miércoles, 22 de abril de 2026

El pequeño Nicolás: ajedrez -y las vacaciones y los ejercicios-... Little Nicholas: chess -and vacation and workout-... Le petit Nicolas: Les echecs -et les vacances et le sports-

El viernes por la noche terminé de leer -por fin- Un heritier secret; y espero no volver a leer un libro de soft romance -aunque sea en francés o portugués- en mucho mucho tiempo; decidí leer otro libro de la serie de Le petit Nicolas.

Pero me dí cuenta, muy tarde, que no era de los autores originales -aunque tenía el nombre de los mismos en la portada-; en fin, creo que es como una franquicia que se aprovechó de la fama de los originales para editar algunos libros muy básicos.

Este lo leí en menos de media hora, pues el texto era mínimo y los dibujos eran mucho más sofisticados que los de los libros originales -que son (casi) stick guys-; en los del que leí están a colores y ocupaban la mayor parte de las páginas.

Pero bueno.

Además, el viernes fue mi primer día de vacaciones 'extensas' del año: y es que mi supervisora nos indicó en una reunión bastante exclusiva -nomás tres personas con muchas vacaciones acumuladas- que la meta era bajar el número a dos períodos de vacaciones -o sea, menos de treinta días- para el mes de diciembre.

Entonces le propuse que tomaría siete días en abril y diez días en diciembre; además de los dos días al mes que he estado tomando por casi tres años; total que el diecisiete empezó el primer período extenso -hasta el veintisiete-.

Y originalmente había estado planeando aprovechar las vacaciones para ver a dos o tres -o cuatro- conocidos (o amigos o familiares); pero, justo el viernes me enteré que los últimos tres días laborales de la siguiente semana estarían impartiendo un curso de instalación de pisos.

O sea, es como un proceso para entrenar -y luego contratar- a instaladores de piso en un residencial en uno de los municipios al otro extremo del departamento; serán tres días de nueve a tres de la tarde -pagan como veinte dólares por cada día- y luego el 'proyecto' es aplicar lo aprendido en uno de los residenciales que esta constructora está desarrollando.

Al inicio dude en inscribirme pues había considerado acudir el miércoles al hospital de oftalmología más grande de la ciudad -y de centroamérica, me parece- ya que los ojos han continuado produciéndome incomodidad.

Pero al comentarle a Rb -que también estaba dudando si con todo lo que se carga se opondría a que me ausentara tres días- me sugirió que fuera al hospital el lunes -aunque luego me pidió que fuera el martes pues tiene que ir a un laboratorio el lunes por la mañana-.

Y los ejercicios: después de la histerectomía de Rb, a mediados de noviembre pasado,  habíamos abandonado la rutina semanal de ejercicios que llevamos por casi tres años; pero después de leer algunos análisis de mi ayuno intermitente en un par de LLMs decidí que reiniciaría la práctica -para evitar la pérdida de masa muscular-.

Así que el viernes, mientras Rb estaba en su segunda visita hospitalaria a uno de los centros médicos públicos más grandes de la ciudad, acorté el primero de los videos de ejercicios de cincuenta y cinco minutos a treinta; y reinicié la ejercitación.

Y a ver cómo va eso...

Después de enviarle un mensaje a Rb para confirmarle que ya había retornado a casa me puse a actualizar mis notas; luego, un poco antes de las seis y media me metí a mi habitación pues -por primera vez- no había meditado como primera actividad del día.

Pero no me dí cuenta que la alarma de las seis y media estaba aún activa, y sonó cuando llevaba como siete minutos de empezar a meditar; pero nomás la desconecté, y reinicié el timer para completar los veinticinco minutos.

Después de meditar encendí la máquina de Rb y me dediqué a separar varios segmentos, del video de cincuenta y cinco minutos, de la rutina que realizamos el primer día laboral de la semana durante el año anterior; al final logré un video con: cinco minutos de calentamiento, veinte minutos de resistencia y cinco minutos de estiramientos.

Luego puse el video en un reproductor de la misma computadora y completé la rutina -me costó bastante pues hacía casi cinco meses que había abandonado la práctica-; luego de completar la media hora guardé las pesas en la habitación de la comida de los perros y tomé una ducha.

Después de salir de la ducha empecé a prepararme el desayuno de los viernes -ya eran casi las diez de la mañana-; en el ínterín, durante y después de tomar el desayuno, empecé a trabajar en las siguientes opciones de la pantalla que he estado modelando.

Y es que cuando revisé los mensajes del trabajo encontré una respuesta afirmativa de mi compañero más brillante sobre el código que le había enviado el día anterior -y la forma en la que había completado la tarea-.

Estuve trabajando en el código -y haciendo muchas partidas de ajedrez en Duolingo- durante el resto de la mañana; Rb me estuvo enviando mensajes sobre el avance en la consulta médica; la mayor parte de los mensajes eran descorazonadores.

Pero un poco después de las once me llamó para comentarme que le había caído bien la doctora que la atendió, que le habían prescrito una extensa batería de pruebas de laboratorio y que estaba por iniciar el retorno a casa.

Entonces puse unas fajitas de pollo en una sartén, le agregué agua y la puse a cocinar en la estufa; luego le puse los arneses a los perros grandes y los saqué a caminar; aunque antes de cruzar la esquina ví que Rb estaba entrando a la calle.

Caminé la media cuadra en el sentido Norte -la parte más corta del circuito- y luego esperé frente a la casa que Rb dejara su mochila y nos acompañara; después de entrar a los perros continué -a petición de Rb- haciéndome cargo del almuerzo -complementamos el pollo con una de las bolsas de arroz que había congelado el lunes-.

Después del almuerzo esperé un poco para prepararme una taza de té de menta -no tenía prisa pues preveía que comería más tarde-; un poco después de las dos me metí a la cocina a lavar los trastes del almuerzo y a preparar el té de menta.

A las tres menos cuarto le preparé a Rb un té de manzanilla; antes, durante y después del almuerzo había estado trabajando un poco en el código; pero a las tres y media apagué la máquina del trabajo y empecé a alistarme: había programado una reunión con mi amigo el Testigo de Jehová.

Habíamos acordado reunirnos a las cuatro en la pizzería que se encuentra en el comercial en donde abordamos los buses intermunicipales; el sol estaba aún bastante fuerte por lo que traté de no caminar muy rápido -para evitar sudar-.

Llegué al lugar con cinco minutos de anticipación y aproveché para entrar al supermercado y comprar un poco de bananos; y aún me dió tiempo de subir al segundo nivel del comercial -nunca había accedido a ver los negocios que se encuentran en esa área-.

A las cuatro, viendo que me amigo no llegaba, lo llamé y me comentó que llegaría en cinco minutos -llegó como en diez minutos-, por lo que aproveché para jugar un par de partidas de ajedrez en la app del celular.

Un poco después llegó mi amigo y nos acomodamos en una de las mesas de la pizzería; ordenamos lo de siempre: café y pastel; y aunque ambos habíamos elegido Tres Leches, tuvimos que compartir uno de este tipo y uno de chocolate pues nomás había una porción de la primera.

Después del pastel ordenamos un par de porciones de pizza; al inicio de la reunión mi amigo repitió lo de otras ocasiones: 'fijate que olvidé mi billetera', pero -otra vez- le indiqué que era un gusto invitarlo -la cuenta fue de diez dólares-.

Estuvimos en el lugar hasta las cinco de la tarde, entre café, pastel, pizza y conversación; mi amigo es bastante versado en la situación nacional -ha trabajado en varios ministerios en diferentes gobiernos- y, actualmente, le está tocando criar a sus nietos -como que las parejas de sus hijas no funcionaron-.

A las cinco sonó la alarma que había puesto en el celular para recordarme de volver a casa; llamé a Rb para comentarle que llegaría en breve, me despedí de mi amigo y empecé la caminata de vuelta.

Creí que Rb iba a estar lista para caminar hacia los supermercados en dirección sur -era lo que habíamos acordado antes de mi salida- pero la encontré viendo una serie en su computadora; un poco después de las cinco salimos a caminar.

Llegamos hasta el extremo sur del boulevard y luego entramos al supermercado más alejado: quería comprobar si vendían de la marca de jugo de mandarina que quería comprar para el desayuno del domingo con mi hija mediana -y no, no había-.

Entonces pasamos al otro supermercado; en donde compramos bananos, Rb compró un par de ciruelas y yo compré un doble litro de jugo de mandarina; luego retornamos a casa; las extremidades empezaban a dolerme por el ejercicio de la mañana.

Por la noche ví la segunda parte de Project Hail Mary y estuve leyendo un poco en la cama de Rb; pero a las nueve y media le comenté que me retiraría a mi habitación -me sentía bastante agotado-; me lavé los dientes y me despedí por la noche.

En mi habitación medité y luego leí un poco del libro en inglés -completé los primeros cinco capítulos-; luego intenté dormirme; pero no me fue posible: estuve dando vueltas en la cama hasta después de las once -más de dos horas-; por lo que tomé la tablet y terminé el libro en francés.

Y luego leí el libro que está en la primera parte del título de este texto; luego volví a intentar dormirme, pero no lo logré nuevamente; entonces me puse a navegar un poco por internet en mi celular; luego encendí mi computadora personal.

Intenté -por tercera vez- dormirme: conté mis respiraciones, me relajé, etcétera; entonces me resigné a que pasaría la noche completamente en blanco -no recordaba cuándo había sido la última vez en esta situación-; pero me dije: cuando toca, toca.

Y es que no sé si fue por los pasteles y las dos tazas de café -con azúcar- de la tarde, por haberme despertado a las cuatro de la madrugada, por haber hecho veinte minutos de ejercicios después de casi medio año, o por estar de vacaciones, o por una combinación de todo.

Pasaron las cuatro de la madrugada y entonces me dije que -al menos- podía aprovechar el tiempo: encendí la computadora del trabajo y empecé a trabajar en el refinamiento del código que había empezado a escribir el día anterior, mantuve encendida mi máquina personal para la utilización de los LLMs.

Hasta las seis y media de la madrugada; a esa hora sonó la alarma del celular para que me levantara a meditar; lo que me costó un poco: estaba experimentando una leve rigidez y un poco de dolor en las piernas -y los brazos, y la espalda-.

Medité los veinticinco minutos y retorné a la cama, cerré las computadoras, puse el timer para que sonara en una hora -eran casi las siete-; luego lo cambié para que sonara en hora y media, y me dormí.

El celular sonó a las ocho y media pero nomás lo apagué -quería seguir durmiendo-; pero Rb entró un poco después a la habiación -yo había corrido la cortina de la ventana por lo que la luz era mínima-, me dijo algo y salió.

Un rato después -casi a las nueve- me levanté, ví que Rb no estaba -me imaginé que había salido a comprar algo- y empecé a preparar mi desayuno de los sábados, cuando estaba terminando de prepararlo Rb retornó de la tienda de las verduras, con una papaya y algunas legumbres.

Después del desayuno -un poco después de las nueve y media- nos alistamos para dirigirnos al zoológico de la ciudad; en sus instalaciones se había programado -por segundo año consecutivo- la celebración del cumpleaños del hijo de la mejor amiga de Rb.

Rb había empacado los alimentos que preparó para su almuerzo -come únicamente comida preparada por ella misma-; el viaje no estuvo muy difícil, encontramos embotellamientos -pero muy ligeros- nomás en un par de puntos de la ciudad.

El área de parqueo estaba un poco sobrecargada, por lo que nos costó un poco encontrar un espacio; luego de dejar estacionado el auto nos dirigimos a la entrada -debíamos pagar el parqueo pero no la entrada al zoológico, por ser una celebración a la que acudíamos.

Antes de entrar al zoológico encontramos al hermano de la mejor amiga de Rb; estaba estacionando su auto y Rb le ofreció ayuda con unos globos que llevaba para la celebración; los tres nos dirigimos a la entrada específica para las celebraciones -ni siquiera nos pidieron identificaciones-.

La celebración estuvo interesante: se suponía que empezaba a las once -nosotros llegamos casi una hora antes-; y muy poca gente llegó antes de la hora del inicio; hubo un animador por un par de horas -aunque al final perdió mucha de la atención del público-.

Después de la animación -dos horas- el mismo personaje organizó la quiebra de piñatas y la repartición del pastel; que era -al igual que el año pasado- muffins; Rb me cedió el de ella -y antes de retirarnos aún tomé otro-; después -o antes?- del pastel también repartieron una porción de lasagna y ensalada -Rb también me cedió su porción-.

Al inicio -antes de toda la animación- los meseros se habían estado encargando de mantener una jarra de agua pura y una jarra de coca cola en cada mesa; también estuvieron rellenando unos recipientes de poporopos.

A la mesa en la que nos acomodamos llegaron otras dos parejas -ex compañeras de universidad de la mejor amiga de Rb y sus esposos-; en general la celebración estuvo bien; incluso acompañamos algunas de las canciones que dirigió el animador.

Un poco después de las dos de la tarde empezamos a salir de la fiesta pues debíamos de estar antes de las tres en casa -para que Rb pudiera darle el almuerzo a sus perros-; no encontramos mucha dificultad en el viaje de retorno -el parque nos costó seis dólares-.

Por la tarde estuve leyendo un poco del libro en inglés sobre la chica con dificultades financieras; no estaba seguro del género literario que se trataba; al final -al parecer- es una comedia negra; me costó un poco tomarle el ritmo -cinco capítulos por ciclo-.

Pero creo que tuve varios períodos de adormecimiento -o de microsueños-; Rb se había dirigido a su iglesia un poco antes de las tres: su sesión de alfabetización estaba programada para iniciar a las cuatro -y terminar a las seis- ese día. 

Y como habíamos quedado en que llegaría a acompañarla en la caminata de vuelta -yo debía andar cerca ya a las cinco y media- salí de casa un poco después de las cuatro y media; caminé bastante despacio -las piernas habían empezado a dolerme debido al reinicio de los ejercicios el día anterior-.

Llegué al comercial que está cerca de la iglesia un poco antes de las cinco y media; y aproveché para entrar al supermercado del lugar, en donde compré un paquete de dieciseis porciones de queso para sandwiches.

Pagué mis compras y salí del comercial para dirigirme a la iglesia -está a media cuadra-; estaba a un par de casas de llegar a mi destino cuando recibí una llamada de Rb; comentándome que ya estaba libre, por lo que la sincronización estuvo bastante bien.

Después de que Rb se despidió de sus alumnas -y una tercera acompañante- empezamos la caminata de vuelta; en el camino pasé a comprar el pan que necesitaba para el desayuno del día siguiente; por la noche ví la tercera parte de Project Hail Mary; había planeado acostarme más temprano pero, finalmente, terminé completando la rutina casi a la misma hora.

El domingo amaneció lloviendo: aún estaba dormido cuando empecé a escuchar el sonido de la lluvia en el techo y el patio; cuando el reloj sonó nomás atrasé la alarma una hora y continué entre las sábanas; me levanté a las siete y media.

Medité y me quedé en cama leyendo un poco -también completé casi una hora de lecciones de Duolingo-; un poco después de las ocho y media salí de la habitación, y puse a desinfectar la mayor parte de la lechuga que teníamos en el refrigerador.

Después preparé los dos panes que planeaba llevar al desayuno con mi hija mediana; después de preparar los panes tomé una ducha; luego metí a la mochila con aislante térmico los dos panes, una bolsa de snacks, dos bananos y el jugo de mandarina; luego salí a encender la van.

El trayecto hacia la casa de mis hijos estuvo muy tranquilo; no encontré embotellamientos en ningún lugar y no me tomó más de veinticinco minutos: salí después de las nueve y media de la casa de Rb y llegué a la sala del departamento antes de las diez. 

Cuando llegué al departamento dejé ambas mochilas en la cocina -está justo en la entrada, me quité los zapatos y me instalé en la sala; le envié un mensaje a Rb para comentarle lo fácil que estuvo el viaje, y un mensaje a mi hija mediana, para comentarle que ya estaba por allí.

Ella salió de su habitación un poco después de las diez y nos dirigimos al parque temático; en donde nos encaminamos directamente a las mesas bajo techo -el tiempo estaba bastante agradable-; desayunamos en el lugar y luego estuvimos practicando con el cubo de cuatro por cuatro -a mi hija nomás le falta uno de los tres algoritmos para dominarlo por completo-.

Estuvimos un buen tiempo con el cubo de Rubik, tanto que ya no nos dió tiempo de subirnos a la rueda de Chicago -mi hija quería que nos despidiéramos a las doce y media-; antes de salir del parque compré un par de helados -cuestan casi el doble que afuera!-.

Retornamos al departamento y aún nos dió tiempo de estar un pequeño período en la sala; a las doce y media -había puesto una alarma- me despedí de mi hija e inicié el viaje de vuelta a casa de Rb -en el camino me dí cuenta que me olvidé de dejar el sobrante de jugo de mandarina!-.

Vine a casa de Rb unos minutos antes de la una de la tarde -el camino estuvo bastante libre- y la encontré, justo, sacando a caminar a uno de sus perros más grandes, cuando vió que estaba estacionando el auto se apresuró a ponerle el arnés a la perra más pesada.

Completamos la caminata y luego entramos a casa a preparar el almuerzo: alitas de pollo acompañada por un caldo de pollo; el resto de la tarde lo pasamos en casa -ni siquiera salimos a la caminata diaria-; yo estuve escribiendo un poco de código y Rb estuvo viendo algunas de sus series.

Por la noche ví la penúltima parte de Project Hail Mary, y adelanté un poco en el libro de inglés; por alguna razón -me imagino que por el desvelo de la noche anterior- aún me sentía bastante agotado, por lo que me retiré a mi habitación un poco antes de la hora habitual. 

El lunes me desperté a las seis de la mañana -media hora antes de la hora habitual- porque no quería ser interrumpido en mi meditación matutina: Rb iba a salir a las siete de la mañana y -usualmente- pasa a despedirse antes de salir.

Después de meditar retorné a la cama y estuve haciendo bastantes lecciones de Duolingo, hasta que Rb entró a despedirse: tenía una cita para realizarse unos exámenes de imágenes digitales; y me estuvo enviando mensajes de su progreso.

Finalmente me llamó -un poco después de las ocho y media- para comentarme que a las diez le darían los resultados y estaba dudando si podía retornar antes a casa -no había desayunado aún-; le recomendé que retornara y que yo la acompañaría luego.

Yo había empezado a escribir una nueva sección del código que tengo en progreso y continué mientras ella retornaba, prepara su desayuno y, finalmente, se preparaba para retornar; un poco antes de las diez salimos a tomar el busito.

El cual no tardó mucho en pasar; nos apeamos en el destino final del transporte -el laboratorio queda a un par de cuadras- y nos dirigimos a obtener los resultados; lo interesante fue que salió la propietaria del laboratorio a entregar los mismos.

Esta persona había estado en contacto con Rb por varios años a través de la red social del pajarillo celeste -además es muy buena amiga de una buena amiga de Rb-; entonces nos pasó a una oficina y le explicó a Rb los resultados de las imágenes; los cuales fueron muy buenos.

Al parecer ya no hay cálculos en los riñones -no sé si el primer exámen había sido mal interpretado, o si realmente los cálculos fueron expulsados-; además, las condiciones de la vesícula no son tan graves -importantes, pero no urgentes-.

Rb se conmovió bastane con el resultado -milagro- y un poco después nos despedimos de la doctora -al inicio se habían tomado su tiempo para conversar sobre su interés en común: los animales de compañía-; después retornamos a casa.

Antes de entrar a la calle donde vivimos -antes de cruzar el boulevar, realmente- Rb me comentó que pasaría a la tienda de las verduras; y yo me dirigí directamente a casa; cuando Rb retornó de la tienda -con una papaya- yo estaba empezando a preparar la computadora para realizar la rutina de ejercicios.

Mientra completaba la media hora de ejercicios Rb se puso a preparar el pescado que tendríamos como almuerzo; después de terminar la rutina procedí a dividir en dos el mismo y, después, sacamos a caminar a los perros.

Cuando entramos luego de la caminata, nos pusimos a preparar el almuerzo: yo me ocupé de un par de pequeñas ensaladas y Rb de freir las dos mitades del pescado; almorzamos bastante tarde -terminamos casi a las dos-. 

Y yo había desayunado después de que retornamos del laboratorio -casi a la una-; después del almuerzo continué escribiendo código y logré terminar la sección que había empezado un poco antes; después lavé los trastes, le preparé un té de manzanilla a Rb y me preparé un té de menta -preveía tomar café más tarde-.

Un poco después de las tres tomé una ducha, me vestí y me despedí de Rb: había programado un café con mi amigo más creativo -y conspiranóico- y había encontrado -en google maps- que la mitad del camino podía hacerla a pie -dos kilómetros-.

Volví a salir al boulevard a tomar el busito, el cual no tardó mucho en pasar; luego tomé el Transmetro; pero me apeé en la estación intermedia más grande; desde allí -de acuerdo a lo que había visto en google maps- inicié el trayecto hasta el comercial en donde habíamos acordado reunirnos con mi amigo.

La reunión estaba prevista para las cinco -aunque mi amigo me había dicho que usualmente salía de su oficina a las cuatro y media- pero llegué más de media hora antes; en el lugar me conecté a la red de Taco Bell y le escribí un mensaje en whatsapp.

Mi amigo llegó un poco más tarde y nos dirigíamos a su automóvil cuando vimos una pizzeria similar a la que había acudido el viernes anterior: le propuse que nos tomaramos allí el café -y un pastel- y nos quedamos en el lugar por un poco más de hora y media.

El café estuvo bien, aunque no encontramos pastel de tres leches, nomás de chocolate; pero nos pusimos al día de la vida de cada uno: habían pasado dos o tres meses desde la última vez que habíamos coincidido.

Mi amigo acaba de cumplir cinco meses en su lugar de trabajo pero ha estado -casi desde el inicio- buscando otro: la presión que se maneja en su posición es bastante fuerte; además tiene un equipo de cinco vendedoras; y, su hija mayor -hija de su esposa- acaba de cumplir quince años.

Un poco después de las seis le pedí a mi amigo que me pasara a dejar a la estación intermedia del Transmetro; pero él se portó muy amable y me condujo hasta el comercial en donde se estacionan los busitos; nos despedimos y abordé una de las últimas unidades del día.

En el camino me vine jugando algunas partidas de ajedrez -algunos días siento que estoy empeorando en lugar de mejorar-; un poco antes de las siete -mientras el busito acababa de entrar al municipio- Rb me llamó para inquirir sobre mi ubicación, le comenté que ya casi llegaba.

Por la noche estuve revisando mis tres cuentas de correo, trasladando un poco de dinero entre mis cuentas y actualizando mis notas -incluyendo esta-; aún me dió tiempo de ver la parte final de Project Hail Mary.

El martes me volví a levantar super temprano: había previsto salir de casa a las cuatro y media pues quería acudir al hospital oftalmológico en donde me prescriberon -casi una década atrás- los primeros anteojos para la presbicia.

La alarma del celular sonó a las cuatro de la mañana, me levanté, medité cinco minutos, me vestí y pasé a avisarle a Rb que salía de casa; luego caminé hasta el comercial en donde tomamos los buses intermunicipales; a donde llegué un poco antes de las cinco de la mañana.

Pasó un bus intermunicipal pero no se detuvo, pero un par de minutos más tarde pasó el siguiente; el cual iba bastante lleno, pero lo pude abordar; encontramos un poco de tránsito antes de entrar al periférico; lo que nos atrasó un poco; llegué al hospital un poco después de las cinco.

Ya había bastante gente en la sala de espera -unas veinte personas- y me indicaron una fila de sillas en las que podía esperar a que empezara la atención diaria; lo cual ocurrió a las seis de la mañana; a esa hora repartieron números -me tocó el doce-.

El hospital es uno de los mejores en su campo de la región -muchos médicos del caribe vienen a especializarse en varias áreas médicas- pero los procesos son un poco tortuosos: me tocó hacer fila para pagar la consulta -diez dólares-, luego esperar para una primera revisión.

Una residente me hizo una evaluación super rápida -se notaba que su mente estaba en otra cosa (y me comentó que tenía que realizar una presentación en breve)- y luego me envió a otra fila de documentación.

Luego de la espera completaron mi expediente, y me indicaron que continuara en la sala de espera; un poco más tarde se llevaron a la mayor parte de pacientes a otras clínicas, por lo que pregunté si mi expediente estaba bien.

Me indicaron que esperara; luego de mucho rato de espera volví a preguntar, y me indicaron que tocaba esperar, por fin me volvieron a ver -en la misma clínica de más temprano- y ahora me examinó otra joven residente.

La revisión en ambos ojos fue exhaustiva; y bastante intensa: me pusieron un par de líquidos para varias verificaciones de los globos -y su interior-; al final la residente se mostraba indecisa sobre algunas observaciones y consultó con la de más temprano.

Y ella le indicó que lo mejor era que la doctora a cargo revisara el caso; por lo que me retornaron a la sala de espera, en donde esperé otro rato, finalmente retornó la doctora jefa y le tocó su turno; y fue bastante categórica: debía pasar por un procedimiento con laser.

La noticia me cayó bastante mal: o sea, no esperaba que tuviera que volver -tan pronto- al hospital (el procedimiento debe realizarse con un acompañante pues, al parecer, afecta la visión por un buen tiempo; se supone -o entendí- que es una pequeña incisión en cada ojo, para liberar la presión intraocular.

Además me recetaron anteojos progresivos, otra cosa que temía -ya en las ópticas habían insinuado que era tiempo de que (tanto Rb como yo) cambiáramos los de lectura por permanentes-; los mismos me costaron casi trescientos dólares.

Total que debo regresar a medidados del próximo mes a las ocho de la mañana, y con un acompañante -espero que sea Rb, pero está complicado por el horario de sus perros-; después de que la residente me explicó lo que continuaba pasé a programar mi próxima cita.

Luego pasé a la óptica del lugar, en donde elegí mis próximos anteojos, y se tardaron un poco por la medición que tienen que hacer las áreas que funcionarán para enfoque cercano, mediano y lejano; a todo esto ya pasaban de las diez de la mañana.

Rb me había estado llamando con frecuencia para inquirir sobre mi progreso; y yo le había asegurado que retornaría, aunque sea un rato, antes de volver a salir: tenía programado un almuerzo con mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad.

Pero, como había previsto salir de casa a las diez y media -se suponía que nos reuniríamos, en el trabajo de mi amigo, a las doce y media- y ya no me daba tiempo de volver a casa, decidí irme directamente a mi reunión del mediodía.

Aunque, directamente no es una descripción tan certera: salí del hospital un poco después de las diez -bastante desanimado- y comencé a caminar en dirección al trabajo de mi amigo -a unos cinco kilómetros de distancia-; pero en el camino sentí deseos de ir al baño (no había ido en toda la mañana).

Intenté utilizar los servicios de una gasolinera que encontré en la calzada principal, pero estaba con un rótulo de limpieza; entonces decidí dirigirme al comercial en donde se estacionan los busitos -estaba a un par de estaciones del Transmetro-.

Abordé el Transmetro y me dirigí al comercial, pasé al baño, y aproveché para conectarme a la red del banco que está en el segundo nivel; desde allí le escribí a Rb comentándole los resultados de la mañana.

Ella no me respondió tan pronto -un poco más temprano me había comentado que acudiría a una clase de Zumba en la alcaldía auxiliar-; pero me llamó un poco después para comentarme cómo le había ido con la clase.

Después abordé otra unidad del Transmetro y me dirigí a la gran estación intermedia; desde allí caminé hasta el edificio en el que se encuentra el call center en el que mi amigo lleva trabajando un par de años; cuando llegué me conecté a la red del banco del lugar y le avisé que ya había llegado -acababan de pasar las doce del mediodía-.

Mi amigo me llamó un poco después -había desconecatado el wifi del celular pues tenía menos del diez por ciento de la carga de la batería- y me comentó que estaba por bajar, y que era mejor si lo esperaba en la salida del sótano del edificio -me encontraba en la entrada-.

Me moví al lugar y un poco después ví la moto de mi amigo subiendo la rampa del sótano; nos saludamos y le ofrecí invitarlo a almorzar en un lugar desde donde luego pudiera tomar el Transmetro -y él pudiera continuar con sus actividades del día-.

Y luego le propuse que nos dirigiéramos al Mc Donald's que se encuentra en una de las principales arterias de la ciudad -y muy cerca de un par de estaciones del Transmetro-; mi amigo condujo hasta el restaurante y allí ordenamos un par de menús -doce dólares-.

Estuvimos en el lugar por un poco de más de hora y media, entre comida y conversación; yo aún andaba bastante desanimado, pero me ayudó la tertulia; un poco antes de despedirnos -un poco después de las dos- mi amigo me comentó que esperaba someterse pronto a una vasectomía.

Después de dejar a mi amigo me dirigí a la estación del transmetro, abordé un bus articulado y me apeé en el comercial en donde se estacionan los busitos, y me dirigí directamente a abordar el que estaba por salir. 

Cuando vine Rb estaba viendo alguna de sus series, le preparé un té y me preparé un café; y le propuse salir a caminar; a las cinco nos dirigimos a los supermercados en dirección sur, aunque decidimos no llegar hasta el extremo del boulevard.

Y es que además de los anteojos me había prescrito -otra vez- colirio, Rb había realizado el pedido a una farmacia y decidimos no estar mucho tiempo fuera, en caso se realizara la entrega bastante rápido; entonces caminamos nomás la mitad de lo que realizamos normalmente.

Pero pasamos al supermercado más cercano a comprar un poco de bananos; luego retornamos a casa; lo interesante es que, a pesar de que habían confirmado el pedido, le escribieron a Rb para comentarle que el producto estaba agotado.

Yo había puesto una alarma para realizar la limpieza semanal -aunque llevaba un par de semanas sin hacerla- a las seis de la tarde; cuando la alarma sonó puse manos a la obra: levanté los objetos de mi habitación y barrí y trapeé los pisos de las cuatro áreas que maś usamos.

Un poco más tarde recibí un mensaje en el grupo de whatsapp del taller de instalación de pisos cerámicos al que esperaba acudir los últimos tres días de la semana laboral: estaban cancelando la clase del primer día.

Por la noche estuve avanzando en el libro en inglés -Margot's got money troubles- y viendo algunos videos de difusión científica en Youtube -el sitio en el que veo series estaba inhabilitado-; a las diez y media me retiré a mi habitación -me sentía agotado-. 

Y a ver cómo sigue eso...

viernes, 17 de abril de 2026

Margo tiene problemas de dinero... Margo's Got Money Troubles... Margo a des soucis d’argent...

Empecé a leer este libro uno o dos días después de terminar The Paradox of Choice; no hallaba con qué libro continuar y se me ocurrió ver qué tenía en las listas que traía del año pasado; allí apareció -aunque creo que ya lo había considerado seriamente antes-.

Está escrito de forma rara: primera y tercera persona, me parece (hablando de ella misma); y, de hecho, en el primer (o segundo) capítulo habla sobre las diferentes personas que pueden enfocar -o narrar- un acontecimiento.

Además, mientras buscaba la mejor forma de agregar la versión en español y francés al título encontré que -de hecho- actualmente se está desarrollando la serie para la televisión -Apple Tv, si no estoy mal.

Según IMDB es una comedia; o sea que -otra vez- estoy leyendo una comedia mientras la serie -o película- se está desarrollando en tiempo real -me pasó antes con Lecciones de Química (y no recuerdo si se ha repetido con algún otro libro, recientemente)-.

Y a ver cómo va eso...

El sábado por la noche traté de calmar un poco a Rb sobre su obsesión con su situación actual -ha estado, incluso, contemplando hospitalizarse en alguno de los dos centros médicos públicos de la ciudad-; me comentó que había 'investigado' y empiezan a dar números para consulta a las cuatro de la madrugada.

Traté de mostrarme empático -¿o solidario?- pero no sé si parte de las características del espectro de Asperger en el que me encuentro me dificulta mi desempeño en esta área; sentí la verdad bastante tensión en el ambiente.

Igual seguí trabajando -aunque muy poco- en el código que había empezado a trabajar por la mañana; como eran varios archivos que debía modificar -incluso debía eliminar uno que ya funcionaba bien y sustituirlo por uno con un nuevo estandard- se me complicó un poco -o bastante-.

Bajé la película de acción que no había podido ver en línea porque los subtítulos estaban bastante defectuosos; pero los subtítulos que traía la descarga no estaban muy buenos tampoco; por lo que me tocó que buscar una buena versión de los mismos; al final ví como un octavo de la película.

El domingo me levanté a las seis y media, medité -por primer día- veinticinco minutos y luego retorné a la cama; pero no a dormir, quería trabajar en los cambios que había realizado el día anterior -y que no estaban funcionando-.

Rb llegó un poco más tarde y se acostó un rato a mi lado -le puse pausa al código en ese tiempo-; y, luego que se levantó (para darle de comer a sus perros), continué con el mismo; salí de mi habitación un poco después de las nueve, con mis dos computadoras, para continuar trabajando en la mesa del comedor.

En el ínterin también completé algunas lecciones de Duolingo; le había propuesto a Rb que camináramos hasta los supermercados en dirección sur a media mañana; y, justo antes de salir, me dí cuenta que había estado trabajando en un archivo y tratando de ejecutar otro -con el mismo nombre pero en una carpeta diferente-.

Le estaba contando esto a Rb mientras caminábamos y noté que se encontraba mal: de hecho en un momento se detuvo completamente, quejándose de dolor abdominal; por lo que le propuse que no camináramos hasta el extremo del boulevard, sino únicamente al supermercado más lejano; allí compré un zepelín para la visita de esa tarde.

También saqué un poco de dinero en el cajero automático -veinticinco dólares-; en el otro supermercado compramos un poco de bananos pues la mitad de los que teníamos en casa aún estaban verdes; cuando retornamos a casa le transferí a Rb el dinero que había extraído del cajero -y el valor del zepelin y los bananos-.

Además, pagué el servicio del internet y emití el certificado de ausencia de antecedentes policíacos de mi hija mayor -me lo había pedido el día anterior pero la página estaba caída el sábado por la noche-; afortunadamente pude completar el trámite y le mandé el documento; ella me depositó los cuatro dólares que había pagado por el mismo.

Continué trabajando en el código pero no le veía pies ni cabeza;  entonces, un poco después del almuerzo empecé a revisar el código más sistemáticamente -apoyándome con un par de LLMs-; lo que al final rindió frutos; justo antes de dirigirme a mi reunión de la tarde -que estaba programada para las tres- logré que el código -finalmente- funcionara.

Salí de casa bastante tarde -o sea, a las tres menos cuarto aún le preparé el té de manzanilla habitual a Rb-; además, le pedí prestado el dominó que llega hasta los doce puntos; por suerte el tránsito estaba bastante ligero; pero, como me molesta la impuntualidad, a medio camino llamé a mi amigo para comentarle que llegaría cinco minutos tarde.

Mi amigo se encontraba bastante tranquilo, por lo que conduje con bastante precaución; me estacioné a dos casas pues había un auto justo frente la suya; pero, cuando mi amigo salió a abrir el portón de su casa también salió el dueño del auto, a meterlo al parqueo interno; entonces moví el auto hacia el frente de la casa.

Además del dominó extendido llevaba el zepelin que había comprado por la mañana y una bolsita con café molido -de un paquete que había comprado el mes anterior-; nos instalamos en la mesa del comedor y mi amigo puso agua a hervir.

Cuando el agua estuvo a punto mi amigo sacó la prensa francesa y preparé las cuatro o cinco cucharadas de café que llevaba; luego partí el zepelin y le propuse que jugáramos una partida de dominó -se sorprendió con la variante que llevaba-.

La cual nos llevó una muy buena cantidad de tiempo -en varias ocasiones tomé mas fichas para alargar el juego-; al final utilizamos todas las fichas del juego (son noventa y una en total), y yo me quedé con la última -o sea, mi amigo ganó-.

Fue un buen par de horas entre conversación, café, zepelin y dominó; un poco antes de las cinco le avisé a mi amigo que me retiraba y bajó a despedirme al portón de su casa; el tránsito de vuelta estaba bastante ligero por lo que un poco después estaba estacionando la van frente a la casa de Rb.

Cuando entré a casa volví a encontrar a Rb en un estado parecido al del día anterior; de hecho hubo un connato de conflicto porque estaba contándome algo y yo estaba encendiendo mis computadoras -quería terminar (y enviar) los cambios en el código-.

Traté de calmar las aguas, pero no sé qué tan realista sea esperar que la convivencia no sufra por todos los cambios que se vienen -o que puedan venirse-; un poco más tarde Rb me pidió que la ayudara con la preparación de los almuerzos de la semana y me puse a picar -con ayuda de un procesador- varias zanahorias y un par de chiles pimientos.

Afortunadamente el ambiente se calmó -y los cambios finales al código no estuvieron tan dolorosos- y un poco antes de las siete de la noche ya habíamos terminado de preparar el arroz con hígados y mollejas de pollo que almorzaríamos durante la semana.

Y, finalmente, envié el código completo a las nueve menos cuarto; tomé una captura de pantalla de los cambios ya en el servidor remoto y se los mandé a mi compañero más brillante; luego me dirigí a la habitación de Rb, para actualizar mis notas -incluyendo esta- y ver si podía adelantar algo de la película de acción -ya no me dió tiempo de lo último-.

El lunes me levanté a las seis y media; medité y luego entré a la reunión de las siete; luego me quedé en la cama, esperando por la siguiente -a las nueve-; aproveché para hacer algunas lecciones de Duolingo -y leer un poco-.

Laboralmente el día estuvo bastante lento; nomás recibí -antes de mediodía- una llamada de un analista en el Imperio del Norte: nuestro supervisor le había dicho que me llamara para aclarar algunas dudas sobre un caso de prueba que estaba corriendo.

No pude ayudarlo mucho -de hecho me tocó que escribirle a mi compañero más brillante para que me auxiliara en el acceso a un par de servidores-; luego llamé de vuelta a mi compañero en el Imperio y pudimos completar la tarea que estaba realizando.

Por la tarde fuimos a la iglesia de Rb: ella empezaba a colaborar en un proyecto de alfabetización que organiza su congregación; salimos de casa un poco después de las cuatro de la tarde y llegamos a la iglesia -son más de tres kilómetros- con un buen tiempo de anticipación.

Rb me presentó al coordinador de la actividad y a otra persona que estaba llegando para un servicio del grupo de 'caballeros' de la iglesia: esta persona se mostró bastante extrovertido -al parecer conoce a Rb desde muy joven-.

A ella no le agradó mucho --o eso me pareció- el comportamiento de esta persona; cuando llegaron las dos señoras que se apuntaron a aprender a leer y escribir me salí del aula en donde Rb se encontraba -con el coordinador- y estuve esperando en el patio.

Me había llevado el cubo de seis por seis y lo completé sin mucha dificultad; luego estuve pateando -mientras caminaba alrededor de la cancha de basket-ball- una pelota de futbol, tratando de colocarla dentro de unas pequeñas porterías -no recuerdo si al final lo logré-.

La actividad de Rb terminó un poco antes de las seis y empezamos la caminata de vuelta a casa; en el camino aún encontramos a la persona del grupo de caballeros -con otro feligrés- con las compras que habían hecho para el asado que acompañaría su actividad.

Por la noche estuve terminando el libro de inglés y avanzando un poco en el libro de francés; además empecé a revisar cuál era el estado actual de este rubro -lectura- durante el año (creo que apenas superé los diez libros durante el primer trimestre).

El día anterior, por la noche,  me dí cuenta que el viernes habían enviado una revista de rrhh en donde incluyeron un artículo -sobre mindfulness- que había propuesto hacía año y medio; lo 'chistoso' fue que yo envié el artículo en inglés y ellos lo publicaron en español.

Tomé captura de pantalla (eran cuatro o cinco párrafos nomás) y se la envié a Rb -y a mi hija mayor-; Rb no me comentó mucho; mi hija mayor me felicitó -también me dijo que los cuatro puntos que estaba considerando al final del artículo le parecían interesantes-. 

El martes me desperté un poco antes de que sonara la alarma: Rb entró a la habitación a despedirse pues había previsto dirigirse a uno de los dos hospitales más grandes de la ciudad; me levante a meditar y luego entré a la primera reunión de equipo del día.

Después de la reunión el analista más brillante me escribió para comentarme cómo estaba planificando que continuaramos con la escritura de código en el proyecto en el que hemos estado trabajando durante el último mes.

Y luego, me pasé todo el día escribiendo código; fue un día bastante intenso porque se trataba de una nueva pantalla -sería la tercera- sobre la que trabajo directamente; por lo que al final del día laboral me sentía bastante agotado -especialmente de la vista-.

Durante la mañana Rb me estuvo enviando mensajes para comentarme el avance en conseguir atención en el hospital público y, un poco antes de mediodía, me llamó para comentarme que le habían dado una cita para septiembre -lo cual no le pareció-.

Vino un poco después bastante desanimada -y con el plan de continuar yendo al hospital privado al que ha estado acudiendo desde finales del año pasado -y en el que le realizaron la histerectomía-; de todos modos -al parecer- consiguió -por medio del hermano de su jefe- un contacto para ver si podía agilizar los procesos.

Al mediodía almorzamos la segunda porción de los almuerzos que preparamos el domingo por la tarde; acompañado de una pequeña ensalada y -nomás yo- un poco de fresco de rosa de Jamaica -gracias a sus investigaciones Rb decidió dejar de consumir más productos que pueden afectarla-.

A las cuatro de la tarde nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos caminando al supermercado que queda a mitad del camino; allí Rb adquirió un cartón de huevos (pues dejará un poco las nueces y planea duplicar su consumo de estos).

Por la noche estuve viendo el final de la película Sniper No Nation; no fue muy decepcionante -a pesar de que había leído críticas bastante desfavorables-; quizá lo que menos me gustó es que deja un final abierto -o sea, es una serie de películas-.

El miércoles fue otro día completamente dedicado a escribir código: el día anterior me había dedicado toda la jornada a explorar los principales componentes de la página que me había asignado mi compañero.

Entonces, el miércoles me dediqué a escribir casos de prueba para los dos primeros campos de la página -de más de diez-; a la hora en que se terminó mi turno laboral nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte.

En la tienda verde de descuentos Rb adquirió un paquete de plasticina y una caja de crayones de cera -para sus tareas de alfabetización-; yo aproveché para comprar una bolsa de dulces -gomitas- que planeaba reservar para la próxima reunión de equipo trimestral.

Casi al final de nuestra caminata pasé a la tienda de la esquina a comprar una zanahoria -lo único que me faltaba para la preparación semanal de mi pastel de avena-; por la noche mi hijo me envió un par de capturas de pantalla con la transferencia de la liquidación de las acciones de su empresa.

Otra captura de pantalla mostraba la transferencia de lo que no había gastado de la primera liquidación -menos de tres por ciento de la cantidad-; se disculpó por sus acciones pero no quise -no le ví sentido- elaborar.

Rb atendió su clase de teología de seis y media a ocho y media; yo aproveché para preparar mi pastel semanal; en esta ocasión la variante fue la ralladura de zanahoria: no utilicé la parte más fina del rallador sino la que uso para las ensaladas -y utilicé la batidora que uso para las yemas).

Por la noche ví el tercer capítulo de la última temporada de The Boys; la que sigue igual de bizarra; también realicé los últimos ajustes a una app que había empezado a hacer el lunes: usando React -ayudado por un par de LLMs- creé una página para dar seguimiento al ayuno intermintente.

Esta app es bastante sencilla: se registran las horas de la primera y segunda comida del día; esta información puede ser modificada; y en una segunda pantalla se muestran gráficas de la extensión del ayuno cada día, del número de días de cada nivel de ayuno (20/4, 1/5, etc) y de la variación del peso cada dos semanas -para esto tienen que pasar quince días).

La empecé el lunes y subí el código a Github -tenía más de seis meses de no subir código al sitio-; luego, el martes, se me ocurrieron un par de detalles que podían ajustarse -cambiar la escala de una gráfica y el tipo de la segunda, y el miércoles realicé algunas correciones ortográficas.

El miércoles también terminé un curso de creación de APIS que había empezado el lunes -en Coursera-; me había llamado la atención este tema desde un tiempo atrás y la semana anterio ví que mi ex analista del país vecino del norte estaba formándose en esto; se me ocurrió que podía explorar un par de cursos.

El jueves me levanté cuando la alarma sonó -a las seis y media-; medité y luego encendí la computadora del trabajo; las reuniones de la semana habían estado bastante escuetas y la de ese día siguió el patrón: nomás se revisaron algunos pendientes para una demo.

Después de la reunión me quedé en la cama, leyendo algunos artículos de Hacker News, y haciendo algunas partidas de ajedrez en Duolingo, hasta las nueve de la mañana; Rb entró un poco antes de las nueve a contarme cómo había estado su noche.

Después de la reunión de las nueve -no hubo muchas novedades- pasé mis dos computadoras a la mesa del comedor y continué trabajando en el código que quería enviar al final del día.

A las diez de la mañana me preparé el desayuno y mientras lo consumía continué con la tarea en curso: el día anterior había logrado que dos casos de prueba funcionaran; pero los siguientes dos me estaban causando bastante atraso -no lograba realizar una validación en una tabla de datos-.

Al mediodía consumimos la última -de cuatro- de las porciones de pollo con hígados y mollejas de pollo; después del almuerzo lavé los trastos y me preparé un café; y continué con la modificación del código que había empezado un par de días antes.

A las tres menos cuarto le preparé un té a Rb y a las cuatro de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur: elegimos esa dirección porque teníamos que comprar pollo para los almuerzos del viernes y fin de semana.

Yo también quería comprar el pan para mis desayunos de esos mismos días -lo que olvidé, al final-; caminamos hasta el extremo del boulevard y luego retornamos al supermercado más cercano.

Allí comprobamos que no habían bananos en buenas condiciones; Rb compró un poco de alitas de pollo -para mí, pues pensó que ya no tenía en el freezer- y varias libras de fajitas de pollo -para el almuerzo que había planeado preparar para el sábado-.

Después retornamos a casa; en el camino se me habían ocurrido un par de acciones que podía tomar para que el código funcionara; y la primera rindió frutos: a las seis y media mandé el código al servidor remoto; además, tomé un par de captura de pantalla del envío y se lo envié -por un mensaje- a mi compañero -quien no respondió-.

Por la noche empecé a ver la primera parte -de cinco- de Hail Mary: en total dura dos horas y media y decidí ver media hora cada día; también estuve actualizando mis notas -incluyendo esta- en mi computadora personal; hasta las nueve y media, que me lavé los dientes y me despedí de Rb. 

El viernes me desperté super temprano: Rb quería que la llevara al hospital público al que había acudido el martes; se supone que únicamente los martes y viernes atienden en la clínica renal del lugar -y que solo reparten diez números al inicio del día-.

Entonces Rb había planeado llegar al lugar antes de las cinco de la mañana -alguien le había comentado que había cola desde muy muy temprano-; por lo que me había pedido que saliéramos de casa a las cuatro y veinte.

No tuve muchos problemas en dormirme -aunque estaba un poco inquieto-; pero después de la medianoche -estimo- mi sueño fue bastante intranquilo; a las cuatro y diez sonó la alarma y me levanté a prepararme; cuando salí de la habitación encontré a Rb en el comedor, ya lista para salir.

Me comentó que no había podido dormirse después de darle de comer a su perra a las tres de la madrugada; y no sé si esa fue la razón de que mi sueño fuera tan ligero a esa hora; o sea tuve un -o varios- sueño bastante raro: estaba trabajando en el primer banco en el que laboré pero en el edificio también había departamentos -super raro-.

A las cuatro y veinte Rb tomó la mochila que había preparado para su aventura hospitalaria y salimos a encender la van; dos vecinos ya estaban saliendo hacia su trabajo, y había un poco de tránsito en el boulevard -el subsidio de los combustibles hizo que la gente tome de nuevo sus vehículos-. 

Afortunadamente el tránsito no era excesivo, por lo que no tuvimos dificultades en salir del municipio -y entrar a la ciudad-; en el periférico tomé una vía secundaria pero, al ver que la vía principal estaba fluida, retorné a la misma; un poco después de las cuatro y media estábamos llegando al hospital.

A pesar de la hora -o quizá debido a esto- ya había bastantes personas en los alrededores; de hecho la fila de ingreso se extendía hasta la calle; Rb dudó en quedarse, viendo la afluencia de personas, y me insinuó que podíamos retornar a casa; yo le indiqué que la fila se estaba moviendo y que podía esperarla cerca del lugar mientras veía cómo estaba la situación.

Al final la dejé en el lugar y conduje lentamente fuera del acceso al hospital; cuando había tomado una calle paralela la llamé para repetirle que podía quedarme a la mano por si necesitaba algo -o quería retornar-, pero me indicó que mejor continuaría esperando.

Entonces conduje de vuelta a casa; las principales avenidas aún estaban bastante vacías; aunque el acceso al municipio había empezado ya a complicarse -por el carril reversible que colocan a esa hora del día-; vine a casa un poco después de las cinco y le envié un mensaje a Rb.

Y a ver cómo sigue eso... 

domingo, 12 de abril de 2026

Las piedras que ruedan… The rolling stones… Les pierres qui roulent…

Esta semana estuve pensando en las piedras en el camino -por las rancheras y, quizá, alguna otra referencia mejicana-; pero también en los rolling stones; o las piedras rodantes; una canción de Eminem va algo así como: "Daddy was a rolling stone"...

"Una piedra en el camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar" dice una canción de Vicente Fernández -o al menos era a quien se escuchaba por la radio, hace casi medio siglo-; y no tengo mucho conocimiento de la cultura francesa, pero -imagino que- debe haber algún dicho similar.

Y lo que generó -creo- esta línea de pensamientos fue la última dolencia -diagnosticada- de Rb: luego de una consulta médica de seguimiento decidió -creo- hacerse un ultrasonido completo; y resulta que le detectaron cálculos en los riñones y en la vesícula.

Terrible.

El lunes me levanté a las seis y media, medité y luego entré a la reunión de las siete de la mañana; la cual estuvo algo corta porque la compañera de mi supervisor no se hizo presente -tenía una reunión con un representante de nuestro cliente-.

Después de la reunión me quedé en la cama, literalmente dormitando; de hecho me autodesperté en un par de ocasiones por mis ronquidos; Rb entró un poco después de las ocho y me ofrecí a salir pronto -lo que no hice-; me quedé en cama hasta que empezó la reunión de las nueve.

Esta reunión también estuvo bastante corta; e iba a seguir dormitando, pero -finalmente- salí de la habitación; creo que lo que me terminó de despertar fueron una serie de mensajes con mi hijo menor.

Como a las nueve y media me envió la notificación del depósito que realiza cada mes en mi cuenta -un poco más de cien dólares por los servicios del departamento (y el mobiliario) y un poco más de esa cantidad por la deuda que adquirió conmigo hace más de un año (fueron casi tres mil dólares)-.

Le escribí -como siempre- agradeciendo que fuera un adulto responsable; y un poco después le pedí que me transfieriera los mil doscientos dólares que su empresa le había reembolsado por las acciones en las que estuve invirtiendo durante varios años.

Y resultó que no los tenía disponibles: había utilizado ese dinero en 'emergencias' -médicas, de transporte, y similares-; la verdad es que, por una parte, no me sorprendió; o sea, a pesar de que lo 'obligué' a tomar un curso de finanzas personales antes del gran préstamo, no tenía muchas esperanzas de que hubiera aprendido la lección.

Y por otra parte me decepcionó el hecho de que no podría completar los treinta mil -o así- que quería alcanzar en mi cuenta de ahorros actual, para trasladar esa cantidad a otra cuenta, en la que -supuestamente- la depreciación de la moneda es un poco menos funesta.

Esperé un poco para continuar la conversación; y como no me había 'asegurado' que todo el dinero había sido utilizado, le pedí que me transfiriera lo que aún tuviera de esa cantidad -en su mensaje original se había ofrecido a 'reponerlo' en los siguientes meses-.

Pero no recibí ninguna respuesta de eso; entonces le pedí que 'liquidara' las -pocas- acciones que aún tenía de su empresa, y que me transfieriera el dinero; o sea por las caídas en el valor de las acciones al final 'perdería' un poco con toda la operación; pero, la verdad, creo que debo evitar continuar con el 'experimento'.

Esa misma mañana recibí la transferencia de los servicios del departamento de mi hija mediana; le envié una notificación agradeciéndole por ser un adulto responsable; mi hija mayor me informó -el martes- que este mes estará bastante ajustada por no haber completado el mes de labores en su función anterior -de traductora médica se cambió a ser maestra de inglés en una academia, para tener tiempo para acudir a la facultad de medicina-.

Después de la reunión de las siete había recibido un mensaje de mi compañero más brillante: durante el fin de semana había programado una reunión para la mañana del lunes, para revisar el código en el que llevábamos varias semanas trabajando.

Pero en su mensaje me comentaba que tendría que pasar la reunión para el día siguiente pues le habían asignado una tarea bastante trabajosa para ese día; nomás le agradecí la notificación y continué en la cama. 

Al mediodía sacamos a caminar a los perros más grandes de Rb; luego calentamos la primera porción del asado que habíamos preparado el día anterior; aún teníamos un aguacate en la refrigeradora, con el que preparé un pequeño guacamol.

Estaba empezando a almorzar cuando recibí una llamada de mi supervisor en el Imperio del Norte: me agregó a una reunión con los otros tres analistas; y fue una pérdida de tiempo: nomás quería revisar algunas tareas que los otros dos analistas habían estado completando la semana anterior.

O sea, se pasó casi media hora nomás pidiendo explicaciones a ambos compañeros -los cuales tampoco entendieron mucho de qué se trataba todo-; al final terminó la reunión indicando que presentaría algunos resultados que ya tenía preparados. 

Después del almuerzo lavé los trastes del día y me preparé un café -que consumí con una porción del pastel que he estado haciendo últimamente, un cubilete sobrante del domingo y un par de galletas-; luego le preparé un té de manzanilla a Rb.

Al terminar el horario laboral nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; necesitábamos bananos, los cuales adquirimos -generalmente- en el supermercado que queda a medio camino; luego de llegar al extremo del boulevard y compramos unos pocos bananos -casi no habían en existencia y estaban bastante maduros-.

Como los pocos bananos que habíamos comprado en el supermercado no nos alcanzaban para cubrir las comidas del día siguiente, tuvimos que pasar a la tienda de la esquina; allí Rb compró otra media docena -no del mismo tipo-. 

Por la noche empecé a ver una película de acción y ciencia ficción; protagonizada por uno de los principales personajes de la serie Westworld, Vince Vaughn y una actriz mejicana; también actúa allí un actor nacido por acá.

El martes Rb entró a despedirse a las seis de la mañana: había pagado una consulta médica de seguimiento a la operación quirúrgica del noviembre anterior; después de que se fue traté de seguir durmiendo pero no pude conciliar el sueño; a las seis y media me levanté a meditar.

Después entré a la reunión de las siete;  la que estuvo más extensa que el día anterior; también me dí cuenta que la reunión con el compañero más brillante había sido movida al día siguiente; pero no le dí mucha importancia: el día anterior había tenido dificultades para entrar al servidor remoto en el que trabajamos.

Por alguna razón los accesos habían sido restringidos; aunque, finalmente, encontré la forma de acceder a los escritorios remotos, utilizando un servidor general de acceso -ya ni recordaba que teníamos esa opción-.

Entonces, al igual que el día anterior, nomás corrí varias veces el código en el que había estado trabajando las últimas semanas, nomás para comprobar que aún seguía siendo válido -la semana anterior se había realizado una actualización a la app en la que trabajamos-.

Durante la mañana estuve recibiendo mensajes de Rb sobre el avance en su cita médica; me comentó cuando había llegado a la estación del transmetro, y luego a la clínica; después me avisó cuando estaba haciendo fila para entrar con el ginecólogo y, casi al mediodía, que estaba esperando para que le realizaran un ultrasonido.

Un poco más tarde me llamó, llorando: le habían encontrado cálculos renales y en la vesícula; la verdad es que no me sorprendió lo primero: su consumo de nueces es excesivo -se ha exacerbado en los últimos años-.

Pero estaba desconsolada, lamentándose por lo que le estaba tocando vivir; traté de consolarla pero, la verdad, como que no soy muy bueno en el tema; un poco después del mediodía recibí una llamada del amigo, en el Imperio del Norte, al que he estado llamando todos los meses. 

Estuvimos conversando por más de una hora; de hecho, me tocó que usar los datos móviles del celular pues la llamada era por facebook -siempre utilizamos ese medio- y, a las doce y media, saqué a caminar a los perros más grandes de Rb.

La llamada fue bastante intrascendente: noticias de la familia de cada uno, estado general de cada uno, y así; pero me parece interesante que siga estando en un estado de indocumentado en el Imperio del Norte, luego de un año de haberse casado con alguien que es ciudadana -según él, necesita como siete mil dólares para completar el trámite-.

Y la llamada se extendió hasta la hora en la que Rb regresó -ya era casi la una-: cuando cruzó la puerta entró a abrazarme y a llorar; ni siquiera pude despedirme de mi amigo; nomás terminé la llamada; y el resto del día Rb la pasó casi igual.

Yo ya tenía en la estufa la segunda porción de asado de la semana; Rb trajo algunos aguacates y preparé un pequeño guacamol; pero Rb no tenía siquiera ánimos para almorzar; de hecho me ofrecí a guardar la comida; aunque lo único que no consumió -al final- fue una de las papas del almuerzo.

A las cuatro de la tarde salimos a caminar; esta vez hacia los supermercados en dirección norte: necesitábamos bananos y el día anterior no habíamos encontrado en el que se encuentra en dirección sur; afortunadamente en el que visitamos este día hallamos una buena cantidad.

Por la noche avancé en la película de comedia, acción y ciencia ficción que había empezado el día anterior; también avancé en los libros en inglés y francés -después de haberle cambiado el color de fondo a la app de lectura he tenido un poco más de tiempo de pantalla para avanzar en ambos-.

El miércoles  el día empezó normal: alarma a las seis y media, meditación y reunión diaria; pero el resto de la jornada estuvo algo diferente: por una parte, le escribí al compañero más brillante, para que cambiara la reunión para el viernes -el día anterior la había pasado al jueves, pero ese día yo tenía vacaciones-; luego me planteé adelantar en la revision del código.

La semana anterior mi compañero me había informado que había cambiado -otra vez- los estándares para desarrollar el proyecto en el que hemos estado trabajando -sería la tercera vez que cambia-; o sea, yo nomás he seguido sus directivas.

Entonces, el miércoles por la mañana traté de mandar al repositorio los últimos cambios que había hecho -nomás había corregido la declaración de un par de funciones-; pero, resultó que esos dos archivos ya no existían en la configuración cambiada.

Entonces grabé todos mis archivos de código en una carpeta alternativa y bajé todo el código desde el escritorio remoto; luego me pasé todo el día revisando los cambios que mi compañero había realizado: ninguno de los cuatro archivos estaba siendo ejecutado.

Al mediodía consumimos la tercera porción del asado que preparamos el domingo; después entré a la cocina a lavar los trastes del día y a prepararme un café; el cual consumí con dos mitades de galletas.

Casi al final de la jornada conseguí -por fin- que los cuatro archivos corrieran -aunque un par de ellos aún presentaban errores intermitentes-; y a las cuatro de la tarde salimos con Rb a caminar hacia los supermercados en dirección sur.

Aprovechamos para regalar la mitad del racimo de bananos que había cortado la semana anterior; una penca se la dió Rb a la vecina, otra se la regalamos a una familia con la que usualmente hemos compartido esta fruta; y las dos últimas las pasamos a dejar a la garita. 

Llegamos hasta el extremo del boulevar y luego entramos en el supermerado más alejado; yo quería ver si había leche de una marca específica en el lugar, pero no encontré; en el otro supermercado compré un par de medios litros -estaban a un 'precio especial'-.

Después de regresar a casa continué trabajando en el código; logrando mejorarlo un poco;   a las seis y media Rb entró a su clase de teología; y yo empecé a preparar mi pastel semanal (aunque me tocó que ir a la tienda de la esquina pues se me había olvidado comprar zanahoria).

La preparación del pastel me llevó un poco más de media hora y, al final, lo dividí en ocho porciones y lo puse a enfriar; mientras tanto terminé de ver la película que había empezado un par de días antes.

La clase de Rb se extendió hasta después de las ocho; yo me había movido a su cama y, después de terminar de ver la película, había continuado con el libro en inglés -sobre las elecciones- y, luego, con el libro der soft romance -en francés-.

El jueves me desperté bastante temprano: el tránsito estaba, por alguna razón, más ruidoso que de costumbre; además, había estado teniendo sueños algo raros: incluían a mi supervisora local y algo de un concurso -raro, la verdad-.

Ví la hora en el celular y apenas acababan de pasar las seis; así que nomás esperé a que sonara la alarma de las seis y media, para levantarme a meditar; después retorné a la cama para actualizar mis notas -incluyendo esta-.

Un poco antes de las nueve salí de la habitación pues tenía que desayunar antes de acompañar a Rb a su visita semanal al mercado en el centro histórico; salimos de casa casi a las nueve y media; y no esperamos mucho a que pasara el busito en el boulevard (el pasaje ha sido incrementado en un veinte por ciento debido al conflicto en Oriente Medio).

Al apearnos del busito nos dirigimos a la estación del transmetro; la cual estaba bastante vacía; con lo que, un poco después, estábamos llegando al mercado; en donde Rb compró un poco de moras y un par de mangos enormes.

Después del mercado retornamos a la estación del transmetro y, luego de dejar pasar varias unidades, abordamos una que no iba muy llena; en el comercial en donde se estacionan los busitos entramos al supermercado; allí Rb adquirió hígados y mollejas de pollo para el almuerzo de la semana siguiente.

También compró una bolsa de manzanas; yo aproveché que los mangos en ese lugar estaban bastante baratos y adquirí uno; después de pasar a la caja nos dirigimos a abordar el busito de vuelta a casa.

Sacamos a caminar a los perros grandes, y a la perra más anciana al patio frontal; después recalentamos la última porción de pollo asado; por la tarde estuve adelantando un poco en el libro en francés y el libro en inglés.

A las cuatro de la tarde nos dirigimos caminando hacia los supermercados en dirección norte; aunque no necesitábamos nada del supermercado; caminamos nomás hasta la gasolinera más cercana en el boulevard principal.

De vuelta a casa pasamos a la panadería en la que venden el pan más barato; allí compré un poco de pan para mis desayunos del fin de semana; por la noche estuve tratando de ver una película de acción, pero no encontré una buena versión -con subtítulos-.

El viernes Rb me despertó antes de dirigirse a la consulta con el urólogo -eran las seis de la mañana-; continué dormitando hasta que sonó el celular -a las seis y media-; me levanté a meditar y luego entré a la reunión diaria.

A medias de la misma recibí un mensaje de mi compañero más brillante: me comentaba que, debido a que el supervisor en el imperio del norte no se había comunicado, estaba cancelando la reunión para dar seguimiento al proyecto en el que estamos.

Pero un poco después me volvió a escribir para indicarme que el código que había mandado no seguía el estándard que él había definido -no lo dijo en esos términos sino que me empezó a cuestionar sobre algunos archivos, pero el mensaje era ese-.

Entonces me ofrecí a trabajar en la mejora del código en el que había estado trabajando las últimas semanas; y eso me pasé haciendo el resto de la jornada; primero asegurándome de que la parte que sí cumple el estandard aún funcionara.

Rb estuvo enviándome mensajes durante la mañana, actualizándome sobre el avance en su jornada médica; al final, un poco antes del mediodía, me comentó que el urólogo le había recetado algunos medicamentos, para ver si podía evitarse la cirugía.

Ya era bien tarde cuando me escribió con el resultado final; me parece que ya había sacado a caminar a los perros grandes -y a la perra más anciana al patio frontal-; un poco antes había puesto a desinfectar lechuga y me dí cuena que no teníamos manzanas verdes.

Llamé a Rb para ver si aún estaba en el comercial en donde abordamos los busitos -había pasado a desayunar a ese lugar, luego de terminar la consulta médica-; pero me comentó que ya se encontraba esperando a que la unidad empezara su recorrido.

Entonces me dirigí a la tienda de la esquina, compré una manzana verde y una zanahoria; saqué la lechuga del agua con cloro, la remojé en agua filtrada y puse a desinfectar lo que acababa de comprar; luego preparé un par de ensaladas.

También había puesto en la estufa -luego de trocearla- una buena cantidad de pechuga de pollo que Rb había dejado en la refrigeradora; la cociné en un sartén durante cerca de media hora, condimentándola con especies italianas y agregándole -al final- un par de cucharadas de miel.

Rb vino casi a la una y media; yo estaba terminando de servir los almuerzos y le pregunté si prefería que le reservara el suyo; pero no, quiso acompañarme en la comida; después del almuerzo lavé los trastes, me preparé un café -me había quedado sin té- y lo consumí con dos mitades de galletas.

Al final de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; llegamos al extremos del boulevard y luego entramos al supermercado cerca del mismo; allí compré una pechuga de pollo -para el almuerzo con mi hija el día siguiente-.

Después, en el otro supermercado, compramos un poco de bananos; y yo compré un pepino para la ensalada del día siguiente con mi hija mayor; por la noche estuve viendo el segundo capítulo de la quinta temporada de The Boys -la noche anterior había visto el primer capítulo-

Además bajé la película de acción que no había podido ver la noche anterior -encontré una versión de menos de un gigabyte-; también avancé en el libro en inglés -me quedó nomás el último capítulo- y en el libro en francés -dos ciclos más para terminarlo-.

El sábado me desperté antes de las seis; no sé si la edad ya está haciendo que me despierte más temprano; o los perros en las cercanías han estado más escandalósos que en el pasado; me quedé en la cama hasta las seis y media, que sonó la alarma del celular.

A esa hora me levanté a meditar; después retorné a la cama y me puse a completar alguans partidas de ajedrez en Duolingo; un poco después de las siete y media Rb entró a la habitación y se acostó un rato a mi lado.

Luego de que se retiró terminé la partida que había dejado a medias; después me puse a actualizar mis notas -incluyendo esta-; un poco después de las ocho de la mañana salí de mi habitación: había previsto preparar la ensalada del almuerzo antes de desayunar. 

La ensalada -las dos- quedaron muy bien: lechuga, pepino, zanahoria y aguacate; también llené un par de bolsitas con aderezo; estuve -entre las pausas de la preparación de las ensaladas y el desayuno- trabajando un poco en los cambios que mi compañero me pidió el día anterior.

Los del día anterior no habían estado muy difíciles, pero estos se perfilaban más complicadillos y, efectivamente, no pude adelantar mucho; además, le había propuesto a Rb que fueramos al supermercado a media mañana; con lo que caminamos hasta la mitad de la ruta entre ambos supermercados en dirección sur; de allí volvimos al más cercano.

Compramos tres lechugas -cada una de diferente tipo- y luego pasamos por la tienda de las verduras: necesitábamos zanahoria y papaya; después retornamos a casa; eran casi las once de la mañana y empecé a preparar los rollitos de pollo que últimamente preparo cuando veo a mi hija mayor o a mi hijo menor.

Saqué de la refrigeradora los dos rollitos que había dejado preparados la noche anterior, batí un huevo y, luego de pasarlos por harina de papa y el huevo, los cubrí con hojuelas de avena; sellé dos lados de los rollitos -ya había calentado el aceite- y luego ordené los tratos que me llevaría al almuerzo con mi hija.

Le había puesto fuego realmente bajo a los rollitos y, luego de quince minutos, les dí la vuelta; entonces saqué a caminar a la perra más pesada de Rb -ella me acompañó con el otro perro grande-; cuando volvimos de la caminata saqué a la perra más anciana al patio frontal, saqué los rollitos del aceite y los puse en una toalla de papel absorbente -antes de meterme a la ducha-.

Salí de casa un poco después de las doce del mediodía; aún ví la ruta en Waze y me pronosticaba un viaje de veintiseis minutos -había quedado con mi hija mayor en que pasaría por su trabajo actual (en una academia de idiomas) un poco después de las doce y media-.

EL tránsito no estaba tan mal -la gasolina aún anda con el incremento del cincuenta por ciento a causa del conflicto en el Oriente Medio-; cuando iba en el periférico llamé a mi hija -por teléfono-; pero no me contestó, puse datos móviles y la llamé por whatsapp -de hecho me había enviado un mensaje disculpándose por no llegar a contestar el teléfono-.

Pero estuvo bien: me contestó por whatsapp y le comenté que estaba doblando la esquina de la calle en la que se encuentra la academia de idiomas; ella salió en el acto y nos dirigimos al departamento para dejar el automóvil en el parqueo -el parque temático cobra tres dólares de parqueo-.

Además, mi hija andaba con una vestimenta bastante formal, por lo que era mejor -para ambos- pasar por el departamento; después de que mi hija se cambió a algo más cómodo nos dirigimos caminando al parque temático.

Llegamos bastante temprano y nos encaminamos directamente al área techada de mesas -la temperatura estaba bastante elevada y fue un buen alivio estar bajo la frescura del lugar-; allí almorzamos; después armamos un par de cubos de Rubik y completamos una partida de Scrabble.

Después le ofrecí a mi hija que nos dirigiéramos a la rueda de Chicago más grande del lugar; pero antes tuve que pasar a comprar un pasaporte de doce juegos (cuatro dólares) pues nomás tenía uno en el anterior -son doce juegos por pasaporte-.

Después de comprar el pasaporte le propuse a mi hija que compráramos un par de helados de crema -tenía mucho tiempo de estar antojando esos helados-; compramos un par en el restaurante de pollo y nos acomodamos en un área con sombra.

Luego nos dirigimos a la rueda de Chicago; casi no había cola, pero, lastimósamente, justo cuando estábamos a un par de personas de abordar el juego mecánico, lo detuvieron: al parecer una de las canastillas tenía una falla mecánica y estaba provocando que la rueda parara en momentos inadecuados.

Era aún bastante temprano pero le propuse a mi hija que volviéramos al departamento: habíamos acordado despedirnos a las cinco de la tarde y quería pasar a un supermercado -o dos- en el camino para ver si podía adquirir un poco de té de menta -llevaba varias semanas sin esto-.

Afortunadamente encontramos -dos presentaciones- en el primer supermercado al que pasamos -compré como cuarenta bolsitas por cuatro dólares-; el resto del camino al departamento estuvo bastante tranquilo -el sol ya había amainado-.

Cuando entramos al departamento me instalé en la sala y le propuse a mi hija que probáramos a armar el unicornio de origami que sale en la película Blade Runner -había encontrado un tutorial unas semanas antes-.

Pero está bastante complicado: se realiza en dos partes separadas que luego se ensamblan; por lo que llegó la hora de nuestra despedida cuando aún estábamos terminando la primera mitad; como ví a mi hija alistándose le propuse pasarla dejando al supermercado al que se dirigía -al otro lado de la vía principal-.

Bajamos al parqueo y pasé dejando a mi hija -literalmente del otro lado de la calle-; luego tomé la vía alternativa para encontrar el camino cerca de la universidad por el que llego a la ruta que trae a la casa de Rb; me tocó un poco de espera antes de entrar a la primera, pero, luego, no hubo mucho tráfico.

Vine bastante temprano a casa; a encontrar a Rb completamente inmersa en la lectura -básicamente de varios LLMs- de todas las posibles causas -y soluciones- de sus dolencias actuales; la verdad creo que será una fuente de conflictos.

Y a ver cómo sigue eso.