sábado, 7 de junio de 2025

Murderbot —y la cejijunta—... Murderbot —and the bushy-eyebrowed one—... Murderbot —et la mono-sourcil—...

Hace cinco o seis años -o quizá un poco más- encontré el primer libro de la serie Murderbot; me gustó la idea de un bot humanoide especializado en la seguridad de grupos de investigación.

Que hackea su governor module pero en vez de dejar el trabajo para el cual fue construido se dedica a descargar muchas horas de dramas televisivos para verlos mientras está haciendo otra cosa. 

Ese fue el primer libro; luego entran temas como la independencia, la lealtad, la reparación de daños pasados; creo que he leído cuatro o cinco libros de la serie -incluyendo algunos muy cortos-.

Y además -bendita época de Internet- estuve, hace unos años, leyendo un poco más sobre la autora: al parecer tiene otra serie de libros de fantasía; pero fue con Murderbot con lo que ha alcanzado más éxito; creo que incluso uno o dos premios de ciencia ficción. 

Estuve leyendo su blog; me enteré que había tenido dificultades para completar una serie de giras que su editor organizó para promocionar los libros; también que le habían disgnosticado -y estaba en tratamiento- cáncer.

Y hace algunos meses me había enterado que Apple estaba preparando una adaptación de los libros; en general me gustan las producciones de esta compañía: creo que siguen el camino creativo que les inculcó Jobs.

Pero, la verdad, lo que he visto -los cinco capítulos que han publicado de la primera temprada- no me han gustado mucho: a pesar de que -se supone que- la autora está involucrada en la serie, la encuentro demasiado separada de los libros.

O sea, hay bastante acción -en los libros hay mucha- pero el tono que eligieron me parece demasiado ingénuo: o sea, el grupo de humanos con los que el bot tiene que tratar son -según el libro- un grupo de personas que creen en la libertad, pero la toman en serio.

En la serie -siento que- exageran mucho la parte hippie del grupo; presentándo al grupo como infantilizado; pero me imagino que es bastante complicado representar algo más serio dado el estado actual de la cultura global.

Y Frida Kahlo; la semana pasada me enteré -gracias a mi amigo autista de ascendencia asiática- que la embajada de nuestro gran vecino del sur estaba organizando una exposición de obras -copias, realmente- de Frida Kahlo y Diego Rivera.

No me gusta especialmente este tipo de pinturas -aunque en Les Yeux de Mona hablan sobre un cuadro de esta artista que está en uno de los museos principales de Paris- pero en nuestro país hay realmente muy pocos espacios culturales.

También estaba recordándome que cuando era niño, ví en algunas ocasiones un programa que repetían, en el canal de televisión del ejército, con obras de la artista, y una voz en off explicando sus orígenes: me pareció -era muy joven- bastante bizarro el estilo de collares de espinas y venas expuestas.

También ví -hace varias décadas- una película que narraba la complicada situación que tuvo el matrimonio: o sea, él era varias décadas mayor; y las infidelidades de ambos fueron bastante públicas.

No recuerdo si en la película -o en algún artículo- me enteré que el último acto rebelde de la pintora fue participar en una manifestación en la que se condenaba el derrocamiento del segundo presidente que intentaba que esta gran finca en la que vivimos cambiara un poco.

Total que mi amigo me comentó que había ido el sábado pasado; comentándome que estaba interesante la exposición; me había decidido a visitarla; pero aún no sabía si ir solo o con alguno de mis hijos.

Y entonces se me ocurrió pedirle a Rb que me acompañara; le pregunté si le gustaba ese tipo de arte -Rb es super creativa, y muy buena-; y me dijo que no especialmente; pero que si era para ir a la exposición -se había enterado por Twitter- que estaba dispuesta.

Esa conversación la tuvimos el jueves, me parece; ese día hicimos algo que es muy difícil que suceda: como se pasó lloviendo toda la tarde, para bajar a los supermercados en dirección sur, utilizamos el automóvil.

Y no fuimos a los de la dirección contraria porque el tránsito se pone mucho peor en cuanto empieza cualquier lluvia; total que fuimos al mercado más lejano; en donde compramos un par de latas de champiñones, pues esperaba que el sábado nos visitara nuestro amigo arquitecto.

Aprovechamos a pasar a la gasolinera, para reponer el combustible que consumí en la visita a mis padres el domingo anterior -esos fueron quince dólares-; y pasamos al otro supermercado por unos bananos; y lechugas para las ensaladas de la siguiente semana.

El miércoles había enviado, por correo electrónico, la factura por las horas que trabajé en el segundo proyecto el mes anterior: en total fueron ciento cincuenta y dos horas; o sea, nomas ocho menos de lo que hubiera sido un mes completo.

Y justo al día siguiente recibí el depósito de los dólares en la cuenta que había configurado para el efecto; como había quedado que un diez por ciento le reembolsaría a mi amigo por la referencia laboral, me comuniqué con el mismo y le deposité la cantidad -en la moneda local-.

Total que el jueves fue un día super ocupado: tuvimos una reunión extensa con nuestro lead, replicando un proceso para verificar su funcionamiento; y luego tuvimos otra reunión con nuestra supervisora local; en la que nos transmitió parte de la visión general de nuestra área.

El viernes nos reunimos -después de la reunión de primera hora- con los otros tres analistas; estuvimos más de una hora trabajando en lo que habíamos visto el día anterior, con nuestro lead; apenas después de que terminara esta reunión, preparé mi desayuno.

Y luego tuvimos otra reunión con todo el equipo local: la primera semana de julio tenemos que realizar una presentación sobre el proyecto en el que estamos trabajando; la reunión fue bastante extensa, pero creo que vamos avanzando en la asignación.

En la tarde recibí un mensaje de mi amigo arquitecto, cancelando nuestro desayuno del día siguiente; y entonces, pensé en que debe haber alguna forma para mejorar mi forma de cultivar amistades; o sea, que esta sea importante para ambas partes.

Decidí marcar a este amigo como al anterior que canceló nuestro último desayuno el mes pasado: en rojo, indicando que no haré un nuevo intento para un nuevo encuentro; pero eso me regresa -casi- a la casilla cero: ¿cómo cultivo amistades? 

 Le comenté a Rb que nuestro amigo había cancelado, y su primer comentario fue el mismo: no más; también se alegró porque no tendría que preparar unas tartaletas que había previsto.

Pero le comenté que podíamos aprovechar para ir a la exposición en la embajada -originalmente o habíamos previsto para el domingo-; estuvo de acuerdo y, por la noche, preparó una nueva receta que quería probar para el almuerzo del día siguiente: albóndigas de pollo.

Total que el sábado -en vez de levantarme a preparar el desayuno para compartir con alguien más- me levanté a la misma hora, resolví los wordle en inglés y francés, y luego preparé mi desayuno normal de los fines de semana.

Después retorné a la cama, a leer un poco de Le syndrome du spaguetti, un poco de A Lua de Joana, y a hacer algunas lecciones de Duolingo; también jugué algunas partidas de ajedrez -sigo mejorando, poco a poco-.

Luego, a las nueve, me vestí y salí de la habitación; Rb estaba desayunando, luego de darle de comer a sus perros; y un poco después de las diez nos dirigimos a la embajada; el tránsito estaba terrible: apenas a un par de calles empezaba el embotellamiento.

Pero logramos llegar a la embajada antes de las once -cinco minutos antes-; tuve que pagar tres dólares al señor que se mantiene 'cuidado' los autos en el lugar; y pedirle favor a los policías locales para acceder al recinto: primero nos habían dicho que ibamos a tener que esperar una hora, pues el grupo ya había ingresado.

Afortunadamente salió una señora con una lista de control de ingreso; en la que Rb anotó nuestros datos, previo a ingresar; la exposición estuvo interesante: básicamente fueron dos grandes salas con trabajos de los dos pintores.

En la primera sala, la mayor parte del espacio estaba dedicado a Frida Kahlo; varios cuadros con datos biográficos, y reproducciones varias de sus obras; en un espacio un poco más pequeño, lo mismo para Diego Rivera.

Luego, en otra sala del segundo nivel, y con una duración de una media hora; estan realizando una proyección inmersiva con todo el recorrido artístico de los dos pintores: son una serie de proyectores cubriendo la totalidad de las paredes, y el techo, me parece.

En general fue una muy buena experiencia; salimos del lugar casi al mediodía y, de acuerdo al o que le había comentado antes a Rb, nos dirigimos al Mc Donalds más cercano: quería probar un helado de Oreo que han estado promocionando últimamente.

Luego retornamos a casa; el tránsito seguía igual de pesado; pero, afortunadamente, antes de una hora más tarde, estaba estacionando el auto frente a la casa de Rb; y terminándome el helado.

En el almuerzo consumimos la mitad de las álbondigas que preparamos la noche anterior; acompañados de arroz; como habíamos sacado a caminar a los perros al retornar, Rb se retiró a su habitación y yo llamé a mi amigo que vivía en la ciudad en la que pasé un par de años en el Imperio del Norte.

Después me puse a bajar algunos libros en francés y portugués: del primer idioma he estado leyendo bastante desde el año pasado: una porción entre cada una de las líneas de lectura; del segundo estoy leyendo mi primer libro: unas pocas páginas entre cada línea de lectura.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

miércoles, 4 de junio de 2025

Renunciar... Quitting... Abandonner...

Renunciar es algo que hecho muchas veces... creo que ha marcado el rumbo de mi vida: por ejemplo, después de diez años de convivir con la madre de mis hijos, dije 'no más'; o quizá nomás me rendí... algo complicado.

Pero también ocurrió en el tema laboral: renuncié a mi primer trabajo como ingeniero porque no estaba teniendo tiempo para prepararme para los trámites de graduación -perdí una vez el exámen privado-.

Y luego, cada vez que nacía uno de mis tres hijos, renunciaba al trabajo en cuestión; la mayor parte de personas me decían: qué vas a hacer; usuamente mi respuesta era: ya veremos; y generalmente tenía un tiempo bastante duro para conseguir otro empleo.

También me fuí del país un tiempo; he repetido muchas veces la historia que me fui con la intención de no volver; pero luego me tranquilicé y me dije que no estaba bien que mis hijos crecieran sin un padre -al menos cercano-.

Cuando retorné al país me costó bastante conseguir un empleo; a las pocas semanas de empezar a buscar, entré a la fase de entrenamiento de uno de los mejores call centers de la ciudad; renuncié a las tres semanas, pues conseguí un trabajo haciéndome cargo de un centro de impresión.

El trabajo tenía dos líneas de responsabilidad: la digital se centraba en gestionar la data que recibíamos de varias empresas de servicios para el procesamiento y envío; la de producción exigía que se exprimiera a los operarios.

Y renuncié cuando la administración empezó a exigirme que despidiera a los empleados que no se alineaban con el trabajo; y volví a entrar a la fase de entrenamiento en otro gran call center; aunque allí nomás fuí una mañana: por la tarde me confirmaron en una posición para dar soporte a una solución de microfinanzas.

Pero, después de ese trabajo, ya no lo había hecho de la misma forma: esa oficina fue adquirida por una gran corporación y despidieron a la mitad del personal -incluyéndome-; me costó conseguir otro trabajo, pero entré a una oficina gubernamental.

Allí renuncié porque no me gustó la burocracia; pero ya tenía asegurada una posición como auditor en un banco del sistema: iluso de mí; el mismo también tenía una parte gubernamental.

Renuncié de ese banco para aceptar el retorno a la solucińo de microfinanzas; y de esta renuncié porque mi anterior jefa -en venganza a mi jefa de ese momento- me refirió a otro banco, trabajando en proyectos.

De este banco me despidieron: no me esforcé en integrarme al equipo de trabajo -de hecho casi que hice todo lo contrario-; y me costó, otra vez, encontrar un nuevo empleo; que es en el que he estado los últimos once años.

Pero, cuando tenía menos de un año en el lugar actual, una supervisora del equipo de microfinanzas me ofreció un pequeño contrato, para realizar el mismo tipo de trabajo que estaba haciendo, y que me consumiría nomás unas cuantas horas por la noche.

Intenté realizarlo -había otro compañero, bastante joven, en la aventura-, pero no me sentí con ningún ánimo de hacer lo mismo que estaba haciendo durante el día; renuncié al día siguiente.

Luego estuvieron los libros: durante cuatro o cinco años, primero en colaboración con Rb, corregimos, editamos y redactamos varias decenas de libros para distintos niveles de la educación formal; allí no renuncié, simplemente se secó el pozo.

Y hace un mes había empezado otra aventura, similar a la de hace más o menos una década: estaba haciendo unas horas para otra empresa; pero no me sentí con nada de ánimos para realizar más de lo mismo.

O sea, me encanta mi trabajo: he estado haciendo, prácticamente, lo mismo por más de una década; pero el ritmo del mismo ha disminuido con los años; y ha estado bien; empezar un nuevo ciclo con otro proyecto -y en paralelo-, no me motivó para nada -aunque básicamente estaba duplicando mi salario-; por lo que lo volví a hacer -espero que por última vez-.

No sé qué pasará realmente; muchas veces he dicho -especialmente cuando empezaba en este trabajo- que mi ideal es morirme trabajando: no me interesa un retiro, 'gozar' de tiempo sin trabajar, o cuestiones similares.

Con algunos compañeros bromeaba que lo que quería es que, en un día cualquiera, alguien dijera, ya no se escuchó ningún sonido en el cubículo de Koan; y que comprobaran que simplemente había dejado de respirar.

Pero la vida -casi nunca- es tan sencilla; actuamente tengo cincuenta y dos años; se supone que dentro de ocho años podría retirarme de mi periodo laboral -recibiendo mensualmente menos de la mitad de mi salario actual-.

Si lograra trabajar por acá esos ocho años restantes, tendría el número de cuotas suficientes (doscientos cuarenta) que la seguridad social local exige para tramitar la jubilación -de hecho, mi padre anda por estos días, a sus setenta años, considerando su retiro-.

Lo del segundo proyecto lo había considerado como una salida a mi continua preocupación: ¿qué pasará cuando me despidan de este trabajo? al menos ahora ya tengo una respuesta; o al menos una no respuesta: trabajar doble no me funciona.

Y al menos me quedan dos lecciones: la primera, que es la mar de obvia, es que el networking es el camino mejor transitado hacia una nueva posición -casi que en cuaquier circunstancia-.

La segunda es que, por primera vez, conocí un proceso completamente en mi segundo idioma; o sea, me reuno diariamente con un equipo que no habla mi idioma materno; y la mayor parte del trabajo se realiza de esta forma.

Pero el proceso de contratación -hace más de diez años- fue en su mayor parte en español; nomás tuve una entrevista -un poco accidentada- con la jefa de mi jefa -quien luego sería mi jefa por más de cinco años-.

Y a ver cómo sigue eso. 

 

lunes, 2 de junio de 2025

La foto... The photo... La photo...

A mediados de la semana pasada recibí -en whatsapp- un mensaje del hermano menor de mi papá -creo que él tendría diez o doce años cuando mi papá murió (un mes antes de que yo naciera)-: era una foto de mi madre; una foto muy muy antigua.

Le agradecí por el detalle, y me comentó que había encontrado el retrato en uno de los álbums que aún conserva entre las cosas que dejaron mis abuelos; y este domingo que visité a mis papás le enseñé la imagen a mi madre. 

Se puso nostálgica -creo que es un sentimiento esperable- y nos comentó -estábamos desayunando con mi papá- que en esa foto tenía quince años y tres meses; y que faltaban tres meses para que naciera mi hermano mayor.

O sea, mi papá era una persona rara: murió cuando mi hermano mayor tenía un poco más de un año -y faltaba un mes para que yo naciera-; y, si no estoy mal, él tenía veinticinco o veintiseis años; pero no estoy seguro de éste último dato.

Pero sí, mi madre se quedó viuda, con un hijo menor de dos años, y otro hijo a un mes del alumbramiento; y aún no era mayor de edad...

La semana pasada decidí que ya no seguiría con el segundo proyecto: en más de una ocasión había tenido que participar en dos reuniones diferentes; y no me gusta realizar ese tipo de malabares; le comenté a mi amigo que ya no seguiría con el proyecto, y por supuesto, no le gustó.

Y es que el miércoles, en la reunión quincenal con mi supervisora- me enteré que, a corto/mediano plazo, tendremos que estar acudiendo al lugar de trabajo por a menos un par de meses: están planeando equipar un laboratorio y será necesario bastante trabajo de configuración.

Entonces, como no me gusta alargar las cosas, decidí ya no continuar; aunque aún no he presentado mi carta formal de renuncia; y tampoco sé si es necesario, ya que apenas fueron un par de semanas involucrado en las actividades: realmente no sé como proceder.

Y me dije que eso me dejaría tiempo para acompañar a -al menos- un equipo de misioneros del Imperio; un poco antes había hablado con el coordinador y le había indicado que andaba con dificutades de saud; y que le confirmaría mi participación en a siguiente semana.

Pero, cuando le comenté a Rb sobre as fechas, resulta que la última semana de mes tendrá que ausentarse durante el día, por actividades de su trabajo; y ya me había ofrecido a cuidar de sus perros en ese período.

O sea que no, tampoco estaré reaizando trabajo voluntario durante el resto del año; lo que había estado temiendo -debido al otro proyecto-; y que sospechaba que terminaría sucediendo, por tratar de realizar más actividades que de costumbre.

También fue una semana más agitada que de costumbre: el miércoles Rb fue por una compañera de su trabajo, a la cual había ofrecido hospedaje durante una noche; se fue a media mañana y retornó un poco después del mediodía.

La persona -una hondureña- fue bastante gentil en su comportamiento -incluso me regaló un paquete de cemitas y unos dulces de coco-; el miércoles nos acompañó en nuestra caminata del fin de la tarde.

El jueves ambas se dirigieron al mercado del centro histórico; y también me obsequió media docena de muffins de una de mis panaderías favoritas; al final de la tarde nos tocó que llevarla a un Airbnb en una de las zonas más opulentas de la ciudad.

Y las direcciones en esa zona son bastante confusas; salimos a las cuatro de la tarde de casa, el tránsito estaba bastante pesado; y en la zona nos tocó que dar dos o tres vueltas hasta lograr encontrar -bastante tarde- la dirección del lugar.

El retorno también estuvo bastante tardado; especialmente la salida de la zona; luego ya nos encontramos con el tráfico normal de los jueves por la tarde; al final regreamos como a las siete y media, bastante agotados del viaje.

El sábado, en nuestra visita a los supermercados en dirección sur, compré un par de magdalenas -y recibí tres, por la promoción en el supermercado-: al día siguiente planeaba la visita trimestral a mis papás.

Usualmente llevo dos pasteles o magdalenas o algún producto similar: uno para compartirlo con mis padres, el otro para regalárselo a la familia con la que mis padres se han llevado muy bien durante varias décadas.

La tercera había planeado regalársela a nuestra vecina: debido a diferencias de opinión sobre alimentar o no a los gatos callejeros tuvieron un pequeño conflicto con Rb, y estimé conveniente limar un poco de asperezas.

Al mediodía me dirigí al departamento de mis hijos; llevaba tres cemitas y los dulces de coco que me habían regalado a media semana; llegué sin mucho contratiempo al edificio y subí al séptimo nivel: mi hija estaba terminando de hacer la limpieza.

Me comentó -otra vez- las dificultades que ha tenido para que su hermano la ayude con la limpieza del lugar: el top de la cocina estaba sucio; y vimos una taza con restos de café, ya en la canasta en la que ponen a secar los trastos lavados.

Le comenté que trataríamos de hablar con su hermano; y llamé a  mi hijo, pues ya pasaba de la una de la tarde y no había aparecido; nomás me contestó que estaba vistiéndose; salió un poco más tarde y nos dirigimos al parque temático de costumbre.

Antes de entrar al parque compramos un par de hotdogs y unas gaseosas, en la gasolinera que se encuentra a una cuadra del lugar; ya había notado que mi hijo andaba con pocos ánimos -pero es que, creo que al igual que yo, tiende a la melancolía-.

Almorzamos en el lugar y armamos todos los cubos de rubik que llevaba -como ocho-; luego nos subimos a la rueda de Chicago -me tocó que comprar antes un pasaporte de doce juegos, pues el que me habían obsequiado en diciembre ya solo tenía un número-.

Después retornamos al departamento; iba a preparar café y compartir las cemitas; pero en eso, empezamos a conversar los tres sobre la limpieza; y no fue una buena discusión: cada uno se limitó a defender su opinión.

Y a final, mi hijo indicó que separaría todo -cocinar y purificar el agua, incluso- para que no tuvieran ninguna actividad en conjunto; y se haría cargo nomás de lo que él realizara; me pareció extremo, pero no sé cómo -o si puedo- proceder.

Total que no quiso café, yo me preparé uno de Nescafé, y mi hija mayor se preparó un té; tampoco quisieron cemitas: mi hija indicó que está limitando su consumo de carbohidratos, mi hijo simplemente se negó; ni dulces.

Me despedí un poco después de las seis de la tarde y retorné a la casa de Rb, aún había luz de día cuando estacioné el auto frente a la casa; por la noche estuve preparando las cosas que llevaría al día siguiente en mi visita a la casa de mis padres.

Y también tuvimos un pequeño conflicto con Rb: me tocó que salir casi a las nueve de la noche, pues había olvidado comprar agua pura -mis padres utiliza agua de un pozo- y ella nomás agregó a la compra un poco de especias que necesitábamos para el día siguiente.

Me molestó -no sé si soy irracional- que simplemente aprovechara la oportunidad para realizar lo menos posible: y es que creo que es muy notorio en su caso; como con la limpieza; no le gusta, y no la hace.

Entonces, cuando retorné de la tienda, Rb estaba afuera, después de haberles dado de comer a sus animales; extendió los brazos cuando entré, pero nomás pasé a su lado; o sea, fui consciente de mi rechazo; y un rato después me reclamó por lo sucedido; nomás le dí la razón.

El domingo me levanté a las cuatro y media de la mañana; medité y me bañé; luego saqué las dos mochilas de mi habitación: en la normal llevaba las cemitas y los dulces, en la térmica llevaba hielo; la noche anterior había subido el saco de la comida de perros.

Un poco después de las cinco entré -de acuerdo a lo que me había pedido la noche anterior- a despedirme de Rb y luego inicié a conducción hacia el puerto; cuando iba casi a medio camino me percaté que había olvidado las magdalenas.

La carretera estaba bastante vacía; nomás me costó el último tramo del camino: al parecer van a construir una parte con peaje, por lo que estan bloqueando la mitad de la autopista, reduciendo las vías a la mitad.

Llegué a la casa de mis papás un poco antes de las siete de la mañana; mi papá salió a recibirme y me comentó que mi madre andaba en búsqueda del pescado que generalmente le envían a Rb.

Mi madre llegó un poco después y, al negarse ambos a acompañarme a un restaurante a desayunar, puse a calentar agua, para preparar café; el cual compartimos con las cemitas que había llevado.

Estuvimos el resto de la mañana -hasta las diez y media- en el área que usan para ingerir los alimentos; llamé al amigo que vivía en la ciudad del Imperio en la que estuve un par de años; también llamé a tío que me había enviado la foto de mi madre.

A las diez y media le pedí a mi padre que me ayudara a revisar el radiador del auto; y comprobamos que el nuevo tapón está realizando un muy buen trabajo: el nivel del refrigerante era normal -aún después del viaje del jueves-; también les dejé setenta dólares en efectivo, pues, al parecer, no ha regularizado su situación salarial.

El viaje de retorno estuvo un poco más tardado: la ruta es bastante usada por el transporte pesado y, en algunos tramos, es bastante complicado el avance; además, el puente para ingresar a la ciudad aún está en reparación, lo que dificulta bastante la última parte del viaje.

Pero retorné un poco después del mediodía; aún a tiempo para preparar la ensalada con la que acompañaríamos las alitas dominicales; después de sacar a caminar a los perros nos pusimos a separar los pescados en porciones.

Como la señora que usualmente nos ayuda con esto no se encontraba, a mi madre le tocó que adquirir los pescados por su cuenta:  y compró tres atunes enormes; tan grandes que incluso tuvo que quitarles la cabeza y la cola, para que cupieran en la mochila-hielera.

La operación nos llevó un buen tiempo, pues a diferencia de otras ocasiones, tuvimos que trozear los atunes; pero, afortunadamente, todo quedó muy bien colocado en la parte superior del freezer.

Al final de la tarde preparé las papas asadas con las que usualmente acompañamos a semana de asado; estuve leyendo un poco de Get Out of Your Mind, y decidí continuar con dos capítulos en vez de tres.

Por la noche me dí cuenta que no había preparado las gelatinas para mis desayunos semanales; ya eran las diez de la noche, pero me puse a la tarea, de modo que antes de retirarme a mi habitación, puse los cuatro moldes en la refri. 

 Ah, y las magdalenas -y el duce-; la tercera magdalena se la había regalado a uno de los guardias el viernes; la primera se la regalé a un vecino, quien en una ocasión me dió una buena referencia de un mecánico; la tercera la partí en dos: conservé una mitad y le regalé la otra mitad a la vecina.

El dulce de coco se lo regalé al otro guardia, cuando entré en mi viaje de regreso del puerto; también, cuando saqué a caminar a la perra, le regalé cuatro o cinco mangos que mi madre había enviado -pequeños y maduros-; y varios plátanos.