sábado, 23 de marzo de 2024

La buena vida... The good life... La bonne vie...

Desde hace más de diez años me enteré -empecé a leer varios artículos sobre el mismo- del estudio más largo -casi cien años- en el cual siguieron el desarrollo de adolescentes hasta la vejez -e incluso más-; esto, por supuesto, fue en el Imperio del Norte.

Y al inicio -reflejo de su época-, la mayor parte de los sujetos eran blancos universitarios -de Harvard!- protestantes; pero luego lo fusionaron con otro estudio que incluía también a hombres de bajos recursos; y mucho después -creo- agregaron a otro que incluía mujeres.

En fin, creo que encontré -a través de los años- los artículos porque frecuentemente uso los navegadores para tratar de mejorar mi vida; y el año pasado -creo- me enteré que los directores actuales del estudio estaban por publicar -o acababan de publicar- un libro sobre el mismo: La buena vida.

Antes de leer el libro sabía -más o menos- la conclusión del mismo: las relaciones sociales son vitales para una buena vida; de hecho esa fue la razón de que hace tres años empezara con mi campaña -post pandemia- de acercamiento con mis pocos conocidos/amigos: los desayunos semanales.

El miércoles terminé de leer el libro y puedo decir francamente que no me decepcionó: en sus ocho o nueve capítulos relata algunos casos -difuminados, supuestamente, por motivos de confidencialidad- e incluso insinúa que JFK estaba entre el grupo de los primeros estudiados.

Y, como le decía a mis hijos, cuando me enteré de este estudio y de sus conclusiones me decepcioné pues las relaciones sociales no son lo mío: concluí que la tenía cuesta arriba; pero, también me hizo consciente que debía esforzarme en este aspecto -y de allí los desayunos-.

Y a ver cómo sigue eso.

El miércoles terminé de leer La buena vida y empecé a leer Why has nobody told me this before; este es un libro escrito por una psicóloga que se hizo famosa en las redes sociales por ofrecer consejos prácticos para superar los baches emocionales.

También me enteré ese día -estaba sopesando si mi próximo libro en esa línea sería Educated- que puedo considerarme un preparacionista: la herramienta multiusos que adquirí el año pasado -y que realmente había querido durante los últimos treinta años- está dentro de los artículos básicos para esta gente.

Ese día también fue la primera reunión personal -se supone que deben realizarse periódicamente- con mi actual manager; mi relación con esta ingeniera local -que alguna vez dio una charla de Tedx, que tiene menos tiempo que yo en la empresa y que acaba de ser madre por primera vez- es mucho más ligera que con mis recientes cuatro jefas en los últimos diez años.

Por la noche me dirigí a la habitación de mi hija mayor -he planeado visitarla los miércoles y un día del fin de semana durante los próximos dos meses-; en el camino pasé por un almacén a comprarle un par de almohadas pues más temprano me las había pedido por Whatsapp -también compré unas galletas-.

En la habitación de mi hija preparé té -tiene unos sabores algo exóticos- y nos estuvimos un poco menos de una hora entre conversación y refacción; también le llevé el cubo de espejo que compré a finales del año pasado, para que se entretenga un poco.

El jueves era el último día del ciclo actual del proyecto -me parece que cada ciclo dura tres o cuatro semanas- por lo que nomás estuve tratando de cerrar alguna de las tareas que me había asignado mi PM -o el programador que más nos ha apoyado-.

Después de la jornada laboral nos dirigimos con Rb a los supermercados que nos quedan en dirección norte; en la tienda de rebajas compramos unos ganchos de ropa de plástico -los utilizamos para cerrar bolsas plásticas con alimentos-.

Ayer fue la primera reunión de planificación del próximo ciclo del proyecto -usualmente se realizan dos para definir las tareas de cada miembro del equipo-; en la misma el PM y mi supervisora informaron que los dos últimos días de la próxima semana son de asueto para todo el equipo local.

Después de la jornada laboral realizamos con Rb la rutina de ejercicios centrados en los abdominales; la primera semana del próximo mes tengo previsto preparar los dos triple litros -estoy por terminarme la última botella de té que compramos para esto- de concreto para aumentar la dificultad de nuestros ejercicios de resistencia.

Después del baño volví a cometer el error de ponerme a leer en la cama y estuve dormitando; estoy en el penúltimo ciclo -ocho capítulos- de The Jinn-Bot de Shantiport y luego pasaré a terminar el sexto libro de francés: Aurore.

Ya bajé varios -creo que seis- libros en francés: dos del mismo autor y el resto de otra autora que escribe sobre temas familiares; le comenté el miércoles a mi hija que, por alguna razón, me siento más cómodo con temas de este tipo para leer en francés -o sea, no le encontré mucho sentido a Aurore Noire-.

No sé -espero que sí- si esto cambiará en el futuro; o sea, en español he leído de casi casi cualquier tema y en inglés no he tenido muchas restricciones para lo mismo; me parece que incluso he leído poesía en este idioma; espero algún día hacer lo mismo con francés -y con coreano-...

Y a ver cómo sigue eso...

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