No me había dado cuenta que no había utilizado este título para nombrar uno de los textos de este año -lo que me había propuesto al inicio del mismo-; o sea, leí Medea me cantó un corrido porque me pareció un libro más o menos similar a La virgen de los Sicarios.
Y leyendo sobre la autora, encontr -en Reddit, me parece- varios comentarios en donde indicaban que el libro de Medea era un escalón descendente del libro que titula este texto: lo que me parece un despropósito.
Se supone que Perras de Reserva fue el libro que puso a la autora en el ojo público: en todo sentido; supuestamente le costó mucho que una editorial lo publicara -el texto es bastante crudo y el lenguaje demasiado mexicano-: son una serie de cuentos del bajo mundo.
Con Medea -creo- intentó hacer una obra diferente: aquí hay un hilo conductor -Medea-, pero la acción -y el lenguaje- sigue siendo tan -o más- descarnado con el anterior; algunos lo han clasificado como pornoviolencia -o pornomiseria, o un término similar-.
Pero, a mí, lo que me llamó la atención fue eso: el primero -Perras- es nomás una serie de cuentos -creo que algunos los había presentado la autora en diversos concursos- pero el segundo es un intento de hacer una literatura más estructurada -o es lo que me parece-.
El tema en ámbos es el mismo: la violencia tan común en nuestra latinoamérica unida; la degradación -tan común- del tejido social que afecta tanto a los jóvenes que muchos prefieren llevar una vida intensa -aunque corta- a ingresar en la carrera de ratas.
Y eso.
El miércoles me levanté antes de las seis y media; preveía un día bastante tranquilo en el plano laboral; y fue -casi- tal como lo esperaba; pero me desperté antes gracias a un zancudo al que se le ocurrió zumbar muy cerca de mi oído antes de las seis de la mañana; me levanté a encender la luz y -curiosamente- lo localicé sobre la lámpara de dormir.
Acerqué lentamente la raqueta al insecto; el cual recibió un par de buenas descargas, ignoro si eso lo dejó fuera de combate o nomás lo atontó; pero no lo busqué con tanto ahinco: completé a continuación mi meditación de la mañana.
Después salí a la mesa del comedor, con ambas computadoras: Rb ya iba a empezar a tomar llamadas y me molesta salir a abrir la puerta a los perros cuando aún estoy en cama; como no había reunión a las siete y media estuve hasta las nueve entre Duolingo, Scrabble y lectura.
A las nueve entré a la reunión diaria; en donde el PM presentó unas gráficas -sin sentido, realmente- sobre el avance del proyecto; luego, a las nueve y media, entré a la reunión quincenal con mi supervisora -que ya no es mi supervisora-.
Esta llamada también fue bastante intrascendente: yo estaba a la expectativa de enviarle nuevamente mi número de cuenta bancaria, pues no había recibido los dieciséis dólares que gané al quedar en el tercer lugar de la quiniela mundialista -sigo sin recibirlos-.
La llamada versó básicamente sobre los pendientes antes del cambio a la nueva empresa: falta un poco más de un mes para que se realice el cambio y casi todo permanece en un estado nebuloso; la mayor parte de la reunión fueron cuestiones personales: como que mi supervisora no había dormido durante la última semana porque a su bebé -de menos de seis meses- la afectó la aplicación de la vacuna.
Al menos la reunión esta me dió la excusa perfecta para no entrar a la reunión del equipo a las diez menos cuarto -después le pregunté sobre la misma al analista de la ciudad colonial y me comentó que había sido corta y sin mucha información-; después de terminar la llamada (a las diez) me moví un rato a la cama para leer.
Rb salió de su habitación a las doce y completamos la rutina de ejercicios de los miércoles; después sacamos a caminar a los perros; antes de salir le puse fuego bajo -pero no tan bajo pues el día anterior no habían quedado muy bien las piezas de pollo- al pollo y papas asados, y a la longaniza en trozos.
Cuando entramos de la caminata subí un poco la potencia de las dos hornillas y volteé todas las piezas que estaban calentándose; después me lavé las manos; como ya había dejado preparado el guacamol antes de salir a caminar con los perros, lo saqué del refrigerador y serví ambos almuerzos.
Después del almuerzo me preparé medio litro de café -el que consumí con un par de mitades de galletas-; por la mañana había empezado a completar la tarea que envió el jefe de Rb para la evaluación del segundo módulo del curso de storytelling al cual me adherí un par de meses atrás.
Y luego del almuerzo continué trabajando en el informe: básicamente revisando el texto proporcionado por un par de LLMs, aclarando algunos puntos, simplificando otros, y encontrando una mejor forma de presentar la información; Rb fue a la tienda de las verduras y retornó con una papaya -y otras frutas- al doble de lo que costaba el año anterior -maldito dictador naranja-.
A las cuatro y media nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: Rb había encontrado una forma adecuada de utilizar el cloro -lejía- normal para desinfectar las verduras; y necesitábamos un juego nuevo de cucharitas medidoras; por lo que caminamos directamente hasta la tienda verde de descuentos.
Allí obtuvimos las cucharitas -por un dólar-; luego pasamos al otro supermercado y compramos dos recipientes de cloro: uno de un galón y el otro de un poco menos de dos litros; luego retornamos a casa; en donde Rb se preparó para entrar a su clase de teología.
La cual había previsto que sería muy muy larga: más de la mitad de los estudiantes -incluyendo ella- debían presentar el video de la evaluación del penúltimo módulo del programa; se trataba de la prédica que había presentado el viernes anterior en el grupo de señoras de su iglesia.
La clase se alargó aún más de lo que Rb había previsto y llegó la hora en la que debía alimentar a sus perros; llevé la comida de los perros grandes a su cama y luego intenté que la perra más anciana tomara su cena -por la mañana había sido muy exitoso con esta tarea-.
Pero no hubo caso: la perra, como es su costumbre, se negó a ingerir su alimento; consideré tirar la comida en el barranco, pero luego me dije que lo mejor era dejar que Rb lidiara con el asunto; esperé un poco y luego -Rb seguía en su clase- le informé del hecho; y ella la alimentó como lo ha hecho durante los últimos años.
Por estar en lectura, Duolingo y Fabric -y algún video de Youtube- ya no tuve tiempo de ver ningún -otro- contenido multimedia: quiero esperar a que hayan más capítulos disponibles de Lioness; y aún no he empezado a ver el último de la serie de animé que empecé a ver unas semanas atrás.
El jueves me levanté nuevamente antes de las seis -no hubo zancudo, nomás ruido del boulevard-; pero creo que también ha influido estos dos días la parte de Wherever you go There you are que acabo de leer: el autor habla en uno de los ensayos sobre la conveniencia de levantarse muy temprano.
Empecé a meditar alrededor de las seis de la mañana; luego retorné a la cama y estuve haciendo lecciones de Duolingo hasta después de las siete; a esa hora salí de la habitación y conecté ambas computadoras en la mesa del comedor; mientras, Rb había empezado a tomar llamadas.
A las siete y media entré a la primera reunión del día; con la novedad de que la compañera de mi supervisor ya había retornado de vacaciones -le dí la bienvenida-; entre ocho y nueve de la mañana estuve completando la evaluación de Fabric del día catorce y realizando las actividades del sexto -de dieciséis- laboratorio de la misma tecnología.
A las nueve entré a la siguiente reunión; en la que los desarrolladores comentaron los obstáculos que han estado teniendo para lanzar la última versión de la aplicación en la que trabajamos; después de esta reunión recibí un nuevo documento para ajustar los formatos.
Y eso me llevo un buen tiempo: no era mucho el contenido pero sí había muchas áreas en las que tanto las tabulaciones como ciertas numeraciones debían ser calibradas; además debía revisar el formato de la tabla de contenidos; por estar haciendo esto no me dí cuenta que me salté una de las reuniones en curso sobre el uso del LLM aprobado en el trabajo.
Rb se dirigió a su clase de zumba un poco antes de las diez y retornó -bastante desmotivada- un poco después de las once: al parecer no le está llamando la atención que el instructor esté solicitando tantas dinámicas: como que lleguen vestidas de cierto color, o de cierta década del siglo pasado; o que lleguen maquilladas(!).
Aún tuvo tiempo de meterse a su habitación a tomar algunas llamadas; como ya había preparado el guacamol del almuerzo saqué las porciones de pollo -y papas- del día y los coloqué en la mesa, listas para empezar a calentarse; lo que hice a las doce, cuando Rb salió de su habitación para que sacáramos a caminar a sus perros grandes.
Después de entrar de la caminata continué haciéndome cargo del almuerzo y serví las dos porciones; Rb salió un poco después de su habitación y completamos la comida; después me preparé un café; ella se tardó bastante almorzando y luego se retiró a su habitación, en donde estuvo dormitando hasta las tres menos cuarto.
Yo me había metido a mi habitación a avanzar en Wherever you go There you are, e incluso desconecté la alarma de las tres menos cuarto; y estuve a punto de empezar a darle de comer a los perros; pero juzgué más conveniente -para todos- que ella lo hiciera; entonces le hablé y, mientras ella se despertaba y se encargaba de los perros, me metí a la cocina a lavar los trastos del día.
También le preparé un té de manzanilla; a continuación me puse a hacer un par de pequeños ejercicios de acuarela; el día anterior había encontrado los dibujos -a lápiz- que hice tres años atrás, cuando empecé a explorar mi lado artístico -las acuarelas empezaron el año anterior-.
A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego cruzamos lo cruzamos: Rb necesitaba comprar una medicina para su perra más anciana, en una farmacia de los alrededores.
Luego de comprar las gotas oftálmicas caminamos hasta el supermercado de mitad del camino; allí compramos las fajitas de pollo para el almuerzo de la siguiente semana; también un poco de mollejas (para un caldito) y algo de bananos; antes de entrar a la calle de la casa de Rb pasamos a la panadería de la vuelta, a comprar el pan de mis desayunos.
El día viernes estuvo bastante tranquilo: me levanté un poco antes de que sonara la alarma, consciente de que no había reunión a las siete y media; medité y luego estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo en la cama.
Un poco después de las siete salí de la habitación para trabajar en la mesa del comedor: estuve ocupándome en mi lista semanal; algo de Fabric, algo de lectura e incluso algo del trabajo -aunque de esto último no había recibido más novedades-.
A las nueve de la mañana entré a la reunión semanal del equipo; como en las anteriores, el supervisor se dedicó a comentar las tareas de todos los analistas -en mi caso, apenas me mencionó como ayuda de los dos analistas que están desarrollando los documentos-.
La reunión estuvo algo tardada y, al final, el jefe del supervisor preguntó si había alguna duda: aproveché para inquirir sobre el estado del cambio a la nueva empresa; y, al igual que en ocasiones anteriores, no hubo mucha información, nomás que si teníamos dudas podíamos enviarlas por correo.
Un poco después de esta reunión la analista me envió un mensaje par que viera un documento que ya tenía listo; estuve trabajando un rato en esto -no era mucho- y después, cuando Rb salió de la habitación, completamos la rutina de ejercicios de los viernes.
Luego sacamos a caminar a los perros grandes; antes de salir Rb había puesto a cocinar el pescado de los viernes; así que cuando entramos le dí la vuelta a los dos trozos y puse a cocinar las salchicas y el pollo con el que he estado complementando mis ensaladas de los viernes -después preparé la ensalada-.
Almorzamos pescado y ensalada y luego me preparé un té de menta; antes del almuerzo le había avisado a la analista que el documento ya estaba listo, el resto de la tarde no hubo mucho laboralmente hablando; nomás hice un par de pequeños ejercicios de acuarela y leí -lo que me había propuesto de- el tercer folleto de electrónica.
A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los mercados en dirección sur; llegamos al extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de la mitad del camino; y no había lechugas: últimamente se ha estado repitiendo más la escena; nada de lechugas en las refrigeradoras.
Entonces Rb dijo que pasaríamos a la tienda de las verduras; pero yo hice un gesto -me sale (casi) inconsciente- de fastidio; por lo que dijo que pasaría sola; al final ya no pasó, y yo me comprometí a pasar a los supermercados al día siguiente, cuando visitar a mi hijo menor.
Por la noche ya no ví nada de material audiovisual -ni Lioness ni Nahona-; nomás estuve revisando una de las (nueve) páginas con preguntas para el examen del certificado que tomaré a finales del próximo mes (el sitio me lo compartió mi amigo asiático y está bastante interesante).
El sábado no me quería levantar; por alguna razón no tenía ánimos para salir de la cama; desconecté la alarma y me quedé unos (seis) minutos más en cama; luego sí bajé al piso y completé el periodo de meditación de la mañana (escuché a Rb preparándose para emprezar a tomar llamadas).
Después de completar la meditación retorné a la cama y completé algunas lecciones de Duolingo; luego salí de la habitación y puse a desinfectar verduras -llené un recipiente plástico con tres litros de agua-.
Desinfecté tres tipos de lechuga (verde, morada y romana), una manzana verde, un pepino, dos tomates, una zanahoria y un chile pimiento (nomás el aguacate no desinfecté); cuando pasó media hora saqué las legumbres y preparé dos grandes ensaladas.
Además, medí treinta gramos de aderezo en dos bolsitas de galletas; después me puse a preparar los dos rollitos de pollo (la noche anterior los había dejado en la refrigeradora): batí un huevo y los sumergí allí, los pasé por harina de coco, luego nuevamente por el huevo y, por último, por avena en hojuelas.
Después los puse -a fuego muy bajo- en la sartén; traté de que no quedaran muy redondos, sino como tamalitos, para facilitar la cocción por dos lados; los freí a fuego bajo por casi media hora de cada lado; también utilicé parte del huevo que sobró para la torta para mi panito del desayuno.
Un poco después de las nueve y media tomé mi desayuno; en el ínterin completé la lección del día dieciséis de mi programa (soportado por un LLM) y también uno de los laboratorios (el sexto, quince) de la página de Microsoft Learn.
Como no me decidía en qué actividad -de mi lista de once de la semana- invertir el tiempo que restaba antes de sacar a caminar a los perros (a las once y media), metí las cuatro o cinco pendientes en una Random Wheel y -de acuerdo a lo elegido- jugué una partida de Scrabble online, luego empecé a escribir este texto.
Rb salió de su habitación a las once y media -originalmente me había comentado que quería hacer una rutina de ejercicios y me había pedido que sacara solo a los perros, a lo que accedí gustoso- y me indicó que había decidido acompañarme con los perros -la perra más pesada sigue con una muy mala actitud para caminar-.
Después de entrar de la caminata me metí a la ducha y tomé un buen baño, mientras escuchaba un video de música clásica de Youtube; después me vestí, preparé la mochila con aislante térmico, me despedí de Rb y me dirigí a la casa de mis hijos.
El boulevard estaba bastante vacío y nomás tuve que esperar un poco antes de incorporarme al tránsito de la ruta intemunicipal; la ciudad también estaba tranquila, por lo que llegué al edificio de mis hijos quince minutos antes de la hora de reunión.
Estacioné la van en el sótano (por primera vez utilicé el radio durante el viaje, con una emisora locar con música en inglés) y salí del mismo, para dirigirme al supermercado al otro lado de la ruta principal.
Consideré que tenía un buen tiempo para retornar y subir al séptimo nivel; aún así troté una buena parte del camino de ida y vuelta (incluyendo la pasarela); en el supermercado elegí un par de escarolas verdes y pasé a la autocaja -menos de un dólar por ambas-.
Retorné al edificio y no encontré a nadie en recepción: había una pareja de jóvenes en los sillones del área y ví por las cámaras que la guardia andaba en el baño -aunque no lo comprendí al inicio-; traté de guardar la calma.
La guardia bajó por fin del tercer nivel y traté de no mostrar molestia por la espera; y nomás me comentó así con un tono de confianza: hubiera pasado, nomás hay que presionar esa palanca; le agradecí por el consejo y subí corriendo los siete niveles.
Había dejado el celular en el auto por lo que, cuando entré al departamento, pasé tocando la puerta de la habitación de mi hijo menor -después de dejar las lechugas en la refrigeradora- y entré a la sala.
Mi hijo aún tardó un poco en salir -pregunté la hora cuando salió a saludarme: una y once-; en el tiempo de espera había empezado a doblar una grulla de origami; la terminé mientras conversaba de algunas generalidades.
Después le propuse que partiéramos hacia el parque temático; pero le dije que teníamos que pasar por el sótano, para recoger las mochilas; así que bajamos -en el elevador-, sacamos las mochilas -y el Scrabble- de la van, y salimos por la cortina de ese nivel.
No nos costó mucho llegar al parque y nos dirigimos directamente al lugar en el que usualmente tomamos nuestro almuerzo; pero esta vez el área estaba ocupada por un grupo de personas que estaban -aparentemente- celebrando un cumpleaños.
Por lo que nos dirigimos al otra área techada; allí si encontramos lugar y procedimos a consumir el almuerzo -el único inconveniente del lugar es que mantienen constantemente música a un volúmen no muy agradable-; pero comimos tranquilamente.
Luego le propuse a mi hijo que buscáramos un lugar más tranquilo, para jugar una partida de Scrabble; encontramos un espacio bastante conveniente bajo unos árboles y desarrollamos el juego -también armamos el cubo de cuatro por cuatro y el de seis por seis-.
Como mi hijo me había dicho que le convenía que nos despidiéramos a las cinco -supuestamente tenía un compromiso más tarde-, y yo quería ver si en los supermercados del camino había lechuga le pedí que nos retiráramos después de terminar la partida de Scrabble -creo que apenas pasaban de las tres y media-.
Entonces nos dirigimos caminando al departamento; pero pasamos al primer supermercado del camino; afortunadamente encontré del otro tipo de lechuga que no había en el de más temprano -escarola morada y lechuga romana-; compré un par de cada tipo.
Continuamos el camino y llegamos al departamento un poco después de las cuatro y media; le propuse a mi hijo que practicáramos un poco de ajedrez -tenía algunos ejercicios en mi celular- y sacó un par de tableros; nos dió tiempo de completar dos ejercicios de mate en dos movimientos.
A las cinco menos cinco le indiqué a mi hijo que me retiraba; él sacó un par de paquetes de ramen coreano que me había comentado que iba a tirar porque no le convenía su consumo -por los gramos de carbohidratos- y que yo le había indicado que en vez de tirarlos me los diera.
Igual, le comenté que le pagaría el valor de los mismos -un par de dólares-; nos despedimos y bajé -luego de sacar las lechugas del refrigerador- caminando al sótano; cargué las mochilas a la van e inicié el camino de retorno a casa -escuchando la radio-.
El camino nuevamente estaba bastante tranquilo; incluso en el semáforo de entrada al municipio la cola era mínima -nomás un cambio de luces- con lo que un poco después de las cinco y cuarto estaba estacionando la van frente a la casa de Rb.
Saqué a los perros más grandes al patio y entré a cambiarme de ropa; después de meter a los perros compartí mi ubicación Live con Rb e inicié a caminar hacia su iglesia; a la que llegué unos minutos después de las seis; entré al área de las aulas, pasé saludándolas desde el patio y me instalé en una banca al fondo del mismo, a jugar ajedrez.
Rb salió un poco más tarde e iniciamos el camino de regreso a casa -la ayudé con la bolsa en la que traía los aguacates y manzanas verdes que había comprado en el supermercado cercano-.
Por la noche ya no tenía mucha energía; y de mi lista semanal me faltaban varias actividades diarias -al final no leí la mitad del fascículo de electrónica ni practiqué nada de acuarela- pero le dí prioridad a Fabric: revisé una de las páginas -son como veintidós preguntas- del sitio que me compartió mi amigo asiático.
Me tardé un montón de tiempo en contestar todas las preguntas y -quizá- más de la mitad incorrectamente -al menos tengo el consuelo que (de acuerdo a mi calendario) intentaré tres veces cada página-; luego estuve sopesando qué media consumir.
Estaba dudando entre Nahona y Lioness; pero me puse a revisar uno de los sitios donde veo series y encontré una película de Statham que me había llamado la atención unas semanas atrás; y también encontré una serie de animé que mi hijo menor me había mencionado por la tarde: es una versión de este año de The Ghost in the Shell.
Entonces ví el primer capítulo de esta serie; y, la verdad, no me gustó mucho: o sea, además de la película de Scarlett Johasson he visto varias películas y series del mismo título durante los últimos años; igual, quizá fue por el cansancio.
A las nueve y media le comenté a Rb que me retiraría y salí de su habitación a lavarme los dientes; luego realicé los veintisiete minutos de meditación y, antes de dormirme, leí un par de páginas de Wherever you go There you are.
El domingo me quedé un par de minutos en la cama después de que sonó la alarma; no tenía muchos ánimos de levantarme pero reuní la energía necesaria y bajé al piso a meditar; después retorné a la cama e hice varias lecciones de Duolingo -como ya he sobrepasado el ELO de mil seiscientos las partidas han estado un poco más tardadas-.
Salí de mi habitación un poco antes de las ocho: el día anterior ya no había tenido tiempo de preparar las cuatro gelatinas que consumo en los primeros desayunos de la semana; entonces saqué un paquete de la habitación de las provisiones y puse a hervir agua.
Aunque tuve que agregar otra taza al recipiente que estaba en la estufa: en esta presentación la preparación pide dos tazas de agua hirviendo -no una hirviendo y la otra fría, como es lo común-; después de terminar la preparación dejé los cuatro moldes sobre la refriferadora -para que se enfriaran, antes de meterlos a la misma-.
Rb le dió de comer a sus perros a las ocho cuarenta y cinco y luego tomó su desayuno; después, como habíamos acordado el día anterior, salimos a limpiar las hierbas de la acera frontal de la casa; lo que no nos llevó mucho: apenas había un poco de grama y algunas plantas parásitas.
Pero cuando terminamos le propuse continuar con el patio trasero: las malas hierbas habían crecido tanto allí que habían ahogado su planta de flores de loroco; hicimos una muy buena limpieza del lugar, e incluso puse la escalera -y una cubeta de plástico- como sostén de la parte del techo que se está cayendo, al lado de la lavandería.
Después de completar la limpieza entré a prepararme el desayuno: preparé una muy buena receta de cloud bread: me quedó una consistencia de masa bastante manejable y el crecimiento en el pyrex estuvo bien; lo rellené con frijoles volteados y eso fue la parte fuerte de la comida -ya pasaban de las once de la mañana-.
Cuando Rb vió que terminé mi desayuno me pidió que la ayudara a cortar güisquiles del patio; salí con la herramienta que construí hace varios años para el efecto y cosechamos casi una docena de estas legumbres; además, le sugerí que le ofreciera a la vecina -cuando le regalara un par de estos- el corte del racimo de bananos que estaba en su patio trasero.
Habíamos visto unos días antes que el racimo, de uno de los vástagos del bananal que se pasó a ese patio,estaba enorme; ella accedió a darme ingreso y me dirigí al lugar armado con el machete pequeño; pero, al ver la posición en la que estaba -y que no contaba con escalera- decidí cortar el vástago completo.
La vecina vino a llamar a Rb para que nos ayudara y me prestó una silla para alcanzar un lugar alto para el corte; lo cual no hice bien: el racimo estaba pesado y el vástago cedió después de dos o tres tajos en el tronco, cayendo -y rompiendo- un alambre utilizado para secar ropa.
El alambre amortiguó un poco la caida y nomás un par de los bananos de la parte final del racimo se rasparon; igual, separé el racimo de la mata, corté las hojas y las lancé al patio trasero de la casa de Rb; también empujé -aunque no llegó al otro lado- la parte de la mata que había doblado.
Después uní las dos partes de alambre -originalmente para señal de cable de televisión- (dañándome un poco las palmas) para que pudiera seguir siendo usado como tendedero; luego trasladamos el racimo de bananos al patio delantero de la casa de Rb.
Iba a separar las pencas pero los bananos estaban bastante grandes, por lo que le pedí prestada la sierra que nuestra vecina me había prestado originalmente para cortar el racimo; la cual utilicé para seccionar siete pencas del tallo principal.
Me pasé al patio delantero de la vecina y toqué la puerta, para devolverle la sierra; y ofrecerle un par de las pencas; de las cuales aceptó nomás penca y media; retorné con la otra mitad y la dejé con el resto; luego guardé el machete; en el ínterin Rb había estado preparando las alitas para el almuerzo.
Entré a la casa y, después de comentarle a Rb cómo había estado la separación de las pencas, ofrecí ponerle los arneses a los perros para prepararlos para la caminata, mientras ella terminaba de poner las alitas de pollo al fuego.
Aceptó la oferta y saqué a los perros, al menos a la calle lateral; ella salió cuando ya estábamos completando el circuito; y concluimos las dos vueltas diarias a la calle; cuando entramos con los perros Rb se quedó recolectando los desechos del patio delantero y yo entré a voltear las alitas.
Después preparé un par de enormes ensaladas -el día anterior había desinfectado toda la lechuga que teníamos disponicle por la mañana-; después del almuerzo me preparé un té de menta, el cual consumí con la mitad restante de los muffins que compré el viernes, y un par de mitades de galletas.
Por toda la actividad del día me sentía bastante agotado; y, aunque no quería dormir, me retiré a la cama de mi habitación, mientras Rb se puso a ver alguna serie en su computadora -en su habitación-; estuve leyendo un artículo sobre autismo tardío -o diagnosticado tardíamente, más bien- y luego metí las actividades pendientes en una ruleta de selección.
De acuerdo al resultado entré al sitio en el que últimamente había estado jugando Scrabble y completé -trágicamente- una partida; pareciéndome que he estado empeorando en el juego; a las dos y cuarenta y cinco la alarma sonó y salí a prepararle un té de manzanilla a Rb.
El cual se estuvo enfriando en la mesa del comedor pues Rb estaba ocupada cortando las uñas de las patas traseras de su perra más pesada -teme que un crecimiento anómalo en estas es lo que está exarcerbando las dificultades en la caminata diaria-.
Un poco antes de las cuatro fuimos por varias casas (y la garita) de la calle repartiendo un par de güisquiles y una penca de bananos en cada lugar; quedándonos solo con un par de los primeros para los almuerzos de la semana y una penca pequeña para mi propio consumo.
Se suponía que íbamos a cocinar a las cinco de la tarde -usualmente preparamos los almuerzos de los primeros cuatro días en ese período-; a mí me tocaba -como casi siempre- partir un par de güisquiles, una zanahoria y alguna otra hierba (apio, cilantro).
Pero, como estaba en la mesa del comedor después de retornar de la repartición de güisquiles y bananos, empecé a completar lo que debía; Rb salió de su habitación y empezó a preparar el pollo (separar los trozos de grasa que traía la pechuga).
Estuvimos cocinando hasta cerca de las seis pero todo quedó muy bien: un caldo -de verduras, con el agua del cocimiento de las pechugas-, y unas pechugas hervidas y sofritas; cuando terminó de hervir el caldo lo pasé a un recipiente con agua, para acelerar un poco su enfriamiento.
A las siete hice varias lecciones de Duolingo -me mantengo sobre mil seiscientos de ELO- y luego me pasé a la habitación de Rb con mi computadora personasl -no hice en este día dos de mis actividades 'obligatorias': el laboratorio y la página de preguntas de Fabric-.
Ví el final del capítulo de Nahona que llevaba a medias; luego ví la mitad del segundo capítulo de la tercera temporada de Lionesss; y no hice mucho más: creo que estuve viendo algunos videos de Youtube; y un poco antes de las diez le indiqué a Rb que me retiraba.
Salí a lavarme los dientes, volví a entrar a su habitación para despedirme por la noche, y luego me metí en mi habitación; en donde completé los veintisiete minutos de meditación; pero ya no leí nada -me tocaba el tercer capítulo del libro en Inglés que había empezado durante la semana-.
Y a ver cómo va eso...
No hay comentarios:
Publicar un comentario