domingo, 29 de agosto de 2010

Fin de semana diferente...

Usualmente -y desde finales de enero de este año- mis sábados son exclusivamente para Fds. El de la semana pasada fué diferente. El martes o miercoles de la semana antepasada me habían llamado de la municipalidad capitalina para notificarme que un cuento que había enviado para participar en un certamen de microrelatos había sido elegido como finalista -eran once finalistas- y que la ceremonia de premiación -diplomas para los finalistas y medallas para los tres primeros lugares- se llevaría a cabo el sábado a las 11:00 AM.

Para seguir con las reglas de FdS llamé a mi encargado de visitas y le avisé de que tenía un compromiso el sábado y que no podría visitar. Traté de no hacerme ilusiones acerca del resultado y me dije que estar entre los finalistas y que fuera publicado mi cuento ya era un triunfo.

Para tratar de incluir a mis peques en los momentos importantes -o diferentes- de mi vida llamé a mi ex esposa el día viernes para comentarle sobre el acto y pedirle que me dejara a los niños la mañana del sábado. Argumentó que mi hija mayor estaba por someterse el martes a un examen de admisión bastante complicado en un prestigioso instituto -le toca la secundaria el otro año- y que tenía que estudiar el sábado.

El viernes almorcé con Mv. Su percepción -acertada por cierto- es que me miraba de depre. Y si, en el trabajo se vienen cambios bastante grandes y no se como estará la cosa de aquí a fin de año. En la noche cenamos con el compañero B y su esposa en el puesto callejero de asados que está a tres calles de mi casa y en el que usualmente compro mi cena los viernes.

El sábado me dirigí a la actividad de la municipalidad calculando llegar a las 10:00 AM pues me había llegado una invitación de un Círculo de lectura que he atendido esporádicamente y que coincidentemente realizaría su reunión en la misma calle -Pasos y Cultura- en la cual se realizaría la premiación. Cuando pasaba por la Plaza Barrios, que se encuentra a un para de calles de Pasos y Cultura, vi que había varias mesas de ajedrez ocupadas en su mayoría por niños. Me acerqué a preguntar y resultó ser una exhibición de la escuela municipal de Ajedrez. Me quedé un rato en el lugar y jugué una partida contra un niño de diez años -bastante avanzado en el ajedrez por cierto- que por poco me gana. Al final terminamos tablas.

A las 10:15 aproximadamente llegué al lugar de reunión del Círculo de Lectura. La reunión empezó casi a las 10:30 y se conversó sobre un libro de un autor nacional que trata sobre los ecosistemas de nuestro país. En la misma calle y casi terminando esta reunión se reunió un pequeño grupo bajo unos toldos y empezó la premiación del certamen de cuento corto. Esperé que terminara la actividad del círculo de lectura y me dirigí a la otra reunión.

Cuando me sume a la ceremonia de premiación ya habían llamado a varios de los finalistas. La dinámica era que se leía el nombre del ganador y el título del cuento. Si estaba presente el concursante pasaba al frente, se le entregaba el diploma y leía para todos el cuento. Terminaron de llamar a los finalistas y no escuché mi nombre. Me imaginé que me habían llamado antes de llegar. Luego llamaron a los tres primeros lugares y resultó que uno de mis cuentos se llevó uno de estos premios -omito decir cual lugar gané pues trato de mantener este espacio como semi incógnito-. Pasé a recibir una medalla, un diploma y un paquete con varios cientos de postales con mi cuento impreso. La medalla era el extra. Todos los demás finalistas recibieron también diploma y un paquete de postales.

Luego de terminar la actividad llamé a mi grupo de visita para ver por donde andaban pues habían cambiado la visita de ese día por la participación en una caminata cívica por ciertas calles del centro de la ciudad. Nos reunimos en una estación del transmetro y nos dirigimos hacia el comercial en donde habían dejado los automóviles estacionados.

Con los compañeros con los que estoy realizando visitas dobles nos dirigimos de allí a almorzar y a visitar el Hogar de ancianos al que habíamos ido ya en una ocasión. Fué una muy buena tarde de visitas conversando con varios ancianos sobre sus tiempos, sus familias, sus vivencias, en fin.

Cuando nos dirigíamos de vuelta a la ciudad -la visita de la tarde ha sido en San Cristobal- recibí un llamado de Pj para invitarme a ver una película con ella, Ms y BM -otro sonrisero antiguo-. Como en el auto iba con Sd -sonrisero de mi generación- le convidé a la reunión y nos dirigimos a Skala a reunirnos con Pj, Ms y BM.

Del centro comercial nos dirigimos a la casa de Pj, en el camino compramos tamales y chocolate y pasamos una velada genial viendo Caso 39, cenando y conversando hasta altas horas de la noche. Pj nos llevó luego a todos a nuestros lugares -entré a mi casa alrededor de la medianoche- y me vine a dormir para tener al día siguiente un buen domingo con mis peques.

El final de mis tenis verdes...

Hace un poco más de dos años llegué a mi casa después de un agotador día de trabajo, en ese tiempo laboraba como técnico en un taller de armado de cables. Al subir a mi habitación encontré en la puerta una chumpa negra colgando del picaporte, una playera celeste y un par de tenis verde marca Adidas. Las tres cosas estaban usadas aunque en muy buenas condiciones. En el transcurso de la tarde -o en la noche- mi mejor amigo en PDX me llamó para avisarme que había pasado por mi casa dejandome unos obsequios. La casa la compartíamos con su hermano y su primo.

He sido -la mayor parte del tiempo- muy cuidadoso con mis pertenencias así que la chumpa la utilizo de vez en cuando -especialmente ahora que Guatemala está tan lluvioso-, la playera es una de mis favoritas y los tenis me han acompañado hasta el día de ayer. Ayer sábado se conmemoraba el tercer aniversario de Fábrica de Sonrisas por lo que en lugar de las visitas semanales nos reunimos todos en el lugar en el que se desarrolló -y se desarrolla- la Payaescuela.

La cita era de 8 a 5, se nos pidió llevar almuerzo para compartirlo en familia. Empezó -para variar- tarde la actividad, nos dividieron en 12 grupos y se suponía que cada grupo se dividiría a su vez en dos, cada mitad de grupo pasaría luego por 8 o 9 diferentes actividades de competencia grupal durante la mañana, luego el almuerzo y por la tarde una serie de actos de conmemoración.

La organización estuvo bastante precaria -al menos en nuestro grupo-, pasamos más de media hora cantando por nuestra cuenta esperando que llegara la persona que debía darnos las instrucciones. Al final nos dividimos en dos y el grupo en el cual quedé pasó a la que creo que debía ser la última actividad: Escribir en una hoja lo que FdS representa para cada uno y como la veíamos en un año. Después de eso debíamos pasar por un tobogán, que realmente era una banda de plaśtico con agua jabonosa en la que debíamos resbalarnos, justo a la par de esta actividad estaba un gran espacio que, por causa de la lluvia casi diaria que hemos tenido, tenía una gran cantidad de lodo. Negro.

Hasta allí llegaron las actividades estructuradas, al menos para la mayoría de nuestro grupo. Escuché por allí que habían más opciones: Colocar nuestras manos pintadas en una manta, competencias por equipo. Para la mayoría de nosotros el resto de la mañana fue simplemente jugar entre el lodo. Cualquier Sonrisero limpio que veíamos -y que no corría rápido- era arrastrado y colocado cuan largo era en el lodo, luego le dabamos la vuelta y terminábamos el trabajo, la mayoría se quedaba para continuar con los siguientes. Eso siguió hasta el mediodía.

En algún momento me di cuenta que uno de mis tenis ya no tenía suela. Estaban muy viejitos los pobres. Al realizar la pausa para el almuerzo estaba cubierto de lodo de los pies a la cabeza. Procedí a buscar un grifo para lavarme y me di cuenta que el otro tenis había perdido también su suela. Afortunadamente -previsor que es uno- había llevado una muda de ropa y los tenis blancos de repuesto. Me lavé lo mejor que pude, me cambié completamente y tiré a la basura los tenis. El pantalón -era el que usaba para visitas- también estaba inservible, además de estar completamente cubierto de lodo se había roto de las asentaderas por lo que también se fué a la basura.

Después del almuerzo en familia se realizó un acto en el cual se entregaron reconocimientos a los dirigentes de cada una de las seis constelaciones, también hubo intervenciones de los fundadores, quienes estuvieron acompañados por su familia sanguínea.

Casi a las 4:30 nos dirigimos con Ms, Pj, Mv y otro sonrisero en entrenamiento a un Burger King en donde nos pasamos casi tres horas jugando Jenga y Rummikub. Pj nos pasó dejando casi a las 9:00 a Mv y a mi a una parada del Tansmetro de donde nos dirigimos cada uno a nuestro lugar. Me dormí casi a medianoche viendo En el Valle de Elah pero no pude terminar de verla a causa del cansancio.

Este día me costó bastante levantarme, tenía el cuerpo completamente adolorido, a las 9:20 reuní toda mi fuerza de voluntad y me levanté para pasar un domingo tranquilo con mis peques. Estuvimos jugando scrabble, fuimos a Internet y almorzamos en mi lugar burritos de pollo. Terminamos de ver El Ultimo Maestro del Aire. A las 6:30 los fuí a dejar a su casa y retorné para tratar de dormir un poco antes del inicio de mi semana laboral. No pude dormirme y a las 20:00 empecé mi turno.

En otras noticias. Gané la tercer partida de la segunda vuelta del torneo. Pasé a finales con el Maestro de Ajedrez y el Compañero A. Me parece que tenemos dos semanas para jugar tres partidas contra cada uno. El primer lugar se llevará un tablero electrónico de Ajedrez. El tercer y segundo lugar el valor de la inscripción al torneo.

viernes, 20 de agosto de 2010

Temblores y temores...

Un amigo –realmente un exalumno al que no he visto como en quince años- acaba de publicar esto en su status de Facebook:

El sismo de las 16.13 horas fue de 5.2 grados Richter, a 90 km de la capital, en Escuintla.

Ayer estaba en mi oficina a esa hora. Como trabajo en un décimo nivel el remezón se sintió bastante fuerte. En realidad fueron como tres temblores en el término de un minuto o minuto y medio. Mi reacción fue voltear a ver a los dos compañeros con los que comparto la oficina y decirles: Jóvenes, ha sido un honor laborar a su lado, muy al estilo de los músicos del Titanic. La reacción del compañero B fue de antología: Tomó la billetera y las llaves de su auto que mantiene siempre al lado de su mouse pad y prontamente se dirigió a la puerta de salida. Retornó a los pocos minutos ya recobrando el color.

Los comentarios del suceso sobre las reacciones de cada uno vinieron a continuación. El compañero B insistió que ante cualquier peligro trataría siempre de buscar la salida. A mi me pareció un poco cándido empezar a salir al pasillo de un décimo nivel en el caso de un terremoto pero bueno, cada quien es libre de reaccionar como mejor lo considere.

Los siguientes comentarios fueron sobre si en alguna ocasión habíamos estado seguros de que la hora final había llegado y, en mi caso, ha habido al menos dos ocasiones en las que me ha tocado decirme: Ha sido una buena vida, lástima que hasta aquí llegó.

La primera fue en mi primer año de universidad y por una tontería. Participaba en un desfile tradicional de mi universidad en el cual se critica al gobierno de turno. Surgió una pelea con otra facultad –ah, los dieciocho años- y al empezar a organizarnos el líder del grupo de nuestra facultad empezó a realizar un conteo de los revólveres con que contábamos. Una tontería suprema sin duda, pero, al parecer nada raro en este tipo de actividades. Al final no se realizó la batalla campal. Pero entre el conteo de las armas y la cancelación de la pelea creí que realmente había llegado mi último día.

La segunda vez fue hace como cuatro años y no fue tan dramático. Retornaba a mi casa después de una conferencia de Linux. En mis últimas dos estadías en PDX siempre me moví por la ciudad en bicicleta. La noche en cuestión creí que me daba tiempo de cruzar una avenida bastante ancha antes de que el semáforo pasara a rojo. Me equivoqué y una señora negra arrancó con todo justo cuando estaba frente a ella. El automóvil le dio a la llanta delantera de mi bicicleta y yo abollé con el hombro la puerta del copiloto. En el espacio entre oir el sonido del motor acelerando y el golpe a la puerta alcancé a decirme lo mismo: lástima que hasta aquí llegó. Al final llegaron los bomberos y la policía, fui multado por manejar mi bicicleta sin precaución y terminó el percance.

Creo que por incidentes de este tipo he llegado a tener una actitud un poco más relajada en sucesos como el del día de ayer.