Esta es una entrada -al igual que otra publicada unas semanas atrás- que no sigue el patrón corriente de este espacio: me levanté pensando en escribir algo sobre este tema después de una reunión -la tarde pasada- con uno de mis conocidos de mi época de la facultad.
Y, quizá, también el contraste/relación con la reunión que tuve dos días antes con mi conocido más creativo -tan creativo que estuvo una temporada en un hospital psiquiátrico, y ha decidido no vacunar a sus hijas, y está convencido que las grandes corporaciones están trabajando en la disminución de la población mundial-.
Pero, creo, el hilo conductor es el trabajo; o eso que llamamos trabajo: lo primero que hice fue realizar una búsqueda de esas palabras en todas las entradas que he almacenado acá durante las últimas décadas; y nomás le agregué la X al título, pues no creo que haya un número preciso sobre la cantidad de veces que he rumiado el tema.
Lo interesante, creo, es que la última vez que había escrito sobre el tema -o al menos, que había publicado un título alusivo al mismo, estaba en uno -otro más- de esos momentos en los que mi situación laboral estaba pasando por un momento interesante: acababan de cerrar el proyecto en el que estaba trabajando y aún no estaba claro qué pasaría.
Y en esa ocasión lo que pasó fue que la mayor parte del equipo fue movido a un proyecto en un ala de la empresa bastante independiente de las áreas en las que había estado trabajando durante casi una década; y justamente ese departamento será separado -vendido- durante el transcurso de este año.
Lo que me coloca, otra vez, en la misma situación: bastante precaria; aunque, para ser preciso, aún no se sabe qué pasará; algunos -la mayoría- espera que el equipo local sea absorbido por la nueva empresa; otros -incluído el jefe de mi supervisor- no está seguro si somos parte del trato.
Y no hay una certeza sobre qué pasará si el equipo no es movido: ¿seremos despedidos? ¿pasaremos a un nuevo departamento en esta misma empresa? o si el equipo transiciona: ¿continuaremos realizando lo mismo? ¿nos depedirán luego de absorber nuestro conocimiento en el sistema?
La verdad es que hay muchas incógnitas; y no espero que la situación cambien en los próximos dos o tres meses; los hechos: hay un documento que establece un acuerdo de compra de nuestro departamento; no es la primera vez que estas dos empresas realizan una operación de este tipo.
Hace un par de semanas una comitiva de la empresa adquiriente realizó una visita al área en el Imperio del Norte; en esa ocasión el jefe de mi supervisor indicó que se quería adelantar la adquisición -de fin de año a Octubre-; y eso, lo que no se sabe es -como casi siempre- mucho más extenso que lo que se conoce.
Y me puse a pensar sobre escribir acerca del primero de tres los elementos que Freud consideraba necesarios para una vida plena -según Google: 1. El trabajo (y la vocación), 2. Las relaciones interpersonales (el amor), 3. La vida creativa (la sublimación)-; primero, por mi situación particular -a punto de llegar a la docena de años en el mismo lugar de trabajo, pero con perspectivas muy inciertas-.
Además, por las dos últimas reuniones con mis conocidos -y la que tendré este día-; empezando por la del viernes: mi conocido más creativo ha tenido una vida laboral bastante peculiar: empezó trabajando en el gobierno -no haciendo nada, prácticamente- dando soporte a computadoras -aunque no conocía el tema- y continuó en el mismo lugar dando algunas clases de informática.
Luego estuvo mucho tiempo desempleado -por la época con la que se casó (por haber dejado encinta a su pareja)-; pero empezó a trabajar más asiduamente conforme su hija empezó a crecer -por esta época anda en los primeros años de la escuela primaria-.
Durante los últimos cuatro o cinco años ha tenido trabajos interesantes: en dos empresas de captación de energía solar y en una de importación de calzados; en las tres ha estado viendo temas de publicidad y en la última tuvo a cargo a varias vendedoras.
Y, precisamente, en esta última externó un pensamiento que me pareció muy interesante: ¿todos los conflictos que estoy teniendo se deben a mi forma de ser o el problema son los otros?: en el primero de estos trabajos lo despidieron -feamente-; en el segundo renunció y en el tercero lo despidieron -por conflictos con sus subordinados y compañeros-.
Ahora lleva varias semanas sin trabajo; le aconsejé -pero, aparentemente, otra persona cercana también se lo había sugerido- que entrara a un Call Center -en inglés-; no es un trabajo muy glamoroso, pero le puede servir para mejorar su perfil laboral -otro idioma- y generar un poco de ingreso -realmente ganaría casi lo mismo que estaba percibiendo en sus últimos trabajos como profesional de la publicidad-.
Con la persona con la que me reuní ayer nos conocimos hace más de treinta años, en la facultad: había entrado un año antes y coincidimos en algunos cursos -también era amigo de alguno de mis compañeros de clases-; provenía de un medio socioeconómico estable: tanto él como sus hermanos se graduaron de uno de los colegios católicos más notables de la ciudad.
Unos diez años más tarde nos encontramos en un trabajo en el que yo tardé nomás algunos meses -viendo temas de calidad- y él algunos años, como programador; de allí pasó a una de las constructoras más grandes de la ciudad; en donde estuvo década y media, al final se retiró y los demandó por pagos incumplidos -de eso hace seis años-.
Después ha tenido una trayectoria bastante accidentada; en este tiempo, además de divorciarse ha tenido dos o tres trabajos -referidos- en el gobierno; de los cuales ha salido mal; también empezó a hacerse cargo de sus tres sobrinas -casi llegando a la adultez- pues su hermano menor falleció -y la esposa de este también había muerto unos años atrás-.
Ahora tiene tres o cuatro meses de estar en una muy buena posición -referido- en otra ala del estado que se ha hecho famosa -infame-, cómo no, por lo niveles de corrupción en su operación; sus hijos -hijo e hija- están por graduarse de la mejor universidad privada del país; su sobrina mayor -lesbiana, según él (¡el horror!)- se ha ido a vivir sola y él está sossteniendo a las otras dos -por entrar a la universidad-.
En la reunión -un café con pastel- me comentaba que el trabajo está muy bien, que nomás teme que le van a embargar una parte del salario pues, debido a la inestabilidad laboral de los últimos años, sobregiró varias tarjetas de crédito y los cobradores han estado bastante agresivos con la recaudación.
Pero, lo que me llamó la atención fue esto: cuando le comenté que muy posiblemente me quedaré sin trabajo en el transcurso del año, lo primero que vino a su boca fue un discurso sobre marketing digital y trading; o sea, mi amigo continúa creyendo en el pensamiento mágico.
Y esta tarde espero reunirme con otro especímen bastante curioso: se inició temprano -casi adolescente- en la tecnología -pero no atendió la universidad-; se formó en el trabajo y -al parecer- llegó a tener posiciones bastante altas sin tener un título de educación superior.
Pero luego se estancó; por la época en la que lo conocí -hace casi veinte años- trabajaba como programador en la oficina en la que empecé mi transición hacia el área de tecnología; era de los elementos más llamativos: edad avanzada, desfasado en sus conocimientos y con una actitud de que debía estar en una posición más alta.
Por esa época -al parecer- fundó una oficina de energía alternativa -¿geotermia?- con la que no prosperó; también se hace cargo de los hijos de sus hijas por, según sus palabras, 'ellas no eligieron bien a sus parejas-; con lo que aún es necesario que trabaje de forma intensa.
Después de trabajar un par de años en la misma empresa a mí me despidieron -porque la adquirió un conglomerado del Imperio del Norte-; estuve en el banco más grande del país y luego retorné -con otro nombre- a la empresa, donde volví a encontrarlo, aunque la relación laboral que él llevaba era diferente: trabajaba en el mismo espacio pero reportaba directamente a alguien el país vecino del norte.
Por esta época fue lo de la energía alternativa; yo me salí de esta oficina para pasarme al otro banco estatal del país -de donde me despidieron después de año y medio, para entrar, finalmente, a la empresa actual-, mi amigo continuó allí; pero, fiel a mi costumbre, me desentendí de cualquier contacto con mis ex compañeros de trabajo.
Hasta hace cuatro o cinco años, que me contactó para que lo ayudara con algunos temas de calidad de software, en una consultora para la que estaba trabajando; entonces nos pusimos al día: él ya no se quería dedicar al software, porque ya estaba cansado.
Ahora, para variar, trabaja -no tengo muy claro bajo qué régimen- en un ala del estado -alguno de los ministerios del ejecutivo- gracias a una persona con la que trabajó mucho tiempo atrás; me ha pedido préstamos -no muy grandes- en un par de ocasiones y, afortunadamente, ha sido confiable a la hora de honrar sus compromisos.
Y bueno, eso que llamamos trabajo...
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