sábado, 27 de junio de 2026

Últimas palabras... Last words... Les derniers mots...

En general me llama la atención el arte(?) del Stand Up... o sea, pararse frente a una gran (o pequeña) audiencia y arrancarte con un discurso para hacer reir a la concurrencia me parece uno de los actos más valientes (por aquello que hay más personas que le temen a hablar en público que a la muerte).

He visto casi todo lo que Dave Chapelle ha grabado; también algunos otros -en inglés y en español) y, había visto -mucho tiempo atrás- a George Carlin; no mucho entendía su humor, o su figura o su postura; pero bueno.

Creo que fue un cómico -que no es bueno haciendo Stand Up- mejicano que recomendó hace uno o dos años -en su transmisión de fin de año- el libro que titula este texto: este personaje mejicano se 'enfrentó' al stablishment político de su país (y perdió: le cancelaron su programa en una cadena estadounidense).

O quién sabe, de pronto no perdió: igual siguió con sus proyectos en Youtube -donde saltó a la fama y en donde ha florecido durante casi dos décadas-; con un equipo variado de guionistas y presentadores; a saber cuánto tiempo más lo aguantarán.

George Carlin murió hace no mucho luego de una -muy fructífera- vida en el espectáculo; empezó -según sus palabras- haciendo una comedia bastante aceptada; pero luego se tiró al abandono: dejando atrás esa figura limpia (traje y corbata, cabello corto) se empezó a presentar -casi- como un indigente.

Y también hizo que la radio en la que trabajaba fuera llevada a la corte suprema del Imperio del Norte: por insistir en utilizar una serie de -¿siete?- palabras que habían estado prohibidas de acuerdo a cierta ley federal.

Al final -como todos- murió: aunque aún no he avanzado tanto en su libro: es una 'autobiografía' -según él- bastante resumida; y tratada -creo- de presentarse de forma cronológica; es interesante ver cómo sufren las personas blancas -aunque sean irlandesas-.

Y a ver cómo va eso.

El miércoles me levanté a las seis y media; la noche anterior había dejado la máquina del trabajo en la habitación en donde Rb almacena la comida de sus perros -y donde he dormido cuando le he cedido la habitación a alguna visita-; hacia allí me dirigí después de la meditación matutina.

Entré a la primera reunión del día; aunque no fue tan fácil: por alguna razón la batería de la computadora estaba descargada -según yo la había dejado apagada la noche anterior-; pero no encendió y tuve que llevármela a la mesa del comedor, para conectarla al cargador.

La reunión de la mañana no tuvo muchas novedades; pero, al final de la misma, la compañera de mi supervisor hizo un par de pruebas rápidas y mi supervisor me contactó para que repitiera lo mismo en otro par de equipos.

Me puse a trabajar en el acto y le envié los resultados; luego me pidió algo adicional y me entretuve un poco en completarlo; después de terminar la tarea me puse a hacer lecciones -partidas de ajedrez- de Duolingo; había visto a Rb antes de entrar a la reunión y escuchaba alguna parte de la traducción que estaba realizando.

En la reunión de las nueve participó una persona que debe dirigir un evento de entrenamiento para utilizar una nueva herramienta -que el equipo local usó hace más de dos años, en el proyecto anterior- y comentó algo sobre las fechas de la realización -tomando en cuenta que la semana siguiente en el Imperio celebran su día de independencia-.

Había tenido pendiente la reunión bisemanal con mi supervisora local -de hecho había utilizado un par de LLMs para explorar preguntas que pudieran hacer más productiva la misma-; la reunión empezó a las nueve y media.

Y desde el inicio traté de integrar las preguntas que tenía preparada; con lo que más de la mitad -en total es media hora- lo consumimos en temas personales: ella tiene una hija de dos años y una de un par de meses; pero sí conversamos un poco sobre la situación general del equipo.

Mi supervisor en el Imperio había escrito en el mensaje grupal que no estaría en la reunión de las diez menos cuarto; y yo agregué que estaba en reunión con mi supervisora local; al final creo que nadie inició la reunión.

Después de la reunión con mi supervisora me preparé el desayuno y, luego, me quedé en la mesa del comedor leyendo algunos artículos de HackerNews;  a las doce -cuando Rb dejó de recibir llamadas- hicimos la rutina de ejercicios de los miércoles.

Después de completar la rutina de ejercicios sacamos a caminar a los perros; luego pusimos a calentar la tercera porción de los almuerzos de la semana -el día anterior había separado en dos el caldo de pollo, pues planeábamos cambiar el pescado para el jueves-.

Por la tarde estuve leyendo un poco de Criaturita; además avancé un poco en el curso que estaba completando en uno de esos sitios 'gratis' para aprender Python; como teníamos clases al principio de la noche decidimos salir a caminar a las cuatro y media.

A esa hora nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; antes de llegar al extremo del boulevard Rb compró un vestido que vió en una tienda en la que ya había adquirido uno en el pasado; después de llegar al final del boulevard entramos al supermercado en las cerccanías.

El día anterior nos había indicado el carnicero que recibirían pechugas de pollo al día siguiente; por lo que llevábamos la mochila con aislante térmico; y sí, había pechuga de la que Rb necesitaba -para su perra más anciana-; yo aproveché para comprar diez paquetes de gelatina sin azúcar -ya me quedaban nomás dos o tres paquetes- y cuatro salsitas de tomate -recordaba que me faltaban de algunos sabores-.

Después pasamos al otro supermercado; en donde Rb compró una lechuga -ahora consume en la mañana y en la noche- y yo compré otros seis paquetes de gelatina light (de otra marca); después regresamos a casa.

Vinimos unos minutos antes de las seis por lo que me metí a mi habitación para recibir la -que esperaba que fuera- última clase del curso de educación ambiental; y estuvo tan mal como las tres anteriores: el biólogo que la presentó no utilizó una buena metodología, perdiendo más de la mitad del tiempo en resolver dudas que no venían al caso.

Yo aproveché para continuar con el código que había estado escribiendo en la tarde -aunque tuve que utilizar un LLM para completar parte del código-; la clase se extendió hasta después de la hora en que estaba programada; y, después que terminó, me quedé en la cama resolviendo la tarea que estaba en la plataforma del ministerio que está patrocinando el curso.

Pero fue en balde: preparé un par de documentos -PDF- con las cinco actividades delineadas en la asignación; pero cuando intenté subir el resultado me dí cuenta que no habían habilitado la entrega de la misma; entonces cerré la computadora y me pasé a la habitación de Rb.

Me llevé el celular pues no había completado las lecciones nocturnas de Duolingo; y, después de comentar con Rb -había tenido también una clase que no le había agradado- lo ocurrido en clase, me puse a jugar algunas partidas de ajedrez.

Ya eran casi las diez de la noche cuando terminé las lecciones de Duolingo; entonces retorné a mi habitación y completé los veintiseis minutos de meditación, luego salí a lavarme la dentadura y desearle una buena noche a Rb; después retorné a mi habitación, leí un capítulo de Criaturita y me dormí.

El jueves me levanté a las seis y media; realicé la meditación matutina y, luego, me pasé a la habitación en donde Rb almacena la comida de sus perros: allí había dejado la noche anterior la computadora del trabajo; procedí a encenderla y entré a la reunión de las siete.

Rb entró un poco después pues debía dejar preparados los platos con la comida de sus perros; la reunión estuvo bastante corta: el número de participantes ha estado descendiendo últimamente; no estaba nadie de mi equipo y, luego de un poco de espera, vimos que entró la compañera de mi supervisor.

Y no hubo mucho que revisar; nomás se mencionó el avance que -supuestamente- está realizando mi equipo con la última liberación de la aplicación; y el aviso de que el día domingo se realizará un cambio de plataforma de trabajo.

Después de la reunión salí de la habitación y pasé las computadoras a la mesa del comedor; en donde seguí trabajando: me había puesto a revisar por qué los casos de prueba automatizados estaban fallando con la última liberación.

A las nueve entré a la siguiente reunión diaria; en la que tampoco estuvo nadie de mi equipo; en esta cada desarrollador indica los avances y obstáculos en sus asignaciones; y volvieron a mencionar el cambio esperado para el domingo (y que el día siguiente no habría reunión pues varias personas estarán ausentes).

A las diez menos cuarto -la hora de la reunión de mi equipo- inicié la reunión -el día anterior nadie lo había hecho- y esperé un par de minutos hasta que entraron dos de mis compañeros: el analista más brillante y el que vive en el pueblo donde creció mi padre -afortunadamente no entró el que me cae menos bien-.

Y nomás pregunté si continuábamos con la misma asignación y si alguien necesitaba alguna ayuda con sus asignaciones; la persona del departamento colonial se odía bastante incómodo en la reunión, estaba por terminarla -estábamos hablando en español- cuando entró una persona del Imperio.

Y nomás preguntó si el supervisor no se uniría; ante la negativa nomás indicó que no tenía nada que agregar; así que agradecí a todos por atender la reunión y me salí; y justo estaba saliendo cuando escuché que el analista más brillante empezaba a hablar.

Así que lo contacté por mensaje de texto, y era nada más para recordarme que teníamos código que debíamos enviar al repositorio por la migración prevista para el fin de semana; y por la tarde estuve trabajando en ese código: hay varios casos de prueba que ya no están funcionando, al parecer cambiaron algunos controles en la última liberación.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; no teníamos nada que comprar, excepto el pan para mis desayunos; pero al llegar a la altura del supermercado que se encuentra al inicio del boulevard decidimos entrar; aunque no compramos nada.

En el camino de vuelta pasamos a la panadería en donde compro el pan más barato; pero estaba cerrada, lo que realmente nos sorprendió -además de que no lo habíamos notado en nuestro camino de ida-; entonces continuamos el camino a casa y compré el pan en la panadería de la vuelta.

Por la noche terminamos de ver The Interpreter; y, la verdad, ya no hacen películas como antes: o sea, es del dos mil cinco; pero presenta primeros planos muy buenos, discusiones entre los personajes bastante interesantes, y giros de trama extraños; muy buena.

El viernes me levanté a las cuatro menos diez; me parece que había escuchado cuando Rb se había levantado -una hora antes- a alimentar a su perra más anciana; al igual que el jueves anterior, me vestí, salí a saludar a Rb y luego nos preparamos para dirigirnos al hospital público más grande de la ciudad.

El camino de ida estuvo bastante despejado -por la hora- y los alrededores del hospital estaban -como siempre- bastante animados ya a esa hora de la madrugada; dejé a Rb en la entrada del hospital -la cola no se veía muy amplia- e inicié el camino de retorno a casa.

Había planeado entrar a la vía en la que me había metido la primera vez que llevé a Rb al hospital a esa hora -cre que esta era la tercera vez-, pero no logré identificarla; por lo que -al igual que la última vez- dí la vuelta en el Trebol y desde allí me dirigí a la vía que conecdta la ciudad  con el municipio.

Retorné a las cuatro y media -ví la hora al bajarme del auto- y encontré a los perros más grandes en la puerta; por lo que los dejé salir al patio delantero; la perra no se tardó muco pero el macho se quedó afuera por un buen tiempo -mientras esperaba que se decidiera a entrar me puse a leer un poco-.

Después de que el perro pidió entrar desconecté todas las alarmas de mi celular -y la de las siete de la mañana del celular de Rb- y me metí a la cama; era un poco después de las cinco e intenté controlar la respiración para conciliar el sueño; sentí que no estaba funcionando, pero cuando ví el reloj del celular eran las siete.

Aunque había puesto la alarma para las ocho me levanté en el acto y completé mi periodo de meditación; luego salí a esperar a que llegara la hora de alimentar a los perros -a las ocho cuarenta y cinco-; mientras ellos tomaban su desayuno le envié fotos a Rb de la escena.

Después de que los perros desayunaran me puse a completar la rutina de ejercicios de los viernes -la misma que habíamos hecho el lunes por la tarde-; luego me preparé el desayuno de los fines de semana; como era mi segundo día de vacaciones del mes -lo había previsto de esa forma para ayudar a Rb en su saga hospitalaria- me pasé la mañana leyendo.

Rb me estuvo informando de sus avances en la consulta -es super lenta- y a las diez de la mañana me comentó que ya había sido atendida -por dos practicantes- y que la encontraron apta para cirugía pero que le pareía mejor tener una segunda opinión; un poco después de las once me comentó que ya estaba en el busito.

Rb vino un poco después del mediodía (me traía un pastel de chocolate de mi panadería favorita: el día anterior me iba a traer una porción por la celebración del día del maestro a su instructor de zumba, pero cancelaron la compra para donarle el dinero porque había insinuado que no podía reparar su celular).

Íbamos a sacar a los perros pero Rb se preguntó si le daría tiempo a completar la rutina de ejercicios de los viernes; así que le propuse que yo sacaba a los perros y ella completaba la rutina de ejercicios; accedió a mi propuesta y salí con los dos perros grandes, a completar la caminata diaria.

Después de que entré con los mismos preparamos la última porción de los almuerzos de la semana -el día anterior habíamos preparado el pescado que usualmente consumimos los viernes-: hashbrowns de pollo y zanahoria, caldo de pollo y aguacate; después me preparé el café vespertino.

Como había quedado con mi amigo más creativo para una reunión a las tres de la tarde en la cafetería en la que usualmente organizo mis encuentros, me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían ido acumulando en el día.

Salí de casa un poco después de las dos y media; Waze me había indicado un trayecto de más de treinta minutos -usuamlente no me consume mś de quince- y, en efecto, a las pocas calles empezaba un embotellamiento bastante pesado.

Llegué al lugar con dos minutos de retraso; entré al restaurante y escaneé las tres áreas de mesas sin ver a mi amigo; y estaba enviándole un mensaje para hacerle saber que ya me encontraba en el lugar cuando lo ví entrar.

Ordenamos un par de café/pastel de chocolate -pagué ocho dólares- y nos acomodamos en una mesa; en la que estuvimos el siguiente par de horas entre conversación y consumo de cafeína y azúcar: a él lo despidieron de su emple un par de semanas atrás y había empezado a trabajar en un call center la semana anterior.

Pero lo noté un poco más parco en su actitud -lo que había estado notando desde nuestras interacciones por whatsapp- y temí -lo que fue cierto- que el motivo era que se estaba preparando para pedirme un préstamo.

Lo que hizo cuando ya habíamos salido del lugar y nos dirigíamos al parqueo -ámbos habíamos dejado los autos en el parqueo posterior del restaurante-: me pidió prestada una cantidad fuerte de dinero -como seiscientos cincuenta dólares-; le comenté que debía revisar mis estados financieros y que conversaríamos luego.

Pero, la verdad, es que no me sentía nada atraído a prestarle -regalarle- esa cantidad de dinero; y me vine pensando en el camino sobre la forma menos fea de negarme a realizar el préstamo; de hecho lo consulté con un par de LLMs pero no me gustó nada la respuesta de ambas.

Entonces nomás lo bloqueé de mis conversaciones de whatsapp; aunque el plan que se me ocurrió fue ponerle como excusa la situación médica actual de Rb -en la que no me involucro financieramente para nada- para justificar mi negativa a desembolsar una cantidad tan grande de dinero.

Retorné a casa un poco después de las cinco y media y, de acuerdo a lo que habíamos acordado con Rb, nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el final de boulevard y, luego, entramos al supermercado en sus cercanías.

Allí compré un paquete de salchichas para hotdog -le pedí a Rb que, al día siguiente, me preparara el que era mi platillo favorito: salchichas con salsa de tomate y coditos con mayonesa-; en el otro supermercado compramos un poco de bananos; además compré el jugo de naranja para el desayuno del día siguiente con mi hija mediana.

También compré -estaban en oferta- un par de bolsas de snacks para estos desayunos; después de pagar por las compras iniciamos el camino de vuelta; pero antes de entrar a la calle pasamos a la tienda de las verduras: Rb quería comprar algunos ingredientes para los almuerzos de la semana siguiente.

Y luego de la tienda pasamos a la panadería: necesitaba pan para el desayuno del día siguiente con mi hija mediana; finalmente, luego de todas las compras, retornamos a casa; por la noche empecé a ver -subtitulada en francés- Disclosure Day.

El sábado me levanté a las seis y media; completé la meditación y luego retorné a la cama a hacer mis lecciones matutinas de Duolingo -había estado gravitando alrededor de los mil quinientos puntos de ELO-; un poco antes de las ocho salí de la habitación.

La noche anterior había dejado -desinfectadas- en el refrigerador algunas hojas de lechuga de dos tipos diferentes; también una manzana y un tomate; empecé a preparar el desayuno que pensaba llevar a la reunión con mi hija mediana: pan con omelete, lechuga y tomate; jugo de naranja, un banano, una manzana y snacks.

Terminé de preparar el desayuno un poco antes de las nueve; y me esperé un poco para entrar a la ducha -últimamente he estado tomando los baños acompañado de una selección de las mejores arias-; después preparé la mochila con aislante térmico, me vestí y me despedí de Rb.

Salí de casa un poco después de las nueve y media y encontré una ruta bastante despejada; excepto en la entrada de la ciudad: había un par de vehículos del transporte pesado que estaban ralentizando el movimiento de ambos carriles.

Pero llegué al edificio de mis hijos con buen tiempo: cinco o seis minutos antes de las diez estaba parqueándome en el sótano del lugar; bajé ambas mochilas y la caja del Scrabble y subí, caminando, las gradas de los siete niveles.

Entré al departamento y estaba por escribirle a mi hija para comentarle que había llegado, pero ella entró en ese momento a la sala; y me comentó que, como le había pedido que habláramos de la situación financiera, lo hiciéramos antes de dirigirnos al parque temático.

Conversamos un rato sobre la transferencia -fuerte- de dólares que debía haber hecho a mis cuentas un par de meses antes -se supone que le congelaron los fondos porque era una cantidad que emite automáticamente una alerta a las entidades bancarias-; pero le pregunté qué planeaba hacer.

Entonces me comentó que el mes siguiente -al igual que mi hijo menor- planeaba renunciar a su trabajo; aunque -a diferencia del primero-, su plan era buscar otro trabajo con un poco menos horas y aplicar a programas para completar un doctorado en el exterior.

Le deseé que sus planes llegaran a buen puerto y me puse a su disposición para cualquier ayuda; además le indiqué que si pensaba volver al Imperio del Norte -que es bastante probable- lo mejor sería que pospusiéramos la transferencia del dinero, pues podíamos luego resolverlo de una mejor forma.

Insistió mucho en que quería saldar la deuda; pero le indiqué que evaluara bien sus opciones y que eligiera un camino que no le afectara mucho -las comisiones por transferencias internacionales son (para mi gusto) demasiado elevadas-; después de la conversación nos dirigimos al parque temático.

A donde llegamos a las once de la mañana; el lugar se veía bastante lleno -seguramente por el periodo de vacaciones escolares de medio año-; estábamos caminando hacia el área techada con mesas, pero encontramos -seguramente por la hora- una mesa disponible al aire libre; así que nos acomodamos en el lugar.

Limpiamos la mesa -se veía recién utilizada- con toallitas con cloro y repartí el desayuno: un pan para cada uno, jugo de naranja, snacks y le ofrecí compartir medio banano y media manzana, a lo cual accedió; el desayuno -y conversación sobre universidades, tecnología y últimas novedades- nos consumió tres cuartos de hora.

Le propuse, luego, ir a la rueda de Chicago, pues habíamos acordado despedirnos a la una de la tarde; pero cuando llegamos al juego mecánico encontramos una cola bastante extensa; por lo que decidimos retornar al departamento para jugar una partida de Scrabble.

El camino de retorno estuvo bastante agradable por las condiciones climáticas: el cielo ha estado, generalmente, nublado; no llueve pero el ambiente se ha mantenido bastante fresco; retornamos al departamento un poco después de las doce y completamos una partida de Scrabble; a la una -había puesto alarma- nos despedimos.

Bajé al sótano -con ambas mochilas y la caja del Scrabble-, arranqué la van y empecé el camino de vuelta; no encontré mucho tránsito, excepto -otra vez- justo en el último semáforo antes de abandonar la ciudad: dos o tres calles antes del mismo se está produciendo una aglomeración en los últimos tiempos.

Pero vine a casa apenas pasados unos minutos de la una y media; Rb salió a recibirme y a darme un abrazo -me había indicado por whatsapp que necesitaba esto último-; comentándome que había cometido un error muy grande en una traducción de la mañana.

Traté de minimizar la gravedad del asunto, asegurándole que era muy poco probable que tuviera consecuencias funestas debido al percance; y entonces pasamos a servirnos el almuerzo: Rb había preparado unas alitas -y berenjena- para ella y me había preparado las salchichas y coditos.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros más grandes; cuando entramos me puse a lavar los trastos y le preparé un té de manzanilla a Rb; acordamos salir a las cinco de la tarde y me metí a mi habitación con mi portátil personal; no había decidido si actualizaría mis notas -incluyendo esta- o leería.

Pero no hice nada de eso; me bajó un sopor bastante intenso y me pasé la siguiente media hora dormitando; había puesto un temporizador en el celular para que sonara un par de minutos antes de las cinco; pero, antes de esa hora, Rb entró a la habitación; ella también había dormido un poco, pero los calores menopausicos la habían despertado.

No me sentía nada bien de haberme dormido por más de una hora; pero luego recordé que el día anterior me había levantado antes de las cuatro de la madrugada; y que por la tarde no había hecho siesta, por la reunión que había tenido con mi amigo más creativo.

Entonces traté de tranquilizarme -en el pasado me afectaba mucho, negativamente, dormir de día-; a las cinco nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el final del boulevard y luego retornamos al supermercado que queda a medio camino.

En el miso compramos algunas mollejas de pollo y un muslo; después de pagar retornamos a casa; como ya eran más de las seis cuando ingresamos me puse a hacer lecciones de Duolingo -quedé justo en mil quinientos de ELO-; luego salí a preparar la gelatina para los cuatro desayuno de los primeros días de la semana laboral.

Y a ver cómo sigue eso. 

Y a ver cómo sigue eso...

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