jueves, 9 de julio de 2026

Está lloviendo y te quiero... It's raining and I love you... Il pleut et je t'aime...

Leí varios -tres o cuatro?- libros de Carmen Mola hace unos años: me parece que ya se había reconocido que no era una autora sino el seudónimo que utilizaron tres escritores españoles para publicar novelas -muy- negras.

No me pareció la mejor de las literaturas: o sea, al igual que ver una película de acción -o de terror- la narrativa es atrapante pero no hay mucho -al menos para mí- que quede después de completar uno -o varios- de estos ejemplares.

Pero ahora decidí seguir mi línea de español con un libro publicado por uno de estos tres escritores -el que encabeza este texto-; y de por sí su descripción no es muy halagüeña: un drama que inicia un poco antes de la guerra civil española.

La atmósfera del mismo es campirana y sus descripciones son tan nostálgicas como su título -¿poético?-: un padre de familia borracho que maltrata de lo lindo a su esposa y su hijo; quien se enamora, casi al inicio de la historia, de una niña francesa de clase más acomodada.

O sea, el plato está servido para una historia fatídica que se extiende por varias generaciones; y es que antes de contar la historia de este chico, el libro arranca con su bisnieta -o tataranieta, no estoy seguro-: psiquiatra con problemas de apego.

Y a ver cómo va eso.

El sábado me levanté a las cinco y veinticinco; estaba -para no variar mucho- teniendo sueños bastante raros -no sé cómo el frío ha estado afectando a mi subconsciente durante las noches, pero estaba soñando sobre algo de trabajos pasados y/o estadías en el Imperio del Norte-.

Cuando la alarma del celular sonó mi primera impresión fue de desorientación total; no estaba seguro si seguía en el sueño o ya me había despertado; pero alargué el brazo para silenciar el celular; y luego pensé en que había dejado también la tablet con una alarma, y allí me dí cuenta que ésta última la había puesto a las cinco y media.

Entonces desconecté ambas alarmas y me levanté a meditar; después de completar mi práctica matutina me metí al baño; la presión del agua estaba en su máxima expresión y el baño fue, realmente, reconfortante.

Después del baño -y secado- me vestí y me metí a la cocina a preparar el desayuno al que había invitado a mi amigo de ascendencia asiática: omelete -dos huevos y tres yemas adicionales- relleno de embutidos, champiñones y chile pimiento; frijoles -refritos con salsa de tomate, tomate y chile pimiento- y plátanos fritos; acompañado todo de café, un poco de queso crema, pan y salsa de tomate.

Mientras estaba preparando el desayuno me puse a escuchar un podcast de la fundación BBVA en la que un terapeuta de parejas hablaba sobre las formas de mantener una buena relación en común: respeto, límites claros, y cosillas de ese tipo que son muy buenas en una exposición pero no tan fáciles de aplicar en la vida real.

Terminé la preparación del desayuno un poco antes de las siete -puse a funcionar la cafetera a su máxima capacidad: doce tazas-; y luego revisé en mi celular si mi amigo me había escrito; lo que hizo hasta casi las siete y cuarto: informándome que venía atrasado y que me avisaría cuando ya estuviera en el busito.

Lo que hizo casi diez minutos más tarde; y vino muy tarde; tan tarde que Rb ya había salido de su habitación y preparado el desayuno de sus perros; cuando mi amigo vino la comida ya estaba fría; pero eso no impidió que dieramos buena cuenta del desayuno.

Mi amigo había cumplido -cincuenta y cuatro- años unos días atrás y recibió -no sé si coincidentemente- una visita familiar intensa: vinieron sus dos hermanos que vien en el Imperio del Norte -hermano y hermana- y su hermana mayor, que vive en el país vecino norte del gran Imperio.

Y una gran parte de nuestra conversación -se fue a las once de la mañana- versó sobre todos los incidentes de esa visita: sus tres hermanos trajeron a su familia -me parece que su hermana mayor (sesenta años) adoptó a un niño chino hace más de una década, su segundo hermano trajo a sus tres hijos y la tercera trajo también a la pareja de adolescentes-.

Me mostró varias fotos de la reunión y eran casi treinta personas entre sus hermanos, algunos primos y algunos tíos -un gran clan asiático-; también conversamos un poco sobre el grupo -coercitivo- al cual pertenece; incluso probó el banquito que uso para meditar: se supone que tienen ciertas prácticas asociadas a la meditación.

En el ínterin completamos una partida de Scrabble -Rb se nos había unido para tomar su desayuno, a las nueve, y me comentó que no había podido tomar llamadas (su plan original) porque nuestra conversación tenía un volumen muy alto- y, fue raro, recibimos a una vendedora de Internet de nuestra compañía actual.

Yo había quedado muy decepcionado en el transcurso de la semana con la compañía: nos habían llamado para informarnos que vendrían a cambiarnos el router actual y que nos aumentarían -en una cantidad ínfima, realmente, la cuota mensual; lo cual me molestó pues no me parece la situación ideal: incrementar gastos en lugar de reducirlos.

Y la señora -o señorita-, que se presentó durante la visita de mi amigo, traía una oferta atractiva: no sólo habría un cambio de router hacia uno de fibra óptica sino que la cuota mensual se reduciría en dos o tres dólares; por lo que aceptamos.

Pero había un inconveniente: se necesitaba presentar un documento de identificación y yo había dejado el mío en la visita a mis padres al inicio del mes anterior; y la solución fue extraña: el servicio -supuestamente sin contrato- fue adjudicado a mi amigo asiático -él si cargaba su DPI-.

La verdad es que la trasacción fue super rara; empezando con que debemos ocultar que actualmente poseemos ya un servicio de internet -o sea, el router debe ser desconecdtado cuando vengan a instalar el otro- y luego debemos cancelar el contrato del original; sobre lo cual no tengo muy buenas perspectivas -sospecho que tratarán de cobrar alguna cuota por la cancelación abrupta-.

La partida de Scrabble fue de lo más relajada -o sea, estuvimos aceptando palabras en español o en inglés, e incluso nombres propios- y la completamos después de que la vendedora de internet se había retirado; a las once de la mañana acompañé a mi amigo al boulevard y esperamos hasta que pasó uno de los busitos.

Después de retornar a casa empecé a preparar el almuerzo del día: la noche anterior había dejado un par de huevos duros dentro de la refri; los que metí a la licuadora, con un aguacate, y preparé una especie de mayonesa; también rallé -casi- una libra de zanahoria.

Rb se había puesto a hacer una rutina de ejercicios después de que mi amigo se retirara; y, al parecer, sus rutinas de fin de semanas son de casi una hora -a diferencia de las que realizamos en conjunto, que apenas sobrepasan la media hora-.

Cuando Rb terminó su rutina de ejercicios yo estaba terminando de preparar la tortilla de znahoria y huevos que utilizo para la receta de burritos, que se ha convertido en habitual en los sábados que no almuerzo con mis hijos; mientras se cocinaba el primer lado sacamos a caminar a los perros.

Puse un temporizador -con veinte minutos- en el celular; el cual llevaba un minuto de estar sonando cuando retornamos de la caminata con los perros; entonces le dí vuelta a la tortilla y saqué la lechuga que debía picar para agregarle a los burritos.

También saqué de la refrigeradora un poco de tomate -mezclado con cilantro- que nos había sobrado de los almuerzos de la semana; Rb entró un poco después y se puso a preparar el pollo -con miel- que completa el relleno de la receta.

El almuerzo estuvo muy bueno -yo había sacado un poco de jugo de naranja que me había sobrado del desayuno, pero incluso eso tuve que volver a guardarlo, por lo copioso de la comida- y después me preparé un té de menta.

Después del almuerzo me metí a la cocina a lavar los -pocos- trastes que se habían acumulado durante el almuerzo -los del desayuno los había lavado antes de que viniera mi amigo- mietnras Rb se metió a su habitación a recibir algunas llamadas.

Después salió quejándose que se le hacía tarde y se metió al baño a tomar una ducha; y me pidió que alimentar a sus perros; lo que me frustra pues no quiero que esto se convierta en una rutina (ya me ha pedido lo mismo en alguna otra ocasión); afortunadamente los tres se alimentaron sin mucha dilación.

A las tres de la tarde Rb se terminó de preparar y se dirigió a su iglesia -quejándose por tener que salir de su casa, pero asumiéndo la responsabilidad que había tomado para ayudarle a varias amas de casa a aprender a leer y escribir-.

Yo me quedé viendo algunos videos en Youtube -nomás haciendo tiempo antes de dirigirme a la iglesia por Rb- hasta las cinco y cuarto; a esa hora me vestí y me dirigí caminando hasta el comercial cerca de donde se encuentra la iguesia.

Pasé por el McDonald's para ver si había actualización de los partidos del mundial -aunque se me pasaron tres pronósticos (casi al inicio) no quería dejar de lado el evento, aunque mis oportunidades de llegar al tercer lugar ya estuvieran muy bajas- desde allí caminé a la iglesia.

Entré al pasillo y pasé por el aula en donde Rb le imparte clases de alfabetización a tres señoras (y una niña); ella insistió en que entrara para presentarme a sus alumnas -aunque ya me conocían-; también para comentarme que le había entregado los anteojos a una de las señoras.

Luego me pidió que la esperara mientras iba a lavarse las manos; en el ínterin pasó el pastor a saludar; y la verdad es que ni siquiera estaba seguro que fuera él -supuestamente se han conocido por más de cuarenta años-; después pasamos al comercial pues debíamos comprar pollo en el supermercado del lugar.

Luego de pasar por la caja empezamos el camino de vuelta a casa; por la noche estuve leyendo un poco del libro de francés -Histoires Inédites du Petit Nicolas-; a las diez me retiré a mi habitación; y, por alguna razón -me sentía algo indispuesto del estómago- me costó conciliar el sueño. 

El domingo me desperté a las seis y media; me sentía algo raro del estómago; medité y retorné a la cama, en donde estuve casi una hora completando algunas lecciones de Duolingo; salí un poco después de las ocho, cuando escuché a Rb preparar la comida para sus perros.

Como habíamos acordado que acudiríamos al supermercado por la mañana -después de su desayuno- retorné a la habitación a leer un poco del libro en francés; hasta las nueve, a esa hora nos alistamos y caminamos hasta el extremo sur del boulevard.}

Después retornamos al supermercado de la mitad del camino y compramos un poco de bananos, una lechuga y un cartón de huevos; el sol estaba bastante quemante durante casi todo el trayecto; y cuando retornamos a casa me tocó que pasar, nuevamente, al baño -en total fui tres veces en el día-.

Al mediodía sacamos a caminar a los perros; luego preparé una gran ensalada y Rb preparó las alitas dominicales; almorzamos bastante temperano; yo había previsto salir a las tres y media -por eso había desayunado tarde- pues había quedado con el excompañero de trabajo con el que me reecontré al año anterior de reunirnos a las cuatro.

Pero este tipo me había escrito un poco antes de mediodía pra comentarme que le había surgido un compromiso familiar, y pidiéndome que cambiáramos la reunión para otro día; le contesté indicándole que quedaba a la espera de su comunicación.

Después del almuerzo me puse a buscar una forma de ver el partido de Brasil contra Noruega; y es que Rb me pidió que viéramos los dos partidos del día; al final instalé una VPN en mi computadora con Ubuntu y vimos el partido en un sitio de un canal de televisión inglesa.

Fue una sorpresa ver cómo Brasil perdía -muy mal- el partido, con lo que quedó eliminado; después estuve buscando la forma de ver el partido de México contra Inglaterra -yo había pronosticado que México perdería (como sucedió) y Rb había insistido -más por broma, creo- que ganaría; y apostamos un pastelillo contra unas cashew-.

Y quien encontró la forma de ver el partido fue Rb: halló una página sudamericana que concentra varias páginas de cadenas que transmiten algunos partidos del mundial; y en una de las mismas nos pusimos a ver el segundo único partido que he visto durante este evento.

Estuvimos viendo el partido hasta que Rb tuvo que levantarse a darle de cenar a sus perros -a las nueve menos cuarto-; después del mismo me quedé en la habitación de Rb, adelantando un poco del libro que da título a este texto.

Como era de esperarse -o al menos, como había pronosticado en mi quiniela- Inglaterra le ganó a México -la verdad ninguno de los dos países me cae bien: uno por haberse quedado con una gran parte del antiguo territorio de este país, el otro por quedarse con otro pequeño trozo, en un tiempo más cercano-; pero esperaba que ganaran los europeos (por su nivel de futbol).

El lunes me levanté a las seis y media; por error no desconecté la alarma sino que le puse pausa, por lo que fui interrumpido llevando cinco minutos de meditación; entonces reinicié el periodo, hasta completar los veintiséis minutos.

El día estuvo bastante tranquilo: las dos reuniones diarias con el equipo completo no tuvieron muchas novedades -aunque ahora ha estado entrando el PM por el cambio reciente de la plataforma con la que se le dá seguimiento a las tareas-; pero la del equipo sí estuvo más tardada: terminé desayunando casi a las once.

El horario original de esta reunión -aunque pasó mucho tiempo sin realizarse- es de nueve cuarenta y cinco a diez; o sea que el lunes se llevó casi una hora adicional; luego de esta reunión hicimos la rutina de ejercicios de los lunes; Rb se había pasado casi toda la mañana en su habitación, traduciendo llamadas.

Después de los ejercicios sacamos a caminar a los perros; luego calentamos la primera porción de pollo con manzanas verdes; la cual almorzamos acompañado de una ensalada de tamaño mediano; como terminamos el almuerzo un poco después de la una, estuve viendo algunas partes del partido España-Portugal -ganaron los primeros, sumando dos puntos en mi quiniela-.

Por la tarde no hubo mucho que hacer -o no quise meterme mucho en los pendientes del trabajo-; nomás corrí un par de veces los casos automatizados que logré reparar la semana anterior; me parece que estuve leyendo algunos capítulos del libro que da título a este texto.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; no teníamos una lista específica para las compras, nomás queríamos completar la caminata diaria; llegamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado de la mitad del camino; en donde compramos algunos bananos.

Cuando regresamos puse el partido del Imperio del Norte contra Bélgica; del cual no tenía muchas esperanzas: había pronosticado que el Imperio caía, pero unos días antes se había difundido una noticia rara sobre este equipo; la asociación había anulado la suspensión al goleador del equipo, por lo que podría jugar.

Y, supuestamente, sucedió por presiones del presidente de este país; también, supuestamente, era la primera vez que se tomaba una medida de este tipo; entonces, temí que el partido reflejara esa lucha de poder y los europeos dejaran que el Imperio ganara; afortunadamente no sucedió así.

De todos modos nomás ví una pequeña parte del partido -terminaron cuatro a uno, nomás ví el primer gol- pues me pareció más interesante terminar la parte que estaba leyendo del libro en español; luego empecé a leer -aunque no creo terminar- un libro de un motivador que había encontrado unos días antes.

El martes fue el día en que más tarde he meditado -por la mañana-; aunque este periodo -creo que ya pasé los ochocientos días- ha tenido otros incidentes similares: me parece que en una ocasión se me olvidó por completo meditar -no recuerdo si por la mañana o por la tarde-; también tuve meditaciones 'parciales': por estar en un bus, o por interrupciones de Rb.

Y lo que sucedió fue que olvidé reactivar la alarma el día anterior: cuando me desperté el lunes no cancelé la alarma sino que presioné -por error- la opción para aplazar; esto hizo que sonara la alarma cuando llevaba cinco minutos meditando; entonces la cancelé, completé el período, pero se me olvidó reactivarla para el día siguiente.

Entonces, el martes me despertó el ruido que Rb andaba haciendo por la cocina -lleva más de un mes de estarse levantando a las siete de la mañana para traducir llamadas-; ese día no estaba contestando llamadas: como habían -el día anterior- indicado que el instalador de internet vendría a las siete de la mañana, Rb decididió que no se conectaría temprano.

La cuestión es que se puso a preparar el pollo que está consumiendo en el desayuno -y en la cena, me parece- y fue lo que provocó todo el ruido; yo quería seguir durmiendo pues estaba esperando la alarma; pero abrí los ojos y ví la hora: ya eran las siete y diez.

Entonces tomé la computadora del trabajo -la había estado dejando a un lado de la cama- y la utilicé para entrar a la primera reunión del equipo; y justo entré cuando estaban revisando una de las tareas en las que debía estar trabajando; pero no se requirió mi participación.

Después de la reunión salí a la sala: mi amigo asiático me había escrito para comentarme que lo habían llamado de la compañía de internet y que el técnico se presentaría en quince minutos; entonces, como nos había indicado la vendedora, desconecté el router que estabamos usando.

Y allí sucedió algo que será recordado por mucho tiempo: dejé caer un boomerang que Rb trajo de Australia en su viaje de hace un par de décadas; y el objeto de madera se partió: fue un trozo de casi una pulgada; me disculpé profusamente y ofrecí repararlo; lo que hice un poco más tarde, pero creo que la cola blanca no fue una buena opción.

El técnico vino un rato después e instaló el nuevo router en la habitación de Rb -para facilitar su trabajo como traductora-; todo el trabajo se completó unos minutos antes de mi reunión de las nueve de la mañana; la que empecé tomando en el celular.

Casi al final de la reunión pude trasladarla a la computadora del trabajo; aunque en esta reunión mi participación es -aún- menor que la primera del día; como Rb tenía que ir a su clase de Zumba empezó a prepararse, mientras yo entraba a la reunión de las diez menos cuarto.

Esta estuvo un poco más animada: volvió a participar el PM, para explicar las medidas que se habían acordado en la primera del día; y el supervisor me pidió que preparara un documento con estas instrucciones, como una guía para el equipo.

La reunión no fue muy tardada -aunque yo grabé la primera parte de la misma, para tener un registro de las instrucciones-: quizá el doble del tiempo originalmente asignado; cuando me salí de la misma entré a mi habitación a completar el periodo de meditación.

Rb retornó de su clase de zumba un poco después de las once; yo había empezado a tomar mi desayuno cinco minutos antes de esa hora y aún no había concluido a su vuelta; entonces se encerró en su habitación, para tomar algunas llamadas de traducción.

Mi hija mayor me había pedido un préstamo de ocho dólares bastante temprano -para algo de materiales de alguna de sus clases- y le hice la transferencia un poco antes del mediodía; después de sacar a caminar a los perros calentamos la segunda porción de pollo con manzana verde.

Cuando terminamos de almorzar me tomé un café, con unas galletitas; luego me encargué de los trastos del día; entonces me puse a trabajar en serio: por la mañana mi supervisor me había pedido que preparara un documento para estandarizar la creación de hallazgos.

Me había pasado la mañana sin entrar en el tema; pero luego me dije que mejor lo completaba de una vez y utilicé un par de LLMs para la primera versión -genérica-; tomé este documento y le agregué toda la información específica de nuestra área.

Cuando completé una versión que me pareció aceptable le envié el documento a mi PM, mi supervisor en el imperio del norte, y mi supervisora local; luego le envié una copia -por mensaje- al analista que mejor me cae; y él fue el único que me envió un comentario de vuelta: le pareció bien. 

Después del horario laboral, caminamos hacia los supermercados en dirección norte; no teníamos algo específico por comprar, excepto que Rb andaba en búsqueda de unos especieros; recuerdo que en alguna otra ocasión habíamos evaluado los que tiene la tienda; pero en esta ocasión se decidió por unos con tapa de bambú (o imitación de bambú, no sé).

Por la noche empecé a ver la tercera película de la actriz de Eleven sobre la hermana de Sherlock Holmes; por alguna razón ví la segunda -la primera la vimos con Rb- y la tercera sigue más o menos la misma línea; también continué con el libro en inglés.

El miércoles me levanté a las seis y media, medité y entré a la primera reunión del día; y ya había previsto que sería un día cargadito -al menos en este sentido-: además de las dos reuniones diarias tenía la quincenal con mi supervisora local (aunque esta se superponía completamente a la de mi equipo).

Tanto la primera reunión -a las siete- como la de las nueve no tuvieron una mayor trascendencia; excepto que la primera se alargó más del doble -usualmente tarda quince minutos- por una discusión acerca de la forma en la que se manejarán los hallazgos en la nueva plataforma.

El mismo tema volvió a surgir en la de las nueve; en privado le comenté al PM que eso debía definirse antes de las discusiones; pero luego ví que el desarrollador que me ayudó con el curso de ciberseguridad le estaba haciendo los mismo comentarios en el grupo general; entonces borré mis comentarios privados; o sea, no quiero meterme en el berengenal.

A las nueve y media escribí en el chat del equipo que no estaría en la reunión porque tenía reunión con mi supervisora local; el supervisor en el Imperio del Norte también escribió comentando que estaba en otra reunión y que, si se reunían, le plantearan sus inquietudes al PM; al final no se reunieron.

Yo entré a las nueve y media a la reunión con mi supervisora, quien llegó cinco o seis minutos más tarde; y en esta ocasión sí tenía noticias: por una parte, confirmó que el equipo local sí será parte de la venta del área a la empresa canadiense; por otra parte, según ella, se formará una pequeña oficina acá, para tercerizar los servicios de los que quedaremos huérfanos (cuatro personas en QA y tres en desarrollo).

Aunque me había propuesto no hablar sobre libros -como la última vez, especialmente- terminamos con The Good Life -además de otras dos otres referencias-; además, le agradecí por el tiempo en el que habíamos trabajado -casi tres años-; ella me comentó que apreciaba mi -al igual que del desarrollador que me ayudó con el curso- actitud intelectual.

La reunión se extendió un poco más de la media hora programada; al final nos despedimos, esperando vernos el jueves veintitrés de este mes: en esta fecha ha sido programada la segunda reunión trimestral del equipo local -no preveo un buen desarrollo-.

El resto del día fue más bien tranquilo: nomás puse a correr, dos o tres veces, los casos automatizados; a las cuatro y media -porque Rb tenía su clase de Teología- salimos a caminar hacia los supermercados en dirección sur; hasta el extremo del boulevard.

Entramos al supermercado que está casi al final del boulevard a ver si había pechugas de pollo en filete -no había-; luego, en el otro supermercdo compramos un poco de bananos -no había lechugas- y allí sí encontré pechuga de pollo en filete.

Después, en el camino de retorno, pasamos a la tienda de las verduras; en donde Rb compró una a casi el doble de precio que en el supermercado -una (la más grande) de las razones por las que no me cae bien esa gente: siento que se aprovechan de la buena voluntad de Rb para venderle todo más caro-.

Cuando regresamos me metí en mi habitación porque no sabía si tendría la clase de educación ambiental en la que había estado participando durante las últimas semanas (se suponía que ya había terminado dos semanas atrás pero, sorpresivamente, la semana anterior habían impartido una clase).

Me conecté desde diez minutos antes de la hora y estuve esperando hasta cerca de media hora más tarde -en el ínterin, una de las organizadoras había compartido el enlace de conexión; y me había confirmado que sí habría clase-; al final entró uno de los organizadores a anunciar que ya no habrían más clases: la de la semana anterior había sido la última.

Después de eso estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo; y adelantando en el libro del título; hasta que escuché que Rb terminó su clase de Teología; entonces me pasé a su habitación y me puse a continuar el curso de Data Science en Python que he estado completando poco a poco.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

 

 

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