viernes, 28 de junio de 2024

Vacaciones, otra vez -la ciudad, otra vez-... Vacations, again -the city, again-... Les vacances, encore -la ville, encore-

El domingo había puesto la alarma para las seis de la mañana pero me quedé en la cama hasta las siete; me levanté a meditar y luego preparé el desayuno de los fines de semana; después volví a la cama; quería hacer Duolingo pero nomás volví a dormirme.

Un poco después de las nueve me levanté y me puse a hacer mi lección matutina de Duolingo; luego Rb me pidió que la ayudara a cortar las malezas del patio frontal; estuvimos trabajando en eso un poco más de una hora, despejando la mitad del área; después nos bañamos y almorzamos alitas y caldo de pollo.

Por la tarde estuvimos viendo series en la cama de Rb y a las cinco me vestí y subí al auto las provisiones que mi hija me había pedido; en el camino pasé a la tienda en la que usualmente compramos los electrodomésticos y artículos de cocina y compré un espejo de medio cuerpo.

Por la mañana Rb me había comentado que un camión se había llevado una pasarela en un lugar muy cerca de donde vive mi hija pero consideré que a esa hora ya había sido habilitado el paso: me equivoqué; el periférico aún se encontraba cerrado y habían policías municipales de tránsito desviando a los autos hacia la vía auxiliar; estuve como diez minutos en ese tráfico.

El resto del camino estuvo bastante tranquilo por lo que llegué con poco retraso a la habitación de mi hija; le escribí cuando me apeé del auto y luego entré a su habitación; le entregué los comestibles y luego estuvimos conversando sobre la semana que acababa de pasar en el interior del país; también observé que ya empieza a movilizarse con una sola muleta.

Estuve en la habitación de mi hija hasta un poco después de las siete y a esa hora me despedí e inicié el retorno a mi casita; no conduje sobre el periférico sino que tomé la ruta perpendicular que inicia en la calle donde vive mi hija; de allí salí a una de las rutas más populares pero por ser domingo el tráfico no estaba muy pesado.

Tomé un carril auxiliar para dirigirme al periférico pero la lluvia hizo que el tránsito se ralentizara bastante justo antes de entrar al mismo; iba conduciendo bastante rápido y estuve a punto de colisionar; incluso los neumáticos chillaron cuando pisé los frenos a fondo; afortunadamente aún pude desacelerar lo suficiente.

Ingresé al periférico sin ninguna otra novedad y, a pesar de la lluvia constante, pude completar el viaje de regreso sin ningún incidente; apeándome del automóvil estaba cuando me percaté que no le había llevado los embutidos -pepperoni y salami- a mi hija; los subí al freezer y le escribí para comentarle que se los llevaría en mi próxima visita.

El lunes me levanté bastante tarde: había decidido levantarme los días restantes de vacaciones sin la alarma del celular por lo que me despertaron los ruidos que empiezan a hacer los perros de Rb cerca de las ocho de la mañana; me levanté a meditar y luego salí de la habitación.

Desayuné con Rb pues me había pedido que acudiéramos a los supermercados en dirección sur durante la mañana; yo había tratado de programar una reunión con mi amigo garífuna pero me comentó -a pesar de que antes la habíamos acordado- que se encontraba ocupado con un proyecto.

Entonces traté de programar una reunión con mi amigo el Testigo de Jehová -realmente sentía que me estaban pesando las nueve bolsas de café restantes- pero me comentó que se estaba recuperando de un nuevo episodio de dengue -supuestamente es la segunda vez que se contagia- y me pidió que dejáramos la reunión para una siguiente ocasión.

Al final acordé una reunión con uno de mis últimos amigos del voluntariado en el que participé por diez años: nos vimos hace como tres meses y perdió su empleo hace como un mes -yo había estado ayudándole a cambiarse de empleo a finales del año pasado-.

Después del desayuno nos subimos al auto y acudimos a los supermercados en dirección sur; en el más alejado Rb adquirió pollo para su almuerzo del miércoles -yo almorzaré con mi hijo menor- y en el otro compramos bananos para nuestros desayunos.

Cuando retornamos Rb me pidió que la ayudara a limpiar la aspiradora robótica -durante mi ausencia de ocho días la hizo funcionar de nuevo- y después hicimos la rutina de ejercicios que corresponde a los lunes -con una adición de ejercicios abdominales que ella estuvo practicando la semana anterior-.

Al mediodía almorzamos pollo asado y caldo de lo mismo -con aguacate y arroz-; después de sacar a caminar a los perros de Rb preparé té para ambos y, un poco después de las tres, me dirigí al comercial en donde se estacionan los busitos que vienen al municipio.

Había acordado con mi amigo en reunirnos en un centro comercial que se encuentra en una calle aledaña a este último pero, diez minutos después de la hora acordada, me escribió diciendo que se encontraba en donde se estacionan los busitos; había una llovizna ligera pero no me afectó mucho retornar al centro comercial en donde se encontraba; subimos al food court del tercer nivel y lo invité a un cappuccino.

Nos pasamos las siguientes dos horas conversando sobre su situación familiar, laboral y personal -también le entregué una de las libras de café-; a pesar de su situación laboral -bastante inestable- se preocupa más por el plan -conspirativo- para reducir la población mundial.

Un poco después de las seis le indiqué que me retiraba y, luego de pasar al baño del centro comercial, nos despedimos y abordé el busito de vuelta a casa; por la noche estuve haciendo Duolingo, avanzando en The School of Life -me está costando- y viendo un poco de un programa de pasteles; a las once me retiré para lavarme los dientes, leer un poco más -La Disparition de Stephanie Mailer-, meditar y, finalmente, dormirme.

El martes no había puesto nuevamente la alarma y me desperté -por alguna razón- un poco después de las cuatro; salí al baño y volví a la cama; me desperté nuevamente un poco antes de las ocho y me levanté a meditar.

En la mañana fuimos a los supermercados en dirección sur; compramos verduras y yo compré un arrolladito para la reunión de la tarde con mi primo; almorzamos los mismo del día anterior: pollo asado y caldo de pollo.

A las tres y cuarto me dirigí -en busito- al comercial en donde me había reunido el día anterior con mi amigo del voluntariado; costó un poco que pasara el busito pero al final llegué antes de la hora de la reunión; mi primo sale de trabajar, del call center que se encuentra en el cuarto nivel del comercial, a las cuatro.

Lo invité a un cappuccino de la misma tienda del día anterior y compartí el arrolladito; aunque yo me lo comí casi todo; estuvimos en el área de las mesas por las siguientes dos horas conversando de literatura, libros, películas y la vida en general; a las seis y media nos despedimos y retorné a mi casita.

El miércoles me levanté -otra vez sin alarma- un poco después de las siete; me puse a hacer Duolingo y luego a leer un poco -realmente no he leído mucho en los días de vacaciones que he estado en casa-; a media mañana hicimos la rutina de ejercicios de los miércoles -con la rutina extra de abdominales-.

Luego de los ejercicios -y la respectiva ducha- Rb me ayudó a desinfectar los ingredientes y preparé dos ensaladas pues había planeado llevar eso para complementar el arroz chino que esperaba almorzar con mi hijo -realmente me preocupa su exceso de peso, pero no creo que pueda hacer mucho al respecto-.

A las doce y media tomé el auto y me dirigí a la habitación de mi hijo; empezó a llover bastante fuerte pero, afortunadamente, el tráfico no se vio afectado: llegué antes de la una a la colonia en la que vive; pero el lugar en el cual usualmente estaciono el auto estaba ocupado.

Subí el auto la banqueta y me dirigí a la casa en la que vive mi hijo; lo llamé desde afuera y subí a su habitación -en el segundo nivel-; como vi que la acera frente a su casa estaba desocupada le pedí que me acompañara a mover el auto hacia ese sitio y luego caminamos hasta el restaurante de comida china en el que comprábamos comida cuando salíamos con sus hermanas.

Luego retornamos a su habitación y almorzamos; se suponía que íbamos a revisar las últimas dos clases del curso de React al cual no pude asistir por mi viaje con los misioneros pero: 1) no llevaba el cargador de mi computadora de Fedora y 2) mi hijo me comentó que no había hecho los ejercicios de las clases.

Así que deberé de descargar las dos clases y verlas; entonces nomás nos pasamos un par de horas jugando Dominó y conversando sobre literatura, libros, películas y la vida en general; habíamos acordado terminar la reunión a las cinco y, un poco antes de esa hora, me despedí de mi hijo y, luego de abordar el automóvil, llamé a mi tía favorita para ver si podía llegar a verla.

Mi prima -su hija mayor- me había comentado hace un par de semanas que andaba con quebrantos de salud y aproveché para pasar a dejarle una de las libras de café que traje de mi viaje con los misioneros -me quedan siete (esta tarde le escribí a mi ex supervisora para ofrecerle una de las libras de café; quedó en que veríamos cuando podíamos compartir un rato, con su novio)-.

Pasé alrededor de una hora en la cocina de mi tía -me preparó café instantáneo y me obsequió un par de cubiletes-; conversando sobre su salud -la examinarán en un laboratorio del municipio este sábado- y un poco después de las seis y media me despedí para retornar a casita; estaba lloviendo bastante y el tráfico de la ciudad estaba pesado; al cabo de un poco más de media hora estaba estacionando el auto frente a la casa.

Ayer, que era el último día de mis vacaciones, había previsto más o menos las mismas actividades que el primer día de las mismas: por la mañana, acompañar a Rb a su salida semanal al mercado; me levanté antes de las ocho, medité y salí a desayunar; luego salimos a tomar el busito; no tardó mucho en pasar y tomamos dos rutas del transmetro: primero en el comercial en donde se estacionan los busitos, hacia el centro; luego otro hacia el centro histórico, pues quería comprar un par de bolsas de gelatina.

En la última ocasión había comprado de cuatro sabores diferentes pero ahora nomás había de naranja; compré dos libras y también adquirí -estaba en oferta- una bolsa para preparar flan -creo que lo prepararé cuando invite a alguno de mis amigos a desayunar-.

Después retornamos al mercado en donde Rb hace sus compras semanales; pero la mayor parte de los puestos estaban cerrando: era día municipal de fumigación y Rb casi no pudo comprar nada de sus frutas; después retornamos a la casa a almorzar lo mismo de los días anteriores: pollo asado y ensalada.

Por la tarde fuimos a los mercados en dirección sur; estábamos saliendo cuando salió nuestra vecina y Rb le ofreció que nos acompañara a caminar -al parecer anda en conflictos con la vecina con la que realizaba sus caminatas vespertinas-.

Fuimos hasta el mercado más distante; en donde adquirimos un poco de pollo, luego al siguiente mercado en donde compramos un poco de bananos; en el camino pasé a la panadería por el pan para mis desayunos de viernes, sábado y domingo; finalmente pasamos a la tienda a comprar un poco de verduras.

Por la noche continué con el libro de francés -La disparition de Stephanie Mailer- y en Duolingo me obsequiaron -lo hacen cada varios meses- tres días de la versión Super; a las once me retiré a mi habitación y después de leer un poco de Gamification, y meditar, me dormí.

Y así acabaron las vacaciones más largas -hasta el momento- de este año...

martes, 25 de junio de 2024

Vacaciones, otra vez -el regreso-... Vacations, again -the return-... Les vacances, encore -le retour-

La noche del jueves nos hospedamos en el mismo hotel donde habíamos dormido la primera noche del viaje -el sábado anterior-: está a un lado de la carretera por lo que me imaginé que no iba a poder dormir mucho; me asignaron una habitación diferente a la de la semana anterior, en donde me refugié para leer un poco y hacer Duolingo, antes de meditar y dormirme.

El líder del grupo aprovechó que mi habitación era la más cercana a la recepción para almacenar allí la hielera del viaje y tres o cuatro paquetes de agua pura; y me comentó que la salida estaba programada para las siete de la mañana.

Efectivamente no pude dormir mucho; había puesto la alarma para las seis de la mañana pero estuve despierto desde un poco después de las cuatro de la mañana; a las seis me levanté a meditar y luego hice un poco de Duolingo; antes de las siete saqué la hielera y el agua de la habitación y devolví las llaves y el control remoto de la televisión de la habitación.

A las siete llegó el autobús y subimos la hielera y las botellas de agua; luego ayudé a los misioneros a cargar las maletas a la parte trasera del bus; luego me instalé en uno de los últimos asientos; nos dirigimos al comedor a desayunar y después emprendimos el viaje a la ciudad colonial del país.

El tiempo estuvo bastante lluvioso por lo que las cuatro o cinco horas estimadas de viaje se convirtieron en casi ocho; al mediodía nos detuvimos en una gran intersección de la carretera y almorzamos en el restaurante de pollo frito más antiguo del país.

Fue un relajo controlar las ordenes porque algunos de los misioneros pidieron algo y luego recibieron algo distinto; yo nomás pedí un sandwich de pollo pues no me encontraba aún muy bien del estómago y ya había visto que la cena iba a ser en uno de los restaurantes más caros del país.

Después del almuerzo continuamos el camino; la lluvia seguía y la ruta que transitábamos se encuentra en una de las partes más altas del país por lo que la neblina era casi constante; había bastante transporte pesado en el camino y el conductor fue bastante prudente.

Un poco antes de las cinco de la tarde estábamos entrando a la ciudad colonial; hubo entonces una discusión entre los líderes de los misioneros y el líder local sobre la forma de proceder: el último quería que nos registráramos en el hotel y luego visitáramos las tiendas de la ciudad, pero la enfermera puertorriqueña insistía que ya no daría tiempo para realizar las compras si procedíamos de esta forma.

Al final prevaleció la opinión de la enfermera: el bus se detuvo en el parque central de la ciudad -el hotel se encuentra a cuatro o cinco calles del mismo- y recibió una remisión por acceder a un lugar delimitado; pero allí nos apeamos y nos tocó acompañar a los misioneros en sus compras de recuerdos y similares.

La enfermera compró unos tenis Nike pirata -bastante atractivos pues una parte del cuero había sido sustituido por tejidos tradicionales del lugar- y la mayoría de los jovencitos compraron ropa y  artículos de cuero o cerámica, con motivos de la cultura local.

También los acompañamos a una tienda de helados -yo no quise comprar nada en ningún lugar- y a uno de los sitios turísticos más visitados de la ciudad: un arco entre dos calles que es escenario de sesiones de fotografía de muchas celebraciones que se celebran en la misma.

Se suponía que debíamos presentarnos al hotel antes de las siete pues esa era la hora en la que estaba reservada la cena -el restaurante se encuentra a cuatro o cinco calles del hotel- y un poco antes de esa hora empezamos a caminar hacia el mismo; pero la mitad del grupo -yo iba en la retaguardia- se extravió y nos tardamos aún algunos minutos extras para llegar.

Un poco después de las siete -por fin- nos presentamos en la recepción del hotel y me asignaron una habitación bastante al fondo del mismo; entré a dejar mi mochila y a cambiarme de ropa y retorné a la recepción pues debíamos dirigirnos sin demora al restaurante.

Durante el viaje nos habían enviado por whatsapp el menú del restaurante para que la cena fuera menos tardada pero dos de los líderes querían cambiar su orden -la enfermera y el de The Batchelor-; el líder indagó sobre la requisición pero les confirmó que no se podía; la primera había pedido pescado asado y el segundo pasta con pollo -comentaron que no se habían dado cuenta que era un restaurante de carne asada-.

Amablemente me ofrecí a compartir mi menú -steak con tocino y chorizo- con el segundo -la verdad no tenía mucho apetito por la cena de la noche anterior-; y cuando llegó mi orden partí los dos trozos principales y se los cedí -aceptando un poco de pasta y pollo-; él declinó el segundo pero al final cenamos en paz.

También tomamos de postre pastelillos y café; yo había ordenado un pastel con base de espumilla pero al final, otra vez el relajo de las órdenes, tuve que conformarme con un cheesecake; que tampoco estuvo tan malo; después de la cena comenzamos el retorno al hotel: otra vez iba cerrando el grupo para evitar extravíos de personas.

Cuando estábamos a unas calles del hotel uno de los negros se percató que había olvidado la llave de su habitación; yo había estado conversando con la enfermera y llamé al restaurante para confirmar que allí se encontraba la llave olvidada; la llave estaba allí -junto con un llavero recién adquirido.

Le propuse a la enfermera que regresáramos nomás ella y yo pero me comentó que debía dirigir la actividad de revisión del día con los misioneros por lo que me pidió que regresara solo; retorné al restaurante, me entregaron la llave y me dirigí al hotel; pero no pude encontrarlo; me estuve dando vueltas algún tiempo hasta que cambié de Waze a Google Maps para un retorno hasta la puerta del hotel.

Fui a devolver la llave y el llavero a la enfermera -me invitó a acompañarlos en su actividad pero decliné- y luego me dirigí a mi habitación; no pude hacer que la televisión funcionara: había tres controles remotos; por lo que nomás leí un poco, hice Duolingo, medité y me dormí.

La alarma estaba puesta para las cuatro y media pues nos habían pedido que estuviéramos listos a las cinco de la mañana; por alguna razón -creo que bulla de tuberías- me desperté a las tres y media; no pude volver a dormirme por lo que me levanté a meditar; luego leí un rato y después preparé mi mochila.

Salí de la habitación a las cuatro y media y me dirigí a la recepción del hotel a entregar la llave de la habitación; la recepción estaba aún cerrada por lo que nomás me senté a esperar a que salieran todos; antes de las cinco empezaron a salir todos los jóvenes misioneros -y los cuatro líderes- y a las cinco llamar al autobús, subimos todas las maletas a la parte trasera del mismo y luego lo abordamos.

Habíamos -el líder más bien- elegido la hora pues no queríamos andar corriendo para entrar a la ciudad y llegar al aeropuerto -el vuelo salía a la una y ellos deberían de estar registrándose a las once de la mañana-; afortunadamente el tráfico fue casi inexistente -quizá porque era sábado por la mañana- y a las seis de la mañana estábamos entrando a la ciudad; deteniéndose en un Mc Donalds para tomar el desayuno.

Luego de que todos tomáramos el desayuno -siempre hay equivocaciones en las órdenes y entregas- volvimos a abordar el bus y nos dirigimos al aeropuerto; a las ocho de la mañana el grupo estaba haciendo fila para ingresar al área de registro por lo que aproveché para despedirme de todos -o de la mayoría al menos- con un abrazo -ya no vi a ninguna de las traductoras- y luego me dirigí a esperar el autobús.

Estuve un buen tiempo -quizá diez minutos- esperando el autobús y al ver que no pasaba decidí llamar una moto con Uber; el viaje me salió en veinte quetzales -1.50 de propina- y un poco después estaba abordando el Transmetro en la misma estación de la semana pasada.

Me bajé del mismo en el comercial desde donde salen los buses que vienen al municipio y a las nueve de la mañana estaba en la puerta de la casa, preguntándole por whatsapp a Rb si sus perros ya habían comido, pues no quería interrumpir su desayuno.

Ella me comentó que ya habían concluido por lo que entré a la casa; se puso muy contenta de verme; un poco más tarde estaba sentado en la puerta de la casa y, al saludar a nuestra vecina, Rb me susurró que podía darle una de las libras de café que había traído.

No lo había considerado pero creo que fue una buena idea -ella ha sido muy amable e incluso regañaba a los niños que se ponían a jugar futbol a la par del auto-; por lo que le obsequié una de las bolsas; antes del mediodía acudimos con Rb a los supermercados en dirección norte pues ella debía reponer su balanza -yo había olvidado que era el día de su cumpleaños y tampoco le hice mucha bulla al respecto-; compramos también bananos y yo adquirí la mayor parte de la lista que mi hija me envió el día anterior para su alacena.

Después pasamos a la tienda de las verduras y compré lo último de la lista: manzanas y un cartón de huevos; después del almuerzo sacamos a caminar a los perros y luego tomé una pequeña siesta; le había comentado a Rb que iba a ‘leer’ pero que esperaba descansar un rato pues me había levantado a las tres y media de la mañana.

Puse el reloj para despertarme en 20 minutos pero cuando sonó la alarma nomás la desconecté; me dormí una hora adicional; hasta que Rb llegó a la cama y me pidió que instalara el calentador de la ducha -que había comprado la semana pasada-.

Me sentía bastante inestable pero logré desconectar el calentador que ya no servía e instalar el nuevo; por la noche hice Duolingo (no había hecho ni la noche anterior ni por la mañana) y después avancé un poco en el libro The School of Life; también ví el cuarto capítulo de The Boys; a las once me retiré a mi habitación y no leí más sino que me dediqué a perder el tiempo en Fb; luego medité y después me dormí.

Y así concluyeron los ocho días de la misión...

lunes, 24 de junio de 2024

Vacaciones, otra vez -la misión-... Vacations, again -the mission-... Les vacances, encore -la mission-

El grupo al que me había comprometido a acompañar -y apoyar en la comunicación entre los mismos y la comunidad- estaba compuesto por veintitrés personas: cuatro líderes -dos mujeres y dos hombres- y el resto jovencitos de los últimos tres años de preparatoria; un poco más de la mitad de los jovencitos eran chicas y de los chicos todo eran negros salvo por el más joven.

De los líderes: la voz campante la llevaba una enfermera de origen puertorriqueño -por lo que hablaba perfectamente el español-, un ex ganador -dos veces- de The Batchelor, un ingeniero de Google y una contadora; de los jovencitos algunos chapurreaban algunas palabras de español y uno de los negros lo hablaba muy bien ya que sus padres lo habían enviado desde pequeño a una escuela totalmente en español.

También nos contó que su niñera era peruana por lo que había crecido hablando español; y realmente, salvo por la confusión con algunos artículos o algún tiempo verbal, su español era muy bueno; el de Batchelor también hablaba un poco porque, según él, se había dedicado al beisbol profesional y la mayoría de sus compañeros eran de origen dominicano o venezolano.

El domingo me levanté a las seis pues quería meditar y hacer Duolingo antes de reunirme con el grupo; a las siete nos dirigimos a desayunar a comedor de la noche anterior y luego pasamos las maletas del bus a siete pickups de doble tracción -el medio más efectivo de transportarse en el área a la cual íbamos-; después empezamos el viaje hacia el pueblo en donde pasaríamos los siguientes cinco días.

El viaje fue bastante tardado -más de cuatro horas-, los paisajes sorprendentes y el único incidente fue -más o menos a la mitad del camino- un control policial con todas las deficiencias de Latinoamérica; afortunadamente no hubo ningún contratiempo; también paramos, un poco después, en una gasolinera para que los jóvenes pudieran y al baño y/o comprar algo para comer.

El arreglo general en el transporte fue el mismo que el resto de los días: un conductor local, tres misioneros y una persona bilingüe -sólo éramos tres traductores, pero se complementaba con las otras personas que podían comunicarse en ambos idiomas-.

El almuerzo lo hicimos durante el trayecto -siempre las Lunch Boxes- y al llegar al pueblo fuimos directamente a registrarnos en el hotel -otra vez, habitación individual-; después nos organizamos para acudir al primer evento de la misión: una reunión con los líderes de los comités de mejora locales.

La mayor parte de la traducción de la reunión la hizo el otro traductor, ayudando un poco la otra traductora y -finalmente- también participé, aunque me sentí bastante inseguro en la actividad: estaba lloviendo y el techo de lámina sonaba demasiado fuerte como para permitir una comunicación adecuada.

Después de la reunión -tardó dos o tres horas- retornamos a los pickups y nos dirigimos al lugar en donde estaríamos desayunando y cenando durante el resto de nuestra estadía: la asociación tiene, en el centro del pueblo, unas instalaciones en donde venden el café que procesan e instalaciones para eventos, luego de la cena  retornamos al hotel y yo subí directamente a mi habitación a leer un poco, hacer Duolingo y meditar.

El lunes habían suspendido las clases en la mayoría de los departamentos y la actividad programada para la mañana involucraba escolares; pero, se organizaron para reunir a varias decenas de niños en una bodega de la asociación y allí impartieron alguna clase de educación cristiana y luego se pusieron a jugar con los niños.

Almorzamos en el lugar -lunch boxes- y luego nos dirigimos a la actividad de la tarde: visitas en casas; que sentí bien raras, por el nivel de vida de las personas; en la primera visitamos a un joven que sufrió un evento cerebrovascular hace una década que le dejó secuelas de esquizofrenia; en la segunda visitamos a un anciano que se lesionó la columna hace muchos años y que literalmente se arrastra para movilizarse -la comunidad le construyó una casa de blocks-.

Después de las actividades regresamos al pueblo y llevaron a los jóvenes a comprar helados; y, por supuesto, provocaron un descontrol ya que la mayoría de los negocios no están preparados para atender a veinte personas; también la chica que atendía el local era muy joven por lo que salí a pedir ayuda al otro traductor, quien se hizo cargo de la situación -además, se llevaron a la mitad de los jóvenes a otro local-.

La actividad de la mañana del martes se realizaron en un huerto comunitario: limpiar el terreno y sembrar algunas hortalizas; además, los jóvenes ayudaron a remover las raíces de un bananal para hacer más espacio para sembrar; en el mismo lugar ayudaron a recolectar huevos frescos y a limpiarlos para su posterior venta.

Por la tarde acudimos a un servicio religioso en una iglesia de la renovación carismática ortodoxa; que no sabía que existía: igual, la 'ortodoxia' esta fue introducida al país por un ex sacerdote católico a quien excomulgaron por estar metido en política -lideraba movimientos para invadir tierras y llegó a ocupar una curul del congreso por la época en la que yo andaba en la universidad-.

El servicio fue de lo más bizarro: una mezcla de ritos evangélicos y católicos; la oficiante fue una anciana -se supone que ella y otra mujer fundaron la iglesia- y no le vi orden por ningún lado: ella hablaba y cantaba; su padre tocaba la guitarra, una chica tocaba el bandoneón -o un teclado eléctrico-; al final el trabajador de Google compartió un mensaje -la puertorriqueña lo tradujo- y, luego de la ofrenda, el servicio acabó sin ningún incidente.

El inicio del servicio lo empezó a traducir la chica a la que ya conocía -nos cambiaron al traductor por otra chica el día anterior pues el otro grupo, al parecer, necesitaba autoridad masculina-, pero, al ver que no estaba familiarizada con las historias bíblicas -el papá de la señora había empezado a contar su versión de Jonás y la chica estaba teniendo problemas en seguirlo- me ofrecí para traducir el resto del servicio; que terminó con la historia de Noé y el Arca.

En la cena de ese día hubo un incidente bien feo: el contador general de la asociación estaba ayudando con los preparativos de la cena -la mesa caliente- y por, manipular sin cuidado el gel que se utiliza para mantener la llama bajo las bandejas de acero inoxidable, se quemó la cara; afortunadamente había un extintor funcional (habían dos pero uno no funcionó) por lo que se pudo controlar el fuego.

Y también, creo, el señor tuvo la fortuna de utilizar anteojos por lo que las quemaduras no fueron muy graves; creo que nomás de primer grado; sin embargo los jóvenes sufrieron una conmoción y vi que la puertorriqueña tuvo que conversar largamente con una de las chicas que no paraba de llorar.

El miércoles me levanté con la noticia de que el perro de Rb había empezado a sufrir molestias estomacales y la había mantenido despierta una gran parte de la madrugada; las noticias de este tipo fueron constantes durante los siguientes tres días e incluso, en algún momento, me pregunté si tendría que acortar mi participación en el viaje; afortunadamente no fue necesario.

La actividad de la mañana la realizamos en uno de los hogares que se encuentran en la periferia de una de las aldeas del poblado: ayudamos al matrimonio -la esposa con una vista muy muy corta- en todos los pasos de la preparación de tamales: desde la cocción de la masa hasta el asado de las hojas de bananos, la preparación del recado, el armado de los tamales y su puesta a cocinar.

Los jóvenes también ayudaron al señor de la casa a limpiar una parte del terreno que se utiliza para cultivar café: se trataba de retirar desechos de una serie de agujeros y rellenarlo con tierra suelta; en este lugar recibimos las bolsas del almuerzo y procedimos con el mismo; ya que desde aquí debíamos dirigirnos a la actividad de la tarde.

Por la tarde volvimos a la escuela en la que habíamos tenido la primera reunión de la semana para; los jóvenes misioneros impartieron la misma clase bíblica que habían presentado dos días antes y después se organizaron para un juego de futbol -eran como veinte contra veinte-; después de la actividad deportiva reunimos a todos en las gradas del campo de fútbol y repartimos los tamales que habían preparado en la mañana.

El jueves le pedí a Rb que me transfiriera sesenta y cinco dólares pues pensaba adquirir diez libras de café molido para repartir entre mis conocidos y primos; por la mañana acudimos a una escuelita en los linderos de otra de las aldeas del poblado y, después de una lección bíblica, pasamos algunas horas jugando con los niños del lugar.

Yo estuve conversando con unas niñas de sexto primaria en el aula en la que reciben clases los tres grados y, un poco después, se nos unió la líder del grupo que es contadora; estuvimos compartiendo los cuatro durante un poco más de una hora; hasta que avisaron que se terminaba la visita y retornamos hotel para preparar las cosas y cargarlas en los pickups para el viaje de regreso a la cabecera departamental.

Almorzamos en el hotel -las lunch boxes- y luego iniciamos el viaje de retorno; que se extendió durante toda la tarde pues la lluvia provocó que los transportes pesados avanzaran a baja velocidad, produciendo algunas colas -especialmente al pasar por poblaciones-.

Un poco antes de que cayera la noche llegamos al comedor en el cual habíamos cenado el sábado anterior; yo había estado extrañando el pan durante la cena por lo que esa noche me tomé tres tazas de café -con muffins-, además de una coca cola; lo cual no le cayó nada bien al estómago; el resultado fue que el día siguiente me sentía bastante indispuesto.

Pero eso es parte del final de la historia.