Empecé a leer este libro uno o dos días después de terminar The Paradox of Choice; no hallaba con qué libro continuar y se me ocurrió ver qué tenía en las listas que traía del año pasado; allí apareció -aunque creo que ya lo había considerado seriamente antes-.
Está escrito de forma rara: primera y tercera persona, me parece (hablando de ella misma); y, de hecho, en el primer (o segundo) capítulo habla sobre las diferentes personas que pueden enfocar -o narrar- un acontecimiento.
Además, mientras buscaba la mejor forma de agregar la versión en español y francés al título encontré que -de hecho- actualmente se está desarrollando la serie para la televisión -Apple Tv, si no estoy mal.
Según IMDB es una comedia; o sea que -otra vez- estoy leyendo una comedia mientras la serie -o película- se está desarrollando en tiempo real -me pasó antes con Lecciones de Química (y no recuerdo si se ha repetido con algún otro libro, recientemente)-.
Y a ver cómo va eso...
El sábado por la noche traté de calmar un poco a Rb sobre su obsesión con su situación actual -ha estado, incluso, contemplando hospitalizarse en alguno de los dos centros médicos públicos de la ciudad-; me comentó que había 'investigado' y empiezan a dar números para consulta a las cuatro de la madrugada.
Traté de mostrarme empático -¿o solidario?- pero no sé si parte de las características del espectro de Asperger en el que me encuentro me dificulta mi desempeño en esta área; sentí la verdad bastante tensión en el ambiente.
Igual seguí trabajando -aunque muy poco- en el código que había empezado a trabajar por la mañana; como eran varios archivos que debía modificar -incluso debía eliminar uno que ya funcionaba bien y sustituirlo por uno con un nuevo estandard- se me complicó un poco -o bastante-.
Bajé la película de acción que no había podido ver en línea porque los subtítulos estaban bastante defectuosos; pero los subtítulos que traía la descarga no estaban muy buenos tampoco; por lo que me tocó que buscar una buena versión de los mismos; al final ví como un octavo de la película.
El domingo me levanté a las seis y media, medité -por primer día- veinticinco minutos y luego retorné a la cama; pero no a dormir, quería trabajar en los cambios que había realizado el día anterior -y que no estaban funcionando-.
Rb llegó un poco más tarde y se acostó un rato a mi lado -le puse pausa al código en ese tiempo-; y, luego que se levantó (para darle de comer a sus perros), continué con el mismo; salí de mi habitación un poco después de las nueve, con mis dos computadoras, para continuar trabajando en la mesa del comedor.
En el ínterin también completé algunas lecciones de Duolingo; le había propuesto a Rb que camináramos hasta los supermercados en dirección sur a media mañana; y, justo antes de salir, me dí cuenta que había estado trabajando en un archivo y tratando de ejecutar otro -con el mismo nombre pero en una carpeta diferente-.
Le estaba contando esto a Rb mientras caminábamos y noté que se encontraba mal: de hecho en un momento se detuvo completamente, quejándose de dolor abdominal; por lo que le propuse que no camináramos hasta el extremo del boulevard, sino únicamente al supermercado más lejano; allí compré un zepelín para la visita de esa tarde.
También saqué un poco de dinero en el cajero automático -veinticinco dólares-; en el otro supermercado compramos un poco de bananos pues la mitad de los que teníamos en casa aún estaban verdes; cuando retornamos a casa le transferí a Rb el dinero que había extraído del cajero -y el valor del zepelin y los bananos-.
Además, pagué el servicio del internet y emití el certificado de ausencia de antecedentes policíacos de mi hija mayor -me lo había pedido el día anterior pero la página estaba caída el sábado por la noche-; afortunadamente pude completar el trámite y le mandé el documento; ella me depositó los cuatro dólares que había pagado por el mismo.
Continué trabajando en el código pero no le veía pies ni cabeza; entonces, un poco después del almuerzo empecé a revisar el código más sistemáticamente -apoyándome con un par de LLMs-; lo que al final rindió frutos; justo antes de dirigirme a mi reunión de la tarde -que estaba programada para las tres- logré que el código -finalmente- funcionara.
Salí de casa bastante tarde -o sea, a las tres menos cuarto aún le preparé el té de manzanilla habitual a Rb-; además, le pedí prestado el dominó que llega hasta los doce puntos; por suerte el tránsito estaba bastante ligero; pero, como me molesta la impuntualidad, a medio camino llamé a mi amigo para comentarle que llegaría cinco minutos tarde.
Mi amigo se encontraba bastante tranquilo, por lo que conduje con bastante precaución; me estacioné a dos casas pues había un auto justo frente la suya; pero, cuando mi amigo salió a abrir el portón de su casa también salió el dueño del auto, a meterlo al parqueo interno; entonces moví el auto hacia el frente de la casa.
Además del dominó extendido llevaba el zepelin que había comprado por la mañana y una bolsita con café molido -de un paquete que había comprado el mes anterior-; nos instalamos en la mesa del comedor y mi amigo puso agua a hervir.
Cuando el agua estuvo a punto mi amigo sacó la prensa francesa y preparé las cuatro o cinco cucharadas de café que llevaba; luego partí el zepelin y le propuse que jugáramos una partida de dominó -se sorprendió con la variante que llevaba-.
La cual nos llevó una muy buena cantidad de tiempo -en varias ocasiones tomé mas fichas para alargar el juego-; al final utilizamos todas las fichas del juego (son noventa y una en total), y yo me quedé con la última -o sea, mi amigo ganó-.
Fue un buen par de horas entre conversación, café, zepelin y dominó; un poco antes de las cinco le avisé a mi amigo que me retiraba y bajó a despedirme al portón de su casa; el tránsito de vuelta estaba bastante ligero por lo que un poco después estaba estacionando la van frente a la casa de Rb.
Cuando entré a casa volví a encontrar a Rb en un estado parecido al del día anterior; de hecho hubo un connato de conflicto porque estaba contándome algo y yo estaba encendiendo mis computadoras -quería terminar (y enviar) los cambios en el código-.
Traté de calmar las aguas, pero no sé qué tan realista sea esperar que la convivencia no sufra por todos los cambios que se vienen -o que puedan venirse-; un poco más tarde Rb me pidió que la ayudara con la preparación de los almuerzos de la semana y me puse a picar -con ayuda de un procesador- varias zanahorias y un par de chiles pimientos.
Afortunadamente el ambiente se calmó -y los cambios finales al código no estuvieron tan dolorosos- y un poco antes de las siete de la noche ya habíamos terminado de preparar el arroz con hígados y mollejas de pollo que almorzaríamos durante la semana.
Y, finalmente, envié el código completo a las nueve menos cuarto; tomé una captura de pantalla de los cambios ya en el servidor remoto y se los mandé a mi compañero más brillante; luego me dirigí a la habitación de Rb, para actualizar mis notas -incluyendo esta- y ver si podía adelantar algo de la película de acción -ya no me dió tiempo de lo último-.
El lunes me levanté a las seis y media; medité y luego entré a la reunión de las siete; luego me quedé en la cama, esperando por la siguiente -a las nueve-; aproveché para hacer algunas lecciones de Duolingo -y leer un poco-.
Laboralmente el día estuvo bastante lento; nomás recibí -antes de mediodía- una llamada de un analista en el Imperio del Norte: nuestro supervisor le había dicho que me llamara para aclarar algunas dudas sobre un caso de prueba que estaba corriendo.
No pude ayudarlo mucho -de hecho me tocó que escribirle a mi compañero más brillante para que me auxiliara en el acceso a un par de servidores-; luego llamé de vuelta a mi compañero en el Imperio y pudimos completar la tarea que estaba realizando.
Por la tarde fuimos a la iglesia de Rb: ella empezaba a colaborar en un proyecto de alfabetización que organiza su congregación; salimos de casa un poco después de las cuatro de la tarde y llegamos a la iglesia -son más de tres kilómetros- con un buen tiempo de anticipación.
Rb me presentó al coordinador de la actividad y a otra persona que estaba llegando para un servicio del grupo de 'caballeros' de la iglesia: esta persona se mostró bastante extrovertido -al parecer conoce a Rb desde muy joven-.
A ella no le agradó mucho --o eso me pareció- el comportamiento de esta persona; cuando llegaron las dos señoras que se apuntaron a aprender a leer y escribir me salí del aula en donde Rb se encontraba -con el coordinador- y estuve esperando en el patio.
Me había llevado el cubo de seis por seis y lo completé sin mucha dificultad; luego estuve pateando -mientras caminaba alrededor de la cancha de basket-ball- una pelota de futbol, tratando de colocarla dentro de unas pequeñas porterías -no recuerdo si al final lo logré-.
La actividad de Rb terminó un poco antes de las seis y empezamos la caminata de vuelta a casa; en el camino aún encontramos a la persona del grupo de caballeros -con otro feligrés- con las compras que habían hecho para el asado que acompañaría su actividad.
Por la noche estuve terminando el libro de inglés y avanzando un poco en el libro de francés; además empecé a revisar cuál era el estado actual de este rubro -lectura- durante el año (creo que apenas superé los diez libros durante el primer trimestre).
El día anterior, por la noche, me dí cuenta que el viernes habían enviado una revista de rrhh en donde incluyeron un artículo -sobre mindfulness- que había propuesto hacía año y medio; lo 'chistoso' fue que yo envié el artículo en inglés y ellos lo publicaron en español.
Tomé captura de pantalla (eran cuatro o cinco párrafos nomás) y se la envié a Rb -y a mi hija mayor-; Rb no me comentó mucho; mi hija mayor me felicitó -también me dijo que los cuatro puntos que estaba considerando al final del artículo le parecían interesantes-.
El martes me desperté un poco antes de que sonara la alarma: Rb entró a la habitación a despedirse pues había previsto dirigirse a uno de los dos hospitales más grandes de la ciudad; me levante a meditar y luego entré a la primera reunión de equipo del día.
Después de la asignación el analista más brillante me escribió para comentarme cómo estaba planificando que continuaramos con la escritura de código en el proyecto en el que hemos estado trabajando durante el último mes.
Y luego, me pasé todo el día escribiendo código; fue un día bastante intenso porque se trataba de una nueva pantalla -sería la tercera- sobre la que trabajo directamente; por lo que al final del día laboral me sentía bastante agotado -especialmente de la vista-.
Durante la mañana Rb me estuvo enviando mensajes para comentarme el avance en conseguir atención en el hospital público y, un poco antes de mediodía, me llamó para comentarme que le habían dado una cita para septiembre -lo cual no le pareció-.
Vino un poco después bastante desanimada -y con el plan de continuar yendo al hospital privado al que ha estado acudiendo desde finales del año pasado -y en el que le realizaron la histerectomía-; de todos modos -al parecer- consiguió -por medio del hermano de su jefe- un contacto para ver si podía agilizar los procesos.
Al mediodía almorzamos la segunda porción de los almuerzos que preparamos el domingo por la tarde; acompañado de una pequeña ensalada y -nomás yo- un poco de fresco de rosa de Jamaica -gracias a sus investigaciones Rb decidió dejar de consumir más productos que pueden afectarla-.
A las cuatro de la tarde nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos caminando al supermercado que queda a mitad del camino; allí Rb adquirió un cartón de huevos (pues dejará un poco las nueces y planea duplicar su consumo de estos).
Por la noche estuve viendo el final de la película Sniper No Nation; no fue muy decepcionante -a pesar de que había leído críticas bastante desfavorables-; quizá lo que menos me gustó es que deja un final abierto -o sea, es una serie de películas-.
El miércoles fue otro día completamente dedicado a escribir código: el día anterior me había dedicado toda la jornada a explorar los principales componentes de la página que me había asignado mi compañero.
Entonces, el miércoles me dediqué a escribir casos de prueba para los dos primeros campos de la página -de más de diez-; a la hora en que se terminó mi turno laboral nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte.
En la tienda verde de descuentos Rb adquirió un paquete de plasticina y una caja de crayones de cera -para sus tareas de alfabetización-; yo aproveché para comprar una bolsa de dulces -gomitas- que planeaba reservar para la próxima reunión de equipo trimestral.
Casi al final de nuestra caminata pasé a la tienda de la esquina a comprar una zanahoria -lo único que me faltaba para la preparación semanal de mi pastel de avena-; por la noche mi hijo me envió un par de capturas de pantalla con la transferencia de la liquidación de las acciones de su empresa.
Otra captura de pantalla mostraba la transferencia de lo que no había gastado de la primera transferencia -menos de tres por ciento de la cantidad-; se disculpó por sus acciones pero no quise -no le ví sentido- elaborar.
Rb atendió su clase de teología de seis y media a ocho y media; yo aproveché para preparar mi pastel semanal; en esta ocasión la variante fue la ralladura de zanahoria: no utilicé la parte más fina del rallador sino la que uso para las ensaladas -y utilicé la batidora que uso para las yemas).
Por la noche ví el tercer capítulo de la última temporada de The Boys; la que sigue igual de bizarra; también realicé los últimos ajustes a una app que había empezado a hacer el lunes: usando React -ayudado por un par de LLMs- creé una página para dar seguimiento al ayuno intermintente.
Esta app es bastante sencilla: se registran las horas de la primera y segunda comida del día; esta información puede ser modificada; y en una segunda pantalla se muestran gráficas de la extensión del ayuno cada día, del número de días de cada nivel de ayuno (20/4, 1/5, etc) y de la variación del peso cada dos semanas -para esto tienen que pasar quince días).
La empecé el lunes y subí el código a Github -tenía más de seis meses de no subir código al sitio-; luego, el martes, se me ocurrieron un par de detalles que podían ajustarse -cambiar la escala de una gráfica y el tipo de la segunda, y el miércoles realicé algunas correciones ortográficas.
El miércoles también terminé un curso de creación de APIS que había empezado el lunes -en Coursera-; me había llamado la atención este tema desde un tiempo atrás y la semana anterio ví que mi ex analista del país vecino del norte estaba formándose en esto; se me ocurrió que podía explorar un par de cursos.
El jueves me levanté cuando la alarma sonó -a las seis y media-; medité y luego encendí la computadora del trabajo; las reuniones de la semana habían estado bastante escuetas y la de ese día siguió el patrón: nomás se revisaron algunos pendientes para una demo.
Después de la reunión me quedé en la cama, leyendo algunos artículos de Hacker News, y haciendo algunas partidas de ajedrez en Duolingo, hasta las nueve de la mañana; Rb entró un poco antes de las nueve a contarme cómo había estado su noche.
Después de la reunión de las nueve -no hubo muchas novedades- pasé mis dos computadoras a la mesa del comedor y continué trabajando en el código que quería enviar al final del día.
A las diez de la mañana me preparé el desayuno y mientras lo consumía continué con la tarea en curso: el día anterior había logrado que dos casos de prueba funcionaran; pero los siguientes dos me estaban causando bastante atraso -no lograba realizar una validación en una tabla de datos-.
Al mediodía consumimos la última -de cuatro- de las porciones de pollo con hígados y mollejas de pollo; después del almuerzo lavé los trastos y me preparé un café; y continué con la modificación del código que había empezado un par de días antes.
A las tres menos cuarto le preparé un té a Rb y a las cuatro de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur: elegimos esa dirección porque teníamos que comprar pollo para los almuerzos del viernes y fin de semana.
Yo también quería comprar el pan para mis desayunos de esos mismos días -lo que olvidé, al final-; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado más cercano.
Allí comprobamos que no habían bananos en buenas condiciones; Rb compró un poco de alitas de pollo -para mí, pues pensó que ya no tenía en el freezer- y varias libras de fajitas de pollo -para el almuerzo que había planeado preparar para el sábado-.
Después retornamos a casa; en el camino se me habían ocurrido un par de acciones que podía tomar para que el código funcionara; y la primera rindió frutos: a las seis y media mandé el código al servidor remoto; además, tomé un par de captura de pantalla del envío y se lo envié -por un mensaje- a mi compañero -quien no respondió-.
Por la noche empecé a ver la primera parte -de cinco- de Hail Mary: ví que en total dura dos horas y media y decidí ver media hora cada día; también estuve actualizando mis notas -incluyendo esta- en mi computadora personal; hasta las nueve y media, que me lavé los dientes y me despedí de Rb.
El viernes me desperté super temprano: Rb quería que la llevara al hospital público al que había acudido el martes; se supone que únicamente los martes y viernes atienden en la clínica renal del lugar -y que solo reparten diez números al inicio del día-.
Entonces Rb había planeado llegar al lugar antes de las cinco de la mañana -alguien le había comentado que había cola desde muy muy temprano-; por lo que me había pedido que saliéramos de casa a las cuatro y veinte.
No tuve muchos problemas en dormirme -aunque estaba un poco inquieto-; pero después de la medianoche -estimo- mi sueño fue bastante intranquilo; a las cuatro y diez sonó la alarma y me levanté a prepararme; cuando salí de la habitación encontré a Rb en el comedor, ya lista para salir.
Me comentó que no había podido dormirse después de darle de comer a su perra a las tres de la madrugada; y no sé si esa fue la razón de que mi sueño fuera tan ligero a esa hora; o sea tuve un -o varios- sueño bastante raro: estaba trabajando en el primer banco en el que laboré pero en el edificio también había departamentos -super raro-.
A las cuatro y veinte Rb tomó la mochila que había preparado para su aventura hospitalaria y salimos a encender la van; dos vecinos ya estaban saliendo hacia su trabajo, y había un poco de tránsito en el boulevard -el subsidio de los combustibles ha hizo que la gente tome de nuevo sus vehículos-.
Afortunadamente el tránsito no era excesivo, por lo que no tuvimos dificultades en salir del municipio -y entrar a la ciudad-; en el periférico tomé una vía secundaria pero, al ver que la vía principal estaba fluida, retorné a la misma; un poco después de las cuatro y media estábamos llegando al hospital.
A pesar de la hora -o quizá debido a esto- ya había bastantes personas en los alrededores; de hecho la fila de ingreso se extendía hasta la calle; Rb dudó en quedarse, viendo la afluencia de personas, y me insinuó que podíamos retornar a casa; yo le indiqué que la fila se estaba moviendo y que podía esperarla cerca del lugar mientras veía cómo estaba la situación.
Al final la dejé en el lugar y conduje lentamente fuera del acceso al hospital; cuando había tomado una calle paralela la llamé para repetirle que podía quedarme a la mano por si necesitaba algo -o quería retornar-, pero me indicó que mejor continuaría esperando.
Entonces conduje de vuelta a casa; las principales avenidas aún estaban bastante vacías; aunque el acceso al municipio había empezado ya a complicarse -por el carril reversible que colocan a esa hora del día-; vine a casa un poco después de las cinco y le envié un mensaje a Rb.
Y a ver cómo sigue eso...
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