domingo, 25 de enero de 2026

Proust y el calamar... Proust and the squid... Proust et le calamar...

No sé si el plan de empezar cada texto con una referencia al libro de la semana funcionará: o sea, en las semanas anteriores he leído el final de Sandwich, luego leí por completo Recuérdame bailando; y por último All we live here; pero esos son libros 'fáciles'; el de este título es diferente: No ficción.

Y está muy bueno; son, básicamente, una serie de ensayos en los que se examina el desarrollo de la lectura, su impacto en la historia humana y la forma en la que, supuestamente, ha cambiado el cerebro de las últimas generaciones.

O sea, no es una narración, sino una serie de ensayos con bastante referencias a autores del pasado, estudios de neurocientíficos y mucha mucha información sobre los diferentes procesos que interactúan con la lectura.

Los primeros capítulos se centran en las primeras formas de escritura -acadiano, egipcio y etrusco, me parece- y luego entra ya en terrenos un poco más actuales: las partes del cerebro que intervienen al leer diferentes sistemas alfabéticos -latino, chino, japonés-.

Entonces, no estoy seguro que pueda completar la lectura del libro actual en una semana -o menos-; y eso me retorna al gran dilema por el cual leí en paralelo varios años: 'forzarme' a leer temas 'serios', para luego leer cuestiones mas 'ligeras'.

Y a ver cómo va eso.

El martes seguía sintiendome un poco indispuestos del estómago: -no estoy seguro, pero- creo que el tomar café, el domingo, dos veces -y por la tarde, hervido- me produjo una indigestión mera rara al día siguiente: tuve que ir tres o cuatro veces al baño.

Me parece que el martes ya fue solo una -o un par- ocasión en la que tuve que dirigirme al servicio sanitario; otra razón -la verdad es que ya empezó a preocuparme un poco- podría ser el consumo de marshmallows.

Y es que durante la temporada de fin de año acostumbro comprar una -o un par de- bolsa de estos dulces; pero, creo que, el mes anterior compré tres o cuatro; y no estoy seguro de la correlación entre consumo excesivo de malvaviscos y mi desorden estomacal -ya solo me quedan unas pocas unidades-.

Total que el martes lo pasé un poco más tranquilo; al menos en lo que al cuerpo se refiere; la reunión de la mañana estuvo tranquila ya que la mayor parte del equipo en el Imperio del Norte está trabajando en pruebas al lado de los clientes.

De todos modos me quedé un gran rato en la cama después de la reunión; salí de la habitación después de las diez de la mañana; a las doce y media sacamos a caminar a los perros y a la una Rb entró a una hora de entrenamiento, para las llamadas que tendrá que atender como intérprete médica -si pasa las pruebas-.

Entre la una y las dos de la tarde me dediqué a preparar el almuerzo: calenté la salsa de tomate, puse agua para los fideos de arroz y corté las legumbres para dos ensaladas; cuando Rb terminó la reunión -a las dos- el almuerzo estaba preparado.

Y no pude hacer mucho en las tareas que llevo atrasadas: la analista con la que estaba trabajando me envió un mensaje comentándome que uno de los desarrolladores estaría trabajando en la terminal que estaba usando; y terminó justo diez minutos antes de mi hora de salida.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur: no teníamos nada que comprar -aun teníamos bastante bananos- pero queríamos realizar un poco de ejercicio; llegamos hasta el supermercado más lejando y retornamos -nos lleva menos de una hora el recorrido total de tres kilometros y medio.

Por la noche ví el penúltimo capítulo de The Copenhagen test; después, en la habitación de Rb, vimos el tercer capítulo de His and Hers; tambien estuve un buen tiempo en Duolingo: ahora ya se puede jugar ajedrez con otras personas -no sólo contra Oscar-.

El miércoles me desperté bastante temprano: abrí los ojos y la luz aún se veía gris; continué dormitando hasta que sonó la alarma; me levanté a meditar y luego llevé la computadora a la cama, para entrar a la reunión de equipo.

Después de la reunión me quedé en la cama; había planeado dormitar -he tomado la mala costumbre durante los últimos meses (años?)- aunque luego me hice el propósito de avanzar un poco en las tareas pendientes; pero la misma analista nos escribió en el grupo sobre la revisión del sistema; y que nos avisaría cuando ya quedara disponible.

Lo que no pasó en prácticamente todo el día; de todos modos me quedé en la cama haciendo algunas lecciones de Duolingo; y esperando la hora de la reunión quincenal con mi supervisora local (nueve y media).

A la hora programada inicié la reunión y mi supervisora llegó después de cinco minutos; la verdad me interesaba esta reunión porque esperaba el resultado de mi revisión anual de desempeño -me habia autocalificao como over the middle y quería ver la calificación final-.

Dos de mis directoras -la penúltima y antepenúltima- fueron siempre muy dadivosas en esta actividad anual; especialmente la antepenúltima -aunque nunca me subió el salario-; la penúltima también se portó muy bien -y me dejó moverme a otra posición-.

Esta ya era la tercera ocasión en que me calificaban después de mis últimas directoras; la primera la realizó el Project Manager y fue bastante decepcionante -igual, él tenía como seis meses de haber entrado a la empresa-.

La segunda la realizó mi actual supervisora y me dejó más satisfecho -o menos insatisfecho(?)- y esta creo que ha sido la mejor: en general mi supervisora me percibe como responsable, eficiente y proactivo -aunque no creo que haya aumento salarial-.

Usualmente la reunión quincenal no dura más de quince o veinte minutos; en esta ocasión superó los cuarenta minutos: mi supervisora quería revisar cada uno de los aspectos y el nivel otorgado en cada uno; otra vez: me pareció bien.

Después de terminar la reunión salí a desayunar y a ver qué podia hacer con el listado de las tareas que llevo atrasadas -he estado revisando la forma en la que se generan durante los últimos días-.

A las doce y media sacamos a caminar a los perros y a la una Rb entró a la capacitación de su nuevo lugar de trabajo -se supone que son cinco sesiones, terminando el siguiente lunes-; un poco más tarde me metí a la cocina para preparar el almuerzo.

La reunión de Rb terminó justo a las dos de la tarde; ya tenía preparado todo el almuerzo pues Rb me había comentado que la reunión semanal de su trabajo titular la realizarían -como casi todas las semanas- a las dos y media.

Afortunadamente a las dos y veinte ya habíamos concluido con el almuerzo; me retiré a mi habitación a leer un poco -Proust and the squid- y salí un poco antes de las tres: lavé un poco de los trastes del almuerzo y preparé un café y un té.

A las cinco nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección sur; no entramos al que se encuentra al final de nuestro recorrido; en el otro compramos bananos; luego, antes de entrar a la calle donde vivimos, pasamos a la tienda de las verduras; compramos una papaya y una berenjena.

Cuando regresamos -un poco después de las seis- ví que había un mensaje en el chat del grupo de trabajo: un poco después de las cinco el supervisor en el Imperio del Norte había escrito para pedir que se realizara una prueba rápida de una funcionalidad.

Ví que el analista que vive en el pueblo donde vive mi familia paterna había contestado; pero decía que no podría trabajar mucho después; de todos modos decidí ignorar el mensaje: o sea, había entrado luego de la hora en la que salgo.

Además me recordé de esas noches -varias- que me tocó que madrugar en proyectos anteriores -en los que sí dirigía el equipo-; por la noche ví el último capítulo de The Copenhagen Test; y un capítulo -con Rb- de His and Hers.

El jueves me volví a despertar temprano -como que el tránsito a casa y media de distancia- me despierta durante esta época; medité y entré a la reunión, en donde no se discutieron temas tan relevantes.

De todos modos estuve revisando los chats del grupo local y el que tenemos con el equipo en el Imperio; al parecer las pruebas solicitadas la noche anterior habían devuelto resultados satisfactorios.

Rb salió hacia su visita semanal al mercado a las nueve -aunque, debido al training que está atendiendo había decidido llegar nomás al supermercado que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos-.

El resto de la mañana no pude avanzar en mis asignaciones: no recibí confirmación de que el equipo ya estuviera disponible; entonces nomás estuve avanzando un poco en Proust and the squid.

Rb retornó bastante temprano -yo estaba escuchando algún video en Youtube (con audífonos) y no escuché que llegara, nomás la ví abrir la puerta-; me comentó que la hija de la presidenta del comité había estado tocando el timbre y salió a dejarle una botella de shampoo para mascotas -también me trajo una docena de muffins-.

A la una, mientras Rb atendía la tercera reunión de su capacitación, me metí a la cocina a preparar el almuerzo; lo que consumimos a las dos de la tarde; un poco más tarde preparé un café y un té.

A las cinco de la tarde nos dirigimos caminando en dirección Norte; no entramos a ningún supermercado, nomás caminamos hasta el comercial que se encuentra en donde tomamos los buses intermunicipales; allí dimos la vuelta.

En el camino de regreso pasamos a la panadería en donde -a veces- compro el pan para mi desayuno; me llamó la atención que la dependienta -como la de la panadería de la vuelta- prefirió que le quedara a deber un quetzal, en vez de aceptar monedas -muy raro-.

Por la noche Rb atendió un servicio de oración del grupo de su trabajo; la reunión se extendió de siete a ocho de la noche -y el día estuvo raro porque su pastor la había llamado un poco antes del mediodía, comentándole que pasaría a visitarla por la tarde, pero Rb tuvo que llamarlo de vuelta: no se había recordado que tenía la reunión de oración por la noche-.

Después de que se despidió de su grupo de oración vimos el penúltimo capítulo de His and Hers; luego estuve haciendo algunas lecciones de Duolingo -tratando de volver a Portugués- y avanzando un poco en la lectura -No Ficción y Español-.

El viernes empezó normal: despertarme antes de la alarma, esperar a que sonara, meditar y entrar a la reunión de equipo; en donde comentaron que esperaban retornar muy pronto a la normalidad -cuando las pruebas con los clientes concluyeran-.

Un poco después de las nueve salí de la habitación a prepararme el desayuno; luego hice algunas lecciones de Duolingo; durante la mañana el supervisor en el Imperio del Norte nos escribió para comentar que -en general- las pruebas con el cliente habían sido satisfactorias.

Al mediodía preparamos la berenjena que habíamos comprado un par de días antes y dos tercios de una mojarra de gran tamaño que teníamos de la última bolsa comprada en el supermercado; aunque la parte final de la cocción me tocó que realizarla en solitario debido al evento de capacitación de Rb.

Como preveía un fin de semana con bastante comida -y he estado tratando de continuar el ayuno intermitente 19/5 o 18/6- ya no comí nada después del almuerzo; nomás lavé algunos trastos y le preparé una taza de té a Rb.

A las cinco y media caminamos hacia los supermercados en dirección sur: Rb quería ver el precio de la harina de arroz en un almacén cerca del más alejado; yo quería comprar algunas bolsas de snack pues planeo llevar comida la próxima vez que me reuna con mi hija mediana.

Además Rb quería sacar un poco de efectivo del cajero que se encuentra en el más alejado; allí compré seis bolsas -tres grandes y tres pequeñas- de dos tipos diferentes de papas fritas; en el otro supermercado compré otras tres bolsas grandes y un poco de bananos.

Regresamos de los supermercados un poco después de las seis; me metí a mi habitación a hacer algunas lecciones de Duolingo, y leer un poco de Proust and the squid; luego vimos el último capítulo de His and Hers; el cual estuvo, la verdad, algo decepcionante -muy tirado de los cabellos-.

El sábado me levanté a las siete y media, medité y retorné a la cama a hacer un poco de Duolingo; pero me volví a levantar bastante rápido: un poco después de las nueve salí de la habitación y me preparé el desayuno de los fines de semana.

Durante la mañana estuve leyendo un poco del libro en Español; Rb me había pedido que sacáramos a los perros antes de que me fuera -había previsto salir al mediodía- pero se puso a hacer tortillas de plátano verde un poco antes.

Entonces, a las once y media me pidió que sacara a la perra más pesada -aún estaba a la mitad de la confección de sus tortillas- pues ella sacaría más tarde al otro perro grande; saqué a la perra y no hizo más que caminar; luego saqué un rato a la perra más anciana -al patio nomás-.

Después me metí a la ducha y, un poco antes del mediodía, metí varios cubos de Rubik a mi mochila negra y arranqué la van; sorprendentemente el tránsito estaba bastante ligero; o sea, como a mitad del trayecto del boulevard encontré un embotellamiento, pero nomás me tocó bajar un poco la velocidad.

Total que llegué a la casa de mis hijos bastante temprano -un poco después de las doce y media-; le escribí a mi hijo para comentarle que ya estaba por allí y entré a la habitación que ahora funciona de sala.

Mi hijo salió un poco más tarde y le propuse caminar al parque temático; la verdad tenía temor de que no volvieramos a conseguir llegar al mismo -de hecho nos tocó que realizar dos paradas durante las ocho cuadras- pero, afortunadamente, pudimos compeltar el trayecto.

Compramos una pizza -cambiaron el sistema de compra, agregando un paso más para realizar el pago, con lo que lo complicaron innecesariamente; además de aumentar un tres porciento el precio- y nos dirigimos al sector de mesas que más utilizamos.

Pero había un evento -al parecer algunas empresas aún están haciendo sus convivios anuales-; le propuse a mi hijo caminar al otro lugar techado en donde hay mesas, y noté bastante incomodidad en su caminar; afortunadamente encontramos una mesa disponible en el segundo lugar.

Almorzamos -nos sobraron tres o cuatro porciones de pizza, pero nada de Pepsi- y luego nos quedamos en el lugar revisando los pasos necesarios para resolver el último cubo de Rubik; la verdad es que nomás es necesario un paso adicional, con lo que mi hijo pudo completar -por primera vez, me parece- el armado del cubo de seis por seis por seis.

Un poco más tarde le propuse a mi hijo que nos subiéramos a la rueda de Chicago de costumbre; aunque, antes, tuvimos que pasar a un kiosco -a un lado de donde habíamos almorzado- a comprar un pasaporte para doce juegos: el anterior nomas tenía un juego por marcar.

La cola en la rueda de Chicago no estaba muy extensa y, a diferencia de algunas veces en los últimos tiempos- nos subieron en una canasta sin nadie más; después de bajar del juevo mecánico empezamos el camino de regreso a casa.

Ya habían cerrado el portón de entrada al parque temático -se supone que ya no dejan entrar al público después de las cuatro de la tarde- pero, antes de salir del mismo, mi hijo actualizó su información de empadronamiento, en la misma mesa en donde lo hicimos con mi hija mediana la semana anterior.

Retornamos a casa sin ningún contratiempo y subimos al séptimo nivel; mi hijo se retiró un momento y yo me acomodé en el espacio de la sala; aún estuvimos conversando otro rato antes de que dieran las cinco y media, hora en la que habíamos acordado despedirnos.

El camino de vuelta también estuvo bastante vacío, no me hice más de media hora conduciendo la van; cuando vine Rb estaba viendo alguna de sus series pero me propuso que saliéramos a caminar en las calles interiores: a las cinco salimos a dar tres recorridos al circuito -en total como dos kilómetros-.

Por la noche vimos el primer capítulo de una serie en donde se pierde un niño; actúan Dakota Fanning y un latino de apellido Peña; además, avancé en el par de capítulos que me había propuesto de Proust and the Squid -lo estoy combinando con otro libro en español-.

El domingo me levanté a las cinco menos diez; había quedado de reunirme a las seis de la mañana con mi amigo antivacunas -y pro varias conspiraciones-; medité y luego me metí a la ducha; después tomé la van.

Por la hora -eran como las cinco y media- apenas habían vehículos en el camino; no obstante, un poco antes de llegar a mi destino ví las luces de una ambulancia en el periférico; tomé el carril auxiliar y pasé a la par de un vehículo con el frente totalmente destrozado -también me tocó que pasar sobre unos cables (por un poste derribado)-.

Llegué al McDonald's en donde nos reunimos en Diciembre pero encontré el portón trasero aún cerrado; dí la vuelta para ver si ya estaba abierto el portón frontal, pero antes de entrar a la calzada principal recibí una llamada de mi amigo.

Me comentó que acababa de pasar por su lado -estaba estacionado, contra la vía, junto al portón trasero-; le comenté que seguramente -por ser domingo- abrían más tarde; ya había un auto frente al portón frontal y un poco después un guardia salió a abrir el acceso.

Mi amigo llegó un poco después y estacionamos los autos en el parqueo frontal; entramos al restaurante y utilizamos los menús interactivos para ordenar un par de desayunos -le había pedido la tarjeta a Rb para evitar el contacto humano-.

Estuvimos en el lugar por un par de horas, entre desayuno y conversación: mi amigo me había pedido que dejara el celular en el auto pues quería que habláramos en un entorno privado; accedí, aunque la verdad lo consideré innecesario.

O sea, micrófonos hay en todas partes, y -creo- más dentro del ambiente cerrado de una de las cadenas de comida rápida insignia del Imperio del Norte; además, quería privacidad porque se le había ocurrido una idea innovadora para una app.

Lo cual no era tan así: lo que había pensado es crear una herramienta en la que dos personas puedan comunicarse de forma audiovisual, compartiendo una lista de reproducción musical; le comenté sobre Zoom y similares pero también le dije que exploraría el concepto.

Luego hablamos de las cuestiones laborales y familiares de cada uno; le había llevado como regalo uno de los paquetes de incienso que me regaló mi hijo menor para Navidad, dos bolsitas con dulces -de lo que debía haber regalado para el convivio de mi oficina- y, como préstamo, un libro de Luis de Lión.

Mi amigo me comentó que cargaba en el baúl de su auto un saco con libros que habían sido de su abuelo paterno -muerto hace muchos años, con demencia- y que si quería ver si algo me interesaba.

Un poco después de las ocho le propuse que viéramos qué cargaba en el saco y la mayoría era pura basura: libros de texto, libros de varias religiones; algunos de estos ya con moho; pero me llamó la atención -y aparté- algunos folletos de un curso de electrónica de una escuela por correspondencia en donde había querido estudiar cuando era joven (y nunca pude, por falta de 'fondos').

Después de guardar los folletos en el auto nos despedimos e inicié el camino de vuelta; vine bastante temprano: Rb estaba viendo alguna serie en su computadora, esperando la hora para alimentar a sus perros (comen un poco antes de las nueve).

Me preparé el desayuno de los domingos y la acompañé a desayunar -después de que alimentara a sus perros-; un poco antes de las diez de la mañana la conduje a su iglesia: está tratando de ir una vez al mes, y en esta ocasión quería ir para ver a los papás de su mejor amiga; quienes acaban de venir del Imperio del Norte y le traían una encomienda.

Después de dejar a Rb retorné a casa y me pasé un par de horas viendo videos de Youtube, y leyendo un par de capítulos del libro en Español (la segunda de las tres partes); estaba terminando un capítulo cuando Rb me llamó.

Habíamos quedado en reunirnos en el supermercado que se encuentra en el comercial a donde tiene acceso desde la calle en donde se encuentra la iglesia a la que asiste; el tránsito estaba un poco pesado pero llegué bastante rápido al lugar.

Entré al supermercado y dí tres o cuatro vueltas por todos los pasillos; estaba por molestarme porque me imaginé que se había entretenido socializando en su iglesia; pero mejor respiré y salí a ver si vendían sandwiches en una heladería del lugar.

No encontré lo que andaba buscando pero decidí esperar fuera del lugar; en efecto, un poco más tarde Rb venía caminando por el pasillo; sorprendiéndose al verme y comentándome que se había imaginado que me tardaría y había esperado un poco en la iglesia.

Entramos al supermercado y compramos un par de pollos enteros, para los almuerzos de la semana; también aprovechamos para comprar mojarras para los almuerzos de los viernes y un poco de filete de pescado para preparar, en el futuro, algunos tacos.

Retornamos a casa con las compras, metimos (metí) al congelador los pescados y dejamos los pollos en el exterior pues preveíamos prepararlos durante la tarde; entonces sacamos a caminar a los perros; después preparamos las alitas de pollo dominicales y un par de ensaladas.

Como había desayunado bastante temprano y estaba empeñado en continuar con el ayuno intermitente (ya sea 18/6 o 19/5) decidí no comer nada después del almuerzo; ademas terminamos de almorzar después de las dos de la tarde; por lo que nomás me metí a la cocina a lavar los trastes del almuerzo -mientras escuchaba el postcad de Herejes- y le preparé un té a Rb. 

El resto de la tarde nomás me estuve viendo algunos videos de Youtube; a las cinco de la tarde Rb me pidió que empezáramos a cocinar los almuerzos de la semana: partí varias legumbres y cocinamos una gran olla con los dos pollos que habíamos comprado por la mañana -la noche anterior habíamos preparado el refresco de rosa de Jamaica-.

Por alguna razón -ir a dejar y a traer a Rb de la iglesia- no había hecho lecciones de Duolingo por la mañana; al inicio de la noche completé algunas partidas de ajedrez pero no hice mucho más; también vimos otro capítulo de All her fault.

Y a ver cómo va eso... 

 

 

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