Mostrando entradas con la etiqueta voluntariado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta voluntariado. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de febrero de 2025

Supervisor... Supervisor... Superviseur...

Históricamente no he tenido muy buen record en mis relaciones con mis supervisores/jefes: mi temperamento me ha dificultado tener una relación abierta o constructiva con ellos; también, desde hace más de veinte años, decidí no ejercer ese tipo de función en mis labores.

Lo interesante es que, desde hace veinte años, casi todos mis supervisores han sido mujeres; incluso una de ellas me despidió en el anterior trabajo -por falta de integración al equipo-; pero en general he tenido mejor relación con ellas.

En mi posición actual la líder de mi equipo había sido mi compañera de pasillo justo una década antes; y cuando se fue dejó en su lugar a otra conocida -aunque la identificaba, era parte de otro equipo diez años atrás-.

Pero nos hemos llevado bien; de hecho, bajo su ‘dirección’ realicé el aporte más ‘fuera de mis funciones’ al equipo: la planeación y ejecución de un evento de entrenamiento en seguridad.

Pero eso llegó a su fin; o eso parece: a partir de la semana anterior el líder de nuestro pequeño equipo de cuatro será una persona -esta vez de sexo masculino, y de procedencia asiática- que trabaja en el imperio del norte.

Y a ver cómo va eso…

El lunes me desperté un poco después de las siete; me quedé dormitando hasta que sonó la alarma y me levanté a meditar; pero no había desconectado correctamente la alarma por lo que interrumpí -pero no reinicié- el ciclo de meditación: nomás apagué la alarma y continué.

Después salí por la computadora del trabajo; pero la había dejado con mi ropa el día anterior por lo que nomás la tomé de la estantería y retorné a la cama, para participar en la reunión diaria (también completé el wordle del día).

Rb entró a la habitación mientras estaba en la reunión; después de la misma continué un rato en la cama pero, un poco después de las nueve, salí a prepararme el desayuno, lo que estuvo muy mal: encontré una gran cantidad de gorgojos en la avena que calenté.


Y al revisar el recipiente en el que tengo la avena que tomo a diario (tenía aún más de la mitad y el contenido me tarda más de dos meses) lo encontré cundido de gorgojos; intenté eliminarlos calentando la avena en un gran sartén pero, finalmente, mejor la tiré.

Terminé de desayunar la avena que me estaba comiendo -me tocó que estar sacando los que se habían cocinado- y, a media mañana, lavé un recipiente grande que contuvo plataninas de Rb y lo rellené con una parte del nuevo saco de avena; espero que este no esté contaminado (o se contamine).

Un poco antes del mediodía mi prima favorita me escribió -y luego me envió varios audios de whatsapp- para contarme de las dificultades que está teniendo su hijo mediano con su supervisor -casualmente trabajamos los tres en la misma empresa, aunque ellos en un call center-; utilicé -otra vez- una inteligenicia artificial para contestarle empáticamente.

Por la tarde, después del horario laboral, realizamos la rutina de ejercicios de los lunes; después de salir a la ducha fuimos a la tienda de las verduras: necesitábamos comprar un cartón de huevos y una papaya.

Después de pelar la papaya saqué las herramientas del auto para desarmar el freno de la bicicleta estacionaria; ya había pasado más de una semana desde la compra del epóxico y no me habían dado ánimos de realizar la reparación.

Me costó quitar los tornillos del freno; depués limpié tanto la franela como la pieza de plástico en la cual va montada y mezclé los dos elmentos del epóxico -en el patio trasero-; apliqué la mezcla en ambas partes y las presioné un rato; luego las dejé en la pila de cemento trasera.

El martes no pasó mucho durante la mañana; aparte de Duolingo, Busuu y Wordle; almorzamos lo mismo de toda la semana: piernas de pollo con ensalada; sacamos a caminar a los perros y, a las tres de la tarde, montamos al perro de Rb al auto, pues había que llevarlo nuevamente al veterinario.

Se supone que le quedaban dos aplicaciones de nitrógeno líquido para disminuir el tamaño de la verruga que tiene en un párpado -al final parece que van a ser cuatro aplicaciones-; el tránsito no estaba muy fuerte y llegamos sin contratiempo a la clínica.

Pero, nuevamente el parqueo estaba saturado; y, nuevamente, me tocó que parquearme en un espacio del supermercado express que hay en el lugar y comprar algo para comer: no quise comprar un hotdog pues me sentía ya lleno por el almuerzo.

Compré un burrito preparado y una gaseosa y me estuve en el lugar casi cuarenta y cinco minutos; consumiendo los alimentos, jugando un poco de ajedrez y esperando a Rb y su perro; quienes llegaron bastante tarde.

Afortunadamente, al parecer, el tratamiento está funcionando mejor de lo que se esperaba por lo que quizá no sea necesario que lo sometan a cirugía; retornamos a casa y luego esperamos un poco antes de dirigirnos a los supermercados en dirección sur: estaba lloviznando.

Caminamos hasta el supermercado más distante en dirección sur; Rb quería ver si había pollo en presentación de fajitas, pero no encontramos; por lo que nomás pasamos al otro supermercado a proveernos de bananos y de lechugas para las ensaladas de los almuerzos.

El miércoles tuve tres reuniones: la primera fue la diaria; aunque en esta mi equipo ha tenido una participación bastante limitada; la segunda fue con mi supervisora; el día anterior había retornado de vacaciones y teníamos programada la reunión quincenal de seguimiento.

Afortunadamente nuestra relación ha sido bastante cordial: el año pasado contribuí al equipo con la realización de una actividad de entrenamiento grupal en ciberseguridad; lo que ayudó -o eso espero- a mejorar la integración del equipo.

Mi supervisora aprovechó la reunión para conversar sobre la revisión de rendimiento annual: a finales del año pasado había realizado mi autoevaluación (dejé todo con los valores standard: 3) y ella me calificó en cada área  con una puntuación de 4 y 5 -no sabía que los punteos se promediaban-.

Se supone que esos valores se comunican hacia arriba y desde allí deciden si habrá o no aumento salarial este año; y en que nivel le tocará a cada uno; personalmente no me entusiasma que me den más dinero; igual continúo con el sentimiento -ya van varios años- que no me aguantarán mucho más tiempo; en fin.

La tercera reunión fue también con mi supervisora pero en esta participó todo el personal de mi área (somos en total cuatro); el objetivo era informarnos oficialmente lo que se nos había comentado en una reunión similar el miércoles anterior: funcionalmente pasaremos a depender de una función que se encuentra en el Imperio del Norte.

El miércoles anterior esta persona nos había convocado a una reunión para conocer las funciones que cada uno estaba realizando (la verdad, mi rendimiento ha estado bastante bajo durante las últimas semanas); y comentarnos que había pedido que nos reasignaran a su área, para coordinar de mejor forma todas las tareas.

Y bueno, eso: reunión diaria, normal; reunión quincenal, buena: me llevo bien con mi supervisora; reunión de reasignación: quién sabe qué pasará pues hemos estado teniendo dificultades para conectarnos a los servidores en el Imperio del Norte; igual, no puedo hacer mucho, ver cómo se van desarrollando los hechos.

Cuando terminé mi turno laboral me subí al auto y me dirigí a la sucursal de la más grande cadena nacional de pollo frito en la que me había reunido con mi amigo escritor la última vez; salí un poco después de las cuatro y media.

El tránsito no estaba muy pesado -excepto en una sección antes de entrar a la ciudad- y llegué al lugar con quince minutos de anticipación; mi amigo usualmente ha llegado más tarde, pero en esta ocasión ya estaba en el lugar: por haber sufrido un accidente en su bicicleta está trabajando desde su casa.

Mi amigo estaba con un pastel de queso y un té y llamamos a la mesera para ordenar un par de cenas (cada una cuesta cinco dólares); pero la dama nos indicó que se servían hasta las seis, por lo que pedí lo mismo que mi amigo y nos dispusimos a esperar.

A las seis ordenamos el par de cenas y nos estuvimos otra hora y media en el lugar, conversando sobre los últimos acontecimientos: su accidente de bicicleta en el cual se dislocó la clavícula; libros que estamos leyendo, y temas similares; a las siete y media nos despedimos y retorné a casita.

El jueves era mi segundo día de vacaciones forzadas del mes; me desperté a las siete y media y después de meditar, retorné a la cama a hacer Wordle, Duolingo y Busuu; salí de la cama un poco antes de las nueve y me preparé el desayuno: habíamos quedado con Rb de salir luego de su desayuno hacia el supermercado del centro histórico.

Salimos un poco antes de la hora acostumbrada y no tuvimos que esperar mucho el busito que nos lleva hasta la estación del Transmetro más cercana; de allí nos dirigimos a la estación de la municipalidad -el mercado se encuentra a pocas calles-; el viaje estuvo tranquilo.

Me había llevado un libro infantil que había estado leyendo en los últimos viajes; pero decidí no continuarlo: realmente me fastidia que los europeos (es un escritor del país vasco, me parece) se refieran a los países como el nuestro (específicamente estaba hablando de Egipto) de forma despectiva.

En el mercado Rb adquirió las verduras que necesitaba para la semana y luego nos dirigimos a la estación del transmetro más cercana; sorprendentemente la misma estaba vacía; y justo estaba llegando una unidad, también bastante vacía.

Un poco después estábamos apeándonos en el comercial desde donde salen los busitos que nos traen hasta la colonia; en el lugar entramos al supermercado a comprar una pequeña red de aguacates y luego entramos a una panadería del lugar, en donde Rb adquirió un par de panes, para mí.

Después retornamos a casa; venimos bastante temprano por lo que, antes de almorzar aún pude leer un poco de When we were birds -ya me queda nomás un ciclo para completarlo-; por la tarde, un poco después de las cuatro, nos dirigimos a los supermercados en dirección norte: Rb necesitaba comprar un nuevo cable usb C.

También pasamos al otro supermercado a ver si podíamos conseguir pollo en fajitas; pero no había, en el camino incluso pasamos a otra tienda de pollo, pero, al parecer, está agotada esta presentación; antes de entrar a la colonia compré el pan para mis desayunos de los fines de semana.

El viernes me levanté a la hora acostumbrada: siete y media; medité, realicé el wordle y entré a la reunión diaria; luego hice varias lecciones de Duolingo; un día o dos antes me habían dado -lo hacen cada pocas semanas- acceso Super, con lo que no tengo que estarme preocupando mucho por los errores.

También hice algunas lecciones de Busuu; salí de la habitación un poco después de las nueve de la mañana, me preparé el desayuno de los fines de semana y, luego, estuve leyendo un poco de Les Yeux de Mona; y subiendo las obras de arte a la app que creé para el efecto.

Al mediodía almorzamos medio pescado cada uno, acompañado de arroz con huevo y ensalada de zanahoria, manzana verde, lechuga y aguacate; después sacamos a caminar a los perros: el sol se sentía bastante fuerte.

Al final de la tarde, luego del horario laboral, realizamos la rutina de ejercicios de los viernes; los mismos me agotaron más que de costumbre: empecé a utilizar la mancuerna con mayor peso para realizar varios ejercicios.

La mañana del sábado estuvo normalita: meditacion, wordle, Duolingo (voy en primer lugar de la liga), Busuu; salí de la habitación a desayunar con Rb; luego fuimos a los supermercados en dirección sur.

En el supermercado más lejano no compramos nada; estábamos buscando pollo pero no tenían la presentación que necesitábamos; en el siguiente tampoco tenían, pero ofrecieron para el día siguiente.

A las once de la mañana me bañé y me dirigí -en auto- al departamento de mis hijos; toda la semana había estado con una preocupación latente por la reunión de propietarios que se realizará por la tarde.

El año anterior -tres meses después de la adquisición- subieron en más de un treinta por ciento la cuota mensual de mantenimiento (y pidieron una cuota extraordinaria de casi el doble del monto mensual).

Temía que la cuota iba a aumentar -y en un gran porcentaje-; el tránsito estaba bastante ligero y llegué con un buen tiempo de anticipación al edificio donde viven mis hijos; incluso me quedé en el parqueo jugando un par de partidas de ajedrez.

Luego subí al séptimo nivel y me quedé un rato en el espacio que corresponde a la sala/comedor (no le hemos agregado ningún mueble); mi hijo salió por un momento -a recolectar su comida, de la recepción-; y, un poco más tarde, mi hija.

Con mi hija mayor nos dirigimos al parque temático de costumbre; en donde compramos una pizza y un litro y medio de Pepsi; almorzamos en una de las áreas de mesas más grande y, después, nos quedamos en el lugar practicando con el cubo de Rubik de 5x5x5.

Un poco después de las dos y media iniciamos la caminata de vuelta al departamento (ni siquiera nos dió tiempo de subirnos a la rueda de Chicago); llegamos diez minutos antes de la hora de la reunión, dejamos mi mochila en el lugar y subimos al noveno nivel.

La reunión fue un relajo, y sí, hubo un aumento, aunque en esta ocasión ‘solo’ del diez por ciento; de todos modos me ha tenido con muy mal ánimo el hecho de que realmente no he ayudado mucho a mis hijo al haberles cedido el departamento.

O sea, me gasté más de medio millón de la moneda local para que puedan vivir en un lugar en el que aún deben pagar una cifra bastante elevada mensualmente; no lo veo muy atractivo e incluso he estado sopesando la posibilidad de venderlo.

Pero, creo que, por el momento -o por los próximos cinco años- vermos cómo evoluciona el costo de vivir allí, para tomar una decisión; en el ínterin, espero que ellos lleguen a la década de la treintena y tenga la suficiente madurez de decidir por sí mismos qué hacer.

La reunión fue un relajo y aún querían alargarla para ‘aprobar’ el reglamento de convivencia (algunos hacen mucha bulla cuando hacen eventos, otros dejan que sus perros orinen en la terraza, etc); eran dieciseis páginas de texto y querían ir una por una.

Por lo que intervine para solicitar que lo enviaran por correo, recibieran comentarios y se aprobara de otra forma; acordaron enviarla por la herramienta de mensajes y tener otra reunion en un par de sábados; a la que espero que asistan mis hijos: a ellos los afecta -por el momento- más directamente ese documento.

Eran casi las seis cuando bajamos al séptimo nivel y les propuse a mis hijos que terminaáramos de ver Flow; lo que hicimos, con un poco de Pepsi que nos había sobrado de la tarde -antes había guardado la mitad de la pizza en la refri-.

Después de ver Flow (habíamos dejado como cuarenta y cinco minutos pendientes) me despedí de mis chicos e inicié el retorno a casa; el cual estuvo, afortunadamente, bastante tranquilo.

El domingo me levanté -realmente me costó salir de la cama- a meditar a las siete y media; luego de meditar retorné a la cama e hice un poco de Duolingo; después seguí en la cama, dormitando un poco.

A las nueve me levanté a calentar un tamal que me había sobrado de navidad y a prepararme un huevo frito; lo que desayuné con café y unos trozos de pan que aún me sobraban del jueves.

A media mañana fuimos a caminar en dirección sur; casi hasta la altura del supermercado más lejano; luego pasamos al otro supermercado y adquirimos el pollo que habíamos dejado pendiente el día anterior.

Íbamos a cortar café en las matas que están fuera del cercado de la casa de Rb, pero ella estimó que el sol estaba demasiado intenso; lo dejamos para otro día (aunque los frutos ya tienen un color rojo bastante oscuro).

Al mediodía Rb preparó las alitas de pollo dominicales; las cuales almorzamos con un poco de caldo de pollo que había sobrado del día anterior; luego sacamos a caminar a sus perros.

A media tarde lavé los trastos, preparé té para Rb y café para mí; durante el día había estado avanzando en el último ciclo de Les Yeux de Mona: terminé la parte de las cincuenta y dos obras, dejando pendiente el epílogo; además, terminé de subir las imágenes a la app en GitHub.

Antes de las siete -Rb tenía su clase semanal de teología- terminé de ver Flight Risk, la última película (?) de Mark Whalberg; y en la que él toma el papel del malvado; y dirigida por Mel Gibson; me imagino que, ahora que el emperador lo puso de 'embajador' en la industria cinematográfica, va a tener más presencia.

Y a ver cómo va eso...

lunes, 17 de febrero de 2025

Otro voluntariado... Another volunteer opportunity... Un autre bénévolat..

Frecuentemente -no sé si algún día se me pasará- ando buscando oportunidades de ayudar, especialmente si se trata de realizar trabajo voluntario; como visitas a hospitales, orfanatos o asilos de ancianos -hace mucho que no realizo esto-, o participación en jornadas médicas, o actividades similares.

Y este año -además del grupo en el que me ofrecí como tutor- contacté a un grupo que visita comunicades de escasos recursos, para organizar celebraciones infantiles: me anoté para participar en la actividad del mes de febrero.

Creía que este grupo era el brazo social de una compañía naviera -se llaman exactamente igual-; pero, al parecer, no es el caso: se trata, nomás, de la iniciativa de una joven -aunque ya tiene un bebé y un niño de año y medio- para llevar alegría a la niñez que vive en precariedad.

Que abunda en nuestro país...

El lunes pasado inició basante normal: meditación matutina, Duolingo, Busuu, Wordle, y desayuno de avena, banano y gelatina; también, las noticias nacionales se llenaron de información sobre un accidente en la entrada de la ciudad; murieron más de cincuenta personas -incluídos el conductor y el ayudante-.

Por la tarde, una hora antes del final de mi turno laboral, llevamos al perro de Rb a la veterinaria; había planeado, aprovechando la espera, entrar a un supermercado en el lugar para, por fin, probar unos hot dogs que han estado promoviendo desde el año pasado.

El parqueo estaba lleno y usé uno de los espacios reservados para el supermercado, en lo que Rb bajaba con el perro a la veterinaria; compré un hot dog y una gaseosa: tuve que esperar casi diez minutos pues se habían acabado.

Pero eso lo ví como una ventaja, pues no quería mover el auto; o dejarlo allí mientras iba por Rb a la veterinaria (está a tre o cuatro locales de distancia); pero Rb retornó con su perro antes de que acabara con el hot dog.

Me esperó un momento fuera del supermercado y luego retornamos a casa: en el camino me comentó el estado del animal: desde hace años le han surgido protuberancias en algunas partes del cuerpo; pero ahora tiene una en el párpado del ojo izquierdo.

Lo vieron un par de practicantes y un veterinario; el último le dijo que si se le operaba tendría que retirar el ojo; por lo que recomendó una aplicación de un congelante para reducir el tamaño y ver si podía extirparse sin cirugía.

Rb se sintió bastante responsable por el estado al que ha llegado el perro; aunque traté de hacerle ver que algunas veces no hay mucho qué hacer; le dieron una cita para continuar el tratamiento la siguiente semana (supuestamente son tres aplicaciones).

Este día también preparé la segunda carta para mi segunda hija; la anterior la envié en Diciembre (había planeado enviarle una por mes) a las direcciones de correo que aún tenía de ella; dos direcciones ya no están activas pero tampoco recibí respuestas de las otras dos.

Había planeado enviársela por la red social azul pero, cuando entré a nuestra conversación, encontré que -debido a que, al parecer no se había conectado- no se la podía enviar por allí; por lo que la coloqué, con un link, en la hoja de cálculo que compartimos para darle seguimiento a los pagos del préstamo que le brindé el año pasado; allí fue que verifiqué el último mes del año pasado que está viva: la primera semana de diciembre la modificó.

Como no tenía idea de su estado actual, decidí ver sus redes sociales; las cuales tiene bajo otro nombre; y encontré una publicación (una fotografía de un diorama) de un par de semanas atrás; o sea: está viva; después del horario laboral completamos, con Rb, la rutina de ejercicios del primer día de la semana.

El martes también inició bastante normal: meditación, reunión, Duolingo, Busuu; por la mañana mi hijo menor me escribió para comentarme que quería cambiarse de trabajo: están convocando a todo su equipo a la oficina y esta le queda muy lejos del departamento (además, empieza a trabajar a las tres o cuatro de la madrugada).

Le escribí a mi prima favorita -trabaja en una cuenta del call center en el mismo lugar de donde laboro- para ver si podía referirlo y, luego de intercambiar algunos mensajes entre los tres, el proceso quedo iniciado.

Al final del horario laboral fuimos a los supermercados en dirección sur; aproveché para comprar una bolsa de mayonesa pues la que estoy utilizando está por terminarse; en el otro supermercado compramos bananos.

El miércoles continuó la normalidad: meditación, reunión, Duolingo, Busuu; aunque este día -ya no es muy común-, Rb había sido convocada a una reunión semanal con su equipo de trabajo; además, vino el señor de las verduras.

Mi papá me llamó como a media mañana para pedirme la clave para acceder a su registro laboral: yo me quedé con las credenciales desde la ocasión en la que me tocó rescatarlo de un bache financiero; en un par de ocasiones me ha contactado para pedirme información almacenada en su perfil laboral; pero ahora quería la clave; de hecho habían intentado cambiar la misma para entrar pero no lograron cambiar el correo al cual está conectado.

Realicé una actualización de la misma y se la envié; recomendándole precaución pues es información bastante delicada; y, según entendí, estaba ingresando junto con la persona con la que tramitó su graduación de técnico en educación; al final del día laboral hicimos los ejercicios de la rutina de la mitad de la semana.

El jueves no hubo ninguna novedad con la meditación y la reunión diaria; por la mañana conversé con el encargado de la visita del domingo sobre ayudar con la animación del evento: un par de días antes había escrito en el grupo que la animadora había declinado su participación.

Rb fue al supermercado del centro histórico; de vuelta me trajo cuatro cubiletes; en la oficina está rara la situación: recibimos un correo en el que se informa que el equipo debe retornar a la oficina; y eso es concerniente al equipo que trabaja en el Imperio del Norte: a partir del lunes ya no se podrán conectar a los programas en los que trabajamos, a menos que estén en la oficina.

La cuestión con nuestro equipo es que: 1) no tenemos oficina. 2) aunque tuvieramos oficina, igual necesitaríamos acceso remoto; debido a la separación geográfica; creo que empeora la situación el hecho de que nuestra supervisora está de vacaciones -supuestamente retorna el lunes-.

A media mañana llamé a mi amigo que vivía en la ciudad en la que pasé un par de años -hace más de veinte años- y que ahora vive en un estado vecino del cual reside mi hija segunda; estuvimos conversando un buen rato.

Por la situación política actual del Imperio -y que mi amigo está en una situación irregular en ese país- ha decidido no salir a buscar trabajo; ya lleva un par de meses en esa ciudad -y esa situación-.

También, por la mañana mi hijo me escribió para pedirme prestada la bicicleta; pero al final de la tarde me volvió a escribir para declinar la petición: en el lugar de trabajo al que piensa cambiarse no hay parqueo para las mismas.

Al final de la tarde fuimos a los supermercados en dirección sur; compramos varios cuadriles de pollo para los almuerzos de la siguiente semana; también compré unos cubiletes para el desayuno que planeaba realizar con mi hijo el sábado.

En el otro supermercado compré unos tetrabrik de incaparina: el domingo voy a un departamento vecino y, como el bus pasará de madrugada, creo que me tocará desayunar en el mismo; por la noche empecé a ver la segunda temporada de The Night Agent; no sé si completaré esta temporada: la primera tenía buen argumento y ritmo; pero es difícil que esto se mantenga durante la segunda temporada de las series.

El viernes era el día de San Valentín (o día del Cariño, o día de la amistad) y me desperté un poco antes de que sonara la alarma: los perros de los vecinos siguen haciendo escándalo a deshoras; cuando la alarma sonó me levanté a meditar; luego jalé la computadora a la cama y entré a la reunión diaria; en el ínterin completé el wordle del día (décimo día consecutivo) y Rb entró a la habitación -creo que por el día del cariño-.

El resto del dia no tuvo ninguna novedad: el señor de las verduras vino un poco después de mediodía y Rb me compró un par de ingredientes que necesitaba para preparar el desayuno del día siguiente; después del horario laboral, realizamos la rutina de ejercicios de los viernes; por la noche seguí avanzando con el libro en francés: ya son más de treinta obras de arte publicadas en la app de React que escribí para este fin.

El sábado me levanté a las cinco y media de la mañana: quería hacer mis lecciones de Duolingo, Busuu y el wordle de NYT, antes de salir de casa; cuando la alarma sonó me levanté a meditar y luego retorné a la cama a completar las lecciones de los idiomas que estoy aprendiendo -y el wordle-.

Cuando terminé todo me metí a la ducha; después me vestí y me metí a la cocina a preparar un par de panes para el desayuno con mi hijo menor; antes de las siete ya había terminado todo pero decidí no irme tan temprano: esperé unos minutos antes de salir a encender el auto.

Al final salí a las siete y cuarto de la casa de Rb; el tránsito no estaba muy pesado -excepto en la subida del puente, antes de entrar a la ciudad- y llegué al edificio en donde viven mis hijos antes de las ocho menos cuarto.

También, saliendo de la calle ví que un anciano que vive a la vuelta estaba pidiendo aventón (la mañana estaba fría y él andaba con mascarilla y guantes); detuve el auto y lo conduje hasta el lugar en el que frecuentemente tomamos el bus intermunicipal.

Como llegué antes de las ocho al edificio, me quedé en el auto diez minutos -aproveché para jugar un par de partidas de ajedrez- y luego subí caminando las gradas hasta el séptimo nivel; no había nadie a la vista en el apartamento de mis hijos por lo que nomás coloqué mi mochila en la sala (había olvidado mi computadora portátil!) y me puse a lavar los trastes que encontré sucios.

Mi hijo salió un poco más tarde y desayunamos -de pie- en la cocina; habíamos quedado de reunirnos por la mañana pues se había anotado a un curso de arte que llevaría hasta Noviembre; pero no le gustó: aparentemente el nivel era demasiado básico por lo que decidió no continuar -nomás tomó una clase, creo-.

Le propuse que fueramos al parque de atracciones que está a un par de kilómetros de distancia y caminamos hacia el mismo -antes habíamos bajado por el jabón de trastes, que había olvidado en el auto-; estuvimos un par de horas en el parque temático; entre práctica de cubos de Rubik (olvidé el de 5x5x5), conversación, rueda de Chicago gigante y un helado; luego retornamos al apartamento.

Aunque antes de subir le pedí a mi hijo que me acompañara al supermercado que se encuentra al otro lado de la gran avenida por la que viven; en este lugar -es un supermercado con precios bastante convenientes- compré media docena de paquetes de café instantáneo.

Un poco después de regresar al apartamento, me despedí de mi hijo e inicié el viaje de retorno; cuando estaba ya en el municipio recibí una llamada de Rb para ver por dónde andaba (eran las doce y media y había estimado regresar a esa hora).

Vine a preparar una ensalada, la cual acompañamos con hígados de pollo y arroz; después del almuerzo sacamos a los perros a caminar y pasé el resto de la tarde en casa; viendo una parte de The Gorge y un capítulo de The Night Agent.

Por la noche preparé las gelatinas para los desayunos de la semana siguiente, y el panito que planeaba llevar el domingo, a la visita en la que me había anotado desde el mes anterior, con un nuevo grupo de voluntarios.

El domingo me levanté a las cuatro y media; el día anterior -mientras estaba con mi hijo- el encargado del grupo de voluntarios me había llamado para confirmarme que pasarían por mí a las cinco; medité y luego me metí a la ducha; la noche anterior había dejado la mochila que llevaría al viaje; y la playera negra con la que debíamos identificarnos los voluntarios que no teníamos una prenda con el logo del grupo.

A las cinco de la mañana entré a Whatsapp para verificar la localización del bus; como ya venía bastante cerca, entré a la habitación a despedirme de Rb y salí a abordar el mismo; acababa de salir al boulevar cuando ví aproximarse la unidad de transporte; un busito tipo coaster; lo abordé y saludé a los que ya venían: como cuatro o cinco voluntarios.

Luego pasamos a la estación del transmetro cercana a la universidad por otro par de voluntarios y, finalmente, a un lugar en la zona cinco de la ciudad, en donde tenían preparadas bolsas de ropa y regalos, comida, bebida y demás implementos necesarios para la actividad.

Allí abordaron el bus cuatro o cinco personas adicionales -incluyendo un bebé de menos de dos años-; que luego me enteré que era el hijo mayor de la fundadora del grupo; después de esta parada el bus se dirigió al departamento de destino.

El viaje nos tomó casi tres horas; y utilicé cerca de una en las lecciones de Duolingo, Busuu y el wordle del día (el que no pude adivinar!); más o menos a medio camino nos detuvimos para pasar a comprar un poco de comida y utilizar los servicios sanitarios, pues el lugar al cual nos dirigíamos no contaba con servicios adecuados.

El sitio en cuestión es un grupo de construcciones bastante precarias -me pareció que era una cocina comunitaria o algo parecido-, al lado de un estrecho camino de terracería; eran, creo varias familias con treinta o cuarenta niños.

Nos pasamos las siguientes cuatro o cinco horas entre dinámicas infantiles -yo dirigí un par de las canciones que aprendí en el grupo en el que estuve participando más de diez años-, piñatas, almuerzo, regalos y actividades similares.

Un poco después de las dos de la tarde empezamos la limpieza general -también comimos un par de rebanadas de pizza-, nos despedimos de todos y empezamos el camino de regreso; el cual estuvo un poco complicado: estaba lloviendo, por lo que el bus no podía avanzar muy rápido; y el tráfico estaba un poco pesado en la entrada a la ciudad; a las cinco estábamos en el lugar en donde cargamos la mayor parte de insumos por la mañana.

Y luego el bus tuvo bastante trabajo para subir una cuesta al lado del gran teatro nacional: en el mismo lugar un camión y otro auto se habían quedado -casi al final de la cuesta- bloqueando ambos carriles; el bus, luego de más de diez minutos de espera, tuvo que intentar varias veces escalar la parte final de la cuesta; al final incluso tuvimos que movernos todos a la parte trasera del mismo y saltar, para ayudar al agarre de los neumáticos.

Un poco después de las cinco el bus me dejó en el comercial desde donde salen los busitos hacia el área en la que vivo -había aún una ligera llovizna-; cuando llegué a la estación no había buses pero un poco más tarde se estacionó el siguiente; y, a las seis menos cuarto, estaba entrando en casa.

Preparé un poco de café -Rb ya estaba calentando agua para esto- y comí un poco de pan dulce -Rb me había comprado un arrolladito en el supermercado-; Rb tenía que participar en su clase de teología a las siete y yo me puse a ver una parte de The Gorge y un capítulo de The Night Agent.

lunes, 10 de febrero de 2025

El italiano... The Italian... L'Italian...

Cuando participaba en el grupo de risoterapia conocí a un joven que estaba terminando la misma licenciatura en la que me gradué; pero en una universidad privada; como muchos -la mayoría?- de los participantes en este grupo tenía un comportamiento un poco diferente: a veces realmente me exasperaba.

Y no creo que hayamos realmente conversado de forma civilizada en alguna ocasión; pero sí noté que tenía un círculo de amigos bastante amplio; en fin; unos años después se marchó a Europa: lleva más de diez años viviendo en Italia.

Y con la distancia nuestra comunicación mejoró; o al menos fue un poco menos caótica; de hecho había aceptado alojarnos con Rb cuando -justo antes de la pandemia- habíamos planeado realizar un recorrido por una buena parte de Europa: España, Italia, Francia e Inglaterra.

Al final el viaje no se dió -COVID 19- y a mí me tranquilizó no tener que moverme (realmente no me gusta viajar); pero justo el último día del viaje que realicé la semana pasada recibí un mensaje de este amigo: estaba en el país e iba a celebrar su cumpleaños el segundo domingo de febrero; me invitaba a acompañarlo.

Al principio -y casi instantáneamente- decliné la invitación: creí que la celebración era el viernes a las seis y yo estaba retornando a la ciudad ese día a las cinco de la tarde; pero cuando le envié la captura de pantalla a Rb me indicó que era el domingo y que sería bueno que fuera; en caso concretáramos el viaje a Italia.

Así que volví a ver a mi amigo, el italiano...

El lunes pasado me desperté antes de que la alarma del celular sonara; creo que los perros de los nuevos vecinos de la calle siguen ladrando de forma muy fuerte; me quedé un rato en la cama pero luego ví el reloj de la tablet: las siete y veinte.

Desconecté la alarma del celular y me levanté a meditar; después traté de hacer el wordle del día (llevaba una racha de cinco días) pero no pude adivinar la palabra revue; entonces entré a la reunión diaria; la que estuvo bastante escueta: los devs más antiguos tomaron la mayor parte del tiempo discutiendo la forma de abordar un incidente; después de la reunión me quedé en la cama haciendo Busuu.

Un poco antes de las nueve Rb entró a la habitación a desearme un feliz cumpleaños; luego me levanté a preparar mi desayuno; al revisar mis correos personales (aún tengo hotmail, yahoo y gmail) ví la tarjeta virtual que me mejor amiga me manda anualmente.

La verdad no pasé un buen cumpleaños; me he estado sintiendo mal tanto emocional como físicamente; y en ambos casos me cuesta identificar el punto exacto del malestar; o sea, no tengo un dolor físico específico, pero me siento indispuesto del sistema digestivo o con cierta alergia en alguna parte del cuerpo.

Y en el tema anímico; no me siento molesto o triste, es nomás que no encuentro mucha satisfacción en la mayor parte de las actividades que realizo todos los días: trabajar, Duolingo, Busuu, estudiar ITL Foundation, leer, programar, etc.

Total que un poco después del almuerzo le comenté a Rb que no quería hacer nada (había contemplado ir a cenar al lugar al que iba hace como una década a celebrar mi cumpleaños); que quería algo agradable pero no quería salir.

Después del horario laboral completamos la rutina de ejercicios de los lunes y, después de bañarnos, le pedí a Rb que me acompañar a a la panadería de la vuelta, en donde compré una milhoja y un relámpago (o algo parecido); me comí la mitad de cada uno en la cena.

Al final recibí como veinte o treinta mensajes de felicitación de mis contactos en Facebook; mis papás me escribieron -fue el mensaje que recibí- en la madrugada y mis primas me felicitaron por whatsapp; y en general, creo que fue un buen cumpleaños.

El martes se cumplían cuarenta y nueve años desde el último gran terremoto -o el más mortifero- del país; y, casualmente, durante la madrugada de ese día hubo una serie de movimientos terrestres bastante fuertes; yo los sentí pero no me alcanzaron a despertarme.

Me levanté a meditar a las siete y media y después entré a la reunión diaria; habíamos estado a la expectativa de una sesión de capacitación con uno de los devs del imperio del norte; pero al final no se produjo; el día anterior había recibido -en mi celular- el boleto para el viaje del miércoles y durante la mañana del martes recibí -por el mismo medio- el boleto de retorno para el viernes a media mañana.

Ese día completé el último nivel de Francés de Busuu, y empecé las primeras lecciones del nivel anterior; voy a pagar los seis dólares por acceder a las conversaciones por un mes, pero aún no he decidido cuándo realizaré la operación.

Al terminar el horario laboral nos dirigimos con Rb a los supermercados en dirección sur; en la tienda de descuentos ella adquirió un pequeño bolso con aislamiento térmico y en el otro supermercado compré embutidos para mis desayunos; en el camino de vuelta compré un poco de pan para el día siguiente.

El miércoles me levanté temprano para hacer las lecciones de Duolingo y Busuu después de meditar y antes de meterme a la cocina, a preparar el pan que me llevaría para el almuerzo; antes de las nueve empaqué una mudada y calcetines para tres días en una mochila que Rb me prestó para el viaje; y, en el bolso de mano con aislamiento, puse la gaseosa y papas que había comprado el día anterior, junto con el pan que había preparado.

A las nueve me despedí de Rb e inicié a caminar hasta el lugar en el que abordamos los buses intermunicipales; el que me llevó hasta la estación del transmetro en el periférico y de allí viaje hasta la ruta interamericana; en donde está la estación de buses hasta el departamento al cual me dirigía.

Llegué con buen tiempo a la estación de buses y no tuve que esperar mucho hasta la hora en la que llamaron a abordar el autobús (las diez y cuarto); me llevé la bolsa de mano -con el cubo de 5x5x5 y la tablet- en el asiento.

Mi vecina de asiento era una de las traductoras del año pasado: en ese tiempo la había contactado para pedirle detalles específicos acerca de los viajes; y frente a nosotros iba otro par de traductoras, también del año pasado.

El viaje inició puntualmente, a las diez y media, y le avisé a Rb sobre los pormenores, activando la localización Live de whatsapp; a la una y media llegamos a mitad del camino; en donde todos debimos abandonar el bus -parte de la estrategia comercial-.

Mis compañeras entraron al restaurante y yo busqué una sombra al borde del camino para ingerir mi almuerzo; luego, antes de re abordar el bus, pasé a los servicios sanitarios del lugar; el resto del viaje continuó sin contratiempos y, un poco antes de las cuatro y media, estábamos entrando a la estación, en la cabecera departamental; allí nos esperaba la anterior coordinadora de viajes y, un poco después, se apareció el nuevo.

Colocamos las maletas en uno de los autos y nos dirigimos a las instalaciones de la ONG; en donde nos pasamos un par de horas repitiendo las lecciones de catación de café del año pasado; allí encontramos a cuatro o cinco traductores adicionales.

Después de la lección de cultura cafetalera nos llevaron al hotel en el cual me hospedé el año pasado, luego de regresar de las aldeas con el grupo misionero; y, luego de ocupar una habitación doble, subimos al lugar en donde ingerimos nuestros alimentos por tres días.

Realizamos varias actividades grupales: un pequeño devocional (me sorprendió la cantidad de actividades religiosas) y una pequeña dinámica para presentarnos a todo el grupo; un poco después de las nueve pudimos retirarnos a nuestras habitaciones.

Yo había estado a la expectativa de las habitaciones: quería continuar con mi hábito de meditar antes y después de dormir pero no quería incomodar a la persona con la que compartiría la habitación (el año pasado también había tenido que compartir).

La habitación tenía tres camas y únicamente eramos dos los ocupantes; por lo que, después de que mi compañero se durmió tomé el cubrecamas de la tercera cama y me metí al baño a realizar la meditación del final del día.

Y el jueves volví a repetir: me desperté a las cinco de la mañana -nos había convocado para empezar el día con un desayuno a las siete de la mañana- y, después de meditar -utilicé la misma ropa de cama- y bañarme, me quedé en cama haciendo las lecciones de Duolingo y Busuu.

También resolví el wordle del día y leí un poco del libro de Dolores Redondo antes de subir a desayunar; la verdad es que había pasado una mala noche: el hotel queda justo al lado de la carretera interamericana y el transporte pesado es bastante ruidoso; me parece que me desperté varias veces durante la noche.

El desayuno estuvo bastante tranquilo; creo que rezamos varias veces antes y después del mismo; y durante la mañana recibimos varias presentaciones acerca del trabajo que realiza la ONG en las comunidades más apartadas en el departamento; básicamente, lo mismo del año pasado.

Aunque, en realidad, no recordaba muchos de los puntos -y otros que repitieron varias veces no se respetaron en mi actuación del año pasado-; además, mucha mucha oración; o sea, es una ONG muy enfocada en la religión.

Almorzamos en el mismo lugar -también hubo refacción de frutas por la mañana y de pan con café por la tarde- y por la tarde continuamos con la capacitación; en este caso por medio de juegos de rol y traduciendo la presentación del personal administrativo.

Terminamos el evento un poco después de las cinco; nos dieron un tiempo de descanso -aproveché para avanzar un poco con Las que no duermen- y después, antes de la cena, recibimos otro devocional; la cena estuvo tranquila y con eso se terminó el programa.

Me retiré a la habitación bastante temprano y continué con el libro en español; mi compañero de habitación se durmió bastante rápido y yo me metí -antes de las once- al baño para realizar la meditación de la noche.

El año pasado no me quise quedar a dormir un segundo día en el evento: pedí que me llevaran a la estación de los buses un poco antes de la medianoche para tomar el bus que salí a esa hora; quería bajarme en la entrada del poblado en el que vivo.

Pero el bus pasó muy temprano (antes de las cuatro de la madrugada) por lo que tuve que llegar hasta las oficinas; y no logré encontrar transporte -ni Uber- a esa hora por lo que el retorno a casa fue bastante tardado; y luego, de acuerdo a mis notas, me pasé casi todo el día durmiendo.

Por eso, en esta ocasión, había decidido regresar con todo el grupo: a las diez y media del viernes; me volví a levantar a las cinco de la mañana, medité, y luego leí un poco antes de subir por el desayuno de las siete y media.

Lo que por supuesto estuvo precedido por una oración; también conviví un poco más con el grupo de traductores: dos chicas que ya había conocido el año pasado y un jovencito de la segunda ciudad más grande del país; el desayuno fue típico y un poco después de las ocho de la mañana empezamos a preparar el equipaje para nuestro transporte a la estación de buses; a donde llegamos a las nueve de la mañana.

Eramos en total seis: tres chicas del año pasado, una adicional -me parece que también participó en algún grupo antes- y otro compañero bastante nuevo en la traducción; una de las primeras propuso que fueramos a Wendy’s, ya que teníamos aún hora y media libre.

Caminamos tres o cuatro cuadras pero no encontramos el lugar; Google Maps funciona raro en los departamentos; por lo que entramos a una sucursal de la cadena de pollo frito más antigua del país y, luego, retornamos a la estación.

El bus salió puntualmente de la estación pero el recorrido fue bastante más lento que la última vez: encontramos aglomeración de vehículos en varias partes de la ruta, antes de salir del departamento; a la una y media llegamos al restaurante que se encuentra a la mitad del camino.

En el restaurante, como no traía comida, compré una porción de pastel red velvet y un café; y compartí la mesa con cuatro de las traductoras; luego retornamos al autobús para continuar el camino; yo temía que la segunda parte del trayecto fuera más lenta; pero no, por venir en sentido contrario al flujo del tránsito habitual llegamos al lugar en el que había indicado que me apearía a las cuatro de la tarde; me despedí de mis compañeritas y bajé del autobús.

Decidí pedir un Uber moto -se veía bastante tránsito- pero me costó encontrar una unidad; al final tuve que esperar como quince minutos antes de que llegara mi transporte -lo solicité hacia un punto a tres o cuatro cuadras de la colonia-.

Por fin llegó el señor y me transportó hasta el lugar indicado -dos dólares-; pasé a comprar pan a la panadería y antes de las cinco estaba entrando a la casa; Rb aún no había terminado de realizar la rutina de ejercicios de los viernes.

Como no había tenido una comida formal desde la mañana, me preparé uno de mis panitos y lo acompañé con café y una porción de pastel de zanahoria -Rb me recibió con un pastel de una de nuestras pastelerías favoritas-.

Por la noche estuve en la habitación de Rb, haciendo un poco de Duolingo, Busuu y jugando ajedrez en mi celular; a las once me retiré a mi habitación -estaba bastante cansado- y, después de meditar, me dormí.

El sábado me desperté un poco antes de que sonara la alarma del celular -a las siete y media- pero me quedé dormitando; cuando la alarma sonó me levanté a meditar; después retorné a la cama a hacer las lecciones de Duolingo y Busuu.

Un poco antes de las nueve me levanté a preparar mi desayuno de los sábados; habíamos quedado con Rb de acudir al supermercado en donde compramos artículos de ferretería, pues volvió a zafarse el freno de la bicicleta estática.

Caminamos hasta el supermercado -está en dirección norte- y después pasamos a la tienda de descuento pues Rb necesitaba un nuevo cable USB C -anoche vino a mi habitación a mostrarme cómo se había zafado el extremo del que estaba usando-.

Después pasamos a otro supermercado a comprar un poco de pollo; cuando entramos a la colonia vimos que estaban preparando el área del parqueo para una celebración infantil, por lo que decidimos sacar a caminar a los perros antes del evento.

Luego preparamos el almuerzo: caldo de pollo con fideos de arroz y ensalada; por la tarde reparé el bolso aislante (se le había zafado el zipper el último día de mi viaje) y luego estuve actualizando mis registros: me había tocado pagar el internet de la casa y el del apartamento de mis hijos; también ví el último capítulo de la primera temporada de Dune Prophecy; 

El domingo me levanté a meditar a las siete y media de la mañana; después retorné a la cama a hacer unas cuantas lecciones en Duolingo y Busuu; no tenía muchas ganas de levantarme pero, finalmente, lo hice a las nueve: a preparar mi desayuno de los fines de semana.

Con Rb habíamos quedado de ir al supermercado más cercano en dirección sur; más que necesitar comprar algo -aparte de bananos- queríamos salir a caminar un rato; lo que hicimos un poco después de las once de la mañana.

Al mediodía preparamos las alitas dominicales y una gran ensalada; después de sacar a caminar a los perros estuve actualizando la app en la que estoy publicando todas las obras de arte del libro que estoy leyendo en francés.

Un poco antes de las tres tomé una ducha y, luego, me dirigí a la casa del voluntario que vive en la colonia en la que mis hijos crecieron; no había casi nada de tráfico por lo que el viaje fue bastante corto; encontré a mi amigo un poco afectado por el derrame cerebral que sufrió hace unas pocas semanas; quizá lo que me sorprendió fue la confusión de su narración; según recuerda, el evento sucedió el día de mi última visita: en realidad fue un par de semanas mas tarde.

Mi amigo abordó el auto y nos dirigimos a la cafetería en la que frecuentemente desayuno en mi agenda social; estuvimos un poco más de dos horas entre un cappuccino y un pastel -en mi caso- y una enchilada -en el suyo-.

A las cinco y media pasé a dejarlo a su casa y me dirigí a una sucursal de una famosa cadena de restaurantes que se acaba de declarar en quiebra en el imperio del norte: un amigo que ha vivido durante mucho tiempo en Italia me había invitado a la celebración de su cumpleaños.

El tránsito en el periférico estaba bastante pesado y en el parqueo estaba peor: me tocó esperar un rato dentro del mismo para que hubiera una plaza vacía; pero entré sin mucho contratiempo; el lugar estaba lleno porque a esa hora se jugaba un partido -al parecer- famoso de futbol americano; saludé a mi amigo al entrar y luego le entregué el regalo que llevaba: había empacado un cubo de rubik de 3x3x3 en la bolsa roja que mi ahijada me obsequió en nuestro último desayuno.

Luego me tocó que pasar -literalmente- por debajo de una mesa para sentarme un rato al lado de algunos ex voluntarios a quienes no veía en casi una década -excepto con mi vecina de asiento, a quien encontré el primer día del mes-.

La mayor parte de personas pidieron comida y bebidas pero a mí no me apeteció estar mucho tiempo y percibí que el servicio iba muy lento; nomás me estuve en el lugar hasta un poco después de las siete; a esa hora volví a pasar por debajo de la mesa y me despedí de los ex voluntarios con los que había compartido la velada; luego me despedí del cumpleañero y retorné a casita.

Se suponía que Rb iba a tener su clase de teología a las siete y media; pero, justo a esa hora sacó a sus perros cuando vió que estacioné el auto: su pastor había tenido un contratiempo y no había podido presentar la clase.

Íbamos a ver La habitación de al lado -la última película de Almodovar- pero me entretuve en las lecciones de Duolingo y Busuu; y Rb está en los últimos capítulos de la última temporada de Malcolm in the middle; nomás estuve en Facebook viendo las publicaciones de la celebración de la noche.

Y a ver cómo sigue eso...

viernes, 28 de junio de 2024

Vacaciones, otra vez -la ciudad, otra vez-... Vacations, again -the city, again-... Les vacances, encore -la ville, encore-

El domingo había puesto la alarma para las seis de la mañana pero me quedé en la cama hasta las siete; me levanté a meditar y luego preparé el desayuno de los fines de semana; después volví a la cama; quería hacer Duolingo pero nomás volví a dormirme.

Un poco después de las nueve me levanté y me puse a hacer mi lección matutina de Duolingo; luego Rb me pidió que la ayudara a cortar las malezas del patio frontal; estuvimos trabajando en eso un poco más de una hora, despejando la mitad del área; después nos bañamos y almorzamos alitas y caldo de pollo.

Por la tarde estuvimos viendo series en la cama de Rb y a las cinco me vestí y subí al auto las provisiones que mi hija me había pedido; en el camino pasé a la tienda en la que usualmente compramos los electrodomésticos y artículos de cocina y compré un espejo de medio cuerpo.

Por la mañana Rb me había comentado que un camión se había llevado una pasarela en un lugar muy cerca de donde vive mi hija pero consideré que a esa hora ya había sido habilitado el paso: me equivoqué; el periférico aún se encontraba cerrado y habían policías municipales de tránsito desviando a los autos hacia la vía auxiliar; estuve como diez minutos en ese tráfico.

El resto del camino estuvo bastante tranquilo por lo que llegué con poco retraso a la habitación de mi hija; le escribí cuando me apeé del auto y luego entré a su habitación; le entregué los comestibles y luego estuvimos conversando sobre la semana que acababa de pasar en el interior del país; también observé que ya empieza a movilizarse con una sola muleta.

Estuve en la habitación de mi hija hasta un poco después de las siete y a esa hora me despedí e inicié el retorno a mi casita; no conduje sobre el periférico sino que tomé la ruta perpendicular que inicia en la calle donde vive mi hija; de allí salí a una de las rutas más populares pero por ser domingo el tráfico no estaba muy pesado.

Tomé un carril auxiliar para dirigirme al periférico pero la lluvia hizo que el tránsito se ralentizara bastante justo antes de entrar al mismo; iba conduciendo bastante rápido y estuve a punto de colisionar; incluso los neumáticos chillaron cuando pisé los frenos a fondo; afortunadamente aún pude desacelerar lo suficiente.

Ingresé al periférico sin ninguna otra novedad y, a pesar de la lluvia constante, pude completar el viaje de regreso sin ningún incidente; apeándome del automóvil estaba cuando me percaté que no le había llevado los embutidos -pepperoni y salami- a mi hija; los subí al freezer y le escribí para comentarle que se los llevaría en mi próxima visita.

El lunes me levanté bastante tarde: había decidido levantarme los días restantes de vacaciones sin la alarma del celular por lo que me despertaron los ruidos que empiezan a hacer los perros de Rb cerca de las ocho de la mañana; me levanté a meditar y luego salí de la habitación.

Desayuné con Rb pues me había pedido que acudiéramos a los supermercados en dirección sur durante la mañana; yo había tratado de programar una reunión con mi amigo garífuna pero me comentó -a pesar de que antes la habíamos acordado- que se encontraba ocupado con un proyecto.

Entonces traté de programar una reunión con mi amigo el Testigo de Jehová -realmente sentía que me estaban pesando las nueve bolsas de café restantes- pero me comentó que se estaba recuperando de un nuevo episodio de dengue -supuestamente es la segunda vez que se contagia- y me pidió que dejáramos la reunión para una siguiente ocasión.

Al final acordé una reunión con uno de mis últimos amigos del voluntariado en el que participé por diez años: nos vimos hace como tres meses y perdió su empleo hace como un mes -yo había estado ayudándole a cambiarse de empleo a finales del año pasado-.

Después del desayuno nos subimos al auto y acudimos a los supermercados en dirección sur; en el más alejado Rb adquirió pollo para su almuerzo del miércoles -yo almorzaré con mi hijo menor- y en el otro compramos bananos para nuestros desayunos.

Cuando retornamos Rb me pidió que la ayudara a limpiar la aspiradora robótica -durante mi ausencia de ocho días la hizo funcionar de nuevo- y después hicimos la rutina de ejercicios que corresponde a los lunes -con una adición de ejercicios abdominales que ella estuvo practicando la semana anterior-.

Al mediodía almorzamos pollo asado y caldo de lo mismo -con aguacate y arroz-; después de sacar a caminar a los perros de Rb preparé té para ambos y, un poco después de las tres, me dirigí al comercial en donde se estacionan los busitos que vienen al municipio.

Había acordado con mi amigo en reunirnos en un centro comercial que se encuentra en una calle aledaña a este último pero, diez minutos después de la hora acordada, me escribió diciendo que se encontraba en donde se estacionan los busitos; había una llovizna ligera pero no me afectó mucho retornar al centro comercial en donde se encontraba; subimos al food court del tercer nivel y lo invité a un cappuccino.

Nos pasamos las siguientes dos horas conversando sobre su situación familiar, laboral y personal -también le entregué una de las libras de café-; a pesar de su situación laboral -bastante inestable- se preocupa más por el plan -conspirativo- para reducir la población mundial.

Un poco después de las seis le indiqué que me retiraba y, luego de pasar al baño del centro comercial, nos despedimos y abordé el busito de vuelta a casa; por la noche estuve haciendo Duolingo, avanzando en The School of Life -me está costando- y viendo un poco de un programa de pasteles; a las once me retiré para lavarme los dientes, leer un poco más -La Disparition de Stephanie Mailer-, meditar y, finalmente, dormirme.

El martes no había puesto nuevamente la alarma y me desperté -por alguna razón- un poco después de las cuatro; salí al baño y volví a la cama; me desperté nuevamente un poco antes de las ocho y me levanté a meditar.

En la mañana fuimos a los supermercados en dirección sur; compramos verduras y yo compré un arrolladito para la reunión de la tarde con mi primo; almorzamos los mismo del día anterior: pollo asado y caldo de pollo.

A las tres y cuarto me dirigí -en busito- al comercial en donde me había reunido el día anterior con mi amigo del voluntariado; costó un poco que pasara el busito pero al final llegué antes de la hora de la reunión; mi primo sale de trabajar, del call center que se encuentra en el cuarto nivel del comercial, a las cuatro.

Lo invité a un cappuccino de la misma tienda del día anterior y compartí el arrolladito; aunque yo me lo comí casi todo; estuvimos en el área de las mesas por las siguientes dos horas conversando de literatura, libros, películas y la vida en general; a las seis y media nos despedimos y retorné a mi casita.

El miércoles me levanté -otra vez sin alarma- un poco después de las siete; me puse a hacer Duolingo y luego a leer un poco -realmente no he leído mucho en los días de vacaciones que he estado en casa-; a media mañana hicimos la rutina de ejercicios de los miércoles -con la rutina extra de abdominales-.

Luego de los ejercicios -y la respectiva ducha- Rb me ayudó a desinfectar los ingredientes y preparé dos ensaladas pues había planeado llevar eso para complementar el arroz chino que esperaba almorzar con mi hijo -realmente me preocupa su exceso de peso, pero no creo que pueda hacer mucho al respecto-.

A las doce y media tomé el auto y me dirigí a la habitación de mi hijo; empezó a llover bastante fuerte pero, afortunadamente, el tráfico no se vio afectado: llegué antes de la una a la colonia en la que vive; pero el lugar en el cual usualmente estaciono el auto estaba ocupado.

Subí el auto la banqueta y me dirigí a la casa en la que vive mi hijo; lo llamé desde afuera y subí a su habitación -en el segundo nivel-; como vi que la acera frente a su casa estaba desocupada le pedí que me acompañara a mover el auto hacia ese sitio y luego caminamos hasta el restaurante de comida china en el que comprábamos comida cuando salíamos con sus hermanas.

Luego retornamos a su habitación y almorzamos; se suponía que íbamos a revisar las últimas dos clases del curso de React al cual no pude asistir por mi viaje con los misioneros pero: 1) no llevaba el cargador de mi computadora de Fedora y 2) mi hijo me comentó que no había hecho los ejercicios de las clases.

Así que deberé de descargar las dos clases y verlas; entonces nomás nos pasamos un par de horas jugando Dominó y conversando sobre literatura, libros, películas y la vida en general; habíamos acordado terminar la reunión a las cinco y, un poco antes de esa hora, me despedí de mi hijo y, luego de abordar el automóvil, llamé a mi tía favorita para ver si podía llegar a verla.

Mi prima -su hija mayor- me había comentado hace un par de semanas que andaba con quebrantos de salud y aproveché para pasar a dejarle una de las libras de café que traje de mi viaje con los misioneros -me quedan siete (esta tarde le escribí a mi ex supervisora para ofrecerle una de las libras de café; quedó en que veríamos cuando podíamos compartir un rato, con su novio)-.

Pasé alrededor de una hora en la cocina de mi tía -me preparó café instantáneo y me obsequió un par de cubiletes-; conversando sobre su salud -la examinarán en un laboratorio del municipio este sábado- y un poco después de las seis y media me despedí para retornar a casita; estaba lloviendo bastante y el tráfico de la ciudad estaba pesado; al cabo de un poco más de media hora estaba estacionando el auto frente a la casa.

Ayer, que era el último día de mis vacaciones, había previsto más o menos las mismas actividades que el primer día de las mismas: por la mañana, acompañar a Rb a su salida semanal al mercado; me levanté antes de las ocho, medité y salí a desayunar; luego salimos a tomar el busito; no tardó mucho en pasar y tomamos dos rutas del transmetro: primero en el comercial en donde se estacionan los busitos, hacia el centro; luego otro hacia el centro histórico, pues quería comprar un par de bolsas de gelatina.

En la última ocasión había comprado de cuatro sabores diferentes pero ahora nomás había de naranja; compré dos libras y también adquirí -estaba en oferta- una bolsa para preparar flan -creo que lo prepararé cuando invite a alguno de mis amigos a desayunar-.

Después retornamos al mercado en donde Rb hace sus compras semanales; pero la mayor parte de los puestos estaban cerrando: era día municipal de fumigación y Rb casi no pudo comprar nada de sus frutas; después retornamos a la casa a almorzar lo mismo de los días anteriores: pollo asado y ensalada.

Por la tarde fuimos a los mercados en dirección sur; estábamos saliendo cuando salió nuestra vecina y Rb le ofreció que nos acompañara a caminar -al parecer anda en conflictos con la vecina con la que realizaba sus caminatas vespertinas-.

Fuimos hasta el mercado más distante; en donde adquirimos un poco de pollo, luego al siguiente mercado en donde compramos un poco de bananos; en el camino pasé a la panadería por el pan para mis desayunos de viernes, sábado y domingo; finalmente pasamos a la tienda a comprar un poco de verduras.

Por la noche continué con el libro de francés -La disparition de Stephanie Mailer- y en Duolingo me obsequiaron -lo hacen cada varios meses- tres días de la versión Super; a las once me retiré a mi habitación y después de leer un poco de Gamification, y meditar, me dormí.

Y así acabaron las vacaciones más largas -hasta el momento- de este año...

martes, 25 de junio de 2024

Vacaciones, otra vez -el regreso-... Vacations, again -the return-... Les vacances, encore -le retour-

La noche del jueves nos hospedamos en el mismo hotel donde habíamos dormido la primera noche del viaje -el sábado anterior-: está a un lado de la carretera por lo que me imaginé que no iba a poder dormir mucho; me asignaron una habitación diferente a la de la semana anterior, en donde me refugié para leer un poco y hacer Duolingo, antes de meditar y dormirme.

El líder del grupo aprovechó que mi habitación era la más cercana a la recepción para almacenar allí la hielera del viaje y tres o cuatro paquetes de agua pura; y me comentó que la salida estaba programada para las siete de la mañana.

Efectivamente no pude dormir mucho; había puesto la alarma para las seis de la mañana pero estuve despierto desde un poco después de las cuatro de la mañana; a las seis me levanté a meditar y luego hice un poco de Duolingo; antes de las siete saqué la hielera y el agua de la habitación y devolví las llaves y el control remoto de la televisión de la habitación.

A las siete llegó el autobús y subimos la hielera y las botellas de agua; luego ayudé a los misioneros a cargar las maletas a la parte trasera del bus; luego me instalé en uno de los últimos asientos; nos dirigimos al comedor a desayunar y después emprendimos el viaje a la ciudad colonial del país.

El tiempo estuvo bastante lluvioso por lo que las cuatro o cinco horas estimadas de viaje se convirtieron en casi ocho; al mediodía nos detuvimos en una gran intersección de la carretera y almorzamos en el restaurante de pollo frito más antiguo del país.

Fue un relajo controlar las ordenes porque algunos de los misioneros pidieron algo y luego recibieron algo distinto; yo nomás pedí un sandwich de pollo pues no me encontraba aún muy bien del estómago y ya había visto que la cena iba a ser en uno de los restaurantes más caros del país.

Después del almuerzo continuamos el camino; la lluvia seguía y la ruta que transitábamos se encuentra en una de las partes más altas del país por lo que la neblina era casi constante; había bastante transporte pesado en el camino y el conductor fue bastante prudente.

Un poco antes de las cinco de la tarde estábamos entrando a la ciudad colonial; hubo entonces una discusión entre los líderes de los misioneros y el líder local sobre la forma de proceder: el último quería que nos registráramos en el hotel y luego visitáramos las tiendas de la ciudad, pero la enfermera puertorriqueña insistía que ya no daría tiempo para realizar las compras si procedíamos de esta forma.

Al final prevaleció la opinión de la enfermera: el bus se detuvo en el parque central de la ciudad -el hotel se encuentra a cuatro o cinco calles del mismo- y recibió una remisión por acceder a un lugar delimitado; pero allí nos apeamos y nos tocó acompañar a los misioneros en sus compras de recuerdos y similares.

La enfermera compró unos tenis Nike pirata -bastante atractivos pues una parte del cuero había sido sustituido por tejidos tradicionales del lugar- y la mayoría de los jovencitos compraron ropa y  artículos de cuero o cerámica, con motivos de la cultura local.

También los acompañamos a una tienda de helados -yo no quise comprar nada en ningún lugar- y a uno de los sitios turísticos más visitados de la ciudad: un arco entre dos calles que es escenario de sesiones de fotografía de muchas celebraciones que se celebran en la misma.

Se suponía que debíamos presentarnos al hotel antes de las siete pues esa era la hora en la que estaba reservada la cena -el restaurante se encuentra a cuatro o cinco calles del hotel- y un poco antes de esa hora empezamos a caminar hacia el mismo; pero la mitad del grupo -yo iba en la retaguardia- se extravió y nos tardamos aún algunos minutos extras para llegar.

Un poco después de las siete -por fin- nos presentamos en la recepción del hotel y me asignaron una habitación bastante al fondo del mismo; entré a dejar mi mochila y a cambiarme de ropa y retorné a la recepción pues debíamos dirigirnos sin demora al restaurante.

Durante el viaje nos habían enviado por whatsapp el menú del restaurante para que la cena fuera menos tardada pero dos de los líderes querían cambiar su orden -la enfermera y el de The Batchelor-; el líder indagó sobre la requisición pero les confirmó que no se podía; la primera había pedido pescado asado y el segundo pasta con pollo -comentaron que no se habían dado cuenta que era un restaurante de carne asada-.

Amablemente me ofrecí a compartir mi menú -steak con tocino y chorizo- con el segundo -la verdad no tenía mucho apetito por la cena de la noche anterior-; y cuando llegó mi orden partí los dos trozos principales y se los cedí -aceptando un poco de pasta y pollo-; él declinó el segundo pero al final cenamos en paz.

También tomamos de postre pastelillos y café; yo había ordenado un pastel con base de espumilla pero al final, otra vez el relajo de las órdenes, tuve que conformarme con un cheesecake; que tampoco estuvo tan malo; después de la cena comenzamos el retorno al hotel: otra vez iba cerrando el grupo para evitar extravíos de personas.

Cuando estábamos a unas calles del hotel uno de los negros se percató que había olvidado la llave de su habitación; yo había estado conversando con la enfermera y llamé al restaurante para confirmar que allí se encontraba la llave olvidada; la llave estaba allí -junto con un llavero recién adquirido.

Le propuse a la enfermera que regresáramos nomás ella y yo pero me comentó que debía dirigir la actividad de revisión del día con los misioneros por lo que me pidió que regresara solo; retorné al restaurante, me entregaron la llave y me dirigí al hotel; pero no pude encontrarlo; me estuve dando vueltas algún tiempo hasta que cambié de Waze a Google Maps para un retorno hasta la puerta del hotel.

Fui a devolver la llave y el llavero a la enfermera -me invitó a acompañarlos en su actividad pero decliné- y luego me dirigí a mi habitación; no pude hacer que la televisión funcionara: había tres controles remotos; por lo que nomás leí un poco, hice Duolingo, medité y me dormí.

La alarma estaba puesta para las cuatro y media pues nos habían pedido que estuviéramos listos a las cinco de la mañana; por alguna razón -creo que bulla de tuberías- me desperté a las tres y media; no pude volver a dormirme por lo que me levanté a meditar; luego leí un rato y después preparé mi mochila.

Salí de la habitación a las cuatro y media y me dirigí a la recepción del hotel a entregar la llave de la habitación; la recepción estaba aún cerrada por lo que nomás me senté a esperar a que salieran todos; antes de las cinco empezaron a salir todos los jóvenes misioneros -y los cuatro líderes- y a las cinco llamar al autobús, subimos todas las maletas a la parte trasera del mismo y luego lo abordamos.

Habíamos -el líder más bien- elegido la hora pues no queríamos andar corriendo para entrar a la ciudad y llegar al aeropuerto -el vuelo salía a la una y ellos deberían de estar registrándose a las once de la mañana-; afortunadamente el tráfico fue casi inexistente -quizá porque era sábado por la mañana- y a las seis de la mañana estábamos entrando a la ciudad; deteniéndose en un Mc Donalds para tomar el desayuno.

Luego de que todos tomáramos el desayuno -siempre hay equivocaciones en las órdenes y entregas- volvimos a abordar el bus y nos dirigimos al aeropuerto; a las ocho de la mañana el grupo estaba haciendo fila para ingresar al área de registro por lo que aproveché para despedirme de todos -o de la mayoría al menos- con un abrazo -ya no vi a ninguna de las traductoras- y luego me dirigí a esperar el autobús.

Estuve un buen tiempo -quizá diez minutos- esperando el autobús y al ver que no pasaba decidí llamar una moto con Uber; el viaje me salió en veinte quetzales -1.50 de propina- y un poco después estaba abordando el Transmetro en la misma estación de la semana pasada.

Me bajé del mismo en el comercial desde donde salen los buses que vienen al municipio y a las nueve de la mañana estaba en la puerta de la casa, preguntándole por whatsapp a Rb si sus perros ya habían comido, pues no quería interrumpir su desayuno.

Ella me comentó que ya habían concluido por lo que entré a la casa; se puso muy contenta de verme; un poco más tarde estaba sentado en la puerta de la casa y, al saludar a nuestra vecina, Rb me susurró que podía darle una de las libras de café que había traído.

No lo había considerado pero creo que fue una buena idea -ella ha sido muy amable e incluso regañaba a los niños que se ponían a jugar futbol a la par del auto-; por lo que le obsequié una de las bolsas; antes del mediodía acudimos con Rb a los supermercados en dirección norte pues ella debía reponer su balanza -yo había olvidado que era el día de su cumpleaños y tampoco le hice mucha bulla al respecto-; compramos también bananos y yo adquirí la mayor parte de la lista que mi hija me envió el día anterior para su alacena.

Después pasamos a la tienda de las verduras y compré lo último de la lista: manzanas y un cartón de huevos; después del almuerzo sacamos a caminar a los perros y luego tomé una pequeña siesta; le había comentado a Rb que iba a ‘leer’ pero que esperaba descansar un rato pues me había levantado a las tres y media de la mañana.

Puse el reloj para despertarme en 20 minutos pero cuando sonó la alarma nomás la desconecté; me dormí una hora adicional; hasta que Rb llegó a la cama y me pidió que instalara el calentador de la ducha -que había comprado la semana pasada-.

Me sentía bastante inestable pero logré desconectar el calentador que ya no servía e instalar el nuevo; por la noche hice Duolingo (no había hecho ni la noche anterior ni por la mañana) y después avancé un poco en el libro The School of Life; también ví el cuarto capítulo de The Boys; a las once me retiré a mi habitación y no leí más sino que me dediqué a perder el tiempo en Fb; luego medité y después me dormí.

Y así concluyeron los ocho días de la misión...

lunes, 24 de junio de 2024

Vacaciones, otra vez -la misión-... Vacations, again -the mission-... Les vacances, encore -la mission-

El grupo al que me había comprometido a acompañar -y apoyar en la comunicación entre los mismos y la comunidad- estaba compuesto por veintitrés personas: cuatro líderes -dos mujeres y dos hombres- y el resto jovencitos de los últimos tres años de preparatoria; un poco más de la mitad de los jovencitos eran chicas y de los chicos todo eran negros salvo por el más joven.

De los líderes: la voz campante la llevaba una enfermera de origen puertorriqueño -por lo que hablaba perfectamente el español-, un ex ganador -dos veces- de The Batchelor, un ingeniero de Google y una contadora; de los jovencitos algunos chapurreaban algunas palabras de español y uno de los negros lo hablaba muy bien ya que sus padres lo habían enviado desde pequeño a una escuela totalmente en español.

También nos contó que su niñera era peruana por lo que había crecido hablando español; y realmente, salvo por la confusión con algunos artículos o algún tiempo verbal, su español era muy bueno; el de Batchelor también hablaba un poco porque, según él, se había dedicado al beisbol profesional y la mayoría de sus compañeros eran de origen dominicano o venezolano.

El domingo me levanté a las seis pues quería meditar y hacer Duolingo antes de reunirme con el grupo; a las siete nos dirigimos a desayunar a comedor de la noche anterior y luego pasamos las maletas del bus a siete pickups de doble tracción -el medio más efectivo de transportarse en el área a la cual íbamos-; después empezamos el viaje hacia el pueblo en donde pasaríamos los siguientes cinco días.

El viaje fue bastante tardado -más de cuatro horas-, los paisajes sorprendentes y el único incidente fue -más o menos a la mitad del camino- un control policial con todas las deficiencias de Latinoamérica; afortunadamente no hubo ningún contratiempo; también paramos, un poco después, en una gasolinera para que los jóvenes pudieran y al baño y/o comprar algo para comer.

El arreglo general en el transporte fue el mismo que el resto de los días: un conductor local, tres misioneros y una persona bilingüe -sólo éramos tres traductores, pero se complementaba con las otras personas que podían comunicarse en ambos idiomas-.

El almuerzo lo hicimos durante el trayecto -siempre las Lunch Boxes- y al llegar al pueblo fuimos directamente a registrarnos en el hotel -otra vez, habitación individual-; después nos organizamos para acudir al primer evento de la misión: una reunión con los líderes de los comités de mejora locales.

La mayor parte de la traducción de la reunión la hizo el otro traductor, ayudando un poco la otra traductora y -finalmente- también participé, aunque me sentí bastante inseguro en la actividad: estaba lloviendo y el techo de lámina sonaba demasiado fuerte como para permitir una comunicación adecuada.

Después de la reunión -tardó dos o tres horas- retornamos a los pickups y nos dirigimos al lugar en donde estaríamos desayunando y cenando durante el resto de nuestra estadía: la asociación tiene, en el centro del pueblo, unas instalaciones en donde venden el café que procesan e instalaciones para eventos, luego de la cena  retornamos al hotel y yo subí directamente a mi habitación a leer un poco, hacer Duolingo y meditar.

El lunes habían suspendido las clases en la mayoría de los departamentos y la actividad programada para la mañana involucraba escolares; pero, se organizaron para reunir a varias decenas de niños en una bodega de la asociación y allí impartieron alguna clase de educación cristiana y luego se pusieron a jugar con los niños.

Almorzamos en el lugar -lunch boxes- y luego nos dirigimos a la actividad de la tarde: visitas en casas; que sentí bien raras, por el nivel de vida de las personas; en la primera visitamos a un joven que sufrió un evento cerebrovascular hace una década que le dejó secuelas de esquizofrenia; en la segunda visitamos a un anciano que se lesionó la columna hace muchos años y que literalmente se arrastra para movilizarse -la comunidad le construyó una casa de blocks-.

Después de las actividades regresamos al pueblo y llevaron a los jóvenes a comprar helados; y, por supuesto, provocaron un descontrol ya que la mayoría de los negocios no están preparados para atender a veinte personas; también la chica que atendía el local era muy joven por lo que salí a pedir ayuda al otro traductor, quien se hizo cargo de la situación -además, se llevaron a la mitad de los jóvenes a otro local-.

La actividad de la mañana del martes se realizaron en un huerto comunitario: limpiar el terreno y sembrar algunas hortalizas; además, los jóvenes ayudaron a remover las raíces de un bananal para hacer más espacio para sembrar; en el mismo lugar ayudaron a recolectar huevos frescos y a limpiarlos para su posterior venta.

Por la tarde acudimos a un servicio religioso en una iglesia de la renovación carismática ortodoxa; que no sabía que existía: igual, la 'ortodoxia' esta fue introducida al país por un ex sacerdote católico a quien excomulgaron por estar metido en política -lideraba movimientos para invadir tierras y llegó a ocupar una curul del congreso por la época en la que yo andaba en la universidad-.

El servicio fue de lo más bizarro: una mezcla de ritos evangélicos y católicos; la oficiante fue una anciana -se supone que ella y otra mujer fundaron la iglesia- y no le vi orden por ningún lado: ella hablaba y cantaba; su padre tocaba la guitarra, una chica tocaba el bandoneón -o un teclado eléctrico-; al final el trabajador de Google compartió un mensaje -la puertorriqueña lo tradujo- y, luego de la ofrenda, el servicio acabó sin ningún incidente.

El inicio del servicio lo empezó a traducir la chica a la que ya conocía -nos cambiaron al traductor por otra chica el día anterior pues el otro grupo, al parecer, necesitaba autoridad masculina-, pero, al ver que no estaba familiarizada con las historias bíblicas -el papá de la señora había empezado a contar su versión de Jonás y la chica estaba teniendo problemas en seguirlo- me ofrecí para traducir el resto del servicio; que terminó con la historia de Noé y el Arca.

En la cena de ese día hubo un incidente bien feo: el contador general de la asociación estaba ayudando con los preparativos de la cena -la mesa caliente- y por, manipular sin cuidado el gel que se utiliza para mantener la llama bajo las bandejas de acero inoxidable, se quemó la cara; afortunadamente había un extintor funcional (habían dos pero uno no funcionó) por lo que se pudo controlar el fuego.

Y también, creo, el señor tuvo la fortuna de utilizar anteojos por lo que las quemaduras no fueron muy graves; creo que nomás de primer grado; sin embargo los jóvenes sufrieron una conmoción y vi que la puertorriqueña tuvo que conversar largamente con una de las chicas que no paraba de llorar.

El miércoles me levanté con la noticia de que el perro de Rb había empezado a sufrir molestias estomacales y la había mantenido despierta una gran parte de la madrugada; las noticias de este tipo fueron constantes durante los siguientes tres días e incluso, en algún momento, me pregunté si tendría que acortar mi participación en el viaje; afortunadamente no fue necesario.

La actividad de la mañana la realizamos en uno de los hogares que se encuentran en la periferia de una de las aldeas del poblado: ayudamos al matrimonio -la esposa con una vista muy muy corta- en todos los pasos de la preparación de tamales: desde la cocción de la masa hasta el asado de las hojas de bananos, la preparación del recado, el armado de los tamales y su puesta a cocinar.

Los jóvenes también ayudaron al señor de la casa a limpiar una parte del terreno que se utiliza para cultivar café: se trataba de retirar desechos de una serie de agujeros y rellenarlo con tierra suelta; en este lugar recibimos las bolsas del almuerzo y procedimos con el mismo; ya que desde aquí debíamos dirigirnos a la actividad de la tarde.

Por la tarde volvimos a la escuela en la que habíamos tenido la primera reunión de la semana para; los jóvenes misioneros impartieron la misma clase bíblica que habían presentado dos días antes y después se organizaron para un juego de futbol -eran como veinte contra veinte-; después de la actividad deportiva reunimos a todos en las gradas del campo de fútbol y repartimos los tamales que habían preparado en la mañana.

El jueves le pedí a Rb que me transfiriera sesenta y cinco dólares pues pensaba adquirir diez libras de café molido para repartir entre mis conocidos y primos; por la mañana acudimos a una escuelita en los linderos de otra de las aldeas del poblado y, después de una lección bíblica, pasamos algunas horas jugando con los niños del lugar.

Yo estuve conversando con unas niñas de sexto primaria en el aula en la que reciben clases los tres grados y, un poco después, se nos unió la líder del grupo que es contadora; estuvimos compartiendo los cuatro durante un poco más de una hora; hasta que avisaron que se terminaba la visita y retornamos hotel para preparar las cosas y cargarlas en los pickups para el viaje de regreso a la cabecera departamental.

Almorzamos en el hotel -las lunch boxes- y luego iniciamos el viaje de retorno; que se extendió durante toda la tarde pues la lluvia provocó que los transportes pesados avanzaran a baja velocidad, produciendo algunas colas -especialmente al pasar por poblaciones-.

Un poco antes de que cayera la noche llegamos al comedor en el cual habíamos cenado el sábado anterior; yo había estado extrañando el pan durante la cena por lo que esa noche me tomé tres tazas de café -con muffins-, además de una coca cola; lo cual no le cayó nada bien al estómago; el resultado fue que el día siguiente me sentía bastante indispuesto.

Pero eso es parte del final de la historia.


domingo, 23 de junio de 2024

Vacaciones, otra vez -el inicio-... Vacations, again -the beginning-... Les vacances, encore -le début-

El jueves de hace dos semanas había puesto la alarma para las seis de la mañana pues quería lavar un poco de ropa, incluida una chumpa impermeable que dejó mi hija mediana antes de irse al imperio del norte: creo que la última vez fue utilizada, por Rb, hace varios años y nomás ha estado en el cuarto de la lavandería por muchos meses.

Pero, como anoche me tomé un gran vaso de agua por la noche, me desperté a las cinco para ir al baño; luego me quedé en la cama: había esperado dormirme pero me puse a revisar mis correos y whatsapp y ya no concilié el sueño.

A las seis sonó la alarma y me levanté a meditar; también me di cuenta que, lo más probable, es que no lograré continuar con el ritmo de meditación (once minutos por la mañana y once minutos por la noche) durante la semana que iré a realizar trabajo voluntario: me imagino que compartiré habitación con alguien y no creo que nos sintamos cómodos con mi práctica.

Después de meditar recolecté un poco de ropa sucia y lo llevé a la lavadora, para completar un ciclo con la chumpa que debía lavar para mi viaje del sábado; luego de que Rb le diera de comer a sus perros -y desayunó también- empacamos las hamburguesas y ensaladas que habíamos preparado y nos fuimos al parque temático más grande de la ciudad; el viaje de ida no estuvo tan pesado; nos llevamos como cuarenta y cinco minutos para llegar al parqueo (por el que pagué dos dólares y medio).

Pero, por ser temporada escolar, el lugar estaba repleto (en el parqueo habían docenas de buses); en vez de comprar un brazalete -que sirve para subirse a cualquier juego durante un día- Rb compró un pasaporte -creo que son doce juegos pero puede usarse cualquier día-, lo que fue una buena decisión porque con tantos niños en el parque nomás se pudo subir a dos juegos (y el mejor para ella -el rascacielos- dejó de funcionar justo en su turno).

Al final se subió dos veces a una pequeña montaña rusa; antes del mediodía nos metimos al zoológico y luego retornamos al área techada para almorzar; después le propuse que volviéramos a casa pues retornaríamos justo a tiempo del almuerzo de sus animales.

Por la tarde -después de sacar a caminar a sus perros- fuimos a los supermercados que están en dirección sur: estaba lloviznando ligeramente; en el supermercado más alejado compré cinco latas de atún -parte del pedido de mi hija mayor-; luego, después de pasar al otro supermercado, caminamos de vuelta a casa.

Le propuse a Rb que vendría a dejar la bolsa de compras -estaba un poco pesada- pues quería quitar de los lazos la ropa que había lavado en la mañana -seguía lloviznando ligeramente-, mientras ella continuaba a la tienda de las verduras, a donde iría luego a buscarla.

Vine rápido a la casa, quité de los lazos la ropa -la chumpa que debo llevar al viaje del sábado estaba bastante seca- y luego me dirigí a la tienda -tomé en la salida el paraguas-; en donde compré el resto del pedido de mi hija: tomates, manzanas y limones.

Después retornamos a casa.

El viernes me levanté -sin alarma- a las seis y media; medité y salí a preparar mi desayuno de los fines de semana; después hice Duolingo; Rb se despertó -como siempre- a las ocho y, luego de que tomara su desayuno, nos dirigimos a tomar el busito; pues habíamos quedado de que la acompañaría en su visita semanal al mercado del centro histórico.

El busito no tardó mucho en pasar y luego tomamos el transmetro; en el mercado del centro histórico Rb adquirió frutas para toda la semana; luego retornamos al centro comercial en donde se estacionan los busitos que vienen al municipio; allí, en un supermercado, Rb compró algunas otras provisiones -y me compró un par de muffins en una panadería-.

Después del almuerzo -seguían las lloviznas- lavé los trastes y después me dirigí a la reunión que había concertado con mi ahijado profesional; cargué en el auto la despensa semanal de mi hija y un espejo de medio cuerpo que Rb me cedió en la época en la que compartí casa con mis hijas mayores.

Era un poco más tarde de las tres y, aunque la reunión estaba concertada para las cuatro, no quería arriesgarme a llegar tarde; pero no había mucho tráfico, al menos en la salida del municipio; el inconveniente llegó cuando traté de tomar la avenida sobre la cual está el comercial en donde habíamos acordado la reunión: cinco o seis calles antes de llegar al semáforo pasé un buen tiempo detenido.

Considerando que me iba a llevar mucho tiempo en la intersección giré noventa grados y me dirigí al comercial que está a la misma altura de mi destino pero del lado contrario de la vía principal; no tuve muchos contratiempos en llegar al comercial -aunque sí para encontrar parqueo: tuve que subir hasta el sexto nivel a parquearme!-; había considerado que gastaría cinco o seis dólares en el parqueo pero preferí pagar eso a estar media hora más en el tráfico.

Desde el comercial -bajé del sexto al primer nivel en elevador y luego caminé casi un kilómetro pues la pasarela no está tan cerca- llegué al café y me metí a los servicios sanitarios; después me senté en una mesa cerca de la puerta para esperar por mi ahijado.

Cuando estaba esperando se acerco un guardia del centro comercial a la puerta y me hizo señas de que saliera un momento; me preguntó si pensaba consumir!, otra vez no reaccioné como esperaría hacerlo: calmado y respondiendo normalmente; sino que subí mi tono de voz para afirmarle: por supuesto! en fin.

Al lugar había llegado con tres o cuatro minutos de anticipación y mi ahijado se apareció cinco o seis minutos después de la hora acordada; conversamos un momento y luego pedimos un café y un pastelillo (él había insistido en que en esta ocasión él quería hacerse cargo de la cuenta).

Además, le entregué un regalo que le llevaba: uno de los libros que me retornaron de la donación de la biblioteca; estuvimos en el lugar hasta las seis en una conversación muy animada sobre la vida y sucesos de cada uno.

A las seis nos despedimos y retorné por el auto; al final el costo del parqueo fue nomás de un par de dólares; le escribí a mi hija que iba tarde -antes le había enviado un mensaje informándole que llegaría entre cinco y media y seis de la tarde-.

El tráfico no estuvo más pesado que en otras ocasiones y a las seis y media estaba enviándole un mensaje -desde el primer nivel- a mi hija, avisándole que estaba por entrar en su habitación; la encontré un poco más animada que la semana anterior: ha estado ejercitándose un poco con la pierna que ha tenido inactiva por más de tres meses; preparé té -de manzanilla para ella y de hierbabuena para mí- y luego estuvimos una hora conversando sobre la vida y sucesos de ambos.

A las siete y media me despedí e inicié el viaje de vuelta a mi casita: estaba lloviendo un poco fuerte y el periférico estaba bastante lleno; afortunadamente no hubo ningún inconveniente y un poco más tarde estaba estacionando el auto frente a la casa.

Hice un poco de Duolingo y vi el tercer capítulo de la cuarta temporada de The Boys; también preparé la mochila con cuatro mudadas para el viaje que inicia este sábado -y termina el siguiente-; Rb también terminó de ver el último capítulo de la tercera temporada de The Chosen; a las once me retiré a mi habitación para leer, y meditar.

El sábado la alarma sonó a las seis y media; me levanté a meditar y luego preparé el desayuno de los fines de semana; después hice Duolingo y avancé un poco con mis lecturas; también terminé de revisar la mochila que Rb me prestó para el viaje -incluso me prestó un par de botas que utilizaba en su época de montañista-.

A las nueve me despedí de Rb y empecé el viaje para acompañar a un grupo de misioneros cristianos -aún no sabía si católicos o protestantes- en su visita a conocer a las personas que apadrinan: familias que perdieron todo en el conflicto armado y ahora cultivan café en sus pequeñas parcelas.

Debía estar en el aeropuerto a las once de la mañana -la coordinadora de la organización me había facilitado el contacto del líder local del grupo de visita y había confirmado la hora-; el busito no tardó mucho en pasar por lo que tomé el Transmetro con buen tiempo.

Me apeé en la estación más grande del mismo y desde allí tomé un autobús hacia el aeropuerto; llevaba una tarjeta prepago para abordar el bus pero ahora -según el conductor- solo aceptan efectivo -sesenta y cinco centavos de dólar-; llegué al aeropuerto con una hora de anticipación.

Al igual que en los otros viajes que he realizado de este tipo, había pagado por internet en mi celular para un par de semanas, por lo que estuve en comunicación constante con Rb; aprovechando que había llegado temprano entré a los baños y luego busqué una banca para esperar -leyendo- mientras llegaba la hora de la reunión.

A las once le escribí al líder del grupo -y a la coordinadora, pues no recibí respuesta-; ambos estaban en el lugar -con dos o tres compañeros adicionales-; al final el vuelo -cómo no- se atrasó casi una hora y un poco antes del mediodía estábamos abordando el bus que nos llevaría al departamento al que fui a recibir la inducción de este proyecto al principio del año.

Íbamos tres traductores: una de las chicas que conocí en la reunión de inducción -en trámites de graduarse como traductora en mi Alma Mater- y un tipo con todas las características de un latino crecido en el Imperio del Norte: tatuajes en brazos y cuello y una forma de hablar bastante distintiva.

La chica se fue en los asientos del frente -con el líder del grupo- y el otro traductor y yo nos fuimos hasta la parte de atrás; un poco más tarde nos repartieron lo que serían nuestros almuerzos durante la siguiente semana: Lunch Boxes -un emparedado de jamón y queso, un emparedado de jalea y mantequilla de maní, una manzana y una gaseosa-.

Lo malo del viaje fue que, justo cuando estábamos abordando el bus, se desató una lluvia torrencial, que ralentizó el tráfico de una forma extrema -al parecer también había uno o dos accidentes en la carretera-: el viaje hasta la salida de la ciudad -que normalmente toma veinte o treinta minutos- se alargó durante tres horas y media.

Finalmente logramos salir de la ciudad y en una de las ciudades vecinas el bus se detuvo en una gasolinera para que todos pudieran ir al baño -y/o comprar algo en la tienda de la gasolinera-; al ver que las colas estaban muy extendidas me pasé al comercial vecino y me metí a una tienda industrial a comprar unos tapones para oídos -para poder usar el baño-; además compré un helado.

Luego retorné al bus y el líder me pidió que ayudara a los estadounidenses en sus compras; entré a la tienda y estuve traduciendo mientras los jóvenes -eran en su mayoría sophomores, juniors y seniors- completaban las compras de snacks y bebidas.

El viaje continuó sin contratiempos durante las siguientes tres o cuatro horas y cuando la noche ya había caído llegamos a las afueras de la ciudad en donde se encuentran las oficinas de la organización con la que estaba colaborando: en esa área está el comedor en donde el grupo debía cenar y desayunar -y bastante cerca el hotel donde debíamos pernoctar-.

Después de una buena cena -siempre nos presentaron un bufé de desayuno o cena, además de café, pan y bebidas frías- nos dirigimos al hotel y luego de repartirnos las llaves y los controles de tv -todos los misioneros (incluidos los líderes) contaban con cuartos compartidos mientras que los miembros del equipo local teníamos habitaciones individuales-, nos retiramos para finalizar la primera jornada.

Ya en mi habitación me puse a hacer Duolingo y, luego de leer un poco, realizar la meditación nocturna; también estuve -en la mayor parte del viaje- viendo bastante televisión; y creo que es porque tengo más de quince años de no poseer este aparato doméstico; un poco después de las once me dormí.