El sábado que me tomé un café -frío, acompañado de una dona: o sea, una inmennsa bomba de azúcar- con mi ahijada ahijada profesional, le comentaba -ligeramente- sobre este libro: es un romance con una línea bastante clásica; y me autocuestionaba la razón de leer este tipo de libros.
Y me respondí a mi mismo: lo hago para mejorar mi vocabulario en inglés; porque el libro es raro; es una historia romántica, entre una campesina -pero con aspiraciones de ir a Oxford- y el heredero de la familia rica del pueblo.
Pasan un verano idílico -aprobado por los padres de ambos, pero envenenado por la madre del joven- y luego se pelean y ella abandona la universidad -no se inscribe, realmente-; se casa con otro joven que la había estado pretendiendo durante mucho tiempo.
Tienen un hijo, este muere, luego conoce al hijo del chico pudiente -casi de la misma edad que su hijo ausente-; quienes llegan a Inglaterra después del divorcio -culpa de infidelidad de la mujer, por supuesto-.
Y -luego de varios incidentes- retornan la relación -con los 'ojos bien abiertos', según la protagonista-; o sea, un clásico; ya estoy -creo- en el último ciclo de lectura -creo que me faltan cuatro o cinco capítulos-.
Y a ver cómo va eso.
El sábado me retiré a mi habitación una hora antes de lo habitual: como tenía que madrugar, para iniciar temprano el viaje hacia la casa de mis padres, quería dormirme -al menos- una hora antes de lo acostumbrado.
Entonces, a las diez, me despedí de Rb, me metí a mi habitación, medité durante veinticuatro minutos y, luego, me metí a la cama -era el último día del segundo mes del año-; y en general dormí bastante bien.
Creo que me desperté de madrugada -la noche anterior, o un par de noches antes, la perra más anciana de Rb nos había despertado antes de las tres: ladrando para pedir su pollo cocido-; la alarma sonó a las cuatro y veinte y me levanté a meditar.
La noche anterior había cargado en la van el saco de comida para perros que le llevo a mis padres cada tres meses; también había colocado en los sillones traseros una caja con bolsas de agua pura, la cafetera, e incluso las dos magdalenas que había comprado temprano.
La noche anterior también había preparado un paquete completo de pan sandwich integral con jamón, lechuga y queso; después de meditar me metí a la ducha y luego, viendo que aún estaba bastante oscuro -apenas eran las cinco de la mañana- me quedé un rato en la mesa del comedor, leyendo el libro en inglés.
Leí un par de capítulos -la extensión de los mismos es bastante corta-; Rb salió de su habitación como a las cinco y cuarto y me comentó que creía que ya me había ido; pero no, le había ofrecido que me despediría de ella antes de salir de casa.
De todos modos conversamos un momento, nos despedimos y retornó a su cama; yo completé el capítulo que tenía a medias, tomé los sandwiches y la mochila que tiene aislante térmico -en la que llevaba la sandía que me había regalado mi ahijada y algunos bananos-.
Inicié la conducción hacia el puerto -cien kilómetros- a las cinco y media; el señor de la garita estaba ya en sus funciones y salió a abrir el portón de la calle; aún estaba oscuro pero ya empezaba a adivinarse cierta claridad en el cielo.
El viaje estuvo -en general- bastante tranquilo: a diferencia de la última vez, la sección más dañada del camino se redujo de unos diez kilómetros a menos de uno; y la van -era la primera vez que la llevaba- respondió bastante bien.
Un poco antes de las siete de la mañana estaba entrando en la colonia -cercada- en la que viven mis padres; encontré a mi madre regando la calle frente a su casa y escuché que le avisaba a mi padre que ya había llegado; salieron ambos a recibirme y bajé los paquetes que llevaba.
Luego preparé una jarrilla de café y abrí la magdalena de naranja que llevaba; desayunamos eso con los sandwiches que había preparado la noche anterior; mientras comíamos nos pusimos al día de los últimos tres meses.
Después les pedí que me enseñaran cómo han ido avanzando en la construcción del último proyecto en el que han estado trabajando durante varios años: es una pequeña estructura en la que planean tener una 'casa de oración' en el primer nivel, mientras utilizan el segundo como lugar de habitación.
También entré a ver la construcción que hice la década pasada en el lote que me cedieron; la cual dejé completamente a medias: la verdad no me dió confianza la situación de las escrituras de los terrenos.
Pero le indiqué a mi madre que podían continuar con la construcción y alquilar el lugar; a las nueve le envié un mensaje al primo que se quebró la mano la semana anterior -y con quien he estado con una comunicación más estrecha-.
Se ofreció a llegar -y lo hizo- para saludar; teníamos más de diez años sin vernos y ha cambiado bastante: cuando lo conocí estaba en el primer grado del nivel básico; ahora tiene casi treinta años; ha aumentado de peso y ha sufrido varias fracturas conduciendo motocicletas.
Le serví a mi primo lo último que había quedado del café y mi madre lo convidó a la magdalena y algunos sandwiches; luego me pidió que preparar un poco más de café; con lo que le puse otro litro de agua pura a la percoladora y le serví -un poco después- una taza de café bastante aguado -no le agregué más café molido-.
A las diez nos dirigimos con mi madre a la casa de la señora con la que más se han relacionado durante las dos décadas que tienen viviendo en el lugar -a ella le compraron varios lotes y también es quien gestiona la compra de los pescados-; pero no estaba.
Entonces regresamos a casa y le encargué a mi madre que le entregara -cuando la viera- la magdalena de vainilla y le comentara que habíamos ido a saludarla pero no la encontramos; a las diez y media -había puesto alarma- les indiqué a mis padres que me retiraría.
Mi madre me entregó varias libras (diez? quince?) de pescado que tenía en el congelador de una refrigeradora y los coloqué en la mochila con aislante térmico -había llevado cuatro botellas de gel congelado-; me despedí de mis padres -y mi primo- y empecé el viae de vuelta.
El cual no estuvo tan mal: a las diez y treinta y cinco le envié un mensaje a Rb, comentándole que empezaba el camino de vuelta; y a las doce y cuarto Rb me llamó para preguntarme por donde estaba -la ubicación que le envié me ubicaba en una calle dentro de la ciudad-.
Cuando recibí la llamada estaba entrando a la gasolinera en la que había llenado el tanque el día anterior -lo volví a rellenar y pagué la mitad de lo que habíamos pagado el día anterior-: al igual que el viaje anterior, la salida del puerto estuvo difícil -pero no tanto esta vez- pero la mitad final fue mucho más fluida.
Un poco más tarde estaba parqueando el auto frente a la casa de Rb; bajé las dos mochilas y la cafetera y procedimos a almacenar el pescado que nos envió mi madre -la noche anterior habíamos vaciado la mitad de la bandeja superior del congelador, previendo el envío-.
Después sacamos a caminar a los perros grandes de Rb; cuando retornamos ella se puso a cocinar las alitas dominicales y yo me esperé hasta que las volteó para preparar un par de ensaladas; consumimos también un poco de arroz que había sobrado el día anterior -revuelto con huevo- y la penúltima porción de fresco de rosa de Jamaica.
Al terminar el almuerzo lavé los trastos que aún estaban en el lavatrastos, me preparé un té de jazmín y le preparé un té de manzanilla a Rb -el té lo consumí con un tercio de una galleta, un pan tostado y una porción del pastel que estoy ahciendo los miércoles-.
A las tres de la tarde salí a lavar la van: estaba super empolvada -no la había lavado desde que la adquirimos (ya casi tres meses) y nomás había recibido el agua de las esporádicas lluvias de principios de año.
Luego me puse a realizar los pagos del primer día del mes: los treinta dólares que le deposito a Rb como aporte para los servicios -la otra mitad a medio mes- y los ciento cuarenta dólares de los servicios del apartamento de mis hijos.
Un poco más tarde estuve conversando con la compañerita que me ayudó un par de años atrás con el evento de ciberseguridad que organicé en la oficina: se había retirado de la empresa seis meses antes por una beca en la madre patria -no le gustó la beca y se retornó al país; y acaba de reingresar a la empresa-.
Y es que quería que me ayudara con una duda: ¿vale la pena obtener el certificado de Project Managemente para el que estoy estudiando?; y técnicamente sí: mi compañerita ha ganado, desde el inicio, veinticinco por ciento más de lo que yo percibo después de once años de estabilidad.
Al final de la tarde le ayudé a Rb a preparar los almuerzos del fin de semana: pelé y troceé dos libras de papas -estaban enormes- mientras ella ponía a cocer, en el wok, pollo y medio -parte de lo que adquirimos el día anterior-.
El lunes me levanté a la misma hora -siete y media-; pensando en que a partir de la siguiente semana tendré que adelantar una hora las alarmas pues empieza el cambio de horario en el Imperio del Norte y las reuniones se adelantan una hora.
Como sabía que sería un día bien diferente -por la tarde tenía el almuerzo trimestral con la supervisora local- traté de no dormirme luego de la reunión; me quedé en la cama revisando el documento que tiene -muy poca- información de la última tarea que me asignaron.
A las diez me levanté, salí de la habitación y me preparé el desayuno; tuve una pequeña reunión con el analista más brillante del equipo: quería pedir su ayuda en el análisis del documento; aunque no pude avanzar mucho -también me comentó que no iría a la reunión del día por una asignación-.
Un poco antes de las once me metí a la ducha -había planeado salir un poco después de las once de casa, pues quería llevarme el auto-; pero, a último minuto, decidí que mejor usaría Uber: me iba a reunir con mi primo del lado paterno con quien mejor me llevo.
Además había visto que la cuestión del parqueo era algo complicada: podía buscar un espacio con parquímetro y pagar dos o tres dólares -en monedas-, parquearme al lado del restaurante -no sabía cuánto cobraría el parqueo- o parquearme en otro parqueo cercano -hasta siete u ocho dólares-.
Entonces pedí un uber moto -menos de tres dólares por el viaje-; estuve siguiendo el recorrido del vehículo pues lo había pedido para la entrada de la colonia; un poco antes del tiempo estimado salí al boulevard; y el señor con la moto se presentó un poco después.
El tránsito no estaba muy pesado a esa hora -creo que hubiera llegado a buena hora al restaurante, en auto-; nomás en una parte del boulevard había un pequeño embotellamiento pues un camión con materiales de construcción se estaba estacionando.
Pero llegué al lugar con casi veinte minutos de anticipación; de hecho le pedí al señor que me dejara un poco lejos del destino final; el monto del viaje -un poco menos de cuatro dólares- fue cargado a mi tarjeta de crédito automáticamente; caminé media cuadra hasta el lugar y encontré a mi supervisora y a la compañerita que acaba de ser recontratada.
Aprovechando que no habían llegado más personas le entregué el regalo que llevaba para el bebé de mi supervisora -nace el otro mes-; y luego estuve conversando con la compañerita -me senté a su lado-.
Poco a poco fueron llegando más asistentes -no llegó el desarrollador que me apoyó en el curso de ciberseguridad (y a quien, últimamente, he tenido menos paciencia), por estar, supuesetamente, con quebrantos de salud-.
El restaurante en donde se realizó el evento era de comida griega -mi supervisora es una foodie declarada-; y la comida consistió en una pequeña entrada de humus y pan pita, una bebida natural -o podías pedir coca cola- y el plato principal era un pequeño churrasco griego -carne, camarones, longanizas, y algo más-; a pesar del tamaño estuvo bien.
En mi caso traté de tener cuidado en la alimentación pues, por alguna razón, me había levantado indispuesto del estómago -creo que tuve que ir al baño antes de realizar la meditación matutina-; acompañando al almuerzo sirvieron una ensalada comunal.
La supervisora realizó una presentación con las medidas que había previsto para la ausencia de tres meses que iniciría al final de la semana -debido a su período de pre y post parto-; al final del almuerzo -la reunión abarcaba de las doce a las tres de la tarde- uno de los desarrolladores le entregó una tarjeta comunal -y una tarjeta de regalo,creo, con doscientos dólares-.
Todos se despidieron a las tres de la tarde, yo pasé al baño y luego retorné para despedirme de la supervisora; después empecé a caminar a la oficina en donde trabaja mi primo (según google maps el tiempo de caminata era de un poco más de media hora).
Traté de no apurar tanto el paso pues no quería esperar mucho fuera de la oficina; al final llegué con menos de diez minutos de anticipación y me senté en uno de los arrietes que rodean el edificio; mi primo salió un poco después de las cuatro y diez.
Le comenté que no había llevado auto por cuestiones de tráfico -y sincronización- y le propuse que tomáramos el transmetro para ir al mismo lugar de donas en donde nos hemos reunido las últimas veces.
Estuvo de acuerdo -también me señaló a una chica que estaba cruzando la esquina opuesta y me comentó que habían estado saliendo por un tiempo-; la estación del transmetro estaba llena y nos tocó que esperar un poco para abordar la -segunda- unidad que llegó a iniciar el recorrido.
Nos apeámos en la estación más cercana a la cual debíamos dirigirnos para transbordar y allí estuvo un poco más simple la operación -aunque ya llevábamos más de una hora de viaje-; al final llegamos a la estación que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos.
Nos apeamos y caminamos al comercial que se encuentra en la calle aledaña; dentro del local de donas adquirimos un par de cafés y una 'oferta' de cuatro donas y diez micro donas (centros de donas les llaman) -pagué diez dólares- y continuamos con la conversación que traíamos desde el transmetro.
En general con mi primo hablamos de literatura -un poco de política, un poco de cine-, filosofía y temas parecidos; y -como sus padres han notado- tenemos bastante afinidad en los temas en los que nos interesamos.
Rb me llamó en un par de ocasiones -casi llegando al lugar de las donas y luego un poco más tarde- para ver cómo iba la jornada -y por la preparación del fresco de rosa de Jamaica-; un poco antes de las siete le comenté a mi primo que casi era la hora del último bus a mi colonia y nos despedimos.
Caminé hasta el estacionamiento de los busitos -había aún dos unidades- y abordé la que estaba por salir -aún tenía un par de asientos libres-; el tránsito estuvo un poco cargado -era casi el final de la hora pico- pero no hubo ningún inconveniente en el retorno a casa.
Por la noche inicié a leer el siguiente libro en español: acababa de terminar Animales difíciles y ya nomás me faltaba el último ciclo -diez capítulos- de Broken Country; también hice un poco de Duolingo -no había hecho por la mañana pero terminé el reto semanal-.
El martes me levanté mejor del estómago; por alguna razón me desperté temprano, ví la hora en el celular y aún faltaba media hora para que sonara la alarma; me quedé dormitando hasta las siete y media y, luego, me levanté a meditar.
Después de la reunión -tardó casi una hora, que aproveché para hacer algunas lecciones de Duolingo- me quedé en la cama pues se había programado otra reunión para media hora antes de la de las diez.
En esta reunión el analista más brillante presentaría los avances -ínfimos- que hemos tenido en el proyecto de automatización de tareas; en la reunón estábamos tres analistas -trató de involucrar al analista que vive en el pueblo de mi familia paterna-, mi supervisor, su jefe y mi supervisora local.
La reunión estuvo rara -retiraron (sutilmente) al otro analista de este proyecto-, el supervisor estuvo insistiendo en una forma de abordaje mientras su jefe se decantaba por otra; el analista más brillante -pero no en inglés- tuvo varios tropiezos en la explicación y en preguntas subsiguientes.
Al final la reunión se alargó tanto que no pudimos ingresar a la de las diez; un poco después el supervisor nos llamó a los cuatro analistas para comunicarnos nuevas asignaciones: al compañero más brillante y a mí nos indicó que debíamos invertir más tiempo en la automatización.
A los otros dos analistas les asignó todas las pruebas de regresión que nos hemos repartido en el pasado -o sea, ellos deben tomar los grupos de tareas que mi compañero más brillante y yo completábamos en ciclos anteriores-.
A las doce y media sacamos a caminar a los perros; la perra más pesada se niega tanto a caminar en varias ocasiones que tuve que invertir el arnés para utilizar la argolla del lado opuesto: estaba empezando a deshilarse la costura de la que usamos mucho tiempo.
Después de la caminata entré a calentar -en la estufa- la primera de las tres porciones de pollo guisado que preparamos el domingo; el almuerzo estuvo muy bueno: pollo guisado, arroz y aguacate -acompañado de refresco de rosa de Jamaica-.
Al terminar de almorzar lavé los pocos trastes que aún estaban en el lavatrastos; luego me preparé un café -que consumí con medio panito de avena y zanahoria, un tercio de una galleta chicky y un pan tostado que me sobró de la semana anterior-.
También puse en remojo algunas ramas de manzanilla para el té de Rb; últimamente me he estado tomando el café (o té) de la tarde (acompañado de alguna bollería) antes de las dos de la tarde, para continuar con mi práctica de ayuno intermitente.
Después del horario laboral caminamos hasta los supermercados en dirección Sur; en el más alejado compré un bote de café instantáneo -el que estaba usando estaba por agotarse (luego de tres meses)- también compré algunas gelatinas light (mi hijo había elegido este postre para nuestro próximo almuerzo y no tenía de sabor chicle).
Además compré una latita de champiñones -chinos- para el desayuno que esperaba preparar el domingo siguiente -se suponía que mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad (y que hace Uber) vendría a las ocho); en el otro supermercado compramos un poco de bananos.
Por la noche estuve viendo uno de los capítulos de la cuarta temporada de Robots Love + Death; también, aprovechando que Rb le pediría un arnés (para la perra más pesada) a su amiga que vive en el Imperio del Norte (viene a mediados de abril para la celebración del segundo año de su hijo), pagué veinticuatro dólares por un par de tenis LA Gear negros.
El miércoles estuvo un poco diferente la jornada; empezó con meditación, seguido por la reunión diaria -en la que nomás entramos mi supervisor y yo de nuestra área-; luego, antes de la reunión de las diez tuve una llamada con el analista más brillante.
Básicamente quería repartir algunas tareas del nuevo proyecto de automatización; también entró el otro analista a la llamada, pero como el supervisor había indicado que nomás dos trabajáramos en esta tarea, su participación quedó en pausa.
El resto del día me la pasé tratando de entender el código: es playwright (javascript y typescript) y el nivel de complejidad es bastante alto; primero ni siquiera podía correrlo; luego, después de un par de preguntas al analista logré que funcionara.
Pero no pude iniciar con el trabajo real: debo escribir ocho casos de prueba y lograr que se ejecuten de forma automática; paralelamente estuve viendo algunos videos del certificado de CAPM que quiero obtener este año (creo que ya van más de veinte videos, de un total de veintinueve).
Al mediodía almorzamos la segunda (de tres) porción del pollo guisado que preparamos para la semana; por la tarde traté de avanzar en el trabajo pero no pude; casi al final del horario laboral le indiqué al analista que estaría de vacaciones al día siguiente, pero que lo llamaría por la mañana del viernes por ayuda con el código.
Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección norte; yo quería ver si había café molido en la tienda verde de descuentos; pero no encontré allí; compré, eso sí, una bolsa de frijoles volteados, para el desayuno del domingo.
En el otro supermercado compré una bolsa de café molido, además
Por la noche terminé de leer Broken Country; y la verdad no me gustó el final; pero bueno, la razón es mejorar mi nivel de inglés; también ví el segundo capítulo de la cuarta temporada de Robots Love + Death.
El jueves era mi primera día de vacaciones del mes; originalmente -un par de semanas atrás- Rb me había pedido que la acompañara a una tostaduría de café: quería procesar los granos que ha tenido almacenados por varios años -no sé si funcionará-.
Pero un par de días antes me había comentado que no quería ir a la tostaduría; entonces le propuse que fuéramos al parque de atracciones más grande de la ciudad; el año anterior habíamos ido en una fecha muy inconveniente: había decenas de instituciones educativas en el lugar.
De hecho había tanta gente que las colas eran demasiado extensas; por lo que ni siquiera nos quedamos a almorzar en el lugar; retornamos bastante rápido a casa; esperábamos que la fecha fuera más propicia.
Me levanté a las siete y media, medité y me puse a hacer algunos ejercicios de Duolingo -nomás tres lecciones porque el segundo reto diario (el que da quince minutos de puntos dobles) era completar cuatro lecciones-; después salí de la habitación.
Rb ya había empacado todo; incluyendo las ensaladas que había dejado a medias la noche anterior (no había querido partir la manzana verde y el aguacate por la oxidación); entonces sacó los herméticos y completé las dos ensaladas.
Metí mi Scrabble y el Rumikub de Rb en mi mochila, y me aseguré de llevar varios cubos de Rubik; Rb había planeado desayunar en el auto, en el viaje al parque de atracciones; entonces decidí que yo desayunaría en el lugar; puse la avena por tres minutos en el microondas y empaqué mi gelatina, un banano y un poco de papaya.
Cargamos las dos mochilas (la que tiene aislante térmico y la mía) en la van e iniciamos el trayecto hasta el parque; el tránsito no estuvo tan mal: en el boulevar encontramos el embotellamiento de costumbre en la parte final (como el veinte por ciento del recorrido).
En la ciudad encontramos un poco de tráfico: había un camión detenido justo en el entronque de una de las rutas principales -y otro automóvil detenido en la entrada del periférico); pero llegamos al parque antes de las diez.
Nos llamó la atención que no había muchos automóviles en la calle en donde se encuentra el parqueo; y de hecho Rb notó que el segundo parqueo -en donde usualmente nos estacionamos- estaba cerrado; el primero nunca lo habíamos visto abierto.
Entramos al lugar -después de pagar tres dólares de parqueo-, estacioné la van y pasamos para el control de entrada al parque; el parqueo estaba tan vacío que me quedé casi en la entrada al mismo.
Y adentro también había muy poca gente -contrariamente a la última vez-; de hecho Rb tuvo que esperar un poco para subirse a la primera atracción -una mini montaña rusa-; pero pudo subirse tres veces de forma consecutiva.
Luego hizo lo mismo en la atracción más intensa -el rascacielos-; y de hecho, en este juego mecánico ni siquiera tuvo que esperar: al parecer no hay un mínimo de ocupantes para que funcione; me parece que las dos primeras veces fue la única en el mismo.
Después le propuse que jugáramos una partida de Rumikub -la cual gané- y, después, una de Scrabble -llevamos punteo pero no contabilizamos el resultado final-; ya pasaba del mediodía cuando nos dirigimos a la Rueda de Chicago en la que me subo con mis chicos.
Para terminar nos subimos a un pequeño tren que recorre una amplia área del parque; después nos dirigimos al área de mesas y almorzamos: ensalada y pollo con miel; además de una bolsa de snack -acompañado todo con fresco de rosa de Jamaica-.
Luego del almuerzo decidimos retornar a casa -ya era casi la una y media de la tarde-, por lo que nos dirigimos a la salida del parque y luego al automóvil -incluso pude recorrer en diagonal casi todo el lugar, por lo vacío-.
El tránsito estuvo un poco pesado a la altura de la Universidad, pero el resto del amino no nos dió muchos contratiempos; al final llegamos a la casa a las dos y veinte; le pusimos arneses a los perros grandes y los sacamos a caminar.
Después de la caminata Rb le dió de comer a sus perros y yo me metí a la cocina a lavar los trastos que habíamos utilizado en el almuerzo -y el desayuno-; el resto de la tarde me la pasé leyendo algunos artículos de Wikipedia.
Aunque me sentía cansado; de hecho en algún momento me parece que cerré los ojos y dormite un poco; pero fui interrumpido por Rb: quería mi ayuda para completar un par de pruebas de un sitio en el que espera trabajar algunas horas este mes.
A las cinco le propuse a Rb que saliéramos a caminar; originalmente había pensado nomás ir a la panadería de la vuelta; pero le propuse que camináramos hasta la panadería que se encuentra en el extremo sur del boulevard.
La tarde estaba bastante fresca y el paseo fue agradable; compré algo de pan -aunque decidí no repetir pues el pan francés estaba otra vez aún caliente (lo que dificulta su manipulación)-; luego retornamos a casa.
Por la noche estuve trabajando un poco: quería prepararme para la reunión del día siguiente con mi compañero más brillante; espero realmente poder avanzar en el proyecto al cual me agregó; esto me daría un poco más de tranquilidad en el trabajo -y en lo que venga después-.
El viernes me reuní con mi compañero -el genio del coding-; me levanté a las siete y media -pensando que el lunes debo adelantar una hora el inicio de actividades-, medité y entré a la reunión de las ocho; a medias de la reunión recibí un mensaje de mi compañero para que hicieramos la reunión a las nueve.
Agregué la reunión al horario del día; después de la reunión de las ocho me quedé en la cama, haciendo algunas lecciones de Duolingo -estaba ya en la recta final de terminar (nuevamente) el árbol de ajedrez-.
A las nueve me reuní con mi compañero; fue básicamente una serie de excusas de por qué no había podido avanzar: aún no tenía clara la forma de abordar la escritura del código -aunque le mostré los tres casos de prueba que había escrito la noche anterior-.
El compañero fue bastante comprensivo -aunque su nivel de conocimiento es demasiado alto- y me explicó -de forma algo somera- la forma en la que había estructurado el proyecto y la forma en la que -según él- debía proceder.
Entendí un poco más y me comprometí a entregar algo más sólido el siguiente lunes; luego no trabajé en la tarea: o sea sí, me estuve casi todo el día investigando algunas formas de abordar la escritura del código -apoyado por dos o tres LLMs-, aunque no quise compartir ningún código por esa vía.
Como el día anterior habíamos ido con Rb al parque temático más grande de la ciudad este día Rb acudió al supermercado en el centro histórico; cuando regresó me comentó que había comprado una botella de cloro con aplicador para la losa del sanitario.
Al mediodía almorzamos la última porción -de tres- del pollo que habíamos preparado el domingo -Rb había la había hervido el día anterior, pues ya tenía varios días en la refrigeradora-.
Después del horario laboral -a las cinco de la tarde- caminamos hacia los supermercados en dirección Sur; en el más alejado compré una pechuga de pollo -casi una libra- y dos paquetitos de crema; en el otro supermercado compramos un poco de bananos y, además, medio litro de leche, para seguir probando la receta del pastel.
Antes de entrar a la calle donde vivimos pasamos a la tienda de las verduras: tenía que comprar varios ingredientes para el desayuno del domingo -había invitado (después de más de seis meses) a mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad-.
Por la noche preparé los dos rollos de pollo para el Cordon Bleu que planeaba llevar al día siguiente para el almuerzo con mi hija mayor; también quería llevar una gelatina, pero olvidé prepararla, hasta casi las diez de la noche; la metí en agua fría antes de colocarla en la refrigeradora.
El sábado me levanté a las seis y media; decidí empezar a levantarme una hora antes ya que el lunes siguiente empezaba el cambio de horario en el Imperio del Norte y todas las reuniones se realizan una hora antes.
Después de meditar me quedé en la cama -casi cuarenta y cinco minutos- haciendo lecciones de Duolingo; después leí un poco del libro de Product Management que empecé a leer la semana anterior.
Salí de mi habitación un poco antes de las nueve y preparé mi desayuno de los fines de semana; Rb me había pedido que camináramos pues yo saldría toda la tarde; entonces nos dirigimos a los supermercados en dirección sur.
No íbamos a comprar nada pero se me ocurrió que podía proveerme de un poco de aceite vegetal; lo que adquirí en el supermercado más lejano; y no entramos al otro supermercado, nomás caminamos de vuelta a casa.
Antes de salir había dejado preparadas las dos ensaladas que planeaba llevar al almuerzo con mi hija mayor; cuando regresamos del supermercado -casi a las once- me puse a preparar el cordon bleu: saqué los rollos de la refrigeradora, los rocié con un poco de harina de arroz, luego los pasé por un huevo batido y, finalmente, los cubrí con un poco de avena en hojuelas.
Los doré por dos lados y luego los cociné a fuego lento por quince minutos de cada lado (dos); después de apagar el fuego -y poner los dos rollitos en papel absorbente- sacamos a caminar a los perros más grandes.
Cuando regresamos me metí a la ducha; luego me vestí, empaqué el Scrabble en la mochila negra, y la comida -incluyendo un par de latas de Seven Up light- en la mochila con aislante térmico; me despedí de Rb y salí a arrancar la van.
Salí de casa un poco antes del mediodía; pero el boulevard estaba atestado: apenas a media cuadra empezaba la cola -de más de quince calles-; me tardé casi media hora en llegar al boulevard principal y allí la cosa no estaba mucho mejor.
Pero en el ingreso a la ciudad se liberó bastante el tránsito; de hecho llegué a la casa de mis hijos veinte minutos antes de la hora acordada -la una de la tarde-; le escribí a mi hija mayor mientras iba subiendo las gradas pero la encontré cuando entré al departamento.
Mi hija ha estado tomando cursos en la facultad de medicina -y, al parecer el stress ha hecho que vuelva a autoagredirse (ví señales de quemadura de cigarros en sus antebrazos)- y me había pedido ayuda con un par de problemas de física -el curso más difícil del primer año-.
Le invité a caminar hasta el parque temático, almorzar, y luego ver la parte académica; estuvo de acuerdo y caminamos las ocho cuadras que separan ambos lugares; luego de entrar nos dirigimos al área techada en donde usualmente almorzamos.
Dimos buena cuenta del almuerzo y luego estuvimos armando (mi) cubo de seis por seis; después jugamos una buena partida de Scrabble; para terminar la jornada en el lugar la invité a subirnos a la rueda de Chicago de costumbre.
Después de la rueda de Chicago decidimos retirarnos del lugar e iniciarmos a caminar de vuelta al departamento; retornamos un poco después de las cuatro y media y estuvimos resolviendo un par de problemas de física -de fluídos, de lo que ya no me recordaba (pero usamos ChatGPT par comprender el problema <y su solución>)-.
Habíamos acordado terminar la reunión a las cinco y media pero mi hija me había pedido que la pasara a dejar a un comercio cerca de la Universidad -en donde había visto algunos pantalones en oferta-, por lo que abordamos el automóvil y pasé a dejarla al lugar.
El resto del viaje transcurrió sin incidentes -excepto la cola que se forma para entrar al municipio- y u poco después de las seis de la tarde estaba estacionándome frente a la casa de Rb; pero, como uno de los vecinos estaba haciendo una fiesta, alguien había ocupado el lugar por lo que me tuve que parquear en el lado opuesto de la calle.
Pero un poco más tarde Rb me comentó que ya habían liberado el lugar y salió a mover la van al lugar de costumbre; lastimosamente la noche no había terminado y un par de automóviles - de la fiesta - se estacionaron muy cerca de la casa con música a alto volúmen.
Creímos que la bulla se extendería hasta la madrugada pero, afortunadamente, un poco después de las once -luego de que la fiesta terminara- varios de los adultos retornaron a los automóviles y se retiraron de la calle.
La gente...
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