Esta semana estuve pensando en las piedras en el camino -por las rancheras y, quizá, alguna otra referencia mejicana-; pero también en los rolling stones; o las piedras rodantes; una canción de Eminem va algo así como: "Daddy was a rolling stone"...
"Una piedra en el camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar" dice una canción de Vicente Fernández -o al menos era a quien se escuchaba por la radio, hace casi medio siglo-; y no tengo mucho conocimiento de la cultura francesa, pero -imagino que- debe haber algún dicho similar.
Y lo que generó -creo- esta línea de pensamientos fue la última dolencia -diagnosticada- de Rb: luego de una consulta médica de seguimiento decidió -creo- hacerse un ultrasonido completo; y resulta que le detectaron cálculos en los riñones y en la vesícula.
Terrible.
El lunes me levanté a las seis y media, medité y luego entré a la reunión de las siete de la mañana; la cual estuvo algo corta porque la compañera de mi supervisor no se hizo presente -tenía una reunión con un representante de nuestro cliente-.
Después de la reunión me quedé en la cama, literalmente dormitando; de hecho me autodesperté en un par de ocasiones por mis ronquidos; Rb entró un poco después de las ocho y me ofrecí a salir pronto -lo que no hice-; me quedé en cama hasta que empezó la reunión de las nueve.
Esta reunión también estuvo bastante corta; e iba a seguir dormitando, pero -finalmente- salí de la habitación; creo que lo que me terminó de despertar fueron una serie de mensajes con mi hijo menor.
Como a las nueve y media me envió la notificación del depósito que realiza cada mes en mi cuenta -un poco más de cien dólares por los servicios del departamento (y el mobiliario) y un poco más de esa cantidad por la deuda que adquirió conmigo hace más de un año (fueron casi tres mil dólares)-.
Le escribí -como siempre- agradeciendo que fuera un adulto responsable; y un poco después le pedí que me transfieriera los mil doscientos dólares que su empresa le había reembolsado por las acciones en las que estuve invirtiendo durante varios años.
Y resultó que no los tenía disponibles: había utilizado ese dinero en 'emergencias' -médicas, de transporte, y similares-; la verdad es que, por una parte, no me sorprendió; o sea, a pesar de que lo 'obligué' a tomar un curso de finanzas personales antes del gran préstamo, no tenía muchas esperanzas de que hubiera aprendido la lección.
Y por otra parte me decepcionó el hecho de que no podría completar los treinta mil -o así- que quería alcanzar en mi cuenta de ahorros actual, para trasladar esa cantidad a otra cuenta, en la que -supuestamente- la depreciación de la moneda es un poco menos funesta.
Esperé un poco para continuar la conversación; y como no me había 'asegurado' que todo el dinero había sido utilizado, le pedí que me transfiriera lo que aún tuviera de esa cantidad -en su mensaje original se había ofrecido a 'reponerlo' en los siguientes meses-.
Pero no recibí ninguna respuesta de eso; entonces le pedí que 'liquidara' las -pocas- acciones que aún tenía de su empresa, y que me transfieriera el dinero; o sea por las caídas en el valor de las acciones al final 'perdería' un poco con toda la operación; pero, la verdad, creo que debo evitar continuar con el 'experimento'.
Esa misma mañana recibí la transferencia de los servicios del departamento de mi hija mediana; le envié una notificación agradeciéndole por ser un adulto responsable; mi hija mayor me informó -el martes- que este mes estará bastante ajustada por no haber completado el mes de labores en su función anterior -de traductora médica se cambió a ser maestra de inglés en una academia, para tener tiempo para acudir a la facultad de medicina-.
Después de la reunión de las siete había recibido un mensaje de mi compañero más brillante: durante el fin de semana había programado una reunión para la mañana del lunes, para revisar el código en el que llevábamos varias semanas trabajando.
Pero en su mensaje me comentaba que tendría que pasar la reunión para el día siguiente pues le habían asignado una tarea bastante trabajosa para ese día; nomás le agradecí la notificación y continué en la cama.
Al mediodía sacamos a caminar a los perros más grandes de Rb; luego calentamos la primera porción del asado que habíamos preparado el día anterior; aún teníamos un aguacate en la refrigeradora, con el que preparé un pequeño guacamol.
Estaba empezando a almorzar cuando recibí una llamada de mi supervisor en el Imperio del Norte: me agregó a una reunión con los otros tres analistas; y fue una pérdida de tiempo: nomás quería revisar algunas tareas que los otros dos analistas habían estado completando la semana anterior.
O sea, se pasó casi media hora nomás pidiendo explicaciones a ambos compañeros -los cuales tampoco entendieron mucho de qué se trataba todo-; al final terminó la reunión indicando que presentaría algunos resultados que ya tenía preparados.
Después del almuerzo lavé los trastes del día y me preparé un café -que consumí con una porción del pastel que he estado haciendo últimamente, un cubilete sobrante del domingo y un par de galletas-; luego le preparé un té de manzanilla a Rb.
Al terminar el horario laboral nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; necesitábamos bananos, los cuales adquirimos -generalmente- en el supermercado que queda a medio camino; luego de llegar al extremo del boulevard y compramos unos pocos bananos -casi no habían en existencia y estaban bastante maduros-.
Como los pocos bananos que habíamos comprado en el supermercado no nos alcanzaban para cubrir las comidas del día siguiente, tuvimos que pasar a la tienda de la esquina; allí Rb compró otra media docena -no del mismo tipo-.
Por la noche empecé a ver una película de acción y ciencia ficción; protagonizada por uno de los principales personajes de la serie Westworld, Vince Vaughn y una actriz mejicana; también actúa allí un actor nacido por acá.
El martes Rb entró a despedirse a las seis de la mañana: había pagado una consulta médica de seguimiento a la operación quirúrgica del noviembre anterior; después de que se fue traté de seguir durmiendo pero no pude conciliar el sueño; a las seis y media me levanté a meditar.
Después entré a la reunión de las siete; la que estuvo más extensa que el día anterior; también me dí cuenta que la reunión con el compañero más brillante había sido movida al día siguiente; pero no le dí mucha importancia: el día anterior había tenido dificultades para entrar al servidor remoto en el que trabajamos.
Por alguna razón los accesos habían sido restringidos; aunque, finalmente, encontré la forma de acceder a los escritorios remotos, utilizando un servidor general de acceso -ya ni recordaba que teníamos esa opción-.
Entonces, al igual que el día anterior, nomás corrí varias veces el código en el que había estado trabajando las últimas semanas, nomás para comprobar que aún seguía siendo válido -la semana anterior se había realizado una actualización a la app en la que trabajamos-.
Durante la mañana estuve recibiendo mensajes de Rb sobre el avance en su cita médica; me comentó cuando había llegado a la estación del transmetro, y luego a la clínica; después me avisó cuando estaba haciendo fila para entrar con el ginecólogo y, casi al mediodía, que estaba esperando para que le realizaran un ultrasonido.
Un poco más tarde me llamó, llorando: le habían encontrado cálculos renales y en la vesícula; la verdad es que no me sorprendió lo primero: su consumo de nueces es excesivo -se ha exacerbado en los últimos años-.
Pero estaba desconsolada, lamentándose por lo que le estaba tocando vivir; traté de consolarla pero, la verdad, como que no soy muy bueno en el tema; un poco después del mediodía recibí una llamada del amigo, en el Imperio del Norte, al que he estado llamando todos los meses.
Estuvimos conversando por más de una hora; de hecho, me tocó que usar los datos móviles del celular pues la llamada era por facebook -siempre utilizamos ese medio- y, a las doce y media, saqué a caminar a los perros más grandes de Rb.
La llamada fue bastante intrascendente: noticias de la familia de cada uno, estado general de cada uno, y así; pero me parece interesante que siga estando en un estado de indocumentado en el Imperio del Norte, luego de un año de haberse casado con alguien que es ciudadana -según él, necesita como siete mil dólares para completar el trámite-.
Y la llamada se extendió hasta la hora en la que Rb regresó -ya era casi la una-: cuando cruzó la puerta entró a abrazarme y a llorar; ni siquiera pude despedirme de mi amigo; nomás terminé la llamada; y el resto del día Rb la pasó casi igual.
Yo ya tenía en la estufa la segunda porción de asado de la semana; Rb trajo algunos aguacates y preparé un pequeño guacamol; pero Rb no tenía siquiera ánimos para almorzar; de hecho me ofrecí a guardar la comida; aunque lo único que no consumió -al final- fue una de las papas del almuerzo.
A las cuatro de la tarde salimos a caminar; esta vez hacia los supermercados en dirección norte: necesitábamos bananos y el día anterior no habíamos encontrado en el que se encuentra en dirección sur; afortunadamente en el que visitamos este día hallamos una buena cantidad.
Por la noche avancé en la película de comedia, acción y ciencia ficción que había empezado el día anterior; también avancé en los libros en inglés y francés -después de haberle cambiado el color de fondo a la app de lectura he tenido un poco más de tiempo de pantalla para avanzar en ambos-.
El miércoles el día empezó normal: alarma a las seis y media, meditación y reunión diaria; pero el resto de la jornada estuvo algo diferente: por una parte, le escribí al compañero más brillante, para que cambiara la reunión para el viernes -el día anterior la había pasado al jueves, pero ese día yo tenía vacaciones-; luego me planteé adelantar en la revision del código.
La semana anterior mi compañero me había informado que había cambiado -otra vez- los estándares para desarrollar el proyecto en el que hemos estado trabajando -sería la tercera vez que cambia-; o sea, yo nomás he seguido sus directivas.
Entonces, el miércoles por la mañana traté de mandar al repositorio los últimos cambios que había hecho -nomás había corregido la declaración de un par de funciones-; pero, resultó que esos dos archivos ya no existían en la configuración cambiada.
Entonces grabé todos mis archivos de código en una carpeta alternativa y bajé todo el código desde el escritorio remoto; luego me pasé todo el día revisando los cambios que mi compañero había realizado: ninguno de los cuatro archivos estaba siendo ejecutado.
Al mediodía consumimos la tercera porción del asado que preparamos el domingo; después entré a la cocina a lavar los trastes del día y a prepararme un café; el cual consumí con dos mitades de galletas.
Casi al final de la jornada conseguí -por fin- que los cuatro archivos corrieran -aunque un par de ellos aún presentaban errores intermitentes-; y a las cuatro de la tarde salimos con Rb a caminar hacia los supermercados en dirección sur.
Aprovechamos para regalar la mitad del racimo de bananos que había cortado la semana anterior; una penca se la dió Rb a la vecina, otra se la regalamos a una familia con la que usualmente hemos compartido esta fruta; y las dos últimas las pasamos a dejar a la garita.
Llegamos hasta el extremo del boulevar y luego entramos en el supermerado más alejado; yo quería ver si había leche de una marca específica en el lugar, pero no encontré; en el otro supermercado compré un par de medios litros -estaban a un 'precio especial'-.
Después de regresar a casa continué trabajando en el código; logrando mejorarlo un poco; a las seis y media Rb entró a su clase de teología; y yo empecé a preparar mi pastel semanal (aunque me tocó que ir a la tienda de la esquina pues se me había olvidado comprar zanahoria).
La preparación del pastel me llevó un poco más de media hora y, al final, lo dividí en ocho porciones y lo puse a enfriar; mientras tanto terminé de ver la película que había empezado un par de días antes.
La clase de Rb se extendió hasta después de las ocho; yo me había movido a su cama y, después de terminar de ver la película, había continuado con el libro en inglés -sobre las elecciones- y, luego, con el libro der soft romance -en francés-.
El jueves me desperté bastante temprano: el tránsito estaba, por alguna razón, más ruidoso que de costumbre; además, había estado teniendo sueños algo raros: incluían a mi supervisora local y algo de un concurso -raro, la verdad-.
Ví la hora en el celular y apenas acababan de pasar las seis; así que nomás esperé a que sonara la alarma de las seis y media, para levantarme a meditar; después retorné a la cama para actualizar mis notas -incluyendo esta-.
Un poco antes de las nueve salí de la habitación pues tenía que desayunar antes de acompañar a Rb a su visita semanal al mercado en el centro histórico; salimos de casa casi a las nueve y media; y no esperamos mucho a que pasara el busito en el boulevard (el pasaje ha sido incrementado en un veinte por ciento debido al conflicto en Oriente Medio).
Al apearnos del busito nos dirigimos a la estación del transmetro; la cual estaba bastante vacía; con lo que, un poco después, estábamos llegando al mercado; en donde Rb compró un poco de moras y un par de mangos enormes.
Después del mercado retornamos a la estación del transmetro y, luego de dejar pasar varias unidades, abordamos una que no iba muy llena; en el comercial en donde se estacionan los busitos entramos al supermercado; allí Rb adquirió hígados y mollejas de pollo para el almuerzo de la semana siguiente.
También compró una bolsa de manzanas; yo aproveché que los mangos en ese lugar estaban bastante baratos y adquirí uno; después de pasar a la caja nos dirigimos a abordar el busito de vuelta a casa.
Sacamos a caminar a los perros grandes, y a la perra más anciana al patio frontal; después recalentamos la última porción de pollo asado; por la tarde estuve adelantando un poco en el libro en francés y el libro en inglés.
A las cuatro de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; aunque no necesitábamos nada del supermercado; caminamos nomás hasta la gasolinera más cercana en el boulevard principal.
De vuelta a casa pasamos a la panadería en la que venden el pan más barato; allí compré un poco de pan para mis desayunos del fin de semana; por la noche estuve tratando de ver una película de acción, pero no encontré una buena versión -con subtítulos-.
El viernes Rb me despertó antes de dirigirse a la consulta con el urólogo -eran las seis de la mañana-; continué dormitando hasta que sonó el celular -a las seis y media-; me levanté a meditar y luego entré a la reunión diaria.
A medias de la misma recibí un mensaje de mi compañero más brillante: me comentaba que, debido a que el supervisor en el imperio del norte no se había comunicado, estaba cancelando la reunión para dar seguimiento al proyecto en el que estamos.
Pero un poco después me volvió a escribir para indicarme que el código que había mandado no seguía el estándard que él había definido -no lo dijo en esos términos sino que me empezó a cuestionar sobre algunos archivos, pero el mensaje era ese-.
Entonces me ofrecí a trabajar en la mejora del código en el que había estado trabajando las últimas semanas; y eso me pasé haciendo el resto de la jornada; primero asegurándome de que la parte que sí cumple el estandard aún funcionara.
Rb estuvo enviándome mensajes durante la mañana, actualizándome sobre el avance en su jornada médica; al final, un poco antes del mediodía, me comentó que el urólogo le había recetado algunos medicamentos, para ver si podía evitarse la cirugía.
Ya era bien tarde cuando me escribió con el resultado final; me parece que ya había sacado a caminar a los perros grandes -y a la perra más anciana al patio frontal-; un poco antes había puesto a desinfectar lechuga y me dí cuena que no teníamos manzanas verdes.
Llamé a Rb para ver si aún estaba en el comercial en donde abordamos los busitos -había pasado a desayunar a ese lugar, luego de terminar la consulta médica-; pero me comentó que ya se encontraba esperando a que la unidad empezara su recorrido.
Entonces me dirigí a la tienda de la esquina, compré una manzana verde y una zanahoria; saqué la lechuga del agua con cloro, la remojé en agua filtrada y puse a desinfectar lo que acababa de comprar; luego preparé un par de ensaladas.
También había puesto en la estufa -luego de trocearla- una buena cantidad de pechuga de pollo que Rb había dejado en la refrigeradora; la cociné en un sartén durante cerca de media hora, condimentándola con especies italianas y agregándole -al final- un par de cucharadas de miel.
Rb vino casi a la una y media; yo estaba terminando de servir los almuerzos y le pregunté si prefería que le reservara el suyo; pero no, quiso acompañarme en la comida; después del almuerzo lavé los trastes, me preparé un café -me había quedado sin té- y lo consumí con dos mitades de galletas.
Al final de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos al extremos del boulevard y luego entramos al supermercado cerca del mismo; allí compré una pechuga de pollo -para el almuerzo con mi hija el día siguiente-.
Después, en el otro supermercado, compramos un poco de bananos; y yo compré un pepino para la ensalada del día siguiente con mi hija mayor; por la noche estuve viendo el segundo capítulo de la quinta temporada de The Boys -la noche anterior había visto el primer capítulo-
Además bajé la película de acción que no había podido ver la noche anterior -encontré una versión de menos de un gigabyte-; también avancé en el libro en inglés -me quedó nomás el último capítulo- y en el libro en francés -dos ciclos más para terminarlo-.
El sábado me desperté antes de las seis; no sé si la edad ya está haciendo que me despierte más temprano; o los perros en las cercanías han estado más escandalósos que en el pasado; me quedé en la cama hasta las seis y media, que sonó la alarma del celular.
A esa hora me levanté a meditar; después retorné a la cama y me puse a completar alguans partidas de ajedrez en Duolingo; un poco después de las siete y media Rb entró a la habitación y se acostó un rato a mi lado.
Luego de que se retiró terminé la partida que había dejado a medias; después me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; un poco después de las ocho de la mañana salí de mi habitación: había previsto preparar la ensalada del almuerzo antes de desayunar.
La ensalada -las dos- quedaron muy bien: lechuga, pepino, zanahoria y aguacate; también llené un par de bolsitas con aderezo; estuve -entre las pausas de la preparación de las ensaladas y el desayuno- trabajando un poco en los cambios que mi compañero me pidió el día anterior.
Los del día anterior no habían estado muy difíciles, pero estos se perfilaban más complicadillos y, efectivamente, no pude adelantar mucho; además, le había propuesto a Rb que fueramos al supermercado a media mañana; con lo que caminamos hasta la mitad de la ruta entre ambos supermercados en dirección sur; de allí volvimos al más cercano.
Compramos tres lechugas -cada una de diferente tipo- y luego pasamos por la tienda de las verduras: necesitábamos zanahoria y papaya; después retornamos a casa; eran casi las once de la mañana y empecé a preparar los rollitos de pollo que últimamente preparo cuando veo a mi hija mayor o a mi hijo menor.
Saqué de la refrigeradora los dos rollitos que había dejado preparados la noche anterior, batí un huevo y, luego de pasarlos por harina de papa y el huevo, los cubrí con hojuelas de avena; sellé dos lados de los rollitos -ya había calentado el aceite- y luego ordené los tratos que me llevaría al almuerzo con mi hija.
Le había puesto fuego realmente bajo a los rollitos y, luego de quince minutos, les dí la vuelta; entonces saqué a caminar a la perra más pesada de Rb -ella me acompañó con el otro perro grande-; cuando volvimos de la caminata saqué a la perra más anciana al patio frontal, saqué los rollitos del aceite y los puse en una toalla de papel absorbente -antes de meterme a la ducha-.
Salí de casa un poco después de las doce del mediodía; aún ví la ruta en Waze y me pronosticaba un viaje de veintiseis minutos -había quedado con mi hija mayor en que pasaría por su trabajo actual (en una academia de idiomas) un poco después de las doce y media-.
EL tránsito no estaba tan mal -la gasolina aún anda con el incremento del cincuenta por ciento a causa del conflicto en el Oriente Medio-; cuando iba en el periférico llamé a mi hija -por teléfono-; pero no me contestó, puse datos móviles y la llamé por whatsapp -de hecho me había enviado un mensaje disculpándose por no llegar a contestar el teléfono-.
Pero estuvo bien: me contestó por whatsapp y le comenté que estaba doblando la esquina de la calle en la que se encuentra la academia de idiomas; ella salió en el acto y nos dirigimos al departamento para dejar el automóvil en el parqueo -el parque temático cobra tres dólares de parqueo-.
Además, mi hija andaba con una vestimenta bastante formal, por lo que era mejor -para ambos- pasar por el departamento; después de que mi hija se cambió a algo más cómodo nos dirigimos caminando al parque temático.
Llegamos bastante temprano y nos encaminamos directamente al área techada de mesas -la temperatura estaba bastante elevada y fue un buen alivio estar bajo la frescura del lugar-; allí almorzamos; después armamos un par de cubos de Rubik y completamos una partida de Scrabble.
Después le ofrecí a mi hija que nos dirigiéramos a la rueda de Chicago más grande del lugar; pero antes tuve que pasar a comprar un pasaporte de doce juegos (cuatro dólares) pues nomás tenía uno en el anterior -son doce juegos por pasaporte-.
Después de comprar el pasaporte le propuse a mi hija que compráramos un par de helados de crema -tenía mucho tiempo de estar antojando esos helados-; compramos un par en el restaurante de pollo y nos acomodamos en un área con sombra.
Luego nos dirigimos a la rueda de Chicago; casi no había cola, pero, lastimósamente, justo cuando estábamos a un par de personas de abordar el juego mecánico, lo detuvieron: al parecer una de las canastillas tenía una falla mecánica y estaba provocando que la rueda parara en momentos inadecuados.
Era aún bastante temprano pero le propuse a mi hija que volviéramos al departamento: habíamos acordado despedirnos a las cinco de la tarde y quería pasar a un supermercado -o dos- en el camino para ver si podía adquirir un poco de té de menta -llevaba varias semanas sin esto-.
Afortunadamente encontramos -dos presentaciones- en el primer supermercado al que pasamos -compré como cuarenta bolsitas por cuatro dólares-; el resto del camino al departamento estuvo bastante tranquilo -el sol ya había amainado-.
Cuando entramos al departamento me instalé en la sala y le propuse a mi hija que probáramos a armar el unicornio de origami que sale en la película Blade Runner -había encontrado un tutorial unas semanas antes-.
Pero está bastante complicado: se realiza en dos partes separadas que luego se ensamblan; por lo que llegó la hora de nuestra despedida cuando aún estábamos terminando la primera mitad; como ví a mi hija alistándose le propuse pasarla dejando al supermercado al que se dirigía -al otro lado de la vía principal-.
Bajamos al parqueo y pasé dejando a mi hija -literalmente del otro lado de la calle-; luego tomé la vía alternativa para encontrar el camino cerca de la universidad por el que llego a la ruta que trae a la casa de Rb; me tocó un poco de espera antes de entrar a la primera, pero, luego, no hubo mucho tráfico.
Vine bastante temprano a casa; a encontrar a Rb completamente inmersa en la lectura -básicamente de varios LLMs- de todas las posibles causas -y soluciones- de sus dolencias actuales; la verdad creo que será una fuente de conflictos.
Y a ver cómo sigue eso.
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