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viernes, 25 de julio de 2025

Impuestos... Taxes... Impots...

He tenido una historia bastante accidentada con los impuestos: no solo de lo que debo pagar por los ingresos de mi trabajo, también con una oficina de consultoría que inicié hace más de dos décadas -e incluso con los vehículos!-.

Hubo una época, justo en la mitad de los viajes al imperio del norte, en el que dejé de pagar impuestos por varios meses; o sea, emití facturas y nunca declaré esos ingresos ante el ente tributario.

También tuve que pagar como diez años de impuestos atrasados porque el auto que dejé con la mamá de mis hijos nunca fue inmovilizado; quién sabe cuál sería su destino, pero al final tuve que desactivar su movilización -y pagar las multas correspondientes-.

En otra ocasión -un año antes de empezar en este trabajo, o así- tuve que pagar multas por más de un año sin declarar impuestos -no había facturado, pero es obligatorio declarar eso, o hay multa-.

Y en esa ocasión fue porque iba a volver a facturar y no podía emitir facturas hasta que mi situación fiscal se normalizara; total que pagué como quinientos dólares en multas y logré ponerme al día con el estado; lo 'chistoso' fue que el trabajo ese ya no salió.

En fin, después de esa última ocasión -y gran multa- me hice el firme propósito de declarar mensualmente la facturación a cero; lo que cambió cuando estuvimos trabajando en los libros con Rb: hubo muchos meses en que tuvimos que facturar ingresos por ese rubro.

Para evitar el olvido de la declaración a cero -y la multa correspondiente- programé una alerta en Hotmail, para recibir mensualmente un recordatorio de que debía realizar este trámite el veintiuno de cada mes.

Y me ha funcionado muy bien -excepto en una ocasión que declaré el mes corriente en lugar del mes anterior- hasta el mes pasado: no recibí la notificación, y olvidé por completo la declaración; resultado: multa de veinte dólares.

Y es que justo este mes debía pagar impuestos por un trabajo que Rb realizó el mes pasado, del cual emití la factura correspondiente; pero un par de días antes de realizar el trámite recibí un par de mensajes avisándome que estaba atrasado.

No le dí importancia -o, realmente, creí que se trataba de la factura- pero al declarar este mes salió un aviso que faltaba la daclaración del mes anterior; por lo que además de los cuarenta dólares de impuestos -esos los cubrió Rb, pues ella recibió el pago- tuve que pagar adicionalmente veinte, por el olvido.

Para evitar -espero!- que esto se vuelva a repetir, configuré otra alarma, ahora en Google, para que Gmail me envíe un correo el veintiuno de cada mes, a las tres de la madrugada, recordándome que debo declarar mi facturación a cero.

Y a ver cómo va eso... 

El domingo pasado no tenía ninguna actividad programada, o prevista; por la mañana fuimos a los supermercados en dirección sur; en el más lejano nos proveimos de pechugas de pollo para los almuerzos de la semana.

También compré una buena cantidad de bolsitas de frijoles, para mis desayunos de los fines de semana;  en el otro supermercado compramos bananos, alitas de pollo y un par de lechugas.

El lunes era mi último día de vacaciones -al menos de este periodo- y había programado un almuerzo con el ex compañero de facultad que encontré en la conmemoración de los veinticinco años de graduación. 

También era el día en que tenía que pagar los impuestos por la factura que había emitido el mes pasado, por la edición de libros que Rb había realizado para su amiga que vive en uno de los extremos más alejados de la ciudad.

Y fue al entrar a la aplicación de declaración de impuestos que me dí cuenta que había olvidado declarar el mes anterior a cero: por lo que tuve que pagar veinte dólares para dejar de seguir recibiendo avisos de que tengo omisos.

Configuré una nueva notificación con Google y espero que sea la última vez que se me olvida realizar la declaración mensual de impuestos; total que tuve que presentar dos declaraciones, una por la factura y otra por la omisión.

Además, durante todo el fin de semana, el banco en el que tengo la mayor parte de mis ahorros estuvo declinando la recepción de notas de crédito de otras cuentas bancarias, tanto propias como de otros bancos.

Me pasé desde el viernes tratando de trasladar algunas sumas desde el banco en el que recibo mi salario; también le pedí a Rb que me enviara desde el mismo banco; y nada funcionaba; al realizar una consulta por chat me indicaron que debía presentarme en el banco a actualizar mi información.

Entonces decidí que saldría una hora antes de lo planeado, para pasar al banco antes de reunirme con mi ex compañero de la facultad; salí a las once y media de casa -la reunión era a las doce y media-.

Esperé el busito en el boulevard y antes de las doce estaba en el banco; el trámite fue un poco tardado pues la secretaria no parecía tener mucha experiencia en esa parte del sistema; pero la actualización fue finalmente realizada.

Luego me fuí a la parte de los multirestaurantes que se encuentra en el tercer nivel del comercial en donde se estacionan los busitos; mi amigo llegó un poco más tarde y almorzamos un par de dobladas de una cadena local que es algo conocida.

Estuvimos conversando por casi una hora; recordando los viejos tiempos en la facultad; también me enteré de otro detalle: se cambió de carrera en la facultad porque otra estudiante le había dicho a su madre que era una pena que no pudiera avanzar en los estudios.

Me recordó a la última reunión que tuve con mi primer ahijado profesional: estudió en la universidad -le tomó como veinte años graduarse de licenciado en administración de empresas- porque se sentía menos cuando departía con un grupo de ingenieros.

En fin, las razones que cada persona tiene para realizar algunas cosas; en mi caso, estudié dos años de ingeniería en computación pero me pasé -bajé mis expectativas- a estudiar ingeniería industrial porque no tenía recursos para adquirir una computadora.

Después del almuerzo ambos acudimos a la sucursal de un banco que se encuentra en el segundo nivel del comercial; mi amigo tenía que hacer algún trámite y yo había planeado retirar una cantidad de dólares.

Y, aunque pasé antes a la ventanilla, mi amigo completó antes su transacción y se retiró del lugar; en mi caso la cajera me indicó que tenía que actualizar -aquí también!- mi información personal, antes de poder retirar.

Cuando salí del banco le escribí a mi ex compañero, agradeciendo su tiempo, y lamentando que ya no habíamos podido despedirnos con más calma; él me había enviado un mensaje un poco antes disculpándose por lo mismo.

Retorné a casa y continué con la rutina de los lunes: barrí y trapeé la mayor parte de habitaciones de la casa; y luego hicimos la rutina de ejercicios del primer día de la semana; por la noche estuve viendo una parte de la última película de Jurassic Park, y una parte de From Up on Poppy Hill.

El martes retorné -sin muchas novedades- a mis labores cotidianas; en la reunión de la mañana mi supervisor on site inquirió sobre las vacaciones, pero no más le comenté que había aprovechado para ver a algunos amigos; y me iba a asignar algunas tareas, pero no me quedó nada claro.

Por la tarde fuimos con Rb a los supermercados en direccón sur; teníamos que comprar lechugas para los almuerzos del resto de la semana; además adquirí embutidos para mis desayunos de los fines de semana.

Y en esta ocasión aumenté a seis las onzas -en lugar de cuatro- de jamón que adquiero para el efecto; junto con las cuatro de salami y peperoni; además, en lugar de las dieciseis porciones en las que divido esto, preparé veinte, las cuales coloqué en el congelador.

El miércoles tenía la reunión quincenal con mi supervisora local; por las vacaciones no nos habíamos reunido desde el almuerzo -aunque ahora fue desayuno- trimestral del equipo; y la reunión estuvo normal: felicitaciones por la presentación, agradecimiento por el continuo apoyo y así; no grandes cambios.

Además, había programado una reunión con mi mejor amiga del Imperio del Norte; a las doce y media tuvimos una reunión diaria express con mi equipo de trabajo; y a la una me conecté, por zoom, con mi amiga.

Estuvimos conversando -yo también almorzando- durante más de una hora: sobre nuestros hijos, el estado general del mundo, los libros que hemos leído últimamente (le recomendé Les Yeux de Mona- y temas similares. 

El jueves terminé de leer el segundo libro de ACT; el primero fue uno de los primeros del tema, en el cual se explicaban los principios de esta terapia; el segundo se enfocaba más en aplicaciones prácticas; anoche mismo bajé ACT with love; que creo que será el último que leeré del mismo tema.

Por la mañana pagué la factura de electricidad del departamento de mis hijos; y estuve en un largo diálogo -ella en español, yo en francés- con la última jovencita que me ha contactado de Camerún.

Después del horario laboral nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; aunque no necesitábamos nada del que se encuentra más lejos, caminamos hasta su altura, para pasar al otro a comprar ingredientes para los almuerzos de la próxima semana.

También compré una gran unidad de canchón; que son unas hojas verdes parecidas a la lechuga, pero que, supuestamente, son una variedad de repollo: para utilizarlas en el almuerzo (keto) del sábado con mi hija mayor.

Y a ver cómo va eso. 

domingo, 13 de julio de 2025

Muerte... Death... Mort...

Hace mucho tiempo, y muy tarde en la noche, retornaba a mi casa caminando por una zona desolada de la ciudad; en el camino encontré a un par de personas que estaban al lado de un motorista accidentado: estaban esperando a los bomberos.

Y bueno, fue hace quince años exactamente; no estoy seguro si había visto antes un cadaver -o al menos fuera de una funeraria-; el año pasado estuve departiendo con un ex compañero del bachillerato, media hora antes de que muriera.

Y hace tres o cuatro años estuve con una de las perras de Rb antes de que dejara de respirar; creo que rememoro esto porque la situación doméstica está mera rara: el jueves debo llevar al perro de Rb a que le realicen una cirujía en un párpado, pero también detectaron problemas en la vesícula, por lo que la intervención es de pronóstico reservado.

A ver cómo se resuelve.

El miércoles venimos a casa antes del medio día; cómo ese día depositaron en mi cuenta monetaria el catorceavo salario que recibimos los que trabajamos dentro del régimen laboral más común, aproveché para pagar la cuota anual del colegio profesional, y el segundo semestre de impuesto a la propiedad, por el departamento; el resto de la tarde me la pasé viendo videos de Youtube.

El jueves tocaba ir al mercado del centro histórico, por las frutas de Rb; pero ella había decidido no ir, debido a que ya había adquirido las más numerosas el día anterior; además, habían anunciado bloqueos por una huelga magisterial.

Lo que hicimos fue ir a un centro comercial bastante lejano; en donde adquirimos un poco de bananos; y a una farmacia cerca del mismo, en donde Rb compró un par de las medicinas que le recetaron el día anterior a su perro.

Cuando regresamos Rb consultó su celular para ver el número de pasos que habíamos acumulado: más de diez mil; a las dos de la tarde me dirigí a la casa de mi prima favorita; el tránsito seguía estando bastante tranquilo.

Llegué al lugar sin ninguna novedad; incluso pasé a un McDonald's en el camino: mi prima me había escrito para que pasar a comprarle un menú a su hijo; aduciendo que no estaban aceptando tarjetas como medio de pago.

Estuve en la casa de mi prima por un poco más de dos horas; entre almuerzo -me tocó doble ese día- y café con magdalena de naranja; además puse chess.com en la televisión de la sala y jugamos un par de partidas con el hijo de mi prima.

Algo que me llamó la atención fue que, desde las conversaciones de whatsapp, mi prima había insinuado que no le había caido bien Rb -la visitamos en conjunto el año pasado-; y, mientras estábamos almorzando me lo confirmó; yo nomás agradecí por dejar claro el asunto.

Un poco después de las cinco le comenté a mi prima que me retiraba de su hogar y nos despedimos; el transito de vuelta no estuvo tan pesado y un poco más tarde estaba parqueando el auto frente a la casa de Rb; aún no eran las seis de la tarde.

Aprovechando que aún no había oscurecido le pedí a Rb que me acompañar a a la panadería; quería comprar un poco de pan para los desayunos del fin de semana; el viernes me levanté temprano a preparar el desayuno y, a dferencia de los días anteriores, no retorné a la cama.

Como tenía que salir por la tarde decidí realizar la limpieza de ese día por la mañana; además, acordamos con Rb hacer la rutina de ejercicios antes del mediodía; después almorzamos, lo mismo que el resto de la semana.

A las cuatro de la tarde salí al boulevard a esperar el busito; no tardó mucho en pasar, pero sí se tomó mucho tiempo para llegar a la carretera intermunicipal; y bastante también esperando pasajeros en el lugar.

Total que pasaban de las cinco cuando aún estaba en el centro histórico, esperando una unidad que me llevara hasta el Obelisco; llegué casi a las seis a este lugar y desde allí caminé las quince calles hasta el lugar en el que trabaja uno de los voluntarios de mi antiguo grupo.

Iba a medio camino -ya pasaban de las seis- cuando recibí una llamada de mi amigo, comentándome que aún estaba trabajando -me había dicho que salí entre seis y seis y media-; continué camnando y llegué al lugar como a las seis y veinte.

Mi amigo salió un poco más tarde y caminamos algunas calles hasta el lugar en el que estacionan los trabajadores de la empresa en la que trabaja; le comenté que podíamos pasar a algún lugar que le quedara en el camino, por un café; pero me ofreció que nos dirigiéramos a un lugar cercano a mi ruta.

Lo guié hasta la cafetería que se encuentra del otro lado del comercial en donde se estacionan los busitos; en el lugar compré un par de cappuccinos grandes y un par de porciones de pastel de chocolate.

Nos estuvimos en el lugar un poco más de una hora entre conversación y el consumo de las bebidas y el pastel; ya había pasado más de un año desde nuestra última reunión, y siempre tengo cuidado de que la conversación no derive hacia su postura antivacunas o alguna otra conspiración similar.

Un poco después de las ocho de la noche le indiqué que ya me retiraría; salimos al parqueo, nos despedimos y crucé la calle; comprobé que ya no habían busitos -el último sale usualmente a las siete y media- y abordé uno de los buses intermunicipales.

Me pude apear, afortunadamente, cerca del lugar en el que cruzo la carretera para tomar el boulevard hasta la casa de Rb; también bajó conmigo otro señor y una señora joven; a quien ofrecí acompañar, pues la calle estaba bastante desolada.

La señora se mostró aliviada de mi ofrecimiento; comentándome incluso que a su hijo adolescente lo habían asaltado hacía poco cerca del lugar; caminamos un poco menos de un kilómetro y nos despedimos en la entrada a su colonia; continué solo en el camino y entré a la calle en la que vivo sin ninguna novedad.

Aprovechando que ví la tienda de la esquina aún abierta, pasé a comprar un poco de pan y una bolsa de crema; era lo único que me faltaba para el desayuno del día siguiente: Rb me había confirmado en la tarde que había adquirido un par de tomates, un plátano y un chile pimiento.

El sábado me levanté a las seis menos veinte; mi amigo me había comentado que me confirmaría la hora en que vendría a las seis; medité y empecé a cocinar; a las seis y media recibí el mensaje: vendría a las ocho y veinte.

Puse en pausa la cocina -ya había sofreido el relleno de los omelettes-; hice Duolingo y los tres wordle (éxitos); después volví a la cocina a continuar con la preparación del desayuno.

A la hora indicada mi amigo estacionó su motocicleta frente al auto de Rb; salí a recibirlo -con los perros más grandes-; desayunamos y estuvimos conversando por un poco más de dos horas: acaba de obtener un puesto de supervisor en el call center en el que entró a finales del año pasado.

También sigue haciendo Uber, con lo que nomás logra dormir unas cuatro o cinco horas cada noche; su esposa, mientras tanto, trabaja ahora como editora del periódico digital de la universidad católica más antigua del país.

Le regalé las cinco libras -menos una taza- de harina que había adquirido la última vez que preparé un pastel; él me regaló una taza con filtro para preparar café -planeo regalarsela a alguien más-.

A las diez y media me indicó que se retiraría y salimos a despedirlo, con Rb; después me puse a lavar todo lo que había usado en el deasyuno; lo que había utilizado en la preparación ya estaba en el área de secado del lavatrastos.

El resto de la tarde me la pasé entre lectura -casi terminaba All Fours- y videos cortos de Facebook -realmente debo bajar mi consumo de esto último-; además, me parece que, dormité un rato.

Rb también ha estado bastante inmersa en un juego que ofrece Edge; es una versión de una antigua versión de juegos de granjas que antes ofrecía Facebook; no nos hemos estado comunicando muy bien, pero creo que es porque aún está procesando -guardando luto por anticipado, realmente- la situación de su perro. 

Este día me levanté a meditar a las seis y media; pero luego retorné a la cama; incluso desconecté todas las alarmas; total que me volví a levantar casi a las diez de la mañana; habíamos acordado con Rb en acudir al supermercado a las diez.

Pero, debido a lo tarde, me tomé un poco de tiempo preparando el desayuno de los fines de semana; y fuimos a los supermercados en dirección sur a las once de la mañana; en el más lejano llenamos la mochila/hielera con cuadriles de pollo.

En el otro supermercado compramos una buena cantidad de bananos, y una libra de papas; antes del mediodía terminé de leer All Fours; me quedé pensando si continuar con el libro de Chelsea Manning o con The AI Con; pero luego revisé mi lista de pendiente y decidí continuar con Annie Bot. 

Un poco después del almuerzo -las alitas dominicales de costumbre- me escribió una de las chicas de Cameroon con las que he estado conversando durante el último año -uno de mis más recientes esfuerzos en mejorar en francés-; estuvimos conversando un rato en inglés, español -su interés- y francés -el mío-.

También me envió el contacto de otra chica con las que estaba estudiando español -realmente, creo que obtuvieron su BA en lenguas la semana pasada-; la conversación fue bastante escueta, pero debo seguir encontrando oportunidades de producir en este idioma. 

Y a ver cómo va eso...

miércoles, 9 de julio de 2025

Vacaciones y temblores —y perros—... Vacations and tremors —and dogs—... Vacances et secousses —et chiens—...

Ayer fue mi primer día de vacaciones en el segundo período más largo del año; el anterior fue de cuatro o cinco días, a finales de enero, para acudir a la inducción anual como traductor para el grupo de misioneros religiosos que vienen a conocer a quienes reciben su ayuda -y con quienes participé el año pasado-.

Y había previsto este período para acudir por segunda vez a realizar este tipo de trabajo voluntario; pero, debido a los desfases en los horarios y las fechas que surgieron por trabajar un mes en paralelo; tuve que declinar la oportunidad.

Pero como ya había ingresado esas fechas en nuestra programación anual -igual, como que el supervisor actual no le da mucha importancia al documento- decidí tomar los diez días que había previsto; empezando el ocho y retornando a trabajar el veintidos del mes.

El lunes le escribí a mi ex compañero de pasillo que trabaja -y reside- desde hace unos años en el estado de la estrella solitaria, en el imperio del norte; amablemente volvió a ayudarme a transferir los cien dólares que usualmente le envío a mi hija por su cumpleaños y navidad.

El martes me levanté a la misma hora -seis y media-, medité, resolví los tres wordle y me volví a acostar; no puse ninguna alarma pero, un poco después de las ocho y media, volví -otra vez- a padecer un episodio de parálisis de sueño.

Me costó bastante pasar al estado de vigilia; pero, afortunadamente, finalmente pude despertarme; Rb ya estaba en la preparación de su desayuno -eran casi las nueve- por lo que preparé -como había previsto- un poco de café; del cual compartí un poco.

A las nueve y media nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; como había planeado almorzar con mi amigo poeta, Rb me había pedido que realizáramos las compras del día por la mañana, así ella no tendría que salir por la tarde.

Caminamos hasta la altura del supermercado más lejano; luego, en el otro supermercado, compramos un poco de bananos; después retornamos a casa; era un poco temprano, pues había planificado salir a las once -esperaba que hora y media fuera suficiente para llegar a la zona financiera de la ciudad-.

Un poco antes de las once tomé una ducha, metí en la mochila la última de las bolsitas de café colombiano que me quedaban -y un paquete de incienso- y me dirigí a tomar el busito; el cual tardó un poco en pasar, pero antes de las once y media ya estaba en la estación del transmetro.

En el centro histórico transbordé de unidad y a las once y cuarto estaba llegando a la misma estación en la que me apeé el viernes último; luego caminé hasta el lugar en el que habíamos acordado reunirnos con mi amigo.

Llegué al lugar -uno de los edificios más antiguos de la ciudad- con cinco minutos de anticipación; pero ya estaba mi amigo -y su bicicleta- esperándome; nos dirigimos a un comedor cercano.

Mi amigo tuvo la gentileza de hacerse cargo de la cuenta -fueron dos almuerzos caseros- y estuvimos en el lugar un poco más de una hora; entre conversación y almuerzo, la primera enfocada en los últimos acontecimientos de la vida de ambos, los libros en curso, y hasta un par de temas un poco delicados: futbol, política y el sentido de la vida.

A la una y media nos retiramos del lugar -habíamos aprovechado la pausa del almuerzo en el trabajo de mi amigo- y, luego, en el mismo lugar donde nos habíamos encontrado, nos despedimos.

Faltaban dos horas para mi siguiente reunión: a las tres y media había programado encontrar a la psicóloga, hermana de mi doctor personal; en un centro cultural del centro histórico; el viaje en transmetro no me llevaría más de media hora.

Por lo que decidí realizar el trayecto a pie; la distancia -según google- es de cuatro kilómetros y medio, y el tiempo estimado para un caminante es de una hora y seis minutos; hice el recorrido a un ritmo bastante tranquilo, incluso pasé a una estacińo del transmetro a depositar diez quetzales en la tarjeta del servicio.

Llegué al centro histórico un poco antes de las tres; pero no me dirigí directamente al lugar en donde encontraría a mi amiga; pasé a la biblioteca del centro cultural de España -pasamos mucho tiempo allí cuando mis hijos iban creciendo-; y estaba en este lugar leyendo una revista cultural cuando la tierra empezó a temblar -y las columnas a crujir-.

La verdad es que este tipo de incidentes no me afectan mucho -algunas personas sí se ponen nerviosas; incluso mi vecino de mesa notó los movimientos y se mostró algo ansioso-; yo seguí leyendo otro rato y, luego, me dirigí a mi destino final.

Llegué al sitio con un poco de anticipación y me senté en una mesa en el patio central del lugar; esta es una casa antigua convertida en centro cultural; hay varias salas para exposiciones o clases y tres o cuatro locales comerciales.

Un joven salió de uno de los comercios -una cervecería- a ofrecer su producto; pero le indiqué que esperaba a alguien más; y que, además, había llegado por el café del lugar -aquí es donde mi amigo y su esposo chileno iniciaron su aventura empresarial-, pero este estaba cerrado.

Mi amiga llegó con unos minutos de retraso -me había escrito un poco antes para comentarme que estaba pidiendo una moto para llegar al lugar-; y nos estuvimos unos minutos conversando en el lugar; en donde sentimos el segundo -y mucho más fuerte- temblor de la tarde.

De hecho se escucharon varias alarmas en las cercanías -al parecer en el centro histórico hay alarmas sísmicas-; igual, no le dimos mucha importancia; aunque vimos que una señora -la del comercial que ofrece comida- se retiraba del lugar.

Como mi amiga no había almorzado preguntamos al chico de la cervecería si ofrecía alimentos; pero resultó que no; que la única opción acababa de esfumarce, con el retiro de la señora después del segundo temblor.

Entonces decidimos movernos a otro lugar -en el centro hay muchos sitios para comer-; por lo que empezamos a caminar hacia una de las avenidas más centrales; en el camino vimos a varios grupos de personas que habían sido retiradas de su lugar de trabajo, debido a los temblores.

Mi amiga decidió almorzar en el Burger King más cercano y hacia allí nos dirigimos; ella también fue bastante gentil de invitarme a una bebida shake y un pastelito; y con ella estuvimos en ese lugar un poco más de dos horas; entre almuerzo/refacción y conversación.

Los temas fueron, otra vez, los últimos acontecimientos en la vida de ambos; libros en progreso, pero incluso traramos temas un poco más escabrosos: las drogas alucinógenas, el suicidio, el dolor y la eutanasia; estuvo bastante interesante; aunque al final me sentí agotado anímicamente.

Cuando estábamos en el lugar mi amiga recibió una llamada de una tía, inquiriendo sobre su situación, debido a que seguían las réplicas de los temblores; yo también recibí una llamada de Rb, pero nomás le comenté que andaba por el centro y que aún no retornaría a casa.

A las cinco salimos del lugar y empezamos a caminar en dirección al departamento de mi amiga: el plan era que yo tomara el transmetro en una estación a mitad del recorrido, mientras ella continuaba hasta su casa; casi a punto de abordar el transporte recibí otra llamada de Rb.

Me actualizó sobre la situación general -hubo varios derrumbes en la ciudad y en algunos departamentos aledaños-; casualmente, con mi amiga, íbamos caminando por una calle aledaña al Palacio Nacional, y las alarmas sísmicas estaban sonando casi continuamente.

A las cinco y media abordé el Transmetro; el tránsito estaba bastante pesado y salir del centro histórico llevó bastante tiempo; pero el periférico estaba, sorprendentemente, bastante ligero; un poco más tarde estaba apeándome en la última estación.

Desde allí caminé hasta el comercial en donde se estacionan los busitos; pasaban de las siete pero me recordé que la última unidad de estos inicia su recorrido después de esa hora; al final lo abordé a las siete y cuarto; y el viaje comenzó a las siete y media.

Creo que por la hora el tránsito estaba batante fluido; a las siete y media estaba entrando en la cassa de Rb; ella estaba bastante afectada por haber estado pendiente de todas las noticias -incluso había instalado la app de las alarmas sísmicas- pero se mostró aliviada de que ya estuviera en casa.

Cené -un poco de papaya, un poco de mango, un banano y una galleta soda con mayonesa- y, después de hacer un poco de Duolingo, empecé a ver una película de acción/comedia, con Cena, Idris Elba y Priyanka Chopra.

Antes de dormir -y de acuerdo a las recomendaciones de muchos grupos locales- Rb preparó la famosa mochila de las setenta y dos horas -seguían las réplicas- con algunos implementos para ella, sus perros, y un poco para mí.

Hoy, afortunadamente, nos despertamos sin mucha novedad; mi alarma sonó a las seis y media y me levanté a meditar; luego resolví -hoy sí los tres- los wordle en Inglés, Francés y Portugués; después me volví a dormir otro rato.

Aunque unos días antes habíamos convenido con Rb de lelvar a su perro a una clínica veterinaria que está en uno de los otros extremos de la ciudad, antes de dormirnos habíamos acordado ver cómo estaba el día antes de salir: el presidente había decretado un día de teletrabajo, por los últimos acontecimientos.

Al igual que el día anterior, en mi segundo día de vacaciones no puse la alarma para iniciar mis actividades; o creo que si la programé para las nueve, pero la apagué sin levantarme; pero Rb entró a la habitación un poco después de las nueve.

Desayunamos y, al ver que no había muchas novedades, decidimos llevar al perro a la clínica: ha tenido, desde hace varios meses, algunas protuberancias en el cuerpo; las mismas son, al parecer, producto de la edad -la más anciana también tiene-; pero, una de las mismas empezó a crecer sobre uno de los párpados.

Debido a esto fue que estuvimos llevándolo a una clínica cercana hace unos meses -durante varias semanas me tocó que escaparme un poco antes del trabajo los martes-; en este lugar le estuvieron aplicando hidrógeno líquido para reducir el tamaño de la protuberancia.

Además, le habían indicado que, por el lugar en el que se encontraba, era impracticable una operación; que había una gran probabilidad de que el perro perdiera el ojo; pero la clínica de este día tiene a uno de los únicos oftalmólogos caninos del país. 

Rb le puso el arnés al perro y yo me llevé la tablet, para leer un poco; el tránsito no estuvo muy fuerte -¿quizá por el régimen decretado la noche anterior?- y no nos tocó que detenernos en ninguna parte del camino; un poco menos de una hora más tarde estaba estacionánome fuera de la clínica.

A este lugar acudimos en varias ocasiones durante la pandemia: la perra más anciana dejó de producir lágrimas y en este lugar las estuvieron tratando, y luego medicando, para diminuir la producción de legañas.

Pero nunca había entrado: es una clínica de lujo; con una amplia sala de espera -con múltimples asientos humano/perro- y con todo un equipo de personal médico para atender a las mascotas del sector más pudiente de la población.

Mientras Rb entraba con su perro a la consulta aproveché para hacer un par de lecciones de Duolingo -tan pronto como Rb cambió de aparato telefónico, configuré el hotspot personal para conectar mi teléfono al mismo-; y luego nomás estuve esperando que salieran.

Lo cual fue bastante tardado: además del reconocimiento general, le extrajeron una muestra de sangre; por lo que tuvimos que esperar al resultado; en el ínterin Rb me comentó que el diagnóstico era preocupante; posiblemente cáncer.

Cuando la veterinaria salió con los resultados, estuvieron conversando con Rb sobre los posibles cursos de acción; pero, además, le comentó que algunos valores de los exámenes indicaron posibles complicaciones internas: la vesícula y el hígado; también le examinaron los pulmones, para sopesar los riesgos de la anestesia.

Total que volvieron a examinar al perro; y, después de otra gran espera, la veterinaria programó la intervención para el próximo jueves; que hay que llevar al perro a primeras horas de la mañana -en ayunas-, lo evaluarán, decidirán si habrá operación o si nomás le darán otro tratamiento.

Afortunadamente estaré aún de vaciones; con lo que me ofrecí para hacerme cargo del transporte del mismo; lo que no esperaba es que, quizá, me tocará hacerlo solo: el viaje interfiere con los horarios de alimentación de las otras dos perras.

Y a ver cómo va eso... 

lunes, 23 de diciembre de 2024

Mañana es Nochebuena y pasado es Navidad... Tomorrow is Christmas Eve and the day after is Christmas... Demain c'est la veille de Noël et après-demain c'est Noël...

El lunes me levanté a las siete y media de la mañana; la noche anterior había leído un poco más de la cuenta: reinicié la compilación en la que se encuentra el cuento que inspiró la película Arrival; medité quince minutos y retorné a la cama; puse la alarma para las ocho y cuarenta y me quedé dormitando; a la hora en la que la alarma sonó me levanté a preparar el desayuno.

En la mañana me puse al día con los impuestos del apartamento: es un montón de dinero -me parece que es diez veces la cantidad que Rb paga por su casa-; me tocó que llamar a la municipalidad y consultar el registro de la propiedad (dos dólares porque me confundí con la primera consulta).

Un poco antes del mediodía Rb me pidió que comprar un par de zanahorias en tienda de la esquina y eso, junto con la caminata de los perros fueron mis únicas salidas de casa:Me pasé todo el día en el interior, pues no había planeado ninguna reunión con alguno de mis conocidos o alguna salida.

Al mediodía almorzamos el pollo preparado el día anterior y luego la misma rutina: sacar a caminar a los perros, té con galletas y lectura; por la noche hice la media hora del reto de Duolingo de la semana anterior y -aparentemente-volví a quedar en una liga bastante tranquila: creo que iré nuevamente por el primer lugar.

El martes me levanté a las siete y media; medité y volví a la cama a hacer Duolingo y a dormitar; un poco después de las ocho Rb entró a la habitación para recordarme que iríamos a los supermercados en dirección sur a las nueve y cuarto.

Y es que había previsto una reunión con el único primo del lado paternal con quien me he comunicado contínuamente durante la última década; un poco después de las ocho salí de la habitación y me preparé el desayuno; la noche anterior le había escrito a mi compañero de trabajo que vive en el Imperio del Norte para pedirle el mismo favor que le solicito dos veces al año: transferirle cien dólares a mi hija mediana.

Después del desayuno estuve en comunicación con mi compañero; le transferí el dinero a la cuenta bancaria que mantiene en el país y, luego de recibir su confirmación, le mandé una captura de pantalla a mi hija, deseándole un feliz fin de año.

A las nueve y media nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; en el más alejado Rb compró peras para su consumo semanal y en el supermercado más cercano compramos bananos; después del almuerzo -y la caminata de los perros- me preparé para salir: había quedado de pasar por el trabajo de mi primo a las cinco de la tarde y estimé en un par de horas el tiempo de viaje.

Salí un poco antes de las tres de la tarde y tomé el busito en el boulevard; el transmetro estaba bastante vacío y, aunque el transbordo estuvo un poco tardado, aún llegué a la zona en la que trabaja mi primo -y donde están mis oficinas- a las cuatro y media.

Me metí a un supermercado para entrar a los servicios sanitarios y hacer un poco de tiempo -había wifi gratis en el mismo- y, luego de recorrer casi todos los pasillos, compré un eigth pack de coca colas pequeñas sin azúcar.

Pasé por la estación de autopago -llevaba la tarjeta de Rb- y al final me atrasé un poco: el supermercado está a cuatro o cinco calles del trabajo de mi primo y llegué con un par de minutos de retraso; me senté en unas mesas ubicadas en el dintel del edificio y esperé unos minutos; luego le escribí para ver si ya había salido; no estoy muy seguro si ya estaba en un grupo de empleados que estaban fumando cerca, o cuando llegó allí.

Total que nos saludamos y nos dirigimos a la estación de transmetro más cercana; estaba bastante llena y nos tardamos un poco en abordar una unidad; en la cual viajamos únicamente un par de estaciones: mi primo me había pedido que lo acompañara a un comercial en una de las zonas más afluentes de la ciudad.

Llegamos a la estación y caminamos cinco o seis calles hasta el mall; que es enorme -en el mismo invité a comer a mi amigo que vive en el estado de la estrella solitaria hace tres o cuatro meses- y super animado.

Buscamos la tienda que mi primo necesitaba -quería comprarle un par de crocs a su sobrina- y, luego de comprobar que no habían unidades de la talla que necesitaba, retornamos a la estación del transmetro: yo no me estaba sintiendo muy bien del estómago por lo que no tomamos o comimos algo.

Tomamos el transmetro y, en el centro histórico, transbordamos para dirigirnos a la zona en la que él vive; la reunión -bastante móvil- estuvo, a mi criterio, muy buena: mucha conversación sobre literatura y libros.

Nos despedimos una estación antes de la mía y luego me tomó que tomar uno de los buses intermunicipales -ya eran más de las ocho de la noche-; al final caminé el último tramo y entré a casa a las ocho y media.

Por la noche avancé en el libro de la línea de ficción: Memory Piece; además he estado leyendo, esporádicamente, el libro de cuentos del autor de The Story of your life -en el cual se basaron para la película Arrival-.

El miércoles me levanté a meditar a las siete y media -los últimos días me ha estado costando un poco mantener el hábito-; luego retorné a la cama; quería dormir hasta las ocho y media y levantarme con Rb; al final me levanté después de las nueve; salí a desayunar y luego me moví a la cama de Rb para leer un poco de los cuentos de ciencia ficción de Ted Chiang; un poco después me tocó que levantar los bártulos de mi habitación pues Rb puso a funcionar la aspiradora.

Almorzamos lo mismo que toda la semana: pollo con arroz y ensalada de lechuga, zanahoria, manzana verde y aguacate; luego sacamos a la caminata diaria con los perros; a media tarde preparé té para Rb y una taza de café para mí; y al final de la tarde hicimos la rutina de ejercicios de los miércoles; por la noche hice bastantes lecciones de Duolingo pero me cuidé de no completar las setenta y cinco lecciones del reto semanal: para que Rb pudiera aprovechar los quince minutos de punteo doble que le había enviado.

El jueves me desperté -algo me despertó- un poco después de las cinco de la mañana; hice varios intentos para continuar durmiendo pero no hubo caso: al final mejor me levanté a meditar y luego me quedé en la cama: avanzando en el libro de Murakami.

Me levanté después de que Rb saliera de su habitación; desayunamos y luego nos dirigimos a su visita semanal a los mercados en el centor histórico; aunque en esta ocasión a mí me interesaba el viaje pues planeaba comprar una caja de paquetes individuales de café en una tienda del centro.

Estábamos saliendo de la calle cuando un busito iba pasando en el boulevard; afortunadamente el conductor nos vió y pudimos abordarlo; el tráfico estaba un poco pesado en la sección normal y el transmetro no estaba muy lleno ese día.

Al llegar a la última estación del recorrido del Transmetro lo desabordamos y nos dirigimos a la tienda que había encontrado en Internet; pero resultó que el producto estaba agotado; pasamos al mercado; en donde Rb se proveyó de las frutas para toda su semana y después emprendimos el viaje de regreso a casa; en el camino pasamos al supermercado de costumbre: Rb quería comprar un poco de pollo; también adquirí un par de cubiletes para mis desayunos del fin de semana.

Volvimos a la casa, calentamos las porciones del almuerzo, las consumimos y luego sacamos a caminar a los perros; después de preparar café y té salimos nuevamente a los supermercados en dirección sur: Rb quería adquirir un par de moldes de papel de aluminio para las pechugas de pollo que planea hornear en navidad.

Por la noche terminé de leer la segunda tercera parte del segundo libro de La muerte del Comendador y avancé con el libro de francés; después empecé a leer el siguiente libro de no ficción: Don’t trust your gut.

El viernes me levanté a las seis y media de la mañana; medité, hice quince minutos de Duolingo y después me metí a la regadera: había planeado reunirme con mi amigo más antiguo del voluntariado; como era viernes había planeado no conducir sino salir a tomar el autobús intermunicipal; salí al boulevard un poco antes de las siete y media; en el camino me dí cuenta que el tránsito estaba bastante ligero.

A punto de llegar a la parada del autobús ví que una unidad se estaba yendo; pero no quise correr; esperé diez minutos para que llegara la siguiente; en donde quisieron cobrarme más de lo habitual -de hecho me cobraron un poco más pero querían cobrarme el doble de esa diferencia-.

En el periférico tomé el transmetro para recorrer dos o tres estaciones; llegué al lugar en el que había previsto la reunión antes de la hora indicada; pero no pude entrar al área de multirestaurantes porque abrían hasta después de las nueve.

Le envié un mensaje a mi amigo y me senté frente al comercial a esperarlo; mi amigo llegó un poco después de la hora acordada -un clásico- y le propuse que nos dirigiéramos al restaurante que más he visitado este mes en mis reuniones sociales.

Compramos un par de desayunos y estuvimos en el lugar un poco más de dos horas poniéndonos al día de la vida en general: anda con dificultades en su matrimonio (siete años, me parece) y acaba de cambiarse de casa -de un apartamento en la periferia de la ciudad (muy muy lejos) hasta una casa a pocas cuadras del lugar en el que nos encontramos ese día-.

También hablamos de los temas recurrentes: vida y muerte; y le comenté que me estaba planteando empezar un proyecto de voluntariado en algún hospital -u orfanato o asilo- para acompañar a los residentes con sesiones de lectura.

A las once y media Rb me llamó para preguntarme por dónde andaba y a qué hora esperaba retornar -no me agradó mucho la llamada- y le comenté que seguramente retornaría alrededor de una hora más tarde; cinco o diez minutos más tarde le propuse a mi amigo que concluyéramos la reunión; caminamos hasta la pasarela desde donde él tomó el camino a su casa; y yo me dirigí a la estación más cercana del Transmetro.

En la penúltima estación del periférico me apeé y caminé hasta el comercial en donde se estacionan los busitos que vienen a la colonia (en la calle anterior entré a la gasolinera para retirar de un cajero automático los doscientos dólares para regalos de navidad de mis hijos menor y mayor).

Vine a casa a las doce y media y ayudé a Rb con la preparación del almuerzo: pescado frito acompañado de acelga revuelta con tomate y huevo; luego sacamos a caminar a los perros; por la tarde estuve avanzando en el libro de no ficción que estoy leyendo; además de lavar los trastos del almuerzo y preparar té de manzanilla para Rb y té de menta para mí (en el desayuno había tomado bastante café pues mi amigo no lo consume).

Por la noche ví un capítulo -no planeo continuar- de una serie de ciencia ficción que juega con el concepto de inteligencia artificial y control social (Mrs Davies) y completé algunas lecciones de inglés, francés y portugués en la aplicación de Duolingo; aún en el primer lugar de la liga semanal.

El sábado -igual que el jueves- me volví a despertar mucho antes de la alarma de las siete y media; no tan temprano como ese día -cinco de la mañana- pero sí más de una hora antes; medité quince minutos y después retorné a la cama a hacer algunas lecciones de Duolingo; además consulté Whatsapp para ver cómo le está yendo a mis primos más cercanos: su abuela paterna falleció el día anterior y ví que andaban en un departamento del interior.

Esperé hasta escuchar que Rb salía de su habitación para preparar mi desayuno y mientras tomaba el mismo me puse al día con los impuestos del mes: llevo más de una década recibiendo un correo mensual en este día del mes para recordarme que debo presentar la declaración mensual, para evitar multas innecesarias.

Después de desayunar nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; en el mercado más alejado compramos varios tipos de pollo y en el más cercano, bananos y jamón para uno de los almuerzos de la siguiente semana.

Al regresar de los supermercados me puse a hacer la rutina de veintitres minutos de bicicleta estacionaria; luego saque a caminar a la perra más pesada de Rb, me bañé y me dirigí al apartamento de mis hijos.

El tránsito estaba bastante ligero por lo que llegué antes de la hora que había previsto (la una de la tarde) no ví a ninguno de mis hijos por lo que les envié un mensaje de whatsapp y me dispuse a esperarlos en la sala.

Un rato más tarde mi hija mayor salió de su habitación y mi hijo entró -con un pliego de papel de regalo-; nos dirigimos a Denny’s -de acuerdo al plan propuesto unas semanas antes- en donde almorzamos e intercambiamos regalos.

Yo le entregué a cada uno un cubo de 5x5x5 y un sobre con cien dólares; mi hija mayor me regaló un llavero con una figura de Rubik compuesta de pirámides y un regalo empacado; mi hijo me dió un regalo empacado.

Almorzamos -la cuenta fue de más de cincuenta dólares y fue cubierta por mi hija mayor- y luego retornamos al apartamento; salimos a comprar un arrolladito de Nestlé luego preparamos café; la última hora o así jugamos una partida de Scrabble en inglés.

Un poco después de las cinco me despedí de mis dos retoños e inicié el viaje de vuelta a la habitación; el tránsito estaba, afortunadamente, de nuevo bastante ligero por lo que un poco más tarde estaba parqueándome frente a la casa de Rb.

El domingo me levanté a las siete y media; me levanté a meditar y luego retorné a la cama; no hice Duolingo -de hecho no hice en todo el día, hasta la noche- ni leí nada, nomás me quedé dormitando en la cama.

Hasta que escuché que Rb se levantó; salí de la habitación y me preparé el desayuno de los domingos; después de desayunar retorné a la cama y avancé un poco en la lectura del libro de francés; a media mañana salimos con Rb a cortar café de las matas del frente y del patio de atrás; nos entretuvimos en la actividad más de dos horas y luego nos pusimos a preparar el almuerzo de los domingos: alitas de pollo, acompañado en esta ocasión con acelga.

Por la tarde avancé un poco en el libro de Análisis de Datos; y, a media tarde, ayudé a Rb con la preparación de los almuerzos de los primeros dos días de la semana: pollo asado y papas cocidas; por la noche hice las lecciones de Duolingo y continué con el libro de Análisis de Datos.

lunes, 16 de diciembre de 2024

La tercera ya está aquí… The third one is here... Le troisième est ici...

La semana pasada -no recuerdo qué día específicamente- cayó Damasco; y eso es nomás un decir; desde hace más de una década ese país -de donde era el padre de Steve Jobs, creo- había sido seccionado por una serie de fuerzas armadas.

Entre Kurdos, Turcos, Estadounidenses -claro-, Rusos y varios otros ejércitos de diversa fuente árabe se habían repartido una gran parte de sus -me imagino- grandes reservas petroleras; y, según Wikipedia, el gobierno central no cayó, hace cuatro años o así, nomás por la intervención rusa, que sirvió para estabilizar la situación con tantos combatientes de tantos bandos.

Hasta que ese día (o el anterior, o la semana pasada) el imperio decidió que sería bueno debilitar a su contendiente en la arena global; al parecer el oso (zarigüeya lo llamó un periodista judío de Argentina) está avanzando en la agresión -ya lleva tres años- a su vecino y -me imagino- antes de que el nuevo inquilino de la casa impóluta llegue con otras ideas, es mejor preparar el terreno.

En esta entrevista con el periodista argentino se discutía si ya había empezado la tercera guerra mundial y él decía que de hecho, debido al número de víctimas civiles, esta es realmente la cuarta: la tercera la define como todos esos conflictos que se dieron durante la guerra fría.

Según él el oso (se refirió de manera bastante despectiva) no tiene los medios (aunque pretenda) de realmente ser una fuerza global; dice que con nomás el arsenal nuclear de Europa sería acabado en cuestión de horas.

Y quién sabe qué nos trae el nuevo año; yo le comentaba a Rb -y a algún conocido- que creía que la tercera guerra mundial realmente había empezado; también que temo que se hará uso de armamento nuclear.

Según mi análisis -no soy estratega geopolítico o similar- no tendremos un holocausto nuclear global; al estilo del libro Never; lo que sí creo -pero otra vez, es nomás una idea vaga- es que cada bando -siempre los buenos contra los malos- destruirá una ciudad del bando global opuesto.

No creo que sean grandes ciudades -como lo ocurrido con Japón- ya que no les importará tanto mostrar lo mortífero de los medios de destrucción -eso ya lo vimos-; sino que servirá para demostrar que en efecto, están dispuestos a las últimas consecuencias.

Y a ver cómo nos va con eso.

El domingo por la tarde, después del tiempo en cama, nos pusimos a preparar los almuerzos de la semana: pelé y corté en cubos varias papas, un par de zanahorias y un güisquil; por la noche continué con el libro de francés: A quoi revent les etoiles; el libro relata la cotidianidad de cinco personas; quienes no se conocen directamente pero están relacionadas de alguna forma; y me pareció chocante el relato de uno de ellos: un adolescente que se reusa a salir de su habitación.

El lunes me levanté a las siete y media; medité y entré a la reunión diaria del equipo, la cual estuvo, nuevamente, enfocada en las tareas más urgentes del área de desarrollo: no volví a participar en la misma; luego salí al comedor y me preparé el desayuno; como mi madre envió varias docenas de plátanos -es de los pocos alimentos que Rb consume sin ninguna complicación- le pedí a Rb que dejara algunos sin cocinar para consumirlos en mis comidas de esta semana.

Creí que iba a ser un día sin ninguna actividad -ya van varios meses- pero la supervisora programó una reunión media hora antes del medio día: es la época del año en la que se debe completar el reporte de rendimiento anual.

La reunión fue bastante escueta: básicamente el lugar en el cual debemos ingresar la información solicitada para autoevaluarnos sobre nuestro desempeño durante el último año; y la forma de completar la tarea.

Almorzamos la primera porción del caldo de pollo que preparamos el día anterior y después sacamos a caminar a los perros; un poco más tarde lavé los trastes del día y luego preparé té de manzanilla para Rb y café para mí.

Como había quedado de reunirme con mi amigo Testigo de Jehová a las cinco, le pedí a Rb que hiciéramos la rutina de ejercicios una hora antes; a las tres y media nos preparamos y completamos los ejercicios.

Me bañé y me dirigí caminando hasta el comercial en donde tomamos los buses intermunicipales; en ese lugar me había reunido unos meses antes con mi amigo -cuando le entregué lo último de los libros que quería regalar- y lo esperé unos minutos.

Le envié un mensaje comentándole que ya me encontraba en el lugar y me respondió disculpándose por no haberme prevenido que no iba a poder llegar: un amigo de su infancia había muerto y estaba en su funeral; retorné caminando muy lentamente a casa.

Terminé de leer el libro de ficción -aunque, supuestamente, este no era de ficción-: Everybody lies y me puse a sopesar con cual seguir en esa línea de lectura; como había leído un capítulo de The city and the city intenté avanzar en el siguiente capítulo pero no me atrajo; decidí buscar otras opciones.

En la noche ví el último capítulo de la segunda temporada de Special Ops: Lioness; la serie dió un giro bastante interesante de la primera temporada, en vez de centrarse en la violencia se desarrolló más el conflicto geopolítico y familiar.

También decidí qué libro leer en la línea de ficción: Memory Piece; un libro relatado desde el punto de vista de una adolescente asiática viviendo en el Imperio del Norte (no estoy seguro si en Nueva York o en Nueva Jersey) y que narra las vicisitudes diarias de varias familias del mismo origen.

El martes la alarma sonó a las siete y media pero, como era mi primer día de vacaciones, seguí dormitando un ratito más; de todos modos, me pareció que la perra más anciana de Rb -que duerme en la sala- quería salir al patio; por lo que me levanté a sacarla, luego medité.

Después salí a abrir la puerta para meter a la perra -había rascado la puerta en cierto punto de mi periodo de meditación-; seguidamente hice mis lecciones matutinas de Duolingo: la semana anterior estuve en una liga muy fácil y quedé en primer lugar; al parecer se repite esta semana.

Al terminar mis lecciones de Duolingo -hice menos de quince minutos, para dejar los quince minutos dobles para la noche- continué con el último ciclo -estos fueron nomás tres- de La muerte del Comendador; Murakami es un muy buen escritor.

Un poco después de las nueve me levanté a preparar mi desayuno y a revisar mis correos personales; desayuné y luego retorné a la cama a continuar con el libro de Murakami; lo terminaré entre hoy y mañana y -de acuerdo a la predicción de Rb- sospecho que tendré resaca de lectura.

Había quedado con mi amigo que vive en el lado opuesto de la ciudad de que llegaría a la una a su lugar de trabajo; un poco antes de las once y media me metí a la regadera y luego salí a tomar el busito al boulevard.

El bus se tardó bastante en pasar; luego abordé el transmetro -corriendo la distancia entre ambos- y cambié de línea del mismo en el centro histórico; mi amigo empezó a escribirme un poco después de las doce y media: ya estaba desocupado.

Al final llegué a la una y dos minutos -dos minutos tarde- a la calle en donde está el call center en el que ahora trabaja y desde allí, subimos hasta su casa en motocicleta; había bastante tránsito pero mi amigo es bastante diestro conduciendo su vehículo.

En el pueblo en el que vive -es una aldea de un municipio de la periferia, opuesto al municipio en el que yo vivo- pasamos a una tienda de pollo frito y compré un par de porciones -había estimado que la esposa nos acompañaría, pero no-.

Almorzamos en su casa y luego bajamos -vive en lo alto de una colina, la pendiente es como de cuarenta y cinco grados y es más de medio kilómetro- a caminar y a comprar pan en una colonia vecina; retornamos y mi amigo preparó café; yo había comprado un par de bollos y varios cubiletes (me encantan estos últimos) y nos pasamos un poco más de media hora practicando los últimos tres pasos de la resolución del cubo de Rubik de 3x3x3.

A las cinco le indiqué que empezaría mi retorno a casa; me salió a dejar a la ruta principal en la motocicleta y allí abordé un bus que se dirigí a la terminal de la ciudad; la bajada no estuvo tan mal; lo que sí estuvo terrible fue el ingreso a la ciudad: en el boulevard que se puede recorrer en cinco o diez minutos el bus estuvo casi una hora.

Y al final me tocó apearme en una zona bastante riesgosa de la ciudad; de allí caminé a paso apresurado hasta la estación más cercana del transmetro; por venir jugando ajedrez se me pasó la estación en donde debía bajarme y tuve que retornar en la siguiente.

Ya habían pasado las siete y media cuando llegué al comercial en donde usualmente tomamos los busitos para retornar a la calle donde vivimos; llamé a Rb desde un teléfono público y le comenté que tomaría un bus intermunicipal.

El bus me dejó en el área de los supermercados en dirección norte y desde allí caminé hasta casa; estaba entrando a la calle a las ocho y media (tres horas y media de viaje!); aún vine a cenar y luego me puse a hacer Duolingo (completé el challenge semanal) y luego continué leyendo La muerte del Comendador.

El miércoles me levanté a meditar cuando la alarma sonó: a las siete y media; luego retorné a la cama y avancé un poco con el último ciclo de La muerte del Comendador; no estaba aún claro sobre si el libro era nomás la mitad de la obra (lo era en efectivo) y me entretuve un poco en la finalización.

Me quedé dormitando en la cama hasta las diez que Rb me comentó que hay había puesto a funcionar la aspiradora; me levanté a preparar el desayuno -sigo consumiendo plátanos del envío de mi madre- y después finalicé el libro de Murakami -y bajé la segunda parte-.

No tenía claro si quería seguir con el mismo libro (o sea, la segunda parte) o empezar otro; o incluso seguir con el siguiente ciclo de francés; al final decidí empezar la segunda parte de La muerte del Comendador y dejar pendiente una parte para dividir por la mitad en los siguientes ciclos.

Al mediodía recalentamos el pollo que preparamos el domingo y, después del almuerzo, sacamos a caminar a los perros de Rb; por la tarde traté de ver una serie de Star Wars (Skeleton Crew o algo así) pero no me llamó la atención, por lo que nomás continué con la primera parte del libro de Murakami; a las cuatro y media realizamos la rutina de ejercicios de los miércoles.

Por la noche hice Duolingo -al parecer volveré a quedar en los primeros lugares de la liga- y después acompañé a Rb mientras veía sus series; además, nuestra editora -que es una de sus más antiguas amigas- le solicitó un préstamo -ciento veinticinco dólares- y le hice la transferencia.

El jueves me levanté a meditar a las siete y media y luego -vacaciones- retorné a la cama a hacer Duolingo y a dormitar; Rb se levantó un poco después de las ocho y yo salí de la habitación a las ocho y media, a preparar mi desayuno.

Como cada jueves que tengo vacaciones, a las nueve y cuarto salimos hacia el mercado del centro histórico; tomamos el busito en el boulevard; el cual avanzó muy lentamente: ya se vive la época navideña.

Finalmente llegamos a la estación del transmetro y abordamos una unidad hacia el centro histórico; Rb se aprovisionó de frutas para toda la semana y luego retornamos a la estación del transmetro en donde tomamos la unidad hacia el lugar en donde abordamos el busito que viene a la colonia.

Afortunadamente no había mucha gente en la estación; a pesar de lo cual aún dejamos pasar un par de unidades; en el comercial en donde se estacionan los busitos entramos al supermercado a comprar pollo y luego pasamos a la farmacia: Rb tenía que comprar alguna medicina para sus perros.

Después de las compras salimos a abordar el busito a casa; venimos sin ninguna novedad y, un poco después del mediodía, calentamos la sopa de pollo que consumimos durante los almuerzos de la semana.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros y luego estuve leyendo un poco el libro de francés; a las cuatro y media empecé a alistarme pues había quedado con mi ex compañero de trabajo en que pasaría a las cinco y media: ese día era el convivio de la empresa en uno de los edificios más altos de la ciudad.

Mi compañero me envió la ubicación live en whatsapp por lo que un poco antes de que llegara salí al boulevard; había comprado cafés en starbucks y nos dirigimos al centro de convenciones donde tendría lugar el evento.

El tránsito estaba bastante pesado pero llegamos un poco antes de la hora de inicio del registro de participantes (dieciocho horas); ya había bastante gente en la entrada: se supone que somos seis mil -varios call centers en la misma empresa- en el país.

Como mi compañero necesitaba usar un cajero automático subimos un par de niveles, al área financiera del edificio; aún no le habían realizado la transferencia pero yo aproveché para sacar un par de billetes de la más alta denominación de la cuenta de Rb.

Luego retornamos a la recepción del convivio y encontramos a otro par de compañeros con quienes empezamos a hacer cola; para ingresar debíamos mostrar el gafete de la empresa o el DPI nacional; yo llevaba mi viejo gafete -ya tiene más de diez años- y entré a reservar una mesa con otro par de compañeros.

Se suponía que el evento comenzaba a las siete de la noche pero a esa hora apenas estaban ingresando las primeras personas; a las ocho un par de maestros de ceremonia subieron al escenario y empezaron las actividades -yo había estado casi una hora jugando ajedrez en mi celular-.

Después de la bienvenida pasamos a las mesas de la cena buffet y después rifaron varias televisiones y juegos de Nintendo; y luego empezó el baile con un grupo musical en vivo; mi compañero había entrado bastante tarde pero habían lugares en la misma mesa; también llegó otro ex compañero -ellos aún están en el mismo equipo- y al final en la mesa nos reunimos más de una docena de miembros del mismo equipo (incluida la supervisora).

Un poco después de que empezara la música le pregunté a un compañero que debía pasar frente a mi casa en su retorno sobre la vuelta a su casa y me indicó que andaba manejando y que podía darme aventón.

Pocos minutos después me comentó que ya se retiraba y bajamos al tercer nivel a abordar el automóvil; un poco después de las diez de la noche estaba entrando a la calle en la que se encuentra la casa de Rb; aún vine a hacer las lecciones nocturnas de Duolingo -al parecer volveré a quedar en primer lugar en la liga semanal- y a leer un poco del libro sobre determinismo que me está costando completar.

El viernes me levanté a las siete y media de la mañana; medité y luego retorné a la cama a hacer Duolingo; y a dormitar otro rato; me levanté un poco antes de que Rb pusiera a funcionar la aspiradora; preparé mi desayuno, dí buena cuenta del mismo, y luego me metí a la cama de Rb a leer un rato; Rb me preguntó si quería acompañarla a la clínica veterinaria y le indiqué que no; un poco más tarde le dije que sí la acompañaría pero declinó mi ayuda.

Rb se llevó a su perro macho al veterinario pues ha estado teniendo dificultades con la evacuación de desechos y yo retorné a la mesa del comedor a ver algunos videos de youtube; cuando regresó la noté molesta pero nunca sé cómo actuar en esos casos.

Afortunadamente un poco más tarde me comentó que se había molestado porque me había negado -y luego me había ofrecido- a ayudarla; conversamos un poco sobre la situación y luego tuvimos un resto del día tranquilo.

Almorzamos lo mismo que los días anteriores: caldo de pollo; luego sacamos a caminar a sus perros; un poco antes de las dos y media de la tarde me merí a la regadera pues había quedado de reunirme con mi ahijado profesional a las cuatro de la tarde y no me apetecía conducir.

Caminé hasta el comercial en donde abordamos los buses intermunicipales -en el camino saqué cuarenta dólares de un cajero (y compré un número de lotería del sorteo más caro del año)- y abordé un bus hacia el periférico; allí me subi a una unidad del Transmetro y llegué -bastante temprano- al lugar de la reunión.

Mi ahijado llegó un poco tarde pero estuvimos aún un poco menos de dos horas en el lugar, entre café y pastel (yo) y una ensalada (él); en esta ocasión él corrió con la cuenta; mi ahijado adoptó el Islam hace unos años por lo que las conversacones son interesantes.

A las seis de la tarde nos despedimos e inicié mi viaje de retorno a casa: tomé la unidad de Transmetro de vuelta y luego caminé -desde el periférico- hasta el comercial en donde se estacionan los busitos que vienen a la colonia; vine a las siete de la noche y me puse a hacer mis lecciones de Duolingo y a leer un poco de Determined.

El sábado me levanté a las seis de la mañana; había programado un desayuno con mi supervisor de cinco o seis trabajos atrás: desde hace tres o cuatro años nos reunimos a medio año y a finales del mismo.

Aunque la última vez me había comentado que se iba a cambiar de trabajo me comentó que seguía en el mismo: en donde me contrató hace como dieciséis años y en el cual ha trabajado más de veinte; mi amigo es ingeniero químico pero se dedica a implementar soluciones de software en fábricas y negocios similares; además es barítono y volvió del país más próspero de América del Sur hace cuatro o cinco años con un esposo del mismo.

Había tenido en mente que debía llevar algún presente al desayuno pues usualmente se aparece con un detalle de su fábrica de chocolates -los primeros los consumí y los subsiguientes los he regalado en desayunos posteriores- pero en esta ocasión llegué con las manos vacías; él me llevaba un par de bolsas de café aromatizados.

Estuvimos en el lugar un poco más de dos horas entre desayuno -él corrió con la cuenta- y una conversación bastante extensa sobre la situación laboral, política y general del país; y arte: además de ser barítono también ha practicado la pintura y expuesto esculturas.

Un poco después de las nueve nos despedimos y retorné a casita; vine a encontrar a Rb en pleno desayuno -en su cama- y me metí a mi habitación a hacer mis lecciones matutinas de Duolingo; cuando Rb completó su desayuno nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; en el supermercado más lejano compramos pollo para la perra más anciana y yo compré una libra de azúcar -en la visita a mis papás me dí cuenta que ya me estaba faltando-.

En el siguiente supermercado adquirimos bananos para varios días y una bolsa de alas de pollo para varios domingos; al mediodía calentamos las verduras sobrantes de los almuerzos de la semana y Rb preparó un consomé de pollo.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros y después Rb me pidió ayuda para moler varias libras de fibra de varias procedencias: yuca, camote y plátano; me tocó que darle duro al molino y -luego de casi una hora- caí rendido al piso.

El domingo me levanté a las siete y media; medité y volví a la cama, a hacer Duolingo y a dormitar un poco; me levanté cuando oí a Rb dándole de comer a sus perros y me preparé el desayuno de los fines de semana; a media mañana nos dirigimos al supermercado en donde compramos provisiones a granel; el auto sonó un poco raro al encender -y también al pasar a la gasolinera a llenar el tanque (veinte dólares)-.

En el supermercado compramos algunas semillas que Rb consume, artículos de higiene personal y un par de cajas de galletas; luego salimos a cargarlo al auto; que no arrancó; abrí el capó y ajusté los bornes de la batería y pudimos regresar a casa.

En casa busqué herramientas -y papel de lija- en el antiguo espacio de trabajo del papá de Rb y salimos a limpiar de una mejor forma la conexión de la batería; luego probamos el arranque y todo funcionó bien.

Al mediodía preparamos alitas de pollo y caldo para almorzar; luego estuve concluyendo el libro que más me ha costado completar últimamente: Determined; a las tres me alisté y me dirigí a la casa del voluntario que vive en la colonia donde crecieron mis hijos.

Habíamos quedado -él me había indicado- en ir a una sucursal de la cafetería en la que me reuní los dos días anteriores con mis otros dos amigos; pasé por su casa y nos dirigimos al lugar; en donde estuvimos un par de horas entre conversación y un capuchino con pastel; un poco después de las cinco abordamos el auto y conduje de vuelta hasta su casa; después de despedirnos inicié el regreso a la casa de Rb.

El tránsito estaba algo pesado -había una lluvia ligera pero constante- y temí que la entrada al boulevard iba a estar complicada debido a un evento musical que habían programado en la mega iglesia del lugar para las siete de la noche.

Pero no, el embotellamiento era nomás en la salida de la ciudad; al entrar al municipio el flujo de vehículos era contínuo por lo que no tuve más inconvenientes para retornar a casa; por la noche terminé el libro Determined y sopesé con cuál seguir en la misma línea; al final me decanté por un libro del mismo autor de Everybody lies: Don’t trust your gut; además llegué al último ciclo del libro de no ficción; aún estoy considerando con cuál seguir en esa área.

Y a ver cómo va eso..

viernes, 28 de junio de 2024

Vacaciones, otra vez -la ciudad, otra vez-... Vacations, again -the city, again-... Les vacances, encore -la ville, encore-

El domingo había puesto la alarma para las seis de la mañana pero me quedé en la cama hasta las siete; me levanté a meditar y luego preparé el desayuno de los fines de semana; después volví a la cama; quería hacer Duolingo pero nomás volví a dormirme.

Un poco después de las nueve me levanté y me puse a hacer mi lección matutina de Duolingo; luego Rb me pidió que la ayudara a cortar las malezas del patio frontal; estuvimos trabajando en eso un poco más de una hora, despejando la mitad del área; después nos bañamos y almorzamos alitas y caldo de pollo.

Por la tarde estuvimos viendo series en la cama de Rb y a las cinco me vestí y subí al auto las provisiones que mi hija me había pedido; en el camino pasé a la tienda en la que usualmente compramos los electrodomésticos y artículos de cocina y compré un espejo de medio cuerpo.

Por la mañana Rb me había comentado que un camión se había llevado una pasarela en un lugar muy cerca de donde vive mi hija pero consideré que a esa hora ya había sido habilitado el paso: me equivoqué; el periférico aún se encontraba cerrado y habían policías municipales de tránsito desviando a los autos hacia la vía auxiliar; estuve como diez minutos en ese tráfico.

El resto del camino estuvo bastante tranquilo por lo que llegué con poco retraso a la habitación de mi hija; le escribí cuando me apeé del auto y luego entré a su habitación; le entregué los comestibles y luego estuvimos conversando sobre la semana que acababa de pasar en el interior del país; también observé que ya empieza a movilizarse con una sola muleta.

Estuve en la habitación de mi hija hasta un poco después de las siete y a esa hora me despedí e inicié el retorno a mi casita; no conduje sobre el periférico sino que tomé la ruta perpendicular que inicia en la calle donde vive mi hija; de allí salí a una de las rutas más populares pero por ser domingo el tráfico no estaba muy pesado.

Tomé un carril auxiliar para dirigirme al periférico pero la lluvia hizo que el tránsito se ralentizara bastante justo antes de entrar al mismo; iba conduciendo bastante rápido y estuve a punto de colisionar; incluso los neumáticos chillaron cuando pisé los frenos a fondo; afortunadamente aún pude desacelerar lo suficiente.

Ingresé al periférico sin ninguna otra novedad y, a pesar de la lluvia constante, pude completar el viaje de regreso sin ningún incidente; apeándome del automóvil estaba cuando me percaté que no le había llevado los embutidos -pepperoni y salami- a mi hija; los subí al freezer y le escribí para comentarle que se los llevaría en mi próxima visita.

El lunes me levanté bastante tarde: había decidido levantarme los días restantes de vacaciones sin la alarma del celular por lo que me despertaron los ruidos que empiezan a hacer los perros de Rb cerca de las ocho de la mañana; me levanté a meditar y luego salí de la habitación.

Desayuné con Rb pues me había pedido que acudiéramos a los supermercados en dirección sur durante la mañana; yo había tratado de programar una reunión con mi amigo garífuna pero me comentó -a pesar de que antes la habíamos acordado- que se encontraba ocupado con un proyecto.

Entonces traté de programar una reunión con mi amigo el Testigo de Jehová -realmente sentía que me estaban pesando las nueve bolsas de café restantes- pero me comentó que se estaba recuperando de un nuevo episodio de dengue -supuestamente es la segunda vez que se contagia- y me pidió que dejáramos la reunión para una siguiente ocasión.

Al final acordé una reunión con uno de mis últimos amigos del voluntariado en el que participé por diez años: nos vimos hace como tres meses y perdió su empleo hace como un mes -yo había estado ayudándole a cambiarse de empleo a finales del año pasado-.

Después del desayuno nos subimos al auto y acudimos a los supermercados en dirección sur; en el más alejado Rb adquirió pollo para su almuerzo del miércoles -yo almorzaré con mi hijo menor- y en el otro compramos bananos para nuestros desayunos.

Cuando retornamos Rb me pidió que la ayudara a limpiar la aspiradora robótica -durante mi ausencia de ocho días la hizo funcionar de nuevo- y después hicimos la rutina de ejercicios que corresponde a los lunes -con una adición de ejercicios abdominales que ella estuvo practicando la semana anterior-.

Al mediodía almorzamos pollo asado y caldo de lo mismo -con aguacate y arroz-; después de sacar a caminar a los perros de Rb preparé té para ambos y, un poco después de las tres, me dirigí al comercial en donde se estacionan los busitos que vienen al municipio.

Había acordado con mi amigo en reunirnos en un centro comercial que se encuentra en una calle aledaña a este último pero, diez minutos después de la hora acordada, me escribió diciendo que se encontraba en donde se estacionan los busitos; había una llovizna ligera pero no me afectó mucho retornar al centro comercial en donde se encontraba; subimos al food court del tercer nivel y lo invité a un cappuccino.

Nos pasamos las siguientes dos horas conversando sobre su situación familiar, laboral y personal -también le entregué una de las libras de café-; a pesar de su situación laboral -bastante inestable- se preocupa más por el plan -conspirativo- para reducir la población mundial.

Un poco después de las seis le indiqué que me retiraba y, luego de pasar al baño del centro comercial, nos despedimos y abordé el busito de vuelta a casa; por la noche estuve haciendo Duolingo, avanzando en The School of Life -me está costando- y viendo un poco de un programa de pasteles; a las once me retiré para lavarme los dientes, leer un poco más -La Disparition de Stephanie Mailer-, meditar y, finalmente, dormirme.

El martes no había puesto nuevamente la alarma y me desperté -por alguna razón- un poco después de las cuatro; salí al baño y volví a la cama; me desperté nuevamente un poco antes de las ocho y me levanté a meditar.

En la mañana fuimos a los supermercados en dirección sur; compramos verduras y yo compré un arrolladito para la reunión de la tarde con mi primo; almorzamos los mismo del día anterior: pollo asado y caldo de pollo.

A las tres y cuarto me dirigí -en busito- al comercial en donde me había reunido el día anterior con mi amigo del voluntariado; costó un poco que pasara el busito pero al final llegué antes de la hora de la reunión; mi primo sale de trabajar, del call center que se encuentra en el cuarto nivel del comercial, a las cuatro.

Lo invité a un cappuccino de la misma tienda del día anterior y compartí el arrolladito; aunque yo me lo comí casi todo; estuvimos en el área de las mesas por las siguientes dos horas conversando de literatura, libros, películas y la vida en general; a las seis y media nos despedimos y retorné a mi casita.

El miércoles me levanté -otra vez sin alarma- un poco después de las siete; me puse a hacer Duolingo y luego a leer un poco -realmente no he leído mucho en los días de vacaciones que he estado en casa-; a media mañana hicimos la rutina de ejercicios de los miércoles -con la rutina extra de abdominales-.

Luego de los ejercicios -y la respectiva ducha- Rb me ayudó a desinfectar los ingredientes y preparé dos ensaladas pues había planeado llevar eso para complementar el arroz chino que esperaba almorzar con mi hijo -realmente me preocupa su exceso de peso, pero no creo que pueda hacer mucho al respecto-.

A las doce y media tomé el auto y me dirigí a la habitación de mi hijo; empezó a llover bastante fuerte pero, afortunadamente, el tráfico no se vio afectado: llegué antes de la una a la colonia en la que vive; pero el lugar en el cual usualmente estaciono el auto estaba ocupado.

Subí el auto la banqueta y me dirigí a la casa en la que vive mi hijo; lo llamé desde afuera y subí a su habitación -en el segundo nivel-; como vi que la acera frente a su casa estaba desocupada le pedí que me acompañara a mover el auto hacia ese sitio y luego caminamos hasta el restaurante de comida china en el que comprábamos comida cuando salíamos con sus hermanas.

Luego retornamos a su habitación y almorzamos; se suponía que íbamos a revisar las últimas dos clases del curso de React al cual no pude asistir por mi viaje con los misioneros pero: 1) no llevaba el cargador de mi computadora de Fedora y 2) mi hijo me comentó que no había hecho los ejercicios de las clases.

Así que deberé de descargar las dos clases y verlas; entonces nomás nos pasamos un par de horas jugando Dominó y conversando sobre literatura, libros, películas y la vida en general; habíamos acordado terminar la reunión a las cinco y, un poco antes de esa hora, me despedí de mi hijo y, luego de abordar el automóvil, llamé a mi tía favorita para ver si podía llegar a verla.

Mi prima -su hija mayor- me había comentado hace un par de semanas que andaba con quebrantos de salud y aproveché para pasar a dejarle una de las libras de café que traje de mi viaje con los misioneros -me quedan siete (esta tarde le escribí a mi ex supervisora para ofrecerle una de las libras de café; quedó en que veríamos cuando podíamos compartir un rato, con su novio)-.

Pasé alrededor de una hora en la cocina de mi tía -me preparó café instantáneo y me obsequió un par de cubiletes-; conversando sobre su salud -la examinarán en un laboratorio del municipio este sábado- y un poco después de las seis y media me despedí para retornar a casita; estaba lloviendo bastante y el tráfico de la ciudad estaba pesado; al cabo de un poco más de media hora estaba estacionando el auto frente a la casa.

Ayer, que era el último día de mis vacaciones, había previsto más o menos las mismas actividades que el primer día de las mismas: por la mañana, acompañar a Rb a su salida semanal al mercado; me levanté antes de las ocho, medité y salí a desayunar; luego salimos a tomar el busito; no tardó mucho en pasar y tomamos dos rutas del transmetro: primero en el comercial en donde se estacionan los busitos, hacia el centro; luego otro hacia el centro histórico, pues quería comprar un par de bolsas de gelatina.

En la última ocasión había comprado de cuatro sabores diferentes pero ahora nomás había de naranja; compré dos libras y también adquirí -estaba en oferta- una bolsa para preparar flan -creo que lo prepararé cuando invite a alguno de mis amigos a desayunar-.

Después retornamos al mercado en donde Rb hace sus compras semanales; pero la mayor parte de los puestos estaban cerrando: era día municipal de fumigación y Rb casi no pudo comprar nada de sus frutas; después retornamos a la casa a almorzar lo mismo de los días anteriores: pollo asado y ensalada.

Por la tarde fuimos a los mercados en dirección sur; estábamos saliendo cuando salió nuestra vecina y Rb le ofreció que nos acompañara a caminar -al parecer anda en conflictos con la vecina con la que realizaba sus caminatas vespertinas-.

Fuimos hasta el mercado más distante; en donde adquirimos un poco de pollo, luego al siguiente mercado en donde compramos un poco de bananos; en el camino pasé a la panadería por el pan para mis desayunos de viernes, sábado y domingo; finalmente pasamos a la tienda a comprar un poco de verduras.

Por la noche continué con el libro de francés -La disparition de Stephanie Mailer- y en Duolingo me obsequiaron -lo hacen cada varios meses- tres días de la versión Super; a las once me retiré a mi habitación y después de leer un poco de Gamification, y meditar, me dormí.

Y así acabaron las vacaciones más largas -hasta el momento- de este año...

martes, 25 de junio de 2024

Vacaciones, otra vez -el regreso-... Vacations, again -the return-... Les vacances, encore -le retour-

La noche del jueves nos hospedamos en el mismo hotel donde habíamos dormido la primera noche del viaje -el sábado anterior-: está a un lado de la carretera por lo que me imaginé que no iba a poder dormir mucho; me asignaron una habitación diferente a la de la semana anterior, en donde me refugié para leer un poco y hacer Duolingo, antes de meditar y dormirme.

El líder del grupo aprovechó que mi habitación era la más cercana a la recepción para almacenar allí la hielera del viaje y tres o cuatro paquetes de agua pura; y me comentó que la salida estaba programada para las siete de la mañana.

Efectivamente no pude dormir mucho; había puesto la alarma para las seis de la mañana pero estuve despierto desde un poco después de las cuatro de la mañana; a las seis me levanté a meditar y luego hice un poco de Duolingo; antes de las siete saqué la hielera y el agua de la habitación y devolví las llaves y el control remoto de la televisión de la habitación.

A las siete llegó el autobús y subimos la hielera y las botellas de agua; luego ayudé a los misioneros a cargar las maletas a la parte trasera del bus; luego me instalé en uno de los últimos asientos; nos dirigimos al comedor a desayunar y después emprendimos el viaje a la ciudad colonial del país.

El tiempo estuvo bastante lluvioso por lo que las cuatro o cinco horas estimadas de viaje se convirtieron en casi ocho; al mediodía nos detuvimos en una gran intersección de la carretera y almorzamos en el restaurante de pollo frito más antiguo del país.

Fue un relajo controlar las ordenes porque algunos de los misioneros pidieron algo y luego recibieron algo distinto; yo nomás pedí un sandwich de pollo pues no me encontraba aún muy bien del estómago y ya había visto que la cena iba a ser en uno de los restaurantes más caros del país.

Después del almuerzo continuamos el camino; la lluvia seguía y la ruta que transitábamos se encuentra en una de las partes más altas del país por lo que la neblina era casi constante; había bastante transporte pesado en el camino y el conductor fue bastante prudente.

Un poco antes de las cinco de la tarde estábamos entrando a la ciudad colonial; hubo entonces una discusión entre los líderes de los misioneros y el líder local sobre la forma de proceder: el último quería que nos registráramos en el hotel y luego visitáramos las tiendas de la ciudad, pero la enfermera puertorriqueña insistía que ya no daría tiempo para realizar las compras si procedíamos de esta forma.

Al final prevaleció la opinión de la enfermera: el bus se detuvo en el parque central de la ciudad -el hotel se encuentra a cuatro o cinco calles del mismo- y recibió una remisión por acceder a un lugar delimitado; pero allí nos apeamos y nos tocó acompañar a los misioneros en sus compras de recuerdos y similares.

La enfermera compró unos tenis Nike pirata -bastante atractivos pues una parte del cuero había sido sustituido por tejidos tradicionales del lugar- y la mayoría de los jovencitos compraron ropa y  artículos de cuero o cerámica, con motivos de la cultura local.

También los acompañamos a una tienda de helados -yo no quise comprar nada en ningún lugar- y a uno de los sitios turísticos más visitados de la ciudad: un arco entre dos calles que es escenario de sesiones de fotografía de muchas celebraciones que se celebran en la misma.

Se suponía que debíamos presentarnos al hotel antes de las siete pues esa era la hora en la que estaba reservada la cena -el restaurante se encuentra a cuatro o cinco calles del hotel- y un poco antes de esa hora empezamos a caminar hacia el mismo; pero la mitad del grupo -yo iba en la retaguardia- se extravió y nos tardamos aún algunos minutos extras para llegar.

Un poco después de las siete -por fin- nos presentamos en la recepción del hotel y me asignaron una habitación bastante al fondo del mismo; entré a dejar mi mochila y a cambiarme de ropa y retorné a la recepción pues debíamos dirigirnos sin demora al restaurante.

Durante el viaje nos habían enviado por whatsapp el menú del restaurante para que la cena fuera menos tardada pero dos de los líderes querían cambiar su orden -la enfermera y el de The Batchelor-; el líder indagó sobre la requisición pero les confirmó que no se podía; la primera había pedido pescado asado y el segundo pasta con pollo -comentaron que no se habían dado cuenta que era un restaurante de carne asada-.

Amablemente me ofrecí a compartir mi menú -steak con tocino y chorizo- con el segundo -la verdad no tenía mucho apetito por la cena de la noche anterior-; y cuando llegó mi orden partí los dos trozos principales y se los cedí -aceptando un poco de pasta y pollo-; él declinó el segundo pero al final cenamos en paz.

También tomamos de postre pastelillos y café; yo había ordenado un pastel con base de espumilla pero al final, otra vez el relajo de las órdenes, tuve que conformarme con un cheesecake; que tampoco estuvo tan malo; después de la cena comenzamos el retorno al hotel: otra vez iba cerrando el grupo para evitar extravíos de personas.

Cuando estábamos a unas calles del hotel uno de los negros se percató que había olvidado la llave de su habitación; yo había estado conversando con la enfermera y llamé al restaurante para confirmar que allí se encontraba la llave olvidada; la llave estaba allí -junto con un llavero recién adquirido.

Le propuse a la enfermera que regresáramos nomás ella y yo pero me comentó que debía dirigir la actividad de revisión del día con los misioneros por lo que me pidió que regresara solo; retorné al restaurante, me entregaron la llave y me dirigí al hotel; pero no pude encontrarlo; me estuve dando vueltas algún tiempo hasta que cambié de Waze a Google Maps para un retorno hasta la puerta del hotel.

Fui a devolver la llave y el llavero a la enfermera -me invitó a acompañarlos en su actividad pero decliné- y luego me dirigí a mi habitación; no pude hacer que la televisión funcionara: había tres controles remotos; por lo que nomás leí un poco, hice Duolingo, medité y me dormí.

La alarma estaba puesta para las cuatro y media pues nos habían pedido que estuviéramos listos a las cinco de la mañana; por alguna razón -creo que bulla de tuberías- me desperté a las tres y media; no pude volver a dormirme por lo que me levanté a meditar; luego leí un rato y después preparé mi mochila.

Salí de la habitación a las cuatro y media y me dirigí a la recepción del hotel a entregar la llave de la habitación; la recepción estaba aún cerrada por lo que nomás me senté a esperar a que salieran todos; antes de las cinco empezaron a salir todos los jóvenes misioneros -y los cuatro líderes- y a las cinco llamar al autobús, subimos todas las maletas a la parte trasera del mismo y luego lo abordamos.

Habíamos -el líder más bien- elegido la hora pues no queríamos andar corriendo para entrar a la ciudad y llegar al aeropuerto -el vuelo salía a la una y ellos deberían de estar registrándose a las once de la mañana-; afortunadamente el tráfico fue casi inexistente -quizá porque era sábado por la mañana- y a las seis de la mañana estábamos entrando a la ciudad; deteniéndose en un Mc Donalds para tomar el desayuno.

Luego de que todos tomáramos el desayuno -siempre hay equivocaciones en las órdenes y entregas- volvimos a abordar el bus y nos dirigimos al aeropuerto; a las ocho de la mañana el grupo estaba haciendo fila para ingresar al área de registro por lo que aproveché para despedirme de todos -o de la mayoría al menos- con un abrazo -ya no vi a ninguna de las traductoras- y luego me dirigí a esperar el autobús.

Estuve un buen tiempo -quizá diez minutos- esperando el autobús y al ver que no pasaba decidí llamar una moto con Uber; el viaje me salió en veinte quetzales -1.50 de propina- y un poco después estaba abordando el Transmetro en la misma estación de la semana pasada.

Me bajé del mismo en el comercial desde donde salen los buses que vienen al municipio y a las nueve de la mañana estaba en la puerta de la casa, preguntándole por whatsapp a Rb si sus perros ya habían comido, pues no quería interrumpir su desayuno.

Ella me comentó que ya habían concluido por lo que entré a la casa; se puso muy contenta de verme; un poco más tarde estaba sentado en la puerta de la casa y, al saludar a nuestra vecina, Rb me susurró que podía darle una de las libras de café que había traído.

No lo había considerado pero creo que fue una buena idea -ella ha sido muy amable e incluso regañaba a los niños que se ponían a jugar futbol a la par del auto-; por lo que le obsequié una de las bolsas; antes del mediodía acudimos con Rb a los supermercados en dirección norte pues ella debía reponer su balanza -yo había olvidado que era el día de su cumpleaños y tampoco le hice mucha bulla al respecto-; compramos también bananos y yo adquirí la mayor parte de la lista que mi hija me envió el día anterior para su alacena.

Después pasamos a la tienda de las verduras y compré lo último de la lista: manzanas y un cartón de huevos; después del almuerzo sacamos a caminar a los perros y luego tomé una pequeña siesta; le había comentado a Rb que iba a ‘leer’ pero que esperaba descansar un rato pues me había levantado a las tres y media de la mañana.

Puse el reloj para despertarme en 20 minutos pero cuando sonó la alarma nomás la desconecté; me dormí una hora adicional; hasta que Rb llegó a la cama y me pidió que instalara el calentador de la ducha -que había comprado la semana pasada-.

Me sentía bastante inestable pero logré desconectar el calentador que ya no servía e instalar el nuevo; por la noche hice Duolingo (no había hecho ni la noche anterior ni por la mañana) y después avancé un poco en el libro The School of Life; también ví el cuarto capítulo de The Boys; a las once me retiré a mi habitación y no leí más sino que me dediqué a perder el tiempo en Fb; luego medité y después me dormí.

Y así concluyeron los ocho días de la misión...

lunes, 24 de junio de 2024

Vacaciones, otra vez -la misión-... Vacations, again -the mission-... Les vacances, encore -la mission-

El grupo al que me había comprometido a acompañar -y apoyar en la comunicación entre los mismos y la comunidad- estaba compuesto por veintitrés personas: cuatro líderes -dos mujeres y dos hombres- y el resto jovencitos de los últimos tres años de preparatoria; un poco más de la mitad de los jovencitos eran chicas y de los chicos todo eran negros salvo por el más joven.

De los líderes: la voz campante la llevaba una enfermera de origen puertorriqueño -por lo que hablaba perfectamente el español-, un ex ganador -dos veces- de The Batchelor, un ingeniero de Google y una contadora; de los jovencitos algunos chapurreaban algunas palabras de español y uno de los negros lo hablaba muy bien ya que sus padres lo habían enviado desde pequeño a una escuela totalmente en español.

También nos contó que su niñera era peruana por lo que había crecido hablando español; y realmente, salvo por la confusión con algunos artículos o algún tiempo verbal, su español era muy bueno; el de Batchelor también hablaba un poco porque, según él, se había dedicado al beisbol profesional y la mayoría de sus compañeros eran de origen dominicano o venezolano.

El domingo me levanté a las seis pues quería meditar y hacer Duolingo antes de reunirme con el grupo; a las siete nos dirigimos a desayunar a comedor de la noche anterior y luego pasamos las maletas del bus a siete pickups de doble tracción -el medio más efectivo de transportarse en el área a la cual íbamos-; después empezamos el viaje hacia el pueblo en donde pasaríamos los siguientes cinco días.

El viaje fue bastante tardado -más de cuatro horas-, los paisajes sorprendentes y el único incidente fue -más o menos a la mitad del camino- un control policial con todas las deficiencias de Latinoamérica; afortunadamente no hubo ningún contratiempo; también paramos, un poco después, en una gasolinera para que los jóvenes pudieran y al baño y/o comprar algo para comer.

El arreglo general en el transporte fue el mismo que el resto de los días: un conductor local, tres misioneros y una persona bilingüe -sólo éramos tres traductores, pero se complementaba con las otras personas que podían comunicarse en ambos idiomas-.

El almuerzo lo hicimos durante el trayecto -siempre las Lunch Boxes- y al llegar al pueblo fuimos directamente a registrarnos en el hotel -otra vez, habitación individual-; después nos organizamos para acudir al primer evento de la misión: una reunión con los líderes de los comités de mejora locales.

La mayor parte de la traducción de la reunión la hizo el otro traductor, ayudando un poco la otra traductora y -finalmente- también participé, aunque me sentí bastante inseguro en la actividad: estaba lloviendo y el techo de lámina sonaba demasiado fuerte como para permitir una comunicación adecuada.

Después de la reunión -tardó dos o tres horas- retornamos a los pickups y nos dirigimos al lugar en donde estaríamos desayunando y cenando durante el resto de nuestra estadía: la asociación tiene, en el centro del pueblo, unas instalaciones en donde venden el café que procesan e instalaciones para eventos, luego de la cena  retornamos al hotel y yo subí directamente a mi habitación a leer un poco, hacer Duolingo y meditar.

El lunes habían suspendido las clases en la mayoría de los departamentos y la actividad programada para la mañana involucraba escolares; pero, se organizaron para reunir a varias decenas de niños en una bodega de la asociación y allí impartieron alguna clase de educación cristiana y luego se pusieron a jugar con los niños.

Almorzamos en el lugar -lunch boxes- y luego nos dirigimos a la actividad de la tarde: visitas en casas; que sentí bien raras, por el nivel de vida de las personas; en la primera visitamos a un joven que sufrió un evento cerebrovascular hace una década que le dejó secuelas de esquizofrenia; en la segunda visitamos a un anciano que se lesionó la columna hace muchos años y que literalmente se arrastra para movilizarse -la comunidad le construyó una casa de blocks-.

Después de las actividades regresamos al pueblo y llevaron a los jóvenes a comprar helados; y, por supuesto, provocaron un descontrol ya que la mayoría de los negocios no están preparados para atender a veinte personas; también la chica que atendía el local era muy joven por lo que salí a pedir ayuda al otro traductor, quien se hizo cargo de la situación -además, se llevaron a la mitad de los jóvenes a otro local-.

La actividad de la mañana del martes se realizaron en un huerto comunitario: limpiar el terreno y sembrar algunas hortalizas; además, los jóvenes ayudaron a remover las raíces de un bananal para hacer más espacio para sembrar; en el mismo lugar ayudaron a recolectar huevos frescos y a limpiarlos para su posterior venta.

Por la tarde acudimos a un servicio religioso en una iglesia de la renovación carismática ortodoxa; que no sabía que existía: igual, la 'ortodoxia' esta fue introducida al país por un ex sacerdote católico a quien excomulgaron por estar metido en política -lideraba movimientos para invadir tierras y llegó a ocupar una curul del congreso por la época en la que yo andaba en la universidad-.

El servicio fue de lo más bizarro: una mezcla de ritos evangélicos y católicos; la oficiante fue una anciana -se supone que ella y otra mujer fundaron la iglesia- y no le vi orden por ningún lado: ella hablaba y cantaba; su padre tocaba la guitarra, una chica tocaba el bandoneón -o un teclado eléctrico-; al final el trabajador de Google compartió un mensaje -la puertorriqueña lo tradujo- y, luego de la ofrenda, el servicio acabó sin ningún incidente.

El inicio del servicio lo empezó a traducir la chica a la que ya conocía -nos cambiaron al traductor por otra chica el día anterior pues el otro grupo, al parecer, necesitaba autoridad masculina-, pero, al ver que no estaba familiarizada con las historias bíblicas -el papá de la señora había empezado a contar su versión de Jonás y la chica estaba teniendo problemas en seguirlo- me ofrecí para traducir el resto del servicio; que terminó con la historia de Noé y el Arca.

En la cena de ese día hubo un incidente bien feo: el contador general de la asociación estaba ayudando con los preparativos de la cena -la mesa caliente- y por, manipular sin cuidado el gel que se utiliza para mantener la llama bajo las bandejas de acero inoxidable, se quemó la cara; afortunadamente había un extintor funcional (habían dos pero uno no funcionó) por lo que se pudo controlar el fuego.

Y también, creo, el señor tuvo la fortuna de utilizar anteojos por lo que las quemaduras no fueron muy graves; creo que nomás de primer grado; sin embargo los jóvenes sufrieron una conmoción y vi que la puertorriqueña tuvo que conversar largamente con una de las chicas que no paraba de llorar.

El miércoles me levanté con la noticia de que el perro de Rb había empezado a sufrir molestias estomacales y la había mantenido despierta una gran parte de la madrugada; las noticias de este tipo fueron constantes durante los siguientes tres días e incluso, en algún momento, me pregunté si tendría que acortar mi participación en el viaje; afortunadamente no fue necesario.

La actividad de la mañana la realizamos en uno de los hogares que se encuentran en la periferia de una de las aldeas del poblado: ayudamos al matrimonio -la esposa con una vista muy muy corta- en todos los pasos de la preparación de tamales: desde la cocción de la masa hasta el asado de las hojas de bananos, la preparación del recado, el armado de los tamales y su puesta a cocinar.

Los jóvenes también ayudaron al señor de la casa a limpiar una parte del terreno que se utiliza para cultivar café: se trataba de retirar desechos de una serie de agujeros y rellenarlo con tierra suelta; en este lugar recibimos las bolsas del almuerzo y procedimos con el mismo; ya que desde aquí debíamos dirigirnos a la actividad de la tarde.

Por la tarde volvimos a la escuela en la que habíamos tenido la primera reunión de la semana para; los jóvenes misioneros impartieron la misma clase bíblica que habían presentado dos días antes y después se organizaron para un juego de futbol -eran como veinte contra veinte-; después de la actividad deportiva reunimos a todos en las gradas del campo de fútbol y repartimos los tamales que habían preparado en la mañana.

El jueves le pedí a Rb que me transfiriera sesenta y cinco dólares pues pensaba adquirir diez libras de café molido para repartir entre mis conocidos y primos; por la mañana acudimos a una escuelita en los linderos de otra de las aldeas del poblado y, después de una lección bíblica, pasamos algunas horas jugando con los niños del lugar.

Yo estuve conversando con unas niñas de sexto primaria en el aula en la que reciben clases los tres grados y, un poco después, se nos unió la líder del grupo que es contadora; estuvimos compartiendo los cuatro durante un poco más de una hora; hasta que avisaron que se terminaba la visita y retornamos hotel para preparar las cosas y cargarlas en los pickups para el viaje de regreso a la cabecera departamental.

Almorzamos en el hotel -las lunch boxes- y luego iniciamos el viaje de retorno; que se extendió durante toda la tarde pues la lluvia provocó que los transportes pesados avanzaran a baja velocidad, produciendo algunas colas -especialmente al pasar por poblaciones-.

Un poco antes de que cayera la noche llegamos al comedor en el cual habíamos cenado el sábado anterior; yo había estado extrañando el pan durante la cena por lo que esa noche me tomé tres tazas de café -con muffins-, además de una coca cola; lo cual no le cayó nada bien al estómago; el resultado fue que el día siguiente me sentía bastante indispuesto.

Pero eso es parte del final de la historia.