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viernes, 20 de junio de 2025

Aparatos... Gadgets... Gadgets...

De las primeras compras que realicé cuando empecé a trabajar como ingeniero fue una computadora -lo primero creo que fue una cama y una bicicleta-: era una pc usada con un monitor ámbar -o verde, no recuerdo-.

Y es que la tecnología ha sido -desde mi adolescencia- uno de mis temas favoritos; recuerdo que por mi época universitaria tenía una revista con modelos de varias computadoras personales; que, por ese tiempo, no podía adquirir.

Desde esa primera PC -que envié al final a la casa de mis papás, cuando empecé la convivencia con la madre de mis hijos- casi siempre he tenido una computadora: fue en una de estas que mis hijos aprendieron a leer -antes de que cumplieran tres años-.

Y es el regalo que les realicé a cada uno de mis hijos -en lugar de una fiesta, que es lo que se acostumbra por estos lados- cuando fueron cumpliendo los quince años: una computadora portátil, nueva, de paquete.

De hecho esas fueron las primeras tres computadoras que compré nuevas; el resto siempre lo iba adquiriendo de segunda mano; pero, en general, cumplieron su función: mantenerme al día con la tecnología -y un poco de programación-.

En mi segundo viaje al Imperio del Norte compré mi primer dispositivo móvil (inteligente): un compañero de trabajo -y buen amigo- estaba cambiando de celular, y me vendió -en cincuenta dólares, creo- su Palm Pilot.

Aunque no, eso fue en mi último viaje al Imperio; en el segundo había comprado -en ebay- una palm de las que aún usaban stylus para ingresar información en la pantalla; la del tercer viaje tenía un teclado qwerty físico.

Fue también en el tercer -y último- viaje que compré mi primera computadora portátil: en el lugar en el que realizaba trabajo voluntario adquirí un par de laptops reconstruidas; la primera fue una Dell que me costó menos de cien dólares, la segunda era una Lenovo. 

 Ambas eran bastante antiguas para la época -dos mil ocho-, la batería apenas aguantaba y el wifi costaba que funcionara; pero aún así podía conectarme a la red desde el exterior de algunas tiendas -o desde el interior de las bibliotecas-.

Las dos computadoras las traje conmigo en el último viaje de vuelta; y fue con una de ellas que hackeé el wifi del vecino en la habitación en la que viví casi una década; ambas me aguantaron más de cinco años luego de que las comprara.

La siguiente me la envió mi amigo científico a quien apoyé en algunas clínicas de Linux en el lugar en el que realizábamos trabajo voluntario; creo que le envié de vuelta sesenta o setenta dólares; las siguiente dos también me las envió el mismo amigo, aunque esas no me las cobró.

Esas dos las usé por el siguiente lustro; hasta que, la última me dejó a principios del presente año; y entonces compré la primera computadora nueva para mi uso personal: la Lenovo que utilizo ahora para cuestiones que no tienen que ver con mi trabajo -para eso uso la de la misma marca que me proporciona la empresa-.

En el caso de los celulares; después de perder el Huawei en el viaje a la Suiza Centroamericana, compré un Samsung; y ahorita voy por el tercer dispositivo de la misma marca; lo uso principalmente para hacer Duolingo y jugar ajedrez. 

También fue para avanzar en Duolingo que compré mi primera tablet -ayer compré la segunda-: el celular que usaba en ese tiempo tenía una pantalla pequeña y se me dificultaba responder los ejercicios escritos.

Pero la tablet no me funcionó para eso: la versión Go de Android que tenía instalada no funcionaba bien con la app de Duolingo; entonces la empecé a utilizar nomás para leer -y jugar algunas veces ajedrez-; y me acompañó hasta hace un par de semanas.

Uno días antes empezó a perder carga con mucha rapidez; la estuve utilizando conectada, pero un día ya no encendió; la dejé sobre una caja de plastico que tengo en mi estantería de la ropa; y un par de días más tarde la batería estaba completamente inflada.

Entonces utilicé el Kindle para continuar leyendo; lo que fue una molestia por dos razones: la primera es que el format que el lector que este modelo trae no lee archivos epub; nomás mobi; así que tuve que convertir los siete libros a medias a este último formato.

La otra cuestión fue que me empezó a cansar mucho la lectura: la pantalla del Kindle no brilla -se supone que es una ventaja porque es como si fuera papel-; pero, con mi estado actual de la visión -uso lentes de lectura desde hace casi diez años, utilizar una lámpara me cansaba demasiado rápido la vista.

Por eso, y porque ví hace un par de día que el Kindle estaba perdiendo muy rápido la carga -tiene como ocho o nueve años de edad- decidí adquirir una nueva tablet; la anterior la había comprado justo en los días de la pandemia y era marca EPIK -o sea, genérica-.

Estuve buscando en internet algunos modelos parecidos en tamaño; y ayer que fuimos a los supermercados en dirección norte le pedí a Rb que pasaramos a Office Depot: había visto una tablet de ocho pulgadas marca RCA.

Nos tocó que salir con paraguas y chumpas pues la lluvia ha estado cayendo de forma intermitente; y en esa tienda de Office Depot no tenían el modelo -era una oferta disponible únicamente en algunas tiendas-.

Después de Office Depot pasamos a Dollar City y luego al supermercado; había decidido pasar el sábado a la sucursal de la primer tienda, a adquirir la tablet; pero, justo saliendo del supermercado Rb me sugirió pasar a una tienda de electrodomésticos a mitad del camino

Y resultó que solo tenían en existencia dos tablets; la más barata, una Samsung A9, costaba ciento veinte dólares dólares (la de la otra tienda costaba un poco menos de cien); por lo que utilicé la tarjeta de Rb para comprarla.

Por la noche le instalé un lector que maneja los dos formatos de los libros que estoy usando (Epub y Mobi) y además, empecé a utilizar una aplicación online para mejorar mi nivel de ajedrez.

También, ayer empecé a ver una película de Studio Ghibli que no fue dirigida por Miyazaki: The Cat Returns; el día anterior -o dos días antes- había terminado de ver la primera de este director -de las exitosas, al menos-: Porco Rosso.

Y a ver cómo sigue eso... 

lunes, 20 de enero de 2025

Segunda vez, y el auto otra vez... Second time and the car again... Deuxieme Fois et la voiture encore...

Hace unas semanas estaba pensando que era una lástima que únicamente un año pude ayudar como traductor en jornádas médicas; aunque no, realmente fueron dos años; porque el hospital en el municipio aledaño fue en agosto del 2023; y aunque estuve dispuesto el año pasado a repetir ese, no se dió.

El año pasado asistí cinco o seis días a traducir en un departamento aledaño a la ciudad; luego fuí por un par de dias a un departamento bastante alejado -para recibir capacitación- y, unos meses después, volví al mismo departamento a acompañar a una iglesia del Imperio del Norte.

El primer evento no me gustó: me tocó que viajar todos los días al lugar; el segundo estuvo bien; y el tercero también; aunque, no recuerdo la razón, no pensaba repetir el tercer (en el primero, definitivamente, no quería continuar).

Total: en el hospital me reporté disponible para repetir pero no me convocaron; en el segundo grupo no respondí llamados (aunque luego intenté comunicarme) y del tercero ya no había tenido noticias; con lo que creí que hasta allí llegaba mi aventura como traductor.

Pero no, la semana pasada me contactaron del tercer grupo y quieren que acuda nuevamente al día de capacitación -y esperaría repetir al menos otra visita grupal- por lo que, al parecer, aún es algo en progreso.

 Y el auto nos volvió a fallar: después de algunas semanas de arranques irregulares ayer volvió a morirse; se encienden las luces del tablero pero no arranca; esperamos que el mecánico venga mañana y nos pueda dar un buen diagnóstico.

Y a ver cómo va eso...

 El lunes me levanté a meditar a las siete y media; me sentía un poco agotado -he tenido dificultades para conciliar el sueño y, debido a nuevos perros en la cuadra, creo que me he estado despertando de madrugada-, medité y salí a traer la computadora para entrar a la reunión de equipo.

Después de la reunión me quedé en la cama, revisando mis correos personales; a las nueve Rb entró a la habitación: no había podido dormir bien por estar pensando en el perro que le vinieron a ofrecer el otro día (estaba convencida que lo fueron a abandonar en cualquier lugar).

Un poco antes del mediodía ví un mensaje que mi único amigo de la infancia me había dejado en whatsapp: quería que lo llamara; lo que me preocupó un poco pues usualmente soy yo el que lo llama.

En el ínterin llamé a mi amigo que vivía en la ciudad del Imperio en donde viví hace casi veinte años -aunque ahora ya se cambió de estado (y costa)-; estuvimos conversando un rato sobre las últimas novedades: aún no ha encontrado trabajo en la localidad en la que vive desde finales del año pasado.

Al mediodía logré comunicarme con mi amigo de la infancia -al parecer habían cortado la electricidad en su colonia y por eso no había podido contestar mis llamadas anteriores-; lo que quería era un préstamo.

Le transferí sesenta dólares y pensé que debía empezar a elaborar en una buena excusa para no seguir prestando (regalando más bien) dinero; y creo que lo que haré es aducir problemas en mi cuenta bancaria; creo que me ha funcionado otros años.

Por la tarde terminé el libro de Análisis de Datos de la línea de tecnología; y al finalizar la tarde completamos la rutina de ejercicios de los días lunes; después de la ducha terminé de ver la película de El Señor de los Anillos.

También ví el siguiente capítulo (creo que el séptimo) de la primera temporada de EL día del chacal; y, como el final del libro de tecnología fue bastante anticlimático, empecé a leer el siguiente libro en la misma línea: Hackers and Painters.

El día empezaba a clarear el martes cuando un zancudo me despertó; o eso creo: escuché a un insecto revoloteando cerca de mi cabeza y ya no me pude volver a dormir; me levanté -era un poco antes de las siete-, salí al baño y jalé la computadora del trabajo a la cama; luego medité quince minutos.

Entré a la reunión a las ocho -aunque no aparecí en el listado de tareas pendientes del ciclo- y después me quedé en la cama haciendo Duolingo y revisando mis correos; además llegué a la pregunta 56 -de 330- del cuestionario de ITIL.

Aunque no me gusta tomar vacaciones ya acepté que debo descansar dos jueves al mes; por lo que llené el formulario -y la base de datos- para descansar dentro de un par de días -y dentro de dos semanas-; a las nueve y media salí, por fin, de la cama y me preparé el desayuno.

El resto del día estuvo bastante normal: un poco de trabajo, un poco de lectura, un poco de código e incluso he estado resolviendo el wordle del día; luego del horario laboral fuimos a los supermercados en dirección sur; nomás compramos bananos.

El miércoles me levanté a las siete y media y, después de meditar, retorné a la cama a hacer las lecciones matutinas de Duolingo; la noche anterior había (re) encontrado un curso básico de Python en la página de Cisco y este día completé un para de las cinco secciones.

Los primeros dos días de la semana almorzamos el pollo en crema (vegetal) que habíamos preparado el domingo; este día preparamos -nuestra versión de- espaguetis a la bolognesa.

Al final del día realizamos los ejercicios de la rutina de la mitad de la semana; por la noche dejé casi completado el reto semanal (sesenta lecciones con más del 90% de exactitud); también terminé de leer el libro de la línea de ficción: Memory Piece; puse en la lista de espera uno de los libros que encontré en GoodReads, pero aún no sé con cual continuar.

El jueves me levanté a meditar a las siete y media; después -como era mi primer día de vacaciones del año- retorné a la cama a hacer Duolingo; y a leer un poco del libro de francés (Granby au passé simple): habíamos quedado con Rb de salir hacia el mercado en el centro histórico después de que desayunara.

Un poco después de las nueve y cuarto salimos de casa; llegando a la garita vimos un busito que avanzaba por el boulevard; ya no tuvimos tiempo de abordarlo, por lo que nos tocó que esperar casi quince minutos al siguiente.

El tránsito no estaba muy pesado y el Transmetro tampoco estaba muy lleno; en la municipalidad tomamos la siguiente unidad de transporte y, en la tienda de especias del centro histórico, compramos algunos ingredientes: yo, cuatro bolsas de gelatina; Rb, canela y otra especie.

Después retornamos en Transmetro al mercado, en donde Rb adquirió las frutas que consume habitualmente durante la semana; después del mercado retornamos al centro comercial desde donde salen los busitos que vienen al boulevard; allí compramos una pequeña red de aguacates y luego abordamos el bus a casa.

Por la tarde -seguía de vacaciones- avancé en la lectura del libro de francés, en el curso de Python -es bastante básico- y también estuve practicando la solución de los cubos de Rubik de 3x3x3 y 4x4x4.

Al final de la tarde fuimos a los supermercados en dirección sur; yo tenía que comprar aún algunos ingredientes para el desayuno del domingo (invité a mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad) y algunos elementos de limpieza que me encargó mi hija mayor.

En el camino de regreso pasamos a la panadería en la que usualmente me proveo de pan para los desayunos del fin de semana; por la noche estuve jugando varias partidas de ajedrez: decidí bajar de nivel el programa -de siete a cuatro- para tratar de mejorar un poco mi estrategia.

Este día recibí un mensaje de un número que no tenía registrado en whatsapp; tampoco estaba en mi teléfono anterior (aún sobrevive); pero sí lo encontré en mi correo de Microsoft: era del BA con el que trabajé hace algunos años y a quien quise regalar un libro de PM el año pasado.

Ya lleva más de un año buscando empleo y me contactó para inquirir si sabía de alguna oportunidad dentro de la empresa en la que continúo; le indiqué que averiguaría con mi supervisora; aprovechando el momento le escribí al costarricense con quien él trabajaba en la época en la que coincidimos laboralmente.

Esta persona se había pasado a trabajar -según él- a Alphabet -realmente a una tercerizadora de servicios de Argentina- y, como en su perfil de LinkedIn aún no había cambiado su información, lo contacté por whatsapp para ver si aún andaba por allí.

Me respondió -bien tarde- comentándome que ahora trabajaba con la filial local de una oficina que le provee servicios a la empresa en la que trabajo -trabajé muy de cerca con ellos hace unos tres o cuatro años y supe de varios ex compañeros que se habían mudado hacia allí-.

De hecho me indicó que andaban buscando una persona para cubrir una función similar a la mía y me preguntó si quería pasarme (“me pagan mucho mejor que allí”, fue su comentario); le señalé que no tenía planes de cambiarme (ya más de diez años por acá) pero que, cuando me despidieran, eran mi primera opción; estuvimos conversando casi hasta media noche.

El viernes retorné a trabajar; me levanté a las siete y media, después entré a la reunión diaria; pero aún no se ve nada claro con las asignaciones de nuestro equipo; de hecho sigue la misma mecánica: nomás participa el equipo principal en la actualización diaria.

A media mañana recibí una llamada que me puso contento: era de la organización con la que fui a traducir el año pasado -a uno de los departamentos más peligrosos del país- y querían saber si quería continuar este año.

Por supuesto que acepté de inmediato; y quedaron de enviarme la información para repetir el día de capacitación al que asistí en el mismo mes del año anterior; le comenté a Rb sobre mis planes (no recordaba el drama que habíamos tenido el año pasado por el mismo evento) y no se mostró muy sorprendida.

Por la tarde continué avanzando en el curso de Python básico, practicando con los cubos de Rubik y jugando algunas partidas de ajedrez -aún en el nivel 4 de 10-; para finalizar la semana realizamos los ejercicios de la rutina de los viernes; después ví una parte de la película Chacal (con Richard Gere y Bruce Willis).

También terminé de leer el libro de la línea de español: de la autora coreana y cuyo protagonista padece de alexitimia (spoiler alert: al final del libro ya no sufre del padecimiento y el arco es más o menos el mismo de Harry Potter -o Jesus-).

Sopesé con qué libro continuar en esa línea; la mayor parte de lo que leo lo encuentro en las referencias de GOodReads pero, por ser un sitio anglo, no he visto mucho de libros en español; al final me decidí por un libro de Dolores Redondo (creo que sería el séptimo u octavo de la misma autora).

También encontré un libro en francés que agregué a la lista de esa línea: Les Yeux de Mona; primero lo ví en español (los ojos de MOna), pero al ver el nombre de su autor y confirmar que es francés, decidí aprovechar el hecho: me ha costado encontrar libros en ese idioma.

El sábado me levanté a meditar a las siete y media y luego retorné a la cama a hacer mis lecciones matutinas de Duolingo; habíamos quedado con Rb de ir a los supermercados en dirección sur después de que desayunara por lo que me levanté a preparar mi desayuno.

En el mercado más lejano Rb compró unas mollejas y en el que queda a medio camino compramos un poco de bananos; nos tardamos menos de una hora en el recorrido por lo que cuando regresamos me puse a leer un poco antes de preparar las ensaladas que pensaba llevar por la tarde para almorzar con mi hijo.

A las once y media empecé a preparar las ensaladas: zanahoria rallada, aguacate y manzana verde en trozos y lechuga picada; y preparé dos porciones de treinta y cinco gramos de aderezo ranch; metí eso, junto con dos coquitas y una bolsa de snacks en la mochila hielera de Rb.

Metí mi Ideapad en mi mochila regular y puse ambas mochilas -junto con la bolsa de mandarinas y los recipientes de desinfectantes y limpiavidrios- en el lado del copiloto del auto; afortunadamente no había mucho tránsito por lo que me llevé un poco más de media hora en el trayecto.

Pero, al bajarme del auto me dí cuenta que la llanta trasera del lado del piloto estaba completamente desinflada: debía repararla antes de volver a casa; le comenté a mi hijo lo que me había pasado pero le indiqué que vería la solución luego de retornar del parque temático al que hemos estado acudiendo cada mes.

Caminamos el par de kilómetros que nos separan del parque temático -mi hijo me ayudó con la mochila regular, mientras yo llevaba la hielera- y en el camino pasamos a un cajero puse me había quedado sin efectivo.

En el parque nos dirigimos directamente a la tienda en donde venden comida rápida y compramos un par de hamburguesas con queso (cuatro dólares); luego buscamos un lugar para almorzar, lastimosamente el lugar más amplio con mesas estaba -otra vez- ocupado por alguna empresa.

Afortunadamente la banca bajo los árboles, en donde hemos comido en otras ocasiones, estaba vacía; limpié el área con las toallitas con lejía que cargo en la mochila y procedimos con el almuerzo; luego armamos un par de veces los cubos de 3x3x3, 4x4x4 y 5x5x5.

Después invité a mi hijo a que nos subieramos en la rueda de Chicago más grande del lugar; había un fila un poco extensa pero no tardamos tanto en ocupar una de las canastillas del juego mecánico.

Después de bajar de la rueda de Chicago retornamos al departamento de mis hijos; en el camino pasamos a comprar un par de zepelines (uno para el café de la tarde y el otro para el desayuno del día siguiente).

Cuando entramos al edificio le pedí a mi hijo que me acompañara a quitar la llanta del auto que necesitaba llevar al pinchazo (encontré uno a mitad del camino entre el apartamento y el parque: cerraban a las cinco de la tarde); había planeado llevar la llanta cargándola en el hombro.

Pero luego decidí poner la llanta de emergencia y conducir el auto hasta el pinchazo; lo raro es que la llanta de emergencia -es una donita- tambien estaba baja; por lo que ni apreté mucho los tornillos y le pedí a mi hijo que se subiera y me acompañara.

Cuando desinstalé la llanta me dí cuenta que tenía un tornillo incrustado; y efectivamente, el señor en el pinchazo utilizó un alicate para extraerlo y luego -usando una herramienta que parece aguja capotera- le colocó un tarugo; aproveché para que la reinstalara (tres dólares); luego conduje el auto de vuelta al edificio donde viven mis hijos.

Al entrar al departamento y poner agua a calentar me percaté que ya no cargaba paquetes de café instantáneo (el último lo había utilizado el mes anterior en la casa de mi amigo voluntario) por lo que tomamos un par de paquetes de té de mi hija mayor y con eso preparamos un par de tazas de té.

Le habíamos escrito ambos a mi hija mayor para ver si nos acompañaba con una bebida caliente y un trozo de zeppelin; y a ver una parte de la película animada FLow; pero ella no respondió a nuestros mensajes -no ha perdido la costumbre de dormir la mayor parte del día-.

Con mi hijo menor tomamos té de amaretto y zeppelin y vimos la mitad de FLow -está muy buena-; a las cinco y media me estaba despidiendo de mi hijo cuando mi hija mayor salió de su habitación; me despedí también de ella; luego retorné a mi casita.

Por la noche ví una parte de la película del Chacal que había empezado a ver la noche anterior e hice algunas lecciones de Duolingo; había tenido -lo brindan cada cierto tiempo- SuperDuolingo por tres días por lo que había acumulado bastante puntos en la liga semanal; pero llegó a su final el sábado por la noche.

El domingo me quería levantar a las siete de la mañana: había invitado a desayunar a mi amigo que vive al otro lado de la ciudad y me había confirmado que vendría a las nueve; planeaba meditar, hacer Duolingo, limpiar la mesa y, luego, ponerme a preparar el desayuno (usualmente esto último me toma como una hora).

Puse la alarma para las siete de la mañana y me dormí un poco después de medianoche; lo raro fue que Rb vino a hablarme de madrugada: un alacrán se había metido en su cama y la había picado -dos veces, en un brazo-; no creo haber respondido muy bien a su noticia pero intenté seguir durmiendo.

Me levanté a las siete, medité, hice las lecciones matutinas de Duolingo y luego limpié la mesa del comedor (metí mis dos computadoras a mi habitación y la de Rb al cuarto de la comida de los perros); después tomé una ducha y me metí a la cocina.

Rb se levantó un poco después y me comentó -nuevamente- lo del alacrán; continué preparando el desayuno: omelette de embutidos y champiñones, frijoles refritos, plátanos fritos y café.

Mi amigo vino un poco después de que completara el desayuno (a las nueve y un minuto) y nos pasamos el siguiente par de horas entre desayuno, conversación (con Rb, sobre sus viajes) y práctica del paso cinco de la solución del cubo de Rubik de 3x3x3; además le comenté lo de la dificultad reciente del auto para arrancar.

De hecho salimos a ver el estado del motor y arrancamos el auto un par de veces, sin ningún incidente; un poco después de las once mi amigo empacó la bocina USB, que le había regalado un poco más temprano, y nos despedimos.

Con Rb preparamos las alitas y ensalada de los domingos y almorzamos; después sacamos a caminar a los perros; habíamos quedado en ir a un supermercado que queda a -más o menos- tres kilómetros de distancia por lo que, después de lavar los trastos y preparar tés, nos dispusimos al viaje en auto.

Pero el auto no arrancó; lo que es una decepción; pero, por otra parte, me conformé que haya sido acá y no en algún lugar desde donde hubiéramos tenido que pagar una grúa para moverlo.

Entré a escribirle al mecánico y quedó en que viene el próximo martes por la tarde; luego nos dirigimos caminando a los supermercados en dirección norte: necesitábamos hígados de pollo para los almuerzos de la semana.

Pero en el supermercado en donde nos proveemos habitualmente no había lo que necesitábamos por lo que caminamos hasta el que habíamos previsto ir en automóvil; adquirimos un par de bandejas de hígados y un galón de lejía; luego retornamos a casa.

En total caminamos por casi un par de horas entre la ida y la venida del supermercado; después nos pusimos a preparar los almuerzos de la semana: yo exprimí un poco de ajo, rallé un par de zanahorias y corté un par de chiles pimientos en juliana -y corté en trozos las bandejas de hígados de pollo-.

Rb picó las mollejas del pollo y luego preparó una gran fuente de arroz, mezclándolo todo con los ingredientes que habíamos preparado anteriormente; para terminar la tarde le envié -por un servicio de transferencia de archivos- la película que empecé a ver ayer, al amigo que vino esta mañana.

Y a ver cómo sigue eso...

lunes, 13 de enero de 2025

Almendras y amígdalas… Amandes et amygdales… almonds and amygdala…

La primera vez que escuché -o leí, más bien- la expresión alexitímia me pareció un ideal: no experimentar emociones; o al menos eso fue lo que entendí cuando leí el libro de Goleman: Inteligencia Emocional.

O sea, para mí era muy atractiva la idea de no ser esclavo de mis emociones; creo que por esa época llevaba cuatro o cinco años de convivencia con la madre de mis hijos y estaba harto del drama: desde joven traté de no tener mucho drama -o que el drama fuera más o menos controlado- pero con la mamá de mis hijos la relación era bastante tórrida -y/o tóxica?-; pasábamos de pelearnos a intimar.

Entonces, razonaba, si no me dejaba llevar por la emociones -o si no las sentía- podría tener una vida más tranquila -sin los altibajos que conllevan la ira, la tristeza, entre otros-; por supuesto que era nomás una ilusión.

Porque al final, las emociones (creo) son las que nos hacen humanos, o al menos nos reviste de humanidad; y estar fuera de la ‘normalidad’ usualmente nos coloca una diana en la espalda.

Y eso es lo que le pasa al protagonista de Almendra -esta palabra en el griego antiguo se utilizó para nombrar a la amígdala-: por cuestiones fisiológicas (sus amígdalas en el cerebro no se desarrollaron adecuadamente) padece de alexitimía.

O sea, no puede sentir -y menos, expresar- emociones: si se quema aún así vuelve a acercar la mano al objeto caliente; no se ríe, ni puede racionalizar la tristeza de ver a su madre y abuela siendo asesinadas frente al mismo; el libro se compone de setenta y cinco capítulos y estuve sopesando si leerlo en dos o en tres partes (25 capítulos o 38); al final -lanzando una moneda al alire- me decidí a leerlo en dos partes.

Aún debo leer la segunda…

Y el orden normal no funcionó: aunque la noche anterior medité, leí e intenté dormirme; me fue imposible conciliar el sueño; estoy sospechando que la causa es demasiado almuerzo: la pizza que preparé el sábado -con trigo sarraceno- estuvo bastante grande (de hecho la dividí en tres partes en vez de dos).

Estuve dando vueltas en la cama hasta altas horas de la madrugada; incluso cerca de las tres estuve a punto de quedarme dormido pero un zancudo me interrumpió: traté de ignorarlo pero, finalmente, me levanté y utilicé la raqueta para eliminarlo.

Escuché cuando Rb se levantó a darle de comer a su perra mas anciana y oí los mensajes de la aspiradora robótica cuando la puso a cargar; en algún momento después -muy después- de las tres me dormí.

A las siete y media la alarma del celular sonó y me levanté a meditar; luego retorné a la cama a esperar la primera reunión de equipo de la semana: la mayor parte del equipo retornaba de vacaciones de este día por lo que estaba a la expectativa.

La reunión estuvo tranquila: al parecer se acerca un gran deployment y las tareas que está realizando mi equipo han quedado en segundo plano; volví a almorzar lo de los dos días anteriores: Super Pizza de trigo Sarraceno.

Al final del día laboral hicimos con Rb los ejercicios de la rutina del día lunes y por la noche hice algunas lecciones de DUolingo; empecé mal la semana en esta área pues el día anterior había -por error- utilizado los treinta minutos de puntos dobles y el lunes me olvidé en todo el día de hacer lecciones.

Afortunadamente pude dormir sin ningún sobresalto; me levanté a meditar a las siete pues la directora del grupo de voluntariado al que me anoté la semana anterio había quedado de venir alrededor de las ocho de la mañana.

Había ordenado un calendario/planificador anual de la fundación (seis dólares) y me había enviado un mensaje un par de días antes comentándome que -por estar el colegio de su hija en el sector- vendría personalmente a entregármelo.

Medité quince minutos, luego hice un poco de Duolingo y luego me di una ducha; después salí a desayunar al comedor; al final la señora vino alrededor de media mañana y en lugar de un calendario me trajo dos.

Almorzamos una parte del asado que preparamos el domingo y luego sacamos a caminar a los perros; al final de la tarde fuimos a los supermercados en dirección sur; en el más alejado compré un frasco de café instantáneo de los más baratos.

En el siguiente supermercado -el que queda a medio camino- compré otro frasco de café instantáneo -de una marca no tan popular que maneja Nestlé- y adquirimos bananos y lechuga -además, pasamos a la veterinaria pues Rb necesitaba cierta medicina para sus perros-; por la noche avancé un poco en el libro de inglés (Memory Piece) y en el reto semanal de Duolingo: completar setenta y cinco lecciones para recibir treinta minutos de puntos dobles.

El miércoles tenía la expectativa de dos reuniones: la primera era con mi supervisora; un par de días antes me había enviado la convocatoria para nuestras reuniones quincenales para ver la actualidad del trabajo.

La otra reunión la había convocado el compañero que menos bien me cae; los otros dos no tanto: uno es bien jovencito, muy inteligente e incluso me dió aventón para retornar del convivio del trabajo en Diciembre; el otro vive en la misma pequeña ciudad en la que nació -y creció- mi padre; e incluso lo invité a desayunar la última vez que fui a visitar a mi tío paterno más joven (me lleva como doce años o así).

Pero este compañero tiene la costumbre de quejarse y quejarse -sin proponer una solución- y no sé qué tan joven sea pero su personalidad no me agrada (otra: los tres se anotaron al evento de ciberseguridad del año pasado, él no hizo ninguna actividad).

La reunión con mi supervisora estuvo normal: afortunadamente nos llevamos bien y nomás nos pusimos al día de los últimos acontecimientos del ámbito laboral; la otra reunión estuvo más o menos como lo esperaba.

El compañerito se empezó a quejar de que había ‘descubierto’ algunas tareas que no se habían realizado bien; y que, al final del día, sentía que lo que estábamos realizando no tenía sentido; y blah, blah, blah; traté de mantenerme en silencio pero al final terminé sugiriendo que, antes de seguir haciendo alboroto por la situación actual, sería mejor exponer -nuevamente- la situación, pero brindar alguna propuesta o alternativa; igual creo que mis palabras cayeron al vacío.

El jueves me levanté a las siete y media, medité y luego entré a la reunión del equipo; la cual continuó con la tendencia: cero interacciones con mi equipo; después salí a desayunar pues Rb tenía que ir a su visita semanal al mercado en el centro histórico; almorzamos lo mismo que -casi- toda la semana: pollo asado y (yo) embutidos; después de sacar a caminar a los perros estuve viendo un poco de un curso de Python en Kaggle.

Al terminar la jornada laboral nos dirigimos a los supermercados en dirección norte: Rb quería revisar el tamaño de los moldes de aluminio que utilizó en la jornada de horneo de Navidad; pero ya no había de esos modelos; nomás compró un par de bolsas de sal en el lugar.

Luego, en el supermercado, compramos un poco de bananos y yo adquirí un ingrediente que no había comprado en varios meses: queso con tocino para las galletas de mi cena; en el camino pasamos a la panadería y compré pan para los desayunos del fin de semana; por la noche estuve viendo un capítulo de El día de Chacal: la clásica historia de la Guerra fría sobre un francotirador por contrato, entrenado por el mismo ejército británico.

El viernes me costó levantarme; he continuado dificultad a la hora de conciliar el sueño; medité y luego retorné a la cama para entrar a la reunión de la mañana; la cual estuvo igual que toda la semana; después me quedé dormitando un rato en la cama; a media mañana me levanté a preparar el desayuno de los fines de semana: Rb me había obsequiado el día anterior una caja con ocho donas.

En la mañana continué -y concluí- el curso de Python en Kaggle -era super básico- y empecé a contemplar la posibilidad de obtener la certificación básica de CCNA: bajé un par de preguntas de exámenes y las formateé para usarlas con mi aplicación de React.

A media mañana pagué la factura de Internet -es la mitad del dinero que le transfiero mensualmente a Rb por permitirme vivir en su casa- y aproveché para pagar la factura de Internet del apartamento de mis hijos -y agregué el monto al balance-.

En la tarde, al final de la jornada laboral, realizamos los ejercicios de la rutina de los viernes; en la noche cambié el libro de la línea de español; el día anterior había empezado a leer El pequeño libro de la buena suerte, pero se me hizo muy intrascendente.

Así que, viendo opciones, empecé un libro que había visto hace algunos años -no recuerdo si en una biblioteca o en una feria del libro-: Almendra; es de una autora coreana -como la premio nobel de literatura del año pasado- y me gustó tanto que decidí leerlo nomás en dos partes.

También me costó -creo que por el libro- conciliar el sueño; llegué hasta casi media madrugada sin poder pegar las pestaña; al final me levanté a correr la cortina -lo que casi nunca hago- de la habitación, para reducir la cantidad de luz proyectada.

El sábado me levanté a meditar a las siete y media -a pesar del desvelo- y luego -como teníamos que salir más tarde hacia el supermercado en el que compramos artículos a granel- retorné a la cama a hacer mis lecciones matutinas de Duolingo.

Después de preparar el desayuno -y desayunar- nos dirigimos con Rb al supermercado; yo quería ver algunos artículos de limpieza que mis hijos me habían encargado; pero no encontré buenas opciones; Rb compró un saco de comida para uno de sus perros y varias de sus bolsas de semillas -yo compré la arroba habitual de avena-.

También compré un recipiente con mini cupcakes ya que debía ir al día siguiente a visitar a mi amigo que vive en la colonia en la que residí por más de una década -y en la que mis hijos crecieron-; por la tarde inicié otro curso -ahora en Machine Learning- en Kaggle.

Por la tarde ví dos capítulos de la serie El día del chacal; además, empecé a sopesar la idea de certificarme en ITIL Foundations en vez de CCNA; por lo que bajé un par de libros del tema y preparé trescientas treinta preguntas para utilizar con mi app de React.

En la noche ví un poco de la película -la había empezado el día anterior- La guerra de los Rohirrim -una caricatura japonesa con una precuela del Señor de los Anillos-; también concluí el ciclo de How Google Works y continué con Granby au passe simple.

El domingo me levanté a las siete y media; medité y retorné a la cama a hacer DUolingo; me sentía bastante agotado pues he continuado con dificultades para dormir -lo que, realmente, no es nada nuevo en mi vida-.

Como sabía que teníamos que salir hacia los supermercados en dirección sur con Rb puse la alarma para las nueve menos diez y continué dormitando; al final me levanté a las nueve, me vestí y salí a saludar a Rb.

Quien estaba bastante decaída y me comentó que no había podido dormir mucho: el día anterior una vecina vino a comentarle que se iba a mudar y no podía llevarse a su perro: quería ver si Rb podía adoptarlo; ella se negó pero la deprimió no poder hacerlo -y pensar que el perro sería pronto echado a la calle-.

Como Rb aún no había desayunado me metí a su cama y continué dormitando otra hora; un poco después de las diez me indicó que estaba lista y nos dirigimos al supermercado más cercano en direcciń sur.

Rb compró un poco de pollo y lechuga y luego retornamos a casa; yo no había desayunado y aún estaba dudando si hacerlo -o como: lo normal (avena y banano) o fin de semana (frijol, huevo, café y pan)-; al final desayuné lo segundo.

Después salimos a cosechar el café maduro de las plantas del frente de la casa; varias matas estaban bastante cargadas de fruto rojo por lo que puse un video de ACT en mi nueva computadora y usé los audífonos bluetooth por casi una hora, mientras -subido a la escalera- dejaba a las plantas sin café cerezo.

Después del almuerzo regular de los domingos (alitas con consomé y ensalada) sacamos a caminar a los perros y un poco más tarde -a las tres- me dirigí a la casa del voluntario que vive en la colonia donde crecieron mis hijos.

Era nuestro primer café del año y yo llevaba unos cuantos mini cupcakes y un par de las donitas que Rb me obsequió un par de días antes; la reunión estuvo normal: un par de horas tomando café y -al final- repasando los dos primeros pasos de la solución del cubo de Rubik de 3x3x3.

A las cinco y media me despedí de mi amigo y retorné a casita; por la noche estuve a punto de bajar de la liga -más de tres años de permanencia- más alta de Duolingo: tres o cuatro personas hicieron más de tres mil puntos ese día; al final me tocó que utilizar la media hora de puntos dobles.

Y quedé en el último lugar -pero al menos, permanecí en la misma liga-: el lugar dieciséis; por la noche ví el sexto capítulo de la primera temporada de El día del chacal y otro poco de la película animada de la serie del Señor de los Anillos.

Y a ver cómo sigue eso...

lunes, 6 de enero de 2025

Dificultades con el sueño, otra vez... Problems sleeping, again... Problèmes de sommeil, encore...

Me sucede de vez en cuando -desde mi infancia-: por más que intento conciliar el sueño paso horas en la cama nomás dando vueltas; muchas veces pensando en el pasado o preocupándome por el futuro, pero a veces -como anoche- sin ninguna razón en particular, nomás no puedo dormir.

Algo que he notado en los últimos años es que mi sistema digestivo ya no es tan benévolo como en el pasado: cuando ingiero alguna comida muy diferente -o como una cantidad un poco más elevada de lo normal- el estómago no me permite tranquilizarme lo suficiente para dormir.

Se supone que conforme acumulamos mas años la necesidad de dormir disminuye; o algo parecido a eso he leído en algún artículo; pero creo que eso se refiere a las últimas décadas de la vida humana; no creo aún haber llegado a ese punto.

Pero esta semana estuvo bastante difícil en esa área.

Y a ver cómo sigue eso... 

El lunes me había propuesto escribirle a la analista a la que había contactado -sin éxito- el viernes anterior: nuestro PM había pedido a nuestra área apoyo en ciertas tareas y nomás un compañero y yo hemos estado activos esta semana.

Pero no lo hice: me levanté a las siete y media, medité, verifiqué que no había reunión diaria y retorné a la cama; en donde estuve dormitando hasta pasadas las nueve; luego me levanté, aunque no desayuné inmediatamente.

El día anterior -por la cena del sábado- no había desayunado y había estado contemplando volver a la rutina de ayuno intermitente; al mediodía almorzamos un par de piezas de pollo reservadas de la semana pasada; por la tarde estuve leyendo un poco y, al final de la tarde, realizamos la rutina de ejercicios de los lunes; en la noche ví varios capítulos de la serie de Apple Invasion.

La semana anterior había quedado, con mi amigo asiático con algunos rasgos de autista, de llegar a su casa a las cinco y media pues el camión de mudanzas contratado llegaría a las seis; me levanté a las cinco, medité quince minutos y me dirigí a la colonia en la que viví más de una década -y en la que crecieron mis chicos-; no había nada de tránsito por lo que -a pesar de conducir despacio- llegué bastante rápido a su casa.

Me estacioné en la calle y bajé del automóvil; iba a llamarlo pero no tengo su número guardado dentro de mis contactos por lo que entré a Whatsapp; y ví un mensaje que me había enviado a las dos y media de la madrugada: ya no requería mi ayuda.

Dudé si llamarlo (aún eran las cinco y media de la mañana) pero decidí mejor retornar a mi casita; tenía esperanzas de dormir un poco antes de que empezara mi jornada laboral -las ocho-; regresé antes de las seis y me metí a la cama; pero no pude dormirme; manejar me había despertado completamente (afortunadamente, por otra parte); por lo que nomás estuve en cama; un poco después de las siete Rb llegó a la cama -había tenido un sueño raro- y estuvimos en cama hasta después de las ocho.

La mañana estuvo bastante tranquila; desayuné a media mañana y estuve terminando el libro de francés; almorzamos la mitad de los rollos de pollo que horneamos la semana anterior y luego sacamos a caminar a los perros.

Luego me dirigí al departamento de mis hijos; llevaba tres coquitas y dos bolsas gigantes de snacks (como la semana anterior) y una bolsa de tostadas; el tránsito estuvo bastante tranquilo por lo que llegué antes de las dos y media a su lugar.

Mi hija estaba en la sala y mi hijo salió un poco más tarde, refaccionamos los snacks y, como llevaba mi computadora, nos pusimos a ver algunos videos de Youtube (como la semana anterior) y después preparé café instantáneo y compartimos las tostadas; un poco después de las cuatro y media me despedí de mis chicos -mi hija iniciaba su turno laboral media hora más tarde- y retorné a mi casita; el tránsito estaba -nuevamente- bastante ligero.

Por la noche continué viendo más capítulos de la segunda temporada de Invasion; y me esperé hasta la media noche acompañando a Rb para darle soporte con sus perros -por la bulla de los fuegos artificiales de la medianoche-; a las doce y cuarto me retiré a mi habitación; meditando por primera vez en el nuevo año antes de dormirme.

El miércoles -por ser el primer día del año- era asueto laboral; me levanté a meditar a las siete y media y luego retorné a la cama; puse la alarma para las nueve menos diez y, cuando sonó, me levanté a desayunar.

Por la mañana estuve realizando los pagos del primer día del mes (la mitad de la cantidad con la que apoyo a Rb en las facturas mensuales, el mantenimiento del apartamento y las cuotas que dos bancos me cobran por el manejo de cuenta); aunque la operación no estuvo tan fácil pues el sistema estaba bastante lento.

Al mediodía almorzamos la otra mitad del pollo que horneamos la semana pasada y, después de sacar a caminar a los perros, ví los últimos tres capítulos de la segunda temporada de Invasion -creo que pronto publicarán la tercera-.

Al final de la tarde hicimos la rutina de ejercicios de los miércoles y, después del baño, vimos la mitad de No Country for Old Men (creí que Rb ya la había visto, pero no); también avancé un poco en el reto semanal de Duolingo.

El jueves era el primer día laboral del año; el día anterior el PM había enviado una convocatoria para empezar las reuniones diarias del equipo; me levanté a las siete y media, medité y entré a la reunión; en la que el Dev más antiguo -no sé si sea manager- revisó la disponibilidad de los miembros del equipo -en el Imperio del Norte tienen un asueto en la tercera semana-; y revisó algunos de los pendientes del mes anterior.

El resto del día estuvo tranquilo; avancé en el libro de no ficción (How Google Works) y en el libro de francés; Rb me había pedido que fueramos a los supermercados en dirección norte a las cuatro pues tenía que enviar unas medicinas a su sobrina que vive en el departamento en el cual nació.

Aprovechando el viaje pasamos a Office Depot a ver computadoras: mi portátil con Fedora 39 ya no me estaba dejando entrar a VSCode desde principios de la semana; había estado viendo portátiles en la página de la tienda en la que usualmente me proveo de implementos de tecnología pero no había visto algo que me llamara la atención.

En Office Depot encontré una de la misma marca que he estado usando durante más de diez años -tanto en el trabajo como en lo personal- y estaba en cuatrocientos dólares; la adquiría y por un centavo extra me obsequiaron una bocina USB.

Y luego nos pegamos una buena empapada: había estado nublado todo el día pero no creí que fuera a llover; pero cuando salimos de Office Depot había una llovizna un poco fuerte; de todos modos decidimos caminar (la portátil estaba dentro de dos bolsas plásticas y la bocina en otra).

Cuando llegamos a casa encendí la laptop y todo estaba normal (aunque los ventiladores estaban bastante ruidosos); la caja de la bocina -por no tener bolsa doble- sí estaba mojada en algunos puntos; lo bueno es que está completamente rodeada de otra bolsa plástica.

En todo caso, decidí regalarsela a mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad; empecé a revisar la portátil y me gustó en general; tiene un disco de medio tera y Windows 11; decidí reducir el tamaño de la instalación e instalar también ubuntu 24.04 LTS.

El viernes me levanté a meditar a las siete y media; al igual que el día anterior entré luego a la reunión diaria y -otra vez, como el día anterior- no me volví a dormir luego de la misma: me quedé en la mesa del comedor.

Luego de la reunión me dirigí a la panadería más cercana -el día anterior todas las panaderías estaban cerradas y en la tienda tampoco había pan- a adquirir pan para el desayuno; luego del mismo empecé con la instalación de Ubuntu.

Todo marchó bien y la portátil tiene un inicio en el que se puede seleccionar con qué sistema operativo arrancar: Ubuntu -por defecto- y Windows 11; al mediodía almorzamos pescado y por la tarde -luego de trabajar varias sesiones con Ubuntu- arranqué la máquina con Windows 11.

Y todo se estropeó: al reiniciar la computadora se quedaba en un loop antes de entrar al menú de selección de sistema; finalmente logré que arrancara Windows pero ya no me fue posible arrancar Ubuntu.

Me pasé el resto de la tarde intentando reparar el menú inicial; incluso consideré formatear el disco y dejar nomás Ubuntu (creo que eventualmente lo haré); a las cuatro y media realizamos la rutina de ejercicios de los viernes.

Por la noche continué reparando el acceso al menú de selección de sistemas operativos; desde la tarde estuve trabajando con Claude, ChatGPT y Phind; incluso llegué -en dos ocasiones- al límite de preguntas en el primero; afortunadamente tenía suficiente información para completar la tarea con el segundo; por la noche pude restaurar el acceso.

El sábado me levanté a meditar a las siete y media y luego retorné a la cama; me parece que en la madrugada el perro del vecino de la tercera casa se puso a ladrar por lo que me despertó e interrumpió mi ciclo de sueño.

Me levanté un poco después de las nueve y preparé mi desayuno; luego retorné a la cama a hacer las lecciones matutinas de Duolingo; no había terminado cuando Rb me pidió que la ayudara a preparar las masas de la pizza del almuerzo.

Luego se molestó porque yo insistí en no utilizar algunos ingredientes que me estaba ofreciendo; la verdad fue bastante confuso: utilicé una receta que me proporcionó ChatGPT; al final utilicé un par de ingredientes de los rechazados y puse a leudar la mezcla.

Luego Rb tomó las bolsas del mercado y salió; como habíamos quedado de ir a los mercados en dirección sur, también salí; pero la situación fue muy confusa: se puso a caminar a un paso bastante firme -a varios metros de distancia- y cuando estábamos más o menos a mitad del camino se detuvo y me reclamó por mi falta de comprensión (o por no aceptar mis errores, algo así).

Continuó en la misma distancia hasta llegar al supermercado más alejado; allí adquirió algunos productos  y yo compré embutidos para el asado a preparar el siguiente día y un poco de jamón para la pizza del día.

Después de pagar en caja metí las compras frías en la mochila y las frutas de Rb en otra bolsa; cargué con la mochila y dejé la bolsa; el camino hacia el otro supermercado lo recorrimos de la forma normal; en el otro supermercado Rb compró pollo para el asado y yo compré queso para la pizza; cuando retornamos me retiré a mi habitación a continuar configurando Ubuntu: me percaté que la computadora no emitía ningún sonido.

Al mediodía preparamos las pizzas y, luego de consumir la mitad, sacamos a caminar a los perros; después continué configurando Ubuntu; fue bastante trabajoso y tanto ChatGpt como Claude, Gemini, Phind e incluso Mistral; se quedaron cortos.

Al final encontré la solución en uno de los foros de Ubuntu -o de Reddit, no recuerdo muy bien- pero era una configuración del arranque del sistema: la tarjeta de sonido no estaba siendo reconocida por la falta de una instrucción al inicio; resuelto el problema del sonido salí a lavar los trastes -era una montaña, realmente- y preparé té de manzanilla para Rb y café -estoy por terminar la bolsa que me regaló mi amigo- para mí.

Después del café -con galletas- de la tarde terminé de aplicar la solución que había encontrado para el sonido y, un poco después de las seis, Rb me pidió que la condujera a una gran ferretería en la que había encontrado un cortador de pastillas: su hermana le regaló una dotación para un año de la medicina que debe tomar diariamente pero la dosis es el doble.

Acudimos a este supermercado -el tráfico estaba bastante pesado- y preguntamos por carbón -al día siguiente prepararíamos un asado y no habíamos comprado aún- pero las bolsas estaban bastante caras; compramos el cortador de pastillas y nos dirigimos al supermercado más cercano en dirección sur.

Pero allí tampoco había carbón; nos dirigimos al siguiente supermercado y, al parecer, muchas personas hicieron asados al final del año: tampoco había en el lugar; afortunadamente vimos en una tienda cuando iniciábamos el viaje de regreso; Rb se bajó a comprar un par de bolsas y luego retornamos a casa.

El domingo también me levanté mal: por alguna razón me desperté como a las cuatro de la madrugada y no pude volver a dormirme; es más, creo que me desperté antes de las tres pues recuerdo que escuché gemir a la perra más anciana de Rb (lo hace a veces, en previsión del pollo que le dan a las tres).

Total que entre las tres y las cuatro -y varias veces antes de las siete y media- escuché ladrar al perro (o los perros) de la tercera casa y, aunque traté repetidamente de conciliar el sueño, no pude seguir durmiendo.

Me levanté a las siete a meditar y luego retorné a la cama; traté de hacer Duolingo pero nomás presioné por error el icono para completar treinta minutos con doble punteo (la recompensa del reto semanal); apenas hice algunas lecciones.

Rb entró a la habitación -o yo salí un momento- y le comenté lo de la madrugada; ni siquiera desayuné: seguí en la cama hasta media mañana; finalmente me levanté antes de las once pues habíamos quedado de empezar el fuego para el asado a esa hora.

Preparé la fogata: teníamos media bolsa de meses anteriores y dos bolsas pequeñas adquiridas el día anterior; además puse a cocer en agua las doce papas que habíamos adquirido en la tienda la semana anterior.

Luego nos pasamos las siguientes dos horas cocinando pollo asado, papas asadas y los embutidos que había adquirido el día anterior en el supermercado; después almorzamos: pizza del día anterior con ensalada.

Por la tarde estuve revisando un componente de React que había escrito el año pasado: quiero ser más constante en la escritura de código, aprovechando la nueva computadora; me pasé un buen rato revisando por qué los meses no se estaban totalizando de forma correcta en una gráfica.

Fue un proceso bastante trabajoso: bajé el código de GitHub; instalé las herramientas necesarias en mi Ideapad y estuve revisando el código durante un buen tiempo; finalmente encontré -con la ayuda de ChatGPT y Claude- la causa del error, lo corregí y actualicé el código en línea.

Por la noche hice un poco de Duolingo y leí una buena parte de Don’t trust your gut; aunque fue más tarde que me dí cuenta que estaba leyendo la línea de No Ficción en lugar de la primera línea del ciclo: ficción (Memory Piece); casi terminé el primer libro y debo reiniciar el orden correcto.

Antes de retirarme a mi habitación le comenté a Rb que creía que la fuente de mis problemas de sueño de la madrugada había sido el orden en el que cambié mi rutina la noche anterior: meditar, leer, dormir en vez de leer, meditar, dormir.

Así que intenté volver al orden normal.

Y a ver cómo sigue eso...

domingo, 18 de junio de 2023

Una Lenovo menos... One less Lenovo... Une Lenovo de moins

He estado utilizando Lenovos desde hace nueve años: la primera computadora que me dieron en mi trabajo actual ya era de segunda y no le funcionaban algunas teclas; tenía que cargar un teclado externo y una base para que funcionara; a mis hijos les dí una portatil a cada uno cuando cumplieron quince años y las primeras dos fueron Tohsibas.

Tenía una fijación con las portátiles Toshiba, creo que porque eran los modelos que veía en unas revistas que hojeaba en mi época universitaria... pero cuando le tocó a mi hijo mayor ya no encontré de esa marca en la tienda de tecnología usual, por lo que también le compré una Lenovo.

Luego de tres o cuatro años en mi trabajo me dieron otra Lenovo, esta sí nueva de paquete: tenía windows siete y me sirvió muy bien durante cuatro o cinco años; hasta que ya no le funcionaban varias teclas y se trababa cuando abría demasiadas pestañas en Chrome.

Y la primera acción que tomó mi actual directora cuando me movieron bajo su organigrama fue conseguirme la Lenovo actual... que corre como la seda: los dieciseis gigabytes de ram me ha permitido un excelente funcionamiento en los últimos tres o cuatro proyectos.

Creo recordar que cuando retorné del Imperio del Norte también traje una Lenovo conmigo... no estoy seguro, creo que la otra era Dell; y ambas me sirvieron muy bien por cuatro o cinco años; luego K me envió una lenovo que aún anda por allí con una versión de Linux de hace seis o siete años.

Hace ocho años o así K me envió otro par de Lenovos; las tres computadoras provistas por K venían con la versión del momento de Linux pero cuando me envió las últimas dos también me envió otro par de discos con windows seven.

Esas dos últimas son las que he estado utilizando los últimos años para navegar, diseñar, escribir y últimamente dibujar en InDesign y en Autocad; a lo largo de los años tuve que cambiar ambos discos de Ubuntu por los de Windows pero a la segunda -que dejó de funcionarle el teclado hace mucho- le sustituí el disco por uno de estado sólido y le instalé Ubuntu 22.04.

Como la estaba utilizando para programar Python y Java le puse 8 GB de RAM y me ha aguantado incluso varias máquinas virtuales con alguna otra versión de Ubuntu, Windows Seven e incluso en alguna ocasión Windows 10.

En esta máquina practico actualmente InDesign y Autocad... la otra, aunque nomás tenía cuatro GB de RAM funcionaba muy bien con Windows seven y fue en la que trabajé la mayor parte de los libros que estuvimos escribiendo con Rb hace cuatro o cinco años... tenía una línea blanca vertical del lado derecho de la pantalla pero me servía.

Hasta hoy... luego de varias semanas de batallar con el botón de encendido hoy por la mañana finalmente dejó de funcoinar; incluso la desrmé -viendo un video de Youtube- le quité el teclado, lo limpié y la pude volver a encender momentáneamente -aproveché para sacar un par de libros y mis notas que mantengo usualmente abiertas en Notepad++-.

Pero luego murió... y estoy de luto; fue una buena máquina por más de ocho años y la voy a extrañar... ahora debo conseguir un cable para poder conectar el disco como externo para acceder a las películas y libros que aún tengo almacenados en sus diferentes carpetas.

Ya solo me queda la primera -no sé si encenderá luego de dos años de almacenamiento- y la que uso para dibujar... espero que el teclado le aguanté un poco más, porque la verdad no quiero adquirir -por el momento- más equipo... y por supuesto, la del trabajo; pero en esta -a diferencia de la anterior- he tenido cuidado de no instalar ningún programa personal.

Lo único que le he instalado -y eso fue la semana pasada- fue el JDK de Java y dos editores para escribir programas en ese lenguaje: Eclipse e IntelliJ IDEA: la semana pasada fue la segunda de las clases -de tres meses- de automatización utilizando Java, Maven y Selenium que nos está brindando una chica del subcontinente asiático.

Y esto último ha sido básicamente el trabajo las últimas dos semanas: tres horas de capacitación en días intermitentes y otra hora de capacitación de parte de nuestra supervisora; lo bueno es que he podido llenar las horas restantes de trabajo con InDesign, Autocad y Duolingo -y un poco de lectura- -y otro poco de ajedrez-.

No es la primera vez en nueve años que me ocurre algo similar; de hecho pasé por un período de separación activa durante casi seis meses hace casi cinco años; not my first rodeo this time; por lo que he tomado las cosas con calma; me parece que la mayoría de mis compañeros -que no tienen ni un año por acá y que trabajaban en su primer proyecto- sí están nerviosos... creo que tampoco ayudó la salida del analista más antiguo -y con más experiencia-.

En Duolingo voy cuesta arriba... de hecho ya acepté que no completaré los doscientos trofeos legendarios: apenas acabo de pasar de la mitad y han habido varios días que no he logrado completar ni siquiera un trofeo... una parte es por typos y otra es por los conceptos de gramática francesa... entonces, me lo estoy tomando con calma: hago media hora al levantarme -generalmente repetir la misma lección seis o siete veces- y una hora o así por la noche.

Y he decidido que pagaré cuatro meses Super Duolingo -serán como treinta dólares- y luego lo dejaré allí... al menos en Duolingo, luego tendré qué hago en la línea de idiomas: si seguir tomando cursos de otra parte -online o presencial- o iniciar le estudio de otro idioma: Koreano o Alemán.

Al menos en dibujo he estado más constante: completé la tarea que me dejó mi editora y en la clase del martes pasado -es cada dos semanas- revisamos mis trazos y le parecieron bastante aceptables; luego me asignó unos dibujos con un grado de dificultad mayor... en esos he estado trabajando esta semana, pero también me lo tomo con calma.

Creo que el martes fue la última clase de Autocad... la verdad ya ni asistí a -ni siquiera ví los videos de- las últimas dos clases... al menos la inscripción al curso me ayudó a: instalar Autocad 2017 en una máquina virtual; y a aprender por medio de tutoriales de Youtube; ya completé los planos de la casa del puerto -elevaciones de perfil, vistas de planta y proyecciones isométricas- y estoy practicando la adición de más detalles a los planos: balcones, puertas, y así; también esto trato de hacerlo por media hora al día.

El domingo pasado limpié mis tres computadoras -la que murió hoy, la del teclado externo y la del trabajo-, la computadora de Rb y la computadora de mi doctora... la verdad no fue ni tan difícil ni los resultados fueron tan notables: el teclado de la máquina de la doctora y el de mi máquina con Ubuntu siguieron igual: varias teclas sin funcionar; pero al menos el aspecto en general de todas mejoró.

Luego le apliqué el mismo procedimiento a la máquina de la doctora que el que había realizado con la primera: deshabilitación de procesos secundarios, deshabilitación de servicios no esenciales, revisión del rendimiento en general; lo malo es que en esta máquina no era nomás el rendimiento del disco el que afectaba sino el CPU y la RAM: de hecho la máquina -otra Lenovo- nomás tiene un slot para memoria RAM y cuenta con el mínimo: 2 GB.

La máquina corre Windows 10 con 2 GB de RAM por lo que su rendimiento deja mucho que desear; además tenía instalado un antivirus 'gratuito' que llenaba el task manager de procesos; al menos eso se lo pude desinstalar y el rendimiento mejoró un poco; con el teclado no quise meterme pues ya he tenido experiencias con este tipo de máquina: aunque se cambie el teclado al parecer el problema es realmente en la tarjeta.

Le escribí a mi doctora para contarle de los resultados y quedamos en que nos veríamos el sábado para la entrega de la segunda computadora; el lunes al retornar de nuestra visita al supermercado para la compra de bananos pasamos con Rb a una ferretería a comprar un machete pues el anterior -viejísimo y oxidadísimo- no había aparecido por varias semanas; compramos uno pequeño por 5 dólares y justo cuando estaba buscando una lima para afilarlo encontré el anterior.

El martes me comuniqué con mi primo para encargarle un banco de meditación -su papá es tallador y fue el que me confección el marco de mi título universitario-: estoy planeando agregar a mi rutina diaria la meditación y creo que el adquirir un banco me compromete a utilizarlo; le envié a mi primo un plano que encontré en un sitio de budismo y su papá me lo cotizó en doce dólares; le transferí el dinero y espero que él me lo traiga esta semana a la ciudad o -en caso contrario- ir a traerlo al departamento vecino la próxima semana.

Ese día también nos reunimos con la amiga de Rb que vive en Atlanta y a donde enviamos nuestras últimas compras en el Imperio del Norte: Rb ingredientes sin alérgenos para la preparación de sus recetas y yo un par de Reebok y unos audífonos con cancelación de ruido -cada artículo me salió casi en cincuenta dólares-.

Salí -luego de conversar con mi supervisora- una hora antes de mi trabajo y nos dirigimos a la casa de la familia de la amiga de Rb -vive cerca del McDonalds en donde acostumbro desayunar varias veces al mes-; y estuvimos en el lugar un par de horas entre conversación y entrega de los encargos; un poco después de las siete nos despedimos pues tenía que venir a recibir mi clase de dibujo artístico.

Pero justo a medio camino -no ví el mensaje hasta más tarde- la editora me envió un mensaje en whatsapp cambiándo la clase para el día siguiente; igual Rb tenía que venir a darle de comer a sus perros y yo creo que entré aún unos minutos a la última clase de Autocad -deplorable en general, la verdad-.

Los ejercicios semanales los hemos estado haciendo martes y jueves pero por la visita del primer día decidimos esta semana cambiarlos para miércoles y viernes; los del miércoles estuvieron pesaditos pues usamos por primera vez muñequeras y tobilleras de una libra.

El jueves luego del trabajo pasamos a la tienda de rebajas en donde adquirimos los anteojos secundarios pues no encontraba los últimos que había adquirido -su costo es de un poco más de un dolar- y aprovechando que andábamos afuera compré el pan para mis desayunos del viernes y sábado.

Los ejercicios del viernes estuvieron más pesados que los del miércoles pues en una gran parte de los mismos utilizamos una pesa de tres libras... sumado este peso a las muñequeras provocó una sudoración realmente excesiva... sin embargo le comenté a Rb que en dos o tres semanas el cuerpo se acostumbrará y le agregaremos -espero- otra libra a cada extremidad.

En lo laboral ha sido nomás transferencia de conocimiento, del subcontinente asiático hacia acá: la primera clase fue el miércoles y ese día instalé Java, dos herramientas adicionales (Maven y Gradle) y dos IDES (Eclipse e IntelliJ IDEA); además la ingeniera esta nos ha asignado tareas en cada clase, sencillas la verdad pero me he asegurado de completarlas y enviarlas.

El viernes por la mañana mi supervisora me habló por la mañana para contarme que se reiniciaba el trabajo -al menos temporalmente- en nuestro congelado proyecto: nos reunimos por la tarde y estuvimos trabajando en la reproducción de un error que debe ser reparado -y probado- y quedamos en empezar la planificación.

Lo que me pareció interesante es que a la reunión me convocó nomás a mí: o sea, somos seis o siete analistas y a pesar el de más antiguedad, mi conocimiento de código no es tan avanzado como el de dos o tres de los otros y mi experiencia en las funcionalidades tampoco es la mejor; creo que ayuda la buena disposición y el background que compartimos... al menos ya habrá un poco más de trabajo esta semana.

Ayer era el ensayo de la canción que se presentará en la clausura del último curso de lengua de señas -al cual había decidido no asistir- pero ya habíamos decidido con Rb que trabajaríamos en la remoción de hierbajos del patio delantero -por eso fue la compra del machete-; aún antes de la hora de la clase la maestra me contactó para pedirme que diera las palabras de despedida del evento pero le recordé que ese día tenía que trabajar -mi excusa-... y propusé a Rb y a otra compañera -doctora- que también tenía un nivel bastante alto de interpretación.

Ayer temprano hice Duolingo, InDesign y Autocad y la segunda parte de la mañan nos la pasamos limpiando el patio delantero -casi hora y media bajo el sol-; estaba un poco inquieto pues debía coordinar la entrega de la computadora a mi doctora y el almuerzo con mi hijo... pero mi hijo me escribió para que atrasaramos media hora nuestra reunión por lo que le escribí a la doctora y me dirigí al mall en el cual nos hemos reunido en las últimas ocasiones.

Tenía hora y media para llegar al lugar, entregar la computadora y dirigirme a la habitación de mi hijo; me hice casi una hora para llegar al lugar -el tráfico estaba super pesado- pero el viaje de vuelta estuvo aún más complicado... conduje más de media hora a vuelta de rueda; incluso llamé a mi hijo para avisarle que me atrasaría quince minutos... al final fueron nomás siete minutos pero refuerza mis razones para manejar lo menos posible en esta ciudad.

Llegué a las 13:37 a la habitación de mi hijo y nos dirijimos a almorzar a Subway -su eleccíón- en donde estuvimos casi una hora entre almuerzo y conversación; luego retornamos a su habitación y estuvimos trabajando en los ejercicios de ajedrez; aunque en esta ocasión apenas pudimos completar cuatro de los seis de la página que nos tocaba.

Además mi hijo me había dicho que tenía un compromiso después de las cuatro y media por lo que habíamos acordado que me retiraría a esa hora de su habitación; lo que también me vino bien pues había quedado con Rb que retornaría un poco antes de las cinco y media: una de sus amigas de twitter venía a visitarla por cuarta o quinta ocasión durante los últimos seis o siete años.

En la habitación de mi hijo preparamos té de menta y consumimos las galletas que acompañan a los menús de Subway... a las cuatro y media me despedí de él y retorné a mi casita; en donde estuve departiendo con Rb y su amiga por un par de horas -libros, trabajos, películas, y similares-; un poco antes de las ocho se despidió pues tenía que manejar hasta el otro extremo de la ciudad.

Hoy temprano iba a hacer mi lección de Duolingo en la máquina de costumbre pero ya no encendió... nomás logré desarmarla para sacar un poco de información y la dí ya por difunta; además me tocó activar el windows seven de la máquina virtual en donde tengo instalados InDesign y Autocad... y volver a activar Autocad... total que estuve en esos menesteres un par de horas; hasta que llevé a Rb a su iglesia.

Luego retorné a completar el tiempo de Duolingo y las tareas de dibujo artístico y técnico; al mediodía -de acuerdo a lo conversado- Rb me avisó cuando estaba ya en el supermercado al lado de su iglesia y fui por ella, aprovechando para comprar un poco de pan dulce pues había -de acuerdo a lo planeado- llamado ayer a mi tía favorita para avisarle que pasaría este día a visitarla.

La verdad es que los domingos por las tardes no me gusta quedarme solo en casa -Rb se va a media tarde a tomar clases de teología- pues nomás me pongo a ver series o películas o en algunos casos a leer pero usualmente me baja sueño y en alguna ocasión me he quedado dormido -lo cual odio hacerlo en el día pues descontrola completamente mi ciclo circadiano-.

Pero este día le avisaron a Rb que no iba a haber clases; pero yo ya había confirmado la visita en la casa de mi tía... en fin; un poco después de las tres me bañé y me dirigí a la casa de mi tía - en el camino pasé llenando el tanque del auto- a donde llegué un poco después de las cuatro; llevaba un paquete de pan dulce y acepté el café que me ofrecieron.

Aunque mis tíos estaban -como viven- solos -viven en el segundo nivel de la casa de mi primo- un poco después se nos unió este y luego llegó mi segunda prima favorita -quien tiene seis meses de haber enviudado- y su hijo mayor; total que estuvimos los seis tomando café y conversando y un poco antes de las seis -mi prima y su hijo ya se habían retirado- me despedí de mis tíos y retorné a mi casita.

Ya pasé de las tre cuartas partes de Autonomous y voy bastante avanzado con King Dork Approximately; además sobrepasé un cuarto de 2666 y creo que llevo dos terceras partes de Grokking Alghoritms; sigo avanzando con Bad thoughts y con mi último libro de Análisis Transaccional -debo empezar a buscar libros de meditación-.

Además esta semana empecé la lectura metódica de Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro; es interesante que además de mi editora también mi supervisora me comentó que era uno de sus libros de cabecera... apenas voy por los primeros capítulos pero estoy planeando leer cinco páginas cada dos días para realizar los ejercicios sugeridos...

Y a ver cómo va eso.  


martes, 20 de abril de 2021

¿Qué hacer cuándo no sabes qué hacer? -what to do when you don't know what to do?-

Es una pregunta tan común que se pueden encontrar -como de casi todo- miles de artículos en internet para buscar respuestas -About 5,370,000,000 results (0.70 seconds)-; casi tantas respuestas como habitantes en nuestro planeta; quizá es un indicador de que casi todos nos realizamos la misma pregunta a lo largo de la vida; quizá la única diferencia es el ritmo con el que vuelve a surgir la pregunta, o los temas sobre los cuales no sabemos qué hacer.

En mi caso ha sido una constante desde hace mucho tiempo; y me imagino que es una mezcla -como casi todo- de la genética y los factores externos que condicionaron el desarrollo de mi personalidad; y vuelve uno de los temas que Freud (supuestamente) identificaba como parte nuestro nivel de satisfacción vital; específicamente el laboral.

La afirmación de que mi vida laboral ha sido rara creo que se queda corta, pero en nuestra región -a menos que haya una combinación de factores sociales y suerte- es una constante para la mayor parte de la población; no es como que vivamos en un lugar donde los sueños se hacen realidad: un mínimo porcentaje de la población llega a la universidad y -salvo casos específicos- la realización laboral viene de la mano de explotación laboral o corrupción estatal.

Durante los dos últimos años de educación superior trabajé como profesor de computación pero sabía que era algo temporal; igual cuando terminé la carrera no tenía ni idea en qué podía trabajar un profesional de mi ramo -interesante, después de cinco años de estudio-; y mi primer experiencia profesional no fue nada satisfactoria: en una fábrica de repostería me hice cargo de varias líneas de producción; la única experiencia memorable fue un viaje de un par de meses a la capital colombiana para dar soporte a una línea de producción.

Esa fue mi -corta- experiencia en producción (uno de los sueños de los que estudian mi carrera); luego estuve otro par de meses en una instalación similar en la ciudad hasta que me cambié al área de Calidad en otra fábrica de candelas; allí fue donde finalmente hice mi tesis y obtuve el cartón que me identifica como licenciado.

Después hice mi transición a los Sistemas de Calidad (ISO 9001) y al área de servicios, certificando a una cadena de cafés en la norma de Gestión de Calidad; luego vinieron el par de años entre mi país y el imperio del norte en donde hice -por primera vez- trabajos físicos en un taller de cables; en el intermedio también trabajé como ingeniero de soporte de un MRP e intenté trabajar en una línea de producción -en esta ocasión de productos lácteos-.

Incluso en ese intermedio entré a la fábrica de ropa más grande del país pero me deprimió ver gente doblada todo el día sobre una máquina; en fin.  Cuando me re establecí en el país trabajé un par de meses en una imprenta industrial viendo también tecnología; la segunda parte me gustaba pero la parte de producción no la encuentro nada atractiva: exprimir a las personas por un poco más de resultados me parece realmente raro.

Luego estuvo el periodo como ingeniero de soporte de un software de microfinanzas y un par de experiencias bancarias; en auditoría y en proyectos; me despidieron del último banco pero no me avergüenza reconocer que me cuesta llevarme con la gente, especialmente si veo que sus acciones están en un área gris de la ley.

Y ahora mi trabajo actual; una gran estabilidad; aunque han habido en estos siete años varias reorganizaciones e incluso un despido hace un par de años, y he pasado por tres jefes -de tres distintos países- me ha dado bastante paz; logré finalizar mi periodo de responsabilidad paternal directa sin muchos problemas e incluso me ha permitido obtener una maestría y escribir más de una docena de libros (me enorgullece el de física fundamental aunque mi nombre sólo aparece como parte del grupo de escritores el contenido es totalmente mío).

La vaina es la incertidumbre; tan presente siempre pero tan difícil de manejar por mi parte: el proyecto que estoy liderando por estos días es bastante inconstante y le comenté a Rb que me siento como que voy en un auto con los frenos defectuosos pero no estoy a cargo de la conducción por lo que solo puedo imaginar de dónde vendrá el golpe pero no puedo hacer mucho por evitarlo.

Y la otra vaina es la edad; o sea estoy a menos de dos años de llegar al medio siglo y, de acuerdo a un artículo de AARP, en cualquier entrevista con dos candidatos con las mismas calificaciones siempre se elegirá al de 30 años sobre el de 50 años; a menos que en la decisión se incluya al Networking; pero esa quizá es la peor parte de la historia: no se me dá; apenas puedo conservar el contacto con mi familia directa -incluidos mis hijos- como para presentar una amplia red de contactos.

Recuerdo que cuando estaba en el último banco me comentó mi jefa -y no por primera vez, y no por mi primera jefa- que debía mejorar mis relaciones interpersonales; recuerdo que me puse a la tarea como lo hago con casi todo: leyendo; recuerdo que bajé un par de libros enfocados en el Networking para Introvertidos; creo que no terminé ninguno de los dos; o creo que me despidieron antes de que pudiera terminarlos, en fin.

Igual, de los más de quince trabajos que he tenido durante los últimos treinta años creo que solo uno lo conseguí utilizando el networking (y no era una apuesta segura pues quien me refirió también refirió a otras dos personas con más o menos las mismas calificaciones -o realmente yo estaba mejor calificado-) o sea que no fue tan directo el networking: el de ISO.

Aunque para llegar a ese banco también me refirió mi jefa anterior; aunque según pude darme cuenta con el correr de los años su razón no fue 'ayudarme' sino agredir a mi jefa durante ese tiempo: tuvieron siempre ciertos conflictos personales y como que no le cayó bien que hubiera heredado mis servicios; en fin, la gente y sus razones para 'ayudar'.

De los dos trabajos que "conseguí" por medio de networking renuncié al primero después de un poco más de dos años pues lo ví como un Dead-End (empresa familiar sin muchas opciones) y del segundo me despidieron por mi 'incomodidad' de trabajar con el equipo: al final era el único profesional, los demás nomás tenían mucha experiencia en el sector bancario -y mi jefa que acababa de graduarse de una de esas universidades de papel que abundan ahora en el país-.

Entonces, no sé qué hacer: en cuatro meses cumpliré -cruzo los dedos- siete años en mi posición actual y, salvo por un par de ocasiones en que traté de que mejoraran mis condiciones, no me quejo de la misma; pero, estoy trabajando -como casi siempre- en un proyecto con muchas incertidumbres y liderando -eso no es tan común- a otros dos analistas del gran país del sureste asiático; no me siento nada seguro; a ver en qué termina esto.

Después de terminar el reto de 70 días -y celebrarlo con pastel de chocolate- ya no quise iniciar nada nuevo pues justo estaba empezando a ponerse complicado el proyecto actual, también me cambiaron de jefa y además mi amigo científico que me proveyó de las últimas dos computadoras me propuso que lo ayudara a migrar su servidor actual.

Terminé -por fin- La Cuchara Menguante y The Dark Forest, y dejé a medias el tercero o cuarto libro de francés que estaba leyendo; además reduje a casi lo mínimo mi práctica de francés -primero bajé de 500 a 250XP y ahora con suerte hago 150 o así al día-; sigo practicando malabares pero no tan constante mente: trato de practicar de vez en cuando 15 o 20 minutos pero ya ha habido un par de días en el último mes que no he hecho nada de malabares.

Mi hija mayor sigue trabajando en el mismo lugar, creo; ha vuelto a pedir mi ayuda financiera en un par de ocasiones y me preocupa que no tenga un buen manejo de su presupuesto; mi hijo menor me llamó hace una semana o así porque no le estaba yendo muy bien en el trabajo y estaba pensando renunciar; y retornar a la facultad; le aconsejé que pensara bien qué quería hacer porque todo al final tiene diferentes consecuencias.

Mi hermana menor estuvo grave de COVID en el asueto de semana santa; mi madre me llamó para comentarme que unas primas enfermeras la estaban cuidando y al final logró superar la enfermedad; únicamente pude ayudarla con un poco de dinero para medicamentos; hace un par de noches llamé a mi hermano menor quien trabaja, como mi hermano mayor, con estructuras metálicas; Rb insistió en que hiciera la llamada pues en las redes sociales estaban reportando inundaciones en el área en donde vive; afortunadamente no fue afectado.

La respuesta a mis preocupaciones sería algo así como: mejora tu networking y/o busca la especialización en un campo; a mis casi cincuenta no sé si lo primero es aún posible y lo segundo no se si realmente sea una opción; aunque no descarto la participación en un bootcamp; algo tendré que hacer.


jueves, 14 de mayo de 2015

El fin -o los fines-...

Creo que pocas veces había pasado un par de meses sin publicar por acá.  Y el último post, como muchos del año pasado, no fueron siquiera entradas normales sino difusión de los artículos de The Original Hacker.

Pensar en el fin es usualmente un tabú.  Al menos en el fin de la vida.  Estamos condicionados para operar sin cuestionarnos hasta cuándo seguiremos respirando.  O, contrariamente, obsesionarnos con el final.  Es realmente complicado encontrar un punto medio.  Creo que es de las ventajas/desventajas de haber encontrado el Budismo Zen.  Ventaja porque me ha hecho ser un poco más consciente del día a día.  También esa es una desventaja pues tomar decisiones se hace entonces un poco complicado, o al menos diferente al de la mayoría de personas.

No sé como terminó la vida de mi padre.  Faltaba un mes para mi nacimiento cuando -supuestamente- se sometió a una operación de garganta en el hospital militar del país y se quedó en la mesa de operaciones.  Cuando mi hijo menor nació el pediatra nos comentó que tenía un soplo en el corazón -ninguna de mis hijas mayores lo tuvieron- pero que se autorepararía.  Fuimos a la Liga del Corazón -creo- por unos meses y aparentemente su corazón está bien.  

Nunca fui un buen deportista, aunque me encanta el Volleyball.  Parte de mis limitaciones es que no importa que tanto entrene siempre padezco de hiperventilación cuando corro.  También padecí bastante de síntomas de sinusitis durante mi niñez/adolescencia.  Hace como 20 años en mi viaje a Colombia, cuando el avión iba a la altura de Panamá, sentí un dolor super fuerte en el centro de la frente.  Tanto de ida como de vuelta.  Lo mismo me sucedió una vez un poco después cuando viajé a un departamento que está a la altura del nivel del mar -pacífico-.

Hace como 18 años tomé bastante medicación para tratar la sinusitis.  Me mantuvo bastante libre durante mucho tiempo.  Desde hace unos años los cambios de temporada me han pegado bastante fuerte.  Especialmente cuando estamos pasando de la temporada seca a la temporada lluviosa (por estos meses), me arde la frente, me arden los ojos -aunque esto me imagino que es producido por más de dos décadas frente a un monitor la mayor parte de mi día- y mi ánimo anda por los suelos.

Mis chicas terminaron el papercraft de Charizard hace un par de semanas, han hecho en este tiempo un gato y un perro.  Mi hijo está cerca de acabar el Charizard, le falta la cola únicamente.  Hace unas semanas fuimos al XpoComicon local.  El precio casi se duplicó con respecto al año pasado pero una amiga nos regaló las entradas.  Mi hjo compró un gorro de Link y mi hija segunda un gorro con orejas.  Mi hija mayor no compró nada.

Mi hijo menor perdió casi la mitad de las clases el primer trimestre -bueno, como el 30%-.  Mi hija mayor perdió una y mi hija segunda tuvo un promedio como de 90%.  También está avanzando en el proceso de becas en uno de los colegios más grandes de la ciudad.  Hemos ido ya a dos evaluaciones y para mediados de este mes ya pedí permiso pues toca la entrevista final.  A ver que tal.

La evaluación del mes pasado de mi hija segunda coincidió con la graduación de Administrador de Empresas de un antiguo supervisor.  Fuí por primera vez padrino de graduación en mi antigua universidad.  Gl vendrá el otro mes de Portland, había contantado a Erik para que me enviara unos libros pero, aprovechando que al dúo dinámico de nuestra área los enviaron nuevamente a Kentucky, logré traer ya el tercer y cuarto libro de The Wimpy Kid.

Ayer retorné medio temprano a mi habitación.  Desde que el dueño de la casa demolió el baño compartido con el otro apartamento me ha tocado utilizar los servicios del otro lado del patio.  Al menos he estado realizando una limpieza bastante buena de los mismos durante los sábados.  En fin, por no tener un baño adosado a la pared la estadía en mi habitación se ha hecho un poco menos sencilla.

Un poco antes del anochecer puse un poco de ropa en remojo pues ya no tenía camisas para la semana.  Luego me puse a ver un poco de Fb y en las otras dos computadoras (finalmente Klick me envió dos nuevas Lenovo) películas.  También intenté leer un poco de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?.  Al final paré durmiéndome bien temprano, o dormitando realmente.  Un poco después de las siete llegó el segundo inquilino más antiguo a solicitar mi parte del servicio de basura.  Me volví a acostar y puse la alarma para levantarme a las nueve.  Tenía que lavar.

Un poco después de las ocho sonó varias veces el timbre.  Usualmente no salgo a abrir la puerta pues es muy raro que lleguen a buscarme sin haberme llamado antes.  En este caso eran mis chicos, que llegaron a tocar la puerta de mi habitación.  Tenía la habitación bien desordenada y estaba dormitando.  Me puse una playera y salí a recibirlos.  Mis hijos menores van a participar en una pijamada en la iglesia a la que están asistiendo con su madre y mi hjo quería que le prestara una de mis bolsas de dormir.  Un poco después de las ocho y media los fuí a dejar a su casa.  La noche estaba bien fresca y me animó caminar un poco con mis peques.

El mes pasado no llegó nadie a la reunión de escritores que había programado.  La verdad no me sorprendió pues el centro histórico ha estado siendo escenario de una serie de manifestaciones populares bastante concurridas.  Usualmente al haber aglomeraciones, y más al haber grupos protestando, es fácil que se generen desórdenes.  Afortunadamente las manifestaciones han sido bastante ordenadas -la gente incluso recoge la basura generada- y, además de lograr que la vicepresidenta renunciara están abogando por una reforma -tan necesaria- del estado. Aún estoy considerando si convoco a una reunión este mes pues las acciones continúan.  A ver como va eso.

jueves, 8 de enero de 2015

Iniciando el año… algunos cambios –probably- en camino

No publiqué nada durante diciembre, creo que porque no sucedió nada fuera de lo común.  A finales de noviembre o inicios de diciembre cumplí un año de haber empezado la relación más duradera luego de mis diez años de matrimonio y casi 5 de soltería.  A mediados de diciembre también convoqué a una reunion al resto de los participantes en el taller de crónica al que asistí en noviembre.  Atendieron tres personas.  La segunda reunion está programada para el próximo martes y han confirmado nuevamente tres personas –dos diferentes que el año pasado-.

En diciembre traté de acercarme a la Comunidad Ágil que está –creo- iniciando en la ciudad.  Lastimósamente no encontré el salon en el que supuestamente era la reunion-conferencia.  En fin.  Los regalos de diciembre no fueron muy sorprendentes.  A finales de noviembre les había entregado a cada uno de mis peques un cubo de rubik de velocidad que compré a través de uno de los compañeros que se fueron a trabajar un poco más de un mes al imperio del norte.  También les dí los primeros dos libros de la serie Diary of a Wimpy Kid.  Para Navidad le compré a cada uno una libreta escolar de Garfield –no pude encontrar nada mejor- y un deck de cartas de Yugi-OH.  Cada deck me costó casi lo mismo que cada agenda.

El 24 y el 31 trabajé medio día en la oficina.  Casi nadie vino.  Fueron miércoles.  El Viernes tampoco casi nadie vino a trabajar a la oficina.  La mayoría ya tienen la opción de trabajar desde casa en determinadas ocasiones.  El 24 y el 31 por la tarde los pasé con mis peques, ambos días salimos a almorzar afuera.  El resto de la tarde la pasamos como casi todos los sábados: Kindle, Papercraft –ahora están armando un Charizard- y Csharp –por fin dejamos las decisiones y empezamos con los ciclos-.  Otro de los proyectos que empezamos es subtitular videos cortos en inglés.  Ya publicamos el primero: Can we autocorrect humanity? en nuestro canal de Youtube.

El 24 y 31 por la noche y Navidad y Año Nuevo los pasé con Rb.  Bastante tranquilitos, aunque el ultimo perro agregado a su camada realmente la ha descolocado.  La última travesura la sufrió hace poco, el perro derramó una taza de café en su computadora.  Aún estoy tratando de rescatar la información del disco duro, el resto de la computadora se va a la basura.  Los convivios en el trabajo –dos- estuvieron bastante tranquilitos.  El del departamento fue un almuerzo autofinanciado –me gané una taza de chocolates jugando a las cartas- y el de la empresa fue una cena.  No hubo canasta navideña.

Mis peques están por iniciar su año escolar.  Al inicio del año les pedí que anotaran en una tarjeta su promedio objetivo para este año.  Al menos espero que mi hijo pequeño no vuelva a perder una clase.  A finales del año pasado fuimos con mis hijos a una ‘feria’ de becas a ver si había alguna opción para estudiar en el extranjero.  Mi hija segunda ha mantenido un muy buen promedio y está contemplando la posibilidad de aplicar a una beca en China.  A ver como viene eso.

A finales del año pasado Gl me comentó que pensabe venir nuevamente al país a finales de marzo.  Creo que quieren pasar por acá para visitar a unos amigos en el lago más grande del área y pasar saludándome, su destino final es Nicaragua en donde van a hacer algún tipo de trabajo voluntario.  Como la última vez que Gl vino al país con su esposo me trajo la única computadora que tengo funcionando actualmente, le escribí a Klick, quien en esa ocasion me ayudó armando y probando la computadora.  El dinero que le envié a Klick con Gl fue como la tercera parte de lo que hubiera tenido que pagar por acá por una computadora equivalente.

Klick me respondió un dia después comentándome que si, que había empezado a armar la nueva computadora y que no, que no me la enviaría a través de Gl.  Piensa enviarla a través de la mama de una amiga que vive en la segunda ciudad más grande del pais.  El mensaje de Klick me descolocó ayer.  Klick se graduó hace como 25 años en Berkeley, ha patentado algunos circuitos y estuvo participando el año pasado –me invite a unirme a la propueta- en un concurso de una telefónica muy grande en el imperio con su propuesta de un Sistema satelital de distribución de internet para regiones inhóspitas –como algunas partes de mi país-.

En el concurso Klick llegó a la segunda ronda –de tres- y luego dijo que iba a reunirse con inversores independientes para ver si financiaban su proyecto.  Klick es un idealista que quiere mejorar el mundo.  

En su  correo de ayer me comentaba que está en la edad en la que su abuelo paterno y su padre murieron de un derrame cerebral –secuelas de Alzheimer- y me pedía ayuda para darle mantenimiento a sus servidores, además había algo de trabajar con su amiga por acá.  No tengo muy claro su propuesta pero parece que es algo relacionado con un hospital para el tratamiento del cancer.  Quien sabe si es una buena oportunidad de ampliar mi base laboral.

A finales del año pasado leí –en mi Kindle- la serie The Century de Ken Follet, luego leí Freakanomics y la semana pasada terminé Happy Hour is from 9 to five.  Al menos estoy tratando de mejorar mi rendimiento en el trabajo.  A finales del mes pasado también recibí un par de correos felicitándome por mi acercamiento a last areas del trabajo.  Al final resultó que la tarea por la que fuí felicitado no salió tan bien como se había visto al inicio.  En fin, debo seguir mejorando en mi ejecución.

El martes iba retornando a mi casa cuando recibí una llamada de Rb.  Estaba llorando porque el perro, al subirse al sofa- había derramado una taza de café en el teclado de su Hp portátil.  Rb reacciona en formas que aún no puedo manejar muy bien.  Cuando comete un error manejando o cuando vé una situación injusta sucediéndole a un animal grita y/o llora.  El otro día me escribió contándome que había confrontado en la calle a un tipo que –aparentemente- estaba golpeando a su pareja.

Como iba en el autobus llamé a Ms, quien se dedica a reparar computadoras para pedirle que le explicara a Rb las opciones que tenia con su portátil.  De hecho cuando cada una de mis dos portátiles dejó de funcionar se las done a Ms para que usara sus partes.  Rb no pudo comunicarse con Ms y media hora después me llamó diciendo que había llevado la computadora a un técnico a la mano y pidiéndome el horario de la tienda de computadoras.  Media hora después me llamó para contarme que había adquirido otra computadora pues el técnico le dijo que no había muchas esperanzas de reparación.

Como la computadora traía solo el sistema operativo me ofrecí a instalarle los programas necesarios para su trabajo.  Quedamos en que llegaría ayer luego de mi trabajo y que luego ella me retornaría a mi casa.  Me encanta despertarme los días laborales en mi cama. Ayer traté de no salir muy tarde y me dirigí directamente a la casa de Rb.

Cuando llegué inicié a actualizar los drivers de la nueva computadora.  La máquina está muy bien y el precio al que la adquirió –pagándola mensualmente junto con su servicio de internet- está bastante atractivo.  El técnico le había dicho a Rb que no se podia rescatar la información del disco duro.  Rb había ido por su anterior computadora por la mañana.  Me ofrecí a echarle un vistazo al disco duro para ver si era possible aún rescatar algo y, como teníamos la computadora en la mesa del comedor empezamos a abrirla.  No estaba el disco duro.

Rb contactó al técnico –ahora la comunicación más usada es, al parecer, WhatsApp- y éste le dijo que se había olvidado de reinstalar el disco duro.  Rb me pidió que fueramos por el mismo.  Como teníamos que avisarle al técnico que estábamos cerca de su casa antes de llegar a su residencial Rb me dió el LG que le entregaron en diciembre cuando renovó su contrato de servicio de celular.  Me guardé el cellular en la bolsa de la camisa y, cuando me incline a levanter al perro más nuevo para subirlo al auto el cellular se deslizó de mi bolsa y calló –completamente horizontal al parecer- al asfalto.  La pantalla se astilló por complete.

Y como que los smartphones no son muy afines a mi persona.  Es el segundo LG al que le quiebro la pantalla, el anterior me lo había regalado Rb cuando había adquirido el Huawei que usó durante el ultimo mes del servicio de su anterior contrato.  En fin, ofrecí a pagar la reparación.  Espero que no tenga que pagar más del precio que hubiera tenido que pagar por el Huawei que Rb me regaló cuando renovó su contrato –como 65 dólares-.

Al final sigo usando el mismo celular que he estado usando por los últimos tres o cuatro años.  El smartphone que me regaló Rb lo uso únicamente para jugar ajedrez, scrabble y/o conectarme a las redes sociales cuando logro encontrar señal wifi.

Después de ir a recoger el disco duro retornamos a la casa de Rb, cenamos e instalé los programas que necesita para su trabajo.  Luego estuvimos viendo una parte de los People Choice Awards.  Un poco después de las nueve sacamos a los perros a caminar y, luego de darles cena, Rb me retornó a mi casita.

Es la segunda semana del año y, es probable que mi hija segunda inicie los pasos para abandoner el nido. En Julio cumple quince por lo que me toca comprar la segunda Toshiba nueva.  Probablemente reciba una nueva portátil para mi uso personal.  Quizá empiece a trabajar un poco más.  Espero poder escribir un poco más.  Y quién sabe que más traiga este año a mi vida, o quizá no.