jueves, 29 de febrero de 2024

Otro idioma... Another language... Une autre langue...

Ayer empecé a explorar otro idioma en Duolingo... Este sería el cuarto -creo-: en el pasado he visto un poco de Swahili (por el 'regalo' de tres clases que me obsequió mi mejor amiga judía), Chino -porque un día me pregunté qué tan difícil sería-, y Alemán (porque mi hija mayor tiene cierto nivel en el mismo y quería experimentarlo -me pareció muy fuerte el tono-).

Con Rb habíamos hablado sobre explorar italiano -se supone que es super parecido al español- o portugués -que también (al parecer) tiene muchas similitudes con nuestro idioma pero el ritmo es bastante diferente-; al final me decanté por el Coreano.

Y es que hace no mucho tiempo leí en alguna parte que a pesar de las claras diferencias con el castellano (empezando porque tiene un alfabeto completamente diferente) hay ciertas partes de la estructura que los hace -hasta cierto punto- parecidos.

Y además: en la capacitación a la que asistí la semana pasada -para trabajar como voluntario en un tercer grupo de traductores- dos de las chicas -nomás había otro chico en el grupo de diez- también dominaban el coreano.

Por lo que a partir de ayer empecé a tomar lecciones de coreano en Duolingo: el contenido es mucho más limitado que con francés -del cual llevo más de tres años de estudiar diariamente- y el número de unidades no llega ni siquiera a la mitad.

Además de las cuatro grandes secciones en las cuales se dividen las unidades, el programa presenta al inicio un apartado para aprender -y practicar- el alfabeto (Hangeul): son como catorce sonidos de vocales y una cantidad mayor de consonantes; ah, y ambos tipos de caracteres pueden ser simples o dobles.

Por lo pronto planeo continuar con francés -llevo un streak de 1157 días y me faltan un par de secciones para (otra vez) completar el árbol- e irme introduciendo poco a poco al coreano; empezando con el alfabeto y pasar luego (como he hecho con el inglés y el francés) a la lectura de libros infantiles.

Y a ver cómo va eso...

En la salida post jornada laboral del jueves pasado, fuimos al supermercado que queda a mayor distancia de la casa; en el camino compré pan para los desayunos, así como un cubilete de banano para acompañarlos.

Además, compré -en la tienda de productos con menor precio- una botella de fanta y una lata de papalinas; el plan era preparar uno de los panes que confecciono cuando salgo de viaje para almorzar con la gaseosa y las papas; además compré una bolsa de chocolates pues me gusta obsequiar un detalle a mis compañeros de actividades.

El mismo día, jueves, me había ofrecido para participar en una capacitación en el trabajo para darle mantenimiento a un servidor de pruebas: el programador que más nos ha ayudado había pedido apoyo y me pareció una buena oportunidad para involucrarme un poco más en el proyecto.

Sin embargo, la misma persona resolvió el inconveniente de otra forma por lo que mi apoyo ya no fue requerido; por lo que tanto ese día como el viernes continué con la exploración de un par de funcionalidades que tengo asignadas.

El día sábado por la mañana acudimos con Rb al supermercado más lejano en dirección sur; adquirí un zepelin para mi visita al voluntario que tenía programada para el día siguiente y compramos un poco de pollo para los almuerzos de la semana.

Al mediodía me dirigí a la habitación de mi hijo y, aunque al inicio íbamos hacia Subway para el almuerzo, nos desviamos antes de llegar y buscamos uno de los restaurantes de comida mejicana que están en la zona: almorzamos tacos y nachos, acompañados de Canada Dry.

Luego retornamos a su habitación y estuvimos practicando algunos ejercicios de ajedrez de un nuevo libro que bajé el mes pasado -jaque mate en un movimiento-; además mi hijo me obsequió un kit de dibujo que había obtenido para mi cumpleaños.

Me despedí de mi hijo un poco después de las cinco de la tarde y retorné a casita: Rb había planeado ir a ver los primeros dos capítulos de The Chosen al cine y me había pedido que la llevara -y luego fuera por ella-.

Salimos de acá un poco después de las ocho y media -la película empezaba luego de las nueve- y pasé a dejarla al gran centro comercial en donde se encuentra el cine; luego -como habíamos visto que había tráfico de vuelta- pasé a una gasolinera a comprar un hot dog.

Era algo que quería hacer como 'fuera de lo común', pero, la experiencia no fue muy buena: pedí un combo de hotdog, papas y gaseosa pero me cobraron un combo de dos hot dogs; retorné a caja a reclamar y me indicaron que no había opciones para la primera.

Me molesté un poco pero luego lo dejé correr porque para qué amargarse: recibí los dos hot dogs -también me ofrecieron complementarlo con una gaseosa- y el agua e ingerí los mismos en la misma gasolinera; pero devolví el agua porque me imagino que esa se la cobrarían a la cajera.

Retorné a mi casita a hacer Duolingo y un poco antes de medianoche me dirigí a recoger a Rb luego del cine; se suponía que la película terminaba a las doce pero al final Rb me llamó luego de las doce y cuarto para que nos encontráramos en el frente del centro comercial. Regresamos a casa sin ninguna otra novedad.

El domingo por la mañana llevé y traje a Rb de su iglesia y luego preparamos el almuerzo tradicional de alitas de pollo; por la tarde ella recibió su clase de teología en línea y yo me dirigí a la casa del voluntario que vive donde viví por más de ocho años.

Aproveché para agradecerle por dejarme almacenar los libros y cachivaches del cofre del auto por tres semanas y antes de despedirnos -estuve una hora y media en su casa- volví a colocar los libros y demás herramienta del auto en el baúl.

Luego me dirigí a la casa del gestor cultural -antes pasé por una panadería para proveerme de un zepelin-: habíamos acordado que pasaría por su casa alrededor de las cinco: estuve en el lugar un poco más de una hora conversando sobre el estado cultural de la ciudad -y sus proyectos-.

El lunes me levanté a las siete de la mañana y luego de hacer mis lecciones de Duolingo me bañé y preparé los panitos para el viaje al departamento fronterizo con nuestro vecino del sur; caminé hasta la parada de bus intermunicipal, luego tomé un transmetro y finalmente caminé a la estación de buses.

El bus salió puntualmente a las diez y media -nomás hicieron que guardara mi herramienta multiusos en la mochila y que dejara la comida antes de abordar- y se detuvo más o menos a la mitad del trayecto (seis horas) en un restaurante.

La mayor parte de los pasajeros entraron al restaurante a almorzar y yo nomás pedí que me devolvieran mis panitos y mis papas fritas con los cuales almorcé fuera del mismo; estuvimos en el lugar media hora y luego continuamos el camino, llegando a la cabecera departamental un poco después de las cuatro y media.

La coordinadora de la actividad llegó por nosotros -íbamos en el bus ocho asistentes, de los cuales reconocí a dos chicas con las que colaboré en la jornada médica de enero- y, ayudada por otro empleado, nos trasladó al hotel en donde nos hospedaríamos -y recibiríamos la capacitación-.

Antes de registrarnos en el hotel pasamos a la sede del proyecto con el cual colaboraremos en donde recibimos una exposición de los proyectos a los cuales se dedican: producción de café y miel con enfoque social.

La actividad incluyó la catación de algunas muestras de café y el recorrido de las instalaciones en donde se procesa el café que reciben de pequeñas productoras locales; las instalaciones -el laboratorio y la planta de procesamiento- tienen un nivel de calidad bastante alto.

En el hotel nos asignaron habitaciones dobles -me tocó compartir habitación con el joven que iba también en el bus- y luego de la cena me retiré a leer -estoy a un par de capítulos de terminar el libro de No Ficción-.

El martes fue un día total de capacitación: desayunamos a las siete de la mañana y luego estuvimos el resto de la jornada recibiendo información sobre la organización que nos convocó, el tipo de trabajo que realizan así como protocolos de conducta y seguridad.

El almuerzo lo tomamos en el mismo espacio -mientras continuaba el evento- y finalmente concluimos un poco antes de las cinco de la tarde; la mayor parte del grupo fue a dar un recorrido por la ciudad y yo salí nomás a tomar un par de fotografía del frente del lugar en el que estábamos.

A las siete cenamos y luego me retiré a hacer Duolingo y leer; a las diez y media de la noche me despedí de mi compañero de habitación y salí a la recepción, en donde esperé al piloto del día anterior pues debía estar antes de las once en las oficinas del bus.

Llegué un poco antes de las once a la estación y estaba cerrada; afortunadamente había una señora (costarricense) sentada en la acera de enfrente y me indicó que a las once abrían las instalaciones; agradecí al conductor -andaba con su esposa- por el viaje y me dispuse a esperar.

Un poco antes de las once empezó a congregarse más gente fuera de las oficinas y a la hora indicada abrieron por fin; a las once y media empezamos a abordar los dos buses que venían a la ciudad y un poco después de media noche empecé el viaje de retorno.

Yo le había indicado al ayudante del bus que quería apearme en el lugar en el que tomaba el busito de la segunda jornada médica -me ahorraba tener que entrar a la ciudad- pues había estimado que serían alrededor de las cinco de la madrugada cuando alcanzaríamos el punto.

Pero, además del ahorro de la media hora en el restaurante de los viajes diurnos, el bus venía a buena velocidad y sin muchos vehículos en la carretera; por lo que cuando llegué al punto en donde debía bajarme apenas pasaba un poco de las cuatro de la madrugada.

El bus bajó la velocidad y el ayudante se asomó al pasillo para avisar que debía bajarme; como casi no pude dormir en el trayecto estaba bastante despierto para indicarle que no, no me bajaría en el lugar sino seguiría hasta la oficina.

Entramos unos minutos más tarde a la oficna -aún no eran las cuatro y media- y me dispuse a convocar un uber moto para dirigirme al lugar desde el cual salen los busitos que vienen a la colonia; me estuve más de media hora intentando que un conductor aceptara mi viaje pero no hubo caso.

En un par de ocasiones el viaje fue aceptado -me parece que fue el mismo conductor- pero cancelado poco después -no se si se debió a que la tarifa era de un poco más de dos dólares-; total que un poco antes de las cinco salí de la estación de buses y caminé hasta la estación del transmetro más próxima.

Cuando llegué a la parada del transmetro aún estaba cerrada -aunque ya habían algunas personas haciendo cola- por lo que intenté nuevamente conseguir un viaje en Uber pero tampoco funcionó; a las cinco llegó la primera unidad del Transmetro y lo abordé para ir por el periférico hasta la calzada en donde transita la línea principal del mismo.

Desde aquí consulté por la tarifa de un Uber hasta mi casa pero el viaje  me salí en más de cinco dólares por lo que mejor caminé hasta el comercial de donde salen los busitos que llegan justo al otro lado de la calle.

No había ningún busito cuando llegué al lugar pero ya estaban esperándolo algunas personas; un poco después de las seis pudimos abordarlo y unos minutos antes de las seis y media estaba entrando a mi casita; entré a desvestirme -y a sacar a la perra más grande de Rb al patio trasero- y luego me metí a la cama de Rb.

Dormí hasta las diez menos cuarto; hora en la que tengo una alarma -tres días a la semana- para realizar una limpieza general del piso de las dos habitaciones, el baño, la cocina y la sala-comedor (barrido y trapeado).

Luego pasé el día nomás leyendo -y dormitando- un poco; hasta la hora en la que generalmente realizamos la rutina de ejercicios; el lunes Rb había realizado una de las rutinas más suaves por lo que nos dispusimos a completar la rutina de fuerza y resistencia; por la noche empecé mi aventura con Coreano.

Por haber dormido muy poco ayer, este día ha estado bastante pesado -es más: ayer me costó bastante completar los primeros capítulos del libro de software que tanto había esperado-; el trabajo ha estado un poco ocupado -y recibí un correo de la gerente administrativa sobre un error en el código con el que reporto mi tiempo laborado-.

Después de la jornada laboral caminamos con Rb hasta los supermercados que nos quedan en dirección norte pues debíamos proveernos de sal de mesa; como las dos bolsas de sal costaban nomás medio dolar y pagaríamos con tarjeta de débito aproveché para comprar ketchup, vinagre y aderezo para ensalada.

Por la noche ví la segunda parte de una película de mutantes que había visto unas semanas -o meses- antes (code 8), hice mis lecciones de Francés, avancé un poco en el conocimento del alfabeto coreano, y jugué algunas partidas de ajedrez... the works...

Y a ver cómo sigue eso...

miércoles, 21 de febrero de 2024

Sobre ruedas, otra vez... On wheels, again... Sur roues, encore une fois...

Han pasado tres semanas desde que llevé el auto al taller; fue un Jueves y llamé para preguntar sobre el avance en el trabajo cuando pasaron siete y catorce días; y había planeado llamar nuevamente mañana: la primera vez nomás me indicaron que habían aprobado los repuestos y la segunda, que estaban trabajando en el radiador.

Pero hoy por la mañana me llamaron para indicarme que podía pasar por el auto a partir de este día -después de las cuatro de la tarde-; agradecí a la secretaria y le indiqué que pasaría hoy mismo: le comenté a Rb que saldría a las tres y media -luego a las tres- de casa para llegar al taller entre cuatro y cinco.

La rutina de la semana pasada estuvo un poco diferente porque, al enterarme la semana anterior que mi amigo poeta había publicado un nuevo libro, le escribí para solicitarle un ejemplar -el anterior me lo regaló pero este me puse firme en comprárselo- y tomarnos un café.

El jueves pasado -luego de la mañana tensa que tuvimos con Rb por mi viaje de la próxima semana-, después de dar por concluida mi jornada -a las cuatro y media- me dirigí a tomar el autobús intermunicipal para abordar el transmetro y dirigirme al Mc Donald's en donde habíamos acordado la reunión con mi amigo.

Caminamos los dos kilómetros con Rb pues ella quería acudir a uno de los supermercados que nos quedan en esa dirección -en el camino observamos cinco o seis busitos en el embotellamiento-; después del bus intermunicipal tomé el transmetro y llegué un poco antes de las cinco y media al lugar.

Mi amigo llegó un poco antes de las seis y estuvimos en el lugar un poco más de una hora, acompañados de un capuccino y jugando una partida de Scrabble -luego de la última reunión con mi ahijada profesional he pensado en cargar siempre mi tablero en la mochila-.

Además mi amigo me hizo entrega del ejemplar de su nuevo libro -quince dólares- y le pedí que agregara una nota de dedicatoria en la primera página; a las siete nos despedimos pues no quería retornar tan tarde a mi casa; mi amigo tomó su bicicleta -es un evangelista del ciclismo urbano- y yo abordé el Transmetro.

Aunque creí que el último busito salía de la estación a las siete, tuve suerte de abordar el -me imagino- último de la noche a las siete y media; y un poco antes de las ocho estaba entrando a mi casita; la semana laboral finalizó -al día siguiente- con la recepción de dos galones de desinfectante de frutas y verduras y el pago -quinto de seis- de la mensualidad del curso de Urgencias Médicas que estoy patrocinándole a mi hija mayor.

El sábado por la mañana fuimos con Rb al par de supermercados que nos quedan en dirección; un poco antes de mediodía repetí el trayecto del jueves: caminé hasta la estación de buses intermunicipales para llegar al periférico y finalmente a la estación del transmetro a un par de cuadras del nuevo lugar de habitación de mi hija mayor.

Llegué quince minutos antes de lo acordado -una menos cuarto- y desde allí le escribí a mi hija, quien acudió un poco más tarde y desde allí nos dirigimos al centro histórico: la verdad es que desde hacía un tiempo quería comprar comida mejicana y quería aprovechar la ocasión.

En la avenida más populosa del centro histórico ingresamos en un local de una cadena de comida mejicana bastante conocida y ordenamos: yo una torta y mi hija una porción de tacos; nos dispusimos a esperar e incluso le propuse a mi hija que dividiéramos las porciones para comer ambos de los dos platillos.

Lo malo fue que pasó mucho tiempo sin que nos llevaran nuestra orden; al ver que en un par de mesas laterales le estaban sirviendo a dos familias que llegaron después de nosotros le hablé a una chica que parecía supervisora y se ofreció a ver el estado de nuestro pedido.

Unos minutos después retornó el mesero con la intención de 'confirmar' los detalles de nuestro pedido y me molestó que hubieran extraviado -o traspapelado- nuestro pedido por lo que nomás nos retiramos del local; luego nos dirigimos a otro local de comida italiana y almorzamos unas lasañas.

Después le propuse a mi hija que buscáramos actividades culturales en la avenida y retornamos -luego de más de tres años- al Centro Cultural Español; que fue -como la biblioteca de la universidad nacional- otro de esos lugares en los cuales mis hijos crecieron.

De hecho una de las recepcionistas -ya bastante grande la señora- nos reconoció en el acto y se admiró de lo grande que estaba mi hija, inquiriendo sobre mis otros dos vástagos e informándonos de la exposición que estaba en curso ese día -algo de la educación normalista en el país-.

Un poco antes de las cinco abordamos el Transmetro y, al llegar a la estación cerca de donde ahora habita, nos despedimos con mi hija; yo continué hasta la estación más cercana al lugar en donde abordo los busitos que me traen a casa y un poco después de las seis estaba entrando a la colonia.

El domingo -por falta de auto- no salimos para nada; al mediodía preparamos alitas de pollo -yo incluso elaboré una receta de salsa barbacoa para experimentar- y por la tarde Rb tomó en línea su clase de teología mientras yo leía -y dormitaba- en mi habitación.

El trabajo ha estado durante las últimas semanas un poco más interesante; el programador que más nos ha apoyado ha estado asignándonos tareas más específicas dentro del ambiente de trabajo y he podido mostrar más evidencia de las labores que realizo.

El lunes por la mañana acudimos a la tienda del señor de las verduras para proveernos de un poco de fruta y de un cartón de huevos; por la tarde realizamos la rutina de ejercicios de resistencia y fuerza -le comenté a Rb que planeo, en un par de meses, preparar una botella de doble litro de concreto para aumentar las mismas-.

El martes por la mañana Rb entró bastante temprano a mi habitación -usualmente me despierto entre seis y siete pero me quedo trabajando en cama hasta las nueve o así- para comentarme que su jefe iba a venir a visitarla.

La semana anterior me había comentado que su jefe -nació acá pero vive (y trabaja) en Estados Unidos (y tiene pasaporte alemán!)- estaba tomando vacaciones y que -como es costumbre- le había pedido que se reunieran -o nos reuniéramos- aprovechando que vendría al país.

Me levanté en el acto y me dirigí al supermercado más cercano a comprar café y pan tradicional, luego ordené un poco la mesa del comedor y quité algunos hierbajos del parqueo; al final vino un poco después de las once de la mañana y nos pasamos las siguientes dos horas entre conversación, café y almuerzo.

Un poco después de la una el jefe de Rb se despidió y nosotros continuamos la rutina normal (sacar a caminar a los perros y caminata post horario laboral); este día me tocó pagar -por primera vez en muchos meses- impuestos pues tuve que emitir una factura por los viáticos de la segunda jornada médica.

Además, hoy compré el boleto de retorno de la tercera jornada médica -el lunes había comprado el boleto de ida- por lo que, si todo va según lo planeado, el lunes estaré saliendo de aquí a las nueve de la mañana, tomando el autobús a las diez y media y retornando a la misma estación el miércoles a las seis de la mañana.

Para ir a recoger el automóvil este día tuve que dejar mis labores una hora y media antes de lo normal: a las tres de la tarde caminé hasta la estación de buses intermunicipales y me apeé del mismo hasta el final del trayecto: justo a la par de la estación intermedia más grande del Transmetro.

Desde allí caminé quince o veinte minutos y llegué al taller un poco después de las cuatro de la tarde; me atendieron sin muchos contratiempos y la verdad me agradó el estado del auto: enderezaron y pintaron el capó, sustituyeron el faro derecho y sustituyeron el bumper frontal.

Incluso lo lavaron por lo que me hice el firme propósito de -cada par de meses- repetir una limpieza similar para mantener la buena apariencia exterior; me entregaron las llaves y un certificado de garantía -creo que por seis meses- y luego inicié el retorno a casa.

El tráfico es realmente desesperante: nomás para llegar a la avenida principal me tocó que esperar cuatro o cinco ciclos de un semáforo y luego estuve avanzando muy lentamente en la misma; afortunadamente el trayecto final no fue tan pesado y un poco después de las cinco estaba estacionando el auto frente a la casa de Rb.

Aprovechando que no era muy tarde -Rb estaba retornando del supermercado pues había ido por dinero en efectivo- completamos la rutina de ejercicios del miércoles y luego del baño respectivo continué con mi ciclo de lectura: el último libro de la trilogía de la Reina Roja decidí leerlo en únicamente dos partes.

Y a ver cómo sigue eso...

miércoles, 14 de febrero de 2024

Desvelos y silencios... Sleepless nights and silences... Nuits blanches et silences...

De vez en cuando no puedo dormir... me sucede desde pequeño: por alguna razón nunca formé el hábito de bajar el ritmo al anochecer y muchas veces llego hasta altas horas de la madrugada dando vueltas en la cama; y también odio dormir de día... siento que se altera mi ciclo y entonces me cuesta más volver a dormir de noche.

La mayor parte de mi vida he dormido solo -aunque de niño creo que al inicio toda la familia dormía (vivía) en la misma habitación y luego compartía habitación con mi hermano mayor-; excepto en la década que viví con la madre de mis hijos -y quizá un par de años antes de que RB adoptara a su última perra-.

Pero -desde que sobrepasé la cuarentena- he aceptado que una mala noche de sueño es solo eso: una noche sin dormir; trato de leer, o meditar, o simplemente relajarme; y me digo: si no puedo dormir hoy seguramente que mañana lo lograré.

Así que me pareció muy raro el comportamiento de Rb de hace un par de años: se desesperaba por no poder dormir y temía que nunca volvería a dormir; y fue al médico y al psicólogo por esta razón; y probó con tés, medicina para los nervios y técnicas de respiración.

Y luego ocurrió lo de Enero: por motivo de mis viajes diarios a la segunda jornada médica en la que participé Rb tuvo un par de noches en los que -al parecer- no pudo pegar los ojos; por la preocupación de mis caminatas de madrugada y el viaje a otro departamento.

Y este día: me levanté a las seis de la mañana -me rinden bastante esas dos horas antes de la hora inicial de mi jornada laboral- y vi que la luz de su habitación estaba encendida; poco después salió pero se veía bastante alterada y me comentó que no había podido dormir nada.

Regresó a la cama pero unos minutos después volvió a salir y luego de pedirme que habláramos, me comentó que no había podido dormir pensando en que a finales de este mes voy a ir a uno de los departamentos más peligrosos del país y que no le veía sentido a lo que hacía.

Y esto último es porque cuando me enteré del nombre del grupo que organiza esta tercera jornada médica me di cuenta que son cristianos -o Christ centric- y comenté en voz alta que no creo que pudiera trabajar con ellos -y no por mí, sino porque este tipo de organizaciones usualmente piden credenciales religiosas-.

Total que tuvimos una conversación bien tensa -lo primero que me pongo a pensar cuando sucede (que han sido tres o cuatro veces en esta década) es que volveré a vivir solo, y la verdad no me pesa tanto el pensamiento- y luego se quedó despierta y yo nomás continué trabajando...

Y a ver cómo va eso.

El jueves pasado, luego de la jornada laboral, fuimos a la tienda en donde compré mi anterior teclado bluetooth para reponer el que eché a perder el día de mi cumpleaños; también pasamos a un supermercado y adquirí los ingredientes para el desayuno que había planeado para el sábado.

El viernes pasado se nos pasó por alto salir a repartir los güisquiles cocinados el día anterior y, aunque consideramos realizar las entregas luego de la rutina de ejercicio post jornada laboral, nomás lo dejamos para el día siguiente.

El sábado me levanté a las cuatro de la mañana y luego de bañarme metí en mi mochila los ingredientes que había preparado el día anterior y me dirigí a la casa de mi amigo que vive al otro lado de la ciudad; el trayecto ya lo había realizado el penúltimo mes del año pasado.

Caminé hasta el lugar en donde pasan los buses intermunicipales y luego tomé dos unidades del Transmetro para llegar al Obelisco; allí tomé un bus hasta carretera al Salvador y allí me metí a un Mc Donald´s para pedir un Uber moto (dos dólares y medio).

Total que llegué a la casa de mi amigo a las siete menos cinco; como ya me había conectado a su red el año pasado utilicé la misma para llamarlo por WhatsApp, pero no me respondió; aproveché para completar la lección de Duolingo que había iniciado en Mc Donald's y me dispuse a esperar.

Un poco después salió mi amigo y me comentó que la noche anterior habían tenido un encuentro de poesía -su esposa ha publicado dos o tres libros- en un restaurante cercano y que la celebración se había alargado bastante: no había tenido tiempo de limpiar la estufa.

Esperé en su comedor un rato en lo que se ponía al día -viendo los destrozos que su nuevo perro había hecho en un sofá de la sala- y luego nos dedicamos a preparar el desayuno: Omelettes de jamón, peperoni, salami, champiñones, chile pimiento y cebolla; frijoles refritos y café.

Luego nos dimos un festín con la comida y estuvimos conversando un poco sobre la actividad que habían realizado, su trabajo y la forma en la que han tenido que acoplarse a tener una nueva mascota -su anterior perro fue atacado por un perro que se soltó de sus dueños-.

Estuve en la casa de mi amigo hasta las diez y media -su esposa y una de sus amigas se levantaron como a las nueve pero se prepararon su propio desayuno y lo tomaron en un área aparte- practicando al final los dos últimos pasos de mi solución del cubo de Rubik de 3x3x3.

Y claro, al enseñar un tema, he aprendido un poco más de detalles de la solución del cubo de Rubik de 3x3x3: varios pasos que les enseñé a mis hijos como condicionales pueden ser resueltos con una misma serie de movimientos -pero con el doble de los mismos-.

A las diez y media iba a pedir un Uber moto pero mi amigo se ofreció a llevarme -en su moto- al lugar en donde podía tomar un bus para bajar al Obelisco; el viaje se realizó sin contratiempos y desde el Obelisco caminé hasta una estación del Transmetro.

Luego transbordé pero no me di cuenta que había tomado una unidad que iba directamente hasta la estación del sur de la ciudad: total que me tocó realizar el trayecto hasta este lugar y de allí tomar otra unidad para retornar las dos o tres estaciones hasta el lugar en donde tomo el busito hasta casa.

Al final estaba entrando a mi casita a las doce y treinta y tres; o sea, casi en el mismo tiempo que me tomó realizar el viaje de ida; vine aún a tiempo de ayudar a Rb a preparar el almuerzo -una gran ensalada con pollo- y luego de sacar a caminar a sus perros fuimos a repartir los güisquiles del jueves.

Por la tarde estuve en comunicación con mi hija y mi amigo pues este último me había comentado que quería adquirir una soldadora y yo le había indicado que mi hija tenía una TIG; al final acordó que se la compraría -cien dólares- pero luego, al día siguiente, me mandó un mensaje de voz desdiciéndose de la compra.

El domingo Rb no fue a la iglesia y aprovechamos para visitar la tienda de segunda mano en la que nos proveemos de ropa y accesorios: compré un par de boxers para hacer ejercicios ya que le que he estado usando desde el año pasado ya empezó a romperse.

Por la tarde -después de ver una parte de una película de acción- estuve leyendo pero creo que, por haberme levantado tan temprano el día anterior, estuve dormitando; en todo caso terminé el libro que estaba leyendo sobre la suerte.

El lunes había planeado empezar a trabajar desde temprano pero cuando la alarma sonó a las seis de la mañana nomás la fui posponiendo hasta más de las siete y media; de todos modos el trabajo ha estado un poco más interesante pues he estado explorando un poco más el ambiente de pruebas.

Le había comentado a Rb que iba a esperar a que me contactaran de la tercera jornada médica antes de pedir vacaciones pero, como no me gusta dejar las cosas al tiempo, ayer le escribí a la secretaria: le comenté que su jefe me había entrevistado y le pedí más información sobre el evento del fin de mes.

Y esa fue una de las reclamaciones de Rb: que no hice lo que había dicho (esperar) sino que yo había contactado a este grupo; la secretaria me envió la información y le escribí a mi manager -el lunes había retornado a laborar luego de su período de baja pre y post natal-.

Mi manager me pidió que le escribiera al pm y los managers técnicos y contables, para la aprobación de esos días de vacaciones, y luego de completar todo el proceso en nuestro sistema interno de gestión le confirmé a la secretaria mi participación en la actividad.

Al final la cosa está así: son tres días porque el primero y tercero se consideran las seis horas de viaje entre la ciudad y la cabecera municipal de este gran departamento del sur; todas las actividades se realizan el segundo día y entre el programa se contempla el reembolso de los pasajes, el hotel de dos días, la cena del primer día, las tres comidas del segundo y el desayuno del segundo.

Le comenté a Rb todos los detalles pero también se me salió el comentario de que no creía que fuera a trabajar con ellos, luego de ver que era una organización religiosa; esta fue otra minucia que no dejó dormir a Rb anoche: que nomás fuera a capacitarme sin tener intenciones de trabajar.

Ayer, luego de la jornada laboral, caminamos hasta los supermercados que están en dirección norte y nomás compramos una paleta de silicón en la tienda donde nos proveemos de insumos para el hogar; luego también compramos aguacates en la tienda del señor que nos trae verduras.

En el camino comentamos un poco acerca de mi próximo viaje y Rb se mostró un poco contrariada por mis planes: por qué hacerlo presencial, por qué hasta ese departamento -uno de los que más tienen presencia del crimen organizado- y así.

Por la noche Rb tuvo una reunión de trabajo por lo que casi no compartimos tiempo en su habitación pero, aún así, completamos nuestras lecciones de Duolingo y yo avancé un poco en la película de acción -con JLo- que he estado viendo en su computadora.

Luego me retiré a mi habitación y terminé de leer In Five Years -me pareció bueno el final-; aunque no había considerado continuar leyendo ciencia ficción -no lo tenía en la lista de libros pendientes- empecé a leer The Jinn-Bot of Shantiport.

Y luego pasó el episodio de esta mañana... con lo que me puse a pensar que -quizá- si hubiera sabido quedarme callado hace veinte años quizá -sólo quizá- hubiera podido tener una familia integrada: se me pasaron muchas cosas por la cabeza mientras escuchaba a Rb, pero dije muy poco.

Pero bueno, nadie sabe nunca cómo hubiera terminado el camino no tomado; tal vez estos veinte años me sirvieron para aprender el valor del silencio; o nomás las cosas ya no me importan tanto como en el pasado; o no sabremos jamás cuál es el curso 'correcto' de acción hasta veinte años después.

Tuve un par de reuniones de trabajo esta mañana -la habitual de las ocho de la mañana y una extraordinaria a las once-; también un compañero -otro- se despidió del equipo luego de dos años y medio; además, desde las once- estuve viendo a los perros de Rb mientras ella tomó una siesta.

Un poco después del mediodía pasó el señor de las verduras y, afortunadamente, los perros no hicieron mucho relajo; salí a comprar un poco de verduras y frutas -plátanos, papas, güisquiles- y a la una desperté a Rb y recalentamos el almuerzo.

Luego sacamos a caminar a sus perros y a continuar la rutina semanal...

Y a ver cómo sigue eso.