miércoles, 12 de agosto de 2026

Nada… Nothing… Rien…

La semana pasada desayuné con mi psicóloga -al igual que mi doctora, ambas son profesionales universitarias en su rama, aunque ninguna me ha tratado formalmente-: mi doctora es joven -creo que está por llegar a los cuarenta- y -creo- tiene dificultades de apego y sobrepeso; mi psicóloga también está por llegar a los cuarenta y lleva una vida bastante diferente a la de un adulto común -al menos ella tiene una vida plácida pues su familia es bastante acomodada).

Dos o tres días después del desayuno -estuvo interesante la semana pues el jueves desayuné con mi psicóloga y el sábado con mi doctora- la primera me envió un video -de Tiktok, creo- sobre una serie argentina -con el título de este texto-; según ella porque le recordó algo que le había comentado unas semanas antes.

Lo que le había contado era -no recuerdo sobre qué estábamos conversando en Whatsapp- una historia sobre Gödel y la forma en la que había muerto: de inanición, por negarse a consumir comida que no hubiera sido preparada por su esposa -y ella había sido hospitalizada-; y, que según mi ahijada -feminista-, realmente había muerto por machista.

La serie en cuestión le recordó esta historia porque presentaba a un anciano que dependía -según el comentario- completamente de su ama de llaves; pero lo que me llamó la atención del video fue que estaba generado por un LLM: los movimientos de la boca no coincidían con el sonido; y eso fue lo que le comenté; lo que provocó algunos intercambios sobre el espectro del síndrome de Asperger y cuestiones similares.

Pero, un poco después ví el trailer de la serie; y luego le propuse a Rb que la viéramos -no me ha gustado especialmente compartir este tipo de material con ella, pues generalmente se pone a hacer dos o tres cosas (redes sociales y mensajes) adicionales mientras vemos algo- por la noche: eran nomás cinco capítulos, de media hora cada uno, y Robert de Niro era parte del elenco.

El primero o segundo de los capítulos sucedió igual que antes: mientras yo veía la media hora de contenido, Rb también navegaba por alguna red social, y hacía lecciones de italiano en Duolingo; pero luego cambió: hizo sus lecciones durante el día y evitó las redes sociales; y es que la serie es interesante.

Además, Rb fue hace unos años a la capital argentina -específicamente para visitar los lugares relacionados con Mafalda- y estuvo recordando varios lugares que reconocía en alguna de las tomas de la serie; creo que esto también contribuyó a que quisiera verla sin interrupciones.

Entonces, la serie es sobre un anciano argentino, que debe adaptarse a la ausencia de la persona que se había encargado de administrar su vida durante mucho tiempo; también sobre otro anciano -Robert de Niro- quien es el narrador -y nomás actúa directamente en la trama en el último capítulo-; y una chica paraguaya, quien debe adaptarse -y cambiar también- al protagonista.

La serie está buena; pero también la vida del protagonista fue así de interesante: toda su vida actor -aunque también político (sindical)-, y murió justamente a principios de este año, un día después de cumplir ochenta y seis años -la serie salió hace tres-; y claro, su pareja, en ese momento, era treinta años menor que él.

La gente.…

El jueves me desperté, otra vez, antes de que sonara la alarma del celular; aunque no fue mucho antes, quizá cinco o diez minutos, la cuestión es que aún estaba decidiendo si continuaba en la cama o me levantaba, cuando sonó la alarma.

Me bajé al piso a meditar y luego salí de la habitación; tomé la computadora -ahora siempre pernoctando en la habitación de la comida de los perros- y la llevé a la mesa del comedor; y allí me quedé trabajando -mientras Rb empezaba a traducir llamadas en su habitación-.

Pero no empecé a trabajar precisamente en cuestiones laborales: la primera reunión -los martes y jueves- ahora inicia media hora más tarde -a las siete y media-; por lo que aproveché esa primera media hora para hacer algunas lecciones de Duolingo.

Después sí, entré a la reunión, aunque no puse mucha antención: mi supervisor había avisado, el día anterior, que estaría ausente; y su compañera nomás estuvo discutiendo algunos hallazgos -del compañero que vive en la ciudad colonial- y la conveniencia o no de modificar las funciones de la app.

Cuando la reunión terminó me recordé de algo que tenía pendiente: canjear el voucher para solicitar un examen de un certificado de Microsoft; lo había obtenido por participar en un evento educativo de esta empresa -el valor (supuestamente) es de cien dólares- y el día anterior había estado cuestionando a un par de LLMs sobre la mejor forma de aprovecharlo, viendo que el primero de octubre seré movido a otra empresa.

Y una de las LLMs -creo que la francesa- me sugirió certificarme en algo de IoT; y, aunque la misma indicó el certificado de Amazon, aproveché que tenía pendiente el de Microsoft y empecé a buscar opciones; y resulta que no hay un certificado tal cual -había uno pero lo cancelaron el mes anterior-.

Pero, siguiendo con la misma línea de investigación, encontré otro certificado que podría serme de utilidad; entonces, este día, después de la reunión, empecé a realizar el trámite para cambiar el voucher; finalmente logré programar el examen para el último domingo de septiembre -unos días antes de que nos transfieran a la nueva empresa-.

Y luego estuve trabajando en probar que la aplicación del examen corriera en la computadora que uso; o sea, bajó un ejecutable pero, lógicamente, en Ubuntu no funciona; entonces entré -luego de muchos meses- a la partición de Windows 11; y en eso se me fue la mañana; pero al final sí, logré completar la verificación.

En el ínterin estuve trabajando con la analista en el Imperio del Norte: me escribió para que le ayudara con la eliminación de una sección de uno de los documentos en los que hemos estado trabajando; además quería que comprobara la estandarización de un párrafo que va en -casi- todas las secciones.

Entonces estuve trabajando en paralelo tanto la verificación de mi Windows 11 para poder examinarme, como el documento para mi compañera; también entré a la reunión de las nueve, aunque en la misma no hubo casi ninguna novedad.

Después de esa reunión me preparé el desayuno; después esperé la reunión de las diez menos cuarto, pero esta no ocurrió: seguramente porque el supervisor andaba en una visita a uno de los clientes; y luego teníamos una reunión a las die y media.

Lo raro es que el programa no me avisó de esta última: curiosamente el analista que menos bien me cae la inició con quince minutos de retraso -y escribió en los mensajes que no se había podido unir a tiempo-; pero nadie se había unido, ni siquiera el PM, quien la había programado el día anterior.

Entonces entramos a la reunión los tres analistas y el PM; y el tema era bastante banal: este último andaba viendo la forma de migrar miles de casos de prueba entre las dos plataformas en las que hemos estado trabajando últimamente; casualmente yo había explorado lo mismo la semana anterior -aunque no pude completar lo último, por falta de permisos-.

Entonces, de la reunión quedó, como pendiente, que yo debía enviarle cierta información que le servirá para realizar la primera parte de la tarea; y no había terminado esta reunión -un poco después de las once- cuando me escribió mi supervisor: quería que lo llamara cuando estuviera libre.

Cuando la reunión con el equipo local terminó llamé al supervisor -ya habían pasado las once de la mañana-; y este individuo quería que actualizara un cuadro en Excel en el que he estado trabajando durante los últimos meses: básicamente es un resumen del trabajo que realizamos por acá.

Pero cuando le comenté que aún había información faltante me pidió que llamara a otro analista en el Imperio del Norte, para recabar dichos datos; la persona esta a la que llamé -al parecer, también proveniente de ese subcontinente asiático- fue desganado al proporcionar la información; por lo que también confirmé con mis dos compañeros locales.

Al final completé la tarea, actualicé las fechas y le envié la información al supervisor; luego completé la tarea que tenía pendiente con la analista en el imperio y le envié los resultados; un poco más tarde Rb salió de su habitación -ya había pasado el mediodía- y sacamos a caminar a sus perros.

Cuando entramos a los perros preparé un par de ensaladas medianas y puse a calentar el caldo de mollejas de pollo -era la cuarta porción de los almuerzos semanales-; después me preparé un café -inaugurando el nuevo frasco de café-.

Cuando terminé el café me puse a jugar una partida de Scrabble en el sitio en el que he estado jugando un par de partidas diariamente; luego me metí a la cocina, a lavar los trastos del día; además, puse en el fuego un poco de agua para el té de manzanilla de Rb -ella se lo sirvió pues se me alargó un poco el lavado de trastos-.

Después de servirse el té Rb se encerró en su habitación para continuar traduciendo llamadas médicas; yo aproveché para tachar otra de las tareas que había agregado a mi lista de pendientes: lavar recipientes plásticos con gel refrigerante, que utilizamos en la mochila con aislante térmico; luego los metí al freezer. 

Luego llamé al seguro social local: aunque me faltan siete años para llegar al punto en el que puedo jubilarme, he estado tratando de iniciar el largo proceso; en semanas -o meses- anteriores había llamado para conseguir cierta información que es necesaria para presentar un formulario.

Este formulario es útil nomás para solicitar que la información de los períodos laborados en algunas empresas sean corroborados; pero en las ocasiones anteriores no había logrado comunicarme con nadie -típico de nuestra burocracia-.

Pero este día tuve suerte: luego de pedirle el celular a Rb -ella paga por tiempo mensual- llamé nuevamente al mismo número y (¡sorpresa!) logré comunicarme con una señora; quien amablemente me brindó la información necesaria -eran datos de seis de mis empleadores del pasado-.

Después de agradecerle efusivamente por la ayuda fui a devolverle el celular a Rb y empecé a confeccionar el formulario que presentaré el mes próximo: debo presentar mi DPI para realizar el trámite; y lo olvidé hace un par de meses en la casa de mis padres.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: no teníamos nada en la lista de compra -excepto el pan de mis desayunos-, así que nomás caminamos hasta el inicio del boulevard; pero luego a Rb se le ocurrió entrar en el supermercado del lugar, para ver si ya había del cloro que utilizamos para desinfectar las verduras.

Pero no, al parecer este artículo ya está descontinuado; así que no compramos nada en el supermercado; iniciamos el retorno a casa, deteniéndonos nomás en la panadería donde compro el pan más económico; allí me proveí del pan para mis desayunos.

Retornamos bastante temprano de la caminata y me metí a la habitación a hacer algunas lecciones de Duolingo; luego, a las siete, entré a la clase de Storytelling; la cual me pareció deficiente: la persona a cargo estuvo centrándose bastante en su historia personal -y experiencia- para hablar de temas tan delicados como la ética en la comunicación.

El viernes me desperté bastante temprano: los vehículos en el boulevard me despertaron antes de las seis de la mañana; estuve un rato tratando de conciliar nuevamente el sueño, pero no hubo caso; entonces me levanté a meditar; después retorné a la cama, pero no me dormí.

Me puse a completar el penúltimo ciclo del libro de George Carlin; y estuve en lo mismo hasta después de las siete de la mañana; Rb entró un poco después de la hora en punto pues íba a empezar a traducir llamadas; yo seguí leyendo hasta después de las siete y media.

Nomás estuve al pendiente de que no convocaran a alguna reunión en el trabajo, o me escribieran en alguna de las conversaciones grupales; a las siete y media salí saqué mi computadora del trabajo a la mesa del comedor; también saqué la personal y me puse a trabajar en el primer día de estudio -guiado por un LLM- para el certificado.

Como a media mañana me escribió el amigo a quien visité el domingo anterior: habíamos estado en comunicación esporádica durante la semana para afinar los detalles de una visita a la casa de Rb; y es que, durante el desayuno del domingo, le había propuesto que nos ayudara con la reconstrucción del techo del pequeño corredor trasero.

Esta estructura -de madera y lámina de zinc- se ha ido deteriorando con el tiempo y está a punto de caerse: la mayor parte de la madera fue víctima de la polilla; el único paral ya no sostiene las láminas; las cuales se mantienen en su lugar nomás apoyadas en la pared trasera.

En el último viaje a visitar a mis padres exploré la posibilidad de que fuera mi papá quien la reconstruyera; pero luego me puse a pensar en todas las dificultades de traer el equipo -y a él y/o a mi madre- desde el puerto, para completar el trabajo.

Mi amigo se había ofrecido a venir cuando uno de sus viajes de Uber lo trajera a un sector cercano al área en la que vivimos; pero al parecer no hubo ningún viaje parecido durante la semana; entonces pidió una salida voluntaria ese día y me escribió para ver si podía venir.

Cuando venía en camino me envió su ubicación por whatsapp; pero a mí se me olvidó -nomás me vestí- por alguna tarea del trabajo: estaba trabajando en los ajustes del texto de un documento en el que la numeración estaba bastante precaria.

Un poco más temprano había visto un correo de mi supervisor pidiendome que ajustara los formatos de este documento -hasta más tarde me dí cuenta que la autora era la consultora con la que me había reunido unos días antes, de madrugada-.

Mi amigo vino casi a las diez y preparé un par de tazas de té de menta; y, como Rb estaba en medio de una llamada, esperamos un rato antes de salir al patio trasero; pero luego, con bastante precaución para no hacer ruido, salimos a evaluar el estado de la habitación que usamos como lavandería.

Y pasó lo que debía haber previsto: mi amigo se extendió sobre la mejor forma de realizar una reparación completa, tanto de la estructura que está por caerse, como del techo de la habitación -es de tejas de asbesto-; incluso sugirió colocar recipientes para recolectar -y almacenar- agua de lluvia -lo que, la verdad, me parece un sinsentido-.

Rb se nos unió cuando terminó su llamada y también estuvo de acuerdo en la mayoría de las sugerencias de mi amigo; a mí nomás me preocupó el monto de la inversión para realizar todos los cambios propuestos: o sea, para mí, personalmente, es una pérdida, pues no creo que mi estancia aquí sea muy prolongada.

Mientras conversábamos Rb se dedicó a agrupar un montón de plantitas de café -tanto del patio delantero como del trasero- para regalarle a mi amigo: él me había comentado que había sembrado varias matas de esta planta en su casa y que le interesaba continuar -al final le regaló varias docenas-.

Entonces, mi amigo se puso muy sofisticado con sus propuestas -aunque traté de que le bajara a las expectativas- pero, finalmente, quedamos en que nos enviaría un bosquejo -o algo parecido- de lo que tenía en mente; y, como andaba desvelado, se despidió bastante rápido.

Yo continué trabajando en los documentos que había dejado a medias y Rb volvió a entrar a su habitación, a seguir traduciendo llamadas; mi supervisor me escribió un poco antes de mediodía para ver cómo iba el documento y le comenté que ya había terminado y que le había informado a la analista -no tengo claro, aún, si son pareja o no-.

Rb salió de su habitación un poco antes del mediodía y nos pusimos a hacer la rutina de ejercicios de los viernes; luego sacamos a caminar a los perros; Rb había dejado cocinando el pescado de los viernes (yo había cortado un pequeño trozo -como tres dedos- pues ella había aducido que era muy pequeño).

Cuando entré corté una salchicha y media que había dejado descongelando desde la noche anterior, luego freí los trozos por algunos minutos; y eso fue mi almuerzo: una gran ensalada -la usual- mezclada con trozos de salchicha fritos; y un pequeño trozo de pescado.

Pero en el plano laboral la situación se complicó un poco: antes de la rutina de ejercicios había estado en la reunión semanal de equipo; en la que el supervisor usualmente pasa repaso de las últimas tareas; a mis compañeros les preguntó sobre los avances en las pruebas, y a mí sobre los documentos; yo informé que todo iba viento en popa -y allí me asignó un nuevo documento-.

Y cuando entré después de la caminata con los perros ví que tenía un par de mensajes: uno era de uno de los analistas en el Imperio, pidiéndo mi ayuda para formatear una hoja de Excel -algo realmente básico-; el otro mensaje era de mi supervisor, requiriendo avances -pero ya estaba todo hecho-.

Entonces, mientras almorzaba, me puse a realizar los cambios que me habían pedido en el libro de Excel, y todo estuvo bien; el resto de la tarde estuvo más tranquilo en materia laboral; y pude empezar con el Día uno -de cuarenta y cinco- en el programa de preparación para tomar el examen del certificado que espero obtener el próximo mes.

Un poco antes de las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; llevaba la mochila con aislante térmico pues planeábamos traer pollo; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego lo cruzamos, para entrar al supermercado.

Allí Rb compró varias libras de pechuga de pollo, y un poco de mollejas de la misma ave; luego, en el otro supermercado, compró tres bandejas de hígados de pollo y un poco de bananos; luego retornamos a casa con todas las compras.

Por la noche intentamos ver una película mejicana bastante reciente: Un portero muy improbable -o algo así es el título-; pero, la verdad, ninguno de los dos soporto ver una representación tan pobre de un adolescente con autismo; entonces nomás leí un poco del libro de la reciente premio nobel de literatura -de Corea del Sur-.

El sábado me desperté un poco antes de las cinco de la mañana; había dejado la alarma para esa hora pero algo -ruidos del boulevard o de la nueva familia que vive desde hace poco en el multifamiliar de al lado- hizo que abriera los ojos más temprano.

Pero esperé hasta que sonara la alarma para levantarme y completar mi período matutino de meditación; después del mismo me quedé en la cama, leyendo un poco -el libro de la coreana- y, cuando ya eran las seis- haciendo algo de Duolingo.

Un poco después de las seis me salí de la cama -sonó una alarma para recordarme que debía sacar la basura (dentro de uno de los sacos [vacíos] de comida para perros que fuimos almacenando con el tiempo); después me metí a la ducha y tomé un buen baño.

Al final salí de casa un poco después de las seis; el tránsito estaba -afortunadamente- bastante ligero por lo que no me costó salir del boulevard interior; fue nomás la entrada al boulevard principal la que me costó un poco -pero no mucho-; y cuando entré a la ciudad me metí a la gasolinera que está justo en la entrada.

Allí llené el tanque de gasolina de la van -ya llevaba varias semanas por debajo de la mitad, por lo que la cuenta fue de más de cincuenta dólares-; y, como se me había olvidado la tarjeta de Rb, tuve que pagar en efectivo -el día anterior había sacado del cajero setenta dólares-.

Después de llenar el tanque -me pidieron una identifiación para dejar el surtidor libre!- y pagar continué mi camino hacia el restaurante en donde habíamos acordado reunirnos con mi amigo tenor -de la misma cadena en donde usualmente programo estos eventos-.

Llegué al lugar diez minutos antes de las siete, me estacioné y me quedé esperando a mi amigo en un área del resturante bastante conveniente para este menester: está junto a la entrada principal y es bastante cómoda.

No le envié ninguna notificación a mi amigo sino me puse a completar algunas lecciones adicionales de Duolingo; y mi amigo llegó bastante temprano -apenas unos minutos después de las siete-; nos dimos un efusivo abrazo y entramos al lugar.

En caja ordenamos un par de desayunos -mi amigo se hizo cargo de la cuenta- y buscamos una mesa en un área tranquila; y allí nos pasamos las siguientes dos horas y media, entre desayuno y conversación: yo le conté mis últimas cuitas laborales y las penas de salud de Rb.

Él me contó que la relación con su ex-pareja -a quién aún mantiene y alberga en su casa; aunque este tipo ha estado involucrándose con otras personas- y la preocupación constante sobre su salud mental.

Incluso hablamos -muy someramente- sobre colaborar profesionalmente en algún proyecto en conjunto: él había mencionado un ERP -que es Open Source, y escrito en Python- con el cual trabajé -muy poco- hace unos años.

La reunión estuvo, en su mayoría, bastante agradable; incluso recibió una llamada de su hermana menor -a quien no he visto en casi una década, pero con la que trabajamos unos meses (hace ya casi veinte años)-; a las nueve y media le indiqué a mi amigo que me retiraba.

Salimos al parqueo del lugar y nos despedimos; subí a la van y manejé hacia la casa de Rb; el camino estuvo bastante libre y no tardé en parquear el auto frente a la casa; cuando entré vi nomás a los perros en la sala -Rb estaba traduciendo llamadas-.

Entonces me puse a preparar los ingredientes del almuerzo -la noche anterior había dejado un par de huevos cocidos en el refrigerador-: pesé una libra de zanahorias y la rayé; luego preparé la mayonesa con los huevos, un aguacate y un poco de aceite de oliva.

También preparé la tortilla de zanahoria y huevo con la que confecciono el clásico burrito; la cual dejé en el fuego -una vez haberla volteado- mientras sacábamos a caminar a los perros grandes; cuando entramos la retiré del fuego y terminé de preparar los componentes: piqué un poco de lechuga y le agregué agua a un poco de pechuga de pollo -que Rb había dejado en un sartén-.

Cuando el pollo estuvo listo -Rb siempre le agrega un poco de miel, para mejorar el sabor- preparé el burrito -enorme- y procedimos al almuerzo; Rb me compartió un poco de su frasco de snacks -salados- de plátano; también consumí lo último de una botellita de coca.

Después del almuerzo me preparé un té de menta y lo consumí con una porción de magdalena de chocolate, dos mitades de galletas y un poco de pan tostado; después me metí a la cocina a lavar los trastos que se habían acumulado -mientras lo hacía estuve escuchando la lección del Día dos de la preparación para el examen-.

Rb me había pedido que le imprimera un par de páginas -el sermón que debía presentar en su iglesia la siguiente semana- y había pensado realizarlo cuando ella se hubiera marchado a la iglesia; pero, como tenía tiempo -incluso había preparado mis gelatinas de la semana-, conecté la impresora a mi computadora con Ubuntu y realicé la impresión.

Después, mientras Rb -después de darle de comer a sus perros- se preparaba para dirigirse a impartir su clase semanal de alfabetización,  estuve leyendo la lección que había escuchado un poco antes; y actualizando mis notas -incluyendo esta-.

Mientras Rb andaba por su iglesia yo me dediqué a leer un poco, ver un poco Youtube y, además, hacer la limpieza de pisos; un poco después de las cinco me vestí, le escribí un mensaje avisándole que salía de casa y le compartí mi ubicación.

Antes de salir de la calle vi una ambulancia en el boulevard, creí que estaba por ingresar; pero cuando le pregunté al guardia me comentó que el joven que cortaba el cabello en la barbería de la vueta había fallecido -tenía menos de un año de haber empezado a trabajar en el lugar-.

Salí de la calle y empecé a caminar por el boulevard; unos metros más adelante tomé na foto de la escena -aunque salió borrosa- y se la envié a Rb, comentándole que ya no había barbero -no le caía muy bien, debido a ciertos comportamientos algo extraños-.

Caminé a paso tranquilo hasta el comercial que queda cerca de la iglesia de Rb; cómo tenía aún un poco de tiempo, pasé a los servicios sanitarios del lugar; luego continué hacia la iglesia; estaba llegando cuando ví a las alumnas de Rb saliendo de las instalaciones.

Rb me entregó una bolsa de supermercado -con aguacates y manzanas verdes- e iniciamos el camino de vuelta; le comenté lo que había pasado y se mostró bastante sorprendida -o compungida?- de hecho hicimos la mayor parte del camino en silencio.

Y más o menos así continuó la noche: casi llegando a la casa pasamos a la panadería -quería comprar un poco de pan tostado, pero no había- y luego al lado de la barbería; en donde aún estaba un vehículo del ministerio público -como que aún no habían levantado el cuerpo-.

Por la noche estuve haciendo unas lecciones de Duolingo; y resolviendo las preguntas del segundo día de aprendizaje de Fabric -cien por ciento (el día anterior fue noventa)-; también intenté aplicar un poco de masajes -digitopuntura- a Rb, pero eso no salió tan bien -ni mal, fue nomás intrascendente-.

Temí que no iba a poder dormirme cuando me retiré a mi habitación; y, de hecho, me costó un poco conciliar el sueño -y estuve despertándome de madrugada-: entre los ruidos de la lámina que está cayendose en el patio trasero y la familia bulliciosa de la casa vecina, mi sueño ha estado algo ligero.

El domingo me desperté varias veces en la madrugada; pero esperé a que la alarma del celular sonara para levantarme a meditar; luego retorné a la cama e hice muchas lecciones de Duolingo; casi hasta las ocho; a esa hora sonó una alarma -para ir a la panadería-, pero no quise salir de la habitación.

Aproveché para leer algunas páginas del libro en francés; luego, cuando oí que Rb se había levantado, me vestí y salí de la habitación; fui a la panadería pero no encontré pan tostado; pero retornando pasé a la tienda de la vuelta y allí sí compré un poco de esto.

Cuando vine me puse a recortar algunos videos de digitopuntura que había encontrado en Youtube; además, esperé a que Rb terminara de darle de comer a sus perros -y que tomara su desayuno- para prepararme para salir al patio delantero: Rb me había pedido el día anterior que dedicáramos una hora a desbrozar el monte acumulado.}

Estuvimos trabajando por esto durante un buen tiempo -yo me ampolllé el pulgar derecho chapeándo una gran parte de la maleza-; mientras, estuve escuchando un video de Youtube de un neurocientífico presentando el tema Por qué pensamos como pensamos.

Al terminar de limpiar el patio -la parte interior nomás: fueron cinco baños llenos de maleza- llevé los bártulos a la galera -que se está cayendo- en el patio trasero; luego entré a prepararme el desayuno de los domingos.

Mientras desayunaba repasé -por segunda vez- las lecciones del día tres de aprendizaje de Fabric; también estuve escuchando un par de videos de Youtube -y actualizando mis notas-, además de jugar una partida de Scrabble en ISC (la que casi ganaba).

El resto de la mañana me la pasé viendo videos de Youtube y leyendo un poco del libro de la premio nobel coreana; al mediodía sacamos a caminar a los perros grandes, Rb había dejado cocinando las alitas y, después de meter a los perros a casa, les dí la vuelta.

Almorzamos las habituales alitas con ensalada y después me preparé un café; después de almorzar estuve un rato en la cama, jugando algunas partidas de ajedrez; también avancé un poco en la lectura -estaba combinando lectura en francés con lectura en inglés-.

A las dos y media salí de la habitación y lavé los trastes que se habían acumulado, además, le preparé un té a Rb; y, antes de salir de casa, piqué un par de chiles pimientos y una libra de champiñones -para los almuerzos de la semana-.

Salí de casa casi a las tres menos cuarto; afortunadamente el tránsito estaba bastante ligero, por lo que llegué bastante temprano -a las tres menos cuatro minutos estaba llamándolo para que bajar a abir- a la casa del voluntario que vive en la colonia en la que crecieron mis chicos.

Pero ocurrió algo que me dejó muy pensativo; cuando llevaba conduciendo por el boulevard tres o cuatro calles, me intenté cambiar de carril: había visto vacío el boulevard, pero, en realidad, estuve a punto de tirar a una motocicleta que intentó rebasarme.

El momento estuvo bien tenso: el motociclista esquivó la van pero tuvo dificultades en mantener el equilibrio -después condujo a mi lado un tiempo-; y me quedé pensando que debo ser más cuidadoso -de hecho estuve mentalizándome en el camino- para evitar este tipo de situaciones.

Mi amigo respondió la llamada y bajó a abrir el portón; luego de un abrazo muy efusivo subimos al segundo nivel de su casa; en donde preparó agua para un café colombiano -yo llevaba un par de porciones de magdalena para cada uno y un par de panitos tostados-.

Pasamos el siguiente par de horas entre café, conversación y una partida de ajedrez -aunque tuve que acelerarla casi al final, por la hora-; a las cinco y media le indiqué a mi amigo que me retiraba e inicié el camino de retorno a casa.

Cuando vine a casa me iba a poner a leer un rato -se me había olvidado que le había ofrecido a Rb que iría (en solitario) a comprar bananos- pero Rb me comentó que me acompañaría al supermercado; entonces caminamos hasta el supermercado más cercano en dirección sur; allí compramos un poco de bananos.

Por la noche continué con la lección diaria de Fabric: el resultado del día fue excelente; también hice las lecciones de Duolingo (portugés, inglés y ajedrez) y estuve leyendo un poco de los libros de la coreana y del infantil en francés.

El lunes me levanté a las seis y media; medité y después me pasé a la mesa del comedor, con mis dos computadoras; como sabía que no había reunión a las siete y media -aunque había una reunión corporativa desde las siete- pude completar varias lecciones de Duolingo con total tranquilidad.

Estuve leyendo hasta las nueve de la mañana; hora de la segunda reunión del día; y en la que -para continuar con la tendencia- no hubo mucha participación de mi área; la que sí estuvo animada fue la de las diez menos cuarto.

En la reunión de equipo el supervisor empezó a cuestionar el trabajo de todos; mis compañeritos fueron interrogados sobre el avance de las últimas pruebas en la aplicación a nuestro cargo; y a la analista y a mí nos cuestionó sobre el avance en los documentos.

Lo que, para mí, es un misterio: o sea, ella ha estado actualizando el contenido y me ha estado pidiendo -de tiempo en tiempo- que la ayude con cuestiones de formato de texto y del documento en general; la conclusión final fue que cada uno debía continuar en lo mismo.

Rb estuvo toda la mañana en su habitación, traduciendo llamadas; yo estuve pendiente del almuerzo: un poco después de las once empecé a preparar las ensaladas; luego, al ver que se estaba alargando una de sus llamadas, saqué todo el almuerzo del refrigerador.
Y a las doce y media estaba terminando de ponerle los arneses a los perros cuando salió de la habitación; le pedí que continuáramos con la caminata -y puse el pollo y la salsa a calentar sobre una llama muy baja-; lo cual hicimos.

Cuando entramos de la caminata nos pusimos a completar la rutina de ejercicios de los lunes; pero, como había que preparar el almuerzo, estuve al pendiente del agua de los fideos, los cuales cociné mientras terminábamos la media hora de ejercicios.

El almuerzo estuvo muy bien: una versión light de espaguetis a la bolognesa, con una enorme ensalada -yo lo acompañé con un poco de coca cola-; después del almuerzo me preparé un café -con galletitas y un tercio de un pastelito-.

La tarde estuvo más tranquila: estuve leyendo un poco del libro sobre ajedrez amateur; también estuve viendo un poco de información sobre la lección de Fabric del quinto día; aunque no pude realizar el laboratorio propuesto: no logré activar la prueba de sesenta días, lo que me hubiera permitido crear componentes de esta plataforma.

Por la tarde también tuve dificultades para entrar a la configuración del nuevo router; quería ver si en el mismo podía encontrar el número de teléfono asociado a la cuenta de internet; tenía la idea de que ya podía pagar la factura, aunque luego me dí cuenta que no.

Total que llegó la hora en que debíamos salir a realizar la caminata y yo todavía estaba tratando de ingresar al router; por lo que la primera etapa de la caminata aún iba pensando en opciones para realizar esto; pero luego sí me concentré en estar presente.

Caminamos hasta el extremo del boulevard y luego entramos al supermercado al lado; allí Rb compró pechuga para su perra más anciana; yo compré un poco de pechuga para el almuerzo con mi hija mayor -aunque luego le cedí esto a Rb, pues no era adecuada para el propósito (y además, había interrumpido su compra, por lo que le faltaba)-.

Pasamos al otro supermercado a comprar un poco de banano -muy poco porque la mayor parte estaba verde-; después de la última compra volvimos a  casa; en donde, finalmente, logré entrar a la configuración del router, aunque no me sirvió de mucho.

También tuve una corta conversación con mi hija segunda: encontré en mi cuenta bancaria que había recibido una transferencia bastante alta de dólares; le escribí para confirmar que era de su parte y me comentó los detalles de la misma. 

Por la noche estuve respondiendo la lección del día cuatro de Fabric, en la que obtuve una muy buena nota -aunque aún no he logrado realizar ejercicios prácticos-, iba a ver el capítulo que tenía a medias del anime japonés, pero ya no me dio tiempo pues pasé más de una hora en Duolingo.

El martes me levanté a meditar a las seis y media; luego saqué la computadora del trabajo a la mesa del comedor y revisé que no hubiera algún correo -o mensaje- pendiente; al no encontrar nada me puse a hacer lecciones de Duolingo.

A las siete y media entré a la primera reunión del día; aunque no hubo mucha participación: la compañera de mi supervisora anda de vacaciones, por lo que los requerimientos de cambios han bajado drásticamente en su ausencia.

Después de la reunión comprobé si podía -a diferencia del día anterior- utilizar la cuenta de Fabric para crear nuevos espacios de trabajo -el día pasado, aunque había activado el período de prueba, no me dejaba crear estos elementos-; y, sí, felizmente sí tenía activada la funcionalidad.

Entonces trabajé en completar uno de los laboratorios de la página de Microsoft; terminé el laboratorio y me quedé esperando la siguiente reunión; aunque, ese día específico, no era la segunda reunión diaria: me había anotado para una capacitación sobre el uso de un agente de IA en Excel.

La clase fue bastante tediosa -medio la ví-: la persona a cargo se puso a utilizar la herramienta para crear fórmulas, ordenar datos y resaltar valores -o sea, lo que he hecho desde hace mucho tiempo-; la verdad no le encuentro sentido, pero, me imagino que para muchas personas es como magia.

Como la clase era de una hora -justo desde el inicio de la segunda reunión del día hasta la hora de finalización de la reunión de equipo- escribí en los mensajes del grupo que no asistiría a la segunda por estar en una capacitación obligatoria.

Luego, a las diez y media, hubo una reunión con todo el equipo local -o al menos, los seis que quedamos, luego de la renuncia del analista más brillante-: la reunión la convocó la supervisora local e incluí al PM -bajo el cual estamos ahora en el organigrama-.

Se suponía que la reunión era para compartir información sobre el movimiento a la nueva empresa; pero no, realmente nomás repitieron lo de siempre: que el primero de octubre nos vamos, que no habrá muchos cambios, etcétera; totalmente irrelevante.

Como era el segundo día de la semana Rb acudió a su clase de zumba a las diez de la mañana, y retornó un poco después de que terminara la reunión de información; entonces se metió a su habitación a trabajar otra hora.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros más grandes -y pesados-; después almorzamos la primera porción de hígados y mollejas de pollo -acompañado de una gran ensalada-; luego me preparé un café.

Por la tarde me dió por trabajar un poco: los últimos días habían estado bastante tranquilos; entonces me metí a formatear uno de los dos documentos que la analista en el Imperio había colocado en la carpeta de trabajo; fue poco lo que cambié -formatos- pero, a las tres de la tarde le escribí para informarle de lo realizado.

Además pregunté si podía proceder con el otro archivo; pero ella me comentó un poco más tarde que el otro archivo aún no estaba listo y que era el otro analista el que estaba trabajando en el mismo; y quedamos en que me avisaría cuando pudiera trabajar en este.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte: yo había recordado ese día que Agosto es el mes en el que -durante los últimos años- les he ofrecido una refacción a las personas que se encargan de los desechos domésticos.

Creo que llevo un par de años en la iniciativa; me parece que el primer año lo hice -casi- en solitario y el año pasado Rb se involucró -y entregó, creo, personalmente la caja con las refacciones-; así que fuimos a la tienda verde de descuentos para comprar algunos jugos -también unas galletas de chocolate-.

Después de pagar por el jugo y las galletas nos dirigimos al supermercado que queda al inicio del boulevard; allí compramos un poco de bananos; luego retornamos a casa -la bolsa de compras estaba pesada porque Rb había comprado un kilo de avena (respondiendo a una solicitud de donación de alimentos, de su instructor de zumba).

Por la noche estuve, además de haciendo varias lecciones de Duolingo, respondiendo el laboratorio de Fabric; también le envié doscientos dólares a mi hija mayor -estoy ayudándole a que no pague tanto por las transferencias de su trabajo- y, finalmente, ví el restante del capítulo de animé que -creía- había dejado a medias -en realidad lo había visto ya-.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

 

 

 

 

 


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