domingo, 27 de octubre de 2024

El final... The end... La fin...

En las reuniones con los compañeros que me han estado apoyando en el desarrollo del evento de ciberseguridad, en el trabajo, a veces hablamos de literatura: el dev dirigió hace unos años un grupo de lectura en la ciudad -bastante elitista, por cierto: se reunían en restaurantes bastante elegantes-.

La chica es bastante joven -tiene pocos años de haberse graduado- y no lee mucho; nomás nos comenta que anota los títulos que le mencionamos, para el futuro; el dev, por otra parte, creo que andará por la media de la treintena; y yo, empecé la quinta década hace un par de años.

En la reunión del viernes les comentaba que la muerte ha sido un tema común en mi vida durante los últimos tiempos; no por morbo o algo parecido; sino que he llegado a la parte del camino en el que he tenido más contacto, creo.

Un antiguo conocido murió dos días antes de mi cumpleaños -melanomas en el cerebro- y un compañero de bachillerato murió media hora después de que lo llegara a visitar -tumores en la lengua-; y Hacker News me ha conducido, este año, a leer el blog de un par de casos: un escritor técnico a quien también le extirparon la lengua y un químico con tumores en el cerebro -gioblastoma-.

Creo que por eso preparé ya el documento póstumo que compartí con Rb con detalles que facilitarán un poco en caso que no se cumpla mi plan: vivir tres períodos de ocho años; en el primero continuar como voy, en el segundo bajar el trabajo formal y aumentar el voluntario, y en el último dedicarme únicamente a ser voluntario.

Ya le he comentado el plan a mis hijos -al menos a la mayor y al menor-; y la mayor nomás me preguntó qué pensaba hacer si superaba los setenta y cinco años -muy poco probable- y me comentó, casualmente, que ella tiene conocimientos médicos para un cese de la vida tranquilo.

Y a ver cómo va eso.

El domingo pasado me levanté a las seis y media; luego de meditar -me tocó reiniciar el ciclo pues no desactivé bien la alarma y sonó a los cinco minutos- salí a preparar el desayuno de los fines de semana (el día anterior y este había acompañado el mismo con un plátano frito).

Después de desayunar me quedé un momento en el comedor pero antes de las ocho retorné a la cama: me puse a completar la lección matutina de Duolingo y luego me quedé dormitando hasta las nueve; habíamos quedado con Rb de salir temprano hacia su iglesia: a ella le tocaba impartir una clase a un grupo que sigue las disposiciones del programa para el que ella trabaja; pero quería -antes de entrar en la iglesia- un poco de pollo para los almuerzos de la semana.

Había ya empezado a llover -al parecer hay alguna tormenta tropical afectando el clima- pero el tráfico estuvo bastante tranquilo; en donde nos atrasamos fue en el supermercado: había dos personas delante de nosotros en la carnicería y un solo dependiente.

Después de comprar el pollo -y bananos y una red de aguacates- retornamos al auto; Rb sacó su material para la clase y yo retorné a casita; volví a desayunar -usualmente lo hago los viernes, sábados y domingo- y luego me puse a imprimir la documentación que debía llevar el jueves para la reposición de mi pasaporte.

Por la tarde nos pusimos a preparar los ingredientes para el almuerzo de los cuatro primeros días de la semana: partí un montón de papas, guisquiles, apio y chile pimiento; preparamos una especie de comida china, con las verduras y un poco de pollo.

El lunes Rb fue por la mañana a su cita con el fisioterapeuta; a su retorno traía un par de objetos de silicón para la utilización en la cocina (agarradores) y en el lavatrastos (canastita para la esponja); como tenía una reunión a las cuatro y media para empezar a colaborar como voluntario, en un proyecto de código de la ciudad donde Terminator fue gobernador, le pedí a Rb que hicieramos la rutina de ejercicios media hora antes.

Después del horario laboral (a las tres y media) realizamos la rutina de ejercicios de los lunes y  luego entré a la reunión en la que se distribuyó una invitación para el día siguiente para el proceso de adhesión al proyecto.

El martes el día estuvo bien tranquilo; de hecho he estado durmiendo casi todos los días después de la reunión de las siete de la mañana -no sé cómo va a cambiar mi rutina el otro mes que cambien de horario en el Imperio del Norte-.

Después del horario laboral fuimos a los supermercados en dirección norte; en la tienda verde de descuentos compramos aceite -la bicicleta estacionaria ha estado haciendo un zumbido raro cuando se aumenta la resistencia- y en la tienda una papaya.

A las seis de la tarde -cuando regresamos de los supermercados- ví que tenía un mensaje de mi amigo anciano negro que vive en la ciudad del Imperio del Norte en la que pasé un par de años hace casi veinte.

Lo llamé por Facebook y estuvimos casi una hora poniéndonos al día de las vidas de cada uno: teníamos más de un año de no conversar; en el pasado nos manteníamos más en comunicación; luego, por la noche, me pasé casi tres horas en la reunión en la que se proporciona toda la información para adherirse al proyecto de coding en el que estoy esperando participar por un buen tiempo; además, reservé una reunión para el día siguiente con la administradora del proyecto.

El miércoles estuvo tranquilo el trabajo; he estado tratando de actualizar el ambiente de mi computadora pues no he logrado revisar los últimos cambios debido a la incompatibilidad de algunos componentes.

Por la tarde, después del horario laboral, completamos con Rb la rutina de ejercicios de los miércoles; después entré a la reunión con la administradora general del grupo de voluntarios con el que espero empezar a colaborar; ella también es parte del espectro neurodivergente y mantuvimos una amena conversación en la que definimos el inicio de mi involucramiento; por la noche terminé de leer Les heures souterraines y empecé a leer el siguiente de la línea de francés: Les gratitudes.

El jueves me levanté a las cuatro y media de la mañana; medité y me vestí pues quería salir antes de las cinco hacia la oficina en la que se emiten los pasaportes en la ciudad; caminé hasta el comercial en donde abordamos los buses intermunicipales; luego tomé el transmetro y llegué hasta la estación más cercana a mi destino antes de las seis de la mañana.

Como la cita la tenía para las siete de la mañana (se suponía que debía presentarme quince minutos antes) me metí a un Mc Donald’s cercano y tomé un desayuno de Mc Muffin de Salchicha; luego me estuve leyendo un rato el único libro en papel que he estado leyendo por muchos años: Conejo Blanco Lobo rojo

Un poco después de las seis y media -luego de pasar por los servicios sanitarios- me dirigí a la oficina de los pasaportes -a cuatro o cinco calles-; llegué sin ningún contratiempo y el trámite no me tomó más de media hora.

A las siete me encontraba ya fuera de la oficina; con el nuevo pasaporte en la mano y sopesando qué hacer: habíamos quedado con Rb de encontrarnos en el centro histórico pero faltaban más de dos horas para la hora en la que ella saldría de casa; decidí retornar.

Caminé hasta la estación de transmetro más cercana -por no recordarme que la que tomamos usualmente estaba cerrada me tocó dar un gran rodeo: caminé como diez cuadras en vez de dos- y luego tomé el busito para retornar a casa.

Vine un poco después de las ocho de la mañana y, después de desayunar nuevamente, me puse a trabajar en el formateo de las preguntas del libro de CEH que conseguí en la red; no pude terminar la tarea pues un poco después de las nueve nos dirigimos con Rb al centro histórico.

El viaje de ida estuvo tranquilo -el busito pasó rápido y el transmetro no estaba lleno- y en lugar de apearnos en la estación usual -cerca dle mercado- nos dirigimos a la última, pues teníamos que comprar fideos orientales en una tienda china que se encuentra en sus cercanías.

Luego pasamos al mercado; Rb adquirió sus frutas semanales y después nos dirigimos a la estació más cercana -la segunda más cercana pues no sabíamos que podíamos utilizar la más cercana- para tomar el transmetro de retorno; pasamos a un supermercado en el comercial en donde se estacionan los busitos.

Rb compró medicina en una farmacia del lugar y yo elegí -Rb generalmente me trae algo en sus salidas- un par de muffins y un eclaire; luego retornamos a casita a preparar -recalentar, realmente- el almuerzo; la tarde pasó muy lenta para mi gusto pues me sentía bastante cansado por haberme levantado dos horas antes de lo acostumbrado; pero, si duermo en el día se descontrola mi ciclo circadiano, aguanté hasta la noche.

Al final de la tarde fuimos a los supermercados en dirección sur; compramos un poco de bananos y yo pasé a la panadería a proveerme del pan que consumo en los desayunos de los fines de semana; en la noche ví un poco de Canary Black -creo que dormité en el ínterin- y un poco antes de las diez le avisé a Rb que me retiraría, pues me sentía bastante agotado; todavía medité y leí un par de páginas del libro de francés; luego me dormí.

El viernes la alarma sonó a las seis de la mañana pero -por primera vez en mucho tiempo- nomás la apagué y seguí en cama hasta las seis y media; a esa hora me levanté a meditar y luego pasé la computadora de la mesa a la cama.

Participé en la reunión de las siete de la mañana y luego me quedé en cama: me sentía bastante cansado; me había costado dormirme y estuve soñando -creo- una gran parte de la noche; un poco después de las nueve Rb me habló y me levanté a preparar el desayuno de los fines de semana; luego hice Duolingo y estuve tratando de avanzar un poco en el trabajo que tengo asignado: estoy teniendo problema de compatibilidades con los componentes y no he podido revisar los últimos cambios.

Le pedí al analista más joven -e inteligente, creo- del equipo que me ayudara y puse una reunión para las once y cuarto; Rb salió a comprar un poco de culantro para el pescado del almuerzo y cuando regresó estuvimos un buen rato cortando flores de loroco: doce onzas.

A las once y cuarto me reuní con el analista y estuvimos un poco más de media hora tratando de avanzar en la solución de mis dificultades; no pudimos pero obtuve algunas ideas para continuar; a la uno entré a una reunión del voluntariado al que me inscribí la semana pasada: eramos menos de diez personas y la mayoría administra un proyecto de desarrollo dentro del grupo; nomás estuve escuchando la forma en la que se manejan este tipo de reuniones.

A las tres me reuní con el Dev y la PM que me han apoyado con el desarrollo del evento de ciberseguridad que estamos llevando a cabo -ya sólo tres semanas!-; revisamos el avance del proyecto y nos asignamos algunas tareas para avanzar con el mismo; después de la reunión -casi una hora- le pedí al dev que se quedara un momento y me apoyara con algunas dudas del ambiente de trabajo.

Le mostré las últimas acciones que había tomado y justo encontramos un error común: a pesar de haber cambiado algunas variables del sistema no había reiniciado el ambiente por lo que aún no estaban siendo tomadas en cuenta para el proceso; al final me funcionó; después del horario laboral hicimos la rutina de ejercicios de los viernes y después de un buen baño fuimos a la tienda de verduras a proveernos de ingredientes para los almuerzos de la siguiente semana.

El sábado me levanté a las seis y media; medité y salí a prepararme el desayuno de los fines de semana; luego retorné a la cama a hacer Duolingo -y a dormitar un poco-; me levanté nuevamente a las nueve pues habíamos planeado ir al supermercado más cercano en dirección sur.

Rb había comprado algunas inyecciones con neurotropas -sigue sufriendo dolores en el brazo derecho- y se había inyectado la primera el día anterior, en una clínica que queda a un par de calles; había previsto ponerse la segunda inyección luego de retornar del mercado; a donde se dirigió luego de despedirnos en la garita de la calle; yo estuve leyendo un poco antes de realizar la rutina semanal de bicicleta estática -antes le había aplicado aceite a las partes móviles de la misma-.

Después de los veinte minutos de bicicleta estática saqué a la perra más pesada a su caminata diaria; después me bañé y me dirigí al departamento de mis hijos; habíamos visto bastante tránsito en el boulevard durante nuestra salida matutina y temí que continuara al mediodía.

Y efectivamente había más tránsito de lo usual; pero no estuvo tan mal: en vez de la media hora habitual mi viaje tardó alrededor de cuarenta minutos; igual llegué al edificio quince minutos antes de la una de la tarde.

Subí al departamento y me instalé en el espacio de la sala; unos minutos después salió mi hija y, luego de saludarnos, le indiqué que debíamos participar en la reunión de vecinos que habían programado para las cuatro de la tarde -mi hijo me había enviado copia de la convocatoria el día anterior-.

Ordené en línea una pizza y un calzone de Domino’s Pizza -la misma opción que mi hijo había elegido la semana anterior- y nos dirigimos al comercial que queda a un par de cuadras; pero el pedido aún no estaba.

De hecho la orden no había sido procesada por lo que nos tocó que esperar quince minutos en la tienda; después de recibir el pedido nos dirigimos a una de las mesas del lugar y almorzamos -también resolvimos algunos cubos de Rubik-.

Le propuse a mi hija que camináramos al parque temático más grande de la ciudad y hacia allí nos dirigimos; pero, como a medio camino mi hija se quejó de sentirse mal -no sé si fue el tobillo por el que aún anda renqueando o mareos, por haber estado comiendo de forma muy irregular-.

Por lo que le propuse que retornáramos a casa; estábamos a cuatro calles del edificio y en el medio se encuentra un supermercado bastante popular; pasamos a comprar un poco de bananos y un pastelillo; retornamos al departamento, preparamos café y compartimos el pastelillo -yo le pedí a mi hijo que saliera de su habitación-; conversamos un poco entre los tres y luego subimos, con mi hija, a la reunión de vecinos.

En la que se acordó subir la cuota mensual de mantenimiento en un treinta y tres por ciento; la verdad es que me parece bastante macabra la forma de administrar del edificio; pero es una comunidad en la que estamos -cincuenta departamentos- y no hay mucho que se pueda hacer de forma individual.

Además, el próximo mes deberemos pagar una cuota extraordinaria del doble de lo que estábamos pagando como aportación mensual: se tiene una gran deuda con la empresa que proporciona mantenimiento al edificio; un desastre.

Lo interesante de la reunión -habíamos como veinte propietarios en la misma- es que encontré como tesorera de la junta directiva a la contadora de la empresa en la que trabajé antes de mis viajes al imperio del norte; lo dicho… la ciudad es un pañuelo.

Después de la reunión -en la que también se acordó eliminar el servicio comunal de lavado y secado- conversamos un rato con mis hijos sobre las siguientes acciones a tomar: comprar una lavadora/secadora para el departamento; y prever la estadía en el lugar al menos diez años; luego de los cuales se reevaluará la conveniencia del mismo.

También conversamos con mis chicos acerca de mi deseo para la última semana de cada año: que tengamos un almuerzo de navidad y uno de fin de año; patrocinado por cada uno de ellos; y compartir un par de horas el día anterior a navidad y año nuevo; un poco después de las seis de la tarde me retiré del apartamento.

Pasé -Rb me había enviado un mensaje- por el supermercado que se encuentra en el comercial en donde se estacionan los busitos que vienen a la colonia: debía comprar un par de bandejas de pollo molido, para los almuerzos de la siguiente semana.

Luego retorné a casa; vine un poco después de las siete de la noche; completé las lecciones de Duolingo y llegué casi al final del séptimo archivo de preguntas de PSPOI/CEH/CompTIA; las once me retiré a mi habitación y finalicé el ciclo del libro actual francés: Les gratitudes, y avancé un poco con Sin querer queriendo; luego me dormí.

Y a ver cómo sigue eso…

domingo, 20 de octubre de 2024

Viajar... Travel... Voyager...

Mi nombre -o al menos, una de sus variantes- tiene una connotación -creo- bastante fuerte con los viajes; a pesar de eso no me gustan; o al menos ahora: recuerdo que era uno de mis motivaciones de joven al aplicar a algún trabajo.

Cuando tenía veintidós o así la panadería industrial para la que trabajaba me envió a la capital colombiana por un mes; para apoyar en el arranque de algunas líneas de producción; fue una experiencia rara: acababa de empezar mi convivencia con la madre de mis hijos.

Pero no fue la primera vez que salí del país: el departamento en el que crecí tiene frontera con el segundo país más grandes del Istmo (no sabía que nosotros estamos en tercer lugar... :S) y cuando tenía quince o dieciseis años -mientras permanecía unos días en la casa de un amigo de la iglesia- pasamos al otro país en caballo.

Luego estuvieron los tres viajes al imperio del norte -que completaron la ruptura de mi familia y me permitieron mejorar mi fluidez en inglés- que tienen tantos buenos y malos recuerdos; y, finalmente por ahora, hace cinco años me llevé a mi hija mayor y mi hijo menor a la graduación de la mediana.

Y ahora que vienen nuevamente las vacaciones he sopesado salir nuevamente del país: quiero ir a la capital de ese país al que entré ilegalmente en mi adolescencia a ver a una ex compañera del master de ciberseguridad, ayudarla con su examen de PSPOI y ver si puedo atender algún evento del mismo tipo.

Y a ver cómo va eso...

El domingo pasado -casi como el anterior- fue bastante tranquilo; de hecho temía que se repetiría el patrón de una semana antes: pasarme casi todo el día en cama; después de despertarme y meditar salí a prepararme el desayuno de los fines de semana.

Después volví a la cama a hacer Duolingo -y a escribir un poco-; cuando Rb se levantó yo me metí a su cama y leí un rato; pero realmente estuve dormitando; hasta las diez; a esa hora me levanté a preparar lo necesario para el asado: lavar las papas y preparar el carbón para iniciar el fuego; luego estuvimos durante más de tres horas -hasta las dos- cocinando: varias tandas de pollo, papas y finalmente mis embutidos.

En el ínterin almorzamos; despues de terminar el asado apagué las brasas y luego sacamos a caminar a los perros de Rb; posteriormente preparé té (de menta para mí y de manzanilla para Rb) y a las cuatro de la tarde -estaba sintiendo bastante pesado el día- nos dirigimos a los supermercados en dirección norte.

Necesitábamos un poco de bananos -no mucho, pues el lunes Rb debía pasar por el mismo lugar en su viaje a su cita con el fisioterapeuta- y luego de adquirirlos retornamos a casa; al inicio de la noche ví un capítulo de Terminator Zero y luego estuve avanzando en el nuevo libro de francés -Les heures souterraines- y después un poco con el libro de meditación.

También llamé a un amigo de mi época del bachillerato: era el primogénito de una de las familias más acaudaladas de la región -creo que era el único que llegaba en automóvil al instituto- y, después de graduarse -y pasar un par de años en el Imperio del Norte- se convirtió al cristianismo y ahora -junto con su esposa canadiense- dirige un gran Orfanato en un departamento vecino. Espero visitarlo en diciembre.

El lunes me levanté una hora antes de lo habitual (a las cinco y media); medité y luego me vestí y me preparé para ir a la casa de mi amigo de ascendencia asiática: habíamos quedado que a las siete y media estaría esperando que saliera a su trabajo para que me entregara el repuesto del auto.

Caminé hasta el lugar en el que pasan los buses intermunicipales (había menos tráfico del esperado pero no quise abordar uno de los busitos locales); a las seis de la mañana abordé el bus intermunicipal; este bus me deja a un par de cuadras del comercial en donde se estacionan los busitos locales; después de apearme caminé hasta la casa de mi amigo y llegué cinco minutos antes de las siete; le escribí por whatsapp y también lo llamé.

Unos minutos más tarde salió -aún en pijama- a entregarme el repuesto -también me regaló un puñado de chocolates de una bolsa que compró para halloween-; aún conversamos un rato y luego inicié el retorno a mi casa.

Caminé hasta el comercial y allí abordé un busito; el cual aún esperó diez minutos (hasta las siete y media) para iniciar su recorrido; al final retorné a casa un poco antes de las ocho y empecé con las labores diarias -luego de escribirle al mecánico para inquirir sobre la hora a la que vendría: me respondió que a las diez y media-.

Al final vino despues del mediodía. Rb fuer a su sesión de fisioterapia y retornó antes del mediodía; un poco antes de la una empezamos a recalentar el almuerzo y estabamos a la mitad de esto cuando se apareció el mecánico.

Salí a darle las llaves del auto -y el sensor- y nomás me comentó que era chino; yo le indiqué que le auto también, pero él me recordó que en realidad era japonés; estuvo trabajando como media hora -mientras nosotros empezábamos a almorzar- y luego nos informó que ya estaba -treinta dólares-.

Esto nos atrasó un poco con el paseo diario de los perros de Rb -estábamos justo sacándolos cuando nos comentó que ya estaba el auto-; a media tarde preparé un té de manzanilla para Rb y un café -con una bolsita de café petrificado que encontré en mi mochila-.

Durante la mayor parte de la tarde nos quedamos sin Internet; Rb llamó a la compañía y la guiaron un par de veces en el reseteo del router; al final no pudieron realizarlo y programaron la visita de un técnico -entre veinticuatro y treinta y seis horas-.

Me resigné a ir el martes por la madrugada al departamento de mis hijos para iniciar desde allí mi jornada laboral y me puse a avanzar en el libro de Mindfulness que llevo a medias; a las cuatro -después del horario laboral- nos preparamos para realizar la rutina de ejercicios de los lunes pero, antes, desconecté el router por un rato; luego lo reconecté y nos pusimos a hacer los ejercicios.

A media rutina verifiqué la computadora y comprobé que el servicio ya se había restablecido -de forma estable en esta ocasión-; al menos no tengo que volver a levantarme más temprano mañana; luego de terminar la rutina de ejercicios -y del baño correspondiente- me puse a actualizar las hojas en las que tengo el historial del dinero que Rb tiene en mis cuentas -que ahora incluye la deuda del mecánico- y a completar -nuevamente- el cuarto autoexamen de PSOPI/CompTIA/CEH.

En la mañana estuve trabajando un rato en el documento de instrucciones póstumas sobre el que he estado conversando durante esta año con Rb; hasta el momento nomás incluye detalles del departamento, cuenta bancaria, tipo de servicio y la música para el mismo; debo agregarle información más detallada.

El martes me levanté media hora antes de la hora usual pues quería realizar un par de pruebas antes de entrar a la reunión diaria; al final no pude completar la prueba y en la reunión nomás indiqué que estaba en progreso.

Por haberme levantado una hora antes el día anterior y media hora este día me sentía bastante agotado; me terminé durmiendo un par de horas entre las ocho y las diez y media de la mañana; por la tarde me reuní con el analista más joven -y más inteligente, creo- del equipo para tratar de replicar el issue que he estado tratando de reportar; no logramos avanzar, pero me dió algunas ideas para continuar.

Después del horario laboral fuimos con Rb a los supermercados en dirección sur; compramos un poco de bananos -y yo me proveí de varios insumos: bolsas de snacks para los almuerzos con mis hijos, leche en polvo para mis té chais y un par de bolsitas de crema, para el desayuno que prepararé a mitad del otro mes para compartir con mi amigo de ascendencia asiática.

Por la noche, por fin pasé el cuarto archivo del autoexamen; e inicié el quinto -de 10-; también preparé la penúltima porción de flan -compré ese par de libras de polvo para flan a finales del sexto mes de este año-.

El miércoles me levanté a meditar a las seis y media; luego empecé a replicar el issue que debía reportar; lo que terminé de hacer después de la reunión diaria; creé el elemento del reporte y lo envié; hice Duolingo y luego salí de la habitación, un poco después de las ocho de la mañana; desayuné -avena, banano, gelatina y flan- y luego esperé la reunión quincenal con mi supervisora.

A las nueve y media me reuní con mi supervisora y para iniciar -luego de que me preguntara qué estaba estudiando actualmente- le mostré la app que creé en React para estudiar -y que me permitió obtener el certificado PSPOI-.

La reunión se extendió por casi media hora completa y luego de despedirnos continué la documentación del issue que estaba trabajando, en la plataforma que utilizamos para gestionarlos; por la tarde, después del horario laboral, realizamos la rutina de ejercicios de los miércoles; después de bañarnos salimos a la tienda a comprar una papaya -Rb había escrito por whatsapp a la señora de la tienda de verduras pero no tenía-; en la noche pagué el servicio de Internet del departamento de mis hijos.

El jueves salí de la habitación un poco antes de que Rb saliera a realizar su visita semanal al mercado del centro histórico; me quedé trabajando en la mesa del comedor y estaba viendo algunos videos cuando retornó.

Al principio de la jornada envié el flyer del segundo día de la tercera semana del curso de ciberseguridad que estamos impartiendo y por la tarde el video para finalizar el tema; por la tarde, después del horario laboral, fuimos a los mercados en dirección sur; compramos bananos para los desayunos; además, compré algunas bolsas de snacks, para los almuerzos mensuales con mis hijos y una bolsita de café instantáneo.

El viernes el trabajo estuvo bastante tranquilo; nomás le dí seguimiento a un reporte que había realizado un par de días antes; por la mañana mandé la evaluación de la tercera fase del curso de ciberseguridad; por la mañana Rb me pidió que la acompañara a la tienda de verduras; la verdad no tenía ganas de ver a nadie; me llevé puestos los audífonos USB -que pierden la señal como a media cuadra- y uno de mis cubos de Rubik de 3x3.

También empecé a revisar las cajas de plástico en las que tengo la mayor parte de mis pertenencias -ya son 8-; empecé por las dos que tengo en la estantería de mi habitación: no encontré mis pasaportes vencidos en ninguna de ellas.

Por la tarde nos reunimos con el Dev y la SM para evaluar el avance en el curso de ciberseguridad; y ver los pendientes para la siguientes semana -ya solo quedan cuatro-; un poco antes había entrado en la página del Servicio Exterior del país para ver los pasos para renovar el pasaporte y empecé el trámite para renovarlo por diez años (el último se me venció hace un par de años): ochenta y cinco dólares.

Después de la reunión continué con las cajas de plástico que están en la habitación que usamos de bodega -y alacena de la comida de los perros-; son dos columnas de tres cajas cada una; completé la primera columna y no encontré nada -muchos muchos recuerdos nomás-; luego tomé la segunda columna; justo en la segunda caja de la misma encontré un sobre con mis tres últimos pasaportes.

Para esto ya había confirmado la cita para realizar el trámite de renovación del pasaporte: el próximo jueves debo encontrarme a las siete de la mañana en las oficinas de migración; por la noche hice muchas lecciones de Duolingo: una de mis contactos en la app me ‘regaló’ tres días para que comprobara el funcionamiento del servicio pagado de esta app; al parecer es una nueva forma de promocionarse; además terminé de leer -casi a medianoche- The Road to Character.

El sábado me levanté a las seis y media; medité, desayuné e hice Duolingo (uno de mis contactos me ‘regaló’ tres días de Super Duolingo); luego esperé a que Rb se levantara pues habíamos planeado ir al supermercado por la mañana.

Fuimos a los supermercados en dirección sur; compramos ingredientes para los almuerzos de la próxima semana y retornamos a casa; había planeado hacer una rutina de bicicleta estática antes del mediodía, sacar a caminar a la perra más pesada de Rb y luego dirigirme al departamento de mis hijos.

Pero un poco después de las once mi hijo menor me escribió para pedir que retrasáramos nuestro encuentro una hora: estaba lavando ropa y otro de los inquilinos puso un ciclo extra largo; por lo que retrasé la rutina de ejercicios; igual un poco después de las doce y media ya estaba saliendo hacia el lugar de mis hijos -luego de haber hecho la rutina de ejercicios, sacado a caminar a la perra y bañarme-.

El tránsito estaba bastante ligero por lo que un poco después de la una y cuarto me estaba estacionando en nuestro parqueo dentro del edificio; les llevaba a mis hijos los consumibles que había comprado hacía unas semanas: jabón de ropa, cepillos, papel higiénico y bolsas para basura.

Subí al departamento con todos los insumos y al no encontrar a nadie procedí a sentarme frente al ventanal de la sala -completamente vacía- y tomé una fotografía a la calzada que está a una cuadra; luego me puse a hacer el autoexamen con el quinto archivo de las mil seiscientas preguntas en las que he estado trabajando desde hace unas semanas; un poco antes de concluirlo mi hijo salió de su habitación.

Le pedí un par de minutos pues me faltaban cuatro o cinco preguntas para terminar las ciento sesenta y siente preguntas; y las completé sin ningún error -ahora me toca el sexto archivo-; conversamos un poco y luego le propuse que compraramos una pizza y un calzone -las promociones de temporada en Domino’s pizza- y que almorzáramos -debido a la hora- en el mismo comercial.

Pedí en línea los productos y nos cruzamos la calzada para el gran centro comercial que se encuentra en el lugar; nuestro pedido ya estaba preparado cuando llegamos (nueve dólares) y almorzamos en una mesa del área general de comida del lugar.

Luego pasamos a dejar la media pizza que nos sobró a la refri y nos dirigimos al centro temático más grande de la ciudad -a ochocientos metros-; el día estaba bastante nublado pero tuvimos la fortuna de llegar al lugar sin ningún contratiempo.

Pero justo estábamos entrando cuando empezó a lloviznar; le propuse a mi hijo que nos refugiáramos en una de las áreas techadas del lugar; como había llevado siete de mis cubos -dos de 2x2, dos de 3x3, dos de 3x3 de espejo y el de 4x4- nos entretuvimos con los mismos.

Cuando la lluvia amainó un poco caminamos en el lugar pero no duró mucho la pausa; nos refugiamos en otra de las áreas destinadas al consumo de alimentos y esperamos nuevamente que la lluvia se calmara.

Un poco después de las cuatro le propuse que retornáramos al departamento: la lluvia había pasado y nomás los zapatos sufrieron por el área mojada; pasamos a comprar pan tostado a una panadería a la vuelta del edificio y preparé café en la cafetera de mi hijo.

Estuvimos tomando café -le escribimos a mi hija mayor pero no nos contestó- conversando sobre mis planes para la última semana del año: almuerzo de navidad y almuerzo de año nuevo; un poco después de las seis inicié el viaje de retorno a casita; a donde llegué un poco después sin ninguna novedad.

Un poco más tarde mi hija me respondió los mensajes de Whatsapp: andaba en uno de los turnos de ambulancia que debe completar para conseguir su certificado como técnico en urgencias médicas...

Y a ver cómo sigue eso.

domingo, 13 de octubre de 2024

Como un reloj... Like clockwork... Comme sur des roulettes...

Hay dichos antiguos que ya no tendrían su razón de ser actualmente; por ejemplo: un reloj defectuoso -o quebrado- puede dar la hora exacta dos veces en el día; tenía mucho sentido cuando la norma eran los relojes analógicos de agujas; ahora un reloj descompuesto puede que no de ninguna hora.

Ayer por la tarde estaba pensando en el título de este post; o más bien, al inicio de la tarde: -casi- todo me salió ayer como un reloj (analógico, antiguo): el día anterior había considerado salir de casa a las seis de la mañana para dirigirme al pueblo en el que nació mi padre (la segunda capital del reino) a visitar a su hermano menor.

Tenía más de cinco años de no verlo -desde el último viaje al exterior de Rb- y su hijo segundo me había comentado que había tenido ciertos problemas de salud: lo habían operado de una hernia y estaba en un reposo extendido.

Al final decidí levantarme a las cinco y veinte; meditar, bañarme y luego pasar a despedirme de Rb; de acuerdo a lo planeado a las seis menos veinte estaba saliendo de la calle donde vivimos; para caminar hasta el lugar en el que se toma el bus para salir a la carretera más larga del continente.

Cuando estaba llegando al lugar -a las seis- vi que uno de los busitos estaba saliendo; ese grupo de transportistas son bastante confiables en sus horas de operación -y duración del trayecto- por lo que me dispuse a esperar quince minutos a que pasara el siguiente.

Pero, de acuerdo a cómo operan, el busito se parqueó a dos o tres calles de distancia; corrí hasta el mismo y lo abordé; llegando a la carretera principal a las seis y cuarto; allí utilicé la pasarela para pasar al otro lado y esperar el bus hasta el pueblo.

Y, como nunca estoy seguro de qué bus abordar, esperé hasta las seis y treinta y cinco para subirme a un bus hasta la ciudad colonial del país; a donde llegué a casi a las siete y media; caminé bastantes calles hasta encontrar a una policía de tránsito y preguntar por el lugar donde podía abordar un bus hasta mi destino final.

Y justo estaba llegando uno de esos buses; el cual abordé sin mucha dificultad; llegando a mi destino final -el comedor en el cual había planeado invitar a desayunar a mi compañero de trabajo que vive justo en el mismo pueblo- diez minutos antes de la hora prevista: ocho de la mañana.

Le escribí a mi compañero -mi compañía telefónica me había regalado dos días de conexión a internet- para comentarle que ya estaba en el lugar y a las ocho me respondió que llegaría en cinco minutos; entré al local y pedí un desayuno; diez minutos o así más tarde llegó mi compañero.

Estuvimos conversando sobre la ciudad; las personas en comunes que conocíamos en la misma, y un poco sobre su trayectoria en el trabajo: tiene cuatro años de estar en la empresa; con un período de cuatro meses fuera de la misma, hace cuatro años; por cuestiones de superación y salarios.

Había puesto una alarma para las nueve menos once pues ese era el tiempo estimado para caminar hasta la casa de mi tío; cuando sonó la misma procedí a pagar el desayuno de ambos - diez dólares-, me despedí de mi compañero y me dirigí caminando a mi destino final.

Antes de despedirnos mi compañero me había ofrecido llevarme a Antigua cuando emprendiera el regreso pero había declinado amablemente su oferta: había planeado utilizar el servicio de Uber moto; de todos modos le agradecí y dejé abierta la posibilidad de llamarlo más tarde.

Llegué al frente de la casa de mi tío a las nueve menos un minuto; antes de cruzar la calle ví un anciano llevando un par de piezas de tablas de madera bastante grande: el segundo -o tercer, no estoy seguro- hermano mayor de mi papá; por supuesto no me reconoció; y yo no quise perder el tiempo.

Le escribí a mi tío para avisarle que había llegado y crucé la calle; toqué el timbre y estaba pensando en golpear con un objeto, pero salió su esposa a abrir el portón; la saludé -bastante efusivamente, creo- y luego pasé al comedor en donde mi tío estaba tomando su desayuno.

Lo encontré bastante afectado por sus dolencias -ni siquiera pudo levantarse a saludarme (aunque sí lo hizo cuando me despedí, mas tarde)- y les entregué los zepelines que había comprado un par de días antes; me ofrecieron café y estuvimos conversando sobre la vida y milagros de la familia.

Un poco después se nos unió su hija menor y algo más tarde mi prima mayor; con su hija de nueve años (la última vez que la había visto tenía tres o cuatro años); a esta última le obsequié un par de marshmallows; de la bolsa que había adquirido el día anterior para obsequiar en los convivios de fin de año.

Estuve hasta las once menos diez en la casa de mi tío; les había comentado que me retiraría más o menos a esa hora; mucha de la conversación fue sobre la familia y las dificultades intergeneracionales; y el efecto de la pandemia en la vida en general.

También me comentaron que el servicio de Uber no funcionaba en el lugar tan bien como en la ciudad; por lo que decidí -de acuerdo a su consejo- abordar una motocicleta de las que se mantienen en la gasolinera local -a una cuadra de donde viven-.

Pero cuando salí tampoco vi esta opción; caminé hasta la parada de autobuses y le escribí a mi compañero; quien amablemente pasó por mí, luego de diez minutos, para acercarme a la salida de la ciudad colonial, desde donde planeaba tomar el bus de retorno a la ciudad capital.

Abordé el bus a las once y media y a las doce y doce estaba apeándome en la entrada a la zona del municipio; allí abordé -tres minutos más tarde- el busito que estaba esperando llenarse de pasajeros; media hora más tarde llegué al final de la ruta -en donde había tomado el primer busito de la mañana- y caminé hasta casa; a donde estaba entrando a la una menos dos minutos: -casi- como un reloj.

Durante toda la mañana había tenido activada la localización de whatsapp por lo que Rb había visto en donde me encontraba; además nos habíamos enviado varios mensajes durante todo el tiempo; cuando vine la encontré saliendo de la ducha y terminamos de preparar el almuerzo.

Por la tarde, después de sacar a caminar a sus perros, nos dirigimos a los mercados en dirección sur; compramos varias piezas de pollo para el asado que hemos planeado realizar este día; entre seis y siete de la noche me reuní con mi amigo que trabaja como freelancer en cuestiones de administración de proyecto pues me había pedido ayuda para pasar su exámen de certificación.

En general fue poco lo que tuve que ayudar -ha estado trabajando en el tema desde el año pasado y maneja bastante bien los conceptos- y un poco antes de las siete concluímos la reunión con un resultado positivo: de ochenta preguntas nomás tuvo dos incorrectas.

En la noche terminé de leer el libro de Ciberseguridad para principiantes y traté de empezar con el de Análisis de Datos; pero el pdf es muy pesado para la tablet y he tenido dificultad en cargarlo; debo ver qué otras opciones tengo -o elegir otro libro, aún no sé-.

Y a ver cómo va eso...

El jueves acompañé a Rb a su visita semanal al mercado del centro histórico; aproveché el viaje para avanzar un poco en Conejo Blanco Lobo Rojo -el único libro en papel que he leído en los últimos años- y para comprar un par de zepelines para la visita que había programado para el sábado.

También compré -justo antes de abordar el transmetro de vuelta- un protector transparente para mi celular actual -el anterior sufrió varias caídas (la primera de Rb) y terminó con la pantalla hecha añicos- a un joven que ofrecía estos productos en la calle -cinco dólares-.

Rb había planeado comprar una tira de velcro; en un almacén de telas que se encuentra en el comercial frente a la estación del transmetro que más utilizamos; en el mismo comercial hay un local de donas por lo que también me interesaba pasar por el lugar.

Desafortunadamente no había velcro en el almacén; así que solo nos entretuvimos unos minutos en la tienda de donas; en la cual compré un café y una rellena; luego nos pasamos al comercial desde donde salen los busitos que vienen a la colonia; en el supermercado del lugar compré los zepelines y también un paquete de pan tostado, pues he estado considerando invitar a un café al anciano que anda cortando los arbustos de nuestra calle.

Luego retornamos a casa sin ningún contratiempo; el almuerzo era el último de la serie de pollo asado de la semana -usualmente comemos lo mismo de lunes a jueves-; por la tarde, después de sacar a caminar a los perros nos dirigimos a los supermercados en dirección norte: Rb quería comprar el velcro en una tienda del lugar y yo adquirí una bolsa de marshmellows empaquetados individualmente -planeo compartirlo en los convivios de fin de año-.

El viernes el trabajo estuvo tranquilo; todo lo demás estuvo bastante movido: me estuvieron llamando (comenzaron el día anterior) para coordinar una visita al departamento de mis hijos para revisar el router de internet; y estuve -también desde el día anterior- coordinando la adquisición de la pieza que le hace falta al auto.

Al final escribí hasta mi ex supervisor en el imperio del norte -habíamos tenido una video llamada un par de noches antes, luego de una llamada en diciembre pasado, luego de casi una década de silencio- para que me ayudara con el asunto: no había podido encontrar en el país la bendita pieza.

Habíamos intentado con varios lugares de venta de repuestos -incluyendo la agencia-; llamé a mi tío -que trabajó más de veinte años como mecánico en los talleres de la policía nacional-, estuve buscando la pieza en Amazon y en Ebay -le pedí a mi hijo ayuda con la adquisición, pues él es experto en el tema-.

Y al final final fui salvado por mi amigo asiático que se encuentra en el espectro -o sospecho-: hoy viene de una conferencia de Inteligencia Artificial que celebraron en Atlanta y le había escrito un par de noches antes para pedirle que me trajera la pieza -el plan era pedirla en ebay y que se la entregaran en el hotel-.

Pero, el jueves, me comentó que podía ir a la tienda física pues estaba a pocas calles del lugar de la conferencia; en la mañana del viernes me llamó para confirmar el tamaño del motor y luego comentarme que no había stock de la misma; pero que esperaba ir a otros lugares.

Al mediodía -justo antes de que confirmara la compra de la misma en un sitio web- me llamó para confirmarme que ya la había adquirido (setenta dólares) y nos pusimos de acuerdo para vernos un momento el lunes por la mñana para la entrega.

Fue un viernes bastante intenso pero, espero, que sea un paso la reparación del automóvil; después del horario laboral hicimos la rutina de ejercicios de los viernes y, por la noche, avancé con el libro de No Ficción en turno: The Road of Character; la verdad el libro ha sido bastante difícil de leer y estuve de acuerdo con el comentario general de GoodReads sobre el mismo: no vale la pena.

Y a ver cómo sigue eso...