miércoles, 31 de enero de 2024

Accidente de auto -otra vez-... Car crash -once again-... Accident de voiture -encore une fois-...

Esta es mi tercera vez -al menos frente al volante-: la primera vez acababa de adquirir mi primer auto -en la época en la que quería conducir- y le dí un pequeño golpe a un pickup; pagué como cincuenta dólares por el daño y allí quedó todo -ni siquiera perdí tiempo de trabajo o de familia (mi segunda hija estaba por nacer, creo).

La segunda vez sucedió en el mismo auto: aceleré mientras estaba detenido en un semáforo en rojo y abollé completamente un gran pickup de un supermercado; ahora ya tenía tres hijos, había regresado de mi primer viaje al imperio del norte y tenía un bonito trabajo pero un feo matrimonio.

Esta vez fue más complicado porque el auto al que golpeé estaba asegurado y me tocó que pagar como doscientos cincuenta dólares -que no tenía-; perdí la tarde de trabajo y hasta me tocó que pedirle prestados diez dólares a un compañero de trabajo.

Y anoche: al final tuve que prestarle -regalarle más bien- cien dólares a mi hija mayor porque no pude ayudarla a moverse de lugar de habitación y también me tocó estar un par de horas soportando frío; además, deberé llevar el auto -la parte delantera quedó completamente abollada- al taller de la aseguradora.

Pero también -algo de cliché- me sirvió para comprobar la pregunta que estaba haciéndome desde que empecé a leer The Good Life: ¿A quién llamo cuando tengo dificultades?; le escribí a cuatro o cinco contactos para inquirir sobre cómo proceder y todos me contestaron de una u otra forma.

Además, como el accidente ocurrió a cuatro o cinco calles de donde viví hace cuatro o cinco años, llamé al voluntario con el que me reuno una vez al mes y él llegó al lugar del accidente; y al final dejé estacionado el auto en su parqueo pues no quería manejarlo hasta mi casita con el bumper frontal a punto de caerse.

La semana pasada continuó el bajo nivel de ocupación en mis labores; pero, me contactaron de la oficina -no había ido en mucho tiempo- para que llegara a cambiar cierta configuración de la computadora; lo malo es que no me comentaron que sería un formateo total.

El jueves acudimos a la tienda donde venden muchas baratijas a precios bastante accesibles y repuse la botella de ketchup que había finalizado un día antes y una cuerda de varios metros de seda: Rb me había compartido un video donde explicaban cómo hacer un artilugio para bajar frutas con un tubo, una botella de plástico y una cuerda.

El viernes -al igual que el miércoles- agregamos las dos botellas de concreto, de cuatro libras cada, en la rutina de ejercicios que realizamos al finalizar la jornada laboral; además, estuve revisando videos en Youtube similares al que Rb me había compartido y decidí construir el artilugio sin la cuerda.

El sábado por la mañana estuve nomás haciendo Duolingo y avanzando un poco con el libro del Genoma que estoy casi por concluir; antes del mediodía corté la parte lateral de un galón de aceite de automóvil -vacío- y construí el artilugio para bajar frutas; luego lo probamos con siete u ocho güisquiles y funcionó bastante bien.

Como había planeado una reunión con mi ahijada profesional para la mitad de la tarde ayudé a Rb a preparar el almuerzo: ensalada de pollo y sopa; a las tres menos cuarto me dirigí al Mc Donald's a donde había citado a mi ahijada; el viaje no estuvo tan mal y llegué quince minutos antes de lo acordado (a las tres y cuarto).

Mi ahijada me obsequió un cinturón de cuero y una billetera del mismo material y yo le entregué un libro que había recibido el año pasado; luego compré un par de cafés y ella compró un helado y un derretido de queso; estuvimos casi tres horas entre conversación y una partida muy larga de Scrabble.

A las seis y media pasé a dejarla a la avenida más populosa del centro histórico y retorné a mi casita; el domingo llevé -y traje- a Rb a su iglesia y por la tarde, luego del almuerzo -alitas- y sacar a sus perros estuve avanzando un poco en mis lecturas.

Este lunes estuvo bastante tranquilo en el trabajo y al finalizar la jornada realizamos por tercera ocasión la nueva rutina de ejercicios -la que nos dejó bastante afectados las semanas anteriores- y en esta ocasión no estuvo tan mal.

La semana pasada mi hija mayor me había pedido ayuda para moverse de lugar de habitación el penúltimo día del mes, y habíamos acordado que llegaría a su casa a las ocho de la noche, y que la ayudaría a transportar el minirefrigerador a su nueva casa.

Y por lo mismo -para no salir varias veces en la semana- había programado la actualización de mi computadora el mismo día a las dos de la tarde; por lo que ayer a la una y cuarto me dirigí a una oficina secundaria de la empresa en la que trabajo y llegué un poco antes de la hora al lugar.

Habían otras dos personas esperando para realizar el mismo procedimiento y la reunión empezó mal pues no había comprendido que sería un formateo total; empecé a subir una copia de mi información a la nube pero luego de una hora lo detuve y les pedí que procedieran.

Se suponía que el procedimiento no tardaba más de una hora pero ni siquiera pudieron comenzarlo: un proceso debía ser realizado desde las oficinas en el imperio del norte y no pudieron iniciarlo; al final a las seis de la tarde acordamos que me retiraría con la computadora y realizaría el procedimiento de forma remota.

Había estimado conducir una hora hasta la casa de mi hija -incluso la había contactado para pedirle que realizáramos la mudanza antes- y no tuve grandes dificultades saliendo del área empresarial de la ciudad; lo malo ocurrió justo a unas cuadras de donde vive mi amigo voluntario con quien compartimos colonia hace unos años -y a menos de diez minutos de la casa de mi hija-.

Esta vía lleva directamente al final del anillo periférico -y a una de las entradas de la Universidad- por lo que es bastante transitada -cuenta con tres carriles- usualmente conduzco por el carril izquierdo o central pero en esta ocasión aproveché que el carril derecho estaba bastante vacío.

Pero, casi llegando al último semáforo de esta vía una señorita atravesó con éxito los carriles izquierdo y central, y no verificó que yo venía en el carril derecho: le dí de lleno en la puerta del copiloto aplastando completamente el bumper frontal del auto de Rb -los silvines quedaron flotando-.

Afortunadamente la chica no se dió a la huida -hubiera sido complicado perseguirla- sino se parqueó en la calle a la que iba; yo también entré a la calle y me parqueé -incluso un señor que iba pasando me comentó: ella tuvo la culpa, debe de hacerse responsable, allí hay cámaras-.

Me bajé del auto y fuí a pedirle a la señorita que si hiciera responsable -iba acompañada de otra jovencita- y me dijo algo como: ellos me habían dado la vía por lo que no tengo la culpa; pero, insistí en que yo iba en la vía principal y nomás dijo: hay que esperar al seguro.

Entonces arranqué de nuevo el auto y lo parqueé frente al de ella, y empecé a escribirle a cuatro o cinco conocidos sobre la forma de proceder -antes le había escrito a mi hija para disculparme por no poder llegar y ofrecerle pagar por su mudanza; y a Rb para comentarle lo que había sucedido-.

Mi amigo que es Testigo de Jehová me llamó en el acto -la compañía telefónica ha estado regalando tiempo de aire estos días debido a una falla técnica- y me indicó -de una forma bastante chabacana- lo que podía esperar y cómo debía proceder.

Luego mis otros tres o cuatro contactos me empezaron a escribir mensajes sobre lo que podía esperar o cómo debía proceder; además, cuando le comenté a Rb que tenía frío, me sugirió que sacara una frazada del asiento trasero, después continué esperando.

Un poco después Rb me sugirió que llamara a mi amigo voluntario -no se me había ocurrido- y le escribí solicitándole ayuda; él llegó un poco después caminando y me acompañó en el final del evento: el ajustador del seguro llegó un poco después y acordaron hacerse responsables.

Me indicó los detalles del taller a donde debo llevar el auto y me entregó un marbete con la información del incidente y la dirección del taller; después de despedirnos del ajustador conduje el auto -como cuatro calles- hasta la casa de mi amigo y luego de parquearlo en su estacionamiento bajé los libros que había recibido la semana pasada y las herramientas -es una vaina con los talleres-.

Para retornar a mi casa había planeado pedir un Uber moto -en otras ocasiones el viaje me ha salido como en tres dólares- pero al revisar los detalles de los viajes encontré que -por alguna razón- la opción de automóvil estaba más barata en esta ocasión -seis dólares-.

Pedí el Uber y me despedí de mi amigo; como ya era bastante tarde no había mucho tráfico por lo que un poco más tarde estaba entrando en la calle donde vivo; en el ínterin le había pedido a Rb que me transfiriera cien dólares y le envié esta información a mi hija para que obtuviera el efectivo.

Cuando vine -un poco antes de las diez- Rb estaba a punto de cenar por lo que la acompañé -con más de dos horas de atraso de mi hora habitual- y luego estuve conversando con mi hija hasta que me confirmó que había concluido su mudanza.

Hice un poco de Duolingo y a las once de la noche -de acuerdo a la costumbre diaria- me retiré a mi habitación y dejé a medias el capítulo que estaba leyendo del libro sobre el Genoma -mientras esperaba en la oficina había leído los dos capítulos que me tocaban de The Good Life-.

Este día estuvo bastante cargadito laboralmente debido a que me tocó arrancar mi máquina desde cero; me desperté a las siete y media y ví que el técnico de IT me había escrito más temprano para confirmarme que ya podía iniciar el proceso.

Ayer habíamos quedado que íbamos a estar en contacto con la app de mensajería que usamos en la oficina y que debía esperar la indicación para empezar el proceso pues éste debía ser primero confirmado desde la oficina del Imperio del Norte.

Total que a las siete y media saqué un cable de transmisión que Rb tiene almacenado en la habitación de la comida de los perros y conecté mi máquina pues era recomendable utilizar una conexión física por lo delicado de la información a recibir.

Esuve más de dos horas trabajando en el re inicio de mi computadora y luego de verificar que ya estaba lista me dediqué el resto del día a instalar los programas que necesito para realizar mis funciones cotidianas.

Luego de la jornada laboral realizamos con Rb la rutina de ejercicios de Kickboxing y despues de una buena ducha continué con mi aprendizaje de Angular: por alguna razón ayer encontré una serie de videos oficiales en Youtube y empecé a hacer los ejercicios propuestos en mi máquina con Fedora.

Y a ver cómo sigue eso...


miércoles, 24 de enero de 2024

La vieja mentira... The old Lie... Le vieux mensonge...

...no dirías con tanto entusiasmo a niños 
ardientes por una gloria desesperada, 
La vieja mentira: Dulce et decorum est 
Pro patria mori.
Wilfred Owen


El título está en uno de los últimos capítulos de Genome The Autobiography of a Species in 23 Chapters; libro que estoy por terminar en un par de días, y que trata de la muerte desde el punto de vista de nuestro código genético.

Me ha estado costado bastante avanzar en el libro: lo he encontrado bastante denso en algunos puntos -o quizá es que he estado tratando de leerlo durante las tardes y acabo muchas veces dormitando-; pero me he forzado a continuar para seguir con el resto de las líneas de lectura.

Y es que mi ánimo ha estado tan bajo durante estas primeras semanas del año que incluso esta semana le comenté a Rb que estoy en ese ciclo en el que dejo de encontrarle sentido a muchas cosas; por ejemplo, decidí no formarme profesionalmente en tanatología.

O sea, creo que es como la vieja mentira: no hay decoro o dulzura en la muerte; es nomás el punto final de la vida; algunos lo tomarán con calma, otros con desesperación; en algunos casos será tranquilo, en la mayoría de los casos habrá dolor.

Pero eso, es nomás el final; y creo que una gran parte de mi decisión fue leer un poco sobre Elisabeth Kubler; la austríaca -convertida en estadounidense- que inició el movimiento del cuidado paliativo en el imperio del norte.

O sea, sí, empezó un movimiento que me parece bastante admirable; pero, por otra parte, también se involucró -en su época- con el espiritismo -supuestamente incluso su esposo la abandonó por esta razón- y, muriendo en el dos mil cuatro, nueve años antes había sufrido una serie de quebrantos de salud que la dejaron incapacitada.

Y, como quizá era de esperarse, cuando se vió confinada a una silla, renegaba de todo el trabajo que había hecho diciendo -según un artículo periodístico- que había desperdiciado su vida porque nada había cambiado en el sistema y que al final de su vida lo único que sentía era enojo.

Como le comentaba a Rb cuando -por fin- nos enviaron la información sobre el curso de tanatología que imparte la sección local de la fundación Elisabeth Kubler -son como mil dólares por nueve meses de estudio, pero le envié casi diez veces eso  a mi hija para su último año de universidad-: es bastante diferente hablar de algo a enfrentarlo.

Pero no se limita a formación; incluso me he estado cuestiónando últimamente sobre el sentido de seguir viendo frecuentemente a mis hijos; o a los conocidos a los que he estado viendo un poco más periódicamente desde hace dos años... está algo confuso el panorama.

No sé -bueno quizá sí sé- si una gran parte de la causa proviene del estado laboral en el que me encuentro: después de casi un año de estar en mi posición actual aún no veo claro cómo mi función -o el proceso del cual soy parte- encaja con el sistema al cual acepté moverme antes de la mitad del año pasado-.

O sea, los días van tan lentos -o vacios- que me ha permitido aumentar la cantidad de lectura e incluso explorar algunas otras opciones en el ínterin: el jueves y el viernes de la semana pasada nomás estuve revisando especificaciones de algunas funcionalidades.

El sábado por la mañana volví a subirme a los árboles del jardín -aunque había caído una llovizna ligera- para bajar ocho o nueve güisquiles -la mayoría de los cuales fue repartido en el vecindario- y al mediodía me dirigí a la habitación de mi hija mayor.

Con mi hija nos dirigimos a Taco Bell -luego de pasar a un cajero pues había olvidado mi efectivo y me tocó llamar a Rb para que me transfiriera cincuenta dólares- y almorzamos en el interior del restaurante; poniéndonos al día de las última novedades: al final del mes se cambiará de habitación y me pidió ayuda para la mudanza.

Luego regresamos a su habitación en donde estuvimos armando los cubos de rubik de 4x4x4 de colores y de 3x3x3 espejo; habíamos planeado hacer un par de ejercicios de ajedrez pero el tiempo se nos fue con un par de donas y té y a las cinco de la tarde me despedí pues había acordado reunirme con una conocida en las afueras de la universidad.

El tráfico estaba bastante pesado en la universidad por lo que entré a parquearme frente a la rectoría y le escribí a mi conocida -es una persona sorda bastante conocida en el medio y me interesaba practicar lenguaje de señas- y, luego de un par de mensajes, pasé por ella -y un su amigo sordo- justo en el portón de salida.

Nos dirigimos a un centro comercial en donde compartimos un café y un pastel -nos acompañó el amigo que llevábamos y otra persona sorda que se moviliza en motocicleta-; la reunión estuvo muy interesante pues aunque mi amiga se expresa bastante bien verbalmente los otros tipos utilizaban casi exclusivamente la lengua de señas.

Departimos en el lugar por un poco más de una hora -la llegada al lugar nos consumió bastante tiempo pues el tráfico en el anillo periférico estaba bastante pesado- y un poco antes de las siete les indiqué que me retiraba y nos despedimos; la verdad no me quedaron deseos de repetir la experiencia.

El domingo por la mañana había previsto llevar a Rb a su iglesia pero la noche anterior me había indicado que aún no se decidía a asistir; al final desistió y nomás me dirigí a las diez y media al Mc Donald's donde usualmente me reuno con mis conocidos.

Desde los últimos meses del año pasado había estado en conversaciones con una persona que quería donar algunos libros y me había ofrecido a trasladarlos a la biblioteca en la cual estuve realizando las reuniones de diálogo filosófico.

Como llegué un poco temprano al lugar me compré un helado y me dispuse a esperar a la señora; quien llegó con diez o quince minutos de retraso -y acompañada por su esposo y su bebé- y que afortunadamente se estacionó justo a mi lado en el parqueo: trasladamos de automóvil como cuarenta libros.

Por la tarde había planeado ir a visitar al voluntario que vive en la colonia en donde viví por más de ocho años; pero un poco después del mediodía me llamó para excusarse pues su familia que vive en uno de los departamentos del norte le había caído sin avisar: pospusimos la reunión.

El día anterior también me había escrito mi doctora para cancelar el desayuno que teníamos programado para el día de mi cumpleaños: debe someterse a un procedimiento médico y me propuso una reunión más tarde; pero había previsto almorzar en casa y por la tarde cenar con Rb.

Los primeros tres días de esta semana han seguido bastante calmados en el tema laboral; el domingo por la tarde saqué de la cubeta donde tenía sumergidas en agua las cuatro botellas que había llenado con cocreto el jueves; las puse sobre la balanza de la cocina y pesaron un poco más de cuatro libras.

Con estas botellas empezamos la ejercitación el lunes luego de terminar la jornada laboral; como estamos usando muñequeras que pesan una libra los ejercicios de fuerza lo estamos haciendo con un peso de un poco mas de cinco libras.

Y los ejercicios no se sintieron tan pesados como la semana pasada; además de que decidimos no hacer despechadas hasta fortalecer los brazos a través de la ejercitación con pesas; también los días subsiguientes el dolor no ha sido tan intenso como la semana pasada.

Ayer luego de la jornada laboral caminamos un par de kilómetros en direcció sur y luego pasamos a comprar aguacates a la tienda del señor de las frutas y verduras; y en el trayecto si empezó a sentirse el efecto de los ejercicios del día anterior.

Este día ha estado bastante tranquilo -aunque acabo de hablar con el dev que más nos ha apoyado- y debo de documentar un par de detalles de una de las funcionalidades que he estado revisando desde la semana pasada.

La semana pasada completé la primera temporada de Condor -el libro debe ser muy bueno- y aunque el desarrollo de la misma fue bastante satisfactorio -mucha mucha acción- el final se sintió muy apresurado; ahora estoy a la mitad de la segunda temporada y aunque ha habido menos acción espero que el final esté mejor.

También empecé a ver ayer Godzilla minus one...

Y a ver cómo va eso.

jueves, 18 de enero de 2024

El dolor de los huesos... The pain in the bones... La doleur dans les os...

Llevo -llevamos con Rb- más de nueve meses de estar haciendo ejercicios en casa: los martes tenemos una rutina de media hora de kickboxing y los jueves una rutina de un poco más de media hora de ejercicios abdominales.

Hasta esta semana: A finales del año pasado le había propuesto que cambiáramos nuestra rutina este año -salir a caminar lunes, miércoles y viernes y hacer ejercicios martes y jueves-; mi propuesta era agregar otra rutina de ejercicios para los lunes y ahora salir a caminar martes y jueves.

Pero, por mi participación en la segunda jornada médica durante el final de la primera semana y el inicio de la segunda, hasta esta semana nos decidimos a comenzar la nueva rutina; en todo caso, antes de este lunes ya tenía preparado un video con la nueva rutina de ejercicios.

Y, de acuerdo a mi sugerencia, los ejercicios que busqué para esta nueva rutina tienen como objetivo aumentar la fuerza o resistencia; lo malo es que no previmos las consecuencias a corto plazo de este nuevo ciclo: el dolor en los huesos.

Y sí, nos costó terminar los cuarenta minutos de ejercicios (incluyendo ejercicios de calentamiento al inicio y de estiramiento al final) y desde el mismo lunes empezamos a quejarnos de dolor en varias partes del cuerpo.

Pero lo peor -para mí- fue el martes por la mañana: me desperté con un dolor constante en el brazo derecho -por encima del codo-; se lo comenté a Rb y ella me indicó que en su caso era más la parte baja de la espalda.

Los últimos días de la semana pasada estuvieron igual de tranquilos que el final del año: nomás el jueves me reuní con mis dos compañeros para intentar llegar a un consenso en cuanto al plan que debemos desarrollar para establecer nuestro proceso dentro del sistema actual.

El sábado me reuní con mi hijo menor y, aprovechando que el campus central de la universidad está ahora abierto, le propuse que compráramos pollo frito y almorzáramos en el lugar en donde pasamos la mayor parte de fines de semana con sus hermanas.

Luego del almuerzo le pedí que me acompañara al centro comercial más cercano para reponer el cubo de 4x4x4 que le regalé a la estudiante asiática de la jornada médica; después retornamos a su habitación y tomamos té y pastel de chocolate; nos despedimos alrededor de las cinco de la tarde y retorné a mi casita.

El domingo acompañé a Rb al supermercado en donde nos proveemos de artículos a granel; ella gastó casi doscientos dólares -yo no compré nada-; luego pasamos a una bodega china para ver si habían mancuernas para realizar los ejercicios del lunes pero estaban bastante caras.

También pasamos a un par de tiendas de ropa usada pues en ese lugar a veces se encuentran artículos de este tipo pero el resultado también fue negativo; en la última Rb compró un recipiente para transportar frutas y yo compré un helado; después regresamos a casa a almorzar alitas de pollo.

El lunes inauguramos la nueva rutina semanal de ejercicios y desde ese día el brazo izquierdo ha seguido doliéndome; un poco menos, pero aún siento molestias; incluso esta mañana Rb me aplicó árnica luego de negarme a tomar analgésicos.

Y el resto de la semana ha continuado con la baja actividad laboral; nomás he puesto un par de reuniones con el compañero con el que mejor me llevo para revisar un par de hallazgos; y ayer por la tarde estuve en conversaciones con el dev en el imperio del norte que más nos ha ayudado para avanzar un poco.

El martes fuimos a comprar cuatro botellas de agua y un recogedor de basura pues el lunes me tocó barrer ya que la aspiradora ha estado trabajando de forma bastante irregular; además pasamos a comprar un cartón de huevos a la tienda del vendedor de frutas y verduras.

Ayer me escribió mi hija mayor para que le transfiriera los ciento treinta dólares mensuales que debe pagar para continuar con el curso de técnico en urgencias médicas que está cursando con la esperanza de trabajar en el extranjero -es la cuarta cuota de seis-.

También, al final de la jornada laboral, acompañé a Rb a comprar frutas y verduras y pasamos a la ferretería a comprar tres libras de cemento y nueve libras de arena pues decidimos hacer nuestras propias pesas de concreto para los ejercicios semanales.

Hoy le envié a mi hija segunda cuatro mil quinientos dólares -segunda parte de la matrícula de su último año en el college- y espero que con eso se terminará mi apoyo directo -aunque se supone que me devolverá el dinero dentro de dos años, no cuento con ello-.

Rb salió hoy a su visita semanal al mercado del centro histórico y yo me puse a preparar concreto con el cemento y la arena que compramos ayer; pero el concreto me alcanzó únicamente para rellenar tres botellas por lo que tuve que salir nuevamente a la ferretería a comprar otra libra de cemento y tres de arena.

Terminé de preparar el concreto para la última botella y luego lavé todos los instrumentos -incluyendo la cubeta en donde había preparado la mezcla-; luego llené un recipiente con agua y sumergí las botellas en el el mismo -de acuerdo al consejo recibido de mi amigo constructor-.

Sigo avanzando con In Five Years en la línea de ficción y con La Reina Roja -está muy buena- en la línea de español; además me decidí por Genome The Autobiography of a Species in 23 Chapters en el caso de los libros que leo entre cada línea -seguiré con el tema de la suerte después-.

También, por algunas notas que leí en este último libro, decidí ya cuál será mi siguiente lectura en español (después de esta trilogía de novela negra): El mundo de las palabras de Steve Pinker; en francés sigo con el segundo libro de Aurore; aunque también decidí que mis próximas lecturas en este idioma serán de la ganadora del premio nobel de literatura de 2022.

En No ficción planeo -por fin- leer The Good Life de Robert Waldinger; sobre el cual había leído un par de artículos el año pasado y me había hecho el firme propósito de conseguirlo; en Tecnología sigo con El Método Lean Startup y en meditación con el libro de Kornfield.

Y a ver cómo sigue eso...



miércoles, 10 de enero de 2024

La segunda -y la última quizá-... The second -and the last maybe-... La deuxième -et la derniere peut-etre-...

Ayer terminó la segunda jornada médica en la que participo como intérprete y la verdad no me dejó con ganas de seguir por ese rumbo en lo que respecta a trabajo voluntario; anoche que Rb me preguntó si planeaba volver a participar concordamos en que esta no era la opción más eficiente: tres horas para llegar y más o menos el mismo tiempo para regresar cada día.

Pero aún tengo -al menos- otro mes y medio de tiempo libre que debo llenar durante este año así que tendré que seguir explorando esta área; quizá si la jornada se realizara en la misma forma que la del año pasado: ocho días residiendo en el lugar.

Se suponía que esta semana la institución que imparte el diplomado en Tanatología empezaría sus actividades regulares; por lo que el lunes les escribí por Whatsapp inquiriendo información sobre el programa, contenido, horarios y similares; nomás me repondieron de vuelta ofreciéndome una pronta respuesta.

Ayer completé dos de los libros en progreso: 13 steps to bloody good luck -bastante corto y bastante ligero- y How the World really works -bastante extenso, bastante sólido-; creo que el siguiente en la lista de los que leo entre líneas principales tendrá el mismo tema: la suerte.

Y en el caso de no ficción, creo que me decantaré por el libro sobre el genoma que había estado sopesando leer entre las líneas principales; en las cuales sigo avanzando: en ficción voy por el cuarto o quinto capítulo de Five Years y la historia ha tenido giros interesantes.

En Español terminé de leer Cualquier Verano es un Final y aún estoy procesando la historia: o sea, es ameno y está narrado en primera persona; el tema central es la muerte y habla bastante sobre la amistad y el sentido de la vida; el final me pareció bastante inesperado (anticatártico).

Aunque el año pasado había puesto pausa a la novela negra -en especial en español- luego del último libro encontré una trilogía que me llamó la atención y obtuve los tres libros en un mismo archivo: Reina Roja, Loba Negra y Rey Blanco.

Empecé a leer el primero y se ve bastante prometedor: bastante acción y un ritmo adecuado; creo que leeré los tres en este ciclo de lectura; en la misma forma en que leí el último libro de Roberto Bolaño el año pasado -2666-.

En Francés continúo con el segundo libro de Les Fabuleuses Aventures d'Aurore (son tres en total) y la semana pasada estuve bajando varios libros adicionales en este idioma; como para tratar de aumentar el nivel de lectura en este idioma (los de Aurore son para edades entre nueve y doce años).

En Tecnología estoy avanzando con El Método Lean Startup pero no lo estoy encontrando muy técnico; ni siquiera muy administrativo; de hecho se siente más como un libro de emprendimiento; y en Meditación apenas estoy empezando con el libro de Jack Kornfield: Meditation for Beginners.

El jueves pasado me levanté a las 5:20 pues había estimado los tiempos de preparación, caminata y autobús para llegar al punto de encuentro con el bus de la jornada médica a las 6:30 -al final llegué con más de diez minutos de antelación-; como le había puesto redes a mi teléfono para toda la semana pude seguir al detalle el paso del mismo por el punto de inicio y el anterior.

Y me dí cuenta que una persona había llegado tarde al punto de encuentro por lo que tuvimos que esperarla quince minutos en donde abordé el bus; y luego otra persona avisó que no había visto el bus en el segundo punto por lo que tuvimos que esperar otros quince -o treinta minutos, no sé- en el último punto de encuentro.

De todos modos llegamos temprano a la localidad -a un par de kilómetros de mi primer lugar de trabajo como ingeniero-; este lugar -centro educativo de la comunidad Bahai- es administrado por un par de ancianos del Imperio del Norte que se aparecían de forma aleatoria para conversar sobre las bondades del lugar.

Y a diferencia de la jornada en la que participé el año pasado en esta ocasión no venían médicos extranjeros; puros estudiantes de secundaria; y me resultó un poco desconcertante descubrir que el objetivo final -creo- de la experiencia es únicamente acercar a estas personas a una práctica real.

También percibí demasiadas personas en la parte de administración -no sé si en la del año pasado había tal cuerpo organizativo, pero no se notaba-; en esta ocasión sí: había como tres o cuatro líderes -para ocho o diez personas-; incluso un supervisor de intérpretes.

Y los servicios -refacción, café, almuerzo- no me agradaron para nada: galletas y gaseosas -las mismas botellas los tres días- y agua caliente para café instantáneo; creo que lo que más me gustó fue la gelatina que acompañó el almuezo el segundo día.

Siempre es un gusto -hasta cierto punto- conocer a personas que vienen a experimentar el país y a las personas que se acercan a recibir la ayuda brindadda por este tipo de organizaciones; la mayor parte de los estudiantes eran chicas -treinta o así contra dos o tres chicos- y la mayor parte de casos no eran tan graves.

Pero la organización fue bastante deficiente; y realmente me había agradado este grupo porque había percibido que se enfocaba bastante en el orden; pero no: el segundo día nos atrasamos como una hora porque no hicieron bien el horario de una parte del grupo; y el tercer día fue peor; vine con un par de hora de atraso.

El día jueves no llegé desayuno pues había estimado que podría refaccionar algo en la pausa de la mañana; pero al ver que nomás nos ofrecían una galleta y gaseosa decidía llevar el deayuno el resto de la semana.

Por lo que el viernes me levanté veinte minutos antes y preparé para llevar el panito que usualmente consumo el último día de mi semana laboral y el primer día de mi fin de semana; por no haber estimado bien los tiempos me tocó que correr un poco para llegar al punto de encuentro del bus; llegué justo cuando estaba estacionándose.

El día transcurrió de forma similar al anterior; la única variante fue que me asignaron un grupo diferente al primer día para ayudar con la interpretación; y que al final del día nuestro bus no podía iniciar el recorrido pues tuvimos que esperar más de una hora a uno de los integrantes porque se habían atrasado.

El sábado me levanté también a las cinco y llegué a una buena hora al punto de encuentro -nomás esperé cinco o die minutos-; la jornada transcurrió sin muchos sobresaltos -con un tercer grupo de estudiantes- y como era el último día en este lugar terminamos bastante temprano.

Pero tuvimos que esperar más de dos horas a que el mismo grupo que nos atrasó el día anterior concluyera su trabajo; afortunadamente había llevado mi tablet y aproveché para leer un poco antes de que iniciara el viaje de vuelta a la ciudad.

Había estado en comunicación constante con Rb y habíamos sopesado que sacara el auto para la parte final del retorno pues temíamos que no habría bus a esa hora -ya casi eran las ocho de la noche- afortunadamente aún encontré un busito y al final incluso pude pasar a comprar un poco de pan en una panadería del camino.

El domingo me levanté super tarde -entre siete y ocho de la mañana- y me pasé una buena parte de la mañana en cama; luego fuimos con Rb a la tienda en donde nos proveemos de ropa pues ella necesitaba unos tenis; yo no había planeado comprar nada pero encontré un pantalón de mi talla por lo que aproveché para reponer el que debo tirar pronto.

Al mediodía preparamos alitas para almorzar y por la tarde nomás estuvimos en casa; ella viendo series y yo leyendo y viendo alguna parte de una película; también estuve conversando con mi hija segunda pues me escribió para pedirme dinero para la segunda -y última espero- parte de su matrícula.

Así que el próximo jueves debo enviarle -al igual que el año pasado- una cantidad equivalente a más de dos meses de mi salario; y este mes estará bien cargadito financieramente pues el miércoles mi hermana me pidió un préstamo de cien dólares para pagar una multa de su moto y mi prima favorita me pidió un préstamo de trescientos cincuenta dólares.

El lunes me volví a levantar a las cinco pues aunque los últimos dos días de la jornada médica eran en un lugar diferente los horarios del bus no se modificaban; además nos tocó que pasar por nuestra ciudad colonial pues debíamos pasar por el líder internacional del grupo.

Esta persona fue quien realizó la entrevista inicial para participar en la organización y casualmente ha estado estudiando ciberseguridad por lo que cuando hemos coincidido -ahora ya dos veces- la conversación ha sido fácil.

Esta parte de la jornada médica se realizó en el salón municipal de un pueblito que se ubica entre el lugar de mi primer trabajo como ingeniero y el lugar de donde proviene mi familia paterna -y a quienes aún debo una visita-; no hubo grandes cambios -nuevo grupo de estudiante- y sorprendentemente el viaje de retorno se realizó sin ningún contratiempo.

Lo curioso fue que al mediodía que le estaba mostrando mis cubos de rubik -había llevado dos de 3x3x3 de colores, el de 3x3x3 de espejo y el de 4x4x4 de colores- a una intérprete local; una estudiante de mi grupo de ese día -de ascendencia asiática- se interesó por el de 4x4x4 y estuve enseñándole algunos pasos para armarlo; y el retorno fue tan bueno que incluso vine antes de que cayera la noche.

Ayer fue el último día de la jornada médica -y mi último día de vacaciones-; no hubo ningún contratiempo  en los puntos de encuentro pero había un accidente en la ruta así que llegamos al destino final con un poco de atraso.

Me asignaron un grupo diferente al día anterior -todo normal- aunque una de las estudiantes de este grupo había formado parte del grupo con quienes estuve el día sábado -el día lunes reorganizaron los grupos de estudiantes-; la noche anterior había estado sopesando sobre regalarle mi cubo a la estudiante que se había entusiasmado con el mismo pero aún no había decidido.

Aunque en los grupos de los otros cuatro días habíamos visto hasta siete u ocho pacientes -a veces en pareja o grupos de tres- ayer nomás vimos tres pacientes; pero estuvieron bien interesantes: la primera era una señora con tres de sus seis hijos -al final atendimos a cuatro-; esto nos consumió todo el tiempo antes de la refacción.

Luego un maestro jubilado con padecimientos de diabetes -que incluso empezó a explicarle al doctor (local) el concepto de tic, al verlo jugar ansiosamente con su sello de médico-; y luego del almuerzo a una señora que había tenido dieciseis hijos y con una diabetes tan descontrolada que el médico la refirió al hospital local -con la sospecha que no atendería-.

Un poco después del almuerzo la estudiante de ascendencia asiática se acercó a pdirme prestado el cubo del día anterior por lo que se lo entregué y continué explicándole algunos pasos; cuando terminamos nuestras labores continuamos con la práctica y al final se lo regalé.

Un poco después de las cuatro empezaron los discursos y fotos de despedida y luego ayudamos a subir el equipo al autobus pues debíamos pasar dejando todo a las oficinas que el grupo tiene en la entrada a la ciudad colonial; en donde incluso recibí una playera conmemorativa.

La salida de esa ciudad estuvo bastante complicada pues hay trabajos de construcción pero el resto de la ruta estuvo bastante tranquilo; al final vine a mi casita a las siete y media a tomar café con pan y un poco de papaya y a continuar viendo Anatomy of a Fall.

Y a ver cómo sigue eso...

miércoles, 3 de enero de 2024

De una medusa a un sombrero, pasando por un marsupial... From Jellyfish to Fedora, and even a marsupial... De la méduse au chapeau en passant par un marsupial...

Pasé casi una semana sin mi computadora con Linux: desde hace un par de semanas mi Ubuntu 20.04 (Jammy Jellyfish) empezó a comportarse raro; si intentaba ver el menú de aplicaciones la pantalla se cerraba y debía volver a loggearme.

Me imaginé que era porque había instalado algunas aplicaciones de terceros y alguna de estas estaba entorpeciendo el proceso de actualización del sistema; por varios días intenté identificar la app que estaba causando problemas para limpiar los errores.

También intenté instalar otro par de escritorios (Mate y xfce) pues creí que el problema era con el que viene por default (Gnome) e incluso actualicé -lo que no había querido hacer en casi dos años- a Ubuntu 24.04 (Noble Numbat).

Y esto fue lo que terminó de dañar mi computadora -ya tiene más de ocho años de edad-; durante varios días no pude utilizarla: ya ni siquiera me permitía acceder al escritorio; por lo que estuve probando debuggear el arranque e incluso utilizar solo xfce como escritorio.

En el interín dañé (!) mi memoria de 12 Gb y no me permitía formatear la de Rb de 8Gb cuando intenté crear una unidad par arrancar la computadora y actualizar a la última versión de Ubuntu; y al lograr realizar esto último me dí cuenta que quizá el problema era el mismo que intentar instalar Windows 10: la falta de recursos.

Y esto porque efectivamente pude arrancar la máquina pero cuando intentaba realizar una instalación limpia lo único que me mostraba era un gran cuadro blanco en el escritorio; luego de un día de esto decidí -por fin- cambiar a otra distro de Linux; y después de leer un poco -y recordar el consejo de mi ahijado profesional- me decidí por Fedora.

Fedora va por estos días en su versión 39 -no tiene nombres creativos como Ubuntu- y hasta ayer me enteré que es mantenida por Red Hat, que es parte de IBM; así que -por el momento, al menos- creo que estoy cubierto: no quería utilizar open source que puede ser abandonado de un día para otro.

Así que adió Ubuntu; fue un placer utilizar el sistema por más de quince años -incluso conocí al fundador de Canonical, la empresa que lo distribuye- y aprender sobre sistemas operativos fuera del área comercial.

Ahora es el turno de Fedora: su instalación fue más ligera que la de Ubuntu (1.5 Gb contra 5 Gb) y el grupo de aplicaciones que ofrece es más limitado; sin embargo, para lo que utilizo esa computadora: navegar, editar texto y escribir código; creo que es suficiente.

Ayer completé el primer libro del año: What the luck? que es sobre la regresión a la media y que -como le  comentaba a mis hijos el sábado pasado- cerca del final del mismo aún no tenía claro cual era la tesis del mismo: la suerte juega un papel importante en la mayoría de los resultados.

Este libro lo estaba leyendo entre mis líneas principales de lectura; ahora he comenzado con otro que viene más o menos con el mismo tema: 13 steps to bloody good luck; que es de una persona de India que cuenta de forma amena sus apreciaciones sobre el peso de la suerte en la obtención del éxito.

La semana pasada trabajé de martes a viernes pero debido a que el PM está de vacaciones no hubo reunión diaria de seguimiento por lo que mis días estuvieron llenos de la revisión del ambiente de trabajo y poco más.

Y las actividades post jornada laboral -Rb tomó también toda la semana de vacaciones- estuvo bastante normal: lunes, miércoles y viernes caminamos hacia uno de los supermercados que quedan a una distancia más o menos equidistante; y martes y jueves realizamos ejercicios en la sala de la casa.

El sábado -treinta- tomé el automóvil a mediodía y me dirigí a la habitación de mi hija mayor; luego pasamos por mi hijo menor y nos dirigimos a almorzar a Subway; en donde estuvimos un poco más de una hora y donde les obsequié un cuaderno y un lapicero a cada uno.

Luego les pedí que me acompañaran a una tienda de computadoras pues esperaba comprar un DVD para intentar la instalación limpia de Noble Numbat; no encontré un disco con suficiente espacio -aunque mi hijo aprovechó para comprar un teclado-.

Entonces pasé a dejar a mi hija a su habitación y le pedí a mi hijo que revisáramos una de las memorias -que creí que cargaba- en su computadora; al final no cargaba ninguna de las dos memorias por lo que solo pasé a utilizar su aseo y luego me dirigí a la casa de mi amigo el gestor cultural.

Se suponía que íbamos a ir por un café y donas pero como los ví en medio de compras de comida le propuse que compráramos una magdalena y compartieramos con su esposa; al final salimos a comprar una magdalena de amapola y luego refaccionamos con su esposa.

Un poco antes de las seis me despedí de mi amigo y retorné a mi casita; el último día del año la misma vecina de la cena de navidad nos trajo tres tamales y consumí uno de ellos en la cena; almacenando el otro par en el refrigerador.

El lunes fue día de asueto -por ser el primero del año- y aproveché para dejar atrás Ubuntu e iniciar mi utilización de Fedora; al menos recuperé mi computadora personal e inicié a instalar los programas que pueden servirme: Notepad++, Zoom, Tor, entre otros.

Ayer fue el primer día de labores pero como el PM sigue de vacaciones hasta el lunes nomás recibí una notificación para la primera reunión este día; la cual fue bastante escueta pues del equipo local de ocho personas nomás dos personas estamos en línea.

Y a ver cómo sigue eso...