domingo, 6 de septiembre de 2026

La Informacionista... The Informationist... L'informationiste...

Estaba -hace un par de semanas- viendo la tercera temporada de Special Ops: Lioness y me pregunté si estaba basado en un libro -o algo similar-; luego me puse a buscar libros con la misma temática; y Google -me parece- me sugirió el título que titula este texto.

Y me pareció interesante aún antes de ver que era toda una serie de libros que sigue a una misma protagonista: la autora, al parecer, fue criada dentro de la misma secta en la que crecieron los hermanos Phoenix -River murió, Joaquin nos dió al último Joker-.

La protagonista del libro es -claro- estadounidense, nacida en Cameroon -donde tengo una conocida- y se dedica a realizar investigaciones en donde otros personajes no han logrado encontrar lo que se buscaba; leí algunos capítulos entre los últimos dos libros.

Y es que me quise obligar a terminar -de una vez- el libro de George Carlin -no me gustó, en general, pero no quería dejarlo a medias-, y a la vez Wherever you go There you are -porque sentí que ya me había tardado mucho en este-; entonces estuve intercalando estos tres libros.

Completé el de George Carlin: no me gustó; o sea, alguien que -según sus palabras- pasó drogándose desde su adolescencia hasta los sesenta y siete años -cuando entró en rehabilitación, muriendo cuatro años más tarde-; pretendiendo ser un disruptor.

Digo pretendiendo porque tiene un sketch donde se burla de la preocupación humana por tener una casa -el lo llama, lo que cubre tus pertenencias-; pero en el libro habla sobre sus mansiones -y fiestas- en Hollywood (y de estar una tarde tomando whisky y fumando marihuana en su jet privado-.

El otro libro, el de meditación -o mindfulnes, no me quedó muy claro- me gustó mas; o sea, estoy por llegar a los novecientos días contínuos -o casi- de meditación diaria; un hábito que espero mantener durante el resto de mis días.

Y a ver cómo va eso.

El domingo me levanté a las seis y media; bajé al piso a meditar y luego retorné a la cama, a hacer algunas lecciones de Duolingo; preveía un domingo tranquilo: los dos anteriores nos habíamos encargado de limpiar toda la maleza trasera de los patios frontal y trasero.

Después de las lecciones de Duolingo estuve leyendo un poco del libro de Kanban; después me pasé a la mesa del comedor, en donde estuve viendo algunos videos de Youtube; un poco después de las diez tomé mi desayuno.

Rb se puso a hacer una rutina de ejercicios un poco después de las once de la mañana; y, más o menos a la misma hora, yo llamé a mi amigo que vivió muchos años en la misma  ciudad en la que estuve -ya hace más de dos décadas- en el Imperio del Norte.

Había estado pendiente de realizar la llamada desde un par de días antes; de hecho la había querido realizar el día anterior, pero no me había dado tiempo: y es que, el año anterior, había registrado la fecha de cumpleaños de mi amigo; justo el domingo.

Estuvimos, con mi amigo, casi una hora en una conversación bastante animada: justo estaba cumpliendo cincuenta y siete años; y, supuestamente, lo habían estado llamando desde su ciudad natal, para felicitarlo; fue una conversación bastante agradable.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; y cuando entramos Rb se puso a preparar las alitas de pollo dominicales; mientras, yo preparé un par de enormes ensaladas, para acompañar el almuerzo.

Después del almuerzo no me preparé café ni té: ya había tomado café en la mañana, y esperaba volver a consumir más tarde, en la reunión que había acordado con el hermano de mi amiga psicóloga; y me parece que tampoco le ofrecí té a Rb.

Un poco antes de las dos y media me metí a la cocina a lavar los trastes que se habían ido acumulando en el día; lo que me llevó un buen tiempo; después me vestí, saqué de mi habitación mi mochila y la caja del Scrabble -pero con el ajedrez adentro- y me subí a la van.

Había estado lloviznando por lo que el tránsito estaba algo lento; pero no tanto como para atrasar mi llegada al destino: llegué a la cafetería un par de minutos antes de las tres; casi llegando había visto que mi amigo me había escrito un mensaje en whatsapp, inquiriendo sobre mi avance.

Entonces le escribí, comentándole que ya estaba en el lugar; y unos cinco o seis minutos más tarde -al ver que no llegaba-, lo llamé; me comentó que se estaba estacionando y, efectivamente, un poco después entró al lugar.

Había pasado mucho tiempo desde nuestra última reunión -que creo que fue un desayuno hace un par de años, en una cafetería en una de las zonas opulentas de la ciudad- y lo encontré un poco más lleno -aunque vestido de forma juvenil-.

Ordenamos un par de cafés -el mío, Cappuccino (y un pastel), el de él, frío, no pastel: nueve dólares- y estuvimos las siguientes tres horas entre conversación, consumo de bebidas y una partida de ajedrez -esto último había sido el pretexto del encuentro-.

Mi amigo es medico y cirujano -con una maestría en salud pública y otra por terminar en administración de la salud- pero no es bueno en ajedrez; o sea, no sabía aplicar el enroque, por lo que el juego fue bastante sencillo -trate de que no sufriera mucho-.

Además, la conversación fue bastante interesante: a mi amigo le gusta leer y ha consumido libros bastante serios -Kant, Schopenhauer y así-; pero también tiene -aún- una visión bastante utópica de la vida: aún anda en ensoñaciones de ayudar a una comunidad para que se ayuden a ellos mismos.

A las seis de la tarde -había puesto una alarma- le comenté que me retiraba y salimos al estacionamiento; en donde nos despedimos, abordé la van mientras el se dirigí a su automóvil, y emprendí el regreso a casa; el cual estuvo un poco más tardado que la ida: seguían episodios de llovizna.

Pero, por la corta distancia, no tardé mucho en estacionar la van frente a la casa de Rb; ya era casi de noche y no sabía cómo proceder con mis pendientes: por la mañana había generado la lección del día de Fabric en el LLM; pero no había visto ni el laboratorio ni las preguntas del sitio que he estado frecuentando.

Entonces decidí nomás terminar la lección del día; que me llevó un buen tiempo -eran bastantes scripts en T-SQL-; luego no me dieron ánimos de continuar con los pendientes, así que decidí ver una parte de un capítulo de The Ghost in the Shell.

Lo que hice en el sillón de la habitación de Rb; en donde estuve hasta las diez; a esa hora nos despedimos, me pasé a mi habitación, completé los veintisiete minutos de meditación y luego me dormí.

El lunes me levanté a las seis y media; no tenía reunión programada hasta las nueve, así que lo tomé con calma: bajé al piso a meditar y luego saqué la computadora del trabajo de la habitación que utilizamos como bodega.

Me instalé en la mesa del comedor y completé algunas lecciones de Duolingo (la noche anterior, por tratar de quedar en primer lugar en la liga, había iniciado mi participación en la de esta semana; y estaba en el último lugar); después retorné a la cama y leí un buen número de páginas del libro de Kanban.

A las nueve entré a la primera reunión diaria; en la que -ni los desarrolladores ni mi equipo- no hubo mucho por reportar: aún seguimos con el acceso bloqueado a los servidores remotos; y en la del equipo -a las diez menos cuarto- sucedió lo mismo; el supervisor nomás insistió en trabajar en el mismo documento de la semana anterior.

Retorné un rato a la cama, a leer, antes de preparar el desayuno; cuando desperté la computadora ví que mi supervisor me había estado llamando; además había escrito en el grupo, preguntando por un documenoto que le había enviado casi dos meses atrás.

Reenvié el correo -mis compañeros estaban discutiendo en el grupo que tenemos los tres, sobre la mejor forma de proceder- y luego me preparé el desayuno; después me quedé revisando el documento (aunque realmente nomás se lo pasé a un LLM para que me diera sugerencias).

Rb salió de su habitación un poco antes de las doce y completamos la rutina de ejercicios de los lunes; luego sacamos a caminar a los perros; yo había dejado calentando el pollo del almuerzo, con lo que, luego de retornar de la caminata, empecé a servir las porciones (luego de preparar el guacamol).

Antes de almorzar hubo un conflicto -o más bien, generé un conflicto-: tiré un cuchillo en el lavatrastos y Rb me preguntó si estaba molesto; a lo que le contesté -conteniendo bastante la voz- que no quería hablar; ella insistió y volví a pedirle -como un favor- que me diera espacio.

Se sorprendió bastante por mi reacción -yo continué con la preparación normal y consumí mi almuerzo- y se generó un ambiente bien tenso; ella estuvo un rato autoregulándose -creo- antes de almorzar.

Luego se metió a su habitación a continuar con su trabajo de traductora médica; yo me puse a actualizar -después de haber enviado un correo con mis comentarios sobre el documento- mis notas -incluyendo esta-.

El resto de la tarde estuvo -¿cómo no?- raro: yo no tenía mucho trabajo -como en los últimos cinco o seis años- pues aún no teníamos acceso al server remoto; por lo que nomás envié un correo con las observaciones que el LLM interno me dió sobre el documento.

Luego me pasé a mi habitación a leer -la verdad había aprovechado bien el tiempo: completé un laboratorio de Fabric por la mañana y una página con veinticinco preguntas-; pero sí sentí raro que Rb no me haya contestado cuando le ofrecí un té de manzanilla, antes de ponerme a lavar los trastos.

Pero no sé -y nunca sabré, ya o acepté- qué hacer en este tipo de situaciones; estaba a media tarde en mi habitación leyendo cuando Rb entró -creo que después de darle de comer a sus perros- y tuvimos una discusión bien incómoda: ella insistiendo en que le dijera por qué estaba enojado antes del almuerzo y yo indicándole que no lo haría, pues son rasgos de su caracter.

Al final le comenté otro incidente como la razón: que los trapeadores son lavados con mucha mucha lentitud; o sea, creo que fue parte de las razones por las que al final expresé -de forma tan infantil- mi molestia; pero es lo mismo que pasaba con la mamá de mis hijos: mucho drama; aunque ahora, afortunadamente, yo ya no participo del mismo.

Trato de hablar de forma mesurada y me esfuerzo por no escalar el asunto con los temas que van surgiendo -o sea, una cosa lleva a la otra y al final se termina discutiendo de asuntos muy básicos-; no sentí que hubiera sido una buena discusión pero la dejamos para otro día.

Rb retornó a su habitación -aunque salió un rato más tarde para pedirme un abrazo- y yo seguí viendo como me ocupaba por el resto de la tarde: intenté completar otro laboratorio pero, justo ese, requería una funcionalidad que no está disponible con una licencia trial.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el extremo del boulevard -yo aún andaba con emociones bastante negativas: le comenté a Rb que si el indigente que nos ha maltratado otros días decía algo, le iba a reclamar-.

Afortunadamente el anciano andaba de buenas -aunque Rb me había retenido cuando le hice mi comentario anterior-; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado a medio camino; allí compramos un poco de pollo para los almuerzos de la siguiente semana -Rb ha andado con antojo de chiles rellenos-.

Cuando retornamos de la caminata me puse a responder las preguntas de la lección diaria de Fabric -la del LLM-; luego completé una segunda página de preguntas -mi amigo asiático me había escrito más temprano para comentarme que había pasado el segundo examen; y que la mayoría de preguntas las había visto allí-.

También ví la mitad del tercer capítulo de la tercera temporada de Special Ops: Lioness -me pregunto como el estadounidense promedio compara la gloria de sus fuerzas militares en el cine y la televisión con los conflictos reales: Irán, por ejemplo-.

Un poco después de las diez me retiré a mi habitación; completé mi período de meditación y luego me metí a la cama; entonces me recordé que no habíamos bajado la comida del freezer; salí -a oscuras, aunque Rb me habló desde su habitación- y coloqué en la parte baja del aparato la porción de pollo (y mi longaniza) para el día siguiente.

El martes me levanté a las seis y media; después de meditar saqué las dos computadoras de la habitación que utilizamos como bodega: era el primer día del mes y necesitaba transferir los treinta dólares mensuales a la cuenta de Rb; y los ciento cincuenta de la cuota de servico del departamento.

Luego me quedé esperando la llamada de las siete y media; aproveché para hacer algunas lecciones de Duolingo; la primera reunión no tuvo muchas novedades: seguimos sin poder acceder al server remoto.

Después de esta reunión retorné un rato a la cama y estuve leyendo un poco de Huaco Retrato; el día anterior había decidido completar este libro, en paralelo con All the Wrong Moves; por lo que me puse a intercalar un capítulo del segundo con once páginas del primero.

A las nueve entré a la segunda reunión del día; la que tampoco tuvo muchas novedades: los desarrolladores están en la misma situación que nosotros -además, se suponía que el día anterior era el límite para recibir la oferta de traslado de la empresa que nos está comprando, y no ocurrió-.

Al terminar la segunda reunión me puse a estudiar un poco de Fabric; hasta las diez menos cuarto, cuanto entramos a la reunión diaria del equipo; en la cual nomás nos conminó el supervisor a continuar revisando -y corrigiendo- el manual que hemos estado viendo.

La llamada fue bastante corta y luego me metí a la cocina a preparar mi desayuno; pero cuando retorné a ver la computadora del trabajo vi que mi supervisor me estaba llamando; ya no alcancé a contestar pero devolví su llamada: nomás era para confirmar que no habíamos recibido la oferta de traslado.

Rb salió de su habitación un poco antes de las once para dirigirse a su clase de zumba -no había ido por más de una semana-; yo me ocupé en resolver uno de los laboratorios de Fabric; luego continué con la lectura de All the wrong moves.

Rb retornó un poco después de las once y se metió nuevamente a su habitación a traducir llamadas médicas; yo saqué las porciones de pollo y papas de la refrigeradora, partí la longaniza y coloqué todo en dos sartenes sobre la estufa; también preparé el guacamol.

A las doce y media Rb salió de su habitación y sacamos a caminar a sus perros -antes de salir le puse fuego, muy bajito, a ambos sartenes-; después de entrar de la caminata Rb se metió a su habitación y yo terminé de servir el almuerzo -y sentí, otra vez, cierta molestia, pero mejor me tranquilicé-.

El almuerzo estuvo bien -igual que el día anterior y los dos por venir-: pollo y papa asados, chirmol y guacamol; yo lo acompaño, además, con una longaniza y un poco de coca cola; después me preparé el café vespertino.

Por la tarde continué leyendo dos libros que llevaba a medias -y decidí terminarlos en el mismo ciclo-: All the Wrong Moves y Huaco Retrato; a las cinco nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: quería comprar cable para electricidad.

Unos años atrás había visto algunos videos que explicaban como adaptar un cargador de portátiles para cargar baterías de automóvil -o motocicleta-; también me lo había comentado el hermano de Rb cuando vino a cargar el auto en una ocasión -aún teníamos la primera camioneta-.

Por nuestras actividades laborales -y aficiones- tenemos varios -quizá más de cinco- cargadores de computadoras pasadas; por lo que decidí fabricar -al menos- un par de estos cargadores: el martes por la tarde compré un metro de alambre de color rojo y uno de color negro.

Lo malo es que no habían pinzas estilo caimán para colocar al final de los mismos; entonces dejé en pausa el proyecto hasta el sábado que almuerce con mi hija mayor: ví que, en el mismo sitio donde compré los petates hace unos meses, hay una tienda de electrónica donde puedo adquirir estos adminículos.

Por la noche estuve estudiando las preguntas del examen de Fabric -además de haber resuelto las preguntas de la lección diaria-; también ví un poco de Lioness y una parte de uno de los capítulos de The Ghost in the shell. 

El miércoles fue un día bastante tranquilo: seguimos sin tener acceso a los servidores remotos; por lo que nuestras actividades laborales se han reducido a lo mínimo; entonces he estado aprovechando para leer -y estudiar lecciones para el examend de Fabric-.

Después de meditar saqué las computadoras de la bodega y me instalé en la mesa del comedor, hice varias lecciones de Duolingo y me quedé esperando la llamada de las nueve, la que pasó sin pena ni gloria.

Después, a las nueve y media, tuve la llamada que mi supervisora ha programado cada dos semanas -esta sería la antepenúltima-; en la misma nos centramos más en cuestiones personales -ella tiene a un bebé de seis meses y una niña de dos años- que laborales.

Y cuando empezábamos con las laborales: básicamente le estaba comentando mi experiencia de los últimos trabajos en los que siempre he tenido jefas, la llamada se cortó; me escribió un poco después para comentarme que se había quedado sin internet.

Yo respondí a su mensaje con el único tema pendiente de mi lado: la decisión de no tomar los dos días de vacaciones en el último mes en la empresa actual; y esto porque ya nos dijeron en la nueva empresa que las vacaciones atrasadas serán pagadas; aunque no me respondió a esto.

Rb salió de su habitación un poco antes del mediodía y completamos la rutina de ejercicios de los miércoles; luego sacamos a caminar a sus perros; el almuerzo estuvo tranquilo: yo lo había dejado calentando en la estufa durante la caminata; y luego de entrar preparé el guacamol.

Además, le pedí expresamente a Rb que se encargara de servir lo que estaba terminando de calentarse; después del almuerzo me preparé un café y, luego, me metí a mi habitación a seguir leyendo los libros que quería terminar.

A las tres menos cuarto salí de la habitación, había lavado un poco antes los trastes del día y le preparé un té de manzanilla a Rb; aunque ya no se lo serví: me dí cuenta que había recibido un correo de mi banco, informándome que una transferencia -de muchos dólares- no había sido aceptada por tener la información correcta.

Llamé al ejecutivo del banco y me explicó que un número de cuenta estaba incorrecto y que la operación debía repetirse: mi hija mediana había utilizado el código que le había proporcionado para el otro banco, con lo que la transacción era incorrecta.

Le escribí a mi hija -por supuesto, no me respondió- comentándole sobre el error, e indicándole que me haría cargo de ese costo; y brindándole la información correcta para completar la transacción -nuevamente-; pero ya no me enteré de nada.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llegamos hasta el final del boulevard y, luego, entramos al supermercado en sus cercanías; allí compré jamón y queso, para los sandwiches que planeo llevar el domingo en la visita a mis padres.

También compré otra de las bolsas de snacks que llevé con mi hija mayor y mi hijo menor el mes anterior; luego nos dirigimos al otro supermercado; allí Rb compró alitas de pollo y una lechuga; yo aproveché para comprar una bolsa de chicharrones, para el almuezo del mes con mi hija mayor.

Además, compré varios paquetes de galletas -de sabor fresa-, para mis cafés vespertinos; luego retornamos a casa pues Rb tenía clase de teología -ya está en el último módulo-; por la noche llamé a mis padres para comentarles que llegaría el domingo.

Usualmente los llamo a media semana para pedirle a mi madre que nos consiga pescados -llevamos ya varios años con la rutina-; pero en esta ocasión no pude hablar con ella: mi padre me indicó que su celular se estaba quedando sin carga bastante rápido -y mi madre andaba fuera de casa (comprando pan para la cena)-.

Entonces nomás le comenté, de forma bastante apresurada, a mi padre que llegaría el domingo siguiente; y me despedí rápido, pues no quería que la llamara se quedara a medias; después estuve estudiando Fabric.

Cuando Rb terminó su llamada me pasé a su habitación; en donde estuve viendo una parte de un capítulo de Magical Lyric Girl -o algo así es el título del anime-; y una parte de un capítulo de Lioness.

A las nueve y media me lavé los dientes, me despedí de Rb y me metí a mi habitación; medité y luego terminé de leer los dos libros que había decidido concluir: All the Wrong Moves me gustó; o sea, el arco del personaje tiene un buen desarrollo; y Huaco retrato también: termina con poesías, pero no estuvo tan mal.

El jueves me levanté un poco después de las seis; había estado escuchando el ruido del tránsito en el boulevard pero no había querido abrir los ojos; luego decidí levantarme, quitar la alarma de la mañana y bajar al piso a meditar.

Después de meditar decidí realizar la lavada de ropa mensual: saqué la canasta de la ropa sucia y puse una carga extra larga -con dos medidas de detergente- en la lavadora; después retorné a la casa, a encender la computadora del trabajo.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; la que estuvo rara: mi supervisor y su compañera de trabajo estuvieron discutiendo con el jefe de los desarrolladores sobre algunos hallazgos -aunque aún estamos completamente detenidos en las pruebas-.

La reunion estuvo un poco más extensa que de costumbre; y cuando terminó mi supervisor me pidió que me quedara en la misma; esperamos a que se salieran todos y mi supervisor me comentó que tenía una reunión y necesitaba una actualización del informe que le he preparado los últimos meses.

Pero este mes no hubo ningún cambio en el mismo; por lo que nomás me pidió que le re enviara el correo con el reporte del mes anterior; mientras aún estábamos en la llamada le envié nuevamente el correo; luego salí a ver cómo iba la ropa -aún le fataban veinte minutos-. 

Rb estuvo toda la mañana traduciendo llamadas médicas y, un poco antes de las doce, salió de su habitación: no había acudido a su clase de zumba porqueiban a llegar algunos grupos de  estudiantes a la sede municipal -y no quería tener público interrumpiendo sus ejercicios-, entonces hizo en la sala una rutina de ejercicios.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros; luego almorzamos la última porción del asado que habíamos comido durante la semana -y que habíamos preparado el mes anterior-; con lo que obtuvimos espacio en el congelador de la refrigeradora -previendo el pescado que mi madre nos enviaría el domingo-.

Durante la tarde no hubo mucho que hacer en el plano laboral, estuve nomás leyendo un poco del libro de ciencia ficción que tengo a medias -había decidido terminarlo, junto con Ama, pero, al final, decidí dejar dos terceras partes para continuar con el mismo ritmo-.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando a la tienda de ropa de segunda mano: en ese lugar hemos comprado -en varias ocasiones- pescado para nuestros almuerzos; en esta ocasión Rb quería comprar una bolsa, para los tacos de pescado que habíamos planeado para la siguiente semana.

En el camino de vuelta pasamos a la panadería, a comprar el pan para mis desayunos del fin de semana; a las siete de la noche entré a la clase semanal de Storytelling; fue la primera vez que entré a la misma sin haber visto el video de preparación para la misma.

Y es que se están poniendo muy técnicos con el contenido. ahora la están enfocando más en la producción de contenido audiovisual, que en el tema de storytelling; o sea, es entendible porque lo que quieren es que las personas aprendan a solicitar donaciones, pero, por mi parte, no me llama la atención este tipo de material.

El viernes me levanté a las seis y media de la mañana, medité y luego salí a pasar las computadoras de la bodega a la mesa del comedor; no tenía ninguna reunión tan temprano, por lo que me puse a completar lecciones de Duolingo.

El supervisor cambiado la reunión semanal del equipo para después del mediodía; yo le comenté al analista en la ciudad colonial que seguramente no habría reunión diaria a las nueve y cuarenta y cinco; pero sí, a esa hora el supervisor inició la reunión, por lo que me tocó que unirme a la llamada.

Mis dos compañeros locales entraron un poco más tarde; y el supervisor nos comentó que estaba cancelando la llamada de la tarde, por algún compromiso que tenía que cumplir con otro equipo; y en la reunión no vimos mucho: era el último día de la semana y seguíamos sin obtener acceso al servidor remoto.

Yo había enviado el día anterior -y mis compañeritos hicieron lo mismo más tarde- una actualización del documento que hemos estado revisando, con una sección adicional: básicamente tomé un documento que le había enviado un par de meses atrás al supervisor, y lo agregué al contenido.

El resto del día fue bastante tranquilo: se suponía que debíamos seguir trabajando en el documento, pero no podíamos hacer mucho, realmente; a las doce completamos la rutina de ejercicios con Rb; luego sacamos a caminar a los perros.

Almorzamos el penúltimo pescado de la bolsa que habíamos comprado unas semanas antes en la tienda de ropa usada; acompañado de una enorme ensalada -yo le agregué a la mía un poco de salchicha, un poco de pollo y un poco de longaniza-; después del almuerzo me preparé un café.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; en el más alejado -el que queda cerca del extremo del boulevard- compré una bolsa de pan sandwich integral -unos días antes había comprado jamón y queso-; y en el otro supermercado compramos lechugas y un cartón de huevos.

En el segundo supermercado también compramos un poco de bananos; además, agregué media libra de jamón, pues temí que el que había comprado antes no me iba a alcanzar para preparar una docena de sandwiches -al final si me alcanzó-; y compramos fajitas de pollo, para el almuerzo del día siguiente.

Cuando regresamos de la caminata levanté -de mi habitación y de la cocina- las cosas en el piso que entorpecerían una buena limpieza; y me puse a barrer y trapear los pisos: una amiga de Rb vendría al día siguiente, a entregarle la constancia de donación de sangre. 

Por la noche estuve viendo una parte de un capítulo de la segunda temporada de Special Ops: Lioness; también una parte -la final del último capítulo publicado- de Magical Lyric Girl -o Exceeds-, realmente no he logrado establecer cual es el verdadero título del anime.

El sábado me levanté a las seis y media, medité y luego me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo; debía salir a las ocho de la mañana, por lo que aún tenía una hora para prepararme; un poco después de las siete y media me metí a la ducha y tomé un buen baño.

Tenía la esperanza de que el tránsito no estuviera muy pesado; pero cuando ví Waze, el pronóstico era de más de cuarenta y cinco minutos hasta la casa de mi segunda ahijada profesional; y sí, cuando salí al boulevard lo encontré completamente lleno.

Salir a la ruta intermunicipal me llevó más de veinte minutos; luego mejoró en el periférico; aunque volvió a complicarse en el centro histórico; pero, aún así, llegué con un par de minutos a la calle a donde me dirigía: tres o cuatro calles antes de llegar llamé a mi ahijada y luego me detuve frente a su casa.

Me tocó que esperarla un poco pero, afortunadamente, el flujo de vehículos en esa calle no estaba muy contínuo; cuando mi ahijada salió de su casa abordó la van y nos dirigimos al mismo local en donde desayunamos en mayo del año anterior.

Se suponía que el lugar lo abrían a las nueve -había confirmado el horario en internet- pero aún estaba cerrado cuando me estacioné fuera del mismo -ya eran las nueve y diez-; afortunadamente, nuevamente, el tránsito no estaba muy pesado en el lugar, esperamos un rato y luego, cuando los empleados abrieron el estacionamiento, entramos.

Comimos un par de hotdogs locales y una gaseosa; luego, por el cumpleaños de mi ahijada -le había dado su regalo cuando íbamos en el automóvil- ordenamos un par de crepas con nutella y banano -y un café-; estuvimos en el lugar hasta las once de la mañana. 

Mi ahijada había ido al mismo país en donde mi hija mediana estudió por un par de años y estuvimos conversando sobre los detalles del viaje: del trabajo la habían enviado a un evento de ciberseguridad; además me regaló un llavero conmemorativo del país -yo nunca he comprado este tipo de recuerdos en los (pocos) viajes que he hecho-.

A las once y media le pregunté a mi ahijada sobre un lugar al que pudiera pasar a dejarla; y me pidió que la llevara al borde del centro histórico; no hubo mucho tráfico para llegar al lugar, pero salir de allí hacia la ruta de vuelta a la casa de Rb siempre ha sido complicado.

Por lo que me tomó un buen tiempo retornar a casa: al entrar encontré a Rb contestando llamadas en inglés; me comí un par de bananos y un poco de papaya y luego esperé a que completara su trabajo, para sacar a caminar a los perros ( la amiga de Rb había venido con su pareja, pero ya se habían retirado).

Cuando entramos de la caminata preparé un guacamol, para la preparación de las hamburguesas del almuerzo: pan de arroz, fajitas de pollo (con miel), guacamol y lechuga -yo le heché al par mío también queso-.

Después del almuerzo me preparé un café; después estuve leyendo el capítulo de Ama que me tocaba para seguir avanzando en el libro; Rb le dió de comer a sus perros a las tres menos cuarto y luego se dirigió a impartir su clase de alfabetización.

Durante dos horas estuve estudiando Fabric, y viendo algunos videos de Youtube; hasta las seis menos veinte; a esa hora tomé la van y me dirigí a la iglesia de Rb: habíamos acordado acudir al supermercado en donde compramos artículos a granel esa tarde.

El tránsito estaba bastante pesado por lo que me tomó un buen tiempo llegar a la iglesia; Rb abordó la van y continuamos el viaje hacia el supermerado; el tránsito seguía lento; además, estaba empezando a lloviznar.

Teníamos una buena lista de compra: jabón de trastos, shampoo, varias comidas de Rb; y yo quería comprar un par de bandejas con mini muffins, para llevar al día siguiente a la visita a la casa de mis padres; y compré un pastel tres leches: quería que me esperara en la refrigeradora para mi retorno del puerto.

Después de pagar las compras las llevamos al automóvil, las cargamos en el mismo e iniciamos el retorno a casa; me imagino que debido a la lluvia -que no estaba tan fuerte- el tránsito seguía complicado; aún así, pasamos a llenar el tanque de gasolina.

Cuando retornamos a casa -y después de almacenar las compras- me puse a preparar la docena de sandwiches que llevaría al día siguiente al puerto; después me puse a completar la lección diaria de Fabric; pero no pude hacer mucho más, a las diez de la noche me retiré a mi habitación.

El domingo me levanté a las cuatro y media; había estado soñando algo relacionado con el viaje que tenía previsto y me desperté antes de que sonara la alarma -había dejado dos alarmas-; pero esperé a que sonaran y despues me levanté a meditar.

Antes de ponerme a meditar había puesto a hervir un par de litros de agua: quería llevar agua caliente en el termo, para facilitar la preparación del desayuno en la casa de mis papás; además, había sacado la mochila con aislante térmico y había sacado las botellas de gel congelado del freezer.

Metí en bolsas de plástico lo que tenía que llevar, incluyendo el termo, la prensa francesa, el azúcar y un recipiente con café; había visto en internet y pronosticaban la salida del sol para las seis menos diez; y, como no me gusta manejar en la oscuridad, había esperado salir después de las cinco y media.

Pero cuando ví el patio me percaté que ya estaba bastante claro; entonces entré a despedirme de Rb y salí a cargar la van; salí al boulevard, manejé hasta la primera vuelta en U y tomé el camino hacia el puerto; en general el camino estuvo muy bueno -llevaba la radio del carro-.

No encontré mucho tráfico -las ventajas de manejar los domingos muy temprano- y la ruta estuvo, en su mayor parte, en muy buenas condiciones; por supuesto que en varios tramos me tocó que rebasar a vehículos avanzando a baja velocidad, pero traté de no arriesgarme mucho.

Llegué a la casa de mis papás un poco después de las siete; mi madre estaba barriendo la calle frente a una de sus viviendas y entró a avisarle a mi padre; y ambos salieron a recibirme; bajé las cosas de la van -incluyendo el saco de comida para perros- y empecé a ver el desayuno.

Y allí me dí cuenta que había olvidado la bolsa de sandwiches que había preparado la noche anterior -se quedó en la refrigeradora-; les comenté a mis padres y nomás me indicaron que podíamos desayunar con los muffins y el café; pero traté, aún, de ordenar comida del restaurante de pollo más popular en el país.

Utilicé whatsapp -incluso me 'brindaron' una pieza de pollo, por ser mi primer pedido-; pero, un rato después me llamaron para indicarme que los repartidores no entraban a la colonia donde viven mis padres: que debía salir a la garita a recibir el pedido; y, como a mis padres no les pareció, cancelé el pedido.

A las ocho de la mañana llamé a Rb -creía que se levantaba a esa hora, pero, al parecer, no siempre es así-; le comenté lo de los sanwiches olvidados y le pedí que se los llevara a los guardias de la calle -cambian de turno a las ocho y media-.

Desayunamos bastante escuetamente con mis padres y estuvimos conversando sobre las últimas novedades -al parecer mi hermana menor estuvo enferma durante la última semana-; y luego les pedí que me mostraran los avances en su última construcción.

Y, la verdad, me sorprendió l oque siguen haciendo en esta: en lugar de dejar la galera -que había visto en mi última visita- en el tercer nivel de la construcción completaron la construcción de las paredes y le pusieron un techo de lámina; muy buen resultado.

Nos quedamos en esa construcción hasta casi las once de la mañana; hora en la que les comenté que iniciaría mi retorno a casa; bajamos y mi madre me entregó los pescados -que no eran muchos en esta ocasión- con los que usualmente nos obsequia.

A las once menos diez le escribí a Rb para comentarle que iniciaba el viaje de vuelta; el cual tampoco estuvo tan mal: había un poco más de vehículos en la ruta -especialmente transporte pesado-, pero me hice casi el mismo tiempo de retorno.

Cuando entré al boulevard me detuve en la gasolinera que se encuentra en su extremo; allí rellené el tanque de gasolina (veintiséis dólares: la gasolina está super cara), luego me dirigí a completar el trayecto; estacioné el auto frente a la casa de Rb y entré a la sala: se encontraba completando una rutina de ejercicios.

Comí un par de bananos y un poco de papaya -y un cuarto del pastel de tres leches-; después esperé a que terminara la rutina de ejercicios, para sacar a caminar a los perros; pero no pudimos completar la misma: empezó a lloviznar justo cuando estábamos completando la primera vuelta.

Entramos a casa y le dí vuelta a las alitas de pollo -Rb las había dejado en la estufa antes de salir con los perros-; luego me puse a preparar un par de enorme ensaladas; almorzamos y después me preparé un té de menta, el que consumí con el pan dulce que me quedaba de lo comprado el jueves.

Me sentía bastante agotado por lo que, después del té, me recosté un rato en mi cama; tenía los audífonos bluetooth y aunque creo que no me dormí, entré en un estado de sopor escuchando videos de youtube, hasta que sonó la alarma de las dos y cuarenta y cinco; me levanté y le ofrecí un té de manzanilla a Rb.

El cual no se tomó -creo que lo consumió más tarde, pero no estoy seguro-: y es que, cuando habíamos sacado a los perros, le había comentado que me sentía agotado y que eso me producía irritación; que ella no tenía la culpa, pero me sentía bastante cansado.

Al parecer eso -o alguna de mis reacciones- hizo que el resto de la tarde estuviera -o al menos lo sentí así- con una tensión latente; pero traté de no cruzarme mucho en su camino: me refugié en mi habitación, completando ejercicios de Fabric.

Hasta las cinco de la tarde; a esa hora Rb empezó a preparar -creo que siguió realmente- los almuerzos de la semana: habíamos acordado -ella tenía antojo de- preparar chiles rellenos para dos días, y tacos de pescado para otros dos.

A esa hora me puse a partir un par de güisquiles -los habíamos cosechado un poco antes del patio frontal- y tres zanahorias (esto se usaría en el relleno de los chiles); después volví a mi habitación, hasta que Rb me pidió que batiera -a punto de nieve- cuatro huevos.

Y luego la ayudé un poco con el volteo de algunas unidades en el sartén; afortunadamente los chiles salieron bastante bien -creo que eso ayudó a relajar el ambiente-; porque incluso el almacenamiento de los pescados en el congelador lo sentí bastante tenso.

Después de terminar la preparación de los almuerzos de la semana Rb me pidió que la ayudara a su almacenamiento en la refrigeradora; llenamos cuatro recipientes de caldo de pollo; Rb metió los ocho chiles rellenos en un hermético y el pescado para los tacos en otro similar.

Cuando terminamos con el almacenamiento me volví a meter a mi habitación y completé algunos ejercicios de portugués, un par de francés -nomás para completar los retos diarios- y varias partidas de ajedrez -continúo apenas sobre mil quinientos  de Elo-; después me pasé a la habitación de Rb, a completar mis notas -incluyendo esta-.

Y a ver cómo sigue eso...

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