a los perros más grandes y, luego, preparamos el almuerzo: un caldo de pollo que Rb había preparado con un medio pollo que había encontrado en el freezer; después de almorzar lavé los trastos y preparé un par de tés: uno de menta para mí y uno de manzanilla para Rb.

Un poco más tarde le enviaron un mensaje a Rb para que fueramos por la perra; en esta ocasión sí entré al área de recepción y escuché el diálogo entre el veterinario y Rb: él no la ve grave pero le recetó unos antibióticos, en caso el animal tuviera alguna molestia interna.

Rb se dirigió a su iglesia un poco después del almuerzo: debía encontrar a sus dos alumnas del programa de alfabetización adulta para la clase semanal; antes de irse me pidió (y me irritó) que realizara la limpieza mientras ella estaba en la iglesia -se suponía que debía pasar por ella a las cinco y media-.

Continué trabajando un rato en el código en el que había estado trabajando las últimas semanas y, un poco más tarde, realicé la limpieza semanal -poniendo énfasis en no recoger nada de lo que se suponía que ella debía hacerse cargo-; un poco después de las cinco empecé a caminar en dirección a la iglesia.

Llegué al lugar un poco después de las cinco y media y me acomodé en el patio de las aulas -al parecer un grupo de jóvenes estaba teniendo una actividad en una de las mismas-; un poco después salió Rb y me comentó que aún debía esperar un poco; entonces me puse a jugar ajedrez en mi celular.

Después de que Rb se despidió de sus alumnas (ahora son tres, en lugar de dos) pasamos al supermercado del comercial que se encuentra al final de la calle; allí Rb compró un poco de pollo para su perra y un poco de bananos.

Por la noche estuve viendo algunos videos de Youtube y leyendo un poco del libro de SQL; luego de lo cual empecé la tercera tanda de cinco capítulos del libro en inglés; pero me estuve casi todo el resto de la noche en mi habitación -me sentía agotado física y emocionalmente-.

El domingo no me quise despertar a las seis y media; nomás desconecté la alarma -luego puse otra alarma para una hora después-; a las siete y media me levanté a meditar; luego retorné a la cama pues planeaba utilizar la media hora de puntos dobles que otorga el reto semanal.

Pero me dí cuenta que no había Internet; de hecho el wifi del celular no detectaba ninguna red; luego escuché que Rb se levantó y vino a mi habitación; y me comentó que no había servicio eléctrico; ella estaba tratando de comunicarse con el servicio al cliente de la compañía.

Y un poco después salió al patio a saludar a la vecina -y a informarse de la situación-: al parecer había habido un accidente durante la madrugada a un par de calles de distancia y un equipo de la empresa eléctrica estaba trabajando en el lugar.

Rb aprevechó, entonces, la mañana en realizar algunas tareas domésticas -que casi nunca realiza-, como lavar la ducha, entrar alguna ropa de los tendederos y así; yo me entretuve un poco con el libro de inglés y luego me levanté a preparar mi desayuno.

Un poco después de las diez y media nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; hubo una situación bien confusa al llegar cerca del más alejado; estábamos en el arriate central y un pickup puso luces de emergencia para darnos paso -iba en el carril interior-; pero cuando tomamos el otro carril otro gran pickup aceleró y estuvo a punto de atropellarnos.

De hecho yo casi ni me dí cuenta; pero unas personas se percataron y se escandalizaron de la situación; Rb también se sintió bastante conmocionada por el hecho; en el supermercado compramos algunas libras de pechuga de pollo, para los almuerzos de la siguiente semana.

El retorno a casa estuvo un poco difícil: el sol estaba bastante fuerte -y Rb aún estaba afectada por lo ocurrido al cruzar el boulevard-; afortunadamente pudimos completar el trayecto de vuelta sin ninguna novedad; y cuando venimos aún no había servicio eléctrico.

La electricidad fue reconectada una media hora más tarde y pude, por fin, completar algunas lecciones de Duolingo; al mediodía sacamos a caminar a los perros; luego Rb preparó las alitas de pollo dominicales -y yo preparé un par de enormes ensaladas-.

Después del almuerzo lavé los trastes y me preparé un té de menta; el cual consumí con una galleta, unos trozos de pan tostado y un octavo del pastel que preparé el miércoles; después estuve trabajando un rato en el código del trabajo.

A media tarde le preparé a Rb un té de manzanilla; luego me retiré un rato a mi habitación y estuve viendo un par de videos de Youtube -Rb tomó una siesta entre cuatro y cinco de la tarde- y trantando de adelantar un poco en el código.

A las cinco y media empezamos a preparar los almuerzos de la semana: Rb cocinó el pollo que habíamos comprado por la mañana; mietnras, yo corté en pequeños cubos media libra de champiñones; luego procesamos cuatro o cinco güisquiles (lo que planeábamos utilizar  en lugar de pasta).

Y a ver cómo sigue eso... 

 

 

 


  

 

  

  

domingo, 26 de abril de 2026

SQL -otra vez-... SQL -again-... SQL -encore-...

Ahora que estoy leyendo un libro -básico- sobre SQL me esetaba recordando de que así fue como retorné al área de tecnología: hace unos veinte años me metí a un curso de esta base de datos en una de las 'nuevas' universidades (privadas) locales, con ese pequeño certificado (el curso duró dos o tres meses, una o dos veces por semana, un par de horas por la noche).

Y es que no pude concluir la ingeniería en computación porque en esa época no tenía recursos para comprarme una computadora -y los tiempos de laboratorio eran muy limitados, y no quería tardarme diez años en la facultad-.

Total que -justo a los dos años y medio- me transferí de Ingeniería en Computación a Ingeniería Industrial -igual, nunca pensé en qué trabajaría en ninguna de las dos opciones-; creí que con la segunda, al menos tendría amplitud de opciones.

Y lo que obtuve no fue muy agradable: estuve un par de años trabajando en la panadería industrial más grande de la región (o del continente? o del mundo?), como jefe de producción; luego estuve tres o cuatro años en una planta de producción de candelas aromáticas.

En este segundo lugar realicé mi tesis; y después estuve en una cadena de cafés implementando ISO 9001; y allí en este último lugar fue cuando decidí retornar al área que siempre me atrajo: quería mejorar la reportería del ERP y utilizaba este lenguaje.

Y bueno, luego vino Linux, Python y -al final- Javascript; ahora llevo doce años trabajando como Testing Engineer; y durante los últimos dos o tres años, específicamente como Automate (aunque, hasta estos últimos meses me he sumergido realmente en la parte de automatización).

La cuestión es que, retomando un poco las líneas de lectura que mantuve durante dos o tres años, he empezado a leer un libro de tecnología: Grokking Relational Database Design; es de la misma línea de libros con los que he explorado otro par de temas en tecnología: bastante animados, aunque su contenido es muy básico.

Y a pesar de que mi experiencia previa con SQL fue bastante fuerte -al menos en teoría- e incluso llegué a dar soporte a empresas de varios países en el tema, creo que me conviene repasar conceptos básicos..

 Y a ver cómo sigue eso.

El miércoles era mi 'día libre' (en el que no había programado ninguna salida) de mi semana laboral; o sea, originalmente había previsto que acudiría a un taller sobre instalacion de pisos cerámicos, pero justo el martes por la noche escribieron en el grupo de whatsapp, anunciando que ya no habría actividades el miércoles, que nomás sería jueves y viernes.

Entonces decidí aprovechar el día para acudir a la cooperativa en la que no me había aparecido por más de dos años: en un par de cuentas de ahorros tenía un poco más de doscientos cincuenta dólares.

Pero el día empezó más temprano: el martes en la noche acordamos con Rb realizar la (nueva) rutina de ejercicios a las cinco y media de la madrugada; y es que a ella no le conviene mucho -por cuestiones estomacales- ejercitarse muy tarde.

Y yo quería salir del paso antes de mi horario laboral -usualmente empiezo a trabajar a las siete de la mañana-; entonces el miércoles me levanté a las cinco menos cuarto, medité veinticinco minutos y luego, a las cinco y media desperté a Rb; luego completamos los treinta minutos de ejercicios.

Después de los ejercicios tomamos una ducha y luego estuve trabajando un poco en el código del proyecto en curso; a las ocho nos dirigimos caminando al comercial en donde se encuentra la sucursal más cercana de la cooperativa -a unos tres kilómetros-.

Caminamos un poco más lejos pues decidí -viendo que no pude conseguir las gotas que me recetaron en el hospital de oftalmología- comprar una versión local de lubricante ocular, en una farmacia a un par de calles del comercial.

El bote de gotas oculares me costó tres dólares -y me tocó que esperar a que Rb terminara de conversar con una promotora del lugar-; luego retornamos al comercial; en el mismo entré a la cooperativa, mientras Rb se dirigía al supermercado.

La sorpresa -para mí- fue que no se puede cancelar  las cuentas en cualquier fecha: por ser una cooperativa esto es únicamente posible durante los primeros cinco días del mes de julio de cada año; por lo que nomás pude extraer un poco de dinero de una de las cuentas -menos de cien dólares-.

Aún estaba realizando el retiro del efectivo cuando Rb retornó del supermercado; entró a la cooperativa pero, viendo que aún estaba en trámite, decidió esperarme en la parte exterior; el cajero por fin terminó la operación y me retiré del lugar.

Cuando retornamos de la caminata tomé la primera comida del día (casi todos los días he estado teniendo entre diecinueve y veinte horas de ayuno); el resto de la tarde me la pasé tratando de corregir un error que no había podido superar en el código en curso.

También estuve trabajando unas horas en un nuevo proyecto que nos envió nuestro contacto en el vecino país del norte; al final de la tarde acudimos a la tienda de las verduras, en donde Rb compró un par de zanahorias -y algunas frutas-.

Lo malo -o desagradable- fue que -al principio de la noche- iniciaron una llamada en el grupo del taller al que acudiría al día siguiente: en el mismo una persona anunció que se cancelaban las actividades durante la semana, y que se retomarían la siguiente.

La verdad me molestó la informalidad de la situación; y procedí a bloquear a todos los números relacionados; y a borrar las diferentes cadenas de mensajes en las que había estado participando, relacionados con el taller.

Entonces decidí visitar al hermano menor de mi padre -biológico- al día siguiente: le escribí un mensaje por whatsapp y aceptó que llegara a desayunar al día siguiente a su casa; por la noche estuve viendo una parte del último capítulo de la quinta temporada de The Boys.

El jueves me volví a levantar temprano: la última vez que había visitado a mi tío -hacía más de un año- me había atrasado en el viaje; por lo que me levanté a las cinco menos cuarto, medité, me duché y entré a la habitación de Rb a despedirme.

Luego caminé hasta el lugar en el que tomamos los buses intermunicipales; por ser un día laboral había bastante tránsito; y al llegar al lugar, en donde se abordan busitos hacia la carretera interamericana, ví que el embotellamiento era total.

Afortunadamente tenía una oferta de mi operadora telefónica para obtener un par de días de datos en el celular; activé el código y solicité un Uber moto; lo que me costó tres dólares (el triple de lo que hubiera pagado en el busito) pero agilizó mi movimiento.

Un poco más tarde -antes de las seis- estaba en la carretera interamericana; no tardó mucho en pasar un autobús con destino a la ciudad colonial y lo abordé sin mucha espera; el bus fue llenándose paulatinamente en el camino, pero llegué a mi destino apenas pasadas la siete de la mañana.

Tenía previsto tomar el autobus hacia la ciudad en la que creció mi padre no más tarde de las siete cuarenta y cinco; por lo que aún tenía tres cuartos de hora para caminar tranquilamente por la ciudad -la arquitectura es muy agradable-.

Había empezado a lloviznar, pero muy ligeramente, y me crucé todo el mercado municipal; eso me llevó más de diez minutos; después caminé hasta la plaza entral (con la municipalidad, la catedral y la policía en sus lados-; entré un momento a oír misa -quería ver pinturas pero había actividad religiosa-.

Salí de la iglesia antes de que completaran el rito -aunque aún nos deseamos la paz- y dirigí mis pasos hacia la salida del casco urbano -en donde se toman los buses intermunicipales-; en el camino me llamó Rb.

Tomé el bus un poco antes de las ocho; pero, como iba a llegar muy temprano al lugar, aún le escribí a mi compañero de trabajo que reside en el área, invitándolo a un café; al principio aceptó, pero luego me comentó que le habían puesto una reunión de trabajo.

Llegué a mi destino con casi media hora de anticipación; por lo que me dirigí a la plaza central -misma distribución que en la cabecera departamental-; en donde pasé a ver una pequeña escultura que incluye el símbolo masón.

Después me dirigí caminando -muy lentamente- hasta la casa de mi tío -originalmente de mis abuelos paternos-; en el camino pasé comprando una magdalena en la sucursal local de mi pastelería favorita (cinco dólares).

Llegué un minuto antes a la esquina opuesta y ví -otra vez- a uno de mis tíos mayores -el que se dedica a la carpintería (y quien vendió la parte que le había tocado de la casa de los abuelos)-; pero esperé antes de cruzar la calle -pues no quería saludarlo-.

Toqué el portón de la casa y salió a abrir la puerta el tercero de mis primos; quien estaba saliendo hacia su trabajo; luego nos instalamos en la cocina de la casa, pues la idea era desayunar juntos; mi prima mayor salió poco después -con su hija más pequeña-.

Y, un poco más tarde, salió la hija más pequeña de mi tío -está terminando sus estudios en Diseño Gráfico-; esta última fue muy amable y me preparó un desayuno bastante casero: huevos con frijoles; además partí la magdalena que llevaba, para acompañarla con el café.

Mis dos primas se retiraron a sus lugares habituales y pasé las siguientes dos horas conversando con mi tío, mientras desayunábamos; los temas fueron muy variados, incluyendo el hecho de que no me llama la atención relacionarme con sus hermanos (mi papá era el mayor, luego está un tía, luego el carpintero (alcohólico), luego un mecánico, luego otro mecánico, y el último, tallador).

A las diez y media -había puesto una alarma en el celular- me despedí de mi tío (y mis primas) e inicié el viaje de vuelta a casa; active la localización en el celular y le envié un mensaje a Rb, al abordar el autobús hacia la cabecera departamental.

En el lugar me subí a otro bus que iniciaba su viaje hacia la ciudad; a donde llegué un poco después de mediodía; cerca de la carretera panamericana abordé un busito hacia el lugar en donde usualmente tomamos los buses intermunicipales; y desde allí caminé hasta casa.

Vine un poco antes de la hora en que toca sacar a caminar a los perros; tarea que realizamos con Rb y después calentamos la segunda de las porciones de pollo con manzanas verdes; después lavé los trastes y me preparé un té de menta.

Un poco antes de las tres le preparé un té de manzanilla a Rb; y pasé el resto de la tarde entre el código de mi trabajo y las tareas que estamos completando para nuestro contacto en el país vecino del norte; de hecho ya no salimos en todo el día.

Por la noche terminé de ver el cuarto capítulo de la quinta temporada de The Boys y completé -por fin- la tarea de programación que me tocó casi dos días finalizar; a las diez de la noche me retiré a meditar a mi habitación, luego me despedí -por el día- de Rb.

El viernes me levanté un poco más tarde que los días anteriores: habíamos quedado con Rb de realizar la rutina de ejercicios a las seis cuarenta y cinco; entonces puse la alarma del celular para las seis y cuarto; a esa hora me levanté a meditar.

Después entré a la habitación de Rb, a despertarla; completamos la rutina de treinta minutos de ejercicios y después tomé una buena ducha; a continuación me preparé para salir; lo que hice un poco antes de las siete y media.

Había quedado -con mi amiga- psicóloga de reunirnos en el centro histórico a las nueve y media y quería dirigirme tranquilamente al lugar; caminé hasta el lugar en donde abordamos los buses municipales y me subí a a la unidad que pasó casi inmediatamente.

En el periférico me apeé del autobús y abordé una de las unidades del Transmetro; y llegué al centro histórico con casi una hora de anticipación; me dirigí a la avenida más popular del lugar para ver si estaba abierta alguna de las dos bibliotecas a las que acudía en el pasado.

Pero ambas tienen un horario de apertura de las diez de la mañana; entonces me senté en una banca de la avenida y completé algunas partidas de ajedrez en la app de Duolingo; después entré un rato al portal comercial del lugar -y compré (veinte dólares) un número de la lotería nacional-.

A continuación me dirigí al restaurante en donde mi amiga psicóloga había sugerido que nos reuniéramos; es al mismo lugar a donde he ido un par de veces con mi ahijada profesional; un ambiente tranquilo, a un precio no muy elevado.

Mi amiga llegó con unos minutos de retraso y nos tocó -es costumbre- hacer cola para que nos asignaran una mesa; luego ordenamos un par de buenos desayunos -aunque mi amiga compartió uno de sus panqueques conmigo-.

Estuvimos un par de horas en el lugar, entre comida y conversación; que versó sobre muchas cosas: nos conocemos desde hace unos quince años y durante una época bastante dura -por la soledad- compartimos algunos eventos masivos (visitas de voluntariado, caminata de cirqueros y alguna conferencia).

Mi amiga es bastante acaudalada -o su padre (que fue parte del círculo de poder de la municipalidad que gobernó más de dos décadas la ciudad) tiene buena posición económica-: se dedica a organizar eventos en un local que su padre adquirió en una de las zonas más ostentosas de la ciudad -y anda en un auto del año-.

Entonces, había planeado (porque hace muchos años me había dicho que no le agradaba que yo pagara las cuentas) que dividiéramos el pago del consumo; le pregunté si estaba de acuerdo y le pedí que pagara ella pues no uso tarjeta; y que yo le transferiría el valor de mi parte.

Estuvo de acuerdo y, a las once y media, nos despedimos; ella se quedó en el restaurante porque, supuestamente, tenía otro compromiso cerca; yo salí a tomar el transmetro a la estación que se encuentra a la vuelta del lugar.

En la estación me ocurrió algo que me dejó pensativo: cuando saqué mi celular boté una moneda y un niño corrió a recogerla y entregármela (estaba acompañado por un adolescente y otro niño); le agradecí el gesto, pero me quedé pensando que se merecía un mejor reconocimiento (lamenté no llevar el bote de dulces que adquirí para nuestro próxima reunión laboral); me pasé casi la mitad del viaje pensando en esto.

Pero también estuve jugando varias partidas de ajedrez -aún conservaba tiempo de red del día anterior-; el transmetro no se detuvo en la estación en la que usualmente me apeo sino que siguió directo hasta la siguiente -el final del trayecto-; de allí caminé al comercial en donde se estacionan los busitos.

Rb me había escrito un poco más temprano para pedirme que pasara a comprar pollo molido en el supermercado del lugar; pero no encontré el producto en los aparadores, y, al preguntar a una empleada me comentó que no estaban vendiendo esa presentación.

Me dirigí al busito que estaba próximo a salir y retorné a casa; cuando vine Rb ya había sacado a caminar a los perros y estaba preparando el almuerzo; calentando, realmente, la última porción de pollo con manzanas verdes.

Por la tarde me escribió mi amigo creativo -con quien me había reunido el primer día de la semana-; quería que le prestara cincuneta dólares y no ví inconveniente -siempre contemplo pequeñas cantidades como donaciones-; así que le transferí lo solicitado.

También estuve trabajando un poco en el proyecto que compartimos con Rb en el que 'entrenamos' algún modelo de lenguaje avanzado; aunque, la verdad yo no hice mucho esfuerzo en completar las tareas asignadas -creo que Rb completó mucho más que yo-.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; en el más lejano adquirí media docena de coquitas sin azucar y la pechuga con la que planeaba preparar el almuerzo que compartiría el día siguiente con mi hijo menor -Rb adquirió pechugas para nuestros almuerzos de la siguiente semana-.

En el otro supermercado compramos tres tipos distintos de lechuga, un poco de bananos y yo compré un pepino para la ensalada del día siguiente; por la noche preparé los dos rollitos de pollo (rellenos de queso amarillo y jamón de pavo) y los reservé en la refrigeradora.

El sábado me levanté a las seis y media, medité y retorné a la cama; en donde estuve realizando bastantes lecciones en Duolingo (más que todo partidas de ajedrez); pero salí de la habitación un poco después de las ocho, a desinfectar las lechugas que utilizaría para la ensalada del día -y del día siguiente-.

Antes de desayunar completé la preparación de las dos ensaladas y las reservé en la refrigeradora; después me preparé el desayuno de los sábados -eran casi las diez de la mañana-; a las once saqué los rollitos de pollo del refrigerador.

Batí un huevo -con dos yemas extras que Rb me había brindado (un día de por medio está consumiendo dos huevos sin este elemento)-, rocié los rollitos con harina de yuca, luego de sumergirlos en el huevo y luego los recubrí con un cuarto de taza de avena en hojuelas.

Sellé ambos lados de los rollitos y luego le puse fuego muy muy bajo; a las once y media les día la vuelta y acompañé a Rb en la caminata diaria con sus perros más grandes; se veía bastante tránsito en el boulevard por lo que temí que el viaje de más tarde sería tortuoso.

Terminamos la caminata y entré a sacar el pollo del fuego; y lo coloqué en un hermético, sobre un par de toallas de papel absorbente -antes de salir había preparado la mochila con aislante térmico con lo que llevaría para el almuerzo con mi hijo menor-; me bañé y, un poco después del mediodía salí a encender la van.

El tránsito no estuvo muy fuerte -excepto (como casi siempre) en la salida del municipio-; el periférico estaba bastante vacío y la calzada principal al lado de la cual viven mis hijos tenía una cantidad moderada de vehículos; total que llegué con veinte minutos de anticipación al edificio donde viven mis hijos.

Estacioné la van y subí las gradas de los siete pisos; cuando llegué al lugar encontré a mi hija mediana entrando a la lavandería; nos saludamos brevemente y luego entré a instalarme en la habitación que funciona como espacio en común, le envié un mensaje a mi hijo, comentándole que ya había llegado.

Y luego me puse a armar un cubo de seis por seis que estaba en el armario de la habitación; mi hijo se retrasó bastante; por lo que me puse a completar algunas partidas de ajedrez en la app de Duolingo; al final -casi quince minutos más tarde- mi hijo salió de su habitación.

Había estado sopesando -volver a- comentarle sobre la puntualidad; pero decidí que mejor quería pasar una tarde tranquila; le propuse que camináramos al parque temático; afortunamdamente sus cambios de rutina le han beneficiado pues podemos completar los ochocientos metros de caminata sin muchos contratiempos.

En el parque nos dirigimos directamente al área techada en donde usualmente almorzamos; además de los dos rollitos de pollo y las dos ensaladas (enormes), llevaba un par de coquitas sin azúcar y un par de gelatinas light (me habían sobrado de la semana).

Después del almuerzo le propuse a mi hijo una partida de Scrabble, la cual esetuvo muy animada; luego nos dirigimos a la rueda de Chicago más grande del lugar; la cola no estaba muy extendida y fue una buena experiencia.

Después -como mi hijo no puede comer helado (aunque me comentó que ya no está aplicándose insulina diariamente)- le propuse retornar a casa; habíamos quedado en despedirnos a las cinco y cuarto y aún no eran las cuatro.

Retornamos lentamente al departamento y nos instalamos en la sala; le propuse a mi hijo armar el unicornio de Origami que sale al final de la película original de Blade Runner; pero no encontré el archivo en el celular; sin embargo sí encontramos otras versiones.

Estuvimos trabajando en eso -las instrucciones son bastante complicadas- hasta que sonó la alarma -había programado una en el celular para no atrasarme-; le comenté a mi hijo que me retiraba pero toqué en las habitaciones de mis hijas para despedirme

Mi hija mediana me comentó que su banco en el Imperio del Norte le había bloqueado la transferencia de fondos que había intentado realizar hacia mi cuenta en un banco local (los ocho o nueve mil dólares que le presté para que se quedara un año adicional en la Universidad); le deseé suerte en las transacciones.

Mi hija mayor -había entrado a saludar a la sala un poco más temprano- se ofreció a acompañarme al estacionamiento; por lo que esperé que se vistiera y bajamos -en el elevador- hasta el sótano; allí nos despedimos e inicié el regreso a casa.

Aunque no venía a casa: Rb estaba en su iglesia para la clase semanal de alfabetización de adultos y me había pedido que pasara por ella al final de la tarde, para dirigirnos al supermercado en donde compramos artículos a granel.

Llegué al lugar un poco antes de las seis, estacioné el auto y entré a las aulas de la iglesia; ella yae estaba en las últimas actividades con sus dos alumnas; de allí nos dirigimos al supermercado, en donde compré unas botellas de aderezo ranch y ketchup; también una bandeja de alitas de pollo -para los almuerzos de los domingos-.

Rb compró un saco de comida para sus perros grandes -la principal razón de ir al lugar- y un paquete de pecanas -las únicas semillas que ha decidido consumir ahora-; después de pagar por las compras llevamos los artículos al auto.

En el camino de vuelta pasamos a una ferretería industrial, en cuyo sitio web Rb había visto un pequeño separador de clara de huevo; el valor era como de dolar y medio pero deeberá estar utilizándolo contínuamente ahora que está modificando -nuevamente- su forma de alimentación.

Por la noche estuve leyendo un poco de un libro en español de un psiquiatra que conocí en el canal de Youtube Aprendemos juntos, de la fundación BBVA; y no estoy seguro de continuar con el mismo: son trucos y técnicas para sobreponerse a las adversidades cotidianas.

El domingo me desperté cuando la alarma sonó -a las seis y media- me quedé unos minutos más en la cama pero luego bajé a meditar; después retorné a la cama a hacer algunos ejercicios de ajedrez en la app de Duolingo.

Rb me había pedido la noche anterior que la llevara temprano a la iglesia; se suponía que saldríamos un poco antes de las diez de la mañana; y aún no decidía si desayunaría antes o después del viaje; pero luego, por la mañana, me dijo que se iría en autobús -nomás me pidió un dolar para el pasaje-.

También me pidió que la acompañara al boulevard a esperar el busito; salimos y, casi llegando al portón, vimos que una de estas unidades de transporte iba pasando en el boulevar; por lo que la espera sería larga.

Y así fue; estuvimos un buen rato esperando y no pasaba; como ví que el tiempo avanzaba le propuse a Rb conducirla en el automóvil; por lo que entramos a la calle y sacamos la van; el tránsito no estuvo muy pesado.

Después de dejar a Rb en la iglesia conduje de vuelta a casa; antes de salir estuve tratando de avanzar un poco en el código en el que he estado trabajando durante las últimas semanas; había un par de procedimientos que no lograba que funcionaran.

Cuando retorné de la iglesia continué trabajando en el código; pero también llamé a mi amigo de la juventud que ahora vive en el Imperio del Norte; la última vez que conversamos -él me había llamado- la llamada se terminó abruptamente pues me tocó recibir a una Rb bastante desconsolada, luego de su segunda visita a un hospital público.

En esta ocasión me disculpé por lo sucedido la vez anterior, comentándole un poco de las dificultades médicas que Rb ha estado enfrentando durante los últimos meses; pero mi amigo también me dió malas noticias: su padre -tiene ochenta y cinco años y tuvo un accidente doméstico (quemaduras en una gran parte del cuerpo)- sufrió un incidente cardíaco y está en una sala de cuidados intensivos

Estuvimos conversando por un poco más de media hora y luego le deseé buena suerte; un poco más tarde -al mediodía- Rb me llamó para comentarme que ya había concluído el servicio religioso: habíamos quedado de encontrarnos en el supermercado que qeuda cerca de su iglesia.

Saqué nuevamente la van y me dirigí -otra vez- a la iglesia; quizá por la hora el tránsito estaba mucho más pesado que en el viaje anterior; por lo que me tardé un poco más en llegar al supermercado -y llegué bastante sudado-.

Cuando entré al supermercado me dirigí al área de carnicería -en donde me imaginé que Rbe estaría-; y efectivamente Rb estaba haciendo cola esperando su turno; y justo cuando llegué empezaron a atenderla -debía comprar pollo para su perra más anciana-.

Después de las compras -que incluyeron un poco de bananos y una pequeña red de aguacates- tomamos el camino de vuelta a casa; el tránsito se había liberado bastante por lo que no nos tardamos mucho en el retorno.

Como ya había pasado la hora en la que sacamos a caminar a los perros más grandes nomás entramos a casa y empezamos a preparar la salida: Rb había recibido el arnés que compró en el Imperio del Norte y que le trajo su mejor amiga -también me trajo el par de tenis LA Gear que compré en Amazon-.

Después de sacar a caminar a los perros terminamos de preparar el almuerzo -Rb había dejado las alitas en el fuego cuando salimos-; la ensalada estuvo bastante grande y las alitas quedaron muy bien; terminamos el almuerzo un poco tarde.

Un poco después de las dos me metí a la cocina y lavé todos los trastes que estaban acumulados en el lavatrastos; y me preparé un té de menta; después me puse a completar el código que había empezado por la mañana; cuando finalicé -por fin funcionó- cerré la computadora del trabajo.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb, mientras ella le daba de comer a sus perros; consideré leer un rato pero decidí poner al día mis notas -incluyendo esta- y trasladé la computadora personal a la cama; pasé un buen rato escribiendo -y escuchando música de Studio Ghibli-.

A las cinco Rb salió de su habitación -había tomado una muy buena siesta- y me pidió que la ayudara con la preparación de los almuerzos de la semana: albóndigas -que planeábamos acompañar con unos fideos que han estado un buen tiempo en la bodega-.

Entonces saqué la computadora a la mesa del comedor y puse un video de una difusora científica mejicana; luego partí -de forma bastante fina- una libra de champiñones, los cuales Rb utilizaría para la salsa de las albóndigas.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

 

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miércoles, 22 de abril de 2026

El pequeño Nicolás: ajedrez -y las vacaciones y los ejercicios-... Little Nicholas: chess -and vacation and workout-... Le petit Nicolas: Les echecs -et les vacances et le sports-

El viernes por la noche terminé de leer -por fin- Un heritier secret; y espero no volver a leer un libro de soft romance -aunque sea en francés o portugués- en mucho mucho tiempo; decidí leer otro libro de la serie de Le petit Nicolas.

Pero me dí cuenta, muy tarde, que no era de los autores originales -aunque tenía el nombre de los mismos en la portada-; en fin, creo que es como una franquicia que se aprovechó de la fama de los originales para editar algunos libros muy básicos.

Este lo leí en menos de media hora, pues el texto era mínimo y los dibujos eran mucho más sofisticados que los de los libros originales -que son (casi) stick guys-; en los del que leí están a colores y ocupaban la mayor parte de las páginas.

Pero bueno.

Además, el viernes fue mi primer día de vacaciones 'extensas' del año: y es que mi supervisora nos indicó en una reunión bastante exclusiva -nomás tres personas con muchas vacaciones acumuladas- que la meta era bajar el número a dos períodos de vacaciones -o sea, menos de treinta días- para el mes de diciembre.

Entonces le propuse que tomaría siete días en abril y diez días en diciembre; además de los dos días al mes que he estado tomando por casi tres años; total que el diecisiete empezó el primer período extenso -hasta el veintisiete-.

Y originalmente había estado planeando aprovechar las vacaciones para ver a dos o tres -o cuatro- conocidos (o amigos o familiares); pero, justo el viernes me enteré que los últimos tres días laborales de la siguiente semana estarían impartiendo un curso de instalación de pisos.

O sea, es como un proceso para entrenar -y luego contratar- a instaladores de piso en un residencial en uno de los municipios al otro extremo del departamento; serán tres días de nueve a tres de la tarde -pagan como veinte dólares por cada día- y luego el 'proyecto' es aplicar lo aprendido en uno de los residenciales que esta constructora está desarrollando.

Al inicio dude en inscribirme pues había considerado acudir el miércoles al hospital de oftalmología más grande de la ciudad -y de centroamérica, me parece- ya que los ojos han continuado produciéndome incomodidad.

Pero al comentarle a Rb -que también estaba dudando si con todo lo que se carga se opondría a que me ausentara tres días- me sugirió que fuera al hospital el lunes -aunque luego me pidió que fuera el martes pues tiene que ir a un laboratorio el lunes por la mañana-.

Y los ejercicios: después de la histerectomía de Rb, a mediados de noviembre pasado,  habíamos abandonado la rutina semanal de ejercicios que llevamos por casi tres años; pero después de leer algunos análisis de mi ayuno intermitente en un par de LLMs decidí que reiniciaría la práctica -para evitar la pérdida de masa muscular-.

Así que el viernes, mientras Rb estaba en su segunda visita hospitalaria a uno de los centros médicos públicos más grandes de la ciudad, acorté el primero de los videos de ejercicios de cincuenta y cinco minutos a treinta; y reinicié la ejercitación.

Y a ver cómo va eso...

Después de enviarle un mensaje a Rb para confirmarle que ya había retornado a casa me puse a actualizar mis notas; luego, un poco antes de las seis y media me metí a mi habitación pues -por primera vez- no había meditado como primera actividad del día.

Pero no me dí cuenta que la alarma de las seis y media estaba aún activa, y sonó cuando llevaba como siete minutos de empezar a meditar; pero nomás la desconecté, y reinicié el timer para completar los veinticinco minutos.

Después de meditar encendí la máquina de Rb y me dediqué a separar varios segmentos, del video de cincuenta y cinco minutos, de la rutina que realizamos el primer día laboral de la semana durante el año anterior; al final logré un video con: cinco minutos de calentamiento, veinte minutos de resistencia y cinco minutos de estiramientos.

Luego puse el video en un reproductor de la misma computadora y completé la rutina -me costó bastante pues hacía casi cinco meses que había abandonado la práctica-; luego de completar la media hora guardé las pesas en la habitación de la comida de los perros y tomé una ducha.

Después de salir de la ducha empecé a prepararme el desayuno de los viernes -ya eran casi las diez de la mañana-; en el ínterín, durante y después de tomar el desayuno, empecé a trabajar en las siguientes opciones de la pantalla que he estado modelando.

Y es que cuando revisé los mensajes del trabajo encontré una respuesta afirmativa de mi compañero más brillante sobre el código que le había enviado el día anterior -y la forma en la que había completado la tarea-.

Estuve trabajando en el código -y haciendo muchas partidas de ajedrez en Duolingo- durante el resto de la mañana; Rb me estuvo enviando mensajes sobre el avance en la consulta médica; la mayor parte de los mensajes eran descorazonadores.

Pero un poco después de las once me llamó para comentarme que le había caído bien la doctora que la atendió, que le habían prescrito una extensa batería de pruebas de laboratorio y que estaba por iniciar el retorno a casa.

Entonces puse unas fajitas de pollo en una sartén, le agregué agua y la puse a cocinar en la estufa; luego le puse los arneses a los perros grandes y los saqué a caminar; aunque antes de cruzar la esquina ví que Rb estaba entrando a la calle.

Caminé la media cuadra en el sentido Norte -la parte más corta del circuito- y luego esperé frente a la casa que Rb dejara su mochila y nos acompañara; después de entrar a los perros continué -a petición de Rb- haciéndome cargo del almuerzo -complementamos el pollo con una de las bolsas de arroz que había congelado el lunes-.

Después del almuerzo esperé un poco para prepararme una taza de té de menta -no tenía prisa pues preveía que comería más tarde-; un poco después de las dos me metí a la cocina a lavar los trastes del almuerzo y a preparar el té de menta.

A las tres menos cuarto le preparé a Rb un té de manzanilla; antes, durante y después del almuerzo había estado trabajando un poco en el código; pero a las tres y media apagué la máquina del trabajo y empecé a alistarme: había programado una reunión con mi amigo el Testigo de Jehová.

Habíamos acordado reunirnos a las cuatro en la pizzería que se encuentra en el comercial en donde abordamos los buses intermunicipales; el sol estaba aún bastante fuerte por lo que traté de no caminar muy rápido -para evitar sudar-.

Llegué al lugar con cinco minutos de anticipación y aproveché para entrar al supermercado y comprar un poco de bananos; y aún me dió tiempo de subir al segundo nivel del comercial -nunca había accedido a ver los negocios que se encuentran en esa área-.

A las cuatro, viendo que me amigo no llegaba, lo llamé y me comentó que llegaría en cinco minutos -llegó como en diez minutos-, por lo que aproveché para jugar un par de partidas de ajedrez en la app del celular.

Un poco después llegó mi amigo y nos acomodamos en una de las mesas de la pizzería; ordenamos lo de siempre: café y pastel; y aunque ambos habíamos elegido Tres Leches, tuvimos que compartir uno de este tipo y uno de chocolate pues nomás había una porción de la primera.

Después del pastel ordenamos un par de porciones de pizza; al inicio de la reunión mi amigo repitió lo de otras ocasiones: 'fijate que olvidé mi billetera', pero -otra vez- le indiqué que era un gusto invitarlo -la cuenta fue de diez dólares-.

Estuvimos en el lugar hasta las cinco de la tarde, entre café, pastel, pizza y conversación; mi amigo es bastante versado en la situación nacional -ha trabajado en varios ministerios en diferentes gobiernos- y, actualmente, le está tocando criar a sus nietos -como que las parejas de sus hijas no funcionaron-.

A las cinco sonó la alarma que había puesto en el celular para recordarme de volver a casa; llamé a Rb para comentarle que llegaría en breve, me despedí de mi amigo y empecé la caminata de vuelta.

Creí que Rb iba a estar lista para caminar hacia los supermercados en dirección sur -era lo que habíamos acordado antes de mi salida- pero la encontré viendo una serie en su computadora; un poco después de las cinco salimos a caminar.

Llegamos hasta el extremo sur del boulevard y luego entramos al supermercado más alejado: quería comprobar si vendían de la marca de jugo de mandarina que quería comprar para el desayuno del domingo con mi hija mediana -y no, no había-.

Entonces pasamos al otro supermercado; en donde compramos bananos, Rb compró un par de ciruelas y yo compré un doble litro de jugo de mandarina; luego retornamos a casa; las extremidades empezaban a dolerme por el ejercicio de la mañana.

Por la noche ví la segunda parte de Project Hail Mary y estuve leyendo un poco en la cama de Rb; pero a las nueve y media le comenté que me retiraría a mi habitación -me sentía bastante agotado-; me lavé los dientes y me despedí por la noche.

En mi habitación medité y luego leí un poco del libro en inglés -completé los primeros cinco capítulos-; luego intenté dormirme; pero no me fue posible: estuve dando vueltas en la cama hasta después de las once -más de dos horas-; por lo que tomé la tablet y terminé el libro en francés.

Y luego leí el libro que está en la primera parte del título de este texto; luego volví a intentar dormirme, pero no lo logré nuevamente; entonces me puse a navegar un poco por internet en mi celular; luego encendí mi computadora personal.

Intenté -por tercera vez- dormirme: conté mis respiraciones, me relajé, etcétera; entonces me resigné a que pasaría la noche completamente en blanco -no recordaba cuándo había sido la última vez en esta situación-; pero me dije: cuando toca, toca.

Y es que no sé si fue por los pasteles y las dos tazas de café -con azúcar- de la tarde, por haberme despertado a las cuatro de la madrugada, por haber hecho veinte minutos de ejercicios después de casi medio año, o por estar de vacaciones, o por una combinación de todo.

Pasaron las cuatro de la madrugada y entonces me dije que -al menos- podía aprovechar el tiempo: encendí la computadora del trabajo y empecé a trabajar en el refinamiento del código que había empezado a escribir el día anterior, mantuve encendida mi máquina personal para la utilización de los LLMs.

Hasta las seis y media de la madrugada; a esa hora sonó la alarma del celular para que me levantara a meditar; lo que me costó un poco: estaba experimentando una leve rigidez y un poco de dolor en las piernas -y los brazos, y la espalda-.

Medité los veinticinco minutos y retorné a la cama, cerré las computadoras, puse el timer para que sonara en una hora -eran casi las siete-; luego lo cambié para que sonara en hora y media, y me dormí.

El celular sonó a las ocho y media pero nomás lo apagué -quería seguir durmiendo-; pero Rb entró un poco después a la habiación -yo había corrido la cortina de la ventana por lo que la luz era mínima-, me dijo algo y salió.

Un rato después -casi a las nueve- me levanté, ví que Rb no estaba -me imaginé que había salido a comprar algo- y empecé a preparar mi desayuno de los sábados, cuando estaba terminando de prepararlo Rb retornó de la tienda de las verduras, con una papaya y algunas legumbres.

Después del desayuno -un poco después de las nueve y media- nos alistamos para dirigirnos al zoológico de la ciudad; en sus instalaciones se había programado -por segundo año consecutivo- la celebración del cumpleaños del hijo de la mejor amiga de Rb.

Rb había empacado los alimentos que preparó para su almuerzo -come únicamente comida preparada por ella misma-; el viaje no estuvo muy difícil, encontramos embotellamientos -pero muy ligeros- nomás en un par de puntos de la ciudad.

El área de parqueo estaba un poco sobrecargada, por lo que nos costó un poco encontrar un espacio; luego de dejar estacionado el auto nos dirigimos a la entrada -debíamos pagar el parqueo pero no la entrada al zoológico, por ser una celebración a la que acudíamos.

Antes de entrar al zoológico encontramos al hermano de la mejor amiga de Rb; estaba estacionando su auto y Rb le ofreció ayuda con unos globos que llevaba para la celebración; los tres nos dirigimos a la entrada específica para las celebraciones -ni siquiera nos pidieron identificaciones-.

La celebración estuvo interesante: se suponía que empezaba a las once -nosotros llegamos casi una hora antes-; y muy poca gente llegó antes de la hora del inicio; hubo un animador por un par de horas -aunque al final perdió mucha de la atención del público-.

Después de la animación -dos horas- el mismo personaje organizó la quiebra de piñatas y la repartición del pastel; que era -al igual que el año pasado- muffins; Rb me cedió el de ella -y antes de retirarnos aún tomé otro-; después -o antes?- del pastel también repartieron una porción de lasagna y ensalada -Rb también me cedió su porción-.

Al inicio -antes de toda la animación- los meseros se habían estado encargando de mantener una jarra de agua pura y una jarra de coca cola en cada mesa; también estuvieron rellenando unos recipientes de poporopos.

A la mesa en la que nos acomodamos llegaron otras dos parejas -ex compañeras de universidad de la mejor amiga de Rb y sus esposos-; en general la celebración estuvo bien; incluso acompañamos algunas de las canciones que dirigió el animador.

Un poco después de las dos de la tarde empezamos a salir de la fiesta pues debíamos de estar antes de las tres en casa -para que Rb pudiera darle el almuerzo a sus perros-; no encontramos mucha dificultad en el viaje de retorno -el parque nos costó seis dólares-.

Por la tarde estuve leyendo un poco del libro en inglés sobre la chica con dificultades financieras; no estaba seguro del género literario que se trataba; al final -al parecer- es una comedia negra; me costó un poco tomarle el ritmo -cinco capítulos por ciclo-.

Pero creo que tuve varios períodos de adormecimiento -o de microsueños-; Rb se había dirigido a su iglesia un poco antes de las tres: su sesión de alfabetización estaba programada para iniciar a las cuatro -y terminar a las seis- ese día. 

Y como habíamos quedado en que llegaría a acompañarla en la caminata de vuelta -yo debía andar cerca ya a las cinco y media- salí de casa un poco después de las cuatro y media; caminé bastante despacio -las piernas habían empezado a dolerme debido al reinicio de los ejercicios el día anterior-.

Llegué al comercial que está cerca de la iglesia un poco antes de las cinco y media; y aproveché para entrar al supermercado del lugar, en donde compré un paquete de dieciseis porciones de queso para sandwiches.

Pagué mis compras y salí del comercial para dirigirme a la iglesia -está a media cuadra-; estaba a un par de casas de llegar a mi destino cuando recibí una llamada de Rb; comentándome que ya estaba libre, por lo que la sincronización estuvo bastante bien.

Después de que Rb se despidió de sus alumnas -y una tercera acompañante- empezamos la caminata de vuelta; en el camino pasé a comprar el pan que necesitaba para el desayuno del día siguiente; por la noche ví la tercera parte de Project Hail Mary; había planeado acostarme más temprano pero, finalmente, terminé completando la rutina casi a la misma hora.

El domingo amaneció lloviendo: aún estaba dormido cuando empecé a escuchar el sonido de la lluvia en el techo y el patio; cuando el reloj sonó nomás atrasé la alarma una hora y continué entre las sábanas; me levanté a las siete y media.

Medité y me quedé en cama leyendo un poco -también completé casi una hora de lecciones de Duolingo-; un poco después de las ocho y media salí de la habitación, y puse a desinfectar la mayor parte de la lechuga que teníamos en el refrigerador.

Después preparé los dos panes que planeaba llevar al desayuno con mi hija mediana; después de preparar los panes tomé una ducha; luego metí a la mochila con aislante térmico los dos panes, una bolsa de snacks, dos bananos y el jugo de mandarina; luego salí a encender la van.

El trayecto hacia la casa de mis hijos estuvo muy tranquilo; no encontré embotellamientos en ningún lugar y no me tomó más de veinticinco minutos: salí después de las nueve y media de la casa de Rb y llegué a la sala del departamento antes de las diez. 

Cuando llegué al departamento dejé ambas mochilas en la cocina -está justo en la entrada, me quité los zapatos y me instalé en la sala; le envié un mensaje a Rb para comentarle lo fácil que estuvo el viaje, y un mensaje a mi hija mediana, para comentarle que ya estaba por allí.

Ella salió de su habitación un poco después de las diez y nos dirigimos al parque temático; en donde nos encaminamos directamente a las mesas bajo techo -el tiempo estaba bastante agradable-; desayunamos en el lugar y luego estuvimos practicando con el cubo de cuatro por cuatro -a mi hija nomás le falta uno de los tres algoritmos para dominarlo por completo-.

Estuvimos un buen tiempo con el cubo de Rubik, tanto que ya no nos dió tiempo de subirnos a la rueda de Chicago -mi hija quería que nos despidiéramos a las doce y media-; antes de salir del parque compré un par de helados -cuestan casi el doble que afuera!-.

Retornamos al departamento y aún nos dió tiempo de estar un pequeño período en la sala; a las doce y media -había puesto una alarma- me despedí de mi hija e inicié el viaje de vuelta a casa de Rb -en el camino me dí cuenta que me olvidé de dejar el sobrante de jugo de mandarina!-.

Vine a casa de Rb unos minutos antes de la una de la tarde -el camino estuvo bastante libre- y la encontré, justo, sacando a caminar a uno de sus perros más grandes, cuando vió que estaba estacionando el auto se apresuró a ponerle el arnés a la perra más pesada.

Completamos la caminata y luego entramos a casa a preparar el almuerzo: alitas de pollo acompañada por un caldo de pollo; el resto de la tarde lo pasamos en casa -ni siquiera salimos a la caminata diaria-; yo estuve escribiendo un poco de código y Rb estuvo viendo algunas de sus series.

Por la noche ví la penúltima parte de Project Hail Mary, y adelanté un poco en el libro de inglés; por alguna razón -me imagino que por el desvelo de la noche anterior- aún me sentía bastante agotado, por lo que me retiré a mi habitación un poco antes de la hora habitual. 

El lunes me desperté a las seis de la mañana -media hora antes de la hora habitual- porque no quería ser interrumpido en mi meditación matutina: Rb iba a salir a las siete de la mañana y -usualmente- pasa a despedirse antes de salir.

Después de meditar retorné a la cama y estuve haciendo bastantes lecciones de Duolingo, hasta que Rb entró a despedirse: tenía una cita para realizarse unos exámenes de imágenes digitales; y me estuvo enviando mensajes de su progreso.

Finalmente me llamó -un poco después de las ocho y media- para comentarme que a las diez le darían los resultados y estaba dudando si podía retornar antes a casa -no había desayunado aún-; le recomendé que retornara y que yo la acompañaría luego.

Yo había empezado a escribir una nueva sección del código que tengo en progreso y continué mientras ella retornaba, prepara su desayuno y, finalmente, se preparaba para retornar; un poco antes de las diez salimos a tomar el busito.

El cual no tardó mucho en pasar; nos apeamos en el destino final del transporte -el laboratorio queda a un par de cuadras- y nos dirigimos a obtener los resultados; lo interesante fue que salió la propietaria del laboratorio a entregar los mismos.

Esta persona había estado en contacto con Rb por varios años a través de la red social del pajarillo celeste -además es muy buena amiga de una buena amiga de Rb-; entonces nos pasó a una oficina y le explicó a Rb los resultados de las imágenes; los cuales fueron muy buenos.

Al parecer ya no hay cálculos en los riñones -no sé si el primer exámen había sido mal interpretado, o si realmente los cálculos fueron expulsados-; además, las condiciones de la vesícula no son tan graves -importantes, pero no urgentes-.

Rb se conmovió bastane con el resultado -milagro- y un poco después nos despedimos de la doctora -al inicio se habían tomado su tiempo para conversar sobre su interés en común: los animales de compañía-; después retornamos a casa.

Antes de entrar a la calle donde vivimos -antes de cruzar el boulevar, realmente- Rb me comentó que pasaría a la tienda de las verduras; y yo me dirigí directamente a casa; cuando Rb retornó de la tienda -con una papaya- yo estaba empezando a preparar la computadora para realizar la rutina de ejercicios.

Mientra completaba la media hora de ejercicios Rb se puso a preparar el pescado que tendríamos como almuerzo; después de terminar la rutina procedí a dividir en dos el mismo y, después, sacamos a caminar a los perros.

Cuando entramos luego de la caminata, nos pusimos a preparar el almuerzo: yo me ocupé de un par de pequeñas ensaladas y Rb de freir las dos mitades del pescado; almorzamos bastante tarde -terminamos casi a las dos-. 

Y yo había desayunado después de que retornamos del laboratorio -casi a la una-; después del almuerzo continué escribiendo código y logré terminar la sección que había empezado un poco antes; después lavé los trastes, le preparé un té de manzanilla a Rb y me preparé un té de menta -preveía tomar café más tarde-.

Un poco después de las tres tomé una ducha, me vestí y me despedí de Rb: había programado un café con mi amigo más creativo -y conspiranóico- y había encontrado -en google maps- que la mitad del camino podía hacerla a pie -dos kilómetros-.

Volví a salir al boulevard a tomar el busito, el cual no tardó mucho en pasar; luego tomé el Transmetro; pero me apeé en la estación intermedia más grande; desde allí -de acuerdo a lo que había visto en google maps- inicié el trayecto hasta el comercial en donde habíamos acordado reunirnos con mi amigo.

La reunión estaba prevista para las cinco -aunque mi amigo me había dicho que usualmente salía de su oficina a las cuatro y media- pero llegué más de media hora antes; en el lugar me conecté a la red de Taco Bell y le escribí un mensaje en whatsapp.

Mi amigo llegó un poco más tarde y nos dirigíamos a su automóvil cuando vimos una pizzeria similar a la que había acudido el viernes anterior: le propuse que nos tomaramos allí el café -y un pastel- y nos quedamos en el lugar por un poco más de hora y media.

El café estuvo bien, aunque no encontramos pastel de tres leches, nomás de chocolate; pero nos pusimos al día de la vida de cada uno: habían pasado dos o tres meses desde la última vez que habíamos coincidido.

Mi amigo acaba de cumplir cinco meses en su lugar de trabajo pero ha estado -casi desde el inicio- buscando otro: la presión que se maneja en su posición es bastante fuerte; además tiene un equipo de cinco vendedoras; y, su hija mayor -hija de su esposa- acaba de cumplir quince años.

Un poco después de las seis le pedí a mi amigo que me pasara a dejar a la estación intermedia del Transmetro; pero él se portó muy amable y me condujo hasta el comercial en donde se estacionan los busitos; nos despedimos y abordé una de las últimas unidades del día.

En el camino me vine jugando algunas partidas de ajedrez -algunos días siento que estoy empeorando en lugar de mejorar-; un poco antes de las siete -mientras el busito acababa de entrar al municipio- Rb me llamó para inquirir sobre mi ubicación, le comenté que ya casi llegaba.

Por la noche estuve revisando mis tres cuentas de correo, trasladando un poco de dinero entre mis cuentas y actualizando mis notas -incluyendo esta-; aún me dió tiempo de ver la parte final de Project Hail Mary.

El martes me volví a levantar super temprano: había previsto salir de casa a las cuatro y media pues quería acudir al hospital oftalmológico en donde me prescriberon -casi una década atrás- los primeros anteojos para la presbicia.

La alarma del celular sonó a las cuatro de la mañana, me levanté, medité cinco minutos, me vestí y pasé a avisarle a Rb que salía de casa; luego caminé hasta el comercial en donde tomamos los buses intermunicipales; a donde llegué un poco antes de las cinco de la mañana.

Pasó un bus intermunicipal pero no se detuvo, pero un par de minutos más tarde pasó el siguiente; el cual iba bastante lleno, pero lo pude abordar; encontramos un poco de tránsito antes de entrar al periférico; lo que nos atrasó un poco; llegué al hospital un poco después de las cinco.

Ya había bastante gente en la sala de espera -unas veinte personas- y me indicaron una fila de sillas en las que podía esperar a que empezara la atención diaria; lo cual ocurrió a las seis de la mañana; a esa hora repartieron números -me tocó el doce-.

El hospital es uno de los mejores en su campo de la región -muchos médicos del caribe vienen a especializarse en varias áreas médicas- pero los procesos son un poco tortuosos: me tocó hacer fila para pagar la consulta -diez dólares-, luego esperar para una primera revisión.

Una residente me hizo una evaluación super rápida -se notaba que su mente estaba en otra cosa (y me comentó que tenía que realizar una presentación en breve)- y luego me envió a otra fila de documentación.

Luego de la espera completaron mi expediente, y me indicaron que continuara en la sala de espera; un poco más tarde se llevaron a la mayor parte de pacientes a otras clínicas, por lo que pregunté si mi expediente estaba bien.

Me indicaron que esperara; luego de mucho rato de espera volví a preguntar, y me indicaron que tocaba esperar, por fin me volvieron a ver -en la misma clínica de más temprano- y ahora me examinó otra joven residente.

La revisión en ambos ojos fue exhaustiva; y bastante intensa: me pusieron un par de líquidos para varias verificaciones de los globos -y su interior-; al final la residente se mostraba indecisa sobre algunas observaciones y consultó con la de más temprano.

Y ella le indicó que lo mejor era que la doctora a cargo revisara el caso; por lo que me retornaron a la sala de espera, en donde esperé otro rato, finalmente retornó la doctora jefa y le tocó su turno; y fue bastante categórica: debía pasar por un procedimiento con laser.

La noticia me cayó bastante mal: o sea, no esperaba que tuviera que volver -tan pronto- al hospital (el procedimiento debe realizarse con un acompañante pues, al parecer, afecta la visión por un buen tiempo; se supone -o entendí- que es una pequeña incisión en cada ojo, para liberar la presión intraocular.

Además me recetaron anteojos progresivos, otra cosa que temía -ya en las ópticas habían insinuado que era tiempo de que (tanto Rb como yo) cambiáramos los de lectura por permanentes-; los mismos me costaron casi trescientos dólares.

Total que debo regresar a medidados del próximo mes a las ocho de la mañana, y con un acompañante -espero que sea Rb, pero está complicado por el horario de sus perros-; después de que la residente me explicó lo que continuaba pasé a programar mi próxima cita.

Luego pasé a la óptica del lugar, en donde elegí mis próximos anteojos, y se tardaron un poco por la medición que tienen que hacer las áreas que funcionarán para enfoque cercano, mediano y lejano; a todo esto ya pasaban de las diez de la mañana.

Rb me había estado llamando con frecuencia para inquirir sobre mi progreso; y yo le había asegurado que retornaría, aunque sea un rato, antes de volver a salir: tenía programado un almuerzo con mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad.

Pero, como había previsto salir de casa a las diez y media -se suponía que nos reuniríamos, en el trabajo de mi amigo, a las doce y media- y ya no me daba tiempo de volver a casa, decidí irme directamente a mi reunión del mediodía.

Aunque, directamente no es una descripción tan certera: salí del hospital un poco después de las diez -bastante desanimado- y comencé a caminar en dirección al trabajo de mi amigo -a unos cinco kilómetros de distancia-; pero en el camino sentí deseos de ir al baño (no había ido en toda la mañana).

Intenté utilizar los servicios de una gasolinera que encontré en la calzada principal, pero estaba con un rótulo de limpieza; entonces decidí dirigirme al comercial en donde se estacionan los busitos -estaba a un par de estaciones del Transmetro-.

Abordé el Transmetro y me dirigí al comercial, pasé al baño, y aproveché para conectarme a la red del banco que está en el segundo nivel; desde allí le escribí a Rb comentándole los resultados de la mañana.

Ella no me respondió tan pronto -un poco más temprano me había comentado que acudiría a una clase de Zumba en la alcaldía auxiliar-; pero me llamó un poco después para comentarme cómo le había ido con la clase.

Después abordé otra unidad del Transmetro y me dirigí a la gran estación intermedia; desde allí caminé hasta el edificio en el que se encuentra el call center en el que mi amigo lleva trabajando un par de años; cuando llegué me conecté a la red del banco del lugar y le avisé que ya había llegado -acababan de pasar las doce del mediodía-.

Mi amigo me llamó un poco después -había desconecatado el wifi del celular pues tenía menos del diez por ciento de la carga de la batería- y me comentó que estaba por bajar, y que era mejor si lo esperaba en la salida del sótano del edificio -me encontraba en la entrada-.

Me moví al lugar y un poco después ví la moto de mi amigo subiendo la rampa del sótano; nos saludamos y le ofrecí invitarlo a almorzar en un lugar desde donde luego pudiera tomar el Transmetro -y él pudiera continuar con sus actividades del día-.

Y luego le propuse que nos dirigiéramos al Mc Donald's que se encuentra en una de las principales arterias de la ciudad -y muy cerca de un par de estaciones del Transmetro-; mi amigo condujo hasta el restaurante y allí ordenamos un par de menús -doce dólares-.

Estuvimos en el lugar por un poco de más de hora y media, entre comida y conversación; yo aún andaba bastante desanimado, pero me ayudó la tertulia; un poco antes de despedirnos -un poco después de las dos- mi amigo me comentó que esperaba someterse pronto a una vasectomía.

Después de dejar a mi amigo me dirigí a la estación del transmetro, abordé un bus articulado y me apeé en el comercial en donde se estacionan los busitos, y me dirigí directamente a abordar el que estaba por salir. 

Cuando vine Rb estaba viendo alguna de sus series, le preparé un té y me preparé un café; y le propuse salir a caminar; a las cinco nos dirigimos a los supermercados en dirección sur, aunque decidimos no llegar hasta el extremo del boulevard.

Y es que además de los anteojos me había prescrito -otra vez- colirio, Rb había realizado el pedido a una farmacia y decidimos no estar mucho tiempo fuera, en caso se realizara la entrega bastante rápido; entonces caminamos nomás la mitad de lo que realizamos normalmente.

Pero pasamos al supermercado más cercano a comprar un poco de bananos; luego retornamos a casa; lo interesante es que, a pesar de que habían confirmado el pedido, le escribieron a Rb para comentarle que el producto estaba agotado.

Yo había puesto una alarma para realizar la limpieza semanal -aunque llevaba un par de semanas sin hacerla- a las seis de la tarde; cuando la alarma sonó puse manos a la obra: levanté los objetos de mi habitación y barrí y trapeé los pisos de las cuatro áreas que maś usamos.

Un poco más tarde recibí un mensaje en el grupo de whatsapp del taller de instalación de pisos cerámicos al que esperaba acudir los últimos tres días de la semana laboral: estaban cancelando la clase del primer día.

Por la noche estuve avanzando en el libro en inglés -Margot's got money troubles- y viendo algunos videos de difusión científica en Youtube -el sitio en el que veo series estaba inhabilitado-; a las diez y media me retiré a mi habitación -me sentía agotado-. 

Y a ver cómo sigue eso...