Hace unos años -antes de que le otorgaran el premio nobel de literatura a la autora sudcoreana- leí La Vegetariana; estoy casi seguro que lo leí en inglés y me pareció bastante interesante la forma en la que narraba las viscitudes de una mujer bastante conflictuada.
De hecho, me parece que escribí un texto sobre la misma; y no, ya revisé las entradas y lo que realmente hice fue publicar la portada del libro en mi cuenta de la F azul; pero no había querido leer más de la autora después de ese -aunque sí leí otro libro de un autor de ese país: Ciruela-.
Y, aunque no me interesan mucho los premios nobel de literatura, decidí leer otro de Hang: el título de este texto; -también agregué a mi lista Lecciones de Griego, el cual mencioné hace no mucho por acá {y también me recomendó mi primo lector}-.
Tinta y Sangre me llamó la atención porque alguna vez quise iniciar un blog con un título parecido: tinta en el agua; la evocación de las dos sustancias me parecía bastante cercana al momento que estaba viviendo unos veinte años atrás: practicando -tratando de- Zen y escribiendo; pero no prosperó.
El libro lo estoy leyendo en español -o sea, trato de leer en el idioma original, pero no avancé con coreano; y no le veo sentido a leerlo en inglés, si el original es coreano-; y está bastante interesante: una mezcla -bastante balanceada, me parece- de introspección y acción cotidiana.
Y a ver cómo va eso
El lunes me desperté cuando sonó la alarma de las seis y veintisiete; pero no me levanté en el acto; me quedó aún tres o cuatro minutos entre las sábanas -tenía la certeza de que la primera reunión del día era a las nueve-; luego sí, bajé al piso y completé el período de meditación matutina.
Después de completar la meditación -escuché, casi al final, que Rb se preparaba para empezar a tomar llamadas- salí de la habitació y saqué la computadora del trabajo de la habitación que utilizamos como bodega.
Encendí la computadora -unos minutos después de las siete- y empecé a revisar el correo y ver algunos pendientes; pero, como no había nada que requiriera mi participación, empecé completar lecciones de Duolingo.
Luego, a las ocho, entré a una reunión a la que me había anotado la semana anterior: algo de Speed Networking; pero no me gustó para nada: la persona a cargo (una "Coach") no podía utilizar la herramienta y no pudo separar al grupo en rooms; sentí el evento demasiado general.
A las nueve el analista en el Imperio del Norte me escribió para que lo ayudara con el formato de un documento; entré a ver el mismo y ví que -como es habitual- tenía varios detalles por ajustar; los completé bastante rápido pero decidí no confirmar los cambios hasta el mediodía.
Estuve trabajdno en el documento hasta que empezó la llamada del equipo -a las diez menos cuarto-; el supervisor comentó varias de las pruebas que debían realizarse y a mí me pidió que hiciera un smoke testing -por supuesto que empecé a correr la batería de test automatizados (incluyendo veinte que dejó mi compañero)-.
También estuve en conversación con la 'coach' de la reunión de la mañana; pero el tema fueron libros -es la líder del grupo de lectura-; y al final me metí a un grupo de whatsapp donde comparten libros -mejicano, muy básico-; pero terminé consiguiéndo un par de epubs -en inglés- y un par de pdfs -en español- para dos de los miembros del club de lectura.
Nomás tuve cuidado de no compartir material sensible por los canales del trabajo: les pedí a ambos -los epubs eran para un analista de compras y los otros para una administradora de servicio al cliente- que me escribieran por whatsapp y envié la información por esa vía.
Un poco después de las diez llamé a mi hija mediana -por whatsapp-: quería confirmar que nos íbamos a reunir este sábado -le había enviado un mensaje unas semanas antes pero no había recibido respuesta-; afortunadamente me confirmó la reunión.
Un poco más tarde -después de haber declarado (lo había pasado por alto el día anterior!) mis impuestos mensuales- le envié un mensaje de feliz semana a varios de mis conocidos -mi editora y varios ex compañeros de trabajo- la primera y un par de los otros me respondieron con mensajes similares.
Pero la hermana de mi amigo tenor -trabajamos juntos hace dos décadas- me respondió un poco más extenso, intercambiamos un par de mensajes y luego me mandó un audio; luego le propuse que conversáramos: anda en una crisis momentánea porque cortó una relación de varios años con la empresa más grande a la que daba consultoría.
Me llamó y estuvimos conversando por tres cuartos de hora -me cuesta seguir este tipo de conversaciones- y los temas fueron varios: su madre -tía, realmente- tiene noventa y dos años, su hija tiene dieciséis; siempre soñó -desde niña- con ser empresaria; siente que no ha hecho nada de su vida, siente que necesita aprender inglés, y así.
Creo que la conversación se hubiera extendido mucho más pero, justo antes de las doce, Rb salió de su habitación para que completáramos la rutina de ejercicios de los lunes; entonces me disculpé con mi amiga, le deseé buena suerte y quedé a su disposición; y me despedí.
Con Rb completamos la rutina de ejercicios de los lunes; luego sacamos a caminar a los perros -la perra más pesada sigue dando dificultades para caminar; cuando entramos de la caminata subí la intensidad del fuego sobre el que estaba calentando el caldo -lo había dejado a fuego bajo antes de sacar a los perros-.
También saqué los ingredientes de la ensalada; aunque empecé por la zanahoria, la manzana verde y el aguacate, pues Rb quería -personalmente- dividir la lechuga que había desinfectado para dos días; después sí completé la preparación.
Había dejado preparados dos tazones -en mi caso, el mismo que utilicé para la avena de la mañana- para el caldo y saqué un trozo de los fideos coreanos que había preparado más temprano -herví uno de los paquetes que me había cedido mi hijo menor-: después de cocerlos los metí en el freezer -en una bolsa plástica, seccionados en cinco partes-.
El almuerzo estuvo muy bueno: caldo de verduras -en mi caso con fideos- y una buena ensalada -agregué allí las pechugas de pollo-; después del mismo me preparé un café -medio litro- y lo acompañé con un par de mitades de galletas.
Después del almuerzo estuve revisando cómo iban los scripts para ejecutar las pruebas automatizadas y ví que habían fallado en varias partes; pero no revisé la causa, nomás las puse a correr nuevamente; luego me retiré a mi habitación, a leer el tercer capítulo del libro en inglés que recién había iniciado.
A las dos y cuarenta salí de mi habitación: había dejado una alarma para tomarme medio litro de agua -al parecer no había tomado nada antes del café del mediodía-; después de consumir el agua sonó la alarma de la comida de los perros; y entonces le ofrecí un té de manzanilla a Rb.
Mientras esta hierba hervía en la estufa me puse a lavar los trastos que se habían acumulado durante el almuerzo; después volví a trabajar en los scripts: no era completamente seguro, pero, aparentemente, habían provocado un fallo en la herramienta.
Al finalizar la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; no entramos en el más alejado, nomás llegamos al extremo del boulevard y luego retornamos al que está a mitad del camino.
Allí Rb compró un cartón de huevos -como consume más cada día-, y un poco de alitas de pollo; también compramos un poco de bananos -le pagué medio dólar en efectivo-; por la noche estuve trabajando en el examen y las preguntas de Fabric, y viendo un capítulo de The Gost in the Shell.
El martes me levanté a las seis y media; medité y luego salí por la computadora; y cuando entré a la herramienta de las reuniones me dí cuenta que acababa de terminar la última del training en agentes de LLMs a la que me había anotado -era de seis a siete-.
A las siete y media entré a la primera reunión del día; luego esperé -haciendo Duolingo y leyendo- la de las nueve; en ambas reuniones la participación de mi equipo es mínima -de hecho mis dos compañeros casi nunca entran a la segunda-.
En la reunión del equipo -a las diez menos cuarto- el supervisor me asignó la revisión de una funcionalidad que había probado varios meses atrás; trabajé un poco en eso durante el resto de la mañana.
Pero también le envié a la hermana de mi amigo tenor un link para un curso que había recibido unos días antes: Planeación estratégica asistida por IA; ella me respondió disculpándose por no darme un mensaje positivo el día anterior -cuando le había contado lo de la venta de mi área-.
Y allí cometí (¿?) un error: le escribí varias líneas -quizá demasiadas- sobre mi visión del cambio que viene; básicamente que no me preocupaba, pero agregué que no me interesaba ninguna meta; allí creo que cometí un error; al decir algo como: 'contrario a tu caso, que siempre has querido ser una gran líder'.
Pero eso era lo que había entendido en nuestra conversación del día anterior; se disculpó conmigo por si me había ofendido, y luego que le aseguré que no, indicó que ese comentario sobre ella no estuvo bien; me disculpé.
Pero también la bloqueé en whatsapp -y borré completamente el diálogo-; porque no creo que necesite más drama en mi vida; y quizá aquí es donde debería preguntarme: el problema soy o son los otros; pero no, ya sé que soy diferente -Asperger, sospecho- y, pues, nomás debo cuidarme; pero no voy a cambiar -a ser normal- y no puedo cambiar a la gente, para que me comprenda.
Rb no fue a su clase de zumba porque el instructor les había indicado que la clase iba a ser al aire libre -en el patio de las instalaciones- y no quería que alguien las filmara o las estuviera observando mientras se ejercitaban.
Entonces completó en casa una rutina de ejercicios; yo empecé a alistar a los perros -y los saqué- un poco antes de que terminara; de hecho pudimos completar una vuelta a la calle antes de que saliera a acompañarnos; cuando entré de la caminata le subí el fuego a la olla con caldo.
Después de preparar un par de ensaladas medianas -a la mía le eché el pollo cocido- nos sentamos a almorzar; cuando terminé el almuerzo me preparé un café y lo acompañé con un par de mitades de galletas; después me retiré a mi habitación a leer un rato: y terminé de leer Wherever you go there you are.
Cuando sonó la alarma salí a lavar los trastes -pero me olvidé de ofrecer (y preparar) el té de manzanilla a Rb: ella me lo recordó más tarde-; a las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a la tienda en donde hemos comprado las últimas computadoras: Rb quería ver si le empastaban el libro que usa para sus lecturas bíblicas diarias.
Después de los trastes me puse a revisar el listado de laboratorios de Fabric; y me dí cuenta que no había realizado correctamente el segundo de ellos; pero, para estar seguro, completé los primeros dos de la lista -dejando pendiente el tercero-.
También trabajé un rato en actualizar la app de seguimiento diario de mi bienestar emocional: le pasé el código a un LLM para que se revisara la alarma sonora; además quería hacer ciertos ajustes en el eje horizontal de la gráfica y, finalmente, actualizar el logo genérico.
Y no, no realizan ese tipo de trabajo; nomás trabajan con espiral, pero le recomendaron que buscara un negocio que se dedicara específicamente al empastado; luego pasamos a la tienda verde de descuentos: quería comprar un pincel fino; al final compré un paquete de cuatro o cinco -y me temo que similar a los que había estado usando recientemente-.
Por la noche estuve revisando las preguntas de la página del exámen que tomaré en un mes: me tocaba la número cinco -de nueve- y no pude contestar a la mayor parte de las interrogantes planteadas -no sé cómo me irá el otro mes, pero planeo un par de ciclos completos extras de este repaso-.
Además, cuando retorné de la caminata vespertina ví un mensaje de mi hija mayor, contándome que ha estado enferma -por eso no ha podido trabajar mucho-; aparentemente con mononuclosis; al final le transferí cien dólares; y terminé de leer Last words.
El miércoles me levanté a las seis y media; medité y luego salí por la computadora del trabajo; la encendí, entré a la VPN y luego me quedé esperando la reunión de las nueve; en el ínterin completé varias lecciones de Duolingo.
Pero antes de la reunión de las nueve -a las ocho- tenía una reunión con todo el grupo que será movido a la nueva empresa el primero de octubre; la misma fue dirigida por el mismo individuo francés de las últimas veces; aunque ahora llevó la voz cantante un representante de la empresa adquiriente.
Esta persona realizó una presentación de diapositivas; presentando, primero, generalidades de la empresa que nos está comprando -y cuán fabulosa es-; luego un roadmap (por fin) del proceso (terminando el primer día en la misma).
Después de esta reunión entré a la segunda del día; aunque no hubo mucho que comentar; en la del equipo mi compañero que vive en la ciudad colonial indicó que no podía entrar a los servidores en el Imperio.
Intenté acceder y tampoco pude -al parecer era un fallo general-; el resto de la reunión estuvo más o menos igual: el supervisor indicándonos tareas -que no podíamos realizar por el momento-; también comentamos los cambios por venir -la mayor parte tienen una actitud positiva, yo no sé como definir la mía-.
Después de la reunión me metí a la cocina a preparar mi desayuno; pero escuché que me estaban llamando del trabajo, contesté la llamada y era mi supervisor: quería enseñarme una forma más fácil de ingresar al servidor remoto.
Y lo logramos; pero, casi en el acto, también esta vía fue bloqueada; y eso fu el día: no hubo forma de acceder al servidor en el que realizamos nuestro trabajo; aproveché para leer, después del desayuno, un poco de libro en inglés que recién inicié.
A las doce Rb salió de su habitación y completamos la rutina de ejercicios; luego nos vestimos para sacar a caminar a los perros más grandes; cuando venía de vuelta del primer circuito vi que Rb se había detenido y me hacía señas de que acudiera a donde estaba.
Y, al llegar, me comentó que la anciana que vive en la tercera casa de la calle le había pedido que la esperara -usualmente nos regala comida, especialmente cuando le hemos compartido güisquiles y/ bananos-; entonces tomé a la perra más pesada y continué la caminata.
Terminé la primera vuelta y, cuando estaba pasando de nuevo por el portón de la casa de Rb, ella estaba saliendo de la misma; me comentó que la señora nos había regalado un par de chiles rellenos (consumí uno en el almuerzo y guardé el otro para el día siguiente).
Al terminar la caminata entré a poner el recipiente con caldo en la estufa y la pechuga de pollo en el microondas; también empecé a preparar las ensaladas -aunque tuve que esperar que Rb entrara pues quería separar la lechuga para tres días-.
Después del almuerzo -el chile relleno lo agregué directamente a la ensalada- me preparé un café; luego me puse a revisar los accesos al servidor remoto; pero estaba aún en el mismo estado: sin acceso -incluso mi supervisora me escribió para revisar algunos detalles del servidor-.
Como no podía hacer mucho en la cuestión laboral -además de configurar mi correo para que avisara el día siguiente que estaba de vacaciones- me retiré un rato a mi habitación para poner al día mis notas -incluyendo esta-; hasta las tres menos cuarto, a esa hora salí a lavar los trastes del día, y a prepararle el té de manzanilla a Rb.
Como era el día de la clase de teología de Rb salimos a realizar la caminata a las cuatro y media; a esa hora nos dirigimos hacia los supermercados en dirección sur; y, aunque no entramos en el más alejado, caminamos hasta el final de boulevard.
Luego pasamos al supermercado de la mitad del camino; allí compramos un par de lechugas; además, aproveché para comprar un par de botellas de medio litro de jugo de naranja -para el desayuno del sábado con mi hija mediana-; luego empezamos a caminar de vuelta a casa.
Más o menos a la mitad del trayecto me empecé a sentir mal; tuve un par de arcadas y empecé a salivar profusamente; creí que iba a devolver, o a desmayarme; lo bueno es que venía caminando unos pasos atrás de Rb -hay muchos autos mal estacionados y no había espacio para que camináramos lado a lado-.
Durante varios metros me sentí muy mal; luego me concentré en respirar y me sentí mejor; luego pensé que quizá lo acaecido se debió a haber consumido el chile relleno que nos regaló la anciana -son muy grasosos y, últimamente, el consumo de aceites y grasas ha disminuido notablemente-.
Cuando retornamos a casa me puse a completar otro de los laboratorios de Fabric; luego, ya en la habitación de Rb, me pasé un buen tiempo repasando las preguntas del examen en el sitio que me escribió mi amigo asiático -quien acaba de obtener otro de estos certificados-; y me refugié temprano -a las nueve- en mi habitación, previendo el día jueves que se me venía.
El jueves me desperté a las cuatro y media de la madrugada; había dejado el reloj a esa hora pues quería empezar temprano el día: meditar, tomar un baño, preparar -y empacar- mi desayuno; y luego dirigirme caminando a tomar el bus intermunicipal.
Según mi plan, saldría a las cinco de casa, tomaría el bus a las cinco y media, estaría a las seis tomando el Transmetro y a las seis y media apeándome en la estación más cercana al hospital público más grande del país -en donde esperaba donar sangre-.
Donar sangre era algo que nunca había hecho; y a lo que, por alguna razón, le tenía aversión; había incluso declinado donar sangre cuando mi hija me lo pidió antes de que la operaran hace varios años -no sé si tenga que ver con mi rechazo a las agujas-.
Después del baño preparé mi desayuno; y eso me llevó más tiempo del previsto: salí de casa casi a las cinco y media -no le avisé a Rb- y llegué al inicio del boulevard un poco antes de las seis; el bus tardó en pasar, por lo que llegué bastante tarde a la estación del Transmetro.
Entonces decidí, en vez de dirigirme en Transmetro a la estación intermedia más grande, ordenar un uber moto; el cual me llevó a mi destino -la entrada al hospital más grande de la ciudad- a las seis y diecinueve -me cobró un poco menos de tres dólares-.
Cuando llegué al lugar ya había una cola de más de quince personas esperando para donar sangre; saludé a la última persona de la fila -una señora- y confirmé que era la cola indicada; y, de acuerdo a su consejo, no desayuné en el acto: me dijo que lo mejor era pasar la primera revisión para ver si podía donar.
Estuvimos esperando hasta un poco después de las siete; entonces salieron un par de enfermeras e indicaron que debíamos tener listo un documento de identificación -afortunadamente aceptaban la licencia de conducir- y el número clínico del paciente por el cual íbamos a donar.
Entramos a las instalaciones -la señora de adelante había estado acompañada por su hermana; a quien no dejaron entrar porque llevaba copia de su dpi en el teléfono y le dijeron que debía imprimirlo-; y allí volvimos a esperar un poco: luego las mismas enfermeras dieron instrucciones generales sobre el procedimiento.
A continuación hicimos una fila -en sillas- para que nos pesaran (ciento treinta y tres libras -con ropa y zapatos-!!) y registraran nuestros datos personales; esto último fue bastante tardado; a continuación debíamos pasar a una habitación en donde una enfermera (o técnica) realizaba una entrevista y tomaba una muestra de sangre.
En la entrevista fue todo bien; pero al colocarme las bandas elásticas en los brazos para tomar una muestra la señorita me indicó que mis venas eran demasiado delgadas para donar sangre; no sabía sobre esto y me tuvo que repetir; de hecho me llevó con la persona a cargo de la extracción quien confirmó que lo más seguro era que sufriera un daño.
Entonces les agradecí por su tiempo y me retiré del lugar; le escribí a Rb, con las malas noticias -debe presentar dos donadores antes de que pueda acceder a la operación de la vesícula-; luego caminé hasta la estación más cercana del Transmetro.
Tomé la unidad que estaba ya cargando y me apeé en el comercial en donde se estacionan los busitos; en donde abordé el que ya estaba cargando pasajeros; un poco más tarde estaba entrando en casa; Rb se sorprendió de lo rápido que había regresado.
De hecho, retorné tan temprano, que me tocó que esperar antes de tomar mi desayuno -a las diez y media-; y, como era mi día de vacaciones, me pasé el resto de la mañana estudiando la lección diaria de Fabric y leyendo algunas páginas de Tinta y Sangre.
Un poco antes del mediodía ví que mi ahijado me había escrito en whatsapp -habíamos acordado, unas semanas antes, reunirnos por la tarde, para tomarnos un café/pastel-: me comentaba en su mensaje que andaba con quebrantos de salud y debía cancelar nuestra reunión de la tarde.
Era la primera vez que me cancelaba y, usualmente, espero a que se repita dos o tres veces para bloquear a mis -pocos- contactos con los que he estado haciendo -desde hace tres o cuatro años- un esfuerzo para mejorar mi comportamiento social.
Rb salió de su habitación un poco antes de las doce y se puso a completar una rutina de zumba -se había negado a asistir a su clase porque el maestro les había pedido que llegaran vestidas de hawaianas; lo que calificó de ridículo-; cuando terminó la rutina sacamos a caminar a los perros más grandes.
Después de la caminata calentamos la comida: era el último día de fajitas de pollo y ensalada; luego me tomé un café con galletitas; por la tarde estuve viendo algunos videos de Youtube y, a las dos y cuarenta y cinco, le preparé un té de manzanilla a Rb.
Un poco antes de las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: por la tarde Rb había confirmado que al día siguiente recogería a su mejor amiga en el aeropuerto de la ciudad, y yo le había recomendado que fuera preparada por si le tocaba comer afuera.
Caminamos hasta el principio del boulevard y entramos al supermercado del lugar; allí compramos una bandeja de fajitas de pollo, media libra de champiñones y un poco de bananos; luego de pagar las compras iniciamos el retorno a casa.
En la panadería donde compró el pan más económico adquiré el pan para mis desayunos del fin de semana; y en la panadería de la vuelta compré un par de cubiletes; por la noche me ocupé en completar un laboratorio de Fabric y una de las páginas con veinticinco preguntas del examen de certificación.
El viernes me levanté a las seis y media; me estaba sintiendo bastante agotado y preveía un día algo complicado: el día anterior había aceptado conducir a Rb al aeropuerto, esperar por su amiga y luego llevarlas a la casa de los padres de esta.
Además, a las ocho y media tenía una reunión con la empresa que se hará cargo de todas las obligaciones administrativas de mi empresa actual, cuando pasemos a la nueva empresa -aparentemente la fecha establecida (1 de octubre) será efectiva para el cambio-.
Después de meditar pasé la computadora del trabajo a la mesa del comedor; y verifiqué que no había ninguna reunión pendiente a esa hora; luego me puse a completar algunas lecciones de Duolingo (volví a bajar a un ELO de mil cuatrocientos).
Después de las lecciones de Duolingo pensé que lo mejor era estar presentable para la reunión con el nuevo equipo; entonces me apliqué gel en el cabello y me puse una de las playeras (negra) que uso para visitar a mis hijos.
A las ocho y media entré a la reunión con el equipo que se hará cargo de nuestros trámites administrativos -la mayor parte son mujeres y la mayoría viven en Río de Janeiro-; inicialmente -como todas ellas- activé mi cámara; pero luego, viendo que nadie de mi equipo actual lo hacía, la desconecté.
La reunión tardó un poco más de media hora -aunque estaba programada para durar una hora- y se trató sobre los cambios que ocurrirán el próximo mes; hubo mucha información pero aún no aclararon todo: nos pagarán las vacaciones atrasadas, para reiniciar en cero; y se supone que no habrá liquidación, sino traslado del pasivo laboral.
Algo que me agradó -aunque no sé qué tan benéfico sea- es que, dentro de nuestro grupo estaba la PM con la que trabajé hace una década y que ahora -luego de unos años en Australia- reside en Francia; o sea, entendí que ella también será afectada por los cambios.
O sea, se supone que el próximo mes recibiré un salario extra -porque aún se me adeuda un par de períodos de vacaciones-; pero no tendré que esperar un año entero para tener derecho, nuevamente, a quince días de vacaciones -los cuales no pueden, como hasta ahora, acumularse-.
Después de esta reunión el PM local nos invitó a otra; pero me confundí, y en lugar de entrar a esa, entré a la reunión del equipo -en la que participan los desarrolladores-; allí le comenté al jefe de los mismos algo de lo que habíamos visto en la reunión previa.
Esta reunión no fue muy tardada y entonces sí, me pasé a la del PM, en la que seguían conversando sobre lo que habían entendido de la reunión con el nuevo equipo; al final seguimos en una situación bastante rara: no habrá liquidación, se nos pagarán las vacaciones atrasadas, pero no sé cómo se aplicará una indemnización en el futuro.
Mientras estaba en esta reunión -utilicé los audífonos con bluethoot- estuve preparando i desayuno; el que tomé un poco después de las nueve y media; y es que a las diez menos cuarto tenía la reunión diaria con mi equipo; y a las diez y media había previsto salir hacia el aeropuerto.
La reunión con mi equipo fue bastante escuenta; básicamente fuimos el analista que vive en la ciudad colonial, la analista en el imperio del norte y el supervisor -el analista que menos bien me cae anda ausente, por la pérdida de un familiar cercano-; además, desde un par de días atrás el acceso al servidor remoto ha estado bloqueado.
Pero el supervisor aprovechó la ocasión para asignarme un poco de trabajo: el analista que vive en la ciudad colonial ha estado revisando un documento por varios días; y le pidió que me lo compartiera para que yo también busque en el mismo oportunidades de mejora.
Después de la reunión me vestí y salí a arrancar la van; entonces nos dirimos hacia el aeropuerto; afortunadamente el tránsito estaba bastante ligero: el único embotellamiento que encontramos -ya en la ciudad- lo sorteamos con ayuda de waze; con lo que llegamos al destino un poco después de las once.
Estacioné la van en el parqueo del lugar y nos dirigimos al lugar en donde salen los pasajeros; se suponía que el vuelo aterrizaba a las once y media, por lo que aún teníamos un buen tiempo de espera; por lo que me puse a resolver el cubo de rubik de seis por seis por seis; luego jugué un par de partidas de ajedrez en el Duolingo de Rb.
La amiga de Rb salió del aeropuerto un poco antes de las doce y Rb corrió a abrazarla; se estuvieron un rato llorando mientras otros pasajeros salían, rodeándolas; yo me había acercado había tomado la maleta -con rueditas- con la que había bajado del avión; y estuve esperándolas un poco a una distancia prudente.
Después nos dirigimos -luego de pagar el parqueo- hacia la van; salimos del lugar y nos dirigimos a la casa de los papas de la amiga de Rb -en una zona acomodada de la ciudad-; yo había previsto llevarlas al lugar y luego retirarme; pero el papá nos ofreció almuerzo y Rb me hizo señas para que aceptara.
Por lo que -no sintiéndome cómodo (o sea, andaba escapado del trabajo)- me senté a la mesa y compartí un -escueto- almuerzo de filete de pescado y arroz; y la reunión recuperó un poco de normalidad -o sea, la esposa del señor (y madre de la amiga de Rb) está en la unidad de cuidados paliativos en el hospital público más grande de la ciudad-.
El almuerzo se animó un poco con anécdotas e historias -todos se han conocido por varias décadas y asisten a la misma iglesia- hasta que el señor indicó que lo mejor era que nos dirigiéramos al hospital -Rb les había ofrecido que los pasaríamos a dejar-.
Afortunadamente -nuevamente- el tránisto estaba bastante ligero; por lo que llegué a dejar a la amiga de Rb y su papá al mismo lugar a donde me tocó esperar el día anterior casi una hora para mi intento fallido de donar sangre; luego manejé hasta la casa de Rb.
El tránsito para entrar al municipio estaba -como casi siempre- bastante pesado; pero aún vinimos un poco antes de las dos; sacamos a caminar a los perros y luego -Rb me había preguntado si el almuerzo había sido suficiente y yo le indiqué que almorzaría en casa- calenté el almuerzo que Rb había preparado la noche anterior (antes de salir por la mañana yo había preparado las ensaladas).
Después del almuerzo me preparé un té de menta -y le preparé un té de manzanilla a Rb-; luego me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; el resto de la tarde transcurrió casi sin actividad laboral; aunque me puse a revisar el documento que me habían mencionado por la mañana -son más de doscientas páginas-.
A las cinco nos dirigimos, con Rb, a los supermercados en dirección sur: caminamos hasta el final del boulevard y luego retornamos al supermercado más cercano; allí Rb compró un poco de alitas de pollo; también compramos una red de aguacates y un poco de bananos.
Antes de salir de la colonia le había comentado a Rb que iba a necesitar una fila de pan francés, para el desayuno del día siguiente con mi hija mediana; pero luego lo olvidé por completo: ya habíamos ingresado a la calle cuando lo recordé y salimos a la panadería.
Pero la dependienta de la panadería no tenía sencillo para el billete de cinco con el que intenté pagarle (el doble del valor de la compra); por lo que retornamos a casa, de donde salí casi inmediatamente, con varias monedas para, por fin, adquirir el pan.
Cuando retorné de la panadería me ocupé en el siguiente laboratorio de Fabric; algo de ajustes a modelos semánticos -para lo cual tuve que arrancar mi máquina con la partición de Windows 11 (intenté instalar PowerBi en la computadora del trabajo pero no tengo acceso a ciertos espacios)-.
Completar el laboratorio me llevó más de la media hora que había previsto; luego respondí las preguntas planteadas por la lección diaria del LLM con el que estoy preparándome para el examen; y, por último, respondí la penúltima de las páginas en el primer ciclo de la revisión del sitio que me compartió mi amigo asiático.
A las diez de la noche me retiré a mi habitación; pero cambié el orden de actividades: primero leí una parte del segundo capítulo del ciclo actual del libro de la premio nobel sudcoreana; luego medité; y después me dormí.
El sábado me desperté a las una y media de la mañana; me había dormido antes de medianoche pero algo me despertó: fue una mezcla entre sueño y un zancudo; pero cuando me desperté sentí entumecidos (o dormidos) los dos brazos: una sensación bastante incómoda de la cual me costó liberarme.
Sopesé si seguir durmiendo -después de ver la hora en la tablet- pero me levanté a cazar el zancudo que me había despertado; sacudí la toalla, que conservo detras de la puerta, por las paredes de la habitación; y luego la agité junto al escritorio; y de allí salió, volando tranquilamente, el zancudo.
Ya tenía preparada la raqueta, con la que le dí una descarga eléctrica; y, aunque el insecto no se quedó en la misma, consideré que lo había dejado fuera de combate; pero luego me costó conciliar el sueño: había un par de preguntas rondandome la cabeza.
La primera tenía que ver sobre lo que pasará con mi tiempo de trabajo cuando pase a la nueva administración (o sea, temo perder el pasivo laboral de doce años); y lo otro era una duda sobre el tiempo que la mamá de la mejor amiga de Rb estará en cuidados paliativos.
Introduje estas dos preguntas en un LLM -en modo incógnito-; y sus respuestas no fueron muy esclarecedoras: básicamente debo conseguir más información; en el primer caso sobre los términos concretos de la transición laboral; en el segundo, por la diferencia -que no sabía que existía- entre cuidados paliativos y cuidados terminales.
Afortunadamente -concentrándome en la respiración- pude volver a conciliar el sueño; hasta las siete menos cuarto: no me dí cuenta que había desconectado la alarma de las seis y media; y no sé si fue la bulla de los autos en el boulevard, o la de Rb preparándose para empezar a tomar llamadas, la que me despertó.
Pero me levanté y, supuestamente, después de haber desconectado una alarma para las siete menos diez, empecé a meditar; pero no, el período fue interrumpido -por alarmas del celular- en dos ocasiones: una, me parece, para la clase de storytellling, y la segunda para enviar los tiempos de trabajo de la semana -no había clase y el día anterior había enviado los tiempos-.
La primera alarma sonó cuando me faltaban como doce minutos de meditación y la segunda cuando faltaban menos de treinta segundos; aún así completé el ciclo; luego salí de la habitación y puse a desinfectar los dos tomates que usaría para el desayuno con mi hija mediana -y varias hojas de lechuga-.
Después de poner a desinfectar las verduras hice algunas -pocas- lecciones de Duolingo; luego me puse a preparar el par de panes que llevaría al desayuno: una tortilla de (tres) huevos con sesenta gramos de jamón, con lechuga y tomate en rodajas; todo aderezado con mayonesa y ketchup.
Había consultado Waze y se veía que el tránsito estaba pesado desde antes de salir al boulevard principal; aún así decidí no salir tan temprano, lo cual fue un craso error: después de bañarme y cargar el desayuno en la mochila con aislante térmico tomé la van e inicié el viaje -eran casi las nueve y cuarto-.
Salí al boulevard pero, al avanzar una pocas calles, me dí cuenta que había un embotellamiento bastante intenso; por lo que dí la vuelta en U y decidí entrar a la ciudad por la vía que viene de los puertos del sur; y cuando llegué a esta vía también la encontré bastante congestionada, aunque no completamente inmóvil.
Me uní a los cuatro carriles subiendo la cuesta por la que se accede a la ciudad y estuve una buena cantidad de tiempo bandeando entre los mismos; hasta que llegué a la calzada metropolitana; que también estaba bastante llena; luego entré una poca distancia al periférico, pasé por la Universidad y salí a la ruta principal, al lado de la cual está el edificio donde viven mis hijos.
Ya eran las diez menos veinte cuando apenas entré a la ciudad, por lo que estuve a punto de llamar a mi hija para avisarle que llegaría tarde; pero la última calzada estaba relativamente vacía -o al menos no estaba saturada-; con lo que, con apenas un par de minutos de antelación llegué al parqueo del edificio.
Estacioné la van -me tocó que bajarme para arrimar una de las bicicletas a la pared- y subí caminando los siete niveles hasta el departamento de mis hijos; dos minutos después de las diez estaba entrando a la sala -y enviándole un mensaje a mi hija, comunicándole que me encontraba en el lugar-.
Ella salió un poco más tarde y nos dirigimos, caminando, al parque temático en el que acostumbramos tomar nuestros desayunos; el lugar estaba relativamente vacío -quizá por la hora temprana- y encontramos un lugar agradable para desayunar.
En eso invertimos un buen tiempo; luego jugamos una extensa partida de Scrabble; como habíamos acordado que la reunión se extendiera hasta la una de la tarde, le ofrecí a mi hija que nos dirigieramos a la rueda de Chicago; la cual estaba empezando a funcionar.
Había una cola bastante pequeña pero aún no estaban llenando todas las canastillas; pero no nos tocó esperar mucho; después de completar las vueltas del juego mecánico empezamos el retorno al departamento -en el ínterin me había estado comunicando con Rb, quien había acudido al hospital a visitar a la mamá de su mejor amiga, pero se había retirado al comprobar que nomás un visitante era aceptado-.
Retornamos al departamento veinte minutos antes de la una y le propuse a mi hija que revisaramos la confección de un origami que acostumbrábamos armar muchos años atrás -había olvidado por completo las instrucciones-.
Encontré el video en Youtube y procedimos -en muy poco tiempo- a fabricar un par de cajas de papel; luego armamos unas mas pequeñas, con las mismas instrucciones; la alarma sonó a la una menos cinco y empecé a despedirme; luego me retiré del departamento y bajé a encender la van.
Antes de salir del sótano le envié un mensaje a Rb, comentándole que iniciaba mi retorno -ella me había escrito un poco antes, comentándome que ya estaba en casa-; el viaje estuvo más tranquilo que el de ida -el número de autos en circulación era, definitivamente, menor-.
Pero no conduje directamente a casa: a mitad del camino -a tres o cuatro casas de donde vive el voluntario con quien me reuno un domingo al mes- me detuve para comprar un menú de pollo frito -había decidido almorzar eso-; la operación estuvo un poco complicada porque un gran camión se había detenido en el lugar -cubriendo uno de los tres carriles- específicamente para comprar pollo frito, también.
Después de comprar el menú más sencillo -una pieza de pollo, papas fritas, una ensalada y un bollo por tres dólares- volví al auto y continué el camino a casa de Rb; cuando vine la encontré almorzando en su habitación; por lo que me serví mi almuerzo y almorcé en la mesa del comedor.
Cuando terminé de almorzar me preparé un café, el que consumí con un poco de pan dulce -también con la mitad de uno de los muffins que Rb me trajo al retornar de su visita (frustrada) al hospital); después me puse a preparar las gelatinas para mis desayunos de la semana.
Rb empezó a alistarse para dirigirse a su iglesia, a impartir su clase semanal de alfabetización; yo le preparé un té de manzanilla y aproveché el tiempo para lavar los trastos que había utilizado en el desayuno con mi hija mediana.
A las tres y cuarto Rb se despidió; yo terminé de lavar los trastos y, luego, preparé los bártulos para realizar la limpieza -el nivel de bolas de pelos de perro era realmente excesivo-; barrí los pisos de las habitaciones que más usamos y luego las trapeé.
A continuación me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; a las cinco y diecisiete -había puesto una alarma- me vestí y salí a caminar en dirección a la iglesia de Rb; a la cual llegué un poco después de las seis; entré al pasillo, pasé saludándola -y a sus alumnas- al aula y fui a esperarla frente a la cancha de basketball/volleyball del lugar.
Ella salió unos minutos más tarde y caminamos de vuelta a casa; al regresar me ocupé de las tres tareas de Fabric: completar el laboratorio del día -algo de seguridad en los reportes-, responder las preguntas de la lección del día y las de la última página del sitio en donde he estado preparándome.
Terminé super tarde con todo eso: ya eran casi las diez de la noche; pero, como ví que Rb seguía en sus series en la computadora, me quedé un rato más en su habitación; luego, cuando anunció que se preparaba para dormir, me pasé a la mía; en donde medité, leí un poco y luego me dormí.
Y a ver cómo sigue eso...
No hay comentarios:
Publicar un comentario