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lunes, 16 de diciembre de 2024

La tercera ya está aquí… The third one is here... Le troisième est ici...

La semana pasada -no recuerdo qué día específicamente- cayó Damasco; y eso es nomás un decir; desde hace más de una década ese país -de donde era el padre de Steve Jobs, creo- había sido seccionado por una serie de fuerzas armadas.

Entre Kurdos, Turcos, Estadounidenses -claro-, Rusos y varios otros ejércitos de diversa fuente árabe se habían repartido una gran parte de sus -me imagino- grandes reservas petroleras; y, según Wikipedia, el gobierno central no cayó, hace cuatro años o así, nomás por la intervención rusa, que sirvió para estabilizar la situación con tantos combatientes de tantos bandos.

Hasta que ese día (o el anterior, o la semana pasada) el imperio decidió que sería bueno debilitar a su contendiente en la arena global; al parecer el oso (zarigüeya lo llamó un periodista judío de Argentina) está avanzando en la agresión -ya lleva tres años- a su vecino y -me imagino- antes de que el nuevo inquilino de la casa impóluta llegue con otras ideas, es mejor preparar el terreno.

En esta entrevista con el periodista argentino se discutía si ya había empezado la tercera guerra mundial y él decía que de hecho, debido al número de víctimas civiles, esta es realmente la cuarta: la tercera la define como todos esos conflictos que se dieron durante la guerra fría.

Según él el oso (se refirió de manera bastante despectiva) no tiene los medios (aunque pretenda) de realmente ser una fuerza global; dice que con nomás el arsenal nuclear de Europa sería acabado en cuestión de horas.

Y quién sabe qué nos trae el nuevo año; yo le comentaba a Rb -y a algún conocido- que creía que la tercera guerra mundial realmente había empezado; también que temo que se hará uso de armamento nuclear.

Según mi análisis -no soy estratega geopolítico o similar- no tendremos un holocausto nuclear global; al estilo del libro Never; lo que sí creo -pero otra vez, es nomás una idea vaga- es que cada bando -siempre los buenos contra los malos- destruirá una ciudad del bando global opuesto.

No creo que sean grandes ciudades -como lo ocurrido con Japón- ya que no les importará tanto mostrar lo mortífero de los medios de destrucción -eso ya lo vimos-; sino que servirá para demostrar que en efecto, están dispuestos a las últimas consecuencias.

Y a ver cómo nos va con eso.

El domingo por la tarde, después del tiempo en cama, nos pusimos a preparar los almuerzos de la semana: pelé y corté en cubos varias papas, un par de zanahorias y un güisquil; por la noche continué con el libro de francés: A quoi revent les etoiles; el libro relata la cotidianidad de cinco personas; quienes no se conocen directamente pero están relacionadas de alguna forma; y me pareció chocante el relato de uno de ellos: un adolescente que se reusa a salir de su habitación.

El lunes me levanté a las siete y media; medité y entré a la reunión diaria del equipo, la cual estuvo, nuevamente, enfocada en las tareas más urgentes del área de desarrollo: no volví a participar en la misma; luego salí al comedor y me preparé el desayuno; como mi madre envió varias docenas de plátanos -es de los pocos alimentos que Rb consume sin ninguna complicación- le pedí a Rb que dejara algunos sin cocinar para consumirlos en mis comidas de esta semana.

Creí que iba a ser un día sin ninguna actividad -ya van varios meses- pero la supervisora programó una reunión media hora antes del medio día: es la época del año en la que se debe completar el reporte de rendimiento anual.

La reunión fue bastante escueta: básicamente el lugar en el cual debemos ingresar la información solicitada para autoevaluarnos sobre nuestro desempeño durante el último año; y la forma de completar la tarea.

Almorzamos la primera porción del caldo de pollo que preparamos el día anterior y después sacamos a caminar a los perros; un poco más tarde lavé los trastes del día y luego preparé té de manzanilla para Rb y café para mí.

Como había quedado de reunirme con mi amigo Testigo de Jehová a las cinco, le pedí a Rb que hiciéramos la rutina de ejercicios una hora antes; a las tres y media nos preparamos y completamos los ejercicios.

Me bañé y me dirigí caminando hasta el comercial en donde tomamos los buses intermunicipales; en ese lugar me había reunido unos meses antes con mi amigo -cuando le entregué lo último de los libros que quería regalar- y lo esperé unos minutos.

Le envié un mensaje comentándole que ya me encontraba en el lugar y me respondió disculpándose por no haberme prevenido que no iba a poder llegar: un amigo de su infancia había muerto y estaba en su funeral; retorné caminando muy lentamente a casa.

Terminé de leer el libro de ficción -aunque, supuestamente, este no era de ficción-: Everybody lies y me puse a sopesar con cual seguir en esa línea de lectura; como había leído un capítulo de The city and the city intenté avanzar en el siguiente capítulo pero no me atrajo; decidí buscar otras opciones.

En la noche ví el último capítulo de la segunda temporada de Special Ops: Lioness; la serie dió un giro bastante interesante de la primera temporada, en vez de centrarse en la violencia se desarrolló más el conflicto geopolítico y familiar.

También decidí qué libro leer en la línea de ficción: Memory Piece; un libro relatado desde el punto de vista de una adolescente asiática viviendo en el Imperio del Norte (no estoy seguro si en Nueva York o en Nueva Jersey) y que narra las vicisitudes diarias de varias familias del mismo origen.

El martes la alarma sonó a las siete y media pero, como era mi primer día de vacaciones, seguí dormitando un ratito más; de todos modos, me pareció que la perra más anciana de Rb -que duerme en la sala- quería salir al patio; por lo que me levanté a sacarla, luego medité.

Después salí a abrir la puerta para meter a la perra -había rascado la puerta en cierto punto de mi periodo de meditación-; seguidamente hice mis lecciones matutinas de Duolingo: la semana anterior estuve en una liga muy fácil y quedé en primer lugar; al parecer se repite esta semana.

Al terminar mis lecciones de Duolingo -hice menos de quince minutos, para dejar los quince minutos dobles para la noche- continué con el último ciclo -estos fueron nomás tres- de La muerte del Comendador; Murakami es un muy buen escritor.

Un poco después de las nueve me levanté a preparar mi desayuno y a revisar mis correos personales; desayuné y luego retorné a la cama a continuar con el libro de Murakami; lo terminaré entre hoy y mañana y -de acuerdo a la predicción de Rb- sospecho que tendré resaca de lectura.

Había quedado con mi amigo que vive en el lado opuesto de la ciudad de que llegaría a la una a su lugar de trabajo; un poco antes de las once y media me metí a la regadera y luego salí a tomar el busito al boulevard.

El bus se tardó bastante en pasar; luego abordé el transmetro -corriendo la distancia entre ambos- y cambié de línea del mismo en el centro histórico; mi amigo empezó a escribirme un poco después de las doce y media: ya estaba desocupado.

Al final llegué a la una y dos minutos -dos minutos tarde- a la calle en donde está el call center en el que ahora trabaja y desde allí, subimos hasta su casa en motocicleta; había bastante tránsito pero mi amigo es bastante diestro conduciendo su vehículo.

En el pueblo en el que vive -es una aldea de un municipio de la periferia, opuesto al municipio en el que yo vivo- pasamos a una tienda de pollo frito y compré un par de porciones -había estimado que la esposa nos acompañaría, pero no-.

Almorzamos en su casa y luego bajamos -vive en lo alto de una colina, la pendiente es como de cuarenta y cinco grados y es más de medio kilómetro- a caminar y a comprar pan en una colonia vecina; retornamos y mi amigo preparó café; yo había comprado un par de bollos y varios cubiletes (me encantan estos últimos) y nos pasamos un poco más de media hora practicando los últimos tres pasos de la resolución del cubo de Rubik de 3x3x3.

A las cinco le indiqué que empezaría mi retorno a casa; me salió a dejar a la ruta principal en la motocicleta y allí abordé un bus que se dirigí a la terminal de la ciudad; la bajada no estuvo tan mal; lo que sí estuvo terrible fue el ingreso a la ciudad: en el boulevard que se puede recorrer en cinco o diez minutos el bus estuvo casi una hora.

Y al final me tocó apearme en una zona bastante riesgosa de la ciudad; de allí caminé a paso apresurado hasta la estación más cercana del transmetro; por venir jugando ajedrez se me pasó la estación en donde debía bajarme y tuve que retornar en la siguiente.

Ya habían pasado las siete y media cuando llegué al comercial en donde usualmente tomamos los busitos para retornar a la calle donde vivimos; llamé a Rb desde un teléfono público y le comenté que tomaría un bus intermunicipal.

El bus me dejó en el área de los supermercados en dirección norte y desde allí caminé hasta casa; estaba entrando a la calle a las ocho y media (tres horas y media de viaje!); aún vine a cenar y luego me puse a hacer Duolingo (completé el challenge semanal) y luego continué leyendo La muerte del Comendador.

El miércoles me levanté a meditar cuando la alarma sonó: a las siete y media; luego retorné a la cama y avancé un poco con el último ciclo de La muerte del Comendador; no estaba aún claro sobre si el libro era nomás la mitad de la obra (lo era en efectivo) y me entretuve un poco en la finalización.

Me quedé dormitando en la cama hasta las diez que Rb me comentó que hay había puesto a funcionar la aspiradora; me levanté a preparar el desayuno -sigo consumiendo plátanos del envío de mi madre- y después finalicé el libro de Murakami -y bajé la segunda parte-.

No tenía claro si quería seguir con el mismo libro (o sea, la segunda parte) o empezar otro; o incluso seguir con el siguiente ciclo de francés; al final decidí empezar la segunda parte de La muerte del Comendador y dejar pendiente una parte para dividir por la mitad en los siguientes ciclos.

Al mediodía recalentamos el pollo que preparamos el domingo y, después del almuerzo, sacamos a caminar a los perros de Rb; por la tarde traté de ver una serie de Star Wars (Skeleton Crew o algo así) pero no me llamó la atención, por lo que nomás continué con la primera parte del libro de Murakami; a las cuatro y media realizamos la rutina de ejercicios de los miércoles.

Por la noche hice Duolingo -al parecer volveré a quedar en los primeros lugares de la liga- y después acompañé a Rb mientras veía sus series; además, nuestra editora -que es una de sus más antiguas amigas- le solicitó un préstamo -ciento veinticinco dólares- y le hice la transferencia.

El jueves me levanté a meditar a las siete y media y luego -vacaciones- retorné a la cama a hacer Duolingo y a dormitar; Rb se levantó un poco después de las ocho y yo salí de la habitación a las ocho y media, a preparar mi desayuno.

Como cada jueves que tengo vacaciones, a las nueve y cuarto salimos hacia el mercado del centro histórico; tomamos el busito en el boulevard; el cual avanzó muy lentamente: ya se vive la época navideña.

Finalmente llegamos a la estación del transmetro y abordamos una unidad hacia el centro histórico; Rb se aprovisionó de frutas para toda la semana y luego retornamos a la estación del transmetro en donde tomamos la unidad hacia el lugar en donde abordamos el busito que viene a la colonia.

Afortunadamente no había mucha gente en la estación; a pesar de lo cual aún dejamos pasar un par de unidades; en el comercial en donde se estacionan los busitos entramos al supermercado a comprar pollo y luego pasamos a la farmacia: Rb tenía que comprar alguna medicina para sus perros.

Después de las compras salimos a abordar el busito a casa; venimos sin ninguna novedad y, un poco después del mediodía, calentamos la sopa de pollo que consumimos durante los almuerzos de la semana.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros y luego estuve leyendo un poco el libro de francés; a las cuatro y media empecé a alistarme pues había quedado con mi ex compañero de trabajo en que pasaría a las cinco y media: ese día era el convivio de la empresa en uno de los edificios más altos de la ciudad.

Mi compañero me envió la ubicación live en whatsapp por lo que un poco antes de que llegara salí al boulevard; había comprado cafés en starbucks y nos dirigimos al centro de convenciones donde tendría lugar el evento.

El tránsito estaba bastante pesado pero llegamos un poco antes de la hora de inicio del registro de participantes (dieciocho horas); ya había bastante gente en la entrada: se supone que somos seis mil -varios call centers en la misma empresa- en el país.

Como mi compañero necesitaba usar un cajero automático subimos un par de niveles, al área financiera del edificio; aún no le habían realizado la transferencia pero yo aproveché para sacar un par de billetes de la más alta denominación de la cuenta de Rb.

Luego retornamos a la recepción del convivio y encontramos a otro par de compañeros con quienes empezamos a hacer cola; para ingresar debíamos mostrar el gafete de la empresa o el DPI nacional; yo llevaba mi viejo gafete -ya tiene más de diez años- y entré a reservar una mesa con otro par de compañeros.

Se suponía que el evento comenzaba a las siete de la noche pero a esa hora apenas estaban ingresando las primeras personas; a las ocho un par de maestros de ceremonia subieron al escenario y empezaron las actividades -yo había estado casi una hora jugando ajedrez en mi celular-.

Después de la bienvenida pasamos a las mesas de la cena buffet y después rifaron varias televisiones y juegos de Nintendo; y luego empezó el baile con un grupo musical en vivo; mi compañero había entrado bastante tarde pero habían lugares en la misma mesa; también llegó otro ex compañero -ellos aún están en el mismo equipo- y al final en la mesa nos reunimos más de una docena de miembros del mismo equipo (incluida la supervisora).

Un poco después de que empezara la música le pregunté a un compañero que debía pasar frente a mi casa en su retorno sobre la vuelta a su casa y me indicó que andaba manejando y que podía darme aventón.

Pocos minutos después me comentó que ya se retiraba y bajamos al tercer nivel a abordar el automóvil; un poco después de las diez de la noche estaba entrando a la calle en la que se encuentra la casa de Rb; aún vine a hacer las lecciones nocturnas de Duolingo -al parecer volveré a quedar en primer lugar en la liga semanal- y a leer un poco del libro sobre determinismo que me está costando completar.

El viernes me levanté a las siete y media de la mañana; medité y luego retorné a la cama a hacer Duolingo; y a dormitar otro rato; me levanté un poco antes de que Rb pusiera a funcionar la aspiradora; preparé mi desayuno, dí buena cuenta del mismo, y luego me metí a la cama de Rb a leer un rato; Rb me preguntó si quería acompañarla a la clínica veterinaria y le indiqué que no; un poco más tarde le dije que sí la acompañaría pero declinó mi ayuda.

Rb se llevó a su perro macho al veterinario pues ha estado teniendo dificultades con la evacuación de desechos y yo retorné a la mesa del comedor a ver algunos videos de youtube; cuando regresó la noté molesta pero nunca sé cómo actuar en esos casos.

Afortunadamente un poco más tarde me comentó que se había molestado porque me había negado -y luego me había ofrecido- a ayudarla; conversamos un poco sobre la situación y luego tuvimos un resto del día tranquilo.

Almorzamos lo mismo que los días anteriores: caldo de pollo; luego sacamos a caminar a sus perros; un poco antes de las dos y media de la tarde me merí a la regadera pues había quedado de reunirme con mi ahijado profesional a las cuatro de la tarde y no me apetecía conducir.

Caminé hasta el comercial en donde abordamos los buses intermunicipales -en el camino saqué cuarenta dólares de un cajero (y compré un número de lotería del sorteo más caro del año)- y abordé un bus hacia el periférico; allí me subi a una unidad del Transmetro y llegué -bastante temprano- al lugar de la reunión.

Mi ahijado llegó un poco tarde pero estuvimos aún un poco menos de dos horas en el lugar, entre café y pastel (yo) y una ensalada (él); en esta ocasión él corrió con la cuenta; mi ahijado adoptó el Islam hace unos años por lo que las conversacones son interesantes.

A las seis de la tarde nos despedimos e inicié mi viaje de retorno a casa: tomé la unidad de Transmetro de vuelta y luego caminé -desde el periférico- hasta el comercial en donde se estacionan los busitos que vienen a la colonia; vine a las siete de la noche y me puse a hacer mis lecciones de Duolingo y a leer un poco de Determined.

El sábado me levanté a las seis de la mañana; había programado un desayuno con mi supervisor de cinco o seis trabajos atrás: desde hace tres o cuatro años nos reunimos a medio año y a finales del mismo.

Aunque la última vez me había comentado que se iba a cambiar de trabajo me comentó que seguía en el mismo: en donde me contrató hace como dieciséis años y en el cual ha trabajado más de veinte; mi amigo es ingeniero químico pero se dedica a implementar soluciones de software en fábricas y negocios similares; además es barítono y volvió del país más próspero de América del Sur hace cuatro o cinco años con un esposo del mismo.

Había tenido en mente que debía llevar algún presente al desayuno pues usualmente se aparece con un detalle de su fábrica de chocolates -los primeros los consumí y los subsiguientes los he regalado en desayunos posteriores- pero en esta ocasión llegué con las manos vacías; él me llevaba un par de bolsas de café aromatizados.

Estuvimos en el lugar un poco más de dos horas entre desayuno -él corrió con la cuenta- y una conversación bastante extensa sobre la situación laboral, política y general del país; y arte: además de ser barítono también ha practicado la pintura y expuesto esculturas.

Un poco después de las nueve nos despedimos y retorné a casita; vine a encontrar a Rb en pleno desayuno -en su cama- y me metí a mi habitación a hacer mis lecciones matutinas de Duolingo; cuando Rb completó su desayuno nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; en el supermercado más lejano compramos pollo para la perra más anciana y yo compré una libra de azúcar -en la visita a mis papás me dí cuenta que ya me estaba faltando-.

En el siguiente supermercado adquirimos bananos para varios días y una bolsa de alas de pollo para varios domingos; al mediodía calentamos las verduras sobrantes de los almuerzos de la semana y Rb preparó un consomé de pollo.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros y después Rb me pidió ayuda para moler varias libras de fibra de varias procedencias: yuca, camote y plátano; me tocó que darle duro al molino y -luego de casi una hora- caí rendido al piso.

El domingo me levanté a las siete y media; medité y volví a la cama, a hacer Duolingo y a dormitar un poco; me levanté cuando oí a Rb dándole de comer a sus perros y me preparé el desayuno de los fines de semana; a media mañana nos dirigimos al supermercado en donde compramos provisiones a granel; el auto sonó un poco raro al encender -y también al pasar a la gasolinera a llenar el tanque (veinte dólares)-.

En el supermercado compramos algunas semillas que Rb consume, artículos de higiene personal y un par de cajas de galletas; luego salimos a cargarlo al auto; que no arrancó; abrí el capó y ajusté los bornes de la batería y pudimos regresar a casa.

En casa busqué herramientas -y papel de lija- en el antiguo espacio de trabajo del papá de Rb y salimos a limpiar de una mejor forma la conexión de la batería; luego probamos el arranque y todo funcionó bien.

Al mediodía preparamos alitas de pollo y caldo para almorzar; luego estuve concluyendo el libro que más me ha costado completar últimamente: Determined; a las tres me alisté y me dirigí a la casa del voluntario que vive en la colonia donde crecieron mis hijos.

Habíamos quedado -él me había indicado- en ir a una sucursal de la cafetería en la que me reuní los dos días anteriores con mis otros dos amigos; pasé por su casa y nos dirigimos al lugar; en donde estuvimos un par de horas entre conversación y un capuchino con pastel; un poco después de las cinco abordamos el auto y conduje de vuelta hasta su casa; después de despedirnos inicié el regreso a la casa de Rb.

El tránsito estaba algo pesado -había una lluvia ligera pero constante- y temí que la entrada al boulevard iba a estar complicada debido a un evento musical que habían programado en la mega iglesia del lugar para las siete de la noche.

Pero no, el embotellamiento era nomás en la salida de la ciudad; al entrar al municipio el flujo de vehículos era contínuo por lo que no tuve más inconvenientes para retornar a casa; por la noche terminé el libro Determined y sopesé con cuál seguir en la misma línea; al final me decanté por un libro del mismo autor de Everybody lies: Don’t trust your gut; además llegué al último ciclo del libro de no ficción; aún estoy considerando con cuál seguir en esa área.

Y a ver cómo va eso..

domingo, 8 de diciembre de 2024

Sokushinbutsu, mil días… Sokushinbutsu, a thousand days… Sokushinbutsu, mille jours…

Había leído sobre sokushinbutsu hace algunos años -me parece que en El Haiku de las palabras perdidas-: monjes budistas que se hacían enterrar para morir mientras meditaban y donar su cuerpo para que fuera exhibido en templos.

En la otra ocasión -no estoy seguro si fue en ese libro- me pareció algo raro: se alimentaban durante mucho tiempo nomás de agujas de pino para perder líquido y grasa y facilitar el proceso de momificación.

Acabo de encontrar nuevamente el tema en el libro de Murakami que estoy leyendo: explican un poco más detalladamente el proceso -o allí o en algún artículo que leí mientras revisaba el concepto-; y me llama la atención que el proceso que seguían tiene como base el número mil: en algún lugar dice que se requería esa cantidad de días para llevar a cabo el ritual; en otra parte decía que eran tres mil días: mil de preparación, mil de meditación y -finalmente- mil de reposo, antes de colocar la momia en un altar.

Y es que hace un par de días llegué al día número doscientos cincuenta de mi propio proceso de mil días; pero no, no espero morirme, iluminarme y automomoficarme al final de los mil días; nomás establecer el hábito -vitalicio?- de meditar diariamente.

Y a ver cómo va eso.

El domingo pasado fue el primer día del último mes del año; no había planeado ninguna salida pero Rb me había pedido el día anterior que la condujera (y de vuelta) de su iglesia; me levanté a las siete y media a meditar y luego retorné a la cama a dormitar.

Me levanté después de las ocho y media a preparar mi desayuno de los domingos (huevos, longaniza, frijoles) y después retorné a la cama a hacer Duolingo; hasta las diez, hora en la que me vestí y conduje el auto hasta la iglesia de Rb.

Retorné a realizar los pagos en línea que me toca hacer el primer día del mes: los treinta dólares que le deposito a Rb para los servicios, el servicio de mantenimiento del apartamento de mis hijos; y las cuotas de mantenimiento que me cobran dos bancos del sistema (estos dos últimos nomás los registro, son debitados automáticamente).

También realicé los trámites digitales para solicitar diez días de vacaciones durante el mes: estaré fuera del diez al veinte (próximo martes hasta el siguiente viernes) y luego tomaré libre también el veintiséis (por los jueves obligatorios que debo descansar); esto sumado al día y medio de Navidad y al medio día del fin de año me deja casi todo el mes fuera.

Al mediodía Rb me llamó para que fuera por ella y luego nos pusimos a preparar el almuerzo usual de los domingos: alitas de pollo, consomé de lo mismo y ensalada; por la tarde preparé té de manzanilla para Rb y de menta para mí.

Al final de la tarde nos pusimos a prepara los almuerzos de la semana: una mezcla de zanahoria, güisquil, arveja china, apio, culantro y pollo; luego -por poco lo olvidaba- preparé las gelatinas para mis desayunos de la semana; en la noche continué viendo Elevation y Red One.

El lunes me levanté a meditar a las siete y media y luego entré a la reunión diaria de mi trabajo; la cual estuvo igual a la primera de cada mes: básicamente el PM revisa los días en los que cada miembro del equipo no estará disponible en el mes.

Después de la reunión me quedé un rato leyendo en la cama; estaba a punto de terminar el libro de francés y aún tenía dudas de cual elegir para continuar; al final me decanté por A quoi revent les etoiles; al mediodía almorzamos lo que preparamos el día anterior acompañado con fideos de la tienda china; por la tarde -después del horario laboral- realizamos la rutina de ejercicios de los lunes.

Por la noche me puse a planificar un par de reuniones que espero realizar durante mis vacaciones: el primer sábado con mi antiguo supervisor y el próximo lunes -que técnicamente aún no son vacaciones- con mi amigo Testigo de Jehová.

En la noche terminé de ver Elevation y continué con Red One; también ví una de las series que he estado viendo con Rb desde el año pasado: Is it cake? -holiday edition-; además, avancé con Determined -sigue haciéndoseme cuesta arriba-.

También completé las lecciones nocturnas de Duolingo -usualmente no hago en todo el día lunes para evitar entrar en ligas muy competitivas-; la app me anunció que -nuevamente- estoy en el top 0.1% del año.

El martes me levanté a meditar a las siete y media; ha estado haciendo bastante frío desde hace un par de días por lo que he portado una playera durante las últimas meditaciones; a las ocho entré a la reunión diaria del equipo.

La reunión volvió a tratarse de revisar únicamente las tareas más urgentes de los dev por lo que mi equipo no tuvo ninguna participación; después de la reunión me quedé un rato en la cama y, un poco antes de las nueve, me levanté a desayunar.

Había hecho algunas lecciones de Duolingo antes de levantarme y, también, ví una oportunidad de apoyar durante un par de horas a un grupo de voluntariado con el que estuvimos traduciendo con Rb durante los últimos años; aunque en este caso se trata de atender durante un par de horas un local donde se estarán recibiendo donaciones.

Le propuse a Rb que participáramos y nos inscribí para estar, el sábado de cuatro a seis de la tarde, brindando información sobre la situación del municipio para el cual se estarán recolectando donaciones. 

Por la tarde acudimos a los supermercados en dirección sur; en el más alejado compré una botellita de salsa de soya: la que había estado utilizando me la acabé ese día; también compré tre pequeños bowls rosados de plástico; que planeo dejar en el departamento de mis hijos; en el otro supermercado compramos bananos -y yo compré una bolsita de salsa de queso bien artificial-; por último pasamos a la tienda de las verduras a adquirir una papaya.

El miércoles, después de meditar entré a la reunión diaria; a pesar de que en esta ocasión se realizó un repaso de todo el trabajo del equipo no participé en la misma: no había movido ninguna tarea del ciclo anterior al actual.

El día en general estuvo, como los anteriores, bastante tranquilo; almorzamos lo mismo que el día anterior; luego sacamos a caminar a los perros y luego tomamos té y galletas; para terminar la tarde realizamos los ejercicios de la rutina de la mitad de la semana.

La noche anterior me había dado cuenta que no le había transferido los cien dólares que le descuentan a mi hijo menor mensualmente -para comprar acciones de la empresa en la que trabaja-; por lo que realicé el depósito y le envié la notificación.

El jueves me levanté a meditar a las siete y media; luego hice un poco de Duolingo y después me metí al baño pues quería salir a las ocho y media hacia el parque temático más grande de la ciudad: en donde teníamos planeado realizar nuestro convivio departamental de fin de año.

Antes de salir le cargué un poco de saldo al teléfono para poder consultar Whatsapp mientras estuviera fuera; el tránsito estuvo bastante ligero hasta un par de cuadras antes de cruzar hacia la entrada del parque: las últimas cuatro o cinco cuadras me llevaron casi veinte minutos de conducción.

Por fín pude entrar al parqueo -sin pagar, pues nomás debíamos confirmar nuestro nombre en la entrada- y al bajarme del automóvil encontré a una de las compañeras de mi antiguo equipo -que aún es parte del grupo local-.

Entramos juntos al parque y luego nos dirigimos al lugar en el que la supervisora había indicado que nos juntáramos: bajo el arcoíris que da la bienvenida a las instalaciones; nos entregó un pasaporte para doce juegos mecánicos y la mitad del grupo quiso ir de inmediato a subirse a la montaña rusa.

Acompañé a la otra mitad -que no había desayunado- al restaurante de pollo del lugar a que tomaran su primera comida del día -yo compré un flan-; cargaba conmigo el scrabble con el que crecieron mis hijos -lo gané en un convivio hace como quince años-; y había esperado organizar una partida, pero no se pudo.

De todos modos el juego cumplió  su objetivo: en él llevaba protegidos los diplomas -y el vale de noventa dólares- para repartir a los participantes en el evento de ciberseguridad que facilité durante tres meses.

Después de que mis tres compañeros desayunaran buscamos al resto del equipo y nuestra supervisora sugirió elegir un juego en el que todos pudiéramos participar; la mayor parte nos subimos a la rueda de Chicago más grande del país; estuvo bien; después pasamos a almorzar: una comida típica de alguna región del país; antes de que sirvieran el almuerzo repartí -después de un pequeño discurso de la supervisora- los diplomas y el vale.

La comida estuvo bastante tardada y un poco antes de las tres de la tarde le envié un mensaje a Rb para avisarle que ya me dirigía de vuelta a casa; no hubo mucho tránsito de vuelta y un poco antes de las cuatro estaba estacionándome en nuestra calle.

Un poco más tarde nos dirigimos a los supermercados en dirección norte; Rb quería comprar algo en la tienda verde de descuentos y yo aproveché para comprar media libra de chocolate -usualmente preparo una taza para Navidad y Año Nuevo-; también pasamos al otro supermercado a comprar bananos y, en el camino, compré el pan para mis desayunos del viernes, sábado y domingo; por la noche -a las siete- participamos con Rb en una reunión para coordinar las actividades que esperan que realicemos durante el evento de voluntariado al cual nos anotamos para participar el sábado.

El viernes, antes de entrar a la reunión, moví una tarea del ciclo anterior al ciclo actual: el día anterior no había aparecido en la lista de devs a reportar los avances diarios; en ese día indiqué que aún estaba trabajando en la tarea asignada; el resto del día estuvo bastante tranquilo: almuerzo de pescado, caminata con los perros, té con galletas; al final de la tarde realizamos la rutina de ejercicios del último día laboral de la semana.

El sábado me levanté a las siete y media y, después de meditar, me quedé en la cama haciendo mis lecciones matutinas de Duolingo; un poco después de las ocho salí de la habitación a prepararme el desayuno de los sábados.

Después de que Rb desayunara nos dirigimos a los supermercados en dirección norte: en la reunión del jueves nos habían sugerido que lleváramos algún atuendo alusivo a las fiestas navideñas y decidimos comprar unos cuernos de reno.

Aprovechando el viaje pasamos a comprar bananos y pollo al siguiente supermercado; y, además, compré un par de magdalenas para el viaje que había planeado para el día siguiente; retornamos a casa a preparar el almuerzo y, después de la rutina del mediodía (almuerzo y caminata de los perros) nos dirigimos al centro comercial en el cual nos habíamos apuntado a apoyar: recaudar víveres para niños de escasos recursos del interior del país.

La verdad es que no habíamos previsto la naturaleza de la actividad: habíamos creído que se iba a tratar más de organizar y transportar que de promover (pedir) donaciones a las personas ingresando al supermercado: ninguno de los dos (Rb y yo) somos dados a este tipo de actividades: cuestiones de ventas o servicio al cliente; y en cierto momento Rb tuvo una actitud bastante negativa hacia la actividad pero, afortunadamente, pudimos cumplir con nuestro cometido y logramos llenar más de dos canastas de víveres.

Básicamente teníamos que abordar en frío a las personas que llegaban por una carreta para sus compras, comentarles la naturaleza de la actividad que estábamos realizando y ofrecerles los productos que teníamos seleccionados para los niños.

Debíamos estar de cuatro a seis pero -como no hubo mucho tránsito en el viaje de ida- estuvimos de tres y media hasta las seis de la tarde; además, Rb se ausentó en varias ocasiones para agregar productos a las canastas, por lo que en un par de ocasiones me quedé completamente solo en el área: ofreciendo los productos y recibiendo donaciones.

Casi al final de la actividad -luego de más de dos horas- me sentí un poco cansado -es un poco agotador que mucha gente te ignore o se niegue a colaborar- y dejé un rato a Rb sola mientras iba a los servicios sanitarios.

Al final, a las seis, nos despedimos de la otra voluntaria y nos retiramos del lugar -por haber comprado en el supermercado alguna fruta para Rb y un poco de granos para donar no nos cobraron por las dos horas y media de parqueo-; en el camino pasamos a llenar el tanque a una gasolinera y aproveché a comprar un combo de hotdog, snacks y gaseosa, con lo que me premié por el esfuerzo realizado.

Por la noche terminé de ver una película de paramédicos que había empezado a ver la noche anterior: Asphalt City; con Sean Penn y Mike Tyson; un drama médico bastante impactante: incluso le envié un mensaje a mi hija mayor comentándole sobre la misma -ella está por terminar un curso de técnico en urgencias médicas-.

El domingo me levanté a las cuatro y cinco; medité quince minutos y me metí a la ducha; después preparé seis panes con huevo con jamón, aguacate y tomate -la noche anterior había cargado en el auto el saco de comida para perros, las magdalenas y la cafetera-.

Un poco antes de las cinco de la mañana entré al dormitorio de Rb a despedirme; le compartí mi ubicación en Whatsapp -aunque no compartí live sino la ubicación- e inicié mi viaje trimestral al puerto; estaba bastante oscuro y algunas partes de la ruta realmente me ponen nervioso: no hay iluminación artificial y las señales de la carretera son muy escasas; pero en general el viaje pasó sin muchas complicaciones; excepto cuando ya había entrado al departamento en el que viven mis papás.

En cierta parte del camino pasé sobre un bache bastante profundo; iba a más de cien kilómetros por hora y el golpe fue bastante fuerte; durante un par de segundos perdí el control y creí que había estallado la llanta -la misma que golpeé hace unas semanas- pero, afortunadamente, nomás fue el golpe.

A las seis y veinte estaba estacionándome frente a la casa de mis papás y le envié un mensaje a Rb notificándole de mi ubicación; encontré a mi madre barriendo el frente de su casa (realmente la calle entre sus dos terrenos) y un poco después mi papá se levantó.

Preparé café y compartí una de las magdalenas -y los seis panes que había preparado- con mis padres y estuvimos conversando sobre los últimos acontecimientos familiares: el hijo menor de una de las hermanas de mi papá se suicidó el jueves último.

Yo había visto la noticia en el grupo de whatsapp de primos y tíos y estuve siguiendo los acontecimientos durante todo el día (era el día del convivio de mi trabajo): mi tía encontró a mi primo colgado y toda la familia se unió para apoyarla en el proceso.

Juntaron dinero para realizar los funerales y planearon velarlo ese día en el lugar, el día siguiente en la aldea de donde proviene la familia de mi papá y el sábado enterrarlo en el cementerio del lugar; además otro hermano de mi papá -enviudó hace como cuatro años- tiene planeada su boda para la próxima semana; en la rutina de la visita trimestral yo les entrego un saco de comida para perros y mi madre se ha encargado de conseguirnos varias libras de pescado -usualmente más de diez-.

Y en esta ocasión todo fue sobre ruedas; además, mi padre me enseñó las últimas adiciones a la construcción que están realizando en el terreno en donde yo edifiqué una construcción de un par de niveles; a las diez y media me despedí de mis progenitores e inicié el viaje de vuelta a la ciudad; a pesar de haber dos o tres lugares en donde la ruta ha sido dañada por el invierno -convirtiéndose en un cuello de botella-, llegué a la periferia de la ciudad bastante rápido.

Pero el último tramo sí estuvo un poco complicado: hace un par de inviernos una correntada se llevó el puente de cuatro o seis vías  y, hasta el momento, nomás han habilitado la mitad de la ruta; me llevó casi media hora recorrer un par de kilómetros; sin embargo, al mediodía ya estaba en casa entregándole a Rb los pescados y una bolsa con plátanos que mi madre le había enviado.

Almorzamos las tradicionales alitas de pollo -con la acostumbrada ensalada- y luego sacamos a caminar a los perros; yo me sentía bastante agotado -por haberme levantado tres horas antes de lo acostumbrado- por lo que le comenté a Rb que iba a descansar un rato.

Intenté dormir pero -por haber comido mucho (al retornar del viaje consumí unos plátanos con la avena de mis desayunos tradicionales)- no lo logré; aún así me quedé en la cama hasta las cuatro (un poco más de una hora): a esa hora me levanté a lavar los trastos del día y a ayudar con la preparación de los almuerzos de la semana.

Y a ver cómo sigue eso.

domingo, 1 de diciembre de 2024

El final, de nuevo -y gastando de más-... The end, again -and overspending-... La fin, encore une fois -et les dépenses excessives-...

Hoy empieza -otra vez- el último mes del año; aunque es la primera vez para el dos mil veinticinco; a la vez, ayer terminó el -segundo- mes con más gasto personal acumulado: el ochenta y tres punto veinte por ciento de mis ingresos del mes (en enero fue del doscientos setenta y dos punto sesenta y nueve por ciento, pero eso fue an once in a life event: el último trimestre de estudios de mi hija segunda en el imperio del norte).

El gasto del mes pasado se duplicó por dos eventos: el primero fue la financiación de la lavadora/secadora para el departamento de mis hijos (un servicio que ofrecía el edificio pero que fue cancelado por temas de presupuesto), lo cual -supuestamente- será amortizado en los meses venideros.

Casi al mismo tiempo tuve que gastar mas o menos la mitad del monto anterior para reparar el auto de Rb: hace un par de semanas derrapé en la curva del paso a denivel para tomar el boulevard local y me tocó afrontar todo el gasto de reparación.

Y bueno, el dinero dinero es; nomás energía que hay que administrar: o eso es lo que pienso; no quedarme en el límite pero tampoco preocuparme por seguir acumulando más y más; igual, en el otro extremo del mundo prácticamente se está gestando la tercera guerra mundial y quién sabe cómo irá a afectarnos localmente.

Y a ver cómo va eso.

 El lunes me levanté a meditar a las siete y media y luego jalé la computadora de la mesa del comedor a la cama para participar en la reunión diaria; el tiempo está bastante frío por lo que después de la reunión me quedé dormitando en cama.

Y me quedé dormitando mucho más tiempo que de costumbre: casi a las diez y media por fin me decidí a levantarme e ir a preparar mi desayuno; el que tomé al lado de Rb; luego retorné a la cama; en donde pasé la mayor parte del día: por la mañana estuve completando el ciclo actual de La valeur de l’inconnu; y compartiendo un poco de tiempo de intimidad con Rb.

Luego me tocó levantar las cosas del piso pues Rb puso a funcionar -como sucede tres veces a la semana- la aspiradora robótica; la que tuve que limpiar después de que finalizara: es la semana que me toca.

Además, Rb me pidió ayuda para trasladar, de la habitación de la comida de los perros hacia la lavandería en el fondo de la casa, una vieja computadora Apple que nuestra editora le regaló hace unos años -también pasé al mismo lugar la bicicleta-.

Almorzamos el asado que hemos tenido congelado por varias semanas; junto con las papas que preparé la noche anterior, chirmol y guacamol; a media tarde lavé los trastes del almuerzo y preparé té de manzanilla para Rb y café para mi persona; el resto de la tarde continuó tan tranquilo como la mañana: nomás viendo algunos videos de Youtube y avanzando de forma mínima en un par de tareas pendientes del trabajo.

El martes  me levanté a meditar a las siete y media y luego entré a la reunión del equipo; la cual estuvo más larga que habitualmente: el PM y el programador más antiguo se pusieron a revisar las tareas más prioritarias y eso les tomó más de media hora.

Al final nomás comentaron que -debido al día de acción de gracias que es este jueves- cancelarían las reuniones del miércoles, jueves y viernes: o sea que no más reuniones diarias durante el resto de la semana.

El resto del día estuvo bastante tranquilo: hice Duolingo (quedamos en el mismo reto semanal con Rb: el que terminamos por la noche) y, antes del medio día, completé el ciclo de La Valeur de l’inconnu pues el libro de tecnología lo estoy leyendo en laptop y el libro lo tenía nomás en la máquina con Fedora 39.

Al terminar el horario laboral fuimos a los supermercados en dirección sur: quería pasar a Office Depot a ver si podía imprimir allí los diplomas que debo entregar el primer jueves de diciembre; también imprimí una serie de memes para agregar a los marshmallows que planeo repartir el día del convivio del área; el plan era imprimir un diploma y ver como quedaba; también Rb se percató que una palabra en el mismo (que ya había notado antes) no se había corregido.

Y la impresión es carísima en el lugar (casi tres dólares por cuatro páginas); por lo que cuando retorné escribí al lugar al que pasé el domingo (que estaba cerrado) y en el mismo me confirmaron que se podía imprimir por una cuarta parte del precio; por la noche ví el siguiente capítulo de Lionness y acompañé a Rb a ver el capítulo de la serie de hornear pasteles de temporada que hemos estado viendo desde hace algunos años.

El miércoles me levanté a las siete y media; medité y, como no había reunión diaria, retorné a la cama; en donde estuve un poco más de media hora dormitando; luego me levanté a desayunar y a hacer las lecciones matutinas de Duolingo.

El resto de la mañana estuvo tranquilo: como anoche terminé la porción del libro de tecnología, continué avanzando con el libro en francés; luego me pasé al libro de meditación (mindfulness, realmente); a las nueve y media me reuní con mi supervisora pero teníamos únicamente dos puntos a revisar.

Por una parte, desde el lunes empezamos a utilizar la nueva herramienta para el registro de los tiempos de trabajo -yo completé el training la semana pasada-; y por el otro nomás confirmamos la finalización del evento de ciberseguridad que estuve facilitando.

Al mediodía calentamos la parte del asado; junto con las papas y, en mi caso, un chorizo y una longaniza; y almorzamos el recalentado acompañado de guacamole; al final de la tarde -después del horario laboral- realizamos la rutina de ejercicios de los miércoles.

El jueves Rb salió hacia el mercado un poco después de las nueve; yo me había levantado a las siete y media a meditar y luego -como no había reunión diaria- retorné a la cama; a dormitar hasta las nueve; estuve escribiendo un poco de Python: mi amigo asiático me había enviado una muestra de una presentación que estaba haciendo para su trabajo; tenía que ver con los municipios del país y sus coordenadas geográficas.

Bajé -usé Gemini y Chatgpt- la información de los trescientos cuarenta municipios de Geonames y luego agregué la población de cada municipio; pero no había información para todos; por lo que -aconsejado nuevamente por las AIs- me metí al sitio del Instituto Nacional de estadística y bajé la base de datos del último censo (del dos mil dieciocho).

Volvimos a almorzar el mismo asado de toda la semana y, al finalizar la tarde, fuimos a los centros comerciales en dirección sur: Rb quería comprar de la pechuga de pollo que le prepara a su perra más anciana; lastimosamente no había en el supermercado más lejano -aunque indicaron que el pedido ingresaría al día siguiente-; por la noche estuve viendo una parte de la segunda película de Watchmen que sacaron este año.

El viernes tampoco había reunión diaria por lo que, luego de la meditación de las siete y media, me volví a meter entre las sábanas; me levanté hasta después de las nueve de la mañana; a preparar el desayuno de los fines de semana.

Terminé de limpiar la información que estaba preparando sobre la información geográfica y de población de los municipios del país y le envié el resultado a mi amigo asiático: un mapa con trescientos cuarenta círculos con un tamaño proporcional al número de pobladores de cada uno.

Al mediodía preparamos el penúltimo pescado del último envío de mis papás y por la tarde -con el té de menta- consumí uno de los cuartos del pan royal que compré el día anterior en la panadería -junto con el pan de los desayunos de la semana-.

Al finalizar la jornada laboral realizamos la rutina de ejercicios de los viernes; afortunadamente -a pesar de haber utilizado la pesa más grande en más partes de las flexiones- no sentí el desfallecimiento que había estado sintiendo los últimos viernes al empezar los ejercicios de estiramiento -al final de la rutina-.

Por la noche terminé de ver la película de Watchmen y empecé a ver dos nuevas: Elevation (con el capitán América negro y la esposa de Deadpool) y Red Alert (con la Roca y el capitán América); también terminé de leer la parte correspondiente de Everybody lies y me pasé a La valeur de l’inconnu.

El sábado me levanté a meditar a las siete y media; luego retorné a la cama pero no me dormí: habíamos acordado con Rb de salir luego de su desayuno a los supermercados en dirección sur, por lo que me puse a hacer las lecciones matutinas de Duolingo.

Luego me levanté a preparar el desayuno de los fines de semana y después retorné a la cama a completar el ciclo del libro de francés; ahora me tocaba la segunda cuarta parte del libro de Murakami (La muerte del Comendador).

A las nueve y media nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; bajamos hasta el supermercado más lejano -y con precios más bajos- pero nos informaron que no había entrado el pedido de pollo (se suponía que el día anterior lo estarían recibiendo).

Pasamos al otro supermercado -que queda más o menos a la mitad del camino- y allí compramos pechugas de pollo para los almuerzos de la otra semana -y Rb compró también para su perra más anciana-.

Retornamos a casa a las diez y media y me puse a hacer la rutina de bicicleta estática -de fondo pongo una list de reproducción de Eminem- y después saqué a caminar a la perra más voluminosa; después me bañé y, un poco antes de las doce, me dirigí al departamento de mis hijos; el plan era pasar al café internet que está fuera de la Universidad pues el miércoles había enviado los once diplomas y este día había enviado el cupón para el primer lugar del evento de ciberseguridad que facilité este año.

El tránsito estaba bastante pesado pero llegué al café internet un poco después de las doce y media; lo malo es que justo cuando llegué el encargado estaba entrando al baño; y luego me entretuvo diciendo que estaba en proceso.

Finalmente, a la una menos diez, y viendo que a otra persona que había llegado después que yo le había indicado que debía volver más tarde, le dije al encargado que pasaría antes de que cerraran; y me dirigí al lugar de mis hijos.

Llegué como a la una de la tarde -me molesta la impuntualidad pero traté de no conducir muy temerariamente- y subí al séptimo nivel; mi hijo ya estaba listo -aunque la cocina estaba bastante desordenada- y nos dirigimos al parque temático más grande de la ciudad.

Compramos una pizza y un litro y medio de Pepsi -diez dólares- y nos dirigimos a buscar una mesa para almorzar; pero, por ser temporada de convivios, las áreas de mesas estaban reservadas; afortunadamente encontramos sitio en uno de los lugares en los que solíamos almorzar cuando mis hijos eran aún niños -una banca semicircular de cemento bastante amplia bajo un grupo de árboles-.

Después de consumir un poco más de la mitad de la pizza -y recortar la caja para que (junto con el sobrante) cupiera en la mochila- le propuse a mi hijo una partida de Scrabble en inglés (el día anterior le había escrito a mi hija y este día había encontrado el juego a la par del filtro de agua).

La partida nos consumió un poco más de una hora y luego nos dirigimos a la última función del día de la obra de teatro: el musical que vi la semana anterior con mi hija mayor; la función se atrasó un poco (creo que los bailarines estaban aún participando en un desfile por el parque).

Después de la obra -casi a las cuatro y media- retornamos al lugar de mis hijos -a medio camino compré tres porciones de pastel de chocolate y una decena de pan tostado-; al llegar al departamento le escribí a mi hija pero no me contestó y creí que andaba ocupada con su curso de técnico en urgencias médicas.

Con mi hijo menor preparamos café, dimos cuenta de los pasteles de chocolate -y yo le escribí a mi hija mayor, comentándole que le dejaba una porción en los gabinetes-; un poco antes de las cinco y media me despedí de mi hijo y me dirigí al café internet (cuando estábamos en medio de la partida de Scrabble me habían llamado para confirmar la impresión de los documentos).

El tránsito no estuvo tan mal y un poco después pasé a recoger los diplomas y el cupón a entregar al campeón (y pagué los cinco dólares); después me dirigí a la casa de mi tía favorita: el día anterior le había escrito a su esposo para comentarle que quería pasar a verla a las cinco y media.

A esta reunión también llegué tarde -realmente muy tarde: casi media hora de retraso- pero, otra vez, traté de no manejar muy temerariamente; llamé a mi primo -el hijo menor de mi tía- para que saliera a abrir el portón y subí al segundo nivel -en donde mi tía y su esposo han aprovechado la bondad de mi primo por más de seis años-.

Me estuve en el lugar un poco más de una hora, entre café, pan tostado y conversación y un poco antes de las siete me despedí de mi tía y retorné a casita; el tránsito estaba -para variar- bastante pesado pero a las siete y veinte estaba parqueando el auto frente a la casa de Rb.

Por la noche avancé en la película Elevation (segunda tercera parte) y luego me puse a completar mis lecciones nocturnas de Duolingo; mientras Rb toma su segunda cena -parece del clan de los Hobbits- últimamente me he retirado a mi habitación a avanzar en la lectura; pero la noche de ese día no lo hice: me entretuve entre Ajedrez -vuelvo a perder consecutivamente luego de dos días muy buenos- y leer artículos de internet.

Y a ver cómo sigue eso...


lunes, 25 de noviembre de 2024

Veintiseis años... Twenty six years... Vingt six annees...

Hace un par de días mi hija mayor cumplió veintiseis años; para variar me confundí al comentarle el hecho cuando nos encontramos diciéndole que estaba cumpliendo veintiocho; hace veintiseis años estaba intentando formar mi familia, trabajando en el segundo -o tercer- lugar como ingeniero y a punto de graduarme de la universidad.

Aún no había hecho la tesis -la presenté cuando mi hija segunda estaba por nacer-; aún no había adquirido un automóvil; aún tenía muchos sueños e ilusiones: la principal era tener una familia normal; lo que no se pudo cumplir.

Ahora no tengo automóvil -aunque el de Rb está a mi nombre-; acabo de comprar un departamento para que lo ocupen dos de mis hijos; y me segunda hija acaba de graduarse en una universidad del Imperio del Norte -y al parecer, está estableciéndose permanentemente en ese lugar-.

Rara que es la vida...

El lunes me levanté a las siete y media; medité y entré a la reunión diaria del equipo; por alguna razón el micrófono del headset estaba en mute cuando me tocó que actualizar mi avance y no pude aportar nada a la reunión.

Me quedé en la cama dormitando hasta después de las diez; a esa hora me levanté a desayunar y a trabajar un poco en la tarea en la que he estado tratando de avanzar desde la semana pasada -está un poco complicada-.

Al mediodía preparamos un arroz con hígados de pollo y luego sacamos a caminar a los perros -el tiempo ha estado bastante gris e incluso ha habido algunas lloviznas debido a una depresión tropical en el atlántico-.

A media tarde lavé los trastes del almuerzo y preparé té de manzanilla para Rb y un café para mí; luego del horario laboral realizamos la rutina de ejercicios de los lunes y después estuve conversando un poco con mi hija mayor -en whatsapp-.

Al inicio de la noche estuve viendo el cuarto capítulo de Lionness y traté de ver una película de una variante de Ghost in the Shell pero realmente me dormí durante varias etapas de la misma; incluso Rb me comentó que había entrado varias veces en la habitación y no había querido despertarme.

No sé si es deficiencia de algún alimento; o tenga algo que ver con mi estado de ánimo pero me está empezando a preocupar el que me levante a media mañana y antes de la noche, si me acuesto, me quedo dormido.

El martes me levanté a las siete y media y, luego de meditar, entré a la reunión diaria; afortunadamente el micrófono funcionó bien y mi participación fue la esperada: una actualización de las tareas de los últimos días.

Luego de la reunión me quedé en cama leyendo; un poco antes de las nueve y media Rb me comentó que el mecánico había venido y salí a recibirlo; revisamos el daño del auto y le entregué las llaves del mismo: venía con su hijo adolescente y pusieron manos a la obra.

Un rato más tarde me habló el mecánico para que le transfiriera una suma de dinero pues debía comprar una rótula (preferí una nueva), e ir a ver una defensa delantera usada; un poco antes del mediodía fue por los repuestos.

Con Rb preparamos una tortilla española (nuestra versión: papas, chile pimiento, champiñones y pollo molido) y almorzamos junto con un consomé de pollo; el mecánico retornó por la tarde con la noticia que la defensa estaba en muy mal estado; que convenía más comprar una nueva.

Después del horario laboral (una hora más tarde, realmente) fuimos con Rb a los supermercados en dirección sur: debíamos comprar lechugas para las ensaladas del resto de la semana; le avisé al mecánico pues ya estaba por caer la noche.

Retornamos menos de una hora después pero ya estaba completamente oscuro (estos meses del año) y me comentó que algunas grapas para poner el guardapolvo nuevo no habían encajado por lo que tendría que retornar al día siguiente.

Como había sacado dinero del cajero en el supermercado le cancelé lo que aún le debía de los repuestos y la mano de obra (en total doscientos sesenta dólares); por la noche estuve viendo -otra vez- la tercera película de la serie de Ghost in the Shell que he estado siguiente últimamente (también el cuarto episodio de la serie de pastelería que estamos viendo con Rb).

Ese día empecé a leer el nuevo libro de francés; y la verdad me está costando bastante avanzar en el mismo: el lenguaje es un poco más formal y la historia no es tan lineal como la mayor parte de los libros que he leído en ese idioma.

También empecé a leer el siguiente libro en español: La muerte del comendador; aunque ya había sobrepasado el límite que me pongo para libros del mismo autor, me llamó la atención el título y no encontré algo más interesante en este idioma.

El miércoles la meditación matutina y la reunión diaria ocurrieron sin ninguna novedad; me quedé nuevamente en cama -ahora haciendo las lecciones Duolingo de la mañana- y, casi a la misma hora que el día anterior, Rb me avisó cuando el mecánico tocó el timbre.

Salí a entregarle las llaves y me comentó que había tenido que comprar diez grapas para instalar el guardapolvos derecho; le indiqué que haríamos cuentas cuando terminara; y menos de una hora después volvieron a tocar el timbre.

Ahora querían agua para probar los chorros del limpiaparabrisas: el depósito también se dañó por lo que tuvo que ser reemplazado; un rato después me indicaron que el automóvil estaba listo y le pagué al mecánico la cantidad restante (diez dólares).

Al mediodía volvimos a almorzar otro sexto de la tortilla española preparada el día anterior; aunque en esta ocasión ya no había caldo, sino que preparé una de las típicas ensaladas con las que solemos acompañar nuestros almuerzos.

Por la tarde lavé los trastes del almuerzo y luego preparé té de manzanilla para Rb y un café con leche para mi mismo; que acompañé -lo he estado haciendo las últimas semanas- con una galleta waffle y una galleta sandwich de chocolate.

Para terminar la jornada -después del horario laboral- realizamos la rutina de ejercicios de los miércoles; por la noche estuve viendo la tercera de la serie de cuatro películas de Ghost in the Shell que he estado tratando de concluir; igual me pasé una buena parte del tiempo dormitando; luego leí un poco de La valeur de l’inconnu.

El jueves me levanté a meditar a las siete y media y luego retorné a la cama; era el segundo jueves del mes que estoy obligado a tomar vacaciones por lo que no tuve que jalar la computadora a la cama; pero, por alguna razón me levanté bastante desanimado: creo que estuve soñando algo y me levanté pensando en que mientras otras personas han logrado mucho con su vida (viajes, posesiones y así) yo no he hecho nada.

Traté de aplicar ACT (defusión y así) y me quedé en cama aplicando un poco de mindfulness; pero no fue tanto tiempo porque habíamos acordado con Rb de salir a las nueve y cuarto en su visita semanal al mercado del centro histórico.

Me levanté un poco después de las ocho y desayuné; luego salimos a tomar el busito que nos lleva hasta la estación del Transmetro en la ciudad; el tráfico estaba bastante pesado y el avance en el boulevard fue bastante lento.

Pero el transmetro estaba bastante vacío; antes de entrar al mercado pasamos a la tienda en donde compré la corbata dorada dos semanas atrás: Rb quería comprar un conjunto de bebé para su perra más anciana; no encontró lo que buscaba pero yo compré una taza; que esperaba llevar al departamento de mis hijos en mi siguiente visita.

Luego pasamos al mercado; Rb se aprovisionó de frutas para toda la semana y luego retornamos en Transmetro -la estación estaba super llena, posiblemente a causa de una manifestación de maestros- al comercial desde donde salen los busitos.

En ese lugar entramos al supermercado y yo compré una magdalena: este sábado invité a desayunar el voluntario que hace un par de años puso fin a nuestro aislamiento social (y que deprimió bastante a Rb por la historia de sus dolencias).

Cuando salimos a abordar el busito estaba completamente vacío por lo que creí que tendríamos que esperar quince minutos; pero no, casi al mismo tiempo otras personas abordaron la unidad y al parecer ya era su hora de salida pues arrancó casi al momento.

Venimos a casa justo al mediodía; yo me puse a trabajar en la encuesta que quería enviar a los participantes en el evento de ciberseguridad que facilité durante tres meses; e inicié la redacción del informe final del mismo.

Por la tarde continué avanzando en La valeur de l’inconnu y luego del café vespertino (y té para Rb) acordamos salir antes de las cuatro hacia otra tienda de ropa usada que queda a cuatro o cinco kilómetros; Rb encontró una pieza de ropa para su perra y aprovechó para comprar un par de tenis.

En la caminata de regreso pasamos a la tienda verde de descuentos y yo compré otra bolsa de frijoles (no estaba seguro si ya tenía una para el desayuno del sábado; de hecho sí tenía) y Rb quería aprovisionarse de bolsas herméticas que utilizamos para conservar productos en el freezer.

Luego retornamos a casa sin ninguna novedad; en el camino nomás pasé a comprar un poco de pan dulce para mis desayunos de viernes, sábado y domingo; por la noche estuve viendo la misma película de Ghost in the Shell y avanzando un poco en el libro Determined -me está costando avanzar en el mismo-.

El viernes me levanté a meditar a las siete y media; la verdad me levanté de mejor ánimo que el día anterior; luego le comentaría a Rb que me había ayudado mucho su soporte normal; la reunión de la mañana estuvo igual a varias ocurridas últimamente: no se realiza un reporte individual de los avances sino que el programador más antiguo y el project manager revisan únicamente el avance en los temas prioritarios; además recordaron que este día era el último en el uso de la herramienta de horarios en curso: a partir del lunes deberemos empezar a utilizar otra.

Después de la reunión me quedé un rato en cama: terminando el reto semanal de Duolingo; luego me levanté a preparar mi desayuno de los fines de semana para acompañar a Rb en el comedor; el resto de la mañana estuvo bastante tranquilo; Rb salió a media mañana a comprar culantro para preparar el pescado y aprovechó para comprar ocho papas de gran tamaño para los almuerzos de la otra semana: tenemos en el freezer cuatro porciones de asado desde hace un par de meses.

Al mediodía preparamos pescado frito y lo acompañamos con ensalada; después sacamos a caminar a sus perros; como tenía reunión a las tres de la tarde (la última o penúltima del evento de ciberseguridad) lavé los trastes y preparé un té chai con leche para mí y el té de manzanilla para Rb.

La reunión de las tres estuvo bastante tranquila: nomás debíamos revisar un par de pendientes; utilizamos más el tiempo para hablar de libros (el libro de Murakami que estoy leyendo me tiene completamente emocionado) y en afinar un poco el plan para la finalización del evento: la entrega de certificados el primer jueves de diciembre.

Después del horario laboral (a las cuatro y media) realizamos la rutina de ejercicios de los viernes; creo que debo cambiar algunas cosas: me he estado quedando sin aliento justo antes de empezar la parte final de estiramiento; y me está doliendo la rótula izquierda (creo que debido al choque del domingo).

Por la noche, después del baño post ejercicios y de realizar las lecciones nocturnas de Duolingo, estuve viendo otra película de Ghost in the shell (esta de Netflix, y no estoy seguro si ya la ví antes) pero no le puse mucha atención; nuevamente me venció el sueño en varias ocasiones.

El sábado me levanté a las seis y media (una hora antes de lo habitual): el amigo con el que me junté hace un par de meses en el comercial cerca del departamento de mis hijos venía a las ocho y media de la mañana.

Me levanté a meditar, luego hice las lecciones matutinas de Duolingo y después me metí a la cocina a preparar el desayuno; lo que me entretuvo un poco menos de una hora; a las ocho y veinticinco tenía a fuego bajo los frijoles y los plátano; y a fuego medio el agua para el café (mi amigo había comentado que traería café instantáneo).

A las ocho y media sonó el timbre y salí a recibir a mi amigo; Rb nos acompañó en el comedor -él fue un voluntario de apoyo cuando ella ingresó al voluntariado- durante las siguientes dos horas; entre desayuno y conversación.

Como está trabajando en artesanías basadas en resina le pidió a Rb granos de café para confeccionarle un par de posa vasos -también es arquitecto-; a las diez y media se despidió y salimos a acompañarlo al parqueo.

Luego fuimos a los supermercados en dirección sur: necesitábamos comprar bananos y lechugas; cuando retornamos del mercado me puse a hacer una rutina de bicicleta estática para principiantes (veintitrés minutos).

Después saqué a caminar a la perra más voluminosa y después me metí a la regadera; ya eran las doce y veinte cuando estaba vestido y listo para dirigirme al apartamento de mis hijos; consideré que llegaría tarde y le envié un mensaje a mi hija mayor previniendola.

Pero -sorprendemente- el tránsito estaba bastante ligero: no paré en ninguna parte de la ruta -excepto en los semáforos qu eencontré en rojo- y a la una menos cinco estaba sentándome en el espacio entre las habitaciones de mis hijos.

Un poco más tarde mi hija salió de su dormitorio y nos dirigimos al parque temático más grande de la ciudad; le comenté que -debido al desayuno con mi amigo- no había podido preparar nada y que almorzaríamos pizza; estuvo de acuerdo.

Llegamos al lugar -ochocientos metros de distancia- un poco más tarde y nos dirigimos al restaurante que vende las pizzas; compré lo tradicional: una grande de jamón y un litro y medio de gaseosa; almorzamos en las mesas del área de comida y luego estuvimos armando tres cubos de rubik que cargaba y dejamos a media una partida de scrabble en inglés.

Habíamos visto al entrar que la obra de teatro había sido actualizada con la temática navideña y acordamos acudir a la presentación de las cuatro de la tarde; quince minutos antes de la hora nos dirigimos al lugar y pasamos la siguiente media hora viendo el musical de las mascotas de la institución bailando con un grupo de comparsas.

Luego retornamos al departamento; en el camino pasamos a un comercial a ver si había opción de imprimir los diplomas que debo entregar el cinco del próximo mes; el lugar estaba cerrado; cuando entramos al departamento le pedí a mi hija que le preguntara a su hermano si quería compartir un té y un poco de pan de banano -mi amigo trajo uno por la mañana y consumimos menos de la mitad por lo que me llevé el resto por la tarde-.

Mi hijo salió de su habitación y estuvimos un rato los tres entre té, pan de banano y conversación; un poco antes de las seis nos despedimos y -después de darle los cien dólares de regalo de cumpleaños a mi hija mayor- retorné a casita.

Por la noche estuve avanzando trabajosamente en el libro de Sapolsky; incluso luego de la meditación nocturna continué leyendo el capítulo en curso; aún así -creo que ya fueron más de dos días en el ciclo- me quedaron más de quince páginas pendientes -estoy leyendo ochenta en cada ocasión-.

El domingo me levanté a las siete y media de la mañana; realicé la meditación matutina y luego retorné a la cama; el tiempo está bastante frío -al parecer hay un frente de baja temperatura- por lo que no me sentí con ánimos de hacer Duolingo -o de salir a preparar el desayuno-.

Me quedé en cama dormitando hasta las ocho y veinte; a esa hora me levanté a preparar el desayuno y después me puse a hacer un poco de Duolingo; Rb me había pedido el día anterior que fuéramos después de su desayuno a un supermercado en dirección norte.

A las nueve y cuarto me recordó la salida y me pidió que fuéramos en automóvil; sorprendentemente -era la hora en la que la gente usualmente va a la iglesia- la ruta estaba bastante vacía por lo que no tardamos mucho en llegar al supermercado -aunque en el camino pasamos a una gasolinera pues quería calibrar las llantas del auto (especialmente la que sufrió el golpe el domingo pasado)-.

En el supermercado Rb compró un recipiente con harina de coco y luego retornamos a casa; felizmente sin ninguna novedad; como habíamos acordado trabajar en el patio delantero entre diez y once de la mañana -faltaba limpiar de malezas la mitad- me cambié de ropa y nos pusimos a trabajar en el mismo.

Al mediodía preparé un par de ensaladas; calentamos el caldo que sobró del almuerzo del día anterior y Rb preparó las alitas de pollo dominicales; almorzamos y luego sacamos a caminar a los perros; a las tres de la tarde me dirigí a mi visita mensual a la casa del voluntario que vive en la misma colonia que viví casi una década.

Antes de llegar a su casa pasé al café internet que está a la entrada de la universidad: había planeado imprimir una muestra de los diplomas que espero entregar en la reunión de equipo del próximo mes; pero el negocio estaba cerrado (aunque había una persona en el interior).

Llegué a las tres y media a la casa de mi amigo -llevaba la mitad de la magdalena que había comprado el jueves- y nos pasamos el siguiente par de horas entre conversación y café con magdalena; y la última media hora repasando el primer paso de la resolución del cubo de Rubik.

Como a las cinco y media Rb me llamó pues se preocupó de ver que la perra más voluminosa estaba rascando la puerta de mi habitación -como que le ha gustado subirse últimamente a la cama en la que duermo-; y un poco más tarde me despedí de mi amigo y retorné a mi casita.

Y a ver cómo sigue eso.


lunes, 18 de noviembre de 2024

El auto, otra vez... The car, again... La voiture, autre fois...

La verdad es que me está preocupando la situación con el automóvil este año: en enero un choque con otro auto; hace un par de meses llamar a una grúa porque no arrancaba; y, el domingo último, un derrape (en el paso a desnivel para entrar al boulevard) que terminó en la defensa frontal partida y una rueda dañada.

Afortunadamente siempre uso cinturón de seguridad; pero el daño al auto es bastante extenso y este mes sobrepasaré mi presupuesto por un gran margen (también estoy cubriendo el costo de la lavadora/secadora del departamento de mis hijos).

Y me ha hecho incluso sopesar la conveniencia de seguir manejando; pero creo que es irreal negarme a hacerlo: vivo en la periferia de la ciudad y el transporte es bastante ineficiente.

Así que ni modo: a ser más consciente a la hora de conducir y a tomar las cosas con calma; al final todos vamos a morirnos, pero lo mejor es tratar de vivir cada día lo mejor que podamos -o al menos eso creo-.

Y a ver cómo va eso...

El domingo pasado, después del mediodía, transcurrió más o menos en la misma forma que los anteriores: no me gustó: me pasé un par de horas tratando de no dormirme en mi habitación; ni leí ni nada. En la noche me dije que debo preparar un horario como el que preparaba cuando mis hijos pasaban los sábados conmigo: dosificar actividades.

El lunes me levanté a las siete y media; entré a la reunión y luego continué trabajando -y dormitando- en cama; hasta después de las nueve; el trabajo ha estado bastante tranquilo.

Por la tarde, después del horario laboral, hicimos la rutina de ejercicios de los lunes; por la noche estuve viendo el tercer capítulo de Lionness y otro capítulo de The Old Man.

El martes me levanté a las seis y media pues quería avanzar un poco en mis tareas antes de entrar a la reunión diaria; revisé algunos detalles de la app que estamos probando pero no pude aclarar mucho.

Después de la reunión me quedé dormitando en la cama; salí de la habitación a desayunar después de las nueve; el resto de la mañana estuvo bastante tranquila: me puse a dividir las 2240 preguntas que tengo en veinte archivos y empecé a practicar con el primero de ellos.

Por la tarde, luego del horario laboral, fuimos con Rb a los supermercados en dirección norte; en la tienda verde de descuentos compramos un tubo de pegamento acrílico para reparar la bicicleta estacionaria.

La semana pasada -o antepasada- Rb me llamó porque la bicicleta había empezado a hacer un ruido luego de que escuchó que algo se había zafado; el sábado -o domingo, no recuerdo- la desarmé y vimos que el fieltro del freno se había caído.

También compramos bananos en el supermercado que se encuentra en el comercial donde tomamos los buses intermunicipales; y finalmente, en una verdurería del camino compramos tres papayas pequeñas y un poco de culantro.

Por la noche ví el último capítulo de la primera temporada de The Old man y vimos una parte del segundo capítulo de una competencia de pastelería de temporada que hemos visto durante los últimos años.

Me retiré a mi habitación un poco antes de las once y estuve leyendo un poco del libro de No Ficción que acabo de empezar: Play to Learn; un poco después de medianoche estaba empezando a dormirme cuando un zancudo empezó a zumbar cerca de mi oído.

Me levanté para tratar de atraparlo pero no pude verlo; volví a intentar dormirme pero volvió el zancudo; total que pasé muy mala noche: traté de dormir bajo las sábanas pero estaba muy incómodo; incluso escuché cuando Rb se levantó a alimentar a su perra a las tres de la madrugada.

El miércoles me levanté a las siete y media -de mal humor-; medité y luego tomé la computadora del comedor a la cama para entrar a la reunión; en la que no participé pues el project manager se dedicó a revisar -con el programador más antiguo- el estado actual de varias tareas.

Después de la reunión me quedé haciendo Duolingo en la cama -ayer terminamos el reto semanal con Rb- y después estuve leyendo un poco de Play to Learn; afortunadamente no me dormí porque no recordaba de mi reunión quincenal con mi supervisora.

La reunión estuvo tranquila: me comentó cómo estuvo la reunión del día de ayer con el Director del área -vino del Imperio del Norte y ‘rifaron’ lugares para asistir a la reunión general (yo no salí elegido)- y luego conversamos sobre la última actividad del evento de ciberseguridad que concluye este viernes.

Después de la reunión terminé de leer la parte actual de Play to Learn y continué con el de francés en turno: Comme un long accident de char; también me puse a reparar la bicicleta: le apliqué pegamento a la pieza de fieltro y a la base plástica; dejé reposar diez minutos y luego los aseguré con una llave de tubo y un alambre.

Además ayudé con el almuerzo: piqué papas y culantro para el menú del día: Pollo en crema con loroco; al final de la tarde -luego del horario laboral- realizamos con Rb la rutina de ejercicios de los miércoles.

El jueves; después de meditar y entrar a la reunión diaria -en la cual no participé pues únicamente han estado revisando las tareas más prioritarias- me quedé en cama haciendo Duolingo y leyendo; a las nueve salí pues Rb salía hacia su visita semanal al mercado del centro histórico; durante estos últimos días he estado trabajando en -la depuración, randomización de respuestas y separación en veinte archivos de- las más de dos mil preguntas de Product Owner, CEH, CompIT y CF.

Por la tarde, después del horario laboral, fuimos a los supermercados en dirección sur a comprar bananos (también pasé a la panadería a comprar pan para mis desayunos del fin de semana); por la noche vinieron a dejar el par de raquetas que adquirimos en Línea (matazancudos, que supuesteamente los atraen con luz ultravioleta) (veinte dólares ambas).

El viernes prometía ser un día interesante: habíamos programado la reunión con la que concluiríamos el evento de ciberseguridad que hemos tenido por tres meses: se trataba de una sesión de la versión libre de una plataforma similar a Kahoot.

Pero, la PM (quién se había ofrecido a dirigir la reunión) informó el día anterior que estaría en un par de días de certificación; que ya había hecho arreglos para ausentarse esa hora pero que enviaba el contenido en caso que hubiera alguna dificultad.

La reunión diaria estuvo igual que los últimos días: únicamente los devs presentaron sus avances en las tareas más prioritarias; a las diez me reuní con el analista más joven -y más inteligente, creo- y revisamos un poco de código -en lo que debo mejorar aún-.

A las once tuvimos la reunión del evento de ciberseguridad y todo marchó sobre ruedas: de los doce convocados únicamente una persona no pudo asistir -estaba en una reunión de trabajo- y, por fin, dimos por concluido el evento.

Ahora nomás toca realizar un par de actividades de cierre: una encuesta de satisfacción y un informe de lo realizado; y el cinco de diciembre -día en la que nos han convocado a la reunión del equipo de fin de año, en el parque temático más grande de la ciudad- entregaremos los certificados de participación y el premio al campeón.

Por la tarde, después del horario laboral, realizamos la rutina de ejercicios de los viernes; el día anterior había terminado de ver el capítulo de Lionness que tenía pendiente, el viernes por la noche traté de ver Alien: Romulus y un poco de Cross; pero no avancé mucho en ninguna de ambas.

La verdad me estaba sintiendo bastante soñoliento -hice un gran esfuerzo para no dormitar-; y luego, casi a medianoche, me costó conciliar el sueño -luego de meditar y leer la mitad de la última parte de Comme un long accident de char-; afortunadamente la respiración abdominal vino al rescate.

El sábado me levanté a las seis menos cuarto; había planeado meditar, luego hacer un poco de Duolingo, luego bañarme y, después, meterme a la cocina a preparar el desayuno al que había invitado a mi amigo asiático con rasgos de autismo.

Realicé las actividades de acuerdo a lo planeado y a las siete estaba terminando de lavar los trastos que utilicé para preparar el desayuno: omelette de embutidos, champiñones y chile pimiento; frijoles refritos, platanos fritos, tomate rodajado, salsa de tomate, crema y café con pan.

A esa hora me dí cuenta que mi amigo me había escrito cinco minutos antes de las siete -hora convenida-; comentándome que estaba por salir de su casa, que vendría como a las siete y cuarto; y, efectivamente, un poco después de las siete me llamó de garita para confirmar el apellido de Rb; luego nos pasamos las siguientes cuatro horas entre desayuno, revisión de aplicaciones en su computadora y conversación -aunque es difícil caracterizar esto último: mi amigo habla y habla sin parar; apenas puedo introducir unas palabra o una corta frase durante esas cuatro horas-.

A las diez le comenté que a las once -como siempre- saldríamos con Rb de casa; quince minutos antes de esa hora -tenía una alarma- le comenté que podía pedir su Uber y salimos hacia la garita; el auto ya estaba esperándolo -a una cuadra de distancia- y corrió al mismo; con Rb fuimos al supermercado más cercano en dirección sur a comprar pollo para el almuerzo.

Después del almuerzo me puse a bajar algunos libros en francés pues hoy termino el actual; un rato después mi amigo me escribió para comentarme que tendrá que venir mañana a la colonia pues olvidó su ID en garita.

Por la tarde me costó nuevamente no dormirme -por haberme levantado antes de las seis de la mañana-; me puse a buscar libros en francés para continuar en esta línea y bajé dos o tres que encontré en una lista al final del actual; por la noche terminé de leer Comme un long accident de char; continué con Everybody Lies y me dormí antes de media noche.

El domingo me levanté a seis de la mañana; había dejado la alarma para esa hora considerando que nomás quería meditar, hacer un poco de Duolingo y bañarme antes de dirigirme al desayuno programado con mi doctora.

Todo fue bien en la mañana y llegué al restaurante cinco minutos antes de la hora prevista (siete de la mañana) incluso aún no habían abierto el restaurante; a las siete lo abrieron y entré a esperar a mi amiga.

La doctora llegó unos minutos más tarde y nos pasamos las siguientes tres horas y media entre conversación y desayuno; en general, a sus treinta y seis años, aún busca un camino vital; entre pareja y estabilidad familiar.

A las diez y media nos despedimos e inicié el retorno a casa; había estado lloviznando durante una buena parte de la mañana y, al tomar el paso a desnivel frente al lugar en donde usualmente tomamos los buses intermunicipales, el auto derrapó y le fuí a pegar al bordillo de la pared.

El golpe fue bastante fuerte -creo que tampoco iba a una velocidad adecuada- pero afortunadamente traía cinturón de seguridad; afortunadamente -también- no había ningún vehículo al frente o detrás; porque hubiera sido bastante aparatoso el resultado.

Salí del lugar pero escuché que la llanta delantera derecha hacía un ruido raro; temí que hubiera explotado el neumático por lo que conduje a muy baja velocidad (debajo de los diez kilómetros por hora) y me subí a la banqueta a un par de calles.

Bajé a revisar y afortunadamente la llanta no había explotado; me imagino que la flecha (o rótula, o lo que sea que sostiene a la llanta) se torció (o rompió); me subí al auto y seguí conduciendo; pero la estabilidad estuvo bien complicada; un poco de velocidad y el auto empezaba a irse hacia un lado.

Por suerte pude completar el viaje sin ninguna otra contrariedad -la vuelta en U estuvo bastante complicada- y un poco después estaba estacionándome frente a la casa de Rb; me dí cuenta que tres o cuatro casas antes había un vehículo del ministerio de salud y me pregunté si había alguna emergencia médica.

Rb estaba afuera y me pidió las llaves del auto pues en la guantera mantiene los carnets de vacunación de sus perros y el personal de sanidad en el vehículo andaba vacunando contra la rabia a las mascotas de la calle; sacó a su perra más anciana y la llevó a vacunar; luego me pidió ayuda con la perra más gorda y ella se hizo cargo de su perro; no costó mucho llevarlos a que los vacunaran.

Después preparamos alitas; lo que almorzamos, con una ensalada y un poco de caldo; más tarde lavé los trastes del almuerzo y preparé té de manzanilla para Rb y té de menta para mí -lo que consumí con lo último del pan de los desayunos del fin de semana-.

En la tarde le escribí al mecánico -un poco antes le había escrito a mi doctora y a mi amigo que vive al otro lado de la ciudad- para comentarle lo sucedido con el auto y preguntarle sobre su nivel de ocupación estos tiempos: me ofreció venir el martes.

Rb me había preguntado un poco después de que vine si me dolía algo y en ese momento me dí cuenta que me estaba doliendo la parte izquierda del cuerpo (la verdad es que el cinturón de seguridad funcionó de maravilla) y me dí cuenta que tenía una cicatriz cerca de la cintura, en donde el cinturón evitó que saliera volando.

Pasé el resto de la tarde en mi cama, viendo videos de resúmenes de películas y series del canal de Fedelobo -y también dormitando un poco, creo-; un poco después de las cinco y media mi amigo autista asiático vino por su documento de identificación y pasó saludando.

Aún estuvimos conversando un poco fuera de casa pues quería mostrarme el apartamento que fue a ver este día (es en un edificio de diecisiete pisos que el gobierno está promoviendo para brindar oportunidades a personas de escasos recursos); está ubicado un la periferia de la ciudad en el lado norte y su precio es como la tercera parte de lo que me costó el de mis hijos.

Por la noche ví una pequeña parte de una película de Ghost in the Shell -Animé-; las noches anteriores estuve viendo algunos trozos de otras versiones -o variaciones de la misma serie-; también preparé las gelatinas para mis desayunos de los primeros cuatro días de la semana.

Y a ver sigue va eso...

domingo, 10 de noviembre de 2024

La profesión... The profession... Le métier

Estoy leyendo un libro de un neurobiólogo de Stanford que proclama que no existe tal cosa como el libre albedrío; que todos estamos determinados por nuestros genes y el ambiente en el que vivimos; la verdad lo encuentro bastante deprimente y me está costando avanzar en el mismo.

Me llama la atención una frase: ‘concluir exitosamente el plan de ochenta años al seleccionar una casa de retiro’; o sea, deprimente; de todos modos el verdadero final es la muerte; y para eso no hay ninguna opción.

Y vuelvo a la carrera profesional: he tratado de vivir la vida pensando que puedo hacer algo por mejorar mi situación -ninguno de mis padres estudió (en su niñez) más alla de la primaria; aunque mi madre sacó el bachillerato un año después que yo y mi padre obtuvo un nivel medio Universitario hace un par de años-.

Y me llama la atención la forma en que algunas personas llegan a encontrar su pasión; dos ejemplos: una de las grandes figuras de la ciberseguridad de España (según un video que ví hace unas semanas) estudió Fisioterapia, se metió al ejército y allí la capacitaron para ser una de las líderes de la ciberseguridad en su país.

Otro: un profesional de la ciberseguridad en el Imperio del Norte, cuenta que estudió para ser  -y trabajó como- maestro; que luego un amigo que estaba formando su empresa involucró a todos sus conocidos para obtener accesos de seguridad en el gobierno; que la empresa de su amigo nunca funcionó pero que ese acceso le permitió desarrollarse en el campo.

En fin.

El domingo, al final de la tarde, continué leyendo Head First Data Analysis en mi computadora con Fedora 39 -no pude conseguir el libro en formato epub (en el que leo en mi tablet) y es bastante incómodo leer pdfs allí-; por la noche vimos el segundo capítulo de Sharp Objects con Rb y continué avanzando con The Gratitudes; también empecé a leer The Mindfulnes Toolbox, en la línea de psicología/meditación.

El lunes, creo que la perra más anciana de Rb estuvo, otra vez, chillando por la madrugada -para que le dieran su ración diaria de pollo-; pero creo que no me despertó por completo, nomás me alteró un poco el sueño; como acaban de cambiar el horario en el Imperio del Norte había decidido levantarme una hora más tarde; a las siete y media me levanté a meditar y luego jalé la computadora a la cama.

Después de la reunión me levanté y preparé mi desayuno; Rb salió a la clínica en la que le están inyectando neurotropas -la penúltima inyección, de seis- y yo estuve en la mañana trabajando en el formateo del cuarto grupo de preguntas para la certificación CEH; estuvo un poco complicado porque no había extraído dos grupos de preguntas -cada uno de cincuenta-.

Al mediodía almorzamos el arroz con menudos y zanahoria que preparamos el día anterior y, después de sacar a caminar a los perros de Rb, le preparé té de manzanilla y me preparé una taza de café; por la tarde, después del horario laboral, realizamos la rutina de ejercicios de los lunes.

El martes me pasé casi todo el día inquieto, tratando de no ver estadísticas en las redes sociales o en general en Internet; por alguna razón tenía esperanzas de que no se dieran los resultados que al final se dieron.

O sea, al final eligieron a una persona condenada por diversos delitos en lugar de a una mujer (hija de inmigrantes, por cierto); en un país en el que más de la tercera parte de la población puede identificarse de la misma forma; me imagino que el mensaje de ellos contra nosotros siempre tocará una fibra muy sensible -y profunda- de los grupos en todas partes; serán cuatro años interesantes -como ha sido siempre-.

Por la mañana pagué el servicio de Internet del apartamento de mis hijos -me percaté que incrementaron el precio del servicio y recordé que algo me habían comentado la última vez que los visité-; por la tarde fuimos a los supermercados en dirección sur.

Teníamos que comprar bananos para los desayunos y yo adquirí algunos ingredientes para los desayunos que planeo preparar el tercer y cuarto sábado -he invitado a un par de conocidos a venir a desayunar a la casa de Rb-; también compré coquitas para un par de meses.

El miércoles me levanté con la noticia de que se repetirían -o se incrementarían- las idioteces de hace cuatro años en el Imperio del Norte; el día anterior me había pasado casi todo el día inquieto; el miércoles me pasé una buena parte del día de bajón.

Al final me dije que ni siquiera era mi país el que había -otra vez- realizado una elección decepcionante -de todos modos siempre terminan afectándonos sus acciones-; además, no debería sorprendernos: es nomás el reflejo de la realidad (racismo, machismo y así).

Rb fue a su última cita a la clínica de acupuntura; por la mañana llamé a mi amigo que reside -de forma ilegal- en la ciudad del Imperio del NOrte en la que pasé algunos meses hace ya casi dos décadas; estuvimos conversando un rato y por supuesto que su percepción es de esperanza con la elección realizada (la ignorancia de la gente).

Antes del mediodía estuve procesando las preguntas (más de trescientas) del último -cuarto- libro de CEH que adquirí hace unos meses; me costó un poco pues me habían faltado dos bloques de veinticinco preguntas cada uno; pero al final logré que la carga en mi aplicación se realizara correctamente.

Después del mediodía llamé a mi único amigo de la infancia -le había escrito para preguntarle si podía llamarlo-; pero, al parecer, estaba trabajando en el muelle local -no podíamos escucharnos-; le pregunté por una hora para llamarlo al día siguiente y me indicó que a las siete de la mañana.

Al finalizar el día laboral -a las cuatro y media, por el cambio de horario en el imperio del norte- realizamos con Rb la rutina de ejercicios de los miércoles; por la noche estuve viendo Sharp Objects -con la esposa de Superman- y empecé a ver The Old Man.

El jueves terminé de leer el libro con la autobiografía de Chespirito; quería ya dejarlo atrás para leer el último (?) libro de Murakami; también quería terminar de leer el único libro en papel en el que me he embarcado en los últimos años: Conejo Blanco Lobo Rojo.

Este libro lo rescaté de la pila de libros que mi hijo iba a tirar cuando le tocó moverse al departamento; y lo había estado leyendo únicamente los jueves -que es el día que acompaño a Rb (cuando tengo vacaciones) a sus visitas al mercado en el centro histórico-.

Y me urgía terminarlo pues la última vez que nos reunimos con mi segunda ahijada profesional había prometido que se lo regalaría en la siguiente ocasión que desayunamos (mañana nos reunimos en un restaurante del centro histórico).

A pesar de que los tres días anteriores me había estado levantando a las siete de la mañana -debido al cambio de horario en el imperio del norte- este día me levanté a las seis y media: medité y luego retorné a la cama.

A las siete de la mañana llamé a mi único amigo de la infancia; y lo desperté; pero luego estuvimos conversando durante más de una hora (!): hace un mes había tenido una situación bien delicada con su pie (y también murió su hermano mayor).

Un poco después de las ocho nos despedimos y me levanté a desayunar -y a hacer Duolingo-; después nos dirigimos con Rb al mercado del centro histórico -yo llevaba conmigo Conejo Blanco Lobo Rojo-.

La verdad aún andaba un poco desanimado por el ambiente virtual en general; pero me ayudó que el tránsito estaba super pesado y preferimos caminar el par de kilómetros para abordar un autobús intermunicipal.

El Transmetro no estaba muy lleno y el mercado, en general, igual que de costumbre; aunque es interesante que las locatarias se pongan violentas (sarcásticas, realmente) cuando uno decide no comprar algo por estimar que le ponen el precio muy alto.

Antes qe entrar al mercado le había pedido a Rb que me acompañara a una tienda de ropa usada que queda justo frente al mismo; allí conseguí una corbata de color dorado -que planeo utilizar en el convivio de trabajo de fin de año; el tema es: black and gold-.

Después del mercado pasamos al supermercado en donde Rb termina de realizar las compras semanales -me compró una docena de muffins- y luego retornamos a casita; yo vine a encerrarme en la habitación y terminé -por fin- el libro de Chespirito y el libro en papel.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros de Rb y luego -al tiempo que lavaba los trastes del almuerzo- preparé té para Rb y café para mí; después -a las cuatro y cuarto- me dirigí al pollo frito de una de las familias que poseen esta finca que llamamos país.

Había quedado de reunirme, a las cinco y media, con mi amigo el poeta; afortunadamente tránsito estaba bastante fluido por lo que llegué al lugar un poco después de las cinco; pedí un café y un muffin y me dispuse a esperar; mi amigo llegó a la hora programada -cinco y media- y nos estuvimos un par de horas entre cena -él invitó- y conversación sobre la situación general mundial y su situación personal: hace un par de meses salió por primera vez del país para pasar unas semanas en Berlín (visitando con su pareja a unos amigo que llevan un par de décadas de residir en el lugar).

Pero, por la situación general -cree- ha estado sufriendo molestias cardíacas -cambios de presión y dolores esporádicos- por lo que ha estado en observación médica -al parecer su médica sospecha de exceso de estrés-.

A las siete y media nos despedimos -mi amigo anda en bicicleta y no quería retenerlo muy tarde- y me comentó que la lluvia había estado bastante fuerte por la Universidad -debo pasar por allí como a la mitad de mi camino y su pareja es profesora en la escuela de comunicaciones-; temí que el tránsito estuviera descontrolado.

Y sí, estaba algo pesado -justo por el lugar en donde tuve el percance automovilístico a principios de año- pero no extremadamente; un poco después de las ocho estaba estacionando el automóvil frente a la casa de Rb.

Entré justo cuando Rb estaba terminando una reunión de trabajo que había empezado a las siete; yo aún tuve el tiempo para entrar a la parte final de la primera clase de manejo de herramientas digitales que está brindando un brazo cultural de la embajada del imperio del norte.

Luego vimos otro capítulo de Sharp Objects y completamos nuestras lecciones nocturnas de Duolingo; para terminar la noche entré de lleno en el siguiente libro de francés de mi lista (el vigesimo primero en este idioma): Comme un long accident de char.

El viernes me levanté antes de que la alarma de las siete y media sonara: por alguna razón había estado soñando bastante vívidamente durante un buen rato; medité y luego salí a por la computadora; aunque me quedé un rato en el comedor pues la perra más anciana de Rb había querido salir y usualmente se queda un gran rato afuera; y no quería levantarme de la cama o que despertara a Rb cuando empezara a rascar la puerta pidiendo entrar.

Pero no se quedó mucho tiempo afuera: unos minutos más tarde rascó en la puerta; la dejé entrar y me retiré a la cama; entré a la reunión pero -al igual que la reunión de hace dos días- no participé directamente en la misma pues se han estado enfocando en temas más urgentes.

Cuando la reunión terminó me levanté a desayunar; salí a comprar el pan para los desayunos del fin de semana -y un poco de culantro- y me sustituí el pan francés de costumbre por una tortilla de harina -ya que no utilizaré el paquete en los almuerzos con mis hijos este año-.

Rb Salió a la clínica cercana en la que se ha estado inyectando neurotropas; aunque en esta ocasión se trataba de su vacuna anual contra la influenza; por la tarde, después del horario laboral, hicimos la rutina de ejercicios de los viernes.

El Sábado me levanté a las seis y media: había quedado de reunirme a las nueve -en una cafetería del centro histórico- con mi ahijada y había decidido desayunar antes de partir; me levanté a desayunar, luego hice Duolingo -ahora quitaron las prácticas para reponer corazones- y después estuve leyendo en la cama; un poco antes de las ocho me bañé y me preparé para salir.

Rb se levantó un poco antes y me despedí de ella antes de dirigirme al centor histórico; el tránsito estaba bastante pesado: a pocas cuadras de la calle en la que vivo el boulevard estaba completamente lleno.

Afortunadamente no hubo detención total de la circulación por lo que unos minutos antes de las nueve estaba llegando al lugar de la reunión; el parqueo estaba lleno por lo que tuve que ingresar al del otro lado de la calle (del cual, me imaginé, el restaurante cubriría sólamente una parte).

Mi ahijada llegó unos minutos después de las nueve y estuvimos un par de horas en el lugar entre desayuno (mi segundo desayuno), conversación, pastel y -al final- una fotografía (unos días antes le había enviado un recuerdo de la red azul: una fotografía de hace once años); también le regalé el libro Conejo Blanco Lobo Rojo.

Algo que me sorprendió bastante fue que me contó que acababan de terminar la relación -de once años!- con su novia (yo las había conocido a ambas, en el voluntariado, antes de que empezaran a salir); me  conmovió ver que los ojos se le ponían llorosos mientras me comentaba ligeramente la situación.

A las once nos despedimos y retorné a casa -en efecto, tuve que pagar tres dólares (de cinco) de parqueo-; el tránsito de vuelta estuvo más ligero y un poco después estaba parqueándome frente a la casa de Rb.

Preparamos un caldo de pollo para almorzar y luego sacamos a caminar a sus perros; a media tarde le preparé té a Rb -yo no quise tomar nada pues dos desayunos y un almuerzo abundante me habían dejado en el borde de la indigestión-.

Por la noche ví el tercer capítulo de Lionness y vimos con Rb el último capítulo de Sharp Objects; la verdad no me gustó el final: me molestan los twists sobre twists; pero bueno, también ví un capítulo de The Old Man.

El domingo me levanté a las seis y media; aún me estaba sintiendo bastante lleno de las comidas del día anterior por lo que decidí no desayunar; nomás medité y retorné a la cama; en donde estuve dormitando hasta las siete y media que escuché que Rb se levantó.

Habíamos quedado de que la iría a dejar a su iglesia a las ocho pues debía dar una clase a un grupo de jóvenes; al final decidió salir un poco más tarde por lo que pude estar un rato más en cama; revisando mis correos me percaté que una de mis contactos en Duolingo me obsequió siete días de su plan familiar; por lo que no me preocuparé durante siete días por la cuestión de los corazones.

A las ocho y cuarto Rb me pidió que la fuera a dejar y aprovechamos para pasar a llenar el tanque del auto en una gasolinera del camino -treinta y cuatro dólares-; la dejé en el parqueo de su iglesia -se veía todo desolado- y retorné a casita.

A las nueve menos cuarto le dí la comida a los perros de Rb; afortunadamente todo estuvo normal en el proceso; luego he estado viendo un poco de The Old Man y realizando las lecciones matutinas de Duolingo.

Y a ver cómo sigue eso...