domingo, 31 de diciembre de 2023

Cinco años... Five years... Cinq ans...

Desde hace unos años -no cinco, pero quizá dos o tres- había estado pensando en escribir -y/o analizar más bien- cómo ha cambiado mi vida en diez años, cinco años y un año; y luego preguntarme (o prever-!?-) cómo estaré dentro  de un año, cinco años y diez años.

Pero no lo he hecho; y no sé muy bien el motivo... quizá aún soy muy supersticioso -aunque luche constantemente contra el pensamiento mágico y trate de formarme en el pensamiento crítico-; hasta el último día del dos mil veintitrés.

Y creo tener la excusa perfecta: bajando los últimos libros de mi biblioteca digital preferida encontré Five Years; no sé si estaba en GoodReads -creo que no- o si mi biblioteca me lo estaba recomendando o simplemente lo encontré entre los acompañantes de alguno de los libros que estaba bajando.

El caso es que bajé Five Years y parece que es un chicks book: una exitosa abogada judía tiene una vida perfecta y va a la entrevista de trabajo que ha estado esperando desde que era niña (!) para trabajar en la mejor firma de Nueva York; y le preguntan cómo se ve en cinco años.

Esta es una pregunta clásica de los proceso de selección -la he odiado siempre-: nunca he sabido si la mejor respuesta es tirar hacia la humildad: me veo haciendo este mismo trabajo dentro de cinco años; o tirar a la grandeza: me veo dirigiendo esta compañía.

La cuestión es que nuestra heroína ya había practicado la respuesta y responde con una versión detallada de cómo será su vida en cinco años; la entrevista concluye, ella sigue con su vida perfecta pero en la noche se 'transporta' cinco años en el futuro y su vida no es como la había previsto.

Esos son los primeros tres capítulos; me imagino que en el resto del libro nos enteraremos de qué fue lo que pasó y las razones por las cuales lo que haya pasado es lo mejor que pudo haber pasado en su universo; y al final de cuentas la autora puede escribir lo que le salga del corazón, ¿no?.

Y no ha cambiado 'tanto' mi vida en diez años; hace diez años ya había iniciado mi relación de pareja más larga -la actual- pero aún estaba en mi anterior trabajo -que ya odiaba-; aún veía a mis hijos un día todas las semanas y participaba continuamente en las visitas de mi grupo de voluntarios.

Hace cinco años ya vivía la mayor parte de días en la casa de Rb, ya llevaba cuatro años en el trabajo más largo que he logrado mantener -aunque justo por estas fechas me estaban confirmando que no me despedirían (fue un año intenso)-; ese año fui padrino profesional por segunda ocasión.

También estaba viendo una vez a la semana únicamente a mi hijo menor: mi hija mayor se había ido a vivir sola y mi hija segunda tenía ya un año de estudiar en la Suiza centroamericana; además, utilicé por primera y unica vez mi sello profesional y estaba preparándome para renovar la visa para el imperio del norte -al final me la denegaron (en dos ocasiones!)-.

Hace un año indicaba por acá que era la primera vez que veía a uno de mis hijos (mi hija mayor) bajo los efectos del alcohol -se repitió este año-; y aunque su comportamiento no es extremo -o sea, puede funcionar socialmente- me incomoda verla 'achispada'.

También terminaba el año en el que me había propuesto mejorar mis 'relaciones sociales' a través de una contínua invitación a desayunar a mis conocidos/amigos: he invertido una cantidad considerable de tiempo y dinero pero creo que continuaré en la misma línea este año; incluso me casé el año pasado.

En el plano laboral, hace un año, estaba ya en una nueva posición; que era a la cual había querido moverme desde hacía un buen tiempo; además, ya había concluido el curso de lengua de señas que estuve tomando por tres años junto a Rb; y ya había empezado a leer con más orden (este año contabilicé cincuenta y dos libros completados).

No sé -nadie sabe- en dónde estaré en un año, cinco años o diez años; el otro año tendré cincuenta y dos, en cinco cincuenta y seis y en diez, sesenta y uno;  si continuara trabajando igual y la economía sigue igual, en tres años sería millonario -aunque eso no creo que sea un gran hito-.

Por una parte desearía continuar en el mismo trabajo por los siguientes diez años -aunque lo veo poco probable-; por otra parte espero que me despidan en el corto/mediano plazo -para obtener el pasivo laboral-: si llego a 'retirarme' en este trabajo el pasivo laboral 'se pierde'.

Por la situación económica actual temo no poder encontrar un trabajo similar; he especulado bastante sobre trabajar en un call center pero no sé si sea capaz de hacerlo: las jornadas son maratónicas y creo que ese tipo de empleos están diseñados -al menos por acá- para la gente joven.

Después de dos años en silencio tampoco veo futuro en el área editorial; fue una aventura placentera el período de tres o cuatro años que nos dedicamos al campo con Rb pero como que algunos eventos es mejor que sean temporales.

Y también están las jornadas médicas: asistí a una el año pasado -residiendo una semana en el lugar- y asistiré a otra la próxima semana -con viajes diarios al lugar-; me entusiasman pues me permiten practicar inglés y ayudar; pero aunque he visto que hay personas que se dedican profesionalmente a esto no lo veo como una salida laboral; nomás como un voluntariado.

Como la tanatología: la próxima semana las instituciones educativas reinician sus actividades y espero recibir la información para inscribirme en un diplomado del tema; me ha llamado la atención desde hace un tiempo y me daría acceso para colaborar con un grupo de voluntarios de psicología.

Podría decirse que mi vida no ha cambiado mucho en los últimos diez años; pero al final todo cambia, y contínuamente; al final de eso -creo que- se trata la vida: todo es impermanente...

Y a ver cómo sigue eso...

lunes, 25 de diciembre de 2023

Navidad 2023... Christmas 2023... Noël 2023...

Creo que llevo muchos años de no celebrar propiamente la navidad... creo que es una celebración -al menos en nuestro mundo occidental- que trasciende muchos límites, incluídos los credos -aunque no he conocido a muchos judíos o musulmanes por acá-.

De niño era una celebración por costumbre: todas las personas conocidas compraban juegos pirotécnicos, estrenaban ropa y eventualmente compartían regalos; también era común encontrase con fiestas familiares o vecinales.

En mi época familiar también se lo inculcamos a nuestros hijos -la costumbre-; pero luego ya no le encontré -como a muchas cosas- mucho sentido; en mi segundo viaje al imperio del norte me tocó que pasar la navidad en soledad en la casa de mis amigos judíos.

Lo único agradable -por estos días- de la época es el asueto que otorgan las empresas el veinticinco de diciembre -y el primero de enero, para celebrar el año nuevo-; y en mi caso, es la única ocasión en la que les entrego un regalo a cada uno de mis hijos -la otra es en cada cumpleaños-.

Y desde hace cuatro o cinco años mis regalos han sido en efectivo; creo que desde hace dos o tres han sido cien dólares a cada uno; pero este año sí les pedí a mis hijos mayor y menor que empezáramos una tradición: un intercambio de regalos.

Incluso el año pasado fui categórico en comentárles que no me agradaba recibir regalos: prefiero viajar con poco equipaje; y mi hijo menor se lo tomó al pie de la letra; mi hija mayor, en cambio, sí me regaló el cubo de Rubik de espejo 3x3x3.

Este año les compré a cada uno una taza y la acompañé con un pequeño sobre con el acostumbrado regalo en efectivo; mi hijo menor me regaló (!) una taza y una playera comprada en línea -ni siquiera le quitó la etiqueta del precio-.

Mi hija mayor, por otro lado, me regaló algo que me agradó bastante: un calendario de escritorio hecho a mano en el cual realizó una pintura para cada mes del 2024; es un gran trabajo artesanal y me recordó a uno que me dió hace siete u ocho años.

Aunque en esa ocasión me parece que las ilustraciones las había hecho en computadora me gustó mucho y lo mantuve todo el año en mi escritorio -en esa época trabajaba en un cubículo-; el de este año está hecho en acuarela -me parece- y todo el texto está en francés.

A mi hija segunda le envié -por medio de mi compañero de trabajo que vive en Texas- los cien dólares de costumbre y le escribí un par de días antes de navidad deseándole que pase unas buenas fiestas; en seis meses se supone que obtiene su MA en Educación y no sé que pasará después de eso.

Pero creo que hay otro hecho por remarcar: el anciano hermano de la presidenta del comité de vecinos ha estado -durante todo el año- manteniendo la parte exterior lateral de la casa de Rb libre de malezas e incluso ha sembrado unos cuanto arboles de ficus.

Habíamos acordado con Rb obsequiarle un presente para navidad y el lunes -después de venir del puerto- le compramos una herramienta multiusos -similar a la que yo adquirí hace unas semanas pero de un tercio del precio- y una mañana de esta semana le pasamos agradeciendo por el cuidado de la acera.

El jueves por la mañana -aprovechando que era mi último día de vacaciones- acompañé a Rb a su salida semanal al mercado; abordamos el busito y luego el transmetro y compramos algunas frutas y verduras en el mercado municipal del límite de la zona uno; por la tarde hicimos nuestra rutina de aeróbicos.

El viernes retorné a mis labores; pero todo estaba vacío -digitalmente-: una gran parte del equipo en el imperio del norte se tomó la semana de vacaciones y de mis dos compañeros solo uno estaba en línea; también el administrador del proyecto estaba de vacaciones y no había ninguna reunión programada.

Me pasé casi todo el día sin mucho que hacer y aproveché para empacar las tazas que había comprado para mis hijos y preparar los sobres; luego del horario laboral salimos a caminar con Rb y a adquirir algunas frutas en el supermercado; además encargué un par de tamales en la tienda de la esquina para mi cena navideña.

El sábado me levanté temprano y me pasé la mañana entre la cama y la mesa del comedor; entre lecturas, Duolingo y ajedrez; a las doce me alisté, tomé el auto y me dirigí a las habitaciones de mis hijos.

Pasé primero por mi hija mayor -me pareció otra vez percibirle aliento a alcohol y efectivamente ví una botella de brandy en una repisa de su habitación- y luego por mi hijo menor; nos dirigimos a Taco Bell en donde almorzamos e hicimos el intercambio de regalos.

Estuvimos en el lugar por un par de horas y luego me ofrecí a pasar a dejarlos a sus habitaciones pero mi hija nos comentó que iba hacia el centro histórico por lo que pasé a dejarla a una estación del transmetro; luego pasé a dejar a mi hijo a su habitación.

Después pasé a un supermercado a comprar unos dulces y una magdalena y me dirigí a la casa de mi tía -la había llamado antes de recoger a mi hija mayor- pues quería visitarla y agradecerle por las atenciones con mis padres el lunes.

Llegué a donde mi tía a las tres y media y aún ví a mi primo y su esposa saliendo de la casa -es la casa de él- y aproveché para regalarles unos malvaviscos que me habían sobrado del convivio de mi nuevo grupo de voluntarios.

Estuve de visita en la sala de mi tía casi una hora; entre café y conversación y, cuando mi tío regresó -había salido justo cuando yo había llegado-, aproveché para despedirme de ambos y retornar finalmente a mi casa.

Ayer veinticuatro me levanté bastante tarde y antes de desayunar -frijoles y huevos- salí a comprar tortillas y a recoger los tamales que había encargado un par de días antes; luego de desayunar estuve leyendo el primero libro en francés en mucho tiempo.

Les fabuleuses aventures d'Aurore es de un autor que escribe en inglés pero sus libros han sido traducidos a distintos idiomas; lo encontré buscando un libro de una autora francesa de ese nombre y tengo la intención de leer todos los libros de la saga -es para niños a partir de los nueve años y aún no sé cuantos libros componen la saga-.

Para almorzar preparamos un par de los pescados que trajé el lunes pasado del puerto; y luego sacamos a caminar a los perros de Rb; cuando estábamos a medio trayecto Rb paró a conversar con una de las vecinas a las que usualmente ha regalado güisquiles y un poco más tarde esta señora vino a regalarnos una cena de navidad.

Yo había planeado cenar uno de los tamales que había recogido más temprano -y chocolate- pero luego pensé que era mejor consumir lo que nos habían traido ya preparado -era pavo relleno, arroz y otro par de acompañamientos- y café.

Después de cenar terminé de ver Rebel Moon -había estado esperando esa película de ciencia ficción de Zack Snyder pero al final no me gustó- y esperaba tener una sesión de tutoría con el joven con quien hemos estado practicando álgebra pero al final la canceló.

Para ayudar a Rb con el cuidado de sus perros -no les gusta nada el sonido de los juegos pirotécnicos y usualmente la medianoche del veinticuatro es la más ruidosa- estuve en su habitación leyendo hasta medianoche y luego -realmente no hubo tanta bulla- nos dimos las buenas noches y me retiré a dormir.

Hoy me levanté bastante raro del estómago -la verdad después del almuerzo de ayer ya me sentía bastante satisfecho y creo que no ameritaba cenar-; tanto que luego de levantarme le anuncié a Rb que no almorzaría; que quizá hasta media tarde voy a consumir el tamal que no congelé ayer -y un poco de chocolate-...

Y a ver cómo va eso... 

miércoles, 20 de diciembre de 2023

El frío en los huesos -y cincuenta libros-... The cold in the bones -and fifty books-... Le froid dans les os -et cinquante livres-...

Hacía bastante tiempo que no se dejaba venir una ola de frío ártico por nuestro país caribeño... tanto que ya se me había olvidado tomar las precauciones debidas a tales circunstancias; de hecho no tengo más que una chumpa de cuero -artificial, creo- y un sudadero, del colegio del que se graduó mi hija segunda, para paliar el actual descenso de la temperatura ambiental.

Las condiciones actuales empezaron hace unos días y se espera que continúen durante esta y la próxima semana; además del intenso frío -la sensación térmica en algunas partes del país es por debajo de los cero grados centígrados- ha habido vientos bastante fuertes por lo que es probable que ocurran daños a la infraestructura o viviendas.

Por otra parte; este año, que me propuse leer con un poco más de orden -para obligarme a leer temas serios-, pude contabilizar cincuenta libros finalizados; hubo tres o cuatro que empecé a leer y que decidí no terminar -porque el tema ya no me atrajo o porque (en una ocasión) el tema era muy árido-; también hubo otros que leí sin planificar y llevo otros dos o tres 'a medias'.

Pero en general durante todo el año estuve leyendo de forma intercalada Ficción, No Ficción, Tecnología y Análisis Transaccional/Meditación; además literatura en Español; y luego también estuve leyendo otro libro de cualquier tema atractivo entre cada una de las cinco líneas principales.

Pero desde que empecé mis vacaciones -mañana se terminan- estuve leyendo muy esporádicamente y al final el libro número cincuenta ya no lo leí con el mismo esquema: System Collapse es el último (número siete) de la colección The Murderbot Diaries, de Martha Wells.

Creo que fue en GoodReads donde encontré por primera vez referencias a esta escritora y el libro All Systems Red y luego fuí consiguiendo el resto de los libros de la colección; pero ya no había escuchado de la misma hasta hace un par de semanas que me enteré -con un par de semanas de atraso- del lanzamiento del último capítulo.

Me tocaba leer los últimos capítulos de Head First Design Patterns y no me sentí con ánimos; preferí leer -en cuestión de dos o tres días- el libro de Martha Wells y la verdad es muy bueno; además me enteré que la autora está en tratamiento por cáncer de seno, así que no sé si habrá más entregas de esta serie.

Y luego terminé -entreleí realmente- los dos últimos capítulos de Heads First Design Patterns, nomás para no dejarlo a medias; como es el caso de un par de libros en español que aún tengo marcados como 'in progress' pero no sé si algún día los terminaré... en fin.

El jueves pasado, después de que Rb le dió el desayuno a sus perros, nos dirigimos al parque de diversiones más grande de la ciudad; este lugar -financiado por los trabajadores de la industria privada y administrado por una de las familias criollas- tiene bastantes juegos mecánicos y áreas verdes.

Como Rb no consume comida que no haya sido preparada bajo control llevaba algunos recipientes con alimentos elaborados por ella misma; yo había comprado el día anterior bacon y algunos otros embutidos y había preparado uno de mis tradicionales panes que incluyen también huevo, tomate y aguacate.

Por ser temporada de vacaciones escolares el parque estaba muy concurrido por lo que la espera en cada juego al que se subió Rb fue bastante extendida; al final nomás pudo abordar cuatro o cinco juegos -y se subió conmigo a la rueda de Chicago gigante y a un tren al que acompañaba a mis hijos en su época-.

Como los perros almuerzan un poco antes de las tres decidimos retirarnos del lugar -luego de almorzar- un poco después de las dos; no hubo mucho tráfico de vuelta pero en un semáforo Rb se percató que el auto estaba teniendo cierto brico en el funcionamiento del motor. 

Traté de no darle importancia al salto que estaba dando el motor cuando no avanzaba el auto -me imaginé que era algo del filtro de gasolina; como que no le llegaba suficiente al motor o algo así-; el viernes me levanté a las cinco pues tenía un desayuno muy temprano y no quería llegar tarde.

El desayuno era con un ex supervisor de hace más de quince años con quien habíamos desayunado otro par de veces durante el año; la reunión era en un restaurante de una de las arterias más utilizadas para entrar o salir a la ciudad.

Pero el tráfico no estuvo muy pesado y llegué al lugar incluso antes de que lo abrieran (abren a las 6:30 AM); estuve esperando casi quince minutos dentro del auto y cuando por fin abrieron me dirigí al interior del restaurante -y me dí cuenta que las luces del auto estaban encendidas-.

Retorné a apagar las luces y luego entré al restaurante y pedí un capuchino y un pastelillo para hacerle tiempo a mi amigo; a las 7:00 le envié un mensaje comentándole que ya estaba en el lugar y mi amigo llegó un poco más tarde.

Estuvimos como hora y media en el lugar, entre desayuno e intercambio de presentes, (yo le llevaba una bota de marshmallows que había adquirido el día anterior- y él me regaló (otra vez) una bolsa de chocolates de su propia cosecha -él y su esposo tienen un emprendimiento de venta de chocolates artesanales-.

Me despedí con un poco de precipitación porque no me estaba sintiendo muy bien del estómago -como que el pan del día anterior estuvo demasiado pesado-; retornando a casita debo pasar por un puente al fondo de un valle; las pendientes son bastante pronunciadas y en la subida sentí que el auto no estaba respondiendo bien.

Como debía salir por la tarde le comenté a Rb que me iría en transporte público pues no me daba confianza que el auto perdiera potencia al subir la cuesta del puente; y es que había programado una reunión con mi primer ahijado profesional para las cuatro de la tarde de ese día.

Pero, afortunadamente, mi ahijado me escribió al mediodía comentándome que la entrada a la ciudad que utiliza estaba siendo reparada y que estaba bloqueado el acceso a la misma: acordamos mover la reunión para el miércoles de la siguiente semana.

El sábado había quedado de reunirme con mi hija mayor para almorzar; como había decidido andar en transporte público salí un poco más temprano (alrededor del mediodía) que de costumbre y aún así llegué con bastante antelación a su habitación.

Con mi hija nos dirigimos al Domino's Pizza que queda a pocas calles de su habitación y comimos en el lugar una pizza de peperoni y un calzone tropical; acompañados de un doble litro de Fanta; luego del almuerzo -nos entretuvimos casi una hora en el lugar- retornamos a su habitación para armar el cubo de rubik de 4x4x4 de colores y de 3x3x3 de espejo.

Un poco después de las cuatro y media le indiqué a mi hija que me retiraría pues no me estaba sintiendo muy bien del estómago -antes de salir de casa había tomado un poco de Pepto-Bismol pero sus efectos no fueron muy efectivos-; mi hija me acompañó a la estación del Transmetro pues ella debía dirigirse a comprar un regalo para su hermano.

El domingo por la mañana invertimos una hora con Rb en el corte de café de las plantas que tiene en el patio frontal y en el patio posterior; creo que completamos alrededor de diez libras del grano y, luego de dejarlo almacenado para su posterior despulpamiento, preparamos unas alitas de pollo para almorzar.

A media tarde me dirigí a la casa de mi amigo voluntario que vive en la misma colonia donde habité por más de ocho años; como llegué con quince minutos de anticipación aproveché para cruzar la calle y cortarme el cabello en la peluquería que se encuentra justo frente a su casa.

A las tres y cuarenta y cinco toqué a su portón y nos dirigimos en su automóvil a la misma tienda de donuts a donde habíamos acudido en nuestra reunión del mes pasado -creo que con él es con quien más frecuentemente nos reunimos-.

Estuvimos en el lugar un par de horas entre conversación, café y donuts: hicimos trabajo voluntario con la misma organización por casi diez años por lo que tuvimos muchas experiencias con diferentes grupos de visitas en diferentes instituciones.

A las cinco y media le indiqué que me retiraría y que aprovecharía que estábamos al lado de una estación de transmetro para dirigirme al centro comercial en donde tomo el bus que me trae de vuelta a casa; en el centro comercial compré un par de roscas vienesas pues tenía previsto visitar a mis papás al día siguiente; luego retorné a mi casita.

El lunes me levanté a las cinco de la mañana, me bañé y empaqué en la mochila términa cuatro recipientes de hielo; luego salí a tomar el busito para empezar el viaje hacia el puerto; no esperé mucho y en menos de media hora estaba en el lugar desde donde puedo abordar los buses que se dirigen a la costa sur.

Tomé un bus con destino a la cabecera del departamento en donde se encuentra el puerto en el que viven mis padres y en poco más de hora y media estaba apeándome del mismo, justo en la entrada de la ciudad; allí abordé un microbusito y una hora más tarde estaba llegando al puerto (el precio de ambos buses fue el mismo -alrededor de cuatro dólares-).

Luego caminé hacia la casa de mis papás -tuve que caminar el doble de lo habitual pues me equivoqué al bajarme del busito antes de lo debido-; y cuando llegué encontré únicamente a mi padre pues mi madre había salido a encontrarme.

Mi madre me había llamado un poco antes pero ninguno de los dos mencionó en qué tipo de transporte me dirigía por lo que ella asumió que iba en el bus directo desde la ciudad y fue a esperarme a la estación; mi padre la llamó para comentarle que ya había llegado y un poco después retornó a casa.

En la entrada de la colonia donde viven mis padres pasé a saludar a la presidenta del comité de vecinos y le entregué una de las roscas que había comprado el día anterior; luego de que mi madre retornó preparamos café y compartimos la otra rosca.

Luego estuvimos conversando sobre el documento que le he estado ayudando a preparar a mi madre sobre la voluntad que tiene de repartir sus propiedades -las de ambos realmente- entre mis tres hermanos y yo; es un tema escabroso pues nunca nos hemos comunicado bien en familia.

Después estuvimos revisando nuevamente la construcción que he estado realizando desde hace más de un año -en esta ocasión lo único nuevo fue la pared exterior- y haciendo un poco de planes acerca del futuro de la misma.

La revisión la hice en gran parte solo con mi padre pues mi madre se ausentó para adquirir el pescado que le había encargado cuando le comenté que los visitaría; al final no fueron las trece libras de la última vez sino únicamente diez libras; pero otra vez se negó a recibir dinero por las mismas.

Un poco después de mediodía les pedí que me acompañaran al lugar desde donde se abordan los buses que vienen directo a la ciudad y, por llegar con más de media hora de anticipación a la salida del próximo, aprovechamos para compartir una gaseosa en una tienda aledaña al lugar.

A la una y media abordé el bus e inicié el retorno a la ciudad; el viaje estuvo bastante tranquilo e incluso el retraso que había previsto en el lugar en donde aún están reparando la ruta fue mínimo; a las cuatro de la tarde estaba abordando el busito que me deja justo frente a la calle donde vivo y poco después estaba entrando a casa para almorzar.

Ayer martes me despertó una llamada de mis padres para avisarme que que estaban en camino a la ciudad pues querían completar el trámite que mi padre no había podido realizar el martes anterior; les agradecí por la comunicación y les pedí que me mantuvieran al tanto de sus progresos.

Un poco después me volvieron a llamar comentándome que estaban abordando el transmetro pues luego del transbordo podían llegar hasta una estación a pocas calles de la oficina estatal a la cual debían acudir; y un poco más tarde mi padre me llamó nuevamente para contarme que estaban por ingresar a la oficina.

Luego me volvieron a llamar para indicarme que habían completado el trámite pero que debían retornar a las tres y media para recoger el carnet por el cual habían acudido (eran alrededor de las once y media de la mañana) y que planeaban esperar en el parque central.

Consideré que era mucho tiempo de espera (cuatro horas) y ya había empezado el bajón actual de temperatura ambiental; le propuse a mi padre que les enviaría un auto para que se dirigieran a la casa de mi tía (su hermana menor)  pero antes la llamé para confirmar que se encontraba en su casa.

Ordené un Uber (el viaje me costó como cinco dólares) y media hora después mis padres estaban frente a la casa de mi tía; nunca habían llegado a esa dirección pero como el auto los dejó justo enfrente mi tía nomás salió a recibirlos.

A las dos y media ordené otro Uber y en él se dirigieron mis padres a recoger el carnet; el trámite fue rápido y un poco después mi padre me llamó para confirmarme que ya podían retornar a la estación desde donde salen los buses al puerto.

El problema fue conseguir un Uber de vuelta pues al parecer el trayecto era muy largo y ningún piloto tomaba el viaje; luego de más de media hora de estar actualizando la app -y la computadora- y cambiar el destino a la mitad del camino -y luego extender el viaje- por fin un auto los recogió.

Pero ya era bastante tarde (más de las cuatro); mi padre me había comentado que el último bus salía a las cinco y la hora estimada de llegada eran las cinco y cinco; pero al parecer este conductor era bueno moviéndose en el tráfico y llegaron justo a las cinco de la tarde a la estación.

Cuando ví que el viaje había terminado (me costó once dólares y medio) llamé a mis papás para ofrecerme a ir por ellos en caso no hubieran podido abordar el bus pero mi padre me confirmó que en efecto ya iban en el bus camino al puerto.

Después salimos con Rb a caminar en la calle interior de la colonia en lo que el mecánico terminaba de hacerle servicio al auto -había venido justo cuando estaba arreglando el último viaje de mis padres y nos había comentado que había que cambiar una bobina del motor-.

Luego de dar un par de vueltas a la colonia el mecánico nos comentó que había concluido el trabajo -fueron ciento treinta dólares- y nos retornó el automóvil; antes de despedirnos le regalé a su hijo el último cubo de Rubik de colores de 3x3x3 que había adquirido al principio del año.

Hoy había hecho el firme propósito de levantarme tarde pero no pude quedarme en la cama después de las nueve de la mañana; me levanté al baño y luego levanté todas las cosas del piso pues la aspiradora está programada para su ciclo a las diez de la mañana.

Estuve haciendo Duolingo y jugando un poco de ajedrez y al mediodía almorzamos con Rb lo mismo que el día de ayer (sopa de pollo con arroz y aguacate); después del almuerzo sacamos a caminar a los perros y a las tres tomé el auto para dirigirme a la reunión con mi ahijado profesional.

No había mucho tráfico pero me equivoqué de salida del periférico y al entrar al comercial me entretuve bastante en encontrar parqueo (tuve que subir hasta el quinto nivel); pero llegué diez minutos antes al lugar de la reunión.

Mi ahijado llegó con un poco de retraso y ordenamos unos cafés y unos de esos panes que ahora está vendiendo McDonalds (de jamón con queso); estuvimos en el lugar un poco mas de dos horas entre conversación y refacción y luego nos despedimos -también le regalé los chocolates que había recibido el viernes pasado-.

Luego subí por el automóvil; y salí a un tráfico demencial: nomás para tomar el periférico (cuatro o cinco calles) tuve que conducir más de quince minutos; y para retornar a mi casita me tomó casi una hora (más del doble de lo habitual).

Pero llegué sin ninguna novedad; y espero que sea la última salida de esta naturaleza del año.

Y a ver cómo va eso...