martes, 13 de enero de 2026

Recuérdame bailando… Remember me dancing… Souviens-toi de moi dansant…

Esta semana he estado pensando que podría empezar cada entrada de este espacio comentando el libro que estoy leyendo: el año antepasado leí casi ochenta libros y el año pasado más de cincuenta -el último mes y medio del año no leí nada-.

Así que creo que podría ser un detalle interesante registrar algunas impresiones sobre el libro en curso; durante los dos años anteriores -no recuerdo si el año previo a estos fue igual- leí en paralelo varios; este año he empezado con uno a la vez.

El de esta semana es de una periodista española; al parecer unos años atrás fue finalista del premio Planeta con una novela en la que ficcionalizaba las aventuras de su grupo de amigas -y sus dos hermanas-.

Ahora escribió un libro sobre su hermana menor -su suicidio, realmente-; no sé qué parte es real y qué parte es ficción -el suicidio, al parecer, sí ocurrió-: una parte del libro es -supuestamente- un diario que dejó su hermana sobre sus últimos años.

Es, como 'También esto pasará', realmente -creo- un retrato sobre los privilegios de algunas personas: esta es una periodista cuyos padres fueron profesionales, con varias propiedades en Madrid y alguna otra provincia; contando las viscicitudes de su trabajo, sus relaciones, sus fiestas, entre otros.

Y es de los libros que muchas veces me cuestiono si leer o no -o completarlos, una vez iniciados-; pero, por alguna razón, creo que he racionalizado que no importa la extracción social o el desarrollo personal, en todas partes se cuecen habas.

Y a ver cómo va eso... 

El jueves fue mi primer día de vacaciones del año; desde el año pasado Rb me había pedido que la acompañara ese día a la segunda -y esperamos última- visita de seguimiento a la cirugía.

Me levanté a meditar a la misma hora y, como he estado tratando de hacer ayuno intermitente -aunque aún no he establecido bien la duración- le comenté a Rb que desayunaría cuando regresáramos.

Abordamos la van -Rb con su desayuno- y nos dirigimos al centro histórico; aparentemente las actividades escolares aún no habían empezado por lo que las calles estaban bastante despejadas; llegamos al hospital sin mucho retraso.

Además de la consulta con la ginecóloga Rb, había pagado para que le aplicaran la vacuna contra la influenza -ha recibido una dosis casi cada año desde hace casi una década-, y la llamaron para la inyección  mientras estábamos esperando pasar a la revisión.

La aplicación de la vacuna fue en el brazo; la ginecóloga fue la misma que la vez anterior -y quien la operó- y revisó los resultados que Rb había recibido un poco antes de la biopsia; no vió nada preocupante; igual con la revisión física.

Yo había estado un poco molesto antes de llegar al hospital pues me ponen de mal humor las personas -a veces indigentes- que se ponen a cobrar por el espacio de parqueo en las calles del centro histórico.

La vez anterior nos habían cobrado dos dólares cuando salimos por el auto - lo dejamos parqueado a unos pocos metros de la entrada al hospital- y me molesta pagar por un espacio público.

En esta ocasión, mientras caminábamos hacia la van Rb le preguntó al tipo cuánto estaban cobrando -cuando estacionámos el auto nos había ofrecido lavarlo- y le dijo que un dolar y medio.

Salimos del centro histórico y nos dirigimos hacia una venta de productos agroquímicos que nos quedaba en el camino -las hormigas del patio han estado excavando más que otros años justo en el borde de la construcción de concreto-; no había del químico que Rb había comprado en el pasado pero adquirimos algo para la termita que sigue excavando la pared de la habitación de Rb.

También nos comentó el joven de los agroquímicos que el producto que Rb compró hace unos años -y cuya fecha de caducidad ha sido completamente sobrepasada- quizá aún podia tener propiedades activas.

Después de los agroquímicos pasamos al comercial desde donde usualmente tomamos el busito; en el supermercado del lugar compramos una bolsa de mojarras y una red de aguacates; después conduje de vuelta a casa.

Por la tarde, muy tarde, caminamos a los supermercados en dirección sur; no entramos al mas alejado pero en el que queda a la mitad del camino compramos un poco de bananos; y Rb compró varias libras de la pechuga de pollo que le da a su perra por las madrugadas.

El viernes retorné a trabajar; la verdad es que mis ánimos en el aspecto laboral han andado bastante bajos y no esperaba una muy buena jornada; el tercer analista -que había estado de vacaciones desde dos semanas antes- retornaba también a laborar ese dia.

Y estuvo preguntando sobre las asignaciones actuales -primero me escribió en privado pero le comenté que yo también había estado fuera-; cuando el analista más brillante le contestó sobre el estado actual, le escribí en privado para ver si había cambiado algo el día anterior.

Durante la mañana traté de trabajar un poco; de hecho incluso reporté el mal funcionamiento de una ventana que había verificado unas semanas antes -algo de lo que se había encargado antes el analista más brillante-; pero no avancé mucho.

También me enteré que el amigo al que ayudó con su currículum unos meses antes está en riesgo de perder su trabajo por bajo desempeño -me envió el correo donde le comentaban esto, junto con información privada de su trabajo-.

Estuvimos conversando un poco por whatsapp -de hecho el día anterior lo había ayudado un poco cambiando una imagen de la página web de la empresa (es wordpress)- y le envié un par de extractos de este blog de dieciséis años atrás.

Y es que por esa época yo estaba más o menos en la misma situación: no me habían confirmado en la posición en la que había estado trabajando y eso afectaba mi presupuesto; luego, un par de mese después me confirmaron; y un año o así más tarde me despidieron -pero fue por reorganización-.

Después del horario laboral caminamos hasta el supermercado más alejado en dirección sur; en donde compramos como diez libras de pollo para el churrasco programado para el domingo; luego retornamos a casa.

Como el jueves Rb me había comprado un brazo gitano de chocolate -es enorme- como gratitud por todo los cuidados durante su última aventura quirúrgica había estado consumiendo más comida de la habitual, entonces decidí no cenar.

El sábado me levanté a las siete y media; iba a ser un día ocupado porque había previsto tres salidas de casa: la primera para ir al supermercado en donde compramos artículos a granel; la segunda para llevar a la perra más anciana de Rb al veterinario; y la última para la primera reunión presencial del proyecto de voluntariado en el que esperaba participar durante el primer trimestre del año.

Despues de meditar me levanté a prepararme el desayuno de los fines de semana; aunque antes de eso hice un poco de tiempo de Duolingo, volviendo a alcanzar -después de un par de días- un ELO superior a mil quinientos.

Después del desayuno estuve leyendo un poco del libro actual (Recuérdame bailando); a las diez subimos a la van y nos dirigimos al supermercado en donde compramos artículos en grupos; le había enviado un mensaje a mis hijos durante la semana -preguntando si necesitaban algo- pero no recibí ninguna respuesta. 

El tránsito de entrada a la ciudad estaba bastante pesado por lo que nos tomó un buen tiempo llegar hasta el periférico; luego mejoró; el supermercado no estaba muy lleno y al final nomás compramos seis artículos (dos de Rb, tres míos y uno compartido).

Rb no encontró unas nueces que consume diariamente pues el stock existente estaba únicamente en la tienda que queda en el municipio en el que vivimos; después de pagar en caja iniciamos el camino de vuelta (ni siquiera usamos una carreta para llevar los artículos al auto).

Venimos antes del mediodía y, antes de sacar a caminar a los perros, fui a la tienda de la esquina por una zanahoria -planeaba preparar mi burrito de zanahoria para el almuerzo-; el pickup de las verduras estaba justo frente a la tienda y le compré al señor una zanahoria de una libra (veinticinco centavos de dólar).

Rallé a mayor parte de la zahoria (he ajustao la receta para cuatrocientos treinta y cinco gramos) y, además, puse a hervir un par de huevos; guardé la zanahoria rallada en la refrigeradora y estaba pelando los huevos duros cuando llegó la hora de sacar a caminar a los perros.

Después del recorrido -dos vueltas a la cuadra- nos dirigimos, con la perra más anciana, a la veterinaria: desde un par de días antes había estado quejándose contínuamente y lamiéndose después de orinar.

La veterinaria se encuentra en el mismo comercial del supermercado más cercano en dirección sur; después de dejar a Rb y estacionar la van me metí al supermercado pues ya nos habíamos quedado sin carbón para preparar asados; también compré un poco de bananos y una botella de dos litros de jabón para manos.

Pasé a dejar las compras a la van y me fui a acompañar a Rb -estaba sentada en la banca exterior de la veterinaria-; me comentó que estaban examinándo con ultrasonido a la perra pero que había preferido esperar afuera.

Un momento después salió el veterinario y entramos: según el profesional la perra estaba padeciendo de vaginitis y le recetó una pomada que se le aplica a los bebés por escaldaduras; además recomendó algo de unas terapias neurales (que es medicina alternativa).

Retornamos a casa y empecé a preparar el almuerzo: un burrito de zanahoria relleno de pollo, aguacate, hongos y lechuga; lo acompañamos con snacks y refresco de rosa de Jamaica; terminamos de almorzar bastante tarde.

Pero aún me dió tiempo de preparle el té de manzanilla a Rb antes de meterme a la ducha; salí de casa un poco después de las tres de la tarde; Waze decía que el tránsito estaba complicao y que me llevaría treinta y cinco minutos psara llegar a mi destino.

Y el inicio del viaje estuvo bastante tranquilo; sin embargo, menos de un kilómetro más adelante el embotellamiento fue tal que estuve detenido casi diez minutos; al parecer había ocurrido un accidente en el punto donde el boulevard conecta con la vía intermunicipal.

O al menos eso fue lo que pensé pues había un par de unidades de seguros de vehículos bajo el paso a desnivel; al final llegué al lugar de reunión -la casa de mi ex compañero de labores  que nació en la Suiza Centroamericana-.

Llegué al lugar un par de minutos antes de la hora esperada -originalmente había estimado llegar mucho antes- y llamé a la directora el proyecto en el cual me anoté como voluntario -primero me confundí y llamé a otra voluntaria-.

La señora me contestó y me indicó que mandaría a mi ex compañero a abrir el portón; esperé y esperé -por más de diez minutos-; estaba considerando mis opciones -incluso retirarme del lugar- pero llegó la voluntaria a la que había llamado por equivocación; ella tocó el timbre y entonces salio la directora a abrir el portón.

La verdad es que me molestó lo ocurrio -ella se disculpó por la espera, aduciendo que le había dicho a mi ex compañero pero que este estaba jugando con legos en la sala de la casa-; algo confusa la situación, él indicó que nadie le había avisado.

Pero traté de que mi molestia no continuara; estuvimos el siguiente par de horas revisando los documentos que tendremos que completar en la actividad que se realizará en el mes de marzo.

Además, la directora comentó que los participantes del nivel universitario (creo que puede haber equipos de todos los niveles educativos) se habían retirado y que ni siquiera estaba segura del espacio físico que le brindarían para realizar la actividad.

Total que tendré que trabajar con equipos del nivel básico y diversificado; la reunión estuvo acompañada por algunas botanas -quesos, jamones, croutones- y luego ordenaron algunas pizzas de Domino's.

Se suponía que la reunión duraba un par de horas pero, cuando ví que se extendía la conversación -sobre las aventuras que han tenido en el viaje que hacen algunas personas al Imperio del Norte acompañando a los equipos ganadores- le escribí a Rb para comentarle que me quedaría otra hora.

Fue casi una hora de escuchar las deficiencias que se han tenido con la organización local; las singularidades -de orientación sexual- de varios miembros pasados de la junta directiva; e incluso el comportamiento de alumnos y maestros de algunos de los mejores colegios del país.

A las siete menos cinco sonó mi alarma y fingí una llamada -había programado la alarma cuando le escribí a Rb-; retorné a la mesa y me despedí -de abrazo con mi excompañero y su esposa y de palabra con el resto- y me retiré del lugar -mi ex compañero me acomañó (ahora sí) al portón-.

Me perdí tratando de salir de la colonia -es una de las más antiguas del municipio (y supuestamente hay más de setecientas residentes)- y tuve que pedirle indicaciones a una pareja de ancianos y a otra persona, para encontrar, finalmente, la ruta de la garita.

Pero el viaje de vuelta fue mucho más directo que el de la tarde; menos de quince minutos más tarde estaba entrando en la calle donde vivo; y el ambiente estaba raro: había una van estacionada -aunque funcionando- justo frente a la casa de Rb; además, las luces de la casa vecina estaban encendidas y el portón estaba abierto.

Temí que hubiera ocurrido lo inevitable -la vecina trajó a sus papás muy ancianos hace unas semanas: al parecer la madre ha estado con salud delicada-; así que entré a la casa con bastante discreción; pero no, al parecer todo estaba normal.

Rb terminó por la noche una traducción que estaba haciendo para uno de esos canales de Telegram que ofrecen una gran cantidad de dinero por la traducción de un texto genérico -en este caso eran unos artículos de los hermanos Wright-; yo le había comentado que me parecía estafa -mi amigo que vive al otro lado de la ciudad ya había intentado y resultó una estafa-; pero no quise ponerme implacable.

Como havía comido un par de porciones de pizza -y tomado un poco de coca cola- no cené en casa; nomás preparé las cuatro gelatinas de los desayunos para la semana y, luego, imprimí una carta de recomendación para mi amigo diseñador -y tres documentos que debo cargar en el auto-. 

El domingo me levanté super tarde: creo que es la primera vez en muchos meses que desconectaba absolutamente todas las alarmas; me desperté por algunos ruidos fuera de la habitación -era Rb preparando el desayuno de sus perros-, ví la hora en el celular y eran casi las nueve de la mañana.

Me levanté a meditar, luego salí a saludar a Rb y a prepararme el desayuno de los domingos; después me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo: perdí un par de partidas de ajedrez con lo que volví a bajar de mi meta en ELO.

A las once saqué una bolsa de carbón y preparé la fogata para el asado que hacemos cada par de meses; ya había notado que la antigua pila de cemento estaba abarrotada de cachivaches -incluso una antigua guía telefónica- y ropa vieja; de hecho bajé la bolsa que contenia el pelaje de los animales que recojo cada semana de los pisos.

Había como cuatro tandas de pollo para asar -además de dos tandas de papas cocidas- y cuando ya íbamos casi a la mitad estuvimos a punto de incendiar la casa: frecuentemente dejamos desatendida la fogata por momentos y salimos a verla nomás para verificar si hay que voltear o retirar el pollo.

En cierto momento Rb salió y me gritó que las llamas estaban subiendo por la pared; primero pensé que eran las llamas que provoca la grasa al caer en las brasas, pero no: los cachivaches habian agarrado fuego e incluso alcanzaron a un bote con pegamento y otro con epóxicos -creo que contribuyó a esto los ventarrones del día-.

Rb iba a echarle agua pero consideré que era contraproducente; metí la parrilla al lavatrastos y bajé la churrasquera al piso, luego retiré algunos de los articulos en llamas -mis guantes de cuero se echaron a perder- y luego sí dejé que se rociara con agua el resto; afortunadamente no pasó a más.

Después de que controlamos la situación volví a subir la churrasquera a la pila -ahora sobre una cubeta de metal- y continuamos con la preparación del asado; almorzamos bien tarde y luego sacamos a caminar a los perros.

Por la tarde nos dirigimos a la tienda verde de descuentos; en donde compramos un atomizador -para aplicar el repelente de plagas-, un par de galones de refrigerante y repuse los guantes de cuero -aunque no habian del mismo tipo que perdí esa mañana-.

El lunes fue un día bastante productivo: desde la semana pasada me había quedado con la impresión de que podia mejorar en el cumplimiento de mis tareas; entonces, después de la reunión de la mañana llamé a mi colega del sudeste asiático que reside en el Imperio del Norte.

Esperaba que me ayudara por unos minutos pero al final terminamos reunidos más de dos horas; y logramos, por fin, completar uno de los documentos -bastante anticuados- que guían las tareas que realizamos.

Al mediodía almorzamos la primera de las porciones del asado -la noche anterior habíamos congelado la mitad y la otra parte la dejamos en la parte inferior de la refrigeradora-; acompañado de guacamol y refresco de rosa de Jamaica.

A media tarde preparé el té de Rb y mi café y me una porción del brazo gitano de chocolate; además, fue mi última comida del día: me había estado sintiendo indispuesto del sistema digestivo y lo atribuí a la comida que consumí el sábado por la tarde.

Después del horario laboral caminamos hacia los supermercados en dirección sur; no entramos en el más alejado, nomás dimos media vuelta cuando llegamos a su altura; en el otro compramos un poco de bananos y un cartón de huevos.

Por la noche ví el final de Trap House -una película de acción con Batista y Kate del Castillo (malísima)- y ví la última parte del primer capítulo de The Copenhagen Test: serie de espías y ciberseguridad; no la encontré tan mal.

El martes me levanté a las siete y media de la mañana; medité y entré a la reunión diaria; en la misma revisaron uno de los dos reportes que envié el día anterior -de la tarea que completé por la mañana- y quedó pendiente su resolución -o su definición más bien-.

Después de que terminó esta reunión el supervisor en el Imperio del Norte nos convocó a otra; nomás a los otros dos analistas locales y a mí -y a mi compañero en el Imperio- (el analista más brillante está colaborando directamente con la líder del proyecto en una tarea bastante sofisticada): debíamos realizar una revisión rápida de un nuevo release para verificar su viabilidad.

Nos quedamos en la reunión y estuve -otra vez- trabajando con mi compañero en el Imperio; de hecho salí de la habitación hasta después de las diez -el día anterior había salido aún más tarde-; con lo que desayuné hasta las diez y media.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros de Rb; luego calenté la segunda porción del asado y preparé el guacamol; volvimos a repetir elalmuerzo del día anterior; traté de continuar avanzando con mi trabajo pero el equipo disponible no colaboró.

A las dos y media me metí a la cocina a lavarlos trastes del día; también a preparar el café y el té; consumí el primero con la galleta que usualmente ceno, un banano y el penúltimo trozo de brazo gitano -el plan era no volver a comer en el día-.

Al final de la tare -después del horario laboral- caminamos hacia los supermercados en direcció sur: Rb quería comprar un poco de comida para gatos pues quería donarle al vecino que se está haciendo del gato que ella no pudo continuar atendiendo -por quejas de nuestra vecina-.

Pasamos a ver precios al supermercado más cercano y luego caminamos al más alejado; allí Rb se proveyó de cinco o seis libras de alimento felino, pagamos y caminamos de vuelta a casa; antes de entrar Rb se dirigió a la casa del vecino a entregar la comida.

Y a ver cómo sigue eso...

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