domingo, 1 de marzo de 2026

Animales Difíciles -y ahora sí CAPM-... Difficult Animals -and now, CAPM-... Animaux difficiles -et maintenant, CAPM-...

Hace quince o dieciséis años saqué de una biblioteca del CCE -en su antigua sede- un libro cuyo título llamó mi atención: La hija del canibal; y, curiosamente, el título se justificaba en el texto: era la narración en primera persona de una señora cuyo padre había tenido que alimentarse del cadáver de su amigo, en un suceso ambientado en la guerra civil española.

Recuerdo que el libro me gustó: la historia era algo así como que el esposo la había abandonado -algo de lavado de dinero, recuerdo- y ella tenía que andar investigando, ayudada por un joven -con la que terminan siendo amantes, creo- y un viejo ex combatiente del bando republicano.

Y luego no leí nada de la misma autora, por mucho tiempo; hasta hace dos o tres años que llegó a mis manos -digitales- La ridícula idea de no volver a verte; y es de estos libros -creo- que se han vuelto comunes en el antiguo imperio.

O es la impresión que me han dado varios libros: muy muy apegados a la historia personal del autor; varios de ellos muy ligados a sucesos autobiográficos muy evidentes; en este caso la autora habla sobre la pérdida de su esposo -y los ajustes en su vida-.

Y lo hace tomando de fondo la historia de Marie Curie; sus dificultades creciendo en lo que fue -y volvería a ser- Polonia; las relaciones con su familia y su primer fracaso romántico; su hermana, su esposo, su carrera, sus hijas, etc.

El libro me gustó bastante; pero no planeaba continuar con la lectura de la autora -trato de no sobrepasar los cinco libros por autor-; hasta que encontré el libro con el que inicia el título de este texto.

Que sería el cuarto libro de una saga -originalmente una trilogía- de ciencia ficción que -creo- se desarrolla en el universo de Blade Runner; o al menos, los primeros libros tienen títulos alegóricos a la película, empezando con Lágrimas en la lluvia.

Empecé a leerlo la semana pasada y ha estado bien: la línea de toda la saga es una replicante -o rep- y en el cuarto libro -creo que el personaje había muerto en el tercer libro, aunque ahora está en un 'nuevo' cuerpo- intenta resolver un crimen.

Y lo otro: desde el año pasado -desde hace mucho?- he tenido la intención de obtener un certificado en Administración de Proyectos; hace más de una década fui a la primera clase de un curso que estaba promocionando la segunda universidad más cara del país.

Lastimosamente el curso lo cancelaron -supuestamente por falta de aforo- y luego no realicé ningún intento serio en continuar trabajando para el objetivo; hasta que hace dos años obtuve un certificado como Product Owner -aunque esta es una función específica de SCRUM-.

Hace unas semanas retomé el objetivo: bajé un libro con trescientas sesenta preguntas sobre el examen para obtener el certificado CAPM; procesé el texto del libro y lo adecué para su utilización en mi app para aprendizaje espaciado.

Pero pasaron un par de semanas sin que practicara; hasta este fin de semana, tomé el examen -apenas logré avanzar más de cuarenta preguntas de las trescientas cincuenta y una- pero, además, empecé a tomar un curso que ofrece la plataforma de aprendizaje de la empresa en la que trabajo.

Así que eso: son como treinta grandes lecciones -cada una como con una hora entre varios videos y evaluaciones-; y el plan es continuar con ese auto estudio mientras continúo practicando con mi app. 

Y a ver cómo sigue eso.

El lunes me levanté a meditar a las siete y media; desde el día anterior había dejado el timer del celular con el nuevo tiempo de meditación: veinticuatro minutos; me levanté algo animado por algo que estaba soñando un poco antes; creo qu el sueño seguía la impresión dejada por la película de acción que había visto la noche anterior.

Después de meditar retorné a la cama; había tenido la máquina del trabajo apagada durante todo el fin de semana; el sábado, al regresar de mi reunión con el voluntariado, había derramado un poco de caldo en un costado de la misma y había decidido dejarla secando hasta el lunes.

La computadora, afortunadamente, encendió sin ningún problema; entré a la reunión, la que, nuevamente, tuvo una duración de casi cuatro veces el tiempo programado; después de la reunión me quedé un rato en la cama; no quería hacer Duolingo (prefiero empezar por la noche, para no entrar en una liga muy competitiva-.

Pero tampoco me puse a leer o algo similar; nomás me estuve dormitando un rato; hasta que escuché que Rb estaba teniendo dificultades para realizarle curaciones a su perra más anciana -debe aplicarle una crema en la vagina y la perra aulla como si la estuvieran estrangulando-.

Me levanté a ver si podía ayudar -aunque cuando salí ya había terminado- jalé la computadora a la mesa del comedor y me quedé revisando el correo del trabajo; un poco antes había visto que mi hija mayor me había escrito de madrugada, pidiendo un préstamo de veinticinco dólares.

Le escribí de vuelta para ver si no necesitaba más y me contestó preguntando por treinta; al final le envié cuarenta y le escribí que si necestaba más nomás debía avisarme -la verdad me gusta ayudar a mis hijos-.

En el ínterin me preparé el desayuno: he estado ahora dejando media taza de avena en hojuelas remojándose desde la noche anterior; a eso le añado un banano, una porción de gelatina, y -en esta ocasión- una porción del pastel de zanahoria y avena. 

Estaba pendiente de revisar una tarea que había dejado pendiente en el ambiente en el que había trabajado la semana anterior: a las diez y media había una reunión -aunque se suponía que ya no estábamos asignados allí-; la reunió fue cancelada un poco antes de la hora.

A las doce puse manos a la obra y encendí dos hornillas en la estufa; puse en una la plancha en la que Rb prepara sus galletas y en la otra una sartén bastante antigua; Rb había preparado el cilantro picado con aceite y puse las dieciséis mitades de papas en esa mezcla.

Luego las fui distribuyendo en las dos superficies calientes; el resultado se veía bastante bueno; cuando la alarma sonó para sacar a los perros -a las doce y media- aún faltaban unos minutos para terminar el asado de las papas; esperamos un poco y luego le pusimos los arneses a los perros grandes.

Después de la caminata entré a vaciar la sartén más antigua; y la utilicé para recalentar las tres piezas de pollo asado que habíamos descongelado un poco antes -dos piezas para Rb y una para mí-.   

Le había pedido a Rb que no almorzáramos muy tarde pues tenía una reunión en la que revisaríamos los aspectos positivos y por mejorar en el proceso que hemos seguido durante el último par de años.

Un poco después de la una servimos el pollo, un par de mitades de papas, guacamol y un poco de chirmol; acompañado de refresco de rosa de jamaica; como terminé rápido de almorzar aproveché para lavar la montaña de trastes que teníamos en la cocina antes de entrar a la reunión.

La reunión no tuvo un gran resultado: por la mañana el PM había solicitado los aportes individuales sobre los aspectos positivos y de mejora; y básicamente los estuvo exponiendo, mientras el encargado de los desarrolladores tomaba nota de los mismos.

Al final la reunión tomó un poco más de una hora -el tiempo original programado- y, en realidad, no le ví un gran atractivo; un poco antes de que terminara le avisé a Rb que debía alimentar a sus perros -se había quedado dormida- y le preparé un té de manzanilla -un poco antes me había preparado una taza de café-.

El martes no tuvo grandes novedades; meditación, desayuno, trabajo; lo raro del día fue que Rb se olvidó de darles el almuerzo a sus perros; no se durmió, no salió; simplemente no les dió de comer; y se percató cuando ya empezaba a oscurecer.

Entonces se puso muy dramática con que qué mal dueña de perros era, etc; yo nomás me recordé de lo mal que se puso -y la explosión de gritos que realizó- cuando a mí me sucedió lo mismo hace un par de años; pero no dije nada, creo que esa sabiduría nomás la puede dar la edad.

Un poco antes del mediodía vino el mecánico a ver la van: lo había contactado los últimos días de la semana anterior para que viniera a hacer el servicio del motor -y que revisara la razón de que a veces oliera a gasolina-; había ofrecido venir a las nueve y ya hasta me había olvidado cuando, un poco después de las once, tocaron el timbre.

Rb salió a ver -creo que yo no me había vestido- y me comentó que era el mecánico; busqué las llaves del auto y salí a comentarle de qué se trataba el trabajo; estuvieron en eso hasta después del almuerzo -casi siempre viene con su hijo (ahora) adolescente).

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando en dirección a los supermercados en dirección Norte: quería comprar algunos objetos de bebé para regalarle a mi supervisora local -como lo hice cuando nació su primer bebé, hace casi dos años-.

Lo interesante es que el mismo día alguien había organizado una colecta para comprarle algún regalo por el mismo motivo -alguien siempre lo organiza cuando hay un evento similar-; para el grupo deposité doce dólares en la cuenta bancaria de una de las organizadoras.

Para el regalo personal gasté un poco más -entre veinte y veinticinco dólares-; y es que me he notado con una actitud más negativa con respecto a socializar -o seguir alguno de los ritos comunitarios que ayudan tanto a mantener los grupos lubricados-.

El miércoles tampoco tuvo muchas novedades; por la mañana Rb salió a comprar algunas provisiones a la tienda de las verduras -entre ellos un cartón de huevos-; durante el día realicé algunos ajustes a la receta del pan (pastel? panqueque?) que estoy preparando a la mitad de la semana.

Un poco antes de que terminara el horario laboral (quince minutos antes) caminamos en dirección a los supermercados en dirección sur; aunque no entramos a ninguno; nomás caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos a casa.

Y el motivo de salir antes de las cinco era porque Rb tenía que entrar a su clase de teología a las seis y media; durante este tiempo estuve leyendo un poco de los libros en inglés y español que llevo a medias.

Había estado con el pendiente de llamar a mis padres para comentarles que llegaría el siguiente domingo; y se me olvidó por completo, hasta después de las nueve de la noche; entonces llamé al teléfono de mi padre pero no contestó; intenté por whatsapp y allí si obtuve la comunicación.

Hable con mi padre un poco más que de costumbre -la última vez que llegue al puerto él se había ido a visitar a una de sus hermanas que aún vive en la finca en la que crecieron-; luego hablé un rato con mi madre -pidiéndole que me consiguiera un poco de pescado-.

Algo que me llamó la atención de este día -noche- fue que durante la meditación nocturna automáticamente traté de alejar a un zancudo que andaba revoloteando alrededor de mi cabeza; o sea, se supone que se debe mantener la inmovilidad, pero mi reacción fue automática; igual nomás continué con el período de meditación en curso. 

El jueves me levanté a las siete y media, medité y luego entré a la reunión de la mañana; desde un par de días -o así- empezaron a dividir esta reunión en dos: la primera a la misma hora (ocho de la mañana) y la segunda a las diez de la mañana; igual, mi participación en ambas es mínima.

Como era el día en que Rb realiza la visita semanal al mercado del centro histórico salí rápido de la habitación; pero no me preparé el desayuno: esperé hasta las diez de la mañana -después de la segunda reunión-. 

Antes de eso Rb me había estado escribiendo para comentarme que el boulevard estaba completamente lleno; al final salir del mismo le llevo al busito más de media hora -caminando usualmente me tardo veinte minutos-.

Durante la mañana, además de las dos reuniones tuve una tercera: la que organiza cada quince días el jefe de mi supervisor en el Imperio del Norte; y, la verdad, es preocupante el nivel de ignorancia que maneja: cree que la automatización de tareas funciona como magia.

Además, el día anterior, este supervisor -acaba de regresar de unas tres semanas de vacaciones- convocó al equipo local para ver en qué habíamos estado ocupados; y dejó caer así  como si nada que está trabajando seriamente en que retornemos a la oficina.

Lo que me causa un grado de frustración bastante alto: el tiempo de transporte es de casi dos horas en cada sentido, con lo que se estaría triplicando mi 'tiempo de trabajo'; uno de los consuelos que me dí fue que el miércoles por la mañana participé en una actividad de networking.

Hay un grupo en la empresa en la que trabajo en la que nos anotamos para mejorar en este aspecto; el evento fue bastante corto: quince minutos, los primeros cinco de presentación y el resto para interactuar en pequeños grupos en salas separadas.

Lo chistoso(?) fue que en el grupo en el que entré estaba mi ex directora -que vive en el gran vecino del norte- y la patrocinadora de este grupo -es la directora de país en una isla del caribe-; la cuarta era una chica de acá, pero se salió porque -al decir de mi ex directora- no domina el inglés.

El evento estuvo bastante interesante, muy corto; pero me dejó ver que tengo una gran área de oportunidad en el tema: de la veintena -o así- de trabajos que he tenido, el noventa y cinco por ciento ha sido sin esta ayuda tan valiosa.

Rb me estuvo poniendo al día del progreso de su trayectoria; comentándome cuando ya estaba por tomar el busito de regreso a casa; pero llegaron las doce y media sin que regresara; con lo que le puse el arnés a ambos perros grandes e inicié la caminata -estimaba que la encontraríamos en el camino-.

Y, efectivamente, en la primera vuelta la divisé en el busito -a través de la malla que está una calle antes de la parada del mismo-; cuando estaba por llegar a la mitad de la primera vuelta la encontramos y me ayudó a completar la caminata.

Luego de entrar a los perros grandes Rb se puso a recoger los excrementos de los mismos del patio frontal; yo saqué a la más anciana -se pasa casi todo el día dormida-, me lavé las manos y me puse a cocinar la última porción semanal de almuerzo: una pieza de pollo y dos mitades de papas, asados; aderezados con chirmol; además, una galleta soda con guacamole.

Después del almuerzo me quedé trabajando en la mesa del comedor; Rb me había indicado que tomaría una siesta, pero al final se distrajo viendo alguna serie en su computadora; yo continué viendo los videos del curso de CAPM que estoy siguiendo (ya al treinta por ciento). 

Al final de la tarde -después del horario laboral- caminamos hacia los supermercados en dirección sur; al igual que las últimas veces, caminamos hasta el extremo del boulevard -dos o tres cuadras adicionales- y, en una panadería de la penúltima calle, compré el pan para mis desayunos.

Luego, en el supermercado más alejado compré un paquete de pan sandwich integral, un paquete de jamón y un paquete de queso; los ingredientes para el desayuno que planeaba compartir con mis padres el siguiente domingo.

En el otro supermercado compramos un poco de bananos -también compré un par adicional de bolsas de snacks, para los desayunos con mi hija mediana-; luego retornamos a casa; por la noche avancé en la lectura de los libros en inglés y español.

El viernes el día estuvo lleno de reuniones: después de la meditación entré a la reunión de las ocho; aunque esta nomás tardó un par de minutos: no había ninguna actualización del equipo de desarrollo; con lo que pude completar varias lecciones de Duolingo sin ningun contratiempo.

Salí de la habitación un poco más tarde -antes de las nueve- y entré a una reunión del grupo de PRIDE de la empresa; una persona estaba explicando cómo empezar un proyecto de tejido; no le puse mucha atención.

A las diez entré a la siguiente reunión; esta sí estuvo más animada -no por nuestra parte-; y, aprovechando que no participaba, cambié el headset por los audífonos con bluetoott y me preparé el desayuno mientras escuchaba a varios desarrolladores informar sobre sus avances.

Como Rb había ido a la tienda de las verduras -y se tardó como una hora- aproveché, después de la reunión, para hacer la limpieza semanal de pisos; estaba más o menos a la mitad cuando retornó Rb -había sacado a los tres perros al patio delantero-.

Al mediodía preparamos un caldo de pollo con varias piezas que habíamos sacado del freezer la noche anterior -hicimos una reordenación del contenido, para preparar el espacio para el pescado que esperaba traer el domingo-; y yo preparé una taza de arroz; almorzamos eso, con aguacate.

Después lavé una buena cantidad de trastes y me preparé un café; he bajado mi consumo de galletas a la tercera parte de lo que había estado consumiendo por meses -o años-; también le preparé un té de manzanilla a Rb -aunque lo olvidé en la estufa y se consumió bastante del líquido-.

Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección norte; aún no había adquirido las magdalenas -o pasteles- que acostumbro llevar en mi visita trimestral a la casa de mis padres; pero no encontré una buena opción en el supermercado.

Por lo que salimos del lugar sin comprar nada y retornamos a casa; por la noche estuve viendo algunos capítulos de Robots Love and Death: por la mañana me había enterado que habían lanzado una nueva temporadad -ví algunos capítulos de la segunda y la tercera, comprobando que sí, ya había visto esas dos temporadas antes-.

Como el servidor del sitio en el que usualmente veo las series estaba bastante lento preferí bajar la temporada completa; también completé un ciclo del libro en inglés; y una parte del ciclo del libro en español.

El sábado me levanté a las siete y veinte; la noche anterior le había comentado a Rb que quería ir caminando hasta la sucursal local de mi panadería favorita -de donde vienen la mayor parte de mis pasteles de cumpleaños-; entonces, después de meditar tomé una bolsa de mercado de Rb y caminé los tres kilómetros y doscientos metros hasta el lugar.

Como a medio camino recibí una llamada en el celular; primero creí que era Rb, pero no, era mi amigo el voluntario al que le ayude a conseguir su último empleo -como diseñador gráfico?-; estuvimos conversando durante el resto del camino; de hecho tuve que quedarme un buen rato frente a la pastelería, hasta que se acabó la conversación.

Entonces entré al negocio y compré un par de magdalenas; una de naranja y una de vainilla; después caminé de regreso a casa; como aún no eran las diez me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; a las diez preparé -y consumí- mi desayuno de los sábados (olvidé utilizar el queso que la hermana de Rb me obsequió).

El resto de la mañana -que no era mucho- pasó algo rápido: primero le pedí a Rb que me acompañara  a la gasolinera para llenar el tanque de gasolina (medio tanque=treinta y cuatro dólares); luego pasamos al super mercado más cercano en dirección sur (la gasolinera a la que acudimos está en el extremo del boulevard en esa dirección).

En el supermercado compramos un par de pollos para los almuerzos de la siguiente semana, y un poco de bananos; luego retornamos a casa; pero Rb se percató que no habíamos comprado lechugas y ya no teníamos para el almuerzo del día siguiente.

Por lo que retornamos caminando al mismo supermercado; a las doce y media sacamos a caminar a los perros grandes y luego, mientras Rb limpiaba el patio delantero, puse a calentar el caldo del almuerzo.

Almorzamos bastante temprano pues yo quería salir de casa a las dos de la tarde; después del almuerzo aún le preparé el té de manzanilla a Rb, lavé los trastes y luego me metí a la ducha; la cual es -afortunadamente- más sencilla ahora que tengo el cabello super corto.

A las dos de la tarde tomé mi mochila, me despedí de Rb y salí al boulevard; originalmente había planeado caminar hasta el boulevard principal -menos de dos kilómetros- pero, la verdad, ya había caminado bastante durante la mañana.

Entonces me quedé en el boulevard esperando el busito; el cual pasó en menos de quince minutos; llegué con buen tiempo a la estación del transmetro, abordé una unidad y me apeé hasta la última estación -la siguiente pues la última está en reparación-.

Al final me tardé casi una hora en llegar hasta el extremo opuesto de la zona en la que vive mi segunda ahijada profesional (el centro histórico); debía caminar veinte o veintidos calles y tenía media hora para completarlo, por lo que me fui bastante tranquilo.

Pero cuando faltaba una o dos calles para llegar a mi destino ví que ya casi era la hora; entonces llamé a mi ahijada -a sus dos teléfonos-; pero no me contestó; caminé hasta el extremo de la calle e intenté realizar una video llamada; al final me percaté que me estaba haciendo señas desde la otra esquina de la calle.

Nos saludamos efusivamente y caminamos algunas calles hasta una de las nuevas cafeterías -hipsters- del centro histórico; en el lugar ordenamos un par de donas fancies y dos bebidas frías -yo de café, ella de chocolate-.

Intercambiamos regalos: ella me regaló una canasta de frutas -sandía, manzanas, peras y kiwis- en donde incluyó un portaretrato con una fotografía que nos tomamos un par de años atrás; yo le regalé el filtro de café y la taza que mi amigo tenor me regaló en diciembre.

Y nos quedamos en el lugar casi dos horas, poniéndonos al día de la vida de cada uno: ella había cancelado nuestra reunión unas semanas antes pues una amiga había fallecido -de cáncer-; yo le conté lo que había pasado con el sobrino nieto de Rb-.

Cuando estábamos casi a la mitad de la reunión entraron dos jóvenes con los que habíamos hecho trabajo voluntario casi una década atrás; yo los había visto por última vez tres o cuatro años antes; los cuatro nos dimos varios abrazos muy efusivos.

Un poco más tarde también llegó el líder del grupo de voluntarios de estos dos jóvenes -y quien vino a desayunar a casa de Rb un par de años atrás-; repetimos los abrazos efusivos; y me enteré de un par de datos extras de mi ahijada.

El primero es que durante su adolescencia padeció de bulimia -es un poco más baja que yo y pesa alrededor de cien libras-; lo otro es que se identifica como pansexual; esto fue una pregunta directa pues recordaba que se identificaba -hace más de diez años- como bisexual.

Un poco después de las cinco y media le propuse que finalizáramos la reunión y me hice cargo de la cuenta -quince dólares-; entonces la acompañé a la avenida más animada del centro histórico -ella gusta de caminar por el lugar-, nos despedimos y me dirigí a la estación del transmetro; justo estaba una unidad siendo abordada por lo que corrí, pues recordé que el tiempo de espera es bastante amplio.

Le envié un mensaje a Rb comentándole que ya estaba en el camino de vuelta; y aproveché el tiempo para practicar con los cubos de Rubik de cinco por cinco y seis por seis; me apeé en la estación más próxima al centro comercial donde se estacionan los busitos.

Y luego caminé el kilómetro o algo así que separan ambos puntos; afortunadamente aún encontré un par de busitos y el primero estaba ya casi lleno; no esperé mucho y el conductor empezó el viaje, vine a casa un poco después de las siete.

Cuando entré a casa, casi lo primero que Rb hizo fue pedirme que partiera la papaya; lo que me alteró un poco pues es una tarea de la que se ha desentendido completamente y, a veces, me frustra el hecho; pero traté de no darle mucha importancia y procedí con el encargo.

Por la noche estuve leyendo un poco del libro en español y repasando las preguntas del exámen de Administración de Proyectos que espero presentar en el corto plazo; aunque de las trescientas cincuenta aún no he podido cubrir más de setenta y cinco en una sola iteración.

Y a ver cómo sigue eso...

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