miércoles, 30 de marzo de 2011

Otra vez media semana...

A partir del fin de semana -me parece- estoy escuchando de nuevo mensajes subliminales para automotivarme a encontrar un empleo. Lo bajo que puede caer uno.

El lunes me levanté un poco más temprano que los anteriores, me parece que alrededor de las 9:00. Lo primeor que hice fué salir de mi habitación pues temía que volviera a pasarme lo mismo: Quedarme encerrado todo el día. Fuí a la gasolinera que queda a 8 o 10 calles de mi casa y compré la Prensa. Estuve respondiendo unos tres o cuatro anuncios y luego me quedé el resto del día leyendo Legítima Defensa de John Grisham.

Al medio día comí pollo frito y en la tarde noche estuve bajando Spirit y Rush Hour 2. Terminé de ver Rush Hour 2 un poco después de medianoche y logré dormirme alrededor de las 2:00 pues cuando intenté conciliar el sueño muchos pensamientos bastante aprensivos acerca de mi actual situación -soledad, desempleo- vinieron a turbar mi mente.

Este día también recibí un correo de una de las talleristas que impartirá el Taller de narrativa al que apliqué el miercoles pasado informandome que había sido seleccionado para formar parte del evento.

El martes visité el hospital de oncología pediátrica. Fue una muy buena visita pues estuvimos casi hora y media en el lugar. Estuve practicando origami con bastantes niños -y sus padres- y cuando ya estaba por retirarme empecé a inquirir sobre el estado de la niña de la semana pasada que estaba por perder una pierna. No me dieron información ni en recepción ni en encamamiento pero al preguntarle a una practicante de medicina me comentó que en efecto la niña había sido operada - :'( - y que se le había dado de alta al finalizar la semana.

Después de esta visita entramos a la unidad de Cardiología y estuve otra vez en la sala de espera en la cual los familiares de niños que estan siendo intervenidos a corazón abierto esperan los resultados de la operación. Fue también una muy buena experiencia pues además de dos o tres personas que ya estaban allí hace tres semanas habían otras personas y pudimos conversar, sonreir, reir y en general pasar un buen momento.

Después de la visita me fui en bus con dos voluntarias al Zoológico. Hicimos un recorrido total de las instalaciones -acaban de adquirir un par de camellos- y en algunos momentos nos detuvimos para conversar sobre los últimos sucesos en la vida de cada uno. Ambas son psicólogas, bueno una acaba de graduarse y la otra está terminando su tesis. Me encantó la tarde. Para terminarla almorzamos pizza.

Vine a mi habitación casi a las 6:00, terminé de leer Legítima Defensa y empecé a bajar Amor Ciego con Jack Black. Me volví a dormir otra vez alrededor de las 2:00 AM con lo que mi miercoles -diurno- empezó casi a las 11:00 AM. Como ayer mis amigas me donaron lo que nos sobró de las pizzas que compramos he almorzado pizza y cola.






domingo, 27 de marzo de 2011

Fin de semana fuera de la ciudad...

El miercoles me dormí tarde por ver Flightplan -Jodi Foster-. El Jueves me levanté como a media mañana, lavé la ropa que tenía en remojo y fui al banco a pasar un poco de mi cuenta en moneda extranjera a moneda nacional. Pasé a almorzar a un Taco Bell y desposité también un poco de dinero en mi cuenta de ahorros, pagué asimismo mi habitación. Como la reunión del sábado era en pijama -y usualmente no utilizo una- pasé a una tienda de ropa a comprar un pantalón de dormir.

Pasé a comprar otro par de banquitos de plástico a un almacen cerca de la dieciocho calle y luego vine a mi habitación a terminar de bajar Solomon Kane. Por la noche respondí a un par de ofertas de trabajo luego -como había planeado- fui a la casa del voluntario que vive en la misma colonia y lo invité a cenar pollo frito. Estuvimos un par de horas jugando Scrabble. Retorné a mi habitación y terminé acostándome casi a las 2 de la mañana del viernes por ver la película que acababa de bajar.

El viernes me levanté a las 6:00. Ordené mi habitación, preparé dos mochilas y una sleeping bag y me fuí a tomar el bus a Coatepeque un poco antes de las 8:00. Como en cierta parte del camino había una manifestación el bus tuvo que tomar una via alternativa alargando el viaje un poco más de una hora y encareciendo el pasaje como el 15%.

Llegué a Coatepeque alrededor de las 3:00. Llamé a la voluntaria que se había ofrecido a recibirme en su casa y pasamos por otra estación de buses a recoger a otro de los voluntarios que había llegado ese día. Hs también había llegado el viernes pero ya estaba hospedado en otra casa. Estuvimos en la casa de esta voluntaria la tarde del viernes viendo televisión -por primera vez para mi desde el año pasado- y por la noche fuimos a la Feria de la localidad en donde estuve hasta casi las dos de la mañana que otro de los voluntarios nos consiguió aventó de vuelta a la casa en donde estabamos quedandonos. Antes de dirigirnos a la feria estuve ayudando a dos voluntarias y un voluntario a preparar los pasteles que se ofrecerían al día siguiente. Tenía casi una decada de no separar la clara de los huevos para preparar turrón.

El sábado me desperté casi a las 10:00. Desayunamos frente a la tele y salimos a dar una vuelta por el pueblo -la voluntaria, mi compañero de la ciudad y yo- y a comer un helado, también pasamos a comprar mi pasaje pues había planeado tomar el bus a las 2:00 de la mañana para regresar temprano a la ciudad. Por la tarde estuve leyendo un poco de Legítima defensa -el libro de John Grisham que me llevé- y luego acompañé a varios voluntarios a dejar los pasteles y luego el equipo de sonido al turicentro en donde se celebraría el segundo aniversario del grupo en Coatepeque.

La actividad estaba programada para empezar a las 7:00. A las 7:00 apenas estabamos entregando el equipo de sonido. Como a las 8:00 empezó el programa: Canciones, juegos, discursos y luego la cena. Había una piscina a la par de las mesas y la mayor parte de los voluntarios terminaron nadando antes de que se sirviera la cena. Me traté de mantener un poco aparte pues aunque planeaba meterme a la piscina no quería hacerlo tan temprano -ni vestido y calzado-.

Luego de la cena la disco empezó a poner música bailable y muchos de los voluntarios se congregaron en la pista. Personalmente no soy fanático del baile -hay algo entre el ritmo y yo que no funciona- pero al estar alrededor de la pista terminamos bailando - o algo parecido - con una de las voluntarias que nos había compañado la noche anterior. El resto de la noche lo dividí entre la pista de baile, la piscina y la quiebra de piñatas.

Un poco antes de medianoche me despedí de los voluntarios que tan bien me recibieron en su pueblo y conseguí aventón -otra voluntaria en una moto- para pasar a la casa en donde había dormido por mi mochila y luego a la estación de buses. Llegué a la estación alrededor de la 1:15, me habían recomendado que me presentara al menos a la 1:30 pues el bus pasaba por los pasajeros a las 2:00. La oficina estaba cerrada y el lugar bastante solitario pero no me sentí inseguro, por estar en un pueblo. Me quedé frente a la oficina leyendo el libro de Grisham.

Como a la 1:30 pasaron dos personas en una moto y reconocí a un voluntario por el sombrero que había usado en la celebración, regresaron y comprobaron que todo estuviera bien. Se despidieron y luego el voluntario que iba manejando retornó a acompañarme hasta que el bus pasó por mí alrededor de las 2:10.

Como no tenía mucho sueño continué leyendo el libro otros 20 o 25 minutos, hasta que apagaron todas las luces del interior del bus. Hice esfuerzos por conciliar el sueño y en algún momento me quedé dormido. Desperté cuando el conductor anunció que los pasajeros a Guatemala estaban servidos. Eran las 5:15 y el bus estaba estacionado en la terminal de la empresa de transportes. Como la terminal queda aproximadamente a 15 calles de mi lugar me vine caminando. Entré a mi habitación como a las 6:40 y traté de dormirme otro rato antes de ir por mis peques.

Por la claridad del día me costó conciliar el sueño pero volví a dormirme y cuando el reloj sonó a las 8:30 todavía lo volví a reprogramar para las 9:00 -suerte que había dejado mi habitación completamente limpia y ordenada-. A las 9:00 me levanté y arreglé para ir por mis chicos. Los llamé a las 9:30 y me informaron que ya estaban listos. Había planeado llevarlos al IRTRA pero dos de ellos aún andan con molestias de la gripe y mi chico menor traía una invitación para un museo en donde le regalarían una mochila, le darían un diploma por contribuir a la cultura de la paz y le presentaría a su familia una moderna herramienta educativa -venta de enciclopedias-.

Como la actividad era en el museo del ferrocarril -teníamos muchos meses de no ir- decidí que valía la pena. Fuimos al lugar, escuchamos una pequeña conferencia de ventas y luego a varios niños les regalaron una mochila y les dieron un diploma. Luego nos dieron un recorrido guiado por las máquinas y áreas del museo. Salimos un poco después del mediodía y nos fuimos caminando a la sexta avenida -que ahora es amigable con los peatones- del centro histórico. Encontramos a un grupo de mi voluntariado que andaba regalando abrazos y luego de saludarlos pasamos a un restaurante de pizza por una grande de pepperoni.

Almorzamos en el centro y luego pasamos por un helado. Retornamos a mi habitación en el transmetro. A mis chicos les encantó SCRATCH que es un proyecto de enseñanza de programación para niños a partir de los ocho años desarrollado en el MIT. Lo había instalado durante la semana en las tres máquina y hoy sorteamos quien empezaría a usar cada una y les dí cuarenta y cinco minutos para que se familiarizaran con el programa y empezaran a escribir ordenes y ciclos en la parte de scripts del mismo. Quedaron encantados. Como les había prometido luego les di quince minutos para que jugaran lo que quisieran en la computadora que les había tocado.

Después de terminar con la computadora salimos a comprar tostadas y les preparé té. Mientras refaccionábamos estuvimos viendo la canción de Phineas and Ferb con subtítulos -les prometí que quien se la aprendiera perfectamente recibirá un regalo- y un capítulo de Phineas and Ferb solamente en inglés. A las 6:00 los fuí a dejar a su casa.


miércoles, 23 de marzo de 2011

El ombligo de la semana...

Trato de recordar que hice el Lunes y no lo logro. Lo que es seguro es que no me levanté temprano como lo había planeado -otra vez- sino a media mañana. Ni siquiera salí a buscar almuerzo pues de mi día con los chicos me había sobrado un aguacate y tenía sopas en mi habiación. Pero si, tuve que salir aunque sea un rato pues usualmente además de aguacate a la sopa instantánea que preparo le agrego un par de salchicas y lo acompaño con tortillas.

En fin, me estuve casi todo el día leyendo El Reino del Dragón de Oro de Isabel Allende. También ví los últimos dos capítulos de Doctor House que había tenido en mi nueva computadora desde la semana pasada. Ahora recuerdo un poco más. estuve finalmente formateando mis dos máquinas viejitas para dejarlas un poco más veloces - o menos lentas - pues ahora que tengo tres máquinas en mi habitación estoy planeando enseñarles a mis pequeños a programar -html o scratch, aún no he decidido-.

Me parece que también el Lunes fue mi día de lavandería. Había dejado un baño de ropa en remojo desde el viernes y temo que esa técnica de lavado -dejar la ropa varios días en agua con detergente- es lo que ha contribuido al deterioro de mis pantalones de lona.

Entonces eso fue mi lunes: Leer, trabajar en mis laptops y lavar ropa. Por la noche, eso sí, respondí a varias ofertas de trabajo del correo que me envía diariamente un popular sitio de empleos del país.

El martes visité el hospital de oncología pediátrica. Salí muy mal de la visita pues a pesar que he tratado de no conectarme con personas a las que visito -más bien entretenerlas-, la niña que conocí el año pasado en un hospital y reencontré la semana pasada en este lugar estaba presentandose al hospital para que le amputaran una pierna. Salí muy muy mal de la visita. Me sentí -terriblemente- impotente.

Después de esta visita fuimos al hospital psiquiátrico en donde estuvimos jugando pelota un rato con los internos. Después de la visita me fuí con otras tres voluntarias y un voluntario a almorzar a un Wendy's bastante céntrico. Estuvimos en este lugar un poco más de una hora y luego una de las voluntarias me dió aventón a un lugar un poco más cercano a mi casa y caminé un par de kilómetros a mi habitación.

Por la tarde continué leyendo El Reino del Dragón de Oro, había planeado ir un par de horas a la biblioteca y luego invitar a cenar al voluntario que me prestó su bata la semana pasada. Al final de la tarde estaba quedandome dormido mientras leía cuando recibí una llamada del único amigo que conservo de la facultad. Me espabilé cuando me dijo que estaba enfrente de mi casa. Salí a conversar un rato y le mostré mi nueva adquisición -laptop-. Luego de cuarenta y cinco minutos o así se despidió y decidí ya no ir a la universidad, continuaba con el trabajo en la más viejita de mis computadoras.

A las 8:30 fui al puesto de asados que queda a pocas calles de mi habitación y me encontré con Hs. Le devolví su bata y estuvimos conversando un buen par de horas en el lugar. Lo invité a cenar. Con Hs quedamos en que trataríamos de volver a reunirnos para practicar zazen -meditación soto zen-. Me dormí alrededor de medianoche casi a punto de terminar el libro de Isabel Allende que estoy leyendo.

Este día me levanté un poco antes de las 9:00. Puse ropa en remojo y puse a una de mis máquinas a bajar una película. Como anoche estuve en conversaciones con unos voluntarios sobre viajar este fin de semana a Coatepeque estuve tratando de ordenar un poco mi habitación y decidir que llevar pues será de irme el viernes por la mañana y retornar el domingo de madrugada.

Al mediodía fuí al CCE/G a devolver el par de libros cuya fecha de vencimiento era hoy. Había planeado almorzar en el lugar al que acostumbro ir cuando visito esta biblioteca pero lo encontré cerrado. Iba pensando en lo malo que es que cierren este tipo de lugares en el que el almuerzo cuesta un par de dólares cuando me topé con el dueño del mismo. Me comentó que el cierra era solo por el día porque no había llegado el cocinero y me invitó a su otro comedor enfrente del cual casi estábamos. El almuerzo acá me costó tres dolares pero el ambiente era más agradable y el menú más completo.

Luego de almorzar pasé a la biblioteca del IGA a leer un rato y luego pasé a la biblioteca del CCE/G a devolver los libros y prestar otro par. Al consultarle a la bibliotecaria sobre el cupo para un taller de narrativa que impartirán a partir del próximo jueves en el lugar me comentó que aún había cupo pero que este día se vencía el plazo para solicitar la participación.

Me vine a mi habitación a verificar como iba la bajada de la película y a escribir el relato que es requisito para solicitar ser incluído en el taller de narrativa. Envié la solicitud y continúo trabajando en mis tres máquinas: bajando películas en dos e instalando el paquete para enseñarles programación a mis chicos en la tercera.