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lunes, 28 de julio de 2025

La espera -y las diez dimensiones-... The wait -and the ten dimensions-... L'attente -et les dix dimensions-...

He marcado en rojo (y dejado de contactar) a tres o cuatro contactos antiguos, en mi calendario de expansión -o proyección, más bien- social por dos razones: por dinero o por tiempo; en el primer caso porque me han pedido (y a veces obtenido) préstamos sin intención de honrar el compromiso (creo que han sido dos o tres personas).

Y con el tiempo es un poco más complicado: me molesta la impuntualidad; y, a lo largo de la vida, he sido bastante intransigente con este punto; en casi todas las reuniones que organizo desde hace tres años, usualmente le aviso a mi invitado de que ya estoy en el lugar con varios minutos de anticipación.

En nuestra Latinoamérica unida la impuntualidad es -desafortunadamente- la norma; generalmente me toca esperar diez, quince o incluso más minutos para encontrarme con la persona con la que he estado coordinando desde varias semanas atrás.

Y ha habido un par de casos extremos: en una ocasión mi amigo ni siquiera se había levantado -era un desayuno bastante temprano- y me llamó para disculparse e informame que llegaría en el acto.

En otra ocasión, llamé un par de veces a otro amigo, luego me retiré del lugar; y, a medio camino, recibí una llamada para disculparse y proponer que nos reuniéramos en otro lugar, que quedaba en la ruta en la que me estaba conduciendo.

Y ayer: había quedado de reunirme a las cuatro de la tarde con mi amigo Testigo de Jehová; llegué al lugar cinco minutos antes, y le escribí un par de minutos más tarde; luego lo llamé un par de veces.

Cuando pasaron quince minutos sin que diera señales de vida -ni responder mensajes de whatsapp ni llamadas al celular- decidí que iba a aprovechar la salida para proveerme de materiales para la última de mis intenciones: practicar acuarela.

Y es que la misma persona, muchos meses antes, había cancelado la reunión cuando ya llevaba un tiempo esperando; su excusa (la verdad no sé qué creer) fue que un vecino/amigo había fallecido y estaba en su funeral.

Y ayer, durante la espera, pensé que era probable que tuviera una excusa del mismo tipo; por lo cual no podía tomar una actitud implaclabe: o sea, a todos pueden pasarnos situaciones inesperadas; así que tranquilamente crucé la calle y entré a la tienda verde de descuentos.

Entrando al lugar ví que me había escrito: disculpándose por el retraso y afirmando que llegaría en quince minutos; le respondí con un mensaje tranquilo, indicándole que estaría esperándo.

Procedí a comprar el material para acuarela: un paquete de cinco pinceles, una caja de diez tubos de pintura, y también una pequeña paleta de plástico, en la cual planeo realizar la mezcla de colores para los primeros ejercicios.

Después pagué (cinco dólares) y retorné a esperar a mi amigo; ya eran más de las cuatro y media, pero me resigné a extender la espera más de lo previsto; pero cuando faltaban quince minutos para las cuatro lo llamé;  me respondió apurado, comentándome que en cinco minutos llegaría al lugar; al final llegó casi a las cinco.

La gente...

El sábado fue un día bastante agotador: me levanté quince minutos antes de las cinco de la mañana; medité diecinueve minutos, me vestí, y, a las cinco y cuarto, salí a despertar a Rb: era día de llevar a su perro a que le quitaran los puntos de la cirugía.

Originalmente la fecha era el lunes siguiente; pero Rb, al igual que yo -o un poco más- evita manejar todo lo posible; entonces llamó a la veterinaria durante la semana, y comprobó que podíamos llegar el sábado.

Salimos de casa a las cinco y media -salir más tarde siempre es una invitación para quedar atorado en el tránsito- y llegamos a la zona en cuestión bastante rápido: el número de automóviles -ese día y a esa hora- estaba bastante bajo.

Había planeado pasar por el Mc Donald's cercano a la clínica, para desayunar mientras esperaba a que abrieran la clínica -los sábados empiezan a atender a las siete de la mañana-; pero, al igual que dos semanas antes, decliné en el último momento.

Llegamos a la clínica con casi una hora de anticipación; afortunadamente llevaba mi tablet por lo que avancé un poco en uno de los libros de inglés que decidí leer en paralelo: The AI Con.

Rb bajó el perro para realizar una caminata similar a la que yo había hecho en la ocasión en la que lo intervinieron; pero no recuerdo que se haya tomado más de la media hora que realicé yo esa vez.

Un poco antes de las siete empezaron a llegar más automóviles; afortunadamente eramos los primeros en la espera; por lo que, cuando abrieron la clínica, pasamos directamente al área de recepción.

Un poco después el perro fue admitido -con Rb- y procedieron a la retirada de los puntos de la cirugía; y a la revisión de su estado general; la consulta no tardó mucho y, un poco después, empezamos el camino de vuelta.

El tránsito seguía bastante ligero -el día y la hora- y, afortunadamente, un poco antes de las ocho de la mañana estaba parqueando el auto frente a la casa de Rb; ella se retiró -con sus perros- a su habitación y yo me preparé el desayuno de los fines de semana.

Había estado comiendo desde el jueves porciones pequeñas de brazo gitano de chocolate -es uno de mis favoritos; pero su tamaño es muy grande- y, por ser sábado, incluí el doble de la cantidad para mi desayuno; después del cual retorné a la cama; en donde hice un par de lecciones de Duolingo, y luego me dormí.

Me levanté a media mañana; habíamos acordado no acudir ese día a los supermercados: aún teníamos bananos para los desayunos; y yo quería empezar temprano la preparación para el sábado con mi hija mayor; tenía que comprar carnitas en un comedor a un par de cuadras de casa.

Un poco antes de las once me dirigí a la chicharronera; compré una libra de carnitas de cerdo (nueve dólares) y luego retorné a casa a preparar un par de ensaladas, y empacar un par de gaseosas y el menaje para un almuerzo.

Cuando salí por las carnitas me dí cuenta que el tránsito en el boulevard estaba bastante pesado: la colla llegaba casi hasta la calle en la que vivimos; por lo que, un poco antes del mediodía, me bañe, metí el par de mochilas en el auto, e inicié el camino hacia la casa de mis hijos.

El tránsito estaba terrible; pero, por fortuna, estaba fluyendo; pero no era solo en el boulevard: el periférico también estaba bastante concurrido; sin embargo, a pesar de todo, llegué a la casa de mis hijos antes de la una de la tarde.

Subí el paquete de veinticuatro rollos de papel higiénico y las mochilas, por las gradas, hasta el séptimo nivel; encontré a mi hija a media limpieza -barrido/trapeado- de los espacios comunes del apartamento.

Cuando terminó nos dirigimos al parque temático de costumbre; en el mismo almorzamos carnitas de cerdo acompañadas por col china; ensalada verde, y una coca cola de dieta.

Luego estuvimos resolviendo tres cubos de Rubik -había olvidado completamente los otros cinco-: el de 3x3, el de 4x4 y el de 5x5; después, un poco antes de las cuatro, nos dirigimos al teatro; en donde vimos -yo por segunda vez- el musical que presenta por estos días la compañía de teatro del lugar.

Después retornamos caminando al apartamento; durante las ocho cuadras de distancia recibimos un poco -muy poco realmente- de llovizna; en el departamento preparamos té -yo había olvidado mis paquetes de café- y conversamos un poco; a las seis de la tarde me despedí.

Antes de retirarme del departamento llamé a mi hijo menor -despertándolo, desafortunadamente-, para despedirme; salió un momento de su habitación y nos dimos un par de abrazos; luego empecé el camino de vuelta a casa de Rb.

Por la noche estuve avanzando en el segundo de los libros de inglés que estoy leyendo en paralelo: Readme.txt; es la narración de los primeros años de una de las personas que más han expuesto las interioridades del ejercito del imperio del norte.

También preparé las gelatinas para los desayunos de los primeros cuatro días de la semana: había comprado una gelatina baja en carbohidratos, en el camino de regreso al apartamento de mis hijos.

Además, piqué el resto de la planta de col china que había adquirido para el almuerzo con mi hija mayor; para eso utilicé nomás cinco o seis hojas -le dejé casi la mitad, junto con una buena parte de la libra de carnitas-: piqué más de una libra de estas hojas y las herví por algunos minutos.

El domingo me levanté bastante repuesto del día anterior; preparé el desayuno y después me quedé en el comedor, haciendo algunas lecciones de Duolingo; luego estuvo leyendo un poco en cama; hasta que Rb me recordó que habíamos planeado salir a las diez, hacia los supermercados en dirección sur.

Caminamos hasta la altura del más lejano; después pasamos al que queda a medio camino; en donde compramos un poco de bananos; antes del mediodía también me tocó acudir a la tienda de la calle, por una zanahoria, para la ensalada del almuerzo.

Almorzamos nuestra comida típica del día: alitas de pollo y ensalada; me había estado sintiendo un poco raro anímicamente; por lo que, contrariamente a otros días, después de sacar a caminar a los perros me encerré en mi habitación, en vez de lavar los trastes del almuerzo.

Pero, para prevenir conflictos, le comenté a Rb sobre mi situación interna; asegurándole que no tenía nada que ver con su persona; que nomás debía realizar una especie de análisis de algunos hechos; pero que estaría aislado hasta la hora en la que tenía que salir (las cuatro menos veinte).

A la hora prevista me vestí, me despedí de Rb; y caminé hasta el lugar en el que abordamos frecuentemente los buses intermunicipales; y allí fue donde tuve que esperar por casi una hora a mi amigo, el Testigo de Jehová.

Las dos partes del título se refieren a este hecho; la primera parte la relaté al inicio; la segunda, por el diálogo mantenido durante nuestras casi dos horas de convivencia: llegando al lugar mi amigo me regaló una camisa -talla L- de un grupo de programadores local.

Luego entramos a la tienda de pizzas; yo estaba dispuesto a invitarlo, pues es el papel que usualmente tomo en este tipo de reuniones; pero él insistió que no, que era su turno; y pedimos un par de porciones de pizza y un vaso de gaseosa.

Mi amigo empezó a contarme -divagar- sobre un área de las matemáticas con la que se había topado últimamente: los números surreales; algo sobre un libro de uno de los más grandes matemáticos de los últimos tiempos; y, cómo no, el multiverso y las diez posibles dimensiones en las cuales puede repartirse la realidad.

Yo soy ingeniero -me gradué hace más de veinte años- y mi amigo, aunque creo que estuvo en la facultad, no logró avanzar; así que traté de tomar todo su discurso con un poco de precaución; pero sí, el campo existe, de hecho me envió un video de Carl Sagan, y el título del libro de Knuth en el cual se exponen los conceptos.

Después de la pizza mi amigo insistió en que nos tomaramos un café -y pastel-; yo insistí en que quería pagar -llevaba la tarjeta de Rb-; pero mi amigo sacó el efectivo y pidió la cuenta -diez dólares-; en total estuvimos un poco más de dos horas en el lugar.

Después de despedirnos -yo insistiendo en que la próxima vez me empecinaré en tomar la cuenta- caminé de vuelta a casa; por la noche avancé en el tercero de los libros en inglés: Annie Bot; el cual está muy muy muy bueno.

Y a ver cómo sigue eso... 

martes, 17 de junio de 2025

El Día del Padre —y los hermanos—... Father's Day —and the siblings—... La fête des Pères —et les frères et sœurs—...

El año pasado, por estas fechas, me encontraba en medio del último viaje que realicé como traductor para grupos de misioneros estadounidenses -este año participé en la capacitación con la misma organización, pero ya no pude viajar-.

Fue una muy buena experiencia: el grupo venía de una iglesia de Atlanta y la mayor parte de los adolescentes tenían una muy buena actitud de servicio; los líderes eran una enfermera puertorriqueña -que, por supuesto, hablaba un español nativo- y un vendedor de casas -ganador de alguna edición de The Bachelor-.

Me estaba recordando este día que, en esta fecha -y antes de salir del hotel en el que nos hospedábamos-, me puse a enviar mensajes de felicitación a todos mis familiares, conocidos y amigos, con quienes comparto el título de padre.

Y, si no estoy mal, el primer mensaje alusivo a la fecha, tanto el año pasado como hoy, fue de mi padre; de hecho, me parece que ya han sido varios años que recibo un mensaje felicitándome por el día.

Y es algo agradable; o sea, no somos tanto de andar hablándonos por cualquier motivo; menos de este tipo; o al menos, yo no lo hago: no los contacto en sus cumpleaños -usualmente se me pasan las fechas- o en ocasiones como Navidad o Año Nuevo.

Pero este día -como el año pasado- también me puse a enviar mensajes de felicitación a mis conocidos y amigos; también recibí -luego del mensaje de mi padre- un saludo de un voluntario al que no he visto en casi un año -pero quien me ha pedido préstamos realmente pequeños en un par de ocasiones durante este tiempo-.

No sé cómo se establecen este tipo de tradiciones familiares; a mis hijos traté de celebrarles dos ocasiones especiales en el año: el cumpleaños de cada uno, y la Navidad -en grupo-; alguna vez también celebramos el Día del Niño; pero no mucho más.

En mi casa paterna casi nunca celebramos nada; aunque mi papá varias veces nos llevó regalos para Navidad -y a mis hermanos pequeños alguna vez les organizaron fiestas de cumpleaños-; pero no mucho más.

Recuerdo, eso sí, un año -era ya adolescente- cuando mi madre nos envolvió unos calcetines -o una playera- y nos entregó regalos para el día del cariño; la verdad me conmovió su gesto.

Y ahora que mis hijos ya son adultos -aunque esta generación lleva los tiempo bien diferentes- he continuado con los regalos cada cumpleaños y Navidad: se ha vuelto costumbre entregarles cien dólares en caa ocasión.

Entonces, es muy raro que no los contacte en las fechas memorables; creo que en la pandemia no lo hice; pero ese fue un evento que removió la mayor parte de las costumbres para la mayoría de la gente.

Pero no ha sido el caso inverso; ha sido muy raro el año en que me han contactado para mi cumpleaños; mi hija mayor y mi hijo menor, en alguna ocasión; la mediana creo que nunca; y en el día del Padre, creo que nomás mi hija mayor se ha recordado algunos días más tarde.

O sea, me hubiera gustado  establecer ciertas tradiciones; pero, me imagino, que el primer requisito hubiera sido tener una familia tradicional; lo cual no pude proporcionarle a mis hijos; en fin.

Y también he estado pensando este día sobre lo disfuncional de mi familia paterna: en general me siento bien de estar yendo a ver a mis padres cada tres meses -ya van tres o cuatro años de esto-; pero siento menos voluntad de contactar a mis hermanos.

Mi hermano mayor es un hermitaño -casi literal-: a sus cincuenta y cuatro años nunca ha tenido una relación de pareja oficial; vive en la casa que mis padres construyeron mientras íbamos creciendo.

Ha vivido en el mismo lugar toda su vida; y en completa soledad por casi dos décadas; apenas sale de allí: creo que hace tres años, y el año pasado, visitó a mis padres después de no haberlos visto por más de diez años.

Y es que tiene una actitud bastante retrógrada: me parece que aún utiliza un teléfono analógico -o al menos no smartphone-; y, aunque en el pasado se mantenía en comunicación más o menos constante con mis papás, ahora eso ha terminado.

Me lo comentaron mis padres cuando los visité el primer día de este mes: mi padre cambió de número de celular y ya no pudieron comunicarse con mi hermano mayor; y él casi nunca contesta a las llamadas.

Total que me pidieron que le comentara del cambio de número, en caso pudiera comunicarme con mi hermano mayor; lo cual intenté durante las primeras dos semanas del mes: le estuve pidiendo prestado el teléfono a Rb para llamar a mi hermano.

Y nunca me contestó: tiene la costumbre de dejar el teléfono tirado por cualquier lado de la casa; o simplemente no encenderlo; por lo que, la segunda semana o así, le escribí a un excompañero de estudios, para pedirle que, de ver a mi hermano, confirmara si estaba usando el mismo número.

Mi amigo me escribió la semana siguiente, contándome que había visto a mi hermano; y que le había comentado que sí, que seguía utilizando el mismo aparato -y número-; por lo que me dije que, seguramente, no quería ser contactado.

Pero anoche me llamó; o bueno, llamó al celular de Rb; y hablamos un rato -accidentalmente corté la comunicación pues estaba sosteniendo mis anteojos con la misma mano, y ya no volvimos a llamarnos-.

Y la situación es rara: primero me comentó que había visto las llamadas perdidas; que no sabía si el celular aún funcionaba y que por eso estaba devolviendo la comunicación; pero, cuando le comenté que mi papá había cambiado de celular se mostró molesto: estuvo, al parecer hace algunos meses, intentando comunicarse durante todo un día.

Y había decidido que eso había sido un abuso: que no le contestaran durante todo el día, y que no intentaran comunicarse de alguna forma; total que está molesto, y -entendí- decidió cortar la comunicación; la verdad me pareció una actitud bastante inmadura, pero al final, ¿quién soy yo para juzgar?

Aún conversamos un poco, sobre nuestros hermanos menores, nuestros tíos -hermanos de nuestro papá biológico- y de alguna otra de las cuestiones sobre las que casi nunca nos ponemos de acuerdo; lueg la comunicación se cortó.

Y no creo que volvamos a hablar en el futuro próximo; o sea, me imagino que tendrá que pasar alguna tragedia familiar para que volvamos a coincidir en algún lugar y ponernos al día sobre los últimos acontecimientos de la vida de cada quién.

Y la situación con mis hermanos menores no es mejor: la más pequeña no me ha hablado desde hace un par de años; cuando me negué -estaba trabajando- a ir por su hijo a la estación de autobuses, cuando se trasladaba entre las dos costas del país.

La ocasión anterior me había llamado para pedirme un préstamo de casi cien dólares para pagar las multas que había acumulado al conducir su motocicleta; y la vez anterior, para pedirme una cantidad mucho más grande -como tres mil dólares- para 'conseguir' una plaza en el gobierno; nomás la ayudé con la de la moto.

Y con mi hermano menor la cosa estuvo peor: su esposa me llamó un día, llorando, para que les ayudara con un préstamo de trescientos dólares -por unos días- para terminar algún trabajo que estaban haciendo; los días fueron interminables. 

El año siguiente -eso ya fue hace más de cuatro años, me parece- mi hermano me llamó pues necesitaba cierta cantidad de dinero -casi igual de fuerte- para completar alguna obra; le conté lo de su esposa, y un poco después cortó la llamada.

A veces me gustaría tener una mejor relación personal con cada uno de mis familiares: con mi madre, envejecida y aún trabajando sin descanso para seguir construyendo edificaciones que quién sabe a quién le quedarán.

Con mi padre, aún estudiando para obtener su título de licenciado, y aún considerando si se jubila o no; con mi hermano mayor, autoaislándose durante la mayor parte de su vida; con mi hermano menor, alcohólico empedernido y con una familia bastante disfuncional; y con mi hermana menor, quien crió sola a su hijo, y aún lo mantiene bajo su ala.

Y mis hijos: la mayor está por llegar a los veintisiente y aún le huye al trabajo -la mayor parte del tiempo ha trabajado nomás medio tiempo-; la mediana, quien -al parecer- quiere desconectarse completamente de sus orígenes.

Y mi hijo menor, super endeudado a los veintitrés -tuve que prestarle tres mil dólares para que saldara un par de tarjetas de crédito- y creyendo -aún- que el dinero es la respuesta a las partes más importantes de la vida.

Pero no sé realmente cómo se resuelve eso.

Acabo de terminar de leer Fuego en la garganta; y me pareció bastante bueno: el final se sintió un poco a la carrera, pero creo que la autora le dió un buen cierre a la historia; ahora he empezado Los besos en el pan, de Almudena Grandes.

Y en el trabajo he tenido una semana bastante buena: el primer día de la semana había programado una reunión con mi lead y un analista en el Imperio del Norte, para completar una asignación.

Después de la reunión me quedé avanzando con el analista; y luego -hasta casi las siete- trabajando solo en un par de cuestiones técnicas que, la verdad, me llamaron la atención: información geográfica, elaboración de mapas, e incluso un poco de Python.

Y hoy, después de la reunión diaria matutina, me reuní con el Project Manager del grupo, para aclarar algunas dudas sobre el organigrama; luego con el analista y el lead; y, hasta el mediodía, continué trabajando en lo mismo que el día anterior.

Fue muy bueno...  

 

domingo, 15 de junio de 2025

El reto 2025 -y no creerás esta oportunidad-... The challenge 2025 -and you won't believe this opportunity-... Le défi 2025 -et tu ne vas pas croire cette opportunité-...

Hace unos años -cuatro? cinco?- estuve realizando challenges cuando llegaba el mes de enero: fueron dos o tres años seguidos, en los que aprendí a malabarear, mejoré un poco mi escritura de código y dejé de agregarle azúcar a las bebidas como el café y el té.
 
También logré -por varios meses, en varias ocasiones- eliminar mi consumo de media para adultos -lo que casi siempre lleva al autoplacer, o como se le conoce por estos días en ciertos círculos de internet: PMO-; algo que ha sido -desde los catorce años- una constante en mi vida desde mi descubrimiento de los viernes por la noche en el cable.
 
Total que en cada ocasión que realizaba los retos personales, el resultado era, en general, satisfactorio: y con lo último pasa que es un tema super común en la mayor parte de media, escrita, auditiva o visual: el sexo vende.
 
Y ahora acabo de empezar un nuevo reto: pasar cien días -a partir del lunes pasado- sin las primeras dos letras; la última no está descartada, pues aún cada varias semanas -o meses- tenemos relaciones con Rb, y, realmente no creo en eso de la energía sexual y sandeces similares.
 
El inicio del reto ocurrió porque andaba buscando libros en portugués para continuar leyendo luego de que termine A Lua de Johana; y en una de las búsquedas en el sitio en el cual obtengo los libros digitales, encontré un libro de un autor de India -pero con nombre bastante portugués- que se trataba de cortar el ciclo de PMO.
 
Es un psicólogo -creo- que incluso en la introducción aclara que él aún no ha logrado librarse por completo -es como un culto que salió de Reddit y ese tipo de lugares- pero da algunas estrategias para no desperdiciar la energía sexual; lugares comunes como visualizar, meditar, etc.
 
O sea, el libro es bastante básico; pero, al hojearlo, me puse a pensar en que -al igual con mi reto de mil días de meditación diaria (voy casi a la mitad!)- podía realizar algo retante durante este año; por lo que desde ese día -aunque por la mañana había estado en algunos hilos relacionados en el antiguo Twitter- decidí cortar PM; y quedarme con la O cuando se trate de Rb.
 
Lo que he estado considerando es encontrar alguna forma de celebración -o autoreconocimiento- para cuando alcance algunos hitos en el camino: por ejemplo, al llegar a veinticinco, cincuenta y setenta y cinco días; pero aún no se me ha ocurrido nada.
 
La segunda parte del título tiene que ver con un amigo que ha estado en los círculos del MLM desde hace unos años; y no sé que pensar: el tipo es brillante -y proviene de un entorno acomodado: su padre era abogado y él estudió en uno de los mejores colegios (católicos) del país).
 
Pero su vida ha dado varios giros inesperados durante la última década (?): se divorció; sus hijos están por terminar la universidad en una de las universidades más caras del país; perdió su trabajo hace como cuatro o cinco años -en el cual duró casi veinte- y ahora tiene casi un año de trabajar en una sección del gobierno local.
 
Y ya me había comentado en alguna ocasión -con mucho entusiasmo- sobre varios 'proyectos' de emprendimiento en los que se estaba involucrando: páginas en las que podía vender cursos, esquemas de afiliación, y así.
 
Según recuerdo, la última vez que nos habíamos visto -más de un año atrás- me había presentado algo de afiliados: marketing digital, ventas online, algo de cruceros, la verdad era algo confuso; yo nomás le agradecí por la información y le pedí que me hiciera llegar material escrito para comprender mejor.
 
Lo nuevo está contado al final de esta entrada. 
  
El miércoles tuve vacaciones; se suponía que debía tomarla los jueves, pero justo ese día de la semana había una reunión con mi supervisora, el pm, nuestro lead y su jefe -y mi compañero más brillante- por lo que cambié el día -lo había validado con mi supervisora-.
 
Después de que Rb tomara su desayuno nos dirigimos al mercado del centro histórico; en el camino de vuelta me bajé en una estación a mitad del camino: había estado viendo en Marketplace una escalera de tres escalones que mi hija mayor me había pedido.
 
Y en un lugar cerca de esta estación hay una tienda que las estaba vendiendo a muy buen precio; corrí casi todo el trayecto a la tienda -una calle, realmente- y adquirí una escalera china plegable con cuatro escalones -las de tres se le habian terminado al señor- por treinta dólares.
 
El lunes hice ejercicios en soledad: Rb ha estado enferma del aparato respiratorio; cada día de la semana sus estornudos y toses fueron empeorando un poco más; por lo que también el miércoles y el viernes tuve que completar la rutina de ejercicios solo; y los tres días las hice sin pausa -ni agua-; nomás adelanté las dos pausas de cada rutina.
 
El jueves realizamos la reunión programada, mi compañerito presentó el proyecto -su inglés es bastante débil y, en general, habla muy bajo-; pero me siento agradecido de que me haya incluido en sus dos propuestas de mejora del departamento; al final el jefe de nuestro lead aprobó la realizacón del proyecto, por lo que habrá que escribir código.
 
A la reunión de la una de ese día -nos hemos quejado varias veces, y con varias personas (incluso el organizador) por la hora, pues tres de nosotros tomamos nuestro almuerzo a la misma- entramos los cuatro analistas, pero no entró el lead; al parecer andaba ocupado.

El viernes nos reunimos los seis trabajadores del equipo local -esa fue la razón por la que no tomé el día de vacaciones en ese día-: estamos preparando una presentación; la cual programé de forma semanal, ya que en la primera no veía muchos avances; total que estoy tratando de ordenar las actividades.
 
Debido a esta actividad me había reunido con mi lead el lunes, para aclarar la estructura del equipo; ese mismo día -o el siguiente- me reuní con el lead de los devs para tener la estructura de su área un poco más clara; y el viernes presenté la gráfica organizacional que había preparado, con la información recabada.
 
Rb fue, finalmente, al médico el jueves; acudió a una clínica de una cadena de farmacias -me parece- y no le cayó bien el médico -tiene la costumbre de entablar conversaciones bastante personales con la mayor parte de personas con las que interactúa-; le diagnosticó rinitis estacional.
 
Lo cual está convencida que no fue un diagnóstico acertado; cree que es un virus el que la ha estado afectando; y yo también creo esto último: desde la mitad de la semana empecé con molestias en la garganta: dolor al deglutir.
 
El sábado temprano hice wordle en inglés, francés y portugués; también completé varias lecciones de Duolingo; sigo con los repasos diarios de portugués, francés e inglés; y además, empecé los árboles de italiano en francés y portugués en francés; después salí a preparme el desayuno de los fines de semanas.
 
A las nueve y media fuimos a los supermercados en dirección sur; en el más lejano compramos pollo para los almuerzos de la semana; también compré mayonesa, aceite y gelatina; en el otro supermercado compramos bananos; y un poco de pollo para los almuerzos del fin de semana.
 
Retornamos a casa a las diez y media; leí un poco de Fuego en la Garganta y, a las once, empecé a preparar el almuerzo -keto- que había previsto con mi hija mayor: antes de salir había dejado dos pechugas, estilo cordon bleu en la refri; también había desinfectado lechuga, fresas y lavado un par de pepinos.
 
Preparé las ensaladas; pasé los rollos de pechuga por huevo batido y harina de almendras; y los puse durante quince minutos en aceite a fuego medio; después de voltearlas saqué a la perra más pesada de Rb, a su caminata diaria.
 
Cuando retornamos de la caminata puse las pechugas en papel absorbente; a las doce me bañé y tomé el auto -la llanta trasera del lado del piloto vuelve a perder aire- para dirigirme al departamento de mis hijos.
 
Llevaba la escalera que había adquirido el miércoles, el desinfectante para pisos y el detergente que había adquirido la semana anterior en el supermercados de productos a granel; y las bolsas de a basura que había comprado el martes -el martes y el jueves me había tocado salir solo, pues Rb estaba en reposo-.
 
El tránsito estaba terrible: apenas a un par de calles, luego de salir al boulevard, encontré el embotellamiento de costumbre; pero llegué al edificio en el que viven mis hijos un poco antes de la una; y como no quería realizar dos viajes en el elevador, subí todo al mismo tiempo. 
 
Encontré a mi hija terminando la limpieza de los pisos; la esperé un momento y luego nos dirigimos al parque temático de costumbre; en donde almorzamos, luego de comprar dos latas de gaseosas -dietéticas- por el doble del precio que se adquieren en el exterior.
 
Después del almuerzo estuvimos resolviendo los seis cubos de Rubik: dos de 3x3, uno de 2x2, uno de espejo de 3x3, uno de 4x4 y uno de 5x5; luego le dí el pasaporte a mi hija, quien se subió a un juego mecánico en el que unas balsas son elevadas en una torre y bajan por un resbaladero lleno de agua.
 
Para terminar la tarde en el parque, nos subimos a la rueda de Chicago más grande; afortunadamente no había mucha gente en las atracciones; por lo que la cola fue mínimoa; y, un poco después, nos retiramos del lugar.
 
Caminamos hasta el departamento un poco después de las cuatro; y como habíamos acordado departir hasta las seis, mi hija propuso una partida de Scrabble; la cual estuvo muy buena, utilizamos todas las fichas del juego.
 
Casi terminando la partida -después de las cinco y media- encontré un mensaje en Whatsappa de uno de mis excompañeros de la facultad; proponiéndome que nos reuniéramos para tomarnos un café.
 
La verdad es que trato de aprovechar las oportunidades de este tipo, dado el tamaño tam minúsculo de mi círculo social; por lo que ni me recordé que, después de nuestra última reunión, había decidido no volver a contactarlo: ese día me presentó una gran oportunidad de hacer negocios (MLM, afiliaciones, y así).
 
Lo llamé de vuelta pero no contestó; luego le dejé un mensaje en whatsapp para que me llamara al celular; me despedí de mi hija un poco antes de las seis e inicié el camino de vuelta a casa; en el camino me llamó mi amigo; y quedamos en que pasaría por mi casa un poco más tarde.
 
Un poco después de las siete salí al boulevard y nos dirigimos al café en el que nos habíamos reunido la última vez -se encuentra en el mismo comercial del supermercado más cercano en dirección sur-; pero el mismo estaba cerrado: el horario de atención termina a las siete de la noche.
 
Nos dirigimos a otro lugar -en donde me reuní con mi amigo Testigo de Jehová la última vez-; pero en el camino me propuso quedarnos en el café de una gasolinera; en donde intentó sacar dinero de un cajero automático.
 
Pero el mismo estaba en mantenimiento; por lo que me tocó pagar los cinco dólares de los dos cafés con dona -lo cual, realmente, no me pesó-; después me estuvo contando lo mal que le va en el trabajo del gobierno: un compañero antiguo de la facultad es su jefe, y no se llevan bien.
 
Noté que empezó a usar expresiones como; la personalidad de algunos individuos; persona narcisita y persona reprimida; lo cual asocié con el lenguaje que utilizan en los grupos de pseudo emprendedores actuales.
 
Finalmente me comentó la razón de la reunión: estaba en 'otro' esquema de marketing multinivel; pero este es bueno, pues apenas está empezando en latinoamérica; por otro lado, le congelaron la tarjeta de crédito y necesitaba "solo" trescientos dólares para aprovechar esta oportunidad 'única'.
 
Un poco antes de esto había puesto la alarma del celular para que empezara a sonar; y le pedí que me explicara lo último en el camino, mientras me retornaba a mi colonia; también le pedí que me mandara los detalles por whatsappa, para discutirlos con mi pareja; y me dije: otra de mis 'amistades' que marcaré en rojo.
 
La verdad es que la salida nocturna no le cayó nada bien a mi sistema respiratorio: llevaba ya varios días de estar sintiendo molestias en la garganta -Rb me ha estado dando té de varias hojas por la mañana y la noche- y sentí, luego de entrar a casa, que tenía un poco de fiebre.
 
El domingo me levanté a las seis y media y me sentía apaleado: como que entré al por ciclo del episodio viral; medité, resolví los wordle en inglés, francés y portugués; y me volví a dormir un rato.
 
Luego reuní los ánimos para levantarme a poner una carga de ropa en la lavadora: por alguna razón no lavé el primer día del mes -como de costumbre- y la canasta de ropa sucia estaba a rebozar; incluso lavé únicamente la mitad del contenido.
 
Eran como las siete cuando puse a funcionar la lavadora; que marcaba un ciclo de cuarenta y ocho minutos; aunque, por la baja presión del agua entubada, generalmente le toma casi el doble del tiempo programado para completar el ciclo.
 
Volví a meterme a la cama -realmente me estaba sintiendo mal- y estuve durmiendo hasta después de las ocho; hora en la que Rb me habló, pues la fuga de agua de una de las entradas de la lavadora había empeorado, con lo que se estaba derramando demasiada agua; me levanté a cerrar la llave de esa rama.
 
Después preparé mi desayuno de los domingos; no tenía ganas de hacer nada, salvo de retornar a la cama a continuar durmiendo; pero el té que me preparó Rb me devolvió bastante energía; por lo que, aunque ella había declinado, le propuse que fueramos a la tienda de celulares, a que adquiriera uno nuevo.
 
Rb había decidido actualizar su celular un par de semanas atrás: el actual (Huawei) estaba perdiendo la carga muy rápido; y, como a final de mes tendrá que estar todo el día fuera, había planeado adquirir uno de la marca Honor, que, según la publicidad, cuenta con una batería de larga duración.
 
Total que a media mañana nos dirigimos al centro comercial en el que está la tienda de celulares; yo quería aprovechar para depositar ochenta dólares, que tenía guardados desde hace varios años, en mi cuenta de ahorros.
 
En el camino pasamos a una gasolinera, pues la llanta trasera estaba muy baja; a la otra trasera también le estaba faltando el aire; llegamos al comercial y nos parqueamos en el parqueo externo.
 
Rb se dirigió al local de los celulares y yo fui al banco; el cual tiene en el lugar un pésimo servicio: no hay atención cara a cara; sino que instalaron cuatro o cinco estaciones similares a autoservicio; con cápsulas, pantallas y teléfono.
 
Se tardaron un montón de tiempo en procesar el depósito de los ochenta dólares -creo que también influyó el que no llevara anteojos, con lo que no había podido llenar por completo la boleta de depósito- pero, finalmente, me retornaron la boleta y la libreta actualizada.
 
Después busqué a Rb; quien estaba terminando de adquirir su nuevo teléfono; el cual le costó una unidad de la moneda local -ya que ella paga una mensualidad por el servicio telefónico y de internet-, cubierto por mi persona; después nos retiramos del lugar; felizmente sin pagar parqueo, ya que nos habíamos quedado en el exterior.
 
Cuando venimos me metí un rato a la cama; aunque los síntomas durante la semana habían sido ligeros; desde la tarde del sábado había empezado con un poco de secreción nasal; la misma se había incrementado el domingo, con un poco de tos.
 
Para almorzar calentamos el caldo de pollo que Rb había preparado el día anterior para su almuerzo; lo que consumimos con arroz, aguacate; y la porción de costumbre de las alitas dominicales.
 
Como habíamos sacado a caminar a los perros antes del almuerzo; hice lo único que quería en la tarde: me metí a la cama y me dormí casi tres horas; sin ningún esfuerzo, y sin ninguna culpabilidad.
 
Cuando me desperté encontré un mensaje de mi amigo de la noche anterior; comentándome que ya no necesitaba el préstamo, y disculpándose por el abuso de confianza al solicitarlo; como consuelo le envié un mensaje bien dramático, comentándole que estaba enfermo.
 
Y creo que allí quedara eso... 
 
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martes, 10 de junio de 2025

Otro libro a medias -y el algoritmo más importante-... Another half-read book —and the most important algorithm—... Un autre livre à moitié lu — et l’algorithme le plus important —...

He renunciado a terminar otro libro -ya llevo varios en los úlltimos años-: después de pasar de la mitad, me empecé a preguntar por qué estaba leyendo un libro de no ficción en el que un exitoso hombre de negocios señalaba algunos errores a evitar, al lanzar una empresa.

Y sé que no debo ser un asesino -o investigador- para disfrutar de un buen libro de acción; o un doctor para leer un buen drama médico; pero esto es no ficción, lo que se supone que leo para no leer solo cuestiones entretenidas.

Pero no, definitivamente no está entre mis esperanzas; para estos dieciocho o veinte años que me queda sobre la faz del planeta, convertirme en un emprendedor: lo quise hacer cuando tenía menos de treinta, pero no estaba nada preparado.

En fin, total  que terminé cerrando Build: es un libro de alguien que colaboró con el desarrollo del Iphone, y luego creó una empresa de termostatos, que vendió a Google, por una cantidad -me imagino- que aumentó mucho más los millones que ya tendría en su cuenta bancaria.

No sé qué quiero hacer con el tiempo que me queda; pero no creo que emprendedor sea una etiqueta que me atraiga; o sea, si pudiera continuar trabajando en lo mismo que he estado trabajando los últimos años, me daría por bien servido.

Porque, a pesar de las mútiples dificultades que tengo -y he tenido- en estos once años de trabajo, es la posición en la que mejor me ha ido; y creo que eso se refleja con las contribuciones extras que a veces hago; o que nunca -hasta el año pasado- hubiera tomado vacaciones.

Entonces empecé a ver qué otras opciones había -digo, esta línea la titulé: tecnología- y encontré un libro que, casualmente, ya estaba entre mi lista de pendientes: The Phoenix Project; que, al parecer, es a tecnología lo que The Goal fue a producción; a ver qué tal.

La segunda parte del título... en la segunda temporada de The Big Bang Theory -no sé si ví todas las temporadas- hay un capítulo titulado The Friendship Algorithm; en el que el personaje principal -autista- diseña un diagrama de flujo para hacer amigos.

Fue divertido que al aplicarlo entra en un loop infinito; siendo rescatado del mismo por el ingeniero del grupo -a quien desprecia por considerar que un MsC no se acerca siguiera a un PhD- al agregar una derivación al loop en el que se había estancado.

La televisión -?- por supuesto es nomás una buena representación de la mente de los libretistas; aunque mucha gente -por alguna razón- toma lo que sucede en la pantalla como si fuera una verdad como una montaña; pero me gustó la alegoría.

Y la idea me pareció brillante; o sea, un método para conseguir amigos sería algo de mucho beneficio; pero no existe; me imagino que es bastante básico: ser una buena persona, ser una persona agradable, ser una persona amable; o ser extrovertido.

Contaba, algunas publicaciones atrás, que había cortado la comunicación con mi único amigo de la infancia -no me volvió a contactar después que le presté sesenta y cinco dólares-; y también decidí no volver a contactar a uno de mis amigos del voluntariado -esos fueron otros ochenta dólares-.

Hace más de un año había cortado la comunicación con mi conocido que es promotor cultural: me había pedido un préstamo de quinientos o seiscientos dólares; y eso sí me puso en qué pensar -preferí cortar por lo sano-.

Y es que incluso con mi hija segunda, no sé si el problema sea el dinero; el año pasado le envié nueve mil dólares, para que completara el pago de su último año de universidad -creo que es MsA- y el poco contacto que teníamos -nos mensajeábamos dos o tres veces por año, en facebook-, se cortó completamente.

Sé que está viva porque Facebook bloquea el envío de adjuntos después de que el usuario no ha accedido a la cuenta después de cierto tiempo -ignoro cuál es el límite-; y he estado enviándole por correo, por Drive y por Facebook, una carta, desde el mes de febrero.

He estado pensando si debo seguir escribiéndole, o nomás aceptar que todo se termina nomás; debería estar satisfecho que es un adulto funcional; graduada de una universidad del Imperio del Norte, y trabajando en el sistema educativo -si sus planes se cumplieron-.

Y al amigo arquitecto, que canceló la invitación de este último fin de semana, también aplicaré lo mismo; o sea, habíamos hablado algunas semanas antes, confirmamos el miércoles, y el viernes me comentó que no iba a poder venir.

No sé realmente cómo funciona la amistad; quizá sucede que, quizá a cierta edad, o, por el tipo de personalidad; simplemente se debe aceptar que la amistad estrecha es solo una quimera; y, al menos, continuar con los contactos que aceptan una reunión de vez en cuando.

Y me he estado cuestionando esto durante este día, en parte porque se suponía que hoy iba a ir a la casa de uno de mis ex compañeros del primer trabajo en el que laboré como ingeniero: lo ví, por casualidad, hace como seis años, en un supermercado.

Luego lo contacté, después de conseguir su contacto, cuando acudíal colegio profesional a recibir mi plaqueta por el aniversario de veinticinco años; nos reunimos hace un par de meses: lo invité a un café y un pastelito.

Y hemos intercambiado mensajes de vez en cuando, por whatsapp; el martes pasado lo saludé por esa vía, y le comenté que debíamos volver a reunirnos, que lo invitaría a lo mismo; pero me dijo que me invitaba a su casa para este día.

Entonces le indiqué que quedaría a la espera de los detalles para la visita: hora, dirección,  e indicaciones para la garita; y esa fue la última comunicación; y no sé como proceder; lo que estaba pensando es escribirle mañana, y preguntarle si había un mes específico para su invitación, o estaba abierta.

Pero, eso: no sé cómo proceder; o sea, no me siento especialmente bien de no conocer a muchas personas que no puedan apartar media hora o una hora, cada cierto número de semana para tomar una bebida tibia y conversar un poco.

Aunque tampoco es que para mí sea muy agradable la perspectiva: el domingo pasado fuimos por la mañana con Rb al supermercado en el que compramos artículos a granel -compré detergente y desinfectante para mis hijos-.

También adquirí una magdalena, para llevarla por la tarde, en mi visita semanal al voluntario que vive en la colonia en la que crecieron mis hijos; después de almorzar, y de sacar a caminar a los perros, me dirigí al lugar.

Había estado sopesando visitar a mi tía favorita; pero no me alcanzaban los ánimos; en donde mi amigo estuve de tres de la tarde a cinco; llevaba unos paquetes de café instantáneo, la magdalena adquirida por la mañana, y mi set de ajedrez mas nuevo.

Y estuvimos conversando, tomando café -y media magdalena- y jugando por un buen tiempo; o sea, fue un suceso -en su mayor parte- agradable; pero cuando me subí al auto para retornar a casa, no quería más que eso: retornar a casa.

También, ayer le envié un mensaje -en whatsapp- a mi hijo menor: disculpándome por lo sucedido el último día que nos vimos, y por la negatividad de mis conversaciones -evitaré seguir hablando sobre la muerte-; y proponiéndole este sábado, o el último del mes, para nuestra nueva reunión; aún no ha respondido.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

martes, 27 de mayo de 2025

Leer, aprender y mainsplanning... Read, learn and mainsplanning... Lire, apprendre et mainsplanning...

Lo de que nada me llame la atención -o me emocione, realmente- me ha estado preocupando los últimos tiempos; incluso he pensado que puede ser patológico; o quién sabe, quizá nomás crecí con tan poco -y tan pocas expectativas- que simplemente no me permito esperar nada.

O sea, no me 'gusta' viajar; aunque de joven sí tenía cierta expectativa con este tema; al final, he estado en tres países: en Colombia, por trabajo; en el Imperio del Norte, por despecho; y en la Suiza centroamericana, para asistir a la graduación de mi hija mediana.

Pero he tenido -desde hace varios años- los recursos para ir a Europa; o sea, incluso lo planificamos con Rb antes de que se viniera la pandemia; pero no es algo que 'anhelo'; tampoco adquirir cosas -aunque el año pasado le compré el departamento a mis hijos- como automóviles o similares.

Y estaba comentándole eso este día -otra vez- a Rb, mientras sacábamos a caminar a sus perros; y su comentario fue que de hecho, sí tengo intereses: leer, aprender, y mansplanning; esto último me dolió -o molestó-; o sea, sí, a veces me cuesta quedarme callado.

En mi adolescencia -al menos un par de personas- me calificaron como sabihondo; también la madre de mis hijos me lo remarcó alguna vez; pero -iluso de mí- creí que ya había dejado atrás esas costumbres -que califico como- inmaduras.

O sea, según yo, es torpeza social: alguien más me dijo últimamente que interrumpo a las personas en las conversaciones; no sé si eso tiene remedio -o cura-; idealmente, creo, la atención plena (o mindfulness) sería un buen camino: darme cuenta de cuando no debo explicar las cosas, o interrumpir; y mantener la boca cerrada.

No sé si es posible, o cómo.

Por otro lado, terminando las dos vueltas que damos con los perros, me puse a pensar que de hecho sí, hay otra cosa que me llama la atención: la meditación; llevo casi cuatrocientos días de meditar antes y después de dormir.

El reto que me puse fue completar mil días -agregando un minuto cada cincuenta días, habiendo empezado con diez minutos-; y no había previsto qué hacer después de completar los mil días; pero, ahora creo que ya sé: acudir a un retiro de diez días de meditación Vipassana.

Hace más de diez años me anoté para asistir a uno de estos retiros, aquí en la ciudad; pero luego decliné la asistencia: mi excusa fue que serían dos fines de semana que no vería a mis peques; la razón más fuerte es que temía que la experiencia me cambiara; el temor de la pérdida del ego, me imagino.

Le comenté sobre el evento a la psicóloga a la que reencontré el mes pasado; y ella sí acudió; también lo hizo luego su hermano -mi doctor personal-; al final, creo, él fue nomás una vez; ella ha acudido varias veces durante los últimos años.

El segundo día del fin de semana pasado nos estuvimos -con Rb- casi todo el día pintando las dos habitaciones; el día anterior Rb había adquirido un galón de pintura de color azul claro; con lo que pintó un par de paredes de cada cuarto de dormir; también la mayor parte de manchas de las otras paredes.

Por la tarde cocinamos los almuerzos para los días laborales; y también preparé las gelatinas: abrí una nueva bolsa de Psyllium, por lo que la textura de las gelatinas mejoró bastante -con el anterior paquete usualmente quedaban varios grumos en la superficie-.

El lunes me llamaron del departamento al cual fui a acompañar a un grupo de misioneros el año pasado; decliné la llamada -apagué el teléfono-: con el segundo proyecto en el que estoy actualmente me he quedado sin disponibilidad para salir de la ciudad.

Y estoy en una disyuntiva (?) realmente: no creo que pueda estar más de algunas semans en el mismo; pero no estoy seguro del límite; y no quiero comprometerme a apoyar a un grupo y luego incumplir el compromiso; por otro lado, odio renunciar; o sea, nomás espero que las puertas vayan cerrándose.

El inicio de la semana laboral, por otra parte, estuvo bastante tranquilo: en el Imperio del Norte celebraban el Memorial Day (o día del soldado caído); que es el día en el que se honra a todos los que han muerto en las innumerales guerras que han tenido; total que tanto del trabajo, como del segundo proyecto, los mensajes se redujeron por completo.

Pero sí estuve trabajando; y en lo que me gusta: mi compañero más brillante me ha estado involucrando en una propuesta para automatizar una serie de tareas cotidianas; había visto algo del este código -o al menos del ambiente- hace un par de años; y estuve -desde el fin de semana- estudiando el código y, al final, cambiando una pequeña parte.

Por la noche avancé un poco con The Wandering Earth II (la noche anterior había terminado de ver la segunda temporada de The Last of Us; no me gustó el final: detesto cuando una serie se queda en un cliffhanger) y en la lectura de la última parte de Filterworld.

El cual terminé el martes por la mañana: después de meditar, resolver los wordles y entrar a la reunión de la mañana había pensado dormir un raro; pero no lo hice; nomás me quedé en la cama, pero completé la última parte del libro; la verdad me pareció interesante; ahora empiezo Feel Good Productivity.

Como tenía reunión del segundo proyecto a la una de la tarde (se supone que Martes y Jueves debemos hablar sobre los avances) salimos con Rb -y sus perros- a caminar, antes del almuerzo; después me encerré en mi habitación y comenté que seguía con lo mismo: KT.

Luego, aún a media reunión, salí al comedor y acompañé a Rb en el almuerzo; después lavé los trastes y, a las dos, entré a otra reunión: mi compañero más brillante había citado a nuestra supervisora para presentarle el proyecto en el que ha estado trabajando: automation.

La reunión fue corta y bastante productiva: según nuestra supervisora ahora debemos enviarle la propuesta a la persona en el Imperio del Norte que nos ha estado asignando tareas; pero, la reunión para formalizar la misma tendrá que tener lugar hasta dentro de dos semanas: nuestro PM anda de vacaciones.

Y a ver cómo sigue eso...
 

viernes, 28 de febrero de 2014

Final de febrero, Asperger again…

Esta semana –desde antes de mis vacaciones más bien creo- la forma de alimentarme ha variado bastante.  El lunes almorcé en el comedor donde lo hago una o dos veces por semana.  Pollo.  Salí un poco antes de las seis y en el camino aún llamé al compañero del jefe de mi jefe para pedirle audiencia para el día siguiente.  Aún cené pan tostado y té.

El martes volví a acudir al comedor, esta vez pollo frito –lo preparan los martes y jueves-.  Como quería conversar un poco con la compañera de mi jefe con quien mejor me llevo me quedé tarde en la oficina.  Al final tuvo que salir de la oficina pero una hora o algo así más tarde pasó por mí.  Volví a cenar pan tostado y té.  Por la mañana entré a la oficina del jefe de mi jefe y le planteé la posibilidad de pasarme a su área a trabajar como analista de programación.

El miércoles almorcé avena,  la voluntaria que trabaja a cuatro o cinco calles de mi oficina me había vuelto a ofrecer películas y pasé a su oficina al mediodía.  Antes de eso pasé al banco a trasladar a una de mis cuentas de ahorros una parte de lo que me devolvieron de la retención de impuestos del año pasado.

Llegué medio temprano a mi casa, el compañero del BMW me dio aventón.  Como había almorzado solo avena planeé comprar un asado y cenar en mi habitación.  También debía lavar ropa pues siempre me está faltando la camisa blanca de los jueves.  Salí a poner un baño de ropa en remojo y luego fui a la casa de mis peques a dejarles el Kindle, acababa de ponerle el tercer libro de la saga de Percy Jackson y los Dioses del Olimpo.

Cuando llegué a la casa de mis peques mi hijo me comentó que debía llevar un multímetro al día siguiente a su laboratorio de reparación de computadoras.  Le hice ver que no era muy conveniente que me pidiera las cosas a última hora –me había mencionado algo el sábado pero ya no me había dicho para cuando-.  Retorné a mi casa, puse ropa en remojo y salí a comprar mi cena: asado, coca cola y snacks.

Luego me dirigí a una farmacia/ferretería que queda como a diez calles de mi casa.  Afortunadamente tenían multímetros, compré uno y regresé a la casa de mis peques a dejarlo.  Luego cené, estuve –como casi todas las noches- jugando Scrabble con Rb y un poco después de las once salí a lavar la ropa.

Ayer no volví a almorzar formalmente, no tenía hambre por lo que sólo compré un helado.  También fui al banco a depositar la mensualidad de mis peques.  Por la tarde mi reuní con mi jefe, afortunadamente mis resultados este mes –surprise!- fueron mejores que los del mes pasado.  Le comenté que estaba leyendo un libro que me prestó la compañerita, El Caballero de la Armadura Oxidada.  Este libro es –como la mayoría de ese tipo- una elaboración de las enseñanzas básicas del budismo –zen incluso, creo-.  Son como cincuenta páginas de una fábula bastante infantil.

Mi jefe también me comentó si ya había hablado con el compañero del jefe de su jefe, sobre moverme a su área.  La compañerita también me había preguntado el día anterior y mi respuesta fue la misma: Hablé con el susodicho pero solo eso.

Al final de la tarde le pedí aventón al compañero Tn quien me pasó a dejar a una estación del Transurbano.  Aprovechando que llegué a mi colonia antes de las siete pasé al supermercado que queda a pocas calles de mi casa para proveerme de los componentes del desayuno del sábado con mis peques.  También compré un cubilete de chocolate.  Para cenar compré una torta mejicana y cené jugando Scrabble.  Un poco después de las ocho y media mi hijo menor me llamó pidiéndome que le consiguiera unas gráficas en internet.

Fui por él para que me explicara mejor, retornamos a mi habitación a bajar la información y luego lo pasé a dejar a su casa y me dirigí al internet que está en la universidad a imprimir tres páginas a colores.  Pasé a dejarle las impresiones y retorné a mi habitación a continuar con las partidas de Scrabble.  También lavé un par de camisas que había dejado de la noche anterior.

Terminé la noche –casi la una de la madrugada, realmente- leyendo La Cúpula.  Está bastante bueno el libro.  Hoy me levanté un poco después de las seis y veinte y me vine a la oficina aún bastante temprano, en el camino terminé de leer El Caballero de la Armadura Oxidada.  Ha estado bastante lento el día, he estado volviendo a revisar información sobre el Síndrome de Asperger, derivado de una conversación sobre Gmail con Rb.  Quizá algún día tendré un diagnóstico profesional.  Quién sabe.