domingo, 26 de abril de 2026

SQL -otra vez-... SQL -again-... SQL -encore-...

Ahora que estoy leyendo un libro -básico- sobre SQL me esetaba recordando de que así fue como retorné al área de tecnología: hace unos veinte años me metí a un curso de esta base de datos en una de las 'nuevas' universidades (privadas) locales, con ese pequeño certificado (el curso duró dos o tres meses, una o dos veces por semana, un par de horas por la noche).

Y es que no pude concluir la ingeniería en computación porque en esa época no tenía recursos para comprarme una computadora -y los tiempos de laboratorio eran muy limitados, y no quería tardarme diez años en la facultad-.

Total que -justo a los dos años y medio- me transferí de Ingeniería en Computación a Ingeniería Industrial -igual, nunca pensé en qué trabajaría en ninguna de las dos opciones-; creí que con la segunda, al menos tendría amplitud de opciones.

Y lo que obtuve no fue muy agradable: estuve un par de años trabajando en la panadería industrial más grande de la región (o del continente? o del mundo?), como jefe de producción; luego estuve tres o cuatro años en una planta de producción de candelas aromáticas.

En este segundo lugar realicé mi tesis; y después estuve en una cadena de cafés implementando ISO 9001; y allí en este último lugar fue cuando decidí retornar al área que siempre me atrajo: quería mejorar la reportería del ERP y utilizaba este lenguaje.

Y bueno, luego vino Linux, Python y -al final- Javascript; ahora llevo doce años trabajando como Testing Engineer; y durante los últimos dos o tres años, específicamente como Automate (aunque, hasta estos últimos meses me he sumergido realmente en la parte de automatización).

La cuestión es que, retomando un poco las líneas de lectura que mantuve durante dos o tres años, he empezado a leer un libro de tecnología: Grokking Relational Database Design; es de la misma línea de libros con los que he explorado otro par de temas en tecnología: bastante animados, aunque su contenido es muy básico.

Y a pesar de que mi experiencia previa con SQL fue bastante fuerte -al menos en teoría- e incluso llegué a dar soporte a empresas de varios países en el tema, creo que me conviene repasar conceptos básicos..

 Y a ver cómo sigue eso.

El miércoles era mi 'día libre' (en el que no había programado ninguna salida) de mi semana laboral; o sea, originalmente había previsto que acudiría a un taller sobre instalacion de pisos cerámicos, pero justo el martes por la noche escribieron en el grupo de whatsapp, anunciando que ya no habría actividades el miércoles, que nomás sería jueves y viernes.

Entonces decidí aprovechar el día para acudir a la cooperativa en la que no me había aparecido por más de dos años: en un par de cuentas de ahorros tenía un poco más de doscientos cincuenta dólares.

Pero el día empezó más temprano: el martes en la noche acordamos con Rb realizar la (nueva) rutina de ejercicios a las cinco y media de la madrugada; y es que a ella no le conviene mucho -por cuestiones estomacales- ejercitarse muy tarde.

Y yo quería salir del paso antes de mi horario laboral -usualmente empiezo a trabajar a las siete de la mañana-; entonces el miércoles me levanté a las cinco menos cuarto, medité veinticinco minutos y luego, a las cinco y media desperté a Rb; luego completamos los treinta minutos de ejercicios.

Después de los ejercicios tomamos una ducha y luego estuve trabajando un poco en el código del proyecto en curso; a las ocho nos dirigimos caminando al comercial en donde se encuentra la sucursal más cercana de la cooperativa -a unos tres kilómetros-.

Caminamos un poco más lejos pues decidí -viendo que no pude conseguir las gotas que me recetaron en el hospital de oftalmología- comprar una versión local de lubricante ocular, en una farmacia a un par de calles del comercial.

El bote de gotas oculares me costó tres dólares -y me tocó que esperar a que Rb terminara de conversar con una promotora del lugar-; luego retornamos al comercial; en el mismo entré a la cooperativa, mientras Rb se dirigía al supermercado.

La sorpresa -para mí- fue que no se puede cancelar  las cuentas en cualquier fecha: por ser una cooperativa esto es únicamente posible durante los primeros cinco días del mes de julio de cada año; por lo que nomás pude extraer un poco de dinero de una de las cuentas -menos de cien dólares-.

Aún estaba realizando el retiro del efectivo cuando Rb retornó del supermercado; entró a la cooperativa pero, viendo que aún estaba en trámite, decidió esperarme en la parte exterior; el cajero por fin terminó la operación y me retiré del lugar.

Cuando retornamos de la caminata tomé la primera comida del día (casi todos los días he estado teniendo entre diecinueve y veinte horas de ayuno); el resto de la tarde me la pasé tratando de corregir un error que no había podido superar en el código en curso.

También estuve trabajando unas horas en un nuevo proyecto que nos envió nuestro contacto en el vecino país del norte; al final de la tarde acudimos a la tienda de las verduras, en donde Rb compró un par de zanahorias -y algunas frutas-.

Lo malo -o desagradable- fue que -al principio de la noche- iniciaron una llamada en el grupo del taller al que acudiría al día siguiente: en el mismo una persona anunció que se cancelaban las actividades durante la semana, y que se retomarían la siguiente.

La verdad me molestó la informalidad de la situación; y procedí a bloquear a todos los números relacionados; y a borrar las diferentes cadenas de mensajes en las que había estado participando, relacionados con el taller.

Entonces decidí visitar al hermano menor de mi padre -biológico- al día siguiente: le escribí un mensaje por whatsapp y aceptó que llegara a desayunar al día siguiente a su casa; por la noche estuve viendo una parte del último capítulo de la quinta temporada de The Boys.

El jueves me volví a levantar temprano: la última vez que había visitado a mi tío -hacía más de un año- me había atrasado en el viaje; por lo que me levanté a las cinco menos cuarto, medité, me duché y entré a la habitación de Rb a despedirme.

Luego caminé hasta el lugar en el que tomamos los buses intermunicipales; por ser un día laboral había bastante tránsito; y al llegar al lugar, en donde se abordan busitos hacia la carretera interamericana, ví que el embotellamiento era total.

Afortunadamente tenía una oferta de mi operadora telefónica para obtener un par de días de datos en el celular; activé el código y solicité un Uber moto; lo que me costó tres dólares (el triple de lo que hubiera pagado en el busito) pero agilizó mi movimiento.

Un poco más tarde -antes de las seis- estaba en la carretera interamericana; no tardó mucho en pasar un autobús con destino a la ciudad colonial y lo abordé sin mucha espera; el bus fue llenándose paulatinamente en el camino, pero llegué a mi destino apenas pasadas la siete de la mañana.

Tenía previsto tomar el autobus hacia la ciudad en la que creció mi padre no más tarde de las siete cuarenta y cinco; por lo que aún tenía tres cuartos de hora para caminar tranquilamente por la ciudad -la arquitectura es muy agradable-.

Había empezado a lloviznar, pero muy ligeramente, y me crucé todo el mercado municipal; eso me llevó más de diez minutos; después caminé hasta la plaza entral (con la municipalidad, la catedral y la policía en sus lados-; entré un momento a oír misa -quería ver pinturas pero había actividad religiosa-.

Salí de la iglesia antes de que completaran el rito -aunque aún nos deseamos la paz- y dirigí mis pasos hacia la salida del casco urbano -en donde se toman los buses intermunicipales-; en el camino me llamó Rb.

Tomé el bus un poco antes de las ocho; pero, como iba a llegar muy temprano al lugar, aún le escribí a mi compañero de trabajo que reside en el área, invitándolo a un café; al principio aceptó, pero luego me comentó que le habían puesto una reunión de trabajo.

Llegué a mi destino con casi media hora de anticipación; por lo que me dirigí a la plaza central -misma distribución que en la cabecera departamental-; en donde pasé a ver una pequeña escultura que incluye el símbolo masón.

Después me dirigí caminando -muy lentamente- hasta la casa de mi tío -originalmente de mis abuelos paternos-; en el camino pasé comprando una magdalena en la sucursal local de mi pastelería favorita (cinco dólares).

Llegué un minuto antes a la esquina opuesta y ví -otra vez- a uno de mis tíos mayores -el que se dedica a la carpintería (y quien vendió la parte que le había tocado de la casa de los abuelos)-; pero esperé antes de cruzar la calle -pues no quería saludarlo-.

Toqué el portón de la casa y salió a abrir la puerta el tercero de mis primos; quien estaba saliendo hacia su trabajo; luego nos instalamos en la cocina de la casa, pues la idea era desayunar juntos; mi prima mayor salió poco después -con su hija más pequeña-.

Y, un poco más tarde, salió la hija más pequeña de mi tío -está terminando sus estudios en Diseño Gráfico-; esta última fue muy amable y me preparó un desayuno bastante casero: huevos con frijoles; además partí la magdalena que llevaba, para acompañarla con el café.

Mis dos primas se retiraron a sus lugares habituales y pasé las siguientes dos horas conversando con mi tío, mientras desayunábamos; los temas fueron muy variados, incluyendo el hecho de que no me llama la atención relacionarme con sus hermanos (mi papá era el mayor, luego está un tía, luego el carpintero (alcohólico), luego un mecánico, luego otro mecánico, y el último, tallador).

A las diez y media -había puesto una alarma en el celular- me despedí de mi tío (y mis primas) e inicié el viaje de vuelta a casa; active la localización en el celular y le envié un mensaje a Rb, al abordar el autobús hacia la cabecera departamental.

En el lugar me subí a otro bus que iniciaba su viaje hacia la ciudad; a donde llegué un poco después de mediodía; cerca de la carretera panamericana abordé un busito hacia el lugar en donde usualmente tomamos los buses intermunicipales; y desde allí caminé hasta casa.

Vine un poco antes de la hora en que toca sacar a caminar a los perros; tarea que realizamos con Rb y después calentamos la segunda de las porciones de pollo con manzanas verdes; después lavé los trastes y me preparé un té de menta.

Un poco antes de las tres le preparé un té de manzanilla a Rb; y pasé el resto de la tarde entre el código de mi trabajo y las tareas que estamos completando para nuestro contacto en el país vecino del norte; de hecho ya no salimos en todo el día.

Por la noche terminé de ver el cuarto capítulo de la quinta temporada de The Boys y completé -por fin- la tarea de programación que me tocó casi dos días finalizar; a las diez de la noche me retiré a meditar a mi habitación, luego me despedí -por el día- de Rb.

El viernes me levanté un poco más tarde que los días anteriores: habíamos quedado con Rb de realizar la rutina de ejercicios a las seis cuarenta y cinco; entonces puse la alarma del celular para las seis y cuarto; a esa hora me levanté a meditar.

Después entré a la habitación de Rb, a despertarla; completamos la rutina de treinta minutos de ejercicios y después tomé una buena ducha; a continuación me preparé para salir; lo que hice un poco antes de las siete y media.

Había quedado -con mi amiga- psicóloga de reunirnos en el centro histórico a las nueve y media y quería dirigirme tranquilamente al lugar; caminé hasta el lugar en donde abordamos los buses municipales y me subí a a la unidad que pasó casi inmediatamente.

En el periférico me apeé del autobús y abordé una de las unidades del Transmetro; y llegué al centro histórico con casi una hora de anticipación; me dirigí a la avenida más popular del lugar para ver si estaba abierta alguna de las dos bibliotecas a las que acudía en el pasado.

Pero ambas tienen un horario de apertura de las diez de la mañana; entonces me senté en una banca de la avenida y completé algunas partidas de ajedrez en la app de Duolingo; después entré un rato al portal comercial del lugar -y compré (veinte dólares) un número de la lotería nacional-.

A continuación me dirigí al restaurante en donde mi amiga psicóloga había sugerido que nos reuniéramos; es al mismo lugar a donde he ido un par de veces con mi ahijada profesional; un ambiente tranquilo, a un precio no muy elevado.

Mi amiga llegó con unos minutos de retraso y nos tocó -es costumbre- hacer cola para que nos asignaran una mesa; luego ordenamos un par de buenos desayunos -aunque mi amiga compartió uno de sus panqueques conmigo-.

Estuvimos un par de horas en el lugar, entre comida y conversación; que versó sobre muchas cosas: nos conocemos desde hace unos quince años y durante una época bastante dura -por la soledad- compartimos algunos eventos masivos (visitas de voluntariado, caminata de cirqueros y alguna conferencia).

Mi amiga es bastante acaudalada -o su padre (que fue parte del círculo de poder de la municipalidad que gobernó más de dos décadas la ciudad) tiene buena posición económica-: se dedica a organizar eventos en un local que su padre adquirió en una de las zonas más ostentosas de la ciudad -y anda en un auto del año-.

Entonces, había planeado (porque hace muchos años me había dicho que no le agradaba que yo pagara las cuentas) que dividiéramos el pago del consumo; le pregunté si estaba de acuerdo y le pedí que pagara ella pues no uso tarjeta; y que yo le transferiría el valor de mi parte.

Estuvo de acuerdo y, a las once y media, nos despedimos; ella se quedó en el restaurante porque, supuestamente, tenía otro compromiso cerca; yo salí a tomar el transmetro a la estación que se encuentra a la vuelta del lugar.

En la estación me ocurrió algo que me dejó pensativo: cuando saqué mi celular boté una moneda y un niño corrió a recogerla y entregármela (estaba acompañado por un adolescente y otro niño); le agradecí el gesto, pero me quedé pensando que se merecía un mejor reconocimiento (lamenté no llevar el bote de dulces que adquirí para nuestro próxima reunión laboral); me pasé casi la mitad del viaje pensando en esto.

Pero también estuve jugando varias partidas de ajedrez -aún conservaba tiempo de red del día anterior-; el transmetro no se detuvo en la estación en la que usualmente me apeo sino que siguió directo hasta la siguiente -el final del trayecto-; de allí caminé al comercial en donde se estacionan los busitos.

Rb me había escrito un poco más temprano para pedirme que pasara a comprar pollo molido en el supermercado del lugar; pero no encontré el producto en los aparadores, y, al preguntar a una empleada me comentó que no estaban vendiendo esa presentación.

Me dirigí al busito que estaba próximo a salir y retorné a casa; cuando vine Rb ya había sacado a caminar a los perros y estaba preparando el almuerzo; calentando, realmente, la última porción de pollo con manzanas verdes.

Por la tarde me escribió mi amigo creativo -con quien me había reunido el primer día de la semana-; quería que le prestara cincuneta dólares y no ví inconveniente -siempre contemplo pequeñas cantidades como donaciones-; así que le transferí lo solicitado.

También estuve trabajando un poco en el proyecto que compartimos con Rb en el que 'entrenamos' algún modelo de lenguaje avanzado; aunque, la verdad yo no hice mucho esfuerzo en completar las tareas asignadas -creo que Rb completó mucho más que yo-.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección sur; en el más lejano adquirí media docena de coquitas sin azucar y la pechuga con la que planeaba preparar el almuerzo que compartiría el día siguiente con mi hijo menor -Rb adquirió pechugas para nuestros almuerzos de la siguiente semana-.

En el otro supermercado compramos tres tipos distintos de lechuga, un poco de bananos y yo compré un pepino para la ensalada del día siguiente; por la noche preparé los dos rollitos de pollo (rellenos de queso amarillo y jamón de pavo) y los reservé en la refrigeradora.

El sábado me levanté a las seis y media, medité y retorné a la cama; en donde estuve realizando bastantes lecciones en Duolingo (más que todo partidas de ajedrez); pero salí de la habitación un poco después de las ocho, a desinfectar las lechugas que utilizaría para la ensalada del día -y del día siguiente-.

Antes de desayunar completé la preparación de las dos ensaladas y las reservé en la refrigeradora; después me preparé el desayuno de los sábados -eran casi las diez de la mañana-; a las once saqué los rollitos de pollo del refrigerador.

Batí un huevo -con dos yemas extras que Rb me había brindado (un día de por medio está consumiendo dos huevos sin este elemento)-, rocié los rollitos con harina de yuca, luego de sumergirlos en el huevo y luego los recubrí con un cuarto de taza de avena en hojuelas.

Sellé ambos lados de los rollitos y luego le puse fuego muy muy bajo; a las once y media les día la vuelta y acompañé a Rb en la caminata diaria con sus perros más grandes; se veía bastante tránsito en el boulevard por lo que temí que el viaje de más tarde sería tortuoso.

Terminamos la caminata y entré a sacar el pollo del fuego; y lo coloqué en un hermético, sobre un par de toallas de papel absorbente -antes de salir había preparado la mochila con aislante térmico con lo que llevaría para el almuerzo con mi hijo menor-; me bañé y, un poco después del mediodía salí a encender la van.

El tránsito no estuvo muy fuerte -excepto (como casi siempre) en la salida del municipio-; el periférico estaba bastante vacío y la calzada principal al lado de la cual viven mis hijos tenía una cantidad moderada de vehículos; total que llegué con veinte minutos de anticipación al edificio donde viven mis hijos.

Estacioné la van y subí las gradas de los siete pisos; cuando llegué al lugar encontré a mi hija mediana entrando a la lavandería; nos saludamos brevemente y luego entré a instalarme en la habitación que funciona como espacio en común, le envié un mensaje a mi hijo, comentándole que ya había llegado.

Y luego me puse a armar un cubo de seis por seis que estaba en el armario de la habitación; mi hijo se retrasó bastante; por lo que me puse a completar algunas partidas de ajedrez en la app de Duolingo; al final -casi quince minutos más tarde- mi hijo salió de su habitación.

Había estado sopesando -volver a- comentarle sobre la puntualidad; pero decidí que mejor quería pasar una tarde tranquila; le propuse que camináramos al parque temático; afortunamdamente sus cambios de rutina le han beneficiado pues podemos completar los ochocientos metros de caminata sin muchos contratiempos.

En el parque nos dirigimos directamente al área techada en donde usualmente almorzamos; además de los dos rollitos de pollo y las dos ensaladas (enormes), llevaba un par de coquitas sin azúcar y un par de gelatinas light (me habían sobrado de la semana).

Después del almuerzo le propuse a mi hijo una partida de Scrabble, la cual esetuvo muy animada; luego nos dirigimos a la rueda de Chicago más grande del lugar; la cola no estaba muy extendida y fue una buena experiencia.

Después -como mi hijo no puede comer helado (aunque me comentó que ya no está aplicándose insulina diariamente)- le propuse retornar a casa; habíamos quedado en despedirnos a las cinco y cuarto y aún no eran las cuatro.

Retornamos lentamente al departamento y nos instalamos en la sala; le propuse a mi hijo armar el unicornio de Origami que sale al final de la película original de Blade Runner; pero no encontré el archivo en el celular; sin embargo sí encontramos otras versiones.

Estuvimos trabajando en eso -las instrucciones son bastante complicadas- hasta que sonó la alarma -había programado una en el celular para no atrasarme-; le comenté a mi hijo que me retiraba pero toqué en las habitaciones de mis hijas para despedirme

Mi hija mediana me comentó que su banco en el Imperio del Norte le había bloqueado la transferencia de fondos que había intentado realizar hacia mi cuenta en un banco local (los ocho o nueve mil dólares que le presté para que se quedara un año adicional en la Universidad); le deseé suerte en las transacciones.

Mi hija mayor -había entrado a saludar a la sala un poco más temprano- se ofreció a acompañarme al estacionamiento; por lo que esperé que se vistiera y bajamos -en el elevador- hasta el sótano; allí nos despedimos e inicié el regreso a casa.

Aunque no venía a casa: Rb estaba en su iglesia para la clase semanal de alfabetización de adultos y me había pedido que pasara por ella al final de la tarde, para dirigirnos al supermercado en donde compramos artículos a granel.

Llegué al lugar un poco antes de las seis, estacioné el auto y entré a las aulas de la iglesia; ella yae estaba en las últimas actividades con sus dos alumnas; de allí nos dirigimos al supermercado, en donde compré unas botellas de aderezo ranch y ketchup; también una bandeja de alitas de pollo -para los almuerzos de los domingos-.

Rb compró un saco de comida para sus perros grandes -la principal razón de ir al lugar- y un paquete de pecanas -las únicas semillas que ha decidido consumir ahora-; después de pagar por las compras llevamos los artículos al auto.

En el camino de vuelta pasamos a una ferretería industrial, en cuyo sitio web Rb había visto un pequeño separador de clara de huevo; el valor era como de dolar y medio pero deeberá estar utilizándolo contínuamente ahora que está modificando -nuevamente- su forma de alimentación.

Por la noche estuve leyendo un poco de un libro en español de un psiquiatra que conocí en el canal de Youtube Aprendemos juntos, de la fundación BBVA; y no estoy seguro de continuar con el mismo: son trucos y técnicas para sobreponerse a las adversidades cotidianas.

El domingo me desperté cuando la alarma sonó -a las seis y media- me quedé unos minutos más en la cama pero luego bajé a meditar; después retorné a la cama a hacer algunos ejercicios de ajedrez en la app de Duolingo.

Rb me había pedido la noche anterior que la llevara temprano a la iglesia; se suponía que saldríamos un poco antes de las diez de la mañana; y aún no decidía si desayunaría antes o después del viaje; pero luego, por la mañana, me dijo que se iría en autobús -nomás me pidió un dolar para el pasaje-.

También me pidió que la acompañara al boulevard a esperar el busito; salimos y, casi llegando al portón, vimos que una de estas unidades de transporte iba pasando en el boulevar; por lo que la espera sería larga.

Y así fue; estuvimos un buen rato esperando y no pasaba; como ví que el tiempo avanzaba le propuse a Rb conducirla en el automóvil; por lo que entramos a la calle y sacamos la van; el tránsito no estuvo muy pesado.

Después de dejar a Rb en la iglesia conduje de vuelta a casa; antes de salir estuve tratando de avanzar un poco en el código en el que he estado trabajando durante las últimas semanas; había un par de procedimientos que no lograba que funcionaran.

Cuando retorné de la iglesia continué trabajando en el código; pero también llamé a mi amigo de la juventud que ahora vive en el Imperio del Norte; la última vez que conversamos -él me había llamado- la llamada se terminó abruptamente pues me tocó recibir a una Rb bastante desconsolada, luego de su segunda visita a un hospital público.

En esta ocasión me disculpé por lo sucedido la vez anterior, comentándole un poco de las dificultades médicas que Rb ha estado enfrentando durante los últimos meses; pero mi amigo también me dió malas noticias: su padre -tiene ochenta y cinco años y tuvo un accidente doméstico (quemaduras en una gran parte del cuerpo)- sufrió un incidente cardíaco y está en una sala de cuidados intensivos

Estuvimos conversando por un poco más de media hora y luego le deseé buena suerte; un poco más tarde -al mediodía- Rb me llamó para comentarme que ya había concluído el servicio religioso: habíamos quedado de encontrarnos en el supermercado que qeuda cerca de su iglesia.

Saqué nuevamente la van y me dirigí -otra vez- a la iglesia; quizá por la hora el tránsito estaba mucho más pesado que en el viaje anterior; por lo que me tardé un poco más en llegar al supermercado -y llegué bastante sudado-.

Cuando entré al supermercado me dirigí al área de carnicería -en donde me imaginé que Rbe estaría-; y efectivamente Rb estaba haciendo cola esperando su turno; y justo cuando llegué empezaron a atenderla -debía comprar pollo para su perra más anciana-.

Después de las compras -que incluyeron un poco de bananos y una pequeña red de aguacates- tomamos el camino de vuelta a casa; el tránsito se había liberado bastante por lo que no nos tardamos mucho en el retorno.

Como ya había pasado la hora en la que sacamos a caminar a los perros más grandes nomás entramos a casa y empezamos a preparar la salida: Rb había recibido el arnés que compró en el Imperio del Norte y que le trajo su mejor amiga -también me trajo el par de tenis LA Gear que compré en Amazon-.

Después de sacar a caminar a los perros terminamos de preparar el almuerzo -Rb había dejado las alitas en el fuego cuando salimos-; la ensalada estuvo bastante grande y las alitas quedaron muy bien; terminamos el almuerzo un poco tarde.

Un poco después de las dos me metí a la cocina y lavé todos los trastes que estaban acumulados en el lavatrastos; y me preparé un té de menta; después me puse a completar el código que había empezado por la mañana; cuando finalicé -por fin funcionó- cerré la computadora del trabajo.

A las tres menos cuarto le preparé un té de manzanilla a Rb, mientras ella le daba de comer a sus perros; consideré leer un rato pero decidí poner al día mis notas -incluyendo esta- y trasladé la computadora personal a la cama; pasé un buen rato escribiendo -y escuchando música de Studio Ghibli-.

A las cinco Rb salió de su habitación -había tomado una muy buena siesta- y me pidió que la ayudara con la preparación de los almuerzos de la semana: albóndigas -que planeábamos acompañar con unos fideos que han estado un buen tiempo en la bodega-.

Entonces saqué la computadora a la mesa del comedor y puse un video de una difusora científica mejicana; luego partí -de forma bastante fina- una libra de champiñones, los cuales Rb utilizaría para la salsa de las albóndigas.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

 

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