miércoles, 8 de septiembre de 2010

I se ha ido...

Hace unas semanas -el mes pasado?- publiqué un post sobre I. Hoy estábamos almorzando con Ms y Mv hablando de esto y aquello, de lo que ha pasado últimamente en nuestras vidas -Ms se ha dado a la tarea de darle continuidad a los miembros de nuestro original grupo de voluntarios- cuando el primero recibió una llamada. I se ha marchado. Creo que fué bastante pronto. Nos quedamos un buen tiempo en silencio. Principalmente porque la notificación fué bastante tarde. Al parecer I falleció ayer, el velorio fue anoche y el funeral hoy a las 14:00. Recibimos la llamada alrededor de la 1:30.

Me quedé pensando en que aún cuando esperas algo por seguro -yo sabía que era cuestión de tiempo- no te ayuda del todo a hacerte a la idea cuando sucede finalmente.

Terminamos de almorzar y acompañamos a Mv hasta el edificio en el cual trabaja. El día había estado espléndido -un sol abrasador- pero para cuando tomamos el bus con Ms -yo hacia mi trabajo, Ms hacia otra reunión- el día empezó a oscurecerse y una fina llovizna empezó a caer.

martes, 7 de septiembre de 2010

Buses, pasajes y ayuda...

Un día hace unos tres o cuatro años –mi tercer viaje a Pórtland- como a las cinco de la mañana iba bajando en bicicleta un puente que quedaba más o menos a la mitad del camino entre mi casa y mi trabajo. Usualmente andaba preparado con parches e inflador pero me parece que acababa de llegar –nuevamente- a la ciudad por lo que andaba en esta ocasión sin nada de esto. Casi al finalizar la cuesta de bajada del puente un clavo o algo parecido se incrustó en la llanta trasera de mi bicicleta, abriéndole un gran agujero. Luego de lamentarme de lo ocurrido empecé a caminar en dirección a mi trabajo –estaba oscurísimo por esa carretera- cuando vi que venía un bus. Según las políticas de la empresa de transporte no se puede parar en lugares que no están definidos como paradas autorizadas a menos que se trate de un buen motivo. La piloto del bus consideró que mi caso era un buen motivo y paró. Coloqué mi bicicleta en el mecanismo que tienen los buses en Pórtland para este propósito y subí al bus. Cuando empecé a buscar dinero para introducir en el expendedor de tickets resultó que no me alcanzaba para el pasaje. O me estaba tardando mucho en encontrar el dinero en mis bolsillos. Afortunadamente Mk, un anciano que trabajaba en el mismo workshop iba en el bus y me prestó uno de sus tickets del talonario semanal que compraba para su transporte. Más tarde ese día le pagué los dos dólares del valor del ticket.

Me acordé del suceso este día. Venía hacia mi trabajo cuando dos paradas antes de mi destino se subió una señora al bus. Intentó pagar su pasaje con la tarjeta magnética que utiliza el nuevo sistema de nuestra ciudad pero no lo logró. Ella aseguraba que su tarjeta tenía saldo y el chofer y el policía del bus le indicaron que a veces las tarjetas se dañan y que algunas veces el lector magnético no las detecta bien. Le indicaron que podía probar en el siguiente bus. Como venía en uno de los asientos del frente le hice señas de que avanzara y me acerqué para que el pasaje fuera descargado del saldo de mi tarjeta. Su sonrisa y agradecimiento compensaron con creces el valor del pasaje. Me quedé pensando que al final no es tan difícil empezar con una cadena de favores personal.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Sombrilla...

Me molestan los accesorios, o quizá debo decir, no me gusta comprar extras. Usualmente ando con mi mochila al hombro en la cual andan un par de libros mi celular y si me toca ese fin de semana la portátil del trabajo.

De los tres viajes que realicé a Portland, en el primero adquirí un auto que me tocó que dejarle a mi amigo cuando abandone la ciudad. En mi segundo viaje una amiga muy querida me regaló una bicicleta y en el tercero compré una, que le dejé como regalo a otro amigo al abandonar la ciudad. Nunca compré extras, sabía que mi estadía era temporal y no quería andar cargando cosas.
Aún así en la tercera ocasión regresé con dos portátiles viejitas y una camara digital nuevita. Y una Treo.

Mi negativa a comprar extras raya en lo espartano. Algunas épocas de Portland fueron bastante frías, con nieve y todo. Como no me gusta andar con sueter o chumpas prescidí de estos accesorios hasta que una amiga -otra- me prestó una buena chumpa que al final fué un regalo.

Estos meses la lluvia ha estado terrible por acá. Llueve casi todos los días en la mañana, en la tarde o en la noche. A veces en los tres tiempos. No tengo paraguas y no me atrae la idea de andar de arriba para abajo con un paraguas en las manos.

He venido a la oficina empapado un par de veces, cosa que nunca me sucedió el año pasado aún cuando ya llevo más de un año de trabajar acá. Esta semana oí un comentario -no recuerdo si fué en la radio o en una conversación- sobre que lo peor de este invierno -la niña- está por venir durante los próximos dos meses.

Y juro que se ve real la predicción. Este día venía a mi trabajo con el tiempo justo y empezó a llover. Como me faltaban unas 5 o seis calles para llegar a mi trabajo, no quería trabajar mojado y estos dos meses se ven venir igual me rendí y entré a un supermercado. Ahora soy el flamante dueño de una sombrilla amarilla con elegantes flores blancas negras y grises. El único modelo que
encontré.

Ni modo, a veces se trata de cambiar o atenerse a las consecuencias.