miércoles, 25 de octubre de 2023

Invitación domiciliar... Home invitation... Invitation à la maison...

Cuando era niño vivía justo al lado de la escuela; o sea, nomás tenía que cruzarme la calle para entrar... y consecuentemente llegaba tarde a clases la mayor parte del tiempo; había niños que llegaban de otras aldeas por lo que les tocaba madrugar... creo que los seis años los estudié por la mañana.

En ese tiempo me producía alegría invitar a alguno de mis compañeros a que pasara a mi casa a hacer tareas escolares -teníamos una muy buena biblioteca- y a veces a escuchar música o ver televisión; alguna vez incluso a alguna comida.

Pero eso cambió luego; el básico y el bachillerato los estudié en la cabecera departamental -más de media hora en autobús- y fueron pocos los compañeros que llegaron hasta mi casa por cuestiones escolares; también me volví raro: iba a una iglesia evangélica y generalmente andaba con un libro bajo el brazo.

Luego en la Universidad viví a salto de mata entre varios familiares, una casa de huespedes y al final cuatro años en un habitación de un metro y medio de ancho por dos de largo... mis opciones sociales se reducían mas.

Aún así un primo se quedó un par de noches compartiendo la habitación; y mi hermano y su amigo que ahora vive en el imperio del norte también llegaron a pasarse allí; y es más... una vez encontré a un ex compañero de iglesia y también llegó a pernoctar una noche... en fin.

Luego, en mi etapa familiar -mujer y tres hijos-, aparte de las consabidas visitas familiares muy esporádicas quizá recibimos a uno o dos amigos en la década que convivimos; luego retorné a vivir solo y continué con la tendencia a la soledad.

No me sentía cómodo recibiendo a personas en mi habitación -claro, nomás mis hijos-; aunque mi único amigo de la infancia también llegó a quedarse un par de noches cuando a su papá lo habían traído a la ciudad para un tratamiento médico.

Ah, y también un par de damas -una del voluntariado con quien nomás etuvimos hablando durante meses y otra que había sido mi vecina por varios años- llegaron a pernoctar pero ninguna de las dos ocasiones fue memorable.

He cohabitado con Rb por alrededor de cinco años -dos años permanentemente- y en este tiempo ella ha recibido a personas de otros países en un par de ocasiones y a varios familiares; y el año pasado invité a un primo a pernoctar pues había problemas con los buses hacia su pueblo; también invité a un amigo a cenar pizza en un par de ocasiones en años anteriores.

Y el viernes invité a mi amigo de ascendencia asiática a desayunar; habíamos programado un desayuno para ese día -teníamos más de seis meses de no coincidir- aprovechando que es asueto por el día de la revolución; pero, por los problemas que han estado habiendo con los bloqueos, le propuse mejor que se pasara por acá y desayunábamos.

Le comenté a Rb sobre mis planes y que habíamos quedado con mi amigo para las siete de la mañana; ese día me levanté un poco antes de las seis y nomás medité antes de meterme a la cocina a preparar un omelette gigante y café.

Afortunadamente había dejado la noche anterior los ingredientes -chile pimiento, cebollines, salchichas y jamón- picados y refrigerados y por la mañana nomás me tocó sofreir el relleno del omelette y preparar la prensa francesa.

Mi amigo me llamó un poco antes de las siete pues en la garita no lo dejaban pasar por no tener los datos completos de Rb; salí a identificarlo y luego estuvimos entre siete y once de la mañana entre desayuno y conversación.

A las once lo acompañé a la puerta de la garita desde donde solicitó un Uber y lo acompañé en la espera del automóvil; y, dado que la experiencia no fue muy desagradable he estado pensando que invitaré a algún otro conocido a desayunar en lo que queda del año.

La semana pasada estuvo bastante habitual: pocas reuniones en el trabajo y las mismas actividades: lunes, miercoles y viernes caminata; y martes y jueves ejercicios aeróbicos en la sala de la casa; el jueves también salimos a comprar fruta a la tienda más cercana y yo me proveí del pan para los desayunos del viernes, sábado y domingo.

El viernes desayuné acá con mi amigo asiático y por la tarde acudimos con Rb al supermercado más cercano -en dirección norte- en donde me compré varios packets de frijol para los desayunos del domingo y bananos para los desayunos de toda la semana.

El sábado me volví a levantar temprano para meditar antes del desayuno y luego del mismo completé varias lecciones de Duolingo; un poco antes de las diez me dirigí a un Mc Donald's de la zona viva en dónde había quedado con mi amigo al que le estoy enseñando a armar el cubo de Rubik de 3x3x3.

Como aún estaba inseguro sobre el estado de los bloqueos preferí utilizar el transporte público; me estaba dirigiendo al lugar en donde se toman los buses intermunicipales pero en el camino abordé un busito que me llevó hasta la estación más cercana del Transmetro.

En el lugar le recargé tres dólares a las dos tarjetas que tenemos con Rb y luego abordé la línea hacia el centro histórico; luego transbordé a otra unidad para dirigirme a la zona viva y un poco antes de las once estaba entrando al lugar de la reunión.

Le escribí a mi amigo para hacerle saber que ya había llegado y me respondió desde el Mc Café del lugar; estuvimos un poco más de una hora entre conversación, café con derretidos y cubos de Rubik; mi amigo me comentó que, debido a su precaria situación financiera -él trabaja en un call center y su esposa es maestra- estaba intentando ganar dinero transcribiendo unos documentos en inglés.

La verdad lo que me comentó de la oportunidad me pareció sospechoso -o sea, ganaría más de lo que gana en un mes por el trabajo de tres días- no quise desanimarlo y nomás le aconsejé que se cuidara de esas oportunidades que son realmente un gancho para la compra del algún servicio.

Como mi amigo andaba en motocicleta y se dirigía a la zona histórica le pedí aventón y me dejó a cuatro o cinco cuadras de la estación desde la cual sale la línea que termina a un par de cuadras de la habitación de mi hijo; el servicio del bus es bastante tardado y a medio camino me dí cuenta que llegaría tarde; aprovechando que algunas estaciones cuentan con señal de internet le envié un mensaje por whatsapp para ponerlo sobre aviso.

Llegué a la última estación de la línea a la una y cuarto -usualmente nos reunimos a la una- y corrí el par de cuadras hasta la habitación de mi hijo; le propuse comprar lo mismo que había comprado la semana pasada con su hermana mayor (no se lo dije así, nomás le mostré el menú) y luego de realizar el pedio en mi teléfono nos dirigimos caminando a la pizzería Domino's más cercana.

El lugar estaba nuevamente lleno por lo que decidimos regresar a su habitación en donde almorzamos y luego empecé a enseñarle a armar el cubo de Rubik de 4x4x4 con el método que refiné combinando los pasos del 3x3x3 con tres algoritmos adicionales.

Después de armar un par de veces el cubo avanzamos un poco en la resolución de ejercicios de ajedrez aunque en esta ocasión -quizá porque habíamos estado armando Rubik- pudimos concluir más ejercicios que las últimas veces.

A las cinco -como habíamos acordado- me despedí de él y me dirigí al comercial de donde salen los busitos para retornar a la casa de Rb; afortunadamente tenía un buen tiempo por lo que aproveché para comprar otro cubo de 4x4x4 que pienso obsequiarle a mi hijo el otro mes -estaba en oferta: siete dólares-.

Al igual que el día anterior -y el día posterior- no cené pues desde la semana anterior he decidio que mi patrón de comidas será -por el tiempo posible- el siguiente: de lunes a jueves desayunar al mediodía -cinco cucharadas de avena, un banano y un moldecito de gelatina-; almorzar entre una y una y media -el almuerzo normal con Rb- y cenar antes de las seis -un cuenquito de papaya y una galleta soda con frijol y/o aderezo de queso-.

Y luego de viernes a domingo: desayunar a las siete de la mañana aquí -un pan con un huevo y embutidos y café con pan dulce- o en las invitaciones a amigos y almorzar normalmente -con Rb o con mis hijos- y no cenar.

Adicionalmente la mayor parte de los días entre lunes y viernes -y los sábados y domingo si estoy acá- estoy tomando café con leche y alguna galleta o algún producto de bollería que usualmente me obsequia Rb de sus salidas de los jueves.

El domingo Rb no fue a la iglesia por lo que nomás estuvimos en la casa; ella viendo series y siguiendo sus redes sociales -especialmente Twitter- y yo tratando de leer un poco y viendo alguna serie o película; por la tarde tampoco fue a la iglesia pues está recibiendo sus clases de teología en línea.

Yo había quedado de reunirme con mi amigo voluntario que vive en la colonia donde antes viví más de una década; la fecha original para la reunión mensual era hace tres domingos pero durante el mismo número de semanas ha habido demasiada incertidumbre con los bloqueos.

Como ya no había visto ninguna noticia de bloqueos -Rb se mantiene bien informada por Twitter- a las tres y media tomé el automóvil y me dirigí a la casa de mi amigo;  llevaba un pastelillo que había comprado la mañana anterior en el supermercado más cercano en dirección sur.

Con mi amigo preparamos café y compartimos el arrolladito de Nestlé que llevaba y estuvimos conversando por un poco más de una hora; luego me despedí y retorné a mi casita; ese día me interesaba dormirme un poco antes de lo habitual pues había planeado levantarme el lunes más temprano que de costumbre.

Y es que a partir de la semana pasada nuestro PM está programando reuniones diarias a las siete de la mañana con lo que debo empezar mi rutina con una hora de antelación; estoy tratando de levantarme entre seis y seis y media para meditar durante veintiún minutos y -de ser posible- hacer un par de lecciones de Duolingo.

Además de las reuniones diarias a las siete he mos tenido otro par de reuniones con el compañero con quien compartimos funciones y el principal desarrollador de la aplicación en la que debemos involucrarnos por lo que el trabajo ha estado un poco más animado.

Se suponía que el último fin de semana -domingo- del mes sería el training para trabajar como voluntario en jornadas médicas y la semana pasada le había escrito al encargado para inquirir sobre la misma; me respondió que estaba pensando realizarla el sábado pero que aún no había enviado la convocatoria.

He estado toda la semana a la expectativa pero ya me resigné a que no será esta semana; quizá la próxima y además, decidí solicitar -antes que avance más el tiempo- diez días de vacaciones en Diciembre -se supone que para la fecha de la primera jornada- pero también me resigné a que no lograré sincronizar las fechas.

O sea, tendré que tomar los diez días de ocio sin ninguna actividad a la vista; me imagino que me iré aunque sea un día con mis papá; algún otro día con un par de tíos que aún viven en el mismo municipio donde creció mi papá y el resto de los días pues tendrán que ser actividades no programadas.

Y a ver cómo va eso...

jueves, 19 de octubre de 2023

De Todo... The Works... La Totale...

La situación política en este pequeño rincón sigue aún sin resolverse -como siempre-; las manifestaciones siguen, los bloqueos en algunos puntos de la precaria red vial persisten y las personas en cargos públicos siguen igual de corruptos que siempre.

Al menos no nos están -aún- bombardeando como a los desplazados de Oriente Medio; aunque quién sabe qué pasará mañana que se celebra anualmente el período en el que fuimos gobernados por políticos más progresistas -creo que aún no era ofensivo el término-.

Y el trabajo también sigue la misma tónica; llevamos -creo- más de tres meses de transición y aún no hay nada definido; ha habido reuniones esporádicas con todo todo el equipo, reuniones esporádicas con el equipo local e incluso reuniones esporádicas entre los dos o tres compañeros que conformamos el equipo.

Al menos la rutina dentro de estas cuatro paredes ha estado más o menos estable; aunque ayer había tanto frío que no me levanté una hora antes de empezar mi horario laboral -y la hora en la que Rb se levanta- y ya no medité.

La semana pasada las actividades post horario laboral fueron las habituales: lunes, miércoles y viernes salimos a caminar a uno de los supermercados que se encuentran a un par de kilómetros de distancia y martes y jueves hacer ejercicios en casa.

El martes pasado escribí al staff del voluntariado en el cual he estado aplicando para dar seguimiento a la subida de mis datos en su base de datos; me respondieron con un link para un formulario de Google y completé la información el mismo día -incluso copia de pasaporte-.

El viernes me escribieron de la institución estadounidense de ciberseguridad con la cual debía examinarme los primeros días de noviembre para notificarme que la institución local a cargo de los exámenes había cancelado el evento.

Estuve tratando de reprogramarlo pero al parecer ya no realizan este tipo de exámenes y luego decidí que puedo ir a examinarme al pequeño país vecino del sur; pero durante la semana he estado leyendo un poco más y creo que al final no realizaré el viaje pues el nivel del mismo es demasiado básico.

El mismo viernes por la tarde aprovechamos que el trabajo estaba bastante tranquilo para realizar una visita express al supermercado en donde usualmente realizamos las compras a granel; aunque en este caso nomás fuimos por una bandeja de alas de pollo -y un par de bolsas de las semillas que Rb ha estado consumiendo últimamente-.

El sábado debía de haberse realizado la primera reunión mensual de mi grupo de diálogo socrático; pero la situación general no invitaba a realizar una reunión en el centro histórico de la ciudad; durante la semana me había comunicado con la directora de la biblioteca y habíamos acordado su cancelación.

Modifiqué el afiche que había preparado para la misma sobreponiendo en el mismo un texto indicando la cancelación de la reunión y lo subí a la cuenta de Instagram que creé para divulgar el grupo; y también se lo mandé a mis hijos.

Mi hija respondió al mensaje proponiendo un almuerzo pero decliné en principio por la misma situación que se ha estado viviendo; el plan original para ese fin de semana era: sábado de 1 a 3 pm reunión grupal; luego almuezo con mis hijos; domingo por la tarde reunión con el líder del grupo de lectura.

Cancelé también la reunión del domingo por la misma razón pero luego estimé que sí podía reunirme con mi hija mayor y le escribí para que nos reuniéramos a la hora del almuerzo; el sábado a media mañana estaba leyendo -y empezando a dormitar- cuando Rb me pidió ayuda para limpiar el jardín.

Estuvimos trabajando en la remoción de grama y maleza por un poco más de una hora bajo el sol; luego me bañé y me dirigí a la casa de mi hija mayor utilizando el transporte público; como ví que había bastante tráfico caminé el par de kilómetros hasta el lugar en el que se estacionan los buses intermunicipales.

Y durante los quince o veinte minutos de caminata sobrepasé a tres de los buses que puedo tomar en la entrada de mi colonia: el tránsito estaba terrible; y no había un bloqueo ni alguna razón evidente para el embotellamiento; nomás era la pura mala cultura vial que nos caracteriza.

El bus pasó bastante rápido y llegué al centro comercial en donde se estacionan los busitos con media hora de anticipación; como la distancia es de unas cuatro o cinco calles aún me entretuve un poco en el lugar para no llegar muy temprano con mi hija.

Llegué a la casa de mi hija con un par de minutos de antelación y la llamé desde el patio de la casa; ella salió a recibirme y procedimos con el plan: ordenar en línea una pizza y un calzone de Pizza Domino´s y dirigirnos al local que se encuentra a pocas calles de su casa para comer en el mismo.

El sitio web de la pizza es muy poco intuitivo y nos costó un poco realizar la orden -gaseosa incluida- y además no aceptan pagos con tarjeta de crédito online; afortunadamente cargaba efectivo por lo que nos dirigimos al lugar a almorzar; pero el mismo estaba bastante lleno por lo que decidimos nomás pagar la orden y retornar a comer a su habitación.

Luego de almorzar le propuse a mi hija que me acompañara a la Universidad a imprimir un artículo sobre adeministración de tareas personales que había enviado previamente al número de whatsapp del café internet.

Caminamos al lugar y pagué por tres copias del artículo -le entregué uno a mi hija y espero darle el tercero a mi hijo en un par de días- luego nos dirigimos a la panadería que se encuentra a pocas calles de donde vive mi hijo menor y compramos un par de pasteles de chocolate.

Retornamos a su habitación y preparamos té para acompañar los pasteles; luego estuvimos resolviendo varios ejercicios del libro de ajedrez; aunque, por haber olvidado mi cuaderno de notas, creo que volvimos a elegir ejercicios pasados; la verdad estuvieron bastante fáciles.

Por la situación incierta que se vive actualmente habíamos acordado que me retiraría de su casa a las cinco; por lo que a esa hora nos despedimos y retorné al centro comercial en donde se toman los busitos que me dejan justo frente a la entrada de mi colonia.

Algo que me sorprendió -no sé si decir un poco o bastante- fue que mi hija mayor se mostró en esta visita bastante enterada de la situación general del país y me comentó que está considerando emigrar a otro país -el Reino Unido quizá-.

Ha estado considerando opciones y estuvimos conversando sobre posibles maneras de lograrlo; aunque -por dedicarse a ser traductora médica- tiene la inquietud de estudiar alguna función técnica de cuidados médicos; como siempre, me ofrecí a apoyarla financieramente y quedamos en que exploraríamos las opciones.

El domingo Rb decidió que no acudiría a su iglesia por la mañana sino que atendería la misa que habían programado en las afueras de las instalaciones del Ministerio Público -el ente visible del intento de frenar la asunción del presidente electo-.

Había estado sopesando entre irse en bus y Transmetro o Uber y Transmetro, o Uber nomás; al final estuvimos verificando el estado de los bloqueos y me ofrecí a conducirla hasta el lugar de la misa en el automóvil; afortunadamente no hubo ningún percance en el trayecto.

Después de irla a dejar pelé y rallé un par de libras de papas y las dejé en remojo dentro de la refrigeradora por un poco más de una hora; transcurrido el tiempo drené el agua y las exprimí con una servilleta de cocina y luego las metí al congelador para facilitar su manipulación y cocinarlas como hash browns.

Un poco antes del mediodía Rb me escribió para comentarme que ya había abordado el transmetro y estaba retornando a casa; a donde arrivó menos de una hora más tarde; preparamos las tradicionales alitas dominicales y -en esta ocasión- hash browns.

Esta semana ha continuado con el mismo tono en el trabajo: nos reunimos en una ocasión el equipo local; en una ocasión nomás mi compañero y yo y este día nos reuniremos con el equipo global para evaluar el estado del proyecto... the works.

El martes me escribió mi hija mayor para comentarme que pensaba inscribirse en un curso de paramédico -supuestamente certificado por un organismo australiano- y -por supuesto- pedirme ayuda con la matriculación.

El costo del curso es de ochocientos dólares -en seis pagos- y la duración es de un año; no sé si el curso es lo que le conviene; o si ella aguantará el ritmo de trabajo y estudio; pero al menos es una variación a la cantaleta de nuestras reuniones: me quiero morir.

Por lo que acepté ayudarla con la aventura -con las mismas condiciones con las que ayudo a sus hermanos menores- y ayer realicé el primero de los depósitos; luego de realizar la operación online en el banco en el cual recibo mis pagos le envié una copia de la operación.

Y a ver cómo va eso...

martes, 10 de octubre de 2023

Un viaje de ida y vuelta(3) - el retorno... A round-trip(3) the return... Un aller-retour(3) le retour...

Antes de dormirme en el hotel -la verdad es que no me sentía nada seguro- conecté mi computadora para conectar en la misma mi celular -esperaba reponer la carga- y los dejé sobre la cama; además verifiqué que los primeros buses salían de la estación a las cinco y media y seis y media respectivamente; y puse la alarma para las cinco de la mañana con la esperanza de tomar el primero de ellos.

Dormí muy poco otra vez: el hotel se encuentra justo al inicio de la calle principal del puerto y el paso de vehículos y motocicletas no se detiene por la noche; a las cinco que sonó la alarma me levanté y llamé varias veces a la oficina del monopolio de transportes pero no recibí respuesta.

Estuve revisando la situación de los bloqueos en las rutas nacionales -una de las oficinas del ministerio de comunicaciones ha estado actualizando una hoja de google sheets con la información- y leyendo hasta las seis de la mañan; entonces empaqué mis cosas, devolví la llave de la habitación y me dirigí caminando a la casa de mi hermano.

Afortunadamente mi hermano ya se había levantado -o llegué a levantarlo, no recuerdo- y luego de sorprenderse de verme aún en la localidad accedió a llevarme en su motocicleta hasta el lugar del bloqueo en donde esperaba encontrar transporte hacia la estación que se encuentra a cincuenta kilómetros.

Temprano había llamado a esta segunda estación y me habían asegurado que el primer bus saldría a las seis y cuarenta y cinco de la madrugada por lo que tenía la esperanza de que más buses salieran más tarde; el plan era conseguir algún taxi al otro lado del bloqueo pero mi hermano me llevó al siguiente pueblo; a diez kilómetros -y veinte minutos- de distancia.

Cuando llegamos al lugar vimos varios buses dirigiéndose a otros lugares por lo que nomás esperamos unos minutos para abordar uno que me llevara al pueblo de la segunda estación; pero justo antes de que llegara el mismo llamé nuevamente a la estación y me informaron que habían suspendido los viajes debido a los bloqueos.

Entonces me resigné a quedarme -quien sabe cuandos días- en el lugar, por lo que le pedí a mi hermano que volvieramos a su casa; desde donde esperaba estar monitoreando constantemente la reanudación de los viajes hacia la ciudad.

Pero, justo antes de cruzar el bloqueo en sentido contrario, encontramos varios buses varados con dirección al puerto y un bus en dirección a la ciudad; mi hermano me sugirió que preguntara por la situación y el conductor me indicó que se dirigía a la ciudad pero que no podía abordarlo con el boleto que había adquirido el día anterior.  Nomás compré otro.

En realidad le dije: Necesito llegar hoy mismo a la ciudad, vendeme un boleto; y le dí dos billetes de la más alta denominación local; el chofer lo dudó un momento y luego me pidió mi documento personal de identificación para verificar mi identidad.

Me despedí de mi hermano y abordé el bus; que aún se esperó un rato en el lugar pero finalmente inició el trayecto; en la estación que se encuentra en el lugar a donde mi hermano me había llevado antes se encuentra una pequeña oficina del mismo monopolio y en este lugar el conductor adquirió mi boleto y me devolvió el cambio.

Otra vez estuve todo el viaje en comunicación directa con Rb, compartiéndole mi ubicación por whatsapp e indicándole sobre la situación general en el camino; durante un tiempo temí que bloquearan dos puntos neurálgicos de la ruta: Los Amates y La Ruidosa; el primero está más cerca del puerto y del segundo me habían prevenido que de ser bloqueado debía retornar sin remedio al puerto.

Afortunadamente el bus llegó sin novedades al lugar de la mitad del camino en donde los pasajeros pueden refrescarse y adquirir comida; aunque por la cantidad de alimentos que había ingerido el día anterior nomás compré una botella de agua pura en el lugar.

Luego de esta pausa -en esta ocasión fue de más de media hora- el bus siguió su camino pero Rb me advirtió que la ruta se encontraba totalmente bloqueada cincuenta kilómetros antes de entrar a la ciudad; el hecho no me preocupó mucho pues consideré más accesible conseguir un transporte alternativo desde este punto para finalizar mi viaje de vuelta.

Y efectivamente cincuenta kilómetros antes de la ciudad había un bloqueo en las dos vías; pero, otro conductor abordó el bus y nos indicó que si caminábamos unos cientos de metros -a través del bloqueo- había otro bus esperándonos para completar el viaje.

El sol estaba bastante fuerte pero el bloqueo era completamente pacífico por lo que pudimos caminar sin ninguna dificultad hasta llegar al siguiente bus; cuando estaba por entrar a la ciudad llamé a mi hija -la desperté realmente- para ver si aún podíamos vernos -cuando cancelaron el viaje a medianoche le había escrito para informarle que no podríamos almorzar como lo habíamos acordado previamente-.

También le envié un mensaje a Rb comentándole que estaba entrando sin problemas a la ciudad pero que pasaría un rato a ver a mi hija; el bus llegó sin ningún contratiempo a la oficina de donde había salido el jueves por la tarde y desde allí me dirigí a la estación más cercana del Transmetro.

De acuerdo a lo que Rb me había estado informando -y que se estaba difundiendo en las redes sociales- el servicio de Transmetro estaba funcionando únicamente hasta la estación en donde lo abordé el jueves por la tarde; pero, al llegar a la estación que me dirigía la encontré cerrada; la siguiente estaba en la misma situación.

Afortunadamente la última estación del lugar sí estaba operando y desde allí abordé el bus hacia la estación central; desde allí solicité un uber-moto y unos minutos más tarde estaba abordando la motocicleta de un joven que respondió a mi solicitud.

El viaje en Uber-moto no tuvo ningún contratiempo -tres dólares- y un poco antes de los treinta minutos que le había indicado a mi hija que tardaría, estaba llamándole desde fuera de su casa; al parecer mi hija había tomado una ducha y nomás tuve que esperar un momento a que se vistiera.

Le propuse a mi hija que almorzáramos -era un poco más tarde de las tres- en el Patsy que está cerca de su casa pues nomás debíamos de caminar tres o cuatro calles y en el lugar ella ordenó una de esas ensaladas fancys y una gaseosa; yo seguía con el ayuno por lo que solo tomé un cappuccino y un pastel de piña colada.

Estuvimos en el lugar un par de horas entre conversación y resolución del cubo de rubik de 4x4x4 -básicamente estuve explicándole cómo armar los centros y los pares de piezas medias- y un poco después de las seis nos despedimos y tomé el mismo bus que había tomado el jueves por la tarde pues habíamos acordado con Rb que llegaría por mí al punto en donde los otros buses esperan más pasaje.

El viaje es corto y a pesar de que estaba lloviznando llegué al lugar donde debía esperar a Rb sin contratiempos; ella llegó unos minutos más tarde y finalmente conduje a mi casita en donde luego de tomar una largamente esperada ducha; retorné a la rutina regular: acompañando a Rb mientras ella ve series.

                                                                    ...---ooo000ooo---...

El jueves aún no había una decisión firme sobre el viaje pues ese día Rb había obtenido un turno para que le dieran el resultado del ecocardiograma al cual se había sometido el lunes; yo la verdad no esperaba ninguna gran novedad y en efecto: el cardiólogo encontró todos los indicadores en un nivel normal.

Por la mañana participé en la reunión general del equipo al cual nos movieron hace varias semanas y debo decir que aún estamos bastante crudos en el inicio de nuestras funciones dentro del mismo; hay muchas propuestas: del equipo original, de nuestros líderes, de nosotros los analistas, pero aún no hay nada específico; por la tarde inicié la aventura que terminó el sábado por la noche.

El plan original era retornar a la ciudad la madrugada del sábado, dormir un rato por la mañana, almorzar con mi hija, reunirme con el voluntario al que le estoy enseñando a armar el cubo 3x3x3 y el domingo reunirme por la tarde con el voluntario a quien estoy visitando cada mes.

Cuando le escribí a mi hijo a medianoche para cancelar nuestro almuerzo -afortunadamente aún pudimos reunirnos unas horas- también le escribí al primer voluntario quien me respondió por la mañana indicando que le parecía correcto que canceláramos debido a la situación general.

El domingo llevé a Rb a su iglesia por la mañana y luego retorné a casa a hacer un poco de Duolingo y a escribir la primera entrada de la serie de Un viaje de ida y vuelta; también recibí un mensaje del voluntario con quien debía verme más tarde para cancelar la reunión pues cerca de su casa se encontraban varios bloqueos.

Por la tarde estuve tratando de leer un poco pero nomás me dormí un par de horas pues Rb recibió su clase de teología online y no tuvimos que salir para nada; temí que mi ciclo de sueño se hubiera alterado por ese par de horas pero al parecer aún estaba reponiendome por las dos noches que dormí nomás tres o cuatro horas.

El día de ayer no tuve ninguna reunión en el trabajo y nomás me pasé el día revisando la información que nos facilitaron en el pasado -y esperando que la persona del voluntariado me enviara el link para ingresar mi información en su base de datos-; al final no recibí ninguna notificación del voluntariado y luego del trabajo acompañé a Rb al supermercado más alejado a donde vamos a pie y aproveché para comprar antiparasitarios pues la higiene del lugar donde desayuné el viernes me dejó intranquilo.

A pesar de haberme llevado la tablet en el viaje de la semana pasada no adelanté casi nada en mis lecturas; lo único que pude completar fueron unos artículos que habían estado detenidos en el escritorio de mi computadora durante muchos meses.

Pero el estado general de mis lecturas es el siguiente: Arregla tu desmadre continúa en pausa desde hace unas semanas; Cómo hacer que te pasen cosas buenas no lo continué después del cuarto capítulo; en la línea de libros que veo entre líneas de lectura terminé de leer The Huntress y leí en un par de días Vamos a morir todos.

Después estuve sopesando qué libro leer entre cada línea de lectura y me decidí por Why People Believe in Weird Things; que es un libro escrito por el fundador de una sociedad de escépticos de Estados Unidos y en el cual revisa muchos mitos contemporáneos -y teorías de conspiración-.

En Ficción sigo con Black Cake, que es una novela que mezcla familias interraciales, comunidad LGBT, dinámicas intrafamiliares y que en general tiene un ritmo adecuado a la historia de dos familias creciendo en tres regiones diferentes de la Tierra.

En la línea de No Ficción empecé a leer -luego de The Song of the Cell- Conceptual Blockbusting pero al llegar al segundo o tercer capítulo y ver la sugerencia de leerlo con otra persona se me ocurrió que podía compartirlo con mi hija mayor; se lo propuse el sábado y espero que podamos avanzar en el mismo -mayormente en sus acertijos-.

Entonces en esta línea me cambié a How the World Really Works que está descrito en su portada como una guía científica hacia nuestro pasado, presente y futuro; he leído nomás la introducción y me atrajo la presentación de los hechos por parte del autor.

En la línea de Tecnología estuve sopesando hacia donde pasarme luego de dejar a medias Code Complete y me decidí por Head First Design Patterns; Head First es una serie de libros que estuvieron publicando hace un par de décadas para mejorar la comprensión de conceptos de tecnología.

Este libro se ve bastante 'interactivo' y me parece que fue pensado para hacer los temas de tecnología un poco más digeribles al público interesado en el tema -especialmente los jóvenes- pero aún estoy por iniciar el primer capítulo.

Y finalmente, en la línea de meditación (antes Análisis Transaccional) sigo avanzando con Zen Training; además, aunque no medité desde el jueves hasta el domingo, debido a todo lo sucedido esos días; ayer retomé mi práctica de meditación, que espero que dure toda la vida...

Y a ver cómo va eso...