martes, 31 de octubre de 2023

Días de lluvia y frío... Rainy and cold days... Jours pluvieux et froids...

Viene, al parecer, un frente frío por las costas del Pacífico; al parecer este año los fenómenos climatológicos están más fuertes que en años anteriores; o al menos esa es mi percepción: la semana pasada o antepasada leí sobre un huracán que causó estragos en algunas partes del sur de México.

Se supone que lo que viene por acá no es tan extremo pero nunca se sabe; por lo precario de nuestras infraestructuras -gracias a la corrupción galopante- unos pocos días de lluvias constantes terminan causando verdaderos desastres.

Por acá lo único que variará, creo, serán las salidas post jornada laboral; ayer que salimos a caminar hacia el supermercado más distante recibimos un poco de lluvia al estar aún a un par de calles de la colonia; afortunadamente fueron unas pocas gotas nomás.

Pero sí se ha instalado el frío de forma más temprana que en años anteriores; por la naturaleza de mi trabajo paso la mayor parte del día -o al menos de la mañana- de la misma forma en la que duermo: sin ropa; pero ahora llevo un par de días en que sí noto la ausencia de la misma.

Y es que en el trabajo las cosas ha estado un poco más interesante últimamente: ya estamos trabajando con mi compañero en la confección de documentos de soporte a nuestras funciones y este día, precisamente, presenté por primera vez en la reunión diaria un resumen de nuestros progresos.

Y también -a veces- me preocupa, o sea, los procesos están aún en fase incipiente y tratar de 'mejorar' algo que no se ha 'definido' formalmente no lleva generalmente a buenos resultados; o sea, soy creyente que los cambios deben de ser realizados paulatinamente pero algunos días me veo como el pollo que perdió la cabeza pero sigue corriendo.

En fin.

El viernes pasado por la tarde sacamos el auto para llenar el tanque de gasolina; había tenido la curiosidad de medir el gasto de combustible en mis viajes al puerto por lo que le había propuesto a Rb que un día antes del próximo viaje llenáramos el tanque juntos y el día posterior lo llenara únicamente yo.

También me proveí ese día de ingredientes para preparar mis panes de viaje y compré, en el supermercado más barato al que acudimos, una magdalena de naranja; con esto último espero hacer más manejable la relación con la presidenta del comité del vecindario donde viven mis padres.

El sábado me levanté a las cuatro y media, me bañé y preparé tres panes para el viaje; el día anterior había dejado en el automóvil las cincuenta libras de comida para perros que adquirí hace unos meses y la cafetera que utilizo en las reuniones de los sábados por la tarde.

A las cinco y media arranqué el auto e inicié el viaje que he repetido cada tres meses este año: alrededor de cien kilómetros hasta el puerto del Pacífico en donde mis padres han vivido durante las últimas dos décadas.

Sabía que había problemas de circulación en la ruta principal pues hubo hace unos meses un hundimiento y el gobierno nomás instaló un puente provisional reduciendo la circulación de una de las principales vías del país de tres carriles en ambas direcciones a uno solo.

A las cinco de la mañana era poco el tráfico y pasar por el lugar no me tomó más de quince minutos -no me hubiera tomado más de un par de minutos en una situación normal- y llegué a la casa de mis papás antes de las siete de la mañana.

En la casa de mis papás preparé café y compartí con ellos el zepelín de almendras que había reservado para el viaje -y los panes que acababa de preparar-; además les entregué las cincuenta libras de alimento para perros y me sorprendí al ver que ahora ya no tienen un perro sino dos.

Cuando acabamos de desayunar le pedí a mi madre que me ayudara a conseguir pescado pues desde el último viaje me había hecho el propósito de proveerme de esta fuente de proteina en esta ocasión; mi madre se dirigió a la casa de la presidenta del comité -como que controlan todo- y yo le pedí a mi papá que me acompañara a revisar la construcción.

Mi madre regresó cuando ya habíamos revisado ambos niveles de construcción y se ofreció a llamar al albañil para que le comentáramos los siguientes pasos de la construcción: la pared exterior y el inicio de los detalles del primer nivel.

El señor llegó un poco después y estuvo tomando medidas y escuchando las indicaciones de la forma en la que espero que quede distribuido el primer nivel: un espacio amplio para sala-comedor-cocina y la otra mitad dividida entre una habitación, un pasillo para las escaleras y un baño completo.

Como cargama mis instrumentos de dibujo y mi cuaderno más grande de proyectos le dibujé varios detalles y le entregué la hoja -al venir manejando más tarde me percaté que dejé en la casa de mis padres mi caja de lapices de dibujo y el cuaderno-.

La presidenta del comité de vecinos llegó en una motocicleta para coordinar la compra de los pescados y aproveché para obsequiarle la magdalena que le había llevado; un poco más tarde regresó con un paquete bastante voluminoso de pescado: dos pargos de más de dos libras y diez peces pequeños de más de una libra.

Mi madre no quiso aceptarme ningún dinero así que aún debo ver la forma en la que compenso el gasto pues creo que fue bastante fuerte -alrededor de treinta dólares-; continuamos con la revisión de las construcciones y un poco antes de las once de la mañana les indiqué que me retiraría pues temía que el retorno a la ciudad fuera más complicado.

Y sí, estuvo super complicado: los quince minutos de la mañana se transformaron al medio día en una hora y media de tráfico -y casi medio tanque de gasolina-; el calor estaba alto y los tres carriles de entrada -y más de seis vías auxiliares- se transforman en uno solo por lo que fue mucho tiempo de avanzar a paso de tortuga.

Incluso llamé varias veces a Rb -tenía puesta mi localizción en vivo en Whatsapp- para actualizarla y al final indicarle que llegaría mucho más tarde de lo que había planeado y que debería de empezar a almorzar sola.

Al final vine una hora más tarde de lo planeado pero Rb estaba aún en los últimos detalles del almuerzo; por lo avanzado de la hora decidimos sacar a caminar a sus perros antes de almorzar -lo contrario a la práctica diaria- y luego compartimos la última receta que encontramos: croquetas de pollo y papas.

Luego del almuerzo nos pusimos a separar el pescado para meterlo en el congelador y contamos trece libras en total; como al separar las porciones nos sobró un pescado pequeño, aprovechamos para regalárselo a nuestra vecina.

Por la tarde transferí los quinientos dólares que mi madre me había indicado que serían necesarios para iniciar el trabajo de la pared exterior y luego me pasé el resto de la tarde en reposo casi absoluto: el viaje de vuelta había sido tan terrible que incluso Rb se preocupó al ver que tenía los ojos enrojecidos.

El domingo Rb decidió acudir a la iglesia por lo que saqué el automóvil para llevarla un poco antes de las diez y luego para retornarla a casa un poco después del mediodía; por la tarde había planeado un café con mi amigo el gestor cultural por lo que a las tres y cuarto me dirigí a su casa.

Con mi amigo habíamos quedado que a las tres y media pasaría por su casa pero cuando llegué me indicó que aún estaba atendiendo a su suegra -es muy mayor y está inmovilizada- por lo que me invitó a ingresar a su casa y saludar a su esposa.

Estuvimos conversando unos pocos minutos en lo que terminaban de acomodar a la señora en su habitación y luego nos dirigimos al lugar de donas en donde nos habíamos reunido hace unos meses; lo malo fue que cuando llegamos encontramos al centro comercial sin electricidad por lo que no había servicio.

Nos dirigimos al otro lugar habitual para tomar café y pastel y estuvimos en el lugar un par de horas entre conversación sobre el estado actual del país tanto política como culturalmente; y además sobre un par de proyectos que tiene para generar un medio de vida;  un poco después de las seis lo pasé a dejar a su casa y retorné a mi casita.

El día de ayer acudí a mi oficina -o al menos al edificio al cual acudí durante los primeros cinco o seis años de mis labores actuales- pues quería reponer la gorra de la empresa que perdí hace unas semanas en un Uber moto.

Me había puesto de acuerdo con la persona a cargo de estos implementos y a las once y media me dirigí al lugar; acabando de salir de la colonia creí que había olvidado mi celular -allí llevaba el código para parquearme- y retorné rapidamente a casa.

Al final el celular no estaba en casa sino que lo había puesto en la bandeja de la portezuela del auto -creo que me afecta levantarme muy temprano- por lo que reinicié mi viaje a la oficina; el tránsito no estuvo tan mal -excepto en un lugar en donde la policía municipal de tránsito estaba multando a una fila de carros y ralentizando el avance-.

Me llevó un poco menos de cuarenta y cinco minutos llegar al lugar; pude recoger la gorra sin ningún contratiempo y luego retorné de forma un poco más rápida a la casa; como había empezado a trabajar a las siete (a las seis realmente por lo que me había levantado a las cinco) cerré mi computadora a las cuatro y nos dirigimos con Rb al supermercado más distante.

Ayer terminé de leer Black Cake y no me decepcionó; es más, al final la autora le dá un buen twist a la historia revelando datos que cambian un poco una parte de la historia pero en general se mantiene la narración original: y todo inicia y termina en Jamaica.

Debo ver ahora qué leo en la línea de Ficción aunque creo que me decidiré por uno de Ciencia Ficción; es más, ayer bajé dos o tres libros del tema y ya nomás me resta decidirme por cual de estos me inclino; en lecturas intercaladas estoy por concluir Why People Believe in Weird Things.

Este libro no me gustó tanto al final; o sea, el título sugiere un buen contenido pero, aparte del capítulo que le dedica a los libertarianos, siento que se dedica demasiado a defender la causa de su pueblo -judío, por supuesto- y muy poco a otras Weird Things.

Luego de este voy a leer un libro del mismo autor del libro que estoy leyendo en la línea de No Ficción: aquí estoy leyendo How The World Really Works de Vaclav Smil y para lecturas intercaladas creo que leeré Numbers don't lie, del mismo.

En español también terminé El mono obeso e inicié con un libro corto de una autora española: Las voces de Adriana, de Elvira navarro; son como ciento cincuenta páginas y creo que lo leeré en tres ciclos solamente; luego creo que seguiré con autores españoles en esta misma línea.

En Tecnología sigo con Heads First Design Patterns y está muy bueno; el tema lo encuentro bastante complicado pero la forma en la que lo presentan es muy amena; con ejemplos y código bastante accesible y aunque no estoy escribiendo código -se basa en Java- creo que me ayuda a comprender conceptos bastante básicos de programación.

Finalmente en Meditación sigo avanzando con Zen Training; creo que ya llevo varios meses con el mismo y aún me falta una buena porción pero no es un tema que espero que se agote en toda mi vida -al igual que los veintiún minutos de meditación que realizo la mayoría de mañanas-.

Y a ver cómo va eso...


miércoles, 25 de octubre de 2023

Invitación domiciliar... Home invitation... Invitation à la maison...

Cuando era niño vivía justo al lado de la escuela; o sea, nomás tenía que cruzarme la calle para entrar... y consecuentemente llegaba tarde a clases la mayor parte del tiempo; había niños que llegaban de otras aldeas por lo que les tocaba madrugar... creo que los seis años los estudié por la mañana.

En ese tiempo me producía alegría invitar a alguno de mis compañeros a que pasara a mi casa a hacer tareas escolares -teníamos una muy buena biblioteca- y a veces a escuchar música o ver televisión; alguna vez incluso a alguna comida.

Pero eso cambió luego; el básico y el bachillerato los estudié en la cabecera departamental -más de media hora en autobús- y fueron pocos los compañeros que llegaron hasta mi casa por cuestiones escolares; también me volví raro: iba a una iglesia evangélica y generalmente andaba con un libro bajo el brazo.

Luego en la Universidad viví a salto de mata entre varios familiares, una casa de huespedes y al final cuatro años en un habitación de un metro y medio de ancho por dos de largo... mis opciones sociales se reducían mas.

Aún así un primo se quedó un par de noches compartiendo la habitación; y mi hermano y su amigo que ahora vive en el imperio del norte también llegaron a pasarse allí; y es más... una vez encontré a un ex compañero de iglesia y también llegó a pernoctar una noche... en fin.

Luego, en mi etapa familiar -mujer y tres hijos-, aparte de las consabidas visitas familiares muy esporádicas quizá recibimos a uno o dos amigos en la década que convivimos; luego retorné a vivir solo y continué con la tendencia a la soledad.

No me sentía cómodo recibiendo a personas en mi habitación -claro, nomás mis hijos-; aunque mi único amigo de la infancia también llegó a quedarse un par de noches cuando a su papá lo habían traído a la ciudad para un tratamiento médico.

Ah, y también un par de damas -una del voluntariado con quien nomás etuvimos hablando durante meses y otra que había sido mi vecina por varios años- llegaron a pernoctar pero ninguna de las dos ocasiones fue memorable.

He cohabitado con Rb por alrededor de cinco años -dos años permanentemente- y en este tiempo ella ha recibido a personas de otros países en un par de ocasiones y a varios familiares; y el año pasado invité a un primo a pernoctar pues había problemas con los buses hacia su pueblo; también invité a un amigo a cenar pizza en un par de ocasiones en años anteriores.

Y el viernes invité a mi amigo de ascendencia asiática a desayunar; habíamos programado un desayuno para ese día -teníamos más de seis meses de no coincidir- aprovechando que es asueto por el día de la revolución; pero, por los problemas que han estado habiendo con los bloqueos, le propuse mejor que se pasara por acá y desayunábamos.

Le comenté a Rb sobre mis planes y que habíamos quedado con mi amigo para las siete de la mañana; ese día me levanté un poco antes de las seis y nomás medité antes de meterme a la cocina a preparar un omelette gigante y café.

Afortunadamente había dejado la noche anterior los ingredientes -chile pimiento, cebollines, salchichas y jamón- picados y refrigerados y por la mañana nomás me tocó sofreir el relleno del omelette y preparar la prensa francesa.

Mi amigo me llamó un poco antes de las siete pues en la garita no lo dejaban pasar por no tener los datos completos de Rb; salí a identificarlo y luego estuvimos entre siete y once de la mañana entre desayuno y conversación.

A las once lo acompañé a la puerta de la garita desde donde solicitó un Uber y lo acompañé en la espera del automóvil; y, dado que la experiencia no fue muy desagradable he estado pensando que invitaré a algún otro conocido a desayunar en lo que queda del año.

La semana pasada estuvo bastante habitual: pocas reuniones en el trabajo y las mismas actividades: lunes, miercoles y viernes caminata; y martes y jueves ejercicios aeróbicos en la sala de la casa; el jueves también salimos a comprar fruta a la tienda más cercana y yo me proveí del pan para los desayunos del viernes, sábado y domingo.

El viernes desayuné acá con mi amigo asiático y por la tarde acudimos con Rb al supermercado más cercano -en dirección norte- en donde me compré varios packets de frijol para los desayunos del domingo y bananos para los desayunos de toda la semana.

El sábado me volví a levantar temprano para meditar antes del desayuno y luego del mismo completé varias lecciones de Duolingo; un poco antes de las diez me dirigí a un Mc Donald's de la zona viva en dónde había quedado con mi amigo al que le estoy enseñando a armar el cubo de Rubik de 3x3x3.

Como aún estaba inseguro sobre el estado de los bloqueos preferí utilizar el transporte público; me estaba dirigiendo al lugar en donde se toman los buses intermunicipales pero en el camino abordé un busito que me llevó hasta la estación más cercana del Transmetro.

En el lugar le recargé tres dólares a las dos tarjetas que tenemos con Rb y luego abordé la línea hacia el centro histórico; luego transbordé a otra unidad para dirigirme a la zona viva y un poco antes de las once estaba entrando al lugar de la reunión.

Le escribí a mi amigo para hacerle saber que ya había llegado y me respondió desde el Mc Café del lugar; estuvimos un poco más de una hora entre conversación, café con derretidos y cubos de Rubik; mi amigo me comentó que, debido a su precaria situación financiera -él trabaja en un call center y su esposa es maestra- estaba intentando ganar dinero transcribiendo unos documentos en inglés.

La verdad lo que me comentó de la oportunidad me pareció sospechoso -o sea, ganaría más de lo que gana en un mes por el trabajo de tres días- no quise desanimarlo y nomás le aconsejé que se cuidara de esas oportunidades que son realmente un gancho para la compra del algún servicio.

Como mi amigo andaba en motocicleta y se dirigía a la zona histórica le pedí aventón y me dejó a cuatro o cinco cuadras de la estación desde la cual sale la línea que termina a un par de cuadras de la habitación de mi hijo; el servicio del bus es bastante tardado y a medio camino me dí cuenta que llegaría tarde; aprovechando que algunas estaciones cuentan con señal de internet le envié un mensaje por whatsapp para ponerlo sobre aviso.

Llegué a la última estación de la línea a la una y cuarto -usualmente nos reunimos a la una- y corrí el par de cuadras hasta la habitación de mi hijo; le propuse comprar lo mismo que había comprado la semana pasada con su hermana mayor (no se lo dije así, nomás le mostré el menú) y luego de realizar el pedio en mi teléfono nos dirigimos caminando a la pizzería Domino's más cercana.

El lugar estaba nuevamente lleno por lo que decidimos regresar a su habitación en donde almorzamos y luego empecé a enseñarle a armar el cubo de Rubik de 4x4x4 con el método que refiné combinando los pasos del 3x3x3 con tres algoritmos adicionales.

Después de armar un par de veces el cubo avanzamos un poco en la resolución de ejercicios de ajedrez aunque en esta ocasión -quizá porque habíamos estado armando Rubik- pudimos concluir más ejercicios que las últimas veces.

A las cinco -como habíamos acordado- me despedí de él y me dirigí al comercial de donde salen los busitos para retornar a la casa de Rb; afortunadamente tenía un buen tiempo por lo que aproveché para comprar otro cubo de 4x4x4 que pienso obsequiarle a mi hijo el otro mes -estaba en oferta: siete dólares-.

Al igual que el día anterior -y el día posterior- no cené pues desde la semana anterior he decidio que mi patrón de comidas será -por el tiempo posible- el siguiente: de lunes a jueves desayunar al mediodía -cinco cucharadas de avena, un banano y un moldecito de gelatina-; almorzar entre una y una y media -el almuerzo normal con Rb- y cenar antes de las seis -un cuenquito de papaya y una galleta soda con frijol y/o aderezo de queso-.

Y luego de viernes a domingo: desayunar a las siete de la mañana aquí -un pan con un huevo y embutidos y café con pan dulce- o en las invitaciones a amigos y almorzar normalmente -con Rb o con mis hijos- y no cenar.

Adicionalmente la mayor parte de los días entre lunes y viernes -y los sábados y domingo si estoy acá- estoy tomando café con leche y alguna galleta o algún producto de bollería que usualmente me obsequia Rb de sus salidas de los jueves.

El domingo Rb no fue a la iglesia por lo que nomás estuvimos en la casa; ella viendo series y siguiendo sus redes sociales -especialmente Twitter- y yo tratando de leer un poco y viendo alguna serie o película; por la tarde tampoco fue a la iglesia pues está recibiendo sus clases de teología en línea.

Yo había quedado de reunirme con mi amigo voluntario que vive en la colonia donde antes viví más de una década; la fecha original para la reunión mensual era hace tres domingos pero durante el mismo número de semanas ha habido demasiada incertidumbre con los bloqueos.

Como ya no había visto ninguna noticia de bloqueos -Rb se mantiene bien informada por Twitter- a las tres y media tomé el automóvil y me dirigí a la casa de mi amigo;  llevaba un pastelillo que había comprado la mañana anterior en el supermercado más cercano en dirección sur.

Con mi amigo preparamos café y compartimos el arrolladito de Nestlé que llevaba y estuvimos conversando por un poco más de una hora; luego me despedí y retorné a mi casita; ese día me interesaba dormirme un poco antes de lo habitual pues había planeado levantarme el lunes más temprano que de costumbre.

Y es que a partir de la semana pasada nuestro PM está programando reuniones diarias a las siete de la mañana con lo que debo empezar mi rutina con una hora de antelación; estoy tratando de levantarme entre seis y seis y media para meditar durante veintiún minutos y -de ser posible- hacer un par de lecciones de Duolingo.

Además de las reuniones diarias a las siete he mos tenido otro par de reuniones con el compañero con quien compartimos funciones y el principal desarrollador de la aplicación en la que debemos involucrarnos por lo que el trabajo ha estado un poco más animado.

Se suponía que el último fin de semana -domingo- del mes sería el training para trabajar como voluntario en jornadas médicas y la semana pasada le había escrito al encargado para inquirir sobre la misma; me respondió que estaba pensando realizarla el sábado pero que aún no había enviado la convocatoria.

He estado toda la semana a la expectativa pero ya me resigné a que no será esta semana; quizá la próxima y además, decidí solicitar -antes que avance más el tiempo- diez días de vacaciones en Diciembre -se supone que para la fecha de la primera jornada- pero también me resigné a que no lograré sincronizar las fechas.

O sea, tendré que tomar los diez días de ocio sin ninguna actividad a la vista; me imagino que me iré aunque sea un día con mis papá; algún otro día con un par de tíos que aún viven en el mismo municipio donde creció mi papá y el resto de los días pues tendrán que ser actividades no programadas.

Y a ver cómo va eso...

jueves, 19 de octubre de 2023

De Todo... The Works... La Totale...

La situación política en este pequeño rincón sigue aún sin resolverse -como siempre-; las manifestaciones siguen, los bloqueos en algunos puntos de la precaria red vial persisten y las personas en cargos públicos siguen igual de corruptos que siempre.

Al menos no nos están -aún- bombardeando como a los desplazados de Oriente Medio; aunque quién sabe qué pasará mañana que se celebra anualmente el período en el que fuimos gobernados por políticos más progresistas -creo que aún no era ofensivo el término-.

Y el trabajo también sigue la misma tónica; llevamos -creo- más de tres meses de transición y aún no hay nada definido; ha habido reuniones esporádicas con todo todo el equipo, reuniones esporádicas con el equipo local e incluso reuniones esporádicas entre los dos o tres compañeros que conformamos el equipo.

Al menos la rutina dentro de estas cuatro paredes ha estado más o menos estable; aunque ayer había tanto frío que no me levanté una hora antes de empezar mi horario laboral -y la hora en la que Rb se levanta- y ya no medité.

La semana pasada las actividades post horario laboral fueron las habituales: lunes, miércoles y viernes salimos a caminar a uno de los supermercados que se encuentran a un par de kilómetros de distancia y martes y jueves hacer ejercicios en casa.

El martes pasado escribí al staff del voluntariado en el cual he estado aplicando para dar seguimiento a la subida de mis datos en su base de datos; me respondieron con un link para un formulario de Google y completé la información el mismo día -incluso copia de pasaporte-.

El viernes me escribieron de la institución estadounidense de ciberseguridad con la cual debía examinarme los primeros días de noviembre para notificarme que la institución local a cargo de los exámenes había cancelado el evento.

Estuve tratando de reprogramarlo pero al parecer ya no realizan este tipo de exámenes y luego decidí que puedo ir a examinarme al pequeño país vecino del sur; pero durante la semana he estado leyendo un poco más y creo que al final no realizaré el viaje pues el nivel del mismo es demasiado básico.

El mismo viernes por la tarde aprovechamos que el trabajo estaba bastante tranquilo para realizar una visita express al supermercado en donde usualmente realizamos las compras a granel; aunque en este caso nomás fuimos por una bandeja de alas de pollo -y un par de bolsas de las semillas que Rb ha estado consumiendo últimamente-.

El sábado debía de haberse realizado la primera reunión mensual de mi grupo de diálogo socrático; pero la situación general no invitaba a realizar una reunión en el centro histórico de la ciudad; durante la semana me había comunicado con la directora de la biblioteca y habíamos acordado su cancelación.

Modifiqué el afiche que había preparado para la misma sobreponiendo en el mismo un texto indicando la cancelación de la reunión y lo subí a la cuenta de Instagram que creé para divulgar el grupo; y también se lo mandé a mis hijos.

Mi hija respondió al mensaje proponiendo un almuerzo pero decliné en principio por la misma situación que se ha estado viviendo; el plan original para ese fin de semana era: sábado de 1 a 3 pm reunión grupal; luego almuezo con mis hijos; domingo por la tarde reunión con el líder del grupo de lectura.

Cancelé también la reunión del domingo por la misma razón pero luego estimé que sí podía reunirme con mi hija mayor y le escribí para que nos reuniéramos a la hora del almuerzo; el sábado a media mañana estaba leyendo -y empezando a dormitar- cuando Rb me pidió ayuda para limpiar el jardín.

Estuvimos trabajando en la remoción de grama y maleza por un poco más de una hora bajo el sol; luego me bañé y me dirigí a la casa de mi hija mayor utilizando el transporte público; como ví que había bastante tráfico caminé el par de kilómetros hasta el lugar en el que se estacionan los buses intermunicipales.

Y durante los quince o veinte minutos de caminata sobrepasé a tres de los buses que puedo tomar en la entrada de mi colonia: el tránsito estaba terrible; y no había un bloqueo ni alguna razón evidente para el embotellamiento; nomás era la pura mala cultura vial que nos caracteriza.

El bus pasó bastante rápido y llegué al centro comercial en donde se estacionan los busitos con media hora de anticipación; como la distancia es de unas cuatro o cinco calles aún me entretuve un poco en el lugar para no llegar muy temprano con mi hija.

Llegué a la casa de mi hija con un par de minutos de antelación y la llamé desde el patio de la casa; ella salió a recibirme y procedimos con el plan: ordenar en línea una pizza y un calzone de Pizza Domino´s y dirigirnos al local que se encuentra a pocas calles de su casa para comer en el mismo.

El sitio web de la pizza es muy poco intuitivo y nos costó un poco realizar la orden -gaseosa incluida- y además no aceptan pagos con tarjeta de crédito online; afortunadamente cargaba efectivo por lo que nos dirigimos al lugar a almorzar; pero el mismo estaba bastante lleno por lo que decidimos nomás pagar la orden y retornar a comer a su habitación.

Luego de almorzar le propuse a mi hija que me acompañara a la Universidad a imprimir un artículo sobre adeministración de tareas personales que había enviado previamente al número de whatsapp del café internet.

Caminamos al lugar y pagué por tres copias del artículo -le entregué uno a mi hija y espero darle el tercero a mi hijo en un par de días- luego nos dirigimos a la panadería que se encuentra a pocas calles de donde vive mi hijo menor y compramos un par de pasteles de chocolate.

Retornamos a su habitación y preparamos té para acompañar los pasteles; luego estuvimos resolviendo varios ejercicios del libro de ajedrez; aunque, por haber olvidado mi cuaderno de notas, creo que volvimos a elegir ejercicios pasados; la verdad estuvieron bastante fáciles.

Por la situación incierta que se vive actualmente habíamos acordado que me retiraría de su casa a las cinco; por lo que a esa hora nos despedimos y retorné al centro comercial en donde se toman los busitos que me dejan justo frente a la entrada de mi colonia.

Algo que me sorprendió -no sé si decir un poco o bastante- fue que mi hija mayor se mostró en esta visita bastante enterada de la situación general del país y me comentó que está considerando emigrar a otro país -el Reino Unido quizá-.

Ha estado considerando opciones y estuvimos conversando sobre posibles maneras de lograrlo; aunque -por dedicarse a ser traductora médica- tiene la inquietud de estudiar alguna función técnica de cuidados médicos; como siempre, me ofrecí a apoyarla financieramente y quedamos en que exploraríamos las opciones.

El domingo Rb decidió que no acudiría a su iglesia por la mañana sino que atendería la misa que habían programado en las afueras de las instalaciones del Ministerio Público -el ente visible del intento de frenar la asunción del presidente electo-.

Había estado sopesando entre irse en bus y Transmetro o Uber y Transmetro, o Uber nomás; al final estuvimos verificando el estado de los bloqueos y me ofrecí a conducirla hasta el lugar de la misa en el automóvil; afortunadamente no hubo ningún percance en el trayecto.

Después de irla a dejar pelé y rallé un par de libras de papas y las dejé en remojo dentro de la refrigeradora por un poco más de una hora; transcurrido el tiempo drené el agua y las exprimí con una servilleta de cocina y luego las metí al congelador para facilitar su manipulación y cocinarlas como hash browns.

Un poco antes del mediodía Rb me escribió para comentarme que ya había abordado el transmetro y estaba retornando a casa; a donde arrivó menos de una hora más tarde; preparamos las tradicionales alitas dominicales y -en esta ocasión- hash browns.

Esta semana ha continuado con el mismo tono en el trabajo: nos reunimos en una ocasión el equipo local; en una ocasión nomás mi compañero y yo y este día nos reuniremos con el equipo global para evaluar el estado del proyecto... the works.

El martes me escribió mi hija mayor para comentarme que pensaba inscribirse en un curso de paramédico -supuestamente certificado por un organismo australiano- y -por supuesto- pedirme ayuda con la matriculación.

El costo del curso es de ochocientos dólares -en seis pagos- y la duración es de un año; no sé si el curso es lo que le conviene; o si ella aguantará el ritmo de trabajo y estudio; pero al menos es una variación a la cantaleta de nuestras reuniones: me quiero morir.

Por lo que acepté ayudarla con la aventura -con las mismas condiciones con las que ayudo a sus hermanos menores- y ayer realicé el primero de los depósitos; luego de realizar la operación online en el banco en el cual recibo mis pagos le envié una copia de la operación.

Y a ver cómo va eso...