Para tratar de volver al patrón que seguía en los últimos tres o cuatro años -leer libros de líneas diferentes en paralelo para leer no solo lo que me gusta sino también lo que debo (o necesito)- decidí retomar la línea de Tecnología/Profesional, para agregarla a Ficción en inglés y literatura en español.
Entonces bajé este libro: está escrito por un autor estadounidense y trata de los aspectos -que el encuentra- más importantes para un Product Owner -o Product Manager, como él lo llama-; y ha estado interesante porque vuelvo a repasar los conceptos que aprendí hace un par de años cuando obtuve el certificado -de lo primero-.
Y como no sabía mucho sobre el autor justo ahorita me puse a leer un poco sobre su background y encontré algunas opiniones -en Reddit- bastante lapidarias sobre su filosofía -ya me había parecido raro lo de mercenarios a misioneros o la repetición de que es una tarea sacrificada-.
Y no sé... estoy reconsiderando la continuación del libro -creo que lo llevo como a la cuarta parte- o leer algo de Melissa Perri, que es una autora canadiense que aborda el mismo tema y -al parecer- tiene ideas un poco menos extremas.
Y a ver cómo va eso...
El viernes me levanté en mi horario normal, a pesar de que era mi segundo día de vacaciones del mes; quería hacer algunas lecciones de Duolingo y escribir un poco de código antes de dirigirme a la actividad de voluntariado por la tarde.
Y es que nos habían convocado -desde hace varios meses- a participar en la preparación del espacio para la actividad principal del día siguiente: el horario era de tres a siete de la tarde y, por la lejanía del lugar, había decidido salir de casa a las dos.
La mayor parte de la mañana la dediqué a avanzar un poco en el código; aunque fue muy poco lo que pude avanzar; de las tres tareas pendientes -aunque creo que, en realidad, van a ser doce las tareas totales- me quedé estancado con la finalización del proceso.
A media mañana me preparé el desayuno de los viernes; y, aunque no tomé avena, lo acompañé con una porción del pastel que preparé el miércoles, un banano, un poco de papaya e, incluso, un poco del enorme mango que Rb me había comprado un par de días antes.
Al mediodía preparamos el primero de los pescados que mis padres enviaron el primer domingo del mes; acompañado de una gran ensalada; y seguimos con la rosa de Jamaica; un poco antes de las dos me metí a la ducha, metí mi computadora personal a la mochila y me dirigí a la 'Universidad'.
El camino no estuvo tan mal: llegué al lugar unos veinte minutos antes de la hora a la que habían convocado; me estacioné y ví a un par de jóvenes voluntarios, por lo que los seguí al interior de la iglesia/universidad; aunque bromeé con la chica pues se aproximó bastante a su pareja cuando vió que iba a alcanzarlos.
La primera parte de la tarde fue bastante irrelevante: un organismo del gobierno que promueve la educación STEAM envió a su director a dar una conferencia sobre las oportunidades del sector público -becas y así- para atraer talento.
Fueron casi dos horas de esto y el salón estaba bastante lleno; yo aproveché para jugar algunas partidas de ajedrez -y acercarme un poco a los siete jóvenes a los que tendría que apoyar al día siguiente-.
A las cinco de la tarde bajamos a las 'aulas' de la universidad a reconocer los salones en donde se desarrollarían las competencias en las que los jóvenes de colegios de muy alto nivel (y uno de Sur América) tendrían ocho minutos para presentar los retos recibidos.
Y tampoco fue tanta la actividad: marcamos el área en el que la acción debía realizarse al día siguiente y traté de aclarar algunas dudas de los evaluadores; aunque yo mismo tenía muchas dudas aún por lo que traté de apoyarme en un voluntario que -supuestamente- había sido parte de la actividad en años anteriores, primero como concursante y luego como juez.
A las siete de la noche concluímos la actividad -habíamos tenido un coffee break un poco antes de las cinco de la tarde- e inicié el camino de retorno a casa; a pesar de la hora y el día, no encontré mucho tráfico en las vías por lo que un poco antes de las ocho estaba estacionándo el auto frente a la casa de Rb.
Por la noche empecé a ver una película de acción que encontré revisando un artículo sobre estrenos de este tipo de filmes; también estuve conversando con mi hija mayor: durante la tarde le había enviado una fotografía para mostrarle cómo se había descocido la mochila que acababa de comprar -por meterle la computadora, me imagino-.
Mi hija, amablemente, se había ofrecido a ayudarme, repasando las costuras que se habían abierto; también me estuvo contando -por la noche- los resultados -mixtos- obtenidos en sus primeros exámenes bimestrales en la facultad de medicina.
El sábado me levanté a las cinco y quince; como la actividad empezaba a las siete de la mañana había decidido salir de casa un poco después de las seis; pero me desperté antes de las cinco: no sé si fue el ruido de algunos autos o un perro que -en la lejanía- no paraba de ladrar.
Cuando la alarma sonó me levanté a meditar; luego me metí a la ducha, me puse la playera, del voluntariado, que nos habían entregado el día anterior y tomé la mochila que Rb me había prestado mientras la mía es reparada.
Pero como aún no eran las seis me quedé leyendo unos minutos en mi habitación; avancé algunas secciones del libro Inspired y, un poco después de las seis, me preparé para salir; Rb salió en ese momento pues creyó que me había ido sin despedirme.
Antes de salir me percaté que no tenía las llaves del automóvil y busqué en los dos lugares en los que generalmente las encuentro: una taza con lápiceros, que mantenemos en la mesa del comedor, y una taza con monedas que mantengo en la estantería de la ropa, en mi habitación.
Y no estaba en ninguno de esos dos lugares; ni a la vista; me invadió el pánico pues creí que las había dejado dentro del automóvil; Rb se preparó para salir a ver qué podíamos hacer, pero antes de eso hurgué dentro de los que había metido en la mochila la noche anterior.
Afortunadamente estaban entre los cubos de Rubik que he estado cargando en la mochila durante los últimos meses; me despedí de Rb e inicié el trayecto hacia la universidad; por lo temprano -y por ser sábado- el tráfico era mínimo.
Llegué al lugar a las seis y media; y de hecho cuando llegué encontré a un auto esperando a que abrieran el portón del lugar; pero no tuve que detenerme porque justo en ese momento un guardia salió a franquear el acceso.
Me estacioné en la parte posterior del edificio que alberga la iglesia/universidad y me dirigí al salón en donde tendría que permanecer la mayor parte del día -se suponía que el evento era de siete de la mañana a tres de la tarde-.
Y todo estaba en tinieblas; de hecho tuve que encender la luz del celular para iluminar los pasillos -todas las aulas están en el sótano del edificio-; a las seis y media envié un mensaje al grupo, avisando que ya estaba en el lugar, pero que todo estaba apagado.
El resto de mi equipo empezo a llegar paulatinamente; como aún me habían sobrado algunos dulces de las bolsas que había comprado para el convivio del trabajo en Diciembre repartí los últimos cinco entre los primeros que llegaron al aula.
Nuestra primera presentación -eran siete equipos de estudiantes los que teníamos que evaluar al final- era a las nueve y cuarto; subimos a desayunar -una organización deplorable: básicamente había pan, jamón y queso para preparar emparedados, bananos, manzanas y jugo de naranja- a las ocho.
La inauguración del evento era a las nueve -creo- pero preferimos quedarnos en el aula para esperar al primer grupo; en total eran tres colegios los que enviaron equipos de estudiantes: el colegio en el que se graduó mi hija mediana, otro colegio de la ciudad y un colegio del departamento más grande del país.
Los siete equipos estaban programados para participar antes de las doce y cuarenta -aunque dos de los mismos no habían llenado todos los requisitos para realizar la presentación-; también había programado un break -dos realmente- a lo largo de la mañana.
Los primeros tres equipos presentaron sin ningún cotratiempo -el primero y el tercero con muchos papás presenciando y el segundo (del colegio donde se graduó mi hija segunda) presentando nomás dos de las cuatro estudiantes y nomás dos maestros como audiencia-.
El break fue una visita de un grupo de voluntarios de los scouts que pasaron repartiendo botellitas de agua gaseosa y bolsas de snacks -la verdad muy precario-; luego otros dos equipos realizaron sus presentaciones; aunque aquí sí hubo un incidente.
Entre los papás del cuarto grupo -del ex colegio de mi hija- llevaba una botella de vidrio y, en el movimiento de los escritorios cayó al suelo y se hizo añicos; algunas mamás nos ayudaron limpiando, pero el piso quedó con muy mala presentación.
Después presentó un equipo del departamento más grande del país; luego hubo otro break -aunque yo no lo había notado en el horario- y volvieron a pasar los jóvenes repartiendo gaseosas y snacks.
Los últimos dos equipos (uno del otro colegio de la ciudad y uno del colegio del departamento) realizaron sus presentaciones sin ninguna novedad; el inconveniente fue que las calificaciones que habían presentado mi appraisers eran incongruentes.
Antes de que se realizara el evento les había comentado que si se daba este aso nos iban a cuestionar: en la -poca- capacitación había comprendido que si había desviaciones muy notorias de alguna calificación alguien tenía que revisarla.
Entonces les había recomendado a los appraisers de mi equipo que buscaran un consenso a la hora de realizar la calificación -cuatro de mis apraisers eran estudiantes de años intermedios de la carrera de ingeniería- y uno era un ex participante de estos eventos-.
Un poco antes de que terminaran las presentaciones uno de los administradores del evento -mi ex compañero de trabajo- me había comentado que había incongruencias con algunas calificaciones; le hablé a la persona que nos había dado acceso al sistema y llegó al aula después de las presentaciones.
El grupo se reunió y el de sistemas les explicó las desviaciones más problemáticas; entonces les habilitó el acceso al formulario que habían llenado antes y se dedicaron a enmendar la situación; entonces nos fuimos a almorzar.
Lo que también estuvo muy desorganizado: cuando llegamos ya había un grupo repartiéndose los menús de Subway que se encontraban en uno de los muebles de la cocina; mi equipo procedió a servirse y almorzamos.
Pero cuando estabamos por terminar se apareció uno de los organizadores y nos comentó que debía de haberse llevado un control de los almuerzos -un par de días antes habían notificado de las opciones: Subway o tortillas con carne, yo había preferido lo primero-.
Entonces empezaron a organizar el reparto de la comida; pero mi equipo ya había concluido, por lo que retornamos al aula para realizar la limpieza y reorganización de la misma: la idea era dejarla en las mismas condiciones en que la habíamos encontrado.
Después llevé la caja ,con los -pocos- materiales que habíamos, utilizado a mi auto: temí que se podía perder en todo el movimiento; luego retorné al edificio y estuve un rato observando el espectáculo de un animador que habían contratado para el cierre.
Un poco después me encontré con la organizadora -esposa de mi ex compañero de trabajo- y me comentó que debíamos estar atentos para subir al estrado para la premiación de los equipos ganadores de nuestra área.
Tres de mis appraisers ya se habían retirado, el que no era estudiante y dos que sí lo eran -estos últimos aduciendo compromisos estudiantiles-; encontré a un par de los que sí permanecieron y los ví reunirse con un grupo grande de evaluadores.
La ceremonia de premiación terminó -¿cómo no?- bastante desorganizada: incluso se detuvo a la mitad porque no se habían recibido todos los resultados; al final la entrega de las medallas y trofeos a los dos equipos ganadores fue la última.
Y ni siquiera le dieron tiempo a mis evaluadores para subir al escenario: el equipo anterior permaneció en el área y ellos entregaron los dos trofeos y una buena cantidad de medallas (uno de los ganadores fue un equipo del departamento).
Como ya eran las tres menos cuarto aproveché el encuentro con mi ex compañero de trabajo y le agradecí por la invitación al voluntariado, asegurándole que queria participar nuevamente al año siguiente.
Mi ex compañero -retornó a trabajar en la empresa a finales del año pasado, pero en otro departamento- me pidió que nos tomáramos una foto con otros dos voluntarios de la misma compañía: su jefa (una PMP), su sobrino (que manejó el acceso al sistema), él y yo.
Luego de la foto nos despedimos, avisé a Rb que empezaba mi retorno y me dirigí al auto; como al mediodía había conseguido el sello del ticket de parque no tuve ningún contratiempo para salir del mismo.
El tránsito estaba bastante fluído -aunque encontré un accidente cubriendo el carril central antes de salir del área de las zonas más afluentes de la ciudad- y veinte minutos más tarde estaba avisándole a Rb que estaba por entrar al municipio -aunque, aquí si, en el semáforo, el embotellamiento estaba bastante fuerte.
Pero el atraso fue únicamente en este lugar, por lo que, antes de las tres y media, ya estaba estacionando la van frente a la casa de Rb; yo había supuesto que nomás entraba y nos iríamos a caminar, pero ella aún estaba ocupada con la preparación de sus gelatinas.
Por lo que decidí aprovechar el tiempo y preparar mis propias gelatinas para la semana -de limón-; después salimos a caminar hacia los supermercados en dirección Norte; pero alargamos el trayecto otro medio kilómetro.
De regreso pasamos al supermercado a comprar pollo y algunos bananos; después retornamos a casa; yo quería avanzar un poco en la asignación del trabajo -la verdad quería presentar las tres tareas en las que estaba trabajando antes del lunes-, pero, después de un rato de estar revisando el código, ya no pude conectarme al servidor remoto.
Entonces acompañé a Rb en su habitación, mientra veía alguna de sus series online; aunque, cuando empecé a hacer Duolingo (y por el sonido de la computadora) me retiré un rato a mi habitación (en donde, claro, estuve dormitando un rato).
Antes de las nueve retorné a la habitación de Rb y traté de leer un poco, escribir un poco, o ver alguna serie -ví una parte de War Machine-; pero me sentía bastante agotado, incluso se lo comenté a Rb, quien me sugirió que me durmiera más temprano.
A las diez Rb realizó su devocional diario y yo medité durante veinticuatro minutos, aunque -y me ha pasado ya en un par de ocasiones- interrumpí la meditación veinte o treinta segundos antes de que sonara la campana.
Después de meditar estuve aún un rato en la habitación de Rb, preparando este texto; un poco antes de las once cerré la computadora, me lavé los dientes, le dí las buenas noche a Rb, y dí po concluida mi jornada del sábado.
El domingo había decidido levantarme a las seis y media -la alarma que tengo programada para todos los días-; me desperté a esa hora pero no tuve ánimos de levantarme; continué en la cama otro rato.
Y de hecho estuve soñando algunas cosas bien raras: no tengo claro si en el sueño estaba con Rb o con la mamá de mis hijos; pero era una situación bastante cotidiana, con la variación de que nos robaban una camionetilla -muy parecida a la van que usamos ahora, pero con algunas diferencias bien oníricas-.
A las siete y cuarto abrí nuevamente los ojos, ví la hora en el celular y me levanté a meditar; después jalé la computadora del trabajo pues quería ver si podía adelantar algo del trabajo; pero el acceso al server seguía restringido.
Entonces continué en la cama, revisando mis correos, y viendo algunos videos de Youtube; un poco después de las ocho salí de la habitación; me recordé que Rb iba a ir a la iglesia -aunque me había comentado que quería irse en transporte público-.
Pero yo me había ofrecido a acompañarla a la parada del busito; esperé a que desayunara y luego salimos hacia el boulevard; el bus se tardó un poco en pasar -el horario es bien irregular- pero antes de las diez pudo abordar una unidad.
Retorné a casa y me metí a la máquina del trabajo a ver si ya tenía acceso al servidor remoto; pero la máquina seguía bloqueada, por lo que nomás me pasé un par de horas viendo videos de Youtube -y leyendo algún artículo en la computadora-.
Al mediodía Rb me llamó para que fuera por ella; confirmé que nos encontraríamos en el supermercado que está cerca de su iglesia y conduje la van hacia el lugar; pero ya llegando al lugar se me olvidó el destino y me tocó que retornar por el carril contrario del boulevard principal, para entrar al centro comercial.
Encontré a Rb en el supermercado del lugar; ya había elegido una red de aguacates -nomás nos quedaba uno de la seman aanterior- y estaba por pagar en la bahía de autocajas del lugar; después retornamos al automóvil y conduje a casa.
Cuando retornamos a casa sacamos a caminar a los perros más grandes; después salí a la tienda de la vuelta: Rb me había encargado la compra de una zanahoria mientras ella estaba en la iglesia, pero lo había olvidado.
Almorzamos las alitas de pollo dominicales con una gran ensalada; después lavé los trastes del almuerzo y estuve leyendo un poco; a las tres menos diez me dirigí a la casa del voluntario que vive en la colonia donde mis hijos crecieron.
No había mucho tránsito por lo que llegué con unos pocos minutos de atraso; toqué el portón y escuché que mi amigo avisaba que bajaría en un momento; subió a la van y nos dirigimos a la cafetería de costumbre.
En el lugar compramos un par de cappuchinos grandes y un par de porciones de pastel Selva Negra -la cuenta, pagada por mi amigo fue de casi ocho dólares-; y nos estuvimos en el lugar hasta después de las cinco de la tarde, entre refacción y conversación.
Le comenté los pormenores del suceso por lo que había cancelado mi visita el mes anterior -la muerte del sobrino nieto de Rb-; además estuvimos conversando sobre las dificultades personales de superar cierto tipo de pérdidas.
También jugamos una partida de ajedrez; bastante extensa, pero en esta ocasión si la dí por concluída, proporcionándole un jaque mate bastante sencillo -se quedó tempranamente sin una de las torres-.
Cerca de las cinco y media le comenté a mi amigo que debía retornar a casa, pasamos a caja a que me sellaran el ticket del estacionamiento -mi amigo también depositó en el buzón un ticket para una rifa del lugar (lo entregaron al pagar la cuenta)-.
Pasé a dejar a mi amigo a su casa y conduje hasta la casa de Rb; el tránsito estaba bastante tranquilo -aunque últimamente se ha puesto pesado justo en la entrada del municiío-; por la noche estuve leyendo un poco de un libro infantil de francés.
El lunes me levanté a las seis y media; medité y entré a la reunión de las siete de la mañana; luego continué en la cama, aunque aún no podía ingresar a la máquina remota; a las ocho mi compañero me escribió para avisarme que aun estaba trabajando en cierta parte del código.
Yo le comenté lo que me había pasado el fin de semana -que no había podido conectarme con la máquina remota- y que estaría trabajando todo el día en el código; esperando enviarlo al final del día.
Y eso hice: me pasé todo el día -hasta las cuatro de la tarde- trabajando en los dos métodos pendientes para las últimas tareas que tenía asignadas; nomás me levanté para sacar a caminar a los perros, y luego para ayudar con el almuerzo: pollo con hongos y caldo de pollo con arroz.
A las cuatro de la tarde le propuse a Rb caminar hasta los supermercados en dirección Sur; aunque, realmente, caminamos hasta el extremo del boulevard; luego pasamos al supermercado que queda a medio trayecto.
En el lugar compramos un poco de mollejas para el caldo del resto de la semana -lo que habíamos reservado se había acabado-; además compré una botella de jugo de mango, para el almuerzo de la próxima semana con mi hija mediana -y dos latas de 7up light, para los almuerzos con mi hija mayor-.
Por la noche ví el penúltimo capítulo de la serie Love Death + Robots, además empecé a ver una película de ciencia ficción: Good Luck, Have Fun, Dont Die; aunque creo que lo había empezado a ver la noche anterior, y no pude avanzar mucho el lunes por la noche -debido a inestabilidad de la conexión de internet-.
Y a ver cómo sigue eso.
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