He vuelto a la lectura: después de casi dos meses de dejar de lado la tablet en la que tengo un montón de libros retomé el hábito que me ha acompañado desde mi temprana juventud; y decidí dejar -al menos por un tiempo- de leer en paralelo, quiero terminar algunos de los libros que dejé a medias el año pasado, luego veré cómo continúo.
El libro que terminé este día es Sandwich y me llamó la atención porque habla de un momento en el que creo que estoy actualmente: con hijos adultos jóvenes y padres en la tercera edad; la autora es judía -así como el personaje principal del relato-, tiene cincuenta y cuatro años y relata unas vacaciones que están teniendo a la orilla del Atlántico.
Lo tenía casi a la mitad y lo terminé hoy por la tarde, y, en general, me pareció bien: al final del mismo el hijo mayor se casa -aunque no tienen el bebé que habían concebido- y la madre muere -había tenido una pequeña crisis casi al final del relato-.
Ahora me pasé a la línea de Español, en donde había completado un libro de ciencia ficción casi al final del año pasado; estoy leyendo una novela de una finalista de los premios Planeta -aunque este es su siguiente libro- en el que cuenta lo sucedido cuando su hermana menor se suicidó.
Y a ver cómo sigue eso…
>El jueves por la tarde todavía salimos con Rb: necesitábamos pollo molido para las hamburguesas que planeábamos preparar el sábado; también compré un cubilete pues no había comprado pan para los desayunos del fin de semana.
El viernes fue el primer día laboral del año; no hubo muchas novedades, excepto que la reunión de la mañana se extendió más de lo normal -o de lo que se había estado extendiendo durante las últimas semanas- y la persona que trabaja con mi supervisor en el Imperio del Norte estuvo presentando algunas funcionalidades bastante problemáticas.
Almorzamos -después de mucho tiempo- (el último) pescado del puerto; después del horario laboral fuimos a los supermercados en dirección sur: quería comprar pan para mis desayunos (en la mañana había tenido que usar una tortilla de harina).
Caminamos hasta el más alejado y allí compré unos muffins y pan tostado para el desayuno del día siguiente; en el retorno pasé a una panadería y compré pan francés y dulce; también compramos un par de zanahorias (durante el día también pagué los impuestos del primer semestre del departamento de mis hijos).
El sábado me levanté a las cinco y media; medité, me bañé y me metí a la cocina a preparar el desayuno con que obsequio a mi amigo de ascendencia asiática; la única variante fue que en esta ocasión le agregué un poco de zanahoria rallada al huevo del omelete.
Lo que no quedó muy bien: cuando doblé la tortilla de huevo sobre el relleno se agrietó; pero no estuvo tan mal; volteé el omelete completo y pude partirlo por la mitad sin más contratiempos; un poco después de las siete mi amigo tocó el timbre de la casa.
Hacía tres meses que lo había visto y no encontré muchas novedades en la apariencia de mi amigo; Rb salió un rato de la habitación -a saludarlo y entrar a los perros- y, después de que desayunáramos, le propuse a mi amigo jugar Scrabble.
Jugamos varias partidas hasta que Rb terminó de desayunar y luego se nos unió, utilizando el Scrabble en inglés; estuvimos jugando hasta las once de la mañana; a esa hora acompañamos a mi amigo a tomar el autobús -llevaba una bolsa de plástico con el hermético que Rb le regaló y uno de los paquetes de incienso que me regaló mi hijo menor-.
Apenas estábamos saliendo al boulevard cuando encontramos el busito; nos despedimos de mi amigo y caminamos al supermercado más alejado en dirección sur; allí compramos un poco de pollo para el caldo que preveíamos para la siguiente semana.
En el otro supermercado compramos bananos -también compré unas salsitas naturas, para los desayunos de este año-; al mediodía preparamos unas hamburguesas de pollo pero nos quedaron muy grandes -casi media libra de pollo cada una-.
Como nos sentíamos amodorrados por el almuerzo Rb me propuso que camináramos hasta los supermercados en dirección norte (así podía comprar, también, una magdalena para el día siguiente); la que encontramos en el supermercado que se encuentra en donde tomamos los buses intermunicipales.
Por la tarde ví el penúltimo capítulo de la quinta temporada de Stranger Things; también empecé a ver una película protagonizada por la chica pelirroja de esta serie: ambientada en Alemania y con una temática de investigación sobre sectas.
El domingo me levanté super tarde -a las ocho y veinte-; medité y leugo salí a prepararme el desayuno; el resto dela mañana me estuve haciendo lecciones de Duolingo -llevaba varios días con un ELO superior a mil quinientos-.
Almorzamos las alitas de pollo dominicales -bastante tarde pues empezamos a cocinar después del mediodía-; un poco después de las dos y media tomé la van para dirigirme a la casa de mi segunda prima favorita -su hermana me había convidado a un almuerzo familiar-.
Antes de salir de casa llamé a mi prima pues el parqueo en su colonia es bastante complicado; acordamos en que la llamaría desde la garita para que me indicara en donde podía estacionarme; el tránsito estuvo bastante ligero.
Cuando llegué a la colonia de mi prima la llamé, pero no contestó el teléfono; conduje hasta el frente de su casa y estacioné el automóvil del otro lado de la calle; entonces mi prima me devolvió la llamada; le comenté donde estaba y salió a recibirme.
Nos subimos a la van y conduje hasta la calle en donde se encuentra la garita; a unas pocas casas vive un vecino que le presta, frecuentemente, un espacio para estacionarse; dejamos allí la van y retornamos a la casa.
La cual estaba llena: además de mis primas -y el esposo de la más grande- estaba mi primo, su esposa y sus cuatro hijos; los dos hijos de mi prima menor y los tres hijos de mi prima mayor -con las parejas de los dos mayores-; y mi tío.
Estuve en el lugar por un poco más de una hora, entre churrasco, conversación, café y magdalena; los jovenes estaban viendo una de las últimas películas de la serie de Rápidos y Furiosos -luego cambiaron a la primera-.
Un poco antes de las cinco mi prima mayor propuso que salieran a caminar en grupo; yo ví la hora y me empecé a despedir de los que iban quedando aún en la casa; después me dirigí al área deportiva, en donde estaba mi prima menor, y me despedí de algunas personas adicionales.
El camino de vuelta a casa estuvo tan tranquilo como el de ida; un poco más tarde estaba estacionándome frente a la casa de Rb -quien se encontraba en el lugar del parqueo, conversando con una de las vecinas de la mitad de la cuadra-.
Por la noche ví la primera mitad del último capítulo de la quinta temporada de Stranger Things (dura dos horas en total!) y, finalmente, retorné a la lectura: leí un capítulo de Sandwiched; el libro donde una ama de casa cuenta las viscicitudes de estar entre sus hijos adultos jóvenes y sus padres, en la tercera edad.
El lunes me levanté a meditar a las siete y media; a las ocho entré a la reunión diaria y después me quedé en la cama; me estaba sintiendo indispuesto del estómago debido a que el día anterior había almorzado dos veces.
Salí de la habitación a media mañana, desayuné y me quedé en la mesa del comedor; casi no avancé en las tareas del trabajo, nomás leí un poco del libr de la línea de Inglés; al mediodía preparamos unos tacos de pescado, acompañándolos con un caldo con fideos.
Por la tarde, después de lavar los trastos, preparé café y té; acompañé el café con uno de los muffins que me habían sobrado del desayuno del sábado; y un pan tostado de la misma comida; después del horario laboral nos dirigimos a los supermercados en dirección sur, no entramos al más alejado, nomás al otro, donde comparmos bananos y lechuga; por la noche ví la segunda parte del capítulo final de Stranger Things.
El martes inició más o menos como el día anterior; aunque no me quedé tanto tiempo en la cama después de la reunión: antes de las nueve de la mañana salí de la habitación a prepararme el desayuno; la verdad es que había estado esperando la fecha pues era el retorno del analista con quien mejor trabajamos.
Pero, la verdad, es que no se notó su presencia: al parecer también el equipo en el Imperio del Norte lo estaba esperando y lo tuvieron ocupado durante casi toda la jornada; al mediodía almorzamos lo mismo que el día anterior: tacos de pescado y caldo de pollo con fidos.
Por la tarde volví a acompañar mi café con un muffin y un pan tostado; al final de la tarde nos dirigimos, caminando, a la tienda de ropa usada en donde generalmente nos proveemos; no íbamos por algo específico pero compré -por seis dólares- un par de tenis.
Antes de salir a caminar Rb le había obsequiado unas pastillas -que recibió ese día, de su hermana- al guardia de la calle; además, pasamos a un servicio de courier a enviar dos paquetes de pastillas adicionales: una para su sobrina que vive en el departamento donde nació, otra para un contacto en la Ciudad Colonial.
Por la noche acompañé a Rb en su habitación; ella quería ver One Battle After Another -yo había visto la película unas semanas antes- y nomás estuve a su lado, leyendo un poco de Sandwich, y completando algunas lecciones de Duolingo.
El miércoles me levanté con un poco de mejor ánimo; la verdad es que los últimos tiempos han estado más azules: he descuidado la mayor parte de las tareas que me asignan pues no les encuentro realmente un sentido o finalidad evidente.
Después de la reunión me quedé en la cama pues estaba a la espera de la reunión quincenal con mi supervisora local; la verdad es que, por alguna razón, esperaba obtener algo de claridad en esta reunión -suponía que iba a ver mi evaluación de desempeño anual-, pero no, nomás fue un diálogo similar a las últimas reuniones.
Despues de despedirme de mi supervisora -la reunión tardó menos de media hora- salí de la habitación a prepararme el desayuno; estuve la mayor parte de la mañana en la mesa del comedor pero no avancé mucho en las tareas; al mediodía el supervisor en el Imperio del Norte ppidió, en el chat grupal, que completáramos una tarea.
Esta tarea antes nos tomaba bastante tiempo, hasta que el analista que mejor me cae la automatizó; y yo la completé cuando él andaba de vacaciones; aprovechando que podía hacer algo en el trabajo me puse a la tarea y la completé sin mucha tardanza.
Al mediodía consumimos uno de los rollos de pollo que horneamos el día antes de Navidad -esetaban en el congelador-; acompañándolos con un poco de fideos de arroz -estamos consumiendo unas bolsas que estaban por vencerse- y una salsa de champiñones.
Por la tarde, después lavar los trastes, preparé café y té; acompañé el primero con un pan tostado y una galleta de chocolate; como a media tarde recibí dos llamadas casi consecutivas de mi supervisor en el Imperio del Norte: al parecer una funcionalidad que debía haber revisado no estaba funcionando.
Y sí, es una de esas tareas que he descuidado desde hace un buen tiempo; en la segunda llamada se puso dramático: que si teníamos conflictos con el trabajo todo se lo achacarían a él -esto lo dijo después de que le indiqué que podía culparme si el trabajo se veía afectado-.
Al final de la tarde salimos a caminar: Rb ha estado con un ánimo bastante dark últimamente -ha estado aplicando a empleos en línea pero la mayor parte han sido nomás estafas- y no quería salir de la calle; pero yo no quería caminar nomás alrededor de las dos calles interiores.
Al final, luego de un connato de discusión, caminamos a los supermercados en dirección norte; aunque no necesitábamos comprar nada en los supermercados; cuando llegamos al comercial en donde tomamos los buses intermunicipales Rb se detuvo a acariciar a un perro, yo aproveché para sacar un poco de dinero del cajero automático.
Cuando regresamos de caminar me metí a la habitación a hacer algunas lecciones de Duolingo: tenía un par de días de haber bajado el punteo de ELO de mil quinientos; también empecé a leer el libro Recuérdame bailando.
Y a ver cómo va eso.
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