Los jueves cada quince días se reune un club de lectura en la biblioteca de la USAC, un grupo se reune por la mañana y otro por la tarde. Como mis horarios han estado cambiando contínuamente entre la tarde, noche y madrugada he podido asistir a la reunión de la mañana en tres o cuatro ocasiones en los últimos meses.
Lo dirige un Doctor en Letras que ha publicado unos cuantos libros de poemas y cuentos. La mecánica es simple, al menos por la mañana. Llegamos los participantes alrededor de las 11:30 y alrededor de las 11:45 da inicio la actividad. Se reparten entre los asistentes copias de cuentos o extractos. El moderador dá una pequeña reseña sobre el autor a leer y luego inicia a leer el material, dándo luego la oportunidad para que asistentes voluntarios continúen con varios párrafos o páginas, hasta el final de uno de los cuentos o extractos.
Luego se comenta lo leído aceptándose cualquier comentario, tanto sobre el escritor, su estilo, su género literario o incluso sobre el contenido o interpretación de lo leído. La reunión es bastante amena, hay café y galletas disponibles y en general es una hora y media muy bien aprovechada.
Este día leímos un par de cuentos de un autor nacional. Me llamó la atención que este escritor es Ingeniero Civil, de edad bastante avanzada, me parece que nació al final de la década del 40. El escritor estuvo en la reunión de incógnito y fué hasta los comentarios del segundo cuento cuando el moderador lo presentó y pudimos realizar un par de preguntas. Por mi parte me llamó la atención que su formación para escribir -según él- fué completamente autodidacta. Que estudió Ingeniería porque 'hay que comer' y luego de retirarse se dedicó a escribir. Iba acompañado de su hija con la que al final de la reunión pusieron a disposición del público los cuatro o cinco libros que ha publicado. El precio estaba bastante accesible por lo que -contrario a mis costumbres- adquirí un ejemplar de su primera novela.
De camino a mi casa pensaba en que desde hace tiempo he querido escribir 'en serio', pero que quizá me suceda lo mismo que al escritor de marras, quizá sea el colofón de mi vida.
Veremos.
El lugar en el que registro los sucesos que se van dando para resolver mi koan personal...
jueves, 27 de mayo de 2010
miércoles, 26 de mayo de 2010
Aprender, enseñar... damn maths...
No se cual es realmente el tema adecuado. Talvez debería únicamente apegarme a los hechos. Esta semana me tocaba trabajar de 10 pm a 6 am, por cuestiones de atención a clientes justo del otro lado de la esfera. Al final corrieron ese horario para la otra semana pero, decidí quedarme velando de lunes a martes en mi oficina, pues debo familiarizarme más con un par de funcionalidades de nuestro programa. El lunes en la noche llamé a mis peques para saludar y ver como había principiado su semana, mi chica mayor me contó que el martes sus dos hermanitos participaban en una coreografía por grados y que se aceptaba que llegaran los papás. Me quedé el martes hasta las 7:00 AM en mi trabajo y luego fuí al colegio a verlos bailar. Por venir con el tiempo contado ni siquiera pasé por mi cámara a mi lugar. Me fuí directo al colegio y llegué justo a tiempo para ver el acto de mi chico más pequeño y luego el de mi segunda hija. Me quedé un rato con ellos y les dí un poco de dinero suelto, que casi no acostumbro. Cuando me iba a retirar mi chico más pequeño tuvo un connato de llanto, pues me dijo que creía que los papás podían retirarse con sus hijos y que además, le tocaba matemáticas y le estaba costando resolver unas divisiones. Me quedé un rato en el patio de la escuela explicándole que no podía retirarlo porque no tenía llaves de su casa y que tenía que terminar su jornada en el colegio luego, más tranquilo, volvió a su salón. Yo me vine a dormir lo que pudiera y traía los ojos humedecidos.
Hoy le tocaba el turno a mi hija mayor, como anoche si dormí en mi lugar hoy llegué con un poco más de tiempo al cole y armado de mi cámara. El acto de hoy estuvo un poco más corto que el del día anterior y compartí un poco de tiempo cono mi chica mayor, también le dejé un poco más de dinero suelto. Luego fuí al salón de mi hija segunda y me despedí de ella, dándole otro poco de dinero. Luego fuí en busca de mi hijo, quien para esa hora ya estaba en su hora de receso. Lo fuí a buscar al patio y su maestra me indicó en donde se encontraba: En las gradas de la cancha de Basketbol, junto con todos sus compañeros estaban resolviendo algunas operaciones que no habían podido terminar en su hoarrio de clases. Mi chico estaba bastante frustrado tratando de resolver una división de un número de cinco cifras dentro de otro de dos. Se había quedado con la tercera cifra. Revisé la situación y le fuí explicando paso a paso como debía realizarla, lográndolo sin mucha dificultad. Sus compañeros observaban mientras comprobaba el resultado de la operación. Le propuse que continuaramos con la siguiente pero sonó la campana anunciando el final del recreo. Le prometí a mi chico que este domingo practicaríamos más.
Luego del colegio me dirigí a la biblioteca de la Universidad. En el camino me recordé de mi propio caso con la división. Tendría nueve años quizá -mi chico acaba de cumplir 8- cuando una tía llegó a vivir una temporada a mi casa. Varios hermanos de mi papá estuvieron viviendo en varias temporadas en mi casa mientras ibamos creciendo con mis hermanos. Esta tía en cuestión era maestra, aunque nunca había ejercido su profesión hasta ese momento. Sin embargo, tenía toda mi admiración, pues para mí un maestro lo sabía todo. Además, en otra ocasión -post posterior con este cuento- me había demostrado una comprensión que en esa época me sonó a chino. Me recuerdo a mí mismo una noche, sentado en el patio de mi casa luchando con una división que no se dejaba resolver. Mi tía andaba por allí ocupándose de sus quehaceres y yo iba y venía consultándole mis dudas al tratar de resolver la división. Al final -al igual que en el caso de hoy- estaba escribiendo en el resultado una cifra que era múltiplo del dividendo, pero no su máximo divisor. Mi tía me mostró el error y yo finalicé con éxito la operación. Al igual que mi chico hoy.
Me sentí bastante responsable hoy de los resultados de mis hijos, siendo yo ingeniero creo que me ha faltado inculcarles más el amor por los números. Algo he de poder hacer.
Hoy le tocaba el turno a mi hija mayor, como anoche si dormí en mi lugar hoy llegué con un poco más de tiempo al cole y armado de mi cámara. El acto de hoy estuvo un poco más corto que el del día anterior y compartí un poco de tiempo cono mi chica mayor, también le dejé un poco más de dinero suelto. Luego fuí al salón de mi hija segunda y me despedí de ella, dándole otro poco de dinero. Luego fuí en busca de mi hijo, quien para esa hora ya estaba en su hora de receso. Lo fuí a buscar al patio y su maestra me indicó en donde se encontraba: En las gradas de la cancha de Basketbol, junto con todos sus compañeros estaban resolviendo algunas operaciones que no habían podido terminar en su hoarrio de clases. Mi chico estaba bastante frustrado tratando de resolver una división de un número de cinco cifras dentro de otro de dos. Se había quedado con la tercera cifra. Revisé la situación y le fuí explicando paso a paso como debía realizarla, lográndolo sin mucha dificultad. Sus compañeros observaban mientras comprobaba el resultado de la operación. Le propuse que continuaramos con la siguiente pero sonó la campana anunciando el final del recreo. Le prometí a mi chico que este domingo practicaríamos más.
Luego del colegio me dirigí a la biblioteca de la Universidad. En el camino me recordé de mi propio caso con la división. Tendría nueve años quizá -mi chico acaba de cumplir 8- cuando una tía llegó a vivir una temporada a mi casa. Varios hermanos de mi papá estuvieron viviendo en varias temporadas en mi casa mientras ibamos creciendo con mis hermanos. Esta tía en cuestión era maestra, aunque nunca había ejercido su profesión hasta ese momento. Sin embargo, tenía toda mi admiración, pues para mí un maestro lo sabía todo. Además, en otra ocasión -post posterior con este cuento- me había demostrado una comprensión que en esa época me sonó a chino. Me recuerdo a mí mismo una noche, sentado en el patio de mi casa luchando con una división que no se dejaba resolver. Mi tía andaba por allí ocupándose de sus quehaceres y yo iba y venía consultándole mis dudas al tratar de resolver la división. Al final -al igual que en el caso de hoy- estaba escribiendo en el resultado una cifra que era múltiplo del dividendo, pero no su máximo divisor. Mi tía me mostró el error y yo finalicé con éxito la operación. Al igual que mi chico hoy.
Me sentí bastante responsable hoy de los resultados de mis hijos, siendo yo ingeniero creo que me ha faltado inculcarles más el amor por los números. Algo he de poder hacer.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Quien eres?
En 'Tus Zonas Erroneas' -lo lei en mi primer año de universidad, creo- encontre el siguiente poema:
-¿Qué es él?
-Un hombre, por supuesto.
-Sí, pero ¿qué hace?
-Vive y es un hombre.
-¡Oh, por supuesto! Pero debe trabajar. Tiene que tener una ocupación de alguna especie.
-¿ Por qué?
-Porque obviamente no pertenece a las clases acomodadas.
-No lo sé. Pero tiene mucho tiempo. Y hace unas sillas muy bonitas.
-¡Ahí está entonces! Es ebanista.
- No, no!
-En todo caso, carpintero y ensamblador.
-No, en absoluto.
-Pero si tú lo dijiste.
-¿ Qué dije yo ?
-Que hacía sillas y que era carpintero y ebanista.
-Yo dije que hacía sillas pero no dije que fuera carpintero.
-Muy bien, entonces es un aficionado.
-¡Quizá! ¿Dirías tú que un tordo es un flautista profesional o un aficionado?
-Yo diría que es un pájaro simplemente.
-Y yo digo que es sólo un hombre.
-¡Está bien! Siempre te ha gustado hacer juegos de palabras.
Recordaba que el titulo era 'Quien es el?', pero creo que el sentido es el mismo. Nunca he sabido como contestar realmente a la pregunta quien eres, digo, sino puedo definirme por los papeles que represento en esta vida, como me defino?
En el video que acompaña este post se le realiza la misma pregunta a Simba, Quien eres? aunque al principio se niega a aceptar quien es -es muy doloroso para el aceptar que cometio algo terrible- finalmente decide hacerse responsable.
Quien soy? Hay una respuesta correcta?
-¿Qué es él?
-Un hombre, por supuesto.
-Sí, pero ¿qué hace?
-Vive y es un hombre.
-¡Oh, por supuesto! Pero debe trabajar. Tiene que tener una ocupación de alguna especie.
-¿ Por qué?
-Porque obviamente no pertenece a las clases acomodadas.
-No lo sé. Pero tiene mucho tiempo. Y hace unas sillas muy bonitas.
-¡Ahí está entonces! Es ebanista.
- No, no!
-En todo caso, carpintero y ensamblador.
-No, en absoluto.
-Pero si tú lo dijiste.
-¿ Qué dije yo ?
-Que hacía sillas y que era carpintero y ebanista.
-Yo dije que hacía sillas pero no dije que fuera carpintero.
-Muy bien, entonces es un aficionado.
-¡Quizá! ¿Dirías tú que un tordo es un flautista profesional o un aficionado?
-Yo diría que es un pájaro simplemente.
-Y yo digo que es sólo un hombre.
-¡Está bien! Siempre te ha gustado hacer juegos de palabras.
Recordaba que el titulo era 'Quien es el?', pero creo que el sentido es el mismo. Nunca he sabido como contestar realmente a la pregunta quien eres, digo, sino puedo definirme por los papeles que represento en esta vida, como me defino?
En el video que acompaña este post se le realiza la misma pregunta a Simba, Quien eres? aunque al principio se niega a aceptar quien es -es muy doloroso para el aceptar que cometio algo terrible- finalmente decide hacerse responsable.
Quien soy? Hay una respuesta correcta?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)