miércoles, 27 de agosto de 2025

–Muchas veces– las cosas no salen como uno espera… –A lot of times– things don’t work as we expect… –Plusieurs fois– les choses ne fonctionnent pas comme on espère…

Creo que es un poco difícil de cuantificar el hecho mencionado en el título; será porque, como decía Sabato: la gente cree que los tiempos pasados fueron mejores porque tiene mala memoria; no sé.

Y es que -nada sorprendentemente-, luego del mes que pasé en un trabajo doble -lo sé, lo sé, el sueño húmedo de los que trabajan en tecnología por estos días-; y al que renuncié porque no me apetecía hacer lo mismo dos veces -aunque ganara el doble- y no quería estar saltando entre reuniones, me cuestionaba no haber sido capaz de hacer lo mismo que mi compañero laboral -él trabaja en tres empresas distintas, en paralelo-.

Pero bueno, me decía, tengo veinte años más que mi compañero; y hace ocho o diez años sí estuve realizando lo del trabajo paralelo: más de un año estuve escribiendo libros de texto para una editorial cristiana -lo que me permitió darles un departamento a mis hijos-.

En fin.

La semana pasada le había enviado un correo a mi compañero -por alguna razón no recibe ciertas notificaciones anuales de nuestra área de personal-; y me respondió un par de días después, agradeciendo la comunicación.

Y luego, el lunes, me escribió por whatsapp; para ponernos un poco al día; y me comentó que lo habían despedido de la empresa en la que habíamos hecho horas extras; él trabajó allí dos o tres meses, hasta que su manager le comentó que el propietario había decidido su salida.

Y no sé que pensar; o sea, el trabajo estaba bien; el salario incluso era un poco mejor del que percibo actualmente -muy ligeramente consideré dejar el actual para moverme al nuevo-; pero, al final, nadie sabe nunca cómo terminarán funcionando las cosas.

Quedamos con mi compañero en que lo visitaría en un par de semanas; o sea, lo despidieron de ese lugar y, la semana siguiente, firmó con otra empresa del Imperio del Norte para continuar con tres trabajo en paralelo.

Y a ver cómo va eso. 

El domingo había previsto un día bastante tranquilo: no teníamos planeada ninguna salida; y Rb me había pedido que le dedicaramos un tiempo a la remoción de la grama -y otras plantas indeseables- del patio del frente de su casa-.

Me levanté a las seis y media, medité veinte minutos, hice los tres wordles y casi una hora de lecciones de Ajedréz en Duolingo; después dormité durante veinte minutos, antes de salir a prepararme el desayuno de los domingos.

Desde hace unos meses -cuando desayuno en casa- he estado preparando una doblada de huevo y tortilla de harina; acompañada de frijoles volteados, y claro, el café de costumbre con algún pastelillo.

Después del desayuno retorné a la cama; me ha costado avanzar en el libro que estoy leyendo de No Ficción: Big Goals; como que el tema me produce disonancia cognitiva, por la forma en la que he estado tratando de vivir durante los últimos tiempos.

Pero debo avanzar en el mismo; y es que, por alguna razón, además de pasar bastante tiempo en el curso de Ajedréz de Duolingo también he estado perdiendo bastante -mucho- tiempo en el doomscrolling -sobre todo en los reels de la página azul-.

A las diez salimos al patio a cortar las gramas y otras plantas extrañas; pero no fue más de media hora; a Rb le tocó nomás botar un par de baños en el barranco; y, como no había sol, ni sudamos.

Después aprovechamos para cortar las flores de loroco que se habían acumulado durante la última semana en el patio trasero; lo cual nos tomó -quizá- otra media hora; al medio día preparamos las alitas -y ensaladas- dominicales.

Por la tarde me estuve viendo videos de youtube -otro  doomscrolling que debo controlar- y también empecé a ver la siguiente película de la Liga de la Justicia: Atlantis Kingdom; también terminé de ver -y borré de la computadora de Rb- Speed Racer.

A las cuatro Rb me pidió ayuda para la preparación de los almuerzos de la semana: serán dos días de albóndigas de pollo -tuve que partir media libra de champiñones- y dos días de unos wraps que preparamos con papel de arroz -chino-.

Para terminar la tarde hice las lecciones de Duolingo de las seis de la tarde -quedé en primer lugar de la liga semanal: de hecho es la seman en que más puntos he acumulado- y acompañé un rato a Rb mientras veía alguna serie española.

El lunes el trabajo estuvo un poco diferente: el supervisor que tenemos en el Imperio del Norte retornó de su semana de vacaciones; temprano nos avisó que nos reuniríamos a media mañana, pero yo confundí las horas -ellos están dos horas adelante- y creí que era al mediodía.

Por suerte revisé la herramienta en la que nos comunicamos y ví que uno de mis compañeros me estaba preguntando si pensaba entrar a la reunión; entré como con diez minutos de retraso.

Y la misma estuvo un poco intensa: hay varios issues importantes en la versión de la aplicación que debíamos entregar el mes pasado; la verdad es que quién sabe si llegaremos a buen puerto.

En la reunión mi supervisor me pidió que trabajara con el compañero que mejor me cae para documentar uno de los errores que había encontrado; planificamos la reunión para media tarde.

La reunión tardó más de una hora; pudimos ver -aunque no documentar- el problema que estábamos examinando; también quise aprovechar la misma para ver otro issue que me había indicado el supervisor más temprano.

Pero terminé la reunión sin documentar tampoco ese; entonces llegaron las cuatro de la tarde y me puse a la tarea que realizo dos veces por semana: barrer y trapear los pisos de las habitaciones y áreas comunes de la casa.

Luego nos pusimos, con Rb, a completar la rutina de ejercicios de los lunes; el nuevo video tarda doce minutos más que la versión anterior; y los primeros veinte minutos son bastante intensos; aunque, por ser ya la tercera vez, como que el cuerpo va aceptando el cambio. 

Después de la rutina de ejercicios -y la ducha- retorné a trabajar; pero los equipos que están en el laboratorio del Imperio dejaron de funcionar y no pude avanzar; nomás le mandé una captura de pantalla al supervisor.

Por la noche estuve viendo, casi la mitad de, una película que mezcla la Liga de la Justicia y Teen Titans; además, completé el ciclo del libro de No Ficción: Big Goals; escrito por una superviviente de bulimia adolescente -y parte del programa de Psicología Positiva-.

El martes quería levantarme temprano: como no había podido documentar el problema durante el lunes, planeé replicarlo antes de entrar a la reunión diaria -a las siete de la mañana-; y es que debía salir a las ocho y media: nuestra supervisora nos había convocado a una reunión a las diez en el mismo edificio de la última vez.

Pero no puse la alarma para levantarme antes; sin embargo, por alguna razón, me desperté a las cinco de la mañana -creo que fueron los perros que viven a dos casas: ladran de forma bastante molesta, a casi cualquier hora del día (o de la noche)-.

Entonces me levanté a meditar a esa hora; luego de lo cual encendí la computadora del trabajo y me conecté a los servidores del Imperio, para trabajar en el tema pendiente; pero ambos equipos seguían en el mismo estado de la noche anterior: aun arrancando.

Antes de las ocho de la mañana salí de la habitación a prepararme el desayuno normal -de avena, banano y gelatina-; luego me metí a la ducha; me vestí de manera semiformal: pantalón de vestir y camisa manga larga; me despedí de Rb, y me dirigí a la oficina.

A las ocho y treinta y tres estaba en el boulevard; el busito pasó un par de minutos más tarde; pero el embotellamiento empezaba apenas un par de cuadras más adelante; en total tardamos más de media hora en llegar a la ruta intermunicipal.

Allí el bus se estacionó otros diez minutos, esperando pasaje; total que llegamos al comercial en donde se encuentra la estación del transmetro a las nueve y media: sabía que llegaría tarde a la reunión.

Bajé a prisa del busito y corrí hasta la estación del transmetro; poco después pasó una unidad y la abordé hasta el centro histórico; a donde llegué a las diez menos diez; corrí dos o tres calles hasta la siguiente estación y tomé la siguiente unidad; al final llegué a mi destino a las diez y cuarto.

En la penúltima estación llamé al dev que me ayudó con el curso de ciberseguridad -había olvidado anotar el nivel en el cual nos reuniríamos-; salí en la última estación, entré al edificio y subí, por las escaleras, los tres niveles.

Llegué a la oficina en donde ya estaban reunidos casi todos los convocados -aún pasé al baño del lugar- y ocupé uno de los lugares frontales -llevaba en un recipiente hermético uno de los buses de papel que se utilizaría para la demostración-, entregando el dummy al presentador.

La reunión fue bastante intrascendente -o esa es mi opinión-; fuí el penúltimo en llegar: a las once entró el compañero que viene desde el departamento vecino -y quien, se suponía, realizaría parte de la presentación-; las anfitrionas eran dos PMs que habían conocido al equipo en la última reunión en el mismo lugar.

Y se suponía que les explicaríamos parte de nuestro trabajo; con el objetivo de recibir apoyo de las mismas, pues están involucradas en varios proyectos similares en nuestro departamento; pero no le ví -la verdad- mucho futuro.

A las doce se acabó la reunión; le pedí aventón al compañero que llegó a las once -en la penúltima reunión pasó a dejarme al lugar en donde tomamos los buses intermunicipales-; pero, al bajar al sótano, no logró entrar al elevador.

Entonces le pedí al analista más brillante del equipo -y que mejor me cae- que me diera aventón; en el convivio del fin del año pasado me pasó dejando al boulevard; pero no le avisé al otro compañero, por lo que aún me llamó para ver por donde andaba; nomás me disculpé por la confusión.

El tránsito estaba -cómo no- terrible; salir de la zona en la que estábamos fue bastante árduo; pero fue peor tomar una de las vías principales para salir de la ciudad; al final nos tardamos un poco más de una hora en el recorrido.

O sea, retorné casi a la una y media; afortunadamente Rb ya había sacado a caminar a los perros, por lo que nomás procedimos a calentar el almuerzo del día -segundo día de albóndigas de pollo y coditos-; después lavé los trastes y preparé café y té.

El resto de la tarde estuvo bastante tranquilo; incluso me permitió avanzar un poco en la sección en turno del libro en francés; a las cuatro de la tarde nos dirigimos a los supermercados en dirección norte.

Debía comprar algunos implementos para el departamento de mis hijos -mi hijo menor me había enviado un mensaje el domingo, pidiéndome artículos de limpieza-; pero también compré un par de bolsas de café, y unas galletas con orégano.

Por la noche terminé de ver la película de La Liga de la Justicia y Teen Titans; además, traté de completar varias lecciones de Duolingo: no había podido hacer mucho en el día y el día anterior había elegido a Rb para el challenge semanal: sesenta lecciones con más del noventa por ciento de exactitud.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

domingo, 24 de agosto de 2025

Los errores... The mistakes... Les erreurs...

Como parte de los esfuerzos de integración que se realizan en el trabajo -es una empresa con más de treinta mil empleados trabajando en veintidos países- hay un grupo que está leyendo libros sobre liderazgo -aunque el actual es el clásico de Dale Carnegie-.

Hace un par de semanas preguntaban en el chat del grupo sobre el error más divertido o aleccionador; nadie contestó, o casi nadie: yo describí la vez en que -trabajando en un banco- le dí Reply All a un correo que incluía a toda la empresa.

Fue un error de principiante; y al inicio sufrí por el desliz; pero también se lo conté bastante rápido a mi jefa; quién se mostró bastante comprensiva; y me ayudó a gestionar las consecuencias -molesté a mucha gente-; nomás la administradora del grupo realizó un comentario sobre mi historia.

Me estaba recordando sobre esa publicación a mediados de esta semana; principalmente por el 'error' que cometí el lunes: no tener bloqueada físicamente la cámara de mi computadora del trabajo; un episodio realmente vergonzoso.

Además, el miércoles me tocaba la reunión quincenal con mi supervisora local: creo que es una de las atribuciones que todos los administradores de personal deben realizar; son reuniones de media hora en las que se evalúa el avance en los proyectos laborales, y se aprovecha para retroalimentación o resolución de dudas.

Pero la reunión estuvo -como la mayoría de las últimas- bastante tranquila: la única novedad fue que le avisé de una vez a mi supervisora que iba a tomar el primer jueves del mes como primer día de vacaciones -y el último también, me parece-.

Lo que no le comenté fue la razón de tomar el primero -usualmente es el segundo o tercero-; y es que es el día en que mi hija retorna al país; planeo salir bastante temprano de acá -alrededor de las once-, para llegar al mediodía, y esperarla quizá hasta una hora.

Y a ver cómo va eso... 

El jueves -hubo meditación y tres wordles, pero no reunión diaria- me quedé en la habitación hasta que Rb salió para su visita semanal a comprar fruta; ya no ha estado yendo hasta el centro histórico, sino únicamente al comercial en donde se estacionan los busitos.

Ese día, como casi todos los anteriores, me pasé jugando mucho ajedrez -demasiado, diría-: desde que Duolingo me permitió probar la versión beta de ese curso he estado haciendo casi todas las lecciones del día solo de esa clase.

Por la tarde fuimos a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el más alejado, en donde compré un par de pechugas ya que esperaba prepararlas estilo cordon bleu para el almuerzo del sábado con mi hijo menor.

En el otro supermercado compré cuatro onzas de jamón de pago y un paquete de diez cuadros de queso amarillo; también compramos algunos bananos y lechugas; para los almuerzos restantes de la semana.

El viernes sí hubo reunión diaria; aunque ha estado bastante calmada; lo que no hubo durante toda la semana fue la reunión de equipo: mi supervisor anda de vacaciones y a ninguno le interesó participar en la misma.

También traté de jugar menos ajedrez, y tratar de ver algunas de las pruebas que se supone que el equipo está cubriendo con la última versión de la aplicación en la que trabajamos; aunque, realmente, no pude avanzar mucho.

Ese día recibí un mensaje mero raro de un colega con quien trabajé hace casi veinte años -y a quien había bloqueado en whatsapp pues en las últimas reuniones intentó involucrarme en algun esquema multinivel-: me pedía que le revisara su curriculum -en inglés-, pues planeaba solicitar trabajo en un call center.

La verdad es que fue una serie de mensajes extraños: hace cuatro o cinco años fue despedido de una gran constructora en la que trabajó durante catorce años, dirigiendo el área de tecnología.

Era -aparentemente- un gran trabajo; y recibía una muy buena compensación -me parece que alrededor de tres mil dólares mensuales-; pero, desde entonces, no ha podido encontrar nada fijo; trabajando un par de años como auditor de procesos para una división del estado; y otro par como consultor para otro ministerio del mismo sector.

Saber que -por fin- estaba dándose cuenta de su situación, y buscando algo un poco más realista, me hizo pensar en el diálogo que hemos sostenido varias veces con Rb: nuestro próximo lugar de trabajo puede que sea en un call center.

Mi hijo menor trabaja en uno -gana aproximadamente mil dólares- y mi hija mayor también labora como traductora médica -gana menos, pero trabaja bien poco-; o sea, sería como la mitad de lo que percibo actualmente, pero entre eso y pasar varios años buscando trabajo, prefiero lo primero.

Y, por alguna razón, justo ese día Duolingo me empezó a enviar anuncios de contratación en el mismo call center en el que trabaja mi hijo menor; lo interesante es que era para Francés -aunque también hay opción para Alemán y Portugués-; el salario es un poco mejor, y me dije que, quizá lo mejor es que -por cuestiones de acento- le ponga más esfuerzo a portugués.

Por la noche estuve leyendo el libro de Francés que llevo actualmente -Les delicieux de Tokyo-, de Portugués -Harry Potter e a Cámara Secreta-; también continué con Justice League Flash Point y con la película live action Speed Racer.

El sábado, después de la meditación, los wordle y Duolingo; salí a prepararme el desayuno de los fines de semana; después retorné a la cama a leer un poco, pero tuve cuidado de no dormirme: me interesaba ir temprano a los supermercados.
 
Y es que el tránsito ha estado muy pesado durante el último mes -más que de costumbre- y no quería salir muy tarde hacia el departamento de mis hijos; además, debía preparar un par de pechugas estilo cordon bleu, y un par de ensaladas.
 
Un poco después de las nueve y media nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; no entramos en el más alejado, nomás llegamos hasta su altura; en el otro compramos un poco de bananos y pollo.
 
Retornamos a las diez y media y me estuve jugando ajedrez en Duolingo, hasta las once; a esa hora empecé la preparación del pollo -antes de salir más temprano había adelgazado la carne, preparado los rollos con jamón y queso, y dejado en reposo en la refri- y de las dos ensaladas.
 
Luego -durante la última cocción del pollo- saqué a caminar a la perra más pesada de Rb -ella sacó a su otro perro-; después empaqué todo en la mochila que tiene aislante térmico; también agregué un par de platos, tenedores, aderezos y un par de coquitas de tapa negra.
 
Luego me bañé; al final salí más tarde de lo previsto -a las doce y cuarto- pero, sorprendentemente, no había tránsito en el boulevard; ni siquiera en la vuelta en donde usualmente debo bajar la velocidad; encontré un pequeño embotellamiento en la subida a la ciudad.
 
Entrar al periférico también me costó un poco -como siempre-, pero llegué al edificio en alrededor de veinticinco minutos; que es casi la mitad de lo que me he tardado cuando encuentro más tráfico en el municipio.
 
Me parqueé en el sótano -por fin le pusieron el número de apartamento a nuestro lugar- y subí con lo que llevaba para mis hijos -servilletas de papel, jabón de manos y cucarachicida-; en la sala del apartamento le escribí a Rb para comentarle la ligereza del tránsito, y a mi hijo, para notificarle que ya había llegado.
 
Mi hijo salió bastante rápido y nos dirigimos al parque temático de costumbre; era temprano pero nos dirigimos directamente al área de mesas del lugar; afortunadamente estaba bastante vacía.
 
Almorzamos -la pechugas volvieron a quedar muy bien- y conversamos un poco -continuando los temas que habíamos estado tocando en el camino-; mientras almorzábamos empezó a llover, pero, por suerte, el área techada es bastante amplia.
 
Cuando terminamos de almorzar estuvimos armando los cubos de Rubik de 4x4 y de 5x5; luego jugamos una extensa partida de Scrabble en español; la lluvia no duró mucho, pero, por políticas del lugar, la rueda de Chicago a la que usualmente nos subimos no estaba funcionando.
 
Entonces emprendimos el camino de regreso a casa; en el trayecto pasamos a dos supermercados -de la misma cadena-: mi hijo me había pedido que lo acompañara a aprovisionarse de algunos artículos; los cuales no encontró en el primero.
 
En el segundo compró varias latas de frijoles y algunas otras provisiones; retornamos a casa alrededor de las cuatro y media; habíamos acordado finalizar la reunión a las cinco y media; y nos estuvimos conversando un momento en la sala.
 
Pero, como yo tenía una conversación pendiente -el retorno al país de mi hija segunda-, un poco antes de las cinco llamé a mi hija mayor, para ver si estaba en su habitación; no respondió las dos llamadas en Whatsapp -creí que estaba durmiendo-.
 
Entonces toqué la puerta de su habitación; y un momento más tarde salió de la misma, con una toalla alrededor del cabello -se estaba bañando y por eso no pudo contestar el teléfono-; entonces les comenté las últimas noticias de su hermana, y el retorno previsto.
 
Yo había estado preocupado durante la semana; especialmente porque el movimiento lógico era que mi hijo menor desocupara una de las dos habitaciones que ha ocupado durante el último año.
 
La conversación estuvo -en su mayor parte- positiva; o sea, mi hijo entendió que era necesario que redujera su ocupación; aunque hubo un poco de tensión sobre la cantidad de dinero que cada uno debe pagar a partir de Octubre.
 
Pero, en general, fue una buena conversación: hablamos un poco sobre la familia, las relaciones y los desafíos personales que tenemos por estar dentro del espectro neurodivergente; así que, al menos en principio, las cosas van marchando.
 
Y a ver cómo sigue eso. 

miércoles, 20 de agosto de 2025

El eterno retorno... The eternal return... L'éternel retour...

El retorno es un concepto utilizado ampliamente en filosofía -y psicología-, con ideas como el retorno a la inocencia, volver a casa; y, en el caso de Nietzche: el retorno eterno; esa idea que proponía sobre hacer durante toda la eternidad exactamente lo que se está realizando en el momento.

Algo que, creo, está relacionado con el mito de Sísifo: subir continuamente una montaña y, al llegar a la cima, encontrarse exactamente en el mismo punto de partida; a lo que Camus argumentaba que aún así, Sísifo podía ser feliz.

He estado pensando en el retorno desde que mi hija mediana me anunciara -hace más de un mes- que volvería, luego de seis años en el Imperio del Norte, a este lugar en donde vivió los primeros diecisiete años de su vida -dos los vivió prácticamente en la Suiza centroamericana-.

Yo nunca estuve tanto tiempo fuera -lo máximo fueron nueve meses-, por lo que no sé exactamente qué tanto le costará reinsertarse en la vida estudiantil/laboral; e incluso con sus hermanos -esto último es de lo que más estoy preocupado-.

Y a ver cómo va eso... 

El sábado me levanté a la misma hora de siempre; pero, nada más meditar, me metí a la ducha: quería salir temprano para la reunión que había programado con mi ahijada profesional; se suponía que debía pasar por su casa a las nueve de la mañana.

Había, también, dejado una alarma para las siete de la mañana; para sacar las tres bolsas de basura (tanto la orgánica como la reciclable y no reciclable estaban bien llenas); a esa hora agregué la bolsa de desechos de perros dentro de la negra y las colgué de la bisagra del portón.

Luego metí en la mochila el regalo que le tenía a mi ahijada por su cumpleaños (tres semanas atrás): el libro de poemas que le compré al ex voluntario con el que me reuní la segunda semana de mis vacaciones.

El busito no tardó mucho en pasar -antes de las siete y cuarto- y el nivel del tránsito estaba bastante bajo; y, aunque se detuvo casi quince minutos a medio camino -para esperar pasaje-, llegué temprano a la estación del transmetro.

De hecho llegué a la última estación del trayecto apenas un poco después de las ocho; por lo que decidí caminar por la avenida más populosa del centro histórico y, para hacer un poco de tiempo, leer un poco de un libro en una de las bancas en la ruta.

El libro en cuestión es uno que Rb me proporcionó la semana anterior para mi hija segunda: es sobre el retorno al país de origen después del cumplimiento de un ciclo de misiones; y, aunque no es el caso exacto de mi hija, creo que le convendrá meditar un poco sobre el mismo.

Estuve diez o quince minutos leyendo y luego reinicié mi caminata; al final llegué a la calle donde vive mi ahijada con uno o dos minutos de retraso; y la llamé cuando ya estaba en la misma -luego me dí cuenta que me había enviado un mensaje unos minutos antes-.

Después de saludarnos iniciamos la caminata hacia el restaurante en donde habíamos deayunado unos meses atrás; en el camino pasamos a un centro cultural en donde también se encuentra un restaurante recomendado, pero estaba cerrado.

La última vez que desayunamos en el restaurante del día nos había tocado esperar un poco en una fila fuera del mismo: es un lugar -o era- bastante popular; en esta ocasión no había fila; por lo que nos dirigimos a una mesa al fondo del patio.

Ordenamos un par de desayunos típicos y nos estuvimos un par de horas poniéndonos al día sobre nuestras respectivas vidas: ella rompió con su novia -de más de diez años- el año pasado, y aún anda procesando el hecho -no ayuda que la susodicha aún visita a la madre de mi ahijada-.

También le entregué el regalo que le llevaba; y, después del desayuno la invité a una porción de pastel, continuando con la celebración de su cumpleaños; un poco antes de las once le comenté que a esa hora me retiraría, pues no quería retornar muy tarde a casa.

Pagué la cuenta (casi veinticinco dólares) y salimos del lugar; nos despedimos en la entrada de la calle, pues ella debía tomar la dirección contraria -tenía que pagar por unas misas por las almas de un par de tíos, o algo así entendí- e ingresé a la estación del transmetro a la vuelta.

La unidad de transporte se tardó quince largos minutos en llegar; al menos aproveché para hacer un par de lecciones de Duolingo (por ser un usuario Beta recibí un par de días antes la notificación de que ya podía hacer lecciones de ajedrez) y le escribí a Rb para comentarle que ya iba en camino.

En el transmetro me entretuve con el cubo de 5x5 y, un poco antes del mediodía estaba apeándome en la penúltima estación; de allí caminé hasta el comercial en donde se estacionan los busitos; en este lugar sí tuve suerte: lo abordé y no esperé más de un par de minutos para que empezara el recorrido.

Total que vine a casa como a las doce y cuarto; aún con tiempo para ayudar con el almuerzo: un pollo con salsa verde y un par de ensaladas bastante grandes; luego sacamos a caminar a los perros.

Por la tarde acudimos a los supermercados en dirección sur: Rb había planeado que el día siguiente preparáramos el asado trimestral (consumimos una parte en la semana siguiente y congelamos la otra para consumirla dos meses después).

El tiempo ha estado bastante lluvioso y cuando salimos vimos algunas gotas en la calle; pero no tuvimos dificultades en llegar al supermercado más alejado en esa dirección; allí compramos varias libras de pollo y una libra de sal de cocina; en el otro supermercado compramos bananos.

Saliendo del segundo supermercado empezamos a percibir gotas de agua en el ambiente; lo que se incrementó durante el recorrido; afortunadamente la lluvia no fue torrencial, nomás constante; como llevába gorra no me empapó tanto.

Por la noche intenté llamar a mi antiguo supervisor en el imperio del norte; pero la llamada no fue contestada; un poco más tarde me escribió disculpándose: en ese momento se encontraba en el cine; le comenté que lo llamaría al día siguiente.

El domingo me levanté a las seis y media, medité y luego hice los wordle del día; después me quedé un rato en cama, leyendo un poco del libro en francés que estoy casi por concluir; luego salí a prepararme el desayuno de los fines de semana.

Después del desayuno retorné a la cama y estuve haciendo bastante lecciones de Duolingo (la mayor parte fue puro ajedrez, nomás un par de lecciones de portugués); a las once salí a limpiar la parrilla: tenía mucha mucha ceniza, y restos de carbón.

A las once y media empecé a preparar la fogata para el asado; había programado mi reunión mensual con el voluntario que vive en la colonia donde crecieron mis hijos para las tres de la tarde; esperaba que tres horas fueran suficientes para la faena.

Y apenas fueron suficientes: Rb decidió preparar las alitas del almuerzo en la misma fogata -usualmente usa un sartén y la estufa- y mucho pollo, además de las papas para los almuerzos de esta semana.

Total que estuvimos asando todo el pollo hasta casi las dos -más de dos horas y media- y luego me puse a asar las papas que había hervido la noche anterior; de hecho ya ni siquiera consideré asar los chorizos y longanizas que había adquirido el jueves para el efecto.

En el ínterin también almorzamos, y sacamos a caminar a los perros; a las tres menos veinte terminé de vestirme, metí mi juego de ajedrez en la mochila y tomé el automóvil; llegué a la casa del voluntario con tres minutos de anticipación.

Estacioné el auto y bajé a tocar el portón; usualmente responde casi al instante y luego sale; pero en esta ocasión no oí ninguna respuesta; esperé un par de minutos y luego lo llamé a su celular; pero la llamada se fue, después de los tonos, al buzón de mensajes.

A las tres y cinco volví a tocar, luego le envié un mensaje por whatsapp; estaba por retirarme del lugar, pero intenté llamarlo por whatsapp; y allí sí contestó; diciendo que iba a bajar en un momento.

Me comentó que había estado viendo televisión y se había quedado dormido; abordamos el auto y nos dirigimos a la cafetería de costumbre; en donde ordenamos un par de capuchinos grandes y dos porciones de selva negra, como es costumbre pagué -ocho dólares-.

Nos estuvimos en el lugar por un par de horas, poniéndonos al día de las últimas novedades -una tía paterna muy cercana había muerto la semana anterior- y jugando una extensa partida de ajedrez -continúo con mi costumbre de alargarla y finalizarla con un empate-.

A las cinco abordamos nuevamente el automóvil y pasé a dejarlo a su casa; luego conduje hasta la casa de Rb; el tránsito estuvo -afortunadamente- bastante ligero; cuando estacioné el automóvil frente a la casa Rb salió -con sus perros- a recibirme en el patio frontal.

Aprovechando que Rb estaba haciendo las tareas de su clase de teología me metí a la cocina; a lavar todos los trastos que habíamos utilizado en la preparación del asado; y los del almuerzo también; luego me puse a cocinar -en una sartén, con agua y aceite- los chorizos y longanizas que no había logrado preparar más temprano.

Después me metí a la habitación a leer un poco del libro de Inteligencia Artificial; además llamé nuevamente a mi supervisor en el imperio; pero iba manejando; continué leyendo pero, realmente, me dormí un rato.

Habíamos quedado con mi supervisor que lo llamaría una hora más tarde; pero cuando lo llamé seguía ocupado; entonces nomás le dije que intentaría al día siguiente a la misma hora; y continué con el penúltimo capítulo de The AI Con.          

El lunes me pasó una cosa terrible -o hubiera sido terrible para mi yo más joven-: entré a una reunión con todo el equipo local -esperaba escuchar algo sobre reorganización en la misma, pero era nomás el aviso que una compañerita se va con una beca a la madre patria- y la cámara e la computadora empezó a transmitir.

Y me contraba, como casi siempre, sin playera; entonces, durante un par de segundos todos pudieron ver la forma en la que usualmente me mantengo dentro de mi casa: sin playera, despeinado y con una expresión bastante deplorable.

Un compañero -el dev que me ayudó con el curso de ciberseguridad- hizo un comentario divertido -es común, en él, para rebajar la tensión- sobre la rareza del fondo de pantalla que estaba presentando -uso una imagen de minecraft-.

Total que me sentí completamente ridículo, y bastante avergonzado por el error de principiante; un poco después le escribí a mi supervisora, disculpándome por el percance, y comentándole que había esperado una reunión más seria -sobre la organización-; y todo quedó allí.

Por la noche pude -por fin- comunicarme con mi supervisor; estuvimos conversando por un poco más de media hora sobre las últimas novedades de la vida de cada uno; también le pasé un momento el teléfono a Rb; pues, casualmente, tienen la misma película favorita: The Shawshank Redemption.

Ese día también probamos -por segunda vez- la rutina de ejercicios que estaremos haciendo ahora el primer día de la semana laboral; y quedé totalmente agotado: son doce minutos adicionales de ejercicios aeróbicos.

En la noche terminé The AI Con; y fue exactamente lo que había esperado: una serie de ensayos que tratan de desmitificar todo el supuesto 'avance' en el desarrollo de la Inteligencia Artificial; también ví el último capítulo de Conan el niño del futuro.

El martes no me volví a dormir después de la reunión de la mañana -el día anterior había salido de la habitación casi hasta las nueve-; aprovechando que las lecciones de ajedrez en Duolingo bajan muy poca energía -y que tenía Super Duolingo- aproveché para hacer casi una hora de estas.

Luego, a las once, me puse nuevamente a hacer lecciones para avanzar en el reto semanal: una usuaria me había elegido y el mismo consistía en acumular dos mil XPs; logré hacer un poco más de mil.

Por la mañana también me reuní con la paquistaní que se quedó cubriendo las vacaciones del supervisor en el Imperio del Norte; se supone que debo trabajar en una tarea específica, pero aún no tengo muy claro su avance.

Y, para terminar la mañana, Rb me pidió que bajara unos güisquiles, que ya habían alcanzado un buen tamaño, de la nueva enrededera -me parece que la sembró a principios del año pasado-.

Almorzamos -por segundo día consecutivo- parte del asado que habíamos preparado el domingo; después sacamos a caminar a los perros; y, justo en la primera vuelta, la anciana que vive a cuatro o cinco casas le regaló a Rb tres chiles rellenos.

En el camino de ida Rb había regalado algunos de los güisquiles que acabábamos de cosechar -aunque en esta ocasión, la ancian no fue parte de las beneficiadas-; el resto (cuatro) los había reservado para obsequiar a los guardias de la garita.

Rb me había pedido que saliéramos a los supermercados a las cuatro de la tarde -el tiempo ha estado algo lluvioso- y, a esa hora, tomamos dos de los güisquiles e iniciamos la caminata; pasamos a dejarlos a la garita y continuamos en dirección norte.

En la tienda verde de descuentos Rb compró una paquete de las toallas que utiliza librarse del sudor durante nuestros ejercicios, y una caja de guantes, que utiliza para levantar los desechos de sus perros; en el supermercado compramos algunos bananos.

Por la noche terminé la penúltima parte de Readme.txt e inicié la última parte -dos capítulos- de Annie Bot; además, empecé a ver una de las películas que tenía pendiente de las Wachowski: Speed Racer.

Y a ver cómo sigue eso...