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viernes, 20 de junio de 2025

Aparatos... Gadgets... Gadgets...

De las primeras compras que realicé cuando empecé a trabajar como ingeniero fue una computadora -lo primero creo que fue una cama y una bicicleta-: era una pc usada con un monitor ámbar -o verde, no recuerdo-.

Y es que la tecnología ha sido -desde mi adolescencia- uno de mis temas favoritos; recuerdo que por mi época universitaria tenía una revista con modelos de varias computadoras personales; que, por ese tiempo, no podía adquirir.

Desde esa primera PC -que envié al final a la casa de mis papás, cuando empecé la convivencia con la madre de mis hijos- casi siempre he tenido una computadora: fue en una de estas que mis hijos aprendieron a leer -antes de que cumplieran tres años-.

Y es el regalo que les realicé a cada uno de mis hijos -en lugar de una fiesta, que es lo que se acostumbra por estos lados- cuando fueron cumpliendo los quince años: una computadora portátil, nueva, de paquete.

De hecho esas fueron las primeras tres computadoras que compré nuevas; el resto siempre lo iba adquiriendo de segunda mano; pero, en general, cumplieron su función: mantenerme al día con la tecnología -y un poco de programación-.

En mi segundo viaje al Imperio del Norte compré mi primer dispositivo móvil (inteligente): un compañero de trabajo -y buen amigo- estaba cambiando de celular, y me vendió -en cincuenta dólares, creo- su Palm Pilot.

Aunque no, eso fue en mi último viaje al Imperio; en el segundo había comprado -en ebay- una palm de las que aún usaban stylus para ingresar información en la pantalla; la del tercer viaje tenía un teclado qwerty físico.

Fue también en el tercer -y último- viaje que compré mi primera computadora portátil: en el lugar en el que realizaba trabajo voluntario adquirí un par de laptops reconstruidas; la primera fue una Dell que me costó menos de cien dólares, la segunda era una Lenovo. 

 Ambas eran bastante antiguas para la época -dos mil ocho-, la batería apenas aguantaba y el wifi costaba que funcionara; pero aún así podía conectarme a la red desde el exterior de algunas tiendas -o desde el interior de las bibliotecas-.

Las dos computadoras las traje conmigo en el último viaje de vuelta; y fue con una de ellas que hackeé el wifi del vecino en la habitación en la que viví casi una década; ambas me aguantaron más de cinco años luego de que las comprara.

La siguiente me la envió mi amigo científico a quien apoyé en algunas clínicas de Linux en el lugar en el que realizábamos trabajo voluntario; creo que le envié de vuelta sesenta o setenta dólares; las siguiente dos también me las envió el mismo amigo, aunque esas no me las cobró.

Esas dos las usé por el siguiente lustro; hasta que, la última me dejó a principios del presente año; y entonces compré la primera computadora nueva para mi uso personal: la Lenovo que utilizo ahora para cuestiones que no tienen que ver con mi trabajo -para eso uso la de la misma marca que me proporciona la empresa-.

En el caso de los celulares; después de perder el Huawei en el viaje a la Suiza Centroamericana, compré un Samsung; y ahorita voy por el tercer dispositivo de la misma marca; lo uso principalmente para hacer Duolingo y jugar ajedrez. 

También fue para avanzar en Duolingo que compré mi primera tablet -ayer compré la segunda-: el celular que usaba en ese tiempo tenía una pantalla pequeña y se me dificultaba responder los ejercicios escritos.

Pero la tablet no me funcionó para eso: la versión Go de Android que tenía instalada no funcionaba bien con la app de Duolingo; entonces la empecé a utilizar nomás para leer -y jugar algunas veces ajedrez-; y me acompañó hasta hace un par de semanas.

Uno días antes empezó a perder carga con mucha rapidez; la estuve utilizando conectada, pero un día ya no encendió; la dejé sobre una caja de plastico que tengo en mi estantería de la ropa; y un par de días más tarde la batería estaba completamente inflada.

Entonces utilicé el Kindle para continuar leyendo; lo que fue una molestia por dos razones: la primera es que el format que el lector que este modelo trae no lee archivos epub; nomás mobi; así que tuve que convertir los siete libros a medias a este último formato.

La otra cuestión fue que me empezó a cansar mucho la lectura: la pantalla del Kindle no brilla -se supone que es una ventaja porque es como si fuera papel-; pero, con mi estado actual de la visión -uso lentes de lectura desde hace casi diez años, utilizar una lámpara me cansaba demasiado rápido la vista.

Por eso, y porque ví hace un par de día que el Kindle estaba perdiendo muy rápido la carga -tiene como ocho o nueve años de edad- decidí adquirir una nueva tablet; la anterior la había comprado justo en los días de la pandemia y era marca EPIK -o sea, genérica-.

Estuve buscando en internet algunos modelos parecidos en tamaño; y ayer que fuimos a los supermercados en dirección norte le pedí a Rb que pasaramos a Office Depot: había visto una tablet de ocho pulgadas marca RCA.

Nos tocó que salir con paraguas y chumpas pues la lluvia ha estado cayendo de forma intermitente; y en esa tienda de Office Depot no tenían el modelo -era una oferta disponible únicamente en algunas tiendas-.

Después de Office Depot pasamos a Dollar City y luego al supermercado; había decidido pasar el sábado a la sucursal de la primer tienda, a adquirir la tablet; pero, justo saliendo del supermercado Rb me sugirió pasar a una tienda de electrodomésticos a mitad del camino

Y resultó que solo tenían en existencia dos tablets; la más barata, una Samsung A9, costaba ciento veinte dólares dólares (la de la otra tienda costaba un poco menos de cien); por lo que utilicé la tarjeta de Rb para comprarla.

Por la noche le instalé un lector que maneja los dos formatos de los libros que estoy usando (Epub y Mobi) y además, empecé a utilizar una aplicación online para mejorar mi nivel de ajedrez.

También, ayer empecé a ver una película de Studio Ghibli que no fue dirigida por Miyazaki: The Cat Returns; el día anterior -o dos días antes- había terminado de ver la primera de este director -de las exitosas, al menos-: Porco Rosso.

Y a ver cómo sigue eso... 

domingo, 6 de octubre de 2024

Las IAs... The AIs... Les IAs...

Desde hace unos meses he estado colaborando -por unos centavos de dolar por hora- con una empresa canadiense para entrenar la inteligencia artifical que estándesarrollando -o ya ajustando quizá-: me anoté al programa e hice algunos trabajos de reconocimiento de imágen; luego -como ella estaba de baja por razones médicas- le pedí a mi hija que completara algunas tareas.

Al final nos 'ganamos' como setenta dólares en dos meses -los que aboné a la línea de crédito que ha estado bastante abultada para mi hija, debido a su curso de Técnico en Emergencias Médicas y a la misma baja médica- y después no tuve muchas noticias del programa: no hubo asignación de tareas por varios meses.

Hasta que el mes pasado me contactaron para aplicar a una posición para redactar prompts: se supone que se requiere un BA o en proceso de un PhD (al final tengo un Msc) y tener conocimientos de nivel experto en alguna área; por supuesto elegí tecnología.

La semana pasada me mandaron una evaluación -no sé por qué sigo siendo tan bueno en este tipo de pruebas- para medir mi nivel de tecnología y programación; las preguntas de código estuvieron interesantes -'comprobé' luego algunas con las IAs de las cuales me sirvo y la respuesta de la mayor parte estaba correcta-.

Se supone que el pago en horario es un poco mejor (como la mitad del salario mínimo actual de la ciudad del imperio del norte en la cual viví hace como veinte años): usualmente por acá se gana como la cuarta parte de lo que gana nuestra contraparte en el Imperio; hace un par de días me enviaron unos documentos para revisar el proceso -se vé bastante complicado- y se supone que esta semana debo realizar una última prueba antes de empezar con el trabajo serio.

Y a ver cómo va eso...

El lunes el trabajo estuvo tranquilo; cerré la tarea que aún tenía activa y me puse a buscar mi siguiente asignación: creé una nueva tarea que, espero, me tomará una semana para darla por finalizado; después de la reunión tuve una pequeña conversación, por whatsapp, con el mejor amigo de mi hija mayor (aunque realmente no han tenido comunicación desde el año pasado): me comentó que se casaba este mes y que quería invitarme a la iglesia, pero no a la recepción, porque ya no tenía cupo.

Agradecí su invitación y le indiqué que usualmente planeaba mi agenda con varios meses de anticipación; me compartió el evento (por Canvas) y me metí de una vez al sitio del almacén en donde usualmente nos proveemos de artículos para el hogar -allí habían ‘elegido’ sus regalos de boda- para comprarle un presente (una olla de cocina).

La SM que me está apoyando con el evento de ciberseguridad publicó el volante del día; cuando estaba preparando el exámen que enviaré el viernes me percaté de que uno de los volantes de la semana pasada tenía un error: uno de los conceptos tenía una definición similar a uno del volante anterior.

Le pedí a la SM que lo reparara y luego, aprovechando el error, lancé un challenge para otorgar puntos extras a quien pudiera encontrar y reportar el error; dos personas lo hicieron completamente y otras tres -entre ellas mi supervisora, parcialmente.

Al mediodía preparamos unos wraps con papel de arroz pero no salieron tan bien porque los ingredientes estaban calientes y eso hacía que el wrap se suavizara; pero el almuerzo estuvo bien; después del almuerzo sacamos a caminar a los perros y después del horario laboral hicimos la rutina de ejercicios de los lunes; por la noche completé el primero de los diez archivos json sin ningún error; y empecé con el segundo, que tiene varios errores por corregir; serán unas semanas interesantes; mi objetivo es dominar las mil seiscientas preguntas que repartí en estos diez exámenes.

El martes me levanté a meditar a las seis y media; luego entré a la reunión y después me puse a realizar los primeros movimientos financieros del mes: transferir los treinta dólares con los que contribuyo (eso y el internet) mensualmente a los gastos fijos de Rb.

Luego pagué los noventa dólares del mantenimiento mensual del apartamento de mis hijos -le envié copia a mi hija mayor para que notifique al administrador- y actualicé el registro que llevo hace más de cinco años sobre mis gastos diarios.

Allí noté que en estos cinco años han habido cinco meses en los que me he sobrepasado completamente del gasto medio: el segundo año en dos ocasiones; la primera fue el cuarto mes del segundo año, por el pago del master en ciberseguridad que obtuve en línea con una universidad española; el mismo año, pero el último mes, por ayudar a mi padre para que saliera de una deuda por la que le estaban embargando parte de su salario. 

Y las otras tres han sido por mi hija segunda: hace un par de años por los pasajes del viaje a Japón; el noveno mes del año pasado y el primero de este para completar los pagos de su último año de estudios (se supone que estas últimas dos ocasiones fueron un préstamo, pero no cuento con el reembolso -aunque ya abrió una cuenta bancaria para iniciarlo-).

También noté que mis gastos totales durante estos cinco años han sido un poco menores al valor del apartamento que adquirí para mis hijos este año; por lo que creo que puedo darme por satisfecho con el manejo de mis finanzas.

El resto del día estuvo bastante tranquilo; almorzamos nuevamente los wraps con papel de arroz que preparamos el día anterior, sacamos a caminar a los perros y, después del horario laboral, fuimos a los supermercados que quedan en dirección norte.

Allí compré un par de paquetes de bolsas de basura: mi hijo menor me los había pedido el fin de semana; por la noche estuve avanzando con The Happiness Trap y un poco de L'épaisseur d’un cheveu; también llegué casi a la mitad del segundo de los diez archivos que estoy repasando para mantenerme al día con PSPOI, CompTIA y CEH.

El miércoles me levanté media hora antes (a las 6:00) porque quería, entre la meditación y la reunión diaria, avanzar en la tarea en la que estoy trabajando estos días; lo que me resultó bastante bien; después de la reunión diaria hice mis lecciones de Duolingo (nuevamente estamos en el challenge semanal con Rb) y después estuve leyendo un poco del libro en francés; después me dormí un poco (pero puse una alarma para las nueve y veinte porque tenía la reunión quincenal con mi supervisora).

Cuando la alarma sonó me levanté a preparar mi desayuno y lo tomé mientras me reunía con mi supervisora; la reunión, como de costumbre, estuvo bastante tranquila: nomás revisando los asuntos laborales que están en marcha.

Por la tarde, después del horario laboral, realizamos la rutina de ejercicios de los miércoles; por la noche terminé el libro de francés y avancé en otro par: completé el ciclo del de ciberseguridad y dejé a medias el de Mindfulness.

Trato de no jugar ajedrez antes de dormirme pues usualmente acelera mi ritmo cardíaco; ayer en todo el día no había ganado ni una sola partida de todas las que jugué contra el teléfono y en la noche puse un poco más de atención.

Usualmente le deso buenas noches a Rb y me retiro a mi habitación a las once -luego de lavarme los dientes-; generalmente leo un poco, luego medito y luego me duermo -alrededor de la medianoche-; pero ayer -como alguna otra noche- me puse a jugar ajedrez en vez de leer; luego de tres o cuatro partidas por fin pude hacer jaque mate; pero, a pesar de haber leído un poco a continuación, me costó bastante concicliar el sueño.

Entonces me puse a pensar que tengo cincuenta y un años y que, a pesar de que la edad promedio máxima de un hombre en nuestro país es de sesenta y nueve o setenta años, quizá pueda llegar a vivir, digamos, setenta y cinco.

Si ese es el caso, quiere decir que aún podría vivir, quizá, veinticuatro años; y me puse a pensar que podría dividir ese período en tres grandes fases y planear su desarrollo de esa forma; creo que podría trabajar como estoy en este momento hasta los cincuenta y nueve o sesenta; luego empezar a bajar el ritmo -medio tiempo? parcial?- durante los siguientes siete u ocho años; y dedicar los últimos (si llego) ocho años a hacer trabajo completamente voluntario; siempre he dicho -y lo sostengo- que quiero morirme trabajando; quizá lo ideal es agregar, no por dinero.

A pesar de haberme dormido bastante tarde anoche, no me costó levantarme hoy: me levanté a meditar y luego jalé la computadora a la cama para entrar a la reunión diaria; después de la misma me quedé en la cama pero no me volví a dormir; me puse a buscar videos para iniciar y cerrar la tercera fase del evento de ciberseguridad que estamos llevando a cabo; luego me puse a hacer Duolingo.

Un poco antes de las nueve salí de la habitación ya que Rb sale los jueves a las nueve y cuarto y usualmente me pide que salga en caso sus perros quiieran salir al patio; desayuné y me puse a revisar los dispositivos conectados a nuestro router -y a instalar una herramienta de ‘testeo’ de ciberseguridad de puntos de acceso a internet-.

Un poco más tarde saqué la basura -había bastante porque, el día anterior en que pasa el servicio(martes), habíamos retornado la basura pues llegó la noche y no pasó el camión - y, aproveché para conversar un poco con el anciano que se ha encargado desde hace unos meses de mantener controladas las ramas de los árboles de la calle.

Por la tarde Rb acudió a su sesión de acupuntura/masajes/fisioterapia y, después de que terminó mi horario laboral, me dirigí a la clínica: habíamos acordado que la iba a esperar fuera para pasar retornar a casa; me tocó caminar bastante rápido pues por estar viendo algunos aspectos del trabajo salí algo tarde de casa; llegué con un par de minutos de retraso al lugar pero ella salió como diez minutos más tarde; de vuelta pasamos a la panadería a comprar el pan de mis desayunos.

El viernes estuvo raro: me levanté a desayunar y luego estuve viendo algo en la computadora -lo que hago usualmente antes de entrar a la reunión diaria-; y nadie abrió la reunión; me metí al calendario y me dí cuenta que la habían cancelado para ese día.

Me puse a trabajar en el envío de la evaluación de la segunda fase del evento de ciberseguridad que estamos llevando a cabo y luego trabajé un rato en mis asignaciones actuales; al mediodía almorzamos pescado: yo había guardado, en el freezer, la mitad del mío hace un par de semanas y nomás había que calentarlo; Rb preparó otro de los que envió mi madre la última vez que fui al puerto; después del horario laboral hicimos la rutina de ejercicios de los viernes.

El sábado me levanté a las seis de la mañana; había planeado hacer ejercicios en la bicicleta estacionaria y desayunar antes de salir: habíamos quedado con uno de mis últimos amigos del voluntariado en encontrarnos a las ocho y media en un McDonald’s cerca del centro histórico.

Pero no pude hacer los ejercicios ni el desayuno: Rb me había pedido la noche anterior que sacara una bolsa de mango licuado del freezer; y es bien complicado reordenar todos los congelados para que cierre sin que el frío se escape.

Total que nomás hice lo del mango, me bañé y me dirigí al centro; el auto no lo hemos tocado desde el domingo anterior; se suponía que el mecánico iba a venir el lunes; el martes lo llamé y dijo que iba a venir el martes; luego esperamos hasta el jueves y ofreció venir el sábado.

Caminé hasta el lugar en el que pasan los buses intermunicipales y luego tomé, en el periférico, el transmetro; un poco antes de las ocho estaba en el centro histórico -a unas diez o doce calles del Mc Donald’s al cual me dirigía-.

Llegué al lugar con quince minutos de anticipación y aproveché para hacer mis lecciones matutinas de Duolingo; luego jugué algunas partidas de ajedrez, esperando a mi amigo; como no había desayunado -y él no había llegado quince minutos luego de la hora acordada- lo llamé pero no me contestó; decidí esperar otros quince minutos y, si no aparecía, comer algo en el lugar y luego retornar a casita; pero cinco minutos después me llamó para comentarme que estaba entrando al lugar.

Luego nos pasamos el siguiente par de horas en el lugar, entre desayuno y conversación sobre las últimas novedades de la vida de cada uno: tiene tres años de casado -la hija de su esposa (que tiene veinticuatro años) vive con ellos- y en algún momento a principios de año consideró regresar a vivir solo, por los dramas familiares.

Al principio de nuestra reunión le había entregado un presente: el día anterior había envuelto en papel de regalo el mini ajedrez que mi amigo asiático autista me trajo de su último viaje al imperio del norte; casi al terminar la reunión le propuse que hiciéramos un plan de pagos (hace más de dos años le presté ochenta dólares) y ví que cambió momentáneamente el color de su rostro; pero estuvo de acuerdo, aunque no tanto como para comprometerse en el acto.

A las once le propuse que camináramos hasta el lugar en el que debía tomar el transmetro para regresar a casa -el lugar queda en la ruta que él debía tomar luego de la reunión- y a las once y veintisiete le escribí a Rb para comentarle que estaba abordando la unidad; me apeé en la penúltima estación y de allí caminé hasta el comercial en donde tomamos los busitos que vienen a la colonia; un poco después de las doce y media estaba entrando a casa.

Almorzamos un caldo de pollo con las pechugas y piernas de la mezcla que habíamos estado consumiendo durante la semana  y luego sacamos a caminar a los perros; por la tarde estuve leyendo la última parte del ciclo de Bang Bang Bodhisattva.

También fuimos a los mercados en dirección sur pues necesitábamos adquirir pollo -y otros ingredientes- para los almuerzos de la próxima semana; en la noche terminé de ver The Wolfs -Bradd Pitt y George Clooney- y vimos un capítulo de una serie de HBO sobre un estudiante musulmán que mata -bajo los efectos de drogas- a una chica; terrible.

El domingo había planeado hacer una rutina de ejercicios en la bicicleta estacionaria al nomás levantarme; me levanté a las seis y media, medité y me puse las pesas de tobillos; elegí una rutina de veinticinco minutos en Youtube y completé la misma.

La verdad no me gustó; o sea, como que el inicio dle día no es mi momento ideal para ejercitarme; después de la rutina me bañé y luego preparé el desayuno de los fines de semana; el resto de la mañana estuve actualizando la página web en la que tengo mi perfil profesional, después de hacer Duolingo; también estuve dormitando un poco a media mañana.

Almorzamos alitas de pollo y arroz con huevo y, luego de sacar a caminar a los perros, me pasé casi toda la tarde en Youtube: viendo algunos videos de los canales que sigo y revisando algunos de una Booktuber; luego bajé tres o cuatro libros para las líneas de español y francés.

Luego leí la segunda mitad del ciclo actual del libro de francés: se me está haciendo bastante cuesta arriba pues la mayor parte es introspección (y en segunda persona) pero al fin lo terminé y me pasé a la última parte de Los Escorpiones.

Y a ver cómo sigue eso...

domingo, 29 de septiembre de 2024

El carro otra vez... The car, again... La voiture, encore...

El domingo pasado me levanté a meditar a las seis y media y luego retorné a la cama a hacer Duolingo y a dormir un poco más; a las nueve salí del dormitorio y, después de que Rb desayunara, fuimos en automóvil a un supermercado pues últimamente sospecha del ajo que estamos consumiendo y quería probar otra marca.

Aproveché para comprar seis paquetes individuales para preparar café Nescafé; al mediodía almorzamos la tradicionales alitas de pollo y luego sacamos a caminar a los perros; a las tres me dirigí a la casa de mi amigo que vive en la colonia donde habité la década pasada; y, como este jueves tengo reunión de trabajo, aproveché para cortarme el cabello en la peluquería que está justo frente a este lugar.

A las tres y media crucé la calle y compartí el siguiente par de horas con mi amigo, una taza de café y el zepelín que había adquirido un par de días antes; estuvimos poniéndonos al día de la vida de cada uno y aprendiendo el primer paso para armar el cubo de Rubik de 3x3x3 -mi amigo se había aprendido los colores de los centros-; a las cinco y media me despedí y retorné a casita; por la noche estuve haciendo Duolingo -volví a quedar en segundo lugar en la liga semanal- y leyendo un poco de L’eppaiseur d’un cheveau.

El lunes estuvo bastante tranquilo: desde el sábado había empezado con el formateo del segundo libro de exámenes para el certificado del Council Ethical Hacker; la verdad estuvo bastante complicado; Rb salió temprano pues tenía cita en la clínica holística en donde le están aplicando masaje, acupuntura y quiropráctica: serán dos sesiones por semana por las siguientes cinco.

Empecé con Python y luego me pasé a VBA en Excel -mi opción favorita desde hace más de dos décadas- y no fue sino hasta el comienzo de la noche de lunes que pude por fin pasar las doscientas preguntas al archivo de json; y aún así, he encontrado bastantes errores en las preguntas: en las primeras tres o cuatro autoevaluaciones que he hecho me ha tocado retornar al archivo y corregir las opciones de varias preguntas.

Por la tarde mi hija mayor me contactó para que le prestara dinero (ciento treinta dólares) para comprar implementos para el final de su curso de técnico de emergencias médicas; el sábado me había mencionado algo y yo estuve de acuerdo en financiar su último esfuerzo; por la noche entré a Duolingo y luego terminé el ciclo del libro de francés; para continuar luego con Bang Bang Bodhisattva; 

El martes me levanté a las seis y media y, después de meditar, compilé la información de las evaluaciones del curso que estoy promoviendo de Ciberseguridad; a las siete le envié la información al programador que me está apoyando; luego entré a la reunión diaria; la cual estuvo bastante tranquila; después de la reunión tuvimos una conversación por texto con el dev y la pm sobre la forma de administrar las calificaciones del evento; al final todo quedó acordado.

Durante el resto de la mañana estuve avanzando en Bang Bang Bodhisattva; hasta la hora del almuerzo: el caldo de pollo que preparamos el domingo; nos tocó esperar un poco para sacar a los perros pues la lluvia ha estado constante a esta hora durante la semana.

Después del horario laboral fuimos a los supermercados en dirección Norte; compramos bananos y en la sección de embutidos adquirí un paquete de chorizos y uno de longanizas para el asado que planeamos preparar el próximo domingo.

El miércoles todo estuvo tranquilo; después del horario laboral realizamos la rutina de ejercicios de los miércoles; después salimos a la tienda de verduras en donde adquirimos un par de papayas y cuatro manzanas verdes.

El jueves me levanté tarde; después de meditar y entrar a la reunión volví a la cama; Rb salió un poco después de las nueve hacia su visita semanal al mercado del centro histórico; yo estuve trabajando hasta las once menos cuarto; a esa hora me bañé y luego tomé el auto para dirigirme al almuerzo trimestral de nuestro equipo de trabajo; el lugar era un lugar elegante de una de las zonas más exclusivas de la ciudad.

Llegué al lugar con cinco minutos de anticipación (mediodía) pero, por no ver indicación de parqueo en el edificio al que me dirigía, me metí al parqueo del edificio vecino (donde tienen su sede varios organismos internacionales); me costó parquearme y al salir del parqueo y caminar un poco hacia el lugar del almuerzo me percaté del anuncio mostrando una gran P dentro de un círculo; retorné a sacar el auto (tuve que pagar un dolar y medio) y me cambié al parqueo del edificio al que iba.

La operación me tomó bastante y llegué al lugar con quince minutos de retraso; de hecho mi supervisora estaba ya presentando los resultados trimestrales -pero luego de mí llegaron dos o tres colaboradores más-; compartí el almuerzo con los dos colaboradores del área administrativa y uno de mis compañeros del departamento.

Me percaté de que, además del proyecto que estamos llevando a cabo, hay otro par de proyectos que propusieron -y recibieron aprobación- por parte del mismo dev que nos está ayudando con ciberseguridad y otro la persona de infraestructura en el equipo; el almuerzo -carpaccio, risotto y un postre muy bueno de leche condensada y menta- estuvo mejor que el anterior -en el lugar de comida hindú- y, por compartir la mesa con una persona vegana y una alérgica al gluten, me tocó doble postre.

Luego del almuerzo estuvimos compartiendo un poco con el resto del equipo y luego cada uno empezó a retirarse; a las tres -la hora límite- quedaban tres o cuatro compañeros aún; y luego me quedé con la diseñadora del equipo; yo debía esperar pues había quedado de pasar por mi primo a su lugar de trabajo -ahora está en un call center en un edificio bastante cercano a donde iba a trabajar hace cinco o seis años-.

Acompañé a mi compañera a comprar un smoothie y luego aún esperé un rato antes de sacar el auto del parqueo -cuatro dólares y medio-; luego conduje al edificio -le escribí a mi primo para que me esperar en el lugar- pero no ví a mi primo; dí una vuelta a la calle -y le escribí para que saliera a la acera-.

Mi primo se subió al auto y le entregué tres pequeños trozos de papel en los que había escrito las opciones que se me ocurrían para compartir un rato: pasar a un lugar a tomar algo y luego llevarlo a su casa, llevarlo a su casa y preparar café (yo llevaba un par de sobres de café) o traerlo a la casa de Rb, refaccionar y llevarlo por la noche a su casa.

Se decidió por la tercera opción y le escribí a Rb para comentarle que venía hacia casa con mi primo -el año pasado pernoctó un día por acá-; no nos costó mucho entrar -aunque un par de tramos en el camino sí estaban bastante llenos- y un poco más tarde estaba parquándome frente a la casa.

Los dos perros grandes de Rb se emocionaron co la visita y -a pesar de que no era la primera vez- estuvieron agasajando a mi primo; dejamos las mochilas y salimos a comprar pan; con el que preparé una pequeña refacción: pan francés con frijoles y café con pan dulce.

Estuvimos en el comedor hasta un poco antes de las siete; a esa hora le pedí a Rb que me acompañara a dejar a mi primo a su casa; el tráfico estuvo un poco pesado en el lugar de costumbre y un poco más al llegar a la colonia en la que vive mi primo (a una cuadra de la universidad nacional).

Lo dejé fuera de la garita y dí la vuelta; afortunadamente había un carril reversible por lo que nos ahorramos una buena parte del tráfico de retorno; no tuvimos muchas dificultades y un poco más tarde estábamos de vuelta.

El viernes me levanté a la hora acostumbrada -seis y media-, medité y entré a la reunión diaria; luego salí de la habitación a prepararme el desayuno de los fines de semana; después retorné a la cama; se suponía qu enos íbamos a reunir a las nueve y media para continuar ocn el trabajo de ciberseguridad.

Un poco antes de la hora el dev nos escribió para proponer que la reunión se realizara por la tarde; consulté con la SM y pasamos la reunión para las tres; se supone que los viernes almorzamos pescado pero, como ayer me tocó almorzar afuera, nos terminamos el caldo que estuvimos comiendo toda la semana.

A las tres nos reunimos para planear el trabajo de las siguientes semanas; la reunión tardó casi una hora pues nos entretuvimos en algunos otros temas más personales -lecturas personales y así-; a las cuatro hicimos, con Rb, la rutina de ejercicios de los viernes y luego salimos a comprar verduras y papayas.

El sábado me levanté a las seis y media a meditar; estaba lloviendo; salí de la habitación a preparar -y tomar- el desayuno de los fines de semana y luego retorné a la cama; seguía lloviendo y temí que todo el día se mantuviera el mismo clima.

Hice mis lecciones de Duolingo y había planeado leer un poco pero, debido al clima imperante, me quedé dormido y me desperté hasta que Rb me envió un mensaje -y me llamó por Whatsapp- para recordarme que ibamos a salir a las nueve y media.

Me levanté, me vestí y salimos hacia los mercados en dirección sur; compramos pollo y algunos ingredientes para los almuerzos de la próxima semana -yo compré otros paquetes de café instantáneo, un frasco de café instantáneo y media docena de coquitas-.

Cuando retornamos -casi a las once- me puse a hacer la rutina de ejercicios en la bicicleta estática; luego sacamos a caminar a los perros y luego me bañé; después preparé las ensaladas que había planeado; saqué del refrigerador las coca colas que había puesto a enfriar y un par de paquetes de gel congelado.

Cargué las cocacolas, las ensaladas y el gel congelado en la mochila-hielera de Rb -y los snacks y un par platos en mi mochila- metí ambas mochilas en el auto y me despedí de Rb; el tránsito estuvo terrible; no solo empezaba a pocas cuadras de mi casa sino que, en el lugar de costumbre, se detuvo por completo durante más de diez minutos; incluso llamé a mi hijo para avisarle que llegaría tarde; quizá a la una y media.

El embotellamiento por fin se liberó un poco -no había ninguna razón verdadera para que hayamos estado detenidos durante tanto tiempo- y traté de no alterarme mucho: total, ya le había avisado a mi hijo; al final llegué con diez minutos de retraso, me parqueé y subí al apartamento.

Entré y no ví a nadie -nomás varios trastes sucios en el lavaplatos-; me puse a lavar los trastes y llamé a mi hijo para avisarle que ya había llegado; continué lavando, puse a secar los trastes y luego me senté frente al balcón a meditar -viendo el tráfico-.

Mi hijo salió un poco más tarde y conversamos un momento; luego le propuse que nos dirigiéramos al parque temático más grande de la ciudad; en la salida nos ocurrió algo bizarro: la perilla de la puerta le quedó en las manos a mi hijo; la reparamos pero le indiqué que debíamos planear el cambio pues no se ve muy segura.

Caminamos las ocho cuadras hasta el parque -una extra para llegar a una gasolinera en cuya tienda vende hot dogs- y en el mismo nos dirigimos directamente al área de mesas; afortunadamente en esta ocasión no estaba reservado el lugar por lo que pudimos ocupar una mesa para tomar nuestro almuerzo: partimos los hot dogs para consumir una mitad diferente de cada uno; y compartimos las ensaladas (lechuga, zanahoria, manzana verde y aguacate -con aderezo césar o ranch-), los snacks y las coca colas.

Después del almuerzo le propuse a mi hijo que nos subiéramos a la rueda de Chicago gigante; no le gustó mucho la idea pero aceptó; después de bajar del juego mecánico empezamos a caminar de vuelta al apartamento; pasamos a la panadería de costumbre pero, en lugar del zepelín de costumbre- compré un par de porciones de pastel -y una docena de pan tostado, pues había planeado pasar a visitar a mi tía favorita-.

Retornamos al apartamento y le escribí mos a mi hija mayor para ver si ya se encontraba en el lugar -para convidar a pastel y café-, pero ella aún se encontraba en el lugar en el que estaba presentando el exámen final de su curso de técnico médico -afortunadamente pasó todas las pruebas-; partí mi porción de pastel y reservé la mitad para mi hija mayor y luego compartimos un café -y pastel- con mi hijo menor; continuamos con la coversación hasta las cinco y media -le había escrito a mi tío para consultarle si podía pasar por su casa-.

A las cinco y media me despedí de mi hijo menor y bajé al parqueo; a las seis menos cuarto estaba parquándome en la calle donde vive mi tía; toqué el timbre de la casa y mi tío bajó a abrirme el portón; en el comedor encontré también a mi tía y mi segunda prima favorita.

En la planta baja estaban celebrando el cumpleaños de las gemelas de mi primo por lo que cuando llegué -mis tíos viven en el segundo nivel- me convidaron a pastel de fresas con crema -y café-; les entregué el pan tostado y estuve un poco más de una hora conversando con mi tía y mi prima -mi prima se despidió un poco más tarde-.

Un poco antes de las siete le indiqué a mi tía que tenía que retirarme y me despedí; el tráfico estuvo bastante ligero por lo que no tardé mucho en el retorno a casa; lavé y puse a secar los trastos que había usado en el almuerzo cn mi hijo y me puse a corregir el primero (de los diez) archivos json que he preparado para la continua revisión de mis conocimientos de PSPOI, COMPTIA y CEH.

Hoy me levanté a las seis y media, medité y salí a prepararse el desayuno de los fines de semana; después volví a la cama a hacer DUolingo y leer un rato; también me quedé un rato dormitando, puse el reloj para salir de la habitación un poco antes de las nueve, ya que habíamos quedado con Rb de ir al supermercado donde compramos abarrotes a granel.

Por ser domingo no había mucho tránsito y llegamos bastante temprano al supermercado; llevábamos una lista para proveernos -y yo llevaba una lista para comprarle algunos productos de limpieza a mis hijos-; todo estuvo bastante bien, incluso compré el tradicional pastel de tres leches; lo malo fue cuando retornamos al auto: cargamos las compras en el asiento trasero y nos dispusimos a retornar; pero el auto se negó a encender; justo como me pasó hace varias semanas muy temprano.

Probamos varias opciones -como lo que nos había recomendado el mecánico-; luego lo llamamos y aún así no arrancó; Rb llamó a una grúa y nos dispusimos a esperar: se tardaron casi una hora en llegar; en el ínterin nos tocó que salir del automóvil pues Rb empezó a hiperventilar; hicimos un poco de ejercicios de respiración y continuamos esperando; cuando llegó la grúa el conductor nos indicó que lo más recomendable era empujar el auto fuera del parqueo porque estaba muy lleno (había una larga cola para ingresar).

Yo había ido a encontrar a la grúa fuera del parqueo y dos jóvenes (bastante fornidos) me acompañaron para empujar el auto; pero, el bendito auto arrancó cuando lo pasé a neutro; Rb fue a sacar dinero al cajero pues igual debíamos pagar el viaje de la grua (65 dólares).

Nos despedimos de los trabajadores y retornamos a casa; y bueno, nuestra contribución a una pequeña empresa familiar; se supone que le mecánico vendrá a ver el auto el lunes y a ver si se logra reparar; no pienso tocarlo mientras se mantenga el problema.

Antes del almuerzo sacamos a caminar a los perros pues el tiempo ha continuado bastante lluvioso; luego preparamos las alitas y una gran ensalada y después del almuerzo preparé -mientras lavaba los trastos- el té de manzanilla para Rb y un té chai para mí.

El resto de la tarde lo pasé avanzando en The Road to character -me está costando bastante- y en continuar afinando el primero -de diez- archivos json que preparé con las preguntas de PSPOI, CEH y COMPTIA; por fin logré llegar al final de las ciento sesenta y cinco preguntas.

Y a ver cómo sigue eso…

domingo, 22 de septiembre de 2024

Certificado... Certified... Certifié

Al final del día un certificado es nomás la expresión de la constancia de una persona: soportar o mantenerse en el camino durante el suficiente tiempo para completar con los requisitos para obtener una prueba de que se llegó al final.

En el ínterin pueden pasar muchas cosas: abandonar y regresar -una o más veces-; avanzar sin parar; extender o acortar la ruta: mi papá se inscribió a la misma Universidad nacional el mismo año en que yo ingresé -aunque ya había intentado con una privada, creo-; hace cuatro o cinco años obtuvo -por fin- el título de maestro de educación media.

Y ahora anda -supuestamente le falta un año de clases- en la búsqueda del título de Licenciado en Educación; mi pregunta sería: ¿por qué?; quizá debería ser: ¿por qué no?; porque la final, creo que lo mismo pasará en mi vida -aunque el diploma de licenciado lo tengo hace más de veinticinco años-.

Porque el aprender -o el aprendizaje- es uno de los 'valores' vitales en mi vida; me cuesta pensar en una época en la que no haya andado con un libro bajo el brazo -aunque desde hace ya más de cinco años, la mayoría han sido digitales-.

Quizá me toque -también- morirme con un libro bajo el brazo...

El lunes estuvo tranquilo en todo sentido: me levanté a las seis y media a meditar; luego retorné a la cama para la reunión diaria del equipo de trabajo; después me dormí hasta las nueve y media; a media mañana me levanté a desayunar.

Después estuve leyendo la primera parte de The Happinness Trap; me tocaba enviar un flyer del evento de ciberseguridad pero había planeado hacerlo por la tarde; antes del mediodía la PM que nos está apoyando lo envió -no recordaba que ese había sido el acuerdo-.

Al mediodía Rb preparó arroz con  mollejas e hígados de pollo; antes de almorzar sacamos a caminar a los perros; lo que estuvo bien pues después del almuerzo empezó a llover y nos hubiera complicado la rutina.

Después del horario laboral hicimos la rutina de ejercicios de los lunes; luego de un buen baño estuve leyendo un rato; completando el libro de CAT y terminando La blague du siecle; luego bajé varios libros para continuar la línea de francés.

También ví. por la noche. el segundo capítulo de la cuarta temporada de Porni; esta es una serie Noruega que hemos estado viendo con Rb por varios años; no recuerdo desde hace cuánto y no recuerdo cómo la encontramos; pero nos ha parecido bastante interesante.

El martes Rb sacó el auto para llevar a su perra más anciana a que le cortaran el cabello; por la mañana mis hijos me contactaron -mi hijo menor- para que les pagara el servicio de Internet; supuestamente no recordaban que yo me había comprometido a hacerlo.

Antes del mediodía recibí un correo del trabajo en el que la supervisora anunciaba el próximo jueves para la reunión trimestral del equipo de trabajo; será un almuerzo en otro lugar elegante de una de las zonas más pudientes de la ciudad -para ese día había planeado mi segundo día de vacaciones del mes.

Como Rb había salido en la mañana con su perra no quería salir a caminar por la tarde, sino realizar ejercicios en la sala; por lo que, después del horario laboral, me fui -solito- caminando a los mercados que nos quedan en dirección norte; cuando salí del supermercado compré un número de la lotería nacional.

El miércoles Rb fue a una cita en una clínica holística que queda en el área de los supermercados en dirección norte; le aplicaron acupuntura, masajes y una inyección homeopática -agua, según yo-; por la mañana tuve la reunión quincenal con mi supervisora; le comenté lo de mi día de vacaciones de la otra semana y le propuse cambiarlo para este viernes; lo cual aceptó.

Además, le propuse -y aceptó- que invitáramos a los cinco miembros del equipo de administración de nuestro departamento -con quienes compartimos ubicación geográfica- al evento de ciberseguridad que iniciamos hace un par de semanas; dos personas aceptaron la invitación.

Por la tarde me puse a depurar uno de los cuestionarios que encontré en un libro para obtener el certificado CompTIA; el cual se ve interesante pero cuesta diez veces el precio del PSPOI; por la tarde, después del horario laboral, realizamos los ejercicios de los miércoles; luego fuimos a la tienda de las verduras.

El jueves terminé de depurar el cuestionario que había iniciado el día anterior; Rb fue al centro histórico a realizar la compra semanal de frutas; me trajo, cuando retornó, un par de mis zepelines favoritos; por la tarde me reuní con el dev y la pm con quienes estamos realizando el evento de ciberseguridad.

Por la tarde pude pagar un año de la cuota del Colegio de Ingenieros; había intentado hacerlo por la mañana pero el banco ligado al gobierno es bien ineficiente y me marcaba como inactivo -realmente estoy activo hasta el fin de este año y pago un año y medio antes-; afortunadamente en la página del colegio pude pagar con mi tarjeta de crédito; después del horario laboral fuimos a los supermercados en dirección sur.

A pesar de haber decidido hace unas semanas no pagar los doscientos dólares para obtener el certificado de PSPOI, al final me dije que por qué no… Así que planeé utilizar el día de vacaciones que me tocaba el viernes para realizarlo.

El viernes me levanté a las seis y media de la mañana -mi horario normal últimamente-; medité y retorné a la cama para enviar el primer quiz del evento de ciberseguridad que estamos llevando a cabo este trimestre; a las siete envié el form de MS y luego pagué el examen para el certificado.

Y funcionó muy bien; completé las ochenta preguntas antes de los treinta minutos y volví a repasar desde el inicio; justamente la primera o segunda la hubiera obtenido mala porque de tres respuestas probables nomás había elegido dos; creo que me ayudó haber estado repasando obsesivamente las más de ochocientas preguntas que había encontrado por varios lugares de internet… muchas eran muy parecidas.

Al final obtuve una calificación de 79/80 (me queda duda de cual fue la que no contesté correctamente) e inmediatamente le envié un screenshot al SM de nuestro equipo -y al ex compañero que se está dedicando a ser PO en algún sitio de freelancing-.

Luego distribuí la noticia entre muchos conocidos -y mis dos hijos-; después preparé el desayuno de los viernes y, a las diez y media, hicimos la rutina de ejercicio de los viernes con Rb: como era mi día de vacaciones, y tenía que salir por la tarde, le pedí a Rb que hiciéramos la rutina de ejercicios antes del mediodía.

A las dos y media tomé la penúltima libra de café que me quedaba del viaje de mi tercera jornada como traductor y empecé a caminar hasta el lugar en donde tomamos el bus intermunicipal; lo que fue providencial porque nomás saliendo de la calle al boulevard ví el nivel de embotellamiento del viernes por la tarde; afortunadamente el bus pasó bastante rápido y luego también el Transmetro.

Llegué con más de cuarenta minutos de anticipación a la estación del transmetro más cercana al lugar en el que habíamos acordado reunirnos con mi ahijado profesional; por lo que decidí pasar a la juguetería más grande la ciudad a ver si había un buen juego de ajedrez con piezas grandes; encontré uno bastante aceptable -veinte dólares-; el cual adquirí; luego caminé a la cafetería en donde nos habíamos visto la última vez con mi ahijado.

Y volvió a pasar lo que continúo notando: pedímos unos café y unos pastelillos y nos dieron un dispositivo que se suponía vibraba cuando la orden estuviera lista; pero ví que dos o tres personas habían pedido luego de nosotros y ya habían recibido su orden.

Me acerqué al mostrador y al parecer habían ‘perdido’ nuestra orden; por lo que se las recordé -con la factura- y, cuando me ofrecieron que me la llevarían a la mesa; pero no, me quedé esperando en el mostrador; y bueno.

Pasamos un poco menos de dos horas con mi ahijado; poniendonos al día de la vida de cada uno: lo ví un poco más lleno; no sé si es el estilo de vida o la edad -o ambas cosas-; a las seis menos cuarto -había puesto una alarma- nos despedimos y me dirigí a la estación del transmetro más cercana; luego caminé hasta el comercial en donde se estacionan los busitos que vienen a la calle donde vivo.

El sábado me levanté a las seis y media, medité y volví a la cama a hacer Duolingo; luego me levanté a preparar el desayuno de los fines de semana; después del desayuno fuimos con Rb a los supermercados en direción sur y a la tienda de las verduras.

Venimos un poco después de las once y me puse a hacer veinte minutos de bicicleta estacionaria; luego de bañarme me puse a preparar las ensaladas que había planeado llevar para el almuerzo con mi hija; salí justo a las doce y media de casa y creí que llegaría tarde al apartamento de mis hijos; pero no, afortunadamente el tránsito no estaba muy pesado y un par de minutos antes de la una estaba estacionando en nuestro espacio del edificio.

Mi hija ya estaba lista cuando llegué al apartamento; y mi hijo salió a la sala a saludar; nos dirigimos con mi hija mayor al parque temático más grande de la ciudad; aunque antes de entrar compramos -en una gasolinera a un par de calles- un par de hot dogs.

Nomás entrar al parque buscamos un lugar para almorzar -todo estaba lleno- y dimos buena cuenta de los hotdogs, ensaladas y snacks -había llevado la mochila hielera de Rb-; después compré un boleto para subir a la rueda de Chicago más grande del parque; luego retornamos al apartamento; en el camino pasamos a la panadería de costumbre a comprar un zeppelin.

En el apartamento preparamos té para los tres y convivimos un momento; también estrenamos el nuevo juego de ajedrez en una partida con mi hija mayor; a las cinco y cuarto me despedí de ambos; había estado considerando si conducir las dos cuadras hasta donde había quedado de reunirme con el voluntario en cuya fiesta de cumpleaños coincidimos por primera vez con Rb hace once años; o caminar.

Al final caminé el par de cuadras; llegué al lugar con cinco minutos de antelación y mi amigo llegó con cinco minutos de retraso; compré un par de cafés -y un pie de queso para mí- y pasamos la siguiente hora poniéndonos al día de cada vida.

Hace once años cumplió treinta -allí nos conocimos con Rb-; hace un año celebró los cuarenta y nos invitó a una fiesta temática con disfraces de cartón: de las pocas veces que hemos salido con Rb durante los últimos años -debido a sus alergias alimenticias-.

A las seis y cuarto mi amigo me pasó a dejar al edificio donde viven mis hijos, saqué el automóvil y retorné a casa; el tránsito estaba un poco raro pero no me tardé mucho antes de estar parqueando el auto frente a la casa de Rb.

And life just goes on...

domingo, 22 de mayo de 2022

Pérdidas (2022)... Losses(2022)... Pertes (2022)...

 Estoy casi seguro que ya había escrito una entrada sobre el mismo tema (y bueno, fue enero del año pasado), por lo cual le estoy colocando a este el año en curso... ayer perdí el gorro que mi hija mayor me tejió hace unos meses y del cual nunca me separaba al salir de casa -o al menos al salir utilizando el automóvil pues aún en nuestra latinoamérica unida llevar el cabello crespo hasta los hombros no envía un buen mensaje cuando eres bajito y morenito-... una vaina.

Ayer ví a mi hija mayor y a mi hijo menor... desde que hemos empezado a reencontrarnos (a finales del año pasado) había estado estimando verlos al menos una vez cada dos meses pues están empezando el camino de la veintena y no quiero inmiscuirme en sus vidas personales.

Nos vimos un par de veces a finales del año pasado y luego para mi cumpleaños, para el cumpleaños de mi hijo menor y una tercera vez en un sábado en medio de estos... aunque esa vez fue únicamente para almorzar; en general nos reunimos después de mi clase de lengua de señas, almorzamos y pasamos la tarde conversando, viendo videos o jugando algun board game -pero en las computadoras-.

Ayer había planeado que retornáramos a origami pues al final el arte de la conversación no es fuerte con ninguno de los tres y realizar una actividad manual nos ayuda en el desarrollo del diálogo; lastimosamente el papel que pasamos a comprar luego de almorzar en Taco no fue el mejor para la actividad: papel construcción.

Al comentar sobre la frecuencia de las reuniones también estuvieron de acuerdo en probar una el próximo mes; por lo que ahora sí planeo llevar las instrucciones claras para armar una pelota de futbol de origami (son dos grupos: 12 hexágonos y 30 pentágonos) y llevar un papel más adecuado para origami: papel ariel o papel arcoiris.

Empecé a leer Come as you are después de ver que lo mencionaban en un capítulo de The Good Doctor; igual con Rb no hemos tenido relaciones desde hace varios meses pues debido a su re acercamiento a su iglesia no se siente cómoda con las relaciones 'fuera del matrimonio'; en tres semanas iremos a la oficina de mi abogado y resolveremos esto último.

Llevo Come as you are como al 20% y lo dejé en pausa porque empecé a leer TakeDown, que es un thriller que explora la posibilidad de un segundo atentado en Nueva York cinco o seis años después del primero; el libro es como los de Dan Brown: acción pura, y lo encontré mientras buscaba otro con el mismo título.

Hace un par de semanas leí TakeDown de 1996; lo bajé porque lo mencionaban en un video de YouTube en donde hablaban de los hackers más peligrosos -o famosos, no recuerdo- en la historia de la informática: el libro está escrito por un japonés hijo de un premio nobel de química y dedicado a la seguridad informática al que le hackean (esto fue hace como 30 años) sus máquinas y le roban software.

La historia es muy buena y se desarrolla en la época en la cual yo estaba a la mitad de mis estudios universitarios; al inicio me puso un poco nostálgico al darme cuenta de lo lejos que siempre estuve de sumergirme en la informática en esa época; luego nomás lo leí como lo que era: una explicación de la forma en la que lograron detener a un black hat.

También leí El Mundo no es como crees; que es sobre los bulos que se difunden por internet -y aún antes de la era de la desinformación-; empecé El lado oscuro de Internet que más parece un panfleto de amenazas cibernéticas que un libro de ciberseguridad y The Everything Kids Learning French, que bajé de VK para continuar practicando francés.

Leí All the bright Places que se llevó varios premios del género de  Young Adult y del cual creo que hicieron una serie, pero aún no decido si veré la serie; casi no he estado consumiendo contenido audiovisual -aparte de los canales de difusión científica que sigo en Youtube-.

Además leí The Psycology of Money, que encontré buscando algunos libros de no ficción; este libro me dió bastante paz para aceptar mi situación actual y venidera; creo que nunca olvidaré lo que un escritor dijo que tenía que no poseía un billonario que estaba agasajándolos en su mansión: suficiente.

Empezando a explorar Platzi vi en la pila de libros detrás de una profesora The Atheist who didn't exist y empecé a leerlo pero lo dejé como al 30% porque me aburre la discusión sinfín de un pastor protestante tratando de invalidar las creencias -o no creencias- de los ateos.

Más o menos me pasó lo mismo con La Izquierda Feng Shui, aunque en este avancé hasta el 66%; el libro fue escrito por un divulgador científico y youtuber mexicano-español que básicamente critica cualquier posición liberal de esta generación; sentí que era nomás una repetición de lo mismo, aunque aún no he descartado terminarlo; a diferencia del anterior.

Rb me mostró el otro día un tweet donde uno de nuestros intelectuales locales mencionaba que estaba leyendo The Basic Laws of Human Stupidity; lo bajé del sitio en el cual he conseguido la mayor parte de mis lecturas de este año y me sorprendió por su cortedad: son un par de ensayos sobre el tema escritos por un historiador de economía italiano del siglo pasado.  Creo que lo leí en un par de horas, pero igual, tiene detalles bastante interesantes.

No me decido aún a leer 21 lessons for the 21st century; su autor -creo que es filósofo -no, historiador-, israelita y homosexual- se volvió superfamoso con su otro par de libros: Sapiens y Homo Deus; personalmente desconfío de los super ventas; pero creo que lo exploraré al terminar lo que tengo a medias.

El que sí creo que -finalmente- leeré es The Subtle Art of don't give a f*ck; lo he visto varias veces y mi hijo me comentó hace un tiempo que lo había -según su costumbre- entreleído varias veces; ayer que almorzamos me comentó que lo había completado en varias ocasiones y que pensaba volver a repasarlo un día de estos: creo que aborda de una forma 'interesante' la situación mundial actual.

La semana pasada revisé el estado de mi aplicación a una green card y el resultado fue el más probable: denegado; igual las probabilidades eran ínfimas, por lo que el plan A sigue su camino, en tres semanas firmaremos con Rb un documento que nos convertirá en una pareja unida legalmente; yo le he repetido varias veces -incluso tuvimos una conversación con bastante drama la semana pasada pues creo que repetí el tema una vez más de las recomendadas- que para mí no tiene ninguna importancia o cambia en algo mi percepción de la situación.

Yo no le he comunicado -aparte de a mi abogado- a nadie sobre mi cambio de estado civil legal -ni siquiera a mis padres o a mis hijos- pero creo que era irreal mi percepción de que para Rb también era únicamente un requisito legal: ella sí lo ha estado comunicando a cualquier persona con la que habla -sus hermanas, sobrinas, amigas, contactos, etc- e incluso su mejor amiga quería venir del imperio del norte para 'servir de testigo' en la ceremonia.

Pero no, no habrá ceremonia; y ya le había preguntado a mi abogado acerca de los testigos, su respuesta: no es necesaria la presencia de ningún testigo; así que seremos Rb, el abogado y yo... creo que la ley obliga a que sean leídas las cláusulas legales que afectan el contrato y luego deberemos firmar, y ya... aunque claro, usualmente las cosas no son tan sencillas como uno ve, o espera.

El trabajo sigue más o menos igual; hace un par de semanas me tocó -otra vez- amanecer; afortunadamente ya nos hicimos cargo con el equipo local de developers del segundo proyecto por lo que aun cuando el viernes pasado también tuvimos que instalar en producción -pasa prácticamente cada viernes- ya no empezamos tan de madrugada; me conecté a las seis de la mañana que es una hora más manejable que empezar a las 2 o las 3.

Mis analistas siguen también bastante igual: el primero de ellos muy comprometido con el trabajo y cumpliendo cabalmente con las tareas; el segundo tratando de trabajar lo menos posible y evadiéndose todo lo que puede; el viernes antepasado le hablé a mi jefa pues se ausentó al final de la tarde del trabajo sin ningún aviso; esta semana trabajó un poco mejor pero el viernes me 'pidió permiso' para ausentarse el lunes en la mañana pues debe procurar 'servicios' para una casa que acaba de adquirir.

Por otra parte, este miércoles me 'entrevistaron' para la posición a la que he querido pasarme desde finales del año pasado (o inicios de este); se suponía (o yo suponía, realmente) que me iba a entrevistar una persona de Recursos Humanos, pues fue quien programó la reunión; pero no, al entrar en la reunión era mi jefa (quien finalmente es la hiring manager) y mis dos excompañeros que ahora dirigen el área al cual quiero pasarme.

La entrevista fue bastante tranquila; inicié rapport recordando las veces que trabajamos en el pasado -él trabajaba en una área bien restringida pero nos dió apoyo en un par de ocasiones; ella fue mi vecina de cubículo por un par de años y me apoyó bastante cuando recién inicié en la empresa; luego empezaron a salir juntos- y luego contesté a las preguntas 'técnicas' que me formularon.

Luego de la entrevista le escribí a quién sería mi nuevo supervisor comentándole que no sabía que la entrevista sería con él y su novia y me comentó que por el momento todo iba bien, que nomás debía esperar a escuchar de Recursos Humanos sobre los siguientes pasos; y a ver cómo va eso, porque la verdad no me importa aumentar mis ingresos en un 20% -actualmente mis gastos 'normales' no superan el 50% de mis ingresos- pero sí me encantaría dejar de administrar personal; era algo de lo cual ya me había librado y no es una actividad que aprecie; igual, siempre hay diferentes variables que no están bajo mi control.

Este sábado desayunaré con mi amiga a la estoy pagando por resolver las gestiones para que le devuelvan los dos mil quinientos dólares que le descontaron a mi padre hace más de un año; la burocracia estatal funciona de formas muy misteriosas y lentas pero al menos esto es algo que decidí -luego de consultarlo con mis padres- subcontratarlo; sobre todo para evitar que mis padres tengan que estar viajando para visitar oficinas estatales en la ciudad.

Hace un mes o así en mi grupo antiguo de voluntarios anunciaron que estarían reiniciando actividades; por alguna razón no me generó nada de interés el volver a visitar con ellos; al menos por el momento, sin embargo, he estado en conversaciones con otro grupo de voluntarios y este miércoles (y el siguiente) estaré dictando una clase sobre cristales a unos niños del poblado que visitamos con mi hijo menor hace un par de años; esta podría ser la actividad que he estado echando de menos desde el inicio de la pandemia: ayudar.

El mes pasado mi madre me llamó para confirmar si estaba dispuesto a iniciar la construcción en el terreno que me cedieron en el puerto; como he estado escuchando que la inflación disminuirá el valor del dinero por la situación post pandemia -y no he logrado aún adquirir una casa en la ciudad- decidí empezar en el puerto: les envié las instrucciones -y un par de 'planos'- de construcción y cada mes les he enviado como 800 dólares para echar a andar el proyecto; espero ir en Julio a ver el avance y completarlo (unos ocho o nueve mil dólares, espero) para finales de año.

Y eso, sigo practicando de vez en cuando malabares con cuatro pelotitas -y enseñandole a mi hija mayor la cáscada con 3-; sigo jugando ajedrez esporádicamente en mi tablet; sigo diariamente con francés en Duolingo -el próximo lunes espero completar el tercer nivel (de cinco)- y sigo obteniendo diplomas de Platzi -digitales, porque aunque ya completé una de las 'rutas' al parecer mi tipo de cuenta no me dá opción a diplomas en papel-; además sigo esperando que me envíen el diploma de la maestría que completé el año pasado.

El otro mes creo que es el examen para obtener la certificación de Azzure por la cual me metí inicialmente a Platzi pero también me enteré que tengo las mismas opciones a obtenerla en mi trabajo; igual, será únicamente otra certificación más...

Y a ver cómo continúa esto...

viernes, 28 de febrero de 2020

Juegos de Mesa (Board games...)

La mayor parte de la niñez de mis hijos los tuve únicamente un día a la semana y eso lo considero uno de los grandes fracasos de mi vida... desde pequeño soñé con tener una familia nuclear, pareja, hijos y así.. lastimosamente no se pudo.

Como viví un poco más de ocho años en una habitación con servicios adosados trataba de que pasaramos la mayor parte del tiempo en el exterior pues el área disponible era bastante limitada para cuatro seres humanos.

Traté de brindarles estructura, traté de enseñarles programación en varios lenguajes, varios juegos en computadora, el cubo de Rubik y una buena lista de juegos de mesa... empezando con el siempre presente ajedrez.

Cuando estaba trabajando como Ingeniero de Soporte para un Software de Microfinanzas recibí como regalo un Scrabble y fue el juego ideal ya que mis hijos han sido lectores voraces desde muy pequeños y las plazas del juego son cuatro.

Luego compramos Rumikub, recuerdo que por la misma época y también con una tarjeta de regalo del mismo lugar de trabajo... en el camino a comprar este juego unos asaltantes se subieron al bus y despojaron a los pasajeros de sus pertenencias, especialmente de celulares; en ese tiempo los Blackberries eran muy valorados.  Afortunadamente siempre he cargado celulares baratos y regalé a mis hijos del mismo tipo, fuimos ignorados por los asaltantes.

Otro juego que compramos quizá un año o un par de años después fue El Juego de la Vida, esperaba que mis hijos meditaran acerca de las decisiones que tenían que tomar mientras iban creciendo... no sé si funcionó: mi hija mayor no permaneció en la Universidad, mi hija menor sí se fue al Imperio del Norte con una beca por cuatro años y mi hijo menor está empezando su camino universitario en mi vieja facultad... quién sabe si continuará hasta el final.

También jugamos Dungeons and Dragons, damas, Blitz!, Monopoly, Mimi-k y varios juegos de cartas similares a Uno que compré en tiendas de rebajas o que incluso conseguimos como imprimibles para armar los sets.

Por el tiempo en que mi hija mayor ya se había independizado -y mi hija segunda se había ido a un college en otro país al sur del nuestro- conseguí los imprimibles de Settlers of Catan y pasamos varios meses con mi hijo armando el mismo; lo terminamos un poco antes de que su hermana segunda viniera de vacaciones luego de su primer año de college y lo jugamos varias veces.

Cuando mi hija segunda vino un año después al haber terminado los dos años de college realizamos la misma operación con Carcassone, aunque a diferencia con el anterior lo completamos en un poco más de una semana, incluso los tokens los modeló en arcilla mi hija.

Como por esta época -el otro mes se convierte en un adulto legal por acá- pasamos los sábados solo con mi hijo menor, y luego de haber obtenido la venia de mi hija mayor pues varios juegos eran de ella, agrupé la mayor parte de juegos -excepto ajedrez y Scrabble- y los doné a la organización educativa con la que colaboramos con mi hijo el primer sábado de este año.

Mi hijo está practicando ajedrez en la facultad -eligió eso como deporte- y aún trato de que juguemos alguna vez Scrabble, los otros juegos -incluyendo Clue- están pensados para más de dos jugadores y no tenía caso conservarlos... pero ayer bajé las reglas de otro juego que hemos comentado en algunas ocasiones: Go. A ver cómo va eso.

lunes, 25 de agosto de 2014

Hito... -working again-...

Al final cada logro es únicamente un hito en el camino.  Por eso es más adecuado disfrutar -o algo así- del camino a celebrar la llegada.

Tengo trabajo.

El miércoles pasado ya no salí para nada de mi casa en el día.  Estuvo lloviendo un poco al finalizar la tarde y el tráfico se ralentizó según lo que leí en las redes sociales.  Rb pasó a traerme como a las ocho y media y fuimos al funeral del papá del jefe del grupo de visita.  Llegaron como cinco o seis voluntarios más y estuvimos entre una hora y hora y media acompañando al joven, quien se estaba tomando muy bien la pérdida.

Decidí dormir en la casa de Rb esa noche y al día siguiente retornar a media mañana a mi casa.  El jueves nos levantamos temprano y luego de sacar a los perros a caminar y desayunar me vine a mi casita.  A mediodía me puse el traje que he estado usando para las entrevistas y me dirigí al call center.  Tomé el Transurbano para un punto intermedio y luego el Transmetro, en donde encontré al encargado del grupo de visita de los sábados con el que visitaba el año pasado.

Llegué un poco temprano al edificio y pasé a un comercial a lavarme las manos.  La entrevista iba a ser exclusivamente en inglés pues era con una persona en nuestro gran vecino del norte.  La señora que me entrevistó hace un par de semanas me recibió y me acompañó a una oficina desde la cual llamó a la persona en cuestión y estuvimos conversando como quince minutos sobre cuestiones personales y profesionales.

Luego, en la misma sala que hace un par de semanas me entrevistaron otro par de personas -en español-, como otra media hora.  Luego me dijeron que el proceso continuaba y me retiré de la oficina.  Retorné a mi habitación y lavé un poco de ropa, incluyendo la camisa del traje pues el día anterior me habían llamado de una oficina de reclutamiento y luego de preguntar sobre mi experiencia en .net, html y sql me habían enviado a las oficinas de selección del segundo banco más grande del país.

La entrevista el día viernes era a las diez de la mañana.  Me levanté como a las ocho pero me sentí bastante cansado, producto de la gripe que había estado incubando por varios días.  Salí a lavar el resto de la ropa que había dejado en remojo y me dirigí al lugar de la entrevista a buen tiempo.  Llegué justo a la hora que me habían citado.

En el lugar habían ya diez o doce personas y nos realizaron una evaluación psicométrica en la cual también se medía integridad y lealtad.  De salir con resultados favorables en esta evaluación se pasaba a una entrevista.  Terminé la evaluación y me enviaron a una sala a esperar a la entrevistadora -era casi mediodía-, cuando estaba esperando llamé a otra oficina de reclutamiento que había tratado de contactarme el día anterior por una posición de seguridad informática pero resultó que no calificaba.

Luego me llamaron del Call Center para indicarme que había concluído el proceso y había sido seleccionado,  me indicaron el monto de la oferta, el cual es más o menos lo que ganaba en mi anterior trabajo.  Acepté.  La señora, quien fue la que me contactó la primera vez y me evaluó me indicó que antes de realizar la inducción debía completar cierta papelería y que me enviarían el listado a mi correo.  Inicio el primer día del próximo mes.  Decir que me sentí contento creo que es lo adecuado.

Le envié un mensaje a Rb comentándole las buenas nuevas y continué esperando turno para la entrevista -no quería dejar tirado el proceso del día-.  Rb me llamó de vuelta y estuvimos conversando un rato, luego pasé a la entrevista, la posición era para servir de enlace entre desarrollo y usuarios.  Muy interesante.  El proceso quedó iniciado.

Después de salir de la entrevista retorné a mi casita, en el camino llamé a Rb para conversar un poco más sobre el trabajo.  Pasé a un banco cerca del lugar de la entrevista a retirar dinero pues el día anterior debía haber pagado la renta pero no había sacado dinero.  También recargué la tarjeta del transporte público.

Vine a mi casita a comer un poco de avena.  Encontré al dueño de la casa mostrando una habitación que estaba vacía y aproveché para pagarle la renta.  Almorcé y luego me dirigí a un banco en donde tenía hace mucho tiempo una cuenta de cheques y una tarjeta de crédito.  La tarjeta de crédito me la cancelaron pues me atracé varias veces en el pago y la cuenta de cheques la cancelé pues no me gusta que me cobren por mantener dinero en un banco.  

Abrí una cuenta de ahorros pues supuestamente allí me depositarán en el Call Center. Cuando regresé -me tardé casi toda la tarde- salí a comprar los ingredientes para el desayuno del sábado.  Encontré a mi hija segunda y a mi hijo pequeño en el super mercado, andaban acompañando a su madre en las compras. 

El sábado fui por mis peques a las 8:30.  Había preparado una ensalada de tomate, aguacate, huevo y jamón y venimos a desayunar.  Luego estuvimos escribiendo código en JavaScript para simular una gráfica de Pie, como las de Excel, armando Papercraft, leyendo y jugando en la otra computadora.  Al mediodía preparamos unos sandwiches y, luego de lavar los trastos, nos fuimos a almorzar a la universidad.

Después del almuerzo buscamos un campo baldío para jugar pelota, pues le había dicho a mi hija segunda que trajera los guantes y la pelota de softball.  Luego estuvimos como hora y media en la biblioteca.  Para terminar el día retornamos a mi habitación y vimos veinte minutos de Harry Potter y el prisionero de Azkabán.  A las siete menos diez los fuis a dejar a su casa.

Retorné a mi habitación y me dirigí a la casa de Rb.  Rb logró que le repararan el smartphone anterior y se quedó con el que la hermana le obsequió.  Rb me dió la semana pasada el suyo y, luego de rootearlo, lo cambié de operador pues yo utilizo el servicio más económico.  Terminé de configurarlo el sábado por la noche.  Ahora tengo Whatsapp y Duolingo.

El domingo visitamos el mismo asilo que la semana anterior.  El encargado del grupo de visita nos dividió aleatoriamente en parejas y fue una visita un poco diferente pues usualmente me desenvuelvo solo.  La voluntaria con la que realicé la visita es una de las que a veces llegaba a las reuniones los sabados por la noche en la casa del voluntario que vive en la misma colonia.  Estuvimos una gran parte de la visita con una señora en silla de ruedas pero cambiamos luego a una indigente que hablaba inglés y por último estuve conversando con un par de ancianos.

Después de la visita ibamos a invitar al encargado del grupo a almorzar pero tuvo que retirarse a su casa.  Con Rb nos dirigimos a un KFC y, luego de almorzar, retornamos a su casa.  Por la tarde estuvimos viendo algunos videos en la computadora y cenamos algo de la pizza que Rb había preparado la noche anterior para celebrar el nuevo trabajo.  Nos dormimos casi a medianoche.

Hoy nos levantamos temprano.  Después de desayunar nos dirigimos a conocer el hotel de mascotas en donde Rb dejará a sus perros a finales del otro mes pues se irá por un par de semanas a Japón.  El lugar queda fuera de la ciudad y nos llevamos a los tres perros en el auto.  Las instalaciones se ven adecuadas -mucha bulla de animales- y luego de conversar un poco con la señora a cargo retornamos a casa.  

Un poco antes de mediodía me retiré de la casa de Rb pues había quedado con el Maestro de Ajedrez de la oficina en donde trabajé hace un par de años en almorzar juntos y en que me daría una carta de recomendación para el nuevo trabajo.  Estuvimos conversando, almorzando y jugando ajedrez casi hora y media y luego me dirigí a la oficina de una de las voluntarias del grupo del sábado por la noche para recoger la otra carta que me piden en el Call Center.  Estuve con ella como media hora y luego retorné a mi casita.

Estoy preparando la documentación que debo llevar mañana y luego lavaré la camisa del traje.  Mañana completo la documentación y el próximo lunes empiezo, creo, la inducción en el Call Center.  A ver como va eso.

martes, 3 de septiembre de 2013

Cambios, cambios...

Hoy la alarma comenzó a sonar a las 5:30.  Como me había dormido después de medianoche me costó un mundo levantarme.  A las seis al final.  Preparé aguacate, tomate y zanahoria rallada para mi almuerzo y luego planché mi camisa.  Terminando de bañarme estaba cuando vinieron a tocar la puerta de mi habitación.  Como no era día de pago -fue hace como dos semanas- no creí que fuera acá.  Siguieron tocando y salí a abrir.  Era el dueño de la casa.  Para pedirme que desocupara la habitación porque su hijo va a ampliar su negocio.  Me dió la opción a pasarme a una habitación del otro lado del patio -¿captaré internet allí?- ya que le pedirá la habitación al actual ocupante, algo de ebriedad y atrazo en el pago.

Que vaina.  Estaba por cumplir cinco años acá.  Entré por primera vez en octubre del 2008 y traía solo dos o tres maletas, ese día compré una bolsa de dormir y un año y medio o así después una cama.  Un ropero y una mesa complementan mi mobiliario y una estructura de metal en donde tengo los juguetes que antes usaban mis hijos y los pocos -?- trastes que uso. Me fuí a la oficina casi a la misma hora de ayer.

Este día planeaba tener una reunión con un par de áreas un poco conflictivas, por la mañana.  Al final uno de los encargados propuso la reunión para mañana a la misma hora y el resto -otros dos- convocados aceptaron.  Durante la mañana estuve trabajando en la finalización de la presentación y en la actualización de un documento que debía enviarle a la jefa de mi jefa.

Al mediodía tuvimos la reunión semanal de gestión y después de realizar mi presentación me dirigí a una reunión programada para toda la tarde en el edificio principal de la empresa.  La reunión al final tardó solamente hora y media.  Sin embargo, me tocó que esperar como media hora en el lobby del edificio pues estaba lloviendo bastante fuerte, creo que hasta granizo.  Durante la espera estuve conversando con una chica que trabaja en el área de producción y con uno de los asistentes a la reunión de mañana.  Diecinueve años de trabajar en el mismo lugar es algo que creo que no lograré experimentar.

Finalmente amainó la lluvia y retorné caminando a mi oficina.  Aún me mojé un poco pues empezó a llover cuando ya casi había llegado a la oficina.  Tengo bastante trabajo que hacer y afortunadamente he estado agarrando un poco de ritmo con algunas asignaciones.  El compañero del BMW me comentó que saldría un poco antes de las seis y lo convencí para que esperara hasta las seis en punto. 

Cuando faltaban como quince minutos para las seis nuestra jefa convocó a todo el grupo -Ant, el compañero del BMW, Psi y yo; ya que Tn anda en inducción y la compañerita retorna el jueves de vacaciones-.  Nuestra jefa nos pidió que corrigiéramos un par de detalles del informe grupal de resultados, afortunadamente mi sección estaba correcta.

Como generalmente sucede luego de las instrucciones nos quedamos conversando en grupo, el compañero del BMW sale usualmente con buenas puntadas, y fue una muy buena media hora o así de risa.  Un poco antes de las siete nos retiramos de la oficina pues el parque en donde el compañero del BMW deja su automovil lo cierran a las siete.  Estaba lloviznando.  Afortunadamente, a pesar de la lluvia, el tráfico no estaba muy pesado.

Vine a mi habitación como a las siete y media y salí a comprar pan tostado para cenar con té de manzanilla.  Ayer por la tarde encontré al compañero del piso inferior al que ví jugando ajedrez en su teléfono hace unas semanas.  Le propuse unas partidas y se mostró de acuerdo.  Hoy me llevé el tablero de uno de mis hijos y antes de salir de la oficina le envié un correo a este compañero proponiéndole jugar ajedrez mañana a la hora del almuerzo.  Everything is ok.


domingo, 26 de mayo de 2013

Domingo sin salida...

Al final no me dormí tan tarde anoche.  Igual, esta mañana no me quería levantar.  Puse la alarma para las seis y media para lavar una hora y luego ir tranquilamente por mis peques a las 8:00.  Me desperté como a las seis y seguí dormitando, oía la lluvia caer.  Me levanté finalmente como a las siete y cuarto.

Salí a lavar un poco de ropa.  Estaba lloviznando así que no tenía muchas esperanzas de que se secara para mañana.  Lo bueno es que el vecino nicaragüense tiene unos lazos dentro de la pestaña y salió a decirme que colgara la ropa allí pues no se secaría en la terraza.  Tendí un poco y deje unas camisas y calcetines en remojo pues se mi hizo tarde.  Como a las ocho y cuarto entré a ordenar un poco mi habitación.  Ya solo me dió tiempo de hacer la cama.  Ni siquiera barrí.

Pasé al supermercado y a la tienda y llegué a la casa de mis peques como a las ocho y cuarenta.  Empecé a preparar el desayuno -cereal, huevos, jamón, tomate y aguacate- y mi hija mayor me comentó que su madre no nos acompañaría a desayunar.  Un misterio para mí pues estaba en una habitación.  Preferí no insistir.  Le indiqué a mi hija segunda que preguntara si le dejábamos el desayuno e indicó que le daba igual.  Le dejé una porción de lo que desayunamos.

Casi a las diez nos venimos a mi habitación.  Mientras mis chicos armaban tres cubos de Rubik barrí y terminé de ordenar la habitación.  Vimos unos videos de Country, la relación aurea y otro en inglés.  Luego realizamos la nueva rutina: dos en las portátiles y el tercero jugar ajedrez conmigo.  Más que jugar ajedrez trato de ponerme al día, especialmente con la más grande.

Mi hija mayor fue a examinarse a uno de los mejores colegios -y más caros- del país.  Las timósamente sus notas no han sido tan buenas el año pasado y este.  Le comenté que no debía desanimarse si no podía ingresar allí, que siempre hay otras opciones y que trataría de contactar a uno de mis amigos que van en los primeros años de medicina para que asistiera mientras está en el bachillerato como oyente a algunas clases del primer año.

También conversé con mis hijos pequeños pero la grande es la que ahora está en el medio de la acción.  Incluso ahora tiene dos pretendientes en vez de uno.  Es interesante lo que el hijo mayor sufre, especialmente por la inexperiencia de los padres.  Espero que salgamos todos fortalecidos de esta etapa.

Parte del tiempo compartido este día -fue mucho más de los normales veinte minutos- fue la revisión por parte de cada uno de mis chicos de un catálogo con todas las carreras de todas las universidades del país.  Les pedí que anotaran en la última hoja de su diario al menos cinco opciones de carreras que les gustaría estudiar cuando lleguen a la universidad.

 Me parece intersante que mi hija mayor haya considerado auditoría, medicina, psicología y leyes.  Mi hijo chico ciencias de la comunicación y mecatrónica.  Pero lo que más me sorprendió fue ver el listado de opciones de mi hija segunda, como diez.  Ella ha estado desde hace algunos años bastante insistente con estudiar biología.  A ver por cual carrera se decide cada uno.

A media mañana salimos a comprar ingredientes para sandwiches pues habíamos planeado ir al IRTRA.  También tomamos algo de tiempo para leer.  Un poco antes de las dos preparamos los emparedados y como ya era casi la hora del almuerzo -y estaba lloviznando- comimos dentro de mi habitación.  Después de almorzar empacamos unos libros y nos dirigimos al IRTRA.  Como a tres calles de acá empezó a lloviznar y nos refugiamos en una cornisa.  Esperamos cinco o diez minutos leyendo y luego volvimos a intentar avanzar pero empezó a llover nuevamente. 

Acordamos con mis chicos retornar a la habitación por el riesgo de terminar empapados.  Volvimos a tomar la rutina de las mañanas:  Juegos en portátiles y ajedrez.  A las seis vimos como veinte o veinticinco minutos de Episodio I -la otra semana creo que terminamos de verla- y a las seis y media fui a dejarlos a su casa.

Retorné a comprar el salami y el pan del almuerzo de mañana.  Por no haber ido al IRTRA no gasté los seis o siete dólares que usualmente invierto en la actividad -aunque no me hubiera pesado hacerlo- por lo que creo que no tendré que tocar el buffer para llegar al fin de mes.

Vine a bajar la ropa que tendí en la mañana.  También había colgado una camisa dentro de mi baño, con lo que comprobé que puedo -en una emergencia- secar también allí la ropa.  Lavé unas camisas que había dejado aún en remojo por la mañana y luego terminé de ver el último capítulo de Homeland Season 2.  Espero no dormirme más tarde de las nueve y media pues me espera una intensa última semana de mes.

martes, 21 de mayo de 2013

Genocidio si, genocidio no...

La semana pasada -o antepasada, creo- la frágil calma de nuestro país se vió amenazada por la condena a una anciano de más de ochenta años.  No se porqué sacan el tema de la edad del acusado cuando se ponen a enumerar las razones de no juzgarlo por lo que lideró.  La semana pasada lo condenaron a ochenta años y la mayoría de mis conocidos estaba de que lo veía y no lo creía.  Yo me imaginé que era demasiado bueno para ser cierto, nuestra democracia no está lo suficientemente consolidadad como para procesar a alguien influyente al mismo nivel que al ciudadano común.  No me equivoqué, este día -o ayer?- una sala revocó la sentencia...

-*-

El martes pasado salí al mediodía a almorzar al parque, la sopa mejorada de los martes.  Había quedado con la voluntaria con la que habíamos compartido un café el mes anterior de volver a vernos este día.  Salí un poco después de las 5:30 y estuvimos conversando hasta casi las ocho.  Luego me pasó a dejar a una estación del transmetro.

El miercoles no salí a almorzar pues tenía un tema que debía entregar al final del día y si no me enfoco me cuesta terminar lo que empiezo.  Salí casi a las ocho de la oficina y pasé a comprar una torta para la cena.

El jueves tuvimos la reunión semanal de equipo.  Estamos empezando a medir nuestra productividad y aún estamos aprendiendo.  También decidimos desayunar en equipo el miercoles de esta semana.  Al mediodía almorcé con uno de los lectores dirigentes del círculo de lectura.  My call. Este día salí como a las 5:30 y pasamos con el compañero del BMW a jugar una hora billar.  Luego tomamos el transurbano.  El voluntario que vive en la misma colonia me había enviado un mensaje al celular disculpándose porque estaría ocupado en una graduación el viernes.

El viernes no salí nuevamente a almorzar, aunque si salí a caminar un rato, y a recargar mi tarjeta del transporte público.  Salí de la oficina un poco después de las siete y vine a cenar con un asado del puesto que queda a dos calles de mi casita.  No me dieron ánimos de dejar ropa en remojo.

El sábado en la mañana fuí al círculo de lectura.  Terminamos de analizar El Gran Gatsby y nos tocó que terminar un poco antes la reunion pues por estarse celebrando el día -o la semana más bien- internacional de los museos fuímos interrumpidos por música y actos protocolarios.

Como terminamos la reunión mucho antes de lo esperado decidí visitar con el mismo grupo que había visitado tres o cuatro semanas antes.  Con mi amiga del voluntariado de los cafés tomamos el transmetro -su auto estaba en el taller- y nos dirigimos hacia donde yo debía encontrar a mi grupo de visita y ella caminar hacia su casa.

Como no había comido nada -y no tenía también tanta hambre- pasé a un supermercado a comprar un yogurt y una dona -casi como Portland- y me dirigí al OBelisco, en donde nos había citado.

Al final nos reunimos seis voluntarios y nos dirigimos en bus al asilo asignado.  Yo había visitado allí algunas veces hace dos o tres años.  La visita estuvo tranquila, bastante música y conversación con algunos ancianos.  Lo emocionante realmente fue lo que nos sucedió antes de llegar al lugar de visita:  Estábamos esperando a otro voluntario, que supuestamente siempre llega tarde y -al parecer- pasaron disparando a la tienda que estaba al otro lado de la calle.  Yo oí las explosiones pero no realicé la asociación tan rápido.  El guardia de la tienda, sin embargo, reaccionó bastante bien, desenfundó su arma y se cubrió en una columna.  ¿Habrá estado ya en algún otro incidente del mismo tipo?

Después de la visita retorné a mi habitación, compré pan y un tamal y vine a cenar a mi habitación.  También dejé ropa en remojo.  He estado viendo nuevamente la segunda temporada de Homeland y este día había terminado de bajar Looper.  Me dormí bastante tarde.

El domingo me levanté a las siete a lavar la ropa y luego me fuí a la casa de mis chicos a prepararles el desayuno.  Desayunamos en paz, incluso mi ex esposa trató de animar un poco la conversación interrogándome sobre mi trabajo voluntario.  Un poco antes de las diez nos venimos con mis chicos a mi habitación.  Estuvimos viendo el trailer de Lluvia de Hamburguesas 2 -viene en septiembre- y algunos otros videos, algunos en inglés.

Salimos al mercado a comprar mis verduras para los almuerzos del lunes y martes y luego les dí 20 minutos a cada uno en computadora.  Con el tercer jugué ajedrez aunque traté más bien de entablar una conversación un oco seria.  Al mediodía salimos a almorzar a Mc Donald's y luego pasamos una hora a la biblioteca de la universidad.  Para finalizar el día vimos veinte minutos de Star Wars Episodio I.

A las seis y media los fuí a dejar y pasé a la panadería por el panito para  la cena y el almuerzo del lunes y al supermercado por el salami del lunes.  Después ví un poco de Homeland.  Me dormí alrededor de medianoche.

El lunes nos tocaba reunión a las 7:00.  Yo llegué como a las seis y media, Ant llegó como a las 6:55 y la compañerita y el compañero del BMW llegaron como a las 7:10 y 7:20 respectivamente.  Como la penitencia era comprar el desayuno para los que llegaran después de las siete, la compañerita nos compró tacos y quedamos que el compañero del BMW compraría panitos el martes.

Al final se decidió que el martes sería el desayuno de departamento que habíamos programado para el miércoles.  Durante la mañana estuve trabajando en un par de documentos que me tocó que reparar y en la tarde tuve una reunión con un área con la que había trabajado hace un par de meses.  Desafortunadamente el aire acondicionado portátil de la oficina estaba a la par de la mesa de reuniones y desde ayer por la tarde ando con secreción nasal. Salí de la oficina un poco después de las ocho y mi jefa me pasó a dejar a una estación del transmetro.  Iba a dormirme medio temprano pero al final me tocó que conversar como cuarenta y cinco minutos con la novia -o ex novia?- del voluntario al que le dí clases hace como veinte años.  My call.


Este día me levanté igual que ayer, como a las cinco.  Me dirigí al restaurante e en donde nos habíamos citado y me tocó que esperar como media hora a que llegara el siguiente compañero, el del BMW.  La compañerita, Ant y nuestra jefa andaban juntos -en el salón- por lo que llegaron bien tarde, la jefa de mi jefa y su secretaria llegaron un poco después de la hora acordada.

Desayunamos, nos tomamos fotografía de equipo y nos dirigimos a la oficina un poco después de las 8:30.  Estuve trabajando en la mañana en el desarrollo de un par de documentos y en revisar mis resultados mensuales, voy como al 50% de mis objetivos con el 75% de tiempo consumido.

Como había desayunado bien no salí a almorzar, aunque salí a recargar mi tarjeta del autobús.  Ya solo me queda un sello para completar la tarjeta con la que supuestamente me darán un obsequio para conmemorar a la madre.  Veré a quien se lo regalo.  Por la tarde continué con la revisión del avance de mis proyectos, como la compañera de mi jefa me indicó que saldría a las siete decidí esperarla.  Al final me avisó cuando se estaba retirando pero creí que ya se había ido cuando bajé al sótano.  La llamé un par de veces y al no recibir respuesta empecé a caminar hacia la estación del transmetro.  Como a calle y media me llamó comentándome que estaba esperándome en la puerta del estacionamiento.  Retorné al edificio  y nos venimos conversando sobre el desarrollo de nuestros respectivos hijos.

Le pedí a la compañera de mi jefa que me dejara cerca del supermercado más cercano a mi colonia pues el viernes me gané -en Facebook- una cena en un restaurante de hamburguesas y pasé a cenar allí hoy.  Como estaba empezando a lloviznar aproveché para cenar tranquilamente mientras entreleía One Bird One Stone.  Luego me vine caminando a mi casita.  Espero no develarme mucho pues ya resiento los períodos muy cortos de sueño de estos últimos días.  La secreción también continúa.  Espero mejorar antes del sábado pues supuestamente puedo visitar doble, no hay actividad con el círculo de lectores.

lunes, 25 de marzo de 2013

Idus de Marzo...

No se porqué marzo trae cambios usualmente a mi vida.  Hace dos años estuve en un par de tórridas semanas con Al. 

El fin de semana antepasado visitamos nuevamente el orfanato más grande de la ciudad y el área de maternidad del hospital más grande del centro histórico.  Me acompañaron en la visita de la tarde dos voluntarios del grupo de la mañana.  Uno de ellos es uno de los que mejor me cae pues se esfuerza en visitar a personas con necesidades a pesar de lo que lo cansa su prótesis -le falta la pierna izquierda desde la rodilla-.

Al final el voluntario de la prótesis me acompañó a la cena en la casa del voluntario que vive en la misma colonia.  Nos retiramos del lugar como a las 10:00.  Me pasaron a dejar a mi habitación y me dormí un poco antes de medianoche.  El domingo preparé un desayuno más o menos normal en la casa de mis chicos y fuimos al IRTRA, todo normal.

Durante la semana continúo casi la misma rutina de entradas antes de las ocho y salidas alrededor de las 7:00 pm.  El martes por la mañana pasé a la casa de mis chicos pues era el cumpleaños de mi hijo menor y pasé a darle un abrazo.

Un par de días de la semana pasada me vine en Transmetro, otro día me dió aventón la compañera de mi jefa y el viernes el compañero que entró la misma semana que yo a la empresa me pasó a dejar a una estación del Transurbano.  Ese día pasé a cenar a la casa del voluntario que vive en la misma colonia.

El sábado ya habían anunciado que no iban a haber visitas por lo que estaba dudando si irme a un círculo de lectura o a una reunion con mi clan oficial de visitas de la mañana de los sábados.  Como también tenía que comprar el regalo de mi chico y quería ir a ver La Vía Dolorosa a la Frater mejor me fuí al círculo de lectura.  Encontré -después de más de un año- a Engler quien me regaló una copia de su libro Postales.  Estuvimos hablando -eramos como nueve o diez personas- sobre El Viejo y El Mar.  El estilo, las historias, los personajes.  Incluso llegó un noticiero de la televisión a cubrir la actividad.

Como al mediodía concluímos la actividad -el otro moderador del grupo me propuso involucrarme un poco más- y pasé a la venta de libros usados en donde compré El Poney Rojo de Steinceck, Pide Otra Pizza Por Favor! de Jesús Carazo y otro libro de un autor inglés.  Pasé al supermercado a comprar un Lego que es también un juego de mesa y pasé a almorzar al Taco en el que usualmente nos reuníamos antes de realizar las visitas.  Allí encontré a otros tres voluntarios y estuve con ellos casi una hora entre comida y conversación.

Luego me vine a mi casita.  Un poco antes de salir de Taco me había llamado el voluntario que vive en la misma colonia para comentarme que no iríamos a ver La Vía Dolorosa como habíamos planeado pues el voluntario más grande de nuestro grupo de los sábados por la noche estaba teniendo una crísis familiar y habían planeado reunirnos para cenar e ir al cine como una muestra de apoyo.

Vine a mi habitación a leer un poco y me dormí.  Como a las siete -luego de un par de llamadas- me dirigí a la casa del voluntario que vive en la misma colonia y de allí nos fuímos a Miraflores en donde estaban dos voluntarias y el voluntario de la crisis familiar.  Cenamos -tarde- comida china y entramos a ver Jack el Cazagigantes.  Después de la película -terminó casi a medianoche- pasamos con el voluntario que vive en la misma colonia a una gasolinera por un capuchino y un pastel.  Vine a mi casita a leer un poco aún y terminé durmiendome un poco después de la una de la mañana.

El domingo me levanté a lavar las camisas que había dejado en remojo el día anterior y pasé al supermercado a comprar un litro de yogurt.  Preparé un desayuno a base de huevos, salchicas, yogurt, cereal de chocolate y banano.  Venimos a mi habitación a leer un poco y jugar ajedrez.  Luego fuimos a almorzar a Taco Bell y luego retornamos a jugar Scrabble, el Lego que mi hijo recibió de regalo y Clue.  Después de ver un poco de El Dorado los fuí a dejar a su casa.

Retorné a mi habitación a cenar y a dejar un poco ordenado para empezar la semana bien.  Ví también El Lado Luminoso de la vida.  Me pareció aceptable.  Me dormí un poco antes de las once de la noche.

Este día me levanté a las 5:30 y preparé los panes que estoy llevando los lunes a mi oficina, planché la camisa del día y me rasuré -barba de cinco días-.  Llegué a mi oficina como a las siete y media -a partir del viernes que llegaron a registrar la huella ya puedo marcar entrada y salida-.  Estuve en la mañana trabajando en un documento que debía revisar aunque me sentía bastante indispuesto -creo que me estaba molestando la presión-.

Mi jefa tuvo una reunión de emergencia con su jefa y el jefe de su jefa y me pidió que la cubriera en una reunión en el edificio principal de la empresa.  Me dirigí a la reunión en compañía de dos ejecutivos que estaban organizándola y retorné como a la hora y media a la oficina.  Que se veía vacía.  La compañera de mi jefa que usualmente me dá aventón salió de su oficina y me indicó que debía entrar a la oficina de mi jefa pues habían reuniones grupales.

El rostro de mi jefa era bastante expresivo:  Estaba en shock.  En la reunión que acababan de tener se anunció que dividirían el área.  Una pequeña parte quedará en donde está actualmente y el resto se irá a otra división.  Personalmente no lo ví tan mal, igual acabo de entrar por lo que no creo que me cueste mucho integrarme a otra área.  El ánimo en general de la oficina estuvo bastante bajo el resto del día.  Traté de avanzar en otro par de tareas que tenía pendientes y como a media tarde me reuní con mi jefa para evaluar otra herramienta de gestión.  Ella ya estaba un poco más calmada pero aún así me externó su preocupación por los cambios.

Salí al final como a las siete con la compañera de mi jefa -sospecho que será mi nueva jefa-.  Esta señora es la que más tiempo tiene de las tres supervisoras y me comentó que mi jefa actual se quedará seguramente en el área con cinco personas -ahorita tiene a cuatro en su equipo- pero no seguramente con las que tiene actualmente.  El resto se los dividirá entre ella y la otra supervisora y pasarán a la otra área.  Eso si me preocupó un poco.

La compañera de mi jefa pasó a dejarme a un par de calles de mi habitación y vine a cambiarme de ropa -ha habido un calor bastante fuerte estos días-.  Salí a comprar pan para la cena y salchicas para el almuerzo de mañana.  Espero poder pasar dinero mañana de mi cuenta monetaria a mis cuentas de ahorro y la cuenta de mi ex esposa.  Mañan -según mi posible nueva jefa- la jefa de mi jefa hará el anuncio oficial de la nueva organización.  Veremos como va eso.