sábado, 4 de julio de 2026

Historias inéditas del pequeño Nicolás... Untold Stories of Little Nicholas... Histoires Inédites du Petit Nicolas...

Mientras mis hijos iban creciendo encontramos varias series de libros infantiles; aparte de Harry Potter -que al final final no fue tan infantil- y Narnia, las aventuras del Pequeño Nicolás fue una de las que mas les gustaron: creo que no notamos que originalmente era literatura francesa, pero las aventuras de los niños eran bastante identificables.

Entonces, cuando empecé a aprender francés -en Duolingo- (hace ya más de cuatro años), esta serie fue una de las primeras que intenté leer en ese idioma; y mis primeros intentos no fueron muy exitosos: el lenguaje es sencillo pero había algunos términos que no reconocía.

Y bueno, un par de años después volví a intentarlo y esa vez me fue mejor; también leí varios libros un poco más serios -o no tan infantiles?: La blague du siecle, Les yeux de mona; y así; pero, luego de una pausa leyendo en ese idioma, decidí retornar a Nicolás.

Y el título al inicio de este texto es el más extenso que he encontrado; pero, entendí que no es obra de los autores originales; me parece que quien escribe es la hija de uno de los que empezaron la serie, y los dibujos si pertenecen al otro.

Y a ver cómo va eso.

El domingo me levanté a las seis y media; después de meditar y completar lecciones de Duolingo me quedé en la cama, leyendo un poco; como preveía que comería tarde -tenía una reunión con un ex compañero de facultad a las seis, no quería desayunar muy temprano.

Así que nomás esperé a que Rb desayunara pues me había pedido que fueramos a la tienda de ropa de segunda mano: quería buscar un par de tenis para sustituir los que ya no le estaban funcionando; un poco después de las nueve y media salimos de casa.

En la tienda Rb encontró un par de -muy buenos- tenis (un par de una marca suiza) y un par de piezas de ropa; después de pagar por las compras retornamos a casa; y ya habían pasado las once cuando empecé a preparar mi desayuno.

Después de desayunar sacamos a caminar a los perros; luego preparamos las alitas dominicales; por la tarde me dediqué a leer un poco del libro en español que llevaba adelantado, además me quedé dormitando un rato en la cama.

A media tarde salí de la habitación para ayudar a Rb con la preparación de los almuerzos para la semana (dos días de rollitos de papel de arroz, dos días de tacos de pescado - por la mañana habíamos comprado pescado en la tienda de segunda-); tuve que rallar una gran cantidad de zanahoria, partir un güisquil y una libra de champiñones.

A las cinco y media tomé la van y me dirigí al mismo comercial a donde habíamos caminado por la mañana; llegué unos minutos antes de las seis y me dirigí a los servicios sanitarios, pasando por el supermercado, en donde me conecté para avisarle a mi amigo que ya había llegado.

Pero allí me dí cuenta que él me había escrito antes, comentándome que ya estaba en el lugar; y, efectivamente, lo encontré sentado a una mesa en el interior; compramos un par de capuchinos y un par de porciones de pastel (yo creía que cargaba la tarjeta de débido de Rb, pero mi amigo pagó el consumo).

Luego estuvimos por un poco maś de una hora en el lugar, poniéndonos al día de la vida de cada uno: él tiene -otra vez- una posición en una institución gubernamental; sus hijos están por salir de la universidad y sus sobrinas -su hermano murió el año pasado- están por entrar a los estudios superiores.

Cuando le comenté de mi situación laboral -la absorción del departamento en el que trabajo por parte de otra empresa- recordé por qué es que trato de que nuestras reuniones no sean muy frecuentes: empezó a darme un discurso sobre Marketing Digital y Trading.

Un poco después de las siete nos despedimos y retorné a casa; en donde tuve un conflicto bastante serio: cuando revisé mis billeteras me percaté que no tenía la tarjeta de débito de Rb; temí que la había extraviado y se lo comenté a Rb.

Quien reacción de una forma bastante común en ella: bastante histérica; busqué la tarjeta en la habitación y en el auto; y luego escuché mientras ella llamaba a su banco para bloquear la misma y solicitar su reposición.

Discutimos un poco mientras todo esto pasaba; pero, al igual que en otras ocasiones, nomás me retiré a la habitación en la que duermo, esperando a que se calmara el temporal; un poco más tarde Rb entró (ni siquiera me pidió ayuda para porcionar los almuerzos) y conversamos un poco sobre lo sucedido; su visión: se frustra porque no reaccion de la forma en la que ella espera a estos acontecimientos.

El lunes me levanté a las seis y media, medité y luego realicé algunas lecciones de Duolingo; como no tenía que trabajar -era un día de asueto nacional, por el día del ejército- me quedé un buen rato en la habitación avanzando un poco en mis lecturas.

Salí un poco después de las diez a preparar mi desayuno; luego me quedé en la mesa de la sala, con mi computadora personal; un poco antes de las doce completamos los ejercicios del Lunes, luego sacamos a caminar a los perros.

Cuando regresamos de la caminata calentamos los ingredientes del primer almuerzo de la semana: rollitos de papel de arroz, con lechuga, pollo con champiñones, y guacamol; después del almuerzo me preparé un café -el que consumí con un poco de galletas y del pastel que Rb me regaló el viernes anterior-.

Después del café lavé los trastes del día luego me quedé un rato en la habitación, jugando scrabble online en el celular; a las tres y media me estaba alistando para salir cuando ví que mi amigo el Testigo de Jehová me había enviado un mensaje; traté de llamarlo -desde el teléfono de Rb- pero no contestó.

Entonces recibí un mensaje comentándome que ya estaba en el lugar -habíamos programado la reunión para las cuatro-, le contesté que salía en el acto y tomé la van para llegar más rápido al lugar -originalmente había previsto caminar-.

Antes de salir Rb me mostró lo que había encontrado en su habitación: la tarjeta de débito; o sea que, al final, no la había tomado el día anterior; lo que significa que nomás me tocará pagar la reposición de la misma -cuatro dólares-.

Cuando llegué al comercial en donde habíamos acordado encontrarnos ví que mi amigo estaba fuera del restaurante; pero también ví a su esposa en el cajero de las cercanías; entonces nos presentó -aunque yo ya la conocía-; y me comentó que nos acompañaría en la reunión.

Lo que estuvo interesante: se suponía que habían salido juntos porque necesitaban pasar a realizar un pago -o una compra, realmente no pregunté- a una tienda en las cercanías; ellos ordenaron unas pastas -es un restaurante italiano- y yo pedí el café y pastel de costumbre.

Estuvimos en el lugar por un par de horas, entre comida y conversación -y el partido de Alemania y Paraguay, perdieron los primeros-; a las cinco y media, mientras se celebraba el triunfo de Paraguay, Rb me llamó; no la escuché por lo que le devolví la llamada, y le comenté que ya empezaba mi regreso.

Y es que habíamos acordado que realizaríamos la caminata diaria cuando volviera de mi salida; nos encaminamos hacia los supermercados en dirección sur; no teníamos mucho por comprar, pero necesitábamos efectivo -antes de salir me envié una transferencia al celular-.

Pasamos al supermercado más cercano -allí está el cajero de mi banco-, sacamos sesenta dólares y continuamos caminando hasta el extremo del boulevard; en el camino de vuelta pasamos al mismo comercial y compramos un cartón de huevos.

Por la noche ví la primera parte -había intentado empezar a verla en un par de ocasiones- de Disclosure Day; la calidad está aceptable y la encontré con subtitulos en francés, lo que le agregó un poco de dificultad al proceso, pero también es interesante observar los modismos.

El martes me levanté a las seis y media, medité y salí de la habitación por la computadora del trabajo; pero no regresé a la cama, me quedé en la mesa del comedor para entrar a la primera reunión del día; a la cual no acudió ningún otro analista -ni el supervisor-.

En la segunda reunión -a las nueve- entró uno de los analistas pero tampoco se presentó el supervisor: ví en el estado de su perfil que estaba ausente por razones médicas; a media mañana Rb se dirigió a su clase de zumba.

Rb retornó de su clase de zumba un poco después de las once; a las doce sacamos a caminar a los perros; luego preparamos la primera porción de tacos: intenté calentar las tortillas de harina en el microondas y me quedaron mal: se tostaron.

Durante el día fue muy poco lo que avancé en las tareas del trabajo -aunque el supervisor había escrito al grupo, exhortando a continuar con las asignaciones-; además, vi un correo anunciando que la empresa se estaba deshaciendo del resto del equipo local.

Por la tarde terminé de leer Tretas y trucos para vivir mejor, también me quedé con la última parte de Criaturita; a las cinco salimos a caminar hacia los supermercados en dirección norte; en el camino pasamos a la farmacia pues Rb necesitaba algunos medicamentos para sus perros.

Y luego continuamos caminando en el boulevard principal, hasta la altura del comercial a donde habíamos acudido el domingo por la mañana -y por mi parte, el domingo por la tarde-; justo frente a este lugar existe una tienda que Rb quería visitar; pero estaba cerrada.

Pero, como estábamos justo frente al comercial, cruzamos el boulevard y entramos al supermercado a comprar una red de aguacates; después retornamos a casa; como mis hijos me habían transferido la cuota del mantenimiento del apartamente, por la noche estuve actualizando mis registros financieros.

Mi hija mayor me pidió un adelanto de su pago mensual -era algo que le había ofrecido, para evitar el pago de múltiples traslados de fondo en su trabajo-; también ví la segunda parte de Disclosure Day, estaba bien rara.

Miércoles, jueves y viernes estuvieron bien lentos, especialmente el último día: iniciaba el fin de semana largo del Independence Day en el Imperio del Norte; al menos terminé de leer Criaturita e inicié a leer el siguiente libro que había bajado en español.

El miércoles tuve las mismas tres reuniones por la mañana (la de las siete, la de las nueve y la del equipo); el supervisor intentó que trabajáramos en tareas -intrascendentes, realmente- relacionadas con la última liberación de la app que hemos estado probando por los últimos dos años.

Durante la mañana realicé los pagos que hago el primer día del mes: los treinta dólares a la cuenta de Rb y los ciento cuarenta y cuatro por los servicios mensuales del apartamento en el que viven mis hijos; también gasté cinco dólares en la Lotería Nacional.

Y lo que pasó fue que -el día anterior- me había dado cuenta que el billete que compré el año anterior, para el último sorteo del año (cincuenta dólares), estaba por vencerse -en tres días o así-: el último día de junio elegí un número para el sorteo de medio año -el segundo más caro de los doce meses- y un par de números para el sorteo mensual, con lo que me quedaba un pequeño saldo a pagar.

Lo malo es que, por alguna razón, el martes no pude realizar el pago -la página no me daba opción a ingresar la información de la tarjeta de crédito-; afortunadamente el miércoles pude realizar la transacción, con lo que no 'perdí' el reintegro de cincuenta dólares y adquirí dos billetes para el sorteo mensual y uno para el de medio año.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; pero sabíamos que no íbamos a entrar a ninguno de los dos: Rb tenía clase de Teología a las seis y media y salimos casi a las cinco a realizar la caminata; de hecho ni siquiera llegamos hasta el extremo del boulevard.

Un poco antes de llegar a la altura del supermercado más alejado dimos media vuelta y caminamos de vuelta a casa; cuando entramos Rb empezó a preparar su cena -le quedaba menos de media hora antes de entrar a su clase- y yo revisé si ya habían liberado el acceso en la plataforma del curso que había estado recibiendo durante los últimos miércoles.

Y no, aún no podía subir las últimas tareas a la plataforma; pero lo que me sorprendió fue que, de hecho, había clase ese día: se suponía que únicamente serían cuatro miércoles en los que tendríamos conferencias; la clase estuvo dirigida por un -otro- funcionario del Ministerio de Ambiente del país -la verdad es que las clases son (casi) un chiste-; aún me dió tiempo de ver la tercera parte de Disclosure Day.

El jueves, en la reunión del equipo -el supervisor la convocó una media hora más tarde-, se nos instruyó para que trabajáramos en varias tareas específicas durante el día siguiente: al principio esta persona creía que el equipo local también tendría libre el viernes; pero lo saqué de su error con un simple comentario: it's not our independence day.

Al medio día preparamos la segunda -y última- porción de tacos de pescado; de hecho a mitad de la caminata con los perros entré un momento a la casa para sacar medio dólar para comprar las tortillas de maíz que necesitaba para esa preparación -el lunes había utilizado tortillas de harina, con muy malos resultados: se habían tostado en el microondas-. 

Con tortillas de maíz los tacos quedaron mucho mejores que los del martes -el lunes y el miércoles habíamos preparado rollitos de papel de arroz rellenos con lechuga, pollo y guacamol-; al final de la tarde caminamos hacia los supermercados en dirección norte ya que Rb quería comprar unos recipientes herméticos en la tienda verde de descuentos.

Antes de pasar a esa tienda nos deviamos un momento hacia el supermercado que queda al inicio del boulevard: Rb quería sacar veinticinco dólares del cajero automático; ya en la tienda Rb encontró un par de recipientes con las medidas adecuadas -llevaba las medidas en dedos de la mano- para almacenar las galletas que está preparando -y consumiendo- últimamente.

De vuelta de la caminata pasamos a la panadería en donde encuentro el pan más económico: por un poco más de medio dólar compró el suficiente para mis dos desayunos del fin de semana; por la noche ví la parte final de Disclosure Day; y debo decir que esperaba un poco más de la misma: creí que era sobre reptilianos, realmente es sobre aliens y teorías de conspiración (como Roswell).

El viernes era un día libre para todo el equipo en el Imperio del Norte; por lo mismo preveía un día bastante relajado: me levanté a las seis y media, medité y encendí la computadora del trabajo; y ví que no habían cancelado ninguna de las dos -tres- reuniones diarias.

Pero también sabía que nadie las empezaría -lo cual, efectivamente, sucedió así-; entonces empecé a trabajar en dos de las tareas que me había asignado el supervisor el día anterior; la tercera la había completado la tarde anterior: actualizar un informe sobre el estado de las pruebas que realizamos cada mes.

Las dos tareas del día eran: agregar los pasos para reproducir un incidente en la app que probamos habitualmente; originalmente había adjuntado un video al reporte, así que tenía bastante frescos los pasos para completarlo; de todos modos me conecté a varios equipos en el Imperio del Norte, para adjuntar información más confiable.

La segunda tarea era actualizar un documento de pruebas que -se suponía- el analista que menos bien me cae nunca actualizó -o hizo un trabajo incompleto-; así que le agregué algunos pasos a uno de los procedimientos y agregué otra sección con las últimas pruebas que había realizado sobre la funcionalidad -y que había enviado por correo a mi supervisor unas semanas antes-.

Después de completar ambas tareas envié un correo mostrando el documento que había subido con el resultado de la segunda; el resto del día estuvo más tranquilo: nomás estuve corriendo varias veces los cincuenta y nueve casos automatizados que había preparado unas semanas atrás.

Y es que durante varios días -y después de la última liberación de la app- una buena cantidad de estas pruebas ya no estaban funcionando; entonces estuve utilizando varios LLMs para explorar alternativas; finalmente encontré una solución alternativa -luego de probar dos o tres opciones, por fin (por coincidencia) una funcionó-.

Por la tarde salimos temprano a la caminata diaria: Rb me había pedido que la acompañara a la sucursal del banco que está cerca de su iglesia; por la mañana había confirmado que su nueva tarjeta de débito ya estaba lista para ser entregada; la agencia la cerraban a las cinco de la tarde.

Entonces empezamos la caminata un poco después de las cuatro; llegamos a la agencia con un buen tiempo -el sol estaba aún quemante- y tuvimos que esperar un buen rato a que el agente de servicio al cliente nos atendiera -había un señor bastante campechano realizando algún trámite-.

Después de recibir la nueva tarjeta de débito pasamos al cajero automático a un costado del banco: en donde Rb cambió el pin al mismo valor de la emisión anterior; luego entramos al supermercado del lugar; en donde Rb compró un par de bolsas de manzanas verdes y un par de bolsas de pechuga de pollo.

En total eran casi diez libras de pollo, que me tocó cargar en una bolsa -no desechable- de tela; lo que me dejó marcado el hombro derecho; después del supermercado pasamos a una tienda de venta de ropa usada: un par de vecinas le habían comentado a Rb sobre las buenas ofertas del lugar.

Y no, las ofertas no eran tan buenas como en la tienda a la que acudimos normalmente a proveernos de ropa y calzado; pero sí encontré un par de tenis -siete dólares- que planeaba utilizar para las caminatas diarias -o las salidas que no hago con mis hijos-; Rb también compró un par de blusas.

Cuando pasamos por el supermercado del inicio del boulevard vimos una unidad móvil del servicio de salud pública del país: una persona -que, casualmente, Rb conocía- estaba esperando para ser vacunado contra el sarampión -al parecer hay una epidemia en el país-.

Entonces, a pesar de haber sido vacunado de niño, brindé mi información para recibir una dosis de la misma: la verdad es que no me importa mucho ser afectado -o morir- por una enfermedad de este tipo, pero sí convertirm en un factor de contagio que pueda afectar a otros.

Debido a las compras en la tienda de ropa usada y la vacuna regresamos bien tarde de nuestra caminata -casi a las siete de la noche-; por lo que Rb entró directamente a preparar su cena; yo entré un rato a mi habitación, a hacer algunas lecciones de Duolingo.

Después de que Rb cenó recogió sus bártulos del piso pues la había indicado que realizaría una limpieza de pisos -y vaciado de la mesa del comedor- ya que el sábado esperaba que mi amigo de ascendencia asiática viniera a desayunar.

Mientras barría y trapeaba los pisos -y limpiaba una mesa casi vacía- estuve escuchando algún podcast de Aprendemos Juntos de la fundación BBVA; y, después de completar estas dos tareas me puse a preparar los platos, vasos y cubiertos que usaría el día siguiente; ya no hice nada más: un poco antes de las diez me despedí de Rb, entré a mi habitación a meditar, puse la alarma para las cinco y media y me dormí.

Y a ver cómo sigue eso...