Este es el segundo libro que leo del escritor colombiano que me recomendó mi amigo poeta; el primero fue sobre su vida, su familia, el amor especial que le proporcionaba su padre y, finalmente, el asesinato del mismo.
Fue leyendo algo del autor que me enteré sobre Ahora y en la hora; cuenta, con un estilo bastante periodístico, cómo sobrevivió a la explosión de un misil ruso mientras visitaba un lugar cercano a la línea de batalla, en Ucrania.
El incidente es bastante raro: en la mesa con la que departía con otras cuatro personas, él cambió de lugar con una escritora ucraniana; cuatro personas resultaron con heridas leves, pero esta mujer sufrió heridas que le causaron la muerte.
El libro es bastante sesgado -creo que es esperable- hacia la satanización de Rusia, su presidente, y esa parte del mundo, en general; personalmente creo que la guerra es terrible; pero no creo -desde hace mucho tiempo- en las explicaciones sencillas: Occidentales buenos/Rusos malos.
De todos modos es un buen relalto: describe de forma bastante detallada algunos aspectos del país, de la gente, creo que menciona bastante el tema judío -él menciona, como de paso, en el primer libro que leí que su familia tiene parte judía-.
Y estoy leyendo este libro en paralelo con Intermezzo; que me ha afectado de forma más profunda de lo que esperaba: ya han habido dos o tres veces en que le cuento a Rb el desarrollo del mismo, y la identificación que proyecto hacia el hermano con dificultades sociales.
Y a ver cómo va eso.
El viernes me desperté bastante temprano; la noche anterior, por alguna razón, me había costado conciliar el sueño; y creo que parte de la razón fue un diálogo que había tenido por la noche con mi hija mayor.
...De todos modos me desperté muy temprano; pero ni siquiera ví el reloj del celular, nomás continué dormitando, esperando a que sonara la alarma; cuando sonó me levanté a meditar; luego entré a la reunión diaria.
Cuando la reunión terminó nos comentaron que habría otra a media mañana; entonces me quedé un rato en la cama, haciendo lecciones de Duolingo; luego, un poco después de las nueve salí a prepararme el desayuno.
La siguiente reunión fue, efectivamente, a las diez de la mañana; pero, la verdad es que no me interesaba el tema, por lo que nomás le bajé un poco el volumen y llamé, por el celular, a mi amigo que vivía en la misma ciudad del Imperio en el que pasé un par de años.
Estuvimos hablando como una hora, con una pausa de varios minutos pues nos falló la conexión; mi amigo está considerando trasladarse a un estado vecino pues ya lleva varios meses sin trabajar por la situación actual en ese país.
A las doce y media sacamos a caminar a los perros de Rb; después preparamos el almuerzo: burritos de pollo, zanahoria, lechuga y guacamol; después del almuerzo lavé los trastes que se habían acumulado.
Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección sur; no entramos a ninguno pues nuestras provisiones tenían un buen nivel; nomás caminamos hasta la altura del más lejano y luego retornamos a casa.
El sábado me levanté a las siete y media; habíamos acordado -con Rb- ir a los supermercados a media mañana: el plan de los almuerzos de la siguiente semana incluía piernas de pollo doradas y queríamos adquirir el pollo en el supermercado más lejano.
Además, yo le había pedido a Rb que almorzáramos a la una de la tarde, porque quería salir de casa a las dos -habíamos quedado con mi ahijada profesional de pasar por su casa a las tres y media-; después de la meditación matutina del sábado consulté los mensajes de Whatsapp; y ví que tenía uno de mi ahijada enviado a las once de la noche.
El mensaje era para cancelar la reunión: una amiga -mamá de una ex compañera de facultad, me parece- acababa de morir, a causa del cáncer que había padecido por muchos años; entonces, el sábado era el entierro y no podríamos vernos.
Le envié un par de frases de consuelo; luego volví a la cama y me puse a completar algunas lecciones de Duolingo; después le escribí a Rb, comentándole lo sucedido a mi ahijada y cambiando nuestra hora de salida para la tarde.
Después de hacer algunas lecciones de Duolingo me quedé en la cama, avanzando en Ahora y en la hora, también en Intermezzo; un poco después de las diez salí de la habitacion y me preparé el desayuno de los fines de semana.
Casi todo el día me la pasé en mi habitación leyendo los libros en Inglés y Español; o jugando ajedrez -volví a sobrepasar el nivel de mil quinientos de ELO-; después del desayuno enduré un par de huevos y los reservé en la refrigeradora.
También rallé -y reservé- tres zanahorias pequeñas; un poco antes del mediodía me metí a la cocina a preparar mi burrito de huevos y zanahoria -relleno de pollo, mayonesa de aguacate y lechuga-; después del almuerzo lavé un poco de trastes -la mayor parte la había lavado antes de que almorzáramos-.
Por la tarde, hasta la hora en que salimos hacia los supermercados -casi a las cinco- continué con la lectura -me parece que dejé pendiente nomás un ciclo de cada libro-; también desarmé varios cubos de Rubik, para no quedarme solo con la lectura.
Al final de la tarde caminamos hacia los supermercados en dirección sur; como planeábamos traer seis piernas de pollo, llevaba la mochila que tiene aislante térmico; entramos al supermercado más lejano y saqué un poco de efectivo en el cajero automático -cuarenta dólares-; luego adquirimos el pollo.
Cuando salimos del supermercado le sugerí a Rb que camináramos las cuatro o cinco cuadras que nos quedaban hasta el final del boulevard; lo cual hicimos sin ningun tropiezo; en el otro supermercado compramos un poco de bananos.
Al regresar a casa almacené el pollo en el refrigerador y luego me puse a bajar la última película de Chris Pratt: Mercy; las últimas noches habíamos estado viendo episodios de Seinfeld y Rb sugirió continuar; pero le indiqué que prefería que nomás lo hiciéramos entre semana -ella había estado todo el día cosiendo ropa para sus perros, y viendo una serie precuela de The Shinning-.
Por la noche ví la película que acababa de bajar; la cual no me pareció muy remarcable: tal como había leído, una mezcla entre Minority Report y El Fugitivo; también armé el cubo de seis por seis -durante la semana coticé uno de siete por siete-.
El domingo me levanté a las seis y veinte; había quedado en reunirme con mi doctora a las siete y media y no quería llegar muy temprano -pero tampoco tarde-; medité y luego me metí a la ducha.
Consulté el estado del tránsito en Waze y me indicaba un tiempo de viaje de catorce minutos hasta el restaurante de costumbre; pero salí de casa a las siete y cinco; tomé la van y conduje -sin casi nada de tráfico- hasta el restaurante.
Llegué al lugar con cinco minutos de anticipación, entré al restaurante y me acomodé en una de las mesas más cómodas; como había llevado la tablet me puse a leer un poco de Intermezzo; a las ocho menos cuarto consulté whatsapp y ví que unos minutos antes mi amiga me había enviado un mensaje indicando que ya estaba en camino.
Llegó un poco después de las ocho -disculpándose porque ahora se parquea en un lugar más alejado de su casa-; ordenamos un par de desayunos -me hice cargo de la cuenta: catorce dólares y medio- y nos pasamos la siguiente hora entre comida y conversación.
Mi amiga tiene ya cuarenta y ocho años y le está pesando la soledad: se siente insegura con su cuerpo y siente que en la etapa de la vida en la que se encuentra ya debería tener una relacion estable -y quizá haberse reproducido-.
Como había quedado con Rb que la iba a conducir a su iglesia, quería estar de regreso a las nueve cuarenta y cinco; entonces había puesto una alarma en el celular para las nueve y veinte; cuando sonó dejé que continuara, hasta que mi amiga me preguntó si la alarma era para irme.
Le indiqué que efectivamente debía retirarme y la acompañé hasta donde había dejado estacionado su auto -ámbos tuvimos que pasar a la caja para el sello correspondiente del tiquet del parqueo-; nos despedimos y conduje -sin ningún embotellamiento- a casa.
Llegué a casa un poco después de las nueve y media; Rb aún estaba haciéndose cargo de algunas tareas de sus perros; un poco antes de las diez y media abordamos la van y la conduje a su iglesia -encontramos un pequeño embotellamiento en el boulevard pues una iglesia estaba cubriendo la mitad de la vía, ofreciendo oración a los automovilistas-.
Después de retornar de la iglesia estuve leyendo un poco de los dos libros que llevaba a medias; también hice algunas lecciones de Duolingo; un poco después de las doce Rb me llamó para que fuera por ella.
Cuando venimos sacamos a caminar a los perros; después preparamos las alitas dominicales; en lugar de las ensaladas de constumbre calentamos un poco de caldo de pollo que nos había sobrado de la semana; el resto de la tarde esperaba pasarlo leyendo en mi habitación.
Pero, se me ocurrió que podía obtener el certificado CAPM, que es un nivel bastante básico de Administración de Proyectos; incluso contacté a la persona que me refirió para el trabajo extra del año pasado -y a quién ayudé a obtener el certificado como Product Owner-.
Le pregunté si el CAPM era lo que estaba buscando actualmente -desde el año pasado, realmente-, y me comentó que no, que el certificado que le interesaba era el más avanzado: PMP; me parece que deben acreditarse varios cientos de horas en el tema.
De todos modos bajé un libro con preguntas similares al exámen y estuve trabajando casi toda la tarde en formatear las más de trescientas preguntas para poderlas utilizar en la aplicación de aprendizaje espaciado que publiqué hace un par de años.
Al final de la tarde le ayudé a Rb con la preparación de las piernas de pollo doradas que planeábamos almorzar durante la semana; después preparé las gelatinas para mis desayunos; un poco más tarde coloqué el pollo dorado en recipientes herméticos y, estos, dentro de la refrigeradora.
El lunes me levanté a meditar a las siete y media; después entré a la reunión del equipo; en general la semana laboral empezó rara: desde la semana anterior nos habían asignado tareas en un ambiente completamente diferente -y bastante precario, la verdad- en donde se había instalado una versión de la app que hemos probado desde el último año.
Pero yo casi no hice nada -justo ese día el analista más brillante envió un correo detallando las asignaciones de los cuatro miembros del equipo-; en lugar de avanzar estuve terminando de ajustar el archivo para estudiar para el certificado CAPM; finalmente lo pude adaptar.
La semana anterior había contactado a la compañera del gran país vecino del sur para preguntar sobre certificados en los que estuviera trabajando -es un tema en el que he meditado varias veces durante los últimos meses/años-; y no, no estaba obteniendo nada, nomás me pidió que le enviar el resto de videos que utilicé cuando obtuve el de PO.
Y el lunes por la tarde bajé el material -es un curso bastante antiguo de Udemy-; bastante pesado, eso sí: cuatro gigabytes y medio; de hecho me tocó que borrar algunos archivos grandes de mi máquina personal.
Al final del horario laboral nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección Norte; pero -como otras veces durante las últimas semanas- no teníamos nada que comprar; nomás caminamos hasta la altura del más alejado y luego retornamos a casa.
El marte empezamos a tener una reunión extra durante la mañana: ahora, después de la reunión diaria con el equipo -en la que, realmente casi no participamos- debemos entrar a otra con la persona que lidera las pruebas en el ambiente al que nos asignaron.
La persona encargada es -me parece- de ascendencia del subcontinente asiático; pero también asignaron a otra persona -del Imperio del Norte-; y este último estuvo un poco más incisivo en la revisión de los avances.
Con lo que, a partir del martes por la mañana, estuve trabajando más tiempo del acostumbrado en las asignaciones laborales; después de la reunión le pedí al analista que vive en la ciudad donde vive mi familia paterna que me explicara algunos detalles de un área de trabajo en la que él tenía más experiencia.
Y estuve tan ocupado que no avancé -casi nada- en la lectura de los nuevos libros en inglés y español; ni en la revisión del material para el certificado CAPM; igual, salí de mi habitación casi a las once de la mañana -desayuné bastante tarde-.
Almorzamos la segunda porción de pollo -acompañado de un cocido de acelga, tomate y huevo que Rb preparó el día anterior-; después del horario laboral nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur.
Yo quería comprar medio litro de leche pues había estado viendo algunos videos, en Facebook, que mostraban como preparar -en sartén- un pan -o pastel- con huevos, avena, leche y zanahoria.
Caminamos hasta el supermercado más lejano y allí compré medio litro de algo que se promociona como leche pero, en letra más pequeña, dice: leche entera reconstituida y ultrapasteurizada; cuando estudiaba en la facultad era parte esencial de mi alimentación.
En el otro supermercado compramos un poco de bananos y luego caminamos de vuelta a casa; por la noche estuve viendo la parte final de una película de acción que había empezado la noche anterior: Shelter.
El miércoles seguí trabajando más que de costumbre -que los últimos tiempos, al menos-; la reunión de equipo no estuvo muy tardada y luego entré a la de las nuevas asignaciones; el compañero que menos bien me cae no había entrado a las dos anteriores pero en esta presentó un poco de avance; yo comenté lo que había hecho el día anterior.
Después de la reunión volví a llamar al mismo analista que el día anterior y le pedí apoyo para completar otra tarea: tenía que interactuar con un equipo que se encuentra en un laboratorio en el Imperio y cuya estabilidad deja mucho que desear.
Volví a salir de mi habitación después de las once y a esa hora me preparé el desayuno; después continué trabajando en mis asignaciones; al mediodía, después de sacar a caminar a los perros, consumimos la tercera porción de pollo y un poco de acelga.
Por la tarde bajé un poco el ritmo de trabajo -aunque, de las ocho asignaciones nomás una me quedó pendiente-; como Rb tenía que entrar a su clase de teología a las seis y media iniciamos nuestra caminata hacia los supermercados a las cinco menos cuarto.
Caminamos hasta el supermercado más alejado; yo esperaba que compráramos un cartón de huevos en el lugar -los precios son más convenientes- pero Rb nomás compró cinco bolsas de alimentos para gato -la donación que se ha propuesto realizar mensualmente a los vecinos que adoptaron el gato (feral) que estuvo alimentando ella durante un tiempo-.
En el otro supermercado compramos un cartón de huevos y un poco de banano; después de pagar por las compras retornamos a casa; en donde preparé el pan/pastel que había estado previendo desde el fin de semana.
Utilicé una de las batidoras de Rb: batí la clara del huevo a punto de nieve; luego le agregué la yema, con media taza de leche -almacené las otras tres medias tazas en el freezer, para futuras preparaciones-, media cucharada de canela en polvo y una cucharada de miel.
Batí todo eso y, luego, le agregué una taza de avena; para finalizar agregué doscientos quince gramos de zanahoria rallada -la había preparado con la parte más fina del rallador y la había dejado reservada antes de iniciar-, media cucharadita de bicarbonato de sodio y media cucharada de vinagre de vinagre de manzana.
Esto lo batí un poco y luego lo cociné -diez minutos de un lado y cinco del otro- en una sarté que había cubierto con aceite; después del tiempo de cocimiento saqué la torta a un plato de cerámica para que se enfriara.
A las seis y media Rb entró a su clase de teología y yo me puse en mi computadora personal la segunda parte del último episodio de la segunda temporada de FallOut -el día anterior había visto la primera parte-.
Después estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo -en Ajedrez me había mantenido un par de días con un ELO superior a mil seiscientos, pero volví a bajar a mil quinientos cincuenta-, además avancé un poco en el libro en inglés que empecé a sugerencia de mi hija mayor.
La clase de Rb terminó casi a las ocho y media; un poco antes de esa hora había tomado una ducha -cubriéndome el cabello para evitar la humedad al dormir-, después dividí el pastel en ocho porciones, los puse en un hermético y lo guardé en la refrigeradora.
El jueves me desperté bastante temprano; al parecer estuve teniendo sueños bastante lúcidos -y concernientes al trabajo-: algo de que estaba en entrevistas de trabajo -no estoy seguro si como entrevistador o entrevistado-.
Me levanté a meditar y entré a la reunión de las ocho de la mañana; mientras ocurría la reunión hice un par de lecciones de Duolingo -de hecho discutieron uno de los reportes que había enviado el día anterior, pero no me percaté-.
Después de la reunión me quedé en la cama, esperando la siguiente: a las nueve y media entré a la reunión con los otros tres analistas locales, y tres en el Imperio del Norte; el líder; al ser cuestionado sobre avances compartí mi pantalla y mostré lo que había reportado el día anterior.
Estaba a mitad de la reunión -y presentación- cuando Rb entró a la habitación a despedirse: salí en su visita semanal al supermercado en el centro histórico; me levanté un poco después y terminé la reunión en la mesa del comedor.
Después -ya eran las diez, me parece- me preparé el desayuno; me había quedado la duda del pan hecho el día anterior por lo que me serví una mitad de una porción -después consumí la otra mitad-; y no quedó tan mal: un poco gomoso (no sé si por haber batido la clara de huevo en solitario) y no tan dulce como esperaba.
Decidí que para la siguiente semana trataría de batir todos los líquidos a la vez, un poco más de canela y el doble de miel -quizá también un poco más de bicarbonato+vinabre-; de todos modos me agradó el experimento.
Estuve el resto de la mañana trabajando en la mesa del comedor, probando la última de las asignaciones de la tarea que debía terminarse antes -o en- del viernes; también entré a la reunión bimensual que el jefe de mi supervisor convoca; lo cual fue un relajo porque nadie entró durante los primeros diez minutos.
Después de ese tiempo nos despedimos; pero unos minutos más tarde el jefe de mi supervisor inició la reunión y pidió que nos uniéramos; en la misma nos confirmó que después de la asignación actual esperaba que avanzáramos en un proyecto de automatización.
Rb retornó después del mediodía; casi a la hora en la que teníamos que sacar a caminar a sus perros; cuando entramos puse a calentar la última porción de pollo dorado y la penúltima -para mí- porción de acelgas; lo acomopañamos con fresco de rosa de Jamaica.
Por la tarde ya no avancé más en cuestiones laborales; estuve leyendo un poco del libro en inglés -aún no he decidido cómo hacer para terminar ambos al mismo tiempo-; después del horario laboral caminamos en dirección a los supermercados en dirección norte.
Después de la conversación con mi hija unas noches antes había decidido comprar un inflador de llantas de bicicleta en la tienda verde de descuentos; caminamos hasta el lugar y, al intentar pagar, encontramos una larga fila -quizá treinta personas-; nos dijimos que seguro muchos andan comprando regalos del día de San Valentín, por lo que dejamos la compra para otro día.
Pasamos luego al otro supermercado porque Rb también quería comprar una botella de cloro, pero que tuviera aspersor; no encontramos en ninguno de los dos lugares; después empezamos el camino de vuelta; pasamos a la panadería del camino, pero cuando ya había ordenado me dí cuenta que solo llevaba billetes de la más alta denominación.
Por lo que, para no afectar, el dinero suelto de la dependienta, nos disculpamos y nomás continuamos con la caminata; cuando entramos a casa me metí directamente a mi habitación, tomé unas monedas y salí a comprar el pan a la panadería de la vuelta.
Por la noche estuve en la habitación de Rb: ella había estado trabajando en una presentación para su clase de teología y yo avancé un poco en el libro en inglés -después de haber hecho las lecciones de Duolingo: volví a bajar a mil quinientos de ELO-; también le revisé la presentación cuando la concluyó.
Y a ver cómo sigue eso.
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