lunes, 27 de julio de 2026

Ama... Ama... Ama...

El título de este texto tiene las misma palabra en cada uno de los espacios que reservo para los tres idiomas en los que más conocimiento tengo: nací en latinoamérica y crecí con el español -o castellano-; viví un par de años en el imperio del norte y ahora trabajo en inglés; y desde hace casi media década he estado estudiando francés. 

La palabra ama, quiere decir madre en Euskera -¿del país vasco?- pero también -como el autor del libro con este título lo indica- es, en español, la conjugación para la tercera persona del verbo amar.

Me enteré de este libro -al parecer el autor anduvo por el país unas semanas atrás- en la cena que tuve con mi amigo poeta unas semanas atrás: parte de nuestra conversación tiene que ver con la lectura que tenemos en progreso.

Gracias a esto me enteré de -y leí- El olvido que seremos -y luego Ahora y en la hora- de un autor colombiano; y me llamó la atención que el libro de este sudamericano trata sobre los padres; mientras que el libro de este español trata sobre la madre.

Y me llama la atención porque mi amigo poeta pasó una buena parte de su niñez en un orfanato -sus padres murieron sucesivamente: primero la madre, luego el padre- antes de que cumpliera los seis años; es como que tratara de encontrarse en los libros.

Y a ver cómo va eso...

El martes me desperté antes de las cinco de la mañana; lo que me pareció raro porque no había tenido una comida muy tarde el día anterior; sentí que el tránsito del boulevard me despertó -y, otra vez, estaba teniendo sueños raros acerca de la vida en común con la mamá de mis hijos-.

Me quedé en la cama, después de ver la hora en la tablet, y luego me puse a leer lo que me faltaba para completar el ciclo de Wherever you go there you are y, luego, Está lloviendo y te quiero; estuve leyendo casi una hora antes de bajar al piso a meditar.

A las siete salí de la habitación; Rb andaba afuera, preparándose para empezar a recibir llamadas para traducir; jalé la computadora de la habitación de la comida de los perros hacia la mesa del comedor, y me quedé allí esperando la primera llamada de la mañana.

La reunión no estuvo muy extensa; básicamente se revisó el avance -no mucho, realmente- de los ajustes en desarrollo, previo a la nueva liberación de la app que probamos; después de la reunión me quedé en la mesa, completando lecciones de Duolingo.

Luego me fui un rato a la cama, básicamente a esperar la llamada de las nueve; Rb desayunó a las ocho porque planeaba ir a su clase de zumba a las diez; después del desayuno se metió nuevamente a la habitación, a continuar con las llamadas.

Un poco antes de las diez salió de la habitación y se dirigió a la alcaldía auxiliar en donde ha estado ejercitándose durante los últimos meses; se suponía que yo debía echarle gotas oftálmicas a su perra más anciana a las once; pero Rb retornó como a las diez y media: el instructor se había reportado enfermo y habían cancelado la clase.

Entonces se puso a realizar una rutina -algo extensa- en el comedor; yo había entrado a la reunión de las nueve, en la cual no hubo muchas novedades: aún se continúan definiendo los nuevos procesos -previo a nuestra movida a la siguiente empresa-.

Después de esta reunión -un poco antes de las nueve y media- me preparé el desayuno; después esperé la reunión de equipo -a las diez menos cuarto-; la cual no iba a realizarse -porque el supervisor andaba en una reunión con el cliente-; pero, de hecho, el mismo empezó la reunión; y nos comentó que se había suspendido la visita al cliente.

En la reunión de equipo al supervisor le interesaba, primeramente, conocer el avance de la transmisión de conocimiento que el analista que se va en un par de días; la cual había terminado el día anterior; también me preguntó -y a la analista- cómo iban los documentos, yo he tratado de seguir la guía de esta chica.

De hecho, hemos estado trabajando bastante en armonía: antes de mediodía me escribió para que la ayudara a reparar un documento en Word que había desconfigurado; y aunque traté de encontrar una solución con LLMs, al final apliqué lo que había hecho el año anterior cuando trabajé este tipo de documentos.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros -yo había dejado calentando las dos piernas y la sopa-; y cuando entramos preparé un par de ensaladas; luego almorzamos -esta vez me recordé del refresco de rosa de Jamaica que Rb había preparado durante el fin de semana-.

Después del almuerzo me preparé un café -los estoy tomando bastante aguados- y lo acompañé con un par de mitades de galleta; después estuve tratando de ajustar la app con la que quiero medir mis estados de ánimo durante el día: no me ha estado funcionando muy bien pues únicamente vibra; traté de agregarle el sonido de las campanas que uso en mi meditación, pero no lo logré.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb -ya había lavado los trastos del día-; también pelé y troceé una de las papayas que Rb había ido a comprar a la tienda de verduras; el resto del tiempo la pasé leyendo -el último libro de George Carlin-.

A las cinco y cuarto Rb preparó a su perra más anciana para llevarla al veterinario -se me había olvidado que había hecho una cita para las cinco de la tarde- y sacamos la van; mientras ella llevaba a la perra a la clínica yo entré al supermercado y compré una lechuga, un poco de bananos y un jugo de naranja -para el desayuno que preveía con mi hija mediana el sábado-.

Después de las compras pasé por la clínica a esperar a Rb -y su perra-; después conduje hasta casa; vinimos a dejar la van -y la perra- y nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte.

Yo creí que no teníamos que comprar nada -que nomás era caminar- pero, de hecho, Rb compró un atril para su celular -debe grabarse predicando en su iglesia, como paso final antes de graduarse de su programa de teología-; después retornamos a casa.

Por la noche estuve viendo -por segunda o tercera vez- el video de la clase de Storytelling de la semana -aunque me quedé dormitando un rato-; después me pasé a la habitación de Rb, a ver un poco de Disclosure Day -ahora con subtítulos en español-.

El miércoles me levanté a las seis y media; al igual que el día anterior -o los días precedentes, realmente- medité y después salí por la computadora del trabajo; pero no retorné a la cama: me quedé en la mesa del comedor, con la primera reunión del día.

En la que discutieron el avance en la última liberación -confusa realmente-; al mismo tiempo estuve jugando algunas partidas de Ajedrez en Duolingo; la reunión se extendió más de los quince minutos, pero después que terminó me quedé en la mesa.

Rb ya había empezado a tomar llamadas y había sacado a los perros grandes de su habitación; empecé a trabajar un poco en la tarea que tenía pendiente en mi trabajo, pero al mismo tiempo empecé a trabajar también con la aplicación en Flutter para mi celular.

A las ocho cuarenta y cinco Rb salió de su habitación para darle de comer a sus perros -y tomar luego su propio desayuno-; yo estaba esperando la reunión de las nueve, la que tampoco tuvo muchas novedades para nuestra área.

Después me quedé esperando la reunión bisemanal con mi supervisora local: y tenía el consuelo de que sería mi excusa para no entrar a la del equipo, a las nueve cuarentay cinco; y, justo unos minutos antes de entrar a la reunión escribí en el hilo de mensajes de la misma que no entraría, pero que estaba trabajando en conjunto con la analista.

A las nueve y media empezó la reunión con mi supervisora; en la cual no vimos casi nada relacionado con el trabajo; nomás comentamos que quizá la reunión del día siguiente sería la última del equipo local; y también le pregunté si las ausencias del analista que menos bien me cae se debían al hecho de que cuida de su madre enferma.

Pero no, eran vacaciones normales; y el hecho de que no registra la información que ella misma había definido es porque la persona no sigue los procedimientos; o sea, eso; también me comentó que al día siguiente hablaría con el equipo sobre las metas globales de la empresa (actual).

Terminamos la reunión un poco antes de las diez y me preparé el desayuno; luego le pregunté al analista que vive en la ciudad colonial sobre la reunión del equipo; y me comentó que el supervisor había indicado que debíamos trabajar en unos hallazgos reportados -también me había escrito algo sobre eso cuando avisé que no entraría a la reunión-.

Entonces me puse a trabajar en lo asignado; de lo cual nomás un error había sido reportado por mi persona, el otro, hecho había sido reportado por este analista; no me llevó mucho tiempo validar -mal los dos- y enviar la información con los resultados.

Después continué trabajando con la aplicación en Flutter, la que llegó a un buen punto; estoy planeando publicarla en la app store; no para monetizar -como le comenté a Rb en nuestra caminata vespertina- sino para generar presencia, en caso deba buscar trabajo en el corto/mediano plazo.

A las doce Rb salió de la habitación y colocó su computadora en la mesa del comedor: era la hora de nuestra rutina de ejercicios de la mitad de la semana -yo ni me acordaba-; así que me vestí y acompañé a Rb en la media hora de ejercitación.

Después de completar los ejercicios sacamos a caminar a los perros grandes; luego de que entramos me puse a calentar las dos piernas de pollo del día, la tercera porción de sopa; y además, puse a hervir agua pues he estado preparando fideos para la sopa.

También me tocó que preparar las ensaladas del almuerzo -tres tipos de lechuga, aguacate, tomate, zanahoria y manzana verde- y, como el día anterior se había acabado mi aderezo ranch, le eché un poco de mayonesa y salsa ketchup a la mía.

Después del almuerzo preparé mi café vespertino, el que consumí con una mitad de galleta chicky, una mitad de galleta pozuelo y un último octavo del zepelin que había comprado el jueves anterior.

Entonces me puse a trabajar en la asignación en la que estoy apoyando a la analista en el Imperio del Norte; aunque me tocó que contactarla un par de veces por el acceso a los servidores -y un par de dudas sobre el documento-.

Estuve trabajando con bastante concentración hasta las cuatro y media -en el ínterin preparé el té de manzanilla de Rb y lavé los trastos del día-; Rb entré a la reunión de su trabajo un poco después de las dos y estuvo en la misma casi hasta las tres.

A las cinco menos cuarto salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; no planeábamos comprar nada -aunque antes Rb me había indicado que quería ver si en una de las farmacias, que está en el extremo sur, tenían un medicamento para sus alergias respiratorias-.

Caminamos hasta el extremo del boulevar y luego cruzamos de lado; y preguntamos en cuatro farmacias diferentes sobre el antihistamínico; pero no, al parecer está completamente agotado; retornamos a casa, a donde llegamos a las seis menos cuarto.

Yo me metí a mi habitación pues quería recibir una Master Class sobre neuroplasticidad -Rb me había compartido el link, que habían publicado en Facebook-; y resultó lo que me temía: un evento para promocionar un programa psicológico (me parece) para padre de niños con lesiones cerebrales.

A las seis y media Rb entró a su clase de Teología; la que, al parecer (vino un par de veces a la habitación) estaba bastante aburrida; el evento sobre neuroplasticidad duró un poco menos de una hora; luego del cual ví la segunda parte de Day of Disclosure.

El jueves preveía un día interesante: era nuestra segunda reunión trimestral con todo el equipo local; además, había hablado con mi primo para que nos tomáramos un café después de que saliera de su trabajo -le había dicho: paso por tu trabajo y me invitás a un café-.

Me levanté a las seis y media, medité y entré a la primera reunión del día, la que no tuvo muchas novedades: tanto mi supervisor como su compañera de trabajo realizaron un par de comentarios sobre algunos faltantes en la versión de la aplicación.

Y la de las nueve estuvo más o menos igual: los desarrolladores aún no habían terminado de dominar la herramienta en la que debián haber ya empezado a estimar los tiempos de las tareas asignadas; nomás quedaba la reunión de equipo, pero el supervisor la canceló, por estar ocupado con algunas diligencias.

Un poco antes de las diez Rb se dirigió a la sede de la municipalidad auxiliar; el martes no había tenido su clase de zumba pero esperaba que su maestro ya estuviera repuesto; pero justo saliendo de la casa se encontró con la vecina, quien le dijo que habían avisado en el grupo de whatsapp que tampoco ese día tendría clase.

Entonces volvió a entrar a casa y se puso a completar una rutina de ejercicios; yo empecé a alistarme para salir un poco después de las diez y cuarto; originalmente había planeado salir antes de las diez y media, pero terminé saliendo casi a las once y cuarto.

Y el boulevard estaba lleno; casi desde que salí de la calle me incorporé a un tránsito que avanzaba a vuelta de rueda; pero traté de tranquilizarme porque no quería cometer ninguna imprudencia; costó bastante salir del boulevard, pero en el principal la situación no estaba mucho mejor.

De hecho tanto la salida del municipio como la entrada a la ciudad estaban bastante llenos; y me tocó que esperar bastante en la vía que tomo frecuentemente para llegar a la zona en la que, generalmente, nuestra supervisora organiza los almuerzos trimestrales (estaba estimando que sería el último).

Finalmente llegué al lugar a las doce menos diez -la última parte del viaje no estuvo tan mal-; sin embargo, el parqueo del restaurante estaba leno; uno de los que estaban a cargo del mismo me comentó que debía dejar la llave del auto, para que pudieran moverlo.

Y ví que una de las compañeras del trabajo había ocupado el último lugar que quedaba fuera de esta modalidad -a ella le habían pedido también la llave, pero no tuvo que dejarla porque se vació un lugar-; entramos al lugar y encontramos al PM y al desarrollador que me ayudó con el curso de ciberseguridad.

Porque aún no habían preparado el área en la cual se realizaría la reunión; esperamos un rato en recepción -yo aproveché para ir a los servicios sanitarios- y luego, sí, nos guiáron hasta el segundo nivel, en donde habían preparado una mesa bastante larga, para la ocasión.

Arriba estaba ya la supervisora -al parecer habían estado trabajando en la conexión de su computadora con la televisión del lugar-; poco a poco fueron llegando más compañeros -al final nos juntamos diecisiete personas-, los últimos cuatro bastante tarde.

Yo empecé a repartir las gomitas, que había comprado hacía varios meses, conforme las personas se iban congregando; empecé repartiendo tres a cada uno y terminé con las últimas ocho ya bastante avanzado el evento.

La reunión estuvo bastante aburrida: la supervisora presentó las metas globales y las específicas, que había desarrollado para medir el aporte indificual a las primeras; también se habló de la transición de todos hacia dos nuevas empresas; la mitad -entre los que me encuentro- a partir del primero de octubre y el resto -entre los que se encuentra ella- el primero de diciembre.

Una parte interesante de la reunión fue la conclusión de la quiniela por el Mundial; repartieron tres diplomas -en los mismos se incluía el monto a recibir-, por el tercero, segundo y primer lugar -yo quedé en tercero-; en medio de todo esto los meseros repartieron entradas -tostadas típicas-, el almuerzo -subanik (lo que nunca había comido)- y refresco -creo que era rosa de Jamaica-.

En general la reunió estuvo bien; aunque se tardaron bastante en subir el postre -rellenitos de plátano-: después del almuerzo sirvieron café, pero los rellenitos -al parecer estaban preparándolos- los repartieron casi a las tres; yo estuve viendo la hora porque a esa hora había esperado estar ya enconrándome con mi primo.

Pero estuve escribiéndole en el ínterin, y, justo a las tres le comenté que estaba saliendo del parqueo -el auto estaba ya en un lugar fijo, pero bloqueado por otros tres-; manejé tranquilo hasta el lugar de trabajo de mi primo, a donde llegué a las tres y diez; lo llamé unas calles antes de llegar y ya estaba en la carretera cuando pasé por su trabajo.

El plan original era dirigirnos a la tienda de donas a donde habíamos acudido en varias ocasiones en el pasado; pero justo después de abordar el auto me comentó que tenía una reunión con un grupo de amigos un poco más tarde, en un lugar cercano.

Entonces me propuso que nos quedáramos en un café que se encontraba bastante cerca, a donde llegamos un par de calles más tarde; me estacioné en el parqueo interior y entramos al lugar: yo conocía el negocio, aunque nunca había entrado; se trata de una marca de café -un apellido de origen alemán u holandés- algo famosa localmente.

Subimos a las mesas del segundo nivel y ordenamos: cappuccinos y pastel (yo de zanahoria y mi primo tres leches, aunque combinamos); estuvimos una hora y media en el lugar entre café y conversación -bastante literatura-: mi primo lee bastante.

Un poco antes de las cinco le comenté a mi primo que iba a empezar a conducir porque quería estar en la casa de Rb antes de las siete de la noche -quería entrar a la clase de storytelling-; mi primo se hizo cargo de la cuenta -diecisiete dólares-, nos despedimos en el parqueo e inicié la conducción a casa.

La cual no estuvo tan mal: retorné un poco antes de las seis de la tarde; cuando entré a la casa vi que los perros estaban solos; saqué a los dos grandes al patio, me cambié de ropa y llamé a Rb, para ver en qué dirección había caminado.

Me comentó que ya venía de vuelta de los supermercados en dirección norte; entonce le indiqué que la encontraría en el camino; metí a los perros a la casa y salí al encuentro de Rb; quien venía a unas ocho o diez calles -me traía el pan de mis desayunos-.

Por la noche estuve leyendo un poco del libro en francés -Petit Nicolas- y también vi la tercera parte de Day of Disclosure; durante la tarde le había comentado a mis compañeros de trabajo que esperaba más de la misma: que fueran reptilianos o algo similar, y no, nomás es una versión actualizada de ET.

El viernes me levanté a las seis y media; el día anterior había estado jugando con la idea de mejorar mi desempeño laboral -llevo más de un lustro hacia la baja-: algo como establecer un mejor formato para el documento que he estado trabajando con la analista; pero luego desistí de mi iniciativa.

Me levanté a meditar y luego salí por la computadora del trabajo; pero no me la llevé a la cama: me quedé trabajando en la mesa del comedor; aunque, debido a compromisos de la compañera de mi supervisor, la reunión de las siete de la mañana había sido cancelada.

Mientras Rb empezaba a responder llamadas -ha ganado casi mil dólares en dos meses de este trabajo- yo me puse a completar partidas de ajedrez en Duolingo -aunque el desempeño de la aplicación (especialmente en ajedrez) continuaba siendo problemática-: me había tenido ya varias semanas teniendo que bloquear y desbloquear el celular, para descongelar la pantalla.

Además, me puse a leer algunos artículos de HackerNews, y sucedió lo que me ha pasado varias veces: un artículo llevo a otro, el que llevó a conocer un autor, lo que llevó a buscar sus libros, lo que llevó a uno nuevo a mi listado -pero este sí lo comencé el mismo día-.

La reunión de las nueve fue bastante rutinaria -de forma bastante bizarra, únicamente los desarrolladores participan activamente en la misma, pero bueno-; y luego, aunque no tuvimos la reunión de equipo, el supervisor estuvo pidiendo algunas aclaraciones sobre nuestras pruebas, en el hilo de mensajes del grupo.

Además, a las nueve estaba programada la reunión -en la que muchas veces no participo, por tomar vacaciones, semanal en la que se revisan los avances de cada uno -del equipo local y del que está en el Imperio del Norte-; pero el jefe de mi supervisor había escrito en el hijo de mensajes de esa reunión que no iba a poder participar.

Uno de los analistas en el Imperio inició la reunión un poco antes de las nueve; y yo me uní un par de minutos mas tarde; luego se unió otro analista con el que he trabajado algunas veces -que es bastante ignorante en cuestiones de tecnología-; yo les comenté lo que había avisado el jefe mayor; estuvimos conversando un par de minutos y luego cerramos la llamada.

Continué leyendo algunos artículos -y algo del libro en francés- hasta el mediodía; a esa hora Rb salió de la habitación y completamos la rutina de ejercicios de los viernes; luego nos tocó llevar a la perra más anciana al veterinario: era la segunda -de tres- semana del tratamiento -para la vejez- en curso.

Mientras Rb entraba a la veterinaria con su perra yo me dirigí al supermercado del lugar; allí compré tres tomates pequeños -para el desayuno que preveía preparar el sábado para mi hija mediana-; después pasé por Rb -y su perra- a la clínica y retornamos a casa.

Vinimos a sacar a los perros y luego entré a calentar el almuerzo; como el día anterior no había almorzado en casa -por la reunión trimestral-, Rb había consumido uno -el penúltimo, me parece- de los pescados del freezer; pero teníamos la última porción de piernas asadas, sopa de tomate y ensalada; lo que tomamos en el almuerzo.

Después del almuerzo me preparé un té de hierbabuena -la vecina nos había regalado varios manojos de su jardín, la semana anterior-, el cual no me pareció la gran cosa; sigo prefieriendo el de menta de Lipto -que compro en el supermercado-.

El resto del día -laboralmente hablando- continuó con su curso normal; hasta las cinco de la tarde; a esa hora salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; cuando íbamos de camino me recordé que no había retirado los cien dólares que necesitaba para el regalo de cumpleaños de mi hija mediana -había llegado a los veintiséis el jueves anterior-.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos al otro lado del mismo;  para entrar al supermercado que se encuentra en las cercanías; Rb se dirigió a la carnicería y yo me quedé esperando turno en el cajero -había dos personas delante-.

Cuando llegué a encontrar a Rb estaba conversando con el carnicero; y resultó que la pechuga de pollo que habíamos comprado el lunes no era apta para su consumo: Rb había estado insistiendo que estaba condimentada y yo negándolo -no creía que fuera importante-; incluso me dió a probar un trozo que había cocinado para su perra y no le encontré nada diferente.

Pero el carnicero le confirmó que, en efecto, la bolsa de pechuga era parte de un lote de carne condimentada; entonces Rb tuvo que comprar otra buena cantidad de pechuga -para ella y para su perra- y yo asumí el costo -y el consumo- de la bolsa -eran como seis libras- que habíamos comprado el lunes.

Después de pagar las compras caminamos hasta el otro supermercado; allí Rb compró algunas alitas de pollo y un poco de bananos; luego continuamos el camino hacia casa; ya habíamos entrado a la calle cuando recordé que necesitaba pan para el día siguiente: nos tocó que salir a la panadería de la vuelta.

Y cuando volvimos a entrar pasamos a la tienda de la esquina: necesitábamos una zanahoria para los almuerzos de la siguiente semana; después sí, caminamos a casa; por la noche empecé la lectura del libro del autor canadiense que había encontrado por la mañana.

El sábado me levanté a las cinco y media de la mañana: habíamos quedado con el analista más brillante del equipo -cuyo último día de trabajo había sido el anterior- en reunirnos a las siete de la mañana, en la cafetería en la que, usualmente, desayuno con mis conocidos y amigos.

Pero también debía preparar el desayuno que iba a compartir con mi hija mediana; entonces, me levanté a las cinco y media, medité, me duché y entré a la cocina a preparar un par de panes rellenos con huevos y embutidos, lechuga, tomate y aguacate.

Los panes quedaron enormes y, luego de empacarlos con papel encerado, terminé de preparar la mochila con aislante térmico -el día anterior había colocado en la misma un par de platos, tenedores, vasos y una bolsa de snacks-; un poco después de las seis y media salí de casa.

Llegué a la cafetería un par de minutos antes de las siete; entré al lugar -estaba medio lleno- y me senté a una de las mesas más cómodas disponibles; iba a escribirle a mi amigo para comentarle que ya había llegado, pero ví un mensaje recién enviado: mi amigo se disculpaba por un atraso de entre cinco y diez minutos.

Entonces aproveché para completar algunas lecciones de Duolingo -ajedrez-; llevaba tres o cuatro partidas cuando ví que mi amigo se aparecía; iba a dejar la mochila en la mesa para reservarla mientras ordenábamos, pero me ganó la vena cívica y me la llevé a caja.

Ordenamos lo mismo -un par de desayunos típicos: catorce dólares- y retornamos a la mesa, la cual ya estaba ocupada por un par de bolsos; por lo que nos dirigimos al área infantil -en la cual, afortunadamente, no había mucha gente-, la cual incluso estaba mejor pues el sonido de la música ambienta era un poco mas tenue.

Encontramos una mesa similar a la que habíamos dejado y estuvimos en el lugar por un poco más de hora y media, entre desayuno y conversación; la verdad fue un buen tiempo: mi compañero es muy brillante -aunque la forma en que lo transmite es un poco deficiente: de forma bastante densa-.

La primera vez que habíamos desayunado -el año anterior-, al preguntarle sobre lo que quería hacer en su vida, no me había comentado gran cosa: le gustaba el trabajo, estaba cómodo y no preveía muchos cambios; pero todo cambió con la venta de nuestra área a otra empresa; entonces se fijó más en el mercado laboral y, a través de LinkedIn, entró en el proceso que culminó con su contratación.

Según me comentó va a una empresa transnacional -con presencia en casi todo el mundo- que adquirió (hace como treinta años) la cadena local de supermercados más grande; ganará un poco más, estará ejecutando tareas más interesantes, pero tendrá que estar entrando a la ciudad todos los días -y él vive, quizá, al doble de mi distancia-.

Un poco después de las ocho y media le pregunté a mi compañero sobre su disponibilidad de tiempo; y me comentó que en cinco minutos debía retirarse, debido a alguna clase a la que debía asistir; entonces, un poco más tarde, nos despedimos; yo esperé a que saliera del lugar para pasar al baño y esperar un poco más de tiempo, y terminé saliendo un poco antes de las nueve.

Del restaurante me dirigí al departamento de mis hijos, pero, como la hora acordada con mi hija era las diez, manejé bastante tranquilo; y aún pasé a mi pastelería favorita, a comprar un mini cake, para compartir en el desayuno.

El parqueo en el comercial en donde está esta sucursal de la panadería estuvo un poco complicado -el lugar es bastante estrecho-; pero el lugar estaba bastante vacío; el pastel me costó tres dólares y medio y lo almacené en la mochila con aislante térmico, antes de continuar el viaje al departamento de mis chicos.

Llegué al lugar con bastante anticipación; subí al séptimo nivel, entré al departamento y me acomodé en la habitación designada como sala; jugué un par de partidas de ajedrez y luego saqué mi computadora con Ubuntu -la había llevado para adelantar algo en escritura-.

Esperé hasta las nueve menos cinco y entonces le envié un mensaje a mi hija mediana, comentándole que ya estaba en el lugar; ella se hizo presente bastante rápido; le propuse ir al parque temático e iniciamos la caminata -con ella casi nunca usamos el elevador-.

EL día estaba bastante fresco: nublado pero sin lluvia; caminamos tranquilamente hasta el parque temático; entramos al lugar y aprovechamos que el área de mesas al aire libre estaba bastante vacío: ocupamos una de las mesas en las cuales el sol no estaba incidiendo directamente.

Procedimos a desayunar -panotes, jugo de naranja, snacks y (como postre) pastel-; después le propuse a mi hija una partida de Scrabble; la que, realmente, no se extendió tanto como había esperado: mi hija es bastante buena con el lenguaje.

Después de completar la partida le propuse que nos subiéramos a la rueda de Chicago, por lo que caminamos los pocos metros que nos separaban de la misma; pero cuando nos acercamos a la misma, la encontramos detenida: y con un vehículo de servicio a su lado.

Entonces le propuse a mi hija que paseáramos por el zoológico del lugar; el cual tiene una fauna bastante limitada: algunos grandes felinos; varias aves exóticas y muchas especies de mamíferos endémicas -o al menos lo eran en el pasado- de la región.

Después de esta caminata iniciamos el retorno al departamento; a donde llegamos bastante temprano -acababa de pasar el mediodía y habíamos acordado despedirnos a la una y media-; me instalé en la sala y mi hija me siguió un poco después, con su propia computadora -también con Ubuntu-.

El mes anterior le había enviado -respondiendo a su petición- un pequeño proyecto que podía desarrollar en C; pero, la verdad, el mismo era muy avanzado para su nivel -totalmente principiante-; me estuvo mostrando algo de código pero no era funcional.

Me disculpé por haber enviado un problema inadecuado y le ofrecí el envío de uno más acorde a su nivel; a la una y media nos despedimos y bajé al sótano por la van; el camino de vuelta estuvo bastante vacío; hasta llegar a los semáforos de entrada al municipio: las últimas dos o tres calles me llevaron casi quince minutos.

Vine a casa como a las dos y cinco -le había escrito antes a Rb comentándole que volvería alrededor de las dos-; y la encontré terminando de almorzar en su habitación; entonces me metí a la cocina a preparar mi almuerzo: corté una salchicha y media en trozos, los cuales freí y luego ahogué en una salsita de tomate ranchera.

Paralelamente puse a hervir un par de tazas de agua; en los que sumergí -cuando hirvió- treinta gramos de fideos de arroz; cuando todo estuvo a punto serví las salchichas en un plato de porcelana y los fideos en un tazón de plástico -y agregué mayonesa a lo último-.

Almorcé tranquilamente -viendo algún video de Youtube- y luego me retiré a leer un rato a la habitación; un poco después Rb me sugirió que vieramos la primera mitad de una película de Will Smith que me habían recomendado: Collateral Beauty (creí que era reciente pero, realmente, había salido una década atrás-.

Después de ver -casi- la mitad de la película nos alistamos para salir: Rb me había pedido que camináramos antes de realizar el viaje al supermercado en donde realizamos compras a granel; entonces caminamos hacia los supermercados en dirección norte.

Como me tocaba ir a la casa de mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad, y acababa de pasar su cumpleaños, había planeado comprar una bolsa con ocho pastelillos empacados individualmente -en la tienda verde de descuentos, por un poco menos de cuatro dólares-.

Caminamos hasta el lugar y allí adquirí la bolsa de pastelillos; luego pasamos al supermercado que se encuentra al inicio del boulevard y compramos jengibre y un poco de bananos; luego, con nuestras compras, retornamos a casa.

Entramos a dejar las compras y salimos a arrancar la van; en la cual nos dirigimos a la sucursal local del supermercado en el que realizamos las compras a granel; había aún un poco del tránsito de los sábados por la tarde.

Finalmente llegamos al lugar; una de las principales compras a realizar era el saco de comida para perros, que le llevo a mis padres en las visitas trimestrales; además, dos o tres días antes, me había quedado sin aderezo para ensaladas -lo había sustituido por una mezcla de mayonesa y ketchup-.

Aproveché para comprar un paquete de galletas de chocolate -he considerado, ligeramente, dejar de consumir este tipo de productos, pero aún no he llegado al punto de contemplarlo seriamente-; completé mis compras con un par de bandejas de alitas de pollo.

Rb, por su parte, compró un par de bolsas de nueces -no se resigna a dejar de consumir este tipo de alimentos- y un paquete de desodorantes que no había encontrado en nuestras últimas visitas al lugar; luego de pagar por las compras retornamos a casa.

Por la noche decidí dejar de jugar ajedrez en Duolingo -al menos en el celular habitual- porque he visto un pésimo funcionamiento de la app en esa área: ese día -o el anterior- había tenido que cancelar una partida porque no pasó nada cuando un peón llegó al otro extremo del tablero-.

También decidí dejar las lecciones de matemáticas en la misma app -es, básicamente aritmética y (un poquito de) álgebra-; aunque no pude eliminar ninguno de los dos cursos en el teléfono; pero me pasé a jugar -una o dos partidas nomá- en el teléfono antiguo -la pantalla está astillada-.

El domingo me levanté a las seis y media; la noche anterior había considerado desactivar las alarmas por el día; pero, finalmente, no cambié nada y el reloj sonó a las seis y media; me levanté a meditar y luego retorné a la cama; no me dormí sino que hice varias lecciones de Duolingo -Portugués-.

Rb entró un poco después de las ocho: después de las lecciones de Duolingo me había quedado en la cama, leyendo el nuevo libro en inglés; el cual estaba tan bueno que recorté un párrafo y se lo envié a varios de mis contactos en whatsapp.

Un par -o tres o cuatro- de ellos me respondieron, agradeciendo el párrafo y, alguno, o quizá un par, comentando sobre la atinada reflexión del autor sobre dos conceptos que, a primera vista, podrían no ser percibidos de la forma presentada.

Rb desayunó un poco antes de las nueve; y me pidió que la acompañara a la parada del busito a las nueve y media; así que me quedé en la mesa del comedor, viendo algunos videos de Youtube; a la hora convenida me vestí y salimos al boulevard.

Estábamos apenas saliendo del portón cuando vimos que uno de los busitos venía en el boulevard, le hicimos señales para que se detuviera y me despedí de Rb; luego retorné a casa y puse manos a la obra: quería dejar envuelto el regalo -una caja con material e instrucciones para tejer un animal- que planeaba darle a mi doctora el próximo sábado.

Después de completar el envoltorio -utilicé la mitad de un pliego de papel de regalo navideño, de un par comprado en el anterior diciembre- me lavé las manos y partí la papaya que Rb había dejado preparada en el lavatrastos.

Después me preparé el desayuno, en el cual incluí la mitad de uno de los pastelitos que había comprado la tarde anterior; después del desayuno sopesé en qué ocuparme -no quería pasarme una hora (u hora y media) nomás viendo videos de Youtube-; así que le pedí a Mistral que ordenara aleatoriamente tres palabaras: escribir, leer y limpiar.

Y salió la última palabra en la primera posición; así que metí los bártulos de limpieza y pegué una buena barrida/trapeada a los pisos de la casa; después volví a intentar con escribir y leer y salió lo primero.

Así que empecé a actualizar mis notas -incluyendo esta- en la computadora de Ubuntu; y eso me llevó un buen tiempo; de hecho aún estaba a menos de la mitad de lo que había planeado redactar cuando me llamó Rb; me costó contestar porque le había puesto los audífonos al celular y no había notado ese detalle (pero la llamé de vuelta, por whatsapp).

Rb me indicó que ya había salido de la iglesia y que se estaba dirigiendo al supermercado; entonces, me cambié de short y salí por la van; y conduje hasta el comercial cercano a la iglesia -el tránsito estaba bastante pesadito, en el boulevard principal).

El parqueo del comercial también estaba bastante lleno, de hecho tuve que estacionarme en un lugar bastante alejado; total que cuando llegué al supermercado encontré a Rb ya saliendo del mismo, cargando dos bolsas de manzanas verdes y una pequeña red de aguacates.

Retornamos al auto y conduje de vuelta a casa; el tránsito estaba un poco menos denso en ese lado del boulevard principal; entramos a casa a dejar las compras y preparamos a los perros grandes para su caminata diaria; luego entramos a preparar el almuerzo.

La semana anterior (miércoles o jueves) se me había resbalado (mientras lo lavaba) el plato hondo en el que había estado consumiendo mis ensaladas durante la última década; una lástima porque era bastante adecuado para su uso; pero no pude detener su caída cuando se me resbaló de las manos -jabonosas- y se estrelló contra el piso, causando una hendidura en su borde.

Lo tiré ese día -luego de disculparme con Rb- y mientras ella iba al cuarto de la lavadora a buscar otra opción, finalicé la desaguada de los trastes; un poco después ella volvió con dos ensaladeras muy bonitas -y muy poco prácticas-: una de vidrio -muy grande y muy honda- y una de porcelana -con un diseño en relieve muy complicado-.

Acepté usar -mientras acudimos a la tienda de ropa usada para adquirir un nuevo trasto- la de vidrio y procedí a lavarla y dejarla en el área de secado -estaba llena de polvo-; y esa fue la que utilicé este día para sustituir la que había quebrado antes.

Rb preparó las alitas y las puso a la estufa; y yo empecé a consumir la ensalada en lo que las mismas se cocinaban; total que cuando las alitas estuvieron listas, yo ya estaba terminando la ensalada -era enorme-.

Completé el almuerzo con el pollo y luego me preparé un té de menta; acompañado con un poco de pan dulce, un par de mitades de galletas y la mitad del pastelito que había reservado por la mañana; después continué en la mesa del comedor, viendo algunos videos de Youtube.

A las dos y cuarenta y cinco -cuando la alarma sonó- le preparé un té de manzanilla a Rb y lavé los -pocos- trastes del almuerzo; después esperé a que Rb le diera de comer a sus perros pues habíamos acordado terminar de ver la película de Will Smith.

Collateral Beauty es una película interesante; trata sobre el dolor de la pérdida y la decepción de la vida; y, como no, al final es sobre la esperanza y la aceptación de todo lo que la vida nos presenta -me emocioné un poco al final de la misma, creo que tiene un buen twist-.

Después de terminar de ver la película me volví a retirara a mi habitación, para continuar con mis notas -incluyendo esta- y esperar a la hora en la que habíamos acordado empezar la preparación de los almuerzos de la semana: las cinco de la tarde.

Aunque, realmente, Rb empezó a cocinar alrededor de las cuatro y media; yo continué en la habitación hasta que terminé mis notas; luego, a las cinco, y me puse manos a la obra: pelé cuatro grandes güisquiles -el viernes habíamos cosechado una docena, los demás los repartimos entre los vecinos-.

Despues utilicé la mandolina para picar apio y cthile pimiento; los cuales coloqué en un gran bol plástico; después pasé por la mandolina los güisquiles y cuatro o cinco zanahorias, llenando un bol aún más grande.

Después de completar mi contribución a la preparación de los almuerzos de la semana me retiré a mi habitación para completar lecciones de Portugués en Duolingo; luego -mientras Rb cenaba- completé una partida de Scrable en inglés.

Un poco antes de las ocho salí de la habitación y me pasé -con la computadora con Ubuntu- a la de Rb, para terminar de ver -por segunda vez (aunque con subtítulos en un idioma distinto)- Day of Disclosure.

Y antes de las nueve realizamos la división de los almuerzos para la semana: cuatro porciones de un poco más de una libra; mas un par de porciones de seis o siete onzas -que reservamos para el viernes, en el freezer-.

Había pensado leer algo antes de retirarme a la habitación -de hecho había planeado retirarme antes de las diez- pero, al final, no pude decidir si continuar con el libro en inglés que acababa de empezar, o seguir con la lista de los otros que llevaba a medias.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario