sábado, 9 de mayo de 2026

Dinero encontrado... Found money... L'argent trouvé...

He tenido -¿como todos?- una buena historia con el dinero encontrado en el camino -también he perdido algo de efectivo en diversas ocasiones-; recuerdo que cuando empezaba este blog (hace dieciséis o diecisiete años) hubo una entrada sobre el tema (fue en noviembre del dos mil nueve).

Y este día -miércoles seis de mayo- volvió a suceder: veníamos caminando con Rb -nuestra salida diaria después del trabajo- y ví algo rojo en el piso: era un billete de la tercera denominación; y un poco después había otro billete de la denominación superior siguiente (y en el interior uno de la inferior siguiente).

Estuvo rara la cosa: estábamos muy cerca de un car wash -y venta de licores-; y del primero Rb no se dió cuenta; del segundo sí, no sé si me lo señaló o tuvo la intención de recogerlo; pero estaba de mi lado.

Pero bueno.

Los primeros días de la semana estuvieron bastante tranquilos: el lunes, especialmente, no salí de la habitación hasta muy muy tarde; ambos días (lunes y martes) desayuné un poco después de las diez (los tres días los registré en mi app como 20/4).

El lunes, después de meditar me quedé en la cama; intenté dormitar pero, un poco después de las ocho, recibí una llamada de mi supervisor en el Imperio del Norte (por suerte me había quedado con los audífonos puestos -y había puesto un video en la computadora del trabajo-).

Ese día se suponía que debíamos de probar una nueva versión de la app en la que trabajamos; incluso me tocó que contactar a mis dos compañeros analistas que estaban activos (el que menos me cae bien está ausente -de hecho iba a indagar con el PM si realmente está de vacaciones, pero luego me dije que no tiene importancia, realmente-).

El compañero que vive en el pueblo donde creció mi padre empezó a trabajar en la asignación; el que mejor me cae -y más brillante- tampoco estaba presente; le escribí por whatsapp y un poco más tarde me respondió por la app de mensajes del trabajo.

Yo ya había empezado a trabajar con el otro analista -y nos dimos cuenta, rápido, que la app no estaba funcionando-; reportamos eso al supervisor y él asignó a mis dos compañeros a un ambiente en el que estuvieron trabajando mietnras yo estaba de vacaciones.

Y a mí me asignó una tarea algo rara: apoyar a un analista que se encuentra en el Imperio del Norte (y que no sabe utilizar ni siquiera Excel) con una prueba en la que supuestamente ya estaba experimentado (pero no, no estaba nada experimentado).

Traté de ser proactivo y le pedí información sobre la tarea asignada; y nomás me envió algunas líneas bastante genéricas; y consulté con mis dos compañeros locales; y resulta que ninguno de los dos tenía conocimientos en la funcionalidad específica.

Un poco más tarde me llamó el analista desde el Imperio; y en cierto momento incluso incluyó al supervisor en la llamada; pero fue muy poco lo que pudimos hacer: básicamente marcó la tarea como fallida y envió un reporte bien escueto de lo realizado.

Yo estuve la mayor parte del día tratando de avanzar en el código -mi compañero había hecho algunos ajustes en una parte del código, y al revisar la ejecución de mis últimos cambios resultó que no eran compatibles-.

También estuve leyendo un poco de los tres libros: ficción en inglés, no ficción en español y tecnología en inglés; el almuerzo consistió de un poco de carne molida de pollo y un poco de güisquil -cortado en juliana y cocido- pues Rb está ahora también restringiéndose de la pasta.

Para el café de la tarde -que preparé después de lavar los trastes- aún tenía bastante pastel de avena/zanahoria de la semana anterior; consumí eso con media galleta; y le preparé a Rb -a las tres menos cuarto- una taza de té de manzanilla.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; yo había estado sopesando el consumo de media galleta de chocolate con media galleta redonda -de crema- pero ya no tenía de las últimas; entonces, en el supermercado más alejado compré un paquete de galletas waffle de fresa.

Y en el otro supermercado compré unas galletas chicky de fresa y unas galletas redondas de limón; también compramos allí un poco de bananos -aunque ahora Rb ha reducido su consumo diario a la mitad, debido a algo que DeepSeek le comentó sobre cómo podía afectar a sus riñones/vesícula-.

Por la mañana Rb había comprado una papaya y un mango (ella también ha detenido el consumo de esto último, debido a la misma razón que los bananos); y había pelado y partido ambos después de lavar los trastes.

Por la noche estuve sopesando ver algo en la computadora; pero, al final, no encontré nada interesante; y aproveché para adelantar un poco en los libros -estoy a un ciclo de terminar el de ficción en inglés; y bastante avanzado en los otros dos-.

El martes fue el día en que me quedé casi toda la mañana en la cama: me levanté a meditar a las seis y media, luego entré a la reunión de las siete, luego me quedé en la cama; hice algunas lecciones de Duolingo pero, realmente, estuve dormitando hasta las nueve que empezó la siguiente reunión.

Rb entró un poco antes a la habitación y al escucharla le comenté que aún estaría un rato en cama -estaba entre la vigilia y el sueño-; finalmente, un poco antes de las diez salí a prepararme el desayuno; y me pasé el resto del día revisando una función que estaba provocando que mi código no funcionara.

Fue un día bastante intenso de trabajo: como el código es interpretado no puedo encontrar la mayor parte de los errores más que al ejecutarlo -y agregar muchos comentarios para ver por dónde se logra avanzar-.

El almuerzo estuvo bien -la especie de pasta a la bolognesa, pero con güisquil en vez de pasta- y acompañé el café de la tarde con media galleta wafle de fresa y media galleta chicky de vainilla -y un dieciseisavo del pastel de avena/zanahoria-.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte; aunque, realmente, no teníamos nada por comprar; la idea era pasar a la tienda verde de descuentos a ver si habían galletas redondas de fresa -en el pasado había comprado-.

Pero no encontré ninguna galleta atractiva en ese lugar; luego pasamos al supermercado, a ver si había bananos verdes; pero la mayoría ya estaban maduros; y los que estaban verdes tenían pinta de que se argeñarían; entonces retornamos sin ninguna compra.

Por la noche volví a evitar ver contenido audiovisual; nomás adelanté un poco en el libro de ficción en inglés; de hecho la noche anterior, después de retornar de caminar, me encerré durante un buen rato en mi habitación, y estuve leyendo/haciendo Duolingo/dormitando.

El miércoles me desperté con la intención de no quedarme mucho tiempo en la cama: después de meditar volví a la cama a participar en la llamada de las siete; después me quedé en cama pero no me acosté; abrí mi computadora personal para continuar trabajando en el código.

Salí de la habitación un poco después de que escuché a Rb ya levantada -alrededor de las ocho-; pasé las dos computadoras para la mesa del comedor y continué trabajando en este lugar: afortunadamente pude resolver el problema en el que había estado trabajando desde el día anterior.

A las once hicimos la rutina de ejercicios de mediados de la semana -algo que también hicimos el primer día laboral de la semana-; aunque ahora estoy firme en continuar durante mucho tiempo nomás con media hora de rutina.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros más grandes; después me metí a la ducha -no había querido ducharme después de los ejercicios porque consideré que sudaría nuevamente al salir con los perros-; después ayudé a Rb con la preparación de la tercer porción de los almuerzos semanales.

El resto de la tarde estuvo normal: lavado de trastes, preparación de café, un poco más de código, té de manzanilla para Rb; a las cuatro Rb se retiró a descansar a su habitación; como el trabajo estaba tranquilo decidí retirarme a mi habitación y puse una alarma para las cinco -quería leer un poco del libro en español-.

Pero un poco antes de las cuatro y media Rb se apareció en mi habitación: se había recordado que tenía clase a las seis y media y, como de costumbre, debíamos salir media hora antes a realizar la caminata diaria; entonces nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur.

Caminamos hasta el más alejado y entramos a ver si había filetes de pechuga de pollo -planeaba preparar un par de rollitos para el almuerzo del siguiente sábado, con mi hija mayor-; pero no encontramos -nomás había pechuga con hueso-.

En el otro supermercado -el que queda a medio camino- encontramos del tipo de pollo que andaba buscando; también compramos un poco de bananos; después de pagar las compras reiniciamos el camino de vuelta a casa.

Pero no nos dirigimos directamente: Rb decidió que quería pasar a la tienda de las verduras -no había encontrado lechugas en el supermercado, y ahora es uno de los elementos que ha agregado a (casi) todas sus comidas-.

En la tienda de verduras tampoco había lechugas; pero Rb encargó a la dependienta algunas, además compró manzanas y ciruelas para su consumo semanal de frutas; y unas zanahorias: había, en la refrigeradora, un par de trozos para el pastel que iba a preparar, pero consideré que me faltaría un poco.

Retornamos a casa un poco después de las seis y Rb se puso a prepara su cena ya que debía entrar a clase a las seis y media; yo esperé a que terminara todo -seguía revisando el código- y, cuando la cocina quedó desocupada, empecé a preparar el pastel de la semana.

Al igual que la semana anterior, le agregué media pastilla de mazapán De la Rosa -aún me queda una entera-, le bajé un poco al Monk Fruit y a  la Splenda; y también le agregué menos bicarbonato -aunque le agregué dos yemas extras a la receta original-.

Estuve en la preparación del pastel durante un poco menos de una hora -el tiempo de cocimiento se ha duplicado, creo que por el uso de las yemas extras-, mientras realizaba algunas pruebas con el nuevo código -de más de cincuenta casos nomás dos no me estaban funcionando-.

También traté de ver el sexto episodio de la quinta temporada de The Boys, pero preferí ponerme al día con mis notas -incluyendo esta- y con eso llegué hasta las nueve de la noche -un poco antes de las ocho había cerrado la máquina del trabajo-. 

Los dos últimos días laborales de la semana también estuvieron bastante tranquilos: el jueves completé los últimos cambios al código -después de la actualización que había hecho mi compañero-; aunque, como siempre, no estuvo tan sencillo el final.

En la reunión de la mañana se nos había pedido al equipo que realizáramos una prueba en un ambiente en donde usualmente verificamos que las nuevas actualizaciones no tengan errores críticos -antes de pasarlas al servidor de pruebas-.

Entre las dos reuniones de la mañana había programado una reunión con mi compañero más brillante: me había topado con una pared en el desarrollo del código; el día anterior lo había pasado tratando de resolverlo -ayudado por un par de LLMs- pero llegué a la conclusión de que lo mejor era consultarlo.

Y sí, la solución era -más o menos- la que ambos LLMs me habían planteado; o sea que hubiera podido resolverlo personalmente, pero me habría llevado muchas horas y mi compañero ya había escrito las rutinas necesarias para completar la función.

En la reunión le expliqué a mi compañero las dificultades que había encontrado y -no le tomó mucho tiempo- él me mostró cómo avanzar; escribí el código faltante en muy poco tiempo -aunque luego tuve que continuar con el siguiente bloqueo-. 

En el desayuno de la mañana -un poco después de las diez- consumí la última mitad de la octava parte del pastel que había preparado el miércoles anterior; a las doce y media sacamos a caminar a los perros; y luego recalentamos la última de las porciones de -nuestra versión de- bolognesa.

Por la tarde encontré un error raro en el código que estaba escribiendo; o más bien, en el código que debía probar con el código que estaba escribiendo: no estaba reconociendo la información que se recibía desde el servidor remoto; le escribí al programador en el Imperio del Norte que más nos ha ayudado, pero no recibí ninguna respuesta.

Después del horario laboral caminamos a los supermercados en dirección norte: por la mañana Rb había roto un cable USB-C con el que estaba conectando un ventilador portatil a su computadora y quería reponerlo.

Caminamos hasta la tienda verde de descuentos y allí encontró un cable -tres dólares-; también buscamos otro ventilador portátil -uno que tuviera giro-, no encontramos nada parecido en el lugar; pero Rb compró un pequeño abanico de papel -el calor ha estado bastante fuerte-.

Ese día mi hija mayor me pidió unos días extras -dos semanas- para realizar el depósito del monto de la cuota mensual de mantenimiento del departamento: le habían pagado por las clases de inglés que está impartiendo los sábados, pero la cantidad era ínfima.

De todos modos -supuestamente- ya había empezado a trabajar como traductora freelance en un sitio web en el que había estado aplicando durante las últimas semanas; le indiqué nomás que tuviera cuidado -y anoté en la lista de entradas y salidas del departamento el monto como cubierto (y también en su hoja individual de crédito)-.

En el camino de vuelta de los supermercados pasamos a la panadería habitual a comprar el pan para mis desayunos -también compré un pequeño zepelin, con lo que el monto gastado aumentó más del doble (un dolar y medio)-.

También pasamos a la tienda de las verduras; aunque esto generó un connato de conflicto: al inicio del camino de retorno (estábamos saliendo del supermercado, luego de comprar unos bananos) Rb me recordó que tenía que pasar a la tienda de las verduras (porque había encargado unas lechugas); yo le indiqué que no me caía bien las propietarias y ella me indicó -con aparente molestia- que si quería podía ir sola.

O sea, en cuando habíamos salido de la calle donde vivimos habíamos repetido el diálogo (sin la parte final); pero en el camino de vuelta me traté de tranquilizar y nomás la acompañé al lugar; y sí, le habían conseguido varias lechugas.

Por la noche ví el quinto capítulo de la quinta temporada de The Boys; pero mientras estaba en mi habitación -más o menos a la mitad- Rb me interrumpió para pedirme que viera lo que la perra más pesada había hecho: mordisqueó el abanico recién comprado.

El viernes preveía una mañana bastante cargadita: además de las dos reuniones habituales por la mañana tenía un par más programadas; la primera era de mi supervisor, para revisar el avance en los proyectos -se supone que la realizar semanalmente, pero teníamos tiempo de no reunirnos-.

La segunda la había programado mi compañero más brillante: se suponía que nos reuniríamos con el supervisor y su jefe para presentarle los avances que habíamos realizado en la automatización de algunas de las tareas del área.

Me levanté antes de que sonara la alarma (hasta uno o dos días antes me había percatado de que me estaba despertando más temprano porque estaba dejando abiertas las paletas de vidrio de la ventana), medité y entré a la primera reunión; la que no tuvo muchas novedades.

Después -una media hora más tarde- entré a la reunión con todo el equipo -local y remoto-; y, realmente, no aporté -ni recibí- mucho; excepto que el supervisor me asignó una tarea en conjunto con el analista que vive en el pueblo donde creció mi padre.

Un poco más tarde entré a la reunión en la que mi compañero iba a presentar los avances en la tarea que habíamos estado trabajando las últimas semanas; y esta sí estuvo extensa; se suponía que tardaría media hora, pero el código que mi compañero estaba presentando no funcionó.

Entonces empezó una larga explicación de lo que había hecho, lo que podía estar fallando y las razones por las que aún no habíamos completado la asignación -también los aspectos por los que la automatización no podía ser completa-.

Al final logró que el código funcionara -el supervisor no había entrado a la reunión, nomás su jefa-, pero me quedé con la impresión de que el jefe del supervisor no entendió mucho cómo iba realmente el avance; tampoco entendí su opinión; según mi compañero la instrucción fue que continuáramos avanzando. 

Después de esta reunión el analista que vive en el pueblo donde crecio mi padre me estuvo escribiendo en la aplicación de mensajes, pero preferí llamarlo para mostrarle el procedimiento que habíamos realizado, el lunes anterior, con el analista en el Imperio del Norte; y resolver las dudas que pudiera encontrar.

Rb había ido, al supermercado en donde se provee de frutas, después de desayunar y retornó un poco antes de las once de la mañana; le pedí que atrasáramos un poco la realización de la rutina de ejercicios: quería sacar a caminar a los perros después de esta -y previo a meterme a la ducha-.

Aceptó mi sugerencia y, un poco después de las once y media- realizamos la rutina de ejercicios de los viernes; después sacamos a caminar a los perros más grandes; cuando entramos terminamos la preparación del almuerzo: pescado, caldo de pollo y ensalada.

El almuerzo estuvo bastante copioso y, después del mismo, me metí a la cocina a lavar los trastes que desbordaban el lavatrastos; luego me preparé un té de menta; el que consumí con: un cuarto del zepelin que compré el día anterior, un octavo del pastel que preparé un par de días antes, un tercio de una galleta de limón y una mitad de galelta de chocolate.

Por la noche ví la primera -de dos y media- media hora de una película china de ciencia ficción: Resurrection; por alguna razón la tenía en mi lista de material audiovisual pendiente y esa noche -por fin- la bajé con un enlace de torrent; creo que no he visto muchas películas chinas y esta se veía interesante.

Y a ver cómo va eso...

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