jueves, 26 de marzo de 2026

Las sorpresas de Nicolás... Little Nicholas' Surprises... Les surprises du Petit Nicolas...

Me dí por vencido con el libro de Tecnología -en inglés- que había estado leyendo; la verdad no le encontré -al igual que al otro libro del (mas o menos) mismo tema y en el mismo idioma, que dejé a medias el año pasado- sentido a seguir leyendo algo en lo que realmente no creo.

Y entonces, decidí que nomás voy a leer, por ahora, dos libros diferentes en paralelo: La fábrica de las ilusiones, en español, y el libro que titula este texto, en francés; ya había leído varios de este mismo personaje dos o tres años atrás.

Aunque, originalmente, había leído varios en español -con mis chicos- una o dos décadas atrás; el autor -los autores?- fueron, al parecer, toda una institución en Francia; y, me consuelo, diciéndome que, a pesar de ser un libro infantil, al menos estoy practicando francés.

Y a ver cómo sigue eso...

El martes me levanté a las seis y media, medité y retorné a la cama para entrar a la reunión de las siete; luego me quedé en la cama haciendo algunas lecciones de Duolingo; el reto semanal era completar cincuenta lecciones perfectas -en conjunto con Rb- e íbamos atrasados.

A las ocho mi compañero me escribió para comentarme que aún no había terminado el ajuste del código que debía hacer para que yo pudiera seguir trabajando; por lo que durante la mañana casi no hice nada.

Aunque, un poco antes del mediodía, se me ocurrió que, de pronto, podía ayudar a mi compañero con la parte del código que estaba trabajando; él es muy brillante -el más inteligente de los cuatro- pero creí que con la ayuda de LLMs podía avanzar.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros grandes; luego calentamos la segunda porción de los almuerzos de la semana; al inicio de la tarde mi compañero me avisó que ya había completado el cambio.

Entonces entré a ver el código y a adecuar el código que había enviado los últimos días; y fue una calamidad: debido a los cambios realizados -creo- mi código ya no estaba funcionando -o funcionando totalmente-.

El resto de la tarde estuve tratando de entender las razones por las que mis métodos ya no cumplían con su cometido -aunque habían funcionado antes-; pero no pude avanzar mucho; a las cuatro de la tarde salimos con Rb.

Al igual que el día anterior caminamos en dirección a los supermercados en dirección sur; aunque, realmente, no teníamos pendiente ninguna compra; nomás caminamos hasta el extremo del boulevard, y luego caminamos de vuelta a casa.

Rb tenía una reunión con su equipo de trabajo al inicio de la noche; me pareció interesante que el director de la organización en la que trabaja está insistiendo en capacitar a todo su personal en storytelling (ventas); e incluso le indiqué a Rb que me gustaría participar.

También pasó algo bien random: cuando regresamos de caminar -apenas a las cinco- me había propuesto no seguir viendo código -me arden/duelen los ojos cuando me concentro mucho en escribirlo/revisarlo- por lo que estaba en mi habitación resolviendo un cubo de Rubik.

Y recibí una llamada de uno de los compañeros de la facultad con quien más conviví durante los años intermedios -los primeros estudiaba por la mañana y el último ya casi ni iba a la universidad, por el trabajo-.

Este tipo había entrado uno o dos años antes que yo a la facultad, proveniente de una familia de ascendencia asiática que poseía un almacen en el puerto donde nací; vivía bastante bien (tenía un hermano médico, un hermano abogado y un hermano dentista) y pasé muchos días en su casa 'estudiando' -realmente ayudándole a sacar algunos cursos-.

Pero la última vez que lo había visto fue alrededor de una docena de años atrás, en el funeral de otro ex compañero de facultad; luego, durante la última década habíamos hablado dos o tres veces por teléfono; pero tenía como cuatro o cinco años de no tener noticias del mismo.

La llamada era porque había re encontrado mi número; y también para contarme que su madre había  muerto un par de semanas atrás -tenía ochenta y cuatro años la señora-; estuvimos conversando por un buen tiempo y al final me comentó que se iba a reunir con un tercer conocido y que debía unirme a ellos para un almuerzo.

Por supuesto que traté de ser cauto en la conversación; y por supuesto que no tengo la mínima intención de reunirme con estos dos; o sea, este compañero fue condenado hace unos años por evasión de impuestos; y el otro me llamó hace unos años porque creía que yo estaba adquiriendo materiales del tipo que su oficina distribuye. En fin.

Por la noche ví el último capítulo de la última temporada de Love Death + Robots; que no me terminó de gustar; luego intenté ver la película de ciencia ficción que tenía a medias, pero como seguía quedándose colgada, mejor la bajé.

El miércoles me levanté a las seis y media, medité -he estado tratando de seguir el patrón uno, dos, tres, cuatro para las inspiraciones-, y entré a la reunión de las siete; aunque no puse mucha atención a la misma.

La reunión estuvo no fue muy extensa, pero nomás me dedique a completar algunas lecciones de Duolingo; después de terminar la llamada mi compañero más brillante me contactó por la aplicación de mensajes; al parecer alguien había estado ejecutando una parte del código que no debía.

Aprovechando le comenté las dificultades del día anterior: mi código ya no corría; nos reunimos un rato pero no pudimos lograr que funcionara; entonces le indiqué que seguiría intentando debuggear el error que había estado recibiendo.

Un rato después me llamó mi supervisor en el Imperio del Norte; tenía mucho tiempo de no hablar con él; me comentó que había estado tratando de llamar a mi compañero mas brillante pero que se encontraba ocupado; y que le urgía un reporte.

No lo dijo de esa forma porque se expresa bien raro; pero lo que quería era un resumen de la ejecución de ciertas tareas durante los últimos cuatro meses; le comenté que me comunicaría con el compañero más brillante y nos pondríamos a trabajar en la asignación.

Entonces seguí trabajando en mi código; pero un poco más tarde recibí otra vez una llamada del supervisor; quien ya estaba reunido con mi compañero; volvió a explicar lo que necesitaba, y le indiqué que trabajaríamos en la tarea.

Luego conversé con mi compañero -la asignación era (relativamente) sencilla- y me indicó que realizaría la mitad de la misma y se retiraría; que debía llevar a sus papás a una cita médica (son ya bastante ancianos), o algo así.

Entonces preparé una hoja de Excel y tabulé la información que nos había pedido el supervisor, mi compañero también agregó los datos que le habían tocado, pero lo hizo de forma muy descuidada; me tocó rehacer todo.

No tardé mucho en enviar un correo al supervisor -y mi compañero- con el reporte esperado; yo no había querido ponerme a trabajar antes de la reunión porque ha pasado lo siguiente: me he esforzado -horas o días- para preparar un reporte a mi supervisor y JAMÁS había confirmado la recepción de la información.

Pero en esta ocasión fue diferente: muy poco después de enviar el correo el supervisor pidió más información -en la herramienta de mensajes-; también quería que le agregara los accesos directos a la fuente de la información.

Realicé lo segundo, pero lo primero debía ser actualizado por mis dos compañeros menos favoritos; escribí en los mensajes los detalles de la información compartida y, un poco más tarde, uno de los analistas confirmó que su información ya estaba completa.

El supervisor le escribió al otro analista para que actualizara sus datos pero él indicó que ya lo había realizado; entonces envié más detalles de la información y, mucho más tarde, este último comentó que se había equivocado antes y que, ahora sí, ya estaba todo listo.

Actualicé nuevamente el reporte y le comenté al supervisor sobre los cambios -el reporte lo había creado como un documento compartido-; y nomás contestó que ya había presentado la información como estaba anteriormente; aprovechando que Rb me recordó la fecha, le envié un mensaje de feliz cumpleaños a mi hijo menor, cumplía veinticuatro.

Entonces seguí trabajando en el código; fue un proceso bastante arduo porque, a pesar de haber escrito código para aplicaciones web en el pasado, el framework que estamos utilizando es bastante moderno; y aún estoy conociéndolo.

Además, la estructura del proyecto aún me es novedosa -es la primera vez que creo código con esta extensión-; finalmente, un poco antes de sacar a caminar a los perros -a las doce y media- encontré la fuente del error (que era una palabra faltante en una ruta de una configuración en uno de mis módulos).

Finalmente corrieron los seis procesos -aunque tuve que volver a ajustar el primero de los mismos (pero allí ví la importancia de toda la revisión de código que he estado haciendo desde la semana pasada)-; dejé corriendo uno de los módulos y salí con Rb y los dos perros grandes.

Después de retornar de la caminata puse a calentar la tercera porción de pollo con hongos, serví dos porciones de arroz y partí un aguacate; aún se me olvidó poner a calentar el caldo de pollo; pero Rb se encargó de eso cuando entró.

Almorzamos y luego me metí a la cocina a lavar los trastes de la mañana; luego me preparé un café; el que consumí con una galleta de chocolate, una galelta de avena, una tostada que traje el sábado y el último pequeño trozo del pastel que hice el miércoles pasado.

Después continúe trabajando hasta las cuatro; Rb estuvo durante la mañana conversando con una persona del país vecino del norte, buscando trabajar algunas horas extras como intérprete/redactora; y a las dos y media entró a la reunión de equipo de su trabajo.

Yo le preparé un té de manzanilla y continué avanzando con el código; aunque le hablé a mi compañero para proponerle una reunión en las primeras horas del día siguiente; luego de programar la reunión en el calendario del trabajo cerré la máquina.

A las cuatro nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección Sur; pero antes de franquear el portón Rb le ofreció -como siempre- a la vecina si quería que le compráramos algo; sorprendentemente en esta ocasió aceptó su oferta y nos encargó un pollo entero.

Caminamos hasta el supermercado más lejano; en donde usualmente compro la pechuga para preparar mis cordon bleu; pero, en esta ocasión, se había agotado; por lo que nos dirigimos al otro supermercado; en este compré una pechuga de casi una libra y media libra de jamón de pavo; además compramos un poco de bananos.

Retornamos a casa un poco después de las cinco y aún estuve revisando un poco el código que había escrito durante la tarde; a las seis y media Rb entró a su clase semanal de teología y yo me metí a la cocina a preparar mi pastel.

En esta ocasión decidí proceder así: licué -en seco- una taza de hojuelas de avena; luego le agregé la yema de un huevo, una cucharada de vainilla y media taza de leche -le había agregado una cucharada de vinagre diez minutos antes-; luego le agregué ciento cuarenta gramos de zanahoria cocida.

Por último le agregué la bolsita de polvos que había olvidado la semana pasada (media cucharada de canela, media cucharada (de té) de bicarbonato de sodio, dos sobrecitos de Esplenda y dos sobrecitos de fruto del monje); por aparte batí la clara del huevo a punto de nieve.

La mezcla de la licuadora no quedó muy líquida pero utilicé una espágula para pasarla al trasto con la clara; luego lo cociné -doce minutos por un lado y ocho por el otro- en una sartén; la apariencia mejoró bastante, y olía bastante bien; quedé a la expectativa de probarlo en el próximo desayuno.

Después de que Rb terminó su clase -después de las ocho y media- me pasé a su habitación con mi computadora personal; ví la tercera parte de la película de ciencia ficción que llevaba a medias; y algunos videos de Youtube.

El jueves me volví a levantar a las seis y media; medité y entré a la reunión de las siete; en la misma estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo -me dí cuenta que el árbol de portugués ha aumentado en más del cincuenta por ciento: ahora hay ocho niveles-.

Después de la reunión tuve una reunión -bien temprano- con el analista más brillante del equipo; trató de explicarme la nueva estructura del proyecto que estamos trabajando, pero, la verdad, no le entendí mucho; de todos modos estuve todo el día tratando de construir la mitad de los métodos que me fueron asignados.

Rb salió temprano -un poco después de las nueve- hacia el mercado del centro histórico; a las once había puesto una alarma para preparar una taza de arroz, para la última porción de pollo con champiñones -y caldo-.

Cuando le eché agua al arroz ví que había algo pequeño y oscuro flotando en el mismo; de hecho ví dos de estas partículas; usé un palillo chino para sacar una de ellas y comprobé mi temor: eran gorgojos; batí el agua del arroz y saqué uno tercero.

Luego revisé la caja en la que mantenemos el arroz en la cocina; y al parecer la había estado dejando mal cerrada; cuando levanté la tapa ví que varios corrieron a esconderse; me puse a buscar cuáles eran las opciones para no tirar el arroz -eran casi diez libras-.

Encontré en un par de LLMs que la mejor opción era congelar el arroz por un par de días; con esto -supuestamente- mueren los animales, sus larvas y huevecillos; entonces empecé a meter el arroz en bolsas de plástico y tratar de acomodarlo en el freezer.

Pero no me cupo todo: aunque saqué el pescado que consumiríamos al día siguiente, y reordené lo que quedaba en el freezer, aún quedaron cuatro o cinco libras que no pude acomodar en el congelador; entonces decidí guardar esta parte en un recipiente hermético.

Cuando Rb retornó, un poco antes del mediodía, le comenté la situación; también le conté que en otro LLM había leído que una opción era asolear el arroz para eliminar la plaga; y Rb me sugirió utilizar su deshidratador para esto; entonces lo saqué de la bodega, esparcí lo en el mismo el arroz que no cupo en el freezer, y lo saqué al patio a que recibiera el sol.

Luego sacamos a caminar a los perros grandes; después calentamos la última porción de pollo y caldo, acompañado con arroz; por la tarde continué tratando de avanzar en el código, pero, un poco antes de las cuatro me dí por vencido.

Decidí que le hablaría al día siguiente a mi compañero para que me fuera acompañando documento por documento (son como cuatro o cinco) de los que debía desarrollar; a las cuatro salimos a caminar con Rb.

Nos dirigimos a los supermercados en dirección Norte; entramos a la tienda verde de descuentos para ver si habían latas pequeñas de hongos; pero no había nada -descontinúan los productos abruptamente-; entonces pasamos al otro supermercado.

En el supermercado compramos un poco de bananos y también encontré una lata de hongos a un buen precio; intentamos sacar dinero de la cuenta de Rb pero en el cajero había dos mujeres -al parecer- enviándose dinero al celular y se estaban tardando; nos dieron espacio pero el cajero funcionó de forma rara -no aceptó la operación de retiro-.

Nos retiramos del lugar algo preocupados de la escena -temiendo que el cajero hubiera sido intervenido para robar contraseñas o algo similar-; en el camino pasamos a la panadería más económica y compré el pan para mis desayunos de viernes y sábado.

Retornamos bastante temprano de la caminata -por el cambio de horario hemos estado saliendo a las cuatro de la tarde- y estuve viendo algunos videos de Youtube; y luego ví que dos de mis primos me habían escrito: ambos para pedirme dinero prestado.

Uno era el primo al que ví el primer día del mes en la casa de mis padres; estuve sopesando cómo proceder pues ya el mes anterior me había hecho pedido similar; en esa ocasión le comenté que aún no me habían pagado -era uno o dos días antes del fin del mes-.

La otra era la hermana de mi prima favorita -mi segunda prima favorita-; pero recordé que ya le había prestado dinero en un par de ocasiones y -no recuerdo si en ambas veces o solo la última- no me había pagado de vuelta -varios años después le había dicho que lo olvidara, después de que se había disculpado varias veces por el atraso-.

Me tardé un rato en decidir qué hacer en cada caso; y al final decidí nomás bloquearlos de la app verde de mensajes; o sea, mi primo es uno o dos años mayor que mi hija mayor, trabaja y vive con su padre; y mi prima trabaja en el gobierno y sus dos hijos trabajan; creo que es hacerles un daño proporcionarles dinero gratis.

Además, mi hija mayor me había escrito más temprano para pedirme prestada una computadora; pero le comenté que la personal la estaba utilizando por cuestiones laborales -además, el procesador no cumplía los requisitos que necesitaba-.

O sea, tengo tres hijos y generalmente les facilito dinero; en el pasado nunca les cobraba -especialmente a mi hija mayor-; pero ahora tengo una política de reembolso: es lo que me permitiría seguir ayudando -además les proporcioné el apartamento en donde viven-.

Al principio de la noche preparé la gelatina que planeaba llevar al almuerzo del sábado con mi hijo menor: cumplió veinticuatro a media semana y, unas semanas antes, le había propuesto dos opciones de celebración; gelatina light o brownie de chocolate -hubiera tenido que pedirle a mi hija mayor que me enseñara a prepararlos-; eligió gelatina, de chicle.

Además bajé, del freezer a una bandeja de la refrigeradora, la pechuga de pollo que había comprado durante la semana, previendo que dejaría los rollos preparados al día siguiente, para cocinarlos el sábado antes del mediodía.

Por la noche estuve leyendo una pequeña parte de le petit Nicolás -en francés- (en la mañana había estado conversando -en inglés- con mi amiga de Camerún y le comenté mis lecturas actuales en francés) y un poco de La Fábrica de las ilusiones; además ví una parte de la película de ciencia ficción que llevo a medias.

El viernes me desperté a las seis y media, cuando sonó la alarma del celular; aunque me había despertado antes a las seis: Rb había estado teniendo molestias en el bajo vientre y había decidido ir a un laboratorio clínico a realizar un cultivo de orina.

Después de meditar entré a la reunión de las siete; la que estuvo bastante escueta -mi supervisor (y varios otros) estuvo ausente por una celebración religiosa-; el día anterior había programado una reunión con mi compañero más brillante pero, un poco más tarde, la había cancelado.

Y es que había decidido cambiar de estrategia: en vez de tomar los archivos que él había preparado y ajustarlos a mis métodos, quería crear los propios desde cero; pero para eso necesitaba aclarar varios conceptos que aún me estaban dando problemas.

Entonces empecé a enviarle mensajes sobre la mejor forma de empezar; y así pasó todo el día; no fueron mensajes muy seguidos, y tampoco fueron tantos; pero, al final, logré preparar los cinco o seis archivos necesarios antes de las cuatro de la tarde; lo malo es que no funcionaron.

Antes de prepararme el desayuno de los viernes -a las nueve y media- saqué el deshidratador con el arroz que no cupo en el freezer; Rb había retornado antes de la hora de comer de los perros y estaba a la espera de los resultados del laboratorio.

También, aprovechando que ya estaba encarrilada en algunas tareas extras a su trabajo (entrenando un LLM), y de acuerdo a lo que habíamos conversado el día anterior durante la caminata, le escribió al contacto -del país vecino del norte- para que me agregara a su lista de colaboradores.

Lo malo fue que no pude completar el registro de una nueva cuenta de Payoneer, que es el servicio por el cual -supuestamente- pagan por las tareas realizadas: me confundí al ingrear por primera vez a la página y no pude agregar un verificador de dos pasos.

Pero no me preocupé mucho por el asunto: estaba más interesado en avanzar en los documentos que estaba preparando para mi trabajo; a las doce y media sacamos a caminar a los perros grandes; después preparamos -y consumimos- un pescado -y una gran ensalada-.

Después de almorzar lavé los trastes del almuerzo, pero, como nos habíamos atrasado en la preparación del almuerzo, y ya eran las dos de la tarde, decidí evitar la taza de café -o té - de la tarde; nomás le preparé el té de manzanilla a Rb.

A las cuatro de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; no teníamos que comprar nada en el más alejado pero es el único en donde hay cajero automático en esa dirección.

Saqué -de la cuenta de Rb- cien dólares -el regalo de cumpleaños de mi hijo menor- y luego nos dirigimos al otro supermercado; en donde compramos bananos, un par de lechugas y una bandeja de arvejas chinas.

Antes de entrar a la colonia cruzamos el boulevard y pasamos a la tienda de las verduras: habíamos planeado preparar, el domingo, nuestra receta de comida china -pollo y muchas verduras- y necesitábamos aprovisionarnos.

Después de la tienda retornamos a casa; yo le transferí a Rb el dinero que había retirado de su cuenta -y el resto de los montos del día- y después puse el dinero en un sobre que me había sobrado del año pasado de algún cumpleaños.

Luego saqué la pechuga del refrigerador y, después de dividirlo y somatarlo con el martillo para carne, preparé un par de rollitos, con un par de rodajas de jamón de pavo y una rodaja de queso amarillo.

El sábado me levanté a las seis y media; tenía la esperanza de avanzar un poco en el código -me había hecho el firme propósito de enviar los resultados al final del domingo-; medité y luego me quedé en la cama, haciendo algunas lecciones de Duolingo -nuevamente puedo jugar contra Oscar-.

Luego me pasé a la mesa, para tratar de avanzar en el código; pero no fue mucho lo que pude avanzar; también estuve, en paralelo, desinfectando las verduras para la ensalada que planeaba llevar para el almuerzo con mi hijo.

Un poco después de las diez preparé dos ensaladas: un poco de zanahoria rallada, un poco de tomate, tres tipos de lechuga, aguacate y un pepino; además eché un poco de aderezo en dos bolsitas de plástico; a las once menos cuarto le propuse a Rb que salieramos a caminar.

Se suponía que no nos tardaríamos más de media hora; incluso me llevé el celular con un timer de quince minutos; no llegamos ni siquiera al supermercado más alejado; como Rb quería comprar un poco de pollo, retornamos al supermercado que queda a medio camino.

Allí Rb compró algunas alitas y yo compré una bolsa de tortillas de harina -para mis desayunos de los domingos-; luego retornamos a casa; alrededor de las once y media; entonces me puse a preparar el pollo que había dejado preparado la noche anterior.

Batí un huevo, espolvoreé un poco de harina de arroz a cada rollito; los pasé por el huevo batido y luego por -un cuarto de taza de- avena en hojuelas; luego los puse a cocinar, había calentado bastante el aceite, los doré por un lado, les dí vuelta y luego bajé el fuego -casi al mínimo-, entonces sacamos a caminar a los perros.

Esta caminata nos toma alrededor de quince minutos por lo que estimé que ya estarían preparados; pero, para asegurarme, los volteé y me metí a la ducha -eso me tomaría otros diez minutos aproximadamente-; cuando salí de bañarme saqué los rollitos y los puse sobre papel absorbente.

Metí, en la mochila que Rb me prestó la semana anterior, mi juego de Scrabble, y los cubos de Rubik; además llevaba la mochila que había dañado por cargar mi laptop; y la mochila con aislante térmico; en donde había metido la comida -una de las bolsitas de aderezo estalló cuando estaba cerrando la mochila-.

Al final salí casi a las doce y media de casa -tardísimo-; lo bueno (o sea, no bueno, pues es producto de la 'guerra' en Oriente Medio' es que el tránsito estaba bastante manejable; al parecer el aumento del veinticinco por ciento en la gasolina ha motivado a la gente a usar menos el automóvil.

Salí, relativamente rápido, del boulevard; aunque -nunca falta- había una familia (o iglesia?) repartiendo algo en uno de los túmulos antes de llegar a la ruta principal; allí apliqué la bocina con mucho entusiasmo -ví a una señora y varias niñas, con cartulinas que decían algo de Jesús-.

Luego el tráfico volvía a ralentizarse en la entrada a la ciudad; y también pasé al lado de la causa: en el paso a desnivel -jusot en la curva- había una grúa maniobrando para cargar un auto a su plataforma; el periférico también estaba algo raro, pero no me retrasó mucho.

Llegué al edificio donde viven mis hijos cinco minutos antes de la hora esperada; le envié un mensaje a Rb, comentándole el viaje; y a mi hijo menor, avisándole que ya estaba en el lugar; luego pasé a la sala y estuve esperando un rato, jugando algunas partidas de ajedrez.

Mi hijo salió de su habitación un poco después de la una; nos saludamos y le propuse dirigirnos al parque temático; caminamos las ocho cuadras sin mucho contratiempo -aunque me pidió (en un par de ocasiones) que bajara el ritmo pues tiene ciertas dificultades caminando largas(?) distancias-.

Pero llegamos al parque temático sin ninguna novedad; ya adentro nos dirigimos directamente al área techada en donde hay muchas mesas; almorzamos en el lugar -la gelatina de chicle se conservó muy bien-y le entregué su regalo -cien dólares en efectivo-.

Sin embargo, noté que mi hijo se quedaba callado en varias ocasiones; traté de tener tacto al preguntarle si estaba bien; me comentó que nomás estaba pensando en algo; pero luego se puso a llorar -de hecho se terminó mis servilletas de papel-.

Me cuesta comprender -o saber como actuar- en situaciones como esa; traté de ser bastante agnóstico en mis comentarios: está bien llorar, no hay que reprimir las emociones, y así; y es que lo que lo puso triste fue pensar en lo mal que le está yendo en el trabajo y en que no tiene muchas opciones por no haber acudido a la universidad.

Estuvimos un rato tratando de conversar un poco sobre su situación; yo me guardé de 'animarlo' de la forma tradicional -cosas como que todo iba a estar bien y así-; nomás traté de estar presente; luego le propuse que jugáramos Scrabble.

Tuvimos una partida muy buena -él empezó con una plena, y triple-; luego, mientras estábamos armando el cubo de Rubik -le presté el mío de seis por seis- una de las piezas se salió de su lugar; y no pudimos volver a introducirla.

Le propuse que viéramos, en su casa, algún video para ver la mejor forma de reparar el cubo; y que mejor fuéramos a la rueda de Chicago; la cual estaba un poco llena, pero pudimos abordarla luego de una pequeña espera.

Cuando estábamos en el juego mecánico mi hijo se mostró un poco más animado; de hecho se entusiasmó un poco comentándome algunas opciones que estaba previendo para superar su situación presente; realmente espero que pueda continuar su camino.

Después de la rueda de Chicago decidimos retornar a casa; de hecho, en el almuerzo, mi hijo me había -al consultarle- pedido que termináramos la reunión a las cuatro y media; ya en la rueda indicó que estaría bien si nos despedíamos a la hora habitual -cinco de la tarde-.

Retornamos a casa -el tiempo estaba bastante fresco- y nos instalamos en la sala; ví que mi hija me había enviado algunos mensajes y le respondí comentándo que dejaba la mochila en la sala, por si podía -me lo había ofrecido- ayudarme a repararla.

Salió un poco después de su habitación y llegó a saludarme; la encontré en un estado emocional bastante alterado -hoy, un día después, me pregunto si había consumido alguna sustancia-; entendí que ya había renunciado a su trabajo y estaba intentando entrar a dar clases a una academia de idiomas.

Le entregué la mochila y le mostré el daño que había causado; poco después nos despedimos; busqué en Youtube un video para reparar el cubo de Rubik y se lo mostré a mi hijo, pero, como ví que le estaba costando, le comenté que dejaría el cubo, para cuando pudiera verlo más despacio.

Eran casi las cinco y media cuando nos despedimos; le escribí a mi hija mayor para despedirme y salió de su habitación; contrariamente a lo habitual, no se ofreció a acompañarme al automóvil; el cual arranqué y saqué del parqueo; y me llamó la atención que estaba costando que avanzara.

Y no fue hasta que había recorrido más de la mitad del camino que me percaté de la causa: estaba manejándolo en segunda velocidad, no en Directo; y fue en el semáforo de entrada al municipio cuando me dí cuenta de mi error y lo corregí.

Por la noche le escribí a mi compañero más brillante -el viernes le había preguntado sobre consultas el fin de semana y había estado de acuerdo- para ver si podíamos reunirnos un rato el domingo; me respondió que ya tenía planes, que prefería el lunes.

Me resigné a no avanzar hasta el lunes; pero me dije que la vida es así -la ventaja de tener más de cincuenta-; por la noche estuve leyendo un poco del libro de No Ficción en español; y lo raro de la noche fue que, a las diez que me retiré a meditar, Rb me interrumpió cuando me quedaban aún seis minutos.

Y lo que pasa es que estuvo consultando a Deepseek sobre sus síntomas y, por supuesto, el LLM le estuvo dando muchas opciones, cada una más preocupante que la anterior; y quería que revisara su entrepierna para que hiciera una verificación visual; la verdad no encontré nada diferente.

El domingo me desperté a las seis y media; pero no sentía ánimos para levantarme; me quedé dormitando en la cama -aunque puse el temporizador de la meditación: veinticuatro minutos-; pero me levanté antes de que se agotara el tiempo.

Medité y después salí a la mesa del comedor; decidí que, si no podía reunirme con mi compañero, al menos intentaría comprender un poco más el código en el que estaba trabajando; y encontré que el error no era muy complicado -al menos el que me estaba frenando-.

Estuve trabajando un rato antes de prepararme el desayuno -a las nueve y media-; luego seguí revisando el código otro rato; a las diez le propuse a Rb salir a caminar -ella estaba justo en el inicio de la fermentación de sus panes-; decidimos dirigirnos a los supermercados en dirección Norte.

No teníamos nada pendiente en nuestra lista de compras; aunque en el camino recordamos que ya no nos quedaban aguacates; de todos modos, apenas habíamos salido al boulevard le propuse que camináramos hasta un supermercado que se encuentra a tres kilómetros de distancia.

Yo quería ver el horario en el que atienden en una sucursal de la cooperativa en la que tengo un par de cuentas que no he movido en varios años -son unos doscientos dólares de ahorros-; pues planeo cerrar las cuentas y trasladar los fondos a mi banco habitual.

Pasamos por la cooperativa -el domingo atienden de nueve a una- y luego entramos al supermercado; compramos una red de aguacates -y una botella de agua para Rb-; luego de pagar empezamos el camino de vuelta -de ida habíamos visto una fila de autos clásicos, pero ya no estaban cuando veníamos de vuelta-.

Cuando entramos a casa ya había psado el mediodía; por lo que nos preparamos para sacar a caminar a los perros más grandes; después preparamos el almuerzo dominical: Rb frió las alitas y yo preparé un par de ensaladas.

Un poco después del almuerzo -aún me preparé un té de jazmín, después de lavar los trastes- continué trabajando en el código y (sorprendemente) logré que el primero (de tres) métodos funcionara; eso me animó y continué trabajando en los otros dos.

A mitad de la tarde ya había completado los otros dos métodos -la mitad del trabajo que tenía pendiente-; un poco antes de las tres le preparé un té a Rb; además pasé el arroz que había estado deshidratando -se me había olvidado sacarlo un día- a un bote vacío de plataninas.

Y saqué las seis bolsas que había mantenido en el congelador desde el Jueves, para poner ese arroz en el deshidratador durante el resto de la tarde; el resto de la tarde estuve viendo videos de Youtube; a las cinco Rb me pidió que la ayudara con la preparación de los almuerzos.

Pelé un gran güisquil y lo pasé por el picador, junto con cuatro zanahorias, dos chiles pimientos; y una buena ración de arvejas chinas y apio; al inicio de la noche salí a meter el deshidratador; y trasladé el arroz a la caja en la que había encontrado gorgojos (la había lavado ese día, junto con la gaveta del armario, además, coloqué algunas hojas de laurel en el fondo de la misma).

Y a ver cómo sigue eso...

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