Hasta el día domingo llevaba más de ciento ochenta días de mantenerme diariamente en ayuno intermitente: más de la mitad del tiempo -escribí código para darle seguimiento- ha sido veinte/cuatro, casi un veinte por ciento diecinueve/cinco y un poco menos de quince por ciento veintiuno/tres.
Y es que la última vez que había comido tarde -de noche- fue en el funeral del sobrino nieto de Rb: ese día -a mediados de febrero- le llevé sus alimentos a la funeraria, y me serví varios sandwiches -y café-; porque tampoco soy dogmático en el tema.
Y la razón de romperlo de esta forma -o sea, la semana anterior lo había hecho para darle apoyo emocional a un amigo- fue, nuevamente la misma que en febrero: otro funeral -esta vez de la mamá de la mejor amiga de Rb-; y no sé qué pensar sobre el hecho.
Pero, además, por segunda vez -la primera no fue hace mucho- olvidé que había dejado algo en la estufa y se consumió por completo; en la ocasión anterior se había tratado del té de Rb -y no pasó mucho-; en esta ocasión estuvo -creo- peor.
Y a ver cómo sigue eso...
El domingo me levanté a las cinco y cuarto; como mi amigo voluntario vendría a las siete quería empezar a cocinar a las seis de la mañana; después de meditar tomé un buen baño y luego me metí a la cocina.
En donde estuve hasta unos minutos antes de las siete; preparé un omelete, café -no es muy bueno el que combina trigo-, frijoles fritos, platanos fritos, un par de longanizas y la salsa de tomate; estaba casi terminando cuando ví que mi amigo se estacionaba frente a la casa vecina.
Salí a saludarlo y nos instalamos en el comedor; en donde dimos buena cuenta de los desayunos -la noche anterior me había tocado correr a la panadería de la vuelta pues había olvidado comprar pan para el desayuno-; Rb se nos unió a la mesa un poco más tarde.
Usualmente cuando invito a mis amigos -son dos o tres nomás- trato de que la hora de partida no sea después de las once de la mañana; generalmente aviso bastante temprano que a esa hora debo salir, para tener un parámetro; y así lo hice con mi amigo.
Aunque en esta ocasión el evento estuvo algo diferente: Rb se dirigió, después de desayunar, al supermercado más cercano -aprovechó para comprar el pollo que no habíamos encontrado el día anterior-; y cuando retornó revisó su celular.
En donde encontró un mensaje -de casi dos horas antes- en el que su mejor amiga le informaba que su madre había fallecido -tenía un par de semanas de estar en el área de cuidados paliativos del hospital más grande de la ciudad-.
Rb empezó a tratar de comunicarse con su amiga y yo le comenté a mi amigo que, aunque ya era un resultado esperado (un par de días antes el médico le había dicho que no podía asegurar un tiempo pero eran horas o días), no dejaba de impactar; finalmente pudieron hablar.
Total que ya ni siquiera jugamos dominó -yo había sacado la versión en el que las fichas llegan hasta el número doce, e incluso había empezado a revolverlas-; a las once de la mañana mi amigo se despidió y llevé los trastos sucios al lavatrastos.
Entonces empezamos a preparar los almuerzos de la siguiente semana: pelé cuatro güisquiles y luego los pasé, junto con cinco zanahorias, un tallo de apio y varios chiles pimientos, por el rallador mecánico; luego sacamos a caminar a los perros.
La preparación la empezamos temprano porque Rb había decidido que se iría por la tarde a la funeraria a acompañar a su amiga -y quizá se quedaría toda la noche en el lugar-; y entre todo esto hubo un conflicto personal.
Porque, en cierto momento, Rb insinuó que yo lavaría los trastos que se habían estado acumulando; y yo le indiqué que no era necesariamente cierto: me molesta que este tipo de actividades -y asignaciones- se den por sentado.
Entonces el ambiente se puso bastante tenso; yo me encerré en mi habitación y estuve leyendo lo que me faltaba del libro en francés; un poco antes de las tres salí de la habitación y lavé la mayor parte de los trastos acumulados.
Al final Rb había decidido que se iría tarde a la funeraria; yo me había ofrecido -antes de la tensión- a llevarla, con lo que tenía un poco más de tiempo antes de prepararse para salir; a las cinco de la tarde abordamos la van y la llevé al lugar.
Como sabía que el ayuno se había terminado por el día -en la app que escribí puse un límite mínimo de doce horas para considerar el ayuno intermitente en la jornada- había estado comiendo frutas y snacks durante la tarde.
Luego de dejar a Rb en la funeraria decidí que -luego de mucho tiempo- pasaría por un helado a McDonald's; pasé a la sucursal que queda en el camino de vuelta y compré -tres dólares- un McFlurry; luego conduje a casa; en donde dí buena cuenta del helado -y de otro poco de snacks-.
Después estuve leyendo un poco -decidí ya no continuar con The Informationist por la misma razón que no terminé el libro infantil en el que un autor español denigraba la cultura árabe-; a las ocho cuarenta y cinco le dí de comer a los perros de Rb; y, como ví que el caldo de pollo que se le agrega a la comida había acumulado grasa en el borde, decidí ponerlo a hervir.
Lo que olvidé por completo después de ponerlo en la estufa; mientras los perros estaban comiendo le había enviado fotografías de los mismos a Rb; luego le pregunté por sus planes -por si debía llevarle comida para el día siguiente-; pero me pidió que llegara a acompañarla.
Como ando con el cabello bastante largo me apliqué gel y me peiné, me vestí de negro y me dirigí a la funeraria; temí encontrar embotellamientos por las celebraciones de la independencia, pero no encontré nada de esto; llegué bastante rápido al lugar pero el parqueo -subterráneo- es bastante estrecho, con lo que me tomó un buen tiempo estacionarme.
Luego crucé -por el paso subterráneo- el boulevard y subí al segundo nivel de la funeraria; el lugar estaba lleno y ví que el pastor de Rb estaba en medio de la homilía; le escribí a Rb para avisarle que había llegado y ella salió un momento del servicio.
Fuera de la sala me presentó a varias personas -la mayor parte de la gente que estaba allí eran feligreses- antes de guiarme al lugar en donde estaba acompañando a su mejor amiga; el servicio religioso seguía su curso y yo me serví café y varios sandwiches de queso.
Un poco después el servicio terminó y me serví otro café y un par de sandwiches de jamón; y un poco más tarde, cuando Rb salió un momento de la sala y me ofreció traer algo, le pedí otro café y otros sandwiches -el ayuno murió por completo-.
Estuvimos en el lugar hasta después de la medianoche; mucha gente había empezado a retirarse del lugar y tuve que despedirme de un montón de personas que conocen a Rb; un poco después de las doce nos despedimos y retornamos a casa.
Las calles estaban bastante vacías, por lo que no tardamos mucho en estacionar la van frente a la casa; pero cuando entramos Rb se preguntó en voz alta por el olor a quemado; y allí recordé el caldo de pollo: fuimos a la estufa y, luego de apagarla, comprobamos que lo que había sido caldo ahora eran varios carbones al fondo del pocillo de peltre.
Le comenté a Rb que había querido hervir el ingrediente de la comida de sus perros, pero que lo había olvidado por completo; haciéndome responsable de la reposición del pocillo -el que al final, no se desechó- y autorecriminándome por el olvido; pero, quizá por la hora, ya no hablamos al respecto sino que cada quién se metió a su habitación.
El lunes me levanté a las seis y media; el día anterior había decidido que le escribiría al Gerente de Recursos Humanos de nuestra área -el viernes a las cinco de la tarde había enviado un correo para informar que estaban a punto de enviar los documentos de traslado de empresa-; pero quería comentarle a mi PM antes de enviarlo.
Medité y luego salí a encender las dos computadoras; le escribí a mi PM y luego tuvimos una corta conversación; le comenté lo que iba a hacer y le propuse incluirlo en el correo, o agregarlo como destinatario oculto; prefirió lo segundo.
Por alguna razón -desvelos, cansancio- me sentía bastante desganado; quizá también influyó toda la comida que ingerí el día anterior: había tenido que ir varias veces al baño y no tenía intención de comer en mucho tiempo.
Como Rb quería participar en la exhumación, al mediodía, se había levantado a contestar llamadas una hora antes de lo habitual; salió de su habitación para darle de comer a sus perros -un poco después de las ocho- y luego se alistó y se despidió.
Yo había comprobado el estado del pocillo en el que se consumió el caldo la noche anterior y, luego de lavarlo, había decidido limpiar -luego de muchos meses- la estufa: generalmente le coloco papel de aluminio para proteger la superficie de acero inoxidable.
Pero el papel de aluminio llevaba tanto tiempo -y le había caído tanta comida- que, en algunas partes, practicamente se había soldado al acero; entonces quité las parrillas y los quemadores y los dejé -por aparte- en remojo con detergente.
Estuve ocupado en esto hasta las llamada de las nueve de la mañana; en donde nuestro supervisor continuó con los planes para que el equipo presente una demo de la app que probamos para un público que habla español.
Lo malo fue que después de esta reunión volvió a convocarme a otra con el analista que vive en la ciudad colonial; y nos asignó la misma tarea en dos servidores diferentes; el otro analista ha estado repitiendo esta tarea por varias semanas.
Y yo me dediqué más a continuar con la limpieza de la estufa: le apliqué bicarbonato y vinagre al acero inoxidable; luego le apliqué una buena capa de desengrasante; luego talle las parrillas y los quemadores.
Al final llegué casi al mediodía ocupado con la limpieza; pero también me estuve reuniendo -creo que en tres ocasiones- con el analista de la ciudad colonial; aunque no pude avanzar mucho en la tarea: él fue muy amable en la explicación, pero los equipos no estaban funcionando en la forma esperada.
Al mediodía saqué a caminar a los perros grandes; y en esta ocasión incluso levanté los desechos que estaban acumulándose en el patio frontal; después coloqué nuevos folios de papel de aluminio en la estufa, rearmé los quemadores y coloqué las parrillas: me gustó el resultado final.
A las dos cuarenta y cinco le dí de comer a los perros de Rb; luego tomé mis únicos alimentos del día -o sea, pasé de diecisiete/siete del día anterior a veintitrés/uno el lunes-; de hecho en la misma comida consumí un banano, un poco de papaya y una gelatina -parte del desayuno- con tres cuartas partes de la porción de pollo con verduras del almuerzo.
Además me preparé un café y lo consumí con un poco de pan y media galleta; y creo que hubiera estado bien con -mucho- menos alimentos, pero, tampoco me llama la atención llegar a extremos en mis hábitos; al final no entregué lo que mi supervisor me había solicitado.
Mi compañero envió un correo con los resultados de sus pruebas; yo tomé este mismo correo y le comenté a mi supervisor que había recibido el apoyo adecuado, pero que los equipos no estaban funcionando bien, y que continuaría el miércoles -porque el martes es asueto-.
Por la mañana había estado tratando de comunicarme con mi ex compañero de la facultad de ascendencia asiática -desayunamos el día del trabajo-; pero no había conseguido más que una sugerencia para hablar por la tarde; entonces le había escrito a mi ahijado, para ver si podíamos reunirnos el martes; pero él planeaba acompañar a sus hijos en un desfile escolar.
A las cinco de la tarde, luego de enviar el correo a mi supervisor, me vestí y salí a caminar; me dirigí a los supermercados en dirección norte; aunque no tenía planes de comprar nada; pero decidí caminar más -y es que no había hecho la rutina de ejercicios de los lunes-.
Continué caminango en la misma dirección y pasé el comercial cercano a la iglesia de Rb; en total -comprobé la distancia con Google Maps- caminé tres kilometros y tres cuartos, antes de decidir retornar a casa; a donde vine casi a las seis y media.
Rb vino un poco más tarde -habíamos estado comunicándonos por whatsapp- y me traía un pastelillo de Dunkin Donuts; coo sentía que no había hecho mucho durante el día decidí utilizar una rueda de decisión para cuatro opciones: leer, escribir, preguntas de Fabric y app de repaso espaciado -aunque primero completé media hora de Duolingo-.
La primera actividad resultó ser preparar las preguntas para la app de repaso espaciado; puse un timer de cuarenta y cinco minutos y me concentré en depurar las preguntas, respuetas y explicaciones de varias áreas; luego me tocaba leer, aunque, en el ínterin, logré comunicarme con mi ex compañero de la facultad y acordamos reunirnos a desayunar al día siguiente.
Por lo que decidí que, como seguramente, tendré tiempo mientras lo espero, lo aprovecharé para leer; con lo que me pasé a la siguiente actividad: responder las preguntas del examen de Fabric; lo que me ocupó hasta cerca de las nueve y media; hora en la que Rb decidió que empezaría a prepararse para dormir.
Entonces salí de su habitación y decidí realizar la última actividad de la rueda de decisiones: escribir; me metí a mi habitación y, durante más de una hora estuve actualizando mis notas -incluyendo esta-.
El martes me levanté a las seis y media; me sentía bastante agotado por los dos días de desvelo (funeral y actividades realizadas demasiado tarde); medité veintiocho minutos, luego retorné a la cama a completar algunas lecciones de Duolingo.
Pero no me quedé mucho tiempo en la cama porque tenía que empezar a alistarme para salir: había programado un desayuno con mi ex compañero de la facultad con quien me reencontré el primero de abril; me metí a la ducha, me vestí, pasé a despedirme de Rb y me dirigí caminando al boulevard principal.
Como era un asueto nacional -el día de la independencia- el boulevard estaba bastanet vacío; ví nomás un par de busitos mientras caminaba hasta la ruta intermunicipal; pero cuando llegué también el boulevard principal estaba vacío; de hecho me tocó tomar un busito normal para llegar al comercial en donde se estacionan.
Yo le había propuesto a mi amigo que desayunáramos en el restaurante en donde frecuentemente invito a mis amigos y conocidos a desayunar -o a tomar café por las tardes-, pero él insistió en que la otra opción -la misma que la vez anterior- era más saludable.
El restaurante se encuentra en la planta baja de un gran centro comercial a unos metros del comercial en donde se estacionan los busitos; llegué al lugar un poco antes de las ocho y media y estaba buscando el área de espera -mi amigo es usualmente impuntual- cuando ví a mi amigo que estaba bajando del segundo nivel.
Nos asignaron una mesa y ordenamos un par de desayunos -mi amigo también ordenó una tabla de frutas-; y nos pasamos el siguiente par de horas entre desayuno y conversación; la mayor parte de esta última fue sobre el éxito financiero y las conquistas pasionales de mi amigo.
Estaba temiendo la cuenta -me había propuesto invitarlo-, pero cuando mi amigo la ordenó sacó su tarjeta de crédito -fueron como cuarenta dólares-; luego me pasó a dejar -en su autmóvil eléctrico- al comercial en donde se estacionan los busitos.
Vine a casa bastante rápido y aún comí un poco de fruta -un banano y un poco de papaya-; un poco después sacamos a caminar a los perros, luego calentamos la porción del día y almorzamos -yo me empecé a sentir un poco incómodo del estómago-.
Por la tarde estuve revisando las preguntas del examen de Fabric, además, modifiqué la app de repaso espaciado: muchas de las preguntas contienen tablas de datos y no se estaban mostrando bien; hice una modificación en el código html y lo subí a GitHub.
Además, estuve revisando el contrato de trabajo que enviaron de la empresa que actuará como Employer of Records de ahora en adelante; la verdad es que la operación me está pareciendo bastante decepcionante: creo que ninguna de las dos empresas se hará cargo del pasivo laboral de los últimos doce años -lo que estaba considerando como una pérdida-.
Rb me había propuesto que completáramos una rutina de ejercicios; pero estuvo bastante ocupada durante toda la tarde, al final completamos los ejercicios a las cuatro de la tarde; pero antes hubo un connato de conflicto: por mi molestia ante la asunción de que estoy obligado a realizar ciertas cosas -como siempre pelar y partir la papaya-.
Después de completar la rutina salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; en el camino Rb me comentó que le preocupaba que mi humor estaba empeorando -por el connato de discusión que tuvimos antes de los ejercicios-; al principio intenté contra argumentar; después nomás estuve diciendo Ok hacia todas sus apreciaciones.
Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado más cercano; allí compramos un poco de bananos y yo aproveché para proveerme de la pechuga para el almuerzo del sábado con mi hijo menor; además compré una bolsa de aceite -ya casi no tenía en la botella de vidrio-.
Caminamos de regreso a casa, pero, antes de entrar a la garita pasamos a la tienda a ver si había papaya; y nomás había un par en muy pobres condiciones, entonces pasamos a la tienda de la vuelta, pero tampoco tenían; venimos a dejar las compras y le propuse a Rb caminar en el otro sentido para ver si encontrábamos papaya en alguna tienda.
Caminamos casi hasta la mitad del camino hacia los supermercados en dirección norte; y en las tres tiendas a donde acudimos no encontramos lo que buscábamos; entonces retornamos a casa, aunque pasamos comprando una de las dos papayas que habíamos visto originalmente en la tienda de la vuelta.
Por la noche partí la papaya, luego estuve respondiendo la evaluación de la lección diaria de Fabric y completando el último grupo de preguntas del sitio de exámenes en el que he estado practicando las últimas semanas; como me sentía bastante cansado me retiré temprano a mi habitación.
Seguía sintiéndome incómodo del estómago: no me dolía, pero sentía cierto malestar en determinada posición; no sé si se debió al descontrol en los alimentos desde la semana anterior: primero fue invitar a refaccionar a mi amigo por la tarde, luego, el domingo, comer bastante cerca de la medianoche; y luego el mismo día el desayuno con mi amigo.
Creo -o sospecho- que ese relajo alimenticio, aunado con la decepción del contrato con la nueva empresa -o la irresponsabilidad de la empresa en la que he trabajado doce años para asumir el pago de la liquidación- provocaron esa tensión; lo que me afectó, incluso, en la meditación de esa noche.
Entonces decidí que no valía la pena: podía luchar contra los hechos -contratar un abogado, acudir al ministerio de trabajo-, pero decidí que lo asumiría como una pérdida; a veces se gana y a veces se pierde; y en esta ocasión asumo lo segundo, para no continuar afectando mi bienestar.
El miércoles me desperté un poco mejor: ya no sentía la molestia estomacal de la noche anterior; además, temprano, le comenté a Rb la decisión que había tomado con relación a la situación laboral del presente año: tomaré las cosas como vengan.
Me levanté a las seis y media y completé el período de meditación, luego salí a encender las computadoras; como no tenía reunión hasta las nueve me puse a estudiar un poco de Fabric -después de completar varias lecciones de Duolingo-.
Y me pasé el resto de la mañana completando las preguntas que había fallado en el sitio con preguntas del examen -sesenta en total, aunque una está duplicada-; como tenía la reunión quincenal con mi supervosora local escribí en el chat del equipo que no podría asistir a la reunión diaria.
Ya me había dado cuenta que esta sería la última reunión de este tipo con mi supervisora: dentro de dos semanas ya estaré trabajando bajo otra administración; y la mayor parte de la misma fue sobre cuestiones personales: familia, amigos y así; porque ya no tenía sentido revisar metas laborales anuales o temas similares.
Pero, al final de la reunión, la supervisora me sorprendió con el último anuncio: consiguió que le aprobaran una última reunión departamental para la siguiente semana; o sea que tendré que salir de casa un día de la próxima semana.
Cuando anuncié que no acudiría a la reunión de equipo indiqué que estaba trabajando en la misma asignación del lunes; mi supervisor me respondió con que no era prioridad y que conversaríamos más tarde sobre las tareas.
Al finalizar la reunión con mi supervisora le escribí al analista que vive en la ciudad colonial para inquirir sobre actualizaciones; me comentó que la prioridad del día era revisar los hallazgos que habíamos reportado en las semanas anteriores: teníamos una nueva versión de la app que probamos.
Revisé el largo listado de hallazgos pero me dí cuenta que nomás tres habían sido reportados por mi persona; yme puse a trabajar en los mismos -la verdad es que no eran muy complicados-; un poco más tarde mi supervisor me llamó para revisar unos detalles de la app.
Además, en la misma reunión pude conocer un poco más de su lore: le actualicé sobre la situación de los contratos en el equipo local -para el equipo en el Imperio del Norte el cambio se está realizando de otra forma- y me contó que, además de este trabajo, también se dedica a comprar y vender automóviles.
La mayor parte del día me la pasé afinando la app con la que practico el repaso espaciado; a las doce completamos la rutina de ejercicios de los miércoles, luego sacamos a caminar a los perros grandes; después calentamos y consumimos la tercera porción de la mezcla de verduras y pollo a la que llamamos comida china.
Por la tarde trabajé en el último de los hallazgos que tenía pendiente de revisar; al final marqué los tres como aceptables; también estuve tratando de leer un poco pero, realmente, me quedé dormitando un rato en la cama.
Como Rb tenía clase de teología al principio de la noche salimos, a caminar a las cuatro y media; caminamos hacia los supermercados en dirección sur: teníamos pendiente comprar sal y los mejores precios los hemos encontrado en el supermercado que está cerca del extremo del boulevard.
Caminamos hasta el final del boulevard y luego lo cruzamos para entrar al supermercado; allí compramos una bolsa -de una libra- de sal de cocina y dos bolsas -de media libra cada una- de sal de mesa; Rb también compró una bolsa de Maseca pues quiere animarse a probar si el maíz aún le produce alergia.
En el otro supermercado compramos un poco de bananos; después de pasar al segundo supermercado retornamos a casa; Rb entró a su clase de teología y yo me metí a mi habitación a completar lecciones de Duolingo (ando otra vez con un ELO superior a mil seiscientos).
Además completé una ronda de preguntas en la app de repaso espaciado: obtuve una puntuación de más del ochenta por ciento, pero mi meta es -en pocos días- alcanzar el cien por ciento; también estuve leyendo el libro con el que sustituí The Informationist.
Cuando escuché que Rb terminó su clase de teología me pasé de mi habitación a la suya, estuve revisando los libros que aún llevo a medias y consideré ver alguna serie o película, pero, al final, ya no me dió tiempo.
El jueves estuvo bastante tranquilo, o al menos lo sentí así: como ya no quería seguir luchando -o preocupándome- de lo que sucederá con el pasivo (serían como veinte mil dólares) firmé -digitalmente- el contrato que me enviaron de la oficina del país más grande de sudamérica.
En el plano laboral no hubo mucho: el día anterior ya había completado la revisión de los hallazgos que tenía asignados; entonces me dediqué a practicar con las preguntas del examen de Fabric; también traté de cambiar el lugar para tomarlo -quise pasarlo a una locación física- pero no fue posible.
Por la tarde, después del horario laboral, nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; Rb quería ver si encontraba un café -había decidido empezar nuevamente a consumirlo al acudir a un Dunkin Donuts luego de la inhumación de su amiga- en la tienda verde de descuentos.
Pero no encontró allí nada que le interesara; yo, por mi parte, compré una bolsa de marshmallows, los que planeo repartir a mis -pronto ex- compañeros de trabajo en la reunión del siguiente miércoles.
Después de la tienda de descuentos pasamos al supermercado más cercano, pero allí tampoco encontró Rb un café que le pareciera adecuado -los que le gustaron estaban demasiado caros-, por lo que iniciamos el trayecto de vuelta a casa.
A medio camino pasé a la panadería en donde encuentro el pan más económico -medio dolar me alcanza para el pan del desayuno de tres días-; también pasamos a la panadería de la vuelta, en donde compré un cubilete con chispas de chocolate.
El viernes me levanté a las seis y media, medité y luego salí a encender las computadoras, luego de pasarlas de la bodega a la mesa del comedor; como no tenía reuniones temprano -la primera empezaba a las nueve- me puse a completar lecciones de Duolingo.
Luego estuve leyendo un poco en la cama; a las nueve entré a la reunión semanal del equipo; en la que el supervisor intenta mostrarle a su jefe que estamos trabajando; a mis compañeros les asignó en la reunión más trabajo relacionado con la demostración -en español- que tendrán que hacer pronto.
A mí nomás me indicó que siguiera trabajando en la documentación, junto con los tres analistas en el Imperio del Norte; o sea que -al parecer- mi última semana en este trabajo será casi tan tranquila -e inconsecuente- como los últimos años: mi aporte en esa tarea ha sido -básicamente- corregir formatos y diseño de los documentos.
Después de esta reunión me preparé el desayuno de los fines de semana: Rb me había reservado un par de yemas y les agregué un huevo para preparar la torta con la que me armo un pan bastante completo.
El resto del día fue casi nulo en el sentido laboral; los compañeros estuvieron discutiendo sobre las condiciones del contrato con la nueva empresa -el horario en el mismo se nota más extendido-, pero traté de no entrar en la discusión: igual los horarios han sido siempre bien irregulares.
A las doce Rb salió de su habitación y completamos la media hora de la rutina de ejercicios, luego sacamos a los perros; cuando entramos preparé un par de enormes ensaladas y Rb puso a cocinar uno de los pescados que mi madre nos había enviado en mi último viaje.
Por la tarde todo siguió su curso: café, té y lavado de trastos; Rb continuó la mayor parte de la tarde traduciendo llamadas y yo me entretuve entre ejercicios de Fabric -traté de cambiar la fecha del examen, adelantándolo una semana, pero tampoco me fue posible-, ajedrez en Duolingo y lectura.
Al finalizar la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur: queríamos comprar un par de pollos para los almuerzos -caldo de pollo- de la siguiente semana; caminamos hasta el final del boulevard -en donde pasamos a la panadería pues quería comprar un poco más de pan para mis desayunos- y luego retornamos al supermercado de la mitad del camino.
En el supermercado compramos los dos pollos, un poco de bananos, y el pepino que me hacía falta para la ensalada del día siguiente; cuando retornamos a casa puse, en un par de litros de agua con lejía, a desinfectar todas las verduras de la ensalada -menos la manzana verde, que ya estaba desinfectada, y el aguacate-.
Después me puse a preparar los dos rollitos de pollo que llevaría al almuerzo del día siguiente: el día anterior había bajado del freezer la pechuga, la que partí a la mitad, martillé cada una de ellas y las rellené con jamón de pavo, queso amarillo y la mitad de un chile pimiento; luego los almacené en la refrigeradora.
Por la noche recibí una llamada de mi madre: querían venir al día siguiente a trabajar en la construcción de la galera que está ya medio derruida en el patio trasero de la casa de Rb; pero le indiqué que no me quedaba bien: ya tenía comprometido el día siguiente.
Les propuse la semana siguiente -aunque, realmente, estaba pensando que fuera dentro de dos o tres semanas, porque el sábado siguiente ya había previsto la reunión mensual con mi hija mediana- y estuvo de acuerdo.
Después de terminar la llamada estuve revisando mi calendario anual: mi hija mediana no me había confirmado, aún, la reunión de la siguiente semana; así que decidí que la movería para la primera semana de octubre; le escribí en whatsapp pero tampoco me contestó.
Y a ver cómo sigue eso.
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