jueves, 2 de octubre de 2025

Lluvia, Lluvia... Rain, Rain... Pluie, Pluie...

Este año las lluvias han caído con bondad en nuestro país; no sé si se debe a las tormentas tropicales que se han estado formando en los océanos que nos rodean o a una agudización de El Niño (o La Niña, no llevo la cuenta); pero, a diferencia de los dos años anteriores, las lluvias han sido bastante constantes durante los últimos meses.

Y es que en los dos años anteriores -no recuerdo si tres años atrás fue así- el calor de mediados de año estuvo intenso; la casa de Rb es bastante baja y en varias ocasiones estar dentro de una habitación se sentía como un horno.

Pero este año no, casi desde finales de abril casi todas las tardes hemos tenido precipitaciones; lo que ha sido un alivio, al menos temporal; lo malo es que la infraestructura de la ciudad -y del país en general- es bastante frágil: apenas llueve un poco más de lo habitual y la ruta asfáltica -y los puentes- empiezan a averiarse.

La semana pasada -o la anterior- estuvieron difundiéndose videos del colapso de un muro en el lado opuesto de la ciudad; incluso en uno de ellos un motorista fue arrastrado por la corriente de agua que bajaba por la calzada.

Y este día el tránsito se quedó casi paralizado en la mayor parte de la urbe: ví algunos videos -y fotos- de varias calzadas en donde el agua llegaba casi a la mitad de la altura de los automóviles; y otras rutas prácticamente cortadas por árboles caídos.

Hace poco escuché que el lema de la ciudad -de las familias que la poseen, realmente- que es La Ciudad del Mañana; no es por el futuro, sino porque cada vez que sales a la calle, es probable que retornes hasta el día siguiente.

Y a ver cómo va eso...

El lunes me levanté a las cinco y cuarto; me había despertado alrededor de las cuatro de la mañana -me imagino que un auto muy ruidoso pasó por el boulevard- pero continué en cama hasta que sonó la alarma.

Medité veintiún minutos y luego salí a la mesa del comedor a encender mis dos computadoras: la del trabajo para no entrar tarde a la reunión diaria -después de la rutina de ejercicios- y la de Ubuntu para escuchar audios en portugués durante la rutina.

Después entré a la habitación de Rb, a despertarla; terminamos la rutina un poco antes de las siete y nos metimos a la ducha; después me conecté a la reunión diaria; el día anterior por la tarde había trabajado un rato en la replicación de un reporte y me tocó que explicar un poco casi al final de la reunión.

El resto de la mañana traté de trabajar un poco; pero, la realidad es que, no encuentro una forma de abordar el trabajo últimamente: llevamos más de un año en el proyecto y no encuentro que mejore mi participación -es más, está empeorando-.

Incluso le comenté a Rb que estaba llegando a un punto bastante incómodo en el trabajo en equipo; mis tres compañeros son bastante jóvenes -mi supervisor también, creo- y no encuentro la forma en la que nos organicemos -para mejora del equipo, realmente-.

Al mediodía Rb me pidió que la acompañara al patio delantero: el endocrinólogo le indicó que debía tomar un baño de sol de al menos quince minutos cada día; y accedí, con gusto, a acompañarla.

Al mediodía me reuní con los otros tres analistas y mi supervisor en el Imperio del Norte; lo que no contribuyó en nada a mi estado anímico; deo buscar la forma de mejorar en este aspecto; mientras la reunión se alargaba empeé a ayudar a Rb en la preparación del almuerzo.

Durante los primeros dos días previmos preparar burritos y acompañarlos con un caldo de pollo; para la preparación de los primeros estamos utilizando unas pechugas de pollo que asamos la última vez que utilizamos la parrilla.

Después del almuerzo sacamos a caminar a los perros; el tiempo sigue bastante raro: sol radiante durante la mañana y lloviznas esporádicas -y a veces no tanto- durante las tardes y las noches; justo estábamos empezando la caminata cuando empezó a llover.

Acordamos dar al menos una vuelta -para que los perros tuvieran la oportunidad de aliviar sus sistemas excretores- y al terminar la misma metí a los dos perros grandes a casa; Rb había visto un ave rara en el barranco al otro lado de la calle y sacó su celular para documentar el hallazgo.

Entré a la casa y -como casi siempre- desperté a la perra más anciana; la misma ha entrado -tristemente (?)- en una nueva fase de decrepitud: desde hace tres o cuatro días ha estado teniendo dificultades para andar (rigidez y cojera en alguna pata).

Y hoy se veía un poco peor: la saqué a la puerta y ni siquiera quería bajar la grada para acceder al patio, en donde usualmente orina; de hecho no bajó de la grada frontal sino que en el mismo lugar se inclinó un poco y orinó; creo que vienen tiempos difíciles.

Otra: he estado estudiando preguntas del exámen de AWS desde hace varias semanas; este día había llegado a un buen punto en la revisión de las doscientas cincuenta; pero, leyendo un poco en Internet, encontré que lo que he estado estudiando ya no está vigente.

Al parecer -desde hace un par de años- hay una nueva versión del exámen -al parecer más complicado-; por lo que me puse a buscar más información -al inicio me desanimé al enterarme- y encontré un documento con más de seiscientas preguntas; las cuales debo formatear para el uso en mi herramienta de repaso.

El martes me volví a levantar a las cinco y cuarto: aunque no era día de hacer la rutina de ejercicios antes de la reunión diaria quería aprovechar la hora temprana para completar al menos algunas de las tareas que el supervisor me había asignado.

Después de meditar encendí la computadora del trabajo y empecé a replicar algunos de los puntos pendientes; realmente no pude adelantar mucho en la hora restante; a las siete entré a la reunión; y el resto del día ya no pude adelantar mucho: recibimos varios mensajes confusos sobre la actualización a la última versión de la herramienta en prueba.

Almorzamos lo mismo que el día anterior: burritos de pollo y verduras; acompañado de un caldo de pollo con arroz; después de Rb se despidió, pues había quedado en encontrarse con su mejor amiga en la casa de los papás.

Estuvimos en comunicación -se fue en busito/Transmetro- e incluso contemplamos -en caso de que en la ciudad hubiera lluvia- la solicitud de un Uber para completar el trayecto; pero no hubo necesidad: a pesar de que el día estuvo nublado, pudo llegar sin contratiempos a su destino.

Yo seguí trabajando por la tarde -aunque no pude avanzar mucho-; les día la comida a los perros a las tres menos cuarto y, cuando llegó la hora final de la jornada laboral, nomás continué en las computadoras (no quería salir).

Rb me llamó un poco más tarde y me preguntó por mi hora de salida hacia la casa de su amiga -ya eran las cuatro y media-; con lo que me vestí -gorra incluida, pues ando con un cabello descomunal- y salí a tomar el automóvil.

Una de las razones para no querer salir era el temor de encontrar el embotellamiento que ha sido más constante por las tardes; en la garita le hablé al guardian pues era posible que vinieran a entregar un pedido de harinas que Rb había hecho unos días antes.

El guardian aceptó amablemente el encargo y salí a la calzada; sorprendentemente no había embotellamiento; de hecho la ruta hasta la carretera intermunicipal estaba casi vacía -a Rb le había tomado más de media hora llegar a ese punto-; y la lentitud en el avance empezaba apenas en el inicio del carril reversible.

Después de entrar a la ciudad tomé el periférico -más lleno, pero manejable- y, un poco después, estaba estacionándome frente a la escuela pública que se ubica a pocas casas de la casa de la mejor amiga de Rb.

Toqué el intercomunicador del portón y Rb salió a recibirme; y luego estuvimos un poco más de una hora en la sala de la casa -es una casa inmensa-; la amiga de Rb me obsequió con té y pastel de tres leches (dos porciones!) y me entregó los cuatro cubos de rubik de 6x6x6 que había adquirido en un Walmart del Imperio del Norte y enviado a su casa.

Un poco después de las seis nos despedimos de la amiga de Rb -y de sus papás y de su esposo- e iniciamos el camino de vuelta a casa; el cual tampoco estuvo tan mal: treinta y cinco minutos después estaba estacionando el auto.

Por la noche estuve viendo el tercer capítulo de Task, resoslviendo el cubo de Rubik de 4x4x4 y viendo algunos videos de Youtube; como el día siguiente era de levantarse temprano por los ejercicios, un poco después de las diez y media me retiré a mi habitación.

El miércoles fue el primer día del décimo mes del año: también se celebra -por acá- el día del niño; y me fue mi tercer día consecutivo levantándome a las cinco y cuarto; medité los veintiún minutos, encendí mis dos computadoras y entré a despertar a Rb.

Completamos los cincuenta minutos de ejercicios y luego me metí al baño; a continuación entré a la reunión diaria; la que estuvo un poco más animada que de costumbre, pues se decidió liberar -por fin- la última versión.

Después de la reunión preparé mi desayuno y luego retorné a la cama; me estuve dormitando un rato -después de resolver los tres wordles-, pero puse una alarma para las nueve de la mañana: era día de reunión uno a uno con mi supervisora local.

A las nueve y media entré a la reunión con mi supervisora: la verdad, ninguna novedad; nomás me recordó que debía enviar mi requisición por los dos días de vacaciones que debo tomar mensualmente -me había decidido ya por el nueve y el treinta-. 

También comentó que había establecido la fecha para la reunión trimestral del equipo -el miércoles ocho- y de una reunión adicional que estaba planeando para esta semana: al parecer el jefe de los desarrolladores en el Imperio del Norte comentó en una reunión que el proyecto estaba en peligro de cancelación -nada nuevo, realmente-.

A media mañana el programador remoto que más nos ha ayudado confirmó que empezaba con la actualización y, un par de horas después, confirmó que ya podíamos empezar con nuestras pruebas.

En el ínterin ayudé a Rb con el procesamiento del almuerzo: habíamos planeado preparar hashbrowns de papas y pollo molido; acompañandolos con una ensalada de tamaño mediano; antes de la una servimos el almuerzo.

Después del almuerzo Rb tuvo su reunión de equipo semanal; yo preparé café y té -después de lavar los trastos que habían sobrado de la preparación y del almuerzo- y luego nomás estuve esperando a que llegara la hora del final de la jornada: antes había tratado de adelantar algo del trabajo pero el equipo estaba siendo constantemente tomado por otro analista.

Después del horario laboral nos dirigimos a los supermercados en dirección norte: no era día de supermercados -usualmente, desde hace varios años, han sido los martes y jueves-, pero, por haber hecho la rutina por la mañana -y necesitar bananos- aprovechamos para salir a caminar.

En la tienda verde descuentos Rb adquirió un sombrero de tela -hemos estado, por prescripción médica, tomando baños de sol (quince minutos) al mediodía-; en el otro supermercado compramos bananos; y en una tienda a medio camino Rb compró cuatro libras de uvas.

A las siete cené lo que he estado consumiendo últimamente: banano, papaya y una galleta soda con frijoles; también traté de completar la tarea más urgente que me asignó mi supervisor -aprovechando que ya nadie estaba trabajando-; pero no pude completarla, al parecer hay algo que no funciona con la última versión.

Preparé un documento con las capturas de pantalla y se lo envié por mensaje a mi supervisor, comentándole las dificultades que estaba teniendo; un rato después me contestó, pero la comunicación definitivamente no está en su mejor momento.

Luego tomé mi computadora con Ubuntu y, en la cama de Rb, me puse a ver el tercer capítulo de la segunda temporada de Gen V -el spin off de The Boys-; también completé algunas lecciones de Duolingo: íbamos bastante atrasados con el reto semanal -no con Rb-.

El jueves me levanté a las seis y media; la noche anterior había considerado volver a levantarme a las cinco y cuarto, para empezar la jornada laboral con una hora de anticipación; pero luego, ya en la cama, dije, No, para qué?

O sea, hubiera podido actualizar el marcaje de las tareas que había -cuasi- completado; o trabajar en la más urgente -por la que le había escrito la noche anterior a mi supervisor en el Imperio del Norte-; pero al final decidí nomás continuar con la rutina normal.

Después de meditar encendí la computadora del trabajo y entré a la reunión diaria; mi supervisor estaba allí pero no hubo muchas novedades; en el ínterin resolví los tres wordle; o al menos el de inglés y portugúes (spoil y árabe), el de francés no pude (pizza).

Me quedé en la cama después de la reunión pero no me volví a dormir; hice un poco de Duolingo; y luego traté de completar la tarea más prioritaria de la lista que me habían asignado un par de días antes; y un poco antes de las nueve salí de la habitación: Rb salía hacia el mercado.

Estuve trabajando seriamente la mayor parte de la mañana; primero grabé un video en el que mostraba por qué no podía completar una de las tareas; mi supervisor me escribió mas tarde indicando que tendríamos una reunión para ver el desarrollo de la misma.

También estuve hablando con el analista que está en el Imperio del Norte, pidiéndole apoyo para otro par de pruebas; las cuales fueron, en su mayor parte, exitosas; Rb retornó un poco antes del mediodía y me convidó a acompañarla en su baño de sol.

Aunque no había sol; de todos modos estuvimos en la grada de la entrada a la casa; como ya había hecho las lecciones de Duolingo -y quería continuar trabajando- saqué la computadora del trabajo e incluso llamé al analista local más brillante, para que me apoyara en la investigación de uno de los problemas que había encontrado.

Estuvimos por un poco más de quince minutos en el exterior y luego retornamos a la mesa del comedor; la reunión con mi compañero continuaba pero recibí una llamada de la analista que está en el Imperio.

Pero no era una llamada de ella: había llegado la hora de la reunión diaria del equipo; entré a la misma y pasé la siguiente media hora escuchando -y presentando- los avances en las tareas asignadas -o lo que cada uno estimó-.

De hecho ese día tuve una reunión interesante una hora y media antes: mi supervisora local había convocado a todo el equipo -somos en total como diez o doce personas- para conversar sobre un comentario del programador principal en el imperio: el presupuesto del proyecto estaba en peligro.

Ese comentario fue interpretado por alguien como una amenaza a la continuación del trabajo; yo recuerdo haber escuchado el comentario pero no me pareció tan alarmante; quizá porque ya he estado en muchos proyectos; varios de los cuales han sido cancelados.

La reunión era para calmar las aguas pues algunos de los compañeros tienen uno o dos años en el equipo; y muchos no han pasado por este tipo de procesos aún; pero no sentí que la reunión hubiera servido de mucho; o sea, son cosas que pasan.

Al inicio de la reunión -por alguna razón estaba animado al inicio de la misma- estuve saludando a todos; y comentando sobre la reunión trimestral  del miércoles de la siguiente semana: es un restaurante de comida mediterránea, muy cerca del departamento de la supervisora.

Por la tarde le bajé el ritmo al trabajo; estuve jugando algunas partidas de ajedrez en Duolingo -sigo sin poder salir del rango de Elo entre mil y mil cien- ; al finalizar la jornada laboral íbamos a ir a los supermercados en dirección sur, pero la lluvia se puso algo intensa.

De hecho en la ciudad se formó un caos vehicular por la inundación de muchas de las avenidas principales; también contribuyó al mismo la caída de varios árboles dentro y fuera de la ciudad.

Un poco después de las cinco, aún con una ligera llovizna, decidimos salir hacia el supermercado más cercano en dirección sur; nos abrigamos con las chumpas impermeables y salimos al boulevard bajo el paraguas; el tránsito en el boulevard estaba detenido en dirección a la ciudad.

De hecho la cola se extendía hasta donde la vista alcanzaba; creo que cubría los cinco o seis kilómetros del boulevard; Rb andaba calzada con los tenis que adquirió el domingo y estaba teniendo molestias en el pie derecho; pasamos a una tienda a comprar una curita.

La razón de ir al supermercado era que nos habíamos quedado sin lechugas para las ensaladas del almuerzo; pero no encontramos en los refrigeradores del lugar; por lo que nomás compramos un poco de hígados y mollejas de pollo; luego retornamos a casita.

Por la noche terminé de leer La Uruguaya; aún no decido si veré la película; la narración es muy buena; después estuve considerando con qué seguir en la misma línea y encontré que ya tenía en la tableta Yo siempre seré yo a pesar de tí.

Y a ver cómo sigue eso... 

lunes, 29 de septiembre de 2025

Trabajo Remoto... Remote work... le travail en ligne...

Por alguna razón -seguramente por estar metido en tecnología desde hace mucho tiempo- el trabajo remoto fue algo que experimenté mucho antes que la mayoría de las personas: o sea, cuando se vino la pandemia yo ya llevaba un par de años trabajando desde casa -de Rb-.

Y es que este era uno de los 'beneficios' que ofrecían cuando empecé en este trabajo hace más de once años: después del primer año se podía tomar un día para trabajar desde casa, en el segundo y tercer año se podían aumentar consecutivamente; pero no se podía pasar de tres días por semana.

Pero yo ya había experimentado esto en un trabajo dos o tres empresas antes: hubo semanas en que me enviaban a trabajar desde casa; lo que era un problema por -varias- dos razones; la primera era que no tenía servicio de internet en casa.

O sea, había usado una herramienta para obtener la contraseña del internet de un vecino -la que utilicé por casi una década-; pero la señal no siempre era la necesaria para realizar mi trabajo.

Lo otro era que vivía solo y, como siempre he tendido al ostracismo, cuando me tocaba trabajar desde casa mi aislamiento se agudizaba: recuerdo una ocasión en la que nomás salí una o dos veces de mi habitación durante varios días.

O sea, me deprimía el trabajo remoto.

Entonces, después del primer año mi supervisora local me indicó que ya podía empezar a trabajar desde casa; y amablemente decliné su oferta, arguyendo que me sentía mejor llegando a la oficina.

Y así pasaron los otros dos años; algunas veces -creo que para alguno de los días festivos en el Imperio del Norte- me quedé trabajando en la casa de Rb -algunos fines de semana también, creo-, pero, en general, estaba viendo trabajando en la oficina.

Pero todo cambió en el cuarto año, creo: una noche mi jefa mi llamó para que revisara algo; entonces le pedí ayuda a Rb para llevar mi computadora de la oficina a su casa; y me quedé allí trabajando toda la semana.

Después regresé a la oficina pero mi jefa siguió insistiendo para que trabajara fuera de los horarios normales; por lo que mi retorno a la oficina fue intermitente; hasta que un día me indicó que mejor me quedara fijo trabajando remoto; eso fue como dos años antes de la pandemia.

La cuestión es que esa jefa se cambió -primero de área de trabajo, luego de empresa- hace ya más de tres años; y yo me cambié de área hace un par de años; pero todo seguía igual: el trabajo remoto estaba garantizado -o al menos, mi supervisora lo ha reiterado varias veces-.

Y es que, con el nivel de embotellamientos que se están manejando en la ciudad- el traslado a la oficina es una locura: hasta dos horas para un trayecto que no debería de tardar más de media.

Porque, ahora que vivo en casa de Rb -me deshice de mis cosas a media pandemia- el trayecto se ha más que duplicado; pero aún si viviera en el departamento de mis hijos, no creo que las cosas fueran muy diferentes: la cantidad de vehículos en las pocas -y destartaladas- calles de la ciudad es excesivo.

Esta mañana estaba escuchando un video del CEO (?) de Platzi (lo escucho frecuentemente, desde que fue una de las primeras personas en presentar un punto de vista adecuado sobre la pandemia) sobre el fin del trabajo remoto: a él le conviene cualquier evento que incremente la búsqueda de educación en tecnología.

El señor peroraba sobre el origen del boom en el trabajo remoto -la pandemia-, los efectos que tuvo en la industria de tecnología, los países más beneficiados con esta modalidad, y el efecto del aumento (muy alto) en el costo de las visas HB1 que están por aplicar en el Imperio.

O sea, el 'gobierno' quiere que haya menos trabajadores extranjeros; pero también se puso a hablar sobre la 'necesidad' de la presencialidad y uno de los factores que más afectan a los trabajadores en este aspecto: la antigüedad -o experiencia-; el número mágico -según él- es de diez años.

El retorno a la oficina ha estado preocupándome -también a Rb- desde hace algunos meses: desde principios de año se ha estado hablando sobre la instalación de un laboratorio local -con equipo del Imperio-, lo que implicaría -al menos en cierto nivel- la presencialidad.

Aunque la supervisora local ha indicado que esto no acabará el trabajo remoto insinuó que se requeriría la asistencia a la oficina algunos días a la semana; o sea, trabajo híbrido; creo que dos días a la semana de tráfico no estarían tan mal.

Se supone que el espacio físico ya ha sido adquirido y equipado; y se estaba hablando que era cuestión de uno o dos meses para que vinieran los técnicos del Imperio a establecer los procedimientos de uso; pero esta semana el supervisor en el Imperio dijo que eso sería hasta el otro año.

Pero también deslizó -su acento es bastante fuerte- que estaba hablando con la supervisora local para que todos regresaramos a trabajar a la oficina; o sea, el fin del trabajo remoto ha sido -y será- durante algunos meses como una espada de Damocles. 

Y a ver cómo sigue eso...

El jueves Rb fue a su cita con el endocrinólogo; había estado bastante nerviosa y por la mañana tuvimos un connato de discusión porque no percibí el ambiente y traté de bromear sobre alguna situación cotidiana.

La clínica a donde debía ir se encuentra en el municipio por lo que, después de desayunar, caminó hasta la carretera intermunicipal y tomó un us en sentido contrario a la ciudad.

Me llamó un poco después de las diez -bastante temprano- para comentarme los resultados de la consulta: estaba tranquila porque el profesional -un señor bastante grande- le indicó que aún no estaba en menopausia -o perimenopausia- sino que todas sus molestias se debían a la tiroides -y al bajo consumo de azucar-.

Por lo que le ajustó la medicina para la tiroides -le bajó a la mitad lo que le había indicado la ginecóloga- y le indicó que debía consumir dos cucharadas de azucar cada día -sorprendente, realmente-; la verdad es que escuchaba bastante aliviada.

En el trabajo continué tratando de aplicarme en las tareas que el supervisor me había asignado para la semana; aunque, la verdad, me ha estado costando trabajo completar las tareas: el equipo que esta en el Imperio del Norte es usado frecuentemente por alguno de los otros tres analistas locales -o las cuatro o cinco personas en el imperio-.

Por la tarde acudimos a los supermercados en dirección Norte: quería comprar algunas bolsas de paquetes de café instantáneo; había declinado seguir adquiriendo este producto porque ya no estaba tomando café con mis hijos, pero ahora -creo- hemos recomenzado la tradición.

También compramos -en el otro supermercado- bananos y, en la panadería a mitad del camino- el pan de los desayunos del fin de semana; por la noche estuve repasando las preguntas de AWS -ya completé doscientas cincuenta preguntas con más del noventa por ciento de aciertos- y avanzando en la lectura en portugués.

El viernes me levanté a meditar a la cinco y cuarto; después entré a la habitación de Rb a despertarla para la rutina de ejercicios del último día de la semana laboral; la cual terminamos un poco antes de las siete.

Después de los ejercicios me metí a la ducha y, después, entré a la reunión diaria; había dejado encendida la computadora del trabajo desde antes de empezar la rutina, pero aún así, entré cuando ya llevaban un par de minutos en la misma.

A media mañana tuvimos la reunión del equipo: cinco personas en el Imperio, cuatro acá; y aquí fue donde el supervisor dejó entrever que quiere que retornemos a trabajar a la oficina, también habló sobre las deficiencias que estaba encontrando en las tareas que me ha estado asignando últimamente.

El resto del día estuvo más tranquilo; o sea, debía de estar esforzándome en terminar las tareas, pero no encuentro sentido en estar probando funcionalidades en una app que será sustituida el siguiente día hábil.

Nomás me estuve leyendo el libro de la línea de Ficción (inglés), jugando ajedrez y estudiando las preguntas del certificado de AWS -no pude completar las doscientas cincuenta palabras, pero voy avanzando-; por la noche ví el último capítulo de The Peacemaker; y una película de acción china.

El sábado -creo que tenía más de un año de no hacerlo- no me levanté cuando sonó la alarma a las seis y media; nomás la desconecté; lo bueno es que tenía otra a las siete de la mañana -la puse hace unos días, por si se me olvida poner el temporizador al meditar-; a esa hora me levanté e inicié la rutina diaria.

Después de meditar, resolver los wordle y hacer un poco de Duolingo salí a prepararme el desayuno de los fines de semana; cuando Rb salió a la habitación a las ocho le pedí que fueramos a las diez a los supermercados, pues no quería iniciar el viaje al departamento de mis hijos después del mediodía.

Ella propuso que saliéramos a las nueve y media; y a esa hora nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; en el mas alejado compré siete coquitas -me tocó que comprar una bolsa de plástico pues no había previsto esa compra-; en el otro supermercado compramos lechugas.

Retornamos antes de las one y puse a desinfectar las lechugas y la zanahoria -me tocó que comprar en la tienda de la esquina- para la ensalada que había planeado llevar al almuerzo con mi hija mayor; después mezclé esto con un pepino y un aguacate; y llené dos bolsitas con aderezo.

Luego saqué a caminar a la perra más pesada -Rb sacó al otro perro- y después me metí a la ducha; al final valió la pena empezar más temprano: salí de casa un poco antes del mediodía y encontré un tránsito bastante ligero; realicé el trayecto en alrededor de treinta minutos.

Encontré que la cortina del parqueo estaba completamente enrollada y me imaginé que estaban teniendo problemas mecánicos; me quedé un rato en el auto porque era bastante temprano; jugué un par de partidas de ajedrez y luego subí caminando hasta el nivel en el que viven mis hijos.

Como aún no tengo copia de las llaves me tocó que escribirle a mi hija mayor para que me abriera la puerta (faltaban aún quince minutos para la una) y ella salió un poco después; nos saludamos y luego nos dirigimos al parque temático de costumbre.

Antes de entrar pasamos a una tienda de conveniencia -en una gasolinera- a comprar dos hot dogs; al entrar al parque nos dirigimos directamente al área social, en donde frecuentemente almorzamos.

El área estaba bastante libre y dimos buena cuenta del almuerzo: hot dog, ensalada, snacks y una coquita; pasó saludando el trabajador que últimamente ha reconocido nuestras visitas al lugar y más tarde reaccioné mal al acercamiento de un niño que quería ver los dos cubos de Rubik que tenía en la mesa (4x4 y 5x5).

Mi hija mayor notó mi reacción y me comentó que se notaba que no me gustan los niños (me preguntó si así había sido con ellos, lo cual negué; aunque no estoy seguro); realmente lo que me molestó es que llegaran a interrumpir nuestro almuerzo; y a alargar la mano hacia un objeto que no era de su propiedad.

No pudimos subirnos a la rueda de Chicago pues una llovizna se había estado presentando intermitentemente; le propuse a mi hija ver nuevamente la obra de teatro que habíamos visto el mes anterior -con mi hijo menor percibimos ciertas variantes la semana anterior- y nos dirigimos al teatro del lugar.

Después nos retiramos del parque; quería comprar una pequeña olla para ya no utilizar las jarrillas eléctricas en las que han estado calentando agua durante el último año -aprovechar la estufa eléctrica- pero no encontré en ninguno de los dos supermercados a los que pasamos.

También pasé a un banco a despositar los doscientos dólares que mi hja mediana me había entregado un par de semanas antes; pero fue todo mal: de los diez billetes de veinte dólares únicamente dos cumplían con los estándares del banco; por lo que tengo que ver qué hago con el resto.

Al llegar al departamento le escribí a mis otros dos hijos para ver si nos acompañarían con una bebida caliente -mi hija mayor ya había aceptado-; mi hija mediana salió de su habitación pero nos comentó que tomaría cereal -acompañándonos-; mi hijo menor no contestó; un rato más tarde escuché que salía de su habitación al baño (y luego lo ví retornar a su habitación).

A las seis de la tarde me despedí de mis hijas e inicié el retorno a la casa de Rb; el tránsito estaba bastante fluido; excepto en el lugar en el que he estado encontrando un embotellamiento los últimos sábado; por lo que me desvié hacia el periférico y mi tiempo no se alargó mucho.

El domingo tenía un desayuno con mi amigo Testigo de Jehová; tenía pendiente invitarlo pues la última vez sentí que la cuenta había sido muy elevada y él había insistido en pagarla -creo que porque se atrasó más de una hora-.

Me levanté a las seis y media, medité, me duché y tomé el automóvil; el lugar de la reunión queda a tres kilómetros de la casa de Rb; y por ser domingo, el tránsito era casi inexistente; el viaje duró alrededor de cinco minutos.

Aún me entretuve un momento en el parqueo; luego me senté a una de las mesas del restaurante en donde habíamos acordado reunirnos; una mesera se acercó a ofrecerme el menú y le indiqué que mi amigo estaba por llegar -lo ví entrando al comercial-.

Procedimos a ordenar -yo, un desayuno, mi amigo un submarino- y nos acomodamos en una mesa en el interior; estuvimos en el lugar por un poco más de hora y media, entre desayuno y conversación -mi amigo tuvo que pedir que le cambiaran el sandwich de su menú, porque se habían confundido-.

Un poco antes de las nueve mi amigo me sugirió que saliéramos del lugar pues había varias personas esperando a encontrar un lugar para acomodarse; salimos a sentarnos un momento  en uno de los arriates del lugar y, a las nueve -como habíamos acordado- le ofrecí pasar a dejarlo al lugar en el que tomaría su autobús.

Vine bastante rápido a casa y encontré a Rb terminando de desayunar; un poco más tarde nos dirigimos al mismo comercial en donde me había reunido con mi amigo; pero, en esta ocasión, caminando; allí compramos un poco de pollo y luego nos dirigimos a la tienda de ropa usada en la que usualmente nos proveemos.

Rb compró un par de tenis -varios de sus pares han terminado su tiempo de vida útil- y un par de playeras; también compramos un par de cazos -yo de peltre y ella de acero-; yo para el departamento de mis hijos y ella para sustituir el trasto en el que preparamos el té de la tarde -estaba un poco oxidado-.

También pasamos a la tienda verde de descuentos: el plástico que Rb pone alrededor del lavatrastos, cuando descama los pescados de los viernes,  se rompió en la última ocasión y debíamos sustituirlo -la otra mitad la usamos para cubrir la casita del gas propano-.

Después empezamos a caminar hacia casa; pero a las pocas calles Rb se recordó que debíamos comparar algunos ingredientes para los almuerzos de la semana; el sol estaba bastante fuerte pero retornamos al supermercado.

Rb iba a comprar una botella de agua en el lugar pero se olvidó de agregarla a la canasta; a medio camino pasamos a una tienda grande, pero ella no cargaba efectivo y yo nomás cargaba billetes de la más alta denominación.

Continuamos la caminata hasta casa pero el sol afectó bastante a Rb; al final del recorrido se encontraba totalmente agotada; tuvo que venir a descansar un poco antes de ponernos a preparar el almuerzo de los domingos: alitas de pollo y ensalada.

Por la tarde estuve avanzando en la lectura de How to End a Love Story; estuve considerando ver alguna serie o película pero no encontré algo que me llamara la atención; por la noche acompañé a Rb mientras veía sus serie; y me retiré media hora antes de lo habitual pues los lunes, miércoles y viernes me estoy levantando una hora antes.

Y a ver cómo sigue eso... 

 

jueves, 25 de septiembre de 2025

Comunidad… Community… Communauté…

La socialización es un tema que siempre me sorprenderá: en algún punto del camino -creo que- debí aprender a encontrar -y preservar- amistades; y no sé si es causa o efecto -o combinación- la relación habilidades sociales/Asperger.

Pero, desde hace mucho tiempo, he resentido el no tener -aparte de Rb- a amistades en las cuales apoyarme; aunque, durante los últimos cuatro años, he trabajado conscientemente en mantener los -pocos- contactos que tengo con una persona de mi tiempo en la facultad, otro par de personas de trabajos/voluntariados, y mis primos.

Lo que más resiento de la situación es que los rasgos -que creo que son- más marcados sobre este tema se han agudizado en mis hijos: la mayor, básicamente, se dissocia si un diálogo no va bien, el menor es callado hasta el extremo, y la mediana... aún no la conozco lo suficiente en su etapa adulta.

Y no creo que pueda hacer mucho: o sea, el temperamento es innato y el caracter se forma de acuerdo a las condiciones de crecimiento; y la situación no fue muy ideal para ellos, proviniendo de un hogar roto y una madre bastante inestable -yo tampoco he tenido un comportamiento muy 'normal'.

Pero algo -creo- debo poder hacer: fomentar -de alguna forma- la comunicación, empezando entre los cuatro, y, poco a poco, quizá algún día, podrán comunicarse sin tanto drama, o, más bien, de una forma más adecuada.

Y a ver cómo va eso...

El sábado me levanté a meditar a las seis y media; después de los veinte minutos me quedé en la cama, aunque no me dormí nuevamente: resolví los tres wordle del día, hice las lecciones de Duolingo y continué con el repaso de AWS, también escribí -y publiqué- la entrada anterior de este espacio.

A media mañana fuimos a los supermercados en dirección sur: debíamos comprar algunos ingredientes para ensaladas y bananos -también quería comprar unas jeringas para seguir inyectando alcohol en un agujero de termitas-.

En el camino Rb se recordó que la semana siguiente queríamos agasajar con una refacción al personal del servicio de extracción de basura -comenzamos la tradición en agosto del año pasado-.

Entonces, al llegar a la altura del supermercado más alejado no dimos -como generalmente hacemos- la vuelta sino que entramos al lugar y adquirimos jamón, queso y aderezos para nuestra iniciativa de proyección social.

Otro de los esfuerzos en esta área es obsequiar los güisquiles que cosechamos, entre los vecinos de la calle; repartir ocho onzas de flor de loroco, cada vez que la enredadera del patio trasero florece y, cuando podemos, obsequiar algún alimento a los guardias de la calle: el jueves se me olvidó dejarle la pizza sobrante a mi hija mediana -y la gaseosa- y se los pasé dejando al guardia de turno.

Despues de adquirir los alimentos pasamos a una farmacia a comprar cuatro jeringas; luego nos dirigimos al siguiente supermercado, en donde compramos algunos bananos y un par de lechugas -una morada y una escarola-.

Luego retornamos a casa; en donde ayudé a Rb a encontrar el pescado que almorzaría -había congelado algunas sobras unas semanas antes-, luego de lo cual puse a desinfectar -agua y vinagre- algunas hojas de lechuga, y luego salimos a cortar flores de loroco.

Después sacamos a caminar a los perros; cuando entramos me puse a preparar el par de ensaladas que había previsto llevar para la reunión con mi hijo menor; luego las empaqué, con un par de porciones de aderezo y un par de de bolsas de snacks que había comprado en el supermercado más retirado.

Al final me metí a la ducha a las doce del mediodía -había esperado hacerlo más temprano pero no controlé bien el tiempo- y salí de casa a las doce y cuarto; encontrando el embotellamiento habitual a una calle de distancia.

En total me tardé más de treinta minutos en llegar hasta la ruta intermunicipal -generalmente son cinco o diez minutos-; por lo que llamé a mi hijo para comentarle la situación del tránsito e informarle que seguramente llegaría un poco tarde.

Pero el periférico y la avenida principal que tomo al final de ese trayecto estaban relativamente tranquilos -a pesar de la lluvia-: no encontré ningún atasco en estas dos partes, por lo que a la una y un mintuo estaba estacionándome en el sótano del edificio.

Subí al séptimo nivel utilizando las escaleras y a la una y cinco estaba llamándo a mi hijo-desde el pasillo, pues no tengo llaves por estos días- para avisarle que había llegado; él salió un poco después -creía que estaba en la sala, pero le recordé que le había dado mis llaves a la mediana-.

Mi hijo me entregó un par de pachones de limonada que había preparado para el almuerzo -durante la semana me había ofrecido que prepararía limonadas para sustituir las aguas gaseosas que usualmente aporto- e iniciamos a caminar al parque temático.

El día estaba bastante gris pero, afortunadamente, no estaba lloviendo aún; llegamos al lugar sin contratiempos y nos dirigimos al lugar en donde generalmente almorzamos: un área social, vecina a la piscina, con muchas mesas y un buen techo de terraza.

En el lugar saludé al joven conserje que nos había abordado el jueves anterior -cuando almorcé allí con mi hija mediana- y le preguté su nombre -se me había ocurrido al día siguiente que era lo indicado-; conversamos un poco y luego procedimos con el almuerzo.

Antes de entrar al parque habíamos comprado -en una gasolinera, en la calle vecina- un par de hotdogs de buen tamaño; eso lo combinamos con las ensaladas, los snacks y la limonada de mi hijo; realmente un muy buen almuerzo.

Luego procedimos a armar un par de cubos de Rubik, y a enfrascarnos en una buena partida de Scrabble; mientras estábamos almorzando -y en las dos actividades siguientes- nos habíamos percatado que la lluvia se mantenía constante -aunque no muy fuerte-.

Le propuse a mi hijo que nos moviéramos al teatro para ver -nuevamente- la obra que estaban presentando durante los últimos meses; mi esperanza era que durante los treinta o cuarenta minutos que tardaba la actividad la lluvia amainara.

Empacamos los utensilios de comida y los juegos y caminamos hasta el teatro; la lluvia no estaba tan ligera como se veía por lo que llegamos un poco mojados, aunque no empapados, al lugar; mi hijo notó que la obra, aunque era la misma, estaba siendo presentada con algunas variantes.

La presentación terminó un poco antes de las cuatro y nos dirimos caminando al departamento; la lluvia se había ido y nomás quedaban las calles mojadas; en el camino pasé a comprar un par de cubiletes.

A las cinco estábamos entrando al departamento -le pedí a mi hijo que utilizáramos las gradas- y le escribí a mis dos hijas para invitarlas a un café o té pues debíamos conversar los cuatro; mi hija mayor pidió café, mi hijo menor té -de jazmín-, mi hija menor indicó que acababa de comer, y yo me decanté por un café.

Luego tuvimos una conversación bastante extendida: repetí que el departamento lo había adquirido para los tres pero recordé las dos condiciones para la habitación -tres realmente-: no drogas o alcohol, no alojar a nadie más, y el pago de servicios/impuestos.

Y es que, desde hace algunos meses, la mayor y el menor -que acaban de cumplir un año viviendo en el lugar- han estado en conflictos por temas de limpieza y orden; incluso separaron -duplicaron- el uso de algunos utensilios.

Ahora que se agregó la mediana a la ecuación la situación no ha mejorado; aunque logramos -por fin- conversar un poco sobre la convivencia: el plan es construir una pared en la sala para que los tres tengan una habitación similar: con una pared completa con vistas al exterior.

Además se habló de equipar el departamento con una refrigeradora y una estufa; aunque me seguí oponiendo a la instalación de un calentador general de agua; sugerí que instalaran calentador de duchas, pero no sé qué harán.

Durante la conversación estuve observando la calzada que tenía que tomar -en donde tuve que esperar media hora dos días antes, para integrarme al tránsito- y, un poco después de las seis, les indiqué que me retiraría; procedí a darle un abrazo a cada uno.

La salida de la calle no estuvo tan mal; pero la calzada principal sí estaba más ocupada que otros días; pero lo peor fue llegar a la calle que acaba en el paso a desnivel que tomo antes de entrar a la ruta intermunicipal: estaba atascada.

Por lo que me desvié hacia la Universidad; pero el número de autos allí también era excesivo; me tardé como diez minutos avanzar un par de cuadras; luego entré al periférico, después al carril auxiliar del mismo y salí a la calle que pasa sobre el paso a desnivel.

Esta calle también estaba bastante llena; por lo que no llegué hasta el final de la misma -por donde también se puede ingresar al municipio- sino que me desvié para tomar la ruta que continúa después del paso a desnivel.

Felizmente el tránsito allí no estaba muy pesado por lo que entré a la carretera intermunicipal sin mucho trabajo; la entrada al municipio sí estuvo un poco pesada, pero, no mucho tiempo después, estaba estacionando el auto frente a la casa de Rb.

Por la noche les envié, a mis tres hijos, un resumen de lo que habíamos conversado -espero que quede como evidencia-; por la noche ví un capítulo de Butterfly -la serie coreana de acción que empecé a ver durante la semana- y un capítulo d Task -una serie con Mark Ruffalo-.

El domingo me levanté media hora más tarde de lo acostumbrado: no me dí cuenta que había desconectado la alarma de las seis y media y me desperté cuando sonó la segunda, a las siete -esta la programé específicamente para no sobrepasar mi período de meditación, en caso me olvide de poner el temporizador con los veinte minutos-.

Después de meditar me quedé un rato en cama: resolví los tres wordles, hice varias lecciones de Duolingo y estuve repasando las preguntas del certificado de AWS -desde un par de días antes me había estado enfocando en las preguntas que respondo incorrectamente-.

Un poco después de las ocho me levanté y preparé el desayuno de los domingos; a pesar de que tengo en el freezer una bolsa con tortillas de harina, específicamente para este día, decidí utilizar dos rebanadas de pan sandwich que me sobraron de la última visita a mis padres.

Me preparé una variante de esos videos en los que preparan sandwiches de huevo, cocinando las rebanadas encima del huevo; no pude hacerlo tal cual pues el sarté que utilizo no tiene el tamaño para colocar las dos rebanadas al mismo tiempo.

Pero el desayuno estuvo bueno; lo complementé con mayonesa, salsa de tomate y un poco de frijoles volteados; y el perpetuo café con la última porción del pastelillo que Rb me obsequió el último jueves -y los últimos dos panes pequeños de los que compré ese día-.

Después del desayuno estuve leyendo un poco; y esperando la hora para ir a dejar a Rb a su iglesia: durante la semana había estado diciendo que quería ir más seguido -casi no asiste a la misma- y yo me había ofrecido a 'obligarla' a asistir este día.

A las diez de la mañana salí a encender el automóvil y nos dirigimos a la iglesia; la ruta estaba bastante vacía por lo que no tuvimos ningún contratiempo en llegar al lugar; Rb se apeó, yo dí una vuelta en U y retorné sin ninguna dificultad.

Estuve viendo algunos videos de divulgación científica -o de pensamiento crítico- y leyendo un poco del libro de terapia ACT que estoy leyendo en la última de mis líneas de lectura -ACT with love-; pero, en cierto momento, empecé a dormitar.

Me despertó el sonido de notificaciones de whatsapp: tengo desconectadas las notificaciones en el teléfono, pero, el año pasado -o antepasado- en una ocasión no fui a traer a Rb a la iglesia porque no leí sus mensajes -ni la llamada por whatsapp-; desde esa vez dejo abierta mi computadora para estar pendiente a esos sonidos.

Las notificaciones eran de mi hijo menor: había cotizado una refrigeradora y una estufa eléctrica -un poco más de mil dólares entre ambos- y me estaba enviando la información; le indiqué que debían hablar con sus hermanas para ponerse de acuerdo y nomás me notificó que había recibido la respuesta.

Un poco más tarde recibí el mensaje de Rb, pidiéndome que fuera por ella a la iglesia; volví a tomar el auto y, como de costumbre, ahora sí encontré más tránsito: en la entrada a la carretera intermunicipal había una buena aglomeración; y en el resto de la ruta me tocó que ir cambiando de carril continuamente, para avanzar.

Cuando llegué a la iglesia Rb ya se encontraba en la calle -había muchos feligreses aún en sus rutinas post servicio religioso- por lo que nomás paré para que abordara el automóvil, dí la vuelta en U e inicié el retorno a casa.

En donde ayudé con la preparación del almuerzo: una gran ensalada, la que consumimos con las alitas de pollo dominicales de costumbre; luego sacamos a caminar a los perros; a continuación lavé los trastes del día y, luego, preparé té de manzanilla y café.

Como habíamos previsto utilizar la mitad del asado que tenemos en el freezer en los almuerzos de la semana, decidimos preparar las papas asadas; por lo que después de lavar los trastes partí varias papas grandes y las puse a hervir -también preparé mis gelatinas para los desayunos de la semana-.

Al final de la tarde Rb preparó el aceite de oliva con culantro que utilizamos para aderezar las papas y me dediqué durante la siguiente media hora a la tarea de asarlas en la estufa, utilizando una plancha de hierro, otra de metal más delgado, y uno de los sartenes más antiguos.

Por la noche estuve viendo otro capítulo de la serie coreana de acción que llevo a medias; además, terminé el capítulo seis -el último- del curso de ajedrez en Duolingo; ahora planeo retornar a practicar francés, portugués e inglés en esa aplicación -y un poco de italiano-.

El lunes me levanté a las cinco y cuarto: habíamos quedado con Rb de realizar la rutina de los lunes a primera hora de la mañana -igual que el viernes anterior- y no quería entrar a la primera reunión sin haber tomado una ducha.

Después de meditar entré a la habitación de Rb a despertarla; luego hicimos los cincuenta y un minutos de ejercicios; aún me dió un buen tiempo de bañarme; luego entré a la reunión diaria; la que estuvo bastante tranquila.

Después de la reunión me preparé el desayuno -avena, banano y gelatina; Rb salió un poco después de las nueve -después de darles de comer a sus animales y desayunar ella misma-: había planeado el ultrasonido de la tiroides, que su ginecóloga ordenó en la última cita médica.

Estuvo un par de horas fuera; nos estuvimos comunicando continuamente durante este tiempo: el tránsito estuvo super pesado pero pudo pasar a la farmacia, al laboratorio; y por último, al supermercado, a comprar unos bananos.

Cuando retornó me mostró los resultados; tomé una foto al documento y lo alimenté auna LLM -nomás cubrí la información personal-; según esta generadora de texto el resultado está bien -combinado con el nivel de otros análisis, evaluados la semana anterior-; o sea, el tamaño de la tiroides es un poco menor al normal y hay asimetría; pero los resultados son los esperables dada su edad, sexo y estilo de vida. 

Aunque luego de la misma el supervisor estuvo enviándonos mensajes para que aceleráramos la ejecución de las tareas que nos había asignado la semana anterior; a la hora del almuerzo descongelamos una de las porciones de asado que habíamos tenido en el freezer por un par de meses.

Después sacamos a caminar a los perros; luego seguimos con la rutina: lavado de trastos, té/café y un poco de lectura del libro de francés; acompañados de algunas partidas de ajedrez en Duolingo.

A las cuatro de la tarde realicé la limpieza que hago dos veces por semana; después me estuve en mi habitación repasando las preguntas de AWS; aún no logro completar las cincuenta y un preguntas del cuarto archivo; y en el que combina los primeros tres mantengo una exactitud de más del noventa y cinco por ciento.

El martes me levanté a meditar a las seis y media; después retorné a la cama, resolví los tres wordle e hice algunas lecciones de Duolingo: como ya terminé las lecciones de ajedrez retorné a realizar el repaso diario de francés, inglés y portugués.

No tenía ganas de levantarme; un poco después de las ocho Rb entró a la habitación, conversamos un momento y luego se retiró; continué en la cama y le comenté que saldría a las diez.

Me estuve dormitando entre ocho y nueve de la mañana; un poco más tarde me llamó mi supervisor -afortunadamente había dejado la computadora preparada para no irse a dormir, y me había quedado con los audífonos puestos-: quería valorar el avance en la tarea que me había asignado más temprano.

Le contesté aún saliendo del sueño; la primera parte de su pregunta fue fácil; para la segunda tuve un poco de dificultad, por la niebla del sueño; entonces nos despedimos y me levanté; salí al comedor y me preparé el desayuno.

Después me pasé el resto de la mañana aplicándome en la tarea que debía completar; lo cual realicé -o realicé más o menos, más bien-; además, me tocó que salir a la panadería pues habíamos acordado con Rb preparar los seis panes con los que queríamos obsequiar al personal que se encarga de la extracción de basura.

El plan -lo hice en septiembre del año pasado y me propuse realizarlo al menos una vez cada año- es entregarles -en una caja de cartón- seis panes con jamón y queso; botellas de aderezo, bolsas de snacks, jugos en tetrabrick y fruta -el año pasado fueron bananos, este manzanas-.

Salí a la calle y me dirigí a la panadería en la que Rb ha horneado un par de veces su creaciones de panificación; pero estaba cerrada, afortunadamente la otra -la que queda más cerca- aún estaba abierta; y tenía justo la cantidad que necesitaba.

Un poco antes del mediodía nos pusimos a la tarea de preparar la refacción que queríamos obsequiar; íbamos a la mitad cuando se nos acabó el papel de aluminio con el que estábamos envolviendo los panes; afortunadamente teníamos una caja en bodega.

Terminamos la preparación y almacenamos los panes en la refrigeradora -y el resto de los elementos en la caja de cartón-; como había posibilidades de que mi equipo de trabajo se reuniera justo a la hora del almuerzo, le pedí a Rb que preparáramos todo antes de la hora usual.

Y antes de la una nos pusimos a calentar la segunda porción de asado de la semana; pero no hubo ninguna reunión; aparentemente nuestro supervisor ha andado con muchos pendientes; después del almuerzo íbamos a sacar a caminar a los perros, pero empezó a llover.

Además, el guardia de la calle nos había avisado que el camión de la basura había ingresado -yo le había pedido favor de que nos llamara cuando ocurriera- y, al salir al portón, confirmé que se encontraba en la entrada de la calle vecina.

Estaba lloviznando pero no tan fuerte; por lo que decidimos salir a dejarles los alimentos; pero, repentinamente la lluvia arreció, por lo que preferimos esperar a que pasaran por acá; un rato después la lluvia amainó y salimos con la caja -y un paraguas- a entregar la refacción.

Pero no vimos el camión en el lugar en donde lo había identificado más temprano; así que caminamos hasta el fondo de la siguiente calle -creímos que podía estar estacionado en la calle lateral-; pero no, no estaba; Rb pasó a garita y confirmó que el camión se había retirado, que seguramente retornaría más tarde -toda la basura de esta calle aún se encontraba en las aceras-.

Retornamos a casa con la caja y volví a meter los panes a la refri; un poco más tarde; ahora sí con la lluvia muy ligera, le propuse a Rb que sacaramos a caminar a sus perros: además, pasamos a entregarle el par de güisquiles, que había cosechado el día anterior, a una familia de la cuadra; y tres de los tetrabricks que nos sobraron al guardia de turno.

Al final de la tarde el guardian de la calle nos llamó para comentarnos que el camión del servicio de extracción de basura había vuelto -la verdad es que Rb ya había visto a los jóvenes juntando las bolsas de la calle-; salimos, otra vez, con la caja y se la entregamos al conductor -Rb se encargó de avisarle a todos los demás-.

Después de cumplir con este objetivo anual retornamos a casa y, luego, nos dirigimos a los supermercados en dirección sur; caminamos hasta la altura del más lejano, a continuación retornamos al otro, para comprar bananos; allí vimos a la ex novia -y ahora mejora amiga- del veterinario saliendo de la clínica.

Nos acercamos a saludarla y estuvimos en el lugar -una larga plática entre ellas- durante más de media hora; al inicio, esta chica -que también fue voluntaria en el mismo grupo en el que estuvimos mucho tiempo- me hizo un comentario que me dejó muy incómodo: aunque muchas personas digan que no saluda o habla, siempre lo he visto como un genio.

Y es que no es la primera vez que alguien resalta estos dos rasgos de mi personalidad: la actitud antisocial, y el nivel de inteligencia superior a la media; pero ella fue bastante directa; y quizá porque me agrada, su comentario me dejó pensativo mucho tiempo.

El miércoles me levanté a las cinco y cuarto, medité y entré a la habitación de Rb: esta será -en el corto plazo- nuestra rutina de los lunes, miércoles y viernes, para realizar la rutina de ejercicios al inicio del día; la cual no estvo tan mal; lo malo es que me tardé en encender la computadora y entré tarde a la reunión diaria.

Un poco después de la reunión empecé a leer varios mensajes del supervisor en el Imperio del Norte: aparentemente lo están presionando con los resultados de nuestras tareas y ha estado poniéndose en modo persecución.

Por lo mismo he tratado de  aplicarme un poco más en el trabajo durante los últimos días; aunque sin descuidar las lecturas, y todas las otras actividades que me ocupan generalmente la jornada -ya estoy en el cuarto archivo de las preguntas para el certificado de AWS-.

Durante la mañana pagué por una estufa eléctrica y una refrigeradora, para el departamento de mis chicos: mi hijo menor se había mostrado sorprendido en la reunión del sábado, cuando les repetí que siempre estaba disponible para ayudarles con el equipamiento.

Desde ese día se dió a la tarea de buscar opciones para adquirir estos dos electrodomésticos: con su hermana mayor han estado viviendo durante un año en el lugar y nomás han tenido un par de hornillas eléctricas y una mini refrigeradora -además de un par de hervidores de agua-.

Pero el martes le había pedido a mi hijo que redactara un documento para el uso comunal de estos dos aparatos: han tenido dificultades con la comunicación y no mejoró cuando la mediana ocupó una de las habitaciones.

Al final, me enviaron cada uno una copia del documento acordado: especificando reglas de uso, limpieza y un mínimo de condiciones para que lleven la fiesta en paz; no tengo muchas esperanzas, pero bueno.

La cuenta ascendió a un poco más de mil dólares -casi ocho veces lo que pagan mensualmente por el mantenimiento del lugar-; lo que fue agregado al documento en el que contabilizo toda la información financiera que concierne al departamento.

Al final de la tarde Rb me propuso salir a caminar un poco en la cuadra; inicialmente me negué porque estaba enfrascado en el capítulo de Harry Potter e a camara secreta; pero luego recapacité y salimos a dar tres o cuatro vueltas en la cuadra.

Después salimos a la ferreteria que queda en la siguiente calle en el boulevard: Rb necesitaba adquirir un poco de pegamento para zapatos; ha tenido dificultades con un par de tenis que uitliza para las caminatas de las tardes.

Por la noche vimos el tercer capítulo de Task: Mark Ruffalo actúa como un agente del FBI, ex capellán y hastiado de todo: uno de sus dos hijos adoptivos está a la espera de la condena por haber asesinado a la esposa de Mark -interesante todo el drama-.

Y a ver cómo sigue eso...