sábado, 11 de octubre de 2025

Literatura y Esperanza... Literature and Hope... Littérature et Espoir...

Una de las razones por las que llegué al templo Zen al que acudí durante seis meses -durante el último de mis tres viajes al Imperio del Norte- fue la lectura de Eat, Pray, Love; o sea, el libro es como un chick flick, pero, al terminar de leerlo dije: debo, por fin, empezar a meditar.

O sea, había leído sobre el budismo mucho antes -y me había parecido algo muy deprimente-, pero me llamaba la atención la meditación; entonces me puse a buscar lugares para la práctica -internet no era tan tan popular aún-.

Acudí a un centro de yoga, a un templo -que me pareció- hindú y, finalmente, al templo Zen en donde tuve mi primer acercamiento -formal- al budismo; y estuve meditando continuamente durante casi seis meses.

Leí varios libros sobre Zen, algunos sobre meditación y algunos sobre budismo; también leí un poco sobre la autora de Eat, Pray, Love -un poco después Julia Roberts la personificó en la adaptación cinematográfica- y, luego, ya en el país; ví algún que otro libro de esta señora, en la biblioteca en la que pasábamos mucho tiempo con mis hijos.

Allí ví el libro La Firma de todas las cosas; pero antes me había enterado que había escrito Commited; en donde contaba cómo había decidido casarse con el tipo con el que termina en el libro anterior; pero la implicación era que lo había hecho nomás para que no lo sacaran del Imperio.

Luego, hace unos meses, leí un artículo en el que explicaba por qué había dejado de preocuparse de su cabello: había decidido utilizar el cabello casi al rape; y me enteré de esto porque una escritora de nuestro pequeño vecino del sur la estaba tomando como modelo a seguir.

Y esta semana me enteré de su último libro: Hasta la orilla del río; en donde habla sobre su adicción a las relaciones, el tiempo que estuvo de pareja con su mejor amiga -moribunda- y luego, con el compañero de cuarto de esta.

Creo que todo se resume en una imagen -del canal de Youtube de literatura en donde me enteré de la última parte-; en la imagen hay tres cuadros mostrandola a ella -con una persona diferente en cada una- y con estas frases: Novelista se casa con el hombre de sus sueños. Se enamora de su mejor amiga. Inicia una relación con el amigo de su amante fallecida.

Un rollo... 

El martes me levanté a las seis y media; desde el día anterior había decidido que ya no completaría los wordle diarios: la verdad es que -más que todo, por la situación laboral- mi ánimo había estado bastante bajo durante el último tiempo.

Medité, jalé la computadora a la cama y entré a la reunión diaria; la cual estuvo un poco diferente: en lugar de revisar la lista de hallazgos el PM retornó al reporte individual de cada desarrollador; fue una reunión bastante corta.

Un poco más tarde -pero no mucho- el supervisor en el Imperio del Norte nos llamó desde el grupo de la reunión del mediodía; pero los dos compañeros que menos bien me caen no pudieron ser localizados; nomás entramos el otro analista y yo.

La reunión estuvo terrible: básicamente la persona esta cuestionándonos sobre las razones por las que las tareas no habían sido completadas en el tiempo estipulado -el día anterior-; luego nomás nos advirtió que luego tendríamos reuniones uno a uno.

Pero el día se fue a peor: a mitad de la mañana perdimos el acceso a los servidores en el Imperio del Norte; consultamos con nuestro supervisor y nomás nos comentó que estaban teniendo problemas con el internet en las oficinas centrales.

Estuvimos el resto del día a la expectativa; yo también temiendo la reunión; pero no hubo retorno en el acceso; ni tuvimos la reunión del mediodía; o sea, el resto del día lo pasamos nomás a la espera.

Desde la semana anterior estaba previendo una semana difícil: la supervisora había convocado a la reunión/almuerzo trimestral en un restaurante cerca de su vivienda; y, debido a las lluvias de los últimos días, el tránsito ha estado más pesado que de costumbre.

Eso estaba previsto para el miércoles; la reunión estaba programada para el mediodía; además, había programado el primer día de vacaciones para el jueves -el día siguiente-; por último, estaba considerando reunirme con mi amigo el poeta: quería entregarle los dólares que no me recibieron en el banco.

Y es que mi amigo ha estado viajando en los últimos años a nuestro pequeño vecino: la medicina es más barata allí y, al parecer, debe de proveerse de varios medicamentos cuyo costo es menor allí; además, la economía allí está dolarizada.

La semana anterior le había escrito a mi amigo para invitarlo a una cena, y ofrecerle los billetes que no me habían aceptado en el banco; pero el día anterior le escribí para comentarle que las cuestiones laborales estaban intensas y que mejor dejábamos la reunión para el siguiente mes.

La noche anterior, también, tuve una extensa y animada conversación con el segundo hijo del hermano menor de mi padre -biológico-: cerró auditoría hace unos años pero se ha dedicado nomás a trabajar en call centers; fue una extensa conversación muy animada sobre literatura.

Pero bueno, estaba previendo una semana difícil; pero, a media mañana la supervisora escribió al grupo local comentando que debía hacerse cargo de una emergencia con su hija -tiene apenas un año- y que estaba moviendo la reunión para la siguiente.

A las tres y media empecé a realizar la limpieza que hago dos veces por semana: barrido de las dos habitaciones, el baño, la cocina y la sala/comedor; luego trapeado de las mismas áreas; no me lleva más de treinta minutos.

Despues, un poco después de las cuatro, nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; en el más lejano compré un paquete de queso para sandwiches y una bolsita de crema -el sábado había programado un desayuno con mi amigo autista-.

En el otro supermercado compramos bananos y lechuga; además compré pepperoni, salami y jamón de pavo; para mis desayunos del fin de semana; aunque el día estuvo gris -y había llevado una chumpa- retornamos a casa sin ninguna dificultad.

Por la noche me metí a mi habitación a hacer Duolingo, ver algunos videos de filosofía en el canal de Roxana Kreimer  y leer un poco del libro de eutanasia que he estado leyendo fuera de mis líneas normales de lectura.

El miércoles fue un día super lento; me levanté a las cinco y cuarto, medité y entré a despertar a Rb; hicimos los cincuenta minutos de ejercicios sin ningún contratiempo y, luego de una ducha, entré a la reunión diaria.

Nadie más del equipo entró a esta reunión; y el primer comentario del desarrollador lider fue para confirmar si el equipo local aún no tenía acceso a las estaciones de trabajo en el Imperio del Norte (desde el día anterior, un poco después del mediodía, nos habíamos quedado sin acceso).

Le comenté que aún seguíamos sin acceso -de hecho, no había visto, por lo que entré a la VPN e intenté conectarme- y su único comentario fue 'Aaaw man'; y no obtuvimos acceso durante el resto del día; un poco antes del mediodía nuestro supervisor nos comentó que había problemas con un equipo y por eso no podíamos ingresar.

Total que todo el día fue nomás de espera; aproveché para agregar pasos a algunos procedimientos que había dejado nomás nombrados durante los últimos meses; y para avanzar en la lectura de Same as Ever.

Como el señor de las verduras no se apareción -ni le contestó a los mensajes en whatsapp a Rb- propuse que fueramos a la tienda, un poco después del horario laboral; Rb quería comprar sus frutas semanales; pero nomás compramos una papaya y un poco de culantro -no había de las frutas que Rb adquiere usualmente en el lugar.

Por la noche llegué -por fin- a un ELO de 1200 en el ajedrez de Duolingo; también ví el último capítulo de Gen V; y, para acompañar a Rb mientras veía sus series, armé los cubos de Rubik de 4x4 y 5x5; intenté continuar con la limpieza de las (últimas) preguntas de AWS pero aún voy  atrasado en la tarea.

El jueves me levanté a meditar a las seis y media; era el primer día de vacaciones (obligatorio) del mes; después de meditar retorné a la cama y continué dormitando, hasta las ocho y media.

A esa hora me levanté a desayunar, pues había acordado acompañar a Rb a su visita al mercado en la ciudad; también habíamos previsto acercarnos hasta el edificio de la empresa en la que trabajo: debía recoger un formulario para inscribirla en el seguro social como beneficiaria.

Después de desayunar preparamos una bolsa para las compras y salimos a esperar el busito; justo estábamos entrando a la calle de salida de la colonia cuando vimos pasar una unidad del transporte.

Un poco más tarde pasó otro, pero este nomás iba hasta la mitad del camino, por lo que continuamos esperando; pero unos minutos después escuchamos que llamaban a Rb -apenas lo escuchamos-: era la presidenta del comité de vecinos, quien nos ofreció aventón.

Abordamos el asiento trasero del pequeño automóvil e iniciamos el trayecto; el tránsito se estaba poniendo un poco pesado; y la señora no paraba de contar las peripecias que le ha tocado sortear con el comité; también nos contó que iba a visitar a un sobrino, padece esquizofrenia y está internado en uno de los hospitales públicos más grandes de la ciudad; también está recibiendo hemodiálisis.

La señora nos acercó a unas pocas calles del lugar en donde debíamos tomar el transmetro y continuó su camino; mientras caminábamos hasta la estación me percaté que, debido a que no llevaba celular, no tenía el nombre de la persona a quién debía acudir en el edificio a donde nos dirigíamos.

Paramos un momento pero decidimos continuar; la estación del transmetro no estaba muy llena; nos apeámos en la estación de la municipalidad y caminamos hasta la estación del mercado en donde Rb usualmente compra frutas y verduras; allí abordamos la siguiente unidad.

Un poco más tarde llegamos al edificio; entré a la edificación número uno, pues recordaba que me habían indicado que allí era donde se solicitaba el formulario necesario; me enviaron al sexto nivel, pero allí me indicaron que era en el otro edificio.

En el primer nivel de este lugar está un escritorio con una recepcionista; y allí era en donde debía solicitar el documento; esperaba que me entragaran dos copias pero, al final, nomás recibí una; ahora debo realizar el trámite con el seguro social.

Después de recibir el documento salí a encontrar a Rb -por normas del lugar no puede acceder nadie sin badge- y, en la estación que se encuentra justo delante del edificio- tomamos la unidad del transmetro.

Esa nos llevó hasta el lugar en donde debíamos abordar la segunda y, después de un rato, estábamos entrando al comercial desde donde tomamos los busitos para la casa de Rb; primero subimos al tercer nivel pues ámbos precisábamos utilizar los servicios.

Luego, en el segundo nivel, compré un folder, para proteger la hoja que había recibido un poco más temprano; finalmente entramos al supermercado del lugar; en donde compramos un poco de pollo, algunos aguacates, y azúcar para el consumo de Rb.

Después del supermercado pasamos a la farmacia del mismo nivel; luego salimos a abordar el busito para retornar a casa; el tránsito estaba bastante fluido y, un poco después de la una, estábamos entrando a la calle en que vivimos.

 Como ya era bastante tarde nos dispusimos a preparar el almuerzo: yo me encargué de las dos ensaladas y Rb recalentó la cuarta de las porciones de arroz con pollo e hígados; luego sacamos a caminar a los perros.

Afortunadamente el día estaba aún soleado (los tres días anteriores la lluvia había comenzado un poco después del mediodía) por lo que pudimos completar ambas vueltas sin ningún contratiempo; luego de entrar me retiré a mi habitación a leer un poco del libro de francés (Mon Mari).

Pero, realmente, empecé a dormitar; por lo que puse el temporizador para que sonara veinte minutos más tarde; cuando el tiempo se completó salí a lavar los trastes del almuerzo, pelar y picar una papaya, y preparar un café y un té.

El viernes la jornada empezó a las cinco y cuarto: medité y luego, después de encender mis dos computadoras, entré a despertar a Rb; completamos la rutina de ejercicios sin ningún contratiempo; después de tomar una ducha entré a la reunión diaria.

El resto del día estuvo bastante tranquilo: habían pronosticado un día bastante húmedo, como casi toda la semana; a media mañana tuvimos la reunión semanal con el supervisor, pero no hubo muchas novedades: me pidió que completara el ciclo de pruebas que había finalizado un par de días antes.

A media mañana le propuse a Rb que cambiáramos el grifo del lavatrastos; el empaque se había deteriorado desde hacía varias semanas por lo que no tenía tope al cerrar; nomás había que tener cuidado de no continuar girando.

Habíamos comprado un grifo unas semanas antes pero yo había estado evitando el cambio: la tubería de metal tiene una parte bastante corroída y temía que no resistiera el torque que sufriría al desatornillar la llave defectuosa.

Y en efecto, estuvo bastante complicado retirar la llave anterior: estuve forcejeando con la rosca pues, luego de cuatro años, había acumulado bastante herrumbre; entonces se me ocurrió calentarla con una veladora.

Luego de dejar bajo el acople la llama de la vela durante diez minutos volví a intentarlo; y, como no cedía, utilicé un martillo para golpear la llave de plomeria con la que estaba intentando hacerla girar; la llave se aflojó, por fin, e instalamos la nueva. 

Al mediodía almorzamos pescado, acompañado de la última porción de arroz con zanahoria y pollo; luego sacamos a caminar a los perros; la tarde continuó baja en materia laboral; cuando se terminó la jornada hice la limpieza de pisos.

Por la noche terminé de ver la segunda temporada de The Peacemaker; se supone que no habrá tercera, pero quién sabe; también leí -antes de dormirme- la segunda parte del capítulo de Harry Potter e a camara secreta que llevaba a medias.

El sábado me levanté a las cinco y media; una semana antes habíamos acordado con mi amigo asiático autista que vendría a desayunar a las siete de la mañana; medité, me bañé y me metí a la cocina a preparar el par de desayunos.

Terminé la preparación cinco minutos antes de las siete; como no había comprado pan el día anterior tomé la llave de la casa y me dispuse a salir; en el patio de al lado la vecina estaba empezando a barrer las hojas que la lluvia había acumulado el día anterior.

Y justo en ese momento mi amigo estaba llegando; le propuse que me acompañara y nos dirigimos a la tienda de la esquina a comprar un poco de pan; pero allí no había, por lo que tuvimos que salir a la panadería del boulevard.

Luego retornamos y procedimos a dar buena cuenta d elos dos desayunos; Rb se levantó -con sus perros- un poco más tarde, pero retornó a su cama a ver alguna serie en su computadora.

Cuando terminamos con el desayuno le propuse a mi amigo que jugaramos dominó, con un set de Rb que no llega hasta seis:seis, sino hasta doce:doce; jugamos varias partidas antes de que Rb saliera a desayunar.

Luego, después de terminar su desayuno, Rb se nos unió y jugamos tres o cuatro partidas extras; ya casi a las once le indiqué a mi amigo que teníamos que salir al supermercado, por lo que le ofrecí que nos acompañara en la caminata, a tomar el microbus.

Algo que noté -y bueno Rb lo notó más que yo- fue que mi amigo no estaba actuando igual que las veces anteriores: en esta ocasión no mantenía un dialogo sin parar; es más, hubo veces en que se quedó en silencio, incluso cuando le preguntamos algo.

Salimos con Rb y ami amigo al boulevard; en el camino al supermercado encontramos el busito que lo saca del municipio y nos despedimos antes de que lo abordara; luego continuamos con Rb hasta el supermerado más lejano.

Allí compré un poco de pan tostado, para la visita del día siguiente al voluntario que vive en la misma colonia donde mis hijos crecieron; en el otro supermercado compramos un poco de pollo para el almuerzo, y bananos.

Al retornar de los supermercados pasamos a la tienda de las verduras; a comprar algunas legumbres para el caldo del día; almorzamos unos restos de pollo que habíamos tenido en el congelador por mucho tiempo, asados; con un caldo.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros; un poco más tarde me enfrenté al lavatrastos: además de los platos del desayuno se habían acumulado los de la preparación del almuerzo -y los de esta comida- por lo que había un buen número.

Después de terminar con los trastos me preparé un café y le preparé un té a Rb; después realicé la mezcla para las gelatinas de los desayunos de la semana; el resto de la tarde me la pasé viendo videos de Youtube.

Y a ver cómo sigue eso...

martes, 7 de octubre de 2025

Salida final... Final exit... Sortie definitive...

Por alguna razón -el tema de la muerte ha sido más frecuente en mi vida en los últimos tiempos- bajé -y comencé a leer- el libro  Final Exit: The Practicalities of Self-Deliverance and Assisted Suicide for the Dying, de Derek Humphry; estuvo en la lista de los más leídos en el Imperio del Norte hace unos años.

Y, como ahora se puede conocer más al autor, me puse a buscar un poco de información sobre el mismo: un periodista británico -después se nacionalizó estadounidense, me parece- que asistió a su primera esposa cuando estaba en la última etapa de un cáncer de huesos.

El señor se casó tres veces; con la segunda fundaron la sociedad Cicuta (o Hemlock en el idioma más usado en los negocios) y ella misma fue una activista del derecho a la eutanasia; supuestamente ella había ayudado a que sus padres se eutanasiaran (existirá como verbo?).

Lo irónico -o quizá no- fue que, luego de muchos años más tarde ella también contrajo cáncer; se divorció de Derek y se adhirió al movimiento anti eutanasia; al final -parece que- se suicidó; dejando una nota en la que acusaba a este señor de haberla presionado para que terminara su existencia después del diagnóstico de cáncer.

Lo que también me parece -¿irónico? ¿hipócrita?- es que al final de su vida el autor no se decantó por la self-deliverance; sino que terminó sus días en un hospice en el estado en el que logró -a través de sus grupos- que se aprobara una ley para el suicidio asistido.

El libro me parece interesante; ceo que lo leeré completo -voy por el segundo o tercer capítulo-; aunque aún no he decidido en qué orden: bajé el archivo pdf y durante los últimos días me ha costado continuar con mis líneas de lectura habituales.

Y a ver cómo sigue eso... 

El viernes me levanté a las cinco y cuarto: era el último día de la semana laboral, durante el cual realizamos la tercera rutina de ejercicios; y hemos estado realizándola desde la semana anterior antes de que inicie la reunión diaria de mi equipo de trabajo.

Durante los días anteriores había estado tratando de trabajar en las asignaciones de nuestro supervisor en el Imperio del Norte; pero es frustrante porque no están bien definidas; y tampoco lo que tenemos que realizar está bien definido.

La reunión de las siete estuvo tranquila; nomás se revisaron un par de anomalías que habían sido reportadas el día anterior; me pareció raro que no se llevara a cabo la reunión semanal del equipo -la que se realiza a las diez y media-; pero me imaginé que la reunión del mediodía estaría más cargada.

Pero la reunión del mediodía tampoco estuvo pesada: el supervisor nomás realizó una revisión ligera de las últimas tareas; pero nada serio; por lo que pudimos almorzar en paz: era el último día de hash browns -de pollo y papas- y ensalada; también hemos estado tomando fresco de Rosa de Jamaica durante toda la semana.

Lo que no me esperaba -o sea, lo había mencionado por la mañana pero no le había puesto atención- fue una llamada a media tarde; en esta ocasión se dedicó a realizar una revisión 'detallada' del avance en la realización de las asignaciones; y no quedó nada satisfecho.

Cuando me cuestionó nopude contenerme y me puse a la defensiva; incluso subiendo el tono de mis palabras para tratar de explicarle las razones por las cuales no hemos podido alcanzar el nivel que él continúa exigiendo.

Al final la reunión se terminó con una conminación a incrementar el esfuerzo; y la promesa de los tres - el analista que menos me cae bien no asistió- de completar la asignación de acuerdo al plan: el lunes.

Al final de la tarde, después del horario laboral, realicé la limpieza que hago dos veces por semana en los pisos de las habitaciones, la sala-comedor, el baño y la cocina; luego, como nos estaba faltando lechugas, nos dirigimos a los supermercados en dirección sur.

Como el tiempo estaba bastante pluvial llegamos nomás al supermercado más cercano; lo malo es que no había ninguno de los tres tipos de lechuga que utilizamos comunmente para las ensaladas; nomás compré una bolsa con lechuga ya picada -y un poco de zanahoria-; después, en la tienda, compré una pequeña zanahoria.

El sábado me levanté a las cinco menos veinte; con Rb habíamos acordado que la levantaría a las cinco, pues quería que lleváramos a su perra más anciana a la veterinaria que se encuentra en el lado opuesto de la ciudad: sus ojos habían estado empeorando; y quería también que revisaran su condición de rigidez en las piernas y la espalda.

Medité veintiún minutos y luego entré a la habitación de Rb; ella se alistó -y a la perra- y a las cinco salí a encender el automóvil; el tránsito -por la hora- estaba bastante ligero; llegamos al lugar apenas un poco después de las seis de la mañana.

La clínica atiende, los sábados, a partir de las siete de la mañana; Rb bajó un momento a su perra -a que hiciera sus necesidades-  y luego volvieron a subir al auto; pero la perra estaba incómoda y gimiendo; la bajé a caminar -apenas media cuadra- por casi media hora.

Un poco antes de las siete llegó otro automóvil; luego otro; a las siete ya habían tres o cuatro automóviles; pero, como habíamos llegado antes, Rb se formó al inicio de la cola; a las siete abrieron las puertas y Rb pasó a recepción a dar los datos de la perra.

Estuvimos esperando un poco en la sala de espera -es inmensa- y luego llamaron a Rb; la consulta fue bastante extensa y cuando salió, el veterinario le explicó una larga lista de instrucciones para que le diera varios medicamentos a la perra.

La cuenta fue alta (como ciento cincuenta dólares entre el costo de la consulta y tres o cuatro medicamentos que Rb tuvo que adquirir en el lugar); después del pago de la cuenta abordamos el automóvil e iniciamos el amino de vuelta.

Había una cantidad bastante alta de automóviles en la calle principal; temí que el tránsito de la ciudad hubiera aumentado; pero no, del otro lado de la calle había un operativo de la policía: al parecer querían detener el funcionamiento de los taxis y motocicletas piratas.

El embotellamiento fue, afortunadamente, bastante ligero; y el resto del camino a casa no fue demasiado extensa; incluso pasé a una gasolinera a rellenar el tanque de gasolina (veintiseis dólares); además, debía calibrar las dos llantas traseras (una apenas llegaba a diez PSI y la otra a veinte, cuando lo indicado es treinta y tres).

Al retornar a casa procedí a prepararme el desayuno de los fines de semana; después me metí a la habitación, hice algunas lecciones de Duolingo; pero me sentía bastante fatigado; salí a avisarle a Rb que trataría de dormir un rato.

Puse una alarma para las diez y media y traté de conciliar el sueño; me dormí un rato pero estuve siendo despertado por algún que otro vehículo que pasaba por el boulevard; a las diez y media sonó la alarma y me levanté.

Desinfecté la lechuga -y zanahoria- que había adquirido el día anterior y, luego, preparé las dos ensaladas que había previsto llevar para el almuerzo con mi hija mediana; después saqué a caminar a la perra más pesada; Rb me acompañó con su otro perro.

Un poco antes de las doce (después de bañarme) cargué el automóvil con mis dos mochilas e inicié el viaje hacia el departamento de mis hijos; era bastante temprano y encontré muy poco tránsito; un poco después de las doce y media estaba parqueándome en el edificio.

Subí -por las gradas- al séptimo nivel y le escribí a mi hija para que saliera a abrirme; también toqué el timbre; pero nadie salió; por lo que me puse a jugar un par de partidas de ajedrez; al rato salió mi hija.

Nos saludamos y le propuse que nos dirigiéramos al parque temático: el día se veía bastante gris pero, aún, no había empezado a llover; por lo que pudimos realizar la caminata de casi un kilómetro hasta el lugar.

Pasamos a comprar un par de hot dogs antes de ingresar al parque; apenas habíamos ingresado cuando empezó a llover; no muy fuerte, nomás algunas gotas grandes; lo malo es que una de las áreas techadas -y con mesa- estaba bastante ocupada; la otra estaba reservada por una celebración del día del niño.

Lo malo es que la lluvia estaba empezando a arreciar, po lo que no podíamos utilizar alguna de las áreas verdes para tomar los alimentos; afortunadamente encontramos un pequeño lugar techado en un pasillo al aire libre; había ya varias familias en el lugar.

Procedimos a almorzar allí; utilizando la caja y el tablero del Scrabble como mesas: hot dogs, ensaladas, snacks y un par de coquitas; la lluvia arreció y el lugar empezó a llenarse más; de hecho tuve que llamar la atención de una persona quién estaba acercándose demasiado a nuestro entorno -estaba de espaldas-.

Eran dos o tres familias con varios niños; y el espacio estaba bastante limitado; dos de las familias lograron acomodarse allí y la tercera se quedó de pie; un poco más tarde la familia que estaba en el lado contrario se retiró y los que estaban de pie empezaron a acomodarse en el lugar; pero les ofrecí que nos moveríamos para que pudieran estar todos juntos.

Terminamos de almorzar y le pregunté a mi hija si le interesaba aprender a resolver el cubo de 4x4 o el de 5x5; a lo cual declinó; entonces le propuse una partida de Scrabble; la cual completamos en un tiempo bastante considerable.

Luego nos dirigimos a la rueda de Chicago más grande del lugar; pero la misma no estaba en funcionamiento; no estaba lloviendo más, pero me imagino que tienen algunas reglas para el funcionamiento de este tipo de juegos mecánicos.

Entonces le propuse a mi hija que asistiéramos a la última función del teatro -a las cuatro-; aceptó y nos dirigimos al lugar; ella no había visto la obra musical -yo la veía por sexta vez, me parece-; cuando terminó empezamos el camino de regreso al departamento.

En el camino pasamos a un supermercado y compré una magdalena; cuando llegamos al departamento le propuse prepararle un café -ella preparó su propia bebida- y le envié un mensaje a mi hija mayor y a mi hijo menor, invitándolos a una bebida caliente.

Mi hija mayor me contestó en el acto; y salió de su habitación, al parecer sigue con sus costumbre noctámbulas: se notaba que estaba despertándose; mi hijo menor no me contestó: sospecho que acaba de perder su trabajo, pues, aunque me transfirió la cuota mensual del departamento -y del último préstamo- no me pidió que le transfiriera el monto que le he estado depositando para la compra de acciones de su empresa.

Preparé un par de cafés -había llevado la olla que compré la semana anterior en la tienda de ropa usada- y estuve la siguiente media hora con mis hijas; un poco antes de las seis me despedí de ambas y me dirigí al automóvil; mi hija mayor me acompañó al mismo.

Inicié el viaje de retorno a la casa de Rb; la primera parte del trayecto estuvo bastante libre; pero, casi a la mitad del camino, el tránsito se paralizó por casi diez minutos; de hecho me quedó en el paso a desnivel, justo en la cuesta de salida.

Llamé a Rb para pedirle que revisara Waze para ver si había alguna razón por la que el tránsito estaba detenido; ella revisó el sitio y me llamó de vuelta: al parecer había un accidente justo frente a la megarefreiglesia que se encuentra al final de la encuesta de entrada al área en la que vivimos.

Le pregunté por la otra entrada al municipio y me comentó que se encontraba libre; decidí utilizar esta última; la cual no estaba libre; de hecho estaba bastante concurrida; pero al menos el tránsito no estaba detenido; a las seis menos cuarto Rb me volvió a llamar pero yo ya venía a la altura del supermercado más cercano.

Me sentía bastante agotado; de hecho en el trayecto estaba pensando que la reunión de la bebida caliente -y magdalena- con mis hijas la había sentido bastante tediosa; pero creo que se debía a que me había levantado bastante temprano -igual que casi toda la semana-.

El domingo me levanté a las seis y media; medité pero decidí no realizar nada más: ni wordle, ni Duolingo, ni lectura, ni nada; después de los veintiún minutos de meditación nomás retorné a las sábanas y no me volví a levantar hasta casi las nueve.

A esa hora salí de la habitación a prepararme el desayuno de los domingos: huevo con tortilla de harina y frijoles volteados -y café-; Rb me pidió a media mañana que la acompañara al supermercado: quería ver si ya habían lechugas disponibles.

Caminamos al supermercado más cercano en dirección sur; pero no había lechugas; al parecer las lluvias han provocado una reducción de las entregas; entonces nos dirigimos a los supermercados en la dirección opuesta; allí sí encontramos de una variedad de lechugas; y compramos -a un precio bastante elevado- otro par de una segunda variedad.

También compramos un poco de bananos; luego retornamos a casa; yo había estado sopesando trabajar un poco -para evitar un poco la debacle que me imagino que produciría pronto por el poco avance en el proyecto-; pero al final no tuve ánimos.

Rb me pidió que la ayudara a cortar algunas flores de loroco y saqué la escalera de la bodega; al mediodía preparamos alitas de pollo; las que acompañamos con un resto de caldo que nos sobró de los almuerzos de la semana -y refresco de Rosa de Jamaica-.

Por la tarde tampoco leí ni nada; nomás me estuve viendo videos de Youtube de algunos canales de divulgación científica; también terminé de ver la última película de Mark Wahlberg.

Al final de la tarde ayudé a Rb en la preparación de los almuerzos de la semana: piqué, con ayuda del procesador manual, un par de zanahorias grandes y varios chiles pimientos; también preparé las gelatinas para mis desayunos de la semana.

Por la noche, como Rb tenía que entrar a su clase de Teología -está por terminar el semestre- me metí a mi habitación a ver el último capítulo de Gen V; después separamos los almuerzos en cuatro porciones, para almacenarlos en la refrigeradora; y aproveché para meter mis gelatinas a la misma.

El lunes me levanté a las cinco y cuarto; medité los veintiún minutos de mi práctica actual y luego salí a encender la computadora del trabajo y la personal; después desperté a Rb; completamos la rutina de ejercicios sin contratiempos y, después de una ducha, entré a la reunión diaria del equipo.

A esta reunión no entró nadie más de mi área -ni mi supervisor-; pero tampoco estuvo tan animada; nomás se revisaron los últimos errores encontrados: incluyendo el que había reportado el viernes; pero no hubo mucho jaleo.

El resto de la mañana traté de completar mis tareas pendientes; se suponía que era el último día para completar al cien por ciento las asignaciones que empezamos el miércoles anterior; pero no pude completarlo todo.

La reunión del mediodía estuvo ligera; revisando el avance y recibiendo -nuevamente- la instrucción de completar todo para el final del día -lo que, técnicamente, no era posible, por las limitaciones con el equipo-.

Almorzamos la primera de las cuatro porciones que preparamos y separamos el día anterior; acompañado de un refresco de mora que Rb preparó desde la tarde anterior; el resto de la tarde estuve pendiente de que nos llamaran nuevamente a reunión; pero no hubo otra; a las cuatro de la tarde cerré la computadora del trabajo y me pasé a la cama de Rb; a hacer Duolingo.

Por alguna razón se me olvidó realizar la limpieza que hago frecuentemente el primer día de la semana laboral; estaba en la habitación de Rb -me quedé viendo el quinto capítulo de Task- cuando me recordó la limpieza; por lo que puse una alarma para realizarla al día siguiente.

Y a ver cómo va eso... 

 

jueves, 2 de octubre de 2025

Lluvia, Lluvia... Rain, Rain... Pluie, Pluie...

Este año las lluvias han caído con bondad en nuestro país; no sé si se debe a las tormentas tropicales que se han estado formando en los océanos que nos rodean o a una agudización de El Niño (o La Niña, no llevo la cuenta); pero, a diferencia de los dos años anteriores, las lluvias han sido bastante constantes durante los últimos meses.

Y es que en los dos años anteriores -no recuerdo si tres años atrás fue así- el calor de mediados de año estuvo intenso; la casa de Rb es bastante baja y en varias ocasiones estar dentro de una habitación se sentía como un horno.

Pero este año no, casi desde finales de abril casi todas las tardes hemos tenido precipitaciones; lo que ha sido un alivio, al menos temporal; lo malo es que la infraestructura de la ciudad -y del país en general- es bastante frágil: apenas llueve un poco más de lo habitual y la ruta asfáltica -y los puentes- empiezan a averiarse.

La semana pasada -o la anterior- estuvieron difundiéndose videos del colapso de un muro en el lado opuesto de la ciudad; incluso en uno de ellos un motorista fue arrastrado por la corriente de agua que bajaba por la calzada.

Y este día el tránsito se quedó casi paralizado en la mayor parte de la urbe: ví algunos videos -y fotos- de varias calzadas en donde el agua llegaba casi a la mitad de la altura de los automóviles; y otras rutas prácticamente cortadas por árboles caídos.

Hace poco escuché que el lema de la ciudad -de las familias que la poseen, realmente- que es La Ciudad del Mañana; no es por el futuro, sino porque cada vez que sales a la calle, es probable que retornes hasta el día siguiente.

Y a ver cómo va eso...

El lunes me levanté a las cinco y cuarto; me había despertado alrededor de las cuatro de la mañana -me imagino que un auto muy ruidoso pasó por el boulevard- pero continué en cama hasta que sonó la alarma.

Medité veintiún minutos y luego salí a la mesa del comedor a encender mis dos computadoras: la del trabajo para no entrar tarde a la reunión diaria -después de la rutina de ejercicios- y la de Ubuntu para escuchar audios en portugués durante la rutina.

Después entré a la habitación de Rb, a despertarla; terminamos la rutina un poco antes de las siete y nos metimos a la ducha; después me conecté a la reunión diaria; el día anterior por la tarde había trabajado un rato en la replicación de un reporte y me tocó que explicar un poco casi al final de la reunión.

El resto de la mañana traté de trabajar un poco; pero, la realidad es que, no encuentro una forma de abordar el trabajo últimamente: llevamos más de un año en el proyecto y no encuentro que mejore mi participación -es más, está empeorando-.

Incluso le comenté a Rb que estaba llegando a un punto bastante incómodo en el trabajo en equipo; mis tres compañeros son bastante jóvenes -mi supervisor también, creo- y no encuentro la forma en la que nos organicemos -para mejora del equipo, realmente-.

Al mediodía Rb me pidió que la acompañara al patio delantero: el endocrinólogo le indicó que debía tomar un baño de sol de al menos quince minutos cada día; y accedí, con gusto, a acompañarla.

Al mediodía me reuní con los otros tres analistas y mi supervisor en el Imperio del Norte; lo que no contribuyó en nada a mi estado anímico; deo buscar la forma de mejorar en este aspecto; mientras la reunión se alargaba empeé a ayudar a Rb en la preparación del almuerzo.

Durante los primeros dos días previmos preparar burritos y acompañarlos con un caldo de pollo; para la preparación de los primeros estamos utilizando unas pechugas de pollo que asamos la última vez que utilizamos la parrilla.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros; el tiempo sigue bastante raro: sol radiante durante la mañana y lloviznas esporádicas -y a veces no tanto- durante las tardes y las noches; justo estábamos empezando la caminata cuando empezó a llover.

Acordamos dar al menos una vuelta -para que los perros tuvieran la oportunidad de aliviar sus sistemas excretores- y al terminar la misma metí a los dos perros grandes a casa; Rb había visto un ave rara en el barranco al otro lado de la calle y sacó su celular para documentar el hallazgo.

Entré a la casa y -como casi siempre- desperté a la perra más anciana; la misma ha entrado -tristemente (?)- en una nueva fase de decrepitud: desde hace tres o cuatro días ha estado teniendo dificultades para andar (rigidez y cojera en alguna pata).

Y hoy se veía un poco peor: la saqué a la puerta y ni siquiera quería bajar la grada para acceder al patio, en donde usualmente orina; de hecho no bajó de la grada frontal sino que en el mismo lugar se inclinó un poco y orinó; creo que vienen tiempos difíciles.

Otra: he estado estudiando preguntas del exámen de AWS desde hace varias semanas; este día había llegado a un buen punto en la revisión de las doscientas cincuenta; pero, leyendo un poco en Internet, encontré que lo que he estado estudiando ya no está vigente.

Al parecer -desde hace un par de años- hay una nueva versión del exámen -al parecer más complicado-; por lo que me puse a buscar más información -al inicio me desanimé al enterarme- y encontré un documento con más de seiscientas preguntas; las cuales debo formatear para el uso en mi herramienta de repaso.

El martes me volví a levantar a las cinco y cuarto: aunque no era día de hacer la rutina de ejercicios antes de la reunión diaria quería aprovechar la hora temprana para completar al menos algunas de las tareas que el supervisor me había asignado.

Después de meditar encendí la computadora del trabajo y empecé a replicar algunos de los puntos pendientes; realmente no pude adelantar mucho en la hora restante; a las siete entré a la reunión; y el resto del día ya no pude adelantar mucho: recibimos varios mensajes confusos sobre la actualización a la última versión de la herramienta en prueba.

Almorzamos lo mismo que el día anterior: burritos de pollo y verduras; acompañado de un caldo de pollo con arroz; después de Rb se despidió, pues había quedado en encontrarse con su mejor amiga en la casa de los papás.

Estuvimos en comunicación -se fue en busito/Transmetro- e incluso contemplamos -en caso de que en la ciudad hubiera lluvia- la solicitud de un Uber para completar el trayecto; pero no hubo necesidad: a pesar de que el día estuvo nublado, pudo llegar sin contratiempos a su destino.

Yo seguí trabajando por la tarde -aunque no pude avanzar mucho-; les día la comida a los perros a las tres menos cuarto y, cuando llegó la hora final de la jornada laboral, nomás continué en las computadoras (no quería salir).

Rb me llamó un poco más tarde y me preguntó por mi hora de salida hacia la casa de su amiga -ya eran las cuatro y media-; con lo que me vestí -gorra incluida, pues ando con un cabello descomunal- y salí a tomar el automóvil.

Una de las razones para no querer salir era el temor de encontrar el embotellamiento que ha sido más constante por las tardes; en la garita le hablé al guardian pues era posible que vinieran a entregar un pedido de harinas que Rb había hecho unos días antes.

El guardian aceptó amablemente el encargo y salí a la calzada; sorprendentemente no había embotellamiento; de hecho la ruta hasta la carretera intermunicipal estaba casi vacía -a Rb le había tomado más de media hora llegar a ese punto-; y la lentitud en el avance empezaba apenas en el inicio del carril reversible.

Después de entrar a la ciudad tomé el periférico -más lleno, pero manejable- y, un poco después, estaba estacionándome frente a la escuela pública que se ubica a pocas casas de la casa de la mejor amiga de Rb.

Toqué el intercomunicador del portón y Rb salió a recibirme; y luego estuvimos un poco más de una hora en la sala de la casa -es una casa inmensa-; la amiga de Rb me obsequió con té y pastel de tres leches (dos porciones!) y me entregó los cuatro cubos de rubik de 6x6x6 que había adquirido en un Walmart del Imperio del Norte y enviado a su casa.

Un poco después de las seis nos despedimos de la amiga de Rb -y de sus papás y de su esposo- e iniciamos el camino de vuelta a casa; el cual tampoco estuvo tan mal: treinta y cinco minutos después estaba estacionando el auto.

Por la noche estuve viendo el tercer capítulo de Task, resoslviendo el cubo de Rubik de 4x4x4 y viendo algunos videos de Youtube; como el día siguiente era de levantarse temprano por los ejercicios, un poco después de las diez y media me retiré a mi habitación.

El miércoles fue el primer día del décimo mes del año: también se celebra -por acá- el día del niño; y me fue mi tercer día consecutivo levantándome a las cinco y cuarto; medité los veintiún minutos, encendí mis dos computadoras y entré a despertar a Rb.

Completamos los cincuenta minutos de ejercicios y luego me metí al baño; a continuación entré a la reunión diaria; la que estuvo un poco más animada que de costumbre, pues se decidió liberar -por fin- la última versión.

Después de la reunión preparé mi desayuno y luego retorné a la cama; me estuve dormitando un rato -después de resolver los tres wordles-, pero puse una alarma para las nueve de la mañana: era día de reunión uno a uno con mi supervisora local.

A las nueve y media entré a la reunión con mi supervisora: la verdad, ninguna novedad; nomás me recordó que debía enviar mi requisición por los dos días de vacaciones que debo tomar mensualmente -me había decidido ya por el nueve y el treinta-. 

También comentó que había establecido la fecha para la reunión trimestral del equipo -el miércoles ocho- y de una reunión adicional que estaba planeando para esta semana: al parecer el jefe de los desarrolladores en el Imperio del Norte comentó en una reunión que el proyecto estaba en peligro de cancelación -nada nuevo, realmente-.

A media mañana el programador remoto que más nos ha ayudado confirmó que empezaba con la actualización y, un par de horas después, confirmó que ya podíamos empezar con nuestras pruebas.

En el ínterin ayudé a Rb con el procesamiento del almuerzo: habíamos planeado preparar hashbrowns de papas y pollo molido; acompañandolos con una ensalada de tamaño mediano; antes de la una servimos el almuerzo.

Después del almuerzo Rb tuvo su reunión de equipo semanal; yo preparé café y té -después de lavar los trastos que habían sobrado de la preparación y del almuerzo- y luego nomás estuve esperando a que llegara la hora del final de la jornada: antes había tratado de adelantar algo del trabajo pero el equipo estaba siendo constantemente tomado por otro analista.

Después del horario laboral nos dirigimos a los supermercados en dirección norte: no era día de supermercados -usualmente, desde hace varios años, han sido los martes y jueves-, pero, por haber hecho la rutina por la mañana -y necesitar bananos- aprovechamos para salir a caminar.

En la tienda verde descuentos Rb adquirió un sombrero de tela -hemos estado, por prescripción médica, tomando baños de sol (quince minutos) al mediodía-; en el otro supermercado compramos bananos; y en una tienda a medio camino Rb compró cuatro libras de uvas.

A las siete cené lo que he estado consumiendo últimamente: banano, papaya y una galleta soda con frijoles; también traté de completar la tarea más urgente que me asignó mi supervisor -aprovechando que ya nadie estaba trabajando-; pero no pude completarla, al parecer hay algo que no funciona con la última versión.

Preparé un documento con las capturas de pantalla y se lo envié por mensaje a mi supervisor, comentándole las dificultades que estaba teniendo; un rato después me contestó, pero la comunicación definitivamente no está en su mejor momento.

Luego tomé mi computadora con Ubuntu y, en la cama de Rb, me puse a ver el tercer capítulo de la segunda temporada de Gen V -el spin off de The Boys-; también completé algunas lecciones de Duolingo: íbamos bastante atrasados con el reto semanal -no con Rb-.

El jueves me levanté a las seis y media; la noche anterior había considerado volver a levantarme a las cinco y cuarto, para empezar la jornada laboral con una hora de anticipación; pero luego, ya en la cama, dije, No, para qué?

O sea, hubiera podido actualizar el marcaje de las tareas que había -cuasi- completado; o trabajar en la más urgente -por la que le había escrito la noche anterior a mi supervisor en el Imperio del Norte-; pero al final decidí nomás continuar con la rutina normal.

Después de meditar encendí la computadora del trabajo y entré a la reunión diaria; mi supervisor estaba allí pero no hubo muchas novedades; en el ínterin resolví los tres wordle; o al menos el de inglés y portugúes (spoil y árabe), el de francés no pude (pizza).

Me quedé en la cama después de la reunión pero no me volví a dormir; hice un poco de Duolingo; y luego traté de completar la tarea más prioritaria de la lista que me habían asignado un par de días antes; y un poco antes de las nueve salí de la habitación: Rb salía hacia el mercado.

Estuve trabajando seriamente la mayor parte de la mañana; primero grabé un video en el que mostraba por qué no podía completar una de las tareas; mi supervisor me escribió mas tarde indicando que tendríamos una reunión para ver el desarrollo de la misma.

También estuve hablando con el analista que está en el Imperio del Norte, pidiéndole apoyo para otro par de pruebas; las cuales fueron, en su mayor parte, exitosas; Rb retornó un poco antes del mediodía y me convidó a acompañarla en su baño de sol.

Aunque no había sol; de todos modos estuvimos en la grada de la entrada a la casa; como ya había hecho las lecciones de Duolingo -y quería continuar trabajando- saqué la computadora del trabajo e incluso llamé al analista local más brillante, para que me apoyara en la investigación de uno de los problemas que había encontrado.

Estuvimos por un poco más de quince minutos en el exterior y luego retornamos a la mesa del comedor; la reunión con mi compañero continuaba pero recibí una llamada de la analista que está en el Imperio.

Pero no era una llamada de ella: había llegado la hora de la reunión diaria del equipo; entré a la misma y pasé la siguiente media hora escuchando -y presentando- los avances en las tareas asignadas -o lo que cada uno estimó-.

De hecho ese día tuve una reunión interesante una hora y media antes: mi supervisora local había convocado a todo el equipo -somos en total como diez o doce personas- para conversar sobre un comentario del programador principal en el imperio: el presupuesto del proyecto estaba en peligro.

Ese comentario fue interpretado por alguien como una amenaza a la continuación del trabajo; yo recuerdo haber escuchado el comentario pero no me pareció tan alarmante; quizá porque ya he estado en muchos proyectos; varios de los cuales han sido cancelados.

La reunión era para calmar las aguas pues algunos de los compañeros tienen uno o dos años en el equipo; y muchos no han pasado por este tipo de procesos aún; pero no sentí que la reunión hubiera servido de mucho; o sea, son cosas que pasan.

Al inicio de la reunión -por alguna razón estaba animado al inicio de la misma- estuve saludando a todos; y comentando sobre la reunión trimestral  del miércoles de la siguiente semana: es un restaurante de comida mediterránea, muy cerca del departamento de la supervisora.

Por la tarde le bajé el ritmo al trabajo; estuve jugando algunas partidas de ajedrez en Duolingo -sigo sin poder salir del rango de Elo entre mil y mil cien- ; al finalizar la jornada laboral íbamos a ir a los supermercados en dirección sur, pero la lluvia se puso algo intensa.

De hecho en la ciudad se formó un caos vehicular por la inundación de muchas de las avenidas principales; también contribuyó al mismo la caída de varios árboles dentro y fuera de la ciudad.

Un poco después de las cinco, aún con una ligera llovizna, decidimos salir hacia el supermercado más cercano en dirección sur; nos abrigamos con las chumpas impermeables y salimos al boulevard bajo el paraguas; el tránsito en el boulevard estaba detenido en dirección a la ciudad.

De hecho la cola se extendía hasta donde la vista alcanzaba; creo que cubría los cinco o seis kilómetros del boulevard; Rb andaba calzada con los tenis que adquirió el domingo y estaba teniendo molestias en el pie derecho; pasamos a una tienda a comprar una curita.

La razón de ir al supermercado era que nos habíamos quedado sin lechugas para las ensaladas del almuerzo; pero no encontramos en los refrigeradores del lugar; por lo que nomás compramos un poco de hígados y mollejas de pollo; luego retornamos a casita.

Por la noche terminé de leer La Uruguaya; aún no decido si veré la película; la narración es muy buena; después estuve considerando con qué seguir en la misma línea y encontré que ya tenía en la tableta Yo siempre seré yo a pesar de tí.

Y a ver cómo sigue eso...