El lugar en el que registro los sucesos que se van dando para resolver mi koan personal...
martes, 27 de mayo de 2025
Leer, aprender y mainsplanning... Read, learn and mainsplanning... Lire, apprendre et mainsplanning...
domingo, 25 de mayo de 2025
Cerrando -algunas- puertas... Closing -some- doors... Fermant -certaines- portes...
Hace dos o tres años -creo-, empecé una campaña personal para sobreponerme al aislamiento; creo que fue justo después de la pandemia, luego de no haber visto a mis hijos por más de un año.
Por la misma época salió el libro The Good Life; basado en el estudio con más duración sobre la felicidad; ya había leído muchos artículos sobre el mismo y la conclusión en todos era la misma: el aislamiento -especialmente el involuntario- es dañino.
Entonces preparé una hoja de cálculo y empecé a contactar a antiguos conocidos: la mayor parte fueron parte del voluntariado en el que estuve más de diez años, algunos de trabajos anteriores, un contacto de la universidad y uno de la niñez.
Y, en su mayor parte, la experiencia ha sido positiva: un par de veces al mes -los otros fines de semana los reservo para mis hijos, pues visito a cada uno de ellos una vez al mes- cito a una persona diferente y la invito a un desayuno -o a un café-.
Insisto, la mayor parte de la experiencia ha sido positiva.
O sea, me parece que -casi- todos aceptaron la invitación y hemos pasado un buen par de horas conversando sobre cualquier cosa; y, en algunos casos, también hemos jugado algunas partidas de dominó o scrabble.
Pero también han habido experiencias no muy positivas: uno de los voluntarios llegó, desayunó y se fue como a los veinte minutos o así ( a esta persona jamás la volví a contactar); en otra ocasión, estaba ya en el lugar y mi ex compañero de trabajo me envió un mensaje para cancelar.
Supuestamente estaba en el funeral de un amigo de su infancia; con esta persona -es el Testigo de Jehová- sí he continuado el contacto, e incluso -seis o siete meses después- nos tomamos un café -le regalé muchos libros para sus nietos, e incluso una de las calculadoras que mi hijo me devolvió, de su época en la facultad-.
También dejé de visitar -había ído en varias ocasiones a su casa- a mi conocido que se dedica a la divulgación cultural en la ciudad: quería involucrarme en sus proyectos de difusión/comercio; pero la gota que sobrepasó el nivel fue cuando me pidió dinero prestado -una gran cantidad-; simplemente dejé de responder a sus llamadas.
Y creo que aplicaré lo mismo a otros dos: mi único amigo de la infancia me llamó hace unos meses para pedirme un préstamo -o un regalo- de sesenta dólares; y luego ya no me volvió a contactar; pienso que tomaré esa suma como el precio de aprender -nuevamente- que todo se acaba en la vida.
Casi lo mismo me pasó con otro voluntario: este me pidió prestado ochenta dólares hace varios años; nos hemos visto dos o tres veces más, y me indica que, 'pronto saldará la deuda'; pero -al igual que con el anterior- todo el contacto lo realizo yo; y, también me canceló este fin de semana.
Creo que lo había visto por última vez en diciembre del año pasado; y luego le había escrito un par de veces -o más- por whatsapp; finalmente, habíamos acordado en reunirnos el día de ayer; y el viernes por la noche me escribió para cancelar, por 'problemas familiares'.
O sea, quizá sí tenga problemas: la última vez me contó algunas dificultades que estaba teniendo con su esposa; llevan cuatro o cinco años casados y, al parecer, ninguno de los dos estaba preparado; para él era la primera vez, su esposa tenía una hija ya saliendo de la adolescencia.
Por último -en este tema-: el miércoles estaba realizando la rutina de ejercicios con Rb cuando recibí una llamada; paramos un momento y conteesté; era un ex compañero del bachillerato, comentándome que se iban a reunir el sábado por la noche, e invitándome al evento.
Por supuesto que no le dije que usualmente planifico mis fines de semana con varios meses de anticipación; y también me molestó la interrupción; y me dije que ya estaba bien: en el grupo de whatsapp solo publican un montón de tonterías -y mujeres desnudas-.
Había dudado varias veces sobre salirme del grupo: la nostalgia me ganaba, pues era el grupo con quien terminé la escolaridad formal; pero, luego de tirar una moneda, me salí del grupo; pero allí no terminó la historia: el viernes por la tarde recibí una llamada de alguien del grupo.
Y es que, el año pasado, había contactado a uno de estos compañeros; quién, después de casarse con una canadiense, dirige una comunidad cristiana en la que se hacen cargo de un gran grupo de huerfanos.
Se suponía que el año pasado lo visitaría en el lugar -está a un par de horas de la ciudad- pero al final no me alcanzaron los ánimos para el viaje; también se suponía que me avisaría cuando estuviera en la ciudad, para tomarnos un café; pero tampoco recibí ninguna llamada.
Total que me llamó para comentarme que iba saliendo de la ciudad hacia el puerto en el que crecimos; que iba con otro compañero y le pasó el teléfono para saludarnos: y esta persona -uno de mis ex compañeros menos favoritos- empezó la conversación con un insulto.
O sea, retorno a la adolescencia; cuando, entre amigos, nos insultábamos para afirmar la amistad; pero no, no pudimos conversar; nomás les deseé un buen viaje y precaución en la ruta: son cuatrocientos kilómetros con bastante transporte pesado.
Y espero que allí quede la historia; como aún tengo algunos números entre mis contactos, hoy ví algunos estados en los que se aprecia que a la reunión -de más de cuarenta-, llegaron nomás como diez personas.
Pero, eso: siento que es mejor cerrar algunas puertas.
La semana laboral siguió más o menos el mismo patrón: casi nada de trabajo; aunque, el jueves y viernes me reuní con el compañero más brillante del equipo; me compartió el código que piensa presentar como una mejora para las tareas que realizamos.
El cual está un poco complicado; o al menos lo está para mí: es la base para empezar a automatizar algunos de los escenarios más básicos para probar la aplicación en la que trabajamos; y el viernes me envió el documento explicando el mismo.
Al final, el sábado, analicé -con la ayuda de las AIs- el código, el flujo, y los resultados; y luego hice algunas pequeñas modificaciones al mismo; además, corregí -también con la ayuda de las AIs- el documento de presentación de la propuesta de mejora.
En el otro proyecto tampoco hice mucho; y me habían asignado ya una tarea un poco formal; la verdad no sé si estas asignaciones se realizan de forma automática; pero ví que el lead había pedido que se realizara -aunque yo la tenía asignada- y otro compañero lo hizo en el acto.
Entonces ví la forma en la que lo había realizado; y le escribí para aclarar una duda que tenía sobre la misma; o sea, era algo bien sencillo, que ese día no hubiera podido realizar; pero ahora sí; igual, no espero estar más que algunas semanas en este proyecto.
Luego de la semana sin muchas novedades, estaba esperando salir el sábado a desayunar con mi ex compañero del voluntariado; pero la noche del viernes canceló; por lo que me preparé para un fin de semana bastante tranquilo.
Pero no, no lo ha sido: Rb había comprado una cama -de lujo- entre semana; la adquirió completamente en línea y se la vinieron a dejar el marte o miércoles; un colchón ortopédico y una base bastante resistente.
Sin embargo, habíamos olvidado un detalle importante: sus tres perros están bastante grandes; la más anciana -y más pequeña de estatura- ya casi ni entra en su habitación; pero los otros dos -bastante altos- tuvieron mucha dificultad para subirse a la cama -duermen con ella-.
La base de la cama estaba instalada sin patas -o con las patas más pequeñas, como de cinco centímetros de altura-; entonces le indiqué a Rb que una opción era sustitur la base por tarimas de madera, de las que sirven para transportar cargamentos.
El jueves Rb pasó por una sucursal de la cadena de ferreterías donde trabaja mi amigo asiático; y me comentó que se veían varias pilas de tarimas fuera del almacén; por lo que le escribí a mi amigo para preguntarle sobre la adquisición de algunas de estas.
Mi amigo me indicó que la forma de comprarlas era abordar a cualquiera de los vendedores y realizar la compra; son super baratas, como medio dólar cada una; por lo que quedamos con Rb de realizar la compra el día sábado.
El sábado en la mañana fuimos a los supermercados en dirección sur; en el más alejado compramos un paquete de cuerdas, previendo que por la tarde iríamos a comprar tres o cuatro tarimas de madera; spoiler: las cuerdas fueron olvidadas en la mesa por la tarde.
Al mediodía preparamos unos sandwiches de pollo, con los panes de plátano verde que habíamos congelado el mes anterior; habíamos sacado a caminar a los perros antes del almuerzo, por lo que nomás lavé los trastes antes de preparar el té de la tarde.
Luego nos dirigimos al lugar en el que Rb había visto las tarimas el jueves; el lugar se veía bastante descuidado; y la atención fue pésima; o sea, al parecer el vendedor creyó, al inicio, que íbamos a comprar tarimas azulejos desechados -es parte del negocio-.
Y al percatarse que nomás queríamos las tarimas vacías, nomás se desentendió del asunto, preguntando sobre las tarimas a una persona de la bodega; entonces nos dirigimos a la sucursal en la que trabaja mi amigo -y donde están las oficinas centrales-.
Allí la atención fue muy buena, nomás esperamos un poco a que un vendedor se desocupara; y adquirimos cuatro tarimas de madera sin mucho contratiempo; incluso el despachador se encargó de asegurarlas sobre al automóvil -ellos tenían cuerda-.
Después de pasar a otra ferretería cercana, a comprar un poco de pintura de interior, retornamos a casa; el viaje fue bastante tardado pues, debido a las tarimas en el techo del auto, preferí manejar sin frenazos bruscos o giros pronunciados -además teníamos varias pendientes bastante pronunciadas en el camino-.
Pero llegamos a casa sin ninguna novedad; bajamos las tarimas del auto y procedimos a ajustarlas para sustituir la base de la cama (la cual, por indicación de Rb, sustituí por la de la cama en la que duermo); lo cual nos llevó bastante tiempo.
Tuvimos que cortar dos de las tarimas para ajustar el ancho; otra para ajustar el largo, y una sección del sobrante de las primeras, para ajustar un rectángulo que cubriera completamente el área del colchón.
Teníamos un par de serruchos pero a mí me tocó que realizar el noventa por ciento de los cortes; incluso me ampollé la palma de la mano derecha; pero, finalmente, la cama tiene una altura alcanzable para los dos perros más altos de Rb.
Después de todo esto, por la noche, estuve viendo un poco de la segunda película de La Tierra Errante; también pasé al Kindle el siguiente libro de francés: Le Syndrome du Spaguetty; y, finalmente, empecé a leer el primer libro en portugués: A Lua de Joana.
Y a ver cómo sigue eso...
lunes, 19 de mayo de 2025
El sentido de la vida -o la falta del mismo-... The meaning of life - or lack thereof -... Le sens de la vie - ou son absence -...
Estoy -casi- seguro que ya hay más de alguna entrada con el mismo título -o uno bastante similar-; porque al final mi vida parece transcurrir cíclicamente alrededor de los mismos temas: no importa el lugar o la década, como que la intranquilidad es el estandard.
Y es que, justo hace unos momentos, acabo de bajar otro de esos libros de los que innumerables veces me he dicho que dejaré de leer: Ikigai es un concepto japonés que significa "razón de ser" o "el valor de vivir" -encontrar tu propósito o significado en la vida-.
Este libro lo escribió uno de los bloggers que he seguido por más de dos décadas: Kirai -aunque él ya no ha publicado nada en su blog desde hace más de dos años-; o sea, ya lleva publicados como cuatro o cinco libros de fotografías, este de 'autoayuda' y uno -el último (?)- de ficción.
Total, que he estado durante las últimas semanas (meses?, años?) sintiéndome bastante desanimado; me cuesta levantarme, casi no trabajo -aunque estoy 'activo' en dos lugares diferentes-, muchos días tomo siestas en la mañana o en la tarde (con lo que me deprimía antes hacer so), no encuentro gozo o alegría en la mayor parte de las actividades.
Y que empecé a interrogar a las cuatro o cinco IAs a las que usualmente consulto mis síntomas -físicos o anímicos-; su respuesta: poner atención a lo que hago, evaluar las actividades que más me atraen -o que me gustaría hacer-, buscar el sentido de las cosas.
Y, por eso, bajé el libro de Kirai.
La semana pasada estuve de vacaciones los cuatro primeros días de la semana; se suponía que había tomado esos días libres para dedicarme a las actividades del segundo proyecto; pero no hice mucho, básicamente ví algunos videos, leí un poco y el miércoles asistí a una reunión de más de una hora.
No veo nada claro allí; y, no sé si eso es parte de lo que me está provocando el malestar emocional: no creo que pueda durar mucho dedicándole tiempo a este tipo de actividades; o sea, en cuanto haya algún traslape con mi trabajo, declinaré continuar.
Hice limpieza el lunes y el viernes, ejercicios el lunes, miércoles y viernes, y caminatas el martes y el jueves; una semana 'normal' por todo lo demás: meditación a las seis y media, un poco más de sueño, wordles, Duolingo (tercer lugar en la liga) y Busuu.
Como ya terminé el árbol de portugués en Duolingo -no lo sentí tan bueno como el de francés- he estado nomás realizando los refreshing diarios de Inglés, Francés y Portugués; y empecé a hacer algunas lecciones de Italiano.
Por estar realizando algunas actividades del segundo proyecto no acompañé a Rb a su visita semanal al mercado del centro histórico; y ella me trajo uno de mis pasteles favoritos: un pastel frío de Oreo.
El viernes retorné a mis actividades cotidianas en mi trabajo; había estado a la expectativa de cómo iba a combinar las actividades del segundo proyecto, pero al final ha sido sencillo: estoy haciendo lo mínimo en ambos casos -o a veces, menos de lo mínimo-.
Pero sí tuve una reunión con mi lead, mi equipo local y uno de los compañeros en el imperio del norte: nos reunimos por casi una hora para revisar el avance en una tarea -que yo no conocía, por haber estado de vacaciones durante la semana previa-.
Después me reuní nomás con el compañero del Imperio; para ver si podía avanzar un poco en uno de los puntos -y es que las tres asignaciones que tenía eran compartidas: una con este y el otro par con un compañero del equipo local-.
Un poco más tarde me reuní con el compañero del equipo local; la verdad es que no pude avanzar mucho; y además, por error, apagué la máquina virtual que tengo asignada para realizar la mayor parte de mis tareas.
El sábado me levanté a la misma hora de siempre; había estado coordinando con mi ahijada profesional para pasar por ella a las nueve menos cuarto: ella vive -con su madre- en una parte bastante alejada, en el centro histórico.
Total que me levanté, medité, hice los wordle, y un par de lecciones de francés; esto último mientras me preparaba el desayuno; después de desayunar me metí a la ducha y, un poco después de las ocho me despedí de Rb y salí a encender el auto.
El tránsito -por ser sábado, temprano- estaba un poco pesado; por lo que los cuarenta minutos que había pronosticado Waze se alargaron un poco más; también tomé una ruta no muy conveniente en el centro: a las nueve menos cuarto estaba a ocho calles o así de mi destino.
Llamé a mi ahijada para comentarle que estaba por llegar, pero me tocó que realizar un desvío para evitar la ruta más congestionada; al final mi ahijada estaba delante de su casa, detuve el auto y le abrí la puerta.
Me recibió con un regalo -era una playera negra-; lo guardé en el asiento trasero y le entregué una de las bolsitas de café colombiano que mi compañero de trabajos me había obsequiado un par de semanas antes.
Después nos dirigimos a un lugar famoso por sus panes -se encuentra justo frente a uno de esos colegios de donde han salido varios presidentes de la repúbica; aunque al inicio yo no tenía idea de que se trataba de ese negocio-.
Según la página de referencias de Google el lugar lo abrían a las nueve de la mañana; llegamos a las nueve y diez y aún estaba cerrado; pero me estacioné en la acera de enfrente -otro auto llegó un poco después- y esperamos un rato, hasta que finalmente, abrieron.
Pedimos un par de panes y un café -luego repetimos el pedido de los panes- y estuvimos en el lugar por un par de horas; el ambiente es tranquilo: había una televisión pero sin volúmen; también había un playlist -este sí tenía volúmen- de Ricardo Arjona.
Como a mitad de nuestra comida llegó a sentarse, justo al lado de nuestra mesa, otra pareja de comensales: tuve mis dudas al inicio, pero luego me percaté que se trataba de otro voluntario que también acudía a la casa del que visito un domingo al mes.
Un poco antes de las once le indiqué a mi ahijada que tenía que retornar; pagué la cuenta (diez dólares, aunque creo que me cobraron el café dos veces) y luego pasé a dejarla a una calle cercana al centro histórico -hacia donde ella se dirigía-.
El tránsito de vuelta estuvo algo pesado en algunas de las calles cercanas al mercado de la terminal; pero aún así, un poco antes de las doce estaba estacionando el auto frente a la casa de Rb.
Aún me dió tiempo de ayudarla a preparar el almuerzo: estaba experimentando con un pollo con crema de almendras y cilantro; que la verdad, le quedó bastante bien: yo partí unos pocos champiñones y el cilantro.
Antes de almorzar sacamos a caminar a los perros; por lo que después del almuerzo ya no salimos al exterior; por la tarde ví un par de capítulos de la segunda temporada de Andor; había dejado de verla, pero por algún motivo decidí ver los últimos cuatro o cinco capítulos de la misma.
El domingo no había previsto ninguna salida; el viernes habían venido a cambiar el contador de agua de la casa -el martes pasaron revisándolo y nos notificaron que, debido a que la pantalla estaba empañada, tocaba cambio.
El jueves -en nuestra caminata a los supermercados- habíamos adquirido el contador -junto con varios otros componentes para el cambio- en la ferretería de la vuelta; el viernes, temprano, Rb llamó para notificar y el viernes por la tarde vinieron a instalarlo.
Pero dejaron un volcán, con toda la tierra que sacaron, a un lado de la banqueta; cuando retorné el sábado ví que Rb había llenado un baño con esta tierra; el plan era regarlo en el patio, pero los gatos empezaron a dejar allí sus desechos.
La perra más pesada de Rb se hizo aficionada a comerse los excrementos que dejan los gatos, por lo que el domingo por la mañana pasé el baño al patio trasero y regué la tierra en el vallado en el que se encuentra la planta de loroco.
Después fuimos a los supermercados en dirección sur; el día estaba bastante caluroso, pero caminamos hasta la altura del más lejano, luego retornamos al otro a comprar un poco de bananos -y una mallita de cabezas de ajo-.
Almorzamos las alitas de los domingos, acompañados de una ensalada bastante copiosa; por la tarde terminé de ver -los dos últimos capítulos- de Andor; y también leí un poco del libro de ACT -aunque me ha estado costando avanzar ahora que leo en el Kindle-.
Y a ver cómo sigue eso.