miércoles, 17 de agosto de 2011

Tarde... muy tarde.

Anoche me acosté tardísimo, alrededor de medianoche me parece.
El plan era navegar un poco -correo, blog, FB- y luego leer un par de capítulos del libro que estamos leyendo este mes en mi área de trabajo. En FB vi que una amiga de Axl –es seis años mayor que yo- había comentado uno de mis walls. Usualmente no estoy disponible en el chat pero creí que era una buena ocasión para activarlo. Estaba intercambiando mensajes en el muro de una prima con ella, otro primo y mi hermana menor. Le hablé a la amiga de Axl en el chat y estuvimos conversando como una hora allí, luego me llamó por teléfono. Estuvimos conversando por un cuarto de hora aproximadamente.
Me dormí cerca de medianoche, aún leí varios capítulos del libro. Tuve un sueño muy extraño. En mi sueño aún convivía –o convivía por temporadas- con mi ex y llegué a buscar una grabadora. Ella comentaba que lo había regalado y yo empezaba a acusarla que siempre se dejaba llevar por los consejos de su padre. En mi sueño lloraba –ella también-. No encontraba ropa para planchar e irme a mi trabajo. Y lloraba. Lloraba porque no podía seguir en una situación de ese tipo en donde no recibía ningún tipo de apoyo de mi esposa. Empezaba a sacar ropa manchada y con colores que no podía llevarme al trabajo. Finalmente encontré una mudad que siempre he creído que me da apariencia formal: Pantalón negro y camisa amarilla. De pronto me desperté. Eran las 6:40. Usualmente me levanto entre 5 y 6. De hecho he estado dejando la alarma para que suene a las 5 y a las 6, para despertarme en el transcurso de esa hora. Hoy algo pasó y no me levanté. Afortunadamente es miércoles y tenía mi ropa planchada –la misma que usé ayer-. Me bañé en una carrera –aún estaba impactado por el sueño- y salí corriendo de mi habitación un poco antes de las 7. A las 7:40 estaba entrando a mi oficina. Sesenta minutos, nada mal.
Anoche pasé a ver a mis peques después de llegar a mi habitación como a las 8 de la noche. Le llevé un celular –el que había dejado de reserva- a mi hija mayor y sus cuadernos en donde hago que escriban entre semana a los tres. Estuvimos conversando un poco y luego retorné a mi habitación en donde sucedió lo que cuento en el párrafo anterior.
El viernes salí un poco más tarde que de costumbre de mi oficina. Como a las 7:30. Al menos después de las 6:00 estuve haciendo lo que me encanta: Programando en Visual Basic para automatizar parte de la tarea que me toca realizar una vez al mes y que me consumió todo un día el mes pasado. Pasé a comprar un asado al lugar al que no pasaba hacía tiempo y fui a cenar a mi habitación.
El sábado me fui a la Antigua como a media mañana, luego de haber lavado la ropa que tenía en remojo. Almorcé con mi amiga de Antigua, primera vez que nos veíamos seis meses después de conocernos. Estuvimos conversando y jugando Scrabble en el parque de Antigua y luego tomamos café y pastel en uno de los restaurantes del sector. En el restaurante encontré al jefe de mi jefa –que pequeño el mundo es-. Estuve con mi amiga hasta las 6:00 y luego cada uno tomó su autobús. Ella hacia Ciudad Vieja y yo hacia la ciudad. Llegué como a las 8:00 a mi habitación y ya no salí, a pesar de que una amiga de mi grupo de los sábados por la noche me había llamado esa mañana para invitarme a ver películas en grupo.
El domingo fuimos con mis peques a un festival cultural en el centro histórico. Vimos la obra de títeres que habíamos visto hacía unos meses en Antigua, en la que mi hijo lloraba. Ahora me comentó que no le pasaría lo mismo pero le aseguré que no tenía nada de malo llorar. Almorzamos pizza y les comenté a mis chicos mi situación laboral, las razones por las que no les había mantenido al tanto del momento en que perdí mi anterior empleo y de lo duro que me estaba yendo en este. Me mostré –como siempre- optimista en cuanto a mi trabajo. Un poco antes del almuerzo habíamos ido a ver una proyección de unos cortos animados realizados por chicos de Sudamérica. Mis hijos se emocionaron y dijeron que querían realizar uno propio –en especial el más pequeño-. Por la tarde fuimos un rato a la biblioteca. Nos agarró la lluvia allí y fue bastante difícil retornar a casa. Los pasé dejando como a las 18:10 a su lugar. Estaba aún lloviznando.
Me dormí –sin querer- como a las 8:00. Debía haber llamado a mi ex para pedirle a mis peques el Lunes pues ese día era mi primer feriado en mi actual trabajo y quería reponerles el domingo que les debo a mis peques. Me levanté tardísimo el Lunes, como a las 8:00. Fui a la casa de mis peques pero estaban desayunando. Llamé a mi ex para pedirle a mis peques pero no me los quiso dar, me imagino que fue porque no estaban listos y hubiera sido mucho trabajo el alistarlos para salir. En fin. Me pasé todo el día en mi habitación, con internet y viendo películas. Salí únicamente a comprar mi almuerzo: pollo frito.
Anoche que fui a dejarles sus cuadernos de notas semanales les comenté que no me había molestado el hecho que su madre no me los hubiera dejado el Lunes, pues debí haber previsto con más antelación el permiso. Espero que para el 15 del otro mes si los pueda tener –es mi próximo feriado- y que el último fin de semana de este mes acceda a dármelos el sábado pues el domingo me toca participar en una actividad del trabajo.
Esta mañana estuve cuestionándome sobre si ya acepté o no la separación de mi familia. ¿Será realmente necesario que haya un momento y lugar en donde se declare que no hay marcha atrás? Personalmente creo que no hay marcha atrás. También se lo dije un par de veces hace un par de años a ella. Sería un error garrafal reiniciar cualquier tipo de relación con mi ex. Tenemos ambos grandes necesidades que no podemos llenar en el otro. Yo ya lo acepté. O al menos lo creía hasta el sueño de esta mañana.

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