lunes, 31 de marzo de 2025

Bregar continuamente...The continuous struggle... Lutte continuellement...

Hoy es uno -otro- de esos días: me levanté a las seis y media, medité, resolví un par de wordles; y empecé a trabajar; y no le encuentro sentido a nada; o quizá es, más bien, que encuentro muchas dificultades en funcionar como un adulto.

A mis cincuenta y dos; debería estar trabajando en un par de asignaciones, con dos grupos diferentes de colegas (un grupo de tres y un grupo de cuatro); pero no logro encontrar la forma de empezar ninguna de la dos atribuciones.

Y hoy es uno de los días -al parecer- más significativos para los musulmanes: una de las chicas de Cameroon publicó algo sobre eso ayer y estuve buscando un poco de información sobre la celebración; creo que es algo que tiene que ver con el final del ramadán.

Pero sigo, a mi edad, sin gestionar como esperaría la incertidumbre; que al final es -creo- la única constante de esta realidad...

Y a ver cómo sigue eso.

El lunes pasado me levanté un poco antes de las seis y media; creo que había estado soñando algo bastante intenso; medité diecisiete minutos y luego intenté resolver los wordle en inglés y francés; no lo logré en inglés (angle) pero sí en francés (etant).

Luego entré a la reunión diaria del equipo; la cual estuvo un poco más extensa que de costumbre: al parecer la indicación de presentar estimaciones de horas para el proyecto está siendo general; un poco antes de las ocho la reunión terminó, pero me quedé en la cama; el compañero más joven del grupo había enviado una invitación para una reunión a las nueve y quería dormitar antes de entrar a la misma.

Finalmente me levanté a las ocho y veinticinco -Rb había entrado un poco antes a saludar-; me preparé el desayuno y luego esperé la reunión; la cual estuvo maratónica: empezamos a las nueve y terminamos casi al mediodía.

Y, realmente, la encontré -como la mayor parte de mi trabajo últimamente- bastante intrascendente: estuvimos estimando tiempos para la mayor parte de las funciones de la herramienta en la que trabajamos; pero la mayor parte es una gran interrogante para la mayor parte de los cuatro analistas en el equipo.

Pero no debería de sorprenderme: estuve en -casi- la misma situación siete u ocho años atrás, con el más grande -o más urgente- proyecto que he trabajado; al inicio el analista de negocios hizo un sinfín de estimaciones; que no tuvieron ningún impacto real -ahora trabaja en uno de nuestros antiguos proveedores-.

El compañero que había estado tomando notas en la reunión debía de enviar un correo a nuestro lider con los detalles de las estimaciones; al final de la tarde aún no lo había hecho por lo que le envié un mensaje como recordatorio.

Después del horario laboral hicimos los ejercicios de la rutina de los lunes con Rb; por la noche seguí viendo The Expanse, además de completar las lecciones de Duolingo y Busuu; además, continué jugando ajedrez en el nivel cinco.

El martes empezamos una serie de reuniones con dos compañeros dle Imperio del Norte; el día anterior, por la tarde, nos había convocado el lead del equipo, para asignarnos la preparación de cierta documentación.

La tarea se ve titánica: es un equipo que ha sido utilizado más de diez años y que aún no ha sido completamente probado; por lo que coincidimos en la necesidad de buscar todos los manuales existentes.

Después del horario laboral caminamos con Rb hasta el mercado más lejano en dirección sur; pero nomás dimos la vuelta en ese lugar; los bananos y un paquete de tamarindo lo compramos en el mercado que queda a mitad del camino; por la noche continué avanzando en la segunda temporada de The Expanse; además, corregí varios ejercicios en inglés para algunas personas que hablan portugués, en la aplicación de Busuu en el celular.

El miércoles continuamos con la nueva serie de reuniones con los compañeros en el Imperio del Norte; nos ha costado un poco empezar con la asignación: no existe mucha documentación del equipo en el cual estamos trabajando.

Al mediodía almorzamos el mismo caldo de pollo que el resto de la semana; luego sacamos a caminar a los perros, y, después de lavar los trastes, preparé una taza de té para Rb y una taza de café para mí.

Al finalizar la tarde, después del horario laboral, hicimos los ejercicios de la rutina de la mitad de la semana; por la noche continué con la segunda temporada de Duolingo, además, estuve jugando bastantes partidas -casi maníacamente- de ajedrez.

El jueves empezó -casi- igual que todos los días: la alarma sonó a las seis y media, medité diecisiete minutos, me metí a los sitios de wordle en inglés y francés en el celular; y entré a la reunión de la mañana.

Luego de la misma me reuní con mis compañeros en el imperio del norte: tratando de avanzar en la asignación en la que estamos colaborando; después me levanté a preparar el desayuno.

Rb estaba casi lista para salir a su visita semanal al mercado del centro histórico; yo debía salir a las diez y media, por lo que me quedé en el comedor, trabajando; un poco antes de la hora de salida me bañé y vestí.

Ví en waze la ruta hacia el restaurante en donde tendríamos nuestra primera reunión trimestral del año, con el equipo local; el tiempo estimado era de quince minutos, pero, usualmente, el tiempo real es casi el doble de lo que indican las aplicaciones.

Pero no me costó mucho llegar al lugar en el cual nos había convocado nuestra supervisora: uno de los mejores restaurantes de comida china de la ciudad; llegué un poco antes de las once y ya estaban casi todos los concurrentes.

En el grupo en el cual se había publicado la invitación había más de veinte personas; pero, como casi siempre, llegamos un poco más de la mitad; y, a diferencia de ocasiones anteriores, no me integré al grupo.

Estaban en círculo amplio en una sección apartada, y me quedé un momento a la par, jugando ajedrez en mi teléfono; al rato, cuando llegaron más personas, procedí a saludar a algunos compañeros -y a la supervisora-.

Ella llevaba una presentación bastante extensa: los objetivos anuales, algunos anuncios administrativos, algunos anuncios técnicos, y similares; creo que fue más de una hora de presentación; luego de la cual pasamos al almuerzo: entradas de camarón, un plato principal de arroz, y un postre de leche condensada -o algo parecido-; para finalizar café con leche; la verdad la comida estuvo muy buena.

Casi a las tres nos despedimos y empecé el viaje de retorno; el cual estuvo un poco complicado: mientras estaba en el almuerzo Rb me había estado enviando mensajes por whatsapp con las noticias de manifestaciones en la ciudad.

El periférico estaba lleno, pero no era por manifestaciones: justo en el punto en el que el tránsito de la ciudad pasa hacia el municipio había un camión repartidor de gas tirado; lo que reducía el flujo de vehículos a la mitad.

Pero no fue mucho el atraso; y, un poco más tarde, estaba estacionando el auto frente a la casa de Rb; entré a cambiarme de ropa y, un poco después, nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta la altura del más lejano; luego retornamos al que se encuentra a mitad del camino y nos proveímos de bananos para varios días; por la noche decidí que ya no seguiría con The Expanse; borré la segunda temporada de la computadora de Rb.

El viernes me pasé casi toda la mañana en reuniones; después de levantarme a las seis y media, resolver los wordles de inglés y francés, y entrar a la reunión diaria; me reuní con mis compañeros del Imperio del Norte; estuvimos revisando un par de documentos técnicos, sobre los cuales debemos basarnos para realizar una documentación; la cual es la mitad de mi trabajo durante estos días.

La otra mitad la debo realizar en conjunto con mis compañeros del equipo local; y con ellos me reuní a continuación; ambas reuniones fueron bastante informales; y no tengo muchas buenas expectativas de ninguna de ellas.

A media mañana salí a prepararme el desayuno de los viernes; luego estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo; y recibí una llamada de la persona que vive en África; quien me presentó a otra amiga en una situación más o menos similar: estudiando español para ser traductora.

Al mediodía entré a otra reunión de capacitación de más de una hora: la tecnología con la que trabajamos es bastante amplia y ha sido documentada en diversos medios por diversas personas y no está unificada.

Almorzamos, como todos los viernes, pescado; luego sacamos a caminar a los perros y, después de lavar los trastos, preparé un par de tazas de té; el resto de la tarde estuvo bastante tranquilo; después del horario laboral hicimos la rutina de ejercicios de los viernes; estaba bastante caluroso el ambiente; luego de la ducha me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo y Busuu y empecé a ver Back in Action: qué grande se ve Cameron Díaz -tiene mi edad-.

El sábado me levanté a las seis y media; medité y luego retorné a la cama a resolver los wordle de inglés y francés; después me puse a hacer lecciones de Duolingo y Busuu; luego dormité un rato; un poco después de las ocho escuché que Rb se estaba levantando por lo que decidí salir de la habitación y prepararme el desayuno; a continuación encendí mi máquina con Ubuntu para poner al día mi bitácora personal.

Después que Rb terminara de desayunar nos dirigimos a los supermercados en dirección norte: ella quería comprar un aspersor de líquidos; los gatos a los que está alimentando (uno de un vecino y uno feral) han estado siguiéndola y al parecer le produce alergia.

También pasamos a la ferretería más grande del país para ver si tenían molinos de café; al parecer quiere moler algunas de las frutas -o tubérculos- que deshidrata de esta forma -o reponer uno de sus otros molinos-.

Pero no había ningún nuevo modelo; o al menos, alguno que le atrajera; después de comprar el aspersor de líquidos retornamos a casa; a las once empecé a preparar el almuerzo que llevaría para la reunión mensual con mi hija mayor.

Preparé lo mismo que la semana anterior: burritos con arroz y embutidos, champiñones y chile pimiento -aunque olvidé agregar queso-; y una ensalada de tamaño mediano; un poco antes de las doce terminé de preparar todo y saqué a caminar a la perra más pesada de Rb; ella aprovechó para sacar al otro de sus perros grandes; después me bañé y tomé el auto para dirigirme a la casa de mis hijos.

El tránsito estaba bastante tranquilo y llegué al lugar quince minutos antes de la una; subí caminando al séptimo nivel y entré al departamento; como llevaba un par de frascos similares al que utilizo para almacenar la avena que consumo a diario, los llené con arroz y avena.

El saco de arroz se vació por completo por lo que lo coloqué en la gaveta de las bolsas de plástico; al de avena -ambos eran de una arroba- aún le quedó un poco y lo trasladé a uno de los compartimentos superiores de los gabinetes de cocina.

Luego me senté a esperar en el espacio de la sala; jugué un poco de ajedrez y confirmé que mi tío hubiera recibido el mensaje que envié antes de arrancar el automóvil: quería pasar a ver a mi tía por la tarde.

Un poco después de la una mi hija salió de la habitación y nos dirigimos al parque temático que queda a ocho calles de distancia; aún tiene bastantes dificultades para caminar; pero no tuvimos ningún inconveniente para llegar al lugar.

Nos dirigimos directamente al área de mesas; pero, como en otras ocasiones, estaba reservada para algún evento multitudinario; y la otra área de usos múltiples también estaba vacía de mesas y sillas: estaban preparando un concierto.

Buscamos un lugar bajo los árboles en una de las áreas verdes contiguas al zoológico y dimos buena cuenta de los burritos, los snacks, las ensaladas y las gaseosas que llevaba; luego nos quedamos un momento en el lugar, armando los cubos de Rubik de 4x4x4 y 5x5x5; un poco después de las tres le propuse que nos subiéramos a la rueda de Chicago más grande del parque -y del país, creo-.

Después retornamos al departamento; en el camino compré un zeppelin en la panadería del centro comercial a donde pasamos frecuentemente; también compré, en otra panadería, un poco de pan tostado, para la visita de más tarde.

Cuando retornamos al departamento le escribí a mi hijo menor, ofreciéndole un café; pero me respondió negativamente; no estoy seguro, pero creo que está resintiendo en mi insistencia en que complete debidamente el curso de finanzas personales que le puse como condición para prestarle tres mil dólares.

Y en este caso me mantendré firme: su plan de pagos propuesto es bastante agresivo -ciento veinte dólares al mes y la sumo total de los dos bonos que se reciben acá a medio año y al final del mismo: seiscientos cincuenta dólares-.

Mi temor es que si continúa sin administrar bien su dinero no será capaz de retornar el valor del préstamo y, lo peor, es que seguirá con el mismo desorden de sus finanzas personales; pero saber qué pasará; pero si no completa las tareas del curso, no habrá desembolso de dinero.

O sea, yo también tomé más de cien curso en Coursera; y me sé el truco: se puede completar cualquier curso simplemente ‘reproduciendo’ los videos; mientras se realiza cualquier otra actividad; pero yo siempre cumplí con las asignaciones; él hacía nomás lo primero cuando estaba por graduarse; en fin.

Con mi hija mayor preparamos un par de cafés instantáneos de Nescafé: son muy buenos, ya que tienen en el mismo paquete todos los ingredientes para un café con leche ya endulzado; y consumimos dos terceras partes del zeppelin.

A las cinco y media me despedí de mi hija y me dirigí a la casa de mi tía; llegué justo un minuto más tarde de lo previsto: a las seis menos cuarto; toqué el portón y una de las hijas menores -son gemelas- de mi primo inquirió sobre mi identidad.

Afortunadametne mi tía bajó del segundo nivel -viven, con su esposo, en un par de habitaciones que mi primo les ha cedido- a abrir el portón; y me pasé la siguiente hora casi de la misma forma que con mi amigo asiático.

O sea, nomás escuchando un largo discurso de su situación de salud; la situación de mis primas; las dificultades del país; las dificultades globales; y así; y en el primer tema tenía bastantes noticias: está yendo a consultas médicas pues le detectaron unas fisuras en el hombro izquierdo.

Un poco antes de las siete me despedí de mi tía y bajé del segundo nivel; la esposa de mi primo estaba al lado del portón y mi primo salió de la sala de su casa; nos saludamos efusivamente y luego me despedí, para iniciar el retorno a casa.

El tránsito estaba bastante tranquilo, por lo que, un poco más tarde, estaba estacionando el auto frente a la casa de Rb; por la noche hice las lecciones de Duolingo y Busuu; y terminé de ver la última película de Cameron Díaz.

El domingo me levanté a las seis y media; medité diecisiete minutos y luego retorné a la cama; iba a hacer un poco de Duolingo, o a leer un poco del libro en la línea de Inglés; pero nomás dormité un rato; pero me levanté cuando la alarma de las ocho y media sonó.

Preparé el desayuno de los domingos -tenía tortillas de maíz congeladas, que no había estado consumiendo durante varios meses- y, luego del desayuno, completé algunas lecciones de Duolingo; dejé la última lección a medias porque la alarma sonó: la había programado para cinco minutos antes de ir a dejar a Rb a la iglesia; durante la semana su pastor le había pedido que tradujera este y el domingo de mediados de Abril, a un misionero estadounidense.

El tránsito estaba algo pesado -toda la gente que va a la iglesia- pero llegamos a la calle en donde se encuentra la misma, a buena hora; luego de dejarla retorné a casa y estuve viendo algunos videos en francés e inglés; y conversando un poco con las dos chicas de Cameroon.

Un poco después del mediodía Rb me escribió por Whatsapp para que fuera por ella; el tránsito estaba más pesado que en la mañana; pero no tuve muchas idficultades en llegar a la calle de la iglesia; ni para retornar; en ambos caminos de ida y vuelta estuve escuchando uno de videos en francés que he estado bajando de Youtube; cuando venimos a casa preparé el par de ensaladas del almuerzo, mientras Rb preparaba las alitas de pollo.

Almorzamos y, un poco después, sacamos a caminar a los perros; el sol está bastante intenso por estos días; y al parecer a la perra más pesada ya se le está dificultando completar las dos vueltas a la calles que damos diariamente.

Después de retornar le escribí a mi primer ahijado profesional: habíamos quedado de reunirnos al día siguiente para tomar un café -el primero del año con él- pero Rb me recordó que los salubristas habían estado amenazando con realizar bloqueos durante toda la semana; pero quedamos en monitorear la situación al día siguiente.

Por la noche ví una película de acción que estrenaron el mes pasado: ambientada en Londrés y protagonizada por una chica y su hermano autista; también terminé de leer la sección de Tell me everything que llevaba a medias; me gusta mucho la forma en la que escribe la autora: presenta situaciones cotidianas con personajes bastante identificables y explora diferentes puntos de vista.

Después continué con el libro en francés: 101 experiences de philosophie quotidienne: no he realizado ninguno de los experimentos propuestos; algunos me parecen interesantes, algunos me parecen ridículos, pero, al final, mi objetivo es adquirir un poco más de conocimientos de francés.

Y a ver cómo sigue eso...

lunes, 24 de marzo de 2025

Los mejores años... The best years... Les meilleures annees...

Ayer -o antier- estaba pensando en el momento de la vida en el que me encuentro: a los cincuenta y dos años -y considerando que la estimación de vida para mi género, en el país, es de setenta y cuatro años- estoy previendo un remanente de veinticuatro años o así; give or take.

Los primeros diecisiete los viví en la casa paterna; estudiando desde los siete -fueron once años en total-; luego viví cinco años de clases universitarias; trabajando informalmente el tercer año y formalmente los últimos dos; luego empecé a trabajar como Ingeniero -pero ya llevaba dos años de cotizar en la seguridad social-.

Trabajé dos o tres años en la panadería más grande latinoamérica -empezando mi familia en el segundo año-; luego me gradué, mientras trabajaba en la fábrica de veladoras aromáticas más grande del país -ya inexistente desde hace mucho-.

Luego fueron dos o tres años en una gran cadena de cafés; luego vinieron un par de años de viajes al Imperio del Norte -para mejorar mi fluidez en inglés-; y el final de mi vida familiar;  luego tres o cuatro trabajos -en cinco años- antes del actual, en el que acabo de sobrepasar los diez años.

Ha sido un largo -y tortuoso- camino; y no creo que lo que venga esté más tranquilo: mi hija segunda, al parecer, quiere cortar completamente la comunicación: llevo escribiéndole mensualmente desde diciembre y no ha dado señales de vida -excepto que la he visto a veces conectada en google o en fb-.

Mi hija segunda se partió el tobillo el año pasado y aún anda renqueando -luego de un par de operaciones y una placa metálica-; mi hijo menor -al parecer- sufre constantemente de estados depresivos -o melancólicos-; al menos ambos trabajan, al menos ambos viven en el apartamento que adquirí el año pasado.

Al final, anoche, estuve meditando nuevamente en que quiero dividir el resto de mi vida en tres secciones: continuar -si puedo- trabajando como hasta ahora los siguientes ocho años, haciendo un poco de trabajo voluntario; luego, los siguientes ocho años, trabajar parcialmente y hacer más trabajo voluntario; y los últimos ocho -o los que queden-, nomás hacer trabajo voluntario.

O sea, puedo morirme mañana -nuestro país es de los más inseguros-, o puedo vivir hasta los ochenta; la lucha será constante: cada día traerá su propio afán; pero puedo -creo- enfocarme en este día, y hacer que cuente, ayudar a alguien, o al menos, no causar más sufrimiento.

Y a ver cómo sigue eso...

El lunes pasado me levanté a las seis y media; medité y luego jalé la computadora, de la mesa del comedor a la cama, para entrar a la reunión diaria; esperando la reunión resolví el wordle en inglés; la reunión estuvo normal.

Salí de la habitación un poco después de las nueve y cambié un poco el desayuno de los días laborales: le agregué una cucharada de cranberries licuadas a la avena -Rb trató de consumirlas hace un tiempo pero le provocaron reacciones alérgicas-; y además la gelatina contenia psyllium; pero estuvo bueno el desayuno.

Luego traté de adelantar un poco en el trabajo; había estado con dificultades para avanzar; finalmente decidí enviar un correo a mis compañeros, con copia a la persona que nos está asignando tareas; básicamente quería dejar evidencia que, en efecto, estaba realizando algo; aunque, la verdad, lo encuentro intrascendente; de todos modos envié el correo y el compañero que mejor me cae me respondió por la herramienta de mensajería.

A media mañana fui a la tienda de la esquina: planeábamos acompañar la tortilla española de los tres primeros días de la semana con ensalada; y nos faltaba zanahoria para dos días; a la una preparé un par de ensaladas; además, calentamos las porciones de tortilla española; y la salsa de tomate que Rb había preparado para acompañarla; yo también sustituí el aderezo por una mezcla de crema y salsa de tomate; que me sobraron del desayuno del sábado anterior.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros; el tiempo estuvo bastante raro: el sol continuaba bastante fuerte, pero, desde la noche anterior, se había desatado un viento bastante fuerte; entonces, cuando el sol alumbra el calor es fuerte, pero en la sombra se siente un poco de frío.

A media tarde lavé los trastos y preparé el café y té de la tarde; además, conversé un poco con la persona de Camerún con quien he estado en comunicación desde la semana anterior; lo no tan bueno fue que me repitió nuevamente que mi francés es inteligible.

Por lo que creo que me dedicaré algunos meses a ‘empezar’ a mejorar mi pronunciación en ese idioma; antes de buscar una persona con la cual conversar; de todos modos decidí continuar ayudándola con su español: está estudiando para ser traductora y creo que le beneficiará.

Después del horario laboral realizamos los ejercicios de la rutina de los lunes; luego del baño cené, y después me metí a la habitación de Rb a ver el capítulo nueve de la primera temporada de The Expanse; y a hacer Busuu y Duolingo.

También traté de ver un poco de The Electric State; pero me estaba quedando dormido; literalmente se me cerraban los ojos; por lo que mejor me puse a ver el wordle en francés (no pude completar la palabra) y a jugar un poco de ajedrez; por la noche empezamos a ver una nueva temporada de una serie de competencia de pastelería: hemos estado viendo varias versiones de este tipo de competencia durante los últimos años.

El martes me levanté a las siete y media; medité, resolví el Wordle del día y entré a la reunión diaria; aunque la misma fue igual, estaba medio tranquilo porque el día anterior había enviado un correo a todo el equipo, para dejar evidencia de mi desempeño en las actividades que estaba llevando a cabo.

El día estuvo bastante tranquilo; al menos en casa: en el exterior se desató el caos porque el gobierno publicó una ley para que todos los vehículos cuenten con un seguro de protección de terceros; y es una idiotez, porque el requisito es ley desde hace muchos años -está en la ley de circulación nacional-; lo que faltaba era que lo reglamentaran; y el gobierno de turno -el ‘menos peor’ de las últimas décadas- decidió que debía implementarse en cuarenta y cinco días.

Total que en varios puntos de la ciudad empezaron a realizarse protestas y cerrar vías; se volvió un caos -como cualquier evento en esta desordenada urbe-; al mediodía almorzamos tortilla española y ensalada --también me tomé la última parte de la última coquita que tenía-.

Estoy pensando darme una pausa -al menos en casa- con las gaseosas; después del almuerzo sacamos a caminar a los perros y, a las tres, subimos al perro de Rb al auto, para acudir a su inyección semanal; temíamos que el tránsito estuviera muy pesado, debido a las protestas por las nuevas disposiciones de transporte; y, efectivamente, el último kilómetro estuvo un poco tardado; pero llegamos a buena hora al lugar.

Yo me metí al lugar de costumbre y ordené un capuccino y un par de porciones de zeppelin, mientras Rb llevó a su perro a la veterinaria; como me había llevado los cubos de 4x4x4 y 5x5x5; y me puse a armar el primero, mientras consumía el café y el primero de los panitos.

Rb no se tardó mucho en la clínica: aún no había consumido el segundo pan cuando retornó; también tenía la mitad de mi café; subimos al auto y nos metimos al tráfico; el cual estaba bastante pesado; lo bueno es que nomás nos tocó una cuadra o dos de esto.

Ya que a esa distancia debemos dar una vuelta en U; y tránsito en sentido contrario estaba bastante ligero; con lo que no tuvimos muchas dificultades en retornar a casa; de donde volvimos a salir luego del horario laboral.

A las cuatro y media nos dirigimos caminando en dirección sur; llegamos hasta la altura del supermercado más alejado y luego retornamos al que queda a mitad del camino; allí nos proveimos de bananos para un par de días.

Por la noche terminé de ver la primera temporada de The Expanse -y bajé de una vez los trece episodios de la segunda temporada-; también ví el final de The Electric State; y no me pareció la gran cosa; luego vimos con Rb el final del primer capítulo de la temporada de pasteles que dejamos a medias la noche anterior; siento que he estado leyendo menos estos últimos días; pero, la verdad, no le pongo mucho sentimiento.

El miércoles me levanté a las siete y media; resolví el wordle en solo dos líneas, lo que es bastante random; luego entré a la reunión diaria del equipo; la del día anterior había estado bastante extensa, pero la del día fue corta.

Después me quedé en la cama, haciendo Duolingo -terminé el reto semanal de sesenta lecciones con más de 90%; mi compañera hizo casi la mitad-; y un poco de Busuu: el día anterior había terminado todas las lecciones que puedo tomar de Francés, sin pagar.

Aún estoy sopesando qué haré con los idiomas: quiero realmente hablar en francés; creo que ya leo y escucho bastante bien; no tanto la escritura, y menos la expresión oral; en el ínterin avancé en Portugués en Busuu.

A media mañana tuve la llamada quincenal con mi supervisora; en general encuentro estas reuniones bastante vacías; pero trato de no exteriorizarlo porque, al final, es mi trabajo; al parecer  las metas de este año estarán más ambiciosas; no sé qué pasará.

Lo relevante (?) de la reunión es que oficializó nuestro próximo almuerzo de equipo -se supone que nos vemos cada tres meses- para el jueves de la próxima semana; así que sí: ese día tendré que salir de casa; al mediodía preparé las dos ensaladas del almuerzo, las cuales consumimos junto con la última porción de Tortilla Española; luego sacamos a caminar a los perros; el sol sigue estando bastante fuerte.

Por la tarde avancé un poco en How to tell when you will die; y sí, sigo con un ritmo bastante lento de lectura; también bajé la última versión que encontré de Francés en Rosetta Stone; quería ver si podía instalarlo en alguna de las computadoras de Rb.

Al final de la tarde, después del horario laboral, hicimos la rutina de ejercicios de los miércoles; estabamos a medias cuando recibí una llamada de un número desconocido: era la madre de mis hijos, preguntando si mi hijo menor estaba conmigo ese día.

Le respondí -secamente- que no; y continué con la rutina de ejercicios; Rb me preguntó más tarde de qué se había tratado la llamada y le comenté; también le comenté que aún no podía comunicarme de una forma ‘normal’ con la madre de mis hijos.

Después de la reunión le envié un mensaje a mi hijo menor, felicitándolo por su cumpleaños; unos días antes había puesto una alarma en el celular para hacerlo a las ocho de la mañana; pero nomás había cancelado la alarma cuando sonó -creo que estaba en una reunión de trabajo.

El jueves Rb fue al mercado en el centro histórico; yo me había levantado a las seis y media, meditado, resuelto los wordle en inglés y francés; y entonces me dí cuenta que no había entrado a la reunión de training que había a las siete: se me olvidó dejar la alarma del celular.

Se suponía que era la última de estas reuniones; y la diaria no tuvo mucha variación con respecto a las que he estado atendiendo las últimas semanas: nuestra área no aporta nada a las mismas; en la tarde, después del horario laboral, nos dirigimos a los supermercados en dirección norte; debía comprar un par de bolsas de snacks para el almuerzo que había previsto con mi hijo el fin de semana.

Compré de una vez el par de Fantas que pensaba llevar al almuerzo con mi hija el último sábado del mes; luego pasamos al otro supermercado a sacar dinero: regularmente les regalo cien dólares a mis hijos para sus cumpleaños o navidad -la tradición sigue-.

Retornando de los supermercados pasé a la panadería a comprar el pan para mis desayunos de los fines de semana; luego dejamos las bolsas en garita y fuimos a la tienda de las verduras; aún no teníamos todos los ingredientes para el almuerzo del día siguiente; por la noche continué viendo The Expanse; y terminé de ver Batman Ninja contra la liga de la justicia Yakuza; este es un anime (?) con una variación de las historias de estos personajes.

El viernes me levanté a meditar a las seis y media; luego resolví los wordle del día y entré a la reunión diaria del trabajo; había puesto una alarma para las ocho y veinte, para enviar el correo semanal que nos está pidiendo nuestro nuevo lead.

Y otra alarma para las nueve menos cinco, para no olvidarme de entrar a la reunión semanal de QA; la cual estuvo más escueta que la anterior; básicamente es la petición de hacer más, pero sin especificar ningún detalle acerca de la asignación.

Un poco antes del mediodía el nuevo lead llamó a todo el equipo local y pidió una estimación de tiempo para completar algunas tareas; lo cual realmente es una petición intrascendente: hemos estado trabajando en lo mismo desde el año pasado.

De todos modos, acordamos con el equipo local reunirnos el lunes siguiente; para evaluar lo requerido y presentar en grupo un escenario un poco más ordenado; al mediodía preparamos con Rb pescado, que es nuestra opción semanal del día.

Por la tarde, al final de la jornada laboral, nos pusimos a hacer la rutina de ejercicios de los viernes; yo he estado escuchando un poco más de francés y aproveché el tiempo para reproducir algunos audios a través de los audifonos de bluethoot.

Estábamos por empezar la última parte de la rutina -el estiramiento- cuando vino el señor de las verduras; le pusimos pausa al video y Rb salió a comprar algunas verduras, para los almuerzos de la semana siguiente.

Luego que Rb retornó con las compras terminamos los estiramientos y luego tomamos una ducha; después me puse a ver un poco de The Expanse; y a completar las lecciones diarias de Duolingo y Busuu.

El sábado me levanté -al igual que toda la semana- a las seis y media; medité, hice los wordle del día; y un poco de Duolingo y Busuu; después me quedé en cama, leyendo un poco del libro de No Ficción que estaba por iniciar.

Después me levanté a prepararme el desayuno de los fines de semana; y a esperar a que Rb le diera de comer a sus perros y, luego, desayunara: habíamos quedado de ir al supermercado más cercano, a proveernos de bananos.

A las once empecé a preparar el almuerzo que esperaba llevar a mi visita mensual con mi hijo menor: burritos de embutidos, arroz, champiñones y chile pimiento; y ensaladas; a las doce me bañé y subí las dos mochilas al auto; junto con los consumibles que les había comprado a mis hijos a finales del mes anterior; y empecé el camino hacia el apartamento en el que viven.

El tránsito no estuvo muy pesado -excepto en el puente de entrada a la ciudad- y llegué al edificio antes de la una; me quedé en la sala y mi hija mayor salió un poco más tarde a saludarme; estuvimos conversando un rato; de hecho estaba por llamar a mi hijo cuando ví que me había enviado un mensaje ocho minutos antes, preguntando si ya había llegado; salió de la habitación -algo contrariado por la espera- y nos dirigimos al parque temático de costumbre.

Me preocupa ver que mi hijo tiene dificultades caminando -también ví, antes de despedirnos que los zapatos que estaba usando tienen la suela agujereada-; y creo que es debido al exceso de peso; en el parque temático nos dirigimos directamente al área de mesas y almorzamos; yo consumí todo: burrito, ensalada, snacks y -la mitad de la- Fanta; mi hijo se terminó esto último y la ensalada; pero dejó la mitad del burrito y los snacks.

Después del almuerzo nos subimos a la rueda de Chicago y luego empezamos a caminar de vuelta; pasamos del edificio para entrar al comercial que se encuentra del otro lado de la calle: allí compré unos paquetes de café instantáneo, y un mini pastel de mandarina.

Retornamos al apartamento, puse agua a calentar y partimos el mini pastel en cuatro porciones: le había sugerido a mi hijo que consumimos la mitad del mismo y que la otra mitad podía compartirla con su hermana.

Luego nos pusimos a practicar con los cubos de Rubik; llevaba ocho de los mismos y estuvimos armando los mismos hasta las cinco y media; a esa hora me despedí de mi hijo y retorné a casita; por la noche ví el siguiente capítulo de la serie The Expanse, completé varias lecciones de Duolingo y algunas en Busuu; en esta última aplicación he estado recibiendo retroalimentación bastante positiva de hablantes del portugués.

El domingo me levanté a las seis y media; medité los diecisiete minutos que he estado haciendo las últimas semanas y retorné a la cama; resolví los dos wordles del día y luego me quedé dormitando; como estaba sintiendo bastante sopor, puse una alarma para que sonara a las ocho y media; a esa hora me levanté a preparar el desayuno de los domingos; después me metí a la cama con Rb: ella estaba, luego de darle de comer a sus perros, empezando a desayunar.

A media mañana salí a lavar el automóvil: ya llevaba varios meses de acumular polvo y se veía bastante descuidado; también rellené el depósito de refrigerante y el radiador; al mediodía Rb preparó las alitas dominicales y yo preparé un par de ensaladas.

Después de sacar a caminar a los perros preparé un par de tazas de té; el mío lo consumí con la última parte de las donas que Rb me había obsequiado el día jueves; durante el resto de la tarde traté de avanzar en el libro de tecnología: Peopleware; pero, la verdad, apenas adelanté en el mismo.

Básicamente me la pasé jugando ajedrez en el celular; y a las cuatro y media ayudé con la preparación del almuerzo de la semana: pelé y cuadriculé algunas papas, pelé y rodajeé un par de zanahorias, y pelé y cuadriculé un güisquil; con eso preparamos un gran caldo de pollo.

También preparé la gelatina para mis desayunos de los primeros cuatro días de la semana: en este caso fue con sabor a uva, y con dos cucharadas de Psyllium; con esto terminé la primera de las bolsas que Rb me había cedido; ya que no estimaba consumirlas en su totalidad. 

Por la noche ví un capítulo de The Expanse; también hice algunas lecciones de Duolingo y algunas de Busuu; y continué jugando más partidas de ajedrez, como que es la época del año en la que intento practicar más con ese juego.

Y a ver cómo va eso.

lunes, 17 de marzo de 2025

Tres olivas -y seis moscas-... Three Olives -and six flies-... Trois Olives -et six mouches-

Hace más de tres años -antes de que empezara a llevar listado de libros por línea de lectura- encontré un par de libros con una protagonista llamada Olivia -u Olive, en inglés-: el primero lo leí en español; creo que encontré el título en uno de los listados de Goodreads: Luz de Febrero; el título original era Olive Again; y me dí cuenta cuando lo terminé y busqué más sobre la autora.

Entonces me enteré que era la continuación de otro libro: Olive Kitteridge; ambos libros me impresionaron -como a muchos lectores- por el estilo, y los personajes, creo: básicamente son un grupo de relatos de diferentes personajes en Nueva Inglaterra.

Y, viviendo en nuestra mágica región, uno creería que hay muy poco para relacionarse con el grupo de personas que retrata la autora; la mayoría descendientes de los primeros colonizadores de norteamérica; pero, quizá esa es la magia: el sufrimiento es universal.

Y acabo de encontrar el tercer libro en el que la autora coloca al personaje que une las historias de los dos libros; y de allí el título -en inglés- de ambos; el título es Tell me everything; y aquí continúan los relatos de personajes en el mismo lugar de Nueva Inglaterra; y por allí se cuela, otra vez, Olive Kitteridge.

Y la segunda parte del título de esta entrada: por vivir al lado de un cañón con bastante vegetación, recibimos con frecuencia visitas inesperadas: alguna serpiente de jardín, algún alacrán, frecuentes zancudos, y algunas moscas.

Debido a los penúltimos, hemos comprado una serie de raquetas eléctricas; y por las últimas adquirimos un par de matamoscas; especialmente los viernes, que cocinamos pescado, debemos hacer uso del matamoscas casi todas las semanas.

Usualmente es una -o dos- mosca que se cuela dentro de la casa y tenemos que ocuparnos de la misma; pero el día martes de la semana anterior fue un extremo: cuando retornamos de caminar por la tarde encontramos dos moscas revoloteando por la cocina.

Intentamos aplastarlas con el matamoscas pero no lo logramos; de hecho creí que había eliminado una en la ventana del comedor; pero por la noche, fue extremo: había una en la habitación de Rb, la que matamos con una raqueta eléctrica.

Luego, cuando empezaba a leer en mi habitación escuché otra; y fui por la raqueta eléctrica; me costó encontrarla pero por fin la atrapé; pero, seguí escuchando el vuelo de otra; y al final resultó que habían otras dos; al final fueron como seis moscas las que lograron colarse dentro de la casa ese día; toda una novedad.

Y a ver cómo sigue eso.

El lunes pasado me levanté a las seis y media: era el primer día después del cambio de horario en el Imperio del Norte; la participación de mi área en esta reunión sigue siendo la misma: ninguna; la reunión terminó como a las siete y media; me quedé en la cama -ya había resuelto el wordle en inglés- y estaba considerando si volverme a dormir un rato; pero, unos minutos antes de las ocho, recibí una llamada por whatsapp.

Como no tenía los audífonos perdí la llamada; pero la devolví en el acto: era la misma persona que me había escrito el día anterior por la tarde; esta persona vive en un país africano, que tiene como idiomas oficiales el francés y el inglés.

Estudia -en la universidad- para ser traductora; además de su idioma original: Basa(?), habla francés, español, inglés y chino; estuvimos conversando casi una hora -la mayor parte en español- y practiqué ¡por primera vez! hablando francés.

Después continuamos la conversación por mensajes de whatsapp; realmente espero aprovechar la oportunidad para ganar un poco de confianza en la conversación en francés; en el lado laboral, volví al bajo nivel que he tenido durante el último tiempo; con la excepción que el nuevo lead del equipo me contactó para requerir el documento que habíamos estado actualizando la semana anterior.

Se lo envié, comentándole que estaba disponible para continuar revisando el mismo; pero ya no obtuve noticias; por lo que nomás continué avanzando con el libro en francés de matemáticas que llevaba a medias; por la tarde, después del horario laboral, realizamos la rutina de ejercicios de los lunes.

El martes me levanté a las seis y media, resolví el wordle del día y entré a la reunión diaria del equipo; no hubo ninguna novedad en la misma; luego me puse a hacer algunas lecciones de Duolingo y Busuu; durante el resto de la mañana estuve leyendo un poco del tercer libro en el que se menciona a Olive Kitteridge; el libro me gusta tanto que incluso intenté comentárselo a Rb; pero es un tema que no le interesa mucho.

Al mediodía almorzamos lo mismo que el día anterior -y los tres siguientes-: arroz con hígados de pollo y zanahoria; acompañado de una pequeña ensalada; después de sacar a caminar a los perros lavé los trastes del día.

A las tres Rb le puso el arnés a su perro y lo subió al auto; el cual conduje hasta la clínica veterinaria a donde hemos estado acudiendo durante las últimas semanas; se suponía que iba a ser el último martes de tratamiento.

Pero no, aún debemos llevarlo -al menos- otra vez; en el camino había activado el hotspot del celular de Rb, en caso me contactaran del trabajo; pero no recibí ningún mensaje; el trayecto de ida no estuvo muy complicado: habíamos salido un poco antes de las tres de la tarde de casa y llegamos con bastante anticipación al comercial en donde se encuentra la clínica.

Le propuse a Rb que llevara al perro a la clínica, aunque tuvieran que esperar; mientras yo me entretenía en el supermercado, con un café y un pan; también había llevado tres cubos de Rubik: 3x3x3, 4x4x4 y 5x5x5; Rb bajó al perro y se dirigió a la veterinaria; yo entré al supermercado y ordené lo mismo que en las últimas dos ocasiones; y me dispuse a la espera; la que no fue muy larga: no había consumido la mitad del café cuando Rb retornó con su perro.

Al parecer no estaban muy ocupado en la clínica por lo que los atendieron rápido: un veterinario examinó el párpado del perro, una asistente lo inyectó y retornaron al auto; tampoco encontramos mucho tránsito en el camino de vuelta.

A las cinco volvimos a salir, aunque esta vez a pie, para dirigirnos a los supermercados en dirección norte: quería comprar papel de aluminio, y algunos ingredientes para el desayuno que había planeado para el siguiente sábado.

En el supermercado de descuentos adquirí algunos abarrotes; y en el siguiente supermercado compramos bananos; luego caminamos de vuelta a casa; por la noche ví el tercer episodio de la primera temporada de The Expanse.

También terminé de leer la primera parte de Tell me Everything y terminé de leer el libro de matemáticas; empecé a leer el segundo libro de un filósofo francés contemporáneo; el libro se llama 101 expériences de philosophie quotidienne; y, aunque no creo que esté realizando los experimentos, tal como los indica el autor; me servirá para familiarizarme un poco más con el francés, al menos el escrito.

El miércoles me levanté a meditar a las siete y media; la noche anterior había tenido bastantes dificultades para dormirme; no sé si influyó el hecho de que tuve que dar caza a varias moscas dentro de mi habitación.

La cuestión es que me costó conciliar el sueño; y durante la noche -no estoy seguro de la hora, pero era bastante tarde- estuve escuchando el ladrido de los perros a un par de casas de distancia; y creo que también la perra más anciana de Rb se puso a chillar en la madrugada: sucede a veces, como está acostumbrada a que la alimenten alrededor de las tres, en ocasiones se despierta antes y se pone a chillar.

En fin, medité durante diecisiete minutos y luego jalé la computadora, de la mesa del comedor a la cama, para entrar a la reunión diaria; mientras la computadora encendía resolví el wordle del día; y el trabajo siguió tranquilo: nomás estuve esperando notificaciones sobre los documentos que había enviado la semana pasada; pero no hubo ninguna novedad; aproveché para adelantar en las lecturas.

Y el día estuvo bien ocupado, pero con la cuestión de las moscas: creo que fueron más de una docena las que exterminamos con Rb; usando un par de matamoscas de plástico y un par de raquetas eléctricas; realmente se sentía como una plaga; al final de la tarde; después del horario laboral, realizamos con Rb la rutina de ejercicios de los miércoles; luego del baño me metí a la habitación de Rb  a ver un capítulo de The Expanse.

El jueves cambiamos nuestra rutina: usualmente Rb sale un poco después de las nueve pues es el día que reserva para su visita semanal al supermercado en el centro histórico; pero le habían avisado que ese día estaría cerrado.

Además, en el trabajo habían organizado la quinta -o sexta, no estoy seguro- reunión de capacitación sobre la tecnología con la que hemos estado trabajando desde el año pasado; y, debido al cambio de horario en el Imperio, tuve que entrar a la reunión a las seis de la mañana.

Entonces empecé mi rutina diaria a las cinco y media; medité, resolví el wordle y luego entré a la reunión de capacitación; la cual no fue muy buena porque la persona a cargo no pudo configurar de forma correcta su equipo y no presentó la información que había previsto.

Después de esta reunión; a las siete, me pasé a la reunión diaria del equipo; luego salí de la habitación a desayunar; pero después, bastante rápido, creo; nuestro nuevo lead nos convocó a una reunión; intrascendente, pero que me dejó bastante inquieto.

Básicamente se puso a tratar de asignar tareas; pero no tenía ni pies ni cabeza; lo que volvió a desestabilizar la relativa paz que había estado teniendo durante las últimas semanas (o meses); o sea: no veo un buen futuro en el área.

El resto del día pasó casi igual; excepto que durante el almuerzo preparamos pescado: como Rb debía ir al día siguiente al mercado del centro histórico preferimos consumir ese día el pescado semanal; al final de la tarde -después del horario laboral- nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; en el más distante compré unas salsitas de tomate y un paquete de queso en rodajas.

En el otro supermercado compramos bananos; además de los embutidos que utilizo durante los tres desayunos del fin de semana; también pasamos a la panadería de ese lado; en donde compré el pan para los desayunos.

Por la noche ví el quinto -o sexto- capítulo de la primera temporada de The Expanse; también avancé un poco en el libro de Seligman que estoy leyendo, es sobre Psicología Positiva, pero me está costando bastante avanzar en el mismo.

El viernes retorné a mi horario habitual -desde el principio de la semana- de despertar: a las seis y media sonó la alarma del reloj y me levanté a meditar; luego resolví el Wordle del día (llevo una serie más de veinte días) y luego entré a la reunión diaria del equipo.

Después empecé a hacer mis lecciones matutinas de Duolingo; pero no pude concentrarme en la misma porque me llamó el colega del Imperio del Norte con quien trabajé los documentos las semanas anteriores.

Total que ni siquiera completé una lección; y perdí los cuarenta y cinco minutos de puntos dobles; creo que es la vez que -habiendo empezado en la mañana- he punteado más bajo; creo que me quedé en veinticinco puntos.

Tuvimos una mini reunión de equipo -los cuatro analistas locales y el de los documentos- en la que revisamos una configuración remota con una tecnología con la que debemos interactuar; luego nomás esperé a la siguiente llamada: la semanal que programó nuestro nuevo lead; en donde nos presentó a dos nuevos integrantes del equipo -dos personas con bastante tiempo en la empresa-; además del de la documentación y otra analista que ha trabajado varios meses en el equipo.

También tuvimos que presentarnos los cuatro miembros del equipo local; la reunión no fue muy extensa y el mensaje fue el mismo: hay que seguir haciendo lo que podamos hacer por el momento; luego me levanté y me preparé mi desayuno de los viernes; con una variante: desde principios de la semana estoy ayudando a Rb a consumir unos restos de Psyllium que adquirió hace algunos años; y que estima que no agotará antes de su fecha de vencimiento (se vencen el próximo año).

Los primeros tres días de la semana intenté agregarle el polvo a la porción de avena que desayuno; pero no tuve muy buenos resultados; estoy planeando agregarle una cucharada a la gelatina semanal; pero ese día le agregué un cuarto -o media- cucharadita al huevo.

Y no salió tan mal; el resto del día laboral lo pasé actualizando mis registros personales; Rb salió hacia el mercado del centro histórico un poco después de las nueve y retornó al mediodía; con media docena de muffins.

También me compró un paquete con diez tortillas de harina: habías estado buscando este producto pues planeaba usarlo en la elaboración de los omelettes que hago cuando invito a desayunar a alguno de mis amigos.

Por la tarde -un poco antes de que nos pusiéramos a hacer los ejercicios de la rutina de los viernes- vino el señor de las verduras; le había encargado a Rb un plátano, dos tomates y un chile pimiento; después del horario laboral hicimos los cuarenta y cinco minutos de ejercicios de fuerza; para ‘aprovechar’ el tiempo escuché un par de videos en francés; uno explicaba varios términos ‘avanzados’ del idioma, el otro hablaba sobre la pronunciación de algunos sonidos del mismo.

Ese día aún encontramos algunas moscas dentro de la casa; busqué en internet y, efectivamente identificamos una variedad diferente a la mosca común; aunque, al parecer, cercanamente relacionada a la misma.

El sábado me levanté a las cinco y media de las cinco y media de la mañana; había previsto alguna reunión con la persona de Cameroon y, la noche anterior, le había enviado el horario que esperaba tener durante el fin de semana.

Incluso le había ofrecido que podía llamarme a las cinco de la mañana; para que pudiéramos intercambiar idiomas (español/francés) durante media hora; pero no me llamó; a las cinco y media sonó la alarma y me levanté a meditar.

Luego intenté resolver el wordle del día pero rompí mi racha (la palabra era ladle) de veintiseis días -la noche anterior, o la anterior a esa, había roto mi racha, mucho más corta de wordle en francés, la palabra era neufs).

Un poco después de las seis me metí a la ducha; luego me puse a preparar el desayuno pues había invitado a desayunar a mi amigo de ascendencia china -con algunos rasgos de autismo-; para las siete ya tenía preparada la comida: omelettes (con embutidos, champiñones, chile pimiento y Psyllium), frijoles refritos, tomate en rodaja, plátano frito, y café.

Mi amigo vino un poco después de las siete y nos pasamos las siguientes cuatro horas en el comedor: entre desayuno y conversación; en esta ocasión no trajo su computadora, pero me obsequió dos presentes: un pequeño libro artesanal, que se ganó en un evento de tecnología.

Y una revista del grupo de antropología gnóstica -yo lo considero, como varios países, una secta coercitiva- a la que asiste; me volvió a invitar a sus reuniones, pero creo que -esta vez- fui un poco brusco al negarme: o al negar rotundamente en la existencia de la magia.

A las once nos alistamos con Rb, pues habíamos planeado bajar a los supermercados en dirección sur; le propuse a mi amigo que nos acompañara caminando hasta encontrar un busito y, un poco después nos estábamos despidiendo, en el boulevard.

Con Rb caminamos nomás al supermercado más cercano en dirección sur; en donde adquirimos algunos bananos; Rb también compró un pequeño saco de comida para gatos: ahora, a partir del relajo de la gata de los vecinos, se ha propuesto alimentar a varios gatos -ferales y domésticos-.

Almorzamos pollo asado, un poco del arroz que nos había sobrado de los almuerzos semanales y una pequeña ensalada; luego hicimos una limpieza bastante amplia: en la mañana había matado una mosca y, por la tarde encontramos otro par.

Total que removimos la refri y la estufa; buscando lugares propicios para la reproducción de las moscas; también removimos las puertas del pequeño trastero que se encuentra bajo el lavatrastos; y nos deshicimos de la mayoría de cacharros -de metal- que almacenábamos en el lugar.

Para terminar, aumentamos la altura del último nivel de la repisa metálica en donde almacenamos la mayor parte de la vajilla y los ingredientes que utilizamos para cocinar; y aproveché para limpiar la estufa; y cambiar el papel de aluminio con el que protejo la superficie de las hornillas; para terminar la tarde ví el capítulo siete de la primera temporada de The Expanse; volví a ver los quince minutos iniciales de The Electric State pero continué hasta la hora de la película.

El domingo me levanté a las siete y media; no quería levantarme tan temprano, pero tampoco tan tarde; medité y retorné a la cama; a hacer un poco de DUolingo; creo que dormité un poco y me levanté a preparar mi desayuno del fin de semana a las nueve.

Un poco después de las diez nos dirigimos, con Rb, a los supermercados en dirección sur; el sol estaba bastante fuerte, pero, aún así, decidimos caminar hasta el más alejado; aunque no cruzamos la calle, nomás retornamos al supermercado que está a medio camino.

En este compramos bananos y lechugas; luego retornamos  a casa; decidimos sacar a caminar a los perros antes de preparar el almuerzo; y, luego de preparar las alitas dominicales -y la ensalada para acompañarlas- terminamos la rutina de antes del mediodía.

Por la tarde lavé los trastes del almuerzo y preparé una taza de té, únicamente para Rb, pues yo debía salir a las tres de la tarde; a esa hora tomé el automóvil y me dirigí a la casa del voluntario que vive en la colonia donde crecieron mis hijos.

Llegué a la hora esperada: a las tres y cuarto; el plan era pasar a la peluquería que se encuentra al otro lado de la calle y luego tocar el portón; lo he hecho de la misma forma en varias ocasiones; pero en este caso había un joven esperando turno.

Lo raro -molesto para mí- fue que el joven estaba fuera de la peluquería, hablando por teléfono; y fue cuando intenté entrar que el peluquero me dijo que era su turno; así que tuve que esperar unos minutos antes de que se pusiera en acción.

Y el corte del joven -era algo de un estilo moderno- le tomó los quince minutos que había previsto; y cuando me senté en el sillón para el corte, ví que mi amigo había salido al portón de su casa: al parecer se había dado cuenta que me había parqueado y estaba esperándome.

Lo bueno es que mi corte de pelo es bastante sencillo: nomás pido que le pongan la guía número dos a la afeitadora; por lo que, menos de diez minutos después, crucé la calle, a saludar a mi amigo; y nos pasamos las siguientes dos horas en su comedor: llevaba un paquete de café instantáneo y cuatro cubiletes; me disculpé profusamente con mi amigo por hacerlo esperar frente a su casa; también me contó que esta semana tiene que ir nuevamente con el médico, para ver si le ajustan la medicina de la presión.

Y que está esperando a que le permitan manejar, pues lleva más de mes y medio de no salir de su casa, debido a la prohibición a conducir; a las cinco y media intenté hablar con el esposo y el hijo de mi tía -los llamé por whatsapp- pero ninguno respondió.

Había planeado pasar a visitar a mi tía favorita antes de retornar a casa de Rb; pero, al no poder confirmar que habría alguien en casa, nomás conduje de vuelta a casa; el tránsito estaba super ligero por lo que, un poco más tarde, estaba parqueándome.

Como habíamos acordado con Rb, me puse a pelar y partir dos libras y media de papas y, luego de cocinarlas, preparé la tortilla española que almorzaremos los primeros tres días de la semana; corté las papas en cubitos y los puse a hervir durante diez minutos; luego las mezclé con una cantidad similar de pollo cocido, champiñones y chile pimiento; sofreí la mezcla en aceite de oliva con un poco de ajo; y lo completé con siete huevos batidos; el resultado fue una tortilla española, que dividí en seis porciones.

Como Rb tenía su clase de teología aproveché para encerrarme un rato en mi habitación y terminar -por fin- la primera parte del libro Flourish; en el mismo Seligman actualiza su concepto de Psicología positiva; pero me ha estado costando bastante avanzar en el libro; creo que pasé tres días nomás en esta primera parte.

Y a ver cómo sigue eso...

lunes, 10 de marzo de 2025

La expansión... The expanse... L'étendue...

No recuerdo cuál fue la serie más extensa que he visto; ni hace cuanto; o sea, hace como quince años empecé a ver House MD, a partir de la temporada cuatro o cinco; y luego continué hasta el final -creo que fueron siete temporadas-.

También -por esa época- ví, casi integramente Homeland -estuvo muy buena-; quizá la mitad de The Big Bang Theory; toda la serie de Breaking Bad; y toda la serie de Silicon Valley; además, Be Positive, y alguna que otra serie corta o de una o dos temporadas.

Pero, desde hace algunos años, he estado limitando mi consumo de audiovisuales; incluso las películas -como Flow- las veo en dos o tres sesiones: trato de utilizar mi tiempo en actividades menos 'pasivas'; como jugar ajedrez, resolver cubos de Rubik o leer.

Pero ayer empecé a ver The Expanse; que es una serie de ciencia ficción y que ha sido recomendada varias veces por uno de mis divulgadores de Youtube favoritos -le CEO de una academia de tecnología de Latinoamérica-.

Empecé a ver el primer capítulo de la primera temporada -creo que acaban de sacar la sexta- pero el sitio en el que estaba reproduciéndola se empezó a parar; por lo que mejor bajé toda la primera temporada; lo chistoso(?) es que ya había visto el primer capítulo en el pasado.

Creo que los capítulos tardan como cuarenta y cinco minutos; y creo que la primera temporada contiene en total ocho capítulos; al menos ya tengo todos los capítulos en mi computadora con Ubuntu; creo que veré la primera temporada -me llevará un poco más de una semana-; y luego decidiré si continúo con el resto.

Y a ver cómo va eso.

El lunes pasado me levanté a las siete y media; como me dormí un poco antes de medianoche, sentí que el sueño me sustentó bastante; medité, resolví el Wordle del día y luego entré a la reunión diaria; después continué con el trabajo en los documentos que estaba preparando desde la semana anterior: aún me faltaba completar tres de los mismos; también estuve en estrecha comunicación con mi compañero en el Imperio del Norte.

Creé una carpeta compartida en nuestro sitio laboral pues estábamos empezando a hacernos bola con los cambios que estábamos introduciendo en los documentos en los que ya habíamos avanzado; me pasé casi todo el día inmerso en la misma tarea; un poco después del mediodía subí el séptimo documento a la carpeta compartida; para el almuerzo consumimos, con Rb, una de las porciones de Pollo en crema -de almendras- y loroco.

Un poco antes del almuerzo había llamado a una persona que conocí en un grupo de intercambio de idiomas: un anciano argelino que ahora vive en el Imperio del Norte y que habla además de su idioma natal (árabe), francés, español, inglés, portugués, y creo que también un poco de mandarín.

Estuvimos conversando casi solo en inglés; intenté expresarme en francés pero dijo que no me entendía; también hablamos un poco en español; su nivel es bastante bueno; quedamos en que volveríamos a conversar para explorar el intercambio de español/francés.

Después de sacar a caminar a los perros, lavar los trastes, y preparar café y té; empecé a trabajar en el penúltimo documento de la lista actual; también retrasamos la hora de los ejercicios media hora: a las cinco realizamos la rutina de ejercicios de los lunes.

Después me tomé un poco de tiempo para ver una parte de la última película del Capitán América; luego subí el documento completado a la carpeta compartida -la verdad no estaba muy grande-, con lo que ya me quedaba nomás uno.

Cuando Rb se sirvió su segunda cena en la cama -lo que hace desde hace más de un año-, me retiré a mi habitación -lo que hago desde hace unos meses, pues me molesta el olor de la comida en la cama- y comencé a leer el libro en español de turno: Una suerte pequeña.

Retorné luego, un rato, a la habitación de Rb; hasta las once; a esa hora me retiré a mi habitación y completé la segunda (de tres) parte del libro en francés que estoy leyendo: Dieu expliqué à mes petits-enfants; no diré que me parece banal, pero bueno.

El martes me desperté un poco antes de las siete: el edredón se había corrido y el clima está bastante fresco, por lo que el frío me despertó; pero no me levanté hasta las siete y media; a esa hora bajé de la cama a meditar, luego resolví el Wordle del día, y entré a la reunión diaria; en la cual seguimos sin participar mucho, aunque ahora acude a las mismas quien nos está asignando tareas.

Después de la reunión me quedé en la cama, comenzando el trabajo en el último de los documentos de la lista; también conversé un poco con el compañero en el Imperio del Norte: queríamos sincronizar los cambios; continué trabajando toda la mañana en el documento -excepto un momento un poco antes de las once, en que hice las lecciones de Duolingo-; y subí el resultado un poco antes del mediodía.

Y es que ese era el día de la semana en el que había estado conduciendo a Rb, y su perro, a la veterinaria en donde están tratando su párpado; lo bueno es que puedo conectarme desde el celular -gracias a que Rb pone el suyo en modo hotspot-.

A las tres subimos el perro de Rb al asiento trasero del auto y conduje hasta la clínica veterinaria; cuando me estacioné frente al supermercado del lugar revisé los mensajes y, efectivamente, me había escrito mi compañero; lo bueno es que nomás confirmé que ya había subido el documento a la carpeta compartida.

Rb bajó a su perro y se dirigieron a la clínica; yo entré al supermercado y ordené un capuchino y un par de porciones de magdalena (dos dólares y medio); pero justo en el momento se interrumpió la energía eléctrica; con lo que tuve que esperar un rato.

Lo bueno es que llevaba los cubos de Rubik de 4x4x4 y de 5x5x5; la electricidad retornó unos minutos después y me estuve en el lugar un poco más de media hora; pero aún no había terminado el café cuando Rb retornó con su perro.

Abordamos el automóvil e iniciamos el camino de regreso a casa; en una gasolinera del camino paramos para rellenar el tanque de gasolina (dieciocho dólares); lo que cubro en su totalidad cada vez que viajo al puerto a visitar a mis padres.

Cuando retornamos verifiqué que no hubiera habido novedades en el trabajo y me relajé un poco: había completado los nueve documentos en menos del tiempo esperado; a las cinco de la tarde nos dirigimos a los supermercados en dirección sur.

No entramos al supermercado más lejano; nomás caminamos hasta su altura; luego retornamos al que queda a medio trayecto; allí Rb compró bananos y lechugas; después regresamos a casa; por la noche estuve actualizando mi registro de gastos (el mes pasado fue un éxito: gasto del cuarenta por ciento de los ingresos); no tengo muchas esperanzas este mes: además de los cien dólares que le dejé a mis padres, para emergencias.

Por el mismo viaje, debo cubrir más parte de la gasolina, y el regalo de cien dólares para el cumpleaños de mi hijo menor: en tres semanas cumple veintitres; cuando Rb llevó su segunda cena a la habitación, aproveché para salir al comedor y llamar a quien fue mi supervisor en la ciudad del Imperio del NOrte en la que viví hace casi veinte años.

El miércoles el trabajo bajó un poco -bajó casi todo-: el día anterior había enviado los nueve documentos que me habían requerido, así que estaba nomás a la expectativa de la retroalimentación del nuevo asignador, quien los estaba revisando.

Medité, completé el Wordle y entré a la reunión diaria; salí de la habitación un poco después de las nueve; pero no hice Duolingo hasta más tarde, y Busuu; a media mañana me reuní con mi supervisora; era la reunión quincenal; en la misma nomás le comenté que me estaban asignando más tareas, por lo que consideraba conveniente no tomar los dos jueves de vacaciones este mes, recomenzar en abril con el patrón.

Estuvo de acuerdo; el resto de la reunión no varió mucho: me comentó que la capacitación en la principal herramienta que utilizamos iba a continuar (no había entrado a ninguna de las tres reuniones); y que habría una reunión de equipo a finales del mes.

Al mediodía preparamos, con Rb, unos fideos de camote; para terminar de preparar -nuestra versión de- espaguetis a la boloñesa; después del almuerzo sacamos a caminar a los perros, luego lavé los trastes y preparé café y té; después del horario laboral hicimos la rutina de ejercicios de los miércoles; durante el día había acordado reunirme con el programador local con quien más me comunico: quería mostrarme un framework de JavaScript en el que ha estado trabajando últimamente.

La reunión era a las seis; pero, aunque el señor de las verduras había venido a media tarde, aún necesitábamos huevos de la tienda; y también preparar la papaya que cenamos casi todos los días; al final Rb me propuso que me quedara preparando la papaya -frecuentemente lo hago- mientras ella se dirigía a la tienda; lo hicimos así y a las seis ya estaba libre para la reunión.

La misma tardé casi una hora; y, la verdad, no me entusiasmó: he estado usando React desde el año pasado y me ha permitido crear algunas apps que uso en el teléfono; Astro se ve atractivo, pero nomás lo veo como otra opción.

En la noche empecé a leer el siguiente libro de la línea entrelecturas: Second Act; había elegido el libro por el tema: relatos de personas en la segunda parte de la vida; pero luego dudé en continuarlo; en la introducción dice que son las historias biográficas -y algo de ciencias sociales- de muchas personas como Ray Krock o Toni MOrrison (triunfando bastante tarde); pero no le veo mucha diferencia con lo que acabo de leer en la misma línea: What should I do with the rest of my life.

O sea, quiero leer algo sobre la segunda parte de la vida; pero no sobre el triunfo en la misma, o el éxito en alguna área; quizá nomás sobre qué puedo esperar, o cómo afrontar de una forma más efectiva los últimos años (espero que aún veinte).

También terminé de leer Dieu explique a mes petit-enfants; y no, no me gustó; tampoco lo aborrecí; simplemente me llama la atención los malabares que tiene que hacer el autor para explicar su creencia en dios.

El jueves me levanté a las seis y media; había dejado la alarma del celular para esa hora porque tenía la capacitación -la cuarta para el grupo, la primera para mí- sobre la tecnología en la que trabajamos actualmente.

Medité y luego jalé la computadora -de la mesa del comedor a la cama- para atender la capacitación; antes hice el wordle diario; la reunión estuvo interesante; y, como el conferenciante se había quejado de que casi no había preguntas, me aseguré de indagar en varios de los puntos que presentó.

A las ocho nos tocó pasarnos a la siguiente reunión; en la que casi no participa mi área -aunque ahora también entra quien nos está asignando tareas-; a media reunión Rb entró a saludar; me levanté luego de que la reunión acabara; me preparé el desayuno y realicé mis lecciones matutinas de Duolingo; el día anterior había estado viendo algunos videos sobre conversaciones en francés, y debo mejorar en esa línea.

A las nueve Rb se despidió, para dirigirse a su visita semanal a los supermercados del centro histórico; al parecer había bastante tránsito en la ciudad, debido a una protesta de un culto judío que ha sido estado siendo procesado por la justicia local; algo de robo -o abuso- de niños.

No tenía ninguna asignación pendiente; pero mi compañero en el Imperio del Norte me escribió para comentarme que debíamos (debía yo) revisar los nueve documentos para resaltar algunos términos; como no me gusta complicarme la vida, bajé los nueve documentos a mi disco local, los convertí a PDF y realicé una búsqueda general en el grupo completo -algo que realizaba en mis funciones anteriores-; no estuvo tan complicada la cosa.

Rb retornó un poco antes del mediodía, cargada de sus frutas para la semana; también me trajo una mini magdalena, de una de nuestras pastelerías favoritas; por la tarde nomás estuve esperando retroalimentación de mi compañero en el trabajo, pero no hubo ninguna.

Aproveché para explorar qué libros podría agregar a mi lista anual; al final bajé Flourish, de Martin Seligman, como sustituto a Second Act; también avancé en When to tell when you will die; ya nomás me queda un ciclo.

El viernes me levanté nuevamente a las siete y media; el día anterior me había sentido bastante agotado al final del día, debido a que me había levantado una hora antes, para atender la capacitación sobre la tecnología que utilizamos; entonces me recordé que, a partir del próximo lunes, ese mi horario habitual: hay cambio de horas en el Imperio del Norte.

Después de meditar jalé la computadora de la mesa del comedor a mi cama, para entrar a la reunión diaria de mi equipo de trabajo; antes había resuelto el wordle del día del New York Times, llevo un streak de diecinueve días; el anterior máximo fue de dieciocho.

La noche anterior también había empezado a resolver un wordle en francés: ví que Rb había encontrado un sitio para realizarlo en español; pero no me llama la atención en este último idioma; después de la reunión me quedé en la cama haciendo un poco de Duolingo; luego me levanté a preparar el desayuno de los fines de semana; el día anterior había comprado, además del pan habitual, un par de cubiletes -gasté casi el triple de lo que gasto semanalmente en este rubro-.

A media mañana entré a la nueva reunión semanal que organiza la persona que nos está asignando tareas -a la que entré tarde la semana anterior-; en esta ocasión había puesto una alarma en el celular para evitar saltármela.

La reunión estuvo tranquila: básicamente sobre lo que hemos estado realizando; pero, esta persona nos recordó que nos había pedido un correo semanal detallando las tareas que habíamos realizado; después de la reunión preparé el correo que había sido solicitado: afortunadamente mi semana estuvo bastante ocupada, por lo que no tuve inconveniente en enviar un sumario de lo que había estado haciendo, con mi compañero en el Imperio.

Un poco más tarde volvimos a reunirnos; en esta ocasión; para revisar un documento y la forma de aplicarlo; fue una reunión de más de una hora en la que estuve tomando nota de los cambios necesarios; al parecer el nuevo lead tenía una reunión con su jefe, por lo que suspendió la reunión, pero indicó que volvería -justo a la hora del almuerzo de casi todos- a convocarnos nuevamente.

Les comenté la situación del almuerzo a mis compañeros: no me preocupaba tanto almorzar trabajando, sino la salida posterior con los perros de Rb; dos de los otros tres indicaron que también tomaban su hora de almuerzo al mismo tiempo.

Y uno de ellos -mi compañero menos favorito- le escribió al lead indicando que salí a almorzar e informando que retornaría en una hora; yo respondí al mensaje con un ‘same here’ y el otro compañero con un ‘me too’.

Y cerré la computadora; mientras almorzábamos con Rb, pescado frito y un resto del pollo que habíamos consumido los primeros dos días de la semana laboral; luego acompañé a Rb en la caminata diaria de sus perros.

Retorné un poco antes de las dos y me uní a la llamada; nomás estaba el lead y el compañero que toma su almuerzo a las dos; pero la llamada estaba silenciosa; cuando entré el lead empezó a indicarme más comentarios para el documento.

La llamada tardó un poco menos -al parecer, el lead tenía que acudir a otra reunión-; los otros dos compañeros se unieron un momento; pero la llamada fue concluida bastante rápido; lavé los trastes, preparé café y té -debo de dejar de tomar café dos veces al día: me produce molestias estomacales, por lo que debo retorna al té de menta por las tardes-; luego modifiqué el documento en el que trabajamos con los comentarios recibidos.

Al finalizar el horario laboral (a las cuatro y media) realizamos, con Rb, la rutina de ejercicios de los viernes; habíamos hablado de salir más tarde a la tienda, yo no tenía ganas, pero me había resignado a hacerlo; afortunadamente, Rb tampoco estaba animada para hacerlo, por lo que lo dejamos para el día siguiente.

Por la noche estuve avanzando en la última parte de Hackers and Painters -últimos dos capítulos- y buscando con qué continuar en esa línea; había considerado leer un libro sobre c o c++; al final decidí empezar a aprender Rust.

El sábado la alarma del celular sonó a las seis y diez; había programado reunirme con mi único amigo de la facultad a las siete y veinte y querí realizar un par de actividades antes de salir de casa: meditar, wordle en inglés y lecciones de Duolingo.

Me costó levantarme, hice dieciséis minutos de meditación -era el último de estos cincuenta días- y, luego de resolver el wordle del día (me tardé bastante en encontrar la palabra: navel), hice dos o tres lecciones de DUolingo, portugués, me parece.

A las siete menos diez me metí al baño y a las siete y diez estaba arrancando el auto; no había mucho tránsito y, un par de minutos antes de la hora convenida, estaba estacionando en el Mc Donald’s del periférico más cercano.

Le envié un mensaje a mi amigo y me dispuse a esperarlo; no tardó mucho en llegar; aunque se atrasó: debía llevar a sus dos hijos mayores a dos universidades diferentes y ambos tardaron más tiempo del que esperaba, en alistarse.

Estuvimos en el lugar por una hora y media, entre conversación, un par de desayunos de los más usuales: egg mcmuffin, me parece; su hija mayor está ahora -quince días- dando clases en un colegio y su segundo hijo va en el segundo año en la facultad.

A las nueve le escribí a Rb para comentarle que retornaría pronto a casa y que podríamos dirigirnos a los supermercados; la verdad no me atraía mucho compartir más tiempo con mi amigo; un poco más tarde me despedí e inicié el camino de retorno a mi casa; vine a encontrar a Rb aún desayunando y luego se puso a hacer sus lecciones de Duolingo; yo hice un poco de Busuu y, luego, nos dirigimos a los supermercados en dirección norte.

En el supermercado de descuentos Rb compró un cargador para su teléfono; luego pasamos a la ferretería grande: necesitaba sacar un poco de efectivo; pero ya no hay cajero automático en el lugar; pasamos al otro supermercado y ambos sacamos un poco de efectivo; en el camino de vuelta pasamos a una tienda en la que habíamos dejado pagada una papaya -y un par de bolsitas de café instantáneo-; luego retornamos a casa.

Cuando regresamos terminamos de preparar el almuerzo: jocón de pollo; y, después de tomarlo, y sacar a caminar a los perros, me puse a leer un poco del libro de matemáticas en francés; también terminé de ver la película que llevaba a medias: Companion.

Además, mi hijo menor me contactó por whatsapp: le había enviado -les había enviado- un link sobre unas becas en Taiwán, pero resulta que eran para nivel de licenciatura; pero aprovechó la comunicación para solicitar un préstamo; le transferí cuarenta dólares, que ofreció retornar en el resto del mes; por la noche terminé de leer la parte del libro en francés que tenía entre manos -creo que ya voy por la mitad- y practiqué un poco con los cubos de Rubik de 4x4x4 y 5x5x5;

El domingo me volví a levantar a las seis y diez; y mi primer pensamiento fue que a partir del día siguiente debía empezar a levantarme a las seis y media: una hora antes de lo que me he estado levantando estos últimos cuatro meses, debido al cambio de hora en el Imperio.

Después de meditar -y resolver el wordle del día-, hice varias lecciones de Duolingo -más del doble que el día anterior-; luego me metí a la ducha; llegué al restaurante en donde había programado el desayuno con mi doctora casi a la hora esperada: siete y media.

Le envié un mensaje para comentarle que ya estaba en el lugar y, unos minutos más tarde, la ví entrar en el lugar; al igual que el día anterior, me hice cargo de la factura -ella al menos lo ha hecho en algunas ocasiones-.

Luego, nos pasamos dos horas y media poniéndonos al día de nuestras vidas, desde la última vez que habíamos coincidido; creo que no nos veíamos desde Octubre; en general, creo que, está mejorando: en esta ocasión no hubo lágrimas en el recuento.

Puse una alarma para las diez y, unos minutos después de esa hora, la acompañé al parqueo, para despedirnos; la salida estuvo un poco complicada, debido a la cantidad de automóviles a esa hora de la mañana.

Retorné a casa sin mucho contratiempo; Rb sacó a los perros al patio cuando vió que estaba estacionando el auto y luego retornó a terminar su desayuno; luego fuimos al supermercado más cercano en dirección sur; en donde compramos un poco de bananos.

Al mediodía preparamos las alitas de pollo dominicales; y luego, como habíamos sacado a caminar a los perros antes del almuerzo, nomás esperé a que les diera la comida, para lavar los trastes y preparar los tés de la tarde.

El resto de la tarde nomás acompañé a Rb en la cama, mientras ella veía alguna serie en su computadora, me puse a ver algunos videos en francés y a actualizar mis registros financieros; a media tarde me contactó una de las personas que se anunció en un grupo de intercambio de idiomas: le había enviado un mensaje en francés ofreciendo mi ayuda para practicar inglés y español.

Y a ver como sigue eso.


lunes, 3 de marzo de 2025

Ahora sí, trabajando... Now working... Maintenant, je travaille...

Trabajar, como aprender, es uno de los valores que han guiado mi vida durante mucho tiempo; -también la puntualidad, ayudar al prójimo, la paternidad-; aunque ya hace un tiempo que no he meditado en los valores personales.

En fin, pasas mucho tiempo sin ser productivo me producía antes molestias emocionales: y es que en mi trabajo actual, a pesar de tener períodos bastante sobrecargados de trabajo, por su misma naturaleza, también ha habido períodos en los que paso días -o semanas, o meses- sin hacer, practicamente nada.

Antes me preocupaba, especialmente cuando acababa de comenzar, y me intranquilizaba la situación; ahora he aprendido a tomarlo como viene; no sé si ha influido el hecho de que ya llevo más de cinco años de trabajar de forma contínua desde casa.

He aprovechado para leer, aprender un poco más de tecnología, mejorar mis hablidades como malabarista, mejorar un poco en el ajedrez, aprender francés -y un poco de portugués-; e incluso mejorar mi alimentación y mi estado físico en general.

Pero ahora, debido a los cambios que han estado ocurriendo en mi área, el trabajo se ha estado incrementando bastante: la semana pasada, después del lunes, no tuve ningún día ocioso; es más, incluso el sábado y domingo trabajé la mayor parte del día.

Y a ver cómo sigue eso.

El lunes pasado me levanté a las siete y media; medité y jalé la computadora de la mesa del comedor a la cama; para entrar a la reunión diaria; la cual no tuvo mucha novedad para mi área.

Resolví el wordle del día e hice dos o tres lecciones de francés en Busuu; luego, salí a prepararme el desayuno; después terminé de leer la última parte del libro Les Yeux de Mona; e inicié con el siguiente en la línea de francés: La philosophie expliquee a ma fille.

La persona que nos estará asignando ahora tareas nos había convocado para una reunión, a las doce del mediodía; participamos los cuatro analistas de mi equipo, acompañados por otros dos del imperio del Norte.

A mis tres compañeros les indicaron que continuaran con lo que estaban haciendo; a mí me asignaron la actualización de cierta documentación, ayudando a uno de los analistas del Imperio.

Lo contacté por la tarde para ver si podíamos reunirnos para afinar detalles; pero prefirió que nos reuniéramos hasta el día siguiente: le mandé una invitación para la ocho de la mañana del martes.

Al final de la tarde; después del horario laboral; realizamos la rutina de ejercicios de los lunes; luego estuve leyendo un poco de When to tell when we’ll die; ya llevo a la mitad el libro; además, luego de su segunda cena Rb botó -accidentalmente- las dos o tres porciones de papaya que teníamos en el refrigerador.

El martes me levanté a meditar a las siete y media; luego hice wordle y entré a la reunión diaria; después me levanté a desayunar, pues había programado la reunión con el analista con quien debo trabajar para las ocho y media.

La reunión estuvo super rara: me explicó que debíamos ‘crear’ varios documentos para probar una tecnología que no he conocido; basándonos en documentos de años anteriores sobre otra tecnología.

Igual le comenté que trabajaría en los mismos: me envió los documentos de años anteriores y un template para los nuevos; estaba trabajando sobre eso, al mediodía, cuando el supervisor nos convocó a una reunión a todo el equipo.

Yo estaba justo terminando de servirme el almuerzo (lo que preparamos el domingo con Rb: verduras cocidas con pollo y fideos de arroz) pero me conecté a la llamada; la cual era nomás para mostrarnos la forma en la que estaba realizando una tarea con la nueva tecnología.

Luego del almuerzo le quité los audífonos a la computadora y salí con Rb y los perros; a darles las dos vueltas a la cuadra; cuando retorné la reunión seguía en marcha; al final fue de casi una hora.

El analista con el que estoy trabajando estuvo contactándome por el messenger parra ver si tenía alguna duda con la asignación; nomás le contesté que al final del día le enviaría mis avances.

Y es que a las tres de la tarde tenía que llevar a Rb y a su perro a que le aplicaran la tercera dosis de óxido nitroso; cuando estábamos saliendo del boulevard observamos que en la vía contraría había un gran congestionamiento porque estaban instalando un túmulo.

No nos costó mucho llegar a la clínica; y, como nuevamente no había un parqueo libre, metí el auto a un espacio frente al supermercado del lugar; Rb bajó a su perro y yo entré a la tienda a comprar un capuchino y un par de porciones de pan de banano.

Le había pedido a Rb que intentara minimizar la estadía, pues tenía que retornar a continuar con mi trabajo; y estaba terminando el café cuando retornaron; nos subimos al auto e iniciamos el camino de regreso.

El cual estuvo bastante tardado: el tránsito estaba bastante pesado; más que las dos semanas anteriores, lo cual atribuimos al túmulo que estaban instalando; y en efecto, cuando pasamos por el lugar, apenas estaban retirándose los policías que habían estado custodiando la construcción.

Como teníamos que salir a los supermercados, nomás entré y continué con mi trabajo; a las cinco nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; en el más lejano Rb adquirió media docena de peras.

En el otro supermercado -el que queda a mitad del trayecto- compramos un poco de bananos y, como yo había expresado mi molestia de ir a la tienda por esto, una papaya -bastante cara, pero bueno-.

Regresamos un poco antes de las seis y continué con la redacción del documento en el que había estado trabajando todo el día; un poco después de las siete terminé los cambios y se lo envié a mi compañero en el Imperio del Norte; luego estuve en la cama de Rb, haciendo un poco de Duolingo y jugando un poco de ajedrez.

El miércoles empecé a trabajar en los documentos que habíamos revisado el día anterior con mi nuevo compañero -del Imperio del Norte-; además, nuestro PM nos había convocado a una reunión antes del medio día para revisar un reporte que acababa de publicar.

A la reunión invitó también al nuevo, aunque no tenía mucho que opinar sobre el mismo; a media tarde envié la primera versión del primer documento creado (son nueve! y los quieren para el próximo martes!!).

Luego me puse a revisar los bases que el nuevo compañero me acababa de compartir; después del horario laboral completamos los ejercicios de la rutina de los miércoles; en la noche bajé -y comencé a ver- una película animada de The Witcher.

Algo de una aventura con unas sirenas; también avancé en el libro de filosofía en francés; de hecho el mismo día había bajado varios libros del mismo tipo en ese idioma: divulgación de varios temas como matemáticas, Dios, etc.

El jueves, después de meditar, hacer wordle y entrar a la reunión diaria; salí de la cama pues usualmente me quedo en el comedor cuando Rb realiza su salida semanal al supermercado del centro histórico.

Como casi todos los días de la semana, estuve trabajando en la redacción de documentos técnicos: avancé un poco en el segundo de los mismos; de hecho ni siquiera salí a ver qué me había traído Rb (eran un par de zepelines) cuando regresó del mercado.

Almorzamos lo mismo que toda la semana: la mezcla de verduras y pollo que habíamos preparado el domingo por la tarde; también ví que me estaban convocando a acompañar a una iglesia en el grupo en el que he ayudado como traductor.

Pero, por la situación actual del trabajo, decidí no responder al llamado; aunque no contesté inmediatamente, al mensaje que recibí en Whatsapp, decidí que, de ser posible, participaré en un par de estas jornadas a partir de mayo -se supone que las últimas se realizan en el mes de agosto-.

Por la noche terminé de ver la película de The Witcher que había dejado a medias el día anterior; además completé el libro en francés sobre filosofía; también me puse a revisar el estado de mis otras seis -o siete- líneas de lectura; y encontré que, con excepción de la línea de no ficción, estaba en el último ciclo de todas.

El viernes me desperté un poco antes de que sonara la alarma; pero me quedé dormitando hasta las siete y media; después de la meditación resolví el wordle del día -fuzziy, streak de 12 días-.

Después de entrar a la reunión diaria salí a prepararme el desayuno de los fines de semana; después estuve trabajando en el tercer documento -de la lista de nueve!-; a media mañana me puse a hacer Duolingo y retorné a la cama.

Un poco más tarde Rb llegó a avisarme que la computadora -tenía ambas encendidas- estaba sonando como Skype; y era eso: había una reunión -nueva- de equipo que había olvidado.

De hecho tres personas me habían escrito para que me uniera; además, tuve bastantes dificultades para conectarme pues tenía la herramienta grupal abierta en Opera en mi computadora personal y traté de entrar desde allí.

Pero no estaba bien configurada; y, por tratar de entrar rápido a la computadora de mi trabajo, se había congelado el escritorio; total que entré retarde; pero, al final, fui el que más participó en la misma; está rara la situación.

Al mediodía comimos pescado frito y lo último de la mezcla del domingo; por la tarde, después de sacar a caminar a los perros, lavar los trastes y prepararme un café -y un té para Rb- terminé de leer el libro de ficción: When we were birds.

Al final de la tarde -después del horario laboral- realizamos los ejercicios de la rutina de los viernes; la cual me ha estado agotando un poco más, debido a que estoy utilizando la pesa más grande en varios ejercicios.

En la noche hice un inventario rápido de las seis o siete líneas de lectura que llevo en paralelo: con excepción de No Ficción, en todas estaba en el último ciclo de cada libro; revisé los próximos a leer en cada área.

El sábado me levanté a las seis: debido a las tareas que me asignaron durante la semana, consideré oportuno dedicar una buena parte de mi fin de semana a la redacción de tres de los nueve documentos que nos tocaba completar el martes siguiente.

O sea, había escrito tres entre el martes y el viernes; y ese día mi colega en el Imperio del Norte me indicó los tres que convendría redactar; total que puse la alarma para las seis de la mañana.

Me levanté a meditar y, luego de resolver el Wordle del día, me puse un timer de cuarenta y cinco minutos: pensaba aplicar la técnica Pomodoro; o sea, sumergirme en el trabajo en bloques grandes y tomarme pausas cortas.

Al final los cuarenta y cinco minutos se convirtieron en hora y media; pero logré avanzar bastante; salí de la habitación cuando Rb vino a saludarme, después de las ocho; a prepararme el desayuno de los fines de semana.

Después del desayuno nos dirigimos al supermercado en donde compramos artículos a granel; Rb compró varios paquetes de las nueces que consume durante la semana; yo compré algunos consumibles para mis hijos: un paquete de treinta y dos rollos de papel higiénico, un paquete de 6 toallas de papel para cocina, y una bolsa de jabón de manos.

También compré galletas soda y Chiky (me cobraron dos paquetes de estas últimas, cuando nomás adquirí uno); en el camino de vuelta pasamos a llenar el tanque del auto (veinticinco dólares): al día siguiente tocaba la visita trimestral a mis padres.

Para completar la mañana, pasamos al supermercado más cercano en dirección sur: necesitábamos tomates, bananos y sal de cocina; cuando retornamos a casa me puse a realizar los pagos del primer día del mes: los treinta dólares que le pago a Rb por vivir en su casa, los ciento cuarenta dólares del mantenimiento del apartamento (ese monto me sigue produciendo incomodidad emocional).

Por la tarde continué trabajando en el segundo documento que me había propuesto completar durante el fin de semana; también ví un poco de la última película del Capitán América; y una parte de una película mejicana de acción.

En la noche le cargué un poco de (un dolar y medio) Internet a mi celular: cuando viajo me gusta compartir mi locación en tiempo real con Rb; además empecé el tercer documento del fin de semana.

El domingo me levanté a las cuatro de la mañana; había estado considerando la hora más conveniente, pues no quería manejar antes de que saliera el sol: la última vez me sentí muy inseguro en varias partes del camino.

Después de meditar me metí a la ducha y, luego de secarme y vestirme, me metí a la cocina a preparar los panes con huevos con embutidos que suelo llevar en las visitas a mis papás.

La noche anterior había colocado, en el asiento trasero del auto, el saco de comida de perros que les he estado llevando a mis padres últimamente; también la cafetera eléctrica.

Después de preparar ocho panes y empacarlos; metí cuatro paquetes de gel congelado en la mochila con aislante térmico; luego coloqué todo, junto con los dos pasteles que había comprado el día anterior, en el auto, y entré a despedirme de Rb.

Había esperado hasta las cinco y media para iniciar la marcha: aún no estaba claro, pero consideré que no tardaría mucho en empezar a iluminarse el ambiente; y, en efecto, un poco después de salir de la ciudad, las bombillas de la carretera empezaron a apagarse, debido a la claridad del día.

El camino no estuvo tan lleno; aún así me tardé media hora más de lo acostumbrado: en los cien kilómetros hay, al menos, tres lugares en los que la ruta se reduce de cuatro o seis carriles a únicamente dos.

En dos lugares esto ocurre porque el invierno de hace más de un año dañó la infraestructura; en la última parte -casi llegando al puerto- más de la mitad del camino está siendo remozado para la construcción de una nueva autopista -me imagino que privada-.

Al final llegué a las siete y media al lugar en donde viven mis padres -y donde tengo una casa a medio construir- y encontré a mi madre limpiando el patio; percibí -no soy bueno en eso- un ánimo bastante bajo.

Mi padre salió un poco después y me puse a preparar el café instantáneo que llevaba; lo que desayunamos con la magdalena y los panes que había preparado para la ocasión.

Afortunadamente, en esta ocasión, la cantidad de zancudos era mucho menor que la última vez -casi inexistente-; luego de desayunar estuvimos conversando un poco: mi padre tiene una situación rara en su trabajo; debido a una operación quirúrgica a finales del año pasado, no ha recibido el salario de su trabajo durante este año.

Incluso me comentaron que mi hermana menor les había enviado un poco de dinero; lo que me sorprendió un poco: creo que ella gana menos de la mitad (o la tercera parte?) de lo que yo percibo; y yo les había indicado a mis padres que me avisaran si necesitaban apoyo financiero.

Como la conversación estaba siendo bastante incómoda, mi madre sugirió que fueramos a ver la casa que tienen a medias en el lado opuesto de la calle -y a un costado de la que yo llevo a medias-; luego les pedí que me acompañaran a un cajero automático.

En el camino pasamos a entregarle la segunda magdalena a la familia con la que más se han relacionado durante el par de décadas que llevan viviendo en el lugar; la señora no estaba, por lo que le entregué el presente al padre de familia.

El sol estaba bastante fuerte, pero no extremadamente; caminamos hasta un supermercado pero los cajeros no funcionaban -me había enviado un par de cientos de dólares a dos diferentes sistemas-.

Les propuse que camináramos hasta la playa y que, en el camino, probáramos en otros cajeros; y sí, afortunadamente, encontramos un cajero funcionando, en el exterior de un banco.

Completamos la caminata hasta la playa -estaba bastante llena de gente- y luego retornamos a casa; mi madre me entregó los pescados de costumbre y yo les entregué cien dólares, para emergencias -siguen negándose a facilitarme las cosas-.

A las once de la mañana le pedí a mi padre que me ayudara a revisar los líquidos del motor del auto; como ha pasado últimamente, el del radiador estaba un poco bajo por lo que lo rellené; luego me despedí de ambos y empecé el viaje de retorno.

El cual estuvo un poco más tardado que el de más temprano: había más camiones en el camino, por lo que no pude acelerar en varias partes del mismo; afortunadamente la parte final no estuvo muy difícil: una hora y cuarenta y cinco minutos después de la salida, estaba estacionando el auto frente a la casa de Rb.

Bajé la cafetera, mi mochila y la mochila térmica -con los pescados- y me puse a avanzar un poco en el documento que estaba preparando desde la noche anterior; luego preparé la ensalada, para acompañar las alitas de pollo dominicales.

Después del almuerzo, y sacar a caminar a los perros, dediqué otros treinta minutos a avanzar en el trabajo; luego lavé los trastes del almuerzo y preparé té de manzanilla para Rb y café para mí; lo que consumí con el último tercio de uno de los zepelines que Rb me trajo el jueves -y un pan de manteca y una galleta Chiky-.

Luego me tomé una hora para completar el libro de la línea de español (Las que no duermen); y me dormí diez o quince minutos; cuando la alarma sonó salí a trabajar una hora -en la que casi concluí el documento que estaba preparando-.

A las cinco la alarma sonó y me puse a ayudar a Rb con la preparación de los almuerzos de los primeros dos días de la semana: Pollo en Crema con Loroco; después estuve viendo un poco de la última película de Capitán América.

Como Rb tenía su clase de Teología a las siete -en la cual debía presentar una prédica-, aproveché para encerrarme en mi habitación para terminar el tercer documento; después de revisar los dos completados el día anterior los envié a mi colega en el Imperio del Norte.

Después de que la clase de Rb terminó, estuve un rato en su cama, viendo un poco de la película que llevo a medias; pero me sentía bastante agotado (andaba de pie desde las cuatro de la mañana) por lo que me cepillé la dentadura y me metí a mi habitación, en donde empecé a leer el siguiente libro en español: Una pequeña suerte; y, luego de meditar, me dormí.

Y a ver cómo sigue eso.