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domingo, 27 de octubre de 2024

El final... The end... La fin...

En las reuniones con los compañeros que me han estado apoyando en el desarrollo del evento de ciberseguridad, en el trabajo, a veces hablamos de literatura: el dev dirigió hace unos años un grupo de lectura en la ciudad -bastante elitista, por cierto: se reunían en restaurantes bastante elegantes-.

La chica es bastante joven -tiene pocos años de haberse graduado- y no lee mucho; nomás nos comenta que anota los títulos que le mencionamos, para el futuro; el dev, por otra parte, creo que andará por la media de la treintena; y yo, empecé la quinta década hace un par de años.

En la reunión del viernes les comentaba que la muerte ha sido un tema común en mi vida durante los últimos tiempos; no por morbo o algo parecido; sino que he llegado a la parte del camino en el que he tenido más contacto, creo.

Un antiguo conocido murió dos días antes de mi cumpleaños -melanomas en el cerebro- y un compañero de bachillerato murió media hora después de que lo llegara a visitar -tumores en la lengua-; y Hacker News me ha conducido, este año, a leer el blog de un par de casos: un escritor técnico a quien también le extirparon la lengua y un químico con tumores en el cerebro -gioblastoma-.

Creo que por eso preparé ya el documento póstumo que compartí con Rb con detalles que facilitarán un poco en caso que no se cumpla mi plan: vivir tres períodos de ocho años; en el primero continuar como voy, en el segundo bajar el trabajo formal y aumentar el voluntario, y en el último dedicarme únicamente a ser voluntario.

Ya le he comentado el plan a mis hijos -al menos a la mayor y al menor-; y la mayor nomás me preguntó qué pensaba hacer si superaba los setenta y cinco años -muy poco probable- y me comentó, casualmente, que ella tiene conocimientos médicos para un cese de la vida tranquilo.

Y a ver cómo va eso.

El domingo pasado me levanté a las seis y media; luego de meditar -me tocó reiniciar el ciclo pues no desactivé bien la alarma y sonó a los cinco minutos- salí a preparar el desayuno de los fines de semana (el día anterior y este había acompañado el mismo con un plátano frito).

Después de desayunar me quedé un momento en el comedor pero antes de las ocho retorné a la cama: me puse a completar la lección matutina de Duolingo y luego me quedé dormitando hasta las nueve; habíamos quedado con Rb de salir temprano hacia su iglesia: a ella le tocaba impartir una clase a un grupo que sigue las disposiciones del programa para el que ella trabaja; pero quería -antes de entrar en la iglesia- un poco de pollo para los almuerzos de la semana.

Había ya empezado a llover -al parecer hay alguna tormenta tropical afectando el clima- pero el tráfico estuvo bastante tranquilo; en donde nos atrasamos fue en el supermercado: había dos personas delante de nosotros en la carnicería y un solo dependiente.

Después de comprar el pollo -y bananos y una red de aguacates- retornamos al auto; Rb sacó su material para la clase y yo retorné a casita; volví a desayunar -usualmente lo hago los viernes, sábados y domingo- y luego me puse a imprimir la documentación que debía llevar el jueves para la reposición de mi pasaporte.

Por la tarde nos pusimos a preparar los ingredientes para el almuerzo de los cuatro primeros días de la semana: partí un montón de papas, guisquiles, apio y chile pimiento; preparamos una especie de comida china, con las verduras y un poco de pollo.

El lunes Rb fue por la mañana a su cita con el fisioterapeuta; a su retorno traía un par de objetos de silicón para la utilización en la cocina (agarradores) y en el lavatrastos (canastita para la esponja); como tenía una reunión a las cuatro y media para empezar a colaborar como voluntario, en un proyecto de código de la ciudad donde Terminator fue gobernador, le pedí a Rb que hicieramos la rutina de ejercicios media hora antes.

Después del horario laboral (a las tres y media) realizamos la rutina de ejercicios de los lunes y  luego entré a la reunión en la que se distribuyó una invitación para el día siguiente para el proceso de adhesión al proyecto.

El martes el día estuvo bien tranquilo; de hecho he estado durmiendo casi todos los días después de la reunión de las siete de la mañana -no sé cómo va a cambiar mi rutina el otro mes que cambien de horario en el Imperio del Norte-.

Después del horario laboral fuimos a los supermercados en dirección norte; en la tienda verde de descuentos compramos aceite -la bicicleta estacionaria ha estado haciendo un zumbido raro cuando se aumenta la resistencia- y en la tienda una papaya.

A las seis de la tarde -cuando regresamos de los supermercados- ví que tenía un mensaje de mi amigo anciano negro que vive en la ciudad del Imperio del Norte en la que pasé un par de años hace casi veinte.

Lo llamé por Facebook y estuvimos casi una hora poniéndonos al día de las vidas de cada uno: teníamos más de un año de no conversar; en el pasado nos manteníamos más en comunicación; luego, por la noche, me pasé casi tres horas en la reunión en la que se proporciona toda la información para adherirse al proyecto de coding en el que estoy esperando participar por un buen tiempo; además, reservé una reunión para el día siguiente con la administradora del proyecto.

El miércoles estuvo tranquilo el trabajo; he estado tratando de actualizar el ambiente de mi computadora pues no he logrado revisar los últimos cambios debido a la incompatibilidad de algunos componentes.

Por la tarde, después del horario laboral, completamos con Rb la rutina de ejercicios de los miércoles; después entré a la reunión con la administradora general del grupo de voluntarios con el que espero empezar a colaborar; ella también es parte del espectro neurodivergente y mantuvimos una amena conversación en la que definimos el inicio de mi involucramiento; por la noche terminé de leer Les heures souterraines y empecé a leer el siguiente de la línea de francés: Les gratitudes.

El jueves me levanté a las cuatro y media de la mañana; medité y me vestí pues quería salir antes de las cinco hacia la oficina en la que se emiten los pasaportes en la ciudad; caminé hasta el comercial en donde abordamos los buses intermunicipales; luego tomé el transmetro y llegué hasta la estación más cercana a mi destino antes de las seis de la mañana.

Como la cita la tenía para las siete de la mañana (se suponía que debía presentarme quince minutos antes) me metí a un Mc Donald’s cercano y tomé un desayuno de Mc Muffin de Salchicha; luego me estuve leyendo un rato el único libro en papel que he estado leyendo por muchos años: Conejo Blanco Lobo rojo

Un poco después de las seis y media -luego de pasar por los servicios sanitarios- me dirigí a la oficina de los pasaportes -a cuatro o cinco calles-; llegué sin ningún contratiempo y el trámite no me tomó más de media hora.

A las siete me encontraba ya fuera de la oficina; con el nuevo pasaporte en la mano y sopesando qué hacer: habíamos quedado con Rb de encontrarnos en el centro histórico pero faltaban más de dos horas para la hora en la que ella saldría de casa; decidí retornar.

Caminé hasta la estación de transmetro más cercana -por no recordarme que la que tomamos usualmente estaba cerrada me tocó dar un gran rodeo: caminé como diez cuadras en vez de dos- y luego tomé el busito para retornar a casa.

Vine un poco después de las ocho de la mañana y, después de desayunar nuevamente, me puse a trabajar en el formateo de las preguntas del libro de CEH que conseguí en la red; no pude terminar la tarea pues un poco después de las nueve nos dirigimos con Rb al centro histórico.

El viaje de ida estuvo tranquilo -el busito pasó rápido y el transmetro no estaba lleno- y en lugar de apearnos en la estación usual -cerca dle mercado- nos dirigimos a la última, pues teníamos que comprar fideos orientales en una tienda china que se encuentra en sus cercanías.

Luego pasamos al mercado; Rb adquirió sus frutas semanales y después nos dirigimos a la estació más cercana -la segunda más cercana pues no sabíamos que podíamos utilizar la más cercana- para tomar el transmetro de retorno; pasamos a un supermercado en el comercial en donde se estacionan los busitos.

Rb compró medicina en una farmacia del lugar y yo elegí -Rb generalmente me trae algo en sus salidas- un par de muffins y un eclaire; luego retornamos a casita a preparar -recalentar, realmente- el almuerzo; la tarde pasó muy lenta para mi gusto pues me sentía bastante cansado por haberme levantado dos horas antes de lo acostumbrado; pero, si duermo en el día se descontrola mi ciclo circadiano, aguanté hasta la noche.

Al final de la tarde fuimos a los supermercados en dirección sur; compramos un poco de bananos y yo pasé a la panadería a proveerme del pan que consumo en los desayunos de los fines de semana; en la noche ví un poco de Canary Black -creo que dormité en el ínterin- y un poco antes de las diez le avisé a Rb que me retiraría, pues me sentía bastante agotado; todavía medité y leí un par de páginas del libro de francés; luego me dormí.

El viernes la alarma sonó a las seis de la mañana pero -por primera vez en mucho tiempo- nomás la apagué y seguí en cama hasta las seis y media; a esa hora me levanté a meditar y luego pasé la computadora de la mesa a la cama.

Participé en la reunión de las siete de la mañana y luego me quedé en cama: me sentía bastante cansado; me había costado dormirme y estuve soñando -creo- una gran parte de la noche; un poco después de las nueve Rb me habló y me levanté a preparar el desayuno de los fines de semana; luego hice Duolingo y estuve tratando de avanzar un poco en el trabajo que tengo asignado: estoy teniendo problema de compatibilidades con los componentes y no he podido revisar los últimos cambios.

Le pedí al analista más joven -e inteligente, creo- del equipo que me ayudara y puse una reunión para las once y cuarto; Rb salió a comprar un poco de culantro para el pescado del almuerzo y cuando regresó estuvimos un buen rato cortando flores de loroco: doce onzas.

A las once y cuarto me reuní con el analista y estuvimos un poco más de media hora tratando de avanzar en la solución de mis dificultades; no pudimos pero obtuve algunas ideas para continuar; a la uno entré a una reunión del voluntariado al que me inscribí la semana pasada: eramos menos de diez personas y la mayoría administra un proyecto de desarrollo dentro del grupo; nomás estuve escuchando la forma en la que se manejan este tipo de reuniones.

A las tres me reuní con el Dev y la PM que me han apoyado con el desarrollo del evento de ciberseguridad que estamos llevando a cabo -ya sólo tres semanas!-; revisamos el avance del proyecto y nos asignamos algunas tareas para avanzar con el mismo; después de la reunión -casi una hora- le pedí al dev que se quedara un momento y me apoyara con algunas dudas del ambiente de trabajo.

Le mostré las últimas acciones que había tomado y justo encontramos un error común: a pesar de haber cambiado algunas variables del sistema no había reiniciado el ambiente por lo que aún no estaban siendo tomadas en cuenta para el proceso; al final me funcionó; después del horario laboral hicimos la rutina de ejercicios de los viernes y después de un buen baño fuimos a la tienda de verduras a proveernos de ingredientes para los almuerzos de la siguiente semana.

El sábado me levanté a las seis y media; medité y salí a prepararme el desayuno de los fines de semana; luego retorné a la cama a hacer Duolingo -y a dormitar un poco-; me levanté nuevamente a las nueve pues habíamos planeado ir al supermercado más cercano en dirección sur.

Rb había comprado algunas inyecciones con neurotropas -sigue sufriendo dolores en el brazo derecho- y se había inyectado la primera el día anterior, en una clínica que queda a un par de calles; había previsto ponerse la segunda inyección luego de retornar del mercado; a donde se dirigió luego de despedirnos en la garita de la calle; yo estuve leyendo un poco antes de realizar la rutina semanal de bicicleta estática -antes le había aplicado aceite a las partes móviles de la misma-.

Después de los veinte minutos de bicicleta estática saqué a la perra más pesada a su caminata diaria; después me bañé y me dirigí al departamento de mis hijos; habíamos visto bastante tránsito en el boulevard durante nuestra salida matutina y temí que continuara al mediodía.

Y efectivamente había más tránsito de lo usual; pero no estuvo tan mal: en vez de la media hora habitual mi viaje tardó alrededor de cuarenta minutos; igual llegué al edificio quince minutos antes de la una de la tarde.

Subí al departamento y me instalé en el espacio de la sala; unos minutos después salió mi hija y, luego de saludarnos, le indiqué que debíamos participar en la reunión de vecinos que habían programado para las cuatro de la tarde -mi hijo me había enviado copia de la convocatoria el día anterior-.

Ordené en línea una pizza y un calzone de Domino’s Pizza -la misma opción que mi hijo había elegido la semana anterior- y nos dirigimos al comercial que queda a un par de cuadras; pero el pedido aún no estaba.

De hecho la orden no había sido procesada por lo que nos tocó que esperar quince minutos en la tienda; después de recibir el pedido nos dirigimos a una de las mesas del lugar y almorzamos -también resolvimos algunos cubos de Rubik-.

Le propuse a mi hija que camináramos al parque temático más grande de la ciudad y hacia allí nos dirigimos; pero, como a medio camino mi hija se quejó de sentirse mal -no sé si fue el tobillo por el que aún anda renqueando o mareos, por haber estado comiendo de forma muy irregular-.

Por lo que le propuse que retornáramos a casa; estábamos a cuatro calles del edificio y en el medio se encuentra un supermercado bastante popular; pasamos a comprar un poco de bananos y un pastelillo; retornamos al departamento, preparamos café y compartimos el pastelillo -yo le pedí a mi hijo que saliera de su habitación-; conversamos un poco entre los tres y luego subimos, con mi hija, a la reunión de vecinos.

En la que se acordó subir la cuota mensual de mantenimiento en un treinta y tres por ciento; la verdad es que me parece bastante macabra la forma de administrar del edificio; pero es una comunidad en la que estamos -cincuenta departamentos- y no hay mucho que se pueda hacer de forma individual.

Además, el próximo mes deberemos pagar una cuota extraordinaria del doble de lo que estábamos pagando como aportación mensual: se tiene una gran deuda con la empresa que proporciona mantenimiento al edificio; un desastre.

Lo interesante de la reunión -habíamos como veinte propietarios en la misma- es que encontré como tesorera de la junta directiva a la contadora de la empresa en la que trabajé antes de mis viajes al imperio del norte; lo dicho… la ciudad es un pañuelo.

Después de la reunión -en la que también se acordó eliminar el servicio comunal de lavado y secado- conversamos un rato con mis hijos sobre las siguientes acciones a tomar: comprar una lavadora/secadora para el departamento; y prever la estadía en el lugar al menos diez años; luego de los cuales se reevaluará la conveniencia del mismo.

También conversamos con mis chicos acerca de mi deseo para la última semana de cada año: que tengamos un almuerzo de navidad y uno de fin de año; patrocinado por cada uno de ellos; y compartir un par de horas el día anterior a navidad y año nuevo; un poco después de las seis de la tarde me retiré del apartamento.

Pasé -Rb me había enviado un mensaje- por el supermercado que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos que vienen a la colonia: debía comprar un par de bandejas de pollo molido, para los almuerzos de la siguiente semana.

Luego retorné a casa; vine un poco después de las siete de la noche; completé las lecciones de Duolingo y llegué casi al final del séptimo archivo de preguntas de PSPOI/CEH/CompTIA; las once me retiré a mi habitación y finalicé el ciclo del libro actual francés: Les gratitudes, y avancé un poco con Sin querer queriendo; luego me dormí.

Y a ver cómo sigue eso…

domingo, 29 de septiembre de 2024

El carro otra vez... The car, again... La voiture, encore...

El domingo pasado me levanté a meditar a las seis y media y luego retorné a la cama a hacer Duolingo y a dormir un poco más; a las nueve salí del dormitorio y, después de que Rb desayunara, fuimos en automóvil a un supermercado pues últimamente sospecha del ajo que estamos consumiendo y quería probar otra marca.

Aproveché para comprar seis paquetes individuales para preparar café Nescafé; al mediodía almorzamos la tradicionales alitas de pollo y luego sacamos a caminar a los perros; a las tres me dirigí a la casa de mi amigo que vive en la colonia donde habité la década pasada; y, como este jueves tengo reunión de trabajo, aproveché para cortarme el cabello en la peluquería que está justo frente a este lugar.

A las tres y media crucé la calle y compartí el siguiente par de horas con mi amigo, una taza de café y el zepelín que había adquirido un par de días antes; estuvimos poniéndonos al día de la vida de cada uno y aprendiendo el primer paso para armar el cubo de Rubik de 3x3x3 -mi amigo se había aprendido los colores de los centros-; a las cinco y media me despedí y retorné a casita; por la noche estuve haciendo Duolingo -volví a quedar en segundo lugar en la liga semanal- y leyendo un poco de L’eppaiseur d’un cheveau.

El lunes estuvo bastante tranquilo: desde el sábado había empezado con el formateo del segundo libro de exámenes para el certificado del Council Ethical Hacker; la verdad estuvo bastante complicado; Rb salió temprano pues tenía cita en la clínica holística en donde le están aplicando masaje, acupuntura y quiropráctica: serán dos sesiones por semana por las siguientes cinco.

Empecé con Python y luego me pasé a VBA en Excel -mi opción favorita desde hace más de dos décadas- y no fue sino hasta el comienzo de la noche de lunes que pude por fin pasar las doscientas preguntas al archivo de json; y aún así, he encontrado bastantes errores en las preguntas: en las primeras tres o cuatro autoevaluaciones que he hecho me ha tocado retornar al archivo y corregir las opciones de varias preguntas.

Por la tarde mi hija mayor me contactó para que le prestara dinero (ciento treinta dólares) para comprar implementos para el final de su curso de técnico de emergencias médicas; el sábado me había mencionado algo y yo estuve de acuerdo en financiar su último esfuerzo; por la noche entré a Duolingo y luego terminé el ciclo del libro de francés; para continuar luego con Bang Bang Bodhisattva; 

El martes me levanté a las seis y media y, después de meditar, compilé la información de las evaluaciones del curso que estoy promoviendo de Ciberseguridad; a las siete le envié la información al programador que me está apoyando; luego entré a la reunión diaria; la cual estuvo bastante tranquila; después de la reunión tuvimos una conversación por texto con el dev y la pm sobre la forma de administrar las calificaciones del evento; al final todo quedó acordado.

Durante el resto de la mañana estuve avanzando en Bang Bang Bodhisattva; hasta la hora del almuerzo: el caldo de pollo que preparamos el domingo; nos tocó esperar un poco para sacar a los perros pues la lluvia ha estado constante a esta hora durante la semana.

Después del horario laboral fuimos a los supermercados en dirección Norte; compramos bananos y en la sección de embutidos adquirí un paquete de chorizos y uno de longanizas para el asado que planeamos preparar el próximo domingo.

El miércoles todo estuvo tranquilo; después del horario laboral realizamos la rutina de ejercicios de los miércoles; después salimos a la tienda de verduras en donde adquirimos un par de papayas y cuatro manzanas verdes.

El jueves me levanté tarde; después de meditar y entrar a la reunión volví a la cama; Rb salió un poco después de las nueve hacia su visita semanal al mercado del centro histórico; yo estuve trabajando hasta las once menos cuarto; a esa hora me bañé y luego tomé el auto para dirigirme al almuerzo trimestral de nuestro equipo de trabajo; el lugar era un lugar elegante de una de las zonas más exclusivas de la ciudad.

Llegué al lugar con cinco minutos de anticipación (mediodía) pero, por no ver indicación de parqueo en el edificio al que me dirigía, me metí al parqueo del edificio vecino (donde tienen su sede varios organismos internacionales); me costó parquearme y al salir del parqueo y caminar un poco hacia el lugar del almuerzo me percaté del anuncio mostrando una gran P dentro de un círculo; retorné a sacar el auto (tuve que pagar un dolar y medio) y me cambié al parqueo del edificio al que iba.

La operación me tomó bastante y llegué al lugar con quince minutos de retraso; de hecho mi supervisora estaba ya presentando los resultados trimestrales -pero luego de mí llegaron dos o tres colaboradores más-; compartí el almuerzo con los dos colaboradores del área administrativa y uno de mis compañeros del departamento.

Me percaté de que, además del proyecto que estamos llevando a cabo, hay otro par de proyectos que propusieron -y recibieron aprobación- por parte del mismo dev que nos está ayudando con ciberseguridad y otro la persona de infraestructura en el equipo; el almuerzo -carpaccio, risotto y un postre muy bueno de leche condensada y menta- estuvo mejor que el anterior -en el lugar de comida hindú- y, por compartir la mesa con una persona vegana y una alérgica al gluten, me tocó doble postre.

Luego del almuerzo estuvimos compartiendo un poco con el resto del equipo y luego cada uno empezó a retirarse; a las tres -la hora límite- quedaban tres o cuatro compañeros aún; y luego me quedé con la diseñadora del equipo; yo debía esperar pues había quedado de pasar por mi primo a su lugar de trabajo -ahora está en un call center en un edificio bastante cercano a donde iba a trabajar hace cinco o seis años-.

Acompañé a mi compañera a comprar un smoothie y luego aún esperé un rato antes de sacar el auto del parqueo -cuatro dólares y medio-; luego conduje al edificio -le escribí a mi primo para que me esperar en el lugar- pero no ví a mi primo; dí una vuelta a la calle -y le escribí para que saliera a la acera-.

Mi primo se subió al auto y le entregué tres pequeños trozos de papel en los que había escrito las opciones que se me ocurrían para compartir un rato: pasar a un lugar a tomar algo y luego llevarlo a su casa, llevarlo a su casa y preparar café (yo llevaba un par de sobres de café) o traerlo a la casa de Rb, refaccionar y llevarlo por la noche a su casa.

Se decidió por la tercera opción y le escribí a Rb para comentarle que venía hacia casa con mi primo -el año pasado pernoctó un día por acá-; no nos costó mucho entrar -aunque un par de tramos en el camino sí estaban bastante llenos- y un poco más tarde estaba parquándome frente a la casa.

Los dos perros grandes de Rb se emocionaron co la visita y -a pesar de que no era la primera vez- estuvieron agasajando a mi primo; dejamos las mochilas y salimos a comprar pan; con el que preparé una pequeña refacción: pan francés con frijoles y café con pan dulce.

Estuvimos en el comedor hasta un poco antes de las siete; a esa hora le pedí a Rb que me acompañara a dejar a mi primo a su casa; el tráfico estuvo un poco pesado en el lugar de costumbre y un poco más al llegar a la colonia en la que vive mi primo (a una cuadra de la universidad nacional).

Lo dejé fuera de la garita y dí la vuelta; afortunadamente había un carril reversible por lo que nos ahorramos una buena parte del tráfico de retorno; no tuvimos muchas dificultades y un poco más tarde estábamos de vuelta.

El viernes me levanté a la hora acostumbrada -seis y media-, medité y entré a la reunión diaria; luego salí de la habitación a prepararme el desayuno de los fines de semana; después retorné a la cama; se suponía qu enos íbamos a reunir a las nueve y media para continuar ocn el trabajo de ciberseguridad.

Un poco antes de la hora el dev nos escribió para proponer que la reunión se realizara por la tarde; consulté con la SM y pasamos la reunión para las tres; se supone que los viernes almorzamos pescado pero, como ayer me tocó almorzar afuera, nos terminamos el caldo que estuvimos comiendo toda la semana.

A las tres nos reunimos para planear el trabajo de las siguientes semanas; la reunión tardó casi una hora pues nos entretuvimos en algunos otros temas más personales -lecturas personales y así-; a las cuatro hicimos, con Rb, la rutina de ejercicios de los viernes y luego salimos a comprar verduras y papayas.

El sábado me levanté a las seis y media a meditar; estaba lloviendo; salí de la habitación a preparar -y tomar- el desayuno de los fines de semana y luego retorné a la cama; seguía lloviendo y temí que todo el día se mantuviera el mismo clima.

Hice mis lecciones de Duolingo y había planeado leer un poco pero, debido al clima imperante, me quedé dormido y me desperté hasta que Rb me envió un mensaje -y me llamó por Whatsapp- para recordarme que ibamos a salir a las nueve y media.

Me levanté, me vestí y salimos hacia los mercados en dirección sur; compramos pollo y algunos ingredientes para los almuerzos de la próxima semana -yo compré otros paquetes de café instantáneo, un frasco de café instantáneo y media docena de coquitas-.

Cuando retornamos -casi a las once- me puse a hacer la rutina de ejercicios en la bicicleta estática; luego sacamos a caminar a los perros y luego me bañé; después preparé las ensaladas que había planeado; saqué del refrigerador las coca colas que había puesto a enfriar y un par de paquetes de gel congelado.

Cargué las cocacolas, las ensaladas y el gel congelado en la mochila-hielera de Rb -y los snacks y un par platos en mi mochila- metí ambas mochilas en el auto y me despedí de Rb; el tránsito estuvo terrible; no solo empezaba a pocas cuadras de mi casa sino que, en el lugar de costumbre, se detuvo por completo durante más de diez minutos; incluso llamé a mi hijo para avisarle que llegaría tarde; quizá a la una y media.

El embotellamiento por fin se liberó un poco -no había ninguna razón verdadera para que hayamos estado detenidos durante tanto tiempo- y traté de no alterarme mucho: total, ya le había avisado a mi hijo; al final llegué con diez minutos de retraso, me parqueé y subí al apartamento.

Entré y no ví a nadie -nomás varios trastes sucios en el lavaplatos-; me puse a lavar los trastes y llamé a mi hijo para avisarle que ya había llegado; continué lavando, puse a secar los trastes y luego me senté frente al balcón a meditar -viendo el tráfico-.

Mi hijo salió un poco más tarde y conversamos un momento; luego le propuse que nos dirigiéramos al parque temático más grande de la ciudad; en la salida nos ocurrió algo bizarro: la perilla de la puerta le quedó en las manos a mi hijo; la reparamos pero le indiqué que debíamos planear el cambio pues no se ve muy segura.

Caminamos las ocho cuadras hasta el parque -una extra para llegar a una gasolinera en cuya tienda vende hot dogs- y en el mismo nos dirigimos directamente al área de mesas; afortunadamente en esta ocasión no estaba reservado el lugar por lo que pudimos ocupar una mesa para tomar nuestro almuerzo: partimos los hot dogs para consumir una mitad diferente de cada uno; y compartimos las ensaladas (lechuga, zanahoria, manzana verde y aguacate -con aderezo césar o ranch-), los snacks y las coca colas.

Después del almuerzo le propuse a mi hijo que nos subiéramos a la rueda de Chicago gigante; no le gustó mucho la idea pero aceptó; después de bajar del juego mecánico empezamos a caminar de vuelta al apartamento; pasamos a la panadería de costumbre pero, en lugar del zepelín de costumbre- compré un par de porciones de pastel -y una docena de pan tostado, pues había planeado pasar a visitar a mi tía favorita-.

Retornamos al apartamento y le escribí mos a mi hija mayor para ver si ya se encontraba en el lugar -para convidar a pastel y café-, pero ella aún se encontraba en el lugar en el que estaba presentando el exámen final de su curso de técnico médico -afortunadamente pasó todas las pruebas-; partí mi porción de pastel y reservé la mitad para mi hija mayor y luego compartimos un café -y pastel- con mi hijo menor; continuamos con la coversación hasta las cinco y media -le había escrito a mi tío para consultarle si podía pasar por su casa-.

A las cinco y media me despedí de mi hijo menor y bajé al parqueo; a las seis menos cuarto estaba parquándome en la calle donde vive mi tía; toqué el timbre de la casa y mi tío bajó a abrirme el portón; en el comedor encontré también a mi tía y mi segunda prima favorita.

En la planta baja estaban celebrando el cumpleaños de las gemelas de mi primo por lo que cuando llegué -mis tíos viven en el segundo nivel- me convidaron a pastel de fresas con crema -y café-; les entregué el pan tostado y estuve un poco más de una hora conversando con mi tía y mi prima -mi prima se despidió un poco más tarde-.

Un poco antes de las siete le indiqué a mi tía que tenía que retirarme y me despedí; el tráfico estuvo bastante ligero por lo que no tardé mucho en el retorno a casa; lavé y puse a secar los trastos que había usado en el almuerzo cn mi hijo y me puse a corregir el primero (de los diez) archivos json que he preparado para la continua revisión de mis conocimientos de PSPOI, COMPTIA y CEH.

Hoy me levanté a las seis y media, medité y salí a prepararse el desayuno de los fines de semana; después volví a la cama a hacer DUolingo y leer un rato; también me quedé un rato dormitando, puse el reloj para salir de la habitación un poco antes de las nueve, ya que habíamos quedado con Rb de ir al supermercado donde compramos abarrotes a granel.

Por ser domingo no había mucho tránsito y llegamos bastante temprano al supermercado; llevábamos una lista para proveernos -y yo llevaba una lista para comprarle algunos productos de limpieza a mis hijos-; todo estuvo bastante bien, incluso compré el tradicional pastel de tres leches; lo malo fue cuando retornamos al auto: cargamos las compras en el asiento trasero y nos dispusimos a retornar; pero el auto se negó a encender; justo como me pasó hace varias semanas muy temprano.

Probamos varias opciones -como lo que nos había recomendado el mecánico-; luego lo llamamos y aún así no arrancó; Rb llamó a una grúa y nos dispusimos a esperar: se tardaron casi una hora en llegar; en el ínterin nos tocó que salir del automóvil pues Rb empezó a hiperventilar; hicimos un poco de ejercicios de respiración y continuamos esperando; cuando llegó la grúa el conductor nos indicó que lo más recomendable era empujar el auto fuera del parqueo porque estaba muy lleno (había una larga cola para ingresar).

Yo había ido a encontrar a la grúa fuera del parqueo y dos jóvenes (bastante fornidos) me acompañaron para empujar el auto; pero, el bendito auto arrancó cuando lo pasé a neutro; Rb fue a sacar dinero al cajero pues igual debíamos pagar el viaje de la grua (65 dólares).

Nos despedimos de los trabajadores y retornamos a casa; y bueno, nuestra contribución a una pequeña empresa familiar; se supone que le mecánico vendrá a ver el auto el lunes y a ver si se logra reparar; no pienso tocarlo mientras se mantenga el problema.

Antes del almuerzo sacamos a caminar a los perros pues el tiempo ha continuado bastante lluvioso; luego preparamos las alitas y una gran ensalada y después del almuerzo preparé -mientras lavaba los trastos- el té de manzanilla para Rb y un té chai para mí.

El resto de la tarde lo pasé avanzando en The Road to character -me está costando bastante- y en continuar afinando el primero -de diez- archivos json que preparé con las preguntas de PSPOI, CEH y COMPTIA; por fin logré llegar al final de las ciento sesenta y cinco preguntas.

Y a ver cómo sigue eso…

domingo, 22 de septiembre de 2024

Certificado... Certified... Certifié

Al final del día un certificado es nomás la expresión de la constancia de una persona: soportar o mantenerse en el camino durante el suficiente tiempo para completar con los requisitos para obtener una prueba de que se llegó al final.

En el ínterin pueden pasar muchas cosas: abandonar y regresar -una o más veces-; avanzar sin parar; extender o acortar la ruta: mi papá se inscribió a la misma Universidad nacional el mismo año en que yo ingresé -aunque ya había intentado con una privada, creo-; hace cuatro o cinco años obtuvo -por fin- el título de maestro de educación media.

Y ahora anda -supuestamente le falta un año de clases- en la búsqueda del título de Licenciado en Educación; mi pregunta sería: ¿por qué?; quizá debería ser: ¿por qué no?; porque la final, creo que lo mismo pasará en mi vida -aunque el diploma de licenciado lo tengo hace más de veinticinco años-.

Porque el aprender -o el aprendizaje- es uno de los 'valores' vitales en mi vida; me cuesta pensar en una época en la que no haya andado con un libro bajo el brazo -aunque desde hace ya más de cinco años, la mayoría han sido digitales-.

Quizá me toque -también- morirme con un libro bajo el brazo...

El lunes estuvo tranquilo en todo sentido: me levanté a las seis y media a meditar; luego retorné a la cama para la reunión diaria del equipo de trabajo; después me dormí hasta las nueve y media; a media mañana me levanté a desayunar.

Después estuve leyendo la primera parte de The Happinness Trap; me tocaba enviar un flyer del evento de ciberseguridad pero había planeado hacerlo por la tarde; antes del mediodía la PM que nos está apoyando lo envió -no recordaba que ese había sido el acuerdo-.

Al mediodía Rb preparó arroz con  mollejas e hígados de pollo; antes de almorzar sacamos a caminar a los perros; lo que estuvo bien pues después del almuerzo empezó a llover y nos hubiera complicado la rutina.

Después del horario laboral hicimos la rutina de ejercicios de los lunes; luego de un buen baño estuve leyendo un rato; completando el libro de CAT y terminando La blague du siecle; luego bajé varios libros para continuar la línea de francés.

También ví. por la noche. el segundo capítulo de la cuarta temporada de Porni; esta es una serie Noruega que hemos estado viendo con Rb por varios años; no recuerdo desde hace cuánto y no recuerdo cómo la encontramos; pero nos ha parecido bastante interesante.

El martes Rb sacó el auto para llevar a su perra más anciana a que le cortaran el cabello; por la mañana mis hijos me contactaron -mi hijo menor- para que les pagara el servicio de Internet; supuestamente no recordaban que yo me había comprometido a hacerlo.

Antes del mediodía recibí un correo del trabajo en el que la supervisora anunciaba el próximo jueves para la reunión trimestral del equipo de trabajo; será un almuerzo en otro lugar elegante de una de las zonas más pudientes de la ciudad -para ese día había planeado mi segundo día de vacaciones del mes.

Como Rb había salido en la mañana con su perra no quería salir a caminar por la tarde, sino realizar ejercicios en la sala; por lo que, después del horario laboral, me fui -solito- caminando a los mercados que nos quedan en dirección norte; cuando salí del supermercado compré un número de la lotería nacional.

El miércoles Rb fue a una cita en una clínica holística que queda en el área de los supermercados en dirección norte; le aplicaron acupuntura, masajes y una inyección homeopática -agua, según yo-; por la mañana tuve la reunión quincenal con mi supervisora; le comenté lo de mi día de vacaciones de la otra semana y le propuse cambiarlo para este viernes; lo cual aceptó.

Además, le propuse -y aceptó- que invitáramos a los cinco miembros del equipo de administración de nuestro departamento -con quienes compartimos ubicación geográfica- al evento de ciberseguridad que iniciamos hace un par de semanas; dos personas aceptaron la invitación.

Por la tarde me puse a depurar uno de los cuestionarios que encontré en un libro para obtener el certificado CompTIA; el cual se ve interesante pero cuesta diez veces el precio del PSPOI; por la tarde, después del horario laboral, realizamos los ejercicios de los miércoles; luego fuimos a la tienda de las verduras.

El jueves terminé de depurar el cuestionario que había iniciado el día anterior; Rb fue al centro histórico a realizar la compra semanal de frutas; me trajo, cuando retornó, un par de mis zepelines favoritos; por la tarde me reuní con el dev y la pm con quienes estamos realizando el evento de ciberseguridad.

Por la tarde pude pagar un año de la cuota del Colegio de Ingenieros; había intentado hacerlo por la mañana pero el banco ligado al gobierno es bien ineficiente y me marcaba como inactivo -realmente estoy activo hasta el fin de este año y pago un año y medio antes-; afortunadamente en la página del colegio pude pagar con mi tarjeta de crédito; después del horario laboral fuimos a los supermercados en dirección sur.

A pesar de haber decidido hace unas semanas no pagar los doscientos dólares para obtener el certificado de PSPOI, al final me dije que por qué no… Así que planeé utilizar el día de vacaciones que me tocaba el viernes para realizarlo.

El viernes me levanté a las seis y media de la mañana -mi horario normal últimamente-; medité y retorné a la cama para enviar el primer quiz del evento de ciberseguridad que estamos llevando a cabo este trimestre; a las siete envié el form de MS y luego pagué el examen para el certificado.

Y funcionó muy bien; completé las ochenta preguntas antes de los treinta minutos y volví a repasar desde el inicio; justamente la primera o segunda la hubiera obtenido mala porque de tres respuestas probables nomás había elegido dos; creo que me ayudó haber estado repasando obsesivamente las más de ochocientas preguntas que había encontrado por varios lugares de internet… muchas eran muy parecidas.

Al final obtuve una calificación de 79/80 (me queda duda de cual fue la que no contesté correctamente) e inmediatamente le envié un screenshot al SM de nuestro equipo -y al ex compañero que se está dedicando a ser PO en algún sitio de freelancing-.

Luego distribuí la noticia entre muchos conocidos -y mis dos hijos-; después preparé el desayuno de los viernes y, a las diez y media, hicimos la rutina de ejercicio de los viernes con Rb: como era mi día de vacaciones, y tenía que salir por la tarde, le pedí a Rb que hiciéramos la rutina de ejercicios antes del mediodía.

A las dos y media tomé la penúltima libra de café que me quedaba del viaje de mi tercera jornada como traductor y empecé a caminar hasta el lugar en donde tomamos el bus intermunicipal; lo que fue providencial porque nomás saliendo de la calle al boulevard ví el nivel de embotellamiento del viernes por la tarde; afortunadamente el bus pasó bastante rápido y luego también el Transmetro.

Llegué con más de cuarenta minutos de anticipación a la estación del transmetro más cercana al lugar en el que habíamos acordado reunirnos con mi ahijado profesional; por lo que decidí pasar a la juguetería más grande la ciudad a ver si había un buen juego de ajedrez con piezas grandes; encontré uno bastante aceptable -veinte dólares-; el cual adquirí; luego caminé a la cafetería en donde nos habíamos visto la última vez con mi ahijado.

Y volvió a pasar lo que continúo notando: pedímos unos café y unos pastelillos y nos dieron un dispositivo que se suponía vibraba cuando la orden estuviera lista; pero ví que dos o tres personas habían pedido luego de nosotros y ya habían recibido su orden.

Me acerqué al mostrador y al parecer habían ‘perdido’ nuestra orden; por lo que se las recordé -con la factura- y, cuando me ofrecieron que me la llevarían a la mesa; pero no, me quedé esperando en el mostrador; y bueno.

Pasamos un poco menos de dos horas con mi ahijado; poniendonos al día de la vida de cada uno: lo ví un poco más lleno; no sé si es el estilo de vida o la edad -o ambas cosas-; a las seis menos cuarto -había puesto una alarma- nos despedimos y me dirigí a la estación del transmetro más cercana; luego caminé hasta el comercial en donde se estacionan los busitos que vienen a la calle donde vivo.

El sábado me levanté a las seis y media, medité y volví a la cama a hacer Duolingo; luego me levanté a preparar el desayuno de los fines de semana; después del desayuno fuimos con Rb a los supermercados en direción sur y a la tienda de las verduras.

Venimos un poco después de las once y me puse a hacer veinte minutos de bicicleta estacionaria; luego de bañarme me puse a preparar las ensaladas que había planeado llevar para el almuerzo con mi hija; salí justo a las doce y media de casa y creí que llegaría tarde al apartamento de mis hijos; pero no, afortunadamente el tránsito no estaba muy pesado y un par de minutos antes de la una estaba estacionando en nuestro espacio del edificio.

Mi hija ya estaba lista cuando llegué al apartamento; y mi hijo salió a la sala a saludar; nos dirigimos con mi hija mayor al parque temático más grande de la ciudad; aunque antes de entrar compramos -en una gasolinera a un par de calles- un par de hot dogs.

Nomás entrar al parque buscamos un lugar para almorzar -todo estaba lleno- y dimos buena cuenta de los hotdogs, ensaladas y snacks -había llevado la mochila hielera de Rb-; después compré un boleto para subir a la rueda de Chicago más grande del parque; luego retornamos al apartamento; en el camino pasamos a la panadería de costumbre a comprar un zeppelin.

En el apartamento preparamos té para los tres y convivimos un momento; también estrenamos el nuevo juego de ajedrez en una partida con mi hija mayor; a las cinco y cuarto me despedí de ambos; había estado considerando si conducir las dos cuadras hasta donde había quedado de reunirme con el voluntario en cuya fiesta de cumpleaños coincidimos por primera vez con Rb hace once años; o caminar.

Al final caminé el par de cuadras; llegué al lugar con cinco minutos de antelación y mi amigo llegó con cinco minutos de retraso; compré un par de cafés -y un pie de queso para mí- y pasamos la siguiente hora poniéndonos al día de cada vida.

Hace once años cumplió treinta -allí nos conocimos con Rb-; hace un año celebró los cuarenta y nos invitó a una fiesta temática con disfraces de cartón: de las pocas veces que hemos salido con Rb durante los últimos años -debido a sus alergias alimenticias-.

A las seis y cuarto mi amigo me pasó a dejar al edificio donde viven mis hijos, saqué el automóvil y retorné a casa; el tránsito estaba un poco raro pero no me tardé mucho antes de estar parqueando el auto frente a la casa de Rb.

And life just goes on...

domingo, 15 de septiembre de 2024

Días de Lluvia... Rainy Days... Jours de pluie...

Este es un día lluvioso... de los que invitan a pasarse todo el día en cama; leyendo o durmiendo; y eso es lo que he estado haciendo casi toda la jornada; en general ha sido un tiempo bastante similar durante los últimos días; se suponía que había una depresión tropical en el Atlántico -o algo parecido- y la mayor parte de las tardes de esta semana han estado parecidos.

El lunes estaba leyendo en cama cuando ví un correo/mensaje recibidos media hora antes; decía que tenía que recoger mi nuevo equipo entre diez y once de la mañana; eran las diez y media; le escribí (respondí) a mi supervisora, para coordinarlo el martes en el mismo horario; luego contacté al área de la empresa en la que deben entregarme el nuevo equipo; se supone que se puede realizar de esa forma.

Por la tarde envié la primera parte (de veinte) de la información que estaremos compartiendo durante el evento de ciberseguridad en el que nos hemos embarcado durante tres meses; continuo avanzando con La blague du siecle; también decidí leer Bang Bang Bodhisattva antes de The City and The City; además, empecé a ver una serie con Rb: Critical Incident; aunque me sigue produciendo incomodidad -por alguna razón- ver que toda la ‘cultura’ australiana es realmente Europea trasplantada allí (o sea, al igual que por nuestras tierras, los pueblos originarios brillan -con excepciones- por su ausencia).

El martes me levanté a las seis y media; medité y entré a la reunión diaria; luego estuve haciendo Duolingo en cama; más de media hora pues era improbable que pudiera continuar más tarde: debía ir en la mañana por mi nueva máquina a las oficinas.

Un poco antes de las nueve me levanté a desayunar; a las nueve y media empaqué mi computadora laboral anterior y, despues de revisar los líquidos del auto, inicié el viaje hacia las oficinas: salí bastante rápido pero a un par de cuadras empezaba ya el embotellamiento; me tardé media hora en llegar al cruce donde se integra el tránsito del municipio vecino (usualmente no son más de cinco o diez minutos); otra media hora para llegar a la zona en la que está la oficina.

Al final el viaje de media hora se convirtió en hora y quince minutos; afortunadamente pude entrar al parqueo sin ningún contratiempo y pude entregar la computadora anterior y recibir la nueva sin mucha dificultad: nomás me tocó encenderla dentro de la red para sincronizar los archivos de la máquina anterior.

Luego retorné a casa; el viaje de vuelta me llevó un poco más de media hora -incluyendo unos minutos en los que pasé a rellenar el tanque del auto: casi diecisiete dólares-; vine antes de las doce pero olvidé utilizar el cofre de Duolingo de antes del mediodía.

Al mediodía almorzamos el pollo asado y las papas preparadas en la misma forma; con un poco de consomé que nos sobró del fin de semana; después sacamos a caminar a los perros de Rb; pero nomás pudimos dar una vuelta -igual que ayer- pues casualmente la lluvia ha estado un poco fuerte a la misma hora.

Antes de las cuatro el Dev que está trabajando en la tarea que creé hace unas semanas me contactó para que vieramos algunas dudas que tenía; puse una reunión con el analista del área que más se ha estado involucrando y otro dev que está viendo el backend.

Lo malo es que la reunión se veía que estaba alargándose y me gusta salir a las cuatro de la tarde -empiezo a trabajar antes de las siete- por lo que me despedí aduciendo que aún no había terminado de configurar mi máquina.

Fuimos con Rb a los supermercados en dirección sur; en la tienda de descuentos compré un aireador de agua para el departamento de mis hijos y dos cepillos para lavar baños (aunque me cobraron tres de estos últimos); además adquirimos baterías (yo necesito para probar las calculadoras que mi hijo me devolvió y que pienso regalar).

Luego pasamos al otro supermercado por bananos y el queso que uso para mis cenas; en el camino pasamos a la tienda donde Rb se ha estado proveyendo de uvas estas últimas semanas, pero no había; afortunadamente pudo comprar en otro lugar del camino.

El miércoles el trabajo estuvo bastante tranquilo; después del horario laboral hicimos los ejercicios de la rutina de la mitad de la semana: aún me cuesta utilizar la mancuerna mas pesada que adquirió RB; después fuimos a la tienda por un poco de verduras; ese día empecé a leer Bang Bang Bodhisattva.

El jueves era el primero de los dos jueves de vacaciones que estoy tomando cada mes; la noche anterior había planeado levantarme a las ocho y media; pero olvidé desconectar la alarma del celular más nuevo; me levanté a las seis y media; medité y me volví a dormir hasta las ocho y media.

Desayuné y luego acompañé a Rb al mercado del centro histórico; en el camino de ida y vuelta avancé con Conejo Blano Lobo Rojo; regresamos al mediodía (yo elegí un paquete de pan tostado en el supermercado); almorzamos lo de los otros tres días: pollo y papas asadas.

Por la tarde estuve trabajando en un componente de react para manejar mi To Do List como Kanban; un poco después de las cuatro me dirigí al comercial en donde tomo los buses intermunicipales: había quedado de reunirme con mi amigo el Testigo De Jehova, para entregarle algunos libros que mi hijo había estado a punto de tirar a la basura (y algunos que saqué de mis cajas).

Además le regalé una calculadora científica -graficadora- que había comprado para mis hijos cuando estuvieron en la facultad; no recordaba que había adquirido dos en esa época; ya ni recuerdo si fue una con la primera y una con el segundo.

Tampoco me recordaba que una la había adquirido -por medio de Rb- de una persona que vive en Jalisco; fue todo un rollo porque aproveché que ella andaba visitando a su hermana apara realizar la transacción.

En fin, cuando mi hijo se cambió al apartamento tenía una caja con libros y dos calculadoras científicas de Texas Instrument; entonces me recordé -a lo lejos- de cómo adquirí ambas (creo que una se la compré a un ex compañero del voluntariado -o en FB market place- y la otra Rb me la trajo de México).

Con las baterías que adquirí el miércoles probé ambas calculadoras y les dí una limpiada pues habían estado en el olvido por varios años; le regalé la más viejita a mi amigo Testigo y pienso regalarle la otra a mi único amigo de la facultad (su segundo hijo está en el primer año en la facultad).

Estuve con mi amigo un poco más de una hora con un café y un pastel tres leches; al final contrató a una consultora que le referí hace algunas semanas y me comentó que necesitará Desarrolladores pronto; creo que son de los contactos que debo conservar para cuando me toque cambiarme de trabajo.

Un poco después de las cinco y media nos despedimos y retorné a mi casita; en el camino pasé a comprar los panes de los desayunos del fin de semana y media docena de huevos; que mi amigo que visitaré el sábado me encargó; ya terminé la app de Kanban; estoy por publicarla.

El viernes retorné al trabajo y estuvo bastante tranquilo; durante el día estuve avanzando un poco en el libro en francés: La blague du siecle; y un poco en el libro en español: los escorpiones; al final de la jornada laboral hicimos la tercera rutina de ejercicios de la semana.

Ayer sábado me levanté a las cinco y media; medité y me dí un buen baño; luego cargué mi mochila en el auto y me preparé para partir; pero el auto no encendió; y se notaba que no era la batería, sino algo más; ni siquiera daba starter; como ya me había pasado algo similar en alguna ocasión y lo había resuelto moviendo un poco la palanca de velocidades, intenté repetirlo, pero no funcionó.

Total que mejor empecé a caminar hacia el lugar en donde tomamos los buses intermunicipales; me llevó casi veinte minutos; de allí tomé un bus que me llevó hasta la terminal; tomé desde allí un bus que me lleva al municipio en donde vive mi amigo, en el otro extremo de la ciudad.

Faltaba ya poco para las siete por lo que lo llamé para comentarle la situación y advertirle que llegaría tarde; me propuso salir a traerme a la ruta cuando ya me encontrara en su municipio; el bus se fue bastante rápido y un poco después de las siete y media le envié mi ubicació por whatsapp.

Mi amigo llegó por mi en su motocicleta y completé (con una hora de retraso) el trayecto; mi amigo estaba -nuevamente- a la mitad de la limpieza de su cocina; terminó eso y preparamos -preparó él- un muy buen desayuno (yo llevaba una libra de café y media docena de huevos).

Desayunamos en un área que tiene en el exterior de su casa (dá a un bosque de pinos) y allí estuvimos conversando un par de horas; además estuvimos practicando un poco con su cubo de Rubik de 3x3x3; en el ínterin había hablado con Rb sobre la situación con el auto y un poco después me comentó que ya había hablado con el mecánico y que pasaría por la tarde.

Le comenté a mi amigo que me retiraría a las once de su casa y me ofreció llevarme al mismo lugar en donde nos habíamos encontrado más temprano; allí tomé un bus de vuelta a la ciudad y me apeé en el Obelisco; desde allí caminé un poco y pedí un Uber-moto para llegar a la estación más grande que se encuentra a la mitad del recorrido más extenso del Transmetro.

A las doce y cuarto estaba llegando al lugar en el que tomamos los busitos que vienen a casa; pero, al parecer, el anterior había salido un poco antes por lo que me tocó que esperar casi quince minutos a que se llenara y el conductor iniciara el viaje.

Al final vine a la una menos cuarto; con tiempo aún para ayudarle a Rb a terminar de preparar la ensalada del almuerzo; por la tarde estuve avanzando con Los Escorpiones y ví una película de dos horas: Rebel Ridge.

A media tarde vino el mecánico -con su hijo adolescente-; salí a comentarle cómo había estado lo del auto -Rb también había intentado encenderlo por la mañana- y él lo encendió pasando la palanca a la posición neutra -no sabía (o había olvidado) que en un carro automático apagado hay que meter el freno para que la palanca cambie-; total que no era nada serio.

Intenté pagarle al mecánico por la molestia; pero me comentó que él aún estaba en deuda con Rb y que aún no podía terminar de cancelar su compromiso; que mejor cotizaría una pieza que puede mejorar el comportamiento de ese día y que entonces sí nos cobraría por el servicio.

Hoy me levanté a las seis y media y, después de meditar, retorné a la cama; estuve haciendo Duolingo pero un poco después me quedé dormitando en la cama; hasta las ocho y media; me levanté a desayunar y luego retorné a continuar con La blague du siecle -ya solo me falta un ciclo-.

A las diez nos dirigimos a la tienda de ropa estadounidense de segunda mano; Rb quería comprar un mameluco para su perra más vieja; yo no quería comprar nada; pero, compré un edredón -aún no decido si utilizarlo yo (tengo dos) u ofrecerselo a mis hijos; Rb también adquirió algunos shorts y playeras; yo compré un helado.

Retornamos antes de mediodía y preparamos alitas y ensalada; lo que almorzamos junto con un poco de sopa que nos ha sobrado de días anteriores; después del almuerzo no pudimos sacar a sus perros pues -como casi toda la semana- la lluvia empezó a ponerse un poco más fuerte.

Estuve leyendo un poco de The Happiness Trap pero me volví a dormir otro rato; luego de que Rb le diera de comer a sus perros aprovechamos que ya no estaba lloviendo para sacarlos a caminar; y quién sabe cuánto tardará esta temporada lluvios.

A ver cómo va eso...

domingo, 8 de septiembre de 2024

La década... The decade... La decade...

El lunes cumplí diez años de empleo continuo; todo un triunfo considerando que he trabajado en más de veinte lugares durante los últimos treinta y dos años; justo inicié un dos de septiembre porque el lunes de hace diez años fue uno de septiembre y es un asueto federal en el Imperio del Norte (Labor day) por lo que usualmente se suspenden las actividades en empresas como las que trabajo.

Me levanté a las seis y media; medité y e hice Duolingo; por el asueto en la casa matriz no hubo reunión diaria; por lo que me quedé dormitando en la cama; hasta las nueve y media; antes de dormirme realicé un repaso del tercer grupo de preguntas -me fue bastante mal: como noventa y cuatro por ciento- y después del mediodía revisé la última parte; al final de las ochocientas treinta y tres preguntas debo repasar 25 -es lo que respondí erróneamente- aunque algunas fue simplemente porque no seleccioné la opción elegida; o no seleccioné ninguna.

También vi cinco o seis videos del curso que estoy tomando; me parece que si logro terminar de ver todos los videos antes del próximo jueves voy a tratar de repasar los que vea más importantes para el examen.

Al mediodía cocinamos -y almorzamos- un pollo en crema de almendras -y loroco-; un muy buen almuerzo para dos días; un poco antes había ingresado en el sistema interno la solicitud de los dos días de vacaciones del mes (doce y veintiséis) y luego envié la invitación a los dieciséis miembros del equipo para que participen en el evento de formación de ciberseguridad.

Mi hijo menor me escribió para recordarme de los cien dólares que debo transferirle mensualmente por la compra de acciones de su empresa; y al enviar el comprobante le recordé que debe transferirme -lo que hizo- ciento cincuenta dólares como cuota mensual del apartamento -su hermana mayor me dio en efectivo ciento veinte dólares el día anterior-.

Además mi hija mayor me había escrito en la madrugada para enviarme la factura de la electricidad del apartamento -la primera de ellas: ocho dólares-; la que cancelé en el acto y le envié el comprobante; por la mañana me enviaron -de la oficina de RRHH- un mensaje en el correo electrónico, felicitándome por alcanzar los diez años de trabajo; y mi supervisora me escribió por la tarde para agradecerme por el inicio de la actividad de capacitación que estoy promoviendo.

Después del horario laboral hicimos la rutina de ejercicios de los lunes; Rb compró una pesa de más de veinte libras hace una semanas; lo que le provocó dolores en uno de los codos; por lo que suspendió su uso y me la cedió momentáneamente: con lo que aumentó la dificultad de mi rutina.

El martes me levanté a meditar a las seis y media; a las siete entré a la reunión diaria del equipo; estuve practicando las veinticuatro preguntas incorrectas y luego decidí dividir el archivo en cinco partes; cada uno con mas o menos ciento sesenta preguntas.

A media mañana llamé a mis papás para avisarles que iba a llegar el sábado; mi papá me comentó que estaba ausentándose ese día pues retomó sus estudios para Licenciarse en Educación; luego hablé con mi madre y se me ocurrió que podría ir el domingo y así se lo hice saber; o sea, me gusta más viajar el sábado pues tengo el domingo para descansar antes de la semana laboral; pero a veces no se puede hacer lo que uno quiere.

Después del horario laboral fuimos a los supermercados en dirección norte: compré un par de salsas y varias cocas en la tienda verde de descuentos; algunas frutas en un supermercado y Rb pasó a comprar uvas en la tienda en donde ha estado proveyéndose últimamente.

Venimos a dejar esas compras y retornamos a la tienda de las frutas y verduras en donde compramos huevos y algunas otras legumbres; por la noche avancé un poco -me está costando- con Los Escorpiones; también modifiqué la app de registro de gastos para que los totales sean solo sobre la información presentada (o sea, por fecha o total).

El miércoles me levanté a las seis y media; medité y entré a la reunión diaria; luego me dormí un poco  -igual que el día anterior- pero ahora estaba consciente que debía estar despierto antes de las nueve y media pues tenía la reunión quincenal con mi supervisora.

A las nueve salí a desayunar y luego volví a la cama para la reunión; que estuvo bastante tranquila; básicamente quería saber cómo iba la organización del evento de Ciberseguridad: el Dev me había sugerido el día anterior que podíamos entregar un certificado avalado por la supervisora y cuando se lo planteé estuvo de acuerdo y además ofreció un premio especial para el que acumulara más puntos en las actividades.

Al mediodía preparamos una tortilla española con papas, champiñones y chile pimiento; y almorzamos eso con un pequeño trozo de pollo a la plancha; sacamos a caminar a los perros (el día anterior nos habíamos atrasado con eso a causa de la lluvia).

Después del horario laboral realizamos la rutina de ejercicios de los miércoles y luego estuve revisando la app de registro de gastos (lo estuve haciendo casi todo el día) para que las gráficas funcionaran igual que los totales: nomás con lo que se muestra en pantalla.

El jueves Rb salió, por su compra semanal de frutas, al mercado del centro histórico; le había indicado que no me obsequiara ningún pan dulce ese día sino que me trajera dos pares de zepelines pues pensaba llevarle eso a mis papás en la visita del domingo; pero cuando me llamó decidí no comprarlos pues la fecha de vencimiento estaba muy cerca.

Por la mañana me reuní con el Dev y la PM para afinar los detalles del arranque del evento de ciberseguridad; revisamos los volantes a distribuir y conversamos un poco sobre la mecánica de las siguientes semanas.

Antes de esta reunión me había reunido nomás con el Dev pues tenía algunas dudas de una tarea que le había enviado y al final acordamos que me la reasignara para pedir más información al Dev que más nos ha ayudado en esta área.

Por la tarde, después del horario laboral, acudimos a los supermercados en dirección sur; compré frijoles para desayunos de al menos cuatro meses; también compramos bananos y algunas frutas en la tienda; también compré el pan de mis desayunos de la semana; antes de los supermercados acompañé a Rb a una carpintería que queda a unas calles: quería la cotización de una estructura de madera para facilitar la deshidratación de sus frutas y legumbres.

El viernes  recibí respuesta a mi correo del día anterior y le reasigné la tarea al Dev; este día decidí que no me examinaré para obtener el certificado de Product Owner; y la verdad es que, revisando algunos conceptos el día anterior, volví a encontrarme con el requisito por el cual decidí no perseguir la ocupación de Business Analyst: buen trato con las personas.

Decidí que debo seguir explorando certificaciones que se adecúen con mi perfil: Quality o Cybersecurity; de hecho consideré obtener un certificado básico de Cybersecurity pero cuesta casi lo que me costó el año y medio de maestría en el mismo tema: dos mil dólares.

De todos modos bajé tres o cuatro libros sobre el certificado y me puse como meta extraer las preguntas y trabajar con mi app hasta dominarlas por completo; ese día procesé el primer libro, lo que me dejó con más de ciento veinte preguntas; aún no he logrado completar un ciclo con las mismas; por la tarde, después del horario laboral, realizamos la rutina de ejercicio de los viernes.

El sábado no tenía programada ninguna salida -había pasado la visita a mis papás para el día siguiente- por lo que Rb me había pedido que la acompañara a una vidriería a cotizar la misma estructura para deshidratar frutas; pero construida de aluminio; luego pasamos a los supermercado en dirección norte por algunos ingredientes para los almuerzos de la próxima semana; almorzamos un consomé de pollo y ensalada.

Después del almuerzo ayudé a Rb a bajar algunos racimos de níspero del árbol que está en el patio de enfrente; luego de que les diera de comer a sus perros fuimos a llenar el tanque de gasolina del auto, preparándome para el viaje del domingo; en el camino pasamos nuevamente a la vidriería de la mañana pues había dejado una muestra del estante de su deshidratador actual: la carpintería le respondió y se decidió por la opción de madera.

Después de llenar el tanque (veinticinco dólares pues estaba medio vacío) olvidé pasar por la pastelería de costumbre para comprar los pasteles que había planeado llevar a donde mis papás: nos tocó dar la vuelta y meternos nuevamente al tráfico; afortunadamente ya estaba un poco más ligero.

Por la noche cargué de una vez la el saco de comida para perros y la cafetera para evitar hacer mucho ruido por la mañana; me retiré temprano a dormir pues había planeado levantarme a las cuatro y cuarto de la mañana.

Hoy me levanté a la hora prevista; medité, me bañé y preparé unos panes franceses con huevo y jamón; luego entré a despedirme de Rb; arranqué el auto a las cinco de la mañana; el guardia de la garita no estaba despierto.

El camino al puerto estuvo bastante tranquilo; no sé si fue por ser Domingo pero, con excepción de un par de tramos a medio camino -se dañó la ruta a principios del invierno por lo que de seis carriles hay únicamente dos habilitados- pude mantener una buena velocidad.

Llegué a la casa de mis papás a las seis y veinte; mi madre estaba saliendo del terreno en donde está la construcción que realicé hace un par de años; mi papá aun estaba durmiendo; noté muchos muchos zancudos en las habitaciones de la casa.

Preparé café en la cafetera que llevaba y luego movimos unas sillas a la construcción y allí desayunamos; partí una de las magdalenas que había comprado ayer y estuvimos allí un rato entre desayuno y conversación.

En el ínterin mi madre estuvo en comunicación con la (ex) presidenta del comité de vecinos pues es ella la que nos provee de pescados; después del desayuno subí con mi padre al segundo nivel de la construcción que tienen a la par de la mía: hace unas semanas le agregaron un anexo al primer nivel y terminaron la terraza del segundo.

Luego mi padre me pidió ayuda pues no podía pasar una boleta de pago -está terminando el penúltimo año de la licenciatura en educación- de su celular a la computadora; aproveché para quitarle bloatware y también pagar en línea su boleta (pagamos como ocho dólares cada semestre).

Afortunadamente mi padre tenía un ventilador a la par de la computadora; lo que mantuvo a la mayoría de los zancudos alejados; un poco después le llevaron los pescados a mi madre (casi veinte libras, creo) y empezó a limpiarlos.

Terminé de limpiar la computadora de mi padre y le pedí que me ayudara a revisar los líquidos del automóvil (lo había hecho la tarde anterior pero quería evitar sorpresas desagradables); mi madre terminó la limpieza de los pescados.

Había planeado empezar el viaje de retorno a las once pues se suponía que los pescados llegarían a las diez y media; al final ya estaba todo listo a las diez por lo que decidí iniciar el retorno; afortunadamente el tránsito estaba bastante ligero; con la excepción del mismo tramo de la mañana pude mantener una buena velocidad: a las once y cuarto estaba estacionando el auto frente a la casa de Rb; un poco después empezamos a preparar el almuerzo: alitas de pollo, consomé de lo mismo y ensalada.

Después del almuerzo sacamos a caminar a sus perros y después me puse a lavar los trastes del almuerzo; además, había previsto limpiar la estufa este día: desde que me hago cargo protejo la bandeja con papel aluminio y ya se veía bastante dañado.

Me puse a trabajar en eso: puse las hornillas en una solución de agua y vinagre y le apliqué desengrasante a la bandeja; a las tres estaba terminando la limpieza de la estufa y la armé para preparar el té de Rb: el mío lo preparo siempre con el microondas.

Habíamos planeado ir a la tienda de ropa de segunda mano en la que usualmente nos proveemos; pero Rb se dio cuenta que estaba dormitando mientras trataba de ver (otra vez) The Batman; por lo que me indicó que mejor descansara.

Traté de leer un poco en mi cama pero realmente estuvo dormitando intermitentemente durante dos o tres horas; sí leí un poco de The Road to Character; luego hice un poco de Duolingo -volvieron a darme los tres días de Super Duolingo-.

And life just goes on...

domingo, 4 de agosto de 2024

Tecnología y Finanzas Personales... Technology and Personal Finance... Technologie et finances personnelles...

Durante los últimos cinco años he llevado un registro bastante detallado de mis egresos personales; no de los ingresos, pues realmente es muy poco lo que cambian de mes a mes; aunque por esa época aún estaba generando dinero de forma esporádica con la confección de libros de texto.

Pero bueno, no creo tener mucho control sobre el nivel de ingresos -no tengo espíritu emprendedor- pero sí sobre la forma en la que se gastan; y la verdad vivo de forma bastante frugal -y feliz-: no tengo auto -aunque el de Rb está a mi nombre- ni ninguna posesión -ni siquiera el terreno que mis padres me cedieron está (aún) a mi nombre-.

A partir de Noviembre del año pasado -debido al préstamo de casi diez mil dólares que le otorgué a mi hija mediana- me dió curiosidad evaluar la relación Ingresos/Egresos en mis finanzas personales: empecé a registrar mensualmente los ingresos -básicamente mi salario mensual, más los intereses que estaban produciendo el monto que tenía en mis cuentas de ahorros y alguna que otra jornada médica a la que estaba acudiendo-.

Y -con excepción de los meses en los que desembolsé el monto que mi hija mediana me pidió prestado- la relación no ha estado tan mal: usualmente la relación Egresos/Ingresos se mantiene entre el treinta y el cuarenta por ciento (el mes que le envié la segunda parte del préstamo fue de más de doscientos cincuenta por ciento, eso sí).

Y bueno, no sé cómo seguir ahora: todos mis ahorros los utilicé para adquirir un apartamento de tres habitaciones en el séptimo nivel de un edificio que se encuentra a un par de kilómetros de mi vieja alma mater; y al final ví el gasto -o inversión- como una forma de facilitarle un poco la vida a mis peques: no más estar pagando alquiler (ahora nomás deben hacerse cargo de los gastos que conlleva una propiedad: pago de mantenimiento, servicios, impuestos, etc).

Y, también estoy replanteándome cómo continuar con la gestión de mis finanzas personales: mis cuentas bancarias quedaron casi a cero (básicamente tengo los tres mil dólares que Rb usualmente mantiene como ahorro en mis cuentas); además deberé estar administrando -al menos por un par de años- los pagos que conlleva poseer un apartamento.

Y a ver cómo sigue eso...

El lunes pasado cambié un poco mi rutina de vacaciones: como no quería volver a levantarme hasta media mañana puse el reloj para las siete y media; medité y volví a la cama: aún no me estaba sintiendo todo lo bien que esperaba; o sea, el día anterior había estado la mayor parte del día en el baño -o dormitando-.

Estaba tan mal que ni siquera tuveánimos de leer en ese par de días; afortunadamente volvimos a almorzar el caldo de pollo del día anterior; lo que sentí que le hizo bastante bien a mi estómago; aún estuve yendo varias veces al baño y la verdad estaba temiendo deshidratarme, por el nivel de líquidos desechados; lo que sí estuve haciendo sin falta es Duolingo.

Por suerte entré a una liga bastante tranquila - a pesar de no haber esperado hasta la noche, como de costumbre- y me he mantenido en el primer lugar -en la penúltima semana de la liga dorada-; por la tarde -después del almuerzo- estuve viendo un poco de una película que acababa de bajar: The Peacemaker; y por la noche ví la mitad de la última película de la saga de Planet of the Apes.

Al final de la noche me volvieron los ánimos de la lectura por lo que avancé con el ciclo actual de Aurore en New York; un poco antes de medianoche medité y luego, antes de dormirme, puse la alarma para las siete y media de la mañana.

El martes me levanté con un poco mejor ánimo que los días anteriores; medité y luego me puse a completar el ciclo de Aurore y a continuar con Tracers in the Dark; después me puse a hacer mi lección matutina de Duolingo -espero lograr el primer lugar de la liga esta semana-; un poco después de las ocho Rb entró a la habitación a comentarme que nuestro país tenía la oportunidad de conseguir su segunda medalla olímpica -aún no se sabía si de Oro, Plata o Bronce, pero que era segura una medalla-.

Recordamos un poco la primera medalla olímpica -de plata, en marcha, hace doce años- y yo estaba casi seguro que había escrito sobre eso en este espacio; pero no, luego estuve revisando las entradas de hace doce años y a pesar de haber bastante información -al parecer fue un año intenso- no encontré ninguna mención.

Pero sí, recuerdo claramente la ocasión: retornábamos a la ciudad -era un sábado (eso lo acabo de confirmar en Google) y habíamos visitado a una ahijada del voluntario que vive en la colonia en la que habité más de una década-; el viaje desde San Juan del Obispo lo estábamos finalizando al caer la noche y en la ruta que entra a la ciudad iba una motocicleta de la empresa municipal del transporte con un rótulo luminoso anunciando la noticia.

Creo que les envié un mensaje de texto a mis hijos para comentarles la novedad; y uno o dos años después acudimos al museo olímpico en donde -por un tiempo- se exhibió una representación de la medalla de plata.

Como aún andaba recuperándome de la -espero- intoxicación alimentaria de la semana pasada, no salí para nada durante la mañana; luego del almuerzo sacamos a caminar los perros de Rb; y, como quería dar por finalizado el capítulo de los libros donados a la biblioteca, confirmé con mi amigo, el Testigo de Jehová, la reunión de las cuatro de la tarde para entregarle los últimos libros -de texto- aún en mi posesión.

A las tres y media cargamos la última caja de libros en el auto de Rb y nos dirigimos al comercial en donde usualmente tomamos los buses municipales; estábamos por llegar cuando Rb me sugirió que fueramos al otro comercial -en donde están nuestros bancos- para comprar una red de aguacates.

Como no se veía mucho tráfico consideré que no nos llevaríamos más de media hora; pero, tres minutos después de la hora acordada con mi amigo -cuatro y media-, aún nos encontrábamos a unos cientos de metros del lugar de la reunión; afortunadamente pudimos realizar la entrega sin ninguna dificultad y, para justificar el parqueo en el lugar, entramos al supermercado a comprar una libra de azúcar.

El miércoles me levanté temprano -ya me sentía mucho mejor del estómago-; medité, hice Duolingo y leí un poco de Aurore en New York; a las ocho y media -después de desayunar- me despedí de Rb pues habíamos acordado con mi hija mayor empezar la mudanza al apartamento a las nueve de la mañana.

El tránsito estaba algo pesado por lo que un poco después de las nueve recibí un mensaje de mi hija; inquiriéndo sobre mi avance; llegué con cinco o seis minutos de retraso y empezamos a bajar sus -posesiones- para acomodarlas en el baúl del auto -y los asientos traseros-.

Afortunadamente pudimos vaciar completamente su habitación; ella le tomó una foto al espacio vacío -creo que para mandársela a su landlord- y nos dirigimos al apartamento; mi hija me acababa de entregar el control del portón del parqueo por lo que ingresamos directamente al segundo nivel; parqueamos el auto cerca de los elevadores y acudimos con la señora de recepción a avisarle que estaríamos subiendo bártulos en uno de ellos.

La subida no nos llevó mucho tiempo y un poco antes de las once le propuse a mi hija ir por un Ecofiltro; los de la empresa eléctrica habían llegado mientras estábamos subiendo las cosas y ella fue a verificar la instalación de la electricidad.

El tránsito estaba un poco pesado y en cierto momento le propuse a mi hija regresarla al apartamento y realizar la compra online; al final subimos a un comercial cerca de donde vive mi hijo menor y adquirimos el Ecofiltro -de peltre- y media docena de bombillas led.

Luego retornamos al departamento; la dejé en el lugar y retorné a mi casita; después del almuerzo sacamos a caminar a los perros de Rb y, como estaba en medio de su reunión de trabajo cuando vino el señor de las verduras, me tocó salir a realizar las compras de sus frutas.

El primer día de agosto era jueves y, como casi todas las semanas -cuando no trabajo en ese día de la semana-, acompañé a Rb al mercado del centro histórico en donde se provee de su consumo semanal de frutas -y algunas verduras-.

Rb quería verificar el precio de las uvas en el supermercado que se encuentra en el comercial en donde se parquean los busitos por lo que subimos al primer nivel del mismo; en un kiosco del lugar ví que estaban exhibiendo un celular como el que fui a buscar el sábado anterior; el precio era el esperado (cien dólares) por lo que lo adquirí en el acto.

Lo malo fue que la vendedora cambió en el acto la tarjeta sim del antiguo celular al nuevo por lo que perdí todos los diálogos de whatsapp del último año -incluyendo la información para pagar la cuota mensual de mantenimiento del apartamento- así como todos los recordatorios que me envío constantemente: una calamidad.

También en este día se llevaba a cabo la segunda reunión informal del equipo de trabajo: una compañera había organizado una noche de juegos en un edificio de apartamentos de una de las zonas más acaudaladas de la ciudad.

Me pasé la mayor parte de la tarde ‘trasladando’ la información del Samsung 04 al Samsung 05 -y perdiendo la información de whatsapp- y no me dí cuenta que tenía habilitados los datos moviles, por lo que cualquier saldo que tuviera fue consumido casi en el acto.

Me dí cuenta de esto cuando ya iba de camino a la reunión -habían convocado para las seis de la tarde, por lo que salí de acá un poco antes de las cinco de mi casa; el tránsito no estuvo muy fuerte para salir del municipio y en todo el trayecto nomás me detuve brevemente en el Obelisco.

Al final llegué al lugar quince minutos antes de lo esperado; por lo que pude entrar cómodamente al parqueo de visitas y subir al salón social -de lujo- del segundo nivel; me presenté con nuestro anfitrión -un amigo de nuestra compañera de trabajo- y esperamos a los siguientes asistentes -que empezaron a llegar después de las seis de la tarde-.

Llegó uno de los devs con varios juegos muy interesantes, mi supervisora, el único dev que llegó a la reunión que yo había organizado, nuestro PM, y, por último, la organizadora de esta; pidieron tres pizzas de Domino's y el anfitrión -antes de retirarse- dejó preparada la cafetera -la organizadora había llevado donas glaseadas-.

La reunión estuvo muy interesante -divertida?-; primero jugamos una versión de Dungeons & Dragons con cartas -eso fue el primer dev en llegar, nuestro anfitrión, el host y yo-; después -cuando el host se había retirado- jugamos Camel Up; por último -ya los siete- nos echamos varias partidas de Dutch Blitz.

A las diez el PM dijo que se tenía que retirar pero, entre finales y despedidas, terminamos saliendo un poco antes de las diez y media del lugar; aún vine a hacer algunas lecciones de Duolingo -sigo en primer lugar de la liga semanal!-.

El viernes me pasé casi toda la mañana tratando de recuperar la información que perdí cuando cambié de teléfono -no tuve mucho éxito-; también pagué mi parte de las pizzas y gaseosa de la noche anterior -menos de cuatro dólares!-.

Desde el cumpleaños de mi tía -hace algunas semanas- había acordado con Rb -y mi prima favorita- que la visitaríamos un viernes, por lo que, después de que Rb les diera de comer a sus perros, cargamos en el auto la torta vienesa que había comprado el día anterior y nos dirigimos al municipio en donde vive.

Nos hicimos menos de una hora de viaje -aunque, no tan sorprendentemente, me tocó que dar un par de vueltas en el parque central del municipio, para tomar correctamente el camino que lleva a su colonia-; mi prima estaba nomás con su hijo menor -que tiene serias dificultades mótrices- aunque un poco despuès llegó su hijo mayor -que a veces trabaja y acaba de entrar a la misma empresa en donde estoy por cumplir diez años-; estuvimos en el lugar un par de horas entre conversación y café con pastel -Rb llevaba, como de costumbre, su propio té y galletas-.

Otra de las pérdidas por haber cambiado de aparato fue que -debido a la versión de Android en el más nuevo- ya no pude instalar la app que he estado utilizando durante los últimos cinco años para llevar control de mis gastos: Dollarbird.

En los últimos tres teléfonos había instalado manualmente esta app encontrando el archivo apk en sitios que se dedican a mantener versiones antiguas; en el último teléfono ya no estaba disponible esta opción, debido a la versión Android; por lo que traté de instalar la última versión oficial, pero, ahora es versión de suscripción, y después de ingresar el quinto registro me pidió que empezara a pagar.

Además, desde hacía algunas semanas, había estado escribiendo una app en React para graficar los totales por mes y por categoría -dos gráficos- de la información almacenada durante los últimos cinco años; por lo que decidí escribir -con ayuda de ChatGPT, Gemini, Claude y Phind- un componente para capturar registros y bajar la información en formato CSV.

Eso estuve haciendo el día viernes antes de dirigirme a la casa de mi prima -con Rb-; y la mayor parte de la tarde se me fue en revisar un problema de compatibilidad en una librearía que maneja las fechas -el formato que usa Dollarbird es AAAA.MM.DD-; y al final no fue con ninguna AI sino con el puro Google y el foro oficial de la librería que logré resolver el problema -hasta el sábado-.

El sábado me levanté a las siete de la mañana; medité y volví a la cama; de donde me levanté hasta que Rb hizo bulla al preparar su desayuno -alrededor de las nueve-; preparé mi desayuno y luego la acompañé al supermercado; a comprar pollo, embutidos y carbón -planeamos preparar un asado el próximo martes-.

El resto de la mañana -y parte de la tarde- me la pasé revisando código de React hasta que logré publicar en github dos apps: una para agregar -y bajar como csv- registros de gastos; y el otro para cargar un csv y graficar totales por mes y por categoría de gasto; sigo -aún- con un ritmo de lectura bastante bajo; aunque he notado que me sucede especialmente con las líneas 'serias': programación y psicología (ACT).

Hoy me levanté a las seis y media de la mañana: es la hora a la que realmente espero estar iniciando mis actividades diarias; aunque estos últimos días he tenido serias dificultades para levantarme temprano; y es que, por alguna razón, he estado teniendo serias dificultades para conciliar el sueño; generalmente llego a la una o dos de la mañana dando vueltas en la cama.

Empezó, creo, alrededor del viaje a mi pueblo natal: viajé -tanto de ida como de vuelta- de noche; aunado a eso estuvo la mayor compra de mi vida; y la muerte de mi compañero del bachillerato; y bueno, vuelven las preocupaciones sobre cómo gestionaré los gastos que conlleva poseer un apartamento, o lo que haré cuando me quede sin trabajo... aún no sé.

Y a ver cómo sigue eso...

martes, 30 de julio de 2024

El retorno a casa 2024 (el final)... Back home 2024 (the end)... Le retour à la maison 2024 (la finalisation)...

Se suponía que el último amigo al que vería en mi visita a casa de este año pasaría por a las diez de la noche para tomarnos un café en un comedor al lado de la estación de buses del Puerto; el año anterior habíamos procedido de la misma forma aunque en esa ocasión -un año después de habernos reencontrado- nos acompañó su esposa y su hijo.

Pero, quizá sin mucha sorpresa, durante la noche estuvo enviándome mensajes indicando que estaba por desocuparse y al final pasó media hora más tarde de lo acordado; mi hermano salió a saludarlo y luego nos dirigimos a la estación -en esta ocasión no lo acompañaba su familia-.

Le comenté lo que acababa de ocurrir con mi ex compañero del bachillerato -su fallecimento- y, aunque en la última ocasión que conversamos, su esposa había indicado que conocía a la hermana de mi amigo, él no pudo identificarlo.

El tránsito estaba bastante tranquilo y unos pocos minutos después estaba parqueándose frente al comedor; me indicó que, como había tenido una celebración de cumpleaños -además de la cena habitual- nomás quería un café; yo ordené una tortilla de harina -mi platillo favorito del lugar-.

Estuvimos un poco más de una hora entre alimentos y conversación y quince minutos antes de la medianoche me acompañó a la fila de abordaje del autobús; me pareció intersante que -al igual que en mi viaje al departamento colindante con nuestro vecino del sur- en el viaje de vuelta a la ciudad no me obligaron a desprenderme de mi herramienta multiusos antes del abordaje.

El viaje de vuelta no tuvo muchos contratiempos: nomás me pareció interesante que mi vecina de asiento se mostrara un poco locuaz; y creo que la explicación la encontré un poco antes de entrar a la ciudad: un policía abordó el bus para verificar identificaciones y resultó que la chica era migrante.

Y las respuestas que le dió al policía me parecieron de lo más particular: en vez de un documento le mostró el boleto del bus y le indicó que estaba tramitando su identificación y que ese era su comprobante; mencionó que tenía doce años de vivir en el país pero su acento era muy fuerte.

Un poco después de que el policía bajara -no le prestó mucha atención, realmente-, ví que intercambiaba miradas con un par de ancianos que viajaban en el lado opuesto del pasillo y luego llamó a alguien para comentarle que acababa de pasar por el 'último' puesto de migración; pobre gente.

El otro incidente ocurrió mas o menos a medio camino -afortunadamente en este horario de viaje no hay una parada a mitad de la ruta-: durante el día un camión que transportaba una cisterna de combustible había volcado y la ruta estaba dañada; nos tocó que esperar casi una hora para pasar.

Lo bueno es que dormí la mayor parte del trayecto: un poco después de abordar el bus empecé mi período de meditación -dándome cuenta casi en el acto de que no había hecho Duolingo en todo el día-; me resigné a dejar pasar el día sin mi lección diaria, pues igual -por no haberme saltado un día en los últimos tres años- tengo cuatro freezes.

Pero, unos pocos minutos antes de medianoche, el copiloto pasó revisando los pasajes de abordaje y tuve que abrir los ojos para mostrarle mi recibo; por lo que aproveché los últimos tres minutos del día para mantener mi streak intacto.

Después de medianoche intenté nuevamente meditar pero no completé los doce minutos; ingual, a pesar de que esa era uno de mis inquietudes: romper el hábito de meditar antes y después de dormir; pude ir y retornar manteniendo la rutina.

Por la hora que perdimos en el accidente a mitad del trayecto no nos salvamos del tráfico matutino de la entrada a la ciudad: en vez de entrar a la estación a la hora esperada (entre cuatro y cinco de la mañana) lo hicimos un poco después de las seis de la mañana.

Como tenía la mochila conmigo -no me tocó dejarla en el equipaje, como en el viaje de ida- nomás me apeé del autobús y me dirigí a la estación del Tansmetro que se encuentra a cuatro o cinco calles de distancia.

No había mucha cola para abordar las unidades por lo que un poco más tarde estaba apeándome del mismo en el comercial en donde se estacionan los busitos que vienen por la colonia; afortunadamente ya había uno a punto de partir; por lo que, un poco después de las siete de la mañana estaba tomando la llave de emergencia que mantenemos en el jardín de Rb y entrando a casa.

Concluyendo el viaje a casa del 2024... 


lunes, 29 de julio de 2024

El retorno a casa 2024 (la estadía)... Back home 2024 (the stay)... Le retour à la maison 2024 (le séjour)...

Antes de viajar había considerado que iba a ser un poco difícil mantener mi hábito de meditar antes de dormir y después de levantarme; como lo he estado haciendo por más de cuatro meses: iba a dormir prácticamente dos noches en el autobús y temía que la cama en la que iba a dormir en casa de mi hermano estaba en un lugar abierto; y mi hermano es bastante fundamentalista en temas espirituales; nomás no quería generar conflictos fraternos.

Pero no, en el viaje de ida pude meditar bastante bien antes de la medianoche y, gracias a que mi hermano me cedió la habitación de mis papás -con seguro en la puerta- pude meditar sin ningún problema de privacidad el jueves por la mañana.

Había puesto la alarma del celular para las seis de la mañana pues había acordado con mi único amigo de la infancia de pasar por su casa -con mi hermano- alrededor de las siete de la mañana; después de los doce minutos de meditación me metí a la regadera  y luego me puse a leer un poco en la sala de la casa.

Mi hermano salió un poco después de su habitación y un poco más tarde mi amigo llegó en su moto; nos dirigimos a un comedor que queda en las afueras de la empresa portuaria del lugar -habíamos desayunado en el mismo lugar con mi hermano el año anterior-.

En el lugar ordenamos tres desayunos bastante típicos: huevos con frijoles y refresco de tamarindo -aunque yo preferí una coca cola: había aceptado que tenía que tomar un desparasitante después de esa comida pero no quería arriesgarme demasiado-.

Nos estuvimos un poco más de una hora en el lugar; entre desayuno y conversación: mi hermano mayor y mi amigo han mantenido una relación bastante estrecha a través de los años y tienen muchas anécdotas en común.

Un poco después mi hermano sugirió que nos dirigiéramos a uno de los balnearios de la montaña y, después de que mi amigo pasara a llenar el tanque de su motocicleta, nos dirigimos al camino de terracería que se adentra en el monte.

Llegamos poco después a un lugar en el que alrededor de un par de pozas de agua se encuentra la escuela de la aldea y un pequeño comedor; mi hermano nos invitó a una gaseosa y nos estuvimos en el lugar hasta el final de la mañana.

Cerca del mediodía les indiqué que debía llegar a donde mi amigo del bachillerato a las doce y media -había intercambiado un par de mensajes con él más temprano y me había compartido la ubicación de su casa por WA-; mi hermano había pensado que mi amigo de la infancia iba a acompañarme -el año pasado fuimos juntos a su oficina- pero le indiqué que en esta ocasión era nomás yo el invitado.

Retornamos un rato a la casa y un poco después de las doce le pedí a mi hermano que me condujera a la casa de mi amigo del bachillerato: su casa se encuentra en un punto intermedio entre los dos puertos en los cuales crecí.

Llegamos a la colonia de mi amigo justo un par de minutos antes de la hora indicada: me apeé un poco antes de la motocicleta y le escribí para comentarle que me encontraba frente a la escuela del lugar; mi amigo me mandó un audio en whatsapp para que caminara un par de casas más.

Llegué al lugar -mi amigo estaba sentado en el patio de su casa- y nomás se saludaron con mi hermano; quien se retiró del lugar; estuve con mi amigo durante el siguiente para de hora poniéndonos al día del último año; la conversación giró bastante sobre su estado de salud: su pronóstico de vida no pasaba de un año.

También estuve jugando un rato con uno de sus perros; un pequeño que parecía tener mezcla de salchicha y chihuahua pero que tenía muy buena energía para estar corriendo tras una pequeña pelota de caucho; que retornaba cada vez que se la lanzaba a un extremo del patio.

Cuando llegué a la casa de mi amigo había una chica -que creí que era su esposa- atendiéndolo; al llegar me ofreció un vaso de refresco y luego le ofreció a mi amigo café; del que también compartí una taza; al final la chica no era su esposa sino una sobrina; la esposa llegó un poco después de las dos de la tarde.

Al llegar la esposa de mi amigo le preguntó si iba a ir a la oficina -tienen una oficina de trámites aduanales en el puerto- pero él contestó que no se sentía con ánimos; a esa hora le indiqué a mi amigo que estaría media hora más y luego me retiraría, para dejarlo descansar.

A las dos y media nos despedimos y caminé un par de cuadras hasta la ruta principal que une ambos puertos; iba a tomar un taxi -allí son bastante populares y cobran un dolar por el viaje- pero al final decidí esperar un bus que nomás me cobró medio dólar.

Aprovechando que tenía tiempo libre -mi próxima reunión era hasta cinco horas después- pasé a saludar a la hermana de mi madre con quien mejor se han llevado; al igual que el año pasado encontré en el lugar a un par de primas y varios de sus hijos -y al segundo bisnieto de mi tía-.

Mi tía me ofreció almuerzo y me sirvió una cantidad bastante abundante de mi comida favorita del puerto: Rice and beans; estuve departiendo con mi tía y su familia durante la siguiente hora o así y luego me despedí, comentándoles que retornaría a la ciudad por la noche.

Entonces  retorné caminando el par de kilómetros que separa la casa de mi tía de la casa de mi hermano mayor; lo encontré en la sala de su casa conversando animadamente con un par de personas: uno de ellos se mostró bastante entusiasmado de encontrarme -nos conocimos de niños- y el otro indicó conocerme, aunque yo tuve dificultades -en ese momento- de ubicarlo.

Estuve el resto de la tarde en la casa de mi hermano, descansando un poco en la sala y un poco después de las cinco inicié una videoconferencia con su mejor amigo -que ahora vive en la ciudad del Imperio del Norte en la cual pasé un par de años-.

La conversación es frecuentemente la misma: recuerdos de su juventud, repaso de las amistades, y revisión de planes para el futuro a mediano plazo; como veía que la conversación se extendía le indiqué a nuestro amigo que me avisara cuando faltaran quince minutos para las siete de la noche -seis de la tarde en su ciudad-.

A la hora indicada les indiqué que debía dirigirme a mi última reunión del viaje y mi hermano me condujo al McDonald´s de un centro comercial que se encuentra a medio camino entre ambos puertos: allí encontré al otro amigo del bachillerato a quien había visto el año anterior.

Invité a mi amigo a un pequeño refrigerio y estábamos empezando con el café cuando me comentó que habían avisado en el chat del grupo de bachillerato que nuestro amigo había fallecido; yo me mostré extrañado pues habíamos departido apenas cuatro horas antes.

Pero, la hija menor de mi tía -yo les había comentado de dónde llegaba cuando pasé por su casa- me llamó por Facebook y me confirmó la noticia; además, me indicó que el velorio ya había empezado y que se estaba realizando en un salón de usos múltiples de la calle donde viven.

Acordamos con mi amigo ir un rato al velorio y, luego de llamar a su hija -andaba en el comercial con su novio-, comentarle la situación y pedirle que le diera tiempo en el lugar; nos dirigimos al lugar en el que se estaba realizando el velorio.

En el lugar habían veinte o treinta personas; la mayoría jóvenes y la mayoría fuera de las instalaciones; con mi amigo nos sentamos un rato en las sillas del interior y luego pasamos a brindarle el pésame a la -ahora- viuda de nuestro amigo.

Estaban en el lugar ella y su hija, junto con el papá y la hermana del fallecido; la señora me comentó que alrededor de media hora más tarde de mi despedida mi amigo se había puesto bastante mal: comenzó a vomitar sangre y, aunque hicieron llegar una ambulancia e intentaron estabilizarlo, falleció.

Estuvimos con mi amigo en el lugar un poco más de media hora -incluso acepté uno de los pequeños tamales que estaban obsequiando a los asistentes- y luego él me condujo -también anda en motocicleta- hasta la casa de mi hermano mayor.

Cuando llegué a la casa le comenté a mi hermano lo sucedido y él se mostró más afectado de lo que esperaba; después nomás esperamos hasta las diez de la noche; hora en la que mi otro amigo de juventud había acordado en pasar por mí para llevarme a la estación de buses.